{"id":2189,"date":"2016-02-04T23:12:12","date_gmt":"2016-02-05T04:12:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/gracia\/"},"modified":"2016-02-04T23:12:12","modified_gmt":"2016-02-05T04:12:12","slug":"gracia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/gracia\/","title":{"rendered":"GRACIA"},"content":{"rendered":"<p>v. Amor, Bondad, Compasi\u00f3n, Favor, Gracias, Misericordia<br \/>\nGen 39:21 Jehov\u00e1 estaba con Jos\u00e9 .. y le dio g en<br \/>\nExo 3:21 dar\u00e9 a este pueblo g en los ojos de los<br \/>\nNum 11:11 \u00bfy por qu\u00e9 no he hallado g en tus ojos<br \/>\nDeu 33:16 la g del que habit\u00f3 en la zarza venga<br \/>\nRth 2:10 \u00bfpor qu\u00e9 he hallado g en tus ojos para<br \/>\n1Sa 16:22 David .. pues ha hallado g en mis ojos<br \/>\nEst 5:2 cuando vio a la reina .. ella obtuvo g ante<br \/>\nPsa 45:2 la g se derram\u00f3 en tus labios; por tanto<br \/>\nPsa 84:11 sol y escudo .. g y gloria dar\u00e1 Jehov\u00e1<br \/>\nPro 1:9 adorno de g ser\u00e1n a tu cabeza, y collares<br \/>\nPro 3:4 hallar\u00e1s g y buena opini\u00f3n ante los ojos<br \/>\nPro 3:22 y ser\u00e1n vida a tu alma, y g a tu cuello<br \/>\nPro 13:15 el buen entendimiento da g; mas el<br \/>\nPro 31:30 enga\u00f1osa es la g, y vana la hermosura<br \/>\nEcc 10:12 las palabras .. del sabio son llenas de g<br \/>\nDan 1:9 puso Dios a Daniel en g .. con el jefe de<br \/>\nHos 14:4 los amar\u00e9 de pura g; porque mi ira se<br \/>\nZec 4:7 sacar\u00e1 .. con aclamaciones de: G, g a ella<br \/>\nZec 11:7 dos cayados: al uno puse por nombre G<br \/>\nZec 12:10 derramar\u00e9 .. esp\u00edritu de g y de oraci\u00f3n<br \/>\nMat 10:8 sanad .. de g recibisteis, dad de g<br \/>\nLuk 1:30 porque has hallado g delante de Dios<br \/>\nLuk 2:40 el ni\u00f1o crec\u00eda .. la g de Dios era sobre \u00e9l<br \/>\nLuk 2:52 Jes\u00fas crec\u00eda .. en g para con Dios y los<br \/>\nLuk 4:22 las palabras de g que sal\u00edan de sus labios<br \/>\nJoh 1:14 vimos su gloria .. lleno de g y de verdad<br \/>\nJoh 1:16 de su .. tomamos todos, y g sobre g<br \/>\nJoh 1:17 la g y la verdad vinieron por .. Jesucristo<br \/>\nAct 4:33 abundante g era sobre todos ellos<br \/>\nAct 7:10 y le dio g y sabidur\u00eda delante de Fara\u00f3n<br \/>\nAct 7:46 hall\u00f3 g delante de Dios, y pidi\u00f3 proveer<br \/>\nAct 13:43 a que perseverasen en la g de Dios<br \/>\nAct 15:11 por la g del Se\u00f1or Jes\u00fas seremos salvos<br \/>\nRom 1:5 por quien recibimos la g y el apostolado<br \/>\nRom 3:24 siendo justificados gratuitamente por su g<br \/>\nRom 4:4 no se le cuenta el salario como g, sino<br \/>\nRom 4:16 es por fe, para que sea por g, a fin de que<br \/>\nRom 5:2 tenemos entrada por la fe a esta g en la<br \/>\nRom 5:15 abundaron .. g .. por la g de un hombre<br \/>\nRom 5:17 reinar\u00e1n en vida .. los que reciben la .. g<br \/>\nRom 5:20 el pecado abund\u00f3, sobreabund\u00f3 la g<br \/>\nRom 5:21 as\u00ed tambi\u00e9n la g reine por la justicia para<br \/>\nRom 6:1 \u00bfperseveraremos .. para que la g abunde?<br \/>\nRom 6:14 pues no est\u00e1is bajo la ley, sino bajo la g<br \/>\nRom 11:6 y si por g, ya no es por obras; de otra<br \/>\nRom 12:6 diferentes dones seg\u00fan la g que nos es<br \/>\nRom 16:24; 2Co 13:14 la g de nuestro Se\u00f1or<br \/>\n1Co 15:10 pero por la g de Dios soy lo que soy<br \/>\n2Co 1:15 ir a .. para que tuvieseis una segunda g<br \/>\n2Co 4:15 que abundando la g por medio de muchos<br \/>\n2Co 6:1 a que no recib\u00e1is en vano la g de Dios<br \/>\n2Co 8:1 os hacemos saber la g de Dios que se ha<br \/>\n2Co 8:9 conoc\u00e9is la g de nuestro Se\u00f1or Jesucristo<br \/>\n2Co 9:8 hacer que abunde entre vosotros toda g<br \/>\n2Co 12:9 ha dicho: B\u00e1state mi g; porque mi poder<br \/>\nGal 2:21 no desecho la g de Dios; pues si por la<br \/>\nGal 5:4 los que por la ley .. de la g hab\u00e9is ca\u00eddo<br \/>\nEph 1:7 perd\u00f3n de .. seg\u00fan las riquezas de su g<br \/>\nEph 2:7 abundantes riquezas de su g en su bondad<br \/>\nEph 2:8 por g sois salvos por medio de la fe, y<br \/>\nEph 3:8 me fue dada esta g de anunciar entre los<br \/>\nEph 4:7 a cada uno .. fue dada la g conforme a<br \/>\nEph 4:29 sea buena .. a fin de dar g a los oyentes<br \/>\nEph 6:24 g sea con todos los que aman a nuestro<br \/>\nPhi 1:7 todos .. sois participantes conmigo de la g<br \/>\n1Ti 1:14 g de nuestro Se\u00f1or fue m\u00e1s abundante<br \/>\n2Ti 2:1 esfu\u00e9rzate en la g que es en Cristo Jes\u00fas<br \/>\nTit 2:11 la g de .. manifestado para salvaci\u00f3n<br \/>\nTit 3:7 que justificados por su g, viniesemos a ser<br \/>\nHeb 4:16 y hallar g para el oportuno socorro<br \/>\nHeb 12:15 alguno deje de alcanzar la g de Dios<br \/>\nHeb 13:9 buena cosa es afirmar el coraz\u00f3n con la g<br \/>\nJam 4:6 Dios resiste a los .. y da g a los humildes<br \/>\n1Pe 1:13 esperad por completo en la g que se os<br \/>\n1Pe 3:7 como a coherederas de la g de la vida<br \/>\n1Pe 4:10 como buenos administradores de la .. g<br \/>\n1Pe 5:12 que esta es la verdadera g de Dios, en la<br \/>\n2Pe 3:18 creced en la g y el .. de nuestro Se\u00f1or<br \/>\nJud 1:4 convierten en libertinaje la g de nuestro<\/p>\n<hr>\n<p>Gracia    (heb.  j\u00ean, jesed; gr.  j\u00e1ris).  Los t\u00e9rminos originales significan \u00abfavor\u00bb o \u00abbondad\u00bb, especialmente si no ha sido ganada ni merecida.  El t\u00e9rmino hebreo se encuentra con frecuencia en el AT en frases como: \u00abHalle yo ahora gracia en tus ojos\u00bb (Gen 30:27; Exo 33:13 ). Tales expresiones se usan repetidamente como una f\u00f3rmula de cortes\u00ed\u00ada al dirigirse a Dios o a una persona.  En la mayor\u00ed\u00ada de los casos en el AT, la palabra significa sencillamente \u00abfavor\u00bb, sin ninguna implicaci\u00f3n filos\u00f3fica o teol\u00f3gica. Sin embargo, el concepto de gracia del NT como amor salvador de Dios hacia los pecadores, no est\u00e1 ausente en el AT, pero esta idea se expresaba m\u00e1s aproximadamente por el heb. jesed, traducido con frecuencia como \u00abmisericordia\u00bb (Psa 17:7; 40:11; Isa 63:7; Jer 16:5; etc.) e ilustrada en la experiencia de los santos veterotestamentarios.  Ad\u00e1n y Eva recibieron una promesa de salvaci\u00f3n a pesar de su desobediencia (Gen 3:15), y se les provey\u00f3 una protecci\u00f3n f\u00ed\u00adsica (v 21); No\u00e9 fue salvado de la destrucci\u00f3n general producida por el diluvio (6:8; 7:1); Abrah\u00e1n fue elegido, a pesar de sus imperfecciones, para mantener vivo el conocimiento de Dios (12:1); Mois\u00e9s fue preparado para el liderazgo por instrucci\u00f3n y conducci\u00f3n divinas espec\u00ed\u00adficas (Exo 3:10; Israel fue escogido por Dios y pacientemente ense\u00f1ado durante siglos de indocilidad, por ser pueblo (Psa 135:4; etc.).  Los profetas continuamente describieron el amor fiel de Dios en su trato con su naci\u00f3n rebelde (Psa 92:2; Isa 54:10; Jer 9:24; Hos 2:19; Jon 4:2; etc.).  El AT no s\u00f3lo revela el desagrado de Dios por el pecado, sino tambi\u00e9n su paciencia y su amor por los pecadores, y la gracia provista para su salvaci\u00f3n.  Le toca, sin embargo, al NT desarrollar y proclamar la plenitud de la gracia divina, \u00abpues la ley por medio de Mois\u00e9s fue dada, pero la gracia y la verdad 501 vinieron por medio de Jesucristo\u00bb (Joh 1:17).  El principal exponente de la doctrina de la salvaci\u00f3n por gracia es Pablo.  Su tesis es que la salvaci\u00f3n es el resultado, no de la ley o libros o la nacionalidad, sino del favor divino otorgado libremente y por la fe humana. \u00abPor gracia sois salvos por medio de la fe\u00bb (Eph 2:8).  Pablo describe una de las bendiciones del evangelio como la \u00abentrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes\u00bb (Rom 5:2).  La gracia es la mano de Dios que baja a la tierra.  La fe es la mano del hombre que se extiende hacia arriba para asir la de Dios.  La din\u00e1mica de la salvaci\u00f3n es la gracia divina.  El ha establecido que su gracia est\u00e9 disponible para todos los hombres de todas las nacionalidades y condiciones de vida de todos los tiempos.  Pero la fe es la que se apropia de ella (Eph 4:7; Tit. 2:11).  Pablo sab\u00ed\u00ada que la gracia de Dios era la fuerza din\u00e1mica de su propia vida: \u00abPero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado m\u00e1s que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo\u00bb (1Co 15:10).  Su aprecio por ella se revela en que la incluye en el saludo y la conclusi\u00f3n de todas sus ep\u00ed\u00adstolas (Rom 1:7; 16:20; 1Co 1:3; 16:23; 2Co 1:2; 13:14; G\u00e1. 1:3; 6:18; Eph 1:2; 6:24; Phi 1:2; 4:23; Col 1:2; 4:18; 1Th 1:1; 5:28; 2Th 1:2; 3:18; 1 Tit 1:2; 6:21; 2 Tit 1:2; 4:22; Tit. 1:4; 3:15; FLam_3, 25).  Pedro y Juan siguen un esquema similar (1Pe 1:2; 2Pe 1:2; 3:18; 2 Joh_3; Rev 1:4; 22:21).  Por medio de la gracia Dios llama a los hombres a su servicio (G\u00e1. 1:15, 16), y es su operaci\u00f3n la que influye sobre los hombres para que respondan al llamado de Dios (Act 20:32).  Ella conduce a los hombres al arrepentimiento (2 Tit 2:25) e imparte fe (Rom 12:3; Heb 12:2).  Fue tra\u00ed\u00adda a los hombres por medio de Jesucristo (Rom 5:15) e imparte consolaci\u00f3n y esperanza (2Th 2:16).  El trono de Dios no s\u00f3lo es un s\u00ed\u00admbolo de juicio y de poder, sino tambi\u00e9n de gracia (Heb 4:16).  Gracia y Ataduras.  Nombres simb\u00f3licos dados a 2 cayados (Zec 11:7, 14): el 1\u00c2\u00ba representa el misericordioso pacto de Dios con su pueblo; y el 2\u00c2\u00ba, la hermandad entre Jud\u00e1 e Israel.  Al quebrar los cayados (vs 10, 14) se representaba la cancelaci\u00f3n del pacto y la disoluci\u00f3n de la uni\u00f3n entre los 2 pueblos.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>(heb., hen; gr., charis). T\u00e9rmino utilizado por los escritores b\u00ed\u00adblicos con una considerable variedad de significados:<br \/>\n( 1 )  Propiamente dicho, aquello que da gozo, placer, deleite, encanto, dulzura, hermosura;<br \/>\n( 2 )  buena voluntad, bondad, misericordia, etc.;<br \/>\n( 3 )  la bondad de un amo hacia un esclavo. Por lo tanto, por analog\u00ed\u00ada, gracia ha llegado a significar la bondad de Dios para con el hombre (Luk 1:30). Los escritores del NT, al final de sus diversas ep\u00ed\u00adstolas, suelen invocar el favor y la gracia de Dios sobre sus lectores (Rom 16:20; Phi 4:23; Col 1:19; 1Th 5:28). Adem\u00e1s, frecuentemente se usa la palabra gracia para expresar el concepto de la bondad dada a alguien que no la merece, por ende favor inmerecido, especialmente aquel tipo o grado de favor otorgado a los pecadores por Jesucristo (Eph 2:4-5). Por lo tanto, la gracia es aquel favor inmerecido de Dios para con el hombre ca\u00ed\u00addo por el cual, por amor de Cristo \u2014el unig\u00e9nito del Padre, lleno de gracia y verdad (Joh 1:14)\u2014 ha provisto la redenci\u00f3n del hombre. Desde la eternidad ha determinado ofrecer su favor a todos los que tienen fe en Cristo como Se\u00f1or y Salvador.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre la ley y la gracia es uno de los temas principales de los escritos de Pablo (Rom 5:2, Rom 5:15-17; Rom 8:1-2; Gal 5:4-5; Eph 2:8-9). La gracia es el medio o instrumento por el cual Dios ha efectuado la salvaci\u00f3n de todos los creyentes (Tit 2:11). La gracia tambi\u00e9n es la influencia sustentadora que permite que el creyente persevere en la vida cristiana (Act 11:23; Act 20:32; 2Co 9:14). Tambi\u00e9n se usa como se\u00f1al o prueba de la salvaci\u00f3n (Act 1:5). Los humildes reciben un don especial de gracia (Jam 4:6; 1Pe 5:5). Gracia tambi\u00e9n puede referirse a la capacidad de recibir la vida divina (1Pe 1:10). Tambi\u00e9n puede significar un don de conocimiento (1Co 1:4) y acci\u00f3n de gracias o gratitud expresada por un favor (1Co 10:30; 1Ti 1:1-2).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>Gratis, hermosura: (gracioso), regalo, don inmerecido, gratis. todos estos significados tiene la palabra \u00abgracia\u00bb en la Biblia, que se menciona m\u00e1s de 1,000 veces, Rom 3:24, Sal 45:3 : (2), Efe 2:8, Jua 4:10, Luc 1:30.<\/p>\n<p> I- LA GRACIA DE DIOS.<\/p>\n<p> &#8211; Dios es el Dios de toda la gracia, y el trono de Dios es \u00abel trono de la gracia\u00bb, 1Pe 5:10, Heb 4:16.<\/p>\n<p> Dios es amor, y amar es dar, y Dios nos ha dado gratis todo lo que tenemos, material y espiritua: El cuerpo, el alma, los padres, amigos, aire, sol, rosas. nos da otras muchas cosas a trav\u00e9s de otros hombres, o animales, o los peces a trav\u00e9s del mar, o los frutos a trav\u00e9s de los \u00e1rboles. y no s\u00f3lo nos da el ser, todo lo que somos y tenemos, sino que nos regala tambi\u00e9n la \u00absalvaci\u00f3n\u00bb a trav\u00e9s de su Hijo, con el poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo, Jua 3:16, Rom 3:23-24, 1Pe 1:2.<\/p>\n<p> &#8211; Jesucristo est\u00e1 \u00ablleno de gracia y de verdad\u00bb en Jua 1:14, y nos sigue diciendo San Juan en esa maravillosa introducci\u00f3n de su Evangelio, que \u00abde su plenitud, recibimos todos gracia sobre gracia, y que la gracia y la verdad vino por Jesucristo\u00bb: (Jua 1:16-17).<\/p>\n<p> En Jes\u00fas, como hombre, \u00abla gracia de Dios estaba en E1\u00bb, \u00aby crec\u00ed\u00ada en gracia delante de Dios y de los hombres\u00bb: (Luc 2:40, Luc 2:52).<\/p>\n<p> El t\u00e9rmino \u00abplenitud\u00bb, o \u00ablleno\u00bb es relativo en la Biblia, lo mismo que un vaso y un c\u00e1ntaro pueden estar \u00abllenos\u00bb de agua, pero el c\u00e1ntaro tiene m\u00e1s, as\u00ed\u00ad Jes\u00fas est\u00e1 \u00ablleno del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb en Luc 4:1, con distinta capacidad que Esteban en Hec 7:55, o Bernab\u00e9 en Hec 11:24, o la Virgen Mar\u00ed\u00ada en Luc 1:28, Luc 1:30.<\/p>\n<p> &#8211; La palabra \u00abkejaritomene\u00bb: (lleno de gracia\u00bb, \u00abcolmado de gracia\u00bb, o \u00abmuy favorecido\u00bb), aparece tres veces en la Biblia: En Efe 1:6, refiri\u00e9ndose a Dios, en Jua 1:14, y en Luc 1:28, refiri\u00e9ndose a la Virgen Mar\u00ed\u00ada. El \u00ablleno de gracia\u00bb de Jua 1:14 y de Hec 6:8, son de la misma ra\u00ed\u00adz, pero no es \u00abkejaritomene\u00bb. Y, la verdad, es que la traducci\u00f3n \u00abmuy favorecida\u00bb de Luc 1:28, es muy pobre, comparada con la de \u00abllena de gracia\u00bb, o \u00abcolmada de gracia\u00bb.<\/p>\n<p> 2- LA GRACIA SANTIFICANTE<br \/>\n Es la gracia de Dios que nos santifica, y es meollo de todo el Evangelio de Cristo, que es el Evangelio de la gracia de Dios: (Heb 4:16, Jua 3:16).<\/p>\n<p> La \u00abgracia santificante\u00bb es \u00abel don de Dios\u00bb de Jua 4:10, \u00abla perla preciosa\u00bb o \u00abel tesoro escondido\u00bb de Mat 13:44, es lo m\u00e1s grandioso que puede recibir y poseer una persona humana: Es el don sobrenatural que Dios nos da gratis, por su misericordia, para nuestra salvaci\u00f3n. \u00c2\u00a1Es Dios mismo que se nos da!, y viene a nosotros, convirti\u00e9ndonos en morada del Padre y del Hijo y templos del Esp\u00ed\u00adritu Santo: (Jua 14:23, Jua 14:17, 1Co 3:16), y nos hace santos, hijos de Dios, participantes de su naturaleza y herederos del Cielo, co-herederos con Cristo: (Rom 3:24, Jua 1:12, 2Pe 1:4, Rom 8:15-17).<\/p>\n<p> La vida cristiana en su totalidad est\u00e1 resumida en la gracia de Dios; aparte de ella, simplemente no existe.<\/p>\n<p> &#8211; Por la gracia somos elegidos, llamados, hechos justos, santificados y salvados: (Rom 11:5, Gal 1:15, Rom 3:23-24, Tit 3:7, Efe 2:5, Efe 2:8).<\/p>\n<p> &#8211; Es totalmente gratis, lo mismo que el coraz\u00f3n o las manos, con la diferencia que la tenemos que \u00abaceptar\u00bb, \u00abrecibir\u00bb, Rev 22:17, Jua 1:12. y la recibimos en el Bautismo, por la fe en Jesucristo, Rom 6:14, Gal 3:16, Col 2:12.<\/p>\n<p> &#8211; Es todo lo que necesitamos, la gracia, que en la flaqueza llega al colmo el poder, 2 Cor.l2:9.<\/p>\n<p> &#8211; Somos libres para aceptarla o rechazarla, 2Co 6:1-2.<\/p>\n<p> &#8211; Se pierde por el pecado, Stg 1:15, Rom 5:15.<\/p>\n<p> &#8211; Se recupera por el arrepentimiento y la confesi\u00f3n, Jua 20:23, 1Jn 1:9.<\/p>\n<p> &#8211; Se puede aumentar: (2Pe 3:18), y se aumenta con los Sacramentos, especialmente con la Confesi\u00f3n y la Eucarist\u00ed\u00ada: (1Jn 1:9, Jua 6:48-58,  1Co 11:29-30.<\/p>\n<p> Vino por Cristo y es dada por Cristo: Jua 1:17, Rom 5:15, I Cor.1:4.<\/p>\n<p> Es maravillosa: Grande, soberana, rica, eminente, variada, suficiente para todo, abundante para todo, gloriosa: (Hec 4:33, Rom 5:21, Efe 1:7, Efe 2:7, 2Co 9:14 1Pe 4:10, Efe 1:6). Los ministros son distribuidores de la gracia: Rom 12:3, 0, 1Co 3:10, 1Co 4:1, Gal 2:9, Efe 3:7.<\/p>\n<p> La Gracia y la Ley.<\/p>\n<p> &#8211; El cristiano no est\u00e1 ya bajo la Ley, sino bajo la gracia, por tanto el pecado no tiene poder contra \u00e9l, Ro.6.<\/p>\n<p> 14.<\/p>\n<p> &#8211; Aqu\u00e9l que quiere ser hecho justo por la Ley, pierde la Gracia, Gal 5:4, Gal 2:21.<\/p>\n<p> &#8211; La Ley dice, \u00abp\u00e1galo todo\u00bb; mientras la Gracia dice \u00abtodo esta pago\u00bb.<\/p>\n<p> &#8211; La Ley significa un trabajo que debe hacerse; la Gracia es una labor hecha por Cristo para nosotros.<\/p>\n<p> &#8211; La ley restringe las acciones; la Gracia cambia la naturaleza, nos hace part\u00ed\u00adcipes de la de Dios.<\/p>\n<p> &#8211; La Ley condena; la Gracia justifica.<\/p>\n<p> &#8211; Bajo la Ley, una persona es como un esclavo que trabaja por salario, para ganarse el Cielo; bajo la Gracia es un hijo de Dios, dueno de la casa, que disfruta la herencia.<\/p>\n<p> (Ro. caps.3 a 8; Ga. Caps.2 a 5, Ef.2.).<\/p>\n<p> La Gracia y el Esp\u00ed\u00adritu Santo: El Esp\u00ed\u00adritu Santo es ese \u00abdon de Dios\u00bb que nos manda el Padre por los m\u00e9ritos de la cruz de Cristo: (1Pe 1:2, Jua 4:10, Jua 4:14, Jua 7:37, Hec 2:38).<\/p>\n<p> Por obra del Esp\u00ed\u00adritu de Dios: (Ro.8.<\/p>\n<p> 14), o de Cristo: (Hec 8:9), el que cree en Cristo: (Gal 3:2, Efe 1:13) es lavado, justificado, y santificado: (1Co 6:11, 2Te 2:13), nace de nuevo: (Tit 3:5), convirti\u00e9ndose en una nueva criatura: (Gal 6:15, 2Co 5:17, Heb 8:10-12, Eze 36:2529), y es hijo y heredero de Dios: (Rom 8:14-17, Gal 4:4-7).<\/p>\n<p> El Esp\u00ed\u00adritu Santo es ese don de Dios de Jua 4:10, Hec 2:38,  Rom 5:5, que se nos da por Dios totalmente gratis: (Gal 3:2, Efe 1:13), cuando creemos en Cristo y nos bautizamos: (1Co 6:11, Tit 3:5-7, Rom 6:4, Hec 2:38), y obra en el cristiano la vida eterna: (Hec 5:22, Hec 6:8).<\/p>\n<p> San Pablo exhorta a los creyentes a que posean el Esp\u00ed\u00adritu, a que caminen en El, y a que no lo contristen: (Gal 5:16, Gal 5:25, Efe 4:30).<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Cristiano<br \/>\nDr. J. Dominguez<\/p>\n<p>http:\/\/biblia.com\/diccionario\/<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Cristiano<\/b><\/p>\n<p>Palabra que encierra varios significados relacionados con las ideas de favor, benevolencia, agradecimiento y beneficio. El t\u00e9rmino griego es caris, de donde \u2020\u0153carism\u00e1tico\u2020\u009d quiere decir un don otorgado por pura benevolencia. Las palabras hebreas que m\u00e1s se acercan al concepto de caris en el AT son hen (o chen), hesed (o chesed) y rats\u00f3n.<\/p>\n<p>Hen da la connotaci\u00f3n de ser acepto sin tener merecimiento y por pura benevolencia del que acepta. As\u00ed\u00ad, en medio de una generaci\u00f3n pervertida, \u2020\u0153No\u00e9 hall\u00f3 g. ante los ojos de Jehov\u00e1\u2020\u009d (Gen 6:8). La expresi\u00f3n se ve en las palabras de Mois\u00e9s: \u2020\u0153Ahora, pues, si he hallado g. en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle g. en tus ojos\u2020\u009d (Exo 33:13). La idea que este t\u00e9rmino transmite es de una superaci\u00f3n de la distancia entre aquel que es poderoso y aquel que es d\u00e9bil, y de que la iniciativa parte del primero.<\/p>\n<p>Hesed generalmente se traduce como misericordia, en porciones como Gen 39:21 (\u2020\u0153Pero Jehov\u00e1 estaba con Jos\u00e9, y le extendi\u00f3 su misericordia&#8230;\u2020\u009d). En otras porciones, aunque no se utilizan estos t\u00e9rminos hebreos, la idea est\u00e1 presente. Como cuando Dios dice en Oseas: \u2020\u0153Yo sanar\u00e9 su rebeli\u00f3n, los amar\u00e9 de pura g.\u2020\u009d NBE lo traduce as\u00ed\u00ad: \u2020\u0153&#8230; los querr\u00e9 sin que lo merezcan\u2020\u009d.<\/p>\n<p>Rats\u00f3n se utiliza para se\u00f1alar aceptaci\u00f3n o buena voluntad, como en Isa 60:10 (\u2020\u0153&#8230; porque en mi ira te castigu\u00e9, mas en mi buena voluntad tendr\u00e9 de ti misericordia\u2020\u009d). Es la misma idea que se presenta en Luc 2:14, cuando los \u00e1ngeles cantan: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!\u2020\u009d<br \/>\nse\u00f1alar que la palabra caris expresa varias ideas distintas en la cultura griega. Seg\u00fan el contexto: a) habla de la actitud de un hombre o de un dios para inclinarse a actuar benevolentemente; b) se\u00f1ala tambi\u00e9n al favor mismo que esa actitud concede; c) apunta hacia la belleza que se produce en el donante como consecuencia de ambas cosas. (Hay que recordar que la palabra griega est\u00e1 relacionada en sus or\u00ed\u00adgenes con los personajes mitol\u00f3gicos llamados las Gracias, que eran las que se supon\u00ed\u00ada otorgaban las gracias o el garbo.) d) Se usa tambi\u00e9n para indicar la gratitud por el don recibido. e) En t\u00e9rminos \u00e9tico-jur\u00ed\u00addicos, los griegos usaban la palabra, adem\u00e1s, para significar condonaci\u00f3n de una deuda, o que se le perdona la vida a alguien.<\/p>\n<p>Caris aparece unas ciento treinta y seis veces en el NT, de las cuales unas ciento cinco est\u00e1n en las ep\u00ed\u00adstolas de Pablo. El ap\u00f3stol usa el t\u00e9rmino para expresar el concepto de la acci\u00f3n decisiva que Dios realiz\u00f3 al buscar la salvaci\u00f3n del hombre por medio de la encarnaci\u00f3n y muerte de su Hijo. Este concepto lo contrapone al del intento humano de buscar la salvaci\u00f3n por medio de las obras de la ley. Al hacer esto va poniendo un frente a los otros dos grupos antit\u00e9ticos de ideas. Por un lado, la g. de Dios, el don, la justicia de Dios, la fe, la sobreabundancia, el evangelio, la elecci\u00f3n, etc\u00e9tera. Y por el otro, la ley, la idea de recompensa, el pecado, las obras, la justificaci\u00f3n propia, la jactancia, la sabidur\u00ed\u00ada carnal, y cosas similares. El resultado final siempre apunta a enfatizar que la salvaci\u00f3n es obra de Dios y que la iniciativa no puede surgir del hombre muerto en sus delitos y pecados (Rom 3:24; Rom 4:4-16; Rom 5:1-21; Rom 6:1-17; Rom 11:5-6; 2Co 4:15; 2Co 6:1; 2Co 8:1; Gal 1:6; Gal 2:21; Gal 5:4; Efe 1:6-7; Efe 2:5-9; Col 1:6; 2Te 2:16; 1Ti 1:14; Tit 2:11).<br \/>\ncontraposici\u00f3n de la ley y la g. no es solamente del ap\u00f3stol Pablo, sino de todo el NT. Juan la introduce al principio de su Evangelio (\u2020\u0153Pues la ley por medio de Mois\u00e9s fue dada, pero la g. y la verdad vinieron por medio de Jesucristo\u2020\u009d [Jua 1:17]). As\u00ed\u00ad se discuti\u00f3 en el \u2020\u00a2Concilio de Jerusal\u00e9n, donde Pedro dijo: \u2020\u0153\u00bfPor qu\u00e9 tent\u00e1is a Dios, poniendo sobre la cerviz de los disc\u00ed\u00adpulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Antes creemos que por la g. del Se\u00f1or Jes\u00fas seremos salvos, de igual modo que ellos\u2020\u009d (Hch 15:10-11). El uso principal del t\u00e9rmino g. est\u00e1 relacionado, entonces, con la soteriolog\u00ed\u00ada, con la doctrina de la salvaci\u00f3n. Y Pablo lo ense\u00f1a indicando que sale de la voluntad soberana de Dios como un regalo, un don inmerecido para el hombre, que lo recibe por fe. Es con ese sentido como utiliza las frases \u2020\u0153g. de Dios\u2020\u009d, \u2020\u0153g. en Cristo\u2020\u009d o \u2020\u0153g. de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u2020\u009d. En el NT el Se\u00f1or Jes\u00fas mismo es la g. de Dios personificada \u2020\u0153Y aquel Verbo fue hecho carne, y habit\u00f3 entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unig\u00e9nito del Padre), lleno de g. y de verdad\u2020\u009d [Jua 1:14]), pues por medio de \u00e9l Dios logra para el hombre la posibilidad de salvaci\u00f3n. Este aspecto es esencial en el mensaje del NT.<br \/>\n\u00e9n usa el NT la palabra g. para indicar un don de Dios mediante el cual habilita a una persona para actuar por encima de sus condiciones y circunstancias naturales. As\u00ed\u00ad, aunque la condici\u00f3n sea de flaqueza, Dios capacita al creyente para sobreponerse a ella y aun hacer cosas que no se supone que pueden salir de un origen d\u00e9bil. El ap\u00f3stol Pablo confesaba que ten\u00ed\u00ada \u2020\u0153un aguij\u00f3n\u2020\u009d en su carne y que hab\u00ed\u00ada pedido a Dios que se lo quitara, pero recibi\u00f3 la respuesta: \u2020\u0153B\u00e1state mi g; porque mi poder se perfecciona en la debilidad\u2020\u009d (2Co 12:9).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, DOCT<\/p>\n<p>ver, LEY<\/p>\n<p>vet, Uno de los t\u00e9rminos m\u00e1s usados en la Biblia. En el NT (gr. \u00abcharis\u00bb) aparece m\u00e1s de 170 veces. Tiene diversos sentidos. En plural expresa gratitud. (A) Atracci\u00f3n, encanto: \u00abLa gracia se derram\u00f3 en tus labios\u00bb (Sal. 45:2); \u00abgraciosa gacela\u00bb (Pr. 5:19); \u00abenga\u00f1osa es la gracia, vana es la hermosura\u00bb (Pr. 31:30). \u00abCrec\u00ed\u00ada en sabidur\u00ed\u00ada y en estatura, y en gracia\u00bb (Lc. 2:52). (B) Bienquerencia, favor: cp. la expresi\u00f3n heb. tan frecuente, \u00abhallar gracia a los ojos de alguien\u00bb (Gn. 18:3; 33:10; 47:29; Hch. 2:47; 7:10). Las iglesias de Macedonia pidieron insistentemente el privilegio (la gracia) de poder participar en la colecta (2 Co. 8:4). \u00abSea vuestra palabra siempre con gracia\u00bb (Col. 4:6). (C) Beneficio, bendici\u00f3n: \u00ab&#8230; toda la verdad (gracia) que has usado para con tu siervo\u00bb (Gn. 32:10). \u00abDe su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia\u00bb (Jn. 1:16). \u00abLas misericordias (gracias) fieles a David\u00bb (Hch. 13:34). \u00abA m\u00ed\u00ad&#8230; me fue dada esta gracia\u00bb (Ef. 3:8). \u00abToda buena d\u00e1diva (gracia) y todo don perfecto desciende de lo alto\u00bb (Stg. 1:17). (D) Agradecimiento, expresi\u00f3n de gratitud: de donde vienen las expresiones \u00abacci\u00f3n de gracias\u00bb (Lv. 3:1; Sal. 26:7; 2 Co. 4:15; Col. 2:7; 1 Ti. 2:1, etc.) y \u00abdar gracias\u00bb (Lc. 18:11; Jn. 11:41; Ro. 1:8; 2 Co. 1:11, etc.). El t\u00e9rmino \u00abeucarist\u00ed\u00ada\u00bb que se aplica a la cena hace precisamente alusi\u00f3n a las acciones de gracias por las que comenz\u00f3 Jes\u00fas (Lc. 22:17, 19; 1 Co. 11:24). El h\u00e1bito de \u00abdar gracias al comenzar una comida\u00bb se basa en las instrucciones y en los ejemplos precisos de las Escrituras (Mr. 8:6; Lc. 24:30; Hch. 27:35; Ro. 14:6; 1 Co. 10:30-31; 1 Ti. 4:4). (E) La expresi\u00f3n \u00abMar\u00ed\u00ada llena de gracia\u00bb proviene de un error de traducci\u00f3n de la Vulgata en Lc. 1:28. En este pasaje aparece el participio pasado pasivo de \u00abcharito\u00f5\u00bb, que significa recibir con gracia, revestir de gracia. Reina-Valera traduce \u00abmuy favorecida\u00bb. Las versiones cat\u00f3lico-romanas, naturalmente; siguen la lectura de la Vulgata. Cp. en cambio el mismo verbo en Ef. 1:6: \u00absu gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado\u00bb. Adem\u00e1s, el \u00e1ngel le sigue diciendo a Mar\u00ed\u00ada: \u00abHas hallado gracia delante de Dios\u00bb (Lc. 1:30), y ella misma, en el c\u00e1ntico llamado Magn\u00c2\u00a1ficat, dice: \u00abMi esp\u00ed\u00adritu se regocija en Dios mi Salvador\u00bb (Lc. 1:47). As\u00ed\u00ad, ella ten\u00ed\u00ada necesidad de gracia y de salvaci\u00f3n, y lo reconoc\u00ed\u00ada con gozo y humildad (lo cual Jes\u00fas nunca habr\u00ed\u00ada hecho, cp. Jn. 8:46). Ella es \u00abbendita entre las mujeres\u00bb, pero es contrario a las Escrituras pretender que sea inmaculada, sin pecado y fuente de todas las gracias.<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[415]<\/p>\n<p>     Don divino que nos hace hijos de Dios y herederos del cielo. Es el estado de amistad con Dios, lo que significa uni\u00f3n.<\/p>\n<p>     En la teolog\u00ed\u00ada cristiana y en la catequesis es un concepto clave y b\u00e1sico, centro de intensa reflexi\u00f3n pastoral y eje de toda acci\u00f3n educativa.  (Ver Justificaci\u00f3n 6. Ver Sacramentos 4.1)<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>Don de Dios<\/p>\n<p>\tLlamamos \u00abgracia\u00bb a la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios en el ser humano y en toda la historia. Pero, de modo especial, son \u00abgracia\u00bb los dones gratuitos de Dios, que nos hacen hijos suyos, part\u00ed\u00adcipes de su misma naturaleza y herederos de la vida eterna (cfr. Rom 8,14-17; 1Pe 1,3-4). La gracia es son \u00absobrenatural\u00bb, en cuanto que es iniciativa gratuita de Dios y sobrepasa la capacidad y exigencias de toda criatura. Se llama gracia \u00absantificante\u00bb, en cuanto que es un don que nos hace part\u00ed\u00adcipes de la santidad de Dios. Es siempre m\u00e1s all\u00e1 de nuestra \u00abexperiencia\u00bb, pero se puede conocer \u00abpor sus frutos\u00bb de caridad (Mt 7,20).<\/p>\n<p>\tCuando San Pablo usa la palabra \u00abgracia\u00bb (xaris), se refiere a este don de Dios \u00abLa gracia de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb, por la que se nos manifiesta \u00abla caridad de Dios\u00bb, que es \u00abcomunicaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (2Cor 13,13). De este modo, \u00abel amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones, en virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo que nos ha sido dado\u00bb (Rom 5,5). Por la gracia, estamos llamados a la plena comuni\u00f3n con Dios, uno y trino, en el cumplimiento escatol\u00f3gico del m\u00e1s all\u00e1. Es un proceso permanente de \u00abdivinizaci\u00f3n\u00bb (por participaci\u00f3n de la vida divina) que introduce en la inhabitaci\u00f3n trinitaria.<\/p>\n<p>\tLa gracia \u00abjustifica\u00bb y \u00abdiviniza\u00bb al ser humano<\/p>\n<p>\tEste amor es de donaci\u00f3n \u00abgratuita\u00bb, es gracia que justifica al hombre y le \u00abdiviniza\u00bb, como dec\u00ed\u00adan los Santos Padres; es fuente de \u00abvida eterna\u00bb o vida divina (cfr. Jn 3,16). Desde que el hombre sali\u00f3 de las manos amorosas de Dios, todo su ser qued\u00f3 impregnado de vida divina, orientado hacia Dios Amor. El pecado del primer hombre estrope\u00f3 estos planes maravillosos de Dios. Por la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, Dios nos hace recuperar \u00abcon creces\u00bb aquellos dones (Rom 5,20). La gracia comunicada por Cristo es la reintegraci\u00f3n (\u00abapocat\u00e1statis\u00bb) del hombre ca\u00ed\u00addo, obrada por Cristo y realizada por El Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>\tCuando decimos \u00abjustificaci\u00f3n\u00bb nos referimos a la gracia en cuanto que nos santifica, es decir, nos purifica de los pecados y nos comunica \u00abla justicia de Dios por la fe en Jesucristo\u00bb (Rom 3,22). Ello tiene lugar principalmente por el bautismo. Esta justificaci\u00f3n ha sido merecida por el misterio pascual de Cristo, y requiere la cooperaci\u00f3n libre del hombre. \u00abLos m\u00e9ritos de nuestras buenas obras son dones de la bondad divina\u00bb (CEC 2009).<\/p>\n<p>\tLa gracia es siempre participaci\u00f3n en la vida divina, por Cristo, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo (cfr. Ef 2,18). Pero debido a sus frutos y efectos, se habla de \u00abgracia habitual\u00bb o estado de gracia (CEC 1999-2000), que es la vida de caridad como participaci\u00f3n de la misma vida divina. Algunos te\u00f3logos la describen como \u00abh\u00e1bito\u00bb o cualidad permanente, salvo que se pierda por el pecado grave. Hay gracias especiales que se reciben por los sacramentos (gracias sacramentales) (CEC 2003). Tambi\u00e9n hay dones especiales que se llaman \u00abcarismas\u00bb del Esp\u00ed\u00adritu Santo (cfr. 1Cor 12) para servir en la comunidad. Dios nos comunica sus luces y mociones (gracias actuales) (CEC 2000). Las gracias que se reciben para cumplir las responsabilidades y ministerios en la Iglesia, se llaman \u00abgracias de estado\u00bb (CEC 2004)<\/p>\n<p>\tA la luz de esta donaci\u00f3n divina sobrenatural, descubrimos que todas las cosas son \u00abgracia\u00bb o expresi\u00f3n de esta donaci\u00f3n y amor. Todo es don y \u00abgracia\u00bb, pero de manera diversa. Dios se manifiesta por medio de la creaci\u00f3n y de la historia. Pero ha querido comunicar al hombre, desde el principio, su misma vida divina. La \u00abnaturaleza\u00bb del hombre no pod\u00ed\u00ada vislumbrar ni menos merecer tal privilegio. A partir de este amor y elecci\u00f3n de Dios, todo lo humano se diviniza para participar en la misma vida de Dios. \u00abNos hizo merced de preciosos y sumos bienes prometidos, para que por ellos os hag\u00e1is part\u00ed\u00adcipes de la divina naturaleza\u00bb (2Pe 1,4).<\/p>\n<p>\tGracia y naturaleza<\/p>\n<p>\tSe puede hablar de \u00abhumanismo sobrenatural\u00bb (cristiano), en cuanto que todo el ser del hombre queda \u00abbautizado\u00bb o \u00abinjertado\u00bb en Cristo (cfr. Rom 6,1-6). La gracia supone la naturaleza y la perfecciona sin destruirla (cfr. Santo Tom\u00e1s, I,1-2). La gracia respeta y hace posible la libertad, salva la identidad, sana el desorden y las limitaciones, eleva al hombre a nivel de hijo de Dios por participaci\u00f3n en la vida divina (cfr. 1Jn 5,1ss). Hay que apreciar la gracia (sin caer en el \u00abmanique\u00ed\u00adsmo\u00bb de despreciar la naturaleza); y hay que apreciar tambi\u00e9n la gracia por encima de toda la naturaleza (sin caer en el \u00abpelagianismo\u00bb que confunde la gracia con la naturaleza).<\/p>\n<p>\tLa \u00abgracia\u00bb no es una cosa, sino el mismo Dios que se nos comunica, transform\u00e1ndonos en \u00e9l. La gracia es la misma acci\u00f3n y vida divina que dispone nuestro ser para participar en Dios. Se hace relaci\u00f3n honda, desde lo m\u00e1s profundo del ser humano, transformado por la acci\u00f3n divina. Dios se nos da capacit\u00e1ndonos para hacernos donaci\u00f3n. A esta \u00abvida nueva\u00bb (Rom 6,4) los cristianos la llamamos vida de \u00abgracia\u00bb, porque es \u00abdon\u00bb de Dios. A partir de esta donaci\u00f3n y \u00abgracia\u00bb de Dios, nuestra vida ya puede hacerse donaci\u00f3n, como imitaci\u00f3n y participaci\u00f3n en el amor de Dios (cfr. Jn 13,34; 1Jn 4,7-13).<\/p>\n<p>\tPor Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu, Dios Padre nos hace part\u00ed\u00adcipes de su misma vida. La presencia de Dios se hace donaci\u00f3n amorosa. El Padre se nos da como Padre del Hijo, haci\u00e9ndonos \u00abhijos en el Hijo\u00bb por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Propiamente, el mismo don de Dios es el que hace que el hombre responda libremente, de modo creativo y responsable, desde el comienzo de su existir hasta el final. Pero al hombre le queda tambi\u00e9n la posibilidad de cerrarse en s\u00ed\u00ad mismo y decir que \u00abno\u00bb a la gracia y al amor de Dios.<\/p>\n<p>\tSalvaci\u00f3n universal<\/p>\n<p>\tLa gracia de Cristo ha inaugurado una nueva creaci\u00f3n y, por tanto, una nueva relaci\u00f3n del hombre con Dios. \u00abHe venido para que tegan vida y la en plenitud\u00bb (Jn 10,10). \u00abNosotros sabemos que Jes\u00fas vino a traer la salvaci\u00f3n integral, que abarca al hombre entero y a todos los hombres, abri\u00e9ndoles los admirables horizontes de la filiaci\u00f3n divina\u00bb (RMi 11).<\/p>\n<p>\tEn Cristo, descubrimos \u00abel don de Dios\u00bb (Jn 4,10), la \u00abgracia\u00bb, como \u00abmisterio oculto desde los siglos en Dios\u00bb, que debe comunicarse \u00abpor medio de la Iglesia\u00bb a todos los hombres (cfr. Ef 3,6-10). Por esto la \u00abgracia\u00bb es la esencia del cristianismo y la raz\u00f3n de ser de la Iglesia, como comunidad convocada para anunciar a todos los pueblos los planes salv\u00ed\u00adficos de Dios. La gracia es el \u00abcoraz\u00f3n\u00bb del mensaje cristiano para toda la humanidad. Mar\u00ed\u00ada, la \u00abllena de gracia\u00bb (Lc 1,28), es el modelo y la ayuda materna para que podamos para vivir y comunicar la gracia divina.<\/p>\n<p>Referencias Antropolog\u00ed\u00ada, bautismo, caridad, carismas, comuni\u00f3n de los santos, Cuerpo M\u00ed\u00adstico, Esp\u00ed\u00adritu Santo, espiritualidad, Inhabitaci\u00f3n, filiaci\u00f3n divina participada, sacramentos, santidad, virtudes.<\/p>\n<p>Lectura de documentos LG 50; SC 61; DV 5; GS 17; AG 13; RMi 11; CEC 1987-2029.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00ed\u00ada M.M. ARAMI, Vive tu vida (Barcelona, Herder, 1978); J. AUER, El evangelio de la gracia (Barcelona, Herder, 1975); CH. BAUMGARTNER, La gracia de Cristo (Barcelona, Herder, 1969); R. BERZOSA, Como era en el principio. Temas clave de antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica (Madrid, San Pablo, 1996); V.M\u00c2\u00aa CAPDEVILA I MONTANER, Liberaci\u00f3n y divinizaci\u00f3n del hombre, (Salamanca, Sec. Trinitario, 1984); J. ESQUERDA BIFET, Dame de beber. Dios en el coraz\u00f3n del hombre (Barcelona, Balmes, 1991); M. FLICK, Z. ALSZEGHY, El evangelio de la gracia, Antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica (Salamanca, S\u00ed\u00adgueme, 1971); P. GALTIER, La gracia santificante (Barcelona, Herder, 1964); L.F. LADARIA, Teolog\u00ed\u00ada del pecado original y de la gracia ( BAC, Madrid, 1993); J.H. NICOLAS, Les profondeurs de la gr\u00e2ce (Paris, Beauchesne, 1969); G. PHILIPS, Inhabitaci\u00f3n trinitaria y gracia (Salamanca, Sec. Trinitario, 1967); K. RAHNER, , La gracia como libertad (Barcelona, Herder, 1972); H. RONDET, La gracia de Cristo (Barcelona, Estela, 1966); A. ROYO MARIN, Somos hijos de Dios, Misterio divino de la gracia ( BAC, Madrid, 1977); M.J. SCHEEBEN, Las maravillas de la gracia (Bilbao, Descl\u00e9e, 1963); E. SCHILLEBEECKX, Cristo y los cristianos, gracia y liberaci\u00f3n (Madrid, Cristiandad, 1982); M. SCHMAUS, Teolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica. La gracia divina (Madrid, Rialp, 1959) V.<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>DJN<br \/>\n\u00c2\u00a0<br \/>\nGracia es fundamentalmente el amor de Dios, que se da por pura benevolencia, sin m\u00e9rito alguno por parte del que lo recibe; significa tambi\u00e9n el testimonio de este amor, la gracia o favor hecho a alguien (Lc 2,52; 4,22), el cual por eso \u00abhalla gracia\u00bb (Lc 1,30); significa, por fin, el atractivo o la belleza obrada por el mismo favor en el agraciado, que es prenda de nueva gracia. Las tres significaciones se dan en el saludo del Angel a Mar\u00ed\u00ada (Lc 1,28). Toda la obra salvadora de Dios es una gracia de su amor, y expresamente sus dones m\u00e1s se\u00f1alados. En el A. T., la promesa, la Alianza, la Ley, todo es gracia. La obra de gracia se consuma en Jes\u00fas, que es el don sustancial de Dios, su mismo Hijo dado a los hombres. Por eso la gracia es El mismo, que, a su vez, est\u00e1 lleno de gracia y nos da gracia (Jn 1,14.16). Su obra entera es una pura gracia: el Evangelio, por el que act\u00faa la fuerza salvadora de Dios; el mismo ministerio apost\u00f3lico que lo proclama, y, sobre todo, el Esp\u00ed\u00adritu Santo y su actuaci\u00f3n, que es el don primordial de Jesucristo (Jn 14,16-17; 15,26; 16,13-15).<\/p>\n<p>Al hombre se le exige la fe en Jesucristo, es decir, la aceptaci\u00f3n de su fe gratuita (Jn 3,36; 5,24; 6,47; 11,26); sin fe no hay salvaci\u00f3n posible (Jn 3,36; 8,24). La salvaci\u00f3n nos viene por la fe y no por las obras de la Ley, aunque las obras no se excluyen, pues se habla de una fe viva, informada por la caridad. Pero el principio de la salvaci\u00f3n es la gracia, un don gratuito, como gratuito es tambi\u00e9n el don de la fe. A la gracia de Dios debe corresponder en el hombre una continua acci\u00f3n de gracias, como nos ense\u00f1a Jes\u00fas (Mt 15,36; 26,27; Mc 8,6; 14,23; Lc 6,35; 18,11; 22,17.19; Jn 6,11.23; 11,14). Esta acci\u00f3n de gracias se resume y se cumple en plenitud en la Eucarist\u00ed\u00ada, que es \u00abacci\u00f3n de gracias\u00bb. Se comprende que la gracia y la paz sean un deseo, que tanto se repite en el N. T., sobre todo en las cartas de San Pablo (Rom 1,7; 1 Cor 1,3 2 Cor 1,2; G\u00e1l 1,3; Ef 1,2).<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>(-> amor, fe, perd\u00f3n). Todas las religiones contienen una experiencia de gracia: el descubrimiento de que la vida es don, un regalo que los hombres y mujeres no merecen. La Biblia israelita ha destacado de un modo especial la experiencia de la gracia, que aparece vinculada al perd\u00f3n y a la elecci\u00f3n*, a la liberaci\u00f3n del \u00e9xodo y de un modo especial al despliegue del amor*, como han destacado los profetas. En esa l\u00ed\u00adnea destaca el Deuteronomio, que es una meditaci\u00f3n sobre la gracia de Dios tal como ha venido a expresarse en la historia israelita. De todas formas, un tipo de judaismo ha podido poner m\u00e1s de relieve la exigencia de la Ley, que los hombres han de cumplir como una obligaci\u00f3n, destacando la importancia de las obras de los mismos hombres (sus m\u00e9ritos), m\u00e1s que la gracia de Dios. As\u00ed\u00ad lo ha sentido san Pablo cuando afirma que los griegos buscan sabidur\u00ed\u00ada y los jud\u00ed\u00ados se fijan en las obras (1 Cor 1,22), corriendo as\u00ed\u00ad el riesgo de entender la religi\u00f3n como algo que ellos hacen y merecen con sus fuerzas. En ese contexto, la renovaci\u00f3n del cristianismo se entiende como experiencia y despliegue de gracia.<\/p>\n<p>(1) Jes\u00fas, profeta de la gracia. Jes\u00fas no ha formulado el tema de un modo te\u00f3rico, pero todo su evangelio, que es buena nueva de la salvaci\u00f3n mesi\u00e1nica, se entiende como un despliegue de gracia. En esa l\u00ed\u00adnea deben situarse los aspectos b\u00e1sicos de su mensaje (amor* al enemigo, perd\u00f3n, superaci\u00f3n del juicio) y de su vida (curaciones*). Los primeros cristianos han interpretado la muer  te de Jes\u00fas y su resurrecci\u00f3n como experiencia de gracia. Pero algunos, en l\u00ed\u00adnea judeocristiana, han vuelto a situar esa experiencia en el contexto de la una ley jud\u00ed\u00ada m\u00e1s centrada en las obras y m\u00e9ritos del hombre que en la gracia. Contra ellos se ha elevado Pablo.<\/p>\n<p>(2) Pablo, te\u00f3logo de la gracia. Estrictamente hablando, Pablo no ha inventado nada, sino que se ha limitado a sacar las consecuencias de lo que se hallaba contenido en el mensaje de la vida y de la pascua de Jes\u00fas. Pero lo ha hecho con tal radicalidad que podemos entenderle como el verdadero fundador de la gracia, en sentido teol\u00f3gico. Esta es su mayor aportaci\u00f3n, no s\u00f3lo al conjunto de la Biblia y del cristianismo, sino incluso a la cultura humana: nadie como \u00e9l hab\u00ed\u00ada presentado la experiencia de Dios y el sentido de la vida como gracia. S\u00f3lo por eso se le puede presentar como uno de los mayores creadores de la historia de la humanidad. Dios no se sit\u00faa en el nivel de la necesidad (no es obligaci\u00f3n, imposici\u00f3n, ni destino). La relaci\u00f3n del hombre con Dios (es decir, con lo m\u00e1s profundo de su vida) no es tampoco obligaci\u00f3n, ni experiencia legal: no es un doy para que me des, no es un equilibrio entre lo que se hace y lo que se merece. El Dios de Jes\u00fas es gracia: no impone obligaciones, no somete a los hombres a un tipo de rituales religiosos que ellos deben cumplir, como si fueran s\u00fabditos suyos. El Dios de Jes\u00fas sit\u00faa la vida de aquellos que escuchan y acogen su mensaje en un nivel de pura gratuidad: no somos justos por nuestra justicia, sino porque Dios nos ha justificado (Rom 3,24). La gracia es algo previo, anterior a lo que hagamos; no depende de nuestra respuesta, sino del don de Dios, que nos ama sin que tengamos para ello m\u00e9rito alguno (cf. Rom 11,6).