{"id":18975,"date":"2016-02-05T12:10:35","date_gmt":"2016-02-05T17:10:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/naturaleza-y-gracia\/"},"modified":"2016-02-05T12:10:35","modified_gmt":"2016-02-05T17:10:35","slug":"naturaleza-y-gracia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/naturaleza-y-gracia\/","title":{"rendered":"NATURALEZA Y GRACIA"},"content":{"rendered":"<p>1. El problema de n. y g. se presenta impl\u00ed\u00adcitamente en toda reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la salvaci\u00f3n del hombre (-> redenci\u00f3n, -> justificaci\u00f3n) y se halla estrechamente relacionado con una serie de preguntas fundamentales de la dogm\u00e1tica, tales como: creaci\u00f3n y alianza, creaci\u00f3n y encarnaci\u00f3n, conocimiento natural de Dios y revelaci\u00f3n, raz\u00f3n y fe, filosof\u00ed\u00ada y teolog\u00ed\u00ada, ley y evangelio, libertad del hombre y autocomunicaci\u00f3n de Dios, historia universal e historia de la salvaci\u00f3n, progreso y reino de Dios, \u00e9tica y ley de Cristo, humanidad e Iglesia, Iglesia y Estado, etc.<\/p>\n<p>La f\u00f3rmula n. y g. no designa otra cosa que la situaci\u00f3n del hombre ante el Dios que se revela y comunica a s\u00ed\u00ad mismo por Cristo, pues Dios es un Dios de la salvaci\u00f3n por su autocomunicaci\u00f3n revelada y realizada en Cristo. El hombre alcanza su salvaci\u00f3n precisamente por la aceptaci\u00f3n libre de esta autocomunicaci\u00f3n de Dios por Cristo. Esa salvaci\u00f3n ya ahora tiene su principio en la -> justificaci\u00f3n por la -> fe, y llega a su estadio definitivo en la visi\u00f3n de Dios en Cristo; es comunidad de vida entre Dios y hombre, es di\u00e1logo personal en el que Dios se comunica a s\u00ed\u00ad mismo y el hombre recibe esa autodonaci\u00f3n de Dios y, de esa manera, participa en su vida. Salvaci\u00f3n es por tanto encuentro entre el -> amor de Dios y la -> libertad humana que da su respuesta a la llamada divina en Cristo. El problema de n. y g. se articula, pues, en la pregunta por las necesarias condiciones de posibilidad del encuentro del hombre con el Dios del amor, para que aqu\u00e9l pueda participar realmente en la comunidad con Dios mismo. Puesto que la comunicaci\u00f3n de -> Dios mismo en s\u00ed\u00ad es absolutamente trascendente (sin duda el hombre puede concebir como no contradictoria en s\u00ed\u00ad la posibilidad de una comunicaci\u00f3n del Dios absoluto al esp\u00ed\u00adritu finito), nuestra pregunta se dirige sobre todo al homber, el cristocentrismo de la creaci\u00f3n y del capacitado para recibir libremente la autodonaci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>2. El problema de n. y g. ha de abordarse en su perspectiva fundamental, a saber, el cristocentrismo de la creaci\u00f3n y del hombre (1 Cor 8, 6; 15, 24-28.44-49; Rom 8, 19-23.28.30; Ef 1, 9s.19-23; 3, 11; Col 1, 15-20; 3, 4; Flp 3, 21; Heb 1, 2s; Jn 1, 3; 12, 32; Vaticano ir, Lumen gentium, n.\u00c2\u00b0 2, 3, 7, 48; Gaudium et spes, n\u00c2\u00b0 22). La -> alianza y, en \u00faltimo t\u00e9rmino, la -> encarnaci\u00f3n son en el plan divino el fundamento interno de la -> creaci\u00f3n, es decir, la existencia del hombre y la del mundo para aqu\u00e9l tienen su fundamento y meta en Cristo. Este \u00abexistencial de Cristo\u00bb constituye la dimensi\u00f3n m\u00e1s profunda del hombre y de la creaci\u00f3n (a trav\u00e9s del hombre). La encarnaci\u00f3n del Logos es as\u00ed\u00ad el fundamento que sostiene la creaci\u00f3n (casi estamos tentados a decir que la posibilidad misma del hombre y del mundo se funda en la posibilidad de la encarnaci\u00f3n).