{"id":22471,"date":"2016-02-05T15:24:44","date_gmt":"2016-02-05T20:24:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/abandono-en-el-estoicismo-y-budismo\/"},"modified":"2016-02-05T15:24:44","modified_gmt":"2016-02-05T20:24:44","slug":"abandono-en-el-estoicismo-y-budismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/abandono-en-el-estoicismo-y-budismo\/","title":{"rendered":"ABANDONO EN EL ESTOICISMO Y BUDISMO"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 \u00bfAbandono en el estoicismo y el budismo?<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 El Dios de Epicteto le confiere la \u201cexperiencia\u201d de su \u201ctrascendente\u201d filantrop\u00eda<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Tentado de quejarse, Epicteto el sabio reh\u00fasa toda queja<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 En varias ocasiones, Epicteto practica y aconseja el abandono<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Conclusi\u00f3n: \u00bfHabr\u00eda elaborado Epicteto la primera espiritualidad no b\u00edblica del abandono a la Providencia?\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-6\">5.1 Elemetos de una espiritualidad de abandono en el budismo amidista<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">6 NOTAS<\/li>\n<\/ul>\n<h1>\u00bfAbandono en el estoicismo y el budismo?<\/h1>\n<p>  Fil\u00f3sofo estoico epictetoEpicteto y el budismo amidista presentan parecidos en sus ense\u00f1anzas con la visi\u00f3n cristiana del abandono al Dios salvador, pero tambi\u00e9n presentan diferencias. Ambos son posteriores a Cristo Jes\u00fas en el orden hist\u00f3rico. Se puede ver en ellos, tambi\u00e9n, las disposiciones de la Providencia de Cristo sobre la historia de la humanidad; la preparaci\u00f3n al anuncio y a la aceptaci\u00f3n de su Evangelio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de la diferencia de tiempos, de lugares y de contexto cultural que los separa, uno y otro se distinguen por tendencias pante\u00edstas, e inclusive idol\u00e1tricas. Esas orientaciones no suprimen, sin embargo, el rol que pueden jugar, por la iluminaci\u00f3n del Verbo concedida a todo hombre que viene al mundo, para preparar de lejos el acto de fe en su misi\u00f3n de salvaci\u00f3n. De ah\u00ed, la posibilidad de reunir en un mismo cap\u00edtulo estas dos escuelas de pensamiento y de acci\u00f3n espiritual\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esclavo y fil\u00f3sofo, este maestro espiritual no cristiano vivi\u00f3 bajo la era cristiana entre 50 y 130 a\u00f1os despu\u00e9s de Cristo. Como Jes\u00fas, Epicteto no escribi\u00f3 nada, pero nos ha dejado &#8211; gracias a la diligencia de uno de sus disc\u00edpulos, Arriano &#8211; sus Conversaciones y su Manual. Aunque conoci\u00f3 a los cristianos, por lo dem\u00e1s poco favorablemente, nada indica un rol del cristianismo en el g\u00e9nesis conceptual de su pensamiento, al mismo tiempo que todo mueve a ver en la gracia de Cristo la fuente primera e inmediata de su extraordinario abandono a la Providencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En nuestro siglo, varios autores[1] han analizado y admirado este abandono, reacci\u00f3n de la persona humana frente a un Dios que no lo abandona pero que exige que estemos listos a volvernos \u201cindiferentes frente a las cosas indiferentes\u201d. Ning\u00fan otro autor no b\u00edblico ha ejercido semejante influencia sobre ciertos aspectos del abandono cristiano tales como se manifiestan desde el Renacimiento. Se ha reconocido que Epicteto hab\u00eda propuesto Ejercicios \u00e9ticos que maduraron en los Ejercicios espirituales (y sacramentales) de Ignacio de Loyola.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siguiendo el pensamiento de Epicteto sobre la Providencia, abandono e indiferencia, nos dispondremos &#8211; admirando siempre su magnitud &#8211; a percibir por contraste la Mediaci\u00f3n de Cristo en el abandono cristiano.\n<\/p>\n<h1>El Dios de Epicteto le confiere la \u201cexperiencia\u201d de su \u201ctrascendente\u201d filantrop\u00eda<\/h1>\n<p>  Partiendo de una visi\u00f3n estoica com\u00fan, Epicteto la supera en su manera de aproximarse a lo divino. Superficialmente polite\u00edsta, se alza sin cesar hacia un Dios supremo. \u201cSi usa indiferentemente el singular y el plural para designar la divinidad, y esto en una misma frase, el singular es sin embargo m\u00e1s frecuente. Su monote\u00edsmo es c\u00f3smico: cree en un Dios \u00fanico inmanente al mundo, los dioses del pante\u00f3n popular no son m\u00e1s que sus diversos nombres, gusta de llamar Zeus a este Dios.[2] <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De ah\u00ed la siguiente ense\u00f1anza: \u201cLa primera cosa que hay que aprender es: hay un Dios y ejerce su Providencia sobre el universo. Es imposible ocultarle no solamente sus acciones sino inclusive sus intenciones y sus pensamientos\u201d[3]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hombre debe ser un \u201cimitador de Dios\u201d, el imitador de la fidelidad divina, libre, benefactora y generosa.\u201d[4]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La virtud consiste esencialmente en la adhesi\u00f3n al orden del mundo, expresi\u00f3n de la voluntad divina. La verdadera fuente de la espiritualidad de Epicteto brota de su creencia en la racionalidad del mundo y en la Providencia divina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este Dios Providente se inclina de alguna manera hacia los hombres y dispone todas las cosas en su favor. Las pruebas de la bondad de Dios abundan y basta para descubrirlas una inteligencia penetrante y un coraz\u00f3n agradecido: \u201cCon ocasi\u00f3n de los diversos sucesos que se producen en el mundo, es f\u00e1cil alabar a la Providencia si se posee la facultad de comprender lo que acontece a cada uno y el sentimiento de la gratitud\u201d[5]  Sus sufrimientos de esclavo no conducen, en Epicteto, a una negaci\u00f3n de la bondad y de la providencia de Dios, sino todo lo contrario.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otro lado, nada hay en la concepci\u00f3n que Epicteto ten\u00eda de la libertad y de su libertad, que le impidiese complacerse en su condici\u00f3n de esclavo: \u201cNo tenemos el poder de sustraernos al destino, al curso fatal de las cosas, pero teniendo la libertad del juicio, de tomar las cosas como vienen, en lugar de sublevarnos contra ellas, tenemos el poder de preservarnos de la aflicci\u00f3n, de asegurar nuestro contento.\u201d[6] Es necesario, sin duda, ir m\u00e1s lejos: Epicteto sab\u00eda que no deb\u00eda su talento sino su desarrollo filos\u00f3fico a la generosidad de su amo Epafrodito, que le permiti\u00f3 seguir las lecciones del fil\u00f3sofo estoico Musonio Rufus, antes de libertarlo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tendr\u00edamos que preguntarnos c\u00f3mo Epicteto sintetizaba su fatalismo y el ejercicio de su libertad en el abandono a la Providencia; pero fluye de los textos citados que hay un problema que se plantea m\u00e1s inmediatamente: si para \u00e9l hay identidad entre Dios y el alma racional,[7] si el hombre es un fragmento de Dios,[8] &#8211; en armon\u00eda con el estoicismo interior- \u00bfc\u00f3mo puede decirnos (y en varias ocasiones) que \u201cDios nos ha creado para nuestra felicidad\u201d[9] e insinuar as\u00ed una trascendencia del Ser divino con relaci\u00f3n al nuestro?.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En realidad, y los int\u00e9rpretes lo reconocen, nuestro fil\u00f3sofo no era un metaf\u00edsico, sino un moralista preocupado por ense\u00f1arnos a vivir. \u00c9l es y quiere ser un maestro de sabidur\u00eda y de beatitud. Lagrange comprendi\u00f3 bien, en este horizonte, la importancia de las convicciones religiosas de Epicteto: \u201cEl mal no puede nada contra la Providencia, es vencido por el sabio\u201d: \u00bfqu\u00e9 puedo yo, nos dice Epicteto, viejo y cojo si no es alabar a Dios? Si fuese ruise\u00f1or, cantar\u00eda como un ruise\u00f1or: puesto que soy un ser racional, debo cantar a Dios\u201d.[10]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alabando siempre a este Dios que lo ha hecho, a este Dios \u201cgrande que nos ha dado las manos\u201d y la raz\u00f3n, el hombre deviene sabio y se vuelve dichoso.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se puede decir, entonces, que nuestro fil\u00f3sofo esclavo, libre y liberto haya reconocido de manera especulativa y clara la trascendencia de Dios, sino que practic\u00f3 concretamente respecto de \u00c9l una fe que la reconoc\u00eda en la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n personal y del abandono, como lo veremos poco a poco. En un sentido, su inteligencia se muestra relegada respecto de su libertad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En suma, en este estoico de la \u00e9poca imperial que es Epicteto, el racionalismo pante\u00edstico se muda en providencialismo religioso, mostrando un Dios personal[11]; pero hay que agregar sin dejar de ser racionalista y pante\u00edsta, porque Epicteto ve a la raz\u00f3n divina distribuirse entre los hombres en m\u00f3nadas independientes (los diferentes fragmentos de la divinidad que son los individuos humanos); a sus ojos, es posible hablar a la vez de Dios \u00fanico y de los dioses, porque los dioses, para \u00e9l, \u201ceran sin duda las grandes fuerzas de la naturaleza; si se refiere a los dioses, citando a los m\u00e1s ilustres (D\u00e9meter, Kor\u00e9, Plut\u00f3n), Zeus solo permanece y domina todo, pero Zeus es identificado con Dios, y \u00e9l es Dios solo.