{"id":19026,"date":"2016-02-05T12:12:16","date_gmt":"2016-02-05T17:12:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santos-historia-de-los\/"},"modified":"2016-02-05T12:12:16","modified_gmt":"2016-02-05T17:12:16","slug":"santos-historia-de-los","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santos-historia-de-los\/","title":{"rendered":"SANTOS, HISTORIA DE LOS"},"content":{"rendered":"<p>I. Historia de las religiones<br \/>\nEntre las formas bajo las que se hace presente lo -> santo, el hombre ocupa una posici\u00f3n central (-> antropocentrismo): el hombre en general, el hombre en una situaci\u00f3n o estado especial (ni\u00f1o, moribundo), en determinados oficios y funciones (sacerdote, profeta, guerrero, rey), y finalmente el individuo en el que (sobre todo por medio de -> milagros) se experimenta el poder divino en forma sorprendente: el santo. Parece a primera vista que esta presencia de poder divino no debe entenderse desde un punto de vista personal-moral, sino m\u00e1s bien como una realidad m\u00e1gica. Seg\u00fan van der Leeuw (263 265), el santo es \u00abante todo un hombre cuyo cuerpo posee propiedades divino-humanas\u00bb, es \u00abante todo un cad\u00e1ver o parte de \u00e9l\u00bb (porque as\u00ed\u00ad est\u00e1 de la manera m\u00e1s disponible). Los santos son muertos con poder\u00ed\u00ado, por cuyo sepulcro y reliquias se preocupan los hombres. As\u00ed\u00ad sobre todo en el budismo, pero tambi\u00e9n, p. ej., en Grecia (Edipo en Colonna). Pero el poder divino puede presentarse tambi\u00e9n en un hombre vivo, sin que tengan que manifestarse determinadas condiciones previas para ello; pues puede alcanzarse por medio de la ascesis, de la continencia, del estudio, as\u00ed\u00ad como por vocaci\u00f3n, por consagraci\u00f3n, por grave sufrimiento, por \u00abinutilidad\u00bb, o por un crimen sobrehumano. De este modo la manifestaci\u00f3n de la santidad llega desde las grandes figuras de los fundadores de religiones (Buda, Zoroastro, etc.) hasta lo demon\u00ed\u00adaco. El santo se encuentra aqu\u00ed\u00ad en una situaci\u00f3n tan ambigua como lo santo que act\u00faa en \u00e9l.<\/p>\n<p>II. Santidad cristiana<br \/>\nPor cuanto a lo largo de la historia de Israel lo santo adquiere una faz inconfundible: en la inviolable dignidad y elevaci\u00f3n de la majestad del \u00abSanto de Israel\u00bb, tambi\u00e9n el hombre santo adquiere una forma que sale ya de la luz ambigua de la historia de las religiones y se manifiesta como la realidad suprema de la existencia humana.<\/p>\n<p>1. El Santo: Cristo<br \/>\nEn este sentido el \u00abSanto de Dios\u00bb (Mc 1, 24) es el Hijo, Jesucristo. El que le ve, ve al Padre (Jn 14, 9; en \u00e9l habita de manera inmediata el misterio de Dios: el ser y la esencia de Dios en su intangible incomprensibilidad y extra\u00f1eza, que a la vez, en cuanto tal, quiere aproximarse y confiarse a nosotros (-> misterio). Y as\u00ed\u00ad como en Dios mismo la santidad esencial penetra y domina todo su querer y obrar, de igual modo en Cristo, no s\u00f3lo se hacen presentes el poder y la excelsitud del Padre (\u00abel dedo de Dios\u00bb [Lc 11, 20] en sus acciones prodigiosas) sino que la dignidad, la pureza y la \u00abverdad\u00bb de este poder se traducen a sus palabras y a su acci\u00f3n: \u00ab\u00bfQui\u00e9n de vosotros me arguir\u00e1 de pecado?