{"id":22472,"date":"2016-02-05T15:24:45","date_gmt":"2016-02-05T20:24:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/abandono-en-francisco-de-sales\/"},"modified":"2016-02-05T15:24:45","modified_gmt":"2016-02-05T20:24:45","slug":"abandono-en-francisco-de-sales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/abandono-en-francisco-de-sales\/","title":{"rendered":"ABANDONO EN FRANCISCO DE SALES"},"content":{"rendered":"<p>\n    Siendo el \u00fanico doctor saboyano y franc\u00e9s de la Iglesia universal, Francisco de Sales es tambi\u00e9n el doctor por excelencia del abandono a la Providencia, es decir de una orientaci\u00f3n espiritual considerada algunas veces[1] como la expresi\u00f3n de una contribuci\u00f3n especialmente francesa al patrimonio espiritual de la Iglesia.  \u201cImitemos al divino Salvador que como Salmista perfect\u00edsimo, canta los soberanos rasgos de su amor sobre el \u00e1rbol de la Cruz; concluy\u00e9ndolos de esta manera: \u201cPadre en tus manos encomiendo mi esp\u00edritu\u201d<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 San Francisco de Sales, Doctor del Abandono<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Francisco de Sales, consejero epistolar de abandono: 1616<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Por encima de la resignaci\u00f3n, la indiferencia y el abandono<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 El abandono al pr\u00f3jimo y a la Iglesia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 La cristolog\u00eda de abandono<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Ap\u00e9ndice: La queja es compatible con el abandono<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 NOTAS<\/li>\n<\/ul>\n<h1>San Francisco de Sales, Doctor del Abandono<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siendo el \u00fanico doctor saboyano y franc\u00e9s de la Iglesia universal, Francisco de Sales es tambi\u00e9n el doctor por excelencia del abandono a la Providencia, es decir de una orientaci\u00f3n espiritual considerada algunas veces[1] como la expresi\u00f3n de una contribuci\u00f3n especialmente francesa al patrimonio espiritual de la Iglesia.\n<\/p>\n<p>  Imitaci\u00f3n a la vida devotaEn la medida en que semejante afirmaci\u00f3n contenga una parte de verdad, los escritos &#8211; y la vida -de San Francisco de Sales son largamente la causa de semejante afirmaci\u00f3n.<br \/>\n  La idea es clara y sorprendente: el abandono vertical al Padre y horizontal al pr\u00f3jimo, al punto de \u201csufrir sus imperfecciones\u201d y de amarlo inclusive cuando se muestre \u201cenojoso\u201d]]Tomando como punto de partida las cartas del santo a Santa Juana de Chantal, examinaremos su noci\u00f3n del abandono a Dios en su Tratado sobre el Amor de Dios, y en sus Conversaciones; mostraremos c\u00f3mo este abandono alcanza un punto culminante en el abandono a la Iglesia al seno del sacramento de penitencia y se completa por el abandono horizontal a los hombres en la vida cotidiana para desembocar finalmente en una cristolog\u00eda de abandono, es decir  en una visi\u00f3n del misterio de Cristo, hombre \u201cabandonado\u201d abandon\u00e1ndose al Padre y a su propia Persona divina que no lo abandona nunca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es en calidad de te\u00f3logo del primer mandamiento y de imitador de Cristo amante que Francisco reflexiona sobre el abandono.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h1>Francisco de Sales, consejero epistolar de abandono: 1616<\/h1>\n<p>  Correspondiendo a una actitud m\u00e1s antigua[2] en \u00e9l, la pr\u00e1ctica del abandono es subrayada por Francisco de Sales de una manera m\u00e1s concreta en sus m\u00faltiples intercambios con la Madre de Chantal durante el a\u00f1o 1616.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El jueves Santo 31 de Marzo, el Obispo de Ginebra env\u00eda un peque\u00f1o tratado[3] que \u00e9l mismo califica \u201cde compendio de las resoluciones m\u00e1s convenientes a su adelantamiento en el puro amor de Nuestro Se\u00f1or crucificado\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cCaminen, escribe el santo, invariablemente en esp\u00edritu de simplicidad, abandonando y entregando toda su alma, sus acciones y sus \u00e9xitos a la buena voluntad de Dios, por un amor de perfecta y absoluta confianza, abandon\u00e1ndose a la gracia y al favor del amor eterno que la Providencia tiene por ustedes (&#8230;) Echen su cuidado en nuestro Se\u00f1or y los nutrir\u00e1 (Sal. 54,23). Echen todo su coraz\u00f3n, sus pretensiones, sus cuidados y sus afectos en el seno paternal de Dios y los conducir\u00e1 as\u00ed donde su amor quiere\u201d\n<\/p>\n<p>  Estas l\u00edneas nos manifiestan el abandono como una s\u00edntesis viva entre fe, esperanza y caridad[4] teniendo las tres por objeto el amor eterno que Dios tiene por nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo crucificado es el modelo de esta caridad confiada y esperante: \u201cImitemos, prosigue el santo, al divino Salvador que como Salmista perfect\u00edsimo, canta los soberanos rasgos de su amor sobre el \u00e1rbol de la Cruz; concluy\u00e9ndolos de esta manera: \u201cPadre en tus manos encomiendo mi esp\u00edritu\u201d (Lc. 23,46) (&#8230;) \u00bfQu\u00e9 resta si no expirar y morir de muerte de amor, no viviendo m\u00e1s para nosotros mismos sino Jesucristo viviendo en nosotros (Gal. 2,19-20)?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(&#8230;) Entonces todos los acontecimientos son recibidos suavemente: porque, \u00bfqui\u00e9n estando en las manos de Dios y qui\u00e9n reposando en su seno[5] , qui\u00e9n habi\u00e9ndose abandonado a su amor y habi\u00e9ndose entregado a su arbitrio, qu\u00e9 cosa puede estremecerlo y moverlo? Ciertamente, en toda ocurrencia (&#8230;) pronuncia de coraz\u00f3n esta santa aquiescencia del Salvador: \u201cS\u00ed Padre, porque as\u00ed lo has querido\u201d (Mt. 11,26).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Vemos ya despuntar, aqu\u00ed,  la \u201ccristolog\u00eda de abandono\u201d sobre la cual volveremos: para el Obispo de Ginebra, el abandono prolonga y manifiesta en nosotros la actitud de Cristo crucificado delante de su Padre, encomend\u00e1ndose al Padre, muriendo de una muerte de amor para con \u00c9l y para cumplir su voluntad tanto en su muerte como en su vida. El perfecto salmista que es Jes\u00fas crucificado retomando inseparablemente sobre la cruz los Sal. 22,2 y 31,6, los dos gritos, uno de abandono pasivo y otro de entrega activa de s\u00ed[6] entre las manos del Padre, pone el acento principal, piensa Francisco de Sales, sobre esta entrega, siempre insinuando que la aceptaci\u00f3n de un cierto abandono pasivo, sensible, es la materia misma del abandono activo del \u00e1pice, suprasensible, de su alma espiritual.