\u201d[12]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien&#8212;y es este es el punto capital en la investigaci\u00f3n que nos ocupa&#8212;este Dios est\u00e1 en nosotros y con nosotros. Este Dios no nos abandona:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cUna vez que cierren sus puertas[13], y se hagan las tinieblas en su interior, recuerden no decir nunca que est\u00e1n solos. No lo est\u00e1n, en efecto, sino Dios est\u00e1 al interior de ustedes (&#8230;) \u00a1Desdichado, llevas en ti a un dios y no lo sabes!\u201d.[14]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puesto que nunca estamos solos, puesto que Dios est\u00e1 siempre con nosotros, resulta de esto que \u201cun dios se sienta a la mesa contigo, me mete a la cama, toma parte en la conversaci\u00f3n, va al gimnasio\u201d porque hay \u201ccomunidad de naturaleza\u201d entre este Dios y cada uno de nosotros. Epicteto llega a decir: \u201cun dios te nutre&#8230; tu nutres a un dios\u201d[15] .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces, si las relaciones con este dios parecen situarse casi sobre un pie de igualdad, si inclusive &#8211; en su caso personal[16] &#8211; Epicteto parece inconsciente de todo pecado frente a este dios, es mucho decir que no sufre de un sentimiento de abandono de su parte. Epicteto, el esclavo liberado, es el ser privilegiado que su dios no ha abandonando nunca: su dios lo ha hecho, vela por \u00e9l, lo nutre, permanece en \u00e9l, le manifiesta sin cesar de diferentes maneras su bondad. Epicteto es el no abandonado, el sabio en aquel y en el que su dios manifiesta su sabidur\u00eda. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda quejarse?\n<\/p>\n<h1>Tentado de quejarse, Epicteto el sabio reh\u00fasa toda queja<\/h1>\n<p>  De los primeros estoicos, sus predecesores, Epicteto hereda su concepci\u00f3n de la libertad a la que ya hemos hecho alusi\u00f3n aqu\u00ed. Honor o deshonor, riqueza y pobreza, salud y enfermedad, vida y muerte no son en s\u00ed mismos ni bienes ni males; hay un buen uso de la enfermedad como un mal uso de la riqueza. Las cosas exteriores son en s\u00ed mismas indiferentes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Epicteto, renueva los alcances de estos pensamientos tradicionales, observando que si miramos las cosas exteriores como bienes y males, no seremos libres porque nuestra voluntad no se har\u00e1. El \u00fanico medio que tenemos se ser libres y felices es no desear nada que no dependa de nosotros; de esta manera nuestra voluntad se cumplir\u00e1 siempre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Epicteto traduce, entonces, por un lado la tradicional oposici\u00f3n estoica entre cosas exteriores, e indiferentes, y por otro acciones voluntarias &#8211; solo buenas o malas -, por la distinci\u00f3n entre las cosas que dependen de nosotros y las que no; para \u00e9l esta distinci\u00f3n condiciona la primera etapa en el camino de la sabidur\u00eda, permite la liberaci\u00f3n de la voluntad[17] y disfrutar de la felicidad:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cDependen de nuestros juicios, voluntad, deseo, aversi\u00f3n; en una palabra todo lo que es nuestra obra. No dependen de nosotros cuerpo, riquezas honores, poder: dicho de otro modo, todo lo que no es obra nuestra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recuerda, entonces, que si tienes por propiedad las cosas que te son extra\u00f1as, te ver\u00e1s estorbado, lleno de tristeza y de turbaci\u00f3n, te quejar\u00e1s de los dioses y de los hombres\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si al contrario, no miras como tuyas las cosas que te pertenecen, nadie podr\u00e1 nunca contradecirte, ni ponerte trabas; no te quejar\u00e1s de nadie; a nadie reprochar\u00e1s; no har\u00e1s nada contra tu voluntad; no tendr\u00e1s motivo de fastidio, nadie podr\u00e1 hacerte da\u00f1o, porque no podr\u00e1s sufrir da\u00f1o alguno.\u201d[18]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se podr\u00eda, evidentemente, impugnar la verdad objetiva de tal afirmaci\u00f3n. As\u00ed, \u00bfes cierto que nuestros cuerpos no dependen de nosotros? Epicteto, yendo contra la experiencia, no parece reconocer como suyo a su cuerpo. Sin duda bajo una influencia plat\u00f3nica. Sin embargo, tambi\u00e9n aqu\u00ed, es necesario considerar no tanto lo que dice sino lo que quiere decir: la salud e inclusive la vida de nuestro cuerpo no dependen, en primer lugar, de nosotros, sino del Autor de la vida, de la salud y del cuerpo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es lo que Epicteto afirma en otro lado: \u00bfTe he hecho reproches alguna vez? \u00bfHe censurado tu gobierno? He estado enfermo cuando lo quisiste. Otras veces tambi\u00e9n, pero acept\u00e9 de buen grado la enfermedad. He sido pobre por mandato tuyo, y lo he sido con alegr\u00eda. No he estado nunca en afanes porque no lo has querido; jam\u00e1s he deseado una dignidad. \u00bfMe has visto por esto m\u00e1s triste? \u00bfNo me he presentado siempre ante ti radiante, no esperando m\u00e1s que una orden, un signo tuyo?\u201d[19]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ve: lo que es tan a menudo, para muchos, ocasi\u00f3n de quejas, reproches, revueltas y blasfemias, deviene, para Epicteto, a causa de su fe en la Providencia de Dios, operante en las cosas que no dependen de nosotros, en materia de un c\u00e1ntico de aceptaci\u00f3n en la alegr\u00eda y la acci\u00f3n de gracias: \u201cTe doy gracias de haberme permitido ver tus obras y asociarme a tu gobierno siguiendo tus \u00f3rdenes\u201d[20]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otros t\u00e9rminos, la doctrina de Epicteto sobre Dios y sobre su propia libertad como sobre sus l\u00edmites han hecho de \u00e9l, bajo la acci\u00f3n de la gracia divina, un hombre equilibrado y dichoso, en la uni\u00f3n con Dios y los hombres: \u201cCuando Marco Aurelio acepta el sufrimiento, puesto que ella entra en el plano del universo, Epicteto es totalmente feliz, el sufrimiento no existe para \u00e9l\u201d, dice &#8211; no sin una manifiesta exageraci\u00f3n &#8211; el padre Lagrange: ser\u00eda mejor decir que Epicteto encontr\u00f3 en su doctrina y en el ejercicio de su voluntad sobrenaturalmente asistida, en la ausencia voluntaria de toda perturbaci\u00f3n, el  secreto de la felicidad en medio del sufrimiento, el secreto del gozo espiritual en medio del sufrimiento f\u00edsico y psicol\u00f3gico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta interpretaci\u00f3n nos es confirmada por estas l\u00edneas:  \u00bfPiensan ustedes que ser\u00e9 inmortal? \u00bfEternamente joven, exento de enfermedad? No, pero si muero divinamente, estar\u00eda enfermo divinamente\u201d.[21] \u00bfC\u00f3mo comprender este grito sorprendente? A la luz de lo que ha sido dicho m\u00e1s arriba: consciente de una inmanencia mutua entre el autor de su existencia y \u00e9l mismo, Epicteto parece decirnos: \u201cmuero en Dios, Dios muere en m\u00ed\u201d; \u201cmuero en la dicha a imagen de mi vida; mi muerte manifestar\u00e1 la divinidad\u201d; y el lector cristiano no puede no pensar que s\u00f3lo el Hijo de Dios pod\u00eda, en el sentido pleno del t\u00e9rmino, morir divinamente en su humanidad, morir manifestando perfectamente en su humanidad la Persona divina, al punto de provocar la declaraci\u00f3n del centuri\u00f3n romano: \u201cVerdaderamente este hombre era Hijo de Dios\u201d, porque  ning\u00fan hombre ha muerto como este hombre (Cf. Mc 15,40).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estar enfermo y morir sin queja y sin reproche es estar enfermo y morir divinamente. Subrayando la importancia de la enfermedad y sobre todo de la muerte como ocasi\u00f3n de un progreso en la dicha, Epicteto nos insin\u00faa que las otras realidades que no dependen de nosotros &#8211; pobreza, deshonores &#8211; constituyen una anticipaci\u00f3n de la muerte. Aceptando aquellas, acogeremos anticipadamente a \u00e9sta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Inversamente, la aceptaci\u00f3n de la muerte implica l\u00f3gicamente y contiene impl\u00edcitamente aquellas de las enfermedades, de la pobreza, de los deshonores y de los insultos. Ahora bien, si las aceptamos, renunciamos por ese mismo hecho a quejarnos, renunciamos a los reproches dirigidos a Dios y a los hombres. Todas estas privaciones no dependen de nosotros, podemos ser y, volvernos dichosos sufri\u00e9ndolas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De lo que Epicteto est\u00e1 profundamente convencido, es de que \u201cnuestra dicha o nuestra desdicha depende de nuestras representaciones, de la forma en que acogemos los acontecimientos, de esta facultad de acordar o de negar el asentimiento que est\u00e1 en nuestro poder\u201d Para este maestro de sabidur\u00eda todo no depende de nosotros, pero lo que hay de m\u00e1s importante para nosotros depende de nosotros[22]. Escuch\u00e9mosle nuevamente:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cLlorando y gimiendo incriminan a los dioses (&#8230;) Y sin embargo Dios no s\u00f3lo nos ha dado facultades que nos permiten soportar todos los acontecimientos sin ser quebrados y humillados por \u00e9l, sino buen rey, verdadero padre, las ha puesto bajo nuestra entera dependencia (&#8230;) Amos de estas facultades libres, ustedes no se sirven de ellas; ustedes no sienten qu\u00e9 bienes han recibido y de qu\u00e9, inertes sien embargo, lloran y gimen, los unos completamente ciegos sobre los beneficios del donador mismo e ignorando a su benefactor, los otros dej\u00e1ndose arrastrar por la cobard\u00eda a quejas y reproches hacia Dios. Y sin embargo, mediante la magnanimidad y el coraje, puedo mostrarte que tienes recursos y que est\u00e1s equipado, y en tanto, \u00bfqu\u00e9 recursos tienes para justificar tus reproches y tus censuras?, mu\u00e9stramelos.