<\/p>\n<p>Por tanto, para el hombre no hay otro Dios que el de la revelaci\u00f3n y de la g., el \u00abPadre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb (2 Cor 1, 3; Ef 1, 3; 1 Pe 1, 3, etc.). Pero esto significa que toda relaci\u00f3n existencial concreta del hombre (y del mundo a trav\u00e9s del hombre) con Dios est\u00e1 mediada en Cristo; y, en consecuencia, de hecho no hay ninguna relaci\u00f3n puramente natural del hombre con Dios. El hombre s\u00f3lo existe como justificado por la aceptaci\u00f3n de la g. de Cristo o como pecador, cuando la rechaza; en todo caso \u00e9l permanece llamado internamente a la participaci\u00f3n en la gloria del Se\u00f1or (cf. Vaticano II, Lumen gentium, n\u00c2\u00b0 13-17; Gaudium et spes, n.\u00c2\u00b0 19-22; cf. tambi\u00e9n orden -> sobrenatural). Esta ordenaci\u00f3n interna del hombre a Cristo en principio excluye todo dualismo entre n. y g. La relaci\u00f3n puramente natural del hombre con Dios, que absolutamente hablando es posible en virtud de su constituci\u00f3n esencial como \u00abesp\u00ed\u00adritu en el mundo\u00bb, no se realiza ni es realizable porque de hecho el hombre s\u00f3lo existe como aquel que, precisamente en la autenticidad de su estar en s\u00ed\u00ad como unidad y totalidad de esp\u00ed\u00adritu y cuerpo, se halla siempre ordenado a la comunidad con Dios por Cristo. La capacidad natural de conocer a Dios (Rom 1, 18-28; Act 17, 24-27; Dz 1785), que se identifica con la espiritualidad del hombre, y cuya realizaci\u00f3n implica su libertad, de hecho y existencialmente no puede actualizarse sino por la g. de Cristo (cf. posibilidad de conocer a -> Dios). En nuestro orden f\u00e1ctico el hombre s\u00f3lo se relaciona con el Dios de la gracia.<\/p>\n<p>3. Mas por el -> pecado el hombre rechaza la comunidad de vida con Dios, y as\u00ed\u00ad se halla en una imposibilidad absoluta de cambiar nuevamente esta situaci\u00f3n por s\u00ed\u00ad mismo. S\u00f3lo Cristo por su Pneuma en el coraz\u00f3n del hombre puede restaurar la relaci\u00f3n filial con Dios. La g. es la llamada interna a la conversi\u00f3n; y, en principio, presupone indudablemente en el pecador la capacidad de ser llamado por Dios. De otro modo una conversi\u00f3n ser\u00ed\u00ada totalmente imposible, y ya no habr\u00ed\u00ada ninguna responsabilidad frente a la llamada constante del Dios de la g.; o sea, el pecador ya no estar\u00ed\u00ada \u00abllamado\u00bb realmente a la participaci\u00f3n en la vida con Cristo (1 Cor 1, 9; G\u00e1l 2, 20; Rom 8, 28ss). Si la fe justificante incluye la obediencia del hombre a la palabra salv\u00ed\u00adfica de Dios en Cristo (Rom 1, 5; 10, 16; 15, 18; 16, 26, etc.), el hombre no puede ser radicalmente incapaz de conocer al Dios de la revelaci\u00f3n y de abrirse al Dios de la g. Dicho de otro modo, la palabra de Dios y la g. sin esta capacidad del hombre ya no ser\u00ed\u00adan palabra de Dios y g. para el hombre. La palabra de Dios no tiene ning\u00fan sentido sin destinatario; la g. presupone incluso en el pecador la capacidad fundamental para su recepci\u00f3n. Esta capacidad se identifica con la apertura ilimitada al ser y al Absoluto, la cual constituye al hombre como \u00abesp\u00ed\u00adritu en el mundo\u00bb. La g. presupone la n. del hombre; pero su n. es esencialmente capacitaci\u00f3n para la g., es decir, condici\u00f3n transcendental de la posibilidad de la g. como g. para el hombre (Bouillard).