{"id":19007,"date":"2016-02-05T12:11:39","date_gmt":"2016-02-05T17:11:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reforma-catolica-y\/"},"modified":"2016-02-05T12:11:39","modified_gmt":"2016-02-05T17:11:39","slug":"reforma-catolica-y","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reforma-catolica-y\/","title":{"rendered":"REFORMA CATOLICA Y"},"content":{"rendered":"<p>CONTRARREFORMA<\/p>\n<p>I. Concepto<br \/>\nLos conceptos historiogr\u00e1ficos de reforma cat\u00f3lica (r. c.) y de contrarreforma (co.) fueron originariamente concebidos para expresar dos interpretaciones diversas del movimiento de reforma y reorganizaci\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica, que tuvo lugar en los siglos xvi y xvii, y del que el concilio de Trento fue a la vez causa y efecto. El concepto de co. fue el primero en acu\u00f1arse a fines del s. XVIII por obra de la historiograf\u00ed\u00ada de la ilustraci\u00f3n alemana, haci\u00e9ndose de uso general en la segunda mitad del siglo xix por influencia de Ranke. Con este concepto se quer\u00ed\u00ada presentar la renovaci\u00f3n del catolicismo como un movimiento de mera reacci\u00f3n a la -> reforma protestante, aunque inserto en ra\u00ed\u00adces anteriores. Seg\u00fan este modo de ver, la Iglesia cat\u00f3lica se habr\u00ed\u00ada renovado por la restauraci\u00f3n de sus estructuras medievales y no por un retorno al esp\u00ed\u00adritu evang\u00e9lico, y ello porque su renovaci\u00f3n estaba dictada por la necesidad de responder a la reforma protestante; as\u00ed\u00ad esa renovaci\u00f3n habr\u00ed\u00ada sido una \u00abcontrareforma\u00bb, que echaba ampliamente mano de medios represivos.<\/p>\n<p>A este punto de vista pol\u00e9mico se contrapuso a fines del s. xix, sobre todo por parte de los estudiosos cat\u00f3licos, una interpretaci\u00f3n apolog\u00e9tica, que acentuaba la vitalidad de la Iglesia aun antes de la aparici\u00f3n de Lutero, y ve\u00ed\u00ada en el movimiento de renovaci\u00f3n de los siglos xvi y xvii la prosecuci\u00f3n y el coronamiento de las tentativas de reforma de fines de la edad media. De ah\u00ed\u00ad que el concepto de co. apareciera inadecuado, y se prefiriera el de r. c., que fue adoptado en 1880 por el erudito Maurenbrecher y difundido sobre todo por Pastor. Seg\u00fan el historiador de los papas, la r. c. deb\u00ed\u00ada considerarse como un movimiento original y aut\u00f3nomo, que el protestantismo s\u00f3lo pudo acelerar, pero no determinar, pues se habr\u00ed\u00ada afirmado y desarrollado sin necesidad de reaccionar contra la escisi\u00f3n religiosa. Para la obra de represi\u00f3n antiprotestante y de reconquista de lo perdido, Pastor adopt\u00f3 el t\u00e9rmino de restauraci\u00f3n cat\u00f3lica, rechazando el de contrarreforma.<\/p>\n<p>Los conceptos de r. c. y de co. deben, pues, su origen a dos interpretaciones contrapuestas del mismo proceso hist\u00f3rico, y por mucho tiempo han sido usados de manera unilateral, con exclusi\u00f3n rec\u00ed\u00adproca. S\u00f3lo en los \u00faltimos decenios se ha intentado presentar en forma m\u00e1s articulada el movimiento de renovaci\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica, esclareciendo su car\u00e1cter complejo, debido a la confluencia y estrecha conexi\u00f3n entre la renovaci\u00f3n espont\u00e1nea y la reacci\u00f3n antiprotestante. Por eso algunos historiadores, sobre todo Jedin, junto con J. Lortz y K. Eder, han notado la necesidad de adoptar tanto el concepto de r. c. como el de contrarreforma.<\/p>\n<p>Para Jedin la renovaci\u00f3n del catolicismo en los siglos xvi y xvii es resultante de dos componentes: la corriente reformadora, que brota de abajo, conquista al papado e influye sobre el concilio de Trento, el cual da forma legal a la nueva vida de la Iglesia; y la lucha contra el protestantismo, representada no s\u00f3lo por la inquisici\u00f3n y el apoyo del brazo secular, sino tambi\u00e9n por la controversia teol\u00f3gica y por la acci\u00f3n de los jesuitas y capuchinos. Jedin designa el primer componente con el nombre de r. c., y el segundo con el de contrarreforma.<\/p>\n<p>Mas r. c. y co. no deben considerarse como dos realidades distintas, pues en la creaci\u00f3n conjunta del desarrollo hist\u00f3rico aparecen estrechamente entrelazadas. Para Jedin, p. ej., el concilio de Trento y la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas pertenecen por igual a la historia de la r. c. y a la de la co. Entre ambas hay rec\u00ed\u00adproco influjo. As\u00ed\u00ad, la r. c. crea las fuerzas que dan vitalidad interior a la ofensiva contra el protestantismo; y la co. influye sobre los caracteres y el transcurso del movimiento reformador, modificando o atenuando muchos de sus impulsos originarios de acuerdo con las necesidades de la lucha antiprotestante. Y a prop\u00f3sito de la historia de las corrientes reformadoras cat\u00f3licas, Jedin subraya su car\u00e1cter original respecto del protestantismo, pero sostiene tambi\u00e9n que su victoria a trav\u00e9s del papado fue debida al golpe asestado desde fuera por Lutero, a causa del cual la jerarqu\u00ed\u00ada se dio cuenta de la gravedad del peligro y, por ende, de la urgencia de la reforma. Con otras palabras, la r. c. logr\u00f3 extenderse a toda la Iglesia desde el momento que se transform\u00f3 en parte en una contrarreforma.<\/p>\n<p>Por eso algunos, como Cantimori, prefieren usar los dos conceptos en sucesi\u00f3n cronol\u00f3gica. De hecho, el aspecto genuinamente reformador prevalece en el per\u00ed\u00adodo pretridentino; el concilio de Trento representa un momento de transici\u00f3n y sus resultados significan una componenda. Los caracteres antirreformadores resultan m\u00e1s evidentes en el per\u00ed\u00adodo postridentino. En conclusi\u00f3n, r. c. y co. pueden verse como las dos caras de un movimiento \u00fanico, y tambi\u00e9n como sus dos momentos sucesivos.<\/p>\n<p>II. La crisis religiosa y eclesi\u00e1stica en la baja edad media<br \/>\nEl lento paso de la -> edad media a la -> edad moderna est\u00e1 caracterizado, desde el punto de vista religioso y eclesi\u00e1stico, por una profunda crisis, que es a la vez de decadencia y crecimiento. Si quisi\u00e9ramos captar en su motivo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo los varios aspectos de esta crisis, podr\u00ed\u00adamos decir que se va mostrando cada vez m\u00e1s inadecuada la grandiosa s\u00ed\u00adntesis que la edad media hab\u00ed\u00ada elaborado entre la trascendencia de la revelaci\u00f3n cristiana, la racionalidad de la sistematizaci\u00f3n teol\u00f3gica y la realidad sobrenatural de la Iglesia (como misterio y a la vez como instituci\u00f3n visible y jur\u00ed\u00addica). La decadencia de las costumbres y los abusos en la administraci\u00f3n eclesi\u00e1stica eran causa &#8211; pero tambi\u00e9n efecto &#8211; de la merma de vitalidad interior y comunitaria de la cristiandad en la baja edad media; sin embargo, a\u00fan iban acompa\u00f1ados no de indiferentismo, sino de la exigencia de dar vida a formas nuevas de existencia religiosa, m\u00e1s de acuerdo con el mensaje evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>Hay que recordar en primer lugar la crisis de la teolog\u00ed\u00ada. La -> escol\u00e1stica, despu\u00e9s de su mayor esplendor en los siglos xii y hab\u00ed\u00ada ido decayendo hasta desembocar en el -> nominalismo. As\u00ed\u00ad se fue rompiendo la relaci\u00f3n indispensable y fecunda entre la vida de fe y la especulaci\u00f3n racional, pues esta \u00faltima se hab\u00ed\u00ada transformado en un virtuosismo cr\u00ed\u00adtico, que ten\u00ed\u00ada su fin en s\u00ed\u00ad mismo. Las universidades hab\u00ed\u00adan perdido la funci\u00f3n vivificante que las hab\u00ed\u00ada distinguido en siglos precedentes, convirti\u00e9ndose en castas cerradas, preocupadas sobre todo por conservar sus propios privilegios y por defender sus peculiares tradiciones teol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Las consecuencias de la crisis de la teolog\u00ed\u00ada eran evidentes en la formaci\u00f3n del clero y en la vida religiosa de los fieles. Entre el alto clero con aspiraciones de carrera eclesi\u00e1stica era cada vez m\u00e1s frecuente la costumbre de seguir estudios jur\u00ed\u00addicos, m\u00e1s bien que teol\u00f3gicos. As\u00ed\u00ad la mayor parte de los obispos estaban doctorados en derecho o in utroque iure, mientras la teolog\u00ed\u00ada quedaba como campo reservado a los miembros de las \u00f3rdenes religiosas. Este estado de cosas tra\u00ed\u00ada consigo la disociaci\u00f3n de la potestad de gobierno y la de magisterio, que debieran haberse encontrado unificadas en la figura del obispo. Grande era la ignorancia en el clero y los fieles. Estos, privados de una predicaci\u00f3n eficaz y repelidos por la aridez teol\u00f3gica, terminaban por acogerse a formas de devoci\u00f3n con resabios a menudo supersticiosos.<\/p>\n<p>De este modo la vida religiosa perd\u00ed\u00ada sus impulsos m\u00e1s profundos e \u00ed\u00adntimos, y se cifraba sobre todo en pr\u00e1cticas externas. La preocupaci\u00f3n por la salvaci\u00f3n tomaba tonos individualistas, con menoscabo de una perspectiva comunitaria de la vida de la Iglesia. A ello hab\u00ed\u00adan contribuido de manera decisiva la profunda escisi\u00f3n de la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica, como consecuencia de los cismas en la Iglesia de occidente y de la lucha entre &#8211; conciliarismo y curialismo. El sentido comunitario de la Iglesia medieval no pod\u00ed\u00ada menos de sentir durante el golpe de la explosi\u00f3n del conflicto entre esas dos concepciones desviadas de la estructura de la Iglesia: los conciliaristas negaban el primado del papa, y los obispos de la curia luchaban por investirse del mayor poder posible. Las concepciones de ambas tendencias nac\u00ed\u00adan de una misma carencia de teolog\u00ed\u00ada, que llevaba a acentuar excesivamente los problemas jur\u00ed\u00addicos, con da\u00f1o de una visi\u00f3n m\u00e1s sobrenatural de la Iglesia.