{"id":18974,"date":"2016-02-05T12:10:33","date_gmt":"2016-02-05T17:10:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/natalidad-regulacion-y-control-de-la\/"},"modified":"2016-02-05T12:10:33","modified_gmt":"2016-02-05T17:10:33","slug":"natalidad-regulacion-y-control-de-la","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/natalidad-regulacion-y-control-de-la\/","title":{"rendered":"NATALIDAD, REGULACION Y CONTROL DE LA"},"content":{"rendered":"<p>I. Concepto y problema<br \/>\nRegulaci\u00f3n (r.) de la natalidad (n.) y control (c.) de la n., son expresiones que a veces se usan como sin\u00f3nimas. En parte se emplean para designar la r. del n\u00famero de nacimientos que moralmente puede o no puede defenderse. La r. de la n. puede actuar entonces como fomento de nacimientos (en determinadas circunstancias lleva a la fecundaci\u00f3n artificial); pero las m\u00e1s de las veces es practicada con el objeto de limitarlos. La limitaci\u00f3n de nacimientos puede lograrse por la continencia sexual, por la interrupci\u00f3n del embarazo por la muerte del ni\u00f1o, o impidiendo la concepci\u00f3n en la funci\u00f3n sexual. La limitaci\u00f3n de nacimientos es una meta que el hombre persigui\u00f3 siempre en determinadas circunstancias, las m\u00e1s de las veces a sabiendas, pero algunas veces inconscientemente, as\u00ed\u00ad, p. ej., cuando por motivos religiosos se practic\u00f3 el sacrificio de ni\u00f1os, costumbre muy extendida en ciertos tiempos. Este objetivo se logr\u00f3 y se sigue logrando hoy todav\u00ed\u00ada en medida aterradora provocando el aborto y dando muerte al reci\u00e9n nacido, y no s\u00f3lo por los medios anticonceptivos. Como acerca de la ilicitud de la limitaci\u00f3n de nacimientos mediante el aborto o la muerte del reci\u00e9n nacido se hablar\u00e1 en relaci\u00f3n con los delitos contra la -> vida, nuestro cometido ser\u00e1 el de aclarar si en ciertas circunstancias pueden permitirse los medios para impedir la concepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los m\u00e9todos para impedir la concepci\u00f3n son extraordinariamente numerosos, de modo que s\u00f3lo los especialistas pueden conocerlos en toda su amplitud. No se sabe con claridad cient\u00ed\u00adfica el modo concreto de actuar de cada uno de los m\u00e9todos. En todo caso no se puede hablar sin m\u00e1s de m\u00e9todo anticonceptivo si la intervenci\u00f3n produce la muerte de un \u00f3vulo ya fecundado. Con frecuencia se emplean m\u00e9todos ineficaces, y entre los primitivos se usaron incluso m\u00e9todos m\u00e1gicos. S\u00f3lo desde el siglo XIX se ha extendido sistem\u00e1tica y universalmente el conocimiento de los medios anticonceptivos.<\/p>\n<p>Las razones que conducen a la limitaci\u00f3n de los nacimientos son de naturaleza econ\u00f3mica, social, eugen\u00e9sica, m\u00e9dica, personal y tambi\u00e9n religiosa.<\/p>\n<p>El problema de la r. de la n. se plantea hoy d\u00ed\u00ada en una medida desconocida en tiempos pasados. Es decisiva a este respecto la singular explosi\u00f3n de la poblaci\u00f3n, por la que los habitantes de la tierra aumentan en proporciones inconcebibles hasta ahora. Esa explosi\u00f3n de la poblaci\u00f3n se debe a los progresos de la medicina, que con sus medios disminuye la mortalidad infantil y maternal y prolonga la vida, a la prolongaci\u00f3n del per\u00ed\u00adodo de fecundidad de las mujeres, y al n\u00famero cada vez mayor de las que dan a luz (crecimiento natural). A ese factor hay que a\u00f1adir: las crecientes aspiraciones