{"id":19024,"date":"2016-02-05T12:12:12","date_gmt":"2016-02-05T17:12:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santo-lo\/"},"modified":"2016-02-05T12:12:12","modified_gmt":"2016-02-05T17:12:12","slug":"santo-lo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santo-lo\/","title":{"rendered":"SANTO, LO"},"content":{"rendered":"<p>I. Historia del problema<br \/>\nDebido a E. Durkheim, N. S\u00f6derblom y R. Otto lo s. se ha convertido en concepto fundamental del estudio comparado de las -\u00bb religiones. Pero la peculiaridad y originalidad incomparables de lo significado con este concepto han sido tema constante no s\u00f3lo de la experiencia del hombre, sino tambi\u00e9n de la conciencia refleja de s\u00ed\u00ad mismo, y se convirti\u00f3 en uno de los grandes temas del pensamiento tan pronto como la explicaci\u00f3n de lo s. en el -\u00bb culto y el -\u00bb mito ya no fue suficiente.<\/p>\n<p>En occidente el primer pensador que reflexiona sobre lo s. es Plat\u00f3n, tras el esfuerzo de los presocr\u00e1ticos. Se refiere a lo s. con el nombre de agath\u00f3n, de theion y de th\u00e9os. Lo designado ah\u00ed\u00ad es perceptible por los sentidos en la imagen del sol (que da luz y vida a todo), que no es s\u00f3lo un astro inmutable, sino a la vez aparici\u00f3n de lo \u00abrepentino\u00bb y \u00ablo \u00fanico digno de toda serenidad bienaventurada\u00bb, hasta tal punto que el hombre debe ser su \u00abjuguete\u00bb (Leg.803 BC). En Arist\u00f3teles lo s. aparece despojado de este car\u00e1cter repentino, y queda introducido en lo permanente y absolutamente verdadero y bueno; y, a pesar de su trascendencia como no\u00e9sys no\u00e9seos, se presenta como primer principio del mundo. Posteriormente, lo mismo que la visi\u00f3n plat\u00f3nica se radicaliza en el neoplatonismo de Plotino, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la actitud espiritual aristot\u00e9lica se hace m\u00e1s radical en la doctrina estoica de la raz\u00f3n del mundo.<\/p>\n<p>El cristianismo adquiere la experiencia de lo s. en la -> revelaci\u00f3n; pero la interpreta con los medios del pensamiento griego. Esta interpretaci\u00f3n ve en Jesucristo (simplificando podr\u00ed\u00adamos decir que con un matiz aristot\u00e9lico en el mundo escolar y con una mentalidad plat\u00f3nica en la m\u00ed\u00adstica) juntamente la raz\u00f3n absoluta de la metaf\u00ed\u00adsica y la absoluta manifestaci\u00f3n de lo s., sin que se plantee a su vez el problema expl\u00ed\u00adcito de la manera concreta como se realiza esa unidad (podr\u00ed\u00adan hallarse ciertos indicios en la disputa de los universales).<\/p>\n<p>La aparici\u00f3n expresa de esta cuesti\u00f3n y el esfuerzo por lograr una s\u00ed\u00adntesis caracterizan la obra de Nicol\u00e1s de Cusa. Lo que aqu\u00ed\u00ad se anuncia, se realiza en la filosof\u00ed\u00ada moderna como un proceso cada vez m\u00e1s decidido de \u00abtrascendentalizaci\u00f3n\u00bb de lo s. Mientras que en su teolog\u00ed\u00ada especulativa Hegel cree que puede \u00abcomprender\u00bb lo s., las filosof\u00ed\u00adas posteriores de Fichte y Schelling consideran lo s. como aquel absoluto ser y vida en que el hombre, tras el fracaso del conocimiento, alcanza la plenitud en su realizaci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad como los mencionados fil\u00f3sofos de la religi\u00f3n tratan de poner a salvo la categor\u00ed\u00ada de lo s. frente a su negaci\u00f3n por parte de interpretaciones psicol\u00f3gicas, biol\u00f3gicas o sociol\u00f3gicas, M. Scheler y la filosof\u00ed\u00ada de los valores hacen eso mismo frente a su transformaci\u00f3n en categor\u00ed\u00ada cultural por parte de la escuela b\u00e1dica del neokantismo, as\u00ed\u00ad como frente al encubrimiento de su aut\u00e9ntica naturaleza en una neoescol\u00e1stica (cf. -> escol\u00e1stica, G) insuficiente.