{"id":22652,"date":"2016-02-05T15:31:10","date_gmt":"2016-02-05T20:31:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adopcion-sobrenatural\/"},"modified":"2016-02-05T15:31:10","modified_gmt":"2016-02-05T20:31:10","slug":"adopcion-sobrenatural","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adopcion-sobrenatural\/","title":{"rendered":"ADOPCION SOBRENATURAL"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">(Lat. adoptare, escoger.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adopci\u00f3n es la toma gratuita de un extra\u00f1o como su propio hijo y heredero. De acuerdo a si el adoptante es hombre o Dios, la adopci\u00f3n se llama humana o divina, natural o sobrenatural.  En la presente ocasi\u00f3n s\u00f3lo se trata de la divina:   esa adopci\u00f3n del hombre por Dios en virtud de la cual nos convertimos en sus hijos y herederos. \u00bfEs esta adopci\u00f3n s\u00f3lo una manera figurada de hablar? \u00bfExiste autoridad substancial para garantizar esta realidad? \u00bfQu\u00e9 idea nos tenemos que formar de su naturaleza y elementos?  Una cuidadosa consideraci\u00f3n de la presentaci\u00f3n de las Sagradas Escrituras, de las ense\u00f1anzas de la tradici\u00f3n cristiana y de las teor\u00edas formuladas por los te\u00f3logos en relaci\u00f3n con nuestra filiaci\u00f3n adoptiva nos ayudar\u00e1 a contestar estas preguntas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Antiguo Testamento, que San Pablo apropiadamente compara al estado de infancia y de esclavitud, no contiene textos que puedan apuntar concluyentemente a nuestra adopci\u00f3n.  Ciertamente hubo santos en los d\u00edas de la ley antigua, y si hubo santos hubo tambi\u00e9n hijos adoptados por Dios, ya que la santidad y la adopci\u00f3n son efectos inseparables de la misma gracia habitual.  Pero como la Antigua Ley no pose\u00eda la virtud de dar esa gracia, ni tampoco conten\u00eda una clara insinuaci\u00f3n de la adopci\u00f3n sobrenatural, tales dichos como  el de \u00c9xodo (4,22) \u00abIsrael es mi hijo, mi primog\u00e9nito\u00bb; Oseas (2,1) \u00abUstedes son los hijos del Dios vivo\u201d; y en los Rom. (9,4) \u00ablos israelitas, de los cuales es la adopci\u00f3n filial\u00bb, no se deben aplicar a un alma individual, pues \u00e9stos se refieren al pueblo escogido de Dios tomado  colectivamente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es en el Nuevo Testamento, que marca la plenitud de los tiempos y la venida del Redentor, que debemos buscar la revelaci\u00f3n de este privilegio nacido del cielo (cf. G\u00e1l. 4,4).  Hijo de Dios es una expresi\u00f3n usada frecuentemente en los Evangelios Sin\u00f3pticos, y seg\u00fan empleadas ah\u00ed, las palabras se aplican tanto a Jes\u00fas como a nosotros.  Pero si, en el caso de Jes\u00fas, esta frase se refiere al mesiazgo solamente, o podr\u00eda incluir tambi\u00e9n la idea de una filiaci\u00f3n divina real, es asunto de poca consecuencia en nuestro caso en particular. Seguramente en nuestro caso no puede por s\u00ed misma ofrecernos una base suficientemente estable sobre la cual establecer un reclamo v\u00e1lido de filiaci\u00f3n adoptiva. De hecho, cuando San Mateo (5,9.45) habla sobre los \u00abhijos de Dios\u201d se refiere a los pacificadores, y cuando habla de los \u00abhijos de vuestro Padre celestial\u00bb, \u00e9l se refiere a los que pagan el odio con amor, implicando as\u00ed nada m\u00e1s que una amplia resemblanza a, y uni\u00f3n moral con Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">San Pablo registra adecuadamente el estatuto de nuestra adopci\u00f3n en (Rom. 8; Ef. 1; G\u00e1l. 4); San Juan en el pr\u00f3logo y en su Primera Carta 1,3; San Pedro en 1 Pedro 1; y Santiago en su cap\u00edtulo 1.  