\u00bb (Jn 8, 46).<\/p>\n<p>2. Cristo: posibilidad y medida de la santidad<br \/>\nPero Cristo no vino para su propia gloria (Jn 8, 50), sino para \u00absantificar\u00bb a aquellos que el Padre le da (Jn 17). La ley de santidad de la antigua alianza (Lev 17-26) hab\u00ed\u00ada establecido ya la exigencia: Sed santos, como yo soy santo. Los justos se llamaban los santos (p. ej., Dt 33, 3; 1 Re 2, 9; Sal 29, 5). Pero precisamente ellos comprend\u00ed\u00adan en toda su agudeza la imposibilidad de cumplir el mandato de la santidad. Aguardaban el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or, en el que \u00e9l derramar\u00ed\u00ada el esp\u00ed\u00adritu de santificaci\u00f3n, su Esp\u00ed\u00adritu Santo, sobre toda carne, para santificarla (J1 3, 1-5). Ahora bien, es Cristo el que trae este cumplimiento escatol\u00f3gico, confirmado por su resurrecci\u00f3n y por el acontecimiento de la fiesta de pentecost\u00e9s (Act 2, 14-36). Este acontecimiento de Cristo es centro y medida de toda santidad seg\u00fan la concepci\u00f3n de la comunidad.<\/p>\n<p>3. Iglesia santa<br \/>\nLa Iglesia ve ordenadas hacia Cristo las grandes figuras de la antigua alianza, la \u00abnube de testigos\u00bb (Heb 12, 1), desde los patriarcas, pasando por los jueces, hasta llegar a los reyes y profetas. Pero lo que en aquel tiempo s\u00f3lo se concedi\u00f3 a unos pocos agraciados, hoy se ofrece a todos: todos los miembros de la comunidad se llaman \u00absantos y elegidos\u00bb (cf. las introducciones de las ep\u00ed\u00adstolas), y la Iglesia, en cuanto comunidad en el Santo, en cuanto participaci\u00f3n com\u00fan en el Santo, es vista en la fe como la comunidad de los santos y as\u00ed\u00ad, en sentido pleno, como communio sanctorum.<\/p>\n<p>4. Los santos en la Iglesia<br \/>\nSin embargo, hay grados en la participaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n que se ofrece, grados en la oblaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo por la fe, el amor y la esperanza, grados en el acercamiento concedido y en el rango otorgado de seguimiento, y grados asimismo en la manifestaci\u00f3n de la santidad ante la experiencia de la Iglesia. Es m\u00e1s, en el misterioso todav\u00ed\u00ada-no de la consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica, que de suyo ya est\u00e1 presente, pero es a\u00fan vulnerable, hay incluso pecado y defecci\u00f3n entre los \u00absantos\u00bb, aun cuando la comunidad en su conjunto &#8211; a diferencia de la sinagoga &#8211; no puede caer del amor y de la verdad. Pero, en esa situaci\u00f3n, hay en la comunidad hombres en los cuales se manifiesta con especial luminosidad lo que puede decirse de toda la Iglesia: que en ella Cristo ha vencido, que Sat\u00e1n ha sido precipitado (Lc 10, 18), que el mundo ha muerto (G\u00e1l 6, 14), y que s\u00f3lo Cristo vive en ella (G\u00e1l 2, 20). La comunidad mira a estos hombres vener\u00e1ndolos, justa y obligatoriamente, con su gratitud y s\u00faplica (cf. culto a los -> santos). Entre ellos -> Mar\u00ed\u00ada, la madre del Se\u00f1or, ocupa una posici\u00f3n incomparable; en su inmediata proximidad a Cristo y a su obra redentora, es ella principio y \u00abprototipo\u00bb de la Iglesia (O. Semmelroth) y, a la vez, permanente prototipo del \u00abseguimiento de Cristo\u00bb y de