{"id":18989,"date":"2016-02-05T12:11:04","date_gmt":"2016-02-05T17:11:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/papas-historia-de-los\/"},"modified":"2016-02-05T12:11:04","modified_gmt":"2016-02-05T17:11:04","slug":"papas-historia-de-los","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/papas-historia-de-los\/","title":{"rendered":"PAPAS, HISTORIA DE LOS"},"content":{"rendered":"<p>Seg\u00fan la fe cat\u00f3lica el papado fue instituido por Jesucristo (esta doctrina se apoya particularmente en Mt 16, 16ss; 18, 18; Lc 22, 31ss; Jn 21, 15ss y en la tradici\u00f3n), y los papas son sucesores del ap\u00f3stol Pedro en el episcopado romano y en el primado que va anejo al mismo. Debe tenerse por hist\u00f3ricamente cierto que Pedro trabaj\u00f3 durante alg\u00fan tiempo con autoridad apost\u00f3lica en Roma y que all\u00ed\u00ad encontr\u00f3 la muerte en la persecuci\u00f3n del emperador Ner\u00f3n. M\u00e1s exactamente, su martirio debe datarse entre los a\u00f1os 64 y 68. Esta evoluci\u00f3n del papado desde la modesta forma primitiva del oficio de Pedro hasta el despliegue de la forma actual se realiz\u00f3 entre notables vacilaciones y resistencias de dentro y de fuera, en medio de la tensi\u00f3n, fundada en la esencia misma de la Iglesia, entre las tendencias episcopales y federalistas y las papales y centralistas.<\/p>\n<p>I. Imperio romano<br \/>\nFuera de sus nombres, poco sabemos con seguridad de los obispos romanos de los primeros 300 a\u00f1os. Sin embargo, la lista de los obispos romanos, consignada en Ireneo de Ly\u00f3n (Adv. haer. III 3, 3) hacia el a\u00f1o 180, nos trasmite de manera segura la serie de garantes y custodios de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica. \u00abHabiendo puesto los cimientos y edificado la Iglesia los bienaventurados ap\u00f3stoles (Pedro y Pablo), encomendaron a Lino el ministerio episcopal; de este Lino hace menci\u00f3n Pablo en las cartas a Timoteo. Le sucede Anacleto. Despu\u00e9s de \u00e9ste, en tercer lugar despu\u00e9s de los ap\u00f3stoles, hereda el episcopado Clemente, el cual vio a los bienaventurados ap\u00f3stoles y convers\u00f3 con ellos. En su tiempo, habiendo surgido en Corinto una disensi\u00f3n no peque\u00f1a entre los hermanos, la Iglesia escribi\u00f3 una carta a los corintios. A este Clemente sucede Evaristo y a Evaristo Alejandro, luego, en sexto lugar despu\u00e9s de los ap\u00f3stoles, es establecido Sixto, y despu\u00e9s de \u00e9l Telesforo, que adem\u00e1s dio gloriosamente testimonio. Luego Higinio, despu\u00e9s P\u00ed\u00ado, despu\u00e9s Aniceto, y habiendo sucedido a Aniceto Sotero, ahora, en duod\u00e9cimo lugar despu\u00e9s de los ap\u00f3stoles, ocupa el episcopado Eleuterio. Por esta serie y por esta sucesi\u00f3n ha llegado hasta nosotros la tradici\u00f3n y la predicaci\u00f3n de la verdad que viene de los ap\u00f3stoles en la Iglesia.\u00bb<br \/>\nCierto que la cronolog\u00ed\u00ada posteriormente creada de la lista m\u00e1s antigua de obispos romanos hasta mediados del siglo III carece de valor hist\u00f3rico; pero la lista de nombres es un antiqu\u00ed\u00adsimo testimonio de aut\u00e9ntica tradici\u00f3n. Por muy escasas que sean las noticias sobre los primeros siglos, permiten sin embargo reconocer que la Iglesia romana con su obispo aparece como centro de la unidad cristiana y ocupa cierto puesto de preeminencia en la Iglesia universal. El ejercicio y reconocimiento de una primac\u00ed\u00ada aparece con creciente claridad, se\u00f1aladamente en cuestiones de doctrina y disciplina. La primac\u00ed\u00ada se funda &#8211; seg\u00fan el modo de entenderse a s\u00ed\u00ad misma la Iglesia romana y la conciencia de la cristiandad &#8211; en la actividad romana y el martirio de los ap\u00f3stoles Pedro y Pablo, principalmente de Pedro, en Roma, donde se custodian tambi\u00e9n sus sepulcros. Aqu\u00ed\u00ad, en todo el per\u00ed\u00adodo de la antig\u00fcedad cristiana, el oficio de Pedro aparece fundamentalmente como instancia subsidiaria en casos urgentes, cuando no basta la autoridad de los obispos y patriarcas.<\/p>\n<p>Cuando el emperador Constantino el Grande traslad\u00f3 su residencia a oriente, los obispos de Roma adquirieron creciente importancia pol\u00ed\u00adtica (acrecida actividad de previsi\u00f3n social, protecci\u00f3n ocasional y provisi\u00f3n de la poblaci\u00f3n romano-it\u00e1lica en los trastornos de las -> invasiones). Sin embargo, el obispo y patriarca de Constantinopla se convirti\u00f3 pronto con ayuda imperial en un rival del obispo de Roma (can. 2 del concilio ecum\u00e9nico de Constantinopla del a\u00f1o 381; can. 28 del concilio de Calcedonia del a\u00f1o 411). Despu\u00e9s de los excelentes papas D\u00e1maso I, Siricio e Inocencio I, con Celestino I (422-432) comienza una \u00e9poca de ascensi\u00f3n que alcanza su punto culminante en Le\u00f3n 1 Magno (440-461). Siguiendo sus huellas, Gelasio 1 (492-496) en una carta al emperador Anastasio I desarroll\u00f3 los rasgos fundamentales de la teor\u00ed\u00ada de las dos potestades: \u00abDos potestades hay, augusto emperador, por las que principalmente es regido este mundo: la autoridad sagrada de los obispos y el poder real. De estos oficios, el de los sacerdotes es de tanto mayor peso cuanto que ellos habr\u00e1n de dar cuenta ante el tribunal divino incluso de los reyes de los hombres.\u00bb Estas concepciones &#8211; que posteriormente fueron asumidas en las decretales pseudo-isidorianas y se unieron con la leyenda de Silvestre, que aparece hacia fines del siglo v y todav\u00ed\u00ada se exorna (sin duda en el siglo VIII) con la donaci\u00f3n constantiniana -, en la edad media alcanzaron amplia difusi\u00f3n, precisamente en el sentido de una superioridad del poder espiritual del papa sobre el poder temporal de los reyes.<\/p>\n<p>El bautismo cat\u00f3lico de Clodoveo I (sin duda en 496), rey de los francos, fue una decisi\u00f3n de importancia hist\u00f3rica universal, pues la sima cultural, ling\u00fc\u00ed\u00adstica y \u00e9tnica entre el occidente latino-germ\u00e1nico y el oriente griego se hab\u00ed\u00ada agrandado constantemente. La Iglesia una y santa que fue el anhelo de Cipriano de Cartago se resquebraj\u00f3 finalmente, sobre todo por culpa de oriente, pero no sin grave culpa tambi\u00e9n de occidente, porque de lado romano faltaba ya en Gelasio I aquel esp\u00ed\u00adritu cipri\u00e1nico de caridad y unidad que s\u00f3lo en Gregorio I volvi\u00f3 de nuevo a estar vivo en la sede de Pedro durante este per\u00ed\u00adodo. La mayor parte de los pr\u00ed\u00adncipes germ\u00e1nicos de este tiempo eran arrianos, y organizaron en sus dominios Iglesias nacionales arrianas. La estrecha vinculaci\u00f3n en que entr\u00f3 el papado desde 519 con el oriente (iniciada por los \u00e9xitos de Hormisdas y Agapito 1), condujo a una sumisi\u00f3n permanente bajo el cesaropapismo del emperador Justiniano I (527-565). En la Italia bizantina reg\u00ed\u00ada el exarca de Ravena. El obispo de Roma fue tratado como patriarca imperial (p. ej., Vigilio [537-555]), a la manera de sus hermanos de oficio en oriente. Al final de la \u00e9poca antigua de la historia del papado surge la gran figura de Gregorio 1 (590-604), el cual se siente anclado en el mundo de la antig\u00fcedad cristiana que se hunde y, sin embargo, prepara el camino para la autoridad universal del papado en la edad media. En \u00e9l aparece el papado en su forma m\u00e1s pura: el gobierno es responsabilidad; es el oficio pastoral sobre la Iglesia universal que se realiza y consuma en el servicio fraternal cristiano.