{"id":23374,"date":"2016-02-05T15:57:19","date_gmt":"2016-02-05T20:57:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/marco-aurelio-antonino\/"},"modified":"2016-02-05T15:57:19","modified_gmt":"2016-02-05T20:57:19","slug":"marco-aurelio-antonino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/marco-aurelio-antonino\/","title":{"rendered":"MARCO AURELIO ANTONINO"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Emperador romano, 121-180 d.C., naci\u00f3 en Roma el 26 de abril de 121; muri\u00f3 el 17 de marzo de 180.\n<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Juventud  (121-161)<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Su Reinado (161-180)<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Evaluaci\u00f3n\n<ul>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-4\">3.1 Evaluaci\u00f3n General<\/li>\n<li class=\"toclevel-2 tocsection-5\">3.2 Su Trato con los Cristianos<\/li>\n<\/ul>\n<\/li>\n<\/ul>\n<h3>Juventud  (121-161)<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su padre falleci\u00f3 cuando Marco era a\u00fan un muchacho, y fue adoptado por su abuelo, Annio Vero.  En las primeras p\u00e1ginas de sus \u201cMeditaciones\u201d (I, I-XVII) nos ha dejado un relato, \u00fanico en antig\u00fcedad, de su educaci\u00f3n por familiares cercanos y por tutores distinguidos; sus caracter\u00edsticas principales parecen haber sido la diligencia, la gratitud y el vigor.  Desde sus primeros a\u00f1os disfrut\u00f3 de la amistad y el patronazgo del emperador Adriano, quien le concedi\u00f3 el honor de la orden ecuestre cuando s\u00f3lo ten\u00eda seis a\u00f1os, lo nombr\u00f3 miembro del sacerdocio Salio a los ocho, y oblig\u00f3 a Antonino P\u00edo inmediatamente despu\u00e9s de su propia adopci\u00f3n a adoptar como hijos y herederos a los j\u00f3venes Marco y Ceionio C\u00f3modo, luego conocido como emperador Lucio Vero. En honor a su padre adoptivo cambi\u00f3 su nombre de Marco Julio Aurelio Vero a Marco Aurelio Antonino. Por deseo de Adriano se cas\u00f3 con Faustina, hija de Antonino P\u00edo. Fue nombrado c\u00f3nsul en 140 y en 147 recibi\u00f3 el \u201cpoder tribunicio\u201d.\n<\/p>\n<h3>Su Reinado (161-180)<\/h3>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su correinado con Lucio Vero (161-169):   En todos los \u00faltimos a\u00f1os de la vida de Antonino P\u00edo, Marco fue su constante compa\u00f1ero y consejero.  A la muerte del primero (7 de marzo de 161), inmediatamente el Senado reconoci\u00f3 a Marco como emperador. Actuando completamente por propia iniciativa, ascendi\u00f3 a su hermano adoptivo Lucio Vero a la posici\u00f3n de colega, con iguales derechos como emperador.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la ascensi\u00f3n de Marco, la gran Pax Romana que hizo de la era de los Antoninos la m\u00e1s feliz de los anales de Roma, y quiz\u00e1 de la humanidad, lleg\u00f3 a su final, y con su reinado la gloria de la vieja Roma se desvaneci\u00f3.  Los m\u00e1s j\u00f3venes, libres de los vicios de la civilizaci\u00f3n, y sin saber nada de la inanici\u00f3n que procede del refinamiento y los excesos, se preparaban para luchar por liderar la direcci\u00f3n del destino humano. Apenas se hab\u00eda sentado Marco en el trono cuando los pictos comenzaron a amenazar en Breta\u00f1a al reci\u00e9n erigido Muro de Antonino. Los chatti y los chauci intentaron cruzar el Rin y las partes altas del Danubio, cuyos ataques fueron f\u00e1cilmente repelidos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No fue as\u00ed con las oleadas de Oriente, que comenzaron en 161 y no cesaron hasta 166. La destrucci\u00f3n de una legi\u00f3n completa (XXII Deiotariana) en Elegeia alert\u00f3 a los emperadores sobre la gravedad de la situaci\u00f3n.  