{"id":19029,"date":"2016-02-05T12:12:22","date_gmt":"2016-02-05T17:12:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sinopticos-evangelios\/"},"modified":"2016-02-05T12:12:22","modified_gmt":"2016-02-05T17:12:22","slug":"sinopticos-evangelios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sinopticos-evangelios\/","title":{"rendered":"SINOPTICOS, EVANGELIOS"},"content":{"rendered":"<p>Los tres primeros Evangelios se llaman s., porque en su visi\u00f3n conjunta (syn-\u00f3psis) del mensaje de Jes\u00fas siguen una l\u00ed\u00adnea com\u00fan. Para ponerse en la perspectiva teol\u00f3gica de cada uno de ellos, es menester descubrirla en su relaci\u00f3n con los otros dos y con la tradici\u00f3n presin\u00f3ptica.<\/p>\n<p>I. La tradici\u00f3n presin\u00f3ptica<br \/>\n1. El hecho sin\u00f3ptico<br \/>\na) Materia<br \/>\nLa tradici\u00f3n triplemente atestiguada o la tradici\u00f3n de Mc comprende m\u00e1s de la mitad del material de este evangelista y aproximadamente un tercio de Mt o Lc. La tradici\u00f3n doblemente atestiguada (o sea, la de Mt-Lc) abarca aproximadamente una quinta parte de Mt o de Lc. En cuanto a las tradiciones transmitidas por un solo evangelista, Mc tiene unos 50 vers\u00ed\u00adculos exclusivamente suyos, Mt 330 y Lc 550. Todo parece indicar que Mt y Lc tienen un fondo com\u00fan (que representa Mc por su posici\u00f3n media entre Mt y Lc y por la materia suya contenida tambi\u00e9n en \u00e9stos), al que se a\u00f1adieron numerosas tradiciones particulares. Sin embargo, mirados m\u00e1s de cerca los materiales comunes, presentan grandes diferencias. \u00bfPor qu\u00e9? Si se niega toda dependencia literaria mutua, \u00bfc\u00f3mo justificar las numerosas coincidencias? Si se afirma la dependencia mutua de los textos, \u00bfc\u00f3mo explicar las adiciones y omisiones? \u00bfBasta recurrir a la perspectiva propia de cada autor, al inter\u00e9s de sus lectores?<br \/>\nb) La ordenaci\u00f3n<br \/>\nLos acontecimientos est\u00e1n distribuidos en los tres s. en cuatro fases principales. Preparaci\u00f3n (Mt 3, 1-4, 11 = Mc 1, 1-13 = Lc 3, 1-4, 13), ministerio en Galilea (Mt 4, 12-18, 35 = Mc 1, 1419, 50 = Lc 4, 14-9, 50), subida a Jerusal\u00e9n (Mt 19, 1-20, 34 = Mc 10, 1-52 = Lc 9, 51-18, 43), y, finalmente, pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n (Mt 21-28 = Mc 11-16 = Lc 19-24). Dentro de esta ordenaci\u00f3n global se manifiestan discordancias (ordenaci\u00f3n distinta de los discursos de misi\u00f3n y de las par\u00e1bolas; Mt no sigue como Lc la secuencia de Mc 1, 21-6, 13; las sentencias comunes a Mt y a Lc se presentan ora concentradas [Mt], ora dispersadas [Lc]). Dentro de los grandes discursos doctrinales se notan bien coincidencias en un contexto de suyo diferente (as\u00ed\u00ad Mc 1, 21-45 y Mt 7, 28-8, 16), o bien discrepancias en agrupaciones de un mismo tipo (Mt sit\u00faa Mc 1, 40-45 antes de Mc 1, 21-39). Finalmente, dentro de un mismo episodio, sorprenden a veces las modificaciones (Mt 4, 5-10 = Lc 4, 5-12), que manifiestan una gran libertad en el manejo de las tradiciones recibidas. De ah\u00ed\u00ad la pregunta: Si la secuencia globalmente id\u00e9ntica muestra una dependencia estrecha y com\u00fan respecto de un mismo esquema, \u00bfc\u00f3mo explicar las innumerables modificaciones? \u00bfDependen todas del trabajo literario de los evangelistas?<br \/>\nc) Expresi\u00f3n literaria<br \/>\nTambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad las concordancias presuponen un contacto literario entre los textos s. Pero las discordancias (cf. Mt 25, 14-30 = Lc 19, 11-27; Mt 22, 1-10 = Lc 14, 16-24; Mt 8, 15 = Mc 1, 31) proh\u00ed\u00adben a su vez afirmar una dependencia literaria inmediata de los diversos textos entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>2. Interpretaciones del hecho sin\u00f3ptico<br \/>\nTradici\u00f3n oral, interdependencia y fuentes escritas son los tres componentes que, seg\u00fan su acentuaci\u00f3n, originan las diversas hip\u00f3tesis por las que se quiere explicar el hecho sin\u00f3ptico. Todos, sin embargo, est\u00e1n de acuerdo en no contentarse ya con las armon\u00ed\u00adas de los Evangelios (cf. el Diatessaron de Taciano), cuyo prop\u00f3sito era reducir a todo trance las diferencias, aun infligiendo violencia a los datos literarios. El problema sin\u00f3ptico no se plante\u00f3 de verdad hasta fines del s. xviii (Lessing, Storr, Griesbach, Herder) y s\u00f3lo durante el s. xix fue tratado sistem\u00e1ticamente.<\/p>\n<p>a) Seg\u00fan la hip\u00f3tesis de la tradici\u00f3n (J.C.L. Gieseler, F. Godet, Th. Soiron, P. G\u00e4chter), los s. dependen todos y cada uno de la tradici\u00f3n oral solamente. Esta teor\u00ed\u00ada parte del hecho cierto de que la tradici\u00f3n oral tuvo un papel importante en los or\u00ed\u00adgenes y hasta en el curso de la composici\u00f3n de los Evangelios. Pero no puede explicarse por s\u00ed\u00ad sola los intensos contactos literarios que manifiestan los textos.