{"id":22542,"date":"2016-02-05T15:27:20","date_gmt":"2016-02-05T20:27:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/acacio-de-cesarea\/"},"modified":"2016-02-05T15:27:20","modified_gmt":"2016-02-05T20:27:20","slug":"acacio-de-cesarea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/acacio-de-cesarea\/","title":{"rendered":"ACACIO DE CESAREA"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Obispo de Cesarea en Palestina, disc\u00edpulo y bi\u00f3grafo de Eusebio, el historiador, a quien sucedi\u00f3 en la sede de Cesarea en el a\u00f1o 340. No se sabe nada sobre la fecha y el lugar de su nacimiento pero probablemente era sirio; y durante toda su vida llev\u00f3 el apodo de \u201cmonophthalmos\u201d (tuerto), sin duda por un defecto personal (S. Hier.. Viri Ill., XCVIII), pero tambi\u00e9n posiblemente con una referencia figurativa maliciosa a su general conducta mudable y su rara habilidad para las declaraciones ambiguas.  Fue un prelado de gran cultura, un patrocinador de estudios (S. Hier., Epist. Ad. Marcellam, 141) y fue autor de un tratado sobre el Eclesiast\u00e9s.  Tambi\u00e9n escribi\u00f3 seis libros de temas miscel\u00e1neos (symmikta zetemata) o ensayos sobre varios temas, de los cuales s\u00f3lo quedan fragmentos. Se puede consultar estos fragmentos en detalle en Jer\u00f3nimo Fabricio, \u201cBiblioteca Graeca\u201d, VII, 336 y IX, 254 ss. (ed. Harless). Se le recuerda principalmente por su encarnizada oposici\u00f3n a San Cirilo de Jerusal\u00e9n y por el papel que m\u00e1s tarde desempe\u00f1\u00f3 en las fases m\u00e1s extremas de la controversia arriana. Hay un pasaje muy significativo en el famoso vig\u00e9simo primer discurso de San Gregorio Nacianceno, en la cual ese adalid de la ortodoxia habla sobre \u201cla lengua de los arrianos\u201d (Orat., XXI, 21) en unos t\u00e9rminos dudosamente elogiosos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si, como parece probable, es a Acacio al que se refieren, tan s\u00f3lo cabe decir que el historial de su carrera justifica plenamente la imputaci\u00f3n hecha tan oscuramente. Fue uno de esos prelados imperiales que Newman (Arrianos, siglo IV, 4ta ed., 274) describi\u00f3 tan efectivamente como que \u201cpracticaban en la gimnasia de la escuela aristot\u00e9lica\u201d; y su agudeza en el debate y genialidad para la intriga, unidos al prestigio que ya ten\u00eda por ser amigo y sucesor del gran historiador eclesi\u00e1stico (Eusebio de Cesarea), le se\u00f1alaron como el portavoz m\u00e1s capacitado y el verdadero gu\u00eda espiritual de la facci\u00f3n de la corte, incluso antes de la muerte de su gran l\u00edder, Eusebio de Nicomedia. Fue uno de los notorios \u201cnoventa\u201d que firmaron los ambiguos credos de Antioqu\u00eda, en presencia de Constancio en el 341 (Sozomeno, III, V) con ocasi\u00f3n de la dedicaci\u00f3n de la Bas\u00edlica Dorada. Por su participaci\u00f3n en este acto y su evidente defensa de una pol\u00edtica de reticencia hacia la f\u00f3rmula Nicena, hallamos su nombre en la lista de los que fueron depuestos por el Concilio de S\u00e1rdica en el 347 (San Atanasio, Hist. Ar., XVII; Epist. Ad. AEgypt., VII). Neg\u00e1ndose a aceptar la condena que se le impuso, se retir\u00f3 a Filp\u00f3polis junto con otros obispos de la facci\u00f3n cortesana, donde en cambio ayud\u00f3 a asegurar una sentencia de excomuni\u00f3n y deposici\u00f3n contra sus propios jueces y tambi\u00e9n contra el Papa San Julio I, patr\u00f3n y defensor de San Atanasio y contra Hosio de C\u00f3rdoba (S\u00f3crates, II, XVI; Sozomeno, III, XIV; Teodoreto, II, XXVI; Labbe, Conc., II, 625-629).  