{"id":23210,"date":"2016-02-05T15:51:24","date_gmt":"2016-02-05T20:51:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/melecio-de-antioquia\/"},"modified":"2016-02-05T15:51:24","modified_gmt":"2016-02-05T20:51:24","slug":"melecio-de-antioquia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/melecio-de-antioquia\/","title":{"rendered":"MELECIO DE ANTIOQUIA"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Obispo, naci\u00f3 en Melitene, Armenia Menor; muri\u00f3 en Antioqu\u00eda en el a\u00f1o 381.  Antes de ocupar la sede de Antioqu\u00eda hab\u00eda sido obispo de Sebaste, capital de Armenia Prima.  S\u00f3crates supone un traslado de Sebaste a Berea y de ah\u00ed a Antioqu\u00eda; su elevaci\u00f3n a Sebaste puede datar de 358 \u00f3 359.  Su estad\u00eda en dicha ciudad fue breve y no libre de vejaciones debido al apego popular a su predecesor San Eustatio.  Asia Menor y Siria estaban entonces agitadas por disputas teol\u00f3gicas de car\u00e1cter arriano o semiarriano.  Bajo Eustatio (324-330) Antioqu\u00eda hab\u00eda sido uno de los centros de la ortodoxia nicena.  Este gran hombre fue puesto a un lado, y sus primeros sucesores, Paulino y Eulalio ocuparon la sede por poco tiempo (330-332).  Siguieron otros, la mayor\u00eda de ellos ineficaces para la tarea, y la Iglesia de Antioqu\u00eda fue desgarrada en dos por el cisma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los eustacianos permanecieron como una minor\u00eda ardiente e ingobernable en el campo ortodoxo, pero los detalles de esta divisi\u00f3n se nos escapan hasta la elecci\u00f3n de Leonacio (344-358).  Su simpat\u00eda por la herej\u00eda arriana era abierta, y su disc\u00edpulo Aecio predicaba el arrianismo puro que no impidi\u00f3 el que fuera ordenado di\u00e1cono.  Esto fue demasiado para la paciencia de los ortodoxos bajo el liderazgo de Flavio y Diodoro.  Aecio ten\u00eda que ser removido.  A la muerte de Leoncio, Eudoxio de Germanicia, uno de los arrianos m\u00e1s influyentes, se fue inmediatamente a Antioqu\u00eda, y mediante intrigas se aseguro su nombramiento a la sede vacante, la cual ocup\u00f3 por poco tiempo, pues fue desterrado a Armenia.  En 359 el Concilio de Sel\u00e9ucida nombr\u00f3 un sucesor llamado Ananio, que fue exiliado tan pronto fue instalado.  Eudoxio recobr\u00f3 el favor en 360, y fue nombrado obispo de Constantinopla, con lo cual se reabri\u00f3 la sucesi\u00f3n episcopal antioquena.  Se reunieron obispos de todas partes para la elecci\u00f3n, en la cual los acacianos eran el partido dominante.  Sin embargo, la elecci\u00f3n pareci\u00f3 ser un compromiso.  Melecio, quien hab\u00eda renunciado a su sede de Sebaste, y quien era amigo personal de Acacio, fue elegido.  La elecci\u00f3n fue en general satisfactoria, pues Melecio le hab\u00eda hecho promesas a ambos partidos, de modo que los ortodoxos y los arrianos pensaban que estaba de su lado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Indudablemente Melecio cre\u00eda que la verdad estriba en distinciones delicadas, pero esta f\u00f3rmula era tan indefinida que incluso hoy d\u00eda, es dif\u00edcil captarla con precisi\u00f3n.  No era ni un niceno completo ni un arriano decidido.  Mientras tanto pasaba como acaciano, homoousiano, homoiano, o neo-niceno, buscando siempre permanecer fuera de cualquier clasificaci\u00f3n inflexible.  Es posible que estuviera todav\u00eda indeciso y que esperaba del fermento teol\u00f3gico contempor\u00e1neo alguna nueva e ingeniosa combinaci\u00f3n, satisfactoria para \u00e9l, pero sobre todo no comprometedora.  Hasta aqu\u00ed lo hab\u00eda favorecido la fortuna; estaba ausente de Antioqu\u00eda cuando fue electo, y ni siquiera hab\u00eda sido auscultado sobre sus preferencias doctrinales.  Los hombres estaban cansados de la discusi\u00f3n interminable, y el temperamento amable y gentil de Melecio parec\u00eda prometer la muy deseada paz.  \u00c9l no era Atanasio, ni la poco heroica Antioqu\u00eda deseaba un hombre de ese tipo.  