{"id":18932,"date":"2016-02-05T12:09:08","date_gmt":"2016-02-05T17:09:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia-y-mundo\/"},"modified":"2016-02-05T12:09:08","modified_gmt":"2016-02-05T17:09:08","slug":"iglesia-y-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia-y-mundo\/","title":{"rendered":"IGLESIA Y MUNDO"},"content":{"rendered":"<p>1. Planteamiento del problema<br \/>\nLa reflexi\u00f3n y la doctrina de la Iglesia acerca de las relaciones mutuas entre el m. y la I. han entrado en un nuevo estadio gracias al concilio Vaticano ti. Evidentemente este tema ha sido una preocupaci\u00f3n constante de la Iglesia. Ya la Escritura se pregunta por la importancia de la autoridad temporal, por la obligaci\u00f3n y el l\u00ed\u00admite de la obediencia de los cristianos a esa autoridad. La patr\u00ed\u00adstica, la edad media y la \u00e9poca moderna estudian en teor\u00ed\u00ada y en la pr\u00e1ctica (que con frecuencia conduce a enconadas luchas): las relaciones entre sacerdotium et imperium, entre la -> Iglesia y el Estado; la libertad de aqu\u00e9lla frente a \u00e9ste; la relativa autonom\u00ed\u00ada del Estado frente a la Iglesia; el derecho de la Iglesia a una determinada clase de influencia sobre la actuaci\u00f3n estatal; el problema de la \u00abseparaci\u00f3n entre la Iglesia y el Estado\u00bb; las obligaciones estatales para con la verdadera religi\u00f3n e Iglesia. Pero, prescindiendo de la cuesti\u00f3n, siempre replanteada, acerca de las relaciones entre la revelaci\u00f3n (dogma, magisterio eclesi\u00e1stico) y la ciencia profana (que tambi\u00e9n es parte esencial del \u00abmundo\u00bb), el problema se hab\u00ed\u00ada planteado casi exclusivamente bajo la f\u00f3rmula \u00abIglesia y Estado\u00bb (entendido como autoridad).<\/p>\n<p>Hoy en d\u00ed\u00ada se estudia el problema bajo el aspecto de las relaciones entre I. y m. A este respecto el mundo es considerado y experimentado como historia \u00fanica y total de la humanidad; no como una dimensi\u00f3n que est\u00e1 hecha de antemano e interesa solamente en cuanto mera situaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, sino como una creaci\u00f3n que el hombre mismo planea y hace, y que como tal le interesa por s\u00ed\u00ad mismo en su significaci\u00f3n propia, emp\u00ed\u00adricamente perceptible. Este nuevo planteamiento se pone de manifiesto claramente en el Vaticano ii. La Iglesia se plantea de forma consciente esta cuesti\u00f3n, esbozada ya en su disputa con el liberalismo del s. xix y (sobre todo en el terreno econ\u00f3mico) con el -> marxismo, primer sistema que realmente proyect\u00f3 una aut\u00e9ntica \u00abteor\u00ed\u00ada de la praxis\u00bb con miras a un mundo que el hombre mismo hab\u00ed\u00ada de edificar para liberarse de su \u00abautoalienaci\u00f3n\u00bb. El Vaticano ii asume expl\u00ed\u00adcitamente esta amplia tem\u00e1tica, especialmente (pero no s\u00f3lo) en la Constituci\u00f3n pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy. Tambi\u00e9n en otros textos se estudian algunos aspectos de este tema total. El mundo, en el que vive la Iglesia, es el mundo de una cristiandad separada, con muchas religiones superiores no cristianas, con una \u00absociedad pluralista\u00bb, donde la misi\u00f3n de la autoridad estatal es completamente distinta de la que el Estado tiene en una -> sociedad ideol\u00f3gicamente homog\u00e9nea (o que llega a serlo tras breve tiempo de transici\u00f3n y de luchas). Por eso podemos incluir tambi\u00e9n la declaraci\u00f3n del Concilio sobre el ecumenismo, las religiones no cristianas y la libertad religiosa en el tema de las relaciones entre la I. y el mundo.<\/p>\n<p>II. Conceptos de \u00abmundo\u00bb y de \u00abIglesia\u00bb<br \/>\nPara hablar m\u00e1s concretamente de estas relaciones hemos de ofrecer una breve exposici\u00f3n previa de los t\u00e9rminos relacionados entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>1. Desde el punto de vista teol\u00f3gico, \u00abmundo\u00bb designa primeramente la totalidad de la -> creaci\u00f3n como unidad (en su origen, destino y fin, en sus estructuras generales, en la interdependencia entre todas las partes). Como tal puede incluir al hombre, o designar tan s\u00f3lo su \u00abmundo circundante\u00bb, como situaci\u00f3n preestablecida por Dios de su historia salv\u00ed\u00adfica. En este sentido, mundo significa lo mismo que \u00abcielo y tierra\u00bb; es -> revelaci\u00f3n de Dios para su gloria, algo bueno, conveniente y hermoso, el destinatario, creado con libertad y amor, de la comunicaci\u00f3n de Dios mismo (Jn 3, 16s; Dz 428 1805). No es lo que separa de Dios, sino lo que media entre \u00e9l y el hombre, como se evidencia sobre todo en la encarnaci\u00f3n. En cuanto este mundo (sobre todo el mundo humano) se caracteriza desde el principio por la culpa en la esfera de los -a \u00e1ngeles y en la del hombre (-> pecado original) y por la ulterior historia de perdici\u00f3n que llega a calar profundamente en la esfera material, la cual se hace as\u00ed\u00ad contraria a Dios y a sus propias estructuras y a sus fines \u00faltimos; \u00abmundo\u00bb (en el lenguaje b\u00ed\u00adblico: \u00abeste\u00bb cosmos, \u00abeste\u00bb e\u00f3n) significa la totalidad de \u00abvirtudes y potestades\u00bb hostiles a Dios, o sea todo lo que hay en el mundo como impulso que arrastra a nueva culpa y como encarnaci\u00f3n palpable de esa culpa. En ese sentido el cristiano no debe ser \u00abdel mundo\u00bb (Jn 18, 36), aunque tenga que estar \u00aben\u00bb \u00e9l (Jn 17, 11). Pero en cuanto tal mundo pecador sigue siendo el mundo querido por Dios, necesitado y tambi\u00e9n capaz de redenci\u00f3n, abrazado ya por la gracia de Dios a pesar de y en su culpa, cuya historia concluir\u00e1 en el -\u00bb reino de Dios. Por ello, pese a la resistencia del mundo contra Dios, es tarea del cristiano, que en virtud de la gracia debe mantener en pie sus verdaderos \u00f3rdenes, percibir sus posibilidades de evoluci\u00f3n, distinguiendo con sentido cr\u00ed\u00adtico los diversos impulsos existentes en \u00e9l y soportar con paciencia hasta el final el peso y las tinieblas constantes de la existencia mundana. En tal sentido este mundo tiene una historia que ha entrado en su estadio escatol\u00f3gico por la encarnaci\u00f3n, cruz y resurrecci\u00f3n de la Palabra eterna de Dios; es decir, el desenlace de esta historia como totalidad ha sido decidido ya por Cristo en el fondo de la realidad; aun cuando dicho desenlace est\u00e9 todav\u00ed\u00ada velado y s\u00f3lo sea perceptible por la fe, sin embargo el mundo \u00abfuturo\u00bb (-> e\u00f3n) est\u00e1 ya presente y act\u00faa en nuestro mundo. Aqu\u00ed\u00ad se ve que el cristianismo conoce un -a dualismo hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico (que est\u00e1 tocando a su fin), pero no un dualismo radical e insuperable entre Dios y el mundo. Un dualismo semejante no puede determinar, ni siquiera en forma velada, la pr\u00e1ctica de los cristianos.