{"id":23494,"date":"2016-02-05T16:01:37","date_gmt":"2016-02-05T21:01:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cesar-baronio\/"},"modified":"2016-02-05T16:01:37","modified_gmt":"2016-02-05T21:01:37","slug":"cesar-baronio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cesar-baronio\/","title":{"rendered":"CESAR BARONIO"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Cardenal e historiador eclesi\u00e1stico, naci\u00f3 en Sora, en el Reino de N\u00e1poles el 30 de agosto de 1538; muri\u00f3 en Roma el 30 de junio de 1607; autor de \u00abAnnales Ecclesiatici\u00bb, una obra que marc\u00f3 una \u00e9poca en la historiograf\u00eda y mereci\u00f3 para su autor, despu\u00e9s de Eusebio, el t\u00edtulo de Padre de la Historia Eclesi\u00e1stica.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Baronio descend\u00eda de la rama napolitana de una antes poderosa familia, cuyo nombre, de Barono, C\u00e9sar cambi\u00f3 a Baronius seg\u00fan la forma romana. Sus padres, humildes ciudadanos de Sora en las Sabinas a unas sesenta millas al este de Roma, no pudieron legar la antigua riqueza y poder ancestrales a su \u00fanico hijo. Pero iba a poseer cualidades que proclaman mejor la nobleza&#8212;un profundo esp\u00edritu religioso, una caridad a la que repugna profundamente el ego\u00edsmo, una firmeza de la voluntad templada en la humilde obediencia, una agudeza y vigor mentales dedicados escrupulosamente a la causa de la verdad. Estas cualidades distinguieron a Baronio como par en santidad y erudici\u00f3n entre los santos y sabios de su tiempo. Hered\u00f3 los rasgos m\u00e1s vigorosos del car\u00e1cter de su padre, Camilo, un hombre mundano y ambicioso, cuya fuerte voluntad y tenacidad en sus prop\u00f3sitos iban a chocar un d\u00eda con las cualidades y determinaci\u00f3n de su hijo. A la influencia de su madre, la piadosa y caritativa Porcia Febonia, cuya dedicaci\u00f3n a los intereses religiosos de C\u00e9sar se vio intensificada por lo que cre\u00eda un milagro al haberse salvado de la muerte en su infancia, deb\u00eda sus sobresalientes cualidades y la tierna simplicidad de su fe, a la que atribu\u00eda su v\u00edvida percepci\u00f3n de la gu\u00eda de Dios que se manifestaba en visiones y sue\u00f1os.  Baronio recibi\u00f3 su primera educaci\u00f3n de sus inteligentes padres y en las escuelas de la cercana Veroli. Su intenso amor al estudio y su madurez intelectual animaron a su padre a enviarlo, a los 18 a\u00f1os, a la escuela de leyes de N\u00e1poles: Despu\u00e9s de unos pocos meses de confusi\u00f3n debido a la guerra franco-espa\u00f1ola por el dominio de Italia, se traslad\u00f3 a Roma donde en 1557 se convirti\u00f3 en disc\u00edpulo de Cesare Costa, maestro en derecho can\u00f3nico y civil.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estaba all\u00ed cuando se encontr\u00f3 con alguien que iba a influir poderosamente en su destino y determinar, hasta en los detalles, su carrera y ocupaciones. Era Felipe Neri, sacerdote notable por su santidad, esp\u00edritu de piedad y caridad con los que inspir\u00f3 a un peque\u00f1o grupo de sacerdotes y laicos a los que hab\u00eda formado en una confraternidad de buenas obras en la iglesia de San Girolamo della Carit\u00e0.  La importancia de este encuentro no se puede sobreestimar: el mundo pudo tener un Baronio, pero el Baronio de la historia es la obra de San Felipe Neri. Qued\u00f3 impresionado por el serio estudiante de derecho de tan transparente inocencia de vida y al ver en \u00e9l un sujeto obediente, lo enrol\u00f3 en su grupo. Esto no impidi\u00f3 a Baronio continuar los estudios para los que hab\u00eda venido a Roma, pero en todo lo dem\u00e1s se someti\u00f3 a la direcci\u00f3n de Felipe de forma espont\u00e1nea y completa, no sin sus sacrificios. Como muestra de su renuncia, quem\u00f3 un tomo de sus propios poemas italianos en cuya composici\u00f3n hab\u00eda mostrado gran habilidad; la misma suerte corri\u00f3 m\u00e1s tarde su diploma de doctor.  