[7]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, el peque\u00f1o tratado de 1616, a la luz de la fraternidad eucar\u00edstica del Jueves Santo, re\u00fane ya el abandono horizontal al abandono vertical, viendo en aquella un fruto sabroso de \u00e9ste:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces estaremos disueltos en el pr\u00f3jimo, porque veremos esas almas en el pecho del Salvador (&#8230;) Es este pr\u00f3jimo querido, en el seno y en el pecho del Salvador, amad\u00edsimo y tan amable que el Amante muere de amor por \u00e9l. (&#8230;) Este amor natural de las correspondencias, de las simpat\u00edas, y de las gracias ser\u00e1 purificado y reducido al amor todo puro de la voluntad de Dios (&#8230;) Sobre estos fundamentos, abandon\u00e9monos nosotros mismos en el fondo del Coraz\u00f3n traspasado de Nuestro Se\u00f1or. Haga de nosotros y en nosotros la voluntad real de este Coraz\u00f3n soberano (&#8230;) Que por siempre nuestro coraz\u00f3n muera para revivir eternamente[8] de la muerte de su amor\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La idea es clara y sorprendente: el abandono vertical al Padre y horizontal al pr\u00f3jimo, al punto de \u201csufrir sus imperfecciones\u201d y de amarlo inclusive cuando se muestre \u201cenojoso\u201d. Este doble abandono, \u00fanico de la unidad misma de la \u00fanica y doble caridad, s\u00f3lo es posible por la mediaci\u00f3n del Coraz\u00f3n traspasado de Cristo. Es all\u00ed donde el pr\u00f3jimo se vuelve amable y puede ser amado. En este Coraz\u00f3n encontramos no solamente la posibilidad de abandonarnos con \u00c9l al Padre, sino adem\u00e1s la de abandonarnos al pr\u00f3jimo, siendo Jes\u00fas el pr\u00f3jimo m\u00e1s pr\u00f3ximo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo indica pues que, para nuestro Doctor, el abandono visible al pr\u00f3jimo es el signo, el medio y el fruto del abandono invisible al Creador. En otros t\u00e9rminos, no hay abandono a la voluntad de Dios sin abandono de la voluntad del pr\u00f3jimo, dentro de los l\u00edmites de la raz\u00f3n y de la fe. Encarn\u00e1ndose, el Hijo de Dios perfecciona la transformaci\u00f3n del abandono vertical en abandono horizontal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre tanto, la Madre de Chantal comienza su retiro anual. El 18 de mayo de 1616, Francisco de Sales aprueba que \u201ccontin\u00faen el ejercicio del renunciamiento a ustedes mismas\u201d a la vez que las alentaba a realizar algunos actos: Realicen algunas acciones en forma de oraciones jaculatorias, en aprobaci\u00f3n del renunciamiento, como por ejemplo: Bien lo quiero, Se\u00f1or, arranca, arranca intr\u00e9pidamente todo lo que envuelve mi coraz\u00f3n. Oh, Se\u00f1or, no except\u00fao nada, arr\u00e1ncame a mi mismo. Oh, yo mismo que te abandono para siempre, hasta que mi Se\u00f1or me ordene retomarte.\u201d[9]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El abandono implica la abnegaci\u00f3n. Es decir, el renunciamiento a la voluntad propia, como el santo lo subrayar\u00e1 hablando del abandono al pr\u00f3jimo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es probable que los problemas planteados y resueltos por la direcci\u00f3n espiritual en un marco epistolar jugaron un rol en la preparaci\u00f3n y el g\u00e9nesis de la presentaci\u00f3n m\u00e1s sistem\u00e1tica del abandono tal cual los encontramos en el libro IX del Tratado del amor de dios, libro IX que constituye sin duda, en este tratado, \u201cel m\u00e1s original y el m\u00e1s t\u00edpicamente salesiano\u201d[10] .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h1>Por encima de la resignaci\u00f3n, la indiferencia y el abandono<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mencionado ya en una carta a Juana de Chantal fechada el 11 de febrero de 1607. El Tratado apareci\u00f3 finalmente en 1616.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de haber subrayado la trascendencia de la abnegaci\u00f3n cristiana con relaci\u00f3n a la resignaci\u00f3n estoica de un Epicteto,[11] el Obispo de Ginebra nos da a entender que Job est\u00e1 m\u00e1s cerca de Epicteto y ser\u00e1 superado por Pablo. El Doctor del abandono parece distinguir as\u00ed un abandono propio de la Antigua Alianza y un abandono m\u00e1s caracter\u00edstico de la Nueva Alianza:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cEsta uni\u00f3n y conformidad a la voluntad divina se hace o por la santa resignaci\u00f3n o por la santa indiferencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, la resignaci\u00f3n se practica en forma de esfuerzo y sumisi\u00f3n: bien se querr\u00eda vivir en lugar de morir, sin embargo, ya que es la voluntad de Dios que uno muera, se acepta. Se desear\u00eda vivir si agradase a Dios y adem\u00e1s se desear\u00eda que Dios quisiese hacer vivir: se muere de buen coraz\u00f3n, pero se vivir\u00eda con mayor gusto (&#8230;) Job, en sus trabajos, hace este acto de resignaci\u00f3n (2, 10) \u00bf\u201cSi aceptamos la felicidad como un don de Dios, por qu\u00e9 no aceptar igualmente la desdicha? \u00bfPor qu\u00e9 no sobrellevar las penas y trabajos que \u00c9l nos env\u00eda? Soportar, sobrellevar, aguantar: palabras de resignaci\u00f3n y aceptaci\u00f3n, en forma de sufrimiento y de paciencia\u201d.[12]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En suma, para nuestro autor, la resignaci\u00f3n trae consigo una cierta reserva frente a la voluntad de Dios aceptada sin embargo, pero con esfuerzo, por no haber podido obtener de \u00c9l lo que se desear\u00eda m\u00e1s intensamente; sin embargo en tanto que incluye sumisi\u00f3n, es una \u201csanta resignaci\u00f3n\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Frente a ella, Francisco precisa la trascendencia de la \u201csant\u00edsima indiferencia\u201d: \u201cLa resignaci\u00f3n prefiere la voluntad de Dios a todas las cosas, pero no deja de amar muchas otras cosas adem\u00e1s de la voluntad de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, la indiferencia est\u00e1 por encima de la resignaci\u00f3n, porque ella no ama nada si no por el amor de la voluntad de Dios, ninguna cosa toca el coraz\u00f3n indiferente en presencia de la voluntad de Dios (&#8230;) El coraz\u00f3n indiferente ama todav\u00eda m\u00e1s (que la consolaci\u00f3n) la tribulaci\u00f3n porque no ve nada m\u00e1s amable en ella que la voluntad de Dios.