{"id":22165,"date":"2016-02-05T15:13:19","date_gmt":"2016-02-05T20:13:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/etica-biblica\/"},"modified":"2016-02-05T15:13:19","modified_gmt":"2016-02-05T20:13:19","slug":"etica-biblica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/etica-biblica\/","title":{"rendered":"ETICA BIBLICA"},"content":{"rendered":"<p><p style='text-align:justify;'><span ><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>I. El principio distintivo<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>Lo distintivo de la ense\u00f1anza \u00e9tica de la Biblia est\u00e1 bien ilustrado por la derivaci\u00f3n de las palabras mismas, \u201c\u00e9tica\u201d y \u201cmoral\u201d. Ambas se originan en ra\u00edces (griegas y latinas) que significan \u201ccostumbre\u201d. Se infiere de esto que nos comportamos de una manera \u00e9ticamente correcta cuando hacemos lo que la costumbre indica. Descubrimos las cosas que se hacen generalmente, y llegamos a la conclusi\u00f3n que estas son las que deber\u00edamos hacer.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En n\u00edtido contraste con este enfoque, la \u00e9tica b\u00edblica se centra en Dios. En lugar de dejarnos guiar por la opini\u00f3n de la mayor\u00eda, o conformarnos al comportamiento acostumbrado, las Escrituras nos instan a comenzar con Dios y sus requerimientos\u2014y no con el hombre y sus costumbres\u2014cuando buscamos directivas morales. Este principio central y unificador se expresa de muchas maneras en la Biblia:<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(<i>a<\/i>) <i>La norma para el bien es de car\u00e1cter personal<\/i>. Si deseamos descubrir cu\u00e1l es la naturaleza del bien, la Biblia nos dirige a la persona de Dios mismo. S\u00f3lo \u00e9l es bueno (Mr. 10.18), y es su voluntad la que expresa \u201clo que es bueno, aceptable y perfecto\u201d (Ro. 12.2, <\/span><etiqueta id=\"#_ftn712\" name=\"_ftnref712\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green;text-transform:uppercase'>\u00b0ba<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style=''>). All\u00e1 en el desierto de Sina\u00ed Yahv\u00e9h hizo esta promesa a Mois\u00e9s: \u201cYo har\u00e9 pasar todo mi bien delante de tu rostro\u201d (Ex. 33.19), y la promesa se cumpli\u00f3 mediante una revelaci\u00f3n especial del car\u00e1cter del Se\u00f1or (Ex. 34.6s). A diferencia de todos los dem\u00e1s maestros de moral, Dios es absolutamente consecuente. \u00c9l es la expresi\u00f3n de su propia voluntad.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(<i>b<\/i>) <i>La fuente del conocimiento moral es la revelaci\u00f3n<\/i>. Seg\u00fan la Biblia, el conocimiento del bien y del mal no es tanto objeto de investigaci\u00f3n filos\u00f3fica como aceptaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n divina. Como lo expresa Pablo, el conocimiento de la voluntad de Dios (lo cual equivale a descubrir lo que es correcto) se adquiere a trav\u00e9s de la instrucci\u00f3n en su ley (Ro. 2.18). As\u00ed que mientras el fil\u00f3sofo moralista investiga sus datos con el fin de llegar a conclusiones sensatas, los escritores b\u00edblicos se conforman con declarar la voluntad revelada de Dios, sin sentir la necesidad de justificar sus opiniones.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(<i>c<\/i>) <i>La ense\u00f1anza moral se expresa en forma de mandamientos y no de afirmaciones<\/i>. Exteriormente, la diferencia m\u00e1s notable entre la Biblia y un texto secular de \u00e9tica es la manera en que se transmite la ense\u00f1anza moral. Para encontrar argumentos razonados para las exigencias \u00e9ticas en la Biblia, se debe recurrir casi exclusivamente a la literatura sapiencial en el AT (cf. Pr. 5.1ss). En otras partes de las Escrituras los juicios morales se declaran lisa y llanamente, sin argumentaci\u00f3n razonada. El fil\u00f3sofo que no apoya sus opiniones con argumentos bien defendidos no puede esperar que la gente lo escuche con seriedad. Pero los escritores b\u00edblicos, desde el momento que estaban convencidos de estar transmitiendo la voluntad de Dios, no sintieron ninguna necesidad de emplear argumentos l\u00f3gicos para apoyar sus mandamientos morales.