<\/p>\n<p>Efectivamente, las estructuras jer\u00e1rquicas atravesaban una profunda crisis. La mengua del sentido unitario que hab\u00ed\u00ada caracterizado la res publica christiana medieval, iba acompa\u00f1ada de la decadencia del prestigio universal del papado. La fuerza centrifuga, representada por las monarqu\u00ed\u00adas nacionales que surg\u00ed\u00adan y se consolidaban, repercuti\u00f3 tambi\u00e9n en el campo eclesi\u00e1stico. El papado hab\u00ed\u00ada sido humillado por el destierro de -> Avi\u00f1\u00f3n, luego desgarrado por el -> cisma de occidente y combatido, en fin, por las teor\u00ed\u00adas conciliares. Su restauraci\u00f3n, iniciada a mediados del siglo xv con la victoria sobre el conciliarismo, no fue fruto de una renovaci\u00f3n espiritual, sino resultado de una politica de transacci\u00f3n con los nuevos Estados europeos y con los pr\u00ed\u00adncipes del imperio. Los papas de fines del s. xv y comienzos del xvi buscaron restaurar su prestigio m\u00e1s con alianzas pol\u00ed\u00adticas y el mecenazgo renacentista que con profunda vida religiosa.<\/p>\n<p>Todo esto hab\u00ed\u00ada dado al papado el aspecto de un principado secular, aspecto que qued\u00f3 confirmado por una pol\u00ed\u00adtica de impuestos y por una burocracia curial, que adoptaba la pr\u00e1ctica, corriente entonces, de la compraventa de oficios. En los nuevos Estados modernos estos usos ten\u00ed\u00adan una importancia puramente pol\u00ed\u00adtico-administrativa; mientras que en la Iglesia llevaban a la simon\u00ed\u00ada y a la desnaturalizaci\u00f3n de la funci\u00f3n espiritual de los cargos eclesi\u00e1sticos. Es dif\u00ed\u00adcil no considerar como simon\u00ed\u00adacas las \u00abacumulaciones\u00bb de beneficios y dignidades remunerados en la Iglesia, que en parte se adquirir\u00ed\u00adan por pago de dinero, y las dispensas de las leyes can\u00f3nicas mediante una tasa convenida. Para eludir el derecho can\u00f3nico se buscaron refinadas escapatorias, sobre todo para permitir la acumulaci\u00f3n de m\u00e1s episcopados y beneficios en manos de una sola persona. Frecuentemente \u00e9stos se transmit\u00ed\u00adan en el \u00e1mbito de la misma familia, por lo general de t\u00ed\u00ado a sobrino, porel sistema de la resignaci\u00f3n, que permit\u00ed\u00ada al m\u00e1s viejo conservar, mientras viviera, una parte de los ingresos. La instituci\u00f3n jur\u00ed\u00addica de las encomiendas daba a los miembros del clero secular y hasta a los laicos la posibilidad de usufructuar los patrimonios de las abad\u00ed\u00adas y prioratos. Por las reservaciones, el papa pod\u00ed\u00ada disponer de numerosos obispados, que se prove\u00ed\u00adan teniendo en cuenta m\u00e1s los motivos pol\u00ed\u00adticos y fiscales que los criterios pastorales.<\/p>\n<p>Es evidente que, como consecuencia de esta pr\u00e1ctica, resultaba gravemente comprometida tambi\u00e9n la funci\u00f3n del episcopado. Gran parte de los obispos descuidaban la obligaci\u00f3n de residir en su propia di\u00f3cesis, y prefer\u00ed\u00adan vivir en la corte de un pr\u00ed\u00adncipe o de un cardenal, gozando de los ingresos de sus beneficios. Los supl\u00ed\u00adan vicarios mal pagados, que, frecuentemente, cumpl\u00ed\u00adan sus funciones pastorales con esp\u00ed\u00adritu mercenario. Lo mismo cabe decir de los titulares de innumerables abad\u00ed\u00adas y prioratos. Otros obst\u00e1culos para el ejercicio de las funciones episcopales se deb\u00ed\u00adan a las exenciones de las \u00f3rdenes religiosas y a los privilegios de la curia y de los pr\u00ed\u00adncipes. De este modo, con la crisis del episcopado, periclitaba el fundamento de la vida comunitaria de la Iglesia local, as\u00ed\u00ad como los desgarramientos producidos por el conciliarismo y el curialismo hab\u00ed\u00adan comprometido la unidad de la Iglesia latina.<\/p>\n<p>En el curso de la edad media, la Iglesia hab\u00ed\u00ada atravesado ya otros periodos de decadencia de sus estructuras jer\u00e1rquicas; el papa y el episcopado hab\u00ed\u00adan conocido per\u00ed\u00adodos quiz\u00e1 m\u00e1s tenebrosos todav\u00ed\u00ada. Pero la cristiandad medieval hab\u00ed\u00ada sabido siempre generar las fuerzas para una renovaci\u00f3n, sin que se pusiera en tela de juicio la unidad doctrinal de la Iglesia, y sin que la decadencia de las estructuras se tomara como motivo de subversi\u00f3n. El hecho nuevo representado por la crisis de fines del siglo xv y comienzos del xvi est\u00e1 en el contraste entre la decadencia de costumbres e instituciones y la necesidad ampliamente difundida de nuevas formas de vida religiosa y espiritual, que caracteriza los comienzos de la edad moderna.<\/p>\n<p>La s\u00ed\u00adntesis que la edad media hab\u00ed\u00ada llevado a cabo entre fe cristiana y civilizaci\u00f3n romano-germ\u00e1nica se hac\u00ed\u00ada problem\u00e1tica, y la Iglesia, en sus estructuras, se mostraba incapaz de dirigir el dif\u00ed\u00adcil proceso de maduraci\u00f3n de una nueva s\u00ed\u00adntesis. Por muchos indicios, que iban desde las aspiraciones de los c\u00ed\u00adrculos humanistas hasta la vida de piedad de las cofrad\u00ed\u00adas populares, se pod\u00ed\u00ada reconocer el florecimiento de una piedad religiosa nueva, que insist\u00ed\u00ada particularmente en la relaci\u00f3n personal con Dios (a trav\u00e9s de la meditaci\u00f3n de las Escrituras) y revalorizaba la responsabilidad del cristiano por los asuntos temporales. Pero la jerarqu\u00ed\u00ada se hab\u00ed\u00ada alejado demasiado de la vida de los fieles para que pudiera comprender sus necesidades reales en un momento dif\u00ed\u00adcil de transici\u00f3n. De ah\u00ed\u00ad la gravedad de la crisis que llev\u00f3 al fin de la unidad espiritual de Europa y de la cristiandad.<\/p>\n<p>III. Las tentativas de reforma desde el concilio de Basilea al Lateranense V<br \/>\nLa lucha entre conciliarismo y curialismo no s\u00f3lo min\u00f3 la unidad de la Iglesia, sino que constituy\u00f3 tambi\u00e9n un grave obst\u00e1culo para la realizaci\u00f3n de una reforma durante el siglo xv. De un lado se sosten\u00ed\u00ada que, la \u00fanica v\u00ed\u00ada que pod\u00ed\u00ada conducir a la reforma, era la de la limitaci\u00f3n de los poderes del papa por parte del concilio; de otro, el temor a este peligro induc\u00ed\u00ada al papado y a la curia a no dejar piedra por mover con tal de evitar un concilio reformador. De este modo, tras el fracaso del programa de reforma elaborado por los concilios de Constanza y Basilea, gran parte de las energ\u00ed\u00adas m\u00e1s vivas de los hombres de la Iglesia se agotaron en el problema de impugnar o defender el primado pontificio, haciendo de \u00e9l el problema central de la -> eclesiolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Se comprende que, tras la crisis del papado que culmin\u00f3 en el gran cisma de occidente, la funci\u00f3n de los concilios se revalorizara hasta el punto de considerarse la asamblea universal de los obispos como superior a la autoridad misma del papa. \u00bfNo fue el concilio de Constanza el que depuso a tres papas y restableci\u00f3 la unidad de la Iglesia eligiendo a Mart\u00ed\u00adn v? El decreto Haec sancta, aprobado en la sesi\u00f3n v, el 6 de abril de 1415, hab\u00ed\u00ada afirmado la suprema autoridad del concilio sobre todos los fieles y sobre el papa mismo en las cuestiones relativa a la fe, la unidad y la reforma de la Iglesia. Mart\u00ed\u00adn V, elegido el 11 de noviembre de 1417, hab\u00ed\u00ada evitado una confirmaci\u00f3n solemne de los decretos del concilio; mas ello no impidi\u00f3 que en Basilea se originase un nuevo cisma en nombre del decreto Haec sancta y que a \u00e9ste apelaran, en la segunda mitad del siglo xv, muchas de las corrientes favorables a la reforma.<\/p>\n<p>A favor del conciliarismo actuaba la general desconfianza sobre la voluntad de los papas de reformar la Iglesia comenzando por la curia. Puesto que gran parte del desorden que reinaba en las estructuras eclesi\u00e1sticas derivaba del sistema administrativo de la curia, se pensaba que una reformatio capitis era condici\u00f3n previa para una reformatio generalis y que, dada la manifiesta incapacidad de los papas para llevarla a cabo, hab\u00ed\u00ada que confiarla a la suprema autoridad del concilio. Las teor\u00ed\u00adas que quer\u00ed\u00adan mediar entre estas opiniones opuestas, no hac\u00ed\u00adan sino acrecer las dificultades creando nuevas inquietudes. Las dos tentativas principales de reforma, de inspiraci\u00f3n conciliarista, a saber, la iniciativa de Zamometic de reanudar el concilio de Basilea en 1482 y el concili\u00e1bulo de Pisa promovido por Luis xii en 1511, tuvieron que fracasar forzosamente, porque fueron s\u00f3lo expresi\u00f3n de resentimientos personales e instrumento de intereses pol\u00ed\u00adticos.<\/p>\n<p>El papado reaccion\u00f3 por todos los medios contra el conciliarismo. Desde el 10 de mayo de 1418, Mart\u00ed\u00adn v hab\u00ed\u00ada prohibido que se apelara del papa a otra autoridad en materia de fe. Esta prohibici\u00f3n fue repetida, con la condenaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de las teor\u00ed\u00adas conciliaristas, por P\u00ed\u00ado ii en la bula Execrabilis de 1460 y renovada por Sixto iv en 1483 y por Julio II en 1509. Sobre todo la bula Laetentur coeli del 6 de julio de 1439, con la que el concilio de Florencia proclam\u00f3 la uni\u00f3n con las Iglesias orientales que aceptaron la doctrina del primado del obispo de Roma, vino a ser el documento fundamental de la restauraci\u00f3n del papado. El apoyo que \u00e9ste hab\u00ed\u00ada obtenido de los pr\u00ed\u00adncipes, fue luego elemento decisivo de la derrota del conciliarismo. Ante los conflictos que divid\u00ed\u00adan a los obispos cism\u00e1ticos, que hab\u00ed\u00adan permanecido en Basilea a pesar de la traslaci\u00f3n del concilio a Ferrara y Florencia, ordenada por Eugenio iv, muchos de los pr\u00ed\u00adncipes retiraron su favor a las teor\u00ed\u00adas conciliaristas; as\u00ed\u00ad hicieron tambi\u00e9n algunos dignatarios eclesi\u00e1sticos de primer orden, como Eneas Silvio Piccolomini, que bastante antes de ser papa, se retract\u00f3 de las tesis conciliaristas inicialmente sostenidas.