{"id":23031,"date":"2016-02-05T15:45:06","date_gmt":"2016-02-05T20:45:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-ambrosio\/"},"modified":"2016-02-05T15:45:06","modified_gmt":"2016-02-05T20:45:06","slug":"san-ambrosio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-ambrosio\/","title":{"rendered":"SAN AMBROSIO"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Su vida<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Obispo de Mil\u00e1n<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Su vida diaria<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Ambrosio y los arrianos<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Los \u00faltimos d\u00edas de Ambrosio<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 Escritos de San Ambrosio<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Su vida<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fue obispo de Mil\u00e1n del 374 al 397. Probablemente naci\u00f3 en 340, en Tr\u00e9veris, Arles, o Lyon. Muri\u00f3 el 4 de abril de 397. Es uno de los m\u00e1s ilustres Padres y Doctores de la Iglesia, y fue escogido, muy apropiadamente, a una con San Agust\u00edn, San Juan Cris\u00f3stomo y San Atanasio, para ocupar la venerable C\u00e1tedra del Pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles en la tribuna de San Pedro en Roma. Los datos que nos pueden servir para hacer su biograf\u00eda est\u00e1n mayormente dispersos entre sus escritos, dado que su \u201cVida\u201d, escrita luego de su muerte por su secretario, Paulino, a sugerencia de San Agust\u00edn, es extremadamente frustrante. Ambrosio descend\u00eda de una antigua familia romana que hab\u00eda abrazado el cristianismo a\u00f1os antes y que contaba entre sus miembros tanto m\u00e1rtires cristianos como altos funcionarios del Estado. En la \u00e9poca de su nacimiento, su padre, que tambi\u00e9n se llamaba Ambrosio, era prefecto en la Galia, y en ese car\u00e1cter gobernaba los actuales territorios de Francia, Breta\u00f1a y Espa\u00f1a, adem\u00e1s de Tingitana, en \u00c1frica. Era una de las grandes prefecturas del Imperio y se trataba del puesto m\u00e1s alto que pod\u00eda ocupar cualquier s\u00fabdito. Las tres principales ciudades de la provincia, Tr\u00e9veris, Arles y Lyon, se disputan el honor de haber sido el lugar de nacimiento del Santo, quien era el menor de tres hijos. Su hermana, Marcelina, se hizo monja, y su hermano, S\u00e1tiro, al ser electo Ambrosio al episcopado, renunci\u00f3 a la prefectura para vivir con \u00e9l y relevarlo de las tareas temporales. El padre, Ambrosio, muri\u00f3 alrededor del a\u00f1o 354. A ra\u00edz de ello la familia se mud\u00f3 a Roma. La santa y virtuosa viuda fue grandemente ayudada en la educaci\u00f3n religiosa de los hijos por su hija, Marcelina, quien ten\u00eda diez a\u00f1os m\u00e1s que Ambrosio. Para ese entonces Marcelina ya hab\u00eda recibido el velo de las v\u00edrgenes de manos de Liberio, el Pont\u00edfice Romano, y viv\u00eda en casa de su madre en compa\u00f1\u00eda de otras v\u00edrgenes. Fue de ella que el Santo aprendi\u00f3 a mostrar ese amor por la virginidad que luego se convirti\u00f3 en su caracter\u00edstica. Su progreso en conocimientos seculares iba a la par de su crecimiento en la piedad. Fue una bendici\u00f3n especial para Ambrosio mismo y para la Iglesia el que \u00e9l hubiese adquirido tan gran dominio del idioma y literatura griegos, cuya carencia es tan dolorosamente patente en San Agust\u00edn y, en la generaci\u00f3n posterior, en San Le\u00f3n Magno. Muy probablemente no hubiese acaecido el cisma griego si las iglesias de Oriente y Occidente hubiesen podido continuar dialogando tan \u00edntimamente como lo hac\u00edan San Ambrosio y san Basilio. Una vez terminada su educaci\u00f3n liberal, el Santo dedic\u00f3 su atenci\u00f3n al estudio y pr\u00e1ctica del derecho, y muy pronto se distingui\u00f3 por la elocuencia y habilidad de sus alegatos en la corte del prefecto pretoriano, Ancius Probus. Fue por ello que este \u00faltimo lo incorpor\u00f3 a su consejo y m\u00e1s tarde obtuvo para \u00e9l del emperador Valentiniano el puesto de gobernador consular de Liguria y Emilia, con residencia en Mil\u00e1n. \u201cVe- le dijo el prefecto, profetizando involuntariamente- y cond\u00facete no como juez sino como obispo\u201d. No hay forma de saber cu\u00e1nto tiempo gobern\u00f3 esa provincia. Lo \u00fanico que sabemos es que su honesta y humanitaria administraci\u00f3n le gan\u00f3 el afecto y la estimaci\u00f3n de todos sus gobernados, pavimentando as\u00ed el camino para la revoluci\u00f3n que iba a tener lugar en su vida poco despu\u00e9s. Esto fue algo por dem\u00e1s notable, si tomamos en cuenta que en esa \u00e9poca Mil\u00e1n estaba en medio de un caos religioso causado por las continuas maquinaciones de la facci\u00f3n arriana.