{"id":18934,"date":"2016-02-05T12:09:12","date_gmt":"2016-02-05T17:09:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia-historia-de-la\/"},"modified":"2016-02-05T12:09:12","modified_gmt":"2016-02-05T17:09:12","slug":"iglesia-historia-de-la","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iglesia-historia-de-la\/","title":{"rendered":"IGLESIA, HISTORIA DE LA"},"content":{"rendered":"<p>I. Objeto<br \/>\nEl objeto que describe la h. de la I. es la Iglesia en su pasado. Como religi\u00f3n hist\u00f3rica revelada, el cristianismo deriva de la persona hist\u00f3rica y de la obra salv\u00ed\u00adfica del Dios-hombre, ->Jesucristo. No s\u00f3lo tiene un comienzo en el espacio y en el tiempo, sino que adem\u00e1s en cuanto tal ->cristianismo originario prosigue existiendo hist\u00f3ricamente en la Iglesia. La historicidad pertenece a su propia esencia; por consiguiente la Iglesia no s\u00f3lo tiene una historia, sino que es hist\u00f3rica en todo su desarrollo, pues se realiza en la historia y con la historia. De aqu\u00ed\u00ad resulta que debe referirse necesariamente a la historia, si quiere experimentar y realizar su aut\u00e9ntica esencia. En la h. de la I. como disciplina cient\u00ed\u00adfico-teol\u00f3gica el cristianismo conserva su origen y pasado como el fundamento de su existencia que obliga en conciencia y en todo tiempo.<\/p>\n<p>1. La esencia y con ella la tarea y el m\u00e9todo de la h. de la 1. dependen decisivamente del concepto de Iglesia y de la funci\u00f3n que se le atribuye en el marco de la -> historia universal y de la historia de la ->salvaci\u00f3n. La revelaci\u00f3n cristiana del NT expresa lo que es la -> Iglesia no con definiciones abstractas y atemporales, sino mediante im\u00e1genes (analog\u00ed\u00adas). As\u00ed\u00ad la Iglesia aparece como pueblo de Dios, esposa de Cristo, casa de Dios, reba\u00f1o, familia, comuni\u00f3n de los santos y nuevo Israel. La multitud de met\u00e1foras y aspectos permite una consideraci\u00f3n polifac\u00e9tica. Como se emplean preferentemente en un sentido din\u00e1mico y no est\u00e1tico, es decir, aludiendo sobre todo a la edificaci\u00f3n de la casa, al cultivo del campo y al pastoreo del reba\u00f1o, etc., implican la posibilidad de evoluciones y modificaciones hist\u00f3ricas, en el curso del tiempo, de la idea que la Iglesia tiene de s\u00ed\u00ad misma.<\/p>\n<p>La interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s profunda de la I. es la idea de cuerpo de Cristo acu\u00f1ada por Pablo. La Iglesia es cuerpo de Cristo (Col 1, 24), el organismo en que los fieles mantienen una uni\u00f3n vital con \u00e9l, la cabeza, siendo ellos los miembros (1 Cor 12, 12ss; Rom 12, 4s). Pablo la llama simplemente \u00abCristo\u00bb; pues en su experiencia de Damasco Cristo mismo se le revel\u00f3 como aquel a quien \u00e9l persegu\u00ed\u00ada en la Iglesia (\u00abSaulo, \u00bfpor qu\u00e9 me persigues?\u00bb [Act 9, 4]). La designa como \u00abel misterio de Cristo\u00bb sin m\u00e1s (Ef 3, 4) y ve cumplido en ella el eterno designio salv\u00ed\u00adfico de Dios sobre toda la humanidad. La Iglesia contin\u00faa la obra redentora de Cristo, que \u00abreconcili\u00f3 por la cruz en un solo cuerpo\u00bb (Ef 2, 16) a Dios y al hombre, y la lleva a su conclusi\u00f3n. Es el Cristo glorificado y pneum\u00e1tico el que act\u00faa en ella. Su Pneuma, el ->Esp\u00ed\u00adritu Santo, es su principio vital, por el que est\u00e1 llena de las fuerzas divinas (1 Cor 12, 3ss.13).<\/p>\n<p>Es evidente que cada una de estas expresiones reviste un matiz hist\u00f3rico por su aptitud para expresar el crecimiento de la vida eclesi\u00e1stica, y sobre todo lo reviste la imagen del cuerpo de Cristo. Ya Agust\u00ed\u00adn designaba a la Iglesia como el Cristo que sigue viviendo y como el Christus totus, que une en s\u00ed\u00ad la cabeza y los miembros. Ha sido J.A. M\u00f3hler quien m\u00e1s ha profundizado en esta idea y mejor ha hablado de la encarnaci\u00f3n continuada de Cristo en su Iglesia: \u00abLa Iglesia es el Hijo de Dios que aparece constantemente en forma humana entre los hombres, que se renueva sin cesar, que eternamente rejuvenece, es su permanente encarnaci\u00f3n\u00bb (Symbolik i, ed. por J.R. GEISELMANN [K\u00f3 1958-61] 389). En la h. de la I. ve el desarrollo \u00abdel principio de vida y de luz comunicado por Cristo a la humanidad, para unirla nuevamente con Dios y disponerla para su glorificaci\u00f3n\u00bb (Ges. Schri f ten u. Au f siitze, ed. por I. D\u00ed\u201cLLINGER, II [Rb 1840] 273).<\/p>\n<p>Si partimos, con raz\u00f3n, del misterio central del cristianismo, la encarnaci\u00f3n, y de la interpretaci\u00f3n paulina de la Iglesia como el Cristo que contin\u00faa viviendo, para la exposici\u00f3n de la historia eclesi\u00e1stica, a rengl\u00f3n seguido hemos de tener en cuenta que se falsear\u00ed\u00ada el car\u00e1cter simb\u00f3lico, identificando a Cristo con la Iglesia sin establecer algunas diferencias. El es la cabeza, ella es su cuerpo. Existir\u00ed\u00ada el peligro de un \u00abmonofisismo eclesiol\u00f3gico\u00bb (H. Fries), caso de eliminar la distinci\u00f3n y no mantener la distancia (no la separaci\u00f3n) entre \u00e9l y la Iglesia como cuerpo suyo. El cuerpo y los miembros tienen otras funciones y tambi\u00e9n una existencia distinta de la de la cabeza. Cristo es el Se\u00f1or de su Iglesia, \u00e9sta es su esposa, la madre que concibe a los fieles. La encarnaci\u00f3n de Cristo se entiende como una generaci\u00f3n espiritual, por la que le nacen en la Iglesia hijos creyentes, que esperan y aman, que le obedecen e imitan. No s\u00f3lo la encarnaci\u00f3n, tambi\u00e9n su ordenamiento a la pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n determinan la vida y funci\u00f3n de los miembros de este cuerpo (teolog\u00ed\u00ada de la cruz); Pablo exhorta a los fieles a tomar la vida, pasi\u00f3n y muerte de Cristo no s\u00f3lo como hechos objetivos, hist\u00f3ricos, sino a realizarlos subjetivamente para participar as\u00ed\u00ad de su gracia.<\/p>\n<p>Como comuni\u00f3n de los santos, la Iglesia presenta una multiplicidad de oficios y gracias (1 Cor 12) y posee una estructura que procede de Cristo y que es preciso distinguir claramente (no separar) de la comuni\u00f3n personal.<\/p>\n<p>A la estructura divina de la Iglesia pertenece aquello que Dios le ha dado para el camino, a trav\u00e9s de Cristo, para realizar la disposici\u00f3n salv\u00ed\u00adfica divina entre la humanidad; es decir, la -> palabra de la predicaci\u00f3n y los -> sacramentos, el encargo misional y la organizaci\u00f3n jer\u00e1rquica fundamental (-> jerarqu\u00ed\u00ada). Esta estructura es inmutable y participa de la perfecci\u00f3n y santidad divinas. Con la palabra, los sacramentos y los ministerios el Cristo presente en la Iglesia produce directamente su gracia invisible por el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Esta acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica divina es estructuralmente suprahist\u00f3rica en su constituci\u00f3n ontol\u00f3gica. Pero al estar esencialmente referida a los hombres y hacerse visible en la Iglesia, entra en la historia. Como figura visible de la gracia invisible la Iglesia es el \u00absacramento originario\u00bb (O. Semmelroth). A toda actividad salv\u00ed\u00adfica sobrenatural que se realiza hist\u00f3ricamente en nuestra vida bajo un signo visible, la llamamos sacramental. La Iglesia es esencialmente ambas cosas: estructura divina y signo visible; misterio de gracia que act\u00faa invisiblemente y vida hist\u00f3rica, humana.<\/p>\n<p>Incluso esta estructura divina no es fija e inm\u00f3vil, sino que est\u00e1 ordenada a los hombres. No obstante su identidad substancial y constante, experimenta un verdadero desarrollo y evoluci\u00f3n en la historia. Aun siendo un misterio de fe, participa de la peculiaridad del proceso divino de revelaci\u00f3n, que avanza bajo la fuerza impulsora e informante del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Lo mismo que sucedi\u00f3 en el AT, donde la palabra y la acci\u00f3n de Dios se realizaban en formas y acontecimientos hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adficos, insertos en el pensamiento teol\u00f3gico de cada \u00e9poca y adapt\u00e1ndose a las formas vivenciales condidonadas por el tiempo, sucede tambi\u00e9n en el NT.<\/p>\n<p>La salvaci\u00f3n acontece como historia. La Iglesia, que tiene su origen en el acontecimiento de Cristo, en la encarnaci\u00f3n, en la muerte expiatoria y en la resurrecci\u00f3n, contin\u00faa directamente la historia vetero-testamentaria de la salvaci\u00f3n. Con la fundaci\u00f3n de la Iglesia la historia de la salvaci\u00f3n ha entrado en su \u00faltima fase, en el \u00abtiempo de la Iglesia\u00bb, que dura hasta la -> parus\u00ed\u00ada. Como \u00abpueblo peregrinante de Dios\u00bb entre la encarnaci\u00f3n y el retorno de Cristo, la Iglesia dirige su mirada a la venida del reino de Dios, en el que se realizar\u00e1 y manifestar\u00e1 la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En su consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica la salvaci\u00f3n de la humanidad es un misterio de fe que transciende absolutamente la historia y, en cuanto tal, no es un elemento de \u00e9sta (->resurrecci\u00f3n de la carne). Pero ya ahora se realiza concretamente en la historia para aquellos hombres a los que Dios ofrece su gracia. Dios realiza dentro de la historia lo que proyecta con la humanidad para conducirla a la salvaci\u00f3n, y \u00ablo hace de manera que su intervenci\u00f3n a favor del hombre pueda reconocerse como algo divino. La acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios es historia, porque se manifiesta precisamente haci\u00e9ndose historia\u00bb (H. Schillebeeckx).<\/p>\n<p>Por eso el concepto de Iglesia nos remite constantemente a la historia. Lo hist\u00f3rico se hace m\u00e1s patente si atendemos a la imagen con que la Iglesia se manifiesta. La h. de la I. s\u00f3lo surge de la colaboraci\u00f3n entre lo divino y lo humano en la Iglesia a trav\u00e9s de los tiempos, espacios y culturas.<\/p>\n<p>El car\u00e1cter peculiar de la revelaci\u00f3n y la transcendencia del principio encarnacionista de la Iglesia exigen de ella una encarnaci\u00f3n en el hombre, al que ha de anunciarse la salvaci\u00f3n y en quien Cristo ha de renacer. Esta -> acomodaci\u00f3n no significa una relativizaci\u00f3n de la estructura divina, sino una autorrealizaci\u00f3n progresiva de la Iglesia en orden a su meta escatol\u00f3gica. En el curso del tiempo y en la confrontaci\u00f3n con los diversos pueblos y culturas esa autorrealizaci\u00f3n hace que se manifiesten nuevos aspectos de su naturaleza, en la doctrina (evoluci\u00f3n de los -> dogmas) y en el -> culto, en la predicaci\u00f3n y en la -> pastoral, en la constituci\u00f3n de la ->Iglesia y en su administraci\u00f3n. La asistencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo la preserva del error fundamental y asegura en todos los tiempos su verdad y santidad substanciales. Pero esto no excluye que en el plano humano puedan instalarse ciertos procesos defectuosos. La revelaci\u00f3n y la gracia no act\u00faan violentamente, sino que presuponen una aut\u00e9ntica colaboraci\u00f3n humana. Como lugar del encuentro entre Dios y el hombre, la Iglesia se halla en el campo de tensiones entre la santidad divina y la debilidad humana. Es el escenario de la dram\u00e1tica lucha entre la salvaci\u00f3n y la condenaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>I\/SANTA-PECADORA: Por su lado humano la Iglesia no presenta motivo alguno para la jactancia y el orgullo; es m\u00e1s bien la penosa historia de un fracaso y miseria constantes. Hasta en los supremos oficios e instituciones pueden repercutir las faltas morales del individuo (Alejandro vi). La historia del conocimiento de la verdad (evoluci\u00f3n de los dogmas) muestra en primer plano un confuso enfrentamiento de opiniones, hasta que finalmente bajo la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo se rechaza la herej\u00ed\u00ada y la Iglesia puede encontrar y proclamar la f\u00f3rmula v\u00e1lida, el -> dogma. Mas tambi\u00e9n de esta historia se puede decir -en cuanto historia de la b\u00fasqueda de la verdad y del progreso en la investigaci\u00f3n de las verdades de fe- que al mismo tiempo deja necesariamente de prestar su atenci\u00f3n a otros aspectos de la misma verdad. En otros sectores menos importantes de la vida eclesi\u00e1stica la historia ha revisado las falsas soluciones condicionadas por el tiempo. \u00abLo m\u00e1s grandioso e impresionante en la h. de la I. es que a pesar de los avances incre\u00ed\u00adbles y a pesar de las muchas debilidades, por las que \u00e9sta ha pasado, se ha mantenido fiel a su naturaleza, infalible en su n\u00facleo e indefectiblemente inmutable\u00bb (J. Lortz).