{"id":2202,"date":"2016-02-04T23:12:36","date_gmt":"2016-02-05T04:12:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/guerra\/"},"modified":"2016-02-04T23:12:36","modified_gmt":"2016-02-05T04:12:36","slug":"guerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/guerra\/","title":{"rendered":"GUERRA"},"content":{"rendered":"<p>v. Batalla, Lucha<br \/>\nGen 14:2 hicieron g contra Bera rey de Sodoma<br \/>\nExo 15:3 Jehov\u00e1 es var\u00f3n de g; Jehov\u00e1 es su nombre<br \/>\nNum 32:20 si os dispon\u00e9is para ir delante .. a la g<br \/>\nDeu 20:1 cuando salgas a la g .. no tengas temor<br \/>\nDeu 24:5 alguno fuere reci\u00e9n casado, no saldr\u00e1 a la g<br \/>\nJos 11:23 sus tribus; y la tierra descans\u00f3 de la g<br \/>\nJdg 5:8 nuevos dioses, la g estaba a las puertas<br \/>\n1Sa 17:1 filisteos juntaron sus ej\u00e9rcitos para la g<br \/>\n1Sa 19:8 hubo de nuevo g; y sali\u00f3 David y pele\u00f3<br \/>\n2Sa 11:1; 1Ch 20:1 que salen los reyes a la g<br \/>\n1Ki 14:30; 15:6<\/p>\n<hr>\n<p>Guerra    (heb. milj\u00e2m\u00e2h; gr. p\u00f3lemos).  Es necesario distinguir entre las guerras ofensivas y las defensivas libradas por Israel durante la forma de gobierno teocr\u00e1tico, y las guerras libradas durante la monarqu\u00ed\u00ada.  Cuando Israel estuvo gobernada por Dios, bajo l\u00ed\u00adderes como Mois\u00e9s o jueces como Gede\u00f3n o profetas como Samuel, las guerras eran un asunto religioso.  Eran las \u00abguerras de Jehov\u00e1\u00bb (Exo 17:16; Num 21:14; 1Sa 18:17; 25:28), y los enemigos de Israel eran los enemigos de Dios (Jdg 5:23, 31).  Las guerras se emprend\u00ed\u00adan por orden expl\u00ed\u00adcita del Se\u00f1or (6:14).  Por esta raz\u00f3n, los guerreros se deb\u00ed\u00adan mantener ceremonialmente puros (1Sa 21:4-6; cf 2Sa 11:11), porque Jehov\u00e1 mismo dirig\u00ed\u00ada sus ej\u00e9rcitos (Isa 13:3; Deu 20:4) y su presencia estaba en el campamento (Num 14:42; Deu 23:14; 1Sa 4:7).  Jehov\u00e1 es llamado el estandarte de Israel (Exo 17:15), su espada y escudo (Deu 33:29), un guerrero (Exo 15:3) y quien consterna y aterroriza a sus enemigos (Exo 23:27; Jos 10:10).  Se dieron reglamentos divinos aun con respecto a las exenciones del servicio militar.  Los que hab\u00ed\u00adan construido una casa, pero no la hab\u00ed\u00adan inaugurado no deb\u00ed\u00adan ir a la guerra; como tampoco los que hubieran plantado una vi\u00f1a, pero a\u00fan no hab\u00ed\u00adan comido el fruto de ella; o quien estaba comprometido con una mujer, pero no se hab\u00ed\u00ada casado con ella; o los de coraz\u00f3n apocado; o el reci\u00e9n casado (Deu 20:5-9; 24:5).  Si no se hab\u00ed\u00ada dado una orden expl\u00ed\u00adcita, los israelitas consultaban la voluntad de Dios antes de iniciar una guerra agresiva (Jdg 20:23, 27, 28).  Cuando estaban amenazados por un enfrentamiento armado que no hab\u00ed\u00adan buscado, oraban a Dios pidiendo ayuda divina (1Sa 7:8, 9).  Bajo la monarqu\u00ed\u00ada, las guerras fueron emprendidas por Sa\u00fal y David -como en el per\u00ed\u00adodo teocr\u00e1tico- en obediencia a mandatos divinos (1Sa 15:2, 3; 2Sa 5:22-25).  Pero tales ocasiones fueron la excepci\u00f3n; la mayor\u00ed\u00ada de las registradas fue iniciada ya sea para extender el territorio nacional (8:1-14), para recuperar \u00e1reas o ciudades perdidas (1Ki 22:3, 4), para defender el pa\u00ed\u00ads (20:1-22), o para evitar que un rey extranjero pasara por \u00e9l en una campa\u00f1a militar contra otro (2Ch 35:20-22).  Algunas veces a la guerra la preced\u00ed\u00ada una declaraci\u00f3n formal (2Ki 14:8-11); en otras se enviaba a la naci\u00f3n enemiga cierta noticia de un ataque inminente para atemorizarla o inducirla a proponer una soluci\u00f3n pac\u00ed\u00adfica a las dificultades existentes entre las 2 naciones (Jdg 11:12-28; 1Sa 11:1-3; 1Ki 20:1-12).  En la  mayor\u00ed\u00ada de los casos, sin embargo, las guerras comenzaban sorprendiendo al enemigo, sin darle ning\u00fan indicio del ataque (Gen 14:15;  Jos 8:2-7; Jdg 7:16-22; 2Sa 5:23, 24).  Las campa\u00f1as militares generalmente comenzaban en la primavera (2Sa 11:1), despu\u00e9s de terminar la estaci\u00f3n lluviosa.  Entonces resultaba posible acampar al aire libre, y el suelo estaba lo suficientemente duro como para el movimiento de grandes ej\u00e9rcitos y para las operaciones de una batalla.  Con frecuencia se enviaba esp\u00ed\u00adas para obtener informaciones militares acerca de la debilidad del enemigo (Num 13:17; Jos 2:1; Jdg 7:9-11; 1Sa 26:4). En otras ocasiones se tomaban personas del  campamento o ciudad enemigos mediante quienes se obten\u00ed\u00adan valiosas informaciones (Jdg 8:14; 1Sa 30:11-15).  Generalmente, las guerras se caracterizaban por su crueldad.  Las ciudades capturadas eran casi siempre destruidas, y sus habitantes masacrados o llevados cautivos como esclavos (1Ki 15:16; 2Ch 25:11, 12).  A veces se intentaba sobornar a una fuerza de ataque con el pago de un pesado tributo, aunque tales intentos rara vez ten\u00ed\u00adan \u00e9xito, porque despertaban el apetito del atacante y demostraban que la naci\u00f3n atacada se sent\u00ed\u00ada demasiado d\u00e9bil como para una guerra defensiva exitosa (1Ki 20:2-9; 2Ki 18:13-16).  La naci\u00f3n victoriosa celebraba el triunfo con cantos y danzas (2Ch 20:26-28); la naci\u00f3n conquistada era subyugada y deb\u00ed\u00ada soportar el estacionamiento de 508 guarniciones (2Sa 8:13, 14) o deb\u00ed\u00ada pagar un elevado tributo anual (2Ki 3:4).  En el NT, \u00abguerra\u00bb se usa a menudo en un sentido figurado: Santiago habla de las pasiones humanas que combaten en los miembros (4:1); Pablo hace notar que la guerra cristiana no se libra con armas materiales, sino espirituales (2Co 10:3-5; Eph 6:11-17); Pedro anima a sus lectores a separarse de todos los deseos y las pr\u00e1cticas carnales que \u00abbatallan contra el alma\u00bb (1Pe 2:11); Pablo exhort\u00f3 a Timoteo a que actuara en \u00abla buena milicia\u00bb del ministerio (1 Tit 1:18).  V\u00e9anse Batalla; Ej\u00e9rcito.<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Evang\u00e9lico<\/b><\/p>\n<p>lucha armada entre naciones, pueblos o partidos. Israel desde los or\u00ed\u00adgenes de su historia debi\u00f3 librar muchas luchas, muchas guerras. En la historia b\u00e9lica de este pueblo tiene la mayor importancia la promesa de Yahv\u00e9h a Abraham de darle a su descendencia la tierra de Cana\u00e1n, Gn 12,  7; Tierra Prometida habitada por otros pueblos y que era necesario conquistar: \u2020\u0153Voy a dar a tu descendencia esta tierra, desde el r\u00ed\u00ado de Egipto hasta el R\u00ed\u00ado Grande, el r\u00ed\u00ado Eufrates: los quenitas, quenizitas, cadmonitas,  hititas, perizitas, refa\u00ed\u00adtas, amorreos, cananeos, guirgasitas y jebuseos\u2020\u009d, Gn 15, 18-21. La Tierra Prometida, por otra parte, estaba en un punto estrat\u00e9gico de paso entre las regiones bajo la influencia de Mesopotamia y Egipto, lo que implicaba frecuentes conflictos b\u00e9licos. El israelita era un pueblo peque\u00f1o, no cont\u00f3 con un ej\u00e9rcito organizado hasta la \u00e9poca de la monarqu\u00ed\u00ada, lo que lo hac\u00ed\u00ada vulnerable a las embestidas de los ej\u00e9rcitos mejor armados y entrenados de los grandes imperios de su tiempo. Siendo Israel al pueblo escogido por Yahv\u00e9h, apartado de las dem\u00e1s naciones, con una Tierra Prometida que debe conquistar, es descrito, en la traves\u00ed\u00ada del desierto tras salir de la esclavitud en Egipto, como un ej\u00e9rcito en marcha; se hizo el censo en el desierto del Sina\u00ed\u00ad de todos los hombres de veinte a\u00f1os para arriba, aptos para la g., por cuerpos de ej\u00e9rcito; acampaban cada uno bajo su bandera alrededor de la Tienda del Encuentro; se hicieron trompetas de plata para dar las se\u00f1ales de movilizaci\u00f3n, Nm 1; 2; 10; 26. La  g. para los israelitas ten\u00ed\u00ada un car\u00e1cter religioso, Yahv\u00e9h interven\u00ed\u00ada directamente en favor de su pueblo, Dt 20; \u2020\u0153Yahv\u00e9h tu Dios pasea por el campamento para protegerte y entregar en tu mano a tus enemigos. Por eso    tu campamento debe ser una cosa sagrada\u2020\u009d, Dt 23, 15; el combatiente en g.,  por tanto, estaba en presencia de Yahv\u00e9h, deb\u00ed\u00ada purificarse y la continencia era una ley de g.: Dt 23, 10-11; \u2020\u0153Purificaos, porque ma\u00f1ana Yahv\u00e9h va a obrar maravillas en medio de vosotros\u2020\u009d, Jos 3, 5; 1 S 21, 6; 2 S 11, 11.<\/p>\n<p>Cuando el fara\u00f3n persegu\u00ed\u00ada a los israelitas  antes del paso del mar Rojo,  Mois\u00e9s les dice: \u2020\u0153Yahv\u00e9h pelear\u00e1 por vosotros\u2020\u009d, Ex 14, 14. Cuando los israelitas fueron atacados por los amalecitas, dijo Mois\u00e9s: \u2020\u0153Yahv\u00e9h est\u00e1 en guerra con Amalec, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n\u2020\u009d, Ex 17, 16; \u2020\u0153Que se armen algunos de vosotros para la guerra de Yahv\u00e9h contra Madi\u00e1n\u2020\u009d, Nm 31, 3, le dice Yahv\u00e9h a Mois\u00e9s; y le da las leyes que deben seguirse para la purificaci\u00f3n y el reparto del bot\u00ed\u00adn, parte del cual debe reservarse para Yahv\u00e9h, Nm 31, 21-47. En Nm 21, 14, se cita lo que debi\u00f3 ser una compilaci\u00f3n de cantos \u00e9picos, perdida, el libro de las Guerras de Yahv\u00e9h,  expresi\u00f3n que usa Sa\u00fal cuando le promete a David darle a su hija como esposa, con tal que sea valeroso en \u2020\u0153las batallas de Yahv\u00e9h\u2020\u009d, 1 S 18, 17.   Adem\u00e1s, encontramos en las Escrituras cantos \u00e9picos, de victoria, de acci\u00f3n de gracias por la intervenci\u00f3n de Yahv\u00e9h en favor de su pueblo,  como el de Mois\u00e9s por la salvaci\u00f3n milagrosa que obr\u00f3 Dios en favor de Israel cuando lo libr\u00f3 del ej\u00e9rcito del fara\u00f3n al salir del cautiverio en Egipto, as\u00ed\u00ad como las maravillas que hizo durante el \u00e9xodo, Ex 15; el C\u00e1ntico de D\u00e9bora, tras la victoria sobre los cananeos, en el que se celebra la g. que Yahv\u00e9h hace a los enemigos de su pueblo, que son tambi\u00e9n sus enemigos, Jc 5; el Salmo 18 (17), canto de victoria y acci\u00f3n de gracias de David a Yahv\u00e9h, por librarlo de sus enemigos; el Salmo 68 (67), sobre la epopeya del pueblo de Dios. Sin embargo, en muchas ocasiones, Yahv\u00e9h mov\u00ed\u00ada a g. a otras naciones contra Israel a causa de las infidelidades del pueblo, como castigo, Dt 28, 47-57; Is 29, 7; Jr 6, 4; 21, 5; 34, 22.<\/p>\n<p>Diccionario B\u00ed\u00adblico Digital, Grupo C Service &#038; Design Ltda., Colombia, 2003<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Digital<\/b><\/p>\n<p>(heb., milhamah, de laham, pelear; gr., polemos). La guerra ten\u00ed\u00ada significado religioso para Israel. Era habitual que sacerdotes acompa\u00f1aran a los ej\u00e9rcitos de Israel a la batalla (Deu 20:1-4). Se empezaban las campa\u00f1as y se entraba a los combates con ritos involucrando sacrificios (1Sa 7:8-10; 1Sa 13:9) y despu\u00e9s de consultar al Se\u00f1or (Jdg 20:18 ss.; 1Sa 14:37; 1Sa 23:2; 1Sa 28:6; 1Sa 30:8). Algunas veces se ped\u00ed\u00ada la direcci\u00f3n de profetas antes de una campa\u00f1a (1Ki 22:5; 2Ki 3:11).<\/p>\n<p>El sonido de una trompeta por toda la tierra anunciaba un llamado a las armas (Jdg 3:27; 1Sa 13:3; 2Sa 15:10), y los sacerdotes sonaban una alarma con trompetas (2Ch 13:12-16). Las armas inclu\u00ed\u00adan hondas, lanzas, jabalinas, arcos y flechas, espadas y arietes.<\/p>\n<p>Movimientos estrat\u00e9gicos inclu\u00ed\u00adan la emboscada (Jos 8:3 ss.), la treta (Jdg 29:20 ss.), el movimiento de flanco (2Sa 5:22 ss.), el ataque por sorpresa (Jos 11:1-2), la invasi\u00f3n (1Ch 14:9), la incursi\u00f3n (2Sa 3:22) y el saqueo para asegurarse provisiones (2Sa 23:10). Los ej\u00e9rcitos victoriosos saqueaban el campamento del enemigo, robaban a los muertos (Jdg 8:24-26; 1Sa 31:9; 2Ch 20:26), y a menudo mataban o mutilaban a los prisioneros (Jos 8:23, Jos 8:29; Jos 10:22-27; Jdg 1:6). El bot\u00ed\u00adn se divid\u00ed\u00ada en partes iguales entre los que hab\u00ed\u00adan participado en la batalla y los que hab\u00ed\u00adan sido dejados atr\u00e1s en el campamento (Num 31:27; Jos 22:8; 1Sa 30:24-25), pero algo de los despojos se reservaba para los levitas y para el Se\u00f1or (Num 31:28, Num 31:30).<\/p>\n<p>Jes\u00fas se refiri\u00f3 a la guerra como una parte inevitable del presente orden mundial pecaminoso (Mat 24:6), pero advirti\u00f3 que los que toman espada perecer\u00e1n por ella (Mat 26:52). Se dice del creyente que es un soldado (2Ti 2:3; 1Pe 2:11). Apocalipsis usa la figura de batalla y guerra para describir el triunfo final de Cristo sobre Satan\u00e1s (Rev 16:14-16; Rev 17:14; Rev 19:14).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario B\u00edblico Mundo Hispano<\/b><\/p>\n<p>La inclinaci\u00f3n del hombre por la violencia se manifest\u00f3 despu\u00e9s de la \u2020\u00a2ca\u00ed\u00adda, como se ve en la historia de Ca\u00ed\u00adn y Abel, as\u00ed\u00ad como en el violento \u2020\u00a2Lamec, que dec\u00ed\u00ada en su canto: \u2020\u0153Que un var\u00f3n matar\u00e9 por mi herida, y un joven por mi golpe\u2020\u009d (Gen 4:23). La Biblia dice que \u2020\u0153se corrompi\u00f3 la tierra delante de Dios, y estaba llena de violencia\u2020\u009d (Gen 6:11). A pesar del juicio que Dios trajo al mundo con el \u2020\u00a2diluvio, los hombres insistieron en atacarse mutuamente, y se acentu\u00f3 as\u00ed\u00ad la tradici\u00f3n de g. que conoce el mundo.<\/p>\n<p>Los m\u00e9todos de g. descritos en las Escrituras obedecen a principios de los cuales muchos todav\u00ed\u00ada son v\u00e1lidos en el d\u00ed\u00ada de hoy. Se utilizaba el ataque por sorpresa, como pas\u00f3 en el caso de Gede\u00f3n contra los madianitas, al atacarlos de noche (Jue. 6 al 8). Tambi\u00e9n la emboscada, m\u00e9todo que utiliz\u00f3 Josu\u00e9 frente a la ciudad de Hai (Jos 8:1-29). El principio de la concentraci\u00f3n de las fuerzas se aplicaba universalmente. \u2020\u00a2Afec era un lugar preferido por los filisteos para reunir sus tropas y atacar a Israel (1Sa 4:1; 1Sa 29:1). Se procuraba que las fuerzas tuvieran un m\u00e1ximo de movilidad. David y sus hombres \u2020\u0153hac\u00ed\u00adan incursiones contra los gesuritas, los gezritas y los amalecitas\u2020\u009d, en una especie g. de guerrillas con las que asolaba r\u00e1pidamente estas regiones y luego se refugiaba en \u2020\u00a2Siclag (1Sa 27:6-12).<br \/>\nej\u00e9rcitos se divid\u00ed\u00adan por lo general en tres cuerpos: infanter\u00ed\u00ada, caballer\u00ed\u00ada y carros (\u2020\u0153Porque no le hab\u00ed\u00ada quedado gente a Joacaz, sino cincuenta hombres de a caballo, diez carros, y diez mil hombres de a pie\u2020\u009d [2Re 13:7]). Era importante el obtener una buena coordinaci\u00f3n entre los distintos cuerpos en la acci\u00f3n de g. Los israelitas no usaron carros en grandes cantidades, por lo accidentado del terreno de su pa\u00ed\u00ads. La infanter\u00ed\u00ada (\u2020\u0153hombres de a pie\u2020\u009d [1Re 20:29]) estaba compuesta por arqueros (\u2020\u0153Los hijos de Efra\u00ed\u00adn, arqueros armados&#8230;\u2020\u009d [Sal 78:9]), honderos (\u2020\u0153De toda aquella gente hab\u00ed\u00ada setecientos hombres escogidos, que eran zurdos, todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban\u2020\u009d [Jue 20:16], lanceros (\u2020\u0153&#8230; hombres de g. muy valientes para pelear, diestros con escudo y pav\u00e9s\u2020\u009d [1Cr 12:8]), m\u00e1s los auxiliares.<br \/>\nproteger las ciudades tanto como puestos fronterizos o considerados estrat\u00e9gicos se levantaban fortificaciones, a veces con muros muy gruesos. \u00e9stas ten\u00ed\u00adan generalmente forma cuadrada o de cuadril\u00e1tero. Las torres comenzaron a construirse tambi\u00e9n cuadradas, y luego las hicieron redondas. Para las fortificaciones se utilizaba piedra y ladrillo, o una combinaci\u00f3n de estos materiales. Los ataques a ciudades amuralladas o a fortalezas se hac\u00ed\u00adan mediante una aproximaci\u00f3n directa, como era el asalto a las fortificaciones para sobrepasarlas o abrir una brecha en ellas. Los asirios fueron famosos por el uso del ariete para estos fines. Un m\u00e9todo indirecto era cavar debajo de las edificaciones para lograr la penetraci\u00f3n. El sitio consist\u00ed\u00ada en rodear la ciudad o fortaleza cortando sus v\u00ed\u00adas de comunicaci\u00f3n y abastecimiento, para hacerla rendir por hambre o sed. Tambi\u00e9n se utilizaban tretas para lograr la entrada a los sitios fortificados mediante el enga\u00f1o.<br \/>\nse escog\u00ed\u00adan para los combates y batallas puntos estrat\u00e9gicos o clave, en los caminos principales. Se hac\u00ed\u00ada uso intensivo de las labores de inteligencia para conocer las fuerzas enemigas y, de ser posible, identificar su curso de acci\u00f3n. En la conquista de la ciudad de Bet-el, \u2020\u0153la casa de Jos\u00e9 puso esp\u00ed\u00adas\u2020\u009d que procuraron detectar los puntos vulnerables (Jue 1:23-26). Como en todo esfuerzo b\u00e9lico, se hac\u00ed\u00adan trabajos dirigidos a mantener un buen esp\u00ed\u00adritu y la disciplina dentro de las propias tropas.<br \/>\n, por supuesto, important\u00ed\u00adsima la disponibilidad de armamento adecuado. ( \u2020\u00a2Armadura y armas). Durante mucho tiempo los israelitas estuvieron en desventaja frente a los cananeos en ese sentido. Rememorando la batalla contra Jab\u00ed\u00adn y S\u00ed\u00adsara, D\u00e9bora dijo: \u2020\u0153Cuando escog\u00ed\u00adan nuevos dioses, la g. estaba a las puertas; \u00bfse ve\u00ed\u00ada escudo o lanza entre cuarenta mil en Israel?\u2020\u009d (Jue 5:8). Los filisteos manejaban bien la tecnolog\u00ed\u00ada del hierro y procuraban mantener el monopolio de ella en contra de los israelitas, usando eso como instrumento de dominaci\u00f3n. Por eso, hubo un tiempo en que \u2020\u0153no se hallaba herrero\u2020\u009d en Israel y hab\u00ed\u00ada que \u2020\u0153descender a los filisteos para afilar cada uno la reja de su arado, su azad\u00f3n, su hacha o su hoz\u2020\u009d (1Sa 13:18-20). Los herreros eran artesanos muy apreciados, sobre todo porque produc\u00ed\u00adan las armas que usaban todos los ej\u00e9rcitos. Cuando Nabucodonosor destruy\u00f3 Jerusal\u00e9n se llev\u00f3 los herreros a Babilonia (2Re 24:14-16).<br \/>\nEscrituras mencionan a Dios muchas veces con un lenguaje tomado del vocabulario de la g. Se usa el nombre de \u2020\u0153Jehov\u00e1 de los ej\u00e9rcitos\u2020\u009d, mayormente para aludir a \u00e9l como Dios supremo en la corte celestial, rodeado de los \u00e1ngeles (1Sa 1:3). Mois\u00e9s le llama \u2020\u0153var\u00f3n de guerra\u2020\u009d (Exo 15:3) y David, el \u2020\u0153Dios de los escuadrones de Israel\u2020\u009d (1Sa 17:45). La idea impl\u00ed\u00adcita es que Dios dirig\u00ed\u00ada al pueblo en sus batallas.<br \/>\nhistorias de g. del AT pueden incluirse dentro del concepto expresado en 1Co 10:11 (\u2020\u0153Estas cosas les acontecieron como ejemplo, y est\u00e1n escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos\u2020\u009d). Pero a pesar de que las Escrituras hablan de la g. y describen muchas de ellas como parte de la historia de la humanidad, el ideal de Dios que presentan para el mundo es el de la paz, pues \u00e9l es el \u2020\u0153que hace cesar las g. hasta los fines de la tierra\u2020\u009d (Sal 46:9). Dios no se complace en las naciones guerreristas, sino que \u2020\u0153esparce a los pueblos que se complacen en la g.\u2020\u009d (Sal 68:30). Promete, adem\u00e1s, que vendr\u00e1 un d\u00ed\u00ada cuando \u2020\u0153juzgar\u00e1 entre las naciones, y reprender\u00e1 a muchos pueblos; y volver\u00e1n sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzar\u00e1 espada naci\u00f3n contra naci\u00f3n, ni si adiestrar\u00e1n m\u00e1s para la g.\u2020\u009d (Isa 2:4. \u2020\u0153En aquel tiempo &#8230; quitar\u00e9 de la tierra arco y espada y g.\u2020\u009d (Ose 2:18).<br \/>\nsoldados fueron creyentes. \u2020\u00a2Juan el Bautista exigi\u00f3 a los militares que no abusaran de las armas (\u2020\u0153Y les dijo: No hag\u00e1is extorsi\u00f3n a nadie, ni calumni\u00e9is; y contentaos con vuestro salario\u2020\u009d [Luc 3:14]). El Se\u00f1or Jes\u00fas alab\u00f3 la fe de un centuri\u00f3n (Luc 7:9). El primer gentil convertido fue un militar, Cornelio (Hch. 10). En la historia de la iglesia, sin embargo, siempre existi\u00f3 cierta reticencia en cuanto a recomendar la carrera militar a los creyentes. No obstante esto, los que eran militares antes de convertirse no siempre eran alentados a abandonar su profesi\u00f3n.<\/p>\n<p>La g. espiritual. El NT ense\u00f1a que los creyentes est\u00e1n involucrados en una g. espiritual (\u2020\u0153Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucci\u00f3n de fortalezas\u2020\u009d [2Co 10:4]). Los escritores del NT toman el vocabulario de la g. para expresar verdades del mundo del esp\u00ed\u00adritu. As\u00ed\u00ad, se nos habla de que el creyente debe hacer uso de \u2020\u0153toda la armadura de Dios&#8230;\u2020\u009d (Efe 6:11-17). La presencia del mal en la tierra, fruto del pecado, y la actividad de los \u2020\u00a2demonios, que est\u00e1 en continua oposici\u00f3n a los prop\u00f3sitos de Dios, mantienen a los creyentes en permanente lucha. Pablo advirti\u00f3 tambi\u00e9n que los hombres escuchar\u00ed\u00adan \u2020\u0153a esp\u00ed\u00adritus enga\u00f1adores y a doctrinas de demonios\u2020\u009d (1Ti 4:1). Por eso utiliza el lenguaje del combate para referirse a la vida cristiana (\u2020\u0153combatiendo &#8230; por la fe del evangelio\u2020\u009d [Flp 1:27; Flp 4:3]). En Hebreos se nos dice: \u2020\u0153&#8230; combatiendo contra el pecado\u2020\u009d (Heb 12:4).<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano<\/b><\/p>\n<p>tip, TIPO EJER<\/p>\n<p>vet, La guerra es la consecuencia natural de la presencia del pecado en el mundo, y de la codicia de los hombres y de las naciones por lo que pertenece a los otros (Stg. 4:1-3). Tambi\u00e9n puede tener el car\u00e1cter, como en las Escrituras, de un juicio de Dios sobre una tierra por su pecado. Este es el car\u00e1cter de la conquista de la tierra de Cana\u00e1n por parte de Israel, como huestes del Se\u00f1or, y en su mantenimiento de su tierra, para lo cual ten\u00ed\u00adan instrucciones divinas. En tipolog\u00ed\u00ada, la guerra de ellos es figura del conflicto del cristiano contra principados, potestades, gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (cp. Ef. 6:10-20). Hay tambi\u00e9n las guerras contra Israel, en las que Dios utiliz\u00f3 a otras naciones para castigar a su pueblo. Pero Dios siempre da sus propios derechos sobre su propio pueblo y sobre su propia tierra. Cuando Jehov\u00e1 destruy\u00f3 el ej\u00e9rcito de Fara\u00f3n en el mar Rojo, fue llamado \u00abvar\u00f3n de guerra\u00bb, y \u00e9sta y otras victorias fueron registradas en \u00abel libro de las batallas de Jehov\u00e1\u00bb (Ex. 15:3; Nm. 21:14). David dijo de Dios: \u00abQuien adiestra mis manos para la batalla\u00bb (2 S. 22:35; Sal. 18:34). Cuando estaban prestos a la batalla, los israelitas consultaban a Jehov\u00e1 (Jue. 20:23, 27, 28; 1 S. 14:37; 23:2; 1 R. 22:6). Si el conflicto no pod\u00ed\u00ada ser evitado, invocaban la ayuda de Dios, ofreciendo en ocasiones un sacrificio (1 S. 7:8, 9; 13:12; 2 Cr. 20:6-12; 1 Mac. 3:47-54). Los paganos recurr\u00ed\u00adan a la adivinaci\u00f3n, cuid\u00e1ndose de no salir a la batalla m\u00e1s que en un d\u00ed\u00ada que fuera declarado propicio (Ex. 21:26-28). Se enviaban exploradores para reconocer el territorio enemigo, a fin de valorar su capacidad de resistencia (Nm. 13:17; Jos. 2:1, 2; Jue. 7:9-11; 1 S. 26:4). Los prisioneros eran interrogados en busca de informaci\u00f3n (Jue. 8:14; 1 S. 30:11-15). Antes de la batalla, un sacerdote, o bien el general del ej\u00e9rcito, recordaba a los soldados la presencia de Dios. Algunos eran devueltos a sus hogares (Dt. 20:2-9; 2 Cr. 20:14-20; 1 Mac. 3:56; 4:8-11). Se usaban diversas t\u00e1cticas: la sorpresa, la emboscada, la huida simulada, el asedio (Gn. 14:15; Jos. 8:2-7; Jue. 7:16-22; 2 S. 5:23). En ocasiones, los campamentos enemigos presentaban a sus campeones (1 S. 17). Las tropas israelitas daban la se\u00f1al de ataque y de invocaci\u00f3n para que Dios les diera su ayuda (Nm. 10:9; Jos. 6:5; Jue. 7:20; 2 Cr. 13:12; 1 Mac. 4:13; 5:33). Como los otros pueblos de la antig\u00fcedad, los israelitas saqueaban el campamento enemigo (Jue. 8:24-26; 1 S. 31:9; 2 Cr. 20:25; 1 Mac. 4:17-23), y en ocasiones daban muerte o mutilaban a prisioneros (Jos. 8:23, 29; 10:22- 27; Jue. 1:6; 8:21; 2 S. 8:2). Por lo general, lo que se hac\u00ed\u00ada era reducirlos a esclavitud. Las fuerzas que asediaban una ciudad cortaban el suministro de agua, y fortificaban su propio campamento, por temor a una salida de los asediados (Guerras 5:2, 3). El enemigo levantaba terraplenes, y dispon\u00ed\u00ada sus arietes contra las puertas de la ciudad (2 S. 20:15; Ez. 4:2; v\u00e9ase ARIETE), hostig\u00e1ndose a sus defensores con honderos y arqueros. Con ayuda de escaleras puestas sobre los terraplenes elevados, que en ocasiones llegaban a la mitad de la altura de los muros, se escalaban \u00e9stos (Jue. 9:52). Arqueros apostados sobre las torres de asedio y desde el suelo acribillaban a los asediados, que se defend\u00ed\u00adan con flechas, piedras, antorchas encendidas (Guerras 5:2, 2 y 4; 6:4; 11:4; 2 Cr. 32:2-5; 2 S. 11:21, 24; 2 Cr. 26:15; 1 Mac. 6:31). La ca\u00ed\u00adda de una ciudad entra\u00f1aba su destrucci\u00f3n y la matanza de sus habitantes, sin respeto a la edad ni al sexo (Jos. 6:21, 24; 8:24-29; 10:22-27; 2 R. 15:16). La victoria se celebraba con c\u00e1nticos y danzas (Ex. 15:1-21; Jue. 5; 1 S. 18:6; 2 Cr. 20:26-28; 1 Mac. 4:24). Sigue habiendo guerras en la actualidad, perfeccion\u00e1ndose cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s los instrumentos de muerte. El coraz\u00f3n de una humanidad a espaldas de Dios no ha cambiado, lo que acarrear\u00e1 los duros juicios que desembocar\u00e1n en la venida del Se\u00f1or para imponer su reino. Israel, establecido en la tierra en incredulidad, est\u00e1 siendo perseguido por sus enemigos. Llegar\u00e1 el d\u00ed\u00ada en que el mundo se unir\u00e1 en Armaged\u00f3n para presentar batalla en el gran d\u00ed\u00ada del Dios todopoderoso (Ap. 16:14, 16). El Se\u00f1or reinar\u00e1 hasta que haya puesto a todos sus enemigos por estrado de sus pies. Despu\u00e9s seguir\u00e1 el periodo en el que no se aprender\u00e1 m\u00e1s a hacer la guerra, cuando los instrumentos de guerra ser\u00e1n convertidos en aperos de labranza, y el Pr\u00ed\u00adncipe de Paz reinar\u00e1 sobre toda la tierra (Mi. 4:3). Bibliograf\u00ed\u00ada: R. V. G. Tasker: \u00abLa ira de Dios\u00bb (Ediciones Evang\u00e9licas Europeas, Barcelona, 1971).<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico Ilustrado<\/b><\/p>\n<p>[359]<\/p>\n<p>      Es un mal de la humanidad a nivel individual (rivalidades, envidias, rencores, discordias, venganzas) y sobre todo a nivel de colectividad (contiendas, choques, batallas, acciones violentas)<\/p>\n<p>    Es un tema moral de especial sensibilidad en los tiempos modernos, en los que parece que el hombre es m\u00e1s civilizado, pero cuando hay m\u00e1s tensiones entre las naciones y en puntos concretos del planeta tierra.<\/p>\n<p>    El Concilio Vaticano II, al mirar la realidad del mundo actual, dec\u00ed\u00ada: \u00abEl mensaje evang\u00e9lico, que coincide con los m\u00e1s altos deseos y aspiraciones del g\u00e9nero humano, brillar\u00e1 en estos tiempos con una nueva claridad, si es capaz de proclamar bienaventurados a los art\u00ed\u00adfices de la paz porque ser\u00e1n llamados hijos de Dios. (Mt.5. 9)\u00bb (Gaudium  et Spes.77).<\/p>\n<p>    1. Guerra en la Biblia<br \/>\n    La \u00abpaz\u00bb es una aspiraci\u00f3n general de la humanidad. El mensaje cristiano se hizo eco de ese anhelo y siempre mir\u00f3 la guerra como un atentado a esa necesidad humana. Pero la \u00abpaz\u00bb b\u00ed\u00adblica no es s\u00f3lo la ausencia de guerra, sino desarrollo vital de la existencia. Los hebreos se saludaban con la palabra Paz, \u00abShalom\u00bb, que indicaba tranquilidad para desarrollar todos los dem\u00e1s bienes.<\/p>\n<p>    1.1. En el A. Testamento<br \/>\n    Los textos relacionados con la paz en el Antiguo Testamento, en donde surge el \u00abshalom\u00bb son innumerables y siempre hacen referencia a la necesidad de superar los conflictos para vivir con armon\u00ed\u00ada y tranquilidad.<\/p>\n<p>    El Mes\u00ed\u00adas en el Antiguo Testamento se presenta como \u00abPr\u00ed\u00adncipe de la paz\u00bb (Is. 9. 7). Y su misi\u00f3n es inaugurar la paz: \u00abEn vez de bronce traer\u00e9 oro, en vez de hierro traer\u00e9 plata&#8230; Te pondr\u00e9 como gobernante la Paz y por gobierno la Justicia. No se oir\u00e1 m\u00e1s hablar de violencia en tu tierra ni de despojo o quebranto en tus fronteras\u00bb (Is. 60. 17-18). La venida del Mes\u00ed\u00adas inicia una nueva etapa humana.<\/p>\n<p>    Y esa etapa se describe en la Biblia: \u00abDe Si\u00f3n saldr\u00e1 la Ley y de Jerusal\u00e9n la palabra de Yahveh. Juzgar\u00e1 entre las gentes, ser\u00e1 \u00e1rbitro de pueblos numerosos. Forjar\u00e1n de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantar\u00e1n espada naci\u00f3n contra naci\u00f3n ni se ejercitar\u00e1n m\u00e1s en la guerra\u00bb (Is. 2,3 4).<\/p>\n<p>     Cierto desconcierto nos puede venir cuando vemos tambi\u00e9n en el Antiguo Testamento la existencia de sangrientos conflictos. Se descubre a veces un violento sentido de guerra que parece alentado por al mismo Dios: Mois\u00e9s ora mientras los israelitas llevan a cabo la derrota de los amalecitas (Ex. 17.8 16) y Josu\u00e9 cumple la consigna de Yahveh de saquear y asesinar a los vencidos (anatema). (Jos. 7 8). Incluso la regulaci\u00f3n de la guerra, como si fuera un condici\u00f3n aneja al pueblo elegido, tiene lugar destacado en los libros b\u00ed\u00adblicos normativos, en el Deuteronomio (Dt. 20 1-30). Se habla de la destrucci\u00f3n de otros pueblos como lo m\u00e1s natural (Is. 34. 2; Dt. 7. 13; 20. 12-17)<\/p>\n<p>    Es actitud repugnante para nuestro tiempo y resulta dif\u00ed\u00adcil la ex\u00e9gesis de estos elementos b\u00e9licos, incluso teniendo en cuenta el contexto b\u00e9lico de los pueblos primitivos en el Oriente y en el conjunto del universo.<\/p>\n<p>    No obstante, el mensaje mesi\u00e1nico siempre va enlazado con la idea d la paz: en los Salmos se habla como \u00abla justicia y la paz se besan\u00bb (S. 84. 11). Isa\u00ed\u00adas proclama que \u00abla paz es obra de la justicia y el fruto de la justicia el reposo y la seguridad para siempre\u00bb (Is. 32.17)&#8230; Y en los mismos libros prof\u00e9ticos se presenta al Mes\u00ed\u00adas como unido a la paz. \u00abTe dar\u00e9 por magistrado la paz y por soberano la justicia\u00bb (Is. 60. 17)<\/p>\n<p>    1.2. En el Nuevo Testamento<br \/>\n    El inter\u00e9s pacifista se incrementa notablemente en los textos del Nuevo Testamento. Es interesante rese\u00f1ar que en los 27 libros o documentos que lo componen, se cita 29 veces el t\u00e9rmino \u00abguerra\u00bb (polemos o poleo), unas 50 el t\u00e9rmino soldado (strateia o strategos), unas 12 la idea de legi\u00f3n, cohorte o ej\u00e9rcito (speira y legio). Sin embargo son 102 las expl\u00ed\u00adcitas alusiones el termin\u00f3 paz (eirene), de las cuales 22 veces se pone la expresi\u00f3n en los labios de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>    El \u00abpacifismo mesi\u00e1nico\u00bb queda confirmado por sus connotaciones: es un don del Esp\u00ed\u00adritu que Jes\u00fas anuncia, que Jes\u00fas promete, que Jes\u00fas concede, que Jes\u00fas desea. Es lo que ha venido a traer a la tierra aquel de quien cantaban los \u00e1ngeles al nacer: \u00abPaz en la tierra a los hombres de buena voluntad\u00bb (Lc. 2. 14). Y es lo \u00faltimo que desea antes de marcharse del lado de los disc\u00ed\u00adpulos: \u00abLa paz sea con vosotros&#8230; Mi paz os dejo, mi paz os doy&#8230;\u00bb A lo largo de su vida predicadora lo repet\u00ed\u00ada con frecuencia: \u00abVete en paz, tu fe te ha salvado\u00bb. En los labios de Jes\u00fas es algo m\u00e1s que un saludo ritual o una convenci\u00f3n social.<\/p>\n<p>    Los intentos de los adversarios de comprometer a Jes\u00fas de Nazaret con la lucha de su tiempo contra los invasores extranjeros (objetivo del movimiento zelota) son h\u00e1bilmente evitados: \u00abDad al C\u00e9sar lo que es del C\u00e9sar y a Dios lo que es de Dios\u00bb (Lc. 22. 