{"id":18958,"date":"2016-02-05T12:09:59","date_gmt":"2016-02-05T17:09:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/maria-culto-a\/"},"modified":"2016-02-05T12:09:59","modified_gmt":"2016-02-05T17:09:59","slug":"maria-culto-a","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/maria-culto-a\/","title":{"rendered":"MARIA, CULTO A"},"content":{"rendered":"<p>1. Por su relaci\u00f3n con Cristo, su puesto en la historia de la salvaci\u00f3n, su redenci\u00f3n perfecta y su calidad especifica como miembro de la Iglesia, Maria merece una especial atenci\u00f3n por parte de la fe y de la devoci\u00f3n. En este punto, la fe de la Iglesia y la teolog\u00ed\u00ada nunca deben pasar por alto o allanar la diferencia con la adoraci\u00f3n debida exclusivamente a Dios. Maria nunca es venerada como divinidad madre, al estilo de las divinidades madres de los gentiles. Entre tales mitos y el culto mariano tampoco puede demostrarse la existencia de un nexo causal. Las analog\u00ed\u00adas no son pruebas, pues tienen su raz\u00f3n suficiente en las formas universales de culto, nacidas de las necesidades humanas.<\/p>\n<p>En la adoraci\u00f3n el hombre reconoce a Dios como el \u00faltimo fundamento (no fundamentado en otro) del mundo y de su salvaci\u00f3n, e igualmente como el fin \u00faltimo y absoluto. La adoraci\u00f3n cobra forma concreta con la confianza incondicional en Dios, con la entrega sin reservas a \u00e9l y con la absoluta esperanza en \u00e9l. En cambio, toda criatura es respetada por la dignidad que le confiere su procedencia de Dios y su destinaci\u00f3n a \u00e9l. A los hombres que han llegado definitivamente a Dios por Cristo, aun cuando todav\u00ed\u00ada no est\u00e9n corporalmente glorificados (a los \u00absantos\u00bb), 1es conviene una veneraci\u00f3n superior (dul\u00ed\u00ada) a la tributada a los dem\u00e1s. Esa veneraci\u00f3n es primariamente culto a Dios mismo. En toda veneraci\u00f3n de un hombre est\u00e1 en juego la adoraci\u00f3n de Dios. Pero \u00e9sta siempre es m\u00e1s que el honor tributado a una criatura. En el \u00e1mbito creado, por la veneraci\u00f3n de una persona se da una respuesta al valor inmanente de la misma. Pero este valor es a su vez efecto de la referencia a Dios de la criatura venerada. De ah\u00ed\u00ad se sigue que la veneraci\u00f3n implica dos cosas: el culto absoluto a Dios, que es la adoraci\u00f3n, y el respeto a la criatura por raz\u00f3n de la dignidad que viene de Dios y es referida a \u00e9l.<\/p>\n<p>La veneraci\u00f3n debida a Mar\u00ed\u00ada sobrepuja en alto grado la respuesta que corresponde al valor de los otros santos (hiperdul\u00ed\u00ada). Sin embargo, el culto mariano no es algo intermedio entre adoraci\u00f3n y devoci\u00f3n a los santos. No es una forma mixta. Se halla m\u00e1s bien en el lado de la veneraci\u00f3n debida a la criatura y se distingue esencialmente de la adoraci\u00f3n de Dios. Si en las formas populares se traspasan ocasionalmente los l\u00ed\u00admites, ello est\u00e1 en oposici\u00f3n formal con la doctrina de la Iglesia. Con todo, tales manifestaciones de entusiasmo no son afirmaciones teol\u00f3gicas. Aun cuando en algunos textos oficia1es de oraci\u00f3n se apliquen a Maria (p. ej., en la Salve Regina) t\u00ed\u00adtulos que en su sentido originario se predican de Cristo (vida y esperanza nuestra), sin embargo para la inteligencia de \u00e9stos deben observarse las reglas de la hermen\u00e9utica. En primer lugar, se trata en muchos casos de poes\u00ed\u00adas. La forma literaria de la poes\u00ed\u00ada exige un m\u00e9todo de interpretaci\u00f3n distinto