{"id":22875,"date":"2016-02-05T15:39:14","date_gmt":"2016-02-05T20:39:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/papa-alejandro-vi\/"},"modified":"2016-02-05T15:39:14","modified_gmt":"2016-02-05T20:39:14","slug":"papa-alejandro-vi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/papa-alejandro-vi\/","title":{"rendered":"PAPA ALEJANDRO VI"},"content":{"rendered":"<p>\n  Rodrigo Borgia, naci\u00f3 en Xativa, cerca de Valencia, Espa\u00f1a, el 1 de enero de 1431. Muri\u00f3 en Roma, el 18 de agosto de 1503. Sus padres fueron Jofre Lan\u00e7ol e Isabella Borja, hermana del Cardenal Alfonso Borja, posteriormente Papa Calixto III. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El joven Rodrigo no hab\u00eda a\u00fan hecho una elecci\u00f3n definitiva de profesi\u00f3n cuando la elevaci\u00f3n de su t\u00edo al papado (1455) le abri\u00f3 nuevas perspectivas a su ambici\u00f3n. Fue recibido en el seno de la familia cercana de Calixto y desde entonces los italianos lo conocieron como Rodrigo Borgia. Al igual que muchos otros j\u00f3venes pr\u00edncipes, fue incorporado forzadamente al servicio de la Iglesia, sin que la cuesti\u00f3n de la vocaci\u00f3n fuera tomada en cuenta para nada. Luego de otorgarle varios beneficios muy ricos, su t\u00edo lo envi\u00f3 a estudiar leyes a la Universidad de Bolonia durante un a\u00f1o. En 1456, a la edad de veinticinco a\u00f1os, fue creado cardenal di\u00e1cono de San Nicolo in Carcere, y mantuvo ese t\u00edtulo hasta 1471, cuando se convirti\u00f3 en cardenal obispo de Albano. Fue hecho cardenal obispo de Porto y decano del Sagrado Colegio (Eubel, Hierarchia Catholica, II, 12). Su posici\u00f3n oficial en la Curia despu\u00e9s del 1457 fue la de Vicecanciller de la Iglesia Romana, y aunque muchos le envidiaban esa funci\u00f3n tan lucrativa, parece ser que a todo mundo dej\u00f3 contento durante su larga administraci\u00f3n de la canciller\u00eda papal. Incluso Guicciardini admite que \u00aben \u00e9l se combinaban una rara prudencia y vigilancia, una reflexi\u00f3n madura, un maravilloso poder de persuasi\u00f3n, una habilidad y capacidad de conducir los asuntos m\u00e1s complicados\u00bb. La lista de arzobispados, obispados, abad\u00edas y otras dignidades que \u00e9l pose\u00eda, seg\u00fan las enumera el obispo de Mudena en una carta a la Duquesa de Ferrara (Pastor, History of the Popes, V, 533, versi\u00f3n inglesa), se asemeja al famoso cat\u00e1logo de Leparella, y ello lo convirti\u00f3 en uno de los hombres m\u00e1s ricos de su \u00e9poca. Pero si bien su casa era de una magnificencia notable, y \u00e9l era un apasionado jugador de baraja, era totalmente abstemio en comida y bebida, y destacaba por sus habilidades administrativas. Al cumplir 29 a\u00f1os recibi\u00f3 una carta del Papa P\u00edo II en la que \u00e9ste le reprobaba fuertemente sus desmanes en Siena, que hab\u00edan sido tan notorios que tanto el pueblo como la corte estaban escandalizados (Raynaldus Ann eccl. ad. an. 1460, n. 31). Continu\u00f3 con sus malas costumbres incluso despu\u00e9s de su ordenaci\u00f3n sacerdotal en 1468. Sus contempor\u00e1neos alababan su figura apuesta e imponente, su actitud alegre, su manera persuasiva, su conversaci\u00f3n brillante y dominio perfecto de la etiqueta de la alta sociedad. Se dice que el mejor retrato de \u00e9l lo pint\u00f3 Pinturicchio en el Appartimento Borgia del Vaticano. Yriarte (Autour des Borgia, 79) alaba su ambientaci\u00f3n de grandeur incontestable. Alrededor de 1470 se relacion\u00f3 con una dama romana, Vanozza Catanei, madre de sus cuatro hijos: Juan, C\u00e9sar, Lucrecia y Jofre, nacidos, respectivamente, seg\u00fan Gregorovius (Lucrecia Borgia 13) en 1474, 1476, 1480, y 1482.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nBorgia, por un escaso margen en la requerida mayor\u00eda de dos tercios, asegurado por su propio voto, fue proclamado papa en la ma\u00f1ana del 11 de agosto de 1492, y adopt\u00f3 el nombre de Alejandro VI. [V\u00e9anse m\u00e1s detalles de este c\u00f3nclave en Pastor, \u00abHistoria de los Papas\u00bb, (Edici\u00f3n alemana, Friburgo, 1895), III, 275-278; tambi\u00e9n American Catholic Quarterly Review, abril, 1900]. La creencia generalizada era que obtuvo el papado a trav\u00e9s de la simon\u00eda (Pastor, loc. cit.) lo cual no es improbable (Raynaldus, Ann. eccl. ad an. 1492, n. 26), aunque de cualquier modo ser\u00e1 muy dif\u00edcil probarlo jur\u00eddicamente puesto que la ley que entonces reg\u00eda la elecci\u00f3n era v\u00e1lida. No existe ninguna evidencia de que Borgia haya pagado a nadie un ducado para obtener su voto. Hace mucho que qued\u00f3 desacreditada la versi\u00f3n de Infessura que hablaba de mulas cargadas de plata. Una lectura m\u00e1s acuciosa de la acusaci\u00f3n de Pastor requiere una revisi\u00f3n, pues afirma (III, 277) que ocho de los veintitr\u00e9s electores, o sea, Della Rovere, Piccolomini, Medici, Caraffa, Costa, Basso, Zeno, y Cib\u00f2, se mantuvieron firmes hasta el fin en contra de Borgia. Si eso fuera cierto, Borgia no podr\u00eda haber asegurado la mayor\u00eda de dos tercios. Lo \u00fanico que se puede afirmar con certeza es que el factor decisivo en su elecci\u00f3n fue el apoyo que le brind\u00f3 a Borgia el voto y la influencia del Cardenal Ascanio Sforza. Y es casi igual de cierto que la acci\u00f3n de Sforza no fue fruto de la plata sino del deseo de ser el principal consejero del futuro Papa.