<\/p>\n<p>La intenci\u00f3n aut\u00e9ntica de la doctrina cat\u00f3lica sobre la no destrucci\u00f3n total de la -> libertad humana por el -> pecado original (Dz 793 815) y sobre la posibilidad de conocer naturalmente a Dios (Dz 1785-1806), no tiende tanto a delimitar la esencia de la n. humana, cuanto a resaltar la permanente responsabilidad del hombre ante la g. de Dios, que \u00e9l acepta o rechaza libremente (Dz 797 814), y su capacidad fundamental para recibir la -> revelaci\u00f3n divina (Dz 1786 1789 1790 1796 1808 1813). La -> fe es indivisiblemente don de Dios y libre respuesta del hombre (Dz 798 813 819 1789 1791 1814). La n. del hombre interesa a la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica primariamente (y en cierto modo exclusivamente) como capacitaci\u00f3n fundamental para la g. ( -~ potencia obediencial). Lutero y, sobre todo, Melanchthon y Calvino conceden que el pecado original no ha destruido totalmente en el hombre la capacidad de conocer a Dios (cf. M. LACKMANN, Vom Geheimnis der Sch\u00f6pfung [St 1952] 320-367).<\/p>\n<p>Pero no podemos ignorar que, si la g. presupone la n., tambi\u00e9n la n. a su manera presupone la g., en cuanto de hecho la g. de Cristo soporta y determina al hombre y, por \u00e9l, la creaci\u00f3n entera en su propia esencia. La autocomunicaci\u00f3n personal de Dios a Jesucristo en la -\u00bb encarnaci\u00f3n y, por Cristo, a la humanidad entera y al mundo, es el \u00faltimo fundamento para la existencia del mundo y del hombre.<\/p>\n<p>4. En la apertura &#8211; esencial al esp\u00ed\u00adritu finito &#8211; para el horizonte infinito del ser, ve la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica la capacidad fundamental para la recepci\u00f3n de la autocomunicaci\u00f3n de Dios, la cual tiene su principio en la fe y llega a su consumaci\u00f3n en la visi\u00f3n de Dios. Esta capacidad de la n. del hombre para la visi\u00f3n de Dios fue interpretada en dos concepciones opuestas: en una como mera no contradicci\u00f3n entre la n. y la g.; en otra como desiderium naturale de la uni\u00f3n inmediata con Dios. La \u00faltima interpretaci\u00f3n, insinuada en Agust\u00ed\u00adn, fue elaborada por Tom\u00e1s de Aquino y aceptada (si bien con diversa articulaci\u00f3n y terminolog\u00ed\u00ada) por la mayor\u00ed\u00ada de los te\u00f3logos de la edad media y de la escol\u00e1stica postridentina. Recientemente ha experimentado una profundizaci\u00f3n en J. Mar\u00e9chal, P. Rousselot y sus seguidores. En virtud de la orientaci\u00f3n hacia la infinitud del ser, las preguntas y el dinamismo de la raz\u00f3n no pueden descansar hasta llegar al conocimiento inmediato de la base \u00faltima del ser, a saber, Dios. La aspiraci\u00f3n infinita al conocimiento, la cual se identifica con la n. espiritual del hombre, s\u00f3lo puede alcanzar su plenitud definitiva en la visi\u00f3n de Dios. Ninguna realidad finita llena por completo la m\u00e1s profunda aspiraci\u00f3n del hombre a la perfecci\u00f3n infinita. \u00danicamente en el encuentro personal con el -> Absoluto mismo puede el hombre alcanzar definitivamente la plenitud de su esp\u00ed\u00adritu, hacia la que \u00e9l siempre estaba en camino de un modo impl\u00ed\u00adcito, y que siempre estaba presente en \u00e9l de una forma oculta (intimior intimo meo: Agust\u00ed\u00adn).<\/p>\n<p>El hombre, pues, seg\u00fan su n. est\u00e1 ordenado a la ->, visi\u00f3n de Dios como a su \u00fanica \u00abfelicidad perfecta\u00bb (Tom\u00e1s de Aquino) y como a su \u00fanico fin \u00faltimo absoluto. Mas por su propia din\u00e1mica no es capaz de trascender el horizonte del ser y de penetrar en el -> misterio absoluto. Por su constituci\u00f3n creada permanecer\u00ed\u00ada en un proceso progresivo de perfeccionamiento y alcanzar\u00ed\u00ada tan s\u00f3lo una \u00abfelicidad en el movimiento\u00bb (J. Maritain), tal como corresponde a