35 38). Las otras referencias siguen el mismo camino de asegurar la paz y de proclamar: \u00abBienaventurados los pac\u00ed\u00adficos\u00bb (Mt. 5.9: Mt. 11. 12; Mc. 11.15 y 19; Lc. 12. 51 y 53). Aunque, en otro orden de cosas afirme \u00abque no ha venido a traer la paz, sino la guerra\u00bb (Mt. 10. 34;.<\/p>\n<p>    En sentido antib\u00e9lico hay que entender los gestos y las palabras de Jes\u00fas: cuando se enfrenta a los que le invitan a pedir que \u00abbaje fuego del cielo\u00bb contra los samaritanos (Lc. 9. 54-55); la recomendaci\u00f3n de \u00abamar a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, bendecid a los que os maldicen y orad por los que calumnian\u00bb. Llegando el Maestro a a\u00f1adir: \u00abAl que te hiere en una mejilla ofr\u00e9cele la otra, y a quien tome el manto no le impidas tomar t\u00fanica; da a todo el que te pida y no reclames de quien toma lo tuyo\u00bb (Lc. 6. 28 30); la superaci\u00f3n de la \u00abley del tali\u00f3n\u00bb (Mt. 5. 39). Conviene recordar el rechaz\u00f3 de modo expreso la violencia en el momento de ser injustamente detenido como un ladr\u00f3n o malhechor: \u00abMete tu espada en la vaina, pues quien toma la espada, a espada morir\u00e1\u00bb (Mt. 26. 52).<\/p>\n<p>  2. Doctrina eclesial<br \/>\n    En conformidad con los textos evang\u00e9licos, la actitud de la Iglesia no ha podido ser m\u00e1s clara en relaci\u00f3n con la guerra. Es un mal y debe ser evitado. S\u00f3lo un mal mayor puede explicarla.<\/p>\n<p>    En ninguna forma y en ninguna ocasi\u00f3n puede ser querida por Dios. Es blasfemo hablar de \u00abguerra santa\u00bb.<\/p>\n<p>    Los primeros cristianos as\u00ed\u00ad entendieron el \u00abpacifismo\u00bb del N.T. Los textos de San Pablo fueron los m\u00e1s contundentes. El programa de \u00ablucha\u00bb presentado por Pablo a los cristianos de Efeso cambia la guerra material por la guerra contra el pecado y el mal, el combate contra las pasiones y el mal: \u00abEstad alerta, ce\u00f1idos vuestros lomos con la verdad, revestidos de la coraza de la justicia y calzados los pies para anunciar el evangelio de la paz. Embarazad en todo momento el escudo de la fe, con que pod\u00e1is apagar los encendidos dardos del maligno. Tomad el yelmo de la salvaci\u00f3n y la espada del esp\u00ed\u00adritu, que es la palabra de Dios&#8230; para dar franqueza el misterio del Evangelio, del que soy el embajador encadenado para anunciarlo con toda libertad y hablar de \u00e9l como conviene\u00bb (Ef. 6.14-20)<\/p>\n<p>    2.1 En los primeros tiempos<br \/>\n    En un mundo militarizado como el que se viv\u00ed\u00ada en los primeros tiempos las met\u00e1foras b\u00e9licas se divulgan pero en sentido nuevo: el Ap\u00f3stol \u00abha combatido el buen combate\u00bb para ganar \u00abla corona de la justicia\u00bb (2 Tim. 4.7).<\/p>\n<p>    Las persecuciones de los primeros tiempos, tal como se reflejaron en el Apocalipsis, provocaban en las victima sentimientos de perd\u00f3n para los verdugos y de aceptaci\u00f3n de los sufrimientos: \u00abEllos le han vencido (al demonio) por la sangre del Cordero y por la palabra de su testiMonio y menospreciaron su vida hasta morir\u00bb (Ap. 10.11).<\/p>\n<p>    Los cristianos perseguidos entendieron el sufrimiento como una purificaci\u00f3n, no como un desaf\u00ed\u00ada que reclamaba reacci\u00f3n defensiva. Por eso lo ofrec\u00ed\u00adan a Dios: \u00abEllos se fueron contentos de la presencia del sanedr\u00ed\u00adn, porque hab\u00ed\u00adan sido dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jes\u00fas\u00bb. (Hech. 5. 41 y 4. 19-27).<\/p>\n<p>    San Justino, al hablar del martirio, sentaba un principio permanente para los m\u00e1rtires cristianos de todos los tiempos: \u00abNosotros no solamente no hacemos la guerra a nuestros enemigos, sino que morimos alegremente confesando a Jesucristo\u00bb (Exhort. al Martirio).<\/p>\n<p>    San Ireneo, camino del martirio escrib\u00ed\u00ada: \u00abLos cristianos ya no saben luchar, sino que, abofeteados, ofrecen la otra mejilla\u00bb Y San Juan Cris\u00f3stomo afirmaba: \u00abMi costumbre es padecer persecuci\u00f3n y no perseguir; ser oprimido y no oprimir\u00bb<br \/>\n    Y desde los primeros tiempos en la conciencia cristiana han pesado las palabras de Tertuliano: \u00abCristo, al desarmar a Pedro, desarm\u00f3 a todos los cristianos\u00bb. Y en el Apologeticum llega a escribir: \u00abSi la fe cristiana sobreviene a los que est\u00e1n comprometidos con la milicia&#8230; una vez recibida la fe o abandonan la milicia, o deben esforzarse para no hacer nada malo contra Dios, lo cual es muy dif\u00ed\u00adcil en la vida militar\u00bb.<\/p>\n<p>    A la luz de esta doctrina primitiva se plantea problemas fuertes para entender la actuaci\u00f3n eclesial en los tiempos b\u00e1rbaros, para justificar los ej\u00e9rcitos cristianos en tiempos medievales de las cruzadas, para descubrir la conquista de tierras nuevas en la edad moderna, para descubrir que hasta tiempos recientes se bendec\u00ed\u00adan tanques y aviones de combate o ej\u00e9rcitos enteros antes del asalto.<\/p>\n<p>    2.2. Los siglos cristianos<br \/>\n    A partir de la conversi\u00f3n de Constantino, los ej\u00e9rcitos se surtieron de soldados cristianos. El Edicto de Tesal\u00f3nica (380), proclam\u00f3 el cristianismo como religi\u00f3n del Imperio.<\/p>\n<p>    Desde entonces el antimilitarismo evang\u00e9lico comenz\u00f3 a entrar en crisis, dudas, vacilaciones. La guerra comenz\u00f3 a verse como habitual y muchos cristianos participaban en ella. La Iglesia sigui\u00f3 predicando la caridad y el amor, la justicia y la misericordia, el respeto a la vida. Pero tambi\u00e9n comenz\u00f3 a mirar al ej\u00e9rcito como un apoyo del orden y del poder establecido y pens\u00f3 en los cristianos que ten\u00ed\u00ada la profesi\u00f3n de las armas: manejar, defender, atacar, usarlas.<\/p>\n<p>    Algunos Concilios primitivos comenzaron a plantear el problema y a dar normas. Y grandes escritores cristianos comenzaron a perfilar juicios morales que aclararan las situaciones. Se lleg\u00f3 a la idea de que la guerra defensiva era justa si la defensa implicaba defender los propios bienes: la vida, la familia, la libertad, el orden.<\/p>\n<p>    Y se plantearon interrogantes sobre las guerras de conquista: San Agust\u00ed\u00adn formulaba esta doctrina: \u00abLa guerra y la conquista son una triste necesidad a los ojos de los hombres buenos y felicidad para los malos, sin embargo, a\u00fan ser\u00ed\u00ada peor si los malhechores dominasen a los hombres justos\u00bb.<\/p>\n<p>    Las condiciones posteriores fueron variando a lo largo de la Edad Media, sobre todo cuando surg\u00ed\u00ada la necesidad de luchar contra los infieles mahometanos que invad\u00ed\u00ada Europa por el Este y por el Sur. Las guerras defensivas contra el Islam desarrollaron la nueva teor\u00ed\u00ada cristiana de la guerra: deber, m\u00e9rito, valent\u00ed\u00ada, voluntad de Dios. El interrogante fuerte venia cuando la guerra se daba entre pr\u00ed\u00adncipes cristianos. Sobre todo surg\u00ed\u00ada si uno de ellos era el Soberano de Roma y sus Estados, que lo era el Papa, el Sucesor de San Pedro.<\/p>\n<p>    Las soluciones de conveniencia, interesadas, contradictorias, fueron muchas, tantas cuantos grupos de te\u00f3logos fieles a los pr\u00ed\u00adncipes les aconsejaban.<\/p>\n<p>    Las guerras de religi\u00f3n entre estados cat\u00f3licos y protestantes introdujeron un nuevo factor para la reflexi\u00f3n, sobre todo al ver c\u00f3mo grandes reinos en otros tiempos cristianos se separaban de la Iglesia de Roma: Alemania, Reinos del B\u00e1ltico, el Reino Unido.<\/p>\n<p> 2.3. Los tiempos nuevos<br \/>\n    Los problemas morales se hicieron m\u00e1s intensos cuando, detr\u00e1s de la revoluci\u00f3n francesa (1879), Napole\u00f3n llev\u00f3 la Guerra a toda Europa y trato de erigirse en Gobernante del mundo.<\/p>\n<p>    Y con esa guerra llevada desde Mosc\u00fa a C\u00e1diz, desde Egipto a Dinamarca, comenzaron las guerras de la independencia de Am\u00e9rica y m\u00e1s adelante las de Africa y de Asia.<\/p>\n<p>    El siglo XX fue el siglo de las guerras. Los problemas morales se renovaron cuando las tiran\u00ed\u00adas m\u00e1s sorprendentes como la hitleriana reclamaron masivas luchas para defender la libertad de la opresi\u00f3n, del exterminio de grupos raciales, de la militarizaci\u00f3n total.<\/p>\n<p>    La cadena de problemas de conciencia que en las disputas medievales llenaba de inter\u00e9s a los polemistas (si es l\u00ed\u00adcito matar en la batalla, si se puede matar a los no combatientes, si es justo el conquistar terrenos de otros reinos, si los pr\u00ed\u00adncipes cristianos pod\u00ed\u00adan hacer guerra entre ellos, si obligan los juramentos de fidelidad al pr\u00ed\u00adncipe que hace una guerra injusta) en los tiempos nuevos se reemplazan por otros m\u00e1s simples: si es l\u00ed\u00adcito a un hombre de conciencia disparar un fusil o un artilugio at\u00f3mico porque otro hombre lo ordena.<\/p>\n<p>    3. Los grandes principios<br \/>\n    Sin pretender explicaciones sociol\u00f3gicas y respetando la diversidad de alternativas cristianas, quedan claros en la doctrina cristiana sobre la guerra determinados principios que, en una buena educaci\u00f3n moral y espiritual de la personas dignas, es preciso recordar siempre.<\/p>\n<p> &#8211; La guerra es mala por s\u00ed\u00ad misma, al ser una acci\u00f3n dolorosa y desestructurada. Nunca puede ser querida por Dios. Ning\u00fan bien puede justificar la guerra ofensiva para conquistar terrenos, riquezas o poder sobre los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>    Pero, s\u00ed\u00ad se puede admitir la guerra defensiva, si valores superiores a los da\u00f1os lo justifican. Tales valores pueden ser la libertad, la familia, la dignidad, la misma fe y el culto de la comunidad a la que se pertenece. Si los bienes son superiores a los males uno puede, o tal vez debe, defenderse.<\/p>\n<p>    El problema insoluble es determinar categ\u00f3ricamente si los bienes son superiores a los males. Y eso corresponde a la conciencia, unas veces individual (el soldado en el campo de batalla) y otras veces colectivas (obediencia debida).<\/p>\n<p> &#8211; Aun en el caso de que se admita la guerra justa, ella tiene los limites que impone la caridad, la prudencia y la conciencia. Se debe asumir la defensa de la justicia, pero no la opresi\u00f3n del vencido. Incluso en la caso de la victoria, la \u00e9tica exige evitar el abuso del vencido.<\/p>\n<p> &#8211; Es inmoral radicalmente el uso abusivo o innecesario de las armas (bombardeos, destrucciones). Y en la acci\u00f3n b\u00e9lica, ni la lujuria, ni el asesinato, ni el robo, no el desprecio, ni la impiedad ni la blasfemia dejan de ser ofensas graves a Dios en el fragor del combate.<\/p>\n<p> &#8211; El servicio militar y la profesi\u00f3n de las armas es admisible en cuanto es un servicio social de orden y de protecci\u00f3n, en cuanto garantiza la conservaci\u00f3n de bienes comunes superiores, en cuanto puede resultar una estructura de protecci\u00f3n, prevenci\u00f3n, apoyo social o garant\u00ed\u00ada del cumplimiento de la ley. Pero ejercer la profesi\u00f3n militar por el placer de ejercer la violencia o la represi\u00f3n es inmoral.<\/p>\n<p> &#8211; Determinadas pr\u00e1cticas frecuentes por desgracia en las sociedades modernas no est\u00e1n de acuerdo con estos objetivos. Algunas pueden citarse: producir armas como negocio o rentabilidad econ\u00f3mica y venderla por inter\u00e9s de lucro a personas, grupos o sociedades injustas; competir en capacidad de armamento sin motivo con otros grupos o naciones para ostentar poder\u00ed\u00ado militar que resulte protector del poder econ\u00f3mico; investigar o experimentar en armamento para producir mayor perjuicio y mortalidad cuando llegue el momento de usarlo; exigir el servicio militar obligatorio a personas que en conciencia consideran malvado el aprendizaje y el uso de armas mort\u00ed\u00adferas.<\/p>\n<p>    En guerra o fuera de ellas es radicalmente inmoral prohibir por leyes coercitivas el declararse objetor de conciencia ante esas exigencias; abusar del vencido expoliando, oprimiendo o reprimiendo en virtud de la victoria obtenida; usar escudos humanos; enviar a ni\u00f1os, menores y civiles como soldados obligados, promover ataques de destrucci\u00f3n masiva e indiscriminada, tolerar desde el mando tantas aberraciones que por desgracia son freCuentes en los usos b\u00e9licos, en genocidios y exterminios aberrantes.<\/p>\n<p>    4. La guerra justa<br \/>\n    Todo esto nos lleva a plantear la posIbilidad de que una guerra sea justa y por lo tanto pueda ser admitida por una conciencia cristiana. Ante la objeci\u00f3n de que el amor cristiano se opone siempre a las guerras, S. Agust\u00ed\u00adn responde: \u00abSi la doctrina cristiana inculpara todas las guerras, el consejo m\u00e1s saludable para los que viven seg\u00fan el Evangelio ser\u00ed\u00ada que abandonasen las armas y se dejaran del todo de milicias. Mas a ellos les fue dicho (Lc. 3. 14): \u00abA nadie hir\u00e1is; os basta con vuestro estipendio\u00bb.<\/p>\n<p>    Desde la Edad media diversos autores de pensamiento s\u00f3lido hablaron de la teor\u00ed\u00ada de la guerra justa: (Graciano, San Anselmo, Pedro Lombardo) y formularon algunas condiciones para que la \u00abguerra justa\u00bb: que sea irremediable por no haber otra forma de deslindar los derechos, que se respete la dignidad de las personas, que no se haga m\u00e1s da\u00f1o que el irremediable, que no haya tribunales.<\/p>\n<p>    Santo Tom\u00e1s de Aquino en el siglo XIII y Francisco de Vitoria en el XVI trataron tambi\u00e9n el tema haciendo de la guerra defensiva una mal menor y por lo tanto declarando su tolerancia como emergencia, pero no como sistema de resolver conflictos<br \/>\n    Hasta el Concilio Vaticano II el problema qued\u00f3 siempre como una espinosa cuesti\u00f3n, que no se evit\u00f3 en ning\u00fan Manual de Moral en los \u00faltimos siglos. Y as\u00ed\u00ad pasan y se repiten en los Manuales de Teolog\u00ed\u00ada Moral hasta la \u00e9poca inmediata anterior al Concilio Vaticano II. El pensamiento se puede resumir con palabra del te\u00f3logo Pr\u00fcmmer: \u00abLa licitud de la guerra en ciertas condiciones es admitida por todos, excepto por los maniqueos y cu\u00e1queros, dado que puede ser el \u00fanico medio para que alg\u00fan pueblo pueda reivindicar sus derechos justos\u00bb.<\/p>\n<p>    Y se llegan a determinar las tres condiciones cl\u00e1sicas de esa guerra.<\/p>\n<p> &#8211; Que sea declarada por la autoridad leg\u00ed\u00adtima superior.<\/p>\n<p> &#8211; Que responde a una justa causa, que se da solamente cuando concurren motivos graves y excepcionales &#8211; Que se tenga recta intenci\u00f3n en orden a conseguir bienes positivos que superen los negativos que se siguen a toda contienda b\u00e9lica<\/p>\n<p>     Habr\u00e1 que reconocer el deber de conciencia de agotar todos los medios pac\u00ed\u00adficos antes del uso de las armas. La ense\u00f1anza de B. H\u00e4ring: \u00abNo se puede afirmar que, en principio y de antemano, toda guerra ofensiva sea siempre moralmente il\u00ed\u00adcita\u00bb (Ley de Cristo) es discutible por s\u00ed\u00ad misma. Es preciso no confundir el concepto de guerra ofensiva y defensiva y no reducir la idea s\u00f3lo a la cronolog\u00ed\u00ada. Atacar primero para defender un derecho grave es guerra defensiva.<\/p>\n<p>     En los tiempos actuales, y en los futuros, la existencia de armas especialmente mort\u00ed\u00adferas, f\u00ed\u00adsicas, qu\u00ed\u00admicas o biol\u00f3gicas, plantean problemas nuevos para hacer juicios sobre la guerra.<\/p>\n<p>      El Concilio Vaticano dec\u00ed\u00ada:\u00bbTodo esto nos obliga a examinar la guerra con un criterio absolutamente nuevo. Sepan los hombres de este tiempo que han de dar grave cuenta de sus actividades b\u00e9licas. Pues el curso de los siglos futuros depende mucho de sus decisiones actuales. Teniendo en cuenta todo esto, este Santo Concilio, haciendo suyas las condenaciones de la guerra total formuladas por los recientes Sumos Pont\u00ed\u00adfices, declara: Toda acci\u00f3n b\u00e9lica que lleva indistintamente a la destrucci\u00f3n de ciudades enteras o de grandes regiones con sus habitantes, es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo, que ha de ser condenado con firmeza y sin vacilar.\u00bb (Gaudium et Spes 80).<\/p>\n<p>     5. Educaci\u00f3n antib\u00e9lica<br \/>\n    Se habla con frecuencia de la educaci\u00f3n para la paz y menos de educaci\u00f3n contraria a la guerra<br \/>\n    El mundo moderno atraviesa una etapa de cierto militarismo, en parte movido por la desesperaci\u00f3n de grandes masas de la humanidad que viven y crecen sin esperanzas en el futuro y en parte por los intereses econ\u00f3micos de la producci\u00f3n de armamento y la necesidad consiguiente de contar con clientes que los consuman y los amorticen.<\/p>\n<p>     La educaci\u00f3n cristiana precisa ayudar a los j\u00f3venes y cristianos a discernir en este terreno de tanta importancia \u00e9tica y evang\u00e9lica. Para ello son convenientes las siguientes consignas: &#8211; Una educaci\u00f3n de informaci\u00f3n recta y discernimiento \u00e9tico es necesaria un tiempo en que es frecuente la informaci\u00f3n manipulada. Conviene no dejarse llevar por los medios de comunicaci\u00f3n que magnifican unos conflictos y ocultan otros. Los criterios deben ser objetivos, no regulados por intereses larvados de las grandes cadenas informativas regidas por multinacionales sesgadas pol\u00ed\u00adtica o mercantilmente.<\/p>\n<p> &#8211; La educaci\u00f3n debe ser positiva y pr\u00e1ctica (asumir compromisos concretos), no negativa y afectiva (lamentos o sentimientos est\u00e9riles). Si cada guerra que conocemos implica una limosna, una plegaria, un sacrificio, una mejora de vida personal, etc. hay educaci\u00f3n real. Si s\u00f3lo hay palabras y datos estad\u00ed\u00adsticos, la educaci\u00f3n resulta pobre y est\u00e9ril.<\/p>\n<p> &#8211; Los fen\u00f3menos nuevos relacionados con la guerra: armamentos nuevos, terrorismo internacional, campos originales de conflictos como son los que dependen de las nuevas tecnolog\u00ed\u00adas, implica aplicaciones adecuadas a los aspectos morales. De lo contrario no se entienden las nuevas situaciones del mundo y el deber de los creyentes ante ellas.<\/p>\n<p> &#8211; Es preciso superar en la educaci\u00f3n cristiana un vano pacifismo rom\u00e1ntico que promueven personas sin ideales y con frecuencia manipuladas por determinados movimientos o grupos pol\u00ed\u00adticos.<\/p>\n<p>    Lo importante es formar bien los criterios y estos no se identifican del todo por lo general con protestas rom\u00e1nticas y vac\u00ed\u00adas de contenido y de motivaci\u00f3n.<\/p>\n<p>    Adem\u00e1s de criterios, la buena educaci\u00f3n antibelicista implica honestidad personal en la vida manifestada en hechos, en relaciones pac\u00ed\u00adficas con los vecinos, en sentido de responsabilidad ante los propios deberes sociales. No puede ser antimilitaristas quien apoye determinadas formas de violencia como es la discriminaci\u00f3n racial, la injusticia econ\u00f3mica, el ego\u00ed\u00adsmo cultural.<\/p>\n<p>Pedro Chico Gonz\u00e1lez, Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00ed\u00ada Religiosa, Editorial Bru\u00f1o, Lima, Per\u00fa 2006<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagog\u00eda Religiosa<\/b><\/p>\n<p>(v. paz)<\/p>\n<p>(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelizaci\u00f3n,  BAC, Madrid, 1998)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Evangelizaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>En el A. T., cuando el pueblo de Dios se gobernaba por un r\u00e9gimen teocr\u00e1tico, era el mismo Dios el que declaraba la guerra, que siempre se hac\u00ed\u00ada por motivos religiosos; se trataba, pues, de una guerra santa. Cuando se estableci\u00f3 el r\u00e9gimen mon\u00e1rquico, las guerras las declaraban los reyes. En el N. T. no se habla de declarar una guerra santa, pero Jes\u00fas advierte que hay que estar bien preparados para cuando haya una guerra (Lc 14,31). Los evangelios, en realidad, s\u00f3lo hablan de las guerras, que ser\u00e1n muchas y que surgir\u00e1n al final de los tiempos; contra ellas hay que estar bien prevenidos (Mt 24,6; Mc 13,7; Lc 21,9). -> paz.<\/p>\n<p>E. M. N.<\/p>\n<p>FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Jes\u00fas de Nazaret<\/b><\/p>\n<p>La guerra es una instituci\u00f3n a la que las naciones conf\u00ed\u00adan la soluci\u00f3n de las controversias entre los pueblos. La doctrina sobre la guerra registra una evoluci\u00f3n en el curso de la historia: la guerra como posible medio de justicia; la guerra como prerrogativa del soberano; la guerra como crimen, Se trata de l\u00ed\u00adneas de tendencia que, de alguna  manera, coexisten en las diversas fases hist\u00f3ricas, pero que al mismo tiempo marcan el paso de una \u00e9poca a otra, La distinci\u00f3n entre guerra justa y guerra injusta es de san Agust\u00ed\u00adn, pero Tom\u00e1s de Aquino fue el que formaliz\u00f3 la teor\u00ed\u00ada de la guerra justa, estableciendo las condiciones requeridas para ella: debe declararla la autoridad leg\u00ed\u00adtima; tiene que haber una causa justa; el beligerante tiene que tener una intenci\u00f3n recta; la necesidad, es decir, la imposibilidad de hacer justicia con otros medios. De la doctrina del bellum iustum se ha pasado, al menos como tendencia cultural, a la doctrina del ius contra bellum. En la base de este paso tan importante est\u00e1 ciertamente el cambio de naturaleza de la guerra contempor\u00e1nea y la inconcebible fuerza destructiva de las armas, producida sobre todo por la tecnolog\u00ed\u00ada nuclear. La revoluci\u00f3n tecnol\u00f3gica ha llevado a la degeneraci\u00f3n m\u00e1s extrema el fen\u00f3meno de la guerra. Hay que hablar m\u00e1s propiamente del ius contra bellum que del bellum iustum. Otros, por el contrario, piensan que la doctrina tradicional puede aplicarse todav\u00ed\u00ada en la \u00e9poca contempor\u00e1nea, siendo incluso necesaria en la medida en que todav\u00ed\u00ada hoy la abolici\u00f3n de la guerra tiene que considerarse como una utop\u00ed\u00ada, es decir, como un objetivo irrealizable. Pero la doctrina principal contra la doctrina del bellum iustum se refiere al hecho de que postula la licitud de tomarse cada uno la justicia por su mano. La reflexi\u00f3n es ciertamente compleja y va unida a la problem\u00e1tica sobre la no-violencia. Hay que reconocer, sin embargo, que, en un sistema internacional que ha cambiado profundamente y en una situaci\u00f3n de tecnolog\u00ed\u00ada destructiva como la actual, el peligro mayor para los Estados se deriva precisamente de ese \u00e1rea de dominio reservado que se escapa del control y del consentimiento de la comunidad internacional. La exigencia de asegurar la justicia no puede prescindir de la exigencia paralela de seguir procedimientos multilaterales: los procedimientos que encuentran una substancia jur\u00ed\u00addica, pol\u00ed\u00adtica y moral en la normativa de las Naciones Unidas.<\/p>\n<p>Hoy se afirma progresivamente la  conciencia de que la guerra tiene que considerarse como un crimen contra la humanidad, y todo recurso a la guerra se concibe como contrario a la moral y al derecho. El Magisterio de la Iglesia ha contribuido a este cambio de mentalidad que lleva a juzgar la guerra sencillamente como un hecho inhumano y b\u00e1rbaro que intenta tomarse la justicia  por su mano. Una expresi\u00f3n en\u00e9rgica de este Magisterio es la del concilio Vaticano II con la constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes (1965). Sus l\u00ed\u00adneas esenciales se pueden compendiar as\u00ed\u00ad: se abandona la teor\u00ed\u00ada de la guerra justa, que hab\u00ed\u00ada servido no ya para acabar con el azote de la guerra sino para justificar todas las guerras; se reconoce en teor\u00ed\u00ada el principio de la leg\u00ed\u00adtima defensa p\u00fablica, pero se observa que, en la pr\u00e1ctica, este principio es inaplicable y que de todos modos no puede encontrar una aplicaci\u00f3n razonable con las armas at\u00f3micas o con las armas convencionales. M\u00e1s claramente, el principio de la leg\u00ed\u00adtima defensa, con las armas modernas tanto at\u00f3micas como convencionales, resulta siempre un exceso de defensa. Frente a la mentalidad b\u00e9lica, que le cuesta trabajo morir est\u00e1 el deber de acabar absolutamente con la guerra y de comprometerse en la creaci\u00f3n de una autoridad mundial, capaz de reconocer los derechos entre las naciones y de impedir que los estados se tomen la justicia por su propia mano.<\/p>\n<p>Y sobre todo hay que comprometerse a  nivel internacional para que se eliminen las causas que llevan a la guerra.<\/p>\n<p> L. Lorenzetti<\/p>\n<p> Bibl.: Conferencia episcopal espa\u00f1ola.  Constructores de la paz, EDICE, Madrid 1986; AA. VV La maldici\u00f3n de la guerra, San Esteban, Salamanca 1984; J. Joblin, La Iglesia y la guerra, Herder, Barcelona 1989; M. Vidal, La \u00abmoral\u00bb de la guerra. De un paradigma posibilista a paradigma radical, en Sal Terrae 79 (1991) 551-564.<\/p>\n<p>PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico, Verbo Divino, Navarra, 1995<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario Teol\u00f3gico Enciclop\u00e9dico<\/b><\/p>\n<p>SUMARIO: I. La guerra en el Oriente antiguo y en !a Biblia: 1. El fondo cultural com\u00fan: a) Eldato mitol\u00f3gico; b) Reflejo en el mundo b\u00ed\u00adblico; 2. El tema de la guerra en la Biblia. II. La guerra en la historia de! A.T. 1. Los acontecimientos b\u00e9licos: a) Los comienzos, b) Desde David hasta el destierro, c) Despu\u00e9s del destierro; 2. Ej\u00e9rcito, armas, t\u00e9cnicas militares; 3. Las consecuencias de la derrota. III. El aspecto religioso de la guerra en el A.T. 1. La \u00abguerra santa\u00bb: a) La fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica, b) La implicaci\u00f3n de Dios; 2. La victoria; 3. El \u00abanatema\u00bb. IV. La vida religiosa como \u00abmilicia\u00bb: 1. En el plano individual; 2. En el plano comunitario; 3. La dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica. V. La guerra en el NT: 1. La guerra como acontecimiento humano; 2. La guerra definitiva en sentido religioso: a) Cristo vencido y vencedor, b) La vida cristiana como combate, c) El combate final.<\/p>\n<p>I. LA GUERRA EN EL ORIENTE ANTIGUO Y EN LA BIBLIA. En la doctrina b\u00ed\u00adblica el tema de la guerra no comprende solamente el choque violento entre hombres o grupos humanos y los problemas que de all\u00ed\u00ad se derivan. Se utiliza adem\u00e1s para interpretar el sentido profundo de la vida humana en la tierra; por eso, tanto la historia universal como la vida de los individuos se ven como un terreno en el que chocan el bien y el mal, poniendo en juego no s\u00f3lo la suerte \u00faltima de la humanidad y de cada individuo humano, sino tambi\u00e9n la suerte \u00faltima del universo que, seg\u00fan la Biblia, s\u00f3lo existe en funci\u00f3n del hombre. Una visi\u00f3n semejante tiene ra\u00ed\u00adces complejas, que se deben en parte a la cultura com\u00fan del Oriente antiguo y a la forma especial con que los libros de la Biblia utilizan algunos de sus materiales, pero que principalmente afectan a la sustancia de la fe de Israel.<\/p>\n<p>1. EL FONDO CULTURAL COM\u00daN. La cultura del antiguo Oriente coloca la lucha en la base de la existencia del universo y de la humanidad.<\/p>\n<p>a) El dato mitol\u00f3gico. La interpretaci\u00f3n m\u00ed\u00adtica, polite\u00ed\u00adsta y tendencialmente pante\u00ed\u00adsta de los grandes fen\u00f3menos naturales y de las fuerzas que all\u00ed\u00ad entran en acci\u00f3n encuentra su s\u00ed\u00adntesis en la interpetaci\u00f3n de la cosmogon\u00ed\u00ada como resultado de la guerra entre divinidades primordiales monstruosas, que personifican a los elementos constitutivos del cosmos: recordemos el poema Enuma elis (ANET, 6270). Las guerras hist\u00f3ricas entre los pueblos se concebir\u00e1n, por consiguiente, como una continuaci\u00f3n del tiempo de la guerra c\u00f3smica, haciendo intervenir continuamente a las divinidades supremas de los diversos pueblos.<\/p>\n<p>b) Reflejo en el mundo b\u00ed\u00adblico. La Biblia, aunque conserva como material expresivo, especialmente en las partes po\u00e9ticas, ciertas resonancias de los mitos (Leviat\u00e1n, Rajab: cf Sal 74:14; Sal 89:11), rechaz\u00f3 dr\u00e1sticamente la base misma de la concepci\u00f3n de la guerra c\u00f3smica primordial, en virtud de su fundamento monote\u00ed\u00adsta y creacionista: los grandes elementos del universo son criaturas, instrumentos d\u00f3ciles en las manos del Creador (cf Am\u00f3 9:4; Sal 104:26). La misma visi\u00f3n del desarrollo de la humanidad dentro de una perspectiva de lucha entre el bien y el mal es totalmente distinta de la concepci\u00f3n pagana, que ve en las guerras humanas el choque entre divinidades opuestas. Por eso mismo, la vinculaci\u00f3n con la cultura com\u00fan se queda, ante todo, en un nivel de imagen, sin afectar en nada a la sustancia de la doctrina religiosa.<\/p>\n<p>2. EL TEMA DE LA GUERRA EN LA BIBLIA. En los libros b\u00ed\u00adblicos el tema de la guerra se trata en un doble plano: el de los acontecimientos, que comprende los aspectos humanos del fen\u00f3meno guerra (lo trataremos tanto desde el \u00e1ngulo hist\u00f3rico-pol\u00ed\u00adtico como desde el hist\u00f3rico-arqueol\u00f3gico), y el religioso. Este \u00faltimo descubre ante todo la intervenci\u00f3n de Dios y de su providencia en la trama de los acontecimientos, especialmente de los que tocan a Israel; pero m\u00e1s all\u00e1 de \u00e9stos, y dentro de la estructura de la obra divina de salvaci\u00f3n, descubre una dial\u00e9ctica de guerra (combate, asechanzas), en la que se enfrentan no ya los elementos c\u00f3smicos o las divinidades concretas, sino Dios mismo y el \u00abadversario\u00bb (Satan\u00e1s), que no sin motivo es presentado como \u00abla serpiente\u00bb (G\u00e9n 3:1-15; Apo 12:9; Apo 20:10). En esta guerra el hombre no puede limitarse a ser objeto pasivo de la contienda. Necesariamente tiene que tomar posici\u00f3n. Si, sobre la base de la fe en Dios se\u00f1or de la historia, tambi\u00e9n las guerras humanas de Israel se conciben como dominadas o dirigidas por Dios, esto se debe a la doble convicci\u00f3n de que todos los acontecimientos humanos (y tambi\u00e9n, por tanto, los acontecimientos militares) est\u00e1n bajo el dominio de Dios, y que los acontecimientos de Israel en particular entran en el desarrollo del plan especial de Dios para con \u00e9l.<\/p>\n<p>Obs\u00e9rvese, finalmente, que el tema de las guerras a nivel hist\u00f3rico s\u00f3lo se trata en el AT (historia \u00absagrada\u00bb, pero tambi\u00e9n historia de una naci\u00f3n entre las naciones), mientras que el punto de vista religioso, aunque presente de forma clara en el AT, es pr\u00e1cticamente el \u00fanico que desarrolla el NT (que no se refiere ya a una \u00abnaci\u00f3n\u00bb, sino a toda la humanidad salvada: cf Apo 5:9).<\/p>\n<p>II. LA GUERRA EN LA HISTORIA DEL AT. El asentamiento de Israel en Cana\u00e1n y la colocaci\u00f3n de esta regi\u00f3n en el punto de paso obligado entre las \u00e1reas de influencia mesopot\u00e1mica y egipcia explican la frecuencia de las guerras en la historia del AT. Pero el inter\u00e9s de los textos b\u00ed\u00adblicos no es ni hist\u00f3rico ni militar, sino religioso; y las informaciones sobre la estructura de los hechos son secundarias respecto a la lectura de su significado religioso. Por esomismo muchas veces los informe&#038; propiamente hist\u00f3ricos que transmii ten los textos son fragmentarios muchas circunstancias permanecen en la oscuridad.<\/p>\n<p>1. LOS ACONTECIMIENTOS BELIcos. En los comienzos de Israel, a nivel de vida tribal, todos los hora, bres v\u00e1lidos, en caso de necesidad ten\u00ed\u00adan que tomar las armas en defer= sa del grupo. Encontramos ya cir, cunstancias de este tipo en la historia de Abrah\u00e1n (G\u00e9n 14) y de Jacol\u00ed\u00ad (G\u00e9n 34).<\/p>\n<p>a) Los comienzos. En el origen de la historia de Israel tiene una importancia capital la promesa de la posesi\u00f3n de la tierra de Cana\u00e1n, regi\u00f3n ocupada ya por otros pueblos, y que por eso mismo ten\u00ed\u00ada que ser conquistada. El pueblo emigrante en el desierto (N\u00fam 1-2 y 10) es presentado como un ej\u00e9rcito en marcha. Se trata, sin duda, de una idealizaci\u00f3n posterior. Tambi\u00e9n es ideal el cuadro de la conquista de Trasjordania (N\u00fam 32) y de Cisjordania (Jos 1-12) por parte de todo el pueblo unido. Este cuadro queda reestructurado por Jue 1; y la continuaci\u00f3n de este libro hace pensar en tribus concretas o en agrupaciones de tribus que luchaban por su supervivencia. En realidad, la conquista debi\u00f3 llevarse a cabo de una forma compleja, a trav\u00e9s de una penetraci\u00f3n gradual, que supuso tambi\u00e9n ciertamente acciones de guerra. Un proceso similar se observa igualmente en la resistencia contra los filisteos y en la vida aventurera de David [t Josu\u00e9 II; \/ Jueces].