<\/p>\n<p>II. En la primitiva edad media<br \/>\nEn la primitiva edad media se llev\u00f3 a cabo con participaci\u00f3n decisiva del papado el ingreso en la Iglesia de todos los pueblos germ\u00e1nicos y, en parte, tambi\u00e9n de los pueblos eslavos. La particular devoci\u00f3n de los germanos a Pedro, pr\u00ed\u00adncipe de los ap\u00f3stoles y \u00abllavero del cielo\u00bb, confiri\u00f3 tambi\u00e9n alto prestigio a sus sucesores, que atan y desatan en la tierra para el cielo. Por el mismo tiempo se realiz\u00f3 la organizaci\u00f3n de la autoridad universal del papado, s\u00f3lo disminuida transitoriamente en per\u00ed\u00adodos de profunda decadencia. Su destino ulterior durante la edad media est\u00e1 determinado en gran parte por la estrecha uni\u00f3n (iniciada por el emperador Constantino) entre lo espiritual y lo temporal, con todos los problemas que supone para ambas partes. El alejamiento entre Roma y el imperio de oriente, gravemente sacudido por guerras y confusi\u00f3n religiosa e incapaz ya de defender suficientemente a Italia, fue ganando terreno, para consumarse en el -> cisma oriental del siglo xi. Con ello qued\u00f3 rota la unidad cristiana.<\/p>\n<p>Tras las dolorosas experiencias de las -> cruzadas quedaron sin efecto los intentos de uni\u00f3n de Ly\u00f3n (1274) y de Florencia (1439), concilios que resaltan claramente el primado papal. Los misioneros anglosajones (benedictinos) fundamentaron desde fines del siglo vii y durante el siglo viii la \u00ed\u00adntima vinculaci\u00f3n de la posterior Iglesia alemana con el papado. Bonifacio uni\u00f3 tambi\u00e9n a la Iglesia franca (casi completamente desconectada) y los mayordomos reinantes m\u00e1s estrechamente con la sede de Pedro. Por \u00e9l entr\u00f3 de nuevo el papado en la conciencia de los francos como suprema autoridad de la Iglesia. De esta manera Bonifacio prepar\u00f3 la alianza del papado con los francos y la uni\u00f3n entre pontificado e imperio, que tuvo tan graves consecuencias. La alianza con los francos se consum\u00f3 bajo Esteban II (752-757), que acudi\u00f3 a Francia pidiendo auxilio. Pepino el Joven jur\u00f3 a san Pedro, a Esteban II y a sus sucesores un juramento de amistad para defensa y ayuda. Por medio de ricas donaciones los carolingios favorecieron la evoluci\u00f3n del antiguo Patrimonium Petri hacia la formaci\u00f3n de los -> Estados pontificios, que todav\u00ed\u00ada durante siglos permanecieron en dependencia (discutida) del rey y emperador franco-alem\u00e1n. Carlomagno (768-814) mand\u00f3 para todo su imperio la aceptaci\u00f3n de la liturgia y del derecho can\u00f3nico romanos. Simult\u00e1neamente, papado e Iglesia recibieron fuertes influjos germ\u00e1nicos en todos los \u00f3rdenes. A pesar de toda su devoci\u00f3n al pr\u00ed\u00adncipe de los ap\u00f3stoles, Carlomagno nunca dio lugar a dudas de que era el se\u00f1or temporal y espiritual de su imperio. La situaci\u00f3n no cambi\u00f3 para nada cuando, en la navidad del a\u00f1o 800, Le\u00f3n III lo coron\u00f3 en la iglesia de San Pedro como emperador romano.<\/p>\n<p>Al decaer el poder carolingio, los papas lograron desde luego la apariencia de una mayor independencia (comienza la concesi\u00f3n papal de la corona imperial), pero se encontraron indefensos en el peligro de sarracenos y normandos. Ya en el pontificado del excelente Nicol\u00e1s 1 (858-867), no se pas\u00f3 en gran parte de la mera pretensi\u00f3n de poder papal. Los comienzos del siglo ix y grandes trechos del siglo x (saeculum obscurum) constituyen, juntamente con algunos pontificados del renacimiento, el per\u00ed\u00adodo m\u00e1s oscuro de la h. de los p. Sin la en\u00e9rgica protecci\u00f3n imperial, la sede de Pedro hubiera sido presa de d\u00e9spotas particulares y de la anarqu\u00ed\u00ada de la nobleza romana. La salvaci\u00f3n vino por la intervenci\u00f3n del rey alem\u00e1n Ot\u00f3n I el Grande. Juan xii el 2-2-962 lo coron\u00f3 emperador en San Pedro. La dignidad de emperador romano permaneci\u00f3 vinculada, hasta el fin del sacro romano imperio (1806), con la realeza alemana. La uni\u00f3n y coronaci\u00f3n estaban reservadas al papa (ejercitadas por \u00faltima vez en 1452 [en Roma] y 1530 [en Bolonia] ). En los decenios siguientes los papas por lo general s\u00f3lo ten\u00ed\u00adan seguridad en cuanto estaba cerca el poder imperial. El sentido de responsabilidad y la energ\u00ed\u00ada del sallo Enrique puso r\u00e1pidamente fin al estado de necesidad de la Iglesia. Bajo su direcci\u00f3n, los concilios de Sutri y Roma depusieron el ano 1046 a los tres papas rivales: Benedicto IX, Silvestre III y Gregorio VI. Este paso hall\u00f3 entonces la casi un\u00e1nime aprobaci\u00f3n y hasta la alabanza de los amigos de la reforma.<\/p>\n<p>III. Preponderancia del papado en la alta edad media<br \/>\nCon el patriciado hereditario, Enrique ni recibi\u00f3 de los romanos en 1046 el derecho de designaci\u00f3n para las pr\u00f3ximas provisiones de la sede papal. Por obra suya se sucedieron cuatro papas alemanes, varones excelentes y fervorosos reformadores: Clemente II, D\u00e1maso II, Le\u00f3n IX, V\u00ed\u00adctor II. Con ellos comenz\u00f3 una nueva \u00e9poca, la ascensi\u00f3n inmediata de un papado purificado a su autoridad universal. Los papas comenzaron finalmente a empu\u00f1ar las riendas de la reforma de la Iglesia (-> reforma cluniacense). Principalmente Le\u00f3n IX (1049-1054) llev\u00f3 a la conciencia viva de todo el occidente la importancia universal del papado. Por obra de sus colaboradores en\u00e9rgicos y en parte radicales (procedentes por lo general del espacio de Lorena y Borgo\u00f1a) se desarroll\u00f3 el colegio cardenalicio m\u00e1s all\u00e1 de las funciones preferentemente lit\u00fargicas que hasta entonces le incumb\u00ed\u00adan, hasta formar r\u00e1pidamente una corporaci\u00f3n que en adelante asisti\u00f3 al papa en el gobierno de la Iglesia universal (en estrecha conexi\u00f3n con el colegio nace la curia romana). Desde el decreto de elecci\u00f3n de Nicol\u00e1s II, dado el ano 1059, poco a poco correspondi\u00f3 a los cardenales el derecho exclusivo de la elecci\u00f3n papal.