<\/p>\n<p>En este polifac\u00e9tico concepto teol\u00f3gico de \u00abmundo\u00bb, cuyos aspectos aislados jam\u00e1s se pueden separar adecuadamente en la pr\u00e1ctica (ah\u00ed\u00ad est\u00e1 la aut\u00e9ntica dificultad del problema en su conjunto), hay que tener en cuenta dos cosas: las tres significaciones de \u00abmundo\u00bb (mundo creado y bueno; mundo pecador y perdido; mundo sobrenaturalmente redimido, que por la gracia est\u00e1 abocado a una situaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica) no son tres acepciones dispares de una misma palabra, sino que est\u00e1n ligadas entre s\u00ed\u00ad por el hecho de que este mundo (como mundo del hombre) es historia, una historia que todav\u00ed\u00ada est\u00e1 aconteciendo. Porque el mundo es historia (no un escenario est\u00e1tico sobre el que acontece la historia), tiene un principio, unos presupuestos y un fin hacia el que se dirige mediante la decisi\u00f3n libre de los hombres que act\u00faan en \u00e9l (mundo como creaci\u00f3n y como destinatario de la comunicaci\u00f3n sobrenatural de Dios mismo por la gracia). Porque es una historia cuyo resultado a\u00fan est\u00e1 oculto por hallarse todav\u00ed\u00ada en estadio de realizaci\u00f3n, puede ser para nosotros la unidad y diferencia (siempre indisolubles) de la decisi\u00f3n personal ante Dios y de las objetivaciones intramundanas que la hacen posible y le dan plenitud de acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica y de culpa. Este mundo no es s\u00f3lo historia (como cambio); hoy puede planificarse, dando como resultado una historia activamente manipulada y dirigida por el hombre, la cual abarca la esfera espacio-temporal (sin reducirse a la dimensi\u00f3n de salvaci\u00f3n o condenaci\u00f3n ante Dios en el m\u00e1s all\u00e1), cosa que antes no se dio en una medida tan amplia.<\/p>\n<p>2. Por lo que respecta al concepto \u00abIglesia\u00bb, no hay naturalmente por qu\u00e9 desarrollarlo aqu\u00ed\u00ad in extenso (-> Iglesia, -> cristianismo). S\u00f3lo conviene destacar en el mismo algo que es de especial importancia para nuestro planteamiento. La Iglesia no se identifica con el \u00abreino de Dios\u00bb, sino que es el sacramento hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico del mismo en la fase escatol\u00f3gica, inaugurada en Cristo, de la historia de la salvaci\u00f3n y como tal hace que se realice el reino de Dios. Mientras dura la historia, la Iglesia nunca se identifica con el reino de Dios. Este reino s\u00f3lo llegar\u00e1 definitivamente al terminar la historia, con la segunda venida de Cristo y el juicio final. Pero tampoco es simplemente lo que est\u00e1 pendiente, y que m\u00e1s tarde ocupar\u00e1 el lugar del mundo, de su historia y del resultado de esa historia. El reino de Dios se hace presente en la historia del mundo (\u00c2\u00a1no s\u00f3lo de la Iglesia!) all\u00ed\u00ad donde se realiza la obediencia a Dios en la gracia como aceptaci\u00f3n de la comunicaci\u00f3n de Dios mismo. Pero esto no acontece tan s\u00f3lo en la Iglesia como comunidad socialmente constituida, hist\u00f3ricamente visible, de los redimidos, ni acontece solamente en la interioridad secreta de la conciencia, en la metahist\u00f3rica subjetividad religiosa, sino que se produce tambi\u00e9n en la historia concreta de la realizaci\u00f3n de un deber terreno, de un amor eficaz (tambi\u00e9n colectivo) al pr\u00f3jimo. Y eso a pesar de que esta historia permanece ambigua en sus objetivaciones emp\u00ed\u00adricamente perceptibles, a pesar de que, aun siendo el medio en que se acepta la gracia, la oculta. La tesis del reino de Dios como \u00abmundo\u00bb en el fondo ya est\u00e1 contenida en la afirmaci\u00f3n cat\u00f3lica de que se da -> gracia y -> justificaci\u00f3n fuera de la sociedad visible de la Iglesia (y, por consiguiente, la historia de la Iglesia y la historia de la salvaci\u00f3n no coinciden). Y est\u00e1 igualmente contenida en la doctrina sobre la inseparable unidad de la moralidad material y de la formal; esa unidad exige determinadas realizaciones materiales, intramundanas, con un sentido, y no puede reducirse a una mera actitud religiosa o formalmente \u00abcreyente\u00bb. Y tambi\u00e9n est\u00e1 contenida en la doctrina sobre la unidad entre el amor de Dios y el amor al pr\u00f3jimo. Con relaci\u00f3n a este reino de Dios en el \u00abmundo\u00bb, que sin embargo no puede identificarse sin m\u00e1s con una determinada objetividad mundana, la Iglesia es un fragmento (porque ella misma est\u00e1 en el mundo y hace historia del mundo en sus miembros [cf. Dz 1783]) y sobre todo es el sacramento fundamental particular, es decir, la manifestaci\u00f3n hist\u00f3ricosalv\u00ed\u00adfica, escatol\u00f3gica y eficaz (signo) de que est\u00e1 llegando el reino de Dios en la unidad, acci\u00f3n, fraternidad, etc., del mundo; de tal manera que tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad, como en cada uno de los sacramentos, no se pueden separar el signo y lo significado, pero tampoco pueden identificarse (cf. Vaticano Lumen gentium, n.\u00c2\u00b0 9).<\/p>\n<p>III. Historicidad de las relaciones entre Iglesia y mundo<br \/>\nEstas relaciones entre I. y m. tienen una historia. No son ni tienen por qu\u00e9 ser siempre las mismas. Y no s\u00f3lo se modifican porque el mundo (como historia libre, individual y colectiva) y tambi\u00e9n la Iglesia (en su ministerio y sobre todo en sus miembros) con sus defectos y culpas pueden desfigurar y falsear las relaciones entre ambas entidades (por intrusiones en las competencias de la otra parte; por negligencia o interpretaci\u00f3n deficiente del deber que incumbe a cada una de las partes respecto de la otra); sino adem\u00e1s, con anterioridad a semejante culpa hist\u00f3rica, porque ambas partes son magnitudes hist\u00f3ricas y, por tanto, mutables, de modo que pueden cambiar sus relaciones mutuas. No s\u00f3lo existe una historia profana del mundo (en su conocimiento, en su cultura, en su emancipaci\u00f3n del dominio de la naturaleza, en su car\u00e1cter social, en la visi\u00f3n total de s\u00ed\u00ad mismo, en su actitud con respecto a su pasado y a su futuro abierto). Tambi\u00e9n la Iglesia, mediante un proceso hist\u00f3rico y bajo la direcci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, es introducida lentamente y de manera plena en la verdad que posee siempre; y esta historia de la verdad, como criterio de la acci\u00f3n eclesi\u00e1stica, transforma asimismo las relaciones de la I. con el m. y con todos sus campos. Por ejemplo, s\u00f3lo despacio aprende la Iglesia a valorar la libertad del individuo y de los grupos humanos, la unidad y pluralidad de las muchas Iglesias (as\u00ed\u00ad como su substrato \u00e9tnico y sus relaciones con la historia profana; v\u00e9anse los decretos Orientalium Ecclesiarum y Unitatis redintegratio del Vaticano ii), cuya c\u00faspide unitaria es ella; s\u00f3lo lentamente va valorando la relativa autonom\u00ed\u00ada de las ciencias profanas, la posible diversidad de la constituci\u00f3n social, estatal y econ\u00f3mica de los grupos humanos (eliminando su desconfianaz frente a la democracia y a ciertas formas de mayor socializaci\u00f3n, etc\u00e9tera). Poco a poco va logrando una apreciaci\u00f3n m\u00e1s serena, m\u00e1s amplia y personal de lo sexual en el hombre. Y a pesar de la motivaci\u00f3n profana de este desarrollo y