<br \/>\nb) Desde David hasta el destierro. S\u00f3lo con la monarqu\u00ed\u00ada se consigue en Israel una organizaci\u00f3n militar estable. M\u00e1s a\u00fan, seg\u00fan 1 Sam 8 es precisamente la necesidad de esta organizaci\u00f3n lo que tiene una funci\u00f3n decisiva en la exigencia del pueblo de tener un rey.<\/p>\n<p>De \/ David se recuerdan las guerras de expansi\u00f3n y de afianzamiento de las fronteras. En Israel hay entonces un cuadro militar fijo, que en caso de necesidad forma el entramado de un ej\u00e9rcito m\u00e1s consistente, reclutado entre el pueblo. As\u00ed\u00ad parece que es c\u00f3mo funciona el aparato militar durante toda la monarqu\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de Salom\u00f3n, los dos reinos que surgieron del cisma estar\u00e1n frecuentemente en guerra, primero entre s\u00ed\u00ad y luego contra enemigos exteriores o para reconquistar territorios perdidos. &#8216;Desde mediados del siglo Ix las principales guerras las sostendr\u00e1n sobre todo grupos de pueblos aliados, entre ellos los dos reinos, en contra de los grandes imperios. Estos destruir\u00e1n Samaria (721) y Jerusal\u00e9n (587). Desde entonces no habr\u00e1 ya un Estado con el que pueda identificarse la totalidad del pueblo de Israel.<\/p>\n<p>c) Despu\u00e9s del destierro. Con la destrucci\u00f3n de los dos reinos y con la deportaci\u00f3n comienza la di\u00e1spora, primero por Mesopotamia y luego por el mundo helenista y romano. S\u00f3lo la fracci\u00f3n del pueblo que se qued\u00f3 en Judea o regres\u00f3 all\u00e1 volver\u00e1 a conocer, como protagonista, nuevos episodios b\u00e9licos: en tiempos de los asmoneos contra los sel\u00e9ucidas, y al principio de la era cristiana contra los romanos (67-70 y 132-135 d.C.).<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, en el conjunto de la historia del AT encontramos sobre todo guerras de conquista en tiempos de la entrada en Cana\u00e1n y en tiempos de David. En la inmensa mayor\u00ed\u00ada de los otros casos se trata, en diversos niveles, de guerras defensivas. Pero en ning\u00fan caso la guerra es considerada como leg\u00ed\u00adtima si hay en ella alguna indicaci\u00f3n contraria por parte de Dios (cf Isa 7:1-17).<\/p>\n<p>Junto con el dato militar y pol\u00ed\u00adtico vemos que figura siempre el aspecto religioso de los acontecimientos narrados, que es el \u00fanico decisivo en su juicio.<\/p>\n<p>2. EJERCITO, ARMAS, TECNICAS MILITARES. A la escasez y fragmentariedad de las noticias b\u00ed\u00adblicas en cuestiones militares se a\u00f1ade en el \u00e1rea israelita la ausencia de material figurativo, que, por el contrario, abunda en otros lugares del Oriente antiguo.<\/p>\n<p>El ej\u00e9rcito. En el centro del marco estable de la organizaci\u00f3n militar a la que hemos aludido parece ser que, a partir de David, hab\u00ed\u00ada un cuerpo de mercenarios, reclutado entre israelitas y entre extranjeros (recu\u00e9rdense los quereteos y los peleteos: 2Sa 8:18; 2Sa 15:18; 2Sa 20:7.23) al servicio directo del rey, y que constitu\u00ed\u00adan tambi\u00e9n su guardia personal. Se tiene noticia de mercenarios extranjeros hasta los tiempos de Ezequ\u00ed\u00adas (Anales de Senaquerib, en ANET, 287).<\/p>\n<p>En los tiempos m\u00e1s antiguos, el nervio del ej\u00e9rcito era la infanter\u00ed\u00ada. Desde Salom\u00f3n en adelante fue tomando mayor importancia el arma de los carros. Pero no parece que hubiera nunca un cuerpo de caballer\u00ed\u00ada aut\u00e9ntica. En los momentos de emergencia se movilizaban los hombres v\u00e1lidos del pueblo. Pero no sabemos de qu\u00e9 manera se ejercitaban y c\u00f3mo estaban distribuidos estos efectivos, m\u00e1s all\u00e1 de la l\u00f3gica subdivisi\u00f3n en grupos (de 1.000, 2Sa 100:50 y 10).<\/p>\n<p>Las armas. Tambi\u00e9n son escasas las informaciones que tenemos sobre las armas. Conocemos el nombre de algunas armas de ataque (hereb, espada; romah, lanza; hanit y .Ielah, jabalina; qelet, arco; bes, flecha; gela`, honda) y de protecci\u00f3n (magen, escudo peque\u00f1o; sinnah, escudo grande; g\u00f3ba&#8217; o k\u00f3ba&#8217;, casco; .liry\u00f3n o siry\u00f3n, coraza, reservada especialmente a los combatientes montados en carros). No se tienen noticias sobre m\u00e1quinas de guerra. Algunos han visto la catapulta en 2Cr 26:5; m\u00e1s probablemente se trata de un parapeto de madera adosado a las murallas para proteger a los combatientes de las flechas de los asaltantes.<\/p>\n<p>T\u00e9cnicas militares. Poco o nada sabemos de la estrategia y de la t\u00e1ctica que se usaba en Israel. Mayores noticias tenemos sobre las fortificaciones, debido ante todo a los numerosos descubrimientos arqueol\u00f3gicos, y sobre la guerra de asedio (cf 2Re 6-7 y 25), a la que la ley de Dt 20 reserva una larga exposici\u00f3n. La ciudad fortificada (ir) constitu\u00ed\u00ada tambi\u00e9n el refugio para las poblaciones campesinas en caso de invasi\u00f3n. Se hab\u00ed\u00ada prestado especial atenci\u00f3n desde la \u00e9poca cananea (Meghiddo) al abastecimiento de agua.<\/p>\n<p>El asedio se resolv\u00ed\u00ada o bien mediante la conquista (asalto, traici\u00f3n o atrayendo a los sitiados a campo abierto) o bien por la rendici\u00f3n (por hambre, a la que se un\u00ed\u00ada muchas veces la peste). La m\u00e1s conocida entre todas en la historia de Israel es la ca\u00ed\u00adda de Jerusal\u00e9n a manos de los caldeos (2Re 25 y Jer 39).<\/p>\n<p>3. LAS CONSECUENCIAS DE LA DERROTA. La conclusi\u00f3n de la guerra conduc\u00ed\u00ada de todas formas (incluso con la rendici\u00f3n antes de que comenzasen las hostilidades) a la sumisi\u00f3n de la parte atacada, que, como m\u00ed\u00adnimo, se ve\u00ed\u00ada obligada a pagar tributo y a la esclavitud (as\u00ed\u00ad los gabaonitas: Jos 9). Pero si la victoria se obten\u00ed\u00ada combatiendo, las condiciones de los vencidos eran todav\u00ed\u00ada m\u00e1s duras: saqueo, desmantelamiento de las fortificaciones, muerte de parte de la poblaci\u00f3n, reducci\u00f3n a la esclavitud y, en los casos extremos, destrucci\u00f3n total de la ciudad y matanza de sus habitantes. Sin embargo, por parte de Israel, excepto en el caso de anatema o herem, no se practic\u00f3 la matanza en masa de los vencidos (de los que se tomaban los esclavos) ni se les tortur\u00f3 al estilo de como sol\u00ed\u00ada ocurrir en la historia oriental antigua. Los imperios mesopot\u00e1micos practicaban com\u00fanmente la deportaci\u00f3n, en todo o en parte, de las poblaciones vencidas, sustituy\u00e9ndolas muchas veces (como ocurri\u00f3 con el reino del norte: 2Re 17:14-41) por otras poblaciones. De los deportados de Jud\u00e1 hay que decir que, aunque al comienzo del destierro pasaron por muchos apuros, nunca se vieron, sin embargo, tratados como esclavos.<\/p>\n<p>III. EL ASPECTO RELIGIOSO DE LA GUERRA EN EL AT. En el mundo antiguo la guerra iba siempre unida a actos religiosos. Pero desde los or\u00ed\u00adgenes de Israel reviste un car\u00e1cter particular de \u00abguerra santa\u00bb, arraigado en la sustancia misma de la fe del pueblo, es decir, en su certeza de haber sido elegido por Dios con vistas a una misi\u00f3n \u00fanica. Esto condicionar\u00e1 profundamente la historia del AT. Es verdad que con el paso de los siglos el car\u00e1cter sacral de la guerra perder\u00e1 algo de su fuerza original, sobre todo en el plano concreto. Pero seguir\u00e1 estando muy vivo en el recuerdo de los hechos antiguos, como lo demuestra su influencia en la transmisi\u00f3n y sistematizaci\u00f3n de las tradiciones hist\u00f3ricas y doctrinales. Luego ser\u00e1 recordado repetidas veces en la ense\u00f1anza prof\u00e9tica, revivir\u00e1 en cierta medida en tiempos de los Macabeos y ser\u00e1 recuperado de forma especial en la Regla de la guerra de Qumr\u00e1n.<\/p>\n<p>1. LA \u00abGUERRA SANTA\u00bb. No hay ning\u00fan texto b\u00ed\u00adblico espec\u00ed\u00adfico que nos presente un cuadro de conjunto de los elementos esenciales de la \u00abguerra santa\u00bb. Pero podemos identificarlos en primer lugar a trav\u00e9s de las narraciones relativas al per\u00ed\u00adodo del desierto y de la conquista, la \u00e9poca de los jueces y comienzos de la monarqu\u00ed\u00ada y luego entre los presupuestos de numerosos pronunciamientos prof\u00e9ticos, sobre todo en cuesti\u00f3n de relaciones internacionales, as\u00ed\u00ad como en los indicios que se vislumbran en algunos textos po\u00e9ticos, como los \u00abc\u00e1nticos\u00bb de Ex 15, Dt 34, Jue 5, la \u00abepopeya\u00bb del Sal 68 o la del Sal 18 y otros textos o fragmentos singulares.<\/p>\n<p>a) La fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica. La doctrina de la \u00abguerra santa\u00bb va \u00ed\u00adntimamente ligada a la experiencia frontal de Israel, es decir, a la llamada divina que lo constituye como \u00abpueblo de Dios\u00bb. Se vincula, por consiguiente, a las grandes vocaciones fundamentales (Abrah\u00e1n, Jacob, Mois\u00e9s), encuentra sus primeras aplicaciones concretas en los hechos militares que acompa\u00f1an la salida de Egipto y su base definitiva en los acontecimientos del Sina\u00ed\u00ad, de los que la historia siguiente no ser\u00e1 m\u00e1s que el desarrollo natural. Precisamente porque todo esto incluye un designio superior, del que Israel se sabe investido, las dificultades que impiden su supervivencia se ver\u00e1n, a la luz de este designio, como una resistencia que se opone a Dios mismo. Y las guerras dirigidas a derribar esa resistencia ser\u00e1n concebidas entonces, l\u00f3gicamente, como \u00absantas\u00bb: guerras \u00abpor\u00bb Dios y guerras \u00abde\u00bb Dios; y esto no porque vayan dirigidas a propagar la fe (como la \u00abguerra santa\u00bb del islam) o a defender inmediatamente la fidelidad religiosa (esto ocurrir\u00e1 en parte solamente en tiempos de los Macabeos), sino porque se dirigen a garantizar la continuaci\u00f3n de la vida del pueblo.<br \/>\nb) La implicaci\u00f3n de Dios. As\u00ed\u00ad pues, Israel combate en calidad de \u00abpueblo de Dios\u00bb (Jue 3:13; Jue 20:2). Su ej\u00e9rcito pertenece a Dios (Exo 14:41; lSam 7,26). Por consiguiente, no podr\u00e1 entrar en batalla si no es \u00absantificado\u00bb, es decir, si no est\u00e1 ritualmente \u00abpuro\u00bb (Jos 3:5; lSam 21,6; 2Sa 11:11), o sea, dispuesto a mantenerse en la presencia de Dios. En efecto, seg\u00fan la afirmaci\u00f3n de Deu 23:13-15, Dios mismo \u00abest\u00e1 en medio de tu campamento\u00bb. En virtud de esta presencia (efectiva y activa, como supone el nombre mismo de Yhwh) las guerras de Israel son guerras de Dios (lSam 18,17; 22,28) y su memoria se recoger\u00e1 en un escrito -ahora perdido- que se titula \u00abLibro de las guerras del Se\u00f1or\u00bb (N\u00fam 21:14). Por eso, antes de la campa\u00f1a se le ofrecen sacrificios a Dios (1Sa 7:9; 1Sa 13:9.12); y puesto que \u00e9l es el que decide el \u00e9xito, se le consulta (Jue 20:23.28; lSam 23,2.4).<\/p>\n<p>El signo sensible de la presencia de Dios entre los suyos es el arca, que hab\u00ed\u00ada acompa\u00f1ado ya a la marcha por el desierto y en la entrada en Cana\u00e1n. N\u00fam 10:35-36 nos ha conservado el grito de guerra que acompa\u00f1aba a la partida del arca al frente de su pueblo. En la batalla es Dios el que combate por los suyos (Jos 10:14.22), movilizando en su favor las fuerzas naturales (Jos 10:11; Jue 5:20) y sembrando entre los enemigos la confusi\u00f3n y el miedo.<\/p>\n<p>2. LA VICTORIA. Una confirmaci\u00f3n singular de esta forma de ver las cosas la tenemos en el vocabulario de \u00abvictoria\u00bb, que significativamente en hebreo coincide con el de \u00absalvaci\u00f3n\u00bb. No se ignora ciertamente el peso del valor (geb\u00farah), que a menudo se menciona junto con el \u00abconsejo\u00bbo la cordura (2Re 18:20; Isa 36:3; pero en Isa 11:2 el \u00abconsejo y el valor\u00bb figuran entre las caracter\u00ed\u00adsticas del \u00abesp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or&#8217;). En todo caso, s\u00f3lo de la decisi\u00f3n de Dios depende que la guerra sea victoriosa, es decir, \u00abtenga \u00e9xito\u00bb (ra\u00ed\u00adz slh: I Apo 22:12.15). La noci\u00f3n de \u00abvencer\u00bb suele expresarse o con el pasivo de \u00abayudar\u00bb (`zr: I Apo 5:20) o m\u00e1s frecuentemente con el pasivo o el acusativo de ys&#8217;, \u00absalvar\u00bb(Deu 20:4; 2Sa 8:6.14; Sal 20:7).<\/p>\n<p>Este verbo y el nombre correspondiente Yes\u00fa `ah\/tes\u00fa`ah indican en cada ocasi\u00f3n o la \u00absalvaci\u00f3n\u00bb en general (hasta la salvaci\u00f3n mesi\u00e1nica final) o aquel tipo especial de \u00absalvaci\u00f3n\u00bb que es la \u00abvictoria militar\u00bb: la aclamaci\u00f3n (o mejor la invocaci\u00f3n) dirigida a Dios por el rey es h\u00f3si`ahnna (\u00abhosanna\u00bb), \u00ab\u00c2\u00a1salva!\u00bb, o sea \u00ab\u00c2\u00a1da(le) la victoria!\u00bb.<\/p>\n<p>L\u00f3gicamente, si la victoria viene de Dios, a Dios pertenece tambi\u00e9n su resultado, la sumisi\u00f3n de los enemigos y el bot\u00ed\u00adn que se les ha arrebatado, que Dios puede reservar para s\u00ed\u00ad o conceder a los combatientes. Aqu\u00ed\u00ad es donde se inserta el hecho de la destrucci\u00f3n sacral del enemigo, que, a pesar de chocar profundamente al alma cristiana, pertenece sin duda a la \u00abguerra santa\u00bb seg\u00fan la concepci\u00f3n original de Israel.<\/p>\n<p>3. EL \u00abANATEMA\u00bb. La ra\u00ed\u00adz hrm, de donde se deriva herem, \u00abanatema\u00bb, indica la sustracci\u00f3n de una realidad del uso profano y su destino total e irreversible a la divinidad. La ley universal que afecta a este hecho s\u00f3lo se formul\u00f3 m\u00e1s tarde en Lev 27:28-29. Del conjunto de los casos hist\u00f3ricos de herem se deduce que la aplicaci\u00f3n del mismo fue m\u00e1s bien oscilante. De suyo implica el abandono a Dios de todos los frutos de la guerra, y supone, por tanto, la destrucci\u00f3n integral del enemigo y de todo lo que le pertenece en bienes y en personas. Pero los pasajes que tratan de ello son de diversa naturaleza y de distintas \u00e9pocas. Se observa que los m\u00e1s radicales de ellos se refieren a hechos antiguos, pero pertenecen a textos de redacci\u00f3n m\u00e1s bien tard\u00ed\u00ada (especialmente Dt y Jos). En concreto, el anatema se presenta normalmente como la ejecuci\u00f3n de una orden divina (Deu 7:2; Deu 20:17; Jos 8:2; lSam 15,3), y s\u00f3lo excepcionalmente como el cumplimiento de un voto (N\u00fam 21:2). En teor\u00ed\u00ada debe ser total (el caso de Jeric\u00f3: Jos 6-7; la condena de Sa\u00fal por no haberlo ejecutado totalmente: ISam 15; el caso de la ciudad de Israel que reniegue del Se\u00f1or: Deu 13:13-18). Pero de diversos textos se deduce que ya antiguamente su aplicaci\u00f3n pod\u00ed\u00ada no ser integral (N\u00fam 31:14-18; Deu 2:34-35; Deu 3:6-7; Jos 8:2.27; Jue 21:11).<\/p>\n<p>Un juicio de conjunto equilibrado sobre los hechos m\u00e1s graves ha de tener presente, por un lado, la existencia del anatema entre otros pueblos del \u00e1rea cananea (estela de Mesa, l\u00ed\u00adn. 17) y, por otro, la valoraci\u00f3n profundamente negativa que los textos b\u00ed\u00adblicos est\u00e1n de acuerdo en formular sobre esos pueblos y sobre su depravaci\u00f3n (ya G\u00e9n 15:16, muchas veces los profetas, a menudo Dt). As\u00ed\u00ad pues, por una parte, el anatema es una pr\u00e1ctica b\u00e9lica que Israel ten\u00ed\u00ada en com\u00fan con el ambiente en que ten\u00ed\u00ada que vivir, y ten\u00ed\u00ada al parecer el valor de una defensa preventiva y total contra los enemigos que le acechaban, siempre dispuestos a ejercer una dura revancha; por otra parte, en su aplicaci\u00f3n como acto definitivo de la \u00abguerra santa\u00bb, era interpretado de forma un\u00e1nime por la tradici\u00f3n israelita como un justo castigo reservado por Dios contra la impiedad y el libertinaje de las poblaciones de Cana\u00e1n, que conocemos adem\u00e1s por la documentaci\u00f3n arqueol\u00f3gica y literaria descubierta en los \u00faltimos decenios.<\/p>\n<p>IV. LA VIDA RELIGIOSA COMO \u00abMILICIA\u00bb. La condena incondicionada de los enemigos de Israel como adversarios del plan de Dios forma parte de una visi\u00f3n global que, en el desarrollo religioso del pueblo, acaba abarcando todos los aspectos de la vida. De hecho el plan divino no afecta \u00fanicamente al conjunto del pueblo, sino tambi\u00e9n personalmente a cada uno de los israelitas en su conducta p\u00fablica y privada, hasta lo m\u00e1s rec\u00f3ndito de su vida espiritual. Dios \u00abescruta el coraz\u00f3n y las entra\u00f1as\u00bb (Sal 7:10; etc.). Por eso toda realidad que en cualquier nivel sea un obst\u00e1culo para la fidelidad religiosa es tratada como hostil, y toda persona o estructura humana que aceche contra ella es percibida como \u00abenemiga\u00bb de Dios y del fiel.<\/p>\n<p>1. EN EL PLANO. INDIVIDUAL. As\u00ed\u00ad pues, es perfectamente coherente que toda la existencia humana, en su aspecto de esfuerzo dirigido a superar los obst\u00e1culos que se oponen a la fidelidad religiosa, se caracterice como \u00abservicio militar\u00bb (cf Job 7:1; Job 14:14). Se trata de una variante notable del tema sapiencial general del sufrimiento del justo. La extensi\u00f3n de este tema en la literatura b\u00ed\u00adblica tiene su ejemplo m\u00e1s conocido y evidente en el libro de los l Salmos (IV-V), que en todos sus textos, con poqu\u00ed\u00adsimas excepciones, toca el problema del \/ mal a nivel f\u00ed\u00adsico, social, psicol\u00f3gico y moral. Con much\u00ed\u00adsima frecuencia el mal es causado por personas, tratadas como \u00abenemigos\u00bb. Pero a diferencia de lo que sucede en la l\u00ed\u00adnea hist\u00f3rico-militar, donde los enemigos son normalmente extran&#8217; jeros, en las tribulaciones de la vida ordinaria son los conciudadanos, e incluso los parientes y amigos. El caso se repite con frecuencia; pensemos en los pasajes autobiogr\u00e1ficos y biogr\u00e1ficos de \/ Jer (I, 1), en los amigos de \/ Job (III, 1-2) y, generalmente, en la denuncia prof\u00e9tica de las injusticias entre los miembros del pueblo o en los salmos de lamentaci\u00f3n o de s\u00faplica. Para dar voz a esta situaci\u00f3n, muchos textos recurren al lenguaje militar (cf Sal 7:13-14), que tiene en ellos ciertamente un significado ante todo metaf\u00f3rico. Pero se trata de una met\u00e1fora que se desarrolla con coherencia consciente, tanto por lo que se refiere al fiel que combate y a los adversarios que le acosan como en lo que ata\u00f1e a Dios, ayuda y defensa del fiel (baste la acumulaci\u00f3n de t\u00e9rminos militares en Sal 18:2-4). Pero todo esto entra en un cuadro mucho m\u00e1s amplio, que abarca toda la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica del hombre y de la historia. Y esto en dos direcciones. En proyecci\u00f3n hacia el futuro v\u00e9ase la coherencia con que la intuici\u00f3n prof\u00e9tica (junto a su desarrollo apocal\u00ed\u00adptico) y la reflexi\u00f3n sapiencial se atienen a este cuadro hasta su soluci\u00f3n escatol\u00f3gica (intervenci\u00f3n final de Dios en defensa de los fieles: Sab 5:13-23; cf el final de Dan). En proyecci\u00f3n hacia el pasado recu\u00e9rdese la manera con que esta misma intuici\u00f3n, al debatir el tema sapiencial t\u00ed\u00adpico de la presencia del mal en el mundo, ve sus or\u00ed\u00adgenes en la intrusi\u00f3n de la \u00abserpiente\u00bb y define su sentido mediante la \u00e9bah, la \u00abenemistad\u00bb (ra\u00ed\u00adz &#8216;yb, que expresa la actitud del 73 yeb, \u00abenemigo\u00bb, en sentido militar), que Dios establece para siempre entre la \u00abserpiente\u00bb y el \u00ablinaje de la mujer\u00bb (G\u00e9n 3:1-15).<\/p>\n<p>2. EN EL PLANO COMUNITARIO. La profundizaci\u00f3n de la conciencia religiosa y de los compromisos consiguientes se desarrolla bajo el impulso de la experiencia vital y de la doctrina prof\u00e9tica, sobre todo en los per\u00ed\u00adodos m\u00e1s cr\u00ed\u00adticos de la historia del pueblo. Las derrotas y las invasiones enemigas mueven a valorar con m\u00e1s objetividad los males que las guerras llevan consigo y a estimar la paz m\u00e1s que la victoria, como se percibe en ciertos salmos de lamentaci\u00f3n colectiva (Sal 44; 74; 79; 80) y m\u00e1s a\u00fan en la ense\u00f1anza mesi\u00e1nica del primer Isa\u00ed\u00adas (Isa 2:1-5; Isa 9:1-6; Isa 11:1-9).<\/p>\n<p>El destierro, con todo lo que le precede y con todo lo que le acompa\u00f1a, reviste sin duda una funci\u00f3n decisiva en este itinerario de maduraci\u00f3n espiritual. Efectivamente, se observa all\u00ed\u00ad un innegable salto de cualidad, se\u00f1alado especialmente por el Segundo y el Tercer Isa\u00ed\u00adas. El pueblo ha perdido ya la unidad pol\u00ed\u00adtica que se hab\u00ed\u00ada confiado a una estructura humana, cuya existencia y continuidad tenga que ser defendida en el plano militar. La p\u00e9rdida ser\u00e1 definitiva. Pero esa p\u00e9rdida libera de todos los estorbos materiales a la fidelidad religiosa, cambiando incluso la naturaleza de la lucha en su favor. Esta ser\u00e1 siempre actual; pero cambia de nivel, estando dirigida ahora m\u00e1s a superar la tentaci\u00f3n que proviene de la tribulaci\u00f3n que a destruir f\u00ed\u00adsicamente al enemigo del que procede esa tribulaci\u00f3n. En este sentido es caracter\u00ed\u00adstica la manera con que tratan los profetas la oposici\u00f3n entre ricos y pobres. Se enfrentar\u00e1n contra ella no ya sublevando a los pobres contra los ricos, sino recurriendo al juicio superior de Dios, el \u00fanico verdaderamente definitivo, y profundizando en la confianza en el Se\u00f1or. Ello parad\u00f3jicamente llevar\u00e1 a revalorar la misma tribulaci\u00f3n, que de tentaci\u00f3n pasa a ser arma vencedora; y la pobreza empezar\u00e1 a valorarse como demostraci\u00f3n irrefragable de fidelidad religiosa, y por tanto como tr\u00e1mite privilegiado de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. LA DIMENSI\u00ed\u201cN ESCATOL\u00ed\u201cGICA. En esta dial\u00e9ctica religiosa purificada, los puntos de la historia en que resultan m\u00e1s peligrosos tanto el intento externo de absorci\u00f3n de la comunidad de Israel por parte de la cultura pagana ambiental como la tentaci\u00f3n interna de dejarse absorber por ella se convierten en momentos fuertes de la acci\u00f3n educadora de Dios y en etapas de la gran maduraci\u00f3n espiritual del pueblo. Esto se verifica varias veces en la historia, y, en particular, largamente en tiempos de la profec\u00ed\u00ada cl\u00e1sica y de la lucha contra el sincretismo, reviviendo un per\u00ed\u00adodo breve y luminoso en la edad helenista, que ve converger el intento sel\u00e9ucida de helenizar Judea con el influjo ejercido por la cultura hel\u00e9nica sobre la di\u00e1spora alejandrina. Se verifica entonces un doble movimiento: de llamada a la tradici\u00f3n del pasado (\u00ableyes divinas\u00bb o \u00ableyes patrias\u00bb: 2Ma 6:1; 2Ma 7:2.37; obra de Dios en la historia: Sab 10-19) y de fervorosa expectaci\u00f3n del futuro. Por este camino se proyecta en el futuro \u00faltimo la lucha extrema de Dios en favor del pueblo, como ya se ha advertido (Sab 5:13-23; pero ya Ez 38-39, y en particular Dan 10-12, donde la guerra entre los sel\u00e9ucidas y los L\u00e1gidas se lee de forma cifrada como preanuncio de la guerra final; recu\u00e9rdese tambi\u00e9n la literatura no can\u00f3nica, de manera especial Qumr\u00e1n y la Regla de la guerra).<\/p>\n<p>La guerra escatol\u00f3gica, precisamente porque trasciende los l\u00ed\u00admites de la experiencia directa, se describir\u00e1 a menudo de una forma fant\u00e1stica, recurriendo a la escenograf\u00ed\u00ada de las antiguas teofan\u00ed\u00adas. Pero m\u00e1s all\u00e1 de los elementos figurativos, el mensaje transmitido por los textos est\u00e1 muy claro. Es la certeza de fe en la justicia del Dios salvador, al que corresponde la \u00faltima palabra.<\/p>\n<p>V. LA GUERRA EN EL NT. La palabra definitiva \u00faltima y concreta de Salvaci\u00f3n, en la l\u00f3gica de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, no puede ser m\u00e1s que t Jesucristo y su l Iglesia, en los cuales y por los cuales se inaugura el \u00abfin de los tiempos\u00bb (1Co 10:11; cf Heb 1:2). En torno a la persona y a la obra de Cristo se desarrolla y encuentra tambi\u00e9n su soluci\u00f3n el tema de la guerra. La perspectiva dominante del NT es la religioso-espiritual, con una intensa acentuaci\u00f3n escatol\u00f3gica, que no tiene por otra parte nada de unilateralidad. Pero tampoco est\u00e1 ausente el hecho militar, tratado en el plano simplemente humano.<\/p>\n<p>1. LA GUERRA COMO ACONTECIMIENTO HUMANO. El NT, especialmente en los evangelios y en los Hechos, toca de diversas formas la presencia de la guerra, trat\u00e1ndola siempre como un hecho connatural a la condici\u00f3n humana concreta; y se sirve de ella con frecuencia como un t\u00e9rmino de comparaci\u00f3n particularmente expresivo y comprensible. No discute nunca ni la necesidad de los ej\u00e9rcitos ni la conducta de los militares en el cumplimiento de sus funciones (cf Luc 3:14); incluso llega a registrar con absoluta indiferencia la presencia de los soldados de servicio junto a la cruz del Se\u00f1or (Mat 22:27) y despu\u00e9s de su muerte (Jua 19:33-34), o en funci\u00f3n de carceleros de los disc\u00ed\u00adpulos (Heb 5:26; etc.). En la base de esta postura se encuentra con toda probabilidad un sentido bastante vivo de la necesidad de un orden estable en las relaciones humanas, garantizado por una autoridad capaz de imponerse eficazmente. Cabe pensar que es quiz\u00e1 este sentimiento el que inspira el pasaje tan discutido de Rom 13:1-7 sobre la funci\u00f3n de las autoridades p\u00fablicas y sobre la necesidad de estar sometidos a ellas.<\/p>\n<p>Por otra parte, no faltan figuras singulares de soldados, especialmente oficiales, cuya rectitud y piedad se alaba p\u00fablicamente: el centuri\u00f3n de Cafarna\u00fan (Mat 8:5-10), el que confiesa por primera vez la divinidad de Jes\u00fas en el momento de su muerte (Mat 27:54), Cornelio y sus piadosos subalternos (He 10), Julio, \u00abhumano\u00bb con Pablo prisionero (He 27). Por eso ser\u00ed\u00ada in\u00fatil buscar en el NT el fundamento de una posici\u00f3n antimilitarista sin m\u00e1s. La soluci\u00f3n de la antinomia entre el \u00abevangelio de paz\u00bb (Efe 6:15; cf Luc 2:14; Heb 10:39; Efe 2:17) y la existencia hist\u00f3rica de la guerra se encuentra en un plano distinto. Efectivamente, est\u00e1 claro que para el NT las guerras entre los pueblos son un mal en s\u00ed\u00ad mismas; por eso precisamente las cataloga al lado de otros desastres (terremotos, pestilencias, carest\u00ed\u00adas: Luc 21:10-11), como signo del \u00abcomienzo de los dolores\u00bb (Mar 3:18) que preceden al \u00abfinal\u00bb y que son ellos mismos s\u00ed\u00adntomas del mal verdadero que mina desde dentro a la humanidad.<\/p>\n<p>2. LA GUERRA DEFINITIVA EN SENTIDO RELIGIOSO. En el choque frontal con este mal consiste precisamente la obra de Cristo, que contin\u00faa la Iglesia a trav\u00e9s de los siglos. Connaturalmente, presentar\u00e1 las connotaciones de la guerra definitiva; destinada a destruir el reino del \u00abpr\u00ed\u00adncipe de este mundo\u00bb (Jua 12:31; Jua 14:30; Jua 16:11) y a establecer el \u00abreino de Dios\u00bb, y por tanto la verdadera paz. El antiguo tema de la vida humana como \u00abservicio militar\u00bb se vincula de este modo con el tema universal de la lucha final entre el bien y el mal, combatida por Dios a trav\u00e9s de Cristo y desarrollada as\u00ed\u00ad dentro de la humanidad en favor de la humanidad y contra Satan\u00e1s. Por consiguiente, en el NT tanto la vida terrena de Cristo como la vida de la Iglesia en el tiempo y la existencia de cada uno de los fieles se describen a la luz de la guerra definitiva o escatol\u00f3gica, aunque si bien no necesariamente, los textos acudan a los elementos descriptivos propios del g\u00e9nero literario apocal\u00ed\u00adptico. El mismo libro del Apocalipsis, por otra parte, no hace m\u00e1s que proponer el tiempo de la Iglesia, es decir, la situaci\u00f3n de la Iglesia en el tiempo, como la instauraci\u00f3n del reino de Dios entre los hombres por obra del cordero inmolado, Cristo.<\/p>\n<p>a) Cristo vencido y vencedor. La vida terrena de Jes\u00fas lleva a su cumplimiento la esencia misma de esta guerra, con la que \u00e9l se enfrenta en todo su tr\u00e1gico significado, asumiendo enteramente su peso. No se trata de conquistar un reino humano (Jua 18:33-38), y Jes\u00fas no recurre a ning\u00fan m\u00e9todo o medio humano de combate. La batalla se desarrolla a lo largo de una directriz inesperada, como un asalto unilateral de las fuerzas del mal (Heb 4:25-26; cf Sal 2:1-2) en contra del hombre Jes\u00fas, que, por su parte, no opone a ella ninguna resistencia y se deja avasallar humanamente por medio de una libre decisi\u00f3n (cf Jua 10:18; Heb 5:8). Pero por este camino \u00e9l mismo es el primero en realizar una palabra suya: no preocuparse de los que pueden matar el cuerpo, pero luego no pueden hacer ya nada m\u00e1s (cf Luc 12:4-5). Y parad\u00f3jicamente, al aceptar la muerte, agota e inutiliza toda la fuerza destructora de la muerte en su misma ra\u00ed\u00adz ontol\u00f3gica: el pecado como rebeli\u00f3n de la criatura humana contra la voluntad divina. En el Cristo muerto en la cruz se consuma la conformidad m\u00e1s perfecta de la voluntad del hombre con la voluntad de Dios, y de este modo en su resurrecci\u00f3n vuelve a abrirse la fuente de la vida del hombre en Dios, que se hab\u00ed\u00ada cerrado voluntariamente en el Ed\u00e9n. Las fuerzas del mal quedan sometidas a Cristo y prisioneras de su triunfo (Col 2:15); el universo queda bajo sus pies, y \u00e9l lo pone a los pies de Dios (cf ICor 15,23-28). Justamente en el Apocalipsis el Cristo cordero inmolado es proclamado soberano de la humanidad y de la historia, digno de compartir el reino con Dios Padre por toda la eternidad (Apo 5:9-10.12).<\/p>\n<p>b) La vida cristiana como combate. La paz mesi\u00e1nica, realmente inaugurada por la persona y por la obra de Cristo (Luc 2:14; Jua 14:27; Jua 16:33; cf Efe 2:14), no anula en la existencia temporal de la Iglesia y de cada uno de los fieles esa dial\u00e9ctica de guerra que ya hab\u00ed\u00ada identificado el AT en la vida del hombre. Y lo demuestra incluso solamente el uso de la terminolog\u00ed\u00ada militar, atestiguado de varias maneras en los escritos del NT. La asociaci\u00f3n de la Iglesia y del cristiano con Cristo prolonga en relaci\u00f3n con ellos aquella misma violencia y odio que se opuso al mismo Cristo (Jua 15:1-21). En este sentido Pablo sobre todo recurre a menudo a un vocabulario propiamente militar (2Co 10:4; 1Ti 1:18; Flp 2:25), mencionando incluso las \u00abarmas\u00bb correspondientes (ITes 5,8). En particular, Efe 6:10-17 se extiende en el anuncio de una \u00ablucha cuerpo a cuerpo\u00bb (pal\u00e9) en contra del diablo y de sus secuaces, que hay que sostener con la fuerza de la \u00abarmadura de Dios\u00bb, de la que se mencionan los diversos elementos, en la vigilancia y en la oraci\u00f3n incansables. Son las \u00abarmas de la justicia\u00bb (2Co 6:7), \u00abno carnales\u00bb (2Co 10:4), las \u00abarmas de la luz\u00bb (Rom 13:12) que aseguran a la Iglesia y al cristiano la victoria a trav\u00e9s de la paradoja que se realiz\u00f3 en Cristo; por eso, el triunfo pasajero del mal y del mundo (Apo 11:7-10) da finalmente paso a la resurrecci\u00f3n y a la vida (Apo 11:11.12.15-18). Es la victoria que culmina en el \u00abtestimonio\u00bb o \u00abmartirio\u00bb ( Apo 12:10.12; Apo 14:1-5).<\/p>\n<p>Junto a la perspectiva de combate y de guerra se sit\u00faa, como para subrayar y profundizar este tema, la de la competici\u00f3n deportiva o ag\u00f3n, que aplic\u00f3 Lucas a Cristo (ag\u00f3n\u00ed\u00ada: Luc 22:44) y que Pablo utiliza con simpat\u00ed\u00ada (1Co 9:24-27; lTim 6,12; 2Ti 4:7-8; cf Heb 12:1). En resumen, el combate no se dirige solamente hacia fuera, en contra de un asalto del ene., migo exterior, sino que se dirige tambi\u00e9n a la superaci\u00f3n de los l\u00ed\u00admites y resistencias \u00ed\u00adntimas de cada persona humana, y busca una victoria que es tambi\u00e9n la superaci\u00f3n de uno mismo en la tensi\u00f3n hacia la completa realizaci\u00f3n de la voluntad del Padre. Esto pone en acci\u00f3n una \u00abvirtus\u00bb que va bastante m\u00e1s all\u00e1 del simple valor militar, y que no tiene su origen en la persona de los individuos, sino quees \u00abfuerza de lo alto\u00bb (cf Luc 24:49), con la que el cristiano realmente \u00ablo puede todo\u00bb, pero en aquel \u00abque le conforta\u00bb (cf Flp 4:13).