<\/p>\n<p>Tanto aqu\u00ed\u00ad como all\u00ed\u00ad se ha hecho poco efectivo un rasgo decisivo de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de lo s.: su car\u00e1cter epocal-hist\u00f3rico. Ha insistido en esto M. Buber, en sus escritos y en su traducci\u00f3n alemana de la Biblia con F. Rosenzweig; y aqu\u00ed\u00ad entra tambi\u00e9n en juego el pensamiento de M. Heidegger, que no se remite arbitrariamente a H\u00f6lderlin, el poeta \u00abm\u00ed\u00adstico\u00bb del destino occidental de la fe. Ha sido Heidegger sobre todo el que ha sacado la idea de lo s. de su yuxtaposici\u00f3n o contraposici\u00f3n al ser o a los trascendentales, lugar en que hab\u00ed\u00ada venido a parar debido a las controversias (de tal manera que se le atribu\u00ed\u00ada un \u00f3rgano propio para su percepci\u00f3n). Para referirse a la abismal originalidad de lo s., Heidegger no habla como Pascal del Dios de Abraham, Isaac y Jacob, pero tambi\u00e9n \u00e9l se refiere al \u00abDios (m\u00e1s) divino\u00bb frente al Dios de los fil\u00f3sofos. En todo caso, de lo s. s\u00f3lo puede hablarse con sentido y honradez si lo experimentamos nuevamente o, m\u00e1s bien, si lo s. mismo se acerca a nuestra experiencia.<\/p>\n<p>Hoy d\u00ed\u00ada, \u00bfse nos ha sustra\u00ed\u00addo efectivamente lo s., o se nos da solamente bajo la forma de \u00absustracci\u00f3n\u00bb, o es que su presencia adquiere simplemente una forma nueva, todav\u00ed\u00ada desacostumbrada? Parece que hay indicios de esto (cf. Bibliograf\u00ed\u00ada, p. ej., en H.U. v. Balthasar y B. Wehe), como si tampoco hoy el preguntar preocupado debiera ser la \u00faltima palabra del pensamiento.<\/p>\n<p>J\u00f6rg Splett<br \/>\nII. La pregunta por lo santo<br \/>\n1. Pensar en lo s. no significa pensar en la -> santidad como -> propiedad de Dios o de cosas, lugares, tiempos o seres santos; no se trata, pues, del contenido del adjetivo s. como un atributo que puede afirmarse de alguien o de algo. Lo s. tampoco se refiere a un adjetivo neutro sustantivado, aplicado a diversas modalidades, en las que el supremo origen se entiende ya personal ya impersonalmente. La consideraci\u00f3n de lo s. busca m\u00e1s bien el \u00e1mbito o dimensi\u00f3n en que este supremo origen puede descubrir su peculiar faz divina y prestarse a un encuentro con el hombre.<\/p>\n<p>2. \u00bfPero lo s. as\u00ed\u00ad entendido tiene importancia para la teolog\u00ed\u00ada cristiana en general? Pues \u00e9sta sabe d\u00f3nde aparece el origen divino: en su revelaci\u00f3n, que se consuma de una vez y definitivamente en Jes\u00fas. Sin embargo, la teolog\u00ed\u00ada cristiana necesita entender lo s. De otro modo podr\u00ed\u00ada adquirir a partir de la revelaci\u00f3n un sistema de verdades exactas, que en su exactitud dejaran obscuro el encuentro esencial y adecuado con el Dios divino y la gracia de su salvaci\u00f3n, y hasta amenazaran con ocultarlo por completo.<\/p>\n<p>3. La cuesti\u00f3n acerca de lo s. no es de suyo exclusiva del cristianismo. Viene dada con la inteligencia que el hombre tiene del ser y de s\u00ed\u00ad mismo y se desarrolla en muchos caminos y formas de la humanidad. Precisamente esta multiplicidad es importante desde el punto de vista cristiano. La revelaci\u00f3n presupone la apertura del hombre en el plano del ser para el Dios que se revela, es decir, presupone el horizonte de lo s. La revelaci\u00f3n se manifiesta dentro de este horizonte, dentro de su respectiva configuraci\u00f3n humana, y en \u00e9l la \u00fanica y permanente donaci\u00f3n de la palabra se convierte en la multiplicidad de expresiones acu\u00f1adas hist\u00f3ricamente.