{"id":18938,"date":"2016-02-05T12:09:20","date_gmt":"2016-02-05T17:09:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/imagen-imagenes-sagradas\/"},"modified":"2016-02-05T12:09:20","modified_gmt":"2016-02-05T17:09:20","slug":"imagen-imagenes-sagradas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/imagen-imagenes-sagradas\/","title":{"rendered":"IMAGEN, IMAGENES SAGRADAS"},"content":{"rendered":"<p>La i. es una figura que, por su estructura, hace presente otra realidad. De ah\u00ed\u00ad se sigue que el concepto de i. no se identifica con el de obra de arte, sino que filos\u00f3ficamente es m\u00e1s general. En su dimensi\u00f3n teol\u00f3gica el concepto est\u00e1 emparentado con el de sacramento, pues el sacramento representa (hace de nuevo presente) por un signo externo una realidad distinta, que es la gracia. En la historia del esp\u00ed\u00adritu la i. pertenece a los conceptos neur\u00e1lgicos de una \u00e9poca.<\/p>\n<p>La significaci\u00f3n metaf\u00ed\u00adsica de la i. se ve ya clara en el culto pagano a los \u00ed\u00addolos. La Biblia contest\u00f3 a eso con la prohibici\u00f3n de las i.: \u00abNo har\u00e1s para ti imagen de escultura, ni figura alguna de las cosas que hay arriba en el cielo, ni de las que hay abajo en la tierra, ni de las que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrar\u00e1s ante ellas, no las servir\u00e1s, pues yo, el Se\u00f1or, tu Dios, soy un Dios celoso&#8230;\u00bb (Ex 20, 4-5). Sin embargo, la Biblia dice tambi\u00e9n: \u00abDios cre\u00f3 al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo cre\u00f3\u00bb (G\u00e9n 1, 27). Pablo escribe que Cristo es \u00abimagen del Dios invisible\u00bb (Col 1, 15; 2 Cor 4, 4). El ap\u00f3stol declara igualmente: \u00abPorque ahora vemos por un espejo en enigma (o imagen); mas entonces veremos cara a cara\u00bb (1 Cor 13, 12).<\/p>\n<p>Seg\u00fan que la esencia de la i. se vea referida a una realidad creada &#8211; hombre o cielo -, o al Verbo encarnado, o sea considerada como una obra de arte, cambia su car\u00e1cter y significaci\u00f3n. El \u00ed\u00addolo lleva su valor en s\u00ed\u00ad mismo (es ad se ipsum). La i. cristiana apunta a otra cosa (ad aliquid). Esta distinci\u00f3n de la apolog\u00e9tica en la antig\u00fcedad tard\u00ed\u00ada y en la primera edad media no siempre hace justicia a la imagen pagana de Dios, pero es exacta como enunciado esencial. (As\u00ed\u00ad la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia [n.\u00c2\u00b0 10] del Vaticano II habla expl\u00ed\u00adcitamente de los que \u00aben sombras e im\u00e1genes buscan al Dios desconocido\u00bb.) El \u00ed\u00addolo tiende a independizarse (para un pueblo o un lugar); mientras la i., seg\u00fan G\u00e9n 1, 27 y 1 Cor 13, 12, determina la esencia del hombre. Esta estructura de la i. entra\u00f1a una disputa que perdura hasta la actualidad.<\/p>\n<p>Una primera fase de la disputa se inicia (dentro de la historia sagrada) con la prohibici\u00f3n de las i. en el Antiguo Testamento. Esta prescripci\u00f3n no es una prohibici\u00f3n del arte. Obras varias de arte: cortinas (la del templo con querubines), im\u00e1genes en monedas y sellos, relieves (Ez 41, 17-20; 25, 1; catacumbas, sinagoga de Dura Europos), e incluso im\u00e1genes de dioses (Ex 32; Jue 17; 1 Re 12, 28; 2 Re 21, 7; Ez 8, 3), las hubo siempre en Israel. La prohibici\u00f3n afectaba sobre todo a la pl\u00e1stica monumental y a las i. cultuales. El fin de la ley era mantener el car\u00e1cter de imagen de las realidades primeras de la creaci\u00f3n: hombre y cielo (en contraposici\u00f3n a la realidad secundaria de la obra de arte). Tambi\u00e9n Plat\u00f3n y Plotino entendieron por i., no la obra de arte, sino el cosmos, y concretamente el cielo. La \u00abi. en sombras\u00bb de los pintores les resultaba sospechosa (PLAT\u00ed\u201cN, Rep\u00fablica 598b).