{"id":19047,"date":"2016-02-05T12:12:58","date_gmt":"2016-02-05T17:12:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ordenes-sagradas\/"},"modified":"2016-02-05T12:12:58","modified_gmt":"2016-02-05T17:12:58","slug":"ordenes-sagradas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ordenes-sagradas\/","title":{"rendered":"ORDENES SAGRADAS"},"content":{"rendered":"<p>A) Instituci\u00f3n e historia.<\/p>\n<p>B) Intento de una sintaxis teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>C) Observaciones finales.<\/p>\n<p>A) INSTITUCI\u00ed\u201cN E HISTORIA<\/p>\n<p>I. Problemas hermen\u00e9uticos<br \/>\nEl desarrollo sem\u00e1ntico de la terminolog\u00ed\u00ada relativa a las \u00f3. sugiere la sospecha de un cambio en la acentuaci\u00f3n e incluso en la perspectiva teol\u00f3gica. Sin embargo, estos hechos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos han de interpretarse siempre teniendo en cuenta el contexto inmediato y mediato, y por cierto, tanto en lo referente a cada escrito como en lo relativo a lo que el autor pretende afirmar, pues \u00e9ste, seg\u00fan el contexto, da preferencia a ciertos t\u00e9rminos frente a otros.<\/p>\n<p>En los primeros siglos de la Iglesia, e incluso despu\u00e9s del edicto conatantiniano, aun all\u00ed\u00ad donde los soberanos cristianos otorgan amplias prerrogativas al clero, este contexto es ante todo de tipo b\u00ed\u00adblico (tomado principalmente del AT). H.U. Istinsky, E. Stommel, J. Gaudement y R. Gryson ponen en duda las afirmaciones poco matizadas de G. Dix, as\u00ed\u00ad como la tesis de Th. Klauser, recogida sin cr\u00ed\u00adtica por P.M. Gy, seg\u00fan la cual el ordo promotionis civil inspir\u00f3 pronto una jerarqu\u00ed\u00ada institucional semejante a la del imperio. Desde el siglo III encontramos tambi\u00e9n el concepto clerus, un neologismo formado del griego kl\u00e9ros, en el cual el trasfondo lev\u00ed\u00adtico permanece todav\u00ed\u00ada cognoscible durante largo tiempo. Cipriano usa el t\u00e9rmino clericus, Hilario clerikalis, y Jer\u00f3nimo, Silicio y Agust\u00ed\u00adn clerlcatus. Estos conceptos diferencian al clero frente a la plebs o al populus, que ya Clemente Romano (1 Clem 40, 5) designa indirectamente como laikos. Ecclesiasticus fue desde Tertuliano la denominaci\u00f3n para los \u00abcristianos\u00bb pero desde Jer\u00f3nimo, Prisciliano y el Ambrosiaster, se usa como equivalentes de clericus. Tertuliano eligi\u00f3 el t\u00e9rmino ordo, seguramente bajo la influencia del sacerdos secundum ordinem Melchisedech (Sal 109, 4; Heb 5-7). La palabra significa tanto la totalidad del clero, como los distintos grados dentro del ordo, los cuales desde Cipriano son llamados tambi\u00e9n gradus. Las significaciones modernas de ordo no se forman antes de la edad media. Desde Tertuliano y Cipriano los honores y dignitates encuentran r\u00e1pida expansi\u00f3n; sin embargo, todav\u00ed\u00ada no aparecen bajo la nomenclatura protocolaria del imperio, muy detallada y exactamente fijada. Meritum en el sentido de funci\u00f3n y militia en el sentido de corporaci\u00f3n (que no ha de entenderse exclusivamente en su acepci\u00f3n militar) s\u00f3lo se emplean raras veces.<\/p>\n<p>Respecto de los grados eclesi\u00e1sticos del ordo, hemos de afirmar que \u00e1rj\u00f3n (Or\u00ed\u00adgenes) o princeps originariamente significaba el \u00abprimero\u00bb, y no tiene el sentido de princeps, que no se impuso hasta m\u00e1s tarde, a saber, en la terminologla feudal del medievo, para contraponer los pr\u00ed\u00adncipes ecclesiastici a los pr\u00ed\u00adncipes saeculares. Por otra parte, en los primeros siglos los conceptos princeps sacerdos, princeps sacerdotum y sacerdos magnus se emplean exclusivamente para referirse a Cristo. El obispo &#8211; un t\u00e9rmino moderno que se obtuvo por la latinizaci\u00f3n de \u00e9piskopos- muchas veces es designado tambi\u00e9n como sacerdos (o incluso summus sacerdos), aunque en ocasiones este t\u00ed\u00adtulo se emplea igualmente para el presb\u00ed\u00adtero. Pontifex, aunque ya aparece en Jer\u00f3nimo, debido al origen pagano de la expresi\u00f3n se usa con ciertos reparos. Al sacerdote se le llama \u00abpresb\u00ed\u00adtero\u00bb, palabra que se ha conservado en la mayor\u00ed\u00ada de las lenguas modernas; en algunos casos, como, p. ej., en Ambrosio, el presb\u00ed\u00adtero es designado como senior. El diakonos recibe habitualmente el nombre de minister. Este tiene a su cargo el ministerium. Pero estos dos conceptos, lo mismo que sacerdos, pueden tener un sentido m\u00e1s amplio, significando \u00aboficio\u00bb, seg\u00fan la acepci\u00f3n que se encuentra en el NT. La nomenclatura y el titulo de las \u00f3. menores est\u00e1n muy diferenciados en los primeros siglos (H. LENNERZ, De sacramento ordinis [R 1947]).<\/p>\n<p>Los t\u00e9rminos que designan el rito de las \u00f3. han pasado igualmente a trav\u00e9s de diversas evoluciones. En el concepto, muy antiguo, de EPISTHESIS TON JEIRON, JEIROTON\u00ed\u008dA significa primeramente elecci\u00f3n o nombramiento. S\u00f3lo desde el siglo iv se refiere al rito. De igual modo ordinare significa primero \u00abdesignar\u00bb, mientras que el rito fue designado con los vocablos benedictio o consecratio. Por primera vez en cl siglo xii se distingue entre la ordinatio de un presb\u00ed\u00adtero y la consecratio de un obispo.<\/p>\n<p>En el transcurso de los siglos la significaci\u00f3n corporativa de ordo se fue perdiendo lentamente. En el curso de las discusiones del Vaticano II los padres conciliares han adoptado nuevamente el concepto de collegium episcopale, que en el siglo II hab\u00ed\u00ada sido introducido por los africanos y en el siglo v fue recogido en Roma por Celestino I. Ambrosio, por su parte, prefiri\u00f3 el concepto de sacerdotale consortium. Estas palabras designan una realidad m\u00e1s rica, compleja y viva que el concepto jur\u00ed\u00addico, defendido en el concilio por una minor\u00ed\u00ada. En los primeros siglos esta idea hall\u00f3 su expresi\u00f3n en el frecuente uso de la palabra frater y en numerosas composiciones con la preposici\u00f3n \u00abco\u00bb, p. ej., coepiscopus y copresbyter; modo de hablar que se encuentran ya en el NT.<\/p>\n<p>Estas indicaciones muestran con qu\u00e9 cuidado han de interpretarse los textos antiguos, y c\u00f3mo incluso en ciertos conceptos claros hay que ser cautos ante construcciones demasiado r\u00e1pidas e indiferenciadas, con las cuales nuestro tiempo, tan movido, parece que se da por satisfecho.<\/p>\n<p>Sin embargo, los problemas hermen\u00e9uticos no s\u00f3lo se plantean por los fen\u00f3menos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos, sino tambi\u00e9n, y con mayor urgencia, por la realidad vivida del ordo en una determinada \u00e9poca. Nuestro tiempo est\u00e1 a la b\u00fasqueda de una \u00abimagen nueva\u00bb del sacerdote y del obispo. Por \u00abimagen\u00bb entendemos aqu\u00ed\u00ad la identidad, la significaci\u00f3n y el valor socio-psicol\u00f3gico reconocidos a una persona, que ejerce una funci\u00f3n en un grupo. En esa \u00abimagen\u00bb los hombres expresan su aceptaci\u00f3n y reconocimiento de esta persona y de su funci\u00f3n en el grupo, mientras que dicha persona descubre en la imagen la base de su propia estimaci\u00f3n, sin la cual nadie es capaz de vivir. La modificaci\u00f3n de la identidad de la \u00abimagen\u00bb es un fen\u00f3meno com\u00fan en medio de los profundos trastornos que hoy experimenta el occidente.<\/p>\n<p>Si bien en nuestro tiempo se transforma la imagen de la mujer, o de los padres, o del pol\u00ed\u00adtico, o del soldado, sin embargo la p\u00e9rdida de identidad quiz\u00e1s en nadie se experimenta tan dolorosamente como en el sacerdote. Normalmente los obispos apenas se dan cuenta de que tambi\u00e9n su \u00abimagen\u00bb var\u00ed\u00ada sin cesar. Para la soluci\u00f3n de estas cuestiones el te\u00f3logo debe atender a las objeciones y a los est\u00ed\u00admulos de soci\u00f3logos y psic\u00f3logos. Sin embargo, ser\u00ed\u00ada un iluso si quisiera abordar y solucionar estos problemas exclusivamente en sus aspectos sociol\u00f3gicos y psicol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>Si bien es verdad que la realidad sacerdotal ya desde el principio fue confiada por Cristo a la Iglesia, tambi\u00e9n est\u00e1 muy claro que esta \u00abidea fundamental\u00bb debe integrarse en las estructuras socioculturales de cada \u00e9poca, si dicha realidad quiere ser lo que debe ser. El -> sacerdocio es realmente una funci\u00f3n que debe realizarse en la sociedad humana; y, por consiguiente, ha de aceptar las estructuras funcionales de esa sociedad. Esto sucedi\u00f3 realmente en el imperio romano, en la sociedad feudal de la edad media, y tambi\u00e9n m\u00e1s tarde. La \u00abimagen\u00bb del sacerdote y del obispo est\u00e1n, por tanto, en desarrollo constante.<\/p>\n<p>Para comprender mejor el desarrollo del ordo en la Iglesia hay que atender a dos principios b\u00e1sicos: 1\u00c2\u00ba Esta \u00abidea fundamental\u00bb de Cristo contiene, a causa de su riqueza divina, m\u00e1s posibilidades concretas de realizaci\u00f3n que las que la Iglesia puede realizar. 2.\u00c2\u00b0 Esa \u00abidea\u00bb debe encarnarse de manera necesariamente concreta en la estructura plurisignificativa &#8211; porque es humana &#8211; de cada \u00e9poca. Esta integraci\u00f3n ineludible conduce forzosamente a destacar totalmente (a causa de la presencia del pecado en la Iglesia) a la inautenticidad. Sin embargo, hemos de fijarnos en el aspecto importante de que cualquier realizaci\u00f3n concreta de una idea en el plano humano lleva consigo ciertas ventajas, las cuales son visibles ante todo para los contempor\u00e1neos, pero tambi\u00e9n notables inconvenientes, ante todo para las generaciones siguientes. Esto vale tambi\u00e9n para las \u00abim\u00e1genes\u00bb del sacerdocio, distintas seg\u00fan las \u00e9pocas, que en la antig\u00fcedad conoci\u00f3 la Iglesia.<\/p>\n<p>Por tanto la Iglesia debe pensar siempre de nuevo y reformar su concepci\u00f3n concreta e hist\u00f3rica de las \u00f3.s., orient\u00e1ndose en todo momento por el ideal evang\u00e9lico de Cristo. Este es el motivo de que el sacerdocio institucional ya desde el AT no fuera capaz de conservar su autenticidad mientras no reconoci\u00f3 el oficio del profeta, el cual, en nombre de Dios y de su fe viva, le recuerda constantemente su verdadera vocaci\u00f3n. Una institucionalizaci\u00f3n del ordo es inevitable, pero todo proceso de institucionalizaci\u00f3n lleva a un endurecimiento en la \u00abreligi\u00f3n\u00bb y, por consiguiente, a un sistema.<\/p>\n<p>Sin profetismo el orden se ve condenado a traicionar su inspiraci\u00f3n originaria, sin sacerdocio el profetismo sucumbe a la anarqu\u00ed\u00ada. \u00abInstituci\u00f3n\u00bb y \u00abcarisma\u00bb no se excluyen mutuamente, como hab\u00ed\u00adan cre\u00ed\u00addo el liberalismo y el modernismo, sino que se apoyan rec\u00ed\u00adprocamente (cf. -> oficio y carisma).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, pues, en el plano de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica hay que distinguir entre la idea fundamental originaria, querida e instituida por Cristo (substantia sacramenti o tambi\u00e9n substantia ritus sacramenti, el rito querido por Cristo) y la realizaci\u00f3n concreta e hist\u00f3rica de esta idea por parte de la Iglesia en una \u00e9poca determinada (la essentia sacramenti o la essentia ritus sacramentales), la expresi\u00f3n simb\u00f3lica de la intenci\u00f3n de la Iglesia y de su fe en el rito de las \u00f3. s. Esta distinci\u00f3n t\u00e9cnica tiene una funci\u00f3n hermen\u00e9utica, principalmente para el estudio del, pasado, donde a base de investigaciones comparativas el te\u00f3logo es capaz hasta cierto grado de descubrir la inspiraci\u00f3n constante y originaria bajo el progreso hist\u00f3rico de las m\u00faltiples formas de expresi\u00f3n, las cuales, por el empuje del desarrollo de la cultura humana, est\u00e1n sometidas a una din\u00e1mica constante de desarrollo. Con todo, ser\u00ed\u00ada una simplificaci\u00f3n excesiva el creer que la idea pura puede separarse de los elementos puros de la realizaci\u00f3n concreta. Pues una aplicaci\u00f3n concreta de la idea de Cristo en la actualidad o en el futuro s\u00f3lo es posible apoy\u00e1ndose en determinadas concepciones, representaciones y estructuras socioculturales que pertenezcan al lenguaje de cada cultura y a sus formas de relaci\u00f3n intrahumana (patterns of behaviour). El deseo de realizar sin falseamiento la idea del evangelio es una ilusi\u00f3n antigua y terca, pero falaz. Incluso Cristo se vio obligado a encarnar su idea en las im\u00e1genes y en el lenguaje del AT y del juda\u00ed\u00adsmo contempor\u00e1neo, a adaptarla a las estructuras sociales del medio jud\u00ed\u00ado en que vivi\u00f3. Despu\u00e9s de \u00e9l tambi\u00e9n hicieron esto los ap\u00f3stoles (cf. E. SCHILLEBEECKX y P. SCHOONENBERG, en Neue Perspektiven [W 1968] 69-118 119-161).<\/p>\n<p>II. Doctrina b\u00ed\u00adblica<br \/>\n1. Los doce<br \/>\na) El hecho de la instituci\u00f3n de los doce. La mayor\u00ed\u00ada de los exegetas parece coincidir en el hecho de que Cristo, en el transcurso de su vida p\u00fablica, de acuerdo con una costumbre rab\u00ed\u00adnica congreg\u00f3 en torno a su persona un n\u00famero m\u00e1s o menos constante de disc\u00ed\u00adpulos \u00abpara que estuvieran con \u00e9l\u00bb (Mc 3, 13s). Ya muy pronto, posiblemente todav\u00ed\u00ada durante la vida de Jes\u00fas, \u00e9stos fueron llamados los \u00abdoce\u00bb, nombre simb\u00f3lico que se refiere al principio (los doce patriarcas) y al final de los tiempos (Mt 19, 23; Lc 22, 18-20), y con ello representa al nuevo -> pueblo de Dios (las doce tribus). Los doce tienen el cometido de auxiliar a Cristo en la proclamaci\u00f3n del -> reino de Dios (Mc 6, 7-13; Lc 9, 1-6). Su misi\u00f3n fue confirmada despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n; con lo cual se hizo universal (muy claramente en Mateo) y recibi\u00f3 una significaci\u00f3n singular: pues ellos son los testigos preferidos de la vida, de la muerte y de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or (Lc 24, 48; Act 1, 4-11).<\/p>\n<p>Sin embargo, algunos puntos contin\u00faan discutidos: 1\u00c2\u00ba. si Cristo mismo les dio el titulo de \u00ab-> ap\u00f3stoles\u00bb (Ch. Dupont). Esta denominaci\u00f3n parece haber sido introducida por Pablo seg\u00fan el modelo de los profetas del AT; 2\u00c2\u00ba., si la instituci\u00f3n rab\u00ed\u00adnica de los seluhim pudo influir en el concepto concreto y originario del oficio de los doce. Parece que esa instituci\u00f3n s\u00f3lo qued\u00f3 establecida claramente en el juda\u00ed\u00adsmo el a\u00f1o 70 d.C.; 3\u00c2\u00ba. algunos autores protestantes recientes consideran que la instituci\u00f3n de los doce es obra de la Iglesia y no de Cristo. Esta cuesti\u00f3n debe ser solucionada por un estudio atento de la historia y ante todo por un estudio hist\u00f3rico-redaccional de la estructura de los sin\u00f3pticos.<\/p>\n<p>b) El contenido de su misi\u00f3n. Sorprende ante todo que los -> sin\u00f3pticos reconocen a los doce una misi\u00f3n especial, la cual, sin embargo, no puede distinguirse adecuadamente de la misi\u00f3n de los otros que aceptan la fe de Cristo. As\u00ed\u00ad Mt usa en su discurso dirigido a los doce (9, 35; 11, 1) bastantes logia que en otro contexto redaccional (por ejemplo Mt 18: contexto de la comunidad cristiana) se refieren a todos los creyentes. O sea que la idea del orden no puede implicar una separaci\u00f3n muy estricta entre los doce y los dem\u00e1s fieles. Tambi\u00e9n se podr\u00ed\u00ada aducir aqu\u00ed\u00ad la per\u00ed\u00adcopa de Lucas sobre los 70 \u00f3 72 disc\u00ed\u00adpulos (10, 1-24), un texto dif\u00ed\u00adcil de interpretar, que Lc ha situado sin duda alguna en un punto culminante de su evangelio: entre las ense\u00f1anzas para los doce (9, 46-62) y la \u00abexclamaci\u00f3n de j\u00fabilo\u00bb y las \u00abbienaventuranzas\u00bb (10, 21-24). En general los exegetas est\u00e1n de acuerdo en que el n\u00famero 70 (\u00f3 72: 12 veces 6) implica el pensamiento de la autoridad institucional (seg\u00fan el ejemplo de los 70 \u00abancianos\u00bb en Mois\u00e9s: Ex 24, 1; N\u00fam 11, 16: s\u00ed\u00admbolo y tradici\u00f3n que en el juda\u00ed\u00adsmo est\u00e1n difundidos en el tiempo de Cristo; -> Qnmr\u00e1n) o el de la universalidad (el mundo conoce 70 pueblos \u00f3 70 lenguas). V\u00e9ase a este respecto la recent\u00ed\u00adsima sugerencia de S. Jellicoe (NTS 6 [1960] 319ss), escrita como r\u00e9plica al art\u00ed\u00adculo de B. Metzger (NTS 5 [1959] 299-306); seg\u00fan aquel autor se tratar\u00ed\u00ada ah\u00ed\u00ad de la idea de una proclamaci\u00f3n universal, que se basa en la carta de Aristeas sobre el origen misterioso de la traducci\u00f3n de los Setenta. No se excluye que Lucas quisiera justificar la direcci\u00f3n de las Iglesias paulinas por los \u00abobispos-presb\u00ed\u00adteros\u00bb, o que pensara (cosa m\u00e1s veros\u00ed\u00admil) en la misi\u00f3n apost\u00f3lica universal del pueblo de Dios. El texto famoso, usado tantas veces para el oficio episcopal: \u00abQuien a vosotros os oye, a mi me oye\u00bb, se referir\u00ed\u00ada en este contexto al testimonio prof\u00e9tico de cada fiel ante el mundo.<\/p>\n<p>La misma ambivalencia se puede observar en aquella palabra que en los sin\u00f3pticos define el oficio de los doce: la diakon\u00ed\u00ada. La misi\u00f3n de Cristo es una diakonia (p. ej., Lc 22, 26ss, donde puede notarse todav\u00ed\u00ada el significado habitual y originario de la palabra: servir en la comida), y la misi\u00f3n de todos los fieles lo es igualmente, ya que ellos son \u00absiervos de Dios\u00bb y hombres que est\u00e1n inspirados por la caridad (p. ej., Mt 23, 2-12; Jn 12, 25ss). Pero el oficio de los doce es definido con especial insistencia como \u00abservicio\u00bb: Mc 9, 35; 10, 43ss; Mt 20, 26ss.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n propiamente dicha de los doce es una participaci\u00f3n en la misi\u00f3n de Cristo por el Padre para la proclamaci\u00f3n del -> reino de Dios. Esto es afirmado por los tres sin\u00f3pticos (Mc 9, 32-42; Mt 10, 10-42; Lc 9, 46-50), y si Lc 10, 1-24 se refiere realmente a los \u00abobispos-presb\u00ed\u00adteros\u00bb de las Iglesias paulinas, la misma afirmaci\u00f3n se puede encontrar en 10, 16 en una forma adecuada a los lectores griegos. Jn repite en otra forma esa misma afirmaci\u00f3n al final de su Evangelio (20, 19-23), donde esta misi\u00f3n se enlaza expresamente con el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo para perdonar pecados, en correspondencia con la -> metanoia que los sin\u00f3pticos proclaman de cara al reino de Dios.<\/p>\n<p>El mismo pensamiento de una participaci\u00f3n en la misi\u00f3n de Cristo parecen expresar en forma simb\u00f3lica y concreta las tres im\u00e1genes del \u00absiervo-ni\u00f1o\u00bb, del \u00abpastor\u00bb y de la \u00abroca\u00bb. Parece, en efecto, que el arameo talja significa tanto \u00abni\u00f1o\u00bb como \u00absiervo\u00bb (M. Black). Los rabinos se denominan a s\u00ed\u00ad mismos los \u00abgrandes\u00bb, y llaman a sus disc\u00ed\u00adpulos los \u00abpeque\u00f1os\u00bb o los \u00abni\u00f1os\u00bb. En la versi\u00f3n de los Setenta el Ebed del D\u00e9utero-Isa\u00ed\u00adas es traducido por pais y doulos, mientras que en los salmos el traductor da preferencia a doulos. As\u00ed\u00ad los doce por su participaci\u00f3n en la misi\u00f3n del \u00absiervo de Yahveh\u00bb son comparados con \u00abni\u00f1os\u00bb o con \u00abpeque\u00f1os\u00bb (par\u00e1bola ilustrada por una acci\u00f3n: Cristo les muestra a un ni\u00f1o). En todo este contexto es digno de notarse que Cristo contrapone el ejercicio futuro de su autoridad al de los grandes del mundo y al de los rabinos, pero jam\u00e1s lo contrapone al de los sacerdotes jud\u00ed\u00ados. Parece, pues, que aqu\u00ed\u00ad los evangelistas no han pensado en la situaci\u00f3n de los sacerdotes jud\u00ed\u00ados, los cuales, por lo dem\u00e1s, a excepci\u00f3n de la situaci\u00f3n social del sumo sacerdote en el sanedr\u00ed\u00adn, seguramente no gozaban de ninguna posici\u00f3n magisterial autoritativa o de gobierno.<\/p>\n<p>Cristo es el buen pastor; igualmente Pedro (Jn 21, 15-18), los doce (Mt 9, 35-38) y los otros son tambi\u00e9n pastores (1 Pe 5, 2). Cristo es, despu\u00e9s de Yahveh, la roca de Israel, la piedra angular; y Pedro es llamado igualmente K\u00e9f\u00e1 (Mt 16, 13-20), as\u00ed\u00ad como los doce son llamados las \u00abcolumnas\u00bb o los \u00abfundamentos\u00bb (Ef 2, 20; G\u00e1l 2, 9; Ap 21, 14). Cristo sufrir\u00e1 por el reino de Dios, e igual suerte correr\u00e1n los disc\u00ed\u00adpulos. Cristo es el profeta; y tambi\u00e9n los disc\u00ed\u00adpulos proclamar\u00e1n el reino de Dios. Cristo es el nuevo Mois\u00e9s; y los disc\u00ed\u00adpulos ser\u00e1n los \u00ab70 ancianos\u00bb (seg\u00fan una de las interpretaciones de Lc 10, 1-24).<\/p>\n<p>2. El oficio en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de la Iglesia<br \/>\na) El apostolado<br \/>\nPablo y Lucas son los que han pensado el hecho de la misi\u00f3n de los doce por Cristo sirvi\u00e9ndose del concepto nuevo de \u00abap\u00f3stol\u00bb. En sentido estricto el -> ap\u00f3stol es el testigo de la vida y muerte de Jesucristo en la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo, lo cual le confiere una misi\u00f3n universal (Act 1, 21ss). Esta funci\u00f3n singular es extendida a Mat\u00ed\u00adas (Act 1, 24ss), a Pablo y a Santiago, el \u00abhermano\u00bb del Se\u00f1or, que probablemente no pertenec\u00ed\u00ada al grupo de los doce. Sin duda Pablo y Lucas presuponen en este \u00faltimo caso una intervenci\u00f3n directa de Dios (por la suertes) o una aparici\u00f3n del Sefior resucitado. M\u00e1s tarde se desarrolla una significaci\u00f3n derivada, seg\u00fan la cual la idea de la proclamaci\u00f3n universal parece fundamentar un uso an\u00e1logo y subsidiario del titulo.