{"id":22756,"date":"2016-02-05T15:34:54","date_gmt":"2016-02-05T20:34:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/agustin-de-hipona-dios-padre-origen-y-meta-de-la-reconciliacion-en-san-agustin\/"},"modified":"2016-02-05T15:34:54","modified_gmt":"2016-02-05T20:34:54","slug":"agustin-de-hipona-dios-padre-origen-y-meta-de-la-reconciliacion-en-san-agustin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/agustin-de-hipona-dios-padre-origen-y-meta-de-la-reconciliacion-en-san-agustin\/","title":{"rendered":"AGUSTIN DE HIPONA: DIOS PADRE, ORIGEN Y META DE LA RECONCILIACION EN SAN AGUSTIN"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Presentaci\u00f3n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 La reconciliaci\u00f3n como obra del Padre<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Jes\u00fas realiza la obra del Padre<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Vivir el amor del Padre hoy<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Notas<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Presentaci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El a\u00f1o de 1999, seg\u00fan la propuesta del Papa Juan Pablo II, est\u00e1 consagrado a la reflexi\u00f3n sobre el Padre, como una manera muy concreta de preparaci\u00f3n para el Gran Jubileo del 2000. Contemplando el misterio de Dios Padre, manifestado hist\u00f3ricamente en la misi\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas, y en el env\u00edo del Esp\u00edritu Santo, descubrimos la inmensidad de su amor hacia el hombre, as\u00ed como el Plan que Dios ten\u00eda para su creatura predilecta: \u00abCristo, hijo consustancial al Padre, es pues Aquel que revela el plan de Dios sobre toda la creaci\u00f3n, y en particular sobre el hombre. Como afirma de modo sugestivo el Concilio Vaticano II, \u00c9l \u201cmanifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci\u00f3n\u201d[1]. Le muestra esta vocaci\u00f3n revelando el misterio del Padre y de su amor\u00bb[2].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En anterior oportunidad hab\u00edamos profundizado sobre las ense\u00f1anzas de San Agust\u00edn acerca del Esp\u00edritu Santo y su papel en la obra reconciliadora[3] (ver Agust\u00edn de Hipona:El Esp\u00edrtu Santo reconciliador en la teolog\u00eda de San Agust\u00edn de Hipona. Continuando con el pensamiento del Doctor de Hipona, vamos ahora a examinar lo que nos ense\u00f1a sobre Dios Padre y su particular modo de participar en la reconciliaci\u00f3n. San Agust\u00edn ha tocado numerosas veces en sus obras el tema de la reconciliaci\u00f3n, enfoc\u00e1ndolo desde diversos \u00e1ngulos y perspectivas. No pod\u00eda faltar en su reflexi\u00f3n un desarrollo teol\u00f3gico en el que describa y explique lo que el Padre ha hecho por los hombres para llevarlos nuevamente a la comuni\u00f3n que el pecado hab\u00eda quebrado. Y para introducirnos a la ense\u00f1anza del Hiponense, hemos elegido algunos sermones del Tratado sobre el Evangelio de San Juan, espec\u00edficamente los sermones que tratan sobre la llamada \u201coraci\u00f3n sacerdotal de Jes\u00fas\u201d y que corresponden al cap\u00edtulo 17 del Evangelio. En ellos es posible apreciar una maravillosa doctrina en la que aparecen admirablemente enlazadas la m\u00edstica y la especulaci\u00f3n teol\u00f3gica rigurosa, el acento pastoral exhortativo y la elevaci\u00f3n contemplativa, donde brilla luminosa la reconciliaci\u00f3n querida por el Padre y realizada por el Se\u00f1or Jes\u00fas[4].\n<\/p>\n<h2>La reconciliaci\u00f3n como obra del Padre<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Comentando las palabras del Evangelio seg\u00fan San Juan: \u00abAs\u00ed habl\u00f3 Jes\u00fas, y alzando los ojos al cielo, dijo: \u00abPadre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti\u00bb (Jn 17, 1), Agust\u00edn se pregunta en primer lugar qu\u00e9 significa la \u201cHora\u201d a la que el Se\u00f1or hace referencia. Ciertamente, se trata del momento de la Pasi\u00f3n, cuando el Se\u00f1or entregue su vida por nuestra salvaci\u00f3n, pero es tambi\u00e9n el momento \u201cde pasar de este mundo al Padre\u201d, como nos recuerda el mismo Evangelista[5]. La Hora de Jes\u00fas est\u00e1 signada por su referencia al Padre, en cuanto que es el momento en el que Jes\u00fas realizar\u00e1 el divino Designio. Sin embargo, el cumplimiento de la \u201cHora\u201d de Jes\u00fas no es un acto que ocurre siguiendo una predeterminaci\u00f3n fatalista, sino m\u00e1s bien se trata de una acci\u00f3n totalmente libre hecha por el Se\u00f1or Jes\u00fas. En pol\u00e9mica con visiones deterministas, como por ejemplo las de los astr\u00f3logos, e incluso las de los maniqueos, el santo de Hipona rescata la suprema libertad de Jes\u00fas en este momento trascendental[6].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La \u201cHora\u201d es el momento en el que se cumple lo dispuesto por el Padre y por el Hijo; puesto en otros t\u00e9rminos, es el \u201ctiempo de salvaci\u00f3n\u201d donde se realiza el Plan divino querido por el Padre y concretizado por Jes\u00fas. Hablar de Plan de Dios para San Agust\u00edn es ocasi\u00f3n para precisar que todo lo referido a la Pasi\u00f3n, Muerte y Resurrecci\u00f3n victoriosa del Se\u00f1or no es fruto de la casualidad ni tampoco de la fatalidad, sino que responde a lo que desde toda la eternidad estaba presente en el Padre y se hace realidad hist\u00f3rica por Cristo: \u00abPor tanto, al decir: Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, manifest\u00f3 que todos los tiempos, y cuando hab\u00eda de hacer o dejar de hacer algo, eran dispuestos por Aquel que no est\u00e1 sujeto al tiempo; porque todas las cosas que han de ser, cada cual en su tiempo propio, tienen su causa eficiente en la sabidur\u00eda de Dios, en la cual no existe el tiempo. No se crea, pues, que esta Hora vino al acaso, sino por la ordenaci\u00f3n de Dios. Como tampoco una fatal necesidad sideral determin\u00f3 la pasi\u00f3n de Cristo, porque no se puede pensar que las estrellas forzasen a morir a Cristo, su Creador\u00bb[7]. Ahora bien, la \u201cHora\u201d est\u00e1 unida al cumplimiento de la \u201cobra\u201d que el Padre ha encomendado al Hijo, y en cuya realizaci\u00f3n el Hijo glorifica al Padre y el Padre a su vez ha de glorificar al Hijo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfEn qu\u00e9 