{"id":23575,"date":"2016-02-05T16:04:49","date_gmt":"2016-02-05T21:04:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/regla-de-san-benito\/"},"modified":"2016-02-05T16:04:49","modified_gmt":"2016-02-05T21:04:49","slug":"regla-de-san-benito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/regla-de-san-benito\/","title":{"rendered":"REGLA DE SAN BENITO"},"content":{"rendered":"<p>\n        Esta obra ocupa el primer puesto entre los c\u00f3digos legislativos mon\u00e1sticos, y fue con mucho el factor fundamental en la organizaci\u00f3n y difusi\u00f3n del monacato en Occidente. En este art\u00edculo se tratar\u00e1 los siguientes apartados:<\/p>\n<h2>Contenido<\/h2>\n<ul>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-1\">1 El texto de la Regla<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-2\">2 An\u00e1lisis de la Regla<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-3\">3 Caracter\u00edsticas de la Regla<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-4\">4 Labor pr\u00e1ctica de la Regla<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-5\">5 Bibliograf\u00eda<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-6\">6 San Benito en la Biblioteca Mundial Digital<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-7\">7 La Regla de San Benito Multimedios<\/li>\n<li class=\"toclevel-1 tocsection-8\">8 San Benito en Google books<\/li>\n<\/ul>\n<h2>El texto de la Regla<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se sabe ni el a\u00f1o ni el lugar exacto en los que San Benito escribi\u00f3 su Regla, ni siquiera puede determinarse si la Regla tal y como hoy la conocemos, fue redactada como un conjunto org\u00e1nico o si fue tomando forma gradualmente en funci\u00f3n de las necesidades de sus monjes. Sin embargo, puede considerarse como fecha aproximada el a\u00f1o 530 y en Montecasino con m\u00e1s probabilidades que en Subiaco, ya que la Regla es, con certeza, el reflejo de la madurez mon\u00e1stica y sabidur\u00eda espiritual de San Benito.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los primeros cronistas se\u00f1alan que cuando Montecasino fue destruido por los lombardos en el 581, los monjes huyeron a Roma llevando consigo, entre otros tesoros, una copia de la Regla \u00abque el santo Padre hab\u00eda escrito\u00bb. A mediados del siglo VIII hab\u00eda en la Biblioteca del Papa una copia que se ten\u00eda por el aut\u00f3grafo de San Benito. Muchos eruditos o estudiosos aceptan que esta era la copia que se trajo desde Montecasino pero, a pesar de ser bastante probable, no existe certeza absoluta. De acuerdo con esta teor\u00eda, esto posible, este manuscrito de la Regla fue donado por el Papa Zacar\u00edas a Montecasino a mediados del siglo VIII, poco tiempo despu\u00e9s de la reconstrucci\u00f3n del monasterio. Carlomagno la encontr\u00f3 all\u00ed cuando visit\u00f3 Montecasino a finales del siglo IX, y a petici\u00f3n suya se le hizo una copia muy cuidada, y se reparti\u00f3 un ejemplar con el texto a todos los monasterios del imperio. Muchas copias de la Regla se hicieron a partir de ella, una de las cuales ha sobrevivido hasta nuestros d\u00edas. Por tanto, no cabe duda que el actual C\u00f3dice 914 de la Biblioteca de Saint Gall fue copiado directamente de la copia de Carlomagno de la Abad\u00eda de Reichenau. Una reimpresi\u00f3n paleogr\u00e1fica exacta (no en facs\u00edmil) de este c\u00f3dice fue editada en Montecasino en 1900, de tal manera que el texto de este manuscrito, con certeza el mejor texto individual de la Regla existente, puede ser estudiado sin dificultad. Algunos otros manuscritos se remontan al manuscrito de Carlomagno o a su original de Montecasino, que result\u00f3 destruido por el fuego en 896, y de esta forma, el texto del denominado aut\u00f3grafo puede ser reconstruido mediante m\u00e9todos cr\u00edticos probados con desacostumbrada certeza, y si pudi\u00e9ramos estar seguros de que realmente fuera el aut\u00f3grafo, entonces no habr\u00eda m\u00e1s que hablar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero como se\u00f1alamos con anterioridad, no est\u00e1 bastante claro que este sea el aut\u00f3grafo de San Benito, y la cuesti\u00f3n se complica por que existe en este campo otro tipo de texto, representado por el manuscrito m\u00e1s antiguo conocido, el manuscrito Oxford Hatton 42, y por otras autoridades muy tempranas, que con certeza se trata del texto m\u00e1s ampliamente difundido en los siglos VII y VIII. Si este texto era la primera redacci\u00f3n y el \u00abaut\u00f3grafo\u00bb su ultima revisi\u00f3n, o si la primera es una versi\u00f3n corrupta de la \u00faltima, es una cuesti\u00f3n que se discute todav\u00eda aunque la mayor\u00eda de los cr\u00edticos se inclinan por la segunda alternativa. Sin embargo, en cualquier caso, el texto \u00abaut\u00f3grafo\u00bb es el que debe ser seleccionado. Los manuscritos, desde el siglo X en adelante, y las ediciones impresas corrientes, dan los textos mezclados, elaborados a partir de de los dos primeros tipos. De esta forma el texto normal en uso es, desde el punto