<\/p>\n<p>c) El combate final. Mirando bien las cosas, el NT, aunque habla del \u00abfin de los siglos\u00bb (1Co 10:11; l Pe 4,7; etc.), no lo separa nunca del tiempo de la Iglesia, que en realidad es ya la \u00ab\u00faltima hora\u00bb (lJn 2,18), en la que la lucha final, inaugurada por Cristo y resuelta por lo que a \u00e9l se refiere, sigue vigente. Es \u00e9sta la raz\u00f3n por la cual el NT, a pesar de que no ignora la perspectiva escatol\u00f3gica (discurso de Mt 24-25 y par; anuncio de la parus\u00ed\u00ada: 1Ts 4:13-18; 2Ts 2:1-12; etc.), no presenta nada que pueda realmente compararse con la conflagraci\u00f3n final, que era por el contrario tan familiar a la literatura I apocal\u00ed\u00adptica antigua. Lo que acecha a la humanidad no es una \u00abguerra final\u00bb que vea alineados dos ej\u00e9rcitos contrarios para el choque decisivo. Por el contrario, la guerra est\u00e1 presente en estado end\u00e9mico en todo nuestro tiempo, que es el tiempo final. Lo que nos acecha es m\u00e1s bien un \u00abjuicio\u00bb, del que las guerras hist\u00f3ricas y sus rumores son un previo anunci\u00f3 (Mat 24:6); pero que tiene como protagonista solamente a Cristo, de cuya boca sale la \u00abespada\u00bb de la decisi\u00f3n (Apo 1:16; Apo 2:12.16; Apo 19:15). El es el \u00fanico guerrero que \u00abjuzga y lucha con justicia\u00bb (Apo 19:11), aun cuando en el campo contrario se hayan reunido muchos para el \u00faltimo asalto (Apo 20:7ss). Efectivamente, no existe comparaci\u00f3n posible entre la compenetraci\u00f3n de Cristo con todos los suyos (recu\u00e9rdese el \u00abpermanecer en\u00bb en Jn) -por lo que en cada uno de ellos es \u00e9l el que combate y vence- y las fuerzas que Satan\u00e1s intenta reunir, pero que en realidad est\u00e1n divididas entre s\u00ed\u00ad (cf la suerte de la \u00abmeretriz\u00bb en Ap 17), dominadas como est\u00e1n por el odio y por la desuni\u00f3n.<\/p>\n<p>De este modo en el NT el \u00abmisterio del fin\u00bb (cf Mat 24:36), m\u00e1s que quedar revelado, sigue estando escondido, aunque se haya manifestado ya su \u00e9xito. Para la Iglesia en el tiempo y para cada uno de los cristianos que \u00abmilita\u00bb en la \u00abbuena milicia\u00bb (cf 1Ti 1:18) sosteniendo el \u00abbuen combate\u00bb de forma leg\u00ed\u00adtima, existe la seguridad de obtener la \u00abcorona\u00bb de la victoria, \u00abque el \u00faltimo d\u00ed\u00ada me dar\u00e1 el Se\u00f1or, justo juez; y no s\u00f3lo a m\u00ed\u00ad, sino tambi\u00e9n a todos los que esperan con amor su venida\u00bb (2Ti 4:6-8). No hay nada de \u00abapocal\u00ed\u00adptico\u00bb en el sentido corriente de la palabra en todo el NT; el mismo libro del I Apocalipsis, con su anuncio de la llegada de la Jerusal\u00e9n celestial entre los hombres y con el anuncio previo de la venida final de Cristo, sigue estando al final encerrado en una expectativa, y termina con la invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y de la esposa para que se acelere la venida efectiva del esposo. As\u00ed\u00ad se proyecta un rayo de paz sobre la suerte de la humanidad en Cristo, en el \u00fanico en que se resuelve de verdad toda guerra.<\/p>\n<p>BIBL.: BARROIS A.G., Manuel d&#8217;arch\u00e9ologie biblique 11, Picard, Par\u00ed\u00ads 1953, 87-117; BAUERNFE1ND O., m\u00e1chomai (combatiere), en GLNT VI, 1427-1432; p\u00f3lemos (guerra), en GLNT X, 1235-1272; strate\u00faomai (militare, guerreggiare), en GLNTXII, 1301-1344; CAZELLES H.-GRELOT P., Guerra, en LrON-DUFOUR X, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona 198011, 369-373; CRAIGIE P.C., The Problem oJ War in the OT, Eerdmans, Grand Rapids 1972; FOERSTER W., echthr\u00f3s (nemico), en GLNT III, 1305-1318; GANCHO G., Guerra, en Enciclopedia de la Biblia 111, Garriga, Barcelona 1964, 975-984; KRUSE H., Ethos victoriae in VT, en \u00abVT\u00bb 30 (1952) 3-13.65-80. 143-153; MIcHL O., mis\u00e9\u00f3 (odiare), en GLNT VII, 321-352; MICHOUD H., VON ALLMEN J.J., Guerra, en Vocabulario B\u00ed\u00adblico, Marova, Madrid 1968, 131-135; OEPKE A., h\u00f3plon (arma), en GLNT VIII, 819-884; STAUFFER E., ag\u00fcn (combattimento), en GLNT I, 361-378; VAUX R. de, Instituciones del A. 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Distintas acepciones del t\u00e9rmino y anotaciones hist\u00f3ricas<br \/>\nGen\u00e9ricamente, la guerra se define tom\u00f3 conflicto armado entre sociedad y grupos organizados. Ahora bien, esta realidad violenta se ha llevado a cabo en la historia a trav\u00e9s de las m\u00e1s diversas formas, a las que es necesario prestar atenci\u00f3n a fin de evitar un\u00ed\u00advocos y asimilaciones incongruentes, sobre todo en la valoraci\u00f3n moral.<\/p>\n<p>Uno de los cambios m\u00e1s grandes en la concepci\u00f3n de la guerra ha tenido lugar con la formaci\u00f3n de los Estados soberanos, \u00absuperiorem non agnoscentes\u00bb (que no reconocen autoridad superior a la suya propia). Mientras en la estructura imperial y en la communitas christiana la guerra era, por principio, injustificada -s\u00f3lo estaba legitimada la guerra contra los enemigos externos de la comunidad-, el planteamiento comenz\u00f3 a cambiar cuando, con la ca\u00ed\u00adda del imperio y el desmembramiento de la comunidad europea, cada Estado soberano ejerci\u00f3 la justicia por separado, erigi\u00e9ndose en \u00e1rbitro del ius ad bellum, es decir, del derecho pr\u00e1cticamente incensurable a declarar la guerra. En el ius in bello, en cambio, a medida que las costumbres fueron tomando cuerpo legal en el derecho internacional, se fueron aceptando determinados l\u00ed\u00admites para la declaraci\u00f3n de hostilidades.<\/p>\n<p>Otro salto cualitativo ha tenido lugar con la guerra total (puesta en acci\u00f3n en el segundo conflicto mundial) y, sobre todo, en el conflicto nuclear. La capacidad destructora absolutamente in\u00e9dita de las armas at\u00f3micas (y, aunque en grado inferior, de las armas bacteriol\u00f3gicas, qu\u00ed\u00admicas y geof\u00ed\u00adsicas) pone en peligro por primera vez en la historia la vida de toda la humanidad, suprime por completo la distinci\u00f3n entre beligerantes y no beligerantes (fundamental en el derecho internacional) y hace de la guerra algo absolutamente sin parang\u00f3n con los conflictos precedentes; en com\u00fan s\u00f3lo existe el nombre, mientras que la realidad es cualitativamente diferente. De aqu\u00ed\u00ad la exigencia, sentida al un\u00ed\u00adsono -por la conciencia laica y cristiana, de afrontar la cuesti\u00f3n de la guerra y de la paz con mentalidad absolutamente nueva (cf GS 81 y declaraciones de Einstein N. Bobbio y de la ONU).<\/p>\n<p>El fen\u00f3meno de la guerra ha sido muy estudiado (tambi\u00e9n por los te\u00f3logos), y hoy las ciencias humanas lo afrontan desde distintas vertientes y contribuyen a obtener una mejor comprensi\u00f3n tanto de las constantes como de las profundas variables del fen\u00f3meno, de los or\u00ed\u00adgenes psicol\u00f3gicos, sociales, pol\u00ed\u00adticos, econ\u00f3micos y religiosos de los conflictos, as\u00ed\u00ad como de las diferentes variantes de guerra: guerra entre Estados, guerra civil, guerra revolucionaria, guerrilla, guerras de liberaci\u00f3n&#8230;, y de otros tipos de conflicto que s\u00f3lo metaf\u00f3ricamente se pueden denominar guerra, por cuanto en ellos no se da violencia armada: guerra econ\u00f3mica, psicol\u00f3gica, fr\u00ed\u00ada, ideol\u00f3gica y similares.<\/p>\n<p>II. La guerra en el AT, en el NT y en los santos padres<br \/>\nEn el AT se habla de guerra con gran frecuencia, y el propio lenguaje militar (incluso en los escritos del NT) se usa en sentido traslaticio para designar la lucha contra el mal y el maligno. Toda la historia de Israel est\u00e1 marcada por hechos de armas; menos frecuentes en la \u00e9poca de los patriarcas -tal vez, a juicio de algunos expertos, tambi\u00e9n como consecuencia de una \u00abdesmilitarizaci\u00f3n\u00bb de la narraci\u00f3n-, adquieren notable importancia en la fase de la conquista de Cana\u00e1n (cf Jos 1-12) y en el per\u00ed\u00adodo mon\u00e1rquico. Inicialmente se trataba de guerras de expansi\u00f3n, mientras que, despu\u00e9s de la divisi\u00f3n de los reinos del norte y del sur, asistimos a guerras de defensa hasta la destrucci\u00f3n de Samaria (721 a. C.) y de Jerusal\u00e9n (587 a.C.). Conflictos posteriores tienen el car\u00e1cter de guerras de defensa y de liberaci\u00f3n. Toda guerra leg\u00ed\u00adtima tiene para Israel el car\u00e1cter de guerra santa; es Dios, en efecto, quien combate en favor de su pueblo; o, en otra perspectiva, es Israel quien combate las batallas del Se\u00f1or contra sus enemigos. Pero a menudo la guerra es vista como castigo que, por medio de pueblos extranjeros, inflige Dios a su pueblo para inducirle a un cambio de ruta. En todo caso, la guerra leg\u00ed\u00adtima no est\u00e1 en contraste con el ideal del shalom, de la paz rica y densa que domina el horizonte de la alianza [l Paz y pacifismo II].<\/p>\n<p>Merece una alusi\u00f3n el cherem o anatema, explicado en un libro bastante tard\u00ed\u00ado del AT (cf Lev 27:28-29). Aplicado en su integridad, el cherem comporta el dejar para Dios la totalidad del bot\u00ed\u00adn y, por consiguiente, el exterminio total de los enemigos y de sus pertenencias. Los pasajes que narran episodios del g\u00e9nero (Jos 6-7 y 1 Sam 15) y la ley deuteron\u00f3mica que conmina con el cherem a la ciudad de Israel que reniegue del Se\u00f1or (Deu 13:13-18) son textos que, a juicio de los expertos, representan una relectura teol\u00f3gica de la historia antigua, por lo que existen serios motivos de duda respecto a la ejecuci\u00f3n hist\u00f3rica de este exterminio sagrado. Puede consultarse la ampl\u00ed\u00adsima bibliograf\u00ed\u00ada que N. Lohfink aduce en favor de esta opini\u00f3n y su exhaustivo an\u00e1lisis de los diversos estratos que componen el Pentateuco (El Dios de la Biblia y la violencia, 112-152).<\/p>\n<p>Los escritos neotestamentarios no afrontan la cuesti\u00f3n, debatida en la Edad Media cristiana, utrum bellum sit semper peccatum? (\u00bfes siempre pecado la guerra?): \u00abEl conflicto b\u00e9lico entre pueblos y Estados no est\u00e1 aprobado expresamente y por principio en ning\u00fan texto como posibilidad de la que se pueda tomar la responsabilidad moral; por ejemplo, como medida extrema necesaria. Pero, y esto puede sorprender todav\u00ed\u00ada m\u00e1s e incluso defraudar a muchos cristianos, tampoco es condenado expresamente y por principio como pecado y explicado como sugesti\u00f3n de Satan\u00e1s\u00bb (A. VOGTLE, La paz, 31).<\/p>\n<p>Se ha querido ver en Luc 22:36-38 una justificaci\u00f3n de la autodefensa armada: \u00abPues ahora&#8230;, el que no tenga espada, que venda su manto y la compre&#8230; Ellos dijeron: -Se\u00f1or, aqu\u00ed\u00ad hay dos espadas. Les contest\u00f3: -\u00c2\u00a1Basta ya!\u00bb Este \u00abbasta\u00bb representa una brusca interrupci\u00f3n del di\u00e1logo, que no se puede interpretar ni como invitaci\u00f3n a hacer uso de la espada ni como prohibici\u00f3n de hacer uso de ella. Con todo, el car\u00e1cter radical del serm\u00f3n del monte en lo referente al \u00abno matar\u00bb y el in\u00e9dito mandamiento de amar a los enemigos (cf Mat 5:2122), unidos ala praxis de no violencia (activa) de Jes\u00fas con culminaci\u00f3n en los d\u00ed\u00adas de la pasi\u00f3n, cuando \u00e9l rechaza todo uso de la fuerza e impone envainar la espada (cf Jn 18, l0s), expresan claramente la exigencia de un cambio profundo en las relaciones humanas marcadas por la triste dial\u00e9ctica de violencia y contraviolencia. Con todo, la ense\u00f1anza y la praxis de Jes\u00fas sobrepasan la cuesti\u00f3n de la legitimidad o no de la defensa armada y, en opini\u00f3n bastante generalizada entre biblistas y te\u00f3logos de la moral, no hay que entenderlas de manera legalista, como normas inmediatas de comportamiento.<\/p>\n<p>Tampoco en las primeras generaciones cristianas encontramos una toma de postura directa acerca de la guerra y su prevenci\u00f3n. Entre los factores explicativos de esta actitud suelen se\u00f1alarse los siguientes: intensa espera de la parus\u00ed\u00ada; imposibilidad de ejercer influencia pol\u00ed\u00adtica; los beneficios de la pax romana incluso en orden a la evangelizaci\u00f3n; no obligatoriedad del servicio militar tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra.<\/p>\n<p>Con posterioridad, las situaciones cambian y, consiguientemente, encontramos intervenciones expl\u00ed\u00adcitas y pr\u00e1cticas diferentes, cuando el servicio militar se hace obligatorio y los emperadores imponen actos de culto a su persona. No pocos cristianos rechazan tanto el militare (prestar servicio militar) como el bellare (combatir), afrontando incluso el martirio. Resulta emblem\u00e1tica al respecto la passio de san Maximiliano, considerado como el primer objetor de conciencia al servicio militar y la expresi\u00f3n m\u00e1s clara de una corriente pacifista muy rigurosa, que condenaba ese servicio en base al mensaje y a la naturaleza del cristianismo. En las provincias orientales del imperio m\u00e1s expuestas a las incursiones de los partos y de otros pueblos lim\u00ed\u00adtrofes, no faltan, sin embargo, cristianos que forman parte del ej\u00e9rcito y van tambi\u00e9n a la guerra. En Grecia, en cambio, en el Oriente helen\u00ed\u00adstico y en el \u00ed\u0081frica cristiana maduran reflexiones org\u00e1nicas y pr\u00e1cticas m\u00e1s coherentes con el ideal evang\u00e9lico de la paz y de la no violencia.<\/p>\n<p>Junto al testimonio de los m\u00e1rtires y en conexi\u00f3n org\u00e1nica con \u00e9l encontramos los escritos de Clemente Alejandrino, Or\u00ed\u00adgenes, Tertuliano, Cipriano, Arnobio y Lactancio prohibiendo al cristiano no s\u00f3lo gestos idol\u00e1tricos y comportamientos inmorales (como el asalto y el robo), sino tambi\u00e9n verter la sangre del hermano faltando a los imperativos del serm\u00f3n de la monta\u00f1a. En lo tocante al deber de defenderse del agresor injusto, piden por lo general a los cristianos que lo cumplan sirvi\u00e9ndose del arma extraordinariamente eficaz de la oraci\u00f3n, que aleja las guerras y protege de todo tipo de enemigos. Tambi\u00e9n en Roma y en el resto de Europa vinculado con Roma, aunque la proximidad relativa a la sede imperial induzca a una mayor moderaci\u00f3n, la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de los padres y la pr\u00e1ctica de los cristianos se muestran bastante concordes en rechazar la guerra y sus violencias y en poner l\u00ed\u00admites r\u00ed\u00adgidos al servicio militar. Significativos al respecto son los testamomos de Ireneo y, todav\u00ed\u00ada m\u00e1s, las normas de Hip\u00f3lito Romano prohibiendo absolutamente al soldado cristiano ejercer la violencia y matar por la raz\u00f3n que sea, a la vez que excluyen dr\u00e1sticamente del catecumenado a quienes optan voluntariamente por el servicio militar.<\/p>\n<p>III. La teor\u00ed\u00ada de la guerra justa y su progresiva aceptaci\u00f3n en la cultura cristiana<br \/>\nEl que el emperador se hiciera cristiano y que, por consiguiente, la defensa del imperio coincidiera con la defensa de la fe y de la Iglesia explica, al menos en parte, las diferentes posturas existentes en la pr\u00e1ctica y en la reflexi\u00f3n cristianas en el tema de la guerra [l Paz y pacifismo III].Las contingencias hist\u00f3ricas no permiten ya limitarse a la oraci\u00f3n para poder sostener las justas batallas del imperio: la renuncia al militare (prestar servicio militar) y tambi\u00e9n al Mellare (combatir) significar\u00ed\u00adan renuncia a la defensa de la fe y, de la unidad eclesial. De esta intenci\u00f3n -hist\u00f3rica y teol\u00f3gica a la vez- surge la famosa teor\u00ed\u00ada de la guerra justa, cuyos prop\u00f3sitos eran la legitimaci\u00f3n y la limitaci\u00f3n de los conflictos armados. Su paternidad se hace remontar a san Ambrosio y, en particular, a san Agust\u00ed\u00adn, aunque habr\u00ed\u00ada que retrotraerse a\u00fan m\u00e1s hasta los estoicos y Plat\u00f3n.<\/p>\n<p>En lo que respecta a Agust\u00ed\u00adn, hay que se\u00f1alar que \u00e9ste no renuncia en absoluto al gran planteamiento evang\u00e9lico sobre la paz, la cual sigue siendo la finalidad de la propia guerra. Con notable reticencia explica Agust\u00ed\u00adn que, en determinadas circunstancias, la guerra, es decir, la defensa armada contra otros -pero nunca la autodefensa violenta- puede ser moralmente l\u00ed\u00adcita: 0 deber\u00e1, en primer lugar, ser decidida por quien detente la autoridad: quedan, pues, excluidas las peque\u00f1as guerras. entre personas privadas; D en segundo lugar, antes del recurso a las armas deber\u00e1n haberse intentado todos los medios pac\u00ed\u00adficos de soluci\u00f3n del conflicto (la guerra es, pues, extrema ratio); O adem\u00e1s, en la guerra justa deber\u00e1n evitarse comportamientos inmorales, como robos, rapi\u00f1as, masacres, profanaciones y cosas similares; O por \u00faltimo, dado que la paz constituye la finalidad de la guerra, no deber\u00e1 buscarse el aniquilamiento del enemigo ni la conquista de ventajas materiales y, menos a\u00fan, abusar de la victoria.<\/p>\n<p>Respondiendo ala pregunta utrum bellum sit semper peccatum, santo Tom\u00e1s afirma que se da la excepci\u00f3n cuando coexisten las siguientes condiciones: -autoridad del pr\u00ed\u00adncipe que declara la guerra; -causa justa, que supone culpa moral grave en el agresor, por la que debe ser castigado; -intenci\u00f3n recta, es decir, tendencia \u00e9tica al restablecimiento de la justicia y de la paz (S. Th., II-II, q. 40).<\/p>\n<p>Posteriormente, con el surgimiento de los Estados soberanos, como ya ha quedado indicado en el apartado I, la teor\u00ed\u00ada de la guerra justa tiende a laicizarse. Ya con F. de Vitoria (1483-1546) la l\u00f3gica de la cristiandad es sustituida por el inter\u00e9s supremo de la naci\u00f3n, y la guerra se convierte en un medio leg\u00ed\u00adtimo para reparar una injusticia, incluso en la eventualidad de que el agresor no se sienta culpable y se considere con derecho a llevar a cabo su acci\u00f3n. A diferencia pues, de lo que pensaban Agust\u00ed\u00adn y Tom\u00e1s, la guerra es justa por ambas partes (cf Ch. MELLON, Los cristianos ante la guerra y la paz, 111).<\/p>\n<p>De Vitoria plantea la cuesti\u00f3n de la guerra en el plano del derecho natural, el cual viene a constituir una plataforma universal de encuentro, com\u00fan a cristianos y no cristianos, a musulmanes y a indios de los nuevos territorios conquistados. -A las cl\u00e1usulas tradicionales de legitimaci\u00f3n y limitaci\u00f3n de la guerra, F. de Vitoria a\u00f1ade una de gran importancia: el bien com\u00fan del mundo y de la cristiandad; si una guerra da\u00f1a a este bien de manera relevante, esa guerra es inmoral. -Hay que afirmar lo mismo si los males provocados por la guerra superan a aquellos a los que se quiere poner reparo. Queda as\u00ed\u00ad enunciado el principio de proporcionalidad -hoy frecuentemente invocado para deslegitimar la guerra total y la guerra nuclear-, un criterio al que, unos a\u00f1os despu\u00e9s, F. Su\u00e1rez (15481617) a\u00f1adir\u00e1 el de probabilidad de victoria. Por \u00faltimo, De Vitoria recalca con mucho vigor: la prohibici\u00f3n de matar intencionadamente (o \u00abdirectamente&#8217; a los inocentes, es decir, a los no beligerantes, cl\u00e1usula que ser\u00e1 fundamental en el ius belli o derecho internacional de guerra.<\/p>\n<p>Con el nacimiento de este derecho y el reforzamiento del Estado soberano, el bien com\u00fan termina por identificarse con el fin de cada Estado individual, el cual no reconoce una instancia superior. Las causas \u00abjustas\u00bb de guerra se ampl\u00ed\u00adan hasta tal extremo de que, en la pr\u00e1ctica, la guerra se puede hacer -seg\u00fan el derecho- por cualquier raz\u00f3n que quiera el pr\u00ed\u00adncipe. Al s\u00fabdito le queda prohibida toda valoraci\u00f3n o cuestionamiento de la decisi\u00f3n de aqu\u00e9l.<\/p>\n<p>Los cristianos se adaptaron a este modo de entender la teor\u00ed\u00ada (y la pr\u00e1ctica) de la guerra justa; ajuicio de los historiadores, en efecto, no hay constancia de que la Iglesia, aun condenando en l\u00ed\u00adneas generales los horrores de la guerra, haya condenado una en concreto como injusta ni de que haya impuesto a los cristianos la no participaci\u00f3n. A pesar de haber desempe\u00f1ado el papel hist\u00f3rico de limitar los conflictos y de mantenerlos dentro de un cierto \u00e1mbito, la teor\u00ed\u00ada de la guerra justa revela, en opini\u00f3n com\u00fan hoy, muchos puntos d\u00e9biles: -presupone el car\u00e1cter inorg\u00e1nico de la sociedad internacional y, por consiguiente, vale s\u00f3lo en la hip\u00f3tesis de falta de una autoridad superior a la del Estado, como han subrayado fuertemente el padre Taparelli de Azeglio (1793-1862) y, en tiempos m\u00e1s cercanos a nosotros, Y. de la Bri\u00e9re y L. Sturzo; -adem\u00e1s, concede excesivo cr\u00e9dito al \u00abpr\u00ed\u00adncipe\u00bb y quita al \u00abs\u00fabdito\u00bb la posibilidad de un juicio cr\u00ed\u00adtico-prof\u00e9tico (cf V. GALATI, La guerra `pr\u00e1cticamente\u00bb imposible, 22-23).<\/p>\n<p>Hay que se\u00f1alar, sin embargo, que la teor\u00ed\u00ada de la guerra justa no agota la pr\u00e1ctica de la Iglesia en orden a la limitaci\u00f3n de las consecuencias negativas de los conflictos: -baste recordar las normas de la paz y de la tregua de Dios existentes en la alta Edad Media, las cuales, a pesar de no haber sido siempre observadas, ponen de manifiesto la voluntad de contener los conflictos, excluyendo a determinadas personas y a determinados tiempos de sus efectos perversos. -Tampoco se debe olvidar que, aun sin negar validez a las teor\u00ed\u00adas vigentes, surgen en la Iglesia movimientos, como el franciscanismo, que se oponen en la pr\u00e1ctica a las cruzadas (reediciones de la guerra santa, en las que quedan superados los mismos l\u00ed\u00admites laboriosamente elaborados por la teor\u00ed\u00ada de la guerra justa). -Debe tenerse en cuenta la actuaci\u00f3n desarrollada en Hait\u00ed\u00ad por los padres dominicos -yen particular por Bartolom\u00e9 de las Casas (14741566)- para desenmascarar la injusticia de las guerras de colonizaci\u00f3n, que muchos justificaban, bien por considerar que los indios no ten\u00ed\u00adan derecho a poseer, bien por motivos de fe: \u00abut melius Pides eis suadeatur\u00bb (para que se les pueda inculcar mejor la fe), como afirmaba el te\u00f3logo Sep\u00falveda (cf E. CHIAVACCI, El cristianismo y la guerra, en AANV., Guerra y paz&#8230;, 208).<\/p>\n<p>Junto a estas p\u00e1ginas positivas existen otras que hoy muchos cristianos quisieran que jam\u00e1s se hubieran escrito: cruzadas, guerras contra herejes y guerras de religi\u00f3n. Salvo pocas excepciones, las comunidades cristianas se hicieron, por desgracia, cada vez m\u00e1s prisioneras de la l\u00f3gica de la soberan\u00ed\u00ada nacional, y ni siquiera el hecho de que la religi\u00f3n haya desencadenado tanta violencia durante tres siglos de guerras contra el islam y durante casi otros tantos de guerras entre naciones cristianas parece haber suscitado serias perplejidades.<\/p>\n<p>IV. Las posturas tomadas por el Vat. II y en las sucesivas intervenciones magisteriales<br \/>\nEl giro conciliar tiene precedentes a partir de Benedicto XV hasta la Pacem in terris, de Juan XXIII. El 1 de agosto de 1917 el papa Benedicto, a quien un an\u00e1lisis hist\u00f3rico m\u00e1s atento est\u00e1 rescatando hoy del olvido, calific\u00f3 a la primera guerra mundial de \u00abmasacre in\u00fatil\u00bb, y m\u00e1s adelante de \u00abmatanza que deshonra a Europa\u00bb y de absurdo genocidio de sus valores culturales. Su imparcialidad, la asistencia caritativa universal, unidas a la condena de la guerra y del reclutamiento obligatorio, instauran un movimiento de pensamiento y de acci\u00f3n, que, en simbiosis con otros factores hist\u00f3rico-culturales, desembocar\u00e1 en la actual experiencia de los cristianos.<\/p>\n<p>Tampoco los papas siguientes a Benedicto se demostraron blandos con la guerra; las condiciones tiajicionales para su legitimaci\u00f3n, recordadas por ellos, son tan serias `que resulta siempre m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil pensar que puedan darse en las actuales circunstancias., P\u00ed\u00ado XII, el primer papa que tuvo que ver con la guerra total, los terror\u00ed\u00adficos bombardeos de Coventry y los genocidios at\u00f3micos de Hiroshima y Nagasaki, proclama que, incluso en caso de leg\u00ed\u00adtima defensa, debe quedar absolutamente desterrado, como si de un crimen ante Dios se tratara, el uso de armamento cuya potencia destructiva supere la posibilidad de control humano, y elimina de ra\u00ed\u00adz la distinci\u00f3n entre beligerantes y no beligerantes (cf Alocuci\u00f3n del 30 de septiembre de 1954, en \u00abAAS\u00bb 46 [1954] 589; Mensaje de navidad del 24 de diciembre de 1954, en \u00abAAS\u00bb 45 [1955] 15ss).<\/p>\n<p>Sin embargo, el precedente m\u00e1s significativo de la doctrina conciliar hay que buscarlo en la Pacem in terris, de Juan XXIII (1963), que abre realmente en la Iglesia un per\u00ed\u00adodo nuevo acerca del modo de afrontar los problemas de la guerra y, sobre todo, de la paz, de la misma manera que la Rerum novarum, de Le\u00f3n XIII abri\u00f3 un periodo nuevo en la cuesti\u00f3n social. Entre \u00ablos signos de los tiempos\u00bb a los que la enc\u00ed\u00adclica pide que se preste atenci\u00f3n est\u00e1 la aspiraci\u00f3n a la paz, de la que el documento traza las l\u00ed\u00adneas maestras, y el hecho simult\u00e1neo de que la guerra en la era at\u00f3mica es considerada por muchos como absolutamente inadmisible y nunca debe ser vista como instrumento de justicia; una perspectiva semejante de guerra est\u00e1 \u00abfuera de la racionalidad\u00bb. \u00abQuare aetate hac nostra quae vi atomica gloriatur, alienum est a ratione, bellum iam aptum esse ad violata iura sarcienda\u00bb (En una \u00e9poca como la nuestra, que se glor\u00ed\u00ada de la energ\u00ed\u00ada at\u00f3mica, est\u00e1 fuera de la racionalidad pensar que la guerra sea un instrumento apto para restaurar los derechos violados: Ench Val 2,43). El enorme eco que suscit\u00f3 entonces este documento es se\u00f1al clara de que la gente percibi\u00f3 su carga innovadora y prof\u00e9tica y de la perfecta sinton\u00ed\u00ada que aquellas p\u00e1ginas demostraban con las aspiraciones de todos los hombres de buena voluntad, a los que se dirig\u00ed\u00ada por primera vez un texto magisterial.<\/p>\n<p>La indicaci\u00f3n del papa Juan XXIII hall\u00f3 acogida, aunque con dificultades, en la constituci\u00f3n Gaudium el spes. Este texto comienza significativamente con una teolog\u00ed\u00ada de la paz de inspiraci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, positiva y din\u00e1mica. Aun sin ignorar los conflictos que desgarran a la humanidad marcada por el pecado (cf n. 79), la GS presenta el objetivo de una reconciliaci\u00f3n a perseguir sin cesar, en una hora de grave, m\u00e1s a\u00fan, sumo peligro, en estrecha colaboraci\u00f3n con la justicia y el amor universal (cf n. 80ss). Adem\u00e1s, en el documento (n. 80) encontramos dos condenas claras e inapelables: la primera, referida a las armas nucleares, y la otra, a toda acci\u00f3n b\u00e9lica que comporte masacre indiscriminada: \u00abLas condenas son tajantes y no dejan mucho espacio interpretativo: bajo ninguna condici\u00f3n, por ello mismo ni siquiera bajo ataque nuclear, resultan moralmente justificables tales acciones\u00bb (E. CHIAVACCI, El cristianismo y la guerra 209).<\/p>\n<p>A juicio de algunos int\u00e9rpretes de la GS, en el documento conciliar no aparece ya la doctrina de la guerra justa, siendo sustituida por la llamada a aleg\u00ed\u00adtima defensa, la cual, conceptualmente, difiere profundamente de la antigua teor\u00ed\u00ada, que contemplaba en su larga historia una gama cada vez m\u00e1s amplia de legitimaciones de la intervenci\u00f3n armada. Al contrario, seg\u00fan doctrina com\u00fanmente aceptada por los te\u00f3logos moralistas, para que pueda darse leg\u00ed\u00adtima defensa es necesaria una agresi\u00f3n actual injusta, ala que es l\u00ed\u00adcito oponerse, pero no en todo caso y a cualquier precio, sino \u00fanicamente en el \u00e1mbito de una estricta proporcionalidad entre el bien o los bienes que se quieren defender y el mal que se ocasiona o que razonablemente se prev\u00e9 ocasionara la comunidad mundial.<\/p>\n<p>La GS, con todo, aun habiendo formulado una dura condena contra la estrategia \u00abanti-ciudad\u00bb (n. 80) y contra la guerra total (mismo n\u00famero), no llega a condenar la posesi\u00f3n de armas nucleares. \u00abLos padres conciliares hacen la observaci\u00f3n de que la acumulaci\u00f3n de armas sirve, de forma ciertamente ins\u00f3lita, para disuadir a eventuales adversarios&#8217; y constatan prudentemente que `esto es considerado por muchos como el medio m\u00e1s eficaz para asegurar hoy una cierta paz entre las naciones'(GS 81)\u00bb (Ch. MELLON, o.c., I51). Este punto constituye hoy motivo de discusi\u00f3n y de disenso incluso en la m\u00e1s reciente ense\u00f1anza magisterial.<\/p>\n<p>No siendo posible, por razones de espacio, examinar de manera detallada la ense\u00f1anza de los pont\u00ed\u00adfices Pablo VI y Juan Pablo II en este tema de la guerra y de la leg\u00ed\u00adtima defensa, ofrecemos la s\u00ed\u00adntesis propuesta por Ch. Mellon (o.c. 153-154).<\/p>\n<p>\u00ab1. La capacidad destructiva de la guerra moderna, con la que la humanidad podr\u00ed\u00ada poner fin a la propia historia, impone limitar a s\u00f3lo el caso de guerra defensiva la legitimidad del recurso a las armas. Incluso entonces quedan incondicionalmente prohibidos el ataque deliberado contra los no-combatientes y el emple\u00f3 de medios `desproporcionados<br \/>\n2. La disuasi\u00f3n mediante `el equilibrio del terror&#8217; no fundamenta ni una paz verdadera ni una paz estable. Es, con todo, `moralmente aceptable&#8217; en las actuales circunstancias, a condici\u00f3n de que constituya una etapa en la v\u00ed\u00ada del desarme y de que no sirva de pretexto a una pugna por la supremac\u00ed\u00ada. La tregua que ofrece debe ser aprovechada para encontrar otros m\u00e9todos de regulaci\u00f3n de los conflictos.<\/p>\n<p>3. La carrera de armamentos debe ser condenada como `un peligro, una injusticia, un robo, un error, una culpa o una locura&#8217; (La Santa Sede y el desarme, 1976: EnchVat 5, 1990-2024).<\/p>\n<p>4. El esfuerzo esencial debe tender a la construcci\u00f3n de la paz: justicia internacional, respeto de los derechos de la persona, construcci\u00f3n de una comunidad mundial dotada de una verdadera autoridad sobre los Estados\u00bb.<\/p>\n<p>V. Los problemas de la defensa en la conciencia civil y religiosa hoy<br \/>\nAun siendo totalmente contraria a la guerra, la gente, que incluso parece haber adquirido una cierta \u00abconciencia nuclear\u00bb, no est\u00e1 dispuesta a renunciar a la defensa por miedo a un eventual agresor (exterior o tambi\u00e9n interior) que pueda poner en grave peligro los valores en los que se sustenta la convivencia pac\u00ed\u00adfica. Dado que las personas no est\u00e1n acostumbradas a otra hip\u00f3tesis de defensa que no sea la militar armada, muestran propensi\u00f3n a aceptar \u00e9sta en los t\u00e9rminos habituales y a valorarla dentro de los esquemas corrientes de eficacia y de seguridad. Por ello mismo encuentran a menudo cr\u00e9dito quienes atacan a los movimientos pacifistas por considerarlos una renuncia al \u00absagrado\u00bb deber de defender los valores que dan sentido al vivir y al convivir humanos. Y como medios adecuados se se\u00f1alan la disuasi\u00f3n nuclear y la misma guerra nuclear, con tal c)ue \u00e9sta se desarrolle \u00aben un teatro limitado\u00bb. Si ciertamente debe juzgarse del todo irracional la destrucci\u00f3n mutua asegurada porque se cierra con la derrota y la aniquilaci\u00f3n de los contendientes, no se debe pensar lo mismo de una guerra \u00ablimitada\u00bb y necesaria para eliminar al \u00abenemigo\u00bb.