{"id":23419,"date":"2016-02-05T15:58:55","date_gmt":"2016-02-05T20:58:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/baal-baalim\/"},"modified":"2016-02-05T15:58:55","modified_gmt":"2016-02-05T20:58:55","slug":"baal-baalim","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/baal-baalim\/","title":{"rendered":"BAAL, BAALIM"},"content":{"rendered":"<p><h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 Etimolog\u00eda<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 Baal como Deidad<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 La Adoraci\u00f3n a Baal entre los Gentiles<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 La Adoraci\u00f3n a Baal entre los Israelitas<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Bibliograf\u00eda<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Etimolog\u00eda<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">(Hebreo B\u00e1&#8217;\u00e1l; plural, Be&#8217;al\u00eem)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Palabra perteneciente al tronco m\u00e1s antiguo del vocabulario semita y que significa principalmente \u00abse\u00f1or\u00bb o \u00abdue\u00f1o\u00bb.  As\u00ed en el idioma hebreo a un hombre se le llama el baal de una casa (\u00c9xodo 22,7; Jueces 19,22), de un campo (Job 21,39), de ganado (Ex. 21,29; Isa\u00edas 1,3), de riquezas (Ecls. 5,12) o inclusive de una esposa (Ex. 21,4; cf. Gn. 3,16).  La posici\u00f3n de la mujer en el hogar oriental explica por qu\u00e9 ella nunca es llamada B\u00e1`alah de su marido.  Tambi\u00e9n leemos sobre un carnero, \u00abbaal\u00bb de dos cuernos (Daniel 8,6.20), de un baal de dos alas (un ave: Ecls. 10,20).  Jos\u00e9 fue llamado despectivamente por su hermano un baal de los sue\u00f1os (Gn. 37,19).  Y as\u00ed encontramos m\u00e1s ejemplos (v\u00e9ase 2 Reyes 1,8; Is. 41,15; G\u00e9n. 49,23; Ex. 24,14, etc.).  Ciertas inscripciones aportan mucha evidencia de que la palabra se utilizaba de manera similar en otras lenguas sem\u00edticas.  En la Biblia Hebrea el plural, be`al\u00eem, se encuentra con los diversos significados del singular, mientras que en las traducciones antiguas y modernas se usa s\u00f3lo como una referencia a las deidades.  Diferentes comentaristas han asegurado que baalim denota los emblemas o im\u00e1genes de Baal (h\u00e1mman\u00eem, m\u00e1\u00e7\u00e7ebh\u00f4th, etc.).  Esta opini\u00f3n es apenas apoyada por los textos, los que regularmente se\u00f1alan, a menudo despectivamente, a los baales locales o a otros baales especiales.\n<\/p>\n<h2>Baal como Deidad<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando se aplicaba a una deidad, la palabra baal reten\u00eda su connotaci\u00f3n de propiedad y, por lo tanto, se acostumbraba ponerle un calificativo.  Los documentos hablan, por ejemplo, de los baales de Tiro, de Harran, de Tarso, de Herman, del L\u00edbano de Tamar (un r\u00edo al sur de Beirut) y del cielo.  Adem\u00e1s, varios baales gozaban de atributos especiales: hab\u00eda un baal de la alianza (B\u00e1`\u00e1l Ber\u00eeth (Jc. 8,33; 9,4); cf. &#8216;El Ber\u00eeth (Jc. 9,46); uno de las moscas (B\u00e1`\u00e1l Zebub, 2 Rey. 1,2-3.6.16,); probablemente uno de la danza (B\u00e1`\u00e1l M\u00e1rq\u00f4d); tal vez uno de la [[[historia de la medicina|medicina]] (B\u00e1`\u00e1l M\u00e1rph\u00ea) y algunos otros.  Entre todos los semitas, la palabra en una u otra forma (B\u00e1`\u00e1l en el oeste y el sur; Bel en Asiria; Bal, Bol, o Bel en Palmira) expresa recurrentemente el se\u00f1or\u00edo de la deidad sobre el mundo o parte de \u00e9l.  