del usado para una tesis dogm\u00e1tica. En segundo lugar, por la inclusi\u00f3n de la actividad humana en la econom\u00ed\u00ada de la redenci\u00f3n, afirmaciones que originariamente y en su pleno sentido s\u00f3lo convienen a Cristo, se aplican de manera derivada (anal\u00f3gica) tambi\u00e9n a los redimidos mismos, en cuanto la santidad de uno es eficaz para la salvaci\u00f3n de otros. As\u00ed\u00ad puede llamarse a Cristo el sacramento originario y a la Iglesia el sacramento derivado del sacramento originario (el sacramento fundamental o el sacramento originario de segundo orden). En ning\u00fan caso tiene valor absoluto e indiferenciado la norma: Lex orandi lex credendi. M\u00e1s bien, corresponde a la Iglesia orante interpretar el sentido que da a sus oraciones (cf. P\u00ed\u00ado xii, enc\u00ed\u00adclica Mediator Dei).<\/p>\n<p>Una forma particular del culto creyente es la petici\u00f3n de la intercesi\u00f3n. Este hecho, que no es f\u00e1cil de explicar, puede entenderse de la siguiente manera. La base de la invocaci\u00f3n y de la intercesi\u00f3n es la uni\u00f3n en la solicitud amorosa de uno por la salvaci\u00f3n del otro y la solidaridad en Cristo que en ella se pone de manifiesto. En la invocaci\u00f3n, el orante se dirige al hombre que est\u00e1 unido con Dios por el amor y fraternalmente unido con \u00e9l mismo, a fin de que lo reciba de manera particular en su amor. El amor del hombre glorificado es una actividad amorosa concedida por Dios. Como todo amor, esa actividad amorosa es creadora. Penetra al hermano abrazado por ella y lo abre cada vez m\u00e1s al amor. Finalmente, puesto que el amor de un santo est\u00e1 encendido por el amor de Dios y s\u00f3lo puede realizarse gracias a la virtud creadora del mismo, aqu\u00e9l a quien ama un santo queda penetrado por la corriente del amor mismo de Dios. Es un axioma que Dios lo obra todo, aunque no lo obra todo \u00e9l solo. Su amor hace que el hombre ame.<\/p>\n<p>Cuando un santo es invocado, la invocaci\u00f3n no tiene como fin mover a Dios por obra del santo, dotado de mayor fuerza creadora que el orante, a que tome un designio salv\u00ed\u00adfico. Semejante imaginaci\u00f3n pondr\u00ed\u00ada a Dios a disposici\u00f3n del hombre. Pedir que Dios nos oiga, ora se incluya, ora no se incluya la invocaci\u00f3n de un santo, tiene por funci\u00f3n abrirnos a Dios y sus dones, y expresar nuestra buena disposici\u00f3n con relaci\u00f3n a \u00e9l. Dios no fuerza a nadie. La oraci\u00f3n de petici\u00f3n es un medio para que Dios pueda entreg\u00e1rsenos sin infligirnos violencia. Puesto que se funda en la gracia, ya que nadie puede acercarse a Dios sin haber sido atra\u00ed\u00addo por \u00e9l (Jn 6, 54), es un medio en manos de Dios frente al hombre, y no un medio en manos del hombre frente a Dios. De ah\u00ed\u00ad se sigue que quien invoca la intercesi\u00f3n de un santo, expresa el deseo de que \u00e9l abrace con su amor a Dios tambi\u00e9n al orante, y as\u00ed\u00ad, por la fuerza despertadora de su amor, que se nutre con el de Dios mismo, desate la capacidad de amor del orante y prepare su coraz\u00f3n para que sea capaz de recibir a Dios.<\/p>\n<p>El objeto de la oraci\u00f3n es primariamente la uni\u00f3n con Dios y, secundariamente, todo lo que sirve para ella.