{"id":18968,"date":"2016-02-05T12:10:20","date_gmt":"2016-02-05T17:10:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mito-mitologia-2\/"},"modified":"2016-02-05T12:10:20","modified_gmt":"2016-02-05T17:10:20","slug":"mito-mitologia-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mito-mitologia-2\/","title":{"rendered":"MITO, MITOLOGIA"},"content":{"rendered":"<p>I. El concepto de mito<br \/>\nEn su significaci\u00f3n originaria, mito (m.) significa palabra, conocimiento, lengua, mensaje; m. puede significar tambi\u00e9n acontecer e historia. La palabra y el mensaje del m. se refieren a la totalidad de la existencia, del mundo y de las cosas, y ata\u00f1en a sus or\u00ed\u00adgenes, relaciones y finalidad. El m. se caracteriza ulteriormente por el hecho de que intenta comprender el mundo emp\u00ed\u00adrico, lo que es y lo que acontece en \u00e9l, y sobre todo al hombre y su obrar, partiendo de una realidad que los funda, los reduce a unidad y, a la vez, los trasciende. Esta realidad es la de los dioses. El mensaje que nos sale al paso en la palabra del m. trata del hacer y quehacer de los dioses. Se ofrece por lo general en forma de una narraci\u00f3n, la narraci\u00f3n de una historia, como \u00abpalabra sagrada\u00bb caracterizada por la autoridad y la tradici\u00f3n. Sin embargo, el m. s\u00f3lo puede definirse como historia de los dioses en cuanto lo narrado en \u00e9l ha de verse como el verdadero origen, el aut\u00e9ntico fundamento y la realidad operante, y juntamente como la norma determinante del acontecer terreno y del obrar del hombre. Por eso, para el m. no s\u00f3lo la historia de los dioses est\u00e1 inseparablemente entretejida con el hombre y su destino, sino que tambi\u00e9n el hombre y el mundo est\u00e1n admitidos e incluidos en la esfera del ser y del acontecer divinos.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad el m. se refiere al origen en el sentido de principio y fundamento que concurre activamente con el acontecer c\u00f3smico e hist\u00f3rico y con la acci\u00f3n humana. De ah\u00ed\u00ad que las acciones del m. sean \u00abfundaci\u00f3n de un estado y modelo de configuraci\u00f3n ulterior, y que el m. en cuanto tal sea fundamentaci\u00f3n\u00bb (J. SLOK: RGG3 iv 1264).<\/p>\n<p>De aqu\u00ed\u00ad se sigue que el m. no se entiende a s\u00ed\u00ad mismo como ficci\u00f3n e invenci\u00f3n, sino como experiencia tradicional de la realidad, como ciencia y palabra del verdadero ser y del acontecer que lo funda todo y al que se reduce todo, no s\u00f3lo bajo la dimensi\u00f3n etiol\u00f3gica, sino tambi\u00e9n en cuanto de ah\u00ed\u00ad recibe su interpretaci\u00f3n y sentido todo ser y acontecer. Con ello se da una determinada caracterizaci\u00f3n del tiempo propio del m., que es tiempo originario y final, superior y anterior al tiempo hist\u00f3rico, pero operante en \u00e9l. Con ese tiempo se abre y finaliza el acontecer terreno y humano. Los acontecimientos m\u00ed\u00adticos tienen el car\u00e1cter de tipo y norma, de suerte que puede aplic\u00e1rseles muy bien la frase: \u00abNo sucedi\u00f3 nunca, pero es siempre.\u00bb<br \/>\nLa realidad envolvente, originaria, fundante y constitutiva del m. se torna eficaz y viva en el culto. En \u00e9l se hacen eficaces dentro del tiempo actual los acontecimientos pretemporales o escatol\u00f3gicos. La acci\u00f3n ejecutada en el culto recuerda el correspondiente acontecer m\u00ed\u00adtico, lo repite y representa en signos, acciones y gestos simb\u00f3licos. La palabra que acompa\u00f1a a la acci\u00f3n ritual repite la palabra m\u00ed\u00adtica y abre la potencia real y operante que se da en ella y que se actualiza en el momento presente.<\/p>\n<p>II. Tipos<br \/>\nDentro de esta estructura fundamental del m., es posible distinguir ciertos tipos y clasificaciones. En ellos se ejemplifica y concreta su estructura general.<\/p>\n<p>Los m. cosmog\u00f3nicos narran el origen del mundo. Este es descrito por actos de creaci\u00f3n del ser supremo, por la cooperaci\u00f3n de varias divinidades, por la lucha y disputa de los dioses, o por emanaci\u00f3n a partir de un celeste ser originario y de sus partes entendidas antropom\u00f3rficamente. Con los m. cosmog\u00f3nicos se enlazan los antropog\u00f3nicos, que hablan de la creaci\u00f3n del hombre. Est\u00e1 muy difundida la idea de la creaci\u00f3n del hombre por mezcla de sustancias materiales.