<\/p>\n<p>La defensa representa un punto central y una fuente de opiniones divergentes incluso para la reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-moral y, como ya se ha dicho, para la ense\u00f1anza magisterial. Hoy los moralistas cat\u00f3licos son bastante un\u00e1nimes en la condena \u00e9tica de la carrera de armamentos, que engulle enormes cantidades de recursos sustra\u00ed\u00addos a las necesidades primarias del tercer mundo y de las franjas de pobreza todav\u00ed\u00ada existentes incluso en las \u00e1reas del bienestar. Son tambi\u00e9n un\u00e1nimes en el rechazo del uso indiscriminado de la fuerza nuclear y de armas nucleares y convencionales que superen el principio de proporcionalidad y en la aceptaci\u00f3n de los lazos existentes entre la superaci\u00f3n de las l\u00f3gicas de la guerra y la paz, la justicia, el desarrollo y la liberaci\u00f3n. Se advierten, sin embargo, divergencias en lo concerniente a as formas de pacifismo que parecen desatender el principio de leg\u00ed\u00adtima defensa, a ciertas formas de objeci\u00f3n de conciencia [\/Objeci\u00f3n y disenso] y, en particular, a la disuasi\u00f3n nuclear.<\/p>\n<p>Una corriente teol\u00f3gica, que podr\u00ed\u00adamos calificar de fundamentalista, sostiene que la aceptaci\u00f3n, aunque sea condicionada, de la disuasi\u00f3n nuclear pone en peligro la credibilidad de la Iglesia, la sinceridad de su testimonio y de su plena confianza en Dios, con claudicaciones, de naturaleza idol\u00e1trica en el fondo, a la defensa nuclear. Los partidarios de esta posici\u00f3n cuestionan, en un plano moral, los fundamentos evang\u00e9licos de la autodefensa violenta, sea \u00e9sta individual o colectiva, y, en concreto, rechazan la defensa nuclear como intr\u00ed\u00adnsecamente perversa, consideran la disuasi\u00f3n como ocasi\u00f3n pr\u00f3xima de pecado y niegan la posibilidad de distinguir, siempre bajo el perfil \u00e9tico, la amenaza (seria) de un arma nuclear de su uso; para ser cre\u00ed\u00adble, el que amenaza debe estar dispuesto a activar el instrumento de terror.<\/p>\n<p>Otros te\u00f3logos parten del hecho de que el equilibrio nuclear ha evitado el choque nuclear entre las superpotencias y que, por tanto, la disuasi\u00f3n nuclear puede aceptarse como un mal menor, tolerable ad tempus o, en \u00faltima instancia, considerarla como una forma de no violencia.<\/p>\n<p>Se indica, por \u00faltimo, que mientras no se logre la certeza o, mejor, la verdad \u00e9tica inexpugnable, no puede imponerse deontol\u00f3gicamente ninguna l\u00ed\u00adnea de comportamiento; debe respetarse la libertad de conciencia tanto de los que optan por la no violencia activa y la defensa no militar alternativa como de los que consideran todav\u00ed\u00ada necesarios el ej\u00e9rcito y la defensa armada y rechazan, por lo tanto, la hip\u00f3tesis de un desarme unilateral.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en los numerosos documentos, algunos bastante voluminosos, emanados en los a\u00f1os ochenta de un gran n\u00famero de conferencias episcopales se observa el mismo problema de conciencia en lo referente al punto central de la defensa. El El documento de los obispos americanos es de los m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitos en la condena de la guerra nuclear y afirma con toda claridad \u00abla obligaci\u00f3n moral de desarrollar lo antes posible estrategias de defensa no nuclear\u00bb. Esto no quita que, aun subrayando las cl\u00e1usulas restrictivas, los obispos terminen aceptando la no inmoralidad de la disuasi\u00f3n nuclear, aunque con el compromiso \u00e9tico de no hacer nunca uso de ella. 0 En general, los obispos demuestran gran simpat\u00ed\u00ada por los m\u00e9todos no violentos, pero en nombre de una consideraci\u00f3n realista de las situaciones consideran todav\u00ed\u00ada necesaria la defensa de tipo militar; esto, escriben los obispos alemanes, \u00abes en \u00faltimo an\u00e1lisis una consecuencia derivada de la debilidad de la persona, que hace necesaria la defensa ante la injusticia. Aceptar la fuerza militar como componente de la pol\u00ed\u00adtica de seguridad no est\u00e1 en oposici\u00f3n con la exigencia de regular los conflictos sin el empleo de la fuerza. Sobre todo hoy, ella debe estar al servicio de esta finalidad\u00bb (Resultado de la justicia ser\u00e1 la paz, 4.3.1). O M\u00e1s decididos a\u00fan son los obispos franceses en el documento Ganarla paz. Sin desconocer la metodolog\u00ed\u00ada y el esp\u00ed\u00adritu de la no violencia, reafirman, sin embargo, la exigencia de la defensa militar y la legitimidad de la disuasi\u00f3n nuclear, interpretando muy ampliamente las cl\u00e1usulas restrictivas enunciadas por el papa Juan Pablo II en un mensaje a la ONU (14 de junio de 1982). En un mundo en el que el hombre sigue siendo lobo para el hombre, convertirse en cordero puede significar provocar al lobo. El documento afirma, adem\u00e1s, que el ideal de la no violencia propuesto por el serm\u00f3n de la monta\u00f1a no puede transferirse sic et simpliciter del plano \u00e9tico individual al socio-pol\u00ed\u00adtico. 0 Resulta significativo el hecho de que, como consecuencia de algunas reacciones muy fuertes a este documento, la comisi\u00f3n francesa Justitia et Pax y una comisi\u00f3n de la federaci\u00f3n protestante de Francia elaboraran el documento conjunto titulado Construir la paz, en el que se afronta con mayor elasticidad el grave problema \u00abdefenderse, \u00bfhasta d\u00f3nde?\u00bb: se afirma que amenaza y uso de la fuerza nuclear tienen la misma cifra \u00e9tica negativa (cf\u00bbEl Reino Doc.\u00bb 11 [19851365-368).<\/p>\n<p>En temas de guerra y de superaci\u00f3n tanto de la ideolog\u00ed\u00ada del enemigo como de la absoluta necesidad de la defensa armada est\u00e1n surgiendo, como signo de madurez de una conciencia \u00e9tica diferente, movimientos de inspiraci\u00f3n cat\u00f3lica o interconfesional que propugnan i objeciones de conciencia, estrategias y t\u00e1cticas no violentas como serias alternativas a la defensa militar y a la insurrecci\u00f3n revolucionaria violenta. Aun sin negar en abstracto la legitimidad de una rebeli\u00f3n armada, cuando todos los medios pac\u00ed\u00adficos se hayan demostrado negativos en sus resultados y siempre en el caso de una dictadura duramente opresora de los derechos fundamentales de la persona y de los grupos, en concreto -como as\u00ed\u00ad lo ha reconocido tambi\u00e9n el segundo documento sobre la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n (22 de marzo de 1986, n. 79: cf \u00abEl Reino Doc.\u00bb 9 [1971] 271)-una resistencia popular no violenta, bien organizada y preparada, que comprometa a toda la poblaci\u00f3n, ofrece hoy mayores posibilidades de \u00e9xito que la violenta, expuesta como est\u00e1 al riesgo de reacciones igualmente violentas, de instrumentalizaci\u00f3n por parte de otras potencias y a la tendencia, dif\u00ed\u00adcilmente controlable e impuesta por la l\u00f3gica de la eficacia, a incrementar el uso de las armas.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, no son pocos quienes piensan que actualmente las organizaciones no gubernamentales, que buscan conocer las ra\u00ed\u00adces econ\u00f3mico-sociales de los conflictos y prevenirlos con intervenciones adecuadas, inspiran m\u00e1s confianza a la opini\u00f3n p\u00fablica que las propias grandes organizaciones internacionales, que se propon\u00ed\u00adan la prevenci\u00f3n de las guerras, pero que por m\u00faltiples razones, incluso estructurales, no han logrado impedir las muchas guerras y los muchos millones de muertos que han marcado los cuarenta a\u00f1os siguientes al segundo conflicto mundial.<\/p>\n<p>[\/Derechos del hombre; \/Homicidio y leg\u00ed\u00adtima defensa; \/Objeci\u00f3n y disenso; \/Paz y pacifismo].<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., La paz. en \u00abRevista Cat\u00f3lica Internacional\u00bb 7 (1985) n. 5; AA.VV., La maldici\u00f3n de la guerra, San Esteban, Salamanca 1984; AA. 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En hebreo existen varias palabras que se relacionan con la guerra. Una de ellas proviene del verbo ra\u00ed\u00adz qa\u00c2\u00b7r\u00e1v, cuyo significado primario es \u2020\u0153acercarse\u2020\u009d, es decir, acercarse para luchar. El nombre griego p\u00f3\u00c2\u00b7le\u00c2\u00b7mos significa \u2020\u0153guerra\u2020\u009d, y el verbo stra\u00c2\u00b7t\u00e9u\u00c2\u00b7o proviene de una ra\u00ed\u00adz que hace alusi\u00f3n a un ej\u00e9rcito acampado.<br \/>\nLa Biblia dice que Nemrod \u2020\u0153sali\u00f3 [de su tierra] para Asiria\u2020\u009d \u2014lo que se entiende como una agresi\u00f3n contra el territorio de Asur, el hijo de Sem\u2014, donde edific\u00f3 ciudades. (G\u00e9 10:11.) En los d\u00ed\u00adas de Abrah\u00e1n, Kedorlaomer, rey de Elam, subyug\u00f3 varias ciudades (al parecer todas las que estaban alrededor del extremo meridional del mar Muerto) por un per\u00ed\u00adodo de doce a\u00f1os. Cuando los habitantes de esas ciudades se rebelaron, Kedorlaomer y sus aliados guerrearon contra ellos, derrotaron a las fuerzas de Sodoma y Gomorra, tomaron sus posesiones y capturaron a Lot, el sobrino de Abrah\u00e1n, junto con toda su casa. Ante eso, Abrah\u00e1n reuni\u00f3 a 318 siervos adiestrados y junto con sus tres aliados persigui\u00f3 a Kedorlaomer y consigui\u00f3 recobrar a los cautivos y todo el bot\u00ed\u00adn, si bien no retuvo para s\u00ed\u00ad nada del bot\u00ed\u00adn. Este es el primer registro de una guerra librada por un siervo de Dios. El que Abrah\u00e1n guerreara para liberar a otro siervo de Jehov\u00e1 tuvo Su aprobaci\u00f3n, pues a su regreso Melquisedec, sacerdote del Dios Alt\u00ed\u00adsimo, lo bendijo. (G\u00e9 14:1-24.)<\/p>\n<p>Guerras decretadas por Dios. Jehov\u00e1 es \u2020\u0153persona varonil de guerra\u2020\u009d, \u2020\u0153el Dios de los ej\u00e9rcitos\u2020\u009d y \u2020\u0153poderoso en batalla\u2020\u009d. (Ex 15:3; 2Sa 5:10; Sl 24:8, 10; Isa 42:13.) Como Creador y Soberano Supremo del universo, no solo tiene el derecho de ejecutar o autorizar la ejecuci\u00f3n de los desaforados y de guerrear contra todos los obstinados que reh\u00fasan obedecer sus justas leyes, sino que, adem\u00e1s, la justicia le obliga. Por lo tanto, Jehov\u00e1 obr\u00f3 con justicia al destruir a los inicuos en el Diluvio, a Sodoma y Gomorra y a las fuerzas de Fara\u00f3n. (G\u00e9 6:5-7, 13, 17; 19:24; Ex 15:4, 5; comp\u00e1rese con 2Pe 2:5-10; Jud 7.)<\/p>\n<p>Dios utiliza a Israel como brazo ejecutor. Jehov\u00e1 asign\u00f3 a los israelitas el deber sagrado de ser su brazo ejecutor en la Tierra Prometida en la que les hab\u00ed\u00ada introducido. Antes de su liberaci\u00f3n de Egipto ellos no hab\u00ed\u00adan conocido el arte de la guerra. (Ex. 13:17.) Al dirigir victoriosamente a Israel contra \u2020\u0153siete naciones m\u00e1s populosas y m\u00e1s fuertes\u2020\u009d que ellos, Dios engrandeci\u00f3 su nombre como \u2020\u0153Jehov\u00e1 de los ej\u00e9rcitos, el Dios de las l\u00ed\u00adneas de batalla de Israel\u2020\u009d. Esto demostr\u00f3 que \u2020\u0153ni con espada ni con lanza salva Jehov\u00e1, porque a Jehov\u00e1 pertenece la batalla\u2020\u009d. (Dt 7:1; 1Sa 17:45, 47; comp\u00e1rese con 2Cr 13:12.) Tambi\u00e9n les dio a los israelitas la oportunidad de demostrar su obediencia a los mandatos de Dios hasta el extremo de arriesgar la vida en guerras decretadas por Dios. (Dt 20:1-4.)<\/p>\n<p>Se proh\u00ed\u00adbe guerrear para ampliar las fronteras marcadas por Dios. Dios prohibi\u00f3 estrictamente a Israel que guerrease para conquistar m\u00e1s territorio del que se le hab\u00ed\u00ada concedido o atacase a una naci\u00f3n sin hab\u00e9rselo mandado. No ten\u00ed\u00ada que contender con las naciones de Edom, Moab o Amm\u00f3n. (Dt 2:4, 5, 9, 19.) Sin embargo, como con el tiempo esas naciones atacaron a los israelitas, se vieron obligados a guerrear en defensa propia. En esos casos tuvieron la ayuda de Dios. (Jue 3:12-30; 11:32, 33; 1Sa 14:47.)<br \/>\nCuando en el per\u00ed\u00adodo de los jueces el rey de Amm\u00f3n intent\u00f3 justificar su agresi\u00f3n contra Israel acus\u00e1ndole falsamente de anexionarse territorio ammonita, Jeft\u00e9 rebati\u00f3 su argumento aludiendo a hechos hist\u00f3ricos. Por eso, Jeft\u00e9 luch\u00f3 contra sus agresores, bas\u00e1ndose en el principio de que \u2020\u02dctodo aquel a quien Jehov\u00e1 nuestro Dios desposee de delante de nosotros es al que nosotros desposeeremos\u2020\u2122. Jeft\u00e9 no entregar\u00ed\u00ada a un intruso ni un cent\u00ed\u00admetro de la tierra que Jehov\u00e1 le hab\u00ed\u00ada dado. (Jue 11:12-27; v\u00e9ase JEFTE.)<\/p>\n<p>Guerra santificada. Antiguamente se acostumbraba a santificar a las fuerzas combatientes antes de entrar en batalla. (Jos 3:5; Jer 6:4; 51:27, 28.) Durante la guerra, los combatientes de Israel, incluso los no jud\u00ed\u00ados (por ejemplo, Ur\u00ed\u00adas, el hitita, que probablemente era un pros\u00e9lito circunciso), ten\u00ed\u00adan que permanecer limpios en sentido ceremonial. Durante las campa\u00f1as militares no estaban permitidas las relaciones sexuales, ni siquiera con la esposa. Por esta raz\u00f3n las prostitutas no segu\u00ed\u00adan al ej\u00e9rcito de Israel. Adem\u00e1s, el mismo campamento ten\u00ed\u00ada que mantenerse limpio de contaminaci\u00f3n. (Le 15:16, 18; Dt 23:9-14; 2Sa 11:11, 13.)<br \/>\nCuando era necesario castigar al Israel infiel, a los ej\u00e9rcitos extranjeros que llevaban la destrucci\u00f3n se les consideraba \u2020\u02dcsantificados\u2020\u2122, en el sentido de que Jehov\u00e1 los hab\u00ed\u00ada \u2020\u02dcapartado\u2020\u2122 para la ejecuci\u00f3n de sus justos juicios. (Jer 22:6-9; Hab 1:6.) De manera similar, Jehov\u00e1 llam\u00f3 a las fuerzas militares (principalmente los medos y los persas) que destruyeron a Babilonia: \u2020\u0153Mis santificados\u2020\u009d. (Isa 13:1-3.)<br \/>\nDebido a la avidez de los falsos profetas de Israel, se dijo que \u2020\u02dcsantificaban la guerra\u2020\u2122 contra cualquiera que no contribuyese para su sustento. Con una actitud santurrona, alegaban que Dios aprobaba sus actos de opresi\u00f3n, entre los que figuraban la persecuci\u00f3n e incluso muerte de profetas verdaderos y siervos de Dios. (Miq 3:5; Jer 2:8; Lam 4:13.)<\/p>\n<p>Reclutamiento. Jehov\u00e1 mand\u00f3 que se reclutase para servicio militar a los varones f\u00ed\u00adsicamente capacitados de Israel de veinte a\u00f1os de edad para arriba. Seg\u00fan Josefo, serv\u00ed\u00adan hasta los cincuenta a\u00f1os (Antig\u00fcedades Jud\u00ed\u00adas, libro III, cap. XII, sec. 4). Se rechazaba a los t\u00ed\u00admidos y cobardes porque las guerras de Israel eran guerras de Jehov\u00e1, y quienes manifestasen una fe d\u00e9bil y fuesen temerosos pod\u00ed\u00adan debilitar la moral del ej\u00e9rcito. Por otra parte, estaban exentos del servicio militar los hombres que hab\u00ed\u00adan terminado de edificar una casa y no la hab\u00ed\u00adan estrenado o los que hab\u00ed\u00adan plantado una vi\u00f1a y no hab\u00ed\u00adan tomado de su fruto. Estas exenciones se basaban en el derecho que ten\u00ed\u00ada un hombre de disfrutar del fruto de su trabajo. El reci\u00e9n casado estaba exento por un a\u00f1o. De esta manera se le conced\u00ed\u00ada tiempo para tener un heredero y conocerlo. Con estas provisiones, Jehov\u00e1 demostr\u00f3 su inter\u00e9s y consideraci\u00f3n por la familia. (N\u00fa 1:1-3, 44-46; Dt 20:5-8; 24:5.) Como los levitas serv\u00ed\u00adan en el santuario, se les exim\u00ed\u00ada de prestar servicio militar, lo que mostraba que para Jehov\u00e1 el bienestar espiritual del pueblo era m\u00e1s importante que la defensa militar. (N\u00fa 1:47-49; 2:32, 33.)<\/p>\n<p>Leyes respecto al ataque y asedio de las ciudades. Jehov\u00e1 dio instrucciones a Israel en cuanto al procedimiento militar a seguir en la conquista de Cana\u00e1n. Las siete naciones de Cana\u00e1n mencionadas en Deuteronomio 7:1, 2 ten\u00ed\u00adan que ser exterminadas totalmente, incluyendo a las mujeres y los ni\u00f1os. Sus ciudades ten\u00ed\u00adan que ser dadas por entero a la destrucci\u00f3n. (Dt 20:15-17.) Seg\u00fan Deuteronomio 20:10-15, a otras ciudades primero se las advert\u00ed\u00ada y se les estipulaban las condiciones para un acuerdo de paz. Si la ciudad se rend\u00ed\u00ada, se perdonaba la vida a sus habitantes y se les obligaba a hacer trabajos forzados. El poder rendirse con la seguridad de que se les perdonar\u00ed\u00ada la vida y no se violar\u00ed\u00ada ni acosar\u00ed\u00ada a sus mujeres, era un incentivo para que capitulasen ante el ej\u00e9rcito de Israel y evitaran mucho derramamiento de sangre. Si la ciudad no se rend\u00ed\u00ada, se mataba a todos los varones para evitar el riesgo de una posterior sublevaci\u00f3n. A \u2020\u0153las mujeres y los ni\u00f1itos\u2020\u009d se les dejaba con vida. Las \u2020\u0153mujeres\u2020\u009d a las que se hace referencia en este relato eran sin duda v\u00ed\u00adrgenes, pues en Deuteronomio 21:10-14 se dice que cuando un israelita escog\u00ed\u00ada como esposa a una cautiva de guerra, ella ten\u00ed\u00ada que llorar a sus padres, no a su esposo. Adem\u00e1s, tiempo antes, cuando Israel derrot\u00f3 a Madi\u00e1n, se le dijo espec\u00ed\u00adficamente que solo ten\u00ed\u00ada que perdonar la vida a las mujeres v\u00ed\u00adrgenes. El mantener con vida solo a las v\u00ed\u00adrgenes proteger\u00ed\u00ada a Israel de la adoraci\u00f3n falsa y posiblemente de contraer  enfermedades ven\u00e9reas. (N\u00fa 31:7, 17, 18.) (En cuanto a lo justo del decreto de Dios contra las naciones cananeas, v\u00e9ase CANA\u00ed\u0081N, CANANEOS [Israel conquista Cana\u00e1n].)<br \/>\nLos \u00e1rboles frutales no deb\u00ed\u00adan cortarse para obras de asedio. (Dt 20:19, 20.) Los caballos del enemigo eran desjarretados durante el ardor de la batalla para incapacitarlos y luego se les daba muerte. (Jos 11:6.)<\/p>\n<p>No todas las guerras de Israel fueron justas. Cuando Israel se hizo infiel, se vio envuelto en conflictos que no eran m\u00e1s que luchas por el poder. Este fue el caso de los enfrentamientos de Abim\u00e9lec contra Siquem y Tebez en el tiempo de los jueces (Jue 9:1-57), y la guerra de Omr\u00ed\u00ad contra Zimr\u00ed\u00ad y Tibn\u00ed\u00ad que le permiti\u00f3 apoderarse del trono del reino de diez tribus. (1Re 16:16-22.) Adem\u00e1s, en lugar de confiar en que Jehov\u00e1 los proteger\u00ed\u00ada de sus enemigos, los israelitas empezaron a confiar en el poder militar, los caballos y los carros de guerra. Por eso, en el tiempo de Isa\u00ed\u00adas, el pa\u00ed\u00ads de Jud\u00e1 estaba \u2020\u0153lleno de caballos\u2020\u009d y \u2020\u0153no [hab\u00ed\u00ada] l\u00ed\u00admite para sus carros\u2020\u009d. (Isa 2:1, 7.)<\/p>\n<p>Estrategia y t\u00e1cticas de guerra de la antig\u00fcedad. A veces se enviaban esp\u00ed\u00adas para explorar el lugar antes del ataque. Estos esp\u00ed\u00adas no ten\u00ed\u00adan el prop\u00f3sito de provocar disturbios, rebeliones o movimientos subversivos. (N\u00fa 13:1, 2, 17-19; Jos 2:1; Jue 18:2; 1Sa 26:4.) Se utilizaban llamadas especiales de trompeta para reunir a las fuerzas militares, emitir una llamada de guerra y dar una se\u00f1al de acci\u00f3n unida. (N\u00fa 10:9; 2Cr 13:12; comp\u00e1rese con Jue 3:27; 6:34; 7:19, 20.) En ocasiones las fuerzas se divid\u00ed\u00adan y se desplegaban a fin de atacar desde los flancos o para tender emboscadas o trampas. (G\u00e9 14:15; Jos 8:2-8; Jue 7:16; 2Sa 5:23, 24; 2Cr 13:13.) Hubo por lo menos una ocasi\u00f3n en que, por orden de Jehov\u00e1, se coloc\u00f3 en la vanguardia de las fuerzas armadas a cantores que ofrec\u00ed\u00adan alabanza a Dios. Aquel d\u00ed\u00ada Dios luch\u00f3 por Israel, poniendo en confusi\u00f3n al campamento del enemigo y haciendo que se mataran unos a otros. (2Cr 20:20-23.)<br \/>\nEl combate se libraba principalmente cuerpo a cuerpo, hombre contra hombre. Se utilizaban diversas armas: espadas, lanzas, jabalinas, flechas, piedras de honda, etc. Durante la conquista de la Tierra Prometida, Israel no cifr\u00f3 su confianza ni en los caballos ni en los carros, sino m\u00e1s bien en el poder salvador de Jehov\u00e1. (Dt 17:16; Sl 20:7; 33:17; Pr 21:31.) Posteriormente, los ej\u00e9rcitos de Israel empezaron a utilizar caballos y carros, al igual que los egipcios y otros pueblos. (1Re 4:26; 20:23-25; Ex 14:6, 7; Dt 11:4.) Algunos ej\u00e9rcitos extranjeros contaban con carros de guerra armados con hoces de hierro que sal\u00ed\u00adan de sus ejes. (Jos 17:16; Jue 4:3, 13.)<br \/>\nLas t\u00e1cticas b\u00e9licas cambiaron durante el transcurso de los siglos. Por lo general, Israel no se concentr\u00f3 en desarrollar armas ofensivas, aunque dio considerable atenci\u00f3n a la fortificaci\u00f3n. El rey Uz\u00ed\u00adas de Jud\u00e1 se hizo famoso por haber hecho \u2020\u0153m\u00e1quinas de guerra, invenci\u00f3n de ingenieros\u2020\u009d, cuya misi\u00f3n principal era la defensa de Jerusal\u00e9n. (2Cr 26:14, 15.) Los ej\u00e9rcitos asirios y babilonios se destacaron especialmente por sus muros de asedio y terraplenes, por los que se hac\u00ed\u00adan subir torres con arietes para atacar la parte m\u00e1s elevada y d\u00e9bil del muro de la ciudad. En lo alto de estas torres se colocaban arqueros y honderos. Adem\u00e1s de las torres, se empleaban otras m\u00e1quinas de asedio, como las gigantescas catapultas. (2Re 19:32; Jer 32:24; Eze 4:2; Lu 19:43.) Al mismo tiempo, los defensores de la ciudad intentaban resistir el ataque con la ayuda de arqueros y honderos y la de sus soldados, que arrojaban teas desde los muros y las torres y desde las catapultas que se hallaban en el interior de la ciudad. (2Sa 11:21, 24; 2Cr 26:15; 32:5.) Cuando se asaltaban fortificaciones amuralladas, una de las primeras cosas que intentaban hacer los invasores era cortar el suministro de agua de la ciudad, mientras que la ciudad amenazada de sitio sol\u00ed\u00ada cegar las fuentes de agua de los alrededores a fin de que no las usasen los atacantes. (2Cr 32:2-4, 30.)<br \/>\nLos vencedores tambi\u00e9n cegaban los pozos y los manantiales de la zona y esparc\u00ed\u00adan piedras sobre el suelo, incluso en algunas ocasiones sembraban el suelo de sal. (Jue 9:45; 2Re 3:24, 25; v\u00e9anse ARMAS, ARMADURA; FORTIFICACIONES.)<\/p>\n<p>Jes\u00fas predijo la guerra. Jes\u00fas, hombre de paz, dijo que \u2020\u0153todos los que toman la espada perecer\u00e1n por la espada\u2020\u009d. (Mt 26:52.) A Pilato le dijo que si su Reino hubiese sido de este mundo, sus servidores habr\u00ed\u00adan luchado para evitar que fuese entregado a los jud\u00ed\u00ados. (Jn 18:36.) Sin embargo, predijo que debido a que Jerusal\u00e9n lo hab\u00ed\u00ada rechazado como el Mes\u00ed\u00adas, sufrir\u00ed\u00ada asedio y desolaci\u00f3n, durante la cual sus \u2020\u0153hijos\u2020\u009d (habitantes) ser\u00ed\u00adan \u2020\u02dcarrojados al suelo\u2020\u2122. (Lu 19:41-44; 21:24.)<br \/>\nPoco antes de su muerte, Jes\u00fas pronunci\u00f3 profec\u00ed\u00adas que aplicaban a aquella generaci\u00f3n y tambi\u00e9n al tiempo en que comenzara su presencia en el poder del Reino: \u2020\u0153Van a o\u00ed\u00adr de guerras e informes de guerras; vean que no se aterroricen. Porque estas cosas tienen que suceder, mas todav\u00ed\u00ada no es el fin. Porque se levantar\u00e1 naci\u00f3n contra naci\u00f3n y reino contra reino\u2020\u009d. (Mt 24:6, 7; Mr 13:7, 8; Lu 21:9, 10.)<\/p>\n<p>Cristo guerrea como \u2020\u0153Rey de reyes\u2020\u009d. La Biblia revela que el resucitado Se\u00f1or Jesucristo, a quien su Padre ha concedido \u2020\u02dctoda autoridad en el cielo y sobre la tierra\u2020\u2122, participar\u00e1 en una guerra para destruir a todos los enemigos de Dios e introducir\u00e1 paz eterna, como indica su t\u00ed\u00adtulo \u2020\u0153Pr\u00ed\u00adncipe de Paz\u2020\u009d. (Mt 28:18; 2Te 1:7-10; Isa 9:6.)<br \/>\nEl ap\u00f3stol Juan tuvo una visi\u00f3n de lo que ocurrir\u00ed\u00ada despu\u00e9s del entronizamiento de Cristo en el cielo. En el Salmo 2:7, 8 y 110:1, 2 se hab\u00ed\u00ada profetizado que el Hijo de Dios \u2020\u02dcle pedir\u00ed\u00ada que le diese naciones por herencia suya\u2020\u2122, y que como respuesta Jehov\u00e1 le enviar\u00ed\u00ada para \u2020\u02dcir sojuzgando en medio de sus enemigos\u2020\u2122. (Heb 10:12, 13.) La visi\u00f3n de Juan describi\u00f3 una guerra en el cielo, en la que Miguel (Jesucristo [v\u00e9ase MIGUEL n\u00fam. 1]) conducir\u00ed\u00ada a los ej\u00e9rcitos celestiales en una guerra contra el drag\u00f3n, Satan\u00e1s el Diablo, como resultado de la cual el Diablo y sus \u00e1ngeles ser\u00ed\u00adan arrojados a la Tierra. Esta guerra se pelear\u00e1 inmediatamente despu\u00e9s del \u2020\u02dcnacimiento de un hijo, un var\u00f3n\u2020\u2122, que iba a pastorear a todas las naciones con vara de hierro. (Rev 12:7-9.) Luego se oy\u00f3 una voz fuerte en el cielo que anunci\u00f3: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Ahora han acontecido la salvaci\u00f3n y el poder y el reino de nuestro Dios y la autoridad de su Cristo [&#8230;]!\u2020\u009d. Este anuncio trajo gran consuelo y gozo entre los \u00e1ngeles, pero para la Tierra fue presagio de problemas y hasta guerras, pues la voz sigui\u00f3 diciendo: \u2020\u0153\u00c2\u00a1Ay de la tierra y del mar!, porque el Diablo ha descendido a ustedes, teniendo gran c\u00f3lera, sabiendo que tiene un corto espacio de tiempo\u2020\u009d. (Rev 12:10, 12.)<br \/>\nDespu\u00e9s que se arroj\u00f3 a Satan\u00e1s a la Tierra, los siervos terrestres de Dios, el resto de la \u2020\u02dcdescendencia de la mujer\u2020\u2122, \u2020\u0153los cuales observan los mandamientos de Dios y tienen la obra de dar testimonio de Jes\u00fas\u2020\u009d, llegaron a ser el blanco principal del Diablo. Satan\u00e1s inici\u00f3 una guerra contra ellos, que consisti\u00f3 tanto en un conflicto espiritual como en verdadera persecuci\u00f3n, y hasta lleg\u00f3 a la propia muerte en el caso de algunos. (Rev 12:13, 17.) Los cap\u00ed\u00adtulos siguientes (13, 17\u201319) describen los agentes e instrumentos que Satan\u00e1s utiliza contra ellos, as\u00ed\u00ad como la victoria de los santos de Dios bajo su Caudillo Jesucristo.<\/p>\n<p>\u2020\u0153La guerra del gran d\u00ed\u00ada de Dios el Todopoderoso.\u2020\u009d El cap\u00ed\u00adtulo 19 de Revelaci\u00f3n nos da una visi\u00f3n de la mayor guerra de toda la historia humana, algo que sobrepasa cualquier otra cosa que el hombre haya presenciado. Al comienzo de la visi\u00f3n se la llama \u2020\u0153la guerra del gran d\u00ed\u00ada de Dios el Todopoderoso\u2020\u009d. En orden de batalla contra Jehov\u00e1 y el Se\u00f1or Jesucristo como Comandante del ej\u00e9rcito de Dios (las huestes celestiales), se hallan \u2020\u02dcla bestia salvaje y los reyes de la tierra y sus ej\u00e9rcitos\u2020\u2122 simb\u00f3licos, reunidos en el campo de batalla por \u2020\u0153expresiones inspiradas por demonios\u2020\u009d. (Rev 16:14; 19:19.) No se representa a ning\u00fan siervo terrestre de Dios tomando parte en el combate. Por el contrario, los reyes de la Tierra \u2020\u0153combatir\u00e1n contra el Cordero, pero, porque es Se\u00f1or de se\u00f1ores y Rey de reyes, el Cordero los vencer\u00e1\u2020\u009d. (Rev 17:14; 19:19-21; v\u00e9ase HAR-MAGED\u00ed\u201cN.) Despu\u00e9s de la lucha, se atar\u00e1 a Satan\u00e1s por mil a\u00f1os, \u2020\u02dcpara que no extrav\u00ed\u00ade m\u00e1s a las naciones hasta que se terminen los mil a\u00f1os\u2020\u2122. (Rev 20:1-3.)<br \/>\nCuando concluya esta guerra, la Tierra disfrutar\u00e1 de paz durante mil a\u00f1os. El salmo declara a este respecto, \u2020\u0153[Jehov\u00e1] hace cesar las guerras hasta la extremidad de la tierra. Quiebra el arco y verdaderamente corta en pedazos la lanza; quema los carruajes en el fuego\u2020\u009d. Este salmo tuvo su primer cumplimiento cuando Dios trajo paz a la tierra de Israel al destruir los instrumentos de guerra del enemigo. Pero una vez que Jesucristo derrote a los instigadores de la guerra en Har-Maged\u00f3n, se disfrutar\u00e1 de paz completa y satisfaciente hasta la extremidad de esta esfera terrestre. (Sl 46:8-10.) Finalmente, las personas favorecidas con vida eterna ser\u00e1n las que habr\u00e1n batido \u2020\u0153sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas\u2020\u009d y que no habr\u00e1n \u2020\u02dcaprendido m\u00e1s la guerra\u2020\u2122. \u2020\u0153Porque la boca misma de Jehov\u00e1 de los ej\u00e9rcitos lo ha hablado.\u2020\u009d (Isa 2:4; Miq 4:3, 4.)<\/p>\n<p>La amenaza de guerra habr\u00e1 terminado para siempre. La visi\u00f3n de Revelaci\u00f3n pasa a mostrar que al final de los mil a\u00f1os se soltar\u00e1 a Satan\u00e1s el Diablo de su prisi\u00f3n en el abismo y de nuevo inducir\u00e1 a muchos a luchar contra los que permanezcan leales a Dios. Pero no se les har\u00e1 ning\u00fan da\u00f1o, porque \u2020\u02dcdescender\u00e1 fuego del cielo\u2020\u2122 y devorar\u00e1 a estos enemigos; as\u00ed\u00ad se har\u00e1 desaparecer para siempre toda amenaza de guerra. (Rev 20:7-10.)<\/p>\n<p>El guerrear cristiano. Aunque el cristiano no guerrea de una manera f\u00ed\u00adsica contra sangre y carne (Ef 6:12), s\u00ed\u00ad participa en una guerra, una lucha espiritual. El ap\u00f3stol Pablo explica la guerra que se produce dentro del cristiano entre \u2020\u0153la ley del pecado\u2020\u009d y \u2020\u0153la ley de Dios\u2020\u009d, o \u2020\u02dcla ley de la mente\u2020\u2122 (la mente cristiana que est\u00e1 en armon\u00ed\u00ada con Dios). (Ro 7:15-25.)<br \/>\nDebido a que esta guerra es muy intensa, el cristiano tiene que esforzarse much\u00ed\u00adsimo para salir victorioso. Sin embargo, puede confiar en que lograr\u00e1 la victoria gracias a la bondad inmerecida de Dios mediante Cristo y a la ayuda del esp\u00ed\u00adritu de Dios. (Ro 8:35-39.) Jes\u00fas dijo en cuanto a esta lucha: \u2020\u0153Esfu\u00e9rcense vigorosamente por entrar por la puerta angosta\u2020\u009d (Lu 13:24), y el ap\u00f3stol Pedro aconsej\u00f3: \u2020\u0153Sigan absteni\u00e9ndose de los deseos carnales, los cuales son los mism\u00ed\u00adsimos que llevan a cabo un conflicto [o: \u2020\u0153est\u00e1n prestando servicio militar\u2020\u009d (stra\u00c2\u00b7t\u00e9u\u00c2\u00b7on\u00c2\u00b7tai)] en contra del alma\u2020\u009d. (1Pe 2:11, Int; comp\u00e1rese con Snt 4:1, 2.)<\/p>\n<p>Contra esp\u00ed\u00adritus inicuos. Adem\u00e1s de guerrear contra la ley del pecado, el cristiano tiene una pelea contra los demonios, quienes se aprovechan de las tendencias de la carne a fin de tentar al cristiano para que peque. (Ef 6:12.) En esta lucha los demonios tambi\u00e9n inducen a los que est\u00e1n bajo su influencia para que tienten o se opongan y persigan a los cristianos en un esfuerzo por quebrantar su integridad a Dios. (1Co 7:5; 2Co 2:11; 12:7; comp\u00e1rese con Lu 4:1-13.)<\/p>\n<p>Contra ense\u00f1anzas falsas. El ap\u00f3stol Pablo tambi\u00e9n habl\u00f3 de una guerra que tanto \u00e9l como sus compa\u00f1eros estaban librando al desempe\u00f1ar su comisi\u00f3n como personas nombradas para cuidar de la congregaci\u00f3n cristiana. (2Co 10:3.) La congregaci\u00f3n de Corinto hab\u00ed\u00ada sufrido la mala influencia de hombres altivos a quienes Pablo llam\u00f3 \u2020\u0153ap\u00f3stoles falsos\u2020\u009d, que causaban divisiones y sectas en la congregaci\u00f3n porque atribu\u00ed\u00adan indebida importancia a personas. (2Co 11:13-15.) En realidad, se convirtieron en seguidores de hombres, tales como Apolos, Pablo y Cefas. (1Co 1:11, 12.) Los miembros de la congregaci\u00f3n se volvieron carnales, perdiendo el punto de vista espiritual de que estos hombres tan solo representaban a Cristo y que unidamente serv\u00ed\u00adan para el mismo prop\u00f3sito. (1Co 3:1-9.) Ve\u00ed\u00adan a sus hermanos en la congregaci\u00f3n \u2020\u02dcseg\u00fan lo que eran en la carne\u2020\u2122, es decir, de acuerdo con su apariencia, habilidades innatas, personalidades, etc., en vez de verlos como hombres espirituales. No percib\u00ed\u00adan que el esp\u00ed\u00adritu de Dios estaba actuando en la congregaci\u00f3n y que lo que lograban hombres como Pablo, Pedro y Apolos era gracias al esp\u00ed\u00adritu de Dios y para Su gloria.<br \/>\nPor lo tanto, Pablo se sinti\u00f3 impelido a escribirles: \u2020\u0153En verdad ruego que, estando presente, no use del denuedo con aquella confianza con que estoy contando tomar medidas denodadas contra algunos que nos valoran como si anduvi\u00e9ramos seg\u00fan lo que somos en la carne. Porque aunque andamos en la carne, no guerreamos seg\u00fan lo que somos en la carne. Porque las armas de nuestro guerrear no son carnales, sino poderosas por Dios para derrumbar cosas fuertemente atrincheradas. Porque estamos derrumbando razonamientos y toda cosa encumbrada que se levanta contra el conocimiento de Dios; y ponemos bajo cautiverio todo pensamiento para hacerlo obediente al Cristo\u2020\u009d. (2Co 10:2-5.)