Durante tres a\u00f1os, en su celo, anhel\u00f3 convertirse en un fraile capuchinos, pero Felipe se lo impidi\u00f3.  Pero m\u00e1s aflictivo a\u00fan era el amargo antagonismo de su padre que ve\u00eda en todo esto s\u00f3lo locura y frustraci\u00f3n de su ambici\u00f3n paternal. Tambi\u00e9n tem\u00eda la extinci\u00f3n de su familia, que solo ten\u00edan a C\u00e9sar para conseguir revivir viejas glorias. Padre e hijo se mantuvieron firmes. Camilo le cort\u00f3 la escasa mesada y C\u00e9sar se vio obligado a vivir de la hospitalidad de uno de los amigos de Felipe. Durante seis a\u00f1os C\u00e9sar llev\u00f3 una forma de vida semi-religiosa en la comunidad de San Girolamo, el n\u00facleo de la Congregaci\u00f3n del Oratorio. De Felipe recibi\u00f3 la direcci\u00f3n en el estudio y la gu\u00eda espiritual y por sugerencia suya dedic\u00f3 todo su tiempo libre a las obras de caridad entre los pobres y los enfermos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante el a\u00f1o 1558 Felipe le asign\u00f3 el importante trabajo de predicar en las conferencias que se daban con frecuencia en la iglesia de San Girolamo. En 1564 fue ordenado sacerdote y decidi\u00f3 compartir la suerte del peque\u00f1o grupo de Felipe; pero su ardor por la vida religiosa era tan intenso, que ya hab\u00eda emitido los votos de pobreza, castidad, humildad y obediencia a Felipe Neri como su superior. Ser\u00eda el d\u00factil instrumento de su voluntad durante 25 a\u00f1os, cuyo tiempo dedicar\u00eda a la preparaci\u00f3n de su obra sobre historia eclesi\u00e1stica, en la que en adelante se centra el inter\u00e9s de por vida de Baronio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El m\u00e9rito de la idea es de Felipe, como el mismo Baronio testifica con filial devoci\u00f3n en los \u201cAnales\u201d. El santo sent\u00eda fuertemente la aflicci\u00f3n y des\u00e1nimo causados en los c\u00edrculos cat\u00f3licos por la publicaci\u00f3n de las \u201cCenturias de Magdeburgo\u201d (Ecclesiastica Historia: integram ecclesiae Christi ideam complectens, congesta per aliquot studiosos et pios viros in urbe Magdeburgica, 13 vols., Basilea, 1559-74).  El prop\u00f3sito de esa obra era comprometer la historia a la causa del protestantismo, demostrando lo mucho que se hab\u00eda alejado la Iglesia Cat\u00f3lica de las ense\u00f1anzas y pr\u00e1cticas primitivas, en contraste con la consonancia de la Iglesia Reformada. La idea hab\u00eda sido concebida en 1552 por Mathias Flach Francowiez (Flacius Illyricus) y, con la colaboraci\u00f3n de varios intelectuales luteranos, de los pr\u00edncipes evang\u00e9licos y otros protestantes ricos, fue completada con rapidez. Sus trece vol\u00famenes trataban cada uno de un siglo de la era cristiana, de ah\u00ed el nombre de \u201cCenturiadores\u201d que se aplic\u00f3 a los autores. Aunque la obra ten\u00eda el gran m\u00e9rito de ser pionera en el campo de la historia eclesi\u00e1stica modernizada y desplegaba un considerable esp\u00edritu cr\u00edtico, su apariencia parcializada e inescrupulosa y su tergiversaci\u00f3n de la catolicidad, la predestinaban a un honor ef\u00edmero. Es interesante s\u00f3lo como una marca hundida en el campo de la literatura hist\u00f3rica, y como el est\u00edmulo para el genio de Baronio.  Sin embargo, la publicaci\u00f3n de sus primeros vol\u00famenes, en un tiempo cuando su valor pol\u00e9mico la hac\u00eda aceptable a los protestantes, provey\u00f3 a los reformadores con una formidable arma de ataque contra la Iglesia Cat\u00f3lica, la cual hizo mucho da\u00f1o.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La posibilidad de un contraataque tentaba a los intelectuales cat\u00f3licos, pero nada adecuado sali\u00f3 a la luz, porque la ciencia hist\u00f3rica era a\u00fan una cuesti\u00f3n del futuro.  