{"id":23337,"date":"2016-02-05T15:55:59","date_gmt":"2016-02-05T20:55:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ascetica-teologia\/"},"modified":"2016-02-05T15:55:59","modified_gmt":"2016-02-05T20:55:59","slug":"ascetica-teologia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ascetica-teologia\/","title":{"rendered":"ASCETICA, TEOLOGIA"},"content":{"rendered":"<p>\n      Pentatl\u00f3n griego  La asc\u00e9tica, entendida como una rama de la Teolog\u00eda, puede ser definida brevemente como la exposici\u00f3n cient\u00edfica del ascetismo cristiano. Ascetismo (askesis, askein), seg\u00fan su sentido literal, significa pulimento, refinamiento o suavizamiento. Los griegos utilizaban esa palabra para indicar el ejercicio realizado por los atletas para desarrollar las fuerzas dormidas en el cuerpo y entrenar a \u00e9ste para que alcanzase su belleza natural. El fin que se persegu\u00eda con la realizaci\u00f3n de estos ejercicios gimn\u00e1sticos era la obtenci\u00f3n de la corona de laureles que se otorgaba al vencedor en los juegos p\u00fablicos. La vida del cristiano, como lo asegura el mismo Cristo, es una lucha para conquistar el reino de los cielos (Mt 11,12). San Pablo, quien hab\u00eda sido educado a la manera griega, utiliza la figura del pentatl\u00f3n griego (I Cor. 9, 24) para dar a sus lectores una lecci\u00f3n objetiva de esta batalla espiritual y de este esfuerzo moral. Las pr\u00e1cticas que deben ser realizadas en este combate tienden a desarrollar y fortificar la energ\u00eda moral, y su objetivo es la perfecci\u00f3n cristiana que conduce a la persona a su fin \u00faltimo: la uni\u00f3n con Dios. Estando la naturaleza humana debilitada por el pecado original e inclinada, consecuentemente, a lo malo, tal fin no puede ser alcanzado si no es sobreponi\u00e9ndose- con la ayuda de la gracia de Dios- a obst\u00e1culos muy serios. La lucha moral, as\u00ed entendida, consiste ante todo en atacar y eliminar los obst\u00e1culos, o sea, las malas concupiscencias (de la carne, de los ojos y del orgullo de la vida), efectos del pecado original que sirven para probar al hombre (Trid. Ses. V, De peccato originali). El ap\u00f3stol Pablo llama a este primer deber \u201cdespojarse del hombre viejo\u201d (Ef 4, 22). El segundo deber, en palabras del mismo Ap\u00f3stol, es \u201crevestirse del hombre nuevo\u201d, seg\u00fan la imagen de Dios (Ef 4, 24). El hombre nuevo es Cristo. Es nuestro deber pugnar por asemejarnos a \u00c9l, viendo en \u00c9l \u201cel Camino, la Verdad y la Vida\u201d (Jn 14, 6). Debe quedar claro que este esfuerzo es de orden sobrenatural y no puede ser realizado sin la gracia divina. Su fundamento est\u00e1 en el bautismo, por el que somos adoptados como hijos de Dios a trav\u00e9s de la recepci\u00f3n de la gracia santificante. Eso significa que debe ser perfeccionado por medio de virtudes sobrenaturales, los dones del Esp\u00edritu Santo, y la gracia actual. As\u00ed pues, dado que la asc\u00e9tica es el tratado sistem\u00e1tico de esa b\u00fasqueda de la perfecci\u00f3n cristiana, se puede definir como la gu\u00eda cient\u00edfica para adquirir la perfecci\u00f3n cristiana y que consiste en expresar al interior de nosotros mismos, con ayuda de la gracia divina, la imagen de Cristo, a base de practicar las virtudes cristianas y de poner en pr\u00e1ctica los medios de vencer los obst\u00e1culos. Examinemos m\u00e1s detenidamente los diversos elementos de esa definici\u00f3n. <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A. Naturaleza de la perfecci\u00f3n cristiana\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. Por principio de cuentas, debemos rechazar la concepci\u00f3n de los protestantes que afirma que la perfecci\u00f3n cristiana, seg\u00fan la entienden los cat\u00f3licos, es esencialmente un ascetismo negativo (Cfr. Seberg en Herzog-Hauck, \u00abRealencyklop\u00e4die f\u00fcr prot. Theologie\u00bb, III, 138), y que la noci\u00f3n correcta de ascetismo fue descubierta por los reformadores. No hay duda posible en lo que toca la postura cat\u00f3lica, si prestamos atenci\u00f3n a las claras voces de Santo Tom\u00e1s y San Buenaventura. Esos maestros de la teolog\u00eda cat\u00f3lica, que nunca cesaron de repetir que el ideal del ascetismo defendido por ellos era el del pasado cat\u00f3lico, el de los Padres, el de Cristo mismo, afirman enf\u00e1ticamente que el ascetismo corporal no tiene un valor absoluto sino s\u00f3lo relativo. Santo Tom\u00e1s lo llama \u201cmedio para el fin\u201d, que debe ser usado con prudencia. San Buenaventura dice que las austeridades corporales \u201cpreparan, fomentan y preservan la perfecci\u00f3n\u201d (ad perfectionem pr\u00e6parans et ipsam promovens et conservans; \u00abApolog. pauperum\u00bb, V, C, VIII). Para probar su tesis, \u00e9l demuestra que conceder un valor absoluto a las austeridades corporales ser\u00eda caer en el manique\u00edsmo. Se\u00f1ala, igualmente, que Cristo, el ideal de la perfecci\u00f3n cristiana, fue menos austero en su ayuno que Juan el Bautista. Explica tambi\u00e9n que los fundadores de \u00f3rdenes religiosas prescribieron para sus comunidades menos ejercicios asc\u00e9ticos que los que se exigieron a si mismos (cf. J. Zahn, \u00abVollkommenheitsideal\u00bb en \u00abMoralprobleme\u00bb, Friburgo, 1911, p. 126 ss). Por otro lado, los cat\u00f3licos no niegan la importancia de los ejercicios asc\u00e9ticos para alcanzar la perfecci\u00f3n cristiana. Tomando en consideraci\u00f3n la condici\u00f3n de la naturaleza humana, declaran que dichos ejercicios son necesarios para quitar los obst\u00e1culos y para liberar las fuerzas morales del hombre. Con ello, le dan al ascetismo un car\u00e1cter positivo. De igual valor son considerados aquellos ejercicios que dome\u00f1an y gu\u00edan las fuerzas del alma. De esa manera los cat\u00f3licos dan cumplimiento, y siempre lo han dado, a lo que Harnack ve como una exigencia del Evangelio, y que \u00e9l afirma haber buscado en vano entre los cat\u00f3licos. Los cat\u00f3licos s\u00ed \u201cbatallan contra Mam\u00f3n, las preocupaciones y el ego\u00edsmo, y practican la caridad que gusta de servir y sacrificarse\u201d (Harnack, \u00abEssence of Christianity\u00bb). El ideal cat\u00f3lico de ning\u00fan modo se reduce a los elementos negativos del ascetismo, sino que tiene una naturaleza positiva.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. La esencia de la perfecci\u00f3n cristiana es el amor. Santo Tomas (Opusc. de perfectione christ., c. II) dice que es perfecto aquello que es conforme a su fin (quod attingit ad finem eius). Ahora bien, el fin del hombre es Dios y aquello que une m\u00e1s \u00edntimamente al hombre con Dios, a\u00fan en esta vida, es el amor (I Cor 6, 17; I Jn 4, 16). Todas las dem\u00e1s virtudes est\u00e1n al servicio del amor, o constituyen sus prerrequisitos naturales, como son la fe y la esperanza. El amor toma la totalidad del alma humana (inteligencia y voluntad), la santifica y le infunde nueva vida. El amor vive en todas las cosas, as\u00ed como todas las cosas viven en el amor y por el amor. El amor da a cada cosa su correcta dimensi\u00f3n y la dirige hacia su \u00faltimo fin. \u201cEl amor es el principio de la unidad, sin importar la diversidad de los estados, las vocaciones y las tareas particulares. Hay muchas provincias, pero todas constituyen un solo reino. Los \u00f3rganos son muchos, pero s\u00f3lo hay un organismo\u201d (Zahn, l. c., p. 146). Es por ello que el amor ha sido apropiadamente llamado \u201cel v\u00ednculo de perfecci\u00f3n\u201d (Col 3, 14), o \u201cplenitud de la ley\u201d (Rom 13, 8). Ha sido ense\u00f1anza perenne de los escritores asc\u00e9ticos cat\u00f3licos que la perfecci\u00f3n cristiana consiste en el amor. Bastan pocos testimonios de ello. Escribiendo a los corintios, Clemente Romano dice (Ep. I Cor., XLIX, 1): \u201cFue el amor lo que hizo perfectos a los elegidos; sin amor nada es aceptable a Dios\u201d (en te agape ateleiothesan pantes oi eklektoi tou theou dicha agapes ouden euareston estin to theo; Funk, \u00abPatr. apost.\u00bb, p. 163). La Ep\u00edstola de Bernab\u00e9 insiste que el camino de la luz es \u201csu amor que nos ha creado\u201d (agapeseis ton se poiesanta; Funk, l. c., p. 91), \u201camor hacia el pr\u00f3jimo, que ni siquiera se cuida de su propia vida\u201d (agapeseis ton plesion sou hyper ten psychen sou), y afirma que la perfecci\u00f3n no es otra cosa que \u201camor y alegr\u00eda acerca de las buenas acciones que dan testimnio de la justicia\u201d\u201d (agape euphrosyns kai agalliaseos ergon dikaiosynes martyria). San Ignacio nunca se cansa en sus cartas de proponer la fe como la luz y el amor como el camino, ya que el amor es el fin y la meta de la fe (\u00abAd Ephes.\u00bb, IX,XIV; \u00abAd Philad.\u00bb, IX; \u00abAd Smyrn.