{"id":22479,"date":"2016-02-05T15:25:01","date_gmt":"2016-02-05T20:25:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/abandono-y-espiritualidad-ignaciana\/"},"modified":"2016-02-05T15:25:01","modified_gmt":"2016-02-05T20:25:01","slug":"abandono-y-espiritualidad-ignaciana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/abandono-y-espiritualidad-ignaciana\/","title":{"rendered":"ABANDONO Y ESPIRITUALIDAD IGNACIANA"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 San Ignacio de Loyola, Maestro de Abandono<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Ignacio exalta el abandono a Dios a trav\u00e9s de la Iglesia<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 El abandono ignaciano recurre a los medios, a todos los medios puestos a disposici\u00f3n por el \u00fanico Mediador<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 El abandono en otros autores jesuitas, particularmente en Surin<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Ap\u00e9ndice I<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Ap\u00e9ndice II<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 Notas<\/li>\n<\/ul>\n<h1>San Ignacio de Loyola, Maestro de Abandono<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Presentar a San Ignacio de Loyola como maestro de abandono parecer\u00e1 sin duda a muchos imposible. \u00bfNo aparece primeramente como un testigo del urgente deber de realizar la voluntad divina en el mundo creado, como un ap\u00f3stol de la cooperaci\u00f3n creada de la libertad con la gracia, antes que como un contemplativo de las operaciones de la gracia en el seno de la libertad? \u00bfNo se ha podido decir que el peligro-l\u00edmite de la espiritualidad ignaciana es el del semipelagianismo?[1]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y sin embargo&#8230; vamos a ver que Ignacio y la Orden que fund\u00f3 favorecieron &#8211; con la contemplaci\u00f3n en la acci\u00f3n &#8211; la acogida adoradora de las voluntades divinas, que no trata solamente de consumar, sino tambi\u00e9n de aceptar en su misteriosa trascendencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de haber examinado las notas espec\u00edficas del abandono ignaciano, intentaremos sintetizar las vistas de su hijo Juan Jos\u00e9 Surin, y se\u00f1alar brevemente, en un ap\u00e9ndice, a algunos jesuitas menos conocidos que han escrito sobre el abandono.\n<\/p>\n<h1>Ignacio exalta el abandono a Dios a trav\u00e9s de la Iglesia<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">En sus ejercicios espirituales, Ignacio presenta elementos que cimientan una doctrina del abandono a la Providencia; fundando la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, subraya la participaci\u00f3n de la Iglesia y de la Orden en la Sabidur\u00eda amante de esta divina Providencia, al punto que el abandono a Dios se prolonga en un abandono a la Iglesia, y que el abandono invisible de la fe, de la esperanza y de la caridad se vuelve obediencia visible.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es seguro que este tema del abandono, en Ignacio de Loyola, ya haya sido objeto de un an\u00e1lisis y de una s\u00edntesis met\u00f3dica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c9stos demandar\u00edan un estudio preciso del vocabulario ignaciano del abandono, especialmente de los verbos, como el verbo dejar en espa\u00f1ol, y el verbo relinquere en lat\u00edn; sin duda este trabajo, que ser\u00eda fructuoso, queda por hacer.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es espera de que este trabajo sea hecho, podemos ir encontrando en los ejercicios ignacianos varias orientaciones, cuya integraci\u00f3n mutua constituye el abandono. La indiferencia[2] frente a las criaturas (en el sentido de la no diferencia hecha entre ellas) en la b\u00fasqueda exclusiva de la voluntad del Creador, la pobreza espiritual suprema[3] que implica el despojo de toda voluntad propia y particular para abrazar la universal voluntad de Dios, la ofrenda total de la voluntad[4] y de la libertad a la voluntad de Dios, incluida a prop\u00f3sito de las enfermedades, de las humillaciones y de las privaciones. He ah\u00ed un conjunto que re\u00fane los diferentes aspectos de esta virtud compleja y unificada que es el abandono, a la luz de la fe y en las llamas de un amor pleno de confiada esperanza.[5]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos estos elementos se encuentran separados abstractamente los unos de los otros en los Ejercicios, pero est\u00e1n reunidos en la realidad concreta del alma del ejercitante, cuya caridad los unifica. La renuncia a s\u00ed mismo y el amor a Dios por sobre todas las cosas, son las dos caras de una misma y \u00fanica realidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin duda, si se admite que fue s\u00f3lo a partir del siglo XVII que se reunieron estas nociones, es evidente que los Ejercicios favorecen el abandono sin presentarlo todav\u00eda como un horizonte. Est\u00e1n, sin embargo, muy pr\u00f3ximos, particularmente en la oblaci\u00f3n de la \u201ccontemplaci\u00f3n para obtener el amor espiritual\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las reglas que norman la comuni\u00f3n de coraz\u00f3n y de palabra con la Iglesia Jer\u00e1rquica[6] preparan, al que hace el retiro espiritual, a prolongar su abandono a Dios mediante su abandono a la Iglesia, lo que conducir\u00e1, m\u00e1s all\u00e1 de la espiritualidad gen\u00e9rica de los Ejercicios, en la visi\u00f3n espec\u00edfica de Ignacio fundador de orden. M\u00e1s claramente, la conformidad de sus ejercicios a la voluntad divina se vuelve obediencia a la Iglesia mediadora por la cual conocemos y abrazamos esta voluntad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En efecto, hace falta distinguir en Ignacio tres niveles en su espiritualidad: el nivel cristiano gen\u00e9rico, en los Ejercicios; el nivel espec\u00edfico del fundador de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas (constituciones, relato del peregrino, la mayor\u00eda de sus cartas) y el nivel personal (diario de mociones espirituales).[7]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son los textos correspondientes al segundo nivel los que nos permiten captar el desarrollo de una espiritualidad espec\u00edficamente ignaciana del abandono, cuyos g\u00e9rmenes ya estaban presentes en los Ejercicios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Citemos algunos textos extra\u00eddos de las Constituciones.