{"id":21821,"date":"2016-02-05T15:01:06","date_gmt":"2016-02-05T20:01:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/enfermedad-curacion\/"},"modified":"2016-02-05T15:01:06","modified_gmt":"2016-02-05T20:01:06","slug":"enfermedad-curacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/enfermedad-curacion\/","title":{"rendered":"ENFERMEDAD, CURACION"},"content":{"rendered":"<p>La enfermedad, con su cortejo de sufrimientos, plantea un problema a los hombres de todos los tiempos. Su respuesta depende de la idea que se hagan del mundo en que viven y de las fuerzas que los dominan. En el antiguo Oriente se miraba a la enfermedad como una plaga causada por esp\u00ed\u00adritus mal\u00e9ficos o enviada por dioses irritados por alguna falta cultual. Para obtener la curaci\u00f3n se practicaban exorcismos destinados a expulsar a los *demonios y se imploraba el perd\u00f3n de los dioses con s\u00faplicas y sacrificios; la literatura babil\u00f3nica conserva formularios de las dos especies. As\u00ed\u00ad la medicina era ante todo cosa de los sacerdotes; en parte estaba pr\u00f3xima a la magia. Har\u00e1 falta el esp\u00ed\u00adritu observador de los griegos para que se desarrolle en forma aut\u00f3noma como ciencia positiva. La revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, partiendo. de este estado de cosas, deja a un lado el aspecto cient\u00ed\u00adfico del problema. Se aplica exclusivamente al significado religioso de la enfermedad y de la curaci\u00f3n en el designio de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>AT. LA ENFERMEDAD. 1. La salud supone cierta plenitud de fuerza vital; la enfermedad se concibe ante todo como un estado de flaqueza y de debilidad (Sal 38,11). M\u00e1s all\u00e1 de esta comprobaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrica, las observaciones m\u00e9dicas son muy someras; se limitan a lo que se ve: afecciones de la piel, heridas y fracturas. fiebre y agitaci\u00f3n (as\u00ed\u00ad en los salmos de enfermos: Sal 6; 32; 38; 39; 88; 102). La clasificacion de las diversas afecciones es vaga (por ejemplo, en el caso de la *lepra). Las causas naturales ni siquiera se bus-can, a excepci\u00f3n de las que son obvias: las heridas, una ca\u00ed\u00adda (2Sa 4,4), la vejez, cuya decadencia describe el Eclesiast\u00e9s con humor sombr\u00ed\u00ado (Ecl 12,1-6; cf. G\u00e9n 27,1; lRe 1,1-4; y por contraste Dt 34,7). En efecto, para el hombre religioso lo esencial reside en otro lugar: \u00bfqu\u00e9 significa la enfermedad para el que la sufre? 2. En un mundo, en el que todo depende de la causalidad divina, la enfermedad no es excepci\u00f3n; es imposible no ver en ella un golpe de Dios que hiere al hombre (Ex 4,6; Job 16,12ss; 19,21; Sal 93,11s). Igualmente en dependencia de Dios se puede tambi\u00e9n reconocer en ella la intervenci\u00f3n de seres superiores al hombre: el *\u00e1ngel exterminador (2Sa 24,15ss; 2Re 19,35; cf. Ex &#8217;12, 23), las plagas personificadas (Sal 91, 5s), *Sat\u00e1n (Job 2,7)&#8230; En el juda\u00ed\u00adsmo postex\u00ed\u00adlico la atenci\u00f3n se dirigir\u00e1 cada vez m\u00e1s a la&#8217; acci\u00f3n de los demonios, esp\u00ed\u00adritus mal\u00e9ficos, cuyo in-flujo en el mundo en que vivimos se echa de ver por la enfermedad. Pero \u00bfpor qu\u00e9 este influjo demon\u00ed\u00adaco?, \u00bfpor qu\u00e9 esta presencia del mal ac\u00e1 abajo, si Dios es el se\u00f1or absoluto? 