{"id":18985,"date":"2016-02-05T12:10:55","date_gmt":"2016-02-05T17:10:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pablo-teologia-de\/"},"modified":"2016-02-05T12:10:55","modified_gmt":"2016-02-05T17:10:55","slug":"pablo-teologia-de","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pablo-teologia-de\/","title":{"rendered":"PABLO, TEOLOGIA DE"},"content":{"rendered":"<p>La fe del ap\u00f3stol Pablo y su teolog\u00ed\u00ada como reflexi\u00f3n sobre la fe tienen su fundamento y centro en la visi\u00f3n de Cristo ante Damasco, en la que Pablo reconoci\u00f3 y experiment\u00f3 como Mes\u00ed\u00adas y Se\u00f1or glorificado al Jes\u00fas crucificado a quien \u00e9l persegu\u00ed\u00ada (1 Cor 9, 1; G\u00e1l 1, 16). Por esta revelaci\u00f3n se le ilumina a Pablo la historia y la actualidad. Por eso, una exposici\u00f3n de la t. de P. ha de tener su centro y fundamento en la cristolog\u00ed\u00ada (1 Cor 2, 2). Los elementos y la estructura formal de la teolog\u00ed\u00ada paulina proceden en gran parte de la tradici\u00f3n veterotestamentaria y rab\u00ed\u00adnica y, en parte mucho menor, del mundo helen\u00ed\u00adstico. Pero no raras veces Pablo aprovecha tambi\u00e9n tradiciones y f\u00f3rmulas ya fijas de la comunidad cristiana (f\u00f3rmulas de fe, actos lit\u00fargicos, himnos, confesiones). El ap\u00f3stol inserta tales f\u00f3rmulas en sus cartas, las expone y las acomoda a sus ideas.<\/p>\n<p>I. Jesucristo, su obra y su figura<br \/>\nPablo no fue disc\u00ed\u00adpulo personal de Jes\u00fas. Pero, como persegu\u00ed\u00ada la Iglesia de Jes\u00fas, hubo de tener alguna noticia y conocimiento del mismo. Es dudoso que lo hubiera visto nunca (2 Cor 5, 16 no permite una decisi\u00f3n sobre esta cuesti\u00f3n). Sin embargo, todo ello es accidental. Seg\u00fan su propia convicci\u00f3n, Pablo recibi\u00f3 su conocimiento de Cristo en la aparici\u00f3n a las puertas de Damasco. Extensas narraciones de los Hechos (9, 1-10; 22, 3-21; 26, 9-20) presentan esa aparici\u00f3n como un acontecimiento visible y audible. Pablo mismo la describe como una experiencia interior. Dios le revel\u00f3 a su Hijo (G\u00e1l 1, 17). El ap\u00f3stol cuenta la aparici\u00f3n de Cristo ante Damasco entre las apariciones pascuales del Se\u00f1or resucitado (1 Cor 15, 8). Esa aparici\u00f3n le revel\u00f3 que Dios envi\u00f3 a Jes\u00fas como Mes\u00ed\u00adas, y con ello puso fin a la anterior econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica de la ley antigua y a la vez abri\u00f3 a todos, jud\u00ed\u00ados y gentiles, el camino de la fe (Flp 3, 7ss). Tanto la teolog\u00ed\u00ada como la psicolog\u00ed\u00ada y la historia se han preguntado si ese acontecimiento podr\u00ed\u00ada explicarse tambi\u00e9n, por lo menos en parte, por presupuestos naturales. Pablo se habr\u00ed\u00ada impresionado por la fe y entrega de los primeros cristianos, y su recuerdo lo habr\u00ed\u00ada a la postre vencido finalmente. O bien \u00e9l habr\u00ed\u00ada dudado ya desde mucho antes de la posibilidad de la justicia por las obres de la ley. Sin embargo, seg\u00fan Flp 3, 5 Pablo era fariseo convencido. Las fuentes neotestamentarias s\u00f3lo permiten la interpretaci\u00f3n de que Pablo experiment\u00f3 su conversi\u00f3n y llamamiento contra todo lo esperable, por obra de Cristo resucitado.<\/p>\n<p>Convertido en disc\u00ed\u00adpulo de Cristo por su revelaci\u00f3n, Pablo se hizo tambi\u00e9n miembro de la comunidad de Damasco (Act 9, 19). Tom\u00f3 parte en su fe, en su doctrina y en su culto. Pablo no se agreg\u00f3 a la primitiva Iglesia judeocristiana de Jerusal\u00e9n, sino a una comunidad de la di\u00e1spora judeocristiana. La di\u00e1spora jud\u00ed\u00ada era m\u00e1s libre que otros jud\u00ed\u00ados respecto de Jerusal\u00e9n y su templo, y por otra parte estaba abierta al helenismo. Esa comunidad cristiana seguramente desarroll\u00f3 concepciones y formas propias en doctrina y culto. Quiz\u00e1, p. ej., los sacramentos del bautismo y de la cena eran all\u00ed\u00ad ritos m\u00e1s importantes que en la Iglesia primitiva, estrictamente jud\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Tres a\u00f1os despu\u00e9s de su conversi\u00f3n, Pablo permaneci\u00f3 15 d\u00ed\u00adas en Jerusal\u00e9n, donde trat\u00f3 con Pedro y Santiago (G\u00e1l 1, 18). No busc\u00f3 aqu\u00ed\u00ad una confirmaci\u00f3n de su evangelio, que no necesitaba como ap\u00f3stol llamado inmediatamente por el Se\u00f1or (G\u00e1l 1, 12); pero s\u00ed\u00ad busc\u00f3 la comuni\u00f3n con la comunidad, que era para \u00e91 la Iglesia madre (Rom 15, 25ss; 1 Cor 16, 1-4; 2 Cor 8, 1-4).<\/p>\n<p>1. Jes\u00fas y Pablo<br \/>\nPablo habla poco del hombre Jes\u00fas. La cuesti\u00f3n que de ah\u00ed\u00ad brota fue exagerada a veces hasta afirmar que Pablo cre\u00f3 una nueva cristolog\u00ed\u00ada del Se\u00f1or glorificado, sin enlace con el Jes\u00fas hist\u00f3rico. Sin embargo, hay que recordar c\u00f3mo la predicaci\u00f3n de Pablo despu\u00e9s de pascua y pentecost\u00e9s no pod\u00ed\u00ada repetir simplemente las antiguas palabras de Jes\u00fas. Debla afirmar juntamente que este Jes\u00fas habla mostrado por la resurrecci\u00f3n ser Mes\u00ed\u00adas e Hijo y estaba en adelante constituido como Se\u00f1or. La palabra de Jes\u00fas conduc\u00ed\u00ada hacia el cambio de los tiempos, en cuanto anunciaba la proximidad del reino de Dios. La predicaci\u00f3n posterior a pascua, llegado ya el cambio de los tiempos, miraba retrospectivamente a la revelaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n eterna en Cristo. Adem\u00e1s, las cartas de Pablo no reproducen su predicaci\u00f3n misional, sino que ordenan cuestiones y situaciones de las Iglesias existentes.