<\/p>\n<p>III. C\u00f3mo se muestra lo santo<br \/>\n1. La visi\u00f3n que el hombre tiene del ser y de s\u00ed\u00ad mismo no est\u00e1 abierta bajo todas las modalidades posibles para la manifestaci\u00f3n de lo santo.<\/p>\n<p>a) Lo s. no se muestra al inter\u00e9s meramente te\u00f3rico. La atenci\u00f3n que, alejando la mirada del sujeto mismo, la centra en el resultado comprobable, controlable, ciertamente no excluye de antemano el conocimiento de que el ente finito no es su propio fundamento. Pero en s\u00ed\u00ad misma no puede recibir el contacto de lo s. Cuando se suscita el inter\u00e9s por el inexorable e incondicional rango de la verdad por s\u00ed\u00ad misma, se ha alcanzado ya una nueva dimensi\u00f3n del ser que se asoma al conocimiento.<\/p>\n<p>b) Lo s. tampoco se manifiesta a la mera fascinaci\u00f3n est\u00e9tica. El arrebato de lo bello confiere al acto est\u00e9tico rasgos emparentados con lo religioso; pero cuando se goza l\u00fadicamente de \u00e9l, prescindiendo de la seriedad de la mismidad, no se descubre la otra cualidad de lo s., la cual, evidentemente, casi irradia en lo bello.<\/p>\n<p>c) Lo s. queda cerrado incluso a la actitud meramente \u00e9tica. Cuando, frente a la altura intocable e inconmutable del -> bien, la voluntad permanece vuelta hacia s\u00ed\u00ad misma en actitud de \u00abmedir\u00bb, este bien no se manifiesta como santo.<\/p>\n<p>d) La simultaneidad de dos rasgos aparentemente opuestos distingue la actitud fundamental religiosa, abierta a lo s. Ah\u00ed\u00ad est\u00e1, por una parte, la seriedad del ser personal: no se trata de algo, sino de todo, de mi salvaci\u00f3n. Por otra parte la seriedad del inter\u00e9s por la salvaci\u00f3n hace que el yo, alej\u00e1ndose de s\u00ed\u00ad, se trascienda a s\u00ed\u00ad mismo y se conf\u00ed\u00ade a lo que es infinitamente otro de s\u00ed\u00ad mismo. Cuando coinciden la seriedad por la que uno se aprehende a s\u00ed\u00ad mismo y la apertura que aparta de uno mismo, ambas posturas a una dan libre acceso a lo s. Pero con ello nunca se fuerza la salida a la luz de lo s., que se entrega por s\u00ed\u00ad mismo en cada caso.<\/p>\n<p>2. En la serie de formas en las que aparece lo s., se combinan generalmente dos polaridades:<br \/>\na) Lo intangible que toca. En la actitud fundamental religiosa se dibuja como en un negativo la primera de estas polaridades: lo s. es lo que se alza desde s\u00ed\u00ad mismo, desde su propia, independiente, inexplicable e incondicional originalidad y altura; pero en medio de todo eso no es precisamente lo neutral, lo que no me importa, sino lo que es asunto m\u00ed\u00ado, lo que me afecta. Es desde s\u00ed\u00ad hacia m\u00ed\u00ad. \u00abDesde s\u00ed\u00ad\u00bb, o sea, no desde m\u00ed\u00ad: es insuperablemente anterior y otro, pero de tal manera que me incluye, no como un concepto universal bajo el cual me hallara subsumido, sino vi\u00e9ndome y contempl\u00e1ndome en lo m\u00e1s propio e \u00ed\u00adntimo. Mover y contemplar no son actividades adicionales de lo s., sino su inicial actuaci\u00f3n en s\u00ed\u00ad mismo. Lo s. no me afecta en cuanto hace algo, sino en cuanto es lo s. La primac\u00ed\u00ada de lo s. se sustrae a mi intervenci\u00f3n, desde su interior es l\u00ed\u00admite invulnerable, y de nuevo no en virtud de aditamentos externos, p. ej., de prohibiciones, sino simplemente porque es s., intangible, porque es en todo momento el primero que toca.