Su fundador era a\u00fan un joven de veinte a\u00f1os y ten\u00eda pocos conocimientos de historia.  Fue en ese joven en el que Felipe Neri vio un posible David que pudiera derrotar a los filisteos de Magdeburgo. Inmediatamente dirigi\u00f3 a Baronio para que dedicara sus conferencias en San Girolamo exclusivamente a la Historia de la Iglesia. Baronio estaba desconcertado. La historia no le atra\u00eda. Prefer\u00eda mostrar su celo en las conferencias sobre temas morales en las que hab\u00eda dado ya se\u00f1ales de su valer en el a\u00f1o anterior. Pero obedeci\u00f3 y tres a\u00f1os despu\u00e9s hab\u00eda ya cubierto el campo de la historia eclesi\u00e1stica en sus conferencias y hab\u00eda desarrollado un nuevo entusiasmo por los estudios hist\u00f3ricos. Antes de su ordenaci\u00f3n imparti\u00f3 el curso dos veces y otras cinco veces m\u00e1s lo repiti\u00f3 en los siguientes veinticinco a\u00f1os, perfeccionando su trabajo con cada serie subsiguiente.  Se familiariz\u00f3 con los primeros historiadores y con los Padres. Las bibliotecas de Roma le proporcionaron un gran n\u00famero de documentos no publicados. Monumentos, monedas e inscripciones le contaban historias insospechadas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo que hizo en y sobre Roma, lo hicieron por \u00e9l por todas partes corresponsales voluntarios y el nombre de Baronio lleg\u00f3 a ser conocido en toda Europa como sin\u00f3nimo de penetraci\u00f3n hist\u00f3rica sin precedentes, poder de investigaci\u00f3n y celo por la verificaci\u00f3n. Felipe debi\u00f3 comunicarle antes de 1569 su plan de organizar de forma permanente el material recogido, pero a pesar de la importancia de la obra, fue obligado por su maestro a compartirlo todo en los ejercicios del ahora creciente Oratorio.   En la iglesia de San Giovanni dei Fiorentini, donde prest\u00f3 sus servicios desde 1564 a 1575, tom\u00f3 parte en la administraci\u00f3n parroquial y en los servicios dom\u00e9sticos.   \u00abBaronius coquus perpetuus\u00bb (cocinero perpetuo) dec\u00eda la leyenda jocosa escrita en la cocina del Oratorio, en la que con frecuencia recib\u00eda a distinguidos visitantes.  A\u00f1ad\u00eda otras generosamente a las muchas mortificaciones impuestas por Felipe, por cuyo medio adquiri\u00f3 los  des\u00f3rdenes digestivos que a menudo le torturaban y que al final causaron su muerte. A pesar de los obst\u00e1culos, su prodigiosa capacidad de trabajo y su h\u00e1bito de dormir solo cuatro o cinco horas hicieron posible el asombroso progreso en sus investigaciones. Despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n can\u00f3nica del Oratorio (15 de julio de 1575) residi\u00f3 en Santa Mar\u00eda en Vallicella, hogar definitivo de la nueva congregaci\u00f3n, y sigui\u00f3 llevando la misma vida ocupada.  A principio de los ochenta hab\u00edan madurado los planes para la publicaci\u00f3n de la nueva historia de la iglesia, y en 1584, un cuarto de siglo despu\u00e9s de comenzar su preparaci\u00f3n, Baronio ten\u00eda la obra bastante adelantada, cuando su paciencia sufri\u00f3 una nueva prueba.  El Papa Gregorio XIII le confi\u00f3 la revisi\u00f3n del Martirologio Romano. Era una obra necesaria por la confusi\u00f3n en los d\u00edas de fiesta debido a la [Reforma del Calendario]] Gregoriano (1582); adem\u00e1s era la ocasi\u00f3n oportuna para corregir muchos errores de copistas que se hab\u00edan ido acumulando en el Martirologio. Baronio dedic\u00f3 dos a\u00f1os a una amplia investigaci\u00f3n y a la aguda cr\u00edtica que la obra requer\u00eda.  Sus anotaciones y correcciones se publicaron en 1586 y en una segunda edici\u00f3n corrigi\u00f3 varios errores por los que le criticaron el haberlos pasado por alto en la primera (Martyrologium Romanum, cum Notationibus Caesaris Baronii, Rome, 1589).