{"id":18988,"date":"2016-02-05T12:11:01","date_gmt":"2016-02-05T17:11:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/palabra-palabra-de-dios\/"},"modified":"2016-02-05T12:11:01","modified_gmt":"2016-02-05T17:11:01","slug":"palabra-palabra-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/palabra-palabra-de-dios\/","title":{"rendered":"PALABRA, PALABRA DE DIOS"},"content":{"rendered":"<p>I. En la Biblia<br \/>\nLa primigenia experiencia humana acerca de la importancia de la palabra (p.) se muestra ya en los pueblos primitivos, en los cuales \u00e9sta posee un poder m\u00e1gico y es entendida como una fuerza que coacciona a la divinidad. Pero existe tambi\u00e9n otra manera de ver, donde la p. aparece como fuerza de una divinidad, lo cual explica su introducci\u00f3n en las teogon\u00ed\u00adas (antigua religi\u00f3n egipcia) y en las cosmogon\u00ed\u00adas (epopeya babilonia de la creaci\u00f3n). De todos modos, tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad se presupone la fe en el poder m\u00e1gico de la p., el cual encuentra su grado sumo en la divinidad originaria.<\/p>\n<p>En el AT la significaci\u00f3n teol\u00f3gica de la palabra de Dios (p. de D.) surge ya en lanarraci\u00f3n del escrito sacerdotal sobre la creaci\u00f3n (G\u00e9n 1, 1-2, 4b; pero no aparece a\u00fan la forma sustantiva de la p. de D.), donde el hablar divino es expresi\u00f3n del poder personal y de la sabidur\u00ed\u00ada del creador. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad se abre ya la mirada a la visi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de la p. de Dios. El enlace entre la inteligencia c\u00f3smico-creadora y la salv\u00ed\u00adfica de la p. de D. queda roborado por el hecho de que tambi\u00e9n la conservaci\u00f3n del mundo y la direcci\u00f3n hist\u00f3rica de Israel aparecen como acciones de Dios (cf. Sal 147, 15 18ss).<\/p>\n<p>La p. de D. tiene su lugar central en la literatura prof\u00e9tica; aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la ra\u00ed\u00adz del desarrollo teol\u00f3gico de la representaci\u00f3n \u00abp. de Dios\u00bb. Sobre el car\u00e1cter de esta p. informan las historias de vocaci\u00f3n, en las cuales siempre es decisiva la comunicaci\u00f3n de la p. de Yahveh (cf. Jer 1, 9ss; Is 6, Iss; Ez 2, 8ss; Os 1, Iss; J1 1, 1; Jon 1, 1; Miq 1, 1). La transmisi\u00f3n de la p. de D. acontece en forma tal que se hace tangible el poder absoluto de la misma. Por ello en boca del profeta la p. no s\u00f3lo posee una funci\u00f3n no\u00e9tica e intelectual, en la cual se anuncia el futuro; sino que, m\u00e1s todav\u00ed\u00ada, est\u00e1 cargada de fuerza y obra formando historia por la mediaci\u00f3n del profeta (1 Re 17, 1). Como proclamaci\u00f3n de la p. originaria de Yahveh, la sentencia del profeta es el medio de realizaci\u00f3n de las decisiones divinas, las cuales apuntan al juicio, pero tambi\u00e9n a una vida nueva (Ez 37, Iss) y a la nueva alianza (Jer 31, 31ss; Is 54, 10). En la obra hist\u00f3rica del Deuteronomio, frente a la concepci\u00f3n de la p. como evento, se hace visible otro momento, el cual apunta en una direcci\u00f3n m\u00e1s objetivamente. Ya en Ex todo el -a dec\u00e1logo puede ser denominado como las \u00abdiez palabras del Se\u00f1or\u00bb (Ex 34, 28). En el Dt se llama p. de D. tanto un mandamiento particular (Dt 15, 15) como la ley entera en cuanto resumen de la voluntad jur\u00ed\u00addica de Dios (Dt 30, 14). La p. de D. objetivada en