<\/p>\n<p>Con la progresiva realizaci\u00f3n del programa de la reforma gregoriana, particularmente bajo el influjo de Humberto de Silva C\u00e1ndida y de Hildebrando (Gregorio vii), creci\u00f3 el ansia de completa libertad e independencia del papado (libertas Ecclesiae), que no debla estar incorporado a un sistema de Iglesia imperial, sino que hab\u00ed\u00ada de hallarse por encima de todos los reinos o imperios. La visi\u00f3n del imperio, distinta desde el principio, que ten\u00ed\u00adan la curia y la corte alemana, su diversa concepci\u00f3n de los derechos regios y papales, llev\u00f3 bajo Gregorio VII (1073-1085) a un conflicto abierto con el emperador Enrique iv en la disputa de las -> investiduras, que tuvo manifestaciones paralelas (menos violentas) en casi todos los pa\u00ed\u00adses. Con el tes\u00f3n apasionado de toda su personalidad, Gregorio propugn\u00f3 la idea de la pureza y libertad de la Iglesia, as\u00ed\u00ad como el puesto de preeminencia casi ilimitada del papa en la Iglesia, al que tienen que doblarse tambi\u00e9n reyes y emperadores. Lo que papas anteriores exigieron ocasionalmente, est\u00e1 formulado con claridad (y exagerado) en Gregorio (dictatus papae), que de hecho lo lleva a la pr\u00e1ctica hasta excomulgar y deponer al soberano principal de la cristiandad occidental. A ese pensamiento papal correspondieron agudas aspiraciones a la centralizaci\u00f3n eclesi\u00e1stica y a la imposici\u00f3n del uso romano en el derecho y liturgia de la Iglesia universal. Con el emperador en principio tambi\u00e9n quedaba afectado el laico, el no cl\u00e9rigo en la Iglesia. La era gregoriana signific\u00f3 &#8211; tanto en lo grato como en lo lamentable &#8211; el viraje sin duda m\u00e1s profundo en la historia. del papado. Hasta los intentos de una nueva orientaci\u00f3n en la actualidad, la Iglesia cat\u00f3lica ha estado esencialmente bajo el signo del pensamiento gregoriano.<\/p>\n<p>El nuevo prestigio y la situaci\u00f3n hegem\u00f3nica del papado se puso de manifiesto en la iniciativa papal &#8211; no imperial &#8211; para la liberaci\u00f3n de Tierra santa (Urbano II, 1088-1099). Movidos por su alto sentido de responsabilidad por la cristiandad entera, los papas se ocuparon durante siglos de las -+ cruzadas; la idea de la liberaci\u00f3n de Jerusal\u00e9n fue sustituida a fines de la edad media por la defensa contra el peligro inmediato de los turcos. El fuerte compromiso pol\u00ed\u00adtico de los papas desde la era gregoriana encerraba en s\u00ed\u00ad graves peligros: \u00absecularizaci\u00f3n\u00bb, ambici\u00f3n y avaricia de la curia, centralizaci\u00f3n insana con desprecio de los derechos tradicionales de los obispos y de la peculiaridad de cada naci\u00f3n. Frente a ello Bernardo de Claraval, en su Espejo del papa (De consideratione) dirigido a Eugenio III (1145-1153), resaltaba en\u00e9rgicamente el car\u00e1cter espiritual del papado: el papa debe ser sucesor de Pedro, no del emperador Constantino. Bajo el emperador Federico I Barbarroja (1152-1190) comenz\u00f3 la segunda gran lucha del imperio medieval con el papado (Adriano IV, 1154-1159 &#8211; el \u00fanico papa ingl\u00e9s &#8211; y Alejandro III, 1159-1181). Estaba en primer plano la soberan\u00ed\u00ada imperial sobre Italia. Por miedo de que los Estados de la Iglesia quedaran cercados y absorbidos, la pol\u00ed\u00adtica papal se dirigi\u00f3 contra la uni\u00f3n de la monarqu\u00ed\u00ada de Sicilia con el imperio. De ah\u00ed\u00ad surgieron nuevas luchas exacerbadas.<\/p>\n<p>En la soberan\u00ed\u00ada universal espiritual de Inocencio III (1198-1216), el papado medieval alcanz\u00f3 el punto culminante de su poder. Los siguientes pontificados, en que papado e Iglesia lograron fuertes &#8211; aunque a veces dif\u00ed\u00adciles &#8211; apoyos en las nuevas \u00f3rdenes mendicantes (franciscanos y dominicos), estuvieron ensombrecidos por la lucha con el emperador Federico ii y desembocaron en la pugna implacable de aniquilamiento contra todos los estaufos. A la ca\u00ed\u00adda del antiguo imperio alem\u00e1n le fue pisando los talones la decadencia de la autoridad universal del papado. A la postre, en la lucha de las \u00abdos cabezas de la cristiandad\u00bb no hubo vencedores. Ambas instituciones perdieron irremisiblemente poder y prestigio. La \u00abprotecci\u00f3n\u00bb de los Anjou, llamados por los papas, result\u00f3 m\u00e1s opresora que la dominaci\u00f3n de los estaufos. Con la creciente conciencia nacional de los pueblos europeos arreci\u00f3 en todas partes la protesta contra la \u00absecularizaci\u00f3n\u00bb del papado, contra los abusos en el empleo de los diezmos de cruzada y de los tributos, contra las penas eclesi\u00e1sticas impuestas con harta frecuencia por motivos pol\u00ed\u00adticos. Brotando de ra\u00ed\u00adces m\u00faltiples, creci\u00f3 el anhelo por el \u00abpapa ang\u00e9lico\u00bb, que renovar\u00ed\u00ada la Iglesia. Pero al anacoreta Celestino V (1294) sigui\u00f3 el dominador Bonifacio VIII (1294-1303). Su intento, exagerado hasta la desmesura, de imponer una vez m\u00e1s el reconocimiento del poder universal del papado (bula Unam Sanctam, 1302), acab\u00f3 en un desastre. Fracas\u00f3 en el poder nacional del rey de Francia.<\/p>\n<p>IV. Baja edad media y renacimiento<br \/>\nEn la primitiva -> edad media los pueblos j\u00f3venes de occidente se hab\u00ed\u00adan agrupado en torno a la Iglesia. En la alta edad media, desde su centro de Roma, la Iglesia domin\u00f3 el contorno entero de la vida occidental. Ahora, en la baja edad media, se disocian las fuerzas en todos los \u00f3rdenes de la vida.<\/p>\n<p>La conciencia nacional se afianza en los pueblos y Estados. El hombre comienza a reflexionar sobre la libertad del individuo y afloja las r\u00ed\u00adgidas vinculaciones sociales del orden medieval. En el Defensor pacis de Marsilio de Padua (1324) se reflejan ya, adelant\u00e1ndose con mucho al tiempo, los grandes cambios y trastornos de la edad moderna.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del fracaso de Bonifacio viii, los papas (franceses) cayeron &#8211; con grave detrimento de su posici\u00f3n universal &#8211; en gran parte bajo el influjo de la corona francesa. De 1309 a 1377 residieron en Avi\u00f1\u00f3n (\u00abcautividad de Babilonia\u00bb; destierro de -> Avi\u00f1\u00f3n). Durante este tiempo, el centralismo curial, con desprecio del derecho can\u00f3nico hasta entonces vigente, fue poderosamente exagerado en un sistema de provisi\u00f3n de cargos y en una organizaci\u00f3n financiera de nuevo estilo avi\u00f1on\u00e9s, y as\u00ed\u00ad se dilat\u00f3 considerablemente el influjo del papa dentro de la Iglesia. Pero simult\u00e1neamente el papado perdi\u00f3 sustancia religiosa, prestigio espiritual y peso pol\u00ed\u00adtico frente a los pujantes Estados nacionales, cuyos soberanos organizaron con \u00e9xito las Iglesias regionales. La lucha de los papas de Avi\u00f1\u00f3n, particularmente de Juan XXII (1316-1334), contra el emperador Luis iv de Baviera (la \u00faltima gran lucha medieval entre papa y emperador) puso en claro cu\u00e1n lamentablemente hab\u00ed\u00ada deca\u00ed\u00addo la autoridad papal. Las penas espirituales, de las que se hab\u00ed\u00ada abusado tantas veces, resultaron armas ineficaces. El grito de \u00abreforma de la Iglesia en cabeza y miembros\u00bb no enmudeci\u00f3 ya m\u00e1s. Ahora se levant\u00f3 una cr\u00ed\u00adtica radical y te\u00f3rica sobre el papado mismo (Marsilio de Padua, Guillermo de Ockham, John Wiclef, Juan Hus). El \u00abdestierro\u00bb hab\u00ed\u00ada debilitado al papado hasta tal punto, que \u00e9ste hubo de pasar por su m\u00e1s profunda humillaci\u00f3n: el gran cisma de occidente (1378), no impuesto por potencias civiles, como sucediera tan a menudo con antipapas de tiempos anteriores, sino preparado por los m\u00e1s altos sectores eclesi\u00e1sticos. La dif\u00ed\u00adcil cuesti\u00f3n sobre si despu\u00e9s de 1378 pose\u00ed\u00ada mejor legitimidad el papa de Roma o el de Avi\u00f1\u00f3n, no pudieron contestarla satisfactoriamente los contempor\u00e1neos, ni han podido hacerlo tampoco hasta ahora los historiadores de la Iglesia.