{"id":23569,"date":"2016-02-05T16:04:36","date_gmt":"2016-02-05T21:04:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-benito-de-nursia\/"},"modified":"2016-02-05T16:04:36","modified_gmt":"2016-02-05T21:04:36","slug":"san-benito-de-nursia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-benito-de-nursia\/","title":{"rendered":"SAN BENITO DE NURSIA"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Es el fundador del monacato occidental. Naci\u00f3 en Nursia alrededor del a\u00f1o 480. Muri\u00f3 en Montecasino en 543. La \u00fanica aut\u00e9ntica vida de Benito de Nursia es la que est\u00e1 contenida en los \u201cDi\u00e1logos\u201d de San Gregorio, y es m\u00e1s bien un bosquejo de su car\u00e1cter que una biograf\u00eda. Consistente mayoritariamente de eventos milagrosos que, si bien iluminan la vida del Santo, poco ayudan para hacer una descripci\u00f3n cronol\u00f3gica de su vida. Las fuentes de san Gregorio fueron, seg\u00fan lo que \u00e9l mismo cuenta, algunos disc\u00edpulos del Santo: Constantino, que lo sucedi\u00f3 como abad de Montecasino, y Honorato, que era abad de Subiaco cuando san Gregorio escrib\u00eda los \u201cDi\u00e1logos\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Benito fue hijo de un noble romano de Nursia, peque\u00f1a poblaci\u00f3n cercana a Espoleto. Hay una tradici\u00f3n, aceptada por san Beda, que afirma que Benito fue gemelo de su hermana Escol\u00e1stica. Pas\u00f3 su ni\u00f1ez en Roma, donde vivi\u00f3 con sus padres y asisti\u00f3 a la escuela hasta que lleg\u00f3 a la educaci\u00f3n superior. Fue en este punto cuando \u201chabiendo regalado a otros sus libros, y dejando la casa y la riqueza de su padre, deseoso de servir s\u00f3lo a Dios, se dio a la b\u00fasqueda de un sitio donde pudiera lograr ese santo prop\u00f3sito. Fue as\u00ed que abandon\u00f3 Roma, instruido por una ignorancia culta y provisto de una sabidur\u00eda no aprendida\u201d (\u201cDi\u00e1logos\u201d, san Gregorio, II, Introducci\u00f3n, en Migne, P.L. LXVI). No hay concordancia de opiniones acerca de la edad de Benito en ese momento. Generalmente se ha afirmado que fue a los catorce a\u00f1os, pero un examen minucioso de la narraci\u00f3n de san Gregorio hace imposible suponer que eso sucedi\u00f3 antes de los 19 \u00f3 20 a\u00f1os. Ten\u00eda edad suficiente para haber estado en medio de sus estudios literarios, para entender el significado real y el valor de las vidas disolutas y licenciosas de sus compa\u00f1eros, y para haber sido \u00e9l mismo afectado profundamente por el amor de una mujer (Ibid. II, 2). Era perfectamente capaz de sopesar todos esos elementos y compararlos con la vida que se aconsejaba en los Evangelios, y de optar por esta \u00faltima. Estaba iniciando su vida; ten\u00eda a su alcance los medios para hacer una carrera en la nobleza romana. No era ciertamente un chiquillo. San Gregorio afirma: \u201cestaba en el mundo y era libre de disfrutar de las ventajas que el mundo le ofrec\u00eda, pero dio un paso atr\u00e1s del mundo, en donde ya hab\u00eda puesto el pie\u201d (Ibid. Introducci\u00f3n). Si se acepta el a\u00f1o 480 como la fecha de su nacimiento, podremos pensar que el abandono de sus estudios y de su hogar sucedi\u00f3 alrededor del a\u00f1o 500 d.C.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No parece que Benito haya salido de Roma con el objeto de convertirse en eremita, sino simplemente de encontrar un lugar alejado de la vida de la gran ciudad. Basta observar que se llev\u00f3 con \u00e9l a su anciana nodriza para que lo sirviera, y se estableci\u00f3 en Enfide, cerca de un templo dedicado a san Pedro, en compa\u00f1\u00eda de \u201chombres virtuosos\u201d que compart\u00edan sus sentimientos y su perspectiva sobre la vida. La tradici\u00f3n de Subiaco identifica Enfide como la actual Affile, que se encuentra en las monta\u00f1as Simbrucini, alrededor de cuarenta millas de Roma y dos de Subiaco. Est\u00e1 sobre la cima de un risco que se levanta abruptamente desde el valle hacia una cadena de monta\u00f1as, y que vista desde el valle se asemeja a una fortaleza. Seg\u00fan describe la narrativa de san Gregorio, y lo confirman las ruinas del pueblo antiguo y las inscripciones encontradas en los alrededores, Enfide era un sitio de mayor importancia que la poblaci\u00f3n actual. Fue en Enfide donde Benito oper\u00f3 su primer milagro restaurando a su condici\u00f3n original una criba de trigo hecha de barro que su anciana sierva hab\u00eda roto accidentalmente. El renombre que ese milagro le dio a Benito hizo que \u00e9ste buscara irse m\u00e1s lejos a\u00fan de la vida social y \u201cescap\u00f3 secretamente de su nodriza y busc\u00f3 el rinc\u00f3n m\u00e1s apartado de Subiaco\u201d. Hab\u00eda sido transformado el prop\u00f3sito de su vida. Originalmente hab\u00eda escapado de los males de la gran ciudad; ahora estaba determinado a ser pobre y a vivir de su propio trabajo. \u201cPor Dios escogi\u00f3 deliberadamente las durezas de la vida y el cansancio del trabajo\u201d (Ibidem 1).