<\/p>\n<p>La intercesi\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada tiene el mismo sentido que la de todos los santos. Pero se distingue profundamente de \u00e9sta segunda por su intensidad y universalidad. Mar\u00ed\u00ada abraza en el ardor de su solicitud amorosa a todos los hombres. Su solicitud amorosa tiene su suelo nutricio en la uni\u00f3n con Jesucristo, cuya obra salvadora le interesa sumamente. Este es el sentido de la llamada \u00abmediaci\u00f3n de todas las gracias\u00bb. Para mayor claridad hemos de a\u00f1adir que ser\u00ed\u00ada una exageraci\u00f3n sin fundamento teol\u00f3gico afirmar que la invocaci\u00f3n de Maria sea necesaria para la salvaci\u00f3n, de suerte que quien la omitiera no pueda salvarse.<\/p>\n<p>2. La posici\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada en la econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n permite comprender que ya en la era apost\u00f3lica se dirigiera a ella la atenci\u00f3n de los creyentes (G\u00e1l 4, 4; Mt 1-2; Lc 1-2; Jn 2, 1-11; 19, 25-28), y que su culto se desarrollara r\u00e1pidamente, por lo general entrecruz\u00e1ndose de manera peculiar con la evoluci\u00f3n en la inteligencia de Cristo. Fue inevitable que en esta evoluci\u00f3n algunas exageraciones desfiguraran la verdadera imagen de Mar\u00ed\u00ada (p. ej., la frase ret\u00f3rica: Cristo juzga, Mar\u00ed\u00ada salva).<\/p>\n<p>En el concilio de Trento la Iglesia redujo a la recta medida las exageraciones teol\u00f3gicas que surgieron en la edad media y m\u00e1s todav\u00ed\u00ada en la edad moderna.<\/p>\n<p>La primera invocaci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada nos sale al paso en el siglo III o a comienzos del siglo IV. En el siglo IV aparecen tambi\u00e9n las primeras huellas de fiestas marianas, que en oriente toman forma a m\u00e1s tardar en el siglo v. Por el mismo tiempo comienza la consagraci\u00f3n de iglesias a Maria, p. ej., la Iglesia de Efeso, Maria antiqua, Maria en el Trastevere y Mar\u00ed\u00ada la Mayor en Roma. Desde Atanasio y Ambrosio, Mar\u00ed\u00ada es presentada como modelo. Lugar considerable ocupa Maria en las liturgias orientales. En ellas aparece claramente tanto la legitimidad de la devoci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada, como tambi\u00e9n el lugar que le corresponde en el conjunto. En la liturgia de Basilio se dice: \u00abPor la intercesi\u00f3n y la asistencia de nuestra glorios\u00ed\u00adsima se\u00f1ora, madre de Dios y simpre virgen Mar\u00ed\u00ada, y de todos los santos.\u00bb<br \/>\nLa en\u00e9rgica reacci\u00f3n contra el nestorianismo muestra hasta qu\u00e9 punto estaba arraigada en la vida del pueblo fiel la devoci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada. A la inversa, el esclarecimiento dogm\u00e1tico (concilio de Efeso del a\u00f1o 431) vivific\u00f3 a su vez e intensific\u00f3 la devoci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada. Desde Severiano de G\u00e1bala (+ despu\u00e9s del 408), la alabanza a Mar\u00ed\u00ada pertenec\u00ed\u00ada a las costumbres \u00abdiarias\u00bb. Seg\u00fan Soz\u00f3menos (siglo v), en una Iglesia de Constantinopla un \u00abpoder divino\u00bb reparti\u00f3 gracias a enfermos y necesitados. El historiador a\u00f1ade que, seg\u00fan la persuasi\u00f3n general, \u00abel poder divino\u00bb hab\u00ed\u00ada sido la madre de Dios. Incluso apariciones de Mar\u00ed\u00ada no fueron cosa extra\u00f1a en el siglo iv, a juzgar por un discurso de Gregorio de Nisa. El primer saludo po\u00e9tico se lo dirige a Maria Efr\u00e9n el sirio (a mediados del siglo IV), quien, evidentemente, est\u00e1 lejos de la teolog\u00ed\u00ada critica. Sedulio y Enodio de Pav\u00ed\u00ada consagran c\u00e1nticos a Maria en el siglo v. En occidente la primera invocaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada se encuentra en Agust\u00ed\u00adn. En el siglo vi aparece el nombre de