de vista cr\u00edtico, deficiente pero muy pocas de las lecturas establecen alguna diferencia sustancial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La Regla fue escrita en la lingua vulgaris o lat\u00edn vulgar de la \u00e9poca, y gran parte de su sintaxis y de su ortograf\u00eda no est\u00e1n en consonancia con los modelos cl\u00e1sicos. No hay todav\u00eda una edici\u00f3n de la Regla que satisfaga las exigencias de la cr\u00edtica moderna a pesar de que hay una en proceso de preparaci\u00f3n dentro del Corpus Scriptores Christianorum Latinorum ( n del t., CSEL, ver bibliograf\u00eda ) de Viena. Una buena edici\u00f3n manual fue publicada por Dom Edmund Schmidt de Metten, en Ratisbona en 1892, que presenta el texto del manuscrito de Saint Gall con la eliminaci\u00f3n del elemento del lat\u00edn vulgar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El n\u00famero de comentaristas de la Regla es inmenso. Calmet da una lista de ciento treinta comentaristas, y Ziebelbauer aporta otra relaci\u00f3n similar. Los comentarios m\u00e1s antiguos, por orden cronol\u00f3gico, son los que se han sido atribuidos diversamente a Pablo Warnefrido (monje de Montecasino hacia 780-799), Hildemaro, Rutardo de Hirsau, y otros. Hildemaro, monje galo, tra\u00eddo a Italia por Angeleberto, Arzobispo de Mil\u00e1n, que reform\u00f3 el monasterio de San Faustino y Jovita en Brescia y que muri\u00f3 en el 840. Marlene, que consideraba este comentario como el mejor que se hab\u00eda hecho, manten\u00eda que su verdadero autor era Hildemaro pero cr\u00edticos modernos lo atribuyen a Pablo Warnefrido. De entre los restantes comentaristas merecen desatacarse los siguientes: San Hildegardo (m. en 1178), fundador y primer Abad de Monte san Ruperto, cerca de Bingen en el Rin, que mantuvo que la prohibici\u00f3n de San Benito de comer carne fresca no inclu\u00eda la de los p\u00e1jaros; Bernardo, Abad de Montecassino, anteriormente de Lerins y luego Cardenal (m. en 1282); el dominico Torquemada (1468); Tritemio, Abad de Sponheim (1516); P\u00e9rez, arzobispo de Tarragona y Superior General de la Congregaci\u00f3n de Valladolid; Haeften, Prior de Afflighem (1648); Stengel, Abad de Anhausen (1663); M\u00e9ge (1691) y Mart\u00e9ne (1793), ambos Mauristas; Calmet, Abad de Senones (1757), y Mabillon (1707), que trat\u00f3 por extenso muchas partes de la Regla en sus Prefacios a los diversos vol\u00famenes de \u00abActa Sanctorum O.S.B.\u00bb\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es imposible calibrar el valor de estos y otros comentarios porque los sucesivos autores analizan la Regla desde diferentes puntos de vista. El de Calmet es quiz\u00e1s el m\u00e1s literal y exhaustivo en muchos aspectos fundamentales. Los de Mart\u00e9ne y Haeften constituyen una verdadera mina de informaci\u00f3n respecto a la tradici\u00f3n mon\u00e1stica. P\u00e9rez y M\u00e9ge son pr\u00e1cticos y devotos a pesar de que este \u00faltimo ha sido considerado como relajado en muchas de sus opiniones mantenidas; la de Torquemada es \u00fatil al enfocar la Regla desde el punto de vista de la teolog\u00eda moral; y otros dan una interpretaci\u00f3n m\u00edstica de sus contenidos. Puede se\u00f1alarse que, al estudiar la Regla como un c\u00f3digo pr\u00e1ctico de legislaci\u00f3n mon\u00e1stica, es necesario para facilitar la uniformidad de observancia, cada congregaci\u00f3n de la orden tiene sus propias constituciones aprobadas por la Santa Sede, por medio de la cual son reguladas muchas cuestiones de detalle que no son tratadas por la propia Regla.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las formas m\u00e1s antiguas de monacato cristiano estaban caracterizadas por su extrema austeridad y por su car\u00e1cter m\u00e1s o menos erem\u00edtico. En Egipto, los disc\u00edpulos de San Antonio eran puramente eremitas, mientras que aquellos que segu\u00edan la Regla de San Pacomio, a pesar de ser m\u00e1s cercanos al ideal cenob\u00edtico, carec\u00edan todav\u00eda del elemento de estabilidad en el que insistir\u00e1 despu\u00e9s San Benito, \u00abla vida comunitaria\u00bb y el esp\u00edritu familiar. Bajo el r\u00e9gimen de Antonio las austeridades de los monjes se dejaban por completo a su propia discreci\u00f3n; los Pacomitas, a pesar de que se acercaban m\u00e1s a la idea cenob\u00edtica, los monjes quedaban libres para a\u00f1adir otras pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas que ellos mismos eligieran. Y en ambos casos, la idea predominante fue la de que eran atletas espirituales, y como tales rivalizaban entre s\u00ed en austeridad. El monacato sirio y el estrictamente Oriental no es necesario tratarlos aqu\u00ed porque no ejercieron una influencia directa sobre el de Europa. Cuando San Basilio (siglo IV) organiz\u00f3 el monacato griego, \u00e9l mismo se pronunci\u00f3 contra la vida erem\u00edtica e insisti\u00f3 en la vida comunitaria, con comida, trabajo y oraci\u00f3n, todo en comunidad. Con \u00e9l, la pr\u00e1ctica de la austeridad, a diferencia de los egipcios, iba a estar sujeta al control del superior, porque consideraba que deteriorar el cuerpo con mortificaciones hasta incapacitarlo para el trabajo, era una interpretaci\u00f3n err\u00f3nea del precepto de la Escritura sobre la penitencia y la mortificaci\u00f3n. Su concepci\u00f3n de la vida mon\u00e1stica era el resultado del contacto de ideas primitivas, como las existentes en Egipto y en el Oriente, con la cultura y formas de pensamiento europeas.