<\/p>\n<p>b) La diferenciaci\u00f3n del oficio eclesi\u00e1stico en la Iglesia apost\u00f3lica y en la postapost\u00f3lica<br \/>\nLa instituci\u00f3n por Cristo del orden como sacramento se distingue, en el sentido estricto de la palabra, de la instituci\u00f3n de los doce. Sin embargo, no puede negarse una relaci\u00f3n entre ambas cosas. Con todo, la derivaci\u00f3n del orden a partir del apostolado mediante una continuidad hist\u00f3rica es muy dif\u00ed\u00adcil. Por consiguiente, la afirmaci\u00f3n dogm\u00e1tica de la instituci\u00f3n inmediata del orden por Cristo ha de legitimarse en forma indirecta, m\u00e9todo que se distingue fuertemente del procedimiento cl\u00e1sico. Este \u00faltimo sosten\u00ed\u00ada una concepci\u00f3n del sacerdocio cristiano (muy usual en la edad media) que ten\u00ed\u00ada una fuerte orientaci\u00f3n cultual, y en consecuencia enlazaba la instituci\u00f3n del orden por Cristo ante todo con la instituci\u00f3n de la -> eucarist\u00ed\u00ada, y la enlazaba particularmente con las palabras de Cristo: \u00abHaced esto en memoria m\u00ed\u00ada\u00bb (1 Cor 11, 24; Lc 22, 19), y con el poder de perdonar los pecados (Mt 16, 19ss; 18, 18; Jn 20, 22; cf. concilio de Florencia: DS 1326; y concilio de Trento 1764 y 1771; v\u00e9ase H. DENts, Vatican II, Les pr\u00e9tres [P 1968] 192-232).<\/p>\n<p>Sin embargo, la realidad hist\u00f3rica y dogm\u00e1tica es m\u00e1s compleja, ya por el hecho mismo de que el desarrollo sem\u00e1ntico de las palabras \u00absacerdote\u00bb y \u00absacerdocio\u00bb depende de cada contexto religioso y cultural. En esta cuesti\u00f3n tan importante para la vida de la Iglesia y para el di\u00e1logo ecum\u00e9nico es de gran importancia el evitar conclusiones precipitadas, que adem\u00e1s afectan a la sinceridad cient\u00ed\u00adfica de la Iglesia cat\u00f3lica. En una religi\u00f3n revelada como el cristianismo, en la cual la revelaci\u00f3n est\u00e1 unida a hechos hist\u00f3ricos, tiene una importancia extraordinaria el reconocimiento n\u00ed\u00adtido de las verdades hist\u00f3ricas. Nuestra teolog\u00ed\u00ada ha sucumbido demasiadas veces a la seducci\u00f3n de la abstracci\u00f3n, una tendencia que acab\u00f3 por llevar al mito teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>1\u00c2\u00ba. El origen de la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica<br \/>\nEn el plano hist\u00f3rico parecen imposibles las afirmaciones definitivas sobre el origen concreto del oficio eclesi\u00e1stico tal como hoy lo conocemos. Nadie pone en duda la importancia de los doce, pero pronto se a\u00f1aden otros \u00abap\u00f3stoles\u00bb, cuya autenticidad es reconocida por todos, debido a motivos que ignoramos en su mayor parte. Al lado de \u00e9stos surgen otras personas que al principio gozan de una autoridad casi tan elevada como la de los ap\u00f3stoles, a saber, \u00ablos profetas y maestros\u00bb (1 Cor 12, 28; Act 13, 1; 15, 32; Ef 2, 20; 3, 5; 4, 11), los cuales, sin embargo, pronto la traspasan a otros. La autoridad de sus sucesores parece ser de origen m\u00e1s institucional que carism\u00e1tico; una distinci\u00f3n que, por otro lado, no puede forzarse. Existen los proistamenoi (1 Tes 5, 12), que tienen una autoridad oficial (Rom 12, 8); y alguna vez se habla tambi\u00e9n de los kyberneteis (1 Cor 12, 28; Act 27, 11; Ap 18, 17) o poimenes (1 Cor 12, 28; Ef 4, 11). Pablo mismo, una sola vez, antes de los diak\u00f3noi cita a los \u00e9p\u00ed\u00adskopoi (F1p 1, 1), un t\u00ed\u00adtulo que seguramente es de origen helen\u00ed\u00adstico (Act 20, 28; en Lc el oficio del \u00abpastor\u00bb: 20, 28). Junto a los ap\u00f3stoles hallamos ya pronto en Jerusal\u00e9n el grupo de los \u00absiete\u00bb (Act 6, 1-6), que son designados por la tradici\u00f3n como los siete primeros \u00abdi\u00e1conos\u00bb. Parece, sin embargo, que fueron una primera forma de \u00abpresb\u00ed\u00adteros\u00bb o de ancianos seg\u00fan el modelo jud\u00ed\u00ado. Estos ancianos constitu\u00ed\u00adan un colegio directivo y, con ello, una forma de direcci\u00f3n religiosa, tal como estaba difundida en la di\u00e1spora jud\u00ed\u00ada y en las comunidades de -> Qumr\u00e1n.<\/p>\n<p>Los ancianos aparecen primero en Jerusal\u00e9n (Act 11, 30; 15, 2-23; 16, 4; 21, 18; 22, 15), y m\u00e1s tarde tambi\u00e9n en otros lugares (Act 14, 23; 20, 17,35; Sant 5, 14; 1 Pe 5, 15), a partir de cierto momento bajo la direcci\u00f3n de un disc\u00ed\u00adpulo de los ap\u00f3stoles (1 Tim 3, 5; 5, 17; 19 22; Tit 1, 5).<\/p>\n<p>A la vista de estos pocos y dispares indicios que conservamos de esa primera \u00e9poca cristiana y que pertenecen a lugares y tiempos muy diversos, el historiador serio no puede aventurarse mucho. Pero es evidente que ya muy pronto los ap\u00f3stoles se juzgaron con potestad para tomar \u00abcolaboradores\u00bb, cuya responsabilidad apenas fue definida, reserv\u00e1ndose para s\u00ed\u00ad mismos la direcci\u00f3n de la Iglesia fundada por ellos. En virtud de ciertos indicios en el Apocalipsis (el \u00ab\u00e1ngel\u00bb de la Iglesia) y de testimonios posteriores, en este desarrollo puede distinguirse una tradici\u00f3n palestina, llamada tambi\u00e9n joanea. Junto a esta tradici\u00f3n del Asia Menor es posible que existiera adem\u00e1s una tradici\u00f3n paulina, llamada tambi\u00e9n misionera, en la cual las Iglesias fundadas por Pablo y por otros (1), p. ej., la de Roma, se crearon poco a poco un colegio directivo; sus miembros recibieron el nombre de presbiteroi y quiz\u00e1 m\u00e1s tarde, bajo la influencia de los judeocristianos, tambi\u00e9n el de episk\u00f3poi (p. ej., en Act). Estas Iglesias se desarrollan mucho m\u00e1s lentamente hacia la estructura mon\u00e1rquica adoptada en Asia Menor, hecho que parece estar atestiguado por Clemente Romano, por Hermas y, m\u00e1s tarde, por los usos habituales de la Iglesia alejandrina y quiz\u00e1s tambi\u00e9n de la de Ly\u00f3n, las cuales institu\u00ed\u00adan y ordenaban al obispo mediante los \u00abpresb\u00ed\u00adteros\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, todo esto no permite considerar la jerarqu\u00ed\u00ada del orden (obispo mon\u00e1rquico, colegio de presb\u00ed\u00adtero y di\u00e1conos) ni como instituci\u00f3n divina en sentido estricto ni como instituci\u00f3n de la Iglesia apost\u00f3lica. El concilio de Trento tiene en cuenta esto cuando en el canon quinto sobre el orden prefiere la f\u00f3rmula divina ordinatione institutam, a divina institutione (DS 1776, v\u00e9ase tambi\u00e9n 1868).<\/p>\n<p>El concilio Vaticano II ha formulado claramente que el obispo, como miembro del colegio episcopal y en virtud de su ordenaci\u00f3n, est\u00e1 constituido en la plenitud del sacerdocio, y que el presb\u00ed\u00adtero es ordenado como \u00abcolaborador\u00bb del obispo. Pero este concilio, seg\u00fan nuestra opini\u00f3n, no ha contestado a la pregunta de si se trata aqu\u00ed\u00ad de una definici\u00f3n dogm\u00e1tica de una verdad revelada o de un acto de la econom\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica, y con ello ha solucionado de facto, pero no de iure una controversia antigua, que ha durado hasta el concilio mismo (cf. H. DENIS, \u00abConcilium\u00bb 4 [1968] a\u00c2\u00b0 4).<\/p>\n<p>2.\u00c2\u00b0 \u00bfFueron entendidos como oficios sacerdotales los oficios primitivos?<br \/>\nLa investigaci\u00f3n actual se ocupa, entre otras cosas, de si los ap\u00f3stoles o sus \u00abcolaboradores\u00bb se consideraron a s\u00ed\u00ad mismos como \u00absacerdotes\u00bb. Antes de tratar con m\u00e1s detalle esta cuesti\u00f3n debe formularse claramente el problema sem\u00e1ntico. \u00bfQu\u00e9 realidad concreta evocan las palabras kohen, iereus, sacerdos o pontifex durante los primeros siglos? \u00bfQu\u00e9 realidad concreta tenemos ante los ojos cuando denegamos o concedemos hoy a los desarrollos antiguos y nuevos del oficio cristiano una dimensi\u00f3n \u00absacerdotal\u00bb? Yendo al fondo de la cuesti\u00f3n debe concederse que los documentos b\u00ed\u00adblicos patrocinan una respuesta negativa. Sin embargo, todo historiador serio sabe que el argumento ex silencio es muy dif\u00ed\u00adcil de manejar. En la \u00e9poca de Jes\u00fas la significaci\u00f3n de estas palabras estaba definida con mucha exactitud en el mundo jud\u00ed\u00ado y en el pagano, como resultado de un largo desarrollo cultural, religioso y, por consiguiente, sem\u00e1ntico. Ante este hecho lingu\u00ed\u00adstico es imposible atribuir a los oficios de la Iglesia naciente esas concepciones del sacerdocio totalmente ajenas a la experiencia cristiana.<\/p>\n<p>La carta a los Hebreos interpreta la funci\u00f3n celestial de Cristo con los s\u00ed\u00admbolos del sacerdocio lit\u00fargico del templo y de los kippurim. En este contexto el sacerdocio de Melquisedec serv\u00ed\u00ada para distinguir la realidad singular y trascendental de Cristo a la derecha del Padre de su tipo lit\u00fargico veterotestamentario. Incluso no es inveros\u00ed\u00admil, aunque tampoco evidente, que el autor de Heb quisiera rechazar toda idea de un sacerdocio terreno, para reservar exclusivamente a Cristo la dignidad sacerdotal, del mismo modo que Pablo en Rom rechaza la justificaci\u00f3n por las obras, para afirmar la \u00fanica justificaci\u00f3n por la fe.<\/p>\n<p>En el reconocimiento de un \u00absacerdocio real\u00bb del pueblo de Dios (1 Pe 2, 4-9) pueden verse tambi\u00e9n algunas ramificaciones de la tradici\u00f3n veterotestamentaria (Ex 19, 6). Juan, en cambio, parece inspirarse m\u00e1s bien en el D\u00e9utero-Isa\u00ed\u00adas (Jn 61, 6 21; Ap 1, 6; 5, 10; 20, 6; 22, 3ss). Una influencia positiva, o incluso negativa (p. ej., \u00bfen el caso de Heb?) de la espiritualidad \u00absacerdotal\u00bb de la secta de Qumr\u00e1n no debe excluirse totalmente. De ning\u00fan modo pretendemos desacreditar el valor de esta doctrina b\u00ed\u00adblica sobre Cristo y el pueblo de Dios, pero es evidente que tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad &#8211; desde el punto de vista sem\u00e1ntico &#8211; se trata de una transposici\u00f3n de la esfera espiritual de la significaci\u00f3n y del uso de las palabras, las cuales se refer\u00ed\u00adan al sacerdocio y eran familiares para los primeros cristianos por la lectura de la Biblia.<\/p>\n<p>En la refutaci\u00f3n o en la apelaci\u00f3n a ciertas formulaciones de Pablo, que describen su oficio apost\u00f3lico como thus\u00ed\u00ada o leitourg\u00ed\u00ada (Rom 1, 9; 15, 15s; Flp 2, 7), sin excluir en sus exposiciones de la fe cristiana a los otros creyentes de ese oficio (p. ej., Rom 12, 1; Flp 2, 17; 4, 18; cf. Sant 1, 26ss), tenemos al mismo tiempo la prueba de que el pensamiento aqu\u00ed\u00ad latente mira en primera l\u00ed\u00adnea a un sacerdocio cultural y lit\u00fargico. Un texto de Act (13, Iss) dif\u00ed\u00adcilmente permite una interpretaci\u00f3n puramente espiritual, pero se trata aqu\u00ed\u00ad de \u00abprofetas y maestros\u00bb a los que ya nos hemos referido anteriormente. Sin embargo, este texto nos confronta con otro problema, que surge tambi\u00e9n a ra\u00ed\u00adz de otros textos del NT, a saber, la realidad de que en el siglo t no se requer\u00ed\u00ada incondicionalmente una ordenaci\u00f3n para poder presidir un acto lit\u00fargico de cualquier clase (O. CASEL JLW 9 [1929] 1-19). En realidad, en ning\u00fan lugar se dice claramente qui\u00e9n debe presidir el banquete eucar\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>En este punto es oportuno volver a la idea del \u00absacerdocio\u00bb. \u00bfNo es el pensamiento de la mediaci\u00f3n entre Dios y los hombres m\u00e1s fundamental (p. ej. 1 Cer 4, 1-5; 2 Cor 3, 6) que la presidencia lit\u00fargica, la cual constituye solamente una de sus muchas realizaciones? El desarrollo de la idea de sacerdocio en el concilio Vaticano ii demuestra que el servicio de la palabra, la direcci\u00f3n de la comunidad y, sobre todo, la participaci\u00f3n de la misi\u00f3n de Cristo en orden a la edificaci\u00f3n de la Iglesia como cuerpo de Cristo (en lo que la Iglesia misma est\u00e1 orientada hacia el mundo en esp\u00ed\u00adritu de servicio y testimonio), pueden ser igualmente expresi\u00f3n de ese ministerio mediador.<\/p>\n<p>En Clemente Romano tenemos el primer testimonio que compara el oficio de Los ap\u00f3stoles y de sus sucesores con la jerarqu\u00ed\u00ada jud\u00ed\u00ada (1 Clem 42-44). Ignacio acent\u00faa claramente el oficio que el obispo tiene de presidir el culto. Tertuliano es el primero que usa para el obispo el titulo de summus sacerdos, mientras que Hip\u00f3lito de Roma reconoce este titulo a los ap\u00f3stoles. Eusebio (HE u 23, 6; v 24, 3) nos ha transmitido el testimonio de Hegesipo sobre Santiago de Jerusal\u00e9n y el de Policrates de Efeso sobre Juan. Mediante una mirada retrospectiva, Hegesipo y Pol\u00ed\u00adcrates reconocen a estos dos ap\u00f3stoles la dignidad de sumo sacerdote del AT. Ambos autores, por lo dem\u00e1s poco conocidos, parece que pertenec\u00ed\u00adan a la direcci\u00f3n judeocristiana. Es evidente que ese desarrollo, o eventualmente esta deformaci\u00f3n, de la primera tradici\u00f3n cristiana no estuvo influida por Constantino. Naturalmente, estas breves anotaciones no pueden ofrecer una soluci\u00f3n a las controversias actuales. Sin embargo, dos hip\u00f3tesis pueden contribuir al esclarecimiento de estas realidades: o bien los conceptos que ata\u00f1en al \u00absacerdocio\u00bb se desprendieron lentamente de su contexto cultural y religioso en el juda\u00ed\u00adsmo y en el paganismo, y as\u00ed\u00ad, despu\u00e9s de un proceso de purificaci\u00f3n, posibilitaron un nuevo empleo de la terminolog\u00ed\u00ada, desde ese momento cristiana; o bien la cultura circundante, fuertemente impregnada de \u00abreligi\u00f3n\u00bb, ocasion\u00f3 esta modificaci\u00f3n trascendental en la concepci\u00f3n grecorromana del oficio cristiano. A nuestro juicio esa cuesti\u00f3n no puede solucionarse exclusivamente con argumentos hist\u00f3ricos, los cuales se refieren a un tiempo en el que nuestros problemas actuales eran desconocidos. Por eso en lo que sigue, m\u00e1s all\u00e1 de toda problem\u00e1tica de conceptos que en el curso de los siglos y a\u00fan en nuestro tiempo tienen significaciones distintas y discutidas (v\u00e9ase J. COLSON, Ministres de J\u00e9sus-Christ, ou le sacerdoce de l&#8217;Evangile [P 1966]), hemos de hablar de los datos y funciones concretas.<\/p>\n<p>3\u00c2\u00ba. La imposici\u00f3n de manos<br \/>\nLa imposici\u00f3n de manos (semikah) fue un rito muy extendido en el juda\u00ed\u00adsmo. Es interesante precisar que los sacerdotes jud\u00ed\u00ados no eran ordenados por una semikah. Sin embargo, en N\u00fam 8, 5-11 toda la tribu de Lev\u00ed\u00ad es separada del resto del pueblo por una imposici\u00f3n de manos para el servicio de la alianza. El \u00abc\u00f3digo sacerdotal\u00bb conoce la imposici\u00f3n de manos de Josu\u00e9, por la cual \u00e9ste recibe el pneuma de Mois\u00e9s (Dt 34. 9) o \u00abuna parte de su dignidad\u00bb (hodh; N\u00fam 27, 15-23). Se sospecha que los escribas, los herederos de la autoridad mosaica, desde una cierta \u00e9poca adoptaron este rito colegial para transferir su poder a un disc\u00ed\u00adpulo. Ese rito tenla car\u00e1cter jur\u00ed\u00addico, pero tambi\u00e9n cuasi sacramental, ya que por \u00e9l el disc\u00ed\u00adpulo recib\u00ed\u00ada el pneuma de Mois\u00e9s. Posiblemente Ex 18, 3-27; Dt 1, 9-18; Ex 3, 16; 24, 1-14 y sobre todo N\u00fam 11, 16ss, que se refieren a la transmisi\u00f3n del pneuma de Mois\u00e9s a los \u00abancianos\u00bb, influyeron en esta tradici\u00f3n rab\u00ed\u00adnica. La cuesti\u00f3n de si tambi\u00e9n los seluhim, en su misi\u00f3n fuertemente especificada, eran confirmados por una imposici\u00f3n de manos (E. Lohse) no est\u00e1 resuelta todav\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El Nuevo Testamento muestra c\u00f3mo Cristo y posteriormente los ap\u00f3stoles y los \u00absiete\u00bb usaron este gesto simb\u00f3lico como signo de bendici\u00f3n y de curaci\u00f3n. Sin duda este rito fue usado ya muy pronto para comunicar los \u00abdones del -> Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (-> confirmaci\u00f3n). Algunos textos neotestamentarios, en relaci\u00f3n con la colaci\u00f3n de una misi\u00f3n en la Iglesia apost\u00f3lica, hablan de una \u00e9pithesis t\u00f3n jeir\u00f3n. Todav\u00ed\u00ada no est\u00e1 clara la cuesti\u00f3n de si Act 13, Iss; 6, 1-6; 14, 22; 20, 28 hablan de verdaderas ordenaciones sacerdotales. Los testimonios son demasiado escasos para justificar una respuesta definitiva. Hay que aceptar casi como seguro que 1 Tim 4, 14 y 2 Tito 1, 6 (considerados conjuntamente), y quiz\u00e1s tambi\u00e9n 1 Tim 5, 22 y Tit 1, 5, se refieren a una ordenaci\u00f3n. S\u00f3lo Actus Petri 10 da testimonio de que Cristo impuso las manos a los ap\u00f3stoles, cosa que relata tambi\u00e9n Juan Cris\u00f3stomo con relaci\u00f3n a Santiago de Jerusal\u00e9n (Ep. 1 ad Cor, Horn 38, 4). Pero esos testimonios no parecen suficientemente pr\u00f3ximos a la Iglesia originaria para permitir la conclusi\u00f3n segura de que Cristo o la Iglesia apost\u00f3lica instituyeron este rito. S\u00f3lo hacia el a\u00f1o 200 hay pruebas que acreditan con suficiente probabilidad la existencia de ese rito. Por consiguiente, se puede suponer que la imposici\u00f3n de manos no es un elemento \u00absustancial\u00bb del signo sacramental, sino un rito introducido por la Iglesia.<\/p>\n<p>c) Las \u00f3rdenes sagradas en la vida y en la reflexi\u00f3n de la Iglesia<br \/>\n1\u00c2\u00ba. Desarrollo de la autoconcepci\u00f3n del sacerdote en el curso de la historia<br \/>\nLa vida de la Iglesia, la praxis ecclesiae, contiene la expresi\u00f3n concreta de su fe a trav\u00e9s de la historia. Esta praxis es un locus theologicus de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica; aunque sea dif\u00ed\u00adcil de interpretar, reviste una importancia decisiva (cf. A u).<\/p>\n<p>Nuestro tiempo est\u00e1 buscando una nueva \u00abimagen\u00bb del sacerdote y del obispo, e incluso del papa. Sin embargo no puede prepararse el futuro sin un conocimiento del pasado. El estudio del pasado ha de contribuir al descubrimiento de lo \u00absustancial\u00bb en el oficio eclesi\u00e1stico, a pesar de su amplia modificaci\u00f3n en el transcurso de los siglos, para mejor entender as\u00ed\u00ad el presente y preparar el futuro. Por otro lado, es enormemente dif\u00ed\u00adcil, por no decir imposible, esquematizar en el marco aqu\u00ed\u00ad impuesto esta compleja historia. Tampoco se puede remitir a un estudio compendiado de estas materias, porque un estudio as\u00ed\u00ad no existe todav\u00ed\u00ada (a excepci\u00f3n de la peque\u00f1a obra, accesible a todos, de X. DE CHALENDAR, Les Pr\u00e9tres [P 1963]). Por consiguiente, debemos conformarnos necesariamente con una esquematizaci\u00f3n muy superficial, suficiente, sin embargo, para exponer de manera convincente c\u00f3mo en este movimiento tan complejo de evoluci\u00f3n los motivos b\u00ed\u00adblicos, dogm\u00e1ticos y eclesio-econ\u00f3micos se interfieren con puntos de vista sociol\u00f3gicos, econ\u00f3micos, psicol\u00f3gicos e incluso pol\u00ed\u00adticos.<\/p>\n<p>Para la Iglesia de los m\u00e1rtires el obispo es el sacerdos por antonomasia. En un medio en que la salvaci\u00f3n sin duda es vivida como una realidad espiritual, la autoridad del obispo es afirmada en\u00e9rgicamente en concreto por Cipriano. Pero esta fidelidad a la autoridad est\u00e1 enlazada con un profundo esp\u00ed\u00adritu de comunidad entre el obispo, sus sacerdotes y su pueblo, y tambi\u00e9n entre los obispos de las distintas Iglesias, las cuales pertenecen todas a la Ecclesia Dei. Adem\u00e1s la dimensi\u00f3n \u00abpneum\u00e1tica\u00bb de la misi\u00f3n apost\u00f3lica es percibida fuertemente, por cuanto 1 Cor 2, 14ss se aplica generalmente al obispo. La funci\u00f3n del sacerdote apenas sale al plano de la historia; aqu\u00e9l queda a la sombra del obispo como miembro de su consejo.<\/p>\n<p>La Iglesia de los padres se encuentra ante una situaci\u00f3n nueva. Constantino proclama el cristianismo como religi\u00f3n del Estado. El clero recibe diversos \u00abprivilegios\u00bb; est\u00e1 ante todo dispensado de las obligaciones administrativas. El sacerdocio adquiere inevitablemente una nueva concepci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo. Un estudio atento de los textos muestra que esta evoluci\u00f3n no est\u00e1 tan influida por las instituciones del imperio como por los modelos del AT. Otro factor es el fen\u00f3meno, mucho m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil de descubrir, de la \u00f3smosis cultural en este medio grecorromano. Un fuerte movimiento mon\u00e1stico se opone al proceso de espiritualizaci\u00f3n de la Iglesia. En oriente parece que este movimiento ya pronto reserv\u00f3 el sacramento de la penitencia al monje o al homo spiritualis. Finalmente, configur\u00f3 una parte de la herencia espiritual de la Iglesia bizantina. En occidente su influencia se dej\u00f3 sentir &#8211; ante todo en los pa\u00ed\u00adses celtas &#8211; hasta el siglo xI. La Iglesia acept\u00f3 igualmente esta reacci\u00f3n, por cuanto eleg\u00ed\u00ada sus obispos entre los homines spirituales, p. ej., Ambrosio, Agust\u00ed\u00adn, Juan Cris\u00f3stomo y Gregorio. Con frecuencia esos hombres espirituales eran monjes. Todav\u00ed\u00ada los sacerdotes, en calidad de consejo, rodean a su obispo, y s\u00f3lo en su ausencia o con su permiso ejercen una autoridad especial, p. ej., cuando el sacerdote Agust\u00ed\u00adn introduce en Africa la costumbre de predicar ante el obispo. Sin embargo, a partir del siglo III surgen y se multiplican los tituli (parroquias), ante todo en los lugares m\u00e1s peque\u00f1os situados lejos de las ciudades donde residen los obispos. Probablemente, por primera vez ahora los sacerdotes ejercen la \u00abcura de almas\u00bb en el campo, as\u00ed\u00ad como en las pocas ciudades grandes que poseen varias bas\u00ed\u00adlicas e iglesias.