{"id":22759,"date":"2016-02-05T15:35:00","date_gmt":"2016-02-05T20:35:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/agustin-de-hipona-en-las-audiencias-de-benedicto-xvi-ii\/"},"modified":"2016-02-05T15:35:00","modified_gmt":"2016-02-05T20:35:00","slug":"agustin-de-hipona-en-las-audiencias-de-benedicto-xvi-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/agustin-de-hipona-en-las-audiencias-de-benedicto-xvi-ii\/","title":{"rendered":"AGUSTIN DE HIPONA EN LAS AUDIENCIAS DE BENEDICTO XVI (II)"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\"><b>Intervenci\u00f3n de Benedicto XVI durante la audiencia general del mi\u00e9rcoles 16 de enero de 2008 en la que revivi\u00f3 los \u00faltimos d\u00edas de San Agust\u00edn de Hipona, continuando con la meditaci\u00f3n comenzada la semana anterior<\/b>\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy, al igual que el mi\u00e9rcoles pasado, quiero hablar del gran obispo de Hipona, san Agust\u00edn. Cuatro a\u00f1os antes de morir, quiso nombrar a su sucesor. Por eso, el 26 de septiembre del a\u00f1o 426, reuni\u00f3 al pueblo en la bas\u00edlica de la Paz, en Hipona, para presentar a los fieles a quien hab\u00eda designado para esa misi\u00f3n. Dijo: \u00abEn esta vida todos somos mortales, pero para cada persona el \u00faltimo d\u00eda de esta vida es siempre incierto. Sin embargo, en la infancia se espera llegar a la adolescencia; en la adolescencia, a la juventud; en la juventud, a la edad adulta; en la edad adulta, a la edad madura; en la edad madura, a la vejez. Nadie est\u00e1 seguro de que llegar\u00e1, pero lo espera. La vejez, por el contrario, no tiene ante s\u00ed otro per\u00edodo en el que poder esperar; su misma duraci\u00f3n es incierta&#8230; Yo, por voluntad de Dios, llegu\u00e9 a esta ciudad en el vigor de mi vida; pero ahora mi juventud ha pasado y ya soy viejo\u00bb (Ep. 213, 1).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nEn ese momento, san Agust\u00edn dio el nombre de su sucesor designado, el sacerdote Heraclio. La asamblea estall\u00f3 en un aplauso de aprobaci\u00f3n repitiendo veintitr\u00e9s veces: \u00ab\u00a1Demos gracias a Dios! \u00a1Alabemos a Cristo!\u00bb. Con otras aclamaciones, los fieles aprobaron, adem\u00e1s, lo que despu\u00e9s dijo san Agust\u00edn sobre sus prop\u00f3sitos para su futuro: quer\u00eda dedicar los a\u00f1os que le quedaban a un estudio m\u00e1s intenso de las sagradas Escrituras (cf. Ep. 213, 6).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nDe hecho, en los cuatro a\u00f1os siguientes llev\u00f3 a cabo una extraordinaria actividad intelectual:  escribi\u00f3 obras importantes, emprendi\u00f3 otras no menos relevantes, mantuvo debates p\u00fablicos con los herejes \u2014siempre buscaba el di\u00e1logo\u2014, promovi\u00f3 la paz en las provincias africanas amenazadas por las tribus b\u00e1rbaras del sur.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nEn este sentido escribi\u00f3 al conde Dar\u00edo, que hab\u00eda ido a \u00c1frica para tratar de solucionar la disputa entre el conde Bonifacio y la corte imperial, de la que se estaban aprovechando las tribus de los moros para sus correr\u00edas:  \u00abAcabar con la guerra mediante la palabra, y buscar o mantener la paz con la paz y no con la guerra, es un t\u00edtulo de gloria mucho mayor que matar a los hombres con la espada. Ciertamente, incluso quienes combaten, si son buenos, buscan sin duda la paz, pero a costa de derramar sangre. T\u00fa, por el contrario, has sido enviado precisamente para impedir que haya derramamiento de sangre\u00bb (Ep. 229, 2).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nPor desgracia, la esperanza de una pacificaci\u00f3n de los territorios africanos qued\u00f3 defraudada:  en mayo del a\u00f1o 429 los v\u00e1ndalos, invitados a \u00c1frica como venganza por el mismo Bonifacio, pasaron el estrecho de Gibraltar y penetraron en Mauritania. La invasi\u00f3n se extendi\u00f3 r\u00e1pidamente por las otras ricas provincias africanas. En mayo o junio del a\u00f1o 430, \u00ablos destructores del imperio romano\u00bb, como califica Posidio a esos b\u00e1rbaros (Vida, 30, 1), ya rodeaban Hipona, asedi\u00e1ndola.