[13]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Francisco de Sales cita como modelo \u201cla indiferencia del incomparable San Pablo\u201d que acepta (Flp. 1,23-24) la persecuci\u00f3n de su exilio terrestre renunciando al Para\u00edso inmediato, por amor y servicio a la Iglesia. Nos propone, as\u00ed, como modelo no tanto a Job el resignado sino a Pablo el indiferente, el de la mirada fija en la Cruz de Jes\u00fas. El justo de la Antigua Alianza pod\u00eda contentarse con la resignaci\u00f3n, el disc\u00edpulo perfecto de Jes\u00fas, el compa\u00f1ero perfecto de la Nueva y Eterna Alianza se alegra de sufrir con Cristo crucificado. Besa pues, aceptando la voluntad divina, \u201ccon una dilecci\u00f3n igual, la mano derecha de su misericordia y la mano izquierda de su justicia\u201d, \u201cpermanece en paz viendo a los hombres r\u00e9probos.[14] Porque \u201cla voluntad muerta a s\u00ed misma\u201d no tiene m\u00e1s \u201cning\u00fan querer particular, permaneciendo anonadada en ella misma y toda convertida en aqu\u00e9lla de Dios (&#8230;) es la soberana perfecci\u00f3n de nuestra voluntad el estar unida as\u00ed a la voluntad de Dios\u201d. El coraz\u00f3n \u201cembarcado en la voluntad divina\u201d no dice m\u00e1s \u201ch\u00e1gase tu voluntad y no la m\u00eda\u201d, porque ya no tiene ninguna voluntad a la cual renunciar, sino dice \u201cSe\u00f1or, encomiendo mi voluntad entre tus manos\u201d (Lc. 23,42.46).[15]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Encontramos pues aqu\u00ed la \u201ccristolog\u00eda de abandono\u201d evocada m\u00e1s arriba. M\u00e1s precisamente, Jes\u00fas sufriente es visto present\u00e1ndonos distintamente y sucesivamente, durante su Pasi\u00f3n, el modelo de una \u201coraci\u00f3n de resignaci\u00f3n\u201d en el Huerto de los Olivos. Luego las \u201cverdaderas amarguras de su alma\u201d (\u201cDios m\u00edo, Dios m\u00edo &#8230;) y finalmente \u201cel abandono admirable de su cuerpo y de su vida entre las manos de aquellos que lo crucificaron, pone tambi\u00e9n su alma y su voluntad, por una indiferencia perfect\u00edsima, entre las manos de su Padre eterno\u201d[16]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se\u00f1alemos, de paso, un paralelismo singular entre las manos de los verdugos de Jes\u00fas y las manos de su Padre: como si el autor hubiese querido decir: no hay forma de abandonarse al Padre sin abandonarse a sus enemigos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El grito interrogativo: \u201cDios m\u00edo, Dios m\u00edo \u00bfpor qu\u00e9?\u201d, que expresa el sentimiento de un abandono sensible, por parte del Padre, es relativizado &#8211; a los ojos del Doctor franc\u00e9s &#8211; por el grito de abandono espiritual entre las manos del Padre: es a \u00c9l a quien Jes\u00fas moribundo entrega su alma, sabiendo que \u00e9sta no ha sido abandonada por el Padre. Las manos de los verdugos se muestran a Jes\u00fas como sostenidas por las manos del Padre. El grito supremo no es m\u00e1s el del sufrimiento delante del abandono sensible del Padre, sino m\u00e1s bien el del abandono gozoso del Salvador del mundo, victorioso de este mundo, mediante su sufrimiento, al Padre que le entrega el mundo.[17]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es precisamente porque Francisco de Sales identifica abandono al Padre y muerte de amor del Hijo \u00fanico, que el abandono de los hijos adoptivos es percibido por \u00e9l como un tr\u00e1nsito,[18] un paso hacia la vida inmortal: participante en el misterio pascual del Hijo \u00fanico, el abandono es la pascua de los hijos adoptivos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De donde resulta para nuestro santo una nueva similitud entre el Hijo y los hijos&#160;: as\u00ed como la persona divina del Hijo \u00fanico asume una voluntad humana en la cual recibe los acontecimientos, la muerte querida por el Padre, al punto que esta voluntad humana deja a la eterna voluntad divina com\u00fan al Padre y al hijo querer en ella la muerte de amor, de la misma manera \u201cpodemos recibir los acontecimientos de la voluntad celeste por una simpl\u00edsima tranquilidad de nuestra voluntad que, no deseando cosa alguna, acepta simplemente todo lo que Dios quiere que sea hecho en nosotros, sobre nosotros y de nosotros\u201d.[19]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con una extrema sutileza psicol\u00f3gica, San Francisco de Sales descompone as\u00ed los dos quereres de Dios sobre el ejercicio de nuestra voluntad. Por un lado, \u201cDios me ha comunicado que quer\u00eda que santificase el d\u00eda de descanso; puesto que quiere que yo lo haga, quiere luego que yo lo quiera hacer y que para eso tenga mi propio querer mediante cual sigo al suyo\u201d. He ah\u00ed la voluntad divina de mi voluntaria cooperaci\u00f3n humana; voluntad comunicada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otro lado, Dios quiere que \u201cme deje conducir por su voluntad divina mediante un consentimiento admirable\u201d &#8211; recepci\u00f3n de la voluntad divina &#8211; \u201cuni\u00f3n o m\u00e1s bien unidad de nuestra voluntad con la de Dios\u201d, a trav\u00e9s de un consentimiento que Dios mismo opera en nosotros (cf. Flp. 2,13: pues es Dios el que obra en vosotros el querer y el obrar conforme a su benepl\u00e1cito\u201d): voluntad de aceptaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Recordemos que las expresiones salesianas (recepci\u00f3n de, y consentimiento a, la voluntad divina) dejan intacta la distinci\u00f3n entre criatura y Creador: la personalidad de Aqu\u00e9l al cual \u00e9l se abandona y que opera en \u00e9l este abandono. Est\u00e1 permitido pensar que la distinci\u00f3n entre las dos naturalezas de Cristo, una creada, otra increada, lo mismo que la contemplaci\u00f3n de la obediencia de Cristo en tanto que hombre, al Padre, hasta la muerte, facilitaron a Francisco de Sales el alejamiento respecto de una concepci\u00f3n pante\u00edsta del abandono, de la cual algunos m\u00edsticos musulmanes dan ejemplo &#8211; ejemplo que sin duda no conoci\u00f3.