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El monacato lleg\u00f3 a Europa Occidental desde Egipto. En Italia, y tambi\u00e9n en la Galia, su car\u00e1cter fue principalmente Antoniano, a pesar de que las dos reglas de San Basilio y San Pacomio fueron traducidas al lat\u00edn e indudablemente dejaron sentir su influencia. Por lo que sabemos, cada monasterio ten\u00eda en la pr\u00e1ctica su propia regla, y tenemos ejemplos de esta forma irresponsable de vida mon\u00e1stica en la comunidad a la que San Benito fue llamado para gobernar desde su cueva, y en los Gir\u00f3vagos y Saraba\u00edtas a los que menciona de forma condenatoria en el primer cap\u00edtulo de su Regla. Una prueba de que el esp\u00edritu difundido en el monacato italiano era el egipcio se encuentra en el hecho de que cuando San Benito decidi\u00f3 renunciar al mundo para convertirse en monje, adopt\u00f3, casi como algo normal, la vida de ermita\u00f1o en una cueva. Su familiaridad con las reglas y otros documentos relacionados con la vida de los monjes egipcios queda claro en su legislativa sobre la lectura diaria de \u00abLas Conferencias\u00bb de Casiano, y por su recomendaci\u00f3n (cap. 73) de las \u00abinstituciones\u00bb y las \u00abVidas\u00bb de los padres y la Regla de San Basilio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por consiguiente, cuando San Benito se puso a escribir su propia Regla para los monasterios que hab\u00eda fundado, introdujo en ella el resultado de su propia experiencia madura y observaci\u00f3n. \u00c9l mismo hab\u00eda llevado la vida de un ermita\u00f1o seg\u00fan el modelo egipcio m\u00e1s extremo, y en sus primeras comunidades hab\u00eda probado completamente sin duda el tipo predominante de regla mon\u00e1stica. Por tanto, siendo plenamente conocedor de lo inadecuado para los tiempos y las circunstancias en las que viv\u00eda de gran parte del sistema egipcio, avanz\u00f3 a partir de aqu\u00ed en una nueva direcci\u00f3n, y en lugar de tratar de vivificar las viejas formas de ascetismo, consolid\u00f3 la vida cenob\u00edtica, acentu\u00f3 el esp\u00edritu familiar, y desaprob\u00f3 todas las aventuras personales en materia de penitencias. De esta manera, su Regla se basa en la combinaci\u00f3n prudente y deliberada de viejas y nuevas ideas; la competencia en austeridad fue eliminada y se produjo a partir de este momento la absorci\u00f3n de lo individual en la comunidad. Al adaptar un sistema esencialmente Oriental a las condiciones de Occidente, San Benito le proporcion\u00f3 coherencia, estabilidad y organizaci\u00f3n, y el veredicto de la historia es un\u00e1nime en alabar los resultados de dicha adaptaci\u00f3n.\n<\/p>\n<h2>An\u00e1lisis de la Regla<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">De los 73 cap\u00edtulos que componen la Regla, 9 tratan de los deberes del Abad, 13 regulan el culto a Dios, 29 se refieren a la disciplina y al c\u00f3digo penal, 10 a la administraci\u00f3n interna del monasterio, y los restantes 12 consisten en regulaciones de tema vario.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La regla comienza con un pr\u00f3logo o prefacio exhortatorio en el que San Benito expone los principios fundamentales de la vida religiosa: la renuncia a la propia voluntad y el alistarse bajo el estandarte de Cristo. Propone establecer una \u00abescuela\u00bb en la que se ense\u00f1e la ciencia de la salvaci\u00f3n de tal forma que sus disc\u00edpulos, perseverando en ella hasta la muerte, \u00abmerezcan llegar a ser part\u00edcipes del Reino de Cristo\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el Cap\u00edtulo 1 se definen las cuatro clases de monjes: (1) Cenobitas, que son los que viven en un monasterio bajo la autoridad de un abad; (2) Anacoretas, o ermita\u00f1os, que despu\u00e9s de una larga prueba en el monasterio viven una vida solitaria; (3) Saraba\u00edtas, que agrupados de dos en dos o de tres en tres, viven sin estar sometidos a ninguna Regla establecida o alg\u00fan superior leg\u00edtimo, (4) Gir\u00f3vagos, una clase de monjes errantes cuya vida se la pasan viajando de un monasterio a otro, sin m\u00e1s beneficio que el descr\u00e9dito de la profesi\u00f3n mon\u00e1stica. La Regla fue escrita para la clase de los cenobitas, el g\u00e9nero m\u00e1s estable.