{"id":19009,"date":"2016-02-05T12:11:43","date_gmt":"2016-02-05T17:11:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reforma-eclesiastica\/"},"modified":"2016-02-05T12:11:43","modified_gmt":"2016-02-05T17:11:43","slug":"reforma-eclesiastica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reforma-eclesiastica\/","title":{"rendered":"REFORMA ECLESIASTICA,"},"content":{"rendered":"<p>MOVIMIENTOS DE<\/p>\n<p>I. Fundamentos b\u00ed\u00adblicos<br \/>\nPor la -> justificaci\u00f3n el hombre, que era pecador, viene a ser justo, cosa que antes no era. Deja por tanto, en sentido verdadero, de ser pecador. Pero esta justicia no es una posesi\u00f3n est\u00e1tica, sino que constantemente est\u00e1 expuesta a las acometidas del mundo y confiada a la libre decisi\u00f3n del hombre (G\u00e1l 2, liss; 5, 24ss; 1 Pe 5, 8ss). Adem\u00e1s de los pecados personales del que ya ha sido justificado, adem\u00e1s de divisiones y partidismos (1 Cor 1, 10; 11, 18), puede haber falsas doctrinas (G\u00e1l; Col 2, 8) y pr\u00e1cticas (Col 2, 16-23) que se introducen subrepticiamente en las comunidades. Por consiguiente, todo cristiano, todo miembro de la Iglesia, en su condici\u00f3n de peregrino, es a la vez justo y pecador. Aun en el estado posbaptismal el cristiano debe poner empe\u00f1o en no hacerse conforme al mundo y en renovarse constantemente (Rom 12, 2). Por cuanto la Iglesia se halla compuesta de hombres pecadores, est\u00e1 constantemente sujeta al imperativo de reformarse conforme a la ley de Cristo.<\/p>\n<p>Ahora bien, la -> Iglesia no es s\u00f3lo una agrupaci\u00f3n de creyentes particulares. Es tambi\u00e9n instituci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica fundada por Cristo; en el lenguaje del NT es cuerpo de Cristo, vid, esposa de Cristo, templo de Dios. En cuanto tal, la Iglesia ha recibido la promesa de la santidad; ha de ser \u00absin mancha ni arruga&#8230;, santa e inmaculada\u00bb (Ef 5, 27). La santidad de la Iglesia no excluye los pecados de los cristianos y de los dignatarios eclesi\u00e1sticos; \u00fanicamente subraya la indisolubilidad de la uni\u00f3n de la Iglesia con Cristo. Pero tampoco la Iglesia santa es una magnitud abstracta; su existencia se realiza en la espera del retorno de Cristo y de la venida del reino de Dios. Su santidad es en sentido pleno incarnatoria: la marcha de la Iglesia peregrinante se efect\u00faa en el laberinto de la historia. La Iglesia experimenta y sufre en el sentido m\u00e1s \u00ed\u00adntimo la situaci\u00f3n de este mundo. As\u00ed\u00ad, pues, su proclamaci\u00f3n del evangelio est\u00e1 sujeta a condiciones hist\u00f3ricas y a la ley del pecado: tambi\u00e9n en su car\u00e1cter institucional la Iglesia santa es a la vez Iglesia pecadora.<\/p>\n<p>El concepto de \u00abIglesia pecadora\u00bb no se halla en el NT; en \u00e9l se subraya m\u00e1s bien la santidad. Sin embargo, los enunciados sobre la santidad en el NT tienen marcado car\u00e1cter escatol\u00f3gico y est\u00e1n contrapunteados por una presencia de pecado, afirmada all\u00ed\u00ad pero no sometida a una reflexi\u00f3n expl\u00ed\u00adcita. Mateo, sobre todo, describe el entrelazamiento de pecado y santidad: la Iglesia est\u00e1 constantemente amenazada desde el interior (Mt 24, 10ss). Dios deja tambi\u00e9n margen al mal en la Iglesia: la ciza\u00f1a puede crecer hasta el tiempo de la recolecci\u00f3n, en la red de pesca hay peces buenos y malos (Mt 13, 24 36 47). Juan y Pablo, al subrayar m\u00e1s fuertemente los rasgos ideales de la Iglesia, no excluyen la debilidad, imperfecci\u00f3n, desobediencia y tentaci\u00f3n del pueblo peregrinante de Dios. El Ap (2-3) por su parte considera a las comunidades como pecadoras y necesitadas de conversi\u00f3n. As\u00ed\u00ad, pues, la Iglesia, bajo un doble aspecto, en cuanto se halla compuesta de hombres pecadores y en cuanto marcha a trav\u00e9s del tiempo, est\u00e1 constantemente llamada a modificar su pensar y a convertirse, a renovarse mirando a su origen.<\/p>\n<p>Ahora bien, el concepto de renovaci\u00f3n cristiana en el AT se distingue esencialmente por su car\u00e1cter personal de las ideas de renovaci\u00f3n en la antig\u00fcedad, en la cristiandad medieval y en la edad moderna. A diferencia de las ideas cosmol\u00f3gicas (eterno retorno, edad de oro), vitalistas (idea romana del renacimiento, mito del ave F\u00e9nix, renacimiento teodosiano, idea italiana del -> renacimiento), milenaristas (or\u00e1culos sibilinos, milenarismo de Joaqu\u00ed\u00adn de Fiore) e institucionales (renovatio Imperii), el concepto cristiano de reforma, desarrollado sobre todo por Pablo, parte de la experiencia de la regeneraci\u00f3n o del nuevo nacimiento en Cristo.