\n<\/p>\n<h2>Obispo de Mil\u00e1n<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde que el heroico obispo Dionisio, en el a\u00f1o 355, hab\u00eda sido arrastrado en cadenas al exilio en el lejano Oriente, la antiqu\u00edsima sede de San Bernab\u00e9 hab\u00eda estado ocupada por el intruso capadocio, Auxencio, un arriano lleno de odio hacia la fe cat\u00f3lica. Este tal, no s\u00f3lo no conoc\u00eda la lengua latina, sino que era un perseguidor astuto y violento de sus s\u00fabditos ortodoxos. Para alivio de los cat\u00f3licos, la muerte le sobrevino al tiranuelo en 347 y con ello termin\u00f3 una servidumbre que hab\u00eda durado casi 20 a\u00f1os. Los obispos de la regi\u00f3n, temiendo que una elecci\u00f3n popular diera pie a tumultos populares, solicitaron al emperador Valentiniano que designara al sucesor por medio de un edicto imperial. El Emperador, sin embargo, orden\u00f3 que se llevara la elecci\u00f3n seg\u00fan se acostumbraba. Le correspondi\u00f3 entonces a Ambrosio la tarea de mantener el orden ciudadano en tan peligrosa coyuntura. Se dirigi\u00f3 a la bas\u00edlica en la que se encontraban reunidos el desunido clero y el pueblo. Ya ah\u00ed, inici\u00f3 un discurso que buscaba motivar a la moderaci\u00f3n y la paz, pero fue interrumpido por una voz (la de un ni\u00f1o, seg\u00fan Paulino) que clamaba: \u201cAmbrosio, Obispo\u201d. La multitud inmediatamente comenz\u00f3 a repetir el grito aquel y, para sorpresa y angustia de Ambrosio, \u00e9l result\u00f3 electo por unanimidad. Aparte de la intervenci\u00f3n sobrenatural, \u00e9l era el \u00fanico candidato viable: conocido por los cat\u00f3licos como firme creyente en el Credo de Nicea, aceptable para los arrianos y reconocido por todos como alguien que se hab\u00eda mantenido alejado de las controversias teol\u00f3gicas. S\u00f3lo hab\u00eda un problema: convencer al azorado c\u00f3nsul de que aceptara un puesto para el que no hab\u00eda sido educado. Y adem\u00e1s- aunque nos parezca extra\u00f1o-, como muchos otros creyentes de esa \u00e9poca, quiz\u00e1s guiados por una reverencia equivocada hacia la santidad del bautismo, Ambrosio a\u00fan era catec\u00fameno y, consecuentemente, las sabias providencias de la ley can\u00f3nica lo hac\u00edan inelegible para el episcopado. Los \u00fanicos que han dudado acerca de la sinceridad del terror que sinti\u00f3 \u00e9l ante las responsabilidades de ese oficio sagrado son aquellos que quieren juzgar a un gran hombre seg\u00fan los criterios de su propia insignificancia. Si Ambrosio hubiese sido una persona como la que dichas personas quieren hacernos ver: mundano, ambicioso y intrigante, le hubiera bastado apoyarse en su reconocida capacidad y en su noble sangre para proseguir esa carrera consular que tan brillante futuro le deparaba. Es muy dif\u00edcil aceptar que recurri\u00f3 a la estratagema de fingir terror, como dicen algunos bi\u00f3grafos, para minar su propia popularidad entre el pueblo. Mas Valentiniano, orgulloso de que la favorable opini\u00f3n que \u00e9l ten\u00eda de Ambrosio hubiera sido aceptada tan entusiastamente por el pueblo y por el clero, confirm\u00f3 la elecci\u00f3n y estipul\u00f3 severas penas para quienes quisieran ayudarlo a evadirse. Finalmente, el Santo acept\u00f3. Recibi\u00f3 el bautismo de manos de un obispo cat\u00f3lico y ocho d\u00edas despu\u00e9s, el 7 de diciembre de 374, d\u00eda en el que Oriente y Occidente celebran su memoria, habiendo pasado por las etapas preliminares, fue consagrado obispo. Ten\u00eda treinta y cinco a\u00f1os de edad. Pero estaba destinado a edificar la Iglesia durante el espacio comparativamente prolongado de 23 a\u00f1os. Desde el principio dio testimonio de ser lo que siempre ha sido a los ojos del mundo cristiano: el modelo perfecto del obispo cristiano. Hay algo de verdad en el eulogio de Teodosio, seg\u00fan lo informa Teodoreto (V,18): \u201cNo conozco a otro obispo que m\u00e1s merezca tal nombre, sino Ambrosio\u201d. En \u00e9l la magnanimidad del patricio romano se temper\u00f3 con la mansedumbre y la caridad del santo cristiano. Su primer acto como obispo, y que luego imitaron muchos santos sucesores, fue el de deshacerse de todas sus posesiones terrenas. Dio a los pobres su propiedad personal; cedi\u00f3 a la Iglesia las tierras que pose\u00eda, dejando aparte una provisi\u00f3n para mantener a su amada hermana. La generosidad de su hermano S\u00e1tiro le quit\u00f3 el peso de la administraci\u00f3n de las cosas temporales y le permiti\u00f3 dedicarse totalmente a las espirituales. Para sobreponerse a su deficiencia de preparaci\u00f3n en cuestiones teologales, se dedic\u00f3 asiduamente al estudio de las Escrituras y de los Padres, mostrando preferencia por Or\u00edgenes y San Basilio, cuya influencia se percibe en sus obras. Dotado de un verdadero ingenio romano, Ambrosio, como Cicer\u00f3n, Virgilio y otros autores cl\u00e1sicos, se dedic\u00f3 a digerir y a meter en moldes latinos los mejores frutos del pensamiento griego. Sus estudios ten\u00edan una naturaleza eminentemente pr\u00e1ctica. Aprendi\u00f3, adem\u00e1s, que pod\u00eda ense\u00f1ar. En el exordio de su tratado \u201cDe officiis\u201d, se queja de que, a causa de su inesperado paso del tribunal al p\u00falpito se vio forzado a ense\u00f1ar y aprender simult\u00e1neamente. Su piedad, su juicio prudente y su genuino instinto cat\u00f3lico lo protegieron del error. Su fama como elocuente expositor de la doctrina cat\u00f3lica pronto lleg\u00f3 a los confines de la tierra. La fuerza de su oratoria est\u00e1 testimoniada no s\u00f3lo por las repetidas alabanzas de que era objeto, sino, m\u00e1s a\u00fan, por la conversi\u00f3n de un ret\u00f3rico de la talla de Agust\u00edn. Su estilo es el de una persona que est\u00e1 m\u00e1s atenta a las ideas que a las palabras. No nos lo podemos imaginar gastando su tiempo en pronunciar una frase elegante. \u201cEra una de esas personas- dice de \u00e9l San Agust\u00edn- que dice la verdad, la dice bien, juiciosamente, agudamente, y con belleza y fuerza de expresi\u00f3n\u201d (De doct. christ., IV,21).