Lucio Vero tom\u00f3 el mando de las tropas en 162 y, gracias al valor y a la habilidad de sus tenientes en una guerra oficialmente conocida como Bellum Armenicum el Parthicum, luch\u00f3 en una amplia \u00e1rea de Siria, Capadocia, Armenia, Mesopotamia y Media, y consigui\u00f3 celebrar un glorioso triunfo en 166. Para unas gentes tan acostumbradas a la paz como lo eran los romanos, esta guerra fue casi fatal.  Agot\u00f3 todos los recursos y la retirada de las legiones de la frontera del Danubio proporcion\u00f3 una oportunidad a las tribus teutonas de penetrar en el rico y tentador territorio. Gentes con nombres extra\u00f1os&#8212;los marcomanos, varistos, hermunduros, cuados, suevos, yacigos, v\u00e1ndalos&#8212;se reunieron a lo largo del Danubio, cruzaron las fronteras, y se convirtieron en la vanguardia de una gran migraci\u00f3n, conocida como la \u201cMigraci\u00f3n de las Naciones\u201d, que cuatro siglos m\u00e1s tarde culmin\u00f3 en la ca\u00edda del Imperio de Occidente.  La guerra contra estos invasores comenz\u00f3 en 167, y en un breve tiempo adquiri\u00f3 proporciones tan amenazantes como para reclamar la presencia en el frente de ambos emperadores.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tras la muerte de Lucio Vero (169-180):   Lucio Vero falleci\u00f3 en 169 y Marco dirigi\u00f3 \u00e9l s\u00f3lo la guerra. Sus dificultades se incrementaron inconmensurablemente debido a la devastaci\u00f3n llevada a cabo por la peste tra\u00edda a Occidente por las legiones de Vero que regresaban, por la hambruna y los terremotos, y por inundaciones que destruyeron los inmensos graneros de Roma y todo su contenido.  En el p\u00e1nico y terror causados por estos sucesos el pueblo recurri\u00f3 a los extremos de la superstici\u00f3n para recuperar el favor de las deidades, a cuya ira se atribu\u00edan esas calamidades. Se recurri\u00f3 a extra\u00f1os ritos expiatorios y sacrificiales, se sacrificaron miles de v\u00edctimas, y se implor\u00f3 la ayuda de los dioses tanto de Oriente como de Roma.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El incidente de la Legi\u00f3n Fulminante (174):   Durante la guerra con los cuados en 174 ocurri\u00f3 el famoso incidente de la Legi\u00f3n Fulminante (Legio Fulminatrix, Fulminea, Fulminata) que ha sido frecuente causa de controversia entre los escritores cristianos y los no cristianos. La armada romana estaba rodeada por enemigos sin posibilidad de escape, momento en que estall\u00f3 una tormenta. La refrescante lluvia ca\u00eda a c\u00e1ntaros sobre los romanos mientras que los enemigos fueron dispersados por los rel\u00e1mpagos y los granizos. Los resecos y fam\u00e9licos romanos recibieron las reconfortantes gotas primero en sus caras y en sus resecas gargantas, y luego en sus yelmos y sus escudos, para refrigerio de sus caballos. Marco consigui\u00f3 una gloriosa victoria como consecuencia de este extraordinario suceso, y sus enemigos fueron completamente derrotados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tanto escritores paganos como cristianos atestiguan que tal episodio ocurri\u00f3 en realidad.  Los primeros atribuyen el suceso o a la magia (Di\u00f3n Casio, LXXI, 8-10) o a las plegarias de los emperadores (Capitolino, \u201cVita Marci\u201d, XXIV; Temistio, \u201cOrat. XV ad Theod.\u201d; Claudiano, \u201cDe Sext. Cons. Hon.\u201d, V, 340 ss.; \u201cSibyl. Orac.\u201d, ed. Alezandre, XII, 196 ss. V\u00e9ase Bellori, \u201cLa Colonne Antoine\u201d, y Eckhel, \u201cDoctrina Nummorum\u201d, III, 64). Los escritores cristianos atribuyeron el suceso a las oraciones de los cristianos que se contaban en el ej\u00e9rcito (San Claudio Apolinar en Eusebio, \u201cHist. Eccl.\u201d, V.5; Tertuliano, \u201cApol.\u201d, V; ad Seap. c IV) y pronto creci\u00f3 la leyenda de que como consecuencia de este milagro el emperador puso freno a la persecuci\u00f3n a los cristianos (cf. Euseb. y Tert. opp. cit).  Debe admitirse que el testimonio de Claudio Apolinar (v\u00e9ase Smith y Wace, \u201cDict. of Christ. Biogr.