{"id":19002,"date":"2016-02-05T12:11:29","date_gmt":"2016-02-05T17:11:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/psicologia-individual\/"},"modified":"2016-02-05T12:11:29","modified_gmt":"2016-02-05T17:11:29","slug":"psicologia-individual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/psicologia-individual\/","title":{"rendered":"PSICOLOGIA INDIVIDUAL"},"content":{"rendered":"<p>I. Historia<br \/>\nLa p. i., que se remonta a A. Adler (1870-1937), junto con el psicoan\u00e1lisis de Freud y la psicolog\u00ed\u00ada compleja de Jung es hoy d\u00ed\u00ada una de las tres escuelas cl\u00e1sicas de psicolog\u00ed\u00ada profunda y de m\u00e9todos psicoterap\u00e9uticos. S\u00f3lo podemos valorarla rectamente teniendo en cuenta el curso de la g\u00e9nesis hist\u00f3rica de la psicolog\u00ed\u00ada profunda. El descubrimiento del inconsciente por Freud signific\u00f3 un hecho revolucionario no s\u00f3lo en el campo de la medicina, sino tambi\u00e9n en el de la ciencia del esp\u00ed\u00adritu, aunque muchos precursores hubieran apuntado ya hacia este giro venidero. Freud hizo ver que el hombre, en su sentir y obrar, es influido por fuerzas no s\u00f3lo conscientes, sino tambi\u00e9n inconscientes, y que los diversos s\u00ed\u00adntomas neur\u00f3ticos &#8211; plaga especial de nuestro siglo &#8211; no pueden entenderse y mucho menos curarse si no emergen a la conciencia sentimientos que fueron relegados al inconsciente. Pero Freud corri\u00f3 la suerte t\u00ed\u00adpica del descubridor, sin duda a consecuencia sobre todo de su ideolog\u00ed\u00ada unilateralmente materialista y positivista. En su intento de interpretar los contenidos sacados del inconsciente, cay\u00f3 en una visi\u00f3n parcial, sobre todo en el sentido de creer que son principalmente problemas sexuales, relegados al inconsciente, los que producen enfermedades neur\u00f3ticas.<\/p>\n<p>Tal interpretaci\u00f3n no pod\u00ed\u00ada a la larga ser admitida sin contradicci\u00f3n, y es m\u00e9rito permanente de A. Adler haber sido el primero que mostr\u00f3 la insuficiencia de esta imagen del mundo y el que a la vez levant\u00f3 &#8211; en pol\u00e9mica cada vez m\u00e1s violenta con Freud &#8211; su propio edificio doctrinal de la psicolog\u00ed\u00ada profunda, que, con el nombre de p. i., representa un elemento importante de la ciencia m\u00e9dica.<\/p>\n<p>II. Exposici\u00f3n<br \/>\nEn lo que sigue se intenta presentar las ideas fundamentales de la p. i. en comparaci\u00f3n con el sistema de Freud; pero hay que llamar de antemano la atenci\u00f3n sobre un punto. La p. i. es, como el psicoan\u00e1lisis, una escuela de psicolog\u00ed\u00ada profunda, es decir, tambi\u00e9n ella se ocupa de las causas inconscientes de la conducta humana, y se esfuerza por traer de nuevo a la conciencia lo que fue relegado al subconsciente; y, no obstante considerables diferencias t\u00e9cnicas (sobre todo la menor duraci\u00f3n del tratamiento), se sirve a la postre de los mismos m\u00e9todos del psicoan\u00e1lisis, aunque hoy se interpreten de otro modo los contenidos sacados a la luz. Ello se debe a que Adler part\u00ed\u00ada de una idea del hombre completamente distinta de la de Freud. Adler no ve\u00ed\u00ada la persona simplemente como un ser aislado, sino que intentaba comprender sus problemas dentro del marco de la comunidad social y de las obligaciones para con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>La innovaci\u00f3n quiz\u00e1 m\u00e1s importante del pensamiento psicol\u00f3gico individual es la sustituci\u00f3n del principio psicoanal\u00ed\u00adtico causal por el de la finalidad. La p. i. no trata s\u00f3lo de desenrollar retrospectivamente la historia de una vida y de esclarecer c\u00f3mo el hombre ha llegado a una conducta