consiste esta \u201cobra\u201d? Agust\u00edn, desarrollando muy de cerca la teolog\u00eda del evangelista San Juan, encuentra dos dimensiones propias de la \u201cobra\u201d. En primer lugar, una dimensi\u00f3n manifestativa o de revelaci\u00f3n, que consiste en dar a conocer al Padre. Esto es hecho a trav\u00e9s de la predicaci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas, pero tambi\u00e9n mediante sus actos, por los cuales evidencia en su persona la figura paterna, seg\u00fan el conocido pasaje jo\u00e1neo: \u201cEl que me ve a m\u00ed, ve al Padre\u201d (Jn 14, 9). Por eso se\u00f1ala el Hiponense: \u00abDiciendo, pues, que \u00e9l glorificaba al Padre sobre la tierra y que el Padre le glorificaba a \u00e9l en el mismo Padre, no hizo m\u00e1s que manifestar el modo de la glorificaci\u00f3n. \u00c9l glorific\u00f3 al Padre sobre la tierra predic\u00e1ndole a las gentes, y el Padre le glorific\u00f3 en s\u00ed mismo, coloc\u00e1ndole a su derecha\u00bb[8]. En segundo lugar, la \u201cobra\u201d de Jes\u00fas se refiere propiamente a la Pasi\u00f3n, Muerte y Resurrecci\u00f3n. Se trata del acontecimiento central de la salvaci\u00f3n, y se entiende como la acci\u00f3n por la que Jesucristo da cumplimiento al Plan Divino, en obediencia filial al Padre, quien, a su vez, lo glorifica por su actitud oblativa: \u00abNing\u00fan cristiano duda, y todo indica que el Hijo fue glorificado por el Padre seg\u00fan la naturaleza de siervo, a la cual el Padre la resucit\u00f3 de entre los muertos (\u2026) Y como por el Evangelio de Cristo se consigui\u00f3 que el conocimiento del Padre llegase a las gentes por medio del Hijo, no cabe dudar que tambi\u00e9n el Hijo glorific\u00f3 al Padre. Si el Hijo hubiese muerto y no hubiese resucitado, ni el Padre habr\u00eda glorificado al Hijo ni el Hijo al Padre. Pero ahora con la resurrecci\u00f3n fue glorificado por el Padre, y con el anuncio de su resurrecci\u00f3n glorifica el Hijo al Padre\u00bb[9].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas dos dimensiones de la \u201cobra\u201d encomendada por el Padre, aun cuando puedan distinguirse, est\u00e1n profundamente unidas e interpenetradas. En efecto, la dimensi\u00f3n \u201cmanifestativa\u201d de la obra, que es el dar a conocer al Padre, alcanza su culmen en los acontecimientos de la Pasi\u00f3n, Muerte y Resurrecci\u00f3n. Mientras que la dimensi\u00f3n \u201cf\u00e1ctica\u201d de la obra es al mismo tiempo revelaci\u00f3n del plan de Salvaci\u00f3n de Dios. Por el sacrificio de Jes\u00fas conocemos el amor de Dios Padre y todo lo que la creatura humana vale para \u00c9l. Pero este conocimiento se da en la fe. En efecto, por fe es posible descubrir en los acontecimientos la acci\u00f3n del Padre, y en ellos comprender su sentido m\u00e1s profundo[10]. Por fe el creyente sabe que lo que con una mirada meramente horizontal es muerte ignominiosa, fracaso humano y derrota, en realidad es entrega voluntaria de la propia vida que lleva a la victoria sobre el pecado y sobre la muerte. Por la fe el creyente ve en la cruz de Jes\u00fas el triunfo de Dios Padre que por su Hijo da la comuni\u00f3n y restaura la amistad quebrada por el pecado del hombre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para San Agust\u00edn, la obra del Padre cumplida por el Hijo es la reconciliaci\u00f3n. En esta noci\u00f3n clave, se unen la dimensi\u00f3n f\u00e1ctica y la dimensi\u00f3n manifestativa ya mencionadas, comprendidas desde la fe. Siguiendo a San Pablo, Agust\u00edn ve a Dios Padre realizando la acci\u00f3n reconciliadora mediante Jesucristo, y de esta manera haciendo concreto el plan divino en la historia de los hombres:\n<\/p>\n<p>\u00abMuy bien pues dice all\u00ed: Para que el mundo crea, y aqu\u00ed: Para que el mundo conozca, y tanto all\u00ed como aqu\u00ed: Que tu me enviaste, a fin de entender que ahora debemos creer en la inseparabilidad del amor del Padre y del Hijo, cuyo conocimiento pretendemos conseguir con la fe. Pero si solamente hubiese dicho: Para que conozcan que t\u00fa me enviaste, tendr\u00eda el mismo valor que Para que el mundo conozca. Pues el mundo son ellos (i.e. los ap\u00f3stoles) no el que permanece enemigo (\u2026), sino el mundo convertido de enemigo en amigo, por el cual Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo; y por eso dijo: Yo en ellos y t\u00fa en m\u00ed; como si dijera: yo en aquellos a quienes me enviaste, y t\u00fa en m\u00ed, reconciliando contigo al mundo por mi intermedio\u00bb[11].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es significativa la menci\u00f3n al pasaje paulino de 2 Cor 5, 18ss, lo que manifiesta en San Agust\u00edn una comprensi\u00f3n en clave reconciliativa de la acci\u00f3n del Padre. No se podr\u00eda decir que se trata de una menci\u00f3n casual, ya que 2 Cor 5, 18 ss es un texto al que recurre constantemente el santo de Hipona[12]. Lo que San Pablo indica, y tambi\u00e9n destaca Agust\u00edn, es que la reconciliaci\u00f3n como obra de salvaci\u00f3n brota de la iniciativa del Padre. En el Plan de Dios est\u00e1, pues, presente la reconciliaci\u00f3n como el modo concreto por el cual el Padre, a trav\u00e9s de la acci\u00f3n del Hijo, sanar\u00e1 las rupturas producidas por el pecado y traer\u00e1 nuevamente a los hombres a la amistad y a la comuni\u00f3n con \u00c9l.\n<\/p>\n<h2>Jes\u00fas realiza la obra del Padre<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ex\u00e9gesis agustiniana de Jn 17 destacaba, en la oraci\u00f3n sacerdotal del Se\u00f1or, la conciencia clara de Jes\u00fas de que la \u201cobra\u201d que ha de realizar no es s\u00f3lo suya, es ante todo la obra del Padre. Y esta obra, dec\u00edamos siguiendo a Agust\u00edn, es la reconciliaci\u00f3n. No s\u00f3lo el misterio pascual, sino toda la vida de Jes\u00fas, desde su encarnaci\u00f3n hasta la Resurrecci\u00f3n y Ascensi\u00f3n, puede entenderse en esta perspectiva[13]. Pero lo que interesa resaltar en este momento es que para Agust\u00edn, es el mismo Padre quien en su Designio ha querido salvar al hombre de esta manera. Le ha ofrecido en Jes\u00fas el perd\u00f3n y el restablecimiento de la unidad con \u00c9l mediante Cristo y su acci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dios Padre no quiere el pecado. Ante la ruptura generada por el acto malo del hombre, toma la iniciativa para resanar la cu\u00e1druple fractura producida por el pecado. Y para eso env\u00eda a Jesucristo al mundo. Resuenan aqu\u00ed los ecos de aquel texto tan conocido: \u00abPorque tanto am\u00f3 Dios al mundo que dio a su Hijo \u00fanico, para que todo el que crea en \u00e9l no perezca, sino que tenga vida eterna.