la -> ley (1) es entendida tambi\u00e9n como creadora de salvaci\u00f3n, como \u00abpalabra que nos ha dado la vida\u00bb (Sal 119, 50). En el juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado est\u00e1 viva la convicci\u00f3n de que la t\u00f6rd es una fuente de vida que mana continuamente tanto para el pueblo como para el individuo. La p. de D., en todas sus formas, tiene un car\u00e1cter de di\u00e1logo y respuesta, el cual presupone en el receptor (Dt 6, 4; Is 7, 13; Jer 22, 2) un escuchar atento, entendi\u00e9ndose por tal la conversi\u00f3n completa a Dios.<\/p>\n<p>En el NT la representaci\u00f3n de la p. de D. acu\u00f1ada por el -> profetismo veterotestamentario conserva ante todo su significaci\u00f3n. De acuerdo con esta concepci\u00f3n toda la -> revelaci\u00f3n atestiguada en el AT puede llamarse p. de D. (Mt 1, 22; 2, 15; Mc 12, 26; Rom 15, 10). Pero la p. de D. experimenta una especificaci\u00f3n por su enlace con la persona de Jes\u00fas y con lo acontecido en \u00e9l (-> Jesucristo). En boca de Jes\u00fas la p. de D. toma el car\u00e1cter de buena nueva, de salvaci\u00f3n que se hace evento (Lc 5, 1; 8, 11 21); y por esto reviste un poder singular (Mt 7, 28ss). Las palabras de Jes\u00fas producen los acontecimientos salv\u00ed\u00adficos (cf. Lc 24, 44) y, sobre todo en los -> milagros, permiten reconocer una coincidencia de palabra y acci\u00f3n (cf. Mt 8, 8). Pero tambi\u00e9n se insin\u00faa una coincidencia de palabra y persona de Cristo en los sin\u00f3pticos, concretamente en la afirmaci\u00f3n de que todo aquel que se averg\u00fcenza de las palabras de Jes\u00fas se averg\u00fcenza tambi\u00e9n del Se\u00f1or (Mc 8, 38; Lc 9, 26). Esta personificaci\u00f3n de la palabra de Cristo es proseguida por Pablo cuando llama a Jes\u00fas el \u00abs\u00ed\u00ad y am\u00e9n\u00bb en el que se han cumplido todas las promesas divinas (2 Cor 1, 20). Igualmente Heb expone c\u00f3mo la p. de D. se ha proclamado, como conclusi\u00f3n y consumaci\u00f3n, en la persona del Hijo (Heb 1, lss). La equiparaci\u00f3n m\u00e1s fuerte entre la p. de D. y la persona de Cristo se da en el Evangelio de Juan, donde Cristo es llamado p. de D., que procede de un mundo preexistente (Jn 1, lss), ha aparecido en la carne (Jn 1, 14) y constituye la fuerza definitivamente salvadora del mundo. Para la comprensi\u00f3n neotestamentaria de la p. es decisiva la visi\u00f3n de que la p. de D. encarnada en Cristo contin\u00faa en la Iglesia y est\u00e1 presente en ella. As\u00ed\u00ad los ap\u00f3stoles, llamados por Cristo a ser servidores de la p., se entienden (Lc 1, 2) no como transmisores de una doctrina, sino como heraldos de la salvaci\u00f3n ocurrida en Cristo y del -> misterio de Dios revelado en \u00e9l. Esta salvaci\u00f3n, y con ella Cristo mismo, est\u00e1 presente en las palabras de los ap\u00f3stoles. Por ello el logos tou Theou, o bien el logos tou Kyriou (Act 13, 46ss; 1 Cor 14, 36; Flp 1, 14; Col 3, 16), proclamado por los ap\u00f3stoles para la edificaci\u00f3n de la comunidad, no s\u00f3lo designa el origen de sus palabras en el Se\u00f1or, sino tambi\u00e9n la p. en la que Cristo mismo se comunica a los hombres. Por esto Pablo puede afirmar contundentemente: \u00abNosotros proclamamos a Cristo&#8230; como Se\u00f1or\u00bb (2 Cor 4, 5). El que Cristo mismo hable en la palabra de los ap\u00f3stoles es posible, seg\u00fan la concepci\u00f3n de la -\u00abEscritura, porque el Esp\u00ed\u00adritu Santo, en quien Cristo se manifiesta despu\u00e9s de su partida (cf. 2 Cor 3, 17), capacita la p. humana para esta representaci\u00f3n espiritual y din\u00e1mica.