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si no se trata, para \u00e9l, de abandonarse a un universo divinizado ni a un \u201cdios c\u00f3smico\u201d,[20] Francisco es un maestro del humilde y dulce abandono horizontal al pr\u00f3jimo, signo visible del abandono a Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h1>El abandono al pr\u00f3jimo y a la Iglesia<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal es el tema desarrollado en la primera parte de la decimoquinta \u201cconversaci\u00f3n espiritual\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apoy\u00e1ndose sobre el testimonio y la pr\u00e1ctica de San Anselmo, Francisco deduce de los Evangelios el abandono al pr\u00f3jimo: \u201cNuestro Se\u00f1or ha mandado que hagamos a los otros lo que desear\u00edamos que se nos hiciera a nosotros (Mt. 7,12; Luc 6, 31) Yo quisiera que Dios hiciese mi voluntad y por consiguiente hago gustoso la de mis hermanos y la de mis pr\u00f3jimos, a fin de que plazca a este buen Dios hacer algunas veces la m\u00eda (&#8230;) Fuera de lo que es la voluntad de Dios por \u00c9l manifestada, la mejor y m\u00e1s segura forma que tengo para conocer su graciosa voluntad es escuchar la voz de mi pr\u00f3jimo: porque Dios no me habla para declararme su voluntad. Las piedras, los animales, las plantas no hablan; entonces aparte del hombre no hay nadie que pueda manifestarme la voluntad de mi Dios. Dios me ordena la caridad para con el pr\u00f3jimo; es una gran caridad conservarse en uni\u00f3n los unos con los otros y para lograr aquello no encuentro mejor medio que ser dulce y condescendiente\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Naturalmente, M. de Ginebra estaba consciente de los l\u00edmites de semejante condescendencia: \u201cSan Anselmo se somete a todo lo que no es contrario a los Mandamientos de Dios o de la santa Iglesia (&#8230;) Su regla general era&#160;: en cosas indiferentes, condescender con todo y con todos\u201d.[21]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Semejante condescendencia universal constituye de hecho una imitaci\u00f3n y una prolongaci\u00f3n de aquella que Dios mismo manifiesta con respecto al g\u00e9nero humano en el misterio de la Encarnaci\u00f3n&#160;: Dios adapta su manera de hablar a las posibilidades de acogida y de inteligencia del g\u00e9nero humano, as\u00ed como un adulto se adapta al lenguaje de los ni\u00f1os.[22]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A decir verdad, el t\u00e9rmino \u201cabandono al pr\u00f3jimo\u201d se ajusta m\u00e1s al pensamiento profundo del humilde obispo de Ginebra que el t\u00e9rmino \u201ccondescendencia\u201d: Ya en el franc\u00e9s del Siglo XVII[23] este \u00faltimo t\u00e9rmino expresaba una consciencia de superioridad que no conven\u00eda mucho[24] a una persona preocupada por ser cada vez m\u00e1s el humilde disc\u00edpulo de Jes\u00fas, humilde de coraz\u00f3n. Por el contrario el abandono al pr\u00f3jimo manifiesta mejor la disponibilidad frente sus deseos y requerimientos. Para el cristiano, se trata de abandonarse a la condescendencia de Dios respecto de \u00e9l y, de rebote, a la que el pr\u00f3jimo le manifiesta al desear tener necesidad de \u00e9l.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo nuestro santo va m\u00e1s lejos dici\u00e9ndonos expl\u00edcitamente que, trat\u00e1ndose de la voluntad de aceptaci\u00f3n a Dios y de su voluntad manifestada, el abandono al pr\u00f3jimo no es solamente un medio, sino inclusive el medio por excelencia de conocer esta voluntad. Sin negar que esta voluntad se manifiesta tambi\u00e9n a trav\u00e9s de la naturaleza f\u00edsica, los accidentes, las enfermedades, y la muerte, Francisco insiste sobre todo sobre su descubrimiento por medio del pr\u00f3jimo. Deseando habitualmente cumplir la voluntad del pr\u00f3jimo en la medida en que ella no contradiga la voluntad manifestada del legislador supremo, quiero someterme a la voluntad del Padre, como miembro del Hijo, bajo el soplo del Esp\u00edritu. El abandono al pr\u00f3jimo abraza la misericordiosa condescendida de la Trinidad hacia el animal social y racional que es la persona humana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo Jes\u00fas es mi pr\u00f3jimo m\u00e1s cercano; por los sacramentos de la Penitencia y de la Eucarist\u00eda, culmina en m\u00ed y por m\u00ed, su abandono al Padre misericordioso. Entreg\u00e1ndose a m\u00ed en la comuni\u00f3n, me hace abrazar, en la adoraci\u00f3n de un perfecto abandono, la voluntad del Padre que es su propio alimento. Concedi\u00e9ndome el valor de confesar mis pecados a su representante, me da la fuerza de abandonar mis pecados a su misericordia de abogado y de intercesor frente al Padre. Aceptando el perd\u00f3n de mi expiador crucificado, renuncio a mi pecado entre sus manos, me despojo de todos los abusos que he hecho de mi propia libertad. Abandon\u00e1ndome a la ternura de la Iglesia, que toda entera suplica a Cristo reconciliarme con su Padre, practico inseparablemente el abandono vertical al Alt\u00edsimo y el abandono horizontal a todos mis pr\u00f3jimos que Cristo quiere reunir en su \u00fanica y universal Iglesia. Echo mi abyecci\u00f3n en la santidad misericordiosa de nuestra Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si es cierto que estas consideraciones superan la letra del texto salesiano, no es menos cierto que la prolongan de manera homog\u00e9nea en su misma l\u00ednea. San Francisco de Sales, en efecto, es inseparablemente el Doctor del abandono y el Doctor, el consejero ardiente de la humilde y sacramental confesi\u00f3n semanal de las faltas veniales.[25] Mediante esta confesi\u00f3n frecuente, en armon\u00eda con la voluntad manifestada de Dios, y significada precisamente por la Iglesia,[26] el bautizado abandona entre las manos del confesor que la Iglesia le env\u00eda la apreciaci\u00f3n de su orientaci\u00f3n hacia el fin \u00faltimo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se podr\u00eda objetar que el bautizado elige a su confesor e inclusive, seg\u00fan Francisco de Sales, con gran cuidado,[27] excluyendo a los sacerdotes que le parecieran ineptos &#8211; aun si gozan de la misi\u00f3n can\u00f3nica y hayan sido enviados por la Iglesia a confesar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La observaci\u00f3n es justa pero no impide el ejercicio del abandono. Por que \u00e9ste no elimina de ninguna manera el juicio personal: para consentir a la voluntad de Dios manifestada a trav\u00e9s de los acontecimientos, hace falta previamente que la consciencia est\u00e9 bien formada y, a menudo reformada, lo que supone un ejercicio de la libertad personal y de la raz\u00f3n[28]. Desde este punto de vista, el abandono, lejos de despersonalizar, acompa\u00f1a el ejercicio y el crecimiento de la personalidad, favorecida por la mediaci\u00f3n eclesial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En suma, se podr\u00eda decir que