<\/p>\n<p>En la predicaci\u00f3n misional pod\u00ed\u00ada ser m\u00e1s importante el recuerdo de Jes\u00fas (en 1 Jn apenas se habla del Jes\u00fas hist\u00f3rico, mucho en cambio en el Evangelio de Juan). De todos modos las cartas de Pablo permiten reconocer que su predicaci\u00f3n hablaba de Jes\u00fas: de su entrada en la historia (Rom 15, 8; G\u00e1l 4, 4), de su origen del linaje de David (Rom 1, 3), de su familia (1 Cor 9, 5; G\u00e1l 1, 19), y adem\u00e1s de su misericordia de redentor (F1p 1, 8), de su mansedumbre (2 Cor 10, 1), de su pobreza (2 Cor 8, 9), de su amor (Rom 8, 35-37; 2 Cor 5, 14ss), de su verdad (2 Cor 11, 10), de su santidad (2 Cor 5, 21), y, sobre todo, de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica en la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo (Rom 8, 34; 1 Cor 1, 18-23; G\u00e1l 3, 1-13; Flp 2, 6ss). Pablo aduce tambi\u00e9n palabras de Jes\u00fas, que deciden fundamentalmente cuestiones importantes, como la ordenaci\u00f3n del matrimonio (1 Cor 7, 10ss), la forma y significaci\u00f3n de la cena del Se\u00f1or (1 Cor 11, 23ss), y tambi\u00e9n el orden de la evangelizaci\u00f3n (1 Cor 9, 14). En las exhortaciones del ap\u00f3stol resuenan sin duda palabras de Jes\u00fas; as\u00ed\u00ad, en el juicio liberador sobre lo puro y lo impuro (Rom 14, 74), en la exhortaci\u00f3n a orar por los enemigos (Rom 12, 14), y tambi\u00e9n en el precepto del amor c\u00f3mo mandamiento principal (Rom 13, 9; G\u00e1l 6, 2).<\/p>\n<p>2. La obra de Cristo<br \/>\nPablo interpreta la vida y obra de Cristo con im\u00e1genes, conceptos y reflexiones procedentes de diversas fuentes, principalmente del Antiguo Testamento. Contin\u00faa la prueba de Escritura iniciada ya por la Iglesia primitiva (G\u00e1l 3, 13, etc.). La muerte redentora de Cristo es explicada con conceptos del culto jud\u00ed\u00ado. Esa muerte es sacrificio de expiaci\u00f3n (Rom 3, 25ss; 5, 9), sacrificio de alianza (1 Cor 11, 24ss) y sacrificio pascual (1 Cor 5, 7). Una f\u00f3rmula brev\u00ed\u00adsima dice que Cristo muri\u00f3 por otros (Rom 5, 6) y por los pecadores (1 Cor 15, 3; 2 Cor 5, 21). La muerte de Jes\u00fas libera de la anterior ca\u00ed\u00adda en la ley (G\u00e1l 3, 13; Col 2, 14), en el pecado (Rom 5, 15; 6, 10), en la muerte (Rom 6, 8) y en el \u00e1rea de dominio de los poderes de este siglo (1 Cor 2, 6; Col 2, 15). El mal anterior queda personificado en sus poderes. Sin embargo, Pablo sigue la tradici\u00f3n de la Iglesia primitiva, que estaba persuadida de trasmitir por su parte la interpretaci\u00f3n que Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada dado a su muerte (Mc 10, 45; 14, 24). Sin duda el ap\u00f3stol interpreta la tradici\u00f3n en toda su profundidad y amplitud.<\/p>\n<p>Mediante conceptos veterotestamentarios, el \u00abser en Cristo\u00bb es descrito como reconciliaci\u00f3n (Rom 5, 11; 2 Cor 5, 18), justicia, santificaci\u00f3n y redenci\u00f3n (1 Cor 1, 30), paz (Rom 5, 1; Col 1, 29), salvaci\u00f3n (Rom 1, 16). La adopci\u00f3n de conceptos veterotestamentarios no es un mero adorno literario. M\u00e1s bien, Pablo dice con ello que est\u00e1n ya cumplidas las esperanzas y fatigas de Israel.<\/p>\n<p>De otro modo explica el ap\u00f3stol la significaci\u00f3n salvadora de la muerte de Jes\u00fas cuando habla de la incorporaci\u00f3n de los creyentes a su muerte y a su vida. El bautismo opera en el creyente la muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas (Rom 6, 3ss). Lo acontecido en el sacramento debe realizarse en la vida moral personal (Rom 6, 11). La cena del Se\u00f1or es profundizaci\u00f3n siempre nueva de la comuni\u00f3n con el Se\u00f1or crucificado. El c\u00e1liz es participaci\u00f3n en la sangre de Cristo. El pan representa el cuerpo del Se\u00f1or entregado en la cruz y realiza el cuerpo uno de la Iglesia (1 Cor 10, 16ss). La ex\u00e9gesis estudia si Pablo, para exponer y explicar los sacramentos, emplea t\u00e9rminos y conceptos de las religiones orientales y helen\u00ed\u00adsticas de redenci\u00f3n, particularmente de los cultos mist\u00e9ricos. Una ex\u00e9gesis hist\u00f3rica de la religi\u00f3n, que ya va cayendo en desuso, afirmaba esto decididamente. En cambio, para la nueva ex\u00e9gesis, esa hip\u00f3tesis resulta ya problem\u00e1tica. Y as\u00ed\u00ad aqu\u00e9lla procura explicar la inteligencia neotestamentaria de los sacramentos por los presupuestos propios de la Biblia.