\n<\/p>\n<h2>Su vida diaria<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Podemos tener una breve visi\u00f3n de su vida diaria si echamos una mirada a trav\u00e9s de la puerta de su habitaci\u00f3n, abierta todo el d\u00eda y cruzada sin cita previa por toda clase de personas, cualquiera que tuviera algo que tratar con \u00e9l. Entre la variada multitud de sus visitantes no faltaba alg\u00fan alto funcionario que buscaba su consejo sobre alg\u00fan problema de Estado, ni aqu\u00e9l que buscaba una respuesta a alguna duda, ni el pecador arrepentido que estaba ah\u00ed para confesar sus pecados, seguro de que el Santo \u201cno revelar\u00eda sus pecados a nadie sino solamente a Dios\u201d (Paulinus, Vita, XXXIX). Com\u00eda frugalmente y \u00fanicamente cenaba los s\u00e1bados, domingos y las fiestas de los m\u00e1rtires m\u00e1s c\u00e9lebres. Sus largas vigilias nocturnas transcurr\u00edan en oraci\u00f3n, en atender su vasta correspondencia y en anotar los pensamientos que se le ocurr\u00edan durante el d\u00eda acerca de sus lecturas, tan frecuentemente interrumpidas. Su laboriosidad incansable y sus h\u00e1bitos disciplinados explican c\u00f3mo un hombre tan ocupado pudo escribir tantos y tan valiosos libros. \u00c9l nos narra que cada d\u00eda ofrec\u00eda el Santo Sacrificio por su pueblo (pro quibus ego quotidie instauro sacrificium). Cada domingo acud\u00edan inmensas multitudes a la bas\u00edlica, atra\u00eddas por sus elocuentes discursos. Uno de sus temas favoritos era la excelencia de la virginidad, y tuvo tanto \u00e9xito en convencer a las doncellas de que adoptaran la vida religiosa que m\u00e1s de una madre prohibi\u00f3 a sus hijas ir a escuchar sus palabras. Ante la acusaci\u00f3n de que estaba despoblando el imperio, el Santo se vio forzado a refutarla a base de interrogar amenamente a los j\u00f3venes acerca de si ten\u00edan dificultad en encontrar esposas. El afirma, y la experiencia de los siglos sostiene su afirmaci\u00f3n (De Virginibus, VII), que la poblaci\u00f3n aumenta en proporci\u00f3n directa al grado de estima en que la poblaci\u00f3n tenga la virginidad. Como es de esperarse, sus sermones eran eminentemente pr\u00e1cticos, repletos de sentenciosas normas de conducta que han permanecido como palabras de uso corriente entre los cristianos. En su m\u00e9todo de interpretaci\u00f3n b\u00edblica, todos los personajes de la Escritura, de Ad\u00e1n en adelante, aparecen como personas vivas, portando cada una un mensaje distinto de Dios para instruir a la generaci\u00f3n actual. Nunca escrib\u00eda sus sermones, sino que los pronunciaba a partir de lo que ten\u00eda en el coraz\u00f3n. De las notas que se tomaban durante sus sermones \u00e9l compil\u00f3 casi todos los tratados suyos de los que tenemos conocimiento.\n<\/p>\n<h2>Ambrosio y los arrianos<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era natural que un prelado de tan altas miras, tan afable, tan caritativo con los pobres, tan dispuesto a entregar sus grandes capacidades al servicio de Cristo y de la humanidad, pronto gozara del amor entusiasta de su pueblo. Rara vez ha habido, si es que lo ha habido, un obispo cristiano tan popular, en el buen sentido de ese t\u00e9rmino tan abusado, como Ambrosio de Mil\u00e1n. Y esa misma popularidad, unida a su intrepidez, fue la clave para destronar la iniquidad. La hereje emperatriz Justina y sus consejeros b\u00e1rbaros con frecuencia hubieran querido callarlo con el destierro o el asesinato, pero como en el caso de Herodes y Juan Bautista, ellos \u201ctem\u00edan a la multitud\u201d. Sus heroicas luchas en contra de las agresiones del poder secular lo han inmortalizado como el modelo y pionero de todos los Hildebrandos, Beckets y otros paladines de la libertad religiosa. El anciano Valentiniano I muri\u00f3 s\u00fabitamente en 375, el a\u00f1o siguiente a la consagraci\u00f3n de Ambrosio, dejando a su hermano Valente, arriano, para que hiciera de las suyas en el Este, y a su hijo mayor, Graciano, para que se hiciera cargo de los territorios antes gobernados por Ambrosio, pero sin definir nada sobre el gobierno de Italia. En esa circunstancia, el ej\u00e9rcito tom\u00f3 el mando y proclam\u00f3 emperador al hijo de Valentiniano y su segunda esposa, Justina, un ni\u00f1o de cuatro a\u00f1os de edad. Graciano acept\u00f3 gustosamente y asign\u00f3 a su medio hermano la soberan\u00eda de Italia, Il\u00edrico (la actual regi\u00f3n adri\u00e1tica de Montenegro y Albania, N.T.) y \u00c1frica. Mientras a\u00fan viv\u00eda su ortodoxo esposo, Justina prudentemente le ocult\u00f3 sus creencias arrianas, pero en ese momento, apoyada en la corte por una poderosa