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A una corta distancia de Efide est\u00e1 la entrada de un valle angosto y oscuro que penetra en la monta\u00f1a y conduce directamente a Subiaco. Al otro lado del r\u00edo Anio y desvi\u00e1ndose a la derecha, el sendero asciende siguiendo la cara izquierda del precipicio y pronto llega al sitio de la villa de Ner\u00f3n y de la enorme masa formada por el extremo inferior del lago central. En el otro extremo del valle est\u00e1n las ruinas de los ba\u00f1os romanos de los cuales a\u00fan subsisten algunos grandes arcos y trozos de los muros. Sobresale de entre veinticinco arcos bajos, cuyos cimientos pueden ser perceptibles a\u00fan hoy d\u00eda, el puente que une la villa y los ba\u00f1os, y bajo el cual fluye en cascada el agua del lago central al lago inferior. Las ruinas de esos amplios edificios y el ancho caudal de la cascada cerraban el paso de Benito al llegar \u00e9ste de Enfide. Hoy d\u00eda el valle yace abierto ante nosotros, cerrado solamente por las lejanas monta\u00f1as. El sendero contin\u00faa ascendiendo mientras el lado del precipicio, sobre el que corre, se hace m\u00e1s y m\u00e1s empinado hasta llegar a una cueva sobre la que la monta\u00f1a se eleva casi perpendicularmente. A su lado derecho desciende r\u00e1pidamente hasta donde estaban, en tiempos de san Benito, las azules aguas del lago. La boca de la cueva es de forma triangular y tiene unos diez pies de profundidad. De camino desde Efide, Benito encontr\u00f3 a un monje, Romano, cuyo monasterio estaba en la monta\u00f1a sobre el precipicio donde estaba la cueva. Romano discuti\u00f3 con Benito el prop\u00f3sito del viaje que hab\u00eda llevado este \u00faltimo a Subiaco, y le dio un h\u00e1bito monacal. Por consejo de Romano, Benito se convirti\u00f3 en eremita y as\u00ed vivi\u00f3 por tres a\u00f1os, desconocido de la gente, en esa cueva sobre el lago. San Gregorio dice poco de ese tiempo, pero ya no dice que Benito era un joven (puer) sino un hombre (vir) de Dios. Dos veces nos dice que Romano sirvi\u00f3 al Santo en todo lo que pudo. Parece ser que el monje visitaba frecuentemente a Benito y le llevaba comida en ciertos d\u00edas. Durante esos a\u00f1os de soledad, rotos s\u00f3lo por algunos encuentros casuales con el mundo exterior y por las visitas de Romano, madur\u00f3 en mente y en car\u00e1cter, en el conocimiento de si mismo y de sus hermanos hombres, y al mismo tiempo no solamente su nombre se fue haciendo famoso sino que conquist\u00f3 el respeto de quienes viv\u00edan a su alrededor. Su nombre era tan respetado que, a la muerte del abad de un monasterio vecino (identificado por algunos como Vicovaro), la comunidad lo busc\u00f3 para pedirle que aceptara ser el nuevo abad. Benito conoc\u00eda la vida y la disciplina de ese monasterio y tambi\u00e9n sab\u00eda que \u201csu estilo de vida era distinto al suyo y que nunca podr\u00edan estar totalmente de acuerdo, pero, despu\u00e9s de un tiempo, vencido por su insistencia, acept\u00f3\u201d (Ibid. 3). La experiencia fracas\u00f3. Los monjes intentaron envenenarlo, de modo que Benito volvi\u00f3 a su cueva. A partir de ese tiempo sus milagros se hicieron m\u00e1s frecuentes, y muchas personas, atra\u00eddas por su santidad y su car\u00e1cter, llegaron a Subiaco para ponerse bajo su gu\u00eda. Benito construy\u00f3 doce monasterios en el valle para acomodar a esas personas. En cada uno de ellos puso a un superior con doce monjes. El viv\u00eda en el treceavo, con \u201cunos cuantos, a los que \u00e9l consideraba que su presencia ser\u00eda m\u00e1s \u00fatil y podr\u00edan ser instruidos mejor\u201d (Ibid., 3). Pero \u00e9l se convirti\u00f3 en el abad y el padre de todos. Con el establecimiento de esos monasterios comenzaron las escuelas para ni\u00f1os, y entre \u00e9stos, unos de los primeros fueron Mauro y Pl\u00e1cido.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El resto de la vida de Benito fue dedicada a llevar a cabo el ideal de monacato que nos ha dejado plasmado en su Regla. Antes de seguir con la breve narraci\u00f3n cronol\u00f3gica de su vida que nos transmite san Gregorio, ser\u00e1 mejor examinar el ideal que, para san Gregorio, constituye la verdadera biograf\u00eda de Benito (Ibid. 36). Aqu\u00ed trataremos de la Regla solamente en cuanto que \u00e9sta es un elemento primordial en la vida de san Benito. Para considerar la influencia que la Regla tuvo en el monacato de las \u00e9pocas anteriores y en los gobiernos civiles y religiosos occidentales, y sobre la vida de los cristianos, (vease MONACATO y SAN BENITO)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">LA REGLA BENEDICTINA\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">1. Antes de ponernos a estudiar la Regla de san Benito hace falta se\u00f1alar que fue escrita para seglares, no para cl\u00e9rigos. No era el prop\u00f3sito del Santo establecer una orden de cl\u00e9rigos con obligaciones y funciones clericales, sino una organizaci\u00f3n y unas normas apropiadas para la vida dom\u00e9stica de los seglares que quisiesen vivir en la forma m\u00e1s plena posible la vida sugerida por el Evangelio. \u201cMis palabras- dice san Benito- se dirigen a ti que, renunciando a tu propia voluntad, te revistes de la fuerte y brillante armadura de la obediencia para pelear por nuestro Se\u00f1or Cristo, nuestro verdadero Rey\u201d (Pr\u00f3logo a la Regla). M\u00e1s tarde, la Iglesia impuso el estado clerical a los benedictinos, y con \u00e9l se impusieron las obligaciones de las funciones clericales y sacerdotales, pero siempre ha permanecido la impronta del origen seglar de los benedictinos, y ello constituye quiz\u00e1s una de las se\u00f1ales distintivas de esa orden frente a otras de origen posterior.