<\/p>\n<p>b) As\u00ed\u00ad, pasando al otro extremo, los cr\u00ed\u00adticos han sistematizado las relaciones entre los s. bajo la hip\u00f3tesis de la interdependencia. Entre todas las teor\u00ed\u00adas propuestas sobre el origen de los Evangelios, s\u00f3lo dos merecen consideraci\u00f3n. La secuencia Mt -> Mc -> Lc (Butler) es com\u00fanmente rechazada: Mc es independiente de Mt y Lc, lo mismo que Mt y Lc son independientes entre s\u00ed\u00ad. La otra hip\u00f3tesis tiene hoy d\u00ed\u00ada casi el valor de un dogma entre los cr\u00ed\u00adticos; Mc ser\u00ed\u00ada la fuente de Mt y Lc. Sus partidarios estiman que Mt y Lc ten\u00ed\u00adan delante o bien el texto actual de Mc (la mayor\u00ed\u00ada de los partidarios de las dos fuentes) o bien un \u00abProto-Marcos\u00bb, una composici\u00f3n polifac\u00e9tica que se modific\u00f3 seg\u00fan las necesidades de Mt o de Lc (v. g. Bornkamm). En realidad, este dogma no pasa de ser una opini\u00f3n, y nosotros estimamos que simplifica excesivamente los datos literarios.<\/p>\n<p>c) Seg\u00fan otros cr\u00ed\u00adticos, en los or\u00ed\u00adgenes de los s. est\u00e1n algunos documentos o fuentes. Un Mt arameo, p. ej., ser\u00ed\u00ada la fuente de la triple tradici\u00f3n (Vaganay); pero nadie ha podido reconstruir su contenido. Un documento complementario ser\u00ed\u00ada la fuente (Quelle [Q]) de la doble tradici\u00f3n. Pero este documento no habr\u00ed\u00ada presentado homogeneidad, ni l\u00ed\u00admites precisos, ni una ordenaci\u00f3n convincente, ni una base hist\u00f3rica. Como el Proto-Marcos, se habr\u00ed\u00ada fragmentado en m\u00faltiples subdivisiones seg\u00fan las diferentes utilizaciones que se hicieron de \u00e9l. De ah\u00ed\u00ad que muchos cr\u00ed\u00adticos, poniendo en duda la hip\u00f3tesis documental, no ven en ella m\u00e1s que una etiqueta c\u00f3moda para agrupar materiales heterog\u00e9neos (p. ej., Jeremias, Barrett). Apelando a una segunda fuente (diferente de Q), la hip\u00f3tesis de Vaganay tropieza con las mismas dificultades que la de las dos fuentes.<\/p>\n<p>d) Ante tales incertidumbres, otros cr\u00ed\u00adticos han recurrido a la as\u00ed\u00ad llamada hip\u00f3tesis de los fragmentos. Presentada primero en forma de tratados que reun\u00ed\u00adan unidades literarias menores (Schleiermacher), esta teor\u00ed\u00ada, m\u00e1s flexible que las precedentes, corre riesgo de no atenerse suficientemente a los datos, pues no tiene en cuenta la existencia de un documento m\u00e1s amplio que los otros (Caboury). Tras la menci\u00f3n de Juan Bautista, este documento habr\u00ed\u00ada continuado con la visita de Jes\u00fas a Nazaret y con el largo desarrollo de la subida a Jerusal\u00e9n. A esta ordenaci\u00f3n fundamental se habr\u00ed\u00adan a\u00f1adido documentos m\u00e1s o menos extensos que ata\u00f1\u00ed\u00adan al ministerio de Jes\u00fas en Galilea, es decir, los logia de la doble tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>e) Ninguna de estas tentativas se impone contundentemente. No estamos, pues, autorizados a derivar las orientaciones teol\u00f3gicas de los s. partiendo de alg\u00fan documento de talla mayor, ni de la pretendida fuente (Q), que probablemente no existi\u00f3 nunca como documento, ni de Mc, que seguramente no fue utilizado de manera inmediata por Mt ni por Lc. En cambio, puede tomarse como punto seguro de partida la perspectiva presin\u00f3ptica, que ha sido elaborada por la historia de las -> formas.<\/p>\n<p>3. Perspectivas teol\u00f3gicas de la tradici\u00f3n presin\u00f3ptica<br \/>\nAntes de que los Evangelios fueran puestos por Escrito, la Iglesia anunci\u00f3 el evangelio, y lo hizo seg\u00fan las perspectivas teol\u00f3gicas que pueden discernirse a trav\u00e9s de las f\u00f3rmulas estereotipadas del NT (himnos, confesiones de fe, etc.), a trav\u00e9s de las fuentes del libro de los Hechos y a trav\u00e9s de los Evangelios mismos. Al principio de la proclamaci\u00f3n evang\u00e9lica est\u00e1 la fe pascual: la historia de la salvaci\u00f3n ha llegado a su consumaci\u00f3n en Jes\u00fas, hecho Se\u00f1or la ma\u00f1ana de pascua. El acontecimiento pascual, esclarecido por las profec\u00ed\u00adas b\u00ed\u00adblicas (cf. \u00abseg\u00fan las Escrituras\u00bb: 1 Cor 15, 3-4), hace comprender plenamente los gestos y palabras de Jes\u00fas y permite esperar la parus\u00ed\u00ada que viene (1 Tes 1, 10). Tales son los tiempos \u00faltimos que reconoce la fe pascual (cf. Act 2, 17). Ahora bien, aunque la fe pascual, que lo refiere todo a Cristo Jes\u00fas, unifica internamente los datos diversos de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica, sin embargo, no se expresa independientemente de los ambientes de vida de la comunidad (liturgia, catequesis, misi\u00f3n: Sitz im Leben); y su influencia dar\u00e1 colorido a la presentaci\u00f3n y selecci\u00f3n de los recuerdos. La luz de la fe pascual y el condicionamiento del medio eclesi\u00e1stico determinan las perspectivas teol\u00f3gicas de las unidades literarias menores y de las primeras ordenaciones conjuntas, que est\u00e1n al principio de los Evangelios sin\u00f3pticos.