<\/p>\n<p>(3) Gracia y paz. Esta experiencia de la gratuidad de la vida define seg\u00fan Pablo el cristianismo. No es f\u00e1cil mantenerse en la gracia, fundando en ella la vida de la Iglesia. Por eso, muchas veces los cristianos han interpretado el mensaje de Pablo de un modo espiritualista, volviendo a crear un sistema de leyes morales y rituales, que siguen teniendo a los hombres sometidos. En contra de eso se han elevado una y otra vez los grandes int\u00e9rpretes de Pablo, entre los que podemos citar a Lutero y a san Juan de la Cruz, volviendo a situar el mensaje de Jes\u00fas y la vida de la Iglesia en su contexto de gracia. En este sentido siguen siendo b\u00e1sicos los encabezamientos de las cartas paulinas que vinculan la gracia de Dios con la paz rnesi\u00e1nica: \u00abGracia y paz a vosotros de parte de Dios nuestro Padre y del Kyrios Jesucristo\u00bb (cf. 1 Cor 1,3; Rom 1,7; 2 Cor 1,2; Gal 1,3; 1 Tes 1,1; Flp 1,2). Ciertamente, en algunos momentos, la gracia de Dios y de la vida de los cristianos ha podido quedar amenazada por un tipo de legalismo que les pone en manos del tali\u00f3n y la venganza. Pero tanto el mensaje de Jes\u00fas como la experiencia pascual de los primeros cristianos entienden la presencia de Dios y la vida de los hombres como despliegue de una gracia original que les conduce a la paz definitiva.<\/p>\n<p>Cf. X. PIKAZA, Antropolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 2006.<\/p>\n<p>PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Fundamentos: 1. Noci\u00f3n y problem\u00e1tica; 2. En el Antiguo Testamento; 3. En el Nuevo Testamento.-II. El caminar de la historia: 1. Santos Padres; 2. El Occidente; 3. Escol\u00e1stica; 4. Las Rupturas; 5. Recuperaci\u00f3n.-III. Reflexi\u00f3n sistem\u00e1tica: 1. Dios y el hombre; 2. Categor\u00ed\u00adas fundamentales del cristianismo; 3. Gracia creada e increada; 4. Deificaci\u00f3n y santidad cristiana.<\/p>\n<p>I. Fundamentos<br \/>\n1. NOCI\u00ed\u201cN Y PROBLEM\u00ed\u0081TICA. El concepto de gracia es amplio y complicado, ya que bajo la palabra gracia subyace la riqueza de la experiencia religiosa y de la fe cristiana como encuentro y relaci\u00f3n entre el hombre y Dios.<\/p>\n<p>Ya en griego y latin gracia reune en s\u00ed\u00ad varias realidades, a veces dispares. Gracia puede ser benevolencia, amor, placer, belleza,&#8230; El mismo problema aparece en las lenguas modernas. Reina aqu\u00ed\u00ad una polisemia amplia.<\/p>\n<p>Cuando gracia se aplica a la relaci\u00f3n entre Dios y el hombre la comprensi\u00f3n de la misma depender\u00e1 de la comprensi\u00f3n de Dios y del mismo hombre. De ah\u00ed\u00ad que la riqueza de matices sea imnumerable y en el estudio de la tradici\u00f3n cristiana los acentos pueden ser dispares a\u00fan diciendo materialmente las mismas palabras. Caso t\u00ed\u00adpico ser\u00e1 la interpretaci\u00f3n de san Agust\u00ed\u00adn en los tiempos de la Reforma y del Jansenismo.<\/p>\n<p>Para este tema, y en este caso, al acercarnos a la comprensi\u00f3n cristiana de la gracia hemos de partir del concepto de Dios que est\u00e1 detr\u00e1s de las preocupaciones doctrinales o experiencias religiosas de la historia de la Iglesia.<\/p>\n<p>Partimos de la experiencia fundante: Cristo y los disc\u00ed\u00adpulos e inmediatos sucesores. Veremos algunos asuntos fundamentales en la historia de la doctrina acerca de la gracia para buscar una orientaci\u00f3n general hoy. De ell encontramos tres puntos cr\u00ed\u00adticos que son los quicios de la teolog\u00ed\u00ada cristiana.<\/p>\n<p>Del olvido de la unidad de creaci\u00f3n y salvaci\u00f3n aparece la oposici\u00f3n en gracia y libertad, entre Dios y el hombre. Se inicia en la disputa pelagiana, permanece hasta hoy en los pensadores y cristianos de Occidente. Podemos llamarle la dimensi\u00f3n teol\u00f3gica de la gracia.<br \/>\nDel olvido de la experiencia sacramental de la primera Iglesia se rompe unidad en el individuo para vivir gozosamente la gracia. Aparece en la historia con las cuestiones acerca de la predestinaci\u00f3n, la relaci\u00f3n de las obra buenas y la caridad, la experiencia de gracia en el individuo. Podemos llamarle la dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica de la gracia: el ser en Cristo. Con ello tenemos todo el problema de asumir lo hist\u00f3rico en la gracia como historia de salvaci\u00f3n cuyo autor es Dios en Cristo.<\/p>\n<p>Del olvido de la comunidad, el grupo de los creyentes, surge el excesivo individualismo y cosismo en el tratamiento de la gracia y en su vivencia; en teolog\u00ed\u00ada es todo el problema de la inhabitaci\u00f3n trinitaria, del Esp\u00ed\u00adritu, de l Iglesia. Podemos llamarle la dimensi\u00f3 pneumatol\u00f3gica de la gracia en el cristianismo.<\/p>\n<p>Especial importancia tiene el s. XIX. Por un lado la escuela de Tubinga y por otro la escuela romana realizan una recuperaci\u00f3n de la primitiva unidad de la comprensi\u00f3n de la fe: Dios y el hombre no son competidores sino personas llamadas al encuentro y a la comuni\u00f3n. Esto se ve en el renovado inter\u00e9s de esa \u00e9poca por la Iglesia, la gracia increada, la inhabitaci\u00f3n trinitaria, el deseo del sobrenatural&#8230; Fructificar\u00e1 esta renovaci\u00f3n en Blondel, de Lubac, etc. ya en pleno siglo XX.<\/p>\n<p>2. EN EL ANTIGUO TESTAMENTO. Cuando buscamos el concepto de gracia en el AT nos topamos con m\u00faltiples aspectos y gran riqueza de vocabulario, ya que no tenemos un equivalente exacto de la palabra gracia.<\/p>\n<p>Se nos habla de Dios que se inclina al hombre con misericordia (N\u00fam 6, 24), que es fiel y se acerca con ternura (Is 14, 1; 49, 15). Dios activo bendice al hombre, se complace en \u00e9l, le perdona, le conduce a un futuro feliz&#8230;.<\/p>\n<p>El tema de la gracia en el AT se halla unido al tema de Dios autor de la creaci\u00f3n y la regeneraci\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<p>Lo que nosotros llamamos gracia de Dios en el Yahvista podemos encontrarlo y subsumirlo como bendici\u00f3n y elecci\u00f3n (G\u00e9n 12, 1-3). El Deuteronomio acentuar\u00e1 la benevolencia y la alianza (Dt 27-28). En el profeta Oseas destaca al amor y la alianza renovada (Os 2, 16-25). Isa\u00ed\u00adas subraya la promesa y la restauraci\u00f3n de la amistad y fidelidad de mano del mes\u00ed\u00adas (Is 9, 1-6; 11, 1-5; 42, 6). Jerem\u00ed\u00adas insiste en la amistad \u00ed\u00adntima de Dios hacia el hombre y la renovaci\u00f3n de la alianza Qer 31, 33). Ezequiel acentuar\u00e1 la complacencia de Dios en el hombre (hesed, hen en hebreo, cf. Ez 36, 24-28). Muchos otros temas y textos podr\u00ed\u00adamos aducir.<\/p>\n<p>Desde esta primera luz en Israel vemos que la gracia se une a la salvaci\u00f3n. Mirando al pasado se recuerda la elecci\u00f3n y el \u00e9xodo. Mirando al futuro aparece la fidelidad y amistad de Dios hacia la consumaci\u00f3n de Israel: llegar a ser en plenitud pueblo de la alianza. Las actuaciones de Dios, elecci\u00f3n, alianza y promesa, se concretan como bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>Podemos destacar dos aspectos generales. El primero es la benevolencia de Dios que por gracia elige a Israel y le ofrece salvaci\u00f3n en su amistad. Podemos decir: Dios pone su coraz\u00f3n en el hombre.<\/p>\n<p>Un segundo aspecto del comportamiento de Dios es su dinamismo. El hebreo no piensa tanto en sustantivos cuanto en verbos: la persona que act\u00faa, en este caso Dios. Los comportamientos de Dios que podemos llamar gracia son ante todo acciones y acontecimientos en Dios y en los hombres.<\/p>\n<p>3. EN EL NUEVO TESTAMENTO. En el anuncio y actuaci\u00f3n de Jes\u00fas se nos presenta un Dios de gracia, que ofrece salvaci\u00f3n: el reinado de Dios se ha acercado a vosotros (Mc 1, 15). Esta proclamaci\u00f3n en acci\u00f3n (curaciones cfr Mc. 6, 56; exorcismos cfr. Mc 3, 22; reuni\u00f3n de seguidores cf. Mc 1, 17) implica el amor, la benevolencia y la gratuidad de Dios hacia el hombre.<\/p>\n<p>Los acentos de los diversos evangelistas presentan matices. Mateo hablar\u00e1 de la dicha y la bendici\u00f3n (Cf. Mt 5, 2 ss. y 25, 31 ss). Este don de Dios se traduce en perfecci\u00f3n, que retoma la exigencia de santidad del Lev\u00ed\u00adtico (Cf. Mt 5, 48).<\/p>\n<p>Lucas, por su parte, insistir\u00e1 en la misericordia como calificativo de la actuaci\u00f3n de Dios (Cf. Lc 15) que conlleva la misma respuesta en el hombre (Lc 6, 36). El comportamiento de Jes\u00fas para con el hombre es hoy de salvaci\u00f3n y gracia que realiza lo antiguo.<\/p>\n<p>Un primer aspecto que hemos de destacar es la unidad de creaci\u00f3n y salvaci\u00f3n que aparece en el evangelio como misterio de la gracia de Dios. Con esto la teolog\u00ed\u00ada cristiana ha caracterizado la acci\u00f3n de Dios como gracia y bajo este concepto ha subsumido los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Al acercarnos a Pablo nos encontramos con parejas de conceptos: gracia y fe (Rom 4, 16), gracia y paz (Rom 1, 7), gracia y justificaci\u00f3n (Rom 5, 20). Todo ello acontece en Cristo, para vivir en Cristo (cf. 2 Cor 5, 17). Qumr\u00e1n hab\u00ed\u00ada unido misericordia y ley. Pablo rompe esta unidad para unir Cristo y gracia. Romanos y G\u00e1latas marcan esto al afrontar la justificaci\u00f3n del hombre con independencia de la ley (G\u00e1l 2, 16). Esto es el acontecimiento de la gracia.<\/p>\n<p>El actuar de Dios para Pablo se caracteriza como gracia. Recoge el pensar jud\u00ed\u00ado cuando resalta su car\u00e1cter din\u00e1mico. La gracia no es, por tanto, en Pablo, una cualidad de Dios sino que es acontecimiento de Dios para el hombre (Cf. Rom 3, 24; 5, 15 ss.). A la luz del cap\u00ed\u00adtulo 8 de Romanos descubrimos esa actuaci\u00f3n de gracia en su car\u00e1cter escatol\u00f3gico, de consumaci\u00f3n y plenitud\u00bb. En este sentido se relaciona la gracia con el amor y la paz de Dios y de Cristo (cf Rom 1, 7; 1 Cor 1, 3; 2 Cor 13, 13).<\/p>\n<p>En Pablo, desde la experiencia evang\u00e9lica, el ser cristiano aparece unido a la filiaci\u00f3n respecto al Padre (Cf. 1 Tes 1, 3; 3, 13). Tambi\u00e9n es vivir en Cristo (Cf. Rom 6, 3; G\u00e1l 3, 28; Flp 1, 23). En la historia del hombre se traduce como vida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu (Cf. Rom 8) que distribuye dones y carismas (1 Cor 12) a los hijos.<\/p>\n<p>La mentalidad b\u00ed\u00adblica pone al hombre en relaci\u00f3n con Dios, quien lleva la iniciativa del encuentro de gracia, que abarca desde la creaci\u00f3n hasta la consumaci\u00f3n. la menesterosidad y pecado de los hombres se ponen a la luz de la actuaci\u00f3n salvadora (Cf. Rom 1-3)<br \/>\nEsta experiencia -acontecimiento en la historia del hombre- aparece como trinitaria: \u00abLa gracia de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, el amor de Dios y la comuni\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230;\u00bb (2 Cor 13, 13). Esto mismo nos muestra el texto final del env\u00ed\u00ado en Mt 28, 18-20: bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo. La vida humana como historia queda \u00ed\u00adntimamente trabada con Dios; la historia humana es, por la fe y la acci\u00f3n de Dios, acontecer de gracia (Cf. Mt 11, 25-27; Lc 10, 21-22). Es salvaci\u00f3n de Cristo y en Cristo.<\/p>\n<p>Estos acento aparecen en el cuarto evangelio: se nos conduce a la relaci\u00f3n con el Padre y el Hijo. A trav\u00e9s de Jes\u00fas viene la gracia, salvaci\u00f3n y vida eterna. Por la fe en el Hijo acontece el nuevo nacimiento (Jn 3) y la vida en comuni\u00f3n con el Padre y el Hijo (Jn 14-16). Este acontecer de la gracia es revelaci\u00f3n de la gloria que conduce a la fe y al paso del mundo a Dios, a la vida eterna. Todo ello arraigado en la misma filiaci\u00f3n del Hijo que da a conocer al Padre (Cf. pr\u00f3logo de Juan).<\/p>\n<p>En Juan aparece claramente una insistencia en Cristo que marca todo elacontecer de salvaci\u00f3n como gracia: la fe en \u00e9l, en \u00e9l est\u00e1 la vida, \u00e9l manifiesta la gloria, \u00e9l es el camino, la verdad, la vida&#8230;.<\/p>\n<p>Desde la experiencia neotestamentaria viene la posesi\u00f3n eclesial de la certeza de la gracia de Dios en Cristo, y el don del Esp\u00ed\u00adritu unido a la fe. Este acontecer de la gracia se realiza en el bautismo y en la vida cristiana por la fe, la esperanza y el amor, tal como Pablo se\u00f1ala. As\u00ed\u00ad la escol\u00e1stica pudo estudiar y tematizar la relaci\u00f3n entre gracia, virtudes y dones.<\/p>\n<p>Las cartas deuteropaulinas y apost\u00f3licas presentan al hombre transformado en Dios: \u00abpara que os hici\u00e9rais part\u00ed\u00adcipes de la naturaleza divina\u00bb (2 Pe 1, 4).<\/p>\n<p>El acontecimiento de Cristo se\u00f1ala el acontecimiento de la gracia de Dios en la historia. De modo especial queda se\u00f1alado y celebrado en la \u00faltima cena y la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica de la Iglesia: vida de Jes\u00fas entregada como acontecer del reino y donaci\u00f3n de Dios&#8217;. Esta concentraci\u00f3n cristol\u00f3gica aparece especialmente en Cirilo de Alejandr\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>II. El caminar de la historia<br \/>\n1. SANTOS PADRES. Los primeros escritores y Padres de la Iglesia viven las certezas que nacen de la experiencia del NT. El misterio de la gracia es anunciado en la predicaci\u00f3n y presencializado en el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Esto es la actuaci\u00f3n de la gracia que introduce a los hombres en relaci\u00f3n con Dios, en Cristo por el don del Esp\u00ed\u00adritu y en la comunidad eclesial que vive la urgencia misionera (Cf. Didaj\u00e9 VII).<\/p>\n<p>En la crisis del gnosticismo Ireneo insitir\u00e1 en el misterio de comuni\u00f3n y unidad que acontece en la gracia como transformaci\u00f3n del hombre. Este dinamismo aparece reflejado en m\u00faltiples textos: \u00abPor esto el bautismo, nuestro nuevo nacimiento, tiene lugar por estos tres art\u00ed\u00adculos, y nos concede renacer a Dios Padre por medio de su Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Porque los portadores del Esp\u00ed\u00adritu de Dios son conducidos al Verbo, esto es, al Hijo, que es quien los acoge y los presenta al Padre, y el Padre les regala la incorruptibilidad. Sin el Esp\u00ed\u00adritu Santo es pues imposible ver al Verbo de Dios y sin el Hijo nadie puede acercarse al Padre, porque el Hijo es el conocimiento del Padre y el conocimiento del Hijo se obtiene por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb.<\/p>\n<p>Los testimonios de la primera Iglesia apuntan a ese misterio din\u00e1mico y de unidad que parte de Dios hacia el hombre para hacerle part\u00ed\u00adcipe de su vida.<\/p>\n<p>Todo ello no acontece sin lucha, sin tensi\u00f3n, donde queda de manifiesto la distancia y la diferencia: el hombre no es Dios, pero la llamada y la gracia realizan este cambio por Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu. As\u00ed\u00ad vivieron los primeros cristianos su piedad, su transformaci\u00f3n, su lucha y en el fondo: el misterio de la gracia como expansi\u00f3n y cambio del hombre por la fe.<\/p>\n<p>Ya desde Ireneo, siguiendo por Tertuliano y Or\u00ed\u00adgenes, se comienza a usar el argumento que Atanasio, Hilario y Capadocios usar\u00e1n: si el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu no son Dios no tenemos salvaci\u00f3n. Esto muestra la \u00ed\u00adntima trabaz\u00f3n entre la teolog\u00ed\u00ada y la econom\u00ed\u00ada, entre la gracia y el misterio de Dios. La filiaci\u00f3n de Cristo y nuestra filiaci\u00f3n como acontecer en el Esp\u00ed\u00adritu se hallan trabados. Esta unidad queda manifestada en la teolog\u00ed\u00ada de los Padres especialmente clara en los griegos.<\/p>\n<p>En Oriente el tema de la gracia queda unido -hasta hoy- a la Trinidad y la econom\u00ed\u00ada salvadora.<\/p>\n<p>Cirilo de Jerusal\u00e9n subrayar\u00e1 el misterio de la imagen y semejanza del hombre con Dios y la inhabitaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Los Padres Capadocios resaltan la uni\u00f3n sustancial con el Padre por el Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Gregorio de Nisa acent\u00faa la uni\u00f3n con Cristo, Basilio la santificaci\u00f3n que act\u00faa el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>El transfondo fundamental de los Padres y primeros siglos de la Iglesia es el convencimiento que el destino del hombre es Dios: en el Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo encuentra el ser humano su realizaci\u00f3n y transcendencia. Precisamente \u00e9ste es el misterio de la gracia tanto en su car\u00e1cter de don como de regalo gratuito.<\/p>\n<p>Para solucionar una explicitaci\u00f3n de la relaci\u00f3n Dios y hombre, o c\u00f3mo traducir en concreto la presencia del Dios trinitario, el Oriente ha desarrollado el tema de las energ\u00ed\u00adas increadas. Son como el reflejo en el ser humano de la misma gloria y luz divina. Estas energ\u00ed\u00adas nos transmiten la presencia de Dios. Sin confundir Dios con el hombre se da una presencia \u00ed\u00adntima y personal de la misma Trinidad, no de tipo causal. De alg\u00fan modo es la explicitaci\u00f3n de lo que Occidente ha llamado gracia increada.<\/p>\n<p>Otro aspecto que no debemos pasar por alto dentro del profundo sentido de unidad de creaci\u00f3n y salvaci\u00f3n, y de \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n Dios-hombre es la dimensi\u00f3n sacramental y eclesial del misterio de la gracia. Ya hicimos referencia a Cirilo de Alejandr\u00ed\u00ada. Pero es tema en casi todos ellos.<\/p>\n<p>2. EL OCCIDENTE. El ambiente de Occidente ser\u00e1 distinto al de Oriente. En un principio subyacen en los autores y en la piedad latina las mismas formas que entre los griegos. Hacia el final del siglo IV comienza un cambio de clima y entramos en la crisis pelagiana. Agust\u00ed\u00adn marcar\u00e1 el pensamiento a parttir de entonces, aunque muy unilateralemnte tomado desde la controversia que vivi\u00f3.<\/p>\n<p>Agust\u00ed\u00adn parte de las certezas cristianas fundamentales: la relaci\u00f3n con el Dios trinitario (v\u00e9ase su De Trinitate), de la transformaci\u00f3n del hombre desde Dios, de la relaci\u00f3n con Cristo y la eclesialidad.<\/p>\n<p>Durante largos a\u00f1os se ocupar\u00e1 de la gracia. Dos problemas concretos le acucian. Por un lado el destino de los ni\u00f1os bautizados, muertos antes de haber hecho ning\u00fan acto consciente de caridad. Por otro, el problema del pelagianismo: si el hombre pone algo propio de su parte para responder a la salvaci\u00f3n. Es el dilema que atravesar\u00e1 la teolog\u00ed\u00ada de occidente hasta casi nuestros d\u00ed\u00adas: libertad o gracia, Dios o el hombre.<\/p>\n<p>Dos aspectos centrales podemos destacar en Agust\u00ed\u00adn. Son para tener en cuenta en las variadas respuestas y matices que ofrecer\u00e1 a lo largo de su vida. Primeramente no se ha de olvidar la experiencia de conversi\u00f3n del santo ,y su lucha por buscar y hacer el bien. El vivi\u00f3 la experiencia de la gracia que sale al encuentro y cambia al hombre. Este punto de partida personal junto con las antiguas certezas de la Iglesia constituyen el trasfondo de sus doctrinas. En un segundo lugar nos encontramos en repetidos textos como Agust\u00ed\u00adn tematiza el deseo del hombre que busca y anhela salvaci\u00f3n y plenitud. El coraz\u00f3n inquieto necesita de la gracia -presencia y auxilio- de Dios para encontrarse en unidad y plenitud porque s\u00f3lo desde Dios se puede entender al hombre.<\/p>\n<p>Desde estos dos puntos de partida ve al hombre llamado a participar de la misma vida de Dios, ser hijo en el Hijo, imagen y semejanza del Dios trinitario. \u00abDios quiere hacerte Dios por donaci\u00f3n\u00bb\u00bb. Aqu\u00ed\u00ad se inscribe la gracia que pone en el coraz\u00f3n del hombre el deseo, delectatio en Dios.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad aparece clara la defensa de la gracia que hace Agust\u00ed\u00adn en contra del pelagianismo. Este se hallaba preso en el dilema entre gracia y libertad. Agust\u00ed\u00adn hace valer la primac\u00ed\u00ada de la gracia que suscita la respuesta en el hombre. En un contexto de pol\u00e9mica acentuar\u00e1 la pecaminosidad del hombre y su imposibilidad para el bien sin el auxilio de Dios. Por eso deja traslucir en m\u00faltiples textos el sentido del agradecimiento hacia Dios.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es preciso reconocer en el pelagianismo una confesi\u00f3n en la bondad de la creaci\u00f3n y libertad del hombre como intento de respuesta cristiana a ciertas tendencias de la antig\u00fcedad.<\/p>\n<p>Ante la crisis provocada por el pelagianismo el 1 de mayo del 418 se re\u00fanen los obispos de Africa en Cartago para trazar fronteras entre la Iglesia y los pelagianos. En el canon 4 se apuntaa la gracia que nos da el don del amor, en el fondo, el deseo del hombre para ponerse en direcci\u00f3n hacia Dios. En el canon 5 la gracia viene a presentarse como la que cambia o transforma la libertad del hombre para el bien. Con esto los obispos quieren subrayar la primac\u00ed\u00ada de la gracia que suscita la respuesta y la b\u00fasqueda del hombre. Hay en el trasfondo de este Concilio una ruptura con la primera mentalidad de la Iglesia. Tanto Arrio como Pelagio son exponentes de un deseo nuevo de precisar la relaci\u00f3n entre el hombre y Dios. Es como un intento del hombre como criatura.<\/p>\n<p>Agust\u00ed\u00adn percibe aqu\u00ed\u00ad un olvido de la primac\u00ed\u00ada de Dios que ofrece una salvaci\u00f3n y plenitud total al ser humano. Parece que en el ambiente cultural de la \u00e9poca se ha roto la unidad de creaci\u00f3n y redenci\u00f3n. La Iglesia respondi\u00f3 como pudo para salvar esta unidad y ello desde la primac\u00ed\u00ada de la gracia.<\/p>\n<p>El s\u00ed\u00adnodo de Orange del 529 vuelve a insistir en las mismas certezas de la Iglesia. Corresponde a Ces\u00e1reo de Arl\u00e9s el papel central en dicha doctrina. El sentir general de los c\u00e1nones de Orange defienden la presencia de la gracia que debe ayudar y transformar la libertad y la voluntad. Esa gracia viene unida al Esp\u00ed\u00adritu Santo. Con ello se quiere hacer valer la gracia y la cooperaci\u00f3n del hombre que responde, pero negar la autonom\u00ed\u00ada humana para iniciar el camino del bien. Detr\u00e1s de lo que presenta el texto aparece la certeza de que es imposible para el hombre llegar a ser Dios, y si lo alcanza es por la gracia, en Cristo, actuada por el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Se quiere as\u00ed\u00ad rechazar el semipelagianismo y llegar a un acuerdo con Vicente de Lerins. El problema planteado era que, si todo era gracia, d\u00f3nde quedaba la responsabilidad del hombre. Parece que se pod\u00ed\u00ada dejar todo esfuerzo asc\u00e9tico por la vida virtuosa. Los c\u00e1nones de Orange II, mejor o peor, quieren salir al paso.<\/p>\n<p>En los primeros siglos de la Edad Media se recogen estas certezas y se vive de ellas. El inter\u00e9s fundamental sigue siendo espiritual y pastoral. La gracia est\u00e1 presente en el hombre en el inicio y prosecuci\u00f3n del camino de la fe. Se afirma la presencia de Dios y la uni\u00f3n con Cristo por la fe.<\/p>\n<p>3. LA ESCOL\u00ed\u0081STICA. Poco a poco se comienza a vislumbrar un panorama nuevo en Occidente. Los tratadistas comienzan a plantearse cuestiones y tratan de responderlas apoyados en los textos de los Padres de la Iglesia o de la Escritura.<\/p>\n<p>Dentro de un af\u00e1n pastoral se suscitan cuestiones sobre la relaci\u00f3n de la fe y las obras, la inhabitaci\u00f3n de Dios por la gracia, la cognoscibilidad del propio estado de gracia, la gracia santificante&#8230;<\/p>\n<p>En un primer momento las respuestas son servidas por los textos de los antiguos, pero en un segundo momento y con el progresivo estudio de la filosof\u00ed\u00ada, se quiere precisar el sentido de la gracia como algo que tiene el hombre. Es el momento de explicitar el ser cristiano con la ayuda de la filosof\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Un ejemplo de la cl\u00e1sica cuesti\u00f3n presentada por Pedro Lombardo cuando identifica la caridad con el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Abelardo distingu\u00ed\u00ada entre el don de la gracia y el don del Esp\u00ed\u00adritu. En esta l\u00ed\u00adnea distinguir\u00e1n caridad y Esp\u00ed\u00adritu Santo Anselmo de La\u00f3n y Gilberto de la Porr\u00e9. Las ulteriores precisiones hacen la distinci\u00f3n entre una y otro apoyados en la filosof\u00ed\u00ada aristot\u00e9lica (as\u00ed\u00ad Sim\u00f3n de Torunai y Felipe el Canciller).<\/p>\n<p>Esto es s\u00ed\u00adntoma de la dificultad te\u00f3rica para explicitar la gracia creada y la gracia increada. Quiz\u00e1 detr\u00e1s vemos el problema pneumatol\u00f3gico. En la primera escol\u00e1stica estaba clara la orientaci\u00f3n del hombre hacia Dios (Padre) y la uni\u00f3n con Cristo junto con la realidad sacramental de la Iglesia (dimensi\u00f3n cristol\u00f3gica), pero se estaba perdiendo la dimensi\u00f3n pneumatol\u00f3gica: la comunidad, la persona y las relaciones interpersonales. En contra va creciendo un concepto cos\u00ed\u00adstico (servido por el aristotelismo) y tambi\u00e9n individual. As\u00ed\u00ad aparece resaltado en la investigaci\u00f3n de G. Philips<br \/>\nLa primera escol\u00e1stica lograr\u00e1 presentar la gracia como el influjo de Dios en los hombres de modo que su ser y actuar son fecundados de modo nuevo, y al mismo tiempo capacitados para actuar en el orden de la salvaci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n un exceso de un modo de explicar seg\u00fan los modelos de la causalidad lleva al olvido de la presencia personal de Dios en el hombre, de modo que paulatinamente se oscurece el tema de la inhabitaci\u00f3n. Pero por otro lado han logrado presentar el h\u00e1bito que produce la gracia y es como algo permanente en el hombre justificado.<\/p>\n<p>La gran escol\u00e1stica puede as\u00ed\u00ad trabajar en su s\u00ed\u00adntesis. Todos los grandes autores conservan el primer sentir de la Iglesia: el hombre est\u00e1 ordenado a Dios y desde \u00e9ste se puede comprender; la acci\u00f3n de Dios viene al encuentro delhombre para transformarle y darle la vida eterna y la beatitud&#8217;. Esta transformaci\u00f3n hace al hombre deiforme, que vuelve sobre su origen y hace reaparecer la imagen y semejanza de Dios borrada por el pecado<br \/>\nLa gracia, en cuanto relaci\u00f3n especial con Dios, supone presencia, encuentro y vida sobrenatural, tanto respecto al conocimiento como respecto al amor y al cumplimiento de la ley de Dios. Ella tiene la primac\u00ed\u00ada. Pero ese h\u00e1bito est\u00e1 en la esencia del alma\u00bb. Es \u00abconsortium divinae naturae per quandam similitudinis participationem\u00bb<br \/>\nEsta similitud Dios-hombre queda manifestada y actuada en las virtudes teologales, como ya se\u00f1alaba la tradici\u00f3n anterior. Tom\u00e1s de Aquino responde muy inteligentemente a la cuesti\u00f3n de la identificaci\u00f3n de la caridad con el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Act\u00faa en las virtudes, pero respecto a la fe y la esperanza mueve a trav\u00e9s del h\u00e1bito creado en el alma; por el contrario en la caridad mueve por s\u00ed\u00ad mismo46. Para tratar de precisar en la forma de pensar de su tiempor dir\u00e1 que mana del Esp\u00ed\u00adritu Santo \u00abexemplariter\u00bb. Las otras actuaciones son \u00abefficienter a tota Trinitate\u00bb47. Con esto quiere escapar del pelagianismo (la gracia viene al hombre) y del externismo (se apropia a la misma esencia del alma). Pero este h\u00e1bito del alma es algo din\u00e1mico porque dice relaci\u00f3n a Dios y al Esp\u00ed\u00adritu Santo<br \/>\nEl conjunto de temas sobre la gracia en la gran escol\u00e1stica es amplio y mantiene un equilibrio bastante grande. Pero algo se comienza a romper cuando sintom\u00e1ticamente se quiebra la unidad entre la gracia creada e increada y eso lo muestra Ricardo de Mediavilla 01308)cuando se pregunta si adem\u00e1s del don creado (h\u00e1bito) es preciso admitir un don increado.<\/p>\n<p>En la escol\u00e1stica tard\u00ed\u00ada vence el estatismo y el cosismo en la concepci\u00f3n de la gracia y, aunque se mantienen las sentencias cl\u00e1sicas, el ambiente ha cambiado. Se prepara poco a poco el terreno para las crisis posteriores. Si primero se hab\u00ed\u00ada perdido la dimensi\u00f3n pneumatol\u00f3gica, en el XIV y XV se oscurece la dimensi\u00f3n teol\u00f3gica y cristol\u00f3gica.<\/p>\n<p>4. LAS RUPTURAS. El ambiente cultural del final de la Edad Media hace que en el tema de la gracia se desarrolle una visi\u00f3n m\u00e1s est\u00e1tica y de alguna manera sin Dios. De ah\u00ed\u00ad la insistencia en la gracia creada, el voluntarismo y la aceptaci\u00f3n de Dios. Es el camino que desde Scoto y Gabriel Biel conduce hacia el XVI.<\/p>\n<p>No podemos aqu\u00ed\u00ad estudiar todos los problemas que plantea el asunto de la gracia. En un primer momento se hubo de defender la gracia creada como h\u00e1bito y las virtudes correspondientes. Sintom\u00e1ticamente la realidad de la Iglesia y los sacramentos se ven oscurecidos y la Iglesia toma sus distancias respecto a Wiclif y Hus. No s\u00f3lo la pneumatolog\u00ed\u00ada, la misma cristolog\u00ed\u00ada aparece problematizada.<\/p>\n<p>Este ambiente provoca la crisis protestante. Lutero quer\u00ed\u00ada salvar la gracia y la presencia y comuni\u00f3n con Dios. Seguramente est\u00e1 presente el dilema al que hicimos referencia: o Dios o el hombre. Lutero quiere optar decididamente por Dios porque, en su pensamiento, l\u00e1 teolog\u00ed\u00ada heredada ya no respond\u00ed\u00ada a las exigencias del Dios cristiano. Contra el cosismo y estatismo Lutero tiene una concepci\u00f3n actualista de la gracia de Dios. A partir de esto se entiende su postura respecto a la relaci\u00f3n de la fe con las obras y el m\u00e9rito. En la escol\u00e1stica primera y cl\u00e1sica era todav\u00ed\u00ada una relaci\u00f3n din\u00e1mica entre Dios y el hombre. En tiempos de Lutero se hab\u00ed\u00ada cosifrcado.<\/p>\n<p>El tridentino sali\u00f3 al paso de la reforma trabajosamente. Evit\u00f3 cuidadosa mente optar por alguna escuela y hace una defensa fuerte de la necesidad de la gracia: nosotros somos transformados. Esto contiene un momento din\u00e1mico, pero tambi\u00e9n m\u00e1s est\u00e1tico. De alguna manera se une la gracia actual con la habitual. La misma defensa de los sacramentos puede inscribirse en el sentir de la Iglesia que confiesa la salvaci\u00f3n hecha realidad en el hombre y en la comunidad.<\/p>\n<p>Sin embargo no se logra la paz. Agudamente la lucha entre la libertad del hombre y la gracia de Dios se puede ver en la disputa de Auxiliis. B\u00e1\u00f1ez y su partido pretend\u00ed\u00adan salvar la primac\u00ed\u00ada de la gracia. Pero Molina y sus seguidores optaban por rescatar la libertad humana y darle la responsabilidad que le corresponde. Las disputas en Roma se celebraron de 1589 a 1607. La teolog\u00ed\u00ada de la gracia se encuentra de lleno en un momento cultural de especial dificultad para comprender la uni\u00f3n y la colaboraci\u00f3n del hombre con Dios. Siendo una disputa sobre la gracia actual es, sin embargo, una disputa sobre la concepci\u00f3n de la relaci\u00f3n estrecha que puede existir entre Dios y el hombre.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad encontramos el problema central de Occidente: c\u00f3mo entender y explicitar la salvaci\u00f3n concreta del hombre, en cuanto ser y acontecer. Lo mismo viene a suceder con Bayo, Jansenio y las disputas que se suceden. El hombre en estado de naturaleza pura -no da\u00f1ada- parece no necesitar la gracia (Bayo). Aqu\u00ed\u00ad entramos de nuevo en una concepci\u00f3n pelagiana en el fondo, que luego pasa a un extremismo de corte agustiniano. Y como contrapartida aparece un profundo sentido pesimista del hombre ante un Dios que ya no es el Dios de gracia y salvaci\u00f3n, que mantiene en unidad su designio por la creaci\u00f3n y la recreaci\u00f3n. Aunque es de justicia conceder que tanto Bayo como Jansenio quieren reorientar el deseo del hombre hacia Dios, pero no lograron ni precisi\u00f3n ni siquiera hacerse entender por los te\u00f3logos de su tiempo. En el fondo ambos no se encontraron a gusto ni con la gracia arrolladora de B\u00e1\u00f1ez ni con la libertad bajo cautela de Molina.<\/p>\n<p>En esta \u00e9poca vence una concepci\u00f3n actualista -por otro lado siempre presente en el dinamismo de la gracia de los antiguos -que oscurece el aspecto relacional y los profundos matices que podr\u00ed\u00adan esconderse en la explicitaci\u00f3n de la gracia increada.<\/p>\n<p>Por este tiempo aparecen algunos tratadistas que desde la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica y positiva tratar\u00e1n de iluminar este lado m\u00e1s abandonado. L. Lessio S.I. destaca que vivimos sobrenaturalemnte de la vida intratrinitaria, \u00abper extensionem\u00bb, por el don de la gracia santificante, somo as\u00ed\u00ad propia y formalmente hijos de Dios. D. Petavio S.I. retorna los Padres griegos para explicitar que vivimos la vida de Dios en nosotros y el Esp\u00ed\u00adritu Santo se nos da sustancialmente. Somos santos por la sustanciadel Esp\u00ed\u00adritu Santo. En esta l\u00ed\u00adnea de teolog\u00ed\u00ada positiva el oratoriano Thomassin destaca, dentro del tratado de la Encarnaci\u00f3n del Verbo, que la misma sustancia del Esp\u00ed\u00adritu Santo es quien nos santifica. Con ello est\u00e1n realizando estos autores una recuperaci\u00f3n de la gracia total y sobre todo tratando de recuperar la gracia como realaci\u00f3n ontol\u00f3gica entre Dios y el hombre.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de estos nombres hay otros muchos. Podr\u00ed\u00adamos aqu\u00ed\u00ad hacer referencia a la m\u00ed\u00adstica que desde el final del medievo con Ruysbroeck viene hasta san Juan de la Cruz y Francisco de Sales. En todos ellos prevalece el sentimiento vivo de la presencia de Dios en la gracia que transforma las potencias del hombre y lo hace capaz de vivir la \u00ed\u00adntima comuni\u00f3n de vida con Dios. Muy lejos est\u00e1n algunos manuales de teolog\u00ed\u00ada de esta fuerza.<\/p>\n<p>Con la ilustraci\u00f3n se percibe un decaimiento en la teolog\u00ed\u00ada que conduce m\u00e1s y m\u00e1s a un extrinsecismo en la concepci\u00f3n de la gracia.<\/p>\n<p>5. RECUPERACI\u00ed\u201cN. Queremos marcar un momento grande de recuperaci\u00f3n que posibilitar\u00e1 poco a poco una comprensi\u00f3n mejor de la gracia en su conjunto.<\/p>\n<p>J. A. Moehler, siguiendo los pasos de los primeros maestros de Tubinga, da dos pasos importantes. Por un lado intenta resituar el misterio de la Iglesia y del hombre a la luz del Esp\u00ed\u00adritu Santo. As\u00ed\u00ad lo muestra su libro \u00abLa Unidad\u00bb. La gracia de Dios no es un asunto entre el individuo y Dios sino que acontece en la Iglesia. Ve as\u00ed\u00ad el cristianismo desde el Esp\u00ed\u00adritu Santo y la vida divina. Por otro lado recupera el sentido de la encarnaci\u00f3n como momento de la explicitaci\u00f3n de la vida divina y con ello alcanza lo que significa la historia concreta de salvaci\u00f3n y la Iglesia. Esto aparece en su \u00abSimb\u00f3lica\u00bb. Con ello alcanza a comprender al hombre desde Dios, intentando superar el dualismo de naturaleza y gracia. Otro problema no del todo resuelto en su teolog\u00ed\u00ada es la relaci\u00f3n entre encarnaci\u00f3n y Esp\u00ed\u00adritu Santo. Pero a\u00fan hoy se est\u00e1 trabajando en categor\u00ed\u00adas nuevas para precisar mejor esto.<\/p>\n<p>Desde aqu\u00ed\u00ad se entienden nuevos afanes por parte de otros autores. J.E.v. Kuhn, tambi\u00e9n de Tubinga, escribe sobre la gracia para vencer el extrinsecismo. Por su parte la escuela romana acomete la tarea de hacer valer el sobrenatural como algo vivo y actuante en el hombre. De alguna manera el estudio de los Padres que hab\u00ed\u00adan hecho Petavio y Thomassin fructificaban: La gracia de Dios comienza a verse por un lado din\u00e1micamente y por otro en lo que tiene de presencia divina se quiere precisar como relaci\u00f3n interpersonal. Magistralmente M.J. Scheeben, una vez y otra, en sus escritos vuelve al problema para precisar c\u00f3mo se realiza esta uni\u00f3n con Dios y c\u00f3mo esa uni\u00f3n va acompa\u00f1ada de la transformaci\u00f3n y fecundaci\u00f3n del hombre en la gracia.<\/p>\n<p>Desde otros puntos de vista la situaci\u00f3n en la Iglesia viene reflejada por el intento de M. Blondel que intenta presentar esa presencia personal y din\u00e1mica entre Dios y el hombre. La visi\u00f3n cristiana primitiva quiere as\u00ed\u00ad abrirse paso de nuevo: el hombre est\u00e1 orientado, abierto y en camino hacia Dios. De alguna manera el correr del tiempo hab\u00ed\u00ada separado y roto la unidad Dios-hombre a la que hemos hecho referencia. Desde esta unidad se quiere recuperar la libertad y la apertura. Apunta bien Blondel al se\u00f1alar como puntos cr\u00ed\u00adticos contempor\u00e1neos el extrinsecismo y el historicismo. Dios est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de estas alternativas: est\u00e1 en la ra\u00ed\u00adz como gracia.<\/p>\n<p>Estos problemas los ha puesto de manifiesto y apuntado caminos de soluci\u00f3n H. de Lubac. Por un lado intenta rescatar a Agust\u00ed\u00adn y Tom\u00e1s de unas comprensiones cerradas, tanto est\u00e1ticas, como dualistas, bien entre la mentalidad jansenista o las ideas de las escuelas teol\u00f3gicas. Decididamente recupera el sentido de la gracia: Dios que sale al encuentro y en ese dinamismo se encuadra lo que llamamos tanto gracia actual como habitual, creada como increada.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos tiempos y despu\u00e9s de largas discusiones acerca del tema se ha hecho un silencio sobre la gracia. Pero al mismo tiempo se ha realizado una recuperaci\u00f3n m\u00e1s profunda desde una mejor explicitaci\u00f3n del misterio trinitario y una precisi\u00f3n del tema de la encarnaci\u00f3n y la pneumatolog\u00ed\u00ada. Aun sin embargo queda trabajo por realizar. No podemos recorrer m\u00e1s hitos en el camino de la historia. \u00danicamente se\u00f1alaremos la recuperaci\u00f3n dentro del protestantismo para una mejor comprensi\u00f3n de la gracia. K. Barth es el m\u00e1s representativo. Pero al mismo tiempo hemos de se\u00f1alar que su rechazo de la filosof\u00ed\u00ada para tematizar la fe lleva quiz\u00e1 a una falta de precisi\u00f3n y cierto sentido cerrado de la elecci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>III. Reflexi\u00f3n sistem\u00e1tica<br \/>\n1. DIOS Y EL HOMBRE. Algunas cuestiones centrales de la gracia se han tratado en los manuales cl\u00e1sicos para responder al interrogante fundamental en este tema: la necesidad de la gracia, la predestinaci\u00f3n o elecci\u00f3n divina, la esencia de la gracia creada e increada, la gracia en lo que tiene de eficaz o\/y suficiente.<\/p>\n<p>No podemos entrar en una explicaci\u00f3n detallada de estos asuntos. Nos teresa en relaci\u00f3n a Dios. Al hablar de la gracia estamos recogiendo en una palabra la experiencia de la cercan\u00ed\u00ada, o mejor, del acontecimiento de Dios que se da al hombre, se nos regala. Esto es m\u00e1s all\u00e1 de las categor\u00ed\u00adas del m\u00e9rito entendido vulgarmente, de la elecci\u00f3n o de la necesidad. Es, de alguna manera, un acto de fe que confiesa y reconoce a Dios como el m\u00e1s grande. Magistralmente ha puesto esto de manifiesto K. Barth entre los protestantes de nuestro siglo.<\/p>\n<p>Desde la experiencia fundante de la Escritura del AT y de Jes\u00fas confesamos que Dios es Dios de gracia, que se inclina al hombre. Se trata, por tanto, de partir de la fe confesante y gozosa: Dios nos quiere y se nos comunica en Jes\u00fas. En este sentido no podemos hablar de oposici\u00f3n o jugar a enfrentar a Dios con el hombre. Hemos de partir de que el hombre no es Dios, pero Dios quiere hacerse amigo, compa\u00f1ero&#8230; en definitiva, Padre de los hombres en Jesucristo: llegar a ser hijos en el Hijo. Esta experiencia supone la distancia, pero tambi\u00e9n la cercan\u00ed\u00ada. Ambos polos son para sostener.<\/p>\n<p>En lo que tiene de relaci\u00f3n interpersonal no podemos verlo en sentido comercial o de intercambio debido, sino que es acontecer de gracia: autodonaci\u00f3n entre personas.<\/p>\n<p>Por tanto no se trata de escoger entre Dios y el hombre, como sucedi\u00f3 con el pelagianismo o un agustinismo exagerado o ciertas tendencias del protestantismo, sino de afirmar a Dios y al hombre.<\/p>\n<p>En este punto se mantiene una continuidad fundamental entre la creaci\u00f3n y la recreaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad lo han dejado en claro los Padres antiguos al reflexionar sobre el Antiguo y el Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>2. CATEGOR\u00ed\u008dAS FUNDAMENTALES DEL CRISTIANISMO. La gracia, siendo fieles al fundamento en Cristo, podemos concebirla como acontecer, no como un estado, como un don en el plano de las cosas, como una ganancia, o algo debido. Desde esta concepci\u00f3n fundamental el acontecer de la gracia tiene tres principios: el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo. De estos principios se extraen tres categor\u00ed\u00adas de explicitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La categor\u00ed\u00ada teologal: Dios es origen y meta del hombre. En cuanto le llamamos Padre, apoyados en la experiencia y en el ser de Cristo, vemos el hombre a la luz de Dios y, por tanto, confesar la gracia es acto de fe, que se dirige a Dios, que quiere ofrecer el futuro al hombre, que lo ha llamado a ser. Por tanto en la entra\u00f1a de su mismo ser est\u00e1 orientado a Dios y a esto le llamamos gracia, elecci\u00f3n, predestinaci\u00f3n, vocaci\u00f3n. Este acontecer est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la pura gracia y lo que es debido. Simplemente es, acontece, porque es Dios mismo en acci\u00f3n.<\/p>\n<p>La categor\u00ed\u00ada cristol\u00f3gica o de encarnaci\u00f3n. La gracia no es algo interior solamente. Se ha hecho histotia en el Hijo Jesucristo. Por tanto la carne, lahistoria humana, la vida de los hombres es donde acontece la salvaci\u00f3n y es el hombre -carne y esp\u00ed\u00adritu- a quien se le llama porque la gracia acontece al hombre concreto e hist\u00f3rico, tal como Cristo ha anunciado y presencializado en su vida hist\u00f3rica. Por eso los sacrementos son acontecimientos de gracia. Es Cristo quien bautiza y perdona y consagra&#8230;Es por tanto don para el hombre que mira a la resurrecci\u00f3n de la carne y en dinamismo, ya que a la vida y a la historia pertenecen el movimiento. En este movimiento se ha implicado Dios mismo en Cristo y ahora sigue implicado en ello.<\/p>\n<p>La categor\u00ed\u00ada pneumatol\u00f3gica. El Esp\u00ed\u00adritu dice relaci\u00f3n a la intimidad de Dios y a la intimidad del hombre. Pero desde la explicitaci\u00f3n cristiana de Dios es comuni\u00f3n y comunidad. El hombre est\u00e1 en manos de los otros y humanamente nace en medio de los otros y por los otros (padres biol\u00f3gicos y psicol\u00f3gicos). Pues bien, en la gracia, acontece la presencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo que se hace intimidad del hombre y profundidad del hombre, pero no como algo externamente a\u00f1adido. Por el Cristo esa presencia de gracia de Dios (Esp\u00ed\u00adritu Santo) se une \u00ed\u00adntimamente al ser profundo del hombre y a las actuaciones del hombre (tema de las virtudes, dones y frutos en la teolog\u00ed\u00ada medieval). Con palabras m\u00e1s sencillas podemos decir que la gracia es presencia din\u00e1mica de Dios cambiando, transformando, activando la b\u00fasqueda del hombre.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad tenemos que la gracia supone la radical alteridad y transcendencia: el hombre no es Dios. Pero tambi\u00e9n la m\u00e1xima intimidad y comuni\u00f3n: el hombre act\u00faa divinamente transformado por la presencia personal de Dios como Padre, presencia del Hijo y la presencia del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Las categor\u00ed\u00adas a utilizar pueden ser cambiables pero el fondo de la cuesti\u00f3n permanece. Quiz\u00e1 hoy podamos utilitar la palabra comuni\u00f3n interpersonal al igual que la utilizamos para expresar las relaciones intratrinitarias.<\/p>\n<p>3. GRACIA CREADA E INCREADA. Desde este punto de vista del acontecer y la comuni\u00f3n interpersonal no plantea muchos problemas hablar de la gracia como algo creado: es algo del hombre, es don en el hombre, transformaci\u00f3n del hombre, tanto en su interior como en su exterior (resurrecci\u00f3n de la carne como acontecimiento de gracia que esperamos).