Mar\u00ed\u00ada en el communicantes de la misa romana. El hecho tiene particular importancia porque ah\u00ed\u00ad se pone de manifiesto el puesto de Mar\u00ed\u00ada en la vida de la Iglesia y, por tanto, la norma de toda devoci\u00f3n mariana. Ese puesto es la celebraci\u00f3n memorial de la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. En esta conmemoraci\u00f3n se nombran tambi\u00e9n otros santos, los ap\u00f3stoles y los primeros papas. Mar\u00ed\u00ada pertenece al n\u00famero de los que se ponen especialmente de relieve cuando se celebra a Cristo. Pero ella se antepone a todos los otros y es alabada con tono particular. A partir del siglo vii se multiplican en la Iglesia occidental las fiestas de Maria.<\/p>\n<p>En la baja edad media y en el tiempo posterior a la reforma protestante la devoci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada cobr\u00f3 un auge extraordinario, tanto en lo relativo a la frecuencia y variedad de formas de devoci\u00f3n, como en lo referente a las verdades marianas celebradas: ave mar\u00ed\u00ada, rosario, escapulario, toque del \u00e1ngelus, consagraci\u00f3n al coraz\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, consagraci\u00f3n de ciudades, pa\u00ed\u00adses y comunidades a Maria, Mar\u00ed\u00ada reina del rosario, fiesta de la realeza de Mar\u00ed\u00ada, congregaciones marianas, movimientos marianos (como la Legio Mariae), congresos marianos y mariol\u00f3gicos a nivel nacional e internacional, asociaciones mariol\u00f3gicas de trabajo, fundaci\u00f3n de la Pontificia academia mariana internationalis, devociones a Mar\u00ed\u00ada en mayo y octubre, santuarios marianos, altares de Mar\u00ed\u00ada en la mayor parte de las Iglesias, apariciones de Maria, se\u00f1aladamente las de La Salette, Lourdes y F\u00e1tima. La confianza en la \u00abomnipotencia suplicante\u00bb, en el \u00abrefugio de pecadores\u00bb, en la \u00abconsoladora de los afligidos\u00bb, en la \u00abreina del cielo\u00bb, que librar\u00e1 a quienes la invocan de \u00abtoda tribulaci\u00f3n, angustia y necesidad\u00bb, se expresa en las oraciones Memorare, Sub tuum praesidium, Salve Regina.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con el concilio Vaticano II, se\u00f1aladamente por raz\u00f3n de la Constituci\u00f3n sobre la sagrada liturgia, as\u00ed\u00ad como por efecto de la teolog\u00ed\u00ada cristoc\u00e9ntrica y del movimiento b\u00ed\u00adblico, la devoci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada se ordena en la actualidad cada vez m\u00e1s claramente en el conjunto de la espiritualidad de la Iglesia. As\u00ed\u00ad desaparece el rezo del rosario durante la misa en el mes de octubre, rezo que fue corriente desde Le\u00f3n XIII. En el Decreto sobre el ministerio y vida de los presb\u00ed\u00adteros, el concilio Vaticano ii no mencion\u00f3, contra el deseo de algunos padres conciliares, el rezo del rosario entre las ayudas para la vida sacerdotal, por la raz\u00f3n de que ese rezo no es una pr\u00e1ctica de toda la Iglesia. Mas, por otra parte, el concilio dirige a los presb\u00ed\u00adteros una exhortaci\u00f3n que tiene importancia para todos los cristianos: \u00abDe esa docilidad (a la acci\u00f3n de Esp\u00ed\u00adritu Santo) hallar\u00e1n siempre un maravilloso ejemplo en la bienaventurada virgen Mar\u00ed\u00ada, que, guiada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, se consagr\u00f3 toda al ministerio de la redenci\u00f3n de los hombres; los presb\u00ed\u00adteros reverenciar\u00e1n y amar\u00e1n, con filial devoci\u00f3n y culto, a esta madre del sumo y eterno sacerdote, reina de los ap\u00f3stoles y auxilio de su ministerio.