<\/p>\n<p>La \u00c2\u00b5etam\u00f3rfosis (reformatio) y \u00e1naka\u00ed\u00adnosis (renovatio) significan: reforma personal, renovaci\u00f3n del hombre con vistas a la imagen de Dios (ad imaginem et similitudinem Dei), que seg\u00fan G\u00e9n 1, 26ss fue otorgada al hombre en la creaci\u00f3n y qued\u00f3 alterada luego por el pecado. La reforma o renovaci\u00f3n es seg\u00fan Pablo una continuaci\u00f3n de la regeneraci\u00f3n del -> bautismo, una transformaci\u00f3n del hombre conforme a la imagen de Dios en el conocimiento de la perfecta imagen de Dios que es Cristo (cf. Rom 12, 2; Ef 4, 21; Col 3, 9; 2 Cor 3, 18; 4, 4 16; 5, 17). As\u00ed\u00ad, pues, la idea de reforma en el NT no parte primariamente de instituciones eclesi\u00e1sticas y de deformaciones institucionales, sino de la renovaci\u00f3n de cada uno, y se entiende como mayor conformidad con Cristo en la fidelidad a su mensaje. Acerca de la necesidad de reforma de las instituciones eclesi\u00e1sticas, en el NT s\u00f3lo se dan ciertos pensamientos generales.<\/p>\n<p>II. Historia de la teolog\u00ed\u00ada y de la Iglesia<br \/>\nG. Ladner define la idea de reforma como \u00abesfuerzos libres, conscientes, constantemente perfeccionables y frecuentemente reiterados del hombre, con vistas a resaltar y multiplicar valores preexistentes en el entrelazamiento material-espiritual del mundo\u00bb. El car\u00e1cter individual y personal de la idea cristiana de renovaci\u00f3n predomin\u00f3 a trav\u00e9s de la patr\u00ed\u00adstica y del movimiento de reforma gregoriana hasta la alta edad media. Aun en medio de una terminolog\u00ed\u00ada cambiante, no se perdieron las palabras claves, tales como reformatio-renovatio e imago o similitudo Dei. Entre los padres griegos se halla una doble forma de esta idea de renovaci\u00f3n: el retorno m\u00ed\u00adstico al para\u00ed\u00adso y la restauraci\u00f3n de la perdida semejanza con Dios, y la visi\u00f3n de Dios como una aspiraci\u00f3n amorosa a la uni\u00f3n con \u00e9l, nunca terminada y constantemente renovada. El punto culminante est\u00e1 representado por Cirilo de Alejandr\u00ed\u00ada, con su doctrina del Esp\u00ed\u00adritu Santo como especial causante de la santificaci\u00f3n y the\u00ed\u00adosis del hombre.<\/p>\n<p>Entre los padres latinos, Tertuliano desarrolla la idea de una reforma hacia algo mejor (reformari in melius). Agust\u00ed\u00adn supera totalmente la renovatio in pristinum, que sustituye por una renovatio in melius, mediante la cual las propiedades paradis\u00ed\u00adacas de posse non mori, de posse non peccare, de bonum posse non deserere, se han cambiado por un non posse mori, non posse peccare, bonum non posse deserere (Gen. ad. litt. 6, 25; Corr. et gratia, 33). Agust\u00ed\u00adn desarrolla adem\u00e1s en forma original la doctrina de la semejanza trinitaria del hombre con Dios y as\u00ed\u00ad profundiza considerablemente la idea de renovaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Las repercusiones de esta idea penetraron con fuerza m\u00e1s all\u00e1 de la esfera privada en el \u00e1mbito de la sociedad y dieron lugar a modificaciones sociales. Sin duda su m\u00e1s marcada configuraci\u00f3n institucional fue el monaquismo, que si bien estaba orientado a la propia santificaci\u00f3n, sin embargo influy\u00f3 fuera del claustro como punto de atracci\u00f3n y como fermento. El monje no deja de ser hombre y lleva consigo todo lo humano al desierto. Para Agust\u00ed\u00adn, el imperium del emperador cristiano no era una aut\u00e9ntica imagen de la renovaci\u00f3n cristiana; su Civitas Dei no s\u00f3lo quer\u00ed\u00ada oponerse al paganismo, sino tambi\u00e9n rechazar la irrupci\u00f3n del mundo en la Iglesia (-> agustinismo). La comunidad mon\u00e1stica que reuni\u00f3 en torno a s\u00ed\u00ad en su calidad de obispo de Hipona, quer\u00ed\u00ada contraponer a los cristianos mundanizados de su tiempo un colegio de sacerdotes renovados seg\u00fan el modelo de la comunidad apost\u00f3lica de Jerusal\u00e9n. Esta fusi\u00f3n de vida activa y contemplativa, de una idea de reforma orientada hacia adentro y eficiente hacia afuera, alcanz\u00f3 su punto culminante con Gregorio Magno, que se constituy\u00f3 tambi\u00e9n en realizador pr\u00e1ctico y social de la idea paulina y patr\u00ed\u00adstica de renovaci\u00f3n, p. ej., en su exigencia de liberar a los esclavos, con expresa invocaci\u00f3n de la libertad otorgada de nuevo por Cristo al hombre. El renacimiento carolingio y anglosaj\u00f3n de los siglos viii-ix uni\u00f3 impulsos de renovaci\u00f3n asc\u00e9tico-mon\u00e1sticos y apost\u00f3lico-clericales (-> reforma carolingia). La reforma eclesi\u00e1stica de Gregorio vii aplic\u00f3 la idea paulina de reformas de vida e instituciones eclesi\u00e1sticas. Su lema no era revoluci\u00f3n, sino renovaci\u00f3n de lo existente en la fidelidad a la tradici\u00f3n, en funci\u00f3n de una renovada y m\u00e1s penetrante inteligencia de la Biblia (-> reforma gregoriana). Esta s\u00ed\u00adntesis se logr\u00f3 en forma m\u00e1s marcada en la reforma del derecho can\u00f3nico; la unidad entre Biblia y derecho eclesi\u00e1stico s\u00f3lo se vio disuelta el siglo siguiente cuando Graciano y Pedro Lombardo recogieron por su cuenta las auctoritates.