el abandono salesiano a la graciosa voluntad de las personas divinas est\u00e1 mediatizado por el ejercicio personal de la raz\u00f3n, de la libertad y de la fe en la Iglesia &#8211; ejercicio personal presente en el acto de amor al pr\u00f3jimo. Y esta mediaci\u00f3n se enra\u00edza en una reflexi\u00f3n cristol\u00f3gica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h1>La cristolog\u00eda de abandono<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Resumamos, recapitulemos y profundicemos lo que hemos dicho. El abandono a la graciosa voluntad de Dios, para Francisco de Sales, la fe en Dios Trino, creador y gobernador del universo; el abandono tal como lo concibe el Doctor franc\u00e9s supone tambi\u00e9n la Encarnaci\u00f3n de la segunda persona, el Verbo, suscitando en Mar\u00eda un libre consentimiento a su humanizaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Subrayemos aqu\u00ed que para nuestro autor, el Ni\u00f1o Jes\u00fas se abandon\u00f3 entre los brazos de su Madre como m\u00e1s tarde, sobre la Cruz, se abandonar\u00e1 entre las manos de su Padre Eterno. Har\u00eda falta citar aqu\u00ed extensamente el libro IX. Cap. 14 de su Tratado del Amor de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s exactamente, el abandono mariano del Ni\u00f1o Jes\u00fas es para \u00e9l la imagen perfecta de su abandono no a la voluntad manifestada sino a la aceptaci\u00f3n del Padre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este contexto, varias expresiones salesianas indican en su autor simult\u00e1neamente la preocupaci\u00f3n de afirmar, por un lado, la existencia en Jes\u00fas y en todo hombre de un verdadero y activo querer humano y por otro lado su pasividad delante del obrar divino cuando la resignaci\u00f3n es superada en el abandono a la voluntad eterna.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cDios quiere que tenga mi propio querer\u201d, esto me lo notifica a trav\u00e9s de sus mandamientos; quiere que siga su deseo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras que su voluntad de aceptaci\u00f3n da lugar a dos actitudes contrastantes en el ser humano: sea \u201cquerer que los acontecimientos se produzcan seg\u00fan la voluntad de Dios y este querer es muy bueno\u201d, sea \u201crecibir los acontecimientos de la voluntad divina a trav\u00e9s de una simpl\u00edsima tranquilidad de nuestra voluntad que, no queriendo cosa alguna, acepta simplemente todo aquello que Dios quiere que se haga en nosotros, sobre nosotros y de nosotros\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el misterio de Cristo Ni\u00f1o, Francisco de Sales (citamos siempre el mismo cap\u00edtulo, hacia el final) contempla \u201csu propia libertad (humana) para querer y no querer las cosas\u201d y el hecho de dejar a su Madre \u201cel cuidado de hacer por \u00c9l lo que era requerido\u201d. Esta segunda actitud, sobre todo, le parece ser el modelo de la nuestra: No nos contentemos con desear y querer las cosas sino dejemos a Dios quererlas y hacerlas por nosotros del modo que quiera\u201d y \u201cdescarguemos en \u00c9l todas nuestra preocupaci\u00f3n, pues \u00c9l se cuida de nosotros\u201d (1 Pe 5,7).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con nuevos refinamientos psicol\u00f3gicos, Francisco comenta estas \u00faltimas palabras: \u201cToda nuestra preocupaci\u00f3n, es decir tanto la que tenemos por recibir los acontecimientos como la de querer o no querer; porque \u00c9l tendr\u00e1 cuidado de querer por nosotros lo mejor\u201d. Se trata pues de \u201crecibir la solicitud\u201d inclusive del ejercicio o del no ejercicio de la libre voluntad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El lector es conducido a preguntarse si Francisco de Sales no habr\u00eda estado dividido entre la preocupaci\u00f3n dogm\u00e1tica de no negar la libertad humana y la existencia permanente, inclusive en los m\u00e1s altos grados de la vida espiritual, inclusive en Cristo, de un libre querer siempre activo, y la preocupaci\u00f3n de favorecer la pasividad delante del actuar divino. Salvo mejor opini\u00f3n, no parece haber llegado a una s\u00edntesis de estos dos puntos de vista. Se puede preguntar, por otro lado, si otras hubiesen podido ser alcanzadas de mejor manera. Tocamos all\u00ed el misterio profund\u00edsimo de la sinergia entre el obrar humano y el obrar divino, en el ser humano ordinario y en caso \u00fanico y extraordinario del Verbo encarnado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal vez se podr\u00eda &#8211; en la l\u00ednea de los grandes te\u00f3logos medievales, de Tom\u00e1s de Aquino a Juan Duns Scoto &#8211; decir que, a imagen de Cristo en tanto que hombre, recibimos de Dios, autor de la naturaleza y de la gracia, Creador y divinizador de nuestras libertades, el acto por el cual queremos libremente sus voluntades, el acto por el cual nosotros queremos con \u00c9l que sea, participando en el querer eterno, sin ser la causa de su Ser. (Cf. 2 Ped. 1,7)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En todo caso, es sorprendente constatar que no se encuentra (salvo una m\u00e1s amplia informaci\u00f3n) en Francisco de Sales una profundizaci\u00f3n sobre la relaci\u00f3n entre la voluntad humana y voluntad divina de Cristo en la l\u00ednea de M\u00e1ximo el Confesor; as\u00ed como nuestro santo considera el abandono del Ni\u00f1o Jes\u00fas entre los brazos de su Madre m\u00e1s bien que el abandono de Mar\u00eda entre las manos traspasadas de su Hijo cerca de la Cruz y, en uni\u00f3n con \u00c9l entre las manos del Padre (no olvidemos entretanto el Serm\u00f3n de 1618 sobre la Asunci\u00f3n (\u0152vres, t. IX, p. 180). Nada hay, tampoco, hasta donde yo s\u00e9, sobre el paralelismo entre Jes\u00fas ni\u00f1o en los brazos de su Madre y Jes\u00fas muerto recibido por Mar\u00eda en la espera, llena de fe, de su Resurrecci\u00f3n. La cooperaci\u00f3n de Mar\u00eda en el Misterio Pascual del abandono del Hijo entre las manos del Padre est\u00e1 menos presente en el horizonte del obispo de Ginebra que en un san Juan Eudes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sea lo que sea, el abandono pascual a la voluntad del Padre integra y sobrepasa, a imagen de la Nueva Alianza con relaci\u00f3n a la Antigua, el abandono de resignaci\u00f3n del profeta Job: \u201cNuestro Salvador, despu\u00e9s de la oraci\u00f3n de resignaci\u00f3n que hizo en el Huerto de los Olivos, y de su captura, se dej\u00f3 prender y conducir de buen grado por aquellos que lo crucificar\u00edan, con un abandono admirable de su cuerpo y de su vida entre sus manos; tambi\u00e9n pone su alma y su voluntad, mediante una indiferencia perfect\u00edsima, entre las manos de su Padre eterno (&#8230;) concluyendo toda su vida y su Pasi\u00f3n con estas incomparables palabras&#160;: Padre, en tus manos encomiendo mi esp\u00edritu\u201d[29] .