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(<i>d<\/i>) <i>La demanda \u00e9tica b\u00e1sica es la de imitar a Dios<\/i>. Como Dios sintetiza el bien en su propia persona, el supremo ideal del hombre, de acuerdo a la Biblia, es el de imitarle. Esto se refleja en el estribillo del AT, \u201cser\u00e9is santos, porque yo soy santo\u201d (Lv. 11.44s, etc,); y en la manera en que grandes y antiguas palabras del pacto como <\/span><span style=''>&#7717;ese&#7695;<\/span><span lang=ES style=''> (\u201cmisericordia\u201d) y <\/span><span style=''>&#723;<sup>e<\/sup>m\u00fbn\u00e2h<\/span><span lang=ES style=''> (\u201cfidelidad\u201d) se usan para describir el car\u00e1cter de Dios y, a la vez, sus exigencias morales para el hombre. Tambi\u00e9n en el NT se hace referencia a la misma idea. Los cristianos deben desplegar la misericordia de su Padre celestial, dijo Jes\u00fas, y tambi\u00e9n su perfecci\u00f3n moral (Lc. 6.36; Mt. 5.48). Y porque Jes\u00fas lleva \u201cla imagen misma de su sustancia\u201d (He. 1.3), la invitaci\u00f3n a imitarle llega con la misma fuerza (cf. 1 Co. 11.1). Nos hacemos imitadores del Padre en la medida en que manifestamos en nuestra vida el amor del Hijo (Ef. 5.1s).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(<i>e<\/i>) <i>La religi\u00f3n y la \u00e9tica son inseparables<\/i>. Toda tentativa de introducir una cu\u00f1a entre los preceptos morales de la Biblia y su ense\u00f1anza religiosa fracasa. Debido al hecho de que la \u00e9tica b\u00edblica es teoc\u00e9ntrica, la ense\u00f1anza moral de las Escrituras pierde su credibilidad toda vez que se le quita su apoyatura religiosa (cf., p. ej., las Bienaventuranzas, Mt. 5.3ss). La religi\u00f3n y la \u00e9tica est\u00e1n relacionadas como lo est\u00e1n los cimientos y el edificio que se asienta en ellos. Por ejemplo, las demandas morales del Dec\u00e1logo se apoyan en el hecho de la actividad redentora de Dios (Ex. 20.2); y buena parte de la ense\u00f1anza moral de Jes\u00fas se presenta como deducci\u00f3n basada en premisas religiosas (cf. Mt. 5.43ss). El mismo principio est\u00e1 bien ilustrado en la estructura literaria de las ep\u00edstolas paulinas. Al mismo tiempo que presenta ejemplos espec\u00edficos de ense\u00f1anza moral basada en fundamentos religiosos (p. ej. 1 Co. 6.18ss; 2 Co. 8.7ss; Fil. 2.4ss), Pablo estructura sus cartas para seguir el mismo modelo. Una secci\u00f3n teol\u00f3gica principal cuidadosamente presentada sirve como trampol\u00edn para un claro agregado \u00e9tico final (cf., <etiqueta id=\"#_ftn713\" name=\"_ftnref713\" title=\"\">esp., Ro., Ef., Fil.). La \u00e9tica cristiana nace de la doctrina cristiana, y son inseparables.<\/etiqueta><\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>II. El Antiguo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>(<i>a<\/i>) <i>El pacto<\/i>. El pacto que Dios formaliz\u00f3 con Israel por intermedio de Mois\u00e9s (Ex. 24) tuvo significaci\u00f3n \u00e9tica directa y trascendental. Particularmente, la nota fundamental de la gracia, manifestada primeramente en la elecci\u00f3n que hizo Dios en cuanto al socio para su pacto (Dt. 7.7s; 9.4), determina el tema para toda la ense\u00f1anza moral del AT.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La gracia de Dios propone el motivo principal para la obediencia a sus mandamientos. Las apelaciones a manifestar temor reverencial no est\u00e1n ausentes por cierto en el AT (cf. Ex. 22.22ss), pero es m\u00e1s frecuente que la gracia provea el mayor est\u00edmulo al buen comportamiento. Los hombres, en su car\u00e1cter de socios del pacto celebrado con Dios, son invitados a responder con gratitud a los actos de amor inmerecido realizados por \u00e9l anteriormente; son llamados a hacer su voluntad en se\u00f1al de gratitud por su gracia, antes que a someterse atemorizados por