&#160;\u00bb (Jn 3, 16). Por eso, la reconciliaci\u00f3n que es fruto de la iniciativa paterna, encontrar\u00e1 su plasmaci\u00f3n en la unidad. Al mundo roto por el pecado, se contrapone el mundo unido por la reconciliaci\u00f3n:\n<\/p>\n<p>\u00abPara que todos sean una sola cosa. \u00bfQui\u00e9nes son estos todos sino el mundo, no el mundo hostil, sino el mundo fiel? Porque Aquel que dijo: no ruego por el mundo, ruega por el mundo para que crea. Hay un mundo del que est\u00e1 escrito: Para que no seamos condenados con este mundo. Pero este mundo no ruega (\u2026) Y hay asimismo otro mundo del cual est\u00e1 escrito: No ha venido el Hijo del Hombre a juzgar al mundo, sino para que por \u00c9l se salve el mundo; por eso dice el ap\u00f3stol: En Cristo estaba Dios reconciliando consigo al mundo. Por este mundo ruega diciendo: Para que crea que t\u00fa me enviaste. Esta es la fe por la que el mundo es reconciliado con Dios, creyendo en Cristo que fue enviado por Dios\u00bb[14] .<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al decir que la reconciliaci\u00f3n apunta a la unidad, Agust\u00edn recuerda que no se trata de cualquier tipo de unidad. Se trata de aquella unidad existente entre el Padre y el Hijo, que es como el modelo para la unidad entre los hombres. Sabemos que la unidad entre el Padre y el Hijo es unidad de sustancia, ya que ambos poseen la misma y \u00fanica naturaleza divina.  \u00abPara que sean uno como nosotros. No dice: Para que sean uno con nosotros; o: Seamos una sola cosa ellos y nosotros, como nosotros somos uno. Sino que dice: Para que sean uno como nosotros. Que ellos sean uno en su naturaleza como nosotros somos uno en la nuestra. Lo cual dijera con verdad si no lo dijera en cuanto es Dios, de la misma naturaleza que el Padre\u00bb[15].  \u00bfC\u00f3mo se configura la unidad humana a partir de la reconciliaci\u00f3n?  Responde San Agust\u00edn: mediante la fe. Pues el pecado rompi\u00f3 la unidad de todo el g\u00e9nero humano, dispersando a los hombres y alej\u00e1ndolos unos de otros[16].  Como ya se ha visto, piensa el santo de Hipona que es la fe la que reconcilia al mundo con Dios, puesto que nos lleva a hacer presente en nuestra existencia actual el misterio salv\u00edfico. Pero adem\u00e1s, la fe hace que los creyentes se unan en la participaci\u00f3n del don reconciliador: \u00abQue todos sean una sola cosa es lo mismo que: Que el mundo crea, porque creyendo se hacen una sola cosa. Verdaderamente se hacen uno quienes, siendo uno por la naturaleza, han dejado de ser uno rebel\u00e1ndose contra la unidad\u00bb[17].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La obra reconciliadora tiene como beneficiario inmediato a los hombres, a los que designa  San Agust\u00edn con el gen\u00e9rico nombre de \u201cmundo\u201d. Quiere decir que el Padre realiza su designio en nuestra humana historia, y por tanto la reconciliaci\u00f3n es un acontecimiento. Lo que hace Jesucristo (morir en la cruz, resucitar) no se queda en la intemporalidad o en el plano gn\u00f3stico del mito. Antes bien, es hecho concreto, manifestativo del Querer sempiterno del Padre por el cual el mundo es verdaderamente reconciliado. Pero al decir \u201cmundo\u201d, Agust\u00edn expresa una realidad muy compleja, sobre la que conviene hacer ciertas precisiones. \u201cMundo\u201d significa en primer lugar la creaci\u00f3n toda, un sentido obvio que no necesita mayor precisi\u00f3n. Pero significa tambi\u00e9n la humanidad en su conjunto, es decir, todos los hombres. Puede referirse a los hombres malos y pecadores[18]; as\u00ed como tambi\u00e9n a los hombres pecadores y a los justos[19]. \u201cMundo\u201d significa, adem\u00e1s, para Agust\u00edn, la Iglesia. En la pol\u00e9mica contra los donatistas, Agust\u00edn, partiendo de una ex\u00e9gesis aleg\u00f3rica, y en consonancia con la Tradici\u00f3n, entend\u00eda por el campo de trigo donde el Enemigo hab\u00eda sembrado ciza\u00f1a a la Iglesia, que en su existencia temporal contiene buenos y malos, justos y pecadores[20]. Ante el pesimismo donatista y su sectarismo de una Iglesia \u201cde los solos puros y santos\u201d, Agust\u00edn defiende precisamente que la Iglesia, peregrinando en este tiempo, est\u00e1 conformada por pecadores que deben convertirse y por justos que deben seguir trabajando en su vida de santidad. En otras palabras, la Iglesia, as\u00ed presentada, es el \u201cmundo reconciliado\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hablar de \u201cmundo reconciliado\u201d referido a la Iglesia, quiere decir que la obra del Padre ha dado sus frutos. Recordando la referencia jo\u00e1nica del amor de Dios por el mundo, Agust\u00edn constata que al ofrecer su don reconciliador, el Padre no obliga ni se impone a los hombres; antes bien, respeta su libertad, de manera tal que la creatura humana puede aceptar o rechazar el regalo paterno dado por Jesucristo. Los que aceptan creyendo en Dios y acogiendo la reconciliaci\u00f3n, conforman el mundo reconciliado, es decir, la Iglesia; los que rechazan dicho don conforman el mundo malo, enemigo de la Iglesia[21]. Todo esto es como el presupuesto desde el que el Hiponense presenta la acci\u00f3n salv\u00edfica del Padre que se hace patente en la Iglesia. En efecto, al ser la Iglesia el \u201cmundo reconciliado\u201d, muestra ante todos que el Designio reconciliador del Padre ha sido realizado verdaderamente, a trav\u00e9s de la elecci\u00f3n paterna y del llamado hecho por el Hijo; llamado al que el ser humano responde desde su libertad:\n<\/p>\n<p>\u00abPadre, quiero que aquellos que me has dado est\u00e9n conmigo donde yo estoy. \u00bfQui\u00e9nes son \u00e9stos que el Padre le ha dado? \u00bfNo son aquellos de quienes dice en otro lugar: Nadie viene a m\u00ed si el Padre, que me envi\u00f3, no lo trae?(\u2026) Los que \u00e9l recibi\u00f3 del Padre son los mismos que \u00c9l escogi\u00f3 del mundo y los eligi\u00f3 para que no fuesen ya del mundo, como \u00c9l no es del mundo; mas de manera que ellos formen tambi\u00e9n parte del mundo que cree y que conoce que Cristo fue enviado por el Padre para que el mundo fuese liberado del mundo, a fin de que el mundo que ha de ser reconciliado con Dios no perezca con el mundo, su enemigo que se ha de condenar\u00bb[22].