{"id":2002,"date":"2016-02-04T23:06:33","date_gmt":"2016-02-05T04:06:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fe\/"},"modified":"2016-02-04T23:06:33","modified_gmt":"2016-02-05T04:06:33","slug":"fe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fe\/","title":{"rendered":"FE"},"content":{"rendered":"<p>v. Confianza, Creer, Fidelidad, Obediencia, Seguridad<br \/>\nHab 2:4 he aqu\u00ed .. mas el justo por su f vivir\u00e1<br \/>\nMat 6:30; Luk 12:28 \u00bfno har\u00e1 mucho m\u00e1s .. hombres de poca f?<br \/>\nMat 8:10; Luk 7:9 ni aun en Israel he hallado .. f<br \/>\nMat 8:26 \u00bfpor qu\u00e9 tem\u00e9is, hombres de poca f?<br \/>\nMat 9:2; Mar 2:5; Luk 5:20 al ver Jes\u00fas la f de ellos<br \/>\nMat 9:22; Mar 5:34; Luk 8:48 tu f te ha salvado<br \/>\nMat 14:31 \u00a1hombre de poca f! \u00bfPor qu\u00e9 dudaste?<br \/>\nMat 15:28 oh mujer, grande es tu f; h\u00e1gase contigo<br \/>\nMat 17:20 si tuviereis f como un grano de mostaza<br \/>\nMat 21:21 os digo, que si tuviereis f, y no dudareis<br \/>\nMar 4:40 as\u00ed amedrentados? \u00bfC\u00f3mo no ten\u00e9is f?<br \/>\nMar 10:52; Luk 18:42 dijo: Vete, tu f te ha salvado<br \/>\nMar 11:22 Jes\u00fas, les dijo: Tened f en Dios<br \/>\nLuk 7:50 la mujer: Tu f te ha salvado, v\u00e9 en paz<br \/>\nLuk 8:25 y les dijo: \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 vuestra f?<br \/>\nLuk 17:5 dijeron los .. al Se\u00f1or: Aum\u00e9ntanos la f<br \/>\nLuk 18:8 cuando venga .. \u00bfhallar\u00e1 f en la tierra?<br \/>\nLuk 22:32 yo he rogado por ti, que tu f no falte<br \/>\nAct 3:16 por la f en su nombre, a \u00e9ste, que .. veis<br \/>\nAct 6:5 Esteban, var\u00f3n lleno de f y del Esp\u00edritu<br \/>\nAct 11:24 porque era var\u00f3n bueno, y lleno .. de f<br \/>\nAct 14:9 Pablo .. viendo que ten\u00eda f para ser sanado<br \/>\nAct 14:22 exhort\u00e1ndoles .. permaneciesen en la f<br \/>\nAct 16:5 que las iglesias eran confirmadas en la f<br \/>\nAct 17:31 dando f a todos con haberle levantado<br \/>\nAct 24:24 viniendo F\u00e9lix .. le oy\u00f3 acerca de la f<br \/>\nRom 1:5 la obediencia a la f en todas las naciones<br \/>\nRom 1:8 vuestra f se divulga por todo el mundo<br \/>\nRom 1:17 justicia de Dios se revela por f y para f<br \/>\nRom 1:17; Gal 3:11; Heb 10:38 mas el justo por la f vivir\u00e1<br \/>\nRom 3:22 la justicia de Dios por medio de la f en<br \/>\nRom 3:25 como propiciaci\u00f3n por medio de la f en<br \/>\nRom 3:26 que justifica al que es de la f de Jes\u00fas<br \/>\nRom 3:27 de las obras? No, sino por la ley de la f<br \/>\nRom 3:28 hombre es justificado por f sin las obras<br \/>\nRom 4:5 no obra .. su f le es contada por justicia<br \/>\nRom 4:14 vana resulta la f, y anulada la promesa<br \/>\nRom 4:16 por f, para que sea por gracia, a fin de<br \/>\nRom 4:16 para la que es de la f de Abraham, el<br \/>\nRom 4:19 y no se debilit\u00f3 en la f al considerar<br \/>\nRom 5:1 justificados, pues, por la f, tenemos paz<br \/>\nRom 5:2 tenemos entrada por la f a esta gracia<br \/>\nRom 9:30 justicia, es decir, la justicia que es por f<br \/>\nRom 9:32 porque iban tras ella no por f, sino como<br \/>\nRom 10:6 pero la justicia que es por la f dice as\u00ed<br \/>\nRom 10:8 esta es la palabra de f que predicamos<br \/>\nRom 10:17 as\u00ed que la f es por el oir, y el oir por<br \/>\nRom 12:3 conforme a la medida de f que Dios da<br \/>\nRom 14:22 \u00bftienes t\u00fa f? Tenla para contigo mismo<br \/>\nRom 14:23 todo lo que no proviene de f, es pecado<br \/>\n1Co 2:5 para que vuestra f no est\u00e9 fundada en la<br \/>\n1Co 12:9 a otro, f por el mismo Esp\u00edritu; y a otro<br \/>\n1Co 13:2 y si tuviese toda la f, de tal manera que<br \/>\n1Co 13:13 permanecen la f, la esperanza y el amor<br \/>\n1Co 15:14 si Cristo no .. vana es tambi\u00e9n vuestra f<br \/>\n1Co 16:13 velad, estad firmes en la f; portaos<br \/>\n2Co 1:24 no que nos ense\u00f1oreemos de vuestra f<br \/>\n2Co 4:13 pero teniendo el mismo esp\u00edritu de f<br \/>\n2Co 5:7 porque por f andamos, no por vista<br \/>\n2Co 10:15 conforme crezca vuestra f seremos muy<br \/>\n2Co 13:5 examinaos a vosotros .. si est\u00e1is en la f<br \/>\nGal 2:16 no es justificado por .. sino por la f de<br \/>\nGal 3:2 por las obras de la ley, o por el oir con f?<br \/>\nGal 3:14 que por la f recibi\u00e9semos la promesa<br \/>\nGal 3:26 pues todos sois hijos de Dios por la f en<br \/>\nGal 5:6 vale .. sino la f que obra por el amor<br \/>\nGal 6:10 y mayormente a los de la familia de la f<br \/>\nEph 1:15 habiendo o\u00eddo de vuestra f en el Se\u00f1or<br \/>\nEph 2:8 por gracia sois salvos por medio de la f<br \/>\nEph 3:12 con confianza por medio de la f en \u00e9l<br \/>\nEph 3:17 que habite Cristo por la f en vuestros<br \/>\nEph 4:5 un Se\u00f1or, una f, un bautismo<br \/>\nEph 4:13 que todos lleguemos a la unidad de la f<br \/>\nEph 6:16 el escudo de la f, con que pod\u00e1is apagar<br \/>\nPhi 1:27 combatiendo .. por la f del evangelio<br \/>\nPhi 3:9 sino .. la justicia que es de Dios por la f<br \/>\nCol 1:4 habiendo o\u00eddo de vuestra f en Cristo<br \/>\nCol 1:23 en verdad permanec\u00e9is .. firmes en la f<br \/>\nCol 2:5 mirando .. firmeza de vuestra f en Cristo<br \/>\n1Th 1:3 acord\u00e1ndonos .. de la obra de vuestra f<br \/>\n1Th 1:8 lugar vuestra f en Dios se ha extendido<br \/>\n1Th 5:8 vestido con la coraza de f y de amor, y<br \/>\n2Th 1:3 por cuanto vuestra f va creciendo, y el<br \/>\n2Th 1:11 y cumpla .. toda obra de f con su poder<br \/>\n2Th 3:2 librados de .. porque no es de todos la f<br \/>\n1Ti 1:2 Timoteo, verdadero hijo en la f: Gracia<br \/>\n1Ti 1:5 amor nacido de .. buena conciencia y de f<br \/>\n1Ti 1:19 manteniendo la f y buena conciencia<br \/>\n1Ti 2:15 pero se salvar\u00e1 .. si permaneciere en f<br \/>\n1Ti 3:9 que guarden el misterio de la f con limpia<br \/>\n1Ti 3:13 ganan .. mucha confianza en la f que es<br \/>\n1Ti 4:1 dice .. que .. algunos apostatar\u00e1n de la f<br \/>\n1Ti 4:12 s\u00e9 ejemplo de .. en palabra .. f y pureza<br \/>\n1Ti 5:8 si alguno no provee para .. ha negado la f<br \/>\n1Ti 6:10 el cual codiciando .. extraviaron de la f<br \/>\n1Ti 6:12 pelea la buena batalla de la f, echa mano<br \/>\n1Ti 6:21 la cual profesando .. desviaron de la f<br \/>\n2Ti 1:5 trayendo a la memoria la f no fingida<br \/>\n2Ti 2:18 desviaron .. y trastornan la f de algunos<br \/>\n2Ti 3:8 corruptos de .. r\u00e9probos en cuanto a la f<br \/>\n2Ti 3:15 hacer sabio para la salvaci\u00f3n por la f<br \/>\n2Ti 4:7 he acabado la carrera, he guardado la f<br \/>\nTit 1:1 conforme a la f de los escogidos de Dios<br \/>\nTit 1:4 a Tito, verdadero hijo en la com\u00fan f<br \/>\nTit 1:13 repr\u00e9ndelos .. que sean sanos en la f<br \/>\nTit 2:2 sean sobrios .. sanos en la f, en el amor<br \/>\nPhm 1:5 oigo del amor y de la f que tienes hacia<br \/>\nHeb 4:2 por no ir acompa\u00f1ada de f en los que la<br \/>\nHeb 6:1 dejando .. rudimentos .. de la f en Dios<br \/>\nHeb 6:12 de aquellos que por la f .. heredan las<br \/>\nHeb 10:22 en plena certidumbre de f, purificados<br \/>\nHeb 10:39 que tienen f para preservaci\u00f3n del alma<br \/>\nHeb 11:1 es, pues, la f la certeza de lo que se<br \/>\nHeb 11:6 pero sin f es imposible agradar a Dios<br \/>\nHeb 11:13 conforme a la f murieron todos \u00e9stos<br \/>\nHeb 11:33 que por f conquistaron reinos, hicieron<br \/>\nHeb 11:39 alcanzaron buen testimonio mediante la f<br \/>\nHeb 12:2 en Jes\u00fas, el autor y consumador de la f<br \/>\nHeb 13:7 resultado de su conducta, e imitad su f<br \/>\nJam 1:6 pida con f, no dudando nada; porque<br \/>\nJam 2:1 vuestra f en nuestro gloriosos Se\u00f1or sea<br \/>\nJam 2:5 para que sean ricos en f y herederos del<br \/>\nJam 2:14 alguno dice que tiene f, y no tiene obras<br \/>\nJam 2:18 tu f sin tus obras .. mi f por mis obras<br \/>\nJam 2:20 saber .. la f sin las obras es muerta?<br \/>\nJam 2:22 la f actu\u00f3 .. con sus obras, y que la f<br \/>\n1Pe 1:5 que sois guardados por .. mediante la f<br \/>\n1Pe 1:7 para que sometida a prueba vuestra f<br \/>\n1Pe 1:9 obteniendo el fin de vuestra f, que es la<br \/>\n1Pe 5:9 al cual resistid firmes en la f, sabiendo<br \/>\n2Pe 1:1 una f igualmente preciosa que la nuestra<br \/>\n2Pe 1:5 por esto mismo, a\u00f1adid a vuestra f virtud<br \/>\n1Jo 5:4 la victoria que ha vencido .. nuestra f<br \/>\nJud 1:3 contend\u00e1is ardientemente por la f que ha<br \/>\nJud 1:20 edific\u00e1ndoos sobre vuestra sant\u00edsima f<br \/>\nRev 2:19 conozco tus obras, y amor y f, y servicio<br \/>\nRev 13:10 est\u00e1 la paciencia y la f de los santos<br \/>\nRev 14:12 los que guardan los .. y la f de Jes\u00fas<\/p>\n<hr>\n<p>Fe    (heb. &#8216;emeth,&#8217;em\u00fbn y &#8216;em\u00fbn\u00e2h; gr. p\u00ed\u00adstis).  1. Confianza del coraz\u00f3n y de la mente en Dios y sus caminos que nos conduce a actuar en armon\u00ed\u00ada con su soberana voluntad (2Co 5:7; Heb 11:8).  Esta fe no se basa en una aceptaci\u00f3n ciega e irracional, sino en una suprema confianza en la capacidad y la integridad de Dios (Deu 7:9; 1Ki 8:56; 1Co 1:9; Heb 10:23; 2 Tit 1:12;  etc.).  Tal fe es un prerrequisito para acercarse a Dios (Heb 11:6) y por su medio una persona es justificada en Cristo (Rom 3:28; 5:1; G\u00e1. 2:16; 3:8,25; etc.); la justicia de Cristo llega a ser nuestra por fe en \u00e9l (Phi 3:9).  La fe del creyente en Dios habilita al Se\u00f1or a hacer cosas milagrosas en su favor y por medio de \u00e9l (Mat 9:21, 22; Jam 5:14, 15; etc.).  La verdadera fe no puede ser pasiva, sino que se manifiesta en obras de justicia (G\u00e1. 5:6; Jam 2:17, 18, 20, 21, 26; etc.).  Pablo enf\u00e1ticamente niega que la fe aboli\u00f3 la ley (Rom 3:31) o nuestras obligaciones para con ella (6:1); m\u00e1s bien, nos ha puesto en la situaci\u00f3n de que, por medio de Cristo, la justicia de la ley pueda ser cumplida en nosotros (8:1-4).  2. Lo que se cree; el sistema de doctrinas cristianas.  Por causa del poder y de la convicci\u00f3n que acompa\u00f1aron la predicaci\u00f3n del evangelio por los ap\u00f3stoles, \u00abmuchos de los sacerdotes obedec\u00ed\u00adan a la fe\u00bb (Act 6:7).  El mago Elimas procur\u00f3 prejuiciar a Sergio Paulo, el proc\u00f3nsul de Chipre, contra \u00abla fe\u00bb (13:6-8).  Pablo exhort\u00f3 a sus conversos a que \u00abpermaneciesen en la fe\u00bb (14:22). V\u00e9ase tambi\u00e9n Phi 1:27; Jam 2:1; Jud_3  3. Fidelidad, lealtad.  Este es el significado espec\u00ed\u00adfico del heb. &#8216;em\u00fbn\u00e2h, traducido como \u00abfe\u00bb en Hab 2:4  Cuando Pablo cita este vers\u00ed\u00adculo (Rom 1:7) puede estar dando a la fe el significado m\u00e1s abarcante del NT.  Sin embargo, en Rom 3:3, Tit. 2:10 y G\u00e1. 5:22, p\u00ed\u00adstis tiene el significado de \u00abfidelidad\u00bb (y sin duda tambi\u00e9n en otros textos, en mayor o menor grado).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>lat\u00ed\u00adn fides. Aceptaci\u00f3n de alguna verdad. Seguridad derivada del apoyo en alguien. Virtud teologal que consiste en la adhesi\u00f3n firme a Jesucristo y a su Evangelio. Es un don gratuito de Dios, Ef 2, 8; para justificarnos y para salvarnos, Rm 1, 16-17. Sin la fe es imposible agradar a Dios, Hb 11, 6.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>(heb., \u2020\u2122emun; gr., pistis). Fe tiene un sentido doble en la Biblia:<br \/>\n( 1 )  Confianza, dependencia (Rom 3:3) y<br \/>\n( 2 )  fidelidad, honradez.<\/p>\n<p>En el AT el verbo creer ocurre s\u00f3lo 30 veces pero esta infrecuencia comparativa no es un apto reflejo de la importancia del lugar que ocupaba la fe en el esquema del AT. El NT toma todos sus ejemplos de la fe de la vida de creyentes del AT (p. ej., Rom 4:18 ss.; Hebreos 11; Jam 2:14 ss.) y Pablo apoya su doctrina de la fe en la palabra de Hab 2:4.<\/p>\n<p>Cuando se usa con una aplicaci\u00f3n religiosa en el AT a veces la fe aparece en una palabra espec\u00ed\u00adfica, o una obra de Dios (Lam 4:12; Hab 1:5), o en el hecho de la revelaci\u00f3n de Dios (Exo 4:5; Job 9:16), o en las palabras o los mandamientos de Dios en general (Psa 119:66), o en Dios mismo (Gen 15:6). Hay fe en la palabra de los profetas de Dios porque hablan por \u00e9l y \u00e9l es completamente digno de confianza (Exo 19:9; 2Ch 20:20). Los escritores del NT, especialmente Pablo y el autor de los Hebreos, muestran que la fe manifestada por los santos del AT no era distinta en tipo que la que se esperaba de los cristianos.<\/p>\n<p>Los t\u00e9rminos fe y creer ocurren casi 500 veces en el NT. Una raz\u00f3n principal por ello es que el NT asevera que el Mes\u00ed\u00adas prometido finalmente hab\u00ed\u00ada llegado y para confusi\u00f3n de muchos la forma del cumplimiento no correspond\u00ed\u00ada obviamente con la promesa mesi\u00e1nica. Hac\u00ed\u00ada falta un verdadero acto de fe para creer que Jes\u00fas de Nazaret era el Mes\u00ed\u00adas prometido. No pas\u00f3 mucho tiempo antes de que creer significara convertirse en cristiano. En el NT por lo tanto, la fe se convierte en el acto y la experiencia suprema del ser humano.<\/p>\n<p>Es en las ep\u00ed\u00adstolas de Pablo que se expresa el significado de la fe con m\u00e1s claridad y m\u00e1s detalle. La fe es la confianza en la persona de Jes\u00fas, la verdad de su ense\u00f1anza y la obra redentora que cumpli\u00f3 en el Calvario. No ha de confundirse la fe con una mera aceptaci\u00f3n intelectual de las ense\u00f1anzas doctrinales del cristianismo, aunque obviamente es necesaria. Incluye una dedicaci\u00f3n radical y total a Cristo como el Se\u00f1or de la vida.<\/p>\n<p>La incredulidad, o falta de fe en el evangelio cristiano, aparece por todo el NT como el mal supremo. No dar una respuesta decisiva a la oferta de Dios en Cristo significa que la persona permanece en el pecado y est\u00e1 perdida eternamente. S\u00f3lo la fe puede salvarla.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>(creencia, confianza).<\/p>\n<p> En la Biblia figura en los dos sentidos.<\/p>\n<p> &#8211; Pasiva: Creer lo que Dios nos ha revelado, porque El es la verdad.<\/p>\n<p> &#8211; Activa: Fidelidad a una promesa, o a una persona.<\/p>\n<p> &#8211; En el A.T, la palabra \u00abfe\u00bb figura 3 veces: (Hab 2:4, Num 35:30, Isa 57:11), la palabra \u00abcreer\u00bb, 43 veces.<\/p>\n<p> &#8211; En el N.T. fe y creer se repitan 450 veces: (en el Evangelio de Juan, 98 veces).<\/p>\n<p> Fe en Cristo y fe en Dios equivalen a lo mismo en Juan: Quien tiene fe en Cristo o en Dios, tiene la \u00abvida eterna\u00bb; no \u00abtendr\u00e1\u00bb, sino que \u00abtiene\u00bb, Jua 3:36, Jua 5:24. y el que no tiene \u00abfe\u00bb, la c\u00f3lera de Dios est\u00e1 con \u00e9l, \u00c2\u00a1as\u00ed\u00ad es que es muy importante esto de la fe!.<\/p>\n<p> (Jua 3:36).<\/p>\n<p> La fe es un don de Dios, de Cristo, que es el autor y consumador de la fe, Rom 12:3, Heb 12:2.<\/p>\n<p> Cada persona del mundo tiene la \u00abmedida de la fe\u00bb que necesita para ir al Cielo: (Rom 12:3), pero cada persona es libre para aceptarla o rechazarla: (Jua 3:18, Jua 3:36, Jua 5:24).<\/p>\n<p> El que no cree, el que se llama \u00abateo\u00bb es un necio inexcusable, Rom 1:1833, sobre el que vendr\u00e1n consecuencias terribles, en esta vida, y eternamente, en la otra.<\/p>\n<p> (Rom 1:18-36, Jua 3:18Jua 3:36). Ver \u00abAteismo\u00bb.<\/p>\n<p> Los \u00abh\u00e9roes de la fe\u00bb de Heb.11, ninguno conoci\u00f3 a Jes\u00fas, porque todos nacieron antes que El. As\u00ed\u00ad es que Dios da toda la fe que necesita el chinito o africano que nunca oyeron hablar de Jes\u00fas o de la Biblia.<\/p>\n<p> La fe en Jesucristo es lo m\u00e1s grandiosamente maravilloso que le puede ocurrir a una persona, capaz de mover las montanas del odio y del rencor, de sembrar en nuestras vidas el gozo, amor y paz que solo Dios puede dar, y de llenarnos de la humildad, poder, libertad y seguridad de Cristo: (Mat 17:2, Mat 21:21-22, Mc.11.22-24).<\/p>\n<p> Esta fe es algo muy sencillo, es lo mismo que hac\u00ed\u00adan el ciego Bartimeo, y los leprosos y paral\u00ed\u00adticos del Evangelio: Creer que Jes\u00fas es Dios, y que lo puede todo, y confiar en El. Hoy d\u00ed\u00ada, para ti y para m\u00ed\u00ad, es creer que Jesucristo es Dios, que derram\u00f3 su Sangre en la Cruz, para redimirnos, para pagar por todos nuestros pecados, y que resucit\u00f3, y est\u00e1 ahora mismo a nuestro lado. Si lo crees, ad\u00f3ralo ahora mismo, o, al menos; \u00c2\u00a1sal\u00fadalo!, y p\u00ed\u00addele lo que quieras, porque es Dios que te ama, y lo puede todo.<\/p>\n<p> Y si crees en Jes\u00fas, crees en todo lo que El dijo, en que tienes que comer su Carne y su Sangre, porque si no, no vas a tener vida: (Jua 6:53), y vas a ponerte ahora mismo a vivir la vida gloriosa de los hijos de Dios en su \u00fanica Iglesia, lo m\u00e1s entranable de su coraz\u00f3n; esa Iglesia donde hay una persona con los poderes de Mt.16.<\/p>\n<p> 19, y que es el \u00abpastor\u00bb de los creyentes, como le mand\u00f3 Jes\u00fas en Jua 21:15-17. esa Iglesia donde hay personas con el Poder de perdonar pecados, otorgado por Jes\u00fas en Jua 20:23, y donde hay \u00abpoder\u00bb para bautizar a ninos y de orar con eficacia por los difuntos, \u00c2\u00a1hay poder en la \u00fanica Iglesia de Cristo!: La Salvaci\u00f3n es por la fe, y nada m\u00e1s que por la fe, sin los m\u00e9ritos de ninguna obra, es la \u00abgracia\u00bb, totalmente gratis, que no cuesta nada, s\u00f3lo aceptar lo que Dios \u00abya\u00bb te ha dado, seas quien seas: (Rom 3:28, Gal 2:16, Efe 2:8, Rev 22:17).<\/p>\n<p> Si tienes \u00abfe\u00bb vas a hacer obras, muchas y muy buenas. Si no haces muy buenas obras, es que tu fe, no es fe, es falsa, es una mentira, te est\u00e1s enganando, no te vale para nada, dice Pablo en 1Co 13:2, y Santiago en 2:20, y Jes\u00fas en Mat 7:21-23, y m\u00e1s de 100 veces lo repite el N.T.<\/p>\n<p> Para que lo entiendas: T\u00fa eres hijo de tu padre, no porque hicieras ninguna obra buena, ni por ning\u00fan m\u00e9rito, lo eres gratis, sin hacer nada. Y si tu padre es Rey, eres pr\u00ed\u00adncipe; o si tiene una casita, la casita es tuya. pero, una vez que eres hijo, tienes que amar a tu padre, y hacer cosas buenas . y si no lo haces, eres un mal hijo que mereces castigo, no premio.<\/p>\n<p> E1 \u00abcreyente har\u00e1 las obras de Cristo: As\u00ed\u00ad nos asegura Jes\u00fas en Jua 14:12-14 : el que cree en m\u00ed\u00ad, \u00e9se har\u00e1 tambi\u00e9n las obras que yo hago, y las har\u00e1 mayores que \u00e9stas, porque yo voy al Padre., y anade que con fe tan pequena como un grano de mostaza, \u00abnada os ser\u00ed\u00ada imposible\u00bb en Mat 17:20, Mar 9:23. . y en la Gran Comisi\u00f3n de Mc.16.<\/p>\n<p> 17-18 dice: A los que creyeren les acompanar\u00e1n estas senales: En mi nombre echar\u00e1n los demonios, hablar\u00e1n lenguas nuevas, tomar\u00e1n en las manos las serpientes, y si bebieren la ponzona, no les danar\u00e1; pondr\u00e1n las manos sobre los enfermos, y estos se encontrar\u00e1n bien\u00bb. \u00c2\u00a1son 5 senales las que acompanar\u00e1n a los que creen!. zHa expulsado usted los demonios de las drogas, sanado enfermos.\u00c2\u00a1: Efectos de la fe: Por la fe, Cristo vive en nuestro coraz\u00f3n, \u00c2\u00a1tenemos un coraz\u00f3n nuevo!, y, por ello, somos templos del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y moradas de Dios Padre, e hijos de Dios, \u00c2\u00a1no hijos de un millonario, sino hijos de Dios!, coherederos de la misma herencia que Jes\u00fas: (Jua 14:23, Gal 2:20, 1Co 3:16, Rom 8:17. y aqu\u00ed\u00ad podr\u00ed\u00adamos poner, directa, o indirectamente, toda la Biblia como cita. Lea Eze 36:26).<\/p>\n<p> La fe de la Virgen Maria: Luc 1:34, Luc 1:38, Luc 1:45, Luc 2:48, Luc 2:50, Luc 11:27-28, Jn.2,Luc 19:25-27.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Gracia mediante la cual Dios capacita al hombre para creer en \u00e9l y confiar plenamente en sus promesas. La f. tiene su origen en Dios mismo, que la da (\u2020\u0153Porque por gracia sois salvos por medio de la f.; y esto no de vosotros, pues es don de Dios\u2020\u009d [Efe 2:8]). El Se\u00f1or Jes\u00fas es el \u2020\u0153autor y consumador de la fe\u2020\u009d (Heb 12:2). Aunque la palabra \u2020\u0153creer\u2020\u009d es la que m\u00e1s se utiliza hablando de la f., no se puede limitar el significado de \u00e9sta a la acepci\u00f3n m\u00e1s simple de ese t\u00e9rmino, porque \u2020\u0153los demonios creen y tiemblan\u2020\u009d (Stg 2:19). Pablo reconoci\u00f3 que el rey Agripa cre\u00ed\u00ada a los profetas (Hch 26:27). El hombre es capaz de creer en la veracidad de algunos hechos hist\u00f3ricos, o en un conjunto de dogmas, o de doctrinas, o en una ideolog\u00ed\u00ada, o en una religi\u00f3n. Esa capacidad del hombre para creer est\u00e1 incluida en lo que la Biblia llama \u2020\u0153tener f.\u2020\u009d, pero es s\u00f3lo una parte de algo mucho m\u00e1s extenso y profundo, siempre vinculado con el evangelio. En el sentido b\u00ed\u00adblico ese acto intelectual va acompa\u00f1ado de otros que son volitivos y emotivos. Intelecto, voluntad y emociones se conjugan en el acto de f.<\/p>\n<p>En el AT se utiliza la palabra f. s\u00f3lo dos o tres veces (Num 35:30; Isa 57:11; Hab 2:4). Probablemente en el caso de Habacuc es donde el concepto est\u00e1 m\u00e1s cercano al del NT, pues el profeta dice que ante la amenaza de desastres que realizar\u00ed\u00adan los caldeos, el justo ten\u00ed\u00ada que vivir por la f., creyendo en que Dios har\u00ed\u00ada su obra de todos modos. Pero aunque el t\u00e9rmino no sea abundante, el concepto s\u00ed\u00ad que lo es. Est\u00e1 presente en el uso de he\u2020\u2122emin, palabra hebrea para creer. La religi\u00f3n de los hebreos fue siempre una religi\u00f3n de \u2020\u00a2esperanza, comenzando desde Abraham, quien \u2020\u0153crey\u00f3 en esperanza contra esperanza&#8230;. por lo cual su f. le fue contada por justicia\u2020\u009d (Rom 4:18, Rom 4:22). La exhortaci\u00f3n de Josafat al pueblo: \u2020\u0153Creed en Jehov\u00e1 vuestro Dios, y estar\u00e9is seguros; creed a sus profetas, y ser\u00e9is prosperados\u2020\u009d (2Cr 20:20), bien que puede resumir la posici\u00f3n del AT. Repetidas veces se enfatiza la confianza en Dios como modelo de virtud y piedad. \u2020\u0153Estos conf\u00ed\u00adan en carros, y aqu\u00e9llos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehov\u00e1 nuestro Dios tendremos memoria\u2020\u009d (Sal 20:7).\u2020\u0153En su santo nombre hemos confiado\u2020\u009d (Sal 33:21). Los h\u00e9roes del AT, nos dice el autor de Hebreos, confiaban en Dios, cre\u00ed\u00adan a Dios, daban por ciertas cosas que no ve\u00ed\u00adan. Aunque todos ellos murieron \u2020\u0153sin haber recibido lo prometido, sino mir\u00e1ndolo de lejos, y crey\u00e9ndolo, y salud\u00e1ndolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra\u2020\u009d (Heb 11:1-40), el NT les reconoce que vivieron por f.<\/p>\n<p>En el NT, sin embargo, el t\u00e9rmino f. es ampliamente utilizado. La palabra griega es pistis, que aparece doscientas treinta y nueve veces, veinticuatro de ellas en los evangelios sin\u00f3pticos. El verbo \u2020\u0153creer\u2020\u009d (gr. pisteuo) se repite a trav\u00e9s del todo el NT doscientas veintisiete veces. Es interesante notar que el Evangelio de Juan no usa la palabra f., pero, en cambio, emplea pisteuo (creer) ochenta y cinco veces (los sin\u00f3pticos lo hacen s\u00f3lo unas treinta y tres veces). Esto demuestra la importancia del tema en el nuevo pacto.<br \/>\nalgunas ocasiones se habla de f. con el sentido simplemente de confiar. El Se\u00f1or Jes\u00fas dijo de sus disc\u00ed\u00adpulos que eran \u2020\u0153hombres de poca f.\u2020\u009d (Mat 8:26). Reconoci\u00f3 la f. en la mujer que toc\u00f3 su manto buscando sanidad (Mat 9:22). Le dijo a la mujer cananea: \u2020\u0153Oh mujer, grande es tu f.\u2020\u009d (Mat 15:28). Reconvino a los fariseos por su falta de f. (Mat 23:23). Y alab\u00f3 a un centuri\u00f3n diciendo: \u2020\u0153Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta f.\u2020\u009d (Luc 7:9). Por lo tanto, ese tipo de f. o confianza es algo posible en los hombres, que la tienen en mayor o menor grado.<br \/>\nen la mayor\u00ed\u00ada de las ocasiones, cuando el NT habla de f., por lo general se est\u00e1 haciendo referencia a lo que se llama en lenguaje teol\u00f3gico corriente \u2020\u0153f. salvadora\u2020\u009d, que va much\u00ed\u00adsimo m\u00e1s lejos, puesto que encierra una confianza absoluta en Dios y su palabra, as\u00ed\u00ad como una entrega de todo el ser a ese Dios en quien se cree y se conf\u00ed\u00ada. Tan importante es la f., el creer, en el NT, que los servidores de Dios son llamados \u2020\u0153creyentes\u2020\u009d.<br \/>\nese sentido, debe considerarse a la f. como el instrumento que Dios le provee al hombre para que pueda conocerle. Es, pues, una herramienta de conocimiento para el ser humano, adicional a la raz\u00f3n. Muchas cosas de Dios pueden conocerse por v\u00ed\u00ada de la raz\u00f3n, \u2020\u0153porque las cosas invisibles de \u00e9l, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creaci\u00f3n del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas\u2020\u009d (Rom 1:20). Pero la raz\u00f3n, como instrumento para el conocimiento de Dios, tiene sus l\u00ed\u00admites. Para ir m\u00e1s all\u00e1 de ellos, entonces, es necesario que Dios provea de otro medio cognoscitivo. La fe es la provisi\u00f3n de Dios para que le conozcamos. Es comprensible, pues, que los hombres en su teor\u00ed\u00ada del conocimiento digan que no pueden aceptar las cosas que los creyentes aceptan. No pueden hacerlo porque no disponen del mecanismo de la fe, que es un don de Dios (\u2020\u0153no es de todos la f.\u2020\u009d [2Te 3:2]). Y al no tenerlo, no pueden reconocer siquiera su existencia como medio de conocimiento. Por eso s\u00f3lo aceptan la raz\u00f3n. Sin embargo, \u2020\u0153no tienen excusa\u2020\u009d, precisamente porque lo que s\u00ed\u00ad pueden entender por medio de \u00e9sta deb\u00ed\u00ada serles m\u00e1s que suficiente para, por lo menos, glorificar a Dios y darle gracias, lo cual no hicieron, sino que \u2020\u0153se envanecieron en sus razonamientos, y su necio coraz\u00f3n fue entenebrecido\u2020\u009d (Rom 1:21). \u00bfC\u00f3mo aceptar\u00ed\u00ada la raz\u00f3n humana la expresi\u00f3n de Pablo de \u2020\u0153que habite Cristo por la f. en vuestros corazones\u2020\u009d (Efe 3:17)? Lo que har\u00ed\u00ada ser\u00ed\u00ada recordarnos la ley de la f\u00ed\u00adsica en cuanto a que dos cuerpos no pueden ocupar un mismo lugar en el espacio. A lo m\u00e1s que llegar\u00ed\u00ada ser\u00ed\u00ada a reconocer en esa expresi\u00f3n una significaci\u00f3n po\u00e9tica, una figura literaria. Pero el creyente sabe que no es as\u00ed\u00ad. La f. es el mecanismo que le permite conocer las realidades del mundo del esp\u00ed\u00adritu, donde no gobiernan las leyes del tiempo y el espacio.<br \/>\nel que no tiene el don de la f. una gran cantidad de expresiones b\u00ed\u00adblicas aparentan ser unos galimat\u00ed\u00adas. Que somos \u2020\u0153salvos por medio de la f.\u2020\u009d (Efe 2:8), que fuimos \u2020\u0153sepultados en \u00e9l en el bautismo, en el cual fuisteis tambi\u00e9n resucitados con \u00e9l, mediante la f. en el poder de Dios\u2020\u009d (Col 2:12), que tenemos \u2020\u0153acceso con confianza por medio de la f.\u2020\u009d (Efe 3:12), etc\u00e9tera. Estas aseveraciones son imposibles de aceptar para una mente que s\u00f3lo utilice la raz\u00f3n. Pero los creyentes dicen: \u2020\u0153Por la fe entendemos&#8230;\u2020\u009d (Heb 11:3).<br \/>\nel NT se utiliza tambi\u00e9n el t\u00e9rmino f. para se\u00f1alar al evangelio y el conjunto de doctrinas que de \u00e9l se derivan. Casi siempre se usa la expresi\u00f3n \u2020\u0153la f.\u2020\u009d As\u00ed\u00ad, se habla de guardar la f. (2Ti 4:7); los creyentes son animados a combatir \u2020\u0153un\u00e1nimes por la f. del evangelio\u2020\u009d (Flp 1:27) y a contender \u2020\u0153ardientemente por la f. que ha sido una vez dada a los santos\u2020\u009d (Jud 1:3). Los que van a ser considerados l\u00ed\u00adderes entre los cristianos deben ser examinados para ver que \u2020\u0153guarden el misterio de laf. con limpia conciencia\u2020\u009d (1Ti 3:9). \u2020\u0153En los postreros tiempos algunos apostatar\u00e1n de la f., escuchando a esp\u00ed\u00adritus enga\u00f1adores\u2020\u009d (1Ti 4:1).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, DOCT DONE<\/p>\n<p>vet, (gr.:\u00bb pistis\u00bb). Es una palabra relacionada con \u00abcreer\u00bb; desde luego, ambos conceptos no pueden estar separados. En el AT aparece dos veces la palabra \u00abfe\u00bb en sentido propio (Dt. 32:20; Hab. 2:4). Las palabras en heb. son \u00abemun\u00bb, \u00abemunah\u00bb; pero \u00abaman\u00bb se traduce frecuentemente como \u00abcreer\u00bb. La primera vez que este verbo aparece en el AT es cuando se usa de Abraham: \u00abY crey\u00f3 a Jehov\u00e1, y le fue contado por justicia\u00bb (Gn. 15:6). En esto se apoya Pablo en Ro. 4, donde la fe del creyente le es contada por justicia, sac\u00e1ndose la conclusi\u00f3n de que si alguno cree en Aquel que resucit\u00f3 a Jes\u00fas el Se\u00f1or de entre los muertos, le ser\u00e1 contado por justicia. Esto puede recibir el nombre de \u00abfe salvadora\u00bb. Es la confianza en Dios puesta en Su palabra; es creer en una persona, como Abraham crey\u00f3 a Dios. \u00abEl que cree en el Hijo tiene vida eterna\u00bb (Jn. 3:36). No hay virtud ni m\u00e9rito en la fe misma; lo que hace es ligar al alma con el Dios infinito. La fe es ciertamente don de Dios (Ef. 2:8). La salvaci\u00f3n es sobre el principio de la fe, en contraste con las obras bajo la ley (Ro. 10:9). Pero la fe se manifiesta por las buenas obras. Si alguien dice que tiene fe, es cosa razonable decirle: \u00abmu\u00e9strame tu fe\u00bb por tus obras (Stg. 2:14-26). Si, por otra parte, la fe no da evidencia de s\u00ed\u00ad misma, es descrita como \u00abmuerta\u00bb, totalmente diferente de la fe verdadera y activa. Un mero asentimiento mental a lo que se afirma, como mero asunto factual, no es fe. As\u00ed\u00ad, la fe engloba la creencia, pero llega m\u00e1s lejos que ella, d\u00e1ndose de una manera vital a su objeto. El hombre natural puede creer un c\u00famulo de verdades. \u00abT\u00fa crees que Dios es uno; bien haces. Tambi\u00e9n los demonios creen, y tiemblan\u00bb (Stg. 2:19). Pero el creer personalmente, con una involucraci\u00f3n personal, esto es, la fe, da gozo y paz. Hay tambi\u00e9n el poder y la acci\u00f3n de la fe en el camino del cristiano: \u00abPor fe andamos, no por vista\u00bb (2 Co. 5:7). Vemos esta fe exhibida en las vidas de los santos del AT, cantada en He. 11. El Se\u00f1or ten\u00ed\u00ada que reprender con frecuencia a sus disc\u00ed\u00adpulos por su carencia de fe en su andar diario. El creyente debiera tener fe en el Dios viviente con respecto a todos los detalles de su vida diaria. LA FE es en ocasiones mencionada en el sentido de \u00abla verdad\u00bb, lo que ha sido registrado, y lo que los cristianos han cre\u00ed\u00addo, para la salvaci\u00f3n del alma. Por esto los cristianos deber\u00ed\u00adan contender eficazmente para no perderla. Se trata de un dep\u00f3sito fundamental. Son muchos los falsos profetas que han salido al mundo, y que se han introducido encubiertamente para predicar herej\u00ed\u00adas destructoras, negando la persona y la obra de Jesucristo (1 P. 2:1; Jud. 3, 4). Con frecuencia, se ha presentado la \u00abraz\u00f3n\u00bb como opuesta a la fe. Sin embargo, \u00e9sta es una postura falsa. La fe acepta una revelaci\u00f3n venida de parte de Dios acerca de temas que el hombre no puede llegar a conocer por su propia cuenta. El hombre solamente puede investigar aquello que ha sido puesto debajo de su potestad. La raz\u00f3n es aquella facultad por la que el hombre puede, una vez tiene datos, clasificar estos datos y sacar unas determinadas consecuencias de ellos. No puede, por s\u00ed\u00ad misma, conseguir datos, sino trabajar sobre ellos. Hay datos que el hombre puede conseguir mediante una investigaci\u00f3n de su entorno. Pero no es \u00abla raz\u00f3n\u00bb lo que puede decirle que \u00e9sta sea toda la realidad existente. La raz\u00f3n no puede nunca negar la posibilidad ni factualidad de una revelaci\u00f3n procedente de Dios. No puede ni siquiera pretenderlo. Si en nombre de la raz\u00f3n se pretende negar la Revelaci\u00f3n, se abandona por ello mismo la racionalidad, y se cae en el racionalismo, la totalmente injustificada atribuci\u00f3n de un car\u00e1cter absoluto a la raz\u00f3n, como juez y \u00e1rbitro final. No es la raz\u00f3n, entonces, lo que empuja al hombre a negar la Revelaci\u00f3n, sino la incredulidad, movida por la enemistad contra Dios (cp. Ro. 8:7). El caos de las religiones y filosof\u00ed\u00adas de factura humana constituye la demostraci\u00f3n de ello. Por la ca\u00ed\u00adda, el ser humano entero ha quedado hundido en las tinieblas. As\u00ed\u00ad como su cuerpo est\u00e1 abocado a la tumba y su coraz\u00f3n es capaz de los peores sentimientos, su raz\u00f3n ha quedado falseada y su inteligencia entenebrecida. Dec\u00ed\u00ada Pablo de los paganos de su tiempo, griegos y romanos: \u00abprofesando ser sabios, se hicieron necios\u00bb (Ro. 1:22). El hombre moderno no ha adelantado nada, a pesar de todos los avances de la ciencia tocante al mundo sensible. No le son accesibles de manera natural las cosas que ata\u00f1en a la fe, porque \u00abpara \u00e9l son locura, y no las puede entender\u00bb; pero Dios est\u00e1 dispuesto a revelarlas por su Esp\u00ed\u00adritu (1 Co. 2:9-16). Es entonces que se ilumina la inteligencia del hombre, hallando la soluci\u00f3n a los m\u00e1s vitales problemas de la existencia, y que su raz\u00f3n regenerada halla su verdadero lugar al quedar iluminada y dirigida por la fe. El conflicto no est\u00e1, pues, entre raz\u00f3n y fe, sino entre la raz\u00f3n obrando en un esquema mental de incredulidad y rebeli\u00f3n contra Dios y su revelaci\u00f3n frente a la raz\u00f3n informada, iluminada y dirigida por la gozosa confianza en el Dios que ha hablado, revel\u00e1ndose a S\u00ed\u00ad mismo su justicia, amor, y prop\u00f3sitos en Cristo Jes\u00fas, en el tiempo y en la eternidad.<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[322 ]<\/p>\n<p>    Virtud teologal, que configura nuestra inteligencia por don gratuito divino para que toda nuestra persona se adhiera a Dios y a su misterio. (Ver Virtudes 5.2. Ver Madre, Mar\u00ed\u00ada 3.1.)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Asentimiento vivencial<\/p>\n<p>\tLa fe es \u00abun asentimiento a Dios que revela\u00bb (CEC 143), por la autoridad del mismo Dios que comunica su intimidad. Es una \u00abobediencia\u00bb (ob-audire), es decir, una actitud de \u00abescuchar\u00bb para admitir y seguir. Es la \u00abobediencia de la fe\u00bb (Rom 1,5), a Dios que se revela en Jesucristo. \u00abCreer es un acto del entendimiento, que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios mediante la gracia\u00bb (Santo Tom\u00e1s, II-II, q.2, a.9).<\/p>\n<p>\tEste asentimiento se expresa con todo el ser y no s\u00f3lo con la aceptaci\u00f3n de unos conceptos. Compromete la inteligencia, la voluntad, los sentimiento y afectos, los deseos, las acciones de la vida personal, comunitaria y social. La fe est\u00e1 siempre en relaci\u00f3n con la esperanza y caridad pensar como Cristo, para sentir y amar como \u00e9l. La \u00abortodoxia\u00bb (recta fe) fundamenta la \u00abortopraxis\u00bb (recta pr\u00e1ctica) y se expresa en ella.<\/p>\n<p>\tS\u00f3lo Dios puede exigir este asentimiento; pero \u00e9l mismo respeta la libertad humana. La fe cristiana no se apoya en un raciocinio. S\u00f3lo se llega a esta fe cuando se quiere recibir libre y generosamente como un don de Dios. Siendo una gracia, la fe requiere por parte del hombre su aceptaci\u00f3n personal. Se acepta a Cristo libremente, como Palabra personal y definitiva de Dios en la historia. \u00abEl acto de fe es voluntario por su propia naturaleza\u00bb (CEC 160).<\/p>\n<p>\tDon de Dios<\/p>\n<p>\tLa fe es un don de Dios, que hay que pedir. A nadie se puede imponer la fe. Jes\u00fas mismo llama a esta fe, respetando la decisi\u00f3n libre de cada uno \u00abNadie puede venir a m\u00ed\u00ad, si el Padre que me ha enviado no lo atrae\u00bb (Jn 6,44); \u00abtodo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce qui\u00e9n es el Hijo sino el Padre; y qui\u00e9n es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar\u00bb (Lc 10,22). Perseverar en la fe es tambi\u00e9n un don gratuito de Dios, al que se corresponde con una vida coherente.<\/p>\n<p>\tSe llega a la fe, cuando, por recibir el don de Dios, la persona se adentra en los acontecimientos hist\u00f3ricos de Jes\u00fas y en su mensaje evang\u00e9lico. Entonces, a la luz de su resurrecci\u00f3n, el creyente se compromete a \u00ababrirse\u00bb a los nuevos planes de Dios (\u00abconversi\u00f3n\u00bb), para \u00abbautizarse\u00bb y \u00abconfigurarse\u00bb con Cristo, en un proceso permanente de fe, esperanza y caridad, pensando, valorando las cosas y amando como \u00e9l (cfr. Hech 2,38).<\/p>\n<p>\tVivir, celebrar y anunciar la fe<\/p>\n<p>\tCada creyente trata de \u00abcomprender\u00bb la fe vivi\u00e9ndola, sabiendo que, siendo cierta, la fe es siempre \u00aboscura\u00bb, m\u00e1s all\u00e1 de toda inteligencia, puesto que se adentra en el misterio de Dios trascendente. Ello hace que la fe sea un acto verdaderamente personal y vital. \u00abLa fe trata de comprender\u00bb (San Anselmo). \u00abCreo para comprender y comprendo para creer\u00bb (San Agust\u00ed\u00adn). Quien cree en Cristo y se bautiza, entra a formar parte de la \u00abIglesia\u00bb, es decir, de la \u00abcomunidad convocada\u00bb y fundada por \u00e9l, en la que sirven sus ap\u00f3stoles y, de modo especial, Pedro y sus sucesores (cfr. Mt 16,18). Tradici\u00f3n, Escritura y Magisterio con el punto de referencia para una fe, que sea verdaderamente objetiva, coherente y patrimonio de todo el Pueblo de Dios.<\/p>\n<p>\tEn toda \u00e9poca hist\u00f3rica, la Iglesia renueva su fe. \u00abUrge recuperar y presentar una vez m\u00e1s el verdadero rostro de la fe cristiana, que no es simplemente un conjunto de proposiciones que se han de acoger y ratificar con la mente, sino un conocimiento de Cristo vivido personalmente, una memoria viva de sus mandamientos, una verdad que se ha de hacer vida&#8230; La fe es un decisi\u00f3n que afecta a toda la existencia; es encuentro, di\u00e1logo, comuni\u00f3n de amor y de vida del creyente con Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (cfr. Jn 14,6). Implica un acto de confianza y abandono en Cristo, y nos ayuda a vivir como \u00e9l vivi\u00f3 (cfr. Gal 2,20), o sea, en el mayor amor a Dios y a los hermanos\u00bb (VS 88). Mar\u00ed\u00ada es \u00abla realizaci\u00f3n m\u00e1s pura de la fe\u00bb (CEC 149), \u00abmodelo de fe vivida\u00bb (TMA 43; cfr. Lc 1,45).<\/p>\n<p>\tLa vocaci\u00f3n cristiana incluye profesar, celebrar, vivir y difundir la fe (cfr. LG 11,17; AG 36). Una obst\u00e1culo para esta vivencia comprometida y misionera es el divorcio entre fe y vida. \u00abEl divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los m\u00e1s graves errores de nuestra \u00e9poca\u00bb (GS 43). \u00abTodos los fieles tienen parte en la comprensi\u00f3n y en la transmisi\u00f3n de la verdad revelada\u00bb (CEC 91).<\/p>\n<p>\tCuando se quiere comunicar la fe, se anuncia a Cristo no s\u00f3lo para que se conozca una persona y un mensaje, sino especialmente para llamar al asentimiento. \u00abObedecer en la fe, es someterse libremente a la palabra escuchada, porque su verdad est\u00e1 garantizada por Dios, la verdad misma\u00bb (CEC 144). La vocaci\u00f3n cristiana a la fe se identifica con la vocaci\u00f3n misionera, porque \u00abla fe se fortalece d\u00e1ndola\u00bb (RMi 2).<\/p>\n<p>\tLa llamada a la fe, con las caracter\u00ed\u00adsticas de respeto a la libertad y al don de Dios, no es un proselitismo inoportuno, sino el cumplimiento de las exigencias de la revelaci\u00f3n, teniendo en cuenta que \u00abtoda persona tiene el derecho a escuchar la \u00abBuena Nueva\u00bb que se revela y se da en Cristo, para realizar en plenitud la propia vocaci\u00f3n\u00bb (RMi 46). Al hacer esta llamada, respetando la libertad de cada persona y las etapas de la conversi\u00f3n, se tiene en cuenta que \u00abla fe viene de la audici\u00f3n\u00bb (Rom 10,17), porque \u00abes la Palabra o\u00ed\u00adda la que invita a creer\u00bb (EN 42).<\/p>\n<p>Referencias Bautismo, ciencia y fe, Credo, kerigma, Palabra de Dios, profesi\u00f3n de fe, revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lectura de documentos DV 5; LG 11-14,17; AG 7,13,36; SC 9,59; GS 11,21,43,57; UR 12; EN 42; RMi 2; CEC 91-93, 142-184, 1814-1816, 2087-2089; VS 19,88, 116<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada J. ALFARO, Revelaci\u00f3n cristiana, fe y teolog\u00ed\u00ada (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1985); R. AUBERT, El acto de fe (Barcelona, Herder, 1965); A. BRIEN, El camino de la fe (Madrid, Marova, 1969); P.T. CAMELOT, S\u00ed\u00admbolos de la fe, en Sacramentum Mundi (Barcelona, Herder, 1972s) 359-366; J. GUILLLET, La foi de J\u00e9sus-Christ (Paris 1980); W. KASPER, Introducci\u00f3n a la fe (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1976); H. De LUBAC, La fe cristiana (Madrid, FAX, 1970); B. MARCONCINI, Fe, en Nuevo Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica (Madrid, Paulinas, 1990) 652-671; J. RATZINGER, Teor\u00ed\u00ada de los principios teol\u00f3gicos (Barcelona, Herder, 1985); J.M\u00c2\u00aa ROVIRA BELLOSO, Revelaci\u00f3n, fe y teolog\u00ed\u00ada, en Introducci\u00f3n a la teolog\u00ed\u00ada ( BAC, Madrid, 1996) cap. I; S. SABUGAL, Credo. La fe de la Iglesia (Zamora, Monte Casino, 1986).<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nSUMARIO: . Qu\u00e9 es la fe. &#8211; 2. Objeto de la fe. &#8211; 3. Constituvos de la fe. &#8211; 4. Cauces de la fe. &#8211; 5. Poder de la fe. &#8211; 6. Modelos de fe &#8211; 7. Una catequesis sobre la fe. &#8211; 8. La incredulidad.<\/p>\n<p>1. Qu\u00e9 es la fe<br \/>\nLa fe est\u00e1 en el origen de la vida religiosa y es una de las l\u00ed\u00adneas vertebradoras del evangelio. Comienza en el evangelio de Marcos y en los Sin\u00f3pticos y encuentra su desarrollo y plenitud en el evangelio de Juan. El substantivo (pistis) aparece 24 veces en los Sin\u00f3pticos y ninguna en Juan, pero el verbo (pisteuein) aparece treinta veces en los Sin\u00f3pticos y 88 en Juan, al que se le puede llamar, con toda raz\u00f3n, el \u00abevangelio de la fe\u00bb,, pues todo \u00e9l tiene como finalidad \u00faltima engendrar la fe en Jes\u00fas, Mes\u00ed\u00adas e Hijo de Dios (Jn 2, 30). Para el autor de la carta a los hebreos, \u00abla fe es la garant\u00ed\u00ada de las cosas que se esperan, la prueba de aquellas que no se ven\u00bb (Heb 11,1). \u00bfY qu\u00e9 es lo que se espera? La salvaci\u00f3n: \u00abEsperamos la salvaci\u00f3n por la fe mediante la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Gal 5,5). La fe es tan compleja que no se deja encerrar en una definici\u00f3n concisa que expresara suficientemente su naturaleza. Las l\u00ed\u00adneas que siguen intentan una aproximaci\u00f3n al misterio de la fe. Lo primero es decir que la fe es necesaria para la salvaci\u00f3n (Jn 3,18. 36). Para entrar a formar parte del reino de Dios es imprescindible tener fe (Mc 1,15). En el orden sobrenatural, la fe es de primera necesidad, Pero, \u00bfc\u00f3mo se cubre esta necesidad? \u00bfC\u00f3mo se obtiene la fe? La primera res-puesta (luego daremos otras) es que la fe es un puro don de Dios, un regalo que nos hizo y nos sigue haciendo por amor y a trav\u00e9s de su Hijo: \u00abTanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico, para que quien crea en \u00e9l no perezca\u00bb.<\/p>\n<p>La fe es \u00abentrega\u00bb personal, el sometimiento total a Dios del entendimiento para creer, de la voluntad para practicar y del coraz\u00f3n para amar. Se trata, no solo de creer en algo sino de creer en Alguien, de creer a Dios y de creer en Dios. La cosa no est\u00e1 s\u00f3lo en decir \u00abte creo\u00bb sino en decir \u00abcreo en ti\u00bb. La fe \u00fanicamente del entendimiento es una fe informe; solo cuando existe la entrega de la voluntad tenemos la fe perfecta que va siempre unida a la esperanza y a la caridad, pues la fe es garant\u00ed\u00ada de lo que se espera (Heb 11,1) y se expresa en obras de amor (Gal 5,6). La fe es \u00abconversi\u00f3n\u00bb. Pero el hombre, por s\u00ed\u00ad solo, no puede convertirse, hace falta el auxilio de Dios: \u00abConvi\u00e9rteme y me convertir\u00e9\u00bb (Jer 31,18); que Dios le \u00ababra el coraz\u00f3n\u00bb (He 16,14), que le atraiga a s\u00ed\u00ad: \u00abNadie puede venir a m\u00ed\u00ad, si el Padre, que me envi\u00f3, no le atrae\u00bb (Jn 6,44). Mas la conversi\u00f3n, que es obra de Dios, necesita la colaboraci\u00f3n del hombre. Lo \u00fanico que tiene que hacer el hombre es aceptar esa acci\u00f3n de , tener las disposiciones necesarias parad recibir el regalo divino de la fe (Rom 10,9-11). Si as\u00ed\u00ad no lo hace, se est\u00e1 autocondenando (Jn 3,18). Por tanto, podr\u00ed\u00adamos decir que \u00abcreer es querer creer\u00bb. \u00abEl que no quiere creer no ver\u00e1 la vida\u00bb (Jn 3,36). Y el cree est\u00e1 salvado, est\u00e1 lleno de Dios, tiene saciados todos sus deseos: \u00abEl que cree en m\u00ed\u00ad no tendr\u00e1 sed jam\u00e1s\u00bb (Jn 6,35). Fe y salvaci\u00f3n son intercambiables, Dios las confiere al mismo tiempo. La fe conferida y aceptada es la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. Objeto de la fe<br \/>\nEl hombre tiene la obligaci\u00f3n de creer: \u00abEste es su mandamiento, que creamos en el nombre de su Jesucristo\u00bb (1 Jn 3,23). Esta fe en Jesucristo adquiere en el evangelio diversas formulaciones. He aqu\u00ed\u00ad algunas:<\/p>\n<p>1) Jesucristo es la luz y ha venido para iluminar al mundo para que todo el que crea en \u00e9l no ande en tinieblas (Jn 12,16); \u00abcreer en la luz para ser de la luz\u00bb (Jn 12, 36). Los que creen est\u00e1n en la luz, pero una luz que es tambi\u00e9n oscuridad, pues la claridad del misterio no acaba de verse. Se ha dicho que la fe es como \u00abun rayo de tinieblas\u00bb, o como andar a tientas en la noche, pero con plena seguridad en los pasos.<\/p>\n<p>2) Creer que Jesucristo es el \u00abYO SOY\u00bb: \u00abOs lo he dicho, antes de que suceda, para que cuando suceda, cre\u00e1is que yo soy\u00bb (Jn 13,19; 8,24). Esto significa que hay que creer que Jesucristo es Dios, el \u00abYo soy\u00bb, pues se apropia el nombre propio de Dios: YAVE &#8211; YO SOY.<\/p>\n<p>3) Creer que Jesucristo es \u00abel Se\u00f1or\u00bb (1 Cor 12,3), \u00abel Santo de Dios\u00bb (Jn 6,19), el pan de la vida (6, 35), el enviado para salvar al mundo. Por eso el que cree en el enviado cree en el que le ha enviado (12,44).<\/p>\n<p>4) Creer que el Padre est\u00e1 en el y el Hijo en el Padre, en la interpenetraci\u00f3n de ambos que se realiza en la unidad substancial (14,10-11). Por tanto, creer en Dios es creer en Jesucristo (10,1).<\/p>\n<p>5) La esencia de la fe, en su aspecto intelectual, es creer y confesar que Jes\u00fas de Nazaret es el Mes\u00ed\u00adas; que ese Mes\u00ed\u00adas es el Hijo de Dios, y que el Hijo de Dios se hizo hombre, fue ejecutado, muerto y resucitado por la salvaci\u00f3n del mundo. Esta es la \u00abplenitud de la revelaci\u00f3n\u00bb (DV 2; Mt 11,27; Jn 1,14. 17; Mc 9,7). \u00abReconocer que Jesucristo llev\u00f3 a cabo el designio salvador de Dios (Ef 1,7-10). Creer que la fe nos da la vida eterna (Jn 6,47).<\/p>\n<p>6) Creer en el evangelio, es decir, hacer del evangelio la norma de la vida: \u00abArrepent\u00ed\u00ados y creed en el evangelio\u00bb (Mc 1,15). En esta frase radica el quehacer primordial del cristiano. Aceptar el evangelio y practicar lo que Jes\u00fas nos dice en \u00e9l, pues la fe sin obras es una fe muerta, una fe te\u00f3rica que no sirve para nada, que no salva. Hace falta una fe operativa pues la fe no libera de las obras, pues, sin ellas, se convierte en algo abstracto y absolutamente est\u00e9ril. Jesucristo las exig\u00ed\u00ada: \u00abBrille de tal modo vuestra luz delante de los hombres, que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre celestial\u00bb (Mt 5,16). San Pablo hizo la formulaci\u00f3n perfecta: \u00abLo que importa es la fe y que esta fe se exprese en actos de amor\u00bb (Col 5,6). \u00abCreer y amar\u00bb en esto consiste el evangelio de Jes\u00fas: \u00abEste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos los unos a los otros, seg\u00fan el mandamiento que nos ha dado\u00bb (1 Jn 3,23).<\/p>\n<p>3. Constitutivos de la fe<br \/>\nLa fe no puede quedarse en el aspecto intelectual, en aceptar con la cabeza un conjunto de verdades reveladas. Eso es s\u00f3lo el punto de partida. Tiene que desarrollarse en el \u00e1rea de la voluntad y del coraz\u00f3n. Desde esta perspectiva, tres son los elementos fundamentales: obediencia, confianza y fidelidad. Si no hay estas tres cosas, no hay fe.<\/p>\n<p>1\u00c2\u00b0 . La obediencia supone la escucha. Obedecer (ob-audire) es escuchar sumisamente, para comprender y asumir lo que se nos dice. Para obtener la fe, lo primero es escuchar. \u00bfEscuchar a qui\u00e9n? A Jesucristo. As\u00ed\u00ad nos lo mand\u00f3 el Padre: \u00abEste es mi hijo amado, escuchadle\u00bb (Mc 9,7). Escuchar tambi\u00e9n a los predicadores del evangelio, pues la fe proviene de lo que se oye y lo que se oye es el mensaje de Jesucristo (Rom 10,17). La escucha es aut\u00e9ntica, cuando produce la fe y la fe aut\u00e9ntica se demuestra en la obediencia. La \u00abobediencia de la fe\u00bb no es otra cosa que creer en Cristo y adherirse a \u00e9l, aceptar sin condiciones su evangelio, adquirir el compromiso de cumplir su mensaje, de llevar una vida nueva.<\/p>\n<p>\u00c2\u00b0 La confianza. La obediencia culmina en el abandono en los brazos de Dios, en una entrega total a \u00e9l, en fiarse de \u00e9l de manera absoluta, en dejar en sus manos nuestra existencia humana y religiosa, en encomendarle confiadamente el destino de nuestra vida. Eso dec\u00ed\u00ada el salmista: \u00abConf\u00ed\u00ada toda tu vida al Se\u00f1or y f\u00ed\u00adate de \u00e9l, que \u00e9l sabr\u00e1 lo que hace\u00bb (Sal 37,5). Y eso es lo que nos ped\u00ed\u00ada Jesucristo: fiarse de la Providencia que da de comer a las aves del cielo y viste de tanta hermosura los lirios del campo y hace mucho m\u00e1s por los hombres que son su propia imagen (Mt 6,30). De nadie, mejor que de Dios, podemos fiarnos. Eso lo vivi\u00f3 as\u00ed\u00ad San Pablo: \u00abS\u00e9 de qui\u00e9n me f\u00ed\u00ado\u00bb (2 Tim 1,12). Y as\u00ed\u00ad San Juan: \u00abNosotros hemos cre\u00ed\u00addo en el amor\u00bb (1 Jn 4,16), nos hemos fiado del Amor que es Dios. Mas para esto hay que tener un coraz\u00f3n humilde y una clara conciencia de la propia nada. El hombre tiene que relacionarse con Dios desde la confianza filial, sabedor de que habla con su Padre (Mc 1,24).<\/p>\n<p>\u00c2\u00b0 Fidelidad. Dios es el que es (Ex 3,14), fiel a la palabra dada que siempre cumple (1Tes 5,24), es de fiar (2Tes 3,3), el que nunca falla, el que, a pesar de la veleidad del hombre, sigue siendo el mismo, am\u00e1ndole, perdon\u00e1ndole y protegi\u00e9ndole. Su fidelidad es eterna (Sal 117,2), perdura por todas edades (Sal 119,90). Como correspondencia a esta fidelidad divina, el hombre debe guardar \u00ablo m\u00e1s importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad\u00bb (Mt 23,23). La fidelidad es consubstancial a la fe (Lc 16,10-12) y se hace merecedora del premio m\u00e1s grande (Mt 25,21). Al que es fiel hasta la muerte Dios le dar\u00e1 la corona de la vida (Ap 2,10). Las relaciones de Dios con el hombre est\u00e1n fundadas en la fidelidad mutua. Jesucristo es tambi\u00e9n la fidelidad misma. Su nombre \u00abes el Fiel\u00bb (Ap 19,11). Lo es ante Dios (Heb 2,17) y ante los hombres: \u00abSi nosotros no le somos fieles, \u00e9l seguir\u00e1 siendo fiel\u00bb (2 Tim 2,13). La fe, por tanto, se realiza en la obediencia y se vive y se mantiene en la confianza y en la fidelidad y se manifiesta en el amor operativo. La fe todo lo espera y, a la vez, todo lo deja en manos de Dios. La fe en Cristo es una fe aceptada, vivida, proclamada y comprometida. La fe es vida, y, por tanto, es din\u00e1mica y est\u00e1 en continuo crecimiento (Rom 1,17), cada vez m\u00e1s firme, m\u00e1s s\u00f3lida y m\u00e1s perfecta en Jesucristo (Col 2,5), est\u00e1 en continuo progreso (2 Cor 10,15). La fe se vive, se contagia y comunic\u00e1ndose se agranda.<\/p>\n<p>4. Cauces de la fe<br \/>\nLa fuente de la fe es Dios, pero \u00bfcu\u00e1les son los cauces por los que ese don Ilega a los hombres? Dicho de otro modo: \u00bfcu\u00e1les son las causas segundas, de las que Dios se sirve para que el hombre se abra a la fe, para suscitar en \u00e9l las disposiciones necesarias para aceptarla? \u00bfCu\u00e1les son los factores capaces de engendrar la fe en los hombres?