la santidad cristiana en todas sus formas de realizaci\u00f3n a trav\u00e9s de su historia (cf. culto a -> Mar\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>III. Historia de la santidad<br \/>\nSi Cristo es el \u00abtestigo fiel\u00bb (Ap 1, 5) que proclam\u00f3 ante Pilato una \u00abhermosa confesi\u00f3n\u00bb (1 Tim 6, 13), los santos son los grandes testigos en los que se manifiestan la fuerza y la santidad de Dios entre y ante sus hermanos en la comunidad, la cual en su conjunto tiene que ser y es testimonio manifiesto del amor victorioso de Dios (Jn 13, 34s; Act 1, 8; Dz 1794).<\/p>\n<p>1. M\u00e1rtires<br \/>\nLa primera y suprema forma de este testimonio es el dado con la propia sangre en el perfecto seguimiento del Se\u00f1or. Ignacio a comienzos del s. ir desea esta consumaci\u00f3n, implorando en su carta a la comunidad de Roma que no intervenga en favor de su liberaci\u00f3n. Y en el relato del martirio del obispo Policarpo de Esmirna (segunda mitad del s. ii) tenemos el primer documento del culto a los m\u00e1rtires. A partir de la mitad del s. II la palabra \u00abm\u00e1rtir\u00bb designa exclusivamente al testigo de sangre. De este modo, con el culto a los m\u00e1rtires empieza la historia del culto a los santos. Hay que incluir este culto en nuestra exposici\u00f3n, pues el santo no es simplemente el justificado (definitivamente), sino el justificado al que la Iglesia conoce expresamente como consumado y al que destaca y venera de manera especial. Desde el s. II el oriente, y desde el s. III el occidente, celebra la eucarist\u00ed\u00ada junto a los sepulcros de m\u00e1rtires famosos y recuerda sobre todo su d\u00ed\u00ada natal (dies natalis: el d\u00ed\u00ada del martirio) de la victoria de la gracia en ellos. El m\u00e1rtir aparece hasta tal punto como el cristiano consumado, que, volviendo la mirada hacia atr\u00e1s, se considera a los ap\u00f3stoles y fundadores de las Iglesias (primeros obispos) en conjunto como m\u00e1rtires (aun cuando algunos &#8211; como Juan &#8211; se salvaran prodigiosamente), y hasta se incluye en el culto a los m\u00e1rtires del AT: Isa\u00ed\u00adas, los hermanos macabeos, Juan Bautista.<\/p>\n<p>2. Confesores<br \/>\nCuando concluyen los tiempos de la persecuci\u00f3n, el cristianismo se convierte en religi\u00f3n del Estado; desde ahora ser cristiano m\u00e1s que un riesgo significa una ventaja. Las nuevas comunidades, que no pueden presentar testigos de sangre procedentes de sus filas, buscan m\u00e1rtires todav\u00ed\u00ada no conocidos y tumbas olvidadas de m\u00e1rtires. Pero el martirio ya no puede ser una inmediata y concreta imagen directora de la vida cristiana. Se trata ah\u00ed\u00ad de la medida absoluta, junto a la cual hay que desarrollar una medida segunda, \u00abm\u00e1s pr\u00f3xima\u00bb. As\u00ed\u00ad la predicaci\u00f3n de los padres de la Iglesia interpreta la vida consecuente y sin compromisos de los cristianos como un martirio incruento: en primer lugar la virginidad (masculina y femenina: ascetas y v\u00ed\u00adrgenes), despu\u00e9s el estado de viudas, recibiendo ambos estados una constituci\u00f3n institucional propia. Junto al m\u00e1rtir viene el confesor. Si el m\u00e1rtir estuvo en contraposici\u00f3n sangrienta y mortal con el mundo, tambi\u00e9n el confesor vive en contradicci\u00f3n con su