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En \u00faltima instancia, todo se ilumina a partir de la elecci\u00f3n del Padre. Elecci\u00f3n que es gracia inmerecida de Dios, y que seg\u00fan lo ya visto, se patentiza en la Iglesia. Los ap\u00f3stoles, fundamento y base de la Iglesia han sido elegidos por Cristo, tomados del mundo pecador y recibiendo la reconciliaci\u00f3n de parte de Jes\u00fas, el Hijo de Santa Mar\u00eda. Misterio de gracia, la reconciliaci\u00f3n es tambi\u00e9n misterio de justicia y de misericordia, como expresa el santo:\n<\/p>\n<p>\u00abOh, Padre justo, dice,  el mundo no te ha conocido. No te ha conocido porque eres justo. Por sus m\u00e9ritos no te ha conocido el mundo predestinado a la condenaci\u00f3n; mas el mundo con \u00e9l reconciliado por medio de Cristo, le conoci\u00f3 no por sus m\u00e9ritos, sino por su gracia. \u00bfY qu\u00e9 otra cosa es conocerle sino la vida eterna? Esta vida la neg\u00f3 al mundo condenado y la dio al mundo reconciliado. Porque eres justo no te ha conocido el mundo, y por sus m\u00e9ritos le has negado tu conocimiento; y porque eres misericordioso te ha conocido el mundo reconciliado, y no por sus m\u00e9ritos sino por tu gracia le has dado tu conocimiento. Luego a\u00f1ade: Mas yo te he conocido. La fuente misma de la gracia es Dios por naturaleza, y por una gracia inefable es hombre, nacido del Esp\u00edritu Santo y de la Virgen. Finalmente, ya que la gracia de Dios viene por Jesucristo, Se\u00f1or nuestro, por \u00e9l mismo \u00e9stos tambi\u00e9n han conocido, dice, que t\u00fa me has enviado. \u00c9ste es el mundo reconciliado. Pero te han conocido porque t\u00fa me has enviado; luego, te han conocido por una gracia\u00bb[23]. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tal vez el lenguaje empleado por San Agust\u00edn sea equ\u00edvoco y pueda prestarse a malentendidos. A lo mejor la expresi\u00f3n \u201cmundo predestinado a la condenaci\u00f3n\u201d[24] no es muy afortunada. Sin embargo, un an\u00e1lisis detenido de este pasaje nos muestra con claridad meridiana una idea muy propia de Agust\u00edn, que se ha mantenido a lo largo de sus discusiones contra donatistas, pelagianos y paganos: la reconciliaci\u00f3n, en cuanto obra del Padre, es una gracia divina que nos merece la Comuni\u00f3n con el Creador. Los m\u00e9ritos propios, las obras humanas, por m\u00e1s elevadas y nobles que sean, por s\u00ed mismas no son salv\u00edficas. No merecen el verdadero conocimiento del Padre. Y por eso, en el presente texto, situado en su contexto espec\u00edfico, el mundo que est\u00e1 \u201cpredestinado a la condenaci\u00f3n\u201d lo es, porque -en la interpretaci\u00f3n agustiniana- est\u00e1 cerrado a la acci\u00f3n de la gracia, cuya m\u00e1xima revelaci\u00f3n y realizaci\u00f3n es precisamente el Se\u00f1or Jes\u00fas, \u201cDios por naturaleza\u201d y -por bondad manifiesta del Padre- \u201chombre nacido del Esp\u00edritu Santo y de la Virgen\u201d. En cambio, si hay un \u201cmundo reconciliado\u201d, es porque a la gracia dada por el Padre (lo primero y lo fundamental, seg\u00fan el pensamiento de Agust\u00edn), ha habido una respuesta de aceptaci\u00f3n, que, estando movida y sostenida por dicha gracia, es acogida libre del don divino que permite el conocimiento del Padre y, al final, la vida eterna. Lo que nos trae nuevamente a una idea ya conocida: en Jes\u00fas, en su humanidad, descubrimos la concretizaci\u00f3n del Designio de Dios Padre, su Divino Plan realizado en la historia: la reconciliaci\u00f3n del hombre con Dios, plasmada en la Iglesia, \u201cmundo reconciliado\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfQu\u00e9 es lo que mueve a Dios Padre a llevar a cabo su designio reconciliador? Responde Agust\u00edn: el amor. La reconciliaci\u00f3n se comprende en el horizonte del amor infinito y eterno del Padre hacia sus creaturas predilectas, los seres humanos. \tPero este amor del Padre a los hombres se da en Cristo y por Cristo. Dios nos am\u00f3 en Jesucristo, su Unig\u00e9nito, y nos elige en \u00e9l y por \u00e9l. Recogiendo las inspiraciones de San Pablo en el himno a los Efesios, Agust\u00edn explica bellamente el n\u00facleo cristol\u00f3gico del amor del Padre a los hombres:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEl Padre nos ama en el Hijo, porque en \u00c9l nos ha elegido antes de la formaci\u00f3n del mundo. El que ama al Unig\u00e9nito, ama tambi\u00e9n a sus miembros, adoptados en \u00c9l y por \u00c9l (\u2026)  Los has amado a ellos como me has amado a m\u00ed, quiere decir: los has amado a ellos porque me has amado a m\u00ed. Pues, amando al Hijo, no pod\u00eda dejar de amar a sus miembros, ni tener otra raz\u00f3n para amarlos sino la de amarle a \u00c9l.  Ama al Hijo seg\u00fan la divinidad, por haberle engendrado igual a s\u00ed mismo, y le ama tambi\u00e9n en cuanto hombre, porque el mismo Verbo Unig\u00e9nito se hizo carne, y por el Verbo le es muy cara la carne del Verbo; mas a nosotros nos ama porque somos miembros de su Amado, y para que lo fu\u00e9semos nos am\u00f3 antes de que existi\u00e9ramos\u00bb[25].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se percibe en este pasaje la teolog\u00eda del Cuerpo M\u00edstico t\u00edpica del Doctor de Hipona. A partir de esta comprensi\u00f3n, Agust\u00edn proyecta el amor de Dios Padre no s\u00f3lo hacia la persona de Jes\u00fas, la Cabeza de este Organismo M\u00edstico, sino tambi\u00e9n hacia todos los creyentes, sus miembros. En esta perspectiva, el amor del Padre aparece como una realidad profunda, misteriosa, pero sobre todo eterna. El ser humano ha sido amado desde toda la eternidad en Cristo, y por lo tanto, el designio reconciliador del Padre hace presente lo que desde siempre estaba considerado en el Divino Plan:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abEl amor con que Dios nos ama es incomprensible, y al mismo tiempo inmutable. Porque no comenz\u00f3 a amarnos desde cuando fuimos con \u00c9l reconciliados por la sangre de su Hijo, sino que nos am\u00f3 antes de la formaci\u00f3n del mundo para que, juntamente con su Hijo, fu\u00e9semos hijos suyos, cuando nosotros no \u00e9ramos absolutamente nada. Pero, al decir que hemos sido reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, no debemos o\u00edrlo ni tomarlo como si el Hijo nos haya reconciliado con \u00c9l para comenzar a amar a quienes antes odiaba, al modo que un enemigo se reconcilia con otro enemigo para hacerse amigos, am\u00e1ndose despu\u00e9s los que antes se odiaban; sino que fuimos reconciliados con el que ya nos amaba y cuyos enemigos \u00e9ramos por el pecado\u00bb[26].