<br \/>\n1) Los . El autor del IV evangelio dice que Jesucristo hizo much\u00ed\u00adsimos milagros; que \u00e9l ha recogido s\u00f3lo unos cuantos (siete) y que lo ha hecho para que cuantos los lean \u00abcrean que Jes\u00fas es el Mes\u00ed\u00adas, el Hijo de Dios y para que creyendo tengan vida en su nombre\u00bb (Jn 20,31). Como si el milagro tuviera el poder de engendrar la fe. Los mismos jud\u00ed\u00ados as\u00ed\u00ad lo cre\u00ed\u00adan y, por eso, ped\u00ed\u00adan a Jes\u00fas un milagro para que creyeran en \u00e9l (Jn 6,30). De hecho, \u00abJes\u00fas en Can\u00e1 de Galilea comenz\u00f3 sus milagros-signos, (semeia), manifest\u00f3 su gloria y sus disc\u00ed\u00adpulos creyeron en \u00e9l\u00bb (Jn 2,11). No s\u00f3lo sus disc\u00ed\u00adpulos, sino \u00abmuchos creyeron en \u00e9l al ver los milagros que hac\u00ed\u00ada\u00bb (Jn 2,23). El evangelio constata que los milagros eran productores de fe. El pueblo, las masas, cre\u00ed\u00ada en \u00e9l y dec\u00ed\u00ada: \u00ab\u00bfCuando venga el Mes\u00ed\u00adas har\u00e1 acaso m\u00e1s milagros que \u00e9ste? El mismo Jesucristo apela al milagro como engendrador de fe: \u00abSi no me cre\u00e9is a m\u00ed\u00ad, creed a las obras\u00bb (Jn 10,38; 14,11). \u00abL\u00e1zaro ha muerto y me alegro por vosotros de no haber estado all\u00ed\u00ad, para que cre\u00e1is\u00bb (11,15). Pero el milagro no produce la fe de manera m\u00e1gica. Para que as\u00ed\u00ad sea, hace falta una gracia especial de Dios. De hecho ante la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro, muchos creyeron en Jes\u00fas, pero otros no. Incluso, a partir de este milagro, los Sumos Sacerdotes y los fariseos (el sanedr\u00ed\u00adn) decidieron acabar con Jes\u00fas: \u00abEste hombre hace muchos milagros. Si lo dejamos creer\u00e1n en \u00e9l todos\u00bb (Jn 11,47-48). Ten\u00ed\u00adan raz\u00f3n s\u00f3lo a medias, pues muchos, \u00abaunque hab\u00ed\u00ada hecho delante de ellos tan grandes milagros, no cre\u00ed\u00adan en \u00e9l\u00bb (Jn 12,37). En definitiva, no es el milagro el que produce la fe, sino la fe la que produce el milagro, como luego veremos.<\/p>\n<p>) El testimonio. El primer testimonio es el del Bautista que vino \u00abcomo testigo de la luz para que todos creyeran en \u00e9l\u00bb (Jn 1,7). \u00abYo vi y doy testimonio de que \u00e9ste es el Hijo de Dios\u00bb (Jn 1,34). De hecho, por su testimonio \u00abmuchos creyeron en \u00e9l\u00bb (Jn 10,41). Los ap\u00f3stoles tienen la misi\u00f3n de dar testimonio sobre Jes\u00fas (Jn 15,27). Vivieron desde el principio con Jes\u00fas y pueden garantizar la verdad de su resurrecci\u00f3n, transmiten aut\u00e9ntica y fielmente la doctrina de Jes\u00fas, el cual, en su oraci\u00f3n sacerdotal ruega para que el mundo crea a trav\u00e9s de las palabras de los ap\u00f3stoles (Jn 17, 22). El testimonio veraz conduce a que los destinatarios del testimonio \u00abtambi\u00e9n crean\u00bb (Jn 19,36) es el del autor del IV evangelio: \u00abEl que lo ha visto da testimonio de ello, y su testimonio es verdadero, y \u00e9l sabe que dice verdad para que vosotros cre\u00e1is\u00bb (Jn 19,35). Aparte de los testimonios de los ap\u00f3stoles hay otros del pueblo (Jn 12,17). Y por encima de todos ellos, dos son los testimonios m\u00e1s importantes: El del Esp\u00ed\u00adritu Santo: \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu de la verdad, que procede del Padre, dar\u00e1 testimonio de m\u00ed\u00ad\u00bb (Jn 15,26); y el del mismo Padre: \u00abYo doy testimonio de m\u00ed\u00ad mismo y lo da tambi\u00e9n el Padre que me ha enviado\u00bb (Jn 8,18).<br \/>\n) La Palabra. La Sagrada Escritura, Palabra de Dios, tiene su centro de gravitaci\u00f3n en Jesucristo. Se ha llegado a decir que en toda ella s\u00f3lo hay una gran verdad revelada, Jesucristo. Por eso, hay que hacer de ella una lectura cristiana. Cuando Jesucristo pide que crean en \u00e9l, apela a la Sagrada Escritura, en la que encontrar\u00e1n razones suficientes para ello: \u00abEstudi\u00e1is cuidadosamente las Escrituras, ellas dan testimonio de m\u00ed\u00ad\u00bb (Jn 5,39). \u00abPero si no cre\u00e9is en sus escritos, \u00bfc\u00f3mo vais a creer en mis palabras?\u00bb (Jn 15,47). Los mismos ap\u00f3stoles, s\u00f3lo despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, descubrieron el sentido cristol\u00f3gico de las Sagradas Escrituras (Jn 2,22). Jesucristo, que es la Palabra, tiene la misi\u00f3n de infundir la fe, revelando al Padre y revel\u00e1ndose a s\u00ed\u00ad mismo, pues los dos son una misma cosa. Jesucristo es el revelador revelado. Su revelaci\u00f3n es la fuente primordial de la fe.<br \/>\n5. Poder de la fe<br \/>\nEl poder de la fe es infinito. La fe da la vida: \u00abEl que cree en m\u00ed\u00ad tiene vida eterna\u00bb (Jn 6,47). Por la fe el hombre se hace hijo de Dios (Jn 1,9-14). La fe salva (Mc 5,34; Lc 8,48). La fe hace milagros. Para que se produjera el milagro, Jesucristo siempre exig\u00ed\u00ada la fe (Mt 9,28; Mac 9,23; Lc 8,50). La fe del enfermo, que pide la curaci\u00f3n a Jesucristo, establece entre ambos una empat\u00ed\u00ada tal que hace emerger el poder y la energ\u00ed\u00ada que hay en el ser humano para actuar eficazmente y conseguir aquello que se pide. La fe del enfermo es potenciada milagrosamente por Jesucristo, de tal forma que el milagro se realiza. Si el enfermo tiene fe y conf\u00ed\u00ada en Jes\u00fas, Jes\u00fas act\u00faa en \u00e9l y a trav\u00e9s de \u00e9l. La fe del enfermo viene a ser el mismo poder de Jes\u00fas que entra en acci\u00f3n y le cura. Confiar en Jes\u00fas es hacer propia su fuerza sanadora. Cuando no hay, no es posible el milagro (Lc 6, 5). La fe, cuando es perfecta (obediente, confiada y fiel, y desecha toda duda, es omnipotente: \u00abSi tuvierais fe y no dudarais, no s\u00f3lo har\u00ed\u00adais lo de la higuera, sino que si dec\u00ed\u00ads a este monte: qu\u00ed\u00adtate de aqu\u00ed\u00ad y \u00e9chate al mar, as\u00ed\u00ad lo har\u00e1. Todo lo que pid\u00e1is en oraci\u00f3n con fe lo recibir\u00e9is\u00bb (Mt 21,21-22). La fe mueve monta\u00f1as. Para ella nada hay imposible (Mt 17,20-21).<\/p>\n<p>6. Modelos de fe<br \/>\n1) . No es posible hablar de fe y de modelos de fe, sin hacer referencia al Israel del A. T., al que podemos llamar \u00abel pueblo de la fe\u00bb. La fe est\u00e1 en el inicio mismo de su nacimiento como pueblo independiente y libre. Tres dogmas fundamentales configuran su existencia:<\/p>\n<p>&#8211; La Alianza del Sina\u00ed\u00ad, mediante la cual Israel pasa a ser definitivamente propiedad de Yav\u00e9 y Yav\u00e9, creador, jefe y Se\u00f1or del universo, gobernador indiscutible de la historia humana, se compromete a ser su omnipotente protector.<\/p>\n<p>&#8211; La elecci\u00f3n de Si\u00f3n como morada santa e inviolable de Yav\u00e9.<\/p>\n<p>&#8211; La promesa de una dinast\u00ed\u00ada dav\u00ed\u00addica sin fin.<\/p>\n<p>Estos dogmas alimentaban constantemente l\u00e1.fe inquebrantable de Israel que se sent\u00ed\u00ada en posesi\u00f3n de todas las seguridades en su calidad del pueblo de Yav\u00e9, el Dios verdadero y \u00fanico, frente a los dem\u00e1s pueblos de la tierra cuyos dioses protectores son la nada, meros \u00ed\u00addolos. Pero he aqu\u00ed\u00ad que uno de los dogmas de sus seguridades se vienen abajo. En el a\u00f1o 721 el imperio asirio acaba con el reino del norte (Israel) y en el 587 el imperio babil\u00f3nico acaba con el reino del sur (Jud\u00e1). Las murallas de Jerusal\u00e9n son abatidas, el recinto santo de Si\u00f3n es profanado y el templo saqueado y destruido. Y llega el destierro. La dinast\u00ed\u00ada de David queda extinguida. Israel deja de ser un estado y se reconstruir\u00e1 como iglesia, es decir, como una comunidad de creyentes unidos por la misma fe en Yav\u00e9. Si Israel no fue entonces borrado del mapa del mundo, se debi\u00f3 a su tenacidad en la fe. Algunos sucumbieron, pero la mayor\u00ed\u00ada, el pueblo, se mantuvo firme en una fe purificada y refortalecida. Por eso, Israel puede ser considerado, con toda raz\u00f3n, como \u00abel pueblo de la fe\u00bb. Pero no s\u00f3lo corporativamente, sino individualmente. Ah\u00ed\u00ad est\u00e1 el elogio de los grandes hombres de la fe cantada en la carta a los hebreos (Cap. II), entre los que descuella \u00e1n, paradigma del creyente, que se f\u00ed\u00ada de Dios de manera absoluta y pone en sus manos su propio destino: salida de su pa\u00ed\u00ads hacia la ignorada tierra de promisi\u00f3n; creer en ser padre de un pueblo numeroso siendo ya anciano y su mujer est\u00e9ril; el sacrificio de su hijo Isaac. Super\u00f3 todas estas pruebas gracias a la grandeza de su fe. Los evangelios hacen m\u00faltiples referencias a Abrah\u00e1n, padre de la fe de los jud\u00ed\u00ados, de los cristianos y de los musulmanes.<\/p>\n<p>) Jesucristo. Jesucristo es, sin duda, el gran modelo, el \u00fanico, de la fe. Podemos definirle como \u00abEL CREYENTE\u00bb, con art\u00ed\u00adculo y con may\u00fasculas, el incomparable paradigma de la fe. Cree en su Padre, se f\u00ed\u00ada de \u00e9l, le escucha y le obedece (Jn 15,15), cumple sus mandamientos y permanece en su amor (Jn 15,15). Hace siempre lo que le agrada (Jn 8,29). Manifest\u00f3 su obediencia absoluta al Padre aceptando la muerte, soport\u00f3 la cruz asumiendo valientemente la ignominia (Heb 12,2) y poni\u00e9ndose, al final, confiadamente en su manos (Lc 23, 46).<\/p>\n<p>) Mar\u00ed\u00ada. A la Virgen tambi\u00e9n se la puede definir como \u00abLA CREYENTE\u00bb. Crey\u00f3 en lo que el \u00e1ngel le anunciaba y dio el asentimiento m\u00e1s grande, el de una esclava (Lc 1,37-38). Por su fe es \u00abla favorecida\u00bb (Lc 1,28) y \u00abla bienaventurada\u00bb (1,45). Se fi\u00f3 de Dios, se dej\u00f3 llevar por \u00e9l hac\u00ed\u00ada el misterio. Recorri\u00f3 el camino de la fe, sin comprender la raz\u00f3n del camino que iba haciendo cada d\u00ed\u00ada a trav\u00e9s de oscuridades y tinieblas. Y eso es la fe, caminar en la noche con la esperanza cierta de llegar a la regi\u00f3n de la luz, donde ya no habr\u00e1 fe, habr\u00e1 visi\u00f3n.<br \/>\n) Los pobres. Los primeros a los que se dirigi\u00f3 Jesucristo fueron los pobres (Lc 4,18-19; Mt 5,2-10). Los pobres fueron tambi\u00e9n los primeros en creer en \u00e9l, optaron por \u00e9l y as\u00ed\u00ad le vemos siempre rodeado de mendigos, enfermos, desheredados, infelices. Ellos fueron sus amigos. En torno a Jesucristo se form\u00f3 enseguida una comunidad de creyentes integrada por los pobres, por los peque\u00f1os (Mt 10,42), por los marginados, gente sencilla que no sabe nada de teolog\u00ed\u00ada, unida por la fe en \u00e9l (Mt 18,6).<br \/>\n) Los disc\u00ed\u00adpulos. El itinerario de la fe de los disc\u00ed\u00adpulos fue lento. No pod\u00ed\u00adan aceptar la pasi\u00f3n de Jes\u00fas (Mt 16,20-28; 26,32). Fueron tardos para creer (Lc 24,25), a pesar de haber presenciado multitud de milagros. Eran \u00abhombres de poca fe\u00bb (Mt 14,31). Ten\u00ed\u00adan \u00abdudas\u00bb (Mt 14,31)y \u00abmiedo\u00bb (8,25-26), dos cosas incompatibles con la fe perfecta, la que tuvieron s\u00f3lo despu\u00e9s de la resurrecci\u00f3n, una fe pascual.<br \/>\n) La cananea. El mayor elogio, que Jesucristo hace de la fe, se lo dedica a esta mujer pagana: \u00abOh mujer, qu\u00e9 grande es tu fe\u00bb (Mt 15,28). La mujer cree de manera absoluta que Jes\u00fas es su salvador. Y su coraz\u00f3n no pod\u00ed\u00ada enga\u00f1arla, su fe no pod\u00ed\u00ada quedar frustrada. Jes\u00fas le concede lo que pide, pues una fe as\u00ed\u00ad se lo merece.<\/p>\n<p>) La hemorroisa. Estaba segura de que con s\u00f3lo tocar la orla de su manto, se curaba. Y as\u00ed\u00ad sucedi\u00f3 (Mt 9,21-22).<br \/>\n) La pecadora. No pronunci\u00f3 una sola palabra. No hace falta. Hablan las l\u00e1grimas de arrepentimiento, de fe y de amor a Jes\u00fas que le dice: \u00abTu fe te ha salvado\u00bb (Lc 7,50).<\/p>\n<p>9) La . Se entreg\u00f3 a Jes\u00fas, se fi\u00f3 de \u00e9l, como nadie. Fue la primera que anunci\u00f3 la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, la primera que dijo: \u00abYo he visto al Se\u00f1or\u00bb (Jn 20,18).<br \/>\n) La samaritana. Cree que Jes\u00fas es el Mes\u00ed\u00adas, y de pecadora, se hace evangelista. Los samaritanos creen en ella y van todos en masa a verle y creen tambi\u00e9n en \u00e9l (Jn 4,25-26. 41-42).<br \/>\n) El funcionario real. Su fe es tambi\u00e9n ejemplarizante. Cree que Jes\u00fas puede curar a distancia y no se considera digno de que entre en su casa (la humildad es consubstancial a la fe). Crey\u00f3 en la palabra sanadora de Jes\u00fas y con \u00e9l creyeron todos los de la familia (Jn 4,50. 53).<\/p>\n<p>7. Una catequesis sobre la fe<br \/>\nEl cap\u00ed\u00adtulo 9 del evangelio de Juan, que narra la curaci\u00f3n de un ciego de nacimiento, viene a ser una catequesis evang\u00e9lica cargada de simbolismos, en la que se describe el camino progresivo hacia la fe y el regresivo hacia la incredulidad. La narraci\u00f3n comienza con un ciego que termina viendo, y finaliza con unos hombres que se quedaron ciegos. La fe avanza as\u00ed\u00ad. El ciego habla de un hombre que se llama Jes\u00fas (9,11), piensa que Jes\u00fas es un profeta (9,17); que Jes\u00fas es un hombre de Dios (9,33); que Jes\u00fas es Dios (9,38); se postra de rodillas y le adora. En contraposici\u00f3n, est\u00e1 la p\u00e9rdida de la fe de los fariseos. Primero est\u00e1n dispuestos a aceptar el milagro (9,15-16); luego manifiestan sus dudas sobre el milagro, piensan que el joven no estaba ciego (9,18-19): y por fin niegan rotundamente el origen divino de Jes\u00fas (9,26-29). Jes\u00fas es la luz del mundo y ha venido a iluminar a los que viven en tinieblas, pero hay que dejarse iluminar por esa luz. Los fariseos cierran los ojos a la luz; ellos no necesitan nuevas luces; se creen instalados en la luz y, en realidad, lo est\u00e1n en las tinieblas, en el pecado, del que no quieren salir: \u00abComo dec\u00ed\u00ads que veis, vuestro pecado permanece\u00bb (Jn 9,41). La fe requiere humildad y es incompatible con la soberbia. Por tres veces el ciego confiesa humildemente su ignorancia, \u00e9l no sabe nada (9,12. 25. 36). Los fariseos hacen tres afirmaciones rotundas de su sabidur\u00ed\u00ada, ellos lo saben todo (9,16. 24. 29). El relato viene a ser una maestra pieza literaria para los que se disponen a recibir con fe el sacramento del bautismo.<\/p>\n<p>8. La incredulidad<br \/>\nLa incredulidad (apist\u00ed\u00ada, ape\u00ed\u00adzeia) es un pecado de autosuficiencia. El incr\u00e9dulo se apoya en sus propios valores, en lugar de apoyarse en Dios y fiarse de \u00e9l, cree que Dios es incapaz de remediarle en sus necesidades, no cree en el proyecto salv\u00ed\u00adfico de Dios. La incredulidad o niega la existencia de Dios o prescinde de \u00e9l. Por eso, est\u00e1 en el origen de todo pecado. Pecado de incredulidad fue el de los nazaretanos que rechazaron a Jesucristo (Mt 6,6); el de los fariseos que alaban con los labios a Dios, pero que su coraz\u00f3n est\u00e1 muy lejos de \u00e9l (Mt 15. 7); el de los que se olvidaban de la ense\u00f1anza de los milagros (Mt 16,8-10); el de Pedro que se escandaliza de la pasi\u00f3n de Jes\u00fas (Mt 16,22-23); el de los disc\u00ed\u00adpulos que no creen en la resurrecci\u00f3n (Mt 16,11-14). Los incr\u00e9dulos son hijos del diablo (Jn 8,44-45), est\u00e1n ciegos, impermeables a la luz de la verdad que es Jesucristo, tienen contaminada su mente y su conciencia (Tit 1,15), ser\u00e1n excluidos del reino (Lc 12,46) y de la salvaci\u00f3n (Heb 3,12) evocados a la condenaci\u00f3n (Mc 16,16), ya est\u00e1n condenados (Jn 3,18), pues est\u00e1n en pecado (Jn 16,8-9; 8,24). La incredulidad es incompatible con la vida eterna (Jn 3,36). Por eso y, puesto que Dios quiere que todos los hombres se salven (1 Tim 2,4) y para eso muri\u00f3 Jes\u00fas en la cruz, el deber primordial de la Iglesia es ser misionera, predicar el mensaje de salvaci\u00f3n para engendrar la fe: \u00abId por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado se salvar\u00e1, pero el que no crea se salvar\u00e1\u00bb (Mc 16,15-16). > salvaci\u00f3n; amor; luz; obras; obediencia; confianza; providencia; milagros; palabra de Dios; poder; incredulidad.<\/p>\n<p>BIBL. \u2014 Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Ed. Paulinas, Madrid,1990, 652-671; LEON DUFOUR, ., Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 1967, 286-293; de la Biblia, Garriga, Barcelona, 1963,111,482-493; Teol\u00f3gico Interdisciplinar, II, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca,1982, 520-542; Salutis, Cristiandad, Madrid, 1974, 865-880; ALFARO, J., fe como entrega personal del hombre y como aceptaci\u00f3n del mensaje cristiano, Concilium 21 (1967),56-59; BENOIT P., fe en los evangelios sin\u00f3pticos, Concilium 21; BOISMARD, M. E., foi dans Saint Paul, Lumiere et Vie 22 (1955) 65-68; MOLLAT, E., foi dans le quatrieme Evangile, Lumiere \u00e9t Vie 22 (1955) 91-107.<\/p>\n<p>Mart\u00ed\u00adn Nieto<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>Fiel, fidelidad<\/p>\n<p>La Biblia es un libro de fe, en el sentido radical de la palabra. Ciertamente, cuenta las historias del pueblo de Dios y expone argumentos de tipo sapiencial. Pero, en su ra\u00ed\u00adz m\u00e1s honda, ella ofrece un testimonio de fe: una forma de vida que se funda en la fidelidad de Dios, que ofrece y mantiene su palabra, y en la fidelidad de los hombres que le responden.<\/p>\n<p>(1) Antiguo Testamento. En la Biblia hebrea la fe se identifica en el fondo con la fidelidad (es decir, con la firmeza) y tambi\u00e9n con la verdad, entendida como emuna, en la l\u00ed\u00adnea de la fiabilidad y de la misericordia. B\u00e1sicamente, la fe pertenece a Dios, que es el fiel por excelencia, pues \u00abguarda el pacto y la misericordia para con los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones\u00bb (Dt 7,9). Entendida as\u00ed\u00ad, la fe no es algo que viene en un segundo momento, sino la misma uni\u00f3n con Dios a quien se entiende no s\u00f3lo como firme, sino tambi\u00e9n como misericordioso. En esa l\u00ed\u00adnea, el testimonio b\u00e1sico de la fidelidad b\u00ed\u00adblica lo ofrece la tradici\u00f3n reflejada en Ex 34,6, donde Dios se presenta como \u00abcompasivo y clemente, lento para la ira y grande en misericordia y verdad, es decir, en fidelidad\u00bb (cf. Jon 4,2). La fe del hombre es consecuencia de la fidelidad de Dios. No se trata de creer en cosas, sino de fiarse de Dios, de ponerse en sus manos. Entendida as\u00ed\u00ad, la fe constituye la actitud b\u00e1sica del israelita. En un sentido, ella puede identificarse con el amor del que habla el shem\u00e1* (Dt 6,5: \u00abamar\u00e1s al Se\u00f1or, tu Dios&#8230;\u00bb); en otro sentido, ella aparece como experiencia b\u00e1sica de confianza, en medio de la crisis constante de la vida. En esta l\u00ed\u00adnea se sit\u00faa la afirmaci\u00f3n fundamental de Hab 2,4, cuando afirma que \u00abel justo vivir\u00e1 por la fe\u00bb. Justo es aqu\u00ed\u00ad el tzadik, el hombre que responde a la llamada de Dios; la vida del justo, as\u00ed\u00ad entendido, se identifica con la \u2020\u02dcemuna, la fidelidad de Dios. Frente a la justicia de los pueblos que identifican la verdad con su fuerza, emerge as\u00ed\u00ad la verdadera justicia israelita, que se expresa en forma de confianza en Dios. As\u00ed\u00ad podemos decir, en resumen, que Dios es verdadero porque es fiel, porque mantiene su palabra y los hombres (en especial los israelitas) pueden fiarse de \u00e9l.<\/p>\n<p>(2) Nuevo Testamento. Fe de Jes\u00fas. Toda la vida y mensaje de Jes\u00fas aparece como una expresi\u00f3n y cumplimiento de esa fe. As\u00ed\u00ad lo ha condensado Mc I,\t14-15 cuando ofrece el mensaje de Dios (\u00c2\u00a1llega el Reino!) y pide a los hombres que respondan: \u00c2\u00a1creed en el Evangelio!, es decir: acoged la buena noticia. La vida p\u00fablica de Jes\u00fas, desde su bautismo hasta su muerte, es un ejercicio y despliegue de esta fe en Dios. Por eso hay que hablar, en primer lugar, de la fe de Jes\u00fas (cf. Ap 14,12), es decir, de la fe de Jes\u00fas en Dios. Pero Jes\u00fas no es s\u00f3lo un hombre de fe, sino un portador de fe. Desde esa base se entiende su vida p\u00fablica, el conjunto de los milagros, entendidos como un despliegue de fe. Una y otra vez, Jes\u00fas dice a los curados: tu fe te ha salvado (cf. Mc 10,52; Lc 7,50; 8,48; etc.). Esta no es una fe menor, sino la fe en sentido pleno: la confianza en el Dios salvador, que mueve monta\u00f1as (cf. Mc II,\t23).<\/p>\n<p>(3)  Fe y obras. Pablo ha desarrollado el sentido de la fe, entendi\u00e9ndola como experiencia radical de confianza de aquellos que creen en el Dios que ha resucitado a Jes\u00fas de entre los muertos (Rom 4,24). De un modo ejemplar, Pablo ha contrapuesto las dos actitudes del hombre que, a su juicio, est\u00e1n ejemplificadas en un tipo de judaismo (o judeocristianismo) que interpreta la vida del hombre desde sus obras (desde lo que \u00e9l hace) y en el verdadero cristianismo, que define la vida desde la fe. La oposici\u00f3n entre las obras de la Ley y la fe mesi\u00e1nica (en el Dios de Cristo) constituye el centro del evangelio de Pablo (cf. Gal 3,1-10; Rom 3,2024). Esa oposici\u00f3n sigue estando en el centro de la controversia b\u00ed\u00adblica entre cat\u00f3licos y protestantes: Lutero acus\u00f3 a un tipo de cat\u00f3lico-romanos de su tiempo de haber vuelto a fundar la religi\u00f3n en las obras, entendidas sobre todo en l\u00ed\u00adnea moralista y ritual; el Concilio de Trento respondi\u00f3 que la misma fe se expresa en unas obras, que no han de entenderse como expresi\u00f3n del orgullo del hombre, sino como signo de su fidelidad a Dios. La controversia, en la que se opon\u00ed\u00ada la visi\u00f3n de Pablo y un tipo de interpretaci\u00f3n de Sant 2,1426, sigue estando en la base de la hermen\u00e9utica cat\u00f3lica y protestante, aunque actualmente las oposiciones se han limado, de manera que se habla m\u00e1s de diferencia de matices que de contraposici\u00f3n de fondo.<\/p>\n<p>(4) Fe, esperanza amor. Una de las formulaciones m\u00e1s influyentes sobre el sentido de la fe es la que Pablo ofrece en 1 Tes 1,3, cuando dice: \u00abNos acordamos sin cesar, delante del Dios y Padre nuestro, de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de la perseverancia de vuestra esperanza en nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb. De esa manera, como de pasada, Pablo ha descrito el sentido de las tres actitudes b\u00e1sicas de la vida cristiana, que la tradici\u00f3n posterior interpreta como \u00abvirtudes teologales\u00bb, es decir, como expresi\u00f3n del encuentro del hombre con Dios. Todo en la relaci\u00f3n del hombre con Dios es \u00abobra de fe\u00bb (ergon t\u00e9s p\u00ed\u00adsteos), signo y presencia de la fe que act\u00faa. Todo es despliegue o trabajo de un amor (hopos t\u00e9s \u00e1gapes) que se manifiesta en la entrega de la vida, en manos de Dios, al servicio de los otros. Todo es finalmente paciencia o perseverancia de la esperanza (hypomon\u00e9 t\u00e9s elpidos), expresi\u00f3n de un camino abierto hacia el reino. M\u00e1s que virtudes en sentido cl\u00e1sico (de vir, obra de var\u00f3n), esos gestos constituyen la esencia de la vida creyente y son inseparables de la manera en que cada uno est\u00e1 implicado en el otro.<\/p>\n<p>(5) Apocalipsis. De un modo especial ha destacado el tema de la fe el libro del Apocalipsis, que sit\u00faa en el centro de la vida cristiana el conflicto entre dos fidelidades. La fidelidad a Roma (aceptar su esquema social de honor, clientela, comidas, comercio) aparece para el libro como prostituci\u00f3n. En contra de ella, la vida cristiana es fidelidad (pistis) a Dios y\/o a Jes\u00fas, en gesto de resistencia contra Roma (cf. Ap 2,13.19; 13,10; 14,2). Frente al Drag\u00f3nDiablo que separa (mata), Cristo es fiel (pistos) y verdadero, alguien que une, vincula a los humanos: podemos fiarnos de su testimonio, en su fidelidad triunfamos y vivimos (1,5; 3,14), uni\u00e9ndonos mutuamente en comuni\u00f3n. La lucha y triunfo del Cristo fiel constituye el tema central del Ap (19,11); a partir de ella se mantienen y viven para siempre los cristianos (2,10.13; 17,14); en ellas funda Juan su palabra y su libro (21,5; 22,6).<\/p>\n<p>Cf. M. Buber, DOS modos de fe, Caparros, Madrid 1996; L. \u00ed\u0081lvarez Verdes, El imperativo cristiano en san Pablo, Verbo Divino, Estella 1980.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>El acto de fe es el acto fundamental del creyente, ese acto que nos convierte en creyentes y que rige toda nuestra existencia cristiana: un acto razonable en sus premisas, pero que no es s\u00f3lo la conclusi\u00f3n de unas premisas, no es una simple deducci\u00f3n l\u00f3gica.  Nosotros podemos analizar las premisas, ver c\u00f3mo se van acumulando, pero de repente salta el don del Esp\u00ed\u00adritu, por el cual el hombre se abandona al Esp\u00ed\u00adritu de Dios y lanza ese grito, esa palabra dicha con pasi\u00f3n: \u00ab\u00c2\u00a1Es el Se\u00f1or!\u00bb. No es simplemente una palabra que brota, es toda la persona que se mueve: sale de s\u00ed\u00ad misma y se funde en el abrazo del otro al que ha reconocido.      Y el hombre que es capaz de salirse de s\u00ed\u00ad mismo, que sabe tener tanta pasi\u00f3n y tanto entusiasmo, no lo hace por un fantasma, obra de su imaginaci\u00f3n, sino por la persona de Dios que lo atrae con su dulzura y con su presencia: es el don de la fe, ra\u00ed\u00adz de toda oraci\u00f3n, de toda catequesis, de todo apostolado, de toda pastoral, de todo testimonio.  Cuando decimos que queremos ser testigos \u2014testigos cre\u00ed\u00adbles\u2014 tenemos que pensar que la ra\u00ed\u00adz de todo esto es ese grito que nos sale del coraz\u00f3n: \u00ab\u00c2\u00a1Es el Se\u00f1or!\u00bb.<\/p>\n<p> Carlo Mar\u00ed\u00ada Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Espiritual<\/b><\/p>\n<p>Forma de conocimiento personal mediante la cual, bajo el impulso de la gracia, se acoge la revelaci\u00f3n de Dios en Jesucristo.<\/p>\n<p>En cuanto relacionada con la revelaci\u00f3n que se lleva a cabo en Jes\u00fas de Nazaret, la fe supone una complejidad de relaciones que no se dejan definir en un sentido \u00fanico. Esto significa que la fe cristiana se concibe, primariamente, a la luz de la gracia. Nadie puede acoger la palabra de Jes\u00fas como Palabra de Dios si el Esp\u00ed\u00adritu no act\u00faa en \u00e9l mostrando que esa Palabra es aut\u00e9nticamente Palabra del Padre. La dimensi\u00f3n de la gracia tiene una preminencia substancial para la comprensi\u00f3n de la fe, porque toca en el mismo momento una doble realidad: el contenido de lo que la fe acepta y el acto que realiza el sujeto en el momento de creer. Por consiguiente, se manifiesta como don de Dios que, revel\u00e1ndose, llama al conocimiento de s\u00ed\u00ad, y como acto plenamente personal mediante el cual puede cada uno realizarse a s\u00ed\u00ad mismo en la verdad y libertad.<\/p>\n<p>La fe, adem\u00e1s, est\u00e1 siempre relacionada con un contenido y determinada por \u00e9l. La revelaci\u00f3n hist\u00f3rica de Jesucristo es el contenido formal de la fe; en efecto, aqu\u00ed\u00ad es donde la objetividad de la fe encuentra su punto culminante en cuanto que acepta que en la historicidad del lenguaje humano se encarna la verdad de Dios sobre Dios y sobre el hombre. La dimensi\u00f3n cognoscitiva de la fe parte del acontecimiento hist\u00f3rico del misterio pascual de Jes\u00fas de Nazaret. Efectivamente, la primera profesi\u00f3n de fe que formula la Iglesia se concentra en torno al acontecimiento de la pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or (1 Cor 15,3-5) y hace de este anuncio la realidad misma de la fe hasta el punto de que, si \u00e9l no existiera, ser\u00ed\u00ada vana e in\u00fatil la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica (1 Cor 15,2.14). Esta dimensi\u00f3n de la fe supone que el acontecimiento en que se cree es verdadero, Por consiguiente, s\u00f3lo a trav\u00e9s de la certeza de la verdad del contenido de la fe se puede pensar que se realiza un acto de fe verdaderamente personal.<\/p>\n<p>Esta \u00faltima afirmaci\u00f3n lleva consigo a la aceptaci\u00f3n de una caracter\u00ed\u00adstica ulterior de la fe cristiana: su valor salv\u00ed\u00adfico y su dimensi\u00f3n omnicomprensiva. La fe no es uno de tantos actos como realiza la persona; al contrario, es la finalizaci\u00f3n de la propia existencia a la luz de la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica que se realiz\u00f3 en Jesucristo, Esta dimensi\u00f3n que aleja plenamente la fe de toda comparaci\u00f3n con la ideolog\u00ed\u00ada implica, sin embargo, la asunci\u00f3n de la perspectiva misma de la revelaci\u00f3n. El Dios que se revela en Jesucristo realiza el acto definitivo de su manifestaci\u00f3n hasta tal punto que el creyente no puede ya esperar ninguna otra revelaci\u00f3n (DV 4); as\u00ed\u00ad pues, al revelarse, Dios se da por entero a la humanidad. Puesto que la fe es respuesta a esta manifestaci\u00f3n de Dios, que en la muerte de su Hijo expresa en lenguaje humano la totalidad de su entrega, tendr\u00e1 que alcanzar igualmente la situaci\u00f3n de totalidad en la donaci\u00f3n. Por consiguiente, la fe implica una radicalidad y una totalidad de opci\u00f3n que s\u00f3lo se puede comprender como definitiva e irreversible, aunque necesitada de una ratificaci\u00f3n d\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada. En una palabra, con la fe realiza una opci\u00f3n definitiva mediante la cual, en la libertad que surge de la verdad, cada uno se inserta en la revelaci\u00f3n, acogida ya como momento real de salvaci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>En virtud de esta globalidad, todo lo que define y compone a la persona es necesario a la fe para poder expresarse; esto supone que hay que ver en ella la inteligencia y la voluntad, los sentimientos y los afectos, los deseos y las aspiraciones, as\u00ed\u00ad como las acciones concretas y los signos que se ponen en acto. En una palabra, la fe es forma de la existencia personal. La fe cristiana, en cuanto fundamento de la comunidad eclesial, no es patrimonio de cada uno de los creyentes, sino que pertenece a toda la Iglesia como un dep\u00f3sito que se le ha confiado. La objetividad de la fe es garant\u00ed\u00ada para el creyente tanto de la certeza de lo que cree como de la falta de disponibilidad de su contenido para reducirse a la interpretaci\u00f3n individual. El contenido de la fe y su coherencia con la revelaci\u00f3n son realmente patrimonio del carisma y del ministerio del colegio apost\u00f3lico y en \u00e9l, del sucesor de Pedro. &#8211; , Finalmente, la fe se relaciona con la esperanza y con la caridad formando la globalidad de la vida teologal. Creer supone ver la existencia personal relacionada con el futuro, y &#8211; a que s\u00f3lo en el futuro la verdad de lo que se cree encuentra su expresividad suprema. La esperanza de la fe no es la b\u00fasqueda vac\u00ed\u00ada de una quimera; al contrario, es certeza del cumplimiento, va que desde ahora se ha anticipado Ya en la vida de Jes\u00fas de Nazaret. El contenido de la fe es, en definitiva, la resurrecci\u00f3n, es decir la salvaci\u00f3n de una vida transformada despu\u00e9s de la muerte; la fe sabe que este contenido se ha dado ya a cada uno, puesto que en el bautismo hemos sido insertos definitivamente en el misterio pascual de Cristo, participando con \u00e9l en el sufrimiento de la muerte, pero llevando va desde ahora la semilla de la resurrecci\u00f3n (Rom 5-6).<\/p>\n<p>La fe y la esperanza se conjugan con el amor. La fe se expresa en el amor y se hace amor. Lejos de cualquier tipo de sentimentalismo, el amor que origina la fe es el amor gratuito que ve en el compromiso del Hijo en la cruz su \u00faltima perspectiva. Un amor como \u00e9ste es al mismo tiempo forma y s\u00ed\u00adntesis de la fe; en efecto, aqu\u00ed\u00ad se hace visible la naturaleza de Dios que es el primero en amar, mientras \u00e9ramos todav\u00ed\u00ada pecadores (1 Jn 4,9-10; Rom 5,6-10).<\/p>\n<p>Esta circularidad permite verificar c\u00f3mo la fe es un todo de acci\u00f3n personal. Por tanto, la fe se expresa: en la profesi\u00f3n p\u00fablica, ya que de esta manera se atestigua la aceptaci\u00f3n de su objetividad y el hecho de que es patrimonio de un pueblo; en la inteligencia cr\u00ed\u00adtica eclesial y personal que permite establecer la racionalidad de su contenido y la respuesta constante a las diversas conquistas de la humanidad; en el testimonio del amor como praxis que permite verificar el compromiso del creyente para que las diversas formas de pecado sean superadas por la fuerza de la liberaci\u00f3n que posee la fe (Sant 2,14-18).<br \/>\nR. Fisichella<\/p>\n<p>Bibl.: J. Alfaro, Cristolog\u00ed\u00ada y antropologia, Cristiandad, Madrid 1973; 1d\u00bb Revelaci\u00f3n, cristiana, [en, teolog\u00ed\u00ada, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1985; H, U Von Balthasar, Gloria. Urta est\u00e9tica teol\u00f3gica, Ed, Encuentro, Madrid 19851986; W Kasper, Introducci\u00f3n a la fe. S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1976; J Ratzinger, Introducci\u00f3n al cristianismo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1970.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La terminolog\u00ed\u00ada. II. Fe e incredulidad: 1. Aspectos subjetivos de la fe: a) La confianza, b) La fidelidad, c) La escucha\/obediencia; 2. La incredulidad. III. Dep\u00f3sito de la fe: 1. Actitudes positivas para con el dep\u00f3sito; 2. Situaciones contrarias a la fe. IV. Gnosis\/conocimiento. V. Fe y visi\u00f3n. VI. Fe y obras: 1. Fe y salvaci\u00f3n; 2. La justificaci\u00f3n por la fe exige las obras. VII. Don y b\u00fasqueda.<\/p>\n<p>Prescindiendo del \u00e1mbito profano, jur\u00ed\u00addico y puramente religioso, en-tendemos por fe la total referencia a Dios, conocido en la revelaci\u00f3n, por parte del hombre, que en el an\u00e1lisis de las propias dimensiones fundamentales con el mundo, la muerte, los dem\u00e1s hombres y la historia (cf GS 4-22) se descubre abierto a la trascendencia y dotado de una libertad que se explicita en la responsabilidad y en la esperanza.<\/p>\n<p>I. LA TERMINOLOG\u00ed\u008dA. El examen de los vocablos, al mismo tiempo que ofrece una visi\u00f3n de conjunto de los pasajes b\u00ed\u00adblicos, deja entrever la fe en sus dimensiones originales de confianza, conocimiento y obediencia. La ra\u00ed\u00adz fundamental &#8216;mn, presente en la forma hifil (he&#8217; min) 52 veces, indica estabilidad y seguridad derivadas del apoyo en otro. Esto comprende ante todo -prescindiendo de los contextos profanos, en donde tener confianza (Deu 28:66; Job 15:31; Job 24:22; Job 39:12) alterna mediante la variaci\u00f3n de las preposiciones con tener por verdadero (G\u00e9n 45:26; I Apo 10:7; 2Cr 9:6; Pro 14:15; Jer 40:14)- el sentido de abandono y de confianza. Fe es entonces el entregarse en manos del Dios de Abrah\u00e1n (G\u00e9n 15:6) en el momento en que parec\u00ed\u00adan haber caducado los plazos de realizaci\u00f3n de la promesa de una posteridad (cf G\u00e9n 12:1-4a); es la aceptaci\u00f3n de la palabra de Mois\u00e9s sobre su experiencia con Yhwh que le hab\u00ed\u00ada prometido la liberaci\u00f3n (Exo 4:31; cf 4,1); es la actitud compleja (temor, reverencia, asombro, confianza, obediencia) del pueblo ante los signos salv\u00ed\u00adficos (Exo 14:31); es el reconocimiento de Mois\u00e9s como enviado de Dios en tiempo del pacto sina\u00ed\u00adtico (Exo 19:9). En momentos cr\u00ed\u00adticos de la historia de Jud\u00e1, por motivos contingentes, como la coalici\u00f3n siro-efraimita, o duraderos, como la amenaza siria, la fe se convierte en renuncia a los apoyos humanos (Isa 7:9; cf 8,13), en confianza exclusiva en la acci\u00f3n de Yhwh (Isa 28:16), en fuente de tranquilidad. \u00abEn la conversi\u00f3n y la calma est\u00e1 vuestra salvaci\u00f3n; en la mesura y la confianza est\u00e1 vuestra fuerza\u00bb (Isa 30:15); reconocer a Yhwh como \u00fanico salvador hasta hacerse testigos suyos (Isa 43:10), aceptar la lecci\u00f3n incre\u00ed\u00adble del sufrimiento y de la muerte engendradora de justificaci\u00f3n y de vida (Isa 53:1; cf G\u00e9n 3:5) es la fe que se requiere en ciertos per\u00ed\u00adodos, como el del destierro, cuando se hunden todas las seguridades humanas.<\/p>\n<p>En la plegaria la fe asume acentos m\u00e1s personales y matizados. \u00abYo estoy seguro de ver los bienes del Se\u00f1or en el mundo de los vivos\u00bb (Sal 27:13) es una seguridad que se une al reconocimiento de que Dios salva mediante obras maravillosas, a la obediencia a sus mandamientos (Sal 78:22.32), a la aceptaci\u00f3n de las promesas de salvaci\u00f3n (Sal 106:12.24; Sal 116:10; Sal 119:66). Una fe tan s\u00f3lida en el Se\u00f1or y en los profetas que proporciona \u00e9xito (2Cr 20:20) y engendra la fidelidad (&#8216;em\u00fanah). Esa fe puede reconocerse en un comportamiento recto (2Re 12:16; 2Re 22:7; 2Cr 31:18), en la constancia con que se escucha la voz de Dios (Jer 7:28; Sal 119:30), en considerar justa la direcci\u00f3n divina de la marcha de la historia (Hab 2:4), en dejarse transformar por el incansable amor divino (Ose 2:21). Una respuesta plena a la alianza, mediante el reconocimiento del \u00fanico Dios (Deu 5:7), el amor exclusivo y confiado (Deu 6:5), la observancia de los preceptos (Deu 7:12), se expresan por la palabra m\u00e1s densa &#8216;em\u00fan (Deu 32:20) y por la m\u00e1s frecuente y conocida emes: para \u00e9sta la fe asume el matiz de sinceridad de coraz\u00f3n, y, m\u00e1s que cualquier otro derivado de &#8216;mn, se abre al significado de \u00abverdad\u00bb (dos 2,14; Sal 26:3), fiabilidad de las personas y de las instrucciones (Neh 7:2; Neh 9:13), duraci\u00f3n consistente (Isa 16:5; 2Sa 7:16).<\/p>\n<p>Otros t\u00e9rminos como batah (confiar), t\u00ed\u00adpico de las oraciones y de los himnos (Sal 13:6; Sal 25:2; Sal 26:1), hasah (refugiarse) como b\u00fasqueda real o figurada de una protecci\u00f3n por parte del individuo (Sal 64:11; Isa 57:13) o de la comunidad (Sal 2:12; Sal 5:12; Sal 17:7; Sal 18:31), hakah (aguardar), yahal (anhelar) con qawah (esperar), relativos a una deseada intervenci\u00f3n de Yhwh, entran en el campo m\u00e1s amplio de he&#8217;em\u00fan, subrayando el aspecto deconfianza. La terminolog\u00ed\u00ada veter\u00f3 testamentaria describe, por tanto, la fe como \u00abconocimiento-reconocimiento de Yhwh, de su poder salva4 dor y dominador revelado en la his1 toria, como confianza en sus prome sas, como obediencia ante lo, mandamientos de Yhwh (J. Alfaro Fides&#8230;, 474).<\/p>\n<p>Al decir amen, que es una forma participial, se afirma que todo lo que sale de la boca de Dios es tan seguro que merece toda confianza, tan verdadero que ha de ser cre\u00ed\u00addo y tan s\u00f3lido que puede orientar debidamente la vida. \u00abAm\u00e9n\u00bb sanciona de este modo un compromiso solemne, preciso e irrevocable, reforzado por la repetici\u00f3n, solemnizado por la renovaci\u00f3n de la alianza (Neh 8:6) y hecho sagrado en aquel comienzo de culto en Jerusal\u00e9n (1Cr 16:36), establecido luego en cada una de las partes del salterio (Sal 41:14; Sal 72:19; Sal 89:53; Sal 106:48). M\u00e1s que un simple deseo o un asentimiento d\u00e9bil (Jer 28:6), decir \u00abam\u00e9n\u00bb supone una responsabilidad jurada (N\u00fam 5:22), una renovaci\u00f3n p\u00fablica, comunitaria y lit\u00fargica del compromiso de observar los mandamientos (Deu 27:15-26) o de practicar la justicia social (Neh 5:13). Inseparable de la confianza, el \u00abam\u00e9n\u00bb se convierte en aclamaci\u00f3n lit\u00fargica (lCr\u00f3n 16,36), incluso en la adhesi\u00f3n neotestamentaria a la oraci\u00f3n (Rom 1:25; G\u00e1l 1:5; 2Pe 3:18; Heb 1:21), a las palabras (1Co 14:16) y a las promesas que en Cristo -el am\u00e9n de Dios a los hombres, encarnaci\u00f3n del Dios del am\u00e9n (Isa 65:16; Apo 3:14), el posesor de una palabra s\u00f3lida (Mat 5:18; Jua 1:51)- hacen eficaz nuestro \u00abam\u00e9n\u00bb al Padre (2Co 1:20).<\/p>\n<p>La variedad de la terminolog\u00ed\u00ada del AT se condensa en un \u00fanico t\u00e9rmino, frecuent\u00ed\u00adsimo, del NT: pist\u00e9u\u00f3\/p\u00ed\u00adstis (creer\/fe), vinculado al \/ milagro en los sin\u00f3pticos (Mar 2:5; Mar 5:36), que conservan el sentido preminente de confianza. Creer es tambi\u00e9n reconocer a Jes\u00fas como el mes\u00ed\u00adas (Mar 15:32) a trav\u00e9s de su muerte y resurrecci\u00f3n (Heb 2:14-36), de manera que llega a cualificar simplemente al cristiano como \u00abel creyente\u00bb (Heb 2:44; Heb 4:32; Heb 11:21). Vinculada \u00ed\u00adntimamente al misterio de la salvaci\u00f3n, la fe -el vocablo m\u00e1s usado (242 veces) despu\u00e9s de Dios, Cristo, Se\u00f1or, Jes\u00fas y Esp\u00ed\u00adritu- se convierte en Pablo en conocimiento y aceptaci\u00f3n del misterio pascual (Rom 10:9.14; cf lPe 1,8.21; Stg 2:5), de la persona de Cristo (Rom 1:17; G\u00e1l 2:6; Efe 2:8; Flp 3:9). Se realiza as\u00ed\u00ad una evoluci\u00f3n desde un sentido subjetivo (el acto de creer) a un sentido objetivo (el contenido que se cree), llegando a identificarse con el k\u00e9rygma (Rom 10:8; G\u00e1l 1:23; G\u00e1l 3:2.5; Efe 4:5), como ocurre en los Hechos (Efe 6:7) y m\u00e1s ampliamente en las cartas pastorales (lTim 1,19; 4,1; 6,10.12). Semejante l\u00ed\u00adnea de pensamiento se encuentra de nuevo en el \u00abcreer\u00bbjoaneo (usado 98 veces de forma absoluta o con preposiciones, en contraste con el \u00fanico testimonio del sustantivo \u00abfe\u00bben 1Jn 5:4) como aceptaci\u00f3n de la persona y de la misi\u00f3n del Hijo. Finalmente es densa en significado la definici\u00f3n de la fe, que acent\u00faa el aspecto subjetivo, en la carta a los Hebreos (1Jn 11:1) como certeza de lo invisible, confianza en las promesas de Dios y compromiso de fidelidad del hombre: la limitaci\u00f3n tan s\u00f3lo al elemento intelectivo privado de confianza es la fe insuficiente que se condena en la carta de Santiago (1Jn 2:14).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, \u00abla fe es la respuesta integral del hombre a Dios, que se revela como su salvador, y esta respuesta incluye la aceptaci\u00f3n del mensaje salv\u00ed\u00adfico de Dios y la confiada sumisi\u00f3n a su palabra. En la fe veterotestamentaria el acento recae en el aspecto de confianza; en la neotestamentaria resalta el aspecto de asentimiento al mensaje cristiano\u00bb (J. Alfaro, La fe como entrega, 59).<\/p>\n<p>II. FE E INCREDULIDAD. Es esencial para la fe la dimensi\u00f3n subjetiva, que se manifiesta como confianza, fidelidad, escucha\/ obediencia, cuya falta revela la incredulidad del sujeto.<\/p>\n<p>1. ASPECTOS SUBJETIVOS DE LA FE. La fe es una reacci\u00f3n a la acci\u00f3n primordial de Dios (A. Weiser). Dentro de la apertura total del propio ser a Dios, la fe asume tantos elementos como son los aspectos del Dios que revela: temor, reverencia, culto, obediencia, amor, confianza, fidelidad, esperanza, anhelo, paciencia, adhesi\u00f3n, reconocimiento, por lo que puede decirse que ella \u00abse afianza as\u00ed\u00ad en Dios\u00bb (cf Pfammatter, 885; cf Bibl.).<\/p>\n<p>a) La confianza. Aunque presente en personajes -Abel, Henoc, No\u00e9, Jacob, Mois\u00e9s, Josu\u00e9- y en partes narrativas y prof\u00e9ticas, la fe, en la dimensi\u00f3n subjetiva de abandono, apoyo seguro, confianza plena, entrega ilimitada, impulso, anhelo, resalta especialmente en Abrah\u00e1n, el padre de los creyentes. \u00abCrey\u00f3 en el Se\u00f1or, y el Se\u00f1or le consider\u00f3 como un hombre justo\u00bb (G\u00e9n 15:6). La confianza en Dios lo lleva a esperar lo imposible, es decir, un hijo en su ancianidad (G\u00e9n 18:4). La situaci\u00f3n de muerte de su cuerpo privado de vitalidad, como el seno de Sara (Heb 11:12), se transforma en vida en virtud de su confianza en la promesa, en su proyecci\u00f3n por encima de toda esperanza humana, en su ausencia de vacilaci\u00f3n, en su persuasi\u00f3n firme de que Dios es capaz de realizar todo lo que ha prometido, de forma que Abrah\u00e1n se convierte en el amigo de Dios (cf Rom 4:18-22; Jue 2:25).<\/p>\n<p>La confianza en Dios supera los l\u00ed\u00admites y las objeciones de la raz\u00f3n humana, renunciando a contar con uno mismo. Consciente de su propia incapacidad, de la insuficiencia de cualquier garant\u00ed\u00ada humana, incluso milagrosa -siempre abierta a seductoras explicaciones racionales-, duda de s\u00ed\u00ad misma y se abre a la intervenci\u00f3n divina. Para eso tiene necesidad de encontrar un coraz\u00f3n bien dispuesto y humilde. A semejanza de Jes\u00fas, que \u00abse humill\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo haci\u00e9ndose obediente hasta la muerte\u00bb (Flp 2:8), y de Mar\u00ed\u00ada, que es proclamada \u00abdichosa por haber cre\u00ed\u00addo que se cumplir\u00ed\u00adan las cosas quo hab\u00ed\u00ada dicho el Se\u00f1or&#8230;, que se ha fijado en la humilde condici\u00f3n de su esclava\u00bb (Luc 1:45.48), la humildad lleva a la exaltaci\u00f3n y a la consolaci\u00f3n por parte de Dios (Luc 1:52; 2Co 7:6). Hasta qu\u00e9 punto la humildad es expresi\u00f3n de confianza puede percibirse en la actitud contraria de gloriarse en s\u00ed\u00ad mismo, que expresa la seguridad del hombre autosuficiente, satisfecho de las obras y de la sutileza de sus intuiciones: aceptarse en la propia finitud, rechazando la sabidur\u00ed\u00ada de este mundo, es algo que abre a la salvaci\u00f3n encerrada para los creyentes en la necedad de la predicaci\u00f3n de Cristo (cf 1Co 1:21).<\/p>\n<p>Esta actitud permite recibir el don que el Padre hace de s\u00ed\u00ad mismo al hombre en Jesucristo. Lo que Jes\u00fas propone supera la inteligencia humana. La adhesi\u00f3n al amor absoluto s\u00f3lo es posible a la confianza; creer es un acto libre, es un querer creer, como se deduce de los milagros. Es algo que provocada confianza en Jes\u00fas, en aquel ciego de Jeric\u00f3 que se pone a gritar, a pesar de los reproches de la gente, suplicando piedad al Hijo de David (Mar 10:46); aquella reflexi\u00f3n secreta de la mujer t\u00ed\u00admida y desconfiada, segura, sin embargo, de que podr\u00e1 curarse al mero contacto con el manto de Jes\u00fas (Mar 5:28); aquella petici\u00f3n de perd\u00f3n, con sus gestos, de la pecadora poco preocupada del juicio de los presentes (Luc 7:37); aquella certeza en el poder de Jes\u00fas sobre el mal que ten\u00ed\u00ada el oficial romano (Luc 7:7-8), lo mismo queaquel recurso infalible a la fuerza de Dios que es la oraci\u00f3n: \u00abTodo lo que pid\u00e1is en la oraci\u00f3n creed que lo recibir\u00e9is, y lo tendr\u00e9is\u00bb (Mar 11:24).<\/p>\n<p>El aspecto fiducial, limitado para Pablo al contexto de las promesas divinas (Rom 3:21ss; Rom 4:18ss; G\u00e1l 3:6ss) y clave interpretativa de los grandes personajes de la historia sagrada (Heb 11:4-38), prosigue tambi\u00e9n en Juan, en continuidad con los sin\u00f3pticos. En efecto, para \u00e9l la fe es una atracci\u00f3n, un impulso hacia la persona de Jes\u00fas, que se convierte en adoraci\u00f3n: \u00abRespondi\u00f3: `Creo, Se\u00f1or&#8217;. Y se puso de rodillas ante \u00e9l\u00bb (Jua 9:38). Jes\u00fas exige que nos fiemos de su persona a trav\u00e9s de la aceptaci\u00f3n de su testimonio (cf 8,45 y 2,23). El aspecto fiducial de la fe lo recoge la DV 5: \u00abAl Dios que se revela se le debe `la obediencia de la fe&#8217;, con la que el hombre se abandona en manos de Dios de forma totalmente libre, prest\u00e1ndole el `pleno asentimiento del entendimiento y de la voluntad&#8217; y consintiendo libremente en la revelaci\u00f3n que \u00e9l hace\u00bb. Mediante este aspecto el hombre \u00abfundamenta su existencia en Dios mismo en el misterio de su palabra y de su gracia; renuncia a vivir de la confianza en s\u00ed\u00ad mismo, en los dem\u00e1s hombres o en el mundo, para abandonarse absolutamente al `Otro&#8217; trascendente, al Absoluto como Amor; va m\u00e1s all\u00e1 del horizonte de la inteligencia humana y acepta como verdad absoluta &#8216;la revelaci\u00f3n de Dios en Cristo; sale del amor a s\u00ed\u00ad mismo y se abandona a la gracia de Dios como garant\u00ed\u00ada \u00fanica de salvaci\u00f3n. Es una decisi\u00f3n que implica, en una tensi\u00f3n dial\u00e9ctica, el riesgo de la audacia y la confianza del abandono\u00bb(J. Alfaro, Foiet existence, 567).<\/p>\n<p>b) La fidelidad. La confianza plena conduce a la fidelidad, que es imitaci\u00f3n y participaci\u00f3n de la fidelidad de Dios. Saliendo muchas vecesal encuentro del hombre, Dios ha permanecido fiel a la alianza (Deu 7:9), a las promesas (2Sa 7:28; Ose 2:22; Sal 132:11; Tob 14:4) y realiza sus obras a pesar del pecado: Dios es definido varias veces como \u00abfidelidad\u00bb en el Deuteronomio, en el Salterio y en los profetas. \u00abEl es la roca, sus obras son perfectas, todos sus caminos son la justicia misma; es Dios de fidelidad\u00bb (Deu 32:4). El hombre participa con su confianza de la estabilidad de Dios y de sus obras, como Mois\u00e9s, fiel en su casa (N\u00fam 12:7) -como sus brazos llenos de fidelidad hasta el ocaso durante la batalla contra Amalec (Exo 17:12)-en una comunidad de perspectivas, de pensamientos y de responsabilidades; como el sacerdote fiel (lSam 2,35); como David (1Sa 22:14) en su reino estable (2Sa 7:16). Sin la fidelidad el hombre se vuelve vac\u00ed\u00ado, vanidad, nada, semejante abs o\u00ed\u00addolos (Isa 19:1.3; Eze 30:13; Hab 2:19; Sal 96:5; Sal 97:7).<\/p>\n<p>Es necesario proclamar la fidelidad de Dios (Sal 36:6), invocarla (lRe 8,56-58), para que haga germinar en nuestra tierra la fidelidad a \u00e9l. En una econom\u00ed\u00ada de la alianza, Dios exige nuestra fidelidad (Jos 24:14), incluso como condici\u00f3n para una fidelidad de los hombres entre s\u00ed\u00ad, que con frecuencia falla (Jer 9:2-5). A imitaci\u00f3n del siervo fiel que lleva a cabo su misi\u00f3n en medio de contrastes -tipo de Cristo que da cumplimiento a la fidelidad de Dios (2Co 1:20), como sacerdote fiel ( Heb 2:17)-, los \u00abfieles\u00bb (Heb 10:45; 2Co 6:15; Efe 1:1) se preocupar\u00e1n de considerar la fidelidad como uno de los mayores mandamientos (Mat 23:23), como una constante en todos los momentos de la vida (Luc 16:10-12). Si esta fidelidad supone una lucha continua contra el maligno, especialmente en los \u00faltimos tiempos (Apo 13:10; Apo 14:12), tiene, sin embargo, como premio el gozo del Se\u00f1or (Mat 25:21.23)y est\u00e1 asegurada como don del Esp\u00ed\u00adritu (G\u00e1l 5:22) y de la sangre de Cristo (Apo 12:11).<\/p>\n<p>c) La escucha\/obediencia. La comprensi\u00f3n del v\u00ed\u00adnculo entre la fe y la obediencia exige la superaci\u00f3n de dos mentalidades opuestas y bastante difundidas. Por una parte, el hombre moderno, que justamente considera su autonom\u00ed\u00ada como un gran valor, estima la obediencia como un mal necesario -con vistas a la educaci\u00f3n y a la convivencia- y acaricia el ideal de su desaparici\u00f3n. Por otra parte, un pensamiento derivado de la filosof\u00ed\u00ada helenista -en particular del neoplatonismo, que hace consistir la perfecci\u00f3n en la renuncia a la propia voluntad y en la confianza a la autoridad instituida por Dios-, restringiendo la obediencia al cumplimiento de la voluntad de otro y a la ejecuci\u00f3n de la orden o del mandato por amor a \u00e9l, supone que la autodeterminaci\u00f3n de suyo aleja de Dios. La obediencia en un clima de alianza, es por el contrario, un modo de estar en la intimidad de la amistad con Dios, una tendencia a vivir como \u00e9l y -seg\u00fan recuerda la palabra griega hipako\u00e9 y el lat\u00ed\u00adnn audire\/oboedire: o\u00ed\u00adr\/ obedecer- supone el escuchar. Escuchar (Isa 1:10; Jer 2:4; Am\u00f3 4:1) es la actitud activa de la persona (Exo 33:11; lSam 3,9; Isa 8:9) y del pueblo (.lema:: Deu 5:1; Deu 6:4; Deu 9:1) delante de Dios que se revela gradualmente en la palabra, en el mensaje, en el anuncio. La funci\u00f3n del o\u00ed\u00adr (Mat 13:16; Heb 2:33; lJn 1,1) est\u00e1 en relaci\u00f3n con la comprensi\u00f3n de los misterios del reino (Mar 4:12), de los momentos significativos de la vida de Jes\u00fas (Mar 9:7), de Pablo (2Co 12:4); del Apocalipsis (2Co 1:3; 2Co 22:88). El escuchar aut\u00e9ntico equivale a asimilar e interiorizar la palabra, hasta hacerse, sin\u00f3nimo del k\u00e9rygma que suscita la fe (Mat 8:10). \u00abAl recibir la palabra de Dios que os predicamos (ako\u00e9), la abrazasteis no como palabra de hombre, sino como lo que es en verdad, la palabra de Dios, que permanece vitalmente activa en vosotros, los creyentes\u00bb (lTes 2,13). Sin la consecuci\u00f3n de este objetivo, la simple percepci\u00f3n externa no es propiamente un o\u00ed\u00adr (Mar 8:18); los jud\u00ed\u00ados no sacaron ning\u00fan provecho de la palabra, \u00abporque al escucharla no se unieron a ella por la fe\u00bb (Heb 4:2).<\/p>\n<p>Por el contrario, hay una relaci\u00f3n directa entre el escuchar aut\u00e9ntico y la fe. \u00abLa fe proviene de la predicaci\u00f3n (ako\u00e9), y la predicaci\u00f3n es el mensaje de Cristo (Rom 10:17): el anuncio que contiene y mira a la fe (ako\u00e9 p\u00ed\u00adste\u00f3s) lleva a la experiencia del Esp\u00ed\u00adritu, que realiza maravillas en el hombre (G\u00e1l 3:2.5), en primer lugar la transformaci\u00f3n del ego\u00ed\u00adsmo humano en amor oblativo (agap\u00e9), con el consiguiente gozo, paz, longanimidad, benevolencia, confianza, mansedumbre, dominio de s\u00ed\u00ad mismo (G\u00e1l 5:22). La superaci\u00f3n de la sordera y de la incircuncisi\u00f3n (Deu 18:19; Jer 6:10; Jer 9:25; Heb 7:51) encuentra su verificaci\u00f3n en la acogida de la palabra de Jes\u00fas y en pertenecer a Dios y a la verdad (Jua 8:43.47; Jua 10:16; Jua 18:37), como la Virgen, que se distingui\u00f3 en esta acogida de la palabra (Luc 11:28; cf 2,19.51). La audici\u00f3n sigue a la revelaci\u00f3n como palabra.<\/p>\n<p>Cuando se hace plena y duradera, esta atenci\u00f3n a la palabra de Dios pone en movimiento todo el ser; lleva a un compromiso completo, a esa obediencia que se convierte en expresi\u00f3n de una respuesta plena a la revelaci\u00f3n, lo mismo que la palabra que se transforma en hecho (Sal 33:6; Isa 55:10-11; Jua 14:12) induciendo a la acci\u00f3n (Mat 7:16.26; Rom 2:13). El o\u00ed\u00adr \u00abse realiza de veras s\u00f3lo cuando el hombre, con la fe y con la acci\u00f3n, obedece a aquella voluntad que es voluntad de santificaci\u00f3n y de penitencia. As\u00ed\u00ad, como coronaci\u00f3n del o\u00ed\u00adr, nace el concepto del obedecer, queconsiste en creer, y del creer que consiste en obedecer\u00bb (G. Kittel, GLNT I, 593). Lo mismo que el o\u00ed\u00adr de Dios se hace efectivo, es decir, Dios escu, cha una petici\u00f3n, no s\u00f3lo respecto a Jes\u00fas (Jua 11:41s; Heb 5:7), sino respecto a todos los que cumplen la voluntad de Dios (Sal 34:16.18; Jua 9:31; 1Pe 3:12) -o sea, de aquellos que, creyendo en el nombre del Hijo, piden seg\u00fan su voluntad (Un 5,14), como lo hacen el pobre, la viuda y el hu\u00e9rfano, los humildes, los prisioneros (Exo 22:22; Sal 10:17; Jue 5:4)-, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el o\u00ed\u00adr del hombre supone una transformaci\u00f3n de su vida.