amenazas de castigo. Por consiguiente, los esclavos deb\u00edan ser tratados con generosidad porque Dios manifest\u00f3 generosidad hacia los esclavos hebreos en Egipto (Dt. 15.12ss). Los comerciantes no deb\u00edan usar pesas falsas en sus balanzas, recordando que fue el Dios de toda justicia el que redimi\u00f3 a sus antepasados (Lv. 19.36). Los extranjeros deb\u00edan de ser tratados con la misma bondad que el Se\u00f1or de la gracia manifest\u00f3 para con su pueblo: \u201cPorque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto\u201d (Lv. 19.33s). En una palabra, la demanda de Dios en el pacto es esta: \u201cGuardad\u2026 mis mandamientos, y cumplidlos\u201d, porque \u201cyo Jehov\u00e1 \u2026 os saqu\u00e9 de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios\u201d (Lv. 22.31ss).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El pacto tambi\u00e9n alentaba una intensa conciencia de solidaridad corporativa en Israel. Su efecto no era s\u00f3lo el de unir al individuo a Dios, sino tambi\u00e9n el de reunir a todos los miembros del pacto en una sola comunidad (cf. el lenguaje que utiliza Pablo para describir el efecto del nuevo pacto en Ef. 2.11ss). La repetici\u00f3n de la frase \u201ccarne y hueso\u201d en la Biblia ilustra gr\u00e1ficamente este principio; utilizada primeramente con referencia a la relaci\u00f3n de una persona con otra en Gn. 2.23, pod\u00eda aplicarse por un individuo a su familia extendida (Jue. 9.1s), por la naci\u00f3n al declarar su lealtad a su conductor (2 S. 5.1) y aun\u2014m\u00e1s tarde\u2014por un jud\u00edo al describir su parentesco con su raza (Ro. 11.14). De manera que cuando un hombre transgred\u00eda uno de los mandamientos de Dios, toda la comunidad quedaba comprometida con su pecado (Jos. 7.1ss); y cuando alguien pasaba por momentos dif\u00edciles, todos sent\u00edan la obligaci\u00f3n de acudir en su ayuda.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>De ah\u00ed el marcado acento que el AT pone en la \u00e9tica social. La solidaridad corporativa conduc\u00eda de inmediato a la preocupaci\u00f3n por el pr\u00f3jimo. En esa \u00edntima unidad comunitaria cada individuo era importante. Los pobres ten\u00edan los mismos derechos que los ricos, porque todos estaban amparados por el mismo pacto. Los miembros m\u00e1s d\u00e9biles de la sociedad estaban especialmente protegidos (cf. las disposiciones espec\u00edficas de Ex. 22 y 23, con sus resguardos para la viuda, el hu\u00e9rfano, el extranjero, y los pobres).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(<i>b<\/i>) <i>La ley<\/i>. El pacto proporcion\u00f3 el contexto para la dispensaci\u00f3n de las leyes por parte de Dios. En consecuencia, un rasgo distintivo de la ley del AT era su \u00e9nfasis en el mantenimiento de relaciones correctas. Su principal inter\u00e9s era el de no levantar una cerca en torno a ideales \u00e9ticos abstractos, sino el de cimentar buenas relaciones entre una persona y otra, y entre las personas y Dios. Por ello la mayor\u00eda de sus preceptos espec\u00edficos se expresan en segunda persona y no en tercera. De ah\u00ed, tambi\u00e9n, la actitud netamente positiva y c\u00e1lida que adoptan aquellos que est\u00e1n bajo la ley hacia el cumplimiento de la misma (cf. Sal. 19.7ss; 119.33ss, 72); y el reconocimiento de que la consecuencia m\u00e1s seria resultante del quebrantamiento de la ley no era un castigo material, sino el deterioro inevitable de las relaciones entre las partes (cf. Os. 1.2).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El punto central de la ley son los Diez Mandamientos (Ex. 20.3ss; Dt. 5.7ss), ya que se refieren a las m\u00e1s fundamentales de todas las relaciones. Ning\u00fan resumen podr\u00eda ser m\u00e1s completo. Establecen la santidad b\u00e1sica que gobierna todo cuanto tiene que ver con las creencias, el culto, y la vida: la santidad del ser mismo de Dios, el culto que se le rinde, su nombre, y su d\u00eda; y la santidad del matrimonio y de la familia, de la vida, la propiedad, y la verdad. El contexto dentro del cual se promulgan es el de la redenci\u00f3n (Ex. 20.2), y su pertinencia no ha terminado con la venida de Cristo (Mt. 5.17ss; Ro. 13.9; Stg. 2.10s).