{"id":22475,"date":"2016-02-05T15:24:52","date_gmt":"2016-02-05T20:24:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/abandono-en-la-espiritualidad-de-san-agustin\/"},"modified":"2016-02-05T15:24:52","modified_gmt":"2016-02-05T20:24:52","slug":"abandono-en-la-espiritualidad-de-san-agustin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/abandono-en-la-espiritualidad-de-san-agustin\/","title":{"rendered":"ABANDONO EN LA ESPIRITUALIDAD DE SAN AGUSTIN"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Elementos de una espiritualidad de abandono en San Agust\u00edn<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Agust\u00edn prepara su coraz\u00f3n para las pruebas provenientes del pr\u00f3jimo comentando el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a, el abandono a los hombres<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 La Voluntad divina abandona, para salvarlo, al justo que se abandona a ella<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Abandonando al justo, Dios prepara su coraz\u00f3n para prepararse al \u00c9l<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Agust\u00edn prepar\u00f3 numerosos elementos de la s\u00edntesis posterior del abandono<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Notas<\/li>\n<\/ul>\n<h1>Elementos de una espiritualidad de abandono en San Agust\u00edn<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Abordamos aqu\u00ed un tema que hasta donde yo s\u00e9, todav\u00eda no ha sido objeto de un examen preciso. Su estudio no puede ser m\u00e1s atrayente. Nos permitir\u00e1 entrever el importante rol jugado por el Doctor de la Gracia en la lenta elaboraci\u00f3n de una doctrina del abandono en Dios. Aqu\u00ed, sin duda, se impone una aproximaci\u00f3n hist\u00f3rica y al mismo tiempo lexicogr\u00e1fica. Sabiendo que otros estudios posteriores podr\u00edan considerar aproximaciones diferentes, nos parece que las principales etapas del camino agustiniano est\u00e1n marcadas por sus controversias con los maniqueos, los donatistas, los pelagianos y finalmente los semi-pelagianos. Con palabras diferentes de las cuales ninguna  anticipa sino parcialmente la \u00fanica expresi\u00f3n de abandono aplicada hoy anal\u00f3gicamente a la relaci\u00f3n des los hombres con Dios y de Dios con los hombres, Agust\u00edn descubre, primero, un abandono social y horizontal vivido en la preparaci\u00f3n del coraz\u00f3n para las pruebas, implicando cierto abandono temporal de los hombres por Dios, luego el contraste entre \u00e9ste en la Antigua Alianza y el no abandono espiritual propio de la Nueva, finalmente, la entrega del destino espiritual y personal a Dios eterno. Descubrimiento \u00faltimo que lo prepara inmediatamente a su pr\u00f3xima muerte como v\u00edctima del arrianismo. Precisemos estas etapas caracter\u00edsticas[1].\n<\/p>\n<h1>Agust\u00edn prepara su coraz\u00f3n para las pruebas provenientes del pr\u00f3jimo comentando el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a, el abandono a los hombres<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre 393 y 396, Agust\u00edn escribe su notable comentario del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a. No resistir a los malos, poner la otra mejilla, entregar el manto a quien quiere tomarlo, tantas expresiones del Maestro cuyo significado Agust\u00edn esclarece de esta forma: Jes\u00fas no ha pedido una actitud exterior concreta sino quiso sugerir disposiciones \u00edntimas dominadas por el amor (no violento) al pr\u00f3jimo, un precepto de \u201cpreparaci\u00f3n del coraz\u00f3n\u201d&#160;: para el Se\u00f1or, es \u201cpoca cosa no devolver el mal recibido si no se est\u00e1 listo a recibir un mal mayor\u201d (nisi amplius sis paratus accipere); si alguien te golpea, no te golpea sino te prepara a ser golpeado nuevamente (para te adhuc percuti). As\u00ed, aunque Jes\u00fas no da la mejilla derecha durante su Pasi\u00f3n, se prepar\u00f3 a morir para la Salvaci\u00f3n de todos los hombres; se prepar\u00f3 de coraz\u00f3n para ser crucificado en todo su cuerpo (paratus corde toto corpore crucifigi)\u201d. Para Agust\u00edn Cristo Se\u00f1or es, entonces, el maestro de la preparaci\u00f3n del coraz\u00f3n para todas las pruebas, como \u00c9l, es necesario estar. \u201cpreparado para todo, en el coraz\u00f3n (in ipso corde ad omnia pr\u00e6paratus)\u201d. Sintetizando los diferentes ejemplos concretos dados por Jes\u00fas, Agust\u00edn concluye \u201cen todas estas clases de injusticia, el Se\u00f1or ense\u00f1a que el cristiano debe ser pacient\u00edsimo, misericordios\u00edsimo y estar muy preparado a sufrir pruebas m\u00e1s grandes\u201d.[2]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En suma, para Agust\u00edn, Jes\u00fas fue el primero (con relaci\u00f3n a nosotros) en practicar el precepto interior &#8211; e interiorizante &#8211; de la preparaci\u00f3n del coraz\u00f3n a las pruebas, es decir, principalmente, de una resistencia no violenta a la violencia de los violentos. Para el disc\u00edpulo de Jes\u00fas, se trata de amar a los otros cuando nos hagan cualquier violencia. Al punto de \u201ctolerar con igualdad de alma las m\u00e1s grandes pruebas infligidas por quien se desea corregir, sin descuidar la correcci\u00f3n\u201d[3]. El cristiano asume los riesgos de una necesaria correcci\u00f3n fraternal, \u00a1inclusive cuando le signifique nuevas pruebas de parte de quien desea corregir!