{"id":18992,"date":"2016-02-05T12:11:09","date_gmt":"2016-02-05T17:11:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pecado-y-culpa\/"},"modified":"2016-02-05T12:11:09","modified_gmt":"2016-02-05T17:11:09","slug":"pecado-y-culpa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pecado-y-culpa\/","title":{"rendered":"PECADO Y CULPA"},"content":{"rendered":"<p>I. Introducci\u00f3n<br \/>\nEn el evangelio se nos anuncia la salvaci\u00f3n de Dios en -> Jesucristo como redenci\u00f3n de nuestros pecados y como perd\u00f3n de los mismos. Jes\u00fas llama a la conversi\u00f3n (-> metanoia, -> conversi\u00f3n I) cuando proclama y ofrece el -> reino de Dios; de \u00e9l se nos dice que muri\u00f3 por nuestros pecados, que llev\u00f3 a cabo la purificaci\u00f3n de \u00e9stos; en su nombre recibimos el -> bautismo para el perd\u00f3n de los pecados. El pecado aparece, pues, como uno de los presupuestos del evangelio. La predicaci\u00f3n cristiana, empalmando con el AT, en particular con la predicaci\u00f3n de los profetas, se dirige a un hombre que se experimenta en desorden respecto de los imperativos morales y religiosos, desorden que es entendido como pecado contra Dios y contra su salvaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad el pecado forma parte de la revelaci\u00f3n, pero no como su contenido (puesto que la revelaci\u00f3n es la salvaci\u00f3n traducida a palabras), sino como lo que se revela frente a ella (lo mismo que los demonios manifiestan su ser frente a Jes\u00fas).<\/p>\n<p>Sin embargo, en el pensamiento moderno el pecado no tiene en modo alguno este puesto tan obvio. Cierto que el optimismo del s. xix, el cual todav\u00ed\u00ada consideraba el progreso industrial y social preferentemente como un futuro fascinante, ha cedido el puesto a una experiencia de la \u00abcondici\u00f3n humana\u00bb y de la deficiencia del hombre, que en la filosof\u00ed\u00ada, y sobre todo en la novela, en el teatro y en la pantalla, nos sale ya al paso casi como una pesadilla. Sin embargo, aqu\u00ed\u00ad no se deja o\u00ed\u00adr en seguida la palabra \u00abpecado\u00bb, que m\u00e1s bien parece incluso evitarse. Una primera raz\u00f3n de este hecho est\u00e1 en la reacci\u00f3n de defensa contra el concepto racionalista, moralista y legalista de pecado en pasado que todav\u00ed\u00ada es reciente.<\/p>\n<p>Pero el concepto de pecado dice tambi\u00e9n una relaci\u00f3n (negativa) con Dios y, por consiguiente, participa en conjunto del oscurecimiento &#8211; y depuraci\u00f3n &#8211; de nuestra idea de Dios. Por esta raz\u00f3n se nos presenta la tarea de desarrollar el concepto de pecado, que tiene y ha de conservar su puesto en la predicaci\u00f3n cristiana, en di\u00e1logo tambi\u00e9n con la idea que el hombre de hoy tiene de s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>II. El concepto b\u00ed\u00adblico de pecado<br \/>\nLas palabras que se emplean por lo regular en la Biblia para significar \u00abpecado\u00bb y \u00abpecar\u00bb son la voz hebrea h\u00e4t\u00e4&#8217; y la griega \u00e1mart\u00e1no. Ambas tienen el significado general de \u00aberrar\u00bb; se emplean por lo regular en sentido \u00e9tico y significan \u00abfaltar\u00bb, con frecuencia en el lenguaje de la Biblia en el sentido de \u00abfaltar a alguien\u00bb, en particular a Yahveh, o contra Yahveh. Se falta contra Yahveh por las transgresiones de su ley. Pero esta -> ley s\u00f3lo tiene su significado en la -> alianza; es el presupuesto de la participaci\u00f3n en los beneficios de la alianza. Pecar significa rechazar a Yahveh como Se\u00f1or de la alianza y en este sentido halla su forma m\u00e1s clara en la idolatr\u00ed\u00ada, que viene prohibida en el dec\u00e1logo como el primer pecado y con frecuencia se considera como la fuente de todos los pecados (Ex 20, 3; Am 2, 4, etc.; Sab 14, 22-31; Rom 1, 18-32). As\u00ed\u00ad el pecado es un ofender, disgustar y rechazar a Yahveh, y tiene el car\u00e1cter de una ruptura de la alianza y hasta de un adulterio para con \u00e9l. Esta concepci\u00f3n veterotestamentaria es confirmada por el NT y profundizada en el sentido de que aqu\u00ed\u00ad el pecado va dirigido contra el reino de Dios, contra Cristo (Mt 10, 33; 11, 20 24; 12, 28-32; Jn 15, 18 23ss) y contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Mc 3, 28ss par).