Estas penas que se le impusieron de mano de los ortodoxos no consiguieron, desde luego, mermar su prestigio. Si nos fiamos del testimonio de San Jer\u00f3nimo, su cr\u00e9dito ante Constancio fue tan grande durante esos a\u00f1os que cuando el Papa Liberio fue depuesto y conducido al exilio, en el 355 \u00f3 357, Acacio fue capaz de asegurar la intrusi\u00f3n de F\u00e9lix II, el antipapa, en su lugar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El a\u00f1o 358 se\u00f1ala la culminaci\u00f3n de su ac\u00e9rrima e indigna disputa con San Cirilo de Jerusal\u00e9n. El malentendido, que se remontaba a un per\u00edodo no mucho despu\u00e9s de la instalaci\u00f3n de Cirilo, hab\u00eda surgido debido a un asunto de prioridad can\u00f3nica, pero m\u00e1s probablemente se deb\u00eda a la irritaci\u00f3n que Acacio sent\u00eda por ser incapaz de influenciar la pol\u00edtica de Cirilo enteramente a su favor. Cargos y contra-cargos de herej\u00eda continuaron durante algunos a\u00f1os hasta que Acacio se las apa\u00f1\u00f3 para asegurar la deposici\u00f3n de Cirilo, con la ayuda de los obispos palestinos, a quienes \u00e9l hab\u00eda inducido a examinar un cargo totalmente rid\u00edculo de contumacia. Cirilo se fue al exilio, pero fue reinstalado a su iglesia al cabo de dos a\u00f1os por una decisi\u00f3n del famoso Concilio de Sel\u00e9ucida. Pero el extraordinario cr\u00e9dito del que Acacio gozaba ante el influenciable Constancio, consigui\u00f3 deshacer este acto de justicia ordinaria, y en el 360 Cirilo fue condenado una vez m\u00e1s, esta vez debido la influencia que Acacio ejerci\u00f3 en el S\u00ednodo de Constantinopla. Esta vez Cirilo tuvo que rendirse. Dej\u00f3 su sede y se mantuvo en el exilio hasta la ascensi\u00f3n de Juliano el Ap\u00f3stata en el 361. El hecho, no obstante, de que Acacio fuera temporalmente controlado con la restituci\u00f3n de Cirilo, a manos del S\u00ednodo de Seleucia, no debe cegar al lector ante el peso real de su influencia, tanto en el Concilio como en la pol\u00edtica eclesi\u00e1stica de entonces. Estuvo entre los principales prelados arrianizantes que consiguieron realizar la idea de dividir el s\u00ednodo para resolver los problemas creados por el manifiesto sirmiano. En este sentido se le puede atribuir la mayor parte de la trastada creada por las definiciones de Rimini y Seleucia. La turbulenta e inescrupulosa facci\u00f3n, la cual apoy\u00f3 sus ideas en ambos encuentros, fue enteramente obra suya y justamente llev\u00f3 su nombre\u2014oi peri Akakion.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El relato detallado de sus actividades en Seleucia pertenece m\u00e1s a la historia de esa reuni\u00f3n que al presente boceto de su vida; pero algunos apuntes sobre su modo de proceder no est\u00e1n fuera de lugar aqu\u00ed. El n\u00famero de obispos presente ha sido muy variamente estimado entre ciento cincuenta y ciento sesenta (Gwatkin, Estudios sobre el Arrianismo, V, nota G. donde se discute h\u00e1bilmente las autoridades originales). Los semiarrianos eran una gran mayor\u00eda; y Acacio ten\u00eda unos seguidores bien disciplinados, los cuales, unidos a los eunomianos, a los que hab\u00eda ganado para su bando al alentarles las esperanzas de un compromiso, eran cuarenta en total. La primera etapa cr\u00edtica de los acontecimientos pronto fue marcada por la readopci\u00f3n del credo semiarriano de Antioquia, conocido popularmente como el \u201cCredo de la Encaenia\u201d o \u201cCredo de la Dedicaci\u00f3n\u201d (he en tois egkainiois), el cual fue una negativa e insatisfactoria profesi\u00f3n de fe; su \u00fanico car\u00e1cter distintivo es que era anti-niceno y que hab\u00eda sido compuesto por hombres que hab\u00edan confirmado deliberadamente la destituci\u00f3n de San Anastasio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La siguiente etapa de los acontecimientos fue m\u00e1s significativa todav\u00eda, ya que permiti\u00f3 a Acacio y a sus seguidores la oportunidad de revelar sus fuerzas. Silvano de Tarso propuso confirmar el famoso credo luci\u00e1nico, cuando Acacio y su partido se levantaron y abandonaron la asamblea, a modo de protesta. A pesar de esta maniobra el credo fue firmado a la ma\u00f1ana siguiente a puerta cerrada; un procedimiento al que Acacio pronto tild\u00f3 de un \u201cacto de oscurantismo\u201d. El mi\u00e9rcoles, Basilio de Ancira y Macedonio de Constantinopla