<\/p>\n<p>Como actualizaci\u00f3n del suceso de la salvaci\u00f3n en Cristo, la proclamaci\u00f3n de la p. debe ser una instituci\u00f3n divina permanente en la Iglesia. Por esto, ya durante la vida de los ap\u00f3stoles hay colaboradores del evangelio, a los cuales se ha transferido el servicio de la p. de D. (Act 8, 4ss; 1 Cor 16, 10; 2 Cor 1, 19; 1 Tim 4, 12ss; 2 Tim 4, 2; Tit 2, 1). Pero este servicio no s\u00f3lo se da en la proclamaci\u00f3n oral, sino que pronto es fijado adem\u00e1s por escrito. Es caracter\u00ed\u00adstico que los ap\u00f3stoles reclaman para sus cartas la misma autoridad que para su p. oral (2 Tes 2, 2 15; 3, 14; 2 Cor 10, 1iss; 1 Tim 3, 14ss). Tambi\u00e9n las ep\u00ed\u00adstolas valen como logos parakl\u00e9seos (1Pe 5, 12; Heb 13, 22), en el cual obra la gracia de Dios. As\u00ed\u00ad los -> sin\u00f3pticos pueden equiparar sus escritos sobre la salvaci\u00f3n ocurrida en Cristo con el evangelio, es decir, con la revelaci\u00f3n divina de la salvaci\u00f3n en Cristo (Mc 1, 1; 14, 9; Mt 24, 14; 26, 13). Por ello, en la Iglesia aparece pronto la convicci\u00f3n de que tambi\u00e9n la fijaci\u00f3n en determinados escritos del testimonio apost\u00f3lico acerca de Cristo es expresi\u00f3n del evangelio viviente de Jes\u00fas y, con ello, de la p. de D. en la palabra humana.<\/p>\n<p>II. En la historia de la teolog\u00ed\u00ada<br \/>\nLa Iglesia antigua vio en la p. de los ap\u00f3stoles fijada por escrito ante todo la p. de D. que deb\u00ed\u00ada conservarse sin falsificaci\u00f3n (Ap 19, 9; 21, 5; 22, 8). En la carta de Clemente Romano a la comunidad de Corinto (hacia el 96 d.C.), tanto el AT (13, 13; 40, 1; 53, 1) como las palabras de Jes\u00fas transmitidas por escrito (13, 1; 46, 7) son denominados p. de D., que engendra la fe y edifica la comunidad (48, 5).<\/p>\n<p>En Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada se encuentra la analog\u00ed\u00ada, posteriormente usada una y otra vez, de los escritos sagrados como carne y sangre del Logos encarnado. La llamada 2 Clem (la m\u00e1s antigua predicaci\u00f3n cristiana) insin\u00faa el pensamiento de que tambi\u00e9n la predicaci\u00f3n eclesi\u00e1stica est\u00e1 llena de salvaci\u00f3n; as\u00ed\u00ad, cuando la llama \u00abfuerza salvadora\u00bb (15, 1) y dice que Dios obra en ella \u00abgozo\u00bb para los obedientes y \u00abcondenaci\u00f3n\u00bb para los desobedientes (15, 5). Tambi\u00e9n la Didakhe habla de que el Se\u00f1or est\u00e1 presente all\u00ed\u00ad donde se proclama su gloria (4, 1). En Or\u00ed\u00adgenes no s\u00f3lo la sagrada Escritura es entendida, en una concepci\u00f3n encarnatoria (en relaci\u00f3n con la -> inspiraci\u00f3n), como \u00abel \u00fanico cuerpo completo del Logos\u00bb (Jer. hom. Fragm. II), sino tambi\u00e9n la proclamaci\u00f3n cristiana es considerada como p. de D. (De principiis III 1, 1). En la lectura de la Escritura, en la oraci\u00f3n y en la predicaci\u00f3n se parte \u00abel man\u00e1 de la p. divina\u00bb (Ex. hom. xi 3). Tales concepciones prosiguen en la teolog\u00ed\u00ada griega, p. ej., cuando Basilio el Grande designa la predicaci\u00f3n como \u00abel desayuno y la cena\u00bb de los fieles (In Hexaemeron hom. viii 8), y cuando Cris\u00f3stomo habla de la Biblia como medicina para el alma (homil\u00ed\u00ada In Lazarum 3, 1) y de la predicaci\u00f3n como \u00absacrificio de la palabra\u00bb (serm\u00f3n Cum presbyter 1). Junto a esta concepci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de la proclamaci\u00f3n hay una teolog\u00ed\u00ada sacramental del culto, sin que sea perceptible un enlace entre ambas.