{"id":18998,"date":"2016-02-05T12:11:21","date_gmt":"2016-02-05T17:11:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pobreza-movimientos-de\/"},"modified":"2016-02-05T12:11:21","modified_gmt":"2016-02-05T17:11:21","slug":"pobreza-movimientos-de","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pobreza-movimientos-de\/","title":{"rendered":"POBREZA, MOVIMIENTOS DE"},"content":{"rendered":"<p>Se llaman m. de p. aquellos intentos, muy diversos y complicados, de renovaci\u00f3n de la Iglesia durante la edad media en los que la p., no siempre entendida en el mismo sentido, era la fuerza propulsora y configuradora. Se trataba all\u00ed\u00ad de un intento de la Iglesia, y por cierto no s\u00f3lo o principalmente de su jerarqu\u00ed\u00ada, de hacer justicia a la situaci\u00f3n de los tiempos y de adquirir una figura adecuada a la tradici\u00f3n y al momento presente (movimientos de &#8211; reforma eclesi\u00e1stica).<\/p>\n<p>El m\u00f3vil inicial de los movimientos de reforma fue la libertas Ecclesiae, liberar a la Iglesia del dominio de los seglares tal como \u00e9ste se daba en la estructura de la Iglesia imperial del medievo (-> edad media, C) y en \u00e9l derecho de iglesia propia. Ciertos esfuerzos en este sentido, que al principio tend\u00ed\u00adan a eliminar los abusos de una excesiva mundanizaci\u00f3n, condujeron a una mayor distancia entre el \u00e1mbito espiritual y el mundano y fomentaron la imagen ideal de una Iglesia espiritual, no vinculada al mundo (p. ej., en Joaqu\u00ed\u00adn de Fiore). La discusi\u00f3n entre el pontificado y el imperio era una consecuencia de la conciencia creciente de la independencia de la Iglesia y de su exigencia de predominio sobre la autoridad del mundo, y, en relaci\u00f3n con esto, era consecuencia de un concepto clerical y estrecho de Iglesia (-> Iglesia y Estado). El que la Iglesia se desprendiera de aquellas estructuras en las que hasta entonces hab\u00ed\u00ada encontrado sost\u00e9n y apoyo, trajo consigo el desarrollo de posiciones de poder propio, las cuales se ponen de manifiesto especialmente en el centralismo de la -> curia romana y en la pretensi\u00f3n papal de dominio sobre el mundo (p. ej., Inocencio III).<\/p>\n<p>La Iglesia medieval, a pesar de todos sus esfuerzos, no pudo librarse de las estructuras del mundo, porque en aquella sociedad cristiana le toc\u00f3 cada vez m\u00e1s un papel directivo, y tambi\u00e9n en el aspecto no puramente espiritual de su dominio se hab\u00ed\u00ada convertido en un elemento constitutivo de -> occidente. La imposibilidad de la soluci\u00f3n propuesta por el papa Pascual II para la lucha de las -> investiduras y, m\u00e1s tarde, el fracasado pontificado de Celestino V, son un signo caracter\u00ed\u00adstico de esto. La vinculaci\u00f3n de la Iglesia al mundo en su entrelazamiento con el poder pol\u00ed\u00adtico hab\u00ed\u00ada tenido temporalmente efectos saludables; hacia finales de siglo se veneraba en los pr\u00ed\u00adncipes cristianos al tipo de santo adecuado a los tiempos (p. ej., Ulrico de Augsburgo). Tambi\u00e9n despu\u00e9s de la victoria del papado sobre el emperador, precisamente los mejores representantes del movimiento de pobreza no se rebelaron contra la grandeza mundana de la Iglesia, y, por el contrario, Inocencio III reconoci\u00f3 la legitimidad de la pobreza evang\u00e9lica. Adem\u00e1s las -> cruzadas son expresi\u00f3n, no s\u00f3lo de la despierta conciencia de poder que tiene la Iglesia, sino tambi\u00e9n de un entusiasmo absolutamente religioso; sin duda influyeron en la renovaci\u00f3n de la piedad medieval en el sentido de los movimientos de pobreza.