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 2 describe las condiciones necesarias que debe tener el abad y le proh\u00edbe hacer en el monasterio discriminaci\u00f3n de personas con la excepci\u00f3n de los m\u00e9ritos de cada cual, advirti\u00e9ndole al mismo tiempo, que deber\u00e1 responder de la salvaci\u00f3n de las almas que ha tenido bajo su cuidado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 3 establece la convocatoria de los hermanos a consejo para tratar todos los asuntos de importancia para la comunidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 4 resume las obligaciones de la vida cristiana en 72 preceptos a los que se denomina \u00abinstrumentos de las buenas obras\u00bb, y que est\u00e1n basados principalmente en la Escritura, bien de forma espiritual o literal.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 5 prescribe la obediencia pronta, alegre, y absoluta al superior en todas las cosas leg\u00edtimas, y la define como el primer grado de la humildad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 6 trata del silencio, recomendando moderaci\u00f3n en el uso de la palabra pero esto no significa que se proh\u00edban las conversaciones saludables o necesarias.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 7 trata sobre la humildad, virtud que es dividida en doce grados o escalones en la escala que conduce hacia el cielo. Son los siguientes: (1) temor de Dios; (2) represi\u00f3n propia de la voluntad; (3) sometimiento de la voluntad al superior; (4) obediencia en las dificultades y en las mayores contrariedades; (5) la confesi\u00f3n de las faltas; (6) conocimiento de la propia indignidad; (7) preferir a los dem\u00e1s antes que a uno mismo; (8) evitar rarezas; (9) no hablar a destiempo, (10) evitar la risa indecorosa; (11) represi\u00f3n del orgullo; (12) humildad en el porte externo.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Cap\u00edtulos 8-18 se ocupan de la regulaci\u00f3n del Oficio Divino, el Opus Dei u Horas Can\u00f3nicas, a lo que \u00abnada debe anteponerse\u00bb, siete diurnas y una nocturna. Un orden detallado referido al n\u00famero de Salmos, etc., para recitar en invierno y en verano, los Domingos, los d\u00edas laborables, los d\u00edas festivos, y en otros tiempos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 19 destaca la reverencia que hay que tener en presencia de Dios.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 20 se\u00f1ala que la oraci\u00f3n comunitaria debe ser breve.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 21 estipula la elecci\u00f3n de decanos por cada diez monjes, y prescribe la forma en que ser\u00e1n elegidos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 22 regula todo lo relacionado con el dormitorio como, por ejemplo, que cada monje tiene que tener su propio lecho y que dormir\u00e1 con h\u00e1bito, con el fin de que est\u00e9n dispuestos a levantarse sin dilaci\u00f3n, y que una l\u00e1mpara deber\u00e1 arder continuamente en la estancia durante toda la noche.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Cap\u00edtulos 23-30 se ocupan de las infracciones contra Regla y establecen un sistema graduado de faltas: en primer lugar, amonestaci\u00f3n privada; luego, reprensi\u00f3n p\u00fablica; despu\u00e9s, exclusi\u00f3n de la comunidad durante la comida y en todas partes; despu\u00e9s, azotes y finalmente, expulsi\u00f3n; sin embargo, a esta \u00faltima no se debe recurrir hasta que hayan fallado todos los intentos de remisi\u00f3n del culpable. Incluso en este \u00faltimo caso, el proscrito debe ser admitido de nuevo si as\u00ed lo desea, pero tras la tercera expulsi\u00f3n, al fin, se le denegar\u00e1 toda posibilidad de retorno al monasterio.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Cap\u00edtulos 31 y 32 mandan el nombramiento del mayordomo del monasterio y otros cargos que se encargar\u00e1n de los bienes del monasterio, que deben ser tratados con la misma consideraci\u00f3n que los vasos sagrados del altar.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 33 proh\u00edbe poseer nada en propiedad sin autorizaci\u00f3n del abad, quien, sin embargo, est\u00e1 obligado a proporcionar todo lo necesario.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 34 establece una justa distribuci\u00f3n de lo anterior.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 35 ordena el servicio de las cocinas del que ning\u00fan monje queda dispensado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Cap\u00edtulos 36 y 37 decretan el cuidado de los enfermos, los viejos, y los ni\u00f1os. Se tendr\u00e1 con ellos una cierta atenuaci\u00f3n del rigor de la Regla, ante todo en materia de alimentaci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 38 prescribe la lectura en voz alta durante las comidas, obligaci\u00f3n que ser\u00e1 llevada a cabo por los hermanos cada semana, realiz\u00e1ndose con edificaci\u00f3n para el resto. Para cualquier cosa que se necesite durante las comidas se usar\u00e1n signos, de tal manera que ninguna voz interrumpa la del lector. El lector comer\u00e1 con los servidores despu\u00e9s que la comunidad haya terminado pero le esta permitido tomar antes un refrigerio para disminuir el cansancio de la lectura.