<\/p>\n<p>En la teolog\u00ed\u00ada occidental Agust\u00ed\u00adn es el punto de convergencia de los pensamientos sobre la p. de D. Ciertamente, a veces se hace sentir la influencia neoplat\u00f3nica en una concepci\u00f3n marcadamente trascendente de la p. de D. (cf. Enarr. in Ps. 44, 5); pero, gracias a la concepci\u00f3n realista de la encarnaci\u00f3n, \u00e9sta es concebida por Agust\u00ed\u00adn como \u00abenverbaci\u00f3n\u00bb, y la p. de D. es reconocida como permanente fuerza salv\u00ed\u00adfica. As\u00ed\u00ad la sagrada Escritura es el chirographum de Dios que nos ha sido entregado, en el cual vive la p. de D. Procedente de los ap\u00f3stoles, la proclamaci\u00f3n de la p. va unida a la Iglesia. En ella prosigue el acontecer de la p., la cual es considerada como agente de salvaci\u00f3n, seg\u00fan se ve en las expresiones \u00abcomida salv\u00ed\u00adfica\u00bb (Tract. VII in Jo., n\u00c2\u00b0 24), \u00abbanquete de Dios (ibid., n\u00c2\u00b0 2), \u00abpan de los \u00e1ngeles\u00bb (ibid. xiii, n.\u00c2\u00b0 4) y \u00abvoz del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (ibid. xu, n.o 5). Por ello tambi\u00e9n es explicable que en Agust\u00ed\u00adn se llegue a una equiparaci\u00f3n de palabra y -> sacramento, como lo muestra la afirmaci\u00f3n de que \u00abnosotros somos engendrados en el Esp\u00ed\u00adritu por la p. y el sacramento\u00bb (ibid. xii, n\u00c2\u00b0 5). Con la dial\u00e9ctica del foris-intra Agust\u00ed\u00adn abre nuevas profundidades a la teolog\u00ed\u00ada de la p., como aparece sobre todo en su concepci\u00f3n de Cristo como maestro interior, el cual obra decisivamente tambi\u00e9n en la proclamaci\u00f3n. Algunas consideraciones filos\u00f3fico-ling\u00fc\u00ed\u00adsticas y teor\u00e9tico-cognoscitivas de Agust\u00ed\u00adn (ante todo sobre la \u00abpalabra interior\u00bb) hacen, ciertamente, que retroceda la importancia de la p. hablada. Pero, no obstante, \u00e9l conserva el momento encarnatorio, seg\u00fan el cual la palabra exterior de la predicaci\u00f3n es necesaria para el hombre ca\u00ed\u00addo como auxilio que le proporciona la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para la primitiva edad media la Escritura y la predicaci\u00f3n, la cual se realizaba ante todo como interpretaci\u00f3n de la Escritura, continuaban siendo medios salv\u00ed\u00adficos eficaces, de manera que Alcuino (t 804) puede decir del predicador que por su palabra, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n por la administraci\u00f3n de los sacramentos, engendra nuevos hijos para el rey del cielo (In Cant., c. 6). Sin embargo, en la espiritualidad interiorizada del monacato el proceso de salvaci\u00f3n fue entendido preferentemente como un acontecer espiritual e interior, lo cual condujo a un desplazamiento del acento desde la palabra exterior y su proclamador a la acci\u00f3n m\u00ed\u00adstica e interior de Dios y de su gracia. En correspondencia con ello se llega a una concepci\u00f3n de la sagrada Escritura que se aparta de la palabra exterior y prefiere la interpretaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica y espiritual. As\u00ed\u00ad qued\u00f3 sin responder