{"id":1924,"date":"2016-02-04T23:03:57","date_gmt":"2016-02-05T04:03:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/esperanza\/"},"modified":"2016-02-04T23:03:57","modified_gmt":"2016-02-05T04:03:57","slug":"esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/esperanza\/","title":{"rendered":"ESPERANZA"},"content":{"rendered":"<p>2Ki 18:5 en Jehov\u00e1 Dios de Israel puso su e<br \/>\nJob 7:6 mis d\u00edas fueron m\u00e1s .. y fenecieron sin e<br \/>\nJob 8:13 los caminos .. y la e del imp\u00edo perecer\u00e1<br \/>\nJob 11:18 tendr\u00e1s confianza, porque hay e<br \/>\nJob 14:7 \u00e1rbol fuere cortado, a\u00fan queda de \u00e9l e<br \/>\nJob 14:19 de igual manera haces t\u00fa perecer la e<br \/>\nJob 17:15 \u00bfd\u00f3nde .. ahora mi e? Y mi e, \u00bfqui\u00e9n la<br \/>\nJob 19:10 me .. y ha hecho pasar mi e como \u00e1rbol<br \/>\nJob 31:24 si puse en el oro mi e, y dije al oro<br \/>\nPsa 9:18 porque .. ni la e de los pobres perecer\u00e1<br \/>\nPsa 14:6 del .. se han burlado, pero Jehov\u00e1 es su e<br \/>\nPsa 39:7 Se\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 esperar\u00e9? Mi e est\u00e1 en ti<br \/>\nPsa 62:5 alma m\u00eda .. reposa, porque de \u00e9l es mi e<br \/>\nPsa 71:5 porque t\u00fa, oh Se\u00f1or Jehov\u00e1, eres mi e<br \/>\nPsa 91:2 dir\u00e9 yo a Jehov\u00e1: E mia, y castillo m\u00edo<br \/>\nPsa 91:9 porque has puesto a Jehov\u00e1, que es mi e<br \/>\nPsa 119:116 no quede yo avergonzado de mi e<br \/>\nPsa 142:5 dije: T\u00fa eres mi e, y mi porci\u00f3n en la<br \/>\nPro 10:28 alegr\u00eda; mas la e de los imp\u00edos perecer\u00e1<br \/>\nPro 11:23 bien; mas la e de los imp\u00edos es el enojo<br \/>\nPro 13:12 e que se demora es tormento del coraz\u00f3n<br \/>\nPro 14:26 fuerte confianza; y e tendr\u00e1n sus hijos<br \/>\nPro 14:32 mas el justo en su muerte tiene e<br \/>\nPro 23:18; 24:14<\/p>\n<hr>\n<p>Esperanza    (heb. tiqw\u00e2h, miqweh, t\u00f4jeleth, \u00ed\u2018\u00e9ber, majseh, kesel, mabb\u00e2t, qiww\u00e2h, yij\u00eal, \u00ed\u2018ibb\u00e9r, j\u00e2s\u00e2h, b\u00e2taj, jikk\u00e2h, sh\u00e2\u00e2h, he&#8217;em\u00een; gr. elp\u00ed\u00ads, elp\u00ed\u00adz\u00ed\u2021, jupomone, hup\u00f3stasis, prosdok\u00e1\u00ed\u2021, etc.).  Estos vocablos, sustantivos y verbos, significan \u00abconfianza\u00bb, \u00abexpectativa\u00bb, \u00abseguridad\u00bb, \u00abesperanza\u00bb, \u00abdeseo expectante\u00bb.  En la Biblia estas actitudes se expresan frecuentsemente como dirigidas hacia Dios y las cosas celestiales, y afirmadas en ellas.  El salmista, al meditar sobre la incertidumbre y la vanidad de la vida, se dirig\u00ed\u00ada a Dios como la base s\u00f3lida de su esperanza (Psa 39:7; cf 71:5; 146:5) y centraba su expectativa de salvaci\u00f3n en Dios (Psa 119:116).  La venida de Jes\u00fas al mundo dio nuevo contenido y forma a la esperanza.  El cristiano se salva en la \u00abesperanza\u00bb (Rom 8:24), esperanza que recibimos por gracia (2Th 2:16).  Fuera de Cristo no hay esperanza (Eph 2:12,13), pero Cristo es para el creyente \u00abla esperanza de gloria\u00bb (Col 1:27).  La justificaci\u00f3n por la fe produce paz y gozo \u00aben la esperanza de la gloria de Dios\u00bb (Rom 5:1,2).  Mediante el Esp\u00ed\u00adritu el cristiano espera \u00abpor fe la esperanza de la justicia\u00bb (G\u00e1. 5:5).  La 2\u00c2\u00aa venida de Cristo es para \u00e9l la bienaventurada esperanza (Tit. 2:13).  Se dice que la esperanza es una \u00absegura y firme ancla del alma\u00bb (Heb 6:17-19).  Basada en el s\u00f3lido fundamento de la fe cristiana, imparte valor, entusiasmo, optimismo 403 y gozo.  Es un ant\u00ed\u00addoto para la desesperaci\u00f3n y el desaliento.  Estimula a una actividad plena de prop\u00f3sito, particularmente para el avance del reino de Dios.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>virtud teologal. En el A. T., Yahv\u00e9h es la e. de los israelitas,  de los que guardan sus mandamientos y lo aman, cuya garant\u00ed\u00ada es la Alianza, Jr 14, 8, el cual no defrauda, Jr 17, 7; Sal 9, 19. En el N. T., la e. de los fieles es Cristo., por eso su Precursor Juan Bautista invitaba a la conversi\u00f3n: \u2020\u0153Convert\u00ed\u00ados, porque el Reino de los Cielos ha llegado\u2020\u009d, Mt 3,  2; y Jes\u00fas comenz\u00f3 su predicaci\u00f3n con esta mismo mensaje, Mt 4, 17; Mac 1, 15; Lc 4, 43. La e. y el amor de Dios son las bases del mensaje paulino, Rm 5, 5; Tm 1, 1; y el Ap\u00f3stol dice que \u2020\u0153nuestra salvaci\u00f3n es en e.\u2020\u009d, pero es una e. que no se ve, por lo que es necesario esperar con paciencia, es decir, que nuestros ojos deben estar puestos en las cosas invisibles, que son eternas y no en las visibles, ef\u00ed\u00admeras, Rm 8, 24-25; 2 Co 4, 18. La e., la promesa, que antes estaba reservada al pueblo escogido, Israel, ahora, con Cristo, es para todos los hombres, pues \u00e9l es la realizaci\u00f3n de la e. mesi\u00e1nica anunciada en el A. T., Ef 2, 12. Esa e. es la expectativa de poseer los bienes del reino de Dios, pues somos \u2020\u0153herederos de Dios y coherederos con Cristo\u2020\u009d, Rm 8, 17. Por todo esto, el ap\u00f3stol Pablo dice que nuestra e. es la resurrecci\u00f3n de Cristo, por lo que no se debe permanecer en ignorancia respecto a los difuntos, pues si creemos que Jes\u00fas resucit\u00f3, de la misma manera resucitar\u00e1n quienes mueran en Jes\u00fas, 1 Ts 4, 13; esto es lo que diferencia al cristiano de los dem\u00e1s, que viven en la desesperanza.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>Uno de los dones del Esp\u00ed\u00adritu que, juntamente con la fe y el amor, es una caracter\u00ed\u00adstica esencial que permanece en el creyente cuando las profec\u00ed\u00adas, las lenguas y el conocimiento se acaben (1Co 13:8, 1Co 13:13).<\/p>\n<p>El sustantivo gr. elpis y el verbo elpizo, casi siempre traducido esperanza, aparecen 54 y 31 veces respectivamente en el NT. El concepto b\u00ed\u00adblico de esperanza no es una mera expectaci\u00f3n o deseo, como en la literatura griega, sino incluye confianza (Rom 15:13). Cristo en vosotros es la esperanza de gloria (Col 1:27; comparar 1Ti 1:1). Toda la creaci\u00f3n espera la redenci\u00f3n (Rom 8:19-25). Los creyentes tienen la esperanza bienaventurada, la manifestaci\u00f3n de&#8230; Jesucristo (Tit 1:2; Tit 2:13), lo cual motiva a la purificaci\u00f3n (1Jo 3:3). La esperanza est\u00e1 unida a la fe (Heb 11:1), y descansa sobre la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas (1Co 15:19). En los Evangelios se habla muy poco de la esperanza mientras Jes\u00fas estuvo en la tierra, o en Apocalipsis. La esperanza que animaba a Pablo (Act 26:6-8) era la esperanza de Israel (Act 28:20).<\/p>\n<p>La esperanza del NT tiene ra\u00ed\u00adces profundas en el AT. Esperanza traduce varias palabras heb. que pueden significar: confianza, fe, seguridad, etc., y se traduce as\u00ed\u00ad en algunas versiones modernas.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(Confianza en lograr algo bueno, o que suceda lo deseado).<\/p>\n<p> Es un don del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y una de las tres virtudes teologales: (1Co 13:8, 1Co 13:13). No es una mera expresi\u00f3n de anhelos y deseos, sino una plena confianza: (Rom 15:13).<\/p>\n<p> &#8211; Cristo es la esperanza del cristiano: (1Ti 1:1), que tiene por objeto poseer los bienes del Reino de Dios, que al igual que \u00e9ste, son presentes y futuros: (Rom 8:17, Rom 8:24, Efe 2:12, 2Co 4:17). La \u00abvida eterna\u00bb es una posesi\u00f3n presente, pero se perfecciona en el futuro: (  Jua 5:24, Jua 5:28,  1Jn 3:3), y depende de la Resurrecci\u00f3n de Cristo: (1Co 15:19).<\/p>\n<p> &#8211; La esperanza es motivo de purificaci\u00f3n de \u00e9ste: (1Jn 3:3).<\/p>\n<p> &#8211; Cristo colma la esperanza de Israel, como expresa el \u00abCanto de Sime\u00f3n\u00bb de Luc 2:28-33, y de Ana: (Luc 2:38), y la respuesta al Bautista de Mt.11:l6, Luc 7:18-23.<\/p>\n<p> &#8211; Virtud de la Esperanza: Mat 6:34, Mat 10:22, Mat 10:26, Mat 10:28, Mat 10:31, Mat 11:28-29, Mat 24:13, Mar 5:2143, Mar 13:33-37, Luc 24:13-35, Jua 16:33.<\/p>\n<p> (los Evangelios nunca nombran la \u00abesperanza\u00bb por nombre).<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino hebreo miqveh se traduce como e. en el AT. Se refiere a una cosa o un acontecimiento que se espera, que est\u00e1 en el futuro. Job dec\u00ed\u00ada que \u2020\u0153si el \u00e1rbol fuere cortado, a\u00fan queda de \u00e9l e.; reto\u00f1ar\u00e1 a\u00fan, y sus renuevos no faltar\u00e1n\u2020\u009d (Job 14:7). Dios, en su gracia, ofreci\u00f3 al hombre \u2020\u0153preciosas y grand\u00ed\u00adsimas promesas\u2020\u009d (2Pe 1:4), comenzando con \u2020\u00a2Ad\u00e1n (Gen 3:15), \u2020\u00a2No\u00e9 (Gen 9:1-16), \u2020\u00a2Abraham (Gen 17:1-8), el pueblo de Israel, etc\u00e9tera. Es, entonces, la voluntad de Dios que esperemos en \u00e9l, con la confianza de que cumplir\u00e1 lo prometido. Por eso en los Salmos se dice que \u2020\u0153de \u00e9l [Dios] es mi e.\u2020\u009d (Sal 62:5) y que \u00e9l es la \u2020\u0153e. de todos los t\u00e9rminos de la tierra\u2020\u009d (Sal 65:5). A pesar de los juicios que Dios tuvo que hacer a Israel por sus pecados, siempre le mantuvo la e. de una restauraci\u00f3n gloriosa mediante la intervenci\u00f3n de su \u2020\u00a2Mes\u00ed\u00adas. Dios es la \u2020\u0153e. de Israel, Guardador suyo\u2020\u009d (Jer 14:8; Jer 17:13; Jer 50:7). Por eso Zacar\u00ed\u00adas dice de los israelitas que son \u2020\u0153prisioneros de e.\u2020\u009d (Zac 9:12).<\/p>\n<p>En el NT, se utilizan los vocablos griegos elpizo y elpis, que se traducen como e., seg\u00fan el contexto, siempre hablando de una expectativa de algo bueno. No se menciona mucho en los Evangelios, sino en las ep\u00ed\u00adstolas, especialmente las de Pablo. En el libro de los Hchhos, se usa mayormente para hablar de la resurrecci\u00f3n (\u2020\u0153Teniendo e. en Dios &#8230; de que ha de haber resurrecci\u00f3n de los muertos\u2020\u009d Hch 24:15; Hch 26:7). En las ep\u00ed\u00adstolas, la e. se presenta siempre como el resultado de la soberan\u00ed\u00ada de Dios y el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Cristo sobre todas las cosas. As\u00ed\u00ad, se nos habla de la \u2020\u0153e. de salvaci\u00f3n\u2020\u009d (1Te 5:8); \u2020\u0153la e. de la justicia\u2020\u009d (Gal 5:5); \u2020\u0153la e. de la vida eterna\u2020\u009d (Tit 1:2). Los creyentes ser\u00e1n hechos semejantes a Cristo (1Jn 3:2-3), por lo cual se dice que \u00e9l es la e. misma (1Ti 1:1), que es una \u2020\u0153e. de gloria\u2020\u009d (Col 1:27). El \u2020\u0153Dios de e.\u2020\u009d llena de \u2020\u0153todo gozo y paz en el creer\u2020\u009d a los cristianos para que abunden en \u2020\u0153e. por el poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u2020\u009d (Rom 15:13).<br \/>\nincr\u00e9dulos, en cambio, son se\u00f1alados como \u2020\u0153los &#8230; que no tienen e.\u2020\u009d (1Te 4:13). Antes de su conversi\u00f3n, los creyentes estaban \u2020\u0153sin e. y sin Dios en el mundo\u2020\u009d (Efe 2:12), pero \u2020\u0153Dios nuestro Padre &#8230; nos am\u00f3 y nos dio consolaci\u00f3n eterna y buena e. por gracia\u2020\u009d (2Te 2:16). El ser participantes de esa e. es lo que permite a los creyentes perseverar en la fe, aun en las situaciones m\u00e1s duras. Y es, tambi\u00e9n, lo que les incita al amor y las buenas obras, sabiendo que su trabajo en el Se\u00f1or \u2020\u0153no es en vano\u2020\u009d (1Co 15:58). \u2020\u00a2Promesa.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>vet, Es descrita como la espera de algo que no se ve, pero que ha sido prometido (Ro. 8:24, 25). Bienaventurado es el hombre que tiene su esperanza puesta en el Se\u00f1or; aunque surjan tribulaciones no dejar\u00e1 de llevar fruto (Jer. 17:7, 8). No hay vaguedad alguna en la esperanza del cristiano: se trata de una firme ancla para el alma, porque el Se\u00f1or mismo es su esperanza, y Cristo en \u00e9l, es la esperanza de gloria (Col. 1:27; 1 Ti. 1:1; He. 6:18, 19). La venida del Se\u00f1or, no la muerte, es la esperanza bienaventurada del cristiano (1 Ts. 4:13-18; 1 Jn. 3:2, 3).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[323]<\/p>\n<p>   Virtud teologal que nos mueve a confiar en Dios por su grandeza infinita y por el amor manifiesto que tiene al hombre.  Al decir que es teologal, quiere decir que es regalo de Dios, que no es conquista del hombre. Nos hace tender continuamente hacia Dios, confiando en su gracia para llegar hasta El. Y en cuanto don sobrenatural, nos transforma espiritualmente y nos acerca a Dios mientras caminamos en la vida.<\/p>\n<p>    La esperanza, como la fe, terminar\u00e1 cuando alcancemos en la vida eterna el objeto deseado. Por ese es una virtud de viadores, a diferencia de la caridad que \u00abpermanece para siempre\u00bb (1  Cor. 13.13)<\/p>\n<p>    Lo contrario de la esperanza es la desesperaci\u00f3n o p\u00e9rdida culpable de la esperanza para no confiar en Dios. Tambi\u00e9n lo es la presunci\u00f3n, o vana esperanza, que consiste en esperar lo que no se debe esperar por no ser conforme a Dios.<\/p>\n<p>    La catequesis de la esperanza es muy importante en la vida del cristiano. Sin embargo se olvida con frecuencia y se atiende m\u00e1s a la catequesis de la fe y de la caridad. Sin embargo es imprescindible desarrollar las actitudes interiores que preparan el esp\u00ed\u00adritu a recibir las promesas divinas y desarrollar la esperanza de que se cumplir\u00e1n por ser Dios quien es.<\/p>\n<p>    Pero esa catequesis exige cierto desarrollo de la personalidad, cierta madurez espiritual. Sin olvidar la infancia como etapa de siembra, es la juventud el tiempo de especial cultivo.<\/p>\n<p>      (Ver Virtudes 5.3 y Escatolog\u00ed\u00ada 3)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Virtud teologal confianza y tensi\u00f3n<\/p>\n<p>\tEntre las virtudes teologales (fe, esperanza, caridad), la esperanza expresa la confianza en la ayuda de Dios y la aspiraci\u00f3n o tensi\u00f3n hacia la plenitud del ser humano, a su felicidad, en el m\u00e1s all\u00e1, que es la vida eterna prometida por Dios. Nos apoyamos en las promesas de Dios que es siempre fiel (cfr. Heb 10,23) y, por Cristo Salvador y en Esp\u00ed\u00adritu Santo, nos sentimos \u00abherederos, en esperanza, de la vida eterna\u00bb (Tit 3,7). Por esto, Cristo es \u00abnuestra esperanza\u00bb (1Tim 1,1).<\/p>\n<p>\t\u00abEsperando contra toda esperanza\u00bb, como Abraham (Rom 4,18), la esperanza cristiana es confianza de poder conseguir la meta \u00abEsperamos lo que no vemos\u00bb (Rom 8,25). Es \u00abla esperanza que no falla\u00bb (Rom 5,5), porque es como \u00abyelmo\u00bb (1Tes 5,8) y \u00abcomo \u00e1ncora  segura y firme para nuestra vida, que penetra&#8230; all\u00ed\u00ad donde entr\u00f3 por nosotros como precursor Jes\u00fas\u00bb (Heb 6,19-20). Por esto, los creyentes en Cristo viven \u00abalegres en la esperanza, pacientes en la tribulaci\u00f3n\u00bb (Rom 12,12). Con la gracia de Dios, es posible \u00abperseverar hasta el fin\u00bb (Mt 10,22).<\/p>\n<p>\tPor otra parte, la esperanza es una tensi\u00f3n vital y comprometida hacia el encuentro final \u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (Apoc 22,20). Mientras tanto, construimos el Reino definitivo, \u00abun nuevo cielo y una nueva tierra\u00bb (Apoc 21,1), \u00abdonde reinar\u00e1 la justicia\u00bb y el amor (cfr. 2Pe 3,13). As\u00ed\u00ad anunciamos el mensaje evang\u00e9lico de las bienaventuranzas y, de modo especial, \u00abanunciamos la muerte del Se\u00f1or, hasta que vuelva\u00bb (1Cor 11,26).<\/p>\n<p>\tLa utop\u00ed\u00ada de la esperanza cristiana<\/p>\n<p>\tLa esperanza es la \u00abutop\u00ed\u00ada\u00bb cristiana o ideal que propone el evangelio. A la luz de la Encarnaci\u00f3n y Redenci\u00f3n, la fe descubre que siempre se puede hacer lo mejor la caridad, al estilo de la donaci\u00f3n de Cristo. Es, pues, una actitud plenamente teologal. Ya no hay lugar para la  desesperaci\u00f3n, la agresividad o violencia y la huida. La realidad con la que nos topamos diariamente es una programaci\u00f3n que se lleva a efecto, amando. Este es el programa del serm\u00f3n de la monta\u00f1a \u00abamad&#8230;, haced el bien&#8230; como vuestro Padre\u00bb (Mt 5,44-48). La historia se construye en el amor con esta actitud esperanzada, fundamentada en la elecci\u00f3n en Cristo (cfr. Ef 1,3ss).<\/p>\n<p>\tLa esperanza cristiana es \u00abutop\u00ed\u00ada\u00bb porque promete lo que no puede dar ninguna criatura, es decir, la transformaci\u00f3n de toda la humanidad y de toda la creaci\u00f3n, cuando \u00abno habr\u00e1 muerte, llanto, dolor\u00bb (Apoc 21,4). Entonces, desaparecer\u00e1 el pecado y, por tanto, sus consecuencias de dolor y muerte. Apoyados en la resurrecci\u00f3n de Cristo, nosotros \u00abesperamos la redenci\u00f3n de nuestro cuerpo\u00bb (Rom 8,23). No es que se desprecie la vida terrena y el quehacer en el tiempo, sino que se aspira y se trabaja para construir la ciudad del m\u00e1s all\u00e1 desde las circunstancias presentes. \u00abNo deseamos ser despojados, sino revestidos para que nuestra mortalidad sea absorbida por la vida\u00bb (2Cor 5,4); \u00abse siembra en corrupci\u00f3n y se resucita en incorrupci\u00f3n\u00bb (1Cor 15,42).<\/p>\n<p>\tEl dinamismo o tensi\u00f3n hist\u00f3rica de la esperanza cristiana no aminora en nada el quehacer y compromiso temporal, sino que lo orienta todo hacia una vida e historia nueva de visi\u00f3n y de encuentro definitivo con Cristo. \u00abLa esperanza escatol\u00f3gica no merma la importancia de la tareas temporales, sino que m\u00e1s bien proporciona nuevos motivos de apoyo para su ejercicio\u00bb (GS 21). La esperanza da firmeza y sentido al compromiso personal, comunitario y social en esta tierra. S\u00f3lo una esperanza que sea capaz de trascender la muerte, puede dar sentido al presente hist\u00f3rico y transformarlo en el gozo de vivir y de servir a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\tLa aspiraci\u00f3n de la esperanza cristiana no nace de una reflexi\u00f3n o teor\u00ed\u00ada, sino que proviene del Esp\u00ed\u00adritu Santo que \u00abDios ha infundido en nuestros corazones\u00bb (Rom 5,5). Por esto, la comunidad eclesial, simbolizada por una esposa, aspira continuamente a las bodas eternas \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu y la esposa dicen ven&#8230;, ven Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (Apoc 17-20).<\/p>\n<p>\tClave del anuncio misionero<\/p>\n<p>\tEl tema de la esperanza cristiana forma parte del anuncio misionero. Se anuncia la salvaci\u00f3n en Cristo y su mensaje de las bienaventuranzas, para indicar que la vida tiene sentido, que siempre se puede hacer lo mejor, y que el tiempo, por nedio de Cristo, pasa a ser vida eterna.<\/p>\n<p>\tEn la acci\u00f3n evangelizadora, la esperanza es, a la vez, confianza en la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios y tensi\u00f3n hacia una plenitud en Cristo, que ya comienza a ser realidad en esta vida, pero que s\u00f3lo ser\u00e1 posible en el m\u00e1s all\u00e1. La tensi\u00f3n misionera ayuda a cambiar el mundo. \u00abLa Iglesia ora y trabaja para que la totalidad del mundo se integre en el pueblo de Dios\u00bb (LG 17).<\/p>\n<p>Referencias Abraham, escatolog\u00ed\u00ada, gozo, felicidad, hombre, salvaci\u00f3n, temor de Dios.<\/p>\n<p>Lectura de documentos GS 1, 21, 39; LG 9, 48; CEC 1817-21, 2090-2092.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada AA.VV. (Pont. Univ. Salamanca), Utop\u00ed\u00adas y esperanza cristiana (Estella, EDV, 1997; AA.VV., El futuro como presencia de una esperanza compartida (Santander, Sal Terrae, 1969); L. BOROS, Vivir de esperanza (Estella, Verbo Divino, 1971); C. COUTURIER, Esp\u00e9rance du missionnaire Spiritus 40 (1970) (monogr\u00e1fico); J. ESQUERDA BIFET, El gozo de la esperanza (Barcelona, Balmes, 1997); J. GALOT, Le myst\u00e8re de l&#8217;esp\u00e9rance (Paris, Lethielleux, 1973); P. GRELOT, Esp\u00e9rance, libert\u00e9, engagement du chr\u00e9tien (Paris, Paulines, 1983); P. LAIN ENTRALGO, Espera y esperanza (Madrid 1957); R. LAURENTIN, Nouvelles dimensions de l&#8217;esp\u00e9rance (Paris, Cerf, 1972); J. MOLTMANN, Teolog\u00ed\u00ada de la esperanza (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1980); B. MONDIN, I teologi della speranza (Bologna, Borla, 1974); G. PIANA, Nuevo Diccionario de Espiritualidad (Madrid, Paulinas, 1991) 606-617; J.L. RUIZ DE LA PE\u00ed\u2018A, La pascua de la creaci\u00f3n. Escatolog\u00ed\u00ada ( BAC, Madrid, 1996).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: . El libro de la esperanza. -2. Esperanza, esperar. &#8211; 3. El evangelio de la esperanza. &#8211; 4. Fe, esperanza y caridad. &#8211; 5. \u00bfQu\u00e9 es la esperanza? &#8211; 6. Necesidad de la esperanza. &#8211; 7. El don de la esperanza. &#8211; 8. Cualidades de la esperanza: 8.1. Esperanza confiada. 8.2. Esperanza sufriente 8.3. Esperanza alegre. 8.4. Esperanza vigilante. 8.5. Esperanza escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>1. El libro de la esperanza<br \/>\nUna buena definici\u00f3n de la Biblia ser\u00ed\u00ada \u00abel libro de la esperanza\u00bb. En el Antiguo Testamento la esperanza est\u00e1 en el que ha de venir y en el Nuevo en el que ya ha venido, que ya se ha ido, pero que volver\u00e1.<\/p>\n<p>Israel vive con la esperanza de una intervenci\u00f3n de Yav\u00e9 que cambie el rumbo de la historia. Eso ser\u00e1 fundamentalmente con la venida del Mes\u00ed\u00adas, (o incluso sin referencia alguna mesi\u00e1nica) que establecer\u00e1 en el mundo el prometido reine&#8217; de Dios. Su esperanza se basa, en efecto, en las promesas hechas repetidamente a Israel (Rom 9, 4) y heredadas por los cristianos (Gal 3, 29), la principal de las cuales es el reinado eterno de la dinast\u00ed\u00ada dav\u00ed\u00addica (2 Sam) inaugurado por el Mes\u00ed\u00adas-Rey (Miq 5, 2-4; Jer 23, 5-6). Ser\u00e1 como una vuelta al estado feliz paradis\u00ed\u00adaco, una restauraci\u00f3n del equilibrio original (Is 11, 5-9; Ez 47, 12).<\/p>\n<p>Cuando desaparece la dinast\u00ed\u00ada dav\u00ed\u00addica, las esperanzas de Israel se centran en el \u00abSiervo de Yav\u00e9\u00bb, retratado en los cuatro poemas de Isa\u00ed\u00adas (Is 42, 1-4. 6-7; 49, 1-6s; 50, 4-7; 52, 13-53, 12).<\/p>\n<p>El esperado Mes\u00ed\u00adas triunfante se convierte en el Siervo humillado que se somete a la opresi\u00f3n injusta, como v\u00ed\u00adctima expiatoria por los pecados del mundo. El Siervo, desde su postraci\u00f3n y su pobreza, llevar\u00e1 la salvaci\u00f3n a todas las naciones.<\/p>\n<p>Esta misi\u00f3n liberadora del Siervo de Yav\u00e9 la realiz\u00f3 Jesucristo a trav\u00e9s de su entrega voluntaria a la muerte, por todos los cr\u00ed\u00admenes e injusticias de la humanidad.<\/p>\n<p>En medio de los avatares e infortunios de Israel, los profetas mantuvieron viva la esperanza en el pueblo (Jer 25, 11; 29, 10; Is 40, 1-31; Ag 2, 21-23; Zac 4, 1-10).<\/p>\n<p>Pero esas promesas no acaban de cumplirse. El pueblo se mueve entre la esperanza y la desesperanza.<\/p>\n<p>Jesucristo, el Mes\u00ed\u00adas, realizar\u00e1 las esperanzas de Israel, pero no en el aspecto de un triunfalista reino terrestre tal como el pueblo literalmente interpretaba.