\u00bb<br \/>\n3. Por lo que se refiere a las apariciones de Maria, el problema fundamental es la cuesti\u00f3n de su autenticidad. Frente al enorme y terrible poder de lo inconsciente y de la sugesti\u00f3n de masas, no es f\u00e1cil distinguir entre una ilusi\u00f3n y una posible aparici\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada. Puesto que la revelaci\u00f3n divina destinada a todos los hombres acab\u00f3 con la era apost\u00f3lica, una eventual aparici\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada no puede aportar una revelaci\u00f3n universalmente obligatoria que vaya m\u00e1s all\u00e1 de la revelaci\u00f3n dada por Cristo. Si lo pretendiera, eso ser\u00ed\u00ada signo de su falta de autenticidad. Si quiere tener categor\u00ed\u00ada m\u00e1s all\u00e1 del orden puramente privado, no puede hacer otra cosa que llamar a la fe en Cristo y a la propia conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>Aunque cada cual es libre para interpretar un fen\u00f3meno como aparici\u00f3n de Maria, sin embargo, entra en juego la Iglesia y a ella compete el esclarecimiento del hecho cuando \u00e9ste afecta a la comunidad misma de fe, p. ej., cuando surgen centros de peregrinaci\u00f3n o nuevas formas de piedad dentro de la comunidad eclesial. La intensidad de la experiencia personal no es por s\u00ed\u00ad sola un criterio completamente seguro de autenticidad. Tal criterio s\u00f3lo se dar\u00ed\u00ada a la postre en un -> milagro que acreditara la aparici\u00f3n. Pero ante los actuales conocimientos cient\u00ed\u00adficos en psicolog\u00ed\u00ada, antropolog\u00ed\u00ada y sociolog\u00ed\u00ada, semejante criterio exigir\u00ed\u00ada m\u00e1xima circunspecci\u00f3n, fundada en la fe y en conocimiento objetivos. No obstante, tampoco es l\u00ed\u00adcito rechazar la posibilidad de una intervenci\u00f3n divina en virtud de una opini\u00f3n preconcebida. El reconocimiento por parte de la Iglesia no entra\u00f1a una obligaci\u00f3n de fe; confirma simplemente que no constituye ninguna superstici\u00f3n el que un hecho sea interpretado como aparici\u00f3n de la Virgen. Cuando la Iglesia acepta en su oraci\u00f3n comunitaria una aparici\u00f3n, significar\u00ed\u00ada falta de esp\u00ed\u00adritu eclesi\u00e1stico el excluirse a s\u00ed\u00ad mismo por petulancia, aun cuando deba recalcarse de todos modos que la conciencia de cada uno es la \u00faltima instancia subjetiva. Por otra parte, ser\u00ed\u00ada una perversi\u00f3n del orden que alguien contrapusiera al magisterio de la Iglesia lo que \u00e9l tiene por aparici\u00f3n de la madre de Dios.<\/p>\n<p>Aun cuando se trate realmente de una manifestaci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, \u00e9sta s\u00f3lo puede darse de acuerdo con el designio salvador y eterno de Dios. Siempre es Dios el primer actor. Aun en las apariciones de Maria es Dios el que act\u00faa por Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo de acuerdo con la estructura general de su acci\u00f3n salvadora. En las llamadas apariciones, Mar\u00ed\u00ada es incluida en esta acci\u00f3n divina conforme al principio de que Dios lo hace todo, pero no todo \u00e9l solo, sino por medio de la actividad de la criatura. El sujeto de tal acci\u00f3n divina nota y experimenta el car\u00e1cter mariano de la misma. Y el que recibe esa aparici\u00f3n por su parte ha de comportarse activamente, pues tiene que entender e interpretar la acci\u00f3n de Dios. Cabe preguntar hasta qu\u00e9 punto entra ah\u00ed\u00ad en juego la actividad humana. \u00bfProduce