No necesariamente todos los baales&#8212;de diferentes tribus, lugares, santuarios&#8212;fueron concebidos como id\u00e9nticos; cada uno pod\u00eda tener su propia naturaleza y su propio nombre; el baal de Arvad, que en parte ten\u00eda forma de pez, era probablemente Dag\u00f3n; el baal del L\u00edbano, posiblemente Cid \u00abel cazador\u00bb; el baal de Harran, el dios luna; mientras que en varias ciudades mineas sabeas y en muchos santuarios cananeos, fenicios o palmiranos el baal adorado era el sol, aun cuando Hadad parece haber sido el baal m\u00e1s importante entre los sirios. La diversidad del Antiguo Testamento da a entender que al hablar de Baalim se refiere al plural, y que especifica el singular Baal ya sea por el art\u00edculo o por la adici\u00f3n de otra palabra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es muy obscuro cu\u00e1l fue la concepci\u00f3n original.  De acuerdo con W. R. Smith, el baal es un dios local el cu\u00e1l, a trav\u00e9s de la fertilizaci\u00f3n de su propia regi\u00f3n mediante manantiales y arroyos, se convierte en su leg\u00edtimo due\u00f1o.  Autoridades reconocidas, sin embargo, se oponen a esta opini\u00f3n y, revierten el argumento anterior al afirmar que el baal es el amo-genio del lugar y de todos los elementos que causan su fecundidad; es \u00e9l quien da \u00abpan, agua, lana, lino, aceite y bebidas\u00bb (Oseas 2,7); \u00e9l es el principio viril de la vida y la reproducci\u00f3n en la naturaleza y de esta manera es honrado en ocasiones con actos de la m\u00e1s inmunda sensualidad.  Ya sea que esta idea surgiera de y condujera a la concepci\u00f3n monote\u00edsta de la deidad suprema&#8212;el Se\u00f1or de los Cielos, de quien los diversos baales pudieran ser as\u00ed muchas manifestaciones&#8212;dejaremos que sean los estudiosos quienes lo determinen.  Algunos consideran que la Biblia favorece este punto de vista, pues su lenguaje con frecuencia parece implicar la creencia en un baal par excellence.\n<\/p>\n<h2>La Adoraci\u00f3n a Baal entre los Gentiles<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">La evidencia dif\u00edcilmente tiene el peso suficiente como para justificar que hablemos de un culto a Baal.  El culto a Baal al que tan a menudo se alude y describe las Sagradas Escrituras quiz\u00e1s pueda ser mejor definido como culto a Cid, culto a la luna, culto a M\u00e9lek (Moloc) o culto a Hadad, seg\u00fan los lugares y las circunstancias.  Lo m\u00e1s probable es que muchas de las pr\u00e1cticas mencionadas fueran comunes al culto a todos los baales; unas pocas m\u00e1s son ciertamente espec\u00edficas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Debe se\u00f1alarse aqu\u00ed una costumbre com\u00fan entre los semitas.  Movidos, con mayor probabilidad, por su deseo de asegurar la protecci\u00f3n del baal local para sus hijos, los semitas siempre mostraron una preferencia por nombres compuestos con el de la deidad; nombres como Asdr\u00fabal (`Azr\u00fb B\u00e1`\u00e1l), An\u00edbal (Hanni B\u00e1`\u00e1l), Baltasar o Belsazar (Bel-sar-Ushshur), han llegado a ser famosos en la historia.  La Biblia, escritores antiguos e inscripciones registran muchos de estos nombres pertenecientes a diferentes nacionalidades.