sociales y econ\u00f3micas de los hombres en medio de una presi\u00f3n social y econ\u00f3mica cada vez mayor a causa del cambio de las circunstancias sociol\u00f3gicas; e igualmente la carga mayor que representan hoy los hijos, pues \u00e9stos, por una parte, ya no son econ\u00f3micamente \u00fatiles como en las culturas agrarias no desarrolladas y, por otra, necesitan de una educaci\u00f3n mucho m\u00e1s amplia que antes. Tambi\u00e9n desempe\u00f1an su papel la importancia creciente de los factores subjetivos de la sexualidad, el sexualismo tan extendido y la propagaci\u00f3n sistem\u00e1tica de la limitaci\u00f3n de nacimientos. Finalmente, puesto que cada vez act\u00faa menos la selecci\u00f3n natural y aumentan las mutaciones fenot\u00ed\u00adpicas, crece la importancia de los puntos de vista eugen\u00e9sicos en orden a la r. de la natalidad.<\/p>\n<p>Como estas razones, por lo menos en una parte muy importante, no pueden buscarse en el \u00e1mbito de la intimidad del hombre, ni tampoco en la falta de voluntad de tener hijos, sino en las deficientes circunstancias sociales, es evidente que la soluci\u00f3n de los problemas en cuesti\u00f3n debe intentarse a base de medidas igualmente sociales, las cuales permitan a los c\u00f3nyuges una r. aut\u00f3noma de los nacimientos.<\/p>\n<p>Es un serio deber de los pastores de almas el despertar la conciencia de los responsables a este respecto, y es asimismo una urgente tarea mundial de los fieles el crear circunstancias agradables para las familias.<\/p>\n<p>II. Posici\u00f3n de la Iglesia<br \/>\n1. Tradici\u00f3n<br \/>\nLa posici\u00f3n de la Iglesia en orden a los medios anticoncepcionales &#8211; en la medida en que podemos perseguir esta cuesti\u00f3n en el pasado &#8211; ha sido negativa. Es cierto que nunca se predic\u00f3 expresamente el ideal de que se tuviera el mayor n\u00famero posible de hijos y que, por el contrario, desde los dfas de la antigua Iglesia contamos con testimonios donde se ve c\u00f3mo \u00e9sta mostr\u00f3 comprensi\u00f3n en lo relativo a una limitaci\u00f3n del n\u00famero de hijos por diversas razones. Pero la Iglesia ha rechazado siempre hasta nuestro siglos los medios anticonceptivos y ha recomendado la continencia. Sin embargo no se puede hablar sin m\u00e1s de una tradici\u00f3n teol\u00f3gica en esta cuesti\u00f3n; especialmente la teolog\u00ed\u00ada de los \u00faltimos decenios ha mostrado con m\u00e1s claridad cada vez el hecho de que la revelaci\u00f3n no da una respuesta clara a la cuesti\u00f3n del c. de la n. En este punto las reflexiones partieron en gran parte de una interpretaci\u00f3n de la naturaleza de la -> sexualidad y del -> matrimonio.<\/p>\n<p>Esa interpretaci\u00f3n estaba determinada a su vez por la concepci\u00f3n reinante en el tiempo respectivo y por la consecuente perspectiva unilateral, de manera que no es f\u00e1cil captar el aut\u00e9ntico n\u00facleo de la tradici\u00f3n teol\u00f3gica en medio de esas concepciones cambiantes. En relaci\u00f3n con nuestra cuesti\u00f3n sin duda ese n\u00facleo ha de verse en que la exclusi\u00f3n por principio de los hijos anular\u00ed\u00adala intenci\u00f3n matrimonial, como la anular\u00ed\u00ada tambi\u00e9n la exclusi\u00f3n por principio de la entrega matrimonial (Schiliebeeckx). De acuerdo con la perspectiva del tiempo respectivo, este n\u00facleo aparec\u00ed\u00ada en parte bajo formas muy extra\u00f1as.