{"id":19025,"date":"2016-02-05T12:12:14","date_gmt":"2016-02-05T17:12:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santos-culto-a-los\/"},"modified":"2016-02-05T12:12:14","modified_gmt":"2016-02-05T17:12:14","slug":"santos-culto-a-los","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santos-culto-a-los\/","title":{"rendered":"SANTOS, CULTO A LOS"},"content":{"rendered":"<p>El c. a los s. es parte de la -> espiritualidad de la Iglesia. Su existencia puede demostrarse en toda la tradici\u00f3n. En alg\u00fan tiempo domin\u00f3 la liturgia y la pr\u00e1ctica de los creyentes hasta el punto, que se presenta como caracter\u00ed\u00adstica de la piedad cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>1. El magisterio eclesi\u00e1stico confirma expresamente esta pr\u00e1ctica en el concilio de Trento, que se enfrenta con los reformadores, por una parte, y rechaza los abusos y proliferaciones de la piedad popular, por otra (Dz 984-988). Esta doctrina del concilio no reviste forma de definici\u00f3n solemne, es m\u00e1s bien una invitaci\u00f3n para que, cuantos tienen responsabilidad en el magisterio y gobierno de la Iglesia, den instrucciones claras para la pr\u00e1ctica de los fieles.<\/p>\n<p>La formulaci\u00f3n del texto debe entenderse a partir del contexto del \u00abdoble frente\u00bb que hemos indicado antes. El concilio rechaza la objeci\u00f3n seg\u00fan la cual \u00abest\u00e1 en contradicci\u00f3n con la palabra de Dios y se opone a la gloria del \u00fanico mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo (1 Tim 2, 5)\u00bb, el invocar a los santos pidi\u00e9ndoles su ayuda; y ense\u00f1a que es bueno y \u00fatil \u00abpedirles ayuda y buscar refugio en sus oraciones, en su poder y en su auxilio, para conseguir beneficios de Dios por medio de su Hijo Jesucristo, nuestro Se\u00f1or, que es nuestro \u00fanico redentor y salvador\u00bb (Dz 984; cf. Prof. Fidei Trid.: Dz 998; CatRom III 2 q. 10-14). Y trata m\u00e1s extensamente del culto a las -> im\u00e1genes y a las -> reliquias. Frente a la cr\u00ed\u00adtica de los reformadores, el concilio acent\u00faa que las reliquias deben ser veneradas, porque \u00ablos santos fueran miembros de Cristo y un santuario del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que \u00e9l resucitar\u00e1 y glorificar\u00e1 un d\u00ed\u00ada. para la vida eterna\u00bb (Dz 985). Las im\u00e1genes de Cristo y de los santos deben ser tratadas con respeto; pero no porque tengan una virtud m\u00e1gica en su interior, sino porque ellas apuntan a sus modelos originales, Cristo y los santos (Dz 986). Por consiguiente, el concilio sit\u00faa la veneraci\u00f3n de las im\u00e1genes en el plano de lo pedag\u00f3gico. Ellas recuerdan las acciones salv\u00ed\u00adficas de Dios y crean modelos para el pueblo fiel. A la vez el concilio rechaza los abusos que tratan de atribuir a estas im\u00e1genes una especie de presencia real de la virtud divina. Las afirmaciones disciplinares del texto conciliar constituyen la base de las disposiciones hoy vigentes en el derecho can\u00f3nico (CIC can. 1279-1289), que comprenden el derecho de vigilancia de la Santa Sede y de los obispos locales (cf. tambi\u00e9n SC Off. 30-3-1921: AAS 13 [1921] 197; SC Off. 30-6-1952: AAS [1952] 542-546 = la libertad de representaci\u00f3n art\u00ed\u00adstica).<\/p>\n<p>2. La Sagrada Escritura no ofrece una afirmaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita acerca del c. a los s.; pero contiene elementos importantes por los que la repulsa a la veneraci\u00f3n de los santos como algo nob\u00ed\u00adblico se presenta infundada.<\/p>\n<p>El AT conoce ya la funci\u00f3n de -> mediaci\u00f3n para con los hombres en la obra salv\u00ed\u00adfica de Dios. Entre estos mediadores se cuenta el sumo sacerdote, especialmente en su posici\u00f3n cultual. Adem\u00e1s aparecen los \u00e1ngeles como mediadores. Y, conforme va imponi\u00e9ndose en el pueblo de Israel la fe en una supervivencia despu\u00e9s de la muerte, se a\u00f1aden tambi\u00e9n grandes figuras del pasado a esta funci\u00f3n mediadora. El tiempo de los Macabeos conoce testigos de sangre y su intercesi\u00f3n en favor de los vivos (2 Mac 15, 12-16; intercesi\u00f3n del sumo sacerdote Un\u00ed\u00adas, ya muerto, y de Jerem\u00ed\u00adas; 2 Mac 7, 37).