<\/p>\n<p>Por eso la obediencia no indica en primer lugar un comportamiento moral, sino la nueva condici\u00f3n del cristiano, una actitud positiva, de acogida de la palabra. Obedecer es permitir al evangelio libremente aceptado que manifieste su fuerza transformadora del hombre; es un dejarse conducir en toda la vida, rechazando a ese otro amo competitivo que es el pecado. \u00ab\u00bfNo sab\u00e9is que al entregaros a alguien como esclavos para obedecerle sois esclavos de aqu\u00e9l a quien obedec\u00e9is? Si obedec\u00e9is al pecado, terminar\u00e9is en la muerte; y si obedec\u00e9is a Dios, en la justicia\u00bb (Rom 6:16). La vida de Cristo, con el acto supremo de amor en la cruz libremente aceptada, es obediencia (Rom 5:19), que le hace a \u00e9l y a nosotros sacerdotes (Heb 5:7.10; Heb 10:14). Obediencia es la realidad nueva que la aceptaci\u00f3n de Cristo glorioso produce en todas las gentes (Rom 1:5); es la acogida del misterio revelado por Pablo relativo a la unificaci\u00f3n de toda la realidad en Cristo (Rom 16:26); es una respuesta al evangelio que obliga a someterse libremente a Dios, conocido como veraz y como fiel; es la nueva condici\u00f3n del hombre capacitado para uniformarse a la voluntad divina. Esto supone una intervenci\u00f3n de la voluntad, una actitud de libre homenaje. La obediencia y laconfianza revelan dos aspectos de la aceptaci\u00f3n del evangelio. La sola confianza sin obediencia podr\u00ed\u00ada convertirse en vago sentimiento, lo mismo que la sola obediencia sin confianza correr\u00ed\u00ada el peligro de transformarse en una sumisi\u00f3n a un Dios-amo. El encuentro con Dios realizado en la confianza se hace profundo y duradero gracias a la obediencia.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n \u00abobediencia de la fe\u00bb, obediencia \u00abque consiste o se realiza en la fe\u00bb (Bengel) o convierte a los cristianos en hijos de la obediencia (1Pe 1:14), m\u00e1s all\u00e1 de una simple adhesi\u00f3n especulativa, afirma la aceptaci\u00f3n del evangelio con la mente, la voluntad y el coraz\u00f3n, de forma que toda la vida se vea envuelta en ello. Esta expresi\u00f3n paulina encuentra un paralelismo en Juan, donde Jes\u00fas invita a observar sus mandamientos lo mismo que \u00e9l ha observado los mandamientos del Padre (cf Jua 15:10). La obediencia que Jes\u00fas presta al Padre es la revelaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo como salvador de los hombres. El mandamiento (entol\u00e9) ha perdido el sentido de precepto para adquirir el de palabra reveladora del amor trinitario. El hombre a su vez lo guarda cuando acoge en la fe esta revelaci\u00f3n, se deja impregnar por ella y se comporta de manera que no la deja escapar (t\u00e9r\u00e9in).<\/p>\n<p>De aqu\u00ed\u00ad se sigue, a ejemplo de Jes\u00fas, que \u00abha dado a conocer todas las cosas que ha o\u00ed\u00addo a su Padre\u00bb (Jua 15:15), la necesidad de escoger las actitudes que favorezcan la penetraci\u00f3n de este don con la ayuda de las explicitaciones que es posible encontrar en la revelaci\u00f3n. La obediencia se refiere, por tanto, a lo que \u00abel Se\u00f1or ha dicho\u00bb (Exo 24:7) en el \/ dec\u00e1logo y en la ley, y a lo que sigue diciendo en las circunstancias y en los signos de los tiempos, imitando a Cristo, que, obedeci\u00f3 al Padre a trav\u00e9s de intermediarios, de personas, de sucesos, de instituciones, de autoridades, de compromisos cotidianos. De todas formas, hay que tener presente que, mientras la obediencia a Dios es absoluta (Heb 4:19), la sumisi\u00f3n a los intermediarios es relativa a su capacidad de expresar la voluntad de Dios, que s\u00f3lo parcialmente est\u00e1 contenida en la realidad humana como signo que hay que leer debidamente.<\/p>\n<p>2. LA INCREDULIDAD. La incredulidad es la tentaci\u00f3n continua del hombre destinatario de la revelaci\u00f3n, lo mismo que la idolatr\u00ed\u00ada es la condici\u00f3n permanente del pagano. Ante las maravillas siempre nuevas del amor de Dios, sustra\u00ed\u00addo a todo control y verificaci\u00f3n, el creyente se ve situado todos los d\u00ed\u00adas ante el dilema: fiarse \u00fanicamente de Dios o caer en la incredulidad, que se convierte en la ra\u00ed\u00adz de todo pecado. La incredulidad es no tomar a Dios como apoyo, haci\u00e9ndose ind\u00f3cil y rebelde, generaci\u00f3n cuyo coraz\u00f3n no fue constante y cuyo esp\u00ed\u00adritu fue desleal para con Dios&#8230; \u00abSu coraz\u00f3n no estaba firmemente con \u00e9l, y no eran leales a su alianza\u00bb (Sal 78:8.37). Es apoyarse en la propia vida (cf Deu 28:66), lo mismo que hace el malvado. Es considerar a Yhwh incapaz de comprender y de liberar al hombre en sus necesidades, el cual consiguientemente \u00abmurmura\u00bb como la generaci\u00f3n del \/ desierto, presa del hambre y de la sed (Exo 16:2-3; Exo 17:2-3; N\u00fam 11:4-5; N\u00fam 20:2-3), del miedo ante el enemigo (N\u00fam 14:3). Es olvidarse de los prodigios realizados en el pasado (Deu 8:14-16; Sal 78:11; Sal 106:7); es incomprensi\u00f3n de los signos en orden a una conversi\u00f3n (N\u00fam 14:11; Am\u00f3 4:6ss). Es negaci\u00f3n de la existencia de un plan divino. \u00abQue se d\u00e9 prisa, que acelere su obra para que la veamos, que se presenten y se realicen los planes del Santo de Israel para que los conozcamos\u00bb (Isa 5:19). Es dar un ultim\u00e1tum a Dios para que se decida a cumplir sus promesas. Es el infantilismo religioso de Acaz (Isa 7:12). Es rebeli\u00f3n en el plano pr\u00e1ctico, con el desprecio del Creador, roca de salvaci\u00f3n (Deu 32:18). Es sustraerse a las leyes, ofreciendo un culto sin participaci\u00f3n del coraz\u00f3n (Isa 1:11-13), que lleva a igualar a Yhwh con los \u00ed\u00addolos. La incredulidad, que f\u00e1cilmente puede transformarse en idolatr\u00ed\u00ada (Ex 32; Deu 9:12-21), asume un aspecto m\u00e1s doloroso cuando se hace adulterio, prostituci\u00f3n de la esposa (Os 2; Jer 3; Ez 16). Lleva entonces a tener un coraz\u00f3n dividido (Ose 10:2), a buscar ayuda en otras partes (Isa 18:1-6), a confiar en las instituciones (Jer 7:4), a endurecerse (Isa 6:10).<\/p>\n<p>La incredulidad se agudiza ante Jes\u00fas, que exige para con su misma persona (Mat 11:6) todo lo que el piadoso israelita reconoc\u00ed\u00ada a Yhwh. La objeci\u00f3n de la racjonalidad presentada por Zacar\u00ed\u00adas, y que se hace m\u00e1s evidente ante la fe de Mar\u00ed\u00ada (Luc 1:18.38), contin\u00faa en la de los paisanos de Jes\u00fas (Mar 6:6), de los fariseos (Mat 15:7), de las ciudades del lago y de los jud\u00ed\u00ados (Mat 8:10). La incredulidad revela la falta de un coraz\u00f3n humilde (Mat 11:25), de la oraci\u00f3n y del ayuno (Mat 17:20-21), y admite varios grados: es miedo ante la tempestad (Mat 8:26), olvido de la ense\u00f1anza de Jes\u00fas en los milagros (Mat 16:8-10), esc\u00e1ndalo ante el misterio de la cruz (Mat 16:23) y -extra\u00f1amente incre\u00ed\u00adble (Heb 26:8)- es negaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n en los disc\u00ed\u00adpulos (Luc 24:25.41; Mat 28:17; Mar 16:11.13-14), en los jud\u00ed\u00ados (Heb 7:56-57), en los paganos (Heb 17:31-32).<\/p>\n<p>El misterio de la incredulidad aparece sobre todo en el rechazo de Cristo por parte de aquel pueblo que ten\u00ed\u00ada la misi\u00f3n hist\u00f3rica de esperarlo y de dar testimonio de \u00e9l. Si para explicar la condenaci\u00f3n a muerte de Jes\u00fas basta con recurrir a la ignorancia y a la culpabilidad de los jud\u00ed\u00ados (Heb 10:39), el rechazo continuo de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica obliga a Pablo, dolorido y preocupado (Rom 9:2) a iluminar este misterio, descubriendo en \u00e9l la \u00faltima invenci\u00f3n de una providencia divina que en el car\u00e1cter temporal de la falta de fe vislumbra una mayor facilidad de la conversi\u00f3n de los gentiles ( Rom 11:25.31).<\/p>\n<p>Si Pablo recurre a la incredulidad del antiguo pueblo -castigado antes por haber hecho in\u00fatiles tantos prodigios (ICor 10,1-5) y sometido ahora a la severidad de Dios por haber rechazado a Jes\u00fas (Rom 11:22)-para poder amonestar a los cristianos, Juan ve en el jud\u00ed\u00ado -que no ha \u00abacogido\u00bb ni \u00abreconocido\u00bb (Jua 1:10-11) en Jes\u00fas el Cristo, la Palabra encarnada, al Hijo de Dios enviado por el Padre- el tipo mismo del incr\u00e9dulo, el reflejo del mundo malo, inmerso en el pecado, que le impide venir a la luz y lo incapacita para \u00abser de la verdad\u00bb (Jua 3:21; Jua 18:37), ir m\u00e1s all\u00e1 de lo maravilloso que aparece en los gestos de Jes\u00fas (Jua 6:26). El incr\u00e9dulo se queda en la etapa de Nicodemo (Jua 3:2), sin alcanzar la fe de la samaritana en la palabra (Jua 4:15) o la fe conmovedora del oficial del rey (Jua 4:53). Si la fe tiene necesariamente grados, requiere un camino para aceptar la \u00abobra\u00bb de Jes\u00fas (Jua 17:4), reveladora de su intimidad con el Padre (Jua 14:10), que fue el camino que recorrieron los disc\u00ed\u00adpulos (Jua 2:11), Pedro (Jua 6:63), el ciego de nacimiento (Jua 9:35-38), Marta (Jua 11:25-27), Tom\u00e1s (Jua 20:25-28). Pero el que no tiene en s\u00ed\u00ad el amor de Dios (Jua 5:42), s\u00f3lo se preocupa de la comida que perece (Jua 6:27), se siente apegado a los privilegios de raza (Jua 8:33), a la vanagloria (Jua 9:28), a la autosuficiencia (Jua 9:39-41), no forma parte del reba\u00f1o de Cristo (Jua 10:26), odia la luz (Jua 3:19), tiene por padre al diablo, que impide creer en Jes\u00fas que dice la verdad; \u00e9sta se convierte incluso en ocasi\u00f3n de incredulidad (Jua 8:45). El incr\u00e9dulo entonces se cierra cada vez m\u00e1s a los signos que no ve(Jua 12:37), a la palabra que no penetra (Jua 8:37), a la luz que lo ciega (Jua 9:39). La incredulidad, m\u00e1s que distinguir en grupos sociales, pasa por dentro de cada persona, est\u00e1 siempre oscilando en sus fronteras; pero mientras uno no haya \u00abmuerto en su pecado\u00bb (Jua 8:21), siempre tendr\u00e1 el camino abierto para reconocer en Jes\u00fas al Hijo del hombre (Jua 9:35).<\/p>\n<p>III. DEP\u00ed\u201cSITO DE LA FE. Esta expresi\u00f3n introduce la consideraci\u00f3n del aspecto objetivo de la fe. Partamos de nuestra experiencia. Cuando un amigo nos narra un hecho desconocido y singular o nos revela su propia experiencia interior, le decimos: \u00abConf\u00ed\u00ado en ti, en tu persona\u00bb. Esta frase supone esta otra: \u00abCreo y acepto todo lo que t\u00fa dices\u00bb. Incluso humanamente la fe es en primer lugar una confianza y un abandono en una persona -como el hijo en sus padres, el alumno en el maestro, el adulto en una persona amiga-, pero desemboca necesariamente en la aceptaci\u00f3n de todo lo que se nos cuenta: la falta del primer aspecto de la fe lleva al aislamiento, a la esterilidad, hace imposible cualquier relaci\u00f3n econ\u00f3mica, social, comunitaria, matrimonial, familiar. De la misma forma, en las relaciones con Dios, la actitud esencial de fiarse de \u00e9l lleva consiguientemente a la afirmaci\u00f3n de los contenidos, de los acontecimientos de la revelaci\u00f3n. Estos se aceptan no porque el hombre los comprenda en su evidencia racional o experiencia directa, sino por la confianza en quien los propone. La fe en Dios es tambi\u00e9n fe en lo que \u00e9l revela: el NT habla, junto a p\u00ed\u00adstis (pist\u00e9uein) eis, de pist\u00e9uein hoti, expresiones que la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica traducir\u00e1 en fides qua y fides quae.<\/p>\n<p>Este segundo aspecto, presente ya en el AT en la necesidad de reconocer las intervenciones salv\u00ed\u00adficas de Yhwh en la historia, tal como se refleja en  la f\u00f3rmula de fe, es subrayado en el NT hasta llegar a ocupar el primer puesto. Esto se debe a la novedad del acontecimiento \u00abCristo\u00bb, que despu\u00e9s de haber exigido considerar inminente la venida del reino, pide que se acepte el valor mesi\u00e1nico de su persona. El aspecto objetivo de la fe, que comienza en Marcos, es desarrollado por Mateo y Lucas, hasta alcanzar su cima en Juan. La dimensi\u00f3n intelectual de la fe \u00abcorresponde al car\u00e1cter real del misterio de Cristo; si no se salvaguarda el primero, es imposible salvaguardar el segundo [el aspecto fiducial]. La fe vive de la realidad de su objeto, que es la intervenci\u00f3n salvadora de Dios por Cristo; si el evento salv\u00ed\u00adfico de Cristo no es real en s\u00ed\u00ad mismo, tampoco es real para m\u00ed\u00ad; no es posible vivirlo como real\u00bb (J. Alfaro, La fe como entrega, 59; cf Bibl.).<\/p>\n<p>El contenido de la fe tiene un n\u00facleo en torno al cual gira como explicitaci\u00f3n, desarrollo, profundizaci\u00f3n y actualizaci\u00f3n todo aquello que Dios ha revelado. Se le puede enunciar como la voluntad absoluta del Padre de salvar a todos los hombres a trav\u00e9s de su Hijo Jesucristo en el don del Esp\u00ed\u00adritu. Esta voluntad se revela en una dimensi\u00f3n hist\u00f3rica que tiene su comienzo en la alianza veterotestamentaria (Deu 26:5-9; Jos 24:2-13) y su cumplimiento en la encarnaci\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Jesucristo. Al ser la \u00abplenitud de toda la revelaci\u00f3n\u00bb (DV 2; cf Mat 11:27; Jua 1:14.17; Jua 14:6; Jua 17:1-3; 2Co 3:16; 2Co 4:6; Efe 1:3-14), la persona de Jes\u00fas resucitado (Heb 2:24.36), Hijo de Dios (Mar 9:7; Rom 1:3; Heb 1:5), es el objeto central de la fe. Al dar el Esp\u00ed\u00adritu en virtud de su glorificaci\u00f3n (cf Jua 7:39), Jes\u00fas crea en los hombres la intimidad filial con Dios, el amor fraterno como irradiaci\u00f3n de la ag\u00e1pe divina y la certeza de participar en la gloria del Se\u00f1or resucitado. En su vida de fe como di\u00e1logo personal con Cristo, en analog\u00ed\u00ada con el continuo di\u00e1logo de Jes\u00fas con el Padre, el cristiano extiende, mediante un nexo irrompible, su acto de fe a la Iglesia, \u00abcuerpo y plenitud\u00bb de Cristo, instituida como \u00absacramento o signo e instrumento de la uni\u00f3n \u00ed\u00adntima con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (LG 1). Si es l\u00f3gica la exigencia de desarrollar en todas sus implicaciones este n\u00facleo fundamental, como de hecho ha sucedido a lo largo de los siglos, es necesario evitar que \u00abla multitud espesa de \u00e1rboles dogm\u00e1ticos no nos deje ver el bosque de la fe\u00bb (W. Kasper). Sigue siendo importante que la comunidad conserve todas las verdades de la fe (ITim 4,6; 2Ti 1:13; Tit 1:9) o, como se dice en t\u00e9rminos jur\u00ed\u00addicos, el \u00abdep\u00f3sito\u00bb (1Ti 6:20; 2Ti 1:12.14) transmitido (2Ts 2:15; 2Ts 3:6). Sin embargo, cada cristiano profesa todas las verdades impl\u00ed\u00adcitamente, acept\u00e1ndolas y crey\u00e9ndolas en la Iglesia.<\/p>\n<p>1. ACTITUDES POSITIVAS PARA CON EL DEP\u00ed\u201cSITO. Para una fidelidad y conservaci\u00f3n plena de las verdades de fe, la Iglesia primitiva se preocup\u00f3 no tanto de hacer una lista completa y minuciosa de proposiciones claras como de se\u00f1alar algunas actitudes fundamentales respecto al n\u00facleo esencial, reconociendo un orden o \u00abjerarqu\u00ed\u00ada\u00bb en las verdades (cf UR 11). Para una confesi\u00f3n p\u00fablica y oficial de las intervenciones salv\u00ed\u00adficas de Dios es m\u00e1s decisiva la actitud pr\u00e1ctica de apertura y de acogida de sus iniciativas que la enumeraci\u00f3n completa de sus actos. El pueblo antiguo, partiendo del culto, reconoci\u00f3 en proposiciones de fe (el \u00abcredo hist\u00f3rico\u00bb de G. von Rad) que su nacimiento y su desarrollo se deb\u00ed\u00adan a la direcci\u00f3n de Yhwh: el recuerdo de los hechos del pasado, desde las promesas hechas a los patriarcas hasta la liberaci\u00f3n de Egipto, se convierten en certeza de una presencia actual (cf Exo 20:2; Lev 19:36, y m\u00e1s ampliamente Deu 26:5-9; Jos 24:2-13; Jdt 5:6-19; Sal 105; 135; 136) y de una esperanza para el futuro; esta confesi\u00f3n se refiere a los hechos hist\u00f3ricos, aun cuando se usan para Dios ciertos t\u00e9rminos como \u00abroca\u00bb, \u00abfuerza\u00bb, \u00absalvaci\u00f3n\u00bb. Este confesar la fe, que en el AT se limita a reconocer a Yhwh como \u00abDios salvador\u00bb (cf Ose 12:10; Ose 13:4; Deu 32:12; Jos 24:16-18), se convierte en el NT en confesi\u00f3n (homologh\u00ed\u00ada\/homologh\u00e9in) de \u00abJes\u00fas el Cristo\u00bb (Rom 10:9; lCor 12,3), cuya liberaci\u00f3n afecta a toda la humanidad, se refiere al enemigo m\u00e1s temible (el pecado) y es definitiva: la confesi\u00f3n de Pedro (Mat 16:16; Jua 6:68-69), como la del ciego de nacimiento (Jua 9:17.36-38), busca el origen de la fe en el contacto personal con Jes\u00fas. Motivada a veces por el deseo de vencer el miedo o la indolencia, la confesi\u00f3n de fe es prueba de la aceptaci\u00f3n de una doctrina delante de la comunidad ya creyente (Flp 2:11), en momentos de especial importancia como el bautismo o la ordenaci\u00f3n (lTim 6,12), con ocasi\u00f3n de la persecuci\u00f3n (Heb 4:20; Heb 7:56). Necesaria cuando la omisi\u00f3n equivaldr\u00ed\u00ada a renegar de ella (Jua 9:22), manifiesta al mundo la decisi\u00f3n irrevocable del hombre en favor de Cristo, que atestiguar\u00e1 en favor suyo delante del Padre (Mat 10:32; Luc 12:8). Todo esto se realiza a trav\u00e9s de breves f\u00f3rmulas de naturaleza cultual (Flp 2:5-11; lTim 3,16; 1Pe 3:18-22) o bautismal (Heb 8:37), con la evoluci\u00f3n, bajo el impulso de una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, des-de un solo art\u00ed\u00adculo cristol\u00f3gico (1Co 12:3; 1Jn 2:22; 1Jn 4:15; Heb 4:14) a dos art\u00ed\u00adculos, con la inclusi\u00f3n de Dios-Padre (ICor 8,6; ITim 2,5; 6,13-14), o a tres, con el a\u00f1adido del Esp\u00ed\u00adritu (Mat 28:19).<\/p>\n<p>Cuando la confesi\u00f3n de la fe se dirige en primer lugar a los hombres, de forma solemne, durante un proceso o una contestaci\u00f3n, se hace testimonio (o martirio, del griego martyr\u00ed\u00ada\/martyrion), creando al testigo (o m\u00e1rtir, gr. m\u00e1rtys). A diferencia de confesar, atestiguar es un concepto neotestamentario, limitado en el AT a Israel \u00abtestigo de Yhwh\u00bb entre las naciones (Isa 43:9.10.12). Aun tolerando un sentido m\u00e1s amplio referido al evangelio (Mar 13:9), el testimonio ata\u00f1e a los doce que, elegidos y enviados por el Se\u00f1or (Luc 24:48), llenos de Esp\u00ed\u00adritu (Heb 1:8), garantizan la fiabilidad de la resurrecci\u00f3n (Heb 1:22): a trav\u00e9s de este c\u00ed\u00adrculo fijo, de esta instituci\u00f3n fidedigna, las generaciones futuras pueden entrar en contacto con el resucitado, sin verse perjudicadas por la distancia desde el \u00abcentro del tiempo\u00bb (Conzelmann). A los doce se asocia Pablo, convertido en el camino de Damasco en testigo de Cristo resucitado (Heb 22:15; Heb 26:16), cuya realidad hace s\u00f3lida la fe (cf lCor 15,14), posible la comunidad (1Co 1:6), superable la persecuci\u00f3n (Apo 1:9; Apo 12:11; Apo 17:6). Si Lucas est\u00e1 preocupado por garantizar la certeza del n\u00facleo central de la fe frente a tradiciones no fiables, Juan, m\u00e1s profundamente, acent\u00faa el testimonio sobre todo lo que Jes\u00fas dijo de s\u00ed\u00ad, compartido por \/ Juan Bautista (Jua 1:7.19.32.34), por los disc\u00ed\u00adpulos (Jua 15:27), por el pueblo (Jua 12:17), por el Esp\u00ed\u00adritu (Jua 15:26), por el Padre (Jua 8:18), por las Escrituras (Jua 5:39), por las obras (Jua 5:36; Jua 10:25). Este testimonio presupone la apertura a Cristo, la fe en \u00e9l m\u00e1s all\u00e1 de toda posibilidad probatoria. De este modo el testimonio veraz (Jn 17) hace que \u00abtambi\u00e9n vosotros cre\u00e1is\u00bb (Jua 19:36; cf lJn 5,6b-11). A continuaci\u00f3n, a partir de la primera mitad del siglo u, el apelativo de testigo\/ m\u00e1rtir se reservar\u00e1 para los que hayan dado testimonio de Cristo a trav\u00e9s de la muerte cruenta.<\/p>\n<p>Un testimonio particular de Cristo es el que da la Iglesia cuando se encuentra unida en la fe. La principal unidad en la fe es de tipo experiencial vivido: el estar y permanecer en Cristo (Jua 15:4) -el cual vive (G\u00e1l 2:20), habita (Efe 3:17) en el hombre que come y bebe su sangre (Jua 6:54)- de manera que se es una sola cosa con el Padre y con los hermanos, \u00abpara que el mundo crea que t\u00fa me has enviado\u00bb (Jua 17:21). La unidad de fe, conciliable con la pluralidad de orientaciones teol\u00f3gicas, se refiere sobre todo a la verdad esencial: \u00abHay un solo Se\u00f1or, una sola fe, un solo bautismo y un solo Dios, padre de todos, que est\u00e1 sobre todos, por todos y en todos\u00bb (Efe 4:5-6), \u00abun solo pan\u00bb (1Co 10:17), \u00abun solo pastor, un solo reba\u00f1o\u00bb (Jua 10:16).<\/p>\n<p>2. SITUACIONES CONTRARIAS A LA FE. Aunque no comprometa la unidad de la fe, el cisma rompe la caridad y hace menos cre\u00ed\u00adble la Iglesia delante del mundo (cf Jua 17:21). Como la separaci\u00f3n del reino del norte por motivos religiosos (1Re 11:33) produjo confusiones idol\u00e1tricas (1Re 12:28.32) impidiendo la fuerza del testimonio entre las naciones, as\u00ed\u00ad las divisiones perturban la armon\u00ed\u00ada del cuerpo de Cristo que es la Iglesia (lCor 12,25). Esas divisiones provienen de la \u00abcarne\u00bb (G\u00e1l 5:20; cf lCor 3,3-4), son signo de la falta de comprensi\u00f3n de la verdadera sabidur\u00ed\u00ada de la cruz (lCor 1,10.18) y est\u00e1n en flagrante contraste con el significado de la cena (lCor 11,18) y con la unidad de origen y de finalidad de los carismas (lCor 12,11).<\/p>\n<p>M\u00e1s grave que el cisma, que se limita a una grieta, a un desgarr\u00f3n en la comuni\u00f3n eclesial, la herej\u00ed\u00ada toca directamente a la fe, negada conscientemente en alguna verdad revelada. Desconocida en el AT por su limitado contenido intelectual, la herej\u00ed\u00ada, ya prevista por Jes\u00fas (Mat 24:5.11), se describe en los escritos paulinos como cristalizaci\u00f3n de tensiones en unos partidos o sectas, an\u00e1logas a las de los jud\u00ed\u00ados (lCor 11,19); ataca la doctrina (Rom 16:17) y se caracteriza de este modo en los \u00faltimos escritos neotestamentarios: \u00abHabr\u00e1 entre vosotros falsos maestros, los cuales ense\u00f1ar\u00e1n doctrinas (hair\u00e9seis) de perdici\u00f3n, negar\u00e1n al Se\u00f1or que los redimi\u00f3 y se buscar\u00e1n una ruina fulminante\u00bb (2Pe 2:1). La primera herej\u00ed\u00ada surgi\u00f3 entre los judaizantes que cre\u00ed\u00adan necesaria la circuncisi\u00f3n para la salvaci\u00f3n, haciendo in\u00fatil el valor de la cruz de Cristo (Heb 15:1.5; G\u00e1l 5:2). El mundo griego, ir\u00f3nico frente al anuncio evang\u00e9lico de Pablo (Heb 17:32), ten\u00ed\u00ada dificultad en admitir la resurrecci\u00f3n de los muertos (lCor 15,2.11-17), limitaba el valor y la dignidad de la persona de Cristo (Col 2:8), negaba su \u00abvenida en la carne\u00bb (lJn 2,22-23; 4,2-3; 2Jn 1:7). El que persiste obstinadamente en el error a pesar de las advertencias fraternas (cf Mat 18:15-17), se somete al juicio de Cristo o an\u00e1thema. Esta palabra, que pas\u00f3 de significar la consagraci\u00f3n a Dios mediante la destrucci\u00f3n en la guerra santa (herem: N\u00fam 21:2-3; Jos 6) a designar una separaci\u00f3n, se aplica al que pronuncia afirmaciones contrarias a la fe. Es anatema el que, \u00abdeformando el evangelio de Cristo\u00bb en favor de la necesidad de la circuncisi\u00f3n para la salvaci\u00f3n, cae bajo la maldici\u00f3n divina (G\u00e1l 1:7-9; cf 1Co 16:22). Pablo se alegra de ello, parad\u00f3jicamente, si con ello logra reunir con Cristo a sus connacionales (Rom 9:3). El anatema supone una separaci\u00f3n de la comunidad (Tit 3:10) con posterioridad al naufragio de la fe (lTim 1,19). El insulto al nombre de Jes\u00fas, como en otros tiempos al nombre de Yhwh (Lev 24:16), a trav\u00e9s de la blasfemia se opone directamente a la fe. En efecto, no se acepta entonces a Jes\u00fas como \u00abHijo de Dios\u00bb (Mat 26:63-65; Mar 15:29; Jua 10:33). No se trata de simple ignorancia, sino de rechazo voluntario de la revelaci\u00f3n divina, ilustrada por los milagros: atribu\u00ed\u00adrselos al demonio es una blasfemia contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Mat 12:31) imperdonable, ya que est\u00e1 en el origen de otras reacciones en cadena que fijan una situaci\u00f3n de cerraz\u00f3n total ante la palabra. En efecto, se rechaza no a un Dios lejano, sino experimentado ya en su obra de gracia y de luz; esta situaci\u00f3n se repetir\u00e1 en el tiempo de la Iglesia (Apo 2:9).<\/p>\n<p>IV. GNOSIS\/CONOCIMIENTO. La posibilidad de confesar o de atestiguar, as\u00ed\u00ad como la de limitar el contenido de la fe, se deriva de su car\u00e1cter cognoscitivo o de gnosis. Esta palabra evoca espont\u00e1neamente la corriente espiritual (\u00abgnosticismo\u00bb), tan compleja y no aclarada a\u00fan del todo, que floreci\u00f3 en el siglo II d.C., la cual pretende mediante el \u00abconocimiento de s\u00ed\u00ad, es decir, del hombre en cuanto Dios\u00bb (H. Schlier), \u00abhecho part\u00ed\u00adcipe de la misma naturaleza divina, o sea, ante todo de la inmortalidad\u00bb (R. Bultmann), conseguir la salvaci\u00f3n en el retorno a sus or\u00ed\u00adgenes. Expresi\u00f3n de una autosuficiencia humana, la gnosis es negaci\u00f3n de la fe y se ha de combatir, por tanto, en todas sus manifestaciones iniciales (lCor 1,17-21; 1Ti 6:20).<\/p>\n<p>Pero el NT utiliza el t\u00e9rmino \u00abgnosis\u00bb para indicar el saber profundo y vital de la salvaci\u00f3n (Luc 1:77; Rom 15:14; lCor 1,5; 2Co 2:14; 2Co 4:6; 2Co 8:7; 2Co 10:5; F1p 3,8; Col 2:3; Col 3:18); el conocimiento humilde y devoto de la voluntad de Dios (Rom 2:20); la libertad cristiana (lCor 8,1.7.10.11); un don del Esp\u00ed\u00adritu para la profundizaci\u00f3n del dato revelado (lCor 12,8; 13,2), superior al hablar en lenguas (lCor 14,6), aunque destinado a desaparecer (lCor 13,14) y pose\u00ed\u00addo por Pablo (2Co 11:6).<\/p>\n<p>El aspecto intelectual de la fe se expresa ordinariamente por el verbo conocer (ghin\u00f3skein), usado por Pablo en paralelo con creer. \u00abCaminar en la fe\u00bb (2Co 5:7) y \u00abconocer imperfectamente\u00bb, as\u00ed\u00ad como \u00abvivir en la fe del Hijo de Dios\u00bb, equivale a \u00abconocer el amor de Cristo\u00bb (cf G\u00e1l 2:20 y Efe 3:19), mientras que la \u00abfe en Cristo\u00bb lleva a \u00abconocerle a \u00e9l y la virtud de su resurrecci\u00f3n\u00bb (Flp 3:9-10). Este aspecto cognoscitivo puede percibirse en aquella evoluci\u00f3n del sentido de \u00abfe\u00bb que pasa del acto del creer al objeto cre\u00ed\u00addo, el \u00abevangelio de la verdad\u00bb (2Co 6:7; Col 1:5; Efe 1:3), \u00abel conocimiento de la verdad\u00bb (1Ti 2:4; 2Ti 3:7). Entonces \u00abla fe es el conocimiento (a partir del mensaje o\u00ed\u00addo) de la salvaci\u00f3n &#8216;ya&#8217; realizado en Jesucristo y del `todav\u00ed\u00ada no&#8217; de su visi\u00f3n y plenitud\u00bb (J. Pfammatter, 896). Este conocimiento, que no es dato puramente especulativo y te\u00f3rico, sino unidad en el amor, \u00abes un reflejo de la iniciativa divina de &#8216;conocer&#8217; al hombre, o sea, de llamarlo a la salvaci\u00f3n\u00bb (R. Bultmann). El car\u00e1cter no individual, imperfecto, libre, de don, la uni\u00f3n en el amor, el no disponer del objeto conocido, sino \u00abdejarse determinar por lo que se conoce\u00bb (H. Schlier), \u00aben aquella \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n de amistad entre cognoscente y conocido\u00bb (Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada), distingue con claridad al conocer b\u00ed\u00adblico del gn\u00f3stico; esto es especialmente evidente en Juan, en quien el conocimiento pierde el aspecto puramente intelectualista para convertirse en impulso, en v\u00ed\u00adnculo, en hechizo, en entrega a Cristo.<\/p>\n<p>Creer y conocer resultan entonces intercambiables. La unidad de los suyos lleva al mundo a creer (Jua 17:21) y a conocer (Jua 17:23) en Jes\u00fas al enviado del Padre. Creer que \u00abt\u00fa eres el mes\u00ed\u00adas, el hijo de Dios que ten\u00ed\u00ada que venir al mundo\u00bb (Jua 11:27), es paralelo a \u00abconocer que \u00e9ste es el Cristo\u00bb (Jua 7:26; cf 8,24 y 28; 14,2 y 20); hay una mutua prioridad (6,69; 8,31.32; 10,38; 17,8; 4,12; Un 4,16). Este conocer es penetraci\u00f3n del misterio de Cristo. \u00abCreer en la vida eterna\u00bb (6,47) equivale a \u00abconocerte a ti, el \u00fanico Dios verdadero, y al que t\u00fa has enviado, Jesucristo\u00bb (17,3). El acto de fe en Cristo es un movimiento del ser iluminado y consciente (4,42); es un venir a la luz semejante a un entender, a un saber, a un entrar en su misterio, que no es del mundo, sino de lo alto (17,14; 8,23), de Dios (6,46). Aunque muchas veces los dos verbos son intercambiables, creer contiene siempre el conocer (cf Un 2,4 y 6), que designa \u00abaquella comprensi\u00f3n superior que es peculiar del creyente\u00bb (R. Bultmann). \u00abLa fe se abre a una comprensi\u00f3n cada vez m\u00e1s profunda, a una uni\u00f3n m\u00e1s estrecha con la persona `conocida&#8217;, a un mayor amor a ella; el `conocer&#8217; (por lo menos en el \u00e1mbito terrestre) va unido a la fe y por tanto viene preservado de un equ\u00ed\u00advoco m\u00ed\u00adstico o gn\u00f3stico\u00bb (R. Schnackenburg, La fe jo\u00e1nica, en El evangelio seg\u00fan Juan I, 550-551).<\/p>\n<p>V. FE Y VISI\u00ed\u201cN. A diferencia del conocer, utilizado como paralelo del creer (Jua 6:69), el ver tiene una amplia gama de significados, indicando unas veces m\u00e1s y otras veces menos que la fe. En efecto, hay un ver que no conduce a la fe y aumenta la responsabilidad. Acercarse a Jes\u00fas s\u00f3lo exteriormente (Jua 6:2), sin un compromiso moral, constituye un ver que no es creer (6,36). Los signos son un medio para la fe; pero el hombre que se limita a su car\u00e1cter prodigioso y espectacular no merece la confianza de Jes\u00fas, que, conociendo la intimidad de los corazones (2,25), advierte la superficialidad de las relaciones con \u00e9l. \u00abOs aseguro que no me busc\u00e1is porque hab\u00e9is visto milagros, sino porque hab\u00e9is comido pan hasta hartaros\u00bb (6,26). La visi\u00f3n de fe, por el contrario, lleva a comprender el valor cristol\u00f3gico de los milagros. El signo de Can\u00e1, como la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro, hacen ver la gloria de Dios (11,40), la de Jes\u00fas (2,11), es decir, aquella fuerza divina presente y operante en \u00e9l, la cual, derivada de Dios, tiende en definitiva a glorificarlo. Un ver superficial impide reconocer la misma \u00abmaterialidad\u00bb del gesto de Jes\u00fas, el car\u00e1cter factual, la indubitabilidad, la validez jur\u00ed\u00addica, como aparece en el interrogatorio del ciego de nacimiento (c. 9) y del coloquio con Nicodemo (3,2).<\/p>\n<p>Si el ver la persona de Jes\u00fas puede llevar a reconocerlo como \u00abSe\u00f1or y Dios\u00bb (20,28), m\u00e1s afortunada es la condici\u00f3n de aquellos que llegan a la fe sin la visi\u00f3n (20,29). Tom\u00e1s desea ver para tener pruebas tangibles: desde la herida de los clavos hasta meter el dedo en la llaga. Aunque no se le descalifica -ya que esto lo lleva a reconocer a Cristo-, este \u00abver\u00bb resulta inferior a la fe que suscita s\u00f3lo la palabra (cf 10,38; 14,11). O mejor dicho: el valor de la visi\u00f3n depende de las circunstancias. El elogio del disc\u00ed\u00adpulo Juan, que \u00abvio y crey\u00f3\u00bb (20,8), se basa en su fe espont\u00e1nea a falta de una Escritura clara (20,9), mientras que el reproche a Tom\u00e1s est\u00e1 provocado por su obstinaci\u00f3n ante los testimonios de los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos. En el futuro, ser\u00e1 el testimonio de \u00e9stos la base m\u00e1s s\u00f3lida para la fe (15,27). En definitiva, es s\u00f3lo la actitud de fe la que lleva a \u00abver la vida\u00bb (6,36), es decir, a tener una experiencia directa y personal de Cristo. Cuando Natanael se siente penetrado en alg\u00fan aspecto secreto de su vida (1,48), Jes\u00fas le promete la revelaci\u00f3n de otras realidades m\u00e1s escondidas. \u00abCosas mayores que \u00e9stas ver\u00e1s. Os aseguro que ver\u00e9is el cielo abierto y a los \u00e1ngeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre\u00bb (1,50-51). Esta realidad m\u00e1s profunda es el descubrimiento durante la vida, y especialmente en el momento de la cruz, de la \u00abgloria\u00bb del Hijo del hombre (19,35-37); es un encuentro, m\u00e1s all\u00e1 y dentro de la humanidad de Jes\u00fas, con el mismo Padre: \u00abEl que me ha visto a m\u00ed\u00ad ha visto al Padre\u00bb (14,9); \u00abEl que me ve a m\u00ed\u00ad ve al queme ha enviado\u00bb (12,45). El momento m\u00e1s profundo de esta visi\u00f3n de la gloria no es una contemplaci\u00f3n sin velos de la realidad que se ha encontrado, no es una visi\u00f3n directa, sino siempre mediata: a Dios no lo ha visto nadie (1,18; 5,37). Aunque consiste en una participaci\u00f3n de la vida eterna, en un encuentro amoroso, en un paso de la muerte a la vida, lo mismo que el o\u00ed\u00adr, el conocer, el venir a la luz, el ver de la fe abraza s\u00f3lo una realidad escondida, no pose\u00ed\u00adda todav\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>La visi\u00f3n plena se reserva para el \u00faltimo d\u00ed\u00ada (cf 6,54), para el tiempo de la definitiva manifestaci\u00f3n, cuando \u00ablo veremos tal como es\u00bb( Un 3,2). Si a trav\u00e9s de la humanidad de Cristo se supera aquel tipo de visi\u00f3n veterotestamentaria que se limitaba a una anticipaci\u00f3n de la absoluta trascendencia y sublimidad de Dios (Exo 3:3; I Apo 19:11; Isa 6:1), no desaparece la distinci\u00f3n entre el \u00abahora\u00bb y \u00abluego\u00bb. \u00abAhora vemos como por medio de un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara\u00bb (1Co 13:12), \u00abveremos la gloria de Cristo\u00bb (Jua 17:24). El \u00abcaminar en la fe y no en la visi\u00f3n\u00bb (2Co 5:7), \u00abla vida en la carne\u00bb (Flp 1:24) en espera del momento de \u00abaparecer con Cristo revestidos de gloria\u00bb (Col 3:4), de \u00abser arrebatados entre nubes por los aires al encuentro del Se\u00f1or\u00bb (1Ts 4:17), es tan s\u00f3lo garant\u00ed\u00ada y prueba de las realidades que \u00abno se ven\u00bb (Heb 11:1). La visi\u00f3n \u00abterrena\u00bb y la \u00abcelestial\u00bb no son diversas cualitativamente, sino que se relacionan como principio y fin, como imperfecci\u00f3n y perfecci\u00f3n, como mediaci\u00f3n e inmediatez, como tensi\u00f3n y realizaci\u00f3n, como saboreo previo y posesi\u00f3n, como fundamento y causa final (cf DS 801.799), como participaci\u00f3n y plena consumaci\u00f3n: la visi\u00f3n de Dios en Cristo, que el hombre posee actualmente, prefigura, tiendey exige la contemplaci\u00f3n directa del mismo misterio divino.<\/p>\n<p>VI. FE Y OBRAS. El an\u00e1lisis de las diversas dimensiones de la fe plantea el interrogante sobre sus relaciones con las capacidades humanas, con el obrar del hombre. Entre los diversos aspectos de esta problem\u00e1tica, nos limitamos a preguntarnos si a Dios se le alcanza con la fe sola o si son necesarias las obras del hombre. Es decir, si \u00e9ste es autosuficiente respecto a la salvaci\u00f3n o si se encuentra en una incapacidad radical para alcanzarla. Procederemos en dos momentos. Ante todo, veremos c\u00f3mo relaciona la Biblia con la fe el conocimiento y la adquisici\u00f3n de la salvaci\u00f3n total como autorrealizaci\u00f3n terrena del hombre y uni\u00f3n plena con Dios; luego veremos c\u00f3mo el momento salv\u00ed\u00adfico inicial o justificaci\u00f3n es imposible sin la confianza y la obediencia al Se\u00f1or; de todo ello se deducir\u00e1 el sentido de las obras del hombre (para su an\u00e1lisis, cf \/ Obras).<\/p>\n<p>1. FE Y SALVACI\u00ed\u201cN. El primer gesto salv\u00ed\u00adfico es captado por la fe en la creaci\u00f3n. \u00abPor la fe conocemos que el mundo fue creado por la palabra de Dios, de suerte que lo visible tiene una causa invisible\u00bb (Heb 11:3). Esta primera arquitectura (Job 38:4-7) de Dios, \u00abdel que proceden todas las cosas\u00bb (ICor 8,6), revela la ternura divina y se convierte en el primer signo de la obra redentora de Cristo, \u00abprimog\u00e9nito de toda la creaci\u00f3n\u00bb (Col 1:15), cumplimiento como nuevo Ad\u00e1n (1Co 15:45) de la totalidad que ha sido hecha a trav\u00e9s de \u00e9l (cf Jua 1:3).<\/p>\n<p>La salvaci\u00f3n del octavo d\u00ed\u00ada (Berdiaeff) es vista en el descubrimiento de un Dios que provoca y acompa\u00f1a la peregrinaci\u00f3n de Abrah\u00e1n, que ve la desgracia de su pueblo en Egipto, que lo saca fuera con mano fuerte ybrazo extendido y lo conduce a un pa\u00ed\u00ads en el que fluye leche y miel; es decir, la fe destaca la fidelidad divina en la elecci\u00f3n, liberaci\u00f3n y asentamiento de un pueblo en la \/ tierra, y en la conservaci\u00f3n de la dinast\u00ed\u00ada, del templo y de los profetas. Permite adem\u00e1s a los pobres de Yhwh, desde las confesiones de Jerem\u00ed\u00adas hasta la contestaci\u00f3n de Job y los salmos de los `anawim, descubrir en el fracaso un medio doloroso de salvaci\u00f3n, a trav\u00e9s del grito de invocaci\u00f3n de Dios que llena el vac\u00ed\u00ado m\u00e1s absoluto: \u00abBueno es esperar en silencio el socorro del Se\u00f1or&#8230;, pues quiz\u00e1 haya a\u00fan esperanza\u00bb (Lam 3:26.29).<\/p>\n<p>La fe es la condici\u00f3n para entrar en el \/ reino: \u00abSe ha cumplido el tiempo y el reino de Dios est\u00e1 cerca. Arrepent\u00ed\u00ados y creed en el evangelio\u00bb (Mar 1:15). S\u00f3lo en presencia de la fe Jes\u00fas realiza milagros: \u00abNo hizo all\u00ed\u00ad muchos milagros por su falta de fe\u00bb (Mat 13:58); \u00abSe le acercaron los ciegos, y Jes\u00fas les dijo: `\u00bfCre\u00e9is que puedo hacer esto?&#8217; Le dijeron: `S\u00ed\u00ad, Se\u00f1or&#8217;. Entonces les toc\u00f3 los ojos, diciendo: `H\u00e1gase en vosotros seg\u00fan vuestra fe\u00bb&#8216; (Mat 9:28-29). La fe obtiene adem\u00e1s aquella otra curaci\u00f3n espiritual que es el perd\u00f3n de los pecados: \u00abJes\u00fas, al ver su fe, dijo al paral\u00ed\u00adtico: `Animo, hijo, tus pecados te son perdonados\u00bb&#8216; (Mat 9:2); de ello se benefician los samaritanos (Luc 17:16), los cananeos (Mar 7:26), los paganos. La fuerza que sale de Jes\u00fas no tiene m\u00e1s que una causa: \u00abTu fe te ha salvado\u00bb (Mar 5:34; Mar 10:52). Efectivamente, creer en la palabra de Jes\u00fas es participar d\u00e9l poder que viene del Padre, y por tanto recibir una salvaci\u00f3n total que afecta al cuerpo, al alma, a la naturaleza. \u00abOs aseguro que si tuvierais fe como un grano de mostaza, dir\u00ed\u00adais a este monte: Vete de aqu\u00ed\u00ad all\u00e1, y se trasladar\u00ed\u00ada; nada os ser\u00ed\u00ada imposible\u00bb (Mat 17:20). Consciente de este poder, el demonio se esfuerza por \u00abllevarse la palabra de Dios de sus corazones para que no crean y se salven\u00bb (Luc 8:12). Tambi\u00e9n en presencia de los ap\u00f3stoles la fe obra milagros: \u00ab(Pablo), viendo que ten\u00ed\u00ada fe para ser curado (el cojo), dijo en alta voz: `Lev\u00e1ntate&#8217; \u00bb (Heb 14:10). \u00abCree en Jes\u00fas, el Se\u00f1or, y te salvar\u00e1s t\u00fa y tu familia\u00bb (Heb 16:31).<\/p>\n<p>Es Pablo el que presenta desde su primera hasta su \u00faltima carta la fe como condici\u00f3n indispensable para la salvaci\u00f3n: \u00abDios os ha escogido desde el principio para salvaros por la acci\u00f3n santificadora del Esp\u00ed\u00adritu y la fe en la verdad\u00bb (2Ts 2:13). Esa fe lleva \u00aba la adquisici\u00f3n de la incorruptibilidad gloriosa, participando de la gloria del Se\u00f1or. Los creyentes evitar\u00e1n la corrupci\u00f3n, la muerte, para vivir eternamente con Cristo\u00bb (M.E. Boismard, La foi dans Saint Paul, 67). Desde ahora la salvaci\u00f3n supone la liberaci\u00f3n gradual de nuestros cuerpos de la esclavitud de la corrupci\u00f3n (cf Rom 8:20) mediante la fe en la resurrecci\u00f3n de Cristo. \u00abSi confiesas con tu boca que Jes\u00fas es el Se\u00f1or y crees en tu coraz\u00f3n que Dios lo resucit\u00f3 de entre los muertos, te salvar\u00e1s. Con el coraz\u00f3n se cree para la justicia, y con la boca se confiesa la fe para la salvaci\u00f3n\u00bb (Rom 10:9-10). \u00abHab\u00e9is resucitado tambi\u00e9n con Cristo por la fe en el poder de Dios\u00bb (Col 2:12). Es un poder que la fe obtiene de la \u00abpalabra\u00bb, realidad in-separable del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 1:16; Rom 8:11).<\/p>\n<p>El proceso de identificaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n con la persona del salvador, ya claro en Pablo (1Ti 4:10), se hace m\u00e1s profundo en Juan. Mientras que Pablo hace derivar la salvaci\u00f3n del misterio del Se\u00f1or muerto y resucitado, Juan la fundamenta \u00aben el yo mismo de Jes\u00fas Hijo de Dios, y es una salvaci\u00f3n que se percibe claramente como la plenitud de los bienes divinos comunicados al hombre\u00bb (D. Mollat, La foi dans le quatri\u00e9me Evangile, 94). \u00abLo que Dios quiereque hag\u00e1is es que cre\u00e1is en el que \u00e9l ha enviado\u00bb (1Ti 6:29). Equivalente a la conversi\u00f3n de los sin\u00f3pticos, el car\u00e1cter central de la fe resalta ya en el Bautista, convertido en el testigo para que todos crean (1Ti 1:6). Creyendo que \u00abyo soy\u00bb, el hombre evita morir en los pecados (1Ti 8:24), se hace hijo de la luz (1Ti 12:36), adquiere la vida (1Ti 5:40; 1Ti 6:40) y la bienaventuranza (1Ti 20:29). Expresiones equivalentes o paralelas como \u00abacoger\u00bb a Jes\u00fas (1Ti 1:12; 1Ti 5:43; 1Ti 13:20), sus palabras (1Ti 12:48), \u00abvenir\u00bb a \u00e9l (1Ti 5:40; 1Ti 6:35; 1Ti 7:37), \u00abseguirle\u00bb (1Ti 8:12; 1Ti 10:27), \u00abpermanecer\u00bb en \u00e9l (1Ti 15:4), en su palabra (1Ti 8:31), en su amor (1Ti 15:9), se condensan y se explicitan al mismo tiempo en la conclusi\u00f3n del evangelio, escrito \u00abpara que cre\u00e1is que Jes\u00fas es el mes\u00ed\u00adas, el hijo de Dios, y para que creyendo teng\u00e1is vida en su nombre\u00bb (1Ti 20:31). Aun sin usar el sustantivo (excepto en 4,22) o el verbo (excepto en 3,17; 5,34; 10,9; 11,12; 12, 27.47), Juan relaciona la fe y la salvaci\u00f3n en expresiones significativas, como tener la vida (6,47), la vida eterna (3,16), poseer una vida m\u00e1s all\u00e1 de la muerte (11,25), huir de la condenaci\u00f3n (3,18), tener la certeza de la resurrecci\u00f3n (6,40), recibir una fuente que brota para la vida eterna (4,14), salir de las tinieblas (12,46).<\/p>\n<p>2, LA JUSTIFICACI\u00ed\u201cN POR LA FE EXIGE LAS OBRAS. Especialmente es en el momento inicial cuando el hombre es salvado por la fe. \u00abEl hombre es justificado por la fe sin la observancia de la ley\u00bb (Rom 3:28). La exclusi\u00f3n no se refiere solamente al obrar en conformidad con la ley mosaica, entendida como conjunto de normas jur\u00ed\u00addicas, rituales, \u00e9ticas, sino a cualquier acci\u00f3n o deseo del hombre. Aunque falta materialmente el adjetivo, el pensamiento de Pablo puede traducirse como justificaci\u00f3n por la sola fe, seg\u00fan se dice m\u00e1s claramente en G\u00e1latas: \u00abSabemos que nadie se justifica por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo; nosotros creemos en Cristo Jes\u00fas para ser justificados por la fe de Cristo, no por las obras de la ley; porque nadie ser\u00e1 justificado por las obras de la ley\u00bb (G\u00e1l 2:16). La justificaci\u00f3n causada por la fe consiste en una verdadera transformaci\u00f3n interior del hombre, que se hace capaz de llevar una vida santa; no se limita a una declaraci\u00f3n jur\u00ed\u00addica, a una simple \u00abimputaci\u00f3n\u00bb de los m\u00e9ritos de Cristo. Coincidiendo con el don del Esp\u00ed\u00adritu, fuente de santidad moral, la justificaci\u00f3n produce efectos reales; es lo que Pablo desarrolla al vincular el don del Esp\u00ed\u00adritu con el don de la \/ justicia (G\u00e1l 3:2-5; G\u00e1l 5:22).<\/p>\n<p>La transformaci\u00f3n real crea en el hombre un dinamismo nuevo, un impulso a \u00abllevar una vida digna de Dios\u00bb (lTes 2,12), a ejercer el amor fraterno, a conservar la santidad del cuerpo (lTes 2,14; 4,1-12; cf 5,23). Junto a la fe Pablo menciona con frecuencia la caridad y la esperanza (lTes 1,3; 5,8) y usa f\u00f3rmulas que unen la fe y la acci\u00f3n, como cuando habla de \u00abla obra de vuestra fe\u00bb(1Ts 1:3) o de \u00abla fe que obra mediante la caridad\u00bb (G\u00e1l 5:6). La \u00absola fe\u00bb, que ciertamente no es contraria a las obras, las exige para que uno sea encontrado irreprensible el d\u00ed\u00ada del juicio (lTes 5,23; cf Mat 25:43ss). Pero esto no es tanto obra del hombre, sino de Dios, que da amor y santidad (lTes 3,12-13; 5,23-24); es \u00abfruto\u00bbdel Esp\u00ed\u00adritu (G\u00e1l 5:22; cf Eze 36:27); es el mismo Esp\u00ed\u00adritu que vivificar\u00e1 alg\u00fan d\u00ed\u00ada nuestros cuerpos el motor de la vida moral. La vida nueva creada en el hombre es pura gracia, ya que \u00absin m\u00ed\u00ad nada pod\u00e9is hacer\u00bb (Jua 15:5); en efecto, \u00abhab\u00e9is sido salvados gratuitamente por la fe&#8230;, para hacer obras buenas tal y como \u00e9l dispuso de antemano\u00bb (Efe 2:8.10).<\/p>\n<p>La continua insistencia en el valor y necesidad de la praxis acerca a \/ Pablo a \/ Santiago (cf Stg 1:22 y Rom 2:13), que tiene algunas expresiones al menos aparentemente contrarias a la doctrina de la fe como ra\u00ed\u00adz de la justificaci\u00f3n. La dificultad no consiste tanto en considerar muerta a una fe sin obras (Stg 2:17), en lo que tambi\u00e9n Pablo podr\u00ed\u00ada estar de acuerdo, como en considerar las obras como causa de la justificaci\u00f3n, aunque s\u00f3lo sea parcial (Stg 2:24). No es cuesti\u00f3n de recurrir a la soluci\u00f3n f\u00e1cil de san Agust\u00ed\u00adn sobre la diversidad de las obras, anteriores para Pablo, posteriores a la justificaci\u00f3n para Santiago; en efecto, incluso despu\u00e9s el hombre debe considerarse incapaz de llevar a t\u00e9rmino las exigencias de la ley nueva, es decir, del amor, si no quiere incurrir en el reproche dirigido a los jud\u00ed\u00ados (Rom 10:2-4). El acuerdo sustancial ha de buscarse en la diversa perspectiva de los dos escritores. Si Pablo, al tratar sistem\u00e1ticamente de la justificaci\u00f3n, tiene raz\u00f3n en atribuirla a la fe, Santiago, partiendo de una tradici\u00f3n sapiencial sensible a la exaltaci\u00f3n de la acci\u00f3n del hombre, de una cristolog\u00ed\u00ada al servicio de la \u00e9tica, quiz\u00e1 ante ciertas desviaciones ya rechazadas por Pablo (Rom 3:8), se preocupa precisamente de evitar el inmovilismo y la inactividad. Aunque persiste cierta dificultad, el hecho de que Santiago entienda por \u00abjustificaci\u00f3n\u00bb no ya el primer momento de la salvaci\u00f3n, sino el segundo, el del testimonio vivido, el acuerdo sobre el valor de la palabra y el amplio campo de la \u00abdiversidad\u00bb expresiva de la fe, permiten concluir que no se trata de ninguna \u00abcontrariedad\u00bb, aunque haya una \u00abcontraposici\u00f3n\u00bb, una \u00ablucha\u00bb.<\/p>\n<p>VII. DON Y B\u00daSQUEDA. De todo esto se deduce que la fe es puro don de Dios, es gracia. Si Dios no se abre al hombre atray\u00e9ndolo hacia s\u00ed\u00ad, resulta imposible creer. S\u00f3lo si Dios \u00ababre el coraz\u00f3n\u00bb(Heb 16:14), el hombre se hace capaz de \u00abvencer al mundo\u00bb (1Jn 5:4); en efecto, la fe es obra de Dios (Jua 6:29), no proviene de \u00abla carne ni la sangre\u00bb (Mat 16:17). \u00abHab\u00e9is sido salvados gratuitamente por la fe; y esto no es cosa vuestra, es un don de Dios\u00bb (Efe 2:8). Si reduj\u00e9semos la fe a una obra humana, introducir\u00ed\u00adamos de nuevo aquel \u00abgloriarse\u00bb que pone un diafragma entre Dios y el hombre; s\u00f3lo el reconocimiento de la fe como don de Dios permite al hombre afirmar su propia incapacidad radical de salvaci\u00f3n. \u00abLos jud\u00ed\u00ados son inexcusables, no tanto por haber rechazado las acciones visibles de Cristo como por haberse opuesto al instinto interior y a la atracci\u00f3n de la doctrina\u00bb (santo Tom\u00e1s). Es la iniciativa del Padre lo que da a los hombres a Jes\u00fas (Jua 6:37). \u00abNadie puede venir a m\u00ed\u00ad si el Padre que me envi\u00f3 no lo trae&#8230; Todo el que escucha al Padre y acepta su ense\u00f1anza viene a m\u00ed\u00ad\u00bb (Jua 6:44-45). Es decir, la fe no puede provenir solamente de la ense\u00f1anza y de los milagros de Jes\u00fas; se necesita una atracci\u00f3n del Padre. La pertenencia a Jes\u00fas es la consecuencia de una acci\u00f3n del Padre (cf Jua 10:26.29). Una adhesi\u00f3n a Cristo meramente humana, sin la atracci\u00f3n del Padre, termina con un triste abandono (Jua 17:12). \u00abEn el origen de la fe hay una atracci\u00f3n divina que es m\u00e1s fundamental que la opci\u00f3n humana, m\u00e1s fundamental incluso que la mediaci\u00f3n visible de Jes\u00fas\u00bb (A. Vanhoye, Notre foi, oeuvre divine, 354). Y el hombre, \u00bfno tiene nada que hacer para alcanzar la fe o para caminar en ella?<br \/>\nEs necesario que se ponga en actitud de b\u00fasqueda. Aunque en el AT el sujeto de buscar es Dios y en el NT no se habla de una b\u00fasqueda de la fe (cf Heb 13:8), Jes\u00fas le asegura al hombre que encontrar\u00e1 cuanto desee (Mat 7:7-8), como Zaqueo que consigui\u00f3 verlo (Luc 19:3), estando establecido que los hombres \u00abbusquen a Dios, y a ver. si buscando a tientas lo pueden encontrar\u00bb (Heb 17:27), a fin de buscar la justificaci\u00f3n en Cristo (G\u00e1l 2:17). La b\u00fasqueda humana es ya realmente una respuesta a una acci\u00f3n precedente de Dios que la purifica, la orienta hacia la atenci\u00f3n de la palabra, la conversi\u00f3n, la acogida de la fe. La b\u00fasqueda del hombre se concreta entonces en dejarse buscar por Dios. Esto significa ante todo insistir en la propia libertad en el momento del don para hacerse disc\u00ed\u00adpulos de una ense\u00f1anza del Padre, a fin de vivir en la obediencia a la verdad conocida. \u00abEl que practica la verdad va a la luz\u00bb (Jua 3:21). La samaritana se dej\u00f3 guiar cuando, puesta al descubierto en su condici\u00f3n moral, reconoci\u00f3 su situaci\u00f3n y exclam\u00f3: \u00abSe\u00f1or, veo que t\u00fa eres profeta\u00bb (4,19). Los jud\u00ed\u00ados, por el contrario, ante la invitaci\u00f3n de \u00abhacer las obras de Dios\u00bb en el sentido de acoger el designio de Dios sobre ellos, permanecieron firmes en su mentalidad de autosuficiencia al hacer las obras mandadas, en su disposici\u00f3n a aceptar tan s\u00f3lo despu\u00e9s de una atenta verificaci\u00f3n sobre la suficiencia de los signos (6,28-30), Cuando se convierten en defensores del s\u00e1bado y del honor de Dios, en realidad no salen del mundo estrecho de su autosuficiencia, cerrado a la circulaci\u00f3n de aire puro que viene del don de Dios. Es necesario el compromiso de realizar la obra del Padre con la conciencia que se nos da de realizarla.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, en todos los momentos, el signo de la b\u00fasqueda sincera es la actitud de conversi\u00f3n basada en la humildad; \u00e9sta se manifiesta en el continuo camino asc\u00e9tico de eliminaci\u00f3n de aquellas actitudes ego\u00ed\u00adstas, de concentraci\u00f3n en s\u00ed\u00ad mismo y no en Dios, que obstaculizan la penetraci\u00f3n de la gracia divina, que quiere decir conducir o incrementar la fe.<\/p>\n<p>BIBL.: Fe en los diccionarios b\u00ed\u00adblicos, especialmente: MICHAEL O., en DBNT 619-640; DUPLACY J., en LEON-DUFOUR, X., Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona 1980&#8243;, 327-335; ALFARO J., en Sacramentum Mundi III, Herder, Barcelona 19762, 95-106; SECKLER M., en Dizionario Teologico, (aeriniana, Brescia 1966, 637-661; QUERALT A., en Enciclopedia de la Biblia, Garriga, Barcelona 1963,111, 482-493; ARDUSSO, en Diccionario Teol\u00f3gico Interdisciplinar II, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982, 520-542; HARENT S., Foi, en DTC VI, 1924, 55-75; ANTOINE P., en DBS II, 1938, 276-310; DE Bovis A., en SAM V, 1964, 529-619; SCHNACKENBURG R.-TRUSTSH J.-PANNENBERG W.-SCHUSTER H: KRAUTWING G., Glaube, en \u00abLTK\u00bb IV, 19602, 913-931; BAUMGARTEL F.-BRAUN, en RGG I, 19583, 1588-1611; WEISER A.-BULTMANN R., Pist\u00e9u\u00f3, en GLNT X, 1975, 337-488; WILDBERGER H., &#8216;mn, en DTMAT 1, 276-319; ALFARO J., Fides in Terminologia biblica, en \u00abGreg\u00bb 42 (1961) 463-505; ID, Foi et existente, en \u00abNRT\u00bb 100 (1968) 561-580; ID, Problematica teologica attuale della fede, en \u00abTeologia\u00bb 6 (1981) 218-231; ID, La fe como entrega personal del hombre a Dios y como aceptaci\u00f3n del mensaje cristiano, en \u00abCon\u00bb 21 (1967) 56-69; BENOIT P., La fe en los evangelios sin\u00f3pticos, en ID, Ex\u00e9gesis y Teolog\u00ed\u00ada 1, Studium, Madrid 19742, 140-163 (=\u00bbLumi\u00e9re et Vie\u00bb 22 [1955] 45-64; BOISMARD M.E., La foi dans Saint Paul, en \u00abLumi\u00e9re et Vie\u00bb 22 (1955) 65-89; BRAUN, F.M., L&#8217;accueil de la foi chez St. Jean, en \u00abRSR\u00bb 92 (1955) 344-363; DECOURTRAY A., La conception johannique de la foi, en \u00abNRT\u00bb 81 (1959) 561-577; DUPLACY J., La foi dans le judaYsme, en \u00abLumi\u00e9re et Vie\u00bb 22 (1955) 19-43; GALBIATI E., La fede nei personaggi della Bibbia, IPL, Mil\u00e1n 1969; GELIN A., La foi dans l&#8217;AT, en \u00abLumi\u00e9re et Vie\u00bb 22 (1955) 7-18; HAMMANN A., La foi chr\u00e9tienne au Dieu de la cr\u00e9ation, en \u00abRNT\u00bb 86 (1964) 1049-1057; HEUKE J., La fede nella Bibbia, Ed. 