<br \/>\nLa elevaci\u00f3n al papado de aquel que hab\u00eda conducido los asuntos de la canciller\u00eda romana con tanto acierto durante treinta y cinco a\u00f1os fue acogida con aprobaci\u00f3n general. No se halla evidencia alguna de \u00abla alarma y el horror\u00bb de los que habla Guicciardini. Los romanos, que hab\u00edan llegado a ver a Borgia como uno de ellos, y que predec\u00edan un pontificado a la vez espl\u00e9ndido y en\u00e9rgico, se sintieron especialmente complacidos por la elecci\u00f3n, y manifestaron su contento con fogatas, procesiones de antorchas, guirnaldas de flores y arcos triunfales adornados con inscripciones extravagantes. Durante su coronaci\u00f3n en San Pedro (26 de agosto), y al paso de la procesi\u00f3n a San Juan de Letr\u00e1n, fue recibido con ovaciones \u00abmayores\u00bb, afirma el cronista, \u00abque las que haya recibido cualquier otro pont\u00edfice\u00bb. Inmediatamente procedi\u00f3 a confirmar la buena opini\u00f3n que de \u00e9l ten\u00edan los romanos poniendo fin a la criminalidad que reinaba en la ciudad, y cuya gravedad se puede inferir del comentario que hace Infessura acerca de que se hab\u00edan cometido doscientos veintid\u00f3s asesinatos en el espacio de unos pocos meses. Alejandro orden\u00f3 que se hicieran investigaciones, que se ahorcara a cada criminal sin mayor pre\u00e1mbulo y que su casa fuera arrasada. Dividi\u00f3 la ciudad en cuatro distritos, al frente de cada uno de los cuales puso a un magistrado plenipotenciario para que mantuviera el orden. Adem\u00e1s, dispuso que el martes de cada semana fuera el d\u00eda en que cualquier hombre o mujer pudiera hacerle conocer personalmente sus quejas, \u00aby\u00bb, dice el cronista, \u00abse dedic\u00f3 a ejercer la justicia en forma admirable\u00bb. Tan vigoroso m\u00e9todo de aplicar la justicia cambi\u00f3 la faz de la ciudad en poco tiempo, cosa que el agradecido populacho atribuy\u00f3 a la intervenci\u00f3n deDios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nPosteriormente Alejandro puso su atenci\u00f3n en la defensa y embellecimiento de la Ciudad Eterna. Convirti\u00f3 el Mausoleo de Adriano en una verdadera fortaleza, capaz de soportar cualquier sitio. Con la fortificaci\u00f3n de la Torre Nona asegur\u00f3 la ciudad contra ataques navales. Merece ser llamado el fundador de la Ciudad Leonina, la que \u00e9l transform\u00f3 en el barrio m\u00e1s de moda en Roma. Su magn\u00edfica Via Alessandrina, hoy d\u00eda llamada Borgo Nuovo, contin\u00faa siendo hasta hoy la magna llegada a San Pedro. Bajo su direcci\u00f3n, Pinturicchio adorn\u00f3 el Appartimento Borgia en el Vaticano, indic\u00e1ndole el camino a su inmortal disc\u00edpulo, Rafael. Su memoria est\u00e1 asociada, claro, con los edificios que \u00e9l construy\u00f3, pero tambi\u00e9n con los que construyeron reyes y cardenales a los que \u00e9l convenci\u00f3 de hacerlo. Durante su reinado Bramante dise\u00f1\u00f3, para Fernando e Isabel, esa joya exquisita de la arquitectura, el Tempietto, sobre el sitio conocido tradicionalmente como el del martirio de san Pedro. Si no fue Bramante, ciertamente fue alg\u00fan otro de los grandes arquitectos, igualmente atra\u00eddo a Roma por la fama de la liberalidad del Papa, quien construy\u00f3 para el Cardenal Riario el magn\u00edfico palacio de la Cancellaria. En 1500, el embajador del Emperador Maximiliano puso la primera piedra de la hermosa iglesia nacional de los alemanes, Santa Maria dell&#8217; Anima. Para no quedarse atr\u00e1s, el cardenal franc\u00e9s, Briconnet, erigi\u00f3 la Santa Trinit\u00e0 dei Monti, y los espa\u00f1oles Santa Maria di Monserrato. A Alejandro le debemos los hermosos techos de Santa Maria Maggiore, en cuya decoraci\u00f3n fue utilizado, seg\u00fan la tradici\u00f3n, el primer oro llevado de Am\u00e9rica por Crist\u00f3bal Col\u00f3n.<br \/>\nAunque nunca presumi\u00f3 de grandes conocimientos, siempre apoy\u00f3 las artes y la ciencia. Siendo a\u00fan cardenal hab\u00eda escrito dos tratados sobre asuntos can\u00f3nicos y una defensa de la fe cristiana. Reconstruy\u00f3 la Universidad Romana y realiz\u00f3 generosas contribuciones para el mantenimiento de los profesores. Siempre se rode\u00f3 de personas muy cultas y sent\u00eda una predilecci\u00f3n especial por los juristas. Su gusto por las representaciones teatrales foment\u00f3 el desarrollo del drama. Disfrutaba mucho de las ceremonias papales, a las que a\u00f1ad\u00eda gracia y dignidad con su figura majestuosa. Le gustaba escuchar a los buenos predicadores y admiraba la buena m\u00fasica. En 1497, Alejandro decret\u00f3 que el \u00abPraefectus Sacrarii Pontificii\u00bb, mejor conocido como el \u00abSacrist\u00e1n del Papa\u00bb, que en realidad fung\u00eda como p\u00e1rroco del Vaticano y guardi\u00e1n de la conciencia del Papa, deber\u00eda ser permanente y exclusivamente un prelado de la Orden de San Agust\u00edn, ordenamiento que a\u00fan perdura.