3. Por un movimiento espont\u00e1neo, el sentido religioso del hombre establece un nexo entre la enfermedad y el *pecado. La revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica no lo contradice; \u00fanicamente precisa las condiciones en que debe entenderse este nexo. Dios cre\u00f3 al hombre para la felicidad (cf. G\u00e9n 2). La enfermedad, como todos los otros males humanos, es contraria a esta intenci\u00f3n profunda; no entr\u00f3 en el mundo sino como consecuencia del pecado (cf. G\u00e9n 3,16-19). Es uno de los signos de la *ira de Dios contra un mundo pecador (cf. Ex 9,1-12). Comporta especialmente este significado en el&#8217; marco de la doctrina de la *alianza: es una de las maldiciones principales que alcanzar\u00e1n al pueblo de Dios infiel (Dt 28,21s.27ss.35). La experiencia de la enfermedad debe, pues, tener como resultado agudizar en el hombre la conciencia del pecado. Que es as\u00ed\u00ad se comprueba efectivamente en los salmos de s\u00faplica: la demanda de curaci\u00f3n va siempre acompa\u00f1ada de una confesi\u00f3n de ias faltas (Sal 38,2-6; 39,9-12; 107,17). Sin embargo, surge la cuesti\u00f3n de si toda enfermedad tiene por causa el pecado personal del que es afligido por ella. Aqu\u00ed\u00ad no es tan precisa la doctrina. El recurso al principio de responsabilidad colectiva proporciona s\u00f3lo una respuesta in-suficiente (cf. Jn 9,2). El AT s\u00f3lo entrev\u00e9, soluci\u00f3n en dos direcciones.<\/p>\n<p>Cuando la enfermedad aflige a veces a los justos, tales como Job o Tobit, puede ser una prueba providencial destinada a mostrar su fidelidad (Tob 12,13). En el caso del justo doliente por excelencia, el *siervo de Yahveh, adquirir\u00e1 un valor de *expiaci\u00f3n por las faltas de los pecadores (Is 53,4s).<\/p>\n<p>II. LA CURACI\u00ed\u201cN. 1. El AT no proh\u00ed\u00adbe en modo alguno el recurso a las pr\u00e1cticas m\u00e9dicas: Isa\u00ed\u00adas las emplea para curar a Ezequ\u00ed\u00adas (2Re 20,7), y Rafael para curar a Tobit (Tob 11, 8.l1s). Es corriente el uso de ciertos medicamentos sencillos (cf. Is 1,6; Jer 8,22; Sab 7,20) y el Sir\u00e1cida hace incluso un hermoso elogio de la profesi\u00f3n m\u00e9dica (Eclo 38,1-8.12s). Lo que se proscribe son las pr\u00e1cticas m\u00e1gicas ligadas con los cultos idol\u00e1tricos (2Re 1,1-4), que contaminan con frecuencia la medicina misma (cf. 2Par 16,12).<\/p>\n<p>2. Pero ante todo es a Dios a quien hay que recurrir, porque \u00e9l es el se\u00f1or de la vida (Eclo 38,9ss.14). El es el que hiere y el que cura (Dt 32, 39; cf. Os 6,1). Es el m\u00e9dico del hombre, por excelencia (Ex 15,26). As\u00ed\u00ad los enfermos se dirigen a sus representantes, sacerdotes (Lev 13, 49ss; 14,2ss ; cf. Mt 8,4) y profetas (lRe 14,1-13; 2Re 4,21; 8,7ss). *Confesando humildemente sus pecados, imploran la curaci\u00f3n como una *gracia. El salterio los muestra exponiendo su miseria, implorando el socorro de Dios, suplicando a su omnipotencia y a su misericordia (Sal 6; 38; 41; 88; 102&#8230;). Por la confianza en \u00e9l se preparan a recibir el favor implorado. Este les llega a veces en forma de un *milagro (lRe 17,17-24; 2Re 4,18-37; 5). En todo caso tiene valor de signo: Dios se ha inclinado hacia la humanidad doliente para aliviar sus males.