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las \u00faltimas palabras de Agust\u00edn nos manifiestan, por contraste, todo lo que el Padre nos otroga mediante su reconciliaci\u00f3n. La situaci\u00f3n del hombre por su pecado, era la de enemistad con Dios[27]; separado de su Creador y Padre, viv\u00eda en la lejan\u00eda y en la perdici\u00f3n, incapaz por s\u00ed mismo de volver nuevamente hacia Dios. Pero el Padre deja ver cu\u00e1nto ama al hombre enviando al Reconciliador, y haciendo de la creatura humana su hijo, con una adopci\u00f3n que por ser adoptiva no por ello es menos verdadera. La filiaci\u00f3n que el Padre, en Jesucristo, nos otroga, es como el coronamiento de la acci\u00f3n divina, el modo peculiar como los seres humanos hemos de vivir aqu\u00ed y ahora nuestra reconciliaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el principio de nuestra reconciliaci\u00f3n est\u00e1 Dios Padre. En su designio sempiterno, \u00c9l nos eligi\u00f3 para reproducir la imagen de su Hijo, y por ende, para vivir la realidad de reconciliados presente en su Amoroso Plan. Dios Padre aparece as\u00ed como el origen de nuestra reconciliaci\u00f3n. Pero la meta a la que se dirige la obra divina es el encuentro definitivo con \u00c9l. Siendo Origen, Dios Padre es tambi\u00e9n la meta a la que se encamina la reconciliaci\u00f3n. Esta meta es la vida eterna. Interpretando las palabras de San Juan: \u00abPadre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti.  Y que seg\u00fan el poder que le has dado sobre toda carne, d\u00e9 tambi\u00e9n vida eterna a todos los que t\u00fa le has dado.  Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el \u00fanico Dios verdadero, y al que t\u00fa has enviado, Jesucristo\u00bb (Jn 17, 1-3), Agust\u00edn explicita c\u00f3mo el caminar del ser humano por este mundo, guiado por Jes\u00fas , el Buen Pastor, ha de culminar en el encuentro definitivo con el Padre, que con el Esp\u00edritu y con el Hijo constituyen la Casa en la que, con los \u00c1ngeles y con los santos, se ha de vivir la Comuni\u00f3n plena. Y todo esto, gracias a la reconciliaci\u00f3n:\n<\/p>\n<p>\u00abY as\u00ed, el mundo reconciliado ser\u00e1 libertado del mundo enemigo, cuando contra \u00e9l ejerza su poder, envi\u00e1ndole a la muerte eterna, haciendo a \u00e9ste suyo para darle la vida eterna. A todas sus ovejas el buen pastor, a todos sus miembros la magna cabeza, prometi\u00f3 este premio: que tambi\u00e9n nosotros estemos con \u00c9l donde \u00c9l est\u00e1, y no pueden dejar de cumplirse los deseos que el Hijo omnipotente manifest\u00f3 al padre omnipotente. All\u00ed est\u00e1 tambi\u00e9n el Esp\u00edritu Santo, igualmente eterno, igualmente Dios, un solo Esp\u00edritu de ambos y sustancia de las voluntades de uno y otro\u00bb[28].<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la felicidad perfecta, a la bienaventuranza, se llega por medio de la reconciliaci\u00f3n. Siendo hijos, viviremos para siempre unidos con nuestro Padre, y con Jes\u00fas nuestro hermano, unidos en el amor que es el Esp\u00edritu Santo:\n<\/p>\n<p>\u00abEn cuanto a lo que ahora dice: Yo en ellos y T\u00fa en m\u00ed, lo dice en calidad de mediador, conforme a las palabras del Ap\u00f3stol: vosotros de Cristo, y Cristo de Dios. Mas en cuanto a\u00f1adi\u00f3: A fin de que sean consumados en la unidad, nos declara que la reconciliaci\u00f3n hecha por el Mediador nos conduce a la perfecta bienaventuranza, a la cual nada se puede a\u00f1adir\u00bb[29].<\/p>\n<h2>Vivir el amor del Padre hoy<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que San Agust\u00edn ha ido presentando a lo largo  de los sermones que conforman los Tratados sobre el Evangelio de San Juan, enriquecen nuestra visi\u00f3n teol\u00f3gica sobre Dios Padre, y pueden ser una valiosa orientaci\u00f3n para reflexionar en el misterio al que Juan Pablo II ha pedido que dediquemos nuestra meditaci\u00f3n en este tiempo de preparaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ante todo, Dios Padre es manifestado por Jesucristo. En su humanidad, el Se\u00f1or Jes\u00fas deja entrever su propio misterio y el misterio del Padre. Las palabras de Jes\u00fas, recogidas  por el Evangelista San Juan: \u00abEl que me ha visto a m\u00ed, ha visto al Padre\u00bb (Jn 14, 9) invitan a todo creyente a profundizar en Dios Padre a trav\u00e9s de una m\u00e1s profunda uni\u00f3n con Jes\u00fas.  Ahora bien, Agust\u00edn nos ense\u00f1a que el misterio de Dios Padre es primeramente el misterio de su Amor. Un Amor que se ha expresado en la Creaci\u00f3n, dando la existencia y reflejando en sus creaturas Su verdad, Su bondad y su belleza. La pol\u00e9mica con los maniqueos ayud\u00f3 a San Agust\u00edn a comprender que la Creaci\u00f3n, por ser obra de Dios, no puede m\u00e1s que ser buena, y si hay cosas malas en el mundo, no pueden provenir de Dios, que como Sumo Bien, comunica participativamente esta bondad a todos los seres. La Creaci\u00f3n, pues, no s\u00f3lo nos habla de las perfecciones del Creador. Nos habla tambi\u00e9n del Amor de Dios, es decir del Amor del Padre que lo ha hecho todo mediante el Hijo con el poder del Esp\u00edritu Santo. En nuestro tiempo, la reflexi\u00f3n sobre Dios Padre debe llevarnos a la valoraci\u00f3n de la creaci\u00f3n, pero sobre todo, a la valoraci\u00f3n de su creatura predilecta, el hombre.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el Amor del Padre no se manifiesta s\u00f3lo en la Creaci\u00f3n. Se ha manifestado de manera incomparable en la reconciliaci\u00f3n que se ha llevado a cabo por Jes\u00fas. \u201cDios Padre nos ha reconciliado consigo por medio de Jesucristo\u201d, es la ense\u00f1anza de San Pablo. A esto puntualiza San Agust\u00edn que esta reconciliaci\u00f3n hecha por Jes\u00fas, encuentra su \u201clugar\u201d en el mundo y en la historia gracias a la Iglesia. Lo que significa que Dios Padre no s\u00f3lo nos ha dado a Jes\u00fas, el Reconciliador. Nos ha dado tambi\u00e9n a la Iglesia, \u201cmundo reconciliado\u201d que aparece en medio de los hombres como \u201cel gran sacramento de reconciliaci\u00f3n\u201d, en feliz expresi\u00f3n de Juan Pablo II[30]. La Iglesia nos garantiza, a trav\u00e9s de los sacramentos, de la gracia que ellos nos brindan, y del Esp\u00edritu Santo que vivifica su existencia terrena, que el Padre nos ha reconciliado y que en Jes\u00fas y el Esp\u00edritu Santo tenemos una nueva vida.