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2. Otra caracter\u00edstica de la Regla del Santo es su perspectiva del trabajo. La as\u00ed llamada orden no se estableci\u00f3 para llevar a cabo alg\u00fan trabajo en particular ni para solucionar alguna crisis de la Iglesia en particular, como sucedi\u00f3 en otras \u00f3rdenes. Para Benito, el trabajo de sus monjes era simplemente un medio para llegar a lo bueno de la vida. La gran fuerza disciplinaria de la naturaleza humana es el trabajo; el ocio es su ruina. El objetivo de su Regla era llevar a los hombres \u201cde regreso a Dios por el trabajo obediente, del que se hab\u00edan alejado por el ocio de la desobediencia\u201d. El trabajo es la primera condici\u00f3n de crecimiento en el bien. Fue precisamente para que su propia vida se \u201cfatigara con el trabajo en nombre de Dios\u201d que san Benito dej\u00f3 Enfide para ir a la cueva de Subiaco. San Gregorio comenta que es necesario que los elegidos de Dios se \u201cfatiguen con labores y penas\u201d al inicio, cuando las tentaciones son m\u00e1s fuertes. En el proceso de regeneraci\u00f3n de la naturaleza humana en el orden de la disciplina, incluso la oraci\u00f3n tiene un segundo lugar, detr\u00e1s del trabajo, ya que en el alma del ocioso la gracia se encuentra con el rechazo. Cuando \u201cel Godo\u201d (uno del que habla san Gregorio) \u201cdej\u00f3 el mundo\u201d y subi\u00f3 a Subiaco, san Benito le entreg\u00f3 un azad\u00f3n y lo envi\u00f3 a desbrozar un campo para hacer un jard\u00edn. \u201cEcce!, Labora!\u201d, ve y trabaja. El trabajo no era, como afirmaban las civilizaciones contempor\u00e1neas, una condici\u00f3n peculiar de los esclavos. Es el destino de todo hombre, necesario para su bienestar como persona humana y esencial como cristiano.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3. La vida religiosa, seg\u00fan la concibi\u00f3 san Benito, es esencialmente social. Una vida alejada de los dem\u00e1s, la vida de los eremitas, si quiere ser sana e integral, s\u00f3lo es buena para unos cuantos, y \u00e9stos deben haber alcanzado una etapa avanzada de auto disciplina a trav\u00e9s de la vida comunitaria (Regla, 1). La Regla se ocupa totalmente de la reglamentaci\u00f3n de la vida de una comunidad de varones que oran, comen y trabajan juntos y sirve no solamente como estrategia did\u00e1ctica, sino como un elemento permanente de su vida. La Regla concibe al superior como alguien siempre presente y en continuo contacto con cada miembro del gobierno, el cual es descrito como patriarcal o paternal (Ibid. 2, 3, 64). El superior es la cabeza de la familia. Todos son miembros permanentes de un hogar. Gran parte de la ense\u00f1anza espiritual de la Regla queda escondida entre una normatividad que parece ser simplemente social y la organizaci\u00f3n dom\u00e9stica (Ibid. 22-23, 35-41). Todo el marco y la ense\u00f1anza de la Regla est\u00e1n de tal modo conectados con la vida dom\u00e9stica que se puede pensar que un benedictino, m\u00e1s que entrar a una orden religiosa parece entrar a una familia. El car\u00e1cter social de la vida benedictina ha encontrado su expresi\u00f3n en un tipo fijo de monasterios y en la clase de trabajos emprendidos por los benedictinos. Adem\u00e1s, est\u00e1 asegurado por un absoluto comunismo en las posesiones (Ibid. 33, 34, 54, 55), por la rigurosa supresi\u00f3n de todo rango mundano- \u201cnadie de noble cuna puede ser (por esa raz\u00f3n) ser puesto en una posici\u00f3n superior a quien antes era esclavo\u201d (Ibid., 2)-, y por la presencia forzada de todos en las rutinas diarias de la casa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">4. Si bien la Regla proh\u00edbe estrictamente la propiedad privada, en el concepto que san Benito ten\u00eda de la vida mon\u00e1stica no entraba el que los mojes, como cuerpo, debieran desprenderse de toda riqueza y vivir de las limosnas de los fieles. Su prop\u00f3sito era m\u00e1s bien limitar los requerimientos individuales a s\u00f3lo aquello que es estrictamente necesario y simple, y asegurar que el uso y administraci\u00f3n de las posesiones comunes se realizaran de acuerdo al Evangelio. La idea benedictina de pobreza es muy distinta de la franciscana. Los benedictinos no hacen un voto expl\u00edcito de pobreza. Su \u00fanico voto es de obediencia seg\u00fan la Regla. La Regla permite todo lo que es necesario al individuo, junto con ropa suficiente y variada, comida abundante (excepci\u00f3n hecha de carne de cuadr\u00fapedos), vino y suficiente sue\u00f1o (Ibid. 39, 40, 41, 55). Las posesiones pueden ser tenidas en com\u00fan, pueden ser muchas, pero siempre deben ser administradas a favor del trabajo de la comunidad y para el beneficio de otros. El monje individual es pobre, pero el monasterio debe estar en posibilidad de dar limosnas y no obligado a recibirlas. Hay que aliviar al pobre, vestir al desnudo, visitar al enfermo, enterrar a los muertos, auxiliar a los afligidos (Ibid. 4), acoger a los forasteros (Ibid. 3). Los pobres se acercaban a Benito para obtener medios de pagar sus deudas (Dial. San Gregorio, 27); se acercaban a \u00e9l para saciar su hambre (Ibid. 21, 28).