\u00bb, VI). Seg\u00fan la \u201cDidache\u201d, el amor a Dios y al pr\u00f3jimo es el inicio del \u201ccamino de la vida\u201d (c.I), y en la Ep\u00edstola a Diogneto el amor activo es llamado el fruto de la fe en Cristo. El \u201cPastor de Hermes\u201d resalta el mismo ideal cuando afirma que es la \u201cvida por Dios\u201d (zoe to theo) la suma total de la existencia humana. A esos Padres de la Iglesia podemos a\u00f1adir a San Ambrosio (De fuga s\u00e6culi, c. iv, 17; c. vi, 35-36) y a San Agust\u00edn. Este \u00faltimo piensa que la justicia perfecta es equivalente al amor perfecto. Tanto Santo Tom\u00e1s como San Buenaventura hablan el mismo lenguaje y su autoridad es tan imponente que los escritores asc\u00e9ticos de las \u00e9pocas subsecuentes han seguido fielmente sus huellas (cf. Lutz, \u00abDie kirchl. Lehre von den evang. R\u00e4ten\u00bb, Paderborn, 1907, pp. 26-99).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo, aunque la perfecci\u00f3n consiste esencialmente en el amor, es igualmente cierto que no cualquier grado de amor es suficiente para constituir la perfecci\u00f3n moral. La perfecci\u00f3n \u00e9tica de los cristianos consiste en la perfecci\u00f3n del amor, que exige tal disposici\u00f3n \u201cque podamos actuar r\u00e1pida y expeditamente aunque haya muchos obst\u00e1culos en nuestro camino\u201d (Mutz, \u00abChristl. Ascetik\u00bb, 2a. ed., Paderborn, 1909). Pero esta disposici\u00f3n del alma presupone que las pasiones han sido domadas. Ello es resultado de una lucha trabajosa, en la que las virtudes morales, aceradas por el amor, rechazan y apagan los h\u00e1bitos y las inclinaciones malas, substituy\u00e9ndolas con buenas inclinaciones y h\u00e1bitos. Es hasta entonces que se convierten en \u201cla segunda naturaleza del hombre, por as\u00ed decir, para probar su amor a Dios en ciertos momentos y bajo ciertas circunstancias, para practicar la virtud y, hasta donde le es posible a la naturaleza humana, preservar su alma incluso de la mancha m\u00e1s peque\u00f1a\u201d (Mutz, l. c., p. 43). Debido a la debilidad humana y a la presencia de la concupiscencia (fomes peccati: Trid., Sess. VI, can. XXIII), sin un privilegio especial, en esta vida no puede ser lograda una perfecci\u00f3n libre de defectos (cf. Prov., 20, 9; Eccl., 7, 21; Sgo 3, 2). Del mismo modo, la perfecci\u00f3n, de este lado de la tumba, nunca llegar\u00e1 a tal grado de perfecci\u00f3n que ya no admita crecimiento, como queda claro de la ense\u00f1anza de la Iglesia y de las caracter\u00edsticas mismas de nuestra naturaleza actual (status viae). En otras palabras, nuestra perfecci\u00f3n siempre ser\u00e1 relativa. Como dice San Bernardo: \u201cUn celo incansable de avanzar y una lucha continua en pos de la perfecci\u00f3n constituyen por si mismos la perfecci\u00f3n\u201d (Indefessus proficiendi studium et iugis conatus ad perfectionem, perfectio reputatur; \u00abEp. ccliv ad Abbatem Guarinum\u00bb). Ya que la perfecci\u00f3n consiste en el amor, no es ella privilegio de ning\u00fan estado en particular, sino que puede ser, y de hecho ha sido, algo alcanzable en cualquier estado. (Cf. PERFECCI\u00d3N, CRISTIANA Y RELIGIOSA). Ser\u00eda, por tanto, un error identificar la perfecci\u00f3n con el as\u00ed llamado \u201cestado de perfecci\u00f3n\u201d y con la observancia de los consejos evang\u00e9licos. Santo Tom\u00e1s correctamente ense\u00f1a que tambi\u00e9n hay hombres perfectos fuera de las \u00f3rdenes religiosas y hombres imperfectos dentro de ellas (Summa theol., II-II, Q. CLXXXIV, a. 4). Cierto que, en general, las condiciones para realizar la vida cristiana ideal son m\u00e1s favorables en el estado religioso que en el secular. Pero no todos son llamados al estado religioso, ni todos pueden encontrar en \u00e9l su satisfacci\u00f3n (Cf. CONSEJOS, EVANG\u00c9LICOS). Para resumir, el fin es el mismo; los medios son diferentes. Esto responde suficientemente a la objeci\u00f3n de Harnack (Essence of Christianity) acerca de que la Iglesia considera la perfecci\u00f3n cristiana como algo posible \u00fanicamente para los monjes, mientras que visualiza la vida cristiana en el mundo como algo apenas suficiente para alcanzar el \u00faltimo fin.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. El ideal al que el cristiano debe conformarse y hacia el cual debe tender con todas sus fuerzas, tanto naturales como sobrenaturales, es Jesucristo. Su justicia debe ser nuestra justicia. Toda nuestra vida debe ser penetrada por Jesucristo de tal modo que nos convirtamos en cristianos en el sentido pleno de la palabra (\u201cHasta ver a Cristo formado en ustedes\u201d, Gal. 4, 19). La Escritura prueba que Jesucristo es el modelo supremo y el patr\u00f3n de conducta de la vida cristiana. Por ejemplo: Jn 13, 15 y I Pe 2, 21, en donde se recomienda directamente la imitaci\u00f3n de Cristo; Jn 8, 12, en donde Cristo es llamado \u201cluz del mundo\u201d. V\u00e9ase tambi\u00e9n Rom 8, 29; Gal 2, 20; Fil 3, 8; Heb 1, 3, en donde el Ap\u00f3stol alaba el conocimiento excelente de Jesucristo, por quien \u00e9l ha sufrido la p\u00e9rdida de todas sus cosas, consider\u00e1ndolas basura, para poder ganar a Cristo. De entre los numerosos testimonios de los Padres, s\u00f3lo citaremos el de San Agust\u00edn que dice: \u201cFinis ergo noster perfectio nostra esse debet; perfectio nostra Christus\u201d (Por tanto, nuestro fin debe ser nuestra perfecci\u00f3n; nuestra perfecci\u00f3n es Cristo) (P. L., XXXVI, 628; cf. tambi\u00e9n \u00abIn Psalm.\u00bb, 26, 2, en P. L., XXXVI, 662). En Cristo no hay sombra alguna; nada incompleto. Su divinidad garantiza la pureza del modelo; su humanidad, por la que se asemej\u00f3 a nosotros, hace atractivo el modelo. Pero esta imagen de Cristo, libre de a\u00f1adiduras u omisiones, s\u00f3lo se encuentra en la Iglesia Cat\u00f3lica y, por la infalibilidad de \u00e9sta, siempre continuar\u00e1 en ella como en su sitio ideal. Por la misma raz\u00f3n, solamente la Iglesia puede garantizarnos que el ideal de la vida cristiana permanecer\u00e1 puro y sin adulteraciones, sin ser identificado con ning\u00fan estado en particular ni con ninguna virtud subordinada (cf. Zahn, l. c., p. 124). Un examen libre de prejuicios prueba que el ideal de la vida cat\u00f3lica ha sido conservado fielmente en su pureza original a trav\u00e9s de los siglos y que la Iglesia siempre ha sabido corregir los intentos de desfiguraci\u00f3n que han hecho algunas personas. Los colores frescos que definen la figura viva de Cristo se derivan de las fuentes de la revelaci\u00f3n y de las decisiones doctrinales de la Iglesia. Ellos nos cuentan de la santidad interna de Cristo (Jn 1, 14; Col 2, 9; Heb 1, 9, etc.). Su vida derrama gracia, de cuya plenitud todos hemos recibido (Jn 1, 16). Su vida de oraci\u00f3n (Mc 1, 21- 35; 3, 1; Lc, 5, 16; 6, 12; 9, 18; etc.), su devoci\u00f3n al Padre celestial (Mt 11, 26; Jn 4, 34; 5, 30; 8, 26-29), su relaci\u00f3n con los hombres (Mt 9, 10; Cf. I Cor 9, 22), su esp\u00edritu de desprendimiento y sacrificio, su paciencia y mansedumbre y, finalmente, su asceticismo seg\u00fan queda revelado por su ayuno (Mt 4, 2; 6, 18).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">B. Peligros de la vida asc\u00e9tica\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La segunda funci\u00f3n de la teolog\u00eda asc\u00e9tica es se\u00f1alar los peligros que pueden amenazar el logro de la perfecci\u00f3n cristiana e indicar los medios para evitarlos exitosamente. El primer peligro que debe ser advertido es la concupiscencia. Otro peligro reside en la atracci\u00f3n de la creaci\u00f3n visible, que puede llegar a ocupar el coraz\u00f3n humano con exclusi\u00f3n del fin m\u00e1s alto. A esa misma clase pertenecen las tentaciones del mundo pecador y corrupto (I Jn 5, 19), o sea, aquellos hombres que propagan doctrinas perversas y contrarias a Dios, negando u ofuscando el sublime destino del hombre; aquellos que a base de dar malos ejemplos y pervertir los conceptos \u00e9ticos intentan dar cauces falsos a la sensualidad humana. En tercer lugar, la asc\u00e9tica no s\u00f3lo nos hace conscientes de la malicia del diablo, para que no seamos presas de sus intrigas, sino tambi\u00e9n de sus debilidades, para que no nos desanimemos. Por \u00faltimo, no satisfecha con indicar los medios generales necesarios para triunfar en la batalla, la asc\u00e9tica nos ofrece remedios espec\u00edficos para tentaciones especiales (cf. Mutz, \u00abAscetik\u00bb, 2\u00aa. ed., p. 107 ss.