<\/p>\n<p>La Iglesia debe exclusivamente a la gracia el no haber sido sofocada por el elemento humano. A este respecto su historia es realmente la prueba decisiva de la gracia, que se hace eficaz en la debilidad (2 Cor 12, 9). Es Iglesia \u00absanta\u00bb no s\u00f3lo a causa de la santidad de Dios que habita en ella, sino tambi\u00e9n porque en todo tiempo produce santidad entre sus fieles y hace \u00absantos\u00bb. De manera especial muestra su fuerza salv\u00ed\u00adfica en las grandes figuras de los santos (historia de los ->santos). Aun cuando no sea exclusivamente \u00abIglesia de los santos\u00bb para unos pocos elegidos, sino m\u00e1s bien instituci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica para todos los necesitados de salvaci\u00f3n, que han sido llamados por Dios, sin embargo, en cuanto Iglesia \u00absanta\u00bb tiene en sus \u00absantos\u00bb la m\u00e1s hermosa realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad misma. Mientras haya Iglesia en la tierra, debe haber y habr\u00e1 \u00absantos\u00bb en ella. \u00abEn los santos Cristo camina a trav\u00e9s de la historia y hace que brille entre nosotros algo del resplandor de su paso por la tierra\u00bb (K. Rahner).<\/p>\n<p>La realidad humana y el pecado que hay en la Iglesia desfiguran constantemente la imagen de Cristo en ella. La culpa personal, los fallos condicionados por el tiempo, los defectos y las deformaciones de varias clases obscurecen su figura. El trato con el \u00abmundo\u00bb y su desarrollo din\u00e1mico crean peligros a los que no siempre escapa. En lugar de configurar su propia forma como verdadera realidad cristom\u00f3rfica y transfundirla en el esp\u00ed\u00adritu de Cristo al mundo y a la historia, acomod\u00e1ndose a los hombres y a las culturas, en lugar de formar en su interior la imagen de Cristo, se \u00abmundaniza\u00bb y se hace infiel a su definici\u00f3n en un conformismo terreno. Siempre que se destruye en ella la forma Christi, necesita de reforma, de un retorno a la conformidad con Cristo. La imagen y el encargo de Cristo son en todo tiempo centro y punto de orientaci\u00f3n de su existencia. En este sentido la reforma pertenece a la esencia de la Iglesia de Cristo: Ecclesia semper reformanda (movimientos de -> reforma).<\/p>\n<p>La llamada a la reforma resuena con una especial urgencia cuando amplios sectores o estados enteros de la Iglesia se han hecho infieles a su vocaci\u00f3n, introduciendo en las instituciones eclesi\u00e1sticas grandes deformaciones. Esp\u00ed\u00adritus poco cr\u00ed\u00adticos acostumbran entonces a hablar de decadencia y de alejamiento fundamental de Cristo (teor\u00ed\u00adas de decadencia); exigen el retorno a las situaciones originales de la Iglesia y creen poder restaurar la pureza del ideal por el hecho de copiar las formas de vida del cristianismo primitivo. A estas tendencias arcaizantes les falta el aut\u00e9ntico sentido hist\u00f3rico. Niegan la legitimidad de la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica y con la restauraci\u00f3n anacr\u00f3nica de situaciones anteriores exigen no s\u00f3lo algo imposible, sino algo que contradice a la esencia de la Iglesia. La Iglesia, que seg\u00fan la voluntad de Dios debe estar abierta a todos los hombres, a todos los tiempos y a todas las culturas, no se puede identificar con ning\u00fan tiempo ni cultura, ni siquiera con la Iglesia primitiva.<\/p>\n<p>La verdadera reforma significa una reflexi\u00f3n que contempla a Cristo como la forma original de la Iglesia y el cumplimiento de su misi\u00f3n salvadora, ligada a su comienzo y obligatoria en todo tiempo. Es cierto que de la Iglesia antigua se puede aprender c\u00f3mo se vivi\u00f3 la verdadera conformidad con Cristo. Pero la acomodaci\u00f3n temporal de este ideal cristol\u00f3gico es una tarea que se le plantea a cada \u00e9poca. En los santos brilla la imagen de Cristo. Por eso son los primeros autorizados para exigir la reforma y llevarla a cabo. La reforma es cosa de los santos.<\/p>\n<p>La aparici\u00f3n de divisiones y herej\u00ed\u00adas (historia de las -> herej\u00ed\u00adas) parece que pertenece tambi\u00e9n a la aut\u00e9ntica realidad de la Iglesia (1 Cor 11, 19), y nada ser\u00ed\u00ada m\u00e1s falso que desfigurar desde el punto de vista moral la conducta de un hereje, que proviene muchas veces de una b\u00fasqueda celosa de la verdad salv\u00ed\u00adfica. \u00abNadie puede crear una herej\u00ed\u00ada si no tiene un esp\u00ed\u00adritu ardiente y posee dones de la naturaleza que han sido creados por el Art\u00ed\u00adfice divino\u00bb, dice Jer\u00f3nimo; y Agust\u00ed\u00adn explica: \u00abNo cre\u00e1is, hermanos, que las herej\u00ed\u00adas pueden provenir de cualquier alma peque\u00f1a. S\u00f3lo los grandes hombres han creado herej\u00ed\u00adas\u00bb (In Ps. 124). Sin embargo, estos padres previenen contra las herej\u00ed\u00adas. Pablo ve en ellas una terrible amenaza contra la salvaci\u00f3n, no s\u00f3lo para los individuos, sino m\u00e1s todav\u00ed\u00ada para la Iglesia, a la que el demonio quiere apartar de sus fines escatol\u00f3gicos y de la verdad por medio de las herej\u00ed\u00adas. Agust\u00ed\u00adn las designa como \u00abheces de la Iglesia\u00bb (\u00abquos partim digessit Ecclesia, tamquam stercora\u00bb, Sermo V: Opera Omnia v [P. 1837] 42). La Iglesia debe superarlas, para asegurar la salvaci\u00f3n de sus hijos.<\/p>\n<p>No menos peligrosa es la reducci\u00f3n mezquina de la fe con un sectarismo encratista y riguroso (montanismo, tertulianismo, -> jansenismo, -> integrismo). Nada perjudica a la Iglesia tanto como aquello que le confiere una mentalidad estrecha.<\/p>\n<p>2. La funci\u00f3n de la h. de la I. como ciencia teol\u00f3gica viene dada con este concepto de Iglesia. Esta disciplina ha de examinar con detalle lo que en la historia ha revestido m\u00faltiples formas, analizarlo en su contenido esencial y medirlo por el inalienable n\u00facleo originario. La exposici\u00f3n de los or\u00ed\u00adgenes de la Iglesia y de su realizaci\u00f3n en la historia, por una parte, muestra su conexi\u00f3n e identidad esencial con la instituci\u00f3n de Jesucristo; y, por otra parte, sirve para agudizar la conciencia de la Iglesia, suscitar una idea correcta de su historicidad y entender mejor su propia naturaleza. Lo que es la Iglesia no s\u00f3lo se entiende a trav\u00e9s de la teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica (dogm\u00e1tica, teolog\u00ed\u00ada fundamental), sino que se nos descubre en el trasfondo de toda su historia, y s\u00f3lo se revelar\u00e1 por completo al final de los tiempos, en la parus\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>II. Tarea y m\u00e9todo<br \/>\nLa tarea y el m\u00e9todo de la historia eclesi\u00e1stica est\u00e1n determinados asimismo por el concepto y la naturaleza de la Iglesia. Como el historiador eclesi\u00e1stico tiene que hab\u00e9rselas con un objeto visible-invisible, a la vez hist\u00f3rico y objeto de fe, su pensamiento hist\u00f3rico debe ser tanto hist\u00f3rico como teol\u00f3gico. Este pensamiento se realiza a posteriori, de fuera a dentro, pues primero establece los hechos hist\u00f3ricos, y luego analiza las conexiones hist\u00f3ricas y examina su sentido. Pero a la vez parte del supuesto teol\u00f3gico aprior\u00ed\u00adstico de que, cuanto se ha desarrollado en el \u00e1mbito hist\u00f3rico de los hechos comprobables, es la revelaci\u00f3n de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios.<\/p>\n<p>En cuanto ciencia hist\u00f3rica, la h. de la I. sigue estando orientada hacia la investigaci\u00f3n estrictamente cient\u00ed\u00adfica de los hechos. La comprobaci\u00f3n de los hechos y fechas hist\u00f3ricos es la primera exigencia y la ineludible condici\u00f3n previa para una religi\u00f3n \u00abhist\u00f3rica\u00bb. Como \u00abla Iglesia misma no es una idea, sino un hecho\u00bb (H. Jedin), su historia no puede diluirse en una historia de ideas o del esp\u00ed\u00adritu. Es una \u00abciencia de los hechos y est\u00e1 encadenada a ellos, se inclina ante los hechos y trata de infundir un respeto reverencial ante \u00e9stos\u00bb (idem). Los hechos y las fechas constituyen el andamiaje; sin su conocimiento exacto ser\u00ed\u00ada inseguro cualquier paso ulterior hacia una estructuraci\u00f3n ideal y hacia una evaluaci\u00f3n teol\u00f3gica y espiritual. Las construcciones inconsistentes no sirven, no llevan a un progreso de la ciencia. El historiador debe partir constantemente de las fuentes y tomar en serio los hechos, incluso cuando conducen a aparentes conflictos con la fe. Para su aclaraci\u00f3n se sirve de todos los medios y m\u00e9todos de la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica profana. S\u00f3lo la exposici\u00f3n objetiva, orientada hacia los hechos (pragm\u00e1tica), hace justicia a la dignidad y santidad de la Iglesia. Ne audeat historia falsa dicere, ne audeat vera non dicere (Le\u00f3n xiii). La presentaci\u00f3n optimista o deformada de los acontecimientos ser\u00ed\u00ada una mala apolog\u00ed\u00ada de la Iglesia. S\u00f3lo el problema de la verdad es decisivo.<\/p>\n<p>Naturalmente, una descripci\u00f3n de la historia meramente positivista, que se contenta con la enumeraci\u00f3n y el amontonamiento de hechos y fechas, no puede hacer justicia a una realidad hist\u00f3rica y menos todav\u00ed\u00ada a una realidad espiritual como la Iglesia. El objetivo de la investigaci\u00f3n en el campo de la historia eclesi\u00e1stica debe ser la visi\u00f3n transcendente de los hechos, captar lo permanente entre lo mutable y cambiante, y penetrar hasta la esencia misma de la Iglesia. S\u00f3lo la s\u00ed\u00adntesis confiere vida a la historia. En el esp\u00ed\u00adritu ordenador del historiador lo pasado se organiza y esclarece a base de determinados puntos de vista. La Iglesia es un misterio de fe y en definitiva s\u00f3lo se la puede comprender en la fe. Del mismo modo s\u00f3lo en la fe es posible la interpretaci\u00f3n de los hechos, as\u00ed\u00ad como la valoraci\u00f3n de los movimientos o de los personajes religiosos y de toda la vida interna de la Iglesia. El historiador incr\u00e9dulo no puede exponer ni captar genuinamente el fen\u00f3meno de la Iglesia en su profundidad. En la interpretaci\u00f3n y disposici\u00f3n de los hechos en un todo ordenado el creyente ha de tener en cuenta la fe y el dogma, de manera que no puedan surgir aut\u00e9nticas tensiones.<\/p>\n<p>La h. de la I. es una ciencia de fe y, como tal, una parte de la ->teolog\u00ed\u00ada. No s\u00f3lo recoge el concepto teol\u00f3gico de Iglesia, sino que plantea por s\u00ed\u00ad misma sus propias cuestiones hist\u00f3rico-teol\u00f3gicas sobre su objeto material, la Iglesia, y trata de darles respuesta desde unos puntos de vista teol\u00f3gicos. Por consiguiente, no se siente satisfecha con una descripci\u00f3n anal\u00ed\u00adtica de la imagen de la Iglesia en los diferentes tiempos, pueblos y culturas, sino que penetra m\u00e1s profundamente, interrogando por los presupuestos teol\u00f3gicos y tratando de interpretar los acontecimientos desde la fe revelada.