De acuerdo a estos numerosos pasajes, fuimos engendrados, nacidos de Dios. \u00c9l es nuestro Padre, pero de tal modo que nos podemos llamar, y verdaderamente somos sus hijos, los miembros de su familia, hermanos de Jesucristo, con quien participamos de la Naturaleza Divina y tenemos parte en la herencia celestial.  Esta filiaci\u00f3n divina, junto con los derechos de la coherencia, emana de la propia voluntad y divina condescendencia de Dios. Cuando San Pablo, utilizando un t\u00e9rmino t\u00e9cnico prestado de los griegos, lo llama adopci\u00f3n, debemos interpretar la palabra en un sentido meramente anal\u00f3gico. En general, la interpretaci\u00f3n correcta del concepto b\u00edblico de nuestra adopci\u00f3n debe seguir el justo medio y colocarse a mitad de camino entre la filiaci\u00f3n divina de Jes\u00fas por un lado, y la adopci\u00f3n humana por el otro&#8212;inconmensurablemente por debajo del primero y por encima de \u00e9ste \u00faltimo.  La adopci\u00f3n humana puede modificar la posici\u00f3n social, pero no agrega nada al valor intr\u00ednseco del ni\u00f1o adoptado. La adopci\u00f3n divina, por el contrario, trabaja hacia el interior, penetrando hasta el mismo n\u00facleo de nuestra vida, renov\u00e1ndola, enriqueci\u00e9ndola, transform\u00e1ndola a semejanza de Jes\u00fas, \u00abel primog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb.  Por supuesto que no puede ser m\u00e1s que una semejanza, una imagen del Original Divino reflejado en nuestro yo imperfecto.  Siempre habr\u00e1 entre nuestra adopci\u00f3n y la filiaci\u00f3n con Jes\u00fas la infinita distancia que separa la gracia creada de la uni\u00f3n hipost\u00e1tica. Y aun as\u00ed, esa \u00edntima y misteriosa comuni\u00f3n con Cristo, y a trav\u00e9s de El con Dios, es la gloria de nuestra filiaci\u00f3n adoptiva: \u00abYo les he dado la gloria que T\u00fa me diste, para que sean uno como nosotros somos uno:   Yo en ellos y T\u00fa en M\u00ed,\u00bb (Jn. 17,22-23).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El frecuentemente repetido \u00e9nfasis que la Sagrada Escritura coloca sobre la adopci\u00f3n sobrenatural gan\u00f3 gran popularidad para ese dogma en la Iglesia primitiva.  El bautismo, el lavado de la regeneraci\u00f3n, se convirti\u00f3 en la ocasi\u00f3n de una expresi\u00f3n espont\u00e1nea de fe en la filiaci\u00f3n adoptiva.  Los reci\u00e9n bautizados se llamaban infantes, sin importar su edad.  Ellos asum\u00edan nombres que suger\u00edan la idea de adopci\u00f3n, tales como Adepto, Regenerato, Renato, Deig\u00e9nito, Te\u00f3gono y otros parecidos. En las oraciones lit\u00fargicas para ne\u00f3fitos, algunas de las cuales han sobrevivido hasta hoy d\u00eda (por ejemplo, la colecta del S\u00e1bado Santo y el prefacio de Pentecost\u00e9s), el prelado celebrante hizo un deber sagrado el recordarles esta gracia de la adopci\u00f3n, y aclamar del cielo una bendici\u00f3n semejante sobre aqu\u00e9llos que todav\u00eda no hab\u00edan sido tan privilegiados. (Vea Bautismo).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Padres hac\u00edan hincapi\u00e9 en este privilegio, al cual ellos se complac\u00edan en llamar deificaci\u00f3n.   San Ireneo (Adv. Haereses, III, 17-19); San Atanasio (Cont. Arrianos, II, 59); San Cirilo de Alejandr\u00eda (Com. sobre San Juan, I, 13, 14); San Juan Cris\u00f3stomo (Homil\u00edas sobre San Mateo, II, 2); San Agust\u00edn (Tractos 11 y 12 sobre San Juan); San Pedro Cris\u00f3logo (Serm\u00f3n 72 sobre la oraci\u00f3n del Se\u00f1or)&#8212;todos est\u00e1n dispuestos a emplear su elocuencia  en la sublimidad de nuestra adopci\u00f3n.  Para ellos era un principio fundamental indiscutible, una fuente de instrucci\u00f3n siempre lista para los fieles, as\u00ed como un argumento contra los herejes tales como los arrianos, los macedonios y nestorianos.  