transformaci\u00f3n en la teor\u00ed\u00ada y en la pr\u00e1ctica, semejante cambio de la Iglesia se encuentra en definitiva bajo el criterio de su propio esp\u00ed\u00adritu y de su vieja verdad, sin que sea s\u00f3lo una \u00abacomodaci\u00f3n\u00bb impuesta desde fuera a una situaci\u00f3n hist\u00f3rica que ella no puede cambiar. En este cambio de la Iglesia y del mundo ambas esferas se influyen mutuamente. El cambio del esp\u00ed\u00adritu occidental en la edad moderna (su transici\u00f3n de un cosmocentrismo griego a un antropocentrismo, su eliminaci\u00f3n de todo rasgo divino del mundo para convertirlo en material de la acci\u00f3n humana, su racionalidad y t\u00e9cnica, la reflexi\u00f3n sobre la propia historicidad y la consecuente postura cr\u00ed\u00adtica frente al pasado, relativizando la tradici\u00f3n humana y abriendo un nuevo futuro) ha brotado en definitiva del propio esp\u00ed\u00adritu del cristianismo, aunque con frecuencia (justa o culpablemente) se haya vuelto contra la Iglesia concreta, oblig\u00e1ndola a aprender lentamente lo que de hecho supo siempre. Porque estas relaciones entre I. y m. son y tienen realmente historia, deben determinarse cada vez en forma nueva (y concreta, aunque permanezcan sus estructuras fundamentales), y conservan lo imprevisible e implanificable de la historia, sin que puedan derivarse simplemente en forma concreta y adecuada de los principios eternos, capaces de fijarlas concretamente de una vez por todas.<\/p>\n<p>Esas relaciones son tambi\u00e9n fruto de la decisi\u00f3n primigenia de los hombres que act\u00faan hist\u00f3ricamente en la Iglesia y en el mundo, y por esto acarrean luchas. Por lo que toca a la Iglesia, su postura frente al mundo no es s\u00f3lo cuesti\u00f3n de instancias doctrinales, sino tambi\u00e9n de una actitud libremente adoptada por su ministerio pastoral y sus representantes carism\u00e1ticos (en la cambiante unidad dial\u00e9ctica de huida del mundo y aceptaci\u00f3n del mismo, la cual no se puede fijar concretamente de una vez por todas). Justo porque esta historia es historia, s\u00f3lo con dificultad y reservas puede reducirse a una f\u00f3rmula. Quiz\u00e1 se podr\u00ed\u00ada decir que se trata de la historia del encuentro cada vez m\u00e1s claro de la Iglesia consigo misma (como realidad que \u00abno es de este mundo\u00bb y como sacramento del futuro absoluto del mundo, que \u00e9ste no establece con su propio poder, sino que lo recibe de Dios como gracia supramundana, quedando as\u00ed\u00ad relativizada en la teor\u00ed\u00ada y en la acci\u00f3n toda concepci\u00f3n del mundo sobre s\u00ed\u00ad mismo y produci\u00e9ndose as\u00ed\u00ad la apertura de \u00e9ste al futuro absoluto); con lo cual el mundo penetra cada vez m\u00e1s en su car\u00e1cter secular gracias a la Iglesia.<\/p>\n<p>IV. Interpretaciones err\u00f3neas<br \/>\nCabe distinguir dos maneras fundamentalmente falsas de definir las relaciones entre I, y m. por parte de aqu\u00e9lla. Como el \u00abmundo\u00bb, en el amplio sentido actual que hemos indicado, no fue un tema expl\u00ed\u00adcito en los primeros siglos de la Iglesia, estas dos herej\u00ed\u00adas fundamentales respecto a tales relaciones apenas se han constituido como herej\u00ed\u00adas formadas, reflejas y expl\u00ed\u00adcitas. Pero, aunque en forma latente, han actuado eficazmente en la historia. Podemos llamar a la primera de estas herej\u00ed\u00adas \u00abintegrismo\u00bb y a la otra (por carecer de una palabra mejor y m\u00e1s corriente) \u00abesoterismo\u00bb.<\/p>\n<p>1. El integrismo entiende el mundo como mero material de la acci\u00f3n y automanifestaci\u00f3n de la Iglesia; trata de integrar el mundo en la Iglesia. Admite \u00abdos espadas\u00bb en el mundo, pero considera que la espada temporal ha sido entregada por la Iglesia y debe emplearse a su servido para el logro de sus fines m\u00e1s elevados. Asimismo puede entenderse en sentido integrista la doctrina acerca de la potestas indirecta ratione peccati sobre las realidades temporales. Basta para ello partir de la (falsa, pero confusamente difundida) concepci\u00f3n de que las normas morales de la conducta humana, proclamadas por la Iglesia (oficial) y aplicadas en la pastoral a la actuaci\u00f3n concreta de los hombres, son de tal naturaleza que de ellas, al menos en principio, se puede derivar siempre un imperativo concreto para la actuaci\u00f3n de cada momento. Por lo cual toda acci\u00f3n humana en la historia universal no ser\u00ed\u00ada otra cosa que la puesta en pr\u00e1ctica de los principios ense\u00f1ados, expuestos y aplicados por la Iglesia. La acci\u00f3n mundana en el Estado, la historia, la vida social no ser\u00ed\u00ada m\u00e1s que la realizaci\u00f3n de los principios de la Iglesia, la encarnaci\u00f3n misma de la Iglesia; seg\u00fan esta concepci\u00f3n, el mundo o es un corpus christianum o no es nada. Si la Iglesia dejase de interesarse por una determinada configuraci\u00f3n del mundo (si abandonara en manos de los \u00abpr\u00ed\u00adncipes\u00bb los \u00abnegocios temporales\u00bb), ello no ser\u00ed\u00ada m\u00e1s que una consecuencia de suimposibilidad pr\u00e1ctica de penetrar en el mundo (pero no una entrega, en principio liberadora, del mundo a su mundanidad por parte de la Iglesia); o bien se deber\u00ed\u00ada a que tal acci\u00f3n mundana carece ya de importancia salv\u00ed\u00adfica, por resultar impermeable a los principios reflejos de la Iglesia, y as\u00ed\u00ad, como adiaphora, puede ser realizada por el hombre mismo (pero ya no con la pasi\u00f3n de una hist\u00f3rica decisi\u00f3n \u00e9tica ante Dios). Mas tales presupuestos impl\u00ed\u00adcitos del integrismo son falsos; pues ni de los principios del derecho natural o del evangelio puede derivarse la acci\u00f3n del hombre obligatoria aqu\u00ed\u00ad y ahora (aun cuando \u00e9sta deba naturalmente respetarlos); ni esta acci\u00f3n, cuando es algo m\u00e1s que la mera ejecuci\u00f3n de tales principios y de las instrucciones de la Iglesia jer\u00e1rquica, deja de tener importancia moral ante Dios, de afectar a la salvaci\u00f3n, de relacionarse con un absoluto sentido moral de responsabilidad, o incluso de ser objeto de inspiraci\u00f3n carism\u00e1tica desde lo alto y un momento (intramundano) en la venida del reino de Dios. Semejante integrismo pasa por alto incluso la doctrina cat\u00f3lica de un pluralismo intr\u00ed\u00adnsecamente humano e insuperable para el hombre; \u00e9ste se encuentra siempre de antemano en una multiplicidad de experiencias no reducidas a unidad (fuentes de conocimiento) y de instintos irreconciliables entre s\u00ed\u00ad, en una situaci\u00f3n \u00abconcupiscente\u00bb (que siempre tiende m\u00e1s all\u00e1 de lo alcanzado). El intento de integraci\u00f3n (o s\u00ed\u00adntesis) de esta multiplicidad est\u00e1 justificado y mandado (para lograr la unidad de todo conocimiento en una visi\u00f3n humana y cristiana del mundo; para una actuaci\u00f3n desde el amor de Dios; para una relaci\u00f3n positiva entre Iglesia y Estado; para una inspiraci\u00f3n cristiana de la cultura); pero el integrismo se equivoca al pensar que tal s\u00ed\u00adntesis puede lograrse adecuadamente, que entre lo mundano