\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para el exegeta-predicador de Hipona, la preparaci\u00f3n del coraz\u00f3n para las pruebas cumple la quinta bienaventuranza que promete misericordia a los misericordiosos y ejerce la pureza  de coraz\u00f3n a la cual es prometida la visi\u00f3n de Dios&#160;: \u201c\u00bfQuien puede estar listo a soportar las injusticias provenientes de los d\u00e9biles, tanto que aquello es \u00fatil a su salvaci\u00f3n y preferir sufrir m\u00e1s ampliamente la injusticia de otro antes que devolver lo que ha sufrido, qui\u00e9n puede hacer eso si no aquel que es perfectamente misericordioso? La purificaci\u00f3n del coraz\u00f3n es consecuencia de la misericordia, es como la purificaci\u00f3n del ojo mediante el cual Dios es visto[4].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es, entonces, del conjunto del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a, que Agust\u00edn de Hipona hace lo que estar\u00edamos tentados de llamar hoy d\u00eda una lectura simuladora de no violencia. La preparaci\u00f3n del coraz\u00f3n del disc\u00edpulo de Jes\u00fas se vuelve obediencia al mandamiento de mansedumbre no violenta del Maestro, sin retroceder delante de la necesidad de hacerse violencia a s\u00ed mismo para no hacerla a los otros. El coraz\u00f3n del cristiano imita al Coraz\u00f3n del Se\u00f1or en su humilde preparaci\u00f3n a su propia pasi\u00f3n, en la cual \u00c9l se abandon\u00f3 a los hombres para abandonarse perfectamente al Padre y salvador del mundo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a (Mt. 6,25-34) trataba tambi\u00e9n de las necesidades temporales. Curiosamente, el comentario de Agust\u00edn sobre la Providencia del Padre en cuanto al alimento y al vestido de sus hijos, en cuanto a su porvenir temporal, no suscita en Agust\u00edn reflexiones que inciten a sus lectores al abandono vertical. Su atenci\u00f3n se concentra sobre el abandono horizontal a las pruebas provenientes de los hombres y de una manera solamente impl\u00edcita &#8211; en ese momento &#8211; se orienta hacia el abandono vertical al Padre que prueba a trav\u00e9s de los hombres. Nos alienta a sufrir las pruebas sin dejar de ser misericordiosos respecto del pr\u00f3jimo que nos prueba, precisamente para obtener la pureza de coraz\u00f3n ya vista por Dios misericordioso cuando \u00c9ste prueba a trav\u00e9s de los hombres. Para \u00e9l esto es claro, es imposible progresar en el doble amor al pr\u00f3jimo y a Dios si no hay prontitud en aceptar las pruebas provenientes, a trav\u00e9s del pr\u00f3jimo, del Dios que purifica el coraz\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya, sin embargo, esta preparaci\u00f3n del coraz\u00f3n para las pruebas de la vida terrestre es inseparable de una preparaci\u00f3n para la muerte por la salvaci\u00f3n del pr\u00f3jimo, en uni\u00f3n con el Maestro.\u00bf La prueba suprema proveniente del pr\u00f3jimo no ser\u00eda, a imagen de Jes\u00fas crucificado en todo su cuerpo, aquella de tener que ofrecer por \u00e9l la muerte proveniente de \u00e9l&#160;? Se ve aqu\u00ed como el abandono a los hombres en la no violencia conduce a imitar a Jes\u00fas hasta en su muerte de abandono al Padre. El abandono parcial conduce al abandono total. El abandono horizontal no puede ser pleno si no desemboca sobre el horizonte del abandono vertical.  \u00bfPero a cu\u00e1l Dios abandonarse?\n<\/p>\n<h1>La Voluntad divina abandona, para salvarlo, al justo que se abandona a ella<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para Agust\u00edn, las pruebas a las que los hombres son sometidos no son solamente permitidas por Dios, sino adem\u00e1s queridas por \u00c9l, no por ellas mismas sino con miras al bien salv\u00edfico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la Ciudad de Dios, esta afirmaci\u00f3n tan desconcertante para muchos hoy d\u00eda, es presentada con una gran fuerza: \u201cTodo lo que el hombre sufre contra su voluntad, no debe atribuirlo a los hombres o a los \u00e1ngeles, sino m\u00e1s bien a la voluntad de Aqu\u00e9l que confiere su poder a las otras voluntades\u201d (V, 10, 1). Inclusive, cuando las voluntades creadas parezcan oponerse a los designios divinos, no hacen m\u00e1s que servir a los designios que Dios se ha fijado, tan grandes son su poder y su sabidur\u00eda (ibid., XXII, 2, 1).[5] Doctor de la Providencia,  Agust\u00edn puede exclamar: \u201cDios cumple sus voluntades tan ben\u00e9ficas a trav\u00e9s de las voluntades malas de los hombres malos (&#8230;)[6] En nuestra vida nada procede del azar (&#8230;) Todo lo que llega contra nuestra voluntad no puede venir m\u00e1s que de la voluntad de Dios, de su Providencia, del orden que ha establecido, del consentimiento que da y de las leyes que ha fijado.\u201d[7]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otros t\u00e9rminos, s\u00f3lo podr\u00eda impedir conformarnos siempre a la voluntad divina y abandonarnos perfectamente a ella, el error seg\u00fan el cual muchos de los acontecimientos de nuestras vidas sobrevendr\u00edan sin que Dios est\u00e9 presente y activo, sin que Dios los quisiera. Error que parecen querer ciertos cristianos del siglo XX y que les corta radicalmente la serenidad del abandono en medio de las pruebas. Agust\u00edn les respond\u00eda anticipadamente: \u201cCualquier cosa que un hombre sufriese a pesar de su voluntad, aflicciones, tristezas, trabajos, humillaciones, lo atribuye a la justa voluntad de Dios.[8]\u201d Agust\u00edn sobrentiende: precisamente este hombre est\u00e1 persuadido de que esta voluntad divina no es arbitraria, sino justa, id\u00e9nticamente voluntad de una Sabidur\u00eda infinita.