<\/p>\n<p>Entre los siglos VI y IX se realiza una evoluci\u00f3n importante en la concepci\u00f3n de la Iglesia, del imperio y del sacerdocio (Y. CoNGAR, L&#8217;eccl\u00e9siologie du Haut Moyen Age [P 1968]). Sobre el fundamento de la soberan\u00ed\u00ada celestial de Cristo descansan la Iglesia, el imperio (lo mismo el carolingio que el bizantino) y el sacerdocio como imagen visible del reino celeste en la tierra, donde la potestas sacerdotalis y la potestas regalis se reparten la competencia y la autoridad. El poder de las llaves es entendido ante todo como potestad de abrir a los fieles las puertas del cielo. En virtud de la escisi\u00f3n del imperio occidental y de la debilitaci\u00f3n del papado, en oriente se desarrollan los grandes ->, patriarcados (la pentarqu\u00ed\u00ada) y en occidente surge un episcopado regional. Carlomagno ejerce en su imperio una jurisdicci\u00f3n eclesi\u00e1stica que es muy parecida a la del basileus de Constantinopla. El poder de los obispos es ante todo de naturaleza moral y espiritual. La Iglesia de Roma por su parte, despu\u00e9s de un eclipse debido a luchas internas, va elaborando estructuras m\u00e1s jur\u00ed\u00addicas de la comunidad (primado de jurisdicci\u00f3n). Los sacerdotes esparcidos por el campo son absorbidos poco a poco por los se\u00f1ores feudales, que se extienden progresivamente en Europa. Son elegidos por los se\u00f1ores entre los habitantes de la aldea, y reciben del obispo la ordenaci\u00f3n para el servicio lit\u00fargico. Una disposici\u00f3n del a\u00f1o 779 hace obligatorios los diezmos, un uso que, como muchos otros, se inspira en el AT. Esto significar\u00e1 un gravamen pera el sacerdocio, que por m\u00e1s de 1000 a\u00f1os a su funci\u00f3n cultual a\u00f1adir\u00e1 la tarea de recaudar impuestos.<\/p>\n<p>Desde el siglo ix el occidente elabora una eclesiologfa que se aleja cada vez m\u00e1s de la de la Iglesia oriental. Mientras que en oriente la \u00absimbiosis\u00bb entre el poder imperial y el episcopal impide la secularizaci\u00f3n del Estado, en occidente un primer choque de la Iglesia con el Estado en la lucha de las ->investiduras introduce una larga evoluci\u00f3n que, finalmente, despu\u00e9s de pugnas seculares, conduce a la separaci\u00f3n de ambos poderes. Durante cierto tiempo, esta lucha por una hegemon\u00ed\u00ada de la autoridad espiritual sobre la temporal provoca una pol\u00ed\u00adtica de pretensi\u00f3n de poder desconocida en la antig\u00fcedad. Esta pol\u00ed\u00adtica repercuti\u00f3 negativamente en el desarrollo de la eclesiolog\u00ed\u00ada, por cuanto la misi\u00f3n puramente espiritual del episcopado y del papado entonces fue vista preferentemente bajo los aspectos de una potestas que se quer\u00ed\u00ada rodear de un sistema de \u00abprivilegios\u00bb eclesi\u00e1sticos y civiles (cf. Y. CONGAR, Probleme der Autorit\u00e4t [D 1967] 145-185). Las luchas acerca de la competencia pertenecen desde ese momento a la situaci\u00f3n normal del mundo occidental. Estas tensiones politico-religiosas experimentan una complicaci\u00f3n ulterior por el hecho de que las estructuras pol\u00ed\u00adticas y sociales del feudalismo determinan ampliamente, incluso dentro de la Iglesia, la repartici\u00f3n de las funciones eclesi\u00e1sticas. El obispo, que durante las -> invasiones debi\u00f3 encargarse de varias tareas civiles, entr\u00f3 como princeps ecclesiasticus en la jerarqu\u00ed\u00ada feudal. Los sacerdotes, antes congregados alrededor del obispo, ahora con frecuencia est\u00e1n sometidos a la autoridad de los se\u00f1ores feudales, que han fundado o poseen las prebendas de que aqu\u00e9llos viven. El cabildo catedralicio, el antiguo \u00abpresbiterio\u00bb que originariamente rodeaba al obispo y las abad\u00ed\u00adas se convierten, precisamente por sus riquezas, en bot\u00ed\u00adn de la nobleza o de los reyes. Como reacci\u00f3n contra el abuso del poder episcopal o de su riqueza &#8211; una queja muy frecuente en este tiempo -, los monjes y luego las \u00f3rdenes mendicantes desarrollan una actividad sacerdotal y misionera que, por la exenci\u00f3n papal, encaminada a proteger dicha actividad contra la ingerencia injustificada de los poderes eclesi\u00e1sticos o civiles locales, es parcialmente independiente de la jurisdicci\u00f3n episcopal. Un fen\u00f3meno paralelo se muestra tambi\u00e9n, y por los mismos motivos, en la fundaci\u00f3n de las grandes universidades de Bolonia, Paris y Oxford.<\/p>\n<p>Poco a poco se forma un derecho extraordinariamente complejo, que est\u00e1 cargado de privilegios sociales y financieros (los cuales descansan sobre la base de una concepci\u00f3n territorial y patriarcal del poder) y, con ello, se halla vinculado a la posesi\u00f3n de una jurisdicci\u00f3n, es decir, a la jurisdicci\u00f3n sobre un territorio claramente delimitado. Ciertamente, el derecho can\u00f3nico actual ha renunciado a varios usos concretos anticuados, pero los principios fundamentales de este derecho eclesi\u00e1stico todav\u00ed\u00ada dependen ampliamente de una concepci\u00f3n de la sociedad humana que hoy est\u00e1 superada por completo, al menos en el mundo occidental.<\/p>\n<p>Si el oriente siempre ha conservado un n\u00facleo de laicos instruidos, en cambio el occidente s\u00f3lo pudo conservar la cultura latina y con ello la cultura eclesi\u00e1stica a trav\u00e9s del clero. La introducci\u00f3n del -> celibato eclesi\u00e1stico, que entre otras cosas se debi\u00f3 a la influencia de una concepci\u00f3n maniquea del matrimonio y de la sexualidad, llev\u00f3 a la formaci\u00f3n de una casta sacerdotal que con frecuencia se comprometi\u00f3 fuertemente en tareas temporales y que, en todo caso, dentro de nuestro mundo occidental tuvo una posici\u00f3n singular y privilegiada.<\/p>\n<p>El sacerdocio &#8211; que est\u00e1 radicado en la sociedad de los Estados sucesores del imperio romano y que sin duda ha salido ganando de su compromiso con el mundo que le rodea &#8211; muestra m\u00e1s y m\u00e1s al principio de una nueva \u00e9poca, o sea, desde finales del siglo xiv, los profundos defectos de adaptaci\u00f3n a este nuevo mundo circundante. Se podr\u00ed\u00ada incluso defender la opini\u00f3n &#8211; a\u00f1adi\u00e9ndole algunas correcciones &#8211; de que la historia del sacerdocio desde \u00e9sta \u00e9poca, junto a periodos de reforma y de intensa renovaci\u00f3n, presenta un largo proceso de disoluci\u00f3n, en el transcurso del cual los cl\u00e9rigos intentan librarse de una c\u00e1scara que se ha convertido para ellos en una cadena. Las estructuras y formas de vida por las que el sacerdocio se hab\u00ed\u00ada acercado al mundo, le separan ahora cada vez m\u00e1s fuertemente de este mundo.<\/p>\n<p>La primera crisis, que fue preparada por una tensi\u00f3n creciente durante dos siglos, lleva a la irrupci\u00f3n de la -> reforma protestante. Sin negar la inspiraci\u00f3n profundamente religiosa de la reforma, es evidente &#8211; despu\u00e9s de varios siglos &#8211; que \u00e9sta fue ante todo una protesta contra la concepci\u00f3n de un sacerdocio que, estando comprometido por su forma de vida y por su abuso de autoridad, se hab\u00ed\u00ada alejado ampliamente del ideal evang\u00e9lico. Sin duda la contrarreforma trae consigo una profunda renovaci\u00f3n de la vida y de la actividad sacerdotales, fomentada ejemplarmente por figuras como Francisco de Sales y los fundadores de \u00f3rdenes religiosas en el siglo xvt. Se podr\u00ed\u00ada incluso decir que Ignacio de Loyola intuy\u00f3 formas de vida sacerdotal correspondientes al tiempo moderno, las cuales, sin embargo, no se han realizado en la Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas. El sacerdocio no pudo liberarse totalmente de una concepci\u00f3n religiosa y eclesi\u00e1stica procedente de la edad media. Los obispos conservaron v\u00ed\u00adnculos demasiado fuertes con el poder real y con la aristocracia, lo cual impidi\u00f3 al concilio de Trento y a los siglos siguientes (-> galicanismo) la soluci\u00f3n del problema urgente de las relaciones entre el -> episcopado y el papado. La m\u00ed\u00adstica del sacro imperio es substituida por la uni\u00f3n sagrada de trono y altar, una forma secularizada de la respublica christiana de la edad media. El sacerdote se queda en mero administrador oficial de los sacramentos y celebrante de la eucarist\u00ed\u00ada; esto es caracter\u00ed\u00adstico de la espiritualidad sacerdotal de la contrarreforma.<\/p>\n<p>Sin embargo, en el siglo xvii se realiza una renovaci\u00f3n de la predicaci\u00f3n y un movimiento misionero que abarca todo el mundo. Pero Roma no permite a sus misioneros el uso de las formas asi\u00e1ticas (desconocidas en occidente) de vida y de piedad (disputa de los ritos en China; v\u00e9ase MALCOLM HAY, The failure in the Far East [Wetteren 1956]).<\/p>\n<p>Un segundo golpe estremece al sacerdocio en el siglo xviii. Tiene su punto culminante en la -> revoluci\u00f3n francesa, con su furibundo anticlericalismo, que es tan caracter\u00ed\u00adstico de aquella \u00e9poca y que s\u00f3lo en nuestros d\u00ed\u00adas se diluye lentamente. La renovaci\u00f3n sacerdotal bajo la influencia de Monsieur Vincent, de B\u00e9rulle y de Olier a la fundaci\u00f3n de los seminarios de San Sulpicio, cuya influencia ha llegado hasta los EE.UU. (cf. J. T. ELLis, Essays in Seminary Training [Notre Dame 1967]). Nadie negar\u00e1 la profundidad de esta renovaci\u00f3n de la espiritualidad, que alcanza ante todo al clero diocesano, y que encuentra su ideal en el p\u00e1rroco de Ars. Pero dicha reforma no logr\u00f3 que el sacerdote volviera al mundo, en el cual debe realizar su misi\u00f3n. Una formaci\u00f3n muy limitada, una espiritualidad demasiado individualista y una concepci\u00f3n de la Iglesia y del sacerdocio que se queda a la defensiva, con excesiva frecuencia reducen la actividad del sacerdote al circulo de los fieles que le rodean. En Europa la Iglesia pierde el mundo de los trabajadores y est\u00e1 a punto de perder el mundo intelectual, sin que el sacerdote pueda tomar contacto de nuevo con este medio descristianizado.<\/p>\n<p>La tercera crisis, quiz\u00e1 m\u00e1s profunda que las dos anteriores, intranquiliza al sacerdocio de nuestro tiempo. Esta crisis, que se desarrolla dentro de la Iglesia misma, se ha introducido con el concilio Vaticano II. El concilio ha puesto en tela de juicio la concepci\u00f3n \u00abcerrada\u00bb de la Iglesia y su \u00abmonolitismo\u00bb occidental. Pablo vi ha concedido muchas veces que el papado, en su aspecto actual, es un obst\u00e1culo capital para la uni\u00f3n de las Iglesias. Lo mismo habr\u00ed\u00ada que decir sobre muchas concepciones &#8211; todav\u00ed\u00ada extendidas &#8211; del episcopado. Se tiene, sin embargo, la impresi\u00f3n de que el valor del testimonio que est\u00e1 contenido en las concepciones de nuestros hermanos separados no siempre es comprendido, en contraste con los testimonios de reconocimiento que la Iglesia romana les otorga en otras cuestiones. Actualmente el sacerdocio se encuentra en medio de una crisis. Casi en todas partes se reduce el n\u00famero de vocaciones, los seminarios quedan vac\u00ed\u00ados, muchos sacerdotes renuncian a su ministerio, y aqu\u00e9llos que contin\u00faan se ven en parte atormentados por la angustia, la incertidumbre y la duda. La Iglesia est\u00e1 ante la necesidad de reflexionar sobre el sentido de la vocaci\u00f3n sacerdotal para cada grado del orden. Pero esta reflexi\u00f3n no puede abandonar las ense\u00f1anzas del pasado.<\/p>\n<p>2\u00c2\u00ba. La expresi\u00f3n lit\u00fargica<br \/>\nLa liturgia es fundamentalmente la expresi\u00f3n simb\u00f3lica de la \u00abfe de la Iglesia\u00bb en la acci\u00f3n y en la palabra, un concepto totalmente habitual en la teolog\u00ed\u00ada sacramental hasta el concilio de Trento. Lo que ocurre en la administraci\u00f3n de un sacramento no es en modo alguno evidente en s\u00ed\u00ad. Por la celebraci\u00f3n lit\u00fargica la Iglesia confiesa su fe en la presencia y en la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de su Se\u00f1or. Por este motivo el estudio de la liturgia puede contribuir al hallazgo de la idea \u00absustancial\u00bb del sacerdocio.<\/p>\n<p>Hip\u00f3lito de Roma (hacia el 230) nos ha transmitido en su Traditio apostolica el primer testimonio de una liturgia cuya terminolog\u00ed\u00ada e inspiraci\u00f3n est\u00e1n ya fijamente establecidas. No sabemos ciertamente en qu\u00e9 medida esta liturgia representa la fe de la Iglesia del siglo IIr, pero su influencia. fue extraordinariamente grande. El obispo es el sacerdos, el sucesor de los ap\u00f3stoles. Es elegido por el pueblo, pero recibe de otro obispo la imposici\u00f3n de manos. El presb\u00ed\u00adtero es ordenado por el obispo, contingentibus etiam presbyteris, como particeps consilii in clero, mientras que el di\u00e1cono recibe la ordenaci\u00f3n del obispo exclusivamente, pues est\u00e1 destinado a su servicio. Es interesante notar que el rito de consagraci\u00f3n del obispo se inspira m\u00e1s en el NT, mientras que el rito de ordenaci\u00f3n del presb\u00ed\u00adtero se inspira claramente en el AT. Esta anomal\u00ed\u00ada podr\u00ed\u00ada constatar nuestras sospechas, indicadas antes, sobre el origen probable del obispo y del presb\u00ed\u00adtero.<\/p>\n<p>Entre los siglos VI y VIII en Roma el Leonianum y el Gregorianum reanudan los mismos temas, acentuando m\u00e1s fuertemente el car\u00e1cter \u00abm\u00ed\u00adstico\u00bb del sacerdocio cristiano, a diferencia del sacerdocio del AT. Los presb\u00ed\u00adteros son ordenados formalmente &#8211; sin duda por reacci\u00f3n contra las tendencias presbiteriales de Jer\u00f3nimo y de otros en el siglo v (B. Botte )- como cooperatores ordinis nostri. El obispo tiene el oficio de mediador. M\u00e1s tarde se a\u00f1aden el oficio de la proclamaci\u00f3n y el de la reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El oriente recoge la Traditio apostolica en las Constitutiones apostolicae, libro vrll, la cual &#8211; como se atestigua en el Eucologium de Serapi\u00f3n &#8211; subyace en todas las liturgias orientales; e igualmente recoge el Testamentum Domini (Iglesia sir\u00ed\u00adaca). Tambi\u00e9n la liturgia bizantina encuentra aqu\u00ed\u00ad su inspiraci\u00f3n. Desde el concilio de Nicea cada obispo debe ser consagrado por tres obispos. A la imposici\u00f3n de manos afi\u00e1dese todav\u00ed\u00ada la imposici\u00f3n de la sagrada Escritura.<\/p>\n<p>El n\u00famero de las \u00f3rdenes menores, de las cuales algunas son accesibles a las mujeres, oscila inicialmente entre dos y ocho, pero ya pronto la Iglesia bizantina reconoce s\u00f3lo el subdiaconado y el lectorado (H. LHSdNERZ, De sacramento ordinis [R 1947]; R. GRYSONS RBen 76 [1966] 119-127).<\/p>\n<p>Como se afirma en el canon sexto del Calcedonense (Mansi vil 361), tanto en el oriente como en el occidente por las \u00f3. s.. el sujeto de las mismas queda asignado a una Iglesia determinada (ordinatio relativa).<\/p>\n<p>En occidente la evoluci\u00f3n lit\u00fargica tarda mucho en concluirse. Puede hallarse en los Ordines romani (siglos viii-ix; Andrieu OR III 541-613, IV 3-308). Desde el primer concilio de Arl\u00e9s, del a\u00f1o 314, para la consagraci\u00f3n de un obispo se requieren tres obispos consagrantes. El rito de las \u00f3rdenes menores es todav\u00ed\u00ada muy simple. S\u00f3lo el subdiaconado parece haber adquirido un estatuto suprarregional, el cual puede encontrarse en la mayor\u00ed\u00ada de las Iglesias.<\/p>\n<p>Durante los siglos VII y VIII en las Iglesias francas se a\u00f1aden ritos nuevos a los antiguos: para el obispo la unci\u00f3n de la cabeza con crisma, la entrega del b\u00e1culo y del anillo y la entronizaci\u00f3n; para el sacerdote la entrega de pan y vino, la unci\u00f3n de las manos y una segunda imposici\u00f3n de manos con relaci\u00f3n a la potestad de perdonar pecados. Esta evoluci\u00f3n alude a los usos germ\u00e1nicos, que conceden gran importancia a la colaci\u00f3n de signos de poder, un poder \u00abde pr\u00ed\u00adncipe\u00bb al obispo, y un poder cultual al sacerdote. Hacia el siglo x esta liturgia se mezcla con la tradici\u00f3n romana en el Pontificale Romano-germanicum de Maguncia (RevSR 32[1958] 113-167). La ordinatio absoluta, que en el canon 15 del s\u00ed\u00adnodo de Piacenza (1095) estaba todav\u00ed\u00ada prohibida para los sacerdotes y las \u00f3rdenes menores, es permitida en el canon 6 del s\u00ed\u00adnodo de Roma (1099; Mansi xx 806-970). En Francia, bajo la influencia de los Statuta Ecclesiae antiqua (siglo v) y de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de Isidoro de Sevilla y del Pseudo-Jer\u00f3nimo en De septem ordinibus Ecclesiae (siglo vii en Espa\u00f1a; PL 30, 102-167; RB\u00e9n 40 [1928] 310-318), en el siglo x se elabora una nueva liturgia para las \u00f3rdenes menores. En ella pueden conocerse ya los ritos actuales del ostiariado, del lectorado, del exorcismo, del acolitado y del subdiaconado. Tambi\u00e9n la traditio instrumentorum (investidura), bajo la influencia del derecho germ\u00e1nico, adquiere aqu\u00ed\u00ad un puesto importante. Hacia el siglo XII se hace clara la tendencia a reconocer al subdiaconado la dignidad de sacramento (DS 711 1765; un acto de econom\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica). El concilio de Trento no consigui\u00f3 instaurar de nuevo las \u00f3rdenes menores, que hablan venido a ser grados jur\u00ed\u00addicos que preparaban al sacerdocio (CIC 978). El concilio Vaticano II ha querido devolver al -> diaconado un sentido funcional (Sacrosanctum concilium, n.\u00c2\u00b0 35; Lumen Gentium, n.\u00c2\u00b0 29; Optatam Totius, n.\u00c2\u00b0 12; Orientalium Ecclesiarum, n\u00c2\u00b0 17) y ha decidido en principio la restauraci\u00f3n de la liturgia de la ordenaci\u00f3n sagrada (Sacrosanctum Concilium, n.\u00c2\u00b0 76; Orientalium Ecclesiarum, n.\u00c2\u00b0 17). Reconoce al diaconado el valor de sacramento (Lumen Gentium, n.\u00c2\u00b0 28-29). Desde ahora todos los obispos presentes pueden participar en el rito de la consagraci\u00f3n episcopal (Sacrosanctum Concilium, n.\u00c2\u00b0 76). El 18-6-1968 Pablo VI public\u00f3 la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Pontificalis Romani, que introdujo un nuevo rito de ordenaci\u00f3n para di\u00e1conos, sacerdotes y obispos (AAS 60 [1968] 369-373).<\/p>\n<p>III. El ministro ordinario de las \u00f3rdenes<br \/>\nYa Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada reserva al obispo la mayor\u00ed\u00ada de los sacramentos. El obispo ha seguido siendo el ministro ordinario de la -> confirmaci\u00f3n (en occidente) y de la ordenaci\u00f3n. Sin embargo, la historia atestigua algunas excepciones de esta norma, las cuales desde Huguccio fueron reconocidas en principio por te\u00f3logos y canonistas de la edad media, bajo la condici\u00f3n de una licencia papal.<\/p>\n<p>Estas excepciones pueden dividirse en tres grupos. El primero contiene casos cuya interpretaci\u00f3n es casi imposible por su antig\u00fcedad y por la imposibilidad de entender actualmente las motivaciones pastorales o teol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Ya hemos hablado de los usos en la Iglesia de Alejandr\u00ed\u00ada y en la de Ly\u00f3n (?) hasta el siglo III (consagraci\u00f3n del obispo por el colegio presbiteral). Casiano reconoce haber sido ordenado por el sacerdote Pafnucio en Egipto (Coll. rv 1). En el a\u00f1o 314, el s\u00ed\u00adnodo de Ancira (Mansi II 518; \u00c2\u00a1primera forma de lectura!) en el canon 13 toca el dif\u00ed\u00adcil problema de los obispos corales, cuyas funciones y potestades no conocemos exactamente. El segundo grupo de excepciones contiene algunos casos de jurisdicci\u00f3n eclesi\u00e1stica ejercida por Carlomagno. Ell encarg\u00f3 a los presbiteros Willehad (+ 799) la ordenaci\u00f3n de otros sacerdotes en los territorios misionales de Frisia y de Sajonia (MGSS It 380-383 4lOss). El tercer grupo se refiere a casos conocidos de ordenaci\u00f3n por un ministro no obispo, confirmados por documentos oficiales, a saber, las bulas papales: sacrae religionis de Bonifacio IX (1-2-1400, todas las \u00f3rdenes hasta el sacerdocio; revocada en 6-2-1403 por motivos de jurisdicci\u00f3n y no por motivos dogm\u00e1ticos); Gerentes ad vos de Martin v (16-11-1427; hasta el sacerdocio: DS 1290); y Exposcit de Inocencio viii (9-4-1489; hasta el diaconado; DS 1435). G. V\u00e1zquez habla de privilegios semejantes que en el siglo xvi el papa ha concedido a los abades benedictinos y a los misioneros franciscanos, pero sin transmitimos el texto oficial de las bulas papales (Disp. in III S. Thomas disp. 243 c. 4; cf. Ph. Hoenmtsxaa AkathKR 113 [1933] 49-72; J. Baveas NRTh 76 [1954] 361-367; A. VBIMEER, \u00abBijdragen\u00bb 15 [1955] 271-278). El concilio Vaticano tt reconoce al obispo como ministro de la consagraci\u00f3n episcopal (Lumen Gentium, n.\u00c2\u00b0 21) y de las \u00f3. s. dentro de su responsabilidad general por los sacramentos (Lumen Gentium, n.\u00c2\u00b0 26).