<\/p>\n<p>La per\u00ed\u00adcopa de la transfiguraci\u00f3n, en la que aparecen Mois\u00e9s y El\u00ed\u00adas (Mt 17, 1-12), es sintom\u00e1tica respecto de la visi\u00f3n neotestamentaria. En el Nuevo Testamento esta funci\u00f3n mediadora se concentra en Cristo, y se pone de manifiesto en su muerte de cruz y en su retorno al final de los tiempos. Frente a \u00e9l retroceden todos los mediadores. \u00abEl tiempo intermedio (entre la muerte y la parus\u00ed\u00ada) apenas atrae la atenci\u00f3n de los primeros cristianos. Ya no se requiere ning\u00fan otro intercesor: Heb 7, 25\u00bb (B. K\u00f6tting).<\/p>\n<p>Seg\u00fan la Escritura, se da adem\u00e1s la -> santidad como caracter\u00ed\u00adstica esencial propia de todo el -> pueblo de Dios y de todos sus miembros; no s\u00f3lo como posibilidad prometida, ni s\u00f3lo como tarea en el plano moral, sino, m\u00e1s bien, como realidad que por el bautismo y la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de Dios precede a toda actuaci\u00f3n moral, y por cierto en forma tan universal que los miembros de este pueblo son llamados simplemente santos (Rom 1, 7; 15, 26; 1 Cor 1, 2; 16, 1, etc.). La santidad como cualidad religioso-moral del pueblo de Dios queda expresada en el NT mediante un rico vocabulario, que en cada caso pone de relieve otro rasgo diferente: \u00e1giasm\u00f3s = santificaci\u00f3n: el proceso de santificarse, sobre todo por la eliminaci\u00f3n de la impureza (p. ej. 1 Tes 4, 3; Rom 6, 19-22; Heb 12, 14); \u00e1g\u00f3ites = santidad como estado, en el que se encuentra Dios por su propia naturalezay del que participa el hombre (2 Cor 1, 12; Heb 12, 10; 1 Pe 1, 15); \u00e1giosyne = santidad como cualidad din\u00e1mico-activa (Rom 1, 4; 2 Cor 7, 1; 1 Tes 3, 13). Esta afirmaci\u00f3n sobre el pueblo neotestamentario de Dios est\u00e1 prefigurada en el AT, as\u00ed\u00ad cuando el pueblo de Israel es invitado a la santidad para poder ser propiedad del Dios santo (Lev 20, 26; Dt 7, 6; 26, 19; Is 63, 18; Jer 2, 3).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s en la sagrada Escritura se da la conciencia de una solidaridad salv\u00ed\u00adfica de cada uno de los miembros de la Iglesia entre s\u00ed\u00ad; y tambi\u00e9n existe en ella la persuasi\u00f3n acerca de la fuerza operante que los diversos dones del -> Esp\u00ed\u00adritu Santo confieren a cada uno para el bien del conjunto, y acerca de la edificaci\u00f3n del cuerpo por la actividad solidaria de los diferentes miembros (p. ej., 1 Cor 12).<\/p>\n<p>A este pueblo de Dios se le a\u00f1ade en el curso de su historia una \u00abnube de testigos\u00bb (Heb 12, 1), que por medio de su vida testifican la verdad del evangelio. En la conciencia del pueblo esta multitud de testigos no permanece una colectividad an\u00f3nima, sino que de ella se desprenden grandes figuras de la historia: los -\u203a ap\u00f3stoles, aquellos cristianos que testificaron su fe mediante una muerte violenta (-> martirio). El culto a estos cristianos y el recurso a su intercesi\u00f3n se pueden comprobar por documentos escritos a mediados del s. rt (MartPol 17, 3; 18, 3). Despu\u00e9s de las persecuciones se incluyen los confesores en este c\u00ed\u00adrculo de testigos (la formulaci\u00f3n definitiva de la distinci\u00f3n entre m\u00e1rtires y confesores se encuentra en Isidoro de Sevilla). Eso plante\u00f3 ya en los primeros siglos cristianos la cuesti\u00f3n de una delimitaci\u00f3n conceptual m\u00e1s precisa entre el culto a Dios y el c. a los s. El segundo concilio de Nicea traza un l\u00ed\u00admite claro entre la veneraci\u00f3n (doul\u00ed\u00ada = veneratio), que corresponde a los santos, y la adoraci\u00f3n (latre\u00ed\u00ada = adoratio), que s\u00f3lo compete a Dios y a Cristo. Para designar la veneraci\u00f3n a Mar\u00ed\u00ada se acu\u00f1\u00f3 el concepto de hyperdoule\u00ed\u00ada. Esta distinci\u00f3n fue decisiva para la doctrina teol\u00f3gica de la edad media.