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Acoge las palabras, las promesas y los mandamientos de Dios; es al mismo tiempo sumisi\u00f3n confiada a Dios que habla y adhesi\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu a un mensaje de salvaci\u00f3n. El AT insiste en el aspecto de confianza; el NT destaca m\u00e1s bien el asentimiento al mensaje. En cuanto al vocabulario fundamental de la fe, evoca la solidez de aquello en lo que uno se apoya, as\u00ed\u00ad como la seguridad y la confianza del que se apoya en Dios.<\/p>\n<p>a) El Antiguo Testamento. En efecto, creer es para el AT apoyarse en Dios (G\u00e9n 15,6; Ex 14,31; N\u00fam 14,11), abandonarse a la palabra salvadora de un Dios que conduce la historia y que establece su alianza primero con los padres y luego con \u00absu pueblo, Israel\u00bb. As\u00ed\u00ad Abrah\u00e1n se f\u00ed\u00ada sin reservas de la promesa de Dios, plenamente convencido de que se cumplir\u00e1: \u00abAbrah\u00e1n crey\u00f3 al Se\u00f1or, y el Se\u00f1or le consider\u00f3 como un hombre justo\u00bb (G\u00e9n 15,6). El pueblo, Israel, naci\u00f3 precisamente de la fe en el poder, la preeminencia y la solicitud de Yhwh, el Dios de la alianza (Ex 19,1). La doctrina monote\u00ed\u00adsta vendr\u00e1 a traducir esta experiencia de Israel, en la que Dios se apareci\u00f3 como \u00fanico salvador (Is 43,10-13). Esta doctrina ir\u00e1 solicitando la fe con f\u00f3rmulas cada vez m\u00e1s precisas y elaboradas (Dt 6,20-24; 26,5-9; Jos 24,213; Neh 9,5-25).<\/p>\n<p>b) El Nuevo Testamento. En el NT, donde se opera en Jesucristo la fusi\u00f3n de la ! historia de la salvaci\u00f3n y del Verbo de Dios encarnado, el objeto de la fe se define de forma m\u00e1s condensada y se impone la importancia de este proceso de forma m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita. La fe, exigencia primera de Jes\u00fas, es la condici\u00f3n suficiente para la salvaci\u00f3n en los sin\u00f3pticos; en los Hechos no se requiere nada m\u00e1s para la purificaci\u00f3n de los corazones y la acogida de la salvaci\u00f3n; en Juan, la fe es un proceso de todo el hombre -conocimiento y compromiso-, que se dirige a la persona de Jesucristo.<\/p>\n<p>Por su aspecto interpersonal, esta fe se emparenta naturalmente con la del AT. Es, respectivamente; confianza y abandono en Dios, presente en la palabra y la acci\u00f3n de Jes\u00fas (sin\u00f3pticos); obediencia que hace semejantes al crucificado-resucitado y que da el Esp\u00ed\u00adritu de los hijos de Dios (Pablo); adhesi\u00f3n al testimonio del Padre y del Hijo (Juan).<\/p>\n<p>Pero m\u00e1s fuertemente que en el AT, la fe es asentimiento a un mensaje. El mensaje se presenta, por otra parte, bajo diversos aspectos: anuncio del l reino de Dios y proclamaci\u00f3n del amor misericordioso del Padre, en los sin\u00f3pticos; evangelio de la muerte y de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, se\u00f1or y \u00fanico salvador de todos los hombres, en las ep\u00ed\u00adstolas de Pablo y en los Hechos de los Ap\u00f3stoles; la persona misma de Jes\u00fas, Verbo hecho carne, llen\u00f3 de gracia y de verdad, en el que contemplamos la gloria del Padre, seg\u00fan san Juan.<\/p>\n<p>Proceso humano, la fe encuentra sin embargo su primera fuente en Dios. La suscita-el poder salv\u00ed\u00adfico d\u00e9 Dios, que act\u00faa en la palabra y la actividad de Jes\u00fas (sin\u00f3pticos). Para san Pablo y el autor de los Hechos, la fe procede de esa acci\u00f3n escatol\u00f3gica de Dios que es la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y la predicaci\u00f3n que la anuncia. En el evangelio de Juan, la fe nace de la atracci\u00f3n del Padre, que invita y asocia a la vida de la Trinidad.<\/p>\n<p>2. TRASCENDENTALIDAD DE LA FE. Al ser una actividad propiamente nuestra, la fe encuentra en nosotros sus condiciones mismas de aparici\u00f3n. Si fuera de otro modo y prescindi\u00e9ramos del papel que le reconocemos a Dios en la aparici\u00f3n de la fe, habr\u00ed\u00ada que afirmar que este fen\u00f3meno resultar\u00ed\u00ada, propiamente hablando, extra\u00f1o o irrelevante para nosotros. Por eso puede hablarse de pre\u00e1mbulos de la fe en un sentido m\u00e1s radical de como se hac\u00ed\u00ada anta\u00f1o: es en el propio sujeto, en sus estructuras, y no s\u00f3lo en lo que se ofrece a su consideraci\u00f3n como objeto, donde se perciben las condiciones de la aparici\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>El proceso de la fe no es, para el pensamiento cristiano, una cobard\u00ed\u00ada o una capitulaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu, sino el ejercicio soberano por el que el hombre hace suyo el pensamiento de Dios. Acoger la palabra de Dios no significa renunciar a la b\u00fasqueda personal de la verdad, sino acceder al registro divino de la verdad. Por eso no se dar\u00ed\u00ada cuenta del proceso del creyente si se le considerase como un puro fallo del esp\u00ed\u00adritu o como, el recurso a alguna otra inteligencia creada o finita.<\/p>\n<p>a) La infinitud del esp\u00ed\u00adritu o la apertura a Dios. Estas consideraciones preliminares suponen que el esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 marcado por el signo de la infinitud y que es, por tanto, apertura a Dios. \u00bfQu\u00e9 sentido tendr\u00ed\u00ada acoger la palabra de Dios para quien no estuviera ya de alguna manera ligado a Dios? Pues bien, por su apertura al ser, el hombre hace ya presa en el infinito. La preocupaci\u00f3n que mora en \u00e9l en todos sus pasos desde el despertar de su esp\u00ed\u00adritu tiene que ver con el ser: \u00bfQu\u00e9 es esto? \u00bfQu\u00e9 es? La pregunta, tan caracter\u00ed\u00adstica de la actividad humana, muestra que el ni\u00f1o est\u00e1 ya de acuerdo con el ser, que sabe ya lo que es el ser antes de que alguien se lo haya podido mostrar; conocemos el ser por instinto. Por otra parte, nuestras preguntas no tendr\u00ed\u00adan raz\u00f3n de ser y no nos las plantear\u00ed\u00adamos si lo que se ofrece a nuestra consideraci\u00f3n fuera plenamente ser o fuera el ser por identidad. Nuestras preguntas atestiguan que el dato de nuestra experiencia recibe su ser de quien no lo recibe de ning\u00fan otro.<\/p>\n<p>Ese absoluto que polariza y sostiene todo pensamiento es algo que el esp\u00ed\u00adritu siente el deseo irresistible de alcanzar en su esencia. El deseo de alcanzar todo el ser en su intimidad se sigue ejerciendo respecto al ser que el esp\u00ed\u00adritu-sabe que es la fuente y la cima del ser. Ese Dios al que no conocemos de momento m\u00e1s que por l analog\u00ed\u00ada, sentimos la pasi\u00f3n de verlo en su singularidad trascendente. \u00abEse deseo -escrib\u00ed\u00ada un viejo t\u00e9\u00f3logose presenta como algo negativo o como una realidad que tiene la propiedad de dejarnos en suspenso: se piensa que ese deseo no puede detenerse m apagarse en nada que est\u00e9 fuera de \u00e9l. Uno se pone en camino, dentro de esta ignorancia, hacia un m\u00e1s all\u00e1 que Dios ayudar\u00e1 a que conozcamos y alcancemos cuando d\u00e9 la luz de la fe y la ayuda de la gracia (ita nesciens, aliquid altius quaerit)\u00bb (JOANNES TINCTORIs, Lectura in Primam Sane\u00c2\u00a1\u00c2\u00a1 Thomae, q. 12, a. 1, fol. 20 r-v). As\u00ed\u00ad, el misterio de Dios es a la vez lo que no podemos darnos y lo que deseamos con todas nuestras fuerzas.<\/p>\n<p>b) La palabra, medio privilegiado de la revelaci\u00f3n divina. Si la fe encuentra en la infinitud del esp\u00ed\u00adritu creado sus condiciones fundamentales de emergencia, encuentra en la palabra el medio m\u00e1s adecuado para expresar los secretos de Dios. Es verdad que la creaci\u00f3n nos ilumina sobre Dios (lo muestra como la fuente \u00faltima y el ejemplar soberano), pero los elementos de la creaci\u00f3n nos fijan primero en su consistencia propia, nos hablan primero de s\u00ed\u00ad mismos, y tan s\u00f3lo en un segundo movimiento puede el esp\u00ed\u00adritu elevarse a Dios a partir de la creaci\u00f3n. La palabra, por su parte, tiene el privilegio de existir s\u00f3lo respecto a otra cosa distinta; no tiene consistencia propia m\u00e1s que para designar a aquel que se expresa en ella y aquello que \u00e9ste significa. La palabra no habla m\u00e1s que para borrarse, transparencia que nada fija ni limita y que, participando de la infinitud del esp\u00ed\u00adritu, puede apuntar a lo que s\u00f3lo se alcanza por analog\u00ed\u00ada. En la revelaci\u00f3n divina, escribe el Vaticano II, \u00ablas palabras proclaman las obras (de Dios) e iluminan el misterio que all\u00ed\u00ad se contiene\u00bb (DV 2).<\/p>\n<p>c) Las disposiciones morales de confianza y de abandono. Pasando al orden moral, la fe implica la aceptaci\u00f3n refleja de la condici\u00f3n de criatura; supone confianza y abandono.<\/p>\n<p>Confianza incondicional en una sabidur\u00ed\u00ada y un amor infinitamente superior a lo que podemos concebir; podemos entregarnos sin temor al que es verdad y bondad absoluta. La fe supone adem\u00e1s el abandono al poder creador de Dios o el rechazo de la suficiencia. El reconocimiento de nuestros limites nos dispone precisamente a no dejarnos encerrar en ellos; si no habilita directamente a superarlo, permite, sin embargo, reconocer que no hay alienaci\u00f3n en la sumisi\u00f3n a aquel que no tiene l\u00ed\u00admites.<\/p>\n<p>\u00abEl reconocimiento del sello del Padre sobre Cristo, de su palabra en las palabras de Cristo, de la gloria de Dios en los signos, nos ense\u00f1a el evangelio de Juan, requiere ciertas disposiciones de orden espiritual. Por eso la fe revela no tanto el poder de las inteligencias como la calidad de la mirada&#8230; A los ojos de la fe, la humanidad se presenta dividida, en dos razas espirituales: la de los hijos de las tinieblas y la de los hijos de la luz. Los unos, como extra\u00f1os a la verdad, no ven los signos hechos en su presencia (6,26; 12,37), la palabra no entra en,ellos (8,37); la luz les ciega (9,39); para los otros, los que `hacen la verdad&#8217; (3,21), todo es luz, signo, obra, testimonio, sello del Padre\u00bb (D. MOLLAT, Etudes Johanniques, Par\u00ed\u00ads 1979, 84-85).<\/p>\n<p>3. LA TEOLOGALIDAD O EL ORIGEN DIVINO DE LA FE. Si la fe, para ser verdaderamente nuestra, tiene que encontrar en nosotros su arraigo o emanar de nuestras potencias, encuentra, sin embargo, su primera fuente en Dios. Es \u00e9sta una afirmaci\u00f3n que la tradici\u00f3n judeo-cristiana ha hecho con toda firmeza y claridad. A1 anunciar los bienes de la alianza mesi\u00e1nica, los profetas hablan del coraz\u00f3n nuevo y del esp\u00ed\u00adritu nuevo, su esp\u00ed\u00adritu, que Dios dar\u00e1 a los hombres para que lo conozcan. Para el NT, como hemos visto, la fe procede del poder divino de salvaci\u00f3n, que act\u00faa en la palabra y la acci\u00f3n de Jes\u00fas; el asentimiento a la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas, coraz\u00f3n del la fe cristiana, surge de la fuerza misma que provoc\u00f3 la resurrecci\u00f3n; la fe es, finalmente, respuesta a una llamada interior y gratuita por parte de Dios.<\/p>\n<p>a) La iniciativa creadora y restructurante de Dios. La acogida de la palabra de Dios, si no quiere ser reductora, supone una participaci\u00f3n en la inteligencia de donde esta palabra saca su propia luz e intensidad. Es necesaria una nueva creaci\u00f3n, interior a la primera, sin la cual reducir\u00ed\u00adamos la palabra de Dios al rango de palabra humana sobre Dios. Se ve lo que supone esta elevaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu creado. Esto implica en nosotros una adaptaci\u00f3n al horizonte o al objeto de la intelectualidad divina. Este objeto propio es Dios en su intimidad o en su misterio; no ya una idea de Dios, sino la realidad de Dios. As\u00ed\u00ad pues, se necesita nada menos que se nos abran las puertas de la visi\u00f3n de Dios para que nos apoyemos en Dios como en el medio de nuestro conocimiento de fe.<\/p>\n<p>Considerado desde el punto de vista del creyente, la fe implica, por tanto, la iniciativa creadora y reestructurante de Dios: el esp\u00ed\u00adritu se apoya en Dios como en un fundamento primero y absoluto. Correlativamente, si Dios se conf\u00ed\u00ada m\u00e1s all\u00e1 del conducto de la analog\u00ed\u00ada, no puede contar m\u00e1s que consigo para establecer su testimonio. La verdad absoluta no puede depender, para imponerse como tal al esp\u00ed\u00adritu creado, de ninguna otra verdad fuera de s\u00ed\u00ad misma.<\/p>\n<p>b) El papel y el alcance de las razones de creer. Este estatuto del absoluto, que da testimonio de s\u00ed\u00ad mismo, obliga a reflexionar sobre el papel y el alcance de las razones para creer o de los signos (\/Semiolog\u00ed\u00ada: signo) que acompa\u00f1an a la revelaci\u00f3n divina. Por una parte todo profeta, seg\u00fan el testimonio de la Escritura, deber\u00ed\u00ada probar la autenticidad de su misi\u00f3n mediante \u00absignos\u00bb o prodigios cumplidos en nombre de Dios (Is 7;11; cf Jn 3,2; 6,29.30; 7,3.31; 9,16.33). La raz\u00f3n, por su parte, exige que haya razones para creer, para dar asentimiento. \u00bfQu\u00e9 sentido de la dignidad humana y de la responsabilidad implicar\u00ed\u00ada una fe que se presentase sin razones? San Agust\u00ed\u00adn, por su parte, pensaba que no habr\u00ed\u00ada que creer si no hubiera razones para creer.<\/p>\n<p>Por otro lado, por muchas y muy fuertes que sean las razones para creer, no me apoyo en ellas formalmente cuando doy a Dios mi fe. Las razones me dejar\u00ed\u00adan, en definitiva, frente a mi raz\u00f3n, no frente a Dios. Por muy indispensables que sean, son insuficientes y hasta, propiamente hablando, de otro orden inferior. Las razones para creer, se ha dicho atinadamente, no dispensan de creer.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es entonces el papel de esos signos o razones para creer? \u00bfNo hay que afirmar que nos dejan realmente desvalidos frente a la decisi\u00f3n de fe? \u00abMediante los signos y su conocimiento racional -escribe Juan Alfaro- el hombre controla, no la interna credibilidad de la palabra divina, sino su propio conocimiento de la obligaci\u00f3n de creer y su propia decisi\u00f3n libre de creer, que sin ellos ser\u00ed\u00ada ciega&#8230; La posibilidad de un conocimiento racional de los signos de la revelaci\u00f3n es un mero requisito de la rectitud de la opci\u00f3n libre, que el hombre realiza al creer en Dios&#8230;\u00bb<br \/>\n\u00abLos signos de la palabra divina no se presentan ante el hombre como datos de un problema puramente objetivo, sino como manifestaci\u00f3n de una intervenci\u00f3n divina, que da un sentido nuevo a la existencia humana: en sus signos Dios se hace presente al hombre y le dirige una llamada. Ante esta llamada entra en juego la libertad del hombre y, por consiguiente, la gracia divina&#8230; La iluminaci\u00f3n interior transforma el conocimiento racional de los signos en la conciencia de que Dios me llama a creerle. El juicio pr\u00e1ctico de credibilidad&#8217; implica un elemento personal, inefable e incomunicable, que es la repercusi\u00f3n de la llamada divina en la conciencia. La atracci\u00f3n interior de la verdad personal hacia s\u00ed\u00ad: misma determina en el hombre un conocimiento per connaturalitatem, en el cual se percibe vitalmente la invitaci\u00f3n a superar lo creado y a apoyarse en la palabra divina seg\u00fan su trascendente credibilidad\u00bb (J. ALFARO, Pre\u00e1mbulos de la fe, en Sacramentum Mundi III, Herder, Barcelona 1973, 104-105).<\/p>\n<p>4. LA GLOBALIDAD DEL ACTO DE FE. La fe, que muchas veces se ha identificado err\u00f3neamente sin m\u00e1s con un proceso intelectual, tiene un car\u00e1cter de globalidad que importa subrayar. \u00abCuando Dios revela, el hombre tiene que someterse con la fe (cf Rom 16,26; comp. con Rom 1,5; 2Cor 10,5-6). Por la fe el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece el homenaje total de su entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios revela\u00bb (DV 5). Por eso, antes de hablar del asentimiento al mensaje, el concilio Vaticano II menciona el abandono de la persona a Dios que habla. La fe pertenece ante todo al orden interpersonal de la alianza.<\/p>\n<p>a) La inteligencia, testigo del origen divino y de la radiealidad de la fe. La entrega de s\u00ed\u00ad mismo afecta a la inteligencia, al coraz\u00f3n, al comportamiento y al gesto: nos afecta en todas las dimensiones. A nuestra \u00e9poca, que ha descubierto de nuevo los valores afectivos, le cuesta aceptar el papel de la inteligencia en la fe. \u00bfPor qu\u00e9 tiene un valor salv\u00ed\u00adficb la adhesi\u00f3n a un mensaje o a una doctrina? \u00bfSer\u00e1 Dios ese maestro de escuela que espera, para concedernos sus gracias, que le repitamos su ense\u00f1anza? \u00bfPide Dios algo distinto de la confianza y del abandono que pueden brotar de nuestro coraz\u00f3n?<\/p>\n<p>El asentimiento a la revelaci\u00f3n divina expresa ante todo la akeridad absoluta de la sabidur\u00ed\u00ada y del amor que nos salvan. Los gestos salvadores no proceden de nuestros recursos de criaturas; no nos pertenecen; como nos pertenecen el abandono y la confianza que acabamos de evocar. Las palabras y los gestos de la revelaci\u00f3n proceden del misterio de.Dios, es decir, de otro distinto, en lo que tienen de m\u00e1s radical. Pues bien, no tenemos acceso a la alteridad m\u00e1s que por la inteligencia, facultad del noyo o del otro percibido precisamente como otro.<\/p>\n<p>Este movimiento de la inteligencia, \u00bfno expresa; por otra parte, la radicalidad del don mutuo que se hacen de s\u00ed\u00ad mismos Dios y la criatura? A la primera procesi\u00f3n trinitaria, la del Verba, responde el primer movimiento de nuestro ser espiritual. Luego, ese papel de la inteligencia creyente atestigua el respeto que Dios tiene por los seres inteligentes que ha hecho. El mensaje, como veremos, no hace m\u00e1s que proponer a la Conciencia clara el don que Dios hace de s\u00ed\u00ad misma y la realidad que suscita en nosotros.<\/p>\n<p>b) El amor y la libertad: el atractivo de la comuni\u00f3n con la vida divina. Creer en Dios que nos habla es algo que tiene que ver tambi\u00e9n con el amor y la libertad. Es incluso esa atracci\u00f3n del bien propuesto por la revelaci\u00f3n lo que promueve el-comportamiento creyente en su conjunto. \u00abCreo porque quiero creer'\u00bb. -El bien \u00faltimo que se propone a mi existencia no pertenece a mi condici\u00f3n de criatura: est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de aquello que me permite mi naturaleza: un conocimiento y un amor de Dios que siguiera los caminos de la analog\u00ed\u00ada, un proceso asintom\u00e1tico, \u00abfelicidad en movimiento, pero no bienaventuranza\u00bb, escrib\u00ed\u00ada Maritain (Neuf legons sur les notions premi\u00e9res de la philosophie morale, Par\u00ed\u00ads 1951, 99). Con toda libertad acepto dejarme seducir por la vocaci\u00f3n nueva que Dios me propone: la participaci\u00f3n, en virtud de la encarnaci\u00f3n, de la condici\u00f3n del Hijo mismo de Dios. La decisi\u00f3n del creyente no recae simplemente en los medios que lo pondr\u00e1n en camino hacia un fin ya asignado, sino que recae sobre el mismo fin \u00faltimo.<\/p>\n<p>De este modo, la fe no es libre solamente por el hecho de apelar a las disposiciones de confianza y de obediencia respecto a Dios que habla, o porque el mensaje de la fe escape al control de la raz\u00f3n raciocinante, siempre en busca de evidencias. La fe es libre fundamentalmente porque acepto ser atra\u00ed\u00addo, por encima de todo lo que puedo concebir o querer de m\u00ed\u00ad mismo, por el bien del acceso a la red de relaciones trinitarias. La gracia viene a alcanzarnos en esa decisi\u00f3n con que acogemos un sentido nuevo para nuestro ser en su globalidad. \u00abNo es por la proclamaci\u00f3n exterior de la ley y de la doctrina -escrib\u00ed\u00ada Agust\u00ed\u00adn en su refutaci\u00f3n de Pelagio-,sino por una poderosa acci\u00f3n interior y secreta, admirable e inefable, como Dios es el autor, en el coraz\u00f3n de los hombres, no s\u00f3lo de verdaderas revelaciones, sino tambi\u00e9n de las decisiones voluntarias conformes con el bien\u00bb (De gratia Dei el de peccato originali XXIV, 25: CSEL 42, 145).<\/p>\n<p>c) El comportamiento: la \u00absequela Christi\u00bb: Esta adhesi\u00f3n del coraz\u00f3n y del esp\u00ed\u00adritu tiende a consumarse en un comportamiento de hijo de Dios, en la sequela Christi: la fe supone un compromiso total. La palabra que acoge el creyente es la palabra de Dios. Tanto acto como verdad, esa palabra suscita lo que enuncia, y quiere, por tanto, transformar la existencia que se abre a ella. La fe sin obras que la realicen es vana; est\u00e1 \u00abmuerta\u00bb, como dec\u00ed\u00ada Santiago (2, 14-16; cf 1,22-25), as\u00ed\u00ad como Pablo, que, a pesar de negar a las obras de \u00abla ley\u00bb la fuerza de merecer por s\u00ed\u00ad mismas la salvaci\u00f3n, mantiene que la fe verdadera va acompa\u00f1ada necesariamente de las obras producidas en nosotros por el Esp\u00ed\u00adritu (Rom 8,4; Ef 2,s-lo).<\/p>\n<p>Si la p\u00e9rdida de la amistad con Dios por el pecado no implica necesariamente en el hombre la desaparici\u00f3n de la fe, no se sigue que la fe pueda existir sin la aspiraci\u00f3n al amor de Dios. La fe implica necesariamente el deseo de la salvaci\u00f3n, la reconciliaci\u00f3n, y luego la uni\u00f3n plena y definitiva con Dios. \u00abLa vida cristiana no es una consecuencia de la fe, sino su aut\u00e9ntica realizaci\u00f3n en el hombre; por la acci\u00f3n asiente el hombre plenamente al misterio de Cristo como real\u00bb (J. ALFARO, La fe como entrega personal del hombre a Dios y como aceptaci\u00f3n del mensaje cristiano, en Concilium 21 [1967] 61).<\/p>\n<p>d) Los gestos y los ritos: la vida sacramental. La fe tiene todav\u00ed\u00ada que expresarse y celebrarse en unos gestos en los que la condescendencia de Dios sale a nuestro encuentro en nuestra realidad corporal y comunitaria. El bautismo es considerado desde los primeros siglos cristianos como el sacramento de la fe. \u00abTodos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jes\u00fas; pues los que hab\u00e9is sido bautizados en Cristo, os hab\u00e9is revestido de Cristo\u00bb (G\u00e1l 3,26-27). \u00abEn el bautismo fuisteis sepultados con Cristo, hab\u00e9is resucitado con \u00e9l por la fe en el poder de Dios, que lo resucit\u00f3 de entre los muertos\u00bb (Col 2,12). Por otra parte, el evangelio de Juan muestra c\u00f3mo la fe y la eucarist\u00ed\u00ada est\u00e1n ligadas en un contrapunto admirable (c. 6). Si la fe es necesaria para la acogida de la eucarist\u00ed\u00ada, el pan de vida aparece como el resumen y el test supremo de la fe.<\/p>\n<p>S. LA UNIDAD DE LA FE. La fe, que pone a contribuci\u00f3n la totalidad de nuestros recursos, presenta adem\u00e1s, en sus mismas estructuras, un car\u00e1cter de unidad, en la que se reconoce la simplicidad de Dios y de su acci\u00f3n. Esta unidad se realiza en un triple nivel. Desde un punto de vista formal, la fe es indisolublemente una acogida de la realidad misma de Dios y una adhesi\u00f3n a la revelaci\u00f3n que hace de s\u00ed\u00ad mismo. En cuanto al contenido de esta revelaci\u00f3n, es juntamente homog\u00e9neo a la acci\u00f3n de Dios y al proceso del creyente; es expresi\u00f3n del proceso mismo por el que Dios se da y por el que la humanidad lo acoge-Estos dos puntos de vista de la forma y del contenido se re\u00fanen finalmente en la asociaci\u00f3n del creyente con la experiencia religiosa de Jesucristo, mediador y plenitud de la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) Acogida de la realidad de Dios y adhesi\u00f3n al mensaje de la revelaci\u00f3n. La adhesi\u00f3n vital al misterio de la intimidad tripersonal de Dios y de nuestra comuni\u00f3n con este misterio implica algo muy distinto de los elementos ordinarios de nuestras afirmaciones. Hay all\u00ed\u00ad algo m\u00e1s que el ejercicio de nuestros poderes nativos de intuici\u00f3n, de observaci\u00f3n y de deducci\u00f3n. Tampoco da plenamente cuenta de la realidad la fe que podemos poner en nuestros semejantes.<\/p>\n<p>Acoger la palabra de Dios sin desnaturalizarla, como hemos dicho, supone que la verdad divina, medio o apoyo de nuestro saber, queda incorporada al proceso de nuestra afirmaci\u00f3n y que el esp\u00ed\u00adritu del creyente es adaptado al misterio de Dios como a un objeto ya connatural. Por tanto, no es ya un concepto -por muy elevado que se le fabrique- lo que polariza el dinamismo humano, sino la realidad \u00fanica y estrictamente irrepresentable de Dios.<\/p>\n<p>\u00abPor la gracia se comunica y manifiesta Dios en s\u00ed\u00ad mismo, sin m\u00e1s mediaci\u00f3n que su inefable atracci\u00f3n hacia s\u00ed\u00ad, y el hombre conoce aconceptualmente a Dios en la vivencia de su llamada. Tal conocimiento no es visi\u00f3n de Dios, ni experiencia inmediata de Dios, sino tendencia vivida hacia el trascendente en s\u00ed\u00ad mismo y (en esta tendencia) captaci\u00f3n aconceptual de su t\u00e9rmino, que es el Absoluto como Gracia\u00bb (J. Alfaro, La fe como entrega personal, a.c., 63).<\/p>\n<p>b) Homogeneidad del proceso y del contenido de la fe. La unidad brilla adem\u00e1s de forma impresionante entre el contenido de las proposiciones y el proceso de la fe. Lejos de ser una colecci\u00f3n de afirmaciones sin v\u00ed\u00adnculos internos con la actividad que los soporta, el objeto de la fe abarca el doble movimiento por el que Dios y el hombre se entregan el uno al otro. En efecto, \u00bfde qu\u00e9 se trata en la fe, sino de la pura acogida a partir de Dios de una palabra comprometida con nuestra historia y plenamente reveladora de Dios, palabra que se ha hecho nuestra con toda lucidez y libertad? Triple paso de acogida, de audici\u00f3n y de apropiaci\u00f3n, que nos pone en presencia de un Dios fuente o Padre, Verbo o Hijo encarnado, Esp\u00ed\u00adritu o amor, que se entregan a nuestro esp\u00ed\u00adritu para asegurar nuestro propio don. Por consiguiente, nuestro proceso guarda correlaci\u00f3n con la fecundidad interna de un Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu, de la encarnaci\u00f3n del Verbo en nuestra raza y en nuestra historia, de la comuni\u00f3n de vida querida por Dios entre \u00e9l y la humanidad. Las f\u00f3rmulas del credo cristiano no hablan de otra cosa.<\/p>\n<p>En esta correspondencia entre el proceso y el contenido, la fe presenta un aspecto mistag\u00f3gico, al que eran muy sensibles los padres de la Iglesia: la fe da acceso al misterio que es fuente y objeto de la revelaci\u00f3n divina. \u00abQuiso Dios, con su bondad y sabidur\u00ed\u00ada, revelarse a s\u00ed\u00ad mismo y manifestar el misterio de su voluntad: por Cristo, la palabra hecha carne, y con el Esp\u00ed\u00adritu Santo pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza divina\u00bb (DV 2).<\/p>\n<p>c) Jesucristo, mediador y plenitud de la revelaci\u00f3n. La fe encuentra, finalmente, su unidad viva en la persona de Jesucristo. Efectivamente, en Cristo, don absoluto de Dios a la familia humana, la fe encuentra su fundamento, su objeto y su fin. La fe se apoya primero en Cristo como en el \u00fanico mediador de la revelaci\u00f3n plena. \u00abMi Padre me ha confiado todas las cosas; nadie conoce perfectamente al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera manifestar\u00bb (Mt 11,27). \u00abEl hombre Jes\u00fas no puede tener conciencia de s\u00ed\u00ad mismo sin la conciencia inmediata de la persona del Verbo, relaci\u00f3n subsistente al Padre, es decir, sin la visi\u00f3n inmediata de Dios, su Padre\u00bb (J. ALFARO, Las funciones salv\u00ed\u00adficas de Cristo como revelador, se\u00f1or y sacerdote, en Mysterium Salutis III\/ 1, Cristiandad, Madrid 1971, 732).<\/p>\n<p>Mediador de la fe, Cristo es tambi\u00e9n su objeto pleno: \u00abHermanos, cuando llegu\u00e9 a vuestra ciudad, llegu\u00e9 anunci\u00e1ndoos el misterio de Dios no con alardes de elocuencia o de sabidur\u00ed\u00ada, pues nunca entre vosotros me preci\u00e9 de saber otra cosa que a Jesucristo, y a Jesucristo crucificado\u00bb (1Cor 2,1-2). En Jes\u00fas, Hijo de Dios, se nos revela la totalidad del misterio: la Trinidad, la encarnaci\u00f3n redentora, la filiaci\u00f3n adoptiva por el don del Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Finalmente, es Cristo el que promueve la fe como el bien o como el fin que la fe busca: \u00bb No hay salvaci\u00f3n en ning\u00fan otro, pues no se nos ha dado a los hombres ning\u00fan otro nombre debajo del cielo para salvarnos\u00bb, proclama Pedro ante el sanedr\u00ed\u00adn (He 4,12). \u00abDios envi\u00f3 a su Hijo&#8230;, a fm de que recibi\u00e9semos la condici\u00f3n de hijos adoptivos. Y como prueba de que sois hijos, Dios ha enviado a vuestros corazones el Esp\u00ed\u00adritu de su Hijo, que clama: \u00c2\u00a1Abba, Padre!\u00bb (G\u00e1l 4,4-6). Dios nos reconcilia consigo en la medida en que nos une a su Hijo amado, y la felicidad que busca el creyente es la participaci\u00f3n en la condici\u00f3n de Cristo resucitado.<\/p>\n<p>BIBL.: ALFARO J., La fe como entrega personal del hombre a Dios y como aceptaci\u00f3n del mensaje cristiano, en \u00abConcilium\u00bb 21 (1967) 5669; In, Foi et existente, en \u00abNRTh\u00bb 90 (1968) 561-580; In, Fe, en Saeramentum Mundi III, Barcelona 1976, 102-128; BALTHASAR H.U. von, La gloire et la croix I, Par\u00ed\u00ads 1965; BOUtLLARD H., L\u00f3gica de la fe, Madrid 1964; Fnux J. M., La foi du Nouveau Testament, Bruselas 1977; RAHNEa K., Observaciones sobre la situaci\u00f3n de la fe hoy, en R. LATOURELLE y G. O&#8217;COLLINS (eds.), Problemas yperspectivas de teolog\u00ed\u00ada fundamental, Salamanca 1982, 393-416; ID, Curso fundamental sobre la fe, Barcelona 19843; WELTE B., Qu \u00e9st-ce que croire? Montreal 1984.<\/p>\n<p>G. Langevin<\/p>\n<p>LATOURELLE &#8211; FISICHELLA, Diccionario de Teolog\u00ed\u00ada Fundamental, Paulinas, Madrid, 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Fundamental<\/b><\/p>\n<p>La palabra \u2020\u0153fe\u2020\u009d se traduce del griego p\u00ed\u00ad\u00c2\u00b7stis, cuyo significado primario comunica la idea de confianza y firme convicci\u00f3n. Dependiendo del contexto, la palabra tambi\u00e9n podr\u00ed\u00ada significar \u2020\u0153fidelidad\u2020\u009d. (1Te 3:7; Tit 2:10.)<br \/>\nLa Biblia define la fe como \u2020\u0153la expectativa segura de las cosas que se esperan, la demostraci\u00f3n evidente de realidades aunque no se contemplen\u2020\u009d. (Heb 11:1.) La expresi\u00f3n \u2020\u0153expectativa segura\u2020\u009d traduce la palabra griega hy\u00c2\u00b7p\u00f3\u00c2\u00b7sta\u00c2\u00b7sis. Este t\u00e9rmino, com\u00fan en los antiguos documentos comerciales en papiro, transmite la idea de algo tangible que garantiza una posesi\u00f3n futura. En vista de esto, Moulton y Milligan, en su Vocabulary of the Greek Testament (1963, p\u00e1g. 660), dan al mencionado pasaje la siguiente traducci\u00f3n: \u2020\u0153Fe es la escritura de propiedad de las cosas que se esperan\u2020\u009d. La palabra griega \u00e9\u00c2\u00b7leg\u00c2\u00b7kjos, que se traduce \u2020\u0153demostraci\u00f3n evidente\u2020\u009d, comunica la idea de presentar pruebas que demuestren algo, particularmente algo contrario a lo que parece a simple vista. La prueba presentada aclara lo que no se hab\u00ed\u00ada discernido antes y descarta lo que parec\u00ed\u00ada a simple vista. La \u2020\u0153demostraci\u00f3n evidente\u2020\u009d, o la prueba convincente, es tan clara y determinante que se dice que es la misma fe.<br \/>\nPor consiguiente, la fe es el fundamento para la esperanza y la prueba convincente de las realidades que no se ven. La verdadera \u2020\u0153fe\u2020\u009d cristiana la componen todo el conjunto de verdades reveladas por medio de Jesucristo y sus disc\u00ed\u00adpulos inspirados. (Jn 18:37; G\u00e1l 1:7-9; Hch 6:7; 1Ti 5:8.) La fe cristiana se fundamenta en toda la Palabra de Dios, de la que forman parte las Escrituras Hebreas, referidas con frecuencia por Jes\u00fas y los escritores de las Escrituras Griegas Cristianas en apoyo de sus propias declaraciones.<br \/>\nLa fe se basa en pruebas concretas. La creaci\u00f3n visible da testimonio de la existencia de un Creador invisible. (Ro 1:20.) Los mismos acontecimientos que tuvieron lugar durante el ministerio y la vida terrestre de Jesucristo le identifican como el Hijo de Dios. (Mt 27:54; v\u00e9ase JESUCRISTO.) El que Dios siempre haya hecho provisiones materiales para la creaci\u00f3n animal y vegetal sirve de base para creer que tambi\u00e9n proveer\u00e1 lo necesario para sus siervos, y el que haya dado la vida y la haya restaurado fundamenta la creencia en la esperanza de la resurrecci\u00f3n. (Mt 6:26, 30, 33; Hch 17:31; 1Co 15:3-8, 20, 21.) Lo que es m\u00e1s, la veracidad de la Palabra de Dios y el cumplimiento exacto de sus profec\u00ed\u00adas inspiran confianza en la realizaci\u00f3n de todas sus promesas. (Jos 23:14.) As\u00ed\u00ad, de muchas maneras, \u2020\u0153la fe sigue a lo o\u00ed\u00addo\u2020\u009d. (Ro 10:17; comp\u00e1rese con Jn 4:7-30, 39-42; Hch 14:8-10.)<br \/>\nPor lo tanto, la fe no es credulidad. La persona que tiende a ridiculizar la fe suele tener fe en amigos leales y de confianza. El cient\u00ed\u00adfico tiene fe en los principios de la rama de la ciencia en la que se ocupa. Basa sus nuevos experimentos en descubrimientos pasados y va tras nuevos descubrimientos sobre la base de esas cosas ya establecidas como ver\u00ed\u00addicas. Del mismo modo, el granjero prepara su terreno y siembra la semilla, esperando, como lo ha hecho en los a\u00f1os anteriores, que la semilla brote y las plantas crezcan a medida que reciben el agua y la luz necesarias. Por lo tanto, la fe en la estabilidad de las leyes naturales que gobiernan el universo constituye el fundamento para los planes y las actividades del hombre. A esa estabilidad aludi\u00f3 el sabio escritor de Eclesiast\u00e9s cuando dijo: \u2020\u0153El sol tambi\u00e9n ha salido fulguroso, y el sol se ha puesto, y viene jadeante a su lugar de donde va a salir fulguroso. El viento va hacia el sur, y da la vuelta en movimiento circular hacia el norte. El va girando y girando de continuo en forma de c\u00ed\u00adrculo, y sin demora vuelve el viento a sus movimientos circulares. Todos los torrentes invernales salen al mar; no obstante, el mar mismo no est\u00e1 lleno. Al lugar para donde salen los torrentes invernales, all\u00ed\u00ad regresan para poder salir\u2020\u009d. (Ec 1:5-7.)<br \/>\nEn las Escrituras Hebreas la palabra \u00c2\u00b4a\u00c2\u00b7m\u00e1n y otros t\u00e9rminos afines comunican el sentido de confiabilidad, fidelidad, estabilidad, firmeza, estar firmemente establecido, ser perdurable. (Ex 17:12; Dt 28:59; 1Sa 2:35; 2Sa 7:16; Sl 37:3.) El sustantivo af\u00ed\u00adn \u00c2\u00b4em\u00e9th por lo general quiere decir \u2020\u0153verdad\u2020\u009d, pero tambi\u00e9n se puede traducir por \u2020\u0153fidelidad\u2020\u009d o \u2020\u0153confiabilidad\u2020\u009d. (2Cr 15:3, nota; 2Sa 15:20; comp\u00e1rese con Ne 7:2, nota.) El conocid\u00ed\u00adsimo t\u00e9rmino \u2020\u0153am\u00e9n\u2020\u009d (heb. \u00c2\u00b4a\u00c2\u00b7m\u00e9n) tambi\u00e9n se deriva de \u00c2\u00b4a\u00c2\u00b7m\u00e1n. (V\u00e9ase AMEN.)<\/p>\n<p>Antiguos ejemplos de fe. Cada uno de los miembros de la \u2020\u0153gran nube de testigos\u2020\u009d que Pablo menciona (Heb 12:1) tuvo una base v\u00e1lida para su fe. Por ejemplo, Abel sin duda conoc\u00ed\u00ada la promesa de Dios concerniente a la \u2020\u0153descendencia\u2020\u009d que magullar\u00ed\u00ada a \u2020\u0153la serpiente\u2020\u009d en la cabeza. Adem\u00e1s, vio prueba tangible del cumplimiento de la sentencia que Jehov\u00e1 pronunci\u00f3 sobre sus padres en Ed\u00e9n. Fuera de all\u00ed\u00ad, Ad\u00e1n y su familia comieron el pan con el sudor de su rostro porque la tierra estaba maldita y como consecuencia produc\u00ed\u00ada espinos y cardos. Es posible que Abel observara el \u2020\u0153deseo vehemente\u2020\u009d de Eva por su esposo y que Ad\u00e1n la dominaba. Probablemente su madre le inform\u00f3 sobre los dolores que acompa\u00f1aba a la pre\u00f1ez. Por otra parte, la entrada al jard\u00ed\u00adn de Ed\u00e9n estaba custodiada por los querubines y la hoja llameante de una espada. (G\u00e9 3:14-19, 24.) Todo esto tuvo que suponer para Abel una \u2020\u0153demostraci\u00f3n evidente\u2020\u009d, y debi\u00f3 darle seguridad de que la liberaci\u00f3n vendr\u00ed\u00ada por medio de la \u2020\u02dcdescendencia prometida\u2020\u2122; como resultado, impulsado por la fe, \u2020\u0153ofreci\u00f3 a Dios un sacrificio de mayor valor que el de Ca\u00ed\u00adn\u2020\u009d. (Heb 11:1, 4.)<br \/>\nAbrah\u00e1n ten\u00ed\u00ada una base firme para la fe en la resurrecci\u00f3n, ya que \u00e9l y Sara hab\u00ed\u00adan experimentado la restauraci\u00f3n milagrosa de su facultad procreadora, lo que en un sentido pod\u00ed\u00ada compararse a una resurrecci\u00f3n que hac\u00ed\u00ada posible que la l\u00ed\u00adnea familiar de Abrah\u00e1n continuara mediante Sara. Como resultado de este milagro, naci\u00f3 Isaac. Cuando a Abrah\u00e1n se le dijo que sacrificara a su hijo, tuvo fe en que Dios lo resucitar\u00ed\u00ada. Bas\u00f3 esa fe en la promesa de Dios: \u2020\u0153Es por medio de Isaac por quien lo que ser\u00e1 llamado descendencia tuya ser\u00e1\u2020\u009d. (G\u00e9 21:12; Heb 11:11, 12, 17-19.)<br \/>\nAquellos que acudieron a Jes\u00fas o que fueron llevados a \u00e9l para ser sanados tambi\u00e9n dispon\u00ed\u00adan de pruebas que les permit\u00ed\u00adan tener una convicci\u00f3n firme. Aun en el caso de que no hubiesen sido testigos presenciales de las obras poderosas de Jes\u00fas, por lo menos hab\u00ed\u00adan o\u00ed\u00addo de ellas. Sobre la base de lo que hab\u00ed\u00adan visto u o\u00ed\u00addo, llegaron a la conclusi\u00f3n de que Jes\u00fas pod\u00ed\u00ada sanarlos a ellos tambi\u00e9n. Adem\u00e1s, estaban familiarizados con la Palabra de Dios, de modo que conoc\u00ed\u00adan los milagros realizados por los profetas en tiempos pasados. Al o\u00ed\u00adr a Jes\u00fas, algunos llegaron a la conclusi\u00f3n de que era \u2020\u0153El Profeta\u2020\u009d y otros, de que era \u2020\u0153el Cristo\u2020\u009d. Por eso fue muy apropiado que en algunas ocasiones Jes\u00fas dijera a los que eran sanados: \u2020\u0153Tu fe te ha devuelto la salud\u2020\u009d. De no haber ejercido fe en Jes\u00fas, esas personas no se habr\u00ed\u00adan acercado a \u00e9l, y, por lo tanto, no habr\u00ed\u00adan sido sanadas. (Jn 7:40, 41; Mt 9:22; Lu 17:19.)<br \/>\nDel mismo modo, la gran fe del oficial del ej\u00e9rcito que rog\u00f3 a Jes\u00fas a favor de su criado estaba fundada en pruebas fehacientes, de modo que lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que su criado ser\u00ed\u00ada curado simplemente con que Jes\u00fas \u2020\u02dcdijese la palabra\u2020\u2122. (Mt 8:5-10, 13.) Sin embargo, es digno de menci\u00f3n que Jes\u00fas san\u00f3 a todos los que fueron a \u00e9l, sin requerir una fe mayor o menor seg\u00fan sus enfermedades. Nunca dijo que no pod\u00ed\u00ada sanar a alguien porque este no tuviera fe. Jes\u00fas realiz\u00f3 esas curaciones para dar testimonio y fundamentar la fe. Decidi\u00f3 no realizar muchas obras poderosas en su propio territorio, donde fue evidente la falta de fe, no porque no pudiera, sino debido a que la gente no lo merec\u00ed\u00ada y hab\u00ed\u00ada rehusado escucharle. (Mt 13:58.)<\/p>\n<p>Fe cristiana. Para que la fe sea del agrado de Dios, en este tiempo es necesario aceptar a Jesucristo, pues solo as\u00ed\u00ad es posible adquirir una posici\u00f3n justa ante Dios. (G\u00e1l 2:16.) Jehov\u00e1 rechaza a las personas que carecen de esta fe. (Jn 3:36; comp\u00e1rese con Heb 11:6.)<br \/>\nDado que la fe es un fruto del esp\u00ed\u00adritu de Dios, no es posesi\u00f3n de todas las personas. (2Te 3:2; G\u00e1l 5:22.) Para el cristiano verdadero, la fe no es est\u00e1tica, sino activa, creciente. (2Te 1:3.) De ah\u00ed\u00ad que fuera apropiada la petici\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas: \u2020\u0153Danos m\u00e1s fe\u2020\u009d, y que \u00e9l les permitiera aumentarla, aport\u00e1ndoles m\u00e1s pruebas y entendimiento sobre los cuales basarla. (Lu 17:5.)<br \/>\nEn realidad, toda la vida del cristiano est\u00e1 gobernada por la fe; esta le permite superar obst\u00e1culos como monta\u00f1as que podr\u00ed\u00adan estorbar su servicio a Dios. (2Co 5:7; Mt 21:21, 22.) Adem\u00e1s, debe haber obras \u2014pero no las de la ley mosaica\u2014 que est\u00e9n en armon\u00ed\u00ada con esa fe y que la manifiesten. (Snt 2:21-26; Ro 3:20.) Las situaciones adversas resultan en un fortalecimiento de la fe, y esta sirve como un escudo protector en la guerra espiritual del cristiano, ayud\u00e1ndole a derrotar al Diablo y vencer al mundo. (1Pe 1:6, 7; Ef 6:16; 1Pe 5:9; 1Jn 5:4.)<br \/>\nNo obstante, la fe no se puede dar por sentada, pues su carencia es \u2020\u0153el pecado que f\u00e1cilmente nos enreda\u2020\u009d. Mantener una fe firme requiere luchar tenazmente por ella, resistir a aquellas personas que podr\u00ed\u00adan sumir a un cristiano en la inmoralidad, combatir las obras de la carne, evitar el lazo del materialismo, mantenerse alejado de las filosof\u00ed\u00adas y tradiciones de los hombres que destruyen la fe y, sobre todo, mirar \u2020\u0153atentamente al Agente Principal y Perfeccionador de nuestra fe, Jes\u00fas\u2020\u009d. (Heb 12:1, 2; Jud 3, 4; G\u00e1l 5:19-21; 1Ti 6:9, 10; Col 2:8.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Sumario: 1. La terminolog\u00ed\u00ada. II. Fe e incredulidad 1. Aspectos subjetivos de la fe: a) La confianza, b) La fidelidad, c) La escucha\/obediencia; 2. La incredulidad. III. Dep\u00f3sito de \u00c2\u00a1a fe: 1. Actitudes positivas para con el dep\u00f3sito; 2. Situaciones contrarias a la fe. IV. Gnosis\/\u2020\u2122conocimiento. V. Fe y visi\u00f3n. VI. Fe y obras: 1 Fe y salvaci\u00f3n; 2. La justificaci\u00f3n por la fe exige las obras. VII. Don y b\u00fasqueda.<br \/>\nPrescindiendo del \u00e1mbito profano, jur\u00ed\u00addico y puramente religioso, entendemos por fe la total referencia a Dios, conocido en la revelaci\u00f3n, por parte del hombre, que en el an\u00e1lisis de las propias dimensiones fundamentales con el mundo, la muerte, los dem\u00e1s hombres y la historia (GS 4-22) se descubre abierto a la trascendencia y dotado de una libertad que se expl\u00ed\u00adcita en la responsabilidad y en la esperanza.<br \/>\n1097<br \/>\n1. LA TERMINOLOGIA.<br \/>\nEl examen de los vocablos, al mismo tiempo que ofrece una visi\u00f3n de conjunto de los pasajes b\u00ed\u00adblicos, deja entrever la fe en sus dimensiones originales de confianza, conocimiento y obediencia. La ra\u00ed\u00adz fundamental \u2020\u02dcmn, presente en la forma hifil (he \u2020\u02dcmm) 52 veces, indica estabilidad y seguridad derivadas del apoyo en otro. Esto comprende ante todo -prescindiendo de los contextos profanos, en donde tener confianza (Dt 28,66; Jb 15,31; Jb 24,22; Jb 39,12) alterna mediante la variaci\u00f3n de las preposiciones con tener porverdadero (Gn 45,26; IR 10,7; 2Cr 9,6; Pr 14,15; Jr40,14)- el sentido de abandonoy de confianza. Fe es entonces el entregarse en manos del Dios de Abrah\u00e1n (Gn 15,6) en el momento en que parec\u00ed\u00adan haber caducado los plazos de realizaci\u00f3n de la promesa de una posteridad (Gn 12,1-4); es la aceptaci\u00f3n de la palabra de Mois\u00e9s sobre su experiencia con Yhwh que le hab\u00ed\u00ada prometido la liberaci\u00f3n Ex 4,31 cf Ex 4,1); es la actitud compleja (temor, reverencia, asombro, confianza, obediencia) del pueblo ante los signos salv\u00ed\u00adficos (Ex 14,31); es el reconocimiento de Mois\u00e9s como enviado de Dios en tiempo del<br \/>\npacto sina\u00ed\u00adtico (Ex 19,9). En momentos cr\u00ed\u00adticos de la historia de Jud\u00e1, por motivos contingentes, como la coalici\u00f3n siro-efraimita, o duraderos, como la amenaza siria, la fe se convierte en renuncia a los apoyos humanos (Is 7,9 cf Is 8,13), en confianza exclusiva en la acci\u00f3n de Yhwh (Is 28,16), en fuente de tranquilidad. \u2020\u0153En la conversi\u00f3n y la calma est\u00e1 vuestra salvaci\u00f3n; en la mesura y la confianza est\u00e1 vuestra fuerza\u2020\u009d (Is 30,15); reconocer a Yhwh como \u00fanico salvador hasta hacerse testigos suyos (Is 43,10), aceptar la lecci\u00f3n incre\u00ed\u00adble del sufrimiento y de la muerte engendradora de justificaci\u00f3n y de vida (Is 53,1; Gn 3,5) es la fe que se requiere en ciertos per\u00ed\u00adodos, como el del destierro, cuando se hunden todas las seguridades humanas.<br \/>\nEn la plegaria la fe asume acentos m\u00e1s personales y matizados. \u2020\u0153Yo estoy seguro de ver los bienes del Se\u00f1or en el mundo de los vivos\u2020\u009d (SaI 27,13) es una seguridad que se une al reconocimiento de que Dios salva mediante obras maravillosas, a la obediencia a sus mandamientos (SaI 78,22; SaI 78,32), \u00e1 la aceptaci\u00f3n de las promesas de salvaci\u00f3n (SaI 106,12; SaI 106,24; SaI 116,10; SaI 1; SaI 1966): Una fe tan s\u00f3lida en el Se\u00f1or y en los profetas que proporciona \u00e9xito (2Cr 20,20) y eng\u00e9ndrala fidelidad (\u2020\u02dcem\u00fanah). Esa fe puede reconocerseen un comportamiento recto (2R 12,16; 2R 22,7; 2Cr 31,18), en la constancia con que se escucha la voz de Dios (Jr 7,28; SaI 119,30), en considerar justa la direcci\u00f3n divina de la marcha de la historia (Ha 2,4), en dejarse transformar por el incansable amor divino (Os 2,21). Una respuesta plena a la alianza; mediante el reconocimiento del \u00fanico Dios (Dt 5,7), el amor exclusivo y confiado (Dt 6,5), la observancia de los preceptos (Dt 7,12), se expresan por la palabra m\u00e1s densa \u2020\u02dcem\u00fcn Dt 32,20) y por la m\u00e1s frecuente y conocida emet: para \u00e9sta la fe asume el matiz de sinceridad de coraz\u00f3n, y, m\u00e1s que cualquier otro derivado de \u2020\u02dcmn, se abre al significado de \u2020\u0153verdad\u2020\u009d (Jos 2,14; SaI 26,3 ), fiabilidad de las personas y de las instrucciones (Ne 7,2; Ne 9,13), duraci\u00f3n consistente (Is 16,5; 2S 7,16<br \/>\nOtros t\u00e9rminos como butah (confiar), t\u00ed\u00adpico de las oraciones y de los himnos (SaI 13,6; SaI 25,2; SaI 26,1 ), hasah (refugiarse) como b\u00fasqueda real o figurada de una protecci\u00f3n por parte del individuo (SaI 64,11; Is 57,13) o de la comunidad (SaI 2,12; SaI 5,12; SaI 17,7; SaI 18,31), hakah (aguardar), yahal (anhelar) con qawah (esperar), relativos a una deseada intervenci\u00f3n de Yhwh, entran en el campo m\u00e1s amplio de he\u2020\u2122em\u00fcn, subrayando el aspecto de confianza. La terminolog\u00ed\u00ada vetero-testamentaria describe, por tanto, la fe como \u2020\u0153conocimiento-reconocimiento de Yhwh, de su poder salvador y dominador revelado en la historia, como confianza en sus promesas, como obediencia ante los mandamientos de Yhwh (J. Alfaro, Fides&#8230;, ???).<br \/>\nAl decir amen, que es una forma participial, se afirma que todo lo que sale de la boca de Dios es tan seguro que merece toda confianza, tan verdadero que ha de ser cre\u00ed\u00addo y tan s\u00f3lido que puede orientar debidamente la vida. \u2020\u0153Am\u00e9n\u2020\u009d sanciona de este modo un compromiso solemne, preciso e irrevocable, reforzado por la repetici\u00f3n, solemnizado por la reno-, vaci\u00f3n de la alianza (Ne 8,6) y hecho sagrado en aquel comienzo de culto en Jerusal\u00e9n (ICr\u00f3n 16,36), establecido luego en cada una de las partes del salterio (SaI 41,14; SaI 72,19; SaI 89,53; SaI 106,48). M\u00e1s que un simple deseo o un asentimiento d\u00e9bil Jr28,6), decir \u2020\u0153am\u00e9n\u2020\u009d supone una responsabilidad jurada (Nm 5,22), una renovaci\u00f3n p\u00fablica, comunitaria y lit\u00fargica del compromiso de observar los mandamientos (Dt 27,15-26) o de practicar la justicia social Ne 5,13). Inseparable de la confianza, el \u2020\u0153am\u00e9n\u2020\u009d se convierte en aclamaci\u00f3n lit\u00fargica (1 Cr\u00f3n 16,36), incluso en la adhesi\u00f3n neotestamentaria a la oraci\u00f3n (Rm 1,25; Ga 1,5; 2P 3,18; Hb 1,21), a las palabras ico 14,16) y alas promesas que en Cristo -el am\u00e9n de Dios a los hombres, encarnaci\u00f3n del Dios del am\u00e9n (Is 65,16; Ap 3,14), el posesor de una palabra s\u00f3lida (Mt 5,18; Jn 1,51 )-hacen eficaz nuestro \u2020\u0153am\u00e9n\u2020\u009d al Padre (2Co 1,20).<br \/>\n1098<br \/>\nLa variedad de la terminolog\u00ed\u00ada del AT se condensa en un \u00fanico t\u00e9rmino, frecuent\u00ed\u00adsimo, del NT:<br \/>\npist\u00e9uop\u00ed\u00adstis (creer\/fe), vinculado al \/ milagro en los sin\u00f3pticos (Mc 2,5; Mc 5,36), que conservan el sentido preminente de confianza. Creer es tambi\u00e9n reconocera Jes\u00fas como el mes\u00ed\u00adas (Mc 15,32) a trav\u00e9s de su muerte y resurrecci\u00f3n (Hch 2,14-36), de manera que llega a cualificar simplemente al cristiano como \u2020\u0153el creyente\u2020\u009d (Hch 2,44; Hch 4,32; Hch 1). Vinculada \u00ed\u00adntimamente al misterio de la salvaci\u00f3n, la fe<br \/>\n-el vocablo m\u00e1s usado (242 veces) despu\u00e9s de Dios, Cristo, Se\u00f1or, Jes\u00fas y Esp\u00ed\u00adritu-se convierte en Pablo en conocimiento y aceptaci\u00f3n del misterio pascual (Rm 10,9; Rm 10,14; IP 1,8; IP 1,21; St 2,5), de la persona de Cristo (Rm 1,17; Ga 2,6; Ef 2,8; Flp 3,9). Se realiza as\u00ed\u00ad una evoluci\u00f3n desde un sentido subjetivo (\u00e9l acto de creer) a un sentido objetivo (el contenido que se cree), llegando a identificarse con el kerygma (Rm 10,8; Ga 1,23; Ga 3,2; Ga 3,5; Ef 4,5), como ocurre en los Hechos (6,7) y m\u00e1s ampliamente en las cartas pastorales (ITm 1,19; ITm 4,1; ITm 6,10; ITm 6,12). Semejante l\u00ed\u00adnea de pensamiento se encuentra de nuevo en el \u2020\u0153creer\u2020\u009djoaneo (usado 98 veces de forma absoluta o con preposiciones, en contraste con el \u00fanico testimonio del sustantivo \u2020\u0153fe\u2020\u009d en IJn 5,4) como aceptaci\u00f3n de la persona y de la misi\u00f3n del Hijo. Finalmente es densa en significado la definici\u00f3n de la fe, que acent\u00faa el aspecto subjetivo, en la carta a los Hebreos (11,1) como certeza de lo invisible, confianza en las promesas de Dios y compromiso de fidelidad del hombre: la limitaci\u00f3n tan s\u00f3lo al elemento intelectivo privado de confianza es<br \/>\nla fe insuficiente que se condena en la carta de Santiago (2,14).<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, \u2020\u0153la fe es la respuesta integral del hombre a Dios, que se revela como su salvador, y esta respuesta incluye la aceptaci\u00f3n del mensaje salv\u00ed\u00adfico de Dios y la confiada sumisi\u00f3n a su palabra. En la fe vete-rotestamentaria el acento recae en el aspecto de confianza; en la neotesta-mentaria resalta el aspecto de asentimiento al mensaje cristiano\u2020\u009d (J. Al-faro, La fe como entrega, 59).<br \/>\n1099<br \/>\nII. FE ? INCREDULIDAD.<br \/>\nEs esencial para la fe la dimensi\u00f3n subjetiva, que se manifiesta como confianza, fidelidad, escucha! obediencia, cuya falta revela la incredulidad del sujeto.<br \/>\n1100<br \/>\n1. Aspectos subjetivos de la fe.<br \/>\nLa fe es una reacci\u00f3n a la acci\u00f3n primordial de Dios (A. Weiser). Dentro de la apertura total del propio ser a Dios, la fe asume tantos elementos como son los aspectos del Dios que revela: temor, reverencia, culto, obediencia, amor, confianza, fidelidad, esperanza, anhelo, paciencia, adhesi\u00f3n, reconocimiento, por lo que puede decirse que ella \u2020\u0153se afianza as\u00ed\u00ad en Dios\u2020\u009d (cf Pfammatter, 885; cf BibI.).<br \/>\n1101<br \/>\na) La confianza.<br \/>\nAunque presente en personajes -Abel, Henoc, No\u00e9, Jacob, Mois\u00e9s, Josu\u00e9- y en partes narrativas y prof\u00e9ticas, la fe, en la dimensi\u00f3n subjetiva de abandono, apoyo seguro, confianza plena, entrega ilimitada, impulso, anhelo, resalta especialmente en Abrah\u00e1n, el padre de los creyentes. \u2020\u0153Crey\u00f3 en el Se\u00f1or, y el Se\u00f1or le consider\u00f3 como un hombre justo\u2020\u009d (Gn 15,6). La confianza en Dios lo lleva a esperarlo imposible, es decir, un hijo en su ancianidad (Gn 18,4). La situaci\u00f3n de muerte de su cuerpo privado de vitalidad, como el seno de Sara (Hb 11,12), se transforma en vida en virtud de su confianza en la promesa, en su proyecci\u00f3n por encima de toda esperanza humana, en su ausencia de vacilaci\u00f3n, en su persuasi\u00f3n firme de que Dios es capaz de realizar todo lo que ha prometido, de forma que Abrah\u00e1n se convierte en el amigo de Dios (Rm 4,18-22; Jc 2,25).<br \/>\nLa confianza en Dios supera los l\u00ed\u00admites y las objeciones de la raz\u00f3n humana, renunciando a contar con uno mismo. Consciente de su propia incapacidad, de la insuficiencia de cualquier garant\u00ed\u00ada humana, incluso milagrosa -siempre abierta a seductoras explicaciones racionales-, duda de s\u00ed\u00ad misma y se abre a la intervenci\u00f3n divina. Para eso tiene necesidad de encontrar un coraz\u00f3n bien dispuesto y humilde. A semejanza de Jes\u00fas, que \u2020\u0153se humill\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo haci\u00e9ndose obediente hasta la muerte\u2020\u009d (Flp 2,8), y de Mar\u00ed\u00ada, que es proclamada \u2020\u0153dichosa por haber cre\u00ed\u00addo que se cumplir\u00ed\u00adan las cosas que hab\u00ed\u00ada dicho el Se\u00f1or&#8230;, que se ha fijado en la humilde condici\u00f3n de su esclava\u2020\u009d (Lc 1,45; Lc 1,48), la humildad lleva a la exaltaci\u00f3n y a la consolaci\u00f3n por parte de Dios (Lc 1,52; 2Co 7,6). Hasta qu\u00e9 punto la humildad es expresi\u00f3n de confianza puede percibirse en la actitud contraria de gloriarse en s\u00ed\u00ad mismo, que expresa la seguridad del hombre autosuficiente, satisfecho de las obras y de la sutileza de sus intuiciones: aceptarse en la propia finitud, rechazando la sabidur\u00ed\u00ada de este mundo, es algo que abre a la salvaci\u00f3n encerrada para los creyentes en la necedad de la predicaci\u00f3n de Cristo (1Co 1,21).