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Cap\u00edtulos 39 y 40 regulan la cantidad y calidad de la comida. Se permiten dos comidas diarias, con dos platos de comida guisada, cada una. Cada monje recibe una libra de pan y una hemina (n. del t, medida que equivaldr\u00eda aproximadamente a medio litro de vino) de vino por d\u00eda. La carne queda prohibida excepto para los enfermos y los d\u00e9biles, y el abad tiene potestad para incrementar la asignaci\u00f3n diaria cuando lo considere conveniente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 41 establece las horas de las comidas, que variaran seg\u00fan la \u00e9poca del a\u00f1o.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 42 manda la lectura de las \u00abConferencias\u00bb de Casiano o alg\u00fan otro libro edificante al atardecer antes del oficio de completas y ordena que despu\u00e9s de esta, se observe el m\u00e1s estricto silencio hasta la ma\u00f1ana siguiente.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Cap\u00edtulos 43-46 cuentan las faltas menores como el llegar tarde a rezar o a las comidas y se establecen varias sanciones para estas infracciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 47 impone la obligaci\u00f3n del abad de llamar a la comunidad a la \u00abobra de Dios\u00bb en el coro, y la designaci\u00f3n de los que van a cantar o leer.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 48 recalca la importancia del trabajo manual y ordena el tiempo que se le ha de dedicar a diario. Este var\u00eda con la estaci\u00f3n pero claramente nunca debe ser inferior a 5 horas diarias. El horario en el que se debe rezar las menores de las \u00abhoras del d\u00eda\u00bb (Prima, Tercia, Sexta y nona), rige en parte las horas de trabajo, y el abad est\u00e1 preparado no solamente para revisar todo el trabajo sino tambi\u00e9n para que los oficios se encuentren adaptados a la respectiva capacidad de cada uno.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 49 trata de la observancia de la Cuaresma, y recomienda alg\u00fan tipo de renuncia personal voluntaria para este per\u00edodo, con la aprobaci\u00f3n del abad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los Cap\u00edtulos 50 y 51 contiene normas para los monjes que est\u00e1n trabajando en el campo o de viaje. Tratar\u00e1n de unirse espiritualmente, lo mejor que puedan, con sus hermanos del monasterio en las horas prescritas de oraci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 52 ordena que el oratorio sea utilizado \u00fanicamente para fines devotos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 53 se refiere al tratamiento de los hu\u00e9spedes, a los que ha de acog\u00e9rseles como \u00abal propio Cristo\u00bb. La hospitalidad benedictina es un rasgo que a lo largo de todas las \u00e9pocas ha sido caracter\u00edstica de la orden. Los hu\u00e9spedes ser\u00e1n recibidos por el abad o su delegado, y durante su permanencia estar\u00e1n bajo la protecci\u00f3n especial de un monje designado para este fin, pero no se reunir\u00e1n con el resto de la comunidad salvo con una autorizaci\u00f3n especial.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 54 proh\u00edbe a los monjes recibir cartas o presentes sin autorizaci\u00f3n del abad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 55 regula la vestimenta de los monjes. Ser\u00e1 suficiente en cantidad y calidad y estar\u00e1 adaptada a las condiciones del clima del lugar, de acuerdo a la discreci\u00f3n del abad, pero al mismo tiempo debe ser tan sencilla y barata como conforme con la propia econom\u00eda. Cada monje tendr\u00e1 un vestido de recambio que le permita el lavado y cuando salgan de viaje recibir\u00e1n ropas de mejor calidad. Las ropas viejas se destinar\u00e1n para los pobres.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 56 se\u00f1ala que el abad comer\u00e1 siempre con los hu\u00e9spedes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 57 prescribe la humildad de los artesanos del monasterio, y si sus productos son para vender ser\u00e1 mejor un poco m\u00e1s barato que su precio normal de mercado.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 58 impone las normas para la admisi\u00f3n de nuevos miembros, que no deben ser demasiado f\u00e1ciles. Esta materia hab\u00eda sido regulada por la Iglesia desde hacia tiempo, pero en lo principal el esbozo de San Benito se adhiere a ella. El postulante pasa primero un corto tiempo como hu\u00e9sped; despu\u00e9s es admitido al noviciado, donde bajo el cuidado del maestro de novicios, su vocaci\u00f3n ser\u00e1 puesta a prueba; durante este tiempo ser\u00e1 siempre libre de marcharse. Si pasados los doce meses de probaci\u00f3n, a\u00fan persevera, podr\u00e1 ser admitido a los votos de Perseverancia, Conversi\u00f3n de costumbres y Obediencia, mediante los cuales el mismo se vincula de por vida al monasterio en el que profesa.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 59 permite la admisi\u00f3n de ni\u00f1os en el monasterio bajo ciertas condiciones.