<\/p>\n<p>Los m. del estado originario relatan los estados y condiciones despu\u00e9s de la creaci\u00f3n del mundo y remiten al fundamento y origen de la existencia humana y de los enigmas, situaciones, experiencias y oscuridades que se dan en ella: vida, sexo, dolor, mal, culpa y muerte. En este contexto nos salen al paso los m. de la edad de oro, del estado paradis\u00ed\u00adaco y del cambio del comienzo dichoso en la situaci\u00f3n que ahora se da por ciertos hechos m\u00ed\u00adticos que causaron la trasformaci\u00f3n: tentaci\u00f3n y ca\u00ed\u00adda, diluvio. Como contrapartida aparece el m. soteriol\u00f3gico del salvador. Los m. escatol\u00f3gicos cuentan c\u00f3mo al fin del mundo y de los tiempos se renueva \u00e9ste, aniquilado previamente por cat\u00e1strofes, y los muertos resucitan para la vida.<\/p>\n<p>III. Presupuestos y valoraci\u00f3n del mito<br \/>\nSi W.F. Otto dice que el m. es la lengua del pueblo en los tiempos primitivos, esta afirmaci\u00f3n debe precisarse en el sentido de que el m. supone ya una determinada \u00e9poca y un estadio de desarrollo de la cultura. S\u00f3lo pueden formarse mitos cuando el sentimiento de la realidad ha logrado una determinada estructuraci\u00f3n. En el estadio del animismo o del preanimismo, en que los fen\u00f3menos y acontecimientos mismos son considerados inmediatamente y sin distancia como asiento de poderes divinos u hostiles a la divinidad, el m. no tiene posibilidades de desarrollo.<\/p>\n<p>Solamente cuando se ha establecido la separaci\u00f3n entre lo sagrado y lo profano, cuando el mundo es considerado como cosmos y el hombre ha alcanzado la facultad de diferenciaci\u00f3n, cuando \u00e9l, en medio de la tendencia a la unidad, es capaz de distinguir lo divino de lo humano y de contraponer la trascendencia a la inmanencia, se da el presupuesto y la condici\u00f3n para que surjan los mitos (cf. RGG3 iv 1264).<\/p>\n<p>El enjuiciamiento y la valoraci\u00f3n del m. son muy diferentes. El m. como visi\u00f3n universal del mundo, como ensayo de interpretarlo y darle sentido en el horizonte de lo divino, de los dioses y de su historia, que son origen, fundamento y fin de todas las cosas y de todo acontecer, el m. como \u00abfundamental percepci\u00f3n transcendental\u00bb, es atribuido a la ni\u00f1ez, al estadio ingenuo, precient\u00ed\u00adfico y acr\u00ed\u00adtico de la humanidad y de su historia. El m. se considera posible solamente porque el hombre en este estadio de su historia desconoce las verdaderas causas. El que no conoce las leyes naturales pero pregunta por el fundamento, introduce por doquier a los dioses y su acci\u00f3n como raz\u00f3n de todas las cosas. La explicaci\u00f3n m\u00ed\u00adtica substituye, encubre e impide la averiguaci\u00f3n de las causas emp\u00ed\u00adricas.<\/p>\n<p>Una cr\u00ed\u00adtica del m. en el sentido de que en su forma narrativa a base de im\u00e1genes, s\u00ed\u00admbolos, personificaciones y dramatizaciones es mera invenci\u00f3n y no procura conocimiento alguno, nos sale ya al paso en la filosof\u00ed\u00ada griega en su camino del m. al logos, de la imagen a la definici\u00f3n, de la intuici\u00f3n al conocimiento. A diferencia de los sofistas que en nombre de su ilustraci\u00f3n rechazaban todos los m., y a diferencia de Arist\u00f3teles que encomendaba los m. a los poetas, Plat\u00f3n intent\u00f3 liberar los m. de sus insuficiencias y aspectos escandalosos preguntando por su logos, por su sentido y significaci\u00f3n, por la verdad oculta en ellos, para destacarla frente al m. mismo. Particularmente \u00e9l puso los m. al servicio del hablar humano sobre las cosas divinas y sobre el todo del ser.