{"id":23356,"date":"2016-02-05T15:56:39","date_gmt":"2016-02-05T20:56:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-atanasio\/"},"modified":"2016-02-05T15:56:39","modified_gmt":"2016-02-05T20:56:39","slug":"san-atanasio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-atanasio\/","title":{"rendered":"SAN ATANASIO"},"content":{"rendered":"<p>\n      Pablo VI restituyendo las reliquias de San Atanasio a su sedeObispo de Alejandr\u00eda; confesor y doctor de la Iglesia; naci\u00f3 cerca del a\u00f1o 296; muri\u00f3 el 2 de mayo de 373.  Atanasio fue el m\u00e1ximo palad\u00edn de la creencia cat\u00f3lica en el tema de la Encarnaci\u00f3n que la Iglesia haya conocido jam\u00e1s, y durante su vida se gan\u00f3 el t\u00edtulo caracter\u00edstico de \u00abPadre de la Ortodoxia\u00bb, por el cual se ha distinguido desde entonces.  Mientras que la cronolog\u00eda de su carrera permanece a\u00fan, en su mayor parte, como un problema desesperadamente intrincado, el material m\u00e1s completo para un recuento de los principales logros de su vida se encuentra en la compilaci\u00f3n de sus obras y en los registros contempor\u00e1neos de su \u00e9poca.  Naci\u00f3, al parecer, en Alejandr\u00eda, muy probablemente entre los a\u00f1os 296 y 298.  A veces se asigna una fecha anterior, 293, como el a\u00f1o m\u00e1s seguro de su nacimiento; y est\u00e1 apoyada aparentemente por la autoridad del \u00abFragmento Copto\u00bb (publicado por el Dr.  O. Von Lemm en las M\u00e9moires de l&#8217;acad\u00e9mie imp\u00e9riale des sciences de S.  P\u00e9terbourg, 1888) y corroborada por la indudable madurez de juicio que se revela en los dos tratados \u00abContra Gentes\u00bb y \u00abDe Incarnatione\u00bb, que ciertamente fueron escritos alrededor del 318, antes de que el arrianismo se hiciera sentir como movimiento.  Debe recordarse, sin embargo, que en dos pasajes distintos de sus escritos (Hist.  Ar., LXIV, y De Syn., XVIII) Atanasio se abstiene de hablar como testigo presencial de la persecuci\u00f3n que se desat\u00f3 bajo Maximiano en el 303, pues al referirse a los acontecimientos de este per\u00edodo no invoca directamente sus propios recuerdos personales, sino que se apoya, m\u00e1s bien, en la tradici\u00f3n.  Tal reserva ser\u00eda dif\u00edcilmente comprensible si, bas\u00e1ndose en la hip\u00f3tesis de la fecha temprana, el santo hubiese sido un ni\u00f1o de diez a\u00f1os cumplidos.  Adem\u00e1s, debe haber habido alg\u00fan viso de fundamento f\u00e1ctico en el cargo que, en su vida posterior, lanzaron contra \u00e9l sus acusadores (\u00cdndice de las Cartas Festivas) de que, en el momento de su consagraci\u00f3n al episcopado, en el 328, no hab\u00eda alcanzado la edad can\u00f3nica de treinta a\u00f1os.  Estas consideraciones, por ende, si bien no son enteramente convincentes, parecieran hacer m\u00e1s posible que naciera no antes del 296 ni despu\u00e9s del 298.  <\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es imposible hablar m\u00e1s que en conjeturas acerca de su familia.  Sobre la pretensi\u00f3n de que \u00e9sta era prominente y acomodada, s\u00f3lo podemos observar que la tradici\u00f3n a ese efecto no se contradice con los escasos detalles que pueden recogerse en los escritos del santo.  Estos escritos indudablemente suministran evidencias acerca de la educaci\u00f3n que se le daba, en gran medida, s\u00f3lo a los ni\u00f1os y j\u00f3venes de clases altas.  Comenzaba con la gram\u00e1tica, segu\u00eda con la ret\u00f3rica, y recib\u00eda sus toques finales bajo alguno de los m\u00e1s populares conferencistas en las escuelas de filosof\u00eda.  Es posible, desde luego, que debiera su notable formaci\u00f3n en letras al favor de su santo predecesor, si no a su cuidado personal.  Pero Atanasio era una de esas raras personalidades que deriva incomparablemente m\u00e1s de sus propias dotes naturales de intelecto que de la aleatoriedad de la descendencia o del entorno.  Su carrera casi personifica una crisis en la historia del cristianismo, y puede decirse de \u00e9l que m\u00e1s bien dio forma a los acontecimientos en que tom\u00f3 parte en lugar de ser moldeado por ellos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante ser\u00eda enga\u00f1oso sugerir que no fue en ning\u00fan sentido notable un deudor a su \u00e9poca y lugar de nacimiento.  La Alejandr\u00eda de su mocedad era un ep\u00edtome, intelectual, moral y pol\u00edticamente, de ese \u00e9tnicamente policromo mundo greco-romano en el que la Iglesia de los siglos IV y V estaba comenzando, por fin, con conciencia imperturbada, despu\u00e9s de casi trescientos a\u00f1os de propagandismo incansable, a percibir claramente su supremac\u00eda.  Era, adem\u00e1s, el m\u00e1s importante centro de comercio en todo el imperio, y su primac\u00eda como emporio de ideas era mayor que el de Roma o Constantinopla, Antioquia o Marsella.  Ya en ese entonces, en obediencia a un instinto cuyo completo significado dif\u00edcilmente se puede determinar sin estudiar el desarrollo subsecuente del catolicismo, su famosa \u00abEscuela catequ\u00edstica\u00bb, sin sacrificar una jota o t\u00edtulo o esa pasi\u00f3n por la ortodoxia que hab\u00eda asimilado de Panteno, Clemente y Or\u00edgenes, hab\u00eda comenzado a asumir un car\u00e1cter casi secular en la amplitud de sus intereses, y hab\u00eda contado con paganos influyentes entre sus serios oyentes (Eusebio, Hist.  Eccl., VI.19).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Haber nacido y haberse criado en tal atm\u00f3sfera de cristianismo filosofante era, a pesar de los peligros que implicaba, la m\u00e1s oportuna y la m\u00e1s liberal de las educaciones; y hay, como hemos indicado, abundante evidencia en las escrituras del santo que testifican la pronta respuesta que todas las mejores influencias del lugar deben haber encontrado en el coraz\u00f3n y la mente del muchacho en desarrollo.  Atanasio parece haber sido puesto, desde peque\u00f1o, bajo la supervisi\u00f3n inmediata de las autoridades eclesi\u00e1sticas de su ciudad natal.  No tenemos forma de determinar si su larga familiaridad con el obispo Alejandro comenz\u00f3 en la ni\u00f1ez, pero Rufino ha conservado para nosotros una historia que pretende describir las circunstancias de su primera presentaci\u00f3n a ese prelado (Hist.  