y lo cristiano es posible una mediaci\u00f3n concreta y perfecta y sobre todo que esta s\u00ed\u00adntesis puede conseguirla la Iglesia oficial en cuanto Iglesia, de modo que esta s\u00ed\u00adntesis adecuada no s\u00f3lo ser\u00ed\u00ada el objetivo asint\u00f3tico de la historia en el reino de Dios (m\u00e1s all\u00e1 de la historia), sino que podr\u00ed\u00ada llegar a ser un acontecimiento de la historia misma. Por consiguiente, el integrismo es la falsa opini\u00f3n de que todo ha de realizarse, porque todo lo importante para la salvaci\u00f3n es tambi\u00e9n &#8211; en principio al menos &#8211; algo que pertenece a la Iglesia jer\u00e1rquica, y todo lo no eclesi\u00e1stico es pura mundanidad indiferente, sin importancia seria para el hombre en su totalidad, y por tanto para su salvaci\u00f3n y para el reino de Dios. Lo falso de esta posici\u00f3n se pone de manifiesto sobre todo cuando el mundo pasa de una situaci\u00f3n est\u00e1tica y una consideraci\u00f3n te\u00f3rica a ser un mundo manipulable y transformable por el hombre y su praxis. Pues entonces se evidencia que el futuro realizado activamente no puede ya derivarse adecuadamente de principios eternos, sino que lo realmente nuevo, como objeto de decisi\u00f3n, se encuentra bajo la llamada de Dios y la responsabilidad del hombre en una forma diferente de la oficialmente eclesi\u00e1stica; que de este modo incluso el cristiano en cuanto tal (y sobre todo el laico en su misi\u00f3n temporal) es m\u00e1s que un receptor de \u00f3rdenes de la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica, sin que all\u00ed\u00ad donde est\u00e1 deje de obrar como cristiano con una decisi\u00f3n responsable e hist\u00f3rica; que, por tanto, no coinciden la actuaci\u00f3n que cae inmediatamente bajo la norma de la Iglesia y la actuaci\u00f3n cristiana, que es aut\u00e9nticamente humana.<\/p>\n<p>2. Podr\u00ed\u00adamos llamar esoterismo a aquella actitud falsa de la Iglesia concreta o del cristiano frente al mundo que considera lo \u00abmundano\u00bb como indiferente para el cristianismo, para la vida de cara a la salvaci\u00f3n y, por tanto, para el futuro absoluto de Dios; actitud en la que, por consiguiente, se considera la \u00abhuida del mundo\u00bb (no s\u00f3lo en cuanto \u00e9ste es pecador) como la \u00fanica postura aut\u00e9nticamente cristiana, y se mira como fundamentalmente sospechoso para el cristiano el amor al mundo, a sus bienes, al placer, al trabajo y al \u00e9xito (siempre y cuando todo eso no est\u00e9 inspirado y prescrito directa y expresamente por un objetivo \u00absobrenatural\u00bb, \u00abreligioso\u00bb). Las fuentes y los tipos de este esoterismo son m\u00faltiples. Puede estar sostenido por un dualismo radical que identifica simplemente lo emp\u00ed\u00adrico del mundo con su car\u00e1cter pecador, de manera que la fuga del mundo (de su cultura, de su propio desarrollo, de la sexualidad) es tambi\u00e9n un alejamiento del pecado y, sin ninguna dial\u00e9ctica, constituye la mayor proximidad a Dios. Puede tambi\u00e9n creerse legitimado por la actitud neotestamentaria del serm\u00f3n de la monta\u00f1a, por la recomendaci\u00f3n de la continencia sexual, por la indiferencia frente a las relaciones sociales, por la expectaci\u00f3n de un pr\u00f3ximo fin del mundo, etc., en el NT, y partiendo de ah\u00ed\u00ad creer que toda la existencia cristiana tiene en esta actitud neotestamentaria no s\u00f3lo una amonestaci\u00f3n y un correctivo siempre necesarios, sino su expresi\u00f3n adecuada, que ella debe limitarse a conservar y copiar. Este esoterismo (que, entre otras manifestaciones, se prolonga en la doctrina de la Iglesia invisible de los predestinados, s\u00f3lo conocidos por Dios) puede basarse en la idea de que lo v\u00e1lido ante Dios en el plano moral es lo simplemente metahist\u00f3rico, lo que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de las realizaciones concretas, materialmente mensurables, la mera intenci\u00f3n, la interioridad (la fe, la \u00abdecisi\u00f3n\u00bb que se mantiene en el terreno formal); en la idea de que no hay una \u00e9tica material cristiana, de que lo \u00abmundano\u00bb es sencillamente impenetrable para una actitud cristiana, de que para \u00e9sta es indiferente o incluso pura y totalmente pecado (por igual en todas sus formas), de que se encuentra exclusivamente bajo la \u00abley\u00bb, y no bajo el evangelio que redime y santifica al mundo mismo. Concretamente en el campo cat\u00f3lico este esoterismo piensa, por ejemplo, que la vida de acuerdo con los consejos evang\u00e9licos en una orden religiosa es eo ipso la realizaci\u00f3n \u00fanica o la m\u00e1s elevada del esp\u00ed\u00adritu cristiano, de la que muchos quedan dispensados s\u00f3lo a causa de su debilidad. El integrismo y el esoterismo pueden combinarse raras veces en la tendencia &#8211; presente, por ejemplo, en la Iglesia monacal irlandesa &#8211; de hacer del mundo un monasterio; tambi\u00e9n la idea calvinista del Estado de Dios de la comunidad cristiana con su disciplina eclesi\u00e1stica contiene algo de esta combinaci\u00f3n. Lo decisivo del esoterismo es que lo mundano queda abandonado a s\u00ed\u00ad mismo, y no es considerado- como tarea positiva del cristiano en cuanto tal, sino como un \u00abresto\u00bb indiferente o pecaminoso en un vida expl\u00ed\u00adcitamente religiosa, que, en cuanto es realizable, la practican del modo m\u00e1s exclusivo posible los peque\u00f1os c\u00ed\u00adrculos de los esot\u00e9ricos religiosos.<\/p>\n<p>V. Intento de determinar tales relaciones<br \/>\nLas verdaderas relaciones del cristiano y de la Iglesia con el mundo est\u00e1n a medio camino entre esos dos extremos. No podemos concebir esta posici\u00f3n intermedia como un compromiso equitativo impuesto s\u00f3lo por las circunstancias, que se da \u00fanicamente porque el mundo, por desgracia, de hecho no se deja integrar plenamente en lo eclesi\u00e1stico-religioso, o porque el piadoso en exclusiva no puede evitar el servir a las necesidades profanas de la vida. Se trata de un \u00abcentro\u00bb que, seg\u00fan veremos, est\u00e1 como una unidad original por encima de los extremos, que constituye por s\u00ed\u00ad mismo la unidad y la diferencia de lo expl\u00ed\u00adcitamente cristiano y de la Iglesia, por una parte, y del mundo y la acci\u00f3n mundana, por otra. Las verdaderas relaciones entre la I. y el m. deben determinarse adem\u00e1s de manera diferente cuando se trata de las relaciones de la Iglesia oficial (del magisterio y de la jerarqu\u00ed\u00ada, de la acci\u00f3n \u00aboficial\u00bb eclesi\u00e1stica que compromete a la Iglesia constituida socialmente en cuanto tal) con el mundo, y cuando se trata de las relaciones con el mundo por parte de los cristianos (de los laicos sobre todo), que en su totalidad constituyen la Iglesia. Estas relaciones de los cristianos (que constituyen la Iglesia) con el mundo no son tampoco iguales para todos, pues cada uno tiene su propia vocaci\u00f3n y tarea en el cuerpo de Cristo, tarea que puede y debe llevar a configuraciones muy diferentes de la propia postura frente al mundo (por ejemplo, desde cierta \u00abhuida del mundo\u00bb en el monje contemplativo hasta el compromiso en apariencia totalmente prqfano del estadista afanoso de gloria y de hacer historia). Y estas circunstancias multiformes de la Iglesia (Iglesia jer\u00e1rquica, Iglesia como pueblo de Dios) tienen una vez m\u00e1s, como ya se ha dicho, una historia cambiante, de manera que, por ejemplo, todas ellas en medio de su diversidad pueden tener un com\u00fan \u00abestilo de \u00e9poca\u00bb (hoy, por ejemplo, incluso el monje contemplativo tiene una conciencia m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita que antes de su deber apost\u00f3lico, y esto contribuir\u00e1 a determinar asimismo su estilo de vida).