<\/p>\n<p>3. En efecto, la enfermedad, aun cuando tenga cierto sentido, no deja de ser un mal. Por eso las promesas escatol\u00f3gicas de los profetas prev\u00e9n su supresi\u00f3n en el mundo *nuevo, en el que Dios colocar\u00e1 a los suyos en los \u00faltimos *tiempos; nada ya de enfermos (Is 35,5s), nada de sufrimiento ni de l\u00e1grimas (25,8; 65,19)&#8230; En un mundo liberado del pecado deben desaparecer las consecuencias del pecado que pesan solidariamente sobre nuestra raza. Cuando el *justo doliente haya tomado sobre s\u00ed\u00ad nuestras enfermedades, seremos curados gracias a sus llagas (53,4s).<\/p>\n<p>NT. 1. JES\u00daS ANTE LA ENFERMEDAD. 1. A lo largo de todo su ministerio halla Jes\u00fas enfermos en su camino. Sin interpretar la enfermedad en una perspectiva demasiado estrecha de retribuci\u00f3n (cf. Jn 9,2s), ve en ella un mal del que sufren los hombres, una consecuencia del pecado, un signo del poder de *Sat\u00e1n sobre los hombres (Lc 13,16). Siente piedad para con ellos (Mt 20,34), y esta piedad inspira su acci\u00f3n. Sin detenerse a distinguir lo que es enfermedad natural de lo que es posesi\u00f3n demon\u00ed\u00adaca, \u00abexpulsa a los esp\u00ed\u00adritus y cura a los que est\u00e1n enfermos\u00bb (Mt 8, 16 p). Las dos cosas van de la mano. Manifiestan igualmente su poder (cf. Lc 6,19) y tienen finalmente el mismo sentido: significan el triunfo de Je-sus sobre Sat\u00e1n y la instauraci\u00f3n del *reinado de Dios en la tierra con-forme a las Escrituras (cf. Mt 11, 5 p). No ya que la enfermedad deba en adelante desaparecer del mundo; pero la fuerza divina que finalmente la vencer\u00e1 est\u00e1 desde ahora en acci\u00f3n ac\u00e1 abajo. Por eso Jes\u00fas, ante todos los enfermos que le dicen su confianza (Mc 1,40; Mt 8,2-6 p), manifiesta una sola exigencia: que crean, pues todo es posible a la *fe (Mt 9,28; Mc 5,36 p; 9,23). Su fe en \u00e9l implica la fe en el *reino de Dios, y esta fe es la que los salva (Mt 9,22 p; 15,28; Mc 10,52 p).<\/p>\n<p>2. Los *milagros de curaci\u00f3n anticipan, pues, en cierto grado el estado de perfecci\u00f3n que la humanidad hallar\u00e1 finalmente en el Reino de Dios, conforme a los profetas. Pero comportan tambi\u00e9n un significado simb\u00f3lico relativo al tiempo actual. La enfermedad es un s\u00ed\u00admbolo del estado en que se halla el hombre pecador: espiritualmente es ciego, sordo, paral\u00ed\u00adtico&#8230; La curaci\u00f3n del enfermo es, pues, tambi\u00e9n un s\u00ed\u00admbolo: representa la curaci\u00f3n espiritual que Jes\u00fas viene a operar en los hombres. Perdona los pecados del paral\u00ed\u00adtico y, para mostrar que tiene tal poder, le cura (Me 2,1-12 p). Este alcance de los milagros-signos es se\u00f1alado sobre todo en el 4.\u00c2\u00b0 evangelio: la curaci\u00f3n del paral\u00ed\u00adtico de Bezata significa la obra de vivificaci\u00f3n llevada a cabo por Jes\u00fas (Jn 5, 1-9. 19-26) y la del ciego de nacimiento lo presenta como la *luz del mundo (Jn 9). Los gestos de Jes\u00fas para con los enfermos son un preludio de los sacramentos cristianos. Jes\u00fas vino, en efecto, ac\u00e1 abajo, como m\u00e9dico de los pecadores (Mc 2,17 p), m\u00e9dico que para quitar los achaques y las enfermedades los toma sobre s\u00ed\u00ad (Mt 8,17 = Is 53,4). Tal ser\u00e1 en efecto el sentido de su pasi\u00f3n: Jes\u00fas participar\u00e1 de la condici\u00f3n de la humanidad doliente para poder finalmente triunfar de sus males.<\/p>\n<p>II. LOS AP\u00ed\u201cSTOLES Y LA IGLESIA ANTE LA ENFERMEDAD. 