<br \/>\nAlejandro se gan\u00f3 la enemistad de Espa\u00f1a, la difamaci\u00f3n de muchos contempor\u00e1neos de mente estrecha y la gratitud de la posteridad gracias a su actitud tolerante hacia los jud\u00edos, por m\u00e1s que sufri\u00f3 coacciones para que los desterrara o molestara. Las grandes cantidades de peregrinos que llegaron a Roma en el a\u00f1o jubilar de 1500 constituyeron una magn\u00edfica demostraci\u00f3n de la profundidad y universalidad de la fe popular. La capacidad de la ciudad para albergar y alimentar tantos miles de visitantes de todas partes de Europa fue presionada al m\u00e1ximo, pero Alejandro no escatim\u00f3 gastos ni esfuerzos para dar seguridad y comodidad a sus hu\u00e9spedes. La pol\u00edtica que hab\u00eda heredado de su t\u00edo era la de mantener la paz entre los Cristianos y de formar una coalici\u00f3n entre la potencias europeas en contra de los turcos. Uno de sus primeros actos p\u00fablicos fue evitar un choque entre Espa\u00f1a y Portugal acerca de los territorios reci\u00e9n descubiertos. Para ello traz\u00f3 su l\u00ednea de demarcaci\u00f3n, acci\u00f3n de gran alcance pacificador y no de usurpaci\u00f3n ni ambici\u00f3n. [Civilt\u00e0 Cattolica (1865), I, 665-680]. Hizo lo mejor que pudo para disuadir a Carlos VIII de Francia de que invadiera Italia. El fracaso de ese intento se debe en no poca manera a la falta de patriotismo del mismo Giuliano della Rovere que, despu\u00e9s, como Julio II, intent\u00f3 in\u00fatilmente expulsar a los \u00abb\u00e1rbaros\u00bb a quienes \u00e9l mismo hab\u00eda invitado. Alejandro emiti\u00f3 un sabio decreto en relaci\u00f3n a la censura de libros, y envi\u00f3 a los primeros misioneros al Nuevo Mundo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nA pesar que estas y otras acciones semejantes podr\u00edan merecerle un lugar envidiable en los anales del papado, Alejandro continu\u00f3 como papa el estilo de vida que hab\u00eda manchado su cardenalato (Pastor, op. cit., III, 449 152). Una cruel N\u00e9mesis lo persigui\u00f3 hasta su muerte en la forma de un desmedido afecto paterno por sus hijos. Es muy cre\u00edble el informe del embajador de Ferrara acerca de que el Papa hab\u00eda decidido mantenerlos lejos de Roma, pues todos los esfuerzos que hac\u00eda para promoverlos socialmente se\u00f1alaban hacia Espa\u00f1a. A\u00fan siendo cardenal, hab\u00eda casado a una de sus hijas, Girolama, con un noble espa\u00f1ol. Para su hijo Pedro Luis hab\u00eda comprado el ducado de Gandia del monarca espa\u00f1ol, y cuando Pedro muri\u00f3, consigui\u00f3 que lo heredara Juan, el hijo mayor de los que tuvo con Vanozza. Este desafortunado joven estaba casado con una prima del rey de Espa\u00f1a y fue el abuelo de san Francisco de Borja, cuyas virtudes compensaron muchos de los vicios de su parentela. El orgulloso padre cometi\u00f3 un gran error al elegir a su hijo C\u00e9sar para ser el representante de los Borgia ante la Iglesia. En 1480, el Papa Inocencio VIII permiti\u00f3 que este muchacho pudiera ser elegible para las \u00f3rdenes sagradas al dispensarlo de la irregularidad eclesi\u00e1stica causada por su nacimiento de episcopo cardinali et conjugat\u00e2, y le concedi\u00f3 varios beneficios espa\u00f1oles, siendo el \u00faltimo de ellos el obispado de Pamplona, en cuya vecindad, por una extra\u00f1a fatalidad, encontr\u00f3 la muerte. Una semana despu\u00e9s de su coronaci\u00f3n como Pont\u00edfice, Alejandro nombr\u00f3 a C\u00e9sar arzobispo de Valencia, pero C\u00e9sar ni parti\u00f3 para Espa\u00f1a ni tampoco recibi\u00f3 las \u00f3rdenes sagradas. Tambi\u00e9n el hijo menor, Jofre, fue impuesto a la Iglesia espa\u00f1ola. Ulterior evidencia de que el Papa estaba decidido a mantener a sus hijos lejos de su corte fue que hizo que su hija Lucrecia se comprometiera en matrimonio con un noble espa\u00f1ol. El matrimonio, sin embargo, jam\u00e1s se llev\u00f3 a cabo. Era una costumbre establecida que los papas tuvieran representantes personales en el Sagrado Colegio Cardenalicio, de modo que Alejandro eligi\u00f3 para este puesto de confianza al hijo de su hermana, el Cardenal Giovanni Borgia. El posterior descuido de su decisi\u00f3n original respecto a sus hijos puede ser razonablemente atribuido a los perversos consejos de Ascanio Sforza, a quien Borgia hab\u00eda premiado con la vicecanciller\u00eda, y que actuaba de facto como su primer ministro. El prop\u00f3sito central de la residencia de Ascanio en la corte papal era promover los intereses de su hermano, Ludovico il Moro, que hab\u00eda sido regente de Mil\u00e1n por muchos a\u00f1os, durante la minor\u00eda de edad de su sobrino Gian Galeazzo, y ya no quer\u00eda ceder las riendas del gobierno a pesar de que el Duque hab\u00eda ya alcanzado la mayor\u00eda de edad. Gian Galeazzo no ten\u00eda poder para reclamar sus derechos, pero su esposa, mucho m\u00e1s asertiva, era nieta del Rey Ferrante de N\u00e1poles, y sus incesantes peticiones de ayuda a su familia hab\u00edan creado en Ludovico un constante temor de una invasi\u00f3n napolitana. Alejandro ten\u00eda muchas quejas verdaderas contra Ferrante, de las cuales la \u00faltima se deb\u00eda al apoyo financiero que el Rey le hab\u00eda otorgado a Virginio Orsini, vasallo del Papa, para la compra de Cervetri y Anguillara, sin el consentimiento de Alejandro. Dicha transacci\u00f3n signific\u00f3 un total desprecio de la autoridad papal, pero, adem\u00e1s de eso, no pudo ser m\u00e1s desfavorable el sentimiento que caus\u00f3 la concesi\u00f3n de poder a una familia ya poderosa de por s\u00ed. As\u00ed fue como Alejandro pudo ser f\u00e1cilmente inducido a aceptar una alianza defensiva con Mil\u00e1n y Venecia. La liga fue solemnemente proclamada el 25 de abril de 1493. Y se consolid\u00f3 con el primero de los matrimonios de Lucrecia. Su primer marido fue un primo de Ascanio, Giovanni Sforza, Se\u00f1or de Pesaro. La boda fue realizada en el Vaticano, ante la presencia del Papa, diez cardenales y los principales nobles de la ciudad con sus damas. La clase de excesos de esa ocasi\u00f3n, a\u00fan descontadas las posibles exageraciones y rumores, siguen siendo una mancha en el car\u00e1cter