<\/p>\n<p>Los primeros te\u00f3logos mantuvieron esencialmente esta concepci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad Ireneo (fines del siglo u) reprochaba el uso de las im\u00e1genes en la secta gn\u00f3stica de los carpocracianos (Adv. haer. I, 25). Or\u00ed\u00adgenes dec\u00ed\u00ada: \u00abCristianos y jud\u00ed\u00ados tienen presente el mandamiento: &#8230;No har\u00e1s para ti imagen&#8230; As\u00ed\u00ad no s\u00f3lo aborrecen los templos, altares e im\u00e1genes, sino que est\u00e1n dispuestos, y as\u00ed\u00ad debe ser, a dar la vida antes que profanar la idea que tienen del Dios todopoderoso con cualquier acto il\u00ed\u00adcito\u00bb (Contra Celsum VII, 64). Adem\u00e1s de la prohibici\u00f3n del dec\u00e1logo, la proscripci\u00f3n de las im\u00e1genes se basa en razones teol\u00f3gicas de la cristolog\u00ed\u00ada. As\u00ed\u00ad Eusebio escribe a la hermana del emperador Constantino, la cual le hab\u00ed\u00ada pedido una imagen de Cristo, que no es posible representar a Jes\u00fas, nimbado ya en la tierra de gloria divina, con \u00abcolores muertos y sin vida\u00bb (PG 20, 1545). Desarroll\u00f3se sin embargo, influida por Plat\u00f3n, Fil\u00f3n y Plotino, y apoyada en el uso de los s\u00ed\u00admbolos orientales y cl\u00e1sicos, una teor\u00ed\u00ada de las im\u00e1genes que sirvi\u00f3 tambi\u00e9n para suministrar una base teol\u00f3gica al arte religioso, y especialmente a la pintura. El misterio de la encarnaci\u00f3n fue el punto de arranque de esta teor\u00ed\u00ada, que ve\u00ed\u00ada en el conocimiento de las im\u00e1genes la esencia de la espiritualidad humana. \u00abLa i. de Dios completamente igual a \u00e9l es el Hijo, la i. del Hijo es el Esp\u00ed\u00adritu Santo. I. son las ideas de las cosas, i. de Dios es el hombre; i. del pensamiento es la palabra, i. es el recuerdo de lo pasado y la previsi\u00f3n de lo venidero. Todo es i. y la i. lo es todo\u00bb (A. HARNACK DG Ii, 457). En esta especulaci\u00f3n se distinguen la semejanza (6p.otcap.a), la relaci\u00f3n con el origen (\u00e9xT\u00danow\u00c2\u00b5a) y el car\u00e1cter revelador como elementos de la imagen.<\/p>\n<p>Esta teor\u00ed\u00ada de la primitiva edad media (principalmente bizantina) no estima suficientemente el valor propio de las cosas creadas. En occidente, Gregorio Magno rechaza la adoraci\u00f3n de las i., pero no distingue entre doule\u00ed\u00ada y latre\u00ed\u00ada (veneraci\u00f3n de las im\u00e1genes y adoraci\u00f3n de Dios mismo). Gregorio pone de relieve sobre todo el valor pedag\u00f3gico de las i.: \u00abLo que es para los lectores la escritura, eso es para los ojos de los incultos la i., pues en ella ven aun los incultos lo que deben imitar, en ella leen los que no saben leer\u00bb (Ep. 11, 13). Una tesis mediadora fue formulada por Nilo: Las i. deben exponerse \u00aba fin de que quienes no saben escribir y no pueden leer ni siquiera las sagradas Escrituras, por su contemplaci\u00f3n recuerden la rectitud de los aut\u00e9nticos servidores del verdadero Dios y sean estimulados a la imitaci\u00f3n de las grandiosas obras de virtud, por las que aqu\u00e9llos permutaron la tierra por el cielo, prefiriendo lo visible a lo invisible\u00bb (Epist. ad Olymp. Eparch. 4, 61; PG 79, 577). Seg\u00fan estas teor\u00ed\u00adas la i. determinaba las relaciones con Dios. El auge del culto de las i. contribuy\u00f3 a que estallara la controversia en torno a ellas.