\u201d, I, 132-133) es el m\u00e1s valioso de todos los que poseemos, debido a que escribi\u00f3 pocos a\u00f1os tras el suceso, y que todo el cr\u00e9dito debe darse a las oraciones de los cristianos, aunque de aqu\u00ed no se deduce necesariamente que debamos aceptar el elaborado detalle de la historia tal y como la dan Tertuliano y escritores posteriores [Allard, op. cit. infra, pp. 377, 378; Renan, \u201cMarc-Aur\u00e8le\u201d (6ta ed., Par\u00eds, 1891), XVII, pp. 273-278; P. de Smedt, \u201cPrincipes de la critique hist.\u201d (1883) p. 133].\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Su muerte (180):  Los \u00faltimos a\u00f1os del reinado de Marco se vieron entristecidos por la aparici\u00f3n de un usurpador, Avidio Casio, en Oriente, y por la conciencia de que el imperio iba a caer en manos indignas cuando su hijo C\u00f3modo accediese al trono. Marco muri\u00f3 en Vindobona o Sirmium en Panonia. Las principales autoridades para su biograf\u00eda son Julio Capitolino, \u201cVita Marci Antonini Philosophi\u201d (SS. Hist. Aug. IV); Di\u00f3n Casio, \u201cEpitome de Xiphilinos\u201d; Herodiano; Fronto, \u201cEpistolae\u201d y Aulo Gelio \u201cNoctes Atticae\u201d.\n<\/p>\n<h3>Evaluaci\u00f3n<\/h3>\n<p>Evaluaci\u00f3n General<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Juicio general:  Marco Aurelio fue uno de los mejores hombres de la antig\u00fcedad pagana.  A prop\u00f3sito de los Antoninos, el juicioso Montesquieu dec\u00eda que, si dejamos aparte por un momento la contemplaci\u00f3n de las verdades cristianas, no podemos leer la vida de este emperador sin un tenue sentimiento de emoci\u00f3n.  Niebuhr lo denomina el personaje m\u00e1s noble de su \u00e9poca, y M. Martha, el historiador de los moralistas romanos, dice que en Marco Aurelio \u201cla filosof\u00eda del paganismo se vuelve menos majestuosa, y se aproxima m\u00e1s a un cristianismo que ignora o al que desprecia, y se prepara para dirigirse a los brazos del Dios Desconocido\u201d. Por otro lado, parecen excesivos y gratuitos los calurosos elogios con que muchos escritores han colmado a Marco Aurelio como soberano y como hombre.  Es verdad que el rasgo m\u00e1s marcado en su car\u00e1cter era su devoci\u00f3n a la filosof\u00eda y las letras, pero fue una maldici\u00f3n para la humanidad el que \u201cfuese primero estoico y luego soberano\u201d. Su diletantismo le hizo completamente incapacitado para los asuntos pr\u00e1cticos de un gran imperio en unos tiempos de tensi\u00f3n. Estaba m\u00e1s involucrado en llevar a cabo en su propia vida (a decir verdad, inmaculada) el ideal estoico de perfecci\u00f3n que en los apremiantes deberes de su cargo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La filosof\u00eda se convirti\u00f3 en una enfermedad para su mente y lo separ\u00f3 de las realidades de la vida pr\u00e1ctica.   Se sumi\u00f3 en la m\u00e1s vulgar superstici\u00f3n; se rode\u00f3 de charlatanes y magos, y se tom\u00f3 en serio incluso la bravuconada de Alejandro de Abonoteichos.  A menudo confi\u00f3 los cargos m\u00e1s elevados del imperio a sus profesores de filosof\u00eda, cuyas lecciones segu\u00eda incluso despu\u00e9s de ser emperador. A mitad de la guerra parta sac\u00f3 tiempo para llevar una especie de diario privado, sus famosas \u201cMeditaciones\u201d, o doce peque\u00f1os libros llenos de detallados pensamientos y sentencias en los que leg\u00f3 a la posteridad los resultados de un riguroso autoexamen. Con la excepci\u00f3n de unas pocas cartas descubiertas entre las obras de Fronto (M. Com. Frontonis Reliquiae, Berl\u00edn, 1816) esta historia de su vida interior es la \u00fanica obra que tenemos salida de su pluma. El estilo carece por completo de valor y distinci\u00f3n, aparentemente por cuesti\u00f3n de orgullo, pues nos dice que hab\u00eda aprendido a abstenerse de la ret\u00f3rica, la poes\u00eda y la escritura rebuscada. Aunque era un estoico profundamente enraizado en los principios desarrollados por S\u00e9neca y Epicteto, no puede decirse que Aurelio tuviese un sistema consistente de filosof\u00eda. Quiz\u00e1s podr\u00eda decirse, haciendo justicia a este \u201cbuscador de la rectitud\u201d, que sus fallas fueron las de un fil\u00f3sofo asentado en el principio de que la naturaleza humana se inclinaba hacia la maldad y constantemente ten\u00eda que llevar un control.  