{"id":19004,"date":"2016-02-05T12:11:33","date_gmt":"2016-02-05T17:11:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/psicologia-profunda\/"},"modified":"2016-02-05T12:11:33","modified_gmt":"2016-02-05T17:11:33","slug":"psicologia-profunda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/psicologia-profunda\/","title":{"rendered":"PSICOLOGIA PROFUNDA"},"content":{"rendered":"<p>1. La p. p. debe lo esencial de sus descubrimientos a Sigmund Freud (1856-1939), no tanto porque \u00e9l introdujera en psicolog\u00ed\u00ada el t\u00e9rmino \u00abinconsciente\u00bb (la existencia de una zona inconsciente no ofrec\u00ed\u00ada dudas para un gran n\u00famero de artistas y literatos y hasta fil\u00f3sofos &#8211; p. ej., Leibniz y Schelling &#8211; y m\u00e9dicos, como C.G. Carus), sino porque fue el primero que estudi\u00f3 sus estructuras. El inconsciente se ha definido en oposici\u00f3n a la -> conciencia (psicol\u00f3gica), es decir, a todo lo que el hombre sabe expl\u00ed\u00adcitamente de s\u00ed\u00ad mismo y quiere deliberadamente por s\u00ed\u00ad mismo. Comprende, pues, todas aquellas zonas del ser humano que no afloran directamente a la conciencia, pero la influyen, sin que ella se d\u00e9 cuenta, en sus actitudes y posiciones.<\/p>\n<p>El gran m\u00e9rito de Freud es el de haber examinado esas zonas a\u00fan no exploradas del ser vivido del hombre, y el de haber articulado sus estructuras principales y sus tendencias dominantes (los instintos), as\u00ed\u00ad como los mecanismos que rigen su desarrollo y determinan sus repercusiones. Gracias a pacientes observaciones, Freud se dio cuenta de que estas estructuras se organizan durante los primeros a\u00f1os de la infancia, cuando la vigilancia o control de la conciencia refleja es casi inexistente. Pareci\u00f3le adem\u00e1s que la sexualidad, la cual se realiza por una parte en el descubrimiento del propio cuerpo vivido y, por otra, en el descubrimiento del otro en la persona de los padres como dos polos de atracci\u00f3n a par opuestos y complementarios, era el dominio privilegiado de la estructuraci\u00f3n de la persona.<\/p>\n<p>Descubri\u00f3 sobre todo que esta estructuraci\u00f3n pod\u00ed\u00ada ser perturbada o comprometida m\u00e1s o menos gravemente, si la evoluci\u00f3n normal quedaba detenida o contrarrestada por la \u00abrepresi\u00f3n\u00bb de ciertos componentes. La represi\u00f3n puede ser debida a influencias exteriores (educaci\u00f3n, ambiente, etc.) o a factores interiores (angustias o temores, suscitados por una debilidad m\u00e1s o menos constitutiva del sujeto). Por lo dem\u00e1s, los dos factores se conjugan muy a menudo. De ello resulta en todo caso una no-aceptaci\u00f3n de ciertas tendencias presentes en el hombre. Por eso la represi\u00f3n no conduce a ninguna soluci\u00f3n v\u00e1lida. Las tendencias que la represi\u00f3n excluye de la conciencia escapan as\u00ed\u00ad a todo control, pero no por ello dejan de seguir activas. Aun cuando se realice un equilibrio r\u00ed\u00adgido, \u00e9ste sigue siendo falaz. El desorden interno se hace notar, tarde o temprano, por ciertos s\u00ed\u00adntomas (man\u00ed\u00adas, fobias, obsesiones, conversiones hist\u00e9ricas) que perturban, sin causa aparente, la conducta del sujeto. A veces resultan incluso estados graves que los pacientes perciben sin poderlos remediar. Y no puede ser de otro modo, puesto que las causas est\u00e1n hundidas en el pasado. Se habla entonces de estados patol\u00f3gicos que han recibido el nombre de neurosis. Puede decirse que todas las neurosis vienen de una inconsciente no aceptaci\u00f3n del propio ser profundo o de una cualquiera de sus tendencias fundamentales.<\/p>\n<p>No hay que olvidar que aqu\u00ed\u00ad se trata de la no aceptaci\u00f3n de tendencias realmente presentes y constitutivas del ser, cuyo mecanismo entra\u00f1a reacciones indominables, y no de una decisi\u00f3n deliberada de no realizar ciertas tendencias que son aceptadas como reales. Esta \u00faltima actitud &#8211; justificada si es tomada por razones v\u00e1lidas &#8211; no equivale, pues, en modo alguno a una represi\u00f3n. Al contrario, es una actividad plenamente humana, aun a los ojos de la psicolog\u00ed\u00ada profunda.