<\/p>\n<p>La ciencia moderna (sobre todo las ciencias naturales exactas) supera el m. por el descubrimiento y la determinaci\u00f3n de las causas inmanentes, calculables y verificables, que no s\u00f3lo hacen superfluo el m. y la explicaci\u00f3n que \u00e9l ofrece de todas las cosas y de todo acontecer, sino que lo hacen tambi\u00e9n imposible y lo superan. Al mismo fin llega la ciencia hist\u00f3rica, e igualmente el esclarecimiento que ofrecen la sociolog\u00ed\u00ada y la psicolog\u00ed\u00ada de los or\u00ed\u00adgenes, motivos e interrelaciones del acontecer hist\u00f3rico y del obrar humano.<\/p>\n<p>Finalmente la moderna antropolog\u00ed\u00ada filos\u00f3fica define al hombre en t\u00e9rminos enteramente desmitizados: no como escenario delobrar de potencias extrahumanas, divinas o demon\u00ed\u00adacas, sino como sujeto responsable de s\u00ed\u00ad mismo, que dispone de s\u00ed\u00ad mismo, que se siente a s\u00ed\u00ad mismo como se\u00f1or de todas las cosas y como iniciador del acontecer hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>A esta devaluaci\u00f3n del m. se contrapone otro enjuiciamiento que califica de racionalista, positivista y superficial, la cr\u00ed\u00adtica al m. que acabamos de describir y se esfuerza por sacar de nuevo a la luz el sentido profundo e imperecedero del mismo.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad se hizo en el romanticismo, sobre todo por obra de J. G\u00e4rres, F.W.J. v. Schelling, G.F. Creuzer y J.J. Bachofen, para Ios cuales el m. es expresi\u00f3n de las m\u00e1s antiguas y originarias experiencias de la humanidad, las cuales tienen una relaci\u00f3n aut\u00e9ntica e indestructible a la verdad y ofrecen una visi\u00f3n de la realidad que est\u00e1 cerrada al pensamiento puramente emp\u00ed\u00adrico y positivista, al pensamiento abstracto, racional y te\u00f3rico. En el m. se expresa seg\u00fan esta concepci\u00f3n el sentido que late en todo ser, la dimensi\u00f3n de profundidad del mundo y de la historia. Por eso la superaci\u00f3n del m. y de su mentalidad y lenguaje no representa un progreso, sino una gran p\u00e9rdida en experiencia general de la realidad. De ah\u00ed\u00ad que se deba tender, no a desvirtuar o eliminar el m., sino a interpretarlo. \u00abEl pensar m\u00ed\u00adtico no ha pasado, sino que lo compartimos en todo tiempo. Es menester recuperar el pensar m\u00ed\u00adtico en el acercamiento a la realidad\u00bb (K. Jaspers). Otra estimaci\u00f3n positiva del m. procede de la moderna ciencia de la religi\u00f3n. Aqu\u00ed\u00ad hemos de mencionar sobre todo a M. Eliade y R. Pettazoni, y tambi\u00e9n a W.F. Otto, K. Ker\u00e9nyi y L. L\u00e9vy-Bruhl. Dicha ciencia se esfuerza por demostrar que los m. y el culto relacionado con ellos no son en modo alguno absurdos, confusos o ininteligibles. M\u00e1s bien los m. y el culto del que forman parte son una vivencia del misterio de la realidad y de todo acontecer. Por eso han de interpretarse partiendo del hombre, en cuanto \u00e9ste es fiel a su ser humano y no lo reduce \u00aba una tiran\u00ed\u00ada causal de tipo t\u00e9cnico, mec\u00e1nico y l\u00f3gico\u00bb\u00bb (A.E. Jensen).<\/p>\n<p>Una afirmaci\u00f3n que ha tenido gran eficacia en la actualidad se halla en la psicolog\u00ed\u00ada de C.G. Jung. En el an\u00e1lisis del \u00abinconsciente colectivo\u00bb (descubierto y descrito precisamente por este psic\u00f3logo), del fondo an\u00ed\u00admico inconsciente, com\u00fan a todos los hombres y a la vez suprapersonal, Jung encuentra arquetipos, \u00abformas o im\u00e1genes de naturaleza colectiva\u00bb que est\u00e1n presentes y operan en toda alma, residuos \u00abde estados hist\u00f3ricos espirituales\u00bb que se transmiten por tradici\u00f3n, emigraci\u00f3n y herencia. Examinado el asunto con detenci\u00f3n, se ve que estos arquetipos son id\u00e9nticos con los motivos del m. Por otra parte, los m. no son otra cosa que proyecciones del alma, m\u00e1s concretamente, del inconsciente colectivo. Sin embargo los m., lo mismo que los arquetipos, son fen\u00f3menos sustra\u00ed\u00addos a nuestro capricho y construcci\u00f3n. Por esta ordenaci\u00f3n de los arquetipos a los m. y de los m. a los arquetipos, el m. es muy familiar al hombre y lleva en s\u00ed\u00ad cierta verdad; verdad que para Jung se agota con el hecho de existir. En el m. el hombre vuelve a encontrarse a s\u00ed\u00ad mismo. Por eso, el m. debe fundarse y entenderse, no hist\u00f3rica, racional o sociol\u00f3gicamente, sino tan s\u00f3lo psicol\u00f3gicamente. En toda tendencia a degradar o eliminar el m., Jung no puede ver m\u00e1s que un empobrecimiento y hasta una destrucci\u00f3n del hombre y de su alma.