1. El signo de: reinado de Dios que constituyen las curaciones milagrosas no se restringi\u00f3 a la vida terrestre de Jes\u00fas. Des-de la prim\u00e9ra misi\u00f3n de los ap\u00f3stoles los hab\u00ed\u00ada asociado Jes\u00fas a su poder de curar las enfermedades (Mt 10,1 p). En su misi\u00f3n definitiva les promete una realizaci\u00f3n continua de este signo para acreditar su anuncio del evangelio (Mc 16,17s). As\u00ed\u00ad los Hechos notan repetidas veces curaciones milagrosas (Act 3,lss; 8,7; 9,32ss; 14,8ss; 28,8s), que muestran el poder del *nombre de Jes\u00fas y la realidad de su resurrecci\u00f3n. Asimismo, entre los *carismas menciona Pablo el de curaci\u00f3n (ICor 12,9.28. 30): este signo permanente contin\u00faa acreditando a la Iglesia de Jes\u00fas y mostrando que el Esp\u00ed\u00adritu Santo obra en ella. Sin embargo, la gracia de Dios viene ordinariamente a los enfermos en una forma menos espectacular. Los \u00abpresb\u00ed\u00adteros\u00bb de la Iglesia, reiterando un gesto de los ap\u00f3stoles (Mc 6,13), practican sobre los enfermos *unciones de aceite en nombre del Se\u00f1or, mientras que \u00e9stos oran con fe y confiesan sus pecados; esta oraci\u00f3n los salva, pues sus pecados les son perdonados y ellos pueden esperar la curaci\u00f3n, si place a Dios (Sant 5,14ss).<\/p>\n<p>2. Esta curaci\u00f3n no se produce, sin embargo, infaliblemente, como si fuera el efecto m\u00e1gico de una oraci\u00f3n o de un rito. Mientras dure el mundo presente, la humanidad deber\u00e1 sobrellevar las consecuencias del pecado. Pero Jes\u00fas, \u00abtomando sobre s\u00ed\u00ad nuestras enfermedades\u00bb en la hora de su pasi\u00f3n, les dio un significado nuevo: como todo sufrimiento, tienen ya valor de *redenci\u00f3n. Pablo, que repetidas veces pas\u00f3 por esta experiencia (G\u00e1l 4,13; 2Cor 1,8ss; 12,7-1Or sabe que unen al hombre con Cristo paciente: \u00abLlevamos en nuestros cuerpos los sufrimientos de muerte de Jes\u00fas, a fin de que tambi\u00e9n la vida de Jes\u00fas se manifieste en nuestros cuerpos\u00bb (2Cor 4,10). Al paso que Job no lograba comprender el sentido de su prueba, el cristiano se regocija de \u00abcompletar en su carne lo que falta a las pruebas de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia\u00bb (Col 1,24). En tanto llega el retorno al *para\u00ed\u00adso, en el que los hombres ser\u00e1n curados para siempre por los frutos del *\u00e1rbol de vida (Ap 22,2; cf. Ez 47,12), la enfermedad misma, como el *sufrimiento y como la *muerte, es integrada en el orden de la *salvaci\u00f3n. No ya que sea f\u00e1cil de sobrellevar: no deja de ser una *prueba, y es caridad ayudar al enfermo a soportarla visit\u00e1ndolo y alivi\u00e1ndolo. \u00abSoportad las enfermedades de todos\u00bb, aconseja Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada. Pero servir a los enfermos es servir a Jes\u00fas mismo en sus miembros dolientes: \u00abEstaba enfermo y nme visitasteis\u00bb, dir\u00e1 el d\u00ed\u00ada del juicio (Mt 25,36). El enfermo, en el mundo cristiano, no es ya un maldito del que todo el mundo se aparta (cf. Sal 38,12; 41,6-10; 88, 9); es la imagen y el signo de Cristo Jes\u00fas.<\/p>\n<p>-> Lepra &#8211; Milagro &#8211; Uni\u00f3n &#8211; Pecado &#8211; Sufrimiento.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La enfermedad, con su cortejo de sufrimientos, plantea un problema a los hombres de todos los tiempos. Su respuesta depende de la idea que se hagan del mundo en que viven y de las fuerzas que los dominan. 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