<\/p>\n<p>En el estado de necesidad de la Iglesia se fortaleci\u00f3 la teor\u00ed\u00ada conciliar, cuyo fundamento pusieron ya anteriores te\u00f3logos y canonistas, y cuyas ra\u00ed\u00adces se remontan al pensamiento de la antig\u00fcedad eclesi\u00e1stica; la teor\u00ed\u00ada seg\u00fan la cual el concilio universal como representaci\u00f3n de toda la Iglesia estar\u00ed\u00ada sobre el papa y en caso de necesidad podr\u00ed\u00ada juzgarlo y deponerlo. As\u00ed\u00ad se procedi\u00f3, consecuentemente, en Pisa el a\u00f1o 1409 y en el concilio universal de Constanza, el cual, en el estado de necesidad moment\u00e1nea, proclam\u00f3 la superioridad del concilio universal y restableci\u00f3 felizmente la unidad de la Iglesia. En las largas luchas conciliaristas se puso en evidencia que la crisis m\u00e1s grave de la Iglesia durante la baja edad media fue una crisis constitucional (-> conciliarismo). La elecci\u00f3n de Mart\u00ed\u00adn V (1417-1431) constituy\u00f3 un momento de cambio en el movimiento conciliarista, que entra\u00f1aba grav\u00ed\u00adsimo peligro. Por la torpeza principalmente de Eugenio IV (1431-1447) se lleg\u00f3 de nuevo en el concilio universal de Basilea a una crisis en torno al puesto del papa en la Iglesia; aunque tambi\u00e9n se lleg\u00f3 a una acentuaci\u00f3n del primado con ocasi\u00f3n de la uni\u00f3n con los griegos en Florencia el a\u00f1o 1439.<\/p>\n<p>Con el noble Nicol\u00e1s V (1447-1455), de fina formaci\u00f3n, bajo el cual abdic\u00f3 el \u00faltimo antipapa (F\u00e9lix V), comenz\u00f3 a gran escala la estrecha uni\u00f3n del papado con el -> humanismo y el -> renacimiento, la cual dur\u00f3 hasta muy entrado el siglo xvi. Al y muchos de sus sucesores trataron de prestigiar de nuevo el papado y la Iglesia como potencia cultural hegem\u00f3nica; pero qued\u00f3 sin resolver el urgente problema de la reforma eclesi\u00e1stica. Bajo los sucesores de P\u00ed\u00ado II (1458-1464) qued\u00f3 funestamente oscurecido el car\u00e1cter religioso del supremo ministerio de la Iglesia (Sixto IV, Inocencio VIII, Alejandro VI). Julio II (1503-1513) fue un prototipo de pr\u00ed\u00adncipe del renacimiento: en\u00e9rgico y guerrero, y a la vez amigo del arte. El asegur\u00f3 los Estados de la Iglesia como base externa para el poder del papado moderno. Con el poco glorioso concilio v de Letr\u00e1n (1512-1517) se desaprovech\u00f3 la \u00faltima posibilidad de propia reforma antes de la reforma protestante. Como no se hab\u00ed\u00ada llevado a cabo la reforma de la Iglesia, la aparici\u00f3n de Lutero en el pontificado del fr\u00ed\u00advolo M\u00e9dici Le\u00f3n X (1513-1521) desencaden\u00f3 la mayor cat\u00e1strofe para el papado y la Iglesia: la escisi\u00f3n del norte germ\u00e1nico, de gran parte de Europa central y oriental y de amplios sectores de Francia por la reforma protestante.<\/p>\n<p>V. Reforma cat\u00f3lica y contrarreforma<br \/>\nCon el cisma del siglo xvi se hundi\u00f3 definitivamente el prestigio universal del papado. Sin embargo, la enorme sacudida ayud\u00f3 a la postre a que triunfara incluso en la curia, si bien bajo dolorosos gemidos, un movimiento de renovaci\u00f3n interior de la Iglesia. Tras la temprana desaparici\u00f3n del noble Adriano VI (1522-1523), el pontificado de Paulo III (1534-1549) inici\u00f3, aunque con vacilaci\u00f3n, el nuevo giro. Por obra de nuevas \u00f3rdenes religiosas que desplegaron gran actividad, particularmente los jesuitas, y sobre todo por el concilio de Trento (1545-1563), se llev\u00f3 en\u00e9rgicamente a cabo la profunda reforma y restauraci\u00f3n del catolicismo. La preponderancia romana imprimi\u00f3 su car\u00e1cter al catolicismo postridentino. Frente al ataque radical de los reformadores protestantes, la reacci\u00f3n cat\u00f3lica se puso de manifiesto en la contrarreforma y, teol\u00f3gicamente, tambi\u00e9n en el particular realce del oficio en la Iglesia, principalmente del papado. Desde la implacable cr\u00ed\u00adtica protestante se hizo dif\u00ed\u00adcil dentro de la Iglesia cat\u00f3lica una aut\u00e9ntica cr\u00ed\u00adtica, que hubiera sido necesaria. Se perdi\u00f3 la libertad de reprensi\u00f3n que en la baja edad media hab\u00ed\u00adan practicado con franqueza hombres y mujeres. Se fue estrechando el espacio espiritual. Las r\u00ed\u00adgidas prohibiciones y la vigilancia pastoral de los fieles marcaron m\u00e1s y m\u00e1s el clima espiritual. El grandioso despliegue de poder y magnificencia barrocos no pudo compensar ya la p\u00e9rdida decisiva del siglo xvi, como no la compens\u00f3 tampoco el florecimiento de las misiones en todo el mundo bajo la direcci\u00f3n papal.<\/p>\n<p>No tuvieron mayor \u00e9xito todos los intentos posteriores de uni\u00f3n con los protestantes, por la que trabajaron en ambas partes los m\u00e1s nobles esp\u00ed\u00adritus. El puesto del papa en la Iglesia ha sido hasta hoy el problema m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil. Si bien cabe se\u00f1alar serias deficiencias incluso en el esp\u00ed\u00adritu y car\u00e1cter de algunos papas postridentinos, no puede, sin embargo, hablarse ya de \u00abpapas indignos\u00bb. Con los grandes papas de la reforma cat\u00f3lica: P\u00ed\u00ado V (1566-1572), Gregorio XIII (1572-1585) y Sixto V (1585-1590), el papado, tal como le correspond\u00ed\u00ada, asumi\u00f3 con decisi\u00f3n y \u00e9xito la direcci\u00f3n de la reforma cat\u00f3lica. Clemente VIII, Paulo V y Gregorio XV continuaron la obra. Los nuncios pontificios permanentes adquirieron en adelante considerable importancia en el campo pol\u00ed\u00adtico y eclesi\u00e1stico. Con la erecci\u00f3n de la congregaci\u00f3n de propaganda fide (1622), el papado tom\u00f3 definitivamente la direcci\u00f3n de las florecientes misiones mundiales. Sin embargo, en la guerra de los treinta a\u00f1os y en las deliberaciones de paz en Westfalia se puso de manifiesto la debilidad pol\u00ed\u00adtica del papado (Urbano VIII: 1623-1644; Inocencio X: 1644-1655; cf. -> reforma cat\u00f3lica y contrarreforma).