<\/p>\n<p>3. La figura de Cristo<br \/>\nAl explicar la obra salv\u00ed\u00adfica de Cristo, Pablo interpreta y describe tambi\u00e9n al sujeto de esa obra. Cristo es hombre seg\u00fan su apariencia. Pero su condici\u00f3n humana no es la com\u00fan. Y no descuella sobre la naturaleza com\u00fan simplemente como un hombre extraordinario, sino que es misteriosamente singular. Cristo se distingue de los dem\u00e1s por ser el \u00fanico que est\u00e1 sin pecado (2 Cor 5, 21). Jes\u00fas no asumi\u00f3 simplemente una corporeidad y humanidad sometida al pecado, sino s\u00f3lo la \u00abigualdad de forma humana\u00bb (Rom 8, 3; Flp 2, 7). Jes\u00fas est\u00e1 en la serie de las generaciones; pero es m\u00e1s grande que el mayor de los hombres hist\u00f3ricos, no s\u00f3lo en grado, sino tambi\u00e9n por esencia. Solamente puede compararse (por contraposici\u00f3n) con el primer hombre Ad\u00e1n (Rom 5, 12-21; 1 Cor 15, 45). Ad\u00e1n es el primer hombre de la humanidad, Cristo es el comienzo de una nueva humanidad. Ambos son destino y decisi\u00f3n para humanidad entera, aunque totalmente antit\u00e9ticos: all\u00ed\u00ad decisi\u00f3n para la muerte, aqu\u00ed\u00ad decisi\u00f3n para la vida. Todos los creyentes y redimidos est\u00e1n contenidos en Cristo y abarcados por \u00e9l (Rom 5, 15; G\u00e1l 3, 28). Cristo es cabeza del cuerpo. Como tal pudo entenderse originariamente el universo (Col 1, 19ss; 2, 17ss). En una interpretaci\u00f3n m\u00e1s desarrollada el cuerpo es la -4 Iglesia (Ef 1, 22ss).<\/p>\n<p>Entre Cristo y el Dios eterno se da una uni\u00f3n incomparablemente estrecha, \u00ed\u00adntima y exclusiva. En una f\u00f3rmula gradualmente ascendente como 1 Cor 3, 22ss: \u00abTodas las cosas son vuestras, pero vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios\u00bb, Cristo est\u00e1 sin duda propuesto al Padre, pero de tal manera se halla ordenado a \u00e9l, que todo lo creado se queda muy atr\u00e1s (de manera semejante en 1 Cor 11, 3). Cristo es \u00abimagen de Dios\u00bb (2 Cor 4, 4; Col 1, 15), o sea, la revelaci\u00f3n y epifan\u00ed\u00ada de Dios en el mundo y el tiempo. Dios estaba (2 Cor 5, 19) y est\u00e1 en Cristo (Rom 8, 39). \u00abEn \u00e9l habita la plenitud de la divinidad corporalmente\u00bb (Col 2, 9). Antes de su encarnaci\u00f3n, Cristo era el ser celeste \u00abigual en forma a Dios\u00bb (G\u00e1l 4, 4; Flp 2, 6). Actuaba ya en la historia de Israel (1 Cor 10, 3ss). Era y es Hijo de Dios (Rom 1, 3-9; 8, 3). Ahora est\u00e1 elevado al \u00e1mbito de Dios y es \u00abSe\u00f1or\u00bb de la Iglesia y del mundo. Volver\u00e1 como juez (1 Tes 1, 10). A Cristo conviene eternidad, dignidad y poder divinos. Ser\u00ed\u00ada posible el paso a una afirmaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de su eterna existencia divina. No es seguro que Pablo hiciera esa afirmaci\u00f3n, pues el texto de Rom 9, 5 no est\u00e1 del todo claro. La frase: \u00abDios, que es bendito eternamente\u00bb, puede referirse a Cristo, pero puede ser tambi\u00e9n una doxolog\u00ed\u00ada independiente.<\/p>\n<p>Estas sublimes afirmaciones de Pablo aparecen en sus cartas bajo f\u00f3rmulas de fe m\u00e1s antiguas, recibidas por \u00e9l (Rom 1, 3ss; 10, 9; Flp 2, 6-11). La invocaci\u00f3n aramea: Maranatha (el Se\u00f1or est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad, o, Se\u00f1or, ven; 1 Cor 16, 22) atestigua c\u00f3mo ya la Iglesia originaria, que hablaba arameo, adoraba a Cristo como el Se\u00f1or (lo mismo pone de manifiesto la oraci\u00f3n de Esteban en Act 7, 59). La cristolog\u00ed\u00ada de Pablo es la misma que la de la Iglesia antes de \u00e9l y en su propio tiempo.<\/p>\n<p>De otra manera describe Pablo el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Cristo al exponer la compenetraci\u00f3n existencial entre Cristo y el creyente. Cristo est\u00e1 en el creyente (Rom 8, 10; G\u00e1l 2, 20; 4, 19). El redimido, la Iglesia y la creaci\u00f3n entera est\u00e1n en Cristo (Rom 6, 11; 12, 5; 2 Cor 5, 17; G\u00e1l 1, 22; 3, 28; 1 Tes 2, 14). De este modo de ser de Cristo dice Pablo finalmente: \u00abEl Se\u00f1or es el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (2 Cor 3, 17). De forma y con fuerza espirituales Cristo lo penetra, llena, posee y domina todo.<\/p>\n<p>II. El mundo<br \/>\nPartiendo de la figura y obra de Cristo, Pablo explica y ordena los fen\u00f3menos del mundo y los acontecimientos de la historia. Como jud\u00ed\u00ado, Pablo entiende el mundo como creaci\u00f3n de Dios (Rom 4, 17). El ap\u00f3stol contin\u00faa la fe de Israel por su cristolog\u00ed\u00ada de la creaci\u00f3n. \u00abPor el Se\u00f1or Jesucristo son todas las cosas y nosotros somos por \u00e9l\u00bb (1 Cor 8, 6; Col 1, 16-19; la cristolog\u00ed\u00ada de la creaci\u00f3n prosigue en Heb 1, 2-10; Jn 1, 3; Ap 3, 14).<\/p>\n<p>La doctrina neotestamentaria de la creaci\u00f3n en Cristo ha de entenderse como afirmaci\u00f3n de fe desde el fin. Cristo es ahora el Se\u00f1or. Volver\u00e1 como juez (1 Tes 1, 10; Flp 2, 10). Desde el comienzo hubo de tener su puesto en el designio de Dios. Esa conclusi\u00f3n de fe estaba preparada por la doctrina veterotestamentaria de la sabidur\u00ed\u00ada, seg\u00fan la cual \u00e9sta pertenece a Dios desde el principio y se hallaba ya presente en la creaci\u00f3n del mundo (Prov 3, 19ss; 8, 22, 27-31; Ecclo 24, 5). Cristo es la sabidur\u00ed\u00ada revelada de Dios (1 Cor 1, 24-30). Lo que fue dicho en el AT sobre la sabidur\u00ed\u00ada, en el NT se apropia a Cristo. La redenci\u00f3n misma es entendida como nueva creaci\u00f3n en Cristo (2 Cor 4, 6; 5, 17). Por tanto, la ra\u00ed\u00adz \u00faltima de la fe cristiana en la creaci\u00f3n no es la narraci\u00f3n de G\u00e9n 1-2, sino la fe en Cristo. La fe en la creaci\u00f3n est\u00e1 sostenida por Cristo como revelaci\u00f3n y palabra de Dios, y en \u00e9l se funda su certeza. Por eso, la fe en la creaci\u00f3n no es s\u00f3lo p\u00ed\u00ada especulaci\u00f3n de Israel o, menos todav\u00ed\u00ada, el intento de una explicaci\u00f3n religioso-mitol\u00f3gica del mundo, sino una verdad cristiana. Partiendo del centro, que es Cristo, toda la historia desde la creaci\u00f3n hasta la consumaci\u00f3n debe entenderse como una unidad.