<\/p>\n<p>Pero a este respecto hemos de notar al mismo tiempo que el dec\u00e1logo, en nombre de Yahveh, prohibe el pecado contra el pr\u00f3jimo, y que los profetas no s\u00f3lo fustigan la idolatr\u00ed\u00ada, sino tambi\u00e9n la injusticia infligida a los desvalidos, as\u00ed\u00ad como un culto que sirve para enmascarar la injusticia social. Cada vez m\u00e1s se equipara ya en el AT el precepto del amor al pr\u00f3jimo con el del amor a Dios, cosa que Jes\u00fas confirma (cf. -> amor). As\u00ed\u00ad, pues, la Escritura nos plantea el quehacer de describir el pecado en cuanto dirigido contra Dios y contra el hombre.<\/p>\n<p>En el AT hay dos pasajes donde parece que s\u00f3lo la falta externa viene castigada por Yahveh (2 Sam 6, 6ss). Pero los profetas descubren el coraz\u00f3n como asiento de la respuesta que da el hombre a Dios; el pecado m\u00e1s grande es el coraz\u00f3n incircunciso y de piedra, al igual que la dura cerviz (p. ej., Is 29, 13; 48, 4). En el NT se halla junto a los pecados (en plural) el pecado. En la teolog\u00ed\u00ada de -> Pablo el pecado es a veces un poder personificado, que entr\u00f3 en el mundo, pero que mora tambi\u00e9n en el hombre y cuyo esclavo soy yo (principalmente Rom 5-7). En la teolog\u00ed\u00ada de -a Juan el pecado se muestra como la injusticia (\u00e1nom\u00ed\u00ada) definitiva (1 Jn 3, 4), en la que est\u00e1n presos los individuos y sobre todo \u00abel mundo\u00bb.<\/p>\n<p>La elaboraci\u00f3n del concepto b\u00ed\u00adblico de pecado en la tradici\u00f3n apunta principalmente al -> pecado original. Una teolog\u00ed\u00ada de la profundidad del pecado personal se halla especialmente en la teolog\u00ed\u00ada de la reforma protestante, que se incorpora la doctrina del pecado original. Aunque con esto se pierde la dimensi\u00f3n propia del pecado hereditario, sin embargo la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica puede aprender mucho del enfoque reformatorio de la actitud pecadora personal.<\/p>\n<p>III. \u00bfContra qu\u00e9 va dirigido el pecado?<br \/>\nAl hombre moderno no le falta del todo raz\u00f3n cuando rechaza el concepto de pecado que ten\u00ed\u00adan las generaciones pasadas, las cuales lo defin\u00ed\u00adan como \u00abuna transgresi\u00f3n voluntaria de la ley de Dios\u00bb. Este concepto de pecado se puede y se debe desentra\u00f1ar en muchas direcciones:<br \/>\n1. En primer lugar hay que corregir la imagen que presenta a Dios an\u00e1logamente a un legislador civil o eclesi\u00e1stico y la ley de Dios an\u00e1logamente a una ley pol\u00ed\u00adtica, entendida a su vez como impuesta desde fuera y como contingente. La ley de Dios se identifica con los imperativos que nos formulan su creaci\u00f3n y su obra salv\u00ed\u00adfica, imperativos que a su vez se identifican con la creaci\u00f3n y con la salvaci\u00f3n. De aqu\u00ed\u00ad resulta sobre todo que el pecado va tambi\u00e9n contra el hombre. El pecador atenta contra algo que le exigen el ser del pr\u00f3jimo y su propio ser.<\/p>\n<p>2. Ahora bien, este imperativo no puede concebirse est\u00e1ticamente; lo cual es el peligro entra\u00f1ado en el concepto de \u00abley natural\u00bb. La esencia del hombre consiste en ser una persona que se proyecta y se construye en una -> historia. Por esto lo bueno y lo malo no pueden deducirse simplemente de los datos de la naturaleza humana en tanto que precede al ser personal. El pecado es m\u00e1s bien una negativa dada a la vocaci\u00f3n, a todo nuestro futuro en la historia, en la que entr\u00f3 la salvaci\u00f3n de Dios y en la que quiere realizarse cada vez m\u00e1s. Se ha entendido el pecado como transgresi\u00f3n de una ley; mejor se puede definir como \u00abnegativa a comprometerse en una historia de salvaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>3. En el Antiguo Testamento y en el Nuevo se notifica al hombre \u00abreligioso\u00bb que sus pecados no consisten s\u00f3lo en erigir dioses extra\u00f1os frente al \u00fanico Dios verdadero, sino tambi\u00e9n en la injusticia, la dureza de coraz\u00f3n y la explotaci\u00f3n frente al pr\u00f3jimo. Es un kairos salv\u00ed\u00adfico de nuestro tiempo el que hayamos dado con una cierta pista en este sentido. Podemos decir que pecados dirigidos exclusivamente contra Dios ser\u00ed\u00adan una contradicci\u00f3n interna. Todo pecado va por lo menos contra el pecador mismo (y en este sentido \u00e9l mismo se castiga); y Dios se nos presenta agraci\u00e1ndonos e invit\u00e1ndonos en el pr\u00f3jimo, principalmente en Cristo. Pero tampoco debemos olvidar el otro aspecto, a saber, que es Dios quien se nos presenta as\u00ed\u00ad, con su iniciativa que sobrepuja siempre nuestra realidad. Por esta raz\u00f3n \u00abafectamos\u00bb y \u00abdisgustamos\u00bb tambi\u00e9n personalmente a Dios con nuestra negativa a comprometernos en la historia de salvaci\u00f3n que \u00e9l quiere iniciar con nosotros. El pecado como ofensa a Dios es un concepto que no se debe abandonar, con tal que por ello no nos representemos impl\u00ed\u00adcitamente un estricto orden jur\u00ed\u00addico entre Dios y el el hombre (como sucede las m\u00e1s de las veces al concebir nuestra redenci\u00f3n como satisfacci\u00f3n). En todo caso hay que situar la ofensa a Dios donde realmente reside; en el hombre se ofende a Dios mismo, por cuanto se rechaza el llamamiento de Dios al amor. Dada la unidad del amor a Dios y al hombre, tambi\u00e9n el pecado va dirigido de igual forma contra ambos.