<\/p>\n<p>Afianzando su primado de autoridad sobre toda la Iglesia, el papado asum\u00ed\u00ada tambi\u00e9n la tarea de llevar a cabo la reforma. El papado pod\u00ed\u00ada presentarse como m\u00e1s apto que el concilio para coordinar las propuestas, a veces contrarias entre s\u00ed\u00ad, de las diversas naciones. Una en\u00e9rgica acci\u00f3n de reforma habr\u00ed\u00ada podido herir en su ra\u00ed\u00adz al conciliarismo. En realidad, todas las iniciativas de reforma tomadas por los papas, desde el fin del cisma de Basilea hasta el mismo concilio Lateranense v, no fueron m\u00e1s que expedientes para ganar tiempo o para responder a las amenazas de convocar un concilio, que a menudo hac\u00ed\u00adan los soberanos de los pa\u00ed\u00adses para ejercer presi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica sobre el papado.<\/p>\n<p>El mayor problema de la reforma, el de la revisi\u00f3n del sistema beneficiario y fiscal que afectaba tanto a la curia como a los pr\u00ed\u00adncipes, pod\u00ed\u00ada ser resuelto directamente por el papa mediante bulas o decretos preparados por comisiones competentes de estudio. De este modo, el papado habr\u00ed\u00ada empezado por poner orden en su propia casa, sin tener que someterse a las disposiciones de un concilio.<\/p>\n<p>Una reforma papal segu\u00ed\u00ada siendo siempre un instrumento en manos de los pont\u00ed\u00adfices: pod\u00ed\u00ada sufrir en cualquier momento modificaciones o ser anulada sin m\u00e1s. Para los problemas generales de la Iglesia se pensaba en Roma valerse de la acci\u00f3n de legados o visitadores que habr\u00ed\u00adan ejecutado en las varias naciones o di\u00f3cesis las normas de la reforma papal, que se habr\u00ed\u00ada resuelto as\u00ed\u00ad, a la postre, en refuerzo del centralismo romano.<\/p>\n<p>El primero en entrar por este camino fue Mart\u00ed\u00adn v, que, en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, cre\u00f3 comisiones de cardenales para elaborar propuestas de reforma, que luego hab\u00ed\u00adan de ejecutarse en virtud de la autoridad del papa. A comienzos del pontificado de Nicol\u00e1s v, el m\u00e1s autorizado de los pareceres fue el del cardenal Capr\u00e1nica, que escribi\u00f3 los Advisamenta super reformatione Papae et Romanae curiae, en que se anticipaban muchas de las deliberaciones del concilio de Trento. Bajo P\u00ed\u00ado II, el veneciano Domenico Domenichi y Nicol\u00e1s de Cusa presentaron al papa dos relaciones de gran importancia, que influyeron en la redacci\u00f3n de la bula Pastor aeternus, la cual se qued\u00f3 en esquema por la muerte del pont\u00ed\u00adfice. Otras bulas de reforma, compiladas bajo el pontificado de Sixto IV, no fueron nunca publicadas. El mismo Alejandro VI, conmovido por el asesinato de su hijo predilecto, hizo preparar en el verano de 1497 un proyecto de reforma, que puede considerarse como el m\u00e1s completo entre los que se prepararon en el per\u00ed\u00adodo que va del concilio de Basilea al Lateranense v. Este y los precedentes proyectos corrieron la misma suerte: nunca fueron puestos en pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Por este motivo, la idea de un concilio de reforma segu\u00ed\u00ada teniendo mucha fuerza, aun entre quienes rechazaban las teor\u00ed\u00adas conciliaristas y permanec\u00ed\u00adan fieles a la tesis de la autoridad del papa. A fines del siglo xv, el conciliarismo no contaba en Espa\u00f1a con ning\u00fan partidario, y, sin embargo, las corrientes reformadoras ten\u00ed\u00adan por indispensable el concilio. En Italia, Savonarola, de acuerdo con su formaci\u00f3n tomista, defend\u00ed\u00ada la plenitud de poderes del papado; pero, en marzo de 1498, pens\u00f3 hacerse promotor de un concilio que juzgara a Alejandro VI. En Alemania, el deseo de reforma entra\u00f1aba la exigencia del concilio que se ped\u00ed\u00ada para aliviar a la naci\u00f3n alemana de los \u00abgrav\u00e1menes\u00bb que pesaban sobre ella. En estos medios se rechazaba el decreto Haec sancta, pero se apelaba de buen grado al decreto Frequens con que el concilio de Constanza hab\u00ed\u00ada prescrito la convocaci\u00f3n peri\u00f3dica de una asamblea conciliar.<\/p>\n<p>A estas peticiones la curia trataba de oponer la idea de un concilio papal, que se celebrar\u00ed\u00ada en Roma. La paternidad de esta idea se remontaba al dominico espa\u00f1ol Juan de Torquemada, autor de la Summa de Ecclesia, que fue el tratado m\u00e1s importante en defensa de la monarqu\u00ed\u00ada papal. Seg\u00fan Torquemada, el concilio deb\u00ed\u00ada consistir en un s\u00ed\u00adnodo episcopal formado, no por todos los obispos, sino por algunos prelados competentes en las materias a tratar, escogidos en representaci\u00f3n de las diversas naciones y provincias eclesi\u00e1sticas. Esta concepci\u00f3n del concilio se fundaba sobre una soluci\u00f3n unilateral del problema de los poderes de la Iglesia, pues supon\u00ed\u00ada que la asamblea conciliar derivaba su autoridad del papa. Como ejemplos se citaban los concilios romanos de la antig\u00fcedad y los medievales de Letr\u00e1n.<\/p>\n<p>En la segunda mitad del siglo xv, P\u00ed\u00ado II fue el primero en apropiarse de esta idea. Sixto IV, para parar la amenaza de un concilio hecha por Luis XI, se declar\u00f3 en 1476 dispuesto a convocar en Roma una junta de obispos. Pero fue Julio II quien tuvo que llevar a la pr\u00e1ctica aquella idea, una vez que las reiteradas amenazas de la monarqu\u00ed\u00ada francesa vinieron a ser realidad con el conli\u00e1bulo de Pisa.<\/p>\n<p>All\u00ed\u00ad se convoc\u00f3 el concilio v de Letr\u00e1n, que represent\u00f3 la \u00faltima tentativa para llevar a cabo una reforma papal antes de la rebeli\u00f3n de Lutero. Pero tampoco esta tentativa tuvo eficacia alguna. En el primer per\u00ed\u00adodo, que se desenvolvi\u00f3 bajo Julio II, el concilio estuvo casi completamente absorbido por la lucha con el concili\u00e1bulo de Pisa. Bajo Le\u00f3n x se trataron los problemas de la reforma; pero la bula reformadora, aprobada en la sesi\u00f3n Iv del 5 de mayo de 1514, s\u00f3lo en parte afront\u00f3 los males fundamentales y qued\u00f3 inoperante. As\u00ed\u00ad, del concilio de Basilea al v de Letr\u00e1n, se perdi\u00f3 in\u00fatilmente m\u00e1s de medio siglo, y la reforma protestante estaba ya llamando a la puerta.<\/p>\n<p>IV. La reforma personal de los miembros<br \/>\nAnte los repetidos fracasos de las tentativas de llevar a cabo la esperada reformatio in capite et in membris, no todos se contentaron con est\u00e9riles lamentos ni se entregaron a la pol\u00e9mica antirromana. Muchos comprendieron que el \u00fanico modo de renovar la Iglesia era comenzar por abajo, reform\u00e1ndose ante todo a s\u00ed\u00ad mismos. As\u00ed\u00ad surgieron congregaciones reformadas de las principales \u00f3rdenes mon\u00e1sticas y mendicantes, como tambi\u00e9n notables figuras de obispos empe\u00f1ados en renovar la vida religiosa de la propia di\u00f3cesis, y cen\u00e1culos de sacerdotes y laicos, consagrados a la santificaci\u00f3n personal y a las obras de beneficencia.<\/p>\n<p>La actividad reformadora se hab\u00ed\u00ada manifestado antes que en ninguna parte, desde fines del siglo xiv, en las \u00f3rdenes religiosas. La exigencia de renovaci\u00f3n pod\u00ed\u00ada traducirse en estos medios por el retomo a la observancia de las primitivas reglas. En la orden benedictina surgieron las congregaciones reformadas de Valladolid (1390) en Espa\u00f1a, de S. Giustina (1412) en Italia y de Bursfeld (1434) en Alemania. Entre los dominicos se distinguieron por la actividad de reformadentro de la orden el general Raimundo de Capua, el beato Conrado de Prusia y el suevo Juan Nider; y entre los franciscanos Bernardino de Sena y Juan de Capistrano. En 1460, Francisco de Paula fund\u00f3 los m\u00ed\u00adnimos, orden que adoptaba con m\u00e1s rigor la regla franciscana.<\/p>\n<p>Aunque el episcopado pasaba por grave crisis, no faltaron en el curso del siglo xv obispos seriamente preocupados por la reforma. Baste recordar, en Italia, a Lorenzo Giustiniani, patriarca de Venecia, a Antonino, arzobispo de Florencia, al obispo Pietro Barozzi, que reform\u00f3 la di\u00f3cesis de Padua y de Belluno; en Francia, a Poncher, obispo de Par\u00ed\u00ads; en Alemania, a Juan von Eich, obispo de Eichenstadt, a Burkhard de Rondegg, obispo de Constanza, a Federico von Zollern, obispo de Augsburgo; en Espa\u00f1a, a Hernando de Talavera, arzobispo de Granada, a Pedro Gonz\u00e1lez de Mendoza, arzobispo de Toledo. Mientras en otros pa\u00ed\u00adses los resultados de la obra reformadora apenas pasaban los l\u00ed\u00admites de una di\u00f3cesis, en Espa\u00f1a, entre fines del siglo xv y comienzos del xvi, se llev\u00f3 a cabo una reforma que se extendi\u00f3 a toda la pen\u00ed\u00adnsula por obra del infatigable cardenal Francisco Jim\u00e9nez de Cisneros, que cont\u00f3 con el apoyo de los reyes Cat\u00f3licos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n entre los laicos se manifestaban los g\u00e9rmenes de propia reforma. Ya a fines del siglo xiv comenzaron a extenderse por Holanda y el noroeste de Alemania los Hermanos de la vida com\u00fan, que se inspiraron en la predicci\u00f3n de Gert Groot. Su espiritualidad era la Devotio moderna, que prefer\u00ed\u00ada a las especulaciones teol\u00f3gicas un sobrio misticismo fundado en la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n y en la meditaci\u00f3n de la vida de Cristo. El librito De imitatione Christi, compuesto en 1420-1424 por Tom\u00e1s de Kempis, fue el fruto mejor de esta tendencia espiritual. El movimiento \u00abdevoto\u00bb ten\u00ed\u00ada por lo general car\u00e1cter laical; sin embargo, de \u00e9l tom\u00f3 tambi\u00e9n origen una congregaci\u00f3n reformada de can\u00f3nigos regulares agustinos, cuya casa-madre fue el convento de Windesheim. Por un proceso an\u00e1logo, otros cen\u00e1culos laicos, nacidos en el siglo xv, se transformaron sucesivamente en congregaciones religiosas, como los jer\u00f3nimos en Espa\u00f1a y los jesuatos en Italia, fundados por Juan Colombini.