Las cualidades de Melecio eran genuinas; una vida simple, moral pura, piedad sincera y maneras afables.  No ten\u00eda m\u00e9ritos extraordinarios, a menos que el incluso balance armonioso de sus virtudes cristianas pudieran aparecer sobresalientes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El nuevo obispo gozaba del afecto de la gran y turbulenta poblaci\u00f3n que gobernaba, y era estimado por hombres tales como San Juan Cris\u00f3stomo, San Gregorio Nacianceno, San Gregorio de Nisa, San Basilio el Grande, e incluso su adversario San Epifanio.  San Gregorio Nacianceno nos dice que el era un hombre muy piadoso, simple y sin doblez; su semblante reflejaba paz y los que lo ve\u00edan confiaban en \u00e9l y lo respetaban.  \u00c9l era lo que le llamaban, y su nombre griego lo revelaba, porque hab\u00eda miel tanto en su disposici\u00f3n como en su nombre.  Al llegar a Antioquia fue recibido por una inmensa concurrencia de cristianos y jud\u00edos; cada uno se preguntaba a cu\u00e1l facci\u00f3n pertenec\u00eda, y pronto se esparci\u00f3 el informe de que \u00e9l era simplemente un partidario del Credo de Nicea.  Melecio se tom\u00f3 su tiempo.  Comenz\u00f3 reformando ciertos abusos notorios y educando a su pueblo, en cuyo trabajo posterior pudo haber creado enemistades si no hubiese evitado todas las preguntas en disputa.  El emperador Constante, un arriano militante, cit\u00f3 una asamblea para extraerle a Melecio sus pensamientos rec\u00f3nditos.  El emperador invit\u00f3 a varios obispos entonces en Antioqu\u00eda para hablar sobre la principal prueba de la controversia arriana.  \u201cEl Se\u00f1or me pose\u00eda al principio de su camino.\u201d (Prov. 8,22).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al principio Melecio fue algo prolongado y tedioso, pero exhibi\u00f3 un gran conocimiento de la Escritura.  Precavidamente declar\u00f3 que \u201cla Escritura no se contradice, que todo lenguaje es adecuado cuando es cuesti\u00f3n de explicar la naturaleza del Hijo Unig\u00e9nito de Dios.  Uno no va m\u00e1s all\u00e1 de una aproximaci\u00f3n que nos permita entender hasta cierto alcance, y que nos lleve lenta y progresivamente de las cosas visibles a las escondidas.  Ahora, creer en Cristo es creer que el Hijo es como el Padre, su imagen, quien est\u00e1 en todo, creador de todo; y no una imagen imperfecta sino adecuada, incluso como el efecto corresponde a la causa.  La generaci\u00f3n del \u00fanico Hijo engendrado, anterior a todos los tiempos, lleva consigo los conceptos de subsistencia, estabilidad y exclusivismo\u201d.  Melecio luego pas\u00f3 a consideraciones morales, pero hab\u00eda satisfecho a sus oyentes, principalmente por abstenerse de lenguaje t\u00e9cnico y discusi\u00f3n vana.  La ortodoxia del obispo estaba completamente establecida, y su profesi\u00f3n de fe fue un rudo golpe para el partido arriano.  San Basilio le escribi\u00f3 al vacilante San Epifanio que \u201cMelecio fue el primero en hablar libremente a favor de la verdad y pelear la buena batalla en el reinado de Constante.  Cuando Melecio finaliz\u00f3 su discurso la audiencia le pidi\u00f3 que diera un resumen de su ense\u00f1anza.  \u00c9l extendi\u00f3 tres dedos hacia la gente, luego cerr\u00f3 dos y dijo \u201cTres Personas se conciben en la mente pero es como si nos dirigi\u00e9ramos a una sola\u201d.  Este gesto se volvi\u00f3 famoso y se convirti\u00f3 en una se\u00f1al de uni\u00f3n.  Los arrianos no fueron lentos en vengarse.  Por pretextos vagos el emperador desterr\u00f3 a Melecio a su nativa Armenia.  Hab\u00eda ocupado la sede por menos de un mes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este exilio fue la causa inmediata de un largo y deplorable cisma entre los cat\u00f3licos de Antioqu\u00eda, de ah\u00ed en adelante divididos entre melecianos y eustacianos.  Las iglesias permanec\u00edan en manos de los arrianos, Paulino gobernaba a los eustacianos, mientras que Flavio y Diodoro eran los jefes del reba\u00f1o meleciano.  