<br \/>\nA prop\u00f3sito de la salud corporal, Ignacio prev\u00e9 que el religioso de la Compa\u00f1\u00eda puede advertir al superior de sus necesidades, pero dej\u00e1ndole[8] el cuidado de todo \u201cteniendo por mejor lo que ordenare sin replicar ni hacer instancia por s\u00ed ni por otra persona (ora conceda lo que se pide, ora no); pues ha de persuadirse que lo que su Superior siendo informado ordenare, ser\u00e1 lo que m\u00e1s conviene para el divino servicio y su mayor bien en nuestro Se\u00f1or   (\u00a7 292).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed como el jesuita enfermo no debe \u201cpreocuparse en otra cosa que en ejercitar su paciencia y obediencia, dexando[9] la cura de todo lo dem\u00e1s al Superior y sus ministros, por medio de los cuales le rige la divina Providencia\u201d (\u00a7 304)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los textos citados hasta aqu\u00ed no hacen m\u00e1s que particularizar el principio general expresado en la sexta parte de las Constituciones (\u00a7 547): \u201cque cada uno de los que viven en obediencia, se debe dexar (otra vez aparece esta palabra) llevar y regir de la divina Providencia por medio del Superior\u201d. Si el abandono a la Providencia incluye el abandono al Superior es porque plugo a Dios gobernar al inferior, no solamente de manera inmediata, sino adem\u00e1s a trav\u00e9s del Superior: la actitud subjetiva de aqu\u00e9l corresponde al orden querido por el Jefe invisible de la Iglesia y del mundo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este punto es confirmado, adem\u00e1s, en un contexto m\u00e1s netamente eclesial: \u201cni el Superior por s\u00ed mismo ni alguno de los particulares della podr\u00e1 por s\u00ed o por otro procurar ni tentar mediata o inmediatamente con el Papa o sus ministros para que haya de residir o ser imbiado m\u00e1s a una parte que en otra (606). La continuaci\u00f3n precisa: \u201cdejando los particulares todo el cuidado al Summo Vicario[10] de Cristo y a su Superior, y el Superior cerca de s\u00ed mesmo a Su Santidad y a la Compa\u00f1\u00eda en el Se\u00f1or nuestro\u201d. Nuevamente encontramos el verbo espa\u00f1ol del abandono: dexar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Abandono de s\u00ed al Superior, a la Compa\u00f1\u00eda, al Soberano Pont\u00edfice sin el cual la Compa\u00f1\u00eda no existir\u00eda&#160;: tal es el ideal ignaciano de abandono a la Iglesia, instrumento de la acci\u00f3n de Cristo resucitado en el mundo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si, para Ignacio, el inferior tiene la obligaci\u00f3n de practicar siempre este abandono de s\u00ed mismo, no es menos cierto que el Superior puede favorecerlo y facilitarlo mediante su actitud&#160;: Muy especialmente ayudar\u00e1, entre otras cualidades, el cr\u00e9dito y auctoridad para con los s\u00fabditos; y tener y mostrar amor y cuidado dellos; en manera que los inferiores tengan tal concepto que su Superior sabe y quiere y puede bien regirlos en el Se\u00f1or nuestro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otros t\u00e9rminos, el inferior se esforzar\u00e1 en contemplar en el Superior una participaci\u00f3n en el Poder, en la Sabidur\u00eda y en la Voluntad salv\u00edfica del Creador y Redentor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El vocabulario ignaciano del abandono &#8211; dexar, relinquere &#8211; implica el consentimiento a las iniciativas divinas y eclesiales y la no resistencia a la acci\u00f3n divina m\u00e1s bien que las iniciativas humanas. Corresponde a una primac\u00eda reconocida a la acci\u00f3n divina con relaci\u00f3n a la acci\u00f3n humana; y resulta de esta convicci\u00f3n enraizada en el autor de los Ejercicios Espirituales&#160;: \u201cNadie sabe ni puede saber hasta que punto hace obst\u00e1culo a la gracia\u201d[11], es decir, a la acci\u00f3n sobrenatural de Dios.[12]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La concepci\u00f3n ignaciana de la mediaci\u00f3n eclesial en el abandono sacrificial a la Providencia divina alcanza su cima en un pasaje destacable de la c\u00e9lebre carta sobre la obediencia&#160;: \u201cLa obediencia es un holocausto por el cual el hombre todo, sin sustraer nada de s\u00ed mismo, se ofrece en el fuego de la caridad a su Creador a trav\u00e9s de las manos de sus ministros (&#8230;) se despoja enteramente de s\u00ed para ser pose\u00eddo y gobernado por la Providencia por medio de su Superior\u201d. Este abandono total en la obediencia incluye la renuncia al juicio y a la voluntad propia y particular. Mediante este abandono activo el disc\u00edpulo de Ignacio deja operar en \u00e9l a la sabidur\u00eda y al poder de la voluntad divina. Se encamina hacia un abandono pasivo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ignacio mismo recapitul\u00f3 y resumi\u00f3 los pensamientos evocados aqu\u00ed un a\u00f1o antes de su muerte, dictando su testamento sobre la obediencia (1555). Citemos tres de los once art\u00edculos de este documento:[13]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022\t\u201cDebo entregarme (ser resinado) en todo y por todo entre las manos de Dios nuestro Se\u00f1or y en las de mi Superior\u201d. Entrega y resignaci\u00f3n que reflejan las de Cristo al morir abandon\u00e1ndose en las manos del Padre, es decir en el poder del Padre: \u201cPadre, en tus manos entrego mi esp\u00edritu\u201d (Lc. 23,46). No me entregar\u00eda entre las manos del Padre celeste si rehusara abandonarme a su representante terrestre. Este doble abandono visible e invisible es el que debe practicar el jesuita para ser verdaderamente un imitador y un compa\u00f1ero del Se\u00f1or crucificado. Eso es lo que resulta del art\u00edculo 1&#160;;<br \/>\n\u2022\tNo debo pedir a mi superior (&#8230;) enviarme a tal o cual lugar, sino exponerle mis pensamientos y mis deseos para \u201cecharlos por tierra \u201c, dejando al Superior el cuidado de juzgar y decidir, estando presto a considerar como lo mejor lo que juzgare (&#8230;) Sin embargo, para las cosas de poca importancia puedo pedir, estando dispuesto a considerar como lo mejor lo que fuere decidido\u201d (art. 9 y 10).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otros t\u00e9rminos, el abandono al Superior implica reserva verbal y moderaci\u00f3n \u00edntima en la iniciativa que entretanto debe ser ejercida&#160;: \u201cdebo exponer mis pensamientos y mis deseos\u201d. Porque Dios act\u00faa no solamente en y a trav\u00e9s del Superior, sino tambi\u00e9n puede actuar en mi y por mi, que soy inferior.