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos estos escritos de Agust\u00edn se sit\u00faan durante sus luchas contra el donatismo y el pelagianismo, mucho antes del fin de su vida; su pensamiento es retomado en un escrito m\u00e1s tard\u00edo: \u201cDios es tan bueno que inclusive los males le sirven para el bien; no habr\u00eda permitido a los malos producirlos si no hubiese podido utilizarlos por su soberana bondad\u201d[9] es decir, ponerlas al servicio de su designio de salvaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Conformarse y abandonarse a la voluntad divina no es, entonces, renunciar a la raz\u00f3n para someterse a lo irracional; es, al contrario, unirse a una sabidur\u00eda trascendente capaz de poner a sus servicio nuestras locuras.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se adivina el estrecho nexo entre esta visi\u00f3n contemplativa del misterio de la Redenci\u00f3n y la profundizaci\u00f3n por parte de Agust\u00edn del problema del mal en el curso de su lucha contra el manique\u00edsmo: el mal no es ser y substancia, sino accidente y privaci\u00f3n; el Bien le es anterior y superior.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El mal no puede existir sin el bien, al que no puede destruir completamente, y al triunfo del cual concurre. El optimismo se impone: el Dios sabio que prueba permitiendo y queriendo males es el Dios perpetuamente triunfador de estos males por la victoria del Bien de su Bondad. El abandono activo a la voluntad divina en medio de los males es, entonces, siempre racional y justificada.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">San Agust\u00edn profundiza este tema hacia 413, en la misma \u00e9poca (aproximadamente) que escribe la Ciudad de Dios, en su carta 140 a Honorato. Comenta ah\u00ed, largamente, el Salmo 21 recitado por Jes\u00fas en la cruz: \u201cDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u201d. Agust\u00edn pasa al examen de lo que llamamos \u201cabandono pasivo\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Define la naturaleza \u00edntima del abandono sufrido por el justo del salmo 21: \u201cCuando rogamos a Dios que nos conceda los bienes temporales y no nos escucha, nos abandona en aquello que no somos atendidos (in eo quod nos non exaudit, derelinquit nos), pero no nos abandona en lo que concierne a los bienes m\u00e1s elevados y preferibles, de los que quiere inspirar la inteligencia, el gusto y el deseo\u201d ([10] ad potiora nos non derelinquit).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Obispo de Hipona distingue, entonces dos formas de abandono concebibles de parte de Dios providente: uno es temporal y corporal, el otro espiritual y eterno. La pregunta del justo atribulado del salmo 21 expresa \u201cla voz de la enfermedad humana a la cual deben ser arrojados los bienes de la antigua alianza pertenecientes al hombre viejo, la prolongaci\u00f3n de la vida temporal (&#8230;) que querr\u00eda pasar sin la muerte de la enfermedad a la inmortalidad\u201d (Cf. 2 Cor. 5,4).[11]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cristo en la cruz, retomando el grito del salmista, se expresa en el nombre de la humanidad, en la persona de su cuerpo que es la Iglesia. En el nombre de los justos que mueren: el justo agonizante experimenta en su carne un abandono divino, pero su alma no est\u00e1 de ninguna manera abandonada por Dios. El justo atribulado no experimenta abandono sino respecto de un deseo natural de supervivencia sin muerte, en el que se encuentra mezclado de hecho el deseo carnal del hombre viejo que dormita todav\u00eda en \u00e9l.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La actualizaci\u00f3n hecha por Jes\u00fas del grito del salmista es vista por Agust\u00edn al interior de una consideraci\u00f3n de las dos Alianzas: la antigua promet\u00eda la vida temporal sin excluir la muerte, la nueva promete la vida eterna, pero pasando por la muerte. Las palabras del salmista, retomadas en nombre de la Iglesia por el Cristo agonizante, expresan un lastimero dolor humano frente al rechazo divino de la inmediata inmortalidad corporal de una salvaci\u00f3n-sin-la-muerte y est\u00e1n, entonces, alejadas de la salvaci\u00f3n-eterna-por-la-muerte que promete el Cristo crucificado del Nuevo Testamento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otros t\u00e9rminos, Jes\u00fas crucificado quer\u00eda inculcar a los hombres, desde lo alto de la c\u00e1tedra de la cruz, el car\u00e1cter relativo y no absoluto del abandono sufrido por ellos a la hora de la muerte; si Jes\u00fas participa en su abandono temporal y temporario, es para arrancarlos al abandono eterno de la segunda muerte, del infierno eterno.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Terminando su Carta a Honorato, Agust\u00edn recapitula as\u00ed su explicaci\u00f3n del salmo 21 a la luz del Nuevo testamento y de la nueva Alianza:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cHe cre\u00eddo necesario recorrer el salmo prof\u00e9tico del que Cristo pronunci\u00f3 las primeras palabras desde lo alto de la cruz, haci\u00e9ndonos ver c\u00f3mo Dios nos abandona y c\u00f3mo de una manera no se aleja de nosotros, reuni\u00e9ndonos hacia los bienes eternos ora concedi\u00e9ndonos \u00fatilmente ora neg\u00e1ndonos \u00fatilmente los bienes temporales para ense\u00f1arnos a no apegarnos a ellos (&#8230;) por miedo a ser castigados con el diablo y sus \u00e1ngeles, siendo asociados a su eterna condenaci\u00f3n.