de Alejandro. Ferrante hablaba de guerra, mas, gracias a la mediaci\u00f3n de Espa\u00f1a, lleg\u00f3 a un acuerdo con el Papa y, como signo de reconciliaci\u00f3n, entreg\u00f3 en matrimonio la mano de su hija Sancia al hijo menor de Alejandro, Jofre, a la que acompa\u00f1\u00f3, como dote, el principado de Squillace. C\u00e9sar Borgia fue creado cardenal el 20 de septiembre. La reconciliaci\u00f3n de Ferrante con el Papa apenas lleg\u00f3 a tiempo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nUnos d\u00edas despu\u00e9s de haber sellado la paz, lleg\u00f3 a Roma un enviado del Rey Carlos VIII para exigir que su amo fuera investido como soberano de N\u00e1poles. Alejandro se neg\u00f3 terminantemente y, a la muerte de Ferrante, en enero de 1494, desde\u00f1ando las amenazas y protestas de los franceses, confirm\u00f3 al hijo de Ferrante, Alfonso II, como su sucesor, y mand\u00f3 a su sobrino, Cardenal Giovanni Borgia, a N\u00e1poles para que lo coronara. La pol\u00edtica de Alejandro no s\u00f3lo era dictada por un saludable deseo de mantener la paz en Italia, sino porque estaba consciente de que un poderoso grupo de sus cardenales, encabezados por el ambicioso Della Rovere, estaba promoviendo una invasi\u00f3n comandada por Carlos, con el objeto de deponerlo, bajo acusaciones de simon\u00eda e inmoralidad. En septiembre de 1494, los franceses cruzaron los Alpes y el d\u00eda \u00faltimo de ese mismo a\u00f1o entraron en Roma, sin necesidad de utilizar ninguna otra arma, seg\u00fan comenta el mismo Alejandro sarc\u00e1sticamente (Commines, VII, 15), que la tiza con que se\u00f1alaban los albergues para sus tropas. Los barones del Papa desertaron uno tras otro. Colonna y Savelli fueron traidores desde el comienzo, pero lo que \u00e9l sinti\u00f3 m\u00e1s profundamente fue la traici\u00f3n de Virginio Orsini, el comandante de su ej\u00e9rcito. Cualquier otro papa m\u00e1s santo que Alejandro hubiese cometido el error fatal de inclinarse ante la fuerza bruta y rendirse incondicionalmente al conquistador de Italia; el m\u00e1s heroico de los papas no podr\u00eda haber sostenido con mayor firmeza la estabilidad de la Santa sede en ese momento crucial. Desde lo alto de las murallas que se derrumbaban, en el castillo de Sant&#8217; Angelo, cuyas defensas no estaban a\u00fan completas, \u00e9l miraba calmadamente hacia la boca del ca\u00f1\u00f3n franc\u00e9s. Y con la misma intrepidez hac\u00eda frente a la camarilla de los cardenales de Della Rovere que a gritos ped\u00edan su deposici\u00f3n. Al cabo de una semana quien tuvo que capitular fue Carlos. Este reconoci\u00f3 a Alejandro como leg\u00edtimo papa, ante el enorme disgusto de Della Rovere, y confes\u00f3 \u00absu filial obediencia\u00bb, dice Commines, \u00abcon toda la humildad posible\u00bb, pero no obtuvo del Pont\u00edfice ning\u00fan reconocimiento de sus derechos sobre N\u00e1poles. Carlos entr\u00f3 en N\u00e1poles el 22 de febrero de 1495, sin tener que dar un solo golpe. Ante su llegada, el poco popular Alfonso abdic\u00f3 en favor de su hijo Ferrantino, y este \u00faltimo, al no recibir ning\u00fan apoyo, se retir\u00f3 a buscar la ayuda de Espa\u00f1a. Carlos desperdici\u00f3 dos meses en in\u00fatiles intentos por convencer al Papa, con promesas y amenazas, de que sancionara su usurpaci\u00f3n, y mientras tanto una alianza poderosa integrada por Venecia, Mil\u00e1n, el Imperio, Espa\u00f1a y la Santa Sede, se estaba formando en contra suya. Finalmente, el 12 de mayo \u00e9l se coron\u00f3 a s\u00ed mismo, pero el siguiente mes de julio lo encontr\u00f3 huyendo a Francia a trav\u00e9s de sus aliados italianos. Para el fin de ese a\u00f1o los franceses hab\u00eda retornado a Francia. Nadie deseaba que volvieran excepto el inquieto Della Rovere y los seguidores de Savonarola. La historia del fraile florentino deber\u00e1 ser narrada en otra parte. Por ahora basta saber que el trato que le dio Alejandro fue extremadamente paciente y comprensivo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nLa invasi\u00f3n francesa fue el parteaguas de la carrera pol\u00edtica de Alejandro VI. Ese evento le ense\u00f1\u00f3 que si \u00e9l quer\u00eda estar a salvo en Roma y tener el control de los territorios de la Iglesia, deber\u00eda reducir a los barones insolentes y desleales que lo hab\u00edan traicionado en su momento de peligro. Desafortunadamente, este laudable prop\u00f3sito se vio cada vez m\u00e1s y m\u00e1s identificado en su mente con estrategias encaminadas al engrandecimiento de su familia. En ese programa no hab\u00eda cabida para reformas de abusos. En contraposici\u00f3n, para obtener dinero para sus operaciones militares utiliz\u00f3 las funciones y los privilegios civiles y espirituales de modo escandaloso. Decidi\u00f3 comenzar con los Orsini, cuya traici\u00f3n en los momentos m\u00e1s cr\u00edticos lo hab\u00eda puesto en una situaci\u00f3n verdaderamente desesperada. Parec\u00eda ser el momento oportuno, pues Virginio, la cabeza de esa familia, estaba prisionero en manos de Ferrantino. Eligi\u00f3 a su joven hijo, Juan, Duque de Gandia, para que ocupara el puesto de comandante de sus tropas. La lucha se prolong\u00f3 por meses. Los castillos menores de los Orsini terminaron rindi\u00e9ndose, pero Bracciano, su fortaleza principal, resisti\u00f3 todos los embates de las tropas pontificias. Estas \u00faltimas fueron finalmente obligadas a levantar el sitio y el d\u00eda 25 de enero de 1479 fueron vencidas lamentablemente en Soriano. Ahora ambos lados estaban