<\/p>\n<p>A fines del siglo xv y comienzos del xvi se di\u00f3 en Italia un florecimiento de la confraternidad ben\u00e9fica de san Jer\u00f3nimo, fundada en Vicenza en 1494 por Bernardino de Feltre, y de los oratorios del amor divino, el primero de los cuales naci\u00f3 en G\u00e9nova, en 1497, por obra de Ettore Vernazza. Entre los a\u00f1os de 1517 y 1527, el oratorio fue en Roma punto de encuentro de laicos y prelados deseosos de reforma. Su m\u00e9todo era buscar la santificaci\u00f3n personal por medio de las obras de misericordia. Entre sus miembros figuraban Gaetano da Thiene y Gian Pietro Carafa (el futuro Pablo iv) que en 1524 dieron vida a una nueva congregaci\u00f3n de cl\u00e9rigos regulares, los teatinos. Sobre \u00e9sta se modelaron otras congregaciones sacerdotales: los barnabitas, nacidos en Mil\u00e1n por obra de Antonio Maria Zaccaria, Antonio Moriglia y Bartolomeo Ferrari; los somaschi, fundados en 1532 por Gerolamo Emiliani. A ellos se agregaron en el mismo per\u00ed\u00adodo congregaciones femeninas: las ang\u00e9licas, nacidas en 1535 por obra de la condesa Luigia Torelli de Guastalla; las ursulinas, fundadas en 1536 en Brescia por Angela M\u00e9rici. En 1525 surgieron del tronco franciscano los capuchinos, por obra de Matteo da Bascio y Luigi de Fossombrone.<\/p>\n<p>La novedad de estas nuevas familias religiosas consist\u00ed\u00ada en el mayor inter\u00e9s que mostraban por la vida activa respecto de la contemplativa. En ello puede verse un s\u00ed\u00adntoma del realismo de la vida moderna. M\u00e1s por otros motivos y acciones de reforma se pueden captar con m\u00e1s claridad todav\u00ed\u00ada los rasgos peculiares del clima religioso y cultural que iba madurando desde fines del siglo xv y a comienzos del xvi. Mientras que en el per\u00ed\u00adodo precedente se pon\u00ed\u00ada el acento particularmente sobre problemas de reorganizaci\u00f3n jur\u00ed\u00addico-administrativa y de renovaci\u00f3n asc\u00e9tica, ahora vino a ser central el tema de la reforma del hombre interior, concebido con acentos nuevos respecto del tradicional enfoque moralista. La experiencia de la Devotio moderna se fue enriqueciendo con la sensibilidad del -> humanismo, y tanto aqu\u00e9lla como \u00e9ste condujeron al redescubimiento de la Escritura y de los padres, se\u00f1aladamente de Pablo y Agust\u00ed\u00adn. Lo que en el -> humanismo fue fruto de una madurez cultural, en el evangelismo era punto de llegada de una experiencia m\u00ed\u00adstica. De una parte, la lectura de la Biblia y de los padres y la religi\u00f3n interior se miraban como aspectos esenciales de un culto m\u00e1s conforme a la dignidad del hombre y que responde mejor a la libertad del cristiano. De otra, la conciencia dolida de la realidad del pecado y de la propia nada delante de Dios, y la entrega confiada al sentido experimentado de la gracia, llevaban a buscar en Pablo y en Agust\u00ed\u00adn prototipos de la propia conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>A la revalorizaci\u00f3n de la naturaleza humana y de la personalidad individual a\u00f1ad\u00ed\u00ada el humanismo un vigoroso despertar del esp\u00ed\u00adritu cr\u00ed\u00adtico. Siguiendo las huellas de cr\u00ed\u00adtica textual practicada por Lorenzo Valla, los humanistas de los primeros decenios del siglo xvi se dedicaron con creciente empe\u00f1o a la ex\u00e9gesis b\u00ed\u00adblica y patr\u00ed\u00adstica. En este campo descoll\u00f3 Erasmo, que en 1516 public\u00f3 la primera edici\u00f3n cr\u00ed\u00adtica del texto griego del Nuevo Testamento. El gran humanista flamenco se declar\u00f3 partidario, sobre todo en su Enchiridion militis christiani de 1512, de una reforma de la Iglesia de inspiraci\u00f3n humanista. La simplificaci\u00f3n de la doctrina, la afirmaci\u00f3n de una teolog\u00ed\u00ada positiva fundada en los padres m\u00e1s bien que en la escol\u00e1stica, la revalorizaci\u00f3n de la funci\u00f3n central de los obispos, el dise\u00f1o de una religiosidad esencialmente \u00e9tica y la pol\u00e9mica contra el ascetismo mon\u00e1stico y las ceremonias exteriores, constitu\u00ed\u00adan los aspectos principales de la tendencia reformadora erasmiana, que ejerci\u00f3 fuerte influencia en todos los c\u00ed\u00adrculos cultos de Europa. Paralelamente a la obra de Erasmo, de 1514 a 1517 se public\u00f3 en Espa\u00f1a la Biblia pol\u00ed\u00adglota de Alcal\u00e1; en Inglaterra, Tom\u00e1s Moro y el circulo de Oxford, animado por John Colet, sent\u00ed\u00adan la influencia erasmiana; en Francia, una tendencia an\u00e1loga era seguida por Lef\u00e9vre d&#8217;ltaples y por el obispo Briconnet.<\/p>\n<p>En Italia, donde el influjo de Erasmo fue menor, se dieron numerosas expresiones de evangelismo y de humanismo reformista. En los primeros a\u00f1os del siglo xvi, se hab\u00ed\u00ada constituido en Venecia un cen\u00e1culo de j\u00f3venes patricios que se reun\u00ed\u00adan peri\u00f3dicamente a orar en la isla de Murano. Su principal inspirador era Tommaso (luego: Paolo) Giustiniani, que en 1510 se hizo eremita camaldulense, seguido un a\u00f1o despu\u00e9s de su amigo Vincenzo (luego: Pietro) Quirini. Los dos monjes dirigieron en 1513 a Le\u00f3n x un famoso Libellus, que puede considerarse como el documento m\u00e1s rico formulado dentro de la Iglesia por las corrientes de reforma. En \u00e9l se indicaban al reci\u00e9n elegido pont\u00ed\u00adfice objetivos de alcance universal y de sorprendente modernidad para la renovaci\u00f3n de la Iglesia: desde la uni\u00f3n con la Iglesia oriental hasta la formaci\u00f3n de un clero ind\u00ed\u00adgena en las tierras de misi\u00f3n, donde deb\u00ed\u00ada evitarse que la evangelizaci\u00f3n se mezclara con el colonialismo. Pero una vez m\u00e1s, los dos camaldulenses ve\u00ed\u00adan en la primac\u00ed\u00ada de la Escritura la clave de arco de la reforma de la Iglesia. (Cf. tambi\u00e9n, movimientos de -> reforma eclesi\u00e1stica, movimientos de uni\u00f3n de las Iglesias [ ecumenismo, D], -> religiosos.)<br \/>\nV. El movimiento de reforma dentro de la Iglesia y el papado<br \/>\nLa espontaneidad de la reforma personal de los miembros constitu\u00ed\u00ada una gran riqueza, pero tambi\u00e9n un l\u00ed\u00admite. Los fermentos de renovaci\u00f3n, que aparec\u00ed\u00adan en todas partes y segu\u00ed\u00adan las m\u00e1s diversas tendencias, eran la premisa indispensable para una reformatio generalis; mas para que \u00e9sta llegara, era necesario coordinar las fuerzas reformadoras que se mov\u00ed\u00adan dispersas. En el campo de la restauraci\u00f3n disciplinar, la actividad de reforma qued\u00f3 fragmentaria. Nadie logr\u00f3 nunca reformar una orden completamente. El gobierno de abad\u00ed\u00adas y conventos segu\u00ed\u00ada asign\u00e1ndose seg\u00fan criterios mundanos, y la disciplina poco antes restablecida quedaba otra vez s\u00fabitamente comprometida por nuevas dispensas concedidas por la curia. As\u00ed\u00ad se comprende que, en el Libellus ad Leonem X, Giustiniani y Quirini propusieran la supresi\u00f3n de todas las ramas conventuales de las \u00f3rdenes mendicantes y la conservaci\u00f3n de s\u00f3lo tres familias religiosas, basadas en las reglas benedictina, franciscana y agustiniana.<\/p>\n<p>La crisis de la jerarqu\u00ed\u00ada y de la teolog\u00ed\u00ada no s\u00f3lo privaba a la reforma personal de la coordinaci\u00f3n indispensable, sino que hac\u00ed\u00ada posible un deslizamiento hacia soluciones revolucionarias. La apelaci\u00f3n a los padres y a la Escritura vino a ser una fuente de despertar espiritual, pero tambi\u00e9n un arma pol\u00e9mica. La evocaci\u00f3n de la cristiandad primitiva estimul\u00f3 a muchos a profundizar la participaci\u00f3n en la vida lit\u00fargica y deline\u00f3 un modelo pastoral de obispo entonces casi desconocido; pero reforz\u00f3 en otros la pol\u00e9mica contra instituciones tan alejadas del ideal y hasta dio motivos para rechazarlas en nombre de una mayor fidelidad literal al dep\u00f3sito escrito de la fe. La desconfianza frente al clero y la irritaci\u00f3n contra una teolog\u00ed\u00ada separada de la vida daban a la lectura de la Biblia el valor de un posible sustitutivo del ministerio sacerdotal. La experiencia de la conversi\u00f3n interior y de la -> justificaci\u00f3n por la fe, t\u00ed\u00adpica del evangelismo, fue el fundamento de la obra de Gaspar Contarini, quien, impulsado por la intuici\u00f3n m\u00ed\u00adstica de la misericordia divina, que \u00e9l tuvo la semana santa de 1511, consagr\u00f3 toda su energ\u00ed\u00ada al servicio del papado para la renovaci\u00f3n de la Iglesia. En cambio, la Turmerlebnis de Lutero, que se caracteriz\u00f3 por un descubrimiento an\u00e1logo del valor de la entrega confiada a la obra de la gracia, vivencia desarrollada en un contexto teol\u00f3gico diverso, fue punto de partida de la lucha contra el papado y de una reforma que deshizo la unidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>En este clima de incertidumbre general y de iniciativas fecundas, pero parciales, era viva la expectaci\u00f3n de un hombre o de un acontecimiento que lograse polarizar los m\u00faltiples aspectos de la reforma personal y hacerla penetrar en todas las estructuras eclesi\u00e1sticas. Alrededor de 1515, se pensaba desde varios lados que esta figura pudiera ser Erasmo. Pero en 1517 fue Lutero quien atrajo sobre su vigorosa personalidad la atenci\u00f3n de todos. Muchos vieron en \u00e9l al hombre que iba a preparar el camino a la reforma general. Las tesis que, entre 1517 y 1520, fue precisando con creciente claridad minaban la constituci\u00f3n jer\u00e1rquica y el car\u00e1cter sacramental de la Iglesia; pero las refutaciones de los te\u00f3logos y las mismas bulas de condenaci\u00f3n de Le\u00f3n x (Exsurge Domine, del 15 de junio de 1520, y Decet Romanum Pontificem, del 3 de enero de 1521), fueron a menudo acogidas como negativa opuesta por el papado a toda reforma seria. La supervivencia de las teor\u00ed\u00adas conciliaristas debilitaba el valor de las proclamas pontificias; la palabra definitiva se esperaba del concilio. La \u00fanica posibilidad que el papa hubiera tenido de evitar a tiempo la escisi\u00f3n religiosa habr\u00ed\u00ada sido la de ponerse resueltamente a la cabeza del movimiento reformador.