{"id":18928,"date":"2016-02-05T12:08:59","date_gmt":"2016-02-05T17:08:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hombre-fin-del\/"},"modified":"2016-02-05T12:08:59","modified_gmt":"2016-02-05T17:08:59","slug":"hombre-fin-del","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hombre-fin-del\/","title":{"rendered":"HOMBRE, FIN DEL"},"content":{"rendered":"<p>I. El concepto<br \/>\nEl hombre experimenta lo que significa el fin primero por su vivencia interna. En efecto, tiende hacia un bien determinado que \u00e9l se representa, que \u00e9l quiere e intenta realizar o alcanzar mediante la elecci\u00f3n de medios apropiados (a veces por la coordinaci\u00f3n de varias partes en un instrumento o en una m\u00e1quina). Y as\u00ed\u00ad realiza un \u00abfin\u00bb (elegido consciente y arbitrariamente).<\/p>\n<p>El hombre reflexiona despu\u00e9s sobre el hecho de que a su elecci\u00f3n arbitraria de un fin precede en sus \u00abfacultades\u00bb y estructuras una ley aprior\u00ed\u00adstica, la cual predetermina la direcci\u00f3n y los l\u00ed\u00admites de su tender arbitrario hacia determinados fines (dejando abierto un campo de variaci\u00f3n). En cuanto esa capacidad de tender (biol\u00f3gicamente, etc.) constituye un sistema plural, \u00e9ste puede ser entendido (seg\u00fan el modelo de comprensi\u00f3n de una m\u00e1quina) desde sus realizaciones y, a la inversa, en la estructura del sistema plural puede verse cu\u00e1l es su finalidad. Este fin \u00abnatural\u00bb y la finalidad de un sistema \u00abnatural\u00bb (que aqu\u00ed\u00ad significa simplemente: no hecho por el hombre) se esclarecen mutuamente y forman una unidad. La presencia previa del sistema \u00abfinal\u00bb y su posibilidad de acomodarse a las influencias que vienen de fuera y, as\u00ed\u00ad, de conservarse a s\u00ed\u00ad mismo, confieren al fin del sistema un cierto car\u00e1cter de necesidad. Se trata ah\u00ed\u00ad del fin natural como actualizaci\u00f3n plena de la estructura (de la \u00abesencia\u00bb) de un sistema (plural) previamente dado.<\/p>\n<p>Desde aqu\u00ed\u00ad el ser vivo (y el consciente) es visto como un todo. En cuanto tal -como unidad y totalidad &#8211; tiene un \u00abfin natural\u00bb, que consiste en el pleno desarrollo y actualizaci\u00f3n de las estructuras de su sistema (plural).<\/p>\n<p>II. La aplicaci\u00f3n (formal) del concepto de \u00abfin\u00bb (y de finalidad) al hombre<br \/>\nPartiendo de lo que acabamos de expresar se podr\u00ed\u00ada ya decir formalmente: El fin (\u00abnatural\u00bb) del hombre es la plena actualizaci\u00f3n de su esencia. En esa descripci\u00f3n el fin, a pesar de la pluralidad en su realidad y a pesar de la experiencia de una desintegraci\u00f3n en el hombre (-4 concupiscencia, -> enfermedad, -> muerte), es entendido (con raz\u00f3n) como una unidad que tiende a una actualizaci\u00f3n en la que est\u00e9 integrada plenamente la pluralidad del hombre. Este fin es \u00abnatural\u00bb (sin distinguir de momento entre -4 naturaleza y gracia [sobrenatural]) en cuanto (como las estructuras del hombre mismo) precede a la libre elecci\u00f3n de un fin por parte del hombre; y por eso el hecho de no lograrlo deber\u00ed\u00ada repercutir necesariamente, de manera destructora, en la realidad previamente dada del hombre y, con ello, tambi\u00e9n en la libre elecci\u00f3n de un fin. Pero ese concepto de fin, logrado a base de un modelo org\u00e1nico y t\u00e9cnico, no es suficiente para una determinaci\u00f3n formal del concepto de f. del h. Esto se desprende de las siguientes reflexiones.