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las dificultades que hall\u00f3 Baronio para la publicaci\u00f3n de los \u201cAnales\u201d fueron muchas y muy molestas. Prepar\u00f3 su manuscrito sin ayuda, escribiendo cada p\u00e1gina con su propia mano, sin que sus hermanos oratorianos de Roma pudieran ayudarle. Los de N\u00e1poles, que le ayudaron a revisar su copia, eran poco competentes y casi exasperantes por sus retrasos y juicios poco cr\u00edticos. El mismo ley\u00f3 las pruebas. Los impresores, en la infancia de tal arte, no eran ni r\u00e1pidos ni meticulosos.  En la primavera de 1588 apareci\u00f3 el primer volumen y fue aclamado universalmente por la sorprendente riqueza informativa, su espl\u00e9ndida erudici\u00f3n y la oportuna reivindicaci\u00f3n de las posturas papales; eclips\u00f3 a las \u201cCenturias\u201d. Las m\u00e1s altas autoridades civiles y eclesi\u00e1sticas felicitaron al autor, pero fue a\u00fan m\u00e1s gratificante la verdaderamente fenomenal venta del libro y la inmediata petici\u00f3n de traducci\u00f3n a los principales idiomas europeos.  La intenci\u00f3n de Baronio era producir un libro cada a\u00f1o, pero el segundo no estuvo listo hasta 1590. Los siguientes cuatro aparecieron anualmente, el s\u00e9ptimo a finales de 1596 y los otros cinco en intervalos a\u00fan m\u00e1s largos hasta 1607, cuando, justo antes de su muerte termin\u00f3 el duod\u00e9cimo volumen, el cual supo por una visi\u00f3n que ser\u00eda el \u00faltimo. Llev\u00f3 la historia hasta 1198, el a\u00f1o de la accesi\u00f3n del Papa Inocencio III.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La vida de estudiante de Baronio durante los veinte a\u00f1os de publicaciones fue a\u00fan m\u00e1s perturbada que antes. Su creciente fama le trajo duras penas a su humildad. Tres Papas sucesivos quisieron nombrarle obispo.  En 1593 sucedi\u00f3 al anciano Felipe como Superior del Oratorio, y a la muerte de \u00e9ste en 1596, fue reelecto para otros tres a\u00f1os. En 1595 era confesor del Papa Clemente VIII, el cual le nombr\u00f3 protonotario apost\u00f3lico y el 5 de junio de 1596, le cre\u00f3 cardenal. Baronio lament\u00f3 amargamente su remoci\u00f3n del Oratorio para residir en el Vaticano, o incluso lejos de Roma cuando la corte papal sal\u00eda de la ciudad, lo cual era doblemente penoso, pues no pod\u00eda seguir trabajando en sus Anales. En 1597 Clemente le concedi\u00f3 el m\u00e1s alto tributo a su erudici\u00f3n al nombrarle bibliotecario del Vaticano.  Este puesto, junto con el cargo de la reci\u00e9n fundada prensa vaticana y sus deberes en las Congregaciones, le dejaban aun menos tiempo para trabajar en sus Anales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Adem\u00e1s ten\u00eda problemas de otra clase.  Su celo por las libertades de la Iglesia le hab\u00eda ganado la antipat\u00eda de Felipe II de Espa\u00f1a, el cual, debido a que era el soberano cat\u00f3lico m\u00e1s poderoso de Europa, intentaba ejercer influencia indebida en el papado.  M\u00e1s aun, incurri\u00f3 en el disgusto de Felipe al apoyar la causa de su enemigo, el excomulgado Enrique IV de Francia, por cuya absoluci\u00f3n Baronio abogaba ardorosamente.  Los Anales fueron condenados por la Inquisici\u00f3n Espa\u00f1ola.  M\u00e1s tarde, cuando public\u00f3 su tratado sobre la monarqu\u00eda de Sicilia, probando el reclamo anterior del papado al de Espa\u00f1a en la soberan\u00eda de Sicilia y N\u00e1poles, provoc\u00f3 una amarga hostilidad de Felipe II y de Felipe III. Pero hallaba solaz en el hecho de que la enemistad de Espa\u00f1a ser\u00eda un buen obst\u00e1culo en la creciente posibilidad de ser nombrado Papa.  Pero esa esperanza se puso gravemente a prueba en los dos c\u00f3nclaves de 1605.  