<\/p>\n<p>Se ha lamentado que \u00abnos falta todav\u00ed\u00ada una aut\u00e9ntica teolog\u00ed\u00ada de la historia y de la historicidad de la Iglesia\u00bb (K. Rahner), aun cuando ya se han hecho algunos buenos planteamientos y ensayos. Una -> teolog\u00ed\u00ada convincente de la historia deber\u00ed\u00ada empezar por esclarecer, en el plano de la -> eclesiolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica, \u00abc\u00f3mo y por qu\u00e9 vive y se transforma hist\u00f3ricamente la Iglesia, y habr\u00ed\u00ada de exponer c\u00f3mo un cristianismo que es siempre el mismo en su verdad, derecho y realizaci\u00f3n religiosa tiene que representarse en formas siempre nuevas, para as\u00ed\u00ad expresar la plenitud de Cristo mediante la totalidad de sus tiempos\u00bb (idem).<\/p>\n<p>Como conjunto, la h. de la I. s\u00f3lo puede concebirse desde el punto de vista hist\u00f3rico-teol\u00f3gico. Es una parte de la historia de la salvaci\u00f3n. Plenamente convencido de que el Esp\u00ed\u00adritu Santo es la entelequia de la Iglesia, y la gu\u00ed\u00ada e impulsa en la realizaci\u00f3n de su magna tarea de continuar entre los hombres la obra salv\u00ed\u00adfica de Cristo a trav\u00e9s de los siglos, el historiador eclesi\u00e1stico viene a ser como te\u00f3logo \u00abel int\u00e9rprete de la actividad del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la tierra\u00bb (J. Sp\u00f3rl); se ha llegado a calificar su disciplina como \u00abciencia auxiliar para el conocimiento de Dios\u00bb. Pero siempre es consciente de que, a diferencia del sistem\u00e1tico, tiene -que partir de los datos de la vida, de las sobrias y decepcionantes realidades de la historia. No practica la investigaci\u00f3n \u00abdogm\u00e1tica\u00bb de la historia en el sentido de que quiera probar los principios e ideas doctrinales de los sistem\u00e1ticos partiendo de la historia; y rechaza asimismo todo \u00abpragmatismo\u00bb que busca en la h. de la I. ejemplos o documentos y los utiliza para mostrar la invisible naturaleza divina de \u00e9sta. La mirada del historiador va constantemente de fuera a dentro, desde abajo hacia arriba. Ve las manchas y debilidades de la Iglesia peregrina, que sigue al Se\u00f1or por su camino doloroso. \u00abLa historia de la Iglesia es una teolog\u00ed\u00ada de la cruz\u00bb (H. Jedin). As\u00ed\u00ad es como la historia de la Iglesia intenta servir a la visi\u00f3n que \u00e9sta tiene de s\u00ed\u00ad misma.<\/p>\n<p>III. Historiograf\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica<br \/>\nEn la historiograf\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica se refleja el cambio en la imagen de la Iglesia y en la concepci\u00f3n que \u00e9sta ha tenido de s\u00ed\u00ad misma a trav\u00e9s del tiempo. Ya en el NT aparece la relaci\u00f3n original del cristianismo con la historia. Toda su interpretaci\u00f3n hist\u00f3ricosalv\u00ed\u00adfica de la historia universal rompe con la antigua idea c\u00ed\u00adclica del eterno retorno, y la sustituye por el proceso rectil\u00ed\u00adneo (dirigido por Dios) que arranca de la creaci\u00f3n, pasa por la encarnaci\u00f3n de Cristo y se dirige hacia el juicio final. La encarnaci\u00f3n del Logos en la \u00abplenitud de los tiempos\u00bb es a la vez el centro de la historia universal y el comienzo de un per\u00ed\u00adodo nuevo, el \u00abtiempo de la Iglesia\u00bb, que dura hasta la parus\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Cuanto la joven cristiandad se supo m\u00e1s vinculada a la unicidad irrepetible del acontecimiento de Cristo y al evangelio, tanto m\u00e1s exquisito fue su cuidado por conservar en toda su pureza lo que los ap\u00f3stoles hab\u00ed\u00adan transmitido como testigos. La \u00abtradici\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb vino a ser como el n\u00facleo de la fe; para asegurarlo y fijarlo se inici\u00f3 el proceso de formaci\u00f3n del Canon (siglo ii). La confecci\u00f3n de listas de obispos de las comunidades apost\u00f3licas y el inter\u00e9s por subrayar la -> sucesi\u00f3n apost\u00f3lica (Hegesipo, Ireneo, Tertuliano) son testimonio de la conciencia hist\u00f3rica del cristianismo primitivo. Tambi\u00e9n el aspecto de la historia universal y salv\u00ed\u00adfica hizo pronto su aparici\u00f3n. Los cron\u00f3grafos (Te\u00f3filo de Antioqu\u00ed\u00ada, + despu\u00e9s de 180; Hip\u00f3lito de Roma, +235; Sexto Julio Africano, + despu\u00e9s de 240; Eusebio de Cesarea, + 339) se esforzaron por integrar el cristianismo en el contexto de la historia universal y probar as\u00ed\u00ad su antig\u00fcedad y car\u00e1cter originario. Eusebio, \u00abel padre de la h. de la I.\u00bb, fue el primero en sincronizar la cronolog\u00ed\u00ada cristiana con la historia universal y con la historia de los emperadores romanos. Vio ya una cierta conexi\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica entre el imperio romano y el origen y difusi\u00f3n del cristianismo. No s\u00f3lo el AT, sino todo el proceso hist\u00f3rico precristiano le pareci\u00f3 como una preparaci\u00f3n de la venida de Cristo. Con esta valoraci\u00f3n positiva puso el fundamento de su posterior \u00abteolog\u00ed\u00ada del imperio\u00bb, que desarrollar\u00ed\u00ada en su Vita Constantini.<\/p>\n<p>El alto valor documental de la Historia de la Iglesia (hasta 324) de Eusebio, que hoy est\u00e1 fuera de discusi\u00f3n, movi\u00f3 ya a los griegos S\u00f3crates (+ hacia 450), Sozomeno (+ despu\u00e9s de 450) y Teodoreto de Ciro (+ despu\u00e9s de 450) a completarla y continuarla. Estos autores fueron traducidos al lat\u00ed\u00adn por Rufino de Aquileya (403) y Epifanio (s. vi), en tanto que Casiodoro (hacia 490-583) elaboraba con sus datos la Historia tripartita. As\u00ed\u00ad es como esa obra hist\u00f3rica lleg\u00f3 a conocimiento de occidente, hasta convertirse en manual de historia de la Iglesia durante toda la edad media. Tambi\u00e9n se continuaron las cr\u00f3nicas (Jer\u00f3nimo, Sulpicio Severo, Pr\u00f3spero de Aquitania, Casiodoro, Isidoro de Sevilla), que tuvieron numerosas imitaciones en la edad media.<\/p>\n<p>Fue Agust\u00ed\u00adn (354-430) quien m\u00e1s influy\u00f3 con su obra De civitate Dei (413-426) en el concepto de historia. El fue tambi\u00e9n quien acu\u00f1\u00f3 el concepto de Estado cristiano. Rechazando abiertamente la forma de unidad religioso-pol\u00ed\u00adtica del oriente, que Eusebio hab\u00ed\u00ada fundamentado en su \u00abteolog\u00ed\u00ada del imperio\u00bb, Agust\u00ed\u00adn estableci\u00f3 las relaciones entre -> \u00abIglesia y Estado\u00bb en forma dualista. En esto como en tantas otras cosas, \u00e9l pas\u00f3 a ser el maestro de occidente. Cuando m\u00e1s tarde Carlomagno, los emperadores ot\u00f3nicos y los salios le invocaron como defensor de una nueva teolog\u00ed\u00ada del imperio en occidente, desfiguraron su pensamiento.<\/p>\n<p>En 525 Dionisio el Exiguo (sobre 470-550) enumer\u00f3 todas las fechas de la historia romana desde la fundaci\u00f3n de Roma tomando como punto de referencia el nacimiento de Cristo, y as\u00ed\u00ad introdujo la \u00abera cristiana\u00bb en el c\u00f3mputo del tiempo. Retras\u00f3 el nacimiento de Cristo 4 \u00f3 5 a\u00f1os al situarlo en el 754 ab Urbe condita, en lugar de situarlo en el 749, como hubiese sido lo correcto. Inici\u00f3 as\u00ed\u00ad un error que hasta ahora no ha sido corregido.<\/p>\n<p>La historiograf\u00ed\u00ada de la antig\u00fcedad cristiana consider\u00f3 el curso de la historia de acuerdo con tres esquemas hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adficos: a) las seis eras del mundo, en analog\u00ed\u00ada con los d\u00ed\u00adas de la obra de la creaci\u00f3n, donde cada uno de los d\u00ed\u00adas del mundo se cont\u00f3 como mil a\u00f1os (conforme al Sal 89 [90], 4; 2 Pe 3, 8). El s\u00e9ptimo d\u00ed\u00ada, el s\u00e1bado del mundo, deb\u00ed\u00ada traernos el \u00abreino milenario\u00bb de reposo y paz divina bajo el reinado de Cristo (Ap 20, 1-6). Este ->milenarismo fue adoptando en cada caso f\u00f3rmulas nuevas como un principio permanente de interpretaci\u00f3n de la historia; as\u00ed\u00ad en Cerinto, Pap\u00ed\u00adas, Justino, Ireneo, Sexto Julio, Tertuliano e Hip\u00f3lito (?), en los te\u00f3logos medievales Beda el Venerable, Walafredo Strab\u00f3n, Ruperto de Deutz, Ricardo de San V\u00ed\u00adctor y otros, hasta llegar a Joaqu\u00ed\u00adn de Fiore (t 1202) y los espirituales franciscanos del siglo xiv. Despu\u00e9s de haberlo rechazado teol\u00f3gicamente Tom\u00e1s de Aquino, pronto fue condenado por la Iglesia y calificado de herej\u00ed\u00ada bajo una determinada forma. Se ha mantenido como expectaci\u00f3n fan\u00e1tica en las sectas hasta los tiempos m\u00e1s recientes (anabaptistas, hermanos bohemos, adventistas, mormones y testigos de Jehov\u00e1). b) El esquema de los cuatro imperios universales (el asirio-babil\u00f3nico, el persa, el maced\u00f3nico de Alejandro Magno y el romano, seg\u00fan Dan 2, 36ss; 7, 3ss); al imperio romano convertido al cristianismo se le atribu\u00ed\u00ada una duraci\u00f3n que llegar\u00ed\u00ada hasta el fin del mundo, idea en la que insisti\u00f3 la edad media. c) El triple esquema de Agust\u00ed\u00adn: ante legem, sub lege, post legem, que se modific\u00f3 en la edad media (Otto de Freising: ante gratiam, tempore gratiae, post praesentem vitam) Y tambi\u00e9n se entendi\u00f3 en sentido trinitario (Joaqu\u00ed\u00adn de Fiore).<\/p>\n<p>La edad media asumi\u00f3 el punto de vista hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico. Es sorprendente la transformaci\u00f3n de la imagen de la Iglesia. La idea universal desaparece por completo en los primeros tiempos de la edad media. El objeto de la descripci\u00f3n es en primer lugar el pasado cristiano del propio pueblo, del monasterio o del obispado. La -> hagiograf\u00ed\u00ada ocupa un extenso espacio. No se puede hablar de una aut\u00e9ntica h. de la I.; falta el concepto de Iglesia. En su lugar el cronista o analista ofrece una historiograf\u00ed\u00ada cristiana, que especialmente en el pr\u00f3logo queda anclada en la historia de la salvaci\u00f3n. Y as\u00ed\u00ad se empalma con la concepci\u00f3n hist\u00f3rica de la Iglesia imperial posconstantiniana. En la \u00e9poca carolingia y la ot\u00f3nica la simbiosis entre lo profano o \u00abtemporal\u00bb y lo \u00abespiritual\u00bb queda expresada en el hecho de que el mundus viene sustituido simplemente por la ecclesia. Carlomagno se llama a s\u00ed\u00ad mismo Caput ecclesiae; Iglesia e imperio coinciden. Este pensamiento unitario ha dejado constancia en las cr\u00f3nicas de los primeros tiempos medievales.<\/p>\n<p>Por primera vez la reforma mon\u00e1stica del s. xi vuelve a una visi\u00f3n de la Iglesia en cuanto tal. Las manifestaciones coet\u00e1neas de decadencia (riqueza, mundanizaci\u00f3n, feudalismo) se contrarrestan con los ideales de la Iglesia primitiva, la imitaci\u00f3n de Cristo y la vida apost\u00f3lica. Se abre paso una nueva visi\u00f3n que la Iglesia tiene de s\u00ed\u00ad misma (Ordericus Vitalis, Juan de Salisbury). En la historia de la salvaci\u00f3n se emplea el esquema de los tres estadios, que se interpreta en sentido trinitario. Ruperto de Deutz (jt 1129) lo divide en el tiempo de la creaci\u00f3n (Dios Padre), de la redenci\u00f3n (Dios Hijo) y de la santificaci\u00f3n (Dios Esp\u00ed\u00adritu Santo). Joaqu\u00ed\u00adn de Fiore forma con el AT y NT unas tipolog\u00ed\u00adas de tres grados (ley, gracia, caridad; ciencia, sabidur\u00ed\u00ada, plenitud de conocimiento; esclavitud, servicio, libertad, etc.) y concluye que, a la era del Padre en el AT y a la del Hijo en el NT, pronto seguir\u00e1 la era del Esp\u00ed\u00adritu Santo en caridad y libertad. Predijo para 1260 el comienzo de la nueva Iglesia \u00abjo\u00e1nica\u00bb y espiritual en lugar de la actual Iglesia ministerial y \u00abpetrina\u00bb.