dispuestos a negociar la paz. Mediante el pago de 50,000 florines de oro los Orsini recuperaron todos sus castillos excepto Cervetri y Anguillara, los cuales hab\u00edan sido el motivo original de su pleito con el Papa. Para poder apoderarse de la fortaleza de Ostia, guardada por las tropas francesas del Cardenal Della Rovere, Alejandro inteligentemente solicit\u00f3 la ayuda de Gonzalo de C\u00f3rdova y sus veteranos espa\u00f1oles. La plaza se rindi\u00f3 al \u00abGran Capit\u00e1n\u00bb en dos semanas. Al fracasar en su intento de obtener para su familia las posesiones de los Orsini, el Papa pas\u00f3 a exigir el consentimiento de los cardenales para erigir Benevento, Terracina, y Pontecorvo como un ducado para otorgarlo al Duque de Gandia. El Cardenal Piccolomini fue el \u00fanico miembro del Colegio que se atrevi\u00f3 a protestar en contra de esa enajenaci\u00f3n indebida de la propiedad de la Iglesia. Una protesta incluso m\u00e1s fuerte que la del Cardenal de Siena, fue la que reson\u00f3 a lo ancho del mundo una semana despu\u00e9s cuando, el 16 de junio, el cuerpo del joven Duque fue encontrado flotando en el T\u00edber, con la garganta cortada y varias heridas profundas. Los historiadores han trabajado en vano para descubrir qui\u00e9n cometi\u00f3 ese crimen, pero \u00e9ste ciertamente constituy\u00f3 una invitaci\u00f3n del Cielo al arrepentimiento, que nadie sinti\u00f3 m\u00e1s profundamente que el Papa. En los primeros espasmos del dolor, Alejandro incluso habl\u00f3 de renunciar a la tiara. Pero, luego de pasar tres d\u00edas con sus noches sin comer ni dormir, reapareci\u00f3 en el consistorio e hizo p\u00fablica su determinaci\u00f3n de emprender esa reforma de la Iglesia \u00aben la cabeza y sus miembros\u00bb que el mundo hab\u00eda estado esperando. Una comisi\u00f3n de cardenales y canonistas comenz\u00f3 arduamente a elaborar normas que hac\u00edan prever los decretos disciplinares de Trento. Pero nunca fueron promulgadas. El paso del tiempo gradualmente atemper\u00f3 el dolor y extingui\u00f3 la contrici\u00f3n de Alejandro. A partir de entonces la voluntad de hierro de C\u00e9sar se convirti\u00f3 en la ley. Fue evidente desde el principio que \u00e9l quer\u00eda volar muy alto. Lo demostr\u00f3 con su decisi\u00f3n, a la que el Papa inicialmente se opuso, de renunciar al cardenalato y otras dignidades eclesi\u00e1sticas, y convertirse en un pr\u00edncipe secular. Las condiciones de N\u00e1poles eran ciertamente atractivas. El galante Ferrantino hab\u00eda muerto sin descendencia y fue sucedido por su t\u00edo Federigo, cuya coronaci\u00f3n fue posiblemente uno de los \u00faltimos, y quiz\u00e1s tambi\u00e9n uno de los primeros, actos eclesi\u00e1sticos de C\u00e9sar. Si lograra asegurar la mano de la hija de Federigo, Carlotta, Princesa de Tarento, \u00e9l se convertir\u00eda en uno de los se\u00f1ores m\u00e1s poderosos del reino, con prospectos ulteriores de heredar la corona. Mas no hubo forma de vencer la repugnancia de Carlotta. Andaba C\u00e9sar todav\u00eda buscando convencer a Carlotta cuando se culmin\u00f3 otro matrimonio que caus\u00f3 gran esc\u00e1ndalo. El matrimonio de Lucrecia con Sforza fue declarado nulo sobre la base de la impotencia de este \u00faltimo, y ella fue dada en matrimonio a Alfonso de Biseglia, un hijo ileg\u00edtimo de Alfonso II.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nMientras tanto, las cosas en Francia hab\u00edan tomado un rumbo inesperado que modific\u00f3 significativamente el curso de la historia italiana y de la carrera de los Borgia. Carlos VIII muri\u00f3 en abril del 1498. Lo hab\u00eda antecedido a la tumba su \u00fanico hijo, por lo que dej\u00f3 su trono a su primo, el Duque de Orleans, el Rey Luis XII, quien en ese momento se encontraba necesitado de dos favores papales. Siendo \u00e9l joven hab\u00eda sido obligado a desposar a Jean de Valois, la santa pero deforme hija de Luis XI. A\u00fan m\u00e1s, para poder conservar la Breta\u00f1a, era esencial que pudiera casarse con la viuda de su difunto primo, la Reina Ana. Nadie culpa a Alejandro por haber concedido el esperado decreto de nulidad del matrimonio del Rey, ni por haberle dispensado el impedimento de afinidad. La comisi\u00f3n de investigaci\u00f3n que \u00e9l estableci\u00f3 encontr\u00f3 los dos datos fundamentales en los que se bas\u00f3 para declarar inv\u00e1lido el matrimonio de Jane: que no hab\u00eda existido consentimiento y que jam\u00e1s se hab\u00eda consumado. Fue el uso pol\u00edtico que le dieron los Borgia a esa circunstancia, y la posible alianza con Francia y la Santa Sede, lo que llev\u00f3 a varias de las potencias europeas al borde del cisma. Pero nada amedrent\u00f3 a Alejandro, ni las amenazas de un concilio, ni las de su derrocamiento, pues ten\u00eda el control absoluto del Sagrado Colegio Cardenalicio. Della Rovere se hab\u00eda convertido en su agente en Francia. Ascanio Sforza ya estaba para retirarse permanentemente de Roma. Luis hab\u00eda heredado de su abuela, Valentina Visconti, claros derechos para reclamar el Ducado de Mil\u00e1n, usurpado por los Sforza, y a nadie le ocultaba que deseaba ejercitarlos. A Alejandro no se le puede hacer responsable de la segunda invasi\u00f3n \u00abb\u00e1rbara\u00bb de Italia, pero ciertamente \u00e9l no tard\u00f3 ni un instante en aprovecharse de la situaci\u00f3n para consolidar su poder temporal y el engrandecimiento de su familia. El 1 Octubre de 1498, C\u00e9sar, que ya no era cardenal, sino que hab\u00eda sido designado