<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n es algo interior y exterior como increado: es decir nos encontramos con el mismo Dios. Si las dem\u00e1s personas, siendo el otro, pueden estar presentes en nosotros con su palabra, sus gestos de cari\u00f1o, su cuerpo, Dios, con m\u00e1s raz\u00f3n, es presente o se hace presente e interior al hombre con una intensidad mayor que cualquier criatura. Esta relaci\u00f3n con Dios no puede ser en abstracto con la divinidad (esencia divina), es concretamente relaci\u00f3n personal: hijos del Padre, que se hace presente precisamente como Padre; hermanos del Hijo, que se hace presente como hermano de los hombres; miembros del Esp\u00ed\u00adritu Santo, persona en muchas personas'\u00bb. Aqu\u00ed\u00ad las categor\u00ed\u00adas son cambiables por la especial dificultad en explicitar el misterio del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Padres y m\u00ed\u00adsticos han hablado del desposorio con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, se ha relacionado con el Amor interpersonal como efusi\u00f3n amorosa&#8230; De todos modos esto nos indica que puede usarse un vocabulario variado.<\/p>\n<p>Por tanto parece algo incongruente oponer gracia creada e increada. O de alguna manera cerrarse a un tipo de categor\u00ed\u00adas que no permitan explicitar esta relaci\u00f3n con Dios en su ser personal o en sus relaciones intratrinitarias. Otro problema ser\u00e1 cu\u00e1l vocabulario sea el mejor.<\/p>\n<p>4. DEIFICACI\u00ed\u201cN Y SANTIDAD CRISTIANA. El acontecimiento de la gracia, como encuentro y comuni\u00f3n del Dios trinitario con el hombre ha sido llamado deificaci\u00f3n. En este sentido tiene un aspecto de proceso, de camino de encuentro e intercambio entre Dios y el hombre. Tambi\u00e9n est\u00e1 relacionado con la escatolog\u00ed\u00ada en cuanto este proceso mira a alcanzar la plenitud del hombre en Dios en la visi\u00f3n beat\u00ed\u00adfica y bienaventuranza y en la resurrecci\u00f3n de los muertos. Todo ello se ha llamado tambi\u00e9n santidad en cuanto vida, aunque a veces presentado muy est\u00e1ticamente: ser santo.<\/p>\n<p>Desde nuestro punto de vista este proceso al que hemos hecho referencia se concreta en el camino de alcanzar el hombre por la gracia a ser perfecta imagen y semejanza de Dios, como dec\u00ed\u00ada Buenaventura, a ser hijos en el Hijo, alcanzar el desposorio con el Esp\u00ed\u00adritu Santo (Scheeben). Esto alcanza, como dec\u00ed\u00adamos, la totalidad del hombre, cuerpo y esp\u00ed\u00adritu, en una transparencia para el ser divino trinitario.<\/p>\n<p>La santidad de Dios como intimidad de la vida divina, se expande en el hombre a trav\u00e9s del Esp\u00ed\u00adritu Santo, corona de la vida intratrinitaria, en cuanto plenifica la relaci\u00f3n entre el Padre y el Hijo.<\/p>\n<p>Si hemos de destacar la plenitud de la gracia, hemos de explicitarla en las virtudes teologales en cuanto tienen a Dios como fundamento: es fe como entrega y confianza en Dios, es esperanza como mirada hacia la meta y anhelo del encuentro, es amor como deseo y gusto por Dios. En este sentido, hablar de santidad cristiana no puede ser tomar como punto de partida el compromiso, la entrega, la acci\u00f3n intramundana. Aunque todo ello forma parte de la misma. El punto de partida en la gracia es la iniciativa de Dios que pone en el hombre el entender y el querer para mirarle a El o dejarse mirar por El. De aqu\u00ed\u00ad que la primera actitud de la vida de la gracia es precisamente la acci\u00f3n de gracias. Esto se traduce en alabanza y alegr\u00ed\u00ada como dones fundamentales y principales del Esp\u00ed\u00adritu. Ya los medievales consideran como primer don del Esp\u00ed\u00adritu la sabidur\u00ed\u00ada como gusto por las cosas divinas: es decir el descanso y anhelo puestos en Dios que traducen el sentido de alabanza en la liturgia de la Iglesia indivisa a trav\u00e9s de la historia: con los \u00e1ngeles y santos proclamamos la santidad de Dios. En pleno centro de la vida humana aparece la gracia de Dios en Jesucristo; por eso la vida se convierte en alabanza y eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En vocabularios diversos y modos de pensar y sentir diversos el centro de la cuesti\u00f3n vuelve una y otra vez a aparecer. Recorriendo la m\u00ed\u00adstica y los santos, y el sentir un\u00e1nime de los Padres nos encontramos con esa unidad din\u00e1mica y procesual entre Dios y el hombre que culminan en el encuentro pleno y transformante, en la comuni\u00f3nque se expresar\u00e1 como alabanza y liturgia celeste.<\/p>\n<p>[-> Agust\u00ed\u00adn, san; Amor; Antropolog\u00ed\u00ada; Arrianismo; Atanasio, san y Alejandrinos; Atributos; Barth, K; Bautismo; Biblia; Buenaventura, san; Capadocios, Padres; Cariddd; Comunidad; Comuni\u00f3n; Concilios; Conocimiento; Creaci\u00f3n; Doxolog\u00ed\u00ada; Encarnaci\u00f3n; Escatolog\u00ed\u00ada; Escol\u00e1stica; Esperanza; Esp\u00ed\u00adritu Santo; Eucarist\u00ed\u00ada; Experiencia; Fe; Filosofia; Historia; Iglesia; Inhabitaci\u00f3n; Ireneo, san; Jesucristo; Juan de la Cruz, san; Liturgia; Misterio; Naturaleza; Or\u00ed\u00adgenes, Padre; Padres (griegos y latinos); Predestinaci\u00f3n; Reforma; Reino de Dios; Salvaci\u00f3n; Teolog\u00ed\u00ada y econom\u00ed\u00ada; Tertuliano; Tom\u00e1s de Aquino; Trinidad; Vida cristiana; Vida eterna.]<br \/>\nRicardo Sanl\u00e9s Olivares<\/p>\n<p>PIKAZA, Xabier &#8211; SILANES, Nereo,  Diccionario Teol\u00f3gico. El Dios Cristiano,  Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico El Dios Cristiano<\/b><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00abgracia\u00bb (en griego ch\u00e1ris) se refiere al dinamismo de Dios, tanto en el \u00e1mbito de la creaci\u00f3n como en la historia de la salvaci\u00f3n del hombre ca\u00ed\u00addo, dirigido a producir en la criatura humana la apertura a la entrada elevadora y salvadora de Dios en hist\u00f3rica del hombre, para dar posteriormente lugar, escatol\u00f3gicamente, al acceso del hombre a la plena comuni\u00f3n con el Dios uno y trino (LG 2).<\/p>\n<p>La gracia es, por consiguiente, el modo con que Dios escoge hacer part\u00ed\u00adcipe de su esencia \u00ed\u00adntima al hombre.<\/p>\n<p>Para ello la gracia divina modela la naturaleza humana en plena conformidad con los deseos de Dios. El Antiguo Testamento se presenta como la forma preparatoria de la intervenci\u00f3n de Dios (Gn 1-3; 12,lss) a trav\u00e9s de las etapas de la historia de Israel. A partir de la historia de los patriarcas, Dios establece v\u00ed\u00adnculos de alianza cada vez m\u00e1s profundos con el hombre, que culminan en el nacimiento de Israel como pueblo liberado de la esclavitud, dotado de dignidad, identidad y porvenir (Ex 3; 33,19; etc.) y en el pacto de mutua fidelidad que Dios establece con \u00e9l (Ex 34,6), en donde \u00e9l se manifiesta al conocimiento del hombre d\u00e1ndole la ley de la existencia. La dial\u00e9ctica entre la infidelidad de Israel a la alianza y la persistencia de la predilecci\u00f3n divina (Dios nunca falla a su juramento), muestra la adecuaci\u00f3n de Dios a la situaci\u00f3n humana. Este inter\u00e9s hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico de Dios por el hombre se proyecta luego hacia atr\u00e1s, en las etiolog\u00ed\u00adas de Gn1-3, y esto produce un conocimiento nuevo y fundamental de Dios y de su gracia: \u00e9l ha llevado a cabo la salvaci\u00f3n del hombre porque es su dador de vida original y su Creador.<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento est\u00e1 muy difundido el tema de la gracia, en cuanto que finalmente se ha cumplido la promesa del Antiguo Testamento: ha llegado el liberador escatol\u00f3gico.<\/p>\n<p>No uno de tantos enviados, sino Dios mismo ha hecho su entrada en la condici\u00f3n humana para cambiar substancialmente su naturaleza y su direcci\u00f3n. El t\u00e9rmino gracia est\u00e1 presente en Lucas y en Pablo, pero su contenido es un tema que recorre todo el Nuevo Testamento. La cima de esta tematizaci\u00f3n de la gracia es la narraci\u00f3n de la pasi\u00f3n y muerte sacrificial de Cristo. Pablo indica en el misterio pascual de Cristo el contenido de la gracia (Rm 8,32) y se\u00f1ala en la persona del propio Cristo la forma esencial y definitiva de la misma (2 Cor 13,13). El objetivo que Dios quiere alcanzar con la Pascua de Cristo es la modificaci\u00f3n radical de la condici\u00f3n humana: de la injusticia a la conformidad plena con sus deseos. As\u00ed\u00ad pues, la gracia es un don gratuito de Dios al hombre, precisamente mientras que es pecador y no merec\u00ed\u00ada entonces m\u00e1s que el juicio de condenaci\u00f3n por parte de Dios; como tal, la gracia no depende de la observancia de los mandamientos.<\/p>\n<p>Las consecuencias de esta bajada hist\u00f3rica de la gracia divina hasta el sacrificio de Cristo son, para el hombre: la adopci\u00f3n filial que Dios hace en el hijo de los que creen en Cristo (Rom 8,16ss), el comienzo para ellos de la vida escatol\u00f3gica (Rom 5,21; 6,23); para Dios: la culminaci\u00f3n perfecta de su gloria, extendida por todo el mundo (Rom 5,2) por la obra de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu en la Iglesia.<\/p>\n<p>En la edad patr\u00ed\u00adstica la teolog\u00ed\u00ada de la gracia seguir\u00e1 substancialmente dos direcciones: la occidental, t\u00ed\u00adpicamente agustiniana, de la gracia como iniciativa absolutamente primaria de Dios, que act\u00faa de manera aut\u00f3noma, mientras que la participaci\u00f3n del hombre es s\u00f3lo posterior (rigidez de posici\u00f3n, debida a la herej\u00ed\u00ada pelagiana). Esta teolog\u00ed\u00ada de la gracia fue reelaborada en la \u00e9poca medieval por Tom\u00e1s de Aquino y la gracia se expres\u00f3 como una realidad que se hace presente como cualidad a\u00f1adida al alma humana (habitus), cuyo dinamismo se va diferenciando l\u00f3gicamente de manera admirable en sucesivas distinciones respecto a Dios y respecto al hombre.<\/p>\n<p>La escol\u00e1stica posterior exagerando esta orientaci\u00f3n, tender\u00e1 a una configuraci\u00f3n abstracta de la gracia, francamente desorientadora y criticada por la teolog\u00ed\u00ada actual. Con la teolog\u00ed\u00ada luterana y en el debate teol\u00f3gico entre la escuela tomista y la molinista surgieron duras pol\u00e9micas sobre la gracia.<\/p>\n<p>La orientaci\u00f3n teol\u00f3gica, oriental, por el contrario, se muestra m\u00e1s propensa a ver la gracia como una obra personal de los tres Sujetos de la Trinidad en el hombre: una divinizaci\u00f3n progresiva del mismo realizada en la historia por obra del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu. La finalidad de este dinamismo operativo (la gracia) es la entrada o inhabitaci\u00f3n de las tres Personas divinas en el hombre. El Magisterio teol\u00f3gico cat\u00f3lico ratificar\u00e1 en varias ocasiones, en contra de las herej\u00ed\u00adas sobre la gracia, que \u00e9sta es absolutamente necesaria a los creyentes, tanto para cumplir los mandamientos como para resistir y evitar el pecado, dado que la voluntad humana est\u00e1 gravemente debilitada por el pecado de origen (DS 225-227,&#8217; 396). La persistencia de la libertad humana bajo la gracia significa que \u00e9sta no la aplasta sino que la hace verdaderamente libre.<\/p>\n<p>En la econom\u00ed\u00ada divina la gracia hace  que los deseos m\u00e1s elevados del hombre coincidan perfectamente con lo que Dios quiere, y esto representa para el hombre el mejor modo posible de ser (DS 238-248). Los decretos del concilio de Trento condenar\u00e1n la concepci\u00f3n de la gracia de los reformadores como extr\u00ed\u00adnseca y superpuesta al hombre, habiendo quedado la voluntad humana, totalmente destruida por el pecado original, est\u00e1tica y pasiva (DS 1554ss). Al contrario, la gracia tiene en Cristo su lugar personal e hist\u00f3rico, pero que se act\u00faa en la obra de santificaci\u00f3n que el Esp\u00ed\u00adritu Santo lleva a cabo en la Iglesia, para extender y desarrollar hist\u00f3ricamente, a nivel personal y comunitario, la presencia de Dios Uno y Trino en el hombre, para dirigir luego toda la econom\u00ed\u00ada de la gracia a su cumplimiento escatol\u00f3gico: la funci\u00f3n \u00ed\u00adntima del misterio trinitario de Dios.<\/p>\n<p>T . Stancati<\/p>\n<p> Bibl.: K. Rahner, La gracia como libertad,  Herder, Barcelona 1972; H. Rondet, La gracia de Cristo, Estela, Barcebna 1966; G, Philips, Inhabitaci\u00f3n trinitaria y gracia, Secretariado Trinitario, Salamanca 1982; M. Flick &#8211; Z. Alszeghy, El evangelio de la gracia,  S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1965; j Auer El evangelio de la gracia, Herder, Barcelona 1975; A. Ganoczy, De su plenitud todos hemos recibido, Herder, Barcelona 1991.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. Dios nos salva en Cristo por el don de su Esp\u00ed\u00adritu: 1. El Dios de la revelaci\u00f3n (Antiguo Testamento); 2. La salvaci\u00f3n de Jesucristo: la buena nueva del Reino (Nuevo Testamento); 3. Transformados por el Esp\u00ed\u00adritu. II. La llamada del hombre a la comuni\u00f3n con Dios: 1. Predestinado en Cristo; 2. Creado a imagen de Dios; 3. Destino sobrenatural. III. El nuevo ser en Cristo y la transformaci\u00f3n por su Esp\u00ed\u00adritu: 1. Donde abund\u00f3 el pecado sobreabund\u00f3 la gracia; 2. Necesidad de la redenci\u00f3n de Cristo (la justificaci\u00f3n); 3. La cooperaci\u00f3n humana en la obra de la salvaci\u00f3n; 4. La nueva criatura en Cristo Jes\u00fas. IV. Acceso al Padre por el Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo: 1. Hijos en el Hijo; 2. El don del Esp\u00ed\u00adritu Santo; 3. Plenificaci\u00f3n del ser personal; 4. Dimensi\u00f3n comunitaria. V. Claves catequ\u00e9ticas: 1. Caracter\u00ed\u00adsticas de una catequesis sobre la gracia; 2. Catequesis seg\u00fan las edades.<\/p>\n<p>La gracia es Dios mismo en cuanto se autocomunica a nosotros por Jesucristo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo y nos renueva interiormente. No se puede hablar, por tanto, de la gracia como una realidad a se stante, sino en relaci\u00f3n con el misterio de Dios, que se revela y comunica al hombre. Este es uno de los datos fundamentales de la revelaci\u00f3n, que polariza la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica actual sobre la gracia.<\/p>\n<p>B\u00ed\u00adblica y teol\u00f3gicamente, la gracia dice relaci\u00f3n a los misterios esenciales de la fe cristiana, que son: el misterio de Dios, el misterio del hombre, el misterio de Cristo, el don del Esp\u00ed\u00adritu, el misterio de la Iglesia. La gracia es esencialmente teoc\u00e9ntrica, cristol\u00f3gica, pneumatol\u00f3gica y eclesial. Se expresa en la vida nueva en el Esp\u00ed\u00adritu, que es principio de la nueva creaci\u00f3n, y tiende a la consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica. Este es el marco de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la gracia. Aparece, por tanto, como derivaci\u00f3n y como s\u00ed\u00adntesis, al mismo tiempo, de los temas soteriol\u00f3gicos, trinitarios, cristol\u00f3gicos, pneumatol\u00f3gicos, eclesiol\u00f3gicos, antropol\u00f3gicos y escatol\u00f3gicos. M\u00e1s a\u00fan, la gracia es el n\u00facleo central de todos ellos, su dimensi\u00f3n m\u00e1s profunda, la que les confiere una perspectiva espec\u00ed\u00adficamente cristiana.<\/p>\n<p>Presentar la gracia en relaci\u00f3n con estos temas, como la expresi\u00f3n de los misterios divinos en la vida cristiana, es centrar la catequesis en las fuentes mismas de la revelaci\u00f3n y en el misterio de la fe cristiana. Es tambi\u00e9n uno de los criterios b\u00e1sicos de su articulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este planteamiento permite estudiar no s\u00f3lo lo que es la gracia en s\u00ed\u00ad misma, sino tambi\u00e9n lo que esta representa en el conjunto de la fe cristiana y de la historia de salvaci\u00f3n, como la realidad central de la revelaci\u00f3n. Esta se va desvelando progresivamente en el Antiguo y Nuevo Testamento, como acci\u00f3n salvadora de Dios, que interpela la realidad humana llam\u00e1ndola a la comuni\u00f3n divina (I-II). Y todo ello, por la participaci\u00f3n en el nuevo ser de Cristo (justificaci\u00f3n) y por la comuni\u00f3n en su misterio, que nos hace part\u00ed\u00adcipes de su filiaci\u00f3n, por el don del Esp\u00ed\u00adritu, Se\u00f1or y dador de vida (11-I11).<\/p>\n<p>Si bien la gracia es la relaci\u00f3n \u00fanica y personal del individuo con Dios, hay que evitar desde el principio el peligro de concebirla y vivirla en sentido individualista. La acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios en Jesucristo se dirige a la comunidad, que a su vez, es para el mundo sacramento de salvaci\u00f3n. De ah\u00ed\u00ad su dimensi\u00f3n esencialmente comunitaria y eclesial.<\/p>\n<p>I. Dios nos salva en Cristo por el don de su Esp\u00ed\u00adritu<br \/>\n1. EL Dios DE LA REVELACI\u00ed\u201cN (ANTIGUO TESTAMENTO). La doctrina de la gracia en el Antiguo Testamento se halla en relaci\u00f3n inmediata con la revelaci\u00f3n de Dios y, m\u00e1s concretamente, con su actividad salvadora, que en el Nuevo Testamento se manifiesta en Cristo Jes\u00fas y se act\u00faa en el creyente por el Esp\u00ed\u00adritu Santo. En este contexto, la gracia de Dios es ante todo el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico; m\u00e1s especialmente, el acontecimiento Cristo; y, a la luz del Esp\u00ed\u00adritu Santo, el acontecimiento pneumatol\u00f3gico. As\u00ed\u00ad aparece, de hecho, en la Sagrada Escritura. Este es tambi\u00e9n el marco teol\u00f3gico y catequ\u00e9tico de su verdadera interpretaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La gracia no es primordialmente una realidad del hombre, sino una realidad de Dios: su realidad personal, su modo de ser y de actuar (Dios gracioso), su actitud de benevolencia para con el hombre, su fidelidad inquebrantable a las promesas de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los t\u00e9rminos con que se expresa esta actitud personal de Dios para con el hombre, en el marco de la alianza, son: hanan (apiadarse), hen (favor, benevolencia; favorable, gracioso: \u00abhallar gracia a los ojos de Dios\u00bb), hesed (bondad, amistad, amor de Dios en virtud de la alianza), emet (fidelidad divina a las promesas de salvaci\u00f3n).<\/p>\n<p>Los textos b\u00ed\u00adblicos son innumerables. He aqu\u00ed\u00ad uno que describe la actitud fundamental de Yav\u00e9 con los t\u00e9rminos indicados: \u00abDios de ternura (rahanim) y de gracia (hen), lento a la ira, rico en bondad (hesed) y en virtud (emet), que mantiene su bondad (hesed) por mil generaciones\u00bb (Ex 34,6-7).<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino m\u00e1s pr\u00f3ximo a la palabra gracia es hen. Se halla en los libros hist\u00f3ricos y designa el favor y la benevolencia divina para con el hombre. Etimol\u00f3gicamente significa inclinarse, en sentido f\u00ed\u00adsico, sobre alguien; en sentido moral, encierra la idea de inclinarse con favor, afecto, benevolencia, protecci\u00f3n, como cuando la madre se inclina sobre la cuna de su peque\u00f1o. Es el amor y la protecci\u00f3n que el peque\u00f1o, pobre y desvalido, encuentra en su protector; o el favor que el inferior halla o espera hallar a los ojos de su superior, Yav\u00e9. En este sentido se dice que Abrah\u00e1n hall\u00f3 gracia ante Dios (G\u00e9n 18,3); e igualmente Mois\u00e9s (Ex 33,12). Es decir, Dios les concedi\u00f3 su favor; se mostr\u00f3 bueno y benevolente con ellos. Esta actitud personal de favor y benevolencia divina es constante en la historia de Israel. Puede decirse que los libros del Antiguo Testamento son la historia de la hen de Dios: de la gracia, el favor, la benevolencia de Yav\u00e9 hacia su pueblo. Tiene un matiz particular de gratuidad. Es un amor soberano y libre, que radica en el modo de ser de Dios, no en la bondad o m\u00e9ritos humanos (Dt 7,7).<\/p>\n<p>Sin embargo, el t\u00e9rmino principal, que mejor expresa el contenido de la gracia en el Antiguo Testamento es hesed. Se halla principalmente en los libros prof\u00e9ticos y en los salmos. Designa la bondad, el amor, la misericordia de Yav\u00e9 para con su pueblo elegido en virtud del pacto de la alianza. Tiene un car\u00e1cter particular de firmeza y fidelidad inquebrantables. Yav\u00e9 es \u00abel Dios fiel que guarda la alianza y el amor por mil generaciones con quienes le aman y observan sus mandamientos\u00bb (Dt 7,9; Sal 89,29; Is 55,3). \u00abYav\u00e9 es Yav\u00e9, Dios clemente y misericordioso, paciente y muy bondadoso y leal, que observa la piedad hasta la mil\u00e9sima generaci\u00f3n\u00bb (Ex 34,6). Aparte su car\u00e1cter irrevocable, el hesed divino expresa una idea m\u00e1s profunda de uni\u00f3n entre el pueblo elegido y Yav\u00e9. Es el comportamiento de comuni\u00f3n de Dios con los suyos. En el hesed despliega Dios su poder en favor de los suyos y les ofrece ayuda y salvaci\u00f3n. Finalmente, el hesed, el amor fiel e inmutable de Dios, es la causa de que perdone al pecador, a pesar de su infidelidad, d\u00e1ndole un coraz\u00f3n nuevo y haci\u00e9ndolo justo, introduci\u00e9ndolo otra vez dentro del amor divino.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, la realidad de la gracia en el Antiguo Testamento aparece primariamente como una acci\u00f3n din\u00e1micamente salvadora. La primera oferta salv\u00ed\u00adfica de Dios al hombre como gracia es la acci\u00f3n creadora. Pero el verdadero leitmotiv de la actividad hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica se encuentra en la vocaci\u00f3n de Abrah\u00e1n, con la que comienza una historia especial de revelaci\u00f3n y comunicaci\u00f3n, que se traduce en el pacto de la alianza. Este culmina en las promesas de renovaci\u00f3n interior para los tiempos mesi\u00e1nicos o la promesa de una nueva alianza. Todo este proceso de salvaci\u00f3n constituye el trasfondo de la realidad de la gracia en el Antiguo Testamento; incluso se le puede denominar como gracia de Dios, seg\u00fan la concepci\u00f3n veterotestamentaria del hen y del hesed divinos.<\/p>\n<p>En los LXX el t\u00e9rmino hen ha sido traducido por charis, y el t\u00e9rmino hesed lo ha sido por \u00e9leos. Este \u00faltimo es el m\u00e1s cercano al concepto neotestamentario de la gracia.<\/p>\n<p>2. LA SALVACI\u00ed\u201cN DE JESUCRISTO: LA BUENA NUEVA DEL REINO (NUEVO TESTAMENTO). Jes\u00fas de Nazaret es el punto focal de la revelaci\u00f3n del Dios de la gracia; es la benevolencia divina personificada, la gracia de Dios por excelencia. En \u00e9l \u00abse ha manifestado la gracia salvadora de Dios para todos los hombres\u00bb (Tit 2,11). El Dios de la gracia es el Dios con nosotros y para nosotros, que se ha revelado tal en Cristo Jes\u00fas, en quien \u00abDios ha cumplido las promesas hechas a Abrah\u00e1n y a su descendencia\u00bb (CCE 422).<\/p>\n<p>Jes\u00fas viene para \u00absalvar del pecado a su pueblo\u00bb (Mt 1,21). No solamente anuncia, sino que realiza este acontecimiento de gracia. Cura las enfermedades y dolencias; va en busca de los pecadores, les acoge y come con ellos (Mc 2,13-17); proclama el amor misericordioso de Dios para con los publicanos y pecadores, a trav\u00e9s de las par\u00e1bolas de la dracma perdida, de la oveja descarriada, del hijo pr\u00f3digo, de los trabajadores de la vi\u00f1a, del buen samaritano, etc. (Lc 7,36-50; 15,1ss). Es la buena nueva del Reino: una nueva de gracia, de perd\u00f3n de los pecados, de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero el n\u00facleo central de la buena nueva del Reino es la revelaci\u00f3n de Dios como Padre, el reconocimiento del hombre como hijo y la proclamaci\u00f3n de los hombres como hermanos, en cuanto hijos de un mismo Padre. El Reino predicado e implantado por Jes\u00fas es, en definitiva, la revelaci\u00f3n de la paternidad de Dios, de nuestra filiaci\u00f3n divina y de la fraternidad humana, que implica, adem\u00e1s, una profunda renovaci\u00f3n de los corazones (Mt 23,9; Mc 11,25; Lc 12,32).<\/p>\n<p>En este contexto aparece la gracia como llamada a la filiaci\u00f3n, por la participaci\u00f3n de la naturaleza divina: \u00abLa gracia es el favor, el auxilio gratuito que Dios nos da para responder a su llamada: llegar a ser hijos de Dios (cf Jn 1,12-18), hijos adoptivos (cf Rom 8,14-17), part\u00ed\u00adcipes de la naturaleza divina (cf 2Pe 1,3-4), de la vida eterna (cf Jn 17,3)\u00bb (CCE 1996).<\/p>\n<p>Las par\u00e1bolas del reino destacan dos caracter\u00ed\u00adsticas fundamentales. Por una parte, la absoluta gratuidad del Reino: el labrador paciente (Mc 4,26-29), el grano de mostaza y la levadura (Mt 13,31-53); por otra, la urgencia de una decisi\u00f3n ineludible: la higuera est\u00e9ril (Lc 13,6-9), las diez v\u00ed\u00adrgenes (Mt 25,1-12), el mayordomo sagaz (Lc 16,1-8).<\/p>\n<p>La gracia de Cristo nos llega a trav\u00e9s de su humanidad, haci\u00e9ndonos part\u00ed\u00adcipes de su vida, de su muerte y de su resurrecci\u00f3n, de su propia glorificaci\u00f3n y del don de su Esp\u00ed\u00adritu, por el que clamamos \u00abAbba, Padre\u00bb. La gracia de Cristo se convierte as\u00ed\u00ad en vida en el Esp\u00ed\u00adritu, que es la vida propia de los hijos de Dios, llamada a desarrollarse en este mundo como principio de la nueva creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad radica la dignidad del cristiano (san Le\u00f3n Magno) y el fundamento de la moral cristiana o de la vida nueva en Cristo. Se caracteriza como vida filial y de gracia, bajo la moci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, seg\u00fan las bienaventuranzas evang\u00e9licas, y se manifiesta como vida de fe, de esperanza y de caridad (cf CCE 1697). Esta es la catequesis de la vida nueva en Cristo, como la denomina el Catecismo.<\/p>\n<p>3. TRANSFORMADOS POR EL ESP\u00ed\u008dRITU. a) Justificados por su gracia (san Pablo). Siguiendo la revelaci\u00f3n neotestamentaria, la palabra charis en san Pablo designa fundamentalmente la actitud personal de Dios para con el hombre, una actitud de amor y de benevolencia, que se manifiesta en una nueva econom\u00ed\u00ada de salvaci\u00f3n realizada en Cristo (Rom 4,16; Ef 1,7; 2Tim 1,9), de la que el hombre participa por el don de la justicia interior (Rom 5,15-17.21; 3,24) y que experimenta en su vida como fuerza de Dios (lCor 15,10; 2Cor 12,9).<\/p>\n<p>A la luz de estos textos, y en relaci\u00f3n progresiva con los datos de la revelaci\u00f3n expuestos hasta aqu\u00ed\u00ad, en el Nuevo Testamento la gracia es, en primer lugar, una realidad personal: el amor inmenso de Dios que busca la comuni\u00f3n con el hombre (Rom 4,16; 5,2; G\u00e1l 5,4); en segundo lugar, un acontecimiento salv\u00ed\u00adfico: la salvaci\u00f3n del hombre en el misterio redentor de Cristo Jes\u00fas (Rom 3,21-26; 5,17-21); en tercer lugar, una realidad objetiva: el don sobrenatural, interior, por el que el hombre se hace justo y se transforma en una nueva criatura, capaz de realizar las obras del amor y alcanzar la vida eterna (2Cor 5,17; G\u00e1l 6,15). Es, en fin, absolutamente gratuita: se debe a la libre iniciativa divina, no es merecimiento de las obras del hombre, sino que la da Dios graciosamente (Rom 3,21-24; Ef 2,1-10; Tit 3,4-7).<\/p>\n<p>El conjunto de estas realidades es lo que caracteriza el nuevo r\u00e9gimen o la nueva econom\u00ed\u00ada instaurada por Jesucristo, y que san Pablo define precisamente como r\u00e9gimen de gracia, en contraposici\u00f3n al antiguo r\u00e9gimen de ley: \u00abNo est\u00e1is bajo la ley, sino bajo la gracia\u00bb (Rom 6,14). Esta gracia es la participaci\u00f3n de la filiaci\u00f3n de Jes\u00fas por el don de su Esp\u00ed\u00adritu. Los que tienen el Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas, \u00abno est\u00e1n en la carne, sino en el esp\u00ed\u00adritu\u00bb, pues el Esp\u00ed\u00adritu de Dios habita en ellos (Rom 8,9). Y \u00ablos que son guiados por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios son hijos de Dios\u00bb (Rom 8,14).<\/p>\n<p>El Ap\u00f3stol experimenta la gracia como el encuentro con Cristo, que transforma su vida y hace de \u00e9l un hombre nuevo (2Cor 5,17). Gracias al amor de Dios manifestado en Cristo Jes\u00fas, descubre el verdadero sentido de su vida: nada ni nadie podr\u00e1 separarle de ese amor (Rom 8,35-39). Esta experiencia la describe admirablemente con estas palabras: \u00abVivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m\u00ed\u00ad\u00bb (G\u00e1l 2,20). Este descubrimiento invierte su jerarqu\u00ed\u00ada de valores: \u00abTodo eso que para m\u00ed\u00ad era ganancia, lo considero p\u00e9rdida comparado con Cristo\u00bb (Flp 3,7ss). La salvaci\u00f3n por gracia consiste en ser vivificado y resucitado con Cristo (Ef 2,4-6).<\/p>\n<p>Cristo, que transform\u00f3 a Pablo y a los ap\u00f3stoles, contin\u00faa hoy transformando y renovando a los que creen en \u00e9l y se hacen part\u00ed\u00adcipes de su misterio pascual, por el poder del Esp\u00ed\u00adritu: \u00abPor el poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo participamos en la pasi\u00f3n de Cristo, muriendo al pecado, y en su resurrecci\u00f3n, naciendo a una vida nueva\u00bb (CCE 1988). Esta transformaci\u00f3n tiene lugar en el bautismo (Rom 6,3-4): \u00abY si hemos muerto con Cristo, creemos que tambi\u00e9n viviremos con \u00e9l&#8230; Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios. As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jes\u00fas\u00bb (Rom 6,8-11).<\/p>\n<p>b) El nuevo nacimiento en el Esp\u00ed\u00adritu (san Juan). La revelaci\u00f3n de la gracia, en san Juan, est\u00e1 en \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n con el tema de la vida (Jn 1,1-14; 3,16; 6,30-33.57; lJn 4,9-10) (cf V. M. Capdevila). Esta vida (la vida eterna) procede de la iniciativa amorosa del Padre, se comunica por la misi\u00f3n del Hijo en la encarnaci\u00f3n redentora y se accede a ella por la fe: es la vida creyente en el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Mientras san Pablo, para elaborar su teolog\u00ed\u00ada de la gracia, part\u00ed\u00ada de la muerte-resurrecci\u00f3n de Jesucristo, san Juan se remonta al hecho mismo de la encarnaci\u00f3n. El Logos encarnado est\u00e1 lleno de \u00abgracia y de verdad\u00bb (Jn 1,14) para que los hombres recibamos de su plenitud (Jn 1,16), de modo que por \u00e9l tengamos tambi\u00e9n nosotros \u00abla gracia y la verdad\u00bb (Jn 1,17), esto es, la vida eterna (Jn 3,3-7.15.16.36; 5,24; 6,40-47).<\/p>\n<p>La vida es fruto de un nuevo nacimiento, obra del Esp\u00ed\u00adritu (Jn 3,1-8). A partir de este nuevo nacimiento, el renacido es capaz de realizar las obras del amor. Pues, si \u00abDios es amor\u00bb (Un 4,8), la recepci\u00f3n de la vida y del ser de Dios ha de manifestarse en la praxis de la caridad: \u00abSi alguno dice: \u00abamo a Dios\u00bb y aborrece a su hermano, es un mentiroso&#8230;; quien ama a Dios, ame tambi\u00e9n a su hermano\u00bb (1Jn 4,20s). La caridad fraterna es, esencialmente, la autodonaci\u00f3n del cristiano, que prolonga la entrega de Jes\u00fas: \u00abEl dio su vida por nosotros. Tambi\u00e9n nosotros debemos dar la vida por los hermanos\u00bb (lJn 3,16).<\/p>\n<p>Tanto san Pablo como san Juan contemplan la gracia como categor\u00ed\u00ada clave de la historia de salvaci\u00f3n (2Cor 3,3-6; Jn 1,17). Esta se caracteriza por el paso de una econom\u00ed\u00ada basada en la ley de Mois\u00e9s, a una econom\u00ed\u00ada basada en la gracia de Cristo. Es el paso de la ley antigua a la ley nueva, centro de la econom\u00ed\u00ada cristiana (cf CCE 1965ss).<\/p>\n<p>Esta ley nueva o ley evang\u00e9lica, que lleva a plenitud los mandamientos de la ley antigua (cf CCE 1968), \u00abes llamada ley del amor, porque hace obrar por el amor que infunde el Esp\u00ed\u00adritu Santo m\u00e1s que por el temor; y ley de gracia, porque confiere la fuerza de la gracia para obrar mediante la fe y los sacramentos\u00bb (CCE 1972).<\/p>\n<p>II. La llamada del hombre a la comuni\u00f3n con Dios<br \/>\nLa perspectiva teoc\u00e9ntrica, cristol\u00f3gica y pneumatol\u00f3gica de la gracia, hasta aqu\u00ed\u00ad expuesta, tiene que completarse con la perspectiva antropol\u00f3gica, con el fin de determinar la relaci\u00f3n que guarda el hombre con el plan salv\u00ed\u00adfico revelado por Dios. El ser humano no es ajeno a \u00e9l; al contrario, est\u00e1 abierto a la realidad personal divina, y en ella encuentra el esclarecimiento de su misterio: \u00abCristo, el nuevo Ad\u00e1n, en la misma revelaci\u00f3n del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocaci\u00f3n\u00bb (GS 22).<\/p>\n<p>El Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica inicia su exposici\u00f3n afirmando que \u00abel deseo de Dios est\u00e1 inscrito en el coraz\u00f3n del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia s\u00ed\u00ad, y s\u00f3lo en Dios encontrar\u00e1 el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar\u00bb (CCE 27).<\/p>\n<p>En parecidos t\u00e9rminos se expresa el catecismo Con vosotros est\u00e1, de la Conferencia episcopal espa\u00f1ola: \u00abS\u00f3lo Dios puede esclarecer plenamente el misterio del hombre: su situaci\u00f3n presente, sus aspiraciones profundas, su libertad, su pecado, su dolor, su muerte, su esperanza de vida futura\u00bb (CVE II, 20).<\/p>\n<p>Tratamos de exponer el fundamento de estas afirmaciones clave de la catequesis cristiana, a partir de la llamada del hombre a la gracia.<\/p>\n<p>1. PREDESTINADO EN CRISTO. La primera y fundamental llamada del hombre a la comuni\u00f3n con Dios es la elecci\u00f3n divina, que nos predestin\u00f3 a ser \u00abconformes a la imagen de su Hijo\u00bb (Rom 8,29). Antes de ponernos en camino hacia \u00e9l, e incluso antes de que existi\u00e9ramos, Dios ya nos hab\u00ed\u00ada elegido por puro amor y nos hab\u00ed\u00ada predestinado en Cristo a la uni\u00f3n con \u00e9l: \u00abEl nos eligi\u00f3 en Cristo -antes de crear el mundo- para que fu\u00e9semos santos e irreprochables ante \u00e9l por el amor. El nos ha destinado por medio de Jesucristo, seg\u00fan su voluntad y designio, a ser sus hijos\u00bb (Ef 1,4-6).<\/p>\n<p>Este es el fin de la revelaci\u00f3n y del plan salv\u00ed\u00adfico divino: \u00abQuiso Dios, con su bondad y sabidur\u00ed\u00ada, revelarse a s\u00ed\u00ad mismo y manifestar el misterio de su voluntad (a los hombres)&#8230;, para invitarlos y recibirlos en su compa\u00f1\u00ed\u00ada\u00bb (DV 2). \u00abAl revelarse a s\u00ed\u00ad mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle m\u00e1s all\u00e1 de lo que ellos ser\u00ed\u00adan capaces por sus propias fuerzas\u00bb (CCE 52).<\/p>\n<p>Esta revelaci\u00f3n culmina en Cristo, modelo y prototipo del ser humano, cuyo misterio \u00abs\u00f3lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado\u00bb (GS 22). Todo lo que el hombre es -no s\u00f3lo desde el punto de vista religioso, sino tambi\u00e9n simplemente natural-deriva de su ser imagen de Dios en Cristo, en quien adquiere una forma nueva y original de ser hombre.<\/p>\n<p>En Cristo no s\u00f3lo se da la vocaci\u00f3n individual a la gracia, sino tambi\u00e9n la vocaci\u00f3n universal a la salvaci\u00f3n. No se nos ha dado otro mediador \u00abentre Dios y los hombres\u00bb (1Tim 2,5). El Vaticano II dice que \u00abel mismo Hijo de Dios, con su encarnaci\u00f3n, se ha unido en cierto modo a todo hombre\u00bb, y que la asociaci\u00f3n al misterio pascual \u00abvale no solamente para los cristianos, sino tambi\u00e9n para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo coraz\u00f3n obra la gracia de modo invisible\u00bb (GS 22).<\/p>\n<p>2. CREADO A IMAGEN DE DIOS. La creaci\u00f3n del hombre a imagen y semejanza de Dios (G\u00e9n 1,26-27) es la primera manifestaci\u00f3n de la gracia. Efectivamente, el hombre es creado como amigo de Dios, llamado a la comunicaci\u00f3n con \u00e9l. Es semejante a Dios y, por eso, Dios puede hablar con \u00e9l y \u00e9l con Dios. De ah\u00ed\u00ad que toda la vida del hombre, lo sepa o no, es una pregunta y b\u00fasqueda de Dios: desde el principio, \u00abDios invit\u00f3 (a los hombres) a una comuni\u00f3n \u00ed\u00adntima con \u00e9l, revisti\u00e9ndolos de una gracia y de una justicia resplandecientes\u00bb (CCE 54). El hombre, de hecho, fue creado en gracia y justicia originales. Frustrada esta condici\u00f3n por el pecado, es restablecida primorosamente por Cristo.<\/p>\n<p>Imagen de Dios por excelencia, Cristo es el que restablece y consuma al mismo tiempo la imagen oscurecida por el pecado (Col 1,15ss.; 2Cor 4,4; Heb 1,3). El cristiano, por la gracia divina, participa de la perfecci\u00f3n de la \u00fanica imagen verdadera, insert\u00e1ndose en Cristo (Rom 8,29; 2Cor 3,18). De esta forma recobra el hombre su dignidad originaria, perdida u oscurecida por el pecado (Rom 1,23; 3,23), y se convierte verdaderamente en imagen de Dios. Esto ocurre en una segunda creaci\u00f3n, en la que se consuma y supera la primera (2Cor 4,4-6; Col 3,9s; Ef 4,23s). La semejanza que de aqu\u00ed\u00ad resulta es superior a la de G\u00e9n 1,26, en la misma medida en que Cristo es superior a Ad\u00e1n (cf CCE 1701).<\/p>\n<p>\u00abPor haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona: no es solamente algo, sino alguien. Es capaz de conocerse, de poseerse y de darse libremente y entrar en comuni\u00f3n con otras personas; y es llamado, por la gracia, a una alianza con su Creador, a ofrecerle una respuesta de fe y de amor que ning\u00fan otro ser puede darle en su lugar\u00bb (CCE 357).<\/p>\n<p>3. DESTINO SOBRENATURAL. La elecci\u00f3n en Cristo y la creaci\u00f3n a imagen de Dios son el fundamento del destino del hombre al orden sobrenatural, como a su \u00fanico fin, que le trasciende y le realiza plenamente. \u00abLa vocaci\u00f3n suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina\u00bb (GS 22). Por eso, sienta o no nostalgia, tenga o no apetencia m\u00e1s o menos oscura de ello, lo cierto es que s\u00f3lo en el destino o vocaci\u00f3n sobrenatural alcanzar\u00e1 la plenitud de su existencia.<\/p>\n<p>Esta vocaci\u00f3n, sin embargo, le trasciende absolutamente. Es don divino, que supera su naturaleza (cf CCE 1998). Pero precisamente por su car\u00e1cter de don conduce al hombre a una perfecci\u00f3n tal, que supera todas sus expectativas. Seg\u00fan el principio teol\u00f3gico, la gracia presupone la naturaleza y la perfecciona. Esto quiere decir que la naturaleza humana, tal como ha sido creada por Dios, tiende din\u00e1micamente m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed\u00ad misma y que s\u00f3lo en Dios encuentra su plenitud: \u00abDios puso en el hombre una aspiraci\u00f3n a la verdad y al bien que s\u00f3lo \u00e9l puede colmar\u00bb (CCE 2002).<\/p>\n<p>La fe cristiana explica este misterio como \u00abparticipaci\u00f3n de la naturaleza divina\u00bb (2Pe 1,4). La teolog\u00ed\u00ada patr\u00ed\u00adstica habla de la divinizaci\u00f3n como el rasgo definitori\u00f3 del cristianismo frente a las otras religiones: \u00abDios se hizo hombre, para que el hombre sea hecho Dios\u00bb. En este sentido, el Catecismo hace esta descripci\u00f3n de la gracia: \u00abLa gracia es una participaci\u00f3n en la vida de Dios. Nos introduce en la intimidad de la vida trinitaria\u00bb (CCE 1997).<\/p>\n<p>Este misterio central de la fe cristiana est\u00e1 muy lejos de ser una alienaci\u00f3n; representa, por el contrario, su m\u00e1xima realizaci\u00f3n. La m\u00e1xima divinizaci\u00f3n es tambi\u00e9n la m\u00e1xima humanizaci\u00f3n. Y es que el hombre s\u00f3lo se siente hombre plenamente cuando se trasciende a s\u00ed\u00ad mismo en lo absolutamente otro, esto es, en Dios. \u00abCuanto m\u00e1s nos diviniza la gracia, tanto m\u00e1s nos humaniza\u00bb (san Francisco de Sales).<\/p>\n<p>Por eso, en el coraz\u00f3n del hombre late permanentemente la esperanza y la nostalgia de lo infinito. Es un ser inquieto que siempre est\u00e1 en camino, que nunca puede detenerse, que en nada del mundo puede encontrar definitiva satisfacci\u00f3n, que permanece siempre abierto a nuevos horizontes, hasta que descanse en Dios: \u00abPues nos hiciste, Se\u00f1or, para ti, e inquieto estar\u00e1 nuestro coraz\u00f3n hasta que descanse en ti\u00bb (san Agust\u00ed\u00adn).<\/p>\n<p>III. El nuevo ser en Cristo y la transformaci\u00f3n por su Esp\u00ed\u00adritu<br \/>\n1. DONDE ABUND\u00ed\u201c EL PECADO SOBREABUND\u00ed\u201c LA GRACIA. El destino sobrenatural no se realiza sino en medio de grandes tensiones y dificultades, a causa de la realidad del pecado, cuya primera y fundamental consecuencia es la frustraci\u00f3n del proyecto de Dios. San Pablo resume tal estado en esta frase lapidaria: \u00abPor un hombre entr\u00f3 el pecado en el mundo y por el pecado la muerte\u00bb (Rom 5,12). Ad\u00e1n, al desobedecer el mandato de Dios, \u00abperdi\u00f3 inmediatamente la santidad y la justicia en la que hab\u00ed\u00ada sido establecido\u00bb (DS 1511).<\/p>\n<p>Pero donde abund\u00f3 el pecado sobreabund\u00f3 la gracia (Rom 5,20): \u00abPor el delito de un solo hombre comenz\u00f3 el reinado de la muerte; mucho m\u00e1s, por un solo hombre, Jesucristo, vivir\u00e1n y reinar\u00e1n todos los que han recibido un derroche de gracia y el don de la justificaci\u00f3n&#8230;\u00bb (Rom 5,17). La afirmaci\u00f3n del pecado no tiene, por tanto, un significado aut\u00f3nomo. Pone al descubierto la universalidad y la superabundancia de la salvaci\u00f3n que trajo Jesucristo.<\/p>\n<p>2. NECESIDAD DE LA REDENCI\u00ed\u201cN DE CRISTO (LA JUSTIFICACI\u00ed\u201cN). El tema es expuesto por el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica (1987ss.) y m\u00e1s ampliamente por el Catecismo cat\u00f3lico para adultos, de la Conferencia episcopal alemana (Madrid 1990, 258ss.), que destaca por su claridad expositiva y su alcance ecum\u00e9nico. Estas son las principales afirmaciones de la fe cat\u00f3lica: imposibilidad absoluta de que el hombre se redima a s\u00ed\u00ad mismo, y necesidad absoluta de la redenci\u00f3n por Jesucristo. S\u00f3lo Jesucristo es la salvaci\u00f3n del hombre (DS 1520). Seg\u00fan el evangelio de Juan, Jes\u00fas dice: \u00abEl que no nazca de agua y de Esp\u00ed\u00adritu no puede entrar en el reino de Dios\u00bb (Jn 3,5). Porque \u00absin m\u00ed\u00ad no pod\u00e9is hacer nada\u00bb (Jn 5,5). San Agust\u00ed\u00adn observa que no se dice: \u00absin m\u00ed\u00ad pod\u00e9is hacer poco\u00bb, sino: \u00abno pod\u00e9is hacer nada\u00bb.<\/p>\n<p>En conformidad con esto, el concilio de Trento ense\u00f1a que \u00abnadie puede ser justificado ante Dios por sus obras, ya sean realizadas con las fuerzas de la naturaleza humana o con las ense\u00f1anzas de la ley, sin la gracia divina que viene por Jesucristo\u00bb (DS 1151). Para cualquier acci\u00f3n salvadora del hombre, es absolutamente necesaria la gracia sobrenatural de Dios. Esta precede siempre el querer y el obrar del hombre y los acompa\u00f1a, pues \u00abDios es quien activa en vosotros el querer y la actividad para realizar su designio de amor\u00bb (Flp 2,13). Por eso la existencia cristiana es existencia totalmente regalada, existencia en acci\u00f3n de gracias.<\/p>\n<p>3. LA COOPERACI\u00ed\u201cN HUMANA EN LA OBRA DE LA SALVACI\u00ed\u201cN. \u00abEl que te cre\u00f3 sin ti, no te salvar\u00e1 sin ti. Te cre\u00f3, pues, sin t\u00fa saberlo; pero s\u00f3lo te salva con el consentimiento de tu voluntad\u00bb (san Agust\u00ed\u00adn). El concilio de Trento, en el Decreto de la justificaci\u00f3n (1547), habla varias veces de la colaboraci\u00f3n del hombre a su propia justificaci\u00f3n, como expresi\u00f3n de su libertad (DS 1554; CCE 1993 y 2002). Pero no se trata de una libertad aut\u00f3noma frente a Dios, sino de una libertad otorgada, que se realiza en su dependencia de Dios. De este modo, Dios deja a salvo la dignidad de la criatura, dignidad que tampoco pierde el pecador, haciendo verdad las palabras de san Ireneo: \u00abLa gloria de Dios es el hombre viviente\u00bb. Por eso, dice el catecismo alem\u00e1n, \u00abdar gloria a Dios y tomar en serio la dignidad del hombre son dos aspectos que no pueden separarse\u00bb (260).<\/p>\n<p>El Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica precisa c\u00f3mo la libre colaboraci\u00f3n humana no puede darse sin la gracia: \u00abEsta es necesaria para suscitar y sostener nuestra colaboraci\u00f3n a la justificaci\u00f3n mediante la fe y a la santificaci\u00f3n mediante la caridad\u00bb (CCE 2001).