{"id":21831,"date":"2016-02-05T15:01:28","date_gmt":"2016-02-05T20:01:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/prueba-tentacion\/"},"modified":"2016-02-05T15:01:28","modified_gmt":"2016-02-05T20:01:28","slug":"prueba-tentacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/prueba-tentacion\/","title":{"rendered":"PRUEBA, TENTACION"},"content":{"rendered":"<p>La palabra prueba evoca dos series de realidades. Una, orientada hacia la acci\u00f3n: un examen, un concurso: otra, replegada en la aflicci\u00f3n; una enfermedad, un luto, un fracaso. Y si la palabra ha pasado del primer sentido al segundo, ha sido sin duda porque, seg\u00fan una sabidur\u00ed\u00ada ya religiosa, el sufrimiento se experimenta como un \u00abtest\u00bb revelador del hombre.<\/p>\n<p>El sentido activo es primero en la Biblia: nsh, bhn, hqr. peiradsein, diakrinein, para limitarnos a las ra\u00ed\u00adces principales, significan \u00abponer a prueba\u00bb, tratar de conocer la realidad profunda m\u00e1s all\u00e1 de las apariencias inciertas. Como una aleaci\u00f3n, como un adolescente, el hombre debe \u00abdar prueba de s\u00ed\u00ad\u00bb. De suyo, no hay aqu\u00ed\u00ad nada de aflictivo.<\/p>\n<p>Tentar es tambi\u00e9n \u00abensayar\u00bb, experimentar. Pero si la tentativa se convierte en tentaci\u00f3n y el experimento o la prueba pasa al estado cr\u00ed\u00adtico, entonces el hombre debe revelar en ella su verdadera orientaci\u00f3n profunda. As\u00ed\u00ad, Dios tienta al hombre.<\/p>\n<p>Si la Biblia distingue la prueba particular que es la tentaci\u00f3n, es porque parece torcerse oscuramente hacia el mal. Aqu\u00ed\u00ad interviene un tercer personaje, el tentador. Ya no es Dios quien tienta. As\u00ed\u00ad en G\u00e9n 2,17 se trata de una prueba, en G\u00e9n 3, de una tentaci\u00f3n (cf. Sant 1,1-12 y 1,13ss).<\/p>\n<p>La experiencia de la prueba-tentaci\u00f3n no es sencillamente de orden moral; se encuadra en un drama religioso e hist\u00f3rico; hace entrar en juego nuestra *libertad en el tiempo,frente a Dios y a *Sat\u00e1n. En las diversas etapas del designio de Dios es interrogado el hombre: su vida teologal se pone a prueba en todos sus aspectos, pudiendo a veces cargarse el acento sobre uno o sobre otro de ellos.<\/p>\n<p>AT. I. LA PRUEBA DEL PUEBLO DE DIOS. En la conciencia de Israel, el drama comenz\u00f3 con su elecci\u00f3n, en la promesa de llegar a ser por alianza el pueblo de Dios. Pero la esperanza as\u00ed\u00ad suscitada va a tener que purificarse.<\/p>\n<p>1. En un primer estadio se llama al hombre a tomar partido frente a la *promesa. Es la prueba de su *fe. Es la de Abraham, de Jos\u00e9, de Mois\u00e9s, de Josu\u00e9 (Heb 11,1-40: E :lo 44,20; IMac 2,52). El hecho t\u00ed\u00adpico es sin duda el sacrificio de Isaac (G\u00e9n 22): para que Dios lleve a t\u00e9rmino la promesa, la fe del hombre debe aceptar libremente que se traduzca en la obediencia que ajusta dos voluntades.<\/p>\n<p>La tentaci\u00f3n vivida en los cuarenta a\u00f1os del *desierto (Dt 8,2) consiste en no creer en el Dios pascual y preferir a \u00e9l las cebollas de Egipto. Lleva consigo un *juicio; y la pascua s\u00f3lo se consuma para la *generaci\u00f3n fiel: s\u00f3lo ella obtiene la tierra prometida.<\/p>\n<p>La experiencia del desierto ayuda a dar su valor teol\u00f3gico a la expresi\u00f3n \u00abtentar a Dios\u00bb. O bien el hombre quiere salir de la prueba intimando a Dios a ponerle fin (cf. la ant\u00ed\u00adtesis Ex 15,25 y 17,1-7); o bien se pone en una situaci\u00f3n sin salida \u00abpara ver si\u00bb Dios es capaz de sacarlo de ella; o tambi\u00e9n se obstina, a pesar de los signos evidentes, en pedir otras \u00abpruebas\u00bb de la voluntad divina (Sal 95,9; Mt 4,7; Act 15,10; ICor 10,9).