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El culto a Baal se llevaba a cabo en los recintos sagrados de los lugares altos, muy numerosos a trav\u00e9s del pa\u00eds (N\u00fam. 22,41; 33,52; Deut. 12,2; etc. ) o en templos como los de Samaria (1 Rey. 16,32; 2 Rey. 10,21-27) y Jerusal\u00e9n (2 Rey. 11,18) e inclusive en las azoteas de las casas (2 Rey. 23,12; Jerem\u00edas 32,29).  Es probable que el mobiliario de dichos santuarios variara seg\u00fan los baales honrados ah\u00ed.  Cerca del altar, que exist\u00eda en todos los casos (Jueces 6,25; 1 Rey. 18,26; 2 Rey. 11,18; Jer. 11,13; etc.), se pod\u00eda encontrar, seg\u00fan el lugar en particular, una imagen de la deidad (Hadad era representado por un ternero) o bien el b\u00e6tylion (es decir, la piedra sagrada que en Cana\u00e1n, por lo regular, ten\u00eda forma c\u00f3nica), que originalmente pretend\u00eda representar al mundo, morada del dios; el hammanim (posiblemente cipos o pilastras; Lev\u00edtico 26,30; 2 Cr\u00f3n. 24,4; etc.) y la asherah  (err\u00f3neamente interpretada como \u00abarboleda\u00bb en algunas Biblias; Jc 6,25; 1 Rey. 14,23; 2 Rey. 17,10; Jr 17,2; etc.), un poste sagrado, algunas veces quiz\u00e1 un \u00e1rbol, cuyo significado original est\u00e1 lejos de estar claro, junto con el de la estela votiva o conmemorativa (m\u00e1\u00e7\u00e7ebh\u00f4th, usualmente mal traducida como \u00abim\u00e1genes\u00bb), m\u00e1s o menos ornamentada.  Se quemaban incienso y esencias (2 Rey. 22,5; Jer. 7,9; 11,13; y conforme a la Biblia Hebrea 32,29), se serv\u00edan bebidas (Jer. 19,13) y se ofrec\u00edan al baal sacrificios de bueyes y otros animales; incluso vemos (Jer. 7,31; 19,5; 32,35; 2 Cr\u00f3n. 28,3) que a menudo se quemaban ni\u00f1os de ambos sexos en sacrificio a M\u00e9lek (B.D.  Moloc, V.A. Molech) y 2 Cron. 28,3 (quiz\u00e1s tambi\u00e9n  2 Rey. 21,6) nos dice que ocasionalmente se eleg\u00eda a pr\u00edncipes j\u00f3venes como v\u00edctimas para esta severa deidad. En varios santuarios, grandes grupos de sacerdotes, distribuidos en varias clases (1 Rey. 18,19; 2 Rey. 10,19; 23,5; Sofon\u00edas 1,4; etc.) y vestidos con atuendo especial (2 Rey. 10,22) realizaban la funci\u00f3n sagrada; oraban, le gritaban al baal, realizaban danzas alrededor del altar y en su excitaci\u00f3n fren\u00e9tica se cortaban con navajas y lancetas hasta quedar completamente cubiertos de sangre (1 Rey. 18,26-28). Mientras tanto los adoradores seglares tambi\u00e9n oraban, se arrodillaban y rend\u00edan homenaje besando las im\u00e1genes o s\u00edmbolos del baal (1 Rey. 19,18; Oseas 13,2, Biblia Hebrea) o inclusive sus propias manos. A esto hay que a\u00f1adir las pr\u00e1cticas inmorales aceptadas en varios santuarios (1 Rey. 14,24; 2 Rey. 23,7; Dt 23,18) en honor al baal como var\u00f3n de la reproducci\u00f3n y a su pareja Asera (B.D., Astart\u00e9; V.A. Astarot).\n<\/p>\n<h2>La Adoraci\u00f3n a Baal entre los Israelitas<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nada pudo ser peor para una fe espiritual que esta sensual religi\u00f3n. De hecho, tan pronto los israelitas viniendo del desierto, tuvieron contacto con los adoradores de Baal, con la astucia de los madianitas y los atractivos del culto licencioso ofrecido a la deidad moabita (probablemente Kem\u00f3s), f\u00e1cilmente fueron apartados de su lealtad a Yahveh (N\u00fameros 25,1-9). A partir de aqu\u00ed el nombre del Baal de Peor (Beelphegor) qued\u00f3 como una mancha oscura en la historia temprana de Israel (Oseas 9,10; Sal. 106(105),28). El terrible castigo infligido sobre los culpables tranquiliz\u00f3 por un tiempo las mentes de los hebreos. Nos resulta dif\u00edcil decir qu\u00e9 tanto dur\u00f3 la impresi\u00f3n; pero sabemos esto:  que cuando los israelitas se hab\u00edan asentado en la tierra prometida nuevamente abandonaron al Dios verdadero, y rindieron homenaje a las deidades de sus vecinos cananeos (Jueces 2,11.13; etc.).  