<\/p>\n<p>IV. Origen del pecado en el hombre<br \/>\nEl pecado es un acto religioso-moral, aunque negativo. De aqu\u00ed\u00ad se sigue que todo lo que puede decirse del -> acto moral se aplica tambi\u00e9n al pecado.<\/p>\n<p>1. El pecado brota de la libre -> decisi\u00f3n que el hombre toma en el centro de su persona, al que la Escritura llama el \u00abcoraz\u00f3n\u00bb. Por otra parte, el hombre es siempre persona, que est\u00e1 corporalmente en el mundo y adquiere cuerpo m\u00e1s y m\u00e1s en el contacto con este mundo y sobre todo con los semejantes. En este sentido, los pecados puramente internos en cuanto tales son tan poco existentes como otros momentos de pura interioridad. El hombre expresa de una u otra manera las decisiones del centro de su persona, y mediante esta corporalizaci\u00f3n surge su actitud interior. Por otra parte, sin embargo, la corporeidad del hombre, juntamente con el no-yo, pertenece al mundo, del que \u00e9l hace su mundo, sin suprimir nunca la resistencia de \u00e9ste. De aqu\u00ed\u00ad resulta que el comportamiento externo del hombre a veces no expresa su decisi\u00f3n interior, manteni\u00e9ndose ajeno a \u00e9sta.<\/p>\n<p>Esa posibilidad da lugar a dos casos l\u00ed\u00admites del pecado. Primeramente el comportamiento que en forma puramente externa est\u00e1 en pugna con los imperativos de la moral, mientras que la decisi\u00f3n y actitud interna del hombre no viene afectada por tal comportamiento, sea porque el hombre se halla en ignorancia del significado de sucomportamiento, o porque \u00e9l mismo no lo regula con libertad. Este caso limite es el llamado pecado material, que, por tanto, en realidad no es pecado, sino apariencia de pecado (no la manifestaci\u00f3n del pecado). El segundo caso l\u00ed\u00admite del pecado se halla en el extremo opuesto, y consiste en que una acci\u00f3n exteriormente buena se elige de intento para paliar la propia actitud pecaminosa. Es la hipocres\u00ed\u00ada, que en el NT se echa en cara violentamente a los fariseos (Mt 23). Esta santidad de fachada es el producto secundario de una santidad de obras, que se reprocha tambi\u00e9n al grupo mencionado (Mt 9, 12). La asociaci\u00f3n de ambas no es puramente accidental, ya que la santidad de obras es un proceder conforme a las normas de la moral, encubriendo as\u00ed\u00ad el pecado consistente en no reconocer la indigencia de redenci\u00f3n en que uno se halla; en este sentido es tambi\u00e9n hipocres\u00ed\u00ada o santidad de apariciones. El pecado material y la hipocres\u00ed\u00ada se demuestran tambi\u00e9n como casos l\u00ed\u00admites por el hecho de que no pueden mantenerse largo tiempo: o bien el mal comportamiento afectar\u00e1 a la actitud interna, o bien esta mala actitud se descubrir\u00e1 de alguna manera en el conjunto del comportamiento humano.<\/p>\n<p>2. Entre el pecado que procede totalmente del centro de la persona y el pecado material, hay muchas gradaciones posibles. Una acci\u00f3n pecaminosa puede surgir tambi\u00e9n en el caso en que determinismos ps\u00ed\u00adquicos dominan parcialmente la acci\u00f3n, y nuestra libertad no puede expresarse plenamente; se trata de algo perif\u00e9rico, no central. Tales determinismos ps\u00ed\u00adquicos pueden ser no s\u00f3lo \u00abpasiones\u00bb positivas y negativas (ansia de hacerse valer, sensualidad, miedo), que preceden a la libertad y enturbian la visi\u00f3n. Puede tratarse tambi\u00e9n de una costumbre arraigada; y en ese caso no se ven plenamente requeridos la atenci\u00f3n y el esfuerzo, porque en definitiva est\u00e1n en juego decisiones de poca monta.