ante todo la pregunta de la manera en que la proclamaci\u00f3n en sentido b\u00ed\u00adblico puede entenderse como medio eficaz de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tom\u00e1s de Aquino responde a esta cuesti\u00f3n mediante la comparaci\u00f3n entre la generaci\u00f3n corporal y la predicaci\u00f3n, en la que, por la comunicaci\u00f3n de la p. divina, se transmite la vida de la gracia (Expos. in Epist. ad Titum). Aqu\u00ed\u00ad la proclamaci\u00f3n de la p. de D. asume un rasgo doctrinal. Tambi\u00e9n el inter\u00e9s m\u00e1s fuerte por el sacramento y la idea de su eficacia objetiva hicieron que retrocediera la significaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de la predicaci\u00f3n, y limitaron el acontecer de la p. en la Iglesia a una funci\u00f3n preferentemente dispositiva. Sin embargo, esto no condujo en modo alguno a la desvirtuaci\u00f3n de la Escritura como p. divina y de la predicaci\u00f3n que la interpreta. Seg\u00fan Buenaventura, la p. de la sagrada Escritura es una simiente divina que produce un nuevo nacimiento en el hombre (Comm. Luc., c. 8, n.\u00c2\u00b0 17). Tambi\u00e9n el predicador pronuncia \u00abla p. preciosa, pura y melodiosa de Dios\u00bb (Prothema primum), convirti\u00e9ndose as\u00ed\u00ad en \u00abboca de Dios\u00bb (Comm. Luc., c. 10). Al lado de esta concepci\u00f3n realista de la acci\u00f3n de Dios en la p., hubo en la edad media corrientes espiritualistas que lo cifraron todo en la iluminaci\u00f3n interior y descuidaron la p. de la Escritura (beguinas), aunque no lograron suprimir la significaci\u00f3n encarnativa y kerygm\u00e1tica de la palabra. En Tom\u00e1s de Kempis se llega a una relaci\u00f3n estrecha entre p. y sacramento (eucar\u00ed\u00adstico); p. ej., cuando \u00e9l habla de la mesa del altar sagrado y de la mesa de la ley divina, la cual contiene la doctrina santa e instruye en la fe verdadera (Imitaci\u00f3n de Cristo, iv, 11). La unidad que aqu\u00ed\u00ad se insin\u00faa entre el doble elemento de p. y sacramento fue disuelta por Wiclef, en quien aparece ya el principio de sola Scriptura. El concilio de Trento da tambi\u00e9n a la tradici\u00f3n el car\u00e1cter normativo de p. de D., as\u00ed\u00ad cuando cita el concilio Nicenoconstantinopolitano y habla de \u00e9l como \u00abespada espiritual de la p. de D.\u00bb (ses. nt). La reforma protestante condujo a una nueva evoluci\u00f3n en la concepci\u00f3n de la palabra (cf. iv).<\/p>\n<p>III. Visi\u00f3n sistem\u00e1tica<br \/>\nLa penetraci\u00f3n teol\u00f3gica de la realidad de la p. de D. depende de un anterior esclarecimiento filos\u00f3fico, puesto que la p. de D. se proclama siempre en la p. humana, y con ello la p. natural del hombre es el medio de la p. de D. En este esclarecimiento puede mostrarse c\u00f3mo el -> lenguaje humano, por su funci\u00f3n l\u00f3gica, est\u00e9tica y energ\u00e9tica, ofrece los presupuestos para la proclamaci\u00f3n de la p. de D. como verdad divina, acci\u00f3n divina y entrega de Dios mismo. Adem\u00e1s, aqu\u00ed\u00ad se puede demostrar que el hombre como oyente puede recibir la p. trascendente y sobrenatural de Dios. El fundamento de esa posibilidad estriba en la capacidad de respuesta a Dios que va inherente a la personalidad humana.