Incluso las mejores familias no pudieron o no se atrevieron a resistir la seducci\u00f3n; por ejemplo, el padre de Gede\u00f3n, aun cuando su fe en el baal parece haber sido poco ferviente (Jueces 6,31), hab\u00eda erigido un altar idol\u00e1trico en Ofr\u00e1 (Jc. 6,25).  \u00abY el Se\u00f1or, estando enojado contra Israel, los dej\u00f3 en manos de los enemigos que habitaban a su alrededor\u00bb. Los mesopotamios, madianitas, amalecitas, amonitas y sobre todo los filisteos fueron sucesivamente los vengadores providenciales de los desatendidos derechos de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante los belicosos reinados de Sa\u00fal y David, los israelitas en su totalidad pensaban poco en sacudirse el yugo de Yahveh; tambi\u00e9n esa fue, al parecer, la situaci\u00f3n bajo el reinado de Salom\u00f3n, aunque el ejemplo dado por este pr\u00edncipe debe haber causado un efecto deplorable sobre sus s\u00fabditos.  Despu\u00e9s de la divisi\u00f3n de su imperio, el Reino del Norte, conducido en principio por sus dirigentes hacia una adoraci\u00f3n il\u00edcita de Yahveh, se hundi\u00f3 r\u00e1pidamente en las m\u00e1s irreverentes supersticiones cananeas. Esto fue de lo m\u00e1s f\u00e1cil porque algunas costumbres, al parecer, trajeron cierta confusi\u00f3n a las obnubiladas mentes de la gente ignorante del pueblo. Nombres como Esb\u00e1al (1 Cr\u00f3n. 8,33; 9,39), Merib B\u00e1al (1 Cr\u00f3n. 8,34; 9,40), Baalyad\u00e1 (1 Cr\u00f3n. 14,7) dados por Sa\u00fal, Jonat\u00e1n y David a sus hijos, sugieren que posiblemente se hablaba de Yahveh como de un baal.  El hecho ha sido discutido; pero la existencia de un nombre como Beal\u00edas (es decir, \u00abYahveh es baal\u00bb, 1 Cro. 12,6) y la afirmaci\u00f3n de Oseas (2,16) son argumentos que no pueden menospreciarse.  Es verdad que la palabra fue usada m\u00e1s tarde s\u00f3lo en referencia al culto idol\u00e1trico, e incluso considerada tan detestable que frecuentemente era sustituida por bosheth, verg\u00fcenza,  en los nombres propios compuestos, as\u00ed dando, por ejemplo, formas tan inofensivas como Elioda (Baalyad\u00e1,   2 Samuel 5,16), Yerubb\u00e9set (Yerubbaal, 2 Sam. 11,21) Isboseth (Isbaal 2 Sam. 2,10) y en otra parte Mefib\u00f3set (Meribaal 2 Sam. 9,6; 21,8); pero esas correcciones se debieron a un esp\u00edritu que no prevaleci\u00f3 hasta siglos despu\u00e9s de la \u00e9poca sobre la cu\u00e1l trataremos en este momento\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La accesi\u00f3n de Ajab al trono de Israel inaugur\u00f3 una nueva era, la del culto oficial. Casado con la princesa sidonia Jezabel, el rey le erigi\u00f3 un templo (1 Rey. 16,31.32) al baal de su ciudad natal  (Cid o Melcart), en el cual oficiaba un numeroso grupo de sacerdotes (1 Rey. 18,19).  En 1 Reyes 19,10-14, el profeta El\u00edas describe el estado de abandono en que cay\u00f3 la verdadera fe del Reino del Norte.  \u00ab\u2026los israelitas han abandonado tu alianza, han derribado tus altares, han pasado a espada a tus profetas.\u201d  Solo quedaron siete mil hombres cuyas rodillas no se doblaron ante Baal\u00bb (1 Rey. 19,18).  