\u201d[12]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Comprendamos que, para Agust\u00edn, cada uno de nosotros, todo hombre, tiene la experiencia m\u00e1s o menos constante y cotidiana del abandono y del no abandono de parte de Dios; de un abandono corporal, exterior y temporal en la muerte y en todas sus anticipaciones, y de no abandono divino &#8211; si bien lo queremos, si nos abandonamos a \u00c9l &#8211; espiritual, interior y eterno. Es decir, de la voluntad salv\u00edfica y beatificante del creador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero esta experiencia del no abandono trascendente supone de hecho la experiencia de un cierto abandono inmanente. Es en medio de la prueba que el justo (y aquel que tiende a la justicia, que la desea) experimenta as\u00ed su concentraci\u00f3n interior hacia los bienes eternos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ese \u201cquo modo nos Deus derelinquat et quo alio modo non recedat a nobis\u201d captamos el meollo de la dial\u00e9ctica agustiniana: de la exterioridad hacia la interioridad, de la interioridad hacia la trascendencia eterna: ab exterioribus ad interiora, ab interioribus ad superiora.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La s\u00edntesis agustiniana sobre el abandono que Cristo y todos los justos experimentan de parte de Dios, se encuentra expresada mejor en estas frases de la Carta 140 Honorato:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El salmista (del salmo 21) dice: \u201cNo ha desde\u00f1ado la s\u00faplica del pobre, no volvi\u00f3 su rostro y cuando clamaba \u00c9l me escucho\u201d. Pero \u00bfqu\u00e9 vienen a ser estas palabras: \u201c\u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado? \u201c si el Se\u00f1or no vuelve su rostro. El sentido m\u00e1s verdadero es que Dios abandon\u00e1ndonos no nos abandona cuando no nos escucha para los bienes temporales, nos hace gustar lo que nos quita y lo que nos ofrece: derelinquens non derelinquit ut sapiamus quid auferat et quid offerat nobis\u201d[13]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otros t\u00e9rminos, contemplando a Cristo crucificado a la luz de este salmo mesi\u00e1nico (el salmo 21), comprendemos que nuestra vida terrestre est\u00e1 abandonada a la muerte para permitirnos recibir as\u00ed una vida eterna que Dios no abandonar\u00e1 jam\u00e1s. Si es que aceptamos abandonar &#8211; con Cristo y en \u00c9l &#8211; esta vida terrestre, sin abandonar a Dios, que se ofrece a nosotros en la muerte. Si en lugar de desear y pedir la prolongaci\u00f3n indefinida de nuestra vida mortal, la ofrecemos a Dios, \u00a1la abandonamos a Dios, en Cristo, con nuestra muerte, para la salvaci\u00f3n del mundo!\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos parece que podemos decir que, bajo el l\u00e9xico de la derelicci\u00f3n y de la no derelicci\u00f3n, Agust\u00edn trat\u00f3 realmente lo que actualmente llamamos la espiritualidad del abandono, en este muy poco citado comentario del salmo 21.\n<\/p>\n<h1>Abandonando al justo, Dios prepara su coraz\u00f3n para prepararse al \u00c9l<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El conflicto con los pelagianos conduce a Agust\u00edn a una reflexi\u00f3n m\u00e1s profunda sobre esta participaci\u00f3n del coraz\u00f3n para la prueba en la que el justo experimenta un cierto abandono de Dios\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la \u00e9poca en que el predicador de Hipona redactaba su comentario del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a, subrayaba sobre todo la actividad mediante la cual el justo deb\u00eda preparar su coraz\u00f3n para la prueba; as\u00ed, comentando el salmo 56, durante el tiempo pascual del a\u00f1o 395, Agust\u00edn exclama&#160;: \u201cmi coraz\u00f3n est\u00e1 listo \u00bfno he preparado yo mi coraz\u00f3n para sufrir&#160;?\u201d.[14]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Del mismo modo, en el Serm\u00f3n 46, el predicador comenta largamente el Eclesi\u00e1stico 2,1: \u201cHijo m\u00edo, si te das al servicio de Dios, prepara tu \u00e1nimo a la tentaci\u00f3n. Ten recto el coraz\u00f3n\u201d. He aqu\u00ed la par\u00e1frasis de Agust\u00edn: \u201cDios es fiel, que no permitir\u00e1 que sean tentados m\u00e1s all\u00e1 de sus fuerzas (1 Cor. 10,13). Prometer este auxilio, predecir los sufrimientos por venir, es confirmar al que vacila\u201d, Algunos tienen sed de martirio, mientras que otros son quebrados por la perspectiva de las tentaciones futuras.[15]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las citas precedentes nos dejan entrever los or\u00edgenes b\u00edblicos del concepto de \u201cpreparaci\u00f3n del coraz\u00f3n para las pruebas\u201d&#160;: Agust\u00edn lo fabric\u00f3 a partir del salmo 56 y del libro del Eclesi\u00e1stico&#160;: se trata, se podr\u00eda decir as\u00ed,  de un concepto veterotestamentario, que el Obispo de Hipona va a transfigurar poco a poco a la propia luz del Nuevo Testamento.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La crisis pelagiana y la profundizaci\u00f3n en la meditaci\u00f3n del Evangelio de Juan inducen a Agust\u00edn a ver que esta preparaci\u00f3n del coraz\u00f3n no es solamente ni especialmente humana, sino ante todo divina: es obra de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Frente a la declaraci\u00f3n de Jes\u00fas (\u201cvoy a prepararos el lugar\u201d, Jn. 14,2-3), el exegeta te\u00f3logo nos dice: \u201c\u00c9l prepara siempre las moradas que ha preparado: aquellas que prepar\u00f3 predestinando, las prepara por su acci\u00f3n (quas pr\u00e6paravit predestinando pr\u00e6parat operando). El deseo del amor es la preparaci\u00f3n de la morada. S\u00ed, Se\u00f1or, prepara eso que preparas, en efecto, nos preparas para ti y te preparas para nosotros puesto que preparas un lugar para ti en nosotros y para nosotros en ti.