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed\u00ad algunos ejemplos de esta interpretaci\u00f3n presin\u00f3ptica, primeramente en las unidades literarias. En la par\u00e1bola de los vi\u00f1adores homicidas, que en boca de Jes\u00fas anunciaba la suerte de Israel (Mc 12, 1-9 par), la Iglesia a\u00f1ade la sentencia de Isa\u00ed\u00adas sobre la piedra rechazada por los constructores (Mc 12, 10 par), y as\u00ed\u00ad orienta la par\u00e1bola hacia la muerte de Jes\u00fas y m\u00e1s precisamente hacia su resurrecci\u00f3n. En otro caso, el simbolismo pascual esclarece la significaci\u00f3n del suceso de una curaci\u00f3n por la elecci\u00f3n de una palabra con doble significado: \u00e9ye\u00ed\u00adpety, que significa a la vez \u00ablevantarse\u00bb y \u00abresucitar\u00bb (Mt 8, 15; Mc 1, 31). Una aplicaci\u00f3n catequ\u00e9tica interpreta, p. ej., en sentido moral la par\u00e1bola del sembrador (Mc 4, 13-20). La liturgia eucar\u00ed\u00adstica colorea los relatos de la multiplicaci\u00f3n de los panes. Son igualmente numerosas las maneras de aprehender la persona singular de Jes\u00fas, Se\u00f1or de la fe. Perspectivas semejantes aparecen en las agrupaciones de recuerdos y palabras. La catequesis misional asocia, p. ej., la tempestad calmada y el exorcismo de Gerasa (Mc 4, 35-5, 20 par). Una intenci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica unifica la \u00absecci\u00f3n de los panes\u00bb (Mc 6, 31-8, 22). Simplificando los datos hist\u00f3ricos, la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica ilumina la marcha de Jes\u00fas a la cruz por la certeza de la resurrecci\u00f3n, y configura la subida a Jerusal\u00e9n a base de reflexiones teol\u00f3gicas; la intenci\u00f3n catequ\u00e9tica asocia la suerte del disc\u00ed\u00adpulo a la del Maestro (Mc 8, 34-9, 1 par). Finalmente, no tarda en aparecer un inter\u00e9s biogr\u00e1fico, probablemente a medida que los no jud\u00ed\u00ados abrazaban la fe cristiana y seg\u00fan avanzaba el tiempo. La tradici\u00f3n evang\u00e9lica (cuya fuente \u00fanica es Jes\u00fas mismo) estuvo sometida desde el principio a la mediaci\u00f3n de la fe pascual. Esta es la base de partida sobre la que edificaron las perspectivas teol\u00f3gicas de cada uno de los Evangelios sin\u00f3pticos.<\/p>\n<p>II. El Evangelio seg\u00fan Marcos<br \/>\nEl primer Evangelio redactado se concluy\u00f3 antes del sitio de Jerusal\u00e9n (67). La tradici\u00f3n lo atribuye al Juan Marcos de quien se habla en el NT (Act 12, 12.25&#8230;; 1 Pe 5, 13; Col 4, 10; Flm 24; 2 Tim 4, 11).<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada de Mc ha sido interpretada en cada caso seg\u00fan uno de los aspectos considerado como fundamental: como prefacio al relato de la pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n (K\u00e4hler), como libro de las epifan\u00ed\u00adas secretas del Mes\u00ed\u00adas (Dibelius), como descripci\u00f3n del triunfo de Jes\u00fas sobre Satan\u00e1s (Burkill), como perspectiva escatol\u00f3gica del acontecimiento anunciado, como explicaci\u00f3n del misterio mesi\u00e1nico (Wrede). Mas con ello se pone el acento sobre un pensamiento fundamental que no excluye los otros. Las diferentes perspectivas pueden unificarse en la intenci\u00f3n principal que Mc manifiesta al comienzo de su libro: escribir un Evangelio para proclamar que Jes\u00fas es hijo de Dios.<\/p>\n<p>La primera caracter\u00ed\u00adstica de Mc es que s\u00f3lo \u00e9l emplea el sustantivo e\u00faagg\u00e9lion en sentido absoluto (Mc 1, 14.15; 8, 35; 10, 29). Lucas quiere hacer obra de historiador y Mateo trabaja como escriba versado (cf. Mt 13, 52); Mc, en cambio, quiere simplemente presentar un \u00abevangelio\u00bb, no en el sentido de un escrito, sino como la buena nueva anunciada a manera de kerygma (Marxsen). Este anuncio es proclamado por primera vez en la muerte de Jes\u00fas, cosa que, por cierto, hace un pagano (Mc 15, 39). Anteriormente, s\u00f3lo Dios lo proclama en el bautismo (1, 11) y en la transfiguraci\u00f3n (9, 7); y lo proclaman tambi\u00e9n los posesos (3, 11; 5, 7). Jes\u00fas mismo impone secreto acerca de su persona: a los demonios (1, 34: 3, 12), a los curados (1, 44; 5, 43; 7, 36; 8, 26), a los disc\u00ed\u00adpulos (8, 30; 9, 9); sus par\u00e1bolas quieren ocultar el misterio a los indignos (4, 11). Los disc\u00ed\u00adpulos se encuentran desconcertados ante esta situaci\u00f3n (4, 41; 6, 51-52; 8, 16-21; 9, 33-34; 10, 3.5. 41-42). Mediante esa doctrina del \u00absecreto mesi\u00e1nico\u00bb Mc quiere mostrar c\u00f3mo el evangelio fue anunciado antes de pascua (Sj\u00f6berg). Con ello sistematiza &#8211; en forma no lograda bajo todos los aspectos (cf. 2, 10. 