<\/p>\n<p>b) Lo terror\u00ed\u00adfico-beatificarte. En la primera polaridad, que no es otra cosa que la simple actuaci\u00f3n de la naturaleza de lo s., va implicada una segunda, en todo caso atestiguada ya en la actitud fundamental religiosa: la afecci\u00f3n de lo s. es repulsi\u00f3n y atracci\u00f3n juntamente. intangiblemente se resiste a mi intervenci\u00f3n, y en el descubrimiento de su faz desgarra la insuperable distinci\u00f3n de su ser otro, a la que estoy entregado, ante la que enmudezco. Y, sin embargo, s\u00f3lo esto otro puede alcanzarme en m\u00ed\u00ad mismo y llenarme; solamente en contacto con lo s. me encuentro felizmente en m\u00ed\u00ad mismo y soy arrancado del car\u00e1cter problem\u00e1tico y abismal de mi mismidad. La duplicidad abismo-proximidad no es una escisi\u00f3n de s., sino su \u00fanico ser s., respecto del cual me hallo enfrente y, tambi\u00e9n, dentro.<\/p>\n<p>IV. C\u00f3mo entender lo santo<br \/>\n\u00bfC\u00f3mo har\u00e1 justicia nuestra inteligencia del ser a lo s. que descubre su faz y nos afecta? No incluyendo lo s. entre sus contenidos entendidos, sino arroj\u00e1ndose hacia lo s. Queda fuera de s\u00ed\u00ad ante el surgimiento de lo s., pero a la vez permanece presente en s\u00ed\u00ad misma, puesto de otro modo \u00e9ste ser\u00ed\u00ada meramente un golpe ciego. Mas, en verdad, es un regalo, que con su propia luz inviste nuevamente mi yo y mi inteligencia del ser. En tanto \u00e9sta agradeciendo se proyecta m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed\u00ad misma, adquiere conciencia de lo s. como lo anterior y superior, a la vez que lo distingue de s\u00ed\u00ad y lo entiende. Esto sucede a trav\u00e9s de la doble direcci\u00f3n fundamental de todo preguntar: acerca del \u00abqu\u00e9\u00bb y del \u00abporqu\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p>1. Si la pregunta, yendo m\u00e1s all\u00e1 del ente individual, busca qu\u00e9 es el -> ser del ente en general, encuentra nombres iniciales y envolventes del ser, como, p. ej., lo verdadero, lo bueno, lo bello. \u00bfSe encuentra tambi\u00e9n lo s. entre tales nombres? Su proximidad a ellos se hace patente en el rango de lo s., que trasciende todos los entes y, sin embargo, irradia en ellos. Pero la diferencia respecto de tales nombres es m\u00e1s profunda que la diferencia de \u00e9stos entre s\u00ed\u00ad. La verdad, la bondad, la belleza y el ser no se agotan en el ente, al que se comunican; pero su inmediata direcci\u00f3n conduce al ente, se orientan a \u00e9l y se pueden afirmar de \u00e9l, tienden, por consiguiente, a convertirse en lo que es el ente. Por el contrario, el ente es s., no en s\u00ed\u00ad, sino como referencia m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed\u00ad mismo. El ser, lo verdadero, etc., tienen en el ente su presencia, su reflejo; lo s. tiene en el ente su monumento conmemorativo. El ser del ente pierde su propia evidencia ante la faz de lo s., se hace prodigioso; en su presencia se convierte en aqu\u00e9l que ha recibido la gracia de poder ser. Lo s. no es un qu\u00e9 envolvente del ser, no es una orientaci\u00f3n previa del ser al ente, sino un recuerdo agradecido del ser al origen mismo que otorga y, en cada caso, se oculta en lo otorgado.<\/p>\n<p>2. Esta retrospecci\u00f3n del ser, bajo la cual act\u00faa lo s., supera incluso la pregunta del \u00abporqu\u00e9\u00bb, que de suyo indaga detr\u00e1s del ente. Tambi\u00e9n en el \u00abporqu\u00e9\u00bb el ente pierde su evidencia, y el sentido de esta invidencia es la explicaci\u00f3n por medio de la causa. Si \u00e9sta est\u00e1 clara, tambi\u00e9n lo est\u00e1 el ente problem\u00e1tico. Si el \u00abporqu\u00e9\u00bb conduce a la respuesta, entonces, sabiendo la causa, llego hasta \u00abdetr\u00e1s del ente\u00bb. Con relaci\u00f3n a lo s., no puedo llegar hasta \u00abdetr\u00e1s de ello\u00bb. Como monumento conmemorativo de lo s., como lugar testificante de su acontecimiento, el ente permanece inexplicable, prodigioso: precisamente por eso y s\u00f3lo en eso me tranquilizo. En el \u00e1mbito de lo s. el porqu\u00e9 s\u00f3lo queda satisfecho como pregunta abierta; el origen no es causa, sino &#8211; misterio que se abre por libre e inmensa benevolencia. La inversi\u00f3n del ser que tiene lugar en lo s., descubre la distinci\u00f3n entre el \u00abDios de los fil\u00f3sofos\u00bb y el -> Dios vivo, divino.