<\/p>\n<p>Por otro lado el movimiento de reforma repercuti\u00f3 tambi\u00e9n en el \u00e1mbito pol\u00ed\u00adtico y mundano, p. ej., aunque no exclusivamente, en la lucha entre el papa y el emperador y en la influencia que parte del poderoso movimiento de la -> reforma cluniacense. Tambi\u00e9n en el movimiento de los pauperes Christi la pobreza no deja de tener su forma mundana. Esto puede verse ya muy pronto en los patarinos lombardos. Tambi\u00e9n en las cruzadas y en la fundaci\u00f3n de las \u00f3rdenes de caballer\u00ed\u00ada tiene su papel la pobreza de Cristo. Pero esa idea de la pobreza no priv\u00f3, p. ej., a Bernardo de Claraval de contribuir a la configuraci\u00f3n del mundo. En ocasiones esta pobreza ha amenazado en forma casi an\u00e1rquica el orden de la Iglesia y de la sociedad (como consecuencia unilateral y espiritualizante de la renovaci\u00f3n evang\u00e9lica en Arnoldo de Brescia y en Pedro de Valdo; como un -> dualismo fundamentalmente acristiano en los -> c\u00e1taros).<\/p>\n<p>A pesar de todo, la tendencia a una mayor distancia del mundo bajo distintas f\u00f3rmulas y motivaciones fue un m\u00f3vil b\u00e1sico del movimiento medieval de reforma. La afluencia a los monasterios era grande. Esta huida del mundo recibi\u00f3 una nota peculiar en el movimiento de los ermita\u00f1os, que produjo un enlace del anacoretismo oriental con la forma de vida cenobftica, principalmente sobre la base de la regla benedictina (p. ej., en los camaldulenses y los cartujos). Tambi\u00e9n se buscan la simplicidad y el rigor de una vida de pobreza en la soledad (p. ej., los cistercienses). C\u00f3mo, sin embargo, esta estricta aversi\u00f3n al mundo no descuid\u00f3 la vida de la Iglesia lo demuestra, adem\u00e1s de Bernardo de Claraval, tambi\u00e9n Pedro Dami\u00e1n, que como pol\u00ed\u00adtico eclesi\u00e1stico y como escritor ejerci\u00f3 gran influencia.<\/p>\n<p>Otra manera de huida del mundo la encontramos en el movimiento de los peregrinos, que entusiasm\u00f3 a muchos para dejarlo todo. Este movimiento de piedad, que influy\u00f3 tambi\u00e9n en la idea de las cruzadas (p. ej., en Pedro de Amiens y sus partidarios), estuvo influido tambi\u00e9n por el desarrollo de la econom\u00ed\u00ada monetaria de la burgues\u00ed\u00ada urbana, m\u00e1s m\u00f3vil en comparaci\u00f3n con la econom\u00ed\u00ada agraria del feudalismo, ligada a la tierra. Los novi Nomines de la burgues\u00ed\u00ada, social y econ\u00f3micamente progresista, entienden ahora este abandonar el mundo de manera tal que transforman su \u00abcorrer por el mundo con af\u00e1n de lucro\u00bb (Regula non bullata [cap. 8] de Francisco de As\u00ed\u00ads) en una manera apost\u00f3lica de vivir sin bienes ni dinero, dependiendo de limosnas; y as\u00ed\u00ad, como predicadores ambulantes, proclaman la buena nueva con su ejemplo y su palabra (ibid., cap. 9). Sin duda alguna los primeros g\u00e9rmenes de esta predicaci\u00f3n ambulante est\u00e1n estrechamente ligados con la vida erem\u00ed\u00adtica y monacal, y, p. ej., Roberto de Arbrissel y Norberto de Cleves y sus seguidores hallaron en monasterios de observancia benedictina o agustiniana el orden de sus sociedades. Este orden fue fomentado tambi\u00e9n por la autoridad eclesi\u00e1stica mediante la aprobaci\u00f3n de reglas mon\u00e1sticas ya existentes (p. ej., el concilio Lateranense tv, can. 13). Sin embargo, formas m\u00e1s nuevas de estos m. de p. evang\u00e9lica han conservado consecuentemente su peculiaridad, los valdenses incluso en oposici\u00f3n a la autoridad eclesi\u00e1stica, y la orden de Francisco de As\u00ed\u00ads como una renovaci\u00f3n de la vida eclesi\u00e1stica reconocida ya plenamente como cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>La repulsa dualista a todo lo mundano predicado por los c\u00e1taros, en esta situaci\u00f3n llevaba consigo un peligro de confusi\u00f3n. Su pobreza y su cr\u00ed\u00adtica a la riqueza y a la mundanizaci\u00f3n de la Iglesia en tal medida brotaban de fuentes no cristianas, que ellos llegaron a negar la encarnaci\u00f3n de Cristo y el car\u00e1cter visible de la Iglesia.