<\/p>\n<p>La eficacia din\u00e1mica, transformadora del mundo, de la idea cristiana de reforma en la edad media, no se manifest\u00f3 solamente en el monaquismo laico benedictino y en las numerosas comunidades de can\u00f3nigos regulares, sino que el movimiento iniciado por Cluny como reforma mon\u00e1stica vino a ser una reforma del clero y finalmente de la Iglesia en general (-> reforma cluniacense). Sus exponentes fueron, adem\u00e1s del papado (Inocencio iii), los concilios, los cistercienses con Bernardo de Claraval y las \u00f3rdenes mendicantes. Francisco de As\u00ed\u00ads se ejercit\u00f3 en la imitaci\u00f3n de Cristo sin sacrificar las vinculaciones con la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica, mostrando as\u00ed\u00ad con su ejemplo de vida a los reformadores seglares la posibilidad de una renovaci\u00f3n evang\u00e9lica sin romper la continuidad eclesial. Porque entonces irrumpi\u00f3 vehementemente con la creciente cr\u00ed\u00adtica de las instituciones eclesi\u00e1sticas la cuesti\u00f3n sobre el c\u00f3mo de la reforma de la Iglesia; esta cuesti\u00f3n, desligada a veces de su referencia primigenia, lleg\u00f3 a estremecer las instituciones y formas de vida tradicionales.<\/p>\n<p>Esta problem\u00e1tica no hab\u00ed\u00ada sido desconocida por la antigua Iglesia. La renuncia a la -> ley (mosaica), propugnada victoriosamente por Pablo y Pedro, las cuestiones de adaptaci\u00f3n &#8211; conservando lo distintivo &#8211; resultantes de la penetraci\u00f3n en el \u00e1mbito pagano, la lucha por formas apropiadas de proclamaci\u00f3n cristiana y de un comportamiento adecuado en la vida, finalmente la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la revelaci\u00f3n en la teolog\u00ed\u00ada de la patr\u00ed\u00adstica, hab\u00ed\u00adan dado lugar a variadas tensiones, que s\u00f3lo pod\u00ed\u00adan ser resueltas mediante decisiones concretas que influyeran en la historia. Estas decisiones &#8211; p. ej., la de una Iglesia popular &#8211; tuvieron consecuencias de gran alcance y no fueron aceptadas sin contradicci\u00f3n. El primer movimiento organizado de protesta con cierta envergadura, que se opuso a esta decisi\u00f3n de la Iglesia universal y entendi\u00f3 la \u00abreforma\u00bb en el sentido de absoluta continencia conyugal, desarrollando a la vez una m\u00ed\u00adstica del martirio, fue el montanismo. Aqu\u00ed\u00ad aparece por primera vez con cierta densidad una reforma que, con su hostilidad contra Roma y con su ansia de la muerte, represent\u00f3 una seria amenaza para la unidad de la Iglesia y ejerci\u00f3 gran atracci\u00f3n sobre esp\u00ed\u00adritus profundos, como Tertuliano. Tambi\u00e9n algunas formas del monaquismo oriental se mov\u00ed\u00adan al margen de la eclesialidad. A una ruptura entre ideal de religiosidad evang\u00e9lica, celo de reforma eclesi\u00e1stica y cr\u00ed\u00adtica de las instituciones de la Iglesia se lleg\u00f3 en los movimientos populares de fidelidad al esp\u00ed\u00adritu apost\u00f3lico, que degeneraron en herej\u00ed\u00adas y estuvieron representados sucesivamente por los valdenses, los -> c\u00e1taros, los lolardos, hasta llegar al -> husismo. Es t\u00ed\u00adpico de estos movimientos, por una parte el subjetivismo de sus jefes espirituales &#8211; ellos mismos se tienen por la verdadera Iglesia &#8211; y, por otra, una excesiva cr\u00ed\u00adtica de las instituciones eclesi\u00e1sticas, que son atacadas con una actitud fan\u00e1tica.<\/p>\n<p>Mientras que el celo reformador de una Catalina de Siena logra penetrar en el \u00e1mbito institucional, la exigencia general de reforma del s. xv, que abarca tanto la reforma de las instituciones, como tambi\u00e9n la renovaci\u00f3n cristiforme de la vida personal, no consigue realizar la s\u00ed\u00adntesis renovadora de la Iglesia en general. Los concilios de reforma de la baja -> edad media lograron, s\u00ed\u00ad, llevar adelante una serie de medidas particulares, pero faltaba la fuerza religiosa para llenar de evangelio la vida del clero y de los seglares. Sobre todo, el papado y la mayor\u00ed\u00ada de los obispos de fines del s. xv y comienzos del xvi no s\u00f3lo descuidaron la necesaria \u00abreforma de las estructuras\u00bb, sino que, adem\u00e1s, con su conformismo mundano declinaron funestamente el encargo paulino de renovaci\u00f3n. Contrariamente a los movimientos exaltados de la reforma de la edad media, a los que faltaba la vinculaci\u00f3n jer\u00e1rquica e