<\/p>\n<p>IV. Mitolog\u00ed\u00ada<br \/>\nPor mitolog\u00ed\u00ada pueden entenderse distintas cosas: la suma de los m. o la ciencia de los mismos. La mitolog\u00ed\u00ada puede significar tambi\u00e9n el esfuerzo por extraer y articular el sentido, la significaci\u00f3n, el logos del mito. La mitolog\u00ed\u00ada significa adem\u00e1s, a diferencia del logos en el sentido de la ciencia abstracta y te\u00f3rica, la mentalidad, la manera de conocer y el lenguaje propios del m.: el hablar por intuici\u00f3n e im\u00e1genes, el empleo de s\u00ed\u00admbolos, de la lengua de las cosas y de su car\u00e1cter de signo, el uso de representaciones sobre todo espaciales: arriba-abajo, altura-profundidad, aqu\u00ed\u00ad-m\u00e1s all\u00e1 (cf. imagen del -> mundo). En este sentido el hombre habla del m\u00e1s all\u00e1 con sus t\u00e9rminos de aqu\u00ed\u00ad, habla de lo \u00abultramundano mundanamente, de lo divino humanamente\u00bb (R. Bultmann). En la mitolog\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad entendida entra la forma de narraci\u00f3n dram\u00e1tica y la tendencia a la personificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>V. La valoraci\u00f3n teol\u00f3gica del mito<br \/>\nPara la valoraci\u00f3n teol\u00f3gica del m. queremos destacar los siguientes puntos de vista.<\/p>\n<p>1. La revelaci\u00f3n expresa de Dios, que culmina en la epifan\u00ed\u00ada hist\u00f3rica de Jesucristo, se dio y se da tambi\u00e9n a hombres que saben m\u00ed\u00adticamente de Dios y de la divinidad por -> religiones condicionadas hist\u00f3rica y sociol\u00f3gicamente. Sin embargo, la religi\u00f3n como acontecimiento y palabra, no puede deducirse del m., sino que est\u00e1 en abierto contraste con \u00e9l.<\/p>\n<p>2. Comoquiera que en la revelaci\u00f3n definitiva e hist\u00f3rica se trata de un acontecimiento y de una palabra que brotan del libre designio amoroso de Dios, lo conocido y dicho en la revelaci\u00f3n est\u00e1 emparentado con lo que quiere expresarse en el m., con lo que \u00e9ste dice en forma de representaci\u00f3n y enunciado vivo, figurado, intuitivo e hist\u00f3rico acerca de Dios y de su relaci\u00f3n con el mundo y el hombre. Sin la representaci\u00f3n pl\u00e1stica de las im\u00e1genes m\u00ed\u00adticas, ser\u00ed\u00ada vac\u00ed\u00ado el conocimiento de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios, el cual es necesario por raz\u00f3n de la verdad y avanza del m. al logos, conserv\u00e1ndolos a ambos en una unidad integral. En este sentido, la experiencia mitol\u00f3gica rectamente entendida no est\u00e1 en oposici\u00f3n con el conocimiento de la revelaci\u00f3n; m\u00e1s bien, lo mismo que el logos, se halla ordenada a \u00e9sta y participa de su car\u00e1cter anal\u00f3gico, e incluso ella misma es una manera de conocer aquello que supera todo comprender y decir, aquello que s\u00f3lo puede ser conocido \u00abcomo en un espejo y enigma\u00bb (cf. 1 Cor 13, 12; -> analog\u00ed\u00ada del ser).<\/p>\n<p>3. La revelaci\u00f3n de Dios que culmina en la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios es la superaci\u00f3n y plenitud de la compenetraci\u00f3n entre la divinidad y el mundo, entre el obrar divino y el humano, la cual en el m. se describe de m\u00faltiples maneras, aunque imprecisas, y por eso en \u00e9l m\u00e1s que cumplirse se presiente. El dramatismo y el car\u00e1cter pl\u00e1stico y concreto que dominan el m. est\u00e1n asimilados en la epifan\u00ed\u00ada de Dios en el hombre concreto Jes\u00fas y en su historia, en el que pueden cumplirse todas las promesas, pues \u00e9l es la imagen del Dios invisible, hasta el punto de decir: \u00abEl que me vea m\u00ed\u00ad, ve al Padre\u00bb (Jn 14, 9).