su finitud y a su posibilidad; por s\u00ed\u00ad solo nunca podr\u00ed\u00ada superar su temporalidad creada. Ciertamente, la existencia del hombre como n. no carecer\u00ed\u00ada de sentido (en su espiritualidad creada no divinizada por la g.). Pero en el orden f\u00e1ctico de la salvaci\u00f3n el hombre est\u00e1 ordenado a la visi\u00f3n de Dios como g., es decir, a la absolutamente gratuita autocomunicaci\u00f3n personal de Dios. La participaci\u00f3n en la vida de Dios comunica al hombre una forma de ser supracreatural: \u00abeternidad por participaci\u00f3n\u00bb (Tom\u00e1s de Aquino), es decir, le da una consciente y divinizante presencia en s\u00ed\u00ad mismo, la cual es comunicada por la presencia inmediata del esp\u00ed\u00adritu absoluto. La visi\u00f3n divina representa, pues, para el hombre la suprema posibilidad, que s\u00f3lo puede realizar Dios en una libre comunicaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo. La n. del hombre no tiene m\u00e1s \u00abfinalizaci\u00f3n\u00bb definitiva que la visi\u00f3n de Dios. Mas eso no significa que por s\u00ed\u00ad misma est\u00e9 \u00abfinalizada\u00bb hacia ah\u00ed\u00ad: s\u00f3lo la g. pone el principio de la divinizaci\u00f3n del hombre y lo ordena efectivamente a la uni\u00f3n inmediata con Dios.<\/p>\n<p>Con ello queda excluido todo dualismo entre n. y g.; el hombre existe solamente en la gratuita ordenaci\u00f3n interna a la visi\u00f3n de Dios, la cual es el \u00fanico fin \u00faltimo absoluto de su naturaleza. As\u00ed\u00ad, pues, en el hombre de ning\u00fan modo se hallan yuxtapuestos dos fines definitivos; esos dos fines ni siquiera son posibles en la forma de una mera yuxtaposici\u00f3n. La concepci\u00f3n de la n. del hombre como un ser que por propia din\u00e1mica sea capaz de alcanzar su plenitud definitiva, queda excluida por completo. Por otro lado, eso deja intacta la trascendencia de la g.: la n. del esp\u00ed\u00adritu creado del hombre no incluye necesariamente la destinaci\u00f3n a la visi\u00f3n de Dios, pues por sus propias fuerzas no puede determinarse absolutamente a s\u00ed\u00ad misma.<\/p>\n<p>Pero esta explicaci\u00f3n a manera de resumen de la relaci\u00f3n entre la n. y la g. requiere todav\u00ed\u00ada algunos complementos. El hombre es esencialmente esp\u00ed\u00adritu encarnado, esp\u00ed\u00adritu en un cuerpo; la plenitud de la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica comprende la totalidad y unidad de su n. espiritual encarnada. De ah\u00ed\u00ad resulta \u00abla importancia eterna de la humanidad de Cristo\u00bb (K. Rahner) en la visi\u00f3n de Dios. La n. del hombre como esp\u00ed\u00adritu en el mundo est\u00e1 a su vez ordenada a la uni\u00f3n con el Cristo glorificado y, en \u00e9l, al aut\u00e9ntico misterio de Dios. En \u00faltimo t\u00e9rmino el desiderium naturale del hombre se dirige a la visi\u00f3n de Dios en Cristo. Y, del mismo modo que el mundo s\u00f3lo tiene su sentido en la ordenaci\u00f3n al hombre (la \u00abfinalizaci\u00f3n\u00bb de la creaci\u00f3n en el hombre constituye el pensamiento clave de la concepci\u00f3n evolucionista del mundo), as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n hemos de decir que en el hombre la creaci\u00f3n entera aspira a la g. de la encarnaci\u00f3n como consumaci\u00f3n definitiva, tan absoluta como absolutamente indebida.<\/p>\n<p>Sobre todo hemos de tener en cuenta que la situaci\u00f3n existencial del hombre ante la g. no es simplemente la de su n., sino gtte es la situaci\u00f3n de su estado como pecador, en el que se ha perdido la comunidad de vida con Dios. El deseo \u00ed\u00adntimo de hallara Dios es experimentado por el hombre como una \u00aba\u00f1oranza\u00bb (R. Guardini). Pero el estado de pecador no excluye la \u00abpreinteligencia\u00bb (R. Bultmann) de la reconciliaci\u00f3n con Dios por la gracia.