llegaron con San Hilario de Poitiers, San Cirilo de Jerusal\u00e9n y Eustacio. Cirilo estaba ya bajo censura; y Acacio se neg\u00f3 a retornar al s\u00ednodo con sus seguidores hasta que \u00e9l, o alg\u00fan otro de los obispos acusados que estaban presentes, se retirasen. Despu\u00e9s de un tormentoso debate, su plan fue aceptado y Leonas, el Comes, o representante de Constancio en la deliberaci\u00f3n, se levant\u00f3 y ley\u00f3 una copia de un nuevo credo que Acacio le hab\u00eda dado. Aunque no repudiaba expresamente las formulas luci\u00e1nicas, se opon\u00eda a los t\u00e9rminos homoousion y homoiousion por ser iguales y no b\u00edblicos.  Esto provoc\u00f3 una acalorada discusi\u00f3n y el jueves Acacio se encontr\u00f3 con un feroz ataque de Elo\u00edso, ex-soldado y obispo semiarriano de C\u00edzico.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El viernes, Acacio rechaz\u00f3 de nuevo participar en ninguna deliberaci\u00f3n m\u00e1s y Leonas se le uni\u00f3 con la excusa de que el emperador no le hab\u00eda enviado para presidir un concilio de obispos que no eran capaces de ponerse de acuerdo. La mayor\u00eda, de todos modos, continu\u00f3 sin ellos y destituyeron a Acacio y a otros quince prelados. El astuto l\u00edder, no obstante, no esper\u00f3 a la votaci\u00f3n formal de destituci\u00f3n en su contra, sino que se march\u00f3, con otros ocho, a Constantinopla. Al llegar all\u00ed descubri\u00f3 que su objetivo se hab\u00eda asegurado por la llegada de un n\u00famero de delegados traidores de Rimini.  La famosa conferencia de Nik\u00e9 (cerca de Adrian\u00f3polis) hab\u00eda tenido lugar y el homoios hab\u00eda sido adoptado, sin la supuesta salvaguarda de kata panta. Esto condujo a un s\u00ednodo nuevo reunido a sugerencia de Constancio, en propia ciudad imperial. Supuso un completo triunfo del infatigable Acacio.  Las ideas eunomianas se impusieron en Constantinopla, y a pesar de que su influencia no dur\u00f3 mucho en Occidente, mantuvieron una fluctuante e inquietante supremac\u00eda en Oriente durante cerca de veinte a\u00f1os. Acacio volvi\u00f3 a su sede en el 361 y pas\u00f3 los pr\u00f3ximos dos a\u00f1os de su vida llenando las sedes vacantes de Palestina con hombres simpatizantes de su pol\u00edtica de vaguedad teol\u00f3gica y anti-nicenismo. Con su caracter\u00edstica ma\u00f1a consinti\u00f3 en un completo cambio de rumbo y realiz\u00f3 una profesi\u00f3n p\u00fablica de adherencia a las f\u00f3rmulas nicenas cuando Joviano ascendi\u00f3 al trono en 363.  Cuando el arriano Flavio Valente fue proclamado augusto en el 364, Acacio, una vez m\u00e1s, reconsider\u00f3 sus puntos de vista y tom\u00f3 partido por Eudoxio, aunque su versatilidad en este caso le sirvi\u00f3 de poco. Cuando los obispos macedonios se reunieron en Lampsaco, la sentencia previa que pesaba sobre \u00e9l fue confirmada y no se volvi\u00f3 a saber de \u00e9l en la historia real. C\u00e9sar Baronio sit\u00faa la fecha su muerte en el 366.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  ATANASIO, De Syn., XII, XXIX, XL, in P.G., XXVI, 701, 745, 766; SAN HILARIO, Contra Constant., xii-xv, in P.L. X; SAN EPIFANIO, Haer., LXXIII, 23-27, en P.G., XLII; SOCRATES y SOZOMENO, en P.G., LXVII; TEODORETO, en P.G., LXXXII; TILLEMONT, M moires, VI (ed. 1704); HEFELE, Hist. Ch. Counc. (tr. CLARK), II; NEWMAN, Ar. IV Cent., 4th ed.; GWATKIN, Estudios sobre el Arrianismo, 2d ed. (Cambridge, 1900).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente:<\/b>  Clifford, Cornelius. \u00abAcacius.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907. <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/01081a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Alicia Fern\u00e1ndez Jarr\u00edn.  L H M.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Obispo de Cesarea en Palestina, disc\u00edpulo y bi\u00f3grafo de Eusebio, el historiador, a quien sucedi\u00f3 en la sede de Cesarea en el a\u00f1o 340. 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