<\/p>\n<p>Adriano VI, que sucedi\u00f3 en 1522 a Le\u00f3n x, mostr\u00f3 tomar en serio el problema de la reforma, y su valiente Instructio, le\u00ed\u00adda en la dieta de N\u00fcrnberg por el nuncio Francesco Chieregati el 3 de enero de 1523, despierta a\u00fan admiraci\u00f3n. Pero su pontificado fue demasiado breve para que pudieran verse sus frutos. Clemente VII, hecho papa el 18 de noviembre de 1523, estuvo dominado por la preocupaci\u00f3n de evitar el concilio que se le ped\u00ed\u00ada con urgencia cada vez mayor, sobre todo por parte del emperador Carlos v. Sus vacilaciones pol\u00ed\u00adticas en las luchas entre Carlos v y Francisco i y motivos de orden personal influyeron perjudicialmente sobre la suerte del concilio, muchas veces prometido y otras tantas aplazado. Sin embargo, el sacco di Roma fue para muchos una seria advertencia; Gian Matteo Giberti, p. ej., abandon\u00f3 su oficio de datario para dedicarse de manera ejemplar al apostolado en su di\u00f3cesis de Verona.<\/p>\n<p>S\u00f3lo bajo el pontificado de Paulo III, elegido el 13 de octubre de 1534, lograron abrirse paso las fuerzas reformadoras y penetrar en el centro de la Iglesia. La creciente propagaci\u00f3n de la reforma protestante estimul\u00f3 a Pablo iii, que en realidad hab\u00ed\u00ada recibido una educaci\u00f3n mundana, a llamar a Roma algunos representantes del humanismo reformista y de la restauraci\u00f3n disciplinar de las \u00f3rdenes religiosas. Con los nombramientos de 1535 y 1536 hizo entrar en el colegio cardenalicio a Gaspare Contarini, Gian Pietro Carafa, Jacopo Sadoleto y Reginald Pole, a los que siguieron Marcello Cervini y Giovanni Morone. A Contarini, que se hab\u00ed\u00ada formado en el c\u00ed\u00adrculo veneciano de Tommaso Giustiniani, le fue confiada la presidencia de una comisi\u00f3n de nueve miembros que deb\u00ed\u00ada elaborar un proyecto de reforma general. De sus reuniones, celebradas del oto\u00f1o de 1536 a marzo de 1537, sali\u00f3 el Consilium de emendanda ecclesia, que cifraba en el abuso de la plenitudo potestatis de los papas la causa principal de los males de la Iglesia, y formulaba una larga serie de propuestas concretas.<\/p>\n<p>En estos primeros a\u00f1os del pontificado de Paulo III se realiz\u00f3 el m\u00e1ximo esfuerzo en pro de una reforma de iniciativa papal. Contarini trabajaba con tenacidad por la reforma de la Datar\u00ed\u00ada y de la Penitenciar\u00ed\u00ada. Las nuevas congregaciones, nacidas espont\u00e1neamente, se revelaron como instrumento preciso para renovar a la Iglesia dentro del respeto de la tradici\u00f3n. En 1540, Paulo III aprob\u00f3 la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas fundada en Par\u00ed\u00ads el a\u00f1o 1534 por Ignacio de Loyola; la Compa\u00f1\u00ed\u00ada acomodaba las formas tradicionales de la vida religiosa a las exigencias de la edad moderna y se distingu\u00ed\u00ada por un mayor empe\u00f1o cultural y por el voto de obediencia al papa. Por estas caracter\u00ed\u00adsticas, la nueva orden hab\u00ed\u00ada de ser el firme sost\u00e9n del pap\u00e1do en la reforma y en la contrarreforma.<\/p>\n<p>De 1530 a 1540 el evangelismo italiano alcanz\u00f3 su mayor vitalidad. Aun distingui\u00e9ndose n\u00ed\u00adtidamente del luteranismo por la ausencia de toda pol\u00e9mica antipapal, el evangelismo acentuaba el car\u00e1cter gratuito de la justificaci\u00f3n y evitaba hablar de una cooperaci\u00f3n meritoria por parte del hombre. En el clima de incertidumbre doctrinal pretridentino esta posici\u00f3n era comprensible, pero se prestaba a equ\u00ed\u00advocos. Dentro del evangelismo, los \u00abespirituales\u00bb se diferenciaban por m\u00e1s de un motivo: de la actitud francamente cat\u00f3lica de Contarini, de Pole, de Morone, de Vittoria Colonna, se pasaba al misticismo con tendencia antijer\u00e1rquica de Juan de Vald\u00e9s, que, de 1534 a 1541, fue en N\u00e1poles el inspirador de un cen\u00e1culo de espiritualidad. Con Vald\u00e9s se hab\u00ed\u00ada ligado Bernardino Ochino, general de los capuchinos, que gozaba de gran popularidad como predicador. Fruto del valdesianismo fue el Trattato utilissimo del Beneficio di Ges\u00fa Cristo, escrito por el benedictino don Benedetto da Mantova entre 1539 y 1541, que alcanz\u00f3 un enorme \u00e9xito.<\/p>\n<p>Dentro de este clima penetrado a\u00fan de fermentos de renovaci\u00f3n teol\u00f3gica se desenvolvi\u00f3 la m\u00e1s importante tentativa de conciliaci\u00f3n con los protestantes, que tuvo lugar en la dieta de Ratisbona del a\u00f1o 1541. Promovido por Carlos v y aceptado por Paulo III, el encuentro tuvo por protagonistas a Gaspar Contarini como legado del papa, y a Melanchthon y Butzer como representantes de los protestantes. En un primer momento el acuerdo pareci\u00f3 posible; en el problema central de la justificaci\u00f3n, fue aceptada por las dos partes la f\u00f3rmula de la doble justicia, elaborada por el te\u00f3logo cat\u00f3lico alem\u00e1n Juan Gropper. Pero los trabajos se embarrancaron en la discusi\u00f3n sobre los -> sacramentos, se\u00f1aladamente sobre la eucarist\u00ed\u00ada. Adem\u00e1s, la f\u00f3rmula de la doble justicia fue rechazada por Lutero, no menos que por Roma, a causa de los equ\u00ed\u00advocos que pod\u00ed\u00ada suscitar.<\/p>\n<p>El fracaso de Ratisbona marc\u00f3 un cambio de direcci\u00f3n. Contarini vio disminuido su prestigio, y en Roma comenz\u00f3 a prevalecer una tendencia reformadora resueltamente adversa a los protestantes. Su representante era Gian Pietro Carafa; por sugesti\u00f3n suya instituy\u00f3 Paulo III en 1542 la inquisici\u00f3n romana (o el Santo Oficio). Cuando Bernardino Ochino recibi\u00f3 la orden de presentarse en Roma para responder ante el nuevo tribunal acerca de su predicaci\u00f3n, prefiri\u00f3 fugarse de Italia. El mismo a\u00f1o (1542) mor\u00ed\u00ada Contarini en Bolonia; hab\u00ed\u00adan fracasado sus dos tentativas de reformar la curia y de lograr una inteligencia con los protestantes. En 1543 mor\u00ed\u00ada tambi\u00e9n Giberti. Ahora no le quedaba al papado m\u00e1s camino que el concilio para reformar la Iglesia y reaccionar contra el protestantismo.<\/p>\n<p>VI. El concilio de Trento<br \/>\nYa en 1536, Paulo III hab\u00ed\u00ada convocado un concilio en Mantua para el 23 de mayo de 1537. Por algunas dificultades, la sede fue trasladada a Vicenza; mas tampoco en la nueva localidad pudo tener lugar el concilio, debido sobre todo a la situaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica. Tras el resultado negativo de la dieta de Ratisbona, Paulo III se esforz\u00f3 con m\u00e1s energ\u00ed\u00ada para que finalmente se pudiese celebrar el concilio. El lugar escogido despu\u00e9s de muchas vacilaciones fue Trento, ciudad que pertenec\u00ed\u00ada al imperio, pero que estaba situada en Italia. En 1542 se hizo una convocatoria, que no tuvo resultado positivo por haberse reanudado la guerra entre Francisco I y Carlos V. La conclusi\u00f3n de la paz de Cr\u00e9py (1544) abri\u00f3 la v\u00ed\u00ada a una segunda convocatoria, que condujo a la apertura el 13 de diciembre de 1545. La direcci\u00f3n de la asamblea fue encomendada a tres legados papales: los cardenales Del Monte, Cervini y Pole.<\/p>\n<p>El concilio fue posible por la convergencia de la voluntad del papa y del emperador. Pero mientras al primero le interesaba sobre todo mantener intacta la doctrina, amenazada por la herej\u00ed\u00ada, el segundo esperaba a\u00fan una restauraci\u00f3n de la unidad religiosa, necesaria para la misma unidad pol\u00ed\u00adtica del imperio. Se dio as\u00ed\u00ad un motivo permanente de roce entre los dos representantes m\u00e1ximos de la cristiandad, que contribuy\u00f3 no poco a dificultar el normal desenvolvimiento del concilio. Carlos v, penetrado a\u00fan de los ideales de la res publica christiana de la edad media, consideraba deber suyo intervenir en los problemas de la Iglesia, poniendo el brazo secular al servicio de la ortodoxia, pero dictando tambi\u00e9n condiciones para efectuar este servicio. En sus planes, el concilio s\u00f3lo deb\u00ed\u00ada afrontar inicialmente los problemas de reforma, mientras \u00e9l hac\u00ed\u00ada la guerra a la liga de Esmalcalda para forzar a los protestantes a tomar parte en la asamblea tridentina. S\u00f3lo con la presencia de \u00e9stos hab\u00ed\u00ada de tratar el concilio las cuestiones doctrinales, para llegar as\u00ed\u00ad a un acuerdo.<\/p>\n<p>A decir verdad, el concilio de Trento sigui\u00f3 otra v\u00ed\u00ada, y prefiri\u00f3 precisar ante todo la doctrina, aun a costa de sancionar dolorosamente la ruptura religiosa, que era ya un hecho. Por m\u00e1s que el 22 de enero de 1546 se decidi\u00f3 tratar paralelamente los problemas doctrinales y los de la reforma (compromiso entre la tesis papal y la imperial), en realidad los decretos m\u00e1s relevantes del primer per\u00ed\u00adodo fueron los que ata\u00f1\u00ed\u00adan a la fe. Hasta el tercer per\u00ed\u00adodo no se pudo llegar a resultados verdaderamente consistentes en el problema de la reforma. El trabajo del concilio era dirigido por los legados, que recib\u00ed\u00adan instrucciones directas de Roma. A ellas se adher\u00ed\u00ada la mayor\u00ed\u00ada, constituida preferentemente por obispos italianos. Estos \u00faltimos, aunque eran mucho m\u00e1s independientes y diferenciados de lo que a menudo se ha cre\u00ed\u00addo, en las cuestiones fundamentales tend\u00ed\u00adan a ponerse de lado de los legados, no tanto por intereses materiales o por motivos nacionales, cuanto por sentido tradicional de devoci\u00f3n a la santa sede.<\/p>\n<p>El primer per\u00ed\u00adodo la asamblea tridentina dur\u00f3 del 13 de diciembre de 1545 al 11 de marzo de 1547. En \u00e9l se celebraron ocho sesiones, de las que fueron las m\u00e1s importantes, en su aspecto dogm\u00e1tico, la cuarta, la quinta y la sexta. En la sesi\u00f3n IV (8 de abril de 1946) fueron aprobados dos decretos referentes a la Escritura. En el primero, despu\u00e9s de fijar el -> canon de los libros sagrados, se afirm\u00f3 la autoridad de la -> tradici\u00f3n al lado de la Escritura, rechazando as\u00ed\u00ad el principio protestante de la Scriptura sola, pero sin prejuzgar la cuesti\u00f3n de la suficiencia de la Escritura, que, con apoyo en la autoridad de Vicente de Ler\u00ed\u00adns, hab\u00ed\u00ada sido defendida por algunos padres conciliares. En el segundo decreto se declaraba la autenticidad de la Vulgata, sin que con ello se prohibieran las ediciones cr\u00ed\u00adticas en las lenguas originales ni las traducciones a lenguas vern\u00e1culas. En la sesi\u00f3n V (17 de julio de 1546) fue aprobado el decreto sobre el pecado original, que se situaba lo mismo contra el optimismo pelagiano, que contra la concepci\u00f3n luterana de la total corrupci\u00f3n de la naturaleza humana.