<\/p>\n<p>III. Israel<br \/>\nIsrael, su ley, su salvaci\u00f3n y perdici\u00f3n es para Pablo un fen\u00f3meno oprimente de la historia. La incredulidad de su pueblo es para \u00e9l un dolor profundo y una cuesti\u00f3n torturante (Rom 9, 2). El ap\u00f3stol se sent\u00ed\u00ada orgulloso de pertenecer al pueblo de la elecci\u00f3n (Rom 11, lss; 2 Cor 11, 22). Era un israelita, m\u00e1s celoso que otros muchos (G\u00e1l 1, 14; Flp 3, 5). Para \u00e9l la ley de Israel, como don de Dios, es santa, justa y buena (Rom 7, 12). La ley no era para Israel una carga, sino elecci\u00f3n y gracia (Rom 2, 20-24; 9, 4). A la ley deb\u00ed\u00ada \u00e9ste su fe pura en Dios en medio de la idolatr\u00ed\u00ada gentil, la ordenaci\u00f3n de la vida y de la comunidad en medio de la inmoralidad pagana. El AT y el juda\u00ed\u00adsmo hablan en muchos testimonios (as\u00ed\u00ad, Sal 119) de la alegr\u00ed\u00ada por la ley. \u00bfEs l\u00ed\u00adcito al hombre, al piadoso sobre todo, y a la Iglesia liberarse de la ley de Dios? \u00bfNo conducir\u00ed\u00ada eso a la disoluci\u00f3n y perdici\u00f3n universal? Pero si Cristo glorificado envi\u00f3 a Pablo en la aparici\u00f3n de Damasco a los gentiles, ese mandato misional sin duda implicaba ya que para \u00e9stos no pod\u00ed\u00ada seguir en vigor la antigua ley judaica. La cuesti\u00f3n se resuelve para Pablo desde la cruz.<\/p>\n<p>El Cristo crucificado, pendiente del madero, es condenado y juzgado seg\u00fan la ley (G\u00e1l 3, 13 seg\u00fan Dt 21, 23). Como el Santo, \u00e9l no merece esta pena. La sufre por otros, por el pecado seg\u00fan la ley. Con ello queda ahora satisfecha la maldici\u00f3n de la ley y abolida \u00e9sta con sus exigencias. Cristo es el fin de la ley (Rom 10, 4). El reconocimiento de la ley y la confesi\u00f3n simult\u00e1nea de que Cristo fue crucificado seg\u00fan la ley era una contradicci\u00f3n insostenible. Pero la revelaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n en Cristo permite reconocer la perdici\u00f3n del anterior e\u00f3n (2 Cor 3, 16). La Iglesia est\u00e1 exenta de la ley o, m\u00e1s exactamente, ahora puede cumplir la verdadera y esencial exigencia de la ley, que es el amor (Rom 3, 31; 8, 4). Sin embargo, Israel sigue siendo el pueblo escogido de Dios, Dios \u00abno se arrepiente de su gracia\u00bb (Rom 11, 29), no revoca sus dones. Por revelaci\u00f3n ha recibido Pablo la certidumbre de que tambi\u00e9n Israel entero encontrar\u00e1 la salvaci\u00f3n al fin de los tiempos (Rom 11, 26). Pero Pablo espera la consumaci\u00f3n de Ios tiempos en un momento pr\u00f3ximo. Por tanto, tambi\u00e9n Israel alcanzar\u00e1 pronto su redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>IV. El hombre<br \/>\nTambi\u00e9n la imagen y la doctrina que Pablo ofrece sobre el -> hombre prosiguen la tradici\u00f3n de Israel por la fe en Cristo. Como nuevo Ad\u00e1n (Rom 5, 12), Cristo es principio y fundamento de un nuevo ser humano y de una nueva humanidad. Mientras que el primer Ad\u00e1n es terreno y comunica vida animal, este \u00faltimo Ad\u00e1n es esp\u00ed\u00adritu vivificante, que procede del cielo (1 Cor 15, 45ss). Hasta la antigua doctrina de la semejanza con Dios (G\u00e9n 1, 27) es interpretada cristol\u00f3gicamente. En Cristo el hombre es creado de nuevo para la verdadera semejanza con el creador (Col 3, 9ss). El viejo hombre adam\u00ed\u00adtico era prisionero de las concupiscencias. El hombre nuevo es creado otra vez para vivir en justicia y piedad (Ef 2, 10). Ahora Cristo es el \u00abprimog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb (Rom 8, 29). La figura del redimido se consumar\u00e1 en la misma gloria del prototipo de Cristo (1 Cor 15, 49; Flp 3, 21). Del nuevo ser en Cristo se sigue la \u00e9tica del nuevo deber, que se despliega de m\u00faltiples modos. Como actitudes fundamentales pueden y deben mencionarse la fe, la justicia, la libertad y la esperanza.<\/p>\n<p>1. La -> fe reconoce y aprehende el obrar de Dios en Cristo. \u00abPero sabiendo que el hombre no se justifica por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo, tambi\u00e9n nosotros hemos cre\u00ed\u00addo en Cristo Jes\u00fas, para ser justificados por la fe en Cristo y no por las obras de la ley\u00bb (G\u00e1l 2, 16; de la referencia de la fe a Cristo hablan igualmente Rom 10, 17; 2 Cor 3, 4). La fe no es m\u00e9rito del hombre, sino don de Dios. \u00abA vosotros os ha sido concedido, no s\u00f3lo el creer en Cristo, sino tambi\u00e9n el sufrir por \u00e9l\u00bb (Flp 1, 29). Cuando Dios obra, el hombre no queda eximido de la responsabilidad, sino que es llamado a realizarla. \u00abTrabajad con temor y temblor en la obra de vuestra salvaci\u00f3n. Pues Dios es el que obra en vosotros tanto el querer como el obrar seg\u00fan su benepl\u00e1cito\u00bb (Flp 2, 12). Sin embargo, la fe como decisi\u00f3n es tambi\u00e9n obra del hombre. Es obediencia a la palabra de Dios que alcanza al hombre en la predicaci\u00f3n de la Iglesia (Rom 1, 5; 1 Tes 2, 13). La fe debe probarse en la pr\u00e1ctica del amor (G\u00e1l 5, 6). S\u00f3lo la fe puede crear la justicia del hombre, que por s\u00ed\u00ad mismo es siempre pecador (Rom 1, 18; 3, 20).