{"id":18981,"date":"2016-02-05T12:10:47","date_gmt":"2016-02-05T17:10:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/oficio-y-carisma\/"},"modified":"2016-02-05T12:10:47","modified_gmt":"2016-02-05T17:10:47","slug":"oficio-y-carisma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/oficio-y-carisma\/","title":{"rendered":"OFICIO Y CARISMA"},"content":{"rendered":"<p>En la interpretaci\u00f3n de lo que es la Iglesia, no es infrecuente mirar como antag\u00f3nicos el o. y el carisma. Los representantes del o. pueden mirar tan r\u00ed\u00adgidamente su funci\u00f3n, que en cierto modo no entiendan lo carism\u00e1tico; y, a la inversa, los carism\u00e1ticos no pocas veces se sienten tentados a ver en los representantes del o. sus enemigos natos. La consideraci\u00f3n te\u00f3rica de la Iglesia ha establecido a veces el principio de que una Iglesia caracterizada por el o. repugna a la naturaleza espiritual y carism\u00e1tica de la comunidad de Cristo; en cambio, una eclesiolog\u00ed\u00ada de orientaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica tiende a excluir lo carism\u00e1tico de la noci\u00f3n de Iglesia. Ahora bien, seg\u00fan la Escritura, la Iglesia descansa \u00absobre el fundamento de los ap\u00f3stoles y profetas\u00bb (Ef 2, 20); y sin duda estamos autorizados a ver en los \u00abap\u00f3stoles\u00bb el comienzo de lo que pervive en la Iglesia como o., y en los \u00abprofetas\u00bb un elemento de aquella acci\u00f3n de lo alto (c.) que, juntamente con el o., define la realidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>En lo que sigue vamos a mostrar primeramente c\u00f3mo los o. y los c. son dos rasgos esenciales de la Iglesia (1). Seguidamente, hay que interpretar su relaci\u00f3n mutua por de pronto como rec\u00ed\u00adproca interdependencia (2), la cual, sin embargo, por la naturaleza misma de la cosa, entra\u00f1a tambi\u00e9n una relaci\u00f3n de tensi\u00f3n (3).<\/p>\n<p>1. La exposici\u00f3n del hecho de que o. y c. pertenecen ambos a la vida de la Iglesia ha de partir primeramente de la exposici\u00f3n de la naturaleza a la vez institucional y carism\u00e1tica de la Iglesia, y mostrar seguidamente qu\u00e9 significa el o. y qu\u00e9 el c. en la realidad de esta Iglesia.<\/p>\n<p>a) La Iglesia vive hic et nunc en el punto de intersecci\u00f3n de dos l\u00ed\u00adneas, que han de tomarse igualmente en serio, si se quiere determinar el puesto y la realidad de la Iglesia. Una de esas l\u00ed\u00adneas, la horizontal, es la procedencia de la Iglesia apost\u00f3lica y, por ende, de Cristo mismo, su fundador. La \u00absucesi\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb que as\u00ed\u00ad se indica ha de entenderse no s\u00f3lo como transmisi\u00f3n sacramental del o. espiritual, sino tambi\u00e9n como la propiedad o nota apost\u00f3lica de la Iglesia en general. La Iglesia es apost\u00f3lica no s\u00f3lo porque su fe y su vida corresponden a la norma del tiempo apost\u00f3lico, sino tambi\u00e9n porque procede de \u00e9l en el curso ininterrumpido de la historia. Esta linea horizontal hist\u00f3rica de la existencia institucional de la Iglesia est\u00e1 fundada sacramentalmente. En el sacramento del bautismo la Iglesia adquiere constantemente nuevos miembros en el curso de la historia. Y en el sacramento del orden se transmite de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n el o. apost\u00f3lico.<\/p>\n<p>Pero esta marcha de la Iglesia institucional sobre la l\u00ed\u00adnea horizontal a lo largo de la historia debe entenderse como una coordenada que, juntamente con la l\u00ed\u00adnea vertical carism\u00e1tica, determina la situaci\u00f3n y realidad de la Iglesia. Esa linea vertical es la acci\u00f3n del Se\u00f1or glorificado por medio de su -> Esp\u00ed\u00adritu Santo, acci\u00f3n que incide desde arriba en la instituci\u00f3n que peregrina por la historia, la llena carism\u00e1ticamente y la hace propiamente Iglesia.