<\/p>\n<p>Las cr\u00f3nicas medievales toman sus materiales de Eusebio y Jer\u00f3nimo, cuyas obras reelaboran especialmente con finalidad edificante (Regino de Pr\u00fcmm, Hermannus Contractus, Sigebert de Gembloux). Por primera vez Ot\u00f3n de Freising, el historiador m\u00e1s importante de la edad media, enlaza con Agust\u00ed\u00adn. A diferencia de las cr\u00f3nicas, de tono m\u00e1s personal, los anales son generalmente an\u00f3nimos y est\u00e1n escritos con un fin pr\u00e1ctico. Una forma especial representan las cr\u00f3nicas pontificias, que en el Liber Ponti f icalis encontraban el prototipo de vidas yuxtapuestas. Exist\u00ed\u00adan en gran abundancia anales del imperio, de obispados y de monasterios as\u00ed\u00ad como vidas de santos y de obispos.<\/p>\n<p>Desde el a\u00f1o 1300 aproximadamente se va haciendo notar poco a poco, pero de forma constante, una disoluci\u00f3n de la conciencia medieval acerca de la Iglesia. Las luchas entre el papado y el imperio, entre Bonifacio viii y Felipe el Hermoso, el destierro de Avi\u00f1\u00f3n (1309-78) y finalmente el gran -> cisma de occidente (1378-1417) resquebrajan la confianza. La cr\u00ed\u00adtica de Joaqu\u00ed\u00adn de Fiore a la Iglesia jer\u00e1rquica, proseguida por los espirituales franciscanos, favorece la \u00abteor\u00ed\u00ada de la decadencia\u00bb, seg\u00fan la cual la Iglesia se ha ido hundiendo cada vez m\u00e1s en el fracaso desde Constantino, y es necesario suplantarla por la \u00abIglesia espiritual\u00bb, pura, ideal, invisible.<\/p>\n<p>Se inicia una viva reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la Iglesia. En violenta oposici\u00f3n a la iglesia papal, Marsilio de Padua (J 1343) y Guillermo de Ockham (+ 1349) desarrollan un nuevo concepto democr\u00e1tico de Iglesia, que pone al concilio por encima del papa, por ser aqu\u00e9l el representante del pueblo cristiano. Una grave crisis en torno a la constituci\u00f3n de la Iglesia fue provocada por el -> \u00abconciliarismo\u00bb en los concilios de Constanza (1414-18) y de Basilea (1431-37). El papalismo, con un cariz cada vez m\u00e1s unilateral, representado por los canonistas desde tiempos de Gregorio vii (Jacobo de Viterbo, Egidio Romano, \u00ed\u0081lvaro Pelagio, Agust\u00ed\u00adn Triunphus), entr\u00f3 con el cisma en un callej\u00f3n sin salida. La doctrina de la Iglesia se hab\u00ed\u00ada convertido exclusivamente en un tratado de la canon\u00ed\u00adstica. Esta versi\u00f3n jur\u00ed\u00addica de la reforma hab\u00ed\u00ada de traer malas consecuencias.<\/p>\n<p>Gracias a su descubrimiento de las fuentes, los humanistas han ampliado por vez primera el conocimiento de la historia y a la vez han fomentado la cr\u00ed\u00adtica (p. ej., en lo relativo a la donaci\u00f3n constantiniana, Nicol\u00e1s de Cusa, Lorenzo Valla). Las nuevas ediciones de los padres (Erasmo de Rotterdam) permitieron ver bajo una luz nueva la imagen de la Iglesia primitiva y antigua. El clamor por la reforma, que llen\u00f3 todo el siglo xv se convirti\u00f3 en una llamada de retorno a la ecclesia primitiva. Lutero y los reformadores le confirieron una inmensa fuerza y eficacia.<\/p>\n<p>La -> reforma puso en tela de juicio todo lo que la Iglesia medieval hab\u00ed\u00ada edificado, y quiso remontarse a la Iglesia antigua. Buscaba en los tiempos primitivos \u00abtestigos de la verdad\u00bb que pudieran apoyar su reforma. Flaccius Illyricus (1520-75), en su Catalogus testium veritatis (1556) y en la Historia ecclesiastica (\u00abMagdeburger Zenturien\u00bb, 15591574), quiso demostrar de acuerdo con las fuentes que no era el papado, sino \u00fanicamente el luteranismo el que coincid\u00ed\u00ada con la antigua Iglesia en la doctrina y disciplina. En 1588-1607 C\u00e9sar Baronio (1538-1607) le opuso su obra hist\u00f3rica Annales ecclesiastici (12 tomos, hasta 1198), toda ella elaborada a partir de las fuentes. Abraham Bzovius (+ 1637) la continu\u00f3 hasta P\u00ed\u00ado v; Odorico Raynaldo (+ 1671) y Jacob Laderchi (+ 1738) la corrigieron y completaron. Nac\u00ed\u00ada un nuevo inter\u00e9s por la historia eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>Una vez que Melanchton (ya en 1520) introdujo en Wittenberg el estudio de la h. de la I. en su reforma de la universidad, en 1538 ese estudio se convirti\u00f3 en disciplina propiamente dicha en Francfort del Oder y, poco despu\u00e9s, tambi\u00e9n en Helmstedt pas\u00f3 a ser una asignatura obligatoria. Por parte cat\u00f3lica, la cr\u00ed\u00adtica reformadora incitaba a una investigaci\u00f3n intensa de las fuentes, que condujo al m\u00e9todo hist\u00f3rico-cr\u00ed\u00adtico en el an\u00e1lisis de las fuentes y a la formaci\u00f3n de las disciplinas auxiliares (cronolog\u00ed\u00ada, diplom\u00e1tica, paleograf\u00ed\u00ada, etc.). Ahora es cuando por vez primera la h. de la I. se convierte en \u00abciencia\u00bb. Los \u00abbolandistas\u00bb (Joh. Bolland [J 1665], Godofredo Henskens [J 1681], Daniel Papebroch [J 1714] y otros jesuitas) iniciaron la monumental obra Acta sanctorum, en 1643. Los maurinos (benedictinos de san Mauro en Francia) se preocuparon de las ediciones cr\u00ed\u00adticas de los padres. Obras sorprendentes llevaron a cabo Mabillon (estudio y ediciones de documentos, los Acta sanctorum OSB, los Annales OSB), Mart\u00e9ne, S. y L. de Sainte-Marthe (Gallia christiana, 1656), F. Ughelli (Italia sacra, 1644-62), L. Wadding (Annales ordinis Minorum, 16251654), J. Quetif y J. Echard (Scriptores Ord. Praedicatorum, 1719-21), L.A. Muratori (Rerum italicarum scriptores, 1723-51), E. Fl\u00f3rez (Espa\u00f1a sagrada, 1747-75), D. Farlati (Illyricum sacrum, 1751ss), M. Gerbert de St. Blasien (Germania sacra, 1764ss). Monumentales son asimismo las grandes colecciones de los concilios de la Collectio regia (37 vol\u00famenes [ 1644ss ] ), de J. Hardouin (12 vol\u00famenes [1714-15]) y de G.D. Mansi (31 tomos [1759-981), as\u00ed\u00ad como las obras expositivas de L.S. Le Nain de Tillemont, Alexander Natalis y C. Fleury. En su Discours sur l&#8217;histoire universelle (1681) J.B. Bossuet intent\u00f3 nuevamente ofrecer una visi\u00f3n conjunta de la historia bajo la perspectiva hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>Mientras tanto la -> ilustraci\u00f3n, con su recusaci\u00f3n fundamental de las bases teol\u00f3gicas, trajo consigo la secularizaci\u00f3n de la historia eclesi\u00e1stica. Es cierto que tambi\u00e9n en los pa\u00ed\u00adses cat\u00f3licos la h. de la I. era una materia ordinaria en las universidades (el plan de estudios de Mar\u00ed\u00ada Teresa, 1752); pero el emperador Jos\u00e9 II le se\u00f1al\u00f3 como funci\u00f3n (instrucci\u00f3n de 1775) el \u00abrazonar\u00bb acerca de la moralidad de los acontecimientos hist\u00f3ricos. A ello le indujo el deseo de encontrar una exposici\u00f3n de las relaciones entre Iglesia y Estado, a ser posible en armon\u00ed\u00ada con su propia concepci\u00f3n; por eso se deb\u00ed\u00ada saltar r\u00e1pidamente por encima de la \u00abtenebrosa edad media\u00bb.<\/p>\n<p>Contra el pragmatismo ilustrado se alzaron la restauraci\u00f3n cat\u00f3lica del s. xix, el ultramontanismo de Italia (M. Capellari, que m\u00e1s tarde ser\u00ed\u00ada Gregorio xvi) y el tradicionalismo de Francia (J. de Maistre, Lamennais). Tambi\u00e9n tuvo esp\u00ed\u00adritu restaurador la llamada neoescol\u00e1stica (-> escol\u00e1stica, G), tanto en su origen como en su actitud fundamental. Su menosprecio de la historia fue resultado de su punto de partida intelectual. La aut\u00e9ntica renovaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu cat\u00f3lico en la h. de la I. parti\u00f3 de J.A. Mdhler (1796-1838) y de la escuela de ->Tubinga.<\/p>\n<p>El auge de las ciencias hist\u00f3ricas en el siglo xix dio tambi\u00e9n sus frutos en la h. de la I. En Alemania, I. D\u00f3llinger (1799-1890), C.J. Hefele (1809-93), F.X. Funk y muchos otros elevaron con sus investigaciones cr\u00ed\u00adticas la h. de la 1. a un alto nivel cient\u00ed\u00adfico. Las obras monumentales Monumenta Germaniae historica (desde 1819), Corpus scriptorum eccl. lat. (desde 1866) y Escritores cristianos griegos de los tres primeros siglos (desde 1893) enriquecieron la base de las fuentes. La apertura del archivo vaticano por Le\u00f3n xiii (1884) dio nuevo impulso a la investigaci\u00f3n. Junto a los institutos hist\u00f3ricos nacionales que surgieron en Roma, fueron sobre todo H. Denifle, F. Ehrle y Luis de Pastor (t 1928), el autor de la Historia de los papas, los creadores de obras sobresalientes. Los registros franceses de los papas, los documentos pontificios de P.F. Kehr, las ediciones de informes de los nuncios, y el Concilium Tridentinum de la Sociedad GSrres son obras de alto valor por su contenido y su forma. Todas las ramas hist\u00f3ricas se aprovecharon de este impulso: la arqueolog\u00ed\u00ada de la antig\u00fcedad cristiana (investigaci\u00f3n de las catacumbas por De Rossi y J. Wilpert); la h. de la I. antigua (L. Duchesne, P. Batiffol, F.J. D\u00f3lger, Reallexikon j\u00fcr Antike und Christentum); la patrolog\u00ed\u00ada (con A. v. Harnack, O. Bardenhewer), los medievalistas (A. Hauck y otros), la historia de la reforma (con el Corpus Ref ormatorum y la edici\u00f3n de Lutero de Weimar, con el Corpus Catholicorum y numerosas investigaciones y exposiciones [J. Lortz, A. Herte, K. Holl] ). La Histoire litteraire du sentiment religieux en France (12 tomos, 1916-36) de H. Bremond fund\u00f3 la historia de la espiritualidad en Francia.<\/p>\n<p>La creciente especializaci\u00f3n condujo al estudio independiente de determinadas disciplinas particulares dentro de la h. de la I. (hagiograf\u00ed\u00ada, iconograf\u00ed\u00ada cristiana, liturgia, historia de las misiones, historia de los dogmas, conocimiento religioso del pueblo). Acerca de la masa de nuevas publicaciones que produce la investigaci\u00f3n informan numerosas revistas especializadas, sobre todo la \u00abRevue d&#8217;histoire eccl\u00e9siastique\u00bb de Lovaina (desde 1900).<\/p>\n<p>Desde la segunda guerra mundial se nota una nueva orientaci\u00f3n en la h. de la I., que rechazando claramente el positivismo del siglo xix busca la orientaci\u00f3n eclesiol\u00f3gica y teol\u00f3gica de la historia. K. y H. Rahner, H.U. v. Balthasar, Y. Congar, H. Lubac, J. Dani\u00e9lou y otros han planteado nuevamente la cuesti\u00f3n de la historicidad de la Iglesia a partir de su esencia, esforz\u00e1ndose por lograr una teolog\u00ed\u00ada de la historia. Una Iglesia que se experimenta a s\u00ed\u00ad misma y se realiza progresivamente en la historia, no puede considerar su pasado como una posesi\u00f3n muerta. De acuerdo con esto, el esfuerzo uniforme de las modernas exposiciones generales de la h. de la I. busca la comprensi\u00f3n e interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica de los procesos ideol\u00f3gicos m\u00e1s all\u00e1 de la mera presentaci\u00f3n de los hechos: J. LoRTZ, Geschichte der Kirche in ideengeschichtlicher Betracbtung, 2 t., Mr 211962; H. JEDIN, Manual de la historia de la Iglesia, Ba 1965 y ss; L.J. ROGIER, R. AUBERT y otros, Nueva Historia de la Iglesia, Ma 1964 y ss; A. FLIcHE-V. MARTIN, Histoire de l&#8217;Eglise, 24 t., P 1935ss; K. BIHLMEYERH. T\u00fccHLE, Kirchengeschicbte, 3 &#8211; t., Pa 171961-62; L. HERTLING, Historia de la Iglesia, Ba \u00c2\u00b01972. Esta visi\u00f3n m\u00e1s profunda favorece a la eclesiolog\u00ed\u00ada y de ella recibe su primer impulso.<\/p>\n<p>IV. Divisi\u00f3n en per\u00ed\u00adodos y visi\u00f3n de conjunto<br \/>\nUna articulaci\u00f3n en \u00e9pocas es razonable y necesaria para poder tener una visi\u00f3n panor\u00e1mica de toda la historia eclesi\u00e1stica; pero con frecuencia resulta imposible porque cualquier principio de divisi\u00f3n se manifiesta insuficiente. La corriente ininterrumpida de la historia no conoce cesuras. Las transformaciones que se presentan nunca afectan al conjunto, sino siempre a determinados sectores. Pero como la vida en su totalidad consta de muchas fuerzas particulares y de diversas corrientes, tal vez convenga subrayar ciertos aspectos parciales, si objetivamente han contribuido de manera decisiva a configurar la imagen de conjunto.