Solamente una vez se refiere al cristianismo (Medit., XI, III), una fuerza espiritual regenerativa que visiblemente incrementaba su actividad, y luego tildaba a los cristianos con el reproche de obstinaci\u00f3n (parataxis), el crimen social m\u00e1s elevado a los ojos de las autoridades romanas. Parece tambi\u00e9n (ibid.) que vio el martirio cristiano como desprovisto de la serenidad y la calma que deb\u00eda acompa\u00f1ar la muerte de un hombre sabio. Para las posibles relaciones del emperador con los obispos cristianos, v\u00e9ase Abercio de Hier\u00f3polis y San Melit\u00f3n de Sardes.\n<\/p>\n<p>Su Trato con los Cristianos<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En su trato con los cristianos Marco Aurelio fue un paso m\u00e1s all\u00e1 que sus predecesores. A lo largo de los reinados de Trajano, Adriano y Antonino P\u00edo, el procedimiento seguido por las autoridades romanas en su trato a los cristianos era el indicado en el rescripto de Trajano a Plinio, en el que se ordenaba que los cristianos no deb\u00edan ser perseguidos; si compareciesen ante los tribunales, deb\u00edan estar disponibles las pruebas legales de su culpabilidad. (Para el muy discutido rescripto \u201cAd conventum Asiae\u201d [Eus., Hist. Eccl, IV.13], v\u00e9ase Antonino P\u00edo). Es obvio que durante el reinado de Aurelio la relativa indulgencia de la legislaci\u00f3n de Trajano dio paso a un sentimiento m\u00e1s severo. En la Galia del Sur, al menos, un rescripto imperial inaugur\u00f3 una era de persecuci\u00f3n completamente nueva y mucho m\u00e1s violenta (Eus., Hist. Eccl., V.1.45). En Asia Menor y en Siria la sangre de los cristianos corr\u00eda a raudales (Allard, op. cit. infra, pp. 375, 376, 388, 389). En general, el recrudecimiento de la persecuci\u00f3n parece que sucedi\u00f3 a la acci\u00f3n local de los gobernadores provinciales impelidos por las arbitrarias protestas del pueblo aterrorizado y desmoralizado. Si se emiti\u00f3 alg\u00fan edicto imperial, no se ha conservado. Parece m\u00e1s probable que los \u201cnuevos decretos\u201d mencionados por Eusebio (Hist. Eccl. IV.21.5) fuesen ordenanzas locales de autoridades municipales o gobernadores provinciales; en cuanto al emperador, mantuvo la legislaci\u00f3n existente contra los cristianos, aunque se ha se\u00f1alado que el edicto imperial (Compendio XLVIII, XXIX, 30), contra aquellos que aterrorizaban con supersticiones \u201clas volubles mentes de los hombres\u201d, se dirigi\u00f3 contra la sociedad cristiana. Duchesne dice (Hist. Ancienne de l\u2019Eglise, Par\u00eds, 1909, p.210) que el emperador no permit\u00eda que se entrometiesen en las leyes del imperio tales sectas ocultas. Es evidente, sin embargo, seg\u00fan las dispersas referencias de los escritores contempor\u00e1neos (Celso en Or\u00edgenes Contra Celsum\u201d, VIII, 169; San Melit\u00f3n, en Eusebio, \u201cHist. Eccl.\u201d IV.26; Aten\u00e1goras, \u201cLegatio pro Christianis\u201d, 1), de que a lo largo del imperio se estaba emprendiendo una activa persecuci\u00f3n de los cristianos.  Para animar a sus numerosos enemigos, se levant\u00f3 la pena a los delatores, o \u201cdenunciantes\u201d, y se les prometi\u00f3 recompensas en los casos de condena exitosa.  