\u201d[23]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dicho de otra manera, para Epicteto, el ser humano, equipado para la felicidad, tentado por la desdicha, debe elegir entre la blasfemia irracional por la cual se vuelve desgraciado y la alabanza racional a Dios, en acci\u00f3n de gracias, camino de felicidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es necesario subrayar extensamente que tenemos en estos ejercicios \u00e9ticos el origen lejano de muchos de los m\u00e1s fundamentales Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.[24] Tendremos ocasi\u00f3n de volver sobre este punto. De momento nos basta constatar que Ignacio insert\u00f3 la exigencia de la indiferencia frente a las cosas indiferentes y de una amplia gratitud hacia Dios, en el seno de una reflexi\u00f3n sobre la salvaci\u00f3n eterna de las almas inmortales; Epicteto, ignoraba el destino a la vez personal y eterno del ser humano y no conoc\u00eda ni pecado ni contrici\u00f3n, ni salvaci\u00f3n; si la muerte no es a sus ojos un anonadamiento, es una descomposici\u00f3n[25]; o si se prefiere, una desintegraci\u00f3n; como ignoraba la reintegraci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n, admiramos tanto m\u00e1s su rechazo  a la revuelta, su opci\u00f3n por una felicidad, tan transitoria, en la sumisi\u00f3n amante y dichosa a la Providencia terrestre de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El rechazo opuesto por Epicteto a toda diferencia hecha entre las realidades exteriores, unido a una actitud interiorizante de un libre \u201cdeseo de la voluntad\u201d[26] da origen en \u00e9l, a pesar del ordinario rechazo estoico de la oraci\u00f3n, a algunas elevaciones reservadas a circunstancias excepcionales, especialmente a la vista de la muerte.\n<\/p>\n<h1>En varias ocasiones, Epicteto practica y aconseja el abandono<\/h1>\n<p>  AtenasLa meditaci\u00f3n mediante la cual, de manera constante, Epicteto se prepara para la muerte lo lleva a formular actos expl\u00edcitos de abandono. Jagu llega a decir: \u201clas Conversaciones est\u00e1n llenas de actos de abandono y de asentimiento a la voluntad divina\u201d.[27] Reunamos y presentemos aqu\u00ed algunos de estos actos de abandono, no sin recordar primero los dos actos de no abandono que cada uno de ellos supone.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En primer lugar, Epicteto se abandona a la sabidur\u00eda divina rehusando abandonar el puesto que le conf\u00eda durante su breve vida terrestre: \u201cSoy un ser racional, debo cantar a Dios, he ah\u00ed mi obra, la cumplo y no abandonar\u00e9 mi puesto en tanto me sea permitido\u201d.[28] Abandonar su puesto ser\u00eda para Epicteto abandonar la bondad divina que lo ha colmado de beneficios. Es probable, en el contexto, que la expresi\u00f3n manifieste el rechazo al suicidio (que sin embargo Epicteto no condena de manera absoluta). Y justamente, para permanecer al servicio de Dios en la vida terrestre, Epicteto necesita abandonarse a Dios en lugar de abandonarlo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En segundo lugar, Epicteto reh\u00fasa ligarse a los bienes exteriores, porque sabe que esta ligadura irracional lo llevar\u00eda, en su ausencia, a creerse \u201cabandonado de los dioses\u201d, a rebelarse y a abandonarlos: \u201csi se me causa da\u00f1o y si soy desgraciado, es porque Zeus no me escucha (&#8230;) me pongo entonces a odiarlo\u201d.[29] En una l\u00f3gica rigurosa, Epicteto percibe que el rechazo del abandono a Dios lleva aparejado el riesgo de llevar al no abandonado a odiar a su autor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estamos ya preparados para comprender la profundidad del abandono que estalla en el acto siguiente:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El hombre de bien, acord\u00e1ndose de lo que es, de d\u00f3nde ha venido y por qui\u00e9n ha sido creado, no se preocupa m\u00e1s que de una sola cosa: c\u00f3mo ocupar\u00e1 el puesto con disciplina y sumisi\u00f3n a Dios: \u00bfQuieres que contin\u00fae viviendo? Vivir\u00e9 como un hombre libre (&#8230;) porque t\u00fa me has creado libre de todo apremio en todo lo que me pertenece. \u00bfNo tienes necesidad de m\u00ed? Como quieras. Es por ti que hasta hoy d\u00eda me he quedado, por ning\u00fan otro, y al presente te obedezco, me voy &#8211; \u00bfC\u00f3mo? &#8211; Tambi\u00e9n como lo has querido, como un hombre libre, como tu servidor, como un hombre que tiene conciencia de tus mandamientos y de tus prohibiciones (&#8230;) En cualquier puesto que puedas asignarme, como dice S\u00f3crates, morir\u00eda tal vez mil veces antes que abandonarlo. \u00bfEn d\u00f3nde quieres que viva? \u00bfEn Roma, en Atenas, en Tebas? S\u00f3lo te pido una cosa: ah\u00ed lejos, acu\u00e9rdate de m\u00ed. Si me env\u00edas a un lugar donde es imposible a los hombres vivir seg\u00fan la naturaleza, dejar\u00e9 esta vida, no por desobediencia sino porque habr\u00e1s tocado para m\u00ed la retirada. Yo no te abandono. \u00a1Jam\u00e1s! Pero comprendo que t\u00fa no necesitas de m\u00ed\u201d[30]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Epicteto quiere servir, cantar y alabar a Dios, no abandonar el puesto que a sus ojos constituye su raz\u00f3n de ser. Es a Dios mismo a quien no abandona rehusando abandonar su puesto. Antes la muerte. Destaqu\u00e9moslo una vez m\u00e1s: la fidelidad en el abandono a Dios y en la negativa a abandonar a Dios se sit\u00faa en el horizonte de la muerte prevista, arriesgada, aceptada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conviene subrayar la extrema importancia que nuestro Epicteto confiere a este acto de indiferencia y de no abandono del puesto al interior del abandono a Dios: porque, inmediatamente despu\u00e9s,[31] agrega: \u201cConserva sus pensamientos a tu disposici\u00f3n de noche y de d\u00eda, ponlos por escrito, convi\u00e9rtelos en tu lectura, que sean el objeto de tu conversaci\u00f3n contigo mismo o con otro: \u201c\u00bfPuedes venir en mi auxilio en esta circunstancia?\u201d Y de nuevo encuentra otro hombre y otro m\u00e1s\u201d. El acto de indiferencia y de abandono se socializa de esta manera. Epicteto cuenta con otro para abandonarse perfectamente y quiere ayudar a los otros a abandonarse; convertirse en el ap\u00f3stol del abandono.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otra parte introduce nuevos matices en esta \u201celevaci\u00f3n de abajamiento\u201d delante de Dios y delante de su voluntad que estaba tan enraizada en su esp\u00edritu: \u201cHe sometido a Dios la propensi\u00f3n de mi voluntad\u201d. \u00bfQuiere que tenga fiebre? Yo tambi\u00e9n lo quiero. \u00bfQuiere que mis pensamientos se dirijan hacia tal objeto? Yo lo quiero, tambi\u00e9n. \u00bfQuiere que tenga tal deseo? Yo tambi\u00e9n lo quiero. \u00bfQuiere que obtenga tal cosa? Yo tambi\u00e9n lo deseo. \u00bfNo lo quiere? Yo tampoco lo deseo. Entonces, es mi voluntad morir, es mi voluntad ser torturado. \u00bfQui\u00e9n puede todav\u00eda obligarme? Imposible como contradecir a Zeus.\u201d[32]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasaje destacable: la voluntad a la sumisi\u00f3n divina se extiende no s\u00f3lo a los acontecimientos exteriores, sino tambi\u00e9n a los de la vida interior y psicol\u00f3gica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Epicteto mismo resumi\u00f3 su pensamiento en estos t\u00e9rminos: \u201cSi t\u00fa lo quieres, eres libre. Si lo quieres no condenar\u00e1s a nadie, no te quejar\u00e1s de nadie, todo llegar\u00e1. A la vez, seg\u00fan tu voluntad y seg\u00fan la de Dios.\u201d[33]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos objetan que, seg\u00fan la tradici\u00f3n estoica, Epicteto no recomienda al sabio la oraci\u00f3n. Se puede responder con Jagu, que no solamente la recomienda expl\u00edcitamente al aprendiz filos\u00f3fico[34], pero practicando tambi\u00e9n la alabanza, la acci\u00f3n de gracias y el abandono, ruega a Dios y reconoce su trascendencia.[35]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El no reconocimiento expl\u00edcito de la necesidad en que se encuentra el sabio, de la oraci\u00f3n de petici\u00f3n no significa, a la luz de todos los textos citados aqu\u00ed, la no admisi\u00f3n de la dependencia en que se encuentra el sabio con relaci\u00f3n a la sabidur\u00eda divina.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pascal manifest\u00f3, entonces, una severidad injusta respecto de Epicteto cuando habla de una \u201csoberbia diab\u00f3lica\u201d en \u00e9l: pero no se equivoc\u00f3 en \u201cconsiderar a Epicteto, como el fil\u00f3sofo m\u00e1s exacto en determinar, la conversi\u00f3n, siguiendo la expresi\u00f3n de J. Moreau.