<\/p>\n<p>La fe es obediencia, pero no obediencia ciega; posee su \u00abciencia\u00bb, por lo que conoce la obra de Dios. \u00abSi hemos muerto con Cristo Jes\u00fas, sabemos que tambi\u00e9n viviremos con \u00e9l\u00bb (Rom 6, 8ss). Al creyente se le abre una nueva inteligencia de s\u00ed\u00ad mismo y de su existencia. \u00abS\u00e9 y estoy plenamente persuadido en el Se\u00f1or Jes\u00fas de que nada hay impuro de por s\u00ed\u00ad\u00bb (Rom 14, 14; cf. Rom 5, 3; 2 Cor 1, 7; 5, 6; Flp 1, 19). A la fe no le est\u00e1 vedado el preguntar. Ella debe progresar siempre en ciencia y conocimiento de Dios (Col 1, 9ss). Fe y saber forman una unidad de polos diferentes. La fe es credulidad y fuerza creyente del hombre aprehendido. Pero la fe tiene siempre un contenido al que se refiere. Es fe en Jesucristo y confesi\u00f3n de Jesucristo (Rom 10, 9-14; G\u00e1l 2, 16; Flp 1, 29; 1 Tes 4, 14). En las cartas de Pablo aparece ya c\u00f3mo se est\u00e1 formando la norma y regla de fe, el s\u00ed\u00admbolo eclesi\u00e1stico (1 Cor 15, 3; cf. Rom 12, 6; G\u00e1l 1, 23; Ef 4, 5; m\u00e1s todav\u00ed\u00ada en las cartas pastorales: 1 Tim 2, 7; 3, 9; 4, 6; Tit 1, 1).<\/p>\n<p>2. La fe recibe la -> justicia. Israel aspir\u00f3 a alcanzar la justicia ante Dios. Durante largos tiempos carg\u00f3 sobre s\u00ed\u00ad fatigas y dolores indecibles. En tiempos del NT la comunidad de -> Qumr\u00e1n se esfuerza por un nuevo seguimiento estricto de la ley. Pero el piadoso sabe all\u00ed\u00ad que tambi\u00e9n \u00e9l est\u00e1 remitido al don de la justicia divina. \u00abMi justificaci\u00f3n est\u00e1 eternamente en la justicia de Dios\u00bb (1QS 9, 12). Pablo promete el cumplimiento de este esfuerzo y esperanza. Como para todo jud\u00ed\u00ado, para Pablo est\u00e1 fuera de duda que Dios es justo (Rom 3, 4-8). De ah\u00ed\u00ad en Pablo el concepto de justicia de Dios recibe un factor jur\u00ed\u00addico. Para el hombre se decide todo en que pueda presentarse delante de Dios como justo. \u00abEl justo por la fe vivir\u00e1\u00bb (Rom 1, 17). En una larga demostraci\u00f3n (Rom 1, 18ss), Pablo llega a la conclusi\u00f3n de que delante de Dios nunca ha habido ni hay justicia. Esto vale de jud\u00ed\u00ados y gentiles. Ahora, empero, se ofrece al hombre la posibilidad (y, por cierto, posibilidad \u00fanica) de la vida. \u00abAhora la justicia de Dios se revela en el evangelio\u00bb (Rom 1, 17; 3, 21). En el evangelio Dios se revela como el que es justo y justifica (Rom 3, 24-26). La justicia de Dios exig\u00ed\u00ada expiaci\u00f3n de la culpa. Dios hizo a Cristo \u00abpecado por nosotros, para que nosotros lleg\u00e1ramos a ser justicia de Dios en \u00e9l\u00bb (2 Cor 5, 21). Ahora es justo el que reconoce y acepta la voluntad y obra salvadora de Dios. \u00abNo tengo mi justicia que viene de la ley, sino la que viene de la fe en Cristo, la justicia que viene de Dios en la fe\u00bb (Flp 3, 9). La fe no es la justificaci\u00f3n, sino la aceptaci\u00f3n del don de Dios, la cual sigue al reconocimiento de que nada tenemos y a la justicia\u00bb (Rom 6, 16).<\/p>\n<p>Si bien la justicia no es prestaci\u00f3n moral, sino don, sin embargo cuando es aceptada se torna origen de nueva moralidad. La justicia debe dar su \u00abfruto\u00bb (Flp 1, 11). Ahora puede y debe cumplirse la exigencia de la justicia que se pondr\u00e1 un d\u00ed\u00ada de manifiesto en el juicio (Rom 2, 13; G\u00e1l 5, 5). La justicia est\u00e1 ya dada, pero simult\u00e1neamente es un bien esperado en el futuro, pues se conceder\u00e1 en el juicio final. La predicaci\u00f3n de Pablo es invitaci\u00f3n al encuentro continuado con el juicio de Dios como gracia divina. La justicia es para Pablo un concepto central, pero no a\u00f1ade nada extra\u00f1o al evangelio. Est\u00e1 de acuerdo con los -> Sin\u00f3pticos, cuya concepci\u00f3n contin\u00faa Pablo despu\u00e9s de la cruz y la resurrecci\u00f3n. Ahora han llegado \u00abel reino de Dios y su justicia\u00bb (Mt 6, 33). Ahora es real la promesa de la justicia sin obras (Lc 18, 14).<\/p>\n<p>3. Un efecto de la justicia es la -> libertad. El hombre se encuentra en la esclavitud de la ley (Rom 7, 23), del pecado (Rom 6, 20) y de la muerte (Rom 6, 23; 8, 2). Impotente para socorrerse a s\u00ed\u00ad mismo, el hombre es liberado ahora por la acci\u00f3n de Jesucristo, que tom\u00f3 sobre s\u00ed\u00ad el pecado y la muerte en representaci\u00f3n de los hombres (Rom 8, 3; 2 Cor 5, 21; G\u00e1l 3, 13). \u00abCristo nos ha liberado para la libertad\u00bb (G\u00e1l 5, 1). El creyente realiza la libertad, porque oye y sigue el llamamiento a la libertad (G\u00e1l 5, 13).