<\/p>\n<p>1. Para la Iglesia oficial, en sus relaciones con el mundo, actualmente ser\u00e1 decisivo por una parte que ella renuncie a todo integrismo, incluso al de tipo meramente pr\u00e1ctico. Como sociedad concreta, jur\u00ed\u00addicamente constituida, no podr\u00e1 ni deber\u00e1 tampoco renunciar (en medio de una aut\u00e9ntica libertad en una sociedad pluralista) a tener relaciones institucionalizadas con el mundo, sus grupos (Estados, otras Iglesias, etc.) y sus instituciones. Cuando es en verdad posible y \u00fatil, se puedenfirmar, por ejemplo, concordatos (aunque quiz\u00e1 se acerca a su fin el tiempo de esta regulaci\u00f3n de relaciones entre I. y m.). La Iglesia puede tener representaciones diplom\u00e1ticas, puede trabajar por el reconocimiento civil jur\u00ed\u00addico de un sistema escolar propio y mantenerlo por s\u00ed\u00ad misma (siempre que sea posible un sistema realmente bueno). De este modo tiene inevitablemente y con toda raz\u00f3n cierto poder social, aun cuando dado el creciente estado de di\u00e1spora de la Iglesia en todo el mundo, que la convierte incluso en las hasta ahora \u00abnaciones cristianas\u00bb de una Iglesia nacional en la Iglesia de quienes profesan la fe, tal poder lejos de aumentar se reduce. Pero la Iglesia jer\u00e1rquica debe guardarse de utilizar esos contactos institucionales con el mundo y su poder social de manera arbitraria como \u00abmedios de presi\u00f3n\u00bb para alcanzar sus leg\u00ed\u00adtimos objetivos (la predicaci\u00f3n eficaz del evangelio y la cristianizaci\u00f3n del mayor n\u00famero posible de hombres); es decir, ha de evitar el dirigirlos hacia algo que no sea la obediencia a la fe libre, espont\u00e1nea y siempre renovada de los hombres. (Aqu\u00ed\u00ad ya no tiene importancia, al menos pr\u00e1cticamente y por lo que respecta a la vida p\u00fablica, la diferencia antes tan acentuada entre bautizados y no bautizados. Incluso all\u00ed\u00ad donde a\u00fan le sea posible, la Iglesia no debe emplear medios profanos de coacci\u00f3n, por ejemplo, perjuicios econ\u00f3micos contra miembros bautizados que act\u00faan como no cristianos.) En toda su conducta la Iglesia debe hacer que aparezca bien claro que no es ni quiere ser otra cosa que la comuni\u00f3n socialmente constituida de los que creen libremente en Cristo y en su amor est\u00e1n unidos con \u00e9l y entre s\u00ed\u00ad; no la instituci\u00f3n religiosa de un Estado o de una sociedad profana en cuanto tal. Por su propia naturaleza debe respetar radicalmente la libertad de conciencia y de religi\u00f3n en los individuos y grupos (no s\u00f3lo donde no puede hacer otra cosa). Precisamente como tal comunidad libre de los que creen personalmente dejar\u00e1 de producir la impresi\u00f3n de que es la instituci\u00f3n tradicional, casi folkl\u00f3rica, que pone un ornato religioso en la vida de quienes siendo ni\u00f1os fueron bautizados por padres cat\u00f3licos y s\u00f3lo por ello han de prolongar esta costumbre religiosa.<\/p>\n<p>Por otra parte, la Iglesia puede ser m\u00e1s bien una Iglesia misionera, que se dirige a todos, que trata seriamente de ganar para el bautismo a los adultos incluso en los \u00abpa\u00ed\u00adses cristianos\u00bb, que ofrecen campo al sentimiento vital de estos hombres \u00abmodernos\u00bb (que traen consigo una personalidad ya forjada).<\/p>\n<p>La Iglesia jer\u00e1rquica tendr\u00e1 adem\u00e1s que ver con claridad c\u00f3mo hoy, en un mundo din\u00e1mico, sumamente complejo y repleto hasta l\u00ed\u00admites incre\u00ed\u00adbles de bienes, planes y posibilidades inmensas creadas por el hombre ya no le es posible promulgar imperativos inmediatos y concretos &#8211; aunque en principio pudiera hacerlo &#8211; para regular la configuraci\u00f3n concreta de la econom\u00ed\u00ada, el control directo de la formaci\u00f3n, la distribuci\u00f3n de los impuestos destinados a la ayuda econ\u00f3mica de los pueblos subdesarrollados, la planificaci\u00f3n del aumento demogr\u00e1fico, el rearme o el desarme, etc. La Iglesia deber\u00e1 anunciar los principios generales de la dignidad del hombre, la libertad, la justicia, el amor, etc., sin pensar en modo alguno que una predicaci\u00f3n semejante es in\u00fatil o irrelevante, ni que es s\u00f3lo el ornamento ideol\u00f3gico de una vida brutal que se desarrolla de acuerdo con unas leyes muy diferentes. Puede (como en el caso de Juan xxiii o de Pablo vi ante las Naciones Unidas) en determinadas circunstancias tener incluso el valor de presentarse como representante y portavoz de un instinto hist\u00f3rico cristiano o de una decisi\u00f3n cristiana, cuando esto es m\u00e1s una llamada \u00abcarism\u00e1tica\u00bb que una mera deducci\u00f3n a partir de ciertos principios cristianos (suponiendo que tal distinci\u00f3n resulte clara en este caso). Pero debe establecer asimismo una distinci\u00f3n real entre los principios cristianos y la decisi\u00f3n concreta, la cual no puede derivarse solamente de ellos, de manera que los l\u00ed\u00admites y posibilidades de la Iglesia jer\u00e1rquica (sin pretensiones integristas) resulten claros. Esto importa sobre todo cuando un estadista, que es cristiano, debe tomar decisiones para la sociedad pluralista como tal que \u00e9l representa. Bien marcada esa diferencia, se puede tambi\u00e9n combatir realmente la confusi\u00f3n todav\u00ed\u00ada existente en aquella mentalidad cristiana seg\u00fan la cual el creyente est\u00e1 seguro de la moralidad de su actuaci\u00f3n, de la conformidad de sus decisiones con la voluntad divina cuando \u00e9stas no van claramente en contra de las normas materiales de la Iglesia. S\u00f3lo entonces resulta perfectamente claro que la conducta cristiana en cuanto tal es posible y obligatoria incluso en el terreno de lotemporal, incluso all\u00ed\u00ad donde no es \u00abeclesi\u00e1stica\u00bb; que la actuaci\u00f3n profana del cristiano (que como tal tiene obligaciones con el mundo), conforme a la realidad, la historia y la situaci\u00f3n, y derivada de una suprema actitud cristiana, reviste un significado salv\u00ed\u00adfico, pese a su permanente car\u00e1cter profano. Esta liberadora \u00abmodestia\u00bb de la Iglesia oficial, que suscita lo aut\u00e9nticamente cristiano (fuera de lo eclesi\u00e1stico), no es una limitaci\u00f3n de su poder impuesta desde fuera, sino resultado de la misma visi\u00f3n cristiana del mundo, como pronto vamos a demostrar.