[36]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos aquellos que han le\u00eddo a Epicteto no tienen otra opci\u00f3n que suscribir esta apreciaci\u00f3n de Pascal en su Conversaci\u00f3n con M. De Saci: \u201cencuentro en Epicteto un arte incomparable para turbar el reposo de aquellos que lo buscan en las cosas exteriores y para forzarlos a reconocer que son verdaderos esclavos y miserables ciegos; que es imposible que encuentren otra cosa que el error y el dolor del que huyen, si no se entregan sin reserva a Dios solo.\u201d[37] Es decir, precisamente, si no se abandonan a \u00c9l.\n<\/p>\n<h1>Conclusi\u00f3n: \u00bfHabr\u00eda elaborado Epicteto la primera espiritualidad no b\u00edblica del abandono a la Providencia?<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El lector de Epicteto, particularmente el lector cristiano, el lector ya ejercitado en el abandono en el sentido de San Francisco de Sales, experimenta en s\u00ed mismo un profundo sentimiento de admiraci\u00f3n por este maestro de abandono orante y pagano como es Epicteto, siendo sensible a las numerosas paradojas que subtienden su doctrina. Especialmente si se la compara a aquella de otros maestros de pensamiento en el seno del paganismo o de otros profesionales (jud\u00edos, musulmanes, cristianos) del abandono\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El abandono de Epicteto parece ignorar el sufrimiento de la contrici\u00f3n delante de la constataci\u00f3n del pecado personal pasado, la queja de la rebeli\u00f3n delante de la prueba presente, e inclusive, ordinariamente, la oraci\u00f3n que pide el auxilio divino y que sumerge el futuro en la sabia misericordia del Creador. La resignaci\u00f3n de esclavo liberado ignora aparentemente las tensiones y los dramas que debi\u00f3 soportar un Job para ponerse en las manos divinas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Preocupado por servir a la Ciudad universal[38] e inclusive por construirla, Epicteto no parece pensar &#8211; a diferencia de los m\u00edsticos cristianos &#8211; en poner las pasiones humanas al servicio de semejante edificaci\u00f3n: muy al contrario, las rechaza siempre como peligrosas en tanto que ligadas al cuerpo, vistas como exteriores a \u00e9l mismo y como factores de decadencia. Su abandono ignora la piedad y la compasi\u00f3n \u00edntima.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El abandono de Epicteto no es el de un alma inmortal consciente de ser el objeto de un Amor eterno deseoso de un\u00edrsele para siempre, sino m\u00e1s bien el de un ser que cree ser fundamentalmente fuego y materia, gobernado por una divinidad no menos corporal, por un dios materia.[39]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El suyo no es un abandono a una libertad infinita, sino a una necesidad soberana.[40] El abandono de una libertad consciente por s\u00ed misma de la fatalidad. El asentimiento[41] al orden universal. Asentimiento impasible, \u201capat\u00eda.\u201d[42]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un abandono sin una desesperaci\u00f3n subjetiva, pero sin ninguna esperanza objetiva. Su horizonte no es del todo el de una \u00faltima zambullida en la nada, sino de un retorno &#8211; sin fin &#8211; a la materia universal. Abandono no solamente espiritualista y plat\u00f3nico, sino materialista.[43]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La doctrina de Epicteto no es una doctrina de salvaci\u00f3n universal sino de liberaci\u00f3n[44] temporal y psicol\u00f3gica al seno de un mantenimiento de servidumbres.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se trata entonces de un abandono salv\u00edfico a un Dios salvador con miras a la salvaci\u00f3n eterna[45] , sino de un abandono (libre, pacificador y limitado) de s\u00ed mismo a S\u00ed mismo, si puede decirse as\u00ed, en el seno de un gran Todo impersonal[46] . Un abandono sin el ejemplo y el auxilio de un Mediador, sin la confortaci\u00f3n de o\u00edr una Palabra trascendente (y bajo este respecto muy diferente de aquel que cultivar\u00e1 nueve siglos despu\u00e9s un Bahya Ibn Paquda).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed se presenta, en plano conceptual, el abandono de Epicteto en la medida en que es el disc\u00edpulo y el continuador de los primeros maestros del pensamiento estoico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos sus int\u00e9rpretes reconocen sin embargo que se encuentra en sus Conversaciones y en su Manual las palabras y los acentos de una religi\u00f3n personal, hacia un Dios personal, mediante la cual Epicteto, sin renegar de sus maestros, los supera.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchos factores inclinar\u00edan al historiador a dar una respuesta positiva a la pregunta planteada, y a pensar que Epicteto elabor\u00f3 verdaderamente una espiritualidad no b\u00edblica del abandono a la Providencia, e inclusive una espiritualidad estructurada de este abandono: esclavo convertido en maestro, Epicteto reconoc\u00eda en su Dios al autor de su vida, al testigo de sus pensamientos, al gobernador de su existencia e inclusive a aqu\u00e9l que le conf\u00eda una misi\u00f3n. Se podr\u00eda decir: una misi\u00f3n en favor del abandono de todo y especialmente de s\u00ed mismo a Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Epicteto reconoce todas las implicaciones de su misi\u00f3n de sabio: se sabe enviado de Dios[47], su ministro, su portavoz, su explorador encargado de misiones especiales [48], su soldado[49] , su testigo[50]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por esta raz\u00f3n puede afrontar &#8211; en el abandono &#8211; todas las pruebas; es el primero en realizar el programa que propone a sus disc\u00edpulos: \u201cPor ti, preoc\u00fapate de morir, de ser encadenado, torturado, exilado. Y todo esto con seguridad, con la confianza en aquel que te ha juzgado digno de esta situaci\u00f3n en la que te encuentras ubicado, en la que mostrar\u00e1s cu\u00e1l es el poder del principio racional que sabe resistir a las fuerzas ajenas a la voluntad libre\u201d.[51]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas \u00faltimas palabras nos ofrecen una clave con miras a una mejor inteligencia del tipo de abandono a la Providencia del que Epicteto es el practicante y el modelo: se tratar\u00eda m\u00e1s bien de un abandono racional a la Raz\u00f3n suprema que gobierna el orden natural del mundo (e inclusive, seg\u00fan Epicteto, se identifica con \u00e9l&#8230;) Experimentar inclusive un abandono al Todo a la vez personal e impersonal que envuelve a cada persona humana.[52]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este g\u00e9nero de abandono no pude haber tenido como primer elaborador a Epicteto; en efecto, no se excluye que se pueda encontrar en los autores hind\u00faes o budistas, otras estructuras espirituales de abandono al Todo, pareci\u00e9ndose a la s\u00edntesis que nos ofrece Epicteto entre pante\u00edsmo, polite\u00edsmo y monote\u00edsmo.[53]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En todo caso, conviene aqu\u00ed que no nos contentemos con destacar algunas semejanzas entre el abandono estoico de Epicteto y el abandono cristiano; es necesario, sobre todo, subrayar sus profundas diferencias: el abandono en Cristo, con \u00c9l, por \u00c9l y para \u00c9l implica en el abandonado la conciencia de estar siendo creado sin cesar a partir de la nada, ex nihilo, por un Ser puramente espiritual, irreductiblemente distinto del universo, y aquella de ser en su parte superior totalmente inmaterial, llamado a contemplar despu\u00e9s de la muerte (\u00a1nunca suicida!) la suprema Bondad organizadora del universo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde cierto punto de vista, hay que reconocer que es dif\u00edcil hablar, a prop\u00f3sito de Epicteto, de una espiritualidad del abandono, puesto que, lo hemos dicho, el piensa que es pura materia, \u00a1dirigi\u00e9ndose a un Dios totalmente material!\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero la realidad es m\u00e1s importante que los pensamientos que nos la representan; nos alegramos de reconocer que, inclusive sin tener conciencia de ello, el alma inmortal y espiritual de Epicteto se abandona profundamente al Esp\u00edritu Creador suscitando en ella un crecimiento espiritual.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A trav\u00e9s de las ense\u00f1anzas y actos de abandono de Epicteto, la Providencia del Verbo encarnado preparaba, al parecer, un aspecto de la espiritualidad cristiana de abandono que vemos casi prefigurada en el primer Testamento confiado al pueblo jud\u00edo: el rechazo a toda queja, heredada de Epicteto por San Francisco de Sales y (a trav\u00e9s de \u00e9l) por San Juan de la Cruz; veremos, en un cap\u00edtulo posterior, que esta actitud es propia de la Nueva alianza, propia de Cristo Crucificado. Hay ah\u00ed una gracia espec\u00edfica de la Alianza cristiana, incluso cuando es ofrecida en un contexto no cristiano.