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nEn la ciudad se hab\u00eda refugiado tambi\u00e9n Bonifacio, el cual, habi\u00e9ndose reconciliado demasiado tarde con la corte, trataba en vano de bloquear el paso a los invasores. El bi\u00f3grafo Posidio describe el dolor de san Agust\u00edn: \u00abLas l\u00e1grimas eran, m\u00e1s que de costumbre, su pan d\u00eda y noche y, habiendo llegado ya al final de su vida, viv\u00eda su vejez en la amargura y en el luto m\u00e1s que los dem\u00e1s\u00bb (Vida, 28, 6). Y explica: \u00abEse hombre de Dios ve\u00eda las matanzas y las destrucciones de las ciudades; las casas destruidas en los campos y a los habitantes asesinados por los enemigos o desplazados; las iglesias sin sacerdotes y ministros; las v\u00edrgenes consagradas y los religiosos dispersos por doquier; entre ellos, algunos hab\u00edan desfallecido en las torturas, otros hab\u00edan sido asesinados con la espada, otros hab\u00edan sido hechos prisioneros, perdida la integridad del alma y del cuerpo e incluso la fe, reducidos a una dolorosa y larga esclavitud por los enemigos\u00bb (ib., 28, 8).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nAunque era anciano y estaba cansado, san Agust\u00edn permaneci\u00f3 en la brecha, confort\u00e1ndose a s\u00ed mismo y a los dem\u00e1s con la oraci\u00f3n y con la meditaci\u00f3n de los misteriosos designios de la Providencia. Al respecto, hablaba de la \u00abvejez del mundo\u00bb \u2014y en realidad ese mundo romano era viejo\u2014; hablaba de esta vejez como lo hab\u00eda hecho ya algunos a\u00f1os antes para consolar a los refugiados procedentes de Italia, cuando en el a\u00f1o 410 los godos de Alarico invadieron la ciudad de Roma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nEn la vejez \u2014dec\u00eda\u2014 abundan los achaques: tos, catarro, lega\u00f1as, ansiedad, agotamiento. Pero si el mundo envejece, Cristo es siempre joven. Por eso, hac\u00eda la invitaci\u00f3n: \u00abNo rechaces rejuvenecer con Cristo, incluso en un mundo envejecido. \u00c9l te dice:  \u00abNo temas, tu juventud se renovar\u00e1 como la del \u00e1guila\u00bb\u00bb (cf. Serm. 81, 8). Por eso el cristiano no debe abatirse, incluso en situaciones dif\u00edciles, sino que ha de esforzarse por ayudar a los necesitados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nEs lo que el gran doctor sugiere respondiendo al obispo de Tiabe, Honorato, el cual le hab\u00eda preguntado si, ante la amenaza de las invasiones b\u00e1rbaras, un obispo o un sacerdote o cualquier hombre de Iglesia pod\u00eda huir para salvar la vida:  \u00abCuando el peligro es com\u00fan a todos, es decir, para obispos, cl\u00e9rigos y laicos, quienes tienen necesidad de los dem\u00e1s no deben ser abandonados por aquellos de quienes tienen necesidad. En este caso, todos deben refugiarse en lugares seguros; pero si algunos necesitan quedarse, no los han de abandonar quienes tienen el deber de asistirles con el ministerio sagrado, de manera que o se salven juntos o juntos soporten las calamidades que el Padre de familia quiera que sufran\u00bb (Ep. 228, 2). Y conclu\u00eda:  \u00abEsta es la prueba suprema de la caridad\u00bb (ib., 3). \u00bfC\u00f3mo no reconocer en estas palabras el heroico mensaje que tantos sacerdotes, a lo largo de los siglos, han acogido y hecho propio?