determinada, sino que busca m\u00e1s bien comprender esa conducta por el conocimiento del fin que el hombre persigue. Junto a los fines conscientes hay, naturalmente, muchos inconscientes, y empe\u00f1o del psicoterapeuta ha de ser dar en el hombre con aquella \u00absecreta\u00bb (es decir, inconsciente) finalidad por la que es influida esencialmente su conducta. Todo fen\u00f3meno ps\u00ed\u00adquico, si ha de facilitamos la inteligencia de una persona, s\u00f3lo puede ser aprehendido y comprendido como preparaci\u00f3n para un fin. Si se consideran las finalidades de distintas acciones de una persona, resulta a menudo un interesante paralelismo; es decir, la persona se ha orientado, consciente o inconscientemente, por una l\u00ed\u00adnea directriz que, como un hilo rojo, recorre toda su vida y, con alguna atenci\u00f3n, puede reconstruirse claramente. La sustituci\u00f3n del principio causal por el final significa sin g\u00e9nero de duda en la concepci\u00f3n de la persona un paso importante del determinismo al indeterminismo (-> libertad, -> voluntad).<\/p>\n<p>De hecho resultaba problem\u00e1tico ocuparse del mero an\u00e1lisis de lo pasado, que hace sin duda consciente lo inconsciente; pero corre el peligro de dejar luego solo al paciente con el material descubierto, si \u00e9l no es capaz de ordenar los conocimientos en el marco de una nueva finalidad. Toda aut\u00e9ntica metanoia &#8211; y sin una metanoia, que podr\u00ed\u00ada designarse como s\u00ed\u00adntesis que sigue al an\u00e1lisis, no puede desenvolverse una psicoterapia &#8211; tiene por presupuesto una nueva orientaci\u00f3n teleol\u00f3gica o final; y esto es lo que ha acentuado por vez primera la psicolog\u00ed\u00ada individual.<\/p>\n<p>Entre las numerosas posibilidades de fines conscientes e inconscientes de la conducta humana, Adler elabor\u00f3 sobre todo la pareja antit\u00e9tica de af\u00e1n de poder o val\u00ed\u00ada y sentido comunitario. La idea de K\u00fcnkel sobre la referencia al \u00abyo\u00bb o al \u00abnosotros\u00bb (Ichhaftigkeit y Wirhaftigkeit), expresa con claridad que la l\u00ed\u00adnea directriz de un hombre puede estar orientada bajo el signo de la acentuaci\u00f3n de la propia persona o bajo el de la aut\u00e9ntica integraci\u00f3n objetiva para contribuir a la construcci\u00f3n de una comunidad real. El hombre referido al yo (el ego\u00ed\u00adsta) se hace a s\u00ed\u00ad mismo medida de las cosas. siendo de notar que la escasa estimaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo (complejo de inferioridad) y la sobrevaloraci\u00f3n de la propia personalidad (aspiraci\u00f3n al poder y valimiento) son dos caras de la misma medalla: del egocentrismo. El complejo de inferioridad se\u00f1aladamente ha venido a ser en nuestro tiempo frase hecha de que a menudo se abusa; pero igualmente actual es por desgracia la exagerada compensaci\u00f3n del -> complejo de inferioridad por una reforzada ambici\u00f3n de poder. La psicolog\u00ed\u00ada profunda ha hecho ver de modo general que los decisivos conflictos neur\u00f3ticos y tipos de conducta surgen ya en los primeros seis a\u00f1os; de acuerdo con este hecho, Adler lleg\u00f3 despu\u00e9s de cuidadosos estudios a la conclusi\u00f3n de que tambi\u00e9n en esa \u00e9poca se da la encrucijada de la referencia al \u00abyo\u00bb o al \u00abnosotros\u00bb, con lo que recae sobre padres y educadores una gran responsabilidad (de animaci\u00f3n o desaliento).