28; 10, 47-52) &#8211; una tradici\u00f3n previamente dada, que tambi\u00e9n atestigua Mt (9, 27-30) y que, con ayuda del esquema literario \u00aboculto-manifiesto\u00bb, muestra la intenci\u00f3n de Jes\u00fcs mismo: permanecer fiel a los presupuestos para la revelaci\u00f3n del misterio de su persona, que no puede encerrarse en ning\u00fan \u00abt\u00ed\u00adtulo\u00bb, y evitar as\u00ed\u00ad una interpretaci\u00f3n demasiado humana de su divinidad. Aun siendo un Evangelio prepascual, Mc s\u00f3lo fue proclamado despu\u00e9s de pascua, y as\u00ed\u00ad es tambi\u00e9n un evangelio pascual.<\/p>\n<p>La ordenaci\u00f3n del relato corresponde a la estructura de la tradici\u00f3n presin\u00f3ptica; parece dirigida a los acontecimientos de la pasi\u00f3n, en los que culmina la vida de Jes\u00fas. Despu\u00e9s de una introducci\u00f3n tripartita (1, 1-13), siguen dos partes. En la primera, Jes\u00fas se presenta sucesivamente al pueblo (1, 14-3, 6), a los suyos (3, 7-6, 6) y a sus disc\u00ed\u00adpulos (6, 6ss.26.30). Cada una de estas fases comienza con una descripci\u00f3n sumaria y termina con la presentaci\u00f3n de un comportamiento. Jes\u00fas plantea cada vez una pregunta a sus contempor\u00e1neos: \u00bfQui\u00e9n es este hombre? \u00bfNo ser\u00e1 el Mes\u00ed\u00adas? La segunda parte (8, 27; 31-16, 8), despu\u00e9s de la secci\u00f3n de los panes, describe la subida a Jerusal\u00e9n y desemboca en la pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n. Estos dos per\u00ed\u00adodos caracterizan el objeto y el acontecer de la revelaci\u00f3n. Antes de la confesi\u00f3n de Pedro, Jes\u00fas se manifiesta como el Mes\u00ed\u00adas esperado y exige secreto. Despu\u00e9s de ella, muestra el camino del Hijo del hombre a los disc\u00ed\u00adpulos, que no llegan a entender. As\u00ed\u00ad Jes\u00fas muere en una soledad absoluta (Lohmeyer).<\/p>\n<p>La geograf\u00ed\u00ada tiene tambi\u00e9n un alcance teol\u00f3gico. La Galilea, sin ser necesariamente el lugar de la parus\u00ed\u00ada (Marxsen), es el lugar de la revelaci\u00f3n escatol\u00f3gica (1, 9.14.16.28. 39; 3, 7; 9, 30; 14, 28) y el punto de partida de la misi\u00f3n a los gentiles (7, 24; 14, 28; cf. 4, 35; 13, 10; 14, 9). Jerusal\u00e9n no es s\u00f3lo el lugar de la muerte de Jes\u00fas, sino tambi\u00e9n el de la obstinaci\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados (3, 22; 7, 1; 10, 33; 11, 18). As\u00ed\u00ad se justifica un dato tradicional: el evangelio pasa de los jud\u00ed\u00ados a los gentiles (3, 6; 7, 6.8; 8, 31; 9, 31; 10, 33; 12, 12; 13, 2; 14, 41; 15, 38). Sobre este soporte geogr\u00e1fico se desarrolla un drama: Jes\u00fas como Hijo de Dios, revestido de potencia divina (1, 8.10. 12; 3, 29-30), entabla combate contra Satan\u00e1s (1, 11; 3, 11; 5, 7), especialmente en Ios exorcismos, en los que triunfa sobre el pr\u00ed\u00adncipe de la muerte (9, 26-27), finalmente, en el v\u00ed\u00adnculo que se establece entre las controversias y las curaciones (2, 1-12; 3, 1-6.22-30), o en tal o cual sentencia que expresa su plenitud de poder (2, 10.19s.28; 3, 28-29).<\/p>\n<p>El evangelio es actualizado para el lector, que se ve invitado a responder al llamamiento de Jes\u00fas. El cap\u00ed\u00adtulo de las par\u00e1bolas est\u00e1 concebido en funci\u00f3n de una teolog\u00ed\u00ada de la palabra o\u00ed\u00adda, propia de Mc (4, 3.9. 12s.23ss.33s), de forma que el mensaje de la buena nueva se actualiza para el lector de todos los tiempos. El mismo efecto se produce por el esquematismo de los relatos, que, compensando el efecto de lo \u00abbien observado\u00bb, confiere un alcance supratemporal a lo que pudiera haber sido s\u00f3lo una an\u00e9cdota (as\u00ed\u00ad el llamamiento de los disc\u00ed\u00adpulos: 1, 16-20). De hecho la obra de Mc est\u00e1 marcada por un doble origen: un testigo que cuenta lo que ha visto y una comunidad que transmite lo que cree. Tal es, por lo dem\u00e1s, la caracter\u00ed\u00adstica de todo evangelio en proporciones variables.<\/p>\n<p>III. El Evangelio seg\u00fan Mateo<br \/>\nEl primer Evangelio se dirige a \u00abcreyentes venidos del juda\u00ed\u00adsmo\u00bb (EUSEBIO, Historia ecclesiastica, vI, 25, 4), y dispone de fuentes distintas de las de Mc, en particular de las tradiciones sobre las palabras del Se\u00f1or y sobre la infancia de Jes\u00fas. El las reviste y unifica partiendo de una intenci\u00f3n teol\u00f3gica que le permite a menudo descubrir nuevamente el sentido original de los acontecimientos y de las palabras de Jes\u00fas. Mt integra las m\u00faltiples perspectivas de la Iglesia naciente en una visi\u00f3n m\u00e1s centrada sobre dos temas mayores que expresan las \u00faltimas palabras del Se\u00f1or resucitado a los disc\u00ed\u00adpulos (Mt 28, 18-20): el papel de Cristo y el de su Iglesia (Trilling).