En cada familia un ni\u00f1o llevaba el nombre de Melecio, cuyo retrato se grababa en sortijas, relieves, copas y en las paredes de los apartamentos.  Melecio se fue al exilio en la primera parte del a\u00f1o 361.  Unos pocos meses despu\u00e9s el emperador Constante muri\u00f3 repentinamente, y una de las primeras medidas de su sucesor, Juliano, fue revocar los decretos de destierro de su predecesor.  Es bastante probable que Melecio regresara a Antioquia, pero su presencia era dif\u00edcil frente a los eustacianos.  El Concilio de Alejandr\u00eda (362) trat\u00f3 de reestablecer la armon\u00eda y poner fin al cisma, pero fracas\u00f3.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ambos partidos estaban firmes en sus reclamos, mientras que la vehemencia e imprudencia del mediador ortodoxo aumento la disensi\u00f3n, y arruin\u00f3 toda esperanza de paz.  Aunque la elecci\u00f3n de Melecio estaba fuera de discusi\u00f3n, el impetuoso Lucifer de Cagliari cedi\u00f3 a las peticiones de la facci\u00f3n opuesta, y en lugar de contemporizar y esperar el inminente regreso de Melecio del exilio, ayudado por dos confesores, se apresur\u00f3 a consagrar obispo de Antioquia al l\u00edder eustaciano, Paulino.  Esta medida desatinada fue una gran calamidad, pues estableci\u00f3 el cisma definitivamente.  Melecio y sus seguidores no fueron responsables, y es una injusticia peculiar de la historia que esta divisi\u00f3n se conozca como el cisma meleciano cuando los eustacianos o paulinianos fueron los \u00fanicos responsables.  Pronto llegaron Melecio y San Eusebio de Vercelli, pero no pudieron hacer nada en esas circunstancias.  La persecuci\u00f3n del emperador Juliano, cuya residencia estaba en Antioquia, trajo nuevas vejaciones.  Ambas facciones del partido ortodoxo fueron igualmente hostigadas y atormentadas, y ambas enfrentaron valientemente sus juicios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un incidente inesperado hizo distinguirse a los melecianos.  Un escrito anti-cristiano de Juliano fue contestado por el antedicho meleciano Diodoro, a quien el emperador hab\u00eda denigrado groseramente.  \u201cPor muchos a\u00f1os\u201d, dijo el apologista imperial del helenismo, \u201csu pecho ha estado hundido, sus miembros macilentos, sus mejillas fl\u00e1cidas, su semblante l\u00edvido\u201d.  Tan ocupado estaba Juliano describiendo los s\u00edntomas m\u00f3rbidos de Diodoro que pareci\u00f3 olvidarse del obispo Melecio.  \u00c9ste sin duda no ten\u00eda deseos de llamar la atenci\u00f3n y persecuci\u00f3n hacia s\u00ed mismo, consciente de que su grey ten\u00eda m\u00e1s probabilidades de perder que de ganar.  \u00c9l y dos de sus chorepiscopi, se nos dice, acompa\u00f1aron a dos oficiales, Bonoso y Maximiliano, al lugar del martirio.  Tambi\u00e9n se dice que Melecio envi\u00f3 a un converso de Antioqu\u00eda a Jerusal\u00e9n.  Esto, y la menci\u00f3n de la hu\u00edda de todos los eclesi\u00e1sticos antioquenos, nos lleva a la suposici\u00f3n arbitraria de que el segundo destierro de Melecio ocurri\u00f3 durante el reinado de Juliano.  Sea como fuere, el s\u00fabito fin del emperador perseguidor y la accesi\u00f3n de Joviano deben haber acortado grandemente el exilio de Melecio.  Joviano se encontr\u00f3 con Melecio en Antioqu\u00eda y le mostr\u00f3 gran respeto.  Justo entonces San Atanasio vino a Antioquia por orden del emperador, y le expres\u00f3 a Melecio su deseo de entrar en comuni\u00f3n con \u00e9l.  Melecio, mal aconsejado, se demor\u00f3 en contestarle, y San Atanasio se march\u00f3 y le dej\u00f3 con Paulino, a quien \u00e9l todav\u00eda no hab\u00eda reconocido como obispo, la declaraci\u00f3n de que lo admit\u00eda a su comuni\u00f3n.  Tal equivocaci\u00f3n result\u00f3 en tristes consecuencias para la causa meleciana.  La moderaci\u00f3n mostrada constantemente por Atanasio, quien cre\u00eda completamente en la ortodoxia de Melecio, no se hall\u00f3 en su sucesor, San Pedro de Alejandr\u00eda, quien no escondi\u00f3 su creencia de que Melecio era un hereje.  