Ecl., I, XIV).  La historia dice as\u00ed:  El obispo hab\u00eda invitado a cierto n\u00famero de hermanos prelados a encontrarse con \u00e9l en un desayuno despu\u00e9s de una gran funci\u00f3n religiosa en el aniversario del martirio de San Pedro, un predecesor reciente en la Sede de Alejandr\u00eda.  Mientras Alejandro estaba asomado a una ventana esperando que llegaran sus invitados, miraba a un grupo de ni\u00f1os que jugaban a la orilla del mar, bajo la casa.  No los hab\u00eda observado por mucho tiempo cuando descubri\u00f3 que estaban imitando, a todas luces sin prop\u00f3sito de irreverencia, el elaborado ritual del bautismo cristiano.  (Cf.  Bunsen, \u00abEl Cristianismo y la Humanidad\u00bb, Londres, 1854, VI, 465; Denzinger, \u00abRitus Orientalium\u00bb in verb.; Butler, \u00abIglesias Coptas Antiguas\u00bb, II, 268 et sgg.; \u00abBapteme chez les Coptes\u00bb, \u00abDicc.  Teol.  Cat.\u00bb, Col.  244, 245).  Mand\u00f3 a llamar a los ni\u00f1os y traerlos a su presencia.  En la investigaci\u00f3n que sigui\u00f3, se descubri\u00f3 que uno de los ni\u00f1os, que no era otro que el futuro Primado de Alejandr\u00eda, hab\u00eda actuado en el papel de obispo, y que, en ese papel, hab\u00eda bautizado de hecho a varios de sus compa\u00f1eros en el curso del juego.  Alejandro, que parece haber estado inexplicablemente perplejo por las respuestas que recibi\u00f3 a sus indagaciones, determin\u00f3 que los bautismos simulados fueran reconocidos como genuinos; y decidi\u00f3 que Atanasio y sus compa\u00f1eros de juego recibieran instrucci\u00f3n que los hiciera aptos para una carrera eclesi\u00e1stica.  Los Bolandistas han tratado seriamente esta historia, y escritores tan dif\u00edciles de satisfacer como el Archidi\u00e1cono Farrar y el finado Decano Stanley se muestran dispuestos a aceptarla como portadora, a primera vista, de \u00abtodo indicio de verdad\u00bb (Farrar, \u00abVidas de los Padres\u00bb, I, 337; Stanley, \u00abEast.  Ch.\u00bb, 264).  Pero, bien sea en esta forma, o en la versi\u00f3n modificada que se encuentra en S\u00f3crates (I, XV), quien omite toda referencia al bautismo y dice que el juego era \u00abuna imitaci\u00f3n del sacerdocio y el orden de las personas consagradas\u00bb, la historia plantea cierto n\u00famero de dificultades cronol\u00f3gicas y sugiere cuestiones aun m\u00e1s graves.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1s una explicaci\u00f3n plausible de su origen pueda encontrarse en la teor\u00eda de que se trataba de uno de los muchos mitos en circulaci\u00f3n iniciados por la imaginaci\u00f3n popular para explicar el marcado sesgo hacia una carrera eclesi\u00e1stica que parece haber caracterizado la temprana infancia del futuro campe\u00f3n de la fe.  Sozomeno habla de su \u00abidoneidad para el sacerdocio\u00bb, y llama la atenci\u00f3n sobre la significativa circunstancia de que \u00abdesde sus m\u00e1s tiernos a\u00f1os fue pr\u00e1cticamente autodidacta\u00bb.  \u00abNo mucho despu\u00e9s de esto\u00bb, a\u00f1ade la misma autoridad, el obispo Alejandro \u00abinvito a Atanasio a ser su comensal y secretario.  Hab\u00eda sido bien educado, y era versado en gram\u00e1tica y ret\u00f3rica, y, siendo a\u00fan un joven y antes de alcanzar el episcopado, ya hab\u00eda dado pruebas de su sabidur\u00eda y discernimiento a aquellos que convivieron con \u00e9l\u00bb (Soz., II, XVII).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa \u00absabidur\u00eda y discernimiento\u00bb se manifestaron en diversos ambientes.  Siendo aun un levita bajo el cuidado de Alejandro, parece haber mantenido relaciones cercanas con algunos de los solitarios del desierto egipcio, y en particular con el gran San Antonio, cuya vida se dice que escribi\u00f3.  La evidencia de la familiaridad y la autor\u00eda de la biograf\u00eda en cuesti\u00f3n han sido cuestionadas, principalmente por escritores no cat\u00f3licos, con base en que la famosa \u00abVita\u00bb muestra signos de interpolaci\u00f3n.  Independientemente de lo que podamos pensar de los argumentos sobre el tema, es imposible negar que la idea mon\u00e1stica atrajo fuertemente al temperamento del joven cl\u00e9rigo, y que \u00e9l mismo, en a\u00f1os posteriores, no s\u00f3lo se sent\u00eda c\u00f3modo cuando el deber o el accidente lo llevaban a estar entre los solitarios, sino que era tan disciplinado mon\u00e1sticamente en sus h\u00e1bitos que se hablaba de \u00e9l como de un \u00abasceta\u00bb (Apol.  C.  Arian., VI).  En el uso que se le daba en el siglo IV, la palabra tendr\u00eda una rotundidad de connotaci\u00f3n no f\u00e1cilmente determinable hoy en d\u00eda (Ver Ascetismo).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No sorprende que alguien que estaba llamado a ocupar un lugar tan grande en la historia de su tiempo deba haber dejado impresa la forma y rasgos de su personalidad, por as\u00ed decirlo, en la imaginaci\u00f3n de sus contempor\u00e1neos.  San Gregorio Nacianceno no es el \u00fanico escritor que nos lo ha descrito (Orat.  XXI, 8).  Una frase despectiva del Emperador Juliano (Epist., LI) sirve, sin propon\u00e9rselo, para corroborar la imagen dibujada por observadores m\u00e1s amables.  Su estatura estaba por debajo de la media, era de complexi\u00f3n enjuta, pero recia, e intensamente en\u00e9rgico.  Ten\u00eda la cabeza finamente formada, realzada con una delgada capa de cabello casta\u00f1o, una boca peque\u00f1a pero delicadamente expresiva, una nariz aguile\u00f1a, y ojos de brillo intenso pero bondadoso.  Ten\u00eda viveza de ingenio, era r\u00e1pido en intuici\u00f3n, f\u00e1cil y afable en sus maneras, agradable en la conversaci\u00f3n, agudo y quiz\u00e1s un tanto demasiado pr\u00f3digo en el debate.  (Adem\u00e1s de las referencias ya citadas, vea la detallada descripci\u00f3n dada en las citas Menaion de enero en la biograf\u00eda bolandista.  Juliano el Ap\u00f3stata, en la carta arriba aludida, se burla de lo diminuto de su persona \u2013 mede aner, all anthropiokos auteles, escribe).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s de estas cualidades, era notorio por otras dos cualidades de las que incluso sus enemigos dan testimonio involuntario.  