Dios inmediatamente en el sujeto la figura percibida? \u00bfO es \u00e9sta resultado del hombre que interpreta la actividad de Dios, en cuanto traduce su experiencia divina a determinadas palabras e im\u00e1genes? Por raz\u00f3n de las leyes universalmente v\u00e1lidas del conocimiento humano, esta explicaci\u00f3n merece la preferencia. Lo cual tiene como consecuencia que las representaciones condicionadas por el tiempo y por la cultura del sujeto se convierten en elementos de la aparici\u00f3n. Aqu\u00ed\u00ad queda desde luego sin responder la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo el int\u00e9rprete pueda conocer que se trata precisamente de la aparici\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, puesto que su forma glorificada es un misterio profundo e impenetrable.<\/p>\n<p>Acerca de las frecuentes apariciones de Maria en nuestro tiempo, las cuales generalmente no est\u00e1n confirmadas por el reconocimiento de la Iglesia, hemos de decir que precisamente su frecuencia despierta m\u00e1s bien reparos que confianza, pues dif\u00ed\u00adcilmente pueden armonizarse con la transcendencia y el car\u00e1cter oculto de Dios que la Escritura, la tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica y la teolog\u00ed\u00ada ense\u00f1an. Prescindiendo de c\u00f3mo haya de explicarse teol\u00f3gicamente la ontolog\u00ed\u00ada de estos fen\u00f3menos, es indudable que ellos cumplen una funci\u00f3n importante en cuanto y en la medida que predican penitencia, para lo cual se requiere que ni partidarios ni adversarios se dejen arrastrar a un fanatismo contrario a la fe.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Estudios Marianos 20 (Ma 1961). &#8211; St. Beissel, Die Verehrung Unserer Lieben Frau in Deutschland w\u00e4hrend des MA (Fr 1896); idem, Geschichte der Verehrung Mariens in Deutschland w\u00e4hrend des MA (Fr 1909); idem, Geschichte der Verehrung Mariens im 16. und 17. Jh. (Fr 1910); E. Campana, Maria nel culto cattolico, 2 vols. (Tn 21945); G. M. Roschinl, Mariologia, 2 vols. (R 21947-1948); Maria; P. Hitz, Maria und unser Heil (Limburg 1951); R. Schimmelpfennig, Die Geschichte der Marienverehrung im deutschen Protestantismus (Pa 1952); R. Vargas Ugarte, Historia del culto de Maria en Iberoam\u00e9rica y de sus im\u00e1genes y santuarios m\u00e1s c\u00e9lebres (Ma 21956); Enciclopedia Mariana (lTheotocos\u00bb (Mi 21958); LM; K. Rahner &#8211; Th. Baumann, Visionen und Prophezeiungen (Fr 31960); J. F. Murphy, Origin and Nature of Marian Cult: Mariology, ed. J. B. Carol, III (Milwaukee 1961) 1-21; W. Tappolet &#8211; A. Ebneter, Das Marienlob der Reformatoren (T 1962); H. Graef, Maria. La mariologia y el culto a trav\u00e9s de la historia (Herder Ba 1968); R. Laurentin, La Vierge Marie au Concile: RSPhTh 47 (1964) 32-46; J. M. Castrillo, La Virgen en los concilios ecum\u00e9nicos (Ma 1964); J. Auer, Um die dogmatische Begr\u00fcndung des Marienkultes: Maria im Kult (Mariologische Studien III) (Essen 1965) 21-38; K. Rahner, Maria, madre del Se\u00f1or (Herder Ba 1967); Barakna II 459-576; Recherche: sur l&#8217;intercession de Marie: Ltudes mariales 23 (P 1967); R. Laurentin, Court trait\u00e9 sur la Vierge Marie (P 31968, dt. Rb 1959).<\/p>\n<p>Michael Schmaus<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Por su relaci\u00f3n con Cristo, su puesto en la historia de la salvaci\u00f3n, su redenci\u00f3n perfecta y su calidad especifica como miembro de la Iglesia, Maria merece una especial atenci\u00f3n por parte de la fe y de la devoci\u00f3n. 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