Por largo tiempo la posici\u00f3n de Melecio fue disputada por los mismos que, seg\u00fan parec\u00eda, debieron haberla establecido firmemente.  Un concilio de 26 obispos en Antioquia presidido por Melecio fue de ulteriores consecuencias, pero un panfleto adscrito a Paulito de nuevo levant\u00f3 dudas sobre la ortodoxia de Melecio.  Adem\u00e1s, nuevas e insospechadas dificultades estaban por surgir.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La muerte de Joviano hizo triunfar de nuevo el arrianismo y estall\u00f3 una violenta persecuci\u00f3n bajo el emperador Flavio Valente.  Al mismo tiempo la calmada pero persistente rivalidad entre Alejandr\u00eda y Antioquia ayud\u00f3 a la causa de Melecio.  No importa cuan ilustre un patriarca egipcio pudiera ser, el episcopado cristiano de Siria y Asia Menor era demasiado nacional o racial, demasiado centrado en s\u00ed mismo, para buscar o aceptar su liderazgo.  Atanasio, ciertamente, permaneci\u00f3 como un poder autoritativo en Oriente, pero s\u00f3lo un obispo de Antioquia pod\u00eda unir a los tres que estaban ahora listos para aceptar el Credo de Nicea.  En este aspecto el rol de Melecio se volv\u00eda cada d\u00eda m\u00e1s prominente.  Mientras que en su propia ciudad una minor\u00eda disputaba su derecho a la sede y cuestionaba su ortodoxia, su influencia se extend\u00eda en Oriente, y obispos de varias partes del imperio aceptaban su autoridad.  Calcedonia, Ancira, Melitene, P\u00e9rgamo, Cesarea de Capadocia, Bostra, partes de Siria y Palestina, buscaban su gu\u00eda, y este movimiento creci\u00f3 r\u00e1pidamente.  En 363 Melecio pod\u00eda contar con 26 obispos, en 379 m\u00e1s de 150 se concentraban a su alrededor.  La unidad teol\u00f3gica se restaur\u00f3 por lo menos en Siria y Asia Menor.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Melecio y sus disc\u00edpulos, sin embargo, no hab\u00edan sido perdonados por los arrianos.  Mientras hab\u00edan descuidado a Paulino y su facci\u00f3n, Melecio fue exiliado de nuevo (mayo de 365) a Armenia.   Sus seguidores, expulsados de las iglesias, buscaron lugares de culto donde pudiesen.  Este nuevo exilio, debido a una tregua en la persecuci\u00f3n, fue de corta duraci\u00f3n, y probablemente en 367 Melecio tom\u00f3 de nuevo el gobierno de su sede.  Fue entonces que Juan, el futuro Cris\u00f3stomo, entr\u00f3 a la categor\u00eda del clero.  La tregua termin\u00f3 pronto.  En 371 la persecuci\u00f3n arreci\u00f3 de nuevo en Antioquia, donde residi\u00f3 Valente casi hasta el momento de su muerte.  En este tiempo Basilio ocupaba la sede de Cesarea (370) y era un fuerte partidario de Melecio.  Con rara intuici\u00f3n Basilio entendi\u00f3 completamente la situaci\u00f3n que hac\u00eda imposible la restauraci\u00f3n de la paz religiosa en Oriente.  Era claro que el antagonismo entre Atanasio y Melecio alargaba infinitamente el conflicto.  Melecio, el \u00fanico obispo leg\u00edtimo de Antioquia, era el \u00fanico aceptable para Oriente, desafortunadamente se iba al exilio por tercera vez.  En estas circunstancias Basilio comenz\u00f3 negociaciones con Melecio y Atanasio para la pacificaci\u00f3n de Oriente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aparte de las dificultades inherentes de la situaci\u00f3n, la lentitud de comunicaci\u00f3n era un impedimento adicional.  No s\u00f3lo el representante de Basilio ten\u00eda que viajar de Cesarea a Armenia, y de Armenia a Alejandr\u00eda, tambi\u00e9n ten\u00eda que ir a Roma a obtener la sanci\u00f3n del Papa D\u00e1maso y la aquiescencia de Occidente.  No obstante la equivocaci\u00f3n cometida en Antioquia en 363, el generoso esp\u00edritu de Atanasio dio esperanza de \u00e9xito, su s\u00fabita muerte, sin embargo (mayo de 373) hizo que se abandonaran todos los esfuerzos.  Incluso en Roma y en Occidente, Basilio y Melecio tendr\u00edan contrariedades.  Mientras trataban insistentemente de restaurar la paz, una nueva comunidad antioquena, que se declaraba a s\u00ed misma relacionada con Roma y Atanasio, aumentaba el n\u00famero de disidentes, agravaba la rivalidad y renovaba las disputas.  