<\/p>\n<p>Como Mc, Mt relata la buena nueva de Jes\u00fas, pero su cristolog\u00ed\u00ada es m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita; y se cuida de detallar m\u00e1s la profesi\u00f3n de fe en Cristo de su Iglesia. No se interesa apenas por el secreto mesi\u00e1nico (9, 30; 16, 20; 17, 9), que \u00e9l traduce por el \u00abalejamiento\u00bb (12, 15-21; 14, 1-16, 12). La intenci\u00f3n catequ\u00e9tica lo lleva, por el contrario, a resaltar los t\u00ed\u00adtulos de Jes\u00fas: Emmanuel (1, 23; cf. 28, 20), Jes\u00fas Mes\u00ed\u00adas (1, 1.16.18; 16, 21; 27, 16.17), hijo de David (s\u00f3lo en 1, 1.20; 9, 27; 12, 23; 15, 22; 21, 9.15), Hijo de Dios (4, 3.6; 14, 33; 16, 16; 27, 40.43&#8230;). El sencillo realismo de Mc cede el paso a una presentaci\u00f3n m\u00e1s hier\u00e1tica de Jes\u00fas (influencia del medio lit\u00fargico, sin que pueda hablarse de un texto cultual [Kilpatrick]): eliminaci\u00f3n de sentimientos demasiado humanos, acentuaci\u00f3n de su dignidad, especialmente en el relato de la pasi\u00f3n. Presentada a jud\u00ed\u00ados cristianos, la misi\u00f3n de Jes\u00fas est\u00e1 situada dentro del gran designio de Dios que manifiestan las profec\u00ed\u00adas. Citaciones expl\u00ed\u00adcitas documentan continuamente los acontecimientos dif\u00ed\u00adciles de entender y justifican apolog\u00e9ticamente la existencia de Jes\u00fas: su nacimiento de una virgen (1, 22-23), en Bel\u00e9n (2, 5-6), su huida a Egipto (2, 15), la matanza de los ni\u00f1os (2, 17-18), su existencia en Nazaret (2, 23), su ministerio en Galilea 4, 14-16), su conducta de siervo de Yahveh (8, 17; 12, 17-21; 13, 35), su entrada en Jerusal\u00e9n (21, 40). Sin llegar tan lejos que se hable de una \u00abescuela de Mateo\u00bb (Stendahl), hay que reconocer la interpretaci\u00f3n de un escriba versado en las Escrituras. Este Cristo anunciado por los profetas es el Se\u00f1or en quien creen los disc\u00ed\u00adpulos, el Kyrios: anunciado por el profeta Daniel, recibe la soberan\u00ed\u00ada universal, no de Satan\u00e1s (4, 8-10), sino de su Padre (28, 18).<\/p>\n<p>El se\u00f1or\u00ed\u00ado de Jes\u00fas se ejerce sobre todas las naciones. Este universalismo completa la misi\u00f3n de Israel, pero por medio de la Iglesia, ya que Jes\u00fas fue rechazado por los jud\u00ed\u00ados. La Iglesia es el verdadero Israel. Esto lleva consigo una profundizaci\u00f3n de la eclesiolog\u00ed\u00ada, tanto por la aparici\u00f3n del t\u00e9rmino \u00e9kkles\u00ed\u00ada (16, 18; 18, 17) como en virtud de una teolog\u00ed\u00ada del -> reino de Dios (51 veces). Este t\u00e9rmino pasa a ser en Mt una categor\u00ed\u00ada de pensamiento (as\u00ed\u00ad, usado en sentido absoluto: 4, 23; 9, 35; 13, 19). Derivada probablemente de un medio apocal\u00ed\u00adptico, la expresi\u00f3n \u00abreino de los cielos\u00bb designa en Mt el reino divino que existe en el cielo, se realiza en la tierra en imagen y por participaci\u00f3n y se consumar\u00e1 en el cielo al fin de los tiempos. Siendo a la vez presente y futuro, ese reino determina la novedad del tiempo inaugurado por Jes\u00fas. Se le quita a Israel para ser dado a otra naci\u00f3n (21, 43). Puesto que el destino del reino de Dios va ligado al del que lo proclama, est\u00e1 confiada a la Iglesia misma. La historia de Jes\u00fas pone de manifiesto que los jud\u00ed\u00ados, al rechazar a su Mes\u00ed\u00adas, posibilitaron que el mensaje evang\u00e9lico se extendiera por todo el mundo. Mt muestra continuamente c\u00f3mo \u00abse cumplen\u00bb tanto la justicia de que hablaba Israel (5, 17), como la comunidad nueva constituida por los Doce reunidos en torno a Jes\u00fas, la cual anuncia el futuro Israel. Estos disc\u00ed\u00adpulos (cuya claudicaci\u00f3n se excusa en Mt m\u00e1s que en Mc) son iniciados poco a poco en los secretos del reino (13, 11) y son llamados profetas, sabios y escribas de la nueva ley (13, 52; 23, 34); est\u00e1n investidos de la autoridad y poder dados al hijo del hombre (9, 6.8), para mostrarlos en los exorcismos (17, 16.19).<\/p>\n<p>S\u00ed\u00adguese que los materiales est\u00e1n m\u00e1s claramente distribuidos en torno a la repulsa a Jes\u00fas en Nazaret. En una primera parte, Jes\u00fas se presenta al pueblo jud\u00ed\u00ado, que se niega a creer en \u00e9l. Despu\u00e9s de una secci\u00f3n con tres partes (3, 1-4, 11), en que se ve a Juan predicar y a Jes\u00fas que se hace bautizar y triunfa luego del demonio, se pueden distinguir tres grandes subdivisiones: Jes\u00fas todopoderoso en obras y palabras (4, 12-9, 34), los disc\u00ed\u00adpulos enviados por el Maestro (9, 35-10, 42), la opci\u00f3n en pro o en contra de Jes\u00fas (11, 1-13, 52). La segunda parte describe la pasi\u00f3n y gloria de Cristo. Jes\u00fas deja entonces de ense\u00f1ar a las turbas (cf. Mc 6, 34; Lc 9, 11) y se consagra a la instrucci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos. Los agrupa y fortalece (14, 1-16, 20), les revela el misterio de su pasi\u00f3n y les ense\u00f1a la ley del servicio fraternal (16, 21-20, 28). Esta econom\u00ed\u00ada pone a\u00fan m\u00e1s de relieve c\u00f3mo el anuncio del reino de los cielos termina pasando de Israel a las naciones (24, 14; 26, 13; 28, 19).