<\/p>\n<p>Hasta el siglo xvii bastaba con los esquemas hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adficos. Por vez primera el historiador protestante Cristoph Cellarius (1634-1707) introdujo en Halle el esquema de las \u00e9pocas (antig\u00fcedad, edad media y edad moderna) en la historiograf\u00ed\u00ada. Humanistas y reformadores de los siglos xv y xvi acu\u00f1aron el concepto de \u00abedad media\u00bb en un sentido peyorativo, porque no ve\u00ed\u00adan en ella m\u00e1s que corrupci\u00f3n del lenguaje y de la religi\u00f3n, y por eso quer\u00ed\u00adan enlazar de nuevo con el \u00abantiguo tiempo\u00bb cl\u00e1sico del puro estilo latino y del cristianismo aut\u00e9ntico. Los ilustrados del siglo xviii pensaban todav\u00ed\u00ada peor de la \u00abtenebrosa\u00bb edad media, per\u00ed\u00adodo que comprende aproximadamente del 500 al 1500. Fueron el romanticismo y la floreciente ciencia hist\u00f3rica del s. xix los primeros en descubrir su verdadero valor y su contenido positivo gracias a una intensa investigaci\u00f3n del arte y de las fuentes. J.A. M\u00fchler aplic\u00f3 el esquema de los tres per\u00ed\u00adodos a la h. de la I. cat\u00f3lica, el cual entonces domina toda la historiograf\u00ed\u00ada, aun cuando el descontento por su insuficiencia objetiva se deja sentir en todas partes. Hoy, en la era del pensamiento universal, ese esquema de divisi\u00f3n, aplicado exclusivamente al occidente europeo, aparece doblemente defectuoso.<\/p>\n<p>Pero es dif\u00ed\u00adcil encontrar algo que lo sustituya. Las interpretaciones filos\u00f3ficas de la historia (Hegel, Marx, historicismo y relativismo metaf\u00ed\u00adsico, existencialismo) no pueden tomarse en consideraci\u00f3n, pues son extra\u00f1as a la naturaleza de la Iglesia; lo mismo digamos sobre la exclusiva visi\u00f3n pol\u00ed\u00adtico-geogr\u00e1fica de O. Halecki (\u00e9poca mediterr\u00e1nea, europea y atl\u00e1ntica) o la doctrina de los ciclos culturales de Spengler y Toynbee. Pero tampoco se puede derivar de la naturaleza de la Iglesia una forzosa divisi\u00f3n en per\u00ed\u00adodos, pues en ninguna parte de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica se dice por qu\u00e9 grados y formas ha de realizarse el plan salv\u00ed\u00adfico divino; la acci\u00f3n interna y gratuita del Esp\u00ed\u00adritu Santo no se puede medir y determinar, aun cuando la conozcamos en sus efectos.<\/p>\n<p>S\u00f3lo queda, pues, un esquema divisorio que pueda fundarse en la teolog\u00ed\u00ada, dentro del horizonte de -> Iglesia y mundo; y, m\u00e1s concretamente, en el modo como la Iglesia ha cumplido su misi\u00f3n divina en este mundo. Se puede partir, por ejemplo, de la difusi\u00f3n del cristianismo (historia de las misiones) y distinguir dos grandes per\u00ed\u00adodos: 1) la fase de su evoluci\u00f3n desde Jerusal\u00e9n, pasando por el mundo romano-helenista (antig\u00fcedad), hasta llegar a la Iglesia occidental (edad media) y, luego, desde la Iglesia regional (de hecho) del occidente hasta la Iglesia universal (desde la era moderna hasta el presente); 2) la fase del cristianismo global en una historia de la humanidad que empieza ahora por primera vez (K. Rahner). Con esto se retendr\u00ed\u00ada para el primer per\u00ed\u00adodo el viejo esquema de tres \u00e9pocas, que, sin embargo, deber\u00ed\u00ada mejorarse. Por ello es preferible la divisi\u00f3n propuesta por H. Jedin en cuatro per\u00ed\u00adodos: 1) la Iglesia en el \u00e1mbito cultural helenista-romano (s. i-vii); 2) la Iglesia como base de la comunidad de naciones cristianas de occidente (ca. 700-1300); 3) la disoluci\u00f3n del mundo cristiano occidental y el tr\u00e1nsito a la misi\u00f3n universal (1300-1750); 4) la Iglesia en la era industrial (siglos xix y xx). Esencial para la autonom\u00ed\u00ada del tercer per\u00ed\u00adodo (1300 a 1750) es la comprobaci\u00f3n de que la \u00e9poca de 1300 a 1500 ya no era \u00abmediterr\u00e1nea\u00bb y de que la \u00e9poca de 1500 a 1750 no es todav\u00ed\u00ada \u00abcontempor\u00e1nea\u00bb; tiene un marcado car\u00e1cter de transici\u00f3n y se caracteriza por una transformaci\u00f3n de la conciencia eclesial y un deseo de reforma.<\/p>\n<p>Siempre que una era llega a su fin, la Iglesia se siente llamada a desprenderse del medio ambiente en que hasta entonces se hab\u00ed\u00ada instalado y a abrirse a nuevos pueblos y culturas. Por su misi\u00f3n divina no puede identificarse con ninguna cultura, sino que ha de \u00abacomodarse\u00bb al nuevo mundo para asimil\u00e1rselo, es decir, para hacer posible en \u00e9l la encarnaci\u00f3n de Cristo. Semejantes transiciones, que las m\u00e1s de las veces se han llevado a cabo en medio de graves sacudidas, siempre han modificado fuertemente la imagen de la Iglesia: el cambio del cristianismo jud\u00ed\u00ado al cristianismo de los gentiles (concilio de los ap\u00f3stoles), el tr\u00e1nsito del mundo cultural helenista-romano a un per\u00ed\u00adodo de la historia occidental que se halla bajo la impronta germ\u00e1nica (entre 400 y 700), el paso de la cultura unitaria en religi\u00f3n y pol\u00ed\u00adtica durante la edad media a la disoluci\u00f3n de esa unidad en el Imperio y en la Iglesia (hacia 1300), y la transici\u00f3n de la gran crisis debida a la revoluci\u00f3n y secularizaci\u00f3n hasta el presente (1800-1972). Evidentemente, hoy de nuevo llega a su fin una era y se anuncia un nuevo comienzo.<\/p>\n<p>1. La Iglesia en el c\u00ed\u00adrculo cultural helenistaromano (s. I-VII)<br \/>\nLa primera parte, desde la fundaci\u00f3n de la Iglesia hasta Constantino el Grande, es especialmente decisiva como tiempo de fundamentaci\u00f3n de la Iglesia. La Iglesia primitiva y el \u00abtiempo apost\u00f3lico\u00bb, es decir, la primera y la segunda generaci\u00f3n de cristianos vieron nacer los escritos neotestamentarios. Como aut\u00e9nticos int\u00e9rpretes de la voluntad de Jes\u00fas, los doce ap\u00f3stoles, \u00abtestigos\u00bb de la palabra y portadores de la revelaci\u00f3n de Cristo, bajo la direcci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, configuraron la \u00abIglesia\u00bb como una realidad que pertenece esencialmente a lo cristiano. En la doctrina, el culto, la constituci\u00f3n y la disciplina de la Iglesia primitiva cristaliz\u00f3 la \u00abtradici\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb, a cuya conservaci\u00f3n se supo siempre vinculado el cristianismo bajo la disyuntiva de ser o no ser. Ah\u00ed\u00ad estriba la significaci\u00f3n normativa de este tiempo, siempre vigente en la llamada a la reforma, al retorno a la ecclesia primitiva y a la vita apostolica.<\/p>\n<p>La Iglesia madre de Jerusal\u00e9n y el juda\u00ed\u00adsmo ejercieron gran influencia en el r\u00e9gimen de vida de las j\u00f3venes comunidades cristianas. Pero el cristianismo deb\u00ed\u00ada comenzar su camino por el mundo no como una secta de la comunidad religiosa jud\u00ed\u00ada, sino como una religi\u00f3n universal y aut\u00f3noma. En el concilio de Jerusal\u00e9n (hacia el a\u00f1o 50) se liber\u00f3 del juda\u00ed\u00adsmo y bien pronto conquist\u00f3 el mundo cultural helenista-romano. Los -> padres apost\u00f3licos, todav\u00ed\u00ada disc\u00ed\u00adpulos de los ap\u00f3stoles, y los primeros a apologistas siguieron configurando su vida interna y emprendieron el di\u00e1logo con su medio ambiente espiritual. No tuvieron reparo en servirse del lenguaje y de los conceptos del -> helenismo. A fines del siglo ii la escuela teol\u00f3gica de -> Alejandr\u00ed\u00ada se present\u00f3 como una libre acci\u00f3n misionera de cristianos cultos (Panteno [hacia 180], Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada, Or\u00ed\u00adgenes). Hacia el a\u00f1o 260 Luciano fund\u00f3 otra escuela teol\u00f3gica, la de -> Antioqu\u00ed\u00ada. La filosof\u00ed\u00ada griega, la cultura espiritual helenista y la verdad de la revelaci\u00f3n cristiana forjaron una estrecha alianza. De ella naci\u00f3 la gloriosa patr\u00ed\u00adstica griega de los siglos iv y v, sobre la que se basa la vigorosa labor teol\u00f3gica de los primeros concilios \u00abecum\u00e9nicos\u00bb.<\/p>\n<p>La elevada espiritualidad y la riqueza ideol\u00f3gica de la revelaci\u00f3n, su aut\u00e9ntica historicidad y la participaci\u00f3n del factor humano en su desarrollo hacen comprensible la frecuente aparici\u00f3n de opiniones err\u00f3neas y de abiertas herej\u00ed\u00adas en el cristianismo. La historia cristiana de las ->herej\u00ed\u00adas y de los -> cismas comienza ya en el s. r: judaizantes, ebionitas, nazareos, elkesaitas y Cerinto eran contempor\u00e1neos de los ap\u00f3stoles. En el s. ii la ->gnosis fue el peligro capital. Como los gn\u00f3sticos \u00abcristianos\u00bb apelaban gustosamente a sus revelaciones privadas, la Iglesia se vio obligada a establecer el -> canon de la Sagrada Escritura como norma obligatoria de fe y a crear el magisterio eclesi\u00e1stico. Los obispos que se encontraban dentro de la -> \u00absucesi\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb fueron los defensores de la pura tradici\u00f3n apost\u00f3lica. Desde la segunda mitad del s. ii los obispos se reunieron en s\u00ed\u00adnodos para proteger juntos la verdadera fe contra la gnosis, el marcionismo, el montanismo y otras herej\u00ed\u00adas (donatismo, -> manique\u00ed\u00adsmo). Cuanto m\u00e1s se dilataba la herej\u00ed\u00ada, tanto mayor era la regi\u00f3n que deb\u00ed\u00ada ser convocada en los s\u00ed\u00adnodos. Pronto el s\u00ed\u00adnodo local fue sustituido por el provincial. Creci\u00f3 la conciencia universal de la Iglesia; a pesar de las persecuciones y los peligros se congregaron grandes concilios desde mediados del siglo iii en las metr\u00f3polis de Roma, Cartago, Alejandr\u00ed\u00ada, Antioqu\u00ed\u00ada y Cesarea de Asia (donde luego se reunieron concilios patriarcales); y como despu\u00e9s de la conversi\u00f3n de Constantino el -> arrianismo y el donatismo afectaron a todo el imperio (Oikoumene), el emperador cristiano reuni\u00f3 el primer concilio \u00abecum\u00e9nico\u00bb imperial de Nicea (325). En estos concilios la Iglesia encontr\u00f3 su propia realizaci\u00f3n como comunidad universal. La oposici\u00f3n her\u00e9tica la oblig\u00f3 asimismo a ocuparse con mayor intensidad teol\u00f3gica del dep\u00f3sito revelado; la historia del hallazgo y desarrollo de la verdad en la fe (evoluci\u00f3n de los -> dogmas) est\u00e1 vinculada a la constante irrupci\u00f3n de las herej\u00ed\u00adas y a la consiguiente divisi\u00f3n de los esp\u00ed\u00adritus en la Iglesia.<\/p>\n<p>Desde que el cristianismo se convirti\u00f3 en una entidad hist\u00f3rica (comienzos del s. ii) hubo -> persecuciones de cristianos en el Estado romano; su proceso se desarroll\u00f3 en tres fases. La \u00faltima y m\u00e1s grave concluy\u00f3 con la victoria del cristianismo gracias al emperador Constantino el Grande (306-337). Su \u00abconversi\u00f3n\u00bb (312 \u00f3 313) trajo a la Iglesia junto con la libertad el gran cambio. La consecuencia fue su integraci\u00f3n en el Estado como \u00abIglesia imperial\u00bb. Este proceso plante\u00f3 numerosos problemas y fue decisivo durante casi un milenio y medio para la historia occidental (era de -> Constantino). Bien pronto con la alegr\u00ed\u00ada por la cristianizaci\u00f3n del Estado se mezcl\u00f3 la queja por la estatalizaci\u00f3n y mundanizaci\u00f3n de la Iglesia. Muchos cristianos, obispos, sacerdotes y laicos echaron de menos la necesaria distancia de todo lo cristiano frente al mundo.<\/p>\n<p>Dios suscit\u00f3 entonces en el seno de la Iglesia el monaquismo, no como \u00abprotesta\u00bb, sino como signo visible de la perfecci\u00f3n cristiana. Si en los tiempos de persecuci\u00f3n el ->martirio sangriento fue la forma suprema de imitaci\u00f3n de Cristo, ahora ocup\u00f3 su lugar la definitiva oblaci\u00f3n espiritual, el martirio del esp\u00ed\u00adritu. El pneuma del cristianismo primitivo y el ascetismo de tendencias m\u00ed\u00adsticas se unieron para la perfecta imitaci\u00f3n del Redentor en su pasi\u00f3n y muerte (theologia crucis), poniendo as\u00ed\u00ad de relieve un aspecto esencial de la autorrealizaci\u00f3n cristiana. El dinamismo religioso del monaquismo no s\u00f3lo preserv\u00f3 a la Iglesia de la \u00e9poca constantiniana de una exteriorizaci\u00f3n, sino que le comunic\u00f3 nuevos impulsos. Todos los grandes obispos y te\u00f3logos del s. iv lo apoyaron. El poderoso impulso misionero, la sorprendente elaboraci\u00f3n de la pastoral, las energ\u00ed\u00adas orientadas a la cristianizaci\u00f3n del Estado romano y muy especialmente la labor teol\u00f3gica de los grandes concilios de los siglos iv-vii, no se conciben sin el monaquismo.