<br \/>\nPablo escribi\u00f3 a Timoteo, a quien hab\u00ed\u00ada dejado en Efeso para cuidar de la congregaci\u00f3n: \u2020\u0153Este mandato te encargo, hijo, Timoteo, de acuerdo con las predicciones que condujeron directamente a ti, que por estas sigas guerreando el guerrear excelente; manteniendo la fe y una buena conciencia\u2020\u009d. (1Ti 1:18, 19.) Timoteo no solo ten\u00ed\u00ada que enfrentarse con la carne pecaminosa y la oposici\u00f3n de los enemigos de la verdad, sino que tambi\u00e9n ten\u00ed\u00ada que luchar contra la infiltraci\u00f3n de falsas doctrinas y contra los que quer\u00ed\u00adan corromper la congregaci\u00f3n. (1Ti 1:3-7; 4:6, 11-16.) Esta acci\u00f3n proteger\u00ed\u00ada a la congregaci\u00f3n de la apostas\u00ed\u00ada que Pablo sab\u00ed\u00ada que surgir\u00ed\u00ada una vez que los ap\u00f3stoles desaparecieran. (2Ti 4:3-5.) Por consiguiente, Timoteo se iba a enfrentar a una verdadera lucha.<br \/>\nPablo pudo decirle a Timoteo: \u2020\u0153He peleado la excelente pelea, he corrido la carrera hasta terminarla, he observado la fe\u2020\u009d. (2Ti 4:7.) Pablo hab\u00ed\u00ada mantenido su fidelidad a Jehov\u00e1 y Jesucristo demostrando una conducta correcta y desempe\u00f1ado bien su servicio frente a la oposici\u00f3n, el sufrimiento y la persecuci\u00f3n. (2Co 11:23-28.) Adem\u00e1s, hab\u00ed\u00ada cumplido con la responsabilidad que su puesto como ap\u00f3stol del Se\u00f1or Jesucristo conllevaba, luchando por mantener a la congregaci\u00f3n cristiana limpia y sin mancha, como una virgen casta, y como \u2020\u0153columna y apoyo de la verdad\u2020\u009d. (1Ti 3:15; 1Co 4:1, 2; 2Co 11:2, 29; comp\u00e1rese con 2Ti 2:3, 4.)<\/p>\n<p>La ayuda material de Dios al cristiano. Con relaci\u00f3n a la lucha del cristiano, Dios ve a su siervo como un soldado que le pertenece, por lo que le provee las cosas materiales necesarias. El ap\u00f3stol razona sobre la autoridad de alguien que sirve como ministro de otros: \u2020\u0153\u00bfQui\u00e9n es el que jam\u00e1s sirve de soldado a sus propias expensas?\u2020\u009d. (1Co 9:7.)<\/p>\n<p>Los cristianos y las guerras de las naciones. Los cristianos siempre han mantenido estricta neutralidad en las guerras de las naciones y de los grupos o facciones de cualquier clase. (Jn 18:36; 1Co 5:1, 13; Ef 6:12.) Para ver ejemplos en cuanto a la actitud de los cristianos primitivos a este respecto, v\u00e9ase EJERCITO (Los llamados cristianos primitivos).<\/p>\n<p>Otros usos. La canci\u00f3n que entonaron Barac y D\u00e9bora tras la victoria sobre el ej\u00e9rcito de Jab\u00ed\u00adn, el rey de Cana\u00e1n, contiene un detalle que pone de relieve un principio: \u2020\u0153Ellos [Israel] procedieron a escoger dioses nuevos. Fue entonces cuando hubo guerra en las puertas\u2020\u009d. (Jue 5:8.) Tan pronto como abandonaron a Jehov\u00e1 por la adoraci\u00f3n falsa, empezaron a tener dificultades y sus enemigos llegaron a las mismas puertas de sus ciudades. Por ello, el salmista declar\u00f3: \u2020\u0153A menos que Jehov\u00e1 mismo guarde la ciudad, de nada vale que el guarda se haya quedado despierto\u2020\u009d. (Sl 127:1.)<br \/>\nSalom\u00f3n escribi\u00f3 en Eclesiast\u00e9s 8:8: \u2020\u0153No hay hombre que tenga poder sobre el esp\u00ed\u00adritu para restringir el esp\u00ed\u00adritu; [&#8230;] ni hay licencia alguna en la guerra\u2020\u009d. En el d\u00ed\u00ada de su muerte una persona no puede retener el esp\u00ed\u00adritu o fuerza de vida e impedir que regrese a Dios, su Dador y Fuerza, para as\u00ed\u00ad vivir m\u00e1s tiempo. La humanidad moribunda no puede evitar que la muerte le alcance. Tampoco puede librarse, mediante esfuerzos humanos, de la guerra que su enemigo la Muerte libra contra ella sin hacer excepciones. El hombre pecaminoso no puede hacer que otro hombre como \u00e9l le sustituya en la muerte y de esta manera librarse de ella. (Sl 49:6-9.) La \u00fanica liberaci\u00f3n posible se debe a la bondad amorosa de Jehov\u00e1 por la mediaci\u00f3n de su hijo Jesucristo. \u2020\u0153As\u00ed\u00ad como el pecado rein\u00f3 con la muerte, as\u00ed\u00ad mismo tambi\u00e9n la bondad inmerecida reinara mediante la justicia con vida eterna en mira mediante Jesucristo nuestro Se\u00f1or.\u2020\u009d (Ro 5:21.)<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de la Biblia<\/b><\/p>\n<p>Supario: 1. La guerra en el Oriente antiguo y en la Biblia: 1. El fondo cultural com\u00fan: a) El dato mitol\u00f3gico; b) Reflejo en el mundo b\u00ed\u00adblico; 2. EltemadelaguerraenlaBiblia.il. Laguerra en la historia del ??-.?. Los acontecimientos b\u00e9licos: a) Los comienzos, b) Desde David hasta el destierro, c) Despu\u00e9s del destierro; 2. Ej\u00e9rcito, armas, t\u00e9cnicas militares; 3. Las consecuencias de la derrota. III. El aspecto religioso de la guerra en eIAT: 1. La \u2020\u0153guerra santa\u2020\u009d: a) La fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica, b) La implicaci\u00f3n de Dios; 2. La victoria; 3. El \u2020\u0153anatema\u2020\u009d. IV. La vida religiosa como \u2020\u0153milicia\u2020\u009d: 1. En el plano individual; 2. En el plano comunitario; 3. La dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica. V. La guerra en el NT: 1. La guerra como acontecimiento humano; 2. La guerra definitiva en sentido religioso: a) Cristo vencido y vencedor, b) La vida cristiana como combate, c) El combate final.<br \/>\n1186<br \/>\n1. LA GUERRA EN EL ORIENTE ANTIGUO Y EN LA BIBLIA.<br \/>\nEn la doctrina b\u00ed\u00adblica el tema de la guerra no comprende solamente el choque violento entre hombres o grupos humanos y los problemas que de all\u00ed\u00ad se derivan. Se utiliza adem\u00e1s para interpretar el sentido profundo de la vida humana en la tierra; por eso, tanto la historia universal como la vida de los individuos se ven como un terreno en el que chocan el bien y el mal, poniendo enjuego no s\u00f3lo la suerte \u00faltima de la humanidad y de cada individuo humano, sino tambi\u00e9n la suerte \u00faltima del universo que, seg\u00fan la Biblia, s\u00f3lo existe en funci\u00f3n del hombre. Una visi\u00f3n semejante tiene ra\u00ed\u00adces complejas, que se deben en parte a la cultura com\u00fan del Oriente antiguo y a la forma especial con que los libros de la Biblia utilizan algunos de sus materiales, pero que principalmente afectan a la sustancia de la fe de Israel.<br \/>\n1187<br \/>\n1. El fondo cultural com\u00fcn.<br \/>\nLa cultura del antiguo Oriente coloca la lucha en la base de la existencia del universo y de la humanidad.<br \/>\n1188<br \/>\na) El dato mitol\u00f3gico.<br \/>\nLa interpretaci\u00f3n m\u00ed\u00adtica, polite\u00ed\u00adsta y tenden-cialmente pante\u00ed\u00adsta de los grandes fen\u00f3menos naturales y de las fuerzas que all\u00ed\u00ad entran en acci\u00f3n encuentra su s\u00ed\u00adntesis en la interpetaci\u00f3n de la cosmogon\u00ed\u00ada como resultado de la guerra entre divinidades primordiales monstruosas, que personifican a los elementos constitutivos del cosmos: recordemos el poema Enuma el ls (ANET, 62-70). Las guerras hist\u00f3ricas entre los pueblos se concebir\u00e1n, por consiguiente, como una continuaci\u00f3n del tiempo de la guerra c\u00f3smica, haciendo intervenir continuamente a las divinidadesAsupremas de los diversos pueblos.<br \/>\n1189<br \/>\nb) Reflejo en el mundo b\u00ed\u00adblico.<br \/>\nLa Biblia, aunque conserva como material expresivo, especialmente en las partes po\u00e9ticas, ciertas resonancias de los mitos (Leviat\u00e1n, Rajab: Sal 74,14; Sal 89,11), rechaz\u00f3 dr\u00e1sticamente la base misma de la concepci\u00f3n de la guerra c\u00f3smica primordial, en virtud de su fundamento monote\u00ed\u00adsta y creacionista: los grandes elementos del universo son criaturas, instrumentos d\u00f3ciles en las manos del Creador (Am 9,4; Sal 104,26). La misma visi\u00f3n del desarrollo de la humanidad dentro de una perspectiva de lucha entre el bien y el mal es totalmente distinta de la concepci\u00f3n pagana, que ve en las guerras humanas el choque entre divinidades opuestas. Por eso mismo, la vinculaci\u00f3n con la cultura com\u00fan se queda, ante todo, en un nivel de imagen, sin afectar en nada a la sustancia de la doctrina religiosa.<\/p>\n<p>1190<br \/>\n2. EL TEMA DE LA GUERRA EN LA Biblia.<br \/>\nEn los libros b\u00ed\u00adblicos el tema de la guerra se trata en un doble plano: el de los acontecimientos, que comprende los aspectos humanos del fen\u00f3meno guerra (lo trataremos tanto desde el \u00e1ngulo hist\u00f3rico- pol\u00ed\u00adtico como desde el hist\u00f3rico-arqueol\u00f3gi-co), y el religioso. Este \u00faltimo descubre ante todo la intervenci\u00f3n de Dios y de su providencia en la trama de los acontecimientos, especialmente de los que tocan a Israel; pero m\u00e1s all\u00e1 de \u00e9stos, y dentro de la estructura de la obra divina de salvaci\u00f3n, descubre una dial\u00e9ctica de guerra (combate, asechanzas), en la que se enfrentan no ya los elementos c\u00f3smicos o las divinidades concretas, sino Dios mismo y el \u2020\u0153adversario\u2020\u009d (Satan\u00e1s), que no sin motivo es presentado como \u2020\u0153la serpiente\u2020\u009d (Gn 3,1-15; Ap 12,9; Ap 20,10). En esta guerra el hombre no puede limitarse a ser objeto pasivo de la contienda. Necesariamente tiene que tomar posici\u00f3n. Si, sobre la base de la fe en Dios se\u00f1or de la historia, tambi\u00e9n las guerras humanas de Israel se conciben como dominadas o dirigidas por Dios, esto se debe a la doble convicci\u00f3n de que todos los acontecimientos humanos (y tambi\u00e9n, por tanto, los acontecimientos militares) est\u00e1n bajo el dominio de Dios, y que los acontecimientos de Israel en particular entran en el desarrollo del plan especial de Dios para con \u00e9l.<br \/>\nObs\u00e9rvese, finalmente, que el tema de las guerras a nivel hist\u00f3rico s\u00f3lo se trata en el AT (historia \u2020\u0153sagrada\u2020\u009d, pero tambi\u00e9n historia de una naci\u00f3n entre las naciones), mientras que el punto de vista religioso, aunque presente de forma clara en el AT, es pr\u00e1cticamente el \u00fanico que desarrolla el NT (que no se refiere ya a una \u2020\u0153naci\u00f3n\u2020\u2122, sino a toda la humanidad salvada: Ap 5,9).<br \/>\n1191<br \/>\nII. LA GUERRA EN LA HISTORIA DEL AT.<br \/>\nEl asentamiento de Israel en Cana\u00e1n y la colocaci\u00f3n de esta regi\u00f3n en el punto de paso obligado entre las \u00e1reas de influencia mesopot\u00e1mica y egipcia explican la frecuencia de las guerras en la historia-del AT. Pero el inter\u00e9s de los textos b\u00ed\u00adblicos no es ni hist\u00f3rico ni militar, sino religioso; y las informaciones sobre la estructura de los hechos son secundarias respecto a la lectura de su significado religioso. Por eso mismo muchas veces los informes propiamente hist\u00f3ricos que transmiten los textos son fragmentarios y muchas circunstancias permanecen en la oscuridad.<br \/>\n1192<br \/>\n1. LOS ACONTECIMIENTOS BELicoS.<br \/>\nEn los comienzos de Israel, a nivel de vida tribal, todos los hombres v\u00e1lidos, en caso de necesidad, ten\u00ed\u00adan que tomar las armas en defensa del grupo. Encontramos ya circunstancias de este tipo en la historia de Abrah\u00e1n (Gn 14) y de Jacob (Gn 34).<br \/>\n1193<br \/>\na) Los comienzos.<br \/>\nEn el origen de la historia de Israel tiene una importancia capital la promesa de la posesi\u00f3n de la tierra de Cana\u00e1n, regi\u00f3n ocupada ya por otros pueblos, y que por eso mismo ten\u00ed\u00ada que ser conquistada. El pueblo emigrante en el desierto (Nm 1-2Nb 32) y de Cisjordania (Jos 1-12) por parte de todo el pueblo unido. Este cuadro queda reestructurado por Jg 1; y la continuaci\u00f3n de este libro hace pensar en tribus concretas o en agrupaciones de tribus que luchaban por su supervivencia. En realidad, la conquista debi\u00f3 llevarse a cabo de una forma compleja, a trav\u00e9s de una penetraci\u00f3n gradual, que supuso tambi\u00e9n ciertamente acciones de guerra. Un proceso similar se observa igualmente en la resistencia contra los filisteos y en la vida aventurera de David [1 Josu\u00e9 II \/ Jueces].<br \/>\n1194<br \/>\nb) Desde David hasta el destierro.<br \/>\nS\u00f3lo con la monarqu\u00ed\u00ada se consigue en Israel una organizaci\u00f3n militar estable. M\u00e1s a\u00fan, seg\u00fan 1S 8 es precisamente la necesidad de esta organizaci\u00f3n lo que tiene una funci\u00f3n decisiva en la exigencia del pueblo de tener un rey.<br \/>\nDe \/ David se recuerdan las guerras de expansi\u00f3n y de afianzamiento de las fronteras. En Israel hay entonces un cuadro militar fijo, que en caso de necesidad forma el entramado de un ej\u00e9rcito m\u00e1s consistente, reclutado entre el pueblo. As\u00ed\u00ad parece que escomo funciona el aparato militar durante toda la monarqu\u00ed\u00ada.<br \/>\nDespu\u00e9s de Salom\u00f3n, los dos reinos que surgieron del cisma estar\u00e1n frecuentemente en guerra, primero entre s\u00ed\u00ad y luego contra enemigos exteriores o para reconquistar territorios perdidos. Desde mediados del siglo IX las principales guerras las sostendr\u00e1n sobre todo grupos de pueblos aliados, entre ellos los dos reinos, en contra de los grandes imperios. Estos destruir\u00e1n Samar\u00ed\u00ada (721) y Jerusal\u00e9n (587). Desde entonces no habr\u00e1 ya un Estado con el que pueda identificarse la totalidad del pueblo de Israel.<br \/>\n1195<br \/>\nc) Despu\u00e9s del destierro.<br \/>\nCon la destrucci\u00f3n de los dos reinos y con la deportaci\u00f3n comienza la di\u00e1spora, primero por Mesopotamia y luego por el mundo helenista y romano. S\u00f3lo la fracci\u00f3n del pueblo que se qued\u00f3 en Judea o regres\u00f3 all\u00e1 volver\u00e1 a conocer, como protagonista, nuevos episodios b\u00e9licos: en tiempos de los asmoneos contra los sel\u00e9ucidas, y al principio de la era cristiana contra los romanos (67-70 y 132-1 35 d.C).<br \/>\nEn conclusi\u00f3n, en el conjunto de la historia del AT encontramos sobre todo guerras de conquista en tiempos de la entrada en Cana\u00e1n y en tiempos de David. En la inmensa mayor\u00ed\u00ada de los otros casos se trata, en diversos niveles, de guerras defensivas. Pero en ning\u00fan\/caso la guerra es considerada como leg\u00ed\u00adtima si hay en ella alguna indicaci\u00f3n contraria por parte de Dios (Is 7,1-17).<br \/>\nJunto con el dato militar y pol\u00ed\u00adtico vemos que figura siempre el aspecto religioso de los acontecimientos narrados, que es el \u00fanico decisivo en su juicio.<br \/>\n1196<br \/>\n2. Ej\u00e9rcito, armas, t\u00e9cnicas militares.<br \/>\nA la escasez y fragmentariedad de las noticias b\u00ed\u00adblicas en cuestiones militares se a\u00f1ade en el \u00e1rea israelita la ausencia de material figurativo, que, por el contrario, abunda en otros lugares del Oriente antiguo.<br \/>\nEl ej\u00e9rcito. En el centro del marco estable de la organizaci\u00f3n militar a la que hemos aludido parece ser que, a partir de David, hab\u00ed\u00ada un cuerpo de mercenarios, reclutado entre israelitas y entre extranjeros (recu\u00e9rdense los quereteosy los p\u00e9leteos: 2S 8,18; 2S 15,18; 2S 20,7; 2S 20,23) al servicio directo del rey, y que constitu\u00ed\u00adan tambi\u00e9n su guardia personal. Se tiene noticia de mercenarios extranjeros hasta los tiempos de Ezequ\u00ed\u00adas (Anales de Se-naquerib, en ????, 287).<br \/>\nEn los tiempos m\u00e1s antiguos, el nervio del ej\u00e9rcito era la infanter\u00ed\u00ada. Desde Salom\u00f3n en adelante fue tomando mayor importancia el arma de los carros. Pero no parece que hubiera nunca un cuerpo de caballer\u00ed\u00ada aut\u00e9ntica. En los momentos de emergencia se movilizaban los hombres v\u00e1lidos del pueblo. Pero no sabemos de qu\u00e9 manera se ejercitaban y c\u00f3mo estaban distribuidos estos efectivos, m\u00e1s all\u00e1 de la l\u00f3gica subdivisi\u00f3n en grupos(de 1.000, 100, SOy 10).<br \/>\nLas armas. Tambi\u00e9n son escasas las informaciones que tenemos sobre las armas. Conocemos el nombre de algunas armas de ataque (hereb, espada; romah, lanza; han\u00ed\u00adt y sel ah, jabalina; qeset, arco; hes, flecha; qel a\u2020\u2122, honda) y de protecci\u00f3n (ma-gen, escudo peque\u00f1o; sinnah, escudo grande; q\u00f3ba\u2020\u2122o<br \/>\nk\u00f3ba\u2020\u2122, casco; siry\u00f3n o siry\u00f3n, coraza, reservada especialmente a los combatientes montados en carros). No se tienen noticias sobre m\u00e1quinas de guerra. Algunos han visto la catapulta en 2Ch 26,5; m\u00e1s probablemente se trata de un parapeto de madera adosado a las murallas para proteger a los combatientes de las flechas de los asaltantes.<br \/>\nT\u00e9cnicas militares. Poco o nada sabemos de la estrategia y de la t\u00e1ctica que se usaba en Israel. Mayores noticias tenemos sobre las fortificaciones, debido ante todo a los numerosos descubrimientos arqueol\u00f3gicos, y sobre la guerra de asedio (2R 6-7 y 25), a la que la ley de Dt 20 reserva una larga exposici\u00f3n. La ciudad fortificada (\u2020\u02dcir) constitu\u00ed\u00ada tambi\u00e9n el refugio para las poblaciones campesinas en caso de invasi\u00f3n. Se hab\u00ed\u00ada prestado especial atenci\u00f3n desde la \u00e9poca cananea (Meghiddo) al abastecimiento de agua.<br \/>\nEl asedio se resolv\u00ed\u00ada o bien mediante la conquista (asalto, traici\u00f3n o atrayendo a los sitiados a campo abierto) o bien por la rendici\u00f3n (por hambre, a la que se un\u00ed\u00ada muchas veces la peste). La m\u00e1s conocida entre todas en la historia de Israel es la ca\u00ed\u00adda de Jerusal\u00e9n a manos de los caldeos (2R 25 y Jr 39).<br \/>\n1197<br \/>\n3. Las consecuencias de la derrota.<br \/>\nLa conclusi\u00f3n de la guerra conduc\u00ed\u00ada de todas formas (incluso con la rendici\u00f3n antes de que comenzasen las hostilidades) a la sumisi\u00f3n de la parte atacada, que, como m\u00ed\u00adnimo, se ve\u00ed\u00ada obligada a pagar tributo y a la esclavitud (as\u00ed\u00ad los gabaonitas: Jos 9). Pero si la victoria se obten\u00ed\u00ada combatiendo, las condiciones de los vencidos eran todav\u00ed\u00ada m\u00e1s duras: saqueo, desmantelamiento de las fortificaciones, muerte de parte de la poblaci\u00f3n, reducci\u00f3n a la esclavitud y, en los casos extremos, destrucci\u00f3n total de la ciudad y matanza de sus habitantes. Sin embargo, por parte de Israel, excepto en el caso de anatema o herem, no se practic\u00f3 la matanza en masa de los vencidos (de los que se tomaban los esclavos) ni se les tortur\u00f3 al estilo de como sol\u00ed\u00ada ocurrir en la historia oriental antigua. Los imperios mesopot\u00e1micos practicaban com\u00fanmente la deportaci\u00f3n, en todo o en parte, de las poblaciones vencidas, sustituy\u00e9ndDIAS muchas veces (como ocurri\u00f3 con el reino del norte: 2R 17,14-41) por otras poblaciones. De los deportados de Jud\u00e1 hay que decir que, aunque al comienzo del destierro pasaron por muchos apuros, nunca se vieron, sin embargo, tratados como esclavos.<br \/>\n1198<br \/>\nIII. EL ASPECTO RELIGIOSO DE LA GUERRA EN EL AT.<br \/>\nEn el mundo antiguo la guerra iba siempre unida a actos religiosos. Pero desde los or\u00ed\u00adgenes de Israel reviste un car\u00e1cter particular de \u2020\u0153guerra santa\u2020\u2122, arraigado en la sustancia misma de la fe del pueblo, es decir, en su certeza de haber sido elegido por Dios con vistas a una misi\u00f3n \u00fanica. Esto condicionar\u00e1 profundamente la historia del AT. Es verdad que con el paso de los siglos el car\u00e1cter sacral de la guerra perder\u00e1 algo de su fuerza original, sobre todo en el plano concreto. Pero seguir\u00e1 estando muy vivo en el recuerdo de los hechos antiguos, como lo demuestra su influencia en la transmisi\u00f3n y sistematizaci\u00f3n de las tradiciones hist\u00f3ricas y doctrinales. Luego ser\u00e1 recordado repetidas veces en la ense\u00f1anza prof\u00e9tica, revivir\u00e1 en cierta medida en tiempos de los Macabeos y ser\u00e1 recuperado de forma especial en la Regla de la guerra de Qumr\u00e1n.<br \/>\n1199<br \/>\n1. La \u2020\u0153guerra santa\u2020\u2122.<br \/>\nNo hay ning\u00fan texto b\u00ed\u00adblico espec\u00ed\u00adfico que nos presente un cuadro de conjunto de los elementos esenciales de la \u2020\u0153guerra santa\u2020\u2122. Pero podemos identificarlos en primer lugar a trav\u00e9s de las narraciones relativas al per\u00ed\u00adodo del desierto y de la conquista, la \u00e9poca de los jueces y comienzos de la monarqu\u00ed\u00ada y luego entre los presupuestos de numerosos pronunciamientos prof\u00e9ticos, sobre todo en cuesti\u00f3n de relaciones internacionales, as\u00ed\u00ad como en los indicios que se vislumbran en algunos textos po\u00e9ticos, como los \u2020\u0153c\u00e1nticos\u2020\u009d de Ex 15, Dt 34, Jg 5, la \u2020\u0153epopeya\u2020\u009d del Ps 68 o la del Ps 18 y otros textos o fragmentos singulares.<br \/>\n1200<br \/>\na) La fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica.<br \/>\nLa doctrina de la \u2020\u0153guerra santa\u2020\u2122 va \u00ed\u00adntimamente ligada a la experiencia frontal de Israel, es decir, a la llamada divina que lo constituye como \u2020\u0153pueblo de Dios\u2020\u2122. Se vincula, por consiguiente, a las grandes vocaciones fundamentales (Abrah\u00e1n, Jacob, Mois\u00e9s), encuentra sus primeras aplicaciones concretas en los hechos militares que acompa\u00f1an la salida de Egipto y su base definitiva en los acontecimientos del Sina\u00ed\u00ad, de los que la historia siguiente no ser\u00e1 m\u00e1s que el desarrollo natural. Precisamente porque todo esto incluye un designio superior, del que Israel se sabe investido, las dificultades que impiden su supervivencia se ver\u00e1n, a la luz de este designio, como una resistencia que se opone a Dios mismo. Y las guerras dirigidas a derribar esa resistencia ser\u00e1n concebidas entonces, l\u00f3gicamente, como \u2020\u0153santas\u2020\u2122:<br \/>\nguerras \u2020\u0153por\u2020\u009d Dios y guerras \u2020\u0153de\u2020\u009d Dios; y esto no porque vayan dirigidas a propagar la fe (como la \u2020\u0153guerra santa\u2020\u2122 del islam) o a defender inmediatamente la fidelidad religiosa (esto ocurrir\u00e1 en parte solamente en tiempos de los Macabeos), sino porque se dirigen a garantizar la continuaci\u00f3n de la vida del pueblo.<br \/>\n1201<br \/>\nb) La implicaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, Israel combate en calidad de \u2020\u0153pueblo de Dios\u2020\u009d (Jc 3,13; Jc 20,2). Su ej\u00e9rcito pertenece a Dios Ex 14,41; IS 7,26). Por consiguiente, no podr\u00e1 entrar en batalla si no es \u2020\u02dcsantificado\u2020\u2122, es decir, si no est\u00e1 ritual-mente \u2020\u0153puro\u2020\u009d (Jos 3,5; IS 21,6; 2S 11,11), o sea, dispuesto a mantenerse en la presencia de Dios. En efecto, seg\u00fan la afirmaci\u00f3n de Dt 23,13-1 5, Dios mismo \u2020\u0153est\u00e1 en medio de tu campamento\u2020\u2122. En virtud de esta presencia (efectiva y activa, como supone el nombre mismo de Yhwh) las guerras de Israel son guerras de Dios (IS 18,17; IS 22,28) y su memoria se recoger\u00e1 en un escrito -ahora perdido- que se titula \u2020\u0153Libro de las guerras del Se\u00f1or\u2020\u009d (Nm 21,14). Por eso, antes de la campa\u00f1a se le ofrecen sacrificios a Dios IS 7,9; IS 13,9; IS 13,12); y puesto que \u00e9l es el que decide el \u00e9xito, se le consulta (Jc 20,23; Jc 20,28; IS 23,2; IS 23,4).<\/p>\n<p>El signo sensible de la presencia de Dios entre los suyos es el arca, que hab\u00ed\u00ada acompa\u00f1ado ya a la marcha por el desierto y en la entrada en Cana\u00e1n. N\u00fam 10,35-36 nos ha conservado el grito de guerra que acompa\u00f1aba a la partida del arca al frente de su pueblo. En la batalla es Dios el que combate por los suyos (Jos 10,14; Jos 10,22), movilizando en su favor las fuerzas naturales (Jos 10,11; Jc 5,20) y sembrando entre los enemigos la confusi\u00f3n y el miedo.<br \/>\n1202<br \/>\n2. La victoria.<br \/>\nUna confirmaci\u00f3n singular de estaforma de ver las cosas la tenemos en el vocabulario de \u2020\u0153victoria\u2020\u009d, que significativamente en hebreo coincide con el de \u2020\u0153salvaci\u00f3n\u2020\u009d. No se ignora ciertamente el peso del valor (geb\u00farah), que a menudo se menciona junto con el \u2020\u0153consejo\u2020\u009d o la cordura (2R 18,20; Is 36,3 pero en Is 11,2 el \u2020\u0153consejo y el valor\u2020\u009d figuran entre las caracter\u00ed\u00adsticas del \u2020\u0153esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or\u2020\u009d). En todo caso, s\u00f3lo de la decisi\u00f3n de Dios depende que la guerra sea victoriosa, es decir, \u2020\u0153tenga \u00e9xito\u2020\u009d (ra\u00ed\u00adz ?I?: IR 22,12; IR 22,15). La noci\u00f3n de \u2020\u0153vencer\u2020\u009d suele expresarse o con el pasivo de \u2020\u0153ayudar\u2020\u009d (\u2020\u02dczr: IR 5,20) o m\u00e1s frecuentemente con el pasivo o el acusativo de ys\u2020\u2122, \u2020\u0153salvar\u2020\u009d (Dt 20,4; 2S 8,6; 2S 8,14; SaI 20,7).<br \/>\nEste verbo y el nombre correspondiente YeM\u2020\u2122ah\/tes\u00fa\u2020\u2122ah indican en cada ocasi\u00f3n o la \u2020\u0153salvaci\u00f3n\u2020\u009d en general (hasta la salvaci\u00f3n mesi\u00e1nica final) o aquel tipo especial de \u2020\u0153salvaci\u00f3n\u2020\u009d que es la \u2020\u0153victoria militar\u2020\u009d:<br \/>\nla aclamaci\u00f3n (o mejor la invocaci\u00f3n) dirigida a Dios por el rey es h\u00f3si\u2020\u2122ah-nna (\u2020\u0153hosanna\u2020\u009d), \u2020\u0153isalva!\u2020\u009d, o sea \u2020\u0153ida(le) la victoria!\u2020\u009d.<br \/>\nL\u00f3gicamente, si la victoria viene de Dios, a Dios pertenece tambi\u00e9n su resultado, la sumisi\u00f3n de los enemigos y el bot\u00ed\u00adn que se les ha arrebatado, que Dios puede reservar para s\u00ed\u00ad o conceder a los combatientes. Aqu\u00ed\u00ad es donde se inserta el hecho de la destrucci\u00f3n sacral del enemigo, que, a pesar de chocar profundamente al alma cristiana, pertenece sin duda a la \u2020\u0153guerra santa\u2020\u009d seg\u00fan la concepci\u00f3n original de Israel.<br \/>\n1203<br \/>\n3. El \u2020\u0153anatema\u2020\u009d.<br \/>\nLa ra\u00ed\u00adz hrm, de donde se deriva herem, \u2020\u0153anatema\u2020\u009d, indica la sustracci\u00f3n de una realidad del uso profano y su destino total e irreversible a la divinidad. La ley universal que afecta a este hecho s\u00f3lo se formul\u00f3 m\u00e1s tarde en Lev 27,28-29. DeI conjunto de los casos hist\u00f3ricos de herem se deduce que la aplicaci\u00f3n del mismo fue m\u00e1s bien oscilante. De suyo implica el abandono a Dios de todos los frutos de la guerra, y supone, por tanto, la destrucci\u00f3n integral del enemigo y de todo lo que le pertenece en bienes y en personas. Pero los pasajes que tratan de ello son de diversa naturaleza y de distintas \u00e9pocas. Se observa que los m\u00e1s radicales de ellos.se refieren a hechos antiguos, pero pertenecen a textos de redacci\u00f3n m\u00e1s bien tard\u00ed\u00ada (especialmente Dt y Jos). En concreto, el anatema se presenta normalmente como la ejecuci\u00f3n de una orden divina (Dt 7,2; Dt 20,17; Jos 8,2; IS 15,3), y s\u00f3lo excepcionalmente como el cumplimiento deunvoto(Jos6-7JosdelS l5lSdelSdeDtl3,13-18Nb31,14-18;Dt2,34-35;Dt3,6-7;Jos8,2; Jos 8,27; Jc 21,11).<br \/>\nUn juicio de conjunto equilibrado sobre los hechos m\u00e1s graves ha de tener presente, por un lado, la existencia del anatema entre otros pueblos del \u00e1rea cananea (estela de Mesa, l\u00ed\u00adn. 17) y, por otro, la valoraci\u00f3n profundamente negativa que los textos b\u00ed\u00adblicos est\u00e1n de acuerdo en formular sobre esos pueblos y sobre su depravaci\u00f3n (ya Gen 15,16, muchas veces los profetas, a menudo Dt). As\u00ed\u00ad pues, por una parte, el anatema es una pr\u00e1ctica b\u00e9lica que Israel ten\u00ed\u00ada en com\u00fan con el ambiente en que ten\u00ed\u00ada que vivir, y ten\u00ed\u00ada al parecer el valor de una defensa preventiva y total contra los enemigos que le acechaban, siempre dispuestos a ejercer una dura revancha; por otra parte, en su aplicaci\u00f3n como acto definitivo de la \u2020\u0153guerra santa\u2020\u009d, era interpretado de forma un\u00e1nime por la tradici\u00f3n israelita como un justo castigo reservado por Dios contra la impiedad y el libertinaje de las poblaciones de Cana\u00e1n, que conocemos adem\u00e1s por la documentaci\u00f3n arqueol\u00f3gica y literaria descubierta en los \u00faltimos decenios.<br \/>\n1204<br \/>\nIV. LA VIDA RELIGIOSA COMO \u2020\u0153MILICIA\u2020\u009d.<br \/>\nLa condena incondicionada de los enemigos de Israel como adversarios del plan de Dios forma parte de una visi\u00f3n global que, en el desarrollo religioso del pueblo, acaba abarcando todos los aspectos de la vida.<\/p>\n<p>De hecho el plan divino no afecta \u00fanicamente al conjunto del pueblo, sino tambi\u00e9n personalmente a cada uno de los israelitas en su conducta p\u00fablica y privada, hasta lo m\u00e1s rec\u00f3ndito de su vida espiritual. Dios \u2020\u0153escruta el coraz\u00f3n y las entra\u00f1as\u2020\u2122 (SaI 7,10 etc. ). Por eso toda realidad que en cualquier nivel sea un obst\u00e1culo para la fidelidad religiosa es tratada como hostil, y toda persona o estructura humana que aceche contra ella es percibida como \u2020\u0153enemiga\u2020\u009d de Dios y del fiel.<br \/>\n1205<br \/>\n1. En el plano individual.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, es perfectamente coherente que toda la existencia humana, en su aspecto de esfuerzo dirigido a superar los obst\u00e1culos que se oponen a la fidelidad religiosa, se caracterice como \u2020\u0153servicio militar\u2020\u009d Jb 7,1; Jb 14,14): Se trata de una vanante notable del tema sapiencial general del sufrimiento del justo. La extensi\u00f3n de este tema en la literatura b\u00ed\u00adblica tiene su ejemplo m\u00e1s conocido y evidente en el libro d\u00e9los! Salmos (1V-y), que en todos sus textos, con poqu\u00ed\u00adsimas excepciones, toca el problema del \u00c2\u00a1mal a nivel f\u00ed\u00adsico, social, psicol\u00f3gico y moral. Con much\u00ed\u00adsima frecuencia el mal es causado por personas, tratadas como \u2020\u0153enemigos. Pero a diferencia de lo que sucede en la l\u00ed\u00adnea hist\u00f3rico-militar, donde los enemigos son normalmente extranjeros, en las tribulaciones de la vida ordinaria son los conciudadanos, e incluso los parientes y amigos. El caso se repite con frecuencia; pensemos en los pasajes autobiogr\u00e1ficos y biogr\u00e1ficos d\u00e9! Jer (1, 1), en los amigos del Jb (III, 1-2) y, generalmente, en la denuncia prof\u00e9tic\u00e1 de las injusticias entre los miembros del pueblo o en los salmos de lamentaci\u00f3n o de s\u00faplica. Para dar voz a esta situaci\u00f3n, muchos textos recurren al lenguaje militar (SaI 7,13-14), que tiene en ellos ciertamente un significado ante todo metaf\u00f3rico. Pero se trata de una met\u00e1fora que se desarrolla con coherencia consciente, tanto por lo que se refiere al fiel que combate y a los adversarios que le acosan como en lo que ata\u00f1e a Dios, ayuda y defensa del fiel (baste la acumulaci\u00f3n de t\u00e9rminos militares en SaI 18,2-4 ).:Pero todo esto entra en un cuadr\u00f3 mucho m\u00e1s amplio, que abarca toda la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica del hombre y de la historia. Y esto en dos direcciones. En proyecci\u00f3n hacia el futuro v\u00e9ase la coherencia con que la intuici\u00f3n prof\u00e9tic\u00e1 (junto a su desarrollo apocal\u00ed\u00adptico) y la reflexi\u00f3n sapiencial se atienen a este cuadro hasta su soluci\u00f3n escatol\u00f3gica (intervenci\u00f3n final de: Dios en defensa de los fieles: Sg 5,13\u2020\u212223; cf el final de Dan). En proyecci\u00f3n hacia el pasado recu\u00e9rdese la manera con que esta misma intuici\u00f3n, al debatir el tema sapiencial t\u00ed\u00adpico de la presencia del maLen el mundo, ve sus or\u00ed\u00adgenes en la intrusi\u00f3n de la \u2020\u0153serpiente\u2020\u009d y define su sentido mediante la \u2020\u02dc\u00e9bah, Aenemistad (ra\u00ed\u00adz \u2020\u02dcyb, que expresa la actitud del \u2020\u02dc\u00f3yeb-, \u2020\u02dcenemigo, en sentido militar), que Dios establece para siempre entre la \u2020\u0153serpiente\u2020\u009d y el \u2020\u0153linaje de la mujer\u2020\u009d<br \/>\n(Gn 3,1-15).<br \/>\n1206<br \/>\n2. En el plano comunitario.