\u201d[16]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este comentario retoma y sobrepasa el pensamiento anterior. La retoma en el sentido que la preparaci\u00f3n del coraz\u00f3n es preparaci\u00f3n para la prueba, e inclusive por la prueba. No solamente del coraz\u00f3n del cristiano para el Coraz\u00f3n de Cristo, sino tambi\u00e9n preparaci\u00f3n de este Coraz\u00f3n para recibirnos y acogernos en s\u00ed mismo, como en nuestra verdadera morada. La sobrepas\u00f3 mostrando una eterna preparaci\u00f3n divina inmanente a todas las preparaciones humanas, tr\u00e1tese de aquella de Jes\u00fas o de la nuestra a trav\u00e9s de \u00c9l: preparaci\u00f3n interpersonal, intersubjetiva&#160;: \u201cTu nos preparas para ti prepar\u00e1ndote para nosotros\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Le\u00eddo a la luz de los textos anteriormente citados, el comentario del Evangelio jo\u00e1nico significa que \u201cla preparaci\u00f3n del coraz\u00f3n para sufrir las m\u00e1s grandes pruebas\u201d es un deseo amante, simult\u00e1neamente adquirido e infuso, de amar siempre sufriendo. El don infuso y libremente desarrollado con el auxilio divino se convierte en un don adquirido. Orienta hacia la vida eterna. Es para ella y hacia ella que el eterno Dios predestinador prepara el coraz\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La profundizaci\u00f3n agustiniana est\u00e1 confirmada por el expl\u00edcito rechazo, en 420, de una concepci\u00f3n pelagiana de la preparaci\u00f3n del coraz\u00f3n: \u201cEllos estiman que preparar su coraz\u00f3n es propio del hombre sin la gracia de Dios (&#8230;) como si dijeran (contra Jes\u00fas, Jn. 15,5): \u201cPodemos preparar nuestro coraz\u00f3n sin ti\u201d o contra Pablo (2 Cor. 3,5) Nosotros mismos somos capaces de preparar nuestro coraz\u00f3n (&#8230;)\u201d \u00bfQui\u00e9n puede, en efecto, sin un buen pensamiento preparar su coraz\u00f3n para el bien? (&#8230;) El hombre prepara su coraz\u00f3n, pero no sin la ayuda de Dios, que toca al coraz\u00f3n de tal manera que el hombre prepara su coraz\u00f3n\u201d[17]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es evidente que la profundizaci\u00f3n anti-pelagiana de la preparaci\u00f3n del coraz\u00f3n, permite a Agust\u00edn volverla m\u00e1s inteligible. Para todo ser humano, ya es dif\u00edcil prepararse para sufrir pruebas; es incluso una haza\u00f1a rara; preparar su coraz\u00f3n para sufrir pruebas m\u00e1s grandes todav\u00eda es a\u00fan m\u00e1s dif\u00edcil; pero estas preparaciones se convierten en amables y f\u00e1ciles cuando est\u00e1n suscitadas por el soplo del Esp\u00edritu divino y por la Gracia de Cristo crucificado, modelo exterior y sost\u00e9n interior. El Predestinador divino inclina &#8211; convertido en modelo humano &#8211; al coraz\u00f3n bautizado a desear lo que el mismo dese\u00f3 para salvarnos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El camino de Agust\u00edn hacia el reconocimiento de una preparaci\u00f3n divina en medio de la preparaci\u00f3n humana manifiesta una nueva prolongaci\u00f3n de la conversi\u00f3n del ret\u00f3rico africano a Cristo, una nueva conversi\u00f3n, una conversi\u00f3n de Obispo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Retrospectivamente, esta comprensi\u00f3n del car\u00e1cter a la vez divino y humano, infuso y adquirido, de la preparaci\u00f3n del coraz\u00f3n, permite captar mejor el rol y el lugar del ayuno, de la limosna y de la oraci\u00f3n en el programa del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a. Sin ellos, no hay preparaci\u00f3n del coraz\u00f3n para las pruebas sociales ligadas a la pobreza, a las humillaciones y a los insultos. A trav\u00e9s de ellas, el Padre prepara a su hijo a abandonar la b\u00fasqueda de la gloria terrestre y de las riquezas, confiando su salvaci\u00f3n, su felicidad, y su futuro a la Providencia. Orar, compartir, ayunar: todo esto obtiene de Dios la fuerza de amar al pr\u00f3jimo incluso cuando nos abofetea o quiera tener un pleito con nosotros. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda aquel que no ora, no comparte y no se priva, abandonarse al pr\u00f3jimo y, a trav\u00e9s de \u00e9l, a Dios? Es invit\u00e1ndonos a abandonar los bienes superfluos, y las comidas in\u00fatiles que Dios mismo prepara en nosotros a nuestro coraz\u00f3n para la muerte temporal y para la vida eterna.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed preparado es como Agust\u00edn, al final de su vida, en su lucha contra los maestros marselleses atados a su semipelagianismo, llegar\u00e1 a formular &#8211; por otra parte brevemente &#8211; un acto expl\u00edcito de abandono de la vida espiritual misma al Dios Salvador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cMe admira (miror: estoy asombrado) que los hombres prefieran confiarse en su fragilidad antes que en la firmeza de la promesa de Dios. Es que, dicen no sabemos qu\u00e9 quiere hacer Dios de nosotros? \u00bfEntonces qu\u00e9? \u00bfSaben mejor lo que les reserva su voluntad? Y estas palabras: \u201cque aquel que se jacta de estar de pie tenga cuidado de no caer\u201d (1 Cor. 10,12) no les dan miedo&#160;? \u00bfPor qu\u00e9 el hombre, en la incertidumbre en que se encuentra respecto de estas dos voluntades, no prefiere aquella que es firme a aquella que es fr\u00e1gil, para confiarle su fe, su esperanza y su caridad?\u201d[18]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Remarquemos primeramente el vocabulario latino de la confianza y del abandono a la Providencia: \u201cmiror homines infirmitati su\u00e6 malle se commitere quam firmitati promissionis Dei (&#8230;) Cur non homo firmiori quam infirmiori fidem suam, spem, charitatem que committit&#160;?