<\/p>\n<p>En la lucha contra el -> arrianismo, el subordinacianismo y el monarquianismo, Atanasio y los \u00abtres grandes -> capadocios\u00bb Basilio, Gregorio Nacianceno y Gregorio Niseno, elaboraron la doctrina de la Trinidad (segundo concilio general, Constantinopolitano 1, 381). Contra el -> monofisismo, el -> nestorianismo y el -> monotelismo la teolog\u00ed\u00ada de los -> padres griegos explic\u00f3 la doctrina cristol\u00f3gica de la fe (-> cristolog\u00ed\u00ada; Efesino, 431; Calcedonense, 451; Constantinopolitano xx, 553; Constantinopolitano iii, 680-681). Todos los concilios del primer milenio tuvieron lugar en el oriente griego.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n la teolog\u00ed\u00ada de los ->padres latinos vivi\u00f3 con Agust\u00ed\u00adn (354-430) un per\u00ed\u00adodo de esplendor. Abord\u00f3 principalmente las cuestiones soteriol\u00f3gicas, la doctrina de la justificaci\u00f3n y de la gracia; el -> pelagianismo brind\u00f3 una ocasi\u00f3n especial para ello. Por este tiempo el occidente se debat\u00ed\u00ada en el torbellino de las invasiones n\u00f3rdicas (aproximadamente desde comienzos del s. v). En el s. vii el asalto de los \u00e1rabes asest\u00f3 el golpe de gracia al mundo mediterr\u00e1neo. Para la Iglesia, que tan estrechamente se hab\u00ed\u00ada aliado con aquella cultura, fue una cuesti\u00f3n dif\u00ed\u00adcil la sobrevivencia a tal ocaso y su apertura al mundo germ\u00e1nico-occidental que empezaba a imponerse. (cf. ->invasiones, primitiva ->edad media, prescol\u00e1stica [en -> escol\u00e1stica, B]).<\/p>\n<p>2. La Iglesia como base de la comunidad de pueblos cristiano-occidentales (700-1300 aproximadamente<br \/>\nLa arrianizaci\u00f3n de los germanos impidi\u00f3 durante largo tiempo el acceso a ellos. S\u00f3lo el bautismo cat\u00f3lico del rey de los francos, Clodoveo (hacia el 496), abri\u00f3 nuevas posibilidades poco aprovechadas por parte de Roma. Por fin, el papa Gregorio Magno (590-604) supo valorar la hora, al establecer en 596 la misi\u00f3n de los anglosajones. La actividad de Bonifacio (+ 753), la alianza de Pipino con el papado (751-754) y la coronaci\u00f3n imperial de Carlomagno (navidad del 800) fueron las etapas ulteriores que condujeron al nacimiento de la comunidad cristiana de naciones occidentales.<\/p>\n<p>El mundo antiguo, los pueblos germanos y el cristianismo se fundieron entre s\u00ed\u00ad, dando un nuevo aspecto incluso a la Iglesia. La \u00abgermanizaci\u00f3n\u00bb del cristianismo tuvo consecuencias de largo alcance en todos los \u00e1mbitos de la vida eclesi\u00e1stica (-> reforma carolingia).<\/p>\n<p>Una comprensi\u00f3n profunda del esp\u00ed\u00adritu cristiano y una ingenua apertura al mundo condujeron a una simbiosis real entre Iglesia y Estado, y durante los primeros tiempos de la edad media, en el imperio ot\u00f3nico-salio, se lleg\u00f3 a una imponente unidad cultural en el terreno religioso y el pol\u00ed\u00adtico. La feudalizaci\u00f3n de la Iglesia imperial y la concepci\u00f3n teocr\u00e1tica de los soberanos hicieron que desaparecieran por completo los l\u00ed\u00admites entre Iglesia y Estado. El emperador ocupaba el lugar de los papas, que hab\u00ed\u00adan ca\u00ed\u00addo en una situaci\u00f3n de insignificancia en el saeculum obscurum (s. x-xi). En la lucha de las -> investiduras el papado, con el vigor de la -> reforma gregoriana, tuvo que reconquistar la libertad de la Iglesia, amenazada sobre todo por la investidura de los laicos (Gregorio vii, 1073-85; Enrique iv, 1056-1106; la escena de Canosa, 1077; el concordato de Worms, 1122). En las subsiguientes luchas por el poder entre el imperio y el sacerdocio deber\u00ed\u00ada haberse tratado del restablecimiento de las relaciones adecuadas entre ambos poderes (dualismo pol\u00ed\u00adtico del occidente); pero en realidad se luch\u00f3 por el predominio. Con Inocencio III (1198-1216) el papado alcanz\u00f3 la indiscutible direcci\u00f3n del occidente cristiano. Pero con la extinci\u00f3n del imperio de los Hohenstauffen (1268) pronto lleg\u00f3 a su fin la posici\u00f3n privilegiada del papado. Hacia 1300 sucumbi\u00f3 ante el poder nacionalista y estatal de Felipe el Hermoso de Francia.<\/p>\n<p>La renovaci\u00f3n que parti\u00f3 de Cluny en el siglo x abarc\u00f3 en los siglos xx y x11 a toda la Iglesia occidental (-> reforma cluniacense).<\/p>\n<p>Surgieron nuevas \u00f3rdenes mon\u00e1sticas: camaldulenses (Romualdo, + 1027), cartujos (Bruno, + 1101), cistercienses (Roberto de Molesme, +1111; Bernardo de Claraval, + 1153), y las \u00f3rdenes de caballer\u00ed\u00ada (hospitalarios de san Juan, 1099; templarios, 1118; orden teut\u00f3nica, 1189-90). La reforma del clero tuvo lugar gracias al movimiento de los can\u00f3nigos (agustinos; premonstratenses; Norberto de Cleves, + 1134). Los laicos se congregaron en c\u00ed\u00adrculos b\u00ed\u00adblicos y en los movimientos de ->pobreza. Un incre\u00ed\u00adble dinamismo religioso brot\u00f3 de las -> cruzadas, que intensificaron la conciencia comunitaria occidental, ampliaron el horizonte mental europeo y fomentaron la ciencia gracias al encuentro con la cultura bizantina y la isl\u00e1mica. El brillante impulso ascensional de la filosof\u00ed\u00ada y la teolog\u00ed\u00ada occidentales en la ->escol\u00e1stica es inconcebible sin el contacto con el oriente.<\/p>\n<p>A un pensamiento especializado ya no le bastaba desde el s. xi la primitiva teolog\u00ed\u00ada escritur\u00ed\u00adstica medieval de las escuelas monacales. Surgieron escuelas propiamente dichas, y su teolog\u00ed\u00ada (&#8211;>escol\u00e1stica) busc\u00f3 nuevas v\u00ed\u00adas (Anselmo de Canterbury, + 1109). Cuando en Par\u00ed\u00ads hacia el a\u00f1o 1200, varias de estas escuelas se reunieron en una \u00fanica corporaci\u00f3n, la universitas magistrorum, surgi\u00f3 la primera \u00abuniversidad\u00bb. Pronto siguieron las de Bolonia, Padua, N\u00e1poles, Montpellier, Oxford, Cambridge, Salamanca y Palencia; en Alemania, s\u00f3lo en el siglo xrv nacieron las universidades de Praga (1348), Viena (1365), Heidelberg (1386) y Colonia (1388).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n surgieron nuevas herej\u00ed\u00adas: Berengario de Tours (j- 1088), Arnoldo de Brescia (t 1155), los -> c\u00e1taros y valdenses. Al no lucharse ya s\u00f3lo con armas espirituales, sino adem\u00e1s con la -> inquisici\u00f3n, al establecerse un peculiar procedimiento procesal (Inocencio III) e introducirse en 1252 el tormento como medio de prueba, comenz\u00f3 uno de los cap\u00ed\u00adtulos m\u00e1s tristes de la h. de la I. Posteriormente todo eso se aplic\u00f3 a los insensatos procesos de -> brujas. La existencia de otros medios para combatir las herej\u00ed\u00adas, la pusieron de manifiesto Francisco de As\u00ed\u00ads (+ 1226) y Domingo de Guzm\u00e1n (+ 1221). Sus disc\u00ed\u00adpulos, las \u00f3rdenes mendicantes de franciscanos y dominicos, actuaron con su libre ideal de pobreza y su predicaci\u00f3n de manera m\u00e1s convincente que las armas y los procesos. Su actividad pastoral y misionera los llev\u00f3 a un m\u00e1s intenso estudio teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Sus grandes te\u00f3logos, los dominicos Alberto Magno (+ 1280) y Tom\u00e1s de Aquino (+ 1274), el Maestro Eckhart (+ 1328), y los franciscanos Alejandro de Hales (+ 1245), Buenaventura (+1274) y Duns Escoto (+ 1308), fueron las estrellas m\u00e1s brillantes de la alta -> escol\u00e1stica.<\/p>\n<p>Mientras tanto el papado, con el vigor de la reforma y el afianzamiento de Gregorio VII, alcanz\u00f3 la cumbre de su poder. El supremo primado de jurisdicci\u00f3n, proclamado en el dictatus papae (1075), y la sistem\u00e1tica formaci\u00f3n de la curia romana, convirti\u00e9ndola en el centro de gobierno de la Iglesia, proporcionaron a Inocencio III (1198-1216) un singular y supremo poder de direcci\u00f3n sobre todos los pueblos de occidente. En los nuevos concilios generales de occidente (de Letr\u00e1n: 1123, 1139, 1179, 1215; de Ly\u00f3n 1 [1245] y II [ 1274 ]) se puso en evidencia ese poder, reforzado por la canon\u00ed\u00adstica eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>Lamentablemente falt\u00f3 en estos concilios el oriente cristiano. La creciente tensi\u00f3n condujo en este per\u00ed\u00adodo a una separaci\u00f3n cada vez mayor (la disputa de las im\u00e1genes, el Filioque, el problema de dos emperadores, la cuesti\u00f3n del primado) y finalmente al -> cisma de oriente (1054). Las cruzadas, especialmente la est\u00fapida cuarta cruzada, y la erecci\u00f3n del imperio latino en Constantinopla (1204-1261), ensancharon a\u00fan m\u00e1s la sima de separaci\u00f3n, de manera que no se alcanzo unidad alguna.<\/p>\n<p>3. La disoluci\u00f3n del mundo cristiano de occidente y el paso a la misi\u00f3n mundial (1300-1750)<br \/>\nLa unidad cultural de occidente se basaba en los dos poderes universales: el imperio y el papado. S\u00f3lo juntos pod\u00ed\u00adan cumplir su cometido, en medio de una unidad tensa, como en la elipse con sus dos focos. La disoluci\u00f3n de la unidad pol\u00ed\u00adtica de Europa trajo consigo la destrucci\u00f3n de la unidad eclesi\u00e1stica. Cuando Bonifacio viii (1294-1303) hizo valer su autoridad papal frente al nacionalismo estatal de Francia (Bula Unam sanctam, 1302), fue apresado ignominiosamente en Agnani por Felipe el Hermoso (sept. 1303). En el per\u00ed\u00adodo siguiente, el exilio de -> Avi\u00f1\u00f3n (13091378) y el gran -> cisma de occidente (13781417) pusieron de manifiesto el ocaso del poder papal.<\/p>\n<p>La nota caracter\u00ed\u00adstica de esta \u00e9poca es la disoluci\u00f3n de la unidad que hab\u00ed\u00ada creado el per\u00ed\u00adodo anterior. El proceso se inici\u00f3 en el siglo xiv, y en lo eclesi\u00e1stico tuvo su culminaci\u00f3n en la gran divisi\u00f3n de la Iglesia del siglo xvi, y s\u00f3lo se cerr\u00f3 en el xviii. En Francia, Inglaterra y Espa\u00f1a juntamente con las tendencias al nacionalismo estatal aparecieron asimismo ciertas tendencias al nacionalismo eclesi\u00e1stico. En Alemania, con la consolidaci\u00f3n de los pr\u00ed\u00adncipes territoriales en el s. xv, se perfilan ya claramente las Iglesias nacionales, que tanta importancia tuvieron en la reforma del s. xvi. El orden social se vio dificultado por la oposici\u00f3n entre los pr\u00ed\u00adncipes y la nobleza, entre patricios y gremios, que surgi\u00f3 como consecuencia de las transformaciones econ\u00f3micas (transici\u00f3n de la econom\u00ed\u00ada agraria a la econom\u00ed\u00ada monetaria, capitalismo incipiente). La Iglesia feudal estaba implicada en todo eso. Las tensiones entre los se\u00f1ores eclesi\u00e1sticos territoriales, por una parte, y la nobleza y las ciudades, por la otra, contribuyeron a preparar la decadencia de la fe en el s. xvi. El fiscalismo papal entibi\u00f3 los \u00e1nimos de la Iglesia; pero lo m\u00e1s grave fue la destrucci\u00f3n de la unidad espiritual. La tradicional filosof\u00ed\u00ada tomista y escotista (via antiqua) fue suplantada por la nueva filosof\u00ed\u00ada ockhamista-nominalista (via moderna). Para ello el humanismo puso a disposici\u00f3n un nuevo ideal de formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En medio del gran cisma la Iglesia misma acab\u00f3 por hacerse problem\u00e1tica. Nadie sab\u00ed\u00ada ya cu\u00e1l de los tres papas que se combat\u00ed\u00adan y excomulgaban entre s\u00ed\u00ad era el leg\u00ed\u00adtimo, ni en qu\u00e9 lado se encontraba la verdadera Iglesia. En los concilios (Pisa 1409, Constanza 1414-1418, Basilea-Ferrara-Florencia 1431-42) se lleg\u00f3 a la mayor crisis constitucional de la Iglesia jer\u00e1rquica debido al -> conciliarismo. Aun cuando pudo alejarse una vez m\u00e1s la cat\u00e1strofe, el malestar sigui\u00f3 latente en el papado. Pronto los papas del renacimiento se crearon nuevas cargas. La reformatio in capite et membris fue el prop\u00f3sito m\u00e1s urgente del siglo xv; como el papado se neg\u00f3 a esa tarea, se lleg\u00f3 a la reforma desde abajo.