<\/p>\n<p>a) As\u00ed\u00ad seg\u00fan la mente de los padres y especialmente de Agust\u00ed\u00adn, figura decisiva de esta orientaci\u00f3n, en principio hay que reducir a un m\u00ed\u00adnimo el uso de la sexualidad. Hay que tolerarlo, m\u00e1s que permitirlo, a causa de la necesidad de descendencia. Para los padres el sentido originario de la sexualidad es s\u00f3lo la procreaci\u00f3n; y a consecuencia del pecado de Ad\u00e1n aqu\u00e9lla se halla hasta tal punto bajo la ley de la -> concupiscencia, que, propiamente, de hecho no puede actualizarse sin pecado. S\u00f3lo la voluntad actual de procreaci\u00f3n justifica el deseo del encuentro matrimonial, pero en tal encuentro no se puede buscar el placer, pues \u00e9ste es desordenado a causa de la concupiscencia.<\/p>\n<p>Partiendo de aqu\u00ed\u00ad Agust\u00ed\u00adn llega al extremo de afirmar contra los pelagianos que toda uni\u00f3n sexual ser\u00ed\u00ada una entrega no justificada al mal de la libido, si hubiera otra posibilidad de procreaci\u00f3n. Consecuentemente Agust\u00ed\u00adn manten\u00ed\u00ada la opini\u00f3n de que la recta castidad en el matrimonio evita el comercio matrimonial, si no existe esperanza alguna de concepci\u00f3n. Pero, en virtud de una indulgencia apost\u00f3lica expresada en 1 Cor 7, por motivo de la fidelidad matrimonial tambi\u00e9n en ese caso queda excusada de pecado la prestaci\u00f3n del d\u00e9bito matrimonial. Pero el c\u00f3nyuge que exige la prestaci\u00f3n del d\u00e9bito por encima de la medida necesaria para la procreaci\u00f3n para preservarse del peligro de la lujuria, comete un pecado venial. En tal caso, a causa del afecto matrimonial se perdona o evita hasta cierto punto el pecado mortal. Partiendo de esta idea, resulta del todo comprensible que se rechazara cualquier medio de evitar la concepci\u00f3n.<\/p>\n<p>b) En la doctrina moral de la escol\u00e1stica primitiva sobre el matrimonio se toma como criterio de enjuiciamiento moral el hecho de si el c\u00f3nyuge en su acci\u00f3n se deja determinar por el placer sexual o no, y de acuerdo con esto se decide la culpabilidad o la inocencia. Por consiguiente, se rechazan con plena l\u00f3gica los medios anticoncepcionales.<\/p>\n<p>c) En la alta escol\u00e1stica se ve m\u00e1s claramente que la sexualidad, por naturaleza &#8211; y no s\u00f3lo en el estado postlapsario o en virtud de una indulgencia apost\u00f3lica &#8211; tambi\u00e9n tiene su sentido en la ayuda mutua, aunque s\u00f3lo en dependencia de la funci\u00f3n procreativa y con subordinaci\u00f3n a ella. Ahora el placer sexual se considera claramente como creado por Dios, pero se cree que no es l\u00ed\u00adcito buscar ese placer, pues, a causa de la lesi\u00f3n de la naturaleza por el pecado original, aqu\u00e9l no est\u00e1 sometido al esp\u00ed\u00adritu. Por esa raz\u00f3n los te\u00f3logos de esta \u00e9poca s\u00f3lo permiten el comercio sexual cuando es posible la procreaci\u00f3n. En consecuencia, tambi\u00e9n en ese tiempo se proh\u00ed\u00adben las intenciones y los medios anticonceptivos. E incluso se considera que \u00e9stos atentan contra la naturaleza m\u00e1s que el incesto, el cual, por lo menos, conserva la ordenaci\u00f3n natural de lo sexual a la procreaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con todo, comienza t\u00ed\u00admidamente a abrirse camino una nueva actitud respecto de la sexualidad, en cuanto se reconoce que el placer sexual ha sido creado por Dios y que en el para\u00ed\u00adso habr\u00ed\u00ada sido mayor, pero estando subordinado al esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>d) Desde los siglos xvi y xvii, en disputa con