<\/p>\n<p>4. LA NUEVA CRIATURA EN CRISTO JES\u00daS. Esta expresi\u00f3n paulina encierra en s\u00ed\u00ad la esencia de la justificaci\u00f3n, descrita en el Nuevo Testamento como regeneraci\u00f3n (Jn 1,13; 3,3-7; Un 3,9) o nueva creaci\u00f3n (G\u00e1l 6,15; 2Cor 5,17) o renovaci\u00f3n y santificaci\u00f3n (Rom 6,1-23); tambi\u00e9n aparece descrita como muerte al hombre viejo y revestimiento del hombre nuevo (Col 2,11-12; 3,1-15), como paso de la muerte a la vida (Un 3,14), de las tinieblas a la luz (Col 1,13; Ef 5,8).<\/p>\n<p>El concilio de Trento define esta renovaci\u00f3n bajo el t\u00e9rmino justificaci\u00f3n, como \u00abel paso de aquel estado en el que el hombre nace hijo del primer Ad\u00e1n, al estado de gracia y de adopci\u00f3n de hijos de Dios por el segundo Ad\u00e1n, Jesucristo, nuestro salvador\u00bb (DS 1524). Se trata de una transformaci\u00f3n real del hombre. No s\u00f3lo le declara justo, sino que hace que sea realmente justo; lo transforma y crea de nuevo. Esto incluye dos cosas: el perd\u00f3n de los pecados y tambi\u00e9n la \u00absantificaci\u00f3n y renovaci\u00f3n del hombre interior\u00bb (DS 1528).<\/p>\n<p>Esta es la definici\u00f3n esencial de la gracia: \u00abLa gracia de Cristo es el don gratuito que Dios nos hace de su vida infundida por el Esp\u00ed\u00adritu Santo en nuestra alma para sanarla del pecado y santificarla: es la gracia santificante o divinizadora, recibida en el bautismo\u00bb (CCE 1999).<\/p>\n<p>Esta nueva condici\u00f3n del cristiano se produce, por la participaci\u00f3n en el misterio pascual de Jesucristo, mediante el bautismo (Rom 6,1-11). Pero esta nueva situaci\u00f3n, fruto de una realidad sacramental, ha de hacerse una realidad existencial por la progresiva configuraci\u00f3n con Cristo. El cristiano, a lo largo de su vida, trata de configurarse con Cristo por su amor y pureza de vida. Configurarse con Cristo es revestirse del hombre nuevo, lo cual implica despojarse del hombre viejo, seg\u00fan la exhortaci\u00f3n del Ap\u00f3stol (Col 3,5-10).<\/p>\n<p>IV. Acceso al Padre por el Hijo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo<br \/>\nLa gracia, en su expresi\u00f3n m\u00e1s genuinamente b\u00ed\u00adblica, es la relaci\u00f3n personal con Dios Padre por la incorporaci\u00f3n a Jesucristo y el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Teol\u00f3gicamente, se explica por la filiaci\u00f3n adoptiva, la inhabitaci\u00f3n trinitaria y la divinizaci\u00f3n. Representa el n\u00facleo de la doctrina de la gracia y de la vida cristiana. A partir de este n\u00facleo, se explica tambi\u00e9n la plena realizaci\u00f3n del ser humano y su dimensi\u00f3n comunitaria.<\/p>\n<p>1. Hijos EN EL HIJO. La gracia alcanza su \u00faltima y m\u00e1s pura esencialidad en la categor\u00ed\u00ada de la filiaci\u00f3n, que se da por la participaci\u00f3n en la filiaci\u00f3n de Jes\u00fas. En los sin\u00f3pticos aparece \u00ed\u00adntimamente ligada a la revelaci\u00f3n de Dios Padre y al mensaje del Reino (Mt 5-7; Lc 15,11-32). San Pablo la fundamenta teol\u00f3gicamente en el concepto de adopci\u00f3n, poniendo de relieve el hecho de la elecci\u00f3n divina, esto es, el car\u00e1cter gratuito de la filiaci\u00f3n y la dimensi\u00f3n trinitaria de la misma, al destacar la funci\u00f3n que cada una de las personas divinas desempe\u00f1a en ella (Rom 8,14-17.23; G\u00e1l 4,4-7; Ef 1,4-5). San Juan acent\u00faa m\u00e1s fuertemente su realismo: la filiaci\u00f3n es obra de un nuevo nacimiento (Jn 1,12-13; 3,3-8), no del nacimiento seg\u00fan la carne (Jn 1,13), sino de la regeneraci\u00f3n mediante el Esp\u00ed\u00adritu (Jn 3,6).<\/p>\n<p>Tanto la adopci\u00f3n (paulina) como el nacimiento (jo\u00e1nico) desembocan en un mismo efecto: hacemos semejantes al Hijo. Dios nos ha predestinado a ser \u00abconformes a la imagen de su Hijo\u00bb (Rom 8,29). Por eso, toda la existencia cristiana se entiende como un proceso de conformaci\u00f3n con Cristo (\u00abestar en\/con Cristo\u00bb, \u00abser de Cristo\u00bb, \u00abrevestirse de Cristo\u00bb: G\u00e1l 2,19s.; 4,19; Rom 6,8.17; lCor 15,22, etc.) o como la permanencia en Cristo, en su amor, en su palabra (Jn 15,4-7.9s.; lJn 2,24.27s; 3,6; 4,12.16).<\/p>\n<p>La filiaci\u00f3n cristiana es participaci\u00f3n de la condici\u00f3n filial de aquel que es el Hijo por excelencia, cuya vida es obediencia al Padre y entrega por la salvaci\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<p>En esta vida entregada de Cristo, manifestaci\u00f3n de su pro-existencia, esto es, de una vida en favor de los dem\u00e1s, est\u00e1 el fundamento de la forma nueva y original de ser hombre, frente a otras concepciones.<\/p>\n<p>2. EL DON DEL ESP\u00ed\u008dRITU SANTO. Hijos en el Hijo lo somos en virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que, derramado en nuestros corazones, nos incorpora a Cristo y obra en nosotros la filiaci\u00f3n. Existe una estrecha relaci\u00f3n entre el Esp\u00ed\u00adritu que se hace presente en la vida de Jes\u00fas para llevar a cabo su misi\u00f3n y el que act\u00faa en nosotros la filiaci\u00f3n. Por eso san Pablo llama al Esp\u00ed\u00adritu Santo: Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or, Esp\u00ed\u00adritu del Hijo (Rom 8,9-15). El mismo Esp\u00ed\u00adritu Santo, que act\u00faa en la humanidad de Jes\u00fas en su camino hacia el Padre, hace que vivamos la filiaci\u00f3n respecto a Dios y la fraternidad respecto a los hombres. El aspecto fundamental de la presencia din\u00e1mica del Esp\u00ed\u00adritu Santo en el interior del creyente es la infusi\u00f3n del amor de Dios: \u00abEl amor de Dios (con el que Dios Padre nos ama) ha sido derramado en nuestros corazones mediante el Esp\u00ed\u00adritu Santo que nos ha sido dado\u00bb (Rom 5,5).<\/p>\n<p>El don del Esp\u00ed\u00adritu Santo cambia radicalmente el coraz\u00f3n del hombre en su actitud para con Dios y para con los hermanos (Rom 8,14-17; G\u00e1l 4,4-7). Crea en \u00e9l una actitud filial de amor y de confianza hacia el Padre y es fuente de libertad cristiana: la libertad propia de los hijos de Dios. Obra en nosotros la conversi\u00f3n (cf CCE 1989). En este sentido, el Catecismo nos ofrece esta definici\u00f3n de la gracia: \u00abLa gracia es, ante todo y principalmente, el don del Esp\u00ed\u00adritu que nos justifica y nos santifica\u00bb (CCE 2003).<\/p>\n<p>Pero el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo comprende tambi\u00e9n la presencia personal de las divinas personas, descrita como presencia de inhabitaci\u00f3n. San Pablo la expone como fundamento del comportamiento moral: \u00ab\u00bfNo sab\u00e9is que sois templo de Dios y que el Esp\u00ed\u00adritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruir\u00e1 a \u00e9l; porque santo es el templo de Dios, que sois vosotros\u00bb (lCor 3,16-17). El don del Esp\u00ed\u00adritu no es s\u00f3lo el don de una persona divina, sino el don del misterio de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad: \u00abSi alguno me ama guardar\u00e1 mi palabra, y mi Padre lo amar\u00e1 y vendremos a \u00e9l y haremos en \u00e9l nuestra morada\u00bb (Jn 14,23).<\/p>\n<p>3. PLENIFICACI\u00ed\u201cN DEL SER PERSONAL.<\/p>\n<p>La filiaci\u00f3n divina es la plenitud del ser personal en la medida en que es participaci\u00f3n en la subsistencia personal de Jes\u00fas, el Hijo de Dios encarnado, el Verbo, cuya realidad est\u00e1 constituida por su apertura esencial al Padre y por la obediencia a \u00e9l, en la entrega a los hombres. Es lo que se llama la proexistencia de Jes\u00fas. El cristiano est\u00e1 llamado tambi\u00e9n a participar de esta proexistencia en relaci\u00f3n al Padre y en relaci\u00f3n a los hombres, en cuanto participa de su filiaci\u00f3n y trata de vivirla en su donaci\u00f3n plena a Dios y a los dem\u00e1s, liber\u00e1ndose de s\u00ed\u00ad mismo, alcanzando as\u00ed\u00ad la libertad de los hijos de Dios (Rom 8,15).<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n fundamental de esta libertad es el amor: amor filial al Padre, amor que es tambi\u00e9n cercan\u00ed\u00ada al hombre, especialmente al hombre que sufre. Se trata, pues, de una libertad que no puede existir m\u00e1s que bajo la forma de amor. Esta libertad, que es la expresi\u00f3n de la madurez humana, es la plenitud de nuestra filiaci\u00f3n y de nuestro ser de personas, en la medida en que representa la opci\u00f3n libre por Dios y por los hombres, manifestada en la vida filial respecto de Dios y en la fraternidad respecto de los hombres.<\/p>\n<p>4. DIMENSI\u00ed\u201cN COMUNITARIA. Nuestra filiaci\u00f3n en Cristo se traduce no s\u00f3lo en una relaci\u00f3n filial respecto del Padre, sino tambi\u00e9n en una relaci\u00f3n de fraternidad respecto de los hombres, que pone de relieve la dimensi\u00f3n social y comunitaria de nuestra incorporaci\u00f3n a Cristo. No podemos invocar a Dios como Padre si no queremos conducirnos como hermanos con todos los hombres. \u00abEl que no ama no ha nacido de Dios\u00bb (Un 4,8).<\/p>\n<p>La gracia es un misterio de comuni\u00f3n fraterna: en un mismo Esp\u00ed\u00adritu tienen acceso al Padre tanto los que antes estaban cerca como los que estaban lejos (Ef 2,17-18). Estas palabras del Ap\u00f3stol, referidas a jud\u00ed\u00ados y gentiles, se aplican a las situaciones m\u00e1s variadas y diferenciadas de los hombres. Por otra parte, el Esp\u00ed\u00adritu no es s\u00f3lo un don a cada creyente, sino tambi\u00e9n y primordialmente un don a la Iglesia, que se hace visible el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s (He 2,1-22). El Esp\u00ed\u00adritu Santo es el v\u00ed\u00adnculo de amor entre el Padre y el Hijo. Igualmente, el Esp\u00ed\u00adritu Santo es el v\u00ed\u00adnculo de uni\u00f3n con Cristo y entre nosotros mismos (2Cor 13,13).<\/p>\n<p>La unidad del g\u00e9nero humano se funda definitivamente en Jesucristo, el nuevo Ad\u00e1n, por quien todos tenemos acceso al Padre com\u00fan, y en quien podemos reconocer como hermanos a todos los hombres. S\u00f3lo quien entiende la vida y la propia salvaci\u00f3n como don -y esto es lo que en la medida m\u00e1xima acontece en quien se sabe agraciado por Dios- puede a su vez entregarse enteramente al otro en el amor.<\/p>\n<p>V. Claves catequ\u00e9ticas<br \/>\nLa catequesis tiene una tarea con respecto a toda la realidad que, como hemos visto, se encierra en el t\u00e9rmino gracia. Se sabe, en efecto, envuelta en un clima de gracia como mediadora o instrumento de un don que la supera; su contenido es la manifestaci\u00f3n de la gracia de Dios; su finalidad es invitar al encuentro gratuito, salvador, con Dios, en Jesucristo, plena realizaci\u00f3n de nuestra vocaci\u00f3n personal; sus procesos catequ\u00e9ticos son como hitos del plan divino de la salvaci\u00f3n en su encarnaci\u00f3n en cada persona.<\/p>\n<p>1. CARACTER\u00ed\u008dSTICAS DE UNA CATEQUESIS SOBRE LA GRACIA. a) La catequesis, \u00e1mbito de gracia. En la precatequesis, la catequesis prepara el terreno ayudando a valorar lo gratuito en un contexto en que apreciamos las cosas por lo que cuestan, y expresa esta gratuidad con una aceptaci\u00f3n incondicional de las personas, apreci\u00e1ndolas por lo que son, m\u00e1s que por lo que hacen o tienen; la \u00abactitud de aceptaci\u00f3n incondicional del catequista respecto de cada catec\u00fameno constituir\u00e1 un signo importante de esta gratuidad del amor de Dios\u00bb (CC 111). Adem\u00e1s, la catequesis ense\u00f1a a ejercitar la facultad del asombro, la capacidad de escucha, el aspecto celebrativo, la fantas\u00ed\u00ada, el agradecimiento&#8230;<\/p>\n<p>Antes de la catequesis ya est\u00e1 actuando la gracia. La catequesis tiene como punto de partida el don del amor divino, que sale a nuestro encuentro y se adelanta a nuestra respuesta de hombres. El Esp\u00ed\u00adritu Santo es el principio inspirador de toda la obra catequ\u00e9tica y de los que la realizan; es el que impulsa al catequista a anunciar el evangelio y el que hace aceptar y comprender la Palabra de salvaci\u00f3n a los catequizandos. El mismo bautismo sostiene con su gracia el trabajo de estos en la catequesis (cf EN 75; CT 72; DGC 80, 90, 177).<\/p>\n<p>La catequesis es, adem\u00e1s, mediaci\u00f3n de ese encuentro con Dios; iniciaci\u00f3n sapiencial en la autocomunicaci\u00f3n personal de Dios al hombre, para hacerle part\u00ed\u00adcipe de sus designios de amor y de paz. La catequesis se sabe mediadora de ese encuentro, hecho \u00abbajo el influjo de la gracia\u00bb (DGC 92). \u00abToda la acci\u00f3n catequ\u00e9tica est\u00e1 al servicio de la acci\u00f3n de Dios en cada catec\u00fameno y en el grupo catecumenal como tal\u00bb; es \u00abmediadora entre Dios y el catequizando\u00bb (CC 207; cf CF 60). Dicho con otras palabras, podemos ver la catequesis como actualizaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n. Al igual que la palabra de Dios, antes que cuerpo de doctrina es acci\u00f3n gratuita de Dios que se autocomunica a s\u00ed\u00ad mismo a los hombres, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la catequesis es cauce, acontecimiento de gracia (DGC 150), a trav\u00e9s del cual Dios mismo act\u00faa en el coraz\u00f3n del catec\u00fameno, ofreciendo llamada, promesa, perd\u00f3n, correcci\u00f3n, sentido de la existencia, apoyo, presencia, justificaci\u00f3n, donaci\u00f3n. \u00abDesempe\u00f1a la funci\u00f3n de disponer a los hombres a acoger la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (DGC 22; cf CAd 108).<\/p>\n<p>La catequesis educa en la acogida y en el agradecimiento del don personal recibido, y colabora a que la gracia santificadora\/divinizadora recibida en el bautismo vaya haci\u00e9ndose realidad existencial por la progresiva configuraci\u00f3n con Cristo y vaya expres\u00e1ndose en una dimensi\u00f3n social y comunitaria. Ayuda al catequizando a admirar la gracia de Dios en el coraz\u00f3n de todo hombre de buena voluntad y a otear la voluntad salv\u00ed\u00adfica universal de Dios que envuelve y penetra toda existencia humana, ordenando al hombre a la comuni\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>b) La gracia como contenido de la catequesis. \u00abAquel que, movido por la gracia, decide seguir a Jesucristo, es introducido en la vida de la fe, de la liturgia y de la caridad del pueblo de Dios\u00bb (DGC 51; cf AG 63). La catequesis, en concreto, inicia en dimensiones complementarias: en el conocimiento sapiencial del misterio de la gracia de Dios que ilumina el hoy de la historia de la salvaci\u00f3n; en la oraci\u00f3n que contempla, invoca, agradece&#8230;; en la celebraci\u00f3n de ese misterio, presencia salv\u00ed\u00adfica en los sacramentos, hoy hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico; inicia en las actitudes evang\u00e9licas que marcan, como don y llamada, el camino del hombre viejo al hombre nuevo y en la acci\u00f3n apost\u00f3lica y misionera que, motivada por la experiencia gozosa de la gracia, es la tarea.<\/p>\n<p>No se trata \u00fanicamente de referencias a la gracia en la educaci\u00f3n de esas dimensiones de la fe. El planteamiento es m\u00e1s profundo: tiene un enfoque global de don (al igual que tiene el de compromiso). \u00abEl conocimiento de la fe, la vida lit\u00fargica, el seguimiento de Cristo, son, cada uno de ellos, un don del Esp\u00ed\u00adritu que se acoge en la oraci\u00f3n y, al mismo tiempo, un compromiso de estudio, espiritual, moral, testimonial. Ambas facetas deben ser cultivadas\u00bb (DGC 87).<\/p>\n<p>Todo ello conlleva, al mismo tiempo, hablar tambi\u00e9n expl\u00ed\u00adcitamente de la gracia en la catequesis; hablar no s\u00f3lo en un lugar determinado sino en campos muy variados: historia de la salvaci\u00f3n, Cristo, salvaci\u00f3n, Iglesia, antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica&#8230; Se\u00f1alamos algunos criterios m\u00e1s&#8217;concretos sobre la gracia como contenido de la catequesis:<br \/>\n&#8211; La catequesis anuncia el amor personal de Dios al hombre, su favor y benevolencia, su misericordia y su perd\u00f3n, el don que hace de s\u00ed\u00ad mismo (gracia increada) y el efecto de ese don en el hombre (gracia creada). La catequesis, al extraer su contenido de la fuente viva de la palabra de Dios, es toda ella expresi\u00f3n de la gracia. Es testigo del encuentro entre Dios y el hombre, de que Dios se ha abajado, ha condescendido con el hombre, y de que este se ha trascendido hacia Dios, habi\u00e9ndose roto la frontera entre lo divino y lo humano. Testimonia, al mismo tiempo, que todo esto se realiza gratuitamente; ni Dios tiene obligaci\u00f3n, ni el hombre derecho. Es alegre narraci\u00f3n de un plan salv\u00ed\u00adfico divino que nos envuelve tambi\u00e9n hoy. En efecto, la catequesis \u00abno s\u00f3lo recuerda las maravillas de Dios hechas en el pasado, sino que, a la luz de la misma revelaci\u00f3n, interpreta los signos de los tiempos y la vida de los hombres y mujeres, ya que en ellos se realiza el designio de Dios para la salvaci\u00f3n del mundo\u00bb (DGC 39).<\/p>\n<p>&#8211; La catequesis subraya el aspecto hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico de la gracia. Por eso nunca cesa de narrar los sucesivos encuentros salvadores de Dios en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. En definitiva, la catequesis ayuda a realizar una lectura significativa de la Biblia, desde las claves ofrecidas en la primera parte de este art\u00ed\u00adculo. \u00abPresentar la historia de la salvaci\u00f3n por medio de una catequesis b\u00ed\u00adblica que d\u00e9 a conocer las obras y palabras con las que Dios se ha revelado a la humanidad&#8230; es tambi\u00e9n parte fundamental del contenido de la catequesis\u00bb (DGC 108).<\/p>\n<p>&#8211; Al mismo tiempo, acent\u00faa su dimensi\u00f3n trinitaria. El n\u00facleo central de la catequesis, en sinton\u00ed\u00ada con el n\u00facleo de la buena noticia, es la revelaci\u00f3n de la paternidad de Dios, de nuestra filiaci\u00f3n divina y de la fraternidad humana; una vida filial y de gracia, bajo la moci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, una vida en Cristo.<\/p>\n<p>&#8211; La catequesis concentra el concepto de gracia en Cristo (\u00e9l es la gracia, el punto culminante de la historia, la salvaci\u00f3n del hombre) y en su Esp\u00ed\u00adritu que nos justifica y santifica. As\u00ed\u00ad la catequesis, llevando a vivir en comuni\u00f3n con Cristo, posibilita la experiencia de la vida nueva de la gracia (cf DGC 116; 102).<\/p>\n<p>&#8211; La gracia es, a su vez, un motivo para educar la dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica en la catequesis. La vida de gracia es un bien com\u00fan entre la Iglesia cat\u00f3lica y otras confesiones y, por ello, un motivo profundo para suscitar y alimentar el verdadero deseo de unidad (cf DGC 86; UR 3b).<\/p>\n<p>&#8211; En cuanto al lenguaje sobre la gracia, la catequesis busca entre las distintas expresiones que en la Biblia y en la tradici\u00f3n designan la gracia, cu\u00e1les pueden encontrar una acogida mejor en cada etapa del proceso catequ\u00e9tico, prestando atenci\u00f3n a los diversos destinatarios y buscando un criterio de presentaci\u00f3n intensivo desde el comienzo, y suficientemente extensivo al final del proceso. Es rica, como hemos visto, la fuente expresiva alusiva a la gracia; en general, puede decirse que las expresiones m\u00e1s antiguas, tal como se encuentran, por ejemplo en la Biblia, llenas de im\u00e1genes y s\u00ed\u00admbolos, encuentran en la primera iniciaci\u00f3n cristiana de un catequizando m\u00e1s f\u00e1cil acogida que otras expresiones de la gracia, fruto de la especulaci\u00f3n teol\u00f3gica, que hallar\u00e1n en la catequesis su puesto enriquecedor en un segundo momento. Esta misma b\u00fasqueda de lenguaje, es seg\u00fan el Directorio general para la catequesis, un don de Dios: \u00abPor la gracia de Dios\u00bb tenemos la certeza de que es posible encontrar un lenguaje capaz de comunicar la palabra de Dios y de que el \u00abmismo Esp\u00ed\u00adritu otorga el gozo de llevarlo a cabo\u00bb (DGC 146).<\/p>\n<p>&#8211; Por l\u00f3gica de todo lo anterior, es una catequesis que evita falsos enfoques en relaci\u00f3n con la gracia, como por ejemplo los siguientes: los planteamientos catequ\u00e9ticos que reducen la palabra de Dios a cuerpo de doctrina y olvidan que es acci\u00f3n gratuita amorosa; los que reducen la gracia a cosa, m\u00e1s que a acontecimiento; los que marcan la catequesis con un voluntarismo moral, como si el amor de Dios tuviese que ser el resultado de nuestro esfuerzo; los que parten del moralismo, que lleva a cumplir la norma por la norma; los que se fundan en una pura ascesis que podr\u00ed\u00ada fomentar la conciencia de rechazo constante por parte de Dios, traduci\u00e9ndose en una sorda hostilidad contra s\u00ed\u00ad mismo y contra los dem\u00e1s; e igualmente los modelos catequ\u00e9ticos en que todos los catequizandos se ajusten, de un modo forzado, al molde del catequista (cf CC 107-111; CF 59; CAd 186).<\/p>\n<p>c) La gracia configura la pedagog\u00ed\u00ada de la catequesis. La realidad de la gracia marca una pedagog\u00ed\u00ada en catequesis. \u00abEs una pedagog\u00ed\u00ada que se inserta y sirve al di\u00e1logo de la salvaci\u00f3n entre Dios y la persona&#8230;; en lo que concierne a Dios, subraya la iniciativa divina, la motivaci\u00f3n amorosa, la gratuidad, el respeto de la libertad; en lo que se refiere al hombre, pone en evidencia la dignidad del don recibido y la exigencia de crecer constantemente en \u00e9l\u00bb (DGC 143; cf 156).<\/p>\n<p>La pedagog\u00ed\u00ada catequ\u00e9tica, desde este enfoque, encuentra su paradigma obligado en la pedagog\u00ed\u00ada del don, que aparece a lo largo de toda la historia sagrada. Ello le exige cultivar una actitud de gratuidad y comprensi\u00f3n de cara a los catequizandos, desarrollar su o\u00ed\u00addo en la escucha de la llamada amorosa de Dios, favorecer un clima receptivo de silencio interior, impulsar el reconocimiento de los dones recibidos, fomentar la acci\u00f3n de gracias y tratar de ser don y gratuidad para los dem\u00e1s (cf CAd 256-257).<\/p>\n<p>Una pedagog\u00ed\u00ada que tiene una referencia constante a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, Maestro interior que act\u00faa \u00aben la intimidad de la conciencia y del coraz\u00f3n\u00bb (CT 72; cf EN 75; DGC 50, 288-289). Una pedagog\u00ed\u00ada que es consciente de la actuaci\u00f3n personal, no uniforme, de la gracia en cada catequizando, y que ayuda a su descubrimiento. Una pedagog\u00ed\u00ada, pues, de servicio y no de dominio, porque posibilita el crecimiento de una semilla -el don de la fe- depositada por el Esp\u00ed\u00adritu en el coraz\u00f3n del hombre, estando el catequista al servicio de ese crecimiento (cf EN 79; CC 109; CF 59).<\/p>\n<p>En la misma l\u00ed\u00adnea, ser\u00e1 una pedagog\u00ed\u00ada que potencia en los catequizandos la capacidad de \u00abcomportarse de modo activo y responsable ante el don de Dios\u00bb (DGC 152; cf 157). Y una pedagog\u00ed\u00ada del respeto hacia el catequizando: respeto a la situaci\u00f3n religiosa y espiritual de la persona que se evangeliza; respeto a su ritmo, que no se puede forzar demasiado; respeto a su conciencia y a sus convicciones, que no hay que atropellar; respeto tambi\u00e9n a la comunidad catequ\u00e9tica, cuyo ritmo de crecimiento y maduraci\u00f3n se mueve por un factor que desborda el empe\u00f1o del propio catequista.<\/p>\n<p>Sintonizando la pedagog\u00ed\u00ada del don con la de la encarnaci\u00f3n, la catequesis ayuda al catequizando a leer lo que est\u00e1 viviendo, porque el \u00e1mbito donde Dios se acerca al hombre con su gracia y lo salva es la misma experiencia asumida por la fe (cf DGC 152).<\/p>\n<p>En la presentaci\u00f3n de esta vida \u00ed\u00adntima de Dios, la catequesis sigue la misma pedagog\u00ed\u00ada de Jes\u00fas: mostrar esa vida a partir de sus obras salv\u00ed\u00adficas en favor de la humanidad (cf DGC 100).<\/p>\n<p>Una pedagog\u00ed\u00ada, en definitiva, en que la gracia divina y la acci\u00f3n catequizadora de la Iglesia ni se confunden ni se contraponen o separan, sino que forman una unidad en el proceso de maduraci\u00f3n de la fe (cf DGC 88, 138, 144, 244).<\/p>\n<p>De todo este reto pedag\u00f3gico se deducen distintos criterios para la formaci\u00f3n de catequistas; se\u00f1alamos tres: 1) El estudio, a la medida de la colaboraci\u00f3n de cada agente, de cuanto sobre la gracia nos ense\u00f1a la Sagrada Escritura y la tradici\u00f3n, el magisterio de la Iglesia, los catecismos y la teolog\u00ed\u00ada (cf EN 75). 2) Junto con el estudio, la contemplaci\u00f3n de la actuaci\u00f3n de la gracia, de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, sea en el coraz\u00f3n de los catequizandos, sea en los mismos catequistas (cf CF 57, 61). 3) Por \u00faltimo, de forma complementaria, la invocaci\u00f3n a la fuente de la gracia; invocar con fe y fervor al Esp\u00ed\u00adritu Santo y dejarse guiar por \u00e9l como inspirador decisivo de los programas e iniciativas de la actividad evangelizadora, fruto de la conciencia de que se act\u00faa como su instrumento vivo y d\u00f3cil (cf EN 75; CT 72; DGC 290).<\/p>\n<p>d) Un hombre nuevo nace de la catequesis por la gracia. Una catequesis como la que vamos describiendo, est\u00e1 llamada a dar como fruto creyentes comprometidos con la causa y el estilo de Jes\u00fas y, como consecuencia, adoradores del Padre, colaboradores del Esp\u00ed\u00adritu, hombres de Iglesia, en actitud de servicio al mundo. Est\u00e1 llamada, en consecuencia, a dar como fruto una novedad de vida, unos catequizandos conscientes de la acci\u00f3n de la gracia en sus corazones, capaces de dejarse guiar por esa voz, portadores de espiritualidad evang\u00e9lica, deseosos de vivir la santidad, atentos a los signos de los tiempos y a sus interpelaciones, con fuerza para ser testigos, solidarios con los hombres, sobre todo con los que m\u00e1s sufren, comprometidos en la transformaci\u00f3n de la sociedad (cf CAd 165-171).<\/p>\n<p>La catequesis es testigo de la necesidad del don y tambi\u00e9n de la vida nueva que aporta. Por ello, presenta el tema de la gracia como algo profundamente vital y enriquecedor para el hombre; inserta el tema de la gracia en el m\u00e1s amplio de la salvaci\u00f3n integral del hombre, que ofrece plenitud de vida, renovaci\u00f3n interior que diviniza, humaniza, plenifica y hace dar fruto (cf CCE 1697).<\/p>\n<p>Una salvaci\u00f3n que conlleva, como uno de sus elementos, la liberaci\u00f3n, purificaci\u00f3n de lo que \u00abest\u00e1 bajo el signo del pecado (pasiones, estructuras del mal&#8230;) o de la fragilidad humana, suscitando en los catequizandos actitudes de conversi\u00f3n radical a Dios, de di\u00e1logo con los dem\u00e1s y de paciente maduraci\u00f3n interior\u00bb (DGC 204; cf 37, 102). En consecuencia, la catequesis muestra que la gracia es m\u00e1s fuerte que el pecado, Dios m\u00e1s grande que nuestra conciencia y la vivencia del perd\u00f3n gratuito e incondicional de Dios superior al sentimiento de culpa (CC 211).<\/p>\n<p>2. CATEQUESIS SEG\u00daN LAS EDADES. Cuanto llevamos dicho sobre la relaci\u00f3n de la catequesis con la gracia, encuentra acentuaciones tanto en la catequesis por edades como en las que tienen lugar en otras situaciones especiales o en diversos contextos socio-religiosos. Aqu\u00ed\u00ad simplemente nos limitamos a realizar algunos apuntes.<\/p>\n<p>a) Infancia y ni\u00f1ez. En esta etapa tiene lugar, de ordinario, la iniciaci\u00f3n cristiana comenzada en el bautismo, con tareas directamente relacionadas con la tem\u00e1tica de la gracia, como son la primera formaci\u00f3n org\u00e1nica de la fe del ni\u00f1o, la incorporaci\u00f3n a la vida de la Iglesia y la recepci\u00f3n de los sacramentos. Acentos de este momento pueden ser:<br \/>\n&#8211; Atender al desarrollo de las capacidades y aptitudes humanas que ser\u00e1n la base antropol\u00f3gica de la vida de la gracia, como el sentido de la confianza, la gratuidad, el don de s\u00ed\u00ad, la invocaci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; Presentar la paternidad de Dios con las grandes l\u00ed\u00adneas de su maravilloso plan de salvaci\u00f3n, en el que Jesucristo es el centro y en el que el mismo catequizando encuentra su puesto. Un Dios buena noticia para el ni\u00f1o. El rico lenguaje alusivo a la gracia que nos ofrece la Biblia, es amplio manantial para esta etapa del proceso catequ\u00e9tico. Podemos encontrar textos positivamente significativos en los catecismos espa\u00f1oles Padre nuestro y Jes\u00fas es el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>&#8211; Educar en la oraci\u00f3n como encuentro alegre con el Dios que nos quiere; dar sentido a las celebraciones de los cristianos, recibiendo a la vez de los sacramentos vividos esa dimensi\u00f3n vital y festiva que impide a la catequesis quedarse en meramente doctrinal; iniciar la educaci\u00f3n de una vida como tarea en respuesta al Dios que sale a nuestro encuentro (cf DGC 178; CT 37).<\/p>\n<p>b) Preadolescencia, adolescencia, juventud. Una primera constataci\u00f3n es la influencia de la crisis espiritual en las generaciones j\u00f3venes, as\u00ed\u00ad como la necesidad de tomar en consideraci\u00f3n la realidad de estas etapas, sus dificultades, necesidades, capacidades humanas y espirituales; todo ello invita a la Iglesia a la creatividad y a la b\u00fasqueda de atenciones pastorales espec\u00ed\u00adficas. Acentos de este momento en la relaci\u00f3n catequesis-gracia pueden ser:<br \/>\n&#8211; Dar importancia tambi\u00e9n, dentro de los procesos globales, a la acci\u00f3n precatecumenal, que prepara el terreno para la dimensi\u00f3n m\u00e1s favorable al don; la misma realidad pide que la acci\u00f3n apost\u00f3lica con los j\u00f3venes sea de \u00ed\u00adndole humanizadora y misionera, como primer paso para que maduren unas disposiciones favorables a la acci\u00f3n estrictamente catequ\u00e9tica.<\/p>\n<p>&#8211; Descubrir la presencia de Dios en la experiencia,&#8217; en la realidad, y descubrir al grupo como una magn\u00ed\u00adfica experiencia de la presencia de Jesucristo en su Iglesia.<\/p>\n<p>&#8211; Proponer expl\u00ed\u00adcitamente a Cristo y a la vida cristiana como su seguimiento, siguiendo as\u00ed\u00ad el estilo del evangelio, en el que los j\u00f3venes aparecen como interlocutores directos de Jesucristo: a ellos les brinda su amistad, les revela su singular riqueza y les compromete en un proyecto de crecimiento personal y comunitario de valor decisivo para la sociedad y la Iglesia.<\/p>\n<p>&#8211; Realizar un esfuerzo de adaptaci\u00f3n a los j\u00f3venes, por ejemplo en el tema del lenguaje (mentalidad, sensibilidad, gustos, estilo, vocabulario&#8230;), sabiendo traducirles el mensaje de Jesucristo. El catecismo espa\u00f1ol Con vosotros est\u00e1 supuso una buena obra de adaptaci\u00f3n; en \u00e9l se expone la fe contando con las experiencias de los adolescentes. Tambi\u00e9n se puede citar, como intento, la \u00abNarraci\u00f3n de la historia de la salvaci\u00f3n\u00bb, con la que comienza el catecismo Esta es nuestra fe. Esta es la fe de la Iglesia.<\/p>\n<p>&#8211; Considerar a los j\u00f3venes como sujetos activos en catequesis, protagonistas y art\u00ed\u00adfices de la renovaci\u00f3n social; han de trabajar los talentos recibidos, dar pasos hacia el hombre nuevo, ir creciendo a la medida de Cristo (cf CC 248; DGC 181, 183, 185, 186).<\/p>\n<p>c) Adultos. \u00abPuede decirse que, a trav\u00e9s de la catequesis de la Iglesia, el Esp\u00ed\u00adritu Santo, Se\u00f1or y dador de vida, est\u00e1 desarrollando en los adultos bautizados la vida nueva de los hijos de Dios, hasta hacerla adulta\u00bb (CAd 110). Acentos de este momento pueden ser:<br \/>\n&#8211; Inician redescubrir o profundizar en la fe, encontrando en el catecumenado bautismal una referencia importante, con un estimulante apoyo de la comunidad y un desarrollo arm\u00f3nico de las dimensiones de la fe: cognoscitiva, afectiva y comportamental.<br \/>\n&#8211; Iluminar los aspectos de don y tarea en campos, tan fundamentales en este momento, como el amor y la familia, el trabajo y el compromiso en el mundo. Igualmente, atender a puntos como el sentido de la vida, la lectura cristiana de la vida, y la atenci\u00f3n a las transiciones, crisis, necesidades, momentos favorables&#8230; propios de cada etapa dentro de la edad adulta (cf CT 23; CAd 59b, 79-80, 177, 183-184, 190, 192).<\/p>\n<p>d) Tercera edad. Las personas de esta edad, lejos de ser consideradas como sujetos pasivos, son un don de Dios para la Iglesia y la sociedad. Acentos de este momento pueden ser:<br \/>\n&#8211; Anunciar la fe en un clima de acogida y de amor, que confirman, mejor que ninguna otra cosa, el valor de la Palabra; la catequesis asocia al contenido de la fe la presencia cordial del catequista, de la comunidad creyente y la activa participaci\u00f3n de los catequizandos.<\/p>\n<p>&#8211; Aportar una gran riqueza significativa para cada situaci\u00f3n de fe. Puede suponer: ayuda para seguir recorriendo el camino en actitud de acci\u00f3n de gracias y de espera confiada; luz para una experiencia religiosa m\u00e1s rica; invocaci\u00f3n, perd\u00f3n, paz interior&#8230;; y siempre un mensaje de esperanza que proviene de la certeza del encuentro definitivo con Dios.<\/p>\n<p>&#8211; Valorar la colaboraci\u00f3n catequ\u00e9tica de la persona de tercera edad. El anciano, tantas veces testigo de la tradici\u00f3n de la fe, maestro de vida y ejemplo de caridad, encuentra una catequesis que valora esta gracia, ayud\u00e1ndole a descubrir las ricas posibilidades que tiene dentro de s\u00ed\u00ad; ayud\u00e1ndole, por ejemplo, a asumir funciones catequ\u00e9ticas en relaci\u00f3n con el mundo de los peque\u00f1os, para quienes a menudo son abuelos queridos y estimados, y en relaci\u00f3n con los j\u00f3venes y los adultos (cf CC 251; DGC 186-188).<\/p>\n<p>BIBL.: V. M. CAPDEVILA, Liberaci\u00f3n y divinizaci\u00f3n del hombre. La teolog\u00ed\u00ada de la gracia (2vols.), Secretariado Trinitario, Salamanca 1984; GARCIA C., La teolog\u00ed\u00ada posconciliar sobre la gracia, Burgense 34 (1993) 167-187; 37 (1996) 93-124; 38 (1997) 543-580; GROPPO G., Gracia, en GEVAERT J. (ed.), Diccionario de catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1985, 399-402; LADARIA L. E, Teolog\u00ed\u00ada del pecado original y de la gracia, BAC, Madrid 1993; MONTE-RO J., Psicolog\u00ed\u00ada y educaci\u00f3n en la fe, Ave Mar\u00ed\u00ada, Granada 1976; Ruiz DE LA PE\u00ed\u2018A J. L., El don de Dios. Antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica especial, Sal Terrae, Santander 1991; Creaci\u00f3n, gracia, salvaci\u00f3n, Sal Terrae, Santander 1993.<\/p>\n<p>Ciro Garc\u00ed\u00ada Fern\u00e1ndez<br \/>\ny Fernando Jarne Jarne<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n<p>TEOLOG\u00ed\u008dA MORAL<br \/>\nSUMARIO<br \/>\nI. Gracia: concepto teol\u00f3gico.<br \/>\nII. La doctrina b\u00ed\u00adblica:<br \/>\n1. El Antiguo Testamento;<br \/>\n2. El Nuevo Testamento.<br \/>\nIII. El acontecimiento de la gracia.<br \/>\nIV. Ley, responsabilidad, alegr\u00ed\u00ada cristiana.<br \/>\nV. Historia de las interpretaciones de la gracia:<br \/>\n1. La patr\u00ed\u00adstica oriental;<br \/>\n2. La patr\u00ed\u00adstica occidental y Agust\u00ed\u00adn;<br \/>\n3. La Edad Media y Tom\u00e1s;<br \/>\n4. Lutero y el concilio de Trento;<br \/>\n5. La \u00e9poca postridentina.<br \/>\nVI. Car\u00e1cter escatol\u00f3gico de la gracia.<br \/>\nVII. La fundamentaci\u00f3n de la \u00e9tica.<\/p>\n<p>I. Gracia: concepto teol\u00f3gico<br \/>\n\u00abEl Se\u00f1or baj\u00f3 en la nube y se qued\u00f3 con \u00e9l all\u00ed\u00ad, y Mois\u00e9s pronunci\u00f3 el nombre del Se\u00f1or. El Se\u00f1or pas\u00f3 ante \u00e9l proclamando: el Se\u00f1or, el Se\u00f1or, el Dios compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel, que conserva la misericordia hasta la mil\u00e9sima generaci\u00f3n, que perdona culpas, delitos y pecados, aunque no deja impune y castiga la culpa de los padres en los hijos, nietos y bisnietos\u00bb ($x 34,5-7).<\/p>\n<p>Este texto nos introduce en el centro de nuestro tema: la gracia. En la perspectiva b\u00ed\u00adblico-cristiana, en efecto, gracia es prioritaria y fundamentalmente la actitud de Dios hacia el hombre y hacia el mundo, expresada all\u00ed\u00ad donde se habla expl\u00ed\u00adcitamente de gracia o de manera m\u00e1s general de don, de benevolencia, de misericordia, de perd\u00f3n, etc., y, sobre todo, donde se informa del amor de Dios hacia su criatura o, m\u00e1s bien, donde Dios mismo es denominado simplemente amor.<\/p>\n<p>Gracia es categor\u00ed\u00ada radicalmente teol\u00f3gica; quiere decir, originariamente, Dios mismo, Dios en su ser y en su esencia, tal como son cognoscibles y definibles en el marco de la revelaci\u00f3n, donde Dios se manifiesta en relaci\u00f3n con el hombre. Gracia significa que, en la absoluta libertad de su amor, Dios ha entrado y se ha revelado en relaci\u00f3n con otro, con la criatura. La revelaci\u00f3n divina nos presenta a Dios en esta relaci\u00f3n; a partir de este dato o, m\u00e1s bien, don originario, podemos tratar de comprender entre dificultades -Pides quaerens intellectum- c\u00f3mo se enra\u00ed\u00adzan en el ser mismo de Dios las diferentes determinaciones que la revelaci\u00f3n nos muestra de \u00e9l; lo que no podemos pretender en absoluto es seguir su desarrollo a partir de una noci\u00f3n de Dios aut\u00f3nomamente fabricada por nosotros.<\/p>\n<p>Como segundo momento del contenido teol\u00f3gico del concepto, correlativo del primero, la gracia adquiere un alcance y una dimensi\u00f3n antropol\u00f3gicos, no en tensi\u00f3n con su genuino car\u00e1cter teol\u00f3gico, sino complet\u00e1ndolo. Si gracia quiere decir relaci\u00f3n originaria de Dios para con el hombre y el mundo, ello significa que es una dimensi\u00f3n interna de la relaci\u00f3n concreta que designamos tambi\u00e9n con la categor\u00ed\u00ada de creaci\u00f3n; o, mejor, la gracia es originariamente gracia de la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si insistimos en el car\u00e1cter concreto de estas categor\u00ed\u00adas -gracia y creaci\u00f3n- hasta identificarlas es porque no es nuestra intenci\u00f3n negar significado ni siquiera quitar valor a la tradici\u00f3n teol\u00f3gica que distingue lo natural de lo sobrenatural, la creaci\u00f3n de la elevaci\u00f3n al estado de gracia. Se trata de distinciones que pueden y deben valorarse sobre todo por las exigencias que expresan, aunque somos de la opini\u00f3n que su aceptaci\u00f3n debe estar basada en un cuidadoso discernimiento cr\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>En la l\u00ed\u00adnea de estas exigencias proponemos, pues, la identificaci\u00f3n de los referentes concretos denotados por las f\u00f3rmulas b\u00ed\u00adblicas de gracia y de creaci\u00f3n, donde se integra tambi\u00e9n la dimensi\u00f3n activa de crear y dar gracia por parte de Dios y la pasiva de ser creado y agraciado por parte del hombre. Todas las determinaciones b\u00ed\u00adblicas del ser de Dios, interpretadas en perspectiva de historia de salvaci\u00f3n, denotan en realidad la gracia.<\/p>\n<p>II. La doctrina b\u00ed\u00adblica<br \/>\n1. EL ANTIGUO TESTAMENTO. El amor es originariamente creador (\u00c2\u00a1creaci\u00f3n en Cristo!). La creaci\u00f3n que se lee en la Biblia hay que entenderla ante todo desde la Biblia.<\/p>\n<p>En el marco de la propuesta b\u00ed\u00adblica de la gracia de Dios, el hombre se presenta originariamente como t\u00e9rmino de una creaci\u00f3n que es a la vez llamada, provocaci\u00f3n; el hombre es colocado ante Dios, con el compromiso de dar una respuesta y ser responsable de s\u00ed\u00ad y del mundo. En esta relaci\u00f3n radical adquieren forma los rasgos caracter\u00ed\u00adsticos del hombre: apertura originaria a Dios (de aqu\u00ed\u00ad surge el problema de Dios, de la religiosidad constitutiva del hombre, etc\u00e9tera); car\u00e1cter originario de la relaci\u00f3n con los otros humanos (constituci\u00f3n del yo mediante la educaci\u00f3n, fundamento y condiciones de posibilidad de realizaci\u00f3n del yo con autonom\u00ed\u00ada, problem\u00e1tica sugerida por la iniagen hegeliana del amo y del esclavo, conflictividad, etc.); problema de la relaci\u00f3n con el mundo, en la doble vertiente de naturalizaci\u00f3n del hombre y de humanizaci\u00f3n de la naturaleza. Las grandes virtudes. teologales de la fe, la esperanza y la caridad tienen en esa relaci\u00f3n originaria su ra\u00ed\u00adz trascendental, al igual que tambi\u00e9n la tienen en ella la misma experiencia y el horizonte. del mal.<\/p>\n<p>La definici\u00f3n de las relaciones originarias se hace sin embargo, teniendo, presente que el G\u00e9nesis es una s\u00ed\u00adntesis y una reconstrucci\u00f3n como \u00abprincipio\u00bb de la situaci\u00f3n de historia de salvaci\u00f3n desplegada en la historia y en la experiencia de Israel.<\/p>\n<p>La doctrina del hombre creado a imagen y semejanza de Dios est\u00e1 concebida en la direcci\u00f3n de estas relaciones con Dios, con el hombre y con el mundo. La fidelidad de Dios garantiza la perduraci\u00f3n de las mismas, incluso en la indiferencia o el rechazo del hombre al proyecto de su creador, y se reafirma para con el hombre pecador, modul\u00e1ndose como misericordia.<\/p>\n<p>Toda la Biblia, por lo dem\u00e1s, adquiere forma como testimonio divinamente suscitado y garantizado del amor, de la gracia y de la misericordia de Dios para con el hombre y el mundo; es narraci\u00f3n del actuar de Dios como realizaci\u00f3n de la promesa -dirigida a los antepasados, a Abrah\u00e1n y a su descendencia, por siempre (Lev 1:55)- en la alianza y que tiene en la creaci\u00f3n misma su primer fundamento, en el acontecer del AT su documentaci\u00f3n hist\u00f3rica y en Jes\u00fas su cumplimiento en la dimensi\u00f3n de la realizaci\u00f3n y de la transparencia.<\/p>\n<p>La orientaci\u00f3n decisiva del AT parte de una experiencia efectiva de salvaci\u00f3n y de gracia: el comienzo de toda definici\u00f3n de la situaci\u00f3n humana es el horizonte hist\u00f3rico del pueblo hebreo y la conciencia por la que este pueblo interpreta toda experiencia concreta como intervenci\u00f3n de Dios, don absolutamente gratuito, expresi\u00f3n de benevolencia y de misericordia; muna palabra, de gracia. La concepci\u00f3n de la creaci\u00f3n es el t\u00e9rmino final de un movimiento interpretativo que con anterioridad hab\u00ed\u00ada elaborado ya la idea de elecci\u00f3n, la cual constituye la gran categor\u00ed\u00ada en cuyo marco se comprenden sin dificultad las relaciones entre Dios e Israel y, m\u00e1s en general, las relaciones de Dios con la humanidad entera y con el mundo. De un no-pueblo, Dios ha hecho su pueblo; los \u00faltimos, los que no cuentan, los que en absoluto pueden aducir t\u00ed\u00adtulo alguno ni jactarse ante Dios, han sido elegidos con una elecci\u00f3n que pone de manifiesto la soberana libertad de Dios, que hace uso de toda su omnipotencia en una decisi\u00f3n y en una relaci\u00f3n de absoluta benevolencia y misericordia.<\/p>\n<p>De la elecci\u00f3n surge -yes la segunda gran categor\u00ed\u00ada del AT- la alianza. Categor\u00ed\u00ada compleja, en la que un tipo y un orden de relaciones entre seres humanos, incluso jur\u00ed\u00addicamente definido, es asumido como modelo de las relaciones de Dios con el pueblo de Israel modelo obviamente anal\u00f3gico, sobre el que pesan dificultades espec\u00ed\u00adficas que pueden llegara poner en un aprieto a la interpretaci\u00f3n e impulsarla a unilateralidades y malentendidos que suscitar\u00e1n la indignada protesta prof\u00e9tica.<\/p>\n<p>Queda delimitado as\u00ed\u00ad el horizonte entero dentro del cual se desarrolla la historia del AT y el conjunto de los acontecimientos que en ella se entrelazan: infidelidad del pueblo de dura cerviz, que olvida los beneficios recibidos, infringe las cl\u00e1usulas del pacto y se rebela contra la voluntad de su Se\u00f1or; por la otra parte, la fidelidad de Dios, quien a veces usa la vara, castiga y destruye, pero reafirma la persistencia de su prop\u00f3sito de gracia y garantiza la permanencia y el cumplimiento de su promesa m\u00e1s all\u00e1 de toda prestaci\u00f3n del pueblo mismo, m\u00e1s all\u00e1 incluso de la reticencia y de toda infracci\u00f3n de sus mandatos.