<\/p>\n<p>La protesta de los reformadores contra el c. a los s. se eleva sobre el trasfondo de una doctrina \u00ed\u00adntegra, que, sin embargo, no pudo imponerse suficientemente en la piedad popular. En la piedad medieval el santo perdi\u00f3 importancia como testigo y modelo de la propia vida, y se convirti\u00f3 en el auxiliador que ayudaba a superar las muchas necesidades y dificultades de la vida diaria. Se difumin\u00f3 la distinci\u00f3n entre veneratio y adoratio; parec\u00ed\u00ada en muchos casos como si el santo invocado fuera el inmediato donador del beneficio pedido. A esto se a\u00f1adi\u00f3 una forma de piedad demasiado materializada en la veneraci\u00f3n de im\u00e1genes y -> reliquias, en las -> peregrinaciones, etc.<\/p>\n<p>Los reformadores no niegan la existencia de los santos. Ven en ellos un signo de la gracia de Dios y de su victoria y ejemplos para la configuraci\u00f3n de la propia vida cristiana (cf. CA 21; Melanchton admite una intercesi\u00f3n de los santos a favor de toda la Iglesia in genere). Sin embargo, rechazan la pr\u00e1ctica de la invocaci\u00f3n y s\u00faplica dirigidas en particular a un santo. Por temor a que el c. coet\u00e1neo a los s. pudiera desviar del centro de la fe, alejaron las im\u00e1genes y reliquias de las iglesias. Calvino saca la consecuencia radical: apoy\u00e1ndose en la prohibici\u00f3n de las im\u00e1genes en el AT, rechaza asimismo la doctrina del segundo concilio de Nicea.<\/p>\n<p>3. En la teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica el tratado del c. a los s. tiene su puesto en el tratado sobre la Iglesia. S\u00f3lo dentro de este contexto adquiere su plena fuerza eclesiol\u00f3gica y logra criterios para evitar las posibles deformaciones. As\u00ed\u00ad, la declaraci\u00f3n del Vaticano ii sobre el c. a los s. es una parte de la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia, y no lleva el t\u00ed\u00adtulo De cultu sanctorum, sino que est\u00e1 insertada en el lugar donde se trata del car\u00e1cter escatol\u00f3gico de la Iglesia peregrinante y de su unidad (Constituci\u00f3n sobre la Iglesia, cap. vu). El c. a los s. es de este modo la conciencia siempre despierta de la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la Iglesia, que est\u00e1 orientada hacia su consumaci\u00f3n final, la cual no s\u00f3lo le ha sido prometida, sino que se le comunica ya ahora en realidad y verdad. \u00abPor consiguiente, la plenitud de los tiempos ha llegado ya a nosotros (cf. 1 Cor 10, 11) y la renovaci\u00f3n del mundo est\u00e1 irrevocablemente decretada y empieza a realizarse en cierto modo en el siglo presente\u00bb (ibid., n.\u00c2\u00b0 48). Por tanto, ya ahora hay en la Iglesia verdadera santidad escatol\u00f3gica, es decir, irrevocable promesa de la salvaci\u00f3n de Dios al mundo. La santidad se da en diverso grado y bajo diversa forma en cada caso. Se da en los miembros de la Iglesia que han sido glorificados y contemplan \u00abclaramente al Dios trino mismo, tal como es\u00bb (n.\u00c2\u00b0 49; -> visi\u00f3n de Dios); en aquellos que partieron de la vida y est\u00e1n purific\u00e1ndose ( -> purgatorio); y, adem\u00e1s, en aquellos que todav\u00ed\u00ada peregrinan en esta tierra. La unidad de la Iglesia, fundada en la \u00fanica vocaci\u00f3n a la consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica y en el \u00fanico bautismo, abarca por consiguiente a aquellos que permanecen en el Se\u00f1or (-> comuni\u00f3n de los santos).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, pues, el que la Iglesia confiese a los santos es una confesi\u00f3n de la Iglesia sobre s\u00ed\u00ad misma, es gloria y alabanza de la victoria de la -> gracia de Dios en este mundo. Para que esta confesi\u00f3n se realice y entienda en la Iglesia y se haga inteligible para el mundo, no puede referirse a una colectividad an\u00f3nima, sino que han de conocerse nominalmente los testigos (-> canonizaci\u00f3n, historia de los -> santos).