\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nMientras tanto la ciudad de Hipona resist\u00eda. La casa-monasterio de san Agust\u00edn hab\u00eda abierto sus puertas para acoger a sus hermanos en el episcopado que ped\u00edan hospitalidad. Entre estos se encontraba tambi\u00e9n Posidio, que hab\u00eda sido su disc\u00edpulo, el cual de este modo pudo dejarnos el testimonio directo de aquellos \u00faltimos y dram\u00e1ticos d\u00edas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\u00abEn el tercer mes de aquel asedio \u2014narra\u2014 se acost\u00f3 con fiebre:  era su \u00faltima enfermedad\u00bb (Vida, 29, 3). El santo anciano aprovech\u00f3 aquel momento, finalmente libre, para dedicarse con m\u00e1s intensidad a la oraci\u00f3n. Sol\u00eda decir que nadie, obispo, religioso o laico, por m\u00e1s irreprensible que pudiera parecer su conducta, puede afrontar la muerte sin una adecuada penitencia. Por este motivo, repet\u00eda continuamente entre l\u00e1grimas los salmos penitenciales, que tantas veces hab\u00eda recitado con el pueblo (cf. ib., 31, 2).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nCuanto m\u00e1s se agravaba su enfermedad, m\u00e1s necesidad sent\u00eda el obispo moribundo de soledad y de oraci\u00f3n: \u00abPara que nadie le molestara en su recogimiento, unos diez d\u00edas antes de abandonar el cuerpo nos pidi\u00f3 a los presentes que no dej\u00e1ramos entrar a nadie en su habitaci\u00f3n, a excepci\u00f3n de los momentos en los que los m\u00e9dicos iban a visitarlo o cuando le llevaban la comida. Su voluntad se cumpli\u00f3 escrupulosamente y durante todo ese tiempo \u00e9l se dedicaba a la oraci\u00f3n\u00bb (ib., 31, 3). Muri\u00f3 el 28 de agosto del a\u00f1o 430: su gran coraz\u00f3n finalmente pudo descansar en Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n\u00abPara la inhumaci\u00f3n de su cuerpo \u2014informa Posidio\u2014 se ofreci\u00f3 a Dios el sacrificio, al que asistimos, y despu\u00e9s fue sepultado\u00bb (Vida, 31, 5). Su cuerpo, en fecha incierta, fue trasladado a Cerde\u00f1a y, hacia el a\u00f1o 725, a Pav\u00eda, a la bas\u00edlica de San Pedro en el Cielo de Oro, donde descansa en la actualidad. Su primer bi\u00f3grafo da de \u00e9l este juicio conclusivo: \u00abDej\u00f3 a la Iglesia un clero muy numeroso, as\u00ed como monasterios de hombres y de mujeres llenos de personas con voto de continencia bajo la obediencia de sus superiores, adem\u00e1s de bibliotecas que conten\u00edan los libros y discursos suyos y de otros santos, gracias a los cuales se conoce cu\u00e1l ha sido por gracia de Dios su m\u00e9rito y su grandeza en la Iglesia, y en los cuales los fieles siempre lo encuentran vivo\u00bb (Posidio, Vida, 31, 8).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nEs un juicio que podemos compartir: en sus escritos tambi\u00e9n nosotros lo \u00abencontramos vivo\u00bb. Cuando leo los escritos de san Agust\u00edn no tengo la impresi\u00f3n de que se trate de un hombre que muri\u00f3 hace m\u00e1s o menos mil seiscientos a\u00f1os, sino que lo siento como un hombre de hoy:  un amigo, un contempor\u00e1neo que me habla, que nos habla con su fe lozana y actual.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nEn san Agust\u00edn, que nos habla, que me habla a m\u00ed en sus escritos, vemos la actualidad permanente de su fe, de la fe que viene de Cristo, Verbo eterno encarnado, Hijo de Dios e Hijo del hombre. Y podemos ver que esta fe no es de ayer, aunque haya sido predicada ayer; es siempre actual, porque Cristo es realmente ayer, hoy y para siempre. \u00c9l es el camino, la verdad y la vida. De este modo san Agust\u00edn nos impulsa a confiar en este Cristo siempre vivo y a encontrar as\u00ed el camino de la vida.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Intervenci\u00f3n de Benedicto XVI durante la audiencia general del mi\u00e9rcoles 16 de enero de 2008 en la que revivi\u00f3 los \u00faltimos d\u00edas de San Agust\u00edn de Hipona, continuando con la meditaci\u00f3n comenzada la semana anterior Hoy, al igual que el mi\u00e9rcoles pasado, quiero hablar del gran obispo de Hipona, san Agust\u00edn. 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