el rigorismo de los padres y de los escol\u00e1sticos, representado en forma extrema por los jansenistas, por motivos pastorales se intentaba superar el matiz negativo de la \u00e9tica sexual y matrimonial, justificando el encuentro sexual realizado por causa del amor matrimonial (voluptatis causa se dec\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada en la terminolog\u00ed\u00ada de entonces). Pero este esfuerzo estaba condenado al fracaso porque situaba en el centro de sus reflexiones solamente la copula per se apta ad generationem, y no se atrev\u00ed\u00ada a revisar la convicci\u00f3n b\u00e1sica de que el sentido originario y fundamental de la sexualidad consiste exclusivamente en la procreaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, tras largas reflexiones, se lleg\u00f3 a la idea de que es l\u00ed\u00adcito buscar el placer del comercio sexual si no se hace nada contra la innata ordenaci\u00f3n de la sexualidad a la procreaci\u00f3n, pues de este modo se mantiene suficientemente la funci\u00f3n de la sexualidad que justifica el placer. As\u00ed\u00ad el criterio decisivo de la intenci\u00f3n que justificaba el comercio sexual fue una norma negativa. O sea, qued\u00f3 en segundo plano una \u00e9tica positiva, personalista de lo sexual, a favor de una estructura formal y objetiva del acto y, con ello, a favor de una \u00e9tica que juzga el comportamiento humano a partir de las cosas, en lugar de proceder a la inversa.<\/p>\n<p>Esta \u00e9tica tiene su expresi\u00f3n m\u00e1s consecuente en la enc\u00ed\u00adclica Casti connubii de P\u00ed\u00ado xi, donde se formula expl\u00ed\u00adcitamente la ilicitud de los medios anticonceptivos: \u00abTodo uso del matrimonio, en el que el acto se ve privado por el arbitrio del hombre de su fuerza natural para la producci\u00f3n de una nueva vida, va contra la ley de Dios y de la naturaleza; y los que hacen esto manchan su conciencia con culpa grave\u00bb (Dz 2240).<\/p>\n<p>Al mismo tiempo se abre la puerta para una interpretaci\u00f3n personal de lo sexual. Pues la norma positiva de la entrega matrimonial, la de ser expresi\u00f3n del amor personal, se subraya con m\u00e1s claridad cada vez, primeramente al acentuarse con fuerza progresiva que el finis operantis del encuentro sexual puede consistir en una muestra de amor, y no tiene por qu\u00e9 ser necesariamente la procreaci\u00f3n. Partiendo de esta visi\u00f3n de las cosas P\u00ed\u00ado xi pudo permitir sin dificultades la elecci\u00f3n de tiempo y, con ello, la intenci\u00f3n de impedir la concepci\u00f3n cuando existen motivos razonables, siendo as\u00ed\u00ad que con ello se situaba en una posici\u00f3n diametralmente opuesta a la \u00abtradici\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Fue m\u00e1s lejos todav\u00ed\u00ada P\u00ed\u00ado xii, al rechazar la fecundaci\u00f3n artificial con este razonamiento: \u00abEl acto matrimonial es una actuaci\u00f3n personal en su estructura, una cooperaci\u00f3n inmediata y simult\u00e1nea entre los esposos. Por la naturaleza de los que act\u00faan y por la peculiaridad de la acci\u00f3n, es expresi\u00f3n de la entrega mutua; esa expresi\u00f3n, de acuerdo con las palabras de la Escritura, produce la unificaci\u00f3n \u00aben una sola carne\u00bb\u00bb (Discurso del 29-10-1951: AAS 43 [1951] 835-854). Con esto se reconoce oficialmente que el finis operis de la entrega matrimonial es tambi\u00e9n la expresi\u00f3n del amor.