<\/p>\n<p>Trat\u00e1ndose del hombre, al desarrollar el concepto de fin ante todo la unidad peculiar en \u00e9l entre el fin dado previamente y el fin elegido. Ciertamente el hombre por su ->\u00bbesencia\u00bb tiene un fin determinado que precede a su conocer y obrar, un \u00abfin\u00bb natural, el cual implica una necesidad incluso m\u00e1s radical que un fin t\u00e9cnico u org\u00e1nico. Pero el \u00abfin\u00bb del hombre libremente elegido (el contenido y la forma bajo los cuales \u00e9l se quiere \u00abentender\u00bb en su unidad total) no puede concebirse simplemente como un caso dentro de la gama de posibilidades que est\u00e1n dadas juntamente con la esencia (entendida t\u00e9cnica u org\u00e1nicamente) de cualquier otra realidad, y que en definitiva corresponden todas a la \u00abfinalidad de esa esencia\u00bb. Como autoconciencia personal y &#8211;> libertad el hombre se limita a servir a una \u00abm\u00e1quina\u00bb dada previamente, de manera que \u00e9l a lo sumo pudiera servirla bien o mal, actualiz\u00e1ndola o caus\u00e1ndole da\u00f1os, pero ella, por lo dem\u00e1s en s\u00ed\u00ad misma quedara id\u00e9ntica en su estructura previa, que propiamente ser\u00ed\u00ada tan s\u00f3lo el soporte de su actualidad (de su actus secundus). El hombre dispone de s\u00ed\u00ad mismo y en forma creadora confiere a la esencia su car\u00e1cter definitivo. La esencia no s\u00f3lo ha sido dada previamente al hombre, sino que adem\u00e1s le ha sido encomendada. Y junto con la esencia se le ha encomendado el fin, que \u00e9l no s\u00f3lo realiza, sino que lo elige tambi\u00e9n libremente como meta concreta. Este \u00abencargo\u00bb, por un lado, no es la autorizaci\u00f3n para cualquier cosa puramente arbitraria, la concesi\u00f3n de un espacio ilimitado y vac\u00ed\u00ado de lo posible, pero, por otro lado, tampoco es la programaci\u00f3n fija de un proceso donde a lo sumo quedar\u00e1 la duda de si \u00e9ste corresponder\u00e1 total o s\u00f3lo parcialmente a la programaci\u00f3n. El encargo faculta precisamente para la libertad, de manera que la infidelidad a tal encargo consiste precisamente en no hacerse cargo de esta libertad. Todo -> \u00abpecado\u00bb, como contradicci\u00f3n a la finalidad esencial del hombre, es la negativa a asumir en el -> amor a Dios como \u00abbien\u00bb infinito toda la gama infinita de las posibilidades de la libertad, es la limitaci\u00f3n de esta libertad a un \u00abbien\u00bb categorial finito. El fin (natural) dado previamente y el elegido libremente constituyen una interna y mutua unidad de relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la comprensi\u00f3n formal y en la determinaci\u00f3n material del f. del h. (y tambi\u00e9n de la \u00abfinalidad\u00bb moralmente importante de cada momento esencial del mismo), debe tenerse en cuenta desde el principio su \u00abintencionalidad\u00bb en el conocer y en el querer. Esa intencionalidad lleva consigo una cr\u00ed\u00adtica del modelo org\u00e1nico y t\u00e9cnico de inteligencia, y s\u00f3lo en virtud de ella puede aquietarse la cuesti\u00f3n del fin (o meta, o sentido), sin que la pregunta sobre el sentido del todo de un ser deba necesariamente declararse absurda, limit\u00e1ndose a mostrar la interdependencia por la funci\u00f3n o el condicionamiento en determinadas unidades parciales (esto es \u00fatil para el fin de lo otro, si se presupone que lo otro tiene que ser). El \u00abfin\u00bb de un ente esencialmente intencional s\u00f3lo puede ser determinado a partir del \u00abhacia d\u00f3nde\u00bb de su intencionalidad. Si, adem\u00e1s, esta intencionalidad es ilimitada en conocimiento y libertad, la posesi\u00f3n intencional de la realidad por excelencia (en un sentido muy \u00abreal\u00bb) constituye