contorno \u00abmundano\u00bb, donde m\u00e1s visiblemente en los ascetas y los ermita\u00f1os que huyen del mundo. Pero, fuera del martirio, toda otra forma de seguimiento de Cristo tiene un car\u00e1cter parcial y no es plenamente inequ\u00ed\u00advoca. La huida del mundo no puede ni debe ser simplemente individualista y \u00abradical\u00bb; se mantiene la vinculaci\u00f3n con la Iglesia, concretamente en el sentido de s\u00faplica y acci\u00f3n representativa. De este modo la vida de los ermita\u00f1os se considera como lucha, que siguiendo las huellas de Cristo (Mt 4, 1-11) se desarrolla en el desierto contra el adversario (Antonio). Pero tambi\u00e9n en el mundo hay que desarrollar esa misma lucha: la emprenden los obispos, los pr\u00ed\u00adncipes y los grandes fundadores de \u00f3rdenes religiosas.<\/p>\n<p>3. Tipos y figuras hist\u00f3ricas de la santidad<br \/>\nDe este modo se dibuja un orden polar entre los grandes santos de la \u00e9poca posterior: entre la huida del mundo, y la santificaci\u00f3n y transfiguraci\u00f3n del mundo, como las dos maneras de lucha contra el mundo pecador. Son innumerables las variaciones que se dan en la realizaci\u00f3n de estas dos posibilidades fundamentales. Si en los santos (a comienzos del s. v sanctus y beatus se han convertido en palabras t\u00e9cnicas) se hace visible en forma radiante la santidad de la Iglesia de Cristo, tambi\u00e9n se manifiesta visiblemente en ellos la concreta figura hist\u00f3rica de la Iglesia en cada \u00e9poca. No hay una sistem\u00e1tica a priori de la historia, que es un acontecer libre entre hombres y entre el hombre y Dios (-> historia e historicidad); queda tan s\u00f3lo la posibilidad de una posterior visi\u00f3n de conjunto de \u00abfiguras del tiempo\u00bb y de \u00ab\u00e9pocas\u00bb con un determinado e inconfundible esp\u00ed\u00adritu propio. En este sentido una \u00abtipolog\u00ed\u00ada\u00bb de los santos corresponde a una tipolog\u00ed\u00ada de la piedad (-> espiritualidad) y de su historia en general. Se puede compendiar a los santos de acuerdo con su destino, oficio y misi\u00f3n; como m\u00e1rtires, confesores, papas, doctores, reyes, obispos, abades, v\u00ed\u00adrgenes&#8230; (cf. el Missale Romanum). Pero hay que considerarlos asimismo de acuerdo con su especial misi\u00f3n para la Iglesia y en la Iglesia. Y bajo este punto de vista los grandes santos son los \u00abcreadores de un nuevo estilo cristiano\u00bb (K. Rahner).<\/p>\n<p>Lo mismo que en la historia de los -> dogmas hay una apropiaci\u00f3n vitalmente creciente de la verdad de Dios, tambi\u00e9n en la historia de la santidad hay una apropiaci\u00f3n constantemente nueva de su gracia. Los grandes santos descubren a la Iglesia estas nuevas posibilidades de respuesta a la llamada que el -> mundo le hace, y a la llamada por la que Dios reclama la entrega del hombre entero, tal como ella se presenta en cada \u00e9poca y situaci\u00f3n. De esta forma los fundadores de \u00f3rdenes responden a su tiempo con un nuevo lenguaje creador: Benito, Bruno de Colonia, Bernardo de Claraval, Francisco de As\u00ed\u00ads, Domingo, Teresa de \u00ed\u0081vila y Juan de la Cruz, Ignacio de Loyola, Francisco de Sales&#8230;; pero tambi\u00e9n lo hacen grandes figuras individuales, como p. ej., Catalina de Siena, Juana de Arco, el p\u00e1rroco de Ars, Teresita del Ni\u00f1o Jes\u00fas. Y tales individualidades pueden finalmente resultar importantes para la Iglesia aun en el caso de que no pertenezcan a ella. Puesto que fuera de la Iglesia cat\u00f3lica el Esp\u00ed\u00adritu Santo act\u00faa \u00abcon dones y gracias\u00bb y \u00abha fortalecido a muchos hasta el derramamiento de sangre\u00bb (Vaticano II, Lumen gentium, n.