<\/p>\n<p>2. Los cristianos, y tambi\u00e9n la Iglesia como \u00abpueblo de Dios\u00bb, tienen unas relaciones con el mundo parcialmente distintas de las de la Iglesia jer\u00e1rquica en cuanto tal. Estas relaciones se basan en definitiva, como lo evidencia de modo claro y soberano la encarnaci\u00f3n del Logos divino, en que la aceptaci\u00f3n del mundo por Dios (por tanto la gracia, lo aut\u00e9nticamente \u00abcristiano\u00bb) no significa la absorci\u00f3n en Dios disolvente y aniquiladora del mundo como destinatario de la comunicaci\u00f3n divina, no equivale a la desaparici\u00f3n del mundo, sino que es la liberaci\u00f3n del mismo para una autonom\u00ed\u00ada, una importancia y un poder propios; proximidad a Dios y la realidad propia del mundo crecen en proporci\u00f3n directa y no inversa. Sobre este punto hay que tener en cuenta dos cosas (a las que ya nos hemos referido brevemente). Dicha aceptaci\u00f3n del mundo tiene su historia (de la salvaci\u00f3n). Por ello esta liberaci\u00f3n del mundo en su car\u00e1cter secular a trav\u00e9s de su aceptaci\u00f3n por parte de Dios puede crecer y clarificarse; y eso es lo que ha sucedido en el curso de la historia cristiana. Tal crecimiento de la mundanidad del mundo sigue siendo un fen\u00f3meno cristiano incluso all\u00ed\u00ad donde, visto superficialmente, acontece con medios puramente profanos (progreso de la ciencia racional, de la t\u00e9cnica, de los grados superiores de socializaci\u00f3n del hombre), y a menudo se ha dado con protestas por parte de los cristianos. Esta liberaci\u00f3n del mundo en su (creciente) ser propio por la aceptaci\u00f3n divina de hecho es a la vez la inserci\u00f3n del mismo en una estructura \u00abconcupiscente\u00bb, sin que este aspecto de la mundanidad del mundo haya de concebirse como necesario (en definitiva, es la libre disposici\u00f3n del amor divino, que quiso vencer en el fracaso y en la muerte). Esto quiere decir que el hecho liberador de que el mundo sea aceptado en su mundanidad no resulta evidente sin m\u00e1s; tal mundanidad oculta simult\u00e1neamente esta aceptaci\u00f3n, accesible s\u00f3lo a la fe y a la esperanza. La pluralidad del mundo no ha sido integrada de manera emp\u00ed\u00adricamente perceptible ya para nosotros en el movimiento que la voluntad divina, creadora y misericordiosa, imprime a toda la realidad hacia Dios. El hombre se encuentra siempre expuesto a la pluralidad de momentos de su vida, que \u00e9l no puede integrar adecuadamente partiendo del punto supremo (el amor de Dios); a una pluralidad de experiencias no sintetizadas, de impulsos contradictorios, en una palabra, expuesto al mundo mundano. Y este mundo tampoco penetra con su desarrollo puramente \u00abevolutivo\u00bb en el amor de Dios, en su epifan\u00ed\u00ada terrestre, en el reino de Dios. Camina hacia esta meta a trav\u00e9s de ca\u00ed\u00addas y corrupci\u00f3n, a trav\u00e9s del punto cero de la muerte. Esta situaci\u00f3n \u00abconcupiscente\u00bb del mundo, que determina en parte su mundanidad, es a la vez, de acuerdo con la concepci\u00f3n cristiana (y, desde luego, de una manera nunca perfectamente soluble por el hombre dentro de su historia), manifestaci\u00f3n del \u00abpecado del mundo\u00bb y comunicaci\u00f3n y manifestaci\u00f3n de la participaci\u00f3n redentora en el destino de Cristo para salvar al mundo y lograr su futuro absoluto, que es Dios mismo. El mundo, por tanto, no es para el cristiano lo esot\u00e9rico e indiferente, lo que est\u00e1 fuera de su \u00abvocaci\u00f3n celestial\u00bb. Pues en su permanente y creciente mundanidad se realiza lo cristiano (aun cuando esto en cuanto tal deba tener una manifestaci\u00f3n peculiar de tipo hist\u00f3rico y social, con un alcance limitado y delimitado, en el conjunto del mundo, a saber, lo que se da en la faz eclesi\u00e1stica). Mas no por ello la mundanidad del mundo en su empirismo inmediato y profano se identifica sin m\u00e1s (con anterioridad a la fe y a la esperanza) con lo cristiano propiamente dicho, de tal modo que ya no deba darse m\u00e1s que una apertura serena e hist\u00f3ricamente responsable a este mundo experimentado solamente as\u00ed\u00ad. M\u00e1s bien hay que percibir y aceptar su propia dimensi\u00f3n profunda y din\u00e1mica \u00faltima que ha impreso en \u00e9l la gracia divina; en ese dinamismo el mundo est\u00e1 abierto a la inmediatez de Dios.<\/p>\n<p>Esta experiencia y aceptaci\u00f3n salv\u00ed\u00adficas, all\u00ed\u00ad donde inculpablemente no se dan con una objetivaci\u00f3n categorial y social, es decir, en la \u00abeclesialidad\u00bb, pueden realizarse desde luego en una actuaci\u00f3n y existencia responsables, en la aceptaci\u00f3n confiada y obediente de este mundo condenado a muerte, de acuerdo con el dictamen de la buena conciencia; por consiguiente, en la pura mundanidad eventualmente inculpable (y esto incluso por uno que es ateo en la dimensi\u00f3n de la reflexi\u00f3n conceptual). Adem\u00e1s hay que aceptar este mundo (contra todo integrismo) precisamente en su mundanidad concupiscente, y por lo mismo permanente y creciente, como aceptado por Dios en Cristo. Desde el sentido salvador de la cruz el cristiano entiende esta mundanidad concupiscente. Por tanto, no piensa en modo alguno que el mundo sea cristiano (y solamente cristiano) una vez que lo ha dominado en una lograda interpretaci\u00f3n e integraci\u00f3n religiosa (y eclesi\u00e1stica). Por consiguiente puede ser tranquilamente \u00abmundano\u00bb (a pesar de su sereno esfuerzo por una integraci\u00f3n de la vida mediante una motivaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcitamente religiosa), tener deseos y objetivos terrenos, y gozar del mundo emp\u00ed\u00adrico sin mediaci\u00f3n religiosa. Puede entender todo esto (aunque no sea de un modo expl\u00ed\u00adcito) como una forma de entrega obediente a la libre disposici\u00f3n de Dios, especialmente si est\u00e1 pronto a aceptar el fracaso del mundo y la muerte con obediencia y esperando contra toda esperanza. El quehacer terreno y la vocaci\u00f3n \u00abcelestial\u00bb se distinguen de tal manera que no queda eliminada su estrecha uni\u00f3n (contra el esoterismo), y constituyen una unidad sin que por ello sean una misma cosa (contra el integrismo). La consecuencia es que estas relaciones en el terreno concreto no pueden fijarse claramente. Y en la Iglesia, que, como pueblo de Dios, por una parte, y como sacramento de la salvaci\u00f3n del mundo, por otra, s\u00f3lo en cuanto Iglesia total puede y debe exteriorizar tales relaciones, los individuos tienen una vocaci\u00f3n y un deber diferentes en cada caso tambi\u00e9n a este respecto. Por eso se da en la Iglesia como una exigencia leg\u00ed\u00adtima la \u00abasc\u00e9tica\u00bb, la \u00abhuida del mundo\u00bb, la vida seg\u00fan los consejos evang\u00e9licos como seguimiento del Crucificado, y una aceptaci\u00f3n espont\u00e1nea de la negaci\u00f3n del mundo que a todos se exige en la muerte; por eso existe la \u00abvida religiosa\u00bb. En toda esta \u00abhuida del mundo\u00bb no s\u00f3lo se da un m\u00e9todo sacado de la experiencia de la vida para combatir directamente al pecado con su amenaza y al mundo, sino que dicha \u00abhuida\u00bb es el signo en la Iglesia, para la Iglesia y el mundo, de que \u00e9ste es el mundo de Dios, de la gracia, de la