<\/p>\n<p>La libertad no est\u00e1 en modo alguno desligada y sin freno. El don de la liberaci\u00f3n cristiana no es tanto libertad de, cuanto libertad para; es libertad de la ley para el evangelio, de la carne para el esp\u00ed\u00adritu, del pecado para la gracia, de la muerte para la vida; es libertad para el pr\u00f3jimo (G\u00e1l 5, 13) y para Dios (Rom 6, 22). La nueva existencia vive \u00abseg\u00fan la ley del esp\u00ed\u00adritu de la vida en Jesucristo\u00bb (Rom 8, 2). Ahora cumple \u00abla ley de Cristo\u00bb (G\u00e1l 6, 2). La libertad de la ley se hace verdadera y real en el cumplimiento de la ley de la libertad (Sant 1, 25). La libertad es ahora de manera particular la franqueza de la fe para hablar delante de Dios (2 Cor 3, 12; Ef 3, 12), no menos que para hablar delante de los hombres (2 Cor 7, 4; Ef 6, 19). Toda la libertad es don escatol\u00f3gico como liberaci\u00f3n de la servidumbre de lo caduco para la libertad de la gloria de los hijos de Dios (Rom 8, 21). Si en el NT, y en Pablo sobre todo, el t\u00e9rmino libertad y su contenido son sobremanera importantes, ello se debe en parte a la relaci\u00f3n con el mundo griego contempor\u00e1neo, para el que la libertad era un bien precioso, un bien buscado y apetecido, tanto en la filosof\u00ed\u00ada, como en la \u00e9tica y la religi\u00f3n. El mundo circundante se torna para el NT ocasi\u00f3n de conocer y predicar en el evangelio la verdadera libertad. Aqu\u00ed\u00ad se encuentran y separan el mundo y el evangelio. En el mundo (p. ej., en el estoicismo) la libertad se logra por la propia fuerza del sabio; en el evangelio es don de la gracia liberadora de Dios.<\/p>\n<p>4. La -> esperanza pertenece tan esencialmente a la fe, que Pablo puede llamar a los cristianos simplemente \u00ablos que se gozan en la esperanza\u00bb (Rom 12, 12), mientras los gentiles son \u00ablos que no tienen esperanza\u00bb (1 Tes 4, 13). El Dios b\u00ed\u00adblico es \u00abel Dios de la esperanza\u00bb (Rom 15, 13). La ra\u00ed\u00adz y el fundamento de la esperanza es la fe. \u00abAbraham esperando contra toda esperanza crey\u00f3\u00bb (Rom 4, 18). Si la fe es don de Dios, tambi\u00e9n lo es la esperanza. \u00abDios mismo nos am\u00f3 y nos dio, en su gracia, una consolaci\u00f3n eterna y una maravillosa esperanza\u00bb (2 Tes 2, 16). Pablo desarrolla el concepto y contenido de la esperanza. \u00abPues con esta esperanza fuimos salvados. Ahora bien, esperanza cuyo objetivo no se ve, no es esperanza. Porque \u00bfqui\u00e9n espera lo que ya est\u00e1 viendo? Pero, si estamos esperando lo que no vemos, con constancia y con ansia lo aguardamos\u00bb (Rom 8, 24ss). La esperanza mira siempre a lo futuro. Su objeto no est\u00e1 nunca experimentalmente presente. De lo contrario ya no ser\u00ed\u00ada esperanza, sino posesi\u00f3n. Pero esto no significa una merma, sino que garantiza la grandeza y el valor de los bienes esperados. La esperanza no escoge lo visible como lo aparentemente seguro, teniendo por inseguro y abandonando lo invisible. La esperanza no puede en absoluto dirigirse a lo visible, porque todo lo visible es temporal. \u00abNosotros no aspiramos a estas cosas que se ven, sino en las que no se ven. Porque las cosas que se ven son ef\u00ed\u00admeras; pero las que no se ven, son eternas\u00bb (2 Cor 4, 18). La esperanza se dirige al futuro, que es Dios. Hasta tal punto se dirige hacia lo sustra\u00ed\u00addo a nuestra disposici\u00f3n, que puede parecer al mundo como paradoja, como \u00abesperanza contra toda esperanza\u00bb (Rom 4, 18). Se funda en la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios en Cristo. \u00abTenemos esperanza en Dios por Cristo\u00bb (2 Cor 3, 4). La esperanza tiene su certeza en el amor personal de Dios a cada uno. \u00abLa esperanza no decepciona, porque el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por el Esp\u00ed\u00adritu Santo que nos ha sido dado\u00bb (Rom 5, 5). Si la tribulaci\u00f3n presente no destruye la fe, es porque despierta la esperanza (Rom 5, 4); y la esperanza despierta la franqueza (2 Cor 3, 12) y la alegr\u00ed\u00ada (Rom 12, 12).<\/p>\n<p>La esperanza es existencia fundada con Dios, que est\u00e1 sustra\u00ed\u00adda al mundo (Tit 2, 11-14). La esperanza abarca la creaci\u00f3n entera. Angustia y a\u00f1oranza son ahora los fen\u00f3menos visibles y audibles de toda vida. Esta situaci\u00f3n no es la creaci\u00f3n primigenia de Dios, sino que se debe a la culpa, no a la de la creaci\u00f3n irracional, sino a la del hombre. El gemir de la criatura es se\u00f1al de que ella espera la redenci\u00f3n y glorificaci\u00f3n (Rom 8, 20). Su esperanza no ser\u00e1 defraudada. La redenci\u00f3n del hombre no es para Pablo liberaci\u00f3n del mundo &#8211; como se pretende en la doctrina oriental y plat\u00f3nica -, sino -> redenci\u00f3n con el mundo. La creaci\u00f3n tuvo su principio en Cristo (cf. antes), subsiste en \u00e9l, y en \u00e9l se consuma ahora y en lo futuro (Col 1, 16ss; Heb 1, 2ss). Para todas las cosas puede decirse: \u00abCristo en vosotros, que es la esperanza de la gloria\u00bb (Col 1, 27).<\/p>\n<p>V. La Iglesia<br \/>\nLa comunidad mesi\u00e1nica se ordena en las cartas de Pablo como -> Iglesia. Su manera de entenderse y su riqueza se expresan bajo muchas denominaciones. Los cristianos se llaman a s\u00ed\u00ad mismos los \u00absantos\u00bb (Rom 1, 7, etc.), lo cual designa la vocaci\u00f3n y consagraci\u00f3n, e igualmente \u00abhermanos\u00bb (Rom 16, 14; 1 Cor 16, 20; 1 Tes 5, 26), palabra que indica la limitaci\u00f3n de la comunidad. La Iglesia es pueblo propio de D\u00ed\u00ados (Rom 9, 25ss; 1 Cor 10, 11; 2 Cor 6, 16). As\u00ed\u00ad es llamada ya por los profetas (Os 2, 23; Dt 7, 6) la comunidad mesi\u00e1nica y as\u00ed\u00ad se cumple la esperanza de Israel. La Iglesia es el nuevo y verdadero Israel (G\u00e1l 6, 16; Flp 3, 3), la Jerusal\u00e9n espiritual (G\u00e1l 4, 26). Es la nueva alianza fundada por Dios (1 Cor 11, 25; 2 Cor 3, 6).