<\/p>\n<p>VI. Desde la paz de Westfalia (1648) hasta la revoluci\u00f3n francesa<br \/>\nToda la edad moderna est\u00e1 bajo el signo de una progresiva secularizaci\u00f3n del mundo occidental en todos los \u00f3rdenes. El individualismo y el subjetivismo se afianzan r\u00e1pidamente. Sin embargo, una desviaci\u00f3n mayor de la fe revelada s\u00f3lo la trajo la -> ilustraci\u00f3n de finales del siglo xvii y de todo el xviii. En este tiempo, un papado de gran altura, interiormente afirmado, hubo de aceptar un nuevo retroceso de su influencia pol\u00ed\u00adtica y eclesi\u00e1stica incluso en los Estados cat\u00f3licos. Hubo de sostener duras pol\u00e9micas con el absolutismo de pr\u00ed\u00adncipes y monarqu\u00ed\u00adas, con una ilustraci\u00f3n frecuentemente antieclesi\u00e1stica y antipapal, con el -> jansenismo y -> galicanismo en Francia, con el episcopalismo (febronianismo) en la Iglesia imperial alemana, con el josefinismo de los pa\u00ed\u00adses habsburgo y, en general, con la creciente soberan\u00ed\u00ada del Estado sobre la Iglesia. Seguramente para evitar conflictos pol\u00ed\u00adticos, los cardenales de la \u00e9poca entre la paz de Westfalia y la -> revoluci\u00f3n francesa elevaron al pontificado a hombres sin duda honrados, pero por lo general de poco perfil. Excepciones brillantes son el insobornable Inocencio XI (1676-1689), de profundo esp\u00ed\u00adritu religioso, y el sabio Benedicto XIV (1740-1758), interesado por una acomodaci\u00f3n a los tiempos.<\/p>\n<p>El fin del siglo xvii y todo el siglo xviii fueron per\u00ed\u00adodo de crisis en las relaciones entre la Iglesia y el Estado, se\u00f1aladamente en el campo cat\u00f3lico. El problema consist\u00ed\u00ada en hallar un orden que respondiera al Estado moderno y satisficiera a la Iglesia sin violar su naturaleza, ni mermar tampoco las aspiraciones justas del Estado. Este problema no pod\u00ed\u00ada resolverse sin las m\u00e1s duras luchas. El papado no se mostr\u00f3 por de pronto dispuesto en modo alguno a abandonar sus derechos hasta entonces exigidos y ejercidos, ni siquiera a renunciar a fantas\u00ed\u00adas medievales de poder temporal de la Iglesia. La doctrina eclesi\u00e1stica sobre los derechos del papa continu\u00f3 elabor\u00e1ndose; frente a ella estaba el cesaropapismo del siglo xviii. Aqu\u00ed\u00ad, domin\u00e1ndolo todo, estaba la idea central del poder absoluto del Estado, al que debe subordinarse toda persona f\u00ed\u00adsica y moral. El derecho natural del Estado (ordre naturel de l&#8217;Etat) de los juristas civiles ilustrados fue entendido incluso en los Estados cat\u00f3licos como soberan\u00ed\u00ada sin l\u00ed\u00admites hacia fuera y hacia dentro. Ello afectaba no s\u00f3lo a los derechos pretendidos y ejercidos de los obispos y superiores religiosos, sino tambi\u00e9n a la posici\u00f3n del papa en la Iglesia. Los Estados pontificios y, en general, el estado sacerdotal se hicieron problem\u00e1ticos para el tiempo nuevo.<\/p>\n<p>El programa de la ilustraci\u00f3n del siglo xviii sigui\u00f3 siendo decisivo en todos sus puntos esenciales para la mentalidad del hombre del siglo xix y tambi\u00e9n de comienzos del siglo xx. La cuesti\u00f3n sobre la actitud del papado y de la Iglesia ante las ideas de la ilustraci\u00f3n, hubo de convertirse en la cuesti\u00f3n fatal de su acci\u00f3n en el mundo moderno. Desde el comienzo de su historia, la Iglesia hab\u00ed\u00ada representado siempre nuevas ideas cargadas de futuro y hab\u00ed\u00ada impulsado los \u00f3rdenes m\u00e1s diversos de la vida. En la edad moderna se dej\u00f3 acorralar m\u00e1s y m\u00e1s en una postura defensiva o se retir\u00f3 voluntariamente a este castillo. En los siglos xviii y xix, los papas en muchos casos se aferraron a formas y f\u00f3rmulas tradicionales de un mundo que se hund\u00ed\u00ada o estaba ya hundido. Durante el siglo xviii, mayormente en Francia, la Iglesia perdi\u00f3 la conexi\u00f3n viva con las capas espiritualmente dirigentes. La fe y la ciencia se disociaban funestamente y no se encontr\u00f3 ya nadie con la altura espiritual en la fe y en la ciencia de un Agust\u00ed\u00adn, Alberto Magno o Tom\u00e1s de Aquino, que fuera capaz de tender un nuevo puente s\u00f3lido entre las dos hermanas que se hab\u00ed\u00adan hecho enemigas. No faltaron sinceros intentos incluso en el siglo xviii y sobre todo en el xix, pero el resultado fue modesto.<\/p>\n<p>Los antecedentes de la supresi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas y su efectiva supresi\u00f3n por el papa (1773), y el humillante y casi ineficaz viaje de Pio VI a Viena para visitar en tono suplicante al emperador Jos\u00e9 ii (1782), son ejemplos elocuentes de la impotencia pol\u00ed\u00adtica del papado. Sin embargo, los papas de este siglo no dejaron de tener culpa en su duro destino. Si se repasa su lista, s\u00f3lo en algunos cabe reconocer el empe\u00f1o de acomodarse a las circunstancias cambiadas y de abandonar exigencias anticuadas; as\u00ed\u00ad en el breve reinado de Inocencio XIII (1721-1724), y sobre todo en el cultisimo Benedicto XIV (1740-1758) y, sin duda tambi\u00e9n en el pontificado del infortunado Clemente XIV (1769-1774).<\/p>\n<p>VII. El papado en el siglo XIX<br \/>\nEl siglo xix, la \u00e9poca hist\u00f3rica desde el comienzo de la revoluci\u00f3n francesa hasta la primera guerra mundial, estuvo bajo el signo de la revoluci\u00f3n y de la m\u00e1quina. Con la revoluci\u00f3n contra la tradici\u00f3n comenz\u00f3 tambi\u00e9n la tradici\u00f3n de la revoluci\u00f3n. Las anteriores dificultades pesaron poco en comparaci\u00f3n con lo que P\u00ed\u00ado VI (1775-1799) y su sucesor P\u00ed\u00ado VII (1800-1823) hubieron de sufrir por causa de la revoluci\u00f3n francesa y de Napole\u00f3n. Ambos papas hubieron de pasar por la m\u00e1s profunda humillaci\u00f3n que haya sufrido el papado moderno. La brutal violencia y el duro destino animosamente soportado ganaron para ambos muchas simpat\u00ed\u00adas en todo el mundo civilizado. El acta final de Viena, del 9-6-1815, devolvi\u00f3 al papa los Estados pontificios con pocas mermas. Consalvi, secretario de Estado de P\u00ed\u00ado vii, comenz\u00f3 con prudencia el restablecimiento del orden gravemente perturbado. La reorganizaci\u00f3n de la Iglesia y de sus Estados, lo mismo que la ordenaci\u00f3n de todos los Estados europeos de este tiempo, se llev\u00f3 a cabo en el esp\u00ed\u00adritu de la \u00abrestauraci\u00f3n\u00bb, del restablecimiento en la mayor medida posible de la situaci\u00f3n anterior al estallido de la revoluci\u00f3n. Pero ninguna \u00absanta alianza\u00bb, ninguna \u00abalianza entre el trono y el altar\u00bb, trabajosamente concluida, pod\u00ed\u00ada resucitar el tiempo anterior a 1789.