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 60 regula el lugar de los sacerdotes que puedan desear incorporarse a la comunidad. Tienen mandado dar a todos un ejemplo de humildad, y \u00fanicamente pueden ejercer sus funciones sacerdotales con el permiso del abad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 61 estipula la recepci\u00f3n de monjes forasteros como hu\u00e9spedes, y su admisi\u00f3n si desean incorporarse a la comunidad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 62 establece que la preeminencia en la comunidad estar\u00e1 determinada por la fecha de entrada, el m\u00e9rito de vida o por nombramiento del abad.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 64 ordena que el abad sea elegido por los monjes y que lo sea por su caridad, celo y discreci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 65 autoriza, si es necesario, el nombramiento de un prep\u00f3sito o prior, pero advierte que este est\u00e1 totalmente subordinado al abad y podr\u00eda ser amonestado, depuesto o incluso expulsado en caso de mala conducta.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 66 estipula la designaci\u00f3n de un portero, y recomienda que cada monasterio sea, en la medida de lo posible, autosuficiente, para evitar la necesidad de intercambio con el mundo exterior.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 67 da las instrucciones sobre el comportamiento de los monjes que sean enviados de viaje.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 68 manda que todos procurar\u00e1n cumplir alegremente todo lo que se les ordene por muy dif\u00edcil que pueda parecer.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 69 proh\u00edbe a los monjes defender uno a otro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 70 les proh\u00edbe pegar a otro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 71 anima a la comunidad a ser obedientes no solo con el abad y sus prep\u00f3sitos sino tambi\u00e9n unos con otros.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 72 es una breve exhortaci\u00f3n al buen celo y a la caridad fraterna.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Cap\u00edtulo 73 es un ep\u00edlogo en el que se declara que esta Regla no se ofrece como un ideal de perfecci\u00f3n, sino como simplemente como un medio hacia la piedad y est\u00e1 dirigida principalmente a los que se inician en la vida espiritual.\n<\/p>\n<h2>Caracter\u00edsticas de la Regla<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al considerar las caracter\u00edsticas b\u00e1sicas de esta Santa Regla, lo primero que impresiona al lector es su maravillosa discreci\u00f3n y moderaci\u00f3n, su extrema sensatez y su certera visi\u00f3n tanto de las capacidades como de las debilidades de la naturaleza humana. No hay en ella ning\u00fan exceso, ni ascetismos extraordinarios, ni estrecheces mentales sino m\u00e1s bien una serie de regulaciones sensatas basadas en un sano sentido com\u00fan. Vemos estas caracter\u00edsticas expuestas en la eliminaci\u00f3n intencionada de austeridades y en concesiones realizadas en los que para los monjes egipcios habr\u00eda sido un lujo. Algunas pocas comparaciones entre las costumbres de estos \u00faltimos y las prescripciones de la Regla de San Benito servir\u00e1n para resaltar m\u00e1s claramente la profundidad de los cambios en esta direcci\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con respecto a la alimentaci\u00f3n, la asc\u00e9tica egipcia reduc\u00eda esta al m\u00ednimo, muchos de ellos solamente com\u00edan dos o tres veces por semana, mientras que Casiano describe como una \u00abcomida suntuosa\u00bb (Coll. Vii, 1) una comida que consist\u00eda en guisantes tostados con sal y aceite, tres aceitunas, dos ciruelas y un higo. San Benito, por otra parte, a pesar de que restring\u00eda el uso de la carne a los enfermos, establec\u00eda una libra diaria de pan y dos platos de alimentos cocidos en cada comida, que eran dos en verano y uno en invierno. Tambi\u00e9n permit\u00eda una asignaci\u00f3n de vino, a pesar de admitir que no deber\u00eda ser una bebida apropiada para los monjes (Cap\u00edtulo 40). Con relaci\u00f3n al vestido, la provisi\u00f3n de San Benito de que el h\u00e1bito fuera apropiado, lo suficientemente c\u00e1lido y no demasiado viejo, marcaba un gran contraste con los monjes egipcios, cuyos vestidos, seg\u00fan estableci\u00f3 el abad Pambo, deber\u00edan ser tan pobres que si se abandonar\u00e1n en el camino nadie querr\u00eda recogerlos (Apophthegmata, en P.G. LXV, 369). Con respecto al sue\u00f1o, mientras que los ermita\u00f1os egipcios lo consideraban como una de sus favoritas formas de austeridad, San Benito estableci\u00f3 de seis a ocho horas de sue\u00f1o continuado, con el a\u00f1adido de una siesta en verano. Adem\u00e1s, a menudo los monjes egipcios dorm\u00edan sobre el duro suelo, con piedras o esteras como almohadas, y con frecuencia, simplemente sentados o recostados, como manda la Regla Pacomiana, mientras que el abad Juan era incapaz de mencionar sin verg\u00fcenza el hallazgo de una manta en la celda de un ermita\u00f1o (Casiano, Coll. xix, 6). Por el contrario, San Benito permit\u00eda adem\u00e1s de una manta, una colcha, un colch\u00f3n y una almohadilla por cada monje. Esta relativa liberalidad con