Ahora hab\u00eda tres iglesias antioquenas que formalmente adoptaban el Credo Niceno.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El generoso esquema de Basilio por sosiego y uni\u00f3n hab\u00eda terminado desafortunadamente, y para hacer las cosas peores, Evagrio, el principal promotor de la ansiada reconciliaci\u00f3n, se uni\u00f3 una vez m\u00e1s al partido de Paulino.  Esta importante conversi\u00f3n se gan\u00f3 para los intrusos a San Jer\u00f3nimo y al Papa D\u00e1maso; al pr\u00f3ximo a\u00f1o, y sin ninguna declaraci\u00f3n respecto al cisma, el Papa mostr\u00f3 una decidida preferencia por Paulino, lo reconoci\u00f3 como obispo, lo recibi\u00f3 como hermano, y lo consider\u00f3 su legado papal en Oriente.  Grande fue la consternaci\u00f3n de Melecio y su comunidad, la cual en la ausencia del l\u00edder natural era todav\u00eda gobernada por Flavio y Diodoro, alentados por la presencia del monje Afrates y el apoyo de San Basilio.  Aunque descorazonado, \u00e9ste \u00faltimo no perdi\u00f3 completamente la esperanza de llevar a Occidente, especialmente al Papa, a un entendimiento completo de la situaci\u00f3n de la Iglesia Antioquena.  Pero Occidente no captaba los complejos intereses y situaciones personales, ni apreciaba la violencia de la persecuci\u00f3n contra la que estaban luchando las facciones ortodoxas.  Para iluminar a estos hombres bien intencionados, se necesitaban relaciones m\u00e1s cercanas y diputados de car\u00e1cter m\u00e1s heroico, pero las dificultades eran grandes y el \u201cstatu quo\u201d permaneci\u00f3.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de muchos fracasos frustrantes, finalmente hubo un asomo de esperanza.  Dos legados enviados a roma, Doroteo y Sant\u00edsimo, regresaron en la primavera de 377, trayendo consigo las cordiales declaraciones que Basilio procedi\u00f3 a publicar inmediatamente y por doquier.  Estas declaraciones pronunciaban anatemas contra Arrio y la herej\u00eda de Apolinario (vea Apolinarismo) que se esparc\u00eda por Antioquia, condenaciones muy a tiempo, pues la excitaci\u00f3n teol\u00f3gica estaba ahora en su c\u00faspide en Antioquia, y paulatinamente se estaba extendiendo a Palestina.  San Jer\u00f3nimo entr\u00f3 al conflicto, quiz\u00e1s sin tener un conocimiento completo de la situaci\u00f3n.  Rechazando a Melecio, Vitaliano y Paulino, hac\u00eda una apelaci\u00f3n directa al Papa D\u00e1maso en una carta todav\u00eda famosa, pero a la que el Papa no contest\u00f3.  Descontento, Jer\u00f3nimo regres\u00f3 a Antioquia, se dej\u00f3 ordenar presb\u00edtero por Paulino, y se convirti\u00f3 en eco de las imputaciones paulinistas contra Melecio y sus seguidores.  En 378 Doroteo y Sant\u00edsimo regresaron de Roma, portadores de una condenaci\u00f3n formal de los errores se\u00f1alados por los Orientales; este decreto definitivamente uni\u00f3 a las dos mitades de la cristiandad.  Parece como si San Basilio hubiese estado esperando por este objetivo de todos sus esfuerzos, pues muri\u00f3 el 1 de enero de 379.  La causa a la que hab\u00eda servido tan bien pareci\u00f3 ganada, y la muerte del emperador Valente cinco meses antes garantiz\u00f3 un panorama esperanzador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una de las primeras medidas del nuevo emperador, Graciano, fue la restauraci\u00f3n de la paz en la Iglesia y la llamada de los obispos exiliados.  Por lo tanto, Melecio fue reinstalado (finales de 378) y su grey probablemente se reun\u00eda para el culto en el \u201cPalaia\u201d o vieja iglesia.  Era una tarea muy pesada para el anciano obispo reestablecer el destrozado destino del partido ortodoxo.  El paso m\u00e1s urgente era la ordenaci\u00f3n de obispos para las sedes que hab\u00edan quedado vacantes durante la persecuci\u00f3n.  En 379 Melecio realiz\u00f3 un concilio de 150 obispos para afirmar el triunfo de la ortodoxia en Oriente, y public\u00f3 una profesi\u00f3n de fe que hallar\u00eda la aprobaci\u00f3n del Concilio de Constantinopla (382).  