<\/p>\n<p>El nombre de la comunidad es en Pablo sobre todo ecclesia, Iglesia de Dios (unas 100 veces). Por cuanto la palabra recoge la designaci\u00f3n de la comunidad de la antigua alianza, a su vez llama a la nueva comunidad el verdadero Israel. Iglesia designa por de pronto \u00abtoda la comunidad ecum\u00e9nica de los elegidos y santificados\u00bb, no las comunidades particulares. En la Iglesia particular local se manifiesta y hace presente la \u00abIglesia universal\u00bb (1 Cor 1, 2). Pero los cristianos no est\u00e1n en la Iglesia, ni mucho menos es la Iglesia una magnitud contrapuesta a los creyentes, sino que los creyentes son la Iglesia. El gran empe\u00f1o de Pablo es mantener y fortalecer la unidad de la Iglesia (Rom 12, 5; 1 Cor 10, 17; 12, 9-20; Ef 4, 4ss).<\/p>\n<p>Mediante una imagen no b\u00ed\u00adblica, la Iglesia es llamada en las cartas de Pablo \u00abcuerpo de Cristo\u00bb (Rom 12, 5; 1 Cor 12, 27). El cuerpo real del Se\u00f1or crucificado, el cuerpo sacramental de la cena del Se\u00f1or y el cuerpo que es la Iglesia guardan relaciones profundas y forman una unidad (1 Cor 10, 16). Esos conceptos siguen despleg\u00e1ndose en cartas posteriores (Col 1, 24; Ef 4, 16: Cristo es la cabeza del cuerpo). La ex\u00e9gesis se pregunta si no repercuten aqu\u00ed\u00ad ideas gn\u00f3sticas sobre el primer hombre c\u00f3smico, si bien tales ideas s\u00f3lo despu\u00e9s del NT se han expresado con verdadera claridad.<\/p>\n<p>En la comunidad hay muchos servicios y ministerios (Rom 12, 6ss; 1 Cor 12, 7-11, 28; Flp 1, 1). Estos son carismas, entendidos como creaciones de Dios (1 Cor 12, 28-31), como dones de Cristo (Ef 4, 11ss), como operaciones del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 12, 6; 1 Cor 12, 11). Por esos ministerios en la Iglesia se predica la palabra, en la que puede o\u00ed\u00adrse y se hace eficaz la palabra de Dios (1 Tes 2, 13; 2 Cor 5, 18ss; Flp 2, 16). Esta palabra no s\u00f3lo habla de la salvaci\u00f3n acontecida, sino que la salvaci\u00f3n misma acontece en la predicaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, la palabra de la reconciliaci\u00f3n (2 Cor 5, 18ss), de la salvaci\u00f3n (Act 13, 26), de la gracia (Act 14, 3; 20, 32), de la vida (Flp 2,16) opera lo que ella anuncia. La palabra tiene fuerza sacramental (recordemos c\u00f3mo tambi\u00e9n el concilio Vaticano II habla de este modo sobre el poder de la palabra; as\u00ed\u00ad en la Constituci\u00f3n sobre la liturgia, n.\u00c2\u00b0 7). La palabra se pronuncia tambi\u00e9n en los ritos sagrados del bautismo (Ef 5, 26) y de la cena (1 Cor 11, 26). La comunidad es Iglesia de la -> palabra y de los -> sacramentos.<\/p>\n<p>VI. La consumaci\u00f3n<br \/>\nPablo emplea tambi\u00e9n, aunque raras veces, la expresi\u00f3n -> reino de Dios, que es esencial en la predicaci\u00f3n sin\u00f3ptica. Este reino de Dios est\u00e1 ya presente en la Iglesia (1 Cor 4, 20; Col 1, 13), pero es tambi\u00e9n futuro como meta de la fe y de la vida (1 Cor 6, 9ss; 15, 50; G\u00e1l 5, 21; 2 Tes 1, 5). La predicaci\u00f3n sin\u00f3ptica del reino de Dios estaba orientada al futuro de la salvaci\u00f3n. Ahora \u00e9sta es ya real en Cristo. Por eso el mensaje sobre el reino de Dios pasa a segundo t\u00e9rmino frente al evangelio sobre Cristo.<\/p>\n<p>Pablo espera con la Iglesia primitiva el pronto advenimiento del Se\u00f1or, que traer\u00e1 el tiempo final y la consumaci\u00f3n (los cuales comienzan con la resurrecci\u00f3n de los muertos). Pablo describe la escatolog\u00ed\u00ada con las im\u00e1genes y representaciones apocal\u00ed\u00adpticas de su tiempo (Rom 13, 11ss; 1 Cor 15, 23-28, 35-53; 1 Tes 4, 14-18). Para la expectaci\u00f3n pr\u00f3xima no es esencial el d\u00ed\u00ada del calendario, sino la disposici\u00f3n constante (1 Cor 16, 13) y la distancia frente al mundo (1 Cor 7, 29). Pablo se da cuenta de que, en la descripci\u00f3n escatol\u00f3gica, el conocimiento humano llega al l\u00ed\u00admite de sus posibilidades. Porque aquel mundo es invisible e inimaginable (Rom 8, 24ss; 2 Cor 4, 18). Aqu\u00ed\u00ad comienza el misterio de Dios (1 Cor15, 51). El preguntar puede ser necedad (1 Cor 15, 36). La tradici\u00f3n judaica del AT es referida por Pablo a Cristo, en quien queda fundada nuevamente. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es garant\u00ed\u00ada de la esperanza en la resurrecci\u00f3n (Rom 8, 11; 1 Cor 15, 22; 2 Cor 4, 14; 1 Tes 4, 14). El cristiano est\u00e1 unido con Cristo en la vida y en la muerte (Rom 8, 38; 1 Tes 4, 17). Tambi\u00e9n los muertos est\u00e1n \u00aben Cristo\u00bb (1 Cor 15, 18; 1 Tes 4, 16). Morir significa ir hacia el Se\u00f1or (Flp 1, 21-24) y estar con el Se\u00f1or (2 Cor 5, 8). El cristocentrismo desemboca en el teocentrismo. Dios, que es la plenitud de la vida, no permite que todo acabe en la muerte. \u00abConfiamos en Dios que resucita a los muertos\u00bb (2 Cor 1, 9). Finalmente, \u00abDios ser\u00e1 todo en todos\u00bb (1 Cor 15, 28).