<\/p>\n<p>S\u00f3lo el concilio de Florencia dice expl\u00ed\u00adcitamente que el obispo es el ministro \u00abordinario\u00bb de las \u00f3. s.. (DS 1326; cf. 1777). El concilio Vaticano II no ha mantenido esta limitaci\u00f3n, si bien ha corregido la terminolog\u00ed\u00ada habitual para la confirmaci\u00f3n mediante la matizaci\u00f3n minister originarius (Lumen Gentium, n.\u00c2\u00b0 26; 21).<\/p>\n<p>IV. Tendencias episcopales y presbiterales<br \/>\nEn occidente se hacen sentir dos tendencias, una episcopal y otra presbiteral: la gracia del sacerdocio recibida en el sacramento de la ordenaci\u00f3n se realiza fundamentalmente en el obispo, o en el sacerdote (segunda tendencia). Por lo que respecta a la direcci\u00f3n de las Iglesias locales, al obispo jam\u00e1s le fue discutido este privilegio, a excepci\u00f3n de las iglesias c\u00e9lticas, que estaban gobernadas por los abades de las grandes abad\u00ed\u00adas. La relaci\u00f3n entre esta \u00abpotestad de gobierno\u00bb y la ordenaci\u00f3n sacerdotal en sentido estricto no siempre estuvo clara, por cuanto en caso extremo pod\u00ed\u00ada parecer plenamente posible que tal \u00abpotestad\u00bb se diera con independiencia de toda ordenaci\u00f3n sacerdotal.<\/p>\n<p>Las causas de estas diferencias de opini\u00f3n teol\u00f3gica son muy complejas y no siempre se deben a una inspiraci\u00f3n puramente dogm\u00e1tica. Es evidente que la imprecisi\u00f3n neotestamentaria en el uso de los conceptos \u00e9pisk\u00f3poi y presb\u00ed\u00adteroi motiv\u00f3 con frecuencia esta escisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Los primeros testimonios de la tendencia presbiteral se encuentran ya en el siglo IV. Un arriano &#8211; Aerio &#8211; sostiene la igualdad entre obispo y sacerdote (AGUST\u00ed\u008dN, De haeresibus 53, refiri\u00e9ndose a Epifanio; G. BAbDY, \u00abMiscellanea agostiniana\u00bb II [R 1831] 397-416). En el mismo libro Agust\u00ed\u00adn habla alguna vez de la herej\u00ed\u00ada montanista de los pepucianos o quintilianos, los cuales conceden el sacerdocio tambi\u00e9n a las mujeres (De haeresibus 27). Pero incluso en c\u00ed\u00adrculos ortodoxos surgen tendencias presbiterales, as\u00ed\u00ad en Juan Cris\u00f3stomo y en los Canones Hippolyti (B. Boxxs, M\u00e9langes Andrieu [Str 1956] 53-63). En este terreno la influencia decisiva sobre la edad media vino de Jer\u00f3nimo y el Ambrosiaster, que fue considerado durante todo el medievo como obra de Ambrosio (p. ej., Decr. Gratiani, Dictum in r Dist. 93 c. 23; CJ r 327). Ambos apelan a la terminolog\u00ed\u00ada del NT. Sin embargo, en Jer\u00f3nimo esta actitud teol\u00f3gica ha de verse en relaci\u00f3n inmediata con sus ataques al poder creciente de los di\u00e1conos en Roma y con su lucha continua contra Juan, obispo de Jerusal\u00e9n (Textos en LERNERZ, De sacramento ordinis [R 1947] n\u00c2\u00b0 50 71-76).<\/p>\n<p>La autoridad de Jer\u00f3nimo y Ambrosio ha influido profundamente en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de la edad media. El sacerdote &#8211; al que se conf\u00ed\u00ada ante todo la administraci\u00f3n de los sacramentos &#8211; aparece a sus contempor\u00e1neos sobre todo bajo un aspecto cultual. Su misi\u00f3n est\u00e1 definida por la potestas in corpus eucharisticum y el poder de perdonar pecados. Por esta reducci\u00f3n de la imagen del sacerdote se hizo realmente dif\u00ed\u00adcil ver en qu\u00e9 el obispo, en virtud de su consagraci\u00f3n episcopal, se distingue del sacerdote. La concepci\u00f3n presbiteral de las \u00f3.s. estuvo, pues, muy extendida. El obispo retiene s\u00f3lo la potestas in corpus mysticum. La cuesti\u00f3n de si en un te\u00f3logo como Tom\u00e1s esta potestas tiene un car\u00e1cter cuasi sacramental se discute todav\u00ed\u00ada. Sin embargo, los canonistas mantienen en general la sacramentalidad del episcopado en sentido estricto.<\/p>\n<p>La controversia entre ambas tendencias ha renacido a mediados de nuestro siglo. En B\u00e9lgica y en Francia un amplio movimiento se esfuerza por la renovaci\u00f3n de la espiritualidad del clero diocesano, que con demasiado frecuencia se siente impotente ante los manuales de teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica y ante los estudios hist\u00f3ricos. Se busca esa renovaci\u00f3n resaltando, con tendencia fuertemente episcopal, la funci\u00f3n del clero como colaborador del obispo (p. ej., Ch. Journet: RThom53 [1953] 81-108). Es significativo que gran parte de los libros escritos con esta orientaci\u00f3n hayan sido compuestos por obispos. Otros autores, como H. Lennerz, seguido por C. Baiai y J. Beyer, apoy\u00e1ndose en hechos y opiniones doctrinales del pasado, que hemos mencionado ya en su mayor parte, defienden una posici\u00f3n marcadamente presbiteral. Otros, a su vez, se esfuerzan por matizar la doctrina de Tom\u00e1s, para evitar as\u00ed\u00ad posiciones demasiado dif\u00ed\u00adciles (p. ej., Y. CONGAR: MD [1948] n.\u00c2\u00b0. 14 107-128; H. Bourss\u00e1: RSR 28 [1954] 368-391).<\/p>\n<p>Se podr\u00ed\u00ada pensar que el concilio Vaticano II ha puesto fin a esta controversia antigua decidi\u00e9ndose por una doctrina claramente episcopal. Mas parece que la tendencia presbiteral no ha muerto todav\u00ed\u00ada. Las doctrinas de los escol\u00e1sticos ya no son objeto de discusi\u00f3n. H. K\u00fcng y E. Schillebeeckx plantean, p. ej., la cuesti\u00f3n fundamental de si la distinci\u00f3n entre presbiterado y episcopado es de instituci\u00f3n divina (\u00abTijdschrift voor Theologie\u00bb 8 [1968] 402-434). Un estudio m\u00e1s preciso del NT y del desarrollo hist\u00f3rico de los oficios en la Iglesia originaria, junto con las posiciones ecum\u00e9nicas, parecen poner en tela de juicio la naturaleza propia del episcopado, al menos en su forma actual (B. Duruy, \u00abConcilium\u00bb 4 [1968] n.\u00c2\u00b0 4). Por primera vez en la historia de la teolog\u00ed\u00ada, la sociolog\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n toma parte en la discusi\u00f3n y sostiene que las estructuras actuales del gobierno de la Iglesia ya no corresponden a las condiciones modernas de vida, ni a la forma de trabajar, ni a la mentalidad del hombre moderno.<\/p>\n<p>V. Cristalizaci\u00f3n de la reflexi\u00f3n eclesi\u00e1stica en el magisterio<br \/>\nLos concilios de Florencia y de Trento ofrecen s\u00f3lo un compendio de la fe de la Iglesia en relaci\u00f3n con las \u00f3.s., elaboradas teol\u00f3gicamente durante la edad media. En el Decretum pro armenis los padres conciliares de Florencia siguen el texto de Tom\u00e1s de Aquino en De articulas fidei et Ecclesiae sacramentas (DS 1326). Florencia se contenta con precisar las formas de la traditio instrumentorum, seg\u00fan el principio introducido por Tom\u00e1s: Quilibet ordo traditur per collationem illius rei quae praecipue pertinet ad ministerium illius ordinis. All\u00ed\u00ad donde Tom\u00e1s dice: Minister huius sacramenti est episcopus, Florencia precisa: Ordinarius minister. Es evidente que el concilio de Florencia, en la cita del texto del Pontifical Romano, define el sacerdocio como potestas offerendi sacrificium in Ecclesia. El episcopado ni siquiera se menciona como sacramento. Es reconocido solamente como minister ordinarius de la ordenaci\u00f3n sagrada.<\/p>\n<p>Se ha intentado solucionar las dificultades surgidas ante todo por el rito de la ordenac\u00ed\u00ad\u00f3n (que aqu\u00ed\u00ad, frente a una tradici\u00f3n muy antigua en la Iglesia, est\u00e1 reducido a la traditio instrumentorum) mediante la suposici\u00f3n de que el Decretum pro armenis es s\u00f3lo una instrucci\u00f3n para la pr\u00e1ctica y no quiere tocar cuestiones de fe. Pero esto nos parece un atentado \u00abhermen\u00e9utico\u00bb, por cuanto se declara aqu\u00ed\u00ad competente una teolog\u00ed\u00ada que permanece indiferente ante las realidades hist\u00f3ricas.<\/p>\n<p>A esta afirmaci\u00f3n infundada contradicen las actas conciliares, las cuales muestran claramente c\u00f3mo aqu\u00ed\u00ad se trata de una declaraci\u00f3n conciliar que afecta a la fides, puesto que se refiere expresamente a la uni\u00f3n con la Iglesia romana. Habla en el mismo sentido la elecci\u00f3n del texto de Tom\u00e1s, que lleva el significativo t\u00ed\u00adtulo De articulis fidei. Pero es cierto que estudios detenidos sobre el empleo de la palabra fides hasta Trento muestran c\u00f3mo este t\u00e9rmino en esa \u00e9poca ten\u00ed\u00ada una significaci\u00f3n m\u00e1s amplia (A. LANG: MThZ 4 [1953] 133-146). No dudamos de que el magisterio conciliar quiso confirmar la opini\u00f3n extendida en este tiempo sobre la naturaleza del sacerdocio. Pero no quiso definir un punto de fe revelado por Dios.<\/p>\n<p>Pasando al concilio de Trento, ante todo debemos precisar que \u00e9ste considera el concilio de Florencia y tambi\u00e9n el Decretum pro armenis como documento importante para la \u00abfe de la Iglesia\u00bb. Por otro lado, no se puede decir que a los padres de Trento no les haya interesado la naturaleza del episcopado. Esta cuesti\u00f3n se plante\u00f3 desde la apertura del concilio, y en el tercer per\u00ed\u00adodo caus\u00f3 una crisis tan profunda que la continuaci\u00f3n del concilio pareci\u00f3 amenazada (H. JannN, Krisis und Wendepunkt des Trienter Konzils [W\u00fc 1941]). Mas para los obispos de Espa\u00f1a, de Francia y del imperio se trataba de defender ante todo el derecho divino del episcopado (sobre todo en lo relativo a la obligaci\u00f3n de residencia) frente al papado. Como atestigua Carlos Borromeo, secretario de Estado de este periodo, P\u00ed\u00ado iv tem\u00ed\u00ada una renovaci\u00f3n de la crisis del concilio de Constanza.<\/p>\n<p>Sin embargo, del cap\u00ed\u00adtulo introductorio y de los c\u00e1nones se desprende con claridad (DS 1763-1778) que la esencia del sacerdocio es definida como potestas tradita consecrandi, offerendi et ministrandi corpus et sanguinem [Christi], nec non et peccata dimittendi et retinendi. El episcopado es tratado cada vez hacia final del texto; y se afirma defensivamente que aqu\u00e9l pertenece al hierarchicus ordo (pero sin hacer menci\u00f3n del papa), que est\u00e1 por encima del oficio sacerdotal (1768 1776 1777), y que su autoridad es \u00ablegitima\u00bb (1778). El concilio define, sin una determinaci\u00f3n m\u00e1s precisa de esta verdad, que los miembros de dicho orden jer\u00e1rquico son \u00abverdaderos episcopi\u00bb. El episcopado no es designado formalmente como sacramento. Esta designaci\u00f3n se evita conscientemente por tratarse de una cuesti\u00f3n discutida (A. DUVAL, Ltudes sur le sacrement de 1&#8217;Ordre [ P 1967] 277-324 y Le sacrement de 1&#8217;Ordre, \u00abBulletin du Comit\u00e9 des Etudes\u00bb [Saint Sulpice] n.0&#8242; 38s, vi 3-4 [P 1962] 448-472). Se puede decir con H. Denis (Les pr\u00e9tres [P 1968] 193-232) que el concilio de Trento expone uno junto al otro dos aspectos del sacerdocio, pero sin unirlos: el del sacerdocio en el estricto sentido cultual y el de la jerarqu\u00ed\u00ada. Para la hermen\u00e9utica del concilio es de gran importancia saber que los cap\u00ed\u00adtulos introductorios s\u00f3lo quieren ofrecer una visi\u00f3n general de la doctrina com\u00fan de la Iglesia en este tiempo (J. J\u00bbnmN, Begegnung der Christen [obra de homenaje a O. Karrer]; [St-F 1959] 450-461), y que el concilio se neg\u00f3, sobre todo en sus c\u00e1nones, a exponer una doctrina completa del orden. S\u00f3lo quiso condenar las posiciones \u00abher\u00e9ticas\u00bb de los reformadores (cf. el intercambio epistolar entre Carlos Borromeo y Momne desde el 13 al 26 de junio de 1563; J. SUSTA, Die r\u00f6mische Kurie und das Konzil von Trient IV [W 1914] 59ss y 100). Estas notas son necesarias para la interpretaci\u00f3n correcta de otro punto discutido en nuestro tiempo, que Trento no abord\u00f3 a la luz de nuestra problem\u00e1tica actual: la cuesti\u00f3n del sacerdocio para un tiempo limitado (DS 1767 1771). El concilio rechaz\u00f3 \u00fanicamente que el sacerdocio est\u00e9 ligado tan s\u00f3lo a la mera proclamaci\u00f3n de la palabra de Dios, y por cierto, en el sentido de que un sacerdote que ya no predique, pase autom\u00e1ticamente al estado laical.<\/p>\n<p>El concilio Vaticano II ha renovado fundamentalmente las perspectivas teol\u00f3gicas. En primer lugar ha situado otra vez el sacerdocio en su verdadero contexto cristol\u00f3gico y eclesiol\u00f3gico, cifrando su naturaleza en ser testimonio del misterio pascual (Lumen Gentium, n\u00c2\u00b0 19-29; Presbyterorum Ordinis, n.\u00c2\u00b0 2). Los servidores de Cristo tienen dentro del -> pueblo de Dios una misi\u00f3n especifica, por la cual participan distintamente que los laicos de la misi\u00f3n de Cristo y de la Iglesia en todo el mundo. La peculiaridad de su servicio incluye una pluralidad de cometidos que se llevan a cabo en nombre de Jesucristo, cabeza del cuerpo m\u00ed\u00adstico: ut in persona Christi Capitis agere valeant (Presbyterorum Ordinis, n\u00c2\u00b0 2). Bajo la influencia de la renovaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y del di\u00e1logo ecum\u00e9nico, el concilio quiso acentuar la significaci\u00f3n apost\u00f3lica del servido a la palabra, sin descuidar el servicio de la santificaci\u00f3n y el de la autoridad.<\/p>\n<p>El episcopado es un verdadero sacramento: la \u00abplenitud del sacerdocio\u00bb. Por su consagraci\u00f3n el obispo es recibido en el colegio episcopal en comuni\u00f3n con el papa. La consagraci\u00f3n (ordenaci\u00f3n) es el fundamento para todas las dem\u00e1s potestades. Antes de la votaci\u00f3n final se a\u00f1adi\u00f3, a petici\u00f3n de los padres, que el oficio sacerdotal es ordini episcopali coniunctum (Presbyterorum Ordinis, n\u00c2\u00b0 2), o sea, se defini\u00f3 el sacerdocio en dependencia del episcopado.<\/p>\n<p>Como es sabido, el concilio no quiso definir ning\u00fan dogma, es decir, quiso exponer la doctrina oficial de la Iglesia, pero sin distinguir formalmente entre dogma y teolog\u00ed\u00ada en general. A la vista de las controversias preconcilisres, esta toma de posici\u00f3n del concilio en una materia discutida tiene indudablemente el valor de indicar una direcci\u00f3n. Sin embargo, queda abierta la cuesti\u00f3n de si esta sentencia arbitral afecta a la cuesti\u00f3n de derecho (declaraci\u00f3n dogm\u00e1tica), o s\u00f3lo al hecho (econom\u00ed\u00ada de la Iglesia). Queda encomendada a la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y eclesial postconciliar la dilucidaci\u00f3n de esta cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Para una mejor comprensi\u00f3n del papel del magisterio episcopal es muy importante precisar que estos tres concilios ecum\u00e9nicos, cuyas tomas de posici\u00f3n en cuanto al ordo fueron descritas anteriormente, en cada caso se han esforzado por expresar y compendiar lo que era vivido en la Iglesia, el \u00absentido de la fe\u00bb tal como fue entendido en una determinada \u00e9poca. La edad media hab\u00ed\u00ada conservado una concepci\u00f3n m\u00e1s realista, y al mismo tiempo m\u00e1s referida a la comunidad, del papel del magisterio, el cual no tiene otra finalidad que la de confirmar la fe que vive en la Iglesia (p. ej., DS 1405-1406 y 1398).<\/p>\n<p>Un \u00faltimo punto importante: el 30-11-1947 P\u00ed\u00ado XII determin\u00f3 por un decreto que el rito de ordenaci\u00f3n para el episcopado, el presbiterado y el diaconado debe ser desde ahora (dejando de lado la cuesti\u00f3n de opiniones y pr\u00e1cticas anteriores) la imposici\u00f3n de manos y una parte del prefacio de la ordenaci\u00f3n sagrada (DS 3857-3861; F. X. H\u00fchTH: PerRMCL 37 [1948] 9-56). Impl\u00ed\u00adcitamente prepar\u00f3 la doctrina del Vaticano II, por cuanto consider\u00f3 el episcopado como sacramento del orden.<\/p>\n<p>VI. Necesidad de una reforma del derecho relativo a las \u00f3rdenes sagradas<br \/>\nDesde que Juan XXIII ha decretado la reforma del CIC, la legislaci\u00f3n can\u00f3nica sobre el orden ha sido puesta m\u00e1s o menos en tela de juicio. Adem\u00e1s el concilio Vaticano II ha promulgado bastantes modificaciones y ha esbozado nuevas estructuras como l\u00ed\u00adnea directora, las cuales deben integrarse en esta reforma can\u00f3nica. El nuevo descubrimiento de la colegialidad en el orden y su encuadramiento en el pueblo de Dios han tra\u00ed\u00addo consigo un fortalecimiento de la estructura sinodal de la Iglesia y del orden: el s\u00ed\u00adnodo episcopal en Roma, al que asisten los representantes de los episcopados nacionales (Christus Dominus, n.\u00c2\u00b0 5 36; Ad Gentes, n.\u00c2\u00b0 29); las conferencias episcopales nacionales o continentales (Christus Dominus, n.\u00c2\u00b0 18 37ss); el consejo pastoral a nivel diocesano o parroquial (Christus Dominus, n.\u00c2\u00b0 27 29; Apostolicam Actuositatem, n.\u00c2\u00b0 10). El decreto Christus Dominus sobre el oficio pastoral de los obispos contiene distintas determinaciones generales, que han de trasladarse a la pr\u00e1ctica y. por tanto, deben recibir forma can\u00f3nica, p. ej.: la reforma de la curia (n.\u00c2\u00b0 9ss); las organizaciones diocesanas (a.\u00c2\u00b0 17); la independencia de la Iglesia frente al poder civil en el nombramiento de obispos (n.\u00c2\u00b0 20); la edad de los obispos (n.\u00c2\u00b0 21); la delimitaci\u00f3n de las di\u00f3cesis (n.\u00c2\u00b0 23); la asistencia a los cristianos de otros ritos (n.\u00c2\u00b0 23); el status de los obispos auxiliares y coadjutores (n.\u00c2\u00b0 25ss); la nueva organizaci\u00f3n de la curia diocesana y de los consejos pastorales (n.\u00c2\u00b0 27); la reforma de la incardinaci\u00f3n (n.\u00c2\u00b0 30ss); la reorganizaci\u00f3n del clero parroquial (n.\u00c2\u00b0 30ss); las relaciones con los que pertenecen a \u00f3rdenes religiosas (n.\u00c2\u00b0 34ss); la reorganizaci\u00f3n de los s\u00ed\u00adnodos y concilios provinciales (n.\u00c2\u00b0 36); la formaci\u00f3n de provincias eclesi\u00e1sticas bajo un metropolitano (n.\u00c2\u00b0 39ss). Entretanto los directorios a trav\u00e9s de determinaciones concretas han de introducir este trabajo de reforma del derecho can\u00f3nico, que sin duda durar\u00e1 todav\u00ed\u00ada algunos a\u00f1os (n.\u00c2\u00b0 44).<\/p>\n<p>Por lo que respecta al derecho actualmente vigente (CIC 948-1011), hay que consultar los manuales correspondientes (LThK2 vii 120ss, DDC vt 1125-1132 1145-1155 ofrecen compendios excelentes).<\/p>\n<p>Algunas disposiciones ya no se tienen en cuenta. Otras, como la edad de los ordenandos (CIC 975), la oportunidad de ciertas irregularidades can\u00f3nicas, inspiradas por el AT (983-991), los t\u00ed\u00adtulos de ordenaci\u00f3n, procedentes en parte de la edad media (979-982), la tonsura y las \u00f3rdenes menores (949), la educaci\u00f3n en el seminario a teneris annis (972) y los tiempos litdrgicos para la ordenaci\u00f3n (1006), son objeto de discusi\u00f3n y requieren una reforma.<\/p>\n<p>Otras disposiciones m\u00e1s importantes permanecer\u00e1n: el obispo como ministro ordinario (CIC 951), los derechos reservados a la Santa Sede (952ss). El obispo debe enjuiciar tambi\u00e9n la capacidad de los candidatos al sacerdocio secular (956-963); los pertenecientes a \u00f3rdenes religiosas son presentados por su superior m\u00e1s alto (964-967). Est\u00e1 prohibido obligar a un candidato a que reciba las \u00f3rdenes contra su voluntad, o bien imped\u00ed\u00adrselo si re\u00fane las condiciones necesarias (971ss).<\/p>\n<p>Probablemente el CIC pronto deber\u00e1 resolver cuestiones m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles y urgentes: ordenaci\u00f3n de mujeres (?), el celibato eclesi\u00e1stico o la ordenaci\u00f3n de hombres casados, la cuesti\u00f3n tan discutida de los sacerdotes s\u00f3lo por un tiempo. En nuestra opini\u00f3n estas cuestiones no afectan al dogma, y deben solucionarse, no a base de principios abstractos, sino exclusivamente de cara a las necesidades reales del pueblo de Dios en nuestro tiempo.<\/p>\n<p>Estos problemas son cuestiones de econom\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica (DS 1728 3857), y en virtud de su naturaleza eminentemente pastoral deben hallar una soluci\u00f3n pluralista, es decir, adecuada a la situaci\u00f3n del pueblo de Dios en un territorio determinado.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n m\u00e1s urgente es la crisis de autoridad ante las formas anacr\u00f3nicas del uso de la misma (verticalidad extrema; uso detestable del secreto; respeto deficiente a la persona humana, lo cual se debe a una acentuaci\u00f3n m\u00ed\u00adtica de la voluntad de Dios y de la autoridad ejercida por un hombre, aun trat\u00e1ndose de estructuras instituidas por Cristo), as\u00ed\u00ad como las formas igualmente anacr\u00f3nicas que entorpecen la comunicaci\u00f3n entre los obispos, el papa y la curia romana, entre los obispos y sus sacerdotes, entre el clero y los fieles en la Iglesia. Es sintom\u00e1tico que en algunos pa\u00ed\u00adses los sacerdotes se asocien para defender sus derechos, que fieles y sacerdotes se re\u00fanan en la llamada \u00abIglesia subterr\u00e1nea\u00bb o \u00abIglesia contestataria\u00bb. En realidad esta crisis no puede superarse por medidas can\u00f3nicas. Para su soluci\u00f3n se necesita un clima de confianza y de seriedad, una educaci\u00f3n psicol\u00f3gica y ante todo una conversi\u00f3n del coraz\u00f3n en el sentido del evangelio.<\/p>\n<p>Pero indudablemente ser\u00ed\u00ada ventajoso que el derecho can\u00f3nico previera ciertas estructuras (sinodales o de otro tipo) que facilitaran las relaciones entre los distintos miembros de la jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica (canales de comunicaci\u00f3n), as\u00ed\u00ad como ciertas garant\u00ed\u00adas contra el abuso de poder por parte de las autoridades locales. Por lo dem\u00e1s, esta tarea ha sido la funci\u00f3n tradicional del papado, que ser\u00ed\u00ada infiel al m\u00e1s esencial de sus cometidos, a saber, el testimonio de la unidad, si en el tiempo presente rechazara esta responsabilidad para encerrarse en un aislamiento que resultar\u00ed\u00ada cada vez m\u00e1s tr\u00e1gico.