<br \/>\nLa profundizaci\u00f3n de la conciencia religiosa y de los compromisos consiguientes se desarrolla bajo el impulso de la experiencia vital y de la doctrina prof\u00e9tic\u00e1, sobre todo en los per\u00ed\u00adodos m\u00e1s cr\u00ed\u00adticos de la historia del pueblo. Las derrotas y las invasiones enemigas mueven a valorar con m\u00e1s objetividad los males que las guerras llevan consigo ya estimar la paz m\u00e1s que la victoria* como se percibe en ciertos salmos de lamentaci\u00f3n colectiva (SaI 44; SaI 74; SaI 79; SaI 80) y m\u00e1s a\u00fan en la ense\u00f1anza mesi\u00e1nica del primer Isa\u00ed\u00adas (Is 2,1-5; Is 9,1-6; Is 11,1-9).<br \/>\nEl destierro, con todo lo que le precede y con todo lo que le acompa\u00f1a, reviste sin duda una funci\u00f3n decisiva en este itinerario de maduraci\u00f3n espiritual. Efectivamente, se observa all\u00ed\u00ad un innegable salto de cualidad, se\u00f1alado especialmente por el Segundo y el Tercer Isa\u00ed\u00adas. El pueblo ha perdido ya la unidad pol\u00ed\u00adtica que se hab\u00ed\u00ada confiado a una estruc\u2020\u009d tura humana, cuya existencia y continuidad tenga que ser defendida en el plano militar. La p\u00e9rdida ser\u00e1 definitiva. Pero esa p\u00e9rdida libera de todos los estorbos materiales a la fidelidad religiosa, cambiando incluso la naturaleza de la lucha en su favor. Esta ser\u00e1 siempre actual; pero cambia de nivel, estando dirigida ahora m\u00e1s a superar la tentaci\u00f3n que proviene de la tribulaci\u00f3n que a destruir f\u00ed\u00adsicamente al enemigo del que procede esa tribulaci\u00f3n. En este sentido es caracter\u00ed\u00adstica la manera con que tratan los profetas la oposici\u00f3n entre ricos y pobres. Se enfrentar\u00e1n contra ella no ya sublevando a los pobres contra los ricos, sino recurriendo al juicio superior de Dios, el \u00fanico verdaderamente definijjvo, y profundizando en la confianza en el Se\u00f1or. Ello parad\u00f3jicamente llevar\u00e1 a revalorar la misma tribulaci\u00f3n, que de tentaci\u00f3n pasa a ser arma vencedora; y la pobreza empezar\u00e1 a valorarse como demostraci\u00f3n irrefragable de fidelidad religiosa, y por tanto como tr\u00e1mite privilegiado de salvaci\u00f3n.<br \/>\n1207<br \/>\n3. La dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>En esta dial\u00e9ctica religiosa purificada, los puntos de la historia en que resultan m\u00e1s peligrosos tanto el intento externo de absorci\u00f3n de la comunidad de Israel por parte de la cultura pagana ambiental como la tentaci\u00f3n interna de dejarse absorber por ella se convierten en momentos fuertes de la acci\u00f3n educadora de Dios y en etapas de la gran maduraci\u00f3n espiritual del pueblo. Esto se verifica varias veces en la historia, y, en particular, largamente en tiempos de la profec\u00ed\u00ada cl\u00e1sica y de la lucha contra el sincretismo, reviviendo un per\u00ed\u00adodo breve y luminoso en la edad helenista, que ve converger el intento sel\u00e9ucida de helenizar Judea con el influjo ejercido por la cultura hel\u00e9nica sobre la di\u00e1spora alejandrina. Se verifica entonces un doble movimiento: de llamada a la tradici\u00f3n del pasado (leyes divinas\u2020\u009d o \u2020\u0153leyes patrias:<br \/>\n2M 6,1; 2M 7,2; 2M 7,37 obra Dios en la historia: Sb 10-19) y de fervorosa expectaci\u00f3n del futuro. Por este camino se proyecta en el futuro \u00faltimo la lucha extrema de Dios en favor del pueblo, como ya se ha advertido (Sb 5,13-23 pero ya Ez 38-39, y en particular Dn 10-12, donde la guerra entre los sel\u00e9ucidas y los L\u00e1gidas se lee forma cifrada como preanuncio la guerra final; recu\u00e9rdese tambi\u00e9n la literatura no can\u00f3nica, manera especial Qumr\u00e1n y la Regla la guerra).<br \/>\nLa guerra escatol\u00f3gica, precisamente porque trasciende los l\u00ed\u00admites de la experiencia directa, se describir\u00e1 a menudo de una forma fant\u00e1stica, recurriendo a la escenograf\u00ed\u00ada de las antiguas teofan\u00ed\u00adas. Pero m\u00e1s all\u00e1 de los elementos figurativos, el mensaje transmitido por los textos est\u00e1 muy claro. Es la certeza de fe en la justicia del Dios salvador, al que corresponde la \u00faltima palabra.<br \/>\n1208<br \/>\nV. LA GUERRA EN EL NT.<br \/>\nLa palabra definitiva \u00faltima y concreta de Salvaci\u00f3n, en la l\u00f3gica de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, no puede ser m\u00e1s que \u00c2\u00a1 Jesucristo y su \u00c2\u00a1Iglesia, en los cuales y por los cuales se inaugura el \u2020\u0153fin de los tiempos\u2020\u009d ico 10,11; Hb 1,2). En torno a la persona y a la obra de Cristo se desarrolla y encuentra tambi\u00e9n su soluci\u00f3n el tema de la guerra. La perspectiva dominante del NT es la religioso-espiritual, con una intensa acentuaci\u00f3n escatol\u00f3gica, que no tiene por otra parte nada de unilateralidad. Pero tampoco est\u00e1 ausente el hecho militar, tratado en el plano simplemente humano.<br \/>\n1209<br \/>\n1. La guerra como acontecimiento HUMANO.<br \/>\nEl NT, especialmente en los evangelios y en los Hechos, toca de diversas formas la presencia de la guerra, trat\u00e1ndola siempre como un hecho connatural a la condici\u00f3n humana concreta; y se sirve de ella con frecuencia como un t\u00e9rmino de comparaci\u00f3n particularmente expresivo y comprensible. No discute nunca ni la necesidad de los ej\u00e9rcitos ni la conducta de los militares en el cumplimiento de sus funciones Lc 3,14); incluso llega a registrar con absoluta indiferencia la presencia de los soldados de servicio junto a la cruz del Se\u00f1or (Mt 22,27) y despu\u00e9s de su muerte (Jn 19,33-34), o en funci\u00f3n de carceleros de los disc\u00ed\u00adpulos (Hch 5,26 etc. ). En la base de esta postura se encuentra con toda probabilidad un sentido bastante vivo de la necesidad de un orden estable en las relaciones humanas, garantizado por una autoridad capaz de imponerse eficazmente. Cabe pensar que es quiz\u00e1 este sentimiento el que inspira el pasaje tan discutido de Rom 13,1-7 sobre la funci\u00f3n de las autoridades p\u00fablicas y sobre la necesidad de estar sometidos a ellas.<br \/>\nPor otra parte, no faltan figuras singulares de soldados, especialmente oficiales, cuya rectitud y piedad se alaba p\u00fablicamente: el centuri\u00f3n de Cafarna\u00fan (Mt 8,5-10), el que confiesa por primera vez la divinidad de Jes\u00fas en el momento de su muerte (Mt 27,54), Cornelio y sus piadosos subalternos (Hch 10), Julio, \u2020\u0153humano\u2020\u009d con Pablo prisionero (Hch 27). Por eso ser\u00ed\u00ada in\u00fatil buscar en el NT el fundamento de una posici\u00f3n antimilitarista sin m\u00e1s. La soluci\u00f3n de la antinomia entre el \u2020\u0153evangelio de paz\u2020\u009d (Ef 6,15; Lc 2,14; Hch 10,39; Ef 2,17) y la existencia hist\u00f3rica de la guerra se encuentra en un plano distinto. Efectivamente, est\u00e1 claro que para el NT las guerras entre los pueblos son \u00fan mal en s\u00ed\u00ad mismas; por eso precisamente las cataloga al lado de otros desastres (terremotos, pestilencias, carest\u00ed\u00adas: Lc 21,10-11), como signo del \u2020\u0153comienzo de los dolores\u2020\u009d (Mc 3,18) que preceden al \u2020\u0153final\u2020\u009d y que son ellos mismos s\u00ed\u00adntomas del mal verdadero que mina desde dentro a la humanidad.<br \/>\n1210<br \/>\n2. La guerra definitiva en sentido religioso.<br \/>\nEn el choque frontal con este mal consiste precisamente la obra de Cristo, que contin\u00faa la Iglesia a trav\u00e9s de los siglos. Connaturalmente, presentar\u00e1 las connotaciones de la guerra definitiva,- destinada a destruir el reino del \u2020\u0153pr\u00ed\u00adncipe de este mundo\u2020\u2122 (Jn 12,31; Jn 14,30; Jn 16,11) y a establecer el \u2020\u0153reino de Dios\u2020\u2122, y por tanto la verdadera paz. El antiguo tema de la vida humana como \u2020\u0153servicio militar\u2020\u009d se vincula de este modo con el tema universal de la lucha final entre el bien y el mal, combatida por Dios a trav\u00e9s de Cristo y desarrollada as\u00ed\u00ad dentro de la humanidad en favor de la humanidad y contra Satan\u00e1s. Por consiguiente, en el NT tanto la vida terrena de Cristo como la vida de la Iglesia en el tiempo y la existencia de cada uno de los fieles se describen a la luz de la guerra definitiva o escatol\u00f3gica, aunque si bien no necesariamente, los textos acudan a los elementos descriptivos propios del g\u00e9nero literario apocal\u00ed\u00adptico. El mismo libro del Apocalipsis, por otra parte, no hace m\u00e1s que proponer el tiempo de la Iglesia, es decir, la situaci\u00f3n de la Iglesia en el tiempo, como la instauraci\u00f3n del reino de Dios entre los hombres por obra del cordero inmolado, Cristo.<br \/>\n1211<br \/>\na) Cristo vencido y vencedor.<br \/>\nLa vida terrena de Jes\u00fas lleva a su cumplimiento la esencia misma de esta guerra, con la que \u00e9l se enfrenta en todo su tr\u00e1gico significado, asumiendo enteramente su peso. No se trata de conquistar un reino humano (Jn 18,33-38), y Jes\u00fas no recurre a ning\u00fan m\u00e9todo o medio humano de combate. La batalla se desarrolla a lo largo de una directriz inesperada, como un asalto unilateral de las fuerzas del mal Hch 4, 25-26; Sal 2,1-2) en contra del hombre Jes\u00fas, que, por su parte, no opone a ella ninguna resistencia y se deja avasallar humanamente por medio de una libre decisi\u00f3n (Jn 10,18; Hb 5,8). Pero por este camino \u00e9l mismo es el primero en realizar una palabra suya: no preocuparse de los que pueden matar el cuerpo, pero luego no pueden hacer ya nada m\u00e1s (Lc 12,4-5). Y parad\u00f3jicamente, al aceptar la muerte, agota e inutiliza toda la fuerza destructora de la muerte en su misma ra\u00ed\u00adz ontol\u00f3gica: el pecado como rebeli\u00f3n de la criatura humana contra la voluntad divina. En el Cristo muerto en la cruz se consuma la conformidad m\u00e1s perfecta de la voluntad del hombre con la voluntad de Dios, y de este modo en su resurrecci\u00f3n vuelve a abrirse la fuente de la vida del hombre en Dios, que se hab\u00ed\u00ada cerrado voluntariamente en el Ed\u00e9n. Las fuerzas del mal quedan sometidas a Cristo y prisioneras de su triunfo Col 2,15); el universo queda bajo sus pies,- y \u00e9l lo pone a los pies de Dios (1Co 15,23-28). Justamente en el Apocalipsis el Cristo cordero inmolado es proclamado soberano de la humanidad y de la historia,dig-no de compartir el reino con Dios Padre por toda la eternidad (?p 5,9-10.12).<br \/>\nb) La vida cristiana como combate.<br \/>\nLa paz mesi\u00e1nica, realmente inaugurada por la persona y por la obra de Cristo (Lc 2,14; Jn 14,27; Jn 16,33; Ef 2,14), no anula en la existencia temporal de la Iglesia y de cada uno de los fieles esa dial\u00e9ctica de guerra que ya hab\u00ed\u00ada identificado el AT en la vida del hombre. Y lo demuestra incluso solamente el uso de la terminolog\u00ed\u00ada militar, atestiguado de varias maneras en los escritos del NT. La asociaci\u00f3n de la Iglesia y del cristiano con Cristo prolonga en relaci\u00f3n con ellos aquella misma violencia y odio que se opuso al mismo Cristo (Jn 15,1-21). En este sentido Pablo sobre todo recurre a menudo a un vocabulario propiamente militar (2Co 10,4; lTm 1,18; Flp 2,25), mencionando incluso las \u2020\u0153armas\u2020\u009d correspondientes(lTs 5,8). En particular, Ep 6,10-17 se extiende en el anuncio de una \u2020\u0153lucha cuerpo a cuerpo\u2020\u009d (pal\u00e9) en contra del diablo y de sus secuaces, que hay que sostener con la fuerza de la \u2020\u0153armadurade Dios\u2020\u009d, de la que se mencionan los diversos elementos, en la vigilancia y en la oraci\u00f3n incansables. Son las \u2020\u0153armas de la justicia\u2020\u009d (2Co 6,7), \u2020\u0153no carnales\u2020\u009d (2Co 10,4), las \u2020\u0153armas de la luz\u2020\u009d Rm 13,12) que aseguran a la Iglesia y al cristiano la victoria a trav\u00e9s de la paradoja que se realiz\u00f3 en Cristo; por eso, el triunfo pasajero del mal y del mundo (Ap 11,7-10) da finalmente paso a la resurrecci\u00f3n y a la vida (Ap 11,11;Ap 11,12; Ap 11,15-18). Es la victoria que culmina en el \u2020\u0153testimonio\u2020\u009d o \u2020\u0153martirio\u2020\u009d Ap 12,10; Ap 12,12; Ap 14,1-5).<br \/>\nJunto a la perspectiva de combate y de guerra se sit\u00faa, como para subrayar y profundizar este tema, la de la competici\u00f3n deportiva o ag\u00f3n, que aplic\u00f3 Lucas a Cristo (agon\u00ed\u00ada: Lc 22,44) y que Pablo utiliza con simpat\u00ed\u00ada (1Co 9,24-27; lTm 6,12; 2Tm 4,7-8; Hb 12,1). En resumen, el combate no se dirige solamente hacia fuera, en contra de un asalto del enemigo exterior, sino que se dirige tambi\u00e9n a la superaci\u00f3n de los l\u00ed\u00admites y resistencias \u00ed\u00adntimas de cada persona humana, y busca una victoria que es tambi\u00e9n la superaci\u00f3n de uno mismo en la tensi\u00f3n hacia la completa realizaci\u00f3n de la voluntad del Padre. Esto pone en acci\u00f3n una \u2020\u0153virtus\u2020\u009d que va bastante m\u00e1s all\u00e1 del simple valor militar, y que no tiene su origen en la persona de los individuos, sino que es \u2020\u0153fuerza de lo alto\u2020\u009d (Lc 24,49), con la que el cristiano realmente \u2020\u0153lo puede todo\u2020\u009d, pero en aquel \u2020\u0153que le conforta\u2020\u009d (Flp 4,13).<br \/>\n1212<br \/>\nc) El combate final.<br \/>\nMirando bien las cosas, el NT, aunque habla del \u2020\u0153fin de los siglos\u2020\u009d (1Co 10,11; IP 4,7 etc. ), no lo separa nunca del tiempo de la Iglesia, que en realidad es ya la \u2020\u0153\u00faltima hora\u2020\u009d (IJn 2,18), en la que la lucha final, inaugurada por Cristo y resuelta por lo que a \u00e9l se refiere, sigue vigente. Es \u00e9sta la raz\u00f3n por la cual el NT, a pesar de que no ignora la perspectiva escatol\u00f3gica (discurso de Mt 24-25 y par; anuncio de la parus\u00ed\u00ada:<br \/>\nlTs 4,13-18; 2Ts 2,1-12 etc. ), no presenta nada que pueda realmente compararse con la conflagraci\u00f3n final, que era por el contrario tan familiar a la literatura \/ apocal\u00ed\u00adptica antigua. Lo que acecha a la humanidad no es una \u2020\u0153guerra final\u2020\u009d que vea alineados dos ej\u00e9rcitos contrarios para el choque decisivo. Por el contrario, la guerra est\u00e1 presente en estado end\u00e9mico en todo nuestro tiempo, que es el tiempo final. Lo que nos acecha es m\u00e1s bien un \u2020\u0153juicio\u2020\u009d, del que las guerras hist\u00f3ricas y sus rumores son un previo anuncio (Mt 24,6); pero que tiene como protagonista solamente a Cristo, de cuya boca sale la \u2020\u0153espada\u2020\u009d de la decisi\u00f3n (Api,1 6; 2,12.16; 19,15). El es el \u00fanico guerrero que \u2020\u0153juzga y lucha con justicia\u2020\u009d (Ap 19,11), aun cuando en el campo contrario se hayan reunido muchos para el \u00faltimo asalto (Ap 20,7ss). Efectivamente, no existe comparaci\u00f3n posible entre la compenetraci\u00f3n de Cristo con todos los suyos (recu\u00e9rdese el \u2020\u0153permanecer en\u2020\u009d en Jn) -por lo que en cada uno de ellos es \u00e9l el que combate y vence- y las fuerzas que Satan\u00e1s intenta reunir, pero que en realidad est\u00e1n divididas entre s\u00ed\u00ad (cf la suerte de la \u2020\u0153meretriz\u2020\u009d en Ap 17 ), dominadas como est\u00e1n por el odio y por la desuni\u00f3n.<br \/>\nDe este modo en el NT el \u2020\u0153misterio del fin\u2020\u009d (Mt 24,36), m\u00e1s que quedar revelado, sigue estando escondido, aunque se haya manifestado ya su \u00e9xito. Para la Iglesia en el tiempo y para cada uno de los cristianos que \u2020\u0153milita\u2020\u009d en la \u2020\u0153buena milicia\u2020\u009d (lTm 1,18) sosteniendo el \u2020\u0153buen combate\u2020\u009d de forma leg\u00ed\u00adtima, existe la seguridad de obtener la \u2020\u0153corona\u2020\u009d de la victoria, \u2020\u0153que el \u00faltimo d\u00ed\u00ada me dar\u00e1 el Se\u00f1or, justo juez; y no s\u00f3lo a m\u00ed\u00ad, sino tambi\u00e9n a todos los que esperan con amor su venida\u2020\u009d (2Tm 4,6-8). No hay nada de \u2020\u0153apocal\u00ed\u00adptico\u2020\u009d en el sentido corriente de la palabra en todo el NT; el mismo libro del \/ Apocalipsis, con su anuncio de la llegada de la Jerusal\u00e9n celestial entre los hombres y con el anuncio previo de la venida final de Cristo, sigue estando al final encerrado en una expectativa, y termina con la invocaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y de la esposa para que se acelere la venida efectiva del esposo. As\u00ed\u00ad se proyecta un rayo de paz sobre la suerte de la humanidad en Cristo, en el \u00fanico en que se resuelve de verdad toda guerra.<br \/>\n1213<br \/>\nBIBL.: BarroisA.G., Manuel d\u2020\u2122arch\u00e9ologie bibliquell, Picard, Par\u00ed\u00ads 1953, 87-117; Bauern-feind O., m\u00e1chomai (combatiere), en GLNTVI, 1427-1432; potemos (guerra), en GLNTX, 1235-1272; strate\u00faomai (militare, guerreggiare), en GLNTXII, 1301-1344; Cazelles H.-Grelot P., Guerra, en L\u00e9on-DufourX, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona 1980\u2020\u009d, 369-373; Craigie P.C., The Problem of Warin the OT, Eerdmans, Grand Rapids 1972; Foerster W.,echthr\u00f3s (nemico), en GLNTU1,1305-1318; Gancho G., Guerra, en Enciclopedia de la Biblia III, Garriga, Barcelona 1964, 975-984; Kruse H., Ethos victoriae in VT, en \u2020\u0153VT\u2020\u009d 30 (1952) 3-13.65-80. 143-153; Michl O., mis\u00e9o (odiare), en GLNT VII, 321-352; Michoud H., von AlImen J.J., Guerra, en Vocabulario B\u00ed\u00adblico, Marova, Madrid 1968, 131-1 35; ?e??e ?., h\u00f3-plon (arma), en GLNTVIII, 819-884; Stauffer E., ag\u00f3n (combattimento), en GLNTI, 361-378; Vaux R. de, Instituciones del A. 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Seg\u00fan que los grupos enfrentados sean o Estados o fracciones de la poblaci\u00f3n de un solo Estado, la guerra es internacional, o bien civil o revolucionaria.<\/p>\n<p>La g. internacional es un conflicto armado entre Estados, querido al menos por uno de los beligerantes y emprendido con un fin de inter\u00e9s nacional. Los \u00faltimos inventos de la t\u00e9cnica no hacen desaparecer necesariamente los m\u00e1s antiguos. El machete dista mucho de haber pasado de moda en la \u00e9poca de la bomba at\u00f3mica. La posibilidad de guerras nucleares no suprime la de guerras tradicionales o cl\u00e1sicas. El riesgo de conflictos planetarios no impide que ciertas guerras puedan ser y mantenerse limitadas. La g. contempor\u00e1nea, cualesquiera que sean sus variedades, reviste l\u00f3gicamente car\u00e1cter totalitario (g. total). El pa\u00ed\u00ads que la emprende debe contar con la movilizaci\u00f3n total de sus recursos: su potencial econ\u00f3mico, su potencial demogr\u00e1fico y su potencial ps\u00ed\u00adquico. De aqu\u00ed\u00ad resulta que la lucha adopta formas sumamente violentas y que con frecuencia se violan las reglas m\u00e1s elementales de la moralidad. Las p\u00e9rdidas de hombres y las destrucciones materiales alcanzan cifras enormes: m\u00e1s de 55 millones de muertos en el transcurso de la segunda guerra mundial. Ser\u00ed\u00adan todav\u00ed\u00ada mucho m\u00e1s elevadas si se utilizaran las armas m\u00e1s recientes de destrucci\u00f3n masiva. Un duelo termonuclear podr\u00ed\u00ada originar 300 millones de muertes en pocas horas. Tambi\u00e9n las armas qu\u00ed\u00admicas y bacteriol\u00f3gicas producir\u00ed\u00adan estragos considerables.<\/p>\n<p>La guerra civil y la guerra revolucionaria tienen como rasgo com\u00fan el car\u00e1cter fratricida de la lucha y la importancia de los factores ps\u00ed\u00adquicos. Las guerras civiles, por su n\u00famero, su crueldad y sus consecuencias, han sido uno de los factores determinantes del desarrollo de la historia. Las m\u00e1s terribles fueron las motivadas por antagonismos sociales o ideol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>La guerra revolucionaria, despu\u00e9s de la etapa decisiva de la revoluci\u00f3n francesa, ha sido puesta al d\u00ed\u00ada por los grandes jefes comunistas. Para lograr su fin revolucionario, los promotores recurren a m\u00e9todos igualmente revolucionarios, que son con preferencia las t\u00e9cnicas de la guerra subversiva. La organizaci\u00f3n de un sistema de mandos, la propaganda, la agitaci\u00f3n, el terror, la ocupaci\u00f3n militar, tienden al \u00fanico fin de que los revolucionarios consigan sistem\u00e1ticamente el poder sobre el pueblo.<\/p>\n<p>II. El problema de la guerra justa (ius ad bellum)<br \/>\nFrente a este fen\u00f3meno, en principio son posibles dos actitudes: o bien la justificaci\u00f3n de la g. como medio para los intereses pol\u00ed\u00adticos o bien el pacifismo absoluto. La primera actitud es la de aquellos para quienes los medios se justifican necesariamente por su fin. Todos aquellos para los que el fin santifica los medios (derecho p\u00fablico europeo anterior a la liga de los pueblos, dictaduras y totalitarismos de derecha o de izquierda) admiten, en teor\u00ed\u00ada, o por lo menos en la pr\u00e1ctica, el aforismo de Clausewitz, seg\u00fan el cual la g. es sencillamente la continuaci\u00f3n de la pol\u00ed\u00adtica con otros medios. El pacifismo absoluto, por el contrario, se opone formalmente a toda g., incluso en la hip\u00f3tesis de la leg\u00ed\u00adtima defensa, porque estima que nunca hay derecho a derramar la sangre de otro y que s\u00f3lo se puede resistir a la violencia con medios no violentos. Los pacifistas cristianos se apoyan en el dec\u00e1logo y en el Evangelio (->paz).<\/p>\n<p>La doctrina cat\u00f3lica tradicional no admite ninguna de estas dos actitudes. Rechaza la tesis de la g. en cuanto medio de la pol\u00ed\u00adtica como una aberraci\u00f3n criminal, condenada a la vez por el derecho natural y por el Evangelio. Por raz\u00f3n del car\u00e1cter espiritual del ser humano y de la fraternidad humana universal, los conflictos entre hombres, de cualquier naturaleza que sean, deben resolverse por medios intr\u00ed\u00adnsecamente racionales y pac\u00ed\u00adficos; y esto ha de aplicarse tambi\u00e9n a la esfera internacional. Aunque seg\u00fan la doctrina eclesi\u00e1stica la paz es un deber primordial para todos, sin embargo no coincide con la actitud del pacifismo radical que no tiene en cuenta la realidad humana, tal cual existe concretamente, marcada por el pecado. Existen hombres de Estado sin escr\u00fapulos que arrastran a sus pueblos a empresas criminales. La experiencia muestra que con frecuencia no se puede contener la explosi\u00f3n de la violencia y de la injusticia sino oponi\u00e9ndole la violencia. \u00bfNo es evidente que la justicia y la caridad para con el pr\u00f3jimo permiten y hasta obligan a oponerse al crimen en la medida de las posibilidades? De esta forma la guerra, no obstante su irracionalidad intr\u00ed\u00adnseca y su horror, puede venir a ser leg\u00ed\u00adtima si no existe ning\u00fan otro medio de impedir la injusticia. Cuatro condiciones (teor\u00ed\u00ada de la causa justa) se requieren rigurosamente: existencia de una injusticia llevada adelante con obstinaci\u00f3n (leg\u00ed\u00adtima defensa), fracaso de todos los medios pac\u00ed\u00adficos, proporci\u00f3n entre la gravedad de la injusticia y las calamidades que hayan de resultar de la guerra (regla del mal menor), probabilidad fundada de \u00e9xito. La guerra no puede ser sino un medio adoptado en una situaci\u00f3n extrema. S\u00f3lo es l\u00ed\u00adcito recurrir a ese medio cuando se ha llegado al \u00faltimo l\u00ed\u00admite, a fin de impedir una mayor desgracia para la humanidad, cuando se han demostrado impotentes los medios esencialmente racionales y pac\u00ed\u00adficos, porque s\u00f3lo en estas condiciones puede la g. presentar aquella indispensable racionalidad accidental que la legitima. La g. injusta es un crimen monstruoso.<\/p>\n<p>Estos principios siguen teniendo vigencia para resolver los problemas contempor\u00e1neos, a pesar del cambio esencial que se ha producido en el fen\u00f3meno de la g. La violencia no deja de ser una terrible realidad del presente: opresi\u00f3n de las conciencias, injusticias sociales, actitudes racistas, pol\u00ed\u00adticas belicosas. Cuando esa violencia supera toda medida, \u00bfno se comprender\u00e1 la rebeli\u00f3n de los oprimidos? Y un Estado \u00bfno tiene el derecho de defender su existencia? As\u00ed\u00ad la mayor\u00ed\u00ada de los te\u00f3logos estiman que la g. podr\u00ed\u00ada ser leg\u00ed\u00adtima todav\u00ed\u00ada para resistir a una agresi\u00f3n contra los derechos personales fundamentales de gran n\u00famero de seres humanos o contra la existencia misma de un Estado. Esta hip\u00f3tesis supone con toda evidencia el respeto de la regla de la proporcionalidad. Ni siquiera por una causa justa se puede admitir la legitimidad de un conflicto nuclear generalizado, que causar\u00ed\u00ada inevitablemente centenares de millones de muertes, transformar\u00ed\u00ada el hemisferio occidental en un caos espantoso y comprometer\u00ed\u00ada gravemente el futuro gen\u00e9tico de la humanidad. A veces habr\u00ed\u00ada que explotar m\u00e1s la eficacia de la resistencia espiritual, posibilidad largo tiempo olvidada, cuya asombrosa fecundidad est\u00e1 demostrada por la experiencia de un Gandhi y por el comportamiento de tantos cristianos en los Estados totalitarios. La mejor fuerza de disuasi\u00f3n es solidaridad internacional de hombres aut\u00f3nomos en su pensamiento y acostumbrados a conformar su actividad con los imperativos de su conciencia.<\/p>\n<p>Lo desmesurado de la g. moderna deber\u00ed\u00ada ya inducir a nuestros contempor\u00e1neos a buscar con todas sus fuerzas los medios de impedirla. Es esencial el desarrollo del esp\u00ed\u00adritu de solidaridad y de fraternidad universales. \u00bfSe puede concebir hoy d\u00ed\u00ada una g. entre Francia y Gran Breta\u00f1a, en otro tiempo enemigas seculares? \u00bfO entre Francia y Alemania? Pero hay que contar tambi\u00e9n con los Estados dirigidos por jefes criminales. Sin hablar de la soluci\u00f3n de los otros problemas gigantescos que se plantean ya a la humanidad entera, el establecimiento de una organizaci\u00f3n supraestatal del mundo, dotada de medios eficaces de acci\u00f3n y capaz de imponer sus decisiones incluso a los Estados m\u00e1s poderosos, es indispensable para el mantenimiento de la paz. Cuando exista tal instituci\u00f3n, perder\u00e1 la g. toda racionalidad, incluso accidental, pues cada uno podr\u00e1 lograr que se le haga justicia. Las medidas militares que la instituci\u00f3n tomara por su parte para restablecer el orden perturbado, no ser\u00ed\u00adan otra cosa que una operaci\u00f3n de polic\u00ed\u00ada a escala internacional.<\/p>\n<p>III. El problema de un desarrollo justo de la guerra (ius in bello)<br \/>\nLa g., salvaje por naturaleza, se hab\u00ed\u00ada humanizado bajo la influencia del cristianismo en los conflictos entre naciones europeas. La entrada en escena de las armas de destrucci\u00f3n masiva, exacerbaci\u00f3n de los nacionalismos y la proliferaci\u00f3n de las ideolog\u00ed\u00adas totalitarias le han restituido un car\u00e1cter de rigurosa brutalidad, cuyos efectos ie ven considerablemente multiplicados por el progreso t\u00e9cnico. La l\u00f3gica de la g. total es la violencia sin medida. Puesto que se trata de vencer, se dice, hay que emplear los medios que conduzcan con la mayor seguridad a la victoria: \u00abla necesidad carece de ley\u00bb.<\/p>\n<p>El hombre que quiera comportarse como hombre y a fortiori el cristiano, no pueden admitir esta ley de la violencia. Los valores absolutos en que se basa el derecho natural deben respetarse en la g. como en la paz. Hay que asentar firmemente los principios siguientes (valederos tanto para la g. civil o revolucionaria como para la g. internacional): el respeto de la vida humana (ninguna vida humana debe sacrificarse si no lo exige la leg\u00ed\u00adtima defensa); el respeto de la persona (prohibici\u00f3n de todos los tratos inhumanos, particularmente de la tortura); la inmunidad de la poblaci\u00f3n civil, manteniendo por lo menos en principio la distinci\u00f3n entre combatientes y no combatientes, y limitando los ataques a los objetivos militares; la prohibici\u00f3n de los actos abiertamente malos (asesinato, violaci\u00f3n, tortura, traici\u00f3n, calumnia, etc.). La leg\u00ed\u00adtima defensa autoriza \u00fanicamente a lo requerido para superar el caso de necesidad, lo cual est\u00e1 circunscrito por los principios procedentes. Diversas convenciones internacionales (convenciones de La Haya, de 18 de octubre de 1907; tratado de Washington, de 6 de febrero de 1922; protocolo de Ginebra, de 17 de junio de 1925; convenciones de Ginebra de 12 de agosto de 1949, etc.) han desarrollado y consagrado afortunadamente estas reglas esenciales. La mayor parte de estas estipulaciones est\u00e1n sancionadas por el derecho natural y son obligatorias incluso para los beligerantes que no las hayan firmado.<\/p>\n<p>Las armas nucleares plantean problemas especiales, tanto por su fuerza destructora (aniquilaciones masivas por el efecto t\u00e9rmico, la presi\u00f3n y las enfermedades que se derivan de los rayos) como por el car\u00e1cter incontrolable de sus efectos (lugar y tiempo de ca\u00ed\u00adda de los residuos flotantes en la atm\u00f3sfera). Te\u00f3ricamente se podr\u00ed\u00adan concebir casos (bombardeo de una escuadra en plena mar o de rampas de lanzamiento de cohetes situadas bastante lejos de las ciudades, etc.) en los que el empleo de tales armas permitir\u00ed\u00ada respetar suficientemente las reglas generales del derecho de guerra. Pero la posibilidad de una g. at\u00f3mica limitada entre pueblos que disponen de todo un arsenal de armas nucleares es una ilusi\u00f3n peligrosa. Juan xxiii dijo a este respecto: \u00abResulta humanamente imposible pensar que la guerra sea, en nuestra era at\u00f3mica, el medio adecuado para reparar una violaci\u00f3n de derechos\u00bb (Pacem in terris, n\u00famero 127). La proscripci\u00f3n de las armas nucleares mediante pactos es de apremiante necesidad.<\/p>\n<p>IV. Condenaci\u00f3n de la guerra<br \/>\nEl Vaticano II ha abordado ampliamente el tema de la g. moderna en la constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual. El concilio no s\u00f3lo exige la atenuaci\u00f3n de las crueldades de la g. (n\u00c2\u00b0 79) y la condenaci\u00f3n de la guerra total (n .o 80) y de la carrera de armamentos (n\u00c2\u00b0 81), sino tambi\u00e9n la proscripci\u00f3n absoluta de la g., y pide una acci\u00f3n a escala mundial para impedirla (n\u00c2\u00b0 82). Recomienda adem\u00e1s la constituci\u00f3n de una comunidad internacional para asegurar la paz, la cual debe eliminar tambi\u00e9n las causas que conducen a la g. (n\u00c2\u00b0 8390). Pablo vi ha subrayado esta exigencia con sus esfuerzos en torno a la paz y sobre todo con sus orientaciones en la enc\u00ed\u00adclica Populorum progressio.<\/p>\n<p>Ren\u00e9 Coste<\/p>\n<p>K. Rahner (ed.),  Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teol\u00cf\u0192gica, Herder, Barcelona 1972<\/p>\n<p><b>Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teol\u00f3gica<\/b><\/p>\n<p>La guerra no es solamente un hecho humano que plantea problemas de moral. Gracias a su presencia en el mundo b\u00ed\u00adblico puede la revelaci\u00f3n expresar, a partir de una experiencia com\u00fan, un aspecto esencial del drama de la humanidad, en el que est\u00e1 en juego su *salvaci\u00f3n: el combate espiritual entre Dios y Sat\u00e1n. Es cierto que el designio de Dios tiene por objetivo la *paz; pero esta misma paz supone una *victoria alcanzada a costa de combate.<\/p>\n<p>AT. I. GUERRAS HUMANAS Y COMBATES DE Dios. 1. En todos los tiempos es la guerra un elemento importante de la condici\u00f3n humana. En el antiguo Oriente era un hecho end\u00e9mico: al comenzar cada a\u00f1o los reyes \u00abse pon\u00ed\u00adan en campa\u00f1a\u00bb (2Sa 11,1). En vano los imperios, en los per\u00ed\u00adodos de gran civilizaci\u00f3n, firmaban tratados de \u00abpaz perpetua\u00bb: la evoluci\u00f3n de los hechos no tardaba en romper aquellos fr\u00e1giles contratos. La historia de Israel, encuadrada en este marco, implicar\u00e1, pues, una experiencia, unas veces exaltadora y otras cruel, de los combates humanos. Pero esta experiencia, introducida en la perspectiva del *designio de Dios, adquiere un alcance espec\u00ed\u00adficamente religioso: la guerra se revela aqu\u00ed\u00ad a la vez como una realidad permanente de este mundo y como un mal.