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se ve: el Superior (que a su vez tiene Superiores) y el inferior deben abandonarse conjuntamente a la voluntad divina en el seno de una comuni\u00f3n eclesial. Para Ignacio, los Superiores se convierten, a los ojos de los inferiores, en medios humanos &#8211; simult\u00e1neamente en el orden natural y en sobrenatural &#8211; para abandonarse a la sabidur\u00eda y a la bondad de Dios, en una Iglesia que se ve a s\u00ed misma como un signo visible, un sacramento del abandono de Cristo al Padre. Cristo, prolongado por la Iglesia, es mediador de abandono.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estamos siendo conducidos al examen de otra dimensi\u00f3n del abandono ignaciano, prolongando y subtendiendo la dimensi\u00f3n eclesial precedente, a saber: las relaciones entre medios humanos y medios sobrenaturales, naturaleza y gracia, criatura y Creador, inseparables pero distinguibles en el misterio de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h1>El abandono ignaciano recurre a los medios, a todos los medios puestos a disposici\u00f3n por el \u00fanico Mediador<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las Constituciones de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas nos orientan hacia una profundizaci\u00f3n del abandono concedi\u00e9ndole una gran extensi\u00f3n a la acci\u00f3n del abandonado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un bi\u00f3grafo de Ignacio nos recuerda que hacia 1525 \u201cDios le hab\u00eda dado a entender que deb\u00eda emplear todos los medios honestos para su servicio, pero poniendo inmediatamente su confianza en Dios solo y no en sus medios\u201d[14]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ignacio hizo esta confidencia en 1555 en el curso de una conversaci\u00f3n en presencia de Ribadeneira, su disc\u00edpulo preferido. El mismo bi\u00f3grafo Carnoli agrega: \u201cPor un lado Ignacio se esforzaba enteramente como si fuese a actuar solo; por otro lado se abandonaba a Dios como si su acci\u00f3n y su juicio no tuviesen ning\u00fan valor\u201d[15]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ribadeneira, testigo de la entrevista de 1555 y primer bi\u00f3grafo de Ignacio nos habla en su tratado sobre la manera ignaciana de gobernar:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cEn las cosas del servicio de Nuestro Se\u00f1or que emprend\u00eda, hac\u00eda uso de todos los medios para alcanzarlas, con mucho cuidado y eficacia, como si de ellos dependiese el \u00e9xito; y de la misma manera se confiaba en Dios y se somet\u00eda a su divina Providencia como si todos los otros medios que empleaba no tuviesen efecto alguno.[16]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n en 1555, Luis Gon\u00e7alvez, memorialista de los \u00faltimos a\u00f1os de Ignacio, precisaba esta forma de actuar del fundador de la Compa\u00f1\u00eda: \u201cEn las empresas que comienza, el Padre a menudo parece no valerse de prudencia humana alguna (&#8230;) sino m\u00e1s bien hacerlo todo apoy\u00e1ndose sobre la sola confianza en Dios. Pero, tanto parce pasar por encima de la prudencia humana cuando comienza sus empresas, cuanto las persigue y busca medios para hacerlas avanzar, haciendo uso de toda prudencia divina y humana. Parece que trata primeramente con Dios todo asunto emprendido y como no vemos que la trate con \u00c9l, nos quedamos estupefactos con la manera con que la emprende\u201d.[17]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed se introduce un nuevo matiz que encontraremos en el principio de la acci\u00f3n, contacto con Dios solo; luego en la b\u00fasqueda de los medios humanos para llevarla a buen t\u00e9rmino sin que cese el recurso a Dios; la prudencia humana est\u00e1 puesta al servicio de una prudencia divina, que no desaparece sino que diviniza la prudencia humana. Dios est\u00e1 al comienzo, al medio y al fin de la acci\u00f3n del hombre. La prudencia de la Providencia divina parece encarnarse en la prudencia humana un poco como el Verbo eternamente pre-existente se convierte en hombre en el tiempo sin dejar de ser Eterno.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siempre en este fecundo a\u00f1o 1555, Ignacio enuncia por escrito, en una carta fechada el 17 de septiembre y dirigida a San Francisco de Borja[18], su teor\u00eda del \u201cabandono operacional\u201d: \u201cConsiderando a Dios nuestro Se\u00f1or en todas las cosas (&#8230;) y teniendo por error poner toda mi confianza y mi esperanza \u00fanicamente en medios o en c\u00e1lculos humanos, no estimando que sea tampoco una v\u00eda segura de confiar todo a Dios sin querer valerme de lo que me ha dado, porque me parece en Nuestro Se\u00f1or que debo utilizar todos los medios, deseando en todas las cosas su m\u00e1s grande alabanza y gloria y absolutamente ninguna otra cosa, decido (&#8230;)\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este precioso texto contiene varias afirmaciones complementarias; a. Dios es el autor, el amo, y el donador de los medios humanos en tanto que Creador de todo; b. hace falta entonces valerse de ellos para cooperar con \u00c9l y corresponder a la intenci\u00f3n con la cual los crea y los otorga; c.  y emplearlos en la lucha contra dos errores inversos: poner su confianza \u00fanicamente en ellos (lo que presupone que no ser\u00eda de ninguna manera un error poner su confianza en ellos en tanto que son instrumentos de la acci\u00f3n divina) o, al contrario, no querer valerse de ellos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La idea fundamental de Ignacio se junta con la idea expuesta por Santo Tom\u00e1s de Aquino cerca de tres siglos antes: \u201cAs\u00ed como no est\u00e1 permitido esperar un bien cualquiera fuera de la beatitud como fin \u00faltimo sino solamente como un medio ordenado al fin que es la beatitud; as\u00ed como no est\u00e1 permitido poner su esperanza en un hombre o en otra criatura como en una causa primera que conduce a la beatitud; pero est\u00e1 permitido poner su esperanza en un hombre o en otra criatura como en un agente secundario que ayuda en la b\u00fasqueda de los bienes cualesquiera que fuesen que est\u00e1n ordenados a la beatitud\u201d.