Estaba dotado de un sentido del humor que pod\u00eda ser tan mordaz&#8212;casi dir\u00edamos sard\u00f3nico&#8212;como parece haber sido espont\u00e1neo e inalterable; y su fortaleza era de la que nunca titubea, aun en la m\u00e1s descorazonadora hora de derrota.  Hay otra nota en esta altamente dotada y polifac\u00e9tica personalidad a la que todo lo dem\u00e1s en su naturaleza auxiliaba, y que debe mantenerse siempre en mente si queremos poseer la clave de su car\u00e1cter y escritos, y comprender el extraordinario significado de su carrera en la historia de la Iglesia Cristiana.  No era, por instinto, ni un liberal ni un conservador en teolog\u00eda.  De hecho, estos t\u00e9rminos son singularmente inapropiados al aplicarse a un temperamento como el suyo.  Desde el principio hasta el fin le import\u00f3 enormemente una y solo una cosa:  la integridad de su credo cat\u00f3lico.  La religi\u00f3n que engendraba en \u00e9l era obviamente&#8212;considerando los rasgos mediante los cuales hemos tratado de describirlo&#8212;de un tipo apasionado y arrollador; comenzaba y terminaba en la devoci\u00f3n a la Divinidad de Jesucristo.  Apenas entraba en sus veintes, y desde luego no era m\u00e1s que un di\u00e1cono, cuando public\u00f3 dos tratados, en los que su mente parec\u00eda hacer sonar la nota clave de todos sus posteriores y m\u00e1s maduros pronunciamientos sobre el tema de la fe cat\u00f3lica.  \u00abContra Gentes\u00bb y \u00abOratio de Incarnatione\u00bb&#8212;para darles las denominaciones latinas con las que son m\u00e1s com\u00fanmente citadas&#8212;fueron escritos entre los a\u00f1os 318 y 323.  San Jer\u00f3nimo (De Viris Illust.) se refiere a ellos, bajo un t\u00edtulo com\u00fan, como \u00abAdversum Gentes Duo Libri\u00bb, dejando a sus lectores inferir la impresi\u00f3n, que un an\u00e1lisis de los contenidos de ambos libros ciertamente parece justificar, de que ambos tratados son en realidad uno solo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como un alegato de la posici\u00f3n cristiana, dirigido principalmente tanto a gentiles como a jud\u00edos, la apolog\u00eda del joven di\u00e1cono, si bien indudablemente recuerda en m\u00e9todos e ideas a Or\u00edgenes y los primeros alejandrinos, es, sin embargo, fuertemente individual y casi pietista en el tono.  Aunque trata de la Encarnaci\u00f3n, permanece silente en la mayor\u00eda de esos problemas ulteriores en defensa de los cuales Atanasio iba a ser pronto convocado, por la fuerza de los eventos y el fervor de su propia fe, para dedicarles las mejores energ\u00edas de su vida.  La obra no contiene ninguna discusi\u00f3n expl\u00edcita de la naturaleza de la Filiaci\u00f3n del Verbo, por ejemplo; ning\u00fan intento de delinear el car\u00e1cter de la relaci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or con el Padre; nada, en suma, de aquellas cuestiones cristol\u00f3gicas sobre las cuales iba a hablar con tan espl\u00e9ndida y valiente claridad en tiempos de formulaciones cambiantes y opiniones sin definir.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No obstante, esas ideas deben haber estado en el aire (Soz., I, XV) pues, entre los a\u00f1os 318 y 320, Arrio, un nativo de Libia (Epifanio, Her., LXIX) y sacerdote de la Iglesia de Alejandr\u00eda, que ya hab\u00eda sido censurado por su participaci\u00f3n en los problemas melecianos que brotaron durante el episcopado de San Pedro, y cuyas ense\u00f1anzas hab\u00edan tenido \u00e9xito al hacer peligrosos progresos aun entre las \u00abv\u00edrgenes consagradas\u00bb de la sede de San Marcos (Epif., Her., LXIX; S\u00f3crates, Hist.  Ecl., I.6), acus\u00f3 al obispo Alejandro de sabelianismo.  Arrio, quien parece haber abusado de la tolerancia caritativa del primado, fue, a la larga, depuesto (Apol.  C.  Ar., VI) en un s\u00ednodo constituido por m\u00e1s de cien obispos de Egipto y Libia (Depositio Ar., 3).  El heresiarca condenado se retir\u00f3 primero a Palestina y luego a Bitinia, donde, bajo la protecci\u00f3n de Eusebio de Nicomedia y sus \u00abColucianistas\u00bb, pudo incrementar su ya notoria influencia, mientras sus amigos se esforzaban en preparar el camino para su reinstalaci\u00f3n forzosa como sacerdote de la Iglesia de Alejandr\u00eda.  Atanasio, aunque era s\u00f3lo un di\u00e1cono, no debe haber tenido un papel subordinado en estos eventos.  El era el secretario de confianza y consejero de Alejandro, y su nombre aparece en la lista de aquellos que firmaron la carta enc\u00edclica emitida posteriormente por el primado y sus colegas para contrarrestar el creciente prestigio de la nueva ense\u00f1anza y el impulso que estaba comenzando a adquirir debido al ostentoso patrocinio que extend\u00eda al depuesto Arrio la facci\u00f3n de Eusebio.  De hecho, es a este partido y a la influencia que fue capaz de ejercer en la corte del emperador, que parece deberse principalmente la subsecuente importancia del arrianismo como un movimiento pol\u00edtico, m\u00e1s que religioso.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La herej\u00eda, por supuesto, ten\u00eda su base presuntamente filos\u00f3fica, que los autores antiguos y modernos han adscrito a las fuentes m\u00e1s opuestas.  San Epifanio lo caracteriza como un tipo de aristotelismo redivivo (Haer., LXVII y LXXVI); y S\u00f3crates pr\u00e1cticamente sostiene esa misma opini\u00f3n (Hist.  Eccl., II.35), Teodoreto (Haer.  Fab., IV, III) y San Basilio (Adv.  Eunom., L, IX).  Por otra parte, un te\u00f3logo tan ampliamente le\u00eddo como Petavio (De Trin., I, VIII, 2) no duda en derivarlo del platonismo; John Henry Newman, por su parte (Arrianos del Siglo Cuarto., 4 ed., 109), ve en \u00e9l la influencia de los prejuicios jud\u00edos racionalizados mediante la ayuda de ideas aristot\u00e9licas; mientras que Robertson (Sel.  Writ.  And Let.  Of Ath.  Proleg., 27) observa que la \u00abteolog\u00eda com\u00fan\u00bb, que invariablemente se le opon\u00eda, \u00abtomaba prestados sus principios y m\u00e9todo filos\u00f3ficos de los plat\u00f3nicos.\u00bb  Estas declaraciones aparentemente conflictivas pueden, sin duda, ajustarse f\u00e1cilmente; pero la verdad es que el prestigio del arrianismo nunca descans\u00f3 en sus ideas.  Cualquiera que sea la escuela de la que se deriv\u00f3 l\u00f3gicamente, la secta, en tanto secta, fue acunada y alimentada en la intriga.  