<\/p>\n<p>Es evidente que sobre este trasfondo se ampli\u00f3 y profundiz\u00f3 la conciencia de la licitud y obligatoriedad del c. de la natalidad. As\u00ed\u00ad P\u00ed\u00ado xi acentu\u00f3 expresamente el derecho a limitar el n\u00famero de nacimientos y en determinadas circunstancias, y P\u00ed\u00ado xii lleg\u00f3 incluso a decir que razones proporcionadas pueden desligar de la obligaci\u00f3n de procrear \u00abdurante largo tiempo y hasta durante todo el tiempo del matrimonio\u00bb. Adem\u00e1s, P\u00ed\u00ado xii, Pablo vi y el Vaticano II han resaltado la obligaci\u00f3n de un c. de la n. a base de una paternidad responsable.<\/p>\n<p>P\u00ed\u00ado xii no se atrevi\u00f3 a reconocer la licitud de medios anticonceptivos, sin duda bajo la impresi\u00f3n de que la estructura fisiol\u00f3gica del acto sexual puede alterarse por intervenci\u00f3n del hombre a lo sumo por el bien fisiol\u00f3gico del afectado, pero no en inter\u00e9s de otros valores, aunque sean del interesado mismo. La cuesti\u00f3n de con qu\u00e9 derecho se parti\u00f3 de esta suposici\u00f3n es respondida por te\u00f3logos y cient\u00ed\u00adficos de manera diversa, de modo que Pablo vi se vio obligado a crear una comisi\u00f3n especial para el estudio de la problem\u00e1tica relativa al c. de la natalidad.<\/p>\n<p>A la vista de estas cuestiones no resueltas, el Vaticano II en la Constituci\u00f3n pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy se conforma con afirmar: por una parte, que \u00ablos actos con los que los esposos se unen \u00ed\u00adntima y castamente entre s\u00ed\u00ad, son honestos y dignos, y, ejecutados de manera verdaderamente humana, significan y favorecen el don rec\u00ed\u00adproco\u00bb (49); y por otra parte, que \u00abel matrimonio y el amor matrimonial est\u00e1n ordenados por su propia naturaleza a la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de los hijos\u00bb (50). Por eso los esposos deben cumplir magn\u00e1nimamente su misi\u00f3n de procrear y, a la vez, como padres humana y cristianamente responsables, decidir por s\u00ed\u00ad mismos el n\u00famero de sus hijos. Y el concilio a\u00f1ade que, \u00abcuando la intimidad conyugal queda interrumpida, puede correr riesgos la fidelidad y quedar comprometido el bien de los hijos\u00bb (51).<\/p>\n<p>La enc\u00ed\u00adclica Humanae vitae de Pablo vr, publicada el 25-7-1968, no ha tra\u00ed\u00addo ning\u00fan cambio esencial. Exhorta a una paternidad responsable, pero, en lo referente a los medios de c. de la n., en t\u00e9rminos generales no admite otro que el ya cl\u00e1sico de la elecci\u00f3n de tiempo. A este respecto pide a los hombres de ciencia un esclarecimiento m\u00e1s exacto del ritmo de la naturaleza. La argumentaci\u00f3n de la enc\u00ed\u00adclica ha provocado abundantes discusiones.<\/p>\n<p>2. Exposici\u00f3n sistem\u00e1tica<br \/>\nDe esta evoluci\u00f3n de la doctrina eclesi\u00e1stica se desprenden los siguientes puntos como base para resolver el problema relativo a la licitud del c. de la natalidad:<br \/>\na) La r. consciente y, con frecuencia, tambi\u00e9n la limitaci\u00f3n de nacimientos son hoy en muchos casos una seria obligaci\u00f3n moral de los -> padres, pues de otra manera se ocasiona graves perjuicios al matrimonio, a la familia y a la sociedad.<\/p>\n<p>b) La entrega matrimonial, por encima de la procreaci\u00f3n e independientemente de ella, tiene un valor moral, si en medio de la castidad matrimonial viene a ser expresi\u00f3n y realizaci\u00f3n del amor que se entrega totalmente.