<\/p>\n<p>Por lo pronto, el papado pareci\u00f3 encontrar fuertes apoyos en la nueva direcci\u00f3n del tiempo. El papa fue celebrado &#8211; y no s\u00f3lo por cat\u00f3licos, sino tambi\u00e9n por protestantes &#8211; como representante de la tendencia religiosa y conservadora, como baluarte de la \u00ablegitimidad\u00bb. Y todav\u00ed\u00ada m\u00e1s que la pol\u00ed\u00adtica (no siempre del todo sincera y preocupada en muchos casos \u00fanicamente por la conservaci\u00f3n del orden) favorecieron al papado las ideas de los poetas y pensadores del romanticismo (en Alemania Novalis, Friedrich Schlegel y otros). En Francia, Chateaubriand, con fuerza de esp\u00ed\u00adritu y brillantez de palabra, present\u00f3 al cristianismo como la religi\u00f3n superior a todas las religiones. El cl\u00e1sico campe\u00f3n de la glorificaci\u00f3n del papado fue el conde Jos\u00e9 de Maistre en su obra Du pape (1819).<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n francesa y la intervenci\u00f3n de Napole\u00f3n hab\u00ed\u00ada desencadenado fuerzas que s\u00f3lo superficialmente y por breve tiempo podr\u00ed\u00adan dominarse con la victoria de las fuerzas antiguas. El esp\u00ed\u00adritu que hab\u00ed\u00ada provocado la revoluci\u00f3n no pudo ya extinguirse. Aun despu\u00e9s de la eliminaci\u00f3n de Napole\u00f3n, Europa estaba en una fermentaci\u00f3n de fuerzas diversas, que se levantaban en contra o en pro de la Iglesia, en contra o en pro del papado. Lo nuevo que hab\u00ed\u00ada hecho su irrupci\u00f3n tan impetuosamente ofrec\u00ed\u00ada tambi\u00e9n a la Iglesia muchas posibilidades positivas. Su afirmaci\u00f3n pod\u00ed\u00ada contribuir esencialmente a la pacificaci\u00f3n interna del revuelto continente. Pero hasta fines del siglo, en general los papas desaprovecharon la ocasi\u00f3n de aliarse con las justas exigencias de libertad, de mejores condiciones de vida para todos y de sano progreso, como es misi\u00f3n de la Iglesia en el mundo. Durante muchos decenios de graves decisiones el papado del siglo xix ofrece un cuadro de impotencia y desconcierto. Hasta el pontificado de Le\u00f3n xiii, los papas se contentan en general con rechazar hostilmente los errores reales o supuestos del tiempo que para esta \u00e9poca eran en gran parte un progreso celebrado. Mirada retrospectivamente, la restauraci\u00f3n de los Estados pontificios, que se encontraron en permanente agon\u00ed\u00ada hasta su fin en 1870, fue el m\u00e1s pesado lastre de la misi\u00f3n universal del papado.<\/p>\n<p>Le\u00f3n XII (1823-1829) abandon\u00f3 los carriles de Consalvi y emprendi\u00f3 un nuevo rumbo estrictamente centralista y absolutista, lo mismo que su sucesor. Gregorio XVI (1831-1846), personalmente amable y sencillo, sigui\u00f3 siendo tambi\u00e9n sobre el trono papal el monje sin experiencia pol\u00ed\u00adtica y extra\u00f1o al mundo. La marcada conciencia de la autoridad papal que se refleja en su Trionfo de 1799, determin\u00f3 toda la pol\u00ed\u00adtica eclesi\u00e1stica de su pontificado. Se ech\u00f3 de menos la necesaria reforma de los Estados de la Iglesia, gravemente endeudados y malamente administrados. El papa rechaz\u00f3, lo mismo que su sucesor, el movimiento de unificaci\u00f3n de Italia, el \u00abRisorgimento\u00bb, henchido de entusiasmo nacional. La dominaci\u00f3n papal s\u00f3lo pudo mantenerse en los Estado pontificios, sacudidos por constantes rebeliones y atentados, con ayuda de las odiadas tropas extranjeras. El papa adopt\u00f3 una actitud negativa ante todas las manifestaciones del tiempo nuevo. En la enc\u00ed\u00adclican Mirari vos (5-8-1832) conden\u00f3 los errores y exigencias del -> liberalismo del tiempo, que era sobremanera poderoso en toda Europa: el -> indiferentismo, la libertad de conciencia y de prensa, el principio de la separaci\u00f3n entre la -> Iglesia y el Estado. Bajo su pontificado se inici\u00f3 el predominio de la teolog\u00ed\u00ada neoscol\u00e1stica, marcadamente \u00abromana\u00bb. Se favorecieron de manera constante las misiones de todo el mundo y se estructur\u00f3 la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>En el pontificado de P\u00ed\u00ado IX (1846-1878), al j\u00fabilo entusiasta por el supuesto papa \u00abliberal\u00bb, sucedi\u00f3 pronto la desilusi\u00f3n. En nombre de la independencia espiritual de la santa sede se neg\u00f3 P\u00ed\u00ado ix a transformar sus Estados, que se desmoronaban, en un Estado constitucional moderno. Despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n del a\u00f1o 1848, en que hubo de huir disfrazado, apoyado por el secretario de Estado Antonelli volvi\u00f3 totalmente al sistema de su antecesor. Las capas cultas de la poblaci\u00f3n de los Estados pontificios se alejaron cada vez m\u00e1s de la Iglesia y del papado. Estaban exacerbadas por un r\u00e9gimen eclesi\u00e1stico que no conced\u00ed\u00ada libertad a los ciudadanos y tambi\u00e9n se inmiscu\u00ed\u00ada profundamente en la vida privada. El ministro italiano Cavour pudo aprovechar sin gran esfuerzo esta situaci\u00f3n para lograr la uni\u00f3n nacional bajo la casa de Saboya-Piamonte. Durante la guerra franco-prusiana, el resto de los Estados pontificios, Roma y sus alrededores, fue incorporado al nuevo reino de Italia (1870). El papa, tras alguna vacilaci\u00f3n, rechaz\u00f3 la ley de garant\u00ed\u00adas del nuevo Estado italiano, y se consider\u00f3 en adelante como prisionero en el Vaticano. Pero los cat\u00f3licos de Italia fieles a la Iglesia se vieron precipitados en grave apuro de conciencia, pues les estaba prohibida toda colaboraci\u00f3n activa de alguna importancia. Hasta 1929 no se concluy\u00f3 la paz entre el Vaticano y el Quirinal, entre el papado y el Estado italiano.<\/p>\n<p>Dentro de la Iglesia, el largo pontificado de P\u00ed\u00ado ix se caracteriz\u00f3 por la mayor organizaci\u00f3n de la jerarqu\u00ed\u00ada y de las misiones, y todav\u00ed\u00ada m\u00e1s por un fortalecimiento del centralismo romano, as\u00ed\u00ad como por el auge de la piedad popular, en que el papado desempe\u00f1\u00f3 un papel importante, por el ultramontanismo creciente en todas partes, por el avance del movimiento cat\u00f3lico y de los partidos cat\u00f3licos en el campo pol\u00ed\u00adtico. Corrieron paralelos el pleno desenvolvimiento de la neoescol\u00e1stica (-> escol\u00e1stica, G) y, como puntos particularmente salientes, el Syllabus, un \u00ed\u00adndice de los 80 \u00aberrores capital\u00ed\u00adsimos de nuestro tiempo\u00bb, y el concilio Vaticano I. La intenci\u00f3n de P\u00ed\u00ado ix con la enc\u00ed\u00adclica Quanta cura y con el Syllabus adjunto (1864) era protestar contra el -> laicismo, la concepci\u00f3n naturalista de la religi\u00f3n y el absolutismo de la voluntad estatal o humana. Su objeto era levantar un fuerte dique contra el proceso general de secularizaci\u00f3n y la revoluci\u00f3n espiritual de la edad moderna. La publicaci\u00f3n del Syllabus, sin matizaci\u00f3n de sus proposiciones, levant\u00f3 gran revuelo. En sectores del liberalismo e incluso entre muchos te\u00f3logos y seglares cat\u00f3licos abiertos, ese documento fue considerado como ruda negativa a la cultura y al Estado moderno, no menos que a las conquistas liberales de los dos \u00faltimos siglos.