<br \/>\nEsta actitud permite recibir el don que el Padre hace de s\u00ed\u00ad mismo al hombre en Jesucristo. Lo que Jes\u00fas propone supera la inteligencia humana. La adhesi\u00f3n al amor absoluto s\u00f3lo es posible a la confianza; creer es un acto libre, es un querer creer, como se deduce de los milagros. Es algo que provoca la confianza en Jes\u00fas, en aquel ciego de Jeric\u00f3 que se pone a gritar, a pesar de los reproches de la gente, suplicando piedad al Hijo de David (Mc 10,46); aquella reflexi\u00f3n secreta de la mujer t\u00ed\u00admida y desconfiada, segura, sin embargo, de que podr\u00e1 curarse al mero contacto con el manto de Jes\u00fas (Mc 5,28); aquella petici\u00f3n de perd\u00f3n, con sus gestos, de la pecadora poco preocupada del juicio de los presentes (Lc 7,37); aquella certeza en el poder de Jes\u00fas sobre el mal que ten\u00ed\u00ada el oficial romano (Lc 7,7-8), lo mismo que aquel recurso infalible a la fuerza de Dios que es la oraci\u00f3n: \u2020\u0153Todo lo que pid\u00e1is en la oraci\u00f3n creed que lo recibir\u00e9is, y lo tendr\u00e9is\u2020\u009d (Mc 11,24). El aspecto fiducial, limitado para Pablo al contexto de las promesas divinas (Rom 3,2lss; 4,1 8ss; Gal 3,6ss) y clave interpretativa de los grandes personajes de la historia sagrada (Hb 11,4-38), prosigue tambi\u00e9n en Juan, en continuidad con los sin\u00f3pticos. En efecto, para \u00e9l la fe es una atracci\u00f3n, un impulso hacia la persona de Jes\u00fas, que se convierte en adoraci\u00f3n: \u2020\u0153Respondi\u00f3:<br \/>\n\u2020\u02dcCreo, Se\u00f1or\u2020\u2122. Y se puso de rodillas ante \u00e9l\u2020\u009d (Jn 9,38). Jes\u00fas exige que nos fiemos de su persona a trav\u00e9s de la aceptaci\u00f3n de su testimonio (cf 8,45 y 2,23). El aspecto fiducial de la fe lo recoge la DV 5: \u2020\u0153Al Dios que se revela se le debe la obediencia de la fe, con la que el hombre se abandona en manos de Dios de forma totalmente libre, prest\u00e1ndole el pleno asentimiento del entendimiento y de la<br \/>\nvoluntad y consintiendo libremente en la revelaci\u00f3n que \u00e9l hace. Mediante este aspecto el hombre \u2020\u0153fundamenta su existencia en Dios mismo en el misterio de su palabra y de su gracia; renuncia a vivir de la confianza en s\u00ed\u00ad mismo, en los dem\u00e1s hombres o en el mundo, para abandonarse absolutamente al Otro\u2020\u2122 trascendente, al Absoluto como Amor; va m\u00e1s all\u00e1 del horizonte de la inteligencia humana y acepta como verdad absoluta la revelaci\u00f3n de Dios en Cristo; sale del amor a s\u00ed\u00ad mismo y se abandona a la gracia de Dios como garant\u00ed\u00ada \u00fanica de salvaci\u00f3n. Es una decisi\u00f3n que implica, en una tensi\u00f3n dial\u00e9ctica, el riesgo de la audacia y la confianza del abandono\u2020\u2122 (J. Alfaro, Foiet exis-tence, 567).<br \/>\n1102<br \/>\nb) La fidelidad.<br \/>\nLa confianza plena conduce a la fidelidad, que es imitaci\u00f3n y participaci\u00f3n de la fidelidad de Dios. Saliendo muchas veces al encuentro del hombre, Dios ha permanecido fiel a la alianza (Dt 7,9), a las promesas (2S 7,28; Os 2,22; SaI 132,11; Tb 14,4) y realiza sus obras a pesar del pecado: Dios es definido varias veces como \u2020\u0153fidelidad\u2020\u009d en el Deuteronomip, en el Salterio y en los profetas. \u2020\u0153El es la roca, sus obras son perfectas, todos sus caminos son la justicia misma; es Dios de fidelidad\u2020\u009d (Dt 32,4). El hombre participa con su confianza de la estabilidad de Dios y de sus obras, como Mois\u00e9s, fiel en su casa (Nm 12,7<br \/>\n-como sus brazos llenos de fidelidad hasta el ocaso durante la batalla contra Amalee (Ex 17,12)- en una comunidad de perspectivas, de pensamientos y de responsabilidades; como el sacerdote fiel (IS 2,35); como David (IS 22,14) en su reino estable (2S 7,16). Sin la fidelidad el hombre se vuelve vac\u00ed\u00ado, vanidad, nada, semejante a los \u00ed\u00addolos (Is 19,1; Is 19,3; Ez 30,13; Ha 2,19; SaI 96,5; SaI 97,7).<br \/>\nEs necesario proclamar la fidelidad de Dios (SaI 36,6), invocarla (IR 8,56-58), para que haga germinar en nuestra tierra la fidelidad a \u00e9l. En una econom\u00ed\u00ada de la alianza, Dios exige nuestra fidelidad (Jos 24,14), incluso como condici\u00f3n para una fidelidad de los hombres entre s\u00ed\u00ad, que con frecuencia falla (Jr 9,2-5). A imitaci\u00f3n del siervo fiel que lleva a cabo su misi\u00f3n en medio de contrastes -tipo de Cristo que da cumplimiento a la fidelidad de Dios (2Co 1,20), como sacerdote fiel (Hb 2,17)-, los \u2020\u0153fieles\u2020\u009d (Hch 10,45; 2Co 6,15; Ef 1,1) se preocupar\u00e1n de considerar la fidelidad como uno de los mayores mandamientos Mt 23,23), como una constante en todos los momentos de la vida (Lc 16,10-12). Si esta fidelidad supone una lucha continua contra el maligno, especialmente en los \u00faltimos tiempos (Ap 13,10; Ap 14,12), tiene, sin embargo, como premio el goz\u00f3 del Se\u00f1or (Mt 25,21; Mt 25,23) y est\u00e1 asegurada como don del Esp\u00ed\u00adritu (Ga 5,22)y de la sangre de Cristo (Ap 12,11).<br \/>\n1103<br \/>\nc) La escuchajobediencia.<br \/>\nLa comprensi\u00f3n del v\u00ed\u00adnculo entre la fe y la obediencia exige la superaci\u00f3n de dos mentalidades opuestas y bastante difundidas. Por una parte, el hombre moderno, que justamente considera su autonom\u00ed\u00ada como un gran valor, estima la obediencia como un mal necesario -con vistas a la educaci\u00f3n y a la convivencia- y acaricia el ideal de su desaparici\u00f3n. Por otra parte, un pensamiento derivado de la filosof\u00ed\u00ada helenista -en particular del neoplatonismo, que hace consistir la perfecci\u00f3n en la renuncia a la propia voluntad y en la confianza a la autoridad instituida por Dios-, restringiendo la obediencia al cumplimiento de la voluntad de otro y a la ejecuci\u00f3n de la orden o del mandato por amor a \u00e9l, supone que la autodeterminaci\u00f3n de suyo aleja de Dios. La obediencia en un clima de alianza, es por el contrario, un modo de estar en la intimidad de la amistad con Dios, una tendencia a vivir como \u00e9l y -seg\u00fan recuerda la palabra griega hipakoe y el lat\u00ed\u00adnn audirel oboedire: o\u00ed\u00adr! obedecer- supone el escuchar. Escuchar (Is 1,10; Jr 2,4; Am 4,1) es la actitud activa de la persona (Ex 33,11; IS 3,9; 1s8,9) y del pueblo (serna\u2020\u2122: Dt5,1; Dt6,4; Dt9,1) delante de Dios que se revela gradualmente en la palabra, en el mensaje, en el anuncio. La funci\u00f3n del o\u00ed\u00adr (Mt 13,16; Hch 2,33 Un Hch 1,1) est\u00e1 en relaci\u00f3n con la comprensi\u00f3n de los misterios del reino (Mc 4,12), de los momentos significativos de la vida de Jes\u00fas (Mc 9,7), de Pablo (2Co 12,4); del Apocalipsis (1,3; 22,88). El escuchar aut\u00e9ntico equivale a asimilar e interiorizar la palabra, hasta hacerse sin\u00f3nimo del kirygma que suscita la fe (Mt 8,10). \u2020\u0153Al recibir la palabra de Dios que os predicamos (akoe), la abrazasteis no como palabra de hombre, sino como lo que es en verdad, la palabra de Dios, que permanece vitalmente activa en vosotros, los creyentes\u2020\u009d (1 Tes 2,13). Sin la consecuci\u00f3n de este objetivo, la simple percepci\u00f3n externa no es propiamente un o\u00ed\u00adr (Mc 8,18); los jud\u00ed\u00ados no sacaron ning\u00fan provecho de la palabra, \u2020\u0153porque al escucharla no se unieron a ella por la fe\u2020\u009d (Heb4,2).<br \/>\nPor el contrario, hay una relaci\u00f3n directa entre el escuchar aut\u00e9ntico y la fe. \u2020\u0153La fe proviene de la predicaci\u00f3n (akoe), y la predicaci\u00f3n es el mensaje de Cristo (Rrn 10,17): el anuncio que contiene y mira a la fe (akoe p\u00ed\u00adsteos) lleva a la experiencia del Esp\u00ed\u00adritu, que realiza maravillas en el hombre (Ga 3,2; Ga 3,5 ), en primer lugar la transformaci\u00f3n del ego\u00ed\u00adsmo humano en amor oblativo (\u00e1gape), con el consiguiente gozo, paz, longanimidad, benevolencia, confianza, mansedumbre, dominio de s\u00ed\u00ad mismo (Ga 5,22). La superaci\u00f3ndela sorderayde la incircuncisi\u00f3n (Dt 18,19; Jr 6,10; Jr 9,25; Hch 7,51)encuentrasu verificaci\u00f3n en la acogida de la palabra de Jes\u00fas y en pertenecer a Dios y a la verdad (Jn 8,43; Jn 8,47; Jn 10,16; Jn 18,37), como la Virgen, que se distingui\u00f3 en esta acogida de la palabra (Lc 11,28 cf Lc 2,19; Lc 2,51). La audici\u00f3n sigue a la revelaci\u00f3n como palabra.<br \/>\nCuando se hace plena y duradera, esta atenci\u00f3n a la palabra de Dios pone en movimiento todo el ser; lleva a un compromiso completo, a esa obediencia que se convierte en expresi\u00f3n de una respuesta plena a la revelaci\u00f3n, lo mismo que la palabra que se transforma en hecho (Sal 33,6; Is 55,10-11; Jn 14,12) induciendo a la acci\u00f3n (Mt 7,16; Mt 7,26; Rm 2,13). El o\u00ed\u00adr \u2020\u0153se realiza de veras s\u00f3lo cuando el hombre, con la fe y con la acci\u00f3n, obedece a aquella voluntad que es voluntad de santificaci\u00f3n y de penitencia. As\u00ed\u00ad, como coronaci\u00f3n del o\u00ed\u00adr, nace el concepto del obedecer, que consiste en creer, y del creer que consiste en obedecer\u2020\u009d (G. Kittel, GLNT 1, 593). Lo mismo que el o\u00ed\u00adr de Dios se hace efectivo, es decir, Dios escucha una petici\u00f3n, no s\u00f3lo respecto a Jes\u00fas (Jn 11,41 s; Hb 5,7), sino respecto a todos los que cumplen la voluntad de Dios (Sal 34,16; Sal 34,18; Jn 9,31; IP 3,12) -o sea, de aquellos que, creyendo en el nombre del Hijo, piden seg\u00fan su voluntad (IJn 5,14), como lo hacen el pobre, la viuda y el hu\u00e9rfano, los humildes, los prisioneros (Ex 22,22; Sal 10,17; Jc 5,4)-, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el o\u00ed\u00adr del hombre supone una transformaci\u00f3n de su vida.<br \/>\nPor eso la obediencia no indica en primer lugar un comportamiento moral, sino la nueva condici\u00f3n del cristiano, una actitud positiva, de acogida de la palabra. Obedecer es permitir al evangelio libremente aceptado que manifieste su fuerza transformadora del hombre; es un dejarse conducir en toda la vida, rechazando a ese otro amo competitivo que es el pecado. \u2020\u0153cNO sab\u00e9is que al entregaros a alguien como esclavos para obedecerle sois esclavos de aqu\u00e9l a quien obedec\u00e9is? Si obedec\u00e9is al pecado, terminar\u00e9is en la muerte; y si obedec\u00e9is a Dios, en la justicia\u2020\u009d (Rm 6,16), La vida de Cristo, con el acto supremo de amor en la cruz libremente aceptada, es obediencia (Rm 5,19)> que le hace a \u00e9l y a nosotros sacerdotes Hb 57 Hb 5,10; Hb 10,14). Obediencia es la realidad nueva que la aceptaci\u00f3n d\u00e9 Cristo glorioso produce en todas las gentes (Rm 1,5); es la acogida del misterio revelado por Pablo relativo a la unificaci\u00f3n de toda la realidad en Cristo (Rm 16,26); es una respuesta al evangelio que obliga a someterse libremente a Dios, conocido como veraz y como fiel; es la nueva condici\u00f3n del hombre capacitado para uniformarse a la voluntad divina. Esto supone una intervenci\u00f3n de la voluntad, una actitud de libre homenaje. La obediencia y la confianza revelan dos aspectos de la aceptaci\u00f3n del evangelio. La sola confianza sin obediencia podr\u00ed\u00ada convertirse en vago sentimiento, lo mismo que la sola obediencia sin confianza correr\u00ed\u00ada el peligro de transformarse en una sumisi\u00f3n a un Dios-amo. El encuentro con Dios realiza-de en la confianza se hace profundo y duradero gracias a la obediencia.<br \/>\n1104<br \/>\nLa expresi\u00f3n \u2020\u0153obediencia de la fe\u2020\u009d, obediencia \u2020\u0153que consiste o se realiza enr\u00ed\u00ada fe\u2020\u009d (Bengel) o convierte a los cristianos en hijos de la obediencia (IP 1,14), m\u00e1s all\u00e1 de una simple adhesi\u00f3n especulativa, afirma la aceptaci\u00f3n del evangelio con la mente, la voluntad y el coraz\u00f3n, de forma que toda la vida se vea envuelta en ello. Esta expresi\u00f3n paulina encuentra un paralelismo en Juan, donde Jes\u00fas invita a observar sus mandamientos lo mismo que \u00e9l ha observado los mandamientos del Padre (Jn 15,10). La obediencia que Jes\u00fas presta al Padre es la revelaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo como salvador de los hombres. El mandamiento (emole) ha perdido el sentido de precepto para adquirir el de palabra reveladora del amor trinitario. El hombre a su vez lo guarda cuando acoge en la fe esta revelaci\u00f3n, se deja impregnar por ella y se comporta de manera que no la deja escapar (ter\u00e9in).<br \/>\nDe aqu\u00ed\u00ad se sigue, a ejemplo de Jes\u00fas, que \u2020\u0153ha dado a conocer todas las cosas que ha o\u00ed\u00addo a su Padre\u2020\u009d Jn 15,15), la necesidad de escoger las actitudes que favorezcan la penetraci\u00f3n de este don con la ayuda de las explicitaciones que es posible encontrar en-la revelaci\u00f3n. La obediencia se refiere, por tanto, a lo que \u2020\u0153el Se\u00f1or ha dicho\u2020\u009d (Ex 24,7) en el \u00c2\u00a1dec\u00e1logo y en la ley, y a, lo que sigue diciendo en las circunstancias y en los signos de los tiempos, imitando a Cristo, que obedeci\u00f3 al Padre a trav\u00e9s de intermediarios, de personas, de sucesos, de instituciones, de autoridades, de compromisos cotidianos. De todas formas, hay que tener presente que, mientras la obediencia a Dios es absoluta (Hch 4,19), la sumisi\u00f3n a los intermediarios es relativa a su capacidad de expresar la voluntad de Dios, que s\u00f3lo parcialmente est\u00e1 contenida en la realidad humana como signo que hay que leer debidamente.<br \/>\n1105<br \/>\n2. La incredulidad.<br \/>\nLa incredulidad es la tentaci\u00f3n continua del hombre destinatario de la revelaci\u00f3n, lo mismo que la idolatr\u00ed\u00ada es la condici\u00f3n permanente del pagano. Ante las maravillas siempre nuevas del amor de Dios, sustra\u00ed\u00addo a todo control y verificaci\u00f3n, el creyente se ve situado todos los d\u00ed\u00adas ante el dilema: fiarse \u00fanicamente de Dios o caer en la incredulidad, que se convierte en la ra\u00ed\u00adz de todo pecado. La incredulidad es no tomar a Dios como apoyo, haci\u00e9ndose ind\u00f3cil y rebelde, generaci\u00f3n cuyo coraz\u00f3n no fue constante y cuyo esp\u00ed\u00adritu fue desleal para con Dios&#8230; \u2020\u0153Su coraz\u00f3n no estaba firmemente con \u00e9l, y no eran leales a su alianza\u2020\u009d SaI 78,8; SaI 78,37). Es apoyarse en la propia vida (Dt 28,66), lo mismo que hace el malvado. Es considerar a Yhwh incapaz de comprender y de liberar al hombre en sus necesidades, el cual consiguientemente \u2020\u0153murmura\u2020\u009d como la generaci\u00f3n del \u00c2\u00a1desierto, presa del hambre y de la sed (Ex 16,2-3; 17,2-3; N\u00fam 11,4-5; 20,2-3), del miedo ante el enemigo (Dt 8,14-16 Ps 78,11 Ps 106,7Nb 14,11; Am<br \/>\n4,6ss). Es negaci\u00f3n de la existencia de un plan divino. \u2020\u0153Que se d\u00e9 prisa, que acelere su obra para que la veamos, que se presenten y se realicen los planes del Santo de Israel para que los conozcamos\u2020\u009d (Is 5,19). Es dar un ultim\u00e1tum a Dios para que se decida a cumplir sus promesas. Es el infantilismo religioso de Acaz (Is 7,12). Es rebeli\u00f3n en el plano pr\u00e1ctico, con el desprecio del Creador, roca de salvaci\u00f3n (Dt 32,18 ). Es sustraersea las leyes, ofreciendo un culto sin participaci\u00f3n del coraz\u00f3n (Is 1,11-13), que lleva a igualar a Yhwh con los \u00ed\u00addolos. La incredulidad, que f\u00e1cilmente puede transformarse en idolatr\u00ed\u00ada (Ex 32; Dt 9,12-21), asume un aspecto m\u00e1s doloroso cuando se hace adulterio, prostituci\u00f3n de la esposa (Os 2; Jr3; Ez 16). Lleva entonces a tener un coraz\u00f3n dividido (Os 10,2), a buscar ayuda en otras partes Is 18,1-6), a confiar en las instituciones (Jr 7,4), a endurecerse(Is 6,10).<br \/>\nLa incredulidad se agudiza ante Jes\u00fas, que exige para con su misma persona (Mt 11,6) todo lo que el piadoso israelita reconoc\u00ed\u00ada a Yhwh. La objeci\u00f3n de la racionalidad presentada por Zacar\u00ed\u00adas, y que se hace m\u00e1s evidente ante la fe de Mar\u00ed\u00ada (Lc 1,18; Lc 1,38), contin\u00faa en la de los paisanos de Jes\u00fas (Mc 6,6), de los fariseos (Mt 15,7), de las ciudades del lago y de los jud\u00ed\u00ados (Mt 8,10). La incredulidad revela la falta de un coraz\u00f3n humilde (Mt 11,25), de la oraci\u00f3n y del ayuno (Mt 17,20-21), y admite varios grados: es miedo ante la tempestad (Mt 8,26), olvido de la ense\u00f1anza de Jes\u00fas en los milagros (Mt 16,8-10), esc\u00e1ndalo ante el misterio de la cruz (Mt 16,23) y -extra\u00f1amente incre\u00ed\u00adble (Hch 26,8)-es negaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n en los disc\u00ed\u00adpulos (Lc 24,25; Lc 24,41; Mt 28,17; Mc 16,11; Mc 16,13-14), en los jud\u00ed\u00ados (Hch 7,56-57), en los paganos (Hch 17,31-32).<br \/>\nEl misterio de la incredulidad aparece sobre todo en el rechazo de Cristo por parte de aquel pueblo que ten\u00ed\u00ada la misi\u00f3n hist\u00f3rica de esperarlo y de dar testimonio de \u00e9l. Si para explicar la condenaci\u00f3n a muerte de Jes\u00fas basta con recurrir a la ignorancia y a la culpabilidad de los jud\u00ed\u00ados (Hch 10,39), el rechazo continuo de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica obliga a Pablo, dolorido y preocupado (Rm 9,2) a iluminar este misterio, descubriendo en \u00e9l la \u00faltima invenci\u00f3n de una providencia divina que en el car\u00e1cter temporal de la falta de fe vislumbra una mayor facilidad de la conversi\u00f3n de los gentiles (Rm 11,25; Rm 11,31).<br \/>\nSi Pablo recurre a la incredulidad del antiguo pueblo -castigado antes por haber hecho in\u00fatiles tantos prodigios (1Co 10,1-5) y sometido ahora a la severidad de Dios por haber rechazado a Jes\u00fas (Rm 11,22)- para poder amonestar a los cristianos, Juan ve en el jud\u00ed\u00ado -que no ha \u2020\u0153acogido\u2020\u009d ni \u2020\u0153reconocido\u2020\u2122 (Jn 1, ??? 1) en Jes\u00fas el Cristo, la Palabra encarnada, al Hijo de Dios enviado por el Padre- el tipo mismo del incr\u00e9dulo, el reflejo del mundo malo, inmerso en el pecado, que le impide venir a la luz y lo incapacita para \u2020\u0153ser de la verdad\u2020\u2122 (Jn 3,21; Jn 18,37), ir m\u00e1s all\u00e1 de lo maravilloso que aparece en los gestos de Jes\u00fas (Jn 6,26). El incr\u00e9dulo se queda en la etapa de Nicode-mo (3,2), sin alcanzar la fe de la sa-maritana en la palabra (4,15) o la fe conmovedora del oficial del rey (4,53). Si la fe tiene necesariamente grados, requiere un camino para aceptar la \u2020\u0153obra\u2020\u009d de Jes\u00fas (17,4), reveladora de su intimidad con el Padre (14,10), que fue el camino que recorrieron los disc\u00ed\u00adpulos (2,11), Pedro (6,63), el ciego de nacimiento (9,35- 38), Mar\u00ed\u008da (11,25-27), Tom\u00e1s (20,25-28). Pero el que no tiene en s\u00ed\u00ad el amor de Dios (5,42), s\u00f3lo se preocupa de la comida que perece (6,27), se siente apegado a los privilegios de raza (8,33), a la vanagloria (9,28), a la autosuficiencia (9,39-41), no forma parte del reba\u00f1o de Cristo (10,26), odia la luz (3,19), tiene por padre al diablo, que impide creer en Jes\u00fas que dice la verdad; \u00e9sta se convierte incluso en ocasi\u00f3n de incredulidad (8,45). El incr\u00e9dulo entonces se cierra cada vez m\u00e1s a los signos que no ve (12,37), a la palabra que no penetra (8,37), a la luz que lo ciega (9,39). La incredulidad, m\u00e1s que distinguir en grupos sociales, pasa por dentro de cada persona, est\u00e1 siempre oscilando en sus fronteras; pero mientras uno no haya \u2020\u0153muerto en su pecado\u2020\u009d (8,21), siempre tendr\u00e1 el camino abierto para reconocer en Jes\u00fas al Hijo del hombre (9,35).<br \/>\n1106<br \/>\nIII. DEPOSITO DE LA FE.<br \/>\nEsta expresi\u00f3n introduce la consideraci\u00f3n del aspecto objetivo de la fe. Partamos de nuestra experiencia. Cuando un amigo nos narra un hecho desconocido y singular o nos revela su propia experiencia interior, le decimos: \u2020\u0153Conf\u00ed\u00ado en ti, en tu persona\u2020\u009d. Esta frase supone esta otra: \u2020\u0153Creo y acepto todo lo que t\u00fa dices.<\/p>\n<p>Incluso humanamente la fe es en primer lugar una confianza y un abandono en una persona -como el hijo en sus padres, el alumno en el maestro, el adulto en una persona amiga-, pero desemboca necesariamente en la aceptaci\u00f3n de todo lo que se nos cuenta: la falta del primer aspecto de la fe lleva al aislamiento, a la esterilidad, hace imposible cualquier relaci\u00f3n econ\u00f3mica, social, comunitaria, matrimonial, familiar. De la misma forma, en las relaciones con Dios, la actitud esencial de fiarse de \u00e9l lleva consiguientemente a la afirmaci\u00f3n dedos contenidos, de los acontecimientos de la revelaci\u00f3n. Estos se aceptan no porque el hombre los comprenda en su evidencia racional o experiencia directa, sino por la confianza en quien los propone. La fe en Dios es tambi\u00e9n fe en lo que \u00e9l revela: el NT habla, junto ap\u00ed\u00adstis (pist\u00e9uein) eis, de pist\u00e9uein hoti, expresiones que la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica traducir\u00e1 enl\u00ed\u00ad-des qua y fides quae.<br \/>\nEste segundo aspecto, presente ya en el AT en la necesidad de reconocer las intervenciones salv\u00ed\u00adficas de Yhwh en la historia, tal como se refleja en la f\u00f3rmula de fe, es subrayado en el NT hasta llegar a ocupar el primer puesto. Esto se debe a la novedad del acontecimiento \u2020\u0153Cristo\u2020\u009d, que despu\u00e9s de haber exigido considerar inminente la venida del reino, pide que se acepte el valor mesi\u00e1nico de su persona. El aspecto objetivo de la fe, que comienza en Marcos, es desarrollado por Mateo y Lucas, hasta alcanzar su cima en Juan. La dimensi\u00f3n intelectual de la fe \u2020\u0153corresponde al car\u00e1cter real del misterio de Cristo; si no se salvaguarda el primero, es imposible salvaguardar el segundo [el aspecto fiducial]. La fe vive de la realidad de su objeto, que es la intervenci\u00f3n salvadora de Dios por Cristo; si el evento salv\u00ed\u00adfico de Cristo no es real en s\u00ed\u00ad mismo, tampoco es real para m\u00ed\u00ad; no es posible vivirlo como real\u2020\u009d (J. Alfaro, La fe como entrega, 59; cf BibL).<br \/>\nEl contenido de la fe tiene un n\u00facleo en torno al cual gira como expli-citaci\u00f3n, desarrollo, profundizaci\u00f3n y actualizaci\u00f3n todo aquello que Dios ha revelado. Se le puede enunciar como la voluntad absoluta del Padre de salvar a todos los hombres a trav\u00e9s de su Hijo Jesucristo en el don del Esp\u00ed\u00adritu. Esta voluntad se revela en una dimensi\u00f3n hist\u00f3rica que tiene su comienzo en la alianza veterotestamentaria (Di 26,5-9; Jos 24,2-13) y su cumplimiento en la encarnaci\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Jesucristo. Al ser la \u2020\u0153plenitud de toda la revelaci\u00f3n\u2020\u009d (DV2 cf Mt 11,27; Jn 1,14; Jn 1,17; Jn 14,6; Jn 17,1-3; 2Co 3,16; 2Co 4,6; Ef 1,3-14 ), la persona de Jes\u00fas resucitado (Hch 2,24; Hch 2,36), Hijo de Dios (Mc 9,7; Rm 1,3; Hb 1,5), es el objeto central de la fe. Al dar el Esp\u00ed\u00adritu en virtud de su glorificaci\u00f3n (Jn 7,39), Jes\u00fas crea en los hombres la intimidad filial con Dios, el amor fraterno como irradiaci\u00f3n de la \u00e1gape divina y la certeza de participar en la gloria del Se\u00f1or resucitado. En su vida de fe como di\u00e1logo personal con Cristo, en analog\u00ed\u00ada con el continuo di\u00e1logo de Jes\u00fas con el Padre, el cristiano extiende, mediante un nexo irrompible, su acto de fe a la Iglesia, \u2020\u0153cuerpo y plenitud\u2020\u009d de Cristo, instituida como \u2020\u0153sacramento o signo e instrumento de la uni\u00f3n \u00ed\u00adntima con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u2020\u009d (LG 1). Si es l\u00f3gica la exigencia de desarrollar en todas sus implicaciones este n\u00facleo fundamental, como de hecho ha sucedido a lo largo de los siglos, es necesario evitar que \u2020\u0153la multitud espesa de \u00e1rboles dogm\u00e1ticos no nos deje ver el bosque de la fe\u2020\u009d (vv. Kasper). Sigue siendo importante que la comunidad conserve todas las verdades d\u00e9 la fe (lTm 4,6; 2Tm 1,13; Tt 1,9) o, como se dice en t\u00e9rminos jur\u00ed\u00addicos, el \u2020\u0153dep\u00f3sito\u2020\u009d (lTm 6,20; 2Tm 1,12; 2Tm 1,14) transmitido (2Ts 2,15; 2Ts 3,6). Sin embargo, cada cristiano profesa todas las verdades impl\u00ed\u00adcitamente, acept\u00e1ndDIAS y crey\u00e9ndDIAS en la Iglesia.<br \/>\n1107<br \/>\n1. Actitudes positivas para conel dep\u00f3sito.<br \/>\nPara una fidelidad y conservaci\u00f3n plena de las verdades de fe, la Iglesia primitiva se preocup\u00f3 no tanto de hacer una lista completa y minuciosa de proposiciones claras como de se\u00f1alar algunas actitudes fundamentales respecto al n\u00facleo esencial, reconociendo un orden o \u2020\u0153jerarqu\u00ed\u00ada\u2020\u009d en las verdades (UR 11). Para una confesi\u00f3n p\u00fablica y oficial de las intervenciones salv\u00ed\u00adficas de Dios es m\u00e1s decisiva la actitud pr\u00e1ctica de apertura y de acogida de sus iniciativas que la enumeraci\u00f3n completa de sus actos. El pueblo antiguo, partiendo del culto, reconoci\u00f3 en proposiciones de fe (el \u2020\u0153credo hist\u00f3rico\u2020\u009d de G. von Rad) que su nacimiento y su desarrollo se deb\u00ed\u00adan a la direcci\u00f3n de Yhwh: el recuerdo de los hechos del pasado, desde las promesas hechas a los patriarcas hasta la liberaci\u00f3n de Egipto, se convierten en certeza de una presencia actual (Ex 20,2 Lev 19,36, y m\u00e1s ampliamente Dt 26,5-9; Jos 24,2-13; Jdt 5,6-19; SaI 105; SaI 135; SaI 136) y de una esperanza para el futuro; esta confesi\u00f3n se refiere a los hechos hist\u00f3ricos, aun cuando se usan para Dios ciertos t\u00e9rminos como \u2020\u0153roca\u2020\u009d, \u2020\u0153fuerza\u2020\u009d, \u2020\u0153salvaci\u00f3n\u2020\u2122. Este confesarla fe, que en el AT se limita a reconocer a Yhwh como \u2020\u0153Dios salvador\u2020\u009d (Os 12,10; Os 13,4; Dt 32,12; Jos 24,16-18), se convierte en el NT en confesi\u00f3n (homo-Iogh\u00ed\u00adalhomologh\u00e9in) de \u2020\u0153Jes\u00fas el Cristo\u2020\u009d (Rm 10,9; ico 12,3), cuya liberaci\u00f3n afecta a toda la humanidad, se refiere al enemigo m\u00e1s temible (el pecado) y es definitiva:<br \/>\nla confesi\u00f3n de Pedro (Mt 16,16; Jn 6,68-69), como la del ciego de nacimiento (Jn 9,17; Jn 9,36-38), busca el origen de la fe en el contacto personal con Jes\u00fas. Motivada a veces por el deseo de vencer el miedo o la indolencia, la confesi\u00f3n de fe es prueba de la aceptaci\u00f3n de una doctrina delante de la comunidad ya creyente (Flp 2,11), en momentos de especial importancia como el bautismo o la ordenaci\u00f3n (lTm 6,12), con ocasi\u00f3n de la persecuci\u00f3n (Hch 4,20; Hch 7,56).<\/p>\n<p>Necesaria cuando la omisi\u00f3n equivaldr\u00ed\u00ada a renegar de ella (Jn 9,22), manifiesta al mundo la decisi\u00f3n irrevocable del hombre en favor de Cristo, que atestiguar\u00e1 en favor suyo delante del Padre (Mt 10,32; Lc 12,8). Todo esto se realiza a trav\u00e9s de breves f\u00f3rmulas de naturaleza cultual (Flp 2,5-11; lTm 3,16 1P IP 3,18-22) o bautismal (Hch 8,37), con la evoluci\u00f3n, bajo el impulso de una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, desde un solo art\u00ed\u00adculo cristol\u00f3gico (1Co 12,3 Un ico 2,22; ico 4,15; Hb 4,14) a dos art\u00ed\u00adculos, con la inclusi\u00f3n de Dios-Padre (1Co 8,6; lTm 2,5; lTm 6,13-14), o a tres, con el a\u00f1adido del Esp\u00ed\u00adritu (Mt 28,19).<br \/>\nCuando la confesi\u00f3n de la fe se dirige en primer lugar a los hombres, de forma solemne, durante un processo o una contestaci\u00f3n, se hace testimonio (o martirio, del griego marty-r\u00ed\u00adajmartyrior\u00ed\u00ad), creando al testigo (o m\u00e1rtir, gr. m\u00e1rtys). A diferencia de confesar, atestiguar es un concepto neotestamentario, limitado en el AT a Israel \u2020\u0153testigo de Yhwh\u2020\u009d entre las naciones (Is 43,9; Is 43,10; Is 43,12). Aun tolerando un sentido m\u00e1s amplio referido al evangelio (Mc 13,9), el testimonio ata\u00f1e a los doce que, elegidos y enviados por el Se\u00f1or (Lc 24,48), llenos de Esp\u00ed\u00adritu (Hch 1,8), garantizan la fiabilidad de la resurrecci\u00f3n Hch 1,22): a trav\u00e9s de este c\u00ed\u00adrculo fijo, de esta instituci\u00f3n fidedigna, las generaciones futuras pueden entrar en contacto con el resucitado, sin verse perjudicadas por la distancia desde el \u2020\u0153centro del tiempo\u2020\u009d (Conzelmann). A los doce se asocia Pablo, convertido en el camino de Damasco en testigo de Cristo resucitado (Hch 22,15; Hch 26,16), cuya realidad hace s\u00f3lida la fe (1Co 15,14), posible la comunidad ico 1,6), superable la persecuci\u00f3n (Ap I,9;Ap 12,1I;Ap 17,6). Si Lucas est\u00e1 preocupado por garantizar la certeza del n\u00facleo central de la fe frente a tradiciones no fiables, Juan, m\u00e1s profundamente, acent\u00faa el testimonio sobre todo lo que Jes\u00fas dijo de s\u00ed\u00ad, compartido por! Juan Bautista (Jn 1,7; Jn 1,19; Jn 1,32; Jn 1,34), por los disc\u00ed\u00adpulos (15,27), por el pueblo (12,17), por el Esp\u00ed\u00adritu (15,26), por el Padre (8,18), por las Escrituras (5,39), por ras:obras (5,36; 10,25). Este testimonio presupone la apertura a Cristo, la fe en \u00e9l m\u00e1s all\u00e1 de toda posibilidad probatoria. De este modo el testimonio veraz (Jn 17) hace que \u2020\u0153tambi\u00e9n vosotros cre\u00e1is\u2020\u009d (19,36; cf Un 5,6b-.11). A continuaci\u00f3n, a partir de la primera mitad del siglo n, el apelativo de testigo!m\u00e1rtir se reservar\u00e1 para los que hayan dado testimonio de Cristo a trav\u00e9s de la muerte cruenta.<br \/>\n1108<br \/>\nUn testimonio particular de Cristo es el que da la Iglesia cuando se encuentra unida en la fe. La principal unidad en la feas de tipo experiencial vivido: el estar y permanecer en Cristo (Jn 15,4) -el cual vive Ga 2,20), habita (Ef 3,17) en el hombre que come y bebe su sangre (Jn 6,54)- demanera que se es una sola cosa con el Padre y con los hermanos, \u2020\u0153para que el mundo crea que t\u00fa me has enviado\u2020\u009d(Jn 17,21). La unidad de fe, conciliable con la pluralidad de orientaciones teol\u00f3gicas, se refiere sobre todo ala verdad esencial: \u2020\u0153Hay un solo Se\u00f1or, una sola fe, un solo bautismo y un solo Dios, padre de todos, que est\u00e1 sobre todos, por todosyen todos\u2020\u009d (Ef 4,5-6), \u2020\u0153un solo pan\u2020\u009d (1Co 10,17), \u2020\u0153un solo pastor, un solo reba\u00f1o\u2020\u009d( Jn 10,16).<br \/>\n1109<br \/>\n2. Situaciones contrarias a la fe.<br \/>\nAunque no comprometa la unidad de la fe, el cisma rompe la caridad y hace menos cre\u00ed\u00adble la Iglesia delante del mundo (Jn 17,21). Como la separaci\u00f3n del reino del norte por motivos religiosos (IR 11,33) produjo confusiones idol\u00e1tricas (IR 12,28; IR 12,32) impidiendo la fuerza del testimonio entre las naciones, as\u00ed\u00ad las divisiones perturban la armon\u00ed\u00ada del cuerpo de Cristo que es la Iglesia (1Co 12,25). Esas divisiones provienen de la \u2020\u0153carne\u2020\u009d (Ga 5,20; ico 3,3-4), son signo de la falta de comprensi\u00f3n de la verdadera sabidur\u00ed\u00ada de la cruz (1Co 1,10; ico 1,18) y est\u00e1n en flagrante contraste con el significado de la cena (1Co 11,18) y con la unidad de origen y de finalidad de los carismas (1Co 12,11).<br \/>\nM\u00e1s grave que el cisma, que se limita a una grieta, a un desgarr\u00f3n en la comuni\u00f3n eclesial, la herej\u00ed\u00ada toca directamente a la fe, negada conscientemente en alguna verdad revelada. Desconocida en el AT por su limitado contenido intelectual, la herej\u00ed\u00ada, ya prevista por Jes\u00fas (Mt 24,5; Mt 24,11), se describe en los escritos paulinos como cristalizaci\u00f3n de tensiones en unos partidos o sectas, analogas a las de los jud\u00ed\u00ados ico 11,19); ataca la doctrina (Rm 16,17) y se caracteriza de este modo en los \u00faltimos escritos neotestamentarios: \u2020\u0153Habr\u00e1 entre vosotros falsos maestros, los cuales ense\u00f1ar\u00e1n doctrinas (hai-r\u00e9seis) de perdici\u00f3n, negar\u00e1n al Se\u00f1or que los redimi\u00f3 y se buscar\u00e1n una ruina fulminante\u2020\u009d (2P 2,1). La primera herej\u00ed\u00ada surgi\u00f3 entre los judaizantes que cre\u00ed\u00adan necesaria la circuncisi\u00f3n para la salvaci\u00f3n, haciendo in\u00fatil el valor de la cruz de Cristo (Hch 15,1; Hch 15,5; Ga 5,2). El mundo griego, ir\u00f3nico frente al anuncio evang\u00e9lico de Pablo (Hch 17,32), ten\u00ed\u00ada dificultad en admitir la resurrecci\u00f3n de los muertos (1Co 15,2; ico 15,11-17), limitaba el valor y la dignidad de la persona de Cristo (Col 2,8), negaba su \u2020\u0153venida en la carne\u2020\u009d (IJn 2,22-23; IJn 4,2-3; 2Jn 7). El que persiste obstinadamente en el error a pesarde las advertencias fraternas (Mt 18,15-17), se somete al juicio de Cristo o an\u00e1thema. Esta palabra, que pas\u00f3 de significar la consagraci\u00f3n a Dios mediante la destrucci\u00f3n en la guerra santa (herem: N\u00fam 21,2-3; Jos 6) a designar una separaci\u00f3n, se aplica al que pronuncia afirmaciones contrarias a la fe. Es anatema el que, \u2020\u0153deformando el evangelio de Cristo\u2020\u009d en favor de la necesidad de la circuncisi\u00f3n para la salvaci\u00f3n, cae bajo la maldici\u00f3n divina (Ga 1,7-9; ico 16,22). Pablo se alegra de ello, parad\u00f3jicamente, si con ello logra reunir con Cristo a sus connacionales (Rm 9,3). El anatema supone una separaci\u00f3n de la comunidad Tt3,10) con posterioridad al naufragio de la fe (lTm 1,19). El insulto al nombre de Jes\u00fas, como en otros tiempos al nombre de Yhwh (Lv 24,16), a trav\u00e9s de la blasfemia se opone directamente a la fe. En efecto, no se acepta entonces a Jes\u00fas como \u2020\u0153Hijo de Dios\u2020\u009d (Mt 26,63-65; Mc 15,29; Jn 10,33). No se trata de simple ignorancia, sino de rechazo voluntario de la revelaci\u00f3n divina, ilustrada por los milagros:<br \/>\natribu\u00ed\u00adrselos al demonio es una blasfemia contra el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Mt 12,31) imperdonable, ya que est\u00e1 en el origen de otras reacciones en cadena que fijan una situaci\u00f3n de cerraz\u00f3n total ante la palabra. En efecto, se rechaza no a un Dios lejano, sino experimentado ya en su obra de gracia y de luz; esta situaci\u00f3n se repetir\u00e1 en el tiempo de la Iglesia (Ap 2,9).<br \/>\n1110<br \/>\nIV. GNOSISicoNOCIMIENTO.<br \/>\nLa posibilidad de confesar o de atestiguar, as\u00ed\u00ad como.la de limitar el contenido de la fe, se deriva de su car\u00e1cter cognoscitivo o de gnosis. Esta palabra evoca espont\u00e1neamente la corriente espiritual (\u2020\u0153gnosticismo\u2020\u009d), tan compleja y no aclarada a\u00fan del todo, que floreci\u00f3 en el siglo II d.C, la cual pretende mediante el \u2020\u0153conocimiento de s\u00ed\u00ad, es decir, del hombre en cuanto Dios\u2020\u009d (H. Schlier), \u2020\u0153hecho part\u00ed\u00adcipe de la misma naturaleza divina, o sea, ante todo de la inmortalidad\u2020\u009d (R. Bultmann), conseguir la salvaci\u00f3n en el retorno a sus or\u00ed\u00adgenes. Expresi\u00f3n de una autosuficiencia humana, la gnosis es negaci\u00f3n de la fe y se ha de combatir, por tanto, en todas sus manifestaciones iniciales (1Co 1,17-21; lTm 6,20).<br \/>\nPero el NT utiliza el t\u00e9rmino \u2020\u0153gnosis\u2020\u009d para indicar el saber profundo y vital de la salvaci\u00f3n (Lc 1,77; Rm 15,14; ico 1,5; 2Co 2,14; 2Co 4,6; 2Co 8,7; 2Co 10,5; Flp 3,8; Col 2,3; Col 3,18); el conocimiento humilde y devoto de la voluntad de Dios (Rm 2,20); la libertad cristiana (1Co 8,1; ico 8,7; ico 8,10; ico 8,11); un don del Esp\u00ed\u00adritu para la profundiza-ci\u00f3n del dato revelado (1Co 12,8; ico 13,2), superior al hablar en lenguas (1Co 14,6), aunque destinado a desaparecer (1Co 13,14) y pose\u00ed\u00addo por Pablo (2Co 11,6<br \/>\nEl aspecto intelectual de la fe se expresa ordinariamente por el verbo conocer (ghinoskein), usado por Pablo en paralelo con creer. \u2020\u0153Caminar en la fe\u2020\u009d (2Co 5,7) y \u2020\u0153conocer imperfectamente\u2020\u009d, as\u00ed\u00ad como \u2020\u0153vivir en la fe del Hijo de Dios\u2020\u009d, equivale a \u2020\u0153conocer el amor de Cristo\u2020\u009d (Ga 2,20 y Ef 3,19), mientras que la \u2020\u0153fe en Cristo\u2020\u009d lleva a \u2020\u0153conocerle a \u00e9l y la virtud de su resurrecci\u00f3n\u2020\u009d (Flp 3,9-10). Este aspecto cognoscitivo puede percibirse en aquella evoluci\u00f3n del sentido de \u2020\u0153fe\u2020\u009d que pasa del acto del creer al objeto cre\u00ed\u00addo, el \u2020\u0153evangelio de la verdad\u2020\u009d (2Co 6,7; Col 1,5; Ef 1,3), \u2020\u0153el conocimiento de la verdad\u2020\u009d (lTm 2,4; 2Tm 3,7). Entonces \u2020\u0153la fe es el conocimiento (a partir del mensaje o\u00ed\u00addo) de la salvaci\u00f3n \u2020\u02dcya\u2020\u2122 realizado en Jesucristo y del \u2020\u02dctodav\u00ed\u00ada no\u2020\u2122 de su visi\u00f3n y plenitud\u2020\u009d (J. Pfammatter, 896). Este conocimiento, que no es dato puramente especulativo y te\u00f3rico, sino unidad en el amor, \u2020\u0153es un reflejo de la iniciativa divina de \u2020\u02dcconocer\u2020\u2122 al hombre, o sea, de llamarlo a la salvaci\u00f3n\u2020\u009d (R. Bultmann). El car\u00e1cter no individual, imperfecto, libre, de don, la uni\u00f3n en el amor, el no disponer del objeto conocido, sino \u2020\u0153dejarse determinar por lo que se co-noce\u2020\u009d(H. Schlier), \u2020\u0153en aquella \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n de amistad entre cognoscen-te y conocido\u2020\u009d (Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada), distingue con claridad al conocer b\u00ed\u00adblico del gn\u00f3stico; esto es especialmente evidente en Juan, en quien el conocimiento pierde el aspecto puramente intelectualista para convertirse en impulso, en v\u00ed\u00adnculo, en hechizo, en entrega a Cristo.<br \/>\nCreer y conocer resultan entonces intercambiables. La unidad de los suyos lleva al mundo a creer Jn 17,21) y a conocer (17,23) en Jes\u00fas al enviado del Padre. Creer que \u2020\u0153t\u00fa eres el mes\u00ed\u00adas, el hijo de Dios que ten\u00ed\u00ada que venir al mundo\u2020\u009d (11,27), es paralelo a \u2020\u0153conocer que \u00e9ste es el Cristo\u2020\u009d (7,26; cf 8,24 y 28; 14,2 y 20); hay una mutua prioridad (6,69; 8,31.32; 10,38; 17,8; 4,12; Un 4,16). Este conocer es penetraci\u00f3n del misterio de Cristo. \u2020\u0153Creer en la vida eterna\u2020\u009d (6,47) equivale a \u2020\u0153conocerte a ti, el \u00fanico Dios verdadero, y al que t\u00fa has enviado, Jesucristo\u2020\u009d (17,3). El acto de fe en Cristo es un movimiento del ser iluminado y consciente (4,42); es un venir a la luz semejante a un entender, a un saber, a un entrar en su misterio, que no es del mundo, sino de lo alto (17,14; 8,23), de Dios (6,46). Aunque muchas veces los dos verbos son intercambiables, creer contiene siempre el conocer (cf Un 2,4 y 6), que designa \u2020\u0153aquella comprensi\u00f3n superior que es peculiar del creyente\u2020\u009d (R. Bultmann). \u2020\u0153La fe se abre a una comprensi\u00f3n cada vez m\u00e1s profunda, a una uni\u00f3n m\u00e1s estrecha con la persona \u2020\u02dcconocida\u2020\u2122, a un mayor amor a ella; el \u2020\u02dcconocer\u2020\u2122 (por lo menos en el \u00e1mbito terrestre) va unido a la fe y por tanto viene preservado de un equ\u00ed\u00advoco m\u00ed\u00adstico o gn\u00f3stico\u2020\u009d (R. Schnac-kenburg, ha fejo\u00e1nica, en El evangelio seg\u00fan Juan 1, 550-551).<br \/>\n1111<br \/>\nV. FE Y VISION.<br \/>\nA diferencia del conocer, utilizado como paralelo del creer (Jn 6,69), el ver tiene una amplia gama de significados, indicando unas veces m\u00e1s y otras veces menos que la fe. En efecto, hay un ver que no conduce a la fe y aumenta la responsabilidad. Acercarse a Jes\u00fas s\u00f3lo exteriormente (6,2), sin un compromiso moral, constituye un ver que no es creer (6,36). Los signos son un medio para la fe; pero el hombre que se limita a su car\u00e1cter prodigioso y espectacular no merece la confianza de Jes\u00fas, que, conociendo la intimidad de los corazones (2,25), advierte la superficialidad de las relaciones con \u00e9l. \u2020\u0153Os aseguro que no me busc\u00e1is porque hab\u00e9is visto milagros, sino porque hab\u00e9is comido pan hasta hartaros\u2020\u009d (6,26). La visi\u00f3n de fe, por el contrario, lleva a comprender el valor cristol\u00f3gico de los milagros. El signo de Cana, como la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro, hacen ver la gloria de Dios (11,40), la de Jes\u00fas (2,11), es decir, aquella fuerza divina presente y operante en \u00e9l, la cual, derivada de Dios, tiende en definitiva a glorificarlo. Un ver superficial impide reconocer la misma \u2020\u0153materialidad\u2020\u009d del gesto de Jes\u00fas, el car\u00e1cter factual, la indubi-tabilidad, la validez jur\u00ed\u00addica, como aparece en el interrogatorio del ciego de nacimiento (c. 9) y del coloquio con Nicodemo (3,2).<br \/>\nSi el ver la persona de Jes\u00fas puede llevar a reconocerlo como \u2020\u0153Se\u00f1or y Dios\u2020\u009d (20,28), m\u00e1s afortunada es la condici\u00f3n de aquellos que llegan a la fe sin la visi\u00f3n (20,29). Tom\u00e1s desea ver para tener pruebas tangibles: desde la herida de los clavos hasta meter el dedo en la llaga. Aunque no se le descalifica -ya que esto lo lleva a reconocer a Cristo-, este \u2020\u0153ver\u2020\u009d resulta inferior a la fe que suscita s\u00f3lo la palabra (cf 10,38; 14,11). 0 mejor dicho: el valor de la visi\u00f3n depende de las circunstancias. El elogio del disc\u00ed\u00adpulo Juan, que \u2020\u0153vio y crey\u00f3\u2020\u009d (20,8), se basa en su fe espont\u00e1nea a falta de una Escritura clara (20,9), mientras que el reproche a Tom\u00e1s est\u00e1 provocado por su obstinaci\u00f3n ante los testimonios de los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos. En el futuro, ser\u00e1 el testimonio de \u00e9stos la base m\u00e1s s\u00f3lida para la fe (15,27). En definitiva, es s\u00f3lo la actitud de fe la que lleva a \u2020\u0153ver la vida\u2020\u009d (6,36), es decir, a tener una experiencia directa y personal de Cristo. Cuando Natanael se siente penetrado en alg\u00fan aspecto secreto de su vida (1,48), Jes\u00fas le promete la revelaci\u00f3n de otras realidades m\u00e1s escondidas. \u2020\u0153Cosas mayores que \u00e9stas ver\u00e1s. Os aseguro que ver\u00e9is el cielo abierto y a los \u00e1ngeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hom-bie\u2020\u009d (1,50-51). Esta realidad m\u00e1s profunda es el descubrimiento durante la vida, y especialmente en el momento de la cruz, de la \u2020\u0153gloria\u2020\u009d del Hijo del hombre (19,35-37); es un encuentro, m\u00e1s all\u00e1 y dentro de la humanidad de Jes\u00fas, con el mismo Padre: \u2020\u0153El que me ha visto a m\u00ed\u00ad ha visto al Padre\u2020\u009d (14,9); \u2020\u0153El que me ve a m\u00ed\u00ad ve al que me ha enviado\u2020\u009d (12,45). El momento m\u00e1s profundo de esta visi\u00f3n de la gloria no es una contemplaci\u00f3n sin velos de la realidad que se ha encontrado, no es una visi\u00f3n directa, sino siempre mediata: a Dios no lo ha visto nadie (1,18; 5,37). Aunque consiste en una participaci\u00f3n de la vida eterna, en un encuentro amoroso, en un paso de la muerte a la vida, lo mismo que el o\u00ed\u00adr, el conocer, el venir a la luz, el ver de la fe abraza s\u00f3lo una realidad escondida, no pose\u00ed\u00adda todav\u00ed\u00ada.<br \/>\nLa visi\u00f3n plena se reserva para el \u00faltimo d\u00ed\u00ada (cf 6,54), para el tiempo de la definitiva manifestaci\u00f3n, cuando \u2020\u0153lo veremos tal como es\u2020\u009d(l Jn 3,2). Si a trav\u00e9s de la humanidad de Cristo se supera aquel tipo de visi\u00f3n veterotes-tamentaria que se limitaba a una anticipaci\u00f3n de la absoluta trascendencia y sublimidad de Dios (Ex 3,3; IR 19,11; Is 6,1), no desaparece la distinci\u00f3n entre el \u2020\u0153ahora\u2020\u009d y \u2020\u0153luego\u2020\u009d. \u2020\u0153Ahora vemos como por medio de un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara\u2020\u009d (1Co 13,12), \u2020\u0153veremos la gloria de Cristo\u2020\u009d (Jn 17,24). El \u2020\u0153caminar en la fe y no en la visi\u00f3n\u2020\u009d (2Co 5,7), \u2020\u0153la vida en la carne\u2020\u009d (Flp 1,24 en espera del momento de \u2020\u0153aparecer con Cristo revestidos de gloria\u2020\u009d (Col 3,4), de \u2020\u0153ser arrebatados entre nubes por los aires al encuentro del Se\u00f1or\u2020\u009d (1 Tes 4,17), es tan s\u00f3lo garant\u00ed\u00ada y prueba de las realidades qu\u00e9 \u2020\u0153no se ven\u2020\u009d (Hb 11,1). La visi\u00f3n \u2020\u0153terrena\u2020\u009d y la \u2020\u0153celestial\u2020\u009d no son diversas cualitativamente, sino que se relacionan como principio y fin, como imperfecci\u00f3n y perfecci\u00f3n, como mediaci\u00f3n e inmediatez, como tensi\u00f3n y realizaci\u00f3n, como saboreo previo y posesi\u00f3n, como fundamento y causa final (DS 801; DS 799), como participaci\u00f3n y plena consumaci\u00f3n: la visi\u00f3n de Dios en Cristo, que el hombre posee actualmente, prefigura, tiende y exige la contemplaci\u00f3n directa del mismo misterio divino.<br \/>\n1112<br \/>\nVI. FE Y OBRAS.<br \/>\nEl an\u00e1lisis de las diversas dimensiones de la fe plantea el interrogante sobre sus relaciones con las capacidades humanas, con el obrar del hombre. Entre los diversos aspectos de esta problem\u00e1tica, nos limitamos a preguntarnos\u2020\u2122 si a Dios se le alcanza con la fe sola o si son necesarias las obras del hombre. Es decir, si \u00e9ste es auto-s\u00fcficiente respecto a la salvaci\u00f3n o si se encuentra en una incapacidad radical para alcanzarla. Procederemos en dos momentos. Ante todo, veremos c\u00f3mo relaciona la Biblia con la fe el conocimiento y la adquisici\u00f3n de la salvaci\u00f3n total como auto-rrealizaci\u00f3n terrena del hombre y uni\u00f3n plena con Dios; luego veremos c\u00f3mo el momento salv\u00ed\u00adfico inicial o justificaci\u00f3n es imposible sin la confianza y la obediencia al Se\u00f1or; de todo ello se deducir\u00e1 el sentido de las obras del hombre (para su an\u00e1lisis, cf \/ Obras).<br \/>\n1113<br \/>\n1. Fe ? salvaci\u00f3n.<br \/>\nEl primer gesto salv\u00ed\u00adfico es captado por la fe en la creaci\u00f3n. \u2020\u0153Por la fe conocemos que el mundo fue creado por la palabra de Dios, de suerte que lo visible tiene una causa invisible\u2020\u009d (Hb 11,3). Esta primera arquitectura (Jb 38,4-7) de Dios, \u2020\u0153del que proceden todas las cosas\u2020\u009d (1Co 8,6), revela la ternura divina y se convierte en el primer signo de la obra redentora de Cristo, \u2020\u0153primog\u00e9nito de toda la creaci\u00f3n\u2020\u009d (Col 1,15 ), cumplimiento como nuevo Ad\u00e1n (1Co 15,45) de la totalidad que ha sido hecha a trav\u00e9s de \u00e9l (Jn 1,3).<br \/>\nLa salvaci\u00f3n del octavo d\u00ed\u00ada (Ber-diaeff) es vista en el descubrimiento de un Dios que provoca y acompa\u00f1a la peregrinaci\u00f3n de Abrah\u00e1n, que ve la desgracia de su pueblo en Egipto, que lo saca fuera con mano fuerte y brazo extendido y lo conduce a un pa\u00ed\u00ads en el que fluye leche y miel; es decir, la fe destaca la fidelidad divina en la elecci\u00f3n, liberaci\u00f3n y asentamiento de un pueblo en la \u00c2\u00a1tierra, y en la conservaci\u00f3n de la dinast\u00ed\u00ada, del templo y de los profetas. Permite adem\u00e1s a los pobres de Yhwh, desde las confesiones de Jerem\u00ed\u00adas hasta la contestaci\u00f3n de Jb y los salmos de los \u2020\u02dcanaw\u00ed\u00adm, descubrir en el fracaso un medio doloroso de salvaci\u00f3n, a trav\u00e9s del grito de invocaci\u00f3n de Dios que llena el vac\u00ed\u00ado m\u00e1s absoluto:<br \/>\n\u2020\u0153Bueno es esperaren silencio el socorro del Se\u00f1or&#8230;, pues quiz\u00e1 haya a\u00fan esperanza\u2020\u009d (Lm 3,26; Lm 3,29).<br \/>\nLa fe es la condici\u00f3n para entrar en el \u00c2\u00a1 reino: \u2020\u0153Se ha cumplido el tiempo y el reino de Dios est\u00e1 cerca. Arrepentios y creed en el evangelio\u2020\u009d (Mc 1,15). S\u00f3lo en presencia de la fe Jes\u00fas realiza milagros: \u2020\u0153No hizo all\u00ed\u00ad muchos milagros por su falta de fe\u2020\u009d (Mt 13,58); \u2020\u0153Se le acercaron los ciegos, y Jes\u00fas les dijo: \u2020\u02dc,Cre\u00e9is que puedo hacer esto?\u2020\u2122 Le dijeron: \u2020\u02dcS\u00ed\u00ad, Se\u00f1or\u2020\u2122. Entonces les toc\u00f3 los ojos, diciendo: \u2020\u02dcH\u00e1gase en vosotros seg\u00fan vuestra fe\u2020\u009d (Mt 9,28-29). La fe obtiene adem\u00e1s aquella otra curaci\u00f3n espiritual que es \u00e9l perd\u00f3n de los pecados: \u2020\u0153Jes\u00fas, al ver su fe, dijo al paral\u00ed\u00adtico: \u2020\u02dcAnimo, hijo, tus pecados te son<br \/>\nperdonados\u2020\u009d\u2020\u2122 (Mt 9,2); de ello se benefician los samaritanos (Lc 17,16); los cananeos (Mc 7,26), los paganos. La fuerza que sale de Jes\u00fas no tiene m\u00e1s que una causa: \u2020\u0153Tu fe te ha sal-vado\u2020\u009d(Mc5,34; lOAS2). Efectivamente, creer en la palabra de Jes\u00fas es participar del poder que viene del Padre, y por tanto recibir una salvaci\u00f3n total que afecta al cuerpo, al alma, a la naturaleza. \u2020\u0153Os aseguro que si tuvierais fe como un grano de mostaza, dir\u00ed\u00adais a este monte: Vete de aqu\u00ed\u00ad all\u00e1, y se trasladar\u00ed\u00ada; nada os ser\u00ed\u00ada imposible\u2020\u009d Mt 17,20). Consciente de este poder, el demonio se esfuerza por \u2020\u0153llevarse la palabra de Dios de sus corazones para que no crean y se salven\u2020\u009d (Lc 8,12). Tambi\u00e9n en presencia de los ap\u00f3stoles la fe obra milagros: \u2020\u0153(Pablo), viendo que ten\u00ed\u00ada fe para ser curado (el cojo), dijo en alta voz:<br \/>\n\u2020\u02dcLev\u00e1ntate\u2020\u009d (Hch 14,10). \u2020\u0153Cree en Jes\u00fas, el Se\u00f1or, y te salvar\u00e1s t\u00fa y tu familia\u2020\u009d (Hch 16,31).<br \/>\nEs Pablo el que presenta desde su primera hasta su \u00faltima carta la fe como condici\u00f3n indispensable para la salvaci\u00f3n: \u2020\u0153Dios os ha escogido desde el principio para salvaros por la acci\u00f3n santificadora del Esp\u00ed\u00adritu y la fe en la verdad\u2020\u009d (2Ts 2,13). Esa fe\u2020\u2122 lleva \u2020\u0153a la adquisici\u00f3n de la incorrup-tibilidad gloriosa, participando de la gloria del Se\u00f1or. Los creyentes evitar\u00e1n la corrupci\u00f3n, la muerte, para vivir eternamente con Cristo\u2020\u009d (M.E. Boismard, La foi dans Saint Paul, 67). Desde ahora la salvaci\u00f3n supone la liberaci\u00f3n gradual de nuestros cuerpos de la esclavitud de la corrupci\u00f3n (Rm 8,20) mediante la fe en la resurrecci\u00f3n de Cristo. \u2020\u0153Si confiesas con tu boca que Jes\u00fas es el Se\u00f1or y crees en tu coraz\u00f3n que Dios lo resucit\u00f3 de entre los muertos, te salvar\u00e1s. Con el coraz\u00f3n se cree para la justicia, y con la boca se confiesa la fe para la salvaci\u00f3n\u2020\u009d (Rm 10,9-10). \u2020\u0153Hab\u00e9is resucitado tambi\u00e9n con Cristo por la fe en el poder de Dios\u2020\u009d (Col 2,12). Es un poder que la fe obtiene de la \u2020\u0153palabra\u2020\u009d, realidad inseparable del Esp\u00ed\u00adritu (Rm 1,16; Rm 8,11).<br \/>\n1114<br \/>\nEl proceso de identificaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n con la persona del salvador, ya claro en Pablo (lTm 4,10), se hace m\u00e1s profundo en Juan. Mientras que Pablo hace derivar la salvaci\u00f3n del misterio del Se\u00f1or muerto y resucitado, Juan la fundamenta \u2020\u0153en el yo mismo de Jes\u00fas Hijo de Dios, y es una salvaci\u00f3n que se percibe claramente como la plenitud de los bienes divinos comunicados al hombre\u2020\u009d (D. Mollat, La foi dans le quatrieme Evangile, 94). \u2020\u0153Lo que Dios quiere que hag\u00e1is es que cre\u00e1is en el que \u00e9l ha enviado\u2020\u009d (6,29). Equivalente a la conversi\u00f3n de los sin\u00f3pticos, el car\u00e1cter central de la fe resalta ya en el Bautista, convertido en el testigo para que todos crean (1,6). Creyendo que \u2020\u0153yo soy\u2020\u009d, el hombre evita morir en los pecados (8,24), se hace hijo de la luz (12,36), adquiere la vida (5,40; 6,40) y la bienaventuranza (20,29). Expresiones equivalentes o paralelas como \u2020\u0153acoger\u2020\u009d a Jes\u00fas (1,12; 5,43; 13,20), sus palabras (12,48), venir a el (540 6 35 7 37) seguirle (8 12 10 27) permanecer en el (154) en su palabra (8 31) en su amor (15,9), se condensan y se explicitan al mismo tiempo en la conclusi\u00f3n del evangelio, escrito \u2020\u0153para que cre\u00e1is que Jes\u00fas es el mes\u00ed\u00adas, el hijo de Dios, y para que creyendo teng\u00e1is vida en su nombre\u2020\u009d (20,31). Aun sin usar el sustantivo (excepto en 4,22)0 el verbo (excepto en 3,17; 5,34; 10,9; 11,12; 12, 27.47), Juan relaciona la fe y la salvaci\u00f3n en expresiones significativas, como tener la vida (6,47), la vida eterna (3,16), poseer una vida m\u00e1s all\u00e1 de la muerte (11,25), huir de la condenaci\u00f3n (3,18), tenerla certeza de la resurrecci\u00f3n (6,40), recibir una fuente que brota para la vida eterna (4,14), salir de las tinieblas (12,46).<br \/>\n1115<br \/>\n2, La justificaci\u00f3n por la fe exige las obras.<br \/>\nEspecialmente es en el momento inicial cuando el hombre es salvado por la fe. \u2020\u0153El hombre es justificado por la fe sin la observancia de la ley\u2020\u2122 (Rm 3,28). La exclusi\u00f3n no se refiere solamente al obraren conformidad con la ley mosaica, entendida como conjunto de normas jur\u00ed\u00addicas, rituales, \u00e9ticas, sino a cualquier acci\u00f3n o deseo del hombre. Aunque falta materialmente el adjetivo, el pensamiento de Pablo puede traducirse como justificaci\u00f3n por la sola fe, seg\u00fan se dice m\u00e1s claramente en G\u00e1latas: \u2020\u0153Sabemos que nadie se justifica por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo; nosotros creemos en Cristo Jes\u00fas para ser justificados por la fe de Cristo, no por las obras de la ley; porque nadie ser\u00e1 justificado por las obras de la ley\u2020\u2122 (Ga 2,16). La justificaci\u00f3n causada por la fe consiste en una verdadera transformaci\u00f3n interior del hombre, que se hace capaz de llevar una vida santa; no se limita a una declaraci\u00f3n jur\u00ed\u00addica, a una simple \u2020\u0153imputaci\u00f3n\u2020\u009d de los m\u00e9ritos de Cristo. Coincidiendo con el don del Esp\u00ed\u00adritu, fuente de santidad moral, la justificaci\u00f3n produce efectos reales; es lo que Pablo desarrolla al vincular el don del Esp\u00ed\u00adritu con el don de la \u00c2\u00a1justicia (Ga 3,2-5; Ga 5,22).