<\/p>\n<p>2. Dios concluye una *alianza con el aglomerado del que ha sacado un pueblo. En esta segunda etapa, la prueba versa sobre la *fidelidad a la alianza. Se la puede llamar la prueba del *amor. El pueblo ha escogido, s\u00ed\u00ad, servir a su Dios (Jos 24,18); pero su coraz\u00f3n es falso; la prueba obliga al amor a declararse y a probarse: purifica el coraz\u00f3n. Es una obra de grandes alientos, en la que Dios pone la mano (imagen del *fuego y del fundidor: ls 1,25s). Lentamente se elaboran los c\u00f3digos (alianza, santidad, sacerdotal), en los que se oye el llamamiento a la santidad que Dios dirige a su pueblo (Lev, passim). Un nuevo juicio corresponde a esta nueva prueba; el *exilio, el retorno al desierto sanciona la *idolatr\u00ed\u00ada, que es un adulterio (Os 2).<\/p>\n<p>2. S\u00f3lo un peque\u00f1o *resto saldr\u00e1 probado de la *cautividad: el comportamiento divino es el mismo en la prueba de Israel frente a Yahveh (1Re 19,18) y frente a Jes\u00fas (Rom 11,1-5); en todos estos casos, si la prueba da por resultado un resto, es por pura *gracia. La cautividad y el largo per\u00ed\u00adodo que la sigue muestran, en efecto, hasta qu\u00e9 punto la promesa es humanamente irrealizable. Dilaciones interminables, contradicciones, persecuciones, las debilidades mismas del pueblo, vuelven a plantear no tanto la cuesti\u00f3n de la fe en la palabra de Yahveh o de la fidelidad a su alianza, cuanto la del cumplimiento mismo de la promesa. As\u00ed\u00ad, desde el exilio hasta el Mes\u00ed\u00adas, la prueba del peque\u00f1o resto es principalmente una prueba de la *esperanza. El reino parece retroceder indefinidamente en el tiempo. La tentaci\u00f3n es la del momento presente, de \u00abeste siglo\u00bb, la tentaci\u00f3n del *mundo. El pueblo de Dios, en trance de secularizarse, adquiere m\u00e1s conciencia de la acci\u00f3n de *Sat\u00e1n, \u00abpr\u00ed\u00adncipe de este mundo\u00bb (Job 1-2). Esta prueba de la esperanza es la m\u00e1s \u00ed\u00adntima. la m\u00e1s purificadora. Cuanto m\u00e1s pr\u00f3ximo est\u00e1 Dios, tanto m\u00e1s prueba (Jdt 8,25ss). La prueba acabar\u00e1 en un \u00faltimo juicio: el advenimiento del *reino, la entrada del siglo venidero en este mundo mismo.<\/p>\n<p>II. LA PRUEBA DE LA CONDICI\u00ed\u201cN HUMANA. El AT tiene todav\u00ed\u00ada que transmitirnos un doble mensaje. 1. En el plano de la persona. La reflexi\u00f3n de los sabios, transponiendo al plano personal las pruebas del pueblo, insiste en otro aspecto de la prueba: el *sufrimiento, en particular el del justo. Aqu\u00ed\u00ad alcanza la prueba el m\u00e1ximum de agudeza, y la presencia de Dios el m\u00e1ximum de proximidad, pues el hombre se ve abocado, no ya a lo imposible, sino a lo absurdo. A este grado de agudeza la tentaci\u00f3n no consiste ya en dudar del poder de Dios, en serle infiel o en preferir el mundo a Dios, sino que es la tentaci\u00f3n del insulto, de esa *blasfemia que es la forma como Sat\u00e1n da testimonio a Dios.