Duque de Valentinois y Par de Francia. Parti\u00f3 de Roma para llevar al Rey Luis la dispensa papal y al ministro D&#8217;Amboise el capelo cardenalicio, y para buscarse una esposa de alto rango. A\u00fan so\u00f1aba con la mano de Carlotta, quien resid\u00eda en Francia, pero ya que la princesa persist\u00eda en su rechazo, acept\u00f3 en cambio la mano de una sobrina del rey Luis, la hermana del Rey de Navarra, Charlotte D&#8217;Albret. El 8 de octubre de 1499, el Rey Luis, acompa\u00f1ado del Duque C\u00e9sar y del Cardenal Della Rovere, hizo su entrada triunfal en Mil\u00e1n. Esa fue la se\u00f1al para iniciar las operaciones en contra de los peque\u00f1os tiranos que estaban devastando los estados de la Iglesia. Alejandro hubiera merecido mucho cr\u00e9dito por la realizaci\u00f3n de esa acci\u00f3n tan necesaria, si no hubiera sido porque sustituy\u00f3 a los tiranos con miembros de su propia familia. Es imposible saber cu\u00e1les eran sus motivos finales. Aunque los tiranos expulsados jam\u00e1s retornaron, la dinast\u00eda Borgia encontr\u00f3 un s\u00fabito fin en el pontificado de Julio II. Mientras tanto, C\u00e9sar hab\u00eda llevado a cabo su campa\u00f1a n\u00famero 80 con tanto \u00e9xito que para el a\u00f1o 1501 se hab\u00eda convertido en amo de todos los territorios papales usurpados y hecho Duque de Romagna por el Papa, cuyo afecto por el brillante joven general se manifestaba tambi\u00e9n de otras maneras. Durante la guerra, sin embargo, y en pleno jubileo de 1500, aconteci\u00f3 otro asesinato en la familia. El 15 de julio de ese a\u00f1o, el Duque de Biseglia, esposo de Lucrecia, fue atacado por cinco asesinos enmascarados que lo hirieron de gravedad. Convencido que C\u00e9sar estaba detr\u00e1s del atentado, en cuanto se recuper\u00f3, el Duque intent\u00f3 infructuosamente matar a su supuesto enemigo, pero el guardaespaldas de C\u00e9sar lo elimin\u00f3 f\u00e1cilmente. Este \u00faltimo, habiendo completado la conquista de la Romagna en abril del 1501, empez\u00f3 a so\u00f1ar con la de la Toscana. Pero fue llamado a Roma para tomar parte en una empresa distinta. El 27 de ese mismo a\u00f1o el Papa depuso a su vasallo principal, Federico de N\u00e1poles, acus\u00e1ndolo de haberse aliado con los turcos para perjudicar al Cristianismo, y aprob\u00f3 el secreto Tratado de Granada, bajo cuyos t\u00e9rminos el reino de N\u00e1poles se divid\u00eda entre Espa\u00f1a y Francia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nEstaba bien clara la motivaci\u00f3n de Alejandro para revertir su pol\u00edtica en referencia a injerencia extranjera. Los Colonna, los Savelli, los Gaetani y otros se\u00f1ores del Patrimonio siempre hab\u00edan sido apoyados en su oposici\u00f3n a los papas por la dinast\u00eda aragonesa, sin la cual se sent\u00edan impotentes. Excomulgados por el Pont\u00edfice por su rebeld\u00eda, ofrecieron rendir las llaves de sus castillos al Sagrado Colegio, pero Alejandro las exigi\u00f3 para s\u00ed. Los Orsini, quienes deber\u00edan haber adivinado que les tocaba el turno, fueron tan miopes que ayudaron al Papa en la ruina de sus enemigos hereditarios. Los castillos acabaron rindi\u00e9ndose uno tras otro. El 27 de julio, Alejandro sali\u00f3 de Roma para inspeccionar sus conquistas y dej\u00f3 a la reci\u00e9n enviudada Lucrecia en el Vaticano, con autoridad para abrir su correspondencia y conducir los asuntos ordinarios de la Santa Sede. As\u00ed mismo, convirti\u00f3 las posesiones confiscadas de la mencionadas familias en dos ducados, uno de los cuales se lo otorg\u00f3 a Rodrigo, el peque\u00f1o hijo de Lucrecia, y el otro a Juan Borgia, hijo suyo que hab\u00eda nacido poco despu\u00e9s del asesinato de Gandia, y a quien le dio el nombre de pila de este \u00faltimo (Pastor, op. cit., III 449). Lucrecia, ya con veintitr\u00e9s a\u00f1os de edad, no fue viuda por mucho tiempo. Su padre la destin\u00f3 a ser esposa de otro Alfonso, hijo y heredero del Duque Ercole de Ferrara. Si bien a padre e hijo les repugnaba en principio la noci\u00f3n de una alianza matrimonial entre la orgullosa casa de Este y la hija ileg\u00edtima del Papa, fueron eventualmente influenciados favorablemente por el Rey de Francia. El tercer matrimonio de Lucrecia, celebrado a trav\u00e9s de representantes en el Vaticano (30 de diciembre de 1501), excedi\u00f3 con mucho la extravagancia y el esplendor del primero. Si su padre pensaba que la nueva posici\u00f3n de su hija le servir\u00eda de instrumento para avanzar en sus combinaciones pol\u00edticas, estaba muy equivocado. Se sabe que desde ese momento, y hasta el de su muerte en 1519, ella fue un verdadero modelo de esposa y princesa, alabada por todos por su amabilidad, virtud y caridad. La Lucrecia Borgia perversa que nos presentan el drama y la \u00f3pera es totalmente distinta de la Duquesa de Ferrara hist\u00f3rica. C\u00e9sar, sin embargo, continu\u00f3 con su carrera de simon\u00eda, extorsi\u00f3n y traiciones, y ya para finales del 1502 hab\u00eda coronado sus posesiones con la captura de Camerino y Sinigaglia. En octubre de ese a\u00f1o los Orsini comenzaron a conspirar con los generales del ej\u00e9rcito de C\u00e9sar para destruirlo. Mas \u00e9ste, con frialdad y astucia, enga\u00f1\u00f3 a los conspiradores para atraparlos y los mand\u00f3 matar. El Papa le dio seguimiento al golpe dado por su hijo y atac\u00f3 a los Orsini con mayor \u00e9xito que anteriormente. El Cardenal Orsini, el alma de la conspiraci\u00f3n, fue remitido al castillo de