<\/p>\n<p>El problema relativo a la licitud moral de la r. de la n. culmina en esta cuesti\u00f3n: \u00bfEn qu\u00e9 circunstancias el encuentro sexual puede ser expresi\u00f3n de amor, aun excluida la fecundidad?<br \/>\nLa respuesta habitual hasta ahora dice: Siempre que dicho encuentro, por una parte, sea buscado con la intenci\u00f3n del que se entrega y, por otra, no quede despojado por la intervenci\u00f3n humana de su orientaci\u00f3n connatural a la fecundidad, a no ser que esa intervenci\u00f3n sea necesaria para el mantenimiento de la salud del interesado. De otro modo, mediante esta intervenci\u00f3n se intentar\u00ed\u00ada quitar eficacia a la entrega total de s\u00ed\u00ad mismo con el dinamismo que va inherente a ella, y as\u00ed\u00ad se pretender\u00ed\u00ada poner un acto contradictorio, que por tanto se anular\u00ed\u00ada a s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>Desde este punto de vista se considera permitida la elecci\u00f3n de tiempo, porque deja intacto el acto biol\u00f3gico y en su intenci\u00f3n sigue estando orientada hacia un orden objetivo previamente dado. En esta cuesti\u00f3n de la elecci\u00f3n de tiempo, hay que tener en cuenta adem\u00e1s que la historia del amor de un matrimonio no puede sin m\u00e1s situarse paralelamente a la secuencia temporal del ciclo biol\u00f3gico de una mujer, ya que puede ser conveniente un encuentro matrimonial precisamente en un momento poco propicio para el c. de la n. (Beirnaert). Si se practica una intervenci\u00f3n con el fin de conservar la salud o de curar al que se entrega, gracias a ella se posibilita que \u00e9ste pueda seguir entreg\u00e1ndose. Tal intervenci\u00f3n tiene un doble efecto, y por eso puede justificarse. En consecuencia, la aplicaci\u00f3n de m\u00e9todos anticonceptivos se permite siempre que al efecto anticonceptivo vaya unido un efecto curativo y se busque \u00e9ste segundo que justifica la intervenci\u00f3n.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos tiempos este punto de vista ha motivado que se discutiera, entre otras cosas, en qu\u00e9 circunstancias se puede atribuir una funci\u00f3n curativa a los medicamentos que impiden la ovulaci\u00f3n. Se trata especialmente de saber en qu\u00e9 medida una regulaci\u00f3n de ciclo es deseable desde el punto de vista de la medicina. Aqu\u00ed\u00ad se han tenido en cuenta especialmente los primeros meses despu\u00e9s del parto, la menopausia y los casos de ciclos irregulares. Parece obvio que la cuesti\u00f3n acerca de cu\u00e1ndo son convenientes las medidas terap\u00e9uticas debe juzgarse de acuerdo con criterios m\u00e9dicos. De todos modos puede decirse que como consecuencia del progreso de la medicina se puede ayudar indirectamente en un buen n\u00famero de casos en los que es especialmente urgente un c. de la n., cosa que era sumamente dif\u00ed\u00adcil antes sobre el trasfondo de la moral tradicional.<\/p>\n<p>La interpretaci\u00f3n del principio del doble efecto recibe cierta ampliaci\u00f3n en aquellos autores que permiten el empleo de m\u00e9todos anticonceptivos, no s\u00f3lo en los casos en que coinciden inmediatamente in actu el efecto curativo y el anticonceptivo, sino tambi\u00e9n en aquellos casos en que el efecto anticonceptivo se busca directamente como medio en inter\u00e9s de un todo superior o del sujeto. Esto se da, p. ej., cuando se permite la esterilizaci\u00f3n porque, por razones medicinales, si bien no existe la capacidad de parto, todav\u00ed\u00ada existe sin embargo la capacidad de concepci\u00f3n, que en todo caso bajo las circunstancias concretas ha perdido su finalidad interna. Todav\u00ed\u00ada va m\u00e1s all\u00e1 el caso en el que, para vencer anomal\u00ed\u00adas psicosom\u00e1ticas, se permite un control temporal de la concepci\u00f3n, a fin de ayudar as\u00ed\u00ad al paciente, con un simult\u00e1neo tratamiento terap\u00e9utico, a que est\u00e9 en situaci\u00f3n de aceptar en forma humanamente digna una nueva concepci\u00f3n que eventualmente pueda presentarse.