<\/p>\n<p>El libro de Job abre el debate y lo entierra en el misterio de la sabidur\u00ed\u00ada de Dios, no desentendi\u00e9ndose del tema, sino en un reconocimiento confuso de que la prueba hace que el hombre se ajuste progresivamente al misterio de Dios (cf. G\u00e9n 22). L\u00ed\u00adneas m\u00e1s definidas de respuesta se presentan en el poema del siervo (Is 52,13-33,12), y sobre todo en los libros salidos de la gran tribulaci\u00f3n (Dan 9,24-27; 12,1-4; Sab passim). La prueba aparece en ellos insoluble en el plano individual; su fuente est\u00e1 fuera del hombre (Sab 1,13; 2,24), es un hecho de \u00ed\u00adndole concerniente al g\u00e9nero humano. Pero s\u00f3lo una persona podr\u00e1 hacerla desembocar en la vida, alguien sobre quien no tendr\u00e1 ventaja Sat\u00e1n y que ser\u00e1 solidario de la \u00abmultitud\u00bb, aun poni\u00e9ndose en su lugar. El juicio estar\u00e1 en la venida del siervo.<\/p>\n<p>2. En el plano, de la naturaleza humana. Estas conclusiones, en que se percibe la impronta de la reflexi\u00f3n sacerdotal, convergen con las que en los relatos del G\u00e9nesis, que describen los or\u00ed\u00adgenes, nos hacen llegar al fondo de la condici\u00f3n humana. La *elecci\u00f3n es finalmente la revelaci\u00f3n m\u00e1s expresiva del amor gratuito de Dios, su libertad. Con ello reclama en el hombre el m\u00e1ximum de libertad en su respuesta.<\/p>\n<p>La prueba es precisamente el campo dejado a esta respuesta. G\u00e9n 2 manifiesta por medio de im\u00e1genes esta solicitud gratuita por el soberano de la creaci\u00f3n, que es el hombre. Tal amor de elecci\u00f3n no se impone, se escoge: de ah\u00ed\u00ad la prueba, a trav\u00e9s del *\u00e1rbol del conocimiento (G\u00e9n 2,17).<\/p>\n<p>La condici\u00f3n humana fundamental se revela as\u00ed\u00ad: el hombre s\u00f3lo es tal por su posibilidad constante de elegir por vocaci\u00f3n a Dios, a cuya \u00abimagen\u00bb es.<\/p>\n<p>Ahora bien, Ad\u00e1n se escogi\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo como Dios (G\u00e9n 3,5). Es que entre la prueba y la elecci\u00f3n intervino la crisis, !a tentaci\u00f3n, cuyo autor personal aparece finalmente: *Sat\u00e1n (G\u00e9n 3; cf. Job 1-2). Como se ve, la tentaci\u00f3n es m\u00e1s que la prueba, incluso en su paroxismo. Han hecho entrada elementos nuevos : el maligno, que es tambi\u00e9n el mentiroso, aparece como seductor. El hombre s\u00f3lo escoge su *soledad porque en ella cree hallar la vida; si s\u00f3lo halla en ella la desnudez y la muerte, es que lo han enga\u00f1ado. Su prueba implica, pues, fundamentalmente un combate contra la *mentira, una lucha para escoger seg\u00fan la *verdad, en que se vive solamente la experiencia de la *libertad (Jn 8,32-44). He aqu\u00ed\u00ad la \u00faltima respuesta a la reflexi\u00f3n de los sabios.<\/p>\n<p>La humanidad est\u00e1 empe\u00f1ada en una prueba que la rebasa y que no superar\u00e1 sino por efecto de una promesa, efecto que es gracia (G\u00e9n 3,15), por la venida de la descendencia, que pondr\u00e1 fin a la prueba.<\/p>\n<p>NT. 1. LA PRUEBA DE CRISTO. Cristo se ve puesto por Sat\u00e1n en las situaciones en que Ad\u00e1n y el pueblo hab\u00ed\u00adan sucumbido y en que los *pobres parec\u00ed\u00adan abrumados. En \u00e9l, prueba y tentaci\u00f3n coinciden y son superadas, pues al pasar por ellas hace Jes\u00fas que se logre el amor de elecci\u00f3n que las hab\u00ed\u00ada suscitado.<\/p>\n<p>Cristo es \u00abla\u00bb descendencia seg\u00fan la promesa, el primog\u00e9nito del nuevo pueblo. En el *desierto (Lc 4,1s) trinunfa Jes\u00fas del tentador en su propio terreno (Lc 11,24). Es a la vez el *hombre que se nutre por fin, y sustancialmente, de la *palabra de Dios, y \u00abYahveh salvador\u00bb, al que su pueblo sigue tentando (Mt 16,1; 19,3; 22,18).<\/p>\n<p>Jes\u00fas es el rey fiel, buen pastor, que ama a los suyos hasta e! fin. La *cruz es la gran prueba (Jn 12, 27s) en que Dios \u00abda prueba\u00bb de su amor (3,14ss).