<\/p>\n<p>Mas para llegar a una verdadera audici\u00f3n de la p. sobrenatural se requieren en el receptor la -> fe y la -> gracia como disposici\u00f3n trascendental para la apropiaci\u00f3n de la p. de D. Con ello la p. externa de Dios, proclamadora categorial e hist\u00f3ricamente, no queda disminuida en su importancia, pues la subjetividad aprior\u00ed\u00adstico del poder o\u00ed\u00adr s\u00f3lo se actualiza por la experiencia del acontecer categorial e hist\u00f3rico de la palabra. Este acontecer tiene una historia, la cual ha alcanzado su punto culminante en -> Jesucristo, la \u00abp. encarnada\u00bb, y conduce a distintas configuraciones de la p. en la Iglesia. El destacar las distintas formas de la p. de D. es un cometido especial de la teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica. El desarrollo de esa tarea empieza con la exposici\u00f3n del car\u00e1cter de p. de D. que tiene la Escritura, la cual, seg\u00fan la concepci\u00f3n cat\u00f3lica, no s\u00f3lo contiene la p. de D., sino que es ella misma p. divina. A este respecto ha de pensarse, sin embargo, que la consignaci\u00f3n en el documento b\u00ed\u00adblico es s\u00f3lo un momento de transici\u00f3n en el camino hacia una nueva vivificaci\u00f3n de la p. en la predicaci\u00f3n, donde renace la vitalidad originaria de la p. de D. pronunciada por los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>A pesar del car\u00e1cter de p. de D. que tiene la Escritura, el cual se debe esencialmente a la inspiraci\u00f3n, la Escritura no es simplemente id\u00e9ntica con la p. de Dios. Aqu\u00e9lla permanece siempre, aun siendo p. de D., un testimonio humano de los ap\u00f3stoles y de la Iglesia primitiva acerca de la revelaci\u00f3n que aconteci\u00f3 una sola vez. La Escritura es p. de D. en forma de respuesta humana de fe a esa palabra. Pero esta respuesta no consiste en un enunciado del hombre sobre s\u00ed\u00ad mismo. M\u00e1s bien el creyente toma la p. procedente de Dios y da testimonio de ella, confiri\u00e9ndole forma de expresi\u00f3n. Entendida como testimonio de la p. de D., la Escritura tampoco se identifica con la revelaci\u00f3n. M\u00e1s bien se\u00f1ala hacia la revelaci\u00f3n, pero no a la manera de un signo vac\u00ed\u00ado, sino en forma cuasisacramental, haciendo presente y actualizando el objeto del que da testimonio.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad entendida, la p. de D. jam\u00e1s es un contenido que est\u00e9 a disposici\u00f3n de la p. humana. Por eso tambi\u00e9n la Iglesia, en su uso e interpretaci\u00f3n de la Escritura, queda confrontada con la p. de D. como realidad superior y est\u00e1 sometida a ella. La Escritura puede concebirse como una prolongaci\u00f3n de la p. de la revelaci\u00f3n proclamada en Cristo, y con ello como p. de D. en sentido encarnatorio; sin embargo, lo \u00abdivino\u00bb que hay en ella no ha de entenderse est\u00e1ticamente a manera de una \u00abcosa\u00bb.<\/p>\n<p>La p. de D. s\u00f3lo alcanza plena actualizaci\u00f3n en la proclamaci\u00f3n de la Iglesia. Esto queda confirmado por el hecho experimental de que en la Iglesia no es la p. de la Escritura en cuanto tal lo que constituye la esencia de la predicaci\u00f3n, sino la p. proclamada en la Biblia. En este sentido tambi\u00e9n tiene validez en la concepci\u00f3n cat\u00f3lica de la predicaci\u00f3n el principio que antes defend\u00ed\u00adan preferentemente las Iglesias reformadas: Praedicatio verbi divini est verbum divinum. Aqu\u00ed\u00ad el pensamiento teol\u00f3gico debe esforzarse particularmente por demostrar c\u00f3mo la p. de D. todav\u00ed\u00ada hoy puede transmitirse llena de realidad a trav\u00e9s de un predicador humano. Para ello se requieren ante todo la vocaci\u00f3n y la misi\u00f3n del predicador por Cristo, o por la Iglesia que prosigue su obra, pues \u00ab\u00bfc\u00f3mo podr\u00e1n proclamar, sin haber sido enviados?