institucional, los concilios iv y v de Letr\u00e1n representaron tentativas de reforma eclesi\u00e1sticamente correctas, pero que, al no estar vitalizadas evang\u00e9licamente, no pasaron de la pura ortodoxia formal. La tentativa de soluci\u00f3n radical de Lutero fue un reto lanzado a la Iglesia no reformada. Su repudio de instituciones eclesi\u00e1sticas constitutivas, como tambi\u00e9n del ministerio de Pedro y de doctrinas cat\u00f3licas tradicionales, no procedi\u00f3 de un impulso revolucionario. A juicio de Lutero, tales instituciones y doctrinas imped\u00ed\u00adan la mirada al evangelio, al que \u00e9l quer\u00ed\u00ada volver en obediencia a Dios. La ruptura de la -> reforma protestante con la tradici\u00f3n no origin\u00f3 directamente una renovaci\u00f3n de la Iglesia en general, sino que en primer lugar dividi\u00f3 el occidente latino. Sin embargo, indirectamente, la presi\u00f3n de la reforma protestante aceler\u00f3 tambi\u00e9n los empe\u00f1os de renovaci\u00f3n dentro de la Iglesia romana, que en Italia y en Espa\u00f1a, con frecuencia independiente de la presi\u00f3n exterior, hab\u00ed\u00adan surgido desde dentro hacia fuera y emprendieron la reforma de las instituciones, necesaria desde tanto tiempo.<\/p>\n<p>Finalmente, a mediados del s. xvi, el movimiento cat\u00f3lico de renovaci\u00f3n, que empujaba de la periferia hacia el centro de la Iglesia, alcanz\u00f3 al papado y en el concilio de Trento se convirti\u00f3 en reforma eficaz de la Iglesia, cuyas instituciones purificadas hicieron que volviese a manifestarse convenientetemente dentro de ella la renovaci\u00f3n personal (-> reforma cat\u00f3lica y contrarreforma).<\/p>\n<p>Graves consecuencias tuvo el hecho de que la reforma del s. xvi s\u00f3lo alcanzara su objetivo a trav\u00e9s de una divisi\u00f3n de la Iglesia y con ello errara su verdadero blanco, pagando un tributo tan elevado como el de la divisi\u00f3n eclesi\u00e1stica. Ante todo las comunidades protestantes se vieron confirmadas en su idea de que el hecho de \u00abhaber sido reformadas (sus Iglesias) conforme a la palabra de Dios\u00bb las dispensaba de seguir critic\u00e1ndose a s\u00ed\u00ad mismas, puesto que la reforma de la Iglesia se hab\u00ed\u00ada efectuado de una vez para siempre. Aqu\u00ed\u00ad se foment\u00f3 pr\u00e1cticamente una justicia propia \u00abreformatoria\u00bb; el exclusivismo del predicado de \u00abreformados\u00bb s\u00f3lo se abandon\u00f3 dentro de los sectores protestantes all\u00ed\u00ad donde se estaba dispuesto a romper con la Iglesia de la reforma petrificada institucionalmente o incluso con la doctrina de la Iglesia. As\u00ed\u00ad, pues, la reforma dentro de las Iglesias reformadas sigui\u00f3 dividiendo a \u00e9stas mismas. An\u00e1logamente vino a embotarse tambi\u00e9n dentro del catolicismo romano la voluntad de reforma en la fase tard\u00ed\u00ada de la \u00e9poca postridentina. La modalidad de ruptura de la unidad que llevaba consigo la reforma protestante forz\u00f3 a la Iglesia cat\u00f3lica a encerrarse en una posici\u00f3n antirreformatoria, que dio una impronta de defensa y de resistencia a sus reformas institucionales, a su reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y hasta a su vida de piedad. Con ello se foment\u00f3 la tendencia a echar mano de los medios f\u00e1ciles de la actitud defensiva, a contentarse con un pensar restablecedor de lo antiguo, siendo as\u00ed\u00ad que lo indicado era una reestructuraci\u00f3n radical.<\/p>\n<p>La obra de reforma de Trento era valorada en exceso, por cuanto los c\u00ed\u00adrculos jer\u00e1rquicos ve\u00ed\u00adan en ella un modelo atemporal de reforma de las instituciones eclesi\u00e1sticas. Esto no era posible por el mero hecho de que en Trento no hab\u00ed\u00ada existido un plan deliberado de reforma de la propia concepci\u00f3n de la Iglesia sobre s\u00ed\u00ad misma a base de una reflexi\u00f3n hist\u00f3rica. Una cierta autosatisfacci\u00f3n postridentina hizo que pasara a sectores eclesi\u00e1sticos perif\u00e9ricos la idea eclesi\u00e1stica de reforma en los tiempos modernos. As\u00ed\u00ad sucedi\u00f3 que parte de las reformas intracat\u00f3licas de este per\u00ed\u00adodo resbalaron a la periferia y siguieron proliferando en el subsuelo de la Iglesia.