<br \/>\nLa transformaci\u00f3n real crea en el hombre un dinamismo nuevo, un impulso a \u2020\u0153llevar una vida digna de Dios\u2020\u009d (lTs 2,12), a ejercer el amor fraterno, a conservar la santidad del cuerpo (lTs 2,14; lTs 4,1-12 cf lTs 5,23). Junto a la fe Pablo menciona con frecuencia la caridad y la esperanza (lTs 1,3; lTs 5,8) y usa f\u00f3rmulas que unen la fe y la acci\u00f3n, como cuando habla de \u2020\u0153la obra de vuestra fe\u2020\u009d (1 Tes 1,3) o de \u2020\u0153la fe que obra mediante la caridad\u2020\u009d (Ga 5,6). La \u2020\u0153sola fe, que ciertamente no es contraria a las obras, las exige para que uno sea encontrado irreprensible el d\u00ed\u00ada del juicio (1 Tes 5,23; cf Mt 25,43ss). Pero esto no es tanto obra del hombre, sino de Dios, que da amor y santidad (lTs 3,12-13; lTs 5,23-24); es \u2020\u0153fruto\u2020\u009ddel Esp\u00ed\u00adritu (Ga 5,22; Ez 36,27); es el mismo Esp\u00ed\u00adritu que vivificar\u00e1 alg\u00fan d\u00ed\u00ada nuestros cuerpos el motor de la vida moral. La vida nueva creada en el hombre es pura gracia, ya que \u2020\u0153sin m\u00ed\u00ad nada pod\u00e9is hacer\u2020\u009d (Jn 15,5 ); en efecto, \u2020\u0153hab\u00e9is sido salvados gratuitamente por la fe&#8230;, para hacer obras buenas tal y como \u00e9l dispuso de antemano\u2020\u009d (Ef 2,8; Ef 2,10).<br \/>\nLa continua insistencia en el valor y necesidad de la praxis acerca a \u00c2\u00a1Pablo a \/ Santiago (St 1,22 y Rm 2,13), que tiene algunas expresiones al menos aparentemente contrarias a la doctrina de la fe como ra\u00ed\u00adz de la justificaci\u00f3n. La dificultad no consiste tanto en considerar muerta a una fe sin obras (St 2,17), en lo que tambi\u00e9n Pablo podr\u00ed\u00ada estar de acuerdo, como en considerar las obras como causa de la justificaci\u00f3n, aunque s\u00f3lo sea parcial (St 2,24). No es cuesti\u00f3n de recurrir a la soluci\u00f3n f\u00e1cil de san Agust\u00ed\u00adn sobre la diversidad, de las obras, anteriores para Pablo, posteriores a la justificaci\u00f3n para Santiago; en efecto, incluso despu\u00e9s el hombre debe considerarse incapaz de llevar a t\u00e9rmino las exigencias de la ley nueva, es decir, del amor, si no quiere incurrir en el reproche dirigido a los jud\u00ed\u00ados (Rm 10,2-4). El acuerdo sustancial ha de buscarse en la diversa perspectiva de. los dos escritores. Si Pablo, al tratar sistem\u00e1ticamente de la justificaci\u00f3n, tiene raz\u00f3n en atribuirla a la fe, Santiago, partiendo de una tradici\u00f3n sapiencial sensible a la exaltaci\u00f3n de la acci\u00f3n del hombre, de una cristolog\u00ed\u00ada al servicio de la \u00e9tica, quiz\u00e1 ante ciertas desviaciones ya rechazadas por Pablo (Rm 3,8), se preocupa precisamente de evitar el inmovilismo y la inactividad. Aunque persiste cierta dificultad, el hecho de que Santiago entienda por \u2020\u0153justificaci\u00f3n\u2020\u009d no ya el primer momento de la salvaci\u00f3n, sino el segundo, el del testimonio vivido, el acuerdo sobre el valor de la palabra y el amplio campo de la \u2020\u0153diversidad\u2020\u2122 expresiva de la fe, permiten concluir que no se trata de ninguna \u2020\u0153contrariedad\u2020\u2122, aunque haya una \u2020\u0153contraposici\u00f3n\u2020\u2122, una \u2020\u0153lucha.<br \/>\n1116<br \/>\nVII. DON Y BUSQUEDA.<br \/>\nDe todo esto se deduce que la fe es puro don de Dios, es gracia. Si Dios no se abre al hombre atray\u00e9ndolo hacia s\u00ed\u00ad, resulta imposible creer. S\u00f3lo si Dios \u2020\u0153abre el coraz\u00f3n\u2020\u2122 (Hch 16,14), el hombre se hace capaz de \u2020\u0153vencer al mundo\u2020\u2122 (1Jn 5,4); en efecto, la fe es obra de Dios (Jn 6,29), no proviene de \u2020\u0153la carne ni la sangre\u2020\u2122 (Mt 16,17). \u2020\u0153Hab\u00e9is sido salvados gratuitamente por la fe; y esto no es cosa vuestra, es un don de Dios\u2020\u009d (Ef 2,8). Si reduj\u00e9semos la fe a una obra humana, introducir\u00ed\u00adamos de nuevo aquel \u2020\u0153gloriarse\u2020\u009d que pone un diafragma entre Dios y el hombre; s\u00f3lo el reconocimiento de la fe como don de Dios permite al hombre afirmar su propia incapacidad radical de salvaci\u00f3n. \u2020\u0153Los jud\u00ed\u00ados son inexcusables, no tanto por haber rechazado las acciones visibles de Cristo como por haberse opuesto al instinto interior y a la atracci\u00f3n de la doctrina\u2020\u009d (santo Tom\u00e1s). Es la iniciativa del Padre lo que da a los hombres a Jes\u00fas Jn 6,37). \u2020\u0153Nadie puede venir a m\u00ed\u00ad si el Padre que rae envi\u00f3 no lo trae&#8230; Todo el que escucha al Padre y acepta su ense\u00f1anza viene a m\u00ed\u00ad\u2020\u009d (Jn 6,44-45). Es decir, la fe no puede provenir solamente de Ja ense\u00f1anza y de los milagros de Jes\u00fas; se necesita una atracci\u00f3n del Padre. La pertenencia a Jes\u00fas es la consecuencia de una acci\u00f3n del Padre (Jn 10,26; Jn 10,29). Una adhesi\u00f3n a Cristo meramente humana, sin la atracci\u00f3n del Padre, termina con un triste abandono (17,12). \u2020\u0153En el origen de la fe hay una atracci\u00f3n divina que es m\u00e1s fundamental que la opci\u00f3n humana, m\u00e1s fundamental incluso que la mediaci\u00f3n visible de Jes\u00fas\u2020\u009d (A. Vanhoye, Notre fol, oeuvre divine, 354). Y el hon\u00ed\u00adbre, \u00bfno tiene nada que hacer para alcanzar la fe o para caminar en ella?<br \/>\nEs necesario que se ponga en actitud de b\u00fasqueda. Aunque en el AT el sujeto de buscar es Dios y en el NT no se habla de una b\u00fasqueda de la fe (Hch 13,8), Jes\u00fas le asegura al hombre que encontrar\u00e1 cuanto desee (Mt 7,7-8), como Zaqueo que consigui\u00f3 verlo (Lc 19,3), estando establecido que los hombres \u2020\u0153busquen a Dios, y a ver, si buscando a tientas lo pueden encontrar\u2020\u009d(Hch 17,27), af\u00ed\u00adn de buscar la justificaci\u00f3n en Cristo (Ga 2,17). La b\u00fasqueda humana es ya realmente una respuesta a una acci\u00f3n precedente de Dios que la purifica, la orienta hacia la atenci\u00f3n de la palabra, la conversi\u00f3n, la acogida de la fe. La b\u00fasqueda del hombre se concreta entonces en dejarse buscar por Dios. Esto significa ante todo insistir en la propia libertad en el momento del don para hacerse disc\u00ed\u00adpulos de una ense\u00f1anza del Padre, a fin de vivir en la obediencia a la verdad conocida. \u2020\u0153El que practica la verdad va a la luz\u2020\u009d (Jn 3,21). La samaritana se dej\u00f3 guiar cuando, puesta al descubierto en su condici\u00f3n moral, reconoci\u00f3 su situaci\u00f3n y exclam\u00f3: \u2020\u0153Se\u00f1or, veo que t\u00fa eres profeta\u2020\u009d (4,19). Los jud\u00ed\u00ados, por el contrario, ante la invitaci\u00f3n de \u2020\u0153hacer las obras de Dios\u2020\u009d en el sentido de acoger el designio de Dios sobre ellos, permanecieron firmes en su mentalidad de autosuficiencia al hacer las obras mandadas, en su disposici\u00f3n a aceptar tan s\u00f3lo despu\u00e9s de una atenta verificaci\u00f3n sobre la suficiencia de los signos (6,28-30). Cuando se convierten en defensores del s\u00e1bado y del honor de Dios, en realidad no salen del mundo estrecho de su autosuficiencia, cerrado a la circulaci\u00f3n de aire puro que viene del don de Dios. Es necesario el compromiso de realizar la obra del Padre con la conciencia que se nos da de realizarla.<br \/>\nAdem\u00e1s, en todos los momentos, el signo de la b\u00fasqueda sincera es la actitud de conversi\u00f3n basada en la humildad; \u00e9sta se manifiesta en el continuo camino asc\u00e9tico de eliminaci\u00f3n de aquellas actitudes ego\u00ed\u00adstas, de concentraci\u00f3n en s\u00ed\u00ad mismo y no en Dios, que obstaculizan la penetraci\u00f3n de la gracia divina, que quiere decir conducir o incrementar la fe.<br \/>\nBIBL.: Fe en los diccionarios b\u00ed\u00adblicos, espe\u2020\u2122 cialmente: Michael O., en DBNT 61 9-640; Duplacy J., en L\u00e9on-Dufour, X., Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona 1980\u2020\u009d, 327-335; Alfaro J., en Sacramentum Mundi III, Herder, Barcelona 19762, 95-106; Seckler M., en Dizionario Teol\u00f3gico, Q aeriniana, Brescia 1966, 637-661; Queralt ?., en Enciclopedia de la Biblia, Garriga, Barcelona 1963, III, 482-493; Ardusso, en Diccionario Teol\u00f3gico lnterdisci-plinarll, Sig\u00faeme, Salamanca 1982, 520-542; Harent<br \/>\n5., Foi, en DTCVI, 1924, 55-75; An-toine P., en \u2020\u02dcDBS II, 1938,276-31 0; De Bovis ?., en SAMV, 1964, 529-<br \/>\n619; Schnackenburg R.-Trustsh J.-Pannenberg W.-Schuster H.-Krautwing G., Glaube, en \u2020\u0153LTK\u2020\u009d IV, 19602, 913-931; BaumgArtel F.-Braun, en RGG 1, 19583, 1588-1611; WeiserA.-Bultmann R., Plst\u00e9u\u00f3, en GLNTX, 1975, 337-488; Wildb\u00e9r-ger H., \u2020\u02dcmn, en DTMATI, 276-31 9; Alfaro J., Fides in Terminolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, en \u2020\u0153Greg\u2020\u009d 42 (1961) 463-505; Id, Fol el existence, en \u2020\u0153NRT\u2020\u009d 100 (1968) 561-580; Id, Problem\u00e1tica teol\u00f3gica attuale della fede, en \u2020\u0153Teolog\u00ed\u00ada\u2020\u009d 6 (1981) 218-231; Id, La fe como entrega personal del hombre a Dios y como aceptaci\u00f3n del mensaje cristiano, en \u2020\u0153Con\u2020\u009d 21 (1967) 56-69; Benoit P., La fe en los evangelios sin\u00f3pticos, en Id, Ex\u00e9gesisy Teolog\u00ed\u00ada 1, Studium, Madrid 19742, 140-1 63 (=\u2020\u0153Lumi\u00e9re etVie\u2020\u009d 22 [1955] 45- 64; Boismard ME., La foi dans Saint Paul, en \u2020\u0153Lumi\u00e9re et Vie\u2020\u009d 22 (1955) 65-89; Braun, F.M., L\u2020\u2122accuellde la fol chez St. Jean, en \u2020\u0153RSR\u2020\u009d92 (.1955) 344-363; Decourtray ?., La conceptionjohannique de la fol, en \u2020\u0153NRT\u2020\u009d 81(1959) 561-577; Duplacy J., La fol dans lejuda\u00ed\u00adsme, en \u2020\u0153Lumi\u00e9re et Vie\u2020\u009d 22 (1955) 19- 43; Galbiati E., La fede nei personaggi della Bibbia, IPL, Mil\u00e1n 1969; Gelin ?., La fol dans l\u2020\u2122AT, en \u2020\u0153Lumi\u00e9re et Vie\u2020\u009d 22 (1955) 7-18; Hammann ?., La fol chr\u00e9tienne au Dieu de la cr\u00e9atio\u00f1, \u00e9n\u2020\u009dRNT\u2020\u009d 86 (1964) 1049- 1057; H\u00e9ljke J., La fede nella Bibbia, Ed. 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Milanesi, Mil\u00e1n 1961; Wildberger H., \u2020\u0153Glauben\u2020\u009dimAT, en \u2020\u0153ZTK\u2020\u009d65(1968) 129-159; Credereoggi4(1981)y 19(1984).<br \/>\n8. Marconcini<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Cat\u00f3lico de Teolog\u00eda B\u00edblica<\/b><\/p>\n<p>A) Acceso a la fe.<\/p>\n<p>B) Pre\u00e1mbulos de la fe.<\/p>\n<p>C) Naturaleza de la fe.<\/p>\n<p>D) Motivo de la fe.<\/p>\n<p>E) Fe y ciencia.<\/p>\n<p>F) Fe e historia.<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>A. NOMBRE pistis (pivsti\u00bb, 4102), primariamente, firme persuasi\u00f3n, convicci\u00f3n basada en lo o\u00ed\u00addo (relacionado con peitho, persuadir). Se usa en el NT siempre de fe en Dios o en Cristo, o en cosas espirituales. Esta palabra se usa de: (a) confianza (p.ej., Rom 3:25 [v\u00e9ase Nota (4) m\u00e1s adelante]; 1Co 2:5; 15.14,17; 2Co 1:24; Gl 3.23 [v\u00e9ase Nota (5) m\u00e1s adelante]; Phm 1:25; 2.17; 1Th 3:2; 2Th 1:3; 3.2; (b) fiabilidad (p.ej., Mat 23:23; Rom 3:3  \u00abla fidelidad de Dios\u00bb; Gl 5.22: \u00abfidelidad\u00bb, RVR77; Tit 2:10  \u00abfieles\u00bb); (c) por metonimia, aquello que es cre\u00ed\u00addo, el contenido de la fe, la fe (Act 6:7; 14.22; Gl 1.23; 3.25 [contrastar 3.23, bajo (a)]; 6.10; Phm 1:27; 1Th 3:10; Jud 3:20, y quiz\u00e1s 2Th 3:2); (d) una base para la fe, una certeza (Act 17:31); (e) una prenda de fidelidad, la fe empe\u00f1ada (1Ti 5:12). Los principales elementos en la fe en su relaci\u00f3n con el Dios invisible, en distinci\u00f3n a la fe en el hombre, quedan especialmente expuestos con la utilizaci\u00f3n de este nombre y de su verbo correspondiente, pisteuo (v\u00e9ase CREER, A, N\u00c2\u00ba 1); son: (1) una firme convicci\u00f3n, que produce un pleno reconocimiento de la revelaci\u00f3n o verdad de Dios (p.ej., 2Th 2:11,12); (2) una rendici\u00f3n personal a El (Joh 1:12); (3) una conducta inspirada por esta rendici\u00f3n (2Co 5:7). Seg\u00fan el contexto, uno u otro de estos elementos se destaca m\u00e1s. Todo ello est\u00e1 en contraste con la creencia en su puro ejercicio natural, que consiste en una opini\u00f3n mantenida de buena fe sin referencia necesaria a su prueba. El objeto de la fe de Abraham no era la promesa de Dios; ello fue la ocasi\u00f3n de su ejercicio. Su fe reposaba en el mismo Dios (Rom 4:17, 20,21). V\u00e9anse FIDELIDAD, FIEL. Notas: (1) En Heb 10:23, elpis, esperanza, es mal traducida \u00abfe\u00bb en la RV (RVR, RVR77: \u00abesperanza\u00bb). (2) En Act 6:8, los mss. m\u00e1s com\u00fanmente aceptados tienen caris, gracia, en lugar de pistis, fe (que es el t\u00e9rmino que aparece en TR; v\u00e9ase traducci\u00f3n de Besson). (3) En Mat 17:20, RVR, se sigue la sustituci\u00f3n de oligopistia: \u00abpoca fe\u00bb, siguiendo los mss. m\u00e1s com\u00fanmente aceptados, en lugar de apistia (TR), \u00abincredulidad\u00bb (RV). (4) En Rom 3:25, las diferentes revisiones de RV, as\u00ed\u00ad como Besson y NVI, conectan err\u00f3neamente la \u00abfe\u00bb con \u00aben su sangre\u00bb, como si la fe reposara sobre la sangre (esto es, la muerte) de Cristo; el en es instrumental; la fe reposa en la persona viviente; LBA traduce correctamente \u00aba quien Dios exhibi\u00f3 p\u00fablicamente como propiciaci\u00f3n por medio de su sangre a trav\u00e9s de la fe\u00bb; efectivamente: \u00abpor su sangre\u00bb tiene que ser relacionado con \u00abpropiciaci\u00f3n\u00bb. Cristo vino a ser una propiciaci\u00f3n por medio de su sangre; esto es, su muerte cruenta en sacrificio de expiaci\u00f3n por el pecado. (5) En Gl 3.23, aunque est\u00e1 el art\u00ed\u00adculo antes de \u00abfe\u00bb en el original, la fe se tiene que tomar aqu\u00ed\u00ad como bajo (a) m\u00e1s arriba, y como en el v. 22, y no como bajo (c), la fe; el art\u00ed\u00adculo es simplemente el de una menci\u00f3n repetida. (6) Para la diferencia entre la ense\u00f1anza de Pablo y de Santiago sobre la fe y las obras. (V\u00e9ase Notes on Galatians, por Hogg y Vine, pp. 117-119.) Nota: El nombre oligopistia: \u00abpoca fe\u00bb, se halla en Mat 17:20 en los mss. m\u00e1s com\u00fanmente aceptados; en TR, apistia, v\u00e9ase m\u00e1s arriba, Notas, (3). B. Adjetivo oligopistos (ojligovpisto\u00bb, 3640), lit.: peque\u00f1o de fe (oligos, peque\u00f1o; pistis, fe), es un t\u00e9rmino usado solamente por el Se\u00f1or, y como tierna reprensi\u00f3n, frente a la ansiedad (Mat 6:30 y Luk 12:28); al temor (Mat 8:26; 14.31; 16.8), siempre traducido en RV y RVR como \u00abhombre\/s de poca fe\u00bb.\u00c2\u00b6<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>v\u00e9ase Creer <\/p>\n<p>AA. VV., Vocabulario de las ep\u00ed\u00adstolas paulinas, Verbo Divino, Navarra, 1996<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p>Para la Biblia es la fe la fuente de toda la vida religiosa. Al designio que realiza Dios en el tiempo, debe el hombre responder con la fe. Siguiendo las huellas de Abraham, \u00abpadre de todos los creyentes\u00bb (Rom 4, 11), los personajes ejemplares del AT vivieron y murieron en la fe (Heb 11), que Jes\u00fas \u00ablleva a su perfecci\u00f3n\u00bb (Heb 12,2). Los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo son \u00ablos que han cre\u00ed\u00addo\u00bb (Act 2,44) y \u00abque creen\u00bb (lTes 1,7).<\/p>\n<p>La variedad del vocabulario hebreo de la fe refleja la complejidad de la actitud personal del creyente. Dos ra\u00ed\u00adces dominan sin embargo : aman (cf. *amen) evoca la solidez y la seguridad; batah, la seguridad y la *confianza. El vocabulario griego es todav\u00ed\u00ada m\u00e1s diverso. La religi\u00f3n griega, en efecto, no dejaba pr\u00e1cticamente lugar para la fe ; los LXX, que no dispon\u00ed\u00adan por tanto de palabras apropiadas para reproducir el hebreo, procedieron a tientas. A la ra\u00ed\u00adz hatah corresponden sobre todo: elpis, elpizo, pepoitha (Vulg.: spes, sperare, conf ido); a la ra\u00ed\u00adz aman: pistis, pisteuo, aletheia (Vulg.: lides, credere, veritas). En el NT las \u00faltimas palabras griegas, relativas a la esfera del conocimiento, resultan netamente predominan-tes. El estudio del vocabulario re-vela ya que la fe seg\u00fan la Biblia tiene dos polos: la confianza que se dirige a una persona \u00abfiel\u00bb y reclama al hombre entero; y por otra parte un proceso de la inteligencia, a la que una palabra o signos sirven para acercarse a realidades que no se ven (Heb 11,1).<\/p>\n<p>Abraham, padre de los creyentes. Yahveh llama a *Abraham, cuyo padre \u00abserv\u00ed\u00ada a otros dioses\u00bb en Caldea (los 24,2; cf. Jdt 5,6ss), y lepromete una tierra y una descendencia numerosa (G\u00e9n 12,1s). Contra toda verosimilitud (Rom 4,19), Abraham \u00abcree en Dios\u00bb (G\u00e9n 15,6) y en su palabra, obedece a esta *vocaci\u00f3n y pone toda su existencia en funci\u00f3n de esta *promesa. El d\u00ed\u00ada de la *prueba su fe ser\u00e1 capaz de sacrificar al hijo, en el que se est\u00e1 realizando ya la promesa (G\u00e9n 22); en efecto, para ella la *palabra de Dios es todav\u00ed\u00ada m\u00e1s verdadera que sus frutos: Dios es *fiel (cf. Heb 11,11) y todo *poderoso (Rom 4,21).<\/p>\n<p>Abraham es desde ahora el tipo mismo del creyente (Eclo 44,20). Es el precursor de los que descubrir\u00e1n al verdadero Dios (Sal 47,10; cf. G\u00e1l 3,8) o a su Hijo (Jn 8,31-41.56), a los que para su salud se remitir\u00e1n \u00fanicamente a Dios y a su palabra (1Mac 2,52-64; Heb 11,8-19). Un d\u00ed\u00ada se cumplir\u00e1 la promesa en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, descendencia de Abraham (G\u00e1l 3,16; Rom 4,18-25). Abraham ser\u00e1 entonces el \u00abpadre de una multitud de pueblos\u00bb (Rom 4, 17s; G\u00e9n 17,5): todos los que en la fe se unir\u00e1n con Jes\u00fas.<\/p>\n<p>AT. La fe de Israel tiene por objeto primero un acontecimiento : la liberaci\u00f3n de Egipto, y se expresa en una serie de f\u00f3rmulas. Con ocasi\u00f3n de las grandes fiestas del a\u00f1o, el israelita recuerda su Credo (Dt 26,5-10) y lo transmite a sus hijos (Ex 12, 26; 13,8; Dt 6,20). Israel no cree m\u00e1s que en su Dios : su historia es la de las vicisitudes y del desarrollo de su fe.<\/p>\n<p>I. LA FE, EXIGENCIA DE LA ALIANZA. El Dios de Abraham *visita en Egipto a su infortunado pueblo (Ex 3, 16). Llama a Mois\u00e9s, se le revela y le promete \u00abestar con \u00e9l\u00bb para llevar a Israel a su *tierra (Ex 3,1-15). Mois\u00e9s, \u00abcomo si viera lo invisible\u00bb, responde a este gesto divino con una fe que \u00abse mantendr\u00e1 firme\u00bb (Heb 11, 23-29) pese a eventuales flaquezas (N\u00fam 20,1-12; Sal 106,32s). Como *mediador comunica al pueblo el designio de Dios, mientras que sus *milagros indican el origen de su *misi\u00f3n. Israel es as\u00ed\u00ad llamado a \u00abcreer en Dios y en Mois\u00e9s, su servidor\u00bb (E 14,31; Heb 11 19) con absoluta confianza (N\u00fam 14,11; Ex 19,9).<\/p>\n<p>La *alianza consagra esta implicaci\u00f3n de Dios en la historia de Israel. En cambio, pide a Israel que *obedezca a la *palabra de Dios (Ex 19,3-9). Ahora bien, \u00ab*escuchar a Yahveh\u00bb es ante todo \u00abcreer en \u00e9l\u00bb (Dt 9,23; Sal 106,24s); la alianza exige, pues, la fe (cf. Sal 78,37). La vida y la muerte de Israel de-pender\u00e1n en adelante de su libre *fidelidad (Dt 30,15-20; 28; Heb 11,33) en mantener el am\u00e9n de la fe (cf. Dt 27,9-26) que ha hecho de \u00e9l el *pueblo de Dios. A pesar de las innumerables infidelidades de que est\u00e1 entretejida la historia de la traves\u00ed\u00ada del desierto, de la conquista de la tierra prometida y del estable-cimiento en Cana\u00e1n, esta epopeya pudo resumirse as\u00ed\u00ad: \u00abPor la fe cayeron las murallas de Jeric\u00f3&#8230; y me falta tiempo para hablar de Gede\u00f3n, Baraq, Sans\u00f3n, Jeft\u00e9, David\u00bb (Heb 11,30ss).<\/p>\n<p>Seg\u00fan las promesas de la alianza (Dt 7,17-24; 31,3-8), la omnipotente fidelidad de Yahveh se hab\u00ed\u00ada manifestado siempre al servicio de Israel, cuando Israel hab\u00ed\u00ada tenido fe en ella. As\u00ed\u00ad pues, proclamar estas maravillas del pasado como la gesta del Dios invisible era para Israel *confesar su fe (Dt 26,5-9; cf. Sal 78; 105) conservando la *memoria del amor de Yahveh (Sal 136).<\/p>\n<p>II. LOS PROFETAS DE LA FE DE ISRAEL EN PELIGRO. Las dificultades de la existencia de Israel hasta su ruina fueron una dura *tentaci\u00f3n para su fe. Los profetas denunciaron la *idolatr\u00ed\u00ada (Os 2,7-15; Jer 2,5-13) que suprim\u00ed\u00ada la fe en Yahveh, el formalismo cultual (Am 5,21; Jer 7,22s) que limitaba mortalmente sus exigencias, la prosecuci\u00f3n de la salud por la fuerza de las armas (Os 1,7; Is 31,1ss).<\/p>\n<p>Isa\u00ed\u00adas fue el m\u00e1s se\u00f1alado de estos heraldos de la fe (Is 30,15). Llama a Ajaz del *temor a la *confianza tranquila en Yahveh (7,4-9; 8,5-8) que mantendr\u00e1 sus promesas la casa de David (2Sa 7; Sal 89,21-38). Inspira a Ezequ\u00ed\u00adas la fe que permitir\u00e1 a Yahveh salvar a Jerusal\u00e9n (2Re 18-20). Por la fe descubre \u00e9l la parad\u00f3jica *sabidur\u00ed\u00ada de Dios (Is 19,11-15; 29,13-30,6; cf. iCor 1,19s).<\/p>\n<p>La fe de Israel estuvo especialmente amenazada en la ocasi\u00f3n de la toma de Jerusal\u00e9n y del *exilio. Israel, \u00abmiserable y pobre\u00bb (Is 41, 17), corr\u00ed\u00ada peligro de atribuir su suerte a la impotencia de Yahveh y de volverse hacia los dioses de Babilonia victoriosa. Los profetas proclaman entonces la omnipotencia del Dios de Israel (Jer 32,27; Ez 37,14), creador del mundo (Is 40,28s; cf. G\u00e9n 1), se\u00f1or de la historia (Is 41, 1-7; 44,24s), *roca de su pueblo (44,8; 50,10). Los *\u00ed\u00addolos no son nada (44,9-20). \u00abNo hay dios fuera de Yahveh\u00bb (44,6ss; 43,8-12; cf. Sal 115,7-11): pese a todas las apariencias, merece siempre una confianza total (Is 40,31; 49,23).<\/p>\n<p>III. Los PROFETAS Y LA FE DEL ISRAEL FUTURO. En conjunto, Israel no escuch\u00f3 el llamamiento lanzado por los profetas (Jer 29,19). Para oirlo hubiera debido primero creer en los profetas (Tob 14,4), como en otro tiempo en Mois\u00e9s (Ex 14,31). Pero tambi\u00e9n le hablaban falsos profetas (Jer 28,15; 29,31): \u00bfc\u00f3mo discernir los verdaderos de los falsos (23,9-32; Dt 13,2-6; 18,9-22)? Sin embargo, la verdadera dificultad se hallaba en la fe misma, por raz\u00f3n de su contenido, de su objeto, de sus exigencias.<\/p>\n<p>1. La fe personal de los profetas. En primer lugar en los *profetas mismos se transmite la autenticidad de la fe. El fracaso de su predicaci\u00f3n los forzaba a renovar su fe en la *vocaci\u00f3n y en la *misi\u00f3n recibidas de Dios (cf. Heb 11,33-40). A veces se manten\u00ed\u00ada inquebrantable desde los or\u00ed\u00adgenes (Is 6; &#8216;8.17; 12,2; 30,18); a veces vacilaba antes de afirmarse frente a un llamamiento exigente (Jer 1) o era probada por una aparente ausencia de Dios (1Re 19; Jer 15,10-21; 20,7-18), antes de llegar a una tranquila firmeza (Jer 26; 37-38). Esta fe irradiaba en un grupo m\u00e1s o menos amplio de *disc\u00ed\u00adpulos (Is 8,16; Jer 45), que constitu\u00ed\u00ada por adelantado el resto prometido.<\/p>\n<p>2. La fe del pueblo venidero. El fracaso del llamamiento a arrastrar a Israel entero por el camino de la fe induce a los profetas a profundizar las promesas del Dios fiel y a aguardar en el futuro la fe perfecta. El Israel futuro ser\u00e1 reunido por la fe en la *piedra misteriosa de Si\u00f3n (Is 28,16; cf. lPe 2,6s); el *resto de Israel ser\u00e1 un pueblo de *pobres a los que re\u00fane su *confianza en Dios (Miq 5,6s; Sof 3,12-18). En efecto, s\u00f3lo \u00abel justo vivir\u00e1, por su fidelidad (LXX = su fe)\u00bb (Hab 2,4); la salvaci\u00f3n es para los que superan la *prueba (Mal 3,13-16). En estas visiones del futuro la fe se llama *conocimiento (Jer 31,33s), y supone que Dios ha renovado definitivamente los *corazones (32,39s; Ez 36, 26) haci\u00e9ndolos perfectamente *obedientes (36,27). Supone finalmente el sacrificio del *siervo de Yahveh: en una prueba que va hasta la muerte (Is 50,6; 53), la fe \u00abendurece su rostro\u00bb en una confianza absoluta en Dios (50,7ss; cf. Lc 9,51), que el porvenir justificar\u00e1 plenamente (Is 53,I4ss; cf. Sal 22).<\/p>\n<p>Ahora bien, el pueblo venidero no comprende solamente al Israel hist\u00f3rico, sino que se extiende incluso a las *naciones. La *misi\u00f3n del siervo las alcanza efectivamente (Is 42, 4; 49,6). El Israel futuro, pueblo de la fe, se abre a todos los que reconocen al Dios \u00fanico (43,10), lo *confiesan (45,14; 52,15s; cf. Rom 10, 16) y cuentan con su poder para ser salvos (Is 51,5s).<\/p>\n<p>IV. HACIA LA REUNI\u00ed\u201cN DE LOS CREYENTES. En los siglos que siguen al exilio la comunidad jud\u00ed\u00ada tiende a configurarse al Israel futuro anunciado por los profetas, aunque sin llegar a vivir en una verdadera \u00abasamblea de creyentes\u00bb (lMac 3,13).<\/p>\n<p>1. La fe de los sabios, de los pobres y de los m\u00e1rtires. Como los profetas, tambi\u00e9n los sabios de Israel sab\u00ed\u00adan hac\u00ed\u00ada tiempo que para ser \u00absalvos\u00bb s\u00f3lo pod\u00ed\u00adan contar con Yahveh (Prov 20,22). Cuando toda salvaci\u00f3n resulta inaccesible en el plano visible, la *sabidur\u00ed\u00ada requiere una confianza total en Dios (Job 19,25s), con una fe que sabe que Dios es siempre omnipotente (Job 42,2). En esto est\u00e1n los sabios muy cerca de los *pobres que cantaron su confianza en los salmos.<\/p>\n<p>El salterio entero proclama la fe de Israel en Yahveh, Dios \u00fanico (Sal 18,32; 115), creador (8; 104) todo-poderoso (29), se\u00f1or fiel (89) y misericordioso (136) para con su pueblo (105), rey universal del futuro (47; 96-99). No pocos salmos expresan la confianza de Israel en Yahveh (44; 74; 125). Pero los m\u00e1s altos testimonios de fe son *oraciones, en las que la fe de Israel se expansiona .en una confianza individual de rara calidad. Fe del justo perseguido, en Dios que lo salvar\u00e1 ta: de q temprano (7; 11; 27; 31; 62); confianza del pecador en la misericordia de Dios (40, 13-18; 51; 130); seguridad apacible en Dios (4; 23; 121; 131) m\u00e1s fuerte que la muerte (16; 49; 73): tal es la oraci\u00f3n de lospobres, reunidos por la certeza de que por encima de toda prueba (22) les reserva Dios la buena nueva (Is 61,1 ; cf. Lc 4,18) y la posesi\u00f3n de la tierra (Sal 37,11; cf. Mt 5,4).<\/p>\n<p>Por primera vez sin duda en su historia (cf. Dan 3) se enfrenta Israel despu\u00e9s del exilio con una sangrienta *persecuci\u00f3n religiosa (IMac 1,62ss; 2,29-38; cf. Heb 11,37s). Los *m\u00e1rtires mueren no s\u00f3lo a pesar de su fe, sino por causa de la misma. Sin embargo, la fe de los m\u00e1rtires no flaquea al afrontar esta suprema ausencia de Di s (IMac 1,62); incluso se profundiza hasta esperar, por la fidelidad de Dios, la *resurrecci\u00f3n (2Mac 7; Dan 12,2s) y la inmortalidad (Sab 2,19s; 3,1-9). As\u00ed\u00ad la fe personal, afirm\u00e1ndose cada vez m\u00e1s, re\u00fane poco a poco el *resto, beneficiario de las promesas (Rom 11,5).<\/p>\n<p>2. La fe de los paganos convertidos. Por la misma \u00e9poca pasa por Israel una corriente misionera. Como en otro tiempo Naam\u00e1n (2Re 5), no pocos paganos creen en el Dios de Abraham (cf. Sal 47,10). Entonces se escribe la historia de los ninivitas, a los que la predicaci\u00f3n de un solo profeta, para verg\u00fcenza de Israel, induce a \u00abcreer en Dios\u00bb (Ion 3,4s; cf. Mt 12(41); la de la conversi\u00f3n de Nabucodonosor (Dan 3-4) o de Ajior, que \u00abcree y entra en la casa de Israel\u00bb (Jdt 14,10; cf. 5,5-21): Dios deja a las *naciones el tiempo de \u00abcreer en \u00e9l\u00bb (Sab 12,2; cf. Eclo 36,4).<\/p>\n<p>3. Las imperfecciones de la fe de Israel. La persecuci\u00f3n suscita m\u00e1rtires, pero tambi\u00e9n combatientes que se niegan a morir sin luchar (IMac 2,39ss) para liberar a Israel (2,11). Contaban con Dios para que les procurase la *victoria en una lucha desigual (2,49-70; cf. Jdt 9,11-14). Fe, admirable en s\u00ed\u00ad misma (cf. Heb 11,34.39), pero que coexist\u00ed\u00ada con una cierta confianza en la *fuerza humana.<\/p>\n<p>Otra imperfecci\u00f3n amenazaba a la fe de Israel. M\u00e1rtires y combatientes hab\u00ed\u00adan muerto por fidelidad a Dios y a la *ley (IMac 1,52-64). Israel, en efecto, hab\u00ed\u00ada acabado por comprender que la fe implicaba la *obediencia a las exigencias de la alianza. En esta l\u00ed\u00adnea estaba amenazada por el peligro al que sucumbir\u00e1n no pocos *fariseos: el formalismo que se interesaba m\u00e1s por las exigencias rituales que por los llamamientos religiosos y morales de la *Escritura (Mt 23,13-30), *soberbia que se fiaba m\u00e1s del hombre y de sus *obras para su justificaci\u00f3n, que de Dios s\u00f3lo (Lc 18,9-14).<\/p>\n<p>La confianza de Israel en Dios no era, pues, pura, en parte porque segu\u00ed\u00ada subsistiendo un velo entre su fe y el designio de Dios anunciado por la Escritura (2Cor 3,14). Por lo de-m\u00e1s, la verdadera fe s\u00f3lo se hab\u00ed\u00ada prometido al Israel futuro. Por su parte los paganos pod\u00ed\u00adan compartir dif\u00ed\u00adcilmente una fe que por lo pronto desembocaba en una *esperanza nacional o en exigencias rituales demasiado pesadas. Adem\u00e1s, \u00bfqu\u00e9 hubieran ganado con ello (Mt 23, 23)? Finalmente, adherirse a la fe de los pobres no pod\u00ed\u00ada hacer a los paganos participar en una salvaci\u00f3n que no era todav\u00ed\u00ada m\u00e1s que una esperanza. As\u00ed\u00ad pues, Israel, y las naciones, no ten\u00ed\u00adan otra salida sino esperar a aquel que llevar\u00ed\u00ada la fe a su perfecci\u00f3n (Heb 12,2; cf. 11, 39s) y recibir\u00ed\u00ada el Esp\u00ed\u00adritu \u00abobjeto de la promesa\u00bb (Act 2,33).<\/p>\n<p>NT. 1. LA FE EN EL PENSAMIENTO Y EN LA VIDA DE JES\u00daS. 1. Las preparaciones. La fe de los *pobres (cf. Le 1,46-55) es la que acoge el primer anuncio de la salvaci\u00f3n. Imperfecta en Zacar\u00ed\u00adas (1,18ss; cf. G\u00e9n 15,8), ejemplar en Mar\u00ed\u00ada (Lc 1,35ss.45; cf. G\u00e9n 18,4), compartida poco a poco por otros (Le 1-2 p). no se deja ocultar la iniciativa divina por la humildad de las apariencias. Los que creen en Juan Bautista son tambi\u00e9n pobres, conscientes de su pecado, y no *fariseos soberbios (Mt 21,23-32). Esta fe los re\u00fane sin que ellos se percaten alrededor de Jes\u00fas, venido en medio de ellos (3, 11-17 p), y los orienta hacia la fe en \u00e9l (Act 19,4; cf. Jn 1,7).<\/p>\n<p>2. La fe en Jes\u00fas y en su palabra. Todos pod\u00ed\u00adan \u00aboir y ver\u00bb (Mt 13,13 p) la *palabra y los *milagros de Jes\u00fas, que proclamaban la venida del reino (11,3-6 p: 13,16-17 p). Pero \u00abescuchar la palabra\u00bb (11,15 p; 13,19-23 p) v \u00abhacerla\u00bb (7,24-27 p ; cf. Dt 5, 27), *ver verdaderamente, en una palabra: creer (Mc 1,15; Lc 8,12; cf. Dt 9,23), fue cosa propia de los *disc\u00ed\u00adpulos (Lc 8,20 p). Por otra par-te, palabra y milagros planteaban la cuesti\u00f3n: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es \u00e9ste?\u00bb (Mc 5, 41; 6,1-6.14ss p). Esta cuesti\u00f3n fue una *prueba para *Juan Bautista (Mt 11,2s) y un *esc\u00e1ndalo para los fariseos (12,22-28 p; 21,23 p). La fe requerida para los milagros (Lc 7, 50; 8,48) s\u00f3lo respond\u00ed\u00ada a esta cuesti\u00f3n parcialmente reconociendo la omnipotencia de Jes\u00fas (Mt 8,2; Mc 9,22s). Pedro dio la verdadera respuesta : \u00abT\u00fa eres el Cristo\u00bb (Mt 16,13-16 p). Esta fe en Jes\u00fas une ya desde ahora a los disc\u00ed\u00adpulos con \u00e9l y entre s\u00ed\u00ad haci\u00e9ndoles compartir el secreto de su persona (16,18-20 p).<\/p>\n<p>En torno a Jes\u00fas que es *pobre (11,20) y se dirigi\u00f3 a los pobres (5, 2-10 p; 11,5 p) se constituy\u00f3 as\u00ed\u00ad una comunidad de pobres, de \u00abpeque\u00f1os\u00bb (10,42), cuyo v\u00ed\u00adnculo, m\u00e1s precioso que nada, es la fe en \u00e9l y en su pa-labra (18,6-10 p). Esta fe viene de Dios (11,25 p; 16,17) y ser\u00e1 con-partida un d\u00ed\u00ada por las *naciones (8, 5-13 p; 12,38-42 p). Las profec\u00ed\u00adas se cumplen.<\/p>\n<p>3. La perfecci\u00f3n de la fe. Cuando Jes\u00fas, el siervo, emprende el camino de Jerusal\u00e9n para *obedecer hasta la *muerte (Flp 2,7s), \u00abendurece su rostro\u00bb (Lc 9,51 ; cf. Is 50,7). En presencia de la muerte \u00ablleva a su *perfecci\u00f3n\u00bb la fe (Heb 12,2) de los pobres (Le 23,46 = Sal 31,6; Mt 27,46 p = Sal 22), mostrando una confianza absoluta en \u00abel que pod\u00ed\u00ada\u00bb, por la resurrecci\u00f3:i, \u00absalvarle de la muerte\u00bb (Heb 5,7).<\/p>\n<p>Los disc\u00ed\u00adpulos, a pesar de su conocimiento de los *misterios del reino (Mt 13,11 p), se lanzaron con dificultad por el camino, per el que deb\u00ed\u00adan *seguir en la fe al *Hijo del hombre (16,21-23 p). La confianza que excluye todo *cuidado y todo *temor (Lc 12,22-32 p) no les era habitual (Mc 4,35-41; Mt 16,5-12 p). Consiguientemente, la *prueba de la pasi\u00f3n (Mt 26,41) ser\u00e1 para ellos un *esc\u00e1ndalo (26,33). Lo que entonces ven exige mucho a la fe (cf. Mc 15, 31s). La misma fe de Pedro, aunque no desapareci\u00f3, pues Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada orado por ella (Lc 22,32), no tuvo el valor de afirmarse (22,54-62 p). La fe de los disc\u00ed\u00adpulos ten\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada que dar un paso decisivo para llegar a ser la fe de la Iglesia.<\/p>\n<p>II. LA FE DE LA IGLESIA. 1. La fe pascual. Este paso lo dieron los disc\u00ed\u00adpulos cuando, despu\u00e9s de no pocas vacilaciones (Mt 28,17; Mc 16,11-14; Le 24,11), creyeron en la *resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. *Testigos de todo lo que hab\u00ed\u00ada dicho y hecho Jes\u00fas (Act 10,39), lo proclaman \u00abSe\u00f1or y Cristo\u00bb, en quien se cumplen invisiblemente las promesas (2,33-36). Su fe es ahora capaz de ir \u00abhasta la sangre\u00bb (cf. Heb 12,4). Hacen llamamiento a sus oyentes para que la compartan a fin de participar de la promesa obteniendo la remisi\u00f3n de sus pecados (Act 2,38s; 10,43). Ha nacido la fe de la Iglesia.<\/p>\n<p>2. La fe en la palabra. Creer es, en primer lugar, acoger esta *predicaci\u00f3n de los testigos, el *Evangelio (Act 15,7; lCor 15,2), la *palabra (Act 2,41; Rom 10,17; IPe 2,8), *confesando a Jes\u00fas como *se\u00f1or (ICor 12,3; Rom 10,9; cf. lJn 2,22). Este mensaje inicial, transmitido como una *tradici\u00f3n (lCor 15,1-3), podr\u00e1 enriquecerse y precisarse en una *ense\u00f1anza (lTim 4,6; 2Tim 4,1-5): esta palabra humana ser\u00e1 siempre para la fe la palabra misma de Dios (ITes 2,13). Recibir-la es para el pagano abandonar los *\u00ed\u00addolos y volverse hacia el *Dios vivo y verdadero (1Tes 1,8ss), y para todos es reconocer que el *Se\u00f1or Jes\u00fas realiza el designio de Dios (Act 5,14; 13,27-37; cf. lJn 2,24). Es *confesar al Padre, al Hijo y al Esp\u00ed\u00adritu Santo recibiendo el *bautismo (Mt 28,19).<\/p>\n<p>Esta fe, como lo ver\u00e1 Pablo, abre a la inteligencia \u00ablos tesoros de la *sabidur\u00ed\u00ada y de *conocimiento\u00bb que hay en Cristo (Col 2,3): la sabidur\u00ed\u00ada misma de Dios revelada por el Esp\u00ed\u00adritu (lCor 2), tan diferente de la sabidur\u00ed\u00ada humana (lCor 1,17-31; cf. Sant 2,1-5; 3,13-18; cf. Is 29,14) y el conocimiento de Cristo y de su amor (Flp 3,8; Ef 3,19; cf. IJn 3,16).<\/p>\n<p>3. La fe y la vida del bautizado. El que ha cre\u00ed\u00addo en la palabra, introducido en la Iglesia por el bautismo, participa en la ense\u00f1anza, en el esp\u00ed\u00adritu, en la \u00abliturgia\u00bb de la Iglesia (Act 2,41-46). En efecto, en ella realiza Dios su *designio obrando la salvaci\u00f3n de los que creen (2,47; lCor 1,18): la fe se desarrolla en la &#8216;obediencia a este designio (Act 6,7; 2Tes 1,8). Se despliega en la actividad (1Tes 1,3; Sant 1,21s) de una vida moral fiel a la *ley de Cristo (G\u00e1l 6,2; Rom 8,2; Sant 1,25; 2, 12); act\u00faa por medio del *amor fraterno (G\u00e1l 5,6; Sant 2,14-26). Se mantiene en una *fidelidad capaz de afrontar la muerte a ejemplo de Jes\u00fas (Heb 12; Act 7,55-60), en una *confianza absoluta en aquel \u00aben quien ha cre\u00ed\u00addo\u00bb (2Tim 1,12; 4,17s). Fe en la palabra, obediencia en la confianza : tal es la fe de la Iglesia, que separa a los que se pierden de los que se salvan (2Tes 1,3-10; lPe 2,7s; Mc 16,16).<\/p>\n<p>III. SAN PABLO Y LA SALVACI\u00ed\u201cN POR LA FE. Para la Iglesia naciente como para Jes\u00fas, la fe era un don de Dios (Act 11,21ss; 16,14; cf. lCor 12,3). Cuando se convert\u00ed\u00adan paganos, era, pues, Dios mismo quien \u00abpurificaba su coraz\u00f3n por la fe\u00bb (Act 11,18; 14,27; 15,7ss). \u00abPor haber cre\u00ed\u00addo\u00bb recib\u00ed\u00adan el mismo Esp\u00ed\u00adritu que los jud\u00ed\u00ados creyentes (11,17). Fueron por tanto acogidos en la Iglesia.<\/p>\n<p>1. La fe y la ley jud\u00ed\u00ada. Pero no tard\u00f3 en surgir un problema : \u00bfhab\u00ed\u00ada que someterlos a la circuncisi\u00f3n y a la *ley jud\u00ed\u00ada (Act 15,5; G\u00e1l 2,4)? Pablo, de acuerdo con los responsables (Act 15; G\u00e1l 2,3-6), estima absurdo forzar a los paganos a \u00abjudaizar\u00bb, pues la fe en Jesucristo es la que ha salvado a los jud\u00ed\u00ados mismos (G\u00e1l 2,15s). As\u00ed\u00ad pues, cuando se quiso imponer la circuncisi\u00f3n a los cristianos de Galacia (5,2; 6,12), comprendi\u00f3 Pablo f\u00e1cilmente que aquello era anunciar otro *Evangelio (1,6-9). Esta nueva crisis fue para \u00e9l ocasi\u00f3n de una reflexi\u00f3n en profundidad acerca del car\u00e1cter de la *ley y de la fe en la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde Ad\u00e1n (Rom 5,12-21) todos los hombres, paganos o jud\u00ed\u00ados, son culpables delante de Dios (1,18-3, 20). La ley misma, hecha para la vida, no ha engendrado sino el *pe-cado y la *muerte (7,7-10; G\u00e1l 3, 10-14.19-22). La venida (G\u00e1l 4,4s) y la muerte de Cristo ponen fin a esta situaci\u00f3n manifestando la *justicia de Dios (Rom 3,21-26; G\u00e1l 2,19ss) que se obtiene por la fe (G\u00e1l 2,16; Rom 3,22; 5,2). Ha terminado, pues, la&#8217; funci\u00f3n de la ley (G\u00e1l 3,23-4,11). Se vuelve al r\u00e9gimen de la *promesa &#8211; realizada ahora en Jes\u00fas (G\u00e1l 3, 15-18) -: como Abraham, los cristianos son justificados por la fe, sin la ley (Rom 4; G\u00e1l 3,6-9; cf. G\u00e9n 15, 6; 17,11). Adem\u00e1s, seg\u00fan los profetas, el justo deb\u00ed\u00ada vivir por la fe (Hab 2,4 = G\u00e1l 3,11; Rom 1,17), y el *resto de Israel (Rom 11,1-6) deb\u00ed\u00ada salvarse por la sola fe en la *piedra asentada por Dios (Is 28, 16 = Rom 9,33; 10,11), lo cual le permit\u00ed\u00ada abrirse a las *naciones (Rom 10,14-21; I Pe 2,4-10).<\/p>\n<p>2. La fe y la ,gracia. \u00abEl hombre es justificado por la fe sin las *obras de la ley\u00bb (Rom 3,28; G\u00e1l 2,16). Esta afirmaci\u00f3n de Pablo descarta la ley jud\u00ed\u00ada; pero, todav\u00ed\u00ada m\u00e1s profundamente, significa que la salvaci\u00f3n no es nunca algo debido, sino una *gracia de Dios acogida por la fe (Rom 4,4-8). Cierto que Pablo no ignora que la fe debe \u00abobrar\u00bb (G\u00e1l 5,6; cf. Sant 2,14-26) en la docilidad al Esp\u00ed\u00adritu recibido en el bautismo (G\u00e1l 5,13-26; Rom 6; 8,1-13). Pero subraya en\u00e9rgicamente que el creyente no puede ni \u00abgloriarse\u00bb de \u00absu propia justicia\u00bb ni apoyarse en sus obras, como lo hac\u00ed\u00ada Saulo el fariseo (Flp 3,4.9; 2Cor 11,16-12,4). Aun cuando \u00absu conciencia no le reproche nada\u00bb delante de Dios (ICor 4,4), cuenta s\u00f3lo con Dios, que \u00abobra en \u00e9l el querer y el hacer\u00bb (Flp 2, 13). Realiza, pues, su salvaci\u00f3n \u00abcon temor y temblor\u00bb (F1p 2,12), pero tambi\u00e9n con una gozosa esperanza (Rom 5,1-11; 8;14-39): su fe le ase-gura \u00abel amor de Dios manifestado en Cristo Jes\u00fas\u00bb (Rom 8,38s; Ef 3, 19). Gracias a Pablo. !a fe pascual, vivida por la comunidad primitiva, adquiri\u00f3 clara conciencia de s\u00ed\u00ad misma. Se deshizo de las impurezas y de los l\u00ed\u00admites que afectaban a la fe de Israel. Es plenamente la fe de la Iglesia.<\/p>\n<p>IV. LA FE EN EL VERBO HECHO CARNE. Al final del NT la fe de la Iglesia medita con san Juan sobre sus or\u00ed\u00adgenes. Como para mejor afrontar el porvenir, vuelve a aquel que le ha dado su perfecci\u00f3n. La fe de que habla Juan es la misma de los sin\u00f3pticos. Agrupa a la comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos en torno a Jes\u00fas (Jn 10, 26s; cf. 17,8). Orientada por Juan Bautista (1,34s; 5,33s), descubre la gloria de Jes\u00fas en Can\u00e1 (2,11). \u00abRecibe sus palabras\u00bb (12,46s) y \u00abescucha su voz\u00bb (10,26s; cf. Dt 4,30). Se afirma por la boca de Pedro en Cafarnaum (6,70s). La pasi\u00f3n es para ella una prueba (14,1.28s ; cf. 3,14s) y la resurrecci\u00f3n su objeto decisivo (20,8.25-29).<\/p>\n<p>Pero el cuarto evangelio es, mucho m\u00e1s que los sin\u00f3pticos, el evangelio de la fe. Por lo pronto en \u00e9l est\u00e1 la fe expl\u00ed\u00adcitamente centrada en Jes\u00fas y en su *gloria divina. Hay que creer en Jes\u00fas (4,39; 6,35) y en su *nombre (1,12; 2,23). Creer en Dios v en Jes\u00fas es una misma cosa (12,44: 14,1; cf. 8,24 = Ex 3,14). Porque Jes\u00fas y el Padre son uno (10,30; 17,21); esta misma *unidad es objeto de fe (14,10s). La fe deber\u00ed\u00ada llegar a la realidad invisible de la gloria de Jes\u00fas sin tener necesidad de *ver los signos (*milagros) que la manifiestan (2,11s; 4,48; 20, 29). Pero si en realidad tiene necesidad de ver (2,23; 11,45) y de tocar (20,27), esto no quita que est\u00e9 llamada a explayarse en el *conocimiento (6,69; 8,28) y en la contemplaci\u00f3n (1,14; 11,40) de lo invisible.<\/p>\n<p>Juan insiste adem\u00e1s en el car\u00e1cter actual de las consecuencias invisibles de la fe. Para el que crea no habr\u00e1 *juicio (5,24). Ya ha resucitado (11, 25s; cf. 6,40), camina en la luz (12, 46) y posee la vida eterna (3,16; 6,47). En cambio, \u00abel que no cree, ya est\u00e1 condenado\u00bb (3,18). La fe reviste as\u00ed\u00ad la grandeza tr\u00e1gica de una opci\u00f3n apremiante entre la muerte y la vida, entre la *luz y las tinieblas; y deuna opci\u00f3n tanto m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil cuanto que depende de las cualidades morales de aquel al que se propone (3,19-21).<\/p>\n<p>Esta insistencia de Juan en la fe, en su objeto propio, en su importancia, se explica por el fin mismo de su evangelio: inducir a sus lectores a compartir su fe creyendo \u00abque Jes\u00fas es Cristo, el Hijo de Dios (20,30) a venir a ser hijos de Dios por la fe en el Verbo hecho carne (1,9-14). La opci\u00f3n de la fe es posible a trav\u00e9s del testimonio actual de Juan (lJn 1,2s). Esta fe es la fe tradicional de la Iglesia : confiesa a Jes\u00fas como *Hijo en la fidelidad a la ense\u00f1anza recibida (Un 2,23-27; 5,1) y debe dilatarse en una vida limpia de pecado (3,9s) animada por el amor fraternal (4, 10ss; 5,1-5). Como Pablo (Rom 8, 31-39); Ef 3,19) estima Juan que la fe induce a reconocer el amor de Dios a los hombres (1Jn 4,16).<\/p>\n<p>Frente a los combates que vienen, el Apocalipsis exhorta a los creyentes a \u00abla *paciencia y a la fidelidad de los santos\u00bb (Ap 13,10) hasta la muerte. Como fuente de esta fidelidad est\u00e1 siempre la fe pascual en el que puede decir: \u00abEstaba muerto y ahora vivo por los siglos de los siglos\u00bb (1,18), el Verbo de Dios que establece irresistiblemente su *reinado (19,11-16; cf. Act 4,24-30).<\/p>\n<p>El *d\u00ed\u00ada en que, acab\u00e1ndose la fe, \u00abveamos a Dios como esa (Un 3,2), todav\u00ed\u00ada se proclamar\u00e1 la fe de pascua: \u00abTal es la victoria que ha triunfado del mundo; nuestra fe\u00bb (5,4).<\/p>\n<p>-> Abraham &#8211; Confesi\u00f3n &#8211; Confianza &#8211; Esperanza &#8211; Fidelidad &#8211; Incredulidad &#8211; Obediencia &#8211; Obras &#8211; Palabra &#8211; Verdad.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Sustantivo correspondiente al verbo \u00abcreer\u00bb y que en el hebreo corresponde a <em>he\u02be\u0115m\u00een<\/em>, forma verbal de <em>\u02be\u0101man<\/em>, y en el idioma griego (<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">LXX<\/a> y NT) a la palabra <em>pisteu\u014d<\/em>. La \u00faltima es una palabra clave en el NT, siendo el t\u00e9rmino regularmente usado para referirse a la m\u00faltiple relaci\u00f3n a la que el evangelio llama al hombre, es decir, fe en Dios a trav\u00e9s de Cristo. La complejidad de esta idea se refleja en la variedad de construcciones que se emplean con este verbo (seguido de <em>que<\/em>, de acusativo o infinitivo, para expresar la verdad cre\u00edda; <em>en<\/em> y <em>epi<\/em> con el dativo se\u00f1alando a la confianza a la que se da cr\u00e9dito; <em>eis<\/em> y, ocasionalmente, <em>epi<\/em> con el acusativo\u2014la caracter\u00edstica m\u00e1s com\u00fan y original en el uso del NT, apenas presente en la LXX y desconocida en el griego cl\u00e1sico\u2014lleva la idea de un movimiento de fe y de un descanso en el objeto de su confianza). El sustantivo hebreo corresponde a <em>\u02be\u0101man<\/em> (<em>\u02be\u0115m\u00fbn\u0101h<\/em>, traducida por <em>pistis<\/em> en la LXX), y significa regularmente seguridad en el sentido de integridad, y pistis ocasionalmente lleva este sentido en el NT (Ro. 3:3, de Dios; Mt. 23:23; G\u00e1. 5:22; Tit. 2:10, del hombre). La palabra <em>\u02be\u0115m\u00fbn\u0101h<\/em> normalmente se refiere a la fidelidad de Dios, y \u00fanicamente en Hab. 2:4 se usa para significar la respuesta religiosa del hombre a Dios. All\u00ed, sin embargo, el contraste entre la \u00edndole de la justicia y el orgullo autosuficiente de los caldeos parece requerir un sentido m\u00e1s amplio de la \u00abfe\u00bb sola: un sentido de autorenuncia, dependencia confiada en Dios, la actitud del coraz\u00f3n en que la confianza en la vida es la expresi\u00f3n natural. \u00c9ste es evidentemente el sentido en que los escritores apost\u00f3licos citan el texto (Ro. 1:17; G\u00e1. 3:11; Heb. 10:38), y el sentido que tanto <em>pistis<\/em> como <em>pisteu\u014d<\/em> tienen en el NT, donde las dos palabras se usan pr\u00e1cticamente como t\u00e9rminos t\u00e9cnicos (Juan prefiere el verbo, Pablo el sustantivo) para expresar el pensamiento complejo de una exclusiva dependencia en la mediaci\u00f3n del Hijo como \u00fanica seguridad de la misericordia del Padre. Ambas tienen un gran significado, ya sea que su objeto gramatical sea Dios, Cristo, el evangelio, una verdad, una promesa, o si no est\u00e1 expresado del todo. Ambas llevan la idea de un compromiso que sigue a la convicci\u00f3n, incluso en contextos donde la fe se define en t\u00e9rminos de convicci\u00f3n (p. ej., cf. Heb. 11:1 con el resto del cap\u00edtulo). La naturaleza de la fe, seg\u00fan el NT, es vivir por la verdad que se recibe; la fe que descansa en las promesas de Dios, agradece por la gracia de Dios que obra para su gloria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debemos notar algunas contracciones ocasionales de esta amplia idea:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(1) Entre los escritores del NT, \u00fanicamente Santiago usa tanto el sustantivo como el verbo para demostrar el mero asentimiento intelectual a la verdad (Stg. 2:14\u201326). Pero aqu\u00ed \u00e9l est\u00e1 expl\u00edcitamente remedando la costumbre de aquellos que quer\u00eda corregir\u2014convertidos jud\u00edos, que bien pod\u00edan haber heredado esta noci\u00f3n de fe de las fuentes jud\u00edas contempor\u00e1neas\u2014y no existe raz\u00f3n para suponer que esta costumbre era normal o natural en \u00e9l (p. ej., la referencia que hace a la fe en 5:15 tiene un significado m\u00e1s amplio). En cualquier caso, el punto que \u00e9l se\u00f1ala, de que una \u00abfe\u00bb meramente intelectual, como la que tienen los demonios, es inadecuada, est\u00e1 en completa armon\u00eda con lo que ense\u00f1a el resto del NT. Cuando Santiago dice, por ejemplo: \u00abla fe sin obras est\u00e1 muerta\u00bb (2:26), est\u00e1 diciendo lo mismo, en esencia, que Pablo \u00abla fe sin obras, no es fe, sino lo opuesto\u00bb (cf. G\u00e1. 5:6; 1 Ti. 5:8).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(2) A veces, por una transici\u00f3n natural, \u00abla fe\u00bb indica el conjunto de verdades cre\u00eddas (p. ej., Jud. 3; Ro. 1:5 (?); G\u00e1. 1:23; 1 Ti. 4:1, 6). Esto lleg\u00f3 a ser de uso com\u00fan en el segundo siglo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(3) De Cristo mismo se deriva un uso m\u00e1s restringido de la \u00abfe\u00bb refiri\u00e9ndose a una confianza que obra milagros (Mt. 17:20s.; 1 Co. 12:9; 13:2), o algo que causa la realizaci\u00f3n de los milagros (Mt. 9:28s.; 15:28; Hch. 14:9). La fe salvadora no est\u00e1 siempre acompa\u00f1ada de los \u00abmilagros de la fe\u00bb, (1 Co. 12:9; cf. Mt. 7:22s.).<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>Concepci\u00f3n general. Al circunscribirnos a la idea b\u00edblica de la fe, debemos notar tres cosas:<\/li>\n<li><em>La fe en Dios encierra una creencia correcta acerca de Dios<\/em>. En el hablar diario, la palabra fe apunta tanto a una confesi\u00f3n de proposiciones (\u00abcreencias\u00bb) como a una confianza en personas o cosas. En el \u00faltimo caso, alguna creencia acerca del objeto en el que se conf\u00eda es la presuposici\u00f3n l\u00f3gica y psicol\u00f3gica del acto de la confianza misma, porque la fe en algo se refleja en una expectaci\u00f3n acerca de su conducta, y una esperanza racional es imposible si se desconocen las capacidades de conducta de la cosa en la que se conf\u00eda. A trav\u00e9s de la Biblia, la confianza en Dios se hace descansar sobre la creencia de lo que \u00e9l ha revelado acerca de su car\u00e1cter y prop\u00f3sitos. En el NT, donde la fe en Dios se define como confianza en Cristo, el reconocimiento de que Jes\u00fas es el Mes\u00edas prometido y el Hijo de Dios encarnado se toman como b\u00e1sicos. Los escritores conceden que puede existir alguna forma de fe aunque la informaci\u00f3n acerca de Cristo es incompleta (Hch. 19:1ss.), pero no donde conscientemente se niega su identidad y mesianismo divinos (1 Jn. 2:22s.; 2 Jn. 7\u20139); entonces todo lo que es posible es la idolatr\u00eda (1 Jn. 5:21), la adoraci\u00f3n de una fantas\u00eda hecha por el hombre. La frecuencia con que las ep\u00edstolas describen la fe como conocimiento, creencia y obediencia a \u00abla verdad\u00bb (Tit. 1:1; 2 Ts. 2:13; 1 P. 1:22, etc.), demuestra que sus autores pensaban que la ortodoxia era el ingrediente fundamental de la fe (cf. G\u00e1. 1:8, 9).<\/li>\n<li><em>La fe descansa sobre el testimonio divino<\/em>. Las creencias, como tales, son convicciones que se mantienen sobre la base de un testimonio; no contienen evidencias en s\u00ed mismas. La cuesti\u00f3n que si ciertas creencias particulares deban tratarse como verdades conocidas u opiniones dudosas depender\u00e1 del valor del testimonio en que se basen. La Biblia se\u00f1ala las convicciones de la fe como ciertas y las iguala con el conocimiento (1 Jn. 3:2; 5:18\u201320, etc.) no porque surjan de una supuesta experiencia m\u00edstica que se autentifica a s\u00ed misma, sino porque descansan sobre el testimonio de un Dios que \u00abno puede mentir\u00bb (Tit. 1:2) y que por lo tanto es completamente confiable. El testimonio de Cristo y de los ap\u00f3stoles de Cristo (Hch. 10:39\u201343) es el testimonio de Dios mismo (1 Jn. 5:9ss.); este testigo divinamente inspirado es el propio testigo de Dios (cf. 1 Co. 2:10\u201313; 1 Ts. 2:13), de tal manera que recibirlo es certificar que Dios es verdadero (Jn. 3:33), y rechazarlo es hacer a Dios un mentiroso (1 Jn. 5:10). La fe cristiana descansa sobre el reconocimiento del testimonio b\u00edblico y apost\u00f3lico en el que Dios mismo da testimonio de su Hijo.<\/li>\n<li><em>La fe es un don sobrenatural y divino<\/em>. El pecado y Satan\u00e1s han cegado de tal manera a los hombres ca\u00eddos (Ef. 4:18; 2 Co. 4:4), que no pueden discernir el testimonio apost\u00f3lico de la Palabra de Dios, ni \u00abver\u00bb ni comprender las realidades de las que habla. (Jn. 3:3; 1 Co. 2:14), ni \u00abvienen\u00bb al renunciamiento de s\u00ed mismo para confiar en Cristo (Jn. 6:44, 65), hasta que el Esp\u00edritu Santo los ilumine (cf. 2 Co. 4:6). Solamente los receptores de esta divina \u00abense\u00f1anza\u00bb, \u00abpersuasi\u00f3n\u00bb y \u00abungimiento\u00bb vienen a Cristo y permanecen en \u00e9l (Jn. 6:44, 45; 1 Jn. 2:20, 27). De esta manera, Dios es el autor de toda la fe salvadora (Ef. 2:8; Fil. 1:29; v\u00e9ase <em>Llamamiento<\/em><em>, <\/em><em>Regeneraci\u00f3n<\/em>).