<\/p>\n<p>El decreto sobre la justificaci\u00f3n, aprobado en la sesi\u00f3n VI (13 de enero de 1547), puede considerarse como la obra maestra doctrinal del concilio de Trento. Fruto de laboriosa discusi\u00f3n, no obstante numerosas reelaboraciones, conserv\u00f3 la impronta de los esquemas preparados por Girolamo Seripando, general de los ermita\u00f1os de san Agust\u00ed\u00adn, que simpatizaba con el evangelismo. Tambi\u00e9n \u00e9l defendi\u00f3 en el concilio, pero sin \u00e9xito, la doctrina de la doble justicia, que hab\u00ed\u00ada sido aceptada por Contarini en Ratisbona. El decreto lograba conciliar la libre elecci\u00f3n gratuita de Dios con la necesidad de una libre cooperaci\u00f3n por parte del hombre. La justificaci\u00f3n fue presentada como verdadera santificaci\u00f3n por la -> gracia, que capacita al hombre regenerado para realizar -> obras meritorias, cuya necesidad nada obsta a la suficiencia de los m\u00e9ritos de Cristo. Los m\u00e9ritos del hombre no son sino dones de Dios, por lo que el cristiano est\u00e1 obligado a poner toda su confianza en Dios y no en s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>En el terreno de la reforma disciplinar los resultados del primer per\u00ed\u00adodo fueron decepcionantes. Ello contribuy\u00f3 a fomentar la insatisfacci\u00f3n de los obispos, sobre todo espa\u00f1oles, que deseaban serias medidas de reforma, especialmente en el problema de la residencia. El descontento se transform\u00f3 en crisis cuando en la sesi\u00f3n VIII, del 11 de marzo de 1547, la mayor\u00ed\u00ada de los padres aprob\u00f3 el traslado del concilio a Bolonia, por temor a una epidemia de tifus exantem\u00e1tico. La traslaci\u00f3n era un obst\u00e1culo para los planes del emperador, que entonces justamente hab\u00ed\u00ada logrado la victoria sobre la liga protestante en M\u00fchlberg (24 de abril de 1547). Catorce obispos del partido imperial se negaron a seguir a la mayor\u00ed\u00ada a Bolonia. En esta ciudad prosiguieron los trabajos hasta febrero de 1548, en que Paulo III, para no exasperar las relaciones con el emperador, decidi\u00f3 interrumpirlos. Sin embargo, la suspensi\u00f3n oficial del concilio no tuvo lugar hasta diecinueve meses despu\u00e9s, el 13 de septiembre de 1549. Durante el per\u00ed\u00adodo bolo\u00f1\u00e9s se celebraron dos sesiones (IX y X); en ellas hubo amplio intercambio de opiniones, pero no se aprob\u00f3 ning\u00fan decreto.<\/p>\n<p>El concilio fue convocado de nuevo en Trento por el sucesor de Paulo III, el cardenal Giovanni Maria del Monte, que ya antes hab\u00ed\u00ada presidido el concilio y fue elegido papa el 7 de febrero de 1550 con el nombre de Julio III. As\u00ed\u00ad se inici\u00f3 el segundo per\u00ed\u00adodo del concilio tridentino, que dur\u00f3 del 1 de mayo de 1551 al 28 de abril de 1552 y comprendi\u00f3 seis sesiones (xv-xvi). Fue llamado a presidirlo el cardenal legado Crescencio al que asist\u00ed\u00adan dos obispos expertos en asuntos germ\u00e1nicos: Pighino y Lippomani. Se pensaba, en efecto, que esta vez predominar\u00ed\u00adan los problemas de Alemania, por la mayor participaci\u00f3n de obispos alemanes y por la anunciada presencia de algunas delegaciones protestantes. La rivalidad entre Francia y el emperador se hizo sentir una vez m\u00e1s: mientras en Bolonia hab\u00ed\u00adan aparecido algunos prelados franceses, ahora estuvieron de todo punto ausentes por prohibici\u00f3n expresa de Enrique II.<\/p>\n<p>Centro de los trabajos de este per\u00ed\u00adodo fue la doctrina de los sacramentos. Ya en la sesi\u00f3n del 3 de marzo de 1547, fue afirmada su eficacia objetiva (ex opere operato); ahora, aprovechando las discusiones habidas en Bolonia, pudo precisarse la doctrina sobre la eucarist\u00ed\u00ada (sesi\u00f3n xiii, del 11 de octubre de 1551), y sobre la penitencia y extremaunci\u00f3n (sesi\u00f3n xiv, del 25 de noviembre de 1551).<\/p>\n<p>Como en el primer per\u00ed\u00adodo, los decretos de reforma fueron de todo punto insuficientes. Este resultado fue en gran parte fruto de la influencia de la curia romana, que llegaba al concilio a trav\u00e9s de la mayor\u00ed\u00ada de los obispos italianos. En estos sectores prevalec\u00ed\u00ada una concepci\u00f3n puramente conservadora de la reforma, seg\u00fan la cual bastaba aplicar las normas vigentes del derecho can\u00f3nico para remediar los males de la Iglesia. Se pensaba que la promulgaci\u00f3n de nuevas normas pondr\u00ed\u00ada en riesgo las estructuras eclesi\u00e1sticas tradicionales, y no se ca\u00ed\u00ada en la cuenta del cambio profundo de los tiempos.<\/p>\n<p>Gracias a la presi\u00f3n del emperador, entre octubre de 1551 y marzo de 1552, llegaron tambi\u00e9n al concilio algunos enviados de pr\u00ed\u00adncipes y ciudades protestantes. Su presencia, sin embargo, result\u00f3 vana, pues para su participaci\u00f3n en los trabajos del concilio pusieron condiciones que los padres no pod\u00ed\u00adan aceptar, como la confirmaci\u00f3n del decreto sobre la autoridad conciliar Haec sancta, de Constanza, y una nueva discusi\u00f3n de todos los decretos aprobados ya en Trento. A fines de marzo, el elector Mauricio de Sajonia reanud\u00f3 la guerra de los pr\u00ed\u00adncipes protestantes contra Carlos v. Poco despu\u00e9s hubo de suspenderse el concilio.<\/p>\n<p>En 1555 se fortaleci\u00f3 nuevamente la direcci\u00f3n antirreformadora. A la muerte de Julio III, subi\u00f3 al trono pontificio Marcelo Cervini, representante del humanismo reformador, que, en su cualidad de legado, hab\u00ed\u00ada prestado una contribuci\u00f3n de primer orden a la redacci\u00f3n del decreto sobre la justificaci\u00f3n. Pero el pontificado de Cervini, que hab\u00ed\u00ada tomado el nombre de Marcelo II, s\u00f3lo dur\u00f3 22 d\u00ed\u00adas (9 de abril a 30 de abril de 1555). Fue llamado a sucederle Gian Pietro Carafa, con el nombre de Paulo iv, fautor de una reforma puramente disciplinar y de una en\u00e9rgica acci\u00f3n represiva contra el protestantismo. Una medida reveladora de esta tendencia fue confiar a la inquisici\u00f3n romana no s\u00f3lo la lucha contra la herej\u00ed\u00ada, sino tambi\u00e9n la reforma de las costumbres. Las sospechas recayeron incluso sobre algunos miembros del colegio cardenalicio, acusados de desviaciones doctrinales por sus simpat\u00ed\u00adas hacia el evangelismo: Pole y Morone fueron encarcelados y sometidos a proceso. En 1559 se public\u00f3 el primer Index auctorum et librorum probibitorum con autoridad papal, \u00ed\u008dndice que el mismo Pedro Canisio consider\u00f3 demasiado riguroso y estrecho de mentalidad; entre otras cosas, se prohib\u00ed\u00adan tambi\u00e9n las traducciones de la Biblia a lenguas vern\u00e1culas.<\/p>\n<p>Entretanto Carlos v, perdida toda esperanza de recomponer la unidad de la Iglesia, hab\u00ed\u00ada concedido la paz religiosa de Augsburgo (1555), que sancionaba el principio Cuius regio eius et religio, inicialmente favorable a los protestantes y que s\u00f3lo posteriormente fue explotado por la contrarreforma. En Francia, adem\u00e1s, se fue difundiendo el -> calvinismo, sobre todo despu\u00e9s de la muerte de Enrique II (1559). Ante la gravedad de la situaci\u00f3n se impuso la reapertura del concilio de Trento, que Paulo IV se hab\u00ed\u00ada negado siempre a convocar nuevamente. A su sucesor P\u00ed\u00ado IV (25 de diciembre de 1559 a 8 de diciembre de 1565) le toc\u00f3 la tarea de dar vida al tercer per\u00ed\u00adodo del Tridentino, que dur\u00f3 del 18 de enero de 1562 al 4 de diciembre de 1563 y comprendi\u00f3 nueve sesiones (xvii-xxv). Fue nombrado presidente el cardenal Ercole Gonzaga, a quien quedaron asociados como legados Seripando, Hosius, Simonetta y Altemps. Esta vez el n\u00famero de participantes fue muy superior al de las fases precedentes (en la sesi\u00f3n inaugural estuvieron presentes 112 obispos, y pasaron de 200 en la final).<\/p>\n<p>Por vez primera se afront\u00f3 el problema de la residencia, que ya durante el primer per\u00ed\u00adodo hab\u00ed\u00ada suscitado discusiones por la propuesta de muchos obispos, sobre todo espa\u00f1oles, de declarar que el deber de residencia era de derecho divino. De este modo se habr\u00ed\u00adan hecho imposibles las dispensas pontificias. Ahora la propuesta fue reiterada por Guerrero, arzobispo de Granada, y logr\u00f3 el apoyo de los legados Gonzaga y Seripando. Los curialistas, capitaneados por el legado Simonetta, se opusieron en\u00e9rgicamente, sosteniendo que la moci\u00f3n atentaba contra el poder primacial del papa. P\u00ed\u00ado iv, despu\u00e9s de alguna incertidumbre, se puso al lado de estos \u00faltimos, y los legados decidieron suspender la discusi\u00f3n. Se reanudaron, pues, los debates de car\u00e1cter dogm\u00e1tico, que definieron ulteriormente la doctrina sobre la eucarist\u00ed\u00ada y el sacrificio de la misa (sesiones xxi y xxii, del 16 de julio y del 17 de septiembre de 1562).<\/p>\n<p>El problema de la residencia segu\u00ed\u00ada abierto. La discusi\u00f3n se encendi\u00f3 m\u00e1s en el oto\u00f1o de 1562, cuando, paralelamente a este problema, se trat\u00f3 de definir la doctrina sobre el sacramento del orden. Seg\u00fan los espa\u00f1oles, apoyados por algunos italianos y franceses (que llegaron en noviembre guiados por Carlos de Guisa, cardenal de Lorena) deb\u00ed\u00ada afirmarse el ius divinum no s\u00f3lo del deber de residencia, sino tambi\u00e9n de los poderes episcopales. El encuentro con los curialistas, los llamados zelanti, provoc\u00f3 la m\u00e1s grave crisis del concilio. Los trabajos quedaron paralizados durante diez meses; en marzo de 1563 mor\u00ed\u00adan, agotados de cansancio y tensi\u00f3n, los legados Gonzaga y Seripando.