Salvo en algunos pocos ejemplos, que pueden explicarse sobre bases muy distintas, sus profetas se apoyaron m\u00e1s en la influencia curial que en la piedad, o el conocimiento de las Escrituras o la dial\u00e9ctica.  Esto debe tenerse siempre en mente, si no queremos movernos distra\u00eddamente a trav\u00e9s del desconcertante laberinto de eventos que configuran la vida de Atanasio en el siguiente medio siglo.  Es su m\u00e9rito peculiar que no s\u00f3lo viera el decurso de las cosas desde el puro principio, sino que se mantuviera confiado sobre el tema hasta el final (Apol.  C.  Ar., C.).  Su visi\u00f3n y valent\u00eda se mostraron como un baluarte de la Iglesia Cristiana en el mundo casi tan eficiente como su singularmente l\u00facida comprensi\u00f3n de la creencia tradicional cat\u00f3lica.  Su oportunidad lleg\u00f3 en el a\u00f1o 325, cuando el Emperador Constantino el Grande, con la esperanza de poner fin a los escandalosos debates que estaban perturbando la paz de la Iglesia, se reuni\u00f3 con los prelados de todo el mundo Cat\u00f3lico reunidos en el Primer Concilio de Nicea.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El gran concilio convocado en esta coyuntura fue algo m\u00e1s que un evento fundamental en la historia del cristianismo.  Su repentina y, en cierto sentido, casi impremeditada adopci\u00f3n de un t\u00e9rmino casi filos\u00f3fico y no perteneciente a las Escrituras&#8212;homoousion&#8212;para expresar el car\u00e1cter de creencia ortodoxa en la Persona del Cristo hist\u00f3rico, al definirlo como id\u00e9ntico en sustancia, o coesencial, con el Padre, junto con su confiado llamamiento al emperador para prestar la sanci\u00f3n de su autoridad a los decretos y pronunciamientos, mediante la cual esperaba salvaguardar esta m\u00e1s expl\u00edcita profesi\u00f3n de la antigua fe, tuvieron consecuencias de la m\u00e1s grave importancia, no s\u00f3lo para el mundo de las ideas sino tambi\u00e9n para el mundo de la pol\u00edtica.  Mediante la promulgaci\u00f3n oficial del t\u00e9rmino homo\u00f6usion, la especulaci\u00f3n teol\u00f3gica recibi\u00f3 un nuevo pero sutil impulso que se hizo sentir mucho despu\u00e9s de que Atanasio y sus seguidores murieran; mientras que la invocaci\u00f3n al brazo secular inaugur\u00f3 una pol\u00edtica que permaneci\u00f3 pr\u00e1cticamente inalterada en su alcance hasta la publicaci\u00f3n de los decretos Vaticanos de nuestro tiempo.  En un sentido, y uno muy profundo y vital, tanto la definici\u00f3n como la pol\u00edtica eran inevitables.  Era inevitable en el orden de las ideas religiosas que cualquier ruptura en la continuidad l\u00f3gica deb\u00eda encontrarse con el cuestionamiento y la protesta.  Era igual de inevitable que la protesta, para ser efectiva, deb\u00eda recibir alguna aprobaci\u00f3n de un poder que, hasta ese momento, se hab\u00eda abocado a regular las circunstancias m\u00e1s graves de la vida (cf.  Harnack, Hist.  Dog., III, 146, nota; tr.  Buchanan).  Como se\u00f1al\u00f3 Newman:  \u00abLa Iglesia no pod\u00eda unirse como una sola sin entrar en alguna suerte de negociaci\u00f3n con los poderes que fuesen; cuyos celos es deber de los cristianos, en tanto individuos y en tanto cuerpo, si es posible, disipar\u00bb (Arrianos del siglo cuarto, 4 ed., 241).  Aunque todav\u00eda no hab\u00eda sido ordenado sacerdote, Atanasio acompa\u00f1\u00f3 a Alejandro al concilio en calidad de secretario y consejero teol\u00f3gico.  \u00c9l no fue, por supuesto, el creador del famoso homo\u00f6sion.  El t\u00e9rmino hab\u00eda sido propuesto, en un sentido dudoso e ileg\u00edtimo, por Pablo de Samosata a los padres de Antioqu\u00eda, y hab\u00eda sido rechazado por \u00e9stos por su regusto a concepciones materialistas de la Divinidad (cf.  Atan., \u00abDe Syn.,\u00bb XLIII; Newman, \u00abArrianos del Siglo Cuarto\u00bb, 4 ed., 184-196; Petavio  \u00abDe Trin.,\u00bb IV, v, secc.  3; Robertson, \u00abSel.  Writ.  And Let.  Athan.  Proleg.\u00bb, 30 ss).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Puede incluso cuestionarse si, dejado a sus propios instintos, Atanasio habr\u00eda sugerido del todo un reavivamiento ortodoxo del t\u00e9rmino en absoluto (\u00abDe decretis\u00bb, 19; \u00abOrat.  C.  Ar.\u00bb, II, 32; \u00abAd Monachos\u00bb, 2).  Sus escritos, compuestos durante los cuarenta y seis cr\u00edticos a\u00f1os de su episcopado, muestran un uso muy escaso del t\u00e9rmino; y aunque, como Newman nos recuerda (Arrianos del Siglo Cuarto, 4 ed., 236), no existe \u00abel relato aut\u00e9ntico de las sesiones\u00bb realizadas, hay sin embargo evidencia abundante para apoyar la opini\u00f3n com\u00fan de que hab\u00eda sido inesperadamente impuesto a la atenci\u00f3n de los obispos, arrianos y ortodoxos, en el gran s\u00ednodo por la propuesta de Constantino de considerar el credo propuesto por Eusebio de Cesarea, con la adici\u00f3n del homo\u00f6sion, como salvaguarda ante posibles vaguedades.  La sugerencia habr\u00eda venido, con toda probabilidad, de Hosio de C\u00f3rdoba (cf.  Epist.  Eusebii.\u00bb, en el ap\u00e9ndice al \u00abDe Decretis\u00bb, secc.  4; Soc., \u00abHist.  Ecl.\u00bb, I.8 y III.7; Teodoreto  \u00abHist.  Ecl.\u00bb, I, Atan.; \u00abArrianos del Siglo Cuarto\u00bb, 6, n.42; outos ten en Nikaia pistin exetheto, dice el santo, citando a sus oponentes); pero Atanasio, de acuerdo con los l\u00edderes del partido ortodoxo, lealmente acept\u00f3 el t\u00e9rmino como expresi\u00f3n del sentido tradicional en el que la Iglesia hab\u00eda sostenido siempre que Jesucristo es el Hijo de Dios.  Las notorias habilidades desplegadas en los debates nicenos y la reputaci\u00f3n de valent\u00eda y sinceridad que se gan\u00f3 en todos los bandos, hicieron del joven cl\u00e9rigo un hombre marcado de ah\u00ed en adelante (San  Greg.  Nac., Orat., 21).  Su vida no pod\u00eda transcurrir en un rinc\u00f3n.  Cinco meses despu\u00e9s de la clausura del concilio, mor\u00eda el Primado de Alejandr\u00eda; y Atanasio fue escogido para sucederle, tanto en reconocimiento a su talento como, parece ser, en deferencia a los deseos manifestados en su lecho de muerte por el finado prelado.  Su elecci\u00f3n, a pesar de su extrema juventud y la oposici\u00f3n de un vestigio de las facciones arriana y meleciana en la Iglesia de Alejandr\u00eda, fue bien recibida por todas las clases entre el laicado (\u00abApol.  