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">5. San Benito dise\u00f1\u00f3 una forma de gobierno que merece atenci\u00f3n. Est\u00e1 contenido en los cap\u00edtulos 2, 3, 31, 64, 65 de la Regla y en ciertas frases claves dispersas en los dem\u00e1s cap\u00edtulos. Al igual que la Regla, tambi\u00e9n su modelo de gobierno no est\u00e1 dise\u00f1ado para una orden sino para una comunidad. Presupone que los miembros de la comunidad se han unido, por la promesa de estabilidad, comprometidos a pasar sus vidas juntos bajo la Regla. El superior es elegido por medio de sufragio universal y libre. Se puede decir que su gobierno es una monarqu\u00eda, pero sometida a la Regla como constituci\u00f3n. Todo se deja a la discreci\u00f3n del abad, dentro del marco de la Regla, y cualquier posible abuso de autoridad es controlado por la religi\u00f3n (Regla, 2), por el debate abierto sobre los asuntos importantes en la comunidad, y por la discusi\u00f3n con los ancianos acerca de los asuntos menores (Ibid. 3). La realidad de esta vigilancia sobre la voluntad del gobernante s\u00f3lo se puede apreciar debidamente cuando se recuerda que tanto el gobernante como la comunidad est\u00e1n unidos de por vida, que todos est\u00e1n inspirados por el prop\u00f3sito com\u00fan de llevar a cabo la concepci\u00f3n de la vida que aparece en el Evangelio, y que la relaci\u00f3n de los miembros de la comunidad entre si y con el abad, y del abad hacia ellos, est\u00e1 sublimada y espiritualizada por un misticismo que se inspira en las ense\u00f1anzas del Serm\u00f3n de la Monta\u00f1a, acogidas \u00e9stas como verdades que deben ser vividas en la vida real.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">6. (a) Cuando un hogar cristiano, o una comunidad, ha sido organizada sobre la aceptaci\u00f3n voluntaria de los deberes y responsabilidades sociales de cada miembro, sobre la obediencia a una autoridad y, m\u00e1s a\u00fan, sobre la disciplina continua de trabajo y auto negaci\u00f3n, el siguiente paso en la regeneraci\u00f3n de los miembros, en su conversi\u00f3n a Dios, es la oraci\u00f3n. La Regla habla directa y expl\u00edcitamente de la oraci\u00f3n p\u00fablica. A ella le asigna Benito los salmos y c\u00e1nticos, con lecturas de la Sagrada Escritura y de los Padres. Dedica 11 de los 27 cap\u00edtulos de su Regla a la normatividad de la oraci\u00f3n p\u00fablica. Es caracter\u00edstico de la libertad de su Regla, y de la \u201cmoderaci\u00f3n\u201d del Santo, que \u00e9l concluye sus cuidadosas ense\u00f1anzas diciendo que si alg\u00fan superior no est\u00e1 de acuerdo con lo que \u00e9l indica puede libremente modificarlo. \u00danicamente insiste en que todo el salterio debe ser recitado en una semana. A\u00f1ade que la pr\u00e1ctica de los Santos Padres era indiscutiblemente \u201crecitar en un solo d\u00eda lo que nosotros, los tibios monjes, apenas hacemos en una semana\u201d (Ibid. 18). Por otra parte, advierte en contra del celo excesivo al establecer la regla general de que \u201cla oraci\u00f3n hecha en comunidad siempre debe ser breve\u201d (Ibid.. 20). Es muy dif\u00edcil sistematizar la ense\u00f1anza de san Benito acerca de la oraci\u00f3n, sobre todo porque, desde su perspectiva acerca del car\u00e1cter cristiano, la oraci\u00f3n es algo que debe coexistir con la vida toda, y la vida, a su vez, no es completa si no est\u00e1 empapada por la oraci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(b) San Benito llama \u201cel primer grado de humildad\u201d a la oraci\u00f3n que cubre todas nuestras horas de vigilia. Consiste en estar en presencia de Dios (Ibid. 7). El primer paso se da cuando lo espiritual se une a lo meramente humano, o, como lo expresa el Santo, es el primer escal\u00f3n de una escalera que va del cuerpo al alma. La habilidad para practicar este tipo de oraci\u00f3n se refuerza con el cuidado del \u201ccoraz\u00f3n\u201d, sobre el que insiste frecuentemente el Santo. El coraz\u00f3n se libra de la disipaci\u00f3n resultante de las relaciones sociales gracias al h\u00e1bito mental de ver a Jesucristo en todos los dem\u00e1s. \u201cHay que servir en todo al enfermo como si fuera el mismo Cristo\u201d (Ibid.. 36). \u201cQue los visitantes que se acerquen a nosotros sean recibidos como Cristo\u201d (Ibid.. 53). \u201cYa seamos libres, ya esclavos, todos somos uno en Cristo y tenemos igual rango en el servicio de Nuestro Se\u00f1or\u201d (Ibid.. 2)\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(c) En segundo lugar est\u00e1 la oraci\u00f3n. Esta debe ser breve y se debe decir en intervalos durante la noche y en siete distintas ocasiones durante el d\u00eda, de modo que, de ser posible, no se dar\u00e1n largos intervalos sin que haya una llamada a la oraci\u00f3n formal, vocal (Ibid.. 16). El lugar que Benito da a la oraci\u00f3n p\u00fablica, com\u00fan, se puede describir diciendo que \u00e9l la estableci\u00f3 como el centro de la vida comunitaria a la que se vinculan sus monjes. Se trata nada menos que de la consagraci\u00f3n, no del individuo, sino de la comunidad entera a Dios a trav\u00e9s de la repetici\u00f3n diaria de actos p\u00fablicos de fe, de alabanza y de adoraci\u00f3n al Creador. Este acto p\u00fablico de culto a Dios, este \u201copus Dei\u201d, deber\u00eda ser la tarea principal de sus monjes, a la vez que la fuente de la que todas las dem\u00e1s faenas tomaran su inspiraci\u00f3n, direcci\u00f3n y fuerza.