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">C. Medios para realizar el ideal cristiano\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. Sobre todas las cosas est\u00e1 la oraci\u00f3n, entendida en su sentido m\u00e1s estricto. Ella es uno de los medios para lograr la perfecci\u00f3n. Las devociones especiales, aprobadas por la Iglesia, y los medios sacramentales de santificaci\u00f3n, est\u00e1n especialmente relacionados con la b\u00fasqueda de la perfecci\u00f3n (confesi\u00f3n y comuni\u00f3n frecuentes). La asc\u00e9tica prueba la necesidad de la oraci\u00f3n (II Cor 3, 5) y ense\u00f1a el modo m\u00e1s provechoso en resultados espirituales. Explica la oraci\u00f3n vocal y ense\u00f1a el arte de meditar seg\u00fan los m\u00e9todos de San Pedro de Alc\u00e1ntara, de San Ignacio y de varios otros santos, en especial los \u201ctres modi orandi\u201d de San Ignacio. Se le da un lugar muy especial al examen de conciencia, y con mucha raz\u00f3n, pues la vida asc\u00e9tica desmaya o crece dependiendo de la calidad de su pr\u00e1ctica. Si no se practica regularmente, no se puede hablar de verdadera purificaci\u00f3n del alma ni de avance espiritual. Ella centra la visi\u00f3n interior en cada acci\u00f3n: son sometidos a riguroso escrutinio todos los pecados, sean cometidos con plena conciencia o semivoluntariamente, incluyendo las negligencias que, sin ser pecaminosas disminuyen la perfecci\u00f3n del acto (peccata, offensiones, negligentioe; cf. \u00abExercitia spiritualia\u00bb de San Ignacio, ed. P. Roothaan, p. 3). La asc\u00e9tica distingue dos clases de examen de conciencia. Uno general (examen generale), y otro especial (examen particulare). Simult\u00e1neamente ense\u00f1a c\u00f3mo pueden ser realizados ambos de manera provechosa, utilizando apoyos pr\u00e1cticos y psicol\u00f3gicos. En el general, se trata de recordar las faltas del d\u00eda; en el particular, se enfoca la atenci\u00f3n en un defecto particular para observar su frecuencia, o en una virtud, para aumentar el n\u00famero de sus acciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los ascetas recomiendan la visita al Sant\u00edsimo Sacramento (visitatio sanctissimi), pr\u00e1ctica \u00fatil para alimentar y fortalecer las virtudes divinas de fe, esperanza y caridad. Tambi\u00e9n inculcan la veneraci\u00f3n de los santos, cuyas vidas virtuosas deben movernos a imitarlas. Claro que imitar no significa copiar exactamente. Lo que los ascetas proponen como el m\u00e9todo m\u00e1s natural de imitaci\u00f3n consiste en eliminar, o por lo menos disminuir, el contraste entre nuestras vidas y las vidas de los santos; el perfeccionamiento de nuestras virtudes, de acuerdo a nuestra disposici\u00f3n natural y a las condiciones peculiares de lugar y tiempo. Por otra parte, el reconocimiento de que las vidas de algunos santos m\u00e1s son sujetos de admiraci\u00f3n que de imitaci\u00f3n no nos debe llevar a atarnos con el peso de la blandura y la comodidad humanas, y a ver con suspicacia todo acto heroico, como si fuera algo que estuviese m\u00e1s all\u00e1 de nuestras capacidades y ajeno a nuestras circunstancias. Tal suspicacia quedar\u00eda justificada si el acto heroico no fuera congruente con el desarrollo precedente de nuestra vida interior. La ascesis cristiana no puede pasar por alto a la Bienaventurada Madre de Dios. Ella es, despu\u00e9s de Cristo, el ideal m\u00e1s sublime. Nadie m\u00e1s ha recibido la gracia con tal plenitud, ni ha cooperado con la gracia de una forma tan fiel como Ella. Es por ello que la Iglesia la alaba como Espejo de Justicia (speculum justitae). El simple pensamiento de su trascendente pureza basta para repeler los encantos del pecado y para inspirar placer en el maravilloso brillo de la virtud.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. La autonegaci\u00f3n es el segundo m\u00e9todo ense\u00f1ado por los ascetas (Mt 16, 24-25). Sin ella, el combate entre carne y esp\u00edritu, que son mutuamente contrarios (Rom 7, 23; I Cor 9, 27; Gal 5, 17), no podr\u00eda llevarnos a la victoria del esp\u00edritu (Imitatio Christi I, XXV). La condici\u00f3n humana posterior a la ca\u00edda de Ad\u00e1n nos indica claramente qu\u00e9 tan lejos debe llegar esta autonegaci\u00f3n. La inclinaci\u00f3n al mal domina tanto la voluntad como los apetitos inferiores. No solamente el intelecto est\u00e1 sujeto a esta propensi\u00f3n al mal, tambi\u00e9n lo est\u00e1n los sentidos interiores y exteriores. De ah\u00ed que la autonegaci\u00f3n y el autocontrol deben extenderse a todos esas facultades. La asc\u00e9tica reduce la autonegaci\u00f3n a la mortificaci\u00f3n exterior e interior. La exterior consiste en la purificaci\u00f3n de las facultades del alma (memoria, imaginaci\u00f3n, inteligencia y voluntad) y al dominio de las pasiones. Sin embargo la palabra \u201cmortificaci\u00f3n\u201d no debe ser entendida como un proceso de limitaci\u00f3n de una vida \u201cfuerte, plena y saludable\u201d (Schell). Su objetivo es evitar que las pasiones sensuales dominen sobre la voluntad. Es precisamente a trav\u00e9s de dome\u00f1ar las pasiones por medio de la mortificaci\u00f3n y autonegaci\u00f3n que la energ\u00eda vital recibe nueva fortaleza y queda libre de grilletes limitantes. Ahora bien, aunque los maestros del ascetismo reconocen la necesidad de la mortificaci\u00f3n y de la autonegaci\u00f3n, y est\u00e1n muy lejos de pensar que sea \u201ccriminal adoptar sufrimientos voluntarios\u201d (Seeberg), tambi\u00e9n distan mucho de promover la as\u00ed llamada \u201ctendencia asensual\u201d, que considera al cuerpo y su vida como un mal necesario, y propone evitar sus efectos perniciosos mutil\u00e1ndolo o debilit\u00e1ndolo voluntariamente (cf. Schneider, \u00abG\u00f6ttliche Weltordnung u. religionslose Sittlichkeit\u00bb, Paderborn, 1900, p. 537). Los cat\u00f3licos, por otro lado, tampoco abogan por el \u201cevangelio de la sensualidad saludable\u201d, que no es sino un nombre atractivo para promover una vida de concupiscencia irrestricta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se pone especial atenci\u00f3n al dominio de las pasiones porque ellas son, m\u00e1s que cualquier otra cosa, el enemigo contra el que debe dirigirse incansable el combate moral. La filosof\u00eda escol\u00e1stica enumera las siguientes pasiones: amor, odio, deseo, horror, alegr\u00eda, tristeza, esperanza, desesperanza, audacia, miedo, ira. A partir de la idea cristiana de que las pasiones (passiones, seg\u00fan las entiende Santo Tom\u00e1s) son inherentes a la naturaleza humana, los ascetas afirman que ellas no son ni enfermedades, como sosten\u00edan los estoicos, los reformadores y Kant; tampoco son inocuas, como lo afirmaban los humanistas y Rousseau, quien negaba el pecado original. Al contrario, se insiste en que por si mismas son indiferentes, y pueden consecuentemente ser utilizadas para el bien o para el mal; que reciben su car\u00e1cter moral solamente a partir del uso que uno les d\u00e9. El objetivo de los ascetas es se\u00f1alar las formas y medios con los que las pasiones pueden ser controladas y dominadas, para que, en vez de que ellas inciten la voluntad al pecado, se conviertan en confiables aliadas del hombre para la realizaci\u00f3n del bien. Adem\u00e1s, como las pasiones se desordenan en cuanto se vuelcan hacia las cosas il\u00edcitas o exceden los l\u00edmites necesarios de lo l\u00edcito, la ascesis nos ense\u00f1a c\u00f3mo convertirlas en algo inocuo a base de evitarlas o controlarlas, o de utilizarlas para lograr fines m\u00e1s elevados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. El trabajo tambi\u00e9n es necesario para buscar la perfecci\u00f3n. El trabajo incansable es contrario a nuestra naturaleza corrupta que gusta de la facilidad y de la comodidad. El trabajo, bien ordenado, incansable y con un prop\u00f3sito, implica la autonegaci\u00f3n. Ello explica porqu\u00e9 la Iglesia Cat\u00f3lica siempre ha visto el trabajo, mental y manual, como una regla asc\u00e9tica valios\u00edsima (cf. Cassian, \u00abDe instit. coenob.\u00bb, X, 24; Sn. Benito, Regla, XLVIII, LI; Basilio, \u00abReg. fusius tract.\u00bb c. XXXVII, 1-3; \u00abReg. brevius tract.\u00bb, c. LXXII; Or\u00edgenes, \u00abContra Celsum\u00bb, I, 28). San Basilio llega a afirmar que la piedad y el aborrecimiento del trabajo son irreconciliables en el ideal cristiano de la vida (cf. Mausbach, \u00abDie Ethik des hl. Augustinus\u00bb, 1909, p. 264).