<\/p>\n<p>El af\u00e1n, as\u00ed\u00ad marginado, de reforma eclesi\u00e1stica se expres\u00f3 en movimientos como el -> jansenismo, el -> episcopalismo y la ilustraci\u00f3n eclesi\u00e1stica, que en su fase tard\u00ed\u00ada vinieron a convenirse sencillamente en recept\u00e1culo de las criticas a las instituciones de la Iglesia. Poco a poco se fue constituyendo un programa jansenista de reforma, que abarc\u00f3 tanto la vida interior como las estructuras externas: rigorismo moral, tendencia a la interioridad, devoci\u00f3n ordenada, repudio del fausto y pompa en el catolicismo -> barroco y de sus \u00abdevocioncillas\u00bb, mejoramiento de la pastoral y de la situaci\u00f3n del clero secular, revivificaci\u00f3n de la vida sinodal, mayor realce dado a los obispos como sucesores de los ap\u00f3stoles frente al centralismo de la curia, como tambi\u00e9n frente a las \u00f3rdenes religiosas. Al lado de esto fluye una copiosa corriente de reforma subordinada a la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica; pero en los siglos XVII y XVIII no logra ya por s\u00ed\u00ad misma ninguna reforma radical de las instituciones eclesi\u00e1sticas; su misma irradiaci\u00f3n sobre la sociedad queda por detr\u00e1s de la de tiempos anteriores. La -> ilustraci\u00f3n y sobre todo la transformaci\u00f3n de la sociedad por la -> revoluci\u00f3n francesa &#8211; cuya ideolog\u00ed\u00ada se alimenta en gran parte de elementos cristianos ca\u00ed\u00addos en olvido &#8211; avanzan en franco enfrentamiento con el cristianismo y con la Iglesia. Una ideolog\u00ed\u00ada restauradora proyect\u00f3 sombras sobre la reforma institucional de la Iglesia en el s. xIx y en parte le quit\u00f3 eficacia; sin embargo, se puso de manifiesto que la renovaci\u00f3n personal pod\u00ed\u00ada desarrollarse tambi\u00e9n en estructuras debilitadas, impugnadas e inadaptadas a los tiempos.<\/p>\n<p>Las grandes visiones reformadoras de J.H. Newman, A. Rosmini y F. de La Mennais en el s. xix no se vieron realizadas en su tiempo. La labor intelectual de Newman, dirigida m\u00e1s a la teolog\u00ed\u00ada, aunque tambi\u00e9n a la renovaci\u00f3n de la Iglesia entera a partir de una estructura eclesi\u00e1stica abierta, muri\u00f3 en germen sin dar frutos eclesi\u00e1sticos hasta el s. xx. La visi\u00f3n prof\u00e9tica del futuro por parte de La Mennais (uni\u00f3n de Iglesia y pueblo, abolici\u00f3n de los concordatos, libertad de las minor\u00ed\u00adas religiosas, confianza en la forma democr\u00e1tica del Estado, justicia social para los trabajadores), con su exigencia de un aggiornamento adecuado a los tiempos, no obtuvo la aprobaci\u00f3n de la autoridad eclesi\u00e1stica y s\u00f3lo en el s. xx ha influido en la reestructuraci\u00f3n de las relaciones entre \u00ab-> Iglesia y mundo\u00bb. La impaciencia con la falta de voluntad de reforma de la Cathedra Petri llev\u00f3 al profeta mismo a una ruptura con la Iglesia. El catolicismo alem\u00e1n representa una tentativa &#8211; fracasada en su punto de partida &#8211; de emprender por su cuenta reformas eclesi\u00e1sticas. Los -> viejos cat\u00f3licos lograron captar un ansia oculta y marginal de reforma, anticipando adaptaciones estructurales integradas m\u00e1s tarde parcialmente por la Iglesia universal en el concilio Vaticano u. No obstante la considerable sagacidad intelectual e hist\u00f3rica de tales reformas, \u00e9stas no lograron la revitalizaci\u00f3n que es el verdadero fin de toda reforma estructural.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n de tensi\u00f3n hostil entre el catolicismo y el mundo moderno y la renovaci\u00f3n restauradora del pensar teol\u00f3gico en el tomismo, provocaron un movimiento de adaptaci\u00f3n a la cultura moderna, que en zonas de habla alemana se design\u00f3 como Reformkatholizismus (catolicismo reformista). Sin embargo, este nombre, actualmente abandonado, suscita falsas representaciones tocante a su amplitud y a su significado, pero sobre todo tocante a la naturaleza de un movimiento de reforma. Las m\u00e1s de las veces se trataba de intelectuales que desarrollaban sus preocupaciones en escritos program\u00e1ticos literarios. Ese movimiento va desde el diletantismo verbal de un F.X. Kraus, que reclamaba un \u00abcatolicismo religioso\u00bb, a trav\u00e9s del ensayo original, fiel a la Iglesia, de H. Schell, hasta el modernismo, cuya problem\u00e1tica teol\u00f3gica estaba entreverada con numerosos postulados de readaptaci\u00f3n eclesi\u00e1stica. De una pugna pr\u00f3diga en tensiones con representaciones tenaces de la jerarqu\u00ed\u00ada y con las amonestaciones cautelosas del magisterio romano, surgieron el movimiento lit\u00fargico (->liturgia, D), el ecum\u00e9nico (-> ecumenismo, A) y el de seglares dentro del catolicismo romano.