<\/p>\n<p>Es sorprendente el contraste entre 2 Cor 4, 7-18 y 5, 1-10. La \u00faltima per\u00ed\u00adcopa presenta el teatro apocal\u00ed\u00adptico del mundo en forma tradicional; en la primera, la escatolog\u00ed\u00ada es concebida de manera personal y m\u00ed\u00adstica, y es interpretada como una realidad presente. Si Pablo dijo primero que en el presente morir cotidiano se refuerza y se hace m\u00e1s \u00ed\u00adntima la uni\u00f3n con Cristo Se\u00f1or (2 Cor 4, 11-16), luego dice que la vida en el cuerpo implica la separaci\u00f3n del Se\u00f1or (2 Cor 5, 6-10). En la primera per\u00ed\u00adcopa Pablo habla lleno de confianza de la victoria ya ahora cierta e incluso ya realizada sobre la muerte (2 Cor 4, 16ss); en la otra, empero, habla con temor del morir que est\u00e1 a\u00fan por superar (2 Cor 5, 2-5). En torno a un mismo contenido son posibles para Pablo modos de considerar y ense\u00f1ar completamente distintos.<\/p>\n<p>VII. Dios<br \/>\nTambi\u00e9n el concepto de Dios en Pablo se define a la postre cristol\u00f3gicamente. Dios es el revelado en Jes\u00fas. Es el \u00abPadre de Jesucristo\u00bb (Rom 15, 6; 2 Cor 1, 3; Col 1, 3). La gloria de Dios ha aparecido en la faz de Cristo Jes\u00fas (2 Cor 4, 6). La fe en el Dios uno es para Pablo una certeza firme por la historia de Israel. \u00abSabemos que no hay m\u00e1s que un Dios\u00bb (1 Cor 8, 4 = Dt 6, 4; Rom 16, 27; G\u00e1l 3, 20). Pablo comparte el agradecimiento de su pueblo por esta fe. Partiendo de la fe jud\u00ed\u00ada en Dios condena la idolatr\u00ed\u00ada gentil (Rom 1, 18-32). Pero la fe en Dios no es una confesi\u00f3n te\u00f3rica, sino que es esencial su \u00abser para nosotros\u00bb (1 Cor 8, 4ss). Los que confiesan al Dios uno no pueden tener junto a \u00e9l otros dioses, ni, claro est\u00e1, \u00ed\u00addolos (1 Cor 10, 21; 2 Cor 6, 16); pero tampoco es posible reconocer poderes extra\u00f1os, ora por miedo (Col 2, 8-20), ora por culto secreto (Rom 1, 25; 1 Cor 8, 5).<\/p>\n<p>De acuerdo con el acontecer singular y permanente de la salvaci\u00f3n, la confesi\u00f3n estrictamente monote\u00ed\u00adsta de Dios se une con la confesi\u00f3n de Cristo, de suerte que se forman f\u00f3rmulas bimembres: \u00abGracia y paz a vosotros de parte de Dios nuestro Padre y del Se\u00f1or Jesucristo\u00bb (Rom 1, 7; 1 Tes 1, 1). La f\u00f3rmula bimembre es completada y ampliada en otra trimembre: \u00abLa gracia de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, y el amor de Dios, y la comuni\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo sea con vosotros\u00bb (2 Cor 13, 13; de modo semejante Rom 15, 30; 1 Cor 12, 4ss; G\u00e1l 4, 6; 2 Tes 2, 13; adem\u00e1s Mt 28, 19; 1 Pe 1, 2). Tales frases constituyen la base para la posterior dogm\u00e1tica trinitaria de la Iglesia, que acab\u00f3 de formarse con ayuda de la filosof\u00ed\u00ada griega. Las frases del NT no son enunciados sobre una esencia metaf\u00ed\u00adsica de Dios que descansa en s\u00ed\u00ad misma, sino que han de entenderse en forma hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica. El -> Dios eterno se manifest\u00f3 y manifiesta en su Hijo -> Jesucristo, que est\u00e1 presente en la Iglesia por la virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada del ap\u00f3stol Pablo es esencialmente cristolog\u00ed\u00ada. Puede resumirse en esta frase: \u00abEl que baj\u00f3 es el mismo que subi\u00f3 por encima de todos los cielos, para llenarlo todo\u00bb (Ef 4, 10).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Cf. bibl. de -> teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, espec.: H. Conzelmann, Grundri\u00df der Theologie des NT (Mn 1967) 175-348. &#8211; H.-J. Schoeps, Paulus. Die Theologie des Apostels im Lichte der j\u00fcdischen Religionsgeschichte (T 1959); F. W. Maler, Paulus als Kirchengr\u00fcnder und kirchlicher Organisator (W\u00fc 1961); F. Prat &#8211; J. Dani\u00e9lou, La Theologie de S. Paul, 2 Bde. (P 1961); F. Amtot, Die Theologie des hl. Paulus (Mz 1962); E. J\u00fcngel, Paulus und Jesus (T 1962); K. \u00abgenast, Das Verst\u00e4ndnis der Tradition bei Paulus und in den Deuteropaulinen (Neukirchen 1962); L. Cerfaux, Jesucristo en san Pablo (Descl\u00e9e Bil 1966); J. M. Bover, Teolog\u00ed\u00ada de san Pablo (Ma 41960); D. E. H. Whiteley, The Theology of St. Paul (0 1964); P. Bormann, Die Heilswirksamkeit der Verk\u00fcndigung nach dem Apostel Paulus (Pa 1965); R. Bullmann, Theologie des NT (T 51965); G. Delling, Die Botschaft des Paulus (B 1965); W. Th\u00fcsing, Per Christum in Deum (Mr 1965); E. G\u00fctgemanns, Der leidende Apostel und sein Herr (FRLANT 90) (G\u00f6 1966); P. Stuhlmacher, Gerechtigkeit Gottes bei Paulus (FRLANT 87) (G\u00f6 21966); J. A. Fltzmyer, Pauline Theology (Prentice Hall 1967); G. Hierzenberger, Weltbewertung bei Paulus nach 1 Kor 7, 29-31 (D 1967); K. Kertelge, \u00abRechtfertigung\u00bb bei Paulus (NTA NF 3) (Mr 1967); F. Patllard, Ringen mit Paulus (F 1967); A. Sand, Der Begriff \u00abFleisch\u00bb in den paulinischen Hauptbriefen (Rb 1967); J. Blank, Jesus und Paulus (Mn 1968); A. van D\u00fclmen, Die Theologie des Gesetzes bei Paulus (St 1968); A. Grabner-Haider, Paraklese und Eschatologie bei Paulus (NTA NF 4) (Mr 1968); K. H. Schelkle, Theologla del NT, I: La creaci\u00f3n (Herder Ba 1975); 0. Kuss, s. Pablo (Herder Ba 1974).<\/p>\n<p>Karl Hermann Schelkle<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La fe del ap\u00f3stol Pablo y su teolog\u00ed\u00ada como reflexi\u00f3n sobre la fe tienen su fundamento y centro en la visi\u00f3n de Cristo ante Damasco, en la que Pablo reconoci\u00f3 y experiment\u00f3 como Mes\u00ed\u00adas y Se\u00f1or glorificado al Jes\u00fas crucificado a quien \u00e9l persegu\u00ed\u00ada (1 Cor 9, 1; G\u00e1l 1, 16). 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