<\/p>\n<p>Las afirmaciones del AT quedan, sin embargo, faltas de elementos esenciales si no se integra expl\u00ed\u00adcitamente en ellas la dimensi\u00f3n universal del prop\u00f3sito de Dios, expresado de manera emblem\u00e1tica en la multiplicidad de las alianzas testimoniadas, adem\u00e1s de la sina\u00ed\u00adtica, y si no se hace una referencia precisa a la dimensi\u00f3n personal de la relaci\u00f3n con Dios, por m\u00e1s que en \u00e9sta est\u00e9 siempre prioritariamente definida en t\u00e9rminos de relaci\u00f3n entre Dios y pueblo. Pueblo elegido es aquel que Dios, en la l\u00ed\u00adnea del amor para con el hombre criatura y pecador, ha querido que fuera suyo en base exclusiva a la benevolencia y a la misericordia; habilitado por Dios para reconocer y para responder a esta gracia en la asunci\u00f3n de una responsabilidad que guarda tambi\u00e9n relaci\u00f3n con los pueblos paganos, extra\u00f1os al pacto mosaico, pero nunca extra\u00f1os al prop\u00f3sito divino de salvaci\u00f3n; m\u00e1s a\u00fan: implicados ya directamente ellos mismos en las m\u00faltiples formas de pacto estrecho de Dios con la humanidad entera, por ejemplo, el pacto con No\u00e9; a ellos ir\u00e1 dirigida un d\u00ed\u00ada la llamada clara e inequ\u00ed\u00advoca a la conversi\u00f3n y a la salvaci\u00f3n mediante el evangelio de Cristo, que alcanzar\u00e1, explicitar\u00e1 y dar\u00e1 cumplimiento a la universalidad del plan de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dos son en realidad los momentos que anticipan y bosquejan el horizonte universal propio de la gracia y de 1a salvaci\u00f3n: la creaci\u00f3n y el pecado. Si la primera es la condici\u00f3n de posibilidad, el fundamento y la forma b\u00e1sica de la relaci\u00f3n concreta de Dios con el hombre -relaci\u00f3n absolutamente positiva y llena ya de la riqueza que tendr\u00e1 su plena manifestaci\u00f3n en la resurrecci\u00f3n-, el pecado es la condici\u00f3n totalmente negativa, en la que el hombre se ha colocado responsablemente frente a la gracia de Dios; el acto y el estado del rechazo, del abandono y de la rebeli\u00f3n, cuya invasi\u00f3n, irredimibilidad y universalidad inspirar\u00e1n las connotaciones preliminares de la gracia vuelta a otorgar al pecador.<\/p>\n<p>La fuerza del pecado, que act\u00faa como ruptura del hombre con Dios, tiene expresi\u00f3n en la laceraci\u00f3n interior del hombre mismo e incluso en la forma del mundo, cuya construcci\u00f3n ha sido confiada al hombre. El pecado, en efecto se posesiona y reina en el mundo, haciendo de \u00e9l el lugar de los conflictos, de la violencia y del dominio opuestos al amor, a la paz y a la libertad que deber\u00ed\u00adan tener su puesto en \u00e9l. Todo aparece en \u00e9l marcado por una especie de fatalidad, entendida a menudo como -la dependencia absoluta de una fuerza que domina el devenir de las cosas y los acontecimientos de los hombres, imponi\u00e9ndoles su ley inexorable e inescrutable. La superaci\u00f3n de la figura m\u00ed\u00adtica del destino no disminuye la fuerza de determinaci\u00f3n, no obstante que esa figura pueda quedar enmarcada dentro de las leyes naturales subyacentes al mundo humano o de la complejidad de la realidad social, en cuyo interior se recompone y se dispersa a la vez la actuaci\u00f3n del individuo, integrado o explotado para sus propios fines por una astucia de la raz\u00f3n, o de la sinraz\u00f3n, o de lo totalmente irracional; la eficacia de esa actuaci\u00f3n queda condicionada a la integraci\u00f3n en los dinamismos de desarrollo de lo real, dinamismos que escapan y resultan inaccesibles a todo proyecto, libre determinaci\u00f3n e incluso comprensi\u00f3n del hombre. \u00bfPodemos no ser homicidas? Este desgarrador interrogante de Musil se le plantea hoy a la conciencia l\u00facida de todo hombre que piense. La Biblia, ya en el AT, se\u00f1ala el fundamento de la atormentadora situaci\u00f3n en la que ese interrogante surge. Pero es a\u00fan m\u00e1s verdad que ella promete su superaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. EL NUEVO TESTAMENTO. La actitud de Jes\u00fas y de Pablo empalman de alguna manera con la cr\u00ed\u00adtica prof\u00e9tica a la teolog\u00ed\u00ada del pacto, dirigidas como est\u00e1n ambas a poner de manifiesto con absoluta claridad la gratuidad, la gracia de la relaci\u00f3n de Dios con el hombre que las categor\u00ed\u00adas en cuesti\u00f3n denotan.<\/p>\n<p>El NT presenta una pluralidad de niveles, en los que se articulan tambi\u00e9n sus m\u00faltiples `teolog\u00ed\u00adas&#8217;; entre ellas debemos buscar las interpretaciones de la gracia.<\/p>\n<p>El desarrollo de los motivos del AT en el NT y en la conciencia cristiana no puede quedar reducido al modelo de simple continuidad. Tema importante dei pr\u00f3logo de la carta a los Efesios, y que aparece con frecuencia en el NT, es la reafirmaci\u00f3n de la absoluta prioridad de la elecci\u00f3n divina, que precede a la creaci\u00f3n y que se concreta en la forma de una predestinaci\u00f3n que, ahondando sus ra\u00ed\u00adces en la eternidad de Dios, se manifiesta claramente en la obra divina de la creaci\u00f3n y en la historia de la salvaci\u00f3n que sella la.aventura del mundo. Sin embargo, el hecho nuevo que define la l\u00ed\u00adnea interpretativa y que se presenta como acontecimiento decisivo para toda la realidad del mundo y de la historia es Jes\u00fas el mes\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>El testimonio que, sobre todo los sin\u00f3pticos nos ofrecen de la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas pone de manifiesto el inter\u00e9s central de la misma por la proclamaci\u00f3n del reino; es \u00e9ste el contexto en el que se configura primariamente y en el que debemos buscar las afirmaciones sobre la gracia. Reino es la realidad nueva a la que Dios da origen, situ\u00e1ndose respecto al hombre en una relaci\u00f3n cuya concreci\u00f3n queda delimitada por Jes\u00fas mismo. Reino de Dios es, sobre todo, reinado de Dios. Se confirma as\u00ed\u00ad su car\u00e1cter prioritariamente teol\u00f3gico y no antropol\u00f3gico; el hombre es introducido en \u00e9l con un gesto divino que vuelve a definir el sentido de su existencia y de su historia.<\/p>\n<p>La larga serie de los discursos de Jes\u00fas -las par\u00e1bolas del reino o el serm\u00f3n de la monta\u00f1a en t\u00e9rminos expl\u00ed\u00adcitos, otros en forma menos expl\u00ed\u00adcita- nos ilumina acerca de las caracter\u00ed\u00adsticas de esta realidad divina como don y promesa, mandamiento y tarea; todas las formulaciones se presentan como indicativo e imperativo; todas las realidades, como un ya y un todav\u00ed\u00ada no, como un camino y un estar ya en la meta, como anticipaci\u00f3n y cumplimiento, como ser ya lo que todav\u00ed\u00ada no aparece, como una semilla henchida de vida y la espera del fruto. F\u00f3rmulas y analog\u00ed\u00adas ilimitadamente multiplicables, todas aptas por igual para aludir al referente en cuesti\u00f3n e incapaces de aferrarlo y encerrarlo; el dinamismo de una realidad que tiene origen en Dios y trazos t\u00ed\u00adpicamente divinos; se apodera del hombre y lo impulsa en su propio movimiento; lo habilita, de forma que ese camino sea camino genuinamente humano hacia una meta que ser\u00e1 el advenimiento de Dios, su don y su manifestaci\u00f3n plena.<\/p>\n<p>Advenimiento, hemos dicho: el camino que se origina en el pasado, tiene su cumplimiento en el presente y se proyecta continuamente hacia el futuro, obra ciertamente del hombre; futuro como faciturus, pero nunca hasta el punto de reducir a s\u00ed\u00ad la trascendencia de Dios, su eternidad, que respecto al futuro que el hombre va abriendo, aunque vivificado por la presencia de Dios, se sigue presentando como un salir al encuentro por parte de Dios en persona, es decir, como advenimiento. La categor\u00ed\u00ada que mejor expresa este dinamismo el la de escatolog\u00ed\u00ada, en su t\u00ed\u00adpica definici\u00f3n teol\u00f3gico-cristiana, que tiende a enriquecerla con las connotaciones desplegadas sobre todo por el lenguaje de las par\u00e1bolas del reino.<\/p>\n<p>Reino que se asemeja al campo, a la semilla, al fermento, al banquete; tiene sus ra\u00ed\u00adces en la gracia de Dios, su comienzo en la llamada divina; se ampl\u00ed\u00ada como extensi\u00f3n del amor misericordioso de Dios; tiene su carta magna en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a y en las bienaventuranzas, donde la presencia eficaz y salvadora de Dios -la bienaventuranza- asume la forma hist\u00f3rica y mundana del ser pobres, del llorar, del ser perseguidos por defender la justicia, hasta la parad\u00f3jica y humanamente inaceptable medida -\u00c2\u00a1locura y esc\u00e1ndalo!- de la cruz de Cristo.<\/p>\n<p>En \u00e9l, como ya ha quedado dicho, la gracia asume su decisiva determinaci\u00f3n; \u00e9l no s\u00f3lo proclama el reino, sino que le da inicio; sus palabras, sus acciones, sus prodigios -\u00c2\u00a1hasta el supremo e imposible del perd\u00f3n de los pecados!-, los acontecimientos de su vida: he aqu\u00ed\u00ad las primicias del reino presente en el mundo. Jes\u00fas lo representa; lo hace presente y lo contiene en s\u00ed\u00ad, convirti\u00e9ndose en su se\u00f1al y testimonio supremo; Jes\u00fas, el reino de Dios en persona; autobasile\u00ed\u00ada, en espl\u00e9ndida f\u00f3rmula de Or\u00ed\u00adgenes.<\/p>\n<p>La doctrina sobre la gracia hay que buscarla ante todo en este evangelio del reino est\u00e1 precisada a trav\u00e9s de muchas afirmaciones de Jes\u00fas mismo, pol\u00e9micas a veces respecto a las concepciones de los fariseos, los saduceos y los jefes religiosos de su pueblo; no es infrecuente que la pol\u00e9mica vaya dirigida a subrayar precisamente el car\u00e1cter de don absoluto, de amor, de misericordia y de gracia que tiene la intervenci\u00f3n divina, en contra de la rigidez y la cerraz\u00f3n a que se la quiere forzar. Por eso Jes\u00fas proclama la salvaci\u00f3n dada a los pobres, a los excluidos, a los marginados, desde los pastores que se agolpan en torno a su cuna hasta el ladr\u00f3n crucificado con \u00e9l: el perd\u00f3n y la gracia anunciados y dados a los pecadores. S\u00f3lo gracia; su limitaci\u00f3n no proviene de Dios, sino de la pretensi\u00f3n humana de presentarse ante \u00e9l con t\u00ed\u00adtulos de m\u00e9rito o de derecho. Gracia como gratuidad absoluta: aquel a quien se le otorga gratuitamente la hace realmente suya acogi\u00e9ndola y conserv\u00e1ndola en su irreductible gratuidad y entrando en la din\u00e1mica de esta gratuidad.<\/p>\n<p>Declaraci\u00f3n de la gracia es tambi\u00e9n el mandamiento del amor, que supone la gracia como principio y medida del amor y de la gratuidad que caracterizan a la existencia cristiana: hacerse pr\u00f3jimo, al igual que Dios se ha hecho pr\u00f3jimo del hombre pecador y perdido. Reducir la ley al amor representa ciertamente una relativizaci\u00f3n de todas las prestaciones, de todas las leyes y de todas las normas al amor, referidas al amor, en funci\u00f3n del cual son medidas y valoradas. No se trata, por supuesto, de exigir menos, de ali= gerar el yugo o de dispensar del compromiso; se trata m\u00e1s bien de lo contrario: someter la existencia humana a una exigencia que ella jam\u00e1s podr\u00e1 satisfacer y que se replantea con renovada urgencia frente a toda forma positiva de respuesta y frente a toda inobservancia y rechazo. Incluso los intentos del hombre \u00e9tico y del hombre religioso quedan apresados en esta radical negatividad. Apresados por la distorsi\u00f3n radical, el hombre \u00e9tico y el religioso se convierten ellos mismos en generadores de iniquidad y de impiedad. Es \u00e9ste uno de los grandes temas paulinos.<\/p>\n<p>En Pablo el evangelio de la gracia proclamado por Jes\u00fas se plantea a un nivel que pone de manifiesto una genial forma de penetraci\u00f3n teol\u00f3gica: las dimensiones esenciales de la gracia en su determinaci\u00f3n fontal trinitaria, en su concreci\u00f3n hist\u00f3rica en Jes\u00fas, el mes\u00ed\u00adas Se\u00f1or, en la multiplicidad de formas y en la sobreabundante e inagotable riqueza de dones que el Esp\u00ed\u00adritu derrama en el interior y en la existencia de cada creyente, en la vida de la Iglesia y sobre el mundo entero, todas ellas componen un cuadro en el que la abundancia de elementos rivaliza con el poder\u00ed\u00ado de la construcci\u00f3n doctrinal. Jam\u00e1s la Iglesia en su historia milenaria o un genio religioso se han acercado a esta doctrina sin experimentar con irresistible fascinaci\u00f3n la sorpresa y la alegr\u00ed\u00ada de un nuevo descubrimiento.<\/p>\n<p>Menos fulgurante, pero no menos profunda, se presenta la doctrina de la gracia en las categor\u00ed\u00adas jo\u00e1nicas de la fe, de la obediencia a \u00abaquel que manda\u00bb; del nacimiento a partir de Dios, de la vida eterna, y en las espl\u00e9ndidas met\u00e1foras del agua viva, de la vid y los sarmientos, del vino, de la luz.<\/p>\n<p>Un buen diccionario b\u00ed\u00adblico ofrece la documentaci\u00f3n necesaria que este art\u00ed\u00adculo no puede aportar. Hay, sin embargo, un tema, que tiene una fundamentaci\u00f3n precisa y directa en el NT, al que es necesario dedicar todav\u00ed\u00ada nuestra atenci\u00f3n. Dios se manifiesta e ilumina su rostro sobre nosotros en Jes\u00fas, de forma que decir Dios debe ser para nosotros lo mismo que decir Jes\u00fas de Nazaret, en quien habita la plenitud de la divinidad (Col 2:9). La teolog\u00ed\u00ada cristiana es absolutamente exigente, tambi\u00e9n en lo referente al tema de Dios; resultar\u00ed\u00ada vac\u00ed\u00ado todo lo que no fuese en definitiva interpretaci\u00f3n del acontecimiento de Jes\u00fas; habr\u00ed\u00ada que rechazar todo lo que pretendiera erigirse o quedar fuera de esa interpretaci\u00f3n. La misma reflexi\u00f3n sobre Dios en s\u00ed\u00ad no puede tener validez m\u00e1s que como momento abstracto del hablar genuino sobre \u00e9l, que no es otro que el que tiene por tema a Jes\u00fas el mes\u00ed\u00adas, en quien Dios se ha reafirmado -habita- en su decisi\u00f3n de amor al hombre, tan soberanamente libre como definitiva para la realidad del hombre y de su historia, y por su indagar y comprender que no puede ir m\u00e1s all\u00e1 de esa interpretaci\u00f3n o retroceder respecto a ella hacia no importa qu\u00e9 fundamento. \u00abJesucristo es, en efecto, Dios en su condescendencia respecto al hombre; m\u00e1s exactamente, es el Dios que se dirige hacia el pueblo de los hombres representado por el individuo \u00fanico de Jes\u00fas de Nazaret, Dios en su alianza con este pueblo, en su ser y en su actuar al lado de \u00e9l. Jesucristo es la decisi\u00f3n de Dios en favor de este actuar\u00bb (K. Barth). La conclusi\u00f3n se impone por necesidad: \u00abHablando, pues, de Dios debemos pensar igualmente de forma inmediata en Jesucristo y en el pueblo que \u00e9l representa. Es aqu\u00ed\u00ad, en efecto, donde podemos ver qu\u00e9 comportamiento ha decidido adoptar Dios una vez por todas para llegar a su encuentro y para que nosotros, a su vez, pudi\u00e9ramos llegar a su encuentro; en la persona de s\u00fa Hijo eterno se ha unido \u00e9l mismo al hombre Jes\u00fas de Nazaret, y en \u00e9l y por medio de \u00e9l, al pueblo que \u00e9l representa. Es el Padre de Jesucristo y no s\u00f3lo el Padre eterno de su Hijo eterno; por consiguiente, es el Padre eterno de este hombre circunscrito en el tiempo y, por este camino, el Padre eterno, el poseedor y el salvador del pueblo que existe en este hombre, destinado a ser el rey y la cabeza de la humanidad que \u00e9l representa\u00bb (K. Barth).<\/p>\n<p>III. El acontecimiento de la gracia<br \/>\nLa gracia es la respuesta cristiana al pecado y a la necesidad que \u00e9ste ha introducido en el mundo; promesa y don de liberaci\u00f3n y de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Promesa y don de Dios, entendiendo este genitivo en sentido subjetivo y objetivo: Dios que se da a s\u00ed\u00ad mismo al hombre haci\u00e9ndose hombre e historia; de nuevo historia de Dios, en el sentido subjetivo y objetivo del genitivo.<\/p>\n<p>La gracia es el don de Dios al hombre pecador; se realiza en concreto como dial\u00e9ctica de gracia y de pecado.<\/p>\n<p>En Cristo se presenta de hecho el modelo O del poder\u00ed\u00ado negativo y destructor del pecado; 0 del hombre por Dios; D de Dios por el hombre.<\/p>\n<p>No resulta f\u00e1cil dar con una categor\u00ed\u00ada suficientemente alusiva para expresar y no traicionar esta realidad; resulta imposible encontrar una adecuada. Para evitar el peligro de cosificaci\u00f3n, en el que caen con demasiada facilidad las categor\u00ed\u00adas sustanciales, recurrimos a la categor\u00ed\u00ada de acontecimiento.<\/p>\n<p>Acontecimiento es un acaecer que tiene su principio fuera y m\u00e1s all\u00e1 de nosotros, pero que nos alcanza, nos envuelve y nos provoca, convirti\u00e9ndose en experiencia nuestra, iluminada por nuestra comprensi\u00f3n, a la vez que se propaga m\u00e1s all\u00e1 de nosotros, de nuestra inteligencia y de nuestra existencia. Urge en \u00e9l algo que est\u00e1 esencialmente m\u00e1s all\u00e1 y como tal se perfila: trascendente; y, sin embargo, se conjuga con nuestra necesidad y nuestra aspiraci\u00f3n a la salvaci\u00f3n, present\u00e1ndose como promesa, mandato, amenaza y esperanza; bien arduo, problem\u00e1tico, s\u00f3lo pensado en su radicalidad en la medida en que no se quiera ver en el hombre su principio; ofrecido al hombre como don, y, sin embargo, no comprensible de otra manera que en la l\u00ed\u00adnea de una autorrealizaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad que se den en el acontecimiento los factores din\u00e1micos que estimulan al hombre m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed\u00ad, m\u00e1s all\u00e1 del horizonte de su vida mundana y del mundo entero, considerado en su dimensi\u00f3n visible y experimentable.<\/p>\n<p>El acontecimiento es el punto de convergencia de los temas b\u00ed\u00adblicos y cristianos del adviento como espera del que tiene que venir; de la escatolog\u00ed\u00ada como presencia de lo todav\u00ed\u00ada no manifestado; de la paz como plenitud de los bienes mesi\u00e1nicos.<\/p>\n<p>El tiempo mesi\u00e1nico es el t\u00e9rmino de la esperanza. Epoca y lugar del Esp\u00ed\u00adritu y de sus dones, que partiendo del mes\u00ed\u00adas rebosar\u00e1n sobre todos los hombres y sobre el mundo entero. Ser\u00e1 una transformaci\u00f3n radical: de una situaci\u00f3n donde reinan la contraposici\u00f3n, el conflicto, la violencia, la opresi\u00f3n, la injusticia, a un tiempo de justicia, de abundancia, de paz. De una condici\u00f3n de pecado, donde resuena el mensaje prof\u00e9tico y brilla la esperanza abierta a la espera mesi\u00e1nica. La promesa es preanuncio del mes\u00ed\u00adas, quien, sin embargo, resplandecer\u00e1 en la forma de una novedad absoluta, que dar\u00e1 al traste con toda expectativa y toda prefiguraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la conciencia cristiana el cumplimiento es Jes\u00fas; \u00e9l es la epifan\u00ed\u00ada de Dios, de la gracia otorgada al mundo. En su concreci\u00f3n hist\u00f3rica, \u00e9l recapitula el A y el NT; m\u00e1s a\u00fan: la historia entera del mundo, a la vez que se extiende y se dilata a toda la historia. El movimiento hasta Cristo presenta la figura de la concentraci\u00f3n; a partir de Cristo, la de la explosi\u00f3n y extensi\u00f3n universales. La novedad que \u00e9l aporta se agudizar\u00e1 al m\u00e1ximo en la locura y el esc\u00e1ndalo de un mes\u00ed\u00adas, mejor, de un Dios humillado, en la realidad de la cruz como momento y cumplimiento de la promesa y de la salvaci\u00f3n. El reino de Dios tra\u00ed\u00addo por Jes\u00fas manifiesta en el misterio de la cruz todo su radical car\u00e1cter parad\u00f3jico. A1 reino, en efecto, iba dirigido el designio del Padre y el asentimiento del Hijo, que desde la eternidad declara: \u00abAqu\u00ed\u00ad estoy yo para realizar tu designio\u00bb (cf Heb 10:5-10).<\/p>\n<p>Esto quiere decir tambi\u00e9n que el designio de Dios adquiere su fisonom\u00ed\u00ada concreta, definida y definitiva en el acontecimiento concreto de salvaci\u00f3n, en Cristo, revelador del designio del Padre en el acto de su plena realizaci\u00f3n. Humanizaci\u00f3n de Dios: \u00abme has dado un cuero\u00bb; humanidad, caducidad, relatividad de la historia asumidas como lugar y modo de la presencia de Dios; hasta la relativizaci\u00f3n y superaci\u00f3n de lo \u00absagrado\u00bb (cf Heb).<\/p>\n<p>El AT, sobre todo, ve la manifestaci\u00f3n de la presencia de Dios y la realizaci\u00f3n de su promesa en la concreci\u00f3n de la historia, en los grandes acontecimientos de la historia del pueblo, en los acontecimientos fundacionales, obra de la omnipotencia divina.<\/p>\n<p>El que la omnipotencia divina no pueda quedar encerrada en la dimensi\u00f3n controlable del acontecimiento es lo que define la naturaleza propia del acontecimiento salvador, escatol\u00f3gico, el cual es se\u00f1al, guardi\u00e1n, garant\u00ed\u00ada de la presencia de Dios, pero nunca su explicaci\u00f3n adecuada. Por esta raz\u00f3n el acontecimiento salvador aparece inmediatamente como acontecimiento que desde su determinaci\u00f3n temporal en el presente o en el pasado apunta hacia un futuro siempre innovador y se expresa en las categor\u00ed\u00adas de la inminencia y de la urgencia de aquello que est\u00e1 ya presente. La palabra, el evangelio, resuena en el tiempo y en el espacio, en la historia, no fuera de ella; asume la historia, no reniega de ella ni la anula.<\/p>\n<p>El evangelio es el resonar hist\u00f3rico de la buena noticia. Al hombre pecador se le anuncia el don de la gracia y de la misericordia de Dios, que llama a la conversi\u00f3n y a la fe. Es interpretaci\u00f3n y proyecci\u00f3n nuevas del hombre y del mundo, en base a la intervenci\u00f3n eficaz y salvadora de Dios. En cuanto tal, esta intervenci\u00f3n va dirigida sobre todo a despertar en el hombre la esperanza como confianza y compromiso de todas las energ\u00ed\u00adas, a fin de realizar, incluso en contra de las dificultades que se presentan como insuperables, aquello que conscientemente esperamos y acogemos como don exclusivo de Dios. Realizaci\u00f3n que tiene al hombre como sujeto, porque Dios se ha hecho realmente hombre.<\/p>\n<p>La conjugaci\u00f3n de la esperanza con la escatolog\u00ed\u00ada significa su entrelazamiento efectivo con la historia y con la metahistoria.<\/p>\n<p>La victoria de Dios sobre el pecado y el triunfo de su gracia se manifiestan y se realizan en la justificaci\u00f3n y en la salvaci\u00f3n; las categor\u00ed\u00adas neotestamentarias de la nueva creaci\u00f3n, de la vida eterna y de la vida en el Esp\u00ed\u00adritu hacen de la gracia principio y germen de nueva vida.<\/p>\n<p>IV. Ley, responsabilidad, alegr\u00ed\u00ada cristiana<br \/>\nLa acogida de la gracia se realiza radicalmente en la fe, la esperanza y la caridad. Ahora bien, vida en Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu significa asunci\u00f3n de Cristo y del Esp\u00ed\u00adritu como principio de la \u00e9tica y de la vida \u00e9tica. El evangelio est\u00e1 vinculado a la ley.<\/p>\n<p>Con todo, la ley no es un modelo abstracto de comportamiento que el hombre deba actualizar despu\u00e9s con sus propias fuerzas. Contra una pretensi\u00f3n de este g\u00e9nero se alza ya Juan Bautista con el aviso a la \u00abraza de v\u00ed\u00adboras\u00bb para que d\u00e9 el fruto que corresponde al arrepentimiento. Con mayor determinaci\u00f3n y radicalismo se expresar\u00e1n Jes\u00fas primero y Pablo despu\u00e9s desarrollando su l\u00ed\u00adnea; van a cuestionar radicalmente la interpretaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica y rab\u00ed\u00adnica de la ley.<\/p>\n<p>Para el NT, la ley no es simplemente Dios, y, sin embargo, se identifica con el Esp\u00ed\u00adritu. La ley queda integrada en el mandamiento del amor, el cual deber\u00e1 traducirse en cada situaci\u00f3n concreta; el cristiano hace concreto el amor en opciones y modos determinados, eficaces en la transformaci\u00f3n de la realidad humana y mundana, donde comprueban, aunque no agotan, su validez. Hasta culminar en la proposici\u00f3n de Jes\u00fas como ley: camino, verdad y vida.<\/p>\n<p>Esto es una llamada al hombre a la responsabilidad. El hombre debe responder; no a una norma, no a un principio, ni siquiera simplemente a s\u00ed\u00ad mismo o a otros hombres, sino a Dios en persona. La fundamentaci\u00f3n de la responsabilidad es Jes\u00fas; \u00e9l es radicalmente responsable ante el Padre. As\u00ed\u00ad lo expresan las categor\u00ed\u00adas de misi\u00f3n, obediencia, etc. Responsable de la humanidad entera; Jes\u00fas, hombre para los dem\u00e1s. La responsabilidad le aferra y le compromete por completo, para hacer de \u00e9l don total. La responsabilidad cristiana queda as\u00ed\u00ad sustra\u00ed\u00adda a cualquier hipoteca individualista; debo responder ante m\u00ed\u00ad mismo, ante los dem\u00e1s y ante Dios de mi disponibilidad hacia los dem\u00e1s, del don de mi mismo, a imitaci\u00f3n y a medida de Cristo y de Dios. La responsabilidad resultante es, por ello, la de la construcci\u00f3n de un mundo humano, que es tambi\u00e9n respeto; m\u00e1s a\u00fan: valoraci\u00f3n humanizadora de la naturaleza.<\/p>\n<p>En esta perspectiva la t\u00f3nica fundamental del hombre es la alegr\u00ed\u00ada. La alegr\u00ed\u00ada cristiana es un sentimiento teol\u00f3gico, porque est\u00e1 fundada y determinada por la promesa o, mejor, por la presencia de Dios, por la transformaci\u00f3n eficaz de la realidad y del destino del hombre y del mundo que esta presencia garantiza. La alegr\u00ed\u00ada cristiana es la alegr\u00ed\u00ada de la comunidad que sufre dolores de parto; es la alegr\u00ed\u00ada que tiene su fundamento y su centro en la cruz y en la resurrecci\u00f3n de Cristo. Su espiritualizaci\u00f3n no debe atenuar el alcance que ella tiene como participaci\u00f3n cordial en los bienes del mundo, como pleno compartir, que el NT reafirma, despu\u00e9s de haberlo ejemplificado ampliamente el AT; hay que proponer de nuevo a la conciencia cristiana los libros sapienciales y el Eclesiast\u00e9s en su intransferible valor.<\/p>\n<p>V. Historia de las interpretaciones de la gracia<br \/>\n1. LA PATR\u00ed\u008dSTICA ORIENTAL. La tradici\u00f3n cristiana ha acudido constantemente a las fuentes b\u00ed\u00adblicas, que han alimentado su comprensi\u00f3n profunda de la gracia. En la Biblia -ya lo hemos visto- el sentido de la gracia se define en relaci\u00f3n con una interpretaci\u00f3n peculiar de Dios, del hombre y del mundo.<\/p>\n<p>Se trata de las categor\u00ed\u00adas sobre las que se estructuran las diversas culturas y que condicionan la posibilidad y el \u00e9xito de trasposiciones transculturales. \u00bfC\u00f3mo habr\u00ed\u00ada podido ser comprendida la gracia anunciada en el lenguaje b\u00ed\u00adblico en un ambiente greco-helenista, regido por un enfoque totalmente diferente del pensamiento, articulado en categor\u00ed\u00adas sobre Dios, el hombre y el mundo que marcan una distancia m\u00e1xima entre las dos culturas? Y, sin embargo, la trasposici\u00f3n se realiz\u00f3; con graves problemas, en medio de dolorosas dificultades, con monumentales resultados. Todo el acontecer de la Iglesia ha quedado marcado para bien y para mal.<\/p>\n<p>Del evangelio de la gracia ha recibido luz la piedad cristiana con anterioridad a cualquier reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-cient\u00ed\u00adfica, en contacto relativamente directo con el texto b\u00ed\u00adblico, y por consiguiente no excesivamente condicionado por las categor\u00ed\u00adas de la reflexi\u00f3n, que atestiguan con m\u00e1s facilidad las diferencias culturales. Es verdad que la falta de un pensamiento cr\u00ed\u00adtico favorece la rigidez, el dogmatismo y la cerraz\u00f3n; pero no lo es menos que el \u00e1mbito de la experiencia m\u00e1s cotidiana y m\u00e1s simple prepara el terreno a caminos de pr\u00e1ctica m\u00e1s f\u00e1cil y de consenso m\u00e1s amplio.<\/p>\n<p>Tal vez por esto haya que buscar la sinton\u00ed\u00ada m\u00e1s profunda con la buena noticia b\u00ed\u00adblica de la gracia a lo largo de toda la historia \u00c2\u00a2e la Iglesia en las expresiones de la piedad cristiana menos te\u00f3ricamente estructuradas: en la oraci\u00f3n, en la predicaci\u00f3n, en las pl\u00e1ticas de edificaci\u00f3n espiritual. A estas formas se limit\u00f3 por lo general la producci\u00f3n literaria de los padres apost\u00f3licos y de la primer\u00ed\u00adsima \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica, aunque es posible sorprender el perfilarse de nuevas l\u00ed\u00adneas interpretativas y de nuevas concepciones de la gracia.<\/p>\n<p>Los primeros avances te\u00f3ricos significativos tuvieron lugar cuando dentro del mundo griego se quiso llegar a la comprensi\u00f3n de la gracia en el marco de una cosmolog\u00ed\u00ada arm\u00f3nica, jer\u00e1rquicamente ordenada y comprometida en el proceso de una salvaci\u00f3n universal, en el que el hombre, imagen de Dios debe recorrer, guiado por Dios, todos los grados y etapas de un camino pedag\u00f3gico que le llevar\u00e1 a la plenitud que resplandece en Jes\u00fas, Logos encarnado. Es \u00e9ste el gran tema, desarrollado por la patr\u00ed\u00adstica griega, de la divinizaci\u00f3n del hombre -la thetosis, que comporta la nueva vida en el Esp\u00ed\u00adritu-, divinizaci\u00f3n que se entender\u00e1 correctamente si no queda enmarcada en figuras m\u00ed\u00adticas o pante\u00ed\u00adstas y si guarda relaci\u00f3n con el proceso y el t\u00e9rmino de una perfecta humanizaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>2. LA PATRISTICA OCCIDENTAL Y AGUST\u00ed\u00adN. Al igual que en el ambiente griego y oriental la comprensi\u00f3n de la gracia pasaba a trav\u00e9s de las grandes perspectivas ontol\u00f3gicas y m\u00ed\u00adsticas, el inter\u00e9s orientado a la conducta pr\u00e1ctica de la vida, a la \u00e9tica, y la sensibilidad pol\u00ed\u00adtico jur\u00ed\u00addica del mundo latino impulsaron en otra direcci\u00f3n la reflexi\u00f3n sobre la gracia; direcci\u00f3n tan diferente que ambas tradiciones se desarrollaron sin contactos relevantes, y, cuando de alguna manera confluyeron, surgi\u00f3 un grave conflicto, en el que tuvo no poco peso la incomprensi\u00f3n rec\u00ed\u00adproca.<\/p>\n<p>Pelagio monje de probable origen irland\u00e9s, llegado a Roma en torno al a\u00f1o 400, predicador y maestro de una vida cristiana severa y asc\u00e9tica en oposici\u00f3n al laxismo imperante, testigo de la concepci\u00f3n tradicional de la gracia -aunque no id\u00e9ntica, en bastante armon\u00ed\u00ada con la tradici\u00f3n griega-, choc\u00f3 con la reflexi\u00f3n y la enorme influencia de Agust\u00ed\u00adn.<\/p>\n<p>A decir verdad, tampoco a Agust\u00ed\u00adn se le puede aducir sin m\u00e1s como testigo de la tradici\u00f3n occidental; las innovaciones de su teolog\u00ed\u00ada de la gracia -donde su genio ha alcanzado cotas alt\u00ed\u00adsimas- han generado la sensaci\u00f3n, no f\u00e1cil de disipar, de que la Iglesia oriental carec\u00ed\u00ada de una elaboraci\u00f3n doctrinal sobre la gracia y, antes de \u00e9l, tambi\u00e9n la Iglesia occidental. Si a esta valoraci\u00f3n err\u00f3nea se a\u00f1ade que se ha considerado como expresi\u00f3n plena de la doctrina agustiniana la desarrollada en la pol\u00e9mica contra Pelagio y los pelagianos, es f\u00e1cil imaginar la unilateralidad que ha gravado sobre el desarrollo posterior de la teolog\u00ed\u00ada dominada por el Doctor gratiae.<\/p>\n<p>Una impresionante secuencia de reflexiones lleva a Agust\u00ed\u00adn a situar el nudo de la teolog\u00ed\u00ada de la gracia en la relaci\u00f3n que entre Dios y el hombre se establece en la m\u00e1s \u00ed\u00adntima interioridad del hombre mismo. Aten\u00faa progresivamente la insistencia en la libertad humana afirmando la dependencia de todo acto significativo para la salvaci\u00f3n de la eficacia de la gracia divina, de la que procede tambi\u00e9n la voluntad buena. En contra de la afirmaci\u00f3n pelagiana de que la naturaleza humana ha quedado intacta a pesar del pecado y con capacidad para no pecar y para realizar el bien, Agust\u00ed\u00adn sostiene que la naturaleza humana.est\u00e1 de tal manera corrompida por el pecado de Ad\u00e1n que s\u00f3lo la gracia de Cristo, interior y eficaz, puede conducir al libre arbitrio a la ibertad y producir en \u00e9l y por \u00e9l actos de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En contra de los monjes de Adrumeto -los denominados \u00abmasilianos\u00bb o, a partir del siglo xvll, \u00absemipelagianos\u00bb-, Agust\u00ed\u00adn resuelve el problema del initium fidei afirmando la necesidad de la gracia ya en el inicio mismo de la fe y en la perseverancia final; como marco necesario para cada una de estas doctrinas se propone la doctrina de la predestinaci\u00f3n como la \u00fanica capaz de salvaguardar la gratuidad de la gracia.<\/p>\n<p>La profunda inspiraci\u00f3n paulina de Agust\u00ed\u00adn no apoya del todo su doctrina en este punto; es hoy ampliamente reconocido que Agust\u00ed\u00adn malinterpret\u00f3 en parte el pensamiento de Pablo, para quien la predestinaci\u00f3n divina concierne a la adopci\u00f3n de todos los creyentes y a su llamada a la Iglesia cuerpo de Cristo, mientras que para Agust\u00ed\u00adn el t\u00e9rmino directo de la predestinaci\u00f3n es la felicidad eterna, reservada a aquellos creyentes que hayan perseverado hasta el final. A su vez, la perspectiva abierta por Pablo en torno al significado global de la Iglesia queda sustituida por la problem\u00e1tica de la salvaci\u00f3n individual.<\/p>\n<p>Fue decisiva para Agust\u00ed\u00adn su peripecia personal o, mejor, la que en sentido correcto podr\u00ed\u00adamos llamar su experiencia del pecado y de la gracia; influy\u00f3 directamente en su comprensi\u00f3n de la gracia; pero no ejerci\u00f3 menor peso mediante el est\u00ed\u00admulo que ha representado en la elaboraci\u00f3n de las categor\u00ed\u00adas antropol\u00f3gicas y teol\u00f3gicas que han conferido a Agust\u00ed\u00adn su grandeza en la historia de nuestro pensamiento. Baste recordar el descubrimiento de la interioridad.<\/p>\n<p>Agust\u00ed\u00adn ha estructurado su doctrina de la gracia sobre la base de esas categor\u00ed\u00adas, iluminando profundidades inalcanzables de otro modo. Sin embargo, ni a ellas ni a la doctrina estructurada sobre ellas puede reducirse el mensaje de la gracia cristiana, el cual nos est\u00e1 pidiendo hoy poner a prueba aquellas geniales intuiciones a fin de detectar su capacidad para explicar de forma adecuada a las exigencias y a las posibilidades de nuestro tiempo, tanto el horizonte antropol\u00f3gico y mundano de la gracia y su eclesialidad como, en fin -lo que constituye, obviamente, el momento teol\u00f3gico decisivo-, la realidad y la funci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>No nos es posible insistir en estos temas; recordemos solamente la victoria de la posici\u00f3n agustiniana en el segundo s\u00ed\u00adnodo de Orange (529), que recibi\u00f3 una aprobaci\u00f3n del papa Bonifacio II en t\u00e9rminos no del todo claros; y el hecho de que las actas del s\u00ed\u00adnodo, que se hab\u00ed\u00adan perdido, no fueran encontradas hasta el siglo xvl. Resulta imposible precisar el influjo que han ejercido estas complejas peripecias no s\u00f3lo en la doctrina, sino en la existencia de los creyentes y en toda la historia de la Iglesia.<\/p>\n<p>3. LA EDAD MEDIA Y TOM\u00ed\u0081S. Agust\u00ed\u00adn hab\u00ed\u00ada dejado en herencia a la teolog\u00ed\u00ada y a la Iglesia el problema de la distinci\u00f3n y de la relaci\u00f3n entre gracia increada y gracia creada. Precisamente el car\u00e1cter teologal de la gracia justifica la f\u00f3rmula \u00abgracia increada\u00bb, con la que se indica el amor divino que nos ha sido dado en Cristo, Dios d\u00e1ndose a s\u00ed\u00ad mismo al hombre, el Esp\u00ed\u00adritu Santo. La fecundidad creadora del amor divino penetra en el hombre, lo reconcilia, de pecador lo hace juso, lo santifica, se convierte en \u00e9l y por \u00e9l en principio de vida nueva, de obras buenas, de libertad inaudita e inalcanzable de otro modo, de la nueva plegaria cristiana: Abba. Es, pues, principio de una nueva realidad humana y mundana, capaz incluso de ser experimentada de alguna manera: la gracia creada.<\/p>\n<p>La s\u00ed\u00adntesis de la perspectiva agustiniana, que exalta la interioridad de la gracia, con las categor\u00ed\u00adas de la metaf\u00ed\u00adsica aristot\u00e9lica ha conducido a la interpretaci\u00f3n de la gracia creada como accidente real, cualidad y vestidura del hombre. Se ha pasado, en cambio, por alto la fecundidad de la perspectiva cristol\u00f3gica y cristoc\u00e9ntrica, que ve en Jes\u00fas a aquel en quien habita corporalmente la plenitud de la divinidad; en quien, por consiguiente, aparece el modelo de uni\u00f3n entre gracia increada y gracia creada y se define el modo seg\u00fan el cual Dios se hace presente en la historia y en el mundo.<\/p>\n<p>Naturaleza y gracia, gracia santificante y gracia cooperante, gracia habitual y actual son parejas de t\u00e9rminos que evocan solamente algunos grandes problemas planteados en la Edad Media acerca de la gracia y las complejas sistematizaciones doctrinales elaboradas. Se puede afirmar en t\u00e9rminos generales que si la primera escol\u00e1stica interpret\u00f3 la doctrina de la gracia con categor\u00ed\u00adas de orientaci\u00f3n din\u00e1mica sobre todo, la clara preponderancia de la metaf\u00ed\u00adsica en la escol\u00e1stica madura abri\u00f3 el acceso y permiti\u00f3 el dominio de tendencias y de categor\u00ed\u00adas m\u00e1s bien de car\u00e1cter esencial y est\u00e1tico; y all\u00ed\u00ad donde se apag\u00f3 el esp\u00ed\u00adritu vigilante de los escol\u00e1sticos de altura, como fue Tom\u00e1s, se fue haciendo cada vez m\u00e1s apremiante el peligro de una cosificaci\u00f3n de la gracia, conjug\u00e1ndose con una marcada acentuaci\u00f3n de corte pelagiano.<\/p>\n<p>4. LUTERO Y EL CONCILIO DE TRENTO. La controversia que desgarr\u00f3 a la Iglesia explot\u00f3 con la reforma protestante, cuando, por una parte, bien las doctrinas reflejas, frecuentemente perdidas en sus sofisticadas pedanter\u00ed\u00adas y carentes de genuino h\u00e1lito cristiano, bien la comprensi\u00f3n vivida de la gracia parecieron haber perdido todo contacto profundo con el mensaje evang\u00e9lico; por otra parte, una modificaci\u00f3n m\u00e1s profunda que consciente del tejido cultural vaci\u00f3 ampliamente de sentido o impuls\u00f3 hacia malentendidos a las grandes s\u00ed\u00adntesis escol\u00e1sticas.<\/p>\n<p>Se busc\u00f3 redefinir la situaci\u00f3n del hombre pecador ante Dios en lo concerniente a la mayor o menor corrupci\u00f3n de la naturaleza, a la permanencia y la funci\u00f3n de la libertad, a una cierta forma de actuaci\u00f3n del hombre bajo el influjo de la gracia de Dios o a su inerte pasividad, a la posibilidad y al valor de las obras humanas. Remitimos a exposiciones m\u00e1s amplias, en las que se llega a confortantes clarificaciones de una problem\u00e1tica no s\u00f3lo te\u00f3rica, sino pr\u00e1ctica y eclesial, que una historia de controversias hab\u00ed\u00ada convertido en algo tenso y truculento.<\/p>\n<p>Quiero, sin embargo, citar un texto del De servo arbitrio de Lutero, que, aun sin dar cumplida cuenta de su posici\u00f3n y prestarse m\u00e1s bien a malentendidos, ilustra bien un punto contra el que se pronuncia el concilio de Trento: \u00abLa voluntad humana, situada entre Dios y Satan\u00e1s, se asemeja a una yegua. Cuando Dios es quien cabalga, ella va adonde Dios quiere que vaya&#8230; Cuando, en cambio, es Satan\u00e1s, va adonde Satan\u00e1s quiere que vaya. No depende de su arbitrio el correr o el buscar a uno u otro de estos jinetes, pero ellos combaten entre s\u00ed\u00ad para adue\u00f1arse de ella y poseerla\u00bb. El De libertate christiana documenta, por el contrario, la fuerza liberadora que Lutero atribuye a la palabra de Dios y a la fe.<\/p>\n<p>El concilio de Trento, en la sesi\u00f3n VI, tratar\u00e1 de responder a las cuestiones planteadas por la reforma, interpretando la prioridad absoluta de la gracia de Dios de forma que se garantice, no en contra, sino en base a la gracia misma, la genuina responsabilidad del hombre, a quien Dios ha querido y convertido en su propio interlocutor en un camino que, partiendo de la creaci\u00f3n y a trav\u00e9s del momento de la justificaci\u00f3n, le conducir\u00e1 a la salvaci\u00f3n y a la santidad. En este sentido y en consonancia con las exigencias de esta intenci\u00f3n, el concilio de Trento afirma la no total corrupci\u00f3n de la naturaleza humana, la permanencia de su libertad, la efectiva cooperaci\u00f3n del hombre bajo el influjo de la gracia, la funci\u00f3n interiormente renovadora de la gracia otorgada, el valor meritorio para la vida eterna de las obras vivificadas por la gracia.<\/p>\n<p>5. LA EPOCA POSTRIDENTINA. La \u00e9poca postridentina marc\u00f3 no s\u00f3lo el endurecimiento de los frentes opuestos entre catolicismo y reforma, sino que incluso experiment\u00f3 el car\u00e1cter crucial del problema de la gracia en las controversias que estallaron en el seno de uno y de otra. Si en estas controversias hubiera existido una m\u00ed\u00adnima posibilidad de di\u00e1logo, no hubiera sido dif\u00ed\u00adcil identificar rupturas transversales respecto a la linea de los frentes principales e inesperadas convergencias interconfesionales.<\/p>\n<p>Pero el di\u00e1logo no existi\u00f3 y el enfrentamiento pol\u00e9mico con el enemigo externo e interno condujo m\u00e1s bien a un endurecimiento de las posiciones y al empobrecimiento de la doctrina sobre la gracia, cuya formulaci\u00f3n se redujo con bastante frecuencia a las tesis contrarias a lo que se consideraban los errores del adversario.<\/p>\n<p>Dentro de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica hay que hacer menci\u00f3n de los sucesos que tuvieron como protagonistas principales a Miguel Bayo y a Cornelio Jansenio, censurados por el papa en 1567 y 1633, respectivamente.<\/p>\n<p>En l\u00ed\u00adneas generales, parece que puede reconocerse en el desarrollo de la moderna teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica una singular tensi\u00f3n. No le es ajeno el hablar de la gracia como si de una realidad \u00abf\u00ed\u00adsica\u00bb se tratara; ha desarrollado un sofisticado sistema de interpretaci\u00f3n de los dinamismos por los que la gracia se hace presente y act\u00faa en el hombre: no resulta carente de plausibilidad la hip\u00f3tesis de que esos dinamismos puedan formar parte de una codificaci\u00f3n apta para responder a las m\u00e1s exigentes instancias de control emp\u00ed\u00adrico. Se habla expl\u00ed\u00adcitamente de experiencia de la gracia, con expl\u00ed\u00adcitas referencias ala Biblia y con pruebas sacadas de ella.<\/p>\n<p>Lo sorprendente es que todo quede luego confinado a una esfera que es poco llamar \u00abmetaf\u00ed\u00adsica\u00bb y \u00abmetaemp\u00ed\u00adrica\u00bb, y que, en cualquier caso, aparece inalcanzable a toda afirmaci\u00f3n que no sea o la de una autoridad (Biblia, magisterio, etc.) o fruto de deducciones l\u00f3gicas aprior\u00ed\u00adsticas. El resultado es que el momento de poder experimentar la gracia no aparece por ning\u00fan lado, hasta el punto de que la tensi\u00f3n entre las diversas dimensiones de la realidad denotada y de sus formulaciones amenaza peligrosamente con degenerar en contradicci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca y en el \u00e1mbito de la teolog\u00ed\u00ada de controversia antiprotestante adquiere finalmente forma, en torno a 1680, el moderno tratado De gratia. La controversia no s\u00f3lo impone el tema y el puesto central del mismo, sino tambi\u00e9n su tratamiento; se trata de atestiguar y certificar la fe de la Iglesia recurriendo al tipo de argumentaci\u00f3n y de pruebas cuya validez es aceptada tambi\u00e9n en l\u00ed\u00adnea de principio, por los adversarios a quienes se quiere convencer o refutar. Surge as\u00ed\u00ad un nuevo g\u00e9nero teol\u00f3gico, cuya dote principal es, tal vez, la establecida por su valor ad hominem, pero cuyo principal peligro son la parcialidad y la unilateralidad expresamente buscadas; se trata de vencer al adversario, no de construir la propia tesis de forma org\u00e1nica, equilibrada y calibrada dentro de una visi\u00f3n global de la doctrina teol\u00f3gica y de la fe. Entre mediaciones y, a menudo, tratamientos unilaterales o malentendidos, el nuevo tratado recupera tambi\u00e9n como contenido propio la teolog\u00ed\u00ada medieval y patr\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>A fines del siglo xvii el tratado adopta de manera decidida la v\u00ed\u00ada de planteamiento teol\u00f3gico que Y.M. Congar califica de \u00abdogm\u00e1tico\u00bb. La controversia se agota sobre todo por el car\u00e1cter tanto sofisticado y pedante como ineficaz y est\u00e9ril de las discusiones. La nueva tendencia aspira a una presentaci\u00f3n y demostraci\u00f3n positivas de la doctrina cat\u00f3lica, buscada \u00e9sta all\u00ed\u00ad donde se considera que puede estar mejor garantizada; no en un problem\u00e1tico contacto directo con la Biblia -\u00bfno quedaba suficientemente demostrado su car\u00e1cter problem\u00e1tico, m\u00e1s a\u00fan, su peligrosidad, por los sucesos de la reforma?