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la segunda guerra mundial se hicieron notar, sobre todo en Francia, fuertes corrientes de reforma. Con este reformismo desde abajo se asoci\u00f3 en el Vaticano II la exigencia del papa de un aggiornamento conforme a los tiempos. Lo tr\u00e1gico de la evoluci\u00f3n intraeclesi\u00e1stica de la -> edad moderna ha consistido en que una sana cr\u00ed\u00adtica intraeclesi\u00e1stica, que es el presupuesto de toda renovaci\u00f3n, tanto personal como estructural, no haya podido expresarse francamente en la Iglesia, sino que se haya visto forzada a moverse casi \u00fanicamente en las capas subterr\u00e1neas. Dado que el reformismo en la Iglesia fue reprimido artificialmente, ha resultado que aun despu\u00e9s de la apertura llevada a cabo por el Vaticano ii se sigue sintiendo una cierta necesidad de reformas todav\u00ed\u00ada no realizadas. El que esto haya provocado malentendidos en la \u00e9poca postconciliar acerca de la naturaleza de la reforma eclesi\u00e1stica, y el hecho de que la insistencia primordial en un despojarse del lastre innecesario y la adaptaci\u00f3n con poca reflexi\u00f3n al esp\u00ed\u00adritu del tiempo hayan podido confundirse con una \u00abreforma\u00bb, son circunstancias que hacen resaltar tanto m\u00e1s la urgencia de un aut\u00e9ntico aggiornamento con vistas a la conversi\u00f3n radical a Cristo, que ha de realizarse siempre de nuevo.<\/p>\n<p>III. Aspecto sistem\u00e1tico<br \/>\nEl cristiano particular, pero tambi\u00e9n la Iglesia que en su peregrinaci\u00f3n va al encuentro del Se\u00f1or venidero, se ven remitidos constantemente a su origen, por lo que hace a su reforma. Reforma de la Iglesia es por tanto obediencia a Cristo; en aras de una mayor conformidad con Cristo, el cristiano somete a constante examen su vida personal, y lo mismo hace la Iglesia respecto de sus instituciones nacidas hist\u00f3ricamente, en las que llega al hombre la buena nueva. As\u00ed\u00ad, en la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia del Vaticano ii se dice que \u00e9sta queda lesionada por los pecados de los cristianos, que es semper purificanda, que poenitentiam et renovationem semper prosequitur y que seipsam renovare non desinit (n\u00c2\u00ba. 81ss). Por ello en la reforma de la Iglesia no se trata en el fondo de mero mejoramiento de la misma, ni de adaptaci\u00f3n t\u00e1ctica o de virajes oportunistas, sino del esfuerzo humilde por seguir a Cristo, el cual nunca se desarrolla hasta la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>De ning\u00fan modo puede aceptarse la concepci\u00f3n de que la Iglesia cat\u00f3lica es irreformable, como opinaban algunos te\u00f3logos cat\u00f3licos y fil\u00f3sofos racionalistas en los siglos xix y xx. La Iglesia se entiende a s\u00ed\u00ad misma como Ecclesia semper reformanda. La reforma de la Iglesia no es por tanto mera reforma de la mentalidad ni mera correcci\u00f3n de abusos, aunque ambas cosas van de la mano y deben compenetrarse a fin de renovar verdaderamente a la Iglesia. Una aut\u00e9ntica reforma de la mentalidad aportar\u00e1 siempre la valent\u00ed\u00ada prof\u00e9tica de un confesor para forzar la transformaci\u00f3n de instituciones y modos de pensar. Una correcci\u00f3n de abusos que responda a la realidad tendr\u00e1 siempre presente su car\u00e1cter provisional, a fin de no convertirse en un fin en s\u00ed\u00ad. Est\u00e1 ya condenada como concesi\u00f3n superficial al esp\u00ed\u00adritu del tiempo, si no produce verdadera vida evang\u00e9lica. Est\u00e1 constantemente expuesta al peligro de reducirse a meras palabras, si con todo cambio en la marcha de la Iglesia no se lleva a cabo la dif\u00ed\u00adcil conversi\u00f3n a Cristo crucificado. En la tensi\u00f3n entre estos dos polos se realiza la reforma cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>En cuanto la reforma eclesi\u00e1stica se refiere a instituciones y estructuras, se pueden distinguir diversas etapas bajo el aspecto sociol\u00f3gico: adaptaci\u00f3n, desarrollo, apertura, modificaci\u00f3n de las estructuras. En \u00e9pocas de transformaci\u00f3n de las estructuras sociales y civilizadoras, se impone a la Iglesia una revisi\u00f3n y nueva configuraci\u00f3n creadora de sus propias estructuras nacidas hist\u00f3ricamente, en mayor grado que en \u00e9pocas que transcurren tranquilamente. En efecto, la Iglesia en su existencia hist\u00f3rica est\u00e1 constantemente envuelta en los influjos de la cultura circundante (estructuras nacionales y sociales) y siempre se ve expuesta al peligro del sincretismo y de la mundanizaci\u00f3n. Desde los primeros tiempos del cristianismo y sobre todo desde la paz constantiniana se ha vinculado de m\u00faltiples maneras con su contorno social, aunque sin dejar nunca de estar guiada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Por consiguiente, el que puedan ser necesarias radicales modificaciones de estructuras, cuyo ritmo dependa en cada caso de la respectiva transformaci\u00f3n de la sociedad, es una consecuencia necesaria de la situaci\u00f3n hist\u00f3rica de la Iglesia. Esta no puede tener nunca la pretensi\u00f3n de haber agotado totalmente la riqueza del evangelio.