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">(d) En \u00faltimo lugar est\u00e1 la oraci\u00f3n privada. Sobre ella no da ninguna norma el Santo. Debe apegarse a los dones personales: \u201cSi alguno desea orar en privado, d\u00e9jesele ir en silencio al oratorio a orar, no en voz alta, sino con l\u00e1grimas y fervor de coraz\u00f3n\u201d (Ibid.. 52). \u201cNuestra oraci\u00f3n debe ser breve y con pureza de coraz\u00f3n, aunque puede ser prolongada por la inspiraci\u00f3n de la gracia divina\u201d (Ibid.. 20). Si san Benito no da m\u00e1s normas acerca de la oraci\u00f3n privada es porque toda la condici\u00f3n y el modo de vida asegurado por la Regla, as\u00ed como el car\u00e1cter derivado de la observancia de esta \u00faltima, conduce naturalmente a estados m\u00e1s elevados de oraci\u00f3n. El Santo escribe: \u201cT\u00fa, quienquiera que tengas prisa por ir hacia la Patria Celestial, cumple con la ayuda de Cristo esta peque\u00f1a regla que he escrito para los principiantes, y a la larga llegar\u00e1s, bajo la protecci\u00f3n de Dios, a las altas cimas de la doctrina y virtud de las que hablamos m\u00e1s arriba\u201d (Ibid. 73). Refiere Benito al lector a los Padres, a Basilio y a Casiano para gu\u00eda acerca de esos estados m\u00e1s elevados.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De este corto examen de la Regla y su sistema de oraci\u00f3n, parece obvio que describir la orden benedictina como contemplativa es un error, si es que se usa el t\u00e9rmino en su acepci\u00f3n t\u00e9cnica moderna, que excluye el trabajo activo. Lo \u201ccontemplativo\u201d indica una forma de vida marcada por diferentes circunstancias y con un prop\u00f3sito distinto al de san Benito. La Regla, incluyendo su sistema de oraci\u00f3n y la salmodia p\u00fablica, est\u00e1 hecha para toda clase de mentes y para cada grado de conocimiento. No s\u00f3lo fue redactada para los cultos y para las almas avanzadas en la perfecci\u00f3n, sino que organiza y dirige completamente la vida de las personas sencillas y los pecadores, para que puedan cumplir los mandamientos y comenzar una vida de bien. \u201cHemos escrito esta Regla- escribe san Benito- para que a base de cumplirla en los monasterios podamos demostrarnos a nosotros mismos que tenemos un cierto grado de bondad en la vida y el inicio de la santidad. Pero para aquellos que desean acelerar su camino a la perfecci\u00f3n de la religi\u00f3n, ah\u00ed est\u00e1n las ense\u00f1anzas de los Santos Padres, cuyo seguimiento puede llevar a los hombres al culmen de la perfecci\u00f3n\u201d (Ibid.. 73). Antes de abandonar el tema de la oraci\u00f3n ser\u00e1 bueno se\u00f1alar de nuevo que al ordenar la recitaci\u00f3n p\u00fablica y el canto del salterio, san Benito no estaba poniendo sobre sus monjes obligaciones claramente clericales. El salterio era la forma com\u00fan de oraci\u00f3n de todos los cristianos. No debemos ver en la Regla algunas caracter\u00edsticas que edades posteriores y la disciplina han convertido en algo inseparable de la recitaci\u00f3n p\u00fablica del Oficio Divino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Podemos ahora retomar la historia de san Benito. No sabemos cu\u00e1nto tiempo permaneci\u00f3 en Subiaco. El Abad Tosti conjetura que debe haber sido hasta el a\u00f1o 529. De esos a\u00f1os san Gregorio se contenta con narrar algunas historias que describen la vida de los monjes y el car\u00e1cter y gobierno de san Benito. Esta \u00faltima funci\u00f3n la realiz\u00f3 san Benito al intentar llevar a cabo en los doce monasterios su concepto de vida mon\u00e1stica. A partir de la Regla podemos intentar completar muchos detalles. Por experiencia propia y por su conocimiento de la historia del monacato, Benito sab\u00eda que la regeneraci\u00f3n del individuo, fuera de casos excepcionales, no se logra a trav\u00e9s de la soledad, ni de la austeridad, sino siguiendo el camino trillado del instinto social del hombre, con sus condiciones necesarias de obediencia y trabajo. Sab\u00eda tambi\u00e9n que ni la mente ni el cuerpo pueden ser sobrecargados en su esfuerzo de evitar el mal (Ibid.. 64). Por eso en Subiaco no encontramos solitarios, ni eremitas conventuales, ni grandes austeridades, sino \u00fanicamente varones reunidos en comunidades organizadas con el objeto de llevar vidas buenas, trabajando en lo que les llegaba a sus manos: portando agua hasta la cima de pronunciadas monta\u00f1as, haciendo faenas de casa, construyendo los doce claustros, limpiando el terreno, haciendo jardines, ense\u00f1ando