<\/p>\n<p>Un n\u00famero creciente de moralistas va todav\u00ed\u00ada m\u00e1s lejos y se inclina a la opini\u00f3n de que el criterio por el que debe medirse la licitud de los medios anticonceptivos es el bien del matrimonio y de la familia, y en definitiva el bien de la humanidad, en cuyo bien o perjuicio repercuten tales medios. Llegan a esta opini\u00f3n por la convicci\u00f3n de que el impedir la concepci\u00f3n no representa en si un valor ni positivo ni negativo, pues el valor moral de las acciones y obras concretas ha de juzgarse siempre por el hecho de si \u00e9stas sirven al hombre para el desarrollo moral de su dignidad como persona consciente, libre y responsable, es decir, por el hecho de si perfeccionan sin m\u00e1s al hombre en su ser humano, o lo hacen s\u00f3lo bajo una dimensi\u00f3n, o le ponen impedimentos en orden a su perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>El problema no puede decidirse por la finalidad objetiva de las obras como tales, sino que, en definitiva, ha de resolverse por la finalidad que ellas reciben del hombre con vistas al hombre en cuanto tal. Si se acepta este presupuesto, se desprende como consecuencia que el impedir la concepci\u00f3n es oportuno siempre que eso fomente el amor entre los esposos y otras personas mediatamente implicadas y, por el contrario, una nueva concepci\u00f3n en la situaci\u00f3n concreta no pueda asumirse con responsabilidad por parte de los implicados.<\/p>\n<p>El decidir hasta qu\u00e9 punto determinados m\u00e9todos son compatibles con la dignidad del encuentro sexual, depende en cada caso de si tales medios, con sus implicaciones psicofisiol\u00f3gicas, dentro de las circunstancias constantemente cambiantes pueden integrarse en el bien de las personas afectadas. Si tal integraci\u00f3n es posible en una determinada situaci\u00f3n, debe decidirse con ayuda de las ciencias particulares implicadas, como la medicina, la eugenesia, la psicolog\u00ed\u00ada, la sociolog\u00ed\u00ada, etc.; y cuando sus resultados no bastan, debe determinarse mediante una prudente ponderaci\u00f3n de los interesados. Ante esta perspectiva no se puede determinar a priori y en general, sino s\u00f3lo a posteriori y en cada caso concreto, si la aplicaci\u00f3n de medios anticonceptivos es buena o mala. A priori s\u00f3lo se puede determinar formalmente bajo qu\u00e9 presupuestos est\u00e1 justificado el impedir la concepci\u00f3n, pero la determinaci\u00f3n material de la cuesti\u00f3n depende de la situaci\u00f3n concreta y debe averiguarse mediante un uso prudente de los conocimientos de las ciencias particulares. De todos modos, una parte de los autores que piensan en esta direcci\u00f3n viene a suponer que la dignidad de la entrega matrimonial exige la integridad del acto sexual, y en consecuencia s\u00f3lo se manifiesta acerca de la licitud de los m\u00e9todos anticonceptivos que dejan intacto el curso del acto sexual. Son precisamente aquellos autores que han dado los primeros y m\u00e1s fuertes impulsos para una consideraci\u00f3n aut\u00e9nticamente personalista del c. de la n. (L. Janssens, Reuss, van der Marck; cf. tambi\u00e9n -4 acto moral).