{"id":19040,"date":"2016-02-05T12:12:44","date_gmt":"2016-02-05T17:12:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/trascendentales\/"},"modified":"2016-02-05T12:12:44","modified_gmt":"2016-02-05T17:12:44","slug":"trascendentales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/trascendentales\/","title":{"rendered":"TRASCENDENTALES"},"content":{"rendered":"<p>La fuerza m\u00e1s \u00ed\u00adntima que mueve el filosofar es el -> ser, con el cual se dan necesariamente determinadas propiedades. Estas se encuentran en todo ente en cuanto le corresponde el ser; se llaman t. porque con el ser envuelven los \u00f3rdenes limitados del ente o trascienden todo l\u00ed\u00admite. En concreto son: la -> unidad, la -> verdad, la bondad (el -> bien) y tambi\u00e9n la belleza (-> arte, -> est\u00e9tica).<\/p>\n<p>1. Para Plat\u00f3n las ideas son lo que verdaderamente es (\u00f3ntos \u00f3n), aquello en lo que brilla sin sombras la esencia del ser. Este aparece all\u00ed\u00ad revestido de las propiedades citadas anteriormente, de las cuales, al menos fragmentariamente, participa el ente terrestre. Arist\u00f3teles pregunta expresamente por lo que corresponde al ente como tal; \u00e9l investiga lo uno y lo verdadero en los libros vi y x de la Metaf\u00ed\u00adsica, y el bien en el libro i de la Etica a Nic\u00f3maco. Plotino ve el origen supremo como lo uno y lo bueno; de \u00e9l sale el nous, que pensando origina las ideas y as\u00ed\u00ad es lo verdadero. De \u00e9l participan, en gradaci\u00f3n descendente, el alma y todas las cosas.<\/p>\n<p>Agust\u00ed\u00adn ha acu\u00f1ado f\u00f3rmulas luminosas para las propiedades del ser: Nihil autem est esse quam unum esse (De mor. manich. u 6); Verum mihi videtur esse id, quod est (Solil. ii 5); Inquantum est, quidquid est, bonum est (De ver rel. xi 21). Alberto Magno da ya un cierto desarrollo sistem\u00e1tico de los tres primeros t.; a ellos a\u00f1ade \u00e9l la identidad (res) y la alteridad (aliquid), de los cuales el primero es sin\u00f3nimo de ente (ens) y el segundo est\u00e1 contenido en la unidad. Aqu\u00ed\u00ad se advierte la influencia de Avicena, seg\u00fan el cual el ens y la res son dos determinaciones distintas; por el contrario, \u00e9l considera el ens y el aliquid como sin\u00f3nimos. Para Tom\u00e1s de Aquino con el ente se dan cinco t.: la identidad, la unidad, la alteridad, la verdad y el bien (De ver. q. 1 a. 1); en otros lugares habla solamente de los tres t. principales (De ver. q. 21 a. 1 a. 3; De pot. q. 9 ad 6). En estos cat\u00e1logos no aparece lo bello, pero hay que incluirlo sin duda alguna entre los t.; en lo cual el Aquinate mantiene la l\u00ed\u00adnea de Plat\u00f3n, Plotino, Agust\u00ed\u00adn y Alberto Magno (Comm. in De div. nom. cap. 4 lect. 5; De ver q. 22 a. 1 ad 12; Sent. i d. 31 q. 2 a. 1). M\u00e1s tarde F. Su\u00e1rez redonde\u00f3 sistem\u00e1ticamente este cap\u00ed\u00adtulo doctrinal, desarrollando \u00fanicamente los tres t. principales (Disp. metaph., 111 sect. 2 n\u00bb .3); sobre res y aliquid tiene una opini\u00f3n semejante a la de Alberto Magno. El mismo camino sigue el desarrollo escol\u00e1stico posterior, cuyas repercusiones pueden notarse hasta la filosof\u00ed\u00ada racionalista del s. xviii, p. ej. en Ch. Wolff. En este contexto descuella G. Leibniz, que determina el ser como m\u00f3nada, y as\u00ed\u00ad como unidad, verdad (perceptio) y bondad (appetitio).