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4. El sufrimiento es otro elemento integral del ideal cristiano y, consecuentemente, tambi\u00e9n es objeto de la asc\u00e9tica. Pero su verdadero valor s\u00f3lo aparece cuando es visto a la luz de la fe, la cual ense\u00f1a que el sufrimiento nos asemeja a Cristo, en cuanto que somos miembros de su Cuerpo M\u00edstico, del que \u00c9l es cabeza (I Pe 2, 21). El sufrimiento es el canal de la gracia que sana (sanat), preserva (conservat) y prueba (probat). Por \u00faltimo, la asc\u00e9tica nos ense\u00f1a a convertir el sufrimiento en canal de gracia celestial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5. Las virtudes son tratadas a profundidad. Como lo prueba la teolog\u00eda dogm\u00e1tica, el alma, al ser justificada, recibe h\u00e1bitos sobrenaturales. Y no s\u00f3lo los tres divinos, sino tambi\u00e9n las virtudes morales (Trid. Ses. VI, De justit. C. VI; Cat Rom, p. 2, c. 2, n 51). Tales fuerzas sobrenaturales (virtutes infusae) se ven reforzadas por las facultades naturales o por las virtudes adquiridas (virtutes acquisitae), formando un \u00fanico principio de acci\u00f3n. Es tarea de la asc\u00e9tica mostrar c\u00f3mo las virtudes, teniendo en cuenta los obst\u00e1culos y medios ya mencionados, pueden ser puestas en pr\u00e1ctica en la vida real del cristiano de modo que se perfeccione el amor y la imagen de Cristo reciba su configuraci\u00f3n perfecta en nosotros. De acuerdo al breve de Le\u00f3n XIII \u201cTestem benevolentiae\u201d, del 22 de enero de 1899, los ascetas insisten en que las as\u00ed llamadas \u201cvirtudes pasivas\u201d (mansedumbre, humildad, obediencia, paciencia) nunca deben tomar un segundo lugar ante las \u201cvirtudes activas\u201d (dedicaci\u00f3n a los deberes propios, actividad cient\u00edfica, trabajo social y educativo). Eso ser\u00eda igual que negar que Cristo es el modelo supremo. Lo que se debe hacer es armonizar ambas virtudes en la vida cristiana. La verdadera imitaci\u00f3n de Cristo no debe ser un freno, ni debe achatar la iniciativa cristiana en ning\u00fan \u00e1rea del quehacer humano. Todo lo contrario, la pr\u00e1ctica de las virtudes pasivas son el soporte y el apoyo de la verdadera actividad. A\u00fan m\u00e1s, pasa con frecuencia que las virtudes pasivas revelan un mayor grado de energ\u00eda moral que las activas. El breve de Le\u00f3n XIII nos refiere a Mt 21, 29; Rm 8, 29; Gal 5, 24; Fil 2, 8; Heb 13, 8 (Cfr. tambi\u00e9n Zahn 1, c., 166 ss.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">D. Aplicaci\u00f3n de los medios en los tres grados de la perfecci\u00f3n cristiana\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La imitaci\u00f3n de Cristo es el deber de quienes buscan la perfecci\u00f3n. Pero es natural que ese proceso de formaci\u00f3n en pos de la imagen de Cristo sea gradual y que deba sujetarse a las leyes de la energ\u00eda moral. Pues la perfecci\u00f3n moral es el t\u00e9rmino de un largo camino, la corona de una batalla muy costosa. Los maestros de la asc\u00e9tica dividen en tres grupos a quienes buscan la perfecci\u00f3n: principiantes, avanzados y perfectos. En correspondencia, tambi\u00e9n establecen tres etapas o v\u00edas de perfecci\u00f3n cristiana: la v\u00eda purgativa, la v\u00eda iluminativa y la v\u00eda unitiva. Los medios de los que se habl\u00f3 arriba se deben aplicar con m\u00e1s o menos diversidad e intensidad de acuerdo a la etapa en que se encuentre el cristiano. En la v\u00eda purgativa, durante la cual los apetitos y las pasiones desordenadas a\u00fan poseen considerable fuerza, se deben practicar m\u00e1s intensamente la mortificaci\u00f3n y la autonegaci\u00f3n. Las semillas de la vida espiritual no fructificar\u00e1n a menos que se hayan arrancado previamente la ciza\u00f1a y los cardos. En la v\u00eda iluminativa, cuado las nieblas de la pasi\u00f3n ya se han levantado un tanto, se debe insistir en la meditaci\u00f3n y en la pr\u00e1ctica de las virtudes a imitaci\u00f3n de Cristo. Durante la \u00faltima etapa, la v\u00eda unitiva, el alma debe afirmarse y perfeccionarse en conformidad con la voluntad de Dios (\u201cY ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mi\u201d, Gal 2, 20). Debe tenerse cuidado, sin embargo, de no pensar que esas tres etapas son bloques separados de la b\u00fasqueda de la virtud y la perfecci\u00f3n. A\u00fan en la segunda y tercera etapas aparecen a veces luchas violentas y, por otra parte, el gozo de sentirse unido a Dios a veces se reconoce en la etapa inicial como un aliciente para avanzar m\u00e1s (Mutz, \u00abAszetik,\u00bb 2a ed., 94 ss.).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">E. Relaci\u00f3n de la asc\u00e9tica con la Teolog\u00eda Moral y con la M\u00edstica\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todas esas disciplinas tienen relaci\u00f3n con la vida cristiana y con su fin en la otra vida. Pero difieren entre si por el modo en que tratan esos temas. La Teolog\u00eda Asc\u00e9tica, que est\u00e1 separada de la Teolog\u00eda Moral y de la M\u00edstica, tiene como objeto la b\u00fasqueda de la perfecci\u00f3n cristiana; ense\u00f1a c\u00f3mo se puede alcanzar \u00e9sta a base de una intensa formaci\u00f3n y pr\u00e1ctica de la voluntad, apoy\u00e1ndose en ciertos medios espec\u00edficos para evitar los peligros y atracciones del pecado, y en la pr\u00e1ctica cada vez m\u00e1s asidua de la virtud. Por otra parte, la Teolog\u00eda Moral es la doctrina de los deberes, por lo que se contenta con dar una explicaci\u00f3n cient\u00edfica de la virtud. La M\u00edstica trata esencialmente de la \u201cuni\u00f3n con Dios\u201d y de la extraordinaria \u201coraci\u00f3n m\u00edstica\u201d. Aunque tambi\u00e9n comprende en su estudio esos fen\u00f3menos, accidentales a la m\u00edstica, como el \u00e9xtasis, la visi\u00f3n, la revelaci\u00f3n, etc., de ning\u00fan modo se les puede considerar esenciales a la vida m\u00edstica (cf. Zahn, \u00abEinf\u00fchrung in die christl. Mystik\u00bb, Paderborn, 1908). Es verdad que la M\u00edstica incluye tambi\u00e9n algunos asuntos de la Asc\u00e9tica como la b\u00fasqueda de purificaci\u00f3n, la oraci\u00f3n vocal, etc., pero eso lo hace porque tales ejercicios se consideran preparatorios para la vida m\u00edstica y nunca, ni siquiera en las etapas m\u00e1s elevadas, deben ser dejados de lado. No es, sin embargo, la vida m\u00edstica simplemente un grado m\u00e1s alto de la vida asc\u00e9tica, sino que difiere de ella esencialmente. La vida m\u00edstica es una gracia especial que se otorga al cristiano sin m\u00e9rito alguno de su parte.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">F. Desarrollo hist\u00f3rico de la Asc\u00e9tica\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. La Sagrada Biblia\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ella abundan las instrucciones pr\u00e1cticas para la vida de perfecci\u00f3n cristiana. El mismo Cristo dio los lineamientos b\u00e1sicos de sus exigencias negativas y positivas. Su imitaci\u00f3n es la ley suprema (Jn 8, 12; 12, 26). La caridad es el primer mandamiento (Mt 22, 36-38; Jn 15, 17). La intenci\u00f3n recta es lo que da valor a las obras exteriores (Mt 5-7). La negaci\u00f3n de si mismo y el cargar con la propia cruz son condiciones para ser su disc\u00edpulo (Mt 10, 38; 16, 24; Mc 8, 34; Lc 9, 23; 14, 27). Tanto con su ejemplo (Mt 4, 2) como por sus exhortaciones (Mt 17, 20; Mc 9, 28) Cristo recomend\u00f3 el ayuno. Tambi\u00e9n nos inculc\u00f3 la sobriedad, la vigilancia y la oraci\u00f3n (Mt 24, 42; 25, 13; 26, 41; Mc 13, 37; 14, 37). Se\u00f1al\u00f3 la pobreza como medida para ganar el reino de los cielos (Mt 6, 19; 13, 22; Lc 6, 20; 8, 14; 12, 33). Aconsej\u00f3 al joven rico que se deshiciera de todo y lo siguiera (Mt 19, 21). Que eso fuera simplemente un consejo y no una orden estricta, dado en el contexto particular de la apego del joven a las cosas de este mundo, queda demostrado por el hecho mismo de que el Maestro hab\u00eda repetido ya \u201cguarda los mandamientos\u201d, y de que \u00e9l recomend\u00f3 la renuncia a los bienes terrenos \u00fanicamente bajo la reiteraci\u00f3n de la pregunta acerca de los medios que conducen a la perfecci\u00f3n perfection (cf. Lutz, l. c., contra los Protestantes Th. Zahn, Bern, Weiss, Lemme,y otros). Cristo alab\u00f3 el celibato vivido por Dios como algo digno de una recompensa celestial especial (Mt 19, 12). Empero, no conden\u00f3 el matrimonio, y sus palabras: \u201cNo todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido\u201d implican que el matrimonio es el estado normal y que el celibato por Dios es meramente un consejo. Igualmente, Cristo ensalza la obediencia voluntaria como medio de alcanzar la m\u00e1s \u00edntima uni\u00f3n con Dios (Mt 18, 4; 20, 22-25). Los ap\u00f3stoles desarrollaron lo que Cristo hab\u00eda simplemente delineado en su ense\u00f1anza. Es especialmente en San Pablo que podemos encontrar ya bien definidos los dos elementos de la ascesis cristiana: la mortificaci\u00f3n de los deseos desordenados es el elemento negativo (Rom 6, 8-13; II Cor 4, 16; Gal 5, 24; Col 3, 5). El elemento positivo consiste en la uni\u00f3n con Dios en todos nuestros pensamientos, palabras y acciones (I Cor 10, 31; Gal 6, 14; Col 3, 3-17), y en el amor positivo de Dios y de nuestro pr\u00f3jimo (Rom 8, 35; I Cor 13, 3).