<\/p>\n<p>Era caracter\u00ed\u00adstico de este movimiento de reforma el apoyo en una ordenaci\u00f3n originaria de la vida, tanto para oponerse a los abusos y las desviaciones, como para estimular y regular nuevas formas de vida. Para los monjes esto signific\u00f3, junto al resurgimiento de formas orientales de vida y la reclusi\u00f3n en la soledad, en muchos casos tambi\u00e9n una observancia renovada de la regla benedictina en todo su rigor, lo cual resulta especialmente claro, p. ej., en el nuevo comienzo de los cistercienses. Precisamente en Bernardo se ve con claridad de qu\u00e9 profundidades religiosas se nutre esta renovaci\u00f3n, e igualmente c\u00f3mo la fuerza propulsora no es la letra de la regla ni la acci\u00f3n humana, sino la figura redentora del Hijo de Dios, encarnado en la pobreza.<\/p>\n<p>Estimulados en parte por el floreciente monacato, tambi\u00e9n muchos cl\u00e9rigos seculares llevaron una vida de pobreza. El orden de la vida de estas socied\u00e1des de cl\u00e9rigos afanosos de reforma se encontr\u00f3 preferentemente en la regla agustiniana, p. ej., en el caso de los cabildos de agustinos agrupados en congregaciones, o en el de las \u00f3rdenes de Norberto y de Domingo. Esta renovaci\u00f3n repercuti\u00f3 tambi\u00e9n en los seglares, que eran admitidos en los monasterios en calidad de conversi, o se asociaban en comunidades parecidas a las de los religiosos; o bien, m\u00e1s o menos vinculados a los monasterios, viv\u00ed\u00adan en cofrad\u00ed\u00adas dentro del mundo. En este contexto merecen especial menci\u00f3n las \u00f3rdenes de caballer\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>La renovaci\u00f3n religiosa de la Iglesia medieval debi\u00f3 muy especialmente su origen a una nueva reflexi\u00f3n, motivada en parte por las cruzadas y en parte por las circunstancias sociales cambiadas, sobre el evangelio, sobre la vida de Cristo, y sobre la forma de vida de los ap\u00f3stoles (Lc 9, iss, etc.) y de la comunidad primitiva de Jerusal\u00e9n (Act 2, 42ss; 4, 32ss). En la piedad nueva, que se advierte ya en el monacato benedictino (p. ej., en Bernardo de Claraval), la pobreza y la humildad de Cristo, as\u00ed\u00ad como la vita apostolica, se convirtieron cada vez m\u00e1s en motivo de reforma y en una norma para la cr\u00ed\u00adtica a los sucesores de los ap\u00f3stoles, y, en casos de un clero excesivamente inm\u00f3vil, pasaron a ser tambi\u00e9n motivo de movimientos anticlericales (los valdenses). Un ejemplo feliz de estos m. de p. nos lo dio Francisco de As\u00ed\u00ads, que hizo aceptable en la Iglesia de su tiempo la forma de vida evang\u00e9lica, vivida en la tensi\u00f3n entre una afirmaci\u00f3n del mundo y una pobreza extrema, sin compromisos y, sin embargo, sin exageraciones dualistas o anticlericales. Las complicaciones posteriores en la orden de los minoritas (la disputa de los mendicantes y las discusiones sobre la pobreza) hicieron que el m\u00f3vil vivo de la pobreza religiosa quedara de nuevo aprisionado &#8211; y con ello encubierto &#8211; en formas institucionales, tanto por lo que se refiere a la orden de Francisco como a la Iglesia en general.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Fliehe-Martin VIII 427-462, IX\/1 13-42 91-132, IX\/2 288-352, X 156-194; H. Grund-mann, Religi\u00f6se Bewegungen im MA (B 1935); A. Mens, Oorsprong en betekenis van de nederlandse Beginnen en Begardenbeweging (An 1947); F. Heer, Auf-gang Europas (W &#8211; Z 1949); S. Ciasen, Franziskus von Assisi und die soziale Frage: WiWei 14 (1951) 212-225; H. Grundmann, Neue Beitr\u00e4ge zur Geschichte der religi\u00f6sen Bewegungen im MA: AKG 37 (1955) 129-182; K. F,iier, Die religi\u00f6sen Bewegungen des Hoch-MA und Franziskus von Assisi: Lortz F 11287-315; idem, Franziskus von Assisi und die Katharer seiner Zeit: AFrH 51 (1958) 1-40; M. D. Lambert, Franciscan Poverty, 1210-1323 (Lo 1961); Bihlmeyer-T\u00fcchle 1117 226-268 303-362.<\/p>\n<p>Sigismund Verhey<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se llaman m. de p. aquellos intentos, muy diversos y complicados, de renovaci\u00f3n de la Iglesia durante la edad media en los que la p., no siempre entendida en el mismo sentido, era la fuerza propulsora y configuradora. 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