el \u00abfin\u00bb de este ente, el cual es quodammodo omnia. O sea el f. del h. es la posesi\u00f3n de la plenitud ilimitada de la realidad, es decir, de \u00abDios\u00bb mismo, sin que por ello este fin se comporte como algo extr\u00ed\u00adnseco y como una estructura terminada ya antes del movimiento hacia la meta. Si, con ello, el ser y la posesi\u00f3n del ser tienen \u00absentido pleno\u00bb en el estar en s\u00ed\u00ad (conocimiento) y en el amor (y como tales son afirmados en todo acto con necesidad transcendental), es decir, son un fin que no sirve de manera meramente funcional a otra finalidad posterior (arbitrariamente elegida), entonces la cuesti\u00f3n del fin llega a aquietarse leg\u00ed\u00adtimamente.<\/p>\n<p>En el hombre (a diferencia de una finalidad biol\u00f3gica y del modelo de representaci\u00f3n que en ella se funda) hay que tener en cuenta el car\u00e1cter transcendental del fin concreto. S\u00f3lo este car\u00e1cter confiere al fin un rasgo de absoluta necesidad (obligatoriedad) y puede poner de manifiesto c\u00f3mo la consecuci\u00f3n del fin es salvaci\u00f3n en el estricto sentido teol\u00f3gico. Esto quiere decir: porque &#8211; y s\u00f3lo en cuanto &#8211; la orientaci\u00f3n de la persona espiritual al fin tambi\u00e9n es afirmada impl\u00ed\u00adcitamente en el acto de alejamiento libre de \u00e9l, este fin (y la orientaci\u00f3n del hombre hacia \u00e9l) no s\u00f3lo es un \u00abhecho\u00bb (como los fines infrahumanos, los cuales permanecen siempre condicionados), sino tambi\u00e9n una meta necesariamente afirmada y en consecuencia moralmente obligatoria (el bonum honestum necessarium por antonomasia). De ah\u00ed\u00ad recibe su dignidad y obligaci\u00f3n todo otro deber (como medio y realizaci\u00f3n parcial del fin absoluto). Ya aqu\u00ed\u00ad hay que acentuar que tambi\u00e9n el fin \u00absobrenatural\u00bb (libremente establecido por Dios) del hombre tiene este car\u00e1cter de necesidad transcendental, pues, por la comunicaci\u00f3n de ->Dios mismo en la ->gracia, est\u00e1 siempre establecido en la esencia de cada hombre previamente a la decisi\u00f3n humana (-a existencial sobrenatural), y as\u00ed\u00ad existe en el hombre o en el modo de aceptaci\u00f3n (-> fe -> amor) o en el de negativa (->pecado). Por eso el fin sobrenatural nunca puede ser algo meramente mandado desde fuera, algo que pudiera dejar a la libertad en la indiferencia y que se hallara fuera del movimiento hacia el fin.<\/p>\n<p>El f. del h. debe ser considerado todav\u00ed\u00ada bajo otro punto de vista, para que los modelos usuales de representaci\u00f3n no oculten su verdadera esencia. Ciertamente, por la transcentalidad ilimitada del hombre y por la gratuita comunicaci\u00f3n de Dios mismo al hombre, aqu\u00e9l es el fin (intencional) de \u00e9ste; y ese fin, en cuanto antecede a la libre realizaci\u00f3n de todo fin, est\u00e1 dado previamente, y no es aquello que el hombre se propone y produce como meta. Pero con ello (hablando en t\u00e9rminos escol\u00e1sticos, cf. despu\u00e9s iii) hemos afirmado el f inis qui como dado previamente, pero no el f inis quo, la \u00abposesi\u00f3n\u00bb de Dios en su realidad concreta, quien adem\u00e1s (aqu\u00ed\u00ad hay que reflexionar sobre el misterio de la ->encarnaci\u00f3n, y sobre la realidad de que Dios es no s\u00f3lo fundamento transcendental, sino tambi\u00e9n portador de la ->historia de la salvaci\u00f3n, que le califica a \u00e9l mismo) asume este finis quo como su propia determinaci\u00f3n. Tanto el fin realizado (o que debe realizarse) con libertad, como el dado previamente, que realiza este mismo fin (como finis quo), es un fin puesto