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. Padres y Doctores de la Iglesia\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Basados en la Biblia, los Padres y Doctores de la Iglesia explicaron algunas caracter\u00edsticas de la vida cristiana en una manera m\u00e1s coherente y detallada. Los Padres Apost\u00f3licos llamaron \u201csol\u201d de la vida cristiana al amor de Dios y del pr\u00f3jimo, porque anima todas las virtudes con sus rayos vitales e inspira desprecio del mundo, pureza inmaculada y sacrificio de uno mismo. La \u201cDidache\u201d, que serv\u00eda como manual para los catec\u00famenos, describe as\u00ed el camino de la vida: \u201cPrimero, debes amar a Dios que te cre\u00f3. Segundo, debes amar a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo. Lo que no quieras que te hagan a ti, no lo hagas a los dem\u00e1s\u201d. Probablemente siguiendo a la \u201cDidache\u201d, la as\u00ed llamada \u201cEp\u00edstola de Bernab\u00e9\u201d, escrita al fin del siglo II, representa la vida cristiana bajo la forma de dos caminos: el de la luz y el de la oscuridad. Dos cartas, aparentemente fruto de la pluma de San Clemente, aunque quiz\u00e1s escritas en el siglo III, califican de celestial, divina y ang\u00e9lica la vida de virginidad cuando \u00e9sta se encuentra fundamentada en el amor de Dios y acompa\u00f1ada por las obras correspondientes (Cfr. Enc\u00edclica \u201cSacra Virginitas\u201d, de S.S. P\u00edo XII, del 25 de marzo, 1954. N.T.). Tambi\u00e9n mencionaremos a San Ignacio de Antioqu\u00eda, de cuyas cartas San Policarpo afirma que contienen \u201cfe y paciencia y toda la edificaci\u00f3n en el Se\u00f1or\u201d, y al Pastor de Hermas, cuyos doce mandamientos inculcan simplicidad, veracidad, castidad, mansedumbre, paciencia, continencia, confianza en Dios y combate perpetuo contra la concupiscencia. Al llegar el siglo III las obras de la asc\u00e9tica cristiana comenzaron a tomar un car\u00e1cter m\u00e1s cient\u00edfico. En las obras de Clemente de Alejandr\u00eda y Gregorio Magno (\u00abMoral.\u00bb, XXXIII, c. xxvii; cf. tambi\u00e9n Cassian, \u00abColl,\u00bb, IX, XV) se pueden observar huellas de la triple v\u00eda que posteriormente fue desarrollada sistem\u00e1ticamente por Dionisio el Aeropagita. En su obra, \u201cStromata\u201d, Clemente pone al descubierto plenamente la belleza y grandeza de la \u201cverdadera filosof\u00eda\u201d. Es de notar especialmente que este autor detalla, en forma por dem\u00e1s pormenorizada, lo que ahora se conoce como cultura \u00e9tica, y que \u00e9l intenta armonizar con el ejemplo dado por Jesucristo. La vida del cristiano debe estar regida siempre por la templanza. Siguiendo esa idea, \u00e9l discute en forma casu\u00edstica la comida y la bebida, el vestido y el gusto por las cosas finas, los ejercicios corporales y la conducta social. Al inicio del siglo IV se vislumbra en las obras referentes a la vida cristiana una doble l\u00ednea de pensamiento: una, especulativa, que pone el acento en la uni\u00f3n del alma con Dios, Absoluta Verdad y Bondad; la otra, pr\u00e1ctica, que busca principalmente la instrucci\u00f3n acerca de la pr\u00e1ctica de las virtudes cristianas. El elemento especulativo prevaleci\u00f3 en la escuela m\u00edstica, la cual debe su desarrollo sistem\u00e1tico al Pseudo Dionisio y alcanz\u00f3 su m\u00e1xima expresi\u00f3n en el siglo XIV. El elemento pr\u00e1ctico fue enfatizado por la escuela asc\u00e9tica, cuyo m\u00e1ximo representante fue San Agust\u00edn y cuyos pasos siguieron Gregorio Magno y San Bernardo. B\u00e1stenos subrayar los puntos principales que sirvieron de base para su ense\u00f1anza a los autores anteriores a la Edad Media. Acerca de la oraci\u00f3n tenemos las obras de Macario el Egipcio (+ 385) y de Tertuliano (+ despu\u00e9s del 220), quien suplement\u00f3 su tratado sobre la oraci\u00f3n en general con una explicaci\u00f3n acerca del Padre Nuestro. A ellos se debe a\u00f1adir Cipriano de Cartago (+ 258) que escribi\u00f3 \u201cDe oratione dominica\u201d, y San Cris\u00f3stomo (+ 407). Sobre la penitencia y el esp\u00edritu de penitencia trataron Tertuliano (De poenitentia), Cris\u00f3stomo (\u201cDe compunctione cordis\u201d, \u201cDe poenitentia\u201d) y Cirilo de Jerusal\u00e9n (+ 386) en su segunda instrucci\u00f3n catequ\u00e9tica. San Agust\u00edn (+ 430), en \u201cDe agone christiano\u201d y sus \u201cConfesiones\u201d, describe en qu\u00e9 forma la vida del cristiano es una guerra. La castidad y la virginidad fueron discutidas por Metodio de Olimpo (+ 311) en su \u201cConvivium\u201d, un escrito en el que diez v\u00edrgenes, discutiendo la virginidad, demuestran la superioridad moral del cristianismo sobre los postulados \u00e9ticos de la filosof\u00eda pagana. Los siguientes Padres tratan el mismo tema: Cipriano (+ 258); Gregorio de Nisa (+ 394) en su \u201cDe virginitate\u201d; Ambrosio (+ 397), el infatigable eulogista y defensor de la vida virginal; Jer\u00f3nimo, en su \u201cAdversus Helvidium de virginitate\u201d y \u201cAd Eustachium\u201d; Cris\u00f3stomo (+ 407) en su \u201cDe virginitate\u201d, el cual, si bien describe la vida de virginidad como algo propio del cielo, la recomienda s\u00f3lo como consejo; Agust\u00edn, en sus obras \u201cDe continentia\u201d, \u201cDe virginitate\u201d, \u201cDe bono viduitatis\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En lo que toca a la paciencia, contamos con las obras de Cipriano, Agust\u00edn y la \u201cDe patiencia\u201d de Tertuliano, en la que describe esa virtud como un inv\u00e1lido habla de la salud para consolarse. \u201cDe jejunio et eleemosyna\u201d, de Cris\u00f3stomo, discute el ayuno. La limosna y las buenas obras son recomendadas por Cipriano en \u201cDe opere et eleemosynis\u201d y por San Agust\u00edn en \u201cDe fide et operibus\u201d. Este \u00faltimo tambi\u00e9n describe el valor del trabajo en \u201cDe opere monachorum\u201d, y en \u201cDe bono conjugale\u201d habla de la vida matrimonial, tal como en su \u201cDe bono viduitatis\u201d hab\u00eda discutido la viudez. Un tema frecuente es el sacerdocio. Gregorio Nacianceno trata sobre la dignidad y responsabilidad del sacerdocio en su \u201cDe Fuga\u201d. Con insuperable excelencia Cris\u00f3stomo exalta la sublimidad de ese estado en su \u201cDe sacerdotio\u201d. En su obra \u201cDe officiis\u201d, San Ambrosio, hablando de las cuatro virtudes cardinales, advierte a los cl\u00e9rigos que sus vidas deben ser ejemplo brillante. La \u201cEpistola ad Nepotianum\u201d de San Jer\u00f3nimo se\u00f1ala los peligros que amenazan a los sacerdotes. Finalmente, la \u201cRegula Pastoralis\u201d de Gregorio Magno inculca la prudencia indispensable a los pastores en su trato con las diferentes clases de personas. Para la vida mon\u00e1stica es de primera importancia la obra \u201cDe institutis coenobiorum\u201d, de Casiano. Pero la obra m\u00e1s b\u00e1sica del siglo VIII al XIII fue la Regla de San Benito, de la que se hicieron muchos comentarios. De este santo, o mejor, de su Regla, dice San Bernardo: \u201cipse dux noster, ipse magister et legifer noster est\u00bb (\u00e9l es nuestro gu\u00eda, nuestro maestro y nuestro legislador\u201d (Serm. in Nat. S. Bened., n. 2). Obras como la \u201cExpositio in beatum Job\u201d de Gregorio Magno, y \u201cCollationes Patrum\u201d, de Casiano, constituyeron descripciones de la pr\u00e1ctica de las virtudes cristianas en general, en las que los diversos elementos de la perfecci\u00f3n cristiana se discut\u00edan en forma de di\u00e1logos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. El per\u00edodo Medieval-Escol\u00e1stico\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El per\u00edodo de transici\u00f3n anterior al siglo XII no muestra avances dignos de menci\u00f3n especial en cuanto a la literatura asc\u00e9tica. Debemos la obra \u201cDe virtutibus et vitiis\u201d, de Alcuino, a su esfuerzo por colectar y preservar las ense\u00f1anzas de los Padres. Pero cuando, ya en el siglo XII la teolog\u00eda especulativa estaba celebrando sus triunfos, tambi\u00e9n la teolog\u00eda m\u00edstica y asc\u00e9tica mostraba una saludable actividad. Los resultados de aquella no pod\u00edan no beneficiar a estas \u00faltimas, al ubicar la moralidad cristiana sobre bases cient\u00edficas y dar a la propia teolog\u00eda asc\u00e9tica una forma cient\u00edfica. Los pioneros de este campo fueron San Bernardo (+ 1156) y Hugo y Ricardo de San V\u00edctor. San Bernardo, el m\u00e1s grande te\u00f3logo m\u00edstico del siglo XII, tambi\u00e9n posee un lugar prominente entre los escritores asc\u00e9ticos, y Harnack lo llama el \u201cgenio religioso\u201d del siglo XII. La idea central de su obra, aparente sobre todo en su tratado \u201cDe gratia et libero arbitrio\u201d, es que la vida de todo cristiano debe ser una copia de la vida de Jes\u00fas. Al igual que Clemente de Alejandr\u00eda, tambi\u00e9n Bernardo establece algunos preceptos para regular las necesidades de la vida, como el alimento y el vestido, y para la implantaci\u00f3n del amor de Dios en el coraz\u00f3n de las personas, de modo que pueda santificar todas las cosas (\u00abApologia\u00bb, \u00abDe pr\u00e6cepto et dispensatione\u00bb). Son muchos los escalones que el coraz\u00f3n debe subir para llegar a la perfecci\u00f3n en el amor por Dios. Entre sus obras asc\u00e9ticas est\u00e1n: \u201cLiber de diligendo Deo\u201d, \u201cTractatus de gradibus humilitatis et superbiae\u201d, \u201cDe moribus et officio episcoporum\u201d, \u201cSermo de conversione ad clericos\u201d, \u201cLiber de consideratione\u201d. A lo largo de las p\u00e1ginas de Hugo de San V\u00edctor (+ 1141) se encuentran dispersas muchas alusiones a San Agust\u00edn y a Gregorio Magno. A consecuencia