<\/p>\n<p>b) De ah\u00ed\u00ad que o. y c. tienen ambos derecho y raz\u00f3n de ser en la Iglesia no s\u00f3lo por proceder los dos de Cristo &#8211; de su fundaci\u00f3n hist\u00f3rica el o., de su acci\u00f3n desde arriba el c. -, sino tambi\u00e9n por su \u00ed\u00adntimo parentesco en el contenido. Este parentesco no excluye la tensi\u00f3n; pero funda, por la distinta manera como cada uno representa el mismo contenido, un mutuo complemento fecundo y necesario. Ese contenido com\u00fan a ambos, pero realizado de distinto modo, es la presencia de Cristo en su Iglesia.<\/p>\n<p>1.\u00c2\u00b0 El sentido y contenido del o. espiritual es la representaci\u00f3n visible y personal de Cristo en el \u00e1mbito social de su Iglesia. Aunque la presencia espiritual que el Se\u00f1or glorificado ejerce en la Iglesia por medio de su Esp\u00ed\u00adritu Santo es objetivamente m\u00e1s real que pudiera ser nunca su presencia corporal, tiene, sin embargo, menos realidad para la experiencia de los hombres cuya salvaci\u00f3n eterna ha de operarse por esta presencia de Cristo. Esa es la raz\u00f3n de que Cristo instituyera el o. espiritual en su Iglesia, que \u00e9l fund\u00f3 como realidad visible y hasta social. Esta interpretaci\u00f3n sostiene Pablo cuando dice: \u00abHacemos, pues, de embajadores en nombre de Cristo, siendo Dios el que por medio de nosotros os exhorta\u00bb (2 Cor 5, 20). Cuando ese o. espiritual ejerce en la comunidad el servicio de la -> palabra y el del -> culto sacramental, el encuentro de Cristo glorificado con la Iglesia de aqu\u00ed\u00ad abajo, que se realiza en la dimensi\u00f3n vertical carism\u00e1tica, se desplaza en cierto modo hacia el plano horizontal e hist\u00f3rico, no para ser suplantado por \u00e9ste, sino para tener forma corp\u00f3rea y garant\u00ed\u00ada sacramental.<\/p>\n<p>2.\u00c2\u00b0 La representaci\u00f3n institucional de Cristo por el o. espiritual est\u00e1 totalmente al servicio de la presencia carism\u00e1tica del Se\u00f1or glorificado. Por lo dem\u00e1s, hay que entender el c. en toda la amplitud de su acepci\u00f3n, y no precipitarse a restringirlo a las operaciones extraordinarias del Esp\u00ed\u00adritu de Dios en la Iglesia. La palabra c. se refiere a todo el \u00e1mbito de la gratuita comunicaci\u00f3n de Dios mismo en la Iglesia y en sus miembros. El c. comprende as\u00ed\u00ad tanto la gracia salv\u00ed\u00adfica personal &#8211; el obrar salv\u00ed\u00adfico de Dios en las acciones humanas y la permanente presencia divina en los justos -, como tambi\u00e9n las facultades especiales y los efectos extraordinarios que el Esp\u00ed\u00adritu de Dios produce en individuos aislados o en corporaciones para el servicio de la comunidad.<\/p>\n<p>2. A la conexi\u00f3n entre o. y c. apunta ya el hecho de que el o. se transmite en la Iglesia por medio de un -* sacramento. De este modo, la marcha de la Iglesia y de su o. por el camino de la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica a trav\u00e9s de la historia se presenta como permanente expresi\u00f3n sacramental de la promesa del Se\u00f1or de enviar de lo alto su Esp\u00ed\u00adritu para llenar la acci\u00f3n del o. La relaci\u00f3n mutua entre o. y c. puede determinarse de triple modo.<\/p>\n<p>a) La acci\u00f3n del o. produce primeramente en los fieles la disposici\u00f3n para la realidad de la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo. La instrucci\u00f3n y exhortaci\u00f3n ministerial ayuda a los creyentes a que abran su coraz\u00f3n a Dios, que est\u00e1 dispuesto a obrar por la gracia y, en este sentido, carism\u00e1ticamente sobre ellos. Este obrar puede tener en s\u00ed\u00ad mismo car\u00e1cter carism\u00e1tico, en cuanto confiere, adem\u00e1s de la potestad del o., tambi\u00e9n la fuerza y urgencia prof\u00e9tica de un c. dado por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios. Sin embargo, esta manera dispositiva de la acci\u00f3n ministerial, de suyo s\u00f3lo est\u00e1 en conexi\u00f3n indirecta con la vida carism\u00e1tica de la Iglesia.