[19] Tal es la interpretaci\u00f3n &#8211; muy profunda &#8211; mediante la cual el Doctor com\u00fan muestra c\u00f3mo hay que entender Jer. 17,5: \u201cMaldito sea el hombre que se conf\u00eda en el hombre\u201d; significa: \u201cBendito sea el hombre que se conf\u00eda en otros hombres en tanto que instrumentos de Dios\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El conjunto de estos pensamientos ignacianos fue recapitulado mucho tiempo despu\u00e9s de su muerte, en 1705, por el jesuita h\u00fangaro Gabriel Hevenesi, en una recopilaci\u00f3n de m\u00e1ximas ignacianas titulada Scintill\u00e6 ignatian\u00e6: \u201cSic Deo fide quasi rerum successus omnis a te, nihil a Deo penderet; ita tamen iis operam omnem admove, quasi tu nihil, Deus omnia solus sit facturus\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Demos una traducci\u00f3n de este texto casi intraducible:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cHe aqu\u00ed la primera regla del obrar&#160;: conf\u00eda en Dios como si el \u00e9xito de las cosas dependiese \u00fanicamente de ti y en nada de Dios y sin embargo pon todo tu esfuerzo como si Dios fuese a hacer todo y t\u00fa nada\u201d.[20]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos[21] han se\u00f1alado el impresionante quiasma de la sentencia latina&#160;: el c\u00edrculo de los dos \u00f3rdenes, uno humano y otro divino, est\u00e1 encerrado en la identidad divina; Dios es visto como el origen, el medio y el t\u00e9rmino de la libertad creada y de la gracia sobrenatural y auxiliadora que concede ambos a la persona humana; no se trata en esta m\u00e1xima de un simple di\u00e1logo entre dos libertades, sino de cooperaci\u00f3n y de sinerg\u00eda entre libertad creada y libertad creadora, al punto que no solamente el \u201c\u00e9xito de las cosas\u201d sino tambi\u00e9n el esfuerzo de la confianza humana dependen totalmente del supremo \u201cAutor de todo bien\u201d.[22]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Interpretaci\u00f3n confirmada por un texto destacable de las Constituciones que expresa el pensamiento permanente y definitivo de Ignacio sobre este \u201cabandono en la cooperaci\u00f3n\u201d. Helo aqu\u00ed:[23]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cPorque la Compa\u00f1\u00eda no se ha instituido con medios humanos, no puede conservarse ni augmentarse con ellos, sino con la mano omnipotente de Cristo Dios y Se\u00f1or nuestro, es menester en \u00c9l solo poner la esperanza de que \u00c9l haya de conservar y llevar adelante lo que se dign\u00f3 comenzar para su servicio y alabanza y ayuda de las \u00e1nimas\u201d. El primer medio y el m\u00e1s adaptado consistir\u00e1 en las oraciones y las misas que se ofrecer\u00e1 para esta santa intenci\u00f3n. \u201cY conforme a esta esperanza, el primer medio y m\u00e1s proporcionado ser\u00e1 de las oraciones y Sacrificios (&#8230;) Para ayudar \u201clas \u00e1nimas para que consigan el \u00faltimo y sobrenatural fin suyo, los medios que juntan al instrumento con Dios y le disponen para que se rija bien de su divina mano son m\u00e1s eficaces que los que le disponen para con los hombres (&#8230;)\u201d Estos dones interiores deben conferir a los dones exteriores su eficacia respecto del fin perseguido: la gloria de Aqu\u00e9l que cre\u00f3 y rescat\u00f3 a las almas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Interrumpamos un segundo nuestra lectura para despejar el sentido de estas frases: Para Ignacio las misas y oraciones son los medios interiores y divinos que confieren su eficacia a los medios exteriores y humanos, aqu\u00e9llos disponen respecto de Dios, \u00e9stos respecto de los hombres y entre ambos se hace necesaria \u201cuna doctrina fundada y s\u00f3lida\u201d[24] Arraigada en la fe, esta doctrina es tambi\u00e9n, bajo otro aspecto, un medio sobrenatural y divino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Retomemos nuestro texto. \u201cSobre este fundamento, los medios naturales que disponen el instrumento de Dios nuestro Se\u00f1or para con los pr\u00f3ximos ayudar\u00e1n universalmente para la conservaci\u00f3n y augmento de todo este cuerpo, con que se aprendan y exerciten por solo el divino servicio, no para confiar en ellos, sino para cooperar a la divina gracia, seg\u00fan la orden de la summa Providencia de Dios nuestro Se\u00f1or, que quiere ser glorificado con lo que \u00c9l da como gracia, que es lo sobrenatural\u201d[25].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En suma, el fin sobrenatural (la salvaci\u00f3n eterna de las almas) no puede ser alcanzado sin recurrir a los medios sobrenaturales&#160;; y el medio sobrenatural por excelencia es la misa, oraci\u00f3n sacrificial de Cristo y su Iglesia; en otros t\u00e9rminos, Cristo al prolongarse en su Eucarist\u00eda y en su Iglesia, es el mediador \u00fanico y supremo de la salvaci\u00f3n de las almas, el medio divino que confiere tanto su eficacia a los medios humanos, como la doctrina segura y s\u00f3lida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es evidente, pues, que Ignacio funda la confianza en Dios sobre el recurso mancomunado, para la gloria de Dios, a los medios divinos y humanos concedidos por el mismo Dios Creador y Salvador&#160;: el misterio de Cristo se encuentra presente en filigrana en el fundamento mismo de la esperanza y del abandono. La s\u00edntesis de los medios humanos y divinos evoca y manifiesta la s\u00edntesis, en el Verbo encarnado, de la naturaleza divina y de la naturaleza humana. Cristo es el gran nexo que une en s\u00ed mismo el origen (Dios creador) y el fin \u00faltimo (visi\u00f3n beat\u00edfica) y sobrenatural de las almas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cristo se muestra as\u00ed como el mediador de eso que es espec\u00edfico en la versi\u00f3n ignaciana del abandono: la s\u00edntesis entre la confianza en Dios y el uso de los medios humanos en el seno de la obediencia a la Iglesia, prolongaci\u00f3n del Verbo encarnado, \u201cCristo propagado y comunicado\u201d, siguiendo la c\u00e9lebre expresi\u00f3n de Bossuet. Se podr\u00eda, ciertamente, citar otros elementos en el abandono practicado por Ignacio, pero ser\u00edan menos espec\u00edficos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son sobre todo estos elementos menos distintivos los que retendr\u00e1 la tradici\u00f3n espiritual de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, particularmente en su escuela francesa.