de ello mereci\u00f3 la distinci\u00f3n de ser llamado \u201cSegundo Agust\u00edn\u201d por sus contempor\u00e1neos. Sin lugar a dudas, \u00e9l fue el primero que dio a la teolog\u00eda asc\u00e9tica una forma m\u00e1s definida y un car\u00e1cter m\u00e1s cient\u00edfico. El tema recurrente de sus obras es el amor. Pero su mayor objetivo era dejar en claro los aspectos psicol\u00f3gicos de la teolog\u00eda m\u00edstica y asc\u00e9tica. Destacan sus obras: \u201cDe vanitate mundi\u201d, \u201cDe laude caritatis\u201d, \u201cDe mode orandi\u201d, \u201cDe meditatione\u201d. Su disc\u00edpulo, Ricardo de San V\u00edctor (+1173), si bien es m\u00e1s ingenioso y sistem\u00e1tico, no busca tanto la utilidad pr\u00e1ctica, a excepci\u00f3n de su obra \u201cDe exterminatione mali et promotione boni\u201d. Los grandes te\u00f3logos del siglo XIII, que alcanzaron renombre tanto por sus \u201cSummae\u201d escol\u00e1sticas como por sus escritos m\u00edsticos y asc\u00e9ticos, llevaron la ense\u00f1anza asc\u00e9tica a su perfecci\u00f3n y le dieron su forma definitiva, que se ha conservado as\u00ed a trav\u00e9s de los a\u00f1os. Ninguna otra \u00e9poca presenta pruebas tan convincentes de que la verdadera ciencia y la verdadera fe, lejos de ser un obst\u00e1culo rec\u00edproco, son una ayuda mutua. Alberto magno, el ilustre maestro de Tom\u00e1s, quien fue el primero en juntar la filosof\u00eda aristot\u00e9lica con la teolog\u00eda y en hacer de la filosof\u00eda la sierva de la teolog\u00eda, fue a su vez autor de de excelentes obras de asc\u00e9tica y m\u00edstica, como, por ejemplo, \u201cDe adherendo Deo\u201d, fruto maduro de su genio m\u00edstico, y \u201cParadisus animae\u201d, escrito en forma m\u00e1s pr\u00e1ctica. A Santo Tom\u00e1s debemos la obra asc\u00e9tica \u201cDe perfectione vitae spiritualis\u201d. En dicha obra explica tan claramente la esencia de la perfecci\u00f3n cristiana que sus argumentos pueden servir de model a\u00fan hoy d\u00eda. Tambi\u00e9n sus otros trabajos contienen amplio material de valor para la asc\u00e9tica y la m\u00edstica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Doctor Ser\u00e1fico, San Buenaventura, \u201ctrata de la teolog\u00eda m\u00edstica\u201d- para usar las palabras de Le\u00f3n XIII- \u201cen forma tan perfecta que la opini\u00f3n un\u00e1nime de los te\u00f3logos m\u00e1s expertos lo tiene como el pr\u00edncipe de los te\u00f3logos m\u00edsticos\u201d. Merecen menci\u00f3n especial entre sus obras aut\u00e9nticas: \u201cDe perfectione evangelica\u201d, \u201cCollationes de septem donis Spiritus Sancti\u201d, \u201cIncendium amoris\u201d, \u201cLignum vitae\u201d, \u201cDe preparatione ad Missam\u201d, \u201cApologia pauperum\u201d. De la pluma de David de Ausburgo, contempor\u00e1neo de esos grandes maestros, tenemos una instrucci\u00f3n asc\u00e9tica para los novicios en su libro \u201cDe exterioris et interioris hominis compositione\u201d. El lector se ve conducido a trav\u00e9s de las tres conocidas v\u00edas: purgativa, iluminativa y unitiva, para convertirse en hombre espiritual. A base de disciplinar con severidad las facultades del alma y de subordinar la carne al esp\u00edritu, el hombre debe restaurar el orden original para que no \u00fanicamente haga lo bueno sino que lo haga expeditamente. Queda por mencionar la \u201cSumma de vitiis et virtutibus\u201d de Peraldo (+ c. 1270). El siglo XIV se caracteriza por sus tendencias m\u00edsticas. Por su gran valor pr\u00e1ctico merece especial atenci\u00f3n entre las obras de este per\u00edodo el \u201cBooklet of Eternal Wisdom\u201d de Henry Suso. Destacan en el siglo XV Gerson, Dionisio el Cartujo y el autor de la \u201cImitaci\u00f3n de Cristo\u201d. Gerson abandona los ideales de los escritores m\u00edsticos del siglo XIV y se une a los grandes escritores escol\u00e1sticos. Con ello evit\u00f3 la palabrer\u00eda que se hab\u00eda estado dando con peligrosa frecuencia entre los m\u00edsticos. Sus \u201cConsiderationes de theologia mystica\u201d muestra que \u00e9l pertenece a la escuela pr\u00e1ctica del ascetismo. Dionisio el Cartujo es reconocido como un maestro calificado de la vida espiritual. Su pluma produjo trabajos de m\u00edstica propiamente dicha y de ascetismo pr\u00e1ctico. A esta \u00faltima categor\u00eda pertenecen \u201cDe remediis tentationum\u201d, \u201cDe via purgativa\u201d, \u201cDe oratione\u201d, \u201cDe gaudio spirituali et pace interna\u201d, \u201cDe quator novissimis\u201d. (Destaca tambi\u00e9n en este per\u00edodo Santa Catalina de Siena [+ 1380]- segunda mujer doctora de la Iglesia-, declarada tal por S.S. Pablo VI en 1970. Su vida es un ejemplo vivo de pr\u00e1ctica de la asc\u00e9tica en busca de la uni\u00f3n con Dios; sus escritos contienen muchos elementos \u00fatiles para el conocimiento y pr\u00e1ctica de la ascesis. N.T.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La \u201cImitatio Christi\u201d, que apareci\u00f3 a mediados del siglo XV, merece especial atenci\u00f3n a causa de su influencia perdurable. \u201cEs un cl\u00e1sico por su unci\u00f3n asc\u00e9tica y por su estilo art\u00edstico\u201d. (Hamm, \u00abDie Sch\u00f6nheit der kath. Moral\u00bb, Munich-Gladbach, 1911, p. 74). Trata, en cuatro libros, de la vida interior espiritual en imitaci\u00f3n de Jesucristo. Describe la lucha interior que debe ser sostenida por el hombre contra las pasiones desordenadas e inclinaciones perversas; la indulgencia hacia ellas ensucia la conciencia y le roba la gracia de Dios. \u201cVanidad de vanidades y pura vanidad, sino amar a Dios y servirle s\u00f3lo a \u00c9l\u00bb (Vanitas vanitatum et omnia vanitas pr\u00e6ter amare Deum et illi soli servire: I, i). Recomienda la mortificaci\u00f3n y la negaci\u00f3n de si mismo como las armas m\u00e1s poderosas en esta lucha. Ense\u00f1a a establecer el reino de Dios en el alma de cada uno a trav\u00e9s de la pr\u00e1ctica de las virtudes seg\u00fan el ejemplo de Jesucristo. Por \u00faltimo, a trav\u00e9s de se\u00f1alar la fragilidad de las creaturas y de excitar su amor por Cristo, conduce al lector a la uni\u00f3n con \u00c9l. \u201cConviene dejar un amado por otro Amado, porque Jes\u00fas quiere ser amado \u00c9l solo sobre todas las cosas\u201d (Oportet dilectum propter dilectum relinquere, quia Jesus vult solus super omnia amari: II, vii). Los pensamientos de la \u201cImitaci\u00f3n\u201d son expresados en forma de epigramas tan sencillos que est\u00e1n al alcance de cualquier inteligencia. Aunque salta a la vista que el autor era bien versado no s\u00f3lo en la filosof\u00eda y la teolog\u00eda escol\u00e1sticas, sino tambi\u00e9n en los secretos de la vida m\u00edstica, tal hecho nunca se convierte en estorbo ni obscurece el sentido del contenido. Hay gran n\u00famero de citas de los grandes doctores Agust\u00edn, Bernardo, Buenaventura y Tom\u00e1s, adem\u00e1s de Arist\u00f3teles, Ovidio y S\u00e9neca. Todo ello, sin embargo, no alcanza a cambiar nuestra impresi\u00f3n de que toda la obra constituye la explosi\u00f3n espont\u00e1nea de un alma intensamente brillante. Se ha llegado a decir que las ense\u00f1anzas de la \u201cImitaci\u00f3n\u201d son \u201cextramundanas\u201d y que muestran poco afecto por la ciencia. Pero para hacer un juicio correcto de la obra, se deben tener en cuenta las peculiares circunstancias de la \u00e9poca. La Escol\u00e1stica hab\u00eda entrado en un per\u00edodo de declive; se hab\u00eda enmara\u00f1ado entre muchas sutilezas; el misticismo se hab\u00eda desviado de su curso; todas las clases sociales se hab\u00edan infectado en diversos grados con el esp\u00edritu de permisividad. Son tales condiciones las que nos sirven de clave para interpretar frases como \u201cPrefiero sentir contrici\u00f3n que saber c\u00f3mo definirla\u201d (Opto magis sentire compunctionem quam scire ejus definitionem), o \u201cSuma sabidur\u00eda es, por el desprecio del mundo, ir a los reinos celestiales\u201d (Ista est summa sapientia: per contemptum mundi tendere ad regna coelestia).