<\/p>\n<p>Esta consideraci\u00f3n ha movido a la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica actual a revisar a fondo la cl\u00e1sica distinci\u00f3n entre pecado mortal y venial. Esa distinci\u00f3n ha surgido tambi\u00e9n de la pr\u00e1ctica del sacramento de la penitencia, y as\u00ed\u00ad significa en primera l\u00ed\u00adnea la diferencia entre los pecados del bautizado que para ser perdonados exigen el sacramento, y los que pueden ser perdonados sin la mediaci\u00f3n sacramental (aunque en modo alguno se excluye la confesi\u00f3n de los pecados veniales, que con frecuencia ha sido incluso recomendada por el magisterio eclesi\u00e1stico). Esta diferencia de gravedad de los pecados, negada por el pelagianismo y discutida &#8211; aunque no sin matices &#8211; por la reforma, fue admitida en el cristianismo cat\u00f3lico y confirmada por el magisterio eclesi\u00e1stico (Dz 106ss 804 833 835), precisamente por raz\u00f3n de las diferencias observadas en el obrar humano referido al mundo.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica no ha logrado determinar desde un punto de vista unitario la diferencia entre pecado mortal y pecado venial. Ambas clases de pecado (en las que se reconoc\u00ed\u00ada que el concepto de pecado se realiza anal\u00f3gicamente) fueron distinguidas tanto por raz\u00f3n de la libertad del sujeto pecador &#8211; pleno conocimiento y voluntad libre -, como tambi\u00e9n por raz\u00f3n del contenido de la acci\u00f3n: gravedad o parvedad de la \u00abcosa\u00bb, de la \u00abmateria\u00bb. En esta concepci\u00f3n es pecado mortal el que se produce con pleno conocimiento, libertad y deliberaci\u00f3n en una materia importante; y pecado venial es aquel en el que el conocimiento y la libertad no son perfectos, o que no tiene por objeto una \u00abcosa importante\u00bb.<\/p>\n<p>Ahora bien, en raz\u00f3n de las consideraciones que hemos desarrollado se puede decir que en el fondo s\u00f3lo hay una ra\u00ed\u00adz de la diferencia entre pecado mortal y venial, a saber, la presencia o la ausencia de pleno conocimiento y libertad o, ateni\u00e9ndonos a la terminolog\u00ed\u00ada que hemos usado anteriormente, el hecho de que el pecado proceda del centro o de la periferia de la persona. Por tanto, la importancia de la \u00abcosa\u00bb o del contenido de la acci\u00f3n habr\u00e1 de medirse por el origen central o perif\u00e9rico del pecado, en cuanto normalmente una decisi\u00f3n central s\u00f3lo se tomar\u00e1 en \u00abmateria grave\u00bb. La materia es, en efecto, indicio del origen: la infidelidad conyugal exige generalmente una decisi\u00f3n m\u00e1s central que un peque\u00f1o hurto. Esta idea ha sido expresada ya por K. Rahner, que a la vez observa con raz\u00f3n c\u00f3mo una diferencia paralela puede mostrarse tambi\u00e9n en lo relativo a la acci\u00f3n moralmente buena. El pecado mortal, en tanto que decisi\u00f3n central, es una ruptura con la orientaci\u00f3n de la vida hacia la salvaci\u00f3n o un jugar con la vida de gracia; sin duda procede de ahi el nombre de pecado \u00abmortal\u00bb. Sin embargo, en la historia de cada persona incluso una decisi\u00f3n central es todav\u00ed\u00ada revocable, y Dios nos facilita constantemente en Cristo la posibilidad de conversi\u00f3n. S\u00f3lo en la vida en conjunto, o en el tr\u00e1nsito a la otra vida, puede ser definitiva la decisi\u00f3n pecaminosa, y entonces surge el \u00abpecado contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Mc 3, 29 par), o el \u00abpecado que lleva a la muerte\u00bb (1 Jn 5, 16), o la \u00abinjusticia\u00bb definitiva (1 Jn 3, 4).<\/p>\n<p>3. Toda acci\u00f3n es revocable, y en toda acci\u00f3n puede enga\u00f1arnos la conexi\u00f3n entre lo interior y lo exterior: una mala acci\u00f3n quiz\u00e1 sea s\u00f3lo pecado material, y una buena acci\u00f3n puede ser hipocres\u00ed\u00ada; una falta grave a veces no procede de nuestro centro personal, y es posible pensar que una peque\u00f1a falta sea expresi\u00f3n de una profunda malicia. Todo esto nos lleva a la convicci\u00f3n de que el pecado no debe buscarse primeramente en la acci\u00f3n particular, sino en la orientaci\u00f3n total de la vida. Naturalmente, eso se aplica tambi\u00e9n a la virtud y a todas las categor\u00ed\u00adas de virtud y de pecado: sinceridad o doblez, castidad o lujuria, amor o ego\u00ed\u00adsmo&#8230;, todo esto se realiza a fin de cuentas en una vida entera o un sector de la vida, y raras veces se muestra claramente en una acci\u00f3n \u00fanica. En consecuencia, tambi\u00e9n la confesi\u00f3n de nuestros pecados ser\u00e1 una expresi\u00f3n de la vida m\u00e1s que una enumeraci\u00f3n de acciones: en la oraci\u00f3n, sin duda alguna, pero tambi\u00e9n en el sacramento de la penitencia. Uno de los pecados m\u00e1s profundos es la resistencia a la invitaci\u00f3n a levantarnos, con humildad y esperanza, de nuestras ca\u00ed\u00addas cotidianas, la resistencia al acontecer salv\u00ed\u00adfico que Dios quiere producir en toda vida humana, incluso a trav\u00e9s de nuestros pecados y desde nuestros pecados. Y as\u00ed\u00ad, seg\u00fan Jn (3, 19ss), el pecado de los que no quieren creer en el Hijo de Dios est\u00e1, no s\u00f3lo en el hecho de ser malas sus obras, sino, adem\u00e1s, en su negativa a venir a la luz.