-,sino en una insistente atenci\u00f3n a los documentos del magisterio eclesi\u00e1stico: se tratar\u00e1 de ilustrarlos, aclararlos y justificarlos mostrando su fundamentaci\u00f3n en la Sagrada Escritura y en la tradici\u00f3n; se tratar\u00e1, en fin, de desarrollarlos extrayendo conclusiones teol\u00f3gicas y de organizar el conjunto de la manera org\u00e1nica m\u00e1s plausible. Se denomina \u00abdogm\u00e1tico\u00bb a este planteamiento porque en \u00e9l se atribuye innegablemente prioridad al dogma y a las dem\u00e1s expresiones doctrinales del magisterio eclesi\u00e1stico; la que es designada como norma pr\u00f3xima de la fe prevalece sobre la fuente originaria, respecto a la cual se va produciendo un progresivo extra\u00f1amiento. El \u00e9xito del planteamiento dogm\u00e1tico consistir\u00e1 en lo que K. Rahner ha denominado sarc\u00e1sticamente \u00abDenzinger-Theologie\u00bb.<\/p>\n<p>A finales del siglo XIX y dentro del marco de la predominante teolog\u00ed\u00ada neoescol\u00e1stica, la configuraci\u00f3n del tratado De gratia da un \u00faltimo paso, entablando una relaci\u00f3n m\u00e1s estrecha con el tratado De Deo creante et elevante. A1 tratado De gratia se lo coloca ahora despu\u00e9s de las exposiciones sobre Dios, la creaci\u00f3n y la elevaci\u00f3n al estado sobrenatural -De Deo creante et elevante- y deespu\u00e9s de la cristolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>El final del predominio de la teolog\u00ed\u00ada neoescol\u00e1stica en nuestro \u00e1mbito ha venido propiciado por nuevos estudios y por el surgimiento de tendencias innovadoras, que se han impuesto enseguida. Hoy se habla de la gracia en el marco de la antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica; es diferente el contexto inmediato y mejor la respuesta a exigencias que han ido emergiendo progresivamente, pero no ha quedado a\u00fan conjurado el peligro de que un tema, que es fundamental en la revelaci\u00f3n cristiana y que debe tener valor de fundamento para toda la teolog\u00ed\u00ada, quede confinado a un \u00e1mbito particular o a una regi\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada misma, adosado a otros temas y sin articulaci\u00f3n correcta con ellos. El resultado de la clarificaci\u00f3n de las nuevas posibilidades y exigencias se presenta, sin embargo, parad\u00f3jico de alguna manera; este resultado ha sido el de una especie de moratoria concedida no s\u00f3lo al tratado, sino en cierta medida al tema mismo de la gracia.<\/p>\n<p>VI. Car\u00e1cter escatol\u00f3gico de la gracia<br \/>\nEn la comprensi\u00f3n cristiana, la gracia comporta dos dimensiones: una terrenal-presente, otra celestial-futura. La primera dimensi\u00f3n o el primer estadio de la gracia, relacionado sobre todo con el momento de la justificaci\u00f3n, plantea el problema de la relaci\u00f3n entre gracia y \u00e9tica [\/apartado siguiente, VII].<\/p>\n<p>El segundo estadio plantea el problema de la relaci\u00f3n entre las realizaciones humanas y terrenas y los bienes ultraterrenos, celestiales y futuros. \u00bfSon definibles estos bienes celestiales sin una referencia a los terrenos? La respuesta debe ser que \u00e9stos son al menos compendio y s\u00ed\u00admbolo de aqu\u00e9llos; es el m\u00ed\u00adnimo requerido por la Biblia.<\/p>\n<p>Dando un paso m\u00e1s, se plantea el problema de si los bienes terrenos no presentar\u00e1n una cierta analog\u00ed\u00ada con los bienes celestiales y si no constituir\u00e1n ya una anticipaci\u00f3n o prolepsis. La historia de la conciencia cr\u00ed\u00adtica documenta de forma incontestable que la falta de conjugaci\u00f3n de ambos momentos es el origen de la alternativa entre terreno y ultraterreno y causa de los mayores desgarrones en las orientaciones de nuestra cultura. De aqu\u00ed\u00ad arranca el rechazo radical de toda interpretaci\u00f3n ontol\u00f3gica de la gracia, la cual, sin embargo, aparece como positiva por cuanto que pone de manifiesto la efectiva verdad de la gracia como participaci\u00f3n en el ser trinitario, creador y redentor, de Dios por medio de Cristo, en el Esp\u00ed\u00adritu: Dios amor.<\/p>\n<p>La elaboraci\u00f3n y la propuesta de una \u00abontolog\u00ed\u00ada escatol\u00f3gica\u00bb parece poder impedir que se entienda la gracia dentro del marco de una ontolog\u00ed\u00ada est\u00e1tica y cosificante, para la que se pide y a la que se adjunta extr\u00ed\u00adnsecamente el \u00abdeber ser\u00bb; es tambi\u00e9n, a la vez, superaci\u00f3n del eticismo, que atribuye la prioridad al deber ser sobre el ser.<\/p>\n<p>\u00ab\u00c2\u00a1No me buscar\u00ed\u00adas si antes no me hubieras encontrado!\u00bb (Agust\u00ed\u00adn). Se impone reconocer todo el alcance de este principio, que no se agota a nivel te\u00f3rico-gnoseol\u00f3gico: resta a\u00fan, sin embargo, mucha tarea por delante.<\/p>\n<p>VII. La fundamentaci\u00f3n de la \u00e9tica<br \/>\nLa gracia es y hay que vivirla en la gratuidad activa y pasiva de la existencia. Resulta, pues, inevitable plantearse el problema de la \u00e9tica en relaci\u00f3n o, mejor, acerca de la fundamentaci\u00f3n de la gracia Fundamentar la \u00e9tica en la gracia significa recurrir a la gracia efectivamente otorgada; no se trata de configurar de cualquier manera un deber, sino de plantearse el problema de la gracia como ethos, en su sentido originario de \u00abmorada\u00bb. Es la referencia a la sobreabundancia d\u00e9 la vida: ut abundantius habeant.<\/p>\n<p>La \u00e9tica es realidad interior, dinamismo interior de la vida vivificada y alimentada por la gracia, donde, sin embargo, interioridad no se opone a exterioridad si no es como sentida opuesto de una misma direcci\u00f3n: del centro a la periferia, de la periferia al centro. La interioridad de la \u00e9tica significa, pues, la firme ocupaci\u00f3n del punto en el que se concentra la realidad concreta hist\u00f3rico-mundana del hombre y donde toda ella irradia en la exterioridad del mundo.<\/p>\n<p>M\u00e1s en profundidad a\u00fan, la llamada a la interioridad connota el car\u00e1cter personal de la gracia y de la \u00e9tica: el ser humano es provocado por ellas o, mejor, queda constituido en su libertad y responsabilidad; es la funci\u00f3n y el sentido formal del mandamiento, originariamente relacionado con la gracia: mediante la gracia-mandamiento Dios hace del hombre-persona su socio, manifestando su trascendencia en la l\u00ed\u00adnea de la realidad personal. Se afianzan as\u00ed\u00ad el car\u00e1cter originario y. la prioridad absoluta de la gracia increada, y la necesidad de superar toda concepci\u00f3n que, como con bastante frecuencia ha sucedido en la interpretaci\u00f3n de las relaciones entre Dios y el hombre -\u00c2\u00a1J.-P. Sartre, en el Existencialismo es un humanismo, no hace m\u00e1s que radicafizar y explicitar-una tendencia que ha dominado durante siglos de cultura cristiana!- juegue sobre la base de la contraposici\u00f3n y de la alternativa entre Dios y hombre, a menudo pensada menos desde modelos de relaciones interpersonales e hist\u00f3ricas que desde modelos de relaci\u00f3n entre sujeto y objeto y expl\u00ed\u00adcitamente cosificantes. El misterio que en ese caso emerge no es el de la intimidad de una libertad absoluta que se abre y se da gratuitamente, sino el del objeto que escapa a la captaci\u00f3n racional debido a su no dominable complejidad. En la perspectiva cristiana marcada por la gracia, la \u00e9tica es el dinamismo y el servicio prestados a la vida, cuya autenticidad y amplitud habr\u00e1 que medir tomando como referencia la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La gracia est\u00e1, pues, en contra de una \u00e9tica reducida a normas, en contra de una \u00e9tica sin h\u00e1lito de vida. El car\u00e1cter de acontecimiento qu\u00e9 hemos reconocido a la gracia la lleva a quebrantar toda cerraz\u00f3n, a la vez que garantiza la apertura de horizontes siempre nuevos. El \u00e1mbito en el que act\u00faa la gracia y que queda confiado a la \u00e9tica cristiana es el de la existencia personal; en la que insiste la \u00e9tica existencial; ahora bien, en este \u00e1mbito tienen su ra\u00ed\u00adz las relaciones comunitarias y eclesiales; m\u00e1s a\u00fan: en su marco se constituye el \u00e1mbito personal mismo, excluyendo la posibilidad de que \u00e9ste quede reducido a lo sacro en oposici\u00f3n a lo profano o de que quede delimitado por el horizonte del.precepto o de lo&#8217; lit\u00fargico-ritual. Tampoco se justifica -al contrario, se excluye- una Iglesia que base su identidad y prepare su defensa levantando bastiones en contra del mundo.<\/p>\n<p>La \u00e9tica fundamentada en la gracia compromete, en cambio, a todo el mundo humano; m\u00e1s a\u00fan: a toda la realidad, porque toda ella est\u00e1 abierta al proyecto global de la nueva creaci\u00f3n, en el que el hombre es parad\u00f3jicamente responsable de las lejanas galaxias. El proceso de secularizaci\u00f3n, negativo en muchos aspectos y siempre problem\u00e1tico, constituye con todo una piedra millar en el itinerario de un volver a apropiarse de s\u00ed\u00ad por parte del hombre: en la direcci\u00f3n del bien y del mal, de las propias posibilidades y de los propios limites, que tienen su manifestaci\u00f3n en forma de conflictos, eliminaciones, angustias, alienaciones, donde en una o en otra direcci\u00f3n se va configurando un camino del hombre, el cual no se siente ya sin m\u00e1s a merced de fuerzas extra\u00f1as y externas, ang\u00e9licas o diab\u00f3licas.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n con Dios que la gracia presenta y define no se sit\u00faa en otro espacio que en el de estos problemas y compromisos del hombre; su verdad y autenticidad divinas no lo encierran en una interioridad humana que escapa y a la que se le escapa lo exterior; antes bien, asume lo humano tan radical y totalmente -\u00c2\u00a1Cristo es el modelo exigente!- que hasta la imagen, de tanto uso y abuso, de las l\u00ed\u00adneas horizontales y verticales, con la que se quiere expresar la irreductibilidad de Dios al horizontal humano, resulta poco correcta; como si la relaci\u00f3n directa con Dios pudiera agotarse en un punto o se le pudiera escapar algo de la l\u00ed\u00adnea horizontal, o como si el Dios de la encarnaci\u00f3n cristiana hubiera querido conceder al mundo s\u00f3lo un punto propio, reservando a otro la longitud infinita de la l\u00ed\u00adnea.<\/p>\n<p>Superando toda barrera, la gracia se apodera de la totalidad de lo humano; asume sus reglas y ritmos, posibilidades y l\u00ed\u00admites; hace de \u00e9l el lugar de su presencia, signo e instrumento de su darse: sacramento. Toda doctrina de lo no manifiesto, de lo arcano, queda superada en el momento de la reconciliaci\u00f3n de Dios con el hombre en Cristo en la evidencia p\u00fablica de la cruz, que expresa la inconmensurable dimensi\u00f3n visible, experimentable, mundana de la gracia de Dios. Esta es la raz\u00f3n por la que son signos mesi\u00e1nicos y gracia y mandamiento el pan dado al que tiene hambre, el agua ofrecida al sediento, la curaci\u00f3n del enfermo, la liberaci\u00f3n del prisionero, el evangelio de la gracia y de la esperanza anunciado a los pobres, la paz a los hombres, que gozan del favor divino.<\/p>\n<p>Determinar m\u00e1s en concreto la relaci\u00f3n del mandamiento cristiano con la moral no es algo que debamos hacer en este art\u00ed\u00adculo. Baste afirmar que \u00e9tica cristiana, precepto o, mejor, mandamiento cristiano son aqu\u00e9llos en los que brilla la escatolog\u00ed\u00ada cristiana y no pueden formar parte de una especie de deducci\u00f3n l\u00f3gica o jur\u00ed\u00addico-formal (la autoridad). Donde esta luz escatol\u00f3gica est\u00e9 ausente, se podr\u00e1n elaborar \u00e9ticas sublimes, pero no ser\u00e1n \u00e9tica cristiana.<\/p>\n<p>Es \u00e9sta la raz\u00f3n por la que la \u00e9tica cristiana es la \u00e9tica de la aut\u00e9ntica libertad: libertad escatol\u00f3gica, no a postergar en el m\u00e1s all\u00e1, sino a expresarse en el ac\u00e1 como dedicaci\u00f3n plena y reserva escatol\u00f3gica insuperable. Gracia como amor de la libertad y libertad de amor.<\/p>\n<p>Queda as\u00ed\u00ad definida tambi\u00e9n su relaci\u00f3n exacta de oposici\u00f3n al mal en todas sus formas, que la conciencia cristiana deber\u00e1 reconocer, perseguir y superar sin concesiones a la presuntuosa y veleidosa impaciencia o a la desesperaci\u00f3n esc\u00e9ptica y c\u00f3mplice.<\/p>\n<p>La confianza en la gracia iluminar\u00e1 y sostendr\u00e1 este compromiso, cuya condici\u00f3n inagotable representa el reconocimiento y acogida genuinos de toda situaci\u00f3n concreta como epifan\u00ed\u00ada de la gracia y de la benevolencia de Dios Padre, por medio de su Hijo Jesucristo, en el Esp\u00ed\u00adritu Santo; en el ejercicio de la gracia se manifiesta que se est\u00e1 de acuerdo con la confesi\u00f3n cristiana de que todo contribuye al bien del hombre, llamado y elegido por Dios, y de que todo es gracia.<\/p>\n<p>[\/Ley nueva; \/Religi\u00f3n y moral; \/Sacramentos; \/Santificaci\u00f3n y perfecci\u00f3n \/Seguimiento\/Imitaci\u00f3n; \/Virtudes teologales].<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Redenzione e emancipazione, Queriniana Brescia 1975; ALFnROJ., Cristolog\u00ed\u00ada y antropolog\u00ed\u00ada, Cristiandad, Madrid 1973; BOFE L., Gracia y liberaci\u00f3n del hombre, Cristiandad, Madrid 1987; BARTR K., La dottrina dell \u00e9lezione divina, tomado de la Dogmatica Ecclesiastica, Utet, Tur\u00ed\u00adn 1983; CoLznrrt G., L \u00faomo nuovo, Ldc, Tur\u00ed\u00adn 1977; De LuaAC H., Agostinismo e teolog\u00ed\u00ada moderna, II Mulino, Bolonia 1968; ID, El misterio de lo sobrenatural, Estela, Barcelona 1970- FameR J., y LUHRER M., Mysterium Salutis IV\/2, Cristiandad, Madrid 1975; FucK M., L intimo delta giustificazione secondo S. Tommaso, Pug, Roma 1977; FucK M. y ALSzscr Z., Antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1970; ID, El evangelio de la gracia, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1967; In, L&#8217;uomo delta teolog\u00ed\u00ada, Paoline, 1971; FRANSfiN P., La grazia. Realt\u00e1 e vira, Cittadella, As\u00ed\u00ads 1972; GessHnKE G., Libert\u00f3 donara. Breve trattato sitlla grazia, Queriniana, Brescia 1984; JEDIN H., Historia del concilio de Trento, Eunsa, Pamplona 1981; Korru H., La justificaci\u00f3n, Estela Barcelona 1967; Pssce O. H., Frei sein aus Gnade, Herder, Friburgo Br. 1983; RAHNEa K., La gracia como libertad, Herdei, Barcelona 1972; ID, Sobre el concepto escol\u00e1stico de gracia increada, en Escritos de teolog\u00ed\u00ada, Taurus, Madrid 1967; RONI)6T H., La gracia de Cristo, Estela, Barcelona 1966 Ruiz DE un PENA J.L., La gracia como don. Antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica especial, Sal Terrae, Santander 1991; SCHILLEBEECKX E., Jes\u00fas, la historia de un viviente, Cristiandad, Madrid 1983; SCIIOON6NBERG P., Alleanza e creazione, Queriniana, Brescia 1972; SecunuoJ.L., Teolog\u00ed\u00ada abierta, Cristiandad Madrid 1983; SUBILIA V., La giustifcazioneperfede, Paideia, Brescia 1976; VAN Roo, Grace and Original Justice according to St. Thomas, Pug, Roma 1955.<\/p>\n<p>G. Bof<\/p>\n<p>Compagnoni, F. &#8211; Piana, G.- Privitera S., Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, Paulinas, Madrid,1992<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Teolog\u00eda Moral<\/b><\/p>\n<p>A) Disposici\u00f3n a la gracia.<\/p>\n<p>B) Naturaleza de la gracia.<\/p>\n<p>C) Gracia y libertad.<\/p>\n<p>D) Tratado teol\u00f3gico sobre la gracia,<\/p>\n<p>A) DISPOSICI\u00ed\u201cN A LA GRACIA, -> disposici\u00f3n II.<\/p>\n<p>B) NATURALEZA DE LA GRACIA<\/p>\n<p>I. Escritura<br \/>\n1. Antiguo Testamento<br \/>\nLa prehistoria del concepto teol\u00f3gico de gracia ha de buscarse en lo designado con los t\u00e9rminos veterotestamentarios h\u00e9n y hesed, que los LXX traducen por Xaris. Estos dos conceptos no designan valores, propiedades o bienes, sino (como el concepto veterotestamentario de -> justicia) una conducta adecuada a la comunidad, y propiamente m\u00e1s que la intenci\u00f3n designa lo realizado de hecho. Por tanto, tienen un sentido muy parecido los t\u00e9rminos y\u00e4s\u00e4r, t\u00e4m, sed\u00e1g\u00e1, y tambi\u00e9n shalom. De ah\u00ed\u00ad que, a diferencia de nuestro concepto de g., en la relaci\u00f3n entre Dios y hombre hesed pueda atribuirse a ambos t\u00e9rminos. En efecto, hesed es la obligaci\u00f3n (que no puede urgirse en juicio) de fidelidad mutua entre parientes y amigos, as\u00ed\u00ad como entre reyes y s\u00fabditos, y especialmente entre socios de una alianza, pues el contenido del pacto es la obligaci\u00f3n a la hesed (1 Sam 20, 8). A este respecto, hesed se usa frecuentemente junto con un segundo concepto, p. ej., junto con fidelidad (verdad), amor, justicia, derecho, misericordia. El comportamiento con Dios adecuado a la alianza es descrito en Ex 20, 6; Dt 7, 12; Os 6, 4 mediante la palabra hesed. Por eso, sobre todo en textos posteriores, los piadosos se llaman h\u00e4sidim.<\/p>\n<p>La aut\u00e9ntica preparaci\u00f3n del concepto cristiano de g. aparece donde se habla del comportamiento de Dios con Israel en la -> alianza (1 Re 8, 23; Is 55, 3; Sal 89, 29.50; 106, 45). En estos textos el contenido de la alianza concedida por Dios es id\u00e9ntico con las bondades (hasd\u00e9) que \u00e9l ha prometido. El hombre puede pedir a Dios que se acuerde de su benevolencia o que act\u00fae de acuerdo con ella, es decir, puede apelar a la fidelidad de Yahveh a la alianza (Sal 6, 5; 25, 6s). Esto tiene validez sobre todo cuando el hombre ha roto la alianza y pide a Yahveh que, a pesar de todo, se mantenga fiel a su promesa. Por eso, de un lado se subraya c\u00f3mo la hesed de Yahveh depende del cumplimiento de la Ley (1 Re 8, 23), y, de otro lado, cuanto m\u00e1s se acent\u00faa la claudicaci\u00f3n del pueblo, hesed va aproxim\u00e1ndose por su contenido a la idea de misericordia (Is 63, 7; Jer 16, 5; Os 2, 21), no s\u00f3lo en la predicaci\u00f3n prof\u00e9tica, sino tambi\u00e9n en el tiempo posterior, pues los LXX generalmente traducen hesed por eleos. Cuando se espera la hesed de Yahveh en el futuro, se la funda teol\u00f3gicamente en el pasado, bien en las promesas hechas a David (Is 55, 3; 54, 8), bien en las hechas a los patriarcas (Miq 7, 20). Otras veces el hombre pide (en los Salmos) una acci\u00f3n \u00abde acuerdo con las hasd\u00e9\u00bb, es decir, con las acciones salv\u00ed\u00adficas del pasado.<\/p>\n<p>Generalmente, en el concepto de h\u00e9n no se da esa referencia hist\u00f3rica (a excepci\u00f3n de 2 Re 13, 23). Esta palabra tampoco tiene su puesto en el comportamiento social, sino que significa simplemente \u00abagrado\u00bb. En el pentateuco ese concepto es empleado solamente por el yahvista (excepci\u00f3n: Dt 24, 1), casi siempre en el giro \u00abser agradable a los ojos de alguien\u00bb, y as\u00ed\u00ad se usa con especial frecuencia en relaci\u00f3n con los patriarcas. Como esta locuci\u00f3n se emplea en relatos antiguos (1 y 2 Sam) donde se habla del agrado que el hombre halla en los ojos del rey o la mujer en los del marido, sin duda se trata de la trasposici\u00f3n de un giro profano a la relaci\u00f3n con Yahveh; y la expresi\u00f3n significa simplemente que la persona en cuesti\u00f3n, agrada a Dios (Pablo la interpreta por primera vez en sentido l\u00f3gico, hablando de Abraham: Rom 4, 1). En un sentido teol\u00f3gico, es decir, significando el benepl\u00e1cito que Dios otorga, h\u00e9n es usado en muy pocos pasajes del AT, as\u00ed\u00ad en Sal 84, 12: como don protector de Dios junto a su gloria; y en Prov 3, 34, donde se habla de la complacencia que Dios otorga a los humildes.<\/p>\n<p>Con m\u00e1s frecuencia se emplea en sentido teol\u00f3gico el verbo h\u00e4n\u00e4m (\u00abser bondadoso, ser ben\u00e9volo, compadecerse\u00bb) en parte en conexi\u00f3n con la \u00abpresencia de Dios\u00bb que el hombre contempla, o que brilla sobre \u00e9l cuando halla complacencia a los ojos de Dios (G\u00e9n 33, 10s; N\u00fam 6, 25). En h\u00e9n se acent\u00faa m\u00e1s que en hesed la soberan\u00ed\u00ada del Dios donador (Ex 33, 19 y las plegarias de los Salmos en primera persona del singular), y as\u00ed\u00ad este concepto se aproxima m\u00e1s a la misericordia y benevolencia para con los d\u00e9biles, que al pensamiento de la fidelidad a la alianza; de acuerdo con esto la petici\u00f3n de h\u00e9n se formula con m\u00e1s frecuencia en singular y se refiere menos a todo Israel (cf., sin embargo, 2 Re 13, 23; Am 5, 1; Mal 1, 9). En los LXX hesed s\u00f3lo es traducido por Xaris en Est 2, 9.17; Eclo 7, 33; 40, 17, mientras que h\u00e9n casi siempre es traducido as\u00ed\u00ad. Por tanto en el lenguaje teol\u00f3gico de los LXX Xaris significa, con muy pocas excepciones, solamente la complacencia que encuentra el hombre a los ojos de Dios. En cambio, la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios en fidelidad a su conducta y a sus promesas al comienzo de la historia (hesed) se traduce solamente por faeoq (repercusi\u00f3n en Lc 1, 72). No obstante, los autores del NT llenaron muchas veces Xaris con el contenido de hesed. Es expresi\u00f3n de la autointeligencia hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica de la comunidad de Qumr\u00e1n el hecho de que \u00e9sta, en 1Qs t 8, se llame a s\u00ed\u00ad misma la \u00abalianza de la gracia\u00bb (paralelamente a \u00abcongregaci\u00f3n de Dios\u00bb); de acuerdo con esto el pecador, seg\u00fan 1Qs xi, 12-15, obtiene la salvaci\u00f3n y su derecho por las \u00abpruebas de gracia\u00bb que Dios le da (tiene un sentido paralelo: misericordias). En esta referencia del concepto veterotestamentario de hesed a la secta, sin duda se da una analog\u00ed\u00ada con la nueva modalidad del mismo concepto en el NT.<\/p>\n<p>2. Nuevo Testamento<br \/>\nEl hecho de que Xaris (y xarisedsai, xarisma) se encuentre casi exclusivamente en Lc y en la literatura epistolar paulina o pr\u00f3xima a Pablo, muestra c\u00f3mo este concepto, s\u00f3lo en determinados c\u00ed\u00adrculos del cristianismo primitivo, lleg\u00f3 a ser una de las nociones fundamentales para definir la salvaci\u00f3n aparecida con Jes\u00fas. Como, en comparaci\u00f3n con el contorno jud\u00ed\u00ado y griego, el uso neotestamentario de este concepto es muy frecuente, sin duda hemos de ver en \u00e9l un t\u00e9rmino de escuela de una determinada direcci\u00f3n misionera. El t\u00e9rmino fue desarrollado especialmente por Pablo. C\u00f3mo X&#038;ptq se convirti\u00f3 en un lema usual, lo muestra la f\u00f3rmula epistolar \u00abgracia y paz a vosotros\u00bb, que es una \u00abtransformaci\u00f3n del saludo jud\u00ed\u00ado de bendici\u00f3n por parte de la comunidad cristiana\u00bb (H. Schlier; cf., sin embargo, la introducci\u00f3n a la carta en ApBar(sir) 78, 2: \u00abMisericordia y paz con vosotros\u00bb). Una de las caracter\u00ed\u00adsticas del concepto neotestamentario de X&#038;pis es que el vocablo designe global e indiferenciadamente la -> salvaci\u00f3n que Dios ha otorgado en Cristo por pura bondad. No se halla en primer plano el contenido de Xaris, que teol\u00f3gicamente debe circunscribirse m\u00e1s de cerca y ha de localizarse en la historia de la salvaci\u00f3n, sino la idea de que Dios sana la relaci\u00f3n con el hombre por un amor libremente otorgado. Ya en el griego profano el concepto de Xaris indica tanto la condescendencia del uno como la gratitud del otro, e igualmente la gracia, la hermosura, y tambi\u00e9n la mutua apertura libre y espont\u00e1nea, otorgada con alegr\u00ed\u00ada; y por esto, en la relaci\u00f3n con Dios, indica simult\u00e1neamente la salvaci\u00f3n dada por Dios y la gratitud del hombre. La gratuidad de la Xaris en contraposici\u00f3n a la retribuci\u00f3n es resaltada ya por Arist\u00f3teles (Rbet. B VII, 1385a).<\/p>\n<p>En la tradici\u00f3n sin\u00f3ptica Xaris y Xapisedsai aparecen en Lc, Mc y Mt, pero estos vocablos no ofrecen ning\u00fan punto de apoyo terminol\u00f3gico para el desarrollo de una doctrina de la gracia. Mientras que en Lc 6, 32ss aparece el lenguaje prelucano de Q (Mt emplea aqu\u00ed\u00ad su palabra espec\u00ed\u00adfica misth\u00f3s) -Xaris es la recompensa celestial, o sea una salvaci\u00f3n todav\u00ed\u00ada futura- y en Lc 1, 30; 2, 52 (cf. Prov 3, 4) se refleja a\u00fan el lenguaje veterotestamentario, en el mismo Lc Xaris es la salvaci\u00f3n que desde Jes\u00fas, Dios ha producido especialmente por la palabra del Evangelio. Desempe\u00f1a una funci\u00f3n especial el ofrecimiento de esta salvaci\u00f3n por la palabra de la predicaci\u00f3n (Lc 4, 22; Act 14, 3.26; 20, 24.32), y por esta raz\u00f3n Xaris, lo mismo que en Pablo, se refiere primordialmente al acto de hacerse creyente (Act 4, 33; 11, 23; 13, 43). A este respecto la Xaris act\u00faa como una fuerza dada por Dios, como lo muestra su uni\u00f3n con \u00abpoder\u00bb, y \u00absigno\u00bb (Act 6, 8; cf. Lc 4, 22; Act 4, 33; 7, 10). Esa fuerza se da especialmente en los misioneros (Act 14, 26; 16, 40). En algunos pasajes muy t\u00ed\u00adpicos de Lc Xaris aparece como una fuerza que act\u00faa aut\u00f3nomamente, como obra salv\u00ed\u00adfica de Dios mismo que se extiende a un trecho del espacio y del tiempo (Act 4, 33; 11, 23; 13, 43; y especialmente 20, 32: la palabra de la g. edifica y concede la herencia). Una vinculaci\u00f3n de de g. de la salvaci\u00f3n a la persona de Jes\u00fas s\u00f3lo la hallamos en Act 15, 11. Pero tambi\u00e9n all\u00ed\u00ad, solamente de manera muy general se trata de la g. del Se\u00f1or, que seg\u00fan Lc 2, 40 reside \u00aben \u00e9l\u00bb. En conjunto parece que la terminolog\u00ed\u00ada de Lc no se remonta a Pablo; m\u00e1s bien, seguramente en ella se refleja una m\u00e1s amplia tradici\u00f3n prepaulina, que es com\u00fan a ambos.<\/p>\n<p>En Pablo, por primera vez en Rom encontramos una amplia reflexi\u00f3n sobre Xaris, y all\u00ed\u00ad se resalta especialmente el momento de la gratuidad. Pero ya en G\u00e1l el lenguaje ha quedado limado, de manera que Xaris en general, es la salvaci\u00f3n dada por Jesucristo, a la que ha sido llamada la comunidad (1, 6). Pero Xaris es particularmente la fuerza salv\u00ed\u00adfica por la que el ap\u00f3stol ha sido puesto a su servicio (1, 15), y el mismo apostolado leg\u00ed\u00adtimo (2, 9; cf. Rom 1, 5; 12, 3). As\u00ed\u00ad, en Flp 1, 7, los destinatarios pueden ser llamados compa\u00f1eros de g. del ap\u00f3stol. Por consiguiente, la acci\u00f3n de Dios en la X&#038;p.S no significa la santificaci\u00f3n homog\u00e9nea de todos los bautizados, sino la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica de Dios con sus estructuras. La Xaris tiene fundamentalmente el car\u00e1cter de salvaci\u00f3n frente al pasado bajo el pecado y, especialmente, frente a la vana tentativa de conseguir la justicia por medio de las obras hechas bajo la ley (G\u00e1l 2, 21; 5, 4). En su esfera la justicia se alcanza por el Pneuma y por la fe (G\u00e1l 5, 4s). Pero esta gracia se da, no a todos, sino \u00fanicamente a los llamados y elegidos para ella (G\u00e1l 1, 6.15; Rom 11, 5); y tampoco se da a todos en la misma medida, sino que se desarrolla en -> carismas de diversas clases.<\/p>\n<p>Particularmente el ministerio apost\u00f3lico constituye una actuaci\u00f3n especial de la gracia divina, que, por lo dem\u00e1s, en general es la acci\u00f3n divina de la misericordia concedida a los hombres. Ya en G\u00e1l, Xaris, e igualmente la -> ley, aparece como una dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica (G\u00e1l 5, 4; cf. la misma idea tambi\u00e9n en el caso de la &#8211;>justicia), y as\u00ed\u00ad se opone a todo lo antidivino, por tanto, a todo lo que pertenece al \u00e1mbito de la sarx, de la muerte y del pecado (2 Cor 1, 12). Esta dimensi\u00f3n se nos transmite en Jesucristo (1 Cor 1, 4). Una claudicaci\u00f3n frente a este don salv\u00ed\u00adfico consiste en volver a la ley como camino de salvaci\u00f3n (G\u00e1l 2, 21; 5, 4) o al pecado en general (2 Cor 6, 1). Pero con esto no queda fijado en modo alguno el concepto de X&#038;pes en Pablo; m\u00e1s bien Xaris significa tambi\u00e9n: gratitud frente a Dios y el don de amor de la comunidad. Estas acepciones no deben aislarse de la mencionada en primer lugar (cf. 2 Cor 8, 7.9; 9, 8.14.15), ya que, por la X&#038;ptq de Cristo, tambi\u00e9n la comunidad puede y debe realizar una Xaris, y por la Xaris que dio Dios, tambi\u00e9n a ella le corresponde Xaris (Rom 9, 14s). No se trata aqu\u00ed\u00ad de juegos de palabras, sino que Xaris es la conducta dirigida-en cada caso al otro en una relaci\u00f3n de amorosa misericordia. Esta relaci\u00f3n est\u00e1 constituida por la misericordia de Dios en la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica en Jesucristo. Ah\u00ed\u00ad est\u00e1 la raz\u00f3n y el modelo de la misericordia mutua entre los hombres y a la vez la raz\u00f3n de la gratitud. Por consiguiente, el uso de Xaris muestra que la gratitud es exactamente la acci\u00f3n que corresponde a la g. en esta relaci\u00f3n. En 1 Cor desempe\u00f1a una funci\u00f3n especial el desarrollo de la g. en carismas. A base de esta diferenciaci\u00f3n e individualizaci\u00f3n, Pablo trata de resolver los problemas del orden de la comunidad y de la moralidad. La multitud de carismas se contrapone a la unidad del Pneuma (1 Cor 12, 4). En Rom Pablo subraya especialmente que la g. fue dada por medio del bautismo a manera de don (3, 24). Precisamente por esto se contrapone a las obras de la ley como camino de salvaci\u00f3n, pues aqu\u00ed\u00ad se calcula seg\u00fan la retribuci\u00f3n (Rom 4, 4), mientras que en el orden de la Xaris el cumplimiento de la ley se da en el carisma del amor. Seg\u00fan el importante texto de Rom 5, 12 hasta 21, la ca\u00ed\u00adda de Ad\u00e1n y la acci\u00f3n de la gracia (Xarisma) en Jesucristo no se oponen simplemente, pues \u00e9sta supera a aqu\u00e9lla en fuerza eficaz y plenitud, ya que la g. es victoriosamente superior al -> pecado y no puede ser interrumpida por aqu\u00e9l. La multiplicaci\u00f3n del pecado en el tiempo de la ley sirvi\u00f3 solamente para poder mostrar tanto mejor la riqueza de la g. (Rom 5, 20); sin embargo, esta idea no es raz\u00f3n alguna para mantenerse ahora en el pecado, a fin de que la g. se muestre con mayor abundancia (Rom 6, 1). M\u00e1s bien el pecado y la g. son dos sistemas de dominio que se suplantan (->e\u00f3n); el tr\u00e1nsito del uno al otro se produce por el hecho de que se muere con Cristo al antiguo poder (Rom 6, 2); y esto acontece en el bautismo (Rom 6, 3ss). Pero el cambio de salvaci\u00f3n por la gracia, que suplanta la ley, no significa nueva libertad para pecar, sino que es un ser aprehendido por un nuevo poder (Rom 6, 14ss). La labor de Pablo consiste, m\u00e1s que en llenar con un contenido material el concepto teol\u00f3gico de g., en la inseparable vinculaci\u00f3n funcional de la X&#038;pes en su concepci\u00f3n de la historia de la salvaci\u00f3n con la muerte y resurrecci\u00f3n de Jesucristo, en localizarla para el creyente en el acto de la ->justificaci\u00f3n y del -> bautismo, y en interpretar esta X&#038;pis como una vocaci\u00f3n a un especial servicio moral o apost\u00f3lico.<\/p>\n<p>En la literatura posterior a Pablo estas interpretaciones influyen especialmente en Ef, donde se resaltan la riqueza y la g. (cf. Rom 5), el don especial de la g. al ap\u00f3stol y el car\u00e1cter individual del don de la Xaris (4, 7), y se desarrolla nuevamente el concepto de una econom\u00ed\u00ada divina de la g. (3, 2). Lo mismo que en 2 Tim 1, 9, en Ef 2, 8 la gracia se contrapone a las obras; pero \u00e9stas ya no son las de la ley, pues las obras designan aqu\u00ed\u00ad la acci\u00f3n humana separada del plan salv\u00ed\u00adfico de Dios (2 Tim 1, 9). Con frecuencia X&#038;pis aparece junto a a\u00fava\u00c2\u00b5ss, y la irrupci\u00f3n del tiempo salv\u00ed\u00adfico es descrita como su epifan\u00ed\u00ada (Tit 2, 11). En Heb Xaris es el don salv\u00ed\u00adfico en el nuevo orden cultual orientado hacia el cielo, que ahora no se puede abandonar (Heb 12, 15).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en Juan (1, 17), de manera semejante a la de Pablo, la Xaris es contrapuesta a la ley, y en 1, 16 hallamos el lema de la plenitud de la g., que en los v. 14 y 17 es interpretada por el bien salv\u00ed\u00adfico de la verdad (m\u00e1s t\u00ed\u00adpico de Juan). Ah\u00ed\u00ad se refleja a la vez la combinaci\u00f3n del AT hesed v^&#8217;emet. 1 Pe muestra un uso muy variado de este concepto (especialmente importante 2, 19s: sufrimientos de los cristianos como g.). Ah\u00ed\u00ad aparece qu\u00e9 acepciones tan variadas tuvo el concepto de Xaris en el \u00e1mbito misional helen\u00ed\u00adstico antes de, en tiempos de y despu\u00e9s de Pablo. En el caso de que en 1 Pe 4, 10 se reflejara una tradici\u00f3n prepaulina, ya no se podr\u00ed\u00ada considerar la divisi\u00f3n de la \u00fanica Xaris en muchos carismas como una aportaci\u00f3n original de la teolog\u00ed\u00ada de -> Pablo. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad X&#038;p.5 puede designar simplemente al conjunto de la salvaci\u00f3n cristiana (1 Pe 1, 10.13).<\/p>\n<p>Klaus Berger<br \/>\nII. Historia de la doctrina de la gracia<br \/>\nEn la doctrina de la g. se manifiesta lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de la fe cristiana como problema teol\u00f3gico, pues en ella est\u00e1 implicada la concepci\u00f3n humana de Dios, del mundo y del hombre. Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 comprendida la vida humana como misi\u00f3n hist\u00f3rica en el mundo, con todas sus tensiones polares. La doctrina de la elecci\u00f3n divina, de la -> predestinaci\u00f3n y de la vocaci\u00f3n alberga la responsabilidad humana en el orden del mundo, soportado por la omnipotente bondad y santidad de Dios. La doctrina sobre la obra salv\u00ed\u00adfica de Jes\u00fas, Dios y hombre, y del Esp\u00ed\u00adritu divino en la Iglesia asegura la -> justificaci\u00f3n como acci\u00f3n del Dios trino, en la que se realiza el Jes\u00fas, Dios y hombre, y del Esp\u00ed\u00adritu divino perd\u00f3n de la culpa, la curaci\u00f3n del enfermo a causa del pecado y la santificaci\u00f3n del hombre natural por la benevolencia y el don del amor de Dios (Rom 5, 15; Ap 22, 12), y tanto la naturaleza como la libertad de decisi\u00f3n personal del hombre quedan introducidas nuevamente en el espacio de Dios, de su creador, Se\u00f1or y Padre.<\/p>\n<p>1. Lo que en la revelaci\u00f3n, sobre todo del Nuevo Testamento, se hab\u00ed\u00ada dicho sobre este problema mediante las categor\u00ed\u00adas jud\u00ed\u00adas de una historia universal de la salvaci\u00f3n (s\u00ed\u00adn\u00f3pticos, Act), o de una m\u00ed\u00adstica escatol\u00f3gica (Jn), o de una teolog\u00ed\u00ada de la redenci\u00f3n o de la salvaci\u00f3n (Pablo), hubo de mantenerse y desarrollarse ulteriormente en la Iglesia primitiva frente a una excesiva acentuaci\u00f3n de lo \u00e9tico (procedente de un esp\u00ed\u00adritu farisaico o estoico), as\u00ed\u00ad como frente a una espiritualizaci\u00f3n plat\u00f3nica (cf. Did, Bern, 1 Clem, cartas de Ignacio, Herm).<\/p>\n<p>2. Fue especialmente seria la lucha en torno a los misterios cristianos de la fe durante los siglos lI y III, contra el -> gnosticismo (jud\u00ed\u00ado, pagano e intraeclesi\u00e1stico) de la antig\u00fcedad posterior (defendido, entre otros, por Valent\u00ed\u00adn, Bas\u00ed\u00adlides y Marci\u00f3n). Frente a su doctrina de una autorredenci\u00f3n del hombre por medio de un especial saber salv\u00ed\u00adfico y su falsa interpretaci\u00f3n de Cristo como demiurgo, los primeros grandes te\u00f3logos de la Iglesia (Ireneo de Ly\u00f3n, Tertuliano, Or\u00ed\u00adgenes) anunciaron a Cristo, el crucificado, como el \u00fanico redentor (anakephalaiosis: Ef 1, 10); y frente a su desvirtuaci\u00f3n dualista del mundo, resaltaron la bondad de la creaci\u00f3n y la donaci\u00f3n de la libertad humana por la gracia. Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada dio una interpretaci\u00f3n cristiana (2 Pe 1, 4) a la doctrina plat\u00f3nica de la divinizaci\u00f3n del hombre (Teeteto 176 AB), especialmente mediante la verdad de la inhabitac\u00ed\u00ad\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Rom 8, 11; 2 Tim 1, 14).<\/p>\n<p>3. La doctrina de la interna filiaci\u00f3n divina (1 Jn 3, ls) qued\u00f3 profundizada teol\u00f3gicamente por el desarrollo del dogma eclesi\u00e1stico de Cristo, Dios y hombre, y del Dios trino de los siglos iv y v (en el concilio de Nicea 325, en el primero de Constantinopla 380, en el de Efeso 431, en el de Calcedonia 450). A este respecto adujeron como fundamento: Atanasio y Gregorio Nacianceno sobre todo la obra de Cristo (\u00abDios se hizo hombre, para que el hombre se hiciera Dios\u00bb); D\u00ed\u00addimo el ciego y Basilio la inhabitaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de Dios; y Cirilo de Alejandr\u00ed\u00ada la inhabitaci\u00f3n del Dios trino (Jn 14, 23.26) en el hombre. Bajo la influencia de la filosof\u00ed\u00ada neoplat\u00f3nica (Plotino, Proclo), surgi\u00f3 una m\u00ed\u00adstica cristiana, fundada por Or\u00ed\u00adgenes y difundida sobre todo por los escritos del Pseudoareopagita (hacia 520) y de su comentador M\u00e1ximo el Confesor, que ense\u00f1aba la posibilidad de una consumaci\u00f3n terrestre de la vida de g. a base de una sobrenatural y ext\u00e1tica contemplaci\u00f3n de Dios y del concomitante amor a \u00e9l en el marco de la piedad eclesial. Esta teolog\u00ed\u00ada de la g. ha seguido siendo normativa hasta hoy en la Iglesia oriental griega.<\/p>\n<p>4. En la Iglesia romana occidental Agust\u00ed\u00adn elabor\u00f3 la doctrina de la gracia en un peculiar tratado teol\u00f3gico, polemizando contra la doctrina exteriorizada del pecado y de la gracia en el -a pelagianismo. Fund\u00e1ndose en Pablo, Agust\u00ed\u00adn resaltaba la causalidad total de Dios en la justificaci\u00f3n, santificaci\u00f3n y predestinaci\u00f3n del hombre, asimismo la realidad de la gracia en el hombre. Sin embargo, \u00e9l sustituy\u00f3 la visi\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica de Pablo, anclada en el juda\u00ed\u00adsmo, por un enfoque antropol\u00f3gico, acomodado al pensamiento romano (Agust\u00ed\u00adn mismo) y germ\u00e1nico (Pelagio). Su doctrina elaborada entre el a\u00f1o 412 y el 430 en numerosos y amplios escritos pol\u00e9micos contra Pelagio y Juli\u00e1n de Eclano (La perfecci\u00f3n de la justicia en el hombre. Naturaleza y gracia, Gracia y libre albedr\u00ed\u00ado, Gracia y pecado original, Predestinaci\u00f3n de los santos, etc.), obtuvo la aprobaci\u00f3n de la Iglesia de Roma (cf. Indiculus Coelestini, Dz 129142).<\/p>\n<p>5. Te\u00f3logos del siglo v (presb\u00ed\u00adtero L\u00facido, Arnobio) que ya no entend\u00ed\u00adan la g. a la manera de Agust\u00ed\u00adn, como expresi\u00f3n del amor, sino, m\u00e1s bien, como expresi\u00f3n de la omnipotencia de Dios, ense\u00f1aban err\u00f3neamente una falta de libertad del hombre ante la predestinaci\u00f3n y reprobaci\u00f3n divina (posteriormente a esa tendencia se le dio el nombre de \u00abpredestinacionismo\u00bb). Y, bajo presupuestos parecidos, algunos c\u00ed\u00adrculos monacales del norte de \u00ed\u0081frica (Adrumeto) y del sur de Francia (Ler\u00ed\u00adns) defendieron la doctrina (posteriormente llamada \u00absemipelagianismo\u00bb) de que al menos el inicio de la fe y la perseverancia final son obra exclusiva del hombre, y no de la gracia. Ambos errores fueron condenados en numerosos concilios, particularmente en el segundo de Orange, del a\u00f1o 529 (Dz 178-200), y la doctrina de Agust\u00ed\u00adn recibi\u00f3 aqu\u00ed\u00ad (con limitaci\u00f3n en lo relativo a la predestinaci\u00f3n) su definitiva aprobaci\u00f3n eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>6. La doctrina agustiniana de la predestinaci\u00f3n fue tratada de manera nueva en la teolog\u00ed\u00ada carolingia, cuando la equivocada interpretaci\u00f3n de la \u00abdoble predeterminaci\u00f3n\u00bb (gemina determinatio) de Isidoro de Sevilla condujo por medio del monje Godescalco de Orbais a una disputa general (tratada en los s\u00ed\u00adnodos de Quierzy 849, Valence 855, Toucy 860 y otros), en la que la obscuridad de la doctrina paulina fue esclarecida racionalmente (Rom 9, 18), y se acentu\u00f3 de nuevo la libertad humana. Anselmo de Canterbury, en su monograf\u00ed\u00ada Sobre la armon\u00ed\u00ada de la presciencia, la predeterminaci\u00f3n y la gracia de Dios con la voluntad libre (1107-8), transmiti\u00f3 esta nueva doctrina a la edad media. Los primeros compendios teol\u00f3gicos medievales, entre 1100 y 1250, situaron la doctrina de la g., o bien en el tratado sobre la fe y la caridad (Anselmo de La\u00f3n) o bien en el de los sacramentos (Abelardo: bautismo), o bien en la parte cristol\u00f3gica (m\u00ed\u00adstica de los victorinos).<\/p>\n<p>7. La doctrina cat\u00f3lica de la g. adquiri\u00f3 su nota abiertamente antropol\u00f3gica cuando en la alta edad media la metaf\u00ed\u00adsica, la \u00e9tica y la psicolog\u00ed\u00ada de Arist\u00f3teles pasaron a ser la base para el desarrollo de los problemas teol\u00f3gicos, primeramente entre los dominicos (Tom\u00e1s de Aquino y su escuela), pero, desde el 1280 aproximadamente, en especial desde Juan Duns Escoto, tambi\u00e9n entre los franciscanos, que a partir de entonces expusieron su teolog\u00ed\u00ada de tendencia agustiniana con categor\u00ed\u00adas y principios aristot\u00e9licos. Sobre todo en la discusi\u00f3n con la doctrina de Pedro Lombardo y de otros autores, seg\u00fan los cuales la g. no es otra cosa que el Esp\u00ed\u00adritu de Dios que habita en nosotros (Sent. I d\u00ed\u00adst. 17), Tom\u00e1s hab\u00ed\u00ada desarrollado su definici\u00f3n de la g. como un \u00abestado (habitus) sobrenatural del alma humana\u00bb (Sent. Com. u 24-28; ST i q., 110-114), mientras que los franciscanos (Guillermo de Mate, Duns Escoto y seguidores) identificaron la g. con la virtud sobrenatural de la caridad. Tom\u00e1s y su escuela vieron en la g. la raz\u00f3n suficiente de un posible \u00abm\u00e9rito de condigno\u00bb del hombre ante Dios; en cambio la escuela de los franciscanos defendi\u00f3 que el hombre s\u00f3lo puede lograr ante Dios un \u00abm\u00e9rito de congruo\u00bb, de modo que la acci\u00f3n del creyente termina, no en un premio debido, sino en la libre aceptaci\u00f3n por Dios, que, seg\u00fan la doctrina de algunos nominalistas (Pedro de Palude, Juan Bassolis, etc.), puede negar el premio incluso al hombre que est\u00e1 en gracia.<\/p>\n<p>8. Los reformadores reaccionaron contra esta doctrina de la g. en la edad media posterior, sobre todo por ver en ella una huida del temor de Dios para refugiarse en la santidad de las obras. Lutero ense\u00f1\u00f3 que la justicia de Dios (Rom 1, 17) imputa al creyente (Rom 3, 22), sin su colaboraci\u00f3n (pues \u00e9l es pecador [ G\u00e1l 3, 131), la obra redentora de Cristo. Calvino, junto a esta justificaci\u00f3n por la fe, vuelve a resaltar la transformaci\u00f3n del hombre por la penitencia y el renacimiento, as\u00ed\u00ad como la vida cristiana que brota de la fe (Inst. chr. rel. III 3, 11-18). El concilio de Trento (Dz 792a-843) en 1547 tom\u00f3 posici\u00f3n contra estas doctrinas a base de una mentalidad escol\u00e1stica, que se desarroll\u00f3 ulteriormente sobre todo en Espa\u00f1a (Andr\u00e9s de Vega, Francisco de Vitoria, Domingo Soto, G. Seripando).