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De lo anterior se siguen dos cosas. En primer lugar, al ser reconciliado por el Padre y con el Padre mediante el Hijo, el ser humano llega a conocer no s\u00f3lo el misterio de su Creador y Padre, sino que conoce tambi\u00e9n su propio misterio. Con luminosas palabras nos lo ense\u00f1a el Concilio Vaticano II[31], y recientemente lo ha vuelto a recordar de manera muy hermosa y muy profunda el Papa  Juan Pablo II: \u00abEn efecto, \u201cel Verbo de Dios, asumiendo en todo la naturaleza humana menos en el pecado (cf. Hb 4, 11), manifiesta el plan del Padre, de revelar a la persona humana el modo de llegar a la plenitud de su propia vocaci\u00f3n [\u2026] As\u00ed, Jes\u00fas no s\u00f3lo reconcilia al hombre con Dios, sino que lo reconcilia tambi\u00e9n consigo mismo, revel\u00e1ndole su propia naturaleza\u201d\u00bb[32]. Y aqu\u00ed San Agust\u00edn nos recuerda que por la reconciliaci\u00f3n obrada por Jes\u00fas somos hechos hijos en Jes\u00fas al ser miembros de Su Cuerpo, y por lo tanto podemos en verdad llamar a Dios, \u201cPadre\u201d. Nuestra identidad queda as\u00ed concretizada en Jes\u00fas. Somos hijos,  invitados a una vocaci\u00f3n sin par. Vivir nuestra filiaci\u00f3n por el amor que nos une al Padre y a nuestros hermanos, los seres humanos, es la realizaci\u00f3n que colma y plenifica nuestra existencia. Hoy en d\u00eda, diversas corrientes de pensamiento se basan en el rechazo de Dios como Padre, y por lo mismo, niegan la identidad del ser humano en su realidad de hijo[33]. En el fondo, estas corrientes, en su rebeli\u00f3n contra la figura del Padre, y a pesar de su pretendida intenci\u00f3n de exaltar y reivindicar al ser humano, atentan contra su ser m\u00e1s profundo, llev\u00e1ndolo a la p\u00e9rdida de su identidad y, en definitiva, al fracaso de su existencia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En segundo lugar, Dios Padre no solamente nos da el don de la reconciliaci\u00f3n. Nos invita, adem\u00e1s, a participar, como reconciliados, de la comuni\u00f3n de Amor que \u00e9l mismo es: \u00abEl Plan de Dios contempla una invitaci\u00f3n a participar en la Comuni\u00f3n divina de Amor. La reconciliaci\u00f3n que nos ofrece el Padre en Jes\u00fas por el Esp\u00edritu es una invitaci\u00f3n a participar en la Comuni\u00f3n de Amor\u00bb[34]. Viviendo la reconciliaci\u00f3n, el ser humano se convierte al mismo tiempo en un transmisor de la misma. Dios nos llama a ser ap\u00f3stoles de la reconciliaci\u00f3n, cooperando con la obra del Padre que nos ha bendecido con tan maravillosa gracia. Es lo mismo que recalcaba San Agust\u00edn constantemente. Su reflexi\u00f3n sobre la reconciliaci\u00f3n y sobre Dios Padre que en Jesucristo, el Hijo de Mar\u00eda, nos ha hecho hijos suyos, se proyecta en la tarea apost\u00f3lica de ser heraldos de la reconciliaci\u00f3n: \u00abO\u00edsteis al Ap\u00f3stol cuando se le\u00eda: Somos como embajadores en nombre de Cristo, y como si Dios lo hiciera por nuestra boca, os rogamos en nombre de Cristo; esto es, como si Cristo os rogase, \u00bfqu\u00e9? Que os reconcilieis con Dios. Si el Ap\u00f3stol nos exhorta y ruega que nos reconciliemos con Dios, es porque \u00e9ramos enemigos de Dios, ya que nadie se reconcilia sino de las enemistades. El pecado, no la naturaleza, nos hab\u00eda hecho enemigos de Dios (\u2026) Os rogamos en nombre de Cristo que os reconcilieis con Dios. Y \u00bfc\u00f3mo nos hemos de reconciliar sin pagar la deuda que media entre \u00c9l y nosotros?\u00bb[35]. Sabemos que nuestra deuda ha sido cancelada por el Se\u00f1or Jes\u00fas. Pero nos toca una participaci\u00f3n activa en nuestra reconciliaci\u00f3n, actualizando y acrecentando dicho don mediante los sacramentos, las buenas obras, la oraci\u00f3n y el apostolado, como el mismo Agust\u00edn se encarga de recordarnos[36].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el principio de nuestra reconciliaci\u00f3n est\u00e1 el Padre, que por Amor nos da su perd\u00f3n y borra nuestras culpas, haci\u00e9ndonos sus hijos por medio de Jes\u00fas y otorg\u00e1ndonos el Esp\u00edritu que nos hace clamar \u201cAbba\u201d[37]. El final de nuestra humana existencia, la vida de reconciliados que caminamos en la fe, se dirige al Padre como a su meta. Profundizar en la reconciliaci\u00f3n es introducirnos en el misterio del Padre y de su Amor misericordioso, que nos ha creado para \u00c9l y que -parafraseando a San Agust\u00edn- saciar\u00e1 la inquietud de nuestro coraz\u00f3n cuando podamos descansar plenamente en \u00c9l.\n<\/p>\n<h2>Notas<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. Const. Past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 22.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. S.S. Juan Pablo II. Carta Apost\u00f3lica Tertio millennio adveniente (1994), 4.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3.Cfr. en el art\u00edculo \u201cEl Esp\u00edritu Santo reconciliador en la teolog\u00eda de San Agust\u00edn de Hipona\u201d. En: Revista Teol\u00f3gica limense, vol. XXXII, nn. 1-2 (Lima 1998), pp. 57-72.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.Utilizamos la traducci\u00f3n castellana de los Tratados sobre el Evangelio de San Juan publicada en Obras de San Agust\u00edn, tomo XIV. 2a. edici\u00f3n. Madrid; B.A.C. 1965, retocando en alg\u00fan caso la traducci\u00f3n a partir del Migne latino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5. Cfr. Jn 13, 1.