<\/p>\n<p>2. Sin embargo, el antiguo Oriente, trasponiendo al dominio religioso los resultados de su experiencia social, no descuidaba introducir tambi\u00e9n la guerra en su representaci\u00f3n del mundo divino. F\u00e1cilmente imaginaba en el tiempo primordial una guerra de los dioses, de la que todas las guerras humanas eran como prolongaciones e imitaciones terrestres. Israel, aun descartando decididamente el polite\u00ed\u00adsmo supuesto por tales im\u00e1genes, conserva, no obstante, la de un Dios combatiente; pero la transforma para adaptarla al monote\u00ed\u00adsmo y para asignarle un puesto en la realizaci\u00f3n terrenal del *designio de Dios.<\/p>\n<p>II. ISRAEL AL SERVICIO DE LAS GUERRAS DE YAHVEH. 1. Las perspectivas abiertas por la alianza sina\u00ed\u00adtica no son en modo alguno de paz, sino de combate : Dios da una *p\u00e1tria a su pueblo, pero \u00e9ste debe conquistarla (Ex 23,27-33). Guerra ofensiva, que es sagrada y que se justifica en la perspectiva del AT: Cana\u00e1n, con su civilizaci\u00f3n corrompida acompa\u00f1ada de un culto tributado a las fuerzas de la naturaleza, constituye una asechanza para Israel (Dt 7,3s); as\u00ed\u00ad Dios sanciona su exterminio (Dt 7,1s); las guerras nacionales de Israel ser\u00e1n, pues, las \u00abguerras de Yahveh\u00bb. M\u00e1s a\u00fan : al hacer Dios nacer a Israel a la historia, instaura su propio *reinado ac\u00e1 abajo, gracias a un pueblo que le rinde culto y que observa su ley. Israel, defendiendo su independencia contra los agresores de fuera, defiende por lo mismo la causa de Dios: todo combate defensivo es adem\u00e1s una \u00abguerra de Yahveh\u00bb.<\/p>\n<p>2. As\u00ed\u00ad a lo largo de los siglos hace Israel la experiencia de una vida de combate, en la que el dinamismo nacional se pone al servicio de una causa religiosa. Guerras ofensivas contra Sih\u00f3n y Og (N\u00fam 21,21-35; Dt 2,26-3,17), luego conquista de Cana\u00e1n (Jos 6-12). Guerras defensivas contra Madi\u00e1n (N\u00fam 31) y contra los opresores de la \u00e9poca de los jueces (Jue 3-12). Guerra de liberaci\u00f3n nacional, con Sa\u00fal y David (lSa 11-17; 28-30; 2Sa 5; 8; 10). En este conjunto de acontecimientos aparece Israel como el heraldo de Dios ac\u00e1 en la tierra ; su rey es el lugarteniente de Yahveh en la historia. El ardor de la fe requiere proezas militares, que sostienen la certeza de la ayuda divina y la esperanza de una *victoria a la vez pol\u00ed\u00adtica y religiosa (cf. Sal 2; 45,4ss; 60,7-14; 110). Pero ser\u00e1 grande la tentaci\u00f3n de confundir la causa de Dios con la prosperidad terrestre de Israel.<\/p>\n<p>III. Los COMBATES DE YAHVEH EN LA HISTORIA. 1. Yabveb combate por su pueblo. Las guerras de Yahveh emprendidas por Israel no son, sin embargo, m\u00e1s que un aspecto de los combates emprendidos por Dios en la historia humana. Desde los or\u00ed\u00adgenes est\u00e1 personalmente en lucha contra fuerzas malignas que se oponen a sus designios. El hecho se pone de relieve en la historia de su pueblo cuando diversos *enemigos tratan de contener su auge. Entonces Dios, afirmando su dominio de los acontecimientos, interviene con su acci\u00f3n soberana, e Israel pasa por la experiencia de liberaciones maravillosas: en el momento del Exodo combate Yahveh contra Egipto, hiri\u00e9ndole con prodigios de todas clases (Ex 3,20), hiri\u00e9ndole en sus primog\u00e9nitos (Ex 11, 4&#8230;) y en su jefe (Ex 14,18&#8230;); en Cana\u00e1n sostiene los ej\u00e9rcitos de Israel (Jue 5,4.20; Jos 5,13s; 10,10-14; 2Sa 5,24); a lo largo de los siglos asiste a los reyes (Sal 20; 21) y libera su ciudad santa (Sal 48,4-8; 2Re 19,32-36..,). Todos estos hechos muestran que las luchas humanas no llegan a su t\u00e9rmino sino por la fuerza de \u00e9l: los hombres combaten, pero s\u00f3lo Dios da la *victoria (Sal 118, 10-14; 121,2; 124).<\/p>\n<p>2. Dios combate contra los pecadores. Ahora bien, los combates de Dios en la tierra no tienen por fin \u00faltimo el triunfo temporal de Israel. Su *gloria es de otra naturaleza ; su reino, de otro orden. Lo que \u00e9l quiere es el establecimiento de un *reino de prosperidad y de justicia, tal como lo define su *ley. Israel tiene la misi\u00f3n de realizarlo, pero si falta a ella, deber\u00e1 Dios combatir a su pueblo pecador con el mismo t\u00ed\u00adtulo con que combate a las potencias paganas. Por esta raz\u00f3n Israel, a consecuencia de sus infidelidades, pasa tambi\u00e9n por la experiencia de los reveses militares : en la \u00e9poca del desierto (N\u00fam 14,39-44), de Josu\u00e9 (Jos 7,2&#8230;), de los jueces (ISa 4), de Sa\u00fal (ISa 31). En la \u00e9poca de los reyes se repite el hecho peri\u00f3dicamente, y despu\u00e9s de los estragos de m\u00faltiples invasiones, Israel y Jud\u00e1 acabar\u00e1n por conocer incluso una ruina nacional completa. A los ojos de los profetas es esto el resultado de los *juicios divinos: Yahveh hiere a su pueblo pecador (Is 1,4-9); \u00e9l mismo expide a los invasores encargados de *castigarlo (Jer 4,5-5,17; 6; Is 5,26-30). Los ej\u00e9rcitos de *Babilonia est\u00e1n a sus \u00f3rdenes (Jer 25,14-38) y Nabucodonosor es su servidor (Jer 27,6ss).<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de estos acontecimientos terribles comprende ahora Israel que la guerra es fundamentalmente un mal. Resultado del *odio fratricida entre los hombres (cf. G\u00e9n 4), est\u00e1 ligada al destino de una raza pecadora. Azote de Dios, no desaparecer\u00e1, por tanto, radicalmente de ac\u00e1 abajo, sino una vez que haya desaparecido tambi\u00e9n el *pecado (Sal 46,10; Ez 39,9s). Por eso todas las promesas escatol\u00f3gicas de los profetas acaban con una maravillosa visi\u00f3n de *pazuniversal (Is 2,4; 11,6-9, etc.). Tal es la *salvaci\u00f3n aut\u00e9ntica a que debe aspirar Israel, m\u00e1s bien que a guerras santas de conquista y de destrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>IV. LOS COMBATES ESCATOL\u00ed\u201cGICOS. 1. El asalto de las fuerzas enemigas. Sin embargo, esta salvaci\u00f3n no llegar\u00e1 sin combate. Pero esta vez el car\u00e1cter esencialmente religioso de la lucha se desprender\u00e1 de sus incidencias temporales mucho mejor que en el pasado. Cierto que su evocaci\u00f3n anticipada tiene todav\u00ed\u00ada el aire de un asalto militar de los paganos contra Jerusal\u00e9n (Ez 38; Zac 14,1-3; Jdt 1-7). Pero en el apocalipsis de Daniel, escrito durante la persecuci\u00f3n sangrienta que desencaden\u00f3 el emperador Ant\u00ed\u00adoco, es claro que la potencia enemiga, representada con los rasgos de *bestias monstruosas, tiene como primer designio \u00abhacer la guerra a los santos\u00bb y de hab\u00e9rselas incluso con Dios mismo (Dan 7,19-25; 11,40-45; cf. Jdt 3,8). Tras el combate pol\u00ed\u00adtico se puede as\u00ed\u00ad discernir el combate espiritual de *Sat\u00e1n y de sus aliados contra Dios.<\/p>\n<p>2. La r\u00e9plica de Dios. En presencia de este asalto que entrega a su fe a un imperio pagano totalitario, el juda\u00ed\u00adsmo puede, s\u00ed\u00ad, reaccionar todav\u00ed\u00ada con una sublevaci\u00f3n militar que enlaza con las tradiciones de la guerra santa (lMac 2-4; 2Mac 8-10). En realidad, se siente empe\u00f1ado en una lucha m\u00e1s alta, para la que debe contar primero con la ayuda de Dios (cf. 2Mac 15,22ss; Jdt 9): Yahveh es quien, en el momento prefijado, decretar\u00e1 la muerte de la *bestia (Dan 7,11.26) y destruir\u00e1 su poder (Dan 8, 25; 11,45). Esta perspectiva desborda el plano de las guerras temporales. Desemboca en el combate celestial, por el que Dios coronar\u00e1 a todos los que ha sostenido ya en la historia (cf. Is 59,15-20; 63,1-6), a todos los que sostiene actualmente para defender a los justos contra sus *enemigos (Sal 35,1ss). Ese combate tendr\u00e1 por marco el *juicio final. Pondr\u00e1 fin ac\u00e1 abajo a toda iniquidad (Sab 5,17-23) y preludiar\u00e1 as\u00ed\u00ad directamente el *reinado de Dios sobre la tierra. Por esta raz\u00f3n ir\u00e1 seguido de una *paz eterna, en la que tendr\u00e1n parte todos los justos (Dan l2,lss; Sab 4,7ss; 5,15s).<\/p>\n<p>NT. El NT cumple estas promesas. En \u00e9l se libra la guerra escatol\u00f3gica en un terreno triple: el de la vida terrena de Jes\u00fas, el de la historia de su Iglesia, el de la consumaci\u00f3n final.<\/p>\n<p>I. Jes\u00fas. En Jes\u00fas se revela plenamente la naturaleza profunda del combate escatol\u00f3gico: no un combate temporal por un reino de este mundo (Le 22,50s; Jn 18,36), sino un combate espiritual contra *Sat\u00e1n, contra el *mundo, contra el mal. Jes\u00fas es el *fuerte que viene a derrocar al pr\u00ed\u00adncipe de este mundo (Mt 4,1-1I p; 12,27ss p; Le 11,18ss). Y as\u00ed\u00ad \u00e9ste reacciona intentando contra \u00e9l un \u00faltimo asalto : la entrega de Jes\u00fas a la muerte es su \u00faltima intentona (Le 22,3; Jn 13,2.27; 14, 30); \u00e9l es el que suscita la acci\u00f3n de las potencias terrestres ligadas contra el ungido del Se\u00f1or (Act 4, 25-28; cf. Sal 2). Pero haciendo esto precipita su derrota. En efecto, en forma parad\u00f3jica, la *cruz de Jes\u00fas garantiza su *victoria (Jn 12,31): cuando resucita, los *poderes hostiles, malos, despojados de su se\u00f1or\u00ed\u00ado, figuran en su cortejo triunfal (Col 2, 15). Vencedor del mundo por su muerte misma (Jn 16,33), posee ya la regencia de la historia (Ap 5); pero el combate que ha librado personalmente se prolongar\u00e1 a trav\u00e9s de los siglos en la vida de su Iglesia.<\/p>\n<p>II. LA IGLESIA DE JES\u00daS. 1. La Iglesia militante. La *Iglesia no es una magnitud de orden temporal, como lo era todav\u00ed\u00ada el antiguo *pueblo de Israel; las guerras humanas no son, pues, ya de su esfera. Pero en su propio plano est\u00e1 para siempre en estado militante. Lo que Jes\u00fas aporta por ella a los hombres es, s\u00ed\u00ad, en cierto respecto la *paz con Dios y la paz entre ellos (Le 2,14; Jn 14,27; 16,33). Pero tal paz no es de este mundo. As\u00ed\u00ad los hombres que creen en \u00e9l estar\u00e1n siempre expuestos al *odio del mundo (Jn 15,18-21): en el plano temporal no les ha aportado Jes\u00fas la paz, sino la espada (Mt 10, 34 p), pues el reino de Dios es blanco de la violencia (Mt 11,12 p). Individualmente, cada cristiano deber\u00e1 librar un combate, no contra adversarios de carne y de sangre, sino contra Sat\u00e1n y sus aliados (Ef 6,10ss; I Pe 5,8s). Colectivamente, la Iglesia ser\u00e1 entregada a los asaltos de los poderes de este mundo, que se har\u00e1n aliados de Sat\u00e1n: as\u00ed\u00ad la Roma imperial, la nueva *Babilonia (Ap 12,17-13,10; 17).<\/p>\n<p>2. Los ej\u00e9rcitos cristianos. En este combate la Iglesia y sus miembros no se sirven ya de armas temporales, sino de las que ha legado Jes\u00fas. Las virtudes cristianas son las armas de luz de que se reviste el soldado de Cristo (ITes 5,8; Ef 6, 11.13-17); la *fe en Cristo es la que vence al maligno y al mundo (IJn 2,14; 4,4; 5,4s). En apariencia, el *mundo puede triunfar de los cristianos cuando los *persigue y les quita la vida (Ap 11,7-10); victoria precaria, que preludia una transformaci\u00f3n radical de la situaci\u00f3n, como la cruz de Cristo preparaba su resurrecci\u00f3n en gloria (Ap 11,11.15-18). El *cordero fue vencedor del diablo por su muerte; asimismo sus compa\u00f1eros triunfan de \u00e9l por el *martirio (Ap 12,11; 14-1-5). El hero\u00ed\u00adsmo de tales combates rebasa con mucho al de las antiguas guerras de Yahveh y no exige menor valent\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>III. EL COMBATE FINAL. 1. Pr\u00f3dromos. Los \u00ab\u00faltimos tiempos\u00bb inaugurados por Jes\u00fas adoptan as\u00ed\u00ad el aspecto de una guerra a muerte entre dos campos: el de Cristo y el del *anticristo. Sin duda alguna la lucha ha de aumentar en sutileza, en brutalidad, en intensidad a medida que la historia se vaya acercando a su consumaci\u00f3n. Pero el mundo maligno, el mundo de pecado sufre las consecuencias de una condenaci\u00f3n divina, con la que est\u00e1 marcado ya su destino. Aqu\u00ed\u00ad es donde las guerras humanas revelan la plenitud de su sentido. En el centro de la experiencia temporal de los hombres inscriben los signos del *juicio venidero (Mt 24,6 p; Ap 6,1-4; 9,1-11). Revelan las oposiciones internas a que est\u00e1 condenada la humanidad pecadora en la medida en que no acepte la paz de Cristo.<\/p>\n<p>2. Im\u00e1genes del \u00faltimo combate. En efecto, el tiempo se desliza indefectiblemente hacia su fin. Si por una parte Cristo re\u00fane poco a poco en su Iglesia a todos los hijos de Dios dispersos (Jn 11,52), por otra parte Sat\u00e1n, que le remeda, se esfuerza tambi\u00e9n por unir en un solo ej\u00e9rcito a los hombres a los que ha seducido. El Apocalipsis nos los presenta al fin de los siglos, reunidos bajo su gu\u00ed\u00ada para librar su \u00faltimo combate (Ap 19,19; 20,7ss). Pero esta vez Cristo vencedor har\u00e1 que brille visiblemente su *se\u00f1or\u00ed\u00ado, apareciendo como Verbo de Dios en su gloria en funci\u00f3n de exterminador (Ap 19, 11-16.21; cf. Mt 24,30 p). La fisonom\u00ed\u00ada temporal de los hechos venideros se nos oculta a nosotros tras esta evocaci\u00f3n sobrenatural, que desemboca m\u00e1s all\u00e1 del tiempo en el castigo eterno de Sat\u00e1n y de sus sat\u00e9lites (Ap 19,20; 20,10). Despu\u00e9s de esto, una vez superada toda contradicci\u00f3n tanto entre Dios y los hombres como entre los diversos grupos humanos, la *paz perfecta de la nueva Jerusal\u00e9n reintroducir\u00e1 en el *para\u00ed\u00adso a la humanidad salvada (Ap 21). Visi\u00f3n de *victoria final, que funda la constancia y la confianza de los santos (Ap 12,10), pues entonces la Iglesia militante se cambiar\u00e1 para siempre en Iglesia triunfante, reunida en torno a Cristo vencedor (Ap 3, 21s; 7).<\/p>\n<p>&#8211;> Anticristo &#8211; Babel &#8211; Bestia &#8211; Ene-migo &#8211; Odio &#8211; Paz &#8211; Sat\u00e1n &#8211; Victoria.<\/p>\n<p>LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teolog\u00ed\u00ada B\u00ed\u00adblica, Herder, Barcelona, 2001<\/p>\n<p><b>Fuente: Vocabulario de las Ep\u00edstolas Paulinas<\/b><\/p>\n<p><p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed est\u00e1n envueltas varias palabras hebreas, como <em>\u1e63\u0101\u1e07\u0101\u02be<\/em>, \u00abuna masa de personas\u00bb, luego campa\u00f1a y as\u00ed guerra; <em>mil\u1e25\u0101m\u0101h<\/em>, \u00ablucha\u00bb, o \u00abuna batalla\u00bb; <em>q\u04d9r\u0101\u1e07<\/em>, \u00abencuentro, batalla, guerra\u00bb; y otros. Las palabras griegas son <em>stratia<\/em>, y <em>polemos<\/em>, \u00abguerra\u00bb y \u00abluchar\u00bb. El t\u00e9rmino \u00abguerra\u00bb se aplica por lo general a un conflicto armado entre grupos como unidades org\u00e1nicas; tribus, razas, estados o unidades geogr\u00e1ficas, o religiosas o pol\u00edticas (v\u00e9ase <em><a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">EncSocSci<\/a><\/em>).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las primeras referencias a guerras en el AT eran conflictos tribales (Gn. 14). Fuese para saquear, atacar, repeler un ataque o vengarse, la tribu o grupo se reun\u00eda en torno a su adalid (Jue. 7). El bot\u00edn obtenido en tal contienda era dividido. La guerra en parte depend\u00eda de la estaci\u00f3n del a\u00f1o (2 S. 11:1), tomando lugar en la primavera o en verano. Los soldados eran ubicados en un orden de batalla acorde con el tama\u00f1o del ej\u00e9rcito y el tama\u00f1o y n\u00famero de las fuerzas enemigas. Los vig\u00edas nocturnos eran puestos a causa de los ataques nocturnos, emboscadas y ataques sorpresivos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La guerra exhib\u00eda crueldad. El vencedor a menudo demostraba inmisericordia, matando a reyes y l\u00edderes, y esclavizando a los prisioneros (1 R. 20:30ss.). Generalmente se usaban esp\u00edas (Jos. 2:1; 1 S. 26:4) y el s\u00edmil del brazo fuerte era apropiado porque se trataba de un combate cuerpo a cuerpo. La victoria era celebrada con c\u00e1nticos de guerra (Nm. 21:27\u201330; Ex. 15:21; Jue. 15:16), y los h\u00e9roes eran a menudo militares. En Heb. 11 se menciona a cuatro de ellos s\u00f3lo por su hero\u00edsmo en la guerra. Los guerreros que retornaban a casa eran bienvenidos con celebraciones de victoria (Jue. 11:34; 1 S. 18:6ss.), se institu\u00edan conmemoraciones, y oro, plata, y trofeos eran puestos en los santuarios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jehov\u00e1 era un Dios de guerra. Israel buscaba la voluntad de Dios antes de ponerse en guerra (Jue. 1:11; 20\u201323) y los sacerdotes acompa\u00f1aban al ej\u00e9rcito como lo hac\u00eda el arca. El\u00ed muri\u00f3 al o\u00edr que el arca hab\u00eda sido capturada en la batalla (1 S. 6:12\u201318). Jehov\u00e1 us\u00f3 la guerra para castigar a Israel y tambi\u00e9n para juzgar a los enemigos de Israel (1 S. 15:1\u20133). Los soldados se reun\u00edan en sacrificio antes de la batalla, se guardaban puros (2 S. 11:1) y buscaban activamente la bendici\u00f3n de Dios. Santificar la guerra era un s\u00edmil com\u00fan (Jer. 6:4; Mi. 5:3).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los primeros cristianos usaban la jerga de la guerra en forma metaf\u00f3rica. \u00abM\u00e1s que vencedores\u00bb, \u00abbuen soldado\u00bb, \u00abel sonar de la trompeta\u00bb, eran frases comunes. As\u00ed como la trompeta impel\u00eda a ir a la carga, as\u00ed tambi\u00e9n se\u00f1alizar\u00e1 el retorno de Cristo. Esto y otros s\u00edmiles dan al milenarismo un aire militar y marcial. Satan\u00e1s ser\u00e1 derrotado en la conquista final o guerra. Jehov\u00e1 como Dios de Guerra es pintado como un conquistador, como escudo y fortaleza, lanzando saetas a sus enemigos, como protector de los indefensos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La vida cristiana era vista, tambi\u00e9n, como una guerra espiritual (2 Co. 10:3\u20134), para la cual el soldado debe poseer armas espirituales (Ef. 6:11\u201317). Santiago y Pedro hablan de \u00abbatalla en el alma\u00bb y \u00abcombate en vuestros miembros\u00bb. En la guerra espiritual el cristiano tiene un Capit\u00e1n confiable, una buena causa y armas seguras. Pelea la buena batalla de la fe. La \u00e9tica cristiana de guerra plantea inmensos problemas. Una teodicea de la historia debe considerar las ramificaciones del prop\u00f3sito soberano de Dios en relaci\u00f3n a las naciones de la tierra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">S.J. Case, \u00abReligion and War\u00bb; <em>AJT<\/em>, XIX (1915); Calvin, <em>II Corinthians<\/em>; <em><a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">HDAC<\/a><\/em>; <em><a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">HERE<\/a><\/em>; <em>EncSocSci<\/em>; P.T. Forsyth, <em>The Justification of God<\/em>; John Gill, <em>Body of Divinity<\/em>; <em><a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">SHERK<\/a><\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Robert Winston Ross<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\"><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><em>EncSocSci <\/em><\/a><em>Encyclopaedia of the Social Sciences<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\"><em>HDAC <\/em><\/a><em>Hastings\u2019 Dictionary of the Apostolic Church<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\"><em>HERE <\/em><\/a><em>Hastings\u2019 Encyclopaedia of Religion and Ethics<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\"><em>SHERK <\/em><\/a><em>The New Schaff-Herzog Encyclopaedia of Religious Knowledge<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\"><\/a>Harrison, E. F., Bromiley, G. W., &amp; Henry, C. F. H. (2006). <em>Diccionario de Teologi\u0301a<\/em> (285). Grand Rapids, MI: Libros Desafi\u0301o.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Diccionario de Teolog\u00eda<\/b><\/p>\n<p><p style='text-align:justify;'><span lang=ES style=''>Heb. <\/span><span style=''>mil&#7717;&#257;m\u00e2<\/span><span lang=ES style=''>, 313 veces en el AT, de <\/span><span style=''>l&#257;&#7717;am<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018luchar\u2019; cf. el \u00e1r. <\/span><span style=''>la&#7717;ama<\/span><span lang=ES style=''>, \u2018acomodar en forma compacta\u2019, con referencia al ej\u00e9rcito ubicado para la batalla (<i>BDB<\/i>). <\/span><span style=''>polemos<\/span><span lang=ES style=''> en el gr. del NT se usa 18 veces.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. Importancia estrat\u00e9gica de Palestina<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>La posici\u00f3n de Palestina con respecto a Mesopotamia y Egipto era verdaderamente axial, mientras que la existencia del gran desierto ar\u00e1bigo entre estos dos antiguos centros de civilizaci\u00f3n aseguraba, adem\u00e1s, que el contacto fuese casi siempre por Palestina. Dicho contacto era frecuentemente de car\u00e1cter hostil, de modo que Palestina no pudo evitar el constituirse en teatro de los conflictos\u2014y tambi\u00e9n bot\u00edn de guerra\u2014durante per\u00edodos considerables de los dos \u00faltimos milenios antes de Cristo. Agregado a esto estaba el hecho de que el pueblo de Israel obtuvo un reino para s\u00ed solo, mediante el expediente de embarcarse en una guerra de conquista, y que, una vez que se establecieron, tuvieron que llevar a cabo guerras defensivas para mantener a distancia a los filisteos, que negaban la legitimidad de los \u00fatulos de propiedad de los israelitas en relaci\u00f3n con Cana\u00e1n. Las conquistas territoriales de David m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras de Israel tambi\u00e9n se hicieron mediante encuentros militares. La era imperial dur\u00f3 poco, no obstante, y los reinos divididos de Israel y Jud\u00e1 aparecen pronto defendi\u00e9ndose de sus vecinos inmediatos, y finalmente del poder\u00edo inexorable de Asiria y Babilonia. No es de sorprender, por consiguiente, que la guerra ocupe un lugar destacado en las p\u00e1ginas del AT.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. Guerra y religi\u00f3n<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En el Cercano Oriente generalmente la guerra era una empresa sagrada, en la que estaba en juego en buena medida el honor del dios nacional. El concepto de los escritores del AT ofrece una semejanza superficial con esto en lo que hace a las guerras de Israel. La diferencia estribaba en que el Dios de Israel era trascendente, y no sufr\u00eda los altibajos de la fortuna de su pueblo. Con todo, \u00e9l es \u201cel Dios de los escuadrones de Israel\u201d (1 S. 17.45), y est\u00e1 mucho m\u00e1s comprometido con las luchas de su pueblo que lo que se consideraba que lo estaban Marduk o Asur (cf. 2 Cr. 20.22). A Dios se lo describe como \u201cvar\u00f3n de guerra\u201d (Ex. 15.3; Is. 42.13), y uno de sus t\u00edtulos es Jehov\u00e1 de los ej\u00e9rcitos\u201d. Esta \u00faltima descripci\u00f3n podr\u00eda referirse a ej\u00e9rcitos celestiales (1 R. 22.19) o a ej\u00e9rcitos israelitas (1 S. 17.45). Era Dios el que conduc\u00eda los ej\u00e9rcitos de Israel a la batalla (Jue. 4.14), de manera que el relato m\u00e1s antiguo de los triunfos israelitas llevaba el nombre de \u201cLibro de las *batallas de Jehov\u00e1\u201d (Nm. 21.14). M\u00e1s aun, en todas las etapas de los preparativos para la guerra se reconoc\u00eda la dependencia de Israel de su Dios. Primero, se averiguaba si el momento era propicio para atacar (2 S. 5.23\u201324) ; luego hab\u00eda que ofrecer sacrificio. Este \u00faltimo requisito preliminar se consideraba tan vital que Sa\u00fal en su desesperaci\u00f3n se arrog\u00f3 privilegios sacerdotales, para evitar que se entrara en la lucha antes de haber buscado el favor del Se\u00f1or (1 S. 13.8\u201312).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El grito de guerra ten\u00eda significaci\u00f3n religiosa (Jue. 7.18, 20) y, m\u00e1s todav\u00eda, proclamaba la presencia de Dios simbolizada en el arca del pacto (1 S. 4.5\u20136; cf. la forma en que se salud\u00f3 la llegada del arca a Jerusal\u00e9n, 2 S. 6.15). Debido a la presencia divina los israelitas pod\u00edan ir a la lucha con confianza en la victoria (Jue. 3.28; 1 Cr. 5.22), aun cuando las fuerzas de la naturaleza tuviesen que ser invocadas para asegurar la victoria (Jos. 10.11\u201314).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Despu\u00e9s de la batalla ocurr\u00eda con frecuencia que los israelitas efectuaban una *\u201cconsagraci\u00f3n\u201d (<\/span><span style=' '>&#7717;&#375;rem<\/span><span lang=ES style=''>) a Dios, lo cual significaba que toda una ciudad o un pa\u00eds, con su poblaci\u00f3n y sus posesiones, era apartado para Dios. A ning\u00fan israelita se le permit\u00eda, para satisfacer sus necesidades personales, apoderarse de nada ni de nadie que perteneciera al lugar sobre el que reca\u00eda la prohibici\u00f3n; el no dar cumplimiento a esta medida daba lugar a las m\u00e1s horrendas consecuencias (Jos. 7; 1 S. 15). A veces la prohibici\u00f3n pod\u00eda no ser tan abarcadora como en el caso de Jeric\u00f3 (Jos. 6.18\u201324), pero siempre el derecho de Dios al fruto de la victoria ocupaba lugar prominente. El anatema era la forma en que Dios castigaba \u201cla maldad del amorreo\u201d (Gn. 15.16), y forma parte esencial del concepto veterotestamentario de la \u201cguerra santa\u201d. M\u00e1s aun, si entre los israelitas mismos se descubr\u00edan tendencias paganas, la comunidad culpable de ellas tambi\u00e9n deb\u00eda ser sometida al anatema (Dt. 13.12\u201318). Si toda la naci\u00f3n adoptaba un comportamiento que desagradaba a Dios, como ocurr\u00eda con frecuencia, en ese caso los agentes del castigo correspondiente pod\u00edan ser los mismos paganos a los cuales Dios hab\u00eda repudiado anteriormente (Is. 10.5\u20136; Hab. 1.5\u201311). La culminaci\u00f3n se alcanza al final del per\u00edodo mon\u00e1rquico, cuando Dios anuncia su intenci\u00f3n de luchar \u00e9l mismo contra Jud\u00e1, poni\u00e9ndose del lado de Babilonia (Jer. 21.5\u20137). Durante un tiempo considerable, empero, la comunidad prof\u00e9tica disfrut\u00f3 de la seguridad de una esperanza mejor: nada menos que la erradicaci\u00f3n de la guerra de la faz de la tierra, y la inauguraci\u00f3n de una nueva era de paz por el \u201cPr\u00edncipe de paz\u201d dav\u00eddico (Is. 9.6; cf. Is. 2.4; Mi. 4.3).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. T\u00e1cticas guerreras<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>En la \u00e9poca en que Israel no ten\u00eda ej\u00e9rcito permanente la milicia nacional era convocada para la acci\u00f3n mediante la trompeta (Jue. 3.27), o por medio de mensajeros (1 S. 11.7). Cuando estaban en la ofensiva los israelitas asignaban gran importancia a la estrategia militar (Jos. 2; 2 R. 6.8\u201312); dado que no exist\u00eda en esa \u00e9poca la declaraci\u00f3n de guerra, el agresor contaba con la mayor ventaja. Generalmente las expediciones se llevaban a cabo en la primavera, cuando los caminos estaban en mejores condiciones (2 S. 11.1). Las t\u00e1cticas depend\u00edan naturalmente del terreno y del n\u00famero de guerreros, pero en general los comandantes israelitas pod\u00edan aprovechar el conocimiento superior que ten\u00edan de la geograf\u00eda local, por lo menos cuando se trataba de acciones defensivas. Cuando se trataba de un enfrentamiento directo, como fue el caso entre Jos\u00edas y el fara\u00f3n Necao en Meguido, no parecer\u00eda haberles ido tan bien a los israelitas. Adem\u00e1s de la trompeta se pod\u00eda hacer se\u00f1ales con fuego, pr\u00e1ctica de la que da testimonio uno de los \u00f3straca de *Laquis. Todos los m\u00e9todos convencionales de guerrear est\u00e1n representados en el AT; las incursiones (1 S. 14), el sitio (1 R. 20.1), y la emboscada (Jos. 8) figuran a la par de la batalla formal (* <span style='text-transform:uppercase'>Armadura<\/span>; *<span style='text-transform:uppercase'>Ej\u00e9rcito<\/span>).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>IV. La guerra en el Nuevo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Es claro que no forma parte del ideal del NT la pretensi\u00f3n de extender el reino de Cristo por medios militares. \u201cMi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de esta mundo, mis servidores pelear\u00edan\u201d (Jn. 18.36) fue el principio que enunci\u00f3 nuestro Se\u00f1or estando ante Pilato. Las palabras que le dirigi\u00f3 a Pedro, tal como aparecen en Mt. 26.52, arrojan sombras sobre el uso de la fuerza, cualesquiera sean las circunstancias. Pero el cristiano es ciudadano de dos mundos, y tiene obligaciones para con ambos; la tensi\u00f3n entre las exigencias conflictivas resulta inevitable, especialmente teniendo en cuenta que los poderes terrenales han sido ordenados por Dios y que \u201cno en vano lleva[n] la espada\u201d (Ro. 13.4). Pablo no s\u00f3lo hizo valer su ciudadan\u00eda romana, sino que tambi\u00e9n se vali\u00f3 de la protecci\u00f3n de soldados romanos, como cuando su vida corr\u00eda peligro en Jerusal\u00e9n (Hch. 21). M\u00e1s aun, la piedad no se consideraba incompatible con la carrera militar, y los soldados que le preguntaron a Juan el Bautista acerca de sus obligaciones supremas no fueron incitados a desertar (v\u00e9ase Hch. 10.1\u20132; Lc. 3.14). Tenemos que suponer, por otra parte, que la causa que ligaba a Mateo, el cobrador de impuestos, y a Simon el Zelote como integrantes de los doce ap\u00f3stoles originales exig\u00eda que <i>ambos<\/i> abandonasen sus ocupaciones anteriores. En la iglesia primitiva generalmente estaba mal visto que el creyente siguiese la carrera militar; el punto de vista de Tertuliano es representativo de la idea de que estos dos llamados eran incompatibles, aun cuando hac\u00eda excepciones en el caso de los que ya estaban comprometidos a cumplir servicios militares antes de convertirse.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La lucha del cristiano es eminentemente una lucha espiritual y, por consiguiente, ha sido equipado con toda la armadura necesaria para obtener la victoria (Ef. 6.10\u201320). Se sigue de esto que debe estar sometido a una disciplina militar, y es por ello que en el NT abundan las instrucciones enunciadas en t\u00e9rminos militares (cf. 1 Ti. 1.18; 1 P. 5.9) y en met\u00e1foras militares (cf. 2 Ti. 2.3\u20134; 1 P. 2.11). La batalla cr\u00edtica se gan\u00f3 en el Calvario (Col. 2.15), de modo que en un pasaje como Ef. 6.10\u201320 el acento no recae tanto sobre la idea de conquistar m\u00e1s terreno, sino en la conservaci\u00f3n de lo que ya se ha obtenido. La victoria \u00faltima y completa vendr\u00e1 cuando Cristo sea revelado desde el cielo al final de la era (2 Ts. 1.7\u201310). El choque final entre Cristo y los esbirros de las tinieblas se describe en los cap(s). 16, 19, y 20 de Apocalipsis. Seg\u00fan Ap. 16.16 se libra una batalla decisiva en un lugar denominado *Armaged\u00f3n (o Harmaged\u00f3n, <\/span><span lang=ES style='font-size: 10.0pt;;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0vm<\/span><span lang=ES style=''> <etiqueta id=\"#_ftn429\" name=\"_ftnref429\" title=\"\">mg). La explicaci\u00f3n mas probable de este. nombre es la que lo liga con el<\/etiqueta> monte (heb. <\/span><span style=''>har<\/span><span lang=ES style=''>) de Meguido(n). Meguido fue escenario de muchas grandes batallas en la historia (cf. 2 Cr. 35.22), y su aparici\u00f3n en contexto apocal\u00edptico resulta enteramente apropiada. Para los enemigos de Cristo este encuentro significar\u00e1 destrucci\u00f3n (Ap. 19.17\u201321). Pero de esta manera el Sal. 110 y una cantidad de pasajes del AT encontrar\u00e1n su cumplimiento cuando comience la era del gobierno mesi\u00e1nico. Los heraldos de esa era bendita ser\u00e1n indudablemente las \u201cguerras y rumores de guerras\u201d (Mt. 24.6), pero cuando reine el Mes\u00edas \u201clo dilatado de su imperio y la paz no tendr\u00e1n l\u00edmite\u201d (Is. 9.7).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>v. Batalla, Lucha Gen 14:2 hicieron g contra Bera rey de Sodoma Exo 15:3 Jehov\u00e1 es var\u00f3n de g; Jehov\u00e1 es su nombre Num 32:20 si os dispon\u00e9is para ir delante .. a la g Deu 20:1 cuando salgas a la g .. no tengas temor Deu 24:5 alguno fuere reci\u00e9n casado, no saldr\u00e1 a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/guerra\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abGUERRA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-2202","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2202","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2202"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2202\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2202"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2202"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2202"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}