<\/p>\n<p>5. Si la g. determina de esta manera la n. humana en su esencia y la ordena internamente a la visi\u00f3n de Dios en Cristo, hemos de explicar todav\u00ed\u00ada cu\u00e1l es la repercusi\u00f3n de la g. en la vida espiritual del hombre y c\u00f3mo act\u00faa aqu\u00e9lla en la relaci\u00f3n existencial con Dios. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad los te\u00f3logos defienden dos concepciones opuestas. Hasta el siglo xrv domin\u00f3 la doctrina agustiniana de un magisterium internum de la g., el cual fue entendido como una \u00abiluminaci\u00f3n\u00bb interna que eleva el esp\u00ed\u00adritu del hombre a la participaci\u00f3n en la vida de Dios por la &#8211; fe, la -\u203a esperanza y el -> amor; esta concepci\u00f3n de la funci\u00f3n propia de la g. alcanza su punto cumbre en la teolog\u00ed\u00ada tomista. Duns Escoto limit\u00f3 considerablemente la funci\u00f3n iluminativa de la g., y el -> nominalismo de Ockham defendi\u00f3 un extrinsecismo radical de la g.: \u00e9sta no produce ninguna modificaci\u00f3n interna en el dinamismo natural del esp\u00ed\u00adritu humano. Los te\u00f3logos postridentinos abandonaron esta posici\u00f3n extrema; no pocos de ellos redujeron la operaci\u00f3n interna de la g. a una elevaci\u00f3n entitativo-jur\u00ed\u00addica de los actos sobrenaturales, que por lo dem\u00e1s no superar\u00ed\u00adan el dinamismo puramente natural del hombre.<\/p>\n<p>Una mejor inteligencia de la doctrina b\u00ed\u00adblica (sobre todo de la concepci\u00f3n de Pablo y de Juan) sobre la acci\u00f3n de la g. en el hombre y una reflexi\u00f3n m\u00e1s profunda sobre la dimensi\u00f3n transcendental del dinamismo espiritual del hombre, en el siglo xx han provocado una vuelta decidida a la posici\u00f3n agustiniano-tomista, la cual ha sido confirmada tambi\u00e9n por el concilio Vaticano ii (Lumen gentium, n.0 12; Dei verbum, n.0 5).<\/p>\n<p>La concepci\u00f3n de la g. como iluminaci\u00f3n interna del hombre en la profundidad de su esp\u00ed\u00adritu comienza ya en el Antiguo Testamento: En la nueva alianza Dios dar\u00e1 al hombre un \u00abcoraz\u00f3n nuevo\u00bb (Jer y Ez), una nueva inteligencia para el conocimiento del Se\u00f1or como redentor y para la sumisi\u00f3n bajo su ley (Jer 24, 7; 31, 31ss; Ez 11, 19ss; 36, 26ss). Pablo atribuye a la operaci\u00f3n del Pneuma enviado por el Cristo glorificado la conversi\u00f3n del hombre, que de la ignorancia de Dios y de la enemistad frente a \u00e9l pasa a su conocimiento y amor (G\u00e1l 1, 21; 4, 8s; Ef 4, 18; 5, 8; 2 Cor 4, 6; cf. Act 16, 14). S\u00f3lo la iluminaci\u00f3n interna del Pneuma capacita al hombre para entender el misterio de su muerte y resurrecci\u00f3n en la fe (1 Cor 2, 2-16; 12, 3; Ef 1, 17s; 3, 14-17; Col 2, 2). El Esp\u00ed\u00adritu Santo despierta en el hombre el esp\u00ed\u00adritu de la filiaci\u00f3n divina (Rom 8, 14-17; G\u00e1l 4, 6). El creyente recibe una \u00abnueva vida\u00bb, que es participaci\u00f3n en la vida de Cristo mismo (Rom 6, 5-10; 8, 4-18; G\u00e1l 2, 20; 5, 5; 2 Cor 5, 17; Ef 2, 10; 3, 17). La existencia del hombre en el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo tiende a la uni\u00f3n con el Cristo glorificado por la resurrecci\u00f3n, para participar por \u00e9l en la vida de Dios (Rom 8, 11.19-23.29; 1 Cor 6, 15-20; 2 Cor 5, 7s; Flp 1, 19-23; 3, 19ss; 1 Tes 4, 17).