\u00bb (Rom 10, 15). En virtud de esa misi\u00f3n el querer y el obrar humanos est\u00e1n tan estrechamente unidos a Dios, que la predicaci\u00f3n es esencialmente un servicio mandado y posibilitado por \u00e9l. Pero esta uni\u00f3n no da todav\u00ed\u00ada ninguna explicaci\u00f3n sobre el hecho de que la palabra humana del predicador expresa realmente la p. de D. tambi\u00e9n en su contenido.<\/p>\n<p>Esto s\u00f3lo queda garantizado si la predicaci\u00f3n arranca de las revelaciones y de su testimonio normativo en la sagrada Escritura. En consecuencia, la adecuaci\u00f3n de la predicaci\u00f3n a la Escritura es el criterio decisivo, por lo que se refiere al contenido, de que en la palabra humana del predicador se halla y hace evento la p. divina. Eso no implica una repetici\u00f3n biblicista de la p. de la Escritura; se trata m\u00e1s bien de un testimonio lleno del Esp\u00ed\u00adritu acerca de esta p., testimonio que puede ir dirigido a la situaci\u00f3n especial del oyente precisamente cuando el predicador parte del texto fijado y lo actualiza en una nueva palabra. Entendida como acontecer salv\u00ed\u00adfico, la proclamaci\u00f3n de la p. de D. se aproxima ala realidad sacramental. La determinaci\u00f3n de ambas realidades debe hacerse de modo tal que no resulte ninguna duplicaci\u00f3n superflua de los actos salv\u00ed\u00adficos, ni quede tampoco mutilada una dimensi\u00f3n frente a la otra.<\/p>\n<p>En la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica de nuestros d\u00ed\u00adas la determinaci\u00f3n de la relaci\u00f3n entre ambas magnitudes se hace de diversas maneras. As\u00ed\u00ad la proclamaci\u00f3n es considerada a veces como \u00abpr\u00f3logo\u00bb a la palabra \u00abm\u00e1s condensada\u00bb del sacramento (H. Schlier). Pero la ordenaci\u00f3n mutua puede describirse tambi\u00e9n como unidad de p. y acci\u00f3n (G. S\u00f6hngen) o como relaci\u00f3n de oferta y operaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica (V. Warnach); otros autores entienden el sacramento como la uni\u00f3n m\u00e1s estrecha con Cristo (M. Schmaus), o bien como la \u00absuprema realizaci\u00f3n esencial de la p. eficaz&#8230; con una intervenci\u00f3n decisiva de la Iglesia\u00bb (K. Rahner). Finalmente, la relaci\u00f3n es interpretada tambi\u00e9n como el doble movimiento: de Dios al hombre (p.) y del hombre a Dios (sacramento [O. Semmelroth]). En todo caso se mantiene firmemente que p. y sacramento no son magnitudes dispares sino fases unidas y referidas mutuamente del \u00fanico proceso de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>IV. Teolog\u00ed\u00ada protestante<br \/>\nPara las Iglesias reformadas la p. de D. fue siempre un concepto central de la fe y de la teolog\u00ed\u00ada, aunque la interpretaci\u00f3n del mismo ha estado sometido a fuerte variaci\u00f3n hasta nuestros d\u00ed\u00adas. Seg\u00fan la fundamentaci\u00f3n cristol\u00f3gica que Lutero hace del car\u00e1cter de p. de D. que tienen el evangelio y la predicaci\u00f3n, en la p. se hace presente el acontecer salv\u00ed\u00adfico en forma de una acci\u00f3n actual, pero s\u00f3lo para aquellos que poseen el Esp\u00ed\u00adritu de Dios. Frente a la acentuaci\u00f3n que aqu\u00ed\u00ad encontramos del extra