\u00c2\u00b0 15), en esa presencia de la santidad cristiana fuera de la Iglesia puede manifestarse una llamada hist\u00f3rica de Dios a ella (cf. asimismo los santos gentiles del AT). As\u00ed\u00ad podemos hablar de santos del protestantismo y hasta de \u00absantos herejes\u00bb (W. Nigg; p. ej., Savoranola, Lutero, Tersteegen, Kierkegaard, Bodelschwingh y otros); finalmente cabe hablar de santos fuera del cristianismo: en el hinduismo, budismo, islam, etc.<\/p>\n<p>4. La imagen \u00abcl\u00e1sica\u00bb del santo<br \/>\nSi, con toda la reserva necesaria, tratamos de decir algo sobre la imagen de los santos en una \u00e9poca, en lo referente a la edad media hay que subrayar la relaci\u00f3n y equiparaci\u00f3n de los dos aspectos polares a los que nos hemos referido: huida del mundo como conquista del mundo. Ermita\u00f1os, monjes, sabios, misioneros, reyes, pr\u00ed\u00adncipes, todos consideran el mundo como realidad no-santa y que debe sacralizarse. Las dos formas constan de grandes figuras hasta llegar a lo peque\u00f1o y cotidiano: los santos son elegidos como modelos y patronos de cada una de las profesiones e instituciones, y como patronos e ideales de las diversas virtudes y pr\u00e1cticas piadosas, como modelos y, sobre todo, como auxiliares a los que se invoca. Pero a trav\u00e9s de todas las formas se impone la mencionada \u00abvaloraci\u00f3n\u00bb del mundo. Y eso queda grabado tambi\u00e9n en la \u00abinstitucionalizaci\u00f3n\u00bb de la veneraci\u00f3n de los santos mediante el proceso de &#8211; canonizaci\u00f3n. Esta naci\u00f3 de la necesidad de controlar abusos. As\u00ed\u00ad ya en la Iglesia primitiva debi\u00f3 quedar reservada a los obispos la erecci\u00f3n de sepulcros de m\u00e1rtires. Pero con ello se pretende tambi\u00e9n dar cierto car\u00e1cter oficial a los santos. En efecto, su significaci\u00f3n no est\u00e1 s\u00f3lo en ser un testimonio luminoso en favor de la victoria de la gracia en la santidad escatol\u00f3gica de la Iglesia, sino tambi\u00e9n en ser testimonio de una exigencia inmediata de direcci\u00f3n por parte de la Iglesia oficial, y as\u00ed\u00ad de la exigencia de dar un matiz sacral y eclesi\u00e1stico al mundo.<\/p>\n<p>5. La santidad hoy<br \/>\nLa -> reforma protestante se\u00f1ala aqu\u00ed\u00ad un cambio. En primer lugar su repulsa a todo culto de los santos provoca como reacci\u00f3n precisamente una consolidaci\u00f3n de los mencionados rasgos caracter\u00ed\u00adsticos. El mundo, la forma de vida matrimonial, la profesi\u00f3n, etc., se consideran, todav\u00ed\u00ada m\u00e1s acentuadamente, tan s\u00f3lo como lugar donde ejercitar la \u00abvirtud\u00bb; el santo vive en cierto modo en una emigraci\u00f3n externa (vida religiosa) o por lo menos interna. Y en ambos casos el santo parece caracterizado por aquella atrofia del esp\u00ed\u00adritu y del coraz\u00f3n que es t\u00ed\u00adpica sobre todo del s. xix. Por esta raz\u00f3n una referencia al