facci\u00f3n g\u00f3tica, hizo p\u00fablica su decisi\u00f3n de educar a su hijo en la herej\u00eda y una vez m\u00e1s intent\u00f3 arrianizar el Occidente. Esto la coloc\u00f3 en confrontaci\u00f3n abierta con el obispo de Mil\u00e1n, quien hab\u00eda ya apagado los \u00faltimos rescoldos de arrianismo en su di\u00f3cesis. Esa herej\u00eda nunca hab\u00eda sido aceptada por el pueblo ordinario; deb\u00eda su vitalidad artificial a las intrigas de reyes y cortesanos. Como paso preliminar para la inevitable contienda, Ambrosio, a solicitud de Graciano, quien estaba por conducir un ej\u00e9rcito para auxiliar a Valente y deseaba tener a su lado un ant\u00eddoto contra los sofismas orientales, escribi\u00f3 su obra \u201cDe fide ad Gratianum Augustum\u201d, que luego ser\u00eda ampliado y a\u00fan subsiste en cinco libros. El primer choque entre Ambrosio y la Emperatriz aconteci\u00f3 con ocasi\u00f3n de la elecci\u00f3n episcopal en la sede de Sirmio, capital del Il\u00edrico, que por entonces era la residencia de Justina. A pesar de los esfuerzos de la Emperatriz, Ambrosio logr\u00f3 que quedara electo un obispo cat\u00f3lico. Esa victoria fue repetida en el Concilio de Aquilea (381), el cual \u00e9l presidi\u00f3, cuando logr\u00f3 derrocar a los \u00fanicos prelados arrianos que quedaban en el Occidente, Paladio y Secundiano, ambos ilirios. La batalla campal entre Ambrosio y la Emperatriz, en los a\u00f1os 385-386, ha sido gr\u00e1ficamente descrita por el cardenal Newman en sus \u201cHistorical Sketches\u201d. El asunto en cuesti\u00f3n era la cesi\u00f3n de una de las bas\u00edlicas a los arrianos para que celebrasen all\u00ed su culto p\u00fablico. A lo largo de la prolongada batalla Ambrosio demostr\u00f3 en grado eminente las cualidades de un gran l\u00edder. Su valor en los momentos de mayor peligro s\u00f3lo era igualado por su admirable moderaci\u00f3n. En ciertos momentos cr\u00edticos del drama una sola palabra suya podr\u00eda haber derribado del trono a la Emperatriz y a su hijo. Pero nunca fue pronunciada esa palabra. Un resultado perdurable de esa lucha contra el despotismo fue el r\u00e1pido desarrollo del canto eclesi\u00e1stico, del que Ambrosio hab\u00eda colocado los cimientos. Incapaz de vencer la fortaleza del obispo y el esp\u00edritu del pueblo, finalmente la corte desisti\u00f3 de su esfuerzo. No s\u00f3lo eso, sino que debi\u00f3 acudir a Ambrosio para que hiciera lo posible para salvar el trono del peligro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya hab\u00eda \u00e9l enviado una embajada a la corte del usurpador, M\u00e1ximo, que en el 383 hab\u00eda derrotado y dado muerte a Graciano y ahora reinaba en su lugar. Gracias en gran parte a sus esfuerzos, se hab\u00eda logrado un entendimiento entre M\u00e1ximo y Teodosio, a quien Graciano hab\u00eda designado como gobernante del Oriente. El acuerdo dec\u00eda que M\u00e1ximo deber\u00eda contentarse con sus posesiones presentes y respetar los territorios de Valentiniano II. Tres a\u00f1os despu\u00e9s M\u00e1ximo decidi\u00f3 cruzar los Alpes. El tirano recibi\u00f3 a Ambrosio desfavorablemente y con la excusa, muy honorable al Santo, de que rechazaba mantener comuni\u00f3n con los obispos que hab\u00edan apoyado la muerte de Prisciliano (primer caso de pena capital por herej\u00eda ordenada por un pr\u00edncipe cristiano), lo ech\u00f3 de la corte. Poco despu\u00e9s M\u00e1ximo invadi\u00f3 Italia. Valentiniano y su madre buscaron la protecci\u00f3n de Teodosio, quien acept\u00f3 defenderlos, derroc\u00f3 al usurpador y orden\u00f3 darle muerte. Por ese tiempo muri\u00f3 Justina y Valentiniano, por consejo de Teodosio, abjur\u00f3 del arrianismo y se coloc\u00f3 bajo la protecci\u00f3n de Ambrosio, con el cual entabl\u00f3 una sincera amistad. Fue durante la prolongada estancia de Teodosio en el Occidente que tuvo lugar el episodio m\u00e1s notable de la Iglesia: la penitencia p\u00fablica ordenada por el obispo y cumplida por el emperador. La narraci\u00f3n tradicional del acontecimiento, transmitida por Teodoreto a muchos a\u00f1os de distancia, que exalta la firmeza del Santo a costa de su mansedumbre y prudencia, afirma que Ambrosio detuvo al Emperador a la entrada de la Iglesia y lo rega\u00f1\u00f3 y humill\u00f3 p\u00fablicamente. El criticismo moderno demuestra que eso es una grave exageraci\u00f3n. La emergencia demandaba que el obispo pusiera en pr\u00e1ctica todas sus virtudes. Cuando las noticias de que los sediciosos tesalonicenses hab\u00edan asesinado a los funcionarios del Emperador, Ambrosio y el colegio episcopal, el cual \u00e9l presid\u00eda en ese momento, hicieron un llamado de clemencia a Teodosio, aparentemente con \u00e9xito. \u00bfCu\u00e1l no ser\u00eda su horror al enterarse poco despu\u00e9s que Teodosio, cediendo a los consejos de Rufinoso y otros cortesanos, hab\u00eda ordenado una mascare indiscriminada de ciudadanos en la que perdieron la vida 7,000 personas?. Para evitar encontrarse con el monarca asesino u ofrecer el Santo Sacricio en su presencia, y, sobre todo, para darle tiempo de ponderar la atrocidad de una acci\u00f3n tan ajena a su car\u00e1cter, el Santo se excus\u00f3 alegando una enfermedad