<\/p>\n<p>Una resonancia de la tradici\u00f3n se encuentra todav\u00ed\u00ada en Kant, que acepta los tres t. por lo menos como previa condici\u00f3n l\u00f3gica de todo conocimiento de la cosa. G. Hegel vuelve dial\u00e9cticamente a la protundidad metaf\u00ed\u00adsica del ser y de sus propiedades, lo cual aparece en su L\u00f3gica. F. Nietzsche quiere identificar los t. con sus opuestos, por lo que llega al devenir dionis\u00ed\u00adaco (Voluntad de poder, n\u00c2\u00ba. 12 272 298 1005). En el pensamiento no escol\u00e1stico de la actualidad, N. Hartmann, p. ej., ordena los atributos esenciales del ente en las categor\u00ed\u00adas; tras ello est\u00e1 la limitaci\u00f3n al ente finito y mundano. Seg\u00fan M. Heidegger, finalmente, el ser guarda la relaci\u00f3n m\u00e1s \u00ed\u00adntima sobre todo con la verdad; tambi\u00e9n lo uno irradia.<\/p>\n<p>2. Los t. se dan necesariamente con el ser, que en ellos se desarrolla a s\u00ed\u00ad mismo o se muestra en su m\u00e1s propia mismidad. As\u00ed\u00ad como el ser nunca se da sin los t., de igual manera \u00e9stos se incluyen tambi\u00e9n inseparablemente. En consecuencia podemos decir: En la medida en que a un ente le corresponde el ser, se acu\u00f1an en \u00e9l la unidad, la verdad, la bondad, la belleza; por eso, el ser subsistente implica tambi\u00e9n la subsistencia de los t. Estos no son meros sin\u00f3nimos del ser, sino que acu\u00f1an con plena determinaci\u00f3n su contenido, que inicialmente nosotros aprehendemos s\u00f3lo en forma indeterminada. Por esto el contenido pensado en el ser o en cada trascendental no es siempre exactamente el mismo; por lo cual se da una distinci\u00f3n conceptual entre ellos con fundamento en el contenido respectivo. Sin embargo, esta distinci\u00f3n es la peque\u00f1a que pueda pensarse, porque los contenidos no permiten ninguna separaci\u00f3n y siempre se penetran mutuamente o se relacionan por una estricta identidad. A causa de la distinci\u00f3n, el progreso desde el ser a los t. realiza una s\u00ed\u00adntesis, que, sin embargo, dada la identidad formal, es a priori o implica una necesidad metaf\u00ed\u00adsica. Evidentemente esta s\u00ed\u00adntesis a priori, que afecta al ser mismo, se eleva esencialmente por encima de la fe de Kant, la cual no va m\u00e1s all\u00e1 de los fen\u00f3menos.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a los t. en particular, todos concuerdan en que la unidad, la verdad y la bondad est\u00e1n incluidas entre ellos. Nosotros a\u00f1adimos la belleza, en lo cual no nos siguen aquellos que en la esencia de lo bello incluyen la forma sensible. Los dos t. que menciona adem\u00e1s el Aquinate, con Avicena, no parece que se distingan de los otros como t. especiales; la identidad (res) est\u00e1 contenida en el ente, y la alteridad (aliquid) en el uno como elemento constitutivo. A veces se cuentan entre los t. la duraci\u00f3n y la semejanza; sin embargo, estas propiedades pueden reducirse a la unidad, como unidad en el tiempo o por encima del tiempo, y como coincidencia en una determinada forma. Estrictamente, el orden y la totalidad no son t., porque incluyen una pluralidad y, por tanto, no pueden atribuirse a Dios.<\/p>\n<p>Entre los t. reina un orden esencial de sucesi\u00f3n. Con el ente se da inmediatamente la unidad. Sobre ella se basan la verdad y el bien, que significan una coincidencia, una posibilidad de acceso, una conformidad entre el ente y el conocer o el apetecer. Como, por otro lado, en el conocer s\u00f3lo se da una uni\u00f3n imperfecta y \u00fanicamente en la volici\u00f3n o en el amor se logra la uni\u00f3n perfecta del esp\u00ed\u00adritu con los entes, solamente en el bien se acu\u00f1a por completo lo que empieza en lo verdadero. Finalmente, lo bello abarca la unidad, la verdad y la bondad, y por cierto, en la consumaci\u00f3n de su peculiaridad y de su concordancia; de ah\u00ed\u00ad nace la quietud en la contemplaci\u00f3n y en la complacencia.