<\/p>\n<p>Esa tarea de adaptaci\u00f3n y de transformaci\u00f3n puede ser dificil y dolorosa, ya que a veces algo nacido accidentalmente est\u00e1 tan \u00ed\u00adntimamente entrelazado con lo esencial, que esto mismo puede verse perjudicado si se llevan a cabo innovaciones abruptamente y con falta de tacto. As\u00ed\u00ad existe una serie de actitudes defectuosas contra las que conviene poner en guardia. Por el lado tenazmente conservador: timidez recelosa, obediencia poco reflexiva, costumbre, rutina, cerraz\u00f3n defensivo, optimismo satisfecho, integrismo, mentalidad legalista, ansia consciente o inconsciente de poder, concepci\u00f3n ideologizada de la historia y teolog\u00ed\u00ada r\u00ed\u00adgidamente formal. Por el lado progresista: af\u00e1n de adaptaci\u00f3n perif\u00e9rica, ansia de experimentos sin tener la mirada puesta en el todo, entusiasmo por un progreso secularizado, ingenuo optimismo mundano, futurismo, falta de discernimiento de lo cristiano, recusaci\u00f3n de la Iglesia corporal y concreta, subjetivismo que a\u00ed\u00adsla, impaciencia que no aguarda el momento oportuno (patience des d\u00e9lais: Congar). La historia de la Iglesia a partir del donatismo, pasando por la reforma luterana, hasta las tentativas de adaptaci\u00f3n del s. xix, muestra suficientemente que no basta un esp\u00ed\u00adritu de reforma subjetivamente puro y sincero para llevar a cabo una renovaci\u00f3n de la Iglesia sin cisma y sin ruptura de su continuidad. Evidentemente la soluci\u00f3n no podr\u00e1 consistir en un compromiso entre la corriente \u00abconservadora\u00bb y la \u00abprogresista\u00bb dentro de la Iglesia, sino en la cosa misma, en la fidelidad a la plenitud cat\u00f3lica. El transcurso de la historia de la Iglesia viene determinado por el ritmo de las reformas que una y otra vez conducen a la Iglesia hacia su principio, hacia Jesucristo.<\/p>\n<p>Por consiguiente, la reforma de la Iglesia no puede nunca quedar concluida de una vez para siempre, ni tampoco puede consistir en la ejecuci\u00f3n legalista de decisiones de concilios. En definitiva, se sustrae a manipulaciones por parte de instituciones, que a su vez pueden caer en un proceso de petrificaci\u00f3n. La idea directriz adecuada de la renovaci\u00f3n es la \u00abantigua Iglesia\u00bb, en cuanto por su proximidad a Cristo y a los sujetos del kerygma apost\u00f3lico posee car\u00e1cter normativo para toda estructuraci\u00f3n cristiana de tiempos posteriores. Pero debe excluirse, tanto un falso romanticismo en torno a la Iglesia primitiva, como una precipitada aplicaci\u00f3n de soluciones cristianas primitivas a los objetivos de una reforma. M\u00e1s bien, la s\u00ed\u00adntesis de la Iglesia primitiva entre conversi\u00f3n interior y transformaci\u00f3n de la forma exterior, es el modelo valedero de toda renovaci\u00f3n que penetre hasta las profundidades de la existencia cristiana y est\u00e9, por consiguiente, encarnada tambi\u00e9n en los cristianos particulares. Los que renueven la Iglesia no ser\u00e1n ni los reformistas a voz en cuello ni los tradicionalistas medrosos, sino los que, dej\u00e1ndose penetrar m\u00e1s y m\u00e1s de Cristo, le oyen a trav\u00e9s de todas las transformaciones hist\u00f3ricas, a fin de formular la fe integral \u00abmediante una esfuerzo renovado\u00bb (Juan xxiii). Esto presupone en concreto una disposici\u00f3n para sufrir juntamente con la Iglesia corp\u00f3rea, constantemente necesitada de reforma, disposici\u00f3n que, en la fidelidad a la Iglesia estructurada jer\u00e1rquicamente, no teme verse empotrada con Cristo en los fundamentos de la Iglesia del futuro.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:<br \/>\n1. GENERAL: H. Schell, Der Katholizismus als Prinzip des Fortschrittes (Will 1897); idern, Die neue Zeit und der alte Glaube (WO 1898); J. M\u00fcller, Der Reformkatholizismus, die Religion der Zukunft (Barmen 1898); E. Michel, Kirche und Wirklichkeit (Je 1923); idem, Politik aus dem Glauben (Je 1926); idem, Von der kirchlichen Sendung des Laien (F 1934); F. Heiler, Der Katholizismus. Seine Idee und seine Erscheinung (B &#8211; L 1923); idem, Die religi\u00f6sen Bewegungen im r\u00f6m. Katholizismus der Gegenwart: IKZ 18 (1928) 236-257; idem, Altkirchliche Autonomie und p\u00e4pstlicher Zentralismus (B 1940); E. Jung, Radikaler Reformkatholizismus (11935); H. Hermelinck, Innerkirchliche Reformbewegungen im deutschen Katholizismus der Gegenwart: ThRv 12 (1940) 189-235; G. Maron, Reformkatholizismus: RGG3 V 896-903; A. Hagen, Der Reformkatholizismus in der Di\u00f6zese Rottenburg (St 1962); P. Wacker, Theologie als \u00f6kumenischer Dialog. Hermann Schell und die \u00f6kumenische Situation der Gegenwart (Mn &#8211; Pa &#8211; W 1965) (cap. 1).