gran n\u00famero de canonizaciones y beatificaciones de ese tiempo no dice mucho. Pero a la vez en la actualidad hemos aprendido a mirar a trav\u00e9s de la apariencia de lo decepcionante y de lo peque\u00f1o, para descubrir all\u00ed\u00ad una nueva forma sencilla de existencia cotidiana, de seriedad y entrega \u00abheroica\u00bb: el ejemplo m\u00e1s significativo de esto es una conducta seg\u00fan la imagen de Teresita del Ni\u00f1o Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Ya en estas formas est\u00e1 visible lo que entretanto se ha hecho plenamente evidente: el abandono de la idea de \u00abgrandeza\u00bb, de \u00abhero\u00ed\u00adsmo\u00bb, de lo \u00abnoble\u00bb, y la aparici\u00f3n de una santidad sin brillo, pero con una luz que conmueve tanto m\u00e1s profundamente.<\/p>\n<p>Este progreso se refleja en la transformaci\u00f3n que ha sufrido la forma en que se presentan las biograf\u00ed\u00adas de los santos. De las actas de los procesos y de los relatos del martirio se cre\u00f3 inicialmente la leyenda de los m\u00e1rtires, en la que (como sucede ya en las historias ap\u00f3crifas de los ap\u00f3stoles) el milagro se sit\u00faa en el centro, con una estilizaci\u00f3n t\u00ed\u00adpica del santo. Pasando por las vidas de los monjes (desde el s. iv), la evoluci\u00f3n llega a la literatura legendaria de la edad media. Desde el s. xvi empieza la hagiograf\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica (bolandistas). Y mientras hoy en d\u00ed\u00ada la leyenda se ha convertido en una forma (no precisamente frecuente) de expresi\u00f3n po\u00e9tica (N. Lesskow, S. Lagerl\u00f6f, W. Bergengruen, G. v. le Fort), surgen libros acerca de los santos que, con la exactitud biogr\u00e1fica (hasta la \u00abdesmitizaci\u00f3n\u00bb y el \u00abdesenmascaramiento\u00bb con todos los medios de la psicolog\u00ed\u00ada moderna), unen una interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica no menos exacta y radical del mensaje contenido en cada santo respecto de todas las cuestiones fundamentales de la interpretaci\u00f3n creyente de s\u00ed\u00ad mismo (I.F. G\u00f6rres, Schamoni, H.U. v. Balthasar, W. Nigg, etc.).<\/p>\n<p>Esta \u00abdisminuci\u00f3n\u00bb (Jn 3, 30) de la \u00abpersonalidad\u00bb, este decrecimiento del testigo, junto con un misterioso aumento de la luz en favor de la cual se da testimonio, se manifiesta inmediatamente en la moderna figura del martirio, en la que el confesor, aniquilado sobre todo en su aspecto espiritual-an\u00ed\u00admico, por as\u00ed\u00ad decir, es conducido a la extinci\u00f3n. Esto se ve en las nuevas formas de vida religiosa, en los institutos seculares, en la aceptaci\u00f3n del valor propio del -> matrimonio y de la profesi\u00f3n, en la nueva visi\u00f3n de los -> laicos, en la aceptaci\u00f3n y valoraci\u00f3n del &#8211; mundo y de sus cosas, que en cuanto tales &#8211; como profanas &#8211; no deben ser sacralizadas (despojadas de su car\u00e1cter profano), sino santificadas por la fuerza del sacrificio, del culto, de la meditaci\u00f3n, afirmando serenamente al mismo tiempo su misi\u00f3n peculiar. Eso se muestra en el cambio de perspectiva desde una moral que centra la atenci\u00f3n en s\u00ed\u00ad misma, hacia un amor arriesgado; en todo lo cual se trata, n\u00f3tese bien, de un desplazamiento del acento y no