o que debe ponerse en forma creadora, con -> libertad y -> esperanza, el cual no puede concebirse simplemente como actualizaci\u00f3n de una potencia, tal como esto se produce tambi\u00e9n fuera de la historia de la libertad, no es una mera explicaci\u00f3n evolutiva de lo que se da siempre. Este fin de la libertad, aun siendo Dios mismo el fin y el futuro absoluto (por lo menos como finis quo), es elegido libremente entre las muchas metas imaginables y proyectado en forma creadora, es el nuevo fin que sobrepuja el pasado (tambi\u00e9n en cuanto potencia) como un -> futuro sustra\u00ed\u00addo a los c\u00e1lculos, a partir del cual el hombre se entiende de modo creativo. Por consiguiente all\u00ed\u00ad donde se trata de la libertad hist\u00f3rica, el fin no puede ser entendido como una actualizaci\u00f3n que desarrolla la potencialidad del pasado, como \u00abretorno al para\u00ed\u00adso\u00bb, como un alcanzar el pasado o la \u00abesencia\u00bb (-> principio y fin). Y esto tanto m\u00e1s por el hecho de que: precisamente la \u00abnueva tierra\u00bb pertenece al futuro absoluto (Cf. RAHNER viii 580-592); reino de Dios debe ser entendido necesariamente como perfecci\u00f3n de la historia misma (y no s\u00f3lo como una recompensa secundaria por la historia pasada); y Dios mismo (-> encarnaci\u00f3n) alcanza la plenitud de su propia historia en la consumaci\u00f3n de la historia. El fin de la historia de la libertad del hombre no es simplemente el fin alcanzado o que debe alcanzarse, sino el proyectado en forma creadora. Si el hombre tiene una \u00abnaturaleza\u00bb dada previamente, \u00e9sta se halla constituida tambi\u00e9n por la \u00abesencia\u00bb de la libertad personal e hist\u00f3rica, la cual no a\u00f1ade una determinaci\u00f3n meramente \u00abaccidental\u00bb a un sujeto existente ya de antemano y completo en s\u00ed\u00ad, sino que instaura a ese sujeto en su propia realidad. Es m\u00e1s, en cuanto toda causalidad distinta de la libertad personal tan s\u00f3lo pone fen\u00f3menos siempre transitorios, que en todo momento pueden quedar suplantados y superados por otros fen\u00f3menos, y, por tanto, la libertad es la \u00fanica fuerza que produce algo definitivo y dotado de sentido, consecuentemente, la libre realizaci\u00f3n del fin es incluso la \u00fanica que realmente puede crear un \u00abfin\u00bb en el aut\u00e9ntico y estricto sentido de la palabra (->. historia e historicidad).<\/p>\n<p>III. Distinciones y axiomas<br \/>\nYa se ha hablado de la distinci\u00f3n entre finis qui y finis quo. A estos dos conceptos se a\u00f1ade con frecuencia el finis cui, el sujeto para el que algo es fin, para el que el fin significa la actualizaci\u00f3n total. No hay dificultad en la idea de que un fin todav\u00ed\u00ada deba producirse o alcanzarse (finis ef f iciendus, finis obtinendus), ni en la distinci\u00f3n entre el fin \u00faltimo, que significa la plena actualizaci\u00f3n del ente respectivo, y el fin particular, el cual es un medio o momento para el m\u00e1s amplio fin \u00faltimo. El fin de un agente (finis operantis) no debe necesariamente identificarse por completo con la finalidad de lo hecho por \u00e9l (finis operis). En la escol\u00e1stica se acent\u00faa tambi\u00e9n que Dios no puede tener un fin distinto de \u00e9l mismo que pueda mover la acci\u00f3n divina como causa externa (causa finalis). Mas por ello Dios no es \u00abego\u00ed\u00adsta\u00bb, pues en su acci\u00f3n creadora e impartidora de la gracia se quiere a s\u00ed\u00ad mismo como la bondad desprendida que puede comunicarse. El fin ejerce una verdadera causalidad, no es solamente el resultado (alcanzado o que debe alcanzarse) de una acci\u00f3n o de un proceso, sino que se comporta como motor de esta acci\u00f3n misma. Y esto ante todo donde se da una acci\u00f3n consciente e intencional. En cambio, los procesos \u00abteol\u00f3gicos\u00bb de tipo inconsciente deben interpretarse como realizaciones deficientes del ser, del mismo modo que un ente que no tiene ning\u00fan \u00abser en s\u00ed\u00ad\u00bb es \u00abtodav\u00ed\u00ada\u00bb ente, pero est\u00e1 limitado y determinado en su ser por una negatividad real.