<\/p>\n<p>Como fen\u00f3meno hist\u00f3rico la -> reforma del siglo xvi es un acontecimiento extremadamente complejo, en el que desembocaron casi todas las aspiraciones religiosas, espirituales, pol\u00ed\u00adticas y sociales de la \u00e9poca. Como fen\u00f3meno eclesi\u00e1stico la reforma fue una honda cesura que marc\u00f3 de manera decisiva todo el desarrollo ulterior. Con la ruptura de la unidad de la Iglesia el fundamento com\u00fan de la fe lleg\u00f3 a tambalearse. El sentimiento cristiano del occidente se escindi\u00f3 en diversos sistemas confesionales. Lutero (1483-1546), Zuinglio (1484-1531) y Calvino (1509-64) crearon sus propias Iglesias, que no s\u00f3lo llegaron a una irreductible oposici\u00f3n con la Iglesia papal, sino que, adem\u00e1s, bien pronto se combatieron mutuamente. Comenz\u00f3 entonces la era de las -> guerras de religi\u00f3n (siglos xvi y XVII).<\/p>\n<p>Pas\u00f3 demasiado tiempo hasta que la Iglesia misma volvi\u00f3 a encontrar el camino de su renovaci\u00f3n y realizaci\u00f3n. Pero cuando en el concilio de Trento (1545-1563) se pusieron nuevamente los fundamentos de la fe y de la disciplina, pudo empezar la reforma interna de la Iglesia y fue posible presentar un muro de contenci\u00f3n a la penetraci\u00f3n del protestantismo (->reforma cat\u00f3lica y contrareforma). Esta obra de edificaci\u00f3n corresponde a las manifestaciones m\u00e1s maravillosas de la h. de la I. Una aut\u00e9ntica reforma es siempre cosa de santos. Por eso la reforma del papado se hizo digna de cr\u00e9dito cuando con P\u00ed\u00ado v (1566-72) surgi\u00f3 un papa santo. Hubo entonces en todos los estados gran n\u00famero de santos. Dio comienzo el \u00absiglo de los santos\u00bb. En esos santos la Iglesia purificada, \u00absanta\u00bb, recuper\u00f3 su propia realizaci\u00f3n y concepci\u00f3n. Nuevas \u00f3rdenes impulsaron la reforma, sobre todo los jesuitas y capuchinos. La paralizadora resignaci\u00f3n cedi\u00f3 a un nuevo sentimiento vital cat\u00f3lico, que adquiri\u00f3 nueva expresi\u00f3n en el arte, la piedad y la teolog\u00ed\u00ada durante la \u00e9poca del -> barroco (1550-1750). La ciencia teol\u00f3gica se vio poderosamente desafiada por el protestantismo y recibi\u00f3 nuevo impulso gracias a la labor del Tridentino. En la -> escol\u00e1stica barroca se eliminaron muchas obscuridades de la teolog\u00ed\u00ada anterior a la reforma. Descollaron sobre todos los espa\u00f1oles e italianos (Belarmino, Soto, Su\u00e1rez, Cano y otros, especialmente jesuitas y dominicos), posteriormente tambi\u00e9n los franceses. Los temas capitales fueron la doctrina trinitaria, la cristolog\u00ed\u00ada y la doctrina de la gracia. El movimiento intelectual que procede de Su\u00e1rez (1548-1619, desde 1564 SI, -> suarismo) abarc\u00f3 todos los campos de la teolog\u00ed\u00ada (dogm\u00e1tica, teolog\u00ed\u00ada moral, canon\u00ed\u00adstica) y de la filosof\u00ed\u00ada, en la que \u00e9l quiso infundir los principios cristianos; y tambi\u00e9n fue provechoso en el terreno de la vida religiosa. La -> m\u00ed\u00adstica espa\u00f1ola (Teresa de \u00ed\u0081vila, Juan de la Cruz) condujo a la interiorizaci\u00f3n de la vida religiosa de la Iglesia y tuvo particular repercusi\u00f3n en Francia. All\u00ed\u00ad P. de B\u00e9rulle fund\u00f3 una espiritualidad sacerdotal propia, que influy\u00f3 de una manera decisiva en el clero franc\u00e9s del s. xvii (&#8211;>escuela francesa).<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n los peligros continuaron. Por el af\u00e1n de presentar una teolog\u00ed\u00ada conforme con el tiempo y la vida, en disputa con el -> calvinismo, M. Bayo (1513-89) desarroll\u00f3 en Lovaina una doctrina de la gracia y del pecado original que se basaba en un -> agustinismo falseado que la Iglesia hubo de condenar (-> bayanismo). Esta doctrina fue funesta porque en Lovaina su disc\u00ed\u00adpulo Cornelio Jansenio (+ 1638) adopt\u00f3 sus ideas y las introdujo en la teolog\u00ed\u00ada y la piedad cat\u00f3licas. Por su rigorista doctrina de la gracia y la pr\u00e1ctica sacramental el -> jansenismo sacudi\u00f3 gravemente a la Iglesia francesa de los siglos xvii y xviii.<\/p>\n<p>En Francia se asentaron asimismo los otros movimientos que acosaron a la Iglesia con mayor fuerza entre 1600 y 1800: el -> galicanismo, el -> absolutismo estatal y el -> episcopalismo. En forma de \u00abfebronianismo\u00bb, propio del obispo auxiliar de Tr\u00e9veris, N. de Hontheim, estas ideas transcendieron a Alemania; mientras que la intervenci\u00f3n del Estado en la Iglesia alcanzaba su punto culminante en Austria bajo el emperador Jos\u00e9 ii (1780-90; -> josefinismo). El esp\u00ed\u00adritu occidental se alejaba cada vez m\u00e1s de la religi\u00f3n y de la Iglesia, y la -> secularizaci\u00f3n intelectual hac\u00ed\u00ada r\u00e1pidos progresos en el s. XVIII bajo la influencia de la -> ilustraci\u00f3n. El papado hab\u00ed\u00ada perdido definitivamente la direcci\u00f3n de Europa a fines del s. XVIII.<\/p>\n<p>Un aspecto luminoso en este per\u00ed\u00adodo lo constituyen las misiones, que se establecieron desde fines del s. xv con el descubrimiento de nuevos continentes por espa\u00f1oles y portugueses. Las misiones tuvieron su momento culminante en los siglos xvi y xvii, pero en el xviii sufrieron tambi\u00e9n duros golpes. La actividad misionera, que de todos modos estaba lastrada por el &#8211; > colonialismo hispanoportugu\u00e9s, se vio impedida por las disputas internas de la Iglesia acerca de los m\u00e9todos misionales. La lucha en torno a la -> acomodaci\u00f3n (1645-92, 1704) y la disputa sobre los \u00abritos malabares\u00bb provocaron la extinci\u00f3n en China y la India de las esperanzadoras misiones jesuitas.<\/p>\n<p>4. La Iglesia universal en, la era industrial (s. xix y xx)<br \/>\nLa ->revoluci\u00f3n francesa (1789) representa la gran ruptura. Ahora comienza la edificaci\u00f3n de la Iglesia en una nueva sociedad. Fue prepar\u00e1ndose el terreno para esta situaci\u00f3n nueva gracias a la ilustraci\u00f3n, que trajo a la Iglesia la purificaci\u00f3n -tan necesaria- de formas tradicionales y de lastre intelectual, y, m\u00e1s inmediatamente, gracias a la gran secularizaci\u00f3n (1803), que liber\u00f3 a la Iglesia del antiguo feudalismo y, despoj\u00e1ndola de los se\u00f1or\u00ed\u00ados territoriales, le dio la \u00abgracia del punto cero\u00bb.<\/p>\n<p>Esta reedificaci\u00f3n se llev\u00f3 adelante bajo la constante disputa con las nuevas formas de intervenci\u00f3n del Estado en la Iglesia y con los movimientos nacionalistas. El &#8211; > liberalismo, el -> socialismo, el -> comunismo y el -> materialismo (-> marxismo) le presentaron una enconada batalla. La sociedad moderna, imbuida de una inmensa fe en el progreso, se apart\u00f3 cada vez m\u00e1s de la Iglesia y de todo cristianismo positivo. Se lleg\u00f3 a una apostas\u00ed\u00ada organizada y masiva, que se extendi\u00f3 sobre todo a las clases superiores y a los trabajadores industriales. Sin embargo, en todos los pa\u00ed\u00adses europeos se puede comprobar un despertar de la vida religioso-eclesial, as\u00ed\u00ad como una consolidaci\u00f3n del papado.<\/p>\n<p>La reedificaci\u00f3n abarcaba un doble proceso: la nueva ordenaci\u00f3n material de la Iglesia en su organizaci\u00f3n y en su relaci\u00f3n con el derecho civil (mediante la firma de concordatos entre la Santa Sede y las distintas naciones); y la renovaci\u00f3n interna de la vida religioso-eclesial. En Alemania el -> romanticismo fue de gran importancia para un nuevo despertar de la religiosidad en general y para una nueva valoraci\u00f3n de lo cat\u00f3lico en particular. Surgieron c\u00ed\u00adrculos cat\u00f3licos de \u00abdespertar religioso\u00bb (J.M. Sailer, princesa Gallitzin, K.M. Hofbauer, el obispo auxiliar Zirkel) y nuevas escuelas teol\u00f3gicas. En el esfuerzo por superar de manera positiva el ->racionalismo de la ilustraci\u00f3n, G. Hermes (+ 1831) se sirvi\u00f3 en Bonn de las categor\u00ed\u00adas de Kant (-> kantismo) y de Fichte; su sistema (hermesianismo) fue condenado por la Iglesia en 1835 como \u00absemirracionalismo\u00bb. Parecidos intentos llevaron a cabo A. G\u00fcnther (+ 1863) y J. Frohschammer (+ 1893). Mejores frutos dio la \u00abescuela de -> Tubinga\u00bb (Drey, Hirscher, M\u00f3hler), que tambi\u00e9n se adhiri\u00f3 al esp\u00ed\u00adritu del tiempo (-> romanticismo, -> idealismo alem\u00e1n), pero vincul\u00e1ndolo con la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica. El prop\u00f3sito de todos era combatir el creciente escepticismo religioso con una nueva fundamentaci\u00f3n de la religi\u00f3n. En Francia la reacci\u00f3n contra la ilustraci\u00f3n condujo a un -> tradicionalismo riguroso, que desconfiaba de la raz\u00f3n humana en cuestiones religiosas y le negaba en general la capacidad de conocer a Dios; todo orden intelectual, moral, social y pol\u00ed\u00adtico tiene su fundamento y apoyo exclusivamente en la revelaci\u00f3n y tradici\u00f3n (-> fide\u00ed\u00adsmo, &#8211;> integrismo, -> supranaturalismo); de ah\u00ed\u00ad que la competencia en ese campo corresponda primero a la Iglesia y al papado (ultramontanismo, de Maistre, de La Mennais, Veuillot).<\/p>\n<p>Con el apoyo de estas ideas y sostenido por el amor del pueblo cat\u00f3lico, el papado, por una parte, creci\u00f3 en importancia religioso-eclesi\u00e1stica; pero, por otra parte, fue combatido con la mayor violencia. P\u00ed\u00ado ix defini\u00f3 ex cathedra el dogma de la Inmaculada (1854), y en el Syllabus (1864) declar\u00f3 la guerra al -> liberalismo como visi\u00f3n del mundo y a otros movimientos. Finalmente en el Vaticano i (1869-70) consigui\u00f3 que se llegara a la declaraci\u00f3n dogm\u00e1tica de la infalibilidad y del primado papales. Al mismo tiempo experiment\u00f3 una violenta oposici\u00f3n (Risorgimento; los viejos cat\u00f3licos), con la p\u00e9rdida de los Estados pontificios (Sept. 1870) y el debilitamiento pol\u00ed\u00adtico. Sin embargo, en conjunto subi\u00f3 la estimaci\u00f3n moral del papado, que, con Le\u00f3n XIII (1878-1903), alcanz\u00f3 uno de sus momentos m\u00e1s gloriosos.<\/p>\n<p>El siglo xix fue un tiempo de luchas dram\u00e1ticas. Dentro de la Iglesia, durante la segunda mitad del siglo domin\u00f3 el campo de batalla la disputa entre la llamada teolog\u00ed\u00ada alemana y la neoescol\u00e1stica (-> escol\u00e1stica, G); en el Vaticano i se lleg\u00f3 a una soluci\u00f3n, saliendo victorioso el neotomismo (Le\u00f3n xiii en numerosas enc\u00ed\u00adclicas). La relaci\u00f3n de los cat\u00f3licos con las Iglesias no cat\u00f3licas, favorablemente influenciadas al comienzo del siglo por el -> pietismo, se desarroll\u00f3 por ambas partes hacia un -> confesionalismo militante; la teolog\u00ed\u00ada protestante liberal incit\u00f3 a una oposici\u00f3n constante. La disputa positiva que introdujo la famosa obra de J.A. M\u00f3hler, Symbolik oder Darstellung der dogmatischen Gegens\u00fctze der Katholiken und Protestanten nach ihren \u00f3f fentlichen Bekenntnissen (1832), por desgracia en ambas partes condujo hasta final de siglo a una pol\u00e9mica cada vez m\u00e1s enconada; y, finalmente, la uni\u00f3n entre el protestantismo agresivo, el liberalismo y la raz\u00f3n de Estado de Bismarck pusieron en marcha el Kulturkampf, de graves consecuencias para la Iglesia cat\u00f3lica alemana. Tampoco el encuentro del catolicismo con el -> industrialismo moderno fue muy alentador. Cierto que los vigorosos esfuerzos pastorales y las obras de caridad para eliminar la indigencia de los trabajadores representan una p\u00e1gina gloriosa y, junto con el florecimiento de las \u00f3rdenes religiosas, son un testimonio de la fuerza interna de la Iglesia. Pero se plante\u00f3 demasiado tarde la ->\u00bbcuesti\u00f3n social\u00bb (en ->sociedad) en su verdadero sentido (Le\u00f3n xiii, 1891). La masa de los trabajadores industriales encontr\u00f3 su puesto fuera de la Iglesia, en el -> socialismo como partido y filosof\u00ed\u00ada mundial. Tambi\u00e9n desde el punto de vista pol\u00ed\u00adtico surgieron dificultades en casi todos los pa\u00ed\u00adses.