<\/p>\n<p>A decir verdad, Freud hizo todos sus descubrimientos a ra\u00ed\u00adz de su asistencia a personas afectadas de neurosis. Su m\u00e9todo terap\u00e9utico &#8211; llamado -> psicoan\u00e1lisis &#8211; se esfuerza por reorientar y reintegrar en la conciencia viva las tendencias bloqueadas por la represi\u00f3n en el curso del desarrollo personal. A este fin se sirve de los m\u00e9todos apropiados, el principal de los cuales es el de las asociaciones libres (an\u00e1lisis de los sue\u00f1os).<\/p>\n<p>Es indiscutible que todas las orientaciones ulteriores de la p. p. se deben a Freud. Todas, en efecto, est\u00e1n de acuerdo con \u00e9l en dos puntos importantes, corroborados adem\u00e1s por un sinf\u00ed\u00adn de investigaciones. Todas reconocen el papel preponderante del inconsciente en la g\u00e9nesis y el desarrollo de las neurosis, y comparten la convicci\u00f3n de que el inconsciente se estructura &#8211; en forma v\u00e1lida, o insuficiente o claramente enfermiza &#8211; durante la infancia. Sobre otros puntos no se da a\u00fan unanimidad.<\/p>\n<p>Ya muy pronto (hacia el 1910) Alfred Adler (1870-1937) y Carl Gustav Jung (1875-1961) negaron el papel primordial concedido por Freud a la sexualidad. Notemos, sin embargo, que Freud no puede ser tachado de panerotismo, pues acepta dos principios: el del placer y el de la muerte. Adler ve en la voluntad de poder el principal motor de las iniciativas del hombre. Jung, por el contrario, se refiere a una energ\u00ed\u00ada ps\u00ed\u00adquica, indiferenciada inicialmente, que invade todos los niveles ps\u00ed\u00adquicos seg\u00fan la edad y evoluci\u00f3n de la persona. Desde entonces, otros disc\u00ed\u00adpulos de Freud han defendido teor\u00ed\u00adas m\u00e1s o menos divergentes.<\/p>\n<p>Los principales representantes de estas tendencias han sido en Europa: Ludwig Binswanger, Charles Baudouin, Medard Boss, Daniel Lagache, Jacques Lacan, Igor Caruso, Viktor Franld, etc., y en Am\u00e9rica: Otto Rank, Karen Horney, Erich Fromm, Harry Sullivan, Melanie Klein, Franz Alexander, etc. Algunos de ellos, se\u00f1aladamente los norteamericanos, han tratado de simplificar el tratamiento psicoanal\u00ed\u00adtico, o de descubrir otros mecanismos inconscientes. Los europeos, en cambio, inspir\u00e1ndose en bases existenciales o fenomenol\u00f3gicas, han profundizado m\u00e1s bien los descubrimientos de Freud. Por otra parte, han ca\u00ed\u00addo en la cuenta de que la terminolog\u00ed\u00ada francamente mecanicista de Freud (a la que fue llevado por su deseo de establecer una \u00abciencia exacta\u00bb del comportamiento humano) desfiguraba algunas de sus visiones m\u00e1s ricas y profundas. En lugar de hablar de instintos y mecanismos (palabras que delatan perspectivas biol\u00f3gicas o t\u00e9cnicas), prefieren hablar de pulsiones y estructuraciones (palabras que se refieren m\u00e1s bien a una organizaci\u00f3n din\u00e1mica del ser vivo, en la que la libertad llega a s\u00ed\u00ad misma a trav\u00e9s de datos f\u00e1cticos ineludibles).<\/p>\n<p>Por lo que se refiere al m\u00e9todo y a la teor\u00ed\u00ada de la p. p., cf. tambi\u00e9n -> psicoan\u00e1lisis, -> psicoterapia. -> psicolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>No obstante las incontables variantes que oponen entre s\u00ed\u00ad las escuelas de p. p. &#8211; mucho m\u00e1s, por otra parte, en su terminolog\u00ed\u00ada y visiones te\u00f3ricas que en sus enfoques terap\u00e9uticos -, puede decirse que se encuentra en ellas una innegable unidad de inspiraci\u00f3n. La p. p. ha esclarecido zonas menos accesibles a la observaci\u00f3n directa y ha afinado nuestra inteligencia del comportamiento y obrar humano. No creamos, sin embargo, que esta aportaci\u00f3n es totalmente nueva; pero lo cierto es que se revela fructuosa para el trabajo pastoral. Mencionaremos solamente tres puntos importantes.<\/p>\n<p>2. a) En todo tiempo se ha sabido que la -> libertad humana no decide soberanamente sobre lo que ella acepta o rechaza.<\/p>\n<p>La p. p. nos ayuda, sin embargo, a situar y medir mejor las repercusiones de toda su estructura, que comprende de hecho, adem\u00e1s de las circunstancias exteriores, las tendencias innatas y las actitudes adquiridas. En efecto, la libertad humana se revela all\u00ed\u00ad donde el hombre se hace consciente de las condiciones de su ser humano, en cuanto que poco a poco descubre las aut\u00e9nticas tendencias fundamentales que van inherentes a su naturaleza, hasta penetrar progresivamente m\u00e1s y m\u00e1s su sentido. En principio, las implicaciones de este hecho han sido reconocidas obviamente en todo tiempo; la moral general, p. ej., no dej\u00f3 de consagrarse siempre al estudio de los obst\u00e1culos o trabas de la libertad (ignorancia, violencia, miedo, angustia, h\u00e1bito, etc.).