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4.Tiempos modernos\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Santa Teresa y San Ignacio destacan prominentemente en el siglo XVI gracias a la fuerte influencia que ejercieron sobre la religi\u00f3n de sus contempor\u00e1neos, influencia que a\u00fan se deja sentir a trav\u00e9s de sus escritos. Los escritos de Santa Teresa despiertan nuestra admiraci\u00f3n por la simplicidad, claridad y precisi\u00f3n de su juicio. Su estilo la evidencia como una enemiga de cualquier cosa que huela a excentricidad o peculiaridad, a falsa piedad o celo indiscriminado. Una de sus obras principales, \u201cEl camino de la Perfecci\u00f3n\u201d, aunque fue originalmente escrita para uso de las monjas, contiene tambi\u00e9n instrucciones paralelas para quienes viven en el mundo. Ense\u00f1ando el m\u00e9todo de la contemplaci\u00f3n, ella insiste, sin embargo, en que no todos est\u00e1n llamados a ella y que hay mayor seguridad en la pr\u00e1ctica de la humildad, la mortificaci\u00f3n y las dem\u00e1s virtudes. Su obra maestra es el \u201cCastillo interior\u201d (tambi\u00e9n conocido como \u201cLas Moradas\u201d, N.T.), en la que ella expone su teor\u00eda del misticismo utilizando la met\u00e1fora de un castillo con muchas habitaciones o moradas. El castillo es el alma que resplandece con la belleza del cristal o del diamante. Las habitaciones son los varios grados a trav\u00e9s de los cuales debe pasar el alma antes de morar en perfecta uni\u00f3n con Dios. Dispersas a lo largo de la obra hay multitud de sugerencias de inestimable valor para la asc\u00e9tica aplicada a la vida diaria. Ello se debe a la bien fundada convicci\u00f3n de la santa de que a\u00fan en los estados m\u00e1s extraordinarios no deben abandonarse los medios ordinarios; hay que cuidarse de las ilusiones (cf. J. Zahn, \u00abIntroduction to Mysticism\u00bb p. 213). (Santa Teresa es la primera mujer que ha sido declarada Doctora de la Iglesia, en 1970. N.T.). En sus \u201cExercitia spiritualia\u201d San Ignacio ha legado a la posteridad no s\u00f3lo un monumento literario sobre la ciencia del alma sino un m\u00e9todo inigualable por su eficacia pr\u00e1ctica para fortalecer la fuerza de voluntad. Se han hecho numerosas ediciones y revisiones del op\u00fasculo y, \u201ca pesar de su apariencia modesta, en realidad constituye un sistema completo de misticismo\u201d (Meschler). Las cuatro semanas de los Ejercicios familiarizan al ejercitante con los tres grados de la vida espiritual. La primera semana se ocupa en limpiar el alma de pecado y de su desordenado apego a las criaturas. La segunda y tercera conducen al ejercitante a trav\u00e9s de la v\u00eda iluminativa. El retrato de Cristo, el m\u00e1s amable de los hombres, queda delineado ante sus ojos de modo que pueda contemplar en la humanidad el reflejo de la luz divina y al supremo modelo de todas las virtudes. Las meditaciones de la cuarta semana, cuyo tema es la resurrecci\u00f3n, etc., conducen a la uni\u00f3n con Dios y ense\u00f1an al alma a regocijarse en la gloria del Se\u00f1or. Cierto, hay muchas reglas y normas, la secuencia es muy l\u00f3gica, el arreglo de las meditaciones sigue las leyes de la psicolog\u00eda. Sin embargo, los ejercicios no hacen violencia al libre albedr\u00edo. Todo lo contrario, est\u00e1n hechos para fortalecer las facultades del alma. Contrario a lo que a veces se afirma, no convierten al ejercitante en un instrumento inerte en las manos del confesor, ni son un vuelo m\u00edstico hacia el cielo, realizado por la necesidad de avanzar r\u00e1pidamente en la perfecci\u00f3n por un proceso mec\u00e1nico (Z\u00f6ckler, \u00abDie Tugendlehre des Christentums\u00bb, G\u00fctersloh, 1904, p. 335). Su marcado intelectualismo, frecuentemente criticado, de ninguna manera constituye un obst\u00e1culo al misticismo (Meschler, \u00abJesuitenaszese u. deutsche Mystik\u00bb en \u00abStimmen aus Maria-Laach\u00bb, 1912). Al contrario, liberan verdaderamente la voluntad moral del hombre quitando los obst\u00e1culos de su camino al mismo tiempo que, purificando el coraz\u00f3n y acostumbrando la mente a la oraci\u00f3n meditativa, se convierten en una preparaci\u00f3n excelente para la vida m\u00edstica. Luis de Granada, O.P. (+ 1588) tambi\u00e9n pertenece a este per\u00edodo. Su obra, \u201cGu\u00eda de pecadores\u201d, puede apropiadamente ser considerado un libro pleno de consolaci\u00f3n para quiene yerran. En el \u201cMemorial de la vida cristiana\u201d, est\u00e1n contenidas sus instrucciones para llevar al alma desde el inicio hasta la m\u00e1s alta perfecci\u00f3n. Luis de Blois (Blosius), O.S.B., es una mente hermana de San Bernardo. Su \u201cMonile spirituale\u201d es la mejor conocida de sus numerosas obras. Tom\u00e1s de Jes\u00fas (+ 1582) escribi\u00f3 la \u201cPasi\u00f3n de Crsito\u201d y \u201cDe oratione dominica\u201d. (No hay que olvidar a San Juan de la Cruz, O.C..D. (+ 1591), declarado Doctor de la Iglesia en 1926 por P\u00edo XI. Confesor y confidente de Santa Teresa de \u00c1vila, sus obras- algunas escritas como poemas- son cada vez m\u00e1s reconocidas universalmente tanto por su belleza po\u00e9tica como por su alt\u00edsimo valor m\u00edstico y asc\u00e9tico. Entre ellas destacan \u201cSubida al Monte Carmelo\u201d, \u201cNoche Oscura\u201d- poema comentado por el mismo autor-, \u201cC\u00e1ntico espiritual\u201d, \u201cLlama de amor viva\u201d. \u201cCautelas Espirituales\u201d es una obra did\u00e1ctica de ascetismo pr\u00e1ctico dirigida a los frailes carmelitas. N.T.)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gran n\u00famero de escritores asc\u00e9ticos emergi\u00f3 durante el siglo XVII. Entre ellos sobresale prominentemente San Francisco de Sales. De acuerdo a Linsemann, la publicaci\u00f3n de su \u201cPhilothea\u201d constituy\u00f3 un evento de importancia hist\u00f3rica. Su meta era hacer atractiva la piedad y adaptarla a todas las clases sociales independientemente que pertenecieran a los c\u00edrculos cortesanos, al mundo, o a un monasterio, y definitivamente lo logr\u00f3. De temperamento suave y dulce, nunca perdi\u00f3 de vista las costumbres ni las circunstancias de la persona individual. Si bien era inflexible en sus principios asc\u00e9ticos, ten\u00eda sin embargo una facilidad notable para adaptarlos sin rigideces ni limitaciones. En lo concerniente a la mortificaci\u00f3n recomienda moderaci\u00f3n y adaptaci\u00f3n al estado de vida y a las circunstancias personales. \u00c9l coloca en el centro de su motivaci\u00f3n para toda acci\u00f3n al amor de Dios y de los dem\u00e1s. El esp\u00edritu de San Francisco de Sales permea todo el misticismo moderno y a\u00fan hoy su \u201cPhilothea\u201d es uno de los libros de asc\u00e9tica m\u00e1s ampliamente le\u00eddos. Otra obra suya, \u201cTheotimos\u201d, en sus primeros seis cap\u00edtulos trata del amor de Dios y dedica el resto a la oraci\u00f3n m\u00edstica. Sus cartas tambi\u00e9n son muy instructivas. Una de las ediciones posteriores de sus obras (Euvres, Annecy, 1891 ss.) merece atenci\u00f3n especial. La obra de Scupoli (+ 1610), \u201cIl combatimento spirituale\u201d, fue recomendado y propagado ampliamente por San Francisco de Sales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los siguientes autores y trabajos pertenecen al mismo per\u00edodo: Belarmino, S. J. (+ 1621): \u00abGemitus columb\u00e6\u00bb, \u00abDe ascensione mentis in Deum\u00bb, \u00abDe arte bene moriendi\u00bb. Alfonso Rodr\u00edguez, S. J. (+ 1616): \u00abExercicio de perfecci\u00f3n y virtudes cristianas\u00bb (3 vols., Sevilla, 1609), que fue frecuentemente reeditado y traducido a casi todos los idiomas. Juan de Jes\u00fas-Mar\u00eda, O. C. D. (+ 1615): \u00abTeologia Mistica\u00bb (N\u00e1poles, 1607), muy estimado por Belarmino y San Francisco de Sales. Alvarez de Paz, S. J. (+ 1620): \u00abDe vita spirituali ejusque perfectione\u00bb (1608), \u00abDe exterminatione mali et promotione boni\u00bb (1613), \u00abDe inquisitione pacis\u00bb (1617), que fue reeditado varias veces. Gaudier, S. J. (+ 1620): \u00abDe perfectione vit\u00e6 spiritualis\u00bb (1619, nueva ed., 3 vols., Tur\u00edn, 1903-4). La Puente, S. J. (+ 1624): \u00abGu\u00eda espiritual\u00bb (Valladolid, 1609), que contiene, seg\u00fan sus propias palabras, una breve descripci\u00f3n de la vida espiritual tanto activa como accontemplativa (oraci\u00f3n, meditaci\u00f3n, pruebas, mortificaci\u00f3n, pr\u00e1ctica de la virtud), \u00abDe la Perfecci\u00f3n del Cristiano en todos sus estados\u00bb (1612). Ambas obras han sido altamente consideradas por todos los ascetas y traducidas a muchas lenguas. Lessius, S. J. (+ 1623): \u00abDe perfectionibus moribusque divinis\u00bb, una obra que se distingue por su esp\u00edritu cient\u00edfico y asc\u00e9tico. Nicol\u00e1s Lancicius, S. J. (+ 1638), maestro de vida espiritual cuya santa personalidad queda reflejada en sus escritos (nueva ed., Cracovia, 1889 ss.): \u00abDe exteriore corporis compositione\u00bb, \u00abDe quatuor viis perveniendi ad perfectionem\u00bb, \u00abDe humanarum passionum dominio\u00bb, \u00abDe mediis ad virtutem\u00bb, \u00abDe causis et remediis in oratione\u00bb. Su libro sobre la meditaci\u00f3n, \u201cDe piis erga Deum et coelites affectibus\u201d, ha sido muy estimado y traducido a varias lenguas. Schorrer, S. J.: \u00abSynopsis theol. ascet.