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s \u201cpaulino\u201d que \u201cJobiano\u201d, el amor de abandono, iluminado por la cruz de Jes\u00fas, est\u00e1 \u201cen su excelencia cuando recibimos no solamente con mansedumbre y paciencia las aflicciones, sino cuando as\u00ed las queremos, las amamos y las acariciamos a causa de la voluntad divina de la cual proceden\u201d.[30]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lejos de declarar (como parecen hacerlo muchos, incluidos ciertos pastores, en el contexto del Sida) que Dios no quiere el sufrimiento de los hombres, Francisco de Sales ve en el sufrimiento \u201clos escalones para subir al cielo; los medios para aprovechar la gracia y los m\u00e9ritos para obtener la gloria\u201d; contempla \u201cestos justos castigos de nuestras faltas inundados y aromatizados con la suavidad y clemencia divina\u201d[31]. Tal es el resultado de la Pasi\u00f3n de Jes\u00fas crucificado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Del mismo modo que Dios quiso la Pasi\u00f3n de Jes\u00fas no por ella misma, sino por la salvaci\u00f3n del mundo, as\u00ed quiere la participaci\u00f3n de cada persona humana en esta Pasi\u00f3n para su propia salvaci\u00f3n: \u201cLos Ap\u00f3stoles est\u00e1n alegres de estar tristes, contentos de ser pobres, revigorizados por vivir entre los peligros de la muerte y gloriosos de ser envilecidos, porque tal era la voluntad de Dios\u201d.[32]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De ah\u00ed surge la clara afirmaci\u00f3n salesiana: la voluntad de Dios est\u00e1 desigualmente presente en el matrimonio y en la virginidad \u201cen la modestia ejercida entre las consolaciones y en la paciencia practicada entre las tribulaciones; el indiferente prefiere esta porque tiene m\u00e1s de la voluntad de Dios\u201d.[33]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">He ah\u00ed un aspecto fundamental del pensamiento salesiano&#160;: la voluntad divina, a la cual el bautizado debe abandonarse para ser conforme a Cristo crucificado, se encuentra m\u00e1s en las desolaciones que en las consolaciones, en el padecer amante m\u00e1s que en el gozar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El abandono que presenta a nuestros esp\u00edritus, como un valor supremo, el obispo de G\u00e9nova, es pues concebido como abandono al Padre, con el Hijo, por el Hijo, y en el Hijo: no es un simple abandono de criatura a Creador, ni incluso solamente de hijo adoptivo a Padre adoptante, sino adem\u00e1s y sobre todo de hijo crucificado a Padre crucificador. Es un abandono cristiano y pascual. Un abandono \u201csin dicha\u201d[34] a la graciosa voluntad del Padre, en medio de un \u201cdiluvio de tristezas\u201d, a imagen del \u201cSalvador en el d\u00eda de su Pasi\u00f3n\u201d&#160;: \u201chabiendo retirado toda su santa dicha en la cima de su esp\u00edritu (&#8230;) sus ojos l\u00e1nguidos y cubiertos por las tinieblas de la muerte, no lanzaban m\u00e1s que miradas de dolor, as\u00ed como el sol lanzaba rayos de horror y de espantosas tinieblas.\u201d[35]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este abandono al Padre en el Hijo est\u00e1 sin embargo a la vez penetrado y desbordado por el abandono del Hijo al Padre&#160;: el abandono de Jes\u00fas es el abandono del Predestinador predestinado[36] del cual las virtudes humanas participan en el supremo grado posible, en el absoluto de la caridad, de sus perfecciones divinas; mientras que &#8211; a imagen del joven Francisco de Sales durante su prueba de 1586 en el colegio de Clermont &#8211; el cristiano abandona el cuidado de su salvaci\u00f3n a la voluntad salv\u00edfica de su Salvador  con la cual desea cooperar fielmente, indiferente a lo que ata\u00f1e a su adelantamiento en las virtudes, uniendo su voluntad a la de Dios en la permisi\u00f3n de sus pecados pasados, con un coraz\u00f3n perplejo que ama sin saber &#8211; con una absoluta certeza &#8211; que complace al bien amado.[37]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bajo esta relaci\u00f3n, el abandono cristiano, asimil\u00e1ndolo a Cristo crucificado, difiere sin embargo del de Jes\u00fas en la cruz&#160;: el Salvador abandonaba al Padre su salvaci\u00f3n corporal y ni que decir de la salvaci\u00f3n de su alma[38]; el cristiano abandona al Salvador y a su Padre la salvaci\u00f3n de su alma y la de su cuerpo&#160;: \u201centrego mi esp\u00edritu, mi alma, mi cuerpo y todo lo que tengo entre tus manos benditas para que hagas de ellos lo que quieras.\u201d[39]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es precisamente la Pasi\u00f3n de Cristo, su ofrenda del abandono sensible en que se encontraba su alma humana lo que merece al cristiano la gracia del abandono total, y espiritual, y corporal, entre las manos del Padre; el abandono de Jes\u00fas crucificado es el fundamento que hace posible el nuestro: \u201cHace falta fundar nuestra confianza sobre la infinita bondad de Dios y sobre los m\u00e9ritos de la muerte y pasi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u201d. Apoyados sobre semejante fundamento, podemos practicar siempre, inclusive en las perores desolaciones, el abandono y esperar recibir de Dios, en el futuro, la gracia: \u201cJam\u00e1s estamos reducidos a un extremo tal que no podamos esparcir siempre delante de la divina Majestad los perfumes de una santa sumisi\u00f3n a su sant\u00edsima voluntad y de una continua promesa de no quererlo ofender en lo m\u00e1s m\u00ednimo\u201d.[40]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se capta aqu\u00ed la originalidad radical, con relaci\u00f3n a un abandono jud\u00edo o musulm\u00e1n, del abandono practicado por el disc\u00edpulo de Jes\u00fas, bautizado con su Sangre, saciado con esta misma Sangre Preciosa&#160;: el cristiano cree que Cristo, a trav\u00e9s de su muerte abandonada en el doble sentido de esta palabra[41] le ha merecido la gracia sobrenatural de abandonarse durante su vida y sobre todo en la hora de su muerte, en el amor, a la voluntad salv\u00edfica del Padre y es con el confiado deseo de la esperanza que espera de las manos y del Coraz\u00f3n de su Redentor la gracia suprema de la perseverancia final[42] en el acto y en el estado del abandono.