Baronio era el candidato de la mayor\u00eda de los cardenales y a pesar de la oposici\u00f3n espa\u00f1ola hubiera sido elegido si no hubiera movido toda su diplomacia para evitarlo. Treinta y siete votos de los cuarenta necesarios en el primer c\u00f3nclave y un violento intento de precipitar su \u201cadoraci\u00f3n\u201d en el segundo, atestiguan la alta estima que se le ten\u00eda.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la primavera de 1607 Baronio regres\u00f3 al Oratorio pues una visi\u00f3n le hab\u00eda advertido que su a\u00f1o 69 ser\u00eda el \u00faltimo de su vida y hab\u00eda llegado al \u00faltimo volumen previsto de sus Anales.  Fue trasladado a Frescati muy enfermo, pero viendo llegar el final, volvi\u00f3 a Roma, donde muri\u00f3 el 30 de junio de 1607. Su tumba se coloc\u00f3 a la izquierda del altar mayor de la iglesia de Santa Mar\u00eda en Vallicella (Chiesa Nuova).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El cardenal Baronio dej\u00f3 una reputaci\u00f3n de profunda santidad que llev\u00f3 al Papa Benedicto XIV a proclamarle \u201cVenerable\u201d (12 de enero de 1745). Las restauraciones que hizo en su iglesia titular de los santos Nereo y Aquileo y en San Gregorio en el Coelio a\u00fan nos da una idea de su celo por el culto decoroso.  Pero los Anales constituyen el m\u00e1s conspicuo y permanente monumento de su genio y devoci\u00f3n a la Iglesia.  Durante tres siglos han sido la inspiraci\u00f3n de los estudiantes de historia y un dep\u00f3sito inagotable para la investigaci\u00f3n. Ninguna otra obra ha tratado de forma tan completa la \u00e9poca que estudia. En ninguna parte se hallan reunidos tantos y tan importantes documentos. Los especialistas imparciales reconocen en ellos la piedra angular de la verdadera ciencia hist\u00f3rica y en su autor, las cualidades de un historiador modelo: diligencia infatigable en la investigaci\u00f3n, pasi\u00f3n por la verificaci\u00f3n, juicio preciso y lealtad constante a la verdad. Hasta en las agrias controversias que provocaron sus primeros vol\u00famenes, la mayor\u00eda de los cr\u00edticos eruditos reconoc\u00edan su meticulosidad y honestidad.  Pero esto no implica que la obra fuese impecable o final. Aunque era un maestro, Baronio era un pionero dotado con un esp\u00edritu cr\u00edtico mucho m\u00e1s desarrollado, por decirlo de alguna manera, que el de sus contempor\u00e1neos, pero era t\u00edmido al ejercitarlo. Sin embargo estimul\u00f3 un esp\u00edritu cr\u00edtico que infaliblemente har\u00eda avanzar la ciencia hist\u00f3rica m\u00e1s all\u00e1 del alcance logrado por \u00e9l.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con esta visi\u00f3n m\u00e1s amplia, sus sucesores han sido capaces de someter los Anales a bastantes correcciones cr\u00edticas. Su escaso conocimiento del griego y del hebreo limitaba sus recursos al tratar de las cuestiones orientales. A pesar de su cuidado, citaba muchos documentos como aut\u00e9nticos que una cr\u00edtica m\u00e1s conocedora ha rechazado como ap\u00f3crifos. Su defecto m\u00e1s serio ven\u00eda precisamente de la exactitud con la que intentaba fijar su historia en una forma estrictamente anal\u00edtica. El intento de atribuir a cada a\u00f1o sucesivo sus propios sucesos le meti\u00f3 en numerosos errores cronol\u00f3gicos.   El mismo Baronio reconoci\u00f3 que esa era una posibilidad e hizo muchas correcciones en su segunda edici\u00f3n (Maguncia 1601-05); y m\u00e1s tarde, sus aliados y no sus enemigos fueron los que hicieron los mayores esfuerzos de revisi\u00f3n cronol\u00f3gica, un punto aparentemente perdido para aqu\u00e9llos que se refieren a la \u201crefutaci\u00f3n\u201d de Pagi de los errores de Baronio.  