El fin del cisma estaba al alcance de la mano.  Puesto que las dos facciones que divid\u00edan la Iglesia Antioquena eran ortodoxas, s\u00f3lo restaba unirlas realmente, una movida dif\u00edcil, pero f\u00e1cil cuando la muerte de uno de los obispos hiciera f\u00e1cil para el sobreviviente ejercer completa autoridad sin lastimar el orgullo o disciplina.  Melecio reconoci\u00f3 esta soluci\u00f3n tan temprano como en 381, pero sus amigables y pacificadoras propuestas fueron rechazadas por Paulino, quien se neg\u00f3 a entrar en acuerdos o componendas.  Mientras tanto, un gran concilio de obispos orientales fue convocado para Constantinopla para nombrar un obispo para la ciudad imperial y para ajustar otros asuntos eclesi\u00e1sticos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ausencia del obispo de Alejandr\u00eda, la presidencia reca\u00eda legalmente en el obispo de Antioquia, a quien el emperador Teodosio I recibi\u00f3 con notable deferencia, y el favor imperial era provechoso para Melecio en su calidad de presidente de la asamblea.  Comenz\u00f3 con la elecci\u00f3n de San Gregorio Nacianceno como obispo de Constantinopla, y para gran satisfacci\u00f3n de la ortodoxia fue Melecio quien lo entroniz\u00f3.  El concilio inmediatamente procedi\u00f3 a confirmar la fe nicena, pero durante esta importante sesi\u00f3n Melecio muri\u00f3 casi repentinamente.  Sintiendo que su fin estaba pr\u00f3ximo, pas\u00f3 sus d\u00edas restantes, recalcando su deseo ferviente por la paz y unidad.  La muerte de uno cuya firmeza y gentileza hab\u00eda producido grandes expectativas caus\u00f3 pena universal.  Las exequias, en las que estuvo presente el emperador Teodosio, se realizaron en la iglesia de los Ap\u00f3stoles.  Los paneg\u00edricos en el funeral fueron conmovedores y magn\u00edficos.  Su muerte quebr\u00f3 muchas esperanzas y justific\u00f3 graves presentimientos.  El cuerpo fue trasladado de Constantinopla a Antioquia, donde, despu\u00e9s de un segundo y solemne servicio funeral, el cuerpo del anciano obispo fue puesto al lado del de su predecesor, San Babilas.   Pero su nombre le sobrevivir\u00eda, y por mucho tiempo permaneci\u00f3 para los fieles orientales como signo y sin\u00f3nimo de ortodoxia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Bibliograf\u00eda<\/b>:  ALLARD, Julien l&#8217;Apostat (Paris, 1903); HEFELE, Histoire des conciles, ed. LECLERCQ, II, 1; LOOFS en Realencyk. f\u00fcr prot. Theol. und Kirche, s.v.; CAVALLERA, Le schisme d&#8217;Antioche au IV et V si\u00e8cle (Paris, 1905).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>: Leclercq, Henri. \u00abMeletius of Antioch.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 10. New York: Robert Appleton Company, 1911. <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/10161b.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Luz Mar\u00eda Hern\u00e1ndez Medina\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Obispo, naci\u00f3 en Melitene, Armenia Menor; muri\u00f3 en Antioqu\u00eda en el a\u00f1o 381. Antes de ocupar la sede de Antioqu\u00eda hab\u00eda sido obispo de Sebaste, capital de Armenia Prima. S\u00f3crates supone un traslado de Sebaste a Berea y de ah\u00ed a Antioqu\u00eda; su elevaci\u00f3n a Sebaste puede datar de 358 \u00f3 359. Su estad\u00eda en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/melecio-de-antioquia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMELECIO DE ANTIOQUIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23210","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23210","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23210"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23210\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23210"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23210"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23210"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}