<\/p>\n<p>La eclesiolog\u00ed\u00ada y la cristolog\u00ed\u00ada no se articulan de manera te\u00f3rica. La catequesis no se presenta como un catecismo ilustrado con algunos ejemplos bien escogidos en funci\u00f3n de los discursos. Es el anuncio de una existencia y de su sentido salv\u00ed\u00adfico. Mt actualiza el acontecimiento del tiempo pasado por la manera como hace que el lector participe en la narraci\u00f3n. Las grandes composiciones quieren exponer en una catequesis doctrinal (los cinco discursos) el sentido de la vida de Jes\u00fas. El g\u00e9nero hier\u00e1tico de las narraciones posibilita al lector una toma de posici\u00f3n como si fuera un coet\u00e1neo de Jes\u00fas. Ya los disc\u00ed\u00adpulos se dirigen a Jes\u00fas como al Kyrios (8, 2.6.21.25; 9, 28; 15, 27; 17, 15; 20, 30. 31.33). As\u00ed\u00ad, el creyente se siente levantado por la mano bienhechora de Jes\u00fas lo mismo que la suegra de Pedro (8, 28) o que los tres testigos postrados en la transfiguraci\u00f3n (17, 7), y llamado a seguirle (8, 22.23; 9, 9&#8230;), o bien a subir con los disc\u00ed\u00adpulos a la barca, que es s\u00ed\u00admbolo de la Iglesia (8, 18; cf. Tertuliano, Bornkamm). Y vuelve siempre a preguntarse qui\u00e9n es este Se\u00f1or con quien va de camino (8, 27). Se puede hablar de una teolog\u00ed\u00ada de la oligopistia en Mt, de \u00abla peque\u00f1a fe\u00bb (Held), la cual recoge un tema tradicional (Lc 12, 28 = Mt 6, 30). A diferencia de Mc, que presenta a los disc\u00ed\u00adpulos totalmente faltos de inteligencia (p. ej., Mc 4, 40), Mt discierne en la actitud prepascual de los disc\u00ed\u00adpulos el anuncio de la fe pascual. Por el hecho de seguir a Jes\u00fas, creen ya; pero les falta vivir esa fe. A juzgar por su comportamiento, sus actos no corresponden a\u00fan a lo que confiesa su boca. Les falta confianza (8, 26; 14, 31; 16, 8; 17, 20). El creyente debe penetrarse de la presencia continua de su Se\u00f1or (28, 20).<\/p>\n<p>Significativos son, en fin, las compilaciones operadas por Mt. As\u00ed\u00ad, cuando incorpora al relato de la curaci\u00f3n del criado del centuri\u00f3n la sentencia sobre la reprobaci\u00f3n de los hijos del reino, hace de este milagro la historia t\u00ed\u00adpica del paganismo que viene a Jes\u00fas (8, 5-13 = Lc 7, 1-10; 13, 28-29). Las advertencias dirigidas por Jes\u00fas a los jud\u00ed\u00ados incr\u00e9dulos, se repiten luego dentro de una Iglesia a la que acechan, como a toda sociedad organizada, la autosuficiencia y el conformismo. De modo m\u00e1s general puede decirse que, si en la tradici\u00f3n presin\u00f3ptica se refleja a\u00fan el tiempo de la decisi\u00f3n, Mt busca hacer viables y aplicables las palabras de Jes\u00fas. En el &#8211; serm\u00f3n de la monta\u00f1a formula el camino que ha de seguir el nuevo Israel, frente al esfuerzo jud\u00ed\u00ado de codificaci\u00f3n en el s\u00ed\u00adnodo de Yamn\u00ed\u00ada (W.D. Davies). Sin embargo, no modifica substancialmente la tradici\u00f3n, sino que desarrolla lo que estaba ya virtualmente contenido en la ense\u00f1anza de Jes\u00fas sobre la ley. Mt inserta el serm\u00f3n de la monta\u00f1a en el Evangelio, y as\u00ed\u00ad lo vincula con la persona de Jes\u00fas. Con ello impide que el lector reduzca el Evangelio a un moralismo superficial, o bien a un kerygma indiferente ante la moral.<\/p>\n<p>IV. El Evangelio seg\u00fan Lucas<br \/>\nLucas es hombre de tradici\u00f3n. Como Mc, escribe hacia los a\u00f1os 80 para cristianos de origen gentil y no palestinense. Respeta mejor que Mt la distribuci\u00f3n de sus fuentes. Conserva el esquema presin\u00f3ptico, aun insertando en \u00e9l numerosas fuentes que han recogido: palabras del Se\u00f1or y tradiciones propias. Su perspectiva est\u00e1 impuesta tambi\u00e9n por cuanto \u00e9l ha redactado los -> Hechos de los ap\u00f3stoles. Proclamando la buena nueva de la salvaci\u00f3n para todo hombre, con tal de que sea humilde y se arrepienta (5, 32; cf. Mc 2, 17), Lucas redacta un \u00ablibro\u00bb, una Escritura, que servir\u00e1 para la ense\u00f1anza de la Iglesia. Compuesto a fines de la generaci\u00f3n apost\u00f3lica, este complemento de la catequesis inicial (1, 1-4) se apoya en los primeros testimonios (Sch\u00fcrmann). Lucas es el te\u00f3logo de la historia del plan salv\u00ed\u00adfico de Dios. Su fin es abarcar esta historia de la salvaci\u00f3n desde la venida de Jes\u00fas a la tierra (Jes\u00fas hijo de Ad\u00e1n: 3, 38) hasta la propagaci\u00f3n del reino a los confines del universo, y ordenarla alrededor de dos polos: pascua y pentecost\u00e9s. Para Mt y Lc, la existencia de Jes\u00fas aparece como un punto central que une y divide las dos \u00e9pocas mayores de la historia de la salvaci\u00f3n: el tiempo de las promesas y el de su cumplimiento. Para Lc el cumplimiento mismo se realiza en dos tiempos: en el tiempo de Jes\u00fas y en el de la venida sobre los ap\u00f3stoles del Esp\u00ed\u00adritu que prometi\u00f3 el Padre. Al esquema binario: promesa-cumplimiento, se superpone la divisi\u00f3n ternaria: tiempo de Israel, tiempo de Jes\u00fas, tiempo de la Iglesia.