y, sabiendo que ello propiciar\u00eda que lo llamaran cobarde, se retir\u00f3 al campo desde donde envi\u00f3 una carta \u201cescrita por mi propia mano, que s\u00f3lo usted debe leer\u201d, en la que exhortaba al Emperador a reparar su crimen con una penitencia ejemplar. San Agust\u00edn narra (De civitate Dei, V, XXVI), que con \u201chumildad religiosa\u201d Teodosio obedeci\u00f3 y \u201cseg\u00fan la disciplina de la Iglesia, hizo penitencia de tal manera que la vista de su postrada majestad imperial llev\u00f3 a las personas que interced\u00edan por \u00e9l a llorar m\u00e1s grandemente que el temor que les hab\u00eda causado la conciencia de la ofensa que \u00e9l les hab\u00eda inflingido cuando \u00e9sta los hab\u00eda enojado\u201d. \u201cDespoj\u00e1ndose de todos sus emblemas de realeza- dice San Ambrosio en su oraci\u00f3n f\u00fanebre (c. 34)-, llor\u00f3 en la Iglesia sus pecados p\u00fablicamente. No se avergonz\u00f3 el Emperador de realizar una penitencia p\u00fablica que muchos individuos evitar\u00edan. Ni hubo despu\u00e9s d\u00eda en su vida en que \u00e9l no llorara su error\u201d. Esta sencilla narraci\u00f3n, sin ning\u00fan adorno histri\u00f3nico, tanto honra al obispo como a su soberano.\n<\/p>\n<h2>Los \u00faltimos d\u00edas de Ambrosio<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El asesinato de su joven pupilo, Valentiniano II, que tuvo lugar en la Galia en mayo del 393, mientras Ambrosio cruzaba los Alpes para ir a bautizarlo, caus\u00f3 al Santo una gran aflicci\u00f3n. La eulog\u00eda que pronunci\u00f3 en Mil\u00e1n es singularmente tierna: describe al fallecido rey como un m\u00e1rtir, bautizado con su propia sangre. En realidad el usurpador, Eugenio, s\u00ed era un infiel en lo hondo de su coraz\u00f3n y abiertamente anunci\u00f3 su intenci\u00f3n de restablecer el paganismo. Reabri\u00f3 los templos paganos y determin\u00f3 que se instalara de nuevo en el Senado Romano el altar de la Victoria, respecto al cual Ambrosio y S\u00edmaco hab\u00edan sostenido un largo y decidido debate literario. Este triunfo del paganismo tuvo una corta vida. En la primavera del 391 Teodosio de nuevo condujo sus legiones al Occidente y, en una breve campa\u00f1a, derrot\u00f3 y mat\u00f3 al tirano. El paganismo romano pereci\u00f3 con \u00e9l. El Emperador reconoci\u00f3 los m\u00e9ritos del gran obispo de Mil\u00e1n anunciando su victoria la misma tarde de la batalla y pidi\u00e9ndole que celebrara un solemne sacrificio de acci\u00f3n de gracias. No vivi\u00f3 Teodosio mucho tiempo despu\u00e9s de su triunfo. Muri\u00f3 en Mil\u00e1n pocos meses despu\u00e9s (enero del 395) teniendo a Ambrosio junto a su lecho y el nombre de Ambrosio en sus labios. \u201cIncluso cuando la muerte estaba desmoronando su cuerpo- dice el Santo- \u00e9l estaba m\u00e1s preocupado por el bienestar de las iglesias que por el peligro propio\u201d. \u201cYo lo amaba y estoy seguro que el Se\u00f1or escuchar\u00e1 la oraci\u00f3n que yo le dirijo a favor de su alma piadosa\u201d (In obitu Theodosii, c. 35). S\u00f3lo pasaron dos a\u00f1os para que estas dos almas generosas fueran reunidas por la muerte. Ning\u00fan cuerpo humano puede soportar por mucho tiempo la actividad incansable de un Ambrosio. Es significativa una escena, narrada por su secretario, de su extraordinaria capacidad de trabajo. \u00c9l muri\u00f3 un Viernes Santo. Al d\u00eda siguiente, cinco obispos tuvieron dificultad para administrar el bautismo a una multitud igual a la que \u00e9l acostumbraba bautizar sin ayuda. Cuando se corri\u00f3 el rumor de que estaba seriamente enfermo, el conde Stilico, \u201ctemeroso de que su muerte pudiera significar la destrucci\u00f3n de Italia\u201d, despach\u00f3 unos emisarios, entre los que estaban los principales ciudadanos, para suplicarle que le rogara a Dios que prolongara sus d\u00edas. La respuesta del Santo impresion\u00f3 profundamente a san Agust\u00edn: \u201cNo he vivido entre ustedes de modo que me averg\u00fcence de vivir, ni temo morir porque tenemos a un Se\u00f1or de bondad\u201d. Durante horas antes de su muerte \u00e9l permaneci\u00f3 con los brazos extendidos a imitaci\u00f3n de su Maestro al agonizar, quien tambi\u00e9n se le apareci\u00f3 en persona. El obispo de Vercelli le llev\u00f3 el Cuerpo de Cristo. \u201cTerminando de consumirlo, exhal\u00f3 pac\u00edficamente su \u00faltimo aliento\u201d. Era el 4 de abril de 397. Fue enterrado en su amada bas\u00edlica, tal como \u00e9l hab\u00eda deseado, al lado de los santos m\u00e1rtires Gervasio y Protasio, cuyas reliquias hab\u00edan sido descubiertas durante su lucha con Justina, evento que les proporcion\u00f3 un gran consuelo a \u00e9l y a sus seguidores. En el a\u00f1o 835 las reliquias de los tres santos fueron colocadas por uno de sus sucesores, Angilberto II, en un sarc\u00f3fago bajo el altar, donde fueron descubiertos en 1864. La primera edici\u00f3n de los trabajos de Ambrosio sali\u00f3 de la imprenta de Froben en Basilea, en 1527, bajo la supervisi\u00f3n de Erasmo de Rotterdam. En el a\u00f1o 1580 comenz\u00f3 a salir a la luz en Roma una edici\u00f3n m\u00e1s elaborada, que continu\u00f3 apareciendo durante algunos a\u00f1os