\n<\/p>\n<h1>El abandono en otros autores jesuitas, particularmente en Surin<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">La impresi\u00f3n de conjunto que dan estos numerosos autores es la de una problem\u00e1tica dominada no tanto por su padre Ignacio de Loyola sino por Francisco de Sales, Bossuet y F\u00e9nelon. Parecen menos preocupados por los criterios ignacianos (obediencia al superior, recurso sobrenatural a los medios naturales) que por las consecuencias e implicaciones en materia de oraci\u00f3n. El car\u00e1cter eclesial y los aspectos objetivos del abandono dan paso a sus dimensiones subjetivas e individuales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto es particularmente palpable en Juan Jos\u00e9 Surin (1600-1665). Gu\u00eda de la escuela ignaciana francesa, autor fecundo y brillante[26], Surin permanece como un signo de contradicci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otro lado, algunos,[27] ven en \u00e9l a un enfermo mental, v\u00edctima de una imprudente actividad de exorcista, reducido durante veinte a\u00f1os a un estado de incapacidad que acarreaba la p\u00e9rdida del control de sus actos. Persuadido de haber sido pose\u00eddo por el demonio, su dram\u00e1tica enfermedad (con obsesiones suicidas) no excluye a priori la autenticidad de sus experiencias m\u00edsticas; sin embargo ella no permite presentarlo como un \u201cmaestro espiritual en toda la extensi\u00f3n del t\u00e9rmino\u201d.[28]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otros, sin negar todos los aspectos de este juicio negativo, piensan con Bremond que Surin es \u201cel m\u00e1s grande de los m\u00edsticos de la Compa\u00f1\u00eda en Francia\u201d; con el Padre Grandmaison, ven en \u00e9l \u201cuno de los m\u00e1s ilustres, extra\u00f1os y vigorosos m\u00edsticos de la Iglesia Cat\u00f3lica en el Siglo XVII. Como lo escribe Miguel de Certeau, \u201cuna lista de los disc\u00edpulos de semejante maestro reunir\u00eda una pl\u00e9yade de maestros&#160;: Bossuet, F\u00e9nelon, Saint-Jure, Caussade, Grou, Clorivi\u00e8re y muchos otros; pero cada uno de ellos destaca, con un matiz de simpat\u00eda, el misterio que rodea los restos de la obra o el recuerdo de su autor\u201d.[29]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si su \u201cdoctrina de desapego sin reserva frente a todo lo que podr\u00eda paralizar el impulso del alma hacia Dios\u201d suscit\u00f3 una viva admiraci\u00f3n, sin embargo se le \u201creproch\u00f3 dar demasiada importancia a los fen\u00f3menos extraordinarios, y sensibles: palabras y visiones\u201d.[30]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobre la cuesti\u00f3n a la vez particular y global del abandono, hace falta se\u00f1alar que Surin y los padres de la antigua Compa\u00f1\u00eda, antes de su supresi\u00f3n en 1773, no conoc\u00edan tan bien como nosotros las perspectivas espec\u00edficas de Ignacio tales como las hemos descrito; numerosos documentos todav\u00eda no hab\u00edan sido  publicados. No es entonces sorprendente que, a pesar de las alusiones a las Constituciones, hayan orientado su teolog\u00eda del abandono en otras direcciones, mejor conocidas por ellos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Frente a las cr\u00edticas evocadas m\u00e1s arriba, hay que observar que inclusive si la espiritualidad del abandono en Surin no parece subrayar su conexi\u00f3n con la obediencia jer\u00e1rquica, nuestro autor expone con vigor la importancia de la obediencia en general para la vida espiritual&#160;: \u201c(las personas) que se arrojan entre las manos de la obediencia, aunque en apariencia se separen de los favores celestes por abnegaci\u00f3n, en efecto se las aseguran m\u00e1s.\u201d[31] Constatemos sin embargo que aqu\u00ed el punto de vista se manifiesta sobre todo subjetivo e individualista. (Sin embargo, Surin subraya el misterio de la Iglesia a prop\u00f3sito de la Liturgia: Guide Spirituel III.8, p. 165)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En su volumen titulado Gu\u00eda Espiritual, Surin defin\u00eda de esta manera el abandono&#160;: \u201cUna descarga que el alma hace de todos sus intereses entre las manos de Dios para practicar la abnegaci\u00f3n evang\u00e9lica\u201d[32]. Definici\u00f3n ciertamente b\u00edblica (cf. I Pe 5, 7: Surin piensa manifiestamente en este texto, pero reemplaza el \u201cporque tiene cuidado de ustedes\u201d por la menci\u00f3n del abandono, lo que es caracter\u00edstico).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego, precisa en una triple par\u00e1bola tres tipos de abandono: por prudencia, por confianza y por amor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una viuda cargada de preocupaciones legales, sin capacidad de salir de ellas, abandona sus asuntos entre las manos de un abogado susceptible de sacarla de apuros. Ella descarga sobre \u00e9l todos sus cuidados. Esto es abandono prudente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si esta misma viuda recurre a un pariente muy entendido, puede abandonar a este allegado sus intereses con confianza. Esto es abandono confiado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero si esta misma viuda desposa un hombre muy entendido que se ocupa de todos sus asuntos, puede esperar que tendr\u00e1 un resultado favorable en todo, viendo que sus intereses est\u00e1n confundidos con los suyos. Esto es abandono por amor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed, manifiesta una gran prudencia el resignar entre las manos de Dios &#8211; que es poder, sabidur\u00eda y bondad &#8211; la vida, la salud, la reputaci\u00f3n y los empleos: necesitar y atenderse a s\u00ed mismo ser\u00eda imprudencia y locura.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De la misma manera, el alma al ver que pertenece al Se\u00f1or por el bautismo y que \u00c9ste derram\u00f3 su propia sangre por ella, no puede tomar mejor decisi\u00f3n que entregarle con confianza toda la conducci\u00f3n de su vida: fuente de gran consolaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, si el alma desea unirse completamente a Jesucristo, y unir sus propios asuntos con los de este esposo al punto de llegar a ser uno con \u00c9l, le abandonar\u00e1 su honor y su salvaci\u00f3n misma: es su mejor amigo; he aqu\u00ed la perfecci\u00f3n del abandono.[33]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El abandono, tal como lo contempla Surin, implica pues la entrega entre las manos de Dios de su propia salvaci\u00f3n eterna, no para desinteresarse de ella o por no desearla, sino porque cree y sabe que Dios, en su amor infinito, se preocupa mucho m\u00e1s que nosotros. Estamos tan alejados del quietismo como del pelagianismo: \u201cEl alma, en lo que ata\u00f1e a la perfecci\u00f3n y a su salvaci\u00f3n, se abandona totalmente a lo que quiera disponer Dios, entreg\u00e1ndose a \u00c9l para el tiempo y para la eternidad.