Ocoz\u00edas, hijo de Ajab y Jezabel, sigui\u00f3 los pasos de sus padres (1 Rey. 22,54) y aunque Joram, su hermano y sucesor, se deshizo del maccebhoth levantado por su padre, no se erradic\u00f3 de Samaria el culto a Baal (2 Rey. 3,2-3) hasta que sus seguidores fueron asesinados y su templo destruido por \u00f3rdenes de Jeh\u00fa (2 Rey. 10,18-28).  Con todo lo violenta que fue esta represi\u00f3n, apenas si sobrevivi\u00f3 al pr\u00edncipe que la hab\u00eda emprendido. Los anales de los reinados de sus sucesores dan testimonio de que la corrupci\u00f3n religiosa volvi\u00f3 a prevalecer y el autor del Segundo Libro de los Reyes resumi\u00f3 as\u00ed esta triste historia: \u00abAbandonaron todos los mandamientos de Yahveh, su Dios, y se hicieron \u00eddolos fundidos, los dos becerros; se hicieron cipos [asherah], y se postraron ante todo el ej\u00e9rcito de los cielos y dieron culto a Baal.  Hicieron pasar a sus hijos y a sus hijas por el fuego, practicaron la adivinaci\u00f3n y los augurios, y se prestaron a hacer lo malo a los ojos de Yahveh, provocando su c\u00f3lera.  Yahveh se air\u00f3 en gran manera contra Israel y los apart\u00f3 de su rostro\u2026 deport\u00f3 a Israel de su tierra a Asiria, hasta el d\u00eda de hoy.\u201d  (2 Rey. 17,16-18.23).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras tanto, al reino de Jud\u00e1 no le fue mejor. Ah\u00ed tambi\u00e9n los pr\u00edncipes, lejos de contener la tendencia de la gente hacia la idolatr\u00eda, fueron ellos mismos sus instigadores y c\u00f3mplices.  Establecido por Joram (2 Rey. 8,18), probablemente a sugerencia de Atal\u00eda su esposa, quien era hija de Ajab y Jezabel, el culto fenicio fue continuado por Ocoz\u00edas (2 Rey. 8,27).  Conocemos por 2 Rey. 11,18 que uno de los pr\u00edncipes o Atal\u00eda hab\u00edan dedicado un templo a Baal (muy probablemente al Baal honrado en Samaria) en la Ciudad Santa. A la muerte de Atal\u00eda, su templo fue destruido por la gente fiel y los muebles y decoraci\u00f3n hechos pedazos (2 Rey. 11,18; 2 Cr\u00f3n. 23,17).  Si bien esta reacci\u00f3n no acab\u00f3 completamente con el culto a Baal en Jud\u00e1, dej\u00f3 vivo muy poco de \u00e9l, ya que por m\u00e1s de un siglo los escritores sagrados no registran ning\u00fan caso de idolatr\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el reinado de Ajab, sin embargo, encontramos no s\u00f3lo el mal floreciendo de nuevo, sino con la complacencia de las autoridades p\u00fablicas.  No obstante, un cambio hab\u00eda tenido lugar en la idolatr\u00eda de Jud\u00e1: en lugar del baal sidonio, Mel\u00e9k (Moloc), la cruel deidad de los amonitas, se hab\u00eda convertido convirti\u00f3 en el favorito de la gente (2 Cr\u00f3n. 28,2; 2 Rey. 16,3-4).  Ezequ\u00edas hab\u00eda erradicado sus b\u00e1rbaros ritos, pero aparecieron de nuevo con el apoyo de Manas\u00e9s, por cuya influencia las deidades astrales sirio babil\u00f3nicas fueron agregadas al pante\u00f3n de los id\u00f3latras de [[Judea (2 Rey. 23,4-5).  Los meritorios esfuerzos de Jos\u00edas no produjeron resultados duraderos y despu\u00e9s de su muerte las diversas supersticiones en auge mantuvieron influencia hasta que \u00abel Se\u00f1or ech\u00f3 de su presencia a Jud\u00e1 y Jerusal\u00e9n\u00bb (2 Rey. 23,32-37; 24,9.19, y en otras partes).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fueron las invasiones de los babilonios las que asestaron un golpe de muerte al culto a Baal en Palestina.  