m\u00e1s. El editor en jefe fue el Cardenal Montalto hasta que fue elevado al papado como Sixto V. Fueron cinco vol\u00famenes que conservan su valor gracias a la \u201cVida\u201d del Santo, compuesta por Baronio, con que comienza la obra. Posteriormente apareci\u00f3 la excelente edici\u00f3n de Maurist, publicada en dos vol\u00famenes en Paris, en 1686 y 1690, respectivamente. Esta fue reimpresa por Migne en cuatro vol\u00famenes. La carrera de San Ambrosio ocupa un lugar prominente en todas las historias, eclesi\u00e1sticas y seculares, del siglo IV. Es de particular valor la narraci\u00f3n de Tillemont, en el cuarto volumen de sus \u201cMemoirs\u201d. Es de menor importancia la discusi\u00f3n sobre la autenticidad de los as\u00ed llamados 18 himnos ambrosianos. El gran m\u00e9rito del Santo en el campo de la himnolog\u00eda consiste en que \u00e9l puso sus cimientos y mostr\u00f3 a la posteridad hasta d\u00f3nde hab\u00eda oportunidad en el futuro para desarrollarla.\n<\/p>\n<h2>Escritos de San Ambrosio<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">El car\u00e1cter especial y el valor de los escritos de San Ambrosio quedan patentes ya en el t\u00edtulo de Doctor de la Iglesia que, desde tiempo inmemorial, ha compartido en Occidente con San Agust\u00edn, San Jer\u00f3nimo y San Gregorio. \u00c9l es testigo oficial de la ense\u00f1anza de la Iglesia Cat\u00f3lica en su propio tiempo y en las generaciones precedentes. Como tal, sus escritos siempre han sido citados por papas, concilios y te\u00f3logos. Ya desde su \u00e9poca se sab\u00eda que pocos pod\u00edan dar voz tan claramente al verdadero sentido de las escrituras y a las ense\u00f1anzas de la Iglesia (San Agust\u00edn, De Doctrina Christiana, IV, 46,48,50). Ambrosio es preeminentemente un maestro eclesi\u00e1stico que puso a la luz en forma s\u00f3lida y edificante, y con consciente regularidad, el dep\u00f3sito de la fe que se le hab\u00eda confiado. No es de modo alguno un fil\u00f3sofo acad\u00e9mico que meditaba en el silencio de la soledad sobre las verdades de la fe cristiana, sino un esforzado administrador, obispo y estadista cuyos escritos constituyen la expresi\u00f3n madura de su vida y trabajo oficiales. La mayor parte de sus escritos son en realidad homil\u00edas, comentarios orales sobre el Antiguo y Nuevo Testamentos, que fueron puestos por escrito por sus oyentes y, posteriormente, redactados en su forma actual. Pocos, claro, de esos discursos nos han llegado tal y como salieron de los labios del gran obispo. En Ambrosio brilla con distinto resplandor su nativo genio romano; es claro, sobrio, pr\u00e1ctico y siempre busca persuadir a sus oyentes de que act\u00faen inmediatamente de acuerdo a los principios y argumentos que \u00e9l expone y que abarcan pr\u00e1cticamente todas las facetas de la vida religiosa y moral. \u201cEs un verdadero romano en el que siempre domina el acento \u00e9tico-pr\u00e1ctico. No ten\u00eda ni tiempo ni gusto por las especulaciones filos\u00f3fico-dogm\u00e1ticas. En todas sus obras persigue un objetivo pr\u00e1ctico. Es por ello que con frecuencia repite lo que ya ha sido tratado, preparar para otra cosecha los campos que ya han sido arados. No desprecia aprovechar las ideas de alg\u00fan escritor anterior, cristiano o pagano, con tal de apoyar sus reflexiones, y adapta sus pensamientos con prudencia al p\u00fablico de su tiempo y naci\u00f3n. Visto desde el aspecto formalmente literario, su estilo deja algo que desear, pero no nos debe extra\u00f1ar, dadas las exigencias de tiempo que tienen los hombres p\u00fablicos como \u00e9l. Su dicci\u00f3n abunda en remembranzas inconscientes de los escritores cl\u00e1sicos, tanto griegos como romanos. Est\u00e1 particularmente familiarizado con los escritos de Virgilio. Pero su estilo siempre conserva una peculiaridad personal. Nunca le falta cierta reserva digna. Cuando parece que su escrito es m\u00e1s estudiado de lo que acostumbra, sus caracter\u00edsticas son una en\u00e9rgica brevedad y una audaz originalidad. De entre sus escritos, los que tienen origen y estilo homil\u00e9tico dejan patente las grandes dotes de oratoria de Ambrosio; a veces, incluso, llega a alcanzar elevados niveles de inspiraci\u00f3n po\u00e9tica. Sus himnos son prueba suficiente del dominio que ten\u00eda de la lengua latina\u201d (Bardenhewer, Les p\u00e8res de l&#8217;\u00e9glise, Par\u00eds, 1898, 736 -737; cf. Pruner, Die Theologie des heil. Ambrosius, Eichstadt, 1864). Las obras que han llegado a nosotros pueden dividirse, en aras de la conveniencia, en cuatro clases: exeg\u00e9ticas, dogm\u00e1ticas, asc\u00e9tico-morales y ocasionales. Las obras exeg\u00e9ticas, o comentarios a las Sagradas Escrituras, tratan sobre la gloria de la creaci\u00f3n, las figuras vetero-testamentarias de Ca\u00edn y Abel, No\u00e9, Abraham y los patriarcas, El\u00edas, Tob\u00edas, David y los salmos y otros temas. De sus discursos sobre el Nuevo Testamento s\u00f3lo ha sobrevivido el largo comentario sobre San Lucas (Expositio in Lucam). Definitivamente \u00e9l no es el autor del maravilloso comentario sobre las trece ep\u00edstolas de San Pablo conocido como \u201cAmbrosiater\u201d. Todos esos comentarios