<\/p>\n<p>V. Culpa<br \/>\n1. Lo que hace que el pecado sea pecado es la culpa. Esta consistencia precisamente en la libre opci\u00f3n por el mal, tomada contra Dios y contra el hombre. As\u00ed\u00ad, en el pecado se pueden distinguir un aspecto interior y otro aspecto social, y a esta distinci\u00f3n responden en lat\u00ed\u00adn los t\u00e9rminos culpa y debitum respectivamente. El elemento interior se presta al an\u00e1lisis psicol\u00f3gico, que con frecuencia y distinguir\u00e1 entre falsos sentimientos de culpabilidad y una conciencia real de culpa. En la medida en que la conciencia toma sus normas del medio ambiente sin asimil\u00e1rselas ella misma, pueden producirse m\u00faltiples falsos sentimientos o complejos de culpabilidad (en las civilizaciones primitivas, y tambi\u00e9n en nuestra sociedad, por raz\u00f3n de una educaci\u00f3n legalista, puritana o excesivamente autoritaria). El elemento social se encarna en la culpa jur\u00ed\u00addica, es decir, en la sujeci\u00f3n a un castigo y (o) a la obligaci\u00f3n de dar reparaci\u00f3n. Esta culpa jur\u00ed\u00addica en la jurisprudencia de la sociedad y de la Iglesia s\u00f3lo se imputa &#8211; por lo menos en el caso ideal &#8211; cuando existen indicios de culpa interior.<\/p>\n<p>2. Esto \u00faltimo indica que la culpa jur\u00ed\u00addica puede subsistir aun cuando la culpa en el centro mismo de la persona se haya borrado ya con la conversi\u00f3n y el otorgamiento de perd\u00f3n: un homicida convertido debe, no obstante, someterse a la pena. Ahora bien, es bastante simplista aplicar esto a la culpa en sus dimensiones \u00e9ticas y teol\u00f3gicas, o sea, a la culpa contra Dios y el hombre; como, p. ej., en la tesis seg\u00fan la cual hay que cargar todav\u00ed\u00ada con las penas temporales del pecado una vez que la culpa ha sido borrada ya con el perd\u00f3n. M\u00e1s bien la culpa subsistir\u00e1 \u00fanicamente en tanto la conversi\u00f3n desde el centro de la persona no se haya impuesto todav\u00ed\u00ada en todas las capas de nuestro ser, en cuanto \u00e9stas son accesibles a nuestra libertad (-> purgatorio).<\/p>\n<p>3. M\u00e1s dif\u00ed\u00adcil que la permanencia y desaparici\u00f3n de la culpa resulta el origen de la misma ante nuestra mirada. En efecto, nuestra conciencia no antecede a nuestra voluntad, sino que es puesta en marcha por \u00e9sta, de modo que en todo tiempo nos hallamos en un determinado ejercicio de nuestra libertad. As\u00ed\u00ad, es imposible preguntar d\u00f3nde comienzan en nosotros mismos nuestras decisiones morales. Adem\u00e1s de esto, el bien y el mal est\u00e1n con frecuencia entremezclados en nuestras decisiones, de modo que es casi tan dif\u00ed\u00adcil jalonar una fase de la \u00abprimera inocencia\u00bb en los particulares como en la humanidad. Si reflexionamos sobre las limitaciones que en esta vida hay, y subsisten, en el ser de hombre &#8211; o, mejor dicho, en el incesante hacerse hombre -, tanto m\u00e1s reconoceremos cu\u00e1n dif\u00ed\u00adcil es trazar la l\u00ed\u00adnea divisoria entre \u00abfinitud y culpabilidad\u00bb, usando la expresi\u00f3n de Paul Ricoeur. Asf el hombre experimenta tambi\u00e9n a cada momento la incitaci\u00f3n a la culpa, su sujeci\u00f3n a \u00ablos poderes\u00bb, juntamente con su propia responsabilidad o, en conceptos de Paul Tillich: la s\u00ed\u00adntesis de destino y libertad. Tampoco esto es un impedimento para nuestra confesi\u00f3n de la culpa para con Dios y para con Cristo; pues, m\u00e1s importante que la revelaci\u00f3n de una conciencia que nunca podremos escrutar plenamente (cf. 1 Cor 4, 4), es confiarse, a todos los niveles del propio ser y con todas las penurias de la propia existencia, a aquel en quien sobreabunda la redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>VI. \u00abPecado del mundo\u00bb<br \/>\n1. En esta f\u00f3rmula de Juan (1, 29) compendiamos lo que se puede decir sobre la comunidad o solidaridad en el pecado. Aun prescindiendo de lo referente al primer pecado y a su influjo en todos nosotros, se puede todav\u00ed\u00ada hablar de tal solidaridad. En la Escritura, el pueblo entero de Israel es con frecuencia sujeto del pecado, y Dios castiga los pecados de los padres hasta la tercera y cuarta generaci\u00f3n (Ex 20, 5). Aun despu\u00e9s de que Ezequiel (187) ha proclamado la responsabilidad de cada uno ante Dios y de que \u00e9sta ha sido subrayada por el NT, permanece la vinculaci\u00f3n entre padres e hijos, el pecado sigue siendo un poder en el mundo, y \u00e9ste a su vez sigue siendo una comunidad en el pecado. A ello corresponde nuestra experiencia de la \u00abtransmisi\u00f3n\u00bb del mal y, en general, de un cierto \u00abpoder de contagio\u00bb en la conducta moral. Se puede hablar de los pecados &#8211; y quiz\u00e1 tambi\u00e9n de las virtudes &#8211; de un pueblo o de una \u00e9poca cultural. \u00bfC\u00f3mo se debe entender esto?