C.  Arian.\u00bb, VI; Soz., \u00abHist.  Eccl.\u00bb, II.17, 21, 22).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los primeros a\u00f1os del gobierno del santo estuvieron ocupados por la habitual rutina episcopal de un obispo egipcio del siglo IV.  Visitas episcopales, s\u00ednodos, correspondencia pastoral, pr\u00e9dicas y la ronda anual de funciones eclesi\u00e1sticas consum\u00edan el grueso de su tiempo.  Los \u00fanicos eventos dignos de menci\u00f3n, de los cuales la antig\u00fcedad suministra cuando menos datos probables, est\u00e1n ligados a los exitosos esfuerzos que hizo para dotar de una jerarqu\u00eda a la reci\u00e9n fundada iglesia de Etiop\u00eda (Abisinia) en la persona de San Frumencio (Rufino I, IX; S\u00f3crates  I, XIX; Sozomeno II, XXIV) y la amistad que parece haber comenzado en esta \u00e9poca entre \u00e9l y los monjes de San Pacomio.  Pero las semillas del desastre que la piedad del santo hab\u00eda plantado sin titubear en Nicea estaban comenzando finalmente a generar una inquietante cosecha.  Ya estaban sucediendo eventos en Constantinopla que iban a convertirlo en la figura m\u00e1s importante de su tiempo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Eusebio de Nicomedia, que hab\u00eda ca\u00eddo en desgracia y hab\u00eda sido desterrado por el Emperador Constantino por su participaci\u00f3n en las primeras controversias arrianas, hab\u00eda sido llamado del exilio.  Tras una h\u00e1bil campa\u00f1a de intriga, llevada a cabo principalmente mediante el papel decisivo de las mujeres de la casa imperial, este prelado de suaves modales prevaleci\u00f3 sobre Constantino hasta tal punto que lo indujo a ordenar la llamada de Arrio igualmente del exilio.  El mismo envi\u00f3 una caracter\u00edstica carta al joven primado de Alejandr\u00eda, en la que manifestaba su favor hacia el condenado heresiarca, quien fue descrito como un hombre cuyas opiniones hab\u00edan sido tergiversadas.  Estos eventos deben haber sucedido alrededor de finales del a\u00f1o 330.  Finalmente, el mism\u00edsimo emperador fue persuadido para escribir a Atanasio, urgi\u00e9ndole a que todos aquellos que estuvieran dispuestos a someterse a las definiciones de Nicea deber\u00edan ser readmitidos a la comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica.  Atanasio se opuso resueltamente a hacer esto, alegando que no pod\u00eda haber sociedad entre la Iglesia y quien negaba la divinidad de Cristo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Obispo de Nicomedia present\u00f3 entonces varios cargos eclesi\u00e1sticos y pol\u00edticos contra Atanasio, los cuales, aun cuando fueron refutados sin lugar a dudas en su primera audiencia, fueron posteriormente reformulados y puestos a servir casi en cada etapa de sus subsecuentes juicios.  Cuatro de estos cargos eran muy precisos, a saber:  que no hab\u00eda alcanzado la edad can\u00f3nica al momento de su consagraci\u00f3n; que le hab\u00eda impuesto a las provincias un impuesto sobre el lino; que sus oficiales hab\u00edan profanado, con su connivencia y autoridad, los Sagrados Misterios en el caso de un supuesto sacerdote llamado Isquiras; y, finalmente, que hab\u00eda ejecutado a un tal Arenio y posteriormente desmembrado el cuerpo con prop\u00f3sitos de magia.  La naturaleza de los cargos y el m\u00e9todo de sustentaci\u00f3n de los mismos fueron vividamente caracter\u00edsticos de la \u00e9poca.  El estudiante curioso los encontrar\u00e1 expuestos con pintoresco detalle en la segunda parte de la \u00abApolog\u00eda\u00bb, o \u00abDefensa contra los Arrianos\u00bb, del santo, escritas mucho despu\u00e9s de los eventos mismos, alrededor del a\u00f1o 350, cuando la retractaci\u00f3n de Ursacio y Flavio Valente hizo que su publicaci\u00f3n fuera triunfantemente oportuna.  Toda esta triste historia, desde nuestra \u00e9poca, se lee en parte m\u00e1s como un ejemplo de la novela griega tard\u00eda que como la narraci\u00f3n de una inquisici\u00f3n seriamente conducida por un s\u00ednodo de prelados cristianos con la idea de llegar a la verdad de una serie de odiosas acusaciones formuladas contra uno de sus miembros.  Convocado por la orden del Emperador tras prolongadas demoras que se extendieron por un per\u00edodo de treinta meses (Soz., II, XXV), Atanasio consinti\u00f3 finalmente en enfrentar los cargos lanzados contra \u00e9l y compareci\u00f3 a un s\u00ednodo de prelados en Tiro en el a\u00f1o 335.  Cincuenta de sus sufrag\u00e1neos fueron con \u00e9l para reivindicar su buen nombre, pero la conformaci\u00f3n del grupo rector del s\u00ednodo hac\u00eda evidente que la justicia hacia el acusado era lo \u00faltimo en lo que se pensaba.  Dif\u00edcilmente puede extra\u00f1arnos que Atanasio hubiera rehusado a ser juzgado por tal tribunal.  Por lo tanto, se march\u00f3 repentinamente de Tiro, escapando en un bote con algunos amigos fieles, que lo acompa\u00f1aron hasta Bizancio, donde hab\u00eda tomado la determinaci\u00f3n de presentarse al emperador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las circunstancias en las que el santo y el gran catec\u00fameno se encontraron fueron bastante dram\u00e1ticas.  Constantino regresaba de una cacer\u00eda cuando Atanasio, repentinamente, se le atraves\u00f3 en medio del camino y solicit\u00f3 una audiencia.  El asombrado emperador apenas pod\u00eda dar cr\u00e9dito a sus ojos, y requiri\u00f3 de la confirmaci\u00f3n de uno de los asistentes para convencerle de que el peticionario no era un impostor sino el mism\u00edsimo Obispo de Alejandr\u00eda.  \u00abConcededme\u00bb, dijo el prelado, \u00abun tribunal justo, o perm\u00edtaseme encontrarme con mis acusadores, cara a cara, en vuestra presencia.\u00bb Su solicitud fue otorgada.  Se envi\u00f3 una orden perentoria a los obispos que hab\u00edan juzgado y, por supuesto, condenado a Atanasio en ausencia, para que se presentaran inmediatamente en la ciudad imperial.  La orden les lleg\u00f3 mientras iban de camino a la gran fiesta de la dedicaci\u00f3n de la nueva iglesia de Constantino en Jerusal\u00e9n.  Naturalmente, caus\u00f3 alguna consternaci\u00f3n, pero los m\u00e1s influyentes miembros de la facci\u00f3n eusebiana nunca carecieron de valor o ingenio.  