<\/p>\n<p>En los escritos de Juan la g. es descrita como \u00abatracci\u00f3n\u00bb interna, que hace posible al hombre el conocimiento de Cristo (Jn 14, 15-23; 16, 15.26; 16, 13) y le comunica la participaci\u00f3n en el conocimiento de Dios por el Hijo (Jn 6, 44ss.56; cf. Mt 11, 27). Y es descrita igualmente como \u00abcapacidad de conocimiento\u00bb (1 Jn 5, 20; cf. 3, 6; 4, 7s), que posibilita al hombre la \u00abcomunidad de vida con Dios\u00bb por Cristo (1 Jn 1, 3.6; 3, 3.5-9.15.24; 4, 12-16). El creyente posee ya ahora la \u00abvida eterna\u00bb (Jn 3, 15ss. 36; 5, 24; 1 Jn 3, 15; 5, 12s), que consiste en el conocimiento de Cristo y se dirige a la plenitud por la participaci\u00f3n en la vida del Cristo glorificado y, a trav\u00e9s de \u00e9l, en la de Dios mismo, es decir, a la visi\u00f3n de Dios por Cristo (Jn 17, 24ss; 1 Jn 3, 1s).<\/p>\n<p>La ex\u00e9gesis moderna ense\u00f1a concordemente que, seg\u00fan la teolog\u00ed\u00ada de -> Pablo y de -> Juan, la acci\u00f3n del Pneuma ha de ser entendida como llamada (que determina fundamentalmente al hombre) a la comunidad de vida con Dios por Cristo y, en definitiva, a la participaci\u00f3n escatol\u00f3gica de la vida de Dios en la comunidad de los hombres resucitados con el Cristo glorificado.<\/p>\n<p>Es evidente la importancia de la funci\u00f3n iluminativa de la g. para el problema teol\u00f3gico de n. y g. El dinamismo natural del hombre como \u00abesp\u00ed\u00adritu en el mundo\u00bb recibe de la g. una nueva dimensi\u00f3n, que lo ordena (en su unidad y totalidad de esp\u00ed\u00adritu-cuerpo) a la uni\u00f3n inmediata con Dios por Cristo. La g. afecta al hombre en el estrato m\u00e1s profundo de su n., es decir, en su constituci\u00f3n fundamental como esp\u00ed\u00adritu y persona. La g. es una llamada interna, experimentada en la conciencia, a la decisi\u00f3n existencial ante la comunicaci\u00f3n que Dios hace de s\u00ed\u00ad mismo en Cristo. La respuesta libre del hombre no puede ser otra que la libre aceptaci\u00f3n del Dios del amor a la repulsa al mismo. No hay ninguna otra relaci\u00f3n existencial del hombre con Dios; la ley infundida en el coraz\u00f3n por el Esp\u00ed\u00adritu Santo (independientemente de que el individuo lo sepa o lo ignore) es la ley interna del amor filial a Dios y del amor fraternal a los hombres o, en pocas palabras, la ley del amor de Cristo (1 Cor 16, 21; G\u00e1l 2, 20; 1 Pe 1, 7; Jn 14, 15.23; 15, 9-15; Mt 25, 40.45).<\/p>\n<p>Pero la iluminaci\u00f3n interna del esp\u00ed\u00adritu humano por la g. y su ordenaci\u00f3n a la visi\u00f3n de Dios en Cristo incluyen tambi\u00e9n la destinaci\u00f3n de la creaci\u00f3n entera a la participaci\u00f3n escatol\u00f3gica en la gloria de Cristo (Rom 8, 19-23). La aspiraci\u00f3n a la visi\u00f3n de Dios, que la g. imprime hondamente en el hombre, mueve la existencia de \u00e9ste (y por \u00e9l la del mundo) para que trascienda el tiempo hacia la participaci\u00f3n en la eternidad divina; el tiempo del hombre y del mundo est\u00e1 orientado hacia algo supratemporal, hacia la dimensi\u00f3n de la -> eternidad. El futuro de la salvaci\u00f3n escatol\u00f3gica est\u00e1 ya presente en la destinaci\u00f3n del hombre por la g. de Cristo a la uni\u00f3n inmediata con Dios. La historia del mundo no es un proceso que haya de continuar indefinidamente, sino que es un progreso hacia el futuro absoluto, a saber, la revelaci\u00f3n definitiva de Dios en el Cristo glorificado.<\/p>\n<p>6. Si la g. presupone en el hombre la capacidad fundamental de aceptar libremente la autocomunicaci\u00f3n de Dios en Cristo, y si la g. se apoya exactamente en esta responsabilidad del hombre ante la comunicaci\u00f3n absolutamente libre que Dios hace de s\u00ed\u00ad mismo (M. Blondel), en consecuencia hemos de conceder que la g. presupone al hombre, no simplemente como n., sino tambi\u00e9n como persona. La f\u00f3rmula \u00abla g. presupone la n.