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Adem\u00e1s de ser fruto de la obra redentora de Dios, el Dec\u00e1logo tiene profundas ra\u00edces en las ordenanzas de la creaci\u00f3n de Gn. 1 y 2. Estas son las ordenanzas de la procreaci\u00f3n y la responsabilidad administrativa sobre el resto de la creaci\u00f3n (Gn. 1.28); el d\u00eda del reposo (Gn. 2.2s); el trabajo (Gn. 2.15), y el matrimonio (Gn. 2.24). Juntos (como el Dec\u00e1logo), se refieren a todas las \u00e1reas fundamentales de la vida y del comportamiento de los seres humanos, y proveen normas b\u00e1sicas para aquellos que buscan un estilo de vida que concuerde con el ideal del Creador.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La ca\u00edda del hombre en el pecado nada hizo para abrogar estas ordenanzas. En el resto de las Escrituras se recalca su permanente aplicabilidad (cf. Gn. 3.16, 19; 4.1\u20132, 17, 25; 5.1ss; 9.7). Pero en realidad la ca\u00edda del hombre afect\u00f3 materialmente el contenido espec\u00edfico de la ley del AT. Adem\u00e1s de las sanciones penales, fue necesario incorporar nuevas disposiciones para hacer frente a la situaci\u00f3n radicalmente diferente creada por el pecado. El permiso otorgado por Mois\u00e9s para el divorcio (Dt. 24.1ss) viene muy bien al caso. Esta disposici\u00f3n fue una concesi\u00f3n divina para las relaciones matrimoniales seriamente afectadas por los estragos del pecado, y de ninguna manera la anulaci\u00f3n de la ordenanza matrimonial establecida en la creaci\u00f3n (Gn. 2.24; cf. Mt. 19.3ss). Tanto aqu\u00ed como en otros lugares, debemos cuidarnos de no confundir la tolerancia de Dios con su aprobaci\u00f3n; de la misma manera en que siempre debemos hacer una clara distinci\u00f3n entre la \u00e9tica b\u00edblica y cierto comportamiento equ\u00edvoco del pueblo de Dios registrado en la Biblia.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(<i>c<\/i>) <i>Los profetas<\/i>. Los profetas del ss. VIII han sido aptamente denominados \u201clos pol\u00edticos del pacto\u201d. Desde los tiempos de Mois\u00e9s las condiciones sociales hab\u00edan variado dram\u00e1ticamente. Los contempor\u00e1neos de Am\u00f3s ten\u00edan casas de veraneo adem\u00e1s de casas de invierno. El comercio en gran escala era floreciente. Hab\u00eda especulaci\u00f3n financiera, y los prestamistas operaban en gran escala. Se arreglaban alianzas e intercambios culturales con naciones extranjeras. Aparentemente, las leyes emanadas del pacto poca ayuda pod\u00edan ofrecer a aquellos que luchaban con los dilemas morales en un medio vastamente diferente. Pero los profetas se ocuparon de interpretar la ley, profundizando hasta llegar a sus principios b\u00e1sicos, y aplicando esos principios a los problemas morales concretos de su d\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>En particular, se hicieron eco de la profunda preocupaci\u00f3n de la ley en cuanto a la aplicaci\u00f3n de la justicia social. Reflejando con mucha precisi\u00f3n el esp\u00edritu de preocupaci\u00f3n del pacto por los d\u00e9biles, Am\u00f3s y Oseas desollan a aquellos que venden a los necesitados por un par de zapatos, aceptan soborno, usan pesas y medidas falsas, o en una palabra oprimen a los pobres (Am. 2.6; 5.12; Mi. 6.11). Juntamente con Isa\u00edas y Oseas, atacan de manera particularmente enfurecida a aquellos que procuran ocultar sus fracasos morales bajo una apariencia de observancias religiosas (Is. 1.10ss; Os. 6.6). Declaraban con palabras atronadoras que a Dios le resultaban nauseabundos los d\u00edas festivos y las salmodias mientras florec\u00edan la injusticia y la iniquidad (Am. 5.21ss). El caminar humildemente a su lado comprende la pr\u00e1ctica de la justicia y la misericordia (Mi. 6.8).