\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Notemos en seguida la paradoja querida: Agust\u00edn alienta un acto de confianza mediante el cual el cristiano confiar\u00eda su confianza misma,[19] su esperanza en la promesa firm\u00edsima de Dios, la vacilaci\u00f3n de su fe y de su caridad todav\u00eda d\u00e9biles  a la fuerza divina, y no a su consciencia limitada&#160;: \u201ccommittere spem suam firmitati promisionis Dei\u201d. Y \u00e9l sabe ya que la firmeza de la esperanza descansa sobre la fidelidad de Dios a sus promesas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otros t\u00e9rminos, Agust\u00edn conf\u00eda y abandona su fe, su esperanza y su caridad a la misericordia de ese Dios en el que cree, que espera y que ama. O si se prefiere, conf\u00eda al Creador la guarda de este precioso dep\u00f3sito[20] que desea conservar, pero conoce demasiado su debilidad para contar con sus propias fuerzas. Abandona a su Dios lo que tiene de m\u00e1s precioso: su vida espiritual e inclusive, su perseverancia en el amor creyente y confiado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pocos a\u00f1os antes, en 420, en su Enchiridion (II.8 y XX.114), Agust\u00edn hab\u00eda subrayado que la esperanza descansa sobre el bien futuro y personal &#8211; especialmente el bien a realizar y la recompensa a que da derecho &#8211; que no se espere de s\u00ed mismo sino del se\u00f1or. Sin embargo estas afirmaciones generales y abstractas no constituyen todav\u00eda una descripci\u00f3n personalizada del acto de esperanza, a diferencia del texto citado m\u00e1s arriba, extra\u00eddo del tratado Sobre la predestinaci\u00f3n de los santos. Es hacia esta evocaci\u00f3n m\u00e1s personalizada que Agust\u00edn, poco antes de su muerte, nos orienta resistiendo a la orgullosa presunci\u00f3n de poder por sus propias fuerzas perseverar en la esperanza de salvaci\u00f3n y confiando, por el contrario, abandonando a la fuerza amante del Se\u00f1or esta salvaci\u00f3n, esta perseverancia y esta esperanza. La predestinaci\u00f3n, ya evocada anteriormente, es vista como una predestinaci\u00f3n a la gloria.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Agust\u00edn sabe que nadie es abandonado por Dios, a menos de haberlo abandonado antes  a \u00c9l[21]&#160;; sabe tambi\u00e9n que Dios no abandona al pecador, sino lo persigue por su misericordia[22]; concluye que debe desconfiarse de s\u00ed mismo y confiarse a Dios, confi\u00e1ndole hasta su destino espiritual; en ese Dios predestinador, abandona el secreto y el misterio de su propia predestinaci\u00f3n eterna.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La toma de conciencia m\u00e1s aguda, en el contexto del pensamiento paulino, de la doctrina de la predestinaci\u00f3n obliga al Obispo de Hipona a hundirse cada vez m\u00e1s en una esperanza llena de abandono. Para \u00e9l, esperar, es encomendar (committere) su eterna salvaci\u00f3n entre las manos del Padre.\n<\/p>\n<h1>Agust\u00edn prepar\u00f3 numerosos elementos de la s\u00edntesis posterior del abandono<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El doctor de la gracia nos presenta en orden disperso casi todos los actos y los conceptos que &#8211; reunidos por San Francisco de Sales &#8211; formar\u00edan lo que podr\u00edamos llamar la espiritualidad integral y cl\u00e1sica del abandono.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llama nuestra atenci\u00f3n sobre la Fe que nos hace reconocer en cada prueba una manifestaci\u00f3n de la amable voluntad divina con miras a nuestra perfecci\u00f3n y a nuestra salvaci\u00f3n. Facilita as\u00ed nuestra adhesi\u00f3n a la Voluntad divina en medio de las noches oscuras de la fe.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos sugiere encomendar entre las manos de Dios, confiando plenamente el cumplimiento de sus promesas, nuestra vida espiritual misma, el dep\u00f3sito precioso de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestra caridad: frente a nuestra  doble incertidumbre referida a la voluntad de Dios sobre nosotros en el futuro y lo que nuestra propia voluntad nos reserva, Agust\u00edn nos pide con insistencia preferir a la fragilidad de nuestra propia libertad la firmeza de la libertad divina. Nos alienta a esperar en el Se\u00f1or, y no de nosotros, el bien futuro y personal de la asistencia divina en medio de las luchas necesarias para alcanzar nuestro \u00faltimo fin.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La caridad penetra de su dinamismo a la propia fe en la santificante voluntad divina y la entrega confiada del destino espiritual y personal a la fiel Bondad del Creador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero todo esto, no conduce a la expresi\u00f3n de un acto de abandono compuesto de actos m\u00e1s perfectos de fe, de esperanza y de caridad.