<\/p>\n<p>IV. Fin \u00abnatural\u00bb y \u00absobrenatural\u00bb<br \/>\nEn cuanto la a visi\u00f3n de Dios, el futuro absoluto, que es Dios mismo en su donaci\u00f3n inmediata al hombre, lo mismo que la ordenaci\u00f3n del hombre por la -> gracia a este futuro definitivo, es \u00absobrenatural\u00bb, o sea, es acci\u00f3n libre e indebida de Dios no s\u00f3lo respecto del hombre pensado (que ha de ser creado \u00ablibremente\u00bb) sino tambi\u00e9n con relaci\u00f3n al hombre realmente existente (ya con anterioridad a la culpa humana), y, en cuanto por otro lado, este futuro es por ello \u00abobligatorio\u00bb, de modo que sin \u00e9l el hombre fracasa y est\u00e1 \u00abperdido\u00bb, el fin (real) del hombre debe ser designado como \u00absobrenatural\u00bb, es decir, como indebido (DS 3005: fnis supernaturalis; DS 3891). El concepto de \u00abfin sobrenatural\u00bb es usual desde el siglo xrir. Con todo, la expresi\u00f3n \u00abfin natural\u00bb del hombre debe usarse con extrema precauci\u00f3n. Una naturaleza pura verdaderamente realizada habr\u00ed\u00ada tenido un fin natural (que material y formalmente habr\u00ed\u00ada sido muy distinto del que realmente se da ahora). Y en la realidad y acci\u00f3n del hombre f\u00e1ctico hay momentos que, en el caso de haberse verificado esa suposici\u00f3n irreal, pertenecer\u00ed\u00adan a dicho \u00abfin natural\u00bb. Mas esto no es motivo para hablar de un \u00abfin natural\u00bb del hombre real. Tom\u00e1s de Aquino no lo hizo en el sentido de una alternativa frente al fin sobrenatural. La expresi\u00f3n se presta a confusiones, como si el hombre pudiera a su antojo dirigirse al uno o al otro fin. S\u00f3lo puede llamarse fin (\u00faltimo) en sentido aut\u00e9ntico el que se da de manera concreta previamente a la libertad del hombre, el que \u00e9ste debe realizar por su libertad, el que, de no conseguirse, hace fracasar al hombre entero. Y ese fin es el \u00absobrenatural\u00bb. Este fin puede entenderse plenamente como \u00absobrenatural\u00bb sin dejar de ser fin interno si se piensa que la \u00abnaturaleza\u00bb del hombre es intencional y, en cuanto tal, est\u00e1 ilimitadamente abierta a la libre disposici\u00f3n de Dios (-potencia obediencial), y si la orientaci\u00f3n del hombre hacia el fin no es concebida org\u00e1nica, t\u00e9cnica y est\u00e1ticamente, sino que se entiende de antemano en el marco de una relaci\u00f3n dialog\u00ed\u00adstica entre la libertad divina y la humana, las cuales ponen un fin, de manera que la \u00abnaturaleza\u00bb del hombre es s\u00f3lo un dise\u00f1o formal y permanente de esta relaci\u00f3n, precisamente, pero no es algo que por s\u00ed\u00ad mismo dispone ya de ese fin, y si, finalmente, se comprende que la comunicaci\u00f3n de -> Dios mismo (gracia), a pesar de su car\u00e1cter sobrenatural, es lo m\u00e1s \u00ab\u00ed\u00adntimo\u00bb del hombre.