<\/p>\n<p>9. Del mismo esp\u00ed\u00adritu procedi\u00f3 la gran disputa entre la escuela de los dominicos (tomismo) y la de los jesuitas (molinismo) en torno a la acci\u00f3n de la g. y de la libertad humana en las obras meritorias, la cual termin\u00f3 en 1607, sin dilucidarse, por intervenci\u00f3n de la autoridad eclesi\u00e1stica. Esa disputa ha vuelto a encenderse en el siglo xx (G. Schneemann, A.M. Dummermuth y otros). Si el tomismo pretend\u00ed\u00ada sobre todo dejar a salvo la causalidad total del Dios creador como causa prima (praemotio physica) en la acci\u00f3n de las criaturas, el prop\u00f3sito de los molinistas era defender tanto la libertad del hombre como la de Dios (concursus simultaneus). La doctrina protestante de la total corrupci\u00f3n del hombre por el pasado, que nuevamente adquiri\u00f3 fuera en el -* bayanismo (Dz 1001-1080), en el &#8211;>jansenismo (Dz 1092-1096, 1295-1303) y en B. Quesnel (Dz 1351-1390), fue rechazada por los te\u00f3logos jesuitas de la \u00e9poca, desarrollando para ello nuevos conceptos auxiliares (deseo sobrenatural, potencia obediencial, naturaleza pura). En el siglo xix la cuesti\u00f3n de la g. adquiri\u00f3 importancia en el problema de la fe (controversia de J. v. Kuhn y C. v. Sch\u00e4zler). M. Scheeben expuso la doctrina tomista de la gracia apoy\u00e1ndose en conceptos rom\u00e1nticos.<\/p>\n<p>10. Desde 1920 se resaltan cada vez m\u00e1s el aspecto hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico (teolog\u00ed\u00ada de los -> misterios) y la visi\u00f3n personalista de la g. (R. Guardini, K. Rahner: gracia = comunicaci\u00f3n de &#8211;>Dios mismo). La Dogm\u00e1tica eclesi\u00e1stica de K. BARTH, Z 1932ss (cf. H. K\u00dcNG, Rechtf ertigung [Ei 19571) y el Sobrenatural de H. DE LUBAC, P 1946, (cf. G. DE BROGLIE, L. MALEVEZ) han dado nueva vida a la cuesti\u00f3n de lo -> sobrenatural. El esp\u00ed\u00adritu ecum\u00e9nico del Vaticano II y la importancia central de la cuesti\u00f3n de la g. para la vida cristiana, exigen en esta hora hist\u00f3rica de la Iglesia que no nos detengamos en la oposici\u00f3n entre visiones unilaterales, sino que, a base de una colaboraci\u00f3n llena de comprensi\u00f3n, tomemos de la revelaci\u00f3n misma sus abundantes enunciados y los elaboremos en una amplia soteriolog\u00ed\u00ada donde est\u00e9n recapitulados los rectos puntos de partida, las posibilidades, los elementos y las direcciones que aparecen en la doctrina sobre la gracia.<\/p>\n<p>Johann Auer<\/p>\n<p>III. Exposici\u00f3n teol\u00f3gica<br \/>\n1. El punto de partida<br \/>\nHay que comenzar por la cuesti\u00f3n del punto de partida adecuado a la revelaci\u00f3n. Y esto sobre todo porque la divisi\u00f3n, usual en la \u00e9poca postridentina, del tratado en una secci\u00f3n sobre la g. actual y otra sobre la g. habitual es insuficiente, pues se basa en presupuestos que son problem\u00e1ticos. El punto de partida ha de ser un enunciado teol\u00f3gico sobre el hombre entero y uno; partiendo de ese enunciado hay que establecer la distinci\u00f3n entre naturaleza y g. y las posibles distinciones dentro de la noci\u00f3n de g. como principios de divisi\u00f3n de dicho tratado. En este sentido partimos (cf. -> antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica) del siguiente enunciado teol\u00f3gico: el hombre que cree en Cristo, a pesar y dentro de su condici\u00f3n de criatura, y aunque de s\u00ed\u00ad y por s\u00ed\u00ad se reconozca originariamente pecador (&#8211;>pecado original), debe entenderse a s\u00ed\u00ad mismo como llamado hist\u00f3ricamente por Dios y por la palabra eficaz de su libre y absoluta comunicaci\u00f3n a participar de la m\u00e1s propia e \u00ed\u00adntima vida de Dios. Lo decisivo de este enunciado est\u00e1 en que Dios, no s\u00f3lo concede al hombre alg\u00fan amor y proximidad saludable, no s\u00f3lo le regala alguna presencia salv\u00ed\u00adfica (como la que \u00f3nticamente va aneja al concepto abstracto de una relaci\u00f3n entre el creador y la criatura todav\u00ed\u00ada inocente, no s\u00f3lo le da bienes creados como prueba de su amor; sino que, adem\u00e1s, se le comunica a s\u00ed\u00ad mismo en una causalidad que no es meramente eficiente, lo hace part\u00ed\u00adcipe de la naturaleza misma de Dios y coheredero con el Hijo, lo llama a la vida de Dios en la visi\u00f3n inmediata cara a cara y, le concede una participaci\u00f3n en la vida propia de Dios. Aqu\u00ed\u00ad tocamos realmente el n\u00facleo de la inteligencia cristiana de la realidad. La verdadera y plena relaci\u00f3n entre lo absoluto y lo que experimentamos como nosotros mismos y nuestro mundo, conoci\u00e9ndolo como finito y contingente, no es la relaci\u00f3n de la identidad o de un nexo necesario en que lo absoluto se despliega y llega a su propia plenitud, seg\u00fan se ense\u00f1a en las distintas formas del -> pante\u00ed\u00adsmo. Y tampoco es la mera relaci\u00f3n de una causa eficiente absoluta con su efecto, que permanece exterior a su causa. Es m\u00e1s bien la relaci\u00f3n libre del absoluto que se comunica a s\u00ed\u00ad mismo, y que, para poderse comunicar a otro en un di\u00e1logo libre con \u00e9l y poder hacer del mundo creado su propia historia en la -> encarnaci\u00f3n y la g., crea a ese otro con una causalidad eficiente. La doctrina del cristianismo sobre la g. (junto con su realidad suprema: el Logos divino hecho criatura) es la superaci\u00f3n real del dilema entre pante\u00ed\u00adsmo y de\u00ed\u00adsmo (que quiz\u00e1 se supera \u00abfilos\u00f3ficamente\u00bb, pero no realmente, al hacer que Dios s\u00f3lo se preocupe de la m\u00e1quina del mundo en el momento de darle el ser y ponerla en marcha). Pero esta superaci\u00f3n de sistemas que quieren ser metaf\u00ed\u00adsicos y esenciales sobre la relaci\u00f3n entre lo absoluto y lo contingente es el libre amor, que se muestra as\u00ed\u00ad como la verdadera esencia de la realidad absoluta, cuyas estructuras \u00abnecesarias\u00bb no determinan la libertad como lo secundario, sino que son las estructuras formales del mismo absoluto amor, que se inclina a lo no-necesario, aunque no necesita hacerlo, o no tiene que hacerlo con otra \u00abnecesidad\u00bb que la del amor libre.<\/p>\n<p>2. Gracia sobrenatural y naturaleza<br \/>\nPartiendo de aqu\u00ed\u00ad se aclara primeramente la distinci\u00f3n entre naturaleza y g. sobrenatural, y cu\u00e1l sea la esencia de \u00e9sta.<\/p>\n<p>a) La doctrina del magisterio eclesi\u00e1stico<br \/>\nLa doctrina de la sobrenaturalidad de la gracia (como comunicaci\u00f3n de &#8211; > Dios mismo) es afirmada por vez primera y expresamente en el concilio de Vienne, en cuanto la visi\u00f3n de Dios es atribuida al gratuito lumen gloriae (Dz 475); luego se expone expl\u00ed\u00adcitamente con el t\u00e9rmino supernaturalis contra el -> bayanismo, el -> jansenismo y el semirracionalismo (Dz 1017 1021 1023s 1026 1385 1516 1669 1671). El Vaticano i (Dz 1786 1789) la ense\u00f1a como raz\u00f3n de la absoluta necesidad de la revelaci\u00f3n y como propiedad de la fe, y P\u00ed\u00ado xix (Dz 2318) la robora contra su debilitaci\u00f3n (por el hecho de ponerse en duda la posibilidad abstracta de una \u00abnaturaleza pura\u00bb). S\u00f3lo con la sobrenaturalidad de la g. se indica el motivo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo por el que la Iglesia afirma que la g. es indebida, y que el hombre no puede merecerse por sus propias fuerzas, de suerte que, por s\u00ed\u00ad solo, \u00e9l no es capaz de prepararse positivamente para recibirla, ni de pedirla por la oraci\u00f3n (Dz 134s 141 176s 797 813 etc.). Y el motivo adecuado de esa incapacidad no puede ser solamente la (f\u00e1ctica) condici\u00f3n pecadora del hombre.<\/p>\n<p>b) Explicaci\u00f3n sistem\u00e1tica<br \/>\n1\u00c2\u00ba. La autocomunicaci\u00f3n de Dios en su vida interna, lo mismo como dada (en s\u00ed\u00ad) como que aceptada por el hombre, es una benevolencia esencialmente libre, personal e indebida de Dios. Es en s\u00ed\u00ad misma regalo libre al hombre. Y constituye un don libre, no s\u00f3lo con relaci\u00f3n al hombre pecador, que se cierra culpablemente a la oferta que Dios hace de s\u00ed\u00ad mismo y a su voluntad expresada en toda la realidad humana; sino ya previamente a todo eso. En efecto, la capacidad de la criatura para vivir con Dios en amor personal, en que \u00e9l se comunica a s\u00ed\u00ad misma, es favor indebido de parte suya (pues toda personal abertura de s\u00ed\u00ad mismo es esencialmente favor lib\u00e9rrimo), y, por otro lado, la criatura espiritual (aun suponi\u00e9ndola ya constituida) no puede recibir este favor como un elemento inherente de alg\u00fan modo a su propia esencia (inocente), sino que lo experimenta como don alcanzado en el curso de un di\u00e1logo (de una aut\u00e9ntica historia). Es decir, ese don presupone al destinatario y, por tanto, no puede considerarse como un elemento que pertenece necesariamente al ser de la naturaleza creada. Para que esta comunicaci\u00f3n de Dios mismo no quede desvirtuada al aceptarla el hombre finito (conforme a la esencia y al patr\u00f3n de la criatura finita), convirti\u00e9ndose en un acontecimiento que permanezca en el \u00e1mbito de lo puramente finito (con lo cual se suprimir\u00ed\u00ada la comunicaci\u00f3n de Dios mismo como tal), tambi\u00e9n la aceptaci\u00f3n (en cuanto tal) ha de estar soportada por Dios, de igual manera que el don. La comunicaci\u00f3n en cuanto tal produce tambi\u00e9n la aceptaci\u00f3n; la potencia actual y pr\u00f3xima de esta aceptaci\u00f3n es igualmente g. lib\u00e9rrima. Esto se ve muy claramente en la fe. Para que la revelaci\u00f3n, como o\u00ed\u00adda, permanezca realmente palabra de Dios y no se convierta en palabra sobre Dios producida por \u00e9l (y como tal sabida) una y otra cosa no son lo mismo, puesto que en el segundo caso entra en juego el horizonte aprior\u00ed\u00adstico de intelecci\u00f3n de la criatura finita -, en la gracia de la fe (luz de la fe) Dios mismo tiene que hacerse principio constitutivo del acto de o\u00ed\u00adr la revelaci\u00f3n. Pero la g. como comunicaci\u00f3n de Dios mismo es principio constitutivo, no s\u00f3lo de la \u00abpotencia\u00bb para su aceptaci\u00f3n (en lo que la teolog\u00ed\u00ada llama los &#8211;h\u00e1bitos sobrenaturales de la ->fe, de la &#8211;> esperanza y del &#8211;> amor), sino tambi\u00e9n del \u00abacto\u00bb libre de la aceptaci\u00f3n mediante aquello que la teolog\u00ed\u00ada entiende por indebida g. \u00abeficaz\u00bb para la acci\u00f3n realizada de hecho. Pues esta comunicaci\u00f3n de Dios como causa de su propia aceptaci\u00f3n es libre incluso en lo relativo a la realizaci\u00f3n de la concreta aceptaci\u00f3n libre, que, precisamente como libre y concretamente indeductible, es el \u00fanico medio por el que puede recibirse esa comunicaci\u00f3n como divina y personal. Cabe, naturalmente, decir que la libre causaci\u00f3n divina de la aceptaci\u00f3n, la g. eficaz como tal, se debe a circunstancias (explicadas a la manera de Ba\u00f1ez o de Molina) que pueden distinguirse de la comunicaci\u00f3n sobrenatural en cuanto tal. Pero entonces no hemos de ignorar que la comunicaci\u00f3n de Dios, por su car\u00e1cter personal, libre y singular bajo ambos aspectos exige en virtud de su esencia estas circunstancias indebidas, libremente puestas, como su propia concreci\u00f3n; es decir, la gratuidad de la g. eficaz como tal es exigida por la esencia de la comunicaci\u00f3n divina, y s\u00f3lo ella hace de \u00e9sta un acontecimiento singular del amor libre.<\/p>\n<p>2 \u00c2\u00b0 En cuanto la libre comunicaci\u00f3n de Dios en Cristo y su Esp\u00ed\u00adritu debe ser aceptada por la criatura espiritual mediante una respuesta dada en un di\u00e1logo libre tambi\u00e9n por su parte, se presupone una permanente constituci\u00f3n del hombre (puesta libremente por el Dios creador), la cual presenta las siguientes caracter\u00ed\u00adsticas: 1\u00c2\u00aa, antecede a la comunicaci\u00f3n de Dios (o sea, es presupuesta por \u00e9sta como condici\u00f3n de su posibilidad), de tal modo que el hombre (como socio hist\u00f3rico ya creado) ha de recibir esa comunicaci\u00f3n como libre favor que se le concede contingentemente, sin posibilidad de calcularlo desde su propia naturaleza, o sea, como un don que no va transcendentalmente inherente a la autorrealizaci\u00f3n del hombre, aunque \u00e9l est\u00e1 esencial y obligatoriamente abierto a tal comunicaci\u00f3n de Dios mismo (por la &#8211;>potencia obediencial y el -> existencial sobrenatural) y, si la rechaza, cae en la perdici\u00f3n con todo su ser; 2\u00c2\u00aa, permanece (si bien en forma de absurdo y de condenaci\u00f3n) incluso cuando el hombre se cierra a la comunicaci\u00f3n de Dios. El \u00abdestinatario\u00bb de la comunicaci\u00f3n divina, que \u00e9sta se antepone como condici\u00f3n de su venida, gratuita y hecha posible s\u00f3lo por ella misma, en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica recibe el nombre de -> naturaleza humana. De ah\u00ed\u00ad que el concepto propiamente teol\u00f3gico de \u00abnaturaleza\u00bb no signifique un estrato de la realidad inteligible en s\u00ed\u00ad mismo, experimentado solamente por nuestros propios medios (independientemente de una g. no experimentable), al cual se superponga una realidad superior, conocida por la revelaci\u00f3n. \u00abNaturaleza\u00bb es m\u00e1s bien aquella realidad que la comunicaci\u00f3n divina por la que la creacion se antepone a si misma como su posible destinatario, de forma que, frente a \u00e9ste, permanece lo que ella es: libre don del amor. As\u00ed\u00ad, pues, la naturaleza, a diferencia de lo sobrenatural, es entendida como un factor necesario en un todo superior, que es experimentado en la g. e interpretado en la revelaci\u00f3n. La diferencia entre -> naturaleza y g. debe entenderse partiendo de la primigenia unidad de la libre comunicaci\u00f3n de Dios mismo como amor. Esa noci\u00f3n teol\u00f3gica de \u00abnaturaleza\u00bb tampoco implica (lo cual a la postre, es una tergiversaci\u00f3n nominalista) que \u00e9sta coincide con el reino de lo experimentable. M\u00e1s bien, mejor puede experimentarse lo que no es \u00abnaturaleza\u00bb (cf. p. ej., G\u00e1l 3, 1-5); y no es a priori evidente que el hombre haya de experimentar de hecho todo lo que forma parte de la naturaleza.<\/p>\n<p>3\u00c2\u00aa. En este sentido, la g. de la comunicaci\u00f3n de Dios es \u00absobrenatural\u00bb, o sea, indebida al hombre (y a toda criatura), con anterioridad a su indignidad como pecador, de modo que no est\u00e1 ya dada con su esencia inadmisible (con su \u00abnaturaleza\u00bb), y, por tanto, Dios puede dejar de concederla al hombre (aunque, una vez ofrecida, \u00e9ste se hace culpable si la rechaza). Es indebida como participaci\u00f3n de una realidad que de suyo s\u00f3lo pertenece a Dios y, adem\u00e1s, lo es por la raz\u00f3n de que s\u00f3lo puede recibirse si Dios concede gratuitamente la posibilidad para ello.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s del concepto explicado de la \u00absobrenatural en s\u00ed\u00ad mismo\u00bb o absolutamente sobrenatural, que supera la naturaleza, las \u00abfuerzas\u00bb y las \u00abexigencias\u00bb de toda criatura por la esencia del don mismo y no meramente por la manera de comunicarlo, la teolog\u00ed\u00ada conoce la noci\u00f3n de lo \u00abpreternatural\u00bb, es decir, de una realidad que s\u00f3lo supera las exigencias de una naturaleza determinada (p. ej., del hombre a diferencia de los \u00e1ngeles); o bien, de una realidad que, aun hall\u00e1ndose de alg\u00fan modo en la dimensi\u00f3n (en el alcance, en las aspiraciones) de una misma o a la manera de conseguirla no puede ser exigida como patrimonio de la esencia (p. ej., exenci\u00f3n de la concupiscencia, liberaci\u00f3n milagrosa de una enfermedad, etc.).<\/p>\n<p>3. Gracia sanante<br \/>\nCon lo dicho no se relega a segundo t\u00e9rmino o se desconoce la g. \u00abmisericordiosa\u00bb (que perdona). El hombre concreto se halla siempre &#8211; por sus meras fuerzas &#8211; en una doble situaci\u00f3n inseparable: la de criatura y la de pecador. Para la experiencia concreta ambos componentes se condicionan y esclarecen mutuamente. La condici\u00f3n defectible de la criatura finita no es ya simplemente pecado, pero en \u00e9ste sale aqu\u00e9lla inexorablemente a la luz; y la pecabilidad obliga al hombre irremediablemente a concebirse a s\u00ed\u00ad mismo como criatura absolutamente finita, para la cual la misericordia divinizante de Dios es siempre y en todo caso g. suya. Esto significa que, en cuanto la g. divinizante es concebida al pecador y, como comunicaci\u00f3n ofrecida por el Dios santo, implica en \u00e9l el deseo de perdonar, y, como aceptada por la g., incluye el perd\u00f3n de la culpa; esta g. es indebida por un nuevo concepto, por la raz\u00f3n de que se ofrece a quien es positivamente indigno de ella. Por eso no ha de maravillarnos que toda la doctrina tridentina sobre la g. justificante, aun cuando se refiera a la g. sobrenatural, no est\u00e1 concebida bajo el esquema de la \u00abelevaci\u00f3n\u00bb de una naturaleza, sino bajo el del perd\u00f3n concedido al imp\u00ed\u00ado (Dz 790s 793-802). Lo cual significa que la necesidad propiamente dicha de redenci\u00f3n tiene un alcance tan amplio y radical como la posibilidad de elevaci\u00f3n del hombre a la vida de Dios.<\/p>\n<p>Esta g. sanante, y con ello tambi\u00e9n la g. elevante en cuanto se da al hombre sometido al pecado original, es pura g. de Cristo (Dz 55 790 793s 811s etc.; ->redenci\u00f3n). Adem\u00e1s, puede defenderse plenamente que tambi\u00e9n la g. elevante del estado original (estados del ->hombre) fue g. de Cristo. Pues, en su cristocentrismo de la realidad entera, puede de todo punto admitirse que la creaci\u00f3n y realizaci\u00f3n del mundo, en virtud de la gratuita comunicaci\u00f3n de Dios mismo, de antemano fue querida por \u00e9l como un factor de su donaci\u00f3n a lo divino, la cual alcanza su cima, su esencia plena y su irreversibilidad hist\u00f3rica en el Dios-hombre; es m\u00e1s, la encarnaci\u00f3n y la divinizaci\u00f3n del mundo por la g. pueden considerarse como factores, que necesariamente se condicionan entre s\u00ed\u00ad, de este singular comunicaci\u00f3n radical. Ambos factores son libres, pues toda esta comunicaci\u00f3n es libre, sin que haya de mirarse uno separadamente del otro. Por proceder de Cristo, la g., incluso como divinizante, tiene un car\u00e1cter eminentemente hist\u00f3rico y dialog\u00ed\u00adstico, o sea, constituye una merced de Dios que (sin perjuicio de su esencia misma, que siempre se extiende ineludiblemente a todos los tiempos y lugares [cf. Dz 160b 1295 1356 1414 1518 etc.1) depende del \u00abacontecimiento\u00bb de Jesucristo. Por eso reviste un car\u00e1cter incarnatorio, sacramental y eclesiol\u00f3gico (-> Iglesia como cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo, &#8211;>sacramento), e incorpora al hombre agraciado a la vida y muerte de Cristo.<\/p>\n<p>4. Gracia increada y creada<br \/>\nPor el punto de partida adoptado es f\u00e1cil comprender que la g. propiamente dicha (de la justificaci\u00f3n), como estrictamente sobrenatural, es ante todo Dios mismo, que se comunica con su propia esencia: g. increada (cf. tambi\u00e9n &#8211;> trinidad, -> Esp\u00ed\u00adritu Santo, -> misterio, -> justificaci\u00f3n). Con ello queda excluida a limine una concepci\u00f3n cosificada de la g., que la pusiera a la disposici\u00f3n aut\u00f3noma del hombre. La doctrina del concilio de Trento sobre la g. \u00abinherente\u00bb (Dz 800 821), no es una proposici\u00f3n que trate de impugnar esto, o que, fuera formulada con la vista puesta en el problema de la distinci\u00f3n entre g. creada e increada (\u00e9sta tambi\u00e9n es mencionada: Dz 13 799 898 1013 1015); se propone solamente enunciar la verdad de que la justificaci\u00f3n por verdadera regeneraci\u00f3n consiste en la constituci\u00f3n de una nueva criatura, de un templo habitado realmente por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios mismo, de un hombre que est\u00e1 unido y sellado por el Esp\u00ed\u00adritu y ha nacido de Dios; pretende afirmar que el justificado no s\u00f3lo ha de considerarse justo en un \u00abcomo-si\u00bb forense, sino que lo es verdaderamente (Dz 799s 821). Nociones como \u00abinherente\u00bb, \u00abaccidental\u00bb, etc., pueden entenderse en este contexto independientemente de la cuesti\u00f3n de la distinci\u00f3n entre g. creada e increada. Pero, evidentemente, esas nociones hacen referencia a algo implicado en el concepto mismo de g., a saber, el hecho de que el hombre en s\u00ed\u00ad se hace una criatura nueva por esta comunicaci\u00f3n de Dios, o sea, la existencia de una g. \u00abcreada\u00bb y \u00abaccidental\u00bb, que no se da autom\u00e1ticamente con la naturaleza del hombre, pero queda injertada en \u00e9sta.<\/p>\n<p>C\u00f3mo haya que definir m\u00e1s exactamente la relaci\u00f3n entre g. creada e increada, es un punto sobre el que no hay acuerdo en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica. La g. creada puede entenderse: como presupuesto y consecuencia de la g. increada, que Dios comunica en una causalidad cuasiformal (como disposici\u00f3n material para la \u00abforma\u00bb, la cual, al comunicarse, produce previamente esta disposici\u00f3n, de modo que ambas realidades se condicionan en una causalidad mutua); o como un momento implicado en la g. increada (actuaci\u00f3n creada por el acto increado: De la Taille). Pero tambi\u00e9n cabe entender la g. increada (lo cual se hizo usual desde el Tridentino, a pesar de su insuficiencia y de ir contra las \u00faltimas tendencias de Tom\u00e1s [Dockx, etc.]) como mera consecuencia de la g. creada (considerando que la inhabitaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo se da con la g. creada en cuanto tal). Sobre todos estos puntos no reina unanimidad en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica. En todo caso, teniendo en cuenta Dz 2290 se puede sostener perfectamente que la g. increada es la primera g. y la que sostiene esencialmente todo el agraciamiento del hombre. Y esa g. increada es la \u00fanica que hace inteligible la verdadera y estricta sobrenaturalidad de la gracia.<\/p>\n<p>5. Gracia actual y habitual<br \/>\na) Doctrina del magisterio<br \/>\n1\u00c2\u00ba. Sobre la g. \u00abhabitual\u00bb de la justificaci\u00f3n, cf. -> justificaci\u00f3n, -> virtudes, -> Esp\u00ed\u00adritu Santo, -> visi\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>2\u00c2\u00ba. Sobre la g. \u00abactual\u00bb. En el sentido que delimitaremos m\u00e1s exactamente en b) est\u00e1 definida la existencia de la g. actual, en cuanto es verdad definida, contra el -* pelagianismo y el semipelagianismo, la absoluta necesidad de la g. para toda obra salv\u00ed\u00adfica (Dz 103ss 176ss 811ss). Como quiera que a estos actos saludables pertenece tambi\u00e9n, contra la doctrina del semipelagianismo, toda preparaci\u00f3n (positiva) a la fe y justificaci\u00f3n, s\u00ed\u00adguese que la g. previene al hombre, sin merecimiento alguno, en su obrar salv\u00ed\u00adfico (Dz 797; g. \u00abpreveniente\u00bb; sobre la cooperaci\u00f3n con esta g. cf. despu\u00e9s en 8). Ante el hecho de la universal voluntad salvadora de Dios, por un lado, y de la pecabilidad del hombre, por otro, puede concluirse la existencia de una g. ofrecida que no llega a hacerse eficaz, o sea, de una g. meramente \u00absuficiente\u00bb, cuya existencia est\u00e1 definida contra el -> jansenismo (Dz 797 814 1093 1295 1521 1791). De donde se sigue que la esencia de la g. no puede deberse exclusivamente a la omnipotencia irresistible de Dios (Dz 1359-1375). La distinci\u00f3n entre g. actual meramente suficiente y g. eficaz est\u00e1 fundada seg\u00fan la doctrina casi general (tanto del tomismo como del molinismo: -> gracia y libertad), en la elecci\u00f3n de Dios, a pesar de la libertad humana para la aceptaci\u00f3n o la resistencia (de lo contrario la perseverancia efectiva no ser\u00ed\u00ada g. particular de Dios: Dz 806 826). La g. actual es iluminaci\u00f3n e inspiraci\u00f3n (Dz 135ss 180 797 1521 1791). No es considerada solamente como gratuita (indebida) (Dz 135s 797s 801 1518), sino tambi\u00e9n como sobrenatural en el mismo sentido que la g. de la justificaci\u00f3n (cf. Dz 1789ss), lo cual es obvio dada su absoluta necesidad (no s\u00f3lo relativa o moral) para el acto saludable. Consiguientemente, no s\u00f3lo consiste en circunstancias externas, dispuestas u ordenadas por la providencia de Dios, que favorecen el obrar religioso del hombre, sino que es tambi\u00e9n (concretamente en su totalidad) g. \u00abinterior\u00bb en el mismo sentido que la g. santificante.<\/p>\n<p>b) Visi\u00f3n sistem\u00e1tica<br \/>\nPartiendo de la doctrina antipelagiana de la teolog\u00ed\u00ada occidental sobre la necesidad de la g. para los actos saludables del hombre (bajo la modalidad procedente de Agust\u00ed\u00adn: g. como inspiraci\u00f3n del amor justificante), la g. es en primer lugar ayuda (concedida de modo permanente u ofrecida siempre por la voluntad salvadora de Dios) para el acto y, en este sentido, g. \u00abactual\u00bb (aqu\u00ed\u00ad no se reflexiona sobre el \u00abestado de g.\u00bb de los ni\u00f1os peque\u00f1os libres del reato del pecado original despu\u00e9s del bautismo). No podemos exponer aqu\u00ed\u00ad la evoluci\u00f3n de la doctrina en la baja y la alta edad media. Notemos de paso que el conocimiento del car\u00e1cter sobrenatural de la g. se desarrolla como conocimiento de la g. \u00abhabitual\u00bb de la justificaci\u00f3n. Y as\u00ed\u00ad inicialmente el acto salv\u00ed\u00adfico se identificaba con el que est\u00e1 soportando por la justificaci\u00f3n. Pero, en todo caso, este hecho y el de que hasta hoy no se haya logrado acuerdo sobre la cuesti\u00f3n de si para todo acto salv\u00ed\u00adfico del justificado, adem\u00e1s de la g. habitual, se requiere una gracia actual, sobrenatural y elevante, o por el contrario, para ello basta la g. habitual, muestran que el concepto de auxilio sobrenatural elevante no puede de antemano identificarse con el concepto de g. actual en la acepci\u00f3n casi universal de nuestros d\u00ed\u00adas. Este concepto es deducido de los actos sobrenaturales de preparaci\u00f3n a la justificaci\u00f3n. Sin prueba real se supone que tales actos no pueden ser puestos por la g. de la justificaci\u00f3n previamente ofrecida (es decir, por una g. \u00abhabitual\u00bb que se va actualizando din\u00e1micamente). Si aceptamos, adem\u00e1s, la doctrina de los tomistas contra Molina, discutida pero totalmente razonable (e incluso mejor), seg\u00fan la cual la g. dada para el acto eleva tambi\u00e9n la \u00abpotencia\u00bb del hombre (a fin de que \u00e9ste no s\u00f3lo reciba, sino que adem\u00e1s ponga el acto salv\u00ed\u00adfico), podremos decir lo siguiente: La doctrina obligatoria de la Iglesia distingue entre la g. actual sobrenatural elevante y la g. habitual solamente en cuanto es una verdad segura que hay actos saludables del hombre no justificado, por los cuales \u00e9l se prepara a la &#8211;>justificaci\u00f3n con una g. preveniente, que es absolutamente necesaria. Si esta g. tan necesaria es lo mismo, o no, que la comunicaci\u00f3n de Dios, mismo, la cual, al producirse, posibilita y sostiene tambi\u00e9n su aceptaci\u00f3n; si, consiguientemente, esta g. habitual en el adulto se identifica o no con la comunicaci\u00f3n misma de Dios como libremente aceptada, son puntos sobre los que no hay ninguna declaraci\u00f3n del magisterio de la Iglesia, ni un consentimiento doctrinal. La distinci\u00f3n, en cuanto es obligatoria, tiene este sentido: la g. es \u00abhabitual\u00bb en cuanto la comunicaci\u00f3n de Dios se ofrece permanentemente al hombre (desde el bautismo) y en cuanto (en el adulto) es aceptada libremente, y, por cierto, en diversa medida. Esta misma g. se llama \u00abactual\u00bb en cuanto sostiene el acto de su aceptaci\u00f3n (acto existencial y esencialmente graduado, realizable siempre de nuevo) y en \u00e9l se actualiza a s\u00ed\u00ad misma. Esa concepci\u00f3n corresponde tambi\u00e9n a la idea tomista del crecimiento de la gracia.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad resulta que la divisi\u00f3n de todo el tratado de la g., usual despu\u00e9s del concilio de Trento, en una secci\u00f3n sobre la g. actual y otra sobre la g. habitual, es muy extr\u00ed\u00adnseca y no responde adecuadamente a la unidad y naturaleza de la \u00fanica g., que diviniza la naturaleza, las potencias y la autorrealizaci\u00f3n del hombre. Todas las gracias actuales son el desarrollo din\u00e1mico de la \u00fanica g. divinizante en los actos del hombre, bien como ofrecida (g. actual para la justificaci\u00f3n), o bien como ya aceptada (g. actual para el m\u00e9rito del hombre ya justificado). S\u00f3lo se distinguen entre s\u00ed\u00ad por los distintos grados de aceptaci\u00f3n existencial de esta g. \u00fanica (g. para la mera fe, para la fe que espera, para el amor que integra en s\u00ed\u00ad la fe).<\/p>\n<p>6. La gracia como liberadora del hombre libre<br \/>\nA pesar del pecado original y de la concupiscencia, el hombre es libre (Dz 792s 798 814ss); asiente, pues, libremente a la g. preveniente o la rechaza libremente (Dz 134 140 160a 196 793s 1093 1095 1521 1791 2305). En este sentido hay que hablar de una rec\u00ed\u00adproca cooperaci\u00f3n (Dz 182 200 797 814). Pero esto no significa un \u00absinergismo\u00bb que divida en partes el efecto salv\u00ed\u00adfico. Pues no s\u00f3lo es g. de Dios la capacidad para obrar salv\u00ed\u00adficamente (el h\u00e1bito infuso o la preveniente g. suficiente), sino tambi\u00e9n el mismo asentimiento libre (que tomistas y molinistas presupusieron como evidente per se en la controversia sobre la g., de suerte que la Iglesia no tuvo que decidirse por ninguno de los partidos; cf. Dz 176s 182, etc.). As\u00ed\u00ad, pues, la g. misma libera nuestra &#8211;> libertad (formal) en su capacidad y acci\u00f3n para el obrar saludable, ella misma la cura, de suerte que la situaci\u00f3n de esta libertad para dar a Dios el s\u00ed\u00ad o el no, no es la de elecci\u00f3n aut\u00f3noma y emancipada (Dz 200 321s 325); m\u00e1s bien, cuando el hombre dice no, hace su propia obra; cuando dice libremente s\u00ed\u00ad, debe atribuir a Dios este s\u00ed\u00ad como don suyo.<\/p>\n<p>7. Gracia sanante y gracia sobrenatural elevante<br \/>\nLa doctrina sobre la distinci\u00f3n entre la naturaleza y la g. sobrenatural elevante, que agracia con la donaci\u00f3n de Dios mismo, por un lado, y la doctrina sobre la concupiscencia (como incitaci\u00f3n al ->pecado incluso contra la ley de la naturaleza), lo cual s\u00f3lo puede ser vencida por una g. particular de Dios, sin que por eso el hombre no justificado peque de nuevo en cada acci\u00f3n, por otro lado, llevaron poco a poco a una distinci\u00f3n entre la necesidad de la g. para el deiforme acto salv\u00ed\u00adfico y la necesidad del auxilio de Dios para la observaci\u00f3n de la ley natural, entre la g. elevante y la sanante. Aunque esta distinci\u00f3n todav\u00ed\u00ada no aparezca clara en el concilio de Orange (529) y no se resalte expresamente en el Tridentino, sin embargo est\u00e1 all\u00ed\u00ad la doctrina sobre la funci\u00f3n medicinal del auxilio divino (Dz 103 132 135 186s 190 806 832, etc.); puesto que este aspecto del auxilio divino se opone directamente al -> pelagianismo.<\/p>\n<p>Lo mismo hemos de decir sobre la doctrina de que, a la larga, sin esta ayuda no puede observarse (ni se observa) la \u00absubstancia\u00bb de la ley natural. Por otra parte, como se debe mantener, contra los reformadores, Bayo y el jansenismo (cf. tambi\u00e9n &#8211;> agustinismo, B), que los no justificados pueden hacer actos saludables con ayuda de la g., y que por la ausencia (supuesta) de \u00e9sta no todo acto se convierte en un nuevo pecado (Dz 817s 1025 1035 1037 1040 1297s 1301 1395 1409 1523 etc.); se desprende como consecuencia que la absoluta necesidad de la g. salv\u00ed\u00adfica para el acto saludable y el auxilio s\u00f3lo relativo para el obrar moral dentro de la ley natural (\u00abacto honesto\u00bb) no pueden ser simplemente dos aspectos de una sola y misma acci\u00f3n divina en el hombre, sino que el auxilio sanante y la g. sobrenatural han de distinguirse entre s\u00ed\u00ad. Esto implica que el auxilio medicinal puede entenderse como externo, e igualmente la posibilidad de que en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica todav\u00ed\u00ada est\u00e9 abierta la cuesti\u00f3n de si la g. sanante en cuanto tal (incluso como meramente suficiente) es o no indebida en todo caso, y de si ha de considerarse siempre como g. de Cristo. Sin embargo, la relaci\u00f3n entre estos dos auxilios de la g. no queda completamente explicada con esta necesaria distinci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aunque es indiscutible la posibilidad de actos aislados puramente humanos en el terreno del conocimiento religioso (Dz 1785s 2320 2317) y la de un obrar conforme con la ley natural, no obstante, todav\u00ed\u00ada puede disputarse libremente si de hecho se dan actos morales meramente \u00abhonestos\u00bb, es decir, sin ninguna importancia positiva para la salvaci\u00f3n, o si, por el contrario, todos esos actos, en el caso de que se den realmente, son tambi\u00e9n salv\u00ed\u00adficos en virtud de una g. elevante. La segunda sentencia (en el sentido de Ripalda o de V\u00e1zquez) no ha sido condenada por la Iglesia. La respuesta a esta cuesti\u00f3n depende ampliamente de la pregunta abierta sobre cu\u00e1l es la &#8211;>fe (sin la cual no hay actos saludables ni justificaci\u00f3n: Dz 1173 801 789 798) que se requiere como presupuesto y momento interno del acto salv\u00ed\u00adfico. Si basta una fe \u00abvirtual\u00bb (en el sentido, p. ej. de Straub), son posibles la justificaci\u00f3n en un -> bautismo de deseo y, por tanto, los actos saludables en todo hombre de buena voluntad (aun sin contacto con la revelaci\u00f3n p\u00fablica). Si se le reconoce tambi\u00e9n a la g. elevante una eficacia psicol\u00f3gica, es decir, si ella en todo caso lleva consigo, seg\u00fan la doctrina tomista, un nuevo horizonte de conocimiento (un objeto formal propio, aunque no aprehendido reflejamente), y si este nuevo horizonte sobrenatural de conocimiento, dentro del cual se aprehenden objetos morales y religiosos que de suyo son de orden \u00abnatural\u00bb, puede considerarse como una especie de aut\u00e9ntica revelaci\u00f3n divina (\u00abtranscendental\u00bb) y en este sentido como fe (sin que medie una afirmaci\u00f3n refleja); en tal caso el problema admite una soluci\u00f3n m\u00e1s f\u00e1cil: en virtud de la g. elevante que se ofrece como consecuencia de la universal voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios, todo acto radicalmente moral se realiza bajo un horizonte sobrenatural de inteligibilidad, y as\u00ed\u00ad siempre es tambi\u00e9n fe (en una manera \u00abtranscendental\u00bb) y, por una y otra raz\u00f3n, acto salv\u00ed\u00adfico, de forma que todo acto moral (honesto) es de hecho tambi\u00e9n una acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica. Pero si esto es as\u00ed\u00ad (lo cual concuerda con el optimismo salv\u00ed\u00adfico del Vaticano ii [cf. Lumen gentium, n .o 16; Dei Verbum, n\u00famero 221, puesto que \u00e9l ense\u00f1a la posibilidad de salvaci\u00f3n y de fe incluso para aquellos que no han recibido el mensaje del Evangelio), s\u00ed\u00adguese que la g. sanante puede considerarse en todos los casos como din\u00e1mica de la g. elevante y como un conjunto de circunstancias externas que acompa\u00f1an a \u00e9sta, y por tanto es un factor en un acontecer de la g., que, en medio del cristocentrismo universal de la historia humana, por el amoroso prop\u00f3sito divino de comunicaci\u00f3n a la creaci\u00f3n, tiende a la realizaci\u00f3n de lo humano y cristiano en el hombre.<\/p>\n<p>Karl Rahner<br \/>\nC) GRACIA Y LIBERTAD<\/p>\n<p>I. El problema<br \/>\n1. El problema de la relaci\u00f3n entre -> gracia y &#8211;>libertad es una cuesti\u00f3n interna de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica. La cuesti\u00f3n surge de la dificultad de salvar simult\u00e1neamente dos datos reales: a) el hombre es realmente libre al poner un acto salv\u00ed\u00adfico, pudiendo por tanto rehusar la g. ofrecida para tal acto; b) y, sin embargo, para ese acto salv\u00ed\u00adfico necesita absolutamente la interna g. divina. Pero esta g. no logra solamente su efecto por el consentimiento del hombre, sino que de antemano tiene en s\u00ed\u00ad la virtud de producir de hecho tal consentimiento. Dios podr\u00ed\u00ada denegar esa g. eficaz, sin que por ello el hombre quedara excusado cuando peca, puesto que tambi\u00e9n entonces es capaz de poner el acto saludable (mediante la g. \u00absuficiente\u00bb).<\/p>\n<p>2. La libertad humana y el soberano poder de Dios y de su gracia est\u00e1n atestiguados en la Sagrada Escritura. Pero el problema tiene adem\u00e1s su importancia existencial: en lo relativo a la salvaci\u00f3n el hombre no puede declinar su responsabilidad; y, sin embargo, cuando obra salv\u00ed\u00adficamente debe atribuir el m\u00e9rito a Dios y reconocer que \u00e9l le ha otorgado en su gracia no s\u00f3lo la capacidad de obrar, sino tambi\u00e9n el obrar mismo.<\/p>\n<p>3. El problema se ampl\u00ed\u00ada luego especulativamente en la teolog\u00ed\u00ada, quedando formulado en esta cuesti\u00f3n: \u00bfc\u00f3mo se comporta la acci\u00f3n de Dios (en su cooperaci\u00f3n) con el acto libre del hombre (tambi\u00e9n con el acto naturalmente bueno y con el moralmente malo)?<br \/>\nII. El recto punto de partida para la soluci\u00f3n del problema<br \/>\n1. Dado que Dios es el -> misterio, la relaci\u00f3n entre Dios y el mundo es necesariamente misteriosa. En consecuencia s\u00f3lo se puede hablar de \u00e9l oscilando entre un doble enunciado dial\u00e9ctico, propio del lenguaje an\u00e1logo (-> analog\u00ed\u00ada del ser).<\/p>\n<p>2. La diversidad entre Dios y la criatura &#8211; a diferencia de cualquier otra dependencia causal intramundana &#8211; se caracteriza precisamente por el hecho de que la autonom\u00ed\u00ada (el ser propio) de la criatura y su dependencia de Dios no est\u00e1n en proporci\u00f3n inversa, sino directa. La causalidad de Dios es la que produce la verdadera diferencia entre \u00e9l y la criatura, la que crea la realidad aut\u00f3noma con su propio ser. Esta relaci\u00f3n de \u00ed\u00adndole transcendental, y no categorial (que ser\u00ed\u00ada totalmente diversa), alcanza su punto culminante en la relaci\u00f3n entre Dios y el ser libre junto con sus actos libres. El origen transcendental del acto libre en Dios implica precisamente su posici\u00f3n como tal acto libre, su entrega a la criatura para que lo reciba bajo su propia responsabilidad. Este radicalismo de la m\u00e1s aut\u00e9ntica creaci\u00f3n, en la que toda creaci\u00f3n alcanza su sentido, es el misterio de la \u00abcoexistencia\u00bb entre Dios y criatura libre, misterio que no puede desentra\u00f1arse ulteriormente.<\/p>\n<p>III. Intentos cl\u00e1sicos de soluci\u00f3n<br \/>\nTodos tienen de com\u00fan el querer esclarecer el misterio de esta relaci\u00f3n recurriendo a un tercer elemento (ideal o real), distinto de Dios y de la acci\u00f3n libre, a base del cual se proponen mediar entre la soberan\u00ed\u00ada de la g. y la autonom\u00ed\u00ada de la libertad.<\/p>\n<p>1. El tomismo de B\u00e1\u00f1ez (it 1604)<br \/>\nEl apela a Tom\u00e1s. Pero se disputa sobre la legitimidad de esta apelaci\u00f3n, pues algunos creen descubrir rasgos escotistas en su doctrina. El n\u00facleo de la misma est\u00e1 en la concepci\u00f3n metaf\u00ed\u00adsica acerca de la necesidad y naturaleza de la \u00abpremoci\u00f3n f\u00ed\u00adsica\u00bb en todo acto de la criatura (no s\u00f3lo en el positivo acto salv\u00ed\u00adfico). Seg\u00fan esta doctrina, para que la criatura pueda pasar de la potencia al acto, tiene absoluta necesidad de una \u00abpremoci\u00f3n\u00bb, que consiste en una entidad creada pasajera, producida por Dios solo. Esta moci\u00f3n previa es diferente de Dios (y de su influjo causal en el acto de la criatura), y es tambi\u00e9n diferente de la potencia y del acto de la criatura. Sin embargo, determina infaliblemente este acto, en su esencia y en su realidad objetiva. Cuando se trata de un acto libre (bueno o malo), la premoci\u00f3n f\u00ed\u00adsica mueve infaliblemente hacia este acto, anteriormente a la libertad del mismo.<\/p>\n<p>En su predeterminaci\u00f3n Dios elige una premoci\u00f3n concreta y as\u00ed\u00ad, en virtud de su propia elecci\u00f3n absolutamente soberana, da a la criatura, o bien solamente el acto bueno, o bien solamente el acto malo, como acci\u00f3n libre de aqu\u00e9lla. Cuando esta promoci\u00f3n mueve por su propia naturaleza intr\u00ed\u00adnseca el acto saludable positivo, se llama g. actual eficaz, en contraposici\u00f3n a la g. suficiente, que da la plena potencia, pero no el acto mismo.<\/p>\n<p>Cr\u00ed\u00adtica: La tesis seg\u00fan la cual la causalidad transcendental de Dios por s\u00ed\u00ad misma causa tambi\u00e9n el acto libre en cuanto tal, con todos sus aspectos positivos, y, por ser divina, precede \u00abl\u00f3gicamente\u00bb a la creada como su fundamento, es sin duda exacta y no puede impugnarse. Pero en cuanto la premoci\u00f3n f\u00ed\u00adsica lleva aneja una entidad finita, distinta de Dios y de su acto transcendental (aunque causada por \u00e9l), la cual distingui\u00e9ndose del acto libre de la criatura, lo determina infaliblemente y, sin embargo, lo causa como acto libre, se cae indudablemente en una contradicci\u00f3n: pues una realidad de naturaleza de ese acto, destruye la libertad de elecci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. Molinismo<br \/>\nSeg\u00fan el molinismo, Dios conserva su libertad soberana frente a la libertad humana. El puede dirigir esa libertad sin lesionarla seg\u00fan su benepl\u00e1cito, porque en su ciencia media conoce el \u00abfuturible libre\u00bb en su realidad objetiva ideal. Dios sabe lo que cada libertad har\u00ed\u00ada o har\u00e1 libremente en cada situaci\u00f3n que \u00e9l hiciera o har\u00e1 surgir. Por consiguiente, si Dios quiere obtener un determinado acto libre de la criatura, le basta con realizar la situaci\u00f3n en la que por su ciencia media sabe que la criatura en cuesti\u00f3n pondr\u00e1 libremente dicho acto determinado. As\u00ed\u00ad, pues, con prioridad l\u00f3gica al efectivo acto libre, Dios conoce y dirige mediante su ciencia media la libertad f\u00e1ctica de la criatura, y esto sin violentarla, porque esta direcci\u00f3n se basa a su vez en el conocimiento de la libre decisi\u00f3n condicionadamente futura del hombre, cuya peculiaridad en cuanto tal no es determinada por Dios. Si Dios, en raz\u00f3n de su ciencia media elige y realiza una situaci\u00f3n en la que el hombre obrar\u00e1 saludablemente, entonces esta situaci\u00f3n es una \u00abgracia eficaz\u00bb en sentido molinista, aunque intr\u00ed\u00adnsecamente no se distinga de otra gracia meramente \u00absuficiente\u00bb bajo la cual el hombre, hubiera podido obrar saludablemente, pero de hecho no obra as\u00ed\u00ad, cosa que Dios conoce ya antes de la decisi\u00f3n efectiva, por la ciencia de lo condicionadamente futuro.<\/p>\n<p>Cr\u00ed\u00adtica: Esta soluci\u00f3n del problema, excesivamente sutil, no responde a la cuesti\u00f3n acerca del origen de la realidad (aunque s\u00f3lo sea ideal) del \u00abfuturible\u00bb, que primariamente debe proceder de Dios. En el molinismo la ciencia divina depende de algo no divino, pues el futurible de la criatura libre no queda suficientemente fundamentado en Dios.<\/p>\n<p>Si la posibilidad de la libertad real frente a Dios est\u00e1 fundada precisamente &#8211; sin verse por ello restringida ni amenazada &#8211; en su origen inmediato en Dios, consecuentemente no es l\u00ed\u00adcito intercalar una mediaci\u00f3n ideal o f\u00ed\u00adsica entre la acci\u00f3n libre y Dios.