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Los profetas tambi\u00e9n correg\u00edan cualquier desequilibrio que pudiera resultar del cumplimiento de las leyes del pacto. Por ejemplo, el acento que pone el pacto en la solidaridad corporativa puede haber enturbiado, en la mente de algunos, el concepto de la responsabilidad personal. Por ello Ezequiel, especialmente, pone mucho empe\u00f1o en se\u00f1alar que a los ojos de Dios cada individuo es moralmente responsable de sus acciones; nadie puede sencillamente echar la culpa de su mal proceder a la herencia y al ambiente (Ez. 18.20ss). Adem\u00e1s, la preocupaci\u00f3n especial de Dios para con Israel hab\u00eda fomentado en algunos un tipo de nacionalismo malsano y estrecho que los indujo a despreciar a los extranjeros. Los profetas aplicaban el necesario correctivo insistiendo en que las normas morales divinas se aplican en forma equilibrada. Su amor abraza tanto a los et\u00edopes como a los israelitas (Am. 9.7), e Israel no ha de escapar de su juicio por el pecado alegando su posici\u00f3n especial como pueblo escogido del Se\u00f1or; m\u00e1s aun, dice Am\u00f3s, un conocimiento privilegiado de Dios trae aparejadas mayores responsabilidades y riesgos m\u00e1s grandes (Am. 1.1\u20133.2).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>La enormidad del pecado, y la inmensidad de la sima existente entre el santo Dios y los hombres pecadores, impresionaron profundamente a los profetas (cf. Hab. 1.13; Is. 6.3ss). Sin alguna acci\u00f3n especial de la gracia divina, sab\u00edan que no era posible construir ning\u00fan puente a trav\u00e9s de esa brecha (cf. Jer. 13.23). La renovaci\u00f3n del hombre depend\u00eda de la actividad del Esp\u00edritu de Dios (Ez. 37.1ss), y de un nuevo tipo de ley que Dios mismo escribir\u00eda en los corazones de su pueblo (Jer. 31.31ss).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><b><span lang=ES style=''>III. El Nuevo Testamento<\/span><\/b><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;line-height: normal'><span lang=ES style=''>(<i>a<\/i>) <i>Los evangelios<\/i>. Jes\u00fas evidenci\u00f3 gran respeto hacia la ley moral del AT; no vino a abolirla sino a cumplirla (Mt. 5.17ss). Pero \u00e9l mismo no ense\u00f1aba como un legislador. Aun cuando expres\u00f3 muchas de sus ense\u00f1anzas morales mediante imperativos (p. ej. Mt. 5.39ss; Mr. 10.9), y ense\u00f1aba con la autoridad de un legislador (cf. Mt. 7.24ss; Mr. 1.22), no era su prop\u00f3sito formular un c\u00f3digo completo de reglas para la vida moral. La ley prescribe o proh\u00edbe ciertas cosas espec\u00edficas; a Jes\u00fas le interesaba dar a conocer e ilustrar el car\u00e1cter general de la voluntad de Dios. La ley se ocupa de las acciones; Jes\u00fas se ocup\u00f3 mucho m\u00e1s del car\u00e1cter y los m\u00f3viles que inspiran las acciones.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El an\u00e1lisis que hac\u00eda Jes\u00fas de las exigencias de la ley est\u00e1 bien ilustrado en el Serm\u00f3n del monte. La ley prohib\u00eda el homicidio y el adulterio. Jes\u00fas (sin condonar, naturalmente, ni lo uno ni lo otro) pon\u00eda el dedo en los pensamientos y las actitudes que estaban por detr\u00e1s de las acciones. El hombre que abrigaba un odio particular hacia su pr\u00f3jimo, o mentalmente desvestia a la esposa de este, movido por su concupiscencia, no pod\u00eda, ense\u00f1aba Jes\u00fas, eludir la culpa moral alegando que no hab\u00eda transgredido la letra de la ley (Mt. 5.21s, 27s). Las Bienaventuranzas, con las que comienza el Serm\u00f3n (<etiqueta id=\"#_ftn714\" name=\"_ftnref714\" title=\"\">vv. 3ss), subrayan este mismo punto. No constituyen una lista de reglas, sino un conjunto de felicitaciones dirigidas a aquellos cuya vida ejemplifica actitudes piados<\/etiqueta>as. A la inversa, los pecados que Jes\u00fas condena son principalmente los del esp\u00edritu, no los de la carne. Sorprendentemente, tiene poco que decir (p. ej.) sobre la inconducta sexual. En dos ocasiones cuando se le plantearon casos de pecado sexual (Lc. 7.37ss; Jn. 8.3ss) deliberadamente desvi\u00f3 la atenci\u00f3n hacia la mala intenci\u00f3n de los denunciantes. Reservaba sus m\u00e1s hirientes reproches para las actitudes impropias de la mente y del coraz\u00f3n, como ser, la ceguera moral, la insensibilidad, y el orgullo (Mt. 7.3ss; Mr. 3.5; Lc. 18.9ss).