Sant&#8217; Angelo; doce d\u00edas despu\u00e9s era cad\u00e1ver. No se tiene certeza sobre si muri\u00f3 de causas naturales o si fue ejecutado en privado. Sin perder un segundo, C\u00e9sar se dirigi\u00f3 a Roma, y era tan grande el temor que inspiraba que los se\u00f1ores de la ciudad huyeron antes de que llegara, como si huyeran \u00abde la faz de la Hidra\u00bb, seg\u00fan lo describe Villari (I, 356). Para abril ya no les quedaba nada a los Orsini excepto la fortaleza de Bracciano, y tuvieron que pedir un armisticio. As\u00ed se culmin\u00f3 la humillaci\u00f3n de la aristocracia romana. Por primera vez en la historia del papado el Papa fue, en sentido literal, el gobernante de sus posesiones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nA\u00fan robusto y vigoroso a sus setenta y tres a\u00f1os, Alejandro anticipaba a\u00fan muchos a\u00f1os de reinado, por lo que procedi\u00f3 a fortalecer su posici\u00f3n llenando las arcas de su tesorer\u00eda mediante m\u00e9todos de dudosa moralidad. El Sagrado Colegio contaba con tantos de sus seguidores y paisanos que no ten\u00eda nada que temer en ese aspecto. Disfrutaba y se re\u00eda de los chistes burlones que circulaban por ah\u00ed, en los que se le acusaba de cr\u00edmenes incre\u00edbles, y ni siquiera intent\u00f3 defender su reputaci\u00f3n. La guerra se hab\u00eda iniciado entre Francia y Espa\u00f1a por la repartici\u00f3n de los botines. Alejandro no hab\u00eda decidido a cu\u00e1l lado apoyar de modo m\u00e1s ventajoso para \u00e9l, cuando su carrera termin\u00f3 abruptamente. El 6 de agosto de 1503, el Papa hab\u00eda cenado con C\u00e9sar y otras personas en la casa del Cardenal Adriano da Corneto en una villa posesi\u00f3n de este \u00faltimo, y en forma imprudente permaneci\u00f3 al aire libre hasta pasada la media noche. Todos los comensales pagaron su descuido cayendo v\u00edctimas de la peligrosa fiebre romana. El d\u00eda 12 el Papa hubo de guardar cama. El d\u00eda 18 se concluy\u00f3 que no ten\u00eda posibilidades de sobrevivir; se confes\u00f3, recibi\u00f3 los \u00faltimos sacramentos y esa noche expir\u00f3. La r\u00e1pida descomposici\u00f3n y la apariencia hinchada del cuerpo dieron pie a las sospechas de envenenamiento, que se convirtieron en creencia com\u00fan. Tiempo despu\u00e9s se corri\u00f3 el rumor que el Papa, por equivocaci\u00f3n, hab\u00eda tomado una copa de vino envenenado que su anfitri\u00f3n hab\u00eda preparado. Lo que s\u00ed es totalmente ver\u00eddico es que el veneno que lo mat\u00f3 es el del mortal microbio de la campagna romana [Pastor, op. cit., III, 469-472; Creighton, Hist. of the Papacy (Londres, 1887), IV, 44]. Sus restos descansan en la iglesia espa\u00f1ola de Santa Mar\u00eda de Monserrat.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nUn juicio imparcial de la carrera de este personaje extraordinario debe, por principio de cuentas, distinguir entre el hombre y su puesto. \u00abUn engarce imperfecto\u00bb, dice el Dr. Pastor (op. cit., III, 475), \u00abno afecta el valor intr\u00ednseco de una joya, ni la moneda de oro pierde su valor cuando pasa por unas manos sucias. Del sacerdote, como funcionario de una Iglesia santa, se espera una vida inmaculada, tanto porque por oficio \u00e9l debe ser un modelo de virtud al que los laicos deben ver como ejemplo, como porque con su vida virtuosa puede inspirar a otros a respetar la sociedad de la cual \u00e9l es un adorno. Pero los tesoros de la Iglesia, su car\u00e1cter divino, su santidad, la revelaci\u00f3n divina, la gracia de Dios, la autoridad espiritual, como bien se sabe, no dependen del car\u00e1cter moral de los funcionarios de la Iglesia. A\u00fan el m\u00e1s elevado de los sacerdotes no puede disminuir ni una jota del valor intr\u00ednseco de los tesoros espirituales que se le han confiado.\u00bb Siempre ha habido hombres indignos en las filas de la Iglesia. Nuestro Se\u00f1or vaticin\u00f3, como una de las pruebas m\u00e1s duras, la presencia en su Iglesia no s\u00f3lo de falsos hermanos, sino de gobernantes que habr\u00edan de ofender con diversas formas de ego\u00edsmo tanto a los hijos de la familia como a \u00ablos que est\u00e1n fuera\u00bb. De igual manera compar\u00f3 a su amada esposa, la Iglesia, con el patio de la trilla, en el que caen juntos la paja y el trigo bueno hasta el momento de separarlos. Las denuncias m\u00e1s severas contra Alejandro, por proceder del \u00e1mbito oficial, son las de sus contempor\u00e1neos cat\u00f3licos: el Papa Julio II (Gregorovius, VII, 494) y el cardenal agustino y reformador, Egidio de Viterbo, en su manuscrito \u00abHistoria XX Saeculorum\u00bb, conservado en la Biblioteca Ang\u00e9lica de Roma. El oratoriano Raynaldo (+ 1677), que continu\u00f3 los semioficiales Anales de Baronius, le dio al mundo desde Roma (ad an. 1460, no. 41) el rega\u00f1o paternal pero severo que envi\u00f3 al joven cardenal el Papa P\u00edo II, y afirm\u00f3 en otra parte (ad an. 1495, no. 26) que era la opini\u00f3n com\u00fan de los historiadores de su tiempo que Alejandro hab\u00eda obtenido el papado parcialmente con dinero y parcialmente con promesas y la persuasi\u00f3n de que \u00e9l no intervendr\u00eda en las vidas de sus electores. Mansi, el estudioso arzobispode Lucca, y editor y comentarista de Raynaldo, afirma (XI, 4155) que es m\u00e1s f\u00e1cil guardar silencio que moderaci\u00f3n acerca de este Papa. El severo juicio del difunto Cardenal Hergenroether, en su \u00abKirchengeschichte\u00bb, o Manual de Historia de la Iglesia (4\u00aa. ed., Friburgo, 1904, II, 982-983) es demasiado conocido como para que le dediquemos atenci\u00f3n especial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nLos historiadores cat\u00f3licos han sido tan parcos en su defensa que a mediados del siglo XIX Cesare Cantu pod\u00eda escribir que Alejandro VI era el \u00fanico Papa que nunca tuvo un apologista. No obstante, ya desde ese tiempo algunos escritores cat\u00f3licos, tanto en libros como peri\u00f3dicos, han intentado defenderlo de las acusaciones m\u00e1s dolorosas de sus contempor\u00e1neos. En particular, merecen mencionarse dos: el dominico Ollivier, \u00abLe Pape Alexandre VI et les Borgia\u00bb (Paris, 1870), de cuya obra \u00fanicamente apareci\u00f3 un volumen, que trata sobre el cardenalato del Papa; y \u00abPapa Alessandro VI secondo documenti e carteggi del tempo\u00bb, de Leonetti (3 vols., Bologna, 1880). Estos y otros documentos fueron ocasionados,en parte, por un laudable deseo de quitar un estigma que pesa sobre la buena reputaci\u00f3n de la Iglesia Cat\u00f3lica, y en parte, por las groseras exageraciones de V\u00edctor Hugo y otros, que se permitieron todo tipo de libertades al tratar un nombre tan indefenso como detestado. Mas no se puede afirmar que esas obras hayan correspondido al celo de sus autores. Dr. Pastor las cataloga a todas ellas como fracasos. Tal es la opini\u00f3n de Henri de l&#8217;Epinois en la \u00abRevue des questions historiques\u00bb (1881), XXIX, 147, un estudio que hasta Thuasne, el hostil editor del \u00abDiario de Burchard\u00bb, llama \u00abla gu\u00eda indispensable de los estudiosos de la historia de los Borgia\u00bb. Esa opini\u00f3n es compartida por el Bollandist Matagne, en la misma revista, en sus ediciones de 1870 y 1872 (IX, 466-475; XI, 181-198), y por Von Reumont, el historiador cat\u00f3lico de la Roma medieval, en Bonn. Theol. Lit. Blatt (1870), V. 686. Dr. Pastor considera que la publicaci\u00f3n de los documentos en el suplemento del tercer volumen de la edici\u00f3n de Thuasne del Diario of Burchard (Paris, 1883) convierte en \u00abimposible para siempre\u00bb cualquier intento de salvar la reputaci\u00f3n de Alejandro VI. El Cardenal Hergenroether (op.cit. II, 583) cree que por ello mismo hay menos raz\u00f3n que sustente las acusaciones falsas que se han a\u00f1adido a la lista, e. g. su intento de envenenar al Cardinal Adriano da Corneto y sus relaciones incestuosas con Lucrecia (Pastor, op. cit., III, 375, 450-451, 475). Otras acusaciones, dice el mismo autor, ya han sido tratadas con cierto \u00e9xito, por Roscoe en su \u00abVida de Le\u00f3n X\u00bb; por Capefigue en su \u00abEglise pendant les quatre derniers si\u00e8cles\u00bb (I, 41-46), y por Chantrel, \u00abLe Pape Alexandre VI\u00bb (Par\u00eds, 1864). Contrariamente, si bien algunos escritores inmorales han tratado de sacar provecho de los indecentes p\u00e1rrafos que salpican las obras de Burchard e Infessura, no existe hoy ning\u00fan motivo que pueda considerarse mejor que en los d\u00edas de Raynaldo y Mansi para ocultar o pervertir los hechos de la historia. \u00abSoy cat\u00f3lico\u00bb, dice M. de l&#8217;Epinois (loc. cit.), \u00aby un disc\u00edpulo del Dios que aborrece la mentira. Yo busco la verdad, toda la verdad, y nada m\u00e1s la verdad. Aunque nuestro d\u00e9biles ojos no reconozcan al principio su utilidad, y les es m\u00e1s f\u00e1cil descubrir peligros y da\u00f1os, la debemos proclamar sin miedo\u00bb. El mismo excelente principio es afirmado por Le\u00f3n XIII en su carta del 8 de septiembre de 1889 a los Cardenales De Luca, Pitra y Hergenroether acerca del estudio de la historia de la Iglesia: \u00abEl historiador de la Iglesia no tiene la facultad de disimular ninguna de las pruebas que la Iglesia ha debido soportar a causa de los pecados de sus hijos, y a\u00fan a veces de sus propios ministros\u00bb. Hace mucho tiempo Le\u00f3n Magno (440-461) declar\u00f3 en su tercera homil\u00eda de Navidad que \u00abla dignidad de Pedro no sufre merma ni siquiera en alg\u00fan sucesor indigno\u00bb (cujus dignitas etiam in indigno haerede non deficit). La misma indignaci\u00f3n que causa siempre la vida licenciosa de alg\u00fan gran cl\u00e9rigo (expresado de forma noble por P\u00edo II en la carta ya mencionada al Cardenal Rodrigo Borgia) es en s\u00ed misma un tributo al elevado ideal que la Iglesia ha presentado por tanto tiempo y con tanta magnitud al mundo a trav\u00e9s de tantos santos ejemplos, y ha sido la causa, consecuentemente, de que en tiempos recientes se exija tanto a los sacerdotes. \u00abA estos \u00faltimos no se les perdona nada\u00bb, dice De Maistre en su gran obra \u00abDu Pape\u00bb, \u00abporque todo se espera de ellos, y los vicios que son soslayados en Luis XIV se convierten en algo ofensivo y escandaloso en un Alejandro VI\u00bb (II, c. xiv).<br \/>\nJAMES F. LOUGHLIN<br \/>\nTranscrito por Gerard Haffner<br \/>\nTraducido por Javier Algara Coss\u00edo\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Im\u00e1genes<\/b>: Biblioteca de la Facultad de Derecho y Ciencias del Trabajo Universidad de Sevilla. Colecci\u00f3n del Bibliomata [1]. Selecci\u00f3n Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rodrigo Borgia, naci\u00f3 en Xativa, cerca de Valencia, Espa\u00f1a, el 1 de enero de 1431. Muri\u00f3 en Roma, el 18 de agosto de 1503. Sus padres fueron Jofre Lan\u00e7ol e Isabella Borja, hermana del Cardenal Alfonso Borja, posteriormente Papa Calixto III. 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