a los ni\u00f1os, predicando a los campesinos, leyendo y estudiando al menos cuatro horas diarias, acogiendo a los forasteros, recibiendo y entrenando a los nuevos monjes, participando en las horas regulares de oraci\u00f3n, recitando y cantando el salterio. La vida de Subiaco y el car\u00e1cter de san Benito atrajeron a muchos a los nuevos monasterios, pero con los n\u00fameros cada vez mayores, y su creciente influencia, llegaron tambi\u00e9n inevitablemente los celos y las persecuciones, que alcanzaron su punto culminante cuando un sacerdote vecino intent\u00f3 escandalizar a los monjes llev\u00e1ndoles una mujer desnuda para que bailara en el patio del monasterio donde resid\u00eda san Benito (Dial. San Gregorio, 8). Para proteger a sus seguidores de ulteriores persecuciones, Benito abandon\u00f3 Subiaco y se dirigi\u00f3 a Monte Casino. .\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobre la cima de Monte Casino \u201chab\u00eda una antigua capilla en la que la gente simple del campo, seg\u00fan la costumbre de los antiguos gentiles, daba culto al dios Apolo. Alrededor y sobre ella, en todos lados, hab\u00eda madera para el servicio de los demonios, y en ella, hasta ese d\u00eda, la loca multitud de infieles ofrec\u00edan los m\u00e1s perversos sacrificios. El hombre de Dios, acerc\u00e1ndose, hizo pedazos el \u00eddolo, destruy\u00f3 el altar y puso fuego a la madera, y en lo que hab\u00eda sido el templo de Apolo construy\u00f3 el oratorio de san Mart\u00edn; donde hab\u00eda estado el altar del mismo Apolo construy\u00f3 un oratorio para san Juan. Gracias a su continua predicaci\u00f3n llev\u00f3 a los pobladores de la regi\u00f3n a abrazar la fe cristiana\u201d (Ibid.. 8). Fue en este sitio que el Santo edific\u00f3 su monasterio. Su experiencia de Subiaco le hab\u00eda aconsejado cambiar sus planes, por lo que en esta ocasi\u00f3n en vez de construir varias casas, con una comunidad peque\u00f1a en cada una, puso a todos los monjes en el mismo monasterio y cuid\u00f3 de su gobierno nombrando a un prior y varios decanos (Regla, 65, 21). En la Regla- que probablemente fue redactada en Montecasino- no encontramos pista alguna que nos ayude a entender porqu\u00e9 construy\u00f3 esos doce monasterios en Subiaco. La vida de la que hemos sido testigos en Subiaco se reanud\u00f3 en Montecasino, pero el cambio de la situaci\u00f3n y de las condiciones locales produjeron una modificaci\u00f3n en el trabajo adoptado por los monjes. Subiaco es un valle lejano, perdido en las monta\u00f1as y de dif\u00edcil acceso. Casino est\u00e1 en una de las carreteras m\u00e1s transitadas del sur de Italia, y no est\u00e1 lejos de Capua. Eso ocasion\u00f3 que el monasterio estuviera m\u00e1s en contacto con el mundo exterior. Pronto se convirti\u00f3 en un centro de gran influencia en un distrito muy poblado, en el que hab\u00eda varias di\u00f3cesis y otros monasterios. Los abades llegaban a consultar a Benito. Hab\u00eda visitas continuas de gentes de toda clase, y entre los amigos de Benito se contaban nobles y obispos. Hab\u00eda tambi\u00e9n en la cercan\u00eda monasterios de monjas a los que los monjes acud\u00edan para predicar y ense\u00f1ar. Hay un poblado cercano en el que Benito predic\u00f3 e hizo muchos conversos (Dialog. San Gregorio, 19). El monasterio se convirti\u00f3 en un protector de los pobres y su garante (Ibid.. 13), su refugio en la enfermedad, en las angustias, en los accidentes y en la necesidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante la vida del Santo hay una cosa que siempre ha permanecido como una caracter\u00edstica inmutable de las casas benedictinas: sus miembros aceptan cualquier trabajo que se adapte a sus circunstancias peculiares; el que sea dictado por sus necesidades. As\u00ed encontramos a los benedictinos ense\u00f1ando en escuelas pobres y en universidades, practicando las bellas artes y haciendo faenas de agricultura, teniendo cuidado de las almas o consagr\u00e1ndose enteramente al estudio. Ninguna labor es ajena al benedictino, con la condici\u00f3n de que sea compatible con la vida comunitaria y con el rezo del Oficio Divino. Tal libertad de elecci\u00f3n laboral es indispensable en una Regla que ten\u00eda el prop\u00f3sito de ser \u00fatil para en tiempo y lugar, pero sobre todo era el fruto natural de la perspectiva de san Benito, lo que lo hace diferente de los fundadores de \u00f3rdenes religiosas posteriores. \u00c9stos ten\u00edan en mente un trabajo especializado al que deseaban que se dedicaran sus seguidores. El objetivo de san Benito era crear una Regla que pudiera ser observada por cualquiera que quisiera seguir los consejos evang\u00e9licos, en la vida, en la oraci\u00f3n y en el trabajo, para salvar su alma. La narraci\u00f3n que hace san Gregorio del establecimiento de Montecasino \u00fanicamente nos da peque\u00f1as pinceladas desconectadas de escenas que dibujan la vida diaria de la vida monacal. Hay algunos datos biogr\u00e1ficos novedosos. Desde Montecasino san Benito fund\u00f3 otro monasterio cerca de Terracina, en la costa, como a cuarenta millas de distancia (Ibid.. 22). A\u00f1adiremos el don de la profec\u00eda a la sabidur\u00eda de