<\/p>\n<p>B) INTENTO DE UNA S\u00ed\u008dNTESIS TEOL\u00ed\u201cGICA<\/p>\n<p>I. Problemas metodol\u00f3gicos<br \/>\n1. Cuestiones de terminolog\u00ed\u00ada<br \/>\nBastantes t\u00e9rminos t\u00e9cnicos que afectan ante todo a este campo de la teolog\u00ed\u00ada se discuten en nuestro tiempo. Por ello nos limitaremos a tratar los problemas importantes, prescindiendo en lo posible de aquellos conceptos cuya importancia es discutible e impugnable.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad evitamos la divisi\u00f3n tripartita de la misi\u00f3n sacerdotal en potestad de orden (de santificaci\u00f3n), docente (prof\u00e9tica), y de jurisdicci\u00f3n (de gobierno). En nuestros tiempos es moda acentuar la misi\u00f3n \u00abprof\u00e9tica\u00bb del sacerdote o del obispo. Nosotros renunciamos a esta categor\u00ed\u00ada, pues en la Biblia el -> profetismo tiene una significaci\u00f3n exactamente definida. El profetismo es por esencia un hecho religioso, unido a una llamada personal del Esp\u00ed\u00adritu Santo y a una disposici\u00f3n del alma para un compromiso de fe, que escapa a toda forma de institucionalizaci\u00f3n. No se es profeta por una funci\u00f3n en la Iglesia, sino por una vocaci\u00f3n especial. El sostener que un hombre por su ordenaci\u00f3n sagrada recibe una misi\u00f3n prof\u00e9tica equivale a una falsificaci\u00f3n de la significaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de esta palabra y, lo que es peor, podr\u00ed\u00ada inducir a error al sujeto de las \u00f3rdenes. La mayor\u00ed\u00ada de los obispos y sacerdotes est\u00e1n muy lejos de ser profetas, aun siendo sacerdotes excelentes. Dicho de otro modo el servicio a la palabra de Dios y la profec\u00ed\u00ada son dos vocaciones distintas, aunque naturalmente pueden darse a la vez en un mismo hombre.<\/p>\n<p>Otro ejemplo del desarrollo de la terminolog\u00ed\u00ada nos lo ofrece el nuevo Ordo baptismi para adultos, que fue publicado en Roma el a\u00f1o 1966 ad experimentum. Este Ordo evita la expresi\u00f3n celebrans para el oficiante, puesto que todos los miembros de la comunidad eclesi\u00e1stica participan activamente en la celebraci\u00f3n bautismal. Ha conservado solamente la expresi\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de la funci\u00f3n \u00absacerdotal\u00bb.<\/p>\n<p>Nosotros preferimos el concepto de \u00abfunci\u00f3n sacerdotal\u00bb al de \u00abpotestad\u00bb. Somos plenamente conscientes de los peligros que ello implica; el concepto contiene cierta ambig\u00fcedad. En su significaci\u00f3n usual le falta la dimensi\u00f3n ontol\u00f3gica. Pero queremos evitar cualquier tipo de \u00abclericalismo metaf\u00ed\u00adsico\u00bb, que sit\u00faa al sacerdote en un nivel \u00f3ntico superior al de los fieles. \u00abFunci\u00f3n\u00bb significa simplemente que el ordenado es fundamentalmente un fiel, un \u00abhermano entre hermanos\u00bb (Presbyterorum Ordinis, n.\u00c2\u00b0 3, ante todo 9), que ha recibido de Cristo una misi\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de servicio, a saber: la del servicio a Cristo y a la comunidad. No excluimos con ello que la ordenaci\u00f3n lo determine \u00abontol\u00f3gicamente\u00bb, es decir, que esa misi\u00f3n especial oriente toda su persona y, por consiguiente, toda su vida a este servicio.<\/p>\n<p>2. Cuestiones de estructuras cristol\u00f3gicas y eclesiol\u00f3gicas<br \/>\nLa ordenaci\u00f3n sagrada no es una realidad en s\u00ed\u00ad; resulta inconcebible fuera de su contexto dogm\u00e1tico, cristol\u00f3gico y eclesiol\u00f3gico.<\/p>\n<p>a) El contexto cristol\u00f3gico es propiamente el fundamental; no s\u00f3lo como principio de una s\u00ed\u00adntesis teol\u00f3gica abstracta, sino tambi\u00e9n como verdad existencial, la cual debe realizarse continuadamente en toda una vida. Nuestro \u00fanico sacerdote es Cristo resucitado. El sacerdote es, junto con los fieles, el testigo de este mysterium paschale en el mundo. Su misi\u00f3n espec\u00ed\u00adfica es participar de la misi\u00f3n de Cristo, que fue enviado por el Padre en la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo para la instituci\u00f3n de la Iglesia como sacramento salv\u00ed\u00adfico del mundo.<\/p>\n<p>b) Contexto eclesiol\u00f3gico. Fuera de la Iglesia el sacerdote carece de toda significaci\u00f3n. El concilio Vaticano ii ha transformado fundamentalmente la orientaci\u00f3n de nuestra concepci\u00f3n de la Iglesia. Una teolog\u00ed\u00ada del orden que no est\u00e9 integrada en esta imagen nueva de la Iglesia es inadecuada. Las dimensiones de la Iglesia en esta visi\u00f3n nueva pueden compendiarse como sigue: 1\u00c2\u00ba. La Iglesia no es en primera l\u00ed\u00adnea una realidad est\u00e1tica y acabada. Es \u00abevento\u00bb; la Iglesia se forma continuamente mediante la fe y el amor; que encuentran su expresi\u00f3n ante todo en los sacramentos. Adem\u00e1s, la Iglesia est\u00e1 en camino hacia Dios, en peregrinaci\u00f3n hacia Dios a trav\u00e9s de la historia, siempre dispuesta a percibir la invitaci\u00f3n divina, que nos llega en el kair\u00f3s de la gracia, presente en este mundo. La ordenaci\u00f3n sagrada pone al sacerdote en esta disposici\u00f3n incondicional. 2\u00c2\u00ba. La Iglesia es jer\u00e1rquica, pero no lo es en el sentido de una pir\u00e1mide con una autoridad que desciende verticalmente desde el v\u00e9rtice a la base. La realidad de la Iglesia es el pueblo de Dios. Dentro de esta sociedad creyente hay una jerarqu\u00ed\u00ada de servicio y de oficio. Nadie posee en la Iglesia el monopolio del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que se comunica a todos, en correspondencia con la tarea, funci\u00f3n y vocaci\u00f3n personales. 3\u00c2\u00ba. O sea que la Iglesia es una comunidad de fe y de amor. La colegialidad del orden &#8211; el descubrimiento decisivo del concilio Vaticano II &#8211; no es otra cosa, contra ciertas interpretaciones curiales exclusivamente jur\u00ed\u00addicas, que la expresi\u00f3n de esta comunidad en el plano de la autoridad oficial. La colegialidad, por consiguiente, no puede hacerse operante independientemente de esta comunidad de fe que es el pueblo de Dios. Entre la comunidad de fe y la colegialidad en el orden hay una \u00f3smosis constante y una penetraci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca. Sin embargo, eso no tiene nada que ver con el sistema democr\u00e1tico de nuestro tiempo, aunque el esp\u00ed\u00adritu de \u00e9ste pudo favorecer el nuevo descubrimiento de las dimensiones comunitarias, que est\u00e1n insinuadas ya en el NT. 4.\u00c2\u00b0 La Iglesia es, por tanto, ante todo sacramento de salvaci\u00f3n. La comunidad de los fieles unidos con sus sacerdotes es la visibilidad operante de la presencia vivificadora de Cristo resucitado en este mundo, que nos une con el Padre mediante su Pneuma. Esta vida de la gracia est\u00e1 presente y act\u00faa en todo hombre, y se expresa concretamente en las distintas religiones (cristianismo an\u00f3nimo).<\/p>\n<p>Sin embargo, esa presencia de la voluntad salv\u00ed\u00adfica y redentora de Dios est\u00e1 significada y actualizada por la Iglesia, que pertenece a este mundo. Junto a su realidad como misterio salv\u00ed\u00adfico, la Iglesia es principalmente una organizaci\u00f3n visible de hombres, con autoridad propia. Estos dos aspectos de la Iglesia: realidad sacramental y hecho sociol\u00f3gico e institucional en este mundo, a pesar de su distinci\u00f3n son inseparables. La fuente capital de todo el mal de la Iglesia en nuestro tiempo es la confusi\u00f3n permanente o la mezcla, procedente de la edad media, entre la autoridad ejercida por los hombres en nombre de Cristo y la realidad divino-humana del misterio pascual, que vivifica interiormente la Iglesia y el mundo. En esta confusi\u00f3n o mezcla de ideas y principios pr\u00e1cticos radica la confusi\u00f3n o mezcla entre moral y derecho can\u00f3nico, entre la voluntad de Dios, totalmente libre y personal, y la autoridad humana en la sociedad religiosa fundada por Cristo. De esta confusi\u00f3n surge una anomal\u00ed\u00ada singular, a saber: por una parte, la Iglesia en el Vaticano II se ha declarado dispuesta a reconocer la libertad de conciencia fuera de ella; pero, por otra parte, de momento todav\u00ed\u00ada parece incapaz de encontrar estructuras en las que esta misma libertad se reconozca tambi\u00e9n a sus miembros y a los sacerdotes.<\/p>\n<p>Finalmente aduciremos otra consideraci\u00f3n que ha conducido a numerosos malentendidos. En general \u00e9sta viene expresada por la unidad en medio de la distinci\u00f3n entre las dimensiones verticales y las horizontales de la existencia religiosa. Los siglos pasados han acentuado casi exclusivamente la dimensi\u00f3n vertical, o sea, de Dios al hombre, bajo los dos aspectos siguientes: de Dios a nosotros y de nosotros a Dios. En nuestro tiempo se forma una tendencia que por reacci\u00f3n contra esta concepci\u00f3n quiere reconocer s\u00f3lo la horizontalidad. Pero estos conceptos, sobre todo el de \u00abverticalidad\u00bb, tienen un valor meramente simb\u00f3licos. Dios puede ser considerado como un ser que est\u00e1 \u00abfuera de este mundo\u00bb, o \u00absobre nosotros\u00bb, o \u00aben nosotros\u00bb, o en el \u00abfundamento originario de nuestra mismidad\u00bb (como \u00abdimensi\u00f3n profunda del ser\u00bb: P. Tillich, J.A. T. Robinson), o \u00abante nosotros\u00bb (J. Moltmann), o \u00abdetr\u00e1s de nosotros\u00bb (M. Bellet). En cualquier caso se trata de im\u00e1genes que intentan corregir otras im\u00e1genes; todas, sin embargo, se refieren a la misma realidad, a saber, a que el hombre religioso tiene realmente una relaci\u00f3n personal con Dios. Esta relaci\u00f3n con Dios debe realizarse necesariamente en el plano horizontal, en el plano de la existencia humana (teolog\u00ed\u00ada como antropolog\u00ed\u00ada religiosa). En cuanto el sacerdote debe en cierto modo representar lo divino, tambi\u00e9n en su actividad ha de expresar ineludiblemente la inmanencia de esta presencia divina en nuestra vida. Ser\u00ed\u00ada funesto que la tendencia \u00abapof\u00e1ntica\u00bb de nuestro tiempo con relaci\u00f3n al misterio divino nos condujera a una actitud negativa que redujera el cristianismo a un vago humanismo de solidaridad humana. Esta misma tendencia seduce a ciertos autores a limitarse, en la soluci\u00f3n de las dificultades actuales, al estudio de los aspectos sociol\u00f3gicos y psicol\u00f3gicos del sacerdocio. Estos son, sin duda alguna, de gran importancia. Nuestra distinci\u00f3n, en medio de la unidad de la realidad eclesi\u00e1stica, entre Iglesia como sacramento y misterio salv\u00ed\u00adfico e Iglesia como instituci\u00f3n y organizaci\u00f3n humana, les confiere en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica una importancia mucho mayor que antes. Pero rechazamos decididamente una reducci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada del sacerdocio al plano de una mera sociolog\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>II. Las funciones sacerdotales<br \/>\nLas funciones sacerdotales deben exponerse teniendo en cuenta las estructuras eclesi\u00e1sticas analizadas anteriormente.<\/p>\n<p>1. La Iglesia como misterio pascual de salvaci\u00f3n<br \/>\nLa -> Iglesia se realiza y actualiza continuamente en los sacramentos, ante todo en el de la eucarist\u00ed\u00ada (K. RAHNER, Kirche und Sakramente [An 1952]). Una parte integrante de la celebraci\u00f3n de un sacramento es, pues, la proclamaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n por el oficio de la palabra. Los sacramentos son celebrados por la comunidad de los bautizados y fieles bajo la presidencia del sacerdote que les representa. Sin embargo, el sacerdote representa en un grado todav\u00ed\u00ada mayor a Jesucristo, nuestro \u00fanico sacerdote. El obra, pues in persona Christi, en el sentido estricto de la palabra; lo cual significa que la actividad sacerdotal es la visibilidad sacramental de la acci\u00f3n divino-humana de Cristo. Esa representaci\u00f3n de Cristo lleva consigo una cierta despersonalizaci\u00f3n, que se expresa en los s\u00ed\u00admbolos lit\u00fargicos, aunque \u00e9stos no pueden realizarse en la plenitud de su visibilidad sacramental sin cierto grado de fe personal en el sacerdote. Este obra, pues, in persona Christi, tanto por su funci\u00f3n santificadora (en la l\u00ed\u00adnea que va de Dios a nosotros por medio del servicio de la celebraci\u00f3n y de la proclamaci\u00f3n sacramentales), como por su presidencia en la oraci\u00f3n expresando la fe de la Iglesia (en la l\u00ed\u00adnea que va de nosotros a Dios dentro de las plegarias sacramentales: la oraci\u00f3n del sacerdote es la visibilidad sacramental del per Dominum nostrum Jesum Christum, palabras con las que terminan nuestras plegarias lit\u00fargicas). Este cometido est\u00e1 confiado \u00fanica y exclusivamente al sacerdote, aunque la econom\u00ed\u00ada de la Iglesia puede, en ciertas circunstancias, hacer participar tambi\u00e9n de \u00e9l a los laicos (p. ej., en la celebraci\u00f3n del matrimonio).<\/p>\n<p>2. La Iglesia como instituci\u00f3n humana<br \/>\nComo hemos visto, la Iglesia es una organizaci\u00f3n humana que no puede existir ni subsistir sin una autoridad establecida y reconocida por todos. En virtud de la profunda realidad del misterio pascual y de la sacramentalidad salv\u00ed\u00adfica, esta autoridad fue reconocida siempre al colegio episcopal en comuni\u00f3n con el obispo de Roma. Los obispos la delegan en parte a los sacerdotes, sus colaboradores en el ministerio sacramental, y a los seglares, que son miembros con derecho pleno de la Iglesia de Cristo. No se excluye que la participaci\u00f3n concedida a los laicos sea mayor en el futuro (proceso de desclericalizaci\u00f3n). Esta autoridad no se ejerce in persona Christi, es decir, sus decretos, decisiones y directrices no son expresi\u00f3n adecuada de la voluntad de Dios, aunque se dictan in nomine Christi, es decir, tal autoridad en s\u00ed\u00ad es querida por Dios y participa adem\u00e1s de la indefectibilidad (t\u00e9rmino preferible a -> infalibilidad), puesto que ella, en virtud de la inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que se manifiesta en la colegialidad sacerdotal unida estrechamente a la comunidad de fe de toda la Iglesia, no puede apartarse de Dios en cuestiones esenciales. Dicha autoridad tiene un car\u00e1cter singular, no reducible a las formas de autoridad meramente humana, y puede encarnarse en estructuras patriarcales, aristocr\u00e1ticas o democr\u00e1ticas, por cuanto se acomoda a las estructuras sociol\u00f3gicas de la comunidad y a las formas de autoridad de cada grupo en el que y para el que fue fundada. Por tanto, tambi\u00e9n en este sentido es autoridad de servicio. No podemos \u00abdogmatizar\u00bb formas concretas del ejercicio de la autoridad en el pasado, puesto que la Iglesia seguir\u00e1 perteneciendo al mundo en el que vive. Su fe no la incluye en formas pasadas de autoridad.<\/p>\n<p>3. El desarrollo de la vida concreta de la Iglesia<br \/>\nSi contemplamos a la Iglesia como sacramento de salvaci\u00f3n e instituci\u00f3n forma, por consiguiente, dos importantes polos o centros de acci\u00f3n, los cuales por su irradiaci\u00f3n influyen en el conjunto de la vida concreta y real de la Iglesia.<\/p>\n<p>a) Irradiaci\u00f3n del polo sacramental. La realidad sacramental de la Iglesia se dilata a trav\u00e9s de los sacramentales y de la proclamaci\u00f3n de la palabra. En analog\u00ed\u00ada con los sacramentos, la administraci\u00f3n de los -> sacramentales est\u00e1 reservada normalmente a los sacerdotes, aunque el concilio Vaticano II prev\u00e9 formas de administrarlos que se conf\u00ed\u00adan tambi\u00e9n a \u00abseglares cualificados\u00bb (Sacrosanctum Concilium, n\u00c2\u00ba 79). Es evidente que el servicio de la palabra tiene mucha mayor importancia. La Iglesia vive de la fe, que necesita continuamente ser nutrida, ilustrada, dirigida y fortalecida. Por su servicio a los sacramentos el sacerdocio recibe uno de sus cometidos m\u00e1s urgentes, a saber, la preparaci\u00f3n de los fieles para los sacramentos y el fortalecimiento de las gracias recibidas en ellos mediante la predicaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica en todas sus formas: ense\u00f1anza, consuelo, -> direcci\u00f3n espiritual, testimonio personal, ayuda fraternal en la b\u00fasqueda com\u00fan de la voluntad de Dios en la vida concreta. Este servicio es ejercido preferentemente por los sacerdotes, y, por cierto, tanto para los miembros de la Iglesia, como tambi\u00e9n para aquellos que se encuentran fuera de ella (actividad misionera). Su predicaci\u00f3n contiene un aspecto especialmente autoritativo, que se debe a la misi\u00f3n apost\u00f3lica recibida en la ordenaci\u00f3n. Sin embargo, la renovaci\u00f3n de la importancia de la misi\u00f3n apost\u00f3lica com\u00fan a todos los miembros de la Iglesia deberla multiplicar, tambi\u00e9n en este campo, los cometidos confiados a los seglares. Tambi\u00e9n ellos tienen el deber de dar testimonio de la fe que los anima; disponen de m\u00faltiples posibilidades de ayudar a sus hermanos para un conocimiento mejor de la fe y para una entrega m\u00e1s personal a la misma. Directa o indirectamente, adem\u00e1s ellos pueden colaborar m\u00e1s que antes en las grandes tareas misioneras de la Iglesia dentro de los pa\u00ed\u00adses subdesarrollados.<\/p>\n<p>b) Irradiaci\u00f3n del polo institucional. La autoridad del sacerdocio posee en la Iglesia distintos grados de presencia y de eficiencia. La Iglesia, guiada por el esp\u00ed\u00adritu de fidelidad a su Se\u00f1or, es responsable del mantenimiento de la fe intacta, tanto en el plano doctrinal como en el de la pr\u00e1ctica. Por ello el colegio episcopal tiene el derecho de regular la formulaci\u00f3n de las afirmaciones de fe, as\u00ed\u00ad como la doctrina teol\u00f3gica y catequ\u00e9tica, la publicaci\u00f3n de libros lit\u00fargicos y sacramentales, la administraci\u00f3n de sacramentos y la plegaria lit\u00fargica. Evidentemente hay que plantear aqu\u00ed\u00ad la cuesti\u00f3n &#8211; aunque sea subsidiaria &#8211; de si el ejercicio de esta autoridad no debe encontrar formas de expresi\u00f3n que respeten en mayor medida la conciencia personal y el pluralismo cultural y religioso. De hecho, en el plano de la moral la Iglesia es competente s\u00f3lo para la proclamaci\u00f3n del mensaje evang\u00e9lico, la cual, sin embargo, debe inspirar, corregir y orientar nuevamente la \u00e9tica de una cultura o de una \u00e9poca. En este dif\u00ed\u00adcil y complejo trabajo de humanizaci\u00f3n de la vida humana y de acomodaci\u00f3n de la conducta \u00e9tica a las afirmaciones del evangelio, la Iglesia reconoce tambi\u00e9n la competencia cient\u00ed\u00adfica y pr\u00e1ctica de aquellos hombres que no pertenecen a ella, como se ha dicho en Gaudium et spes del concilio Vaticano II. Finalmente est\u00e1 claro que a la Iglesia le compete el derecho de determinar las formas de vida de su propia sociedad, de promulgar leyes, de castigar, de regular sus relaciones con los Estados y con otras sociedades religiosas. Esta autoridad es confiada frecuentemente a sacerdotes (p. ej., a los nuncios), pero indudablemente &#8211; sin perjuicio de ciertos privilegios del colegio episcopal y del oficio unificante de la Iglesia de Roma &#8211; muchos de esos cometidos podr\u00ed\u00adan encomendarse tambi\u00e9n a seglares que poseyeran una mejor competencia t\u00e9cnica.<\/p>\n<p>III. Los efectos de la ordenaci\u00f3n sagrada<br \/>\nEl concilio Vaticano II ha subrayado el papel decisivo de la ordenaci\u00f3n sacramental, que transmite fundamentalmente al sacerdocio su misi\u00f3n especifica, y ha destacado de nuevo la perspectiva propiamente teol\u00f3gica, que hab\u00ed\u00ada estado muy oscurecida por una concepci\u00f3n demasiado individualista de los sacramentos (medios privilegiados para la obtenci\u00f3n de la gracia), as\u00ed\u00ad como por un parcial concepto jur\u00ed\u00addico de la Iglesia. Esa concepci\u00f3n se basaba en la idea de que Cristo hab\u00ed\u00ada delegado su plenitud de poderes en el papa, a partir del cual estos poderes pasaban a los obispos, a los sacerdotes a los fieles. Seg\u00fan esa concepci\u00f3n, la Iglesia estaba fundada ante todo en el primado de jurisdicci\u00f3n del romano pont\u00ed\u00adfice, idea totalmente ajena al evangelio y a la antig\u00fcedad cristiana.<\/p>\n<p>Hablando de los efectos de la ordenaci\u00f3n sagrada hemos de referirnos al as\u00ed\u00ad llamado car\u00e1cter sacramental y a la gracia sacramental.