<\/p>\n<p>3. Otros intentos de soluci\u00f3n<br \/>\nAlgunos tratan de explicar la eficacia de la g. divina diciendo que \u00e9sta es indefectible, no como \u00abpremoci\u00f3n f\u00ed\u00adsica\u00bb, o sea, en su cualidad ontol\u00f3gica, sino como un impulso psicol\u00f3gico que, sin suprimir la libertad, es suficientemente intenso para dominar la concupiscencia. As\u00ed\u00ad el -> agustinismo (B) de los siglos xvii-xviii. Otros intentos son un sincretismo de tomismo y molinismo, explicando en sentido molinista los actos saludables \u00c2\u00a1niciales m\u00e1s f\u00e1ciles (p. ej., el comienzo de la oraci\u00f3n), y en sentido tomista los m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles. El agustinismo ofrece una concreta descripci\u00f3n existencial de la historia del coraz\u00f3n humano. Pero si concibe la g. eficaz de tal modo que en su propia \u00ed\u00adndole psicol\u00f3gica Dios pueda conocer infaliblemente c\u00f3mo ha de reaccionar ante ella la libertad, entonces el sistema presupone una g. que no deja ya al hombre libre. Los sistemas sincretistas (Tournely, Alfonso de Ligorio) se ven envueltos en la problem\u00e1tica de los otros sistemas sin tener sus ventajas.<\/p>\n<p>IV. Problemas especiales<br \/>\nEl problema de la relaci\u00f3n entre la g. absolutamente eficaz por parte de Dios, en virtud de la cual \u00e9l domina sobre la libertad permanente de la criatura, por un lado, y esa libertad misma, por otro, en los \u00absistemas de la gracia\u00bb est\u00e1 vinculado con la cuesti\u00f3n de la -+ predestinaci\u00f3n. La g. eficaz elegida por Dios en virtud de la ciencia media puede ser elegida, o porque \u00e9l quiere absolutamente la salvaci\u00f3n de este hombre determinado (predestinaci\u00f3n anterior a la previsi\u00f3n de los m\u00e9ritos en el congruismo molinista de Su\u00e1rez), o independientemente de esta voluntad absoluta (simple molinismo, con una predestinaci\u00f3n absoluta a la bienaventuranza tan s\u00f3lo por la previsi\u00f3n de los m\u00e9ritos). El tomismo ba\u00f1eziano entiende su sistema siempre bajo el presupuesto de una predestinaci\u00f3n a la gloria con anterioridad (l\u00f3gica) a la previsi\u00f3n de los m\u00e9ritos, ya que \u00e9stos quedan constituidos por primera vez en virtud de la elecci\u00f3n divina de la gratuita promoci\u00f3n f\u00ed\u00adsica.<\/p>\n<p>Cr\u00ed\u00adtica: La cuesti\u00f3n de la predestinaci\u00f3n a la bienaventuranza antes o despu\u00e9s de la previsi\u00f3n de los m\u00e9ritos est\u00e1 sin duda mal planteada. Esto se manifiesta ya en el conflicto que surge en la predestinaci\u00f3n a la condenaci\u00f3n. Esa predestinaci\u00f3n, entendida como repulsa positiva con anterioridad al pecado, es rechazada por la Iglesia como &#8211;+ calvinismo her\u00e9tico (Dz 816 827). El Dios absolutamente transcendente, en su originario acto absoluto, radicalmente uno, quiere el mundo con toda su multitud de momentos que se condicionan mutuamente. Dios quiere tambi\u00e9n el orden objetivo de ese mundo. Es in\u00fatil fingir una pluralidad de decretos en relaci\u00f3n con los diversos \u00e1mbitos particulares. De dicho acto originario procede el mundo entero con sus estructuras necesarias y las libres.<\/p>\n<p>V. Conclusi\u00f3n<br \/>\n1. Los esfuerzos de los sistemas de la g. por esclarecer la relaci\u00f3n entre la omnicausalidad divina y la libertad creada, distinguiendo ambas dimensiones como dos realidades entre las cuales hay que hallar una \u00abconcordancia\u00bb, no conducen a resultados satisfactorios, como lo muestra el hecho del estancamiento de esta controversia teol\u00f3gica a partir del siglo xviii.<\/p>\n<p>2. Hemos de decir que aqu\u00ed\u00ad se intenta ir m\u00e1s all\u00e1 de un punto en el que es necesario detenerse, no por pereza mental o por escepticismo teol\u00f3gico, sino porque en principio hemos de considerarlo como punto l\u00ed\u00admite. La relaci\u00f3n entre Dios y criatura es un originario dato ontol\u00f3gico que no puede descomponerse ulteriormente. En la originaria experiencia transcendental de la referencia del hombre a Dios como misterio incomprensible, est\u00e1n dados los dos momentos: la autonom\u00ed\u00ada y la procedencia de Dios. Puesto que esta experiencia aprior\u00ed\u00adstica, como condici\u00f3n de la posibilidad de una existencia personal en el conocimiento espiritual y la libertad, es el dato m\u00e1s originario del esp\u00ed\u00adritu (aunque la reflexi\u00f3n expl\u00ed\u00adcita sobre eso se produzca tard\u00ed\u00ada e imperfectamente), y puesto que ella culmina en la experiencia de la autonom\u00ed\u00ada de la libertad y de su origen en otro, la relaci\u00f3n Dios-libertad ha de tomarse como un primer dato originario, el cual ya no se funda en algo anterior desde donde pudiera esclarecerse, del mismo modo que una vez conocido Dios a partir del mundo, no cabe decir que conocemos nuevamente el mundo desde Dios.<\/p>\n<p>No cabe poner en duda dos hechos seguros porque no podamos, o bien explicar el uno del otro, o bien deducirlos de un tercero, o bien mostrar un tercer c\u00f3mo y por qu\u00e9 de su coexistencia. Tales hechos son la procedencia total de Dios y la libertad aut\u00f3noma.<\/p>\n<p>3. Algo parecido hemos de decir sobre la acci\u00f3n moralmente mala (-> pecado y culpa). Esta es ineludiblemente nuestra acci\u00f3n y, sin embargo, todo lo que en ella requiere un origen procede de Dios. Pero el acto bueno y el malo, el bien y el mal, ni en el plano moral ni en el ontol\u00f3gico son dos posibilidades completamente iguales de la libertad. El -> mal, tanto en el origen de su libertad como en su objetivaci\u00f3n, es menos ser y menos libertad. En este sentido puede y debe decirse que el mal, en su deficiencia como tal, no requiere ninguna procedencia de Dios. Esta observaci\u00f3n no resuelve el problema de la relaci\u00f3n entre Dios y el mal uso de la libertad, pero muestra la posibilidad de reservar a la criatura sola algo que, ni puede derivarse de Dios (como la acci\u00f3n buena), ni ha de devolverse a \u00e9l con gratitud como g. suya.<\/p>\n<p>4. Para entender realmente el problema \u00abgracia y libertad\u00bb, para dejarlo de lado y aceptarlo, es preciso volver a la actitud del orante. El recibe lo que es y lo devuelve a Dios, tomando la aceptaci\u00f3n como momento del don mismo. Por adoptar esta posici\u00f3n del orante (con lo cual se acepta la \u00absoluci\u00f3n\u00bb del problema) no se cae en ninguna petitio principii ni se emprende la fuga. Con ello se acepta simplemente lo que es ineludible: la unidad de lo real y lo originario, es decir, la criatura, que crea con libertad, y en el acto de crear es creada como gracia.<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>D) TRATADO TEOL\u00ed\u201cGICO SOBRE LA GRACIA<\/p>\n<p>I. Esencia y divisi\u00f3n<br \/>\n1. El tratado sobre la g. es la parte de una antropolog\u00ed\u00ada de la g. que se ocupa del hombre redimido y justificado. As\u00ed\u00ad pues, este tratado, debidamente entendido, no debe hablar en abstracto de la g., sino del hombre agraciado. Pues si la realidad del hombre no es mirada en todas sus dimensiones, la noci\u00f3n de g. se queda en la abstracci\u00f3n formal de una \u00abexperiencia\u00bb de la esencia del hombre, o de una ayuda moral para su vida \u00e9tica, presentada tambi\u00e9n muy en abstracto. Pero, de este modo, no se sirve suficientemente a la predicaci\u00f3n, ni se est\u00e1 a la altura de la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, que suele hablar de la g. mucho m\u00e1s en concreto. Esta parte de una antropolog\u00ed\u00ada, de la antropolog\u00ed\u00ada relativa al hombre redimido y justificado, tiene naturalmente su lugar despu\u00e9s de la -> cristolog\u00ed\u00ada y la -> eclesiolog\u00ed\u00ada, pues en estos tratados se describen la causa, la condici\u00f3n previa y la situaci\u00f3n del hombre santificado. Si el \u00abestado de redenci\u00f3n\u00bb del hombre (como \u00abexistencia\u00bb an\u00e1logo a la situaci\u00f3n de pecado original y anterior a la -> justificaci\u00f3n) ha de exponerse ya en la soteriolog\u00ed\u00ada o s\u00f3lo en el tratado de gratia, es cuesti\u00f3n secundaria. Este tratado ha de ser sobre todo una doctrina sobre la gracia que diviniza y perdona al hombre (con su ser y obrar) en todas las dimensiones (u \u00f3rdenes) de su vida. Incluye, pues, la doctrina sobre las virtudes teologales como un componente necesario; y, en su conjunto, constituye aquella base dogm\u00e1tica que es esencial para una originaria teolog\u00ed\u00ada moral dogm\u00e1tica (cf. la caracterizaci\u00f3n de una teolog\u00ed\u00ada moral actual en el Vaticano ii, Optatam totius, n .o 16).<\/p>\n<p>Puesto que, en \u00faltimo t\u00e9rmino, la g. es la comunicaci\u00f3n del Dios absoluto a la criatura, y esta comunicaci\u00f3n tiene tambi\u00e9n una historia, que alcanza su culminante punto escatol\u00f3gico e irreversible en Jesucristo, al que de antemano tiende siempre, y por quien es determinada y sostenida en su totalidad desde el principio, s\u00ed\u00adguese que, en la teolog\u00ed\u00ada del hombre redimido y justificado (santificado) por la g., entra tambi\u00e9n la doctrina del hombre tambi\u00e9n justificado as\u00ed\u00ad que se halla antes de Cristo (aunque es justificado por \u00e9l) o que \u00aben parte s\u00f3lo aparentemente) se halla fuera del \u00e1mbito adonde ha llegado el mensaje hist\u00f3rico del cristianismo sobre la salvaci\u00f3n eterna (cf. estados del -> hombre, voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios [en -> salvaci\u00f3n], historia de la -> salvaci\u00f3n).<\/p>\n<p>2. Los temas esenciales del tratado sobre la g. son los siguientes:<br \/>\na) La comunicaci\u00f3n trinitaria de Dios mismo al hombre en su estructura esencial, la cual, como acto fundamental de Dios sobre lo no divino, abarca y a la vez distingue la ->naturaleza (&#8211;>creaci\u00f3n), como su propio presupuesto creado por ella misma, y la gracia, el orden supralapsario (g. de Dios en el estado original, que ya era tambi\u00e9n cristoc\u00e9ntrico) y el infralapsario (despu\u00e9s del pecado [->pecado original], que la g. s\u00f3lo permiti\u00f3 con miras a su victoria incondicional).<\/p>\n<p>b) Partiendo de este concepto fundamental ha de explicarse la noci\u00f3n de g. sobrenatural de la justificaci\u00f3n (g. increada y, en dependencia de ella, g. creada). Pero eso no ha de hacerse mediante una mera abstracci\u00f3n formal y una reducci\u00f3n a la intimidad subjetiva de cada individuo (perd\u00f3n de los pecados, inhabitaci\u00f3n de Dios, filiaci\u00f3n, santidad). M\u00e1s bien, ha de ponerse de relieve el car\u00e1cter cristol\u00f3gico de esta g. (como dinamismo para participar en los misterios y en la muerte de Cristo) y su naturaleza infralapsaria (g. constantemente amenazada, que ha de vencer siempre de nuevo y cada vez m\u00e1s superando la -> concupiscencia). Hay que ver adem\u00e1s esta g. de la justificaci\u00f3n como divinizaci\u00f3n y redenci\u00f3n (liberaci\u00f3n) de todas las dimensiones de la existencia humana, es decir, hay que elaborar el car\u00e1cter individual y el colectivo (eclesiol\u00f3gico), el antropol\u00f3gico y el c\u00f3smico (g. como transfiguraci\u00f3n del mundo) de la g. Hay que pensar la g., de acuerdo con las dimensiones transcendentales del hombre, como verdad, amor y belleza.<\/p>\n<p>c) Con esto ha de enlazarse la doctrina sobre la actualizaci\u00f3n de la g. sobrenatural en la relaci\u00f3n dialog\u00ed\u00adstica entre Dios y el hombre, libre por ambas partes (y, por tanto, nuevamente libre por parte de Dios: g. \u00abeficaz\u00bb). Esta secci\u00f3n debe comprender por su naturaleza: LO, la doctrina sobre la g. \u00abactual\u00bb en su esencia formal y en su relaci\u00f3n con la g. de la justificaci\u00f3n; 2.\u00c2\u00b0, la vida justificada en Cristo bajo sus aspectos formales (gratuidad de la g. incluso en el desarrollo din\u00e1mico de la justificaci\u00f3n; car\u00e1cter oculto de la g. y experiencia de la misma; libertad bajo la g., y liberaci\u00f3n de la libertad por la g.; la g. como liberaci\u00f3n de la ley) y en sus dimensiones materiales (la doctrina sobre las &#8211;virtudes teologales y motales, y sobre sus actos); 3 .0, el comienzo (proceso de la justificaci\u00f3n), el crecimiento (&#8211;>m\u00e9rito) y la vulnerabilidad permanente de la vida divina (condici\u00f3n pecadora del justificado; p\u00e9rdida de la g.); 4\u00c2\u00b0, el lado eclesiol\u00f3gico y la misi\u00f3n en el mundo de la vida de g. (-> carismas); 5.% la perfecci\u00f3n de la vida de g. (&#8211;> m\u00ed\u00adstica, conformaci\u00f3n en la g, -> santidad, &#8211;> martirio).<\/p>\n<p>II. Historia de la teolog\u00ed\u00ada de la gracia<br \/>\n1. Los padres apost\u00f3licos y los te\u00f3logos de los dos primeros siglos repiten la doctrina de la Escritura, ora recalcando sobriamente, las exigencias morales, ora aplicando inicialmente la terminolog\u00ed\u00ada helen\u00ed\u00adstica de la \u00abdivinizaci\u00f3n\u00bb. Se inicia tambi\u00e9n (Pastor de Hermas, Tertuliano) una primera reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre la posibilidad de una p\u00e9rdida y recuperaci\u00f3n de la gracia bautismal.<\/p>\n<p>2. La primera gran \u00abcontroversia sobre la g.\u00bb tiene que desarrollarse en los siglos ii y iii contra el -> gnosticismo, es decir, contra su teor\u00ed\u00ada de la divinizaci\u00f3n, que es particularista, ajena a la historia y \u00abf\u00ed\u00adsica\u00bb, y as\u00ed\u00ad elimina la libre aceptaci\u00f3n de la libre g. divina por el hombre, introduciendo una historia cosmol\u00f3gica de Dios mismo (Ireneo).<\/p>\n<p>3. La alta patr\u00ed\u00adstica griega (desde Or\u00ed\u00adgenes) desarrolla una doctrina de la g. partiendo de su concepci\u00f3n trinitaria: puesto que el Esp\u00ed\u00adritu es verdaderamente Dios, el hombre queda realmente divinizado; y puesto que el hombre (sin pasar a ser Dios) queda verdaderamente divinizado, el Esp\u00ed\u00adritu tiene que ser verdaderamente Dios. Como, por la encarnaci\u00f3n del Logos divino, Dios se insert\u00f3 definitivamente en el mundo, la doctrina griega sobre la g. se caracteriza por un optimismo salv\u00ed\u00adfico. Los padres griegos tienen tambi\u00e9n que defenderse contra una especie de \u00abactualismo\u00bb en la doctrina de la g. que la identifica con una entusi\u00e1stica experiencia m\u00ed\u00adstica (mesalianismo), pero conocen una m\u00ed\u00adstica del Logos, que introduce gradualmente al hombre en el misterio incomprensible de Dios.<\/p>\n<p>4. La doctrina occidental sobre la g., de un lado, se interesa menos por una divinizaci\u00f3n intelectual y sus aspectos c\u00f3smicos, y tiene una orientaci\u00f3n m\u00e1s bien moral; y de otro lado, en la lucha contra el -> pelagianismo asume un matiz hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfico e individual. La g. es la fuerza inmerecida para amar a Dios, que, por libre predestinaci\u00f3n, arranca a algunos hombres, pecadores desde la ca\u00ed\u00adda original, de la massa damnata de la humanidad y de su ego\u00ed\u00adsmo, libera su libre albedr\u00ed\u00ado esclavizado por el pecado y los hace as\u00ed\u00ad aptos para la fe que obra por la caridad (Agust\u00ed\u00adn). En sus escritos te\u00f3ricos de pol\u00e9mica, Agust\u00ed\u00adn no conoce ya una universal voluntad salv\u00ed\u00adfica infralapsaria por parte de Dios. En cambio, \u00e9l es el gran doctor de la Iglesia sobre el pecado original y la gratuidad de la g. y de la predestinaci\u00f3n para la gloria, as\u00ed\u00ad como sobre una psicolog\u00ed\u00ada de la gracia.<\/p>\n<p>5. La baja patr\u00ed\u00adstica (manteniendo substancialmente la doctrina de la g. de Agust\u00ed\u00adn y del concilio de Orange: Dz 178-200a) y la primera edad media, en lucha contra un predestinacionismo, superan la doctrina de una voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios meramente particular, la cual, con anterioridad a toda culpa, excluir\u00ed\u00ada positivamente a muchos de la salvaci\u00f3n eterna (Dz 160a 300 316-325). La alta escol\u00e1stica, echando mano de una nueva terminolog\u00ed\u00ada filos\u00f3fica (aristot\u00e9lica: h\u00e1bito, disposici\u00f3n, accidente), precisa la esencia de la g. justificante, del proceso de la justificaci\u00f3n y de las virtudes teologales, y elabora lentamente el concepto de la estricta sobrenaturalidad de la g. salv\u00ed\u00adfica, frente a la gratuidad meramente relativa de la g. para el pecador.<\/p>\n<p>6. Contra la teolog\u00ed\u00ada de la reforma (-> protestantismo, B), del -> bayanismo y del -> jansenismo, hubo que defender (sobre todo en el concilio de Trento) la libertad del hombre bajo la g., la real renovaci\u00f3n interna del hombre por la g. \u00abhabitual\u00bb, su estricta sobrenaturalidad (por primera vez despu\u00e9s de Trento, contra Bayo) y la universal voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios (contra Calvino y Jansenio). La \u00abcontroversia de la g.\u00bb sobre las teor\u00ed\u00adas concretas acerca de la conciliaci\u00f3n de la libertad del hombre con el poder de la g. eficaz en s\u00ed\u00ad misma (Molina, B\u00e1\u00ed\u00ad\u00ed\u00adez), qued\u00f3 sin decidir en 1607 (Dz 1090 1097) y as\u00ed\u00ad prosigue hasta hoy. Ha quedado igualmente abierta hasta hoy la cuesti\u00f3n, nuevamente tratada bajo el influjo de la patr\u00ed\u00adstica griega desde Petavius (j 1652), de si a la g. santificante va aneja una relaci\u00f3n peculiar, no solamente \u00abapropiada\u00bb, con cada una de las personas divinas. La actual teolog\u00ed\u00ada se esfuerza por aplicar conceptos personalistas a la doctrina de la g. (-> personalismo), por lograr la unidad de naturaleza y g., sin oscurecer su distinci\u00f3n, y por una mejor inteligencia de la doctrina b\u00ed\u00adblica de la g. y de la teolog\u00ed\u00ada de la reforma.<\/p>\n<p>Karl Rahner<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>(V\u00e9ase tambi\u00e9n GRATUITO) 1. caris (cavri\u00bb, 5485) tiene varios usos: (a) objetivo, aquello que otorga u ocasiona placer, delicia o causa una actitud favorable; se aplica, p.ej., a la belleza o a la gracia de la personalidad (Luk 2:40); sus actos (2Co 8:6), o manera de hablar (Luk 4:22  \u00abpalabras de gracia\u00bb; Col 4:6); (b) subjetivo: (1) por parte del otorgador, la disposici\u00f3n amistosa de la que procede el acto bondadoso, gracia, bondad, buena voluntad en general (p.ej., Act 7:10); especialmente con referencia al favor o a la gracia divina (p.ej., Act 14:26). Con respecto a ello se destaca su libre disposici\u00f3n y universalidad, su car\u00e1cter espont\u00e1neo, como en el caso de la gracia redentora de Dios, y el placer o gozo que El se propone para el que la recibe; as\u00ed\u00ad, se pone en contraste con deuda (Rom 4:4,16), con obras (11.6), y con la ley (Joh 1:17); v\u00e9ase tambi\u00e9n, p.ej., Rom 6:14,15; Gl 5.4; (2) por parte del receptor, una conciencia del favor recibido, un sentimiento de gratitud (p.ej., Rom 6:17  \u00abgracias\u00bb); con respecto a esto en ocasiones significa ser agradecido (p.ej., Luk 17:9  \u00ab\u00bfAcaso da gracias al siervo?\u00bb, lit.: \u00abtiene \u00e9l gracias al\u00bb; 1Ti 1:12); (c) en otro sentido objetivo, el efecto de la gracia, el estado espiritual de aquellos que han experimentado su ejercicio, bien sea: (1) un estado de gracia (p.ej., Rom 5:2; 1Pe 5:12; 2Pe 3:18), o (2) una prueba de ello en los efectos pr\u00e1cticos, actos de gracia (p.ej., 1Co 16:3  \u00abdonativo\u00bb, RV: \u00abbeneficio\u00bb; 2Co 8:6,19; en 2Co 9:8 significa el agregado de las bendiciones terrenales); el poder y provisi\u00f3n para el ministerio (p.ej., Rom 1:5; 12.6; 15.15; 1Co 3:10; Gl 2.9; Eph 3:2,7). Tener favor con es hallar gracia ante (p.ej., Act 2:47); as\u00ed\u00ad, se halla en este sentido al inicio y al final de varias ep\u00ed\u00adstolas, donde el redactor desea gracia de parte de Dios para los lectores (p.ej., Rom 1:7; 1Co 1:3). A este respecto se relaciona con el modo imperativo del verbo cairo, gozarse, una forma de saludo entre los griegos (p.ej., Act 15:23; Jam 1:1  \u00absalud\u00bb; 2 Joh_10, 11: \u00abbienvenido\u00bb). El hecho de que la gracia se reciba tanto de Dios el Padre (2Co 1:12), como de Cristo (Gl 1.6; Rom 5:15, donde ambos son mencionados), constituye un testimonio de la deidad de Cristo. V\u00e9ase tambi\u00e9n 2Th 1:12, donde la frase \u00abpor la gracia de nuestro Dios y del Se\u00f1or Jesucristo\u00bb tiene que ser tomada con cada una de las cl\u00e1usulas precedentes: \u00aben vosotros\u00bb, y \u00abvosotros en El\u00bb. En Jam 4:6  \u00abPero El da mayor gracia\u00bb (griego: \u00abuna mayor gracia\u00bb), la afirmaci\u00f3n tiene que tomarse en relaci\u00f3n con el vers\u00ed\u00adculo anterior, que contiene dos preguntas que conllevan reprensi\u00f3n: \u00ab\u00bfO pens\u00e1is que la Escritura habla en vano?\u00bb y \u00ab\u00bfAcaso el Esp\u00ed\u00adritu que El ha hecho morar en nosotros anhela para envidia?\u00bb (Contrastar el tratamiento que se le da a este pasaje en las diversas versiones; v\u00e9anse ENVIDIAR, ENVIDIA, B, N\u00c2\u00ba 1.) La respuesta impl\u00ed\u00adcita a cada una de estas preguntas es que \u00abno, no puede ser as\u00ed\u00ad\u00bb. Por ello, si aquellos que est\u00e1n actuando de una manera tan flagrante, por as\u00ed\u00ad decirlo, dan o\u00ed\u00addo a las Escrituras, en lugar de dejar que hablen en vano, y obran de manera que el Esp\u00ed\u00adritu Santo pueda tener v\u00ed\u00ada libre dentro de ellos para hacer su voluntad, Dios dar\u00e1 incluso \u00abuna mayor gracia\u00bb, esto es, todo lo que sigue a la humildad y a separarse del mundo. V\u00e9anse AGRADECIMIENTO, DONATIVO, FAVOR, GRACIAS, GRATITUD, MERITO. 2. dorean (dwreavn, 1432), derivado de dorea, un presente. Se usa como adverbio con el sentido de \u00ablibremente\u00bb (Mat 10:8  \u00abde gracia\u00bb); v\u00e9ase BALDE (DE), CAUSA (SIN), GRATUITAMENTE.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento<\/b><\/p>\n<p>I. SENTIDO DE LA PALABRA. La palabra que designa la gracia (gr. kharis) no es pura creaci\u00f3n del cristianismo; figura ya en el AT. Pero el NT fij\u00f3 su sentido y le dio toda su extensi\u00f3n. La utiliz\u00f3 precisamente para caracterizar el nuevo r\u00e9gimen instaurado por Jesucristo y oponerlo a la econom\u00ed\u00ada antigua: \u00e9sta estaba regida por la *ley, aqu\u00e9lla lo est\u00e1 por la gracia (Rom 6,14s; Jn 1,17).<\/p>\n<p>La gracia es el *don de Dios que contiene todos los dem\u00e1s, el don de su *Hijo (Rom 8,32), pero no es sencillamente el objeto de este don. Es el don que irradia de la generosidad del dador y envuelve en esta generosidad a la criatura que lo recibe. Dios da por gracia, y el que recibe su don halla cerca de \u00e9l gracia y complacencia.<\/p>\n<p>Por una coincidencia significativa, la palabra hebrea y la palabra griega, traducidas en lat\u00ed\u00adn por gratia y en espa\u00f1ol por gracia, se prestan a designar a la vez la fuente del don en el que da y el efecto del don en el que recibe. Es que el don supremo de Dios no es totalmente ajeno a las relaciones con que los hombres se unen entre s\u00ed\u00ad, adem\u00e1s de que existen entre \u00e9l y nosotros nexos que revelan en nosotros su *imagen. Mientras que el hebreo hen designa en primer lugar el favor, la benevolencia gratuita de un personaje de alta posici\u00f3n, y luego la manifestaci\u00f3n concreta de este favor, demostrado por el que da y hace gracia, recogido por el que recibe y halla gracia, y, por fin, el encanto que atrae las miradas y se granjea el favor, el griego kharis, con un proceso casi inverso, designa en primer lugar la seducci\u00f3n que irradia la belleza, luego la irradiaci\u00f3n m\u00e1s interior de la bondad, finalmente los dones que manifiestan esta generosidad.<\/p>\n<p>II. LA GRACIA EN LA ANTIGUA ALIANZA. La gracia, revelada y dada por Dios en Jesucristo, est\u00e1 presente en el AT, como una *promesa y como una *esperanza. En diversas formas, con nombres variados, pero uniendo siempre al Dios que da con el hombre que recibe, por todas partes aparece la gracia en el AT. La lectura cristiana del AT tal como la propone san Pablo a los G\u00e1latas, consiste en reconocer en la antigua econom\u00ed\u00ada los gestos y los rasgos del Dios de la gracia.<\/p>\n<p>1. La gracia en Dios. Dar y perdonar, derramar por todas partes su generosidad, inclinarse con atenci\u00f3n y emoci\u00f3n hacia los m\u00e1s *pobres y los m\u00e1s desgraciados, es el retrato mismo de Dios, por lo cual \u00e9l mismo se define as\u00ed\u00ad: \u00abYahveh, Dios de ternura y de gracia, tardo a la ira y rico en misericordia y fidelidad\u00bb (Ex 34,6). En Dios la gracia es a la vez *misericordia que se interesa por la miseria (hen), *fidelidad generosa a los suyos (hesed), solidez inquebrantable en sus compromisos (emes), adhesi\u00f3n de coraz\u00f3n y de todo el ser a los que *ama (rahamim), *justicia inagotable (sedeq), capaz de garantizar a todas sus criaturas la plenitud de sus derechos y de colmar todas sus aspiraciones. Que Dios pueda ser la *paz y el *gozo de los suyos, es efecto de su gracia: \u00ab\u00c2\u00a1Cu\u00e1n preciosa es tu gracia (hesed), oh Dios! Los hombres se refugian a la sombra de tus alas, se sacian de la sobreabundancia de tu casa y los abrevas en el torrente de tus delicias\u00bb (Sal 36, 8ss), \u00abporque tu gracia (hesed) es mejor que la vida\u00bb (63,4). La *vida, el m\u00e1s precioso de todos los bienes, palidece ante la experiencia de la generosidad divina, fuente inagotable. La gracia de Dios puede ser, pues, una vida, m\u00e1s rica y m\u00e1s plena que todas nuestras experiencias.<\/p>\n<p>2. Las manifestaciones de la gracia divina. La generosidad de Dios se derrama sobre toda carne (Eclo 1, 10), su gracia no es un tesoro guardado codiciosamente. Pero el signo esplendente de esta generosidad es la elecci\u00f3n de Israel. Es una iniciativa totalmente gratuita, no justificada en el pueblo elegido por ning\u00fan m\u00e9rito, por ning\u00fan valor antecedente, ni por el n\u00famero (Dt 7,7), la buena conducta (9,4), el \u00abvigor de (su) mano\u00bb (8,17), sino \u00fanicamente por \u00abel amor a vosotros y la fidelidad al juramento hecho a vuestros padres\u00bb (7,8; cf. 4,37). Como punto de partida de Israel s\u00f3lo hay una explicaci\u00f3n, la gracia del Dios fiel que guarda su *alianza y su *amor (7,9). El s\u00ed\u00admbolo de esta gracia es la *tierra que da Dios a su pueblo, \u00abpa\u00ed\u00ads de torrentes y de manantiales\u00bb (8,7), \u00abde monta\u00f1as y de valles regados por la lluvia del cielo\u00bb (11,11), \u00abciudades que t\u00fa no has construido&#8230; casas que t\u00fa no has llenado, pozos que t\u00fa no has excavado\u00bb (6,10s).<\/p>\n<p>Esta gratuidad no carece de fin, no vuelca ciegamente las *riquezas con las que no sabe qu\u00e9 hacer. La elecci\u00f3n tiene por fin la alianza; la gracia que escoge y que da es un gesto de *conocimiento, se adhiere a aquel que escoge y aguarda de \u00e9l una respuesta, el reconocimiento y el amor: tal es la predicaci\u00f3n del Deuteronomio (Dt 6,5.12s: 10,12s; 11,1). La gracia de Dios quiere tener asociados, pide un intercambio, una *comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>3. La gracia de Dios sobre sus elegidos. La palabra que sin duda traduce mejor el efecto producido en el hombre por la generosidad de Dios, es el de *bendici\u00f3n. La bendici\u00f3n es mucho m\u00e1s que una protecci\u00f3n exterior, en el que la recibe mantiene la *vida, el *gozo, la *plenitud de la *fuerza, establece entre Dios y su criatura un contacto personal, hace que se posen sobre el hombre la mirada y la sonrisa de Dios, la irradiaci\u00f3n de su *rostro y de su gracia (hen, N\u00fam 6,25), y esta relaci\u00f3n tiene algo de vital, afecta a la potencia creadora. Al *padre corresponde bendecir, y si la historia de Israel es la de una bendici\u00f3n destinada a todas las naciones (G\u00e9n 12,3), es porque Dios es padre y plasma el destino de sus hijos (Is 45,10ss). La gracia de Dios es un amor de padre y crea *hijos. Como esta bendici\u00f3n es la del Dios *santo, el v\u00ed\u00adnculo que establece con sus elegidos es el de una consagraci\u00f3n. La elecci\u00f3n es llamamiento a la santidad y promesa de vida consagrada (Ex 19,6; Is 6,7; Lev 19,2).<\/p>\n<p>A esta respuesta filial, a esta consagraci\u00f3n de la vida y del coraz\u00f3n se niega Israel (cf. Os 4,1s; Is 1.4; Jer 9,4s). \u00abComo mana el agua en un pozo, as\u00ed\u00ad mana en (Jerusal\u00e9n) la maldad\u00bb (Jer 6,7: cf. Ez 16; 20). Entonces Dios piensa hacer en el hombre algo de lo que el hombre es radicalmente incapaz, y hacer que el hombre mismo sea su autor. De una Jerusal\u00e9n corrompida har\u00e1 una ciudad justa (Is 1,21-26), de *corazones incurablemente rebeldes (Jer 5,Iss) har\u00e1 corazones *nuevos, capaces de *conocerle (Os 2,21; Jer 31,31). Esto ser\u00e1 obra de su *Esp\u00ed\u00adritu (Ez 36, 27); ser\u00e1 el advenimiento de su propia *justicia en el mundo (Is 45,8. 24: 51.6).<\/p>\n<p>III. LA GRACIA DE Dios SE REVEL\u00ed\u201c EN JESUCRISTO. La venida de Jesucristo muestra hasta d\u00f3nde puede llegar la generosidad divina: hasta darnos a su propio *Hijo (Rom 8,32). La fuente de este gesto inaudito es una mezcla de ternura, de fidelidad y de misericordia, por la que se defin\u00ed\u00ada Yahveh, y a la que el NT dar\u00e1 el nombre espec\u00ed\u00adfico de gracia, kharis. El deseo de la gracia de Dios (casi siempre acompa\u00f1ada de su *paz, asoci\u00e1ndose as\u00ed\u00ad el gran saludo sem\u00ed\u00adtico con el ideal t\u00ed\u00adpicamente griego de la kharis) encabeza casi todas las cartas apost\u00f3licas y muestra que para los cristianos la gracia es el *don por excelencia, el que resume toda la acci\u00f3n de Dios y todo lo que podemos desear a nuestros hermanos.<\/p>\n<p>En la persona de Cristo \u00abnos han venido la gracia y la verdad\u00bb (Jn 1, 17). las hemos *visto (1.14) y. porel mismo caso, hemos conocido a Dios en su Hijo \u00fanico (1,18). As\u00ed\u00ad como hemos conocido que \u00abDios es *amor\u00bb (Un 4,8s), as\u00ed\u00ad, al ver a Jesucristo, conocemos que su acci\u00f3n es gracia (Tit 2,11; cf. 3,4).<\/p>\n<p>Si bien la tradici\u00f3n evang\u00e9lica com\u00fan a los sin\u00f3pticos no conoce la palabra, sin embargo, es plenamente consciente de la realidad. Tambi\u00e9n para ella es Jes\u00fas el don supremo del Padre (Mt 21.37 p), entregado por nosotros (26,28). La sensibilidad de Jes\u00fas a la miseria humana, su emoci\u00f3n ante el sufrimiento, traducen por otra parte la misericordia y la ternura por las que se defin\u00ed\u00ada el Dios del AT. Y san Pablo, para animar a los corintios a la generosidad, les recuerda \u00abla liberalidad (kharis) de Jesucristo&#8230;, c\u00f3mo de rico que era se hizo pobre por vosotros\u00bb (2Cor 8,9).<\/p>\n<p>IV. GRACIA Y ELECCI\u00ed\u201cN. Si la gracia de Dios es el secreto de la *redenci\u00f3n, es tambi\u00e9n el secreto de la forma concreta c\u00f3mo la recibe y la vive cada cristiano (Rom 12,6; Ef 6,7) y cada Iglesia. Las iglesias de Macedonia han recibido la gracia de la generosidad (2Cor 8,1s), los filipenses han recibido su parte de la gracia del apostolado (Flp 1,7; cf. 2Tim 2,9), que explica toda la actividad de Pablo (Rom 1,5; cf. ICor 3,10: G\u00e1l 1,15; Ef 3,2).<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de la variedad de los *carismas se revela la *elecci\u00f3n, elecci\u00f3n venida de Dios antes de todas las opciones humanas (Rom 1,5; G\u00e1l 1,15), que introduce en la salvaci\u00f3n (G\u00e1l 1,6; 2Tim 1,9), que consagra a una *misi\u00f3n propia (ICor 3,10; G\u00e1l 2,8s).<\/p>\n<p>Esta gracia no es s\u00f3lo la elecci\u00f3n inicial, es en los ap\u00f3stoles la fuente inagotable de su actividad (Act 14,26; 15,40); hace de Pablo todo lo que es y hace en \u00e9l todo lo que \u00e9l hace (Icor 15,10). tanto que lo m\u00e1s personal en \u00e9l, \u00ablo que yo soy\u00bb, es precisamente la obra de esta gracia. Como es en \u00e9l principio de transformaci\u00f3n y de acci\u00f3n, requiere su colaboraci\u00f3n, y Pablo, \u00abinvestido de este ministerio, no flaquea\u00bb (2Cor 4, 1), atento siempre a \u00abobedecer a la gracia\u00bb (2Cor 1,12) y a \u00abresponderle\u00bb (Rom 15,15; cf. Flp 2,12s). Jam\u00e1s falta esta gracia: siempre \u00abbasta\u00bb, aun en las mayores estrecheces, pues entonces es cuando brilla su *poder (2Cor 12,9).<\/p>\n<p>V. GRATUIDAD DE LA GRACIA. El rasgo espec\u00ed\u00adficamente paulino de la gracia, el que le induce a repetir constantemente la palabra como un estribillo, es su gratuidad. La salvaci\u00f3n es don de Dios, no salario merecido por un trabajo (Rom 4,4; 11,6), ni siquiera por la fidelidad integral a la *ley (G\u00e1l 2,21; Rom 4, 16). Es, por el contrario, la revelaci\u00f3n de la generosidad soberana del Padre que, habiendo dado a su Hijo unig\u00e9nito (Rom 8,32), hace don a los hombres de la justicia (Rom 415; 5, 17.21 ; 3,24), y triunfa de su ego\u00ed\u00adsmo haciendo que \u00absobreabunde la gracia donde se hab\u00ed\u00ada multiplicado el pecado\u00bb (Rom 5,15ss). Esta generosidad divina s\u00f3lo se percibe por la *fe, \u00fanica capaz de reconocerla y acogerla; pero la misma fe es todav\u00ed\u00ada fruto de la gracia (Ef 2,8).<\/p>\n<p>VI. GRACIA Y JUSTIFICACI\u00ed\u201cN. La generosidad de Dios consiste en poner frente a \u00e9l un ser que constituya su *gozo. A esto llama Pablo la *justificaci\u00f3n, estado del hombre capaz de parecer delante de Dios. Ahora bien, \u00e9sta es puro efecto de la gracia (Rom 3,24). En un vocabulario diferente, en que est\u00e1 ausente la palabra justicia, pero en el que se puso de intento la palabra gracia, sugiere Lucas este gozo divino frente a Jes\u00fas (Le 2,40.52) y frente a *Mar\u00ed\u00ada (1,28.30). Se dir\u00ed\u00ada que esta gracia es a la vez la benevolencia divina que los designa y los envuelve, y el atractivo que por este mismo hecho ejercen, si podemos permitirnos la expresi\u00f3n, en Dios y tambi\u00e9n en los hombres (2,52; cf. 4,22). Sin duda, a la gracia de que est\u00e1 colmada Mar\u00ed\u00ada (1,28) hay que dar esta plenitud de sentido: a la vez privilegiada de la generosidad de Dios y llena ante sus ojos de un valor \u00fanico.<\/p>\n<p>-> Acci\u00f3n de gracias &#8211; Bendici\u00f3n &#8211; Carismas &#8211; Edificar &#8211; Elecci\u00f3n &#8211; Justicia &#8211; Misericordia &#8211; Vida &#8211; Vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">En el AT hay varias palabras que tocan uno o m\u00e1s de los aspectos de la doctrina de la gracia. Las dos que en una forma m\u00e1s completa expresan la palabra <em>charis<\/em> del NT son <em>\u1e25\u0113n<\/em> y <em>\u1e25ese\u1e0f<\/em>. La primera tiene el sentido predominante de favor, con el sentido de que el favor no se basa en m\u00e9ritos. As\u00ed, Mois\u00e9s dice a Jehov\u00e1: \u00abSi he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos\u00bb (Ex. 33:13). La palabra <em>\u1e25ese\u1e0f<\/em> que m\u00e1s frecuentemente se traduce \u00abmisericordia\u00bb, tiene tambi\u00e9n, aunque no invariablemente, la asociaci\u00f3n del pacto que Dios hace con su pueblo: \u00abJehov\u00e1 se me manifest\u00f3 a m\u00ed hace ya mucho tiempo, diciendo: \u2018Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongu\u00e9 mi misericordia\u2019\u00bb (Jer. 31:3); \u00abJehov\u00e1 tu Dios guardar\u00e1 contigo el pacto y la misericordia que jur\u00f3 a tus padres\u00bb (Dt. 7:12). (Para las dem\u00e1s palabras que forman el nexo del concepto de gracia en el AT, v\u00e9ase C. Ryder Smith, <em>The Bible Doctrine of Grace<\/em>, Epworth Press, Londres, 1956, cap. 2).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La palabra m\u00e1s com\u00fan es <em>charis<\/em>. Su significaci\u00f3n b\u00e1sica se encuentra en la alegr\u00eda, sea con respecto a la apreciaci\u00f3n de las cosas o del pueblo. Pero, seg\u00fan su uso en el NT, combina los usos de <em>\u1e25\u0113n<\/em> y <em>\u1e25ese\u1e0f<\/em>: p. ej., para el primero: \u00abPero si es por gracia, ya no es por obras; de otro modo la gracia ya no es gracia\u00bb (Ro. 11:6), o: \u00ablas abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros\u00bb (Ef. 2:7); para la segunda: \u00abDonde abund\u00f3 el pecado, sobreabund\u00f3 la gracia\u00bb (Ro. 5:20).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La esencia de la doctrina de la gracia es que Dios es por nosotros. M\u00e1s aun, \u00e9l est\u00e1 por nosotros aun cuando nosotros mismos estamos en su contra. Adem\u00e1s, \u00e9l no est\u00e1 por nosotros solamente en actitud general, sino que ha actuado efectivamente hacia nosotros. La gracia est\u00e1 toda comprendida en Cristo Jes\u00fas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es completamente claro que el NT en forma abrumadora asocia la palabra gracia con Cristo, ya sea directamente (\u00abla gracia de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb), o tambi\u00e9n por implicaci\u00f3n como el ejecutor de la gracia de Dios. No hace esto en ning\u00fan esp\u00edritu de cristomonismo, sino porque es en su Hijo encarnado que Dios hace efectivo su estar por nosotros, nos muestra que \u00e9l est\u00e1 por nosotros y nos reconcilia consigo mismo, llev\u00e1ndonos a su lado para estar por \u00e9l. Puesto que todo esto ocurre solamente por la actividad de Cristo encarnado, podemos decir que la gracia es Jesucristo y que Jesucristo es la gracia. \u00c9l es la gracia de Dios para con nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jesucristo es Dios por nosotros. Podr\u00edamos considerar esto en funci\u00f3n del Pacto (<em>\u1e25ese\u1e0f<\/em>). En su Hijo, Dios se une libremente a nosotros para ser nuestro Dios, y nos une a nosotros con \u00e9l para ser suyos. Haci\u00e9ndose nuestro Dios, llega a ser para nosotros lo que \u00e9l es en s\u00ed mismo amante, santo, misericordioso y paciente, en una palabra, el Dios de gracia. Como Dios es en s\u00ed mismo, as\u00ed ser\u00e1 para nosotros Dios, para nuestro beneficio. \u00c9l asumir\u00e1 la responsabilidad por nuestro pasado, presente y futuro. \u00c9l ya no es un enemigo; est\u00e1 con nosotros contra nuestros verdaderos enemigos, y eso en forma efectiva: \u00abSi Dios es por nosotros, \u00bfqui\u00e9n contra nosotros?\u00bb (Ro. 8:31).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero todo esto es as\u00ed porque Cristo ha venido, muerto y resucitado: \u00abla gracia \u2026 vino por Jesucristo\u00bb (Jn. 1:17). La encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios, sus sufrimientos obedientes, su muerte en sacrificio y su resurrecci\u00f3n triunfante no solamente nos muestran que Dios es misericordioso, sino que es en s\u00ed mismo un acto de la gracia de Dios, en el cual se vuelve a nosotros y efect\u00faa esta relaci\u00f3n. En lo que Cristo hace y sufre, la gracia de Dios vence el pecado y la enemistad y establece la comunidad del pacto. Sin embargo, no debemos suponer que Dios s\u00f3lo comenz\u00f3 a ser misericordioso para con nosotros cuando ya se hubo tratado con el pecado, y que previamente hab\u00eda estado en contra de nosotros. Dios muestra su gracia para con nosotros porque en primer lugar \u00e9l es Dios de gracia. De lo profundo de su gracia nos muestra su gracia en su Hijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s, es de la esencia de la gracia el hecho de que es libre. Si la gracia fuera una obligaci\u00f3n de parte de Dios, ya no ser\u00eda gracia. Pero es en su divina libertad que Dios nos muestra su gracia. No est\u00e1 obligado a mostrar su gracia; lo hace libremente. Nosotros los pecadores merecemos solamente que Dios est\u00e9 en contra de nosotros. La animosidad de Dios contra el pecado se revela en la cruz claramente. Pero nosotros somos pecadores, irrevocable e inexcusablemente. Por lo tanto, Dios debiera estar contra nosotros. Sin embargo, \u00a1maravilla de maravillas! \u00c9l no env\u00eda un destructor, ni un juez, sino \u00e9l mismo viene a salvar y permite \u00e9l mismo ser destruido y juzgado. No podr\u00eda haber una declaraci\u00f3n m\u00e1s clara de que Dios est\u00e1 por nosotros, esto es, una declaraci\u00f3n de la gracia de Dios. Al mismo tiempo, el camino de sufrimiento y muerte que Cristo sigui\u00f3 nos impide que consideremos la gracia solamente como divina indulgencia. La gracia no quiere decir un d\u00e9bil y descuidado perd\u00f3n de los pecados, porque el perd\u00f3n fue efectuado solamente por el juicio y condenaci\u00f3n del inocente y su sacrificio voluntario. La gracia significa que Dios se vuelve al hombre para tomar la responsabilidad de \u00e9ste por la enemistad en contra de \u00e9l mismo. La gracia habr\u00eda sido una imposibilidad si Cristo no hubiese satisfecho la santidad de Dios en su obediente ofrecimiento de s\u00ed mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puesto que la gracia es una decisi\u00f3n libre de Dios en cuanto a nosotros en Cristo, que surge de su car\u00e1cter misericordioso, se desprende que no tenemos la capacidad de ganar su gracia o favor. Por esto es que la gracia se opone a las obras de la ley t\u00e1citamente a trav\u00e9s de todo el NT y expresamente en pasajes tales como Ro. 3:19ss.; Jn. 1:17; G\u00e1. 2:11\u201321; Ef. 2:8\u20139. Por el contrario, la gracia debe ser reconocida por lo que es con humilde y gozosa gratitud. Esta decisi\u00f3n humana, que involucra reconocimiento y aceptaci\u00f3n, es la fe que corresponde a la gracia de Dios. \u00abPor gracia sois salvos por medio de la fe\u00bb (Ef. 2:8).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<ol style=\"text-align: justify;\">\n<li>Heppe, <em>Reformed Dogmatics<\/em>, cap. XII, \u00abThe Covenant of Grace\u00bb; D. Bonhoeffer, <em>The Cost of Discipleship<\/em>, cap. I, \u00abCostly Grace\u00bb; C.G. Berkouwer, <em>The Triumph of Grace in the Theology of Karl Barth<\/em>; K. Barth, <em>Church Dogmatics<\/em>, II\/1, pp. 351\u2013368; IV\/1.<\/li>\n<\/ol>\n<p style=\"text-align: justify;\">T.H.L Parker<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (282). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p>\n  Nos lleva a cuatro art\u00edculos sobre este tema:<\/p>\n<ul>\n<li> 1.  Gracia Actual:  Explica el concepto de gracia actual el cual define el art\u00edculo como \u201cuna ayuda sobrenatural de Dios para actos saludables concedidos en consideraci\u00f3n a los m\u00e9ritos de Cristo\u201d.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> 2.  Gracia Santificante:  Describe la naturaleza y caracter\u00edsticas de la gracia santificante; tambi\u00e9n trata sobre la \u201cjustificaci\u00f3n\u201d, la cual es la preparaci\u00f3n para la gracia santificante.  <\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> 3.  Controversias sobre la Gracia:  Discute las varias controversias relativas a la gracia en la historia, enfocado a las herej\u00edas de los reformadores y jansenitas.   Describe las varias soluciones cat\u00f3licas&#8212;incluyendo el tomismo, agustinianismo, molinismo, congruismo y sincretismo. <\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> 4.  Adopci\u00f3n Sobrenatural:  Presenta uno de los m\u00e1s sublimes misterios&#8212;la graciosa divinizaci\u00f3n del hombre, que lo capacita para tomar parte en la vida interior de la Sant\u00edsima Trinidad.  <\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente:<\/b>   \u00abGrace.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 6. New York: Robert Appleton Company, 1909.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina.  rc<br \/>\nSelecci\u00f3n de imagen Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Amor, Bondad, Compasi\u00f3n, Favor, Gracias, Misericordia Gen 39:21 Jehov\u00e1 estaba con Jos\u00e9 .. y le dio g en Exo 3:21 dar\u00e9 a este pueblo g en los ojos de los Num 11:11 \u00bfy por qu\u00e9 no he hallado g en tus ojos Deu 33:16 la g del que habit\u00f3 en la zarza venga Rth &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/gracia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abGRACIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-2189","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2189","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2189"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2189\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2189"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2189"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2189"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}