Se le tom\u00f3 la palabra al santo, y los viejos cargos fueron renovados ante el mism\u00edsimo emperador.  Atanasio fue condenado a ir al exilio en Treves, donde fue recibido con la m\u00e1xima afabilidad por el santo Obispo M\u00e1ximo y el hijo mayor del emperador, Constantino.  Comenz\u00f3 su viaje probablemente en el mes de febrero del 336 y lleg\u00f3 a orillas del Mosela a finales del oto\u00f1o del mismo a\u00f1o.  Su exilio dur\u00f3 casi dos a\u00f1os y medio.  La opini\u00f3n p\u00fablica en su propia di\u00f3cesis permaneci\u00f3 leal a su persona durante todo este tiempo.  No es el menos elocuente testimonio de la val\u00eda esencial de su car\u00e1cter el que fuera capaz de inspirar tal fe.  El tratamiento dado por Constantino a Atanasio en esta crisis de su fortuna ha sido siempre dif\u00edcil de comprender.  Fingiendo, por un lado, una muestra de indignaci\u00f3n, como si creyera realmente en el cargo pol\u00edtico lanzado contra \u00e9l, se rehus\u00f3, por otro lado, a nombrar un sucesor en la Sede de Alejandr\u00eda, algo que, para ser consistente, pod\u00eda haberse visto obligado a hacer si hubiera tomado seriamente los procedimientos de condena llevados a cabo por los eusebianos en Tiro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras tanto, hab\u00edan ocurrido acontecimientos de la m\u00e1xima importancia.  Arrio hab\u00eda muerto en circunstancias sorprendentemente dram\u00e1ticas en Constantinopla en el 336; y le hab\u00eda seguido la muerte del propio Constantino, el 22 de mayo del a\u00f1o siguiente.  Unas tres semanas despu\u00e9s, el joven Constantino invit\u00f3 al prelado exiliado a regresar a su sede, y a finales de noviembre del mismo a\u00f1o Atanasio se estableci\u00f3 nuevamente en su ciudad episcopal, lo cual motiv\u00f3 gran regocijo.  La gente, como \u00e9l mismo nos cuenta, acudi\u00f3 en multitudes a verlo en persona; las iglesias se entregaron a una especie de jubileo; se ofrecieron acciones de gracias en todas partes; y el clero y los laicos consideraron el d\u00eda como el m\u00e1s feliz de sus vidas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero ya se estaban fraguando problemas all\u00ed donde el santo pod\u00eda razonablemente haberlos esperado.  La facci\u00f3n eusebiana, que de aqu\u00ed en adelante se destacan ampliamente como los perturbadores de su paz, logr\u00f3 ganar para su bando al indeciso emperador Constancio, a quien se le hab\u00eda asignado el Oriente en la divisi\u00f3n del imperio que sigui\u00f3 a la muerte de Constantino.  Los viejos cargos fueron renovados con una aun m\u00e1s grave acusaci\u00f3n eclesi\u00e1stica a guisa de cl\u00e1usula adicional.  Atanasio hab\u00eda ignorado la decisi\u00f3n de un s\u00ednodo debidamente autorizado.  Hab\u00eda regresado a su sede sin haber sido convocado por una autoridad eclesi\u00e1stica (Apol.  C.  Ar., loc.  Cit.).  En el a\u00f1o 340, tras el fracaso de los disgustados eusebianos para asegurarse el nombramiento de un candidato arriano de dudosa reputaci\u00f3n llamado Pisto, el notorio Gregorio de Capadocia fue impuesto a la fuerza en la sede de Alejandr\u00eda, y Atanasio fue obligado a ocultarse.  En espacio de pocas semanas se dirigi\u00f3 a Roma para exponer su caso ante la Iglesia en general.  Hab\u00eda apelado al Papa Julio (337-352), quien adopt\u00f3 su causa con una dedicaci\u00f3n que nunca vacil\u00f3 hasta el d\u00eda de la muerte de ese santo pont\u00edfice.  El Papa convoc\u00f3 un s\u00ednodo de obispos que se reunir\u00eda en Roma.  Tras un cuidadoso y detallado examen de todo el caso, se proclam\u00f3 la inocencia del primado a toda la cristiandad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras tanto, el partido eusebiano se hab\u00eda reunido en Antioquia y hab\u00eda aprobado una serie de decretos elaborados con el solo prop\u00f3sito de evitar el regreso del santo a su sede.  \u00c9ste pas\u00f3 tres a\u00f1os en Roma, durante los cuales la idea de la vida cenob\u00edtica, tal y como Atanasio la hab\u00eda visto practicar en los desiertos de Egipto, se predic\u00f3 a los cl\u00e9rigos de Occidente (San Jer\u00f3nimo, Ep\u00edstola CXXVII, 5).  Dos a\u00f1os despu\u00e9s que el s\u00ednodo romano public\u00f3 sus decisiones, Atanasio fue convocado a Mil\u00e1n por el Emperador Constante, quien le expuso el plan que Constancio hab\u00eda dise\u00f1ado para una gran uni\u00f3n de las Iglesias Oriental y Occidental.  Comenz\u00f3 entonces una \u00e9poca de extraordinaria actividad para el santo.  A principios del a\u00f1o 343 encontramos al imp\u00e1vido exiliado en la Galia, a donde hab\u00eda ido para consultar al santo Hosio de C\u00f3rdoba, el gran palad\u00edn de la ortodoxia en Occidente.  Ambos partieron juntos al Concilio de S\u00e1rdica, que hab\u00eda sido convocado en deferencia a los deseos del Romano Pont\u00edfice.  En esta gran reuni\u00f3n de prelados, el caso de Atanasio fue abordado una vez m\u00e1s, y una vez m\u00e1s se reafirm\u00f3 su inocencia.  Se prepararon dos cartas conciliares, una dirigida al clero y los fieles de Alejandr\u00eda, y la otra a los obispos de Egipto y Libia, en las que se dio a conocer el deseo del Concilio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras tanto, el partido eusebiano se hab\u00eda ido a Filip\u00f3polis, desde donde emitieron un anatema contra Atanasio y sus seguidores.  La persecuci\u00f3n contra el partido ortodoxo brot\u00f3 con renovado vigor, y se indujo a Constancio a preparar medidas dr\u00e1sticas contra Atanasio y los sacerdotes que le eran fieles.  Se dieron \u00f3rdenes de matar al santo si intentaba entrar nuevamente a su sede.  Atanasio, en consecuencia, se retir\u00f3 de S\u00e1rdica a Naisus, en Misia, donde celebr\u00f3 el festival de la Pascua del a\u00f1o 344.  Despu\u00e9s parti\u00f3 para Aquileia, obedeciendo una convocatoria amistosa de Constante, a quien le hab\u00eda correspondido Italia en la divisi\u00f3n del imperio que sigui\u00f3 a la muerte de Constantino.  Mientras tanto, hab\u00eda sucedido un evento inesperado que hizo el retorno de Atanasio a su sede m\u00e1s f\u00e1cil de lo que hab\u00eda parecido durante meses.  Gregorio de Capadocia hab\u00eda muerto (probablemente en forma violenta) en junio del 345.  