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La principal originalidad de esta cristolog\u00eda de abandono consiste en el reconocimiento de una jerarqu\u00eda de valores entre las siete palabras de Cristo en la cruz: el grito de derelicci\u00f3n, tomado del Salmo 22,2 no es la \u00faltima palabra del Se\u00f1or, como podr\u00eda creerse leyendo el evangelio seg\u00fan Mateo, sino el grito lucano del abandono activo, recibido del Salmo 31 el que constituye esta \u00faltima palabra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cSe est\u00e1 siempre deseoso de saber cu\u00e1l fue la \u00faltima palabra, al morir, de alguien que se ama (&#8230;) Esta \u00faltima palabra, es articulada por Jes\u00fas con toda su gran voz (&#8230;) Es verdaderamente digna de \u00c9l. Es la pura expresi\u00f3n del hombre que ha vivido absolutamente por Dios, el grito de ternura y de respeto del Hijo que no existe m\u00e1s que en el Padre. Jes\u00fas recibi\u00f3 de las manos de Dios su alma humana; la entrega religiosamente en las manos de Aqu\u00e9l que se la da (&#8230;) ella no muere, conserva su vida de esp\u00edritu en Aqu\u00e9l que permanece Padre y morada de los esp\u00edritus; porque no es Dios de muertos sino de vivos\u201d[43]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h1>Ap\u00e9ndice: La queja es compatible con el abandono<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para el obispo de Ginebra, \u201chay diferencia entre mencionar su mal y quejarse (&#8230;) En muchas ocasiones, se est\u00e1 obligado a mencionarlo, como se est\u00e1 obligado a remediarlo, pero esto debe hacerse tranquilamente, sin magnificarlo mediante palabras ni quejas\u201d, dice inspir\u00e1ndose en Santa Teresa (Camino de la perfecci\u00f3n, cap XI, carta 1716; \u0152uvres, XIX, 361).  Porque quejarse \u201cde ser miserable, tales palabras son deshonestas para una servidora de Dios y no son tanto las impaciencias m\u00e1s que las enojos\u201d. Es decir, la falta de sumisi\u00f3n trae impl\u00edcita la rebeld\u00eda (Carta 513; 1609; \u0152uvres, XIX, 122),\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La queja es una ocasi\u00f3n de pecado, inclusive es ordinariamente un pecado: \u201cEs cosa cierta que, para lo ordinario, quien se queja peca\u201d. (Introducci\u00f3n a la vida devota, III.3). \u201cNo se quejen pues, mi querida Filotea, porque uno no se queja sino de lo que desagrada\u201d (Ibid. III; 16) y el abandono quiere, precisamente, abrazar la graciosa voluntad de Dios (cf. Mt. 11,26).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, \u201cla humildad, la paciencia, el amor a Aqu\u00e9l que nos da la cruz requieren que la recibamos sin quejarnos\u201d (XIX, 361).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Evitar la queja en la prueba es imitar a Jes\u00fas crucificado. En su serm\u00f3n 29 para el Viernes Santo 17 de abril de 1620, Francisco profundiza este tema: explicando la palabra \u201cDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u201d (Mt 27, 46), el predicador dice: \u201cSe recog\u00eda en s\u00ed mismo y consideraba el misterio de su abyecci\u00f3n (&#8230;) Sin embargo, no hay que entender que el Padre lo haya abandonado de tal manera que hubiese retirado su protecci\u00f3n paternal a un Hijo tan amable, porque eso no es posible, puesto que estaba junto y unido a la divinidad. Pero en cuanto al sentimiento de esta uni\u00f3n, estaba retirado en lo profundo de su esp\u00edritu, quedando el resto del alma absolutamente desamparada\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, agrega el santo, \u201cJam\u00e1s se escuch\u00f3 salir queja alguna de la boca del Salvador: \u2018Maltratado y afligido, no abri\u00f3 la boca\u2019\u201d (Is. 53,7). Esta palabra del desamparo (Mt. 27,46), prosigue el obispo, \u201cde ninguna manera fue pronunciada para quejarse, sino solamente para ense\u00f1arnos c\u00f3mo en lo m\u00e1s recio de nuestros abandonos espirituales debemos dirigirnos a Dios y quejarnos s\u00f3lo ante \u00c9l, \u00fanico que debe ver nuestra aflicci\u00f3n, sufriendo de tal manera que los hombres apenas puedan percatarse de ello.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Hijo y la Madre se miraban con compasi\u00f3n, no se quejaban. Jes\u00fas no se quej\u00f3 nunca\u201d (\u0152uvres IX, 279-282).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el contexto global de los diversos pareceres del obispo de Ginebra sobre las quejas, se hace evidente que la expresi\u00f3n citada (\u201cNo debemos quejarnos m\u00e1s que a Dios solo\u201d) significa en realidad el deber de no mencionar su mal m\u00e1s que a Dios o a sus representantes, siguiendo la distinci\u00f3n indicada al comienzo de nuestro ap\u00e9ndice. El uso de las palabras que hace nuestro Doctor no es pues siempre perfectamente coherente, pero la tendencia global es del todo clara. El rechazo salesiano de las quejas y de las lamentaciones, frente a los hombre e incluso frente a Dios, parece haber influido en San Pablo de la Cruz, en quien se muestra m\u00e1s radical, especialmente porque el fundador de los Pasionistas parece asociarlo m\u00e1s al tema dial\u00e9ctico de la nada y del todo que es Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bertrand de Margerie S.J.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido del franc\u00e9s  por Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger para la Enciclopedia Cat\u00f3lica\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tomado de <b>\u201cL\u2019Abandon a Dieu\u201d<\/b> . T\u00e9qui, editores.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n de im\u00e1genes: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h1>NOTAS<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.  Ver por ejemplo K. Kavanaugh, \u201cSelf abandonment\u201d, spiritual, New Cath. Enclycl., Washington, 1967, t. 13, p. 60.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.  A partir de 1586, Francisco sufri\u00f3 una terribre tentaci\u00f3n de desesperanza, de la que triunf\u00f3 por un acto heroico de abandono (\u0152vres, t. 22, pp. 19-20) y el voto de rezar el Rosario todos los d\u00edas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.  \u0152vres, t. 26, op\u00fasculos (t.5): op\u00fasculo XXIII, pp. 272-276.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.  Kavanaugh (op. Cit., n1): \u201cdynamic mingling of faith, hope and love,  that unites the soul to God and to his accion\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5.  Alusi\u00f3n manifiesta a Jn. 1,18 y 13,23-25.