<\/p>\n<p>La controversia bizantina sobre las im\u00e1genes comenz\u00f3 con un edicto del emperador Le\u00f3n III el a\u00f1o 726 y acab\u00f3 en la \u00abfiesta de la ortodoxia\u00bb, que instituy\u00f3 la emperatriz Teodora el a\u00f1o 843. La culminaci\u00f3n teol\u00f3gica de la disputa fue el concilio ecum\u00e9nico de Nicea del a\u00f1o 787, que aprob\u00f3 el culto de las i. (MANSI xII-XIII). Contra este concilio los te\u00f3logos de Carlomagno en el a\u00f1o 790 escriben los Libri Carolini (MG Conc. II Suppl.). Adem\u00e1s de la rivalidad pol\u00ed\u00adtica contra Bizancio, el punto de partida de la controversia es el concepto de adoraci\u00f3n. Los carolingios rechazan la adoratio de las im\u00e1genes; pero apenas atienden a la sublime distinci\u00f3n entre latr\u00ed\u00ada (culto o adoraci\u00f3n que se debe exclusivamente a Dios) y proskynesis (veneraci\u00f3n que se rinde a una imagen).<\/p>\n<p>Asimismo el occidente resalta con m\u00e1s fuerza el valor propio de la obra de arte, aunque, al princio, de una forma negativa. Seg\u00fan los Libri Carolini la i. no posee relaci\u00f3n alguna con la forma prima, sino que carece de espiritualidad y es material (lib. II, c. 16; lib. I, c. 7; lib. II, c. 30). En el obispo Claudio de Tur\u00ed\u00adn (t 827) hallamos un iconoclasta carolingio, al que impugnan Dungal y Jon\u00e1s de Orleans (f 843). Esta discusi\u00f3n aproxima los te\u00f3logos carolingios a la concepci\u00f3n de Nicea. As\u00ed\u00ad, la siguiente \u00e9poca rom\u00e1nica trae una floraci\u00f3n de im\u00e1genes.<\/p>\n<p>Una nueva discusi\u00f3n comienza con Bernardo de Claraval. Para \u00e9l, la multitud rom\u00e1nica de obras de arte es la cumbre del lujo y pone en peligro la vida espiritual. El inculca la pobreza y aconseja una distinci\u00f3n social: las obras de arte se permiten a los obispos (catedrales), pero se restringen para los monjes (arte cisterciense, de formas severas). Tom\u00e1s de Aquino distingue entre una latria absoluta, que s\u00f3lo conviene a Dios, y una latria relativa, que concede a la imagen de Cristo (ST ni q. 25 a. 3). Esta soluci\u00f3n cl\u00e1sica es puesta en peligro por la hipertrofia de obras de arte en la piedad del g\u00f3tico tard\u00ed\u00ado y por la nueva valoraci\u00f3n de las mismas en el renacimiento. La problem\u00e1tica teol\u00f3gica va acompa\u00f1ada por la discusi\u00f3n, desarrollada bajo la perspectiva de la filosof\u00ed\u00ada y de la teor\u00ed\u00ada del arte (Il paragone), en torno a la primac\u00ed\u00ada de la palabra o de la i. Todav\u00ed\u00ada Leonardo consideraba la pintura como una ciencia: \u00abAfirmamos primeramente los comienzos verdaderos y cient\u00ed\u00adficos de la pintura: qu\u00e9 es el cuerpo que origina sombra; qu\u00e9 es sombra primitiva y derivada; qu\u00e9 es iluminaci\u00f3n, o sea, oscuridad, luz, color; qu\u00e9 es cuerpo, figura, situaci\u00f3n; qu\u00e9 es alejamiento y proximidad; qu\u00e9 es movimiento y descanso. Estas cosas s\u00f3lo se comprenden con el esp\u00ed\u00adritu, sin intervenci\u00f3n de las manos, y \u00e9sta es la ciencia de la pintura, que permanece en el esp\u00ed\u00adritu de los que la consideran\u00bb (Libro di pittura I, 33 [19, 2]).