El hijo es verdaderamente Dios, de otro modo \u00bfcomo nos podr\u00eda divinizar? El Esp\u00edritu Santo es verdaderamente Dios, \u00bfde qu\u00e9 otra manera El que Habita o mora podr\u00eda santificarnos?  La  Encarnaci\u00f3n del Logos es real, \u00bfde qu\u00e9 otro modo podr\u00eda nuestra deificaci\u00f3n ser real?   Sea cual sea el valor de dichos argumentos, el hecho de haber sido usados, y en s\u00ed a buen efecto, es testigo de la popularidad y aceptaci\u00f3n com\u00fan del dogma en esos d\u00edas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunos escritores, como Scheeben, van a\u00fan m\u00e1s all\u00e1 y buscan en los escritos patr\u00edsticos teor\u00edas establecidas que se refieran al factor constituyente de nuestra adopci\u00f3n. Ellos alegan que, mientras que los Padres orientales explican nuestra filiaci\u00f3n sobrenatural por la morada del Esp\u00edritu Santo, los Padres occidentales mantienen que la gracia santificante es el factor real. Tal punto de vista es prematuro. La verdad es que San Cirilo enfatiza especialmente en la presencia del Esp\u00edritu Santo en el alma del hombre justo, mientras que San Agust\u00edn es m\u00e1s parcial hacia la gracia.  Pero es igualmente cierto que ninguno habla exclusivamente, mucho menos pretenden establecer la causa formalis de la adopci\u00f3n como la entendemos hoy d\u00eda.  A pesar de todos los usos pol\u00e9micos y catequ\u00e9ticos a los cuales los Padres imponen este dogma, no lo aclararon mejor que sus predecesores, los escritores inspirados del pasado distante. Los dichos patr\u00edsticos, como los de las Sagradas Escrituras, ofrecen informaci\u00f3n valiosa para el enmarcado de esta teor\u00eda, pero esa teor\u00eda por s\u00ed misma es el trabajo de \u00e9pocas posteriores.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfCu\u00e1l es el factor esencial o causa formal de nuestra adopci\u00f3n sobrenatural?  Esta pregunta nunca fue discutida seriamente antes del per\u00edodo escol\u00e1stico.  Las soluciones que recibi\u00f3 entonces fueron influenciadas hasta cierto punto por las teor\u00edas sobre la gracia vigentes en ese entonces.  Pedro Lombardo, quien identifica la gracia y la caridad con el Esp\u00edritu Santo, estuvo naturalmente inclinado a explicar nuestra adopci\u00f3n por la sola presencia del Esp\u00edritu en el alma del justo, a la exclusi\u00f3n de cualquier entidad dada por Dios creada e inherente.  Los nominalistas y Escoto, aunque renuentes a admitir una entidad creada, sin embargo fallaron en ver en ella un factor v\u00e1lido para nuestra adopci\u00f3n divina, y en consecuencia apelaron a una aprobaci\u00f3n positiva divina el decretar y recibirnos como hijos de Dios y herederos de su Reino.  Aparte de \u00e9stos, una vasta mayor\u00eda de los escol\u00e1sticos con Alejandro de Hales, Alberto el Grande, San Buenaventura, y especialmente Santo Tom\u00e1s de Aquino, se\u00f1alaron a la gracia habitual (una expresi\u00f3n acu\u00f1ada por Alejandro) como el factor esencial de nuestra filiaci\u00f3n adoptiva.  Para ellos la misma cualidad inherente que da nueva vida y nacimiento al alma tambi\u00e9n le da una nueva filiaci\u00f3n.   Dice el \u00c1ngel de las Escuelas (III:9:23, ad 3am),  \u201cLa criatura se asimila al Logos en Su Unidad con el Padre, y esto es realizado por la gracia y la caridad\u2026  Tal semejanza perfecciona la idea de adopci\u00f3n, porque para el igual es debida la misma herencia eterna.\u201d (v. Gracia)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta \u00faltima opini\u00f3n recibi\u00f3 el sello del Concilio de Trento (Ses. VI, c. VII, can. 11).   