<\/p>\n<p>2. A LA LUZ DE LA HISTORIA DB LA IGLESIA<br \/>\nU. Holzmeister, Die Magdalenenfrage in der kirchlichen \u00fcberlieferung: ZKTh 46 (1922) 402-422 556-584; P. E. Schramm, Kaiser &#8211; Rom &#8211; Renovatio. Studien zur Geschichte des r\u00f6mischen Erneuerungsgedankens vom Ende des Karolingischen Reiches bis zum Investiturstreit (Darmstadt 21957); R. A. Knox, Enthousiasm Clarendon Press (\u00ed\u201c 1950); H. Riedlinger, Die Makellosigkeit der Kirche in den lat. Hohelied-Kommentaren des MA (Mr 1958); R. Cross, The Emergence of Liberal Catholicism in America (C [Mass.] 1958); G. B. Ladner, The Idea of Reform. Its Impact an Christian Thought and Action in the Age of the Fathers (C [Mass.] 1958); idem, Erneuerung: RAC VI 240-275; H. Grundmann, Oportet et haereses esse: AKG 45 (1962) 129-164; idem, Ketzergeschichte des MA (G\u00f6 1963); J. Leclercq, Die Bibel in der Gregorianischen Reform: Concilium 2 (1965) 507-514; E. Iserloh, Reform: der Kirche bei Nikolaus von Kues (Wie 1965); P. Stockmeier, Die Alte Kirche &#8211; Leitbild der Erneuerung: ThQ 146 (1966) 385-408; J. Dagens, El humanismo cristiano (Casal i Vati And); A. Mergal, Reformismo cristiano y alma espa\u00f1ola (Aurora B Aires); A. del Toro, La crisis del pensamiento cristiano en el siglo XVI (Rialp Ma).<\/p>\n<p>3. SISTEM\u00ed\u0081TICA: P. W. Keppler, Wahre und falsche Reform (Fr 21903); H. de Lubac, Catholicisme, Aspects sociaux du dogme (P 41947); Rahner VI 295-313 (Iglesia de los peca-dores); K. Rahner, El pecado en la Iglesia, en G. Bara\u00fana, La Iglesia del Vaticano II (C M\u00e9d Ba 1 1966) 433 ss; K. Adam, Das Problem des Geschichtlichen im Leben der Kirche: ThQ 128 (1948) 257-300; Y. Congar, Verdadera y falsa reforma en la Iglesia (Fora de Cult Val 1954); l&#8217;Eglise (P 1950) (b\u00e1sico); idem, Comment i&#8217;Eglise sainte doit se renouveler sans cesse?: Sainte Eglise (P 1963) 131-154; H. U. v. Balthasar: Schleifung der Bastionen (Ei 1952); idem, Casta Meretrix: Sponsa Verbi. Ensayos teol\u00f3gicos (Crist Ma 1964) 239 ss; idem, Cordula oder der Ernstfall (Ei 1966); 0. Ku\u00df, Bemerkungen zu dem Fragekreis: Jesus und die Kirche im Neuen Testament: ThQ 135 (1955) 28-55 150-183; W. A. Visser&#8217;t Hooft, Le renouveau de l&#8217;Eglise (P 1956); M. Lack-mann &#8211; H. Asmussen &#8211; E. Finke &#8211; W. Lehmann &#8211; R. Baumann, Katholische Reformation (St 21960); A. H. Maltha, Die neue Theologie (Mn 1960); H. K\u00fcng, Reform der Kirche: HThG I 822-827; idem, El concilio y la uni\u00f3n de los cristianos (Herder Ba 21962); idem, Theologie und Kirche (Ei 1964); P. Marl\u00e9, Aggiornamento: Etudes 107 (1962) 21-29; B. H\u00e4ring, Tradition und Anpassung im Lichte des Geheimnisses der Inkarnation: Kirche und \u00dcberlieferung (homenaje a J. R. Geiselmann) (Fr 1960); K. Brockm\u00f6ller, Christentum am Morgen des Atomzeitalters (F 31965); idem, Industriekultur und Religion (F 1963); J. D\u00f6pfner, Reform als Wesenselement der Kirche (W\u00fc 1964); J. Bavouzet &#8211; J. Heckenroth, Aggiornamento ou mutation (Cachan 1965); R. Adolfs, Die Kirche ist anders. Alte Wahrheiten, Neue Wege (Graz- W &#8211; K\u00f6 1965); J. A. T. Robin-son, The New Reformation? (Lo 1965); A. Mirgeler, Was hei\u00dft aggiornamento wirklich: Wort und Wahrheit 21 (W 1966) 52-57; E. Poulat, La soci\u00e9t6 religieuse et le probl\u00e9me du changement: Revue frangaise de sociologie 7 (P 1966) 291-305; K. v. Bismarck-W. Dirks (dir.), Neue Grenzen. \u00d6kumenisches Christentum morgen, 2 vols. (St &#8211; B 1966-67); B. van Basen, Change and Renewal (Dublin &#8211; Melbourne 1966); Was hei\u00dft aggiornamento wirklich?: HerKorr 21 (1967) 1-7; Die Verantwortung der Bisch\u00f6fe. Ihre Rolle bei der Erneuerung der Kirche nach dem Konzil: Wort und Wahrheit 22 (W 1967) 9-22; C. Schreuder, Gestaltwandel der Kirche. Vorschl\u00e4ge der Erneuerung (Olten &#8211; Fr 1967); J. Ch. Hampe (dir.), Die Autorit\u00e4t der Freiheit, 3 vols. (Mn 1967).<\/p>\n<p>Viktor Conzemius<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MOVIMIENTOS DE I. Fundamentos b\u00ed\u00adblicos Por la -> justificaci\u00f3n el hombre, que era pecador, viene a ser justo, cosa que antes no era. Deja por tanto, en sentido verdadero, de ser pecador. Pero esta justicia no es una posesi\u00f3n est\u00e1tica, sino que constantemente est\u00e1 expuesta a las acometidas del mundo y confiada a la libre &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/reforma-eclesiastica\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abREFORMA ECLESIASTICA,\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-19009","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19009","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19009"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19009\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19009"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19009"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19009"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}