de posturas exclusivistas. Con esta \u00abp\u00e9rdida del car\u00e1cter oficial\u00bb de los santos guarda relaci\u00f3n, finalmente, el que la veneraci\u00f3n cultual, la relaci\u00f3n de patronazgo e intercesi\u00f3n, retrocede a favor de un inter\u00e9s, por as\u00ed\u00ad decir, fraternal, a favor de una participaci\u00f3n reverente en la vida del santo, en sus dificultades y su esfuerzo, poniendo fin a la costumbre de estilizarlo como \u00abtipo\u00bb acabado de una determinada perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las formas de santidad no pueden separarse completamente entre s\u00ed\u00ad por el mero factor de la sucesi\u00f3n de \u00e9pocas; como ya hemos dicho, coexisten unas junto a otras, separadas tan s\u00f3lo por fronteras geogr\u00e1ficas, e incluso sin fronteras exactamente delimitables.<\/p>\n<p>Pero tampoco hemos de ignorar la transformaci\u00f3n que hemos indicado. Las dificultades y las oportunidades de la santidad son las mismas que las del cambio de la devoci\u00f3n en general. Lo bueno y bello pierde en peso y capacidad de impresionar, pero con ello aparece claro lo inconfundiblemente esencial: el misterio del Dios santo, cuya fuerza en la debilidad humana es el coraz\u00f3n de toda santidad.<\/p>\n<p>FUENTES: ActaSS; BHL; BHO; BHG; AnBoll.<\/p>\n<p>PARA LOS MARTIROLOGIOS: Synaxarium CP; H. Lietzmann, Die drei \u00e4ltesten Martyrologien (Bo 1905); H. Quentin, Les martyrologes historiques du Moyen-\u00e1ge (P 1908); Martyrologium Hieronymianum, ed. H. Quentin &#8211; H. Delehaye (Bruselas 1931); MartRom; J. Forget, Synaxarium Alexandrinum: CSCO 47-49 67; otros sinaxarios orientales en POr und CSCO.<\/p>\n<p>ACTAS DE LOS M\u00ed\u0081RTIRES: Ruinart; St. E. Assemani, Acta sanctorum orientalium et occidentalium, 2 vols. (R 1748); Bedjan (Actas de los m\u00e1rtires, sirias); CSCO 43 und 125 (Actas de los m\u00e1rtires, coptas); CSCO Ser-aeth. II 28 (Actas de los m\u00e1rtires, et\u00ed\u00adopes); se-lec. O. v. Gebhardt, Acta martyrum selecta (B 1902); R. Knopf &#8211; G Kr\u00fcger (T 81929); D. Ruiz Bueno (Ma 1951) (con tr. castellana); traducciones: Al.: G. Rauschen: BKV&#8217; 22 (1922); H. Rahner, Die Martyrerakten des 2. Jh. (Fr 21954): A. Hamman, Das Heldentum der fr\u00fchen M\u00e4rtyrer (Aschaffenburg 1958, franc. P 1953, it. Mi 1959); holand\u00e9s: M. F. Schurmans, Bloedgetuigen van Christus (Roermond 31947).<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: J. Crespin, Le livre des martyrs (G 1554); L. Rabus, Historien der hl. &#8230; Gotteszeugen, Bekenner und M\u00e4rtyrer (1557-58); J. Crespin, Hist. des vrais t\u00e9moins de la v\u00e9rit\u00e9 de I&#8217;Evangile (G 1570); J. E. Stadler, Heiligenlexikon, 5 vols. (Au 1858-62); K. Dukales, Mvyxs Euvx\u00ed\u00ad;xpta S -m4vTwv Tmv \u00e1.y\u00ed\u00adwv, 2 vols. (At 1889-97); P. D\u00f6rfler, Die Anf\u00e4nge der Heiligenverehrung nach den r\u00f6mischen Inschriften und Bildwerken (Mn 1913); H. Delehaye, Martyr et confesseur: AnBoll 39 (1921) 20-49; Delehaye LH; F. G. Hol-weck, A Bibliographical Dictionary of the Saints (St. Louis 1924); Delehaye PM; Delehaye S; F. Doy\u00e9, Heilige und Selige der r\u00f6misch-katholischen Kirche, 2 vols. (L 1929); R. Asting, Die Heiligkeit im Urchristentum (G\u00f6 1930); A. Zimmermann, Kalendarium Benedictinum, 4 vols. (Metten 