[54]\n<\/p>\n<h2>Elemetos de una espiritualidad de abandono en el budismo amidista<\/h2>\n<p>  El monje Kuya repitiendo seis veces el nombre del Buda Amida, obra de Kosho. Siglo XIII. Templo de Rokuharamitsuji, Kyoto.En la medida en que se piense que el budismo no es en estricto sentido una religi\u00f3n sino m\u00e1s bien un camino hacia una iluminaci\u00f3n liberadora, puede parecer vano buscar en ella una orientaci\u00f3n hacia el abandono,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, nosotros querr\u00edamos mostrar aqu\u00ed, en el budismo de la China y del Jap\u00f3n, a nivel de la experiencia concreta de la oraci\u00f3n, actitudes de confianza en un Dios eterno e infinito parcialmente paralelas al abandono cristiano al punto de constituir \u201cpreparaciones evang\u00e9licas\u201d a este abandono.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, encontramos desapego, te\u00edsmo pr\u00e1ctico, la consciencia de una realidad propia y personal, que manifiesta en la oraci\u00f3n una confianza absoluta de obtener la salvaci\u00f3n, paz y serenidad; a pesar de los diferentes l\u00edmites que pueden oponerse a estas diversas tendencias, sobre todo a nivel del pensamiento te\u00f3rico, la vida interior de muchos budistas amidistas en el curso de los siglos bien parece presuponer una adhesi\u00f3n personal a un Absoluto personal. Tales son los diferentes puntos que precisaremos ayud\u00e1ndonos de los trabajos de cuatro jesuitas del siglo XX: los padres Wieger, de Lubac, Quiles et Masson.[55]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No pretendemos entonces que todas las formas del budismo evoquen algunos aspectos del abandono cristiano y concentraremos nuestra atenci\u00f3n al rededor del autor de la Amida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. Para el monje budista, no existe la verdadera dicha en este mundo, no hay m\u00e1s que dolores, los cuales se suceder\u00e1n en tanto dure el cuerpo, que no es real, que no es sino nada. Es preciso, entonces no apegarse a nada, no amar nada, no desear nada. Ver en esp\u00edritu el propio cad\u00e1ver, devorado por los gusanos: he ah\u00ed lo que queda finalmente de un hombre despu\u00e9s de una vida pasada en las ignorancias, los errores, los sufrimientos y las vejaciones de este mundo.[56]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El desapego con relaci\u00f3n al propio cuerpo no constituye sin embargo m\u00e1s que una semejanza superficial con el abandono cristiano, inseparable de la Encarnaci\u00f3n en un cuerpo real y de su resurrecci\u00f3n. Este pensamiento idealista (en el plano filos\u00f3fico), sin embargo, no impide al budista repetir sin cesar la experiencia de su propio cuerpo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A partir del Siglo III se desarrolla en la China, luego en el Jap\u00f3n, un budismo popular e individualista al rededor del culto de Amida: culto del Buda de \u201cVida infinita\u201d o de \u201cLuz infinita\u201d, inspirado probablemente por las religiones iran\u00edes. El fiel es absorbido en al amor de Buda y espera una supervivencia indefinida en su presencia bienaventurada, en su para\u00edso occidental, la \u201cTierra pura\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En 1141, en el Jap\u00f3n, un ni\u00f1o peque\u00f1o recibe de su padre mortalmente herido por un guerrillero el testamento espiritual siguiente: \u201cBusca el bien moral por  amor a tu padre asesinado y por amor a los asesinos\u201d. El adolescente &#8211; Honen es su nombre p\u00f3stumo &#8211; escrib\u00eda en 1175 un ensayo titulado La Elecci\u00f3n donde declaraba que en esos desventurados tiempos, hac\u00eda falta ponerse enteramente en la gracia de Amida. El hombre no puede realizar su salvaci\u00f3n por sus propias fuerzas, hace falta salvar su alma por los m\u00e9ritos de otro, es decir, de Amida.[57]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, la persona de Amida es concebida como de origen temporal y terrestre. Antes de convertirse en Buda, Amida se llamaba Dharmakara. Ya hab\u00eda recorrido una multitud de existencias. Es en el tiempo y no desde toda la eternidad que alcanz\u00f3 la gloria que posee, por una progresi\u00f3n de m\u00e9ritos. \u00c9l es uno de los budas m\u00faltiples.[58]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Honen es el primer monje budista en elegir como medio de salvaci\u00f3n la confianza total en la misericordia de Amida, rechazando as\u00ed la iluminaci\u00f3n por la v\u00eda de la disciplina y del esfuerzo de s\u00ed mismo[59]. Declaraba con toda simplicidad en su lecho de muerte: \u201cDesde hace diez a\u00f1os, vivo en la contemplaci\u00f3n continua de la gloria de la Tierra Pura\u201d, del Para\u00edso. La \u00faltima palabra de este moribundo fue: \u201cSu luz penetra los mundos en todas las direcciones. Su favor no abandona a aquel que le invoca.\u201d[60]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El amidista nos pone, as\u00ed, en presencia de un budismo animista y te\u00edsta. Animista porque, para sus adeptos, el alma es substancial, espiritual y responsable. Te\u00edsta porque el buda chino y japon\u00e9s del amidismo es tan deshumanizado, tan aureolado de atributos divinos que se confunde con el Dios de la conciencia. En las religiones asi\u00e1ticas, es necesario distinguir siempre entre teor\u00eda y creencia popular. De buenas almas se hace una pr\u00e1ctica casi correcta, gracias a la luz de lo Alto, aun cuando ellas lo llamen Buda o Amida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ciertamente, la teor\u00eda de la participaci\u00f3n de Amida en una misma budeidad infinita es pante\u00edsta, pero solamente para los te\u00f3ricos; ahora bien, \u00e9stos son pocos numerosos. Los simples (30 millones en 1953, en la China y en el Jap\u00f3n) esperan de Amida ser librados  fuera  de las rueda de las metempsicosis, en una regi\u00f3n de paz y felicidad, con la sola condici\u00f3n de haberle invocado, cuando menos una vez.[61]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta piedad amidista alaba con himnos magn\u00edficos \u201cal Se\u00f1or que baja su mirada\u201d:\n<\/p>\n<p>\u00a1\u201cOh Amit\u00e2bha, luz sin igual, esplendor infinito,<br \/>\nTan pura y calma, tan dulce y tan consoladora,<br \/>\nCu\u00e1nto deseamos renacer en ti.<br \/>\nLocamente, durante innumerables vidas<br \/>\nHemos renovado el karma[62] que nos ata a la tierra,<br \/>\nGu\u00e1rdanos en adelante, dulce luz,<br \/>\nPara que no perdamos m\u00e1s la sabidur\u00eda del coraz\u00f3n (&#8230;)<br \/>\nTe ofrecemos todo nuestro ser y poseer.<br \/>\nA ti salvaci\u00f3n, oh Esplendor insondable.<br \/>\nCon un coraz\u00f3n confiado, nos prosternamos delante de Ti&#160;!\u201d [63] <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos fieles de Amida, piensa L. Wieger,[64] creen en la existencia de un Ser netamente personal, a sus ojos sin origen conocido, sin definici\u00f3n, sin historia, poderoso al punto de poder suspender la ley general del tali\u00f3n y bueno al punto de interesarse hasta en la m\u00e1s pobre y peque\u00f1a de las almas. Se llama Pureza absoluta, gran Misericordia, tanto como otros atributos que convienen al verdadero Dios. Amida libera e instruye al alma, se le descubre, la acaricia. Por esto \u00faltimo el amidista ferviente vive en el abrazo de Amida, esperando obtener su visi\u00f3n. Comienza sus oraciones por estas palabras: \u201c\u00a1Oh Padre misericordios\u00edsimo, Salvador del mundo!\u201d Nunca nada se ha parecido tanto a la oraci\u00f3n cristiana como las oraciones de estas almas, reba\u00f1o que no pertenecen todav\u00eda al redil.[65]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si es cierto que a los ojos de muchos el fiel de Amida puede salvarse sin m\u00e1s esfuerzo que una simple invocaci\u00f3n, no es menos cierto que el amidista se ve aconsejado por retiros de siete d\u00edas; debe pensar a menudo en la muerte (rogando a Amida que entonces acoja a su alma), vivir castamente, depreciando el lujo y el placer y esforzarse en obtener de los enfermos y de los moribundos el acto supremo de la donaci\u00f3n de s\u00ed.[66]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchas objeciones a la teor\u00eda amidista son dignas de ser consideradas, sin cambiar, sin embargo, el valor subjetivo de la piedad amidista.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, la gracia y la salvaci\u00f3n ofrecidas por Amida significan &#8211; subray\u00e9smoslo &#8211; que los m\u00e9ritos anteriores de su fiel llegan a madurar lo suficiente para obtener su salvaci\u00f3n; la misericordia de Amida se enfila sobre este hecho, en el que no puede modificar nada; la idea amidista de la gracia se mantendr\u00eda sin llegar hasta la iniciativa infinitamente libre de Dios. Algunos textos parecen indicar una despersonalizaci\u00f3n: Mis cuidados son como nieve en primavera, se funden una vez que caen sobre el suelo[67]&#160;; no hacer nada, no hacer nada\u201d.[68]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otros, como Quiles, consideran que el creyente amidista tiene consciencia de su propia realidad integrada en la realidad universal[69] (sin olvidar, por otra parte, que inclusive los m\u00edsticos cristianos como San Juan de la Cruz admiten una p\u00e9rdida de la consciencia individual en el \u00e9xtasis m\u00edstico)[70]. Pero el amidista, inclusive queri\u00e9ndolo no podr\u00eda destruir su propia personalidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s, &#8211; y el amidista Suzuki lo subraya &#8211; Amida es visto bajo dos aspectos. Primero Amida es la encarnaci\u00f3n de la  infinita misericordia y sabidur\u00eda obtenidas de acuerdo con la ley moral de la causalidad perfeccionada por la disciplina, realizando todo aquello que es requerido del hombre como ser moral. En segundo lugar, Amida es concebido como una persona que encarna la verdad absoluta en su forma suprema, que realizamos tambi\u00e9n en diversos grados\u201d.