<\/p>\n<p>V. El fin sobrenatural del hombre<br \/>\nEl hombre tiene un \u00abfin\u00bb. Esta fundamental persuasi\u00f3n cristiana es lo primero que hemos de afirmar. Sobre todo hoy, semejante persuasi\u00f3n no es evidente. Pues el hombre actual f\u00e1cilmente experimenta la \u00abhistoria\u00bb del mundo y, ante todo, de la humanidad como producto de causas que se unen casualmente. Muchos encadenamientos parciales de causas presentan tambi\u00e9n un car\u00e1cter casual,<br \/>\nes decir, su resultado no puede reconocerse como aquello que ha determinado la coordinaci\u00f3n de las causas del devenir (darwinismo). Pero incluso el -a marxismo, con su -> materialismo dial\u00e9ctico, ocultamente atribuye a la \u00abevoluci\u00f3n\u00bb un claro sentido de su direcci\u00f3n, y proclama sus fines como una necesidad que se impondr\u00e1 con toda certeza; la liberaci\u00f3n del hombre de su alienaci\u00f3n es para el marxismo el fin real (no el resultado casual) que ya est\u00e1 dise\u00f1ado previamente en la \u00absabidur\u00ed\u00ada\u00bb dial\u00e9ctica de la \u00abmateria\u00bb. Para un te\u00ed\u00adsmo (con su doctrina de la ~>providencia), seg\u00fan el cual hay una \u00fanica causa originaria de toda realidad (el Dios que existe en su infinita autoposesi\u00f3n espiritual y su acci\u00f3n libre), el mundo tiene necesariamente un fin. Pues con una acci\u00f3n espiritual y personal se da necesariamente un fin. La \u00abcasualidad\u00bb y sus resultados se pueden referir s\u00f3lo a una combinaci\u00f3n particular de causas; es aqu\u00ed\u00ad expresi\u00f3n de la materialidad, la cual aporta un momento de indeterminaci\u00f3n y con ello de fracaso f\u00e1ctico al transcurso y al juego conjunto de las causas. La orientaci\u00f3n al fin es percibida (por lo menos en su esencia formal) mediante la experiencia transcendental en el conocimiento humano y (sobre todo) en la libertad. En efecto, all\u00ed\u00ad el hombre se experimenta como el ser responsable que necesariamente se determina a s\u00ed\u00ad mismo desde el ->futuro, como el ser que debe obrar libremente y, en este obrar, siempre sobrepuja cr\u00ed\u00adticamente su actualidad. Pero donde no hubiera aut\u00e9ntico futuro, aut\u00e9ntico fin, donde se corriera hacia el vac\u00ed\u00ado (cf. Fip 2, 16), se tendr\u00ed\u00ada el derecho de hacer lo que no se puede hacer, a saber, aferrarse a lo presente como si fuera definitivo, o bien (lo que en \u00faltimo t\u00e9rmino ser\u00ed\u00ada lo mismo) protestar contra el absurdo de la existencia, que obliga a uno a correr sabiendo que jam\u00e1s llegar\u00e1 a ning\u00fan sitio, o aceptar como -> \u00absentido\u00bb (Sant 3, 6) el correr mismo, el girar eterno de la rueda del cambio.<\/p>\n<p>Pero esta determinaci\u00f3n del fin es fruto de una historia personal y libre (por parte de Dios y por parte del hombre), ya por la simple raz\u00f3n de que s\u00f3lo as\u00ed\u00ad puede darse un fin aut\u00e9ntico y definitivo. Por ello este movimiento hacia el fin no debe tergiversarse a base de una representaci\u00f3n org\u00e1nica como si se tratara de un desarrollo evolutivo de lo que potencialmente se da siempre.<\/p>\n<p>Este fin definitivo del hombre (y de su mundo), la consumaci\u00f3n, no puede pensarse como \u00faltima etapa de una \u00abevoluci\u00f3n\u00bb, como una realidad instaurada dentro del mundo (y con ello planificable) mediante la conjugaci\u00f3n de las m\u00faltiples causas intramundanas. El -> reino de Dios es don divino, suprime la historia y no es un tiempo terrestre que, lleno de felicidad terrena, se extienda ilimitadamente. Esto no significa que el fin como final se a\u00f1ada externamente al movimiento hist\u00f3rico. El Dios que es la consumaci\u00f3n y que se da a s\u00ed\u00ad mismo como futuro absoluto, es el Dios que por su propia comunicaci\u00f3n en la ->gracia (y en la ->encarnaci\u00f3n) constituye ya el principio m\u00e1s \u00ed\u00adntimo