<\/p>\n<p>Todas estas experiencias provocaron una cierta angustia y estrechez de miras en el campo cat\u00f3lico. P\u00ed\u00ado x (1903-14), conocido dentro de la Iglesia como el papa de la reforma, despleg\u00f3 una dura lucha contra el llamado -> modernismo. El -> integrismo eclesi\u00e1stico conden\u00f3 bien pronto como sospechoso a quien buscase una conciliaci\u00f3n arm\u00f3nica con la cultura y la ciencia modernas. La retirada al ghetto excluy\u00f3 al catolicismo como potencia cultural de la vida p\u00fablica.<\/p>\n<p>La primera guerra mundial trajo el cambio. La experiencia de la guerra y la revoluci\u00f3n despertaron en los cat\u00f3licos una mayor responsabilidad frente al mundo. Simult\u00e1neamente se abr\u00ed\u00ada paso una nueva conciencia eclesial. \u00abLa Iglesia despierta en las almas\u00bb, escrib\u00ed\u00ada R. Guardini en 1922. El movimiento lit\u00fargico (-> liturgia, D) y la acci\u00f3n de los laicos, el encuentro entre las confesiones, el movimiento Una Sancta y el movimiento ecum\u00e9nico (-> ecumenismo, A) acentuaron los lazos de comuni\u00f3n que un\u00ed\u00adan a todos. La imagen de la Iglesia, condicionada por la contrarreforma y predominantemente jur\u00ed\u00addica (Belarmino), cedi\u00f3 el paso a una nueva concepci\u00f3n del Corpus Christi mysticum. P\u00ed\u00ado xii la compendi\u00f3 en la enc\u00ed\u00adclica Mystici Corporis del 29-6-1943: La Iglesia es realmente el cuerpo de Cristo, no s\u00f3lo en sentido espiritual, moral o metaf\u00f3rico, sino como corporaci\u00f3n visible y social, que abarca la vida entera, jer\u00e1rquicamente articulada. La responsabilidad de los laicos en la vida de la Iglesia se vio bajo una nueva perspectiva. En conexi\u00f3n con la renovaci\u00f3n lit\u00fargica se lleg\u00f3 a un nuevo encuentro con la sagrada Escritura. En el movimiento b\u00ed\u00adblico (en ->Biblia, F) confluyeron la ciencia teol\u00f3gica, la predicaci\u00f3n y la vida eclesi\u00e1stica. Tambi\u00e9n floreci\u00f3 la vida mon\u00e1stica, que, unida a una nueva teolog\u00ed\u00ada y espiritualidad de los laicos, contribuy\u00f3 a la creaci\u00f3n de los modernos institutos seculares.<\/p>\n<p>El di\u00e1logo y la colaboraci\u00f3n entre las Iglesias (->ecumenismo, C) se desarroll\u00f3 hasta llegar a un aut\u00e9ntico coloquio. En lugar de la disputa confesional se abrieron paso la -> tolerancia, la mutua comprensi\u00f3n y la colaboraci\u00f3n, especialmente en el tiempo de las persecuciones del tercer Reich, as\u00ed\u00ad como la visi\u00f3n de la propia imperfecci\u00f3n y el conocimiento de que a la ansiada reunificaci\u00f3n en la fe deb\u00ed\u00ada preceder una reflexi\u00f3n profunda sobre lo esencial. De esta idea surgi\u00f3 con Juan XXIII el plan de un concilio. El Vaticano II (1962-65), mediante la renovaci\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica, deb\u00ed\u00ada poner los fundamentos para la reunificaci\u00f3n de la cristiandad separada. Ya no se consideraba la uni\u00f3n como un retorno incondicional, sino que \u00e9sta se preparaba en forma de una integraci\u00f3n real. Con tal fin, ya el a\u00f1o 1960 se erigi\u00f3 en Roma el \u00abSecretariado para el fomento de la unidad de los cristianos\u00bb bajo la direcci\u00f3n del cardenal Bea. La \u00aboikoumene cat\u00f3lica\u00bb, en conexi\u00f3n con el movimiento ecum\u00e9nico acat\u00f3lico del s. xx, deb\u00ed\u00ada hacer que este siglo se convierta en el \u00absiglo de la Iglesia reunificada\u00bb. El encuentro personal en Jerusal\u00e9n (enero de 1964) del papa Pablo vi con el patriarca \u00abecumenista\u00bb Aten\u00e1goras (+ 1972) y el decreto conciliar sobre el ecumenismo muestran la sinceridad del deseo de la reunificaci\u00f3n por parte de la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>La apertura de la Iglesia hacia adentro y hacia afuera es el signo de nuestro tiempo. Juan XXIII quebr\u00f3 el centralismo de la curia y subray\u00f3 nuevamente la responsabilidad colegial de los obispos en la direcci\u00f3n de la Iglesia universal. La acomodaci\u00f3n (aggiornamento) de la Iglesia a las necesidades del presente exige su penetraci\u00f3n en el mundo de hoy (-> Iglesia y mundo). Las misiones cat\u00f3licas, que ostentaron siempre los rasgos del -> colonialismo y europe\u00ed\u00adsmo, y que por ello no pudieron echar ra\u00ed\u00adces en las culturas ind\u00ed\u00adgenas, recibieron ya en 1926 los primeros obispos ind\u00ed\u00adgenas. P\u00ed\u00ado xii dio a los pa\u00ed\u00adses de misi\u00f3n sus propias jerarqu\u00ed\u00adas. Pero fue Juan XXIII el primero en explicar que la Iglesia debe salir al encuentro de las naciones sin despojarlas de sus culturas, que la Iglesia no es europea, sino universal, y que la prolongaci\u00f3n de la encarnaci\u00f3n de Cristo en la Iglesia no se limita a las naciones occidentales, sino que se extiende a cuantos llegan a creer en Cristo. Bajo el signo de esta apertura se halla tambi\u00e9n el di\u00e1logo con las restantes religiones universales (budismo, hinduismo, islam), que Pablo vi subray\u00f3 oficialmente con su viaje a la India (Congreso eucar\u00ed\u00adstico de Bombay, diciembre de 1964). No se trataba de un viaje misional, sino de una sencilla peregrinaci\u00f3n. Su gran generosidad con la hambrienta poblaci\u00f3n hind\u00fa fue, seg\u00fan sus propias palabras, \u00abla primera realizaci\u00f3n concreta del di\u00e1logo fraterno, que la Iglesia quiere sostener con todo el mundo\u00bb.<\/p>\n<p>El problema m\u00e1s grave est\u00e1 en las relaciones de la Iglesia con los pa\u00ed\u00adses comunistas, que dominan hoy una parte tan considerable de la tierra. Su agresivo ->ate\u00ed\u00adsmo y su ->materialismo dial\u00e9ctico no dejan lugar alguno a la fe y la Iglesia; por ello \u00e9sta los ha condenado a menudo. Despu\u00e9s de las amargas experiencias que la Iglesia ha tenido con las dictaduras totalitaristas (Hitler, Mussolini, las dictaduras de partido de los pa\u00ed\u00adses comunistas), y a pesar de las iniciativas de Juan XXIII, aqu\u00ed\u00ad, no se puede prever todav\u00ed\u00ada lo que traer\u00e1 el futuro.<\/p>\n<p>\u00bfTermina tambi\u00e9n hoy una era y se anuncia una nueva? Hay cosas que parecen indicarlo. La extensi\u00f3n global y el encuentro de la Iglesia con todas las naciones y culturas a lo ancho del mundo, posible gracias a los modernos medios de ->comunicaci\u00f3n social, el proceso de transformaci\u00f3n y un\u00c2\u00a1formaci\u00f3n de la civilizaci\u00f3n mundial, la nueva imagen del mundo que ofrecen la ciencia y la investigaci\u00f3n, y finalmente la -> secularizaci\u00f3n interna del hombre y la creciente falta de fe, sit\u00faan hoy a la Iglesia ante nuevas empresas. La exigencia del momento presente no es la identificaci\u00f3n con lo ya existente y la fijaci\u00f3n en ello, sino la apertura al futuro. Pero es evidente que excluimos todo progresismo que no tenga la mirada continuamente puesta en lo esencial. Tambi\u00e9n hoy, la conservaci\u00f3n de la \u00abtradici\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb constituye para la Iglesia un problema de ser o no ser.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: AL I: H. Rahner, Grundz\u00fcge katholischer Geschichtstheologie: StdZ 140 (1947) 408427; K. Adam, Das Problem des Geschichtlichen in der Kirche: ThQ 128 (1948) 257-300; W. Kamlah, Christentum und Geschichtlichkeit (St 21951); H. Jedin, Zur Aufgabe des Kirchengeschichtsschreibers: TThZ 61 (1952) 65-78; idem, Kirchengeschichte als Heilsgeschichte?: Saeculum 5 (1954) 119-128 (ambos en: H. Jedin, Kirche des Glaubens, Kirche der Geschichte I [Fr 1966] 23-48); idem: Manual de Historia de la Iglesia bajo la dir de H. Jedin (Herder 1 1966, III 1970, IV y V 1972); idem: LThK2 VI 209-218; J. Lortz, Nochmals zur Aufgabe der Kirchengeschichtsschreiber: TThZ 61 (1952) 317-327; K. Rahner, Oyente de la palabra (Herder Da 1967); idem, Historia del mundo e historia de la salvaci\u00f3n: Rahner V 115-134; H. Ott, Geschichte und Heilsgeschichte in der Theologie R. Bultmanns (T 1955); J. Dani\u00e9lou El misterio de la historia (Dinor San Sebasti\u00e1n 1957); O. Cullmann, Cristo y el tiempo (Estela Da 1968); K. L\u00f3with, Weltgeschichte und Heilsgeschehen (St 51967); H. U. Y. Balthasar, Teolog\u00ed\u00ada de la historia (Guad Ma 1964); idem, Das Ganze im Fragment (El 1963); K. G. Steck, Die Idee der Heilsgeschichte (Z 1959); W. Pannenberg, Heilsgeschehen und Geschichte: KuD 5 (1959) 218-237; A. Darlap, Heilsgeschichte: LThK2 V 148-156; idem, Heilsgeschichte: HThG I 674-680; idem, Geschichtlichkeit: ibid. 491-497; idem: MySal 3-153; R. Schnackenburg, Die Kirche im NT (Fr 1961); J. Schmid &#8211; Y. Congar &#8211; H. Fr\u00ed\u00ades-H. K\u00fcng, Kirche: HThG 1 790-827; Y. Congar, Vraie et fausse r\u00e9forme dans l&#8217;\u00e9glise (P 1954), tr. cast.: Verdadera y falsa reforma en la Iglesia (F de C Valencia); H. K\u00fcng, Estructuras de la Iglesia (Estela Da 21969); \u00ed\u00addem, El concilio y la uni\u00f3n de los cristianos (Herder Da 21962); J. Mouroux, El misterio del tiempo (Estela Da 1965); J. Connolly, Human History and the Word of God (NY 1965).<\/p>\n<p>AL II: v. supra H. Jedin y J. Lortz; A. Ehrhardt; Die historische Theologie und ihre Methode: homenaje a Seb. Merkle (D 1922) 117-136; A. M. Koeniger, Voraussetzungen und Voraussetzungslosigkeit in Geschichte und Kirchengeschichte (Mn 1910).<\/p>\n<p>AL III: F. Ch. Baur, Die Epochen der kircblichen Geschichtsschreibung (T 1852, reimpr. Darmstadt 1962); W. Nigg, Die Kirchengeschichtsschreibung (Mn 1934); H. Zimmermann, Ecclesia als Objekt der Historiographie. Studien zur Kirchengeschichtsschreibung im MA und in der fr\u00fchen Neuzeit (Graz 1960); P. Meinhold, Geschichte der kirchlichen Historiographie, 2 vols. (Fr &#8211; Mn 1967); A. D. von den Brincken, Studien zar lateinischen Weltchronistik bis in das Zeitalter Ottos von Freising (D 1957); E. MenkeGl\u00fcckert, Die Geschitsschreibung der Reformation und Gegenreformation (L 1912); E. C. Scherer, Geschichte und Kirchengeschichte an den deutschen Universit\u00e1ten (Fr 1927).<\/p>\n<p>AL IV: E. G\u00f3ller, Die Periodisierung der Kirchengeschichte un die epochale Stellung der MA (Fr 1919); K. Heussi, Altertum, MA und Neuzeit in der Kirchengeschichte (T 1921); P. E. H\u00fcbinger, Sp\u00e1tantike und fr\u00fches MA. Ein Problem historischer Periodenbildung (Darmstadt 1959); H. LBwe, Von Theoderich d. Gr. zu Karl d. Gr. (ibid. 1958); E. W. Zeeden &#8211; O. Hauser, Zur Periodisierung und Terminologie des Zeitalters der Reformation und Gegenreformation: Geschichte in Wissenschaft und Unterricht 8 (tS 1956) 433-442; O. E. Strasser, Les p\u00e9riodes et les \u00e9poques de l&#8217;historie de l&#8217;Eglise: RHPhR 30 (1950) 290-304; Ph, Hughes, S\u00ed\u00adntesis de historia de la Iglesia (Herder Da 41971); B. Llorca &#8211; R. G. Villoslada -F. J. Montalb\u00e1n, Historia de la Iglesia cat\u00f3lica 4 vols. (Ma); L. Hertling, Historia de la Iglesia (Herder Da 41972).<\/p>\n<p>August Franzen<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. Objeto El objeto que describe la h. de la I. es la Iglesia en su pasado. Como religi\u00f3n hist\u00f3rica revelada, el cristianismo deriva de la persona hist\u00f3rica y de la obra salv\u00ed\u00adfica del Dios-hombre, ->Jesucristo. 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