[71]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si el budismo te\u00f3rico admite un absoluto impersonal, el budismo vivido practica la oraci\u00f3n de un absoluto personal, de un Buda divinizado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para hacernos comprender la orientaci\u00f3n te\u00f3rica hacia el absoluto impersonal, Quiles evoca un paralelo, en la filosof\u00eda occidental, de lo que constituye a los ojos de los metaf\u00edsicos budistas la \u00faltima realidad, la verdadera esencia y el principio constitutivo de todos los seres, a saber: el ser en tanto que ser. Quiles distingue el ser en tanto que ser abstracto de aquel que es concreto, el ser real que existe en todos los seres concretos, que los constituye d\u00e1ndoles su \u201cmismidad\u201d, es decir, de ser tal cual son. Es en este ser en tanto que ser,  pero concreto, que piensan los presocr\u00e1ticos, Plat\u00f3n. Arist\u00f3teles y Plotino.[72] \u00c9l es el que nos da el sentimiento de la unidad real de todos los seres. Siendo esencialmente determinado fuera de la realidad misma, de la cual es el \u00faltimo constitutivo.  Tal es, seg\u00fan Quiles, el absoluto impersonal, pero que suscita las experiencias religiosas y m\u00edsticas descritas en las ense\u00f1anzas b\u00fadicas.[73]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero en la vida de los budistas, no s\u00f3lo de la secta de Amida sino adem\u00e1s de otras, en el Jap\u00f3n, en la China, en Vietnam, en Tailandia o en los templos hist\u00f3ricos de la India, es imposible sustraerse a la impresi\u00f3n de la adoraci\u00f3n por sus files de un Ser absoluto e impersonal.[74]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En suma, los budistas dan la impresi\u00f3n de oscilar entre estas dos concepciones (personal e impersonal) del absoluto. Cuando se ha captado que el absoluto impersonal de los budistas es el ser concreto en tanto que ser, se puede admitir que los budistas encierran un aspecto verdadero, pero parcial de la experiencia humana total. Se hace manifiesto entonces que el propio dinamismo  del pensamiento b\u00fadico lo conduce a completar su teor\u00eda del absoluto impersonal a trav\u00e9s de elementos que imponen la raz\u00f3n y la experiencia humanas a prop\u00f3sito de la realidad de un absoluto personal.[75]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con este panorama, nos es m\u00e1s f\u00e1cil apreciar el valor y los l\u00edmites de lo que podr\u00eda llamarse el abandono budista, a trav\u00e9s de los confiados actos de deseo de eterna felicidad realizados por los fieles de Amida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Citemos dos formulaciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera expresa un acto de arrepentimiento. Quien preside el servicio dice: \u201cReunidos para adorar e implorar, confesamos que, durante nuestras innumerables existencias anteriores, hemos podido cometer, quiz\u00e1, grandes cr\u00edmenes, amasando una pesada deuda que expiar. Te pedimos que nuestros pecados sean destruidos, que no quede nada. Todos nos damos a Amida. Te ofrecemos nuestro arrepentimiento y nuestro deseo. Esperamos que te nos aparezcas a la hora de nuestra muerte, dirigiendo nuestro esp\u00edritu para que no vacile m\u00e1s. Podamos, purificados por la Aparici\u00f3n de tu esplendor, renacer en tu reino de santidad y de felicidad\u201d.[76]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para el lector cristiano, este texto evoca el abandono perfecto incluido en la contrici\u00f3n perfecta, el acto terrestre de abandono que espera con confianza, que desea y espera la asunci\u00f3n de toda la personalidad en la visi\u00f3n beat\u00edfica\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otra formulaci\u00f3n fue reportada por Frois, misionero jesuita en el Jap\u00f3n durante el Siglo XVI: una mujer, perseguida a muerte por sus enemigos, declaraba que hab\u00eda merecido morir, pero que su alma estaba en una gran calma, porque no dudaba que todo hab\u00eda sido decidido por Amida en su clemencia infinita con el fin de que llegase lo antes posible a los gozos del Para\u00edso y al disfrute perpetuo de su visi\u00f3n.\u201d[77]. Aqu\u00ed el lector cristiano percibe una analog\u00eda con el abandono a la voluntad salv\u00edfica de Dios (cf. I Tim 2, 4).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero todo lo que hemos dicho hasta aqu\u00ed permite captar tambi\u00e9n los l\u00edmites del paralelismo. El abandono budista se muestra sobre todo pasivo, no vuelve a unir al Creador como tal, supone el fondo de existencia de una mediaci\u00f3n a la vez descendente y ascendente entre el que se abandona y Aqu\u00e9l a quien se abandona. Precisemos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchos autores sin negar los consejos dados por sus maestros  a los amidistas (consejos evocados anteriormente), creen poder subrayar la laxitud reinante entre ellos. As\u00ed, el texto m\u00e1s frecuentemente comentado en el amidismo est\u00e1 constituido por este pensamiento:  \u201cA quien haya pensado, aunque sea una sola vez, en el Buda Amida, sus pecados sea cual fuere su n\u00famero, le ser\u00e1n quitados\u201d. El Padre Frois, citado m\u00e1s arriba, escrib\u00eda que, abusando de este esp\u00edritu, \u201cel com\u00fan del pueblo en su veneraci\u00f3n de los textos sobre Amida, se vuelve dichoso y confiado, pero se pone a cometer pecados graves.\u201d[78] No se ve m\u00e1s en el Amidismo, a pesar de los consejos dados por los maestros, la presentaci\u00f3n de una indispensable voluntad de sumisi\u00f3n total a Dios para obtener la salvaci\u00f3n. Pensar en el Buda Amida &#8211; inclusive si se cree en su divinidad &#8211; no es id\u00e9ntico a someterse a los mandamientos  que habr\u00eda (?) dado. A primera vista, henos aqu\u00ed lejos del abandono activo predicado por los Doctores de la Iglesia: Francisco de Sales y Alfonso Mar\u00eda Ligorio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No hay por qu\u00e9 extra\u00f1arse: el budismo ignora la doctrina de la creaci\u00f3n del universo por un Dios trascendente a partir de la nada. Por consecuencia, el budismo no est\u00e1 llamado a subrayar el dominio soberano del ser divino sobre los otros, ni sus designios  respecto de los mortales. Lo que facilita la admisi\u00f3n del mito de las existencias anteriores en reencarnaciones sucesivas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De ah\u00ed el complejo de indefinida culpabilidad que favorece el recurso al Buda Amida. Desde este punto de vista, el abandono budista termina f\u00e1cilmente en una confusi\u00f3n y en una despersonalizaci\u00f3n del yo personal y substancial, devenido indistinto de numerosos elementos del mundo con los cuales est\u00e1 identificado en su pasado o se identificar\u00e1 en el porvenir. Este reencarnacionismo entra\u00f1a la disoluci\u00f3n de la persona individual en el cosmos como la desaparici\u00f3n paulatina de un pasado y de un futuro realmente ligados al presente. El abandono budista se cambia as\u00ed en alienaci\u00f3n. Por lo menos puede ser que ante la luz y el esplendor de Amida, su devoto se abandone a las tinieblas de un universo impersonal en el cual cree encerrado su pasado. En su acto de abandono, el amidista pierde su unidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfConoce una mediaci\u00f3n entre la luz de Amida y sus propias tinieblas&#160;? A primera vista s\u00ed. Los fieles de Amida, observaba el jesuita F. Cabral (1533-1609),[79] afirman: \u201ces injuriar a Amida pensar en salvarse s\u00f3lo mediante las obras, puesto que Amida, por las penitencias que hizo para salvar al g\u00e9nero humano, adquiri\u00f3 tantos m\u00e9ritos que no se necesita de ninguna satisfacci\u00f3n por no importa que crimen, por m\u00e1s grande que sea. Amida se presenta as\u00ed a la vez como una divinidad de refugio para el porvenir de sus fieles, y como una persona de pasado humano temporal y terrestre, como lo hemos visto.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfHay parecido con el Verbo encarnado&#160;? Solamente en apariencia. Porque el Verbo al cual y con el cual se abandona el cristiano es un Dios devenido en hombre; un mediador descendente que lo arrebata en su ascenso; en tanto que Amida se parece a la imagen que los Fariseos se hac\u00edan de Jes\u00fas&#160;: un hombre convertido en Dios, un Darmakara convertido en Buda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A nivel de la teor\u00eda, un abismo separa y opone estas dos formas de abandono. Hace falta decir, igualmente, en armon\u00eda con el pensamiento de San Pablo retomado por los misioneros del Siglo XVI[80]  que el culto de Amida, en tanto que es ofrecido a un falso dios se dirige objetivamente al demonio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Abandonarse al Buda Amida ser\u00eda, entonces, una manera de abandonarse al pr\u00edncipe de este mundo de tinieblas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Subjetivamente, y en el orden existencial, &#8211; como lo hemos subrayado varias veces &#8211; el amidista puede, sin embargo, abandonarse al verdadero Dios llamando Buda. En sus elementos de verdad, el budismo puede preparar a Cristo. Aunque, de hecho, es bien sabido que los creyentes amidistas se convierten muy dif\u00edcilmente a Cristo y a su Iglesia.