El impulso dado por esta legislaci\u00f3n a esta inexorable persecuci\u00f3n de los seguidores de Cristo puso su situaci\u00f3n tan en precario que muchos cambios en la organizaci\u00f3n eclesi\u00e1stica y en la disciplina datan, por lo menos en forma embrionaria, de este reinado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Otro hecho relevante, que destaca el crecimiento en n\u00famero e influencia de los cristianos, y la creciente desconfianza de las autoridades imperiales y las clases cultas, es que por esta \u00e9poca apareci\u00f3 una activa propaganda literaria, que emanaba del entorno imperial.  El fil\u00f3sofo c\u00ednico Crescencio intervino en una disputa p\u00fablica con San Justino en Roma. Fronto, el preceptor y amigo \u00edntimo de Marco Aurelio, denunci\u00f3 a los seguidores de la nueva religi\u00f3n en un discurso formal (Minucio F\u00e9lix, \u201cOctavio\u201d, cc. IX, XXXI) y el escritor sat\u00edrico Luciano de Samosata les dirigi\u00f3 las flechas de su ingenio, como si fuesen un grupo de fan\u00e1ticos ignorantes. No se necesita mejor prueba del tono de la \u00e9poca y del conocimiento generalizado de las creencias y pr\u00e1cticas cristianas que prevalec\u00edan entre los paganos que las que aporta la contempor\u00e1nea \u201cVerdadera Palabra\u201d de Celso (v\u00e9ase Or\u00edgenes y origenismo), una obra en la que se recogieron todas las calumnias de la malevolencia pagana y todas las argumentaciones, expuestas con habilidad de los cultos ret\u00f3ricos, que la filosof\u00eda y la experiencia del mundo pagano reunir\u00edan contra el nuevo credo. La seriedad y la frecuencia con la que los cristianos replicaron a estos asaltos en obras apolog\u00e9ticas (v\u00e9ase Aten\u00e1goras, Minucio F\u00e9lix, Te\u00f3filo de Antioqu\u00eda) dirigidas directamente a los propios emperadores, o a la gente en general, mostraron cu\u00e1n intensamente vivos estaban para con los peligros que surg\u00edan de estos enemigos literarios o acad\u00e9micos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A partir de tales y tantas causas no es sorprendente que la sangre de los cristianos fluyese libremente por todo el imperio. El pueblo excitado vio en la miseria y el derramamiento de sangre de la \u00e9poca una prueba de que los dioses estaban enojados por la tolerancia hacia los cristianos y, consecuentemente, echaron la culpa a los cristianos de las incre\u00edbles calamidades p\u00fablicas. Ya fuesen hambrunas o peste, sequ\u00edas o inundaciones, el grito era siempre el mismo (Tertuliano, \u201cApologeticum\u201d, V, XLI): Christianos ad leonem (Echar a los cristianos a los leones). Las p\u00e1ginas de los apologistas muestran cu\u00e1n frecuentemente los cristianos fueron condenados y qu\u00e9 penalidades tuvieron que padecer, y estas vagas y generales referencias se confirman por algunas \u201cActas\u201d contempor\u00e1neas de incuestionable autoridad, en las que se describen horrorosas escenas con todos sus espantosos detalles. Entre ellas est\u00e1n las \u201cActas\u201d de Justino y sus contempor\u00e1neos, los cuales sufrieron en Roma (c. 165), de Carpo, Papilo y Agat\u00f3nica, que fueron asesinados en Asia Menor, de los m\u00e1rtires de Scillium en Numidia, y las conmovedoras Cartas de las Iglesias de Lyon y Vienne (Eus., Hist. Eccl., V.1-4) en las que aparece la descripci\u00f3n de las torturas infligidas (177) a Santa Blandina y sus compa\u00f1eros en Lyon. Por cierto, este documento arroja mucha luz sobre el car\u00e1cter y extensi\u00f3n de la persecuci\u00f3n de los cristianos en el sur de la Galia, y por parte del emperador all\u00ed.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Healy, Patrick. \u00abMarcus Aurelius Antoninus.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 2. New York: Robert Appleton Company, 1907. <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/02109a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Jos\u00e9 Gallardo Alberni.  L H M.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Emperador romano, 121-180 d.C., naci\u00f3 en Roma el 26 de abril de 121; muri\u00f3 el 17 de marzo de 180. 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