<\/p>\n<p>Por eso es posible decir que los elementos expresados en muchos m. son aplicables a Jesucristo; muchos rasgos, im\u00e1genes y representaciones m\u00ed\u00adticas pueden tomarse para exponer el misterio de Cristo y el sentido de sus acciones y palabras. Pero estas afirmaciones no convierten en un m. la revelaci\u00f3n de Cristo, sino que ponen el m. en una relaci\u00f3n con aqu\u00e9lla reclamada por \u00e9l mismo. De ah\u00ed\u00ad resulta que la revelaci\u00f3n no s\u00f3lo no es un m., sino que dondequiera \u00e9sta reflexiona expresamente sobre tal tema, se sit\u00faa en claro y expl\u00ed\u00adcito contraste con \u00e9l: 1 Tim 1, 4; 2 Tim 4, 4; 2 Pe 1, 16. Pero es posible que la fe que reflexiona sobre la revelaci\u00f3n y la predicaci\u00f3n que la transmite hagan uso del m. y de sus elementos. La inteligencia dada en el m. est\u00e1 llamada a prestar el lenguaje adecuado para las dimensiones universales de la salvaci\u00f3n dadas en la revelaci\u00f3n. Por la referencia del m. a la persona, a la historia y a la obra salv\u00ed\u00adfica de Jesucristo, aqu\u00e9l llega simult\u00e1neamente a su consumaci\u00f3n y a su superaci\u00f3n: su final en Cristo es a la vez su consumaci\u00f3n.<\/p>\n<p>4. Por lo dicho puede tambi\u00e9n conocerse la manera como la revelaci\u00f3n es juicio y crisis del m. La revelaci\u00f3n es el \u00abno\u00bb a la determinaci\u00f3n indiferenciada de la relaci\u00f3n entre lo divino y lo humano, pues al conocer al Dios uno y trino &#8211; en contraste con los dioses &#8211; expresa a la vez la absoluta transcendencia, soberan\u00ed\u00ada y libertad de Dios frente al mundo, y describe a este mismo mundo, de forma totalmente am\u00ed\u00adtica, como obra de Dios, como creaci\u00f3n; lo cual significa simult\u00e1neamente que el mundo queda liberado en su propio ser no divino. La revelaci\u00f3n es la negaci\u00f3n del m. por el hecho de que, en contraste con \u00e9l, reconoce como notas caracter\u00ed\u00adsticas suyas la -> historia e historicidad y el -> tiempo irreversible, y dentro de este tiempo irreversible proclama lo que sucedi\u00f3 en Cristo como acontecido \u00abde una vez para siempre\u00bb. En oposici\u00f3n al m., que tiene y admite muchos dioses y muchas historias de dioses, que no declara nada concreto como obligatorio y exclusivo, que presenta tantas variaciones, la revelaci\u00f3n reclama para sf exclusividad obligatoria, proclama la decisi\u00f3n concreta de Dios en Jes\u00fas de Nazaret, la cual reviste un car\u00e1cter universal, y exige una respuesta personal y una decisi\u00f3n existencial en la fe.<\/p>\n<p>El hombre descrito en la revelaci\u00f3n no es, en contraste con el m., una naturaleza sometida a los poderes del destino, que no dispone y responde y se decide en ella, quereconoce la acci\u00f3n de Cristo como liberaci\u00f3n para ser ella misma y como liberaci\u00f3n de los dioses, elementos, se\u00f1ores, fuerzas y potencias del destino que llenan el m. De esta manera la revelaci\u00f3n viene a ser aquel horizonte en que el hombre encuentra su recto lugar y asume su verdadera significaci\u00f3n (cf. tambi\u00e9n -> desmitizaci\u00f3n).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: S. Reinach, Cultes, Mythes et Religions, 4 vols. (P 1905-12); E. Troeltsch, Logos und M. in Theologie und Religionsphilosophie: Ges. Schriften I1 (1913, reimpr. Aalen 21962) 805-836; E. Cassirer, Die Begriffsform im mythischen Denken (L 1922); \u00ed\u00addem, Sprache und M. (L 1925); L. L\u00e9vy-Bruhl, La mentalit\u00e9 primitive (P 1922); E. Unger, Wirklichkeit, M., Erkenntnis (Mn 1930); K. Th. Preuss, Der religi\u00f6se Gehalt der Mythen (T 1933); L. L\u00e9vy-Bruhl, La mythologie primitive (P 1935); W. F. Otto, Dionysos. M. und Kultus (F 21939); C. G. Jung, Psychologie und Religion (Z &#8211; L 1940); H. W. Bartsch (dir.), Kerygma und M. Iss (H 1948 ss y frec.); R. Pettazzoni, Miti e leggende, 2 vols. (Tn 1948-53); R. Bullmann, Das Urchristentum im Rahmen der antiken Religionen (1949, Z 21954); G. van der Leeuw, Die Bedeutung der Mythen: homenaje a A. Bertholet, bajo la dir. de W. Baumgartner y otros (T 1950) 287-293; A. E. Jensen, M. und Kult bei Naturv\u00f6lkern (Wie 1951); C. G. Jung &#8211; K. Ker\u00e9nyi, Einf\u00fchrung in das Wesen der Mythologie (1941, Z 41951); Ch. Hartlieh &#8211; W. Sacks, Der Ursprung des M.begriffes in der