<\/p>\n<p>En definitiva, la esperanza, constitutiva esencial de la religi\u00f3n de Israel; lo es tambi\u00e9n de la religi\u00f3n cristiana. Jesucristo establece que es espiritual y temporal al mismo tiempo; que no es de este mundo, porque viene del cielo, pero que tiene que funcionar en este mundo. Y si fue un error de los jud\u00ed\u00ados la interpretaci\u00f3n puramente material del reino de Dios, es tambi\u00e9n un error de los cristianos cuando se lanza el reino m\u00e1s all\u00e1 de las estrellas y se deja todo \u00e9l para la otra vida, aunque tenga all\u00e1 su culminaci\u00f3n y su realizaci\u00f3n perfecta.<\/p>\n<p>2. Esperanza, esperar<br \/>\nTodo lo que el Nuevo Testamento dice sobre la esperanza lo ha dicho pr\u00e1cticamente Pablo.<\/p>\n<p>El vocablo \u00abesperanza\u00bb (elpis) aparece 53 veces en el N. T., pero ni una sola vez en los evangelios. 36 veces en las cartas paulinas; cinco en la carta a los hebreos, de la escuela paulina; tres en la primera carta de Pedro y una en la primera carta de Juan.<\/p>\n<p>El verbo \u00abesperar\u00bb (elpizo) aparece treinta veces en el N. T. Dos en Mateo, tres en Lucas, una en Juan, dos en Hechos, diecisiete en las cartas paulinas, una en Hebreos, dos en la primera carta de Pedro, una en la segunda de Juan y una en la tercera.<\/p>\n<p>De las cuatro veces, que aparece en los evangelios, la de Mateo (12, 21) es una cita literal de Is 42, 4. Las otras tres (Lc 23, 8; 24, 21; Jn 5, 45) tienen una significaci\u00f3n vulgar sin referencia religiosa o escatol\u00f3gica alguna.<\/p>\n<p>3. El evangelio de la esperanza<br \/>\nA pesar de todo, el evangelio de Jes\u00fas es el evangelio de la esperanza, la Buena Noticia, anunciadora de un futuro feliz.<\/p>\n<p>El reino de Dios instaurado por Jes\u00fas (Mt 4, 17) es un reino ut\u00f3pico, pero realizable en este mundo. Camina hacia un final feliz que culmina en el m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>El evangelio, por tanto, engendra en el hombre, en el creyente, el deseo y la esperanza de alcanzar un d\u00ed\u00ada esa prometida felicidad, a la que est\u00e1n llamados todos los hombres (1 Tim 2, 4). A medida que el reino, basado en la justicia y en el amor fraterno, se vaya abriendo camino, se ir\u00e1 consiguiendo el estado de bienestar al que el hombre aspira.<\/p>\n<p>Pero, sin desechar ese objetivo final, puramente humano, antes bien tom\u00e1ndolo incluso como un compromiso, la esperanza se dirige hacia la segunda venida de Jesucristo al final de los tiempos, pues s\u00f3lo entonces la humanidad entrar\u00e1 definitivamente en el reino de Dios, en la vida eterna (Mt 18, 8).<\/p>\n<p>La esperanza es, por tanto, material y espiritual, temporal y eterna. Por supuesto que todo esto es objeto de fe.<\/p>\n<p>4. Fe, esperanza y caridad<br \/>\nLa esperanza est\u00e1 en intima relaci\u00f3n con la fe y la caridad, las tres virtudes teologales. La esperanza alimenta la fe y la fe est\u00e1 garantizada por la caridad. La fe abre el camino hacia el final feliz y ese camino se recorre con la esperanza y la caridad, las cuales hacen que la fe est\u00e1 siempre viva.<\/p>\n<p>Fe, esperanza y caridad son, en definitiva, diversos aspectos de una misma realidad. Las tres van siempre juntas, de tal forma, que si falta una, las otras tambi\u00e9n faltan. La una sin las otras no puede subsistir. La fe mantiene la esperanza y la caridad, el amor, es la manifestaci\u00f3n de ambas. S\u00f3lo con fe y con amor se puede llegar a ese mundo ideal que esperamos.<\/p>\n<p>La fe da firmeza y garant\u00ed\u00ada a la esperanza (Heb 11, 1) y la esperanza llena de paz y de alegr\u00ed\u00ada a la fe (Rom 15, 13), y las dos act\u00faan y se desarrollan por el amor operativo. Las tres configuran el ser religioso y el ser social del cristiano.<\/p>\n<p>Sin la fe, que nos lleva al conocimiento de Jesucristo, la esperanza se queda en la nada. Y sin la esperanza la fe se muere. La fe nos asegura que Jesucristo ha resucitado y que tambi\u00e9n nosotros resucitaremos con \u00e9l y la Esperanza, apoyada en estas realidades, es la fuerza que necesitamos para mantenernos en nuestro camino hacia el Padre. Este recorrido hay que hacerlo sembr\u00e1ndolo de amor a Dios y de amor al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Tenemos, pues, que las tres virtudes informan de manera indisoluble la vida del cristiano. La fe nos dice que somos peregrinos de Dios, la esperanza termina con la visi\u00f3n de Dios \u2014la posesi\u00f3n de lo que espera\u2014 y el amor nos da la felicidad temporal y eterna.<\/p>\n<p>5. \u00bfQu\u00e9 es la esperanza?<br \/>\nLa esperanza es espera y deseo de alcanzar lo esperado. Entre las definiciones que se han dado de la esperanza cristiana, creo que esta es la que mejor expresa su naturaleza: \u00abLa espera confiada, firme, paciente, perseverante de la salvaci\u00f3n y de la gloria eterna en Jesucristo\u00bb.<\/p>\n<p>Tres son, por tanto, sus constitutivos: espera del futuro, confianza y perseverancia. El cristiano est\u00e1 cimentado en la fe, estable e inconmovible en la esperanza del evangelio (Col. 1, 23). La espera es la raz\u00f3n de su vida.<\/p>\n<p>La esperanza es esperar lo que nos est\u00e1 reservado en el cielo (Col 1, 5), la salvaci\u00f3n que tenemos en Cristo y que todav\u00ed\u00ada no tenemos en plenitud, \u00abestamos salvados en esperanza\u00bb, la eternidad gloriosa (2 Tim 2, 10), \u00abla esperanza de la vida eterna\u00bb (Tit 1, 1-2), estar con Cristo que es nuestra esperanza (1Tim 1, 1), vivir eternamente con \u00e9l (1 Cor 1, 9), am\u00e1ndole y siendo amados por \u00e9l.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed\u00ad el final del camino: \u00abviviremos siempre con el Se\u00f1or\u00bb (1 Tes 4, 17), \u00abreinaremos con \u00e9l\u00bb (2 Tim 2, 12). Al cristiano se le puede definir como \u00abun esperante en Cristo\u00bb (1 Cor 15, 10).<\/p>\n<p>6. Necesidad de la esperanza<br \/>\nSin esperanza no es posible vivir. La vida cae en el vac\u00ed\u00ado de la nada. Es esencial a la naturaleza humana mirar hacia el futuro. Nuestro presente est\u00e1 condicionado, de alg\u00fan modo, por el pasado, y lo est\u00e1 tambi\u00e9n por el futuro. En cierta manera lo que somos hoy est\u00e1 marcado: por lo que hemos sido, por lo que seremos y por lo que queremos ser. Sin mirar al futuro, la vida pierde su dinamismo.<\/p>\n<p>Desde la Biblia, estar sin esperanza es estar sin Dios, o estar en los \u00ed\u00addolos, es decir en la nada (Ef 2, 12). Sin esperanza en la otra vida, la muerte es una tragedia, la aflicci\u00f3n m\u00e1xima (1Tes 4, 13), es encerrarse en la materialidad de la vida, donde no puede darse el adecuado desarrollo de la persona en sus aspectos espiritual y religioso. El hombre est\u00e1 hecho para la inmortalidad (Sab 2, 23).<\/p>\n<p>Si esto no se cree, y, si, por otra parte, se tiene por delante un horizonte cerrado, tambi\u00e9n en lo puramente humano, sin perspectivas d\u00e9 logros temporales, la esperanza se muere y en su lugar nace la desesperaci\u00f3n. Eso es para Dante el infierno, una mansi\u00f3n de desesperados, en cuyo frontispicio figura esta inscripci\u00f3n: \u00abPerded toda esperanza los que aqu\u00ed\u00ad entr\u00e1is\u00bb.<\/p>\n<p>Vivir sin esperanza es un morir o un vivir muriendo, donde todo carece de sentido, donde no merece la pena seguir alimentando la existencia, mientras que vivir con la esperanza de una inmortalidad bienaventurada llena la vida de dinamismo y de ilusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Todo esto significa que la esperanza es un constitutivo existencial del hombre en sus diversos aspectos, personal, social y religioso, el motor vital que le impulsa, de manera radical, hacia el futuro, al que aspira, y en el que espera.<\/p>\n<p>7. El don de la esperanza<br \/>\nLa esperanza cristiana no es un sentimiento psicol\u00f3gico producido por el hombre que, ante el infortunio y la desgracia, ante la vaciedad, la inconsistencia y la transitorialidad de las cosas, siente la necesidad natural de creer y de esperar un futuro mejor.<\/p>\n<p>Es verdad que en la vida cotidiana, en la Biblia y en los evangelios nos encontramos con gentes perseguidas, marginadas, enfermas, que esperan y piden la liberaci\u00f3n de tantos sufrimientos. Es verdad tambi\u00e9n que la respuesta de la Biblia es consoladora: en la otra vida habr\u00e1 una justa retribuci\u00f3n de nuestros actos y lo que ahora parece una desgracia tendr\u00e1 la recompensa deseada: Los que lloran ser\u00e1n consolados, los que tienen hambre de que reine la justicia ser\u00e1n saciados y los que son perseguidos entrar\u00e1n a tomar posesi\u00f3n del reino de Dios (Mt 5, 3-12) .<\/p>\n<p>Pero ese deseo natural de cambios substanciales en un estado de necesidad, no es la esperanza cristiana, pues eso supondr\u00ed\u00ada que en un estado de bienestar, cuando la vida es un placer, no habr\u00ed\u00ada esperanza.<\/p>\n<p>La esperanza cristiana no est\u00e1 en relaci\u00f3n y en dependencia con el estado emocional en que el hombre se encuentra. Es algo consubstancial a su vida de creyente. Esto significa que la esperanza cristiana no es una cosa creada por el hombre, sino algo que le viene ofrecido de fuera y que \u00e9l acepta como constitutivo fundamental de la fe.<\/p>\n<p>La esperanza es un don de Dios y el objeto que persigue un puro regalo. Un regalo desconocido, del que no nos es dado disponer a nuestro antojo y que Dios nos tiene reservado en la otra vida como la sorpresa m\u00e1s grande que podamos imaginar, cuando iluminados con su misma luz veremos que somos semejantes a \u00e9l, poseedores de su misma naturaleza divina (1 Jn 3, 2-3).<\/p>\n<p>La esperanza, por si misma, no puede alcanzar lo que espera. Lo alcanza por la bondad de Dios. Es una pura d\u00e1diva, lo mismo que la fe. Todo es gracia.<\/p>\n<p>8. Cualidades de la esperanza<br \/>\nHe aqu\u00ed\u00ad algunas de las caracter\u00ed\u00adsticas de la esperanza cristiana.<\/p>\n<p>8.1. confiada. Tanto am\u00f3 Dios al mundo, que entreg\u00f3 a su propio Hijo por nosotros para que tengamos vida eterna (Jn 3, 16). Si Jesucristo muri\u00f3 por nosotros, y \u00abvino para salvar\u00bb (1 Tim 1, 15) y \u00abno para condenar\u00bb (Jn 3, 17), y si \u00abDios quiere que todos los hombres se salven\u00bb (1 Tim 2, 41), estamos salvados. Dudar de la salvaci\u00f3n es dudar de Dios y de la eficacia redentora de la muerte de Cristo.<\/p>\n<p>Ante el futuro, el cristiano no tiene miedo alguno. Sabe que le espera una bienaventuranza eterna, el encuentro con Cristo para estar eternamente con \u00e9l.<\/p>\n<p>La salvaci\u00f3n es incuestionable. El \u00abd\u00ed\u00ada del Se\u00f1or\u00bb, el \u00faltimo d\u00ed\u00ada, en realidad es el primer d\u00ed\u00ada, del d\u00ed\u00ada del nacimiento para la vida, cuando nuestro cuerpo material ser\u00e1 transformado en cuerpo celeste (1 Cor 15, 44).<\/p>\n<p>Un cristiano en el l\u00ed\u00admite es amor. Y nuestro amor alcanza su m\u00e1s alto nivel de perfecci\u00f3n, cuando, al compartir nosotros ya en este mundo la condici\u00f3n de Cristo, nos hace esperar confiados el d\u00ed\u00ada del juicio. Amor y temor son incompatibles. El amor aut\u00e9ntico elimina el temor, ya que el temor est\u00e1 en relaci\u00f3n con el castigo y \u00abel que teme es que no ha logrado a\u00fan el amor perfecto\u00bb (1 Jn 4, 17-18).<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n positiva del futuro no es la de un iluso, o la de un fatuo optimista, sino la de un hombre de fe, pues Jesucristo nos ha liberado del peligro mortal\u00bb (2 Cor 1, 10).<\/p>\n<p>La comunidad humana es tambi\u00e9n una comunidad salvada (1 Tim 4, 10), pues la redenci\u00f3n de Jesucristo afecta a todo el g\u00e9nero humano. Si en Ad\u00e1n todos pecamos, en Cristo todos hemos sido justificados (Rom 5, 19; 15, 22). Si Ad\u00e1n arrastr\u00f3 a la muerte a los hombres, el nuevo Ad\u00e1n los conduce a la vida. La obra redentora de Jesucristo no est\u00e1 acaparada por nadie, por ninguna colectividad religiosa que se sienta la poseedora \u00fanica y absoluta de los bienes sobrenaturales, se extiende a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos y de todos los espacios, pues \u00abel universo mundo est\u00e1 sometido a Jesucristo\u00bb (1 Cor 15, 27).<\/p>\n<p>La esperanza es confiada y cierta, porque se apoya en la palabra de Dios, el cual es siempre fiel a su palabra, 1 o que significa la mayor de todas las seguridades.<\/p>\n<p>Pero, por otra parte, es tambi\u00e9n incierta e insegura, en cuanto que se basa en algo desconocido que est\u00e1 por encima de la constataci\u00f3n humana, algo misterioso que escapa a todas nuestras previsiones y que hay que aceptar en la oscuridad de la fe: \u00abLa fe es la garant\u00ed\u00ada de las cosas que se esperan, la prueba de aquellas que no se ven\u00bb (Heb 11, 1).<\/p>\n<p>La esperanza es perfecta, cuando cambia su nombre por el de \u00abconfianza\u00bb. Dios es \u00abesperanza\u00bb y \u00abconfianza\u00bb, como le defini\u00f3 Jerem\u00ed\u00adas (Jer 17, 10). Y eso mismo es el cristiano. Si no tiene confianza en Dios, su esperanza est\u00e1 muerta. El mismo es un muerto espiritual. Eso de no tener esperanza es cosa del mundo pagano (Ef 2, 12; 1 Tes 4, 13).<\/p>\n<p>8.2. sufriente. La \u00abespera confiada\u00bb, no por ser \u00abconfiada\u00bb es espera pasiva, sino activa y din\u00e1mica. Por una parte, mantiene al cristiano en tensi\u00f3n y en marcha hacia la glorificaci\u00f3n futura, y, por otra, le hace aguantar y soportar las tribulaciones de este mundo. Y esto a nivel individual y colectivo, como Iglesia y como miembro de la misma.<\/p>\n<p>La esperanza circula por el camino del sufrimiento y del dolor, algo substancial en el tejido de la naturaleza humana. Los sufrimientos est\u00e1n en la ra\u00ed\u00adz de la esperanza y constituyen una prueba de su consistencia, pues, a partir de ellos, se producen en cadena unas situaciones que culminan en la esperanza: \u00abLos sufrimientos producen la paciencia, la paciencia consolidada produce la fidelidad, la fidelidad consolidada produce la esperanza y la esperanza no defrauda\u00bb (Rom 5,4-5).<\/p>\n<p>El evangelio de Juan emplea una sola vez el verbo (confiar), al predecir a sus disc\u00ed\u00adpulos un futuro de tribulaciones: \u00abEn el mundo tendr\u00e9is sufrimientos, pero confiad (zarseite), yo he vencido al mundo\u00bb (Jn 16, 33). La frase equivale a esta otra: \u00abCre\u00e9is en Dios, creed tambi\u00e9n en m\u00ed\u00ad\u00bb (14, 1). Confiad en m\u00ed\u00ad, confiad en Dios. El triunfo de Jesucristo sobre las fuerzas del mal garantiza el triunfo de la esperanza.<\/p>\n<p>El sufrimiento, lejos de debilitar la fe y la esperanza, las fortalece. Sin la paciencia perseverante, la esperanza se agota.<\/p>\n<p>No hay que inquietarse por nada. Nada vale la pena, confiar en el Se\u00f1or, pues ante la gran esperanza en \u00e9l, todas las dem\u00e1s esperanzas son la nada. No vacilar en la fe, ser fuertes en las dificultades (1 Cor 16, 13), firmes e inconmovibles en la espera de una resurrecci\u00f3n dichosa.<\/p>\n<p>Jesucristo exhorta a sus disc\u00ed\u00adpulos a que se abracen al sufrimiento, como \u00e9l se abraza; que carguen con la cruz y que le sigan (Mt 16, 24-25). La cruz es la se\u00f1al con que el cristiano est\u00e1 marcado, la garant\u00ed\u00ada de que tras ella viene la felicidad. En las situaciones m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles y desesperanzadas, \u00abhay que esperar contra toda esperanza\u00bb (Rom 4, 18), como Abrah\u00e1n, modelo de fe y de esperanza: La teolog\u00ed\u00ada de la esperanza es la teolog\u00ed\u00ada de la cruz, pues Cristo, muerto en la cruz, es nuestra esperanza. \u00c2\u00a1Salve, o Crux, Spes Unica!<br \/>\n8.3. alegre. Hay que estar alegres, pues la parus\u00ed\u00ada, el encuentro con el Se\u00f1or, el principio de la felicidad, est\u00e1 cerca (Flp 4, 4). \u00abNos alegramos con la esperanza de alcanzar la vida eterna\u00bb (Rom 5, 3). La tristeza es propia de los que no tienen esperanza (1 Tes 4, 13), pero no de un creyente, el cual tiene la seguridad de alcanzar el premio deseado.<\/p>\n<p>La esperanza produce gozo hasta en los sufrimientos y persecuciones: \u00abDichosos vosotros, cuando os insulten y persigan&#8230; \u00c2\u00a1Alegraos entonces! Estad contentos, porque en el cielo os espera una gran recompensas\u00bb (Mt 5, 11-12).<\/p>\n<p>La prueba de que la fe y la esperanza est\u00e1n consolidadas es que las dificultades producen alegr\u00ed\u00ada (Sant 1, 2). San Pablo y los dem\u00e1s ap\u00f3stoles viv\u00ed\u00adan a tope esta realidad: \u00abSe me ensancha el coraz\u00f3n, reboso de alegr\u00ed\u00ada, a pesar de todas mis penalidades\u00bb (2 Cor 7, 10). \u00abLos ap\u00f3stoles salieron del Consejo llenos de alegr\u00ed\u00ada por haber sido considerados dignos de sufrir por Jes\u00fas\u00bb (He 5, 41).<\/p>\n<p>A pesar de todo, la prueba, superada con fe y con esperanzas no es merecedora de la vida eterna, que siempre es un don, nunca un m\u00e9rito.<\/p>\n<p>El creyente sabe que, por s\u00ed\u00ad mismo, es totalmente incapaz de llegar a Dios, al absoluto trascendente, el inaccesible, fundamento y objeto de la esperanza. Por eso, renuncia a sus propias fuerzas y recursos y pone toda su esperanza en la misericordia y en la fidelidad divinas.<\/p>\n<p>8.4. vigilante. El encuentro con Cristo, el esperado, es imprevisible. El momento llegar\u00e1 cuando menos se piense. Por eso, hay que vivir en tensi\u00f3n, estar alerta, en vigilia permanente (Mt 24, 22-23. 50; 25, 13; Mc 13, 33-38; Lc 21, 36).<\/p>\n<p>No hay que dormir en la noche de la indiferencia y del olvido. El cristiano tiene que permanecer en todo momento como los siervos vigilantes, ce\u00f1ida la cintura, en actitud plena de disponibilidad, las l\u00e1mparas encendidas, en vigilancia activa, bien dispuestos. Si as\u00ed\u00ad es, cuando el se\u00f1or y due\u00f1o de la casa llegue, se pondr\u00e1 a servirles en la mesa del banquete mesi\u00e1nico, pues el Se\u00f1or es el Mes\u00ed\u00adas que vuelve (Lc 12, 35-38).<\/p>\n<p>Hay que tener siempre puesto el traje de bodas para poder sentarse en la mesa. Mientras llega el se\u00f1or hay que cumplir cuidadosamente con el deber y el que hacer de cada d\u00ed\u00ada. Como el criado fiel y honesto, honrado, cumplidor de su cometido, al que, por portarse as\u00ed\u00ad, el se\u00f1or le pone al frente de toda su hacienda (Mt 24, 45-51).<\/p>\n<p>Hay que estar siempre preparados, pues de aquel d\u00ed\u00ada nadie sabe nada (Mt 24, 36). Puede venir como el ladr\u00f3n, sin avisar. Y hay que estar como el portero, atento para abrir la puerta al due\u00f1o de la casa que puede llegar a cualquier hora de la noche (Mc 13, 34-36).<\/p>\n<p>Todo esto supone estar desarraigados de este mundo, de las cosas terrenas, pasajeras y caducas, que no ofrecen seguridad alguna, lo cual no quiere decir desentenderse de las realidades humanas. El cristiano sabe que no es de este mundo, pero que est\u00e1 en el mundo, comprometido, adem\u00e1s, en la transformaci\u00f3n de este mundo, en la creaci\u00f3n de un mundo nuevo, donde todas las cosas ser\u00e1n regeneradas, donde todo ser\u00e1 nuevo, donde el amor ser\u00e1 la vida de cuantos creyeron y esperaron (1 Cor 13, 13).<\/p>\n<p>El evangelio se mueve en los espacios de la utop\u00ed\u00ada que hay que realizar con fe, con esperanza y con amor.<\/p>\n<p>8.5. Esperanza \u00f3gica. La esperanza cristiana es, por naturaleza, escatol\u00f3gica, tiende a las verdades \u00faltimas, traspasa las barreras de este mundo, va m\u00e1s all\u00e1 de la muerte. Su \u00faltima raz\u00f3n de ser descansa en el otro mundo. Se orienta hacia el futuro absoluto, hacia la plenitud de la salvaci\u00f3n, encuentra su pleno sentido en la escatolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El objeto de la esperanza es futuro y presente al mismo tiempo, pues el presente es tambi\u00e9n escatol\u00f3gico. Porque ese futuro es Cristo, estar con Cristo, y, Cristo ya ha venido, se ha ido, pero se ha quedado y vendr\u00e1 en gloria.<\/p>\n<p>En el \u00faltimo d\u00ed\u00ada, que es para cada uno el d\u00ed\u00ada de la muerte, se romper\u00e1 el velo de la fe y tendr\u00e1 lugar la visi\u00f3n de las realidades sobrenaturales que informan nuestra vida.<\/p>\n<p>Estamos, pues, en el \u00abya\u00bb (escatolog\u00ed\u00ada realizada) y en el \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb (escatolog\u00ed\u00ada final o final de la escatolog\u00ed\u00ada). Con la muerte se desvelar\u00e1 lo que ya somos, se revelar\u00e1 la vida eterna que ya poseemos.<\/p>\n<p>En ese \u00faltimo d\u00ed\u00ada, el d\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n, tras un de amor y sobre el amor entre un Padre y un hijo que se aman, entraremos a participar del banquete celestial (Mt 21, 1-10; Lc 12, 35-38), donde todo ser\u00e1 alegr\u00ed\u00ada y j\u00fabilo, pasaremos a ser miembros en plenitud del reino de Dios, la celebraci\u00f3n de la comuni\u00f3n gozosa con una comunidad congregada en torno al rey, veremos a Dios (Mt 5, 8) cara a cara (1 Cor 13, 12) y estaremos eternamente con \u00e9l (1 Tes 4, 7).<\/p>\n<p>Todos, al fin, tenemos que morir. El cuerpo es corruptible y se corromper\u00e1, pero ser\u00e1 revestido de incorrupci\u00f3n, de inmortalidad (1 Cor 15). Vivimos en una casa terrena que est\u00e1 en ruinas, que hace agua por todas partes, pero pasaremos a vivir en la casa del Padre, una casa celeste, indestructible, hecha por Dios, un arquitecto al que no se le derrumba ning\u00fan edificio (2 Cor 2, 1-5).<\/p>\n<p>Se trata de una corporeidad espiritualizada, celeste. La vida del cristiano es una conformaci\u00f3n con la muerte y con la resurrecci\u00f3n de Jesucristo. \u00abEsperamos al Salvador y Se\u00f1or Jesucristo, el cual transformar\u00e1 nuestro cuerpo lleno de miserias conforme a su cuerpo glorioso\u00bb (Flp 3, 20-21). \u00abInjertados en Cristo y part\u00ed\u00adcipes de su muerte, hemos de compartir tambi\u00e9n su resurrecci\u00f3n\u00bb (Rom 6, 5). Este es el fundamento y la garant\u00ed\u00ada de la esperanza. -> ; amor; confianza; sufrimiento; alegr\u00ed\u00ada; vigilancia; parus\u00ed\u00ada; escatolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 J. MOLTMAM, \u00ed\u00ada de la esperanza, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca, 1976; L. BoRos, de la esperanza. Expectaci\u00f3n del tiempo futuro en la ideolog\u00ed\u00ada cristiana, Verbo Divino, Estella, 1991; J. ALFARO, cristiana y liberaci\u00f3n del hombre, Herder, Barcelona, 1972; J. R. FLECHA ANDRES, y moral en el Nuevo Testamento, \u00abStudium Legionense\u00bb, Le\u00f3n, 1975; B. HARING, de esperanza, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca, 1973; E. PIRONIO, en la esperanza, ed. Paulinas, Madrid 1979; PH. DELHAYE, y vida cristiana, Rialp, Madrid, 1978; J. L. Ruiz DE LA PE\u00ed\u2018A, otra dimensi\u00f3n. Escatolog\u00ed\u00ada cristiana, Sal Terrae, Santander, 1986.<\/p>\n<p>Martin Nieto<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>(-> escatolog\u00ed\u00ada, apocal\u00ed\u00adptica). Define la existencia del hombre como ser que est\u00e1 abierto a su propio futuro*, en el que puede realizarse plenamente, alcanzando su identidad. El tema de la esperanza atraviesa todos los estratos de la Biblia y se encuentra especialmente vinculada con la \u00abpromesa\u00bb de Dios, que ofrece a los hombres una culminaci\u00f3n gloriosa (la plena creaci\u00f3n). Para Jes\u00fas, la esperanza se funda en la llegada del Reino* de Dios y para los cristianos ella resulta inseparable de la historia del mismo Jes\u00fas, llamado el Cristo, cuya resurrecci\u00f3n* ofrece, impulsa y anticipa un camino de salvaci\u00f3n*. Heb 11,1 define la fe como \u00absustancia\u00bb (certeza) de las cosas que se esperan. El tema de la esperanza ha recibido gran importancia en la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica a partir de la obra program\u00e1tica de J. Moltmann, Teolog\u00ed\u00ada de la esperanza, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>Nos preguntamos: \u00bfQu\u00e9 es la esperanza? Empezaremos por decir, ayudados por san Pablo, que lo que vemos no es objeto de esperanza, que eso no es la esperanza. Por ejemplo, no es esperanza el simple optimismo que nos hace decir: \u00abDespu\u00e9s de todo, la vida no me va tan mal, m\u00e1s o menos me apa\u00f1o, consigo salir adelante\u00bb. Esta es, en todo caso, la valoraci\u00f3n de una situaci\u00f3n feliz que el Se\u00f1or nos ha concedido.  