<\/p>\n<p>A este prop\u00f3sito teol\u00f3gico corresponde un cuidado muy concreto de la presentaci\u00f3n catequ\u00e9tica, que hace del tercer Evangelio una regla de vida: ense\u00f1anzas sobre la riqueza y la pobreza (1, 52-53; 6, 20; 12, 13-21; 16, 15), y sobre la renuncia (12, 22-34; 14, 26-33; 18, 29). El disc\u00ed\u00adpulo de Jes\u00fas debe llevar \u00abcada d\u00ed\u00ada\u00bb la cruz (9, 23). La vida de Jes\u00fas ha abierto un nuevo per\u00ed\u00adodo del mundo: el per\u00ed\u00adodo en que vivimos. Todo hombre, pues, est\u00e1 invitado a encontrar un sentido a su propia vida, refiri\u00e9ndose constantemente a la de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan que Mc, Lc muestra que la vida humana de Jes\u00fas fue una lucha contra Sat\u00e1n. Signo de contradicci\u00f3n (2, 34), Jes\u00fas entabla el combate. Exorciza a los posesos, cura \u00aba los que hab\u00ed\u00adan ca\u00ed\u00addo en poder del diablo\u00bb (Act 10, 38); as\u00ed\u00ad las curaciones mismas son tambi\u00e9n exorcismos (4, 35.41; 8, 24; 9, 42). Sabe que el Hijo del hombre ha de sufrir mucho y ser reprobado antes de aparecer como el rel\u00e1mpago (17, 24-25). En Lc, la subida a Jerusal\u00e9n no s\u00f3lo est\u00e1 resaltada por la triple profec\u00ed\u00ada (la gran interpolaci\u00f3n de 9, 51-19, 27), sino que adem\u00e1s encamina al lector a la gloria por la cruz. El relato de la pasi\u00f3n pone en escena no a un h\u00e9roe al que habr\u00ed\u00ada que imitar (Dibelius), sino a un personaje escatol\u00f3gico con el que podemos y debemos configurarnos: el siervo de Dios, v\u00ed\u00adctima inocente (23, 4.11.14.22.47), que con las armas de la mansedumbre (22, 48.51.61; 23, 34.43) va a triunfar sobre el poder de las tinieblas (22, 53; cf. 22, 3.31).<\/p>\n<p>En su propio enfrentamiento con Sat\u00e1n (8, 12), en las pruebas (8, 13) y persecuciones (12, 12), el creyente descubre en s\u00ed\u00ad mismo el dinamismo del esp\u00ed\u00adritu, don por excelencia (11, 13; cf. Mt 7, 11), que viene de lo alto (Ac 1, 7-8); del Esp\u00ed\u00adritu que obra en Juan Bautista (1, 15.80), en sus padres (1, 41.67), en Mar\u00ed\u00ada (1, 35), en Sime\u00f3n (2, 25-27) y m\u00e1s a\u00fan en Jes\u00fas (4, 1.14.17; 10, 21; cf. Ac 10, 38). El creyente es invitado a entrar en la atm\u00f3sfera de la buena nueva, que en Lc, testigo de la experiencia del Esp\u00ed\u00adritu en la Iglesia naciente, se convierte en un mundo de alabanza (1, 46s; 1, 64.68s; 2, 13.20.28.38; 5, 25-26; 7, 16&#8230;), a entrar en la alegr\u00ed\u00ada y la oraci\u00f3n (m\u00e1s que en Mc y Mt: Jes\u00fas en oraci\u00f3n 3, 21; 5, 16; 6, 12; 9, 18.28-29; 10, 21; 11, 1; 22, 32; 23, 34. 46; 24, 30; ense\u00f1anzas sobre la oraci\u00f3n: 11, 5-8; 18, 1-8&#8230;; Esp\u00ed\u00adritu y oraci\u00f3n: 1, 15.17; 3, 21-22; 10, 21; 11, 13). Si Lc tiene cuidado de detallar las exigencias concretas del mensaje evang\u00e9lico, muestra a la vez c\u00f3mo el Esp\u00ed\u00adritu Santo act\u00faa en la vida del creyente.<\/p>\n<p>Esta proclamaci\u00f3n, por la que el evangelio irradia m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras de Israel, muestra que en Le el universalismo es un hecho cumplido, no el t\u00e9rmino y desenlace de una disputa dolorosa, a diferencia de Mt (reprobaci\u00f3n de Ios jud\u00ed\u00ados como condici\u00f3n de la expansi\u00f3n de la buena nueva. Omitiendo los datos de cariz judaica (Mt 5, 1-20 par; 15, 21-28 par&#8230;), el evangelista de la misericordia (Lc 15) desarrolla el universalismo contenido en ciertas tradiciones (2, 14.32; cf. Mt 8, 11-12; Lc 3, 6; 10, 25-37; 17, 11-15). Heraldo de la bondad salvadora de Jes\u00fcs para con los pecadores, los extranjeros, las mujeres, y testigo de la vida fraternal en la comunidad de Jerusal\u00e9n, Lc es el primer evangelista historiador. No se content\u00f3 con ser un escritor que fija la tradici\u00f3n apost\u00f3lica. Desarroll\u00f3 la teolog\u00ed\u00ada de la historia implicada en el kerygma, exponiendo los tres per\u00ed\u00adodos de la historia de la salvaci\u00f3n en sus relaciones mutuas y describiendo el plan salv\u00ed\u00adfico de Dios en su dimensi\u00f3n misteriosa.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA:<br \/>\n1. SOBRE LOS HECHOS DE LOS SIN\u00ed\u201cPTICOS. Cf. la bibliogr. citada en las introducciones de Michaelis; Robert &#8211; Feuillet; Wikenhauser E.; P. Feine &#8211; J. Behm &#8211; W. G. K\u00fcmmel, Eint. in das NT (Hei 121963); .4. G. Da Fonseca, Quaestio synoptica (R 1952). igualmente la bibliogr. citada en los art\u00ed\u00adculos: G. Bornkamm &#8211; W. Werbeck: RGG&#8217; II 753-769; J. Schmid: LThK2 IX 1240-1245; adem\u00e1s: X. L\u00e9on-Dufour, Autour de la question synoptique: RSR 42 (1954) 549-584; idem, Interpretation des tvangiles et probl\u00e9me synoptique: EThL 43 (1967) 5-16 (= De J\u00e9sus aux Evangiles 1Gembloux &#8211; P. 19671); S. McLoughlin, Les accord mineurs Mt-Lc contre Mc et le probl\u00e9me synoptique: ibid. 17-40. &#8211; A. Gaboury, La structure-type \u00e1 ]&#8217;origine des Synoptiques (tesis R 1963); W. R. Farmer, The Synoptic Problem. A. Critical Analysis (NY &#8211; Lo 1964); A. V\u00f6gtle, Das NT und die neuere katholische Exegese I (Fr 31966); M. Dibelius, Die Formgeschichte des Evangeliums (G\u00f6 51966).