La embajada que hab\u00eda sido enviada por los obispos de S\u00e1rdica al Emperador Constancio, y que hab\u00eda sido recibida inicialmente con el m\u00e1s insultante de los tratamientos, recibi\u00f3 ahora una audiencia favorable.  Constancio fue inducido a reconsiderar su decisi\u00f3n, debido a una amenazadora carta de su hermano Constante y a las condiciones de incertidumbre de los asuntos en la frontera con Persia, por lo que opt\u00f3 por ceder.  Pero se requirieron tres cartas distintas para vencer la natural duda de Atanasio.  Pas\u00f3 r\u00e1pidamente de Aquileia a Tr\u00e9veris, de Tr\u00e9veris a Roma y de Roma, por la ruta del norte, a Adrian\u00f3polis y Antioqu\u00eda, donde se encontr\u00f3 con Constancio.  El vacilante emperador le concedi\u00f3 una cort\u00e9s entrevista, y lo envi\u00f3 de vuelta triunfante a su sede, donde comenz\u00f3 su memorable reinado de una d\u00e9cada, que dur\u00f3 hasta su tercer exilio, el del 356.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estos fueron a\u00f1os plenos en la vida del obispo, pero las intrigas del bando eusebiano, o de la Corte, pronto se reiniciaron.  El Papa Julio hab\u00eda muerto en el mes de abril de 352, y el Papa Liberio lo hab\u00eda sucedido como Sumo Pont\u00edfice.  Durante dos a\u00f1os Liberio hab\u00eda sido favorable a la causa de Atanasio, pero, enviado finalmente al exilio, fue inducido a firmar una f\u00f3rmula ambigua de la que la gran prueba de Nicea, el homo\u00f6usion, hab\u00eda sido intencionalmente omitida.  En el 355 se llev\u00f3 a cabo un concilio en Mil\u00e1n, en el que, pese a la vigorosa oposici\u00f3n de un pu\u00f1ado de prelados leales entre los obispos occidentales, se anunci\u00f3 al mundo una cuarta condena de Atanasio.  Con sus amigos dispersos, el santo Hosio en el exilio y el Papa Liberio denunciado por aquiescencia a las formulaciones arrianas, Atanasio dif\u00edcilmente pod\u00eda esperar escapar.  En la noche del 8 de febrero del 356, mientras oficiaba los servicios en la Iglesia de Santo Tom\u00e1s, una banda de hombres armados irrumpi\u00f3 para asegurar su arresto (Apol.  De Fuga, 24), lo cual fue el comienzo de su tercer exilio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mediante la influencia de la facci\u00f3n eusebiana en Constantinopla, se nombr\u00f3 entonces un obispo arriano, Jorge de Capadocia, para gobernar la sede de Alejandr\u00eda.  Atanasio, tras permanecer algunos d\u00edas en las cercan\u00edas de la ciudad, se retir\u00f3 finalmente a los desiertos del Alto Egipto, donde permaneci\u00f3 por un per\u00edodo de seis a\u00f1os, viviendo la vida de los monjes y dedic\u00e1ndose en sus ratos de ocio a la composici\u00f3n del grupo de escritos de los cuales tenemos algunos restos en la \u00abApolog\u00eda a Constancio\u00bb, la \u00abApolog\u00eda por su Hu\u00edda\u00bb, la \u00abCarta a los Monjes\u00bb y la \u00abHistoria de los Arrianos\u00bb.  La leyenda, por supuesto, se ha mantenido ocupada con este per\u00edodo de la carrera del santo, y podemos encontrar en la \u00abVida de Pacomio\u00bb una colecci\u00f3n de relatos repletos de incidentes, y avivados por el recuento de sus \u00abescapes inmortales en la brecha\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero a finales del a\u00f1o 360 era aparente un cambio en la composici\u00f3n del partido anti-niceano.  Los arrianos no presentaban ya un frente unido a sus oponentes ortodoxos.  El Emperador Constancio, que hab\u00eda sido la causa de tantos problemas, muri\u00f3 el 4 de noviembre del 361, y le sucedi\u00f3 Juliano el Ap\u00f3stata.  La proclamaci\u00f3n de la ascensi\u00f3n del nuevo pr\u00edncipe fue la se\u00f1al para una revuelta pagana contra la a\u00fan dominante facci\u00f3n arriana en Alejandr\u00eda.  Jorge, el obispo usurpador, fue arrojado a prisi\u00f3n y asesinado, en circunstancias de gran crueldad, el 24 de diciembre (Hist.  Aceph., VI).  Los arrianos inmediatamente escogieron a su sucesor, un oscuro presb\u00edtero, de nombre Pisto, cuando llegaron nuevas noticias que llenaron de esperanza al partido ortodoxo.  Un edicto hab\u00eda sido emitido por Juliano (Hist.  Aceph., VIII) que permit\u00eda a los exiliados obispos de los \u00abgalileos\u00bb regresar a sus \u00abciudades y provincias\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Atanasio recibi\u00f3 un llamado de su propia grey y, en consecuencia, regres\u00f3 a su capital episcopal el 22 de febrero del 362.  Con su energ\u00eda caracter\u00edstica emprendi\u00f3 la tarea de reestablecer las algo quebrantadas suertes del partido ortodoxo y para purgar de incertidumbre la atm\u00f3sfera teol\u00f3gica.  Para aclarar los malentendidos que hab\u00edan surgido en el curso de los a\u00f1os previos, se hizo un intento por determinar a\u00fan m\u00e1s el significado de las formulaciones nicenas.  Mientras tanto, Juli\u00e1n, que parece haberse puesto repentinamente celoso de la influencia que Atanasio estaba ejerciendo en Alejandr\u00eda, dirigi\u00f3 una orden a Ecdicio, prefecto de Egipto, orden\u00e1ndole en forma perentoria la expulsi\u00f3n del restaurado primado, bas\u00e1ndose en que \u00e9ste nunca hab\u00eda sido incluido en el acto imperial de clemencia.  El edicto le fue comunicado al obispo por Pyticodoro Trico quien, aunque descrito en el \u00abChronicon Athanasium\u00bb (XXXV) como un \u00abfil\u00f3sofo\u00bb, parece haberse comportado con brutal insolencia.  El 23 de octubre la gente se reuni\u00f3 en torno al obispo proscrito para protestar contra el decreto del emperador, pero el santo les urgi\u00f3 a deponer su actitud, consol\u00e1ndoles con la promesa de que su ausencia ser\u00eda de corta duraci\u00f3n.  Curiosamente, la profec\u00eda se cumpli\u00f3.  Juliano termin\u00f3 su corta carrera el 26 de junio del 363, y Atanasio regres\u00f3 en secreto a Alejandr\u00eda, donde pronto recibi\u00f3 un documento del nuevo emperador, Joviano, reinstal\u00e1ndolo una vez m\u00e1s en sus funciones episcopales.  Su primer acto fue convocar un concilio que reafirm\u00f3 los t\u00e9rminos del Credo de Nicea.  A principios de septiembre parti\u00f3 para Antioqu\u00eda, llevando una carta sinodal que conten\u00eda los pronunciamientos de este concilio.  En Antioquia se entrevist\u00f3 con el nuevo emperador, quien lo recibi\u00f3 afablemente e incluso le solicit\u00f3 preparar una exposici\u00f3n de la fe ortodoxa.  