Lo que san Pablo considera esperanza es algo que crece en la caducidad, all\u00ed\u00ad donde no hay ning\u00fan sentido, donde est\u00e1 el desierto, donde hay un mundo que se sabe condenado a morir. La esperanza no es cerrar los ojos ante un fina! inelu  dible, conform\u00e1ndome con lo poco que tengo; no es no querer mirar una historia que se va degradando, pensando que, en el fondo, tampoco estoy tan mal.  La esperanza \u2014siempre seg\u00fan las palabras de Pablo\u2014 es aguardar la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios, es decir, la gloria futura. Es, ante todo, dirigir la mirada hacia esa vida que nos viene de Cristo, que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 y por encima de todo aquello que nos defrauda y se nos escapa de las manos.  En este sentido, la esperanza es un don gratuito de Dios, es aceptaci\u00f3n de este don, es mirar hacia el futuro incluso cuando estamos inmersos en la oscuridad; no depende, pues, de condiciones externas m\u00e1s o menos favorables. Depende de saber levantar la mirada hacia lo alto, contemplando la gloria que inunda a Cristo y a nosotros en \u00e9l.  La esperanza es fijar nuestros ojos en Cristo resucitado, que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de toda corrupci\u00f3n y mortalidad.  A partir de aqu\u00ed\u00ad, la esperanza es tambi\u00e9n abrir los ojos para ver hasta qu\u00e9 punto esta fuerza \u2014que est\u00e1 por encima de la historia\u2014 act\u00faa en ella y la atrae hacia s\u00ed\u00ad.  Cuando tenemos esperanza, somos capaces de mirar a nuestro alrededor y ver los signos de Cristo resucitado en medio de nosotros.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. En la Escritura: 1. En el AT; 2. En el NT. &#8211; II. La esperanza del reino y la Trinidad. &#8211; III. La esperanza como apertura del hombre al misterio trinitario.<\/p>\n<p>I. La esperanza en la Escritura<br \/>\nLa esperanza es una dimensi\u00f3n fundamental de la religi\u00f3n. Sin esperanza no hay religi\u00f3n. De aqu\u00ed\u00ad que se pueda rastrear en todas las religiones las diversas formas que adopta la esperanza. La esperanza cristiana tiene una peculiariedad propia: es el esperar y lo esperado que surge de la fe en el Cristo crucificado y resucitado. \u00abEl es nuestra esperanza\u00bb (Col 1, 27).<\/p>\n<p>Pero Jesucristo, la ra\u00ed\u00adz y fundamento de nuestra esperanza, est\u00e1 inserto en una tradici\u00f3n y cultura, en un pueblo. Para comprender la esperanza cristiana hay que situarse en este contexto. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad se nos desvelar\u00e1 el alcance y novedad de la esperanza que aguardamos en el Resucitado.<\/p>\n<p>1. LA ESPERANZA EN EL AT. La esperanza sit\u00faa al hombre ante un horizonte de posibilidades. La amplitud y profundidad de este horizonte se le descubre al hombre veterotestamentario en su encuentro con Dios. La esperanza nace de la experiencia de Dios. En esta interrelaci\u00f3n Dios-hombre se le desvela al hombre lo que es \u00e9l mismo, lo que puede llegar a ser, las posibilidades con las que cuenta y que Dios le asegura, en suma, lo que puede esperar del amor de Dios. La esperanza, por tanto, lleva consigo la pasi\u00f3n que brota de la relaci\u00f3n y abre a unas posibilidades que se configuran sobre el horizonte del porvenir.<\/p>\n<p>El AT conoce diversas tradiciones donde han ido tomando forma diferentes im\u00e1genes y conceptos para expresar la experiencia de las posibilidades a las que abre la experiencia de Dios.<\/p>\n<p>Se puede resumir la experiencia fundamental de Israel, a trav\u00e9s de las formulaciones m\u00e1s predominantes en esta cultura, como un considerar la propia existencia de pueblo como un caminar hacia situaciones nuevas bajo las promesas, la alianza y la conducci\u00f3n de Dios. Promesa, alianza, confianza, liberaci\u00f3n, novedad, camino, \u00e9xodo, ser\u00e1n conceptos vinculados estrechamente a las esperanzas que suscita el Dios de Israel.<\/p>\n<p>De esta forma el pueblo de Israel vivir\u00e1 de esperanza en esperanza. Sus int\u00e9rpretes concebir\u00e1n los inicios de Israel sobre el transfondo de los contenidos de la esperanza en forma de promesas: promesa de la descendencia a Abrah\u00e1n (G\u00e9n 13, 16), de la naci\u00f3n (G\u00e9n 12,2), de la tierra (G\u00e9n 12, 7) para entrar en el n\u00facleo de experiencias religiosas decisivas de la liberaci\u00f3n de Egipto (Ex 3,7s.). Aqu\u00ed\u00ad de nuevo las nociones de promesa y alianza son centrales para expresar los objetivos de la esperanza (Ex 19). Posteriormente la esperanza se relacionar\u00e1 con las promesas dav\u00ed\u00addicas le\u00ed\u00addas como promesas mesianicas (1 Sam 13-14; 16, 7;,1 Re 11,4). Los profetas enriquecer\u00e1n la manera de vivir y entender la esperanza en Israel. Subrayar\u00e1n la misericordia de Yahv\u00e9, su fidelidad y nueva alianza (Jer 31, 31s.) a pesar de los fallos del pueblo y la universalidad de esta bondad divina a trav\u00e9s de Israel. En tiempos de Jes\u00fas predominar\u00e1 un lenguaje apocal\u00ed\u00adptico, que insiste sobre la inminencia y las se\u00f1ales del cumplimiento de las esperanzas de Israel. La \u00abllegada del reino de Dios\u00bb ser\u00e1 una forma de expresar estas esperanzas. Jes\u00fas mismo adoptar\u00e1 este lenguaje aunque d\u00e1ndole un sesgo propio.<\/p>\n<p>2. LA ESPERANZA EN EL NT. La categor\u00ed\u00ada central de las expectativas y esperanzas en tiempo de Jes\u00fas era la de reino de Dios. Pero los contenidos eran diversos seg\u00fan los proclamadores: reino de la ley perfectamente cumplida (fariseos), reino de los puros y espirituales (esenios), reino nacional del Israel libre de la dominaci\u00f3n romana (zelotes), reino del culto y del templo (sacerdotes). Jes\u00fas predicar\u00e1 un reino de Dios que es \u00abbuena noticia\u00bb (Mc 1, 14s.) porque Dios est\u00e1 con el hombre: rechaza la ruptura apocal\u00ed\u00adptica tajante entre \u00abbuenos\u00bb y \u00abmalos\u00bb. Las par\u00e1bolas recalcan la mezcla y la misericordia de Dios para con todos. Jes\u00fas se resiste a regionalizar el reino de Dios: est\u00e1 presente ya en este mundo (Lc 11, 20; Mt 12, 28), pero no se identifica con nada, tiene car\u00e1cter futuro, \u00abescatol\u00f3gico\u00bb (Lc 11, 2; Mt 6, 10; Lc 10, 9; Mt 10, 7; Mc 1, 15). No funciona con la l\u00f3gica del poder y la fuerza de los reinos de este mundo (Mc 4, 6-19; 4,30-32 y par.); los peque\u00f1os y sencillos, los pobres, tienen un puesto privilegiado en \u00e9l (Mc 10,14-15 y par.). La esperanza por tanto, es una dimensi\u00f3n necesaria del reino de Dios. Quien no tiene esperanza no comprende lo que es el reino de Dios. Pero las palabras, acciones y rechazos de Jes\u00fas dan a entender que no cualquier esperanza es cristiana, sino la que tiene como criterio a los pobres.<\/p>\n<p>El reino de Dios en cuanto realidad que expresaba las esperanzas de Jes\u00fas, adquiri\u00f3 todav\u00ed\u00ada mayor claridad tras su muerte y resurrecci\u00f3n. La experiencia de los primeros cristianos han transmitido las esperanzas nacidas en estas circunstancias pascuales, ejemplares y fundamentales para nosotros. Jesucristo pasa a ser el fundamento de nuestra esperanza. En su Futuro est\u00e1 el nuestro y El nos abre a unas posibilidades desconocidas e inimaginables hasta ahora.<\/p>\n<p>II. La esperanza del reino y la Trinidad<br \/>\nEl Dios de la esperanza y de las promesas de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica es un Dios de camino, de \u00e9xodo, abre un futuro nuevo al hombre, cuya verdad es experimentada en la historia. En Jesucristo muerto y resucitado, este Dios se manifiesta como la Vida, ya que la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas supone la negaci\u00f3n de la muerte (1 Cor 15, 26). Esperanza indica todo lo que es contra-esperanza y negaci\u00f3n del reino. Este Dios que \u00abresucita a los muertos y hace ser a lo que no es\u00bb (Rm 4,17) rompe la desesperanza atada a las experiencias de dolor, injusticia, opresi\u00f3n y muerte. En su oposici\u00f3n manifiesta los valores del reino y donde se sit\u00faa el antirreino. Expresa tambi\u00e9n c\u00faal es el horizonte del Dios de la esperanza y d\u00f3nde se debe situar la realizaci\u00f3n activa de la esperanza: pasar\u00e1 necesariamente por crear condiciones de vida para el hombre, especialmente para el que vive las situaciones de \u00abmuerte\u00bb, el pobre. Que la esperanza cristiana, pasa por las esperanzas de los pobres y por crear esperanza para los pobres de este mundo, es la consecuencia de historizar m\u00ed\u00adnimamente la noci\u00f3n de esperanza del reino.<\/p>\n<p>En la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas se revela tambi\u00e9n la hondura abism\u00e1tica, misteriosa, a que abre la esperanza cristiana: el poder fiel y amoroso del Padre y la fuerza vivificadora del Esp\u00ed\u00adritu. Dios deja de ser concebido como soledad misteriosa, para mostrarse como familia, comuni\u00f3n de tres personas eternas. El Futuro de Jes\u00fas nos desvela una posibilidad inimaginable: participar un d\u00ed\u00ada de esa vida comunitaria del Dios trino. M\u00e1s a\u00fan, ante este descubrimiento, la esperanza cristiana muestra la l\u00f3gica que preside la historia y la creaci\u00f3n entera: realizar esa llamada latente a la comuni\u00f3n con la Trinidad. La esperanza apunta hacia dentro de la definitividad del misterio de Dios. Esta es la gran novedad, el futuro prometido al hombre, la latencia m\u00e1s honda que circula clamando a trav\u00e9s de toda la creaci\u00f3n y de toda criatura (Rm 8, 19s.). Y desde este horizonte \u00faltimo de la esperanza el creyente dinamiza sus energ\u00ed\u00adas a fin de construir comunidad, solidaridad, fraternidad. De nuevo la m\u00e1s elemental historizaci\u00f3n de esta esperanza moviliza al creyente contra todo lo que se oponga a una vida humana comunitaria solidaria. Sus destinatarios primeros no pueden ser otros que aquellos que sufren m\u00e1s las consecuencias de la insolidaridad: los oprimidos, dolientes y pobres<br \/>\nSi la esperanza es el sost\u00e9n y movilizador hacia adelante de la fe, no tiene nada de extra\u00f1o que la esperanza cristiana y la esperanza impl\u00ed\u00adcita pero actuante en toda realidad, pugne por hacerse carne hist\u00f3rica y genere continuamente utop\u00ed\u00adas. El hombre se desvela un ser ut\u00f3pico, inconformista con el presente, por llevar la marca de un ser esperanzado.<\/p>\n<p>El car\u00e1cter escatol\u00f3gico de la esperanza cristiana puede actuar como un elemento discriminador de las buenas y malas esperanzas, de las esperanzas humanizantes y de las esperanzas locas. Actuar\u00e1 con su reserva permanente frente a todo intento de rebajar la esperanza a los l\u00ed\u00admites de las construcciones hist\u00f3ricas humanas. Introducir\u00e1 en toda realizaci\u00f3n humana una inquietud, el aguij\u00f3n del recuerdo de la comuni\u00f3n a la que aspira, que reducir\u00e1 siempre a provisional y pen\u00faltimo todo proyecto y utop\u00ed\u00ada. Desde este punto de vista la aut\u00e9ntica esperanza cristiana lleva consigo una revoluci\u00f3n permanente contra la realidad inhumana. Es una manifestaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu que no descanza hasta llevar la realidad toda al seno trinitario. Una tal esperanza es un ant\u00ed\u00addoto frente a las malas esperanzas: frente a las ideolog\u00ed\u00adas de la esperanza que tienden a cristalizar y resignarse en los logros parciales, o provocan locuras terroristas o totalitarias al desesperar de su realizaci\u00f3n. Combate tanto la presunci\u00f3n de la realizaci\u00f3n y las legitimaciones del status quo, como la carencia de perseverancia y firmeza de los esp\u00ed\u00adritus pusil\u00e1nimes y resignados a lo dado. La esperanza sabe del gozo del Futuro que se le promete, pero vive en la tensi\u00f3n entre ese \u00abNovum ultimum\u00bb de la comunidad trinitaria y las contra-esperanzas del presente. Siempre fiel a la tierra y a los condenados de este mundo en raz\u00f3n del futuro trinitario que se le ha prometido en la resurrecci\u00f3n de Jesucristo. Sabe en la luchas en pro de la justicia y la solidaridad del presente que ah\u00ed\u00ad mismo participa en la tarea de la Trinidad.<\/p>\n<p>III. La esperanza como apertura del hombre al misterio trinitario<br \/>\nLa experiencia religiosa cristiana est\u00e1 gr\u00e1vida de una esperanza que se\u00f1ala unas posibilidades para el hombre y la realidad toda.<\/p>\n<p>La realidad entera se desvela abrazada por el dinamismo trinitario. La imagen paulina de una creaci\u00f3n expectante es perfectamente adecuada para evocar el fondo \u00faltimo de las aspiraciones que recorren a la creaci\u00f3n. Hay como una latencia que abre lo creado hacia un horizonte de profundidad acogedora y amorosa que muchos esp\u00ed\u00adritus sensibles de hoy y ayer han captado en la cuasi inagotable riqueza de la creaci\u00f3n, a\u00fan cuando lo hayan expresado de modos muy diversos y hasta contradictorios. Y estas expectativas adquieren una oscura lucidez en la reflexividad humana. El hombre, en su fragilidad, descubre una inquietud permanente hacia algo que sobrepasa toda realizaci\u00f3n y posesi\u00f3n. Una experiencia de apertura que se hace \u00abapasionamiento por lo posible\u00bb (Kierkegaard). El ser humano se manifiesta as\u00ed\u00ad incurablemente ut\u00f3pico; extendido hacia lo que le sobrepasa absolutamente, nost\u00e1lgico de algo totalmente otro (Horkheimer). Esta pasi\u00f3n se puede juzgar in\u00fatil (Sartre), pero tambi\u00e9n orientaci\u00f3n fundamental del ser humano que no puede ser frustrada (Kant).<\/p>\n<p>El creyente descubre en este dinamismo la confirmaci\u00f3n de la presencia del Absoluto amoroso trinitario que a\u00fan no hemos llegado a participar, aunque ya haya venido a nosotros y el Esp\u00ed\u00adritu del Resucitado d\u00e9 testimonio continuo por toda la realidad. La esperanza desvela as\u00ed\u00ad el misterio que anida en el fondo del ser humano y de la realidad misma: la comunidad trinitaria. Y la espiritualidad y realizaci\u00f3n humanas plenas se descubren entrega pr\u00e1ctica a esta esperanza: donaci\u00f3n existencial a la tarea de la Trinidad de llevar a este mundo de injusticia e insolidaridad a la comunidad perfecta.<\/p>\n<p>[-> Apocal\u00ed\u00adptica; Comuni\u00f3n; Creaci\u00f3n; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Experiencia; Fe; Historia; Jesucristo; Liberaci\u00f3n; Misterio; Padre; Pascua; Pobres, Dios de los; Reino de Dios; Trinidad.]<br \/>\nJos\u00e9 Mar\u00ed\u00ada Mardones<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>La esperanza es una de las tres virtudes llamadas \u00abteologales\u00bb es decir que expresan una manera ~e ser de\u00ed\u008d hombre que lo relaciona con el misterio de Dios. Se llaman tambi\u00e9n virtudes teologales porque en ellas se expresa la salvaci\u00f3n que Dios realiza en favor de los hombres, ya que la fe, la esperanza y el amor son dones de la gracia de Dios a trav\u00e9s de los cuales experimentamos su salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ordinariamente se asocia la esperanza a la actitud del hombre o de la sociedad que espera obtener en el futuro un bien precioso, dif\u00ed\u00adcil, del que depende su gozo o su felicidad. Por tanto, el perfil de la esperanza es bastante at\u00ed\u00adpico: se trata de vivir en el presente proyectados hacia el futuro, de tender hacia un bien cuya posesi\u00f3n niega la virtud que lo sosten\u00ed\u00ada y lo valoraba. Vivir en la esperanza significa, por tanto, colocarse entre el \u00abva\u00bb y el \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb, situarse en la historia- someti\u00e9ndose a su l\u00f3gica, pero seguros al mismo tiempo de poder trascenderla, vivir todas las formas actuales de felicidad como algo provisional e incompleto, portador de superaci\u00f3n y &#8211; de plenitud.<\/p>\n<p>Los cristianos han puesto en Cristo su esperanza, aunque la historia de la esperanza comienza mucho antes: la historia de la salvaci\u00f3n es en primer 1ugar un crecimiento de la esperanza que se va afirmando de forma inequ\u00ed\u00advoca incluso en situaciones de pecado, Dios acompa\u00f1a a su pueblo en la din\u00e1mica de la promesa: desde Ad\u00e1n y Eva hasta el \u00faltimo de los profetas, pasando por Abrah\u00e1n, Mois\u00e9s, David, en todo el Antiguo Testamento se reconoce la misma manera de obrar de Dios, que prepara a su pueblo y lo conduce por medio de anuncios que se refieren al pasado y que superan el presente. Cristo lleva a su cumplimiento toda una serie de promesas, aun cuando la din\u00e1mica de la esperanza no se agota con \u00e9l. La libertad que \u00e9l ha conquistado en favor de los hombres y la resurrecci\u00f3n son el fruto de una victoria definitiva e indiscutible, pero no anulan la l\u00f3gica de la esperanza en el sentido de una plenitud y &#8211; a obtenida, sino que la confirman y refuerzan: el cristiano est\u00e1 llamados a vivir en la esperanza, a dejarse guiar por ella, a resistir al pecado, y . a que est\u00e1 en tensi\u00f3n hacia el futuro, y a asumir los retos y las pruebas del amor a la luz de la vida eterna.<\/p>\n<p>El tema de la esperanza ha conocido un nuevo inter\u00e9s, tanto teol\u00f3gico como pr\u00e1ctico, a partir de los a\u00f1os 60, junto con el redescubrimiento de la escatolog\u00ed\u00ada y de una cultura caracterizada por grandes esperanzas. La obra de J Moltmann Teologia de la esperanza fue una especie de programa de esta tendencia. Esta recuperaci\u00f3n de la esperanza insiste en la necesidad de superar un concepto de Dios ligado al pasado, o a su \u00abeterno presente\u00bb para poder pensar en un Dios como futuro absoluto de los hombres, que invita al hombre a poner el sentido de su existencia en este futuro y a asumir el presente como algo incompleto y que obliga a comprometerse, incluso a nivel social.<\/p>\n<p>La comprensi\u00f3n actual de la esperanza como elemento de base de la antropolog\u00ed\u00ada cristiana va \u00ed\u00adntimamente unida a la fe escatol\u00f3gica. en el sentido de que s\u00f3lo la referencia a determinados contenidos que expresan el futuro  absoluto de los hombres puede alimentar la actitud de espera. Estos contenidos hablan de un final absoluto de la historia, de la vida despu\u00e9s de la muerte, del juicio Y de la posibilidad de salvaci\u00f3n Y de condenaci\u00f3n. Y es esta forma de representar el futuro por parte de la fe lo que condiciona el horizonte de la esperanza, no ya como una espera confiada y tranquila, sino como una actitud que incluye la llamada a la responsabilidad y que pone en crisis las realizaciones de la historia.<\/p>\n<p>La esperanza va unida no s\u00f3lo a la  escatolog\u00ed\u00ada, sino tambi\u00e9n a la \u00e9tica, como factor que determina la vida Y las relaciones del hombre. En este sentido es importante subrayar el v\u00ed\u00adnculo tan estrecho que hay entre la esperanza y el amor una relaci\u00f3n mutua, que supone la &#8216;dif\u00ed\u00adcil existencia de la una sin la otra. En general puede afirmarse que una esperanza capaz de trascender la muerte es la condici\u00f3n para que el hombre pueda dedicar su tiempo y tambi\u00e9n su vida para ayudar a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p> L. Oviedo<\/p>\n<p> Bibl.: P. La\u00ed\u00adn Entralgo, Espera y esperanza,  Madrid 1957. E. Schillebeeckx, Dios, futuro del hombre, &#8216;S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1970; J Moltmann, Teolog\u00ed\u00ada de la esperanza, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1977. L. Boros, Vivir de esperanza. Verbo Divino, Estella 1971; L. Boros, Somos futuro, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Las ra\u00ed\u00adces antropol\u00f3gicas de la esperanza: 1. El hombre como ser abierto al futuro; 2. El fundamento de la esperanza: utop\u00ed\u00ada y escatolog\u00ed\u00ada &#8211; II. La din\u00e1mica de la esperanza en la historia de la salvaci\u00f3n: 1. El Dios de la promesa; 2. La resurrecci\u00f3n de Cristo, cumplimiento de las promesas y promesa de un futuro nuevo &#8211; III. Orientaciones para una espiritualidad de la esperanza: 1. Unidad de la vida teologal; 2. Esperanza cristiana y \u00abmysterium mortis\u00bb; 3. Compromiso de liberaci\u00f3n humana y espera del futuro de Dios.<\/p>\n<p>El tema de la esperanza ocupa en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica actual un puesto de gran trascendencia en virtud de la revalorizaci\u00f3n que de la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica del mensaje cristiano ha tenido lugar en estos a\u00f1os. J. Moltmann ha escrito: \u00abEn su integridad, y no s\u00f3lo en un ap\u00e9ndice, el cristianismo es escatolog\u00ed\u00ada; es esperanza, mirada y orientaci\u00f3n hacia adelante, y es tambi\u00e9n, por ello mismo, apertura y transformaci\u00f3n del presente. Lo escatol\u00f3gico no es algo situado al lado del cristianismo, sino que es, sencillamente, el centro de la fe cristiana, el tono con el que armoniza todo en ella, el color de aurora de un nuevo d\u00ed\u00ada esperado, color con el que aqu\u00ed\u00ad abajo est\u00e1 ba\u00f1ado todo&#8230; Una teolog\u00ed\u00ada aut\u00e9ntica deber\u00ed\u00ada ser concebida, por ello, desde su meta en el futuro. La escatolog\u00ed\u00ada deber\u00ed\u00ada ser no el punto final de la teolog\u00ed\u00ada, sino su comienzo\u00bb.<\/p>\n<p>Efectivamente, tan s\u00f3lo en la perspectiva escatol\u00f3gica la teolog\u00ed\u00ada puede ser significativa en si misma e importante para el mundo, puesto que el hombre y el mundo se hacen radicalmente comprensibles a partir de su destino \u00faltimo, que es el futuro de Dios.<\/p>\n<p>Sin embargo, el inter\u00e9s de la investigaci\u00f3n teol\u00f3gica por la tem\u00e1tica de la esperanza se orienta primordialmente a la interpretaci\u00f3n del futuro del hombre y de la historia. Por eso la reflexi\u00f3n versa m\u00e1s sobre el contenido objetivo de la esperanza cristiana y su relaci\u00f3n con las expectativas hist\u00f3ricas del hombre que sobre la dimensi\u00f3n personal, subjetiva y espiritual. Esto se debe tambi\u00e9n al hecho de que en la Biblia es escasa la atenci\u00f3n al sentimiento de la esperanza. Raras veces se presenta como una actitud subjetiva (esperance); casi siempre se nos ofrece como propensi\u00f3n a un determinado objeto bien definido (espoir). As\u00ed\u00ad, mientras existe \u00abuna teolog\u00ed\u00ada de la esperanza\u00bb, que la convierte en el criterio hermen\u00e9utico fundamental para reinterpretar todo el mensaje cristiano, no se puede decir otro tanto de una \u00abespiritualidad de la esperanza\u00bb, de la cual no tenemos m\u00e1s que r\u00e1pidas alusiones y fragmentos exiguos, muchas veces ligados a una visi\u00f3n intimista y devocional del acontecimiento cristiano. Por ello consideramos que es cometido de la espiritualidad de hoy llevar a cabo la soldadura entre el sentimiento y el contenido objetivo de la esperanza, entre la dimensi\u00f3n personal y la social y c\u00f3smica.