<\/p>\n<p>2. TEOLOG\u00ed\u008dA DE LOS SIN\u00ed\u201cPTICOS: Cf. la bibliogr. de -> Jesucristo I, -> Iglesia. -> Formgeschichte; cf. adem\u00e1s los art\u00ed\u00adculos: G. Bornkamm &#8211; W. Werbeck: RGG&#8217; 1I 758-759; J. Gnilka: LThK2 IX 1245-1249. &#8211; T. W. Manson, The Sayings of Jesus as recorded in the Gospels according to St. Matthew and St. Luke arrange_d with Introduction and Commentary (Lo 1949); E. Percl&#8217;. Die Botschaft Jesu. Eine traditionskritische und exegetische Untersuchung (Lund 1953); J. Dupont, Les B\u00e9atitudes. Le probl\u00e9me litt\u00e9raire. Le message doctrinal (Brujas &#8211; Lv 1954); \u00ed\u00addem, Les B\u00e9atitudes, I: Le probl\u00e9me litt\u00e9raire. Les deux versions du Sermon sur la montagne et les B\u00e9atitudes (Brujas &#8211; Lv 21958); ideal, Les B\u00e9atitudes, II: La Bonne Nouvelle (P 1969): E. Neuh\u00e4usler, Anspruch und Antwcrt Gottes. Zur Lehre von den Weisungen innerha,&#8217;b der synoptischen Jesusverk\u00fcndigung D 1962); X. L\u00e9on-Dufour, Los evangelios y la historia de Jes\u00fas (Estela Ba 1967); idem, Etudes d&#8217;Evangile (P. 1965); S. Schulz, Die Stunde der Botschaft. Einf\u00fchrung in die Theologie der vier Evangelien (H 1967).<\/p>\n<p>3. EVANGELIO DE SAN MATEO: Zahn; J. Schniewind (G\u00f6 1937, 41950); E. Lohmeyer &#8211; W Schmauch (G\u00f6 1956, &#8216;1962); P. Bonnard (P 1963); J. C. Fenton (Harmondsworth 1963); A. Schlatter (St 61964); 1&#8217;. G\u00e4chter (I &#8211; W 1964); W. Grundmann (B 1969). G. D. Kilpatrick, The Origins of the Gospel according to St. Matthew (0 1946); K. Stendahl, The School of St Matthew (Up 1954); W. Trilling, Das wahre Israel. Studien zur Theologie des Matth\u00e4usevangeliums (L 1959, 31964); idem, El evangelio seg\u00fan san Mateo, 2 vols. (Herder Ba 1970); J. Schmid, El evangelio seg\u00fan san Mateo (Com de Rat) (Herder Ba &#8216;1973); G. Bornkamm &#8211; G. Barth &#8211; H. Held, \u00dcberlieferung und Auslegung im Mt (Neukirchen 1960); G. Strecker, Der Weg der Gerechtigkeit. Untersuchung zur Theologie des Matth\u00e4us (G\u00f6 1962); Th. de Kruijf, Der Sohn des lebendigen Gottes. Ein Beitrag zur Christologie des Matth\u00e4usevangeliums (R 1962); W. D. Davies, The Setting of the Sermon an the Mount (C 1964); X. L\u00e9on-Dufour, Th\u00e9ologie de Matthieu et paroles de J\u00e9sus: RSR 50 (1962) 90-111; idem, Evangiles synoptiques. Histoire et interpr\u00e9tation: RSR 53 (1965) 600-642; R. Hummel, Die Auseinandersetzung zwischen Kirche und Judentum im Matth\u00e4usevangelium (Mn 21966); R. Walker, Heilsgeschichte im ersten Evangelium (G\u00f6 1967).<\/p>\n<p>4. EVANGELIO DE SAN MARCOS: H. B. Swete (Lo 1898); J. Schniewind (G\u00f6 1933, 61952); E. Lohmeyer (1936, G\u00f6 161963); J. Schmid, El evangelio seg\u00fan san Marcos (Com de Rat) (Herder Ba 21973); R. Schnackenburg, El evangelio seg\u00fan san Marcos, 2 vols. (Herder Ba 1973); W. Grundmann (B 1959); C. E. B. Cranfield (C 1963); D. E. Nineham (Harmondsworth 1963); E. Schweizer (G\u00f6 (967). &#8211; W. Marxsen, Der Evangelist Markus. Studien zur Redaktionsgeschichte des Evangeliums (G\u00f6 1956); T. A. Burkill, Mysterious Revelation. An Examination of the Philosophy of St. Mark&#8217;s Gospel (NY 1963); E. Trocm\u00e9, La formation de l&#8217;Evangile selon Marc (P 1963); E. Best, The Temptation and the Passion. The Markan Soteriology (C 1965); J. Schreiber, Theologie des Vertrauens. Eine redaktionsgeschichtliche Untersuchung des Markusevangeliums (H 1967).<\/p>\n<p>5. EVANGELIO DE SAN LUCAS: J. M. Creed (Lo 1930); K. H. Rengstorf (1937, G\u00f6 91962); J. Schmid, El evangelio seg\u00fan san Lucas (Com Rat) (Herder Ba &#8216;1973); W. Grundmann (1961, B &#8216;1964). &#8211; R. Morgenthaler, Die lukanische Geschichtsschreibung als Zeugnis. Gestalt und Gehalt der Kunst des Lukas, 2 vols. (Z 1949); H. Conzelmann. Die Mitte der Zeit. Studien zur Theologie des Lukas (1954, T &#8216;1964); A. Stilger, El evangelio seg\u00fan san Lucas, 2 vols. (Herder Ba 1970); F. Rehkopf, Die lukanische Sonderquelle. Ihr Umfang und Sprachgebrauch (T 1959); C. K. Barrett, Luke the Historian in Recent Study (Lo 1961); H. Sch\u00fcrmann, Evangelienschrift und kirchliche Unterweisung. Die repr\u00e4sentative Funktion der Schrift nach Lk 1, 1-4: Miscellanea Erfordiana(Lc 1962) 48-73; G. Voss, Die Christologie der lukanischen Schriften in Grundz\u00fcgen (Brujas &#8211; P 1965).<\/p>\n<p>6. En conjunto ver las Teolog\u00ed\u00adas del NT: Stauff er; Feine ThNT; Meinertz; Bultmann; H. Conzelmann, Grundri\u00df der Theologie des NT (Mn 1967).<\/p>\n<p>Xavier L\u00e9on-Dufour<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los tres primeros Evangelios se llaman s., porque en su visi\u00f3n conjunta (syn-\u00f3psis) del mensaje de Jes\u00fas siguen una l\u00ed\u00adnea com\u00fan. 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