modernen Bibelwissenschaft (T 1952); E. Bue\u00df, Geschichte des mythischen Erkennens (Mn 1953); E. Cassirer, Filosof\u00ed\u00ada de las formas simb\u00f3licas 3 vols. (F de C E M\u00e9x 1964); J. L. Seifer:, S\u00fcndendeutung des M. Die Trinit\u00e4t in den Mythen der Urv\u00f6lker (W &#8211; Mn 1954); J. Bernhart, Bibel und M. (Mn 1954); K. Jaspers &#8211; R. Bultmann, Die Frage der Entmythologisierung (Mn 1954); L. Malevez, Le message chr\u00e9tien et le mythe (Bru 1954); M. Eliade; K. Ker\u00e9nyi, Umgang mit G\u00f6ttlichem (G\u00f6 1955); H. Knittermeyer, Das Problem des M. (Wilhelmshaven 1955); Leeuw; H. Rahner, Griechische Mythen in christlicher Deutung (Z 21957); M. Vereno, Vom M. zum Christus (Sa 1958); \u00ed\u00addem, Mythisches Wissen und Offenbarung (Mr 1958); S. Hooke (dir.), Myth, Ritual and Kingship (0 1958); A. Ktrehgdssner, El simbolismo sagrado en la liturgia (Fa Ma 1964); H. Fries, Entmythologisierung III: LThK2 III 901-904; Wem, M. und Offenbarung: FThH 11-43; J. Slok &#8211; J. Haekel &#8211; S. Mowinckel &#8211; E. Fuchs &#8211; H. Meyer, M. und Mythologie: RGG3 IV 1263-1284; M. Eliade, Mitos, sue\u00f1os y misterios (Fabril B Aires); A. Alvarez de Miranda, La met\u00e1fora y el mito (Taurus Ma); J.A. Collado, Del mito al conocimiento de fe, en \u00abAtl\u00e1ntida\u00bb 3 (1965) 135-146; J.-M. S\u00e1nchez Butz, Raz\u00f3n, mito y tragedia (Zurich 1964); A. Fern\u00e1ndez Pombo, Los grandes mitos de la humanidad (Ma 1967); J. de Vries, Forschungsgeschichte der Mythologie (Fr &#8211; Mn 1961); H. W. Haussig (dir.), W\u00f6rterbuch der Mythologie (St 1961 ss); K. S. Diehl, Religions, Mythologies, Folklores. An Annotated Bibliography (Lo 1962); H. Fries, Mythentheorie: LThK2 VII 745 ss; G. Lanczkowski &#8211; H. Fries: LThK2. VII 746-752; A. Anwander, Zum Problem des M. (Wii 1963); P. Barthel, Interpr\u00e9tation du langage mythique et th\u00e9ologie biblique (Lei 1963); R. Marl\u00e9: HThG I1 193-201; W. M\u00fcller, Der M. heute und die Wissenschaft von gestern: Antaios 4 (St 1963) 501-520; J. L. McKenzie, Mythos and Realities. Studies in Biblical Theology (Lo 1963); K. Ker\u00e9nyi, Theos und M.: Griechische Grundbegriffe, Albae Vigiliae, bajo la dir. de K. Ker\u00e9nyi, NF XIX (P 1964) 11-28; idem, Theos und M.: Religion und Religionen (homenaje a Gustav Mensching) (Bo 1964) 131-142; H. Schlier, Das NT und der M.: Besinnung auf das NT (Fr 1964) 83-96; H. Fries, Entmythologisierung und theol. Wahrheit: Rahner GW I 366-391; R. Bullmann, Jesus Christus und die Mythologie. Das NT im Licht der Bibelkritik (H 1964); H. Jonas, Gnosis und sp\u00e4tantiker Geist, Teil I: Die mythologische Gnosis (G\u00f6 31964); R. Halver, Der M. im letzten Buch der Bibel (H 1964); F. Vonessen, M. und Wahrheit (Ei 1964); Ph. Dessauer, M., Weltbild, Existenz: Interpretation der Welt (homenaje a Romano Guardini), bajo la dir. de H. Kuhn y otros (Wtl 1965) 426-444; J. Pieper, \u00dcber die platonischen Mythen (Mn 1965); G. Widengren, Mythe et foi i1 la lumi\u00e9re de la ph\u00e9nom\u00e9nologie religieuse: Mito e fette&#8230; (R 1966) 315-331; A. Dulles, Symbol, Myth and the Biblical Revelation: ThSt 27 (1966) 1-26; 0. Cullmann, M. und \u00abEntmythologisierung\u00bb im NT: Vortr\u00e4ge und Aufs\u00e4tze 1925-1962 (T 1966) 125-140; N. Brox, Offenbarung, Gnosis und gnostischer M. bei Iren\u00e4us von Lyon (Sa 1966); J. B. Lots, Inkarnation und M. als Wurzel sakraler Kunst: Der Mensch im Sein (Fr 1967) 535-561; C. Colpe, Das Ph\u00e4nomen der nachchristlichen Religion in M. und Messianismus: Der christliche Glaube und die Religionen, bajo la dir. de C. H. Ratschow (B 1967) 42-87; 0. Loretz, Sch\u00f6pfung und M. (St 1968).