<\/p>\n<p>Jes\u00fas es el peque\u00f1o resto, en el que el Padre concentra su amor de elecci\u00f3n: en esta seguridad filial es a la vez odiado por el *mundo y vencedor del mundo (Jn 15,18; 16,33).<\/p>\n<p>Jes\u00fas es servidor, cordero de Dios. Llevando en la cruz el pecado de los hombres, transforma la tentaci\u00f3n de blasfemia en queja filial y la muerte absurda en *resurrecci\u00f3n (Mt 27, 46; Lc 23,46; Flp 2,8s).<\/p>\n<p>Como nuevo Ad\u00e1n e imagen del Padre que es, su tentaci\u00f3n es la tentaci\u00f3n del jefe : se intercala entre la teofan\u00ed\u00ada de su misi\u00f3n y el ejercicio de esta misi\u00f3n (Mc 1,11-14). A todo lo largo de \u00e9sta la encontrar\u00e1, como antagonista de la voluntad del Padre: sus padres (Mc 3,33ss), Pedro (Mc 8,33), los signos espectaculares (Me 8,12), el mesianismo temporal (Jn 6,15). Finalmente, la \u00faltima etapa de su misi\u00f3n deber\u00e1 abrirse con la \u00faltima tentaci\u00f3n, la de la agon\u00ed\u00ada(Le 22,40.46). As\u00ed\u00ad Cristo, vencedor del tentador desde el principio hasta el fin de su misi\u00f3n (Lc 4,13), empe\u00f1a por fin la nueva humanidad en su verdadera condici\u00f3n: la vocaci\u00f3n filial (Hab 2,10-18).<\/p>\n<p>II. LA PRUEBA DE LA IGLESIA. De la prueba de Cristo sale la Iglesia, como la multitud justificada por el siervo (Is 53,11). Y su misi\u00f3n sigue el mismo rumbo que el de Cristo (2Tim 2,9ss; Lc 22.28ss); el bautismo, en el que la pascua de Cristo viene a ser la de la Iglesia, es una prueba (Mc 10,38s) y anuncia pruebas tras \u00e9l (Heb 10,32-39).<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad el vocabulario de la prueba se mezcla con el del *sufrimiento (thlipsis-tribulaci\u00f3n, diogmos-persecuci\u00f3n) y de la *paciencia (sobre todo hypomone-constancia). En el NT su resonancia es primero escatol\u00f3gica antes de ser psicol\u00f3gica. La proximidad del retorno del Se\u00f1or lleva a su paroxismo la oposici\u00f3n de la luz y de las tinieblas. La Iglesia es el lugar de la prueba, el lugar en que la persecuci\u00f3n debe consolidar la fidelidad (Le 8,13ss; 21,12-19; Mt 24,97 13) y en que el hombre sale \u00abprobado\u00bb de la tribulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta prueba de la Iglesia es apocal\u00ed\u00adptica; revela realidades ocultas al hombre carnal, y el grado de responsabilidad encomendada a cada uno en la gran misi\u00f3n que viene del Padre: Cristo (Heb 2,14-28), Pedro (Le 22,31s), los disc\u00ed\u00adpulos (Le 21, 12s), toda iglesia fiel (Ap 2,10). En este sentido prueba y misi\u00f3n culminan en el *martirio. Pero el gran combate escatol\u00f3gico, que es la prueba propia de la Iglesia, revela tambi\u00e9n al verdadero autor de la tentaci\u00f3n: Dios prueba a los suyos, s\u00f3lo Sat\u00e1n los tienta (Le 22,31; Ap 2,10; 12,9s); la Iglesia probada desenmascara al seductor, al acusador, al mismo tiempo que da testimonio por su *Par\u00e1clito, el Esp\u00ed\u00adritu victorioso que la conduce al t\u00e9rmino de la pascua (Ap 2-3; Lc 12,11s; In 16, 1-15). Por esta raz\u00f3n aparece en los apocalipsis a la vez perseguida y salvada (Dan 12,1; Ap 3,10; 2Pe 2,9). La prueba es, pues, la condici\u00f3n de la Iglesia, todav\u00ed\u00ada por probar y ya pura, todav\u00ed\u00ada por reformar y ya gloriosa. Las tentaciones propiamente eclesiales vienen las m\u00e1s de las veces del descuido de uno de estos dos componentes.