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6. Cfr. Tratados sobre el Evangelio de San Juan, 8, 8 y 10; PL 35, 1455-1457: \u00abEs extra\u00f1a cosa que los matem\u00e1ticos, creyendo en las palabras de Cristo, intenten convencer a los cristianos que Cristo vivi\u00f3 sujeto a una hora fatal. Luego, deben creer a Cristo cuando dice: Yo tengo poder para dar mi vida y poder para recobrarla; nadie me la puede quitar, sino que yo la doy por m\u00ed mismo, y por m\u00ed mismo la vuelvo a tomar. \u00bfAcaso este poder est\u00e1 tambi\u00e9n sujeto a la fatalidad? Que nos muestren un hombre que tenga el poder de morir o prolongar su vida todo el tiempo que quiera (\u2026) Aun dada la existencia de la fatalidad en los astros, por necesidad ten\u00eda que estar excluido de ella el Creador de los astros. Es m\u00e1s: no s\u00f3lo Cristo est\u00e1 excluido  de lo que t\u00fa llamas fatalidad, sino t\u00fa tambi\u00e9n, y yo, y aqu\u00e9l y todos\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">7. Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 104, 2; PL 35, 1902.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">8. Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 105, 5; PL 35, 1906.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">9. Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 105, 1; PL 35, 1904.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">10. Aqu\u00ed ciertamente podemos ver una aplicaci\u00f3n concreta del famoso \u201ccredo ut intelligam\u201dagustiniano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">11 Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 110, 4; PL 35, 1922-1923.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">12 Indicamos simplemente algunas de los numerosas referencias agustinianas: Enarraci\u00f3n sobre el salmo 9, n. 6; PL 36, 119; Enarraci\u00f3n sobre el salmo 34, serm\u00f3n 2, n. 5; PL 36, 337; Enarraci\u00f3n sobre el salmo 71, n. 6; PL 36, 904; Serm\u00f3n 121, n. 1; PL 38, 678; Serm\u00f3n 219; PL 38, 1088; Mensaje a los donatistas 6, 11; PL 43, 658-659; Sobre los m\u00e9ritos y remisi\u00f3n de los pecados y el bautismo de los ni\u00f1os, I, 27, 44; PL 44, 134-135; contra Juliano VI, 5; PL 44, 823-824 entre otros.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">13. As\u00ed, comentando Flp 2, 6-11, dice San Agust\u00edn: \u00abPor ello, pues, se anonad\u00f3 haci\u00e9ndose visible, esto es, ocultando la dignidad de su majestad y ofreciendo la carne, vestimenta de su humanidad. Se anonad\u00f3, pues, a s\u00ed mismo, tomando la forma de siervo sin perder la forma de Dios (\u2026) Por esto, pues, es mediador y cabeza de la Iglesia, por quien somos reconciliados con Dios por el sacramento de la humildad, pasi\u00f3n, resurrecci\u00f3n, ascensi\u00f3n y juicio futuro\u2026\u00bb. Serm\u00f3n 341, n. 4; PL 38, 1495.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">14. Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 110, 2; PL 35, 1920-1921.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">15. Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 107, 5; PL 35,1913-1914.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">16 Cfr. Enarraci\u00f3n sobre el salmo 58, n. 10; PL 36, 698; tambi\u00e9n el conocido pasaje donde describe a Ad\u00e1n pecador quebrado y esparcido por los cuatro puntos cardinales, Enarraci\u00f3n sobre el salmo 95, n. 15; PL 37, 1236.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">17. Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 110, 2; PL 35, 1921.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">18. \u00abSe llama mundo a los hombres malos; ll\u00e1mase tambi\u00e9n mundo a los hombres sin fe, y recibieron ese nombre de lo que aman. Amando a Dios nos hacemos dioses; luego, amando al mundo se nos llama mundo. Pero Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo. El mundo, pues, no le conoci\u00f3\u00bb. Serm\u00f3n 121, 1; PL 38, 678.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">19. \u00abY, \u00bfa qu\u00e9 mundo se le dice: Ay del mundo por los esc\u00e1ndalos!, sino al mundo del que est\u00e1 escrito: Y el mundo no le conoci\u00f3? El cual, cierto, no es el mundo del que se dijo: Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo. Hay, pues, un mundo malo y un mundo bueno. Mundo malo son los malos del mundo. Mundo bueno son todos los buenos\u00bb. Serm\u00f3n 81, 3; PL 38, 501. Tambi\u00e9n: \u00abPor mundo se entiende los hombres malos diseminados por todo el orbe, del mismo modo que por los habitantes se dice de una casa que es buena o mala (\u2026) Tambi\u00e9n se dice el mundo de los buenos, que igualmente est\u00e1n diseminados por toda la faz de la tierra\u00bb. Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 52, 9; PL 35, 1773.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">20.Dirigi\u00e9ndose a los donatistas, les dice San Agust\u00edn: \u00abNada en absoluto se han atrevido a responder vuestros obispos a estas palabras, aunque durante mucho tiempo han sostenido in\u00fatilmente que no se hab\u00eda predicho y figurado que la ciza\u00f1a se hallar\u00eda en la Iglesia, ya que el Se\u00f1or dijo: El campo es el mundo (Mt13, 38) y no \u201cEl campo es la Iglesia\u201d. Nosotros, por el contrario, sosten\u00edamos que con el nombre de mundo se significaba a la iglesia, como tambi\u00e9n lo entendi\u00f3 Cipriano, puesto que se prefiguraba la Iglesia que hab\u00eda de encontrarse por todo el mundo. Por eso dec\u00edan ellos que el mundo siempre se tomaba en sentido malo (\u2026) Nosotros, en cambio, respond\u00edamos que el mundo en las Escrituras estaba tomado no s\u00f3lo en mal sentido, sino tambi\u00e9n en el bueno, y cit\u00e1bamos entre otros lugares aquel pasaje: En Cristo estaba Dios reconciliando el mundo consigo\u00bb. Mensaje a los donatistas, 6, 9; PL 43, 657-658.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">21. \u00abYa lo veis; al perseguidor se le da el nombre de mundo; veamos si tambi\u00e9n al perseguido se le dice mundo. Pero, \u00bfacaso est\u00e1s sordo a la voz de Cristo, o mejor a lo que atestigua la Escritura: Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo? Si el mundo os aborrece, dice el Salvador, sabed que anrtes me aborreci\u00f3 a m\u00ed. El mundo, pues, aborrece. \u00bfA qui\u00e9n, sino al mundo? \u00bfa qu\u00e9 mundo? Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo. Quien persigue es el mundo condenado; quien padece la persecuci\u00f3n es el mundo reconciliado. El mundo condenado es todo, menos la Iglesia; el mundo reconciliado es la Iglesia\u00bb. Serm\u00f3n 96, 8; PL 38, 587.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">22. Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 111, 1; PL 35, 1925.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">23. Tratado sobre el Evangelio de San Juan. 111, 5; PL 35, 1929.