<\/p>\n<p>La preparaci\u00f3n, el curso y las declaraciones doctrinales del concilio Vaticano I (1869-1870) s\u00f3lo pueden entenderse partiendo de la situaci\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica y del papado en el siglo xix. \u00danicamente se deliber\u00f3 con detenci\u00f3n sobre dos de los esquemas preparados, que s\u00f3lo parcialmente fueron sometidos a votaci\u00f3n. La constituci\u00f3n dogm\u00e1tica De fide catholica (Sobre la fe cat\u00f3lica) contrapuso al -> pante\u00ed\u00adsmo, y al materialismo y al -> racionalismo una breve y clara s\u00ed\u00adntesis de la doctrina cat\u00f3lica sobre Dios, creador de todas las cosas, y sobre la revelaci\u00f3n, la fe y la relaci\u00f3n entre la fe y la raz\u00f3n. Dificultades considerables surgieron en el esquema De Ecclesia Christi (Sobre la Iglesia de Cristo), en que se describ\u00ed\u00ada el puesto del papa en la Iglesia, su primado y episcopado universal con inclusi\u00f3n de la infalibilidad doctrinal en materia de fe y costumbres. La constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Pastor aeternus (18-7-1870) describe la plenitud papal de poderes sobre toda la Iglesia (el primado de jurisdicci\u00f3n plena y eficaz), y define seguidamente la infalibilidad en estos t\u00e9rminos: \u00abEl romano pont\u00ed\u00adfice, cuando habla ex cathedra &#8211; es decir, cuando, cumpliendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, define por su suprema autoridad apost\u00f3lica que una doctrina sobre fe y costumbres debe ser sostenida por la Iglesia universal -, por la asistencia divina que le fue prometida en la persona del bienaventurado Pedro goza de aquella infalibilidad de que el redentor divino quiso que estuviera provista su Iglesia en la definici\u00f3n de la doctrina sobre la fe y las costumbres; y, por tanto, las definiciones del romano pont\u00ed\u00adfice son irreformables por s\u00ed\u00ad mismas y no por el consentimiento de la Iglesia.\u00bb Con la definici\u00f3n dogm\u00e1tica del episcopado universal y de la -> infalibilidad doctrinal del papa lleg\u00f3 a su t\u00e9rmino una larga evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>En medio del desmoronamiento del poder temporal del papado, la cerraz\u00f3n de la Iglesia recib\u00ed\u00ada un decisivo punto de apoyo doctrinal. Sin raz\u00f3n temieron diversos Estados que por el nuevo dogma se produjera un desplazamiento de la relaci\u00f3n entre la Iglesia y el Estado, una nueva proclamaci\u00f3n de las pretensiones medievales de poder. En varios Estados, particularmente en Prusia y en Suiza, se procedi\u00f3 duramente contra la Iglesia cat\u00f3lica a consecuencia de m\u00faltiples \u00abluchas culturales\u00bb. El concilio Vaticano I comenz\u00f3 por donde 300 a\u00f1os antes, en el concilio de Trento, se hab\u00ed\u00ada luchado con la mayor pasi\u00f3n y, a la postre, se hab\u00ed\u00ada renunciado a una soluci\u00f3n definitiva: por la relaci\u00f3n de la autoridad papal con las restantes autoridades de la Iglesia y del mundo, por la doctrina sobre la Iglesia. Pero en 1870 se lleg\u00f3 solamente a una soluci\u00f3n parcial en el sentido del papalismo. La interpretaci\u00f3n de los textos, en parte muy dif\u00ed\u00adciles, y el ulterior esclarecimiento de la relaci\u00f3n entre el papa y los obispos quedaron como tareas teol\u00f3gicas. Noventa a\u00f1os m\u00e1s tarde el Vaticano u abord\u00f3 de nuevo estas tareas, para restablecer el equilibrio desplazado mediante una comprensi\u00f3n m\u00e1s precisa del episcopado cat\u00f3lico. En conjunto,<br \/>\nP\u00ed\u00ado ix dej\u00f3 una herencia opresora. Cierto que la Iglesia qued\u00f3 interiormente fortificada, pero tambi\u00e9n qued\u00f3 aislada en medio de un mundo hostil.<\/p>\n<p>Le\u00f3n XIII (1878-1903), de car\u00e1cter humanista y conciliador, logr\u00f3 calmar gran parte de las tormentas y confusiones surgidas e iniciar en muchos puntos las rectas relaciones de la Iglesia con el mundo moderno y sus problemas. Es caracter\u00ed\u00adstica la apertura leoniana a la \u00abcuesti\u00f3n social\u00bb, (-> sociedad), que se hab\u00ed\u00ada hecho candente desde mucho tiempo. Con la enc\u00ed\u00adclica Rerum novarum (1891) comienza la serie de las grandes enc\u00ed\u00adclicas papales de tipo social. La discusi\u00f3n espiritual en la Iglesia se hab\u00ed\u00ada paralizado en las luchas en torno al Syllabus y al Vaticano i, pero no se hab\u00ed\u00ada extinguido. Las aspiraciones a una reforma, exigida por el tiempo, de muchos te\u00f3logos importantes y de prestigiosos laicos cat\u00f3licos condujeron pronto a nuevas y duras luchas, que van unidas a los nombres de -> americanismo, catolicismo de reforma, -> modernismo e -> integrismo. Comenzaron ya bajo Le\u00f3n xiii y alcanzaron su dram\u00e1tico punto culminante bajo el reinado de P\u00ed\u00ado X (1903-1914), papa ajeno a la pol\u00ed\u00adtica y preocupado por la renovaci\u00f3n religiosa. Junto con muchas evoluciones falsas y muchos errores peligrosos, entonces tambi\u00e9n se extirparon implacablemente diversos g\u00e9rmenes esperanzadores. La innecesaria anatematizaci\u00f3n de muchos hombres sinceros de todas las categor\u00ed\u00adas, que estaban unidos a la Iglesia y al papado por la caridad y el sentido cristiano de responsabilidad, pesa como una sombra grave precisamente sobre el pontificado de P\u00ed\u00ado x, que por lo dem\u00e1s hizo mucho bien en el campo de la renovaci\u00f3n religiosa (Instaurare omnia in Christo) y en el de la reforma interior de la Iglesia.<\/p>\n<p>VIII. El papado en el siglo XX<br \/>\nComo \u00e9poca hist\u00f3rica, el siglo xix termin\u00f3 en la primera guerra mundial (1914-1918). El reinado de Benedicto XV (1914-1922) estuvo enteramente bajo la sombra de esta guerra, que \u00e9l no logr\u00f3 acortar. Fracasaron sus reiterados intentos de mediaci\u00f3n de paz (particularmente en 1917). El papa promulg\u00f3 en 1917 el nuevo c\u00f3digo de derecho can\u00f3nico, preparado durante largo tiempo (Codex Iuris Canonici, que entr\u00f3 en vigor desde pentecost\u00e9s de 1918), y en la enc\u00ed\u00adclica Maximum illud (30-11-1919) abri\u00f3 nuevas v\u00ed\u00adas a las misiones cat\u00f3licas: se abandonar\u00ed\u00ada el europe\u00ed\u00adsmo y se tendr\u00ed\u00ada en cuenta la peculiaridad \u00e9tnica y cultural de los pueblos misionados.