<\/p>\n<p>1. Las ra\u00ed\u00adces antropol\u00f3gicas de la esperanza<br \/>\nLa elaboraci\u00f3n de una espiritualidad en la que la esperanza vuelva a encontrar el lugar que le corresponde, presupone un correcto desciframiento del modo como hoy se comprende a s\u00ed\u00ad mismo el hombre. Se trata, pues, de preguntarse qu\u00e9 relaci\u00f3n existe entre la condici\u00f3n humana y la esperanza, a fin de saber si \u00e9sta es un elemento marginal para el hombre o si, por el contrario, est\u00e1 hondamente arraigada en su experiencia existencial e hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>1, EL HOMBRE COMO SER ABIERTO AL FUTURO &#8211; El hombre se entiende hoy d\u00ed\u00ada, quiz\u00e1 m\u00e1s que en el. pasado, como un ser lanzado a una realizaci\u00f3n ilimitada de s\u00ed\u00ad mismo, radicalmente abierto al futuro; pero, al mismo tiempo, como ser limitado, como \u00abesp\u00ed\u00adritu finito\u00bb, ya que su corporeidad circunscribe su existencia y su apertura a los dem\u00e1s y al mundo. La existencia humana se revela a la vez como una \u00abclausura-en-la-provisionalidad\u00bb y como una \u00abapertura-a-la-infinitud\u00bb.<\/p>\n<p>El hombre advierte, pues, que su aspiraci\u00f3n fundamental a ser cada vez m\u00e1s \u00e9l mismo no puede satisfacerse definitivamente dentro del horizonte presente; el hombre nunca coincide con su existencia concreta.<\/p>\n<p>Por otro lado, esta aspiraci\u00f3n, que es connatural al hombre, choca inexorablemente con el misterio de la muerte. De aqu\u00ed\u00ad la imperiosa necesidad de esclarecerse a s\u00ed\u00ad mismo el ineludible contraste entre la apertura ilimitada a la vida y el l\u00ed\u00admite de la muerte, que est\u00e1 presente a la conciencia como un destino inevitable y como una amenaza permanente. La muerte pone al desnudo el nivel m\u00e1s profundo del esp\u00ed\u00adritu humano, que guarda el incontenible deseo de existir sin l\u00ed\u00admite de tiempo, y sit\u00faa en concreto al hombre ante el interrogante \u00faltimo sobre s\u00ed\u00ad mismo, que es el interrogante sobre su futuro.<\/p>\n<p>Por eso la llamada a la esperanza pertenece ante todo a la estructura fundamental del hombre en cuanto esp\u00ed\u00adritu encarnado. Pero la dimensi\u00f3n de la esperanza no se agota dentro del destino individual del hombre; engloba el destino de la humanidad y del mundo. La existencia del individuo se desarrolla en el camino de la humanidad hacia el futuro. Consecuentemente, el problema del futuro de la humanidad y del mundo afecta al significado mismo de la existencia de todo ser humano en cuanto responsable de toda la comunidad humana.<\/p>\n<p>Por otro lado, el hombre experimenta constantemente su no coincidencia con el mundo y con los dem\u00e1s. \u00abLa subjetividad autopresente del hombre no puede tener lugar sino frente a lo que ella no es, es decir, en contraposici\u00f3n a la objetividad limitativa del mundo. La naturaleza es para el hombre, dial\u00e9cticamente, posibilidad y l\u00ed\u00admite de su acci\u00f3n. Y precisamente esta experiencia de lo objetivo (del mundo en s\u00ed\u00ad mismo o del mundo transformado por el hombre) como l\u00ed\u00admite revela la aspiraci\u00f3n ilimitada del hombre como condici\u00f3n apri\u00f3rica de su acci\u00f3n sobre el mundo. El hombre existe en el mundo y sobre el mundo, en el tiempo y sobre el tiempo, en la historia y sobre la historia, porque tiene conciencia de la permanencia de su propio yo en su mismo devenir, y en esta conciencia se esconde aquella aspiraci\u00f3n a `ser-m\u00e1s-s\u00ed\u00ad-mismo&#8217;, que le hace vivir todo resultado concreto de su acci\u00f3n en el mundo como realizaci\u00f3n inacabada de s\u00ed\u00ad mismo y por eso le empuja a la superaci\u00f3n indefinida de toda meta lograda. En esta estructura constitutiva del ser personal del hombre radica el impulso de toda la humanidad a lo largo de la historia hacia el progreso indefinido en el dominio del mundo\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>La esperanza se nos presenta as\u00ed\u00ad como la opci\u00f3n fundamental con la que el hombre interpreta el sentido \u00faltimo de su existencia. Emerge como necesidad fundamental del hombre, tanto en el horizonte de su conciencia personal como en el de su relaci\u00f3n con el mundo, con los dem\u00e1s y con la historia.<\/p>\n<p>2. EL FUNDAMENTO DE LA ESPERANZA: UTOP\u00ed\u008dA Y ESCATOLOG\u00ed\u008dA &#8211; La tendencia del hombre a la esperanza como fuerza liberadora que explica el movimiento de la vida humana y proporciona al hombre, mediante la categor\u00ed\u00ada de la posibilidad, una nueva comprensi\u00f3n del ser como historia, ha suscitado en la cultura occidental dos im\u00e1genes del futuro opuestas radicalmente entre s\u00ed\u00ad: la utop\u00ed\u00ada y la escatolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>La utop\u00ed\u00ada se presenta como una transcripci\u00f3n secularizada de la esperanza en el reino. \u00abEs una desacralizaci\u00f3n, una toma de conciencia de que el hombre puede y debe bastarse a s\u00ed\u00ad mismo, y de que los dioses lo han abandonado. No es, por lo tanto, una coincidencia el hecho de que no se encuentre ninguna utop\u00ed\u00ada antes del Renacimiento\u00bb. La conciencia ut\u00f3pica responde a dos tendencias profundamente arraigadas en el esp\u00ed\u00adritu humano: la curiosidad por el futuro y la necesidad de esperar. Estas tendencias exigen inventar una imagen del futuro, sin la cual es imposible para el hombre aceptar el hoy en su opacidad.<\/p>\n<p>La recuperaci\u00f3n de la categor\u00ed\u00ada de la utop\u00ed\u00ada, que tiene en su favor una tradici\u00f3n acreditada en el pensamiento moderno, ha ocurrido en los \u00faltimos a\u00f1os gracias a la determinante contribuci\u00f3n de la filosof\u00ed\u00ada marxista. Para E. Bloch, el marxismo es sobre todo conciencia de la esperanza, \u00abpraxis de la utop\u00ed\u00ada concreta\u00bb, anticipaci\u00f3n de un deber ser que ser\u00e1 realidad pese a los obst\u00e1culos que se interpongan en su realizaci\u00f3n. \u00abLa raz\u00f3n -afirma Bloch- no puede florecer sin esperanza y la esperanza no puede hablar sin raz\u00f3n. Una y otra en unidad marxista&#8230; Otra ciencia no tiene futuro y otro futuro no tiene ciencia\u00bb. Porque abre el futuro, la esperanza prevalece sobre todas las dem\u00e1s manifestaciones vitales del hombre. Influye en su modo de pensar, de conocer y de vivir. El todav\u00ed\u00ada-no del ser subjetivo y objetivo, es decir, lo posible, se convierte en fundamento \u00faltimo de la realidad al empujar al hombre hacia el novum ultimum, que no es otra cosa que el futuro del hombre escondido y del mundo escondido.<\/p>\n<p>Pero el futuro de la utop\u00ed\u00ada se presenta insuficiente de cara al elemento negativo radical, que consiste en la doble muerte, la individual y la colectiva, como impotencia de amor: \u00ab\u00bfBasta la utop\u00ed\u00ada para la emancipaci\u00f3n eficaz y total?&#8230; Y \u00bfc\u00f3mo no invocar y admitir la necesidad de un plus de fuerza, de un verdadero novum, heter\u00f3nomo frente al volumen del dato tal cual suele entenderse en la perspectiva religiosa de lo mesi\u00e1nico?\u00bb. Por eso la raz\u00f3n de la inconsistencia de la utop\u00ed\u00ada radica en lo infundado de su contenido objetivo. \u00abEl primado del futuro est\u00e1 ontol\u00f3gicamente fundado en s\u00ed\u00ad mismo; su futuro no se debe solamente a los deseos presentes y a las aspiraciones de los hombres. Si el regnum venturum habr\u00e1 de caracterizarse b\u00ed\u00adblica mente como reino de Dios, entonces tendremos este primado ontol\u00f3gico del futuro del reino sobre todo lo real presente, y tambi\u00e9n sobre el presente ps\u00ed\u00adquico\u00bb<br \/>\nEste es el significado de la escatolog\u00ed\u00ada cristiana. Para el cristiano la falta de sentido se rescata en el sentido arcano que proviene de los recursos de Dios. La alternativa perentoria del cristianismo apela al \u00abmisterio\u00bb como acontecimiento que irrumpe en la historia y en la existencia humana por la libre y sorprendente iniciativa de Dios; Por otra parte, la experiencia de la muerte como experiencia radical de finitud le muestra con claridad al hombre que todas las posibilidades de la existencia se apoyan en la fuerza de un \u00abdon\u00bb que encuentra el hombre y que como tal, permanece esencialmente sustra\u00ed\u00addo a su poder de dominio. La muerte personal y colectiva sit\u00faa al hombre ante una alternativa: o cerrarse en el futuro inmanente de su progreso indefinido e intramundano, aferr\u00e1ndose a la existencia, que irremediablemente se escapa y que, por lo tanto, no puede fundamentar su significado, o abrirse a la posibilidad del futuro absoluto y trascendente, reconociendo la existencia como \u00abdon\u00bb que viene de Alguien y que, en consecuencia, no puede conquistarse, sino tan s\u00f3lo recibirse.<\/p>\n<p>En este sentido, la esperanza cristiana supone liberarse de una mentalidad puramente exigentista. Expresa un anhelo, una nostalgia que trasciende todas nuestras necesidades. Las promesas de Dios no se identifican con los contenidos de las utop\u00ed\u00adas sociales y pol\u00ed\u00adticas, que esperan un hombre nuevo y una tierra nueva y ven en ellos algo as\u00ed\u00ad como el resultado de una serie de luchas y de procesos sociales e hist\u00f3ricos. El cristianismo tiene la misi\u00f3n de hacer germinar el \u00abestupor absoluto\u00bb (unbedingtes Betroffensein) ante el hecho sorprendente de que Dios penetra en la historia y en la trama de las vicisitudes humanas, porque es precisamente en esta \u00abmaravilla de disponibilidad\u00bb donde puede convertirse en \u00abestupor salvifico\u00bb el impacto entre la espera del hombre y el misterio cristiano.<\/p>\n<p>La escatolog\u00ed\u00ada cristiana destruye por ello la presunci\u00f3n de la utop\u00ed\u00ada estableciendo una relaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica con los diversos proyectos hist\u00f3ricos elaborados en su nombre. El que espera en Cristo no se identifica jam\u00e1s con ninguna situaci\u00f3n adquirida o adquirible. En las ciudades de esta tierra, igual que en las ciudades proyectadas por los ut\u00f3picos, el creyente es siempre y en todas partes un extranjero, porque el futuro hacia el que tiende es un futuro trascendente que procede \u00fanicamente del poder de Dios.<\/p>\n<p>II. La din\u00e1mica de la esperanza<br \/>\nen la historia de la salvaci\u00f3n<br \/>\nHaciendo de la escatolog\u00ed\u00ada un criterio hermen\u00e9utico fundamental, la teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea ha convertido la esperanza en una categor\u00ed\u00ada de interpretaci\u00f3n global de la historia de la salvaci\u00f3n, la cual no ser\u00ed\u00ada primordialmente la comunicaci\u00f3n de contenidos que en caso contrario estar\u00ed\u00adan escondidos al hombre, sino la promesa de una consumaci\u00f3n definitiva del hombre y del mundo. De ah\u00ed\u00ad se sigue una relectura en clave prol\u00e9ptica (es decir, de anticipaci\u00f3n del futuro), antes que epif\u00e1nica (es decir, de manifestaci\u00f3n de lo divino), de toda la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>La promesa anuncia una realidad que todav\u00ed\u00ada no est\u00e1 presente y patentiza que Dios lleva a cabo la salvaci\u00f3n progresivamente. La esperanza es la actitud que salva esta distancia: de lo que ya ha acaecido extrae \u00fanicamente el est\u00ed\u00admulo para tender hacia un futuro que todav\u00ed\u00ada no se ha consumado. Cierto que la esperanza se funda en la \u00abmemoria\u00bb; pero, al rev\u00e9s que ella, da lugar a una l\u00f3gica negativa, que se expresa como conciencia de la diferencia, de la inadecuaci\u00f3n, del \u00abtodav\u00ed\u00ada-no\u00bb y, como tal, se traduce en conceptos din\u00e1micos y funcionales en orden a la transformaci\u00f3n de la realidad.<\/p>\n<p>1. EL DIOS DE LA PROMESA &#8211; La esperanza en el reino que ha de venir, entendido como poder de Dios, hunde sus ra\u00ed\u00adces en las experiencias vividas por Israel a lo largo de su trayectoria hist\u00f3rica. El se\u00f1or\u00ed\u00ado de Dios va revel\u00e1ndose poco a poco hasta su definitiva consumaci\u00f3n en Cristo muerto y resucitado.<\/p>\n<p>A diferencia de los dem\u00e1s pueblos, Israel vivi\u00f3 su existencia como historia abierta al futuro. En su origen no hay acontecimiento m\u00ed\u00adtico, sino un acontecimiento hist\u00f3rico: el \u00e9xodo de la esclavitud de Egipto. En este acontecimiento el pueblo hebreo experiment\u00f3 al \u00abDios de los padres\u00bb como un Dios de la promesa y de la esperanza y, al mismo tiempo, se descubri\u00f3 a si mismo como pueblo en camino. En este sentido, la categor\u00ed\u00ada de la promesa dej\u00f3 su impronta en el mismo lenguaje religioso de Israel, caracterizado por la escatolog\u00ed\u00ada del Dios que viene.<\/p>\n<p>El r\u00e9gimen de la promesa comienza con Abrah\u00e1n: en \u00e9l Dios irrumpe con poder en la historia. escogi\u00e9ndose a un pueblo para hacerlo \u00absigno\u00bb de salvaci\u00f3n para todos (G\u00e9n 17,4-8; cf 12,2-3). La esperanza asume inmediatamente los contornos de una espera hist\u00f3rica: es esperanza para esta vida, en el pueblo igual que en el individuo. Poseer a Dios significa, efectivamente, poseer el futuro: la liberaci\u00f3n de la esclavitud, una tierra, la derrota del enemigo, la victoria del justo.<\/p>\n<p>El profetismo desarrolla la l\u00ed\u00adnea de la espera mesi\u00e1nica desde el punto de vista de una profunda renovaci\u00f3n interior (Is 11,1-10; 53,5-12; 62,2-4; Jer 31,31-34). Los profetas desautorizan la pretensi\u00f3n de Israel de construirse su propio futuro. En esta l\u00ed\u00adnea interpretan el hundimiento pol\u00ed\u00adtico y la experiencia del exilio como un juicio de Dios contra su pueblo, que lo ha traicionado. Su ense\u00f1anza es escatol\u00f3gica porque sacan a Israel \u00abfuera del \u00e1mbito salv\u00ed\u00adfico de los hechos acaecidos hasta entonces\u00bb y cambian \u00absu fundamento salv\u00ed\u00adfico con otro hecho divino que est\u00e1 por venir\u00bb. De este modo la salvaci\u00f3n se universaliza y al mismo tiempo se espiritualiza, dando a la promesa un horizonte de expectaci\u00f3n no marcado ya por el l\u00ed\u00admite de la existencia, sino abierto a la novedad de una vida distinta bajo la soberan\u00ed\u00ada de Dios.<\/p>\n<p>Otra profundizaci\u00f3n ulterior la opera la literatura apocal\u00ed\u00adptica del juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado, que tiende a deshistorizar la promesa haciendo de la historia \u00fanicamente el lugar en el que se desvela gradualmente el proyecto de Dios, rigurosamente marcado desde el principio. Pero la novedad m\u00e1s significativa radica sobre todo en el hecho de que el mundo entero se ve involucrado en el proceso escatol\u00f3gico de la historia humana. As\u00ed\u00ad pues, progresivamente, la esperanza del individuo tiende a un nuevo e\u00f3n, es decir, a un renacimiento del universo y a una regeneraci\u00f3n de todas las cosas.<\/p>\n<p>Para Israel, el fundamento de la promesa es la fidelidad de Dios. Conocer a Dios significa reconocerlo en la fidelidad hist\u00f3rica a sus promesas; \u00e9l anticipa su cumplimiento real con gran n\u00famero de prefiguraciones, es decir, de utop\u00ed\u00adas realistas; pero lo hace sin prejuzgar su soberana libertad. La promesa divina anuncia, efectivamente, de manera anticipada lo que todav\u00ed\u00ada no existe y que no debe desarrollarse necesariamente en el cuadro de las posibilidades ofrecidas por el presente, sino que nace \u00fanicamente de lo que le es posible a \u00e9l. Cierto que se concretiza en el cumplimiento de las promesas hechas a los padres; pero al mismo tiempo es superior a todo cumplimiento. El motivo de este plusvalor constante es lo inagotable del misterio de Dios. Al rebasar siempre los hechos y se\u00f1alar el futuro, la promesa permite a Israel encontrar su identidad y continuidad, reapropi\u00e1ndose continuamente los hechos hist\u00f3ricos, acept\u00e1ndolos e interpret\u00e1ndolos siempre de nuevo. Adem\u00e1s, la promesa estimula la libertad del hombre, porque exige su colaboraci\u00f3n. Mientras tanto, entre la promesa anunciada y su pleno cumplimiento transcurre la historia como obra del hombre en camino hacia la patria de la identidad consigo mismo y de la plena comuni\u00f3n de la humanidad. El mundo se convierte en el lugar del compromiso humano, porque Dios no manifestar\u00e1 definitivamente su reino mientras el hombre no haya establecido los fundamentos.<\/p>\n<p>2. LA RESURRECCI\u00ed\u201cN DE CRISTO, CUMPLIMIENTO DE LAS PROMESAS Y PROMESA DE UN FUTURO NUEVO &#8211; La promesa de Dios se ha hecho realidad en Cristo: \u00abY nosotros os anunciamos la buena nueva: la promesa hecha a nuestros padres. Dios la cumpli\u00f3 en nosotros, sus hijos, resucitando a Jes\u00fas\u00bb (He 13,32-33). El don del esp\u00ed\u00adritu es la confirmaci\u00f3n de la promesa realizada (He 1,4-5; 2,33). La certeza de la esperanza cristiana encuentra su definitivo punto de apoyo y se convierte al mismo tiempo en renuncia a toda seguridad humana y en completo abandono confiado al misterio del amor absoluto de Dios.<\/p>\n<p>En toda su existencia, Cristo es un acontecimiento escatol\u00f3gico; lleva en s\u00ed\u00ad mismo la tendencia hacia el futuro absoluto, que es Dios. Pero es sobre todo del misterio pascual lo que revela plenamente el significado escatol\u00f3gico de esa existencia. La muerte de Cristo es el cumplimiento de su entrega definitiva al Padre; en este acto de \u00e9xodo de s\u00ed\u00ad mismo y de confianza en Dios, \u00abque pod\u00ed\u00ada salvarle de la muerte\u00bb (Heb 5,7), el tiempo de Cristo llega a su suprema tendencia a la comuni\u00f3n de vida con Dios. Su resurrecci\u00f3n es el comienzo de una vida nueva no solamente para \u00e9l, sino tambi\u00e9n para nosotros; porque Cristo fue resucitado por Dios como \u00abprimicia de los que mueren\u00bb, \u00abprimog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb y \u00abesp\u00ed\u00adritu vivificador\u00bb (1 Cor 15,20-57; Rom 8,29; Col 1,18; He 26,23). Su victoria es victoria para nosotros, porque es cumplimiento irrevocable de la promesa de Dios e inauguraci\u00f3n del futuro no s\u00f3lo de la humanidad, sino tambi\u00e9n del mundo y de la histeria (Col 1,15-20; Ef 1,10.20-23). En este sentido la resurrecci\u00f3n es el origen del kerygma y de la esperanza cristiana. Con ella apareci\u00f3 un nuevo factor, que abre nuestro mundo, encerrado en la muerte y en el pecado, hacia el futuro: un futuro que ya es presente.<\/p>\n<p>Pero la resurrecci\u00f3n de Cristo no es pura consumaci\u00f3n; implica la dial\u00e9ctica interna del cumplimiento y de la promesa. Es el cumplimiento de todas las promesas que Dios hizo a Israel (G\u00e1l 3,16-22; 2 Col 1,19-20; Le 24,25-27.44. 47) y es, al mismo tiempo, promesa de otro cumplimiento ulterior, porque todav\u00ed\u00ada no ha llegado en ella lo \u00faltimo, sino s\u00f3lo su comienzo; el futuro de Cristo debe venir todav\u00ed\u00ada (He 1,11; Heb 9,28; 10,23). \u00abEs el \u00e9schaton, que irrumpe trascendentalmente, el que sit\u00faa en su crisis \u00faltima a toda historia del hombre. Pero con ello el \u00e9schaton se vuelve igual de pr\u00f3ximo e igual de lejano a la eternidad trascendental, al sentido trascendental de todos los tiempos, a todos los tiempos de la historia\u00bb e. De esta forma el futuro de la historia es el futuro de Cristo, el cumplimiento en la gloria de Dios de la plena liberaci\u00f3n del hombre y del mundo.<\/p>\n<p>La continuidad entre Antiguo y Nuevo Testamento radica en el hecho de que el acontecimiento de Cristo tiene su lugar en una historia bien definida; es el cumplimiento de aquella historia y, en cuanto tal, revela su esencia y su verdad. Pero las tendencias y las implicaciones que est\u00e1n latentes en \u00e9l se prolongan en el futuro que abre. La resurrecci\u00f3n no es la consumaci\u00f3n de todas las cosas; la resurrecci\u00f3n ha puesto en movimiento un proceso hist\u00f3rico determinado escatol\u00f3gicamente, cuya meta es la destrucci\u00f3n de la muerte con la victoria de la vida y la realizaci\u00f3n de la justicia de Dios.<\/p>\n<p>La presencia din\u00e1mica del Esp\u00ed\u00adritu, que impele a los hombres y a las cosas hacia la maduraci\u00f3n final, sit\u00faa al cristiano en un estado de tendencia y de espera. Por otra parte, \u00e9l sabe que la potencia creadora de Dios se hace comprensible \u00fanicamente a la luz de la cruz, porque nace del anonadamiento total de toda expectativa mundana. Por ello la esperanza cristiana no teme lo negativo. Es una \u00abesperanza crucificada\u00bb, que se abre al don de la resurrecci\u00f3n (Rom 4,17). Su t\u00e9rmino de mediaci\u00f3n no es la posibilidad de desilusi\u00f3n, sino la desilusi\u00f3n efectiva: la cruz de Cristo. En este sentido es esperanza contra toda esperanza (Rom 8,24-25; Heb 11,1). \u00abLa cruz de Cristo es el signo de la esperanza de Dios en este mundo para todos los que en su vida se cobijan a la sombra de la cruz. La teolog\u00ed\u00ada de la esperanza es, en su punto nucleico, teolog\u00ed\u00ada de la cruz. La cruz de Cristo es la forma actualmente presente del reino de Dios en la tierra. El futuro de Dios nos contempla en Cristo crucificado. Todo lo dem\u00e1s son sue\u00f1os y fantas\u00ed\u00adas y meras ilusiones. La fe cristiana se distingue de la superstici\u00f3n, al igual que de la incredulidad, por la esperanza nacida de la cruz. La fe cristiana se distingue del optimismo y de la violencia por la libertad nacida de la cruz\u00bb<br \/>\nEn el misterio pascual aflora el sentido \u00faltimo de la esperanza cristiana: es al mismo tiempo un compromiso hist\u00f3rico y una apertura al porvenir escatol\u00f3gico como don del poder de Dios.<\/p>\n<p>III. Orientaciones<br \/>\npara una espiritualidad de la esperanza<br \/>\nEl an\u00e1lisis b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gico que nos hemos esforzado en proponer ha puesto de manifiesto el espacio que ocupa la esperanza en la historia de la salvaci\u00f3n, que es nuestra historia. La esperanza aparece claramente como una de las actitudes fundamentales del hombre b\u00ed\u00adblico y, en consecuencia, como una de las estructuras base de la espiritualidad cristiana. Se trata de captar entonces el papel espec\u00ed\u00adfico que desarrolla en relaci\u00f3n con el marco m\u00e1s amplio de las dimensiones y de los valores que constituyen el horizonte de la existencia cristiana.<\/p>\n<p>1. UNIDAD DE LA VIDA TEOLOGAL &#8211; La espiritualidad cristiana debe ser ante todo una espiritualidad teologal. El fundamento de la existencia cristiana es el don de Dios, esencialmente uno e indivisible. De ah\u00ed\u00ad la exigencia de recuperar la unidad entre fe-esperanza-caridad, para volver a encontrar el lugar que ocupa la esperanza en la vida del creyente.