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">24. \u201cMundus quippe ille damnationi praedestinatus\u201d en el original latino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">25. Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 110, 5; PL 35, 1923.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">26. Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 110, 6; PL 35, 1923.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">27. \u00abCuando los pecados apartaron al g\u00e9nero humano lejos de Dios, convino que fu\u00e9semos reconciliados con \u00c9l por un mediador\u2026\u00bb. Enchiridion sobre la fe, esperanza y caridad, 108, 28; PL 40, 282-283. Cfr. tambi\u00e9n Sobre los m\u00e9ritos y remisi\u00f3n de los pecados y el bautismo de los ni\u00f1os, I, 19, 25; PL 44, 123.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">28.  Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 111, 1; PL 35, 1925-1926.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">29. Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 110, 4; PL 35, 1922.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">30. \u00ab&#160;La Iglesia tiene la misi\u00f3n de anunciar esta reconciliaci\u00f3n y de ser el sacramento de la misma en el mundo. Sacramento, o sea, signo e instrumento de reconciliaci\u00f3n es la Iglesia por diferentes t\u00edtulos de diverso valor, pero todos ellos orientados a obtener lo que la iniciativa divina de misericordia quiere conceder a los hombres.\u00bb  S.S. Juan Pablo II. Exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica postsinodal Reconciliaci\u00f3n y penitencia (1984),  n. 11.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">31. \u00abCristo, el nuevo Ad\u00e1n, en la misma revelaci\u00f3n del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci\u00f3n\u00bb. Constituci\u00f3n pastoral  Gaudium et spes, n. 22.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">32. S.S. Juan Pablo II. Exhortaci\u00f3n Apost\u00f3lica Postsinodal Ecclesia in America (1999), n. 10.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">33. Pensamos concretamente en el psicoan\u00e1lisis, en cuanto explicaci\u00f3n de la problem\u00e1tica de la persona humana, y en su explicaci\u00f3n sobre el origen de la noci\u00f3n de Dios. En su libro Totem y Tab\u00fa, Sigmund Freud se\u00f1ala que la noci\u00f3n de Dios ha aparecido como una especie de sublimaci\u00f3n que es consecuencia de la rebeli\u00f3n de los hombres ante la autoridad paterna, motivada por la represi\u00f3n -dice- de los instintos fundamentales, eros y t\u00e1natos. La idea de Dios, y por ende, la religi\u00f3n, son formas sublimadas de la represi\u00f3n de lo profundo del hombre, represi\u00f3n que por lo dem\u00e1s sigue presente hoy en toda persona en lo que \u00e9l denomina el \u201cComplejo de Edipo\u201d. Es claro que la figura del Padre (y por ende, la figura de Dios) es entendida como represora, y un obst\u00e1culo para el despliegue del ser humano. Cfr. Sigmund Freud, Totem y Tab\u00fa, En: FREUD para todos. Obras de Sigmund Freud. 2 tomos. Buenos Aires; Editorial Santiago Rueda 1970. La obra mencionada est\u00e1 en el tomo II, pp. 688-785. Ver tambi\u00e9n Albert Pl\u00e9, Freud y la religi\u00f3n. 2a. edici\u00f3n. Madrid; B.A.C. 1970.La rebeli\u00f3n contra el Padre tambi\u00e9n se ve en la ideolog\u00eda feminista, en la medida en que considera que la afirmaci\u00f3n de Dios en perspectiva masculina y de autoridad ha llevado a la opresi\u00f3n de la mujer. En consecuencia, se niega que Dios sea Padre, y se busca una visi\u00f3n teol\u00f3gica que apunte a la presentaci\u00f3n de Dios como \u201cMadre\u201d, o en todo caso, presentar a Dios mediante un lenguaje \u201cinclusivo\u201d, es decir, que permita comprenderlo y expresarlo tambi\u00e9n como femenino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">34. Luis Fernando Figari, Reflexiones en torno a la Trinidad y a la Creaci\u00f3n. Lima; Fondo Editorial 1992, p. 30.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">35. Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 41, 5; PL 35, 1695.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">36. Cfr. Sobre la correcci\u00f3n y la gracia, XV, 46; PL 44, 944. Muy ilustrativa es la respuesta al maniqueo fortunato: \u00abEst\u00e1 suficientemente indicado el libre albedr\u00edo al que se debe, como dije, el que el alma peque; est\u00e1 indicado al mencionar los pecados y al afirmar que nuestra reconciliaci\u00f3n con Dios tiene lugar por medio de Jesucristo. Por el pecado nos hab\u00edamos apartado de Dios; del mismo modo al cumplir los preceptos de Cristo nos reconciliamos con Dios y as\u00ed quienes nos hall\u00e1bamos muertos en el pecado, al guardar sus preceptos somos vivificados y alcanzamos la paz con \u00e9l en el \u00fanico esp\u00edritu, de quien nos hab\u00edamos alejado al no cumplir sus mandamientos\u00bb. Actas del debate con Fortunato; PL 42, 119.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">37. Cfr. G\u00e1l 4, 4-6; Rom 8, 14-16.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dr. Gustavo S\u00e1nchez Rojas\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Facultad de Teolog\u00eda Pontificia y Civil de Lima (Per\u00fa)\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Presentaci\u00f3n 2 La reconciliaci\u00f3n como obra del Padre 3 Jes\u00fas realiza la obra del Padre 4 Vivir el amor del Padre hoy 5 Notas Presentaci\u00f3n El a\u00f1o de 1999, seg\u00fan la propuesta del Papa Juan Pablo II, est\u00e1 consagrado a la reflexi\u00f3n sobre el Padre, como una manera muy concreta de preparaci\u00f3n para &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/agustin-de-hipona-dios-padre-origen-y-meta-de-la-reconciliacion-en-san-agustin\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abAGUSTIN DE HIPONA: DIOS PADRE, ORIGEN Y META DE LA RECONCILIACION EN SAN AGUSTIN\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-22756","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22756","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=22756"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/22756\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=22756"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=22756"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=22756"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}