<\/p>\n<p>El cardenal Morone, que fue designado por el papa para sustituirlos, logr\u00f3 llegar a un compromiso: en la sesi\u00f3n XXIII, del 14 de julio de 1563, la asamblea conciliar se limit\u00f3 a afirmar que el episcopado era de instituci\u00f3n divina, sin precisar los or\u00ed\u00adgenes de los poderes de los obispos. El deber de residencia fue declarado como \u00abprecepto\u00bb divino (f\u00f3rmula que, aun obligando a los obispos a residir, dejaba al papa la facultad de conceder dispensas). En esta sesi\u00f3n fue aprobada adem\u00e1s la instituci\u00f3n de los seminarios. Pero la habilidad de Morone se revel\u00f3 sobre todo en la redacci\u00f3n de un proyecto general de reforma, que representaba una componenda entre las exigencias de los episcopados nacionales y las resistencias de la curia. Discutido en el verano y oto\u00f1o de 1563, fue aprobado en las dos \u00faltimas sesiones del concilio: la XXIV (11 de noviembre de 1563), en que se defini\u00f3 tambi\u00e9n el car\u00e1cter sacramental del -> matrimonio, y la xxv (3-4 de diciembre de 1563), en que se precis\u00f3 la doctrina sobre el -> purgatorio, las -> indulgencias y el culto a los -> santos.<\/p>\n<p>Los decretos de reforma de Morone se\u00f1alaban las normas para el nombramiento de cardenales y obispos, prescrib\u00ed\u00adan que cada afio se celebraran s\u00ed\u00adnodos diocesanos y cada tres a\u00f1os concilios provinciales, y dispon\u00ed\u00adan que el obispo visitara anualmente toda su di\u00f3cesis. El contenido de estos decretos representaba el meollo de la reforma tridentina. Esta se quedaba muy por debajo de las ideas reformadoras que animaran a la Iglesia en los primeros decenios del siglo xvi. Los poderes de los obispos, sin un preciso fundamento doctrinal, quedaban expuestos a las limitaciones del centralismo curial y de las exenciones de las \u00f3rdenes religiosas. Pero el gran m\u00e9rito de la reforma tridentina fue la imagen dibujada en ella del obispo-pastor, inspirado por la ley suprema de la salus animarum, que encontrar\u00ed\u00ada una encarnaci\u00f3n ejemplar en Carlos Borromeo.<\/p>\n<p>VII. Despu\u00e9s del Tridentino<br \/>\nEl acto de P\u00ed\u00ado iv que, con la bula Benedictus Deus (26 enero 1564), confirm\u00f3 e hizo ejecutivos todos los decretos del concilio de Trento, puede considerarse como el comienzo de la era postridentina de la Iglesia, \u00e9poca que en muchos aspectos se ha prolongado hasta el concilio Vaticano II. Desde entonces, los decretos tridentinos adquirieron una primac\u00ed\u00ada absoluta sobre toda otra tradici\u00f3n normativa del catolicismo, incluso sobre la patr\u00ed\u00adstica, en parte porque, debido al clima de lucha antiprotestante, se les concedi\u00f3 excesiva importancia. Un ejemplo es la Professio fidei tridentina, promulgada por P\u00ed\u00ado iv el 13 de noviembre de 1563, profesi\u00f3n que vino a ser la f\u00f3rmula distintiva de los cat\u00f3licos frente a los protestantes.<\/p>\n<p>El gran m\u00e9rito del papado postridentino fue evitar que los decretos del concilio se convirtieran en letra muerta, como hab\u00ed\u00ada sucedido con el Lateranense v. P\u00ed\u00ado iv y sus sucesores P\u00ed\u00ado v, Gregorio XIII y Sixto v se empe\u00f1aron a fondo en que se aplicara la reforma tridentina y se completara con otras disposiciones de iniciativa papal. De este modo el concilio, que tanto hab\u00ed\u00adan temido los papas, se convirti\u00f3 en poderoso instrumento para reforzar el centralismo romano. En este sentido desempe\u00f1\u00f3 una funci\u00f3n decisiva la Congregaci\u00f3n del concilio, creada por P\u00ed\u00ado iv el 30 de noviembre de 1563 para estudiar el problema de la confirmaci\u00f3n de los decretos tridentinos, que vino a ser posteriormente el \u00f3rgano de la curia encargado de controlar la aplicaci\u00f3n de los mismos.<\/p>\n<p>P\u00ed\u00ado iv cuid\u00f3 de la compilaci\u00f3n de un nuevo \u00ed\u008dndice (1564), tarea que el concilio le hab\u00ed\u00ada confiado. El gran inspirador de este pont\u00ed\u00adfice fue su sobrino Carlos Borromeo, que, despu\u00e9s de haberle asistido en la \u00faltima fase del concilio tridentino, prefiri\u00f3 dejar Roma para dedicarse a su di\u00f3cesis de Mil\u00e1n, donde residi\u00f3 hasta su muerte (1584). Su actividad incansable, dirigida a reformar clero y fieles y, simult\u00e1neamente, a impedir las infiltraciones del protestantismo, ofreci\u00f3 un modelo de obispo postridentino, que a menudo, sin embargo, fue imitado s\u00f3lo superficialmente, sin captar el contenido profundo de su ejemplo.<\/p>\n<p>A la muerte de P\u00ed\u00ado iv, Carlos Borromeo trat\u00f3 al principio de que fuera elegido Morone; pero contra tal idea se declararon tanto los conservadores como los reformadores de tendencia doctrinal m\u00e1s r\u00ed\u00adgida. La sucesi\u00f3n toc\u00f3, pues, a Michele Ghislieri, antes inquisidor general, que tom\u00f3 el nombre de P\u00ed\u00ado v (1566-1572). El resultado de este conclave acentu\u00f3 el car\u00e1cter contrarreformador de la obra del papado: la represi\u00f3n contra los protestantes se hizo m\u00e1s dura y se extendi\u00f3 hasta los \u00faltimos valdesianos con la condena a la hoguera de Pietro Carnesecchi (1567) y de Antonio Paleario (1570). La reforma de la Iglesia se ejecutaba con un rigorismo que sobrepasaba las disposiciones del concilio de Trento, como en el caso de la estricta clausura impuesta a todos los conventos femeninos. Sin embargo, P\u00ed\u00ado v tuvo el m\u00e9rito de realizar los deseos del concilio de que se compusiera un compendio de la doctrina cat\u00f3lica (el Catecismo Romano de 1566) y se reformaran el breviario (1568) y el misal (1570).<\/p>\n<p>Su santidad personal qued\u00f3 expresada en el cuidado que consagr\u00f3 a su propia di\u00f3cesis de Roma.<\/p>\n<p>Su sucesor, Gregorio xiii (1572-1585), antes cardenal Buoncompagni, se distingui\u00f3 sobre todo por la instituci\u00f3n de los nuncios pontificios, que vinieron a ser, en todos los pa\u00ed\u00adses, los int\u00e9rpretes directos de las iniciativas reformadoras y contrarreformadoras de los papas. Promovi\u00f3 tambi\u00e9n la creaci\u00f3n en Roma de colegios para la formaci\u00f3n de cl\u00e9rigos de diversas naciones, favoreciendo se\u00f1aladamente al Colegio Romano, fundado por Ignacio de Loyola en 1551, que tom\u00f3 del pont\u00ed\u00adfice el nombre de Universidad Gregoriana.<\/p>\n<p>El pontificado de Sixto v (1585-1590) marc\u00f3 un nuevo cambio de direcci\u00f3n en el proceso de centralizaci\u00f3n postridentina y de refuerzo de la monarqu\u00ed\u00ada personal del papa. El concilio de Trento, por voluntad de los legados, se abstuvo de tomar decisiones sobre el problema de la reforma de la curia. Este fue acometido por Sixto v con la constituci\u00f3n de 15 congregaciones cardenalicias, destinada cada una a un sector particular de la administraci\u00f3n eclesi\u00e1stica. De este modo, no s\u00f3lo se reorganizaba el trabajo de la curia, sino que se atenuaban las funciones del colegio cardenalicio, que hasta entonces hab\u00ed\u00adan sido las de un senado deliberante junto con el papa. A partir de este momento, y m\u00e1s a\u00fan bajo Clemente viii (1592-1605), el consistorio se convirti\u00f3 en una reuni\u00f3n formal en que el papa comunicaba decisiones previamente tomadas; los cardenales se transformaron en sus ministros, responsables de los diversos dicasterios curiales.<\/p>\n<p>El pontificado de Sixto v representa tambi\u00e9n un momento de transici\u00f3n en la vida de la Iglesia postridentina. Mientras desde P\u00ed\u00ado IV a Gregorio XIII la obra del papado estuvo siempre bajo el dictado de las exigencias y decisiones del concilio, comienza ahora a aflorar una orientaci\u00f3n distinta. Hacia el 1590 desaparecen los \u00faltimos protagonistas de la asamblea tridentina. La nueva generaci\u00f3n ve los decretos conciliares con esp\u00ed\u00adritu diverso del que ha guiado su redacci\u00f3n. Un ejemplo de este cambio de clima puede verse en la suerte que corren los textos originales de la Escritura: el concilio hab\u00ed\u00ada confirmado la autenticidad de la Vulgata; pero Sixto v, con la bula Aeternusille del 1 de marzo de 1590, lleg\u00f3 tan lejos que s\u00f3lo permiti\u00f3 el uso de la Vulgata. El promovi\u00f3 su revisi\u00f3n, que se concluy\u00f3 luego bajo Clemente VIII.<\/p>\n<p>An\u00e1loga rigidez o petrificaci\u00f3n puede observarse tambi\u00e9n en la teolog\u00ed\u00ada. La renovaci\u00f3n de la escol\u00e1stica, que hab\u00ed\u00ada tenido sus m\u00e1ximos protagonistas en los grandes tomistas espa\u00f1oles a mediados del siglo xvi (-> escol\u00e1stica del barroco): Francisco de Vitoria, Domingo de Soto y Melchor Cano, tiende a agotarse. La gran s\u00ed\u00adntesis sistem\u00e1tica de Belarmino, cuyas Disputationes aparecieron entre 1586 y 1593, representa la tentativa de presentar f\u00f3rmulas acabadas, con destino a la controversia, las decisiones teol\u00f3gicas y eclesiolog\u00ed\u00ada embrionaria a\u00fan del concilio de Trento. Dentro de los decretos tridentinos, algunos gozan de preferencia respecto de otros; as\u00ed\u00ad los decretos sobre los sacramentos respecto del decreto sobre la justificaci\u00f3n; y por otro lado se desarrollan m\u00e1s los aspectos institucionales que los propiamente sacramentales. Prevalece en suma una concepci\u00f3n defensiva de la evoluci\u00f3n doctrinal, fruto de la posici\u00f3n hegem\u00f3nica alcanzada por la Inquisici\u00f3n (luego Congregaci\u00f3n del Santo Oficio).<\/p>\n<p>Las consecuencias de este repliegue son visibles aun en la vida de los fieles. La pol\u00e9mica contra la doctrina del sacerdocio universal, elaborada con esp\u00ed\u00adritu subversivo por Lutero, lleva a acentuar m\u00e1s el car\u00e1cter clerical de la Iglesia y a endurecer el dualismo entre jerarqu\u00ed\u00ada y laicado. A ello contribuy\u00f3 tambi\u00e9n la formaci\u00f3n dada al clero en seminarios especiales y el intento de prolongar la concepci\u00f3n medieval de la hierocracia papal (deposici\u00f3n de Isabel de Inglaterra, decretada por P\u00ed\u00ado v en 1570; condenaci\u00f3n por Sixto v de la teor\u00ed\u00ada de la potestas indirecta elaborada por Belarmino; entredicho contra Venecia, lanzado por Paulo v en 1606). La deficiente valoraci\u00f3n del decreto sobre la justificaci\u00f3n favorece un voluntarismo asc\u00e9tico que relega a los laicos a una posici\u00f3n subordinada, puesto que ellos se mezclan en los asuntos temporales. La imposibilidad de una familiaridad personal con la Escritura y la desconfianza hacia la interiorizaci\u00f3n de la vida de piedad, ponen en primer plano las formas tradicionales de devoci\u00f3n (peregrinaciones, culto de las im\u00e1genes y reliquias de los santos, recurso a pr\u00e1cticas indulgenciadas).