<\/p>\n<p>Es un punto flaco de la p. i. que Adler no ha definido con precisi\u00f3n qu\u00e9 haya propiamente de entenderse por comunidad. El era m\u00e1s un conocedor intuitivo de los hombres, un terapeuta eminente y arrebatador, que un teorizante. Pero ciertamente no erraremos si decimos que Adler no ense\u00f1\u00f3 nunca una doctrina de adaptaci\u00f3n utilitaria a las normas eventualmente dadas en una comunidad. Ha habido tiempos y los habr\u00e1 siempre en que precisamente los m\u00e1s firmes ps\u00ed\u00adquicamente se han rebelado contra los principios comunitarios oficialmente ense\u00f1ados por tiranos ambiciosos. La recta interpretaci\u00f3n del sentimiento de comunidad desde el punto de vista de la p. i. pod\u00ed\u00ada ya intuirse observando que Adler siempre hablaba de sentimiento de comunidad sub specie aeternitatis. Estaba reservado al ulterior desarrollo de la p. i. el poner m\u00e1s precisamente en claro que dicho concepto se basa en la validez universal de los valores (cf. bibl.: Birnbaum, Spiel, Ringen).<\/p>\n<p>Seguramente no ser\u00e1 dif\u00ed\u00adcil hallar en esta pareja antit\u00e9tica de ambici\u00f3n de poder y valimiento y de sentido comunitario resonancias del modelo freudiano de personalidad, con la lucha entre el \u00abello\u00bb y el \u00absuper-yo\u00bb. La ambici\u00f3n de poder y valimiento representa efectivamente, en cierto sentido, el \u00e1mbito instintivo del \u00abello\u00bb; el sentimiento comunitario incluye exigencias de conciencia, para las que Freud cre\u00f3 el nombre nuevo de \u00absuper-yo\u00bb, Si bien estos dos conceptos aparecen traspuestos ahora, m\u00e1s all\u00e1 de la persona aislada, a la comunidad social. Pero, desde un punto de vista m\u00e1s profundo, la p. i. ejecuta aqu\u00ed\u00ad otra vez un cambio decisivo; a saber, no ve ya al \u00abyo\u00bb dominado, tra\u00ed\u00addo y llevado, impotente, por el instinto y la conciencia, sino que ahora ve como lo m\u00e1s importante precisamente la personalidad en que se traba esa lucha y que ha de mostrarse due\u00f1a de las fuerzas que la apremian. En este sentido, Adler se\u00f1al\u00f3 siempre la unidad de la individualidad.<\/p>\n<p>En este sentido, la p. i. no ve ya una problem\u00e1tica sexual aislada, sino que juzga los s\u00ed\u00adntomas neur\u00f3ticos sexuales como una perturbaci\u00f3n de la persona que act\u00faa sobre lo sexual; as\u00ed\u00ad p. ej., la repulsa al papel femenino no se interpreta ya como mera \u00abenvidia de pene\u00bb, sino como \u00abprotesta viril\u00bb, es decir, como incapacidad neur\u00f3tica de reducir a un denominador com\u00fan el hecho anat\u00f3mico y fisiol\u00f3gico y la conducta psicol\u00f3gica. Se comprende tambi\u00e9n que el realce de la unidad de la persona ha contribuido a que la p. i. haya podido conquistar amplios sectores pedag\u00f3gicos; pero no se debe olvidar que se trata precisamente de una psicolog\u00ed\u00ada profunda y, por ende, de un m\u00e9todo medicinalmente aplicable para eliminar perturbaciones neur\u00f3ticas.<\/p>\n<p>Desde que Adler dio el primer paso decisivo m\u00e1s all\u00e1 de Freud, ha transcurrido m\u00e1s de medio siglo. En este tiempo tambi\u00e9n la p. i. como tal y su aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica, la psicoterapia, ha pasado por una evoluci\u00f3n de gran alcance, que hace ver como realmente trasnochada la vieja disputa de las escuelas. Hoy sabemos que, sin Freud, no hubiera sido posible una psicolog\u00ed\u00ada profunda; pero sabemos tambi\u00e9n que sin los complementos introducidos por Adler primero y luego por Jung no se hubieran puesto las bases de una \u00abpsicoterapia universalista\u00bb, que Niedermeyer ha designado con raz\u00f3n como el fin de la psicoterapia. Esta debe basarse en una idea universalista del hombre, es decir, en una imagen de \u00e9ste que aspire a esclarecer con la m\u00e1xima amplitud la persona, y, consiguientemente, a tener en cuenta en la interpretaci\u00f3n de los contenidos inconscientes las m\u00faltiples capas de la misma. Con su p. i., que acent\u00faa la finalidad y el aspecto social, Adler ha prestado una contribuci\u00f3n esencial al enriquecimiento de esta idea del hombre. Con orgullo pod\u00ed\u00ada destacar, por una parte, que en el momento presente el hombre sabe mucho m\u00e1s de lo que entiende, pero que la psicolog\u00ed\u00ada le puede ense\u00f1ar a entender mucho de lo que sabe; mas, por otra parte, ese enriquecimiento de las posibilidades humanas no lo llev\u00f3 a un orgullo desmesurado, como se ve por sus modestas palabras: \u00abLa f\u00f3rmula del hombre est\u00e1 a\u00fan por hallar.