1933-38); Delehaye OC; L. Bieler, OEIOE ANHP. Das Bild des \u00abg\u00f6ttlichen Menschen\u00bb in Sp\u00e4tantike und Fr\u00fchchristentum, 2 vols. (W 1935-36); H. v. Campenhausen, Die Idee des Martyriums in der Alten Kirche (Gotinga 1936); E. Peterson, Zeuge der Wahrheit (L 1937); H. W. Surkau, Martyrien in j\u00fcdischer und fr\u00fchchristlicher Zeit (Gotinga 1938); E. G\u00fcnther, M\u00e1pTus (G\u00fc 1941); A.J. Festugi\u00e9re, La Saintet\u00e9 (P 1942); W. Nigg, Gro\u00dfe Heilige (Z 1946, &#8216;1962); idem, Das Buch der Ketzer (Z 1948, &#8216;1962); J. Lebreton, Tu solus sanctus. Jesus Christus vivant dans les saints (P 1948); H. Rheinfelder, Confiteri, confessio, confessor im Kirchenlatein und in den romanischen Sprachen: Die Sprache 1 (W 1949) 56-67; H. Bou\u00e4ss\u00e9, Un seul chef. J\u00e9sus Christ chef de I&#8217;univers et t\u00e9te des saints (P 1950); W. Dirks, La respuesta de los frailes (Dinor S Seb 1960); W. Nigg, Vom Geheimnis der M\u00f6nche (Z 1953); 1. F. G\u00f6rres, Aus der Welt der Heiligen (F 1955); E. Lohse, Martyrer und Gottesknecht (G\u00f6 1955); Leeuw \u00c2\u00a7\u00c2\u00a7 17, 3; 30; 1.7, 1; M. Lackmann, Die Verehrung der Heiligen (St 1958); M. Lods, Confesseurs et Martyrs (Neuch\u00e1tel 1958); J. Torsy, Lexikon der deutschen Heiligen (K\u00f6 1959); O. Wimmer, Hdb. der Namen und Heiligen (I &#8211; W -Mn 21959); M. Zender, R\u00e4ume und Schichten mittelalterlicher Heiligenverehrung in ihrer Bedeutung f\u00fcr die Volkskunde (D 1959); Th. Klauser, Christlicher Martyrerkult, heidnischer Heroenkult und sp\u00e4tj\u00fcdische Heiligenverehrung (K\u00f6 &#8211; Opladen 1960); Los cat\u00f3licos \u00bfadoran las im\u00e1genes? (S Terrae Sant 1963): H. D\u00f6rrie &#8211; F. Paschke &#8211; H. Hohlwein &#8211; A. Lehmann, M\u00e4rtyrer: RGG3 IV 587-592; B. K\u00f6ttine, Hagiographie: LThK IV 1316-1321; N. Brox, Zeuge und Martyrer (Mn 1961): A. P. Frutaz, Martyrer: LThK2 VII 127-132; Rahner ITT 47-60 109-124; K. Rahner, Sentido teol\u00f3gico de la muerte (Herder Ba 21969); P. Molinari, Los santos y su culto (Fax Ma 1965); J. Metz (dir.), Weltverst\u00e4ndnis im Glauben (Mz 1965); Rahner VII 307-328 (Por qu\u00e9 y c\u00f3mo podemos venerar a los santos); P. Manns, Die Heiligen in ihrer Zeit. 2 vols. (Mz 1966).<\/p>\n<p>J\u00f6rg Splett<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. Historia de las religiones Entre las formas bajo las que se hace presente lo -> santo, el hombre ocupa una posici\u00f3n central (-> antropocentrismo): el hombre en general, el hombre en una situaci\u00f3n o estado especial (ni\u00f1o, moribundo), en determinados oficios y funciones (sacerdote, profeta, guerrero, rey), y finalmente el individuo en el que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/santos-historia-de-los\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSANTOS, HISTORIA DE LOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-19026","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19026","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19026"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19026\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19026"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19026"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19026"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}