<\/p>\n<p>1. El car\u00e1cter sacramental<br \/>\nEn relaci\u00f3n con el car\u00e1cter sacramental existen muchas confusiones que deben atribuirse a cierto desconocimiento de la teolog\u00ed\u00ada y de la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica. En primer lugar hemos de se\u00f1alar que no hay una teolog\u00ed\u00ada unitaria sobre el car\u00e1cter sacramental. La definici\u00f3n minimalista lo reduce a la imposibilidad de repetir la ordenaci\u00f3n, mientras que la tendencia maximalista ha elaborado una especie de compleja superestructura metaf\u00ed\u00adsica, que brota de una teolog\u00ed\u00ada donde la doctrina de la gracia ha perdido su plenitud. Los aspectos trinitarios y cristol\u00f3gicos resaltados por la segunda tendencia en el car\u00e1cter sacramental se realizan ya con toda su plenitud en el misterio de la gracia. Esta tendencia ha favorecido una teolog\u00ed\u00ada m\u00ed\u00adtica del sacerdocio, la cual localiza lo sacerdotal en un plano \u00f3nticamente superior al de los fieles (clericalismo metaf\u00ed\u00adsico) y, por eso, en la actualidad bloquea (ya de antemano) muchas reformas. El estudio del desarrollo de esta doctrina teol\u00f3gica descubre tambi\u00e9n otras anomal\u00ed\u00adas. Agust\u00ed\u00adn, el iniciador de la doctrina del car\u00e1cter sacramental, cuando habla del car\u00e1cter \u00abindeleble\u00bb se refiere a la profesi\u00f3n de fe trinitaria, aunque \u00e9sta se haga en una Iglesia separada de la cat\u00f3lica. Cuando Agust\u00ed\u00adn habla del efecto permanente &#8211; independiente de los pecados personales &#8211; de un sacramento, usa otras expresiones, como sacramentum manens, consecratio, o bien ordinatio. El car\u00e1cter sacramental es para Agust\u00ed\u00adn el rito externo en el que es invocada la Trinidad, o sea, la expresi\u00f3n visible y audible \u00abde la fe de la Iglesia\u00bb. Su condici\u00f3n indeleble consiste en la realidad de que el ordenando es aceptado en el ordo del servicio eclesi\u00e1stico.<\/p>\n<p>Para Tom\u00e1s el car\u00e1cter es igualmente, lo mismo que en la escol\u00e1stica primitiva, el rito externo en cuanto fundamenta para todos la legitimidad de la ordenaci\u00f3n sagrada en la Iglesia. \u00abEl car\u00e1cter es, por consiguiente, en primera l\u00ed\u00adnea un rito que sit\u00faa, y no la realidad del estar situado\u00bb (E. SCHILLEBEECKX, \u00abTijdschrift voor Theologie\u00bb 8 [1948] 424-430 y De sacramentele heilseconomie [An 1952] 489-491; N. H\u00ed\u201eRING: MS 14 [1954] 79-97 y \u00abScholastik\u00bb 30 [1955] 481-512, 31 [1956] 41-69 182-212). Al mismo tiempo en la descripci\u00f3n del car\u00e1cter sacramental se nota desde la primitiva escol\u00e1stica la tendencia a a\u00f1adir al simple rito, que al principio s\u00f3lo \u00abse\u00f1alaba\u00bb al ordenando, el efecto de la ordenaci\u00f3n sagrada (la pertenencia jur\u00ed\u00addica al colegio oficial). Esta evoluci\u00f3n encuentra su expresi\u00f3n en la f\u00f3rmula cl\u00e1sica de que el car\u00e1cter es sacramentum (signo y, por consiguiente, rito) y res (efecto del rito), mientras que la gracia es res tantum. Para Tom\u00e1s, en su doctrina inicial esta segunda significaci\u00f3n fue secundaria y metaf\u00f3rica (E. SCHILLEBEECKX, De sacr. heilseconomie, p. 505-510). Pero \u00e9l a\u00f1ade pronto la deputatio ad cultum, por la cual el car\u00e1cter sacramental se equipara a una disposici\u00f3n interna para el culto. Lo esencial de la doctrina de Tom\u00e1s se puede reducir a la idea de que el ordenando, por la ordenaci\u00f3n sagrada en el nombre de Cristo es contrapuesto a la comunidad de los fieles. La escol\u00e1stica tradujo luego esta idea a conceptos ontol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>Los concilios de Florencia y de Trento reproducen esta concepci\u00f3n teol\u00f3gica, que en rasgos generales se ha hecho com\u00fan, seg\u00fan la cual el car\u00e1cter es signum quoddam spirituale et indelebile, unde ea iterari non possunt (DS 1609; cf. 1313). Sin embargo, la significaci\u00f3n de la definici\u00f3n tridentina, aunque \u00e9sta conserve los mismos t\u00e9rminos, es distinta de la definici\u00f3n florentina. Trento quiso ante todo, frente a ciertos reformadores, defender la realidad del oficio, contra la opini\u00f3n que quer\u00ed\u00ada suprimir la distinci\u00f3n entre la comunidad y el ministerio. Por ello ser\u00ed\u00ada un abuso, e ir\u00ed\u00ada contra la intenci\u00f3n de Trento, el ver en esta definici\u00f3n una fijaci\u00f3n dogm\u00e1tica de la especulaci\u00f3n escol\u00e1stica. Algunos padres, ante el hecho de que los escotistas y los nominalistas (los cuales no aceptaban la tradici\u00f3n tomista) eran la mayor\u00ed\u00ada en Trento, quisieron evitar que el concilio definiera la naturaleza del car\u00e1cter. Por lo dem\u00e1s el cardenal Billot no encontr\u00f3 ninguna dificultad cuando a principio de nuestro siglo expuso una nueva interpretaci\u00f3n del car\u00e1cter sacramental, reduci\u00e9ndolo a un derecho sobre las gracias actuales propias del sacramento. Finalmente ni Tom\u00e1s ni Trento (ST III q. 63 a. 2s) quisieron defender la naturaleza \u00abeterna\u00bb del car\u00e1cter sacramental. Como ha confirmado el concilio Vaticano II (Lumen Gentium, n\u00c2\u00b0 48), el car\u00e1cter s\u00f3lo tiene importancia en esta vida terrena.<\/p>\n<p>Nuestro esbozo sobre la evoluci\u00f3n de la doctrina del car\u00e1cter sacramental tiene gran importancia en la actualidad. La as\u00ed\u00ad llamada doctrina cl\u00e1sica del car\u00e1cter sacramental impide y bloquea en algunos casos la acomodaci\u00f3n concreta del sacerdocio a las necesidades reales del pueblo cristiano. Si los te\u00f3logos, frente a la propuesta de los soci\u00f3logos y de la pastoral, se muestran reacias ante la idea de introducir sacerdotes s\u00f3lo por un tiempo, la causa est\u00e1 ante todo en esa doctrina escol\u00e1stica del car\u00e1cter sacramental. Es intolerable que una tradici\u00f3n escolar recogida sin investigaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de su contenido y de su desarrollo detenga la reforma pastoral del sacerdocio.<\/p>\n<p>Nosotros creemos que se debe reanudar la concepci\u00f3n m\u00e1s realista de la antig\u00fcedad. Seg\u00fan esta concepci\u00f3n el car\u00e1cter sacramental es en primera l\u00ed\u00adnea el rito visible de la ordenaci\u00f3n sagrada, por la cual el ordenando queda incorporado jur\u00ed\u00addicamente al colegio de su orden, asumiendo con ello un conjunto de derechos y deberes. El elemento capital de esta incorporaci\u00f3n es la misi\u00f3n para el servicio de la comunidad eclesi\u00e1stica y de todos los hombres. Part\u00ed\u00adcipe de la misi\u00f3n de Cristo, el sacerdote debe vivir y morir \u00abno s\u00f3lo para el pueblo, sino tambi\u00e9n para congregar en la unidad a los hijos dispersos de Dios\u00bb (Jn 11, 52). Esta incorporaci\u00f3n puede denominarse, finalmente, ordenaci\u00f3n sagrada. Por su pertenencia al orden para el que ha sido ordenado, el candidato entra a formar un grupo \u00abaparte\u00bb, sin quedar \u00abseparado\u00bb de los hombres, sus hermanos (Presbyterorum Ordinis, n\u00c2\u00b0 3). El efecto m\u00e1s importante de esta ordenaci\u00f3n sagrada estriba en su car\u00e1cter definitivo: ning\u00fan sacerdote puede ser ordenado de nuevo. Ese aspecto del car\u00e1cter sacramental se basa m\u00e1s en la fidelidad a la elecci\u00f3n divina que en una cualidad ontol\u00f3gica tomada en s\u00ed\u00ad misma. Esta visi\u00f3n conserva la significaci\u00f3n m\u00e1s importante del car\u00e1cter sacramental, a saber, su funci\u00f3n simb\u00f3lica (sacramentum et res), en la cual est\u00e1 contenida una referencia a la promesa que Dios nos da de su gracia superabundante. Sin embargo, nada impide que la Iglesia libere temporal o definitivamente al sacerdote de las obligaciones de su ordenaci\u00f3n y lo devuelva al estado laical. Esta es una cuesti\u00f3n pastoral y no dogm\u00e1tica.<\/p>\n<p>2. La gracia sacramental<br \/>\nLa gracia sacramental no puede distinguirse de la gracia fundamental de la justificaci\u00f3n, la cual se realiza en nosotros por la inhabitaci\u00f3n de las tres personas divinas. Pero debe acentuarse m\u00e1s fuertemente su car\u00e1cter escatol\u00f3gico, puesto que esta presencia trinitaria nos es dada bajo la forma de una atracci\u00f3n din\u00e1mica hacia su realizaci\u00f3n definitiva en el reino de Dios. Todos los sacramentos son una celebraci\u00f3n de nuestra -\u00bb esperanza cristiana \u00abhasta que el Se\u00f1or venga\u00bb. Esto vale tambi\u00e9n para la ordenaci\u00f3n sagrada. La -> justificaci\u00f3n no es un proceso mec\u00e1nico, sino un acto divino y, por tanto, soberano, libre y personal. La gracia de la ordenaci\u00f3n sagrada es, por consiguiente, una profundizaci\u00f3n y una orientaci\u00f3n nueva de la gracia bautismal de cara a la misi\u00f3n espec\u00ed\u00adfica y al ministerio sacerdotal. Posibilita, pues, el desarrollo de una verdadera espiritualidad sacerdotal, que es fundamentalmente id\u00e9ntica con la de los otros fieles en la fraternidad de la misma fe. Esta gracia nos une a su vez con los dem\u00e1s miembros del ordo en la fraternidad de una misma misi\u00f3n. Todos est\u00e1n llamados a la participaci\u00f3n com\u00fan en la misi\u00f3n de Cristo mismo, a la representaci\u00f3n del mismo Cristo en la celebraci\u00f3n de los sacramentos, a la proclamaci\u00f3n de la palabra en su nombre y al mismo servicio de la autoridad. Su oficio s\u00f3lo resulta eficaz en la medida en arte los miembros del mismo orden colaboran en un mismo cometido. El obispo o el sacerdote que se separa de los miembros de su orden, ya no tiene las mismas garant\u00ed\u00adas para la eficacia de su oficio. Esta es tambi\u00e9n el motivo por el que hemos resaltado tanto la necesidad de un retorno a la antigua teolog\u00ed\u00ada del car\u00e1cter sacramental, pues esa teolog\u00ed\u00ada acent\u00faa ante todo que la gracia del sacramento en principio est\u00e1 vinculada a la realizaci\u00f3n de la colegialidad sacerdotal.<\/p>\n<p>C) OBSERVACIONES FINALES<br \/>\nEn forma de una conclusi\u00f3n se podr\u00ed\u00adan tratar los problemas capitales de la pastoral de nuestro tiempo en vistas al sacerdocio y a su futuro en la Iglesia. \u00bfQu\u00e9 aspecto tendr\u00e1 la imagen futura del sacerdote? 1.\u00c2\u00b0 Ante todo hemos de decir con Schillebeecx: \u00abNosotros no reflexionamos sobre el futuro, sino que lo hacemos.\u00bb La recta pr\u00e1ctica en una seria comunidad de fe es la mejor garant\u00ed\u00ada para la futura ortodoxia. 2\u00c2\u00b0 En este esfuerzo de renovaci\u00f3n deben incondicionalmente mantenerse separados los argumentos realmente dogm\u00e1ticos y los de econom\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica. La \u00absubstancia\u00bb del sacerdocio es muy rica y al mismo tiempo muy simple. Como muestra la historia, permite las m\u00e1s diversas configuraciones. La mayor\u00ed\u00ada de los argumentos son de naturaleza pastoral. La preocupaci\u00f3n capital de la Iglesia en esta reflexi\u00f3n pastoral es tan s\u00f3lo el bien del hombre. Con demasiada frecuencia las objeciones o los argumentos llamados \u00abdogm\u00e1ticos\u00bb oscurecen el principio: sacramenta sunt propter homines, que en primera l\u00ed\u00adnea tiene validez con relaci\u00f3n al sacerdocio.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Cf. bibl. de -> ap\u00f3stol. -> episcopado, -> sacerdocio, ->4 Iglesia, cuya bibl. no se cita aqu[.<\/p>\n<p>1. BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA GENERAL: H. Lennerz, De sacramento Ordinis (R 1947); Enciclopedia del Sarcerdozio (Fi 1953); SC Suppl. Bibl. 9 (1963) 2430-2710; E. Doronzo, De Ordine I-II (Milwaukee 1957-1959); Schmaus D IV\/1; DThC XI\/1 1193-1405; DDC V 569 se; Catholictsme IV 783-804; HThG II 340-350.<\/p>\n<p>2. TERMINOLOG\u00ed\u008dA: Pauly-Wissowa XVIIIII 930-936; C. H. Thrner, XsspoTovta etc.: JThS 24 (1923) 496-504; H. \u00fc aussen, Kultur u. Sprache (N 1938) 44-103; T. Michels: RQ 47 (1942) 179 ss; E. Stammst: MThZ 3 (1932) 17-32; M. Maccarone,Vicarius Christi (R 1952); Y. Congar, Jalones para una teologla del laicado (Estela Ba 1961); M. Guerra y G\u00f3mez, Episcopos y Presbyteros (Burgos 1962); R. Gryson, Le pretre selon St. Ambroise (Lv 1968) 98-145.<\/p>\n<p>3. DISPOSICIONES DEL MAGISTERIO:<br \/>\n-A. Concilio de Florencia, Decretum pro Armenis: M. G. van Rossum, De essentla Sacr. Ordinis (R 1914); J. de Gr\u00fcben: BLE 10 (1919) 81-95 150-162 195-215; G. Hofmann: OrChrP 5 (1939) 151-185; M. Quera: EE 4 (1925) 138-156 237-250, 5 (1926) 317-332, 6 (1927) 54-78 157-170; G. M. Perrella: DTh(P) 39 (1936) 448-483, 40 (1937) 177.<\/p>\n<p>&#8211; B. Concilio de Trento: H. Grisar: ZKTh 8 (1884) 453-507 727-784; M. Quera: EE 4 (1925) 337-358; P. Castagnoll: DTh(P) 35 (1932) 197-203; T. Zapelena: Miscel\u00e1nea de Comillas 2 (1942)11-24; G. B. de Farnese, Il sacramento dell&#8217;Ordine (R 1946); Schreiber II 600 (1nd.); E. Boularand: BLE 56 (1955) 193-226; A. Duval, Etudes sur le Sacrement de (&#8216;Ordre (P 1957) 277-324; idem, Les donn\u00e9es dogmatiques: Le Sacrement de 1&#8217;Ordre. Bulletin de Comit\u00e9 d&#8217;Etudes, Compagnie St. Sulpice (P 1962) 448-472; J. P\u00e9gon: NRTh 92 (1960) 580-588.<\/p>\n<p>&#8211; C. Concilio Vaticano I: 1. J. Hamer, Le corps \u00e9piscopal: RSPhTh 14 (1961) 21-32; M.R. Gagnebet: Divinitas 5 (R 1961) 431-493; G. Thils, Primaut\u00f3 pontificale et pr\u00e9rogatives \u00e9piscopales (Lv 1961); H. Jedin: TT hZ 74 (1965) 176 ss<br \/>\n&#8211; D. Concilio Vaticano II: Baradna II; C. Pozo: PerRMCL 56 (1967) 199-211; H. Thomas: QLP 48 (1967) 121-133; La nouvelle image de I&#8217;Eglise, 6d. par B. Lambert (P 1967) 99-171; Vatican II, Les pr\u00e9tres (P 1968; G. Philips, La Iglesia y su misterio, 2 yola (Herder Ba 1968-69); LThK Vat I 210-259, II 128-247, III 128-239. &#8211; E. Traducciones: P. Veulllot, Notre Sacerdoce I-II (P 1954); P. F. Palmer, Sacrament of Healing and of Vocation (Englewood Cliffs [N. J.1 1963).<\/p>\n<p>4. OBRAS TEOL\u00ed\u201cGICAS:<br \/>\nA. Escritura: A. Michiels, L&#8217;origine de 1&#8217;\u00e9piscopat (Lv 1900); J. Coppens, L&#8217;imposition des mama (Wetteren 1925); G. Dix, The Ministry in the Early Church: E. K. Kirk. The Apostolic Ministry (Lo 1946) 183-303; G. W. H. Lampe, Some Aspects of the Nt Ministry (Lo 1949); Ph: FL Menead, L&#8217;Eglise et les minist\u00e9res selon le NT (P 1949); J. Colson, L&#8217;\u00e9v\u00f3que dans la communaut\u00e9 primitive (P 1951); J. Gewieft, Die ntl. Grundlagen der kirchl. Hierarchie: HJ 72 (1953) 1-24; A. Ehrhardt, The Apostolic Succession (Lo 1953); Recuell L. Cerfaux I-II (Gembloux 1954); J. Dani\u00e9lou (Qumr*n): RHPhR 35 (1955) 104-115; H. Schlier, Die Zeit der Kirche (Fr 1956) 129-147; J. Dupont, Le nom des ap\u00f6tres a-t-il 6t\u00e9 don\u00e9 aux Douze? (Lv 1956); K. H. Scheikle, Der Apostel als Priester: ThQ 136 (1956) 257-283; A.-M. Denis: RB 74 (1957) 335-362 492-515; \u00ed\u00addem: RSPhTh 42 (1958) 401-436 617-656; J. Colson: NRth 82 (1960) 349-372; E. Kdsemann, Exegetische Versuche I (G\u00f6 1960) 109-134; R. A. Srrigl, Grund-fragen der kirchl. \u00ed\u201emterorganisation (Mn 1960); G. Klein, Die zw\u00f6lf Apostel (66 1961); W. Schmithals, Das kirchl. Apostelamt (G\u00f6 1961); P. Semit, Les origines de l&#8217;\u00e9piscopat: L&#8217;\u00e9v\u00e9que dans I&#8217;Eglise (Brujas 1963) 13-57; A. G. Hebert, Apostle and Bishop (Lo 1963); H. Sch\u00fcrmann: GuL 16 (1963) 21-35; Studiorum Paulinorum Congressus internat. cath. (R. 1963) I 57-77, II 399-404; L. Cerfaux, La mission apostolique des Douze (M\u00e9langes Caed. Tisserant) (R 1964) I 43-66; Aux Origines de I&#8217;Eglise (P &#8211; Brujas 1964) 51-64 159-173; R. J\u00fcrgen, Apostolat, Verk\u00fcndigung, Kirche (G\u00fc 1965); P. Grelot, El ministerio de la nueva alianza (Herder Ba 1969); C. Romanluk, Le Sacerdoce dans le NT (Le Puy 1967); B. Rigaux: Los doce ap\u00f3stoles \u00abConcilium\u00bb, 4e 34 (1968) 7-18; \u00fc . Gnilka, Carta a los Filipenses (Herder Ba 1971); A. M. Ritter &#8211; G. Leich, Wer ist die Kirche? (G\u00f6 1968).<\/p>\n<p>&#8211; B. Tradici\u00f3n y vida de la Iglesia: P. Benoit, La via des alerce (P 1914); P. Pourrat, Le Sacerdoce (P 1931); L. Audet, Notre participation au Sacerdoce du Christ: Laval-ThPh 1 (1945)9-46, 2 (1946) 110-130; E. A. Walsh, The Priesthood in the Writings of the French School (Wa 1949); Paares d&#8217;hier et d&#8217;aujourd&#8217;hui (P 1954); Landgraf D I1I\/2 277-302; J. 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McCue (Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada): ThSt 28 (1967) 828-834; G. Pinckaers: RELiege 53 (1967) 205-219; C. Dupont: RHE 62 (1967) 729-752; M. Boelen, Die Klerikerehe in der Gesetzgebung der Kirche (Pa 1968); E. Schillebeeckx: Tijdschrift voor Theologie 8 (1968) 402-434; P. Fransen, Intelligent Theology II (Lo 1968) 67-157.<\/p>\n<p>PROBLEMAS ACTUALES DE ESPIRITUALIDAD, PASTORAL, SOCIOLOG\u00ed\u008dA Y PSICOLOGIA: A. Benk\u00f6 &#8211; J. Nuttin, Examen de la personnalit6 chez les candidata (Lv 1955); R. Denniston, Part-time Priests? (Lo 1960); H. Hofmann, The Ministry and Mental Health (NY 1960); J. Fichter, Religion as an Occupation (Notre Dame 1961); W. E. Oates, The Minister&#8217;s own Mental Health (NY 1962); W. u. H. P. M. Goddi)n, Kirche als Institution (Mz 1963); M. Br\u00fcning, Priestertum der Frau?: StdZ 176 (1964\/65) 549-552; Die Frau im Aufbruch der Kirche, bajo la dir. de M. Schmaus &#8211; E. G\u00f6ftmann (Mn 1964); A. M\u00fcller, Das Problem von Befehl u. 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Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Introducci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Sacramento del Orden\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-3\">2.1 N\u00famero de \u00d3rdenes<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-4\">2.2 Materia  y  Forma<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-5\">2.3 Efecto  del  Sacramento<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-6\">2.4 Ministro<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-7\">2.5 Sujeto<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-8\">2.6 Obligaciones<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-9\">2.7 Ceremonias de ordenaci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-10\">2.8 Tiempo y Lugar<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El orden es la apropiada disposici\u00f3n de las cosas iguales y desiguales, d\u00e1ndoles a cada una su propio lugar   (San Agust\u00edn, Ciudad de Dios XIX13).   Orden primariamente significa una relaci\u00f3n.  Se usa para designar aquello en que se funda la relaci\u00f3n y as\u00ed generalmente significa rango.  (Santo Tom\u00e1s de Aquino, \u00abSuppl.\u00bb, Q. XXXIV, a.2, ad 4um).  En este sentido se aplicaba al clero y a los laicos.  (San Jer\u00f3nimo, \u00abIn Isaiam\u00bb, XIX, 18; San Gregorio I el Grande, \u00abMoral.\u00bb, XXXII, xx).   M\u00e1s tarde el significado se restringi\u00f3 a la jerarqu\u00eda como un todo o a los varios rangos del clero.  Tertuliano y algunos escritores primitivos ya hab\u00edan usado la palabra en ese sentido, pero generalmente con un adjetivo calificativo   (Tertuliano, \u00abDe exhort. cast.\u00bb, VII, ordo sacerdotalis, ordo ecclesiasticus; San Gregorio de Tours, \u00abVit. patr.\u00bb, X, I, ordo clericorum).   Orden se usa para manifestar no s\u00f3lo el rango particular o estado general del clero, sino tambi\u00e9n la acci\u00f3n externa por la cual ellos son elevados a ese estado, y as\u00ed poder ser candidatos a la ordenaci\u00f3n.   Tambi\u00e9n indica lo que diferencia al laicado del clero o los varios rangos del clero, y as\u00ed significa poder espiritual.  El Sacramento del Orden es el sacramento mediante el cual se confiere la gracia y poder espiritual para desempe\u00f1ar los oficios eclesi\u00e1sticos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo fund\u00f3 Su Iglesia como una sociedad sobrenatural, el Reino de Dios.  En esta sociedad debe haber poder de gobernar;  y tambi\u00e9n los principios por los cuales los miembros conseguir\u00e1n su fin sobrenatural, es decir, la verdad sobrenatural, que es sustentada por la fe, y la gracia sobrenatural mediante la cual el hombre es formalmente elevado al orden sobrenatural.  As\u00ed, adem\u00e1s del poder de jurisdicci\u00f3n, la Iglesia tiene el poder de ense\u00f1ar (magisterio) y el poder de conferir la gracia (poder del orden).   Este poder del orden se lo confi\u00f3 el Se\u00f1or a sus ap\u00f3stoles, quienes continuar\u00edan su obra y ser\u00edan sus representantes terrenales.  Los Ap\u00f3stoles recibieron su poder de Cristo:   \u201ccomo el Padre me envi\u00f3, tambi\u00e9n yo los env\u00edo.\u201d  (Juan 20,21).  Cristo pose\u00eda la plenitud del poder en virtud de su sacerdocio&#8212;de su oficio como Redentor y Mediador.   El mereci\u00f3 la gracia que libr\u00f3 al hombre de las ataduras del pecado, cuya gracia es aplicada al hombre mediatamente por el Sacrificio de la Eucarist\u00eda e inmediatamente por los sacramentos.    El concedi\u00f3 a sus ap\u00f3stoles el poder de ofrecer el Sacrificio (Lucas 22,19), y dispensar los sacramentos (Mateo 28,18; Jn. 20,22.23); haci\u00e9ndolos as\u00ed sacerdotes.  Es verdad que cada cristiano recibe la gracia santificante la cual le confiere un sacerdocio.  Aun cuando Israel era bajo la antigua dispensa \u201cun reino sacerdotal\u201d (\u00c9xodo 19,4-6), as\u00ed bajo la nueva, todos los cristianos somos \u201cun sacerdocio real\u201d (1 Ped. 2,9); pero ahora como entonces el sacerdocio especial y sacramental fortalece el sacerdocio universal (cf. 2 Cor. 3,3.6; Rom. 15,16)\n<\/p>\n<h2>Sacramento del Orden<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aprendemos de la Sagrada Escritura que los ap\u00f3stoles designaron a otros mediante un rito externo (la imposici\u00f3n de manos), confiri\u00e9ndoles la gracia interior.  El hecho de que la gracia sea adscrita inmediatamente al rito externo muestra que Cristo lo debe haber ordenado as\u00ed.  El hecho de que \u201ccheirontonein\u201d, \u201ccheirotonia\u201d, que significa elegir levantando las manos, adquiri\u00f3 el significado t\u00e9cnico de la ordenaci\u00f3n por imposici\u00f3n de manos antes de la mitad del siglo III, muestra que la designaci\u00f3n a los varios \u00f3rdenes fue hecho mediante el rito externo.  Leemos sobre los di\u00e1conos, c\u00f3mo los ap\u00f3stoles \u201coraban, imponi\u00e9ndoles las manos\u201d (Hch. 6,6).  