la larga experiencia y a las maduras virtudes de la santidad. San Gregorio nos da muchos ejemplos. Entre estos, el caso m\u00e1s celebrado es el de la visita de Totila, Rey de los Godos, en el a\u00f1o 543, cuando el Santo lo \u201crega\u00f1\u00f3 por sus malas acciones y en pocas palabras le advirti\u00f3 sobre todo lo que le iba a suceder, dici\u00e9ndole: \u201cHaces diariamente mucho mal, y has cometido muchos pecados; abandona ya tu vida de pecado. Entrar\u00e1s a la ciudad de Roma, y cruzar\u00e1s el mar; has de reinar nueve a\u00f1os y al d\u00e9cimo dejar\u00e1s esta vida mortal\u201d. Al o\u00edr esas palabras, el Rey se atemoriz\u00f3, y se alej\u00f3, deseando que el santo var\u00f3n hiciera oraci\u00f3n a Dios por \u00e9l. Desde entonces nuca fue tan cruel como antes. Poco despu\u00e9s fue a Roma, viaj\u00f3 por mar a Sicilia, y al d\u00e9cimo a\u00f1o de su reinado perdi\u00f3 el reino y la vida (Ibid.. 15).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La fecha de la visita de Totila a Montecasino, 543, es la \u00fanica fecha de la vida del Santo de la que tenemos certeza. Debe haber acontecido cuando Benito ya era de edad avanzada. Como otros bi\u00f3grafos, el Abad Tosti data la muerte del Santo en ese mismo a\u00f1o. Poco antes de su muerte o\u00edmos hablar por primera vez de su hermana Escol\u00e1stica. \u201cElla hab\u00eda sido dedicada al Se\u00f1or desde su infancia, y llegaba a visitar a su hermano cada a\u00f1o. Y el hombre de Dios se alejaba un poco de la puerta, a un sitio que pertenec\u00eda a la abad\u00eda, para platicar con ella\u201d (Ibid.. 33). Su \u00faltimo encuentro sucedi\u00f3 tres d\u00edas antes de la muerte de Escol\u00e1stica, en un d\u00eda \u201cen que el cielo estaba tan claro que no se ve\u00eda ninguna nube\u201d. La hermana le rog\u00f3 a Benito que pasaran la noche juntos, pero \u201cnada lo hizo acceder a ello, diciendo que por ning\u00fan motivo pod\u00eda \u00e9l pasar la noche fuera de la abad\u00eda&#8230; La monja, habiendo o\u00eddo la negaci\u00f3n de su hermano, junt\u00f3 sus manos, las coloc\u00f3 sobre la mesa e, inclin\u00e1ndose sobre ellas, or\u00f3 a Dios Todopoderoso. Al levantar la cabeza de la mesa, s\u00fabitamente se desat\u00f3 una terrible tempestad de rayos y truenos, y tan copiosa lluvia, que ni el venerable Benito, ni los monjes que lo acompa\u00f1aban, pudieron sacar la cabeza fuera de la puerta\u201d (Ibid.. 33).Tres d\u00edas despu\u00e9s \u201cBenito observ\u00f3 c\u00f3mo el alma de su hermana, separada de su cuerpo, en forma de paloma, ascend\u00eda al cielo. Lleno de regocijo de ver su gran gloria, dio gracias Dios todopoderoso con himnos y alabanzas, y comunic\u00f3 la noticia de la muerte de su hermana a los monjes, a quienes mand\u00f3 llevar su cad\u00e1ver a la abad\u00eda, para enterrarlo en la tumba que \u00e9l hab\u00eda preparado para si mismo\u201d (Ibid.. 34). Debe haber sido por ese mismo tiempo que Benito tuvo esa maravillosa visi\u00f3n, en la cual \u00e9l estuvo tan cerca de ver a Dios cuanto es posible a un ser humano en esta vida. Los santos Gregorio y Buenaventura dicen que Benito vio a Dios y que en esa visi\u00f3n de Dios tambi\u00e9n vio todo el mundo. Santo Tom\u00e1s niega que eso haya sido posible. Sin embargo, Urbano VIII no duda en afirmar que \u201cel Santo, a\u00fan estando en esta vida, merec\u00eda ver a Dios en persona y, en \u00c9l, todo lo que est\u00e1 bajo \u00c9l\u201d. Si no fue al Creador a quien vio, ciertamente vio la luz que reside en el Creador, y en esa luz, dice san Gregorio: \u201cvio todo el mundo reunido como si estuviera bajo un rayo de sol. Al mismo tiempo vio el alma de Germano, Obispo de Capua, siendo llevado por los \u00e1ngeles al cielo en un globo de fuego\u201d (Ibid. 35). Una vez m\u00e1s se le revelaron las cosas escondidas de Dios, y \u00e9l avis\u00f3 a sus hermanos, tanto \u201ca los que hab\u00edan vivido con \u00e9l diariamente como a los que viv\u00edan lejos\u201d de su pr\u00f3xima muerte. \u201cSeis d\u00edas antes de morir dio \u00f3rdenes de que se abriera su sepulcro y siendo preso de una calentura, con tremenda fiebre comenz\u00f3 a perder el sentido. Como la enfermedad empeorase d\u00eda a d\u00eda, al sexto d\u00eda orden\u00f3 a sus monjes que lo llevaran al oratorio, en donde se arm\u00f3 por la recepci\u00f3n del Cuerpo y sangre de Nuestro Salvador Jesucristo. Sostenido por los brazos de sus disc\u00edpulos, se irgui\u00f3 con los brazos hacia el cielo, y orando de esa manera entreg\u00f3 su esp\u00edritu\u201d (Ibid, 37). Fue sepultado en la misma tumba que su hermana \u201cen el oratorio de San Juan Bautista, que \u00e9l mismo hab\u00eda edificado cuando derrib\u00f3 el altar de Apolo\u201d (Ibid). Existen ciertas dudas sobre si los restos del Santo reposan en Montecasino, o si fueron llevados a Fleury. El Abad Tosti, en su \u201cVida de San Benito\u201d, discute ese punto con profundidad (cap. XI) y decide la controversia a favor de Montecasino.