del movimiento hacia el fin. Por esto el fin puede considerarse lo mismo como el don libre de Dios en su poder exclusivo, que como el resultado, el fruto de la historia misma. Y esto tanto m\u00e1s por el hecho de que la \u00abcolaboraci\u00f3n\u00bb entre la libertad de Dios y la del hombre en la historia no puede ser concebida como un \u00absinergismo\u00bb externo, que convierta a Dios y al hombre en causas parciales, sino que la libre gracia de Dios libera precisamente la libertad del hombre para su posibilidad m\u00e1s alta, la de lograr ella misma el fin (como -> salvaci\u00f3n). Puesto que esta acci\u00f3n de la salvaci\u00f3n siempre implica necesariamente una mediaci\u00f3n a trav\u00e9s del cumplimiento de un cometido intramundano (incluso all\u00ed\u00ad donde \u00e9ste consiste en la renuncia, la ascesis y la \u00abhuida del mundo\u00bb, que por s\u00ed\u00ad solas nunca constituyen la totalidad de la existencia humana y, adem\u00e1s, ejercen una funci\u00f3n aut\u00e9ntica de cara al as\u00ed\u00ad llamado \u00abservicio al mundo\u00bb), puesto que, dicho sencillamente, el amor a Dios (como aspiraci\u00f3n al fin escatol\u00f3gico) no puede existir sin concretarse en el -> amor al pr\u00f3jimo, el cual asimismo no se puede limitar a un \u00e1mbito privado; en consecuencia el hecho de que el fin escatol\u00f3gico sea producido por Dios no disminuye la importancia, la seriedad y la obligaci\u00f3n de la intervenci\u00f3n del hombre en los fines intramundanos (particulares, transitorios) dentro de todos los \u00e1mbitos de la existencia humana (cf. Vaticano ii, Gaudium et spes, n.\u00bb 43).<\/p>\n<p>Por lo que se refiere al \u00abcontenido\u00bb del fin, remitimos a muchos otros art\u00ed\u00adculos, que no podemos repetir aqu\u00ed\u00ad, los cuales recogen las fuentes positivas de la revelaci\u00f3n: -> reino de Dios, -> salvaci\u00f3n, -a visi\u00f3n de Dios, -> eternidad, -> resurrecci\u00f3n de la carne, -> escatolog\u00ed\u00ada, -> nov\u00ed\u00adsimos. Al determinar el contenido del \u00abfin\u00bb del hombre a trav\u00e9s de la ->fe cristiana y su -> esperanza, se pone de manifiesto que el -> cristianismo introduce en la consumaci\u00f3n todas las peculiaridades, dimensiones, etc., del hombre (a pesar de Mt 22, 30), o sea, no excluye de la consumaci\u00f3n (desvirtu\u00e1ndolas) dimensiones del hombre que ahora son esenciales para su existencia (y as\u00ed\u00ad afirma tanto la resurrecci\u00f3n de la carne, la tierra nueva, la -> comuni\u00f3n eterna de los santos despu\u00e9s de un juicio universal, etc., como la visi\u00f3n de Dios en un culto despu\u00e9s de un \u00abjuicio particular\u00bb de cada uno). Todos los momentos (no s\u00f3lo algunos) de esta consumaci\u00f3n final, separados de nuestra experiencia actual por la frontera de la ->muerte, son arrojados al interior del ->misterio superior a toda representaci\u00f3n, misterio que es Dios mismo, en quien est\u00e1 el futuro absoluto, el fin. Este Dios del misterio incomprensible, por su llegada y su inmediatez escatol\u00f3gica respecto de la criatura, no consume a \u00e9sta, pero confiere su propia incomprensibilidad a la consumaci\u00f3n de todas sus dimensiones (cf., p. ej., tambi\u00e9n el concilio Vaticano ii, Gaudium et spes, n\u00famero 39).<\/p>\n<p>Este fin es absolutamente obligatorio (cf. antes ii). Esa obligatoriedad va aneja a la comunicaci\u00f3n absoluta de Dios mismo, la cual, en cuanto -> amor pleno y personal de Dios, constituye la obligaci\u00f3n m\u00e1s alta que pueda concebirse. Frente a esto, en la voluntad legisladora de Dios como el Se\u00f1or creador se trata solamente de una formulaci\u00f3n derivada, la cual, sin la vinculaci\u00f3n a la aut\u00e9ntica esencia de todo deber, con facilidad podr\u00ed\u00ada entenderse falsamente como expresi\u00f3n de un querer que s\u00f3lo por el castigo con que amenaza crea en el hombre una obligaci\u00f3n, y que solamente se impone por la coacci\u00f3n y la fuerza.