<\/p>\n<p>fe-esperanza: En la existencia cristiana la fe ocupa el primer puesto; pero el primado pertenece a la esperanza. Sin el conocimiento de Cristo, que se posee gracias a la fe, la esperanza se convertir\u00ed\u00ada en una utop\u00ed\u00ada suspendida en el aire. Pero, sin la esperanza, la fe decae y se vuelve tibia y muerta. Por medio de la fe el hombre encuentra el sendero de la aut\u00e9ntica vida; pero s\u00f3lo la esperanza lo mantiene en \u00e9l. Por eso la fe en Cristo hace que la esperanza se convierta en certeza; y la esperanza confiere un amplio horizonte a la fe y la lleva a la vida. La esperanza es por ello la verdadera dimensi\u00f3n de la fe; es el caminar de la fe hacia su objeto: un Dios se\u00f1or del futuro, cuyo nombre b\u00ed\u00adblico de Yahv\u00e9 ha sido interpretado por M. Buber con las siguientes palabras: \u00abYo estar\u00e9 presente como aquel que estar\u00e1 presente\u00bb. Por eso la fe y la esperanza no pueden yuxtaponerse como si la fe se refiriera a lo que ya ha acaecido, mientras que la esperanza mirar\u00ed\u00ada exclusivamente hacia el futuro. Tanto el presente como el futuro de Cristo fundamentan la fe y la esperanza en la rec\u00ed\u00adproca inmanencia de ambas. La fe recuerda la realidad de la resurrecci\u00f3n de Cristo como acontecimiento creador de futuro. La esperanza, a su vez, alimenta la tendencia hacia el futuro bas\u00e1ndose en la realidad de lo que ya ha acontecido. Memoria y esperanza \u00abson dos actitudes del esp\u00ed\u00adritu humano tendente a realizar la unidad de la propia experiencia. El hombre est\u00e1, por lo tanto, sujeto a una doble tentaci\u00f3n. La primera consiste en la posibilidad de perderse en la objetivaci\u00f3n de la acci\u00f3n concreta; de alienarse en una mediaci\u00f3n de la que se pierde precisamente la conciencia de su mediatez. Est\u00e1 llamado, por lo tanto, a reencontrarse y a recuperarse. La memoria es esta tendencia de autorreencuentro, de Wiedergerwinnung. Como tal, no se opone \u00fanicamente al olvido del pasado, sino tambi\u00e9n y sobre todo al extra\u00f1amiento, a la alienaci\u00f3n del sujeto en la red de las relaciones con la naturaleza y con sus semejantes. La segunda tentaci\u00f3n del hombre es la del autorreflejo, la incapacidad de salir de s\u00ed\u00ad mismo, la falta de fantas\u00ed\u00ada. Precisamente el sentido de la inadecuaci\u00f3n as\u00ed\u00ad concebida es lo que se expresa en la esperanza. Esta abre el momento actualmente vivido por el hombre a las posibilidades que el miedo y el terror a lo nuevo y al riesgo tienden a eliminar. La esperanza me abre a la posibilidad que me puede brindar el otro, pero tambi\u00e9n el hecho y la historia. Como tal, no es s\u00f3lo ni principalmente una tendencia orientada hacia el futuro, sino una presencia atenta a las dimensiones del presente, a su limitaci\u00f3n y a su profundidad.<\/p>\n<p>La actitud fundamental del hombre frente a la resurrecci\u00f3n de Cristo como cumplimiento y promesa no puede ser otra que la de la fe-esperanza, es decir, la del abandono valiente a su fidelidad.<\/p>\n<p>Por otra parte, la fe-esperanza en cuanto acto de confianza absoluta en Dios, que salva mediante el misterio pascual de Cristo, implica la entrega total del hombre a Dios y a los hermanos; es decir, la caridad. Confiar en Dios significa amarlo; ahora bien, el amor no se realiza, no es aut\u00e9ntico sino en las obras. La esperanza cristiana no es puramente personal, sino esencialmente comunitaria: une entre s\u00ed\u00ad a los cristianos en su com\u00fan relaci\u00f3n con Cristo (Ef 4,4-6; Col 3,12-15). Est\u00e1 llamada a asumir el significado ilimitado del amor divino, y en este sentido se convierte en el fundamento que hace posible el amor. \u00abPara el amor se necesitan siempre esperanza y certeza de futuro, pues el amor dirige su mirada a las posibilidades no captadas todav\u00ed\u00ada del otro hombre, y por ello le dona libertad y le garantiza futuro al reconocer sus posibilidades. En el reconocimiento y la otorgaci\u00f3n de aquella dignidad humana de que el hombre se hace digno en la resurrecci\u00f3n de los muertos, el amor creador encuentra el futuro total, en direcci\u00f3n al cual ama&#8217;.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n de la esperanza con el amor cristiano proyecta, por lo tanto, una luz nueva sobre la misma esperanza como exigencia intr\u00ed\u00adnseca de encarnarse en el cometido de transformar el mundo al servicio del hombre. La esperanza en el futuro de Dios, que es futuro com\u00fan, ser\u00ed\u00ada vana si no incluyera la solidaridad presente del amor realizado en la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>La polarizaci\u00f3n de la existencia cristiana en torno a las virtudes teologales consideradas en su intr\u00ed\u00adnseca unidad e interdependencia evidencia el papel de la esperanza en la espiritualidad cristiana y su indiscutible primado en la actual fase hist\u00f3rica de la salvaci\u00f3n. \u00abElla, la esperanza, es la que todo lo arrastra consigo. Porque la fe s\u00f3lo ve aquello que existe, mientras que la esperanza ve lo que existir\u00e1&#8230; El amor ama s\u00f3lo lo que existe; pero la esperanza ama lo que existir\u00e1&#8230; en el tiempo y por toda la eternidad\u00bb (Peguy).<\/p>\n<p>La esperanza cristiana se desarrolla no tanto como posesi\u00f3n segura de una Presencia, sino m\u00e1s bien como espera de algo nuevo, como reclamo prof\u00e9tico \u00abm\u00e1s all\u00e1 de\u00bb las instituciones y de la fuerza del poder. Fundada en el kair\u00f3s, es espera de tal o cual posibilidad de un desarrollo nuevo en el horizonte de la venida escatol\u00f3gica del Se\u00f1or. La esperanza es, por lo tanto, un estado permanente y constitutivo del vivir cristiano. Es la condici\u00f3n por la que el creyente, insert\u00e1ndose en el dinamismo de los acontecimientos hist\u00f3ricos, mira en profundidad las cosas y acepta el riesgo de las opciones presentes con la constante tendencia hacia el futuro.<\/p>\n<p>2. ESPERANZA CRISTIANA Y \u00abMYSTERIUM MORTIS\u00bb &#8211; La fuerza espiritual de la esperanza se revela sobre todo ante el enigma fundamental de la vida, representado por el misterio de la muerte.<\/p>\n<p>Tras la m\u00e1scara de toda pretensi\u00f3n terrena de algo absoluto est\u00e1 escrito: memento mor\u00ed\u00ad. Por eso el dilema de H\u00e9rcules es ineludible: o el absurdo, es decir, la falta de sentido en la vida de los individuos y en la historia de la humanidad, o la invocaci\u00f3n de ese absoluto sentido de la vida para cuya construcci\u00f3n nosotros solos estamos ontol\u00f3gicamente incapacitados.<\/p>\n<p>El tiempo, que es precisamente la duraci\u00f3n propia del hombre como esp\u00ed\u00adritu encarnado, revela al hombre su caducidad, la presencia oculta de la nada en su finitud creatural, su ser-para-la-muerte. Obliga al hombre a realizarse en los actos repetidos de su libertad, en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s y con el mundo, haci\u00e9ndole tocar con su mano el hecho de que en ninguna de sus libres decisiones llega a realizarse y a poseerse con plenitud. Por otra parte, la autopresencia del esp\u00ed\u00adritu humano, que unifica el presente, el pasado y el futuro, advierte al hombre que en el fondo de s\u00ed\u00ad mismo existe alguna realidad que trasciende la duraci\u00f3n sucesiva del tiempo. El hombre existe en el tiempo y por encima del tiempo. Lleva en la conciencia de si mismo la capacidad para una plenitud supratemporal que, aunque no puede conquistarla por s\u00ed\u00ad mismo, puede recibirla como un don. La existencia del hombre tiende al futuro de una vida liberada para siempre de la caducidad del tiempo y de la muerte.<\/p>\n<p>La esperanza cristiana rescata al hombre de la perdici\u00f3n, porque rescata el tiempo; lo hace entrar en la din\u00e1mica de la vida eterna, ya iniciada, y proyectarse hacia su plenitud definitiva. \u00abSi hablo ahora de la esperanza en la vida eterna, debo limitarme a la pregunta: \u00bfQu\u00e9 nos da derecho a tal esperanza? \u00bfQu\u00e9 tiene nuestra experiencia, aqu\u00ed\u00ad y ahora, que justifique tal esperanza? La respuesta es la siguiente: porque hemos experimentado la presencia del Eterno en nosotros y en nuestro mundo&#8230; Esta es la base de la esperanza de participar de la vida eterna; \u00e9sta es la justificaci\u00f3n de nuestra \u00faltima esperanza&#8230; La verdadera esperanza de la vida eterna es posible tan s\u00f3lo si participamos de ella aqu\u00ed\u00ad y ahora. El grado de certidumbre de semejante esperanza depende de la medida en que participemos ya desde ahora de lo eterno. Esta esperanza puede ser mayor o menor; pero hay una cosa cierta: que nunca es continua, sino entreverada de dudas; que est\u00e1 hecha de titubeos, de \u00e9xtasis y de desesperaci\u00f3n. Sin embargo, \u00e9sta es la \u00fanica experiencia que nos da derecho a nuestra \u00faltima esperanza\u00bb (Moltmann).<\/p>\n<p>La garant\u00ed\u00ada de que todo esto tiene sentido y, por lo tanto, el fundamento definitivo de la certeza de la esperanza, es la fe en Cristo muerto y resucitado y el don del Esp\u00ed\u00adritu. El tiempo del hombre transformado por el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo participa del tiempo de Cristo. Por una parte, es tiempo de muerte y de decisi\u00f3n frente al destino de muerte. Por otra. es tiempo que tiende hacia su plenitud supra-temporal a trav\u00e9s de la muerte. La caducidad del tiempo proviene de la condici\u00f3n de criatura propia del hombre y de la fragilidad de su libertad, sometida a la fuerza disgregadora del pecado. Su orientaci\u00f3n hacia la plenitud pertenece a la \u00abnueva creaci\u00f3n\u00bb mediante el don divino del Esp\u00ed\u00adritu. El tiempo de la humanidad redimida por Cristo es un tiempo que tiende a la participaci\u00f3n de la vida eterna de Dios, es decir, a la plenitud del futuro absoluto.<\/p>\n<p>Todo esto se puede captar en la esperanza. El tiempo y la historia mantienen todav\u00ed\u00ada su ambivalencia. S\u00f3lo la esperanza confiere al hombre la capacidad de vivir la tensi\u00f3n del tiempo presente entre el riesgo de su propia ca\u00ed\u00adda, la inseguridad en s\u00ed\u00ad mismo frente al porvenir y la confianza en la promesa del Dios que viene y que vendr\u00e1. En este sentido, la esperanza es aceptaci\u00f3n anticipada y permanente de la muerte en el abandono de nosotros mismos al Dios que resucita de entre los muertos. De esta forma la vida finita se eterniza en cuanto finita, no ya mediante su prosecuci\u00f3n sin l\u00ed\u00admite de tiempo, sino mediante su asunci\u00f3n en el misterio de Dios.<\/p>\n<p>La experiencia de la muerte es, en su tragicidad, asimilaci\u00f3n con la muerte de Cristo. La esperanza cristiana pasa a trav\u00e9s del itinerario del sufrimiento y del dolor, que pertenecen estructuralmente a la condici\u00f3n humana. Sin embargo, el hecho de esperar la superaci\u00f3n de la muerte libera al cristiano para una vida opuesta a la mera autoafirmaci\u00f3n, cuya verdad es la muerte, y lo incita a , vivir para los dem\u00e1s y a transformar el mundo. As\u00ed\u00ad queda patente la certeza del futuro de Dios: \u00abNosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos\u00bb (1 in 3,14).<\/p>\n<p>3. COMPROMISO DE LIBERACI\u00ed\u201cN HUMANA Y ESPERA DEL FUTURO DE Dios &#8211; El futuro de Dios es absolutamente imprevisible, porque es el futuro absoluto, del que no puede disponer el hombre. Por ello la esperanza pone ante todo al hombre en actitud de espera. Pero esto no significa inercia o falta de compromiso, porque el Dios que vendr\u00e1 es el Dios que ya ha venido, que ya ha redimido al mundo y la historia humana. Por eso el hombre debe aceptar el riesgo de su libertad, asumiendo la responsabilidad hist\u00f3rica que le compete en el horizonte de la dependencia trascendental de Dios. La esperanza es aceptaci\u00f3n de este riesgo, sabiendo que las obras realizadas en el mundo no se perder\u00e1n en la caducidad de la muerte, sino que pasar\u00e1n con el hombre a la nueva vida. Con su acci\u00f3n, el cristiano se dispone y dispone al mundo a recibir la gracia de la salvaci\u00f3n futura. Prepara y anticipa la definitiva manifestaci\u00f3n de la gloria de Dios en Cristo.<\/p>\n<p>El futuro de la esperanza cristiana no es el horizonte vac\u00ed\u00ado de un esperar indefinido, sino la plenitud real del hombre en todas las dimensiones fundamentales de su existencia: en su apertura al absoluto, que ser\u00e1 colmada con la visi\u00f3n de Dios; en la comuni\u00f3n interpersonal, que ser\u00e1 consumada y expresada con la participaci\u00f3n de todos en la gloria de Cristo; en la relaci\u00f3n con el mundo y con la historia, que no ser\u00e1 destruida, sino asumida en la nueva existencia de la humanidad.<\/p>\n<p>Sin duda, mirando al futuro absoluto, la esperanza relativiza en la perspectiva de lo provisional todas las metas alcanzadas por el hombre en la historia, revel\u00e1ndole su dimensi\u00f3n de pen\u00faltimo. No puede declararse satisfecha por ninguna de estas metas, sino que siempre va adelante, buscando lo nuevo y lo mejor en un estado constante de \u00e9xodo hacia el cumplimiento futuro de la promesa. Por ello asume una actitud critica de vigilancia frente a la ambivalencia del progreso, pero al mismo tiempo acepta con confianza las esperanzas humanas, orient\u00e1ndolas hacia lo nuevo y lo \u00faltimo.<\/p>\n<p>La vocaci\u00f3n cristiana es vocaci\u00f3n a un amor creativo, que debe ser vivido concretamente en el seno de la realidad hist\u00f3rico-social tal como se presenta. La esperanza estimula al hombre a darse, al mismo tiempo que le permite aceptar siempre nuevas posibilidades del futuro que espera. Pero sobre todo alimenta en el hombre el sentido de la contemplaci\u00f3n y de la gratitud por todo lo que ha recibido. \u00abLa conciencia orante est\u00e1 a la espera y sabe que lo que espera no puede venir de s\u00ed\u00ad misma, sino que debe venirle de Dios. Por lo tanto, no se caracteriza \u00fanicamente por esperar, sino tambi\u00e9n, en la espera, por el reconocimiento del don, que es Dios mismo y cuanto viene de Dios\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>La misma praxis a la que la esperanza abre al ser humano debe asumir la dimensi\u00f3n de la oraci\u00f3n. \u00abPodemos acercarnos a Dios \u00fanicamente cuando, m\u00e1s all\u00e1 de todos nuestros problemas, queda en nosotros espacio libre para lo que su voluntad tiene de inesperado; cuando todos los programas, las previsiones y los c\u00e1lculos se ponen en movimiento y son mantenidos en suspenso por lo que siempre hay de m\u00e1s grande en su llamada dirigida a nosotros. Tan s\u00f3lo con esta disponibilidad de absoluta resoluci\u00f3n a obedecer ante todo, el cristiano puede reivindicar para s\u00ed\u00ad la palabra `amor&#8217;; para su vida y para su acci\u00f3n. De lo contrario, su actitud y su compromiso no superar\u00e1n el nivel de un compromiso humano medio que, si nos atenemos a la experiencia, frecuentemente rinde mucho m\u00e1s y est\u00e1 dispuesto a mayores sacrificios que el de algunos cristianos\u00bb&#8216;<br \/>\nVivir bajo la soberan\u00ed\u00ada de Dios manifestada en la resurrecci\u00f3n de Cristo significa vivir como emigrantes a punto de partir. Por esto Cristo inaugura la hora de la misi\u00f3n. La esperanza se convierte en una actitud activa, alimentada por el valor y la fortaleza de \u00e1nimo, que fomenta la resistencia en el sufrimiento y la tensi\u00f3n en la lucha. De esta forma el cristiano est\u00e1 llamado a vivir su compromiso en el mundo no para que siga siendo lo que es, sino para que se transforme continuamente y llegue a ser lo que se le ha prometido que ser\u00e1.<\/p>\n<p>BIBL.-AA. VV., El futuro de la esperanza, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1973.-Alfaro, J, Esperanza cristiana y liberaci\u00f3n del hombre, Herder. Barcelona 1972.-Boros, L, Vivir de esperanza. Expectaci\u00f3n del tiempo futuro en la ideolog\u00ed\u00ada cristiana, Verbo Divino, Estalla 1971.-Bro, B. Contra toda esperanza, Narcea, Madrid 1977.-Brunner, E, La esperanza del hombre, Descl\u00e9e, Bilbao 1973.-Delhaye, Ph, Esperanza y vida cristiana, Rialp, Madrid 1978.-Flecha Andr\u00e9s, J. R, Esperanza y moral en el Nuevo Testamento, Le\u00f3n 1975.-Fragoso, A. B, El evangelio de la esperanza, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1973.-Freitas, M. C. de, Dial\u00e9ctica y dinamismo de la esperanza cristiana, Ediciones del Orante, Salamanca 1969.-Ganne. P, Esta esperanza que hay en nosotros, Marova, Madrid 1973.-H\u00e1ring. B, Rebosad de esperanza, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1973.-La\u00ed\u00adn Entralgo. P, Antropolog\u00ed\u00ada de la esperanza, Guadarrama, Madrid 1978.-La\u00ed\u00adn Entralgo, P, La espera y la esperanza. Historia y teor\u00ed\u00ada del esperar humano, Rev. de Occidente. Madrid 1958.-Marsch, W. D, Discusi\u00f3n sobre teolog\u00ed\u00ada de la esperanza, S\u00ed\u00adgueme, Sala-manca 1972.-Moltmann, J. Teolog\u00ed\u00ada de la esperanza, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1977.-Moltmann, J, El experimento esperanza, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1977.-P\u00e9rez Pi\u00f1ero, R, Es posible vivir la esperanza, Narcea, Madrid 1979.-Pironio, E, Alegres en la esperanza, Paulinas, Madrid 1979.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n<p>Estado del \u00e1nimo en el que se nos presenta como posible aquello que deseamos. Quien tiene esperanza conf\u00ed\u00ada en conseguir lo que desea, cree que ha de suceder lo que espera. La esperanza se puede cifrar en una persona o en una cosa. El verbo ra\u00ed\u00adz hebreo qa\u00c2\u00b7w\u00e1h, del que proceden varios t\u00e9rminos que se traducen \u2020\u0153esperanza\u2020\u009d, tiene el significado primordial de \u2020\u0153esperar\u2020\u009d con anhelo. (G\u00e9 49:18.) El sentido del t\u00e9rmino griego el\u00c2\u00b7p\u00ed\u00ads (esperanza) en las Escrituras Griegas Cristianas es \u2020\u0153expectativa de bien\u2020\u009d.<\/p>\n<p>Sin Dios no hay ninguna esperanza verdadera. La verdadera esperanza de la que habla la Biblia es superior al simple deseo, el cual quiz\u00e1s carezca de fundamento o perspectiva de cumplimiento. La Biblia muestra que las personas del mundo en general no tienen una esperanza real, bien fundada; la humanidad se encamina hacia la muerte, y si no hay una soluci\u00f3n procedente de una fuente superior, el futuro no ofrece ninguna esperanza. Salom\u00f3n expres\u00f3 la futilidad de la situaci\u00f3n del hombre sin la intervenci\u00f3n de Dios: \u2020\u0153\u00c2\u00a1La mayor de las vanidades! [&#8230;], todo es vanidad\u2020\u009d. (Ec 12:8; 9:2, 3.)<br \/>\nEl fiel patriarca Job dijo que incluso hay esperanza de que un \u00e1rbol reto\u00f1e de nuevo, pero cuando el hombre muere, se va para siempre. No obstante, luego explic\u00f3 que hablaba del hombre por s\u00ed\u00ad solo, sin la ayuda de Dios, pues \u00e9l mismo expresa el deseo y la esperanza de que Dios le recuerde. (Job 14:7-15.) De igual manera, el ap\u00f3stol Pablo da a saber a los cristianos que, teniendo la esperanza de la resurrecci\u00f3n, no deber\u00ed\u00adan \u2020\u0153[apesadumbrarse] como lo hacen tambi\u00e9n los dem\u00e1s que no tienen esperanza\u2020\u009d. (1Te 4:13.) De nuevo, Pablo recuerda a los cristianos gentiles que antes de tener conocimiento de la esperanza que Dios ha dado mediante Cristo, estaban alejados de la naci\u00f3n con la que Dios hab\u00ed\u00ada tratado en el pasado, y que en aquel entonces, como gentiles, \u2020\u0153no ten\u00ed\u00adan esperanza, y estaban sin Dios en el mundo\u2020\u009d. (Ef 2:12.)<br \/>\nLas expresiones que son comunes entre los que no tienen esperanza en Dios y en su promesa de una resurrecci\u00f3n de los muertos son similares a las palabras de los habitantes desobedientes de Jerusal\u00e9n, dieron rienda suelta a sus deseos sensuales, en lugar de mostrar arrepentimiento, cuando se encararon a la amenaza de la destrucci\u00f3n de su ciudad. Dijeron: \u2020\u0153Que se coma y se beba, porque ma\u00f1ana moriremos\u2020\u009d. (Isa 22:13.) El ap\u00f3stol dice que no debemos contagiarnos de la actitud de aquellos que no tienen esperanza. (1Co 15:32, 33.)<\/p>\n<p>Esperanzas incorrectas. Pablo no negaba que las personas del mundo tuviesen algunas expectativas bien fundadas, e incluso, en algunas ocasiones, hasta encomiables. M\u00e1s bien, mostr\u00f3 que sin Dios las esperanzas de una persona no conducen a nada. En realidad, a la larga son f\u00fatiles.<br \/>\nAparte de las esperanzas de menor importancia, que son normales y comunes a todos los humanos, est\u00e1n las esperanzas que son malas en s\u00ed\u00ad mismas, como las que se abrigan con un fin inicuo. En algunas ocasiones puede dar la impresi\u00f3n de que se realizan, pero esta impresi\u00f3n en realidad es solo temporal, pues un proverbio dice: \u2020\u0153La expectaci\u00f3n de los justos es un regocijo pero la esperanza misma de los inicuos perecer\u00e1\u2020\u009d. (Pr 10:28.) Adem\u00e1s, \u2020\u0153cuando muere un hombre inicuo, perece su esperanza; y hasta la expectaci\u00f3n basada en poder\u00ed\u00ado ha perecido\u2020\u009d. (Pr 11:7.) Por consiguiente, las esperanzas ego\u00ed\u00adstas y las que est\u00e1n basadas en el fundamento falso del materialismo, mentiras, falta de honradez o en el poder o las promesas de los hombres, est\u00e1n condenadas al fracaso.<\/p>\n<p>La fuente de la esperanza. Jehov\u00e1 Dios es la fuente de la esperanza verdadera y Aquel capaz de cumplir con sus promesas y las esperanzas de los que conf\u00ed\u00adan en El. Por medio de su bondad inmerecida le ha dado a la humanidad \u2020\u0153consuelo [&#8230;] y buena esperanza\u2020\u009d. (2Te 2:16.) En cualquier tiempo ha sido la esperanza del hombre justo. Se le llam\u00f3 \u2020\u0153la esperanza de Israel\u2020\u009d y \u2020\u0153la esperanza de [los] antepasados [de Israel]\u2020\u009d. (Jer 14:8; 17:13; 50:7.) Son muchas las expresiones de esperanza, confianza y seguridad en El que se hallan en las Escrituras Hebreas. Debido a Su bondad amorosa, Dios le dijo a su pueblo cuando este se dirig\u00ed\u00ada al exilio por su desobediencia: \u2020\u0153Yo mismo bien conozco los pensamientos que estoy pensando para con ustedes, [&#8230;] pensamientos de paz, y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza\u2020\u009d. (Jer 29:11.) La promesa de Jehov\u00e1 mantuvo viva la fe y la esperanza de los israelitas fieles durante el exilio en Babilonia. Asimismo, aquella esperanza fortaleci\u00f3 en gran manera a hombres como Ezequiel y Daniel, pues Jehov\u00e1 hab\u00ed\u00ada dicho: \u2020\u0153Existe una esperanza para tu futuro [&#8230;], y los hijos ciertamente volver\u00e1n a su propio territorio\u2020\u009d. (Jer 31:17.) Aquella esperanza se realiz\u00f3 cuando el resto jud\u00ed\u00ado fiel regres\u00f3 en 537 a. E.C. para reedificar Jerusal\u00e9n y su templo. (Esd 1:1-6.)<\/p>\n<p>Es propio albergar la esperanza de una recompensa. El hecho de que el siervo de Dios espere recibir una recompensa no quiere decir que sea ego\u00ed\u00adsta. Para tener un verdadero conocimiento y entendimiento de Dios, la persona debe saber que la bondad amorosa y la generosidad son cualidades sobresalientes en El; debe creer, no solo que Dios existe, sino tambi\u00e9n \u2020\u0153que llega a ser remunerador de los que le buscan sol\u00ed\u00adcitamente\u2020\u009d. (Heb 11:6.) La esperanza hace que el ministro cristiano conserve el equilibrio y se mantenga en el servicio a Dios, sabiendo que El satisfar\u00e1 sus necesidades diarias. El ap\u00f3stol Pablo se basa en los principios de la Ley para destacar este hecho. Cita de Deuteronomio 25:4: \u2020\u0153No debes poner bozal al toro cuando trilla el grano\u2020\u009d, y luego a\u00f1ade: \u2020\u0153Realmente, por nuestra causa fue escrito, porque el hombre que ara debe arar con esperanza, y el hombre que trilla debe hacerlo con esperanza de ser part\u00ed\u00adcipe\u2020\u009d. (1Co 9:9, 10.)