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, pues, con el \u00faltimo decenio del siglo xvi se entra en lo vivo de la co., cuyos aspectos m\u00e1s salientes son los pol\u00ed\u00adticos. La estrecha cooperaci\u00f3n entre el papado y los pr\u00ed\u00adncipes seculares favorece la restauraci\u00f3n del catolicismo en muchas zonas de Europa; pero a menudo conduce a convertir la Iglesia en instrumentum regni de los nuevos Estados absolutos y de las ambiciones din\u00e1sticas. Desde este punto de vista, despu\u00e9s de la obra de Felipe II en la segunda mitad del siglo XVI, la culminaci\u00f3n de la co. est\u00e1 representada por la guerra de los Treinta A\u00f1os, que acab\u00f3 en la paz de Westfalia (1648). En este per\u00ed\u00adodo se distinguen los pontificados de Clemente VIII (1592-1605), Pablo v (1605-1621), Urbano VIII (1623-1644), Inocencio x (1644-1655).<\/p>\n<p>Mas por debajo de esta fachada pol\u00ed\u00adtico-institucional, que ha terminado por presentar al mundo moderno una Iglesia de rostro deformado, el catolicismo contin\u00faa dando muchas se\u00f1ales de vitalidad religiosa. Mientras Felipe II est\u00e1 empe\u00f1ado en las guerras de religi\u00f3n en los Pa\u00ed\u00adses Bajos y en Francia, la -> m\u00ed\u00adstica espa\u00f1ola alcanza su m\u00e1s alta expresi\u00f3n en Teresa y en Juan de la Cruz. En Italia Felipe Neri da vida a la nueva congregaci\u00f3n de los oratorianos, que armoniza la asc\u00e9tica con una viva sensibilidad human\u00ed\u00adstica. La espiritualidad de Felipe se difundi\u00f3 en Francia en las primeras d\u00e9cadas del siglo xvii por obra de Pierre de B\u00e9rulle, y vino a ser uno de los factores principales de la renovaci\u00f3n de la Iglesia francesa, junto con la piedad humanista de Francisco de Sales (-> escuela francesa). Algunos decenios m\u00e1s tarde Vicente de Pa\u00fal despierta a nueva vida el esp\u00ed\u00adritu de los primeros oratorianos.<\/p>\n<p>Paralelamente se desarroll\u00f3 la actividad misionera por obra de las principales \u00f3rdenes religiosas, que difundieron el catolicismo en Am\u00e9rica y lo hicieron penetrar en el extremo oriente. Los m\u00e9todos de \u00ab-> adaptaci\u00f3n\u00bb de los jesuitas Mateo de Ricci en la China y Roberto de Nobili en la India se apropian la amplia apertura hacia toda civilizaci\u00f3n que hab\u00ed\u00ada propugnado el humanismo.<\/p>\n<p>Hay, en suma, una continuidad, tal vez soterrada, con los motivos m\u00e1s originarios e innovadores del movimiento de reforma, que se hab\u00ed\u00ada desarrollado entre fines del siglo xv y principios del xvi. Bajo el peso de la co., estos motivos quedan reprimidos o rechazados, pero no se pierden del todo; todav\u00ed\u00ada conservan vida para inspirar un nuevo per\u00ed\u00adodo de la historia de la Iglesia, caracterizado no por la lucha, sino por el di\u00e1logo con el -> protestantismo y con el mundo moderno nacido del humanismo (-> edad moderna, historia de la Iglesia desde la).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:<br \/>\nBIBLIOGRAF\u00ed\u008dAS: Schottenloher; E. W. Zeeden, Das Zeitalter der europ\u00e4ischen Glaubens-k\u00e4mpfe. Gegenreformation und Katholische Reform: Saeculum 7 (1956) 231-268; Bibliographie de la R\u00e9forme 1450-1648. Ouvrages parus de 1940-1955, bajo la direcci\u00f3n de la Commission internationale d&#8217;histoire eccl\u00e9siastique compar6e, I ss (Lei 1958 ss); E. W. Zeeden, Literaturbericht, Zeitalter der Glaubensk\u00e4mpfe: Geschichte in Wissenschaft und Unterricht 16 (St 1965) 717-728.<\/p>\n<p>PUBLICACIONES SERIADAS: Schriften des Vereins f\u00fcr Reformationsgeschichte (G\u00fc 1883 ss); ARC; CCath; RGStT; Katholisches Leben und K\u00e4mpfen im Zeitalter der Glaubensspaltung, bajo la dir. de la Gesellschaft zur Herausgabe des CCath (Mr 1926 ss).<\/p>\n<p>DECRETOS CONCILIARES: Conciliorum Oecumenicorum Decreta, ed. J. Alberigo y otros (Fr 1962) 633-775.<\/p>\n<p>MEMORIAS DE LA REFORMA: CT XII-XIII\/1; ARC.<\/p>\n<p>PARA UN CONCEPTO DE LA REFORMA CAT\u00ed\u201cLICA: A. Elkan, Entstehung und Entwicklung des Begriffs Gegenreformation: HZ 112 (1914) 473-493; H. Jedin, Katholische Reformation oder Gegenreformation? (Lz 1946) (bibl.), K. Eder: MI\u00d6G 56 (1948) 461 s y K. D. Schmidt, Katholische Reformation oder Gegenreformation (L\u00fcneburg 1957); E. W. Zeeden: Saeculum 7 (1956) 321-368; E. W. Zeeden-O. Hauser, Zur Periodisierung und Terminologie des Zeitalters der Reformation und Gegenreformation: Geschichte in Wissenschaft und Unterricht 8 (St 1958); R. G. Villoslada, La Contrarreforma: Saggi storici intorno al Papato (R 1959) 189-242; P. G. Camaiani, Interpretazioni della Riforma cattolica e della Contrariforma: Grande Antologia Filosofica 6 (Mi 1964) 329-490.<\/p>\n<p>DESCRIPCIONES: L. v. Ranke, Zur deutschen Geschichte. Vom Religionsfrieden bis zum Drei\u00dfig-j\u00e4hrigen Krieg (L 1869); idem, \u00dcber die Epochen der neueren Geschichte, bajo la dir. de A. Dove (L 1888); W. Maurenbrecher, Geschichte der katholischen Reformation 1 (N\u00f6rdlingen 1880); Pastor, V-XIII; M. Ritter, Deutsche Geschichte im Zeitalter der Gegenreformation und des Drei\u00dfigj\u00e4hrigen Krieges, 3 vols. (St 1889-1907); K. M\u00fcller, KG II\/1-2 (T 1902-19); G. Mentz, Deutsche Geschichte im Zeitalter der Reformation, Gegenreformation und des Drei\u00dfigj\u00e4hrigen Krieges 1493-1648 (T 1913); L. v. Ranke, Deutsche Geschichte im Zeitalter der Reformation, bajo la dir. de P. Joachimsen, 6 vols. (Mn 1925-1926); H. Jedin, Das Bischofsideal der Katholische Reform: Sacramentum Ordinis (Br 1942); A. Cistellini, Figure della Riforma Pretridentina (Brescia 1948); Eder A (bibl.); G. Ritter, Die Neugestaltung Europas im 16. Jh. (B 1950); F. Hartung, Deutsche Geschichte im Zeitalter der Reformation, Gegenreformation und des Drei\u00dfig-j\u00e4hrigen Krieges (B 1951); Schreiber I-II; R. H. Bainton, The Reformation of the XVlth Century (Boston 1952); O.Brunner, Das Konfessionelle Zeitalter. Deutsche Geschichte im \u00dcberblick, bajo la dir. de P. Rassow (St 1953); H. Jedin, Contarini und Camaldoli (R 1953); H. Jedin &#8211; P. Broutin, L&#8217;Eveque dans la tradition Pastorale du XVIe si\u00e9cle (P 1953); W. Neu\u00df, Die Kirche der Neuzeit (Bo 21955); Seppelt IV-V (bibl.); K. Eder; Die katholische Erneuerung: HM VII 114-160; Jedin I-II; W. Maurer, Art. \u00abGegenreformation\u00bb: RGG3 II 1254-1262 (bibl.); E. W. Zeeden, Grundlagen der Konfessionsbildung im Zeitalter der Glaubensk\u00e4mpfe: HZ 185 (1958) 249-299; G. Alberigo, Studi e problemi relativi all&#8217;applicazione del Concilio di Trento in Italia: RSIt 70 (1958) 239-298 (con una relaci\u00f3n bibliogr.); L. Dal Pane, Lo Stato pontificio e il movimento riformatore del settecento (Mi 1959); G. Alberigo, I vescovi italiani al Concilio di Trento (1545-1547) (Fi 1959); K. Brandt, Deutsche Geschichte im Zeitalter der Reformation und Gegenreformation (reed. Mn 1960); H. Jedin, Die P\u00e4pste und das Konzil in der Politik Karls V.: Karl V., bajo la dir. de P. Rassow y F. Schalk (K\u00f6 &#8211; Graz 1960) 104-117; idem, Das tridentinische Bischofs-ideal: TThZ 69 (1960) 237-246; E. W. Zeeden, Art. Gegenreformation\u00bb: LThK2 IV 585-588 (bibl.); L. Willaert, Apr\u00e9s le concile de Trente. La restauration catholique 1563-1648 (P 1960); H. Bornkamm, Das Jahrhundert der Reformation. Gestalten und Kr\u00e4fte (G\u00f6 1961); K. H. Oelrich, Der sp\u00e4te Eramus und die Reformation (Mr 1961); H. Jedin, Art. \u00abKatholische Reform\u00bb: LThK2 VI 84-87 (bibl.); Bihlmeyer-T\u00fcchle 111, espec. 156-209 (bibl.); J. Boisset, Erasme et Luther (P 1962); Lortz R; M\u00fcller, Zur Vorgeschichte des Tridentinums. Karl V. und das Konzil w\u00e4hrend des Pontifikates Clemens&#8217; VII.: ZKG 74 (1963) 83-108; H. Jedin, El concilio de Trento en su \u00faltima etapa 1562\/63 Herder Ba 1965); R. E. McNally, The Council of Trent and the German Protestants: ThSt 25 (1964) 1-22; E. W. Zeeden, Das Konzil von Trient: Oberrheinisches Pastoralblatt 65 (Karlsruhe 1964) 44-55; B. Moeller, Fr\u00f6mmigkeit in Deutschland um 1500: ARG 56 (1965) 5-30; G. Alberigo, Reflexiones sobre el concilio de Trento con ocasi\u00f3n del centenario, en Concilium n.0 7 (1965) 78-99; H. T\u00fcchle, Reformation und Gegenreformation: GdK III (1965); P. Prodi, Ricerche sulla teoria delle arti figurative nella riforma cattolica: Arch. it. Storia d. Pietii 4 (1966) 121-212; H. Jedin, Reforma, reforma cat\u00f3lica y contrarreforma (Manual de historia de la Iglesia t. 5) (Herder Ba V 1973); W. Art\u00fas, Los reformadores espa\u00f1oles del siglo xvi (Aurora B Aires); R. Burgos, Espa\u00f1a en Trento (O.D.E.R. Ma); J. Dagens, El humanismo cristiano (Casal i Vall And); A. Mergal, Reformismo cristiano y alma espa\u00f1ola (Aurora B Aires); V. Carro, Los dominicos y el concilio de Trento (V. Carro Ma).<\/p>\n<p>Giuseppe Alberigo &#8211; Piergiorgio Camaiani<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONTRARREFORMA I. Concepto Los conceptos historiogr\u00e1ficos de reforma cat\u00f3lica (r. c.) y de contrarreforma (co.) fueron originariamente concebidos para expresar dos interpretaciones diversas del movimiento de reforma y reorganizaci\u00f3n de la Iglesia cat\u00f3lica, que tuvo lugar en los siglos xvi y xvii, y del que el concilio de Trento fue a la vez causa y &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reforma-catolica-y\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abREFORMA CATOLICA Y\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-19007","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19007","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19007"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19007\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19007"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19007"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19007"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}