\u00bb<br \/>\nEstaba reservado a C.G. Jung dar un paso m\u00e1s en el camino hacia una imagen universalista del hombre, paso que \u00e9l dio resaltando la problem\u00e1tica metaf\u00ed\u00adsica que plantea tambi\u00e9n el inconsciente. Pero si bien se mira, se descubre que tambi\u00e9n Adler consider\u00f3 ya el terreno fronterizo entre psicoterapia y religi\u00f3n, que por los descubrimientos de la psicolog\u00ed\u00ada profunda hab\u00ed\u00ada venido a ser particularmente actual. Lejos de ver en la religi\u00f3n una ilusi\u00f3n neur\u00f3tica, en su obra Religion und Individualpsychologie se\u00f1al\u00f3 la posibilidad de que el neur\u00f3tico desencadene en el orden religioso mecanismos neur\u00f3ticos, sin que por ello deba mirarse como neur\u00f3tica la religi\u00f3n en cuanto tal. Con frase cl\u00e1sica se\u00f1al\u00f3 A. Adler el limite que, respecto de la religi\u00f3n, ha de guardar constantemente el terapeuta: \u00abSi me preguntas por qu\u00e9 has de ser guardi\u00e1n de tu hermano, no te puedo responder a esta pregunta; pero s\u00ed\u00ad que puedo responderte por qu\u00e9 me has hecho precisamente esta pregunta.\u00bb Con otras palabras: El terapeuta puede analizar en todo momento la conducta del paciente en el orden religioso en cuanto \u00e9ste es psicol\u00f3gicamente iluminable, pero no la religi\u00f3n como tal. Partiendo de tales ideas b\u00e1sicas, la p. i. mantendr\u00e1 su puesto dondequiera se trate de esclarecer tipos de conducta neur\u00f3tica y de procurar \u00e9xitos vivenciales, as\u00ed\u00ad como nuevas finalidades y una integraci\u00f3n de la personalidad.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: A. Adler, Studie \u00fcber die Minderwertigkeit von Organen (1907, Mn 21927); idem, Praxis und Theorie der Individualpsychologie (1920, Mn 41930); Heilen und Bilden. Grundlagen der Erziehungskunst f\u00fcr Arzte \u00c2\u00a1und P\u00e4dagogen, bajo la dir. de A. Adler &#8211; C. Furtm\u00fcller (Mn 21922); Hdb. der Individualpsychologie, bajo la dir. de E. Wexberg, 2 vols. (Mn 1926); A. Adler, Menschenkenntnis (1927, L 31929); idem, Die Technik der Individualpsychologie (Mn 1928); \u00ed\u00addem, \u00fcber den nerv\u00f6sen Charakter (Mn 41928); F. Birnbaum, Die seelischen Gefahren des Kindes (L 1931); E. Wexberg, Individualpsychologie (L 21931); J. 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Adler (Mn &#8211; Bas 1963); A. Adler, Superiority and Social Interest. A Collection of Later Writings, ed. H. L. and R. R. Ansbacher (Lo 1965); A. Garmendia, Psicolog\u00ed\u00ada de los sentimientos (Studium Ma 1969); G. y Peldez, Diversas disciplinas que contemplan la conducta humana (Lib Jur. B Aires); E. Jacobson, El seif (si mismo) y el mundo objetal (Beta B Aires 1969); P. Naville, La psicolog\u00ed\u00ada del comportamiento (Guad Ma 1970); M. Nelligan, Psicolog\u00ed\u00ada de la inhibici\u00f3n (Herrero Hnos M\u00e9x 1969); B. F. Skinner, Ciencia y conducta humana; Una psicolog\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica (Fontanella Ba 1970).<\/p>\n<p>Erwin Ringel<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. Historia La p. i., que se remonta a A. 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