<\/p>\n<p>Continuando la obra de Benedicto xv, P\u00ed\u00ado XI (1922-1939) trabaj\u00f3 para afianzar la posici\u00f3n de la Iglesia en los pa\u00ed\u00adses sacudidos por la guerra y por nuevos y constantes chispazos de revoluci\u00f3n. Ante la quiebra que dej\u00f3 tras s\u00ed\u00ad la primera guerra mundial, el papa hizo que los hombres volvieran los ojos a la realeza de Cristo por encima de los tiempos. En 1929 se lleg\u00f3 por fin al arreglo de la \u00abcuesti\u00f3n romana\u00bb, abierta desde 1870. Los tratados de Letr\u00e1n trajeron la paz entre la santa sede y el Estado italiano. El papa recibi\u00f3 la peque\u00f1a ciudad del Vaticano con algunos recintos extraterritoriales como Estado soberano (Stato della Citt\u00e1 del Vaticano). Fue una soluci\u00f3n afortunada. Se garantiz\u00f3 la necesaria independencia exterior sin los lastres de un Estado mayor. El papado ha aparecido m\u00e1s claramente como instituci\u00f3n espiritual, como autoridad en el mundo, desde el fin de los antiguos Estados pontificios hasta hoy. A muchos concordatos y otros acuerdos jur\u00ed\u00addicos entre la Iglesia y el Estado llevados a cabo por P\u00ed\u00ado xi s\u00f3lo les fue concedido breve per\u00ed\u00adodo de vida.<\/p>\n<p>La segunda guerra mundial (1939-1945) ha tra\u00ed\u00addo al mundo una nueva revoluci\u00f3n que lo sacude en sus cimientos. Ni P\u00ed\u00ado xi, ni su secretario de Estado y sucesor P\u00ed\u00ado XII (1939-1958) pudieron impedir ni tampoco acortar esta guerra devastadora, cuyas consecuencias son todav\u00ed\u00ada imprevisibles. Desde los d\u00ed\u00adas de Benedicto xv, en medio de un mundo en gran parte descristianizado, los papas se han enfrentado con los sistemas totalitarios anticristianos del siglo: con el fascismo, con el nacionalsocialismo y el comunismo en sus respectivas variantes. P\u00ed\u00ado xii, de formaci\u00f3n cl\u00e1sica, de extenso saber eclesi\u00e1stico, de serena objetividad y de fuerte capacidad de trabajo, gobern\u00f3 la Iglesia en los a\u00f1os de guerra y posguerra con r\u00e9gimen centralista. Se vio obligado a la m\u00e1xima cautela. El papa tenia que estar entre todos los pueblos y sobre todos los pueblos. Frente a las formas de gobierno y a los sistemas pol\u00ed\u00adticos el papa se mantuvo decididamente sereno. Fiel a su lema: Opus iustitiae pax, se esforz\u00f3 por lograr una paz a base de la justicia. En sus muchos discursos y escritos doctrinales abord\u00f3 numerosas cuestiones religiosas fundamentales. S\u00f3lo una \u00e9poca posterior podr\u00e1 medir la grandeza de su pontificado, cuando el odio y el favor de los partidos cedan el paso a una estimaci\u00f3n desapasionada y serena.<\/p>\n<p>En el breve reinado, que hace \u00e9poca, de Juan XXIII (1958-1964), cabe reconocer claramente el incesante empe\u00f1o, sin gestos estridentes, por entender y practicar el oficio de Pedro partiendo del esp\u00ed\u00adritu de la sagrada Escritura. El nuevo estilo, muchas veces inconvencional, no raras veces tambi\u00e9n improvisado, de su gobierno de la Iglesia nac\u00ed\u00ada de su cautivadora bondad humana, de su solicitud pastoral cristiana, pero tambi\u00e9n de la idea de que la Iglesia debe buscar formas nuevas adaptadas a los tiempos, para poder actuar con eficacia en el mundo presente. Se afloj\u00f3 la rigidez hier\u00e1tica indudablemente existente en la Iglesia. Despu\u00e9s de un largo per\u00ed\u00adodo de orientaci\u00f3n centralista y papalista, comenz\u00f3 a desplegarse una nueva conciencia de la importancia del episcopado y de la responsabilidad de los laicos en la Iglesia. Se inici\u00f3 una nueva fase en el encuentro con las Iglesias cristianas separadas de Roma (-> ecumenismo, A), encuentro sostenido por el esp\u00ed\u00adritu de amor fraterno y por el sincero deseo de entenderse; e igualmente se inici\u00f3 un nuevo encuentro de la Iglesia con el mundo moderno y todos sus problemas (-> Iglesia y mundo). El nuevo modo de entender el oficio de Pedro se puso de manifiesto sobre todo en el fomento de la unidad de todos los cristianos y en la convocaci\u00f3n y ejecuci\u00f3n del concilio Vaticano II (1962-1965), en la iniciaci\u00f3n de reformas necesarias dentro de la Iglesia, en la exposici\u00f3n de la aut\u00e9ntica universalidad de la Iglesia por encima de todas las barreras nacionales, tradicionales y culturales, en una nueva comprensi\u00f3n de la responsabilidad cristiana por la humanidad entera.<\/p>\n<p>El concilio Vaticano II, concluido por Pablo VI (desde 1963), es el m\u00e1s claro testimonio del serio prop\u00f3sito que la Iglesia cat\u00f3lica tiene de reformarse a si misma y de emprender una nueva reflexi\u00f3n fundamental sobre su mandato misional en el mundo de hoy. El pontificado de Pablo vi est\u00e1 enteramente al servicio de este programa. Ello se ve en la prosecuci\u00f3n de las reformas dentro de la Iglesia, y, hacia fuera, en el encuentro con el patriarca ecum\u00e9nico de Constantinopla (en Jerusal\u00e9n e Istanbul), en la rec\u00ed\u00adproca anulaci\u00f3n de las excomuniones de 1054, en el viaje a los congresos eucar\u00ed\u00adsticos de Bombay y Bogot\u00e1 y a la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, en el encuentro con representantes de Iglesias no cat\u00f3licas y de otras asociaciones religiosas, en los contactos con hombres de Estado (incluso de pa\u00ed\u00adses comunistas), en el empe\u00f1o constante y apasionado por la paz y la justicia social. No debe pasarse por alto que esta marcha de la Iglesia desde Juan xxiii no hubiera sido posible sin los pontificados preparatorios desde Le\u00f3n xiii. En el \u00faltimo siglo y medio de la historia del papado, el camino va desde la actitud de repulsa hostil a todas las corrientes sentidas como amenaza hasta la comprensi\u00f3n amorosa del mundo moderno, aun del mundo ca\u00ed\u00addo, culpable y apartado de Dios, por el impulso de la conciencia de responsabilidad cristiana. El papado se levanta en el siglo xx como un poder del esp\u00ed\u00adritu que predica la palabra de Dios y est\u00e1 al servicio de la justicia y de la pacificaci\u00f3n en medio de un mundo sin paz, que se debate entre graves riesgos. Los fieles cat\u00f3licos saben por la fe que la Iglesia y su papado vivir\u00e1n hasta la consumaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Cf. el articulo Papstliste de R. B\u00e4umer en: LThK2 VIII 54-59; G. Schwaiger &#8211; K. Rahner, Papst: LThK2 VIII 36-48; C. Mirbt &#8211; K. Aland, Quellen zur Geschichte des Papsttums und des r\u00f6mischen Katholizismus I (T 1967). &#8211; Descripciones m\u00e1s amplias Pastor; Caspar; Schmidlin PG; Haller; Seppelt; E. Caspar, Das Papsttum unter fr\u00e4nkischer Herrschaft (Darmstadt 1957); P. Paschini &#8211; V. Monachino (dir.), I papi nella storia, 2 vols. (R 1961); F. X. Seppelt &#8211; G. Schwaiger, Geschichte der P\u00e4pste von den Anf\u00e4ngen bis zur Gegenwart (Mn 1964); G. Schwaiger, Geschichte der P\u00e4pste im 20. Jh. (Mn 1968) (con fuentes y bibl.); V. Alperi, Los papas del siglo XX (Ba 1966).<\/p>\n<p>Georg Schwaiger<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Seg\u00fan la fe cat\u00f3lica el papado fue instituido por Jesucristo (esta doctrina se apoya particularmente en Mt 16, 16ss; 18, 18; Lc 22, 31ss; Jn 21, 15ss y en la tradici\u00f3n), y los papas son sucesores del ap\u00f3stol Pedro en el episcopado romano y en el primado que va anejo al mismo. 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