<\/p>\n<p>Esencial para la fe. La esperanza tambi\u00e9n es esencial para la fe, es su fundamento y base. (Heb 11:1.) A su vez, la fe hace irradiar m\u00e1s la esperanza y la fortalece. El ap\u00f3stol Pablo se remite al sobresaliente ejemplo de Abrah\u00e1n para fortalecer a los cristianos. Cuando, desde un punto de vista humano, Abrah\u00e1n y su esposa Sara ya no pod\u00ed\u00adan abrigar la esperanza de tener hijos, se dice: \u2020\u0153Aunque m\u00e1s all\u00e1 de toda esperanza, basado todav\u00ed\u00ada en esperanza tuvo fe, para llegar a ser padre de muchas naciones conforme a lo que se hab\u00ed\u00ada dicho: \u2020\u02dcAs\u00ed\u00ad ser\u00e1 tu descendencia\u2020\u2122\u2020\u009d. Aunque Abrah\u00e1n sab\u00ed\u00ada que tanto su cuerpo como el de Sara estaban \u2020\u0153amortiguados\u2020\u009d para la reproducci\u00f3n, su fe no se debilit\u00f3. \u00bfPor qu\u00e9? \u2020\u0153A causa de la promesa de Dios, no titube\u00f3 con falta de fe, sino que se hizo poderoso por su fe.\u2020\u009d (Ro 4:18-20.)<br \/>\nEl ap\u00f3stol luego aplica el ejemplo de fe y esperanza de Abrah\u00e1n a los cristianos, y concluye: \u2020\u0153Alboroc\u00e9monos, basados en la esperanza de la gloria de Dios [&#8230;] y la esperanza no conduce a desilusi\u00f3n; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones mediante el esp\u00ed\u00adritu santo, que nos fue dado\u2020\u009d. (Ro 5:2, 5.)<\/p>\n<p>La esperanza cristiana. Tanto la esperanza del cristiano como la de la humanidad residen en Jesucristo. Ning\u00fan humano pudo acceder a la vida eterna en el cielo o sobre la Tierra hasta que Cristo Jes\u00fas \u2020\u0153[arroj\u00f3] luz sobre la vida y la incorrupci\u00f3n mediante las buenas nuevas\u2020\u009d. (2Ti 1:10.) A los hermanos de Cristo engendrados por esp\u00ed\u00adritu se les dice que tienen la esperanza celestial debido a la gran misericordia de Dios, quien les dio \u2020\u0153un nuevo nacimiento a una esperanza viva mediante la resurrecci\u00f3n de Jesucristo de entre los muertos\u2020\u009d. (1Pe 1:3, 4; Col 1:5, 27; Tit 1:1, 2; 3:6, 7.) Esta feliz esperanza se realizar\u00e1 \u2020\u0153en la revelaci\u00f3n de Jesucristo\u2020\u009d. (1Pe 1:13, 21; Tit 2:13.) Por lo tanto, el ap\u00f3stol Pablo llama a Cristo Jes\u00fas \u2020\u0153nuestra esperanza\u2020\u009d. (1Ti 1:1.)<br \/>\nEsta esperanza de vida eterna e incorrupci\u00f3n para aquellos que son \u2020\u0153participantes del llamamiento celestial\u2020\u009d (Heb 3:1) est\u00e1 bien fundada y se puede tener plena confianza en ella. Se apoya en dos cosas en las que es imposible que Dios mienta: su promesa y su juramento. Adem\u00e1s, se cifra en Cristo, que ahora es inmortal en los cielos. Por consiguiente, se dice que esta esperanza es \u2020\u0153ancla del alma, tanto segura como firme, y entra cortina adentro [como entraba el sumo sacerdote en el Sant\u00ed\u00adsimo en el D\u00ed\u00ada de Expiaci\u00f3n], donde un precursor ha entrado a favor nuestro, Jes\u00fas, que ha llegado a ser sumo sacerdote a la manera de Melquisedec para siempre\u2020\u009d. (Heb 6:17-20.)<\/p>\n<p>Se debe cultivar y mantener. En la Biblia se recalca sin cesar la necesidad que tienen los cristianos de aferrarse a la \u2020\u0153sola esperanza\u2020\u009d. (Ef 4:4.) Para ello se requiere atenci\u00f3n continua, ejercer franqueza de expresi\u00f3n y \u2020\u02dcjactarse\u2020\u2122 en la esperanza misma. (Heb 3:6; 6:11.) La esperanza se cultiva aguantando tribulaciones, y este aguante conduce a una condici\u00f3n aprobada ante Dios, de quien viene la esperanza. (Ro 5:2-5.) Junto con la fe y el amor, es una de las tres cualidades que caracterizan a la congregaci\u00f3n cristiana desde la desaparici\u00f3n de los dones milagrosos del esp\u00ed\u00adritu que tuvo la congregaci\u00f3n del primer siglo. (1Co 13:13.)<\/p>\n<p>Cualidades y beneficios. La esperanza es indispensable para el cristiano. Acompa\u00f1a al gozo, a la paz y al poder del esp\u00ed\u00adritu santo. (Ro 15:13.) Promueve franqueza de expresi\u00f3n al acercarse a Dios para recibir su bondad inmerecida y misericordia. (2Co 3:12.) Permite que el cristiano aguante con regocijo, sin importar cu\u00e1les sean las circunstancias. (Ro 12:12; 1Te 1:3.) Igual que un yelmo proteg\u00ed\u00ada la cabeza de un guerrero, la esperanza de la salvaci\u00f3n protege las facultades mentales del cristiano y le permite mantener integridad. (1Te 5:8.) La esperanza fortalece, pues aunque el cristiano ungido que todav\u00ed\u00ada est\u00e1 en la Tierra no posee la recompensa de la vida celestial, su deseo y expectaci\u00f3n es tan fuerte, que contin\u00faa aguardando con paciencia y aguante aquello que espera a pesar de pruebas y dificultades severas. (Ro 8:24, 25.)<br \/>\nLa esperanza le ayuda al cristiano a mantener un modo de vivir limpio, pues sabe que Dios y Cristo, en quienes descansa la esperanza, son puros, y que no puede esperar ser como Dios y recibir la recompensa si practica la inmundicia o la injusticia. (1Jn 3:2, 3.) La esperanza guarda estrecha relaci\u00f3n con la m\u00e1s grande de las cualidades: el amor, pues aquel que de verdad ama a Dios tambi\u00e9n tendr\u00e1 esperanza en todas sus promesas. Por otra parte, esperar\u00e1 lo mejor para sus hermanos en la fe, am\u00e1ndoles y confiando en su sinceridad de coraz\u00f3n en Cristo. (1Co 13:4, 7; 1Te 2:19.)<\/p>\n<p>Superior a la esperanza bajo la Ley. Antes de darse la Ley a Israel, los antepasados fieles de la naci\u00f3n ten\u00ed\u00adan esperanza en Dios. (Hch 26:6, 7; G\u00e9 22:18; Miq 7:20; 2Ti 1:3.) Esperaban la provisi\u00f3n de Dios para vida. Al principio parec\u00ed\u00ada que la Ley iba a ser el cumplimiento de su esperanza, pero, m\u00e1s bien, mostr\u00f3 que todos los hombres eran pecadores ante Dios y como puso de manifiesto sus transgresiones, conden\u00f3 a muerte a todos los que estaban bajo ella. (G\u00e1l 3:19; Ro 7:7-11.) La Ley en s\u00ed\u00ad era santa, no ten\u00ed\u00ada nada malo; sin embargo, por su mism\u00ed\u00adsima santidad y justicia puso al descubierto las imperfecciones de aquellos que trataban de guardarla. (Ro 7:12.) Como se hab\u00ed\u00ada predicho por medio de los profetas, era preciso que Dios trajera una \u2020\u0153esperanza mejor\u2020\u009d por medio de Jesucristo, poniendo a un lado la Ley y permitiendo que aquellos que pusieran fe en Cristo se acercasen a El. (Heb 7:18, 19; 11:40; comp\u00e1rese con Jer 31:31-34.)<\/p>\n<p>Esperanza para toda la humanidad. La bondad inmerecida de Dios vuelve a destacarse en el hecho de que la maravillosa esperanza puesta ante los hermanos espirituales de Jesucristo, ser coherederos con \u00e9l en el llamamiento celestial (Heb 3:1), guarda estrecha relaci\u00f3n con otra esperanza para toda la humanidad que desea servir a Dios. El ap\u00f3stol Pablo se refiere a la esperanza de aquellos que tienen la expectativa de llegar a ser \u2020\u0153hijos de Dios\u2020\u009d celestiales y coherederos con Cristo, y despu\u00e9s explica: \u2020\u0153Porque la expectaci\u00f3n anhelante de la creaci\u00f3n aguarda la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios. Porque la creaci\u00f3n fue sujetada a futilidad, no de su propia voluntad, sino por aquel que la sujet\u00f3, sobre la base de la esperanza de que la creaci\u00f3n misma tambi\u00e9n ser\u00e1 libertada de la esclavitud a la corrupci\u00f3n y tendr\u00e1 la gloriosa libertad de los hijos de Dios\u2020\u009d. (Ro 8:14, 17, 19-21.)<br \/>\nSeg\u00fan las palabras de Pablo en Romanos 8:20, 21, Jehov\u00e1 Dios no destruy\u00f3 al primer hombre Ad\u00e1n cuando pec\u00f3, sino que permiti\u00f3 que procrease una prole sujeta a futilidad, una futilidad no debida a haber pecado deliberadamente, sino a su imperfecci\u00f3n inherente. Sin embargo, no los dej\u00f3 sin esperanza, ya que con bondad alent\u00f3 sus expectativas por medio de la \u2020\u0153descendencia\u2020\u009d prometida (G\u00e9 3:15; 22:18), Jesucristo. (G\u00e1l 3:16.) La predicaci\u00f3n de Juan el Bautista suscit\u00f3 la expectativa de la naci\u00f3n de Israel debido a que se hab\u00ed\u00ada profetizado la primera venida del Mes\u00ed\u00adas. (Lu 3:15; Da 9:24-27.) Jes\u00fas satisfizo aquella esperanza con su ministerio, muerte y resurrecci\u00f3n. No obstante, la gran esperanza para la humanidad en general, tanto para los vivos como para los muertos, se cifra en el Reino de Cristo, cuando \u00e9l y sus coherederos sirvan de reyes y sacerdotes celestiales. Entonces, los humanos que ejerzan fe realmente ser\u00e1n liberados de la corrupci\u00f3n a la imperfecci\u00f3n y al pecado, y llegar\u00e1n a ser \u2020\u0153hijos de Dios\u2020\u009d en el pleno sentido del t\u00e9rmino. Su esperanza se ve fortalecida por el hecho de que Dios resucit\u00f3 a su Hijo hace m\u00e1s de mil novecientos a\u00f1os. (Hch 17:31; 23:6; 24:15.)<br \/>\nJehov\u00e1 Dios ha dado en su Palabra, la Biblia, tanto ense\u00f1anza como ejemplos para que toda persona pueda tener esperanza. (Ro 15:4; 1Co 10:11; 2Ti 3:16, 17.) Aquellos que tienen esta esperanza han de d\u00e1rsela a conocer a otros, y de esa forma se salvar\u00e1n a s\u00ed\u00ad mismos y a los que los escuchen. (1Pe 3:15; 1Ti 4:16.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>I. La doctrina tradicional<br \/>\n1. Exposici\u00f3n<br \/>\nAcerca de la e. se trat\u00f3 en la teolog\u00ed\u00ada, concretamente en la dogm\u00e1tica y en la teolog\u00ed\u00ada moral, dentro del marco de la doctrina sobre las virtudes teologales. Fue sobre todo Tom\u00e1s de Aquino el que elabor\u00f3 la teolog\u00ed\u00ada de la esperanza (De spe, S. th. II-II, q. 17-22). La e. se dirige a un bien futuro, que es dif\u00ed\u00adcil pero no imposible de alcanzar. Constituye un impulso de la voluntad, que se hace posible por la ->gracia, en virtud del cual el hombre confiando en la omnipotencia de Dios espera de \u00e9l la vida eterna y los medios para alcanzarla. La e. es la -> virtud del hombre in statu viatoris. Sigue a la ->fe, de la que recibe su meta; est\u00e1 relacionada con el amor de concupiscencia y precede a la caridad perfecta. El hombre s\u00f3lo puede esperar para s\u00ed\u00ad y para aquellos que \u00e9l ama. Esta e. tiene en la muerte su m\u00e1xima amenaza y confirmaci\u00f3n. Los pecados contra la e. son la ->desesperaci\u00f3n o anticipaci\u00f3n del fracaso y la presunci\u00f3n o anticipaci\u00f3n del \u00e9xito. Bajo ambas formas el hombre trata de evadirse de su existencia como peregrino y de no aceptarse a partir de Dios.<\/p>\n<p>2. Objeciones<br \/>\nEl mensaje y la redenci\u00f3n de Jesucristo, su resurrecci\u00f3n y su constituci\u00f3n como Kyrios casi no aparecen en la fundamentaci\u00f3n de la e. y en la determinaci\u00f3n de su fin. La mayor parte de las escatolog\u00ed\u00adas dogm\u00e1ticas guardan silencio sobre la e., cosa que resulta sorprendente. No se tiene suficientemente en cuenta la correspondencia entre las universales promesas b\u00ed\u00adblicas y la e. cristiana, y en consecuencia \u00e9sta adquiere un matiz privado. En la teolog\u00ed\u00ada moral las tres virtudes teologales son tratadas como un tema junto a otros de la moral especial. De esa manera no se llega a descubrir la importancia fundamental de la e. cristiana, que lo penetra todo. Desde la reforma, a causa de la pol\u00e9mica contra la fe fiducial de Lutero, ha quedado oculta la conexi\u00f3n \u00ed\u00adntima entre fe y esperanza. Apenas se ha estudiado la relaci\u00f3n de las esperanzas intramundanas con la e. cristiana, o bien esa relaci\u00f3n ha sido enjuiciada de manera meramente negativa. Por esta raz\u00f3n la predicaci\u00f3n sobre la e. f\u00e1cilmente pas\u00f3 a ser un mero consuelo con un m\u00e1s all\u00e1 mejor, una huida del valle de l\u00e1grimas y de las tareas terrestres. Con esto se provoc\u00f3 el reproche de Karl Marx, que considera la religi\u00f3n como opio del pueblo.<\/p>\n<p>II. Teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica<br \/>\n1. La estructura de la e. est\u00e1 determinada en el Antiguo Testamento a base de un amplio campo significativo y terminol\u00f3gico: batah (confiar, sentirse seguro), garah (estar en tensi\u00f3n, perseverar), yahal (aguardar, esperar), hasah (buscar amparo, refugiarse), hakah (esperar con af\u00e1n), sobar (confiar, creer, esperar), y tambi\u00e9n &#8216;aman (estar firme y consolado, creer, confiar, esperar). Israel espera de Yahveh bendici\u00f3n, misericordia, auxilio, un juicio justo, perd\u00f3n, salvaci\u00f3n. La esperanza falsa, vac\u00ed\u00ada, se basa en \u00ed\u00addolos hechos por manos propias, en hombres, en la riqueza, en el poder, en la pr\u00e1ctica religiosa. M\u00e1s importante que recorrer los numerosos pasajes que justifican esta afirmaci\u00f3n es dirigir la mirada a la estructura de la relaci\u00f3n con Dios en el Antiguo Testamento. La fe de Israel se funda en experiencias hist\u00f3ricas, que este pueblo entendi\u00f3 como proezas de Yahveh. La esperanza de Israel se dirige al futuro hist\u00f3rico en medio de un horizonte que se ampl\u00ed\u00ada constantemente. La fidelidad de Yahveh es el v\u00ed\u00adnculo que une el pasado y el futuro. Israel recuerda en el culto sus proezas, a fin de roborar as\u00ed\u00ad la petici\u00f3n de auxilio y fortalecerse a s\u00ed\u00ad mismo en la confianza. La gratitud por la poderosa acci\u00f3n de Yahveh se convierte en confesi\u00f3n de la e. El mismo Yahveh es la e. de su pueblo (Jer 17, 7; Sal 60, 4; 70, 5). El modo como el Dios protector de los padres se representa a s\u00ed\u00ad mismo: \u00abYo ser\u00e9 entre vosotros, como aquel que ser\u00e9 entre vosotros\u00bb (Ex 3, 14), apunta al futuro como lugar de su conocimiento por parte de los hombres. El que quiere creer en este Dios, por su encargo es enviado a la acci\u00f3n creadora en la historia con e. en su asistencia prometida. Esa fe capacita para el riesgo de la historia con este Dios en la fuerza de la e. El portador de la promesa no es primariamente el individuo, sino la -> alianza, el pueblo, y seg\u00fan el mensaje prof\u00e9tico el resto, o bien cada individuo fiel a partir del mensaje apocal\u00ed\u00adptico. A la vez se hace universal el horizonte de la promesa; todo cumplimiento de una promesa, e incluso el hecho de no cumplirse, abre una nueva y mayor promesa, hasta quedar afectados el cosmos entero y todos los pueblos. La e. es el puente que une el Antiguo y el Nuevo Testamento, pues no fija por s\u00ed\u00ad misma el modo de la aparici\u00f3n divina, sino que est\u00e1 abierta para las nuevas y sorprendentes manifestaciones de su amor.<\/p>\n<p>2. El contenido de la e. est\u00e1 significado en el Nuevo Testamento con los t\u00e9rminos \u00e9lpidsein (esperar), hipomenein (permanecer, perseverar, practicar la paciencia) y gregorein (estar vigilante, tener abiertos los ojos). En Juan y de alg\u00fan modo tambi\u00e9n en los sin\u00f3pticos, la e. coincide con la fe, as\u00ed\u00ad como en 1 Pe la fe coincide con la e. y en Ap la e. es lo mismo que la paciencia. La figura de la e. se transforma en los escritos neotestamentarios de acuerdo con los modelos que all\u00ed\u00ad se usan para representar la escatolog\u00ed\u00ada. Tambi\u00e9n en orden a entender la e., esclarece m\u00e1s una mirada a la estructura de la relaci\u00f3n a Dios en el Nuevo Testamento que la enumeraci\u00f3n de todos los pasajes. El reino de Dios que irrumpe en Jesucristo, en su vida, en su muerte y resurrecci\u00f3n es la experiencia fundamental de la fe para el hombre del NT. Pero el hombre no posee el reino de Dios o dispone de \u00e9l, sino que lo tiene solamente como herencia por Jesucristo, que la da a manera de anticipo a trav\u00e9s del &#8211;>Esp\u00ed\u00adritu Santo. Cristo ha roto el poder\u00ed\u00ado de la muerte, del pecado, de los elementos del mundo, de sus potencias, del temor. La nueva -> libertad, hacia la que \u00e9l libera, es la libertad para la nueva vida en la e. de la gloria. A pesar y a causa del amor de Dios que el creyente ha experimentado ya, a pesar y a causa de la vida y del Esp\u00ed\u00adritu de Dios que se le han comunicado, \u00e9l vive solamente en la e. El contacto salv\u00ed\u00adfico es tan estrecho para el creyente, que \u00e9l siente ardientemente la contradicci\u00f3n con el presente que a\u00fan perdura y, por eso, \u00e9l concreta la e. en la expectaci\u00f3n de una pr\u00f3xima parus\u00ed\u00ada o quiere saltar por encima del presente con un entusiasmo exaltado. Partiendo de esta situaci\u00f3n se explican los diferentes modelos con que se representa la escatolog\u00ed\u00ada, de los cuales ninguno puede recibir un car\u00e1cter absoluto. A trav\u00e9s de la e. debe mantenerse viva la tensi\u00f3n entre el presente experimentado y la salvaci\u00f3n cre\u00ed\u00adda, entre la justificaci\u00f3n y la santificaci\u00f3n. La interpretaci\u00f3n habitual de esta tensi\u00f3n con ayuda de las ideas \u00abya\u00bb y \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb, implica el peligro de una divisi\u00f3n de la salvaci\u00f3n en el sentido de un partim-partim. La ->justificaci\u00f3n del pecador es un don definitivo de Dios, don que despierta las fuerzas del hombre y lo env\u00ed\u00ada hacia el camino de la consumaci\u00f3n. En este sentido la justificaci\u00f3n misma es promesa de la consumaci\u00f3n. En la comunidad con Cristo el creyente participa de la antigua experiencia de que todo cumplimiento es una promesa nueva y mayor: \u00abCristo en vosotros -la esperanza de la gloria\u00bb (Col 1, 27). Por esto la e. se identifica con la relaci\u00f3n a Dios descrita en el NT; los paganos se caracterizan por el hecho de que no tienen e. (cf. 1 Tes 4, 13; Ef 2, 12). La fe es la seguridad y la convicci\u00f3n de un futuro esperado, pero todav\u00ed\u00ada no visto (cf. Rom 8, 24s; Heb 11, 1), que se representa mediante im\u00e1genes de una salvaci\u00f3n social: -> paz, &#8211;> justicia, perd\u00f3n (->redenci\u00f3n), superaci\u00f3n del dolor y de la muerte, &#8211;> resurrecci\u00f3n de la carne, banquete nupcial, Jerusal\u00e9n celeste, nuevo cielo, nueva tierra. A causa de esta universalidad de la promesa se exige al creyente que d\u00e9 raz\u00f3n del fundamento de su esperanza ante todo el mundo (cf. 1 Pe 3, 15). Portadora de esta promesa y de esta \u00abraz\u00f3n\u00bb es la comunidad, la nueva alianza, la Iglesia en su estructura intersubjetiva. Al final la e. no desemboca simplemente en la posesi\u00f3n, pues, ella pertenece a la forma de relaci\u00f3n con Dios en la existencia escatol\u00f3gica (cf. 1 Cor 13, 13), como apertura al Dios cada vez mayor y al libre don de su cercan\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>III. Progreso y esperanza en la conciencia actual<br \/>\nSi por desconfianza hacia el futuro intramundano los cristianos buscan a Dios en su e., ellos no pueden sorprenderse de que otros organicen el futuro intramundano sin Dios. Actualmente encontramos un amplio &#8211;>ate\u00ed\u00adsmo por causa del hombre y de su futuro. Esto ha conducido al \u00abgran cisma\u00bb del mundo moderno, al cisma \u00abentre religi\u00f3n y revoluci\u00f3n, entre Iglesia e ilustraci\u00f3n, entre fe en Dios y aspiraci\u00f3n a un futuro, entre certeza de la salvaci\u00f3n y responsabilidad por el mundo\u00bb (J. Moltmann). Ya Karl Marx se crey\u00f3 obligado a criticar la religi\u00f3n para liberar al hombre de su alienaci\u00f3n, de la esclavitud y de la opresi\u00f3n. En la actualidad su m\u00f3vil sigue obrando en el &#8211;>humanismo marxista. Ernst Bloch considera el \u00abprincipio esperanza\u00bb como el propulsor de toda iniciativa humana. Su inter\u00e9s se centra en la creaci\u00f3n de lo nuevo, de lo que nunca ha existido, de lo que antes era objeto solamente de los sue\u00f1os humanos (contenidos tambi\u00e9n en las religiones). A su juicio, no el pasado sino el futuro decide primariamente el presente, en el que se abren los g\u00e9rmenes y las tendencias hacia el porvenir. El hombre ha de entregarse al movimiento del presente y desarrollarlo. Sin embargo, podemos preguntar a Bloch si su teor\u00ed\u00ada es capaz de hacer comprender lo realmente nuevo del futuro, si en su visi\u00f3n el futuro no es un mero desarrollo de lo que ya est\u00e1 puesto germinalmente, de si \u00e9l no explica la e. solamente con relaci\u00f3n a la humanidad, pero no con relaci\u00f3n al individuo. \u00bfNo es Dios, que frente al mundo est\u00e1 siempre en potencia, el \u00fanico garante del futuro real, de lo nuevo para el hombre y la humanidad?<br \/>\nEl \u00abhumanismo evolucionista\u00bb (J. Huxley), que en gran parte se entiende en forma atea, pretende ser un nuevo sistema de ideas, un orden de valores abierto al desarrollo ulterior y necesitado de \u00e9l, el cual se ofrece a la humanidad para su gran tarea de una &#8212; evoluci\u00f3n llevada a cabo bajo su propia direcci\u00f3n. El humanismo evolucionista se dirige contra toda fijaci\u00f3n dogm\u00e1tica, pues \u00e9sta impedir\u00ed\u00ada la evoluci\u00f3n. Entiende su acci\u00f3n como una ayuda para un desarrollo mejor del ser humano de hoy y de ma\u00f1ana, para la consecuci\u00f3n de un margen m\u00e1s amplio de libertad. Ah\u00ed\u00ad van incluidas ciertas iniciativas concretas, como, p. ej., la ayuda a pa\u00ed\u00adses subdesarrollados y el control de la natalidad. En parte va unida a ese humanismo una nueva forma de fe en la ciencia, por la que se conf\u00ed\u00ada en la posibilidad de resolver todos los problemas a base de la t\u00e9cnica. En lo referente a los riesgos en la marcha positiva de la evoluci\u00f3n ulterior, el humanismo evolutivo debe caracterizarse como un sistema de e. referido a la accion.<\/p>\n<p>La filosof\u00ed\u00ada no marxista ora valora positivamente la e., as\u00ed\u00ad, p. ej., G. Marcel, en su interpretaci\u00f3n del hombre como homo viator, y O.F. Bolnow, en su intento de superar el existencialismo, ora negativamente, p. ej., K. L\u00ed\u201cwith (progreso como perdici\u00f3n, e. como ilusi\u00f3n), ora la considera en su abierta dial\u00e9ctica, p. ej., Th.W. Adorno.