\u00bb (Dillingen, 1662; edici\u00f3n limitada). God\u00ednez, S. J.: \u00abPr\u00e1ctica de la teolog\u00eda m\u00edstica\u00bb (Puebla de los Angeles, M\u00e9xico, 1681), de la que tenemos la edici\u00f3n latina junto con un comentario a la misma de De la Reguera, S.J. (Roma, 1740). Surin, S.J. (+1665) escribi\u00f3 su importante \u201cCathechisme spirituel\u201d en una \u00e9poca en que \u00e9l mismo se encontraba sujeto a pruebas interiores (cf. Zahn, \u00abMystik\u00bb, p. 441). El libro apareci\u00f3 en muchas ediciones y traducciones pero finalmente fue colocado en el \u00cdndice. La edici\u00f3n del P. Felon, S.J. (1730) y la posterior del P. Bouix (Par\u00eds, 1882) probablemente no caigan bajo la prohibici\u00f3n porque se corrigieron los errores. Posterior a la muerte de Surin aparecieron \u201cLes fondements de la vie spirituelle\u201d (Par\u00eds, 1667), \u201cLettres spirituels\u201d (ib, 1695), \u201cDialogues spirituels\u201d (ib. 1704). Gasper Druzbicki, S.J. (+ 1662), es el autor de un considerable n\u00famero de obras asc\u00e9ticas en polaco y lat\u00edn, muchas de las cuales han sido trducidas a otras lenguas. Existen dos ediciones completas de sus obras: una publicada en Ingolstadt (1732), en dos folios; la otra en Kalisz y Posen (1681-91). Entre sus numerosas obras est\u00e1n \u00abLapis lydius boni spiritus\u00bb, \u00abConsiderationes de soliditate ver\u00e6 virtutis\u00bb, \u00abDe sublimitate perfectionis\u00bb, \u00abDe brevissima ad perfectionem via\u00bb, \u00abVota religiosa\u00bb. La \u201cMystica theologia Divi Thom\u00e6\u201d de Tom\u00e1s de Vallegornera, O.P. (+ 1665), publicada en Barcelona (1662 y 1672) y Tur\u00edn (1890), est\u00e1 configurada casi exclusivamente por citas de Santo Tom\u00e1s y representa un rico acerbo de material asc\u00e9tico. De la pluma del Cardenal Bona, O.C.S.O (+ 1674) tenemos: \u201cPrincipia et documenta vit\u00e6 christian\u00e6\u00bb (Roma, 1673) y \u00abManuductio ad coelum\u00bb (Roma, 1672 y 1678). Ambos textos, notables por su simplicidad y utilidad pr\u00e1ctica, fueron editados en varias ocasiones. Ellos son: \u201cDe sacrificio Miss\u00e6\u201d, \u201cDe discretione spirituum\u201d, \u201cHorologium asceticum\u201d. Ediciones completas de su obra aparecieron en Antwerp, Venecia y Tur\u00edn. Morotius, O.C.S.O, en su \u00abCursus vit\u00e6 spiritualis\u00bb (Roma, 1674; nueva ed., Ratisbona, 1891), sigue de cerca la gu\u00eda de Santo Tom\u00e1s. La \u00abSumma theologi\u00e6 mystic\u00e6\u00bb (nueva ed., 3 vol., Friburgo, 1874) es la mejor y m\u00e1s le\u00edda obra de Felipe de la Sant\u00edsima Trinidad (+ 1671), el fil\u00f3sofo de los escritores asc\u00e9ticos. Escribi\u00f3 en el esp\u00edritu de Santo Tom\u00e1s, siguiendo principios cient\u00edficos definidos y demostrando su aplicaci\u00f3n pr\u00e1ctica a la vida espiritual. Antonio del Esp\u00edritu Santo, O.C.D. (+1674), fue disc\u00edpulo del autor que se acaba de mencionar. Su \u201cDirectorium mysticum\u201d (nueva ed. Par\u00eds, 1904), dominado por el esp\u00edritu de su maestro, fue escrito para sus disc\u00edpulos. De \u00e9l tambi\u00e9n son los siguientes trabajos: \u201cSeminarium virtutum\u201d (3\u00aa. ed., Ausburgo y W\u00fcrzburg, 1750), \u00abIrriguum virtutum\u00bb (W\u00fcrzburg, 1723), \u00abTractatus de clericorum ac pr\u00e6cipue sacerdotum et pastorum dignitate\u00bb, etc. (W\u00fcrzburg, 1676).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo largo del siglo XVIII fueron publicadas una buena cantidad de valiosas obras sobre ascesis y m\u00edstica. A Neumeyer, S.J. (+ 1765) debemos \u201cIdea theol. Ascet\u201d, un ep\u00edtome completo, cient\u00edficamente ordenado. Rogacci, S.J. (+ 1719), escribi\u00f3 \u201cDel uno necessario\u201d, una instrucci\u00f3n sobre el amor de Dios que ocupa un lugar elevado en la literatura asc\u00e9tica y ha sido traducido a muchas lenguas. Entre las mejores producciones literarias, muy le\u00eddas incluso modernamente, est\u00e1 el \u201cDirettorio ascetico\u201d de Scaramelli (+ 1752). El autor trata la asc\u00e9tica separadamente de la m\u00edstica. En \u201cSemita perfectionis\u201d (nueva ed. Paderborn, 1890), de Dirkink, S.J., se contiene un tratado sobre las virtudes. En l\u00edneas muy amplias escribe Miguel de Santa Catarina, O.F.M. su obra \u201cTrinum perfectum\u201d (3\u00aa. Ed. Ausburgo, 1728). Katzenberger, O.F.M. escribi\u00f3 \u201cScientia salutis\u201d (nueva ed. Paderborn, 1901). Las \u201cInstitutiones theologiae mysticae\u201d (2 vol.) combinan ascesis y m\u00edstica, aunque lo mejor del autor se percibe en los contenidos asc\u00e9ticos. San Alfonso Mar\u00eda de Liguorio (+ 1787), apropiadamente llamado el \u201cVar\u00f3n apost\u00f3lico\u201d, public\u00f3 gran cantidad de obras asc\u00e9ticas, llenas de unci\u00f3n celestial y tierna piedad. Las m\u00e1s conocidas y m\u00e1s importantes de todas ellas son: \u201cPr\u00e1ctica di amar Ges\u00f9 Cristo\u201d (1768), \u201cVisita al SS. Sacramento\u201d, y la que es quiz\u00e1s la m\u00e1s le\u00edda de todas: \u201cLa vera sposa di Ges\u00f9 Cristo\u201d (1760), una gu\u00eda segura para innumerables almas. Los tratados completos sobre asc\u00e9tica publicados durante los siglos XIX y XX son los siguientes: Grundk\u00f6tter, \u00abAnleitung zur christl. Vollkommenheit\u00bb (Ratisbona, 1896). Leick, C. SS. R., \u00abSchule der christl. Vollkommenheit\u00bb (Ratisbona, 1886), inspirado en los escritos de San Alfonso de Liguorio. Weiss, O. P., \u00abPhilosophie der christl. Vollkommenheit\u00bb (vol. V de su \u00abApologie\u00bb; Friburgo, 1898). Se percibe a un autor sumamente culto y su profunda concepci\u00f3n de la vida espiritual es poco com\u00fan. Ribet, \u201cL&#8217;asc\u00e9tique chr\u00e9tienne\u201d (Par\u00eds, 1888). Tissot, \u201cLa vie interieur\u201d. Saudreau, \u00abLes degr\u00e9s de la vie spirituelle\u00bb (Angers, 1896 y 1897), una obra plena de unci\u00f3n. Sus otros trabajos, \u00abLes faits extraordinaires de la vie spirituelle\u00bb (1908) y \u00abLa vie d&#8217;union \u00e0 Dieu\u00bb (1909), pertenecen a la m\u00edstica propiamente dicha. \u201cLa gr\u00e2ce d\u2019oraison\u201d, de Poulai, S.J., si bien es de car\u00e1cter m\u00edstico, sin embargo habla de los m\u00e9todos ordinarios de la oraci\u00f3n. Saudreau y Poulain son muy s\u00f3lidos y sus trabajos se cuentan entre las mejores producciones en esta rama. Rousset, O. P., \u00abDirectorium asceticum\u00bb (Friburgo, 1893). Meynard, O. P., \u00abTrait\u00e9 de la vie int\u00e9rieure\u00bb (Par\u00eds, 1899), basado en Santo Tom\u00e1s. Meyer, S.J., \u00abFirst Lessons in the Science of the Saints\u201d, (2a. ed. Saint Louis, 1903), traducido a varios idiomas. Francisco X. Mutz, \u201cDie christliche Aszetik\u201d, (2a. ed., Paderborn, 1909). Joseph Zahn, \u201cEinf\u00fchrung in die christliche Mystik\u201d (Paderborn, 1908), tambi\u00e9n importante para la asc\u00e9tica. Berthier, \u00abDe la perfection chr\u00e9tienne et de la perfection religieuse d&#8217;apr\u00e8s S. Thomas et S. Fran\u00e7ois de Sales\u00bb (2 vol., Par\u00eds, 1901). A. Devine, \u00abManual of Ascetical Theology\u00bb (Londres). Ryan, \u00abGroundwork of Christian Perfection\u00bb (Londres). Buchanan, \u00abPerfect Love of God\u00bb (Londres).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una lista exhaustiva de los autores asc\u00e9ticos cat\u00f3licos aparece en Migne, \u201cEncyclopedie Theologique\u201d, XXVI; \u00abDict. d&#8217;asc\u00e9ticisme\u00bb, II, 1467.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entre los no cat\u00f3licos est\u00e1n: Otto Z\u00f6ckler, \u00abDie Tugendlehre des Christentums, geschichtlich dargestellt\u00bb (G\u00fctersloh, 1904); W. Hermann, \u00abDer Verkehr des Christen mit Gott\u00bb (6a. ed., Stuttgart, 1908) y \u00abDie sittlichen Weisungen Jesu\u00bb (G\u00f6ttingen, 1907); K\u00e4hler, \u00abVerkehr mit Christo in seiner Bedeutung f\u00fcr das eigene Leben\u00bb (Leipzig, 1904); Peabody, \u00abJesus Christ and the Christian Character\u00bb; A. Ritschl, \u00abChristiiche Vollkommenheit\u00bb (Gotinga, 1902). Sheldon, \u00abIn his Steps &#8212; What Would Jesus do?\u00bb, ampliamente le\u00eddo en Inglaterra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">FRANZ X. MUTZ<br \/>\nTranscrito por Douglas J. Potter<br \/>\nDedicado al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas<br \/>\nTraducido por Javier Algara Coss\u00edo\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pentatl\u00f3n griego La asc\u00e9tica, entendida como una rama de la Teolog\u00eda, puede ser definida brevemente como la exposici\u00f3n cient\u00edfica del ascetismo cristiano. Ascetismo (askesis, askein), seg\u00fan su sentido literal, significa pulimento, refinamiento o suavizamiento. Los griegos utilizaban esa palabra para indicar el ejercicio realizado por los atletas para desarrollar las fuerzas dormidas en el cuerpo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ascetica-teologia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abASCETICA, TEOLOGIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23337","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23337","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23337"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23337\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23337"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23337"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23337"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}