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El modo en que Jes\u00fas ve el amor provee otra ilustraci\u00f3n sobre la manera en que reforzaba y elaboraba la ense\u00f1anza moral del AT. Ambas partes de su conocida s\u00edntesis de la ley resumida en el amor (Mr. 12.28ss) fueron tomadas directamente de las p\u00e1ginas del AT (Dt. 6.4; Lv. 19.18). Pero se manifest\u00f3 en contra de las convicciones raciales de muchos de sus contempor\u00e1neos, con su interpretaci\u00f3n radical del segundo de estos mandamientos. Con demasiada frecuencia la frase \u201camar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo\u201d se tomaba con el sentido de \u201camar\u00e1s al pr\u00f3jimo comprendido en el pacto, y a nadie m\u00e1s\u201d. Por medio (especialmente) de la par\u00e1bola del buen samaritano (Lc. 10.29ss), Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 que el amor al pr\u00f3jimo debe extenderse a cualquier persona que necesite ayuda, con prescindencia de raza, credo, o cultura. Universaliz\u00f3 las demandas del amor.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Al exponer su posici\u00f3n sobre el amor al pr\u00f3jimo, Jes\u00fas se\u00f1al\u00f3 la gracia como su caracter\u00edstica distintiva. Otras clases de amor\u2014todas ellas tratadas positivamente en el NT\u2014o son respuestas a algo atractivo en la persona amada (como ocurre con el deseo f\u00edsico y la amistad), o la clase de amor que se limita a los miembros de un grupo (como la devoci\u00f3n familiar). El verdadero amor al pr\u00f3jimo, ense\u00f1\u00f3 Jes\u00fas, funciona con independencia de toda cualidad amable en la persona objeto de ese amor. Lo despierta la necesidad, no el m\u00e9rito, y no busca la reciprocidad (Lc. 6.32ss; 14.12ss). Tampoco se limita a ciertos grupos. Y en todas estas formas refleja el amor de Dios (Jn. 3.16; 13.34; Lc. 15.11ss; cf., G\u00e1. 2.20; 1 Jn. 4.7ss).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Cuando el escriba respondi\u00f3 entusiastamente al resumen que Jes\u00fas hizo de la ley, la r\u00e9plica del Se\u00f1or fue: \u201cNo est\u00e1s lejos del reino de Dios\u201d (Mr. 12.34). De manera que adem\u00e1s de ser el elemento fundamental de la ley de Dios, el amor es la puerta de entrada a su reino, y las ense\u00f1anzas de Jes\u00fas respecto al reino est\u00e1n colmadas de significaci\u00f3n \u00e9tica. Los que entran en el reino son aquellos que se someten al gobierno de Dios; cuando llega su reino, se cumple su voluntad. Dios da a los que forman parte de su reino direcci\u00f3n y poder reales para poner en pr\u00e1ctica decisiones \u00e9ticas acertadas.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Es esta disponibilidad de un poder moral sobrenatural lo que justifica algunas de las demandas que hiciera Jes\u00fas, y que de otra manera resultan de imposible cumplimiento (cf. Mt. 5.48). Jes\u00fas no era ning\u00fan triunfalista (el arrepentimiento se asocia tambi\u00e9n con el reino, Mr. 1.15), pero la mayor\u00eda de sus imperativos morales estaban dirigidos a aquellos que ya formaban parte del reino, con la impl\u00edcita seguridad de que todos los que se someten al dominio de Dios pueden compartir su poder para convertir en acci\u00f3n sus convicciones \u00e9ticas.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Dado que el reino es una realidad presente en Cristo, la gu\u00eda y el poder del Rey est\u00e1n disponibles aqu\u00ed y ahora. Pero debido al hecho de que tambi\u00e9n hay un sentido en que la plenitud de la venida del reino sigue siendo inminente, hay tambi\u00e9n una sostenida nota de urgencia en la ense\u00f1anza moral de Jes\u00fas. Cuando el gobierno de Dios sobre los hombres sea plenamente revelado habr\u00e1 un juicio, y s\u00f3lo un necio har\u00eda caso omiso de la nota de advertencia que emite el reino (cf. Lc. 12.20). De ah\u00ed el llamado del evangelio al arrepentimiento (Mt. 4.17).