En 2 Timoteo 1,6 San Pablo le recuerda a Timoteo que \u00e9l fue nombrado obispo por la imposici\u00f3n de manos de San Pablo (cf. 1 Tim. 4,4), y Timoteo es exhortado a nombrar presb\u00edteros mediante el mismo rito (1 Tim. 5,22; cf. Hch. 13,3; 14,22.  En Clem., \u00abHom.\u00bb, III, LXXII,   leemos sobre la designaci\u00f3n de Zaqueo como obispo por la imposici\u00f3n de manos de San Pedro.  La palabra es usada en su significado t\u00e9cnico por Clemente de Alejandr\u00eda   (Stromata VI.13, 106; cf. \u00abConst. Apost.\u00bb, II, VIII, 36).  \u00abUn sacerdote impone las manos, pero no confiere \u00f3rdenes\u00bb (cheirothetei ou cheirotonei) \u00abDidasc. Syr.\u00bb, IV; III, 10, 11, 20; Cornelio, \u00abAd Fabianum\u00bb en Eusebio, Hist. Ecl., VI.43.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La gracia fue unida a este signo externo y conferida por \u00e9l.  \u201cPor esto te recomiendo que reavives el carisma de Dios que est\u00e1 en ti por (dia) la imposici\u00f3n de mis manos.\u201d  (2 Tim. 1,6).  El contexto muestra claramente que aqu\u00ed hay un asunto de gracia que capacita a Timoteo para desempe\u00f1ar dignamente el oficio conferido a \u00e9l, pues San Pablo contin\u00faa: \u201cPorque no nos dio el Se\u00f1or un esp\u00edritu de miedo, sino de fortaleza, de caridad y de templanza.\u201d   Esta gracia es algo permanente, como demuestran las palabras \u201cque reavives la gracia de Dios que est\u00e1 en ti\u201d;   llegamos a la misma conclusi\u00f3n de 1 Tim. 4,14, donde San Pablo dice: \u201cNo descuides la gracia que hay en ti, que se te comunic\u00f3 por intervenci\u00f3n prof\u00e9tica mediante la imposici\u00f3n de las manos del colegio de presb\u00edteros.\u201d  Este texto muestra que cuando San Pablo orden\u00f3 a Timoteo, los presb\u00edteros tambi\u00e9n le impusieron sus manos, seg\u00fan hoy d\u00eda los presb\u00edteros que ayudan en la ordenaci\u00f3n colocan sus manos sobre el candidato.  San Pablo aqu\u00ed exhorta a Timoteo a ense\u00f1ar y encomendar, y a ser un modelo para todos.  Descuidar esto ser\u00eda descuidar la gracia que est\u00e1 dentro de \u00e9l.  Esta gracia, por lo tanto, lo capacita para ense\u00f1ar y encomendar, para desempe\u00f1ar su oficio rectamente.  La gracia entonces no es un don carism\u00e1tico, sino un don del Esp\u00edritu Santo para el adecuado desempe\u00f1o de los deberes oficiales.  El Sacramento del Orden siempre ha sido reconocido en la Iglesia como tal.   Esto es atestiguado por la creencia en un sacerdocio especial (cf. San Juan Cris\u00f3stomo, \u00abDe sacerdotio\u00bb; San Gregorio de Niza, \u00abOratio in baptism. Christi\u00bb),   el cual requiere una ordenaci\u00f3n especial.  San Agust\u00edn, hablando sobre el bautismo y el orden, dice:   \u201cCada uno es un sacramento, y cada uno es dado por cierta consagraci\u00f3n,\u2026 si ambos son sacramentos, lo cual nadie duda, \u00bfc\u00f3mo es que uno no se pierde (por defecci\u00f3n de la Iglesia) y el otro se pierde?\u201d  (Contra. Epist. Parmen., II, 28-30).  El Concilio de Trento dice, \u201cMientras que, por el testimonio de la Escritura, por tradici\u00f3n apost\u00f3lica y por el consentimiento un\u00e1nime de los Padres, es claro que la gracia es conferida por la sagrada ordenaci\u00f3n, la cual es realizada por las palabras y signos externos, nadie debe dudar que el Orden es verdaderamente y propiamente uno de los Sacramentos de la Santa Iglesia (Sess. XXIII, c. III, can. 3).\n<\/p>\n<h3>N\u00famero de \u00d3rdenes<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Concilio de Trento (Sess. XXIII, can. 3) define que, adem\u00e1s del sacerdocio, hay en la Iglesia otros \u00f3rdenes, ambos mayores y menores.  Aunque nada ha sido definido respecto al total de \u00f3rdenes, usualmente se dan como siete:   sacerdote, di\u00e1cono, subdi\u00e1cono, ac\u00f3lito, exorcista, lector y portero.  Se considera que el sacerdocio incluye a los obispos; si \u00e9ste \u00faltimo se cuenta por separado tendremos ocho; y si a\u00f1adimos primera tonsura, el cual antes era considerado como un orden, tendremos nueve.  Nos encontramos con diferentes cantidades en diferentes iglesias y parece ser que han sido influenciadas hasta cierto punto por razones m\u00edsticas (Mart\u00e8ne, \u00abDe antiq. eccl. rit.\u00bb, I, VIII, l, 1; Denzinger, \u00abRit. orient.\u00bb, II, 155).   La \u00abStatuta ecclesi\u00e6 antiqua\u00bb enumera  nueve \u00f3rdenes, as\u00ed, por ejemplo, el autor de  \u00abDe divin. offic.\u00bb, 33,  y de San Dunstan y los pontificales Jumi\u00e8ges (Mart\u00e8ne, I, VIII, 11),  este \u00faltimo no cuenta a los obispos y a\u00f1ade al cantor.   El Papa Inocencio III, \u201cDe sacro alt. Minister.\u201d, I, I, cuenta seis \u00f3rdenes, as\u00ed como tambi\u00e9n el canon irland\u00e9s, donde se desconoc\u00eda a los ac\u00f3litos.  Adem\u00e1s del salmista o cantor, a muchos otros funcionarios se le  ha  reconocido la posesi\u00f3n de \u00f3rdenes, por ejemplo, \u201cfossarii\u201d (fosotes) cavadores de tumbas, \u201chernmeneutoe\u201d (int\u00e9rpretes), \u201ccustodes martyrum\u201d, etc.  Algunos consideran a \u00e9stos como \u00f3rdenes verdaderos (Morin, \u00abComm. de sacris eccl. ordin.\u00bb, III, Ex. 11, 7);  pero es m\u00e1s probable que ellos fueran meramente oficios, generalmente realizados por cl\u00e9rigos (Benedicto XIV, \u00abDe syn. dioc.\u00bb, VIII, IX, 7, 8).   En occidente hay considerable variedad de tradici\u00f3n en cuanto al n\u00famero de \u00f3rdenes.  La Iglesia Griega reconoce cinco: obispo, sacerdote, di\u00e1cono, subdi\u00e1cono y lector.   Este mismo n\u00famero se halla en San Juan Damasceno (Dial. contra manich\u00e6os, III); en la antigua Iglesia griega los ac\u00f3litos, exorcistas y porteros eran considerados probablemente s\u00f3lo como oficios (cf. Denzinger, \u00abRit. orient.\u00bb, I, 116).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la Iglesia Latina se hac\u00eda distinci\u00f3n entre \u00f3rdenes mayores y menores.  En oriente el subdiaconato se consideraba una orden menor, e inclu\u00eda tres de las otras \u00f3rdenes menores (portero, exorcista, ac\u00f3lito).   En la Iglesia latina el sacerdocio, diaconato y subdiaconato son \u00f3rdenes mayores, o sagradas, llamadas as\u00ed porque ellos tienen inmediata referencia a lo que es consagrado (St. Thom., \u00abSuppl.\u00bb, Q. XXXVII, a. 3).   Los estrictamente llamados  \u00f3rdenes jer\u00e1rquicos  son de origen divino (Conc. Trid., Sess. XXIII, can. 6).   Hemos visto que nuestro Se\u00f1or instituy\u00f3 un ministerio en las personas de Sus ap\u00f3stoles, quienes recibieron la plenitud de la autoridad y poder.  Uno de los primeros ejercicios de este poder apost\u00f3lico fue el designar a otros para ayudarlos y sucederlos.  Los ap\u00f3stoles no circunscribieron sus tareas a una Iglesia en particular, sino que, siguiendo el mandato divino de hacer disc\u00edpulos a todos los hombres, ellos fueron misioneros de la primera generaci\u00f3n.  En la Sagrada Escritura se menciona a otros que tambi\u00e9n ejercieron un ministerio itinerante, tales como aquellos que en un sentido amplio son llamados ap\u00f3stoles (Rom. 16,7), o profetas, maestros y evangelistas (Ef. 4,11).  Lado a lado con este ministerio itinerante se hace provisi\u00f3n para el ministerio ordinario nombrando a ministros locales, a quienes pas\u00f3 completamente los deberes cuando los ministros itinerantes desaparecieron (vea di\u00e1conos).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s de los di\u00e1conos se nombr\u00f3 a otros para el ministerio, que son llamados presbyeroi y episkopoi.  No hay documentos sobre su instituci\u00f3n, pero los nombres aparecen casualmente.  Aunque algunos han explicado la designaci\u00f3n de los setenta y dos disc\u00edpulos en Lucas 10 como la instituci\u00f3n del presbiterado, generalmente se est\u00e1 de acuerdo que ellos tuvieron un nombramiento temporero.   Encontramos presb\u00edteros en la Iglesia Madre de Jerusal\u00e9n, recibiendo los dones de los hermanos de Antioqu\u00eda.  Ellos aparecen en conexi\u00f3n cercana con los ap\u00f3stoles, y ap\u00f3stoles y presb\u00edteros publicaron el decreto que libr\u00f3 a los gentiles conversos de la carga de la legislaci\u00f3n de Mois\u00e9s (Hch. 15,23).   En Santiago (5,14-15) ellos aparecen realizando acciones rituales, y de San Pedro aprendemos que ellos son pastores del reba\u00f1o (1 Ped. 5,2).  Los obispos manten\u00edan una posici\u00f3n de autoridad (Flp. 1; 1 Tim. 3,2; Tito 1,7) y han sido nombrados pastores por el Esp\u00edritu Santo (Hch. 20,28).  De Hechos 14,23 se deriva que el ministerio de ambos aparec\u00eda como local, donde leemos que Pablo y Bernab\u00e9 designaron presb\u00edteros en las varias Iglesias que fundaron durante su primera jornada misionera.     Esto se demuestra tambi\u00e9n por el hecho de que ellos ten\u00edan que apacentar el reba\u00f1o, donde fueran designados, los presb\u00edteros ten\u00edan que apacentar el reba\u00f1o que les ha tocado cuidar (1 Ped. 5,2).   Tito fue dejado en Creta para que designara presb\u00edteros en cada ciudad (kata eolin, Tito 1,5; cf. Chrys., \u00abAd Tit., homil.\u00bb, II, I).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No podemos arg\u00fcir por la diferencia de nombres  sobre la diferencia en la posici\u00f3n oficial, porque los nombres son hasta cierto punto intercambiables (Hch. 20,17.28; Tito 1,6-7).  El Nuevo Testamento no muestra claramente la distinci\u00f3n entre presb\u00edteros y obispos, y debemos examinar su evidencia a la luz de tiempos posteriores.   Para fines del siglo II hab\u00eda una tradici\u00f3n universal e incuestionable, que los obispos y su autoridad superior databa desde tiempos apost\u00f3licos (v. jerarqu\u00eda de la Iglesia primitiva).   Arroja mucha luz sobre la evidencia en el Nuevo Testamento y encontramos que lo que aparece claramente desde el tiempo de Ignacio puede ser rastreado a trav\u00e9s de las ep\u00edstolas pastorales de San Pablo, hasta el mismo principio de la historia de la Iglesia Madre en Jerusal\u00e9n, donde Santiago, el hermano del Se\u00f1or, aparece ocupando la posici\u00f3n de obispo (Hch. 12,17; 15,13; 21,18; Gal. 2,9);  Timoteo y Tito poseen autoridad episcopal completa, y fueron siempre as\u00ed reconocidos en la tradici\u00f3n (cf. Tito 1,5; 1Tim. 5,19.22).    No hay duda de que hay mucha obscuridad en el Nuevo Testamento, pero esto responde a muchas razones.    Los monumentos de la tradici\u00f3n no nos dan la vida de la Iglesia en su plenitud, y no podemos esperar esta plenitud con respecto de la organizaci\u00f3n interna de la Iglesia existente en tiempos apost\u00f3licos, de las referencias superficiales en los escritos ocasionales del Nuevo Testamento.  La posici\u00f3n de los obispos podr\u00eda ser necesariamente mucho menos prominente que en tiempos posteriores.  La autoridad suprema de los ap\u00f3stoles, el gran n\u00famero de personas dotadas carism\u00e1ticamente, el hecho de que varias iglesias eran gobernadas por legados apost\u00f3licos quienes ejerc\u00edan la autoridad bajo la direcci\u00f3n de los ap\u00f3stoles,  parece haber evitado dicha prominencia.  La uni\u00f3n entre los obispos y presb\u00edteros era estrecha, y los nombres permanecen intercambiables mucho despu\u00e9s que fue com\u00fanmente reconocida la distinci\u00f3n entre presb\u00edteros y obispos, por ejemplo, en San Ireneo, Contra Las Herej\u00edas IV.26.2.  Por lo tanto, parece ser que ya en el Nuevo Testamento, encontramos, sin duda obscuramente, el mismo ministerio que apareci\u00f3 luego tan claramente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>\u00bfCu\u00e1les de las \u00f3rdenes son sacramentales?<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos concuerdan que s\u00f3lo hay un Sacramento del Orden, es decir, que la totalidad del poder conferido por el sacramento est\u00e1 contenido en el orden supremo, mientras que los otros contienen s\u00f3lo parte de ello (Santo Tom\u00e1s, \u00abSupplem.\u00bb, Q. XXXVII, a. I, ad 2um).  El car\u00e1cter sacramental del sacerdocio nunca ha sido negado por cualquiera que admita el Sacramento del Orden, y, a pesar de que no est\u00e1 expl\u00edcitamente definido, sigue inmediatamente de los enunciados del Concilio de Trento (Sess. XXIII, can. 2), \u201cSi alguno dice que adem\u00e1s del sacerdocio no hay en la Iglesia Cat\u00f3lica otros \u00f3rdenes, ambos mayores y menores, mediante los cuales por ciertos pasos se hace el avance hacia el sacerdocio, sea anatema.\u201d  En el cuarto cap\u00edtulo de la misma sesi\u00f3n, despu\u00e9s de declarar que el Sacramento del Orden imprime un car\u00e1cter \u201cque no puede ser ni borrado ni quitado, el santo s\u00ednodo con raz\u00f3n condena la opini\u00f3n de aquellos que afirmaban que los sacerdotes del Nuevo Testamento tienen s\u00f3lo un poder temporero\u201d.   El sacerdocio es por lo tanto un sacramento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con respecto del episcopado, el Concilio de Trento define que los obispos pertenecen a la jerarqu\u00eda divinamente instituida, que ellos son superiores a los sacerdotes, y que  ellos poseen el poder de confirmar y ordenar, lo cual es propio a ellos  (Sess. XXIII, c. IV, can. 6, 7).  La superioridad de los obispos es abundantemente atestiguada en la Tradici\u00f3n, y hemos visto arriba que la distinci\u00f3n entre sacerdotes y obispos es de origen apost\u00f3lico.  Muchos de los escol\u00e1sticos m\u00e1s antiguos opinaban que el episcopado no es un sacramento; esta opini\u00f3n halla defensores h\u00e1biles aun ahora  (e.g., Billot, \u00abDe sacramentis\u00bb, II),  aunque la mayor\u00eda de los te\u00f3logos mantienen que es verdad que la ordenaci\u00f3n de un obispo es un sacramento.  En cuanto al car\u00e1cter sacramental de los otros \u00f3rdenes vea di\u00e1conos, \u00f3rdenes menores, subdi\u00e1conos.\n<\/p>\n<h3>Materia  y  Forma<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobre la pregunta de la materia y forma de este sacramento debemos distinguir entre las tres \u00f3rdenes m\u00e1s altas y el subdiaconato y \u00f3rdenes menores.  Habiendo instituido \u00e9ste \u00faltimo, la Iglesia tambi\u00e9n determina su materia y forma.   Respecto de lo anterior, la opini\u00f3n  aceptada es que la imposici\u00f3n de manos es la \u00fanica materia.   Esta ha sido usada indudablemente desde el principio, y San Pablo y muchos Padres y concilios le han atribuido a ella, exclusiva y directamente, el conferir  la gracia.   La Iglesia Latina la us\u00f3 exclusivamente durante nueve o diez siglos, y la Iglesia griega hasta el d\u00eda de hoy no conoce otra materia.  Muchos te\u00f3logos escol\u00e1sticos han sostenido que la tradici\u00f3n de los instrumentos fue la \u00fanica materia aun para las \u00f3rdenes estrictamente jer\u00e1rquicos, pero  esta posici\u00f3n ha sido universalmente abandonada desde hace tiempo.  Otros escol\u00e1sticos sostienen que ambos, la imposici\u00f3n de manos y la tradici\u00f3n de los instrumentos, constituyen la materia del sacramento, esta opini\u00f3n a\u00fan encuentra defensores.  Se apela al Decreto del Papa Eugenio IV a los armenios,  donde el Papa habl\u00f3 \u201cde la materia y forma accesoria e integradora, que \u00e9l deseaba que los armenios a\u00f1adiesen  a la imposici\u00f3n de manos en uso por ellos desde hac\u00eda tiempo, que ellos pudieran as\u00ed conformarse al uso de la Iglesia latina, y adherirse a ella m\u00e1s firmemente, mediante la uniformidad en ritos.\u201d  (Papa Benedicto XIV, \u00abDe syn. dioc.\u00bb, VIII, x, 8).  La verdadera base de esta opini\u00f3n es el poder de la Iglesia en cuanto al sacramento.  Cristo, se argumenta, instituy\u00f3 el Sacramento del Orden al instituir que en la Iglesia hubiese un rito externo, que por su propia naturaleza signifique y confiera el poder sacerdotal y la gracia correspondiente.   Ya que Cristo no orden\u00f3 a Sus ap\u00f3stoles mediante la imposici\u00f3n de manos, parecer\u00eda que \u00c9l  leg\u00f3 a la Iglesia el poder de determinar por cu\u00e1l rito particular se conferir\u00edan el poder y la gracia.    La determinaci\u00f3n de la Iglesia del rito particular ser\u00eda el cumplimiento de una condici\u00f3n requerida para que la instituci\u00f3n divina pueda tener efecto.  La Iglesia determin\u00f3 la simple imposici\u00f3n de manos para oriente y a\u00f1adi\u00f3, con el correr del tiempo, la tradici\u00f3n de los instrumentos para occidente&#8212;cambiando su lenguaje simb\u00f3lico de acuerdo a las circunstancias de tiempo y lugar requeridas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El asunto de la forma del sacramento depende naturalmente de aquella de la materia.  Si la tradici\u00f3n de los instrumentos es tomada como la material total o parcial, las palabras que la acompa\u00f1an deben ser consideradas la forma.   Si la simple imposici\u00f3n de manos es considerada como la \u00fanica materia, las palabras que le pertenecen son la forma.  La forma que acompa\u00f1a a la imposici\u00f3n de manos contiene las palabras \u00abAccipe spiritum sanctum\u00bb, las cuales en la ordenaci\u00f3n de sacerdotes, sin embargo, se hallan en la segunda imposici\u00f3n de manos, hacia el final de la Misa, pero estas palabras no se hallan en los rituales antiguos ni en el eucologio griego.  As\u00ed la forma no est\u00e1 contenida en estas palabras, sino en las largas oraciones que acompa\u00f1an la anterior imposici\u00f3n de manos, substancialmente la misma desde el principio.  Todo lo dicho sobre materia y forma es especulativo; en la pr\u00e1ctica, se debe seguir lo que haya sido prescrito por la Iglesia, y la Iglesia en esto, al igual que en los otros sacramentos, insiste que cualquier cosa omitida debe ser suplida.\n<\/p>\n<h3>Efecto  del  Sacramento<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El primer efecto del sacramento es un aumento en la gracia santificante.  Esta gracia sacramental hace al receptor un ministro apto y santo  para el desempe\u00f1o de su oficio.  Como los deberes de los ministros de Dios son m\u00faltiples y onerosos, est\u00e1 en perfecto acuerdo con los mandatos de la Divina Providencia el conferir una gracia especial a sus ministros.  La administraci\u00f3n de los Sacramentos requiere gracia, y el adecuado desempe\u00f1o de los oficios divinos presupone un grado especial de excelencia espiritual.  El signo sacramental externo o el poder del orden pueden ser recibidos y pueden existir sin esta gracia.  La gracia es requerida para el digno, no v\u00e1lido, ejercicio del poder que est\u00e1 conectado inmediata e inseparablemente con el car\u00e1cter sacerdotal.  El principal efecto del sacramento es el car\u00e1cter, una marca espiritual e indeleble sobre el alma, por la cual el receptor se distingue de los otros, designado como un ministro de Cristo y enviado y facultado para realizar ciertos oficios de culto divino (Summa III.63.2). El car\u00e1cter sacramental del orden distingue al ordenado del laico.  Da al receptor en el diaconato, por ejemplo, el poder de ser ministro oficialmente; en el sacerdocio, el poder de ofrecer el Sacrificio, y de dispensar los sacramentos; en el episcopado el poder de ordenar nuevos sacerdotes y de confirmar a los fieles.  El Concilio de Trento defini\u00f3 la existencia del car\u00e1cter (Ses. VII, can. 9).   Su existencia se muestra especialmente por el hecho de que la ordenaci\u00f3n, como el bautismo, si es v\u00e1lido nunca puede ser repetido.  Aunque ha habido controversias respecto de las condiciones de la validez de la ordenaci\u00f3n, y en diferentes tiempos se tuvo diferentes opiniones respecto de ellos, \u201csiempre se ha admitido que una ordenaci\u00f3n v\u00e1lida no puede ser repetida.  Las reordenaciones no suponen la negaci\u00f3n del car\u00e1cter inadmisible del Orden&#8212;ellas suponen que una ordenaci\u00f3n anterior fue nula.  No cabe duda que se cometieron errores respecto de la nulidad de la primera ordenaci\u00f3n, pero este error de hecho no toca la doctrina del car\u00e1cter indeleble del sacramento\u201d (Saltet, \u00abLes R\u00e9ordinations\u00bb, 392).\n<\/p>\n<h3>Ministro<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">El ministro ordinario del sacramento es el obispo, quien \u00fanicamente tiene este poder en virtud de su ordenaci\u00f3n.  La Sagrada Escritura le atribuye el poder a los Ap\u00f3stoles y sus sucesores (Hch. 6,6; 16,22; 1 Tim. 5,22; 2 Tim. 1,6; Tito 1,5), y los Padres y concilios le adscriben el poder al obispo exclusivamente.  El Primer Concilio de  Nicea  (I, can. 4, Const. Apost. VIII, 28) dice:    \u00abUn Obispo impone las manos, ordena\u2026 un presb\u00edtero impone sus manos, pero no ordena.\u201d  Un concilio realizado en Alejandr\u00eda (340) declara  nulas e inv\u00e1lidas  las \u00f3rdenes conferidas por Caluto, un presb\u00edtero  (Athanas., \u00abApol. contra Arrianos\u00bb, II).   Para la costumbre que se dice existi\u00f3 en la Iglesia de Alejandr\u00eda vea Egipto.  Ni se puede levantar objeci\u00f3n de que se conoce el hecho que chorepiscopis han ordenado sacerdotes, y no puede haber duda de que algunos chorepiscopi estaban en las \u00f3rdenes de obispos (Gillman, \u00abDas Institut der Chorbisch\u00f6fe im Orient,\u00bb Munich, 1903; Hefele-Leclercq, \u00abConciles\u00bb, II, 1197-1237).   Nadie sino un obispo puede conferir \u00f3rdenes sin la delegaci\u00f3n del Papa, pero un simple sacerdote puede ser as\u00ed autorizado para conferir \u00f3rdenes menores y el subdiaconato.    Generalmente se niega que los sacerdotes puedan conferir \u00f3rdenes sacerdotales, y la historia, ciertamente, no registra ning\u00fan caso del ejercicio de tan extraordinario ministerio.  Seg\u00fan la mayor\u00eda de los te\u00f3logos, el diaconato no puede ser conferido por un simple sacerdote.   