esperanza en el futuro absoluto, que Dios mismo concede y que no se identifica simplemente con el desarrollo aut\u00f3nomo de la realidad mundana. Huida leg\u00ed\u00adtima del mundo es ejercitaci\u00f3n de la fe y esperanza en la consumaci\u00f3n del mundo, que es don divino, y de este modo es tambi\u00e9n signo de aquella valent\u00ed\u00ada de la fe por la que \u00e9sta deja al mundo ser mundo, por la que, consiguientemente, puede dejarle ser finito, sin necesidad de divinizarlo, ni de apurar sus fuerzas. Mas esta huida del mundo no ser\u00ed\u00ada cristiana, si se impusiera de forma absoluta, si pasara por alto su funci\u00f3n de signo al servicio de la Iglesia, si se entendiera como lo \u00fanico verdadero y \u00abradicalmente\u00bb cristiano, pensando que por s\u00ed\u00ad misma equivale a la llegada de la gracia, la cual en definitiva otorga al mundo en crecimiento (aunque tiene que pasar por la muerte) como gracia del Resucitado. De ah\u00ed\u00ad que la huida cristiana del mundo no pueda, en principio (y no s\u00f3lo en la pr\u00e1ctica), proponerse ser \u00abcompleta\u00bb; siempre es un factor (aunque acentuado) en una vida cristiana, en una vida cristiana que con acci\u00f3n de gracias toma en serio al mundo y goza de \u00e9l en reconocimiento de que Dios se lo ha entregado para constituir su propio ser liberado y como supremo contenido de su propia significaci\u00f3n. Partiendo de aqu\u00ed\u00ad, y no como concesi\u00f3n a la debilidad humana, es razonable que en la Iglesia haya \u00f3rdenes religiosas m\u00e1s o menos \u00abr\u00ed\u00adgidas\u00bb. Y por la misma raz\u00f3n \u00faltima existen en esta Iglesia ministerios mundanos, responsabilidades mundanas, aut\u00e9nticos compromisos (\u00c2\u00a1cristianos!) con la mundanidad del mundo, y un af\u00e1n de desarrollarlo bajo todas las dimensiones que existen en \u00e9l gracias al hombre. Estos ministerios mundanos no empiezan \u00fanicamente cuando se asume alguna tarea mundana por una motivaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcitamente cristiana o cuando lo \u00abprofano\u00bb se transforma en \u00abteolog\u00ed\u00ada\u00bb cristiana. Laten ya en la misma realidad mundana en cuanto que por la gracia divina est\u00e1 abierta a Dios. Mas esto no s\u00f3lo debe ense\u00f1arse te\u00f3ricamente en la vida mundana del cristiano, sino que debe vivirse tambi\u00e9n pr\u00e1cticamente (lo que en determinadas circunstancias puede acontecer desde luego en unavida cristiana \u00aban\u00f3nima\u00bb). Y por eso pertenecen tambi\u00e9n a la vida mundana del cristiano el goce del mundo, as\u00ed\u00ad como su acci\u00f3n en \u00e9ste ha de incluir: el estar dispuesto a la muerte (con Cristo); el esp\u00ed\u00adritu del serm\u00f3n de la monta\u00f1a; los consejos evang\u00e9licos; una ejercitaci\u00f3n para la pronta renuncia, para el escepticismo frente a una absorci\u00f3n en el mundo, la cual acabar\u00ed\u00ada por dar a \u00e9ste una posici\u00f3n absoluta, por divinizarlo y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, por identificarlo con Dios.<\/p>\n<p>El hallazgo de la unidad individual entre huida del mundo y acci\u00f3n en el mundo, es cosa del individuo, de su \u00abvocaci\u00f3n\u00bb, de su experiencia espiritual. S\u00f3lo cuando la Iglesia, en la diversidad y mutuo servicio de las vocaciones, practica la huida del mundo (con actitud cr\u00ed\u00adtica) y a la vez se adhiere a \u00e9l, es el sacramento de la salvaci\u00f3n del mundo, que debe ser \u00e9l mismo y cada vez en mayor medida. Si sigue vivo en la Iglesia (incluso en una medida \u00abheroica\u00bb en ciertos individuos) el esp\u00ed\u00adritu de distancia y de cr\u00ed\u00adtica frente al mundo, de penitencia, contemplaci\u00f3n y renuncia, no tiene por qu\u00e9 suscitar desconfianza alguna el actual \u00abcurso\u00bb de la Iglesia cuando hoy busca el di\u00e1logo con el mundo, cuando predica la unidad del amor de Dios y del pr\u00f3jimo, cuando se compromete en favor del desarrollo social, de la libertad, de la igualdad racial, de la fraternidad, etc. En un mundo que ha dejado de ser est\u00e1tico para convertirse en eI mundo que el hombre debe crear, a los cristianos y a la Iglesia les corresponden deberes y formas de existencia cristiana que antes no existieron, pero que ahora la Iglesia debe aceptar e informar con un nuevo esp\u00ed\u00adritu frente al mundo. Por tanto, no todo lo que se da hoy en la Iglesia a diferencia de tiempos pasados, debe ser objeto de sospecha cual si se tratase de una concesi\u00f3n al esp\u00ed\u00adritu del mundo maligno, como si fuera una mundanizaci\u00f3n en sentido peyorativo.<\/p>\n<p>VI. Algunos problemas y m\u00e1ximas acerca de las relaciones entre la Iglesia y el mundo<br \/>\n1. El mundo de hoy se ha hecho unitario, y lo ser\u00e1 todav\u00ed\u00ada m\u00e1s. Esto significa con relaci\u00f3n a la Iglesia que actualmente ella no s\u00f3lo es (como siempre) una \u00absociedad perfecta\u00bb desde el punto de vista jur\u00ed\u00addico, con la consiguiente necesidad de actuar como una comuni\u00f3n de fe en la doctrina, liturgia y constituci\u00f3n; no s\u00f3lo significa que la \u00abmisi\u00f3n universal\u00bb de la Iglesia en esta situaci\u00f3n de interdependencia total de los hombres adquiere una nueva urgencia por encima de los grupos locales (naciones, Estados), por cuanto ahora el destino del cristianismo de un pa\u00ed\u00ads \u00abcristiano\u00bb empieza a depender del destino del cristianismo en todo el mundo y, por tanto, tambi\u00e9n en los \u00abpa\u00ed\u00adses no cristianos\u00bb. La nueva situaci\u00f3n significa asimismo que la Iglesia universal en cuanto tal tiene para con este mundo unido como tal unos deberes que miran a su configuraci\u00f3n y ulterior desarrollo. En este sentido el discurso de Pablo vi ante las Naciones Unidas es un s\u00ed\u00admbolo, y la constituci\u00f3n pastoral del Vaticano ir es una especie de programa fundamental. A pesar de subrayarse con raz\u00f3n la peculiaridad y autonom\u00ed\u00ada de las \u00abIglesias particulares\u00bb en el Vaticano u (Decreto sobre las Iglesias orientales; conferencias episcopales con una mayor competencia; liturgias nacionales, etc.), la Iglesia debe poder actuar como conjunto frente al mundo unido y necesita de nuevos \u00f3rganos y de instituciones adecuadas (una Caritas para la Iglesia universal, diversos \u00absecretariados\u00bb nuevos, ayuda para el desarrollo por parte de la Iglesia universal, contactos con las Naciones Unidas, con la UNESCO, etc.).