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6.  Mt 27, 46 y Lc 23, 46: cada uno de los dos evangelistas nos habla de un grande grito (phon\u00e8 m\u00e8gal\u00e8)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7.  Sobre los sentidos variados del grito de abandono en los diferentes evangelistas, ver L. Caza. Mon Dieu, mon Dieu, pourquoi m\u2019 as-tu abandon\u00e9, Montr\u00e9l-Paris\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8.  Entendemos de esta manera el pensamiento del autor: \u201cQue nuestro coraz\u00f3n muera para que la muerte amante de Cristo,  nuestro amor,  nos haga revivir en la vida eterna\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9.  St. Fran\u00e7ois de Sales, Lettres intimes, presentadas por A. Ravier, Lettre 54, Paris, 1991. P. 193.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10.  P. Serouet, DSAM, art. Fr. De Sales, t.5 (1964) col. 1659.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11.  Trait\u00e9 de l\u2019 Amour de Dieu (sigla&#160;: TAD), 1. IX, ch. 2, p. 113 (\u00e9d. D\u2019 Annecy, 1894).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">12.  Ibid., cap. 3, p. 118.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">13.  Ibid., cap. 4, pp. 119-120.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">14.  Ibid., cap. 13, p. 136.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">15.  Ibid., cap 13. P. 151.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">16.  Ibid., cap. 15, p. 159.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">17.  Cf. Jn 15, 11; 16, 33&#160;; 17, 11.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">18.  TAD, IX, cap. 13, p. 149.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">19.  Ibid., cap. 14. P. 153.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">20.  T\u00edtulo de un volumen de A. J. Festugi\u00e8re (Paris, 1949) describiendo la teodicea de<br \/>\nlos estoicos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">21.  St Fr. De Sales, Entretiens XV, \u0152uvres, t. VI, p.268.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">22.  Vaticano II, Constituci\u00f3n Dei Verbum sobre la Revelaci\u00f3n, \u00a7 13, citando a san Juan Cris\u00f3stomo, hom. 17, 1 sobre el G\u00e9nesis, MG 53, 134.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">23.  Ver el diccionario Robert, en la palabra condescendencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">24.  Sin embargo S. Tom\u00e1s de Aquino, Suma Teol\u00f3gica, II.II.161.6.1, admite que un cristiano puede considerarse  superior (en ciertos puntos) a otros a causa de los dones recibidos de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">25.  S. Francisco de Sales, Introduction \u00e0 la vie d\u00e9vote, II, p. 19; ver B. De Margerie, Du confessional en litt\u00e9rature, Paris, 1989, pp. 203 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">26.  Ver especialmente Juan Pablo II, R\u00e9conciliation y p\u00e9nitence, 1984, \u00a7 32.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">27.  St. Fr. De Sales, Introduction \u00e0 la vie d\u00e9vote, I.4; Margerie, Du confessional en litterature (citado n. 25), pp. 186-189.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">28.  Lo que resulta de la filosof\u00eda cristiana que Francisco de Sales opone al estoicismo: TAD IX, ch. 2, p. 114; y primera redacci\u00f3n, ibid., p. 467.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">29.  TAD, IX, cap.15, p. 159.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">30.  Ibid, ch. 3, p. 117.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">31.  Ibid.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">32.  Ibid., cap. pg. 123\u00b4; cf 2Cor. 6,4-10.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">33.  TAD, IX, cap. 4, p. 121.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">34.  Ibid., cap. 11, p. 145.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">35.  Ibid.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">36.  Cf. S. Agustin, De pr\u00e6destinatione Sanctorum, XV.30&#160;; S. Tom\u00e1s de Aquino, Suma Teol\u00f3gica, III.24.3 sed contra&#160;; Margerie, Le Christ pour le monde, 1974, p. 374.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">37.  Alusiones a los t\u00edtulos de los cap. 7 a 11 del libro IX del TAD\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">38.  Cf. Hb 5, 7-8&#160;: Salvado de la muerte, vuelto perfecto, el Hijo devino para todos aquellos que lo obedecen principio de salvaci\u00f3n eterna\u201d. Se notar\u00e1 el contraste entre salvaci\u00f3n temporal frente a la muerte y salvaci\u00f3n eterna (frente al infierno) lo mismo que su s\u00edntesis en Cristo: salv\u00e1ndose de la muerte temporal por la Resurrecci\u00f3n, Cristo devino salvador para la vida eterna.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">39.  St. Fran\u00e7ois de Sales, Entretiens spirituels, II, p. 27.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">40.  Ibid., pp. 30 y 27.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">41.  Abandono pasivo y activo: cf. M.J. Lagrange, L\u2019Evangile de J\u00e9sus-Christ, Paris, 1954, p. 631: \u201cel abandonado se abandona\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">42.  Concilio de Trento (DS 1566); Margerie; Le Christ pour le monde, Paris, 1971, pp. 125-126.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">43.  R. Bernard, O.P., Le Myst\u00e8re de J\u00e9sus, Paris, 1957, t. II, p. 510.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siendo el \u00fanico doctor saboyano y franc\u00e9s de la Iglesia universal, Francisco de Sales es tambi\u00e9n el doctor por excelencia del abandono a la Providencia, es decir de una orientaci\u00f3n espiritual considerada algunas veces[1] como la expresi\u00f3n de una contribuci\u00f3n especialmente francesa al patrimonio espiritual de la Iglesia. \u201cImitemos al divino Salvador que como Salmista &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/abandono-en-francisco-de-sales\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abABANDONO EN FRANCISCO DE SALES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-22472","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22472","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=22472"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22472\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=22472"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=22472"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=22472"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}