<\/p>\n<p>Heinrich Fries<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>Gr. <\/span><span style=''>mythos<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018cuento\u2019, \u2018f\u00e1bula\u2019; <\/span><span style=''>mythologia<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018narraci\u00f3n\u2019, \u2018relaci\u00f3n de cuentos\u2019. En la <span style='text-transform:uppercase'>LXX<\/span> este grupo de palabras aparece raramente, y jam\u00e1s en los libros traducidos de la Biblia hebrea. En <etiqueta id=\"#_ftn647\" name=\"_ftnref647\" title=\"\">Ecl. 20.19 (<\/etiqueta><\/span><etiqueta id=\"#_ftn648\" name=\"_ftnref648\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0bj<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''>) se compara al hombre sin gracia con un \u201ccuento inoportuno (<\/span><span style=''>mythos akairos<\/span><span lang=ES style=''>)\u201d; en Baruc 3.23 los \u201cautores de f\u00e1bulas (<\/span><span style=' '>mythologoi<\/span><span lang=ES style=' '>) \u2026 no conocieron el camino de la sabidur\u00eda\u201d. En el NT <\/span><span style=''>mythos<\/span><span lang=ES style=''> aparece \u00fanicamente en las ep\u00edstolas pastorales y en 2 Pedro, y siempre en sentido despreciativo. A Timoteo se le dice que debe desalentar el inter\u00e9s en \u201cf\u00e1bulas (\u201cmitos\u201d, <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0ba<\/span><span lang=ES style=''>) y genealog\u00edas interminables, que acarrean disputas (1 Ti. 1.4). Hay referencias similares a \u201cf\u00e1bulas profanas y de viejas\u201d (1 Ti. 4.7), \u201cf\u00e1bulas\u201d hacia las que los falsos maestros atraen a los oyentes que tienen \u201ccomez\u00f3n de o\u00edr\u201d (2 Ti. 4.4), y \u201cf\u00e1bulas judaicas\u201d a las que los creyentes no deben prestar atenci\u00f3n (Tit. 1.14). Quiz\u00e1 se est\u00e9 haciendo referencia a una mezcla de especulaciones judaizantes y gnostizantes. Dichos \u201cmitos\u201d o \u201cf\u00e1bulas\u201d se contraponen a la verdad del evangelio: \u201cno os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Se\u00f1or Jesucristo siguiendo f\u00e1bulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad\u201d (2 P. 1.16).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En el uso moderno este grupo de palabras tiene una gran variedad de significados.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>1. <i>La escuela del \u201cmito y el ritual\u201d<\/i>. El \u201cmito\u201d es el relato del que el ritual es la representaci\u00f3n dram\u00e1tica. T. H. Gaster (<i>Thespis<\/i>, 1950) interpreta los textos religiosos de Ugarit como \u201cmitos\u201d de ritos estacionales de vaciamiento y llenamiento, los que procura reconstruir. El <\/span><span style=''>Akitu<\/span><span lang=ES style=''> o festival de a\u00f1o nuevo de Babilonia se ha considerado por algunos como un ejemplo de un esquema ritual del Cercano Oriente en el que el rey representaba el papel del dios que muere y se levanta, y era considerado como la personificaci\u00f3n o como el representante y mediador del dios ante el pueblo. En este sentido un acontecimiento hist\u00f3rico, o una serie de acontecimientos hist\u00f3ricos, pod\u00eda servir como \u201cmito\u201d, como cuando el relato de Ex. 1\u201315 se considera como el <\/span><span style=''>mythos<\/span><span lang=ES style=''> de la comida pascual que se representaba anualmente, o la narraci\u00f3n de la pasi\u00f3n como el <\/span><span style=''>mythos<\/span><span lang=ES style=''> de la Cena del Se\u00f1or que se repite con mayor frecuencia todav\u00eda (cf. 1 Co. 11.26).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>2. <i>El programa de la \u201cdesmitologizaci\u00f3n\u201d<\/i>. Este programa fue lanzado mediante un ensayo de R. Bultmann (<i>New Testament and Mythology<\/i>, 1941) que sosten\u00eda que, si se ha de representar efectivamente en el d\u00eda de hoy el \u201cesc\u00e1ndalo\u201d genuino de la cruz, el evangelio tiene que ser depurado (\u201cdesmitologizado\u201d) de rasgos pertenecientes a la visi\u00f3n del mundo de aquellos a quienes les fue predicado primeramente: no s\u00f3lo del universo de \u201ctres pisos\u201d, sino del concepto de que este mundo est\u00e1 abierto a invasi\u00f3n de parte de poderes trascendentes. Parte de este aparato mitol\u00f3gico detectado en el NT pertenece, seg\u00fan se ha pensado (con base insuficiente) a un mito-redentor de origen iranio elaborado en diversas escuelas gn\u00f3sticas, especialmente en el manda\u00edsmo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>3. <i>El \u201cmito\u201d en la teolog\u00eda<\/i>. Este es el