respecto a las necesidades de la vida, aunque clara y quiz\u00e1 pobre, si la examinamos con el concepto actual de comfort, era mucho mayor que entre los italianos pobres del siglo VI o incluso entre muchos campesinos europeos de nuestros d\u00edas. El prop\u00f3sito de San Benito parece haber sido el mantener el cuerpo de los monjes en unas condiciones saludables a trav\u00e9s de la oportuna vestimenta, la suficiente alimentaci\u00f3n y el abundante sue\u00f1o, de tal manera que pudieran as\u00ed estar mejor dispuestos para la celebraci\u00f3n conveniente del Oficio Divino y quedar liberados de toda competencia asc\u00e9tica perturbadora, que ya se ha sido comentada. Sin embargo, no hubo deseo de rebajar el ideal o de minimizar el autosacrificio que supone la adopci\u00f3n de la vida mon\u00e1stica, sino m\u00e1s bien el prop\u00f3sito de adaptarla a las cambiantes circunstancias del ambiente de Occidente, que necesariamente eran muy distintas a las de Egipto y a las de Oriente. La sabidur\u00eda y pericia con la que lo consigui\u00f3 se hace evidente en cualquier p\u00e1gina de la Regla, tanto es as\u00ed que Bossuet fue capaz de denominarla \u00abun resumen del Cristianismo, un compendio erudito y misterioso de toda las doctrinas del Evangelio, de todas las instituciones de los Padres, y de todos los Consejos de Perfecci\u00f3n\u00bb.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">San Benito se dio cuenta de la necesidad de una regla de gobierno permanente y uniforme en lugar de la elecci\u00f3n arbitraria y variable de modelos obtenidos a partir de las vidas y m\u00e1ximas de los Padres del Desierto. Y as\u00ed tenemos la caracter\u00edstica de colectivismo, demostrada con su insistencia en la vida comunitaria, en oposici\u00f3n al individualismo de los monjes Egipcios. Uno de los objetivos que ten\u00eda a la vista al escribir su Regla fue el de la extirpaci\u00f3n de los Sarabitas y Girovagos, a los que condena con fuerza en el primer cap\u00edtulo y de cuya mala vida probablemente habr\u00eda tenido experiencias desagradables durante sus primero a\u00f1os en Subiaco. Para este prop\u00f3sito introdujo el voto de Estabilidad, que se convirti\u00f3 en garant\u00eda de triunfo y perseverancia. Esto es solamente otro ejemplo de la idea de familia que impregna la Regla entera, a trav\u00e9s de la cual los miembros de la comunidad se ataban con un v\u00ednculo de familia, y cada uno tomaba sobre s\u00ed la obligaci\u00f3n de perseverar en el monasterio hasta su muerte, a menos que se le enviase a otro lugar por sus superiores. Esto asegura a la comunidad en conjunto, y todos sus miembros individualmente, una participaci\u00f3n en todos los frutos que puedan surgir del trabajo de cada monje, y esto da a cada uno de ellos esa fuerza y vitalidad que necesariamente resulta de formar parte de una familia unida, todos unidos de la misma manera y persiguiendo los mismos fines. De esta manera, haga lo que haga el monje, no lo hace como individuo independiente sino como parte de una organizaci\u00f3n superior y as\u00ed la propia comunidad se convierte en un conjunto unido m\u00e1s que una mera yuxtaposici\u00f3n de miembros independientes. El voto de Conversi\u00f3n de vida alude al esfuerzo personal tras la perfecci\u00f3n que debe ser el objetivo de todo monje benedictino. Toda la legislaci\u00f3n de la Regla, la constante represi\u00f3n de uno mismo, el conformar cualquier acci\u00f3n personal a un norma definitiva, y la prolongaci\u00f3n de esta forma de vida hasta el final de la vida de uno, esta dirigida hacia \u00abel desprenderse del hombre viejo y el revestirse del hombre nuevo\u00bb , y as\u00ed realizar la conversio morum que es inseparable de la larga vida de perseverancia bajo los postulados de la Regla. La pr\u00e1ctica de la obediencia es una caracter\u00edstica necesaria en el concepto de la vida religiosa de San Benito, si no efectivamente su esencia b\u00e1sica. No solamente hay un cap\u00edtulo especial dedicada a ella en la visi\u00f3n de la vida religiosa de San Benito, sino que de forma reiterada se refiere a ella como el principio que debe guiar la vida del monje; es tan esencial que es objeto de un voto especial en toda instituci\u00f3n religiosa, sean los benedictinos o no u otros. Seg\u00fan la visi\u00f3n de San Benito, esta constituye uno de los trabajos positivos en los que el monje debe someterse a si mismo, por eso lo denomin\u00f3 labor obedientiae (Pr\u00f3logo). Esta debe ser alegre, sin condiciones, y pronta; sobre todo hacia el abad, que debe ser obedecido como si ocupara el lugar de Cristo, y tambi\u00e9n hacia todos los hermanos de acuerdo con los dictados de la caridad fraterna, al ser \u00abel camino que nos lleva a Dios (Cap\u00edtulo 71). Igualmente esta se aplica a las cosas dif\u00edciles e incluso a las imposibles, en este ultimo caso se intentar\u00e1n con toda humildad. En conexi\u00f3n con el tema de la obediencia hay una nueva cuesti\u00f3n como es la del sistema de gobierno contenido en la Regla. La vida de la comunidad gira alrededor del abad (considerado) como