<\/p>\n<p>V. Lo santo en la revelaci\u00f3n<br \/>\nLos testimonios de la -> revelaci\u00f3n, en cuanto al contenido, no en cuanto al t\u00e9rmino mismo, son tambi\u00e9n testimonios de lo santo.<\/p>\n<p>1. G\u00e9n 28 y 32, Ex 3 y 19, Is 6, p. ej., proclaman ejemplarmente la compenetraci\u00f3n de alejamiento y proximidad, terror y felicidad que se da en lo s. La exclamaci\u00f3n de Pedro: \u00ab\u00c2\u00a1Se\u00f1or, ap\u00e1rtate de m\u00ed\u00ad, que soy un hombre pecador!\u00bb (Lc 5, 8), y la otra: \u00ab\u00c2\u00a1Qu\u00e9 bueno ser\u00ed\u00ada quedarnos aqu\u00ed\u00ad, vamos a hacer tres tiendas!\u00bb (Mc 9, 5), indican las direcciones opuestas que descubren el \u00e1mbito de lo s., en el que se realiza el encuentro con lo divino. Est\u00e1n en correspondencia con eso los pasajes mencionados del Antiguo Testamento. El \u00e1mbito de lo s. es la irrupci\u00f3n activa del Dios divino, su acci\u00f3n misma. Nada hay en Dios sino \u00e9l mismo, y \u00e9l est\u00e1 en s\u00ed\u00ad saliendo fuera de s\u00ed\u00ad, como el que aparece llenando y haci\u00e9ndose presente en el m\u00e1s all\u00e1 de la criatura, como el origen que est\u00e1 detr\u00e1s.<\/p>\n<p>2. En la revelaci\u00f3n definitiva de la salvaci\u00f3n divina en Jes\u00fas, todo llega a ser un \u00fanico y universal \u00e1mbito s. (cf. p. ej., Act 10 y 17, 1; Cor 3, 22s; 10, 26) y, a la vez, \u00abdesacralizado\u00bb. Ese \u00e1mbito es puesto a disposici\u00f3n de los hombres como los propiamente santificados. Sacralidad y profanidad del -> mundo vienen a ser lo mismo desde el punto de vista cristiano (cf. -> Iglesia y mundo).<\/p>\n<p>3. El \u00e1mbito de lo s., en el que queda puesto el definitivo monumento conmemorativo de la aparici\u00f3n de Dios y en el que \u00e9ste debe hacerse nuevamente acontecimiento en cada caso, en el cristianismo ha sido descubierto por el amor del Hijo de Dios que se nos ha entregado en la muerte. En definitiva ese \u00e1mbito es el t\u00fa humano en general (Mt 25, 40) y especialmente la comunidad de los creyentes unida en este amor (Mt 18, 20; Jn 17, 22s; Ap 21).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: R. Otto, Lo santo (R de Occ Ma 1965); B. Weite, Das Heilige in der Welt: Freiburger Dies Universitatis 1948 (Fr 1949) 141-183; B. H\u00e4ring, Das Heilige und das Gute (Fr 1950); R. Caillois, L&#8217;homme et le sacr\u00e9 (P \u00c2\u00b01953); M. Eliade, Die Religionen und das Heilige (Sa 1954); M. Scheler, De lo eterno en el hombre (R. Occidente 1940); H. U. v. Balthasar, El problema de Dios en el hombre actual (Guad Ma); M. Eliade, Das Heilige und das Profane (H 1957); W. Schulz, Der Gott in der neuzeitlichen Metaphysik (Pfullingen 31957); H. U. v. Balthasar, Herrlichkeit I-IV (Ei 1961 ss.); S. S. Acquaviva, Der Untergang des Heilige, in der industriellen Gesellschaft (Essen 1964); B. Weite, Auf der Spur des Ewigen (Fr 1965); W. Strolz, Menschsein als Gottesfrage (Pfullingen 1965); B. Casper &#8211; K. Hemmerle &#8211; P. H\u00fcnermann, Besinnung auf das Heilige (Fr 1966); B. Weite, Heilsverst\u00e4ndnis (Fr 1966).<\/p>\n<p>Klaus Hemmerle<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. Historia del problema Debido a E. Durkheim, N. S\u00f6derblom y R. Otto lo s. se ha convertido en concepto fundamental del estudio comparado de las -\u00bb religiones. 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