Pero Joviano muri\u00f3 el siguiente febrero, y para octubre del 364 Atanasio estaba nuevamente en el exilio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este art\u00edculo no tiene nada que ver con el giro de las circunstancias que puso en manos de Flavio Valente el control del Oriente, pero el ascenso del emperador dio un nuevo aire de vida al partido arriano.  Emiti\u00f3 un decreto que desterraba a los obispos que hab\u00edan sido depuestos por Constancio pero que hab\u00edan sido autorizados a regresar a sus sedes por Joviano.  Las noticias crearon m\u00e1xima consternaci\u00f3n en la propia ciudad de Alejandr\u00eda, y el prefecto, para prevenir serios disturbios, dio garant\u00edas p\u00fablicas de que el muy especial caso de Atanasio ser\u00eda expuesto ante el emperador.  Pero el santo parece haber adivinado lo que en secreto se preparaba contra \u00e9l.  Sigilosamente parti\u00f3 de Alejandr\u00eda el 5 de octubre, y adopt\u00f3 como morada una casa de campo en las afueras de la ciudad.  Es durante este per\u00edodo que se dice pas\u00f3 cuatro meses oculto en la tumba de su padre (Soz., \u00abHist.  Eccl.\u00bb, VI.12; S\u00f3c., \u00abHist.  Ecl.\u00bb, IV.12).  Valente, quien parece haber temido sinceramente las consecuencias de un levantamiento popular, dio orden, pocas semanas despu\u00e9s, para el regreso de Atanasio a su sede.  Y comienza ahora el \u00faltimo per\u00edodo de comparativo reposo que inesperadamente termin\u00f3 su agitada y extraordinaria carrera.  Pas\u00f3 sus restantes d\u00edas, en forma caracter\u00edstica, enfatizando nuevamente el punto de vista de la Encarnaci\u00f3n que se hab\u00eda definido en Nicea y que ha sido esencialmente la fe de la Iglesia cristiana desde su primer pronunciamiento en la Escritura hasta sus \u00faltimas manifestaciones en labios del Papa San P\u00edo X en nuestro tiempo.  \u00abPermitamos que lo que fue confesado por los Padres de Nicea prevalezca\u00bb, escribi\u00f3 a un fil\u00f3sofo amigo y corresponsal en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida (Epist.  LXXI, ad Max.).  Que esa confesi\u00f3n prevaleciera finalmente en los diversos formularios Trinitarios que siguieron al de Nicea se debi\u00f3, humanamente hablando, m\u00e1s a su laborioso testimonio que al de cualquier otro palad\u00edn en la larga lista de maestros del catolicismo.  Por una de esas inexplicables iron\u00edas con las que nos tropezamos por todos lados en la historia humana, este hombre, que hab\u00eda soportado el exilio con tanta frecuencia, y que arriesg\u00f3 la propia vida en defensa de lo que \u00e9l cre\u00eda era la primera y m\u00e1s esencial verdad del credo cat\u00f3lico, no muri\u00f3 violentamente u ocult\u00e1ndose, sino pac\u00edficamente en su propio lecho, rodeado de su clero y llorado por los fieles de la sede a la que tan bien hab\u00eda servido.  Su fiesta en el Calendario Romano se celebra en el aniversario de su muerte.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">[Nota sobre su representaci\u00f3n en el arte:  A San Atanasio no se le ha asignado ning\u00fan emblema aceptado en el arte occidental; y su carrera, a pesar de su diversidad y extraordinaria riqueza de detalle, parece haber proporcionado poco, si no ning\u00fan, material para una ilustraci\u00f3n distintiva.  Mrs.  Jameson nos dice que de acuerdo a la f\u00f3rmula griega, \u201cel deb\u00eda ser representado viejo, calvo y con una larga barba blanca\u201d.  (Sagrado y Legendario, Art, I, 339).]\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nBibliograf\u00eda:  Todos los materiales esenciales para la biograf\u00eda del santo se encuentran en sus escritos, especialmente en aquellos escritos despu\u00e9s del 350, cuando compuso la Apolog\u00eda contra los arrianos.  Informaci\u00f3n complementaria se encuentra en SAN EPIFANIO, Hoer., loc.  Cit.; en SAN GREGORIO NACIANZENO, Orat., XXI; tambi\u00e9n en RUFINO, S\u00d3CRATES, SOZOMENO y TEODORETO.  La Historia Acephala, o Fragmento Maffeiano (descubierto por Maffei en 1738, e inserta por GALLANDI en Biblioteca Patrum, 1769), y el Chronicon Athanasium, o \u00cdndice a las Cartas Festivas, nos brindan datos acerca del problema cronol\u00f3gico.  Todas las fuentes anteriores est\u00e1n incluidas en MIGNE, P.  G.  y P.  L.  La gran Vida de PAPERBROCH est\u00e1 en Acta SS., Mayo, I.  Las m\u00e1s importantes autoridades en ingl\u00e9s son:  NEWMAN, Arrianos del siglo IV, y San Atanasio; BRIGHT, Diccionario de Biograf\u00edas Cristianas; ROBERTSON, Vida, en the Prolegomena a los Escritos Selectos y Cartas de San Atanasio (reeditado en Biblioteca de los Padres Nicenos y Post-Nicenos, Nueva York, 1903); GWATKIN, Estudios sobre el Arrianismo (2d ed., Cambridge, 1900); MOHLER, Athanasius der Grosse; HERGENROTHER and HEFELE.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Art\u00edculo relacionado:  Bertrand de Margerie.<br \/>\nhttp:\/\/www.aciprensa.com\/exegesis\/capitulo5.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Clifford, Cornelius.  \u00abSt.  Athanasius.\u00bb The Catholic Encyclopedia.  Vol.  2.  New York: Robert Appleton Company, 1907.   <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/02035a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por I\u00f1igo Lejarza.   L H M\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pablo VI restituyendo las reliquias de San Atanasio a su sedeObispo de Alejandr\u00eda; confesor y doctor de la Iglesia; naci\u00f3 cerca del a\u00f1o 296; muri\u00f3 el 2 de mayo de 373. Atanasio fue el m\u00e1ximo palad\u00edn de la creencia cat\u00f3lica en el tema de la Encarnaci\u00f3n que la Iglesia haya conocido jam\u00e1s, y durante su &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-atanasio\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSAN ATANASIO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23356","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23356","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23356"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23356\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23356"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23356"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23356"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}