escritur\u00edsticos juntos conforman m\u00e1s de la mitad de los escritos de Ambrosio. Demuestra un gusto especial por las interpretaciones aleg\u00f3rico-m\u00edsticas de la Escritura. O sea, aunque admite un significado natural o literal, siempre encuentra un significado m\u00e1s profundo, m\u00edstico, que \u00e9l convierte en ense\u00f1anzas pr\u00e1cticas para la vida cristiana. En esto, dice San Jer\u00f3nimo (Ep. XLI), \u201c\u00e9l era disc\u00edpulo de Or\u00edgenes, pero bajo las modificaciones que hab\u00edan hecho del estilo de ese maestro San Hip\u00f3lito de Roma y San Basilio Magno\u201d. Tambi\u00e9n recibi\u00f3 influencia en ese sentido del escritor jud\u00edo Fil\u00f3n. Dicha influencia fue tal que el texto de este \u00faltimo, que se encuentra en estado de descomposici\u00f3n, puede a veces ser corregido exitosamente gracias a los ecos y recuerdos que de dicha obra se hayan en las obras de Ambrosio. Debe dejarse en claro, sin embargo, que al citar a los autores no cristianos, el gran Doctor nunca abandona una actitud estrictamente cristiana (cf. Kellner, Der heilige Ambrosius als Erkl\u00e4rer das Alten Testamentes, Ratisbona, 1893). La m\u00e1s influyente de sus obras asc\u00e9tico-morales es la que escribi\u00f3 acerca de los deberes de los eclesi\u00e1sticos cristianos (De officiis ministrorum). Es un manual de moralidad cristiana que sigue de cerca, en su orden y disposici\u00f3n, un trabajo hom\u00f3nimo de Cicer\u00f3n. \u201cEmpero, dice el Doctor Bardenhewer, es muy notable y aguda la ant\u00edtesis entre la moralidad filos\u00f3fica del pagano y la moralidad del eclesi\u00e1stico cristiano\u201d. En sus exhortaciones, particularmente, Ambrosio deja ver una irresistible fuerza espiritual\u201d (cf. R. Thamin, Saint Ambroise et la morale chr\u00e9tienne at quatri\u00e8me si\u00e8cle, Par\u00eds, 1895). Escribi\u00f3 varios textos sobre la virginidad. O mejor dicho, public\u00f3 varios de sus discursos acerca de dicha virtud, de los cuales el m\u00e1s importante es el tratado \u201cSobre las v\u00edrgenes\u201d, dirigido a su hermana Marcelina, consagrada ella misma al servicio divino. San Jer\u00f3nimo (Ep. XXII) afirma que \u00e9l es el m\u00e1s elocuente y exhaustivo de todos los exponentes de la virginidad, y que su juicio coincide totalmente con el de la Iglesia. Su impresionante obrita \u201cSobre la ca\u00edda de una virgen consagrada\u201d (De lapsu virginis consecrat\u00e6) ha sido debatida, pero sin razones suficientes. Dom Germain Morin sostiene que s\u00ed se trata de una homil\u00eda de Ambrosio que, como muchos otros de sus as\u00ed llamados \u201clibros\u201d, debe su forma actual a alguno de sus oyentes. La mayor parte de sus trabajos dogm\u00e1ticos versan sobre la divinidad de Jesucristo y del Esp\u00edritu Santo; tambi\u00e9n sobre los sacramentos cristianos. A petici\u00f3n del joven emperador Graciano (375-383) elabor\u00f3 una defensa, contra los arrianos, de la verdadera divinidad de Jesucristo, y otra sobre la divinidad del Esp\u00edritu Santo, contra los macedonios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n, una obra sobre la Encarnaci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or. Escribi\u00f3 su trabajo \u201cSobre la penitencia\u201d para refutar los postulados rigoristas de los novacianos y en \u00e9l profundiza sobre las evidencias \u00fatiles del poder de la Iglesia para perdonar los pecados, la necesidad de la confesi\u00f3n y el car\u00e1cter meritorio de las buenas obras. Ha desaparecido una obra especial sobre el bautismo (De sacramento regenerationis), frecuentemente citada por San Agust\u00edn. S\u00ed poseemos, afortunadamente, el excelente tratado (De mysteriis) sobre el bautismo, la confirmaci\u00f3n y la Sagrada Eucarist\u00eda (P.L. XVI, 417-462), que dirigi\u00f3 a los reci\u00e9n bautizados. Algunos opositores a la ense\u00f1anza cat\u00f3lica sobre la Eucarist\u00eda han puesto en duda su autenticidad, pero sin raz\u00f3n alguna. Es altamente probable que la obra sobre los sacramentos (De sacramentis, ibid) sea id\u00e9ntica a la precedente, s\u00f3lo que, como explica Bardenhewer, \u201cfue publicada indiscretamente por alg\u00fan oyente de Ambrosio\u201d. Sus evidencias respecto al car\u00e1cter sacrificial de la Misa, y a la antig\u00fcedad del Canon Romano de la Misa son demasiado bien conocidas como para requerir mayores pruebas. Algunas de ellas son f\u00e1cilmente localizables en cualquier edici\u00f3n del Breviario Romano (cf. Probst, Die Liturgie des vierten Jahrhunderts und deren Reform, M\u00fcnster, 1893, 232-239). La correspondencia de Ambrosio incluye pocas cartas confidenciales o personales. La mayor parte son documentos oficiales, registros de asuntos p\u00fablicos, reportes sobre los concilios que se realizaron y cosas parecidas. Sin embargo su valor hist\u00f3rico es incalculable, adem\u00e1s de mostrarlo como un administrador romano y estadista inigualable en cualquier naci\u00f3n o en la Iglesia. Pero aunque sus cartas fueran materia de poca monta, no se puede decir lo mismo de sus discursos. Su discurso ante la muerte de su hermano S\u00e1tiro (378) (De excessu fratris sui Satyri) contiene el serm\u00f3n