<\/p>\n<p>Por ello, este fin por su esencia es tal que su posible p\u00e9rdida (->pecado) significa una desgracia absoluta (->infierno). La orientaci\u00f3n transcendental del hombre (-> existencial sobrenatural) a ese fin hace que aqu\u00e9l, al perderlo, exista en contradicci\u00f3n radical y definitiva consigo mismo y no pueda eliminar esta situaci\u00f3n renunciando a dicho fin; lo afirma todav\u00ed\u00ada en el no definitivo de su libertad. Y precisamente esto constituye la esencia peculiar de la condenaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre el fin (o la consumaci\u00f3n) de los muchos individuos y el de la humanidad en cuanto tal (->reino de Dios) ha de pensarse en armon\u00ed\u00ada en la relaci\u00f3n entre -> persona individual y -a comunidad de personas, en virtud de la cual ni el hombre particular es un mero momento al servicio de una comunidad o sociedad, ni la sociedad de todos los hombres, la humanidad, es la suma de todos los hombres particulares.<\/p>\n<p>El fin alcanzado del hombre y de la humanidad tiene un doble aspecto: la -> \u00abgloria de Dios\u00bb y la \u00abfelicidad\u00bb del hombre. La creaci\u00f3n consumada, llegada a su fin, es un espejo de la realidad de Dios (gloria objetiva), y sabe y reconoce esto a trav\u00e9s de los hombres (y -> \u00e1ngeles) espirituales y personales que pertenecen a ella, mediante los cuales la realidad creada es referida expresamente a Dios con conocimiento, amor y adoraci\u00f3n (gloria formal de Dios; Dz 1805). Pero la creaci\u00f3n glorifica perfectamente a Dios porque y en cuanto ella misma est\u00e1 consumada, ha llegado a su fin, y as\u00ed\u00ad se halla glorificada y es feliz. De este \u00fanico finis operis de la realidad creada con sus dos aspectos inseparables hay que distinguir el \u00abfin\u00bb de Dios (finis operantis), que \u00e9l mismo \u00abpersigue\u00bb en la -> creaci\u00f3n del mundo. Este fin es Dios mismo como bondad que se comunica libremente (Dz 1783).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Cf. VER hombre, antropolog\u00ed\u00ada, amor, sentido, libertad, comunicaci\u00f3n de , Dios, orden sobrenatural, visi\u00f3n de Dios, escatolog\u00ed\u00ada. &#8211; Rahner 1 327-350, II 217-232, III 47-60, IV 139-158 215-244, V 181-246; J. Delfaro: Gr 38 (1957) 5-50, 39 (1958) 222-270, 41 (1960) 5-29; idem, Cath 17 (1962) 20-37; K. Rahner, Oyente de la palabra (Herder Ba 1967); Barth KD 111\/2 (Der Mensch in seiner Bestimmung zu Gottes Bundesgenossen); R. Guardini, Freiheit, Gnade, Schicksal (Mn 41956); J. B. Metz, Freiheit als philosophischtheologisches Grenzproblem: Rahner GW 1 287314; H. U. v. Balthasar, Herrlichkeit I-IV (Ei 1961 ss); P. Wust, Ungewi\u00dfheit und Wagnis (Mn 71962); Rahner VI 210-232 (Teolog\u00ed\u00ada de la libertad); MySal II; P. Tillich, Systematische Theologie III (St 1966); B. Welte, Heilsverstindnis (Fr 1966); Rahner VIII 43-65 (Teolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada), 593-609 (Inmanente y trascendente consumaci\u00f3n del mundo); J. Ratzinger, Einf\u00fchrung in das Christentum (Mn 1968); tr. cast.: Introducci\u00f3n al cristianismo (Salamanca 1971).<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. El concepto El hombre experimenta lo que significa el fin primero por su vivencia interna. 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