<br \/>\n2. De todos modos la culpa, puesto que brota de la libertad personal de cada uno, no pasa de uno a otro, no es comunitaria.<\/p>\n<p>Es por tanto algo que induce a error el hablar de culpa colectiva, con lo cual se agravia adem\u00e1s a las personas particulares. No obstante, es innegable el influjo de una persona libre sobre otra. Este influjo se puede expresar formalmente mediante el concepto de \u00absituaci\u00f3n\u00bb. Yo, como persona libre, no puedo ser privado de mi libertad por la libre decisi\u00f3n de otro, pero s\u00ed\u00ad puedo ser colocado por este otro en una situaci\u00f3n que me determine interiormente incluso en mi libertad. El otro puede, p. ej., presentarme de manera convincente cierto valor que haga un llamamiento a mi libertad, y puede reforzar este llamamiento con su propio ejemplo. En cambio, con el mal ejemplo se me priva de tal llamamiento, un valor viene expuesto a la duda y a la desestima, se da un est\u00ed\u00admulo en sentido contrario. Este es el contenido del concepto b\u00ed\u00adblico de -> tentaci\u00f3n y de -> esc\u00e1ndalo, literalmente de la cuerda o de la piedra que se le pone a uno en el camino para hacerle caer. Mediante la presi\u00f3n social, tal seducci\u00f3n puede rebasar mis fuerzas morales. M\u00e1s importante es el hecho de que por la privaci\u00f3n constante del testimonio positivo en favor de un valor o poniendo constantemente ante los ojos un mal ejemplo, se puede atenuar y embotar el llamamiento del valor y oscurecer la visi\u00f3n del mismo hasta producirse en el otro una ceguera para aqu\u00e9l. Ese influjo pernicioso se ejerce incluso en el adulto, ya que tambi\u00e9n \u00e9ste necesita del otro como garante de los valores morales, pero se ejerce mucho m\u00e1s a\u00fan sobre el ni\u00f1o, que depende todav\u00ed\u00ada de la educaci\u00f3n moral. Puede incluso suceder que ni\u00f1os y hasta generaciones enteras sean \u00abciegos de nacicimiento\u00bb para un determinado valor; es decir, que nazcan en un ->. ambiente en el que un valor est\u00e9 completamente oscurecido o ausente. As\u00ed\u00ad surgen, pues, los pecados de un pueblo o de una civilizaci\u00f3n, que en gran parte se deben a los pecados puramente materiales de personas individuales ciegas de nacimiento para un determinado valor.<\/p>\n<p>3. Lo que aqu\u00ed\u00ad decimos no es \u00abmeramente natural\u00bb; tambi\u00e9n la gracia se ve afectada por ello. En efecto, el hombre sirve a su pr\u00f3jimo de innumerables maneras en orden al llamamiento de la gracia: el otro da contenido a lo que la gracia pide de m\u00ed\u00ad, y, a la inversa, la gracia que me es otorgada, el esp\u00ed\u00adritu en m\u00ed\u00ad, hace accesible mi coraz\u00f3n al ejemplo, al llamamiento, a la notificaci\u00f3n que me viene del otro. Esto quiere decir que en un ambiente el pecado puede contrarrestar la acci\u00f3n de la gracia, mientras que, por otra parte, la gracia puede a su vez dirigir llamamientos a las personas y destruir el hechizo del ambiente, como lo hizo Dios en Jesucristo de la manera m\u00e1s elevada y decisiva para todos los ambientes. As\u00ed\u00ad vemos de m\u00faltiples maneras c\u00f3mo el pecado reina en el mundo, mientras que, seg\u00fan el modo de ver de Juan, la repulsa dada a Cristo confirma al mundo en el pecado y lo retiene en \u00e9l. Esta teolog\u00ed\u00ada del pecado del mundo y de los pecados hist\u00f3ricos en el mundo podr\u00ed\u00ada ofrecer un acceso al dogma del -> pecado original y quiz\u00e1 determinar su interpretaci\u00f3n. Pero, aun prescindiendo de esto, tiene importancia como paralelo de la soteriolog\u00ed\u00ada, puesto que Dios nos ofrece en Cristo la redenci\u00f3n del pecado, incluso en el sentido de sus dimensiones sociales, lo cual nos invita precisamente a luchar contra los poderes sociales del pecado.