[34] Lo que hace que, en la tarea de su progreso no se valga de una aplicaci\u00f3n muy diligente, sino que espere su enmienda de la ayuda de la gracia, m\u00e1s bien que de estos cuidados que el amor propio da a los imperfectos (&#8230;) sin omitir, sin embargo, las diligencias necesarias a este mismo progreso\u201d.[35]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El abandono de Surin es pues activo en la recepci\u00f3n del actuar divino. Nuestro autor lo defin\u00eda adem\u00e1s como una \u201ccontinua p\u00e9rdida de s\u00ed misma que el alma experimenta al enfrentarse con las cosas que le sobrevienen\u201d[36]  en medio de los acontecimientos no previstos. Mezcla de acci\u00f3n y de abnegaci\u00f3n, en una l\u00ednea evang\u00e9lica retomada por Ignacio de Loyola como por el conjunto de los santos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Surin considera este abandono como id\u00e9ntico a la esperanza, y a la \u201cconfianza en Dios que toca las cosas con su salvaci\u00f3n\u201d. Detalla tres efectos: el abandonado se conf\u00eda a Dios de tal manera que nada le causa temor, espera de la bondad de Dios la resistencia a las tentaciones (cf. Sal 26,3 y 124,1). En segundo lugar, tiene confianza de sobrellevar las tribulaciones (la gracia vuelve los trabajos tan agradables que se convierten en deseables) y descansa en los sufrimientos como en un lecho, lo que viene de la abundancia de la fuerza comunicada por la viva esperanza\u201d. Finalmente, este abandonado espera que Dios le dar\u00e1 la fuerza para ejecutar las acciones necesarias para su salvaci\u00f3n\u201d.[37]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cristiano abandonado a Dios no teme pues ni las tentaciones, ni las tribulaciones, ni la debilidad; cuenta con que Dios le dar\u00e1 resistencia, alegr\u00eda y fuerza en medio de las dificultades.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sabemos que Surin tuvo que enfrentarse a pruebas excepcionales y nos hacemos la siguiente pregunta&#160;: \u00bfc\u00f3mo comprendi\u00f3, en el contexto de su espiritualidad de abandono, la posesi\u00f3n diab\u00f3lica, de la que cre\u00eda ser v\u00edctima?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Encontramos algunas respuestas a esta pregunta en su escrito de 1665. \u201cCiencia experimental de las cosas de la otra vida\u201d. Recordando que era considerado una \u201cpersona destrozada\u201d, Surin dice de s\u00ed mismo&#160;: \u201cSu sentimiento es que no le sucedi\u00f3 nada en todas esas aventuras que le haya dado motivo de retractar nada de la proposici\u00f3n que hab\u00eda hecho desafiando a los diablos y sobre la cual hab\u00eda fundamentado (&#8230;) Abandon\u00e1ndose a Dios  y al prop\u00f3sito de rendirle todo el servicio imaginable en este asunto, cre\u00eda que de la malicia de los hombres y de los demonios no  podr\u00eda provenir nada que le fuese perjudicial, y que, al contrario, todo que pudiese sufrir redundar\u00eda en beneficio suyo y que realmente Dios sacar\u00eda su bien de todo. Por experiencia (..) estaba persuadido y cre\u00eda firmemente que de todos esos accidentes y trabajos Dios sac\u00f3 la perfecta reparaci\u00f3n de su alma\u201d. (Parte IV, c. XII)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A diferencia de algunos de sus analistas posteriores, Surin no reconoc\u00eda pues ninguna imprudencia en el comportamiento adoptado y seguido en lo que cre\u00eda ser una posesi\u00f3n demon\u00edaca&#160;; \u00e9sta, con todas sus consecuencias, entraba &#8211; a sus ojos &#8211; en el plan de la Providencia concerniente a su abandono a Dios; las \u201caventuras\u201d de su vida (es su expresi\u00f3n) no hac\u00edan m\u00e1s que confirmar \u201cesta proposici\u00f3n&#160;:El que conf\u00eda en Dios, (&#8230;) aun cuando el Infierno lo tuviese, por decir as\u00ed, devorado y consumido (&#8230;) recobrar\u00e1 la vida y la fuerza; el estado que suceder\u00e1 a sus males ser\u00e1 el de un triunfo pleno, como ha sido verificado en Job y en Jesucristo, quien por la ignominia de la Cruz subi\u00f3 a la Gloria de su Resurrecci\u00f3n\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta \u201cproposici\u00f3n\u201d, ciertamente inatacable, no nos garantiza la conformidad a la voluntad divina y por consecuencia a un aut\u00e9ntico abandono de ciertos aspectos del comportamiento anterior libre y voluntario de Surin, que el mismo nos revela en su autobiograf\u00eda: \u201crefiriendo sus \u201cdi\u00e1logos\u201d con Dios y con el demonio, escribe:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cUn d\u00eda no pudo dejar de ofrecerse a la divina Madre para ser cargado con el mal de esta pobre ni\u00f1a (Juana de los \u00c1ngeles) y participar en todas sus tentaciones y miserias, hasta pedir ser pose\u00eddo por el Esp\u00edritu maligno, con tal que aceptara darle la libertad de volver en s\u00ed misma y ocuparse de su alma (&#8230;) Se propuso que su gran felicidad ser\u00eda imitar a Jesucristo, quien para sacar a las almas de la cautividad de Sat\u00e1n, hab\u00eda sufrido despu\u00e9s de haber sido cargado con sus enfermedades\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego Surin evoca el discurso que dirigi\u00f3 al demonio: En cuanto a los trabajos con que me amenazas, no los temo; es mi deseo sufrir todos los excesos persiguiendo el rescate de esta alma (&#8230;) Me ofrezco a Dios para sentir todos los efectos de tu rabia con tal que esta alma que tienes cautiva se vuelva libre para consagrarse al ejercicio del divino amor\u201d (Triunfo del amor divino sobre los poderes del infierno, c. 2)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mucho tiempo despu\u00e9s de los acontecimientos, Surin sigue sin ver nada peligroso en esta pretendida imitaci\u00f3n de Cristo crucificado, que lejos de ofrecerse a una posesi\u00f3n demon\u00edaca, iba a liberar y preservar a los hombres pecadores; no percibe la manifiesta contradicci\u00f3n entre su \u201cofrenda\u201d y el pedio final del Padre Nuestro: \u201cno nos dejes caer en tentaci\u00f3n (en una prueba demasiado fuerte para nuestras d\u00e9biles fuerzas) mas l\u00edbranos del Mal.