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>(<i>b<\/i>) <i>El resto del Nuevo Testamento<\/i>. Como es de esperar, las ep\u00edstolas ofrecen claros paralelos con la ense\u00f1anza moral de los evangelios, aun cuando resulta sorprendente que en pocas ocasiones citan las palabras de Jes\u00fas (cf. 1 Co. 7.10; 9.14). Pero porque fueron escritas como respuestas pr\u00e1cticas a preguntas urgentes emanadas de iglesias vivientes, el tono de sus ense\u00f1anzas morales es ligeramente diferente. Al consultar los evangelios parecer\u00eda que la ense\u00f1anza de Jes\u00fas giraba principalmente en torno a amplios principios generales, dejando que sus oyentes sacaran sus propias aplicaciones. Contrariamente, en las ep\u00edstolas las aplicaciones a menudo se hacen en t\u00e9rminos muy espec\u00edficos. El pecado sexual, por ejemplo, se analiza en forma bastante detallada (cf. 1 Co. 6.9; 2 Co. 12.21), y los pecados de la lengua reciben un trato detallado similar (cf. Ro. 1.29s; Ef. 4.29; 5.4; Col. 3.8; Stg. 3.5ss).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Otro aspecto distintivo de la ense\u00f1anza \u00e9tica de las ep\u00edstolas es la reaparici\u00f3n de los as\u00ed llamados c\u00f3digos dom\u00e9sticos (Ef. 5.22ss; Col. 3.18ss; 1 Ti. 2.8ss; Tit. 2.2ss; 1 P. 2.18ss). Estas son peque\u00f1as porciones de ense\u00f1anza sobre las relaciones correctas, especialmente en el matrimonio, en el hogar, y en el trabajo. Est\u00e1n escritas en un tono notablemente conservador, lo mismo que ciertas secciones paralelas sobre las relaciones entre creyentes y autoridades seculares (cf. Ro. 13.1ss; Tit. 3.1; 1 P. 2.13s). Por muy entusiastas que fueran los primitivos cristianos en su expectativa de la consumaci\u00f3n del reino de Dios, es evidente que su entusiasmo no los llev\u00f3 a rechazar las estructuras b\u00e1sicas de autoridad sobre las que se funda la vida de la sociedad. Aun en el libro de Apocalipsis, donde el velo del lenguaje apocal\u00edptico que cubre la condenaci\u00f3n por Juan del gobierno secular de Roma es claramente transparente, los santos son llamados a ser m\u00e1rtires y no revolucionarios. No obstante, el germen de los cambios sociales est\u00e1 presente en el NT, especialmente con respecto a las relaciones que son invitados a fomentar los cristianos entre s\u00ed en la iglesia (cf. G\u00e1. 3.28).<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>El tema del reino no se destaca tanto en las ep\u00edstolas como en los evangelios, pero se evidencia el mismo \u00e9nfasis en cuanto a la necesidad que tiene el hombre de la gu\u00eda y el poder de Dios en lo que respecta a la vida moral. En las palabras de Pablo, la uni\u00f3n con Cristo (2 Co. 5.17), y la presencia interior del Esp\u00edritu (Fil. 2.13), elevan la vida moral del cristiano a un plano distinto. Alimentado por la Palabra de Dios (He. 5.14), el creyente redimido recibe una mayor medida de perspicacia para discernir entre el bien y el mal (cf. Ro. 12.2); y siendo que el Esp\u00edritu mora en \u00e9l, dispone de un nuevo poder para hacer lo que sabe que debe hacer.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>Se dice, a veces, que debido a su rebeli\u00f3n en contra del legalismo jud\u00edo, y alentado por su confianza en el poder del Esp\u00edritu para informar y transformar al creyente cristiano, Pablo (especialmente) sosten\u00eda que la ley moral del AT se hab\u00eda vuelto obsoleta en Cristo. Efectivamente, hay pasajes en las ep\u00edstolas que, tomados aisladamente, podr\u00edan sugerir este punto de vista (p. ej. G\u00e1. 