[23] Agust\u00edn casi roza esta s\u00edntesis cuando escribe (siempre al final de su vida): \u201cVivimos m\u00e1s seguros si nos damos del todo a Dios que si nos entregamos en parte a \u00c9l y en parte a nosotros mismos&#160;: tutiores vivimus si totem Deo damus non autem nos illi ex parte et nobis ex parte committimus\u201d[24]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Destaquemos de paso, que volvemos a encontrar aqu\u00ed el verbo committere, antecedente agustiniano m\u00e1s claro de nuestro \u201cabandonarse\u201d). Agust\u00edn est\u00e1 plenamente consciente de la necesidad de una entrega total a Dios que implica el renunciamiento total a s\u00ed mismo. La herej\u00eda semi-pelagiana present\u00f3 para \u00e9l la inmensa ventaja de ayudarlo a esta decisiva toma de conciencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No hemos encontrado en \u00e9l, sin embargo, un comentario del texto b\u00edblico que permita a Bossuet hablar de una \u201cdoctrina apost\u00f3lica del abandono del cristiano\u201d[25], a saber la orden dada por el ap\u00f3stol Pedro de \u201cechar sobre \u00c9l todos nuestros cuidados, puesto que tiene providencia de nosotros\u201d (1 P 5, 7-8). Bossuet deb\u00eda comentarlo magn\u00edficamente: \u201cEste acto nos separa a fondo de nosotros; este acto nos une a Dios tanto como es posible en esta vida (&#8230;) Este acto lleva en s\u00ed mismo todo lo que puede darnos la seguridad, puesto que nada nos vuelve m\u00e1s sensible la bondad de Dios que el movimiento que nos inspira a esperarlo todo; y el abandono puede ir m\u00e1s lejos, ya que es ah\u00ed donde est\u00e1 una perfecta consumaci\u00f3n\u201d de la orden del ap\u00f3stol San Pedro.[26]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPor qu\u00e9 habiendo percibido Agust\u00edn cada uno de los elementos de eso que nosotros llamamos actualmente \u201cespiritualidad de abandono\u201d &#8211; salvo quiz\u00e1 la insistencia sobre el momento presente &#8211; no nos dej\u00f3 una s\u00edntesis expl\u00edcita?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La principal raz\u00f3n es sin duda lexicogr\u00e1fica, y al mismo tiempo cristolog\u00eda. El \u201cmaterial b\u00edblico\u201d &#8211; si se pudiera decir as\u00ed &#8211; que ten\u00eda a su disposici\u00f3n le suministr\u00f3 las categor\u00edas de abandono por Dios, de preparaci\u00f3n y de entrega de s\u00ed a Dios. Este material ya le hab\u00eda sido suministrado por el Antiguo Testamento, especialmente por los salmos. Ah\u00ed descubri\u00f3 al Dios que abandona (Sal 54\/55, v 23)[27]. Bajo la influencia del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a (Mt. 5, 39-44), y de la literatura sapiencial, Agust\u00edn forja el concepto t\u00e9cnico de \u201cpreparaci\u00f3n del coraz\u00f3n\u201d. La aplica a Cristo que se prepara para su Pasi\u00f3n. Y al cristiano que debe prepararse para la prueba, participaci\u00f3n en la Pasi\u00f3n de Cristo. Contempla a Cristo abandonado corporalmente, de manera moment\u00e1nea por su Padre, pero no espiritualmente. Salvo ignorancia de mi parte, Agust\u00edn no llega, en este contexto, a considerar a Cristo encomend\u00e1ndose al Padre en la hora de la muerte. Sin duda hace alusi\u00f3n[28] a la actualizaci\u00f3n hecha por Cristo del pensamiento del salmista (31, 6)&#160;: \u201cPadre, en tus manos encomiendo mi esp\u00edritu\u201d, pero no la explota, que yo sepa, ni sobre el plano pastoral ni con miras a subrayar la importancia psicol\u00f3gica y religiosa de esta \u00faltima palabra de Jes\u00fas. Para darse cuenta, basta comparar la poca \u201cdensidad\u201d de esta simple alusi\u00f3n con los comentarios de San Francisco de Sales que citaremos m\u00e1s adelante.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para resumir, todav\u00eda no estamos, en San Agust\u00edn, frente a la pr\u00e1ctica de una participaci\u00f3n expl\u00edcita, consciente y voluntaria en el abandono confiado del Cristo crucificado respecto de su Padre, ni a la apropiaci\u00f3n humilde y amante de los m\u00e9ritos de su Pasi\u00f3n. Salvo los eventuales descubrimientos que resulten de un nuevo inventario de los textos. Esperamos que surjan, entre nuestros lectores, investigadores resueltos a escrutar de cerca el vocabulario agustiniano correspondiente a la actual espiritualidad del abandono y especialmente el uso (no solamente en \u00e9l, sino tambi\u00e9n en el conjunto de la literatura patr\u00edstica) del important\u00edsimo pasaje de la Ep\u00edstola de Pedro&#160;:\u201cEchad sobre \u00c9l todos vuestros cuidados, puesto que tiene providencia de vosotros\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Doctrina ya presente en el Antiguo Testamento (Sal 55, 23). Agust\u00edn &#8211; si hubiese tenido tiempo de prolongar sus reflexiones sobre el misterio de la predestinaci\u00f3n de Cristo &#8211; hubiera podido percibir de una manera m\u00e1s clara el misterio del abandono de Cristo crucificado al Padre predestinador y la participaci\u00f3n del cristiano en este misterio. Jes\u00fas en la cruz, entregando su alma entre las manos del Padre, deposita en \u00c9l su preocupaci\u00f3n por la salvaci\u00f3n del mundo, ligada a su propia salvaci\u00f3n f\u00edsica de Resucitado (cf. HB 5, 5-10). Mediante este acto de abandono, Jes\u00fas nos mereci\u00f3 el abandono activo y pasivo entre las manos del Padre, que nos abandona corporalmente a la hora de la muerte sin abandonarnos espiritualmente, puesto que nos dado todo en su Hijo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una espiritualidad de abandono, ya inculcada por la Primera Alianza, deviene m\u00e1s indispensable todav\u00eda, una vez que el misterio de la eterna predestinaci\u00f3n, a la vida eterna, es revelado por Aquel que es la Alianza nueva y eterna.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bertrand de Margerie S.J.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kruger para la Enciclopedia Cat\u00f3lica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selecci\u00f3n de im\u00e1genes: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tomado de \u00abL&#8217;abandon a Dieu\u00bb. T\u00e9qui, editores.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h1>Notas<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.  