<\/p>\n<p>La reforma desencadena una nueva disputa en tomo a las i. Sin embargo, los reformadores adoptan actitudes varias. En Abtuhung der Bilder pide Karlstadt en 1522 que las i. sean retiradas. Calvino las condena enla Institutio (1529). Para Zuinglio (Antwort a Valent\u00ed\u00adn Compar [1525] y De vera religione), las \u00ed\u00ad. en la Iglesia equivalen a ida latr\u00ed\u00ada. En Suiza, Francia, Pa\u00ed\u00adses Bajos y hasta en Alemania son destruidas numerosas obras de arte. La actitud inicialmente negativa de Lutero se dirige m\u00e1s bien contra la falsa idea de que se pueden acumular m\u00e9ritos por la erecci\u00f3n de im\u00e1genes e iglesias (v. Campenhausen). Por otra parte, en las iglesias las i. son para \u00e9l adiaphora, \u00abni buenas ni malas\u00bb.<\/p>\n<p>El concilio de Trento se esfuerza por suprimir los abusos en el culto de las i., pero mantiene la doctrina tradicional. \u00abFirmemente afirmo que las im\u00e1genes de Cristo y de la siempre Virgen Madre de Dios, as\u00ed\u00ad como las de los otros santos, deben tenerse y conservarse, y ha de tribut\u00e1rseles el debido honor y veneraci\u00f3n\u00bb (profesi\u00f3n de fe tridentina). Belarmino (De reliquiis et imaginibus sanctorum, c. 5-25 en Controvers. lib. Iv, 2) distingue entre el culto de las im\u00e1genes y el de la persona misma. En oposici\u00f3n a Tom\u00e1s tiene el culto de las i. por inferior al de la persona. Los comentarios sobre el Tridentino fundados en la teor\u00ed\u00ada del arte (J. MOLANUS, De picturis et imaginibus, Lovaina 1570; G. PALEOTTI, De imaginibus sacris et profanis, Ingolstadt 1594; G. OTTONELLI y P. BERETTINI, Trattato delta Pittura e Scultura, Florencia 1652 y J. IN TERI\u00ed\u0081N DE AYALA, Pictor christianus eruditus, Madrid 1730) piden para la i. verdad sin error, y contra la procax venustas exigen una venustas spiritualis.<\/p>\n<p>La m\u00e1s importante pol\u00e9mica moderna sobre las i. comienza con la ilustraci\u00f3n. Durante la revoluci\u00f3n francesa se destruyen una parte de las iglesias y sus tesoros, y es llevada a las catedrales la diosa \u00abRaz\u00f3n\u00bb (una mujer) como s\u00ed\u00admbolo de la moderna concepci\u00f3n del mundo y de la ciencia. En Alemania, la secularizaci\u00f3n suprime much\u00ed\u00adsimas obras (300 monasterios y 18 universidades). El mundo ya no es mirado como i. de un creador, sino que es entendido por la observaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica como un dep\u00f3sito de energ\u00ed\u00ada. Se abandonan los programas teol\u00f3gicos y mitol\u00f3gicos de la \u00e9poca barroca. El realismo erige lo visible como norma de la creaci\u00f3n art\u00ed\u00adstica. El arte mismo se toma aut\u00f3nomo y hasta en la Iglesia pierde su nexo con la teolog\u00ed\u00ada. Su fondo de realidad es la sociedad y la persona. El personalismo en la intenci\u00f3n art\u00ed\u00adstica determina el aislamiento del artista respecto de la sociedad. Se inician los desastres ps\u00ed\u00adquicos y los suicidios de artistas. En el curso del s. xlx se llega a un mayor contraste entre la concepci\u00f3n del artista y el gusto oficial (sociedad de masas).<\/p>\n<p>Hacia 1910 comienzan los movimientos art\u00ed\u00adsticos del siglo xx: cubismo, surrealismo, y arte abstracto, que dan un car\u00e1cter objetivo y an\u00f3nimo al arte. En Alemania, el nacional-socialismo adopta una despiadada postura iconoclasta contra el \u00abarte degenerado\u00bb, semejante a la del socialismo sovi\u00e9tico en oriente. Movidos por la idea de la validez eterna del g\u00f3tico o de un primigenio estilo religioso (Beuron, simbolismo franc\u00e9s), c\u00ed\u00adrculos eclesi\u00e1sticos combaten tambi\u00e9n las formas modernas. Despu\u00e9s de 1945, la actitud cambia de signo. El arte abstracto, el cubismo y el surrealismo penetran en las iglesias &#8211; a menudo embellecidas con buen gusto -, que as\u00ed\u00ad pasan a ser un lugar donde se coleccionan diversos estilos. De