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n actual impone al hombre la pregunta por la e. y el -> progreso, as\u00ed\u00ad como por los impulsos para la acci\u00f3n de cara a un futuro que todav\u00ed\u00ada resulta imprevisible. En todo esto se insin\u00faa una nueva relaci\u00f3n entre teor\u00ed\u00ada y pr\u00e1ctica. Pues el futuro no es objeto de contemplaci\u00f3n, sino que ha de realizarse mediante la acci\u00f3n. La mera insistencia por parte de la teolog\u00ed\u00ada en el origen b\u00ed\u00adblico de la e. y de la proyecci\u00f3n hacia el futuro no es suficiente para responder a las cuestiones que en la conciencia actual se plantean a la fe y a la esperanza cristianas. En el imponente y fascinante intento de respuesta que hallamos en Teilhard de Chardin echamos de menos la diferenciaci\u00f3n entre evoluci\u00f3n e historia, pues parece que \u00e9l no toma suficientemente en serio la libertad, con inclusi\u00f3n de la libertad para el mal y la destrucci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>IV. Teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica<br \/>\n1. Visi\u00f3n de conjunto<br \/>\nEl fundamento y el centro de la fe cristiana es el mensaje de la promesa de Jes\u00fas y su resurrecci\u00f3n por Dios. Pero ambas, mensaje y resurrecci\u00f3n, no son reales y completas sin el retorno de Jes\u00fas, sin la resurrecci\u00f3n de toda carne (cf. 1 Cor 15), sin el nuevo cielo y la nueva tierra (cf. Ap 21, 22). Por eso, creer en la -> resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es lo mismo que esperar la consumaci\u00f3n universal prometida y significada por esta resurrecci\u00f3n. Toda teolog\u00ed\u00ada es \u00abconocimiento de la resurrecci\u00f3n y de la parus\u00ed\u00ada de Cristo en medio de la tendencia hacia ellas\u00bb (J. Moltmann). W. Pannenberg considera que la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es el fin, la consumaci\u00f3n realizada anticipadamente, de manera que \u00e9sta puede descubrirse en aqu\u00e9lla. En la esperanza el creyente traspasa los l\u00ed\u00admites que han sido atravesados en la cruz y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Fe y esperanza son dos momentos indisolubles de un solo acto, cuyo centro integrador es el amor (incipiente). La yuxtaposici\u00f3n de las tres virtudes teologales ha hecho que no se resaltara suficientemente esta unidad interna. No hay un caudal de fe que se halle ya completo en el pasado y del que podamos cerciorarnos mediante una simple mirada hacia atr\u00e1s. Por esta raz\u00f3n no se puede iniciar la dogm\u00e1tica con un tratado cerrado en s\u00ed\u00ad sobre Dios, pues s\u00f3lo en la creaci\u00f3n, redenci\u00f3n y consumaci\u00f3n aparece quien es propiamente este Dios. Dios es siempre el \u00abDios ante nosotros\u00bb (J.B. Metz). El es el \u00abfuturo absoluto\u00bb para el hombre (K. Rahner). Y, por eso, tampoco puede darse una doctrina cerrada en s\u00ed\u00ad sobre la creaci\u00f3n, pues s\u00f3lo en el nuevo cielo y en la nueva tierra aparece con claridad el aut\u00e9ntico prop\u00f3sito divino en la primera creaci\u00f3n (-> principio y fin, -> protolog\u00ed\u00ada). Ah\u00ed\u00ad est\u00e1 la raz\u00f3n de que muchas cuestiones sobre la relaci\u00f3n entre &#8211; \u00abnaturaleza y gracia\u00bb quedaran estancadas, pues la creaci\u00f3n era concebida como una realidad tan completa en s\u00ed\u00ad, que la gracia s\u00f3lo pod\u00ed\u00ada a\u00f1ad\u00ed\u00adrsele accesoriamente desde fuera. La encarnaci\u00f3n no queda suficientemente entendida con la f\u00f3rmula est\u00e1tica de Calcedonia. Para que la -> encarnaci\u00f3n misma sea entendida rectamente, en su concepci\u00f3n hay que incluir el futuro de este Jes\u00fas de Nazaret, la cruz y la resurrecci\u00f3n, su retorno y reinado, la \u00abpermanente significaci\u00f3n de su humanidad para la salvaci\u00f3n de los hombres\u00bb (K. Rahner). La inclusi\u00f3n de la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica preserva a la Iglesia de una falsa identificaci\u00f3n con Cristo o con el reino de Dios y, en consecuencia, de todo triunfalismo. Y a la vez pone de manifiesto el car\u00e1cter transitorio (o pre-cursor) de la Iglesia en su significaci\u00f3n y en sus l\u00ed\u00admites, y preserva de entender falsamente los sacramentos como signos m\u00e1gicos. La doctrina sobre las obras meritorias podr\u00ed\u00ada formularse m\u00e1s b\u00ed\u00adblicamente y con perspectiva m\u00e1s ecum\u00e9nica, si se hablara de la confianza y esperanza en la promesa de Dios y en su fidelidad. La aplicaci\u00f3n del principio estructural de la teolog\u00ed\u00ada que aqu\u00ed\u00ad se insin\u00faa implicar\u00ed\u00ada la disoluci\u00f3n de la -> escatolog\u00ed\u00ada como un tratado teol\u00f3gico independiente y, a la vez, devolver\u00ed\u00ada su perspectiva escatol\u00f3gica a los dem\u00e1s tratados, con lo cual la escatolog\u00ed\u00ada aparecer\u00ed\u00ada como la que realmente es. La e. es el abogado del futuro prometido, todav\u00ed\u00ada abierto e imprevisible, en medio de la verdad de la fe y de la realidad de la salvaci\u00f3n en la historia. En estas dos dimensiones, verdad e historia, debe desarrollarse m\u00e1s concretamente la teolog\u00ed\u00ada de la e. con sus consecuencias.<\/p>\n<p>2. Esperanza y verdad<br \/>\nLa verdad de la fe s\u00f3lo puede aprehenderse de cara a la e., no como si \u00e9sta hubiera de recibir su objetivo de la fe, sino en el sentido de que la e. es la fuerza interior de la misma. Esa fuerza capacita al hombre para entregarse a Dios, con confianza cada vez mayor mirando al futuro prometido. Ninguna formulaci\u00f3n del lenguaje humano puede agotar la revelaci\u00f3n como promesa o interpretarla definitivamente, ni siquiera la Escritura misma, y mucho menos la suma de los dogmas. Todo sistema cerrado fracasa ante la plenitud y el futuro del evangelio. Para experimentar la plenitud se requiere toda la historia con inclusi\u00f3n de la permanente consumaci\u00f3n. Los dogmas son \u00ed\u00adndices que apuntan hacia la verdad, no la verdad misma, que es Cristo. Partiendo de aqu\u00ed\u00ad resulta igualmente evidente el sentido an\u00e1logo de los enunciados de la fe. La e. mantiene la maior dissimilitudo en toda posible semejanza de las afirmaciones (cf. ->analogia entis). El lenguaje figurado de la verdad escatol\u00f3gica es una forma adecuada de expresi\u00f3n, la cual no es plenamente accesible a la -> desmitizaci\u00f3n y a la -> interpretaci\u00f3n existencial. Ese lenguaje vela cuidadosamente por la apertura al futuro y a la plenitud de la salvaci\u00f3n y con ello muestra siempre un nuevo futuro a todo conocimiento y a toda acci\u00f3n. Por la e. la fe, lejos de interpretar falsamente como ausencia el car\u00e1cter inaccesible de Dios, lo acepta con confianza en su fidelidad, como soporte y promesa de la plenitud inagotable. En la e. el creyente encuentra fuerza para resistir incluso en la m\u00e1s extrema obscuridad, sin desesperar ni resignarse. La e. recuerda la promesa todav\u00ed\u00ada no consumada que se ha dado en Cristo. Ella no es contraria a la &#8211;>tradici\u00f3n, sino que la exige como \u00abtransmisi\u00f3n escatol\u00f3gicamente orientada\u00bb (G. Sauter) de las acciones salv\u00ed\u00adficas de Dios. Simult\u00e1neamente preserva a la tradici\u00f3n de petrificarse en una -a ideolog\u00ed\u00ada, pues guarda del peligro, que amenaza en los c\u00ed\u00adrculos portadores de la tradici\u00f3n cristiana, de considerar la fe y la vida cristiana como cosas obvias. La e. capacita para el di\u00e1logo con los incr\u00e9dulos, pues sabe que ella misma todav\u00ed\u00ada est\u00e1 en camino hacia la plenitud y, por tanto, puede incluir en su propia b\u00fasqueda de la verdad las experiencias y los conocimientos de los incr\u00e9dulos. En la consumaci\u00f3n la e. no queda suprimida, sino que por primera vez all\u00ed\u00ad descubre de lleno su estructura fundamental como entrega con admiraci\u00f3n y confianza al Dios siempre mayor y a la libertad de su amor.<\/p>\n<p>3. Esperanza e historia<br \/>\nNo hay verdad para el hombre m\u00e1s que a trav\u00e9s de su historia. En este contexto es decisiva la distinci\u00f3n entre historia y evoluci\u00f3n, entre futuro y fin. No todo lo que acontece merece el nombre de historia, no todo lo que ha de venir merece el nombre de futuro. Evoluci\u00f3n es un proceso determinado; la meta que a\u00fan ha de llegar precede como causa final a todo el proceso. La evoluci\u00f3n saca solamente a la luz lo que ya est\u00e1 ah\u00ed\u00ad en forma oculta. S\u00f3lo puede hablarse de historia cuando entra en juego lo espec\u00ed\u00adficamente humano: la -> libertad, la responsabilidad, la -> decisi\u00f3n, la posible claudicaci\u00f3n en su dimensi\u00f3n individual e intersubjetiva. La libertad hace posible lo nuevo, lo que todav\u00ed\u00ada no ha sido. La historia se produce entre la libertad fundamental de Dios y la libertad del hombre. La e. cristiana se dirige hac\u00ed\u00ada el futuro que as\u00ed\u00ad se hace posible, y no hacia el fin fijo de una evoluci\u00f3n. La e. se refiere a la historia venidera.<\/p>\n<p>Dios da la salvaci\u00f3n de tal modo que el hombre debe contribuir a realizarla. Por esta raz\u00f3n el hombre se dirige hacia el futuro que espera de Dios en cuanto se encamina hacia su futuro intramundano. Las esperanzas intramundanas son lugar de ejercitaci\u00f3n y transmisi\u00f3n de la e. cristiana, y no significan para ella una mera concurrencia. La e. no ahorra el esfuerzo, sino que lo exige como su propia respuesta y comunicaci\u00f3n. El hombre espera la justicia y paz de Dios en cuanto procura ahora su realizaci\u00f3n anticipada. \u00abLa ortodoxia de su fe debe acreditarse constantemente en la ortopraxis de su acci\u00f3n orientada escatol\u00f3gicamente\u00bb (J.B. Metz). \u00abLa esperanza vive en la realizaci\u00f3n del pr\u00f3ximo paso\u00bb (K. Barth). De este modo, por la e. aumenta la importancia del presente, pues en \u00e9l se decide a la vez el futuro definitivo. La esperanza no es \u00abopio del pueblo\u00bb, sino un est\u00ed\u00admulo para la transformaci\u00f3n del mundo bajo el horizonte de las promesas de Dios, una fuerza revolucionaria para cambiar la situaci\u00f3n en favor de los hombres amados por Dios, precisamente en favor de los pobres y m\u00e1s peque\u00f1os. La e. cristiana es la fuerza propulsora de todas las esperanzas intramundanas, las penetra con todos sus esfuerzos y les da nueva vida con la confianza en la misericordia y omnipotencia de Dios cuando ellas han llegado al l\u00ed\u00admite de su propia fuerza. El que en este servicio de amor pierde su propia vida, la gana ante Dios. La propia &#8211;muerte, la cual ha de padecerse con amargura lo mismo que antes, gracias a Cristo ha quedado abierta desde dentro hacia la plenitud de Dios. La e. confirma al hombre en el derecho de buscar la salvaci\u00f3n en lo nuevo, pero a la vez lo libera de la carga de crear por s\u00ed\u00ad mismo esa realidad nueva, tom\u00e1ndolo, sin embargo, a servicio del futuro prometido. J.B. Metz exige una \u00abescatolog\u00ed\u00ada creadora\u00bb que sea consciente de su responsabilidad pol\u00ed\u00adtica y social, la cual se deriva de la universalidad de las promesas. Pero aqu\u00ed\u00ad la e. reconoce la pobreza de su saber acerca de la figura concreta del futuro. Frecuentemente, ella s\u00f3lo puede encaminarse hacia el objeto de su pensamiento y b\u00fasqueda mediante una negaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de lo existente, sin capacidad de expresarlo positivamente. Esto la preserva del peligro de convertirse en una ideolog\u00ed\u00ada totalitaria. La Jerusal\u00e9n celestial desciende del cielo -es un don de Dios; las naciones llevan a ella su riqueza -, y all\u00ed\u00ad se cosecha el fruto del amor que act\u00faa en la e. (cf. Ap 21, 10.24). La e. permanece en la consumaci\u00f3n en cuanto disposici\u00f3n de aceptar este fruto del propio amor, y con ello a Dios mismo, como don eterno de su amor.<\/p>\n<p>BIBLIOGRAF\u00ed\u008dA: Al I.: C. Zimara, Das Wesen der Hoffnung in Natur and \u00dcbernatur (Pa 1933);!J. Pieper, Sobre la esperanza (Rialp Ma 31961). &#8211; Al II.: Neben den Theologian zum AT and NT:VK. H. Rengstorf- R. Bultmann, Eanis y simil.: ThW II 515-531; Th. Vriezen, Die Hoffnung im AT: ThLZ 78 (1953) 577-587; J. van der Ploeg, L&#8217;esp\u00e9rance dans 1&#8217;Ancien Testament: RB 61 (1954) 481-507; O. Kuss, Der R\u00f3merbrief, Lfg. 1 (Rb 1957) 195-198; C. Westermann (dir.), Probleme atl. Hermeneutik. Aufsatze zum Verstehen des AT (Mn 1961); H. Schlier, Besinnung auf das NT (Fr 21967) 135-145 (sobre la esperanza): N. Brox, Die Hoffnung des Christen (W 1965). &#8211; Al III.: Ch. P\u00e9guy, Das Tor zum Geheimnis der Hoffnung (Lz 1943); G. Marcel, Horno viator (D 1949), cf. tambi\u00e9n: Un camino de esperanza (Kraft BA); O. F. Bollnow, Neue Geborgenheit (St 1955); E. Bloch, Das Prinzip H., 2 vols. (F 1959); E. Burck (dir.), Die Idee des Fortschritts (Mn 1963); H. Kuhn -F. Wiedemann (dir.), Die Philosophie and die Frage nach dem Fortschritt (Mn 1964); Th. W. Adorno, Fortschritt: Argumentationen (Festschrift J. K\u00f3nig), bajo la dir. de H. Delius -J. Patzig (G\u00f3 1964) 1-19; J. Huxley (dir.), Der evolutionare Humanismus. Zehn Essays \u00fcber die Leitgedanken und Probleme (Mn 1964); Die Hoffnungen unserer Zeit. Zehn Beitrage (Mn 1964); R. Garaudy &#8211; J. B. Metz &#8211; K. Rahner, Der Dialog (H 1966); J. Pieper, Esperanza e historia (Sig Sal 1968); &#8211; Al IV.: B. Olivier, Die Hoffnung: Die katholische Glaubenswelt II (Fr 1960) 446-500; J. Alfaro, Fides &#8211; spes &#8211; caritas. Adnotationes in Tractatum \u00abDe Virtutibus Theologicis\u00bb (R 1964); P. Sch\u00fctz, Freiheit &#8211; Hoffnung &#8211; Prophetie (obras completas III) (H 1963); W. Pannenberg y otros, Offenbarung als Geschichte (G\u00f3 21963); J. Moltmann, Theologie der Hoffnung (Mn 41965); W. D. Marsch (dir.), Diskussion \u00fcber die \u00abTheologie der Hoffnung\u00bb (Mn 1967); W. Kasper, Dogma y palabra de Dios (Mens C J Bil 1968); G. Sauter, Zukunft und VerheiBung (Z 1965); J. B. Metz, Gott vor uns: Ernst Bloch zu Ehren, bajo la dir. de S. Unseld (F 1965) 227-241; J. Mouss\u00e9, Die Hoffnung, die in euch ist (Graz 1966); J. B. Metz, Verantwortung der Hoffnung: StdZ 177 (1966) 451-462; idem, Politische Theologie: Kontexte 4 (St-B 1967) 35-41; F. Kerstiens, Glauben als Hoffen: Diakonia 2 (1967) 81-91; Rahner VIII 561-579 (Zur Theologie der H.); L. Garc\u00ed\u00ada Borreguero, El mundo moderno y la esperanza cristiana (Ma 1953).<\/p>\n<p>Ferdinand Kerstiens<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\"><em>Elpis<\/em> (hebreo <em>b\u0101\u1e6da\u1e25<\/em>) en los tiempos grecorromanos ten\u00eda un sentido neutro como la expectaci\u00f3n de bien o mal. Algunos, como Tuc\u00eddides, la tratan c\u00ednicamente, otros, como Menandro, la ensalzan; los poetas s\u00e1nscritos la clasifican entre los males. Pablo caracteriza el mundo gentil como <em>elpida m\u0113 echontes<\/em> (no tienen esperanza). Para los escritores del AT (\u00bfsalvo Eclesiast\u00e9s?) Dios es la \u00abEsperanza de Israel\u00bb (Jer. 14:8). Ellos conf\u00edan en \u00e9l (Jer. 17:7), esperan pasivamente en \u00e9l (Sal. 42:5), anhelan activamente sus bendiciones (Sal. 62:5). Algunos israelitas acariciaban esperanzas materialistas por un reino mesi\u00e1nico; pero el Art\u00edculo VII de la iglesia Anglicana niega que los padres antiguos esperaran solamente promesas transitorias, puesto que algunos, como Daniel, esperaban la resurrecci\u00f3n (Dn. 12:2).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo mismo es descrito como la esperanza cristiana (1 Ti. 1:1), y por su resurrecci\u00f3n se otorga a los regenerados la virtud espec\u00edficamente cristiana de la esperanza, los cuales abundan en esperanza por el Esp\u00edritu (Ro. 15:13). (1) Esta esperanza se relaciona con la salvaci\u00f3n y es una gracia esencial como la fe y el amor (1 Co. 13:13); pero donde la fe se refiere al pasado y al presente, la esperanza incluye el futuro (Ro. 8:24\u201325). (2) Su objetivo es la bienaventuranza final del reino de Dios (Hch. 2:26; Tit. 1:2). (3) Produce el fruto moral de (a) una grata confianza en Dios (Ro. 8:28); (b) paciencia en la tribulaci\u00f3n que no averg\u00fcenza (Ro. 5:3); y (c) perseverancia en la oraci\u00f3n. (4) Aguarda una justicia verdadera (G\u00e1. 5:5) por lo que es buena (2 Ts. 2:16), bienaventurada (Tit. 2:13) y gloriosa (Col. 1:27). (5) Estabiliza el alma como un anda uni\u00e9ndola con la firmeza de Dios (He. 3:6; 6:18\u201319). (6) Fue generada en los padres del AT por la promesa de Dios dada primero a Abraham (Ro. 4:18), abrazada luego por Israel (Hch. 26:6\u20137) y proclamada por Pablo como la esperanza del evangelio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquel en quien se pone la esperanza a veces es llamado <em>elpis<\/em>, por ejemplo, Jes\u00fas en 1 Ti. 1:1; los tesalonicenses en 1 Ts. 2:19; o Dios en Jer. 17:7. En forma similar, la cosa esperada es <em>elpis<\/em> (1 Jn. 3:3; Col. 1:5), esto es, esperanza guardada en los cielos, expectaci\u00f3n enfocada en la <em>parousia<\/em> y proclamada en la exclamaci\u00f3n <em>Maranatha<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Elpis<\/em> es una esperanza colectiva en el cuerpo de Cristo. Se exhorta a los tesalonicenses a esperar la reuni\u00f3n con sus hermanos fallecidos (1 Ts. 4:13\u201318) y los ministros tienen esperanza de que sus convertidos (2 Co. 1:7) puedan ser presentados perfectos por ellos a Cristo (Col. 1:28). Cristo como Pr\u00edncipe de los pastores expresa esta esperanza que los suyos reunidos contemplen su gloria (Jn. 17:24), y esta consumaci\u00f3n est\u00e1 garantizada por la arras del Esp\u00edritu en el coraz\u00f3n de los creyentes y en la Iglesia (Ro. 8:16\u201317).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Arndt; <em><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">HERE<\/a><\/em>; <a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">ICC<\/a> <em>sobre <\/em><em>Romanos<\/em>; R. Bultmann y K.H. Rengstorf, <em><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">TWNT<\/a><\/em>, II, pp. 515\u2013531.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Denis H. Tongue<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><em>HERE <\/em><\/a><em>Hastings\u2019 Encyclopaedia of Religion and Ethics<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">ICC <\/a><em>International Critical Commentary<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><em>TWNT <\/em><\/a><em>Theologisches Woerterbuch zum Neuen Testament<\/em> (Kittel)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (226). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>Parecer\u00eda que la esperanza es una necesidad psicol\u00f3gica si el hombre ha de tener alguna idea en cuanto al futuro. Aun cuando no haya ninguna base racional para ella, el hombre sigue teniendo esperanza. Es muy natural que esta esperanza, aun cuando aparentemente est\u00e9 justificada, sea transitoria e ilusoria; y es notable la frecuencia con que los poetas y otros escritores la califican con ep\u00edtetos como \u201cleve\u201d, \u201ctemblorosa\u201d, \u201cd\u00e9bil\u201d, \u201cdesesperada\u201d, \u201cfantasmal\u201d. A veces la Biblia utiliza la esperanza en el sentido convencional. El que ara, <etiqueta id=\"#_ftn626\" name=\"_ftnref626\" title=\"\">p. ej., debe hacerlo con esperanza (1 Co. 9.10), porque la esperanza de la recompensa es lo que endulza las labores. Pero en la mayor parte de los casos la esperanza de que<\/etiqueta> se ocupa la Biblia es algo muy diferente, y en comparaci\u00f3n con ella apenas podemos reconocer a la primera como esperanza. La mayor parte de los pensadores seculares en el mundo antiguo no consideraba la esperanza como una virtud, sino simplemente como una ilusi\u00f3n temporaria; y Pablo nos dio una descripci\u00f3n precisa de los paganos cuando dijo que no ten\u00edan esperanza (Ef. 2.12; cf. 1 Ts. 4.13), la raz\u00f3n fundamental de lo cual era que estaban \u201csin Dios\u201d.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La esperanza en el sentido b\u00edblico espec\u00edfico es posible cuando se cree en el Dios viviente, que act\u00faa e interviene en la vida humana, y en quien podemos confiar en que llevar\u00e1 a cabo lo que ha prometido. Esta esperanza no es producto del temperamento, ni est\u00e1 condicionada por las circunstancias u otras posibilidades humanas. No depende de lo que posee el hombre, ni de lo que sea capaz de hacer por s\u00ed mismo, o de lo que otro pueda hacer por \u00e9l. Por ejemplo, nada hab\u00eda en la situaci\u00f3n en que se encontraba Abraham que justificara su esperanza de que Sara dar\u00eda a luz un hijo, pero porque crey\u00f3 a Dios, pudo creer \u201cen esperanza contra esperanza\u201d (Ro. 4.18). En consecuencia, la esperanza b\u00edblica es inseparable de la fe en Dios. A causa de lo que ha hecho Dios en el pasado, y particularmente como preparaci\u00f3n para la venida de Cristo, y debido a lo que ha hecho y est\u00e1 haciendo a trav\u00e9s de Cristo, el cristiano se atreve a esperar bendiciones futuras que por el momento permanecen invisibles (2 Co. 1.10). Nunca se agota para \u00e9l la bondad de Dios. Lo mejor es lo que todav\u00eda est\u00e1 por venir. Su esperanza aumenta cuando reflexiona sobre las actividades de Dios en las Escrituras (Ro. 12.12; 15.4). Cristo es la esperanza de gloria futura (Col. 1.27). Su salvaci\u00f3n final descansa sobre esa esperanza (Ro. 8.24); y esa esperanza de salvaci\u00f3n es un \u201cyelmo\u201d, parte esencial de su armadura defensiva en la lucha contra el mal (1 Ts. 5.8). Por cierto que la esperanza no es un barrilete a merced de los vientos cambiantes, sino \u201cuna segura y firme ancla del alma\u201d, que penetra profundamente dentro del mundo eterno e invisible (He. 6.19). Debido a esta fe el cristiano tiene la seguridad de que las cosas que espera son reales (He. 11.1); y su fe nunca lo decepciona (Ro. 5.5).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>No hay referencias expl\u00edcitas a la esperanza en las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas. Pero \u00e9l les ense\u00f1a a sus disc\u00edpulos que no deben sentir ansiedad con respecto al futuro, porque ese futuro est\u00e1 en las manos de un Padre amante. Tambi\u00e9n los alienta a esperar que despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n les enviar\u00e1 un poder espiritual renovado que les va a permitir hacer obras aun m\u00e1s grandes que las que \u00e9l mismo hizo, vencer el pecado y la muerte, y esperar la participaci\u00f3n en su propia gloria eterna. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas dio nuevas fuerzas a su esperanza. Fue el m\u00e1s portentoso de los actos de Dios en la historia. Ante \u00e9l \u201cel p\u00e1nico y la desesperaci\u00f3n huyen\u201d. La fe cristiana es esencialmente fe en el Dios que resucit\u00f3 a Jes\u00fas de entre los muertos (1 P. 1.21). Este Dios, a quien dirige el cristiano su fe, es \u201cel Dios de esperanza\u201d que puede llenar al creyente de gozo y paz, y capacitarlo para abundar en esperanza (Ro. 15.13). Por la resurrecci\u00f3n el cristiano se libra de la triste condici\u00f3n de tener que esperar en Cristo limitado a este mundo solamente (1 Co. 15.19). Cristo Jes\u00fas es su esperanza para el tiempo y la eternidad (1 Ti. 1.1). El llamado a ser disc\u00edpulo de Cristo lleva aparejada la esperanza de compartir finalmente su gloria (Ef. 1.18). Su esperanza est\u00e1 guardada en los cielos (Col. 1.5), y se cumplir\u00e1 cuando el Se\u00f1or sea revelado (1 P. 1.13).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La existencia de esta esperanza hace imposible que el cristiano se sienta satisfecho con los goces transitorios (He. 13.14); y es tambi\u00e9n un acicate para vivir una vida pura (1 Jn. 3.2\u20133), y le permite sufrir alegremente. Es digno de notar cu\u00e1ntas veces el <etiqueta id=\"#_ftn627\" name=\"_ftnref627\" title=\"\">NT relaciona la esperanza con la \u201cpaciencia\u201d o la \u201cfidelidad\u201d. Esta virtud es completamente diferente de la resistencia de los estoicos, precisamente porque se basa en una esperanza que ellos desconoc\u00edan (v\u00e9ase 1 Ts. 1.3; Ro. 5.3\u20135).<\/etiqueta><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>A la luz de lo dicho no nos resulta sorprendente que tan a menudo se mencione la esperanza como compa\u00f1era de la fe. Los h\u00e9roes de la fe en He. 11 son tambi\u00e9n faros de esperanza. Lo m\u00e1s extraordinario quiz\u00e1s sea la frecuente relaci\u00f3n entre la esperanza y el amor, adem\u00e1s de la fe. Esta triple combinaci\u00f3n de fe, esperanza, y amor se encuentra en 1 Ts. 1.3; 5.8; G\u00e1. 