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1s los rasgos m\u00e1s notables de san Benito sean su profundo y amplio sentimiento humano y su moderaci\u00f3n. Lo primero se revela en muchas an\u00e9cdotas registradas por san Gregorio. Lo vemos en su simpat\u00eda y cuidado por el m\u00e1s sencillo de los monjes; su prisa por ayudar al pobre godo que hab\u00eda perdido su azada; su pasar horas durante la noche en la monta\u00f1a para evitar a sus monjes la carga de acarrear agua y as\u00ed quitar de sus vidas una \u201ccausa justa de molestia\u201d; quedarse tres d\u00edas en un monasterio para ense\u00f1ar a uno de los monjes a \u201cquedarse quieto durante la oraci\u00f3n como los dem\u00e1s monjes\u201d, en vez de salirse de la capilla y vagar por ah\u00ed \u201cbuscando ocuparse en asuntos terrenales y pasajeros\u201d. Permite al cuervo del bosque vecino acercarse diariamente, mientras los dem\u00e1s est\u00e1n cenando, para alimentarlo \u00e9l mismo. Su pensamiento siempre est\u00e1 con los ausentes. Sentado en su celda sabe que Pl\u00e1cido ha ca\u00eddo en un lago; tiene una visi\u00f3n en la que acontece un accidente a unos constructores y les manda avisar; en esp\u00edritu y en una especie de presencia real, est\u00e1 con sus monjes \u201ccomiendo y refresc\u00e1ndose\u201d durante un viaje de estos \u00faltimos, con su amigo Valentiniano de camino al monasterio, con un monje recibiendo de las monjas un regalo, con la nueva comunidad de Terracina. A lo largo de la narraci\u00f3n de san Gregorio, siempre aparece como el mismo hombre amante de la paz, quieto, gentil, digno, fuerte, que gracias a la sutil fuerza de su simpat\u00eda se convierte en el centro de las vidas e intereses de todos los que lo rodean. Lo vemos en el templo con sus monjes, durante la lectura, a veces en los campos, pero m\u00e1s normalmente en su celda donde los mensajeros frecuentemente lo hallan \u201cllorando silenciosamente en su oraci\u00f3n\u201d, y durante las horas de la noche de pie \u201cjunto a su ventana en la torre, ofreciendo a Dios sus oraciones\u201d. A veces tambi\u00e9n, como lo descubri\u00f3 Totila, est\u00e1 sentado fuera de la puerta de su celda, o \u201cante el port\u00f3n del monasterio, leyendo un libro\u201d. Benito nos ha dejado un retrato de si mismo en su descripci\u00f3n del abad ideal (Regla, 64):\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cEs propio del abad estar siempre haciendo algo bueno a favor de sus hermanos, en vez de presidir sobre ellos. Debe por tanto, estar educado en la ley de Dios, para saber cu\u00e1ndo debe sacar cosas nuevas y viejas; debe ser casto, sobrio y misericordioso, siempre prefiriendo la misericordia que la justicia, para que \u00e9l tambi\u00e9n obtenga misericordia. Odie el pecado y ame a sus hermanos. A\u00fan al corregirlos, act\u00fae con prudencia, sin ir muy lejos, porque un af\u00e1n desmedido de quitar aprisa la herrumbre puede causar que se rompa el vaso. Nunca pierda de vista su propia fragilidad y recuerde que no se debe romper la vara raspada. Con lo cual no queremos decir que se debe soslayar el vicio, sino que debe erradicarlo con prudencia y caridad, en la forma m\u00e1s conveniente a cada persona, como ya dijimos. Busque mejor ser amado que temido. Que no sea violento o demasiado ansioso; ni exigente u obstinado; ni celoso o suspicaz. Porque si no lo hace as\u00ed, jam\u00e1s podr\u00e1 descansar. Al dar \u00f3rdenes, ya temporales ya espirituales, siempre h\u00e1galo en forma prudente y considerada. Cuando deba imponer trabajos, sea discreto y moderado, teniendo en mente la discreci\u00f3n del santo Jacob cuando dijo: \u201cSi canso demasiado a mi reba\u00f1o, todas las ovejas perecer\u00e1n en un d\u00eda\u201d. Con tales testimonios sobre la discreci\u00f3n, la madre de todas las virtudes, sacados de estas o parecidas palabras, siempre act\u00fae moderadamente, de modo que el fuerte siempre tenga algo porque luchar y el d\u00e9bil nada de que temer\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Fuente:<\/b>  Ford, Hugh. \u00abSt. Benedict of Nursia.\u00bb The Catholic Encyclopedia. Vol. 2. New York: Robert Appleton Company, 1907.  <br \/>http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/02467b.htm\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Traducido por Javier Algara Coss\u00edo\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es el fundador del monacato occidental. Naci\u00f3 en Nursia alrededor del a\u00f1o 480. Muri\u00f3 en Montecasino en 543. La \u00fanica aut\u00e9ntica vida de Benito de Nursia es la que est\u00e1 contenida en los \u201cDi\u00e1logos\u201d de San Gregorio, y es m\u00e1s bien un bosquejo de su car\u00e1cter que una biograf\u00eda. Consistente mayoritariamente de eventos milagrosos que, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/san-benito-de-nursia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSAN BENITO DE NURSIA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23569","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23569","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23569"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23569\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23569"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23569"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23569"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}