<\/p>\n<p>Estas cuatro propiedades del ser son realmente t., pues cuanto m\u00e1s ser corresponde al ente, tanto m\u00e1s uno es \u00e9l, es decir, cerrado en s\u00ed\u00ad mismo y distinto de los dem\u00e1s. Viceversa, el ente por la p\u00e9rdida de su unidad tambi\u00e9n queda despejado del ser, de manera que ya no existe o por lo menos no existe como un todo inc\u00f3lume.<\/p>\n<p>El fundamento que posibilita el conocimiento expl\u00ed\u00adcito de los entes en el concepto y en el juicio es la presencia impl\u00ed\u00adcita del ser envolvente. Con ello el esp\u00ed\u00adritu humano lo alcanza siempre todo sin excepci\u00f3n, pues fuera del ser no hay sino la nada. Pero esto significa que para el -> esp\u00ed\u00adritu todo es homog\u00e9neo, accesible, inteligible, o sea, verdadero. De manera semejante la -> voluntad s\u00f3lo puede elegir libremente entre los bienes limitados como su objeto material por el hecho de que, seg\u00fan su objeto formal, est\u00e1 orientada al ser que lo abarca todo como el bien y con ello, en definitiva, como el bien ilimitado (summum bonum in genere).<\/p>\n<p>En consecuencia, para la aspiraci\u00f3n o el amor todo es homog\u00e9neo, accesible, apetecible, o sea, bueno. Pero si el ser y el bien son formalmente id\u00e9nticos, el -> mal s\u00f3lo puede consistir en la privaci\u00f3n o en la ausencia de una perfecci\u00f3n exigida por la tendencia de la naturaleza. Como estado de perfecci\u00f3n y concordancia perfecta de lo uno, lo verdadero y lo bueno, lo bello, pertenece junto con estos tres a los transcendentales.<\/p>\n<p>Nuestra descripci\u00f3n es v\u00e1lida para lo visible sensiblemente y todav\u00ed\u00ada m\u00e1s para lo contemplable espiritualmente. Nuestra vivencia es movida por la belleza radiante; sin embargo, tambi\u00e9n en lo aburrido y lo feo late un resto de belleza, cuya extinci\u00f3n total equivaldr\u00ed\u00ada exactamente a la destrucci\u00f3n del ente. A la postre los t. conducen a -> Dios como el uno originario, la verdad originaria, la bondad originaria y la belleza originaria.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: G. Schulemann, Die Lehre von den Transzendentalien in der scholastischen Philosophie (Mn 1929); H. K\u00fchle, Die Lehre Alberts d. Gr. von den Transzendentalien: Philosophia Perennis I (Rb 1930) 129-147; G. S\u00f6hngen, Sein und Gegenstand (Mr 1930); A. B. Wolter, The Transcendentals and their Function in the Metaphysics of Duns Scotus (St Bonaventure [N. Y.] 1946); L. Lachance, L&#8217;Etre et ses propri\u00e9t\u00e9s (Montr\u00e9al 1950); A. Moschetti, l&#8217;unith come categoria (Mi 1952); L. Oeing-Hanhoff, Ens et unum conve:tuntur (Mr 1953); J. E. Twofney, The General Notion of the Transcendentals in the Metaphysics of St. Thomas (Wa 1958); J. Lotz, Metaphysica operationis humanae (R 21961); idem, Ontologia (Ba 1963); L. Elders, Aristotle&#8217;s Theory of the One (Assen 1961); H. Kuhn, Das Sein und das Gute (Mn 1962).<\/p>\n<p>Johannes Baptist Lotz<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La fuerza m\u00e1s \u00ed\u00adntima que mueve el filosofar es el -> ser, con el cual se dan necesariamente determinadas propiedades. 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