5.5\u20136; 1 Co. 13.13; He. 6.10\u201312; 1 P. 1.21\u201322. Por su relaci\u00f3n con el amor, la esperanza cristiana est\u00e1 libre de todo ego\u00edsmo. El cristiano no espera bendiciones para s\u00ed sin desear al mismo tiempo que otros las disfruten tambi\u00e9n. Cuando ama a su pr\u00f3jimo desea que reciba todas las buenas cosas que sabe que Dios desea darle. Pablo dio pruebas de su esperanza, al igual que de su amor y de su fe, cuando devolvi\u00f3 al esclavo On\u00e9simo, que hab\u00eda huido, a su amo Filem\u00f3n. La fe, la esperanza, y el amor son, por lo tanto, inseparables. La esperanza no puede existir sin la fe, y no es posible tener amor sin esperanza. Estas tres son las cosas que permanecen (1 Co. 13.13), y juntas dan forma al modo de vida cristiano.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> \u00b0J. J. von Allmen, <i>Vocubalario b\u00edblico<\/i>, 1968; \u00b0R. Bultmann, K. H. Rengstorf, <i>Esperanza<\/i>, 1974; E. Hoffmann, \u201cEsperanza\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn628\" name=\"_ftnref628\" title=\"\"><i>\u00b0DTNT<\/i><\/etiqueta>, t(t). II, pp. 129\u2013136; J. Moltmann, <i>Teolog\u00eda de la esperanza<\/i>, 1966, 1968; J. B. Bauer, \u201cEsperanza\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn629\" name=\"_ftnref629\" title=\"\"><i>\u00b0DTB<\/i><\/etiqueta>, cols. 330\u2013334; J. Pieper, \u201cEsperanza\u201d, <i>Conceptos fundamentales de teolog\u00eda<\/i>, 1966, t(t). II, pp. 13\u201323.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>E. J. Bicknell, <i>The First and Second Epistles to the Thessalonians<\/i>, <etiqueta id=\"#_ftn630\" name=\"_ftnref630\" title=\"\"><i>WC<\/i><\/etiqueta>, 1932; <etiqueta id=\"#_ftn631\" name=\"_ftnref631\" title=\"\"><i>RB <\/i><\/etiqueta>61, 1954, pp. 481\u2013532; J-J. von Allmen, <i>Vocabulary of the Bible<\/i>, 1958; R. Bultmann, K. H. Rengstorf, <etiqueta id=\"#_ftn632\" name=\"_ftnref632\" title=\"\"><i>TDNT<\/i><\/etiqueta> 2, pp. 517\u2013535; E. Hoffmann, <etiqueta id=\"#_ftn633\" name=\"_ftnref633\" title=\"\"><i>NIDNTT<\/i><\/etiqueta> 2, pp. 238\u2013246.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn634\" name=\"_ftnref634\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>R.V.G.T.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">La esperanza, en su significado m\u00e1s amplio, puede ser descrita como el deseo de algo aunado a la expectativa de obtenerlo. La Escol\u00e1stica dice que es un movimiento del apetito hacia un bien futuro que, aunque dif\u00edcilmente, puede ser alcanzado. En el presente art\u00edculo consideraremos este estado del alma solamente en cuanto constituye un factor del orden sobrenatural. Y desde esta perspectiva la esperanza puede definirse como una virtud divina gracias a la cual esperamos, con ayuda de Dios, llegar a la felicidad eterna y tener a nuestro alcance los medios para ello. Se afirma que es divina no s\u00f3lo porque su objeto inmediato es Dios, sino tambi\u00e9n por su origen peculiar. La esperanza, tal como la estudiamos aqu\u00ed, es una virtud infusa, o sea, es distinta a los h\u00e1bitos buenos, que son el producto de la repetici\u00f3n de actos nacidos de nuestras propias fuerzas. Al igual que la fe y la caridad sobrenaturales, la esperanza es plantada directamente en el alma por Dios todopoderoso. Tanto en su naturaleza como en el alcance de su operaci\u00f3n sobrepasa los l\u00edmites del orden creado y \u00fanicamente puede ser obtenida por la generosidad del Creador. La capacidad conferida por ella no solamente refuerza un poder ya existente, sino que eleva y transforma el desempe\u00f1o de esa facultad para desempe\u00f1ar funciones que quedan esencialmente fuera del \u00e1mbito de la esfera natural de su actividad. Pero todo esto se entiende exclusivamente sobre la base, que damos por sentada, de que existe un orden sobrenatural y que es en ese orden donde radica el destino final del hombre de acuerdo a la actual providencia de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se dice que la esperanza es una virtud teologal porque su objeto inmediato es Dios. Y lo mismo se dice de las otras dos virtudes infusas: la caridad y la fe. Santo Tom\u00e1s, de forma precisa, afirma que las virtudes teologales son tales \u00abporque tienen a Dios como su objeto, tanto en cuanto ellas nos dirigen apropiadamente a \u00c9l, como porque son infundidas en nuestras almas exclusivamente por Dios y porque, tambi\u00e9n, llegamos a conocerlas solamente a trav\u00e9s de la revelaci\u00f3n en las Sagradas Escrituras\u00bb. Los te\u00f3logos ampl\u00edan esa idea diciendo que Dios todopoderoso constituye simult\u00e1neamente el objeto formal y material de la esperanza. Es el objeto material porque \u00c9l es aquello que principalmente, aunque no exclusivamente, buscamos al ejercer esa virtud. Cualquier otra cosa que deseemos s\u00f3lo es deseada porque est\u00e1 relacionada con \u00c9l. De ah\u00ed que, seg\u00fan la doctrina m\u00e1s generalizada, no solamente los auxilios sobrenaturales, especialmente aquellos que son necesarios para nuestra salvaci\u00f3n, sino igualmente las cosas del orden temporal, en la medida en que puedan servirnos de medios para lograr el fin supremo de la vida humana, pueden ser vistos como objetos materiales de la fe sobrenatural. Vale la pena poner \u00e9nfasis en que, en sentido estricto, no podemos apropiadamente esperar la vida eterna si no es para nosotros mismos. Esto se debe a que la naturaleza de la esperanza es desear y esperar aquello que es percibido precisamente como el bien o felicidad de quien espera (bonum proprium). Sin embargo, unidos a los dem\u00e1s por el amor, podemos desear y esperar la felicidad de los dem\u00e1s del mismo modo como esperamos la nuestra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entendemos por objeto formal de la esperanza el motivo o motivos que nos llevan a mantener una expectativa confiada de que nuestros esfuerzos en pos de nuestra salvaci\u00f3n eterna tendr\u00e1n un final dichoso, a pesar de las dificultades que nos estorban el camino. No hay consenso entre los te\u00f3logos en lo tocante a determinar qu\u00e9 debe ser entendido como la raz\u00f3n suficiente de la esperanza sobrenatural. Mazzella (De Virtutibus Infusis, disp. V, art. 2), cuyo juicio tiene el m\u00e9rito de la simplicidad junto con el de constituir un an\u00e1lisis muy adecuado, encuentra el fundamento de nuestra esperanza en dos cosas. Seg\u00fan \u00e9l, se funda en nuestra comprensi\u00f3n de Dios como supremo bien sobrenatural, cuya comunicaci\u00f3n a trav\u00e9s de la visi\u00f3n beat\u00edfica nos har\u00e1 dichosos por toda la eternidad. Y tambi\u00e9n en algunos atributos divinos tales como la omnipotencia, la misericordia y la fidelidad, los cuales, reunidos, nos muestran a Dios como nuestro auxilio infalible. Esas consideraciones, piensa \u00e9l, motivan nuestra voluntad o nos dan la respuesta a la pregunta de porqu\u00e9 esperamos. Obviamente se da por sentado que la a\u00f1oranza de Dios, no simplemente a causa de sus infinitas perfecciones, sino expl\u00edcitamente porque \u00c9l es nuestra recompensa, es un motor del alma. De otro modo la actitud espiritual de esperanza en la que est\u00e1 incluida esa a\u00f1oranza, no ser\u00eda una virtud. Lutero y Calvino insisten en que el \u00fanico producto del amor perfecto de Dios, o sea, de amar a Dios por lo que \u00c9l es en si mismo, es que debe ser reconocido como moralmente bueno. Consecuentemente, rechazaban como pecaminosa cualquier acci\u00f3n que se realizara como resultado de pensar en la recompensa eterna o, en otras palabras, por el tipo de amor de Dios que los escol\u00e1sticos denominan \u00abamor concupiscentiae\u00bb. El Concilio de Trento (Ses. VI, can 31) declar\u00f3 que esos errores constituyen una herej\u00eda: \u00abSi alguien afirma que una persona justificada comete pecado por actuar correctamente movido por la esperanza de la recompensa eterna, sea anatema\u00bb. A pesar de esa declaraci\u00f3n inequ\u00edvoca del concilio, Baio, el afamado te\u00f3logo de Lovaina, reiter\u00f3 substancialmente la falsa doctrina de los reformadores en ese sentido. Su ense\u00f1anza sobre el tema fue formulada en los treinta y seis art\u00edculos de la proposici\u00f3n extra\u00edda de sus obras, y condenada por san P\u00edo V. Seg\u00fan \u00e9l, \u00fanicamente es verdadero acto virtuoso aquel que nace de la caridad, y como todo amor se refiere ya a Dios, ya a sus creaturas, todo amor que no sea amor de Dios por si mismo, o sea, por sus infinitas perfecciones, no pasa de ser un simple deseo depravado y pecado. Es claro que en tal teor\u00eda no habr\u00eda cabida para la virtud de la esperanza seg\u00fan la entendemos nosotros. Tambi\u00e9n es f\u00e1cil percibir c\u00f3mo cabe esa teor\u00eda en la posici\u00f3n protestante inicial de identificar la fe con la confianza, haciendo de la esperanza un acto del intelecto m\u00e1s que de la voluntad. Si no podemos esperar, en el sentido cat\u00f3lico, la bienaventuranza, el \u00fanico substituto a la mano ser\u00eda la fe en la misericordia y promesas divinas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La virtud de la esperanza es necesaria para la salvaci\u00f3n. Ello constituye una verdad en la que se insiste mucho en la Iglesia Cat\u00f3lica, y a la que corresponde una ense\u00f1anza expl\u00edcita. Es necesaria, primero, como medio indispensable (necesitate medii) de alcanzar la salvaci\u00f3n y nadie puede entrar a la bienaventuranza eterna sin ella. De ello se sigue que incluso los infantes, si bien no pueden haber realizado actos de esperanza, deben ya tener el h\u00e1bito de la esperanza en forma infusa por el bautismo. Se dice que la fe es \u00abla garant\u00eda de las cosas que esperamos\u00bb (Heb 11,1) y sin ella \u00abes imposible agradar a Dios\u00bb (Ib\u00edd. 11,6). Obviamente, por lo tanto, la esperanza es requerida para la salvaci\u00f3n con la misma necesidad absoluta que la fe. Adem\u00e1s, la esperanza es necesaria porque est\u00e1 prescrita por la ley natural, la cual, aceptada la hip\u00f3tesis de que estamos destinados a un fin sobrenatural, nos obliga a usar los medios necesarios para lograrlo. M\u00e1s a\u00fan, tambi\u00e9n la prescribe la ley divina. Ejemplo de ello es la I carta de san Pedro (1, 13): \u00abPoned toda vuestra esperanza en la gracia que se os procurar\u00e1 mediante la revelaci\u00f3n de Jesucristo\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay una norma positiva y una negativa de la esperanza. La negativa est\u00e1 vigente siempre y en toda circunstancia. No hay ninguna contingencia que justifique legalmente la desesperanza. La norma positiva que exige el ejercicio de la virtud de la esperanza demanda su cumplimiento ocasionalmente, cuando uno debe realizar ciertas obligaciones cristianas que incluyen la puesta en pr\u00e1ctica de actos correspondientes a una confianza sobrenatural. Tales actos son, por ejemplo, la oraci\u00f3n, la penitencia y otros semejantes. Tal obligaci\u00f3n, en el lenguaje escol\u00e1stico, se llama per accidens. Por otro lado, hay ocasiones en que no es necesaria tal motivaci\u00f3n para hacer obligatoria la esperanza, a causa de su importancia intr\u00ednseca, per se. Es imposible determinar con exactitud cu\u00e1ntas veces sucede eso en la vida de un cristiano, pero el que eso acontece, y sucede libremente, queda claro por la condena que hace Alejandro VII de cierta propuesta: \u00abEl hombre nunca est\u00e1 obligado durante su vida a hacer actos de fe, esperanza y caridad como consecuencia de preceptos divinos relativos a esas virtudes\u00bb. El acto expl\u00edcito de esperanza no es obligado por nadie. El cristiano promedio, cuidadoso de vivir de acuerdo a sus creencias, impl\u00edcitamente satisface el deber impuesto por el precepto de la esperanza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La doctrina expuesta hasta aqu\u00ed respecto a la necesidad de la esperanza cristiana fue impugnada en el siglo XVI por una curiosa mezcla de misticismo fan\u00e1tico y falsa espiritualidad llamada quietismo. Este singular conjunto de errores fue dado al mundo por un sacerdote espa\u00f1ol llamado Miguel Molinos. El ense\u00f1aba que para alcanzar el estado de perfecci\u00f3n era necesario renunciar a todo amor de si mismo de tal manera que uno llegara a ser indiferente al propio progreso, a la salvaci\u00f3n y\/o a la condenaci\u00f3n propia. La condici\u00f3n del alma a la que hab\u00eda que tender era una de absoluta quietud, lograda a base de renunciar a cualquier clase de deseo o cualquier cosa que pudiera entenderse como tal. Citar\u00e9 la s\u00e9ptima de las propuestas condenadas del libro de Molino, \u00abGu\u00eda Espiritual\u00bb: \u00abEl alma no debe ocuparse de si misma con pensamientos de recompensa o castigo, cielo o infierno, muerte o eternidad\u00bb. Ello significa que uno no debe esperar nada respecto a la propia salvaci\u00f3n; cualquier manifestaci\u00f3n de voluntad propia es una imperfecci\u00f3n. Consecuentemente, cualquier petici\u00f3n que se haga a Dios Todopoderoso ser\u00e1 considerada algo incorrecto. No se debe oponer resistencia alguna a las tentaciones, si no es en forma negativa, y en todo momento se debe alentar una actitud pasiva. En el a\u00f1o 1687, Inocencio XII conden\u00f3 las sesenta y ocho propuestas que incorporaban esta doctrina extraordinaria como algo her\u00e9tico, blasfemo y escandaloso. Al mismo tiempo, orden\u00f3 que el autor de la misma fuera recluido de por vida en un monasterio en el que, habiendo abjurado de sus errores, muri\u00f3 en 1696. En ese misma \u00e9poca Madame Guyon defendi\u00f3 una especie de pseudomisticismo, casi id\u00e9ntico al de Molinos, pero que exclu\u00eda las conclusiones objetables. Incluso encontr\u00f3 un aliado en Fenel\u00f3n, quien se hab\u00eda engarzado en una disputa con Bossuet en referencia al mismo tema. Posteriormente, Inocencio XII proscribi\u00f3 33 proposiciones extra\u00eddas de las \u00abExplicaciones de las m\u00e1ximas de los santos acerca de la vida interior\u00bb de Fenel\u00f3n. El n\u00facleo de esa ense\u00f1anza, en lo a que nosotros concierne, era que existe ya en esta vida un estado de perfecci\u00f3n con la que es imposible reconciliar cualquier amor de Dios que no sea absolutamente desinteresado, o sea, que no contemple la posesi\u00f3n de Dios como nuestra recompensa. De ah\u00ed se concluye que el acto de esperanza es incompatible con tal estado de perfecci\u00f3n, puesto que postula el deseo de Dios y no s\u00f3lo porque Dios es bueno en si mismo, sino porque tambi\u00e9n, y formalmente, \u00c9l es nuestro bien final y adecuado. La esperanza es menos perfecta que la caridad, pero el reconocimiento de esa verdad no implica deformidad moral de ninguna clase. Tampoco es verdad que podamos o debamos pasar nuestras vidas en una acto casi ininterrumpido de amor a Dios. De hecho no se ha dado nunca tal caso, y si se diera, definitivamente no ser\u00eda congruente con la esperanza cristiana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la cuesti\u00f3n relativa a la necesidad de la esperanza sigue, como consecuencia natural, la relativa a su certeza. Si la esperanza es requerida absolutamente como medio de salvaci\u00f3n, se presume que su uso debe estar acompa\u00f1ado de la certeza. Queda claro que, dado que la certeza es en sentido estricto un predicado del intelecto, solamente se puede decir derivativamente- o como dice santo Tom\u00e1s: participativamente-, que la esperanza es algo cierto; la esperanza es un asunto de la voluntad. En otras palabras, la esperanza, cuya funci\u00f3n es elevar y fortalecer nuestra voluntad, participa de la certeza de la fe y de la caridad, las cuales residen en nuestro intelecto. Para nuestros prop\u00f3sitos, es muy importante recordar qu\u00e9 es lo que, aprehendido por nuestro intelecto, sirve como fundamento para la esperanza cristiana. Ya se ha dicho que ello es el concepto de Dios, reconocido como nuestro auxilio al reflexionar sobre su bondad, misericordia, omnipotencia y fidelidad a sus promesas. En forma subordinada, nuestra esperanza se construye sobre nuestros propios m\u00e9ritos, puesto que la recompensa eterna no ser\u00e1 concedida sino a aquellos que emplearon su libre albedr\u00edo para cooperar con el auxilio prestado por la bondad de Dios. Y aqu\u00ed se puede discernir una triple certeza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se dice que algo es cierto condicionalmente cuando acontece infaliblemente siempre que acontece otra cosa. La fe sobrenatural es evidentemente cierta de ese modo, puesto que, si una persona hace todo lo que es necesario para salvar su alma, dicha persona puede estar segura de alcanzar la vida eterna. Esto queda garantizado por el poder infinito, la bondad y la fidelidad de dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Existe una certeza que es propia de las virtudes en general en cuanto ellas constituyen principios de acci\u00f3n. As\u00ed, por ejemplo, se puede pensar que un hombre verdaderamente moderado estar\u00e1 generalmente sobrio. Siendo la esperanza una virtud, tambi\u00e9n cuenta con esta certeza moral en la medida en que en forma constante, y de forma establecida, nos anima a buscar la dicha eterna que se tendr\u00e1 gracias a la generosidad divina y como premio a los m\u00e9ritos que hayamos acumulado con ayuda de la gracia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por \u00faltimo, se dice que algo es absolutamente cierto, o sea, cuando no est\u00e1 para nada condicionado a la existencia de otro acontecimiento. En este caso, no queda lugar para duda alguna. \u00bfTambi\u00e9n se aplica este grado de certeza a la esperanza?. En lo que concierne al objeto material de la esperanza, o sea, a aquellas gracias que son, por lo menos, remotamente apropiadas para nuestra salvaci\u00f3n, podemos confiar en que nos sean concedidas con toda certeza. En lo concerniente al objeto material primario de la fe, la visi\u00f3n de Dios cara a cara, la doctrina cat\u00f3lica expuesta en la sexta sesi\u00f3n del Concilio de Trento afirma que nuestra esperanza es cierta absolutamente si \u00fanicamente consideramos los atributos divinos que la soportan y que no pueden fallar. Mas si limitamos nuestra atenci\u00f3n a la suma total de obras buenas con que contribuimos y en las que fundamos las razones de nuestra expectativa, entonces, y exceptuando alg\u00fan caso especial de revelaci\u00f3n individual, debemos aceptar que la esperanza es incierta. Esto se deduce de nuestra imposibilidad de asegurar con antelaci\u00f3n que no seremos fr\u00e1giles o que no seremos presa de la malicia de nuestra voluntad libre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta doctrina est\u00e1 en oposici\u00f3n directa a la afirmaci\u00f3n b\u00e1sica de los protestantes acerca de que nosotros podemos y debemos estar absolutamente ciertos de nuestra salvaci\u00f3n. La \u00fanica condici\u00f3n que plantean los reformadores es creer o confiar especialmente en las promesas que por si mismas, y sin necesidad de obras buenas, justifican al hombre. Consecuentemente, aun si no hubiera actos buenos en la historia personal de alguna persona, ella podr\u00eda y deber\u00eda, con todo, sostener una esperanza firme, con la condici\u00f3n que no cesara de creer.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aceptando que la sede de la esperanza es la voluntad, podemos preguntarnos si, una vez que ha sido infundida en nosotros, podemos perderla. La respuesta es que s\u00ed; se puede destruir tanto por la comisi\u00f3n del pecado de desesperanza, que es su antagonista, como por la cancelaci\u00f3n del h\u00e1bito de la fe, que es lo que da los motivos para esperar. No est\u00e1 muy claro si el pecado de presunci\u00f3n expulsa la virtud sobrenatural de la esperanza, aunque definitivamente no pueden coexistir. No hace falta detenernos a considerar si es posible que alguien contin\u00fae esperando si se le revelase que se habr\u00e1 de condenar eternamente. Los te\u00f3logos consideran que tal revelaci\u00f3n es pr\u00e1ctica, o quiz\u00e1s absolutamente, imposible. En el caso de que, haciendo una hip\u00f3tesis absurda, Dios todopoderoso hubiese revelado a alguien que esa persona estaba destinada a la perdici\u00f3n eterna, dicha persona no podr\u00eda tener esperanza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfTienen esperanza las almas del purgatorio?. La opini\u00f3n m\u00e1s generalizada es que, dado que esas almas a\u00fan no han sido admitidas a la visi\u00f3n intuitiva de Dios, y que no hay nada en su circunstancia que afecte el concepto de esta virtud, ellas deben tener el h\u00e1bito y pueden hacer actos de esperanza. En cuanto a los condenados, se considera que, siendo que han sido privados de todo don sobrenatural, y conociendo perfectamente la perpetuidad de su castigo, ya no pueden esperar nada. En referencia a los santos del cielo, santo Tom\u00e1s sostiene que, puesto que ya poseen aquello que esperaron, es il\u00f3gico decir que tengan la virtud teologal de la esperanza. Las palabras de san Pablo (Rom 8, 24) van en esa misma direcci\u00f3n: \u00abPorque nuestra salvaci\u00f3n est\u00e1 en la esperanza, y una esperanza que se ve no es esperanza, pues \u00bfc\u00f3mo es posible esperar una cosa que se ve?\u00bb. Los bienaventurados a\u00fan pueden desear la gloria propia de los cuerpos resucitados y- por los lazos de la caridad- pueden desear la salvaci\u00f3n de otros, pero eso no es esperar en sentido estricto. El alma humana de Cristo es un buen ejemplo. Gracias a la uni\u00f3n hipost\u00e1tica ya ten\u00eda la visi\u00f3n beat\u00edfica, pero, al mismo tiempo, a causa de la naturaleza pasible (que era sujeto de pasiones humanas, en el sentido teol\u00f3gico de la palabra) en la que \u00c9l se hab\u00eda encarnado, Cristo ten\u00eda condici\u00f3n de peregrino (in statu viatoris) y, consecuentemente, pod\u00eda esperar el momento en que su cuerpo asumiera las cualidades del cuerpo glorificado. Empero, esto no se puede llamar esperanza en sentido estricto, porque la esperanza tiene como objeto primario la uni\u00f3n con Dios en el cielo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">WILHELM Y SCANNEL, Manual of Dogmatic Theology (Londres, 1909); MAZZELLA, De Virtutibus Infusis (Roma, 1884), SLATER, Manual of Moral Theology (New York, 1908); ST. THOMAS AQUINAS Summa Theologica (Tur\u00edn, 1885); BALLERINI, Opus Theologicum Morale (Prato, 1901).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">JOSEPH F. DELANY<br \/>\nTranscrito por Gerard Haffner<br \/>\nTraducido por Javier Algara Coss\u00edo\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>2Ki 18:5 en Jehov\u00e1 Dios de Israel puso su e Job 7:6 mis d\u00edas fueron m\u00e1s .. y fenecieron sin e Job 8:13 los caminos .. y la e del imp\u00edo perecer\u00e1 Job 11:18 tendr\u00e1s confianza, porque hay e Job 14:7 \u00e1rbol fuere cortado, a\u00fan queda de \u00e9l e Job 14:19 de igual manera haces &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/esperanza\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abESPERANZA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-1924","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1924","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1924"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1924\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1924"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1924"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1924"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}