padre de familia. Mucha libertad con vista a los detalles se le dejaba a su \u00abdiscreci\u00f3n y juicio\u00bb, pero esta autoridad, lejos de ser absoluta o ilimitada, quedaba salvaguardada por la obligaci\u00f3n que reca\u00eda sobre el, de consultar a la comunidad acerca de todos los asuntos que afectar\u00e1n a su bienestar, bien a los mayores solamente o a toda la comunidad. Y por otra parte, dondequiera que parece que hay una cierta libertad concedida a los propios monjes, esta, a su vez, esta protegida contra imprudencias por la reiterada insistencia en la necesidad de la sanci\u00f3n y aprobaci\u00f3n del abad. Los votos de pobreza y castidad, pese a no ser mencionados de forma expresa por San Benito, como en las reglas de otras \u00f3rdenes, se encuentran, sin embargo, enraizados tan claramente como para formar parte esencial e indisputable de la vida de los que el legisla. De esta forma, por medio de los votos y de la pr\u00e1ctica de las variadas virtudes necesarias para su propia observancia, se comprobar\u00e1 que la regla de San Benito consta no solo de una serie de norma que regulan los detalles externos de la vida mon\u00e1stica sino tambi\u00e9n todos los principios de perfecci\u00f3n de acuerdo a los Consejos Evang\u00e9licos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con respecto a la obligaci\u00f3n o poder vinculante de la Regla, debemos de distinguir entre estatutos o preceptos y los consejos. Las primeras ser\u00edan aquellas leyes que ni mandan ni proh\u00edben de forma absoluta, y con las \u00faltimas, aquellas que son \u00fanicamente recomendaciones. Por lo general, los comentaristas sostienen que los preceptos de la Regla obligan solamente bajo la pena de pecado venial, y los consejos ni siquiera. En realidad transgresiones de gravedad contra los votos podr\u00edan, por otra parte, caer dentro de la categor\u00eda de pecado mortal. Debe recordarse, sin embargo, que en todos estos temas los principios de teolog\u00eda moral, las leyes can\u00f3nicas, las decisiones de la Iglesia, y las regulaciones de las diferentes congregaciones deben ser tomadas en consideraci\u00f3n al juzgar cualquier caso particular.\n<\/p>\n<h2>Labor pr\u00e1ctica de la Regla<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se puede aducir un testimonio mayor acerca de las excelencias inherentes a la Regla que los resultados que ha obtenido en Europa Occidental y en otros lugares; y ninguna cualidad llama tanto la atenci\u00f3n como su adaptabilidad a las necesidades siempre cambiantes de tiempo y lugar desde los d\u00edas de San Bernardo. Su car\u00e1cter duradero es el m\u00e1s alto testimonio de su sabidur\u00eda. Durante catorce siglos ha sido la luz que ha guiado a una numerosa familia de religiosos, hombres y mujeres, y es un c\u00f3digo vivo en el momento presente tal y como lo era hace mil a\u00f1os. A pesar de modificaciones y adaptaciones, de tiempo en tiempo, para adaptarse a las necesidades peculiares y condiciones de diferentes \u00e9pocas y pa\u00edses, en virtud de la maravillosa elasticidad de sus principios todav\u00eda permanece id\u00e9ntica, y ha constituido la base fundamental de una gran variedad de cuerpos religiosos. Ha merecido los elogios de concilios, papas, y glosadores, y su vitalidad es tan vigorosa en el momento actual como lo hab\u00eda sido en las \u00e9pocas de fe. Pese a que no formaba parte de los designios de San Benito que sus herederos espirituales fueran figuras en el mundo como escritores u hombres de estado, como conservadores de la literatura pagana, como reanimadores de la agricultura, o como constructores de castillos y catedrales, sin embargo las circunstancias los condujeron hacia todos esos \u00e1mbitos. Su \u00fanica idea fue la del entrenamiento moral y espiritual de sus disc\u00edpulos, y sin embargo, al realizar esto hizo del claustro una escuela de trabajadores \u00fatiles, un refugio real para la sociedad, y un s\u00f3lido baluarte de la Iglesia (Dudden, Gregory the Great, II, ix). La Regla, en lugar de limitar al monje a una forma particular de trabajo, le capacitaba para hacer casi cualquier tipo de trabajo, y de esta manera lo espiritualizaba y elevaba por encima del mero artesano seglar. En esto reside uno de los secretos de su \u00e9xito.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los resultados de la realizaci\u00f3n o cumplimiento de los preceptos de la Regla son abundantemente manifiestos o evidentes en la historia. El del trabajo manual, por ejemplo, que San Benito estableci\u00f3 como absolutamente esencial para sus monjes, produjo muchos de los logros arquitect\u00f3nicos que constituyen la gloria del mundo cristiano. Muchas catedrales (especialmente en Inglaterra), abad\u00edas, e iglesias, esparcidas a lo largo y ancho de Europa Occidental, fueron obra de constructores y arquitectos benedictinos. El cultivo de la tierra, que estimul\u00f3 San Benito, fue otra forma de trabajo a la que sus seguidores se entregaron sin reserva y con visible \u00e9xito, lo que hace que muchas regiones deban gran parte de su prosperidad agr\