\u201d\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una \u201cofrenda\u201d tan extravagante, no sometida a un control previo de la obediencia, y seguida de los efectos que se conoce, manifiesta un grave error espiritual respecto de los alcances del abandono a Dios, devenido casi, en este caso, abandono a Sat\u00e1n. Solo la extrema generosidad que ella implica constituye una circunstancia atenuante. Adem\u00e1s, la impresi\u00f3n producida por la conversaci\u00f3n con el demonio sobrepasa, admit\u00e1moslo, el rol propio del exorcista, seg\u00fan la Iglesia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de este r\u00e1pido repaso, nos parece que Surin permanece, sin embargo, unido a la tradici\u00f3n espiritual de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas a trav\u00e9s de extensas lecturas de otros jesuitas, tal como lo indica el \u00edndice de los escritores citados en la Gu\u00eda espiritual; de manera muy particular, re\u00fane el abandono de San Ignacio recomendando \u201chacer oraci\u00f3n antes de determinarse a hacer cualquier cosa por poco notable que sea (&#8230;) de ese modo el alma merece la luz y la asistencia del Esp\u00edritu Santo (&#8230;) esta conducta es lo que se llama vida interior\u201d;[38] he ah\u00ed el abandono en el tiempo; y no exalta menos el abandono de San Ignacio frente a la salvaci\u00f3n eterna cuando recuerda su c\u00e9lebre expresi\u00f3n: \u201cSi viese el cielo abierto y si Dios me ofreciese permanecer vivo para prestarle un m\u00ednimo servicio con riesgo de mi salvaci\u00f3n, tomar\u00eda esta \u00faltima decisi\u00f3n de servir puramente a Dios m\u00e1s bien que la  seguridad del cielo (&#8230;) considerando siempre un mayor servicio a Dios (\u201cmajus Dei obsequium semper intuendo\u201d): esto desv\u00eda al alma del cuidado de su honor, de su vida y generalmente de todo otro motivo (diferente) del solo inter\u00e9s de la gloria de Dios\u201d.[39]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Podemos afirmar entonces que Juan Jos\u00e9 Surin recogi\u00f3 varios aspectos  de la espiritualidad espec\u00edficamente ignaciana de abandono para transmitirlos a los numerosos autores (jesuitas y otros) que influenci\u00f3. Inclusive si no conocieron todos la m\u00e1xima forjada por Hevenesi a partir del testimonio m\u00faltiple de Ribadeneira, los disc\u00edpulos de Surin y de Ignacio rechazaron al mismo tiempo los dos peligros (pelagianismo y quietismo) que sus dos miembros denunciaban: \u201cEl primero, fundando sobre la fe el valor de toda iniciativa humana, remite \u00e9sta a la necesidad de una confianza total; como el segundo, exigiendo el perfecto abandono a la Voluntad divina, lo hace reposar sobre el cumplimiento de una acci\u00f3n  toda inspirada por la fe\u201d.[40]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h1>Ap\u00e9ndice I<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">Indicaciones bibliogr\u00e1ficas complementarias sobre el tema del abandono en los autores jesuitas franceses&#160;: ver sobre cada autor el art\u00edculo del DSAM:\n<\/p>\n<ul>\n<li> Pierre Coton, (1564-1626): autor de La ocupaci\u00f3n interior, 65-72, tratando del abandono (1608).<\/li>\n<li> Milley FC., (1668-1720): 99 cartas suyas sobre el abandono fueron publicadas por J. Bremond: L\u2019 Abandon dans les lettres du P. Milley, Paris, 1943.<\/li>\n<li> Louis du Gad, (1707-1786), misionero en China, del que se public\u00f3 un art\u00edculo sobre el abandono en las Melanges Cavallera, Toulouse, 1948, pp. 449-469. Se trata de un art\u00edculo del P.Viller.<\/li>\n<li> Nicolas-Marie Roy (1726-1769), ver: H. Bernard-Ma\u00eetre, un promotor de la espiritualidad de abandono en China, RAM 30 (1954) 232-267 y 324-347: ver Ap\u00e9ndice II.<\/li>\n<li> Grou Jean Nicolas, (1731-1803), autor de El interior de Jes\u00fas y de Mar\u00eda, de. Hamon, 1909; la edici\u00f3n de 1866 contiene un estudio de 116 p\u00e1ginas sobre la espiritualidad de Grou por Cadr\u00e8s (completada por A. Rayez en el DSAM, col. 1073: art Grou). Se leer\u00e1 especialmente los cap. 40, 33, 43, 61, 69&#160;; los errores cristol\u00f3gicos de Grou sobre el abandono de Jesucristo ameritar\u00edan un estudio especial, especialmente lo que escribe sobre el poco valor moral de Jesucristo\u201d (c\u00e1p. 43)<\/li>\n<li> G. Desbuquois: L\u2019Esperance, Paris, 1934; nueva edici\u00f3n presentada por P. Bigo y preparada por A. Rayez, Paris, 1979.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h1>Ap\u00e9ndice II<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">El abandono de N.- M. Roy en contexto familiar y misionero. Publicadas por el futuro cardenal de Villecourt, en seis ediciones sucesivas (empleamos aqu\u00ed la tercera, de 1831), estas cartas presentan respecto de otras sobre el abandono, la ventaja de mostrarnos su ejercicio en el alma de un misionero preocupado por hacer part\u00edcipe a su familia seg\u00fan la carne.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos breves extractos de una fascinante correspondencia bastar\u00e1n para mostrarlo:<br \/>\n\u2022\t\u201cEspero de momento en momento el divino movimiento de una Providencia diaria que no ha dejado de conducirme de la mano. Nadie m\u00e1s que Dios puede conocer mi suerte y estoy encantado que s\u00f3lo \u00c9l lo sepa\u201d(C.93);<br \/>\n\u2022\t\u201cPara ustedes como para mi, todo pasa de manera llevadera si todo va a separarnos de todo otro apoyo que no sea Dios solo\u201d (C.97)<br \/>\n\u2022\t\u201cEl Dios que adoran y que est\u00e1 con ustedes y en ustedes est\u00e1 tambi\u00e9n conmigo y en mi (&#8230;) En el exilio voluntario al cual su amor me ha condenado, tengo siempre esta consolaci\u00f3n: Dios est\u00e1 y estar\u00e1 siempre\u201d.(C. 102).<br \/>\n\u2022\t\u201cEstoy en la mano de Dios. Puede entregarme a mis enemigos que ser\u00e1n sin saberlo los ejecutores de una voluntad que adoro y a la cual no querr\u00eda sustraerme por nada en el mundo (C. 108).<br \/>\n\u2022\t\u201cDios ser\u00e1 glorificado en todo: Que se destruya, que se aplaste a sus ministros. Bien sabr\u00e1 conducir la ejecuci\u00f3n de sus designios adorables y esto a menudo por los medios en apariencia m\u00e1s opuestos\u201d (C. 125 a su madre)<br \/>\n\u2022\t\u201cUn abandono general y universal es toda la riqueza que le es permitida a un alma a la cual Dios quiere en exclusiva, desear y poseer. Dios soberano desapropiador, debe ocuparlo todo\u201d (C. 134)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Bertrand de Margerie S.J.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido del franc\u00e9s por Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger para la Enciclopedia Cat\u00f3lica<br \/>\nTomado de <b>\u201cL\u2019Abandon \u00e0 Dieu\u201d<\/b>. T\u00e9qui, editores\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h1>Notas<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">1.  As\u00ed el P. L\u00e9once de Grandmaison, en una nota de retiro, tomada el 27 de octubre de 1919, pon\u00eda en valor contra el semipelagianismo la declaraci\u00f3n agustiniana del concilio de Orange en 529: \u201cNadie tiene en s\u00ed propio m\u00e1s que mentira y pecado\u201d(cf. J. Lebreton, Le P\u00e8re L\u00e9once de Grandmaison, Paris, 1932, p. 409).