funerario del mismo y constituye uno de los paneg\u00edricos cristianos m\u00e1s antiguos y un modelo de los discursos de consolaci\u00f3n que desde entonces habr\u00edan de ocupar el lugar de las declamaciones fr\u00edas e inefectivas de los estoicos. Su discurso funerario sobre Valentiniano II (392) y sobre Teodosio el Grande (395) son considerados cl\u00e1sicos de la composici\u00f3n ret\u00f3rica (cf. Villemain, De l&#8217;\u00e9loquence chr\u00e9tienne, Par\u00eds, ed. 1891). Tambi\u00e9n deben ser considerados como documentos hist\u00f3ricos de gran importancia. Y lo mismo se puede afirmar de su discurso contra el intruso arriano, Auxencio (Contra Auxentium de basilicis tradendis), y los dos discursos referentes al hallazgo de los cuerpos de los m\u00e1rtires milaneses Gervasio y Protasio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No faltan, claro, obras atribuidas falsamente a Ambrosio. Casi todas ellas se encuentran en la edici\u00f3n benedictina de sus obras (reimpresas en Migne) y se discuten en los manuales de Patrolog\u00eda (eg. Bardenhewer). Tambi\u00e9n se han extraviado algunas de sus obras aut\u00e9nticas, como, por ejemplo, la obra citada arriba sobre el bautismo. San Agust\u00edn (Ep. 31, 8) alaba encarecidamente una obra (actualmente extraviada) de Ambrosio escrita contra aquellos que afirmaban una dependencia intelectual de Jesucristo respecto a Plat\u00f3n. No es improbable que Ambrosio sea el autor de la traducci\u00f3n latina y par\u00e1frasis de Josefo (De Bello Judaico), conocido en la Edad Media como Hegesippus o Egesippus, una distorsi\u00f3n del nombre griego del autor original (Iosepos). Mommsen (1890) rechaza la autor\u00eda ambrosiana del renombrado texto legal conocido como \u201cLex dei sive Mosaicorum et Romanorum Legum Collatio\u201d, un intento de presentar la ley de Mois\u00e9s como la fuente de la que bebi\u00f3 sus principales preceptos la jurisprudencia criminal romana.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ediciones de sus escritos\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La historia literaria de las ediciones de sus escritos es una muy larga y puede seguirse en las biograf\u00edas de Ambrosio. Erasmo los edit\u00f3 en cuatro tomos en Basilea (1527). Una edici\u00f3n romana muy valiosa fue sacada a la luz en 1580, en cinco vol\u00famenes, y fue el resultado del trabajo de muchos a\u00f1os, comenzado por Sixto V cuando \u00e9ste a\u00fan era el monje Felice Peretti. Como prefacio de esa obra est\u00e1 una vida de San Ambrosio compuesta por Baronio para sus Anuarios Eclesi\u00e1sticos. La excelente edici\u00f3n benedictina apareci\u00f3 en Par\u00eds (1686-90) en dos vol\u00famenes en folio. Esa edici\u00f3n fue reimpresa dos veces en Venecia (1748-51 y 1781-82). La \u00faltima edici\u00f3n de las obras de San Ambrosio realizada en el siglo XIX fue la P.A.Ballerini (Mil\u00e1n, 1878) en seis vol\u00famenes. Esta no volvi\u00f3 obsoleta la edici\u00f3n benedictina de du Frische y de Le Nourry. Algunos textos de San Ambrosio han aparecido en la serie vienesa conocida como \u201cCorpus Scriptorum Classicorum Latinorum\u201d (Viena, 1897-1907). Existe tambi\u00e9n una versi\u00f3n inglesa de las obras selectas de San Ambrosio elaborada por H. De Romestin en el volumen 10 de la segunda serie de la \u201cSelect Library of Nicene and Postnicene Fathers\u201d (Nueva York, 1896). Una versi\u00f3n alemana de textos selectos, en dos vol\u00famenes, realizada por el P. X. Schulte, se encuentra en la \u201cBibliothek der Kirchenv\u00e4ter\u201d (Kempten, 1871-77).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  Para bibliograf\u00edas exhaustivas vea Chevalier, R\u00e9pertoire, etc., Bio-Bibliographie (2da. ed., Par\u00eds, 1905), 186-89; Bardenhewer, Patrologie (2da. ed. Friburgo, 1901), 387-89. Da Broglie, Les Saints, St. Ambroise (Par\u00eds, 1899); Davies in Dict. of Christ. Biogr., s.v., I, 91-99; BUTLER, Lives of the Saints, 7 dic.; F\u00f6rster, Ambrosius, Bischof von Mailand (Halle, 1884); Imm, Studia Ambrosiana (Leipzig, 1890); FERRARI, Introduction to Ambrosiana, una colecci\u00f3n de estudios eruditos publicado (Mil\u00e1n 1899) con ocasi\u00f3n del decimoquinto centenario de su muerte. La introducci\u00f3n mencionada es por el CARDENAL FERRARI, Arzobispo de Mil\u00e1n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  Loughlin, James. \u00abSt. Ambrose.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 1. New York: Robert Appleton Company, 1907.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/01383c.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Javier Algara Coss\u00edo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Seleccion de im\u00e1genes: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Grabado de San Ambrosio [1]\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Su vida 2 Obispo de Mil\u00e1n 3 Su vida diaria 4 Ambrosio y los arrianos 5 Los \u00faltimos d\u00edas de Ambrosio 6 Escritos de San Ambrosio Su vida Fue obispo de Mil\u00e1n del 374 al 397. Probablemente naci\u00f3 en 340, en Tr\u00e9veris, Arles, o Lyon. Muri\u00f3 el 4 de abril de 397. 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