Esto se cuestiona a veces, pues se dice que el [[Papa Inocencio VIII] concedi\u00f3 el privilegio a los abades cistercienses (1489), pero la autenticidad de la concesi\u00f3n es muy dudosa.  Para una ordenaci\u00f3n legal el obispo debe ser cat\u00f3lico, en comuni\u00f3n con la Santa Sede, libre de censuras, y debe observar las leyes prescritas para la ordenaci\u00f3n.  \u00c9l no puede ordenar legalmente sin autorizaci\u00f3n sino a sus propios sujetos (ver m\u00e1s abajo).\n<\/p>\n<h3>Sujeto<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo bautizado var\u00f3n puede ser v\u00e1lidamente ordenado.  Aunque en tiempos antiguos hab\u00eda muchos rangos semi-clericales de mujeres en la Iglesia (v. diaconesas, ellas no fueron admitidas a las \u00f3rdenes propiamente dichas y no ten\u00edan poder espiritual.   El primer requisito para una ordenaci\u00f3n v\u00e1lida es la vocaci\u00f3n divina; la cual significa la acci\u00f3n de Dios, por  la cual \u00c9l selecciona a algunos para ser Sus ministros especiales, envisti\u00e9ndolos con las cualidades espirituales, mentales, morales y f\u00edsicas para el adecuado desempe\u00f1o de su orden e inspir\u00e1ndoles con un sincero deseo de entrar al estado eclesi\u00e1stico por el honor de Dios y su propia santificaci\u00f3n.   La realidad de esta llamada divina es manifestada en general por una [[santidad] de vida, fe recta, conocimiento correspondiente al ejercicio propio del orden al cual uno es elevado, ausencia de defectos f\u00edsicos y la edad requerida por los c\u00e1nones (v. irregularidad).  Algunas veces esta llamada fue manifestada de manera extraordinaria (Hch. 1,15; 13,2); en general, sin embargo, la \u201cllamada\u201d fue hecha de acuerdo a las leyes de la Iglesia fundada sobre el modelo de los Ap\u00f3stoles.  Aunque el clero y el laicado ten\u00edan voz en la elecci\u00f3n de los candidatos, la determinaci\u00f3n final y definitiva descansaba en los obispos.  La elecci\u00f3n de los candidatos por el clero y el laicado fue  en la naturaleza de un testimonio sobre la  idoneidad, pero el obispo ten\u00eda que verificar personalmente las cualificaciones del candidato.   Se hac\u00eda una investigaci\u00f3n p\u00fablica respecto de su fe y car\u00e1cter moral y se consultaba a los electores.  S\u00f3lo se escog\u00eda a aquellos  miembros de la misma Iglesia, que fueran personalmente conocidos de la congregaci\u00f3n electora.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se requer\u00eda una edad espec\u00edfica, y, aunque  hab\u00eda diversidad en diferentes lugares, en general, para di\u00e1cono la edad era de veinticinco a treinta a\u00f1os, para sacerdotes entre treinta y treinta y cinco a\u00f1os, para obispos de treinta y cinco a cuarenta o aun cincuenta  a\u00f1os (Apost. Const., II, I).   La edad cronol\u00f3gica no era considerada suficiente, sino  que hab\u00eda per\u00edodos de tiempo establecidos, durante los cuales los ordenados deb\u00eda permanecer en un grado particular.   Los diferentes grados eran considerados no meramente como pasos preparatorios al sacerdocio, sino como oficios eclesi\u00e1sticos reales.  Al principio tales per\u00edodos, llamados intersticios, no se designaban, aunque la tendencia a una promoci\u00f3n ordenadamente se atestiguaba ya en las ep\u00edstolas pastorales (1 Tim. 3,3.16).    Las primeras reglas se hicieron aparentemente en el siglo IV.  Ellas parecen haber sido puestas en vigor por Siricio (385) y de alguna forma modificadas por Z\u00f3simo (418), quien decret\u00f3 que el oficio de lector o exorcista deb\u00eda durar hasta que el candidato tuviese veinte, o por cinco a\u00f1os en caso de aquellos bautizados en la adultez; hab\u00eda que pasar cuatro a\u00f1os como ac\u00f3lito o subdi\u00e1cono, y cinco a\u00f1os como di\u00e1cono.  Esto fue modificado por el Papa San Gelasio I (492), seg\u00fan el cual un laico que hubiese sido un monje pod\u00eda ser ordenado sacerdote despu\u00e9s de un a\u00f1o, permitiendo as\u00ed tres meses entre cada ordenaci\u00f3n, y un laico que no hubiese sido monje pod\u00eda ser ordenado sacerdote despu\u00e9s de dieciocho meses.  Al presente las \u00f3rdenes menores son generalmente conferidas juntas el mismo d\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los obispos, quienes son los ministros del sacramento ex officio, deben averiguar sobre el nacimiento, persona, edad, t\u00edtulo, fe y car\u00e1cter moral del candidato.  Ellos deben examinar si naci\u00f3 de padres cat\u00f3licos, y si est\u00e1 espiritual, intelectual, moral y f\u00edsicamente apto para el ejercicio del ministerio.   La edad requerida por los c\u00e1nones para subdi\u00e1conos es veinti\u00fan a\u00f1os, para di\u00e1conos, veintid\u00f3s, y para sacerdotes veinticuatro a\u00f1os cumplidos.  El Papa puede dispensar de alguna irregularidad y los obispos generalmente reciben alg\u00fan poder de dispensar tambi\u00e9n en cuanto a la edad, no usualmente para di\u00e1conos y subdi\u00e1conos, pero s\u00ed para sacerdotes.  Los obispos pueden generalmente dispensar por un a\u00f1o, mientras que el Papa da dispensa por m\u00e1s de un a\u00f1o, muy raramente se concede una dispensa de m\u00e1s de dieciocho meses.  Para la admisi\u00f3n a las \u00f3rdenes menores, se requiere el testimonio del p\u00e1rroco o del maestro de escuela donde el candidato se educ\u00f3&#8212;generalmente, sin embargo, el superior del seminario.    Para las \u00f3rdenes mayores se debe hacer investigaciones m\u00e1s exhaustivas.  Los nombres del candidato deben ser publicados en su lugar de nacimiento y domicilio y el resultado de tales pesquisas debe ser sometido al obispo.  Ning\u00fan obispo puede ordenar a aquellos que no pertenezcan a su di\u00f3cesis por raz\u00f3n de nacimiento, domicilio, beneficio o familiaridad sin  cartas dimisorias del obispo del candidato.   Tambi\u00e9n se requiere cartas testimoniales de todos los obispos en cuyas di\u00f3cesis el candidato ha residido por m\u00e1s de seis meses, despu\u00e9s de la edad de siete a\u00f1os.   La transgresi\u00f3n de esta regla es castigada con suspensi\u00f3n lat\u00e6 sententi\u00e6 contra el obispo ordenante.   En los \u00faltimos a\u00f1os muchas decisiones insisten sobre la interpretaci\u00f3n estricta de estas reglas.  Los subdi\u00e1conos y di\u00e1conos deben pasar un a\u00f1o entero en estas \u00f3rdenes y luego proceder a recibir el sacerdocio.  Esto fue establecido por el Concilio de Trento (Sess. XXIII, C.XI),  el cual no prescrib\u00eda el tiempo para las \u00f3rdenes menores.   El obispo generalmente tiene el poder para dispensar de estos intersticios, pero le est\u00e1 absolutamente prohibido, a menos que obtenga un indulto especial para recibir dos \u00f3rdenes, ya sean mayores o menores, y el subdiaconato el mismo d\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para el subdiaconato y las \u00f3rdenes mayores, adem\u00e1s, se requiere un t\u00edtulo, es decir, el derecho a recibir manutenci\u00f3n de una fuente determinada.   De nuevo, el candidato debe observar los intersticios o tiempos que se requiere transcurran entre la recepci\u00f3n de varios \u00f3rdenes; debe haber recibido adem\u00e1s la Confirmaci\u00f3n y las \u00f3rdenes menores precedentes al cual ser\u00e1 elevado.  Este \u00faltimo requisito no afecta la validez del orden conferido,  ya que cada orden concede un poder distinto e independiente.  La mayor\u00eda de los te\u00f3logos y canonistas hacen una excepci\u00f3n:  ellos opinan que la consagraci\u00f3n episcopal requiere para su validez de la previa recepci\u00f3n de un orden sacerdotal.  Otros, sin embargo, sostienen que el poder episcopal incluye el poder sacerdotal completo, el cual le es conferido por la consagraci\u00f3n episcopal.   Ellos recurren a la historia y traen a colaci\u00f3n casos de obispos que fueron consagrados sin antes haber recibido el orden sacerdotal.  Y aunque muchos de los casos son algo dudosos y pueden ser explicados  por otros motivos, parece imposible rechazarlos.   Se debe recordar adem\u00e1s que los te\u00f3logos escol\u00e1sticos requirieron mayormente la recepci\u00f3n previa del orden sacerdotal para una consagraci\u00f3n episcopal porque ellos no consideraban el episcopado como un orden, una opini\u00f3n que hoy d\u00eda ha sido generalmente descartada.\n<\/p>\n<h3>Obligaciones<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para obligaciones inherentes a las \u00d3rdenes Sagradas, v. breviario, celibato sacerdotal.\n<\/p>\n<h3>Ceremonias de ordenaci\u00f3n<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde el principio el diaconato, sacerdocio y episcopado fueron conferidos con ceremonias y ritos especiales.  Aunque con el pasar del tiempo hubo considerable desarrollo y diversidad en diferentes partes de la Iglesia, la imposici\u00f3n de manos y las oraciones fueron siempre empleadas universalmente y datan del tiempo de los ap\u00f3stoles.  (Hch. 6,6; 13,3; 1 Tim. 4,14; 2 Tim. 1,6).  En la Iglesia romana primitiva estas \u00f3rdenes sagradas se confer\u00edan en medio de una gran concurrencia de p\u00fablico y del clero en una estaci\u00f3n solemne.  Los candidatos, que hab\u00edan sido presentados a la gente previamente, eran llamados por su nombre al principio de la Misa solemne.  Eran colocados en una posici\u00f3n visible, y cualquiera que objetara al candidato era llamado a exponer sus objeciones sin miedo.  El silencio se consideraba aprobaci\u00f3n.  Poco antes del Evangelio, despu\u00e9s que los candidatos eran presentados al Papa, toda la congregaci\u00f3n era invitada a orar.  Todos postrados, se recitaban las letan\u00edas, el Papa impon\u00eda las manos sobre la cabeza de cada candidato y recitaba la Colecta con una oraci\u00f3n de consagraci\u00f3n correspondiente al orden conferido.  El rito galicano era un poco m\u00e1s elaborado.  Adem\u00e1s de las ceremonias usadas en la Iglesia romana, la gente aprobaba al candidato por aclamaci\u00f3n, las manos del di\u00e1cono y la cabeza y manos de los sacerdotes y obispos eran ungidas con la se\u00f1al de la Cruz.  Despu\u00e9s del siglo VII se a\u00f1adi\u00f3 la tradici\u00f3n de los instrumentos de oficio:  alba y estola para el di\u00e1cono, estola y patena para el sacerdote, anillo y b\u00e1culo para el obispo.  En la Iglesia oriental, despu\u00e9s de la presentaci\u00f3n del candidato a la congregaci\u00f3n y de su grito de aprobaci\u00f3n, \u201cEl es digno\u201d, el obispo impon\u00eda las manos sobre el candidato y dec\u00eda la oraci\u00f3n de consagraci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora daremos una breve descripci\u00f3n del rito de ordenaci\u00f3n de sacerdotes seg\u00fan se encuentra en el actual Pontifical romano.  Todos los candidatos deben presentarse a la iglesia con tonsura y en vestimenta clerical, llevando las vestimentas del orden al cual ser\u00e1n elevados y velas encendidas.  Ellos son llamados por su nombre y cada candidato contesta \u201cAdsum\u201d.   Cuando se realiza una ordenaci\u00f3n general la tonsura es dada despu\u00e9s del Introito o Kyrie, las \u00f3rdenes menores despu\u00e9s del Gloria, el subdiaconato despu\u00e9s de la Colecta, el diaconato despu\u00e9s de la Ep\u00edstola y el sacerdocio despu\u00e9s del Aleluya y Tracto.  Despu\u00e9s del Tracto de la Misa el archidi\u00e1cono convoca a todos los que van a recibir el sacerdocio.  Los candidatos, vestidos con amito, alba, c\u00edngulo, estola y man\u00edpulo, con la casulla doblada en el brazo izquierdo y una vela en la mano derecha, pasan al frente y se arrodillan alrededor del obispo.  Este \u00faltimo pregunta al archidi\u00e1cono, quien es aqu\u00ed el representante de la Iglesia, si los candidatos son dignos de ser admitidos al sacerdocio.  El archidi\u00e1cono contesta en la afirmativa y su testimonio representa el testimonio de idoneidad que en tiempos antiguos daba el clero y la gente.   El obispo entonces, se dirige a la congregaci\u00f3n e insiste sobre las razones por las cuales \u201clos Padres decretaban que la gente tambi\u00e9n deb\u00eda ser consultada\u201d, pregunta que si alguien tiene algo que decir en prejuicio de los candidatos, debe pasar al frente y declararlo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Obispo entonces instruye y advierte a los candidatos sobre los deberes de su nuevo oficio.  Se arrodilla frente al altar, los ordinandi yacen postrados sobre la alfombra, y se cantan o recitan las letan\u00edas de los Santos.  Al concluir las letan\u00edas, los candidatos se levantan, pasan al frente y se arrodillan en parejas frente al obispo mientras que \u00e9ste coloca ambas manos sobre la cabeza de cada candidato en silencio. Todos los sacerdotes presentas hacen lo mismo.  Mientras que los obispos y sacerdotes mantienen su mano derecha extendida, el obispo solo recita una oraci\u00f3n, invitando a todos a orar a Dios pidiendo la bendici\u00f3n para los candidatos.  Despu\u00e9s de esto sigue la Colecta y entonces el obispo dice el Prefacio, hacia el final del cual ocurre la oraci\u00f3n, \u201cConcede, te suplicamos etc.\u201d  El obispo entonces con la formul\u00e6   apropiada cruza la estola sobre el pecho de cada uno y lo visto con la casulla.  \u00c9sta se arregla para que cuelgue al frente pero est\u00e1 doblada atr\u00e1s.  Aunque en la mayor\u00eda de los antiguos Pontificales no se menciona la estola, no puede haber duda de su antig\u00fcedad.  El vestir con la casulla es tambi\u00e9n muy antiguo y se encuentra ya en Jean Mabillon   \u00abOrd. VIII y IX.\u00bb  Luego de esto el obispo recita una oraci\u00f3n invocando la bendici\u00f3n de Dios sobre los reci\u00e9n ordenados.  Luego entona el \u201cVen Creador\u201d, y mientras \u00e9ste es cantado por el coro, \u00e9l unge las manos de cada uno con el aceite de los catec\u00famenos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En tiempos antiguos en Inglaterra tambi\u00e9n se ung\u00eda la cabeza.  La unci\u00f3n de las manos, que en tiempos antiguos se hac\u00eda con crisma o aceite y crisma, no se usaba en la Iglesia Romana, dijo Nicol\u00e1s I (864 d.C.), aunque generalmente se encuentra en todos los ordinales antiguos.  Probablemente se convirti\u00f3 en una pr\u00e1ctica general en el siglo IX y parece haberse derivado de la Iglesia Inglesa (Haddan and Stubbs, \u00abConcilios y Documentos Eclesi\u00e1sticos\u00bb, I, 141).  El obispo entonces le entrega a cada uno el c\u00e1liz, que contiene agua y vino, con una patena y una hostia sobre ella.  El rito, con su f\u00f3rmula correspondiente, que seg\u00fan dice Hugo de San V\u00edctor (\u201cSacr.\u201d, III, XII), significa el poder que ya ha sido recibido, no se halla en los rituales m\u00e1s antiguos y probablemente data de no antes de los siglos IX o X.  Cuando el obispo termina el ofertorio de la Misa, se sienta en el medio frente al altar y cada uno de los ordenados le ofrece una vela encendida.  Los sacerdotes reci\u00e9n ordenados entonces repiten la Misa con \u00e9l, todos diciendo las palabras de consagraci\u00f3n simult\u00e1neamente.  Antes de la Comuni\u00f3n el obispo le da el beso de la paz a uno de los reci\u00e9n ordenados.  Despu\u00e9s de la Comuni\u00f3n los sacerdotes de nuevo se acercan al obispo y rezan el Credo de los Ap\u00f3stoles.  El obispo impone las manos sobre cada uno y dice:  \u201cReciban el Esp\u00edritu Santo, a quienes les perdonen los pecados les quedan perdonados; y a quienes se los retengan, les quedan retenidos.\u201d  Esta imposici\u00f3n de manos fue introducida en el siglo XIII.  Entonces se dobla la casulla, los reci\u00e9n ordenados hacen una promesa de obediencia y habiendo recibido el beso de la paz, regresan a sus lugares.\n<\/p>\n<h3>Tiempo y Lugar<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante los primeros siglos la ordenaci\u00f3n se efectuaba cada vez que las necesidades de la Iglesia lo requer\u00edan.  Los pont\u00edfices romanos generalmente ordenaban en diciembre (Amalario de Metz, \u00abDe offic.\u00bb, II, I).  El Papa San Gelasio I (494) decret\u00f3 que la ordenaci\u00f3n de sacerdotes  y  di\u00e1conos deb\u00eda  hacerse en fechas  y d\u00edas establecidos, es decir, en los ayunos del cuarto, s\u00e9ptimo y d\u00e9cimo meses, tambi\u00e9n en los ayunos  del comienzo y mitad de semana (Domingo de Ramos) de Cuaresma y el S\u00e1bado (Santo) a la puesta del sol  (Epist. ad ep. Luc., XI).  Esto s\u00f3lo confirmaba lo que Le\u00f3n el Grande hab\u00eda establecido, pues el parece hablar de la ordenaci\u00f3n  en s\u00e1bados de t\u00e9mporas como en la tradici\u00f3n apost\u00f3lica (Serm. 2, de jejun. Pentec.).  La ordenaci\u00f3n puede realizarse ya sea s\u00e1bado despu\u00e9s de la puesta del sol o temprano en la ma\u00f1ana del domingo.  La ordenaci\u00f3n para las \u00f3rdenes mayores se efectuaba despu\u00e9s del Evangelio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las \u00f3rdenes menores pueden ser conferidas en cualquier d\u00eda y hora.  Ellas eran generalmente dadas despu\u00e9s de la Sagrada Comuni\u00f3n.  Al presente las \u00f3rdenes menores pueden ser administradas domingo y en d\u00edas de obligaci\u00f3n (incluidos los suprimidos) en la ma\u00f1ana.  Para las \u00f3rdenes sagradas, a menudo se concede un privilegio de ordenar en otros d\u00edas que no sean los designados por los c\u00e1nones, proveyendo que la ordenaci\u00f3n se efect\u00fae domingo o d\u00eda de precepto (incluyendo los d\u00edas suprimidos).  Aunque siempre fue la regla que las ordenaciones deb\u00edan efectuarse en p\u00fablico, en tiempos de persecuci\u00f3n a menudo se realizaban en edificios privados.  El lugar de la ordenaci\u00f3n es la iglesia.  Las \u00f3rdenes menores pueden ser conferidas en cualquier lugar, pero se entiende que ellos se dan en la iglesia.   El Pontifical establece que las ordenaciones a las \u00f3rdenes sagradas deben efectuarse p\u00fablicamente en la iglesia catedral en presencia del cap\u00edtulo episcopal, o si se llevan a cabo en alg\u00fan otro lugar, el clero debe estar presente  y, hasta donde sea posible, se debe usar el templo principal.   (cf. Conc. Trid., Sess. XXIII, c. VII).  (v. subdi\u00e1cono, di\u00e1conos, jerarqu\u00eda, \u00f3rdenes menores, alimentaci\u00f3n).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  El asunto del ORDEN es tratado en sus varios aspectos en los trabajos generales sobre  Teolog\u00eda Dogm\u00e1tica (Iglesia y Sacramentos). Billot; Pesch, De Sacr., pars II (Friburgo, 1909); Tanquerey; Hurter; Wilhelm y Scannell, Manual de Teolog\u00eda Cat\u00f3lica, II (Londres, 1908), 494-509; Einig; Tepl; Tournely; Sasse; Palmieri, De Romano Pontifice; Petavio, De Ecclesia; Hibrarch in Dogm., III; De Agust\u00edn, Haltzclau en Wirceburgenses. En Teolog\u00eda Moral y Derecho Can\u00f3nico, Lehmkuhl; Noldin, De Sacr. (Innsbruck, 1906); Aertnys; Genicot; Ballerini-Palmieri; Laurencio; Devoti; Craisson; Lombardi; Einig en Kirchenlex., s.v. Ordo; Funk en Kraus, Real-Encyklop\u00e4die, s.v. Ordo; Hatch en Diccionario de Antig\u00fcedades Cristianas, s.v. \u00d3rdenes, Sagradas. Special: Hallier, De Sacris Electionibus et Ordinationibus (Paris, 1636), and in Migne, Theol. Cursus, XXIV; Morin, Comment. historico-dogmaticus de sacris ecclesioe ordinationibus (Paris, 1655); Martene, De Antiquis Ecclesioe Ritibus (Venice, 1733); Benedicto XIV, De Synod. Diocoesana (Louvain, 1763); Witasse, De Sacramento Ordinis (Paris, 1717); Denzinger, Ritus Orientalium (W\u00fcrzburg, 1863); Gasparri, Tractatus Canonicus de Sacra Ordinatione (Paris, 1894); Bruders, Die Verfassung der Kirche (Mainz, 1904), 365; Wordsworth, El Ministerio de la Gracia (Londres, 1901); IDEM, Problemas de Ordenaci\u00f3n (Londres, 1909); Whitham, \u00d3rdenes Sagradas en la Biblioteca de Oxford de Teolog\u00eda Pr\u00e1ctica.Holy (Londres, 1903); Moberley, Sacerdocio Ministerial (Londres, 1897); Sanday, Concepci\u00f3n del Sacerdocio (Londres, 1898); Idem, Sacerdocio y Sacrificio, un Informe (Londres, 1900); Harnack, tr. Owen, Fuentes de los C\u00e1nones Apost\u00f3licos (Londres, 1895); Semeria, Dogma, Gerarchia e Culto (Rome, 1902); Duchesne, Culto Cristiano (London, 1903); Saltet, Les R\u00e9ordinations (Paris, 1907); Mertens, Hierarchie in de eerste seuwen des Christendoms (Amsterdam, 1908); GORE, \u00d3rdenes y Unidad (London, 1909). Para las opiniones de San Jer\u00f3nimo vea a  Sanders, Etudes sur St. J\u00e9rome (Brussels, 1903), y la bibliograf\u00eda sobre Jerarqu\u00eda, ibid., pp. 335-44).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  Ahaus, Hubert. \u00abHoly Orders.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 11. New York: Robert Appleton Company, 1911.<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/11279a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A) Instituci\u00f3n e historia. B) Intento de una sintaxis teol\u00f3gica. C) Observaciones finales. A) INSTITUCI\u00ed\u201cN E HISTORIA I. Problemas hermen\u00e9uticos El desarrollo sem\u00e1ntico de la terminolog\u00ed\u00ada relativa a las \u00f3. sugiere la sospecha de un cambio en la acentuaci\u00f3n e incluso en la perspectiva teol\u00f3gica. Sin embargo, estos hechos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos han de interpretarse siempre teniendo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ordenes-sagradas\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abORDENES SAGRADAS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-19047","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19047","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19047"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19047\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19047"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19047"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19047"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}