<\/li>\n<li>Presentaci\u00f3n b\u00edblica. A trav\u00e9s de la Escritura, el pueblo de Dios vive por fe; pero la idea de fe se desarrolla como revelaci\u00f3n de la gracia y la verdad de Dios en la que descansa. De diversas maneras, el AT define la fe como descanso, confianza y esperanza en el Se\u00f1or, uni\u00e9ndose a \u00e9l, esper\u00e1ndolo, haciendo de \u00e9l nuestro escudo y fortaleza, refugi\u00e1ndonos en \u00e9l, etc. Los salmistas y profetas, hablando en t\u00e9rminos individuales y nacionales respectivamente, presentan la fe como una resuelta confianza en Dios que salva a sus siervos de sus enemigos y que cumple el declarado prop\u00f3sito de bendecirlos. Isa\u00edas, en forma especial, denuncia la confianza en la ayuda humana como inconsistente con tal confianza (Is. 30:1\u201318, etc.). El NT mira al mantenimiento de la esperanza, la obediencia que llevaba a renunciar al mundo y la tenacidad heroica por la que los creyentes del AT manifestaron su fe como un modelo que los cristianos deben imitar (Ro. 4:11\u201325; Heb. 10:39\u201312:2). Aqu\u00ed se declara la continuidad y tambi\u00e9n la novedad; porque la fe al recibir una nueva expresi\u00f3n de Dios en las palabras y hechos de Cristo (Heb. 1:1s.), ha llegado a ser un conocimiento de la salvaci\u00f3n presente. As\u00ed, dice Pablo, la fe \u00abvino\u00bb primero con Cristo (G\u00e1. 3:23\u201325). Los evangelios muestran a Cristo demandando confianza en s\u00ed mismo como portador de la salvaci\u00f3n mesi\u00e1nica. Juan est\u00e1 lleno de esto enfatizando que, (1) la fe (\u00abcreer en\u00bb, \u00abvenir a\u00bb y \u00abrecibir\u00bb a Cristo) encierra un conocimiento de Jes\u00fas, no meramente como un maestro enviado por Dios y obrador de milagros (esto es insuficiente, Jn. 2:23s.) sino como el Dios encarnado (Jn. 20:28), cuya muerte expiatoria es el \u00fanico medio de salvaci\u00f3n (Jn. 3:14s.; 6:51\u201358); (2) que la fe en Cristo asegura el gozo presente de la \u00abvida eterna\u00bb en comuni\u00f3n con Dios (Jn. 5:24; 17:3). Las ep\u00edstolas reflejan esto, y presentan la fe en una relaci\u00f3n m\u00e1s amplia. Pablo muestra que la fe en Cristo es el \u00fanico medio para una relaci\u00f3n justa con Dios, y que las obras humanas no pueden lograrlo (v\u00e9ase Romanos y G\u00e1latas); Hebreos y 1 Pedro presentan la fe como la din\u00e1mica de la esperanza y el fortalecimiento bajo la persecuci\u00f3n.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">III. Historia de la discusi\u00f3n. Desde el principio, la iglesia entendi\u00f3 que el asentimiento al testimonio apost\u00f3lico es el elemento fundamental en la fe cristiana; de ah\u00ed el inter\u00e9s de ambos grupos en la controversia gn\u00f3stica de demostrar que sus postulados eran genuinamente apost\u00f3licos. Durante el per\u00edodo patr\u00edstico, sin embargo, la idea de la fe era tan estrecha que este asentimiento fue mirado como el todo. Hubo cuatro factores que ocasionaron esto: primero, la insistencia de los padres anti-gn\u00f3sticos, en forma especial Tertuliano, de que los fieles son aquellos que creen \u00abla fe\u00bb, como se declara en la \u00abregla de fe\u00bb (<em>regula fidei<\/em>), es decir, el Credo; en segundo lugar, el intelectualismo de Clemente y Or\u00edgenes, para quienes <em>pistis<\/em> (asentimiento sobre la autoridad) era un sustituto inferior para la <em>gn\u014dsis<\/em> (conocimiento demostrativo) de las cosas espirituales, y un escal\u00f3n hacia ella; tercero, la asimilaci\u00f3n de la moralidad b\u00edblica a la moralidad estoica, una \u00e9tica, no de una dependencia agradecida, sino de una decidida confianza en s\u00ed mismo; cuarto, en vestir a la doctrina b\u00edblica de la comuni\u00f3n con Dios con el neoplatonismo, que la hizo aparecer como un ascender m\u00edstico a lo suprasensible por medio de un amor anhelante, sin tener un v\u00ednculo con el ejercicio ordinario de la fe como tal. Adem\u00e1s, puesto que la doctrina de la justificaci\u00f3n (v\u00e9ase) no fue comprendida, el significado soteriol\u00f3gico de la fe fue mal comprendido, y la fe (entendida como la ortodoxia) fue mirada simplemente como el pasaporte al bautismo (remitiendo todos los pecados pasados), y como una vida de probaci\u00f3n en la iglesia (dando al bautizado la oportunidad de hacerse por s\u00ed mismo digno de gloria por medio de sus buenas obras). Los escol\u00e1sticos refinaron este punto de vista. Ellos reprodujeron la ecuaci\u00f3n de la fe con la creencia, distinguiendo entre la <em>fides informis<\/em> (fe \u00abno formada\u00bb, ortodoxia simple) y la <em>fides caritate formata<\/em> (creencia \u00abformada\u00bb en un principio de trabajo por la adici\u00f3n sobrenatural de la gracia distintiva del amor). Ellos mantienen que las dos clases de fe son obras meritorias aunque la calidad del m\u00e9rito de la primera es meramente <em>congruente<\/em> (haciendo la recompensa divina algo adecuado, pero no obligatorio); y de la segunda, \u00fanicamente ganar m\u00e9rito <em>condigno<\/em> (haciendo de la recompensa divina un deber como una cuesti\u00f3n de justicia). Roma todav\u00eda identifica formalmente la fe con la creencia, y ha agregado un refinamiento posterior al distinguir entre la fe \u00abexpl\u00edcita\u00bb (creencia que conoce su objeto) y la fe \u00abimpl\u00edcita\u00bb (asentimiento ininteligible de cualquier cosa que la iglesia mantenga). Solamente la \u00faltima (que evidentemente no es m\u00e1s que un voto de confianza en la ense\u00f1anza de la iglesia y puede existir con una completa ignorancia del cristianismo) se requiere de los laicos para la salvaci\u00f3n. Pero una mera disposici\u00f3n de este tipo, se aparta bastante del concepto b\u00edblico de la fe salvadora.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los reformadores restauraron las perspectivas b\u00edblicas al insistir que la fe es m\u00e1s que la ortodoxia; no solamente <em>fides<\/em>, sino <em>fiducia<\/em>, confianza personal en la misericordia de Dios a trav\u00e9s de Cristo; que no es una obra meritoria, un rasgo de justicia humana, sino la apropiaci\u00f3n de un instrumento, una mano vac\u00eda que se alza para recibir el libre don de la justicia de Dios en Cristo; la fe es dada por Dios, y es en s\u00ed misma el principio din\u00e1mico por el que brotan espont\u00e1neamente el amor y las buenas obras; y esa comuni\u00f3n con Dios significa no un rapto ex\u00f3tico de \u00e9xtasis m\u00edstico, sino una fe de todos los d\u00edas que une con el Salvador. El protestantismo confesional siempre ha mantenido esta posici\u00f3n. En el arminianismo existe una tendencia a describir la fe como la obra humana de la que depende en parte el perd\u00f3n del pecado; como si el hombre, en efecto, contribuyera a su propia salvaci\u00f3n. Esto ser\u00eda de hecho un reavivamiento protestante de la doctrina del m\u00e9rito humano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El liberalismo ha psicologizado radicalmente la fe, reduci\u00e9ndola a un sentido de armon\u00eda contenta con el Infinito a trav\u00e9s de Cristo (Schleiermacher), o a una resoluci\u00f3n definida de seguir la ense\u00f1anza de Cristo (Ritschl), o ambos. La influencia liberal se refleja en la extendida suposici\u00f3n de que la \u00abfe\u00bb, entendida como una confianza optimista en la amistad del universo, divorciada de cualquier credo espec\u00edfico, es un estado religioso distintivo de la mente. Los te\u00f3logos neosupernaturalistas y los existencialistas, reaccionando contra este psicologismo, enfatizan el origen y car\u00e1cter sobrenaturales de la fe. Ellos la describen como un compromiso activo de la mente y de la voluntad; es el \u00abs\u00ed\u00bb repetido del hombre ante los requerimientos de la palabra de Dios en Cristo; pero la fugaz apreciaci\u00f3n del contenido de esa palabra, dificulta a veces ver a lo que el creyente debe decir \u00abs\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Claramente, cada punto de vista de los te\u00f3logos acerca de la naturaleza y significado salv\u00edfico de la fe depender\u00e1 de la apreciaci\u00f3n que \u00e9l tenga de las Escrituras y de Dios, del hombre y sus relaciones mutuas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Arndt; MM; E.D. Burton, <em>Galatians<\/em> (<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">ICC<\/a>), pp. 475\u2013486; B.B. Warfield en <a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">HDB<\/a>, s.v., and <em>Biblical and Theological Studies<\/em>, pp. 375\u2013444; G.H. Box en <a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">HDCG<\/a>; J.C. Machen, <em>What is Faith?<\/em>; B. Citron, <em>New Birth<\/em>, pp. 86\u201394; <em>Systematic Theologies<\/em> of C. Hodges (III, pp. 41\u2013113 and L. Berkhof (IV, viii; pp. 493\u2013509).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">James I. Packer<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">LXX <\/a>Septuagint<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">ICC <\/a><em>International Critical Commentary<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">HDB <\/a><em>Hastings\u2019 Dictionary of the Bible<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">HDCG <\/a><em>Hastings\u2019 Dictionary of Christ and the Gospels<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (261). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span ><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. En el Antiguo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En el AT la palabra \u201cfe\u201d aparece s\u00f3lo tres veces en <\/span><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>\u00b0vrv2<\/span><span lang=ES style=' '> (Nm. 35.30; Is. 57.11; Hab. 2.4). Pero el hecho de que se use pocas veces el t\u00e9rmino no debe hacernos pensar que el AT asigna poca importancia a la fe, ya que la idea, si no la palabra, es frecuente, y generalmente se expresa por medio de verbos como \u201ccreer\u201d, \u201cconfiar\u201d o \u201ctener esperanza\u201d, t\u00e9rminos que encontramos en gran cantidad.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Podemos comenzar con un pasaje como el de Sal. 26.1: \u201cJ\u00fazgame, oh Jehov\u00e1, porque yo en mi integridad he andado; he confiado asimismo en Jehov\u00e1 sin titubear.\u201d A menudo se dice que seg\u00fan el AT el hombre debe salvarse mediante sus obras, pero este pasaje pone las cosas en su justa perspectiva. El Salmista, por cierto, se refiere a su \u201cintegridad\u201d, pero esto no quiere decir que conf\u00eda en s\u00ed mismo o en sus obras. Su confianza ha sido depositada en Dios, y su \u201cintegridad\u201d es la prueba de su confianza en \u00e9l. El AT es un libro largo, y expresa de diferentes maneras el concepto de la salvaci\u00f3n. No siempre sus autores hacen las distinciones que nosotros, que contamos con el NT, desear\u00edamos que hicieran. Pero un examen cuidadoso revela que en el AT, al igual que en el NT, la demanda b\u00e1sica es la de una correcta actitud hacia Dios, e. d. una demanda de fe. Cf. Sal. 37.3ss: \u201cconf\u00eda en Jehov\u00e1, y haz el bien \u2026 Del\u00e9itate asimismo en Jehov\u00e1, y \u00e9l te conceder\u00e1 las peticiones de tu coraz\u00f3n. Encomienda a Jehov\u00e1 tu camino, y conf\u00eda en \u00e9l; y \u00e9l har\u00e1.\u201d Aqu\u00ed no puede haber duda de que el Salmista est\u00e1 se\u00f1alando una vida recta. Pero tampoco hay duda de que b\u00e1sicamente est\u00e1 abogando por una actitud. Invita a los hombres a poner su confianza en el Se\u00f1or, que no es m\u00e1s que una forma diferente de decirles que deben vivir por la fe. A veces se insta a los hombres a confiar en la Palabra de Dios (Sal. 119.42), pero m\u00e1s frecuentemente es la fe en Dios mismo lo que se busca. \u201cF\u00edate de Jehov\u00e1 de todo tu coraz\u00f3n, y no te apoyes en tu propia prudencia\u201d (Pr. 3.5).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La \u00faltima parte de este vers\u00edculo nos aconseja no confiar en nuestras propias fuerzas, pensamiento que aparece frecuentemente: \u201cEl que conf\u00eda en su propio coraz\u00f3n es necio\u201d (Pr. 28.26). El hombre no debe confiar en su propia justicia (Ez. 33.13). Se castiga a Efra\u00edn por confiar \u201cen tu camino y en la multitud de tus valientes\u201d (Os. 10.13). A menudo se denuncia la confianza depositada en los \u00eddolos (Is. 42.17; Hab. 2.18). Jerem\u00edas advierte contra la confianza en lo humano. \u201cMaldito el var\u00f3n que conf\u00eda en el hombre, y pone carne por su brazo, y su coraz\u00f3n se aparta de Jehov\u00e1 (Jer. 17.5). Podr\u00edamos multiplicar la lista de las cosas en las que no hay que confiar, y resulta m\u00e1s notable si se la compara con la lista m\u00e1s larga todav\u00eda de pasajes que nos instan a confiar en el Se\u00f1or. Est\u00e1 claro que los hombres del AT consideraban que el Se\u00f1or era el \u00fanico objeto digno de fe. No pon\u00edan su fe en cosas que ellos mismos u otros hombres, o aun los dioses, pudieran hacer. Su fe descansaba solamente en el Se\u00f1or. A veces se lo expres\u00f3 en forma pintoresca, como, p. ej.: \u201cRoca m\u00eda y castillo m\u00edo, y mi libertador; Dios m\u00edo, fortaleza m\u00eda, en \u00e9l confiar\u00e9; mi escudo, y la fuerza de mi salvaci\u00f3n, mi alto refugio\u201d (Sal. 18.2). En un Dios as\u00ed se puede depositar plena confianza.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Debemos mencionar especialmente a Abraham. Toda su vida manifiesta un esp\u00edritu de confianza, de una profunda fe. Se dice de \u00e9l que \u201ccrey\u00f3 a Jehov\u00e1, y le fue contado por justicia\u2019 (Gn. 15.6). Los escritores del NT recogieron este vers\u00edculo, y el concepto fundamental que expresa adquiri\u00f3 mayor envergadura.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. En el Nuevo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>a. Uso general del t\u00e9rmino<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La fe ocupa un lugar sumamente prominente en el NT. El sustantivo gr. <\/span><span style=''>pistis<\/span><span lang=ES style=''> y el verbo <\/span><span style=''>pisteu&#333;<\/span><span lang=ES style=''> aparecen m\u00e1s de 240 veces, mientras que el adjetivo <\/span><span style=' '>pistos<\/span><span style=' '> <span lang=ES>aparece 67 veces. Esta insistencia en el tema de la fe debe verse contra el fondo de la obra salvadora de Dios en Cristo. Elemento central en el NT es la idea de que Dios envi\u00f3 a su Hijo para que fuera el Salvador del mundo. Cristo obtuvo la salvaci\u00f3n para los hombres sufriendo una muerte expiatoria en la cruz del Calvario. Fe es la actitud por medio de la cual el hombre deja de confiar en sus propios esfuerzos para obtener la salvaci\u00f3n, ya se trate de obras piadosas, de bondad \u00e9tica, o de cualquier otra naturaleza. Es la actitud de completa confianza en Cristo, y solamente en \u00e9l, para todo lo que significa la salvaci\u00f3n. Cuando el carcelero de Filipos pregunt\u00f3, \u201cse\u00f1ores, \u00bfqu\u00e9 debo hacer para ser salvo?\u201d, Pablo y Silas le respondieron sin vacilar, \u201ccree en el Se\u00f1or Jesucristo, y ser\u00e1s salvo, t\u00fa y tu casa\u201d (Hch. 16.30s). Es \u201ctodo aquel que en el cree\u201d el que no se pierde sino que tiene vida eterna (Jn. 3.16). La fe es la \u00fanica manera en que el hombre puede recibir la salvaci\u00f3n.<\/span><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>A menudo al verbo <\/span><span style=' '>pisteu&#333;<\/span><span lang=ES style=''> sigue el vocablo \u201cque\u201d, lo que indica que la fe est\u00e1 relacionada con los hechos, aunque esto no es todo. Santiago nos dice que los demonios creen \u201cque Dios es uno\u201d, pero esa \u201cfe\u201d no les aprovecha (Stg. 2.19). <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>pisteu&#333;<\/span><span lang=ES style=' '> puede aparecer seguido por el dativo simple cuando significa que se cree o se acepta como verdadero lo que dice alguien. As\u00ed, Jes\u00fas les recuerda a los jud\u00edos que \u201cvino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le cre\u00edsteis\u201d (Mt. 21.32). No se trata aqu\u00ed de fe en el sentido de confianza. Se trata sencillamente de que los jud\u00edos no cre\u00edan lo que dec\u00eda Juan. Lo mismo puede haber ocurrido con respecto a Jes\u00fas, como vemos en Jn. 8.45, \u201cno me cre\u00e9is\u201d, o en el vers\u00edculo siguiente, \u201cpues si digo la verdad, \u00bfpor qu\u00e9 vosotros no me cre\u00e9is?\u201d No obstante, no debemos olvidar que en la fe hay un contenido intelectual. Por lo tanto a veces se emplea esta construcci\u00f3n en relaci\u00f3n con la fe salvadora, como en Jn. 5.24: \u201cEl que oye mi palabra, y cree al que me envi\u00f3, tiene vida eterna.\u201d Por cierto que el hombre que verdaderamente cree a Dios obrar\u00e1 de acuerdo con esa creencia. En otras palabras, el resultado de una creencia genuina en lo que Dios ha revelado ser\u00e1 fe verdadera.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La construcci\u00f3n caracter\u00edstica cuando se trata de la fe salvadora es aquella en la que al verbo <\/span><span style=' '>pisteu&#333;<\/span><span lang=ES style=''> sigue la preposici\u00f3n <\/span><span style=''>eis<\/span><span lang=ES style=''>. Literalmente esta palabra significa creer \u201cen\u201d. Denota una fe que, por decirlo as\u00ed, saca al hombre fuera de s\u00ed y lo pone dentro de Cristo (cf. la expresi\u00f3n neotestamentaria, que frecuentemente se aplica a los cristianos, estar \u201cen Cristo\u201d). Tambi\u00e9n puede indicarse esta experiencia mediante la frase \u201cuni\u00f3n con Cristo por la fe\u201d. No es simplemente un creer que envuelve un asentimiento intelectual, sino un creer en el que el creyente se aferra a su Salvador con todo su coraz\u00f3n. El hombre que cree en este sentido mora en Cristo y Cristo en \u00e9l (Jn. 15.4). La fe no consiste en aceptar ciertas cosas como verdaderas, sino en confiar en una Persona: la persona de Cristo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>A veces <\/span><span style=' '>pisteu&#333;<\/span><span lang=ES style=''> va seguido por <\/span><span style=''>epi<\/span><span lang=ES style=''>, \u201csobre\u201d. La fe tiene una base firme. Vemos esta construcci\u00f3n en Hch. 9.42, episodio en el que una vez que se difundi\u00f3 la noticia de la resurrecci\u00f3n de Tabita \u201cmuchos creyeron en el Se\u00f1or\u201d. La gente hab\u00eda visto lo que pod\u00eda hacer Cristo, y en consecuencia deposit\u00f3 su fe \u201cen\u201d (= sobre) \u00e9l. A veces la fe descansa en el Padre, como cuando Pablo habla de creer \u201cen el que levant\u00f3 de los muertos a Jes\u00fas, Se\u00f1or nuestro\u201d (Ro. 4.24).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Muy caracter\u00edstico del NT es el uso absoluto del verbo. Cuando Jes\u00fas se qued\u00f3 con los samaritanos, \u201ccreyeron muchos mas por la palabra de \u00e9l\u201d (Jn. 4.41). No hay necesidad de a\u00f1adir lo que creyeron o en qui\u00e9n creyeron. La fe es un elemento tan central para el cristianismo que se puede hablar de \u201ccreer\u201d sin necesidad de aclaraci\u00f3n alguna. Los cristianos son simplemente \u201ccreyentes\u201d. Este uso abarca todo el NT y no es exclusivo de ninguno de los escritores en particular. Podemos con toda confianza llegar a la conclusi\u00f3n de que la fe es fundamental.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Tambi\u00e9n resultan instructivos los tiempos del verbo <\/span><span style=''>pisteu&#333;<\/span><span lang=ES style=''>. El tiempo aoristo indica un solo acto en el pasado y el car\u00e1cter deterrninativo de la fe. El hombre que cree se consagra decididamente a Cristo. El tiempo presente encierra la idea de continuidad. La fe no es una fase pasajera, sino una actitud continua. El tiempo perfecto combina ambas ideas y nos habla de una fe presente que mantiene continuidad con un acto de fe pasado. El hombre que cree ingresa en un estado permanente. Quiz\u00e1s debamos notar aqu\u00ed que a veces el sustantivo \u201cfe\u201d lleva el art\u00edculo, \u201cla fe\u201d, e. d. todo el cuerpo de ense\u00f1anzas cristianas, como cuando Pablo dice que los colosenses fueron \u201cconfirmados en la fe\u201d, y a\u00f1ade \u201cas\u00ed como hab\u00e9is sido ense\u00f1ados\u201d (Col. 2.7).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><i><span lang=ES style=''>b. Usos particulares del t\u00e9rmino<\/span><\/i><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(i)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><span lang=ES style=''> En los evangelios sin\u00f3pticos a menudo se relaciona la fe con las curaciones, como cuando Jes\u00fas le dijo a la mujer que hab\u00eda tocado su t\u00fanica en medio de la multitud, \u201cten \u00e1nimo, hija; tu fe te ha salvado\u201d (Mt. 9.22). Pero estos evangelios tambi\u00e9n se ocupan de la fe en un sentido m\u00e1s amplio. Marcos, por ejemplo, nos hace llegar las palabras del Se\u00f1or Jes\u00fas: \u201cSi puedes creer, al que cree todo le es posible\u201d (Mr. 9.23). Tambi\u00e9n el Se\u00f1or habla de los grandes resultados de tener \u201cfe como un grano de mostaza\u201d (Mt. 17.20; Lc. 17.6). Evidentemente nuestro Se\u00f1or ped\u00eda que tuviesen fe en \u00e9l mismo, personalmente. La exigencia de depositar fe en Cristo, caracter\u00edsticamente cristiana, se basa finalmente en el propio requerimiento de \u00e9l.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(ii)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><span lang=ES style=''> En el cuarto evangelio la fe ocupa un lugar muy prominente; 98 veces encontramos el verbo <\/span><span style=''>pisteu&#333;<\/span><span lang=ES style=''>. Es curioso que nunca se emplea el sustantivo <\/span><span style=' '>pistis<\/span><span lang=ES style=' '>, \u201cfe\u201d. Posiblemente se deba a que se usaba en c\u00edrculos de tipo gn\u00f3stico. Hay algunas indicaciones de que Juan ten\u00eda a esos grupos en mente al escribir, y posiblemente quiso evitar el uso de un t\u00e9rmino tan popular entre ellos. quiz\u00e1s prefiri\u00f3 el uso m\u00e1s din\u00e1mico que trasmit\u00eda el verbo. Cualquiera haya sido la raz\u00f3n, emplea el verbo <\/span><span style=''>pisteu&#333;<\/span><span lang=ES style=''> con mayor frecuencia que los otros escritores neotestamentarios: tres veces m\u00e1s que los tres primeros evangelios sumados. Su construcci\u00f3n caracter\u00edstica es con la preposici\u00f3n <\/span><span style=''>eis<\/span><span lang=ES style=''>, \u201ccreer en\u201d, \u201ccreer a\u201d. Lo importante es la relaci\u00f3n entre el creyente y el Cristo. En consecuencia, Juan habla una y otra vez sobre creer en \u00e9l, o creer \u201cen el nombre\u201d de Cristo (p. ej. Jn. 3.18). Para los hombres de la antig\u00fcedad, el \u201cnombre\u201d era una manera de resumir toda la personalidad; representaba todo lo que era la persona. Por lo tanto, creer en el nombre de Cristo significa creer en todo lo que \u00e9l es, esencialmente, en s\u00ed mismo. Jn. 3.18 tambi\u00e9n dice: \u201cEl que en \u00e9l cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado.\u201d Una de las caracter\u00edsticas de la ense\u00f1anza de Juan es que las cuestiones eternas se deciden aqu\u00ed y ahora. La fe no ofrece a los hombres simplemente la seguridad de una vida eterna en un futuro no especificado, sino que les da vida eterna aqu\u00ed y ahora. El que cree en el Hijo \u201ctiene\u201d vida eterna (3.36; cf. 5.24, etc.).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(iii)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><span lang=ES style=''> En Hechos, con su historia de pujante avance misionero, no nos sorprende que la expresi\u00f3n caracter\u00edstica sea el uso del tiempo aoristo para indicar el acto de decisi\u00f3n. Lucas registra muchas ocasiones en las que los que o\u00edan pon\u00edan su fe en Cristo. Encontramos otras construcciones, tambi\u00e9n, y tanto la condici\u00f3n continua como los resultados permanentes de la fe reciben menci\u00f3n. Pero lo caracter\u00edstico es la decisi\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(iv)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><span lang=ES style=''> Para Pablo la fe es la actitud t\u00edpica de los cristianos. No comparte con Juan la antipat\u00eda por el sustantivo, sino que lo usa m\u00e1s de dos veces m\u00e1s que el verbo, y lo hace en relaci\u00f3n con algunos de sus conceptos principales. En Ro. 1.16, por ejemplo, habla del evangelio como el \u201cpoder de Dios para salvaci\u00f3n a todo aquel que cree [\u201ctiene fe\u201d, <\/span><etiqueta id=\"#_ftn48\" name=\"_ftnref48\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green; text-transform:uppercase'>rsv<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=' '>, <\/span><etiqueta id=\"#_ftn49\" name=\"_ftnref49\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;; color:green;text-transform:uppercase'>neb<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''> ]\u201d. Significa mucho para Pablo el que el cristianismo sea algo m\u00e1s que un sistema de buenos consejos. No solamente les dice a los hombres lo que deben hacer, sino que tambi\u00e9n les da el poder para hacerlo. Una y otra vez Pablo hace resaltar el contraste entre las meras palabras y el poder, siempre con el objeto de poner de manifiesto que el poder del Esp\u00edritu Santo de Dios se ve en la vida de los cristianos. El hombre puede recibir este poder s\u00f3lo cuando cree. No hay sustituto para la fe.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Muchos de los escritos controvertibles de Pablo giran alrededor de su disputa con los judaizantes, que insist\u00edan en que no era suficiente que los cristianos se bautizaran, sino que tambi\u00e9n ten\u00edan que circuncidarse; y que al haber sido de esa manera admitidos al juda\u00edsmo, deb\u00edan tratar de obedecer toda la ley de Mois\u00e9s. Pon\u00edan la obediencia a la ley como condici\u00f3n previa, necesaria para la salvaci\u00f3n, por lo menos en el sentido m\u00e1s completo del t\u00e9rmino. Pablo no aceptaba nada de esto. Insist\u00eda en que los hombres no pod\u00edan hacer absolutamente nada para conseguir la salvaci\u00f3n. Todo hab\u00eda sido hecho por Cristo, y nadie pod\u00eda a\u00f1adir nada a la perfecci\u00f3n de la obra terminada llevada a cabo por Cristo. Por eso Pablo insist\u00eda en que los hombres son justificados \u201cpor la fe\u201d (Ro. 5.1). La doctrina de la *justificaci\u00f3n por la fe est\u00e1 en el centro mismo del mensaje de Pablo. Ya sea con esta terminolog\u00eda o con otra cualquiera, el ap\u00f3stol insisti\u00f3 constantemente en esta idea. Combati\u00f3 en\u00e9rgicamente toda noci\u00f3n de la eficacia de las buenas obras. \u201cSabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley\u201d, escribe a los g\u00e1latas, \u201csino por la fe de Jesucristo, nosotros tambi\u00e9n hemos cre\u00eddo en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley\u201d, y a\u00f1ade contundentemente, \u201cpor cuanto por las obras de la ley nadie ser\u00e1 justificado\u201d (G\u00e1. 2.16). Resulta claro que para Pablo la fe significaba abandonar toda confianza en la propia capacidad para merecer la salvaci\u00f3n. Se trata simplemente de una aceptaci\u00f3n confiada del don de Dios en Cristo, de confiar en Cristo, y solamente en \u00e9l, para todo aquello que significa la salvaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Otra caracter\u00edstica notable de la teolog\u00eda paulina es el lugar prominente que el ap\u00f3stol concede a la obra del Esp\u00edritu Santo. Piensa en los cristianos como si en todos ellos morase el Esp\u00edritu (Ro. 8.9, 14), y esto, tambi\u00e9n, lo relaciona con la fe. Es por eso que escribe as\u00ed a los efesios, con respecto a Cristo: \u201cVosotros \u2026 habiendo cre\u00eddo en \u00e9l, fu\u00edsteis sellados con el Esp\u00edritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia\u201d (Ef. 1.13s). El sello equival\u00eda a la marca de propiedad, met\u00e1fora que f\u00e1cilmente pod\u00eda entenderse en una \u00e9poca en la que pocos sab\u00edan leer. El Esp\u00edritu que mora en los creyentes es la marca de propiedad de Dios, y esta marca s\u00f3lo la tienen los que creen. El pasaje mencionado sigue habl\u00e1ndo del Esp\u00edritu como \u201clas arras (gr. <\/span><span style='font-family: \"Charis SIL\"'>arrab&#333;n<\/span><span lang=ES style=' '>) de nuestra herencia\u201d. Pablo emplea aqu\u00ed un t\u00e9rmino que en el ss. I significaba pago inicial, e. d. pago que era parte del precio establecido, y a la vez la garantia de que el resto ser\u00eda saldado. Es as\u00ed que cuando alguien cr\u201de, recibe el Esp\u00edritu Santo como parte de la vida por venir, y como garant\u00eda de que lo dem\u00e1s se dar\u00e1 infaliblemente. (* <span style='text-transform:uppercase'>Arras<\/span> )<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(v)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><span lang=ES style=''> El autor de la Ep\u00edstola a los Hebreos considera que la fe es una caracter\u00edstica invariable del pueblo de Dios. En su gran galer\u00eda de retratos de He. 11 pasa revista a los heroes del pasado, y muestra que, en cada caso, estos h\u00e9roes ilustran el gran tema de que \u201csin fe es imposible agradar a Dios\u201d (He. 11.6). Especialmente le interesa el contraste entre la fe y la vista. La fe es \u201cla certeza de lo que se espera, la convicci\u00f3n de lo que no se ve\u201d (He. 11.1). Pone de manifiesto el hecho de que hombres que no ten\u00edan ninguna prueba externa en la cual apoyarse aceptaron firmemente, sin embargo, las promesas de Dios. En otras palabras, caminaban por fe y no por vista.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-top:0cm;margin-right:0cm;margin-bottom:0cm; margin-left:18.0pt;margin-bottom:.0001pt;text-indent:-18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(vi)<\/span><span style=''>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/span><span lang=ES style=''> De los otros escritores del NT debemos considerar a Santiago, desde el momento en que a menudo se ha considerado que se opon\u00eda a Pablo en este sentido. Mientras Pablo insiste en que el hombre es justificado por la fe y no por las obras, Santiago sostiene que \u201cel hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe\u201d (Stg. 2.24). Sin embargo, aqu\u00ed s\u00f3lo tenemos una contradicci\u00f3n verbal. El tipo de \u201cfe\u201d al que se opone Santiago no es la fe c\u00e1lida y personal en un Salvador vivo de que habla Pablo, sino una fe que el mismo Santiago describe as\u00ed: \u201cT\u00fa crees que Dios es uno; bien haces. Tambi\u00e9n los demonios creen, y tiemblan\u201d (Stg. 2.19). Lo que este ap\u00f3stol tiene en mente es un asentimiento intelectual a ciertas verdades, asentimiento que no se basa en una vida vivida de conformidad con esas verdades (Stg. 2.15s). Tan lejos est\u00e1 Santiago de oponerse a la fe en el sentido pleno, que en todo momento la presupone. Al comienzo mismo de su ep\u00edstola habla naturalmente de \u201cla prueba de vuestra fe\u201d (Stg. 1.3), y exhorta a sus lectores a que \u201csu fe en nuestro glorioso Se\u00f1or Jesucristo sea sin acepci\u00f3n de personas\u201d (Stg. 2.1). Critica una fe equivocada, pero da por entendido que todos reconocer\u00e1n la necesidad de una fe correcta. Adem\u00e1s, cuando habla de \u201cobras\u201d no se refiere a lo que Pablo quiere significar con ese t\u00e9rmino. Pablo piensa en la obediencia a los mandatos de la ley considerados como un sistema por el cual el hombre puede hacerse merecedor de la salvaci\u00f3n. Para Santiago la ley es \u201cla ley de la libertad\u201d (Stg. 2.12). Sus \u201cobras\u201d se parecen en realidad al \u201cfruto del Esp\u00edritu\u201d del que habla Pablo. Se trata de c\u00e1lidos actos de amor que surgen de una actitud correcta hacia Dios. Son los frutos de la fe. A lo que se opone Santiago es a la afirmaci\u00f3n de que hay fe aun cuando no haya obras que la avalen.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La fe es, indudablemente, uno de los conceptos m\u00e1s importantes en todo el NT. En todas partes se la exige y se insiste en su importancia. Tener fe significa abandonar toda confianza en los propios recursos y entregarse sin reservas a la misericordia de Dios. Tener fe significa aferrarse a las promesas de Dios en Cristo, y confiar enteramente en la obra perfecta de Cristo en pro de la salvaci\u00f3n, y en el poder del Esp\u00edritu Santo de Dios, que mora en nosotros, para la fortaleza diaria. La fe requiere confianza plena en Dios y obediencia total a \u00e9l.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> H. Wildberger, \u201cFirme\u201d, <etiqueta id=\"#_ftn50\" name=\"_ftnref50\" title=\"\"><i>\u00b0DTMAT<\/i><\/etiqueta>, 1978, t(t). I, pp. 276\u2013278; Jepsen, \u201c<\/span><span style=' '>&#722;&#257;man<\/span><span lang=ES style=''>\u201d,<i> <etiqueta id=\"#_ftn51\" name=\"_ftnref51\" title=\"\">\u00b0DTAT<\/etiqueta><\/i>, 1978, t(t). I, pp. 309\u2013343; O. Becker, <etiqueta id=\"#_ftn52\" name=\"_ftnref52\" title=\"\">O, Michel, \u201cFe\u201d, <\/etiqueta><etiqueta id=\"#_ftn53\" name=\"_ftnref53\" title=\"\"><i>\u00b0DTNT<\/i><\/etiqueta>, 1985, t(t). II, pp. 170\u2013187; J. I. Packer, \u201cFe\u201d, <i>\u00b0DT<\/i>, 1985, pp. 256\u2013238; W. Eichrodt, <i>Teolog\u00eda del AntiguoTestamento<\/i>, 1975, t(t). II, pp. 280\u2013292; K. H. Schelkle, <i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1975, t(t). III, pp. 125\u2013144; L. Berkhof, <i>Teolog\u00eda sistem\u00e1tica<\/i>, 1972, pp. 590\u2013610.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>D. M. Baillie,<i> Faith in God<\/i>, 1964; B. B. Warfield en <etiqueta id=\"#_ftn54\" name=\"_ftnref54\" title=\"\"><i>HDB<\/i><\/etiqueta>; J. G. Machen, <i>What is Faith<\/i>?, 1925; G. C. Berkouwer, <i>Faith and Justification<\/i>\u00b2, 1954; J. Hick, <i>Faith and Knowledge<\/i>\u00b2, 1966; O. Becker, O. Michel, <etiqueta id=\"#_ftn55\" name=\"_ftnref55\" title=\"\"><i>NIDNTT <\/i><\/etiqueta>1, pp. 587\u2013606; R. Bultmann, <i>TDNT <\/i>6, pp. 1\u201311; A. Weiser et <etiqueta id=\"#_ftn56\" name=\"_ftnref56\" title=\"\">al., <\/etiqueta><i>TDNT <\/i>6, pp. 174\u2013228.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn57\" name=\"_ftnref57\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt;;color:green'>L.M.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n<p>\n  Alegor\u00eda de la fe  San Miguel, con alegor\u00edas de la fe y la Iglesia, texto original en miniatura de \u201cvida, muerte y milagros de San Jer\u00f3nimo, c. 1500.<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 El significado de la palabra<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 La fe puede ser considerada objetiva o subjetivamente<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 An\u00e1lisis del objeto o t\u00e9rmino en un acto de fe divina<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Motivos de credibilidad<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 An\u00e1lisis del Acto de Fe desde el Punto de Vista Subjetivo<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Definici\u00f3n de fe<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 El h\u00e1bito de la fe y la vida de fe<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">8 La g\u00e9nesis de la fe en el alma individual<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-9\">9 La fe en relaci\u00f3n con las obras<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-10\">10 P\u00e9rdida de la Fe<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-11\">11 La Fe es Razonable<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-12\">12 La Fe es Necesaria<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-13\">13 La Unidad e Inmutabilidad Objetivas de la Fe<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-14\">14 Bibliograf\u00eda<\/li>\n<\/ul>\n<h2>El significado de la palabra<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Pistis, fides). En el Antiguo Testamento la palabra hebrea significa esencialmente firmeza, inmutabilidad, cf. \u00c9xodo 17,12, donde se usa para describir la fuerza de las manos de Mois\u00e9s; por lo tanto viene a significar fidelidad, lealtad, ya sea de Dios hacia el hombre (Deut. 32,4) o del hombre hacia Dios (Sal. 119(118),30).  En la medida que denota la actitud del hombre hacia Dios significa confianza o \u201cfiducia\u201d.  Sin embargo, ser\u00eda il\u00f3gico concluir que en el Antiguo Testamento la palabra no puede y no significa creencia o fe, pues est\u00e1 claro que uno no puede confiar en las promesas de una persona sin previamente afirmar o creer en la pretensi\u00f3n de esa persona a tal confianza.  Por lo tanto aun si no se puede probar que el hebreo no contiene en s\u00ed mismo la noci\u00f3n de creencia, necesariamente lo debe presuponer.  Pero la palabra contiene en s\u00ed misma la noci\u00f3n de creencia, lo cual se deduce del uso del radical, el cual en la conjugaci\u00f3n causal, o Hiph&#8217;il, significa \u201ccreer\u201d, por ejemplo en G\u00e9n. 15,6 y Deut. 1,32, en cuyo \u00faltimo pasaje se combinan los dos significados:  creer y confiar.  Que el nombre en s\u00ed mismo significa fe o creer es claro por Habacuc 2,4, donde el contexto lo demanda.  El testimonio de la Versi\u00f3n de los Setenta es decisivo;  ellos traducen el verbo por \u201cpisteuo\u201d, y el nombre por \u201cpistis\u201d; y aqu\u00ed de nuevo se denotan con el mismo t\u00e9rmino los dos factores, fe y confianza.  Pero a partir de Eur\u00edpides (Helena, 710) es claro que incluso en el griego cl\u00e1sico \u201cpisteuo\u201d se usaba para significar \u201ccreer\u201d \u201clogois d\u2019emoisi pisteuson tade\u201d; y el \u201ctheon d\u2019ouketi pistis arage\u201d (Medea, 414; cf. Hip., 1007) del mismo dramaturgo demuestra que el \u201cpistis\u201d pod\u00eda significar \u201ccreencia\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Nuevo Testamento surgen a la vista los significados de \u201ccreer\u201d y \u201ccreencia\u201d para \u201cpisteon\u201d y \u201cpistis\u201d; en el lenguaje de Cristo, \u201cpistis\u201d frecuentemente significa \u201cconfiar\u201d, pero tambi\u00e9n \u201ccreencia\u201d (cf. Mt. 8,10).  En los Hechos se refiere objetivamente a los principios de los cristianos, pero a menudo se interpreta como \u201ccreencia\u201d (cf. 17,31; 20,21; 26,8).  En Romanos 14,23, tiene el significado de \u201cconciencia\u201d&#8212;\u201cporque todo lo que no procede de la buena fe es pecado\u201d&#8212;pero el ap\u00f3stol lo usa repetidamente en el sentido de \u201ccreencia\u201d (cf. Rom. 4 y G\u00e1l. 3).  Para todos los que est\u00e9n familiarizados con la literatura teol\u00f3gica moderna ser\u00e1 evidente la gran necesidad de se\u00f1alar esto; as\u00ed, cuando un escritor en el \u201cDiario Hibbert\u201d (oct. 1907) dice \u201cDesde un lado al otro de la Escritura, la fe es confianza y s\u00f3lo confianza\u201d, es dif\u00edcil ver c\u00f3mo \u00e9l explicar\u00eda el pasaje en 1 Corintios 13,13 y Hebreos 11,1.  La verdad es que muchos escritores teol\u00f3gicos se dan a un pensamiento muy laxo, y en nada es esto tan evidente como en su tratamiento de la fe.  En el articulo citado leemos:  \u201cLa confianza en Dios es fe, fe es creencia, creencia puede significar credo, pero credo no es equivalente a confiar en Dios.\u201d  Una vaguedad similar fue especialmente notable en la controversia \u201c\u00bfCreemos?\u201d&#8212;un corresponsal dice&#8212;\u201cNosotros los no creyentes, si hemos perdido la fe, nos aferramos m\u00e1s fuertemente a la esperanza y, a la m\u00e1s grande de todas, la caridad\u201d (\u201c\u00bfCreemos?, p. 180, ed. W. L. Courtney, 1905).  Los escritores no cat\u00f3licos han rechazado toda idea de la fe como una aquiescencia intelectual, y en consecuencia, fracasan en percibir que la fe necesariamente debe resultar en un cuerpo de creencias dogm\u00e1ticas.  \u201c\u00bfC\u00f3mo y mediante cu\u00e1l influencia\u201d, dice Harnack, \u201cfue la fe viva transformada en un credo a creerse, el rendimiento a Cristo en una cristolog\u00eda filos\u00f3fica?\u201d (citado en el Diario Hibbert, loc. Cit.).\n<\/p>\n<h2>La fe puede ser considerada objetiva o subjetivamente<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Objetivamente, representa la suma de verdades reveladas por Dios en la Escritura y la tradici\u00f3n, y que la Iglesia nos presenta (ver regla de fe) de forma breve en sus credos.  Subjetivamente, la fe representa el h\u00e1bito o virtud por el cual obtemperamos a esas verdades.  Es este aspecto subjetivo de la fe el que nos interesa principalmente aqu\u00ed.  Antes de proceder a analizar el t\u00e9rmino fe, debemos aclarar ciertas nociones preliminares:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(a) El doble orden del conocimiento:  \u201cLa Iglesia Cat\u00f3lica\u201d dice el Concilio Vaticano I, III, IV, \u201csiempre ha afirmado que hay un doble orden de conocimiento, y que estos dos \u00f3rdenes se distinguen entre s\u00ed no s\u00f3lo en su principio sino en su objeto; en uno conocemos por la raz\u00f3n natural, en el otro por la fe divina; el objeto de uno es la verdad obtenible por la raz\u00f3n natural, el objeto del otro es los misterios escondidos en Dios, pero los que tenemos que creer y que s\u00f3lo podemos conocer por revelaci\u00f3n divina.\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(b)  Ahora bien, el conocimiento intelectual se puede definir de modo general como la uni\u00f3n entre el intelecto y el objeto inteligible.  Pero una verdad nos es inteligible s\u00f3lo en la medida que es evidente, y la evidencia es de diferentes clases; por lo tanto, seg\u00fan el car\u00e1cter variable de la evidencia, tendremos varias clases de conocimiento.  As\u00ed una verdad puede ser evidente en s\u00ed misma&#8212;por ejemplo, el todo es mayor que su parte&#8212;en cuyo caso se dice que tenemos conocimiento intuitivo de ella; o la verdad puede ser no evidente en s\u00ed misma, pero deducible de las premisas en las que est\u00e1 contenida&#8212;tal conocimiento se llama conocimiento razonado; o adem\u00e1s una verdad puede no ser ni evidente en s\u00ed misma ni deducible de las premisas en las que est\u00e1 contenida, aun as\u00ed el intelecto puede estar obligado a asentir a ella porque de otro modo tendr\u00eda que rechazar otra verdad universalmente aceptada.  Por \u00faltimo, se puede inducir al intelecto a asentir a una verdad por ninguna de las razones anteriores, sino solamente debido a que esta verdad, aunque no sea evidente en s\u00ed misma, descanse en una grave autoridad&#8212;por ejemplo, aceptamos la aseveraci\u00f3n de que el sol est\u00e1 a 90,000,000 millas distante de la tierra porque autoridades competentes y veraces garantizan ese hecho.  Esta \u00faltima clase de conocimiento es lo que se llama fe, y es claramente necesario en la vida diaria.  Si en la autoridad en la que basamos nuestro asentimiento es humana y por lo tanto falible, tendremos fe humana y falible; si la autoridad es divina, tendremos fe divina e infalible].  Si a esto se a\u00f1ade el medio por el cual se nos presenta la autoridad divina para ciertas declaraciones, por ejemplo, la Iglesia Cat\u00f3lica, tenemos fe divina cat\u00f3lica (vea regla de fe).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(c)  De nuevo, sin importar de qu\u00e9 fuente provenga, la evidencia puede ser de varios grados y as\u00ed causar mayor o menor firmeza de adhesi\u00f3n de parte de la mente del que asiente a la verdad.  As\u00ed los argumentos o autoridades en pro y en contra de una verdad pueden ser escasos o parejamente balanceados, en este caso el intelecto no cede en su adhesi\u00f3n a la verdad, sino que permanece en un estado de duda o suspensi\u00f3n absoluta de juicio; o pueden predominar los argumentos de un lado, aunque sin excluir los del otro lado; en este caso no tenemos completa adhesi\u00f3n del intelecto a la verdad en cuesti\u00f3n, sino solamente una opini\u00f3n.  Por \u00faltimo, los argumentos o autoridades presentados pueden ser tan convincentes que la mente da su asentimiento categ\u00f3rico a la declaraci\u00f3n propuesta y no tiene miedo a que no pueda ser cierta; este estado mental se llama certeza, y es la perfecci\u00f3n del conocimiento.  La fe divina, entonces, es esa forma de conocimiento derivado de la autoridad divina, y que consecuentemente engendra certeza en la mente del recipiente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(d)  La necesidad de tal fe divina se deduce del hecho de la revelaci\u00f3n divina, pues revelaci\u00f3n significa que la Verdad Suprema le ha hablado al hombre y le ha revelado verdades que no son en s\u00ed mismas evidentes a la mente humana.  Debemos, entonces, o rechazar completamente la revelaci\u00f3n, o aceptarla por fe; es decir, debemos someter nuestro intelecto a las verdades que no podemos entender, pero que nos llegan por autoridad divina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(e)  Llegaremos a un mejor entendimiento del h\u00e1bito o virtud de fe si hemos analizado previamente un acto de fe; y este an\u00e1lisis se facilitar\u00e1 al examinar un acto de visi\u00f3n ocular y un acto de conocimiento razonado.  En la visi\u00f3n ocular distinguimos tres cosas;  el ojo o facultad visual, el objeto a colores y la luz que sirve como medio entre el ojo y el objeto.  Es com\u00fan llamar al color el objeto formal (objectum formale quod) de la visi\u00f3n, puesto que es lo que s\u00f3lo y precisamente hace a una cosa el objeto de la visi\u00f3n, el objeto individual que se ve se puede llamar el objeto material, es decir, la manzana, el hombre, etc.  Similarmente, la luz que sirve como medio entre el ojo y el objeto se llama la raz\u00f3n formal (objectum formale quo) de nuestra visi\u00f3n real.  Del mismo modo, cuando analizamos un acto de asentimiento intelectual a cualquier verdad dada, debemos distinguir la facultad intelectual que produce el acto, el objeto inteligible al cual se dirige el intelecto, y la evidencia, ya sea intr\u00ednseca o extr\u00ednseca, que nos mueve a asentir a \u00e9l.  No se puede omitir ninguno de estos factores, pues cada uno coopera para realizar el acto, ya sea de visi\u00f3n ocular o de asentimiento intelectual.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(f) Por lo tanto, para un acto de fe necesitamos una facultad capaz de realizar un acto, un objeto proporcionado a la facultad, y evidencia&#8212;no intr\u00ednseca, sino extr\u00ednseca de ese objeto&#8212;que sirva como v\u00ednculo entre la facultad y el objeto.  Comenzaremos nuestro an\u00e1lisis con el objeto.\n<\/p>\n<h2>An\u00e1lisis del objeto o t\u00e9rmino en un acto de fe divina<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">(a)  Para que una verdad sea un acto de fe divina, debe ser divina en s\u00ed misma, y no meramente por provenir de Dios, sino porque en s\u00ed misma se refiera a Dios.  Igual que en la visi\u00f3n ocular el objeto formal debe necesariamente ser algo coloreado, as\u00ed en la fe divina el objeto formal debe ser algo divino&#8211;en lenguaje teol\u00f3gico, el objectum formale quod de la fe divina es la Verdad Suprema del Ser, Prima Veritas in essendo&#8212;no podemos hacer un acto de fe divina sobre la existencia de la India.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(b)  Ahora bien, la evidencia sobre la que asentimos a esta verdad divina tiene que ser tambi\u00e9n divina en s\u00ed misma, y debe haber una relaci\u00f3n tan cercana entre esa verdad y la evidencia sobre la que se basa como la que hay entre el objeto coloreado y la luz; la primera es una condici\u00f3n necesaria para el ejercicio de nuestra facultad visual, la \u00faltima es la causa de nuestra visi\u00f3n real.  Pero nadie sino Dios puede revelar a Dios; en otras palabras, Dios es su propia evidencia.  Por lo tanto, tal como el objeto formal de la fe divina es la Primera Verdad Misma, as\u00ed la evidencia de esa Primera Verdad es la Primera Verdad declar\u00e1ndose a s\u00ed misma.  Para usar el lenguaje escol\u00e1stico una vez m\u00e1s, el \u201cobjectum formale quod\u201d, o el motivo, o la evidencia, de la fe divina es la \u201cPrima Veritas in dicendo\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(c)  Hay una controversia sobre si la misma verdad puede ser objeto tanto de la fe como del conocimiento.  En otras palabras, \u00bfpodemos creer una cosa tanto porque nos la dice una buena autoridad y porque nosotros mismos la percibimos como verdad?  Santo Tom\u00e1s de Aquino, Juan Duns Scoto y otros afirman que una vez que se percibe una cosa como verdad, la adhesi\u00f3n de la mente de ning\u00fan modo se refuerza por la autoridad de quien la establezca como tal, pero la mayor\u00eda de los te\u00f3logos sostienen, con Juan de Lugo, que puede haber un conocimiento que no satisfaga la mente completamente, y que entonces la autoridad puede encontrar un lugar para completar su satisfacci\u00f3n.  Debemos se\u00f1alar aqu\u00ed la absurda expresi\u00f3n \u201cCredo quia impossibile\u201d, que ha provocado muchas sonrisas burlonas.  \u00c9se no es un axioma de los escol\u00e1sticos, seg\u00fan se se\u00f1al\u00f3 en el \u201cRevue de Metaphysique et de Morale\u201d (marzo de 1896, p. 169) y como se sugiri\u00f3 m\u00e1s de una vez en la correspondencia de \u201c\u00bfCreemos?\u201d.  La expresi\u00f3n se debe a Tertuliano, cuyas palabras exactas son: \u00abNatus est Dei Filius; non pudet, quia pudendum est: et mortuus est Dei Filius; prorsus credibile est, quia ineptum est; et sepultus, resurrexit; certum est, quia impossibile\u00bb (De Carne Christi, cap. V).  Este tratado data de los d\u00edas de montanista de Tertuliano, cuando se dej\u00f3 llevar por su amor a la paradoja.  Al mismo tiempo es claro que el escritor s\u00f3lo apunt\u00f3 a exponer la sabidur\u00eda de Dios manifestada en la humillaci\u00f3n de la Cruz; quiz\u00e1s est\u00e1 parafraseando las palabras de San Pablo en 1 Cor. 1,25.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(d)  Vamos ahora a tomar alg\u00fan acto de fe concreto, por ejemplo, \u201cYo creo en la Sant\u00edsima Trinidad\u201d.  Este misterio es el objeto material o individual sobre el cual ejercemos nuestra fe, el objeto formal es su car\u00e1cter de verdad divina, y esta verdad claramente no es evidente en lo que a nosotros se refiere; de ning\u00fan modo apela a nuestro intelecto, por el contrario m\u00e1s bien lo repele.  Y aun as\u00ed asentimos a \u00e9l por fe, en consecuencia, sobre evidencia que es extr\u00ednseca y no intr\u00ednseca a la verdad que aceptamos.  Pero no puede haber ninguna evidencia proporcionada con tal misterio excepto el testimonio divino mismo, y este constituye el motivo para nuestro asentimiento al misterio, y es, en lenguaje escol\u00e1stico, el \u201cobjectum formale quo\u201d de nuestro asentimiento.  Si entonces se nos pregunta por qu\u00e9 creemos con fe divina alguna verdad divina, la \u00fanica respuesta adecuada debe ser porque Dios mismo la ha revelado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(e)  Debemos se\u00f1alar a este respecto la falsedad de la noci\u00f3n prevaleciente de que la fe es ceguera.  \u201cCreemos\u201d, dice el Concilio Vaticano I (III, III), \u201cque la revelaci\u00f3n es la verdad, no ciertamente porque la verdad intr\u00ednseca de estos misterios se vea claramente a la luz natural de la raz\u00f3n, sino debido a la autoridad de Dios que la revela, pues \u00c9l no puede enga\u00f1ar ni ser enga\u00f1ado.\u201d  As\u00ed, para regresar al acto de fe que hacemos de la Sant\u00edsima Trinidad, debemos formularla de modo silog\u00edstico como sigue:  Todo lo que Dios revela es cierto, Dios ha revelado el misterio de la Sant\u00edsima Trinidad, por lo tanto este misterio es verdad.  La premisa mayor es indudable e intr\u00ednsecamente evidente a la raz\u00f3n; la premisa menor es tambi\u00e9n cierta porque nos la declara la Iglesia infalible (cf. Regla de fe), y tambi\u00e9n porque, como dice el Concilio Vaticano, \u201cen adici\u00f3n a la ayuda interna de su Esp\u00edritu Santo a Dios le ha placido darnos ciertas pruebas externas de su revelaci\u00f3n, es decir, ciertos hechos divinos, especialmente milagros y profec\u00edas, pues puesto que \u00e9stas \u00faltimas manifiestan claramente la omnipotencia y omnisciencia de Dios, proporciona las pruebas m\u00e1s certeras de su revelaci\u00f3n y son apropiadas para la capacidad de todos.\u201d  Por lo tanto dice Santo Tom\u00e1s:  \u201cUn hombre no podr\u00eda creer a menos que viera las cosas que debe creer, ya sea por la evidencia de los milagros o de algo similar\u201d (II-II:1:4, ad 1), con lo cual el santo se refiere a los motivos de la credibilidad.\n<\/p>\n<h2>Motivos de credibilidad<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">(a)  Cuando decimos que cierta aseveraci\u00f3n es incre\u00edble a menudo denotamos meramente que es extraordinaria, pero se debe tener en mente que este es un mal uso del lenguaje, pues la credibilidad o incredibilidad de una aseveraci\u00f3n no tiene nada que ver con su probabilidad o improbabilidad intr\u00ednseca; depende solamente de las credenciales de la autoridad que hace la declaraci\u00f3n.  As\u00ed la credibilidad de la declaraci\u00f3n que Inglaterra y Am\u00e9rica han entrado en una alianza secreta depende s\u00f3lo de la posici\u00f3n autoritativa y la veracidad del informante.  Si es un oficinista en una agencia gubernamental es posible que haya obtenido alguna informaci\u00f3n aut\u00e9ntica, pero si nuestro informante es el Primer Ministro de Inglaterra, su declaraci\u00f3n tiene el mayor grado de credibilidad porque sus credenciales son de las mayores.  Cuando hablamos de los motivos de credibilidad de la verdad revelada, significamos la evidencia de que las cosas afirmadas son verdades reveladas.  En otras palabras, la credibilidad de las aseveraciones hechas es correlativa con y proporcionada a las credenciales de la autoridad que las pronuncia.  Ahora bien, las credenciales de Dios son indubitables, pues la misma idea de Dios envuelve la de omnisciencia y de la Verdad Suprema.  Por lo tanto, lo que Dios dice es supremamente cre\u00edble, aunque no necesariamente supremamente inteligible para nosotros.  Sin embargo, aqu\u00ed el asunto real no es sobre las credenciales de Dios o la credibilidad de lo que \u00c9l dice, sino de la credibilidad de la declaraci\u00f3n de que Dios ha hablado.  En otras palabras, \u00bfqui\u00e9n o cu\u00e1l es la autoridad para esta aseveraci\u00f3n, y qu\u00e9 credenciales ostenta dicha autoridad?  \u00bfCu\u00e1les son los motivos de credibilidad de la aseveraci\u00f3n de que Dios ha revelado esto o aquello?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(b)  Estos motivos de credibilidad se pueden establecer brevemente como sigue:  en el Antiguo Testamento considerado no como un libro inspirado, sino meramente como un libro con valor hist\u00f3rico, encontramos detallados los maravillosos tratos de Dios con una naci\u00f3n particular a quien se le revela a s\u00ed mismo repetidamente; leemos de los milagros que obr\u00f3 a su favor y como pruebas de la verdad de la revelaci\u00f3n que \u00c9l hace; encontramos la m\u00e1s sublime ense\u00f1anza y el repetido anuncio del deseo de Dios de salvar al mundo del pecado y sus consecuencias.  Y sobre todo, hallamos a trav\u00e9s de las p\u00e1ginas de este libro una serie de pistas, ya oscuras, ya claras, de una persona portentosa que ha de venir como salvador del mundo; hallamos la afirmaci\u00f3n a veces de que es hombre, y otras de que es Dios mismo.  Cuando miramos al Nuevo Testamento vemos que registra el nacimiento, vida y muerte de Uno que, siendo claramente hombre, tambi\u00e9n pretend\u00eda ser Dios, y quien prob\u00f3 la verdad de su pretensi\u00f3n con su vida entera, milagros, ense\u00f1anzas y muerte, y finalmente con su triunfante Resurrecci\u00f3n.  Adem\u00e1s, vemos que fund\u00f3 una Iglesia que, seg\u00fan dijo, perdurar\u00eda hasta el final de los tiempos y ser\u00eda la depositaria de su ense\u00f1anza, y ser\u00eda el medio para aplicar a todos los hombres los frutos de la redenci\u00f3n que \u00c9l obr\u00f3.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando venimos a la historia posterior de esta Iglesia, la encontramos extendi\u00e9ndose r\u00e1pidamente por doquier, y esto a pesar de su humilde origen, su ense\u00f1anza no mundana, y la cruel persecuci\u00f3n con que tropieza a manos de los gobernantes de este mundo.  Y con el correr de los siglos, encontramos a esta Iglesia batallando contra herej\u00edas, cismas y los pecados de su propia gente&#8212;no, de sus propios gobernantes&#8212;y aun as\u00ed contin\u00faa siendo la misma, promulgando siempre la misma doctrina, y poniendo delante de los hombres los mismos misterios de la vida, muerte y Resurrecci\u00f3n del Salvador del mundo, quien, seg\u00fan ense\u00f1\u00f3 ella, se hab\u00eda ido antes a preparar un hogar para aquellos que en su vida terrenal hab\u00edan cre\u00eddo en \u00c9l y hab\u00edan peleado la buena batalla.  Pero si la historia eclesi\u00e1stica desde la \u00e9poca del Nuevo Testamento confirma tan maravillosamente al Nuevo Testamento mismo, y si el Nuevo Testamento completa tan maravillosamente el Antiguo, estos libros deben realmente contener lo que reclaman contener, es decir, la revelaci\u00f3n divina.  Y sobre todo, esa Persona cuya vida y muerte fueron tan detalladamente predichas en el Antiguo Testamento, y cuya historia, seg\u00fan contada en el Nuevo corresponde tan perfectamente con su delineaci\u00f3n prof\u00e9tica en el Antiguo, debe ser quien \u00c9l reclam\u00f3 ser, es decir el Hijo de Dios; por lo tanto su obra debe ser Divina.  La Iglesia que el fund\u00f3 debe tambi\u00e9n ser divina y la depositaria y guardiana de su ense\u00f1anza.  Ciertamente, podemos decir para toda verdad del cristianismo que creemos, Cristo mismo es nuestro testimonio, y  creemos en \u00c9l porque la Divinidad que reclam\u00f3 descansa sobre el testimonio concurrente de sus milagros, sus profes\u00edas, su car\u00e1cter personal, la naturaleza de su doctrina, la maravillosa propagaci\u00f3n de su ense\u00f1anza a pesar de ir contra la carne y la sangre, el testimonio unido de miles de m\u00e1rtires, las historias de incontables santos que por amor a \u00c9l llevaron vidas heroicas, la historia de la Iglesia misma desde la Crucifixi\u00f3n, y, quiz\u00e1s, m\u00e1s notable que nada, la historia del papado desde San Pedro hasta Benedicto XVI.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(c)  Estos testimonios son un\u00e1nimes; todos se\u00f1alan en una direcci\u00f3n, pertenecen a todas las \u00e9pocas, son claros y simples, y est\u00e1n al alcance de la inteligencia m\u00e1s modestas.  Y, como dijo el Concilio Vaticano I, \u201cla Iglesia misma es, por su maravillosa propagaci\u00f3n, su portentosa santidad su inagotable fecundidad en buenas obras, su unidad cat\u00f3lica, y su duradera estabilidad, un motivo grande y perpetuo de credibilidad y un testigo irrefragable de su comisi\u00f3n divina\u201d (Cont. Dei Filius).  \u201cLos Ap\u00f3stoles\u201d, dice San Agust\u00edn, \u201cvieron la Cabeza y creyeron en el Cuerpo; nosotros vemos el Cuerpo, creamos pues en la Cabeza\u201d (Serm\u00f3n CCXLIII, 8 (al. CXLIII), de temp., P.L., V 1143).  Todo creyente debe hacerse eco de las palabras de Ricardo de San V\u00edctor, \u201cSe\u00f1or, si estamos en el error, por ti mismo hemos sido enga\u00f1ados&#8212;pues \u00e9stas cosas han sido confirmadas por tales signos y maravillas en medio nuestro como podr\u00edan haber sido hechos s\u00f3lo por Ti!\u201d (de Trinitate, 8, cap. II).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(d)  Pero existen muchos malentedidos respecto al significado y oficio de los motivos de credibilidad.  En primer lugar, ellos nos proveen conocimiento definido y certero de la revelaci\u00f3n Divina; pero este conocimiento precede a la fe; no es el motivo final para nuestro asentimiento a las verdades de fe&#8212;como dice Santo Tom\u00e1s, \u201cLa fe tiene el car\u00e1cter de una virtud, no por las cosas en las que cree, pues la fe es sobre cosas invisibles, sino porque se adhiere al testimonio de Uno en quien se halla la verdad infalible\u201d (De Veritate, XIV, 8); este conocimiento de la verdad revelada que precede a la fe s\u00f3lo puede engendrar fe humana, ni siquiera es la causa de la fe divina (cf. Francisco Su\u00e1rez, be Fide disp. III, 12), sino m\u00e1s bien debe considerarse como una remota disposici\u00f3n a ella.  Debemos insistir sobre esto porque en la mente de muchos la fe se considera como una consecuencia m\u00e1s o menos necesaria de un estudio cuidadoso de los motivos de credibilidad, una opini\u00f3n que el Vaticano I condena expresamente: \u201cSi alguno dice que el asentir a la fe cristiana no es libre, sino que necesariamente se deduce de los argumentos que la raz\u00f3n humana puede proveer a su favor; o si alguno dice que la gracia de Dios es s\u00f3lo necearia para esa fe viva que obra a trav\u00e9s de la caridad, que sea anatema\u201d (Ses. IV).  Ni los motivos de credibilidad pueden hacer claros en s\u00ed mismos a los misterios de la fe en s\u00ed mismos, pues, como dice Santo Tom\u00e1s, \u201clos argumentos que nos inducen a creer, por ejemplo, los milagros, no prueban la fe en s\u00ed misma, sino s\u00f3lo la veracidad del que nos la declara, y consecuentemente, no engendran conocimiento de los misterios de la fe, sino s\u00f3lo fe\u201d (in Sent., III, XXIV, Q. I, art. 2, sol. 2, ad 4).  Por otro lado, no debemos minimizar la fuerza probativa ral de los motivos de credibilidad dentro de su verdadera esfera&#8212;\u201cLa raz\u00f3n declara que desde el mismo comienzo la ense\u00f1anza de los  Evangelios se volvi\u00f3 notoria por los signos y maravillas que dieron, por as\u00ed decirlo, prueba definida de una verdad definida\u201d (Papa Le\u00f3n XIII, \u00c6terni Patris).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(e) La Iglesia ha condenado dos veces la opini\u00f3n de que la fe descansa esencialmente sobre una acumulaci\u00f3n de probabilidades.  As\u00ed la proposici\u00f3n, \u201cEl asentimiento a la fe sobrenatural\u2026 es consistente con conocimiento de revelaci\u00f3n meramente probable\u201d fue condenada por el Papa Inocencio XI en 1679 (cf. Denzinger, Enchiridion, 10ma ed., no. 1171); y el Syllabus Lamentabili sane (julio de 1907) condena la proposici\u00f3n (XXV) de que \u201cel asentimiento a la fe descansa esencialmente sobre una acumulaci\u00f3n de probabilidades.\u201d  Pero desde que el gran nombre de Newman fue arrastrado a la controversia respecto a esta \u00faltima proposici\u00f3n, debemos se\u00f1alar que, en la \u201cGram\u00e1tica del Asentimiento\u201d (Cap. X, Sec. 2), Newman se refiere s\u00f3lo a la prueba de fe provista por los motivos de credibilidad, y rectamente concluye que, puesto que \u00e9stas no son demostrativas, esta l\u00ednea de prueba puede ser llamada \u201cuna acumulaci\u00f3n de probabilidades\u201d.  Pero ser\u00eda absurdo decir que Newman por lo tanto bas\u00f3 el asentimiento final de la fe sobre esta acumulaci\u00f3n&#8212;de hecho, \u00e9l no est\u00e1 haciendo un an\u00e1lisis del acto de fe, sino s\u00f3lo de las bases de la fe; el asunto de la autoridad no entra en su argumento (cf. McNabb, Oxford, Conferencias sobre la Fe, p\u00e1gs. 121-122).\n<\/p>\n<h2>An\u00e1lisis del Acto de Fe desde el Punto de Vista Subjetivo<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">(a)  La luz de la fe:  Un \u00e1ngel entiende las verdades que est\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 de la comprensi\u00f3n del hombre; entonces si se llamara a un hombre a asentir a la verdad m\u00e1s all\u00e1 del alcance del intelecto humano, pero dentro del alcance del intelecto ang\u00e9lico, \u00e9l requerir\u00eda por el momento algo m\u00e1s que la luz natural de la raz\u00f3n, \u00e9l requerir\u00eda lo que podemos llamar \u201cla luz ang\u00e9lica\u201d.  Si, de nuevo, el mismo hombre se llamase a asentir a una verdad m\u00e1s all\u00e1 del alcance tanto del hombre como de los \u00e1ngeles, \u00e9l claramente necesitar\u00eda una luz todav\u00eda m\u00e1s alta, y a esta luz la llamamos \u201cla luz de la fe\u201d&#8212;una luz, porque lo capacita para asentir a aquellas verdades sobrenaturales, y la luz de la fe porque ilumina aquellas verdades de fe para que ya no sean obscuras, pues la fe debe ser siempre \u201cgarant\u00eda de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven\u201d (Hb. 11,1).  Por lo tanto Santo Tom\u00e1s (De Veritate, XIV, 9, ad 2) dice:  \u201cAunque la divinamente infusa luz de la fe es m\u00e1s poderosa que la luz natural de la raz\u00f3n, sin embargo, en nuestro estado presente participamos s\u00f3lo imperfectamente en ella; y por lo tanto sucede que no produce en nosotros la visi\u00f3n real de aquellas cosas que quiere ense\u00f1arnos; tal visi\u00f3n pertenece a nuestra morada eterna, donde participaremos perfectamente en esa luz, donde a la luz de Dios veremos la luz\u201d (Sal. 36(35),10).\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(b) Por lo que se ha dicho, la necesidad de dicha luz es evidente, pues la fe es esencialmente un acto de asentimiento, y justo como asentimiento a una serie de razonamientos deductivos o inductivos, o a una intuici\u00f3n de primeros principios, ser\u00eda imposible sin la luz de la raz\u00f3n, as\u00ed tambi\u00e9n el asentimiento a una verdad sobrenatural ser\u00eda inconcebible sin un fortalecimiento sobrenatural de la luz natural \u201cQuid est enim fides nisi credere quod non vides?\u201d  (es decir, \u00bfqu\u00e9 es la fe sino la creencia en lo que no vemos?)  pregunta San Agust\u00edn; pero \u00e9l dice tambi\u00e9n: \u201cLa fe tiene sus ojos por los cuales ella ve de alg\u00fan modo que es verdadero lo que a\u00fan no ha visto&#8212;y por los cuales, tambi\u00e9n, m\u00e1s seguramente ve que no ve lo que cree\u201d \u00bb [Ep. ad Consent., ep. CXX 8 (al. CCXXII), P.L., II, 456].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(c)  Adem\u00e1s, es evidente que esta \u201cluz de la fe\u201d es un don sobrenatural y no es el producto necesario de un asentimiento a los motivos de credibilidad.  Ning\u00fan estudio la puede ganar, ninguna convicci\u00f3n intelectual de la religi\u00f3n revelada ni incluso de las pretensiones de la Iglesia a ser nuestra gu\u00eda infalible en materias de fe, producir\u00e1 esta luz en la mente del hombre; es un don gratuito de Dios.  Por lo tanto el Concilio Vaticano I (III, III) ense\u00f1a que \u201cla fe es una virtud sobrenatural por la cual nosotros, con la inspiraci\u00f3n y ayuda de la gracia santificante, creemos que son verdaderas aquellas cosas que \u00c9l nos ha revelado\u201d.  El mismo decreto contin\u00faa diciendo que \u201caunque el asentir a la fe no es un sentido ciego, aun as\u00ed nadie puede asentir a la ense\u00f1anza del Evangelio en la forma necesaria para la salvaci\u00f3n sin la iluminaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, quien concede a todos una dulzura al creer y consentir a la verdad\u201d.  As\u00ed, la fe no puede considerarse ceguera ni respecto a la verdad cre\u00edda, ni respecto a los motivos para creer, ni respecto al principio subjetivo por el cual creemos&#8212;es decir, la luz infusa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(d) El lugar de la voluntad en un acto de fe:  Hasta aqu\u00ed hemos visto que la fe es un acto del intelecto que asiente a la verdad que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de su alcance, por ejemplo, el misterio de la Sant\u00edsima Trinidad.  Pero a muchos le parecer\u00e1 casi f\u00fatil pedirle al intelecto que asienta a una proposici\u00f3n que no es intr\u00ednsecamente evidente como ser\u00eda pedirle al ojo que vea un sonido.  Es claro, sin embargo, que la voluntad puede mover al intelecto ya sea a estudiar o no cierta verdad, aunque la verdad sea una evidente en s\u00ed misma&#8212;por ejemplo, que el todo es mayor que la parte&#8212;la voluntad no puede hacer que el intelecto se adhiera a ella; pero s\u00ed puede, sin embargo, moverla a pensar en algo m\u00e1s, y as\u00ed distraerla de la contemplaci\u00f3n de esa verdad particular.  Si la voluntad mueve al intelecto a considerar alg\u00fan punto debatible&#8212;por ejemplo, las teor\u00edas copernicanas y ptolemaicas sobre la relaci\u00f3n entre el sol y la tierra&#8212;es claro que el intelecto puede s\u00f3lo asentir a una de estas opiniones en la medida en que est\u00e9 convencido que esa opini\u00f3n particular es cierta.  Pero hasta donde sabemos, ninguna opini\u00f3n tiene m\u00e1s que una verdad probable, por lo tanto el intelecto por s\u00ed mismo s\u00f3lo puede dar su adherencia parcial a una de las opiniones, siempre debe ser excluida de un asentimiento absoluto por la posibilidad de que la otra opini\u00f3n sea la correcta.  El hecho de que los hombres se adhieran mucho m\u00e1s tenazmente a una de estas que lo que los argumentos confirman se puede deber s\u00f3lo a algunas consideraciones extr\u00ednsecas, por ejemplo, que es absurdo no afirmar lo que la inmensa mayor\u00eda de los hombres afirman.  Y aqu\u00ed cabe se\u00f1alar que, como dice Santo Tom\u00e1s en repetidas ocasiones, el intelecto s\u00f3lo sanciona a una declaraci\u00f3n por una de dos razones: ya sea porque esa afirmaci\u00f3n es inmediata o mediatamente evidente en s\u00ed misma&#8212;por ejemplo, un primer principio o una conclusi\u00f3n de las premisas&#8212; o porque la voluntad lo mueve a hacerlo.  Por supuesto, la evidencia extr\u00ednseca entra en juego cuando falta la evidencia intr\u00ednseca, pero, aunque ser\u00eda absurdo, sin evidencias de peso en su apoyo, asentir a una verdad que no comprendemos; aunque ninguna cantidad de evidencia nos puede hacer asentir, s\u00f3lo podr\u00eda demostrar que la declaraci\u00f3n en cuesti\u00f3n era cre\u00edble, nuestro asentimiento real final se podr\u00eda deber s\u00f3lo a la evidencia intr\u00ednseca que la propia declaraci\u00f3n ofreci\u00f3, o en su defecto, debido a la voluntad. .  De ah\u00ed que Santo Tom\u00e1s repetidamente define el acto de fe como el asenso del intelecto determinado por la voluntad (De Veritate, XIV, 1, II-II, Q. II, a. 1, ad 3, 2, C.; ibid., IV, 1, C., y ad 2).  La raz\u00f3n, entonces, por la que los hombres se aferran a ciertas creencias m\u00e1s fuertemente de lo que los argumentos a su favor podr\u00edan confirmar, se debe buscar en la voluntad m\u00e1s que en el intelecto.  Las autoridades se encuentran a ambos lados, la evidencia intr\u00ednseca no es convincente, pero algo se ganar\u00e1 asintiendo a una opini\u00f3n en lugar de la otra, y esta apela a la voluntad, que por lo tanto determina al intelecto a asentir a la opini\u00f3n que promete m\u00e1s.  Asimismo, en la fe divina son fuertes las credenciales de la autoridad que nos dice que Dios ha hecho ciertas revelaciones, pero siempre son extr\u00ednsecas a la proposici\u00f3n, \u201cDios ha revelado esto o aquello\u00bb, y en consecuencia, no pueden obligar a nuestro consentimiento; sino que simplemente nos demuestran que esta afirmaci\u00f3n es cre\u00edble.  Cu\u00e1ndo, entonces, nos preguntamos si debemos o no debemos dar nuestro asentimiento libre a cualquier declaraci\u00f3n particular, sentimos que en primer lugar no podemos hacerlo a menos que haya una fuerte evidencia extr\u00ednseca a su favor, pues ser\u00eda absurdo creer una cosa por el mero hecho de querer creerla.  En segundo lugar, la proposici\u00f3n misma no obliga a nuestro consentimiento, ya que no es intr\u00ednsecamente evidente, pero queda el hecho de que s\u00f3lo con la condici\u00f3n de nuestro asentimiento a la misma, tendremos lo que el alma humana naturalmente anhela, es decir, la posesi\u00f3n de Dios; qui\u00e9n es, como declaran tanto la raz\u00f3n como la autoridad, nuestro fin \u00faltimo; \u00abEl que creyere y fuere bautizado, ser\u00e1 salvo\u00bb, y \u00abSin fe es imposible agradar a Dios.\u00bb  Santo Tom\u00e1s expresa esto diciendo: \u00abLa disposici\u00f3n del creyente es la de uno que acepta la palabra de otro por alguna declaraci\u00f3n, porque parece adecuado o \u00fatil aceptarla.  De la misma manera creemos en la revelaci\u00f3n divina porque se nos ha prometido la recompensa de la vida eterna por as\u00ed hacerlo.  Es la voluntad que se mueve por la perspectiva de esta recompensa a asentir a lo que se dice, aunque el intelecto no se mueve por algo que \u00e9l entiende. Por ello dice San Agust\u00edn (Tract. XXVI en Joannem, 2):  Cetera potest homo nolens, credere nonnisi volens &#8216; [es decir, el hombre puede hacer otras cosas contra su voluntad, pero para creer debe querer]\u00bb (De Ver., XIV, 1).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(e) Pero as\u00ed como el intelecto necesita una luz nueva y especial para asentir a las verdades sobrenaturales de la fe, as\u00ed tambi\u00e9n la voluntad necesita una gracia especial de Dios a fin de que pueda tender a ese bien sobrenatural que es la vida eterna.  La luz de la fe, entonces, ilumina el entendimiento, aunque la verdad siga siendo oscura, puesto que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del alcance del intelecto; pero la gracia sobrenatural mueve a la voluntad, que, al tener ante s\u00ed un bien sobrenatural, mueve al intelecto a asentir a lo que no entiende.  De ah\u00ed que la fe es descrita como \u00abreduciendo a cautiverio todo entendimiento para obediencia de Cristo\u00bb (2 Cor. 10,5).\n<\/p>\n<h2>Definici\u00f3n de fe<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El an\u00e1lisis anterior nos permitir\u00e1 definir un acto de fe sobrenatural divina sobrenatural como \u00abel acto del intelecto que asiente a una verdad divina debido al movimiento de la voluntad, que es a su vez movida por la gracia de Dios\u201d (Santo Tom\u00e1s, II-II, Q. IV, a. 2).  Y as\u00ed como la luz de la fe es un don sobrenatural concedido al entendimiento, as\u00ed tambi\u00e9n esta gracia divina que mueve la voluntad es, como su nombre implica, un don igualmente sobrenatural y un regalo absolutamente gratuito.  Ni el regalo es debido a estudios anteriores, ni ninguno de ellos puede ser adquirido por los esfuerzos humanos, sino \u00abPedid y se os dar\u00e1\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De todo lo dicho se deducen dos corolarios muy importantes:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022\tQue las tentaciones contra la fe son naturales e inevitables y que de ning\u00fan modo son contrarias a la fe, \u201cpuesto que\u201d, dice Santo Tom\u00e1s, \u201cel asenso del intelecto en fe se debe a la voluntad, y puesto que el objeto al que el intelecto as\u00ed asiente no es su propio objeto&#8212;pues esa es la visi\u00f3n real de un objeto inteligible&#8212;se deduce que la actitud del intelecto hacia ese objeto no es una de tranquilidad; por el contrario, piensa y se pregunta acerca de las cosas que cree, al mismo tiempo que asiente a ellas sin vacilar, porque en la medida en que ella misma se refiere el intelecto no est\u00e1 satisfecho \u00ab(De Ver., XIV, 1).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022\tTambi\u00e9n se desprende de lo anterior que un acto de fe sobrenatural es meritorio, ya que procede de la voluntad movida por la gracia divina o la caridad, y por lo tanto tiene todos los componentes esenciales de un acto meritorio (cf. II-II, Q . II, a. 9).  Esto nos permite comprender las palabras de Santiago, cuando dice:  \u201cLos demonios tambi\u00e9n creen y tiemblan\u201d (2,19). \u00abNo es de buen grado que asienten\u00bb, dice Santo Tom\u00e1s \u00ab, pero se ven obligados a ello por la evidencia de aquellos signos que prueban lo que los creyentes afirman como cierto, aunque incluso esas pruebas no hacen las verdades de la fe tan evidente capaces de ofrecer lo que se denomina visi\u00f3n de ellas\u00bb (De Ver., XIV, 9, ad 4), ni es su fe divina, sino meramente filos\u00f3fica y natural.  Algunos pueden imaginarse que los an\u00e1lisis precedentes son superfluos, y pueden pensar que saben demasiado a escolasticismo.  Pero si alguien va a pasar el trabajo de comparar la ense\u00f1anza de los Padres, de los escol\u00e1sticos y de los te\u00f3logos de la Iglesia Anglicana en los siglos XVII y XVIII, con la de los te\u00f3logos no cat\u00f3licos de hoy, se encuentra que los escol\u00e1sticos simplemente le dan forma a lo que ense\u00f1aron los Padres, y que los grandes te\u00f3logos ingleses le deben su solidez y valor real a sus vastos conocimientos patr\u00edsticos y a su formaci\u00f3n estrictamente l\u00f3gico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Que cualquiera que dude de esta afirmaci\u00f3n compare la \u201cAnalog\u00eda de Religi\u00f3n\u201d del obispo Butler, caps. V, VI, con el documento sobre \u00abla fe\u00bb donado a Lux Mundi.  El autor de este \u00faltimo documento nos dice que \u00abla fe es una energ\u00eda elemental del alma\u201d, \u00abuna prueba tentativa\u00bb, que \u00absu nota principal ser\u00e1 la  confianza\u00bb, y por \u00faltimo, que \u00aben respuesta a la demanda de definici\u00f3n, se puede s\u00f3lo reiterar: \u00abLa fe es la fe.  Creer es s\u00f3lo creer\u00bb.  En ninguna parte hay ning\u00fan an\u00e1lisis de los t\u00e9rminos, en ninguna parte ninguna distinci\u00f3n entre los roles relativos desempe\u00f1ados por el intelecto y la voluntad; y creemos que los que lean el documento deben haberse levantado de su lectura con la sensaci\u00f3n de haber estado vagando a trav\u00e9s de&#8212;usamos la propia expresi\u00f3n del escritor&#8212;\u00abun enga\u00f1oso laberinto de palabras.\u00bb\n<\/p>\n<h2>El h\u00e1bito de la fe y la vida de fe<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">(a)  Hemos definido el acto de fe como el asentimiento del intelecto a una verdad que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de su comprensi\u00f3n, pero que acepta bajo la influencia de la voluntad movida por la gracia; y a partir del an\u00e1lisis estamos ahora en condiciones de definir la virtud de la fe como un h\u00e1bito sobrenatural por el que creemos firmemente que son verdaderas todas esas cosas que Dios ha revelado.   Ahora bien, toda virtud es la perfecci\u00f3n de alguna facultad, pero la fe resulta de la acci\u00f3n combinada de dos facultades, a saber, el intelecto que provoca el acto, y la voluntad que mueve el intelecto para hacerlo; en consecuencia, la perfecci\u00f3n de la fe depender\u00e1 de la perfecci\u00f3n con que cada una de estas facultades realice su tarea asignada; el intelecto debe asentir sin vacilar, la voluntad debe moverse con rapidez y facilidad a hacerlo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(b)  La aprobaci\u00f3n sin vacilaciones del intelecto no puede deberse a la convicci\u00f3n intelectual de la razonabilidad de la fe, si consideramos los motivos en los que se basa o las verdades reales que creemos, pues \u00abla fe es la evidencia de las cosas que no se ven\u00bb; debe, entonces, referirse al hecho de que estas verdades vienen a nosotros por el testimonio divino infalible.  Y aunque la fe es tan esencialmente de \u00ablo invisible\u00bb puede ser que la funci\u00f3n especial de la luz de la fe, que hemos visto que es tan necesaria, es en cierto modo suministrarnos, no ya la visi\u00f3n, sino una apreciaci\u00f3n instintiva de las verdades que se declaran ser reveladas.  Santo Tom\u00e1s parece aludir a esto cuando dice: \u00abComo por otros h\u00e1bitos virtuosos el hombre ve lo que concuerda con esos h\u00e1bitos, as\u00ed por el h\u00e1bito de la fe la mente de un hombre se inclina a asentir a las cosas que pertenecen a la verdadera fe y no a otras cosas\u00bb (II-II: 4:4, ad 3).   En cada acto de fe este firme asentimiento del intelecto se debe al movimiento de la voluntad como su causa eficiente, y lo mismo debe decirse de las virtudes teologales de fe cuando las consideramos como un h\u00e1bito o como una virtud moral, pues, como insiste Santo Tom\u00e1s (I-II, Q. LVI,), no hay virtud, propiamente dicha, en el intelecto salvo en la medida en que est\u00e1 sujeta a la voluntad.  As\u00ed, la prontitud habitual de la voluntad para mover el intelecto a asentir a las verdades de la fe no es s\u00f3lo la causa eficiente del asentimiento del intelecto, sino que es precisamente lo que le da a este asentimiento su car\u00e1cter virtuoso y, en consecuencia, meritorio.  Por \u00faltimo, esta prontitud de la voluntad s\u00f3lo puede venir de su tendencia firme al Bien Supremo.   Y en el riesgo de repetici\u00f3n, debemos de nuevo llamar la atenci\u00f3n sobre la distinci\u00f3n entre la fe como un h\u00e1bito puramente intelectual, que como tal es seco y \u00e1rido, y de la fe que reside, de hecho, en el intelecto, pero motivada por la caridad o el amor de Dios, quien es nuestro principio, nuestro fin \u00faltimo y nuestra recompensa sobrenatural.  \u201cCada movimiento verdadero de la voluntad\u201d, dice San Agust\u00edn, \u201cprocede del amor verdadero\u201d (de Civ. Dei, XIV, IX), y, como expresa bellamente en otro lugar, Quid est ergo credere in Eum? Credendo amare, credendo diligere, credendo in Eum ire, et Ejus membris incorporari. Ipsa est ergo fides quam de nobis Deus exigit- et non invenit quod exigat, nisi donaverit quod invenerit.  (Tract. XXIX en Joannem, 6.&#8212;\u00ab\u00bfQu\u00e9, entonces es creer en Dios?&#8212;Es amarlo por creerle, ir a \u00c9l por creer, y ser incorporado a sus miembros.  \u00c9sta, entonces, es la fe que Dios exige de nosotros; y \u00e9l no encuentra lo que puede exigir excepto donde \u00c9l ha dado lo que puede encontrar.\u00bb)  Esto es, pues, lo que se entiende por fe \u00abviva\u00bb, o como la llaman los te\u00f3logos, fides formata, a saber \u201cinformada\u201d por la caridad o el amor de Dios.   Si consideramos la fe precisamente como un asentimiento provocado por el intelecto, entonces esa fe desnuda es el mismo h\u00e1bito num\u00e9ricamente como cuando se le a\u00f1ade el principio formativo de la caridad, pero no tiene el car\u00e1cter verdadero de la virtud moral y no es una fuente de m\u00e9rito.  Si, pues, se extingue la caridad&#8212;si, en otras palabras, un hombre cae en pecado mortal y por lo tanto sin la gracia santificante habitual de Dios que es la \u00fanica que da a su voluntad esa tendencia debida a Dios como su fin sobrenatural y la cual es requisito para los actos sobrenaturales y meritorios&#8212;es evidente que ya no existe en la voluntad ese poder con el que puede, a partir de motivos sobrenaturales, mover el intelecto a asentir a las verdades sobrenaturales  El intelectual y divinamente infuso h\u00e1bito de la fe permanece, sin embargo, y cuando la caridad regresa este h\u00e1bito adquiere de nuevo el car\u00e1cter de la fe \u00abviva\u00bb y meritoria.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(c)  Una vez m\u00e1s, al ser la fe una virtud, se deduce que la prontitud de un hombre en creer lo har\u00e1 amar las verdades que cree, y por lo tanto, las estudiar\u00e1, no ciertamente en el esp\u00edritu de una investigaci\u00f3n dudosa, sino para comprenderlas mejor en la medida en que la raz\u00f3n humana se lo permita.  Esa investigaci\u00f3n ser\u00e1 meritoria y har\u00e1 su fe m\u00e1s robusta porque, al mismo tiempo que se coloca cara a cara con las dificultades intelectuales que conlleva, necesariamente ejercitar\u00e1 su fe y repetidamente \u00abllevar\u00e1 su intelecto a la sumisi\u00f3n\u00bb.  As\u00ed San Agust\u00edn dice: \u00ab\u00bfCu\u00e1l puede ser la recompensa de la fe?  \u00bfQu\u00e9 puede significar su mismo nombre, si deseas ver ahora lo que crees?  No debes ver para creer, debes creer para ver, debes creer mientras no veas, no sea que cuando veas quedes avergonzado\u201d (Sermo, XXXVIII, 2, PL, V, 236).  Y es en este sentido que debemos entender sus tantas veces repetidas palabras: \u00abCrede ut intelligas\u00bb (cree para que puedas entender).  As\u00ed, al comentar a Isa\u00edas 7,9 en la Versi\u00f3n de los Setenta, que dice:   nisi credideritis non intelligetis, \u00e9l dice: Proficit ergo noster intellectus ad intelligenda quae credat, et fides proficit ad credenda quae intelligat; et eadem ipsa ut magis magisque intelligantur, in ipso intellectu proficit mens. Sed hoc non fit propriis tanquam naturalibus viribus sed Deo donante atque adjuvante (Enarr. en Sal. 118, Sermo XVIII,3.  \u00abPor lo tanto, nuestro intelecto es \u00fatil para entender las cosas que cree, y la fe sirve para creer lo que entiende; y para que estas mismas cosas pueden ser m\u00e1s y m\u00e1s entendidas, la facultad de pensar [Hombres] es de utilidad en el intelecto.  Pero esto no se lleva a cabo como por nuestros propios poderes naturales, sino por el don y la ayuda de Dios. \u00abCf. Sermo XLIII, 3, en Is., 7,9; PL, V, 255).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(d)  Adem\u00e1s, el h\u00e1bito de la fe puede ser m\u00e1s fuerte en una persona que en otra, \u201cya sea debido a la mayor certeza y firmeza en la fe que uno tiene m\u00e1s que otro, o debido a su mayor prontitud en asentir, o debido a su mayor devoci\u00f3n a las verdades de la fe, o debido a su mayor confianza\u201d (II-II: 5:4).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(e)   A veces nos preguntan si realmente estamos seguros de las cosas que creemos, y respondemos correctamente en la afirmativa; pero en sentido estricto, la certeza puede considerarse desde dos puntos de vista:  si nos fijamos en su causa, tenemos en la fe la forma m\u00e1s alta de certeza, pues su causa es la Verdad Esencial, pero si nos fijamos en la certeza que surge de la medida en que el intelecto capta una verdad, entonces, en la fe no tenemos tan perfecta certeza como la que tenemos de las verdades demostrables, ya que las verdades cre\u00eddas est\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 de la comprensi\u00f3n del intelecto (II-II, Q. IV, 8; de Ver., XIV, y I, ad 7).\n<\/p>\n<h2>La g\u00e9nesis de la fe en el alma individual<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">(a) Muchos reciben su fe en su infancia, a otros les llega m\u00e1s adelante en su vida, y su g\u00e9nesis es a menudo mal entendida.  Sin inmiscuirnos en el art\u00edculo revelaci\u00f3n, podemos describir la g\u00e9nesis de la fe en la mente adulta m\u00e1s o menos como sigue:  al estar el hombre dotado de raz\u00f3n, la investigaci\u00f3n razonable debe preceder a la fe; ahora podemos probar por la raz\u00f3n la existencia de Dios, la inmortalidad del alma y el origen y destino del hombre, pero de estos hechos se deduce la necesidad de la religi\u00f3n, y la religi\u00f3n verdadera debe ser el verdadero culto al Dios verdadero, no conforme a nuestras ideas, sino de acuerdo a lo que \u00c9l mismo ha revelado.   Pero, \u00bfpuede Dios revelarse a s\u00ed mismo a nosotros?  Y, suponiendo que s\u00ed puede, \u00bfd\u00f3nde se halla tal revelaci\u00f3n?   Se dice que aparece en la Biblia; \u00bfpero acaso la investigaci\u00f3n confirma la pretensi\u00f3n de la Biblia?  S\u00f3lo tomaremos un punto:  el Antiguo Testamento espera con agrado, como ya hemos visto, a uno que est\u00e1 por venir y qui\u00e9n es Dios; el Nuevo Testamento nos muestra a uno que reclamaba ser el cumplimiento de las profec\u00edas y ser Dios; cuya pretensi\u00f3n fue confirmada con su vida, muerte y resurrecci\u00f3n, por su ense\u00f1anza, milagros y profec\u00edas.  Incluso afirm\u00f3 que hab\u00eda  una Iglesia  que deber\u00eda consagrar su revelaci\u00f3n y ser\u00eda la gu\u00eda infalible para todos los que deseen cumplir su voluntad y salvar sus almas.  \u00bfCu\u00e1l de las numerosas iglesias existentes es la suya?  Debe tener  ciertas caracter\u00edsticas definidas o \u201cnotas\u201d.  Debe ser Una, Santa,  Cat\u00f3lica y Apost\u00f3lica, y debe reclamar poder docente infalible.  Ninguna, sino la Iglesia apost\u00f3lica, santa, cat\u00f3lica y romana puede reclamar estas caracter\u00edsticas, y su historia es una prueba irrefutable de su misi\u00f3n divina.  Si, entonces, ella es la verdadera Iglesia, su ense\u00f1anza debe ser infalible y debe ser aceptada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(b) \u00bfAhora bien, cu\u00e1l es el estado del investigador que ha llegado tan lejos?  Ha procedido por pura raz\u00f3n, y, si por los motivos establecidos se somete a la autoridad de la Iglesia Cat\u00f3lica y cree en sus doctrinas, s\u00f3lo tiene fe humana, razonable y falible.  M\u00e1s tarde puede tener alguna raz\u00f3n para cuestionar los diversos pasos en su l\u00ednea de argumentaci\u00f3n, puede dudar de alguna verdad ense\u00f1ada por la Iglesia y podr\u00e1 retirar el consentimiento que ha dado a su autoridad docente.  En otras palabras, no tiene fe Divina en absoluto; pues la fe Divina es sobrenatural tanto en el principio que provoca los actos  como en los objetos o las verdades sobre los cuales recae.  El principio que provoca asentimiento a una verdad que est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 del alcance de la mente humana debe ser esa misma mente iluminada por una luz superior a la luz de la raz\u00f3n, a saber, la luz de la fe, y puesto que, incluso con esta luz de la fe, el intelecto se mantiene humano, la verdad que se cree sigue siendo a\u00fan oscura, la aprobaci\u00f3n definitiva del intelecto debe proceder de la voluntad asistida por la gracia divina, como hemos visto anteriormente.   Pero tanto esta luz divina como esta gracia divina son puros dones de Dios, y en consecuencia s\u00f3lo son concedidas seg\u00fan su voluntad.  Es aqu\u00ed donde entra el hero\u00edsmo de la fe; nuestra raz\u00f3n nos puede llevar a la puerta de la fe, pero nos deja all\u00ed; y Dios nos pide ese deseo sincero de creer en aras de la recompensa&#8212;\u00abYo soy tu recompensa muy superior\u00bb&#8212;que nos permitir\u00e1 reprimir los recelos del intelecto y decir, \u00abYo creo, Se\u00f1or, pero aumenta mi fe.\u201d  \u00abComo expresa San Agust\u00edn, Ubi defecit ratio, ibi est fidei aedificatio (Sermo CCXLVII, P.L., V, 1157&#8212;\u00abDonde la raz\u00f3n falla se construye la fe\u201d).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(c) Cuando se ha realizado este acto de sumisi\u00f3n, la luz de la fe inunda el alma e incluso se remonta a los motivos mismos que ten\u00eda para ser tan laboriosamente estudiada en nuestra b\u00fasqueda de la verdad, e incluso las verdades preliminares que preceden a todas las investigaciones, por ejemplo, la existencia misma de Dios, se convierten ahora en el objeto de nuestra  fe.\n<\/p>\n<h2>La fe en relaci\u00f3n con las obras<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">(a)  La opini\u00f3n luterana se puede describir como fe y no obras.  \u00abEsto peccator, pecca fortiter sed fortius fide\u00bb era el axioma del heresiarca, y la Dieta de Worms (1527), conden\u00f3 la doctrina de que las obras no son necesarias para la salvaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(b) Las obras y no  la fe puede ser descrito como el punto de vista moderno, pues el mundo moderno se esfuerza por hacer que el culto a la humanidad sustituya el culto a la Deidad (\u00bfCreemos? seg\u00fan publicado por la Prensa Racionalista, 1904, cap.  X: \u00abCredo y conducta\u00bb y cap.  XV: \u00abEl racionalismo y la moral\u00bb.  Cf.  tambi\u00e9n \u201cEl cristianismo  y el racionalismo en el banquillo\u201d, publicado por la misma imprenta, 1904).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(c)  Que la fe se muestra por las obras ha sido siempre la doctrina de la Iglesia Cat\u00f3lica y es ense\u00f1ada expl\u00edcitamente por Santiago, 2,17:  \u00abLa fe, si no tiene obras, est\u00e1 realmente muerta\u00bb.  El Concilio de Trento (Ses. VI, c\u00e1nones XIX, XX, XXIV y XXVI) conden\u00f3 los diversos aspectos de la doctrina luterana, y de lo que se ha dicho anteriormente sobre la necesidad de la caridad para la fe \u00abviva\u00bb, ser\u00e1 evidente que la fe no excluye, sino que exige, las buenas obras, pues la caridad o el amor de Dios no es real a menos que nos induzca a guardar los Mandamientos, \u00abQuien guarda su Palabra, ciertamente en \u00e9l el amor de Dios ha llegado a su plenitud.\u201d (1 Juan  2,5).   San Agust\u00edn resume todo el asunto diciendo:   Laudo fructum boni operis, sed in fide agnosco radicem&#8212;es decir, \u201cAlabo los frutos de las buenas obras, pues disciernno sus ra\u00edces en la fe\u201d (Enarr. en Sal. 31, P.L., IV, 259).\n<\/p>\n<h2>P\u00e9rdida de la Fe<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">De lo que se ha dicho respecto al car\u00e1cter  absolutamente sobrenatural del don de la fe, es f\u00e1cil entender lo que significa la p\u00e9rdida de la fe:  simplemente que Dios retira su don.  Y este retiro necesita ser punitivo, Non enim deseret opus suum, si ab opere suo non deseratur (San Agust\u00edn, Enarr. en Sal. 145&#8212;\u201c\u00c9l no abandonar\u00e1 su propia obra, si no es abandonado por su propia obra\u201d).  Y cuando la luz de la fe se retira, inevitablemente sigue un oscurecimiento de la mente incluso en relaci\u00f3n con los motivos de credibilidad que antes le parec\u00edan tan convincentes.   Esto quiz\u00e1s podr\u00eda explicar por qu\u00e9 los que han tenido la desgracia de apostatar de la fe son a menudo m\u00e1s virulentos en sus ataques a los motivos de la fe, Vae homini illi, dice San Agust\u00edn, Nisi ipsius et fidem  Dominus  protegat, es decir, \u00ab\u00a1Ay de un hombre a menos que el Se\u00f1or salvaguarde su fe \u00ab(Enarr. in Ps. 120, 2, P.O., IV, 1614).\n<\/p>\n<h2>La Fe es Razonable<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">(a)  Si le vamos a  creer a los [[racionalismo|racionalistas y agn\u00f3sticos modernos, la fe, como la definimos, es irrazonable.  El agn\u00f3stico se niega a aceptarla porque considera que las cosas propuestas para su aceptaci\u00f3n son absurdas y debido a que considera los motivos asignados para nuestra creencia como totalmente insuficientes.  \u00abPres\u00e9nteme una fe razonable basada en evidencia confiable, y yo la abrazar\u00e9 gustoso. Hasta ese tiempo no tengo m\u00e1s remedio que seguir siendo un agn\u00f3stico (Medicus en el Do we Believe? Controversia, p.  214).  Del mismo modo,  Francis  Newman dice: \u00abPablo estaba satisfecho con una especie de evidencia de la Resurrecci\u00f3n de Jesucristo que ca\u00eda muy por debajo de las exigencias de la l\u00f3gica moderna, es absurdo para nosotros  creer, apenas porque ellos cre\u00edan.\u201d  \u00ab(Phases of Faith, p. 186).  Sin embargo, las verdades sobrenaturales de la fe pueden trascender nuestra raz\u00f3n, no pueden oponerse a ella, pues la verdad no puede oponerse a la verdad, y la misma Deidad que nos regala la luz de la raz\u00f3n, por la que asentimos a los principios b\u00e1sicos es \u00c9l mismo la causa de esos principios, que no son sino un reflejo de su propia verdad divina.  Cuando elige manifestarnos otras verdades sobre s\u00ed mismo, el hecho de que estas \u00faltimas est\u00e9n fuera del alcance de la luz natural que \u00c9l nos ha dado no prueba que sean contrarias a nuestra raz\u00f3n.   A\u00fan siendo un racionalista tan decidido Sir Oliver Lodge dice: \u00abAfirmo que es irremediablemente anticient\u00edfico  imaginar posible que el hombre sea la existencia inteligente suprema\u201d. (Hibbert Journal, julio de 1906, p. 727).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los agn\u00f3sticos, de nuevo, se refugian en que las verdades no se pueden conocer m\u00e1s all\u00e1 de la raz\u00f3n, pero su argumento es falaz, pues seguramente el conocimiento tiene sus grados.  No puedo comprender una verdad en todos sus aspectos, pero puedo conocer mucho sobre ella; puedo no tener conocimiento demostrativo de la misma, pero eso no es raz\u00f3n por la que deba rechazar ese conocimiento que proviene de la fe.   Al escuchar a muchos agn\u00f3sticos uno imaginar\u00eda que el recurso a la autoridad como un criterio era no cient\u00edfico, aunque tal vez en ninguna parte se apela a la autoridad tan poco cient\u00edficamente como lo hacen los cr\u00edticos y cient\u00edficos modernos.  Pero, como dice San Agust\u00edn: \u00abSi la Providencia de Dios gobierna  los asuntos humanos, no debemos desesperarnos ni dudar que \u00c9l ha ordenado alguna cierta autoridad, en el que estando como en un suelo o paso seguro, podamos ser levantados hacia Dios\u201d (De utilitate credendi); y es en el mismo esp\u00edritu que dice: Ego vero  Evangelio  crederem,  nisi me Catholicae Ecclesiae commoveret auctoritas (Contra Ep. Fund., V, 6&#8212;\u201cYo no le creer\u00eda al Evangelio si la autoridad de la Iglesia Cat\u00f3lica no me obligase a creer\u201d).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(b) El naturalismo, que es s\u00f3lo otro nombre para el materialismo, rechaza la fe porque no hay lugar para ella en el esquema naturalista, aunque la condena de esta falsa filosof\u00eda por San Pablo y por el autor del Libro de la Sabidur\u00eda es enf\u00e1tica (cf. Rom. 1,18-23; Sab. 13,1-19).   Los materialistas fallan en ver en la naturaleza lo que las m\u00e1s grandes mentes siempre han descubierto en ella, a saber, ratio cujusdam artis; scilicet divinae, indita rebus, qua ipsae res moventur ad finem determinatum&#8212;la manifestaci\u00f3n de un plan divino seg\u00fan el cual todas las cosas se dirigen hacia su fin se\u00f1alado\u201d (Santo Tom\u00e1s, Lect. XIV, en II Phys.).  Asimismo, los caprichos del humanismo ciegan  al hombre sobre el hecho del car\u00e1cter esencialmente finito del hombre, y por lo tanto se oponen a toda idea de la fe en lo infinito y lo sobrenatural (cf. \u00abNaturalism and  Humanism\u201d en Hibbert Journal, octubre de 1907).\n<\/p>\n<h2>La Fe es Necesaria<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cEl que crea y sea bautizado\u201d, dijo Cristo, \u201cse salvar\u00e1, pero el que no crea, se condenar\u00e1\u201d.  (Marcos 16,16); y San Pablo resume esta solemne declaraci\u00f3n al decir:  \u201cSin fe es imposible agradar a Dios\u201d (Heb. 11,6).  La  absoluta necesidad de  la fe es evidente en las siguientes consideraciones:  Dios es nuestro principio y nuestro fin y tiene poder supremo sobre nosotros; le debemos, en consecuencia, el debido servicio que se expresa por el t\u00e9rmino religi\u00f3n.  Ahora bien, la verdadera religi\u00f3n es el verdadero culto al verdadero Dios.   Pero no es para el hombre crear un culto de acuerdo con sus propios ideales; nadie sino Dios nos puede declarar en qu\u00e9 consiste el verdadero culto, y esta declaraci\u00f3n constituye el cuerpo de verdades reveladas, ya sea naturales o sobrenaturales.  Si queremos alcanzar el fin para el que vinimos al mundo, estamos obligados a dar a estas verdades el asentimiento de la fe.  Adem\u00e1s, es claro que nadie puede profesar indiferencia en un asunto de tan vital importancia.  Durante el tiempo de la Reforma los que abandonaron el redil no profesaban tan indiferencia; para ellos no era cuesti\u00f3n de fe o incredulidad, sino del medio por el cual la verdadera fe iba a ser conocida y puesta en pr\u00e1ctica.   La actitud de muchos fuera de la Iglesia es ahora una de absoluta indiferencia; la fe es considerada como una emoci\u00f3n, como una disposici\u00f3n peculiarmente subjetiva que no est\u00e1 regulada por ningunas leyes psicol\u00f3gicas conocidas.  As\u00ed Taine habla de la fe como une source vive qui s&#8217;est formee au plus profond de l&#8217;ame, sous la poussee et la chaleur des instincts immanents&#8212;\u00abuna fuente viva que ha venido a existir en lo m\u00e1s profundo del alma, bajo el impulso y el calor de los inmanentes instintos\u201d.  El indiferentismo en todas sus fases fue condenado por el Papa P\u00edo IX en el Syllabus \u00bbQuanta cura\u00bb en la Proposici\u00f3n XV, \u00abCualquier  hombre  es libre de abrazar y profesar cualquier  forma  de  religi\u00f3n que su raz\u00f3n apruebe\u00bb; XVI, \u00abLos hombres pueden encontrar el camino de la salvaci\u00f3n y pueden alcanzar la salvaci\u00f3n eterna en cualquier forma de culto religioso\u00bb; XVII \u00abPodemos al menos tener buenas esperanzas de salvaci\u00f3n eterna para todos aquellos que nunca han estado en la verdadera Iglesia de Cristo\u00bb; XVIII \u201cEl protestantismo es s\u00f3lo otra forma de la misma verdadera religi\u00f3n cristiana y los hombres le pueden ser tan agradable a Dios en ella como en la Iglesia Cat\u00f3lica\u201d.\n<\/p>\n<h2>La Unidad e Inmutabilidad Objetivas de la Fe<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La oraci\u00f3n de Cristo por la unidad de su Iglesia&#8212;la m\u00e1s alta  forma  de  unidad  concebible, \u00abque todos sean uno como t\u00fa, Padre, en m\u00ed y yo en ti\u00bb (Juan 17,21)&#8212;ha sido puesta en vigor por la fuerza unificadora de un v\u00ednculo de fe como el que hemos analizado.  A todos los cristianos se les ha ense\u00f1ado a \u201cser cuidadosos en conservar la unidad del Esp\u00edritu con el v\u00ednculo de la paz, un solo Cuerpo y un solo Esp\u00edritu, como una es la esperanza a que hab\u00e9is sido llamados. Un solo Se\u00f1or, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos\u201d. (Efesios 4,3-6).  La unidad objetiva de la Iglesia Cat\u00f3lica se vuelve f\u00e1cilmente inteligible cuando reflexionamos sobre la naturaleza del v\u00ednculo de uni\u00f3n que la fe nos ofrece.  Pues nuestra fe nos viene de la \u00fanica e inmutable Iglesia, \u00abcolumna y fundamento de la verdad \u00ab, y nuestro asentimiento a ella viene como una luz en nuestras mentes y una fuerza motriz en nuestras voluntades del \u00fanico Dios inmutable, qui\u00e9n no puede enga\u00f1ar ni ser enga\u00f1ado.  Por lo tanto, para todos los que la poseen, esta fe constituye un absoluto e inmutable v\u00ednculo de uni\u00f3n.  Las ense\u00f1anzas de esta fe se desarrollan, por supuesto, con las necesidades de los tiempos, pero la fe en s\u00ed misma permanece inalterada.  Las opiniones modernas son completamente destructivas de tal unidad de creencia porque su principio fundamental es la supremac\u00eda del juicio individual. Ciertos escritores, en efecto, tratan de superar el conflicto de opiniones resultante defendiendo la supremac\u00eda de la  raz\u00f3n humana universal como un criterio de verdad; por lo tanto el se\u00f1or Campbell escribe: \u00abUno no puede realmente comenzar a apreciar el valor del testimonio cristiano unido hasta que uno es capaz de permanecer fuera de \u00e9l, por decirlo as\u00ed, y preguntarse si suena cierto a la raz\u00f3n y al sentido moral\u201d  (The New Theology,  p. 178, cf. cardenal Newman, \u201cPalmer on Faith and Unity  en \u201cEssays Critical and Historical\u201d, vol. 1, tambi\u00e9n, Thomas Morton Harper, S.J., Peace Through the Truth, , Londres, 1866, 1ra.  Serie.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">I.  Patr\u00edstica:  Los Padres en general nunca intentaron ning\u00fan an\u00e1lisis de la fe, y la mayor\u00eda de los tratados patr\u00edsticos De fide consisten de exposiciones de la verdadera doctrina a sostener.  Pero el lector ya habr\u00e1 notado la ense\u00f1anza precisa de SAN AGUST\u00cdN sobre la naturaleza de la fe.  Adem\u00e1s de las gemas de pensamiento dispersas a trav\u00e9s de sus obras, nos podemos referir a sus dos tratados De Utilitate Credendi y De Fide Rerum quae non videntur, en P.L., VI, VII.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">II. Escol\u00e1sticos:   Los te\u00f3logos del siglo XIII trabajaron el an\u00e1lisis minucioso de la fe y de ah\u00ed en adelante siguieron principalmente las l\u00edneas trazadas por San Agust\u00edn, SANTO TOMAS, Summa, II-II, QQ. I-VII; Quaest. Disp., Q. XIV; HOLCOT, De actibus fidei et intellectus et de libertate Voluntatis (Par\u00cds, 1512); SUAREZ De fide, spe, et charitate, in Opera, ed. VIVES (Par\u00cds, 1878), XII; DE LUGO, De virtute fidei divinae (Venecia, 1718); JOANNES A S. THOMA, Comment. on the Summa especially on the De Fide, en Opera, ed. VIVES (Par\u00eds, 1886), VII; CAJETAN, De Fide et Operibus (1532), especialmente su Comentario sobre la Summa, II-II, QQ I-VII.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">III. Escritores modernos:  Los decretos del Concilio Vaticano I, edici\u00f3n de bolsillo por McNabb (Londres, 1907); cf. tambi\u00e9n Coll. Lacencis, VIII; PIUS X, Syllabus Lamentabili Sane (1907); id., Encyclical, Pascendi Gregis (1907); ZIGLIARA, Propaedeutica ad Sacram Theologiam (5th ed., Roma, 1906), 1, XVI, XVII; NEWMAN, Gram\u00e1tica del Asentimiento, Ensayo sobre el Desarrollo, y especialmente Los Riesgos de la Fe en Vol. IV de sus Sermones, en Paz al Creer y Fe sin Demostraci\u00f3n, VI; WEISS, Apologie du Christianisme, Fr. tr., V, conf. IV, La Foi, y VI, conf. XXI, La Vie de la Foi; BAINVEL, La Foi et l&#8217;acte de Foi (Par\u00eds, 1898); ULLATHORNE, Las Bases de las Virtudes Cristianas, ch. XIV, La Humildad de la Fe; HEDLEY, La Luz de la Vida (1889), II; BOWDEN, El Asentimiento de la Fe, tomado principalmente de KLEUTGEN, Theologie der Vorzeit, IV, y sirve como cap\u00edtulo introductorio a la traducci\u00f3n de HETTINGER, Religi\u00f3n Revelada (1895); MCNABB, Conferencias sobre la Fe de Oxford (Londres, 1905); Fe Impl\u00edcita, en El Mes para abril 1869; Realidad del Pecado de la Incredulidad, ibid., Octubre 1881; Los Peligros Concebibles de la Incredulidad en Revista de Dubl\u00edn, enero 1902; HARENT en VACANT Y MANGENOT, Dictionnaire de th\u00e9ologie catholique, s.v. Croyance.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">IV. Contra las Opiniones racionalistas, positivistas y humanistas:  NEWMAN, La Introducci\u00f3n de Principios Racionalistas a la Religi\u00f3n Revelada, en Tractos para los Teimpos (1835), republicado en Ensayos Hist\u00f3ricos y Cr\u00edticos como Ensayo II; San Pablo sobre el Racionalismo en El Mes para octubre de 1877; WARD, La Vestimenta de la Religi\u00f3n, una Respuesta al Positivismo Popular (1886); El Agnosticismo de la Fe en Revista de Dubl\u00edn, julio de 1903.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">V. Los motivos de la fe y su relaci\u00f3n con la raz\u00f3n y la ciencia:  MANNING, Las Bases de la Fe (1852, y a menudo desde entonces); Fe y Raz\u00f3n en la Revista de Dubl\u00edn, julio de 1889; AVELING, Fe y Ciencia en las Conferencias de Westminster (Londres, 1906); GARDEIL, La cr\u00e9dibilit\u00e9 et l&#8217;apolog\u00e9tique (Par\u00eds, 1908); IDEM e VACANT YMANGENOT, Dictionnaire de th\u00e9ologie catholique, s.v. Cr\u00e9dibilite.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VI. Escritores No Cat\u00f3licos:  Lux Mundi, I, Fe (10ma ed. 1890); BALFOUR Fundamentos de la Creencia (2da ed., 1890); COLERIDGE, Ensayo sobre la Fe (1838), en Ayudas para la Reflexi\u00f3n; MALLOCK, La Religi\u00f3n como una Doctrina Cre\u00edble (1903), XII.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">VII. Obras Racionalistas:  La correspondencia de \u201c\u00bfCreemos?\u201d, sostenida en el Tel\u00e9grafo Diario, ha sido publicada en forma de selecciones (1905) bajo el t\u00edtulo, Un Registro de una Gran Correspondencia en el Tel\u00e9grafo Diario, con Introducci\u00f3n por COURTNEY. Selecciones similares por la Imprenta Racionalista (1904); SANTAYANA, La Vida de la Raz\u00f3n (3 vols., Londres, 1905-6); Fe y Creencia en Revista Hibbert, octubre de 1907.  Cf. tambi\u00e9n LODGE, ibid., para enero 1908 y julio 1906.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Pope, Hugh. \u00abFaith.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 5. New York: Robert Appleton Company, 1909. <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/05752c.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Confianza, Creer, Fidelidad, Obediencia, Seguridad Hab 2:4 he aqu\u00ed .. mas el justo por su f vivir\u00e1 Mat 6:30; Luk 12:28 \u00bfno har\u00e1 mucho m\u00e1s .. hombres de poca f? Mat 8:10; Luk 7:9 ni aun en Israel he hallado .. f Mat 8:26 \u00bfpor qu\u00e9 tem\u00e9is, hombres de poca f? Mat 9:2; Mar &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/fe\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abFE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-2002","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2002","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2002"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2002\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2002"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2002"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2002"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}