<\/p>\n<p>VII. Pecado, creaci\u00f3n, redenci\u00f3n<br \/>\n1. Anteriormente hemos indicado que el pecado proyecta su sombra en la finitud y limitaci\u00f3n del hombre. En el mundo entero no s\u00f3lo hay limitaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n mal, ausencia de un bien que deber\u00ed\u00ada estar presente, p\u00e9rdida de un fin. Estamos acostumbrados a mostrar el mal f\u00ed\u00adsico, lo mismo fuera del hombre que en el hombre, como analogado remoto del mal moral, es decir, del pecado. Por lo que hace a la esfera infrahumana es dif\u00ed\u00adcil, si no imposible, determinar d\u00f3nde se puede hablar propiamente de mal, conforme al dicho de Arist\u00f3teles: Generatio unius est corruptio alterius. S\u00f3lo en la medida en que este \u00abmal\u00bb f\u00ed\u00adsico afecta a la persona humana, aparece claro como mal (en ese caso se podr\u00ed\u00ada hablar de mal catastr\u00f3fico). Otra forma del mal humano es el mal tr\u00e1gico que el hombre inflige a su semejante o a s\u00ed\u00ad mismo, pero no (o por lo menos no directamente) con culpa. S\u00f3lo despu\u00e9s viene el mal moral, que es el pecado. Esto esclarece todo lo que ya anteriormente se ha dicho sobre el origen oculto de la culpa.<\/p>\n<p>2. Naturalmente, es posible mostrar analog\u00ed\u00adas entre estas formas del mal y, por consiguiente, tambi\u00e9n entre el mal f\u00ed\u00adsico y el pecado. Teilhard de Chardin mostr\u00f3 tales analog\u00ed\u00adas en diferentes escritos todav\u00ed\u00ada in\u00e9ditos. Tambi\u00e9n se refiri\u00f3 a la ley estad\u00ed\u00adstica, seg\u00fan la cual, desde el punto de vista de los grandes n\u00fameros, el bien triunfa sobre el mal, y entiende que esta ley se aplica tanto a la evoluci\u00f3n biol\u00f3gica, como al bien y al mal en la comunidad de los hombres. De hecho se puede decir que el bien &#8211; como tambi\u00e9n el mal &#8211; triunfa en la medida en que viene a ser necesidad social. Pero en toda nuestra historia se pone de manifiesto hasta qu\u00e9 punto la persona puede poner en vigor las leyes estad\u00ed\u00adsticas y luego volver a echarlas por tierra. Un hombre aparece a veces dotado del siniestro poder de suscitar una reacci\u00f3n en cadena del mal. Pero la providencia divina act\u00faa de la misma manera, particularmente en la vida y muerte libertadora de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>3. Al ver el mal, y particularmente el pecado, en la creaci\u00f3n entera, no podemos eludir la cuesti\u00f3n de hasta qu\u00e9 punto Dios es responsable de \u00e9l. Es la cuesti\u00f3n con que ya se debat\u00ed\u00ada Job (-> mal [Teodicea] ). Al igual que en el libro de Job, tambi\u00e9n hoy la respuesta est\u00e1 oculta en el misterio de Dios, que sin embargo no es s\u00f3lo un misterio de poder, sino tambi\u00e9n &#8211; y sobre todo &#8211; un misterio de amor. Debemos atribuir toda la creaci\u00f3n al amor de Dios, y a la vez podemos decir que un mundo creado, precisamente por ser un mundo que se va formando, tambi\u00e9n tiene que incluir necesariamente el mal. Desde luego, no cabe invocar la omnipotencia de Dios y decir que \u00e9l podr\u00ed\u00ada impedir el mal; pues nosotros, en tanto que criaturas, no podemos fijar el contenido de la omnipotencia divina. Pero Dios no es s\u00f3lo el autor del mundo, sino tambi\u00e9n, y sobre todo, su redentor y consumador.<\/p>\n<p>Con ello muestra que est\u00e1 de nuestra parte en la lucha contra el mal y el pecado. Jes\u00fas, que sanaba y que expulsaba demonios con su poderosa palabra, Jes\u00fas, que muri\u00f3 en la impotencia y en la entrega y as\u00ed\u00ad fue resucitado despu\u00e9s de la muerte, es la m\u00e1s profunda manifestaci\u00f3n de la omnipotencia salvadora de Dios. \u00abEn su nombre ha de predicarse la conversi\u00f3ny el perd\u00f3n de los pecados a todas las naciones\u00bb (Lc 24, 47).<\/p>\n<p>4. El hombre, que con la fe y la conversi\u00f3n (la cual incluye el perd\u00f3n mutuo) ha hallado la redenci\u00f3n, est\u00e1 siempre, no obstante, expuesto a la tentaci\u00f3n de pecar. Halla en s\u00ed\u00ad la -> concupiscencia, que procede de su situaci\u00f3n interior debida al pecado original (y tambi\u00e9n al \u00abpecado del mundo\u00bb). Cierto que por su naturaleza la concupiscencia debe distinguirse del pecado (del que procede y al que conduce), como lo hace el concilio de Trento (Dz 792). Pero, en la existencia concreta, la concupiscencia sin duda se hace consciente en el asentimiento pecador. As\u00ed\u00ad, tambi\u00e9n por parte cat\u00f3lica se puede afirmar: Simul iustus et peccator. El magisterio de la Iglesia reconoce tambi\u00e9n al hombre pecador la posibilidad de la fe divina (Dz 838), la pertenencia a la Iglesia y el ministerio en ella (Dz 646). La Iglesia \u00ababarca a pecadores en su propio seno\u00bb y \u00aba la vez es santa y est\u00e1 necesitada de purificaci\u00f3n\u00bb (Vaticano II, Lumen gentium, n.0 8).