[81]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El progreso del abandono amidista hacia el abandono cristiano permanece entonces te\u00f3ricamente posible. La piedad b\u00fadica puede preparar para la religi\u00f3n cristiana. Una oraci\u00f3n dirigida a Amida puede convertirse en adoraci\u00f3n al Verbo-Luz. Citemos este ejemplo:\n<\/p>\n<p>\u201cSe\u00f1or de ojos claros, Se\u00f1or de mirada amable<br \/>\nT\u00fa que disciernes la sabidur\u00eda y la ciencia,<br \/>\nT\u00fa cuyos ojos est\u00e1n llenos de piedad y de benevolencia,<br \/>\n(&#8230;) Se\u00f1or puro, cuyo esplendor es radiante e inmaculado,<br \/>\ncuyo conocimiento no conoce en absoluto la oscuridad,<br \/>\nT\u00fa que brillas como el sol, incomparable,<br \/>\nResplandeciente como el Fuego,<br \/>\nEn tu caminar, derramaste tu esplendor sobre el mundo\u201d.[82] <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se puede decir, entonces, con J Masson: \u201cA pesar de su debilidad metaf\u00edsica, el amidismo, doctrina admirablemente ardiente, reintrodujo en muchas almas una piedad verdadera. Los valores de fe, de confianza y de amor hacia un Ser todopoderoso y todo  bueno fueron puestos por encima de otros. Amida, figura de Esplendor,  si no tiene, ciertamente, la solidez de la historia verdadera; revela al menos la intensidad del deseo de aquellos que la crearon\u201d[83]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cualquier monje budista de nuestros d\u00edas, interrogado sobre la naturaleza del Nirvana, no responder\u00eda m\u00e1s que con una sola palabra: \u201cFelicidad\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si un hombre se sabe y se siente dichoso, es que ha llegado, inclusive sin haberse dado cuenta, a las fuentes del Ser; ha encontrado un Ser Supremo de faz velada pero luminosa.[84]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta dos vistas prolongan las declaraciones del Concilio Vaticano II: \u201cEn el budismo, seg\u00fan sus varias formas, se reconoce la insuficiencia radical de este mundo mudable y se ense\u00f1a el camino por el que los hombres, con esp\u00edritu devoto y confiado, puedan adquirir, ya sea el estado de perfecta liberaci\u00f3n, ya sea la suprema iluminaci\u00f3n, por sus propios esfuerzos o apoyados en un auxilio superior\u201d.[85]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El coraz\u00f3n del budista amidista est\u00e1 confiado en el auxilio del Alt\u00edsimo; al \u00e9l se aplica tambi\u00e9n lo que el mismo concilio declaraba inmediatamente antes sobre el hinduismo, origen hist\u00f3rico parcial del budismo: \u201cEn el hinduismo los hombres buscan la liberaci\u00f3n de las angustias de nuestra condici\u00f3n ya sea mediante las modalidades de la vida asc\u00e9tica, ya sea a trav\u00e9s de profunda meditaci\u00f3n, ya sea buscando refugio en Dios con amor y confianza.\u201d[86].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas actitudes convergen largamente con el abandono cristiano al Padre, por el Hijo, en el Esp\u00edritu, y lo preparan al menos objetivamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cristiano venido del budismo amidista no podr\u00e1 olvidar nunca que \u201cEl Hijo es otro respecto del Padre (&#8230;) El hecho que exista una alteridad no es un mal sino m\u00e1s bien el m\u00e1s grande de los bienes (&#8230;) Hay alteridad en Dios y hay alteridad entre Dios y la criatura, que son por naturaleza diferentes (&#8230;) Cristo nos hace part\u00edcipes de su naturaleza divina sin suprimir por eso nuestra naturaleza creada, en la cual \u00c9l mismo participa con su encarnaci\u00f3n (&#8230;) sin que por eso el yo personal y su car\u00e1cter de criatura deban ser anuladas y desaparecer en el Oc\u00e9ano del absoluto (&#8230;) Dios es Amor ( 1 Jn 4, 8)&#160;: esta afirmaci\u00f3n puede conciliar la uni\u00f3n perfecta con la alteridad entre el ser que ama y el ser amado, con el eterno intercambio y el eterno di\u00e1logo\u201d<br \/>\n(Carta fechada el 15 de octubre de 1989, de la Congregaci\u00f3n de la Doctrina de la fe sobre la oraci\u00f3n cristiana, \u00a7 14 y 15, DC 1990, pp. 18-19).\n<\/p>\n<h1>NOTAS<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.  Entre ellos citemos sobre todo a Armand Jagu, art. \u00c9pict\u00e8te, DSAM IV. 1 (1960) 822-830; sobre la espiritualidad y la religi\u00f3n de Epicteto, ver adem\u00e1s J. Moreau, \u00c9pict\u00e8te ou le secret de la libert\u00e9, Paris, 1964, (sigla: Moreau)&#160;; M. J. Lagrange, La philosophie religieuse d\u00b4\u00c9. et le christianisme, RB 1912&#160;; G&#160;:Germain, \u00c9pict\u00e8te et la spiritualit\u00e9 sto\u00efcienne, Paris, 1964&#160;; P. Hadot, Exercices spirituels et philosophie antique, Paris, 1981&#160;; Th. Colardeau, \u00c9tude sur \u00c9pict\u00e8te, Paris, 1903 (sigle: Colardeau)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.  Jagu, col. 823.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.  \u00c9picteto, Entretiens (sigle: \u00c9.) II. 14. 11\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.  \u00c9., II. 14. 13\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5.  \u00c9., I.6.1.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6.  Es de esta manera que J. Moreau (p.44) resume el pensamiento de \u00c9., I.6.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7.  Moreau, p. 76.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8.  E., I. 14.6\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9.  \u00c9., III.24.19 y 63; Epicteto emplea en verbo kataskeuazo, que se encuentra en la Biblia griega para significar \u00abcrear\u00bb (Is. 40,28; 43,7; Hb. 3,4b)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10.  Lagrange, RB, 1912, p. 195 citando \u00c9., I.16.17 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11.  Moreau, p.81\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">12.  Lagrange, RB, 1912, p. 198.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">13.  Entendamos: los sentidos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">14.  \u00c9.,II.8.13-14; .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">15.  \u00c9., II.8.11-12 seguimos aqu\u00ed la traducci\u00f3n de J. Souilh\u00e9, Par\u00eds, 1962\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">16.  \u00c9., II.5.8-12.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">17.  Moreau, p. 40-41\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">18.  \u00c9pict\u00e8te, Manuel., I, 1-4\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">19.  \u00c9., III.5.8 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">20.  Ibid.&#160;; cf Lagrange, art.elogiado p. 10\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">21.  \u00c9., II.8.28.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">22.  Moreau, 44&#160;; cf  Hadot, op. Cit., pp. 138 ss: El A. comenta largamente los tres topoi filos\u00f3ficos seg\u00fan Epicteto; estos tres lugares corresponden a las tres partes de la filosof\u00eda estoica, consideradas, en su sentido profundo, como ejercicios espirituales: f\u00edsica que  transforma la mirada puesta sobre el mundo, \u00e9tica que se ejerce en la justicia, en la acci\u00f3n, l\u00f3gica que produce la vigilancia y la cr\u00edtica de las representaciones. Ver \u00c9., III,2,1.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">23.  \u00c9., I,6, 40-43.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">24.  En su meditaci\u00f3n fundamental y en su contemplaci\u00f3n Ad Amorem, Ignacio puso los ejercicios \u00e9ticos y racionales recibidos &#8211; a trav\u00e9s del pensamiento medieval &#8211; de Epicteto al servicio de sus Ejercicios espirituales y sacramentales. La primera retoma el ejercicio estoico de la indiferencia voluntaria frente a la riqueza y la pobreza, del honor y de la ignominia, de la salud o de la enfermedad, de la vida y de la muerte; en la segunda parece retomar \u00c9., IV, 10, 14-18 \u201cTe doy gracias por lo que me has dado, vuelve a tomar tus dones, todos eran tuyos, fuiste t\u00fa quien me los diste\u201d (Comparar con los \u00ac\u00ac \u00a7 234 ss de los ejercicios ignacianos) Como lo dice J. Souilh\u00e9 (\u00c9pictete, Entretiens, livre I, \u00e9d. Bud\u00e9, Paris, 1962, p. LX): son bastante numerosos los trazos de estoicismo en los Ejercicios (&#8230;) Ignacio estudi\u00f3 en la Universidad de Par\u00eds en el siglo XVI, cuando la influencia de Epicteto predominaba en la ense\u00f1anza y las doctrinas filos\u00f3ficas\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">25.  Colardeau. 273 y 275.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">26.  Expresi\u00f3n de J.F. Mattei, art. \u00c9pict\u00e8te, Dictionnaire des philosophes, Paris, 1964, t. I.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">27.  Jagu, art. Cit\u00e9, DSAM, col. 825&#160;; el A. Agrega: (estos actos son del todo an\u00e1logos a aquellos que encontramos en nuestros m\u00edsticos).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">28.  \u00c9., I.16.19-21.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">29.  \u00c9., I.22, 16-16\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">30.  \u00c9., III. 24, 95-103. Jagu (\u00c9pict\u00e8te et Platon, Paris, 1946, p. 127, n.2) siguiendo a Bonhoeffer (Epiktet und die Stoa, 1890) entrega una lista de dos series de textos donde Epicteto legitima el suicidio, sea como acto de perfecto desapego respecto de los bienes terrestre y de obediencia a un llamado divino, sea como medio de salvaguardar su dignidad personal. Hay ah\u00ed, sin duda, una referencia el ejemplo de S\u00f3crates. Ver tambi\u00e9n Moreau, pp 66-68.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">31.  \u00c9., II.24.103.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">32.  32., IV, 1,89-90.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">33.  \u00c9., I, 17, 28.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">34.  \u00c9., II,18, 19-20; I, 1, 13; Jagu DSAM, 826\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">35.  Jagu, ibid.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">36.  Moreau, p.81.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">37.  Pascal, Entretien avec M. De Saci\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">38.  Cf. \u00c9., I,13,3-4; Jagu, DSAM, col 825; Moreau, 66-67.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">39.  A.J. Festugi\u00e8re, L\u2019 Ideal religieux des Grecs et l\u2019 Evangile, Paris, 1932, p.71. 40. ibid.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">40.  Ibid.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">41.  En griego: prosthesis; cf. Hadot, op. Cit., 138-146.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">42.  Para Epicteto, las pasiones son malas, no sabr\u00edan ponerse al servicio de la virtud.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">43.  Festugi\u00e8re, op. Cit., 72: \u201ccuando un Epicteto, un Marco Aurelio, tienden a lo divino, siguen el movimiento de su coraz\u00f3n. Si razonan este movimiento, helos ah\u00ed devueltos a una realidad desecante. Su Dios no puede ser un Dios personal. El fuego primordial no es m\u00e1s que materia. Ellos mismos no son m\u00e1s que materia\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">44.  E. Bosshard, \u00c9pict\u00e8te, Revue de th\u00e9ologie et de philosophie, Lausanne, 17(1929) 204.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">45.  En tanto que para San Ignacio de Loyola, \u201cla mediaci\u00f3n fundamental est\u00e1 esencialmente orientada hacia la salvaci\u00f3n eterna del alma inmortal: Ejercicios, \u00a7 23. Tal es la diferencia capital que separa el texto ignaciano de un texto que se podr\u00eda construir a partir de las Conversaciones de Epicteto y que le ser\u00eda casi id\u00e9ntico\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">46.  \u00c9., II.8, 11-12, cf. El ya mencionado n.7.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">47.  \u00c9., III,22,45.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">48.  \u00c9., III, 22, 69.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">49.  \u00c9., I, 29,29: el soldado colocado en un puesto debe guardarlo fielmente hasta que el general toque retirada\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">50.  \u00c9., III, 22,2; el sabio no debe lanzarse a la ligera en este rol de testigo, se expondr\u00eda a la c\u00f3lera de Dios.  Sobre estas diferentes misiones del sabio, ver A. Jagu, DSAM, art. \u00c9pict\u00e8te, col. 827-828.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">51.  \u00c9., III, 1, 38-39.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">52.  Cf. \u00c9., I,9, 4: \u201cde todas las cosas, la m\u00e1s importante, la m\u00e1s universal, la principal es el sistema compuesto de Dios y de los hobres\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">53.  A. Jagu, \u00cbpict\u00e8te et Platon, p. 119, n. 1, llama nuestra atenci\u00f3n sobre esta observaci\u00f3n de D. Bonhoeffer, Ethik, p.82.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">54.  Cf. Santo Tom\u00e1s de Aquino, Suma Teol\u00f3gica,  I. II. 106.1.3: aquelllos a quienes ha sido dada la ley de  gracia pertenecen a la Nueva Alianza (\u201cquibuscumque fuit lex grati\u00e6 indita ad Novum Testamentum pertinebant\u201d).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[55]  Precisemos: L. Wieger, DSAM t.2 (1953): art. Chine (Bouddhisme en Chine et au Japon; sigla LW; H. De Lubac, Amida, Paris 1955)&#160;; Ismael Quiles, Filosof\u00eda budista, Buenos Aires, 1973&#160;; J. Masson, Le Bouddhisme, chemin de lib\u00e9ration, Mus\u00e6um Lessianum, section missiologique, DDB, 1975. Siglas&#160;: JMB. Agreguemos adem\u00e1s el Dictionnaire des Religions, editado por el cardenal Poupard (sigla&#160;: DR) y l\u2019 Histoire g\u00e9n\u00e9rale des Religions, (sigla&#160;: HGR), Paris, 1960, t. II&#160;: J. Bruhot, Le Japon.<br \/>\nSiglas de las obras del P. De Lubac&#160;: HLA y del P. Quiles&#160;: FB.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[56]  LW, col. 856 bajo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[57]   Buhot, HGR, 392.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[58]   JMB, 206.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[59]   J. Van Bragt, DR, art. Honen,\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[60]   JMB, 205.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[61]   LW, col. 864.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[62]   El karma es una noci\u00f3n hindu\u00edsta aceptada por el budismo; designa la marca moral  de la acci\u00f3n, la sanci\u00f3n que acarrea, la ley de causalidad retribuyente que, a partir de tal acci\u00f3n, produce tal efecto en una vida ulterior (JMB, 280).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[63]   JMB, 205.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[64]   LW, 864\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[65]   LW, 865&#160;; cf&#160;: Jn 10, 16.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[66]   LW, 865.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[67]   JMB, 207.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[68]    JMB, 208.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[69]  Cf. FB, 328-329.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[70]   FB, 297-299&#160;; le P. Quiles interpreta la Subida del Carmelo, II, 14\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[71]   FB, 461.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[72]   FB, 484.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[73]   FB, 485.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[74]    FB, 486.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[75]    FB, 487.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[76]    LW, 487.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[77]    HLA, 321, citando una carta del P. Frois, de agosto de 1565.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[78]    HLA, citando otra carta del P. Frois, de marzo de 1565\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[79]    HLA, 322, citando una carta de Cabral, fechada el 9 de setiembre de 1576.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[80]    Cf. I Cor, 10, 20&#160;; HLA, 321. El Concilio Vaticano II hac\u00eda alusi\u00f3n, sin duda, al texto citado de Pablo y a otros an\u00e1logos proclamando que \u201cla actividad de la Iglesia no tiene m\u00e1s que un fin: todo lo que lo bueno que se encuentra sembrado en el coraz\u00f3n y en la mente de los hombres y en los ritos y culturas de estos pueblos, no s\u00f3lo no desaparezca, sino que se purifique, se leve y se perfeccione para la gloria de Dios, confusi\u00f3n del demonio y felicidad del hombre\u201d (Lumen Gentium, 17).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[81]    Como lo recuerda el padre de Lubac.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[82]    JMB, 201.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[83]    Ibid., 209.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[84]    Ibid., 211.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[85]    Concilio Vaticano II, Decreto Nostra \u00c6tate sobre las relaciones con las relaciones no cristianas, \u00a7 2.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[86]    Ibid.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 \u00bfAbandono en el estoicismo y el budismo? 2 El Dios de Epicteto le confiere la \u201cexperiencia\u201d de su \u201ctrascendente\u201d filantrop\u00eda 3 Tentado de quejarse, Epicteto el sabio reh\u00fasa toda queja 4 En varias ocasiones, Epicteto practica y aconseja el abandono 5 Conclusi\u00f3n: \u00bfHabr\u00eda elaborado Epicteto la primera espiritualidad no b\u00edblica del abandono a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/abandono-en-el-estoicismo-y-budismo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abABANDONO EN EL ESTOICISMO Y BUDISMO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-22471","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22471","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=22471"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22471\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=22471"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=22471"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=22471"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}