<\/p>\n<p>b) Pero la acci\u00f3n materialmente id\u00e9ntica que tiene ese sentido preparatorio y dispositivo es tambi\u00e9n carism\u00e1tica en un sentido mucho m\u00e1s profundo. La acci\u00f3n ministerial de la Iglesia es una encarnaci\u00f3n sacramental de la acci\u00f3n misma de Dios por la gracia, que viene de lo alto. Cuando el o. de la Iglesia en virtud de su potestad proclama la palabra de Dios y celebra el culto sacramental, se pone un signo y una prenda de la acci\u00f3n del Se\u00f1or glorificado.<\/p>\n<p>c) Pero no s\u00f3lo es carism\u00e1tico el efecto de la acci\u00f3n ministerial; el o. mismo tiene en la Iglesia una naturaleza carism\u00e1tica. En efecto, no s\u00f3lo su acci\u00f3n es prenda de la comunicaci\u00f3n carism\u00e1tica del Se\u00f1or por la gracia, sino que el o. espiritual mismo es representaci\u00f3n de la m\u00e1s carism\u00e1tica de todas las realidades, a saber, de Cristo, que por su Esp\u00ed\u00adritu Santo est\u00e1 presente en la Iglesia. \u00abEn los obispos, a quienes asisten los presb\u00ed\u00adteros, est\u00e1 presente, en medio de los creyentes, el Se\u00f1or Jesucristo, pont\u00ed\u00adfice supremo\u00bb, se dice en la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia del concilio Vaticano II (n.\u00c2\u00b0 21).<\/p>\n<p>3. La estrecha uni\u00f3n y mutua trabaz\u00f3n entre o. y c. &#8211; entendido \u00e9ste en sentido estricto &#8211; aparece a menudo tambi\u00e9n como relaci\u00f3n dolorosa de tensi\u00f3n. Cada polo ha de cuidar de que el otro se mantenga puro en la vida de la Iglesia.<\/p>\n<p>a) El o. como realidad institucional pertenece al \u00e1mbito del mundo. De ah\u00ed\u00ad que corra peligro de tomar la forma del mundo, dejarse guiar por las leyes y medios del mundo y dar valor absoluto a lo que s\u00f3lo tiene valor de servicio. A este endurecimiento y secularizaci\u00f3n de lo ministerial se opone entonces lo carism\u00e1tico, en la forma particular de s\u00fabita irrupci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de Dios en la vida de la Iglesia mediante llamamientos particulares de hombres o comunidades individuales. Tales complementos o correcciones del o. en peligro pueden a su vez tomar forma permanente, y as\u00ed\u00ad ciertos c. del cristianismo primitivo determinaban la vida de la Iglesia casi como un o. cf., p. ej., 2 Cor 8, 23; Flp 2, 25; Rom 16, 1); y en los -> consejos evang\u00e9licos como estado de vida se hicieron instituci\u00f3n vocaciones francamente carism\u00e1ticas. En esta acci\u00f3n carism\u00e1tica el Cristo glorificado se acredita una y otra vez como el verdadero se\u00f1or de la Iglesia.<\/p>\n<p>b) A la inversa, desde los primeros tiempos cristianos incumbe al o. la vigilancia sobre los c. (cf. 1 Cor 1, 10ss; 14, 37s). El o. tiene que preservar al c. del peligro de los falsos c. y de fen\u00f3menos patol\u00f3gicos, y ha de mantener el orden de la Iglesia, a servicio del cual debe estar tambi\u00e9n el c. (1 Cor 14, 33). Esta funci\u00f3n puede hacer surgir en el representante del o. una actitud atlticarism\u00e1tica, que haga subir la tensi\u00f3n a grados innecesarios. El aut\u00e9ntico c., superar\u00e1 estas exageraciones ministeriales; pero el o. ha de tener presente la admonici\u00f3n del ap\u00f3stol: \u00abNo exting\u00e1is el esp\u00ed\u00adritu. No despreci\u00e9is la profec\u00ed\u00ada\u00bb (1 Tes 5, 19s).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Plo XII, encfcl. \u00abMystici Corporis\u00bb: AAS 35 (1943) 193-248; J. Brosch, Charismen und \u00ed\u201emter in der Urkirche (Bo 1951); H. Schlier, Die Zeit der Kirche (Fr 1956); K. Rahner, Lo din\u00e1mico en la Iglesia (Herder Ba 21968); O. Semmelroth, Das geistliche Amt (F 21965); H. Kling, La estructura carism\u00e1tica de la Iglesia, \u00abConcilium\u00bb, n.\u00c2\u00b0 4 (1965) 44-65; Vaticanum II, Const. De Ecclesia: AAS 57 (1965) 5-67; LThK Vat 1137-347; Bara\u00fana passim, espec. 1494-519 (H. Sch\u00fcrmann, Die geistl. Gnadengaben).<\/p>\n<p>Otto Semmelroth<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la interpretaci\u00f3n de lo que es la Iglesia, no es infrecuente mirar como antag\u00f3nicos el o. y el carisma. 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