El Concilio primero identifica justificaci\u00f3n con adopci\u00f3n:   \u201cVolverse justo y ser heredero de acuerdo a la esperanza de la vida eterna\u201d es una y la misma cosa.  Entonces procede dar la esencia real de la justificaci\u00f3n.  \u201cSu \u00fanica causa formal es la justicia de Dios, no aquella por medio de la cual \u00c9l mismo es justo, sino por medio de la cual \u00c9l nos hace justos.\u201d  Adem\u00e1s, repetidamente caracteriza la gracia de la justificaci\u00f3n y adopci\u00f3n como \u201cno un mero favor o atributo extr\u00ednseco, sino un regalo inherente en nuestros corazones.\u201d    Esta ense\u00f1anza fue enfatizada m\u00e1s fuertemente en el Catecismo del Concilio de Trento (de Bapt., No. 50), y por la condenaci\u00f3n del Papa P\u00edo V de las cuarenta y dos proposiciones de Michel Baius, cuya contradictoria lee:   \u201cLa justicia es una gracia infundida dentro de nuestra alma por medio de la cual el hombre es adoptado a la filiaci\u00f3n divina.\u201d  Podr\u00eda parecer que la minuciosidad con la cual el Concilio de Trento trat\u00f3 esta doctrina podr\u00eda haber impedido a\u00fan la posibilidad de discusiones futuras.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo la pregunta vino al foro de nuevo con Leonard Lessius (Lesio), 1623; Denis P\u00e9tau (Petavio), 1652; y Mat\u00edas Scheeben, 1888.  En la opini\u00f3n de ellos, podr\u00eda ser muy bien que la \u00fanica causa formalis del Concilio de Trento no es la causa completa de nuestra adopci\u00f3n, y es por esta raz\u00f3n que ellos podr\u00edan establecer la morada del Esp\u00edritu Santo por lo menos como un constituyente parcial de la filiaci\u00f3n divina.  No necesitamos malgastar palabras en considerar la idea singular de hacer la morada del Esp\u00edritu Santo un acto propio a, y no meramente una apropiaci\u00f3n de, la Tercera Persona de la Sant\u00edsima Trinidad.     Respecto al punto principal en discusi\u00f3n, si examinamos cuidadosamente las explicaciones p\u00f3stumas dadas por Lesio,  si recordamos el hecho de que Petavio habl\u00f3 del asunto bajo consideraci\u00f3n bastante en passant;  y si notamos el cuidado que tuvo Scheeben  en afirmar que la gracia es el factor esencial de nuestra adopci\u00f3n, siendo la presencia del Esp\u00edritu Santo  s\u00f3lo una parte integral y complemento substancial de la misma, habr\u00e1 poco lugar para alarmarse sobre la ortodoxia de estos distinguidos escritores.  La innovaci\u00f3n, sin embargo, no fue feliz.   No armoniz\u00f3 con las ense\u00f1anzas del Concilio de Trento.  Ignor\u00f3 la tajante interpretaci\u00f3n dada en el Catecismo del Concilio de Trento.   Sirvi\u00f3 s\u00f3lo para complicar y oscurecer esa teor\u00eda tradicional simple y directa, explicando nuestra regeneraci\u00f3n y adopci\u00f3n por el factor mism\u00edsimo.  Aun as\u00ed tuvo la ventaja de arrojar una luz m\u00e1s fuerte sobre las connotaciones de la gracia santificante, y de realzar en la beneficencia m\u00e1s pura las relaciones del alma adoptada y santificada con las Tres Personas de la Sant\u00edsima Trinidad:   con el Padre, el autor y dador de la gracia; con el Hijo Encarnado, el ejemplar y causa meritoria de nuestra adopci\u00f3n; y especialmente con el Esp\u00edritu Santo, el v\u00ednculo de nuestra uni\u00f3n con Dios, e infalible promesa de nuestra herencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n nos llev\u00f3 a las algo olvidadas lecciones \u00e9ticas de nuestra comuni\u00f3n con el Dios Trino, y especialmente con el Esp\u00edritu Santo, lecciones sobre las cuales insist\u00edan mucho la antigua literatura patr\u00edstica y los escritos inspirados.  \u201cLas Tres Personas   de la Sant\u00edsima Trinidad, el Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu Santo\u201d, dijo San Agust\u00edn (Tracto 76; En Juan), \u201cvienen a nosotros con tal que nosotros vayamos a Ellos, Ellos vienen con Su auxilio, si nosotros vamos con humildad.  Ellos vienen con luz, si nosotros vamos a aprender; Ellos vienen a abastecernos si nosotros vamos a ser llenados, que nuestra visi\u00f3n de Ellos no sea desde el exterior sino desde el interior, y que Su morada en nosotros no sea fugaz sino eterna.\u201d  Y San Pablo (1 Cor. 3,16-17), \u201c\u00bfNo saben que son santuario de Dios y que el Esp\u00edritu de Dios habita en ustedes?  Si alguno destruye el santuario de Dios, Dios le destruir\u00e1 a \u00e9l; porque el santuario de Dios es sagrado, y ustedes son ese santuario.\u201d  De lo que se ha dicho es manifiesto que nuestra adopci\u00f3n sobrenatural es una propiedad necesaria e inmediata de la gracia santificante.   El concepto primario de gracia santificante es una nueva vida dada por Dios y parecida a la de Dios sobrea\u00f1adida a nuestra vida natural.   Mediante esa misma vida nacemos a Dios aun como el ni\u00f1o a sus padres, y as\u00ed adquirimos una nueva filiaci\u00f3n.  Esta filiaci\u00f3n se llama adopci\u00f3n por dos razones:   primero, para distinguirla de la filiaci\u00f3n natural que pertenece a Jes\u00fas; segundo, para enfatizar el hecho de que la tenemos s\u00f3lo por la libre elecci\u00f3n y condescendencia misericordiosa de Dios.   Otra vez, as\u00ed como de nuestra filiaci\u00f3n natural surgen muchas relaciones sociales entre nosotros y el resto del mundo, as\u00ed nuestra adopci\u00f3n y vida divina establece m\u00faltiples relaciones entre el alma adoptada y regenerada por un lado, y el Dios Trino por el otro.   No fue sin raz\u00f3n que la Escritura y la Iglesia Oriental designaron especialmente a la Tercera Persona de la Sant\u00edsima Trinidad como el t\u00e9rmino especial de estas tan altas relaciones.  La adopci\u00f3n es obra del amor. \u201c\u00bfQu\u00e9 es la adopci\u00f3n\u201d, dice el Concilio de Frankfort, \u201csino una uni\u00f3n de amor?\u201d  Es, por lo tanto, conocer que debe ser descubierto y terminar en la \u00edntima presencia del Esp\u00edritu de Amor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  WILHELM AND SCANNELL, Un Manual de Teolog\u00eda Cat\u00f3lica basado en la Dogm\u00e1tica de Scheeben (Londres, 1890); HUNTER, Bosquejos de la Teolog\u00eda Dogm\u00e1tica (Nueva York, 1894); NIEREMBERG-SCHEEBEN, Las Glorias de la Divina Gracia (Nueva York, 1885); DEVINE, Manual de Teolog\u00eda Asc\u00e9tica de la vida Sobrenatural del alma (Londres, 1902); NEWMAN, San Atanasio, II, Deification, Gracia de Dios, Santificaci\u00f3n Divina Inherente (Londres, 1895); BELLAMY, La vie surnaturelle (Paris, 1895); TERRIEN, La Gr\u00e2ce et La Gloire (Paris, 1897); LESSIUS, De Perfectionibus Moribusque Divinis; De Summo Bono et \u00c6tern\u00e2 Beatitudine (Amberes, 1620; Par\u00eds, 1881); PETAVIO, Opus de Theologicis Dogmatibus (Bar-le-Duc, 1867); SCHEEBEN, Handbuch der kathol. Dogmatik (Friburgo, 1873); v\u00e9ase tambi\u00e9n en recientes tratados en gracia: MAZZELLA, HURTER, PESCH, KATSCHTHALER.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  Sollier, Joseph. \u00abSupernatural Adoption.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907.<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/01148a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Lourdes P. G\u00f3mez.  lhm\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Lat. adoptare, escoger.) Adopci\u00f3n es la toma gratuita de un extra\u00f1o como su propio hijo y heredero. De acuerdo a si el adoptante es hombre o Dios, la adopci\u00f3n se llama humana o divina, natural o sobrenatural. 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