3.23ss; Ro. 7.6; 10.4; 2 Co. 3.6), pero es importante reconocer que Pablo usa la palabra \u201cley\u201d de distintas maneras. Donde la utiliza telegr\u00e1ficamente para referirse a la \u201cjustificaci\u00f3n por la ley\u201d (p. ej. Ro. 10.4), es evidente que considera tanto obsoleto como peligroso para el cristiano el procurar vivir por la ley. Pero donde usa la palabra simplemente para indicar la expresi\u00f3n de la voluntad de Dios (p. ej. Ro. 7.12) se vuelve mucho m\u00e1s positivo. Sin turbaci\u00f3n alguna cita el Dec\u00e1logo (p. ej. Ef. 6.2s), y escribe con libertad acerca de un principio legal que se hace efectivo en la vida cristiana (Ro. 8.2; 1 Co. 9.21; G\u00e1. 6.2; cf. Stg. 1.25; 2.12). Aqu\u00ed, como en otras partes, las ense\u00f1anzas del NT encajan con las del AT. Hasta donde contiene las demandas morales b\u00e1sicas de Dios, la ley mantiene su validez, porque s\u00f3lo \u00e9l expresa en su persona y voluntad todo lo que es bueno y justo.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=';text-transform:uppercase'>Bibliograf\u00eda.<\/span><span lang=ES style=''> \u00b0R. Schnackenburg, <i>El testimonio moral del Nuevo Testamento<\/i>, 1965; W. Kornfeld, R. Schnackenburg, \u201cEtica b\u00edblica\u201d, Sacramentum mundi, 1972, t(t). II, pp. 923\u2013937; C. Tresmontant, <i>La doctrina moral de los profetas<\/i>, 1962; G. von Rad, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1978, t(t). I, pp. 247\u2013278; t(t). II, pp. 501\u2013529; \u00b0W. Eichrodt, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1975, t(t). II, pp. 317\u2013378; P. van Imschodt, <i>Teolog\u00eda del Antiguo Testamento<\/i>, 1969, pp. 433\u2013661; H. Ridderbos, <i>El pensamiento del ap\u00f3stol Pablo<\/i>, 1979, pp. 219\u2013383; H. H. Rowley, <i>La fe de Israel<\/i>, 1973, pp. 119\u2013143; K. H. Schelkle, <i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1975, t(t). III; M. Garc\u00eda Cordero, <i>Teolog\u00eda de la Biblia<\/i>, 1970, t(t). I, pp. 583\u2013656; E. C. Gardner, <i>Fe b\u00edblica e \u00e9tica social<\/i> (en portugu\u00e9s), 1965; F. Lacueva, <i>\u00c9tica cristiana<\/i>, 1975; J. E. Giles, <i>Bases b\u00edblicas de la \u00e9tica<\/i>, 1966; F. Stagg, <i>Teolog\u00eda del Nuevo Testamento<\/i>, 1976, pp. 273\u2013298; \u00b0J. H. Yoder, <i>Jes\u00fas y la realidad pol\u00edtica<\/i>, 1985.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal style='margin-bottom:0cm;margin-bottom:.0001pt;text-indent: 18.0pt;line-height:normal'><span lang=ES style=''>A. B. Bruce, <i>The Ethics of the Old Testament<\/i>, 1909; C. H. Dodd, <i>Gospel and Law<\/i>, 1951; W. Eichrodt, <i>The Theology of the Old Testament<\/i>, 2, 1967; D. H. Field, <i>Free To Do Right<\/i>, 1973; N. L. Geisler, Ethics, 1971; C. F. H. Henry, <i>Christian Personal Ethics<\/i>, 1957; W. Lillie, <i>Studies in New Testament Ethics<\/i>, 1961; T. W. Manson, <i>Ethics and the Gospel<\/i>, 1960; L. H. Marshall, <i>The Challenge of New Testament<\/i> <i>Ethics<\/i>, 1966; J. Murray, <i>Principles of Conduct<\/i>, 1957; A. Nygren, <i>Agape and Eros<\/i>, 1953; R. Schnackenburg, <i>The Moral Teaching of the New Testament<\/i>, 1965; G. F. Thomas, <i>Christian Ethics and Moral Philosophy<\/i>, 1955; A. R. Vidler, <i>Christ\u2019s Strange Work<\/i>, 1963; J. W. Wenham, <i>The Goodness of God<\/i>, 1974; J. H. Yoder, <i>The Politics of Jesus<\/i>, 1972.<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;' class=MsoNormal align=right style='text-align:right;line-height:normal'><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><etiqueta id=\"#_ftn715\" name=\"_ftnref715\" title=\"\"><span lang=ES style='font-size:10.0pt; ;color:green'>D.H.F.<\/span><\/etiqueta><span lang=ES style='font-family:\"Tahoma\",sans-serif'>&#65279;<\/span><\/p>\n<p style='text-align:justify;'>Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades B\u00edblicas Unidas.<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario B\u00edblico<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. El principio distintivo Lo distintivo de la ense\u00f1anza \u00e9tica de la Biblia est\u00e1 bien ilustrado por la derivaci\u00f3n de las palabras mismas, \u201c\u00e9tica\u201d y \u201cmoral\u201d. Ambas se originan en ra\u00edces (griegas y latinas) que significan \u201ccostumbre\u201d. 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