ah\u00ed\u00ad que las \u00faltimas obras y programas exijan un arte eclesi\u00e1stico sin contenido formulable. Con ello no s\u00f3lo se extingue la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica, sino que el gran arte personal moderno es sustituido por un manierismo formal de segunda mano. La moderna creaci\u00f3n de im\u00e1genes, que quiere configurar la experiencia de la materia y de la energ\u00ed\u00ada, as\u00ed\u00ad como los procesos inconscientes, requiere tambi\u00e9n de lado cristiano una nueva fundamentaci\u00f3n del concepto de i. Para esa nueva fundamentaci\u00f3n ser\u00e1 esencial la idea de que el mundo contiene una comunicaci\u00f3n (revelaci\u00f3n natural) del creador a sus criaturas.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: J. Schlosser, Die Kunstliteratur (W 1924); G. Ostrogorsky, Studien zur Geschichte des byzantinischen Bilderstreites (Br 1929); G. J. Mart\u00ed\u00adn, A History of the Iconoclastic Controversy (Lo 1930); H. Leclerq: DACL VII 180-302; H. Jedin (decreto tridentino sobre las im\u00e1genes): ThQ 116 (1935) 143-188 404-429; G. v. Rad &#8211; G. Kittel &#8211; H. Kleinknecht, slxwv: ThW II 378-396; H. Menges, Die Bilderlehre des hl. Johannes von Damaskus (Mz 1939); A. Grabar, Plotin et les origines de 1&#8217;esth\u00e9tique m\u00e9di\u00e9vale: CahArch 1 (1945); H. Schrade, Der verborgene Gott (St 1949); H. v. Campenhausen (Teolog\u00ed\u00ada de las im\u00e1genes en la Iglesia primitiva): ZThK 49 (1952) 33-60; R. Bernhard, L&#8217;image de Dieu d&#8217;apr\u00e9s S. Athanase (Coll. Th\u00e9ol. 25) (P 1952); G. O. P. Ladner: DOP 7 (1953) 1-34; A. Baumstark, Bild (concepto jud\u00ed\u00ado): RAC II 287-302; J. Kollwitz, Bild (concepto cristiano): ibid. 318-341; J. B. Kitzinger (culto de las im\u00e1genes antes del s, VIII): DOP 8 (1954) 83-150; M. V. Anastos (loss\u00ed\u00adnodos de 754 y 815 contrarios a las im\u00e1genes): ibid. 151-160; A. A. Vasillev (edicto de Yazid II del a\u00f1o 721): ibid. 9-10 (1956) 23-48; H. Crouzel, Th\u00e9ologie de 1&#8217;image de Dieu chez Origbne (Coll. Th\u00e9ol. 34) (P 1956); Th. Aschenbrenner &#8211; O. Thulin: RDK II 561-572; H. Schade (Teor\u00ed\u00ada de las im\u00e1genes en los libros carolinos): ZKTh 79 (1957) 69-78; H. v. Campenhausen (la cuesti\u00f3n de las im\u00e1genes en la reforma): ZKG 68 (1957) 96-128; C. H. Ratschow &#8211; Gemser &#8211; H.-G. Beck -E. Hertzsch, Bild und Bilderverehrung: RGG3 I 1268-1276; A. Grabar, L&#8217;iconoclasme byzantin (P 1957); W. Schjne &#8211; J. Kollwitz &#8211; H. v. Campenhausen, Das Gottesbild im Abenland (Witten 1957); K. Baus &#8211; E. Iserloh, Bilderstreit: LThK2 II 461-464; B. Bayerschmidt, Bilderverehrung: ibid. 464-467; K. Rahner, Para una teolog\u00ed\u00ada del s\u00ed\u00admbolo: Escritos IV (1964) 283-322; H. E. Bahr, Poiesis (exploraci\u00f3n teol\u00f3gica del arte) (St 1961); R. Wedewer, Bilderbegriffe (pintura moderna) (St 1963); M. Rassem -F. Piel &#8211; L. Dittmann &#8211; H. Schade &#8211; H. Bauer &#8211; W. Messerer &#8211; B. Rupprecht, Kunstgeschichte und Kunsttheorie im 19. Jh. (B 1963); K. Marti &#8211; K. Liithi &#8211; K. v. Fischer, Modeme Literatur, Malerei und Musik (Z 1963); K. Wessel, Bild: RBK I 616-662; idem, Bilderprogramm: ibid. 662 &#8211; 690.<\/p>\n<p>Herbert Schade<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La i. es una figura que, por su estructura, hace presente otra realidad. De ah\u00ed\u00ad se sigue que el concepto de i. no se identifica con el de obra de arte, sino que filos\u00f3ficamente es m\u00e1s general. 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