En este cap\u00edtulo, retomo, integr\u00e1ndolos en una nueva edici\u00f3n, varios elementos extra\u00eddos de mi art\u00edculo Pr\u00e6paratio cordis ad plura perferenda, Agustinianum 32(1992) 145-160 &#8211; en donde analizo los comentarios de agust\u00edn sobre Mateo 5, 39 ss e su De Sermone Domini in monte (I, 19, 50 y 20, 66) &#8211; y tambi\u00e9n de mi estudio sobre la Epistola 140 a Honorato en mi Introduction \u00e0 l\u2019 histoire de l\u2019Ex\u00e9g\u00e8se, t. III, S. Agustin, Cerf, Paris, 1983, pp. 120 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. San Agust\u00edn, De Sermone Domini in monte, I.19.57, 58, 61&#160;; I.20. 66.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.  Ibid.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.  Ibid., I, 23, 80\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5.  Visi\u00f3n retomada en nuestro tiempo por P\u00edo XII, Summi Pontificatus, AAA 31(1939)452.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6.  San Agustin, Enchiridion, 26&#160;; cf. Rascol, art. Providence, DTC XIII.1 (1936)961 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7.  San Agust\u00edn, Enarratio in Ps 118, v. 12.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8.  San Agust\u00edn, Enarratio II in Ps 31, 24, 26.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9.  San Agust\u00edn, Opus imperfectum contra Julianum, V60&#160;; ML 45, 1495\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10.  San Agust\u00edn, Epistola 140 ad Honoratum, VII, 19&#160;; CSL 44, 169&#160;; trad. Fr.&#160;: Poujoulat, Lettres de St Agust\u00edn, Paris, 1858, t. III, pp. 1 ss:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11.  Ibid., VI, 15-18&#160;; Poujoulat, III, 13-15\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">12.  Epist. 140, XXXVI, 82&#160;; CSEL 44, 230-231.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">13.  Epist. 140, XXIV, 59&#160;; CSEL 44, 205.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">14.   San Agust\u00edn, Enarr. In Ps 56, 15&#160;; CCL 39, 705&#160;; SDM I, 19.59\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">15.   San Agust\u00edn, Sermo 46, 5,12&#160;: ML 38, 276.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">16.  Agustin precisa: \u201c\u00bfqu\u00e9 es preparar el coraz\u00f3n si no preparar la voluntad?\u201d y cita Prov 16, 1 y 8, 35; \u201cla voluntad est\u00e1 preparada por el Se\u00f1or\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">17.  San Agust\u00edn, In Johannis Evang. Tract 68 y 69; CCL 36, 499.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">18.  San Agust\u00edn, De pr\u00e6destinatione sanctorum, XI. 21; cf, a continuaci\u00f3n del n. 26.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">19.  El pensamiento evoca el c\u00e9lebre acto de abandono de Claudio de la Colombi\u00e8re, esperando su esperanza misma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">20.  Cf. I Tim 6, 20&#160;; II Tim 1, 12.14. Pablo, siguiendo una interpretaci\u00f3n de estos vers\u00edculos, sugiere a Timoteo confiar su dep\u00f3sito.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">21.  San Agustin, De Nature et Gratia, 26.29&#160;; citado por el Concilio de Trento (DS 1537). Ver ML 44, 261.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">22.  St Agust\u00edn, De Civ. Dei, V. 11&#160;; ML 41, 153.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">23.  Bossuet, Instruction sur les Etats d\u2019 oraison, I, 10, 18&#160;; \u00e9d. Lachat, t. 18, p 627.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">24.  San Agust\u00edn, De Dono perseveranti\u00e6, VI.12\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">25.  Bossuet, op. Cit. (N.24), ibid., p.628.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">26.  Ibid. Bossuet comenta a la vez esta orden y el texto de Agust\u00edn citado m\u00e1s arriba (n.18)&#160;: \u201ctodo el fin de esta doctrina de San Agust\u00edn es la de hacernos confesar que, no habiendo m\u00e1s que una sola voluntad que sea inmutable, es decir, la voluntad de dios, y aqu\u00e9lla teniendo la nuestra en su mano, no hay m\u00e1s certidumbre para nosotros que unirnos soberanamente a esta suprema voluntad que sola pueda hacer para nosotros todo lo que hace falta: lo que no puede esperarse m\u00e1s que abandon\u00e1ndose enteramente a ella (extracto de l\u2019 Instruction (&#8230;) citada n. 23, p. 626).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">27.  San Agust\u00edn, Enarr. In Ps 54, \u00a7 24&#160;: ML 36, 644.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">28.  San Agust\u00edn, Enarr. In Ps 30, \u00a7 11&#160;: ML 36, 237.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Elementos de una espiritualidad de abandono en San Agust\u00edn 2 Agust\u00edn prepara su coraz\u00f3n para las pruebas provenientes del pr\u00f3jimo comentando el Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a, el abandono a los hombres 3 La Voluntad divina abandona, para salvarlo, al justo que se abandona a ella 4 Abandonando al justo, Dios prepara su coraz\u00f3n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/abandono-en-la-espiritualidad-de-san-agustin\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abABANDONO EN LA ESPIRITUALIDAD DE SAN AGUSTIN\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-22475","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22475","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=22475"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22475\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=22475"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=22475"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=22475"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}