<\/p>\n<p>III. LA PRUEBA DEL. CRISTIANO. El anuncio del Evangelio est\u00e1 inscrito dentro de la tribulaci\u00f3n escatol\u00f3gica (Mt 24,14). La prueba es, pues, particularmente necesaria a los que reciben el ministeric de. la palabra (ITes 2,4; 2Tim 2,15); de lo contrario, son traficantes (2Cor 2,17). La prueba es el signo de la misi\u00f3n (lTim 3,10; Flp 2,22). De ah\u00ed\u00ad el discernimiento de los falsos enviados (Ap 2.2; Un 4,1).<\/p>\n<p>En el plano psicol\u00f3gico sondea Dios los corazones y los pone a prueba (lTes 2,4). \u00danicamente permite la tentaci\u00f3n (ICor 10,13). Esta viene del tentador (Act 5,3; 1Cor 7,5; ITes 3,5) a trav\u00e9s del *mundo (1Jn 5,19) y sobre todo del dinero (lTim 6,9). Por esto hay que pedir que no \u00abentremos\u00bb en la tentaci\u00f3n (Mt 6,13; 26, 41), pues conduce a la muerte (Sant 1,14s). Esta actitud de oraci\u00f3n filial es el extremo opuesto de la que tienta a Dios (Lc 11,1-11).<\/p>\n<p>La prueba, s\u00ed\u00ad, y la tentaci\u00f3n en que no se entra es una prueba, est\u00e1 ordenada a la vida. Es un dato de la vida en Jesucristo: \u00abs\u00ed\u00ad, todos los que quieren vivir con piedad en Jesucristo, ser\u00e1n perseguidos\u00bb (2Tim 3, 12). La prueba es una condici\u00f3n indispensable de crecimiento (cf. Lc 8,13ss), de robustez (1Pe 1,6s con miras al juicio), de verdad manifestada (ICor 11,19: raz\u00f3n de ser de las divisiones cristianas), de humildad (ICor 10,12), en una palabra,es el camino mismo de la pascua interior, el del amor que espera (Rom 5,3ss).<\/p>\n<p>Siendo ello as\u00ed\u00ad, es una misma cosa ser un cristiano \u00abprobado\u00bb y experimentar el Esp\u00ed\u00adritu. La prueba dispone para un don mayor del Esp\u00ed\u00adritu, pues este opera ya en ella su trabajo de liberaci\u00f3n. El cristiano probado, as\u00ed\u00ad liberado sabe discernir, verificar, \u00abprobar\u00bb todas las cosas (Rom 12,2; Ef 5,10). Este nuevo sentido de discreci\u00f3n es el Esp\u00ed\u00adritu (lJn 2,20.27). Aqu\u00ed\u00ad tenemos la fuente teologal del examen de conciencia, que ya no es aritm\u00e9tica espiritual, sino discernimiento din\u00e1mico, en el que cada uno se prueba a la luz del Esp\u00ed\u00adritu (2Cor 13,5; G\u00e1l 6,1).<\/p>\n<p>La Biblia invita a dar un sentido teologal a la prueba. La prueba es paso \u00abhacia Dios\u00bb a trav\u00e9s de su designio. Los diversos aspectos de la prueba (fe, fidelidad, esperanza, libertad) confluyen en la gran prueba de Cristo, continuada en la Iglesia y en cada cristiano y que termina en un parto c\u00f3smico (Rom 8,18-25). La aflicci\u00f3n. de la prueba adquiere su verdadero sentido en la lucha escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>En el designio de Dios, que intenta divinizar al hombre en Cristo, la prueba\u00bb y su explotaci\u00f3n sat\u00e1nica, la tentaci\u00f3n, son ineluctables: hacen pasar de la libertad ofrecida a la libertad vivida, de la elecci\u00f3n a la alianza. La prueba ajusta al hombre con el misterio de Dios, y al hombre herido le es tanto m\u00e1s dolorosa la proximidad de Dios cuanto m\u00e1s \u00ed\u00adntima es. El Esp\u00ed\u00adritu hace discernir en el misterio de la cruz el paso de la primera a la segunda creaci\u00f3n, el paso del ego\u00ed\u00adsmo al amor. La prueba tiene car\u00e1cter pascual.<\/p>\n<p>-> Castigos &#8211; Cruz &#8211; Desierto &#8211; Educaci\u00f3n &#8211; Fuego &#8211; Juicio &#8211; Paciencia &#8211; Persecuci\u00f3n &#8211; Sufrimiento.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La palabra prueba evoca dos series de realidades. Una, orientada hacia la acci\u00f3n: un examen, un concurso: otra, replegada en la aflicci\u00f3n; una enfermedad, un luto, un fracaso. 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