t\u00edtulo de un ensayo de M. F. Wiles (<etiqueta id=\"#_ftn649\" name=\"_ftnref649\" title=\"\"><i>BJRL<\/i><\/etiqueta> 59, 1976\u201377, pp. 226ss) que se refiere a otro uso moderno: el que se presupone, <etiqueta id=\"#_ftn650\" name=\"_ftnref650\" title=\"\">p. ej., en el t\u00edtulo del simposio <\/etiqueta><i>The Myth of God Incarnate<\/i>, 1977 (al que el mismo Wiles contribuye), en el que el mito parece ser la representaci\u00f3n pict\u00f3rica e imaginativa de una realidad ontol\u00f3gica (tal como la uni\u00f3n de lo humano y divino en el coraz\u00f3n de la personalidad humana). El uso teol\u00f3gico de este grupo de palabras comienza con D. F. Strauss (<i>Life of Jesus<\/i>, 1835), pero en lenguaje m\u00e1s amplio sigue siendo inaceptable porque el significado popular dominante del mito es el de que no se trata de algo meramente falso sino decididamente enga\u00f1oso, como el espejismo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Muy distinto, y mucho m\u00e1s adecuado, es el punto de vista de C. S. Lewis y otros, seg\u00fan los cuales el \u201cmito se hizo Hecho\u201d cuando Dios se hizo hombre, de modo que las aspiraciones y la intuici\u00f3n del alma humana que anteriormente encontraban expresi\u00f3n mitol\u00f3gica han recibido una respuesta satisfactoria en los acontecimientos hist\u00f3ricos del evangelio, principalmente en la encarnaci\u00f3n y la redenci\u00f3n que el mismo anuncia.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> \u00b0W. Pannenberg, <i>Cuestiones fundamentales de teolog\u00eda sistem\u00e1tica<\/i>, 1976; A. M. Greeley, <i>El mito de Jes\u00fas<\/i>, 1973; J. S. Croatto y otros, <i>Mito y hermen\u00e9utica<\/i>, 1973; L. Cencillo, <i>Mito, sem\u00e1ntica y realidad<\/i>, 1970; P. Reynes-Lyons, <i>Mitos, ritos y costumbres seculares en las sociedades antiguas<\/i>, 1964; G. del Olmo Lete, <i>Mitos y leyendas de Cana\u00e1n seg\u00fan la tradici\u00f3n de Ugarit<\/i>, 1981; R. Bultmann, <i>Jesucristo y mitolog\u00eda<\/i>, 1970; P. Ricoeur, <i>Introducci\u00f3n a la simb\u00f3lica del mal<\/i>, 1976; H. Schlier, <i>Problemas exeg\u00e9ticos fundamentales en el Nuevo Testamento<\/i>, 1970, pp. 89\u2013109; J. Henninger, \u201cMito\u201d, <i>\u00b0EBDM<\/i>, t(t). V, cols. 217\u2013221.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>H. W. Bartsch (eds.), <i>Kerygma and Myth<\/i>, 1, 1953; 2, 1962; F. F. Bruce, \u201cMyth and History\u201d en C. Brown (eds.), <i>History, Criticism and Faith<\/i>, 1976, pp. 79ss; id., \u201cMyth\u201d, <i>NIDNTT<\/i> 2, pp. 643\u2013647, con bibliograf\u00eda; D. Cairns, <i>A Gospel without Myth<\/i>, 1960; S. H. Hooke (eds.), <i>Myth, Ritual and Kingship<\/i>, 1958; G. V. Jones, <i>Christology and Myth in the New Testament<\/i>, 1956; C. S. Lewis, <i>Till we have Faces<\/i>, 1956; W. Pannenberg, \u201cThe Later Dimensions of Myth in Biblical and Christian Tradition\u201d, <i>Basic Questions in Theology<\/i>, 3, 1972, pp. 1ss; J. W. Rogerson<i>, Myth in Old Testament Interpretation<\/i>, 1974.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn651\" name=\"_ftnref651\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>F.F.B.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. El concepto de mito En su significaci\u00f3n originaria, mito (m.) significa palabra, conocimiento, lengua, mensaje; m. puede significar tambi\u00e9n acontecer e historia. La palabra y el mensaje del m. se refieren a la totalidad de la existencia, del mundo y de las cosas, y ata\u00f1en a sus or\u00ed\u00adgenes, relaciones y finalidad. El m. se &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/mito-mitologia-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMITO, MITOLOGIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-18968","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18968","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18968"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18968\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18968"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18968"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18968"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}