En la repatriaci\u00f3n, Israel ser\u00e1 el pueblo de Yahveh y \u00c9l su Dios (Ez. 14,11), y Baal se convertir\u00e1 del todo en cosa del pasado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Selden, De diis syris (1617); Gigot, Biblical Lectures (Baltimore, 1901), V; Id., Outlines Of Jewish History (Nueva York 1905); PEAKES in HASTINGS, Dict. bible, s.v. Baal; THATCHER, ibid., s.v. Phoenicia; OTTLEY, The Religion Of Israel (Cambridge, 1905): SAYCE, The Gods Of Canan, en Contemporary Review para sept. de 1883; W.R. Smith, The Religion Of The Semites (Edimburgo, 1889); BOURQUENOU ET DUTAC, Etudes archeologiques in Etudes Religieuses (1864-1866); LAGRANGE, Etudes sur les religions semitiques (Par\u00eds, 1903); MASPERO, Histoire ancienne des peuples de l&#8217;Orient classique (Par\u00eds, 1898); REVILLE, La religion des Pheniciens in Revue des deux mondes, para el 15 de mayo de 1873; TIELE, La religion phenicienne, in Revue de l&#8217;histoire des religions (1881), III; VIGOUROUX en Dict. de las bible, s.v. Baal; Id., La bible et les decouvertes modernes (Par\u00eds, 1889), III; Id., Les pretres de Baal et leurs successeurs dans l&#8217;antiquite et dans le tempra present, in Revue bibilique para abril (1896); DE VOGUE, Melanges d&#8217;archelogie orientale (Par\u00eds 1868); BATHGEN, Beitrage zur semitisches Religionsgeschichte (Berl\u00edn, 1888); BAUDISSIN, Studien zur semitischen Religionsgeschichte (1876-78); Id., en HERZOG Realencyklopadie, s.v. Baal und Bel; MARTI, Geschichte der israelitiechen, Religion (1897); MEYER, Ueber einige semitische Gotter, in Zeitschrift der deutschen morgenlandischen Gesellschaft (1877); MOVERS, Die Phonizier (1841-56); OORT, Dienst des Baal in Israel (Leyden, 1864); SCHRADER, Baal und Bel, in Theologische Studien und Kritiken (1874); SMEND, Lehrbuch der alttestamentlischen Religionsgeschichte (Greiburg, Leipzig, 1893, 1899)<br \/>\nPara el uso del plurarl (Baalim), DRIVER, Notes on the Hebrew Text of the Books of Samuel, sobre 1 Sam. 7,3; BURNEY, Notes on the Hebrew Text of the Books of Kings, sobre 1 (3), 18,18.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Fuente<\/b>:  Souvay, Charles. \u00abBaal, Baalim.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 2. New York: Robert Appleton Company, 1907.<br \/>\n<br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/02175a.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por E M G.  L H M.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contenido 1 Etimolog\u00eda 2 Baal como Deidad 3 La Adoraci\u00f3n a Baal entre los Gentiles 4 La Adoraci\u00f3n a Baal entre los Israelitas 5 Bibliograf\u00eda Etimolog\u00eda (Hebreo B\u00e1&#8217;\u00e1l; plural, Be&#8217;al\u00eem) Palabra perteneciente al tronco m\u00e1s antiguo del vocabulario semita y que significa principalmente \u00abse\u00f1or\u00bb o \u00abdue\u00f1o\u00bb. As\u00ed en el idioma hebreo a un hombre se &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/baal-baalim\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abBAAL, BAALIM\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23419","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23419","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23419"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23419\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23419"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23419"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23419"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}