<\/p>\n<p>3. Teolog\u00ed\u00ada pastoral<br \/>\nDesde el punto de vista de la teolog\u00ed\u00ada pastoral, a tenor de las circunstancias concretas hay que avivar la conciencia de que la limitaci\u00f3n de nacimientos puede ser una obligaci\u00f3n, la cual se deriva de la misi\u00f3n divina dada a los hombres de configurar su destino consciente y libremente, no acomod\u00e1ndose simplemente a la naturaleza, sino control\u00e1ndola y domin\u00e1ndola con las fuerzas personales, para crear as\u00ed\u00ad una cultura humana en todos los campos de la existencia y tambi\u00e9n en el \u00e1mbito de la procreaci\u00f3n. Adem\u00e1s se debe resaltar que la integraci\u00f3n de la sexualidad en el \u00e1mbito de lo dominado personalmente es un proceso lento y no siempre rectil\u00ed\u00adneo, el cual depende de muchos factores anteriores y ajenos a la esfera personal. Su dinamismo debe alimentarse de una visi\u00f3n del matrimonio como estado salv\u00ed\u00adfico que tiende a la perfecci\u00f3n. Las claudicaciones frente a este ideal, las desviaciones del camino que conduce a \u00e9l y la impotencia para su realizaci\u00f3n deben juzgarse por su reconocimiento y por la voluntad de alcanzarlo de hecho. Cuanto mayor sean la pureza de intenci\u00f3n y la intensidad con que los esposos se apropian esta actitud fundamental, tanto m\u00e1s serenamente pueden actuar de acuerdo con el principio agustiniano: Ama et fac quod vis; pues entonces sus decisiones morales se dirigen con m\u00e1s fuerza cada vez al m\u00e1ximo posible en los valores realizables, y cada vez menos a la imperfecci\u00f3n implicada en una determinada forma de realizaci\u00f3n del acto en determinadas circunstancias (B\u00f6lde).<\/p>\n<p>En consecuencia, las infracciones contra esta orientaci\u00f3n, articulada m\u00e1s o menos claramente y con mayor o menor libertad de prejuicios, deber\u00e1n enjuiciarse en su gravedad seg\u00fan la medida del alejamiento de esta actitud fundamental. Los pastores de almas, si fomentan una formaci\u00f3n de la conciencia en esta direcci\u00f3n, pueden con toda tranquilidad hacer que el juicio de los esposos sobre s\u00ed\u00ad mismos se convierta en la base de su propia toma de posici\u00f3n. Y a quienes no tienen conciencia de pecado grave pueden animarlos a sacar nuevas y mayores fuerzas para sus tareas matrimoniales de la vida que brota de las fuentes sacramentales de la salvaci\u00f3n, a fin de que as\u00ed\u00ad se fortalezcan en la aspiraci\u00f3n a la perfecci\u00f3n consumada y en la esperanza de la misma.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Plo XI, Casti connubii de 31-12-1930: AAS 22 (1930) 539-592; Alocuciones de P\u00ed\u00ado XII, espec.: AAS 36 (1944) 103, 43 (1951) 835-860, 44 (1952) 546, 45 (1953) 278-286, 48 (1956) 467-474; Vaticano II, De ecclesia in mundo huius temporis (1965) nn. 47-52; F. E. Freiherr v. Gagen,, Geburtenregelung und Gewissensentscheid. 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David, Vollendung ehelicher Liebe (Recklinghausen 1966) 177-180; Celap, Sexualidad y moral cristiana (Herder Ba 1972).<\/p>\n<p>Waldemar Molinskl<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. Concepto y problema Regulaci\u00f3n (r.) de la natalidad (n.) y control (c.) de la n., son expresiones que a veces se usan como sin\u00f3nimas. En parte se emplean para designar la r. del n\u00famero de nacimientos que moralmente puede o no puede defenderse. 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