<\/p>\n<p>5. Pero en medio de todo se mantiene el primado salvador de la gracia. Esta no s\u00f3lo act\u00faa posteriormente al pecado, sino que le sale al paso: \u00abQuien ha nacido de Dios, no peca\u00bb (1 Jn 5, 18). En la medida en que con Mar\u00ed\u00ada se dio un caso especial de redenci\u00f3n, su gracia es puramente preveniente, como se expresa en el dogma de la inmaculada Concepci\u00f3n (Dz 1641). Pero m\u00e1s importante es todav\u00ed\u00ada la ausencia de pecado en Cristo mismo (Jn 8, 46; Heb 4, 15; 7, 27). Sin embargo, aun \u00e9sta no debe concebirse como una incapacidad de pecar \u00abprogramada\u00bb de antemano, sino que ha de verse como una constante victoria sobre la tentaci\u00f3n, por la que Jes\u00fas fue atacado de igual manera que nosotros (Heb 4, 15). Una tentaci\u00f3n \u00ab\u00fanicamente desde fuera\u00bb, sin lucha interior, s\u00f3lo corresponder\u00ed\u00ada a una humanidad de Cristo en la que, seg\u00fan la concepci\u00f3n apolinarista, el Logos divino ejerciera las funciones del alma. Ahora bien, tal clase de tentaci\u00f3n de Cristo no ser\u00ed\u00ada redentora precisamente con respecto a nuestras tentaciones.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:<br \/>\n&#8211; 1.MANUALES Y COLECCIONES : Barth RD IV\/1 395-573; P. Tillich, Systematische Theologie II (St 1958) 35-52; Hdring 393-554; Scheeben V\/23 563-754; Schmaus D II\/1 472-540; J. F. Sag\u00fc\u00e9s, De peccatis: PSJ II (41964) 856-1026.<\/p>\n<p>&#8211; 2.ESTUDIOS EXEGETICOS E HIST\u00f3RICOS: G. Quell &#8211; G. Bertram &#8211; G. St\u00f1hlin &#8211; W. Grundmann, \u00e9tzapi\u00e1vw y simil.: ThW I 267-320; H. Volk, Emil Brunners Lehre vom S\u00fcnder (Mr 1950); J. Guilles, Themes bibliques (P 1951) 116-159; Landgraf D IV\/l vols. 2; 1. de la Potterie, \u00abLe Pech\u00e9, c&#8217;est I&#8217;iniquit\u00e9\u00bb: NRTh 70 (1956) 785-797; J. Heuschen, De zondeopvatting in het Oude Testament: Revue eccl\u00e9siastique de Liege 43 (Lieja 1956) 129-151 193-219; O. Kuss, S\u00fcnde und Tod, Erbtod und Erb-S\u00fcnde: Der R\u00f6merbrief (Rb 1957) 241-275; L. Ligier, Pech\u00e9 d&#8217;Adam et pech\u00e9 du monde, 2 vols. (P 1961).<\/p>\n<p>&#8211; 3.OBRAS MONOGR\u00ed\u0081FICAS: M. Waldmann, Zur inneren Begr\u00fcndung der l\u00e4\u00dflichen S\u00fcnde: ThQ 98 (1916-17); Rahner 1 381-419 (Sobre el concepto teol\u00f3gico de concupiscencia), II 147-188 (Verdades olvidadas sobre el sacramento de la penitencia), 285-304 (Culpa y perd\u00f3n de la culpa como regi\u00f3n fronteriza entre la teolog\u00ed\u00ada y la psicoterapia); H. Rondes, Notes sur la th\u00e9ologie du p\u00e9ch\u00e9 (P 1957); G. C. Berkouwer, De zonde, 2 vols. (Kampen 1958-60); P. Ricoeur, Finitude et Culpabilit\u00e9, 2 vols. (P 1960); P. Schoonenberg, El poder del pecado (C Lohle B Aires 1968); L. Monden, Conciencia, libre albedr\u00ed\u00ado, pecado (Herder Ba 1968); P. Palazzini y otros, El pecado en las fuentes cristianas primitivas (Rialp Ma); Pecado, Misterio de iniquidad (P Socorro Ma 1965); La educaci\u00f3n del sentido del pecado (Marova Ma 1968); W. Bitter, Angustia y pecado (Sig Sal 1969); P. Grelot, El problema del pecado original (Herder Ba 1970); M. Oraison, Psicolog\u00ed\u00ada y sentido del pecado (Marova Ma 1970); H. Renckens, Creaci\u00f3n, para\u00ed\u00adso y pecado original (Guad Ma 21969); O. Garcia, EI misterio del pecado (Ma 1963); J. Jim\u00e9nez Fajardo, La esencia del pecado venial en la segunda edad de oro de la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica (Gran 1944).<\/p>\n<p>Piet Schoonenberg<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. Introducci\u00f3n En el evangelio se nos anuncia la salvaci\u00f3n de Dios en -> Jesucristo como redenci\u00f3n de nuestros pecados y como perd\u00f3n de los mismos. Jes\u00fas llama a la conversi\u00f3n (-> metanoia, -> conversi\u00f3n I) cuando proclama y ofrece el -> reino de Dios; de \u00e9l se nos dice que muri\u00f3 por nuestros pecados, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pecado-y-culpa\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPECADO Y CULPA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-18992","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18992","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18992"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18992\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18992"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18992"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18992"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}