<\/p>\n<p>2. Si hoy, por una parte, la Iglesia debe estar y est\u00e1 necesariamente en todas partes dentro de un mundo unificado (aunque con muy diversa intensidad), si por otra parte la Iglesia es siempre \u00abel signo de contradicci\u00f3n\u00bb, consecuentemente (prescindiendo de todas las dem\u00e1s razones) no le cabe otra \u00abposibilidad\u00bb que la de ser y seguir siendo en todas partes la Iglesia de la di\u00e1spora en un mundo pluralista (a pesar de su destinaci\u00f3n en principio a todos los hombres, destinaci\u00f3n a la que ella debe corresponder con una misi\u00f3n activa y hasta ofensiva hacia dentro y hacia fuera). Esto significa a su vez que la Iglesia ha de tener \u00e1nimo para pasar de su situaci\u00f3n como Iglesia nacional a ser una Iglesia-comunidad de los que creen personalmente por propia iniciativa; es decir, debe valorar m\u00e1s el tener comunidades (aunque sean num\u00e9ricamente reducidas en relaci\u00f3n con la correspondiente poblaci\u00f3n total) de hombres que creen y viven cristianamente con seriedad personal, que el alcanzar yconservar a \u00abtodos\u00bb en una eclesialidad tradicional; y por tanto ha de crear una estrategia y una t\u00e1ctica pastorales en consonancia con ello. As\u00ed\u00ad ser\u00e1 precisamente como la Iglesia se convertir\u00e1 por s\u00ed\u00ad misma en una Iglesia de di\u00e1logo abierto con el mundo hacia fuera y hacia dentro. Di\u00e1logo hacia dentro: semejante Iglesia-comunidad (sin perjuicio de su permanente constituci\u00f3n jer\u00e1rquica) ser\u00e1 una Iglesia cuya existencia est\u00e9 sostenida por los laicos en cuanto creyentes personales (y no tanto por lo institucional de la Iglesia y su poder en la sociedad, concretamente por el clero como tradicional soporte y beneficiario de este prestigio social). Por ello este laicado es tambi\u00e9n el (leg\u00ed\u00adtimo) mundo de la Iglesia; su formaci\u00f3n, su mentalidad, sus esfuerzos, etc. (incluso en cuanto repercuten en la Iglesia), no son creados (como antes ocurr\u00ed\u00ada normalmente) tan s\u00f3lo por la Iglesia como instituci\u00f3n, sino que, en cuanto mundo previamente dado, son integrados en la Iglesia por los laicos (juntamente con los cl\u00e9rigos como hombres de nuestro tiempo). Y en este sentido se da y debe darse un di\u00e1logo intraeclesial de la Iglesia con el mundo. Di\u00e1logo hacia fuera: una Iglesia-comunidad en la di\u00e1spora, que adem\u00e1s ha de ser misionera, no debe ni puede encerrarse en s\u00ed\u00ad misma de forma sectaria. Ha de mantenerse en abierto di\u00e1logo con el mundo, con su cultura, con sus tendencias, con sus creaciones; pues no puede ni debe en absoluto querer vivir exclusivamente de lo que ella misma produce como cultura en su propio centro (\u00abliteratura cristiana\u00bb, \u00abarte cristiano\u00bb). No debe tener mentalidad de ghetto, creyendo que puede ser aut\u00e1rquica en lo social y cultural. Debe querer recibir para estar en condiciones de dar.<\/p>\n<p>3. Las fuerzas de este momento presente (y tambi\u00e9n del futuro) son aquellas sin las que no cabe pensar concretamente la actualizaci\u00f3n esencial de la Iglesia en el mundo. Justo por eso &#8211; prescindiendo de razones m\u00e1s profundas &#8211; y con toda su cr\u00ed\u00adtica radical a la civilizaci\u00f3n del mundo en puntos concretos, la Iglesia tiene la obligaci\u00f3n de afrontar esta \u00e9poca tal como es con \u00e1nimo abierto y confiado. Precisamente la Iglesia no puede sucumbir ni a una resistencia reaccionaria contra el futuro que se inicia ni a un escatologismo, que en lugar de una sobria expectaci\u00f3n del Se\u00f1or ser\u00ed\u00ada una huida hacia adelante, impulsada por una ideolog\u00ed\u00ada en el fondo intramundana. Justamente deber\u00ed\u00ada ver la cruz, que promete la venida de Cristo, en el hecho de que hemos de soportar la dureza prosaica de un mundo nada rom\u00e1ntico, planificado y t\u00e9cnico, con todas las agravantes que una situaci\u00f3n semejante trae consigo hasta para el propio cristianismo. As\u00ed\u00ad como el cristianismo all\u00ed\u00ad donde encuentra un esp\u00ed\u00adritu y un coraz\u00f3n voluntariosos transforma tambi\u00e9n la situaci\u00f3n y no s\u00f3lo las intenciones, del mismo modo la Iglesia no debe pensar en modo alguno que s\u00f3lo podr\u00ed\u00ada existir en la forma ahora requerida si cambiaran tambi\u00e9n aquellas circunstancias cuya desaparici\u00f3n no puede esperarse seriamente: la sociedad organizada a manera de masas, la \u00abcultura\u00bb profana, el car\u00e1cter poco expl\u00ed\u00adcito del cristianismo de este tiempo, la situaci\u00f3n de di\u00e1spora, etc. Por eso la m\u00e1s peque\u00f1a victoria en esta situaci\u00f3n y contra ella es m\u00e1s importante que cuanto se consigue en una situaci\u00f3n diferente \u00abtodav\u00ed\u00ada\u00bb dada (pero de hecho en decadencia) o en los contramovimientos transitorios de restauraci\u00f3n contra el rumbo fundamental y decisivo de la historia. Cuantas veces se consiga una victoria en la nueva situaci\u00f3n unitaria de la historia universal profana, se trata de una victoria para todo el mundo y, por tanto, tambi\u00e9n para las naciones no europeas y no cristianas, que cada vez en mayor medida entran en esta misma situaci\u00f3n. Por consiguiente la Iglesia debe renunciar, con un sentimiento vital concreto y no s\u00f3lo en una teor\u00ed\u00ada abstracta, al ideal medieval de una configuraci\u00f3n directa y universal de todas las realidades humanas.<\/p>\n<p>Quien sea y quiera ser cristiano, har\u00e1 sin duda todas estas cosas diversamente de los no cristianos (o de la mayor\u00ed\u00ada de los no cristianos). Pero esa actuaci\u00f3n diferente aparecer\u00e1 al no cristiano tolerante como una posibilidad m\u00e1s junto a otras en la visi\u00f3n y realizaci\u00f3n de la existencia humana. Y el propio cristiano nunca podr\u00e1 decir con absoluta seguridad que su configuraci\u00f3n de la realidad intramundana, a la que precisamente se sabe obligado siempre en su conciencia concreta de cristiano, sea la cristiana por antonomasia. Tampoco sabr\u00e1 si por parte de los no cristianos que hay a su alrededor ha sido experimentada ya una posibilidad que posteriormente \u00e9l conocer\u00e1 como posible para \u00e9l en cuanto cristiano.<\/p>\n<p>4. Si, a pesar de su constante misi\u00f3n mundana y de su ministerio docente y pastoral, la Iglesia conoce que en cada uno de sus miembros est\u00e1 comprometida menos directamente que antes de cara a la configuraci\u00f3n concreta de toda la realidad social, ello no equivale a una huida hacia lo ut\u00f3pico c\u00f3modo, hacia un terreno sin riesgos, hacia la sacrist\u00ed\u00ada, sino que ha de entenderse como una reflexi\u00f3n y concentraci\u00f3n m\u00e1s intensa sobre su ser m\u00e1s \u00ed\u00adntimo. Ella no es ciertamente la \u00aborganizaci\u00f3n universal\u00bb (el \u00abrearme moral\u00bb) para un \u00abmundo mejor aqu\u00ed\u00ad abajo\u00bb, sino la comuni\u00f3n de los creyentes en la vida eterna de Dios, en la que desemboca la historia. S\u00f3lo en la medida en que la Iglesia no es ni quiere ser \u00abel reino de este mundo\u00bb, tiene a la larga la promesa de que ella es la bendici\u00f3n de la eternidad para el tiempo.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: R. Loewe, Kosmos und Aion. Ein Beitrag zur heilsgeschichtlichen Dialetik des urchristlichen Weltverstandnisses (G\u00fc 1935); G. Thils, Th\u00e9ologie des R\u00e9alit\u00e9s terrestres, tr. cast.: Teolog\u00ed\u00ada de las realidades terrenas, 2 vols. Descl\u00e9e B.Aires); idem, Th\u00e9ologie et R\u00e9alit\u00e9 sociale (Tou &#8211; P. 1950), tr. cast.: Teolog\u00ed\u00ada y realidad social (Dinor San Seb); S. P\u00e9trement, Le dualisme chez Platon, les gnostiques et les manich\u00e9ens (P 1947); G. 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