<\/p>\n<p>Pero actualmente podemos valorar mejor su tenor exacto y sus posibles repercusiones. El juicio que se dicta sobre la moralidad de las acciones humanas es as\u00ed\u00ad m\u00e1s matizado. De este modo se evitan dos extremos: el de no considerar sino los comportamientos externos o el de tener en cuenta s\u00f3lo la intenci\u00f3n que inspira las acciones. En el primer caso, el juicio de valor se sustituye por un conformismo legal que hace concebir el pecado como mera infracci\u00f3n o transgresi\u00f3n de leyes impersonales sin conexi\u00f3n alguna con el ser mismo del hombre. En el segundo caso, cabe la tentaci\u00f3n de justificar cualquier conducta ,apelando a las buenas intenciones del sujeto. Por lo dem\u00e1s, en este campo se revela muy instructivo el estudio de las motivaciones. Se ha visto, en efecto, que sinceridad no equivale a autenticidad. La primera excluye, claro est\u00e1, toda mentira consciente y toda contradicci\u00f3n interior libremente consentida o mantenida a sabiendas; pero la segunda implica una veracidad m\u00e1s radical, que permite al hombre coincidir con su ser profundo. De lo contrario, elementos inconscientes pueden mezclarse con sus mejores intenciones y desnaturalizar su comportamiento, exteriormente irreprochable. Es claro, por lo dem\u00e1s, que las tensiones suscitadas por semejantes contradicciones interiores (que no excluyen la sinceridad) deben ser reconocidas a su nivel real, es decir, en el plano psicol\u00f3gico, sin hacer de ellas actitudes pecaminosas, pues la libertad no puede ejercerse sino haci\u00e9ndose expl\u00ed\u00adcita como tal, gracias a una toma de posici\u00f3n consciente.<\/p>\n<p>b) El segundo punto se refiere al papel importante que incumbe a los elementos inconscientes en todo conocimiento, se\u00f1aladamente en todo conocimiento vivo de s\u00ed\u00ad mismo y de los dem\u00e1s y, por ende, tambi\u00e9n de Dios. En la imagen que nos formamos de los otros y de Dios, proyectamos inevitablemente ciertos componentes que proceden de nosotros mismos. Eso nunca ha de perderse de vista, sobre todo cuando nos hallamos en una perspectiva pastoral de comunicaci\u00f3n interpersonal. Todo hombre debe hacer un esfuerzo constante de purificaci\u00f3n no s\u00f3lo de los conceptos empleados, sino, sobre todo, de los contenidos afectivos y emocionales que estos conceptos despiertan en \u00e9l. Ese cuidado, a su vez, debe guardarse de todo exceso. Al descubrir, p. ej., el valor relativo de nuestras representaciones de Dios (relativo, en el sentido de que jam\u00e1s expresan adecuadamente la plenitud divina, pues forman parte del discurso humano), cabr\u00ed\u00ada la tentaci\u00f3n de concluir que Dios es incognoscible (agnosticismo) y aun de que no existe (ate\u00ed\u00adsmo). Jung parece haber adoptado la primera actitud, mientras que Freud defendi\u00f3 claramente la segunda tesis.<\/p>\n<p>Al promover la autenticidad de la conciencia de nuestro conocimiento de Dios, conviene no olvidar nunca que la purificaci\u00f3n progresiva es un paso que debe corregirse a cada momento a fin de no caer en uno u otro exceso. As\u00ed\u00ad se respeta la inmanencia de Dios y a la vez su trascendencia radical. As\u00ed\u00ad, pues, purificar nuestras representaciones de Dios no es eliminar pura y simplemente todo elemento proyectivo, sino reconocerlas m\u00e1s bien como signos que, aun dejando ver lo significado, no lo agotan en manera alguna.<\/p>\n<p>c) En fin, quien practica el apostolado ha de tener en cuenta el hecho de que, al anunciar la buena nueva o administrar los sacramentos tienen un papel esencial tanto sus disposiciones como las de los fieles.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: C. Y. Jung, Psychologische Abhandlungen (Z 1914 ss); Ch. Odier, Les deux sources, consciente et inconsciente de la morale (Neuch\u00e4tel 1946); J. Meinem, Moderne Seinsprobleme in ihrer Bedeutung f\u00fcr die Psychologie. Ein Beitrag zur Grundlegung der Tiefenpsychologie. (St 1948); E. Neumann, Tiefenpsychologie und neue Ethik (Z 1949); P. R. Hojstetter, Einf\u00fchrung in die Tiefenpsychologie (W 21950); Ch. 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