\u00bb ha de complementarse con el enunciado \u00abla g. presupone la persona\u00bb. Ambos enunciados se condicionan mutuamente, en cuanto la persona humana incluye la n. del hombre y \u00e9sta comprende su ser personal. En virtud de su n. el hombre est\u00e1 abierto para la relaci\u00f3n yo-t\u00fa con otros hombres y, en definitiva, con el Absoluto.<\/p>\n<p>La g. profundiza esta relaci\u00f3n en el di\u00e1logo del coraz\u00f3n con el Dios del amor. Por la aceptaci\u00f3n de la g. como autodonaci\u00f3n personal de Dios, el hombre alcanza en la esperanza, la fe y el amor, aquella actitud personal que corresponde a su esencia, y perfecciona progresivamente su propia realidad personal. En la visi\u00f3n de Dios en Cristo, \u00e9l recibir\u00e1 la autocomunicaci\u00f3n personal de Dios en su plenitud y, por su parte, se entregar\u00e1 completamente en respuesta a Dios. Con lo cual el hombre llega a la plenitud de la presencia consciente en s\u00ed\u00ad mismo; cuando el misterio de Dios se hace inmediatamente presente en la interioridad del hombre, tambi\u00e9n \u00e9ste adquiere con ello su propia presencia en s\u00ed\u00ad mismo y recibe una participaci\u00f3n en la eternidad de Dios. Entonces \u00e9l recibe de la g. su plenitud como persona, en la totalidad y unidad de su n. espiritual y corporal, con su relaci\u00f3n al mundo, al hombre y a Dios mismo, o, dicho brevemente, con su relaci\u00f3n a Cristo. La comunidad humana hallar\u00e1 en Cristo su unidad suprema, y en \u00e9l la historia del hombre llegar\u00e1 a su fin definitivo.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: M. J. Scheeben, Naturaleza y gracia (Herder Ba 1969); C. v. Sch\u00e4zier, N. und \u00dcbernatur (Mz 1865); P. Rousselot, L&#8217;Intellectualisme de St. Thomas (P 1924); J. Mar\u00e9chal, El punto de partida de la metaf\u00ed\u00adsica, 5 vols. (Gredos Ma I 1957, II-I1I 1958, IV-V 1959); G. de Broglie, De la place du surnaturel dans la philosophie de St. Thomas: RSR 14 (1924) 193-246, 15 (1925) 5-53; E. Brunner, N. und G. (T 1935); E. Brisbois, Le d\u00e9sir de voir Dieu et la m\u00e9taphysique du vouloir selon saint Thomas: NRTh 53 (1936) 978-989 1089-1113; H. de Lubac, Surnaturel. Etudes historiques (P 1946); W. O&#8217;Connor, The Eternal Quest (NY 1947); G. de Broglie, De fine ultimo humanae vitae. 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El problema de n. y g. se presenta impl\u00ed\u00adcitamente en toda reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la salvaci\u00f3n del hombre (-> redenci\u00f3n, -> justificaci\u00f3n) y se halla estrechamente relacionado con una serie de preguntas fundamentales de la dogm\u00e1tica, tales como: creaci\u00f3n y alianza, creaci\u00f3n y encarnaci\u00f3n, conocimiento natural de Dios y revelaci\u00f3n, raz\u00f3n y fe, filosof\u00ed\u00ada &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/naturaleza-y-gracia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abNATURALEZA Y GRACIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-18975","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18975","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18975"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18975\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18975"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18975"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18975"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}