<\/p>\n<p>Finalmente en el c. a los s. la Iglesia hace profesi\u00f3n de su historia, de la que nunca ha desaparecido el esp\u00ed\u00adritu vivo de Dios. Desde esa historia aceptada por la voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios, la Iglesia se\u00f1ala a sus miembros en la actualidad la meta y el camino, infundi\u00e9ndoles fe y esperanza para soportar con valent\u00ed\u00ada la figura de este mundo (tentaci\u00f3n, desorientaci\u00f3n, ambig\u00fcedad, pecado).<\/p>\n<p>De este car\u00e1cter escatol\u00f3gico de la unidad de la Iglesia se sigue adem\u00e1s que los ya consumados, porque y en cuanto han sido definitivamente redimidos en la salvaci\u00f3n de Cristo, no cesan de ser en este mundo la visibilidad operante del poder salv\u00ed\u00adfico de Dios. La intercesi\u00f3n de los santos a favor de la Iglesia y del mundo no es algo nuevo, que se a\u00f1ada a lo que ellos hicieron ya en la tierra. M\u00e1s bien es la expresi\u00f3n de que toda su existencia, su fe y la acci\u00f3n derivada de ella, ha recibido validez permanente ante Dios y el mundo. Su acci\u00f3n no ha concluido, como tampoco ha concluido la acci\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica del Se\u00f1or glorificado. Por esto es leg\u00ed\u00adtimo que la solidaridad activa de los miembros del \u00fanico cuerpo (cf. 1 Cor 12) no se limite a la Iglesia peregrinante, sino que se extienda a toda la comuni\u00f3n de los santos.<\/p>\n<p>El concilio concluye sus reflexiones con una exhortaci\u00f3n a los creyentes, para que conserven la fe de los antepasados en la comuni\u00f3n viva de los santos; y a\u00f1ade una exhortaci\u00f3n a los presidentes de la Iglesia para que eliminen y alejen los abusos, las exageraciones o defectos. La predicaci\u00f3n del c. a los s. debe tener lugar con la vista puesta en los hombres de nuestros d\u00ed\u00adas, cuyas resistencias muchas veces t\u00e1citas contra esta devoci\u00f3n no pueden pasarse por alto, y cuya capacidad de venerar a Dios en los santos est\u00e1 en declive, a pesar de toda reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de alto nivel. La cuesti\u00f3n de c\u00f3mo se puede llegar a Dios &#8211; experimentado como el completamente otro, como el lejano, como el silencioso &#8211; por medio de una escala de mediadores creados, no puede responderse con la alusi\u00f3n a la distinci\u00f3n entre veneratio y adoratio, que surgi\u00f3 de una situaci\u00f3n hist\u00f3rica completamente diferente. Esta distinci\u00f3n separa m\u00e1s bien lo que habr\u00ed\u00ada que unir, y quiz\u00e1s a la vez causa de la confusi\u00f3n por la que se considera a los santos como una realidad junto a la de Dios. La respuesta s\u00f3lo puede darse partiendo de una profunda reflexi\u00f3n sobre la unidad entre el -> amor a Dios y el amor al pr\u00f3jimo y sobre la funci\u00f3n permanente de la humanidad del Se\u00f1or glorificado en el orden de la salvaci\u00f3n. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad puede llegarse a un entendimiento con el protestantismo, que ha anticipado estas dificultades del hombre moderno.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: E. Lucius &#8211; G. Anrich, Die Anf\u00e4nge des Heiligenkults in der christlichen Kir-che (L 1904); Delehaye OC; P. D\u00f6rfler, Die Anf\u00e4nge der Heiligenverehrung (Mn 1913); L. Duchesne, Origines du culte chr\u00e9tien (P 61925); M.-J. Gerland, L&#8217;intercession des Saints (P 1925); Delehaye S; J. B. Walz, Die F\u00fcrbitte der Heiligen (Fr 1927); P. S\u00e9journ\u00e9, Saints: DThC XIV 870-978; N. Johannson, Parakletoi. Vorstellungen von F\u00fcrsprechern f\u00fcr die Menschen vor Gott in der atl. 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Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El c. a los s. es parte de la -> espiritualidad de la Iglesia. Su existencia puede demostrarse en toda la tradici\u00f3n. En alg\u00fan tiempo domin\u00f3 la liturgia y la pr\u00e1ctica de los creyentes hasta el punto, que se presenta como caracter\u00ed\u00adstica de la piedad cat\u00f3lica. 1. 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