Hay que recordar la diversidad de opiniones en asuntos de cronolog\u00eda entre los principales exponentes de la ciencia hist\u00f3rica actual para hallar la paliaci\u00f3n a las equivocaciones del fundador de esa ciencia. D\u00edgase lo que se diga en justicia sobre Baronio, sigue siendo verdad que el valor actual de sus obras se debe medir a la luz de esos defectos, y que los estudiantes deben referirse a las ediciones cr\u00edticas de los Anales para sacar provecho, teniendo en mente que los errores de Baronio afectan poco al valor de su precioso legado, a su diligencia y genio pasado a los historiadores posteriores. La m\u00e1s extensa obra de correcciones es la de Pagi: \u00abCritica historico-chronologica in Annales\u00bb, etc. (3\u00aa ed., Amberes, 1727, 4 vols.). Su prefacio contiene un buen estudio de la cr\u00edtica pionera de los Anales.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A los doce vol\u00famenes originales de los Anales de Baronio se han ido a\u00f1adiendo continuaciones siguiendo su estilo. Los m\u00e1s valiosos son los de los tres oratorianos: Raynaldus, el m\u00e1s h\u00e1bil continuador, que con los materiales acumulados por Baronio llev\u00f3 la historia hasta el a\u00f1o 1565 (Roma, 1646-77, 9 vols.); James Laderchi, que la continu\u00f3 hasta 1571 (Roma, 1728-37, 3 vols.); y Augustin Theiner, hasta 1583 (Roma, 1856). Menos notables son las continuaciones del dominico polaco Bzovius, 1198 a 1571 (Colonia, 1621-30, 9 vols.), y el obispo franc\u00e9s Sponde 1198 a 1647 (Par\u00eds, 1659).  Mansi hizo un buen estudio de la obra de los continuadores en la edici\u00f3n Bar-le-Duc de Baronio, XX, p III-XI.  Se han realizado muchos ep\u00edtomes de la obra; el mejor es el de Sponde (Colonia 1690, 2 vols.).  Como ejemplo del trabajo cient\u00edfico de una peque\u00f1a parte del campo cubierto por Baronio, se puede citar a Rauschen, \u00abJahrb\u00fccher der Christlichen Kirche unter dem Kaiser Theodosius dem Grossen. Versuch einer Erneuerung der Annales Ecelesiastici des Baronius f\u00fcr die Jahre 378-395\u00bb (Friburgo im Br., 1897). Las mejores ediciones de Baronio son las de Lucca (1738-59, 38 vols.) y Bar-le-Duc (1864-83, 37 vols.); la primera contiene las continuaciones de Raynald y Laderchi, la cr\u00edtica de Pagi y otros y est\u00e1 enriquecido con las notas del arzobispo Mansi; la segunda contiene lo mejor de la primera y las adiciones editoriales del P. Theiner, cuya continuaci\u00f3n iba a ser incluida. La publicaci\u00f3n se suspendi\u00f3 con la historia del a\u00f1o 1571.   Baronio public\u00f3 muchas otras obras menores, muchas de las cuales encontraron su sitio en los Anales. Su \u201cVida de San Gregorio Nacianceno se halla en Acta SS., XV, 371-427.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente<\/b>:  Peterson, John Bertram. \u00abVenerable Cesare Baronius.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 2. New York: Robert Appleton Company, 1907. <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/02304b.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Pedro Royo.  L H M.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cardenal e historiador eclesi\u00e1stico, naci\u00f3 en Sora, en el Reino de N\u00e1poles el 30 de agosto de 1538; muri\u00f3 en Roma el 30 de junio de 1607; autor de \u00abAnnales Ecclesiatici\u00bb, una obra que marc\u00f3 una \u00e9poca en la historiograf\u00eda y mereci\u00f3 para su autor, despu\u00e9s de Eusebio, el t\u00edtulo de Padre de la Historia &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cesar-baronio\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCESAR BARONIO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23494","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23494","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23494"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23494\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23494"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23494"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23494"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}