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.  San Ignacio. Ejercicios espirituales, \u00a7 23.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.  Ibid., \u00a7 147; esta suprema pobreza de esp\u00edritu sirve a Dios por puro amor; \u00a7 370.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.  Ibid., \u00a7 234.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5.  Ibid., \u00a7 316.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6.  Ibid., \u00a7 365.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7.  Es lo que ha se\u00f1alado el cardenal A. Suquia Goicochea, \u201cLa Santa Misa en la espiritualidad de San Ignacio de Loyola\u201d, Victoria, Espa\u00f1a, 1989, especialmente pp. 149 y ss: la espiritualidad personal de Ignacio est\u00e1 centrada en el Sacrificio de la Misa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8.  El vocablo espa\u00f1ol \u201cdexando\u201d corresponde al verbo latino relinquere utilizado en la traducci\u00f3n de las constituciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9.  Abandonando\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10.  Expresi\u00f3n original de Ignacio que marca la primac\u00eda del Pont\u00edfice romano dando a entender que los otros obispos son vicarios locales y particulares de Cristo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11.  Ignacio, Carta; cf Surin, Guide spirituel, III.4.189; Paris, 1963.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">12.  Ver I. Iparraguirre, la visi\u00f3n ignaciana de Dios, Gregorianum 37 (1956) ver especialmente pp. 376-391.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">13.  Monumenta Historica Soc Jesu, MI 12, 659.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">14.  Virgilio Carnoli, Vita del Patriarca Sant\u2019 Ignacio, Venezia, 1680. El autor nos relata una an\u00e9cdota que esclarece el origen de esta declaraci\u00f3n de Ignacio al Padre Ribadeneira, reportadas tres veces por \u00e9ste: cf. G. Fessard, Dialectique des Exercises spirituels, Paris, 1956, t. I, p. 309&#160;; Fessard consagra cerca de 60 p\u00e1ginas (305-363) al estudio de los problemas planteados por esta sentencia y su traducci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">15.  Ibid., p. 310, n. 4, citando a Carnoli, Vita del Patriarca  c. 31, p. 488.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">16.  Fressard, op, cit., p. 310; Monumenta Ign. IV.1, p. 466.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">17.  Luis Gon\u00e7alvez de C\u00e2mara, Memorial (coll. Christus, 20) \u00a7 234.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">18.  Mon. I, s. I, t. P, 626.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">19.  Santo Tom\u00e1s de Aquino, Suma Teol\u00f3gica, II.II.17.4.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">20.  Igna de Loyola, \u00c9crits, coll. Christus, n\u00ba 76, Paris, 1991, p. 599.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">21.  Fessard, op. Cit., p. 339; y Pierre Antoine Fabre, en una brillante dissertaci\u00f3n sobre \u201cuna sentencia ignaciana\u201d (\u201cune sentence ignatienne\u201d).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">22.  Ep. Ign. I, 496, mayo de 1547; St. Ignace, \u00c9crits p. 598\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">23.  Constituciones, X, 812 ss.&#160;; \u00c9crits p. 598.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">24.  Ibid., 814.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">25.  Ibid.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">26.  Ver M. Dupuy, DSAN, art. Surin, t. XIV (1990) 1311 ss.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">27.  Por ejemplo, J. De Guilbert, La spiritualit\u00e9 de la Compagnie de J\u00e9sus, Roma, 1953, pp. 352 ss; del mismo Surin, questions th\u00e9ologiques, \u00c9tudes Carmelitaines 23 (1938) 183-189.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">28.  Spiritualit\u00e9, p. 352.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">29.  Ver M. De Certeau, Introduction \u00e0 Surin, Guide spirituel, Paris, 1963, p. 11.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">30.  Guibert, Spiritualit\u00e9 (citado en el n. 27) p. 355.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">31.  Surin, Les Fondements de la vie spirituelle, V, 5, Paris, 1930, p. 262\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">32.  Surin, Guide spirituel, III.6, de. 1963, p. 159..\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">33.  Ibid., pp. 159 &#8211; 160. Hemos resumido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">34.  Cf. Surin, Fondements, III.5, Paris, 1930, p. 171: el autor cita a San Ignacio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">35.  Surin, Cat\u00e9chisme spirituel, T. I, IV.8, p. 331 (de. 1882)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">36.  Ibid., p. 330.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">37.  Surin, Gu\u00eda espiritual, III.2, pp.144-145.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">38.  Ibid., II, 6&#160;; p.123 remitiendo a los Ej. Esp.n\u00ba 180 y a las Const. III, 2, 1; VII, 2, 1.&#160;; VIII, 6,6; VIII,7,1\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">39.  Surin, Fondements de la vie soirituelle, III. 6&#160;; p. 171.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">40.  Fessard, op. Cit., p. 338.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 San Ignacio de Loyola, Maestro de Abandono 2 Ignacio exalta el abandono a Dios a trav\u00e9s de la Iglesia 3 El abandono ignaciano recurre a los medios, a todos los medios puestos a disposici\u00f3n por el \u00fanico Mediador 4 El abandono en otros autores jesuitas, particularmente en Surin 5 Ap\u00e9ndice I 6 Ap\u00e9ndice &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/abandono-y-espiritualidad-ignaciana\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abABANDONO Y ESPIRITUALIDAD IGNACIANA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-22479","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22479","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=22479"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22479\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=22479"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=22479"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=22479"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}