nos y de la estructura encarnatoria de la p. de D., en Zuinglio y Calvino aparece una cierta espiritualizaci\u00f3n de la p., pues ellos insisten en la acci\u00f3n interna de Dios sin el medio de la palabra. Con la acentuaci\u00f3n extrema del principio de la Escritura y de la inspiraci\u00f3n verbal la antigua ortodoxia protestante lleg\u00f3 a la equiparaci\u00f3n de la p. de D. con la Escritura y a la idea de la efficacia verbi divini etiam ante y extra usura, cosa que tuvo como concomitancia una visi\u00f3n doctrinal de la p. de D. Contra el concepto supranaturalista de p., propio del antiguo protestantismo, tomaron posici\u00f3n los te\u00f3logos de la ilustraci\u00f3n, y tambi\u00e9n Schleiermacher con su subjetivismo religioso. La p\u00e9rdida as\u00ed\u00ad iniciada de la idea de p. se muestra a finales de siglo con especial claridad en W. Herrmann, que reduce la revelaci\u00f3n propiamente dicha a la experiencia de la vida interna de Jes\u00fas. S\u00f3lo la teolog\u00ed\u00ada -> dial\u00e9ctica logr\u00f3 dar nueva vida a la concepci\u00f3n teol\u00f3gica de la palabra.<\/p>\n<p>Para K. Barth la palabra de Dios se presenta bajo tres formas (revelaci\u00f3n, Biblia y predicaci\u00f3n); pero a la vez \u00e9l insiste en la diferencia entre p. de D. y Escritura. La Escritura y la predicaci\u00f3n se hacen p. de D. siempre de nuevo, a manera de evento actual. Este actualismo se agudiza todav\u00ed\u00ada en R. Bultmann, pues \u00e9l entiende la p. de D. como una llamada existencial y escatol\u00f3gica, la cual no tiene ning\u00fan contenido propiamente dicho, limit\u00e1ndose a despertar en el hombre una nueva inteligencia de s\u00ed\u00ad mismo. Esta concepci\u00f3n formal de la p. de D. es corregida por E. Brunner, que ve en la p. divina la apertura de Dios mismo a los hombres, en la cual \u00e9l comunica tambi\u00e9n la verdad acerca de s\u00ed\u00ad mismo. De manera semejante G. Ebeling entiende el hecho de la p. como una autodonaci\u00f3n de Dios, la cual ilumina el lugar de la existencia humana y abre al hombre el \u00abfuturo\u00bb (la salvaci\u00f3n). La alta calificaci\u00f3n teol\u00f3gica y antropol\u00f3gica que aqu\u00ed\u00ad se hace visible, queda disminuida en P. Tillich, que concibe la p. de D. como s\u00ed\u00admbolo del misterio abisal de Dios, el cual tiene car\u00e1cter de logos. W. Pannenberg quiere decididamente alejarse de la teolog\u00ed\u00ada de la p.; \u00e9l busca la revelaci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de la p., y as\u00ed\u00ad concibe la historia universal como una revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>All\u00ed\u00ad donde en la teolog\u00ed\u00ada protestante se reflexiona sobre la relaci\u00f3n entre p. y sacramento, con frecuencia se llega a una desvirtuaci\u00f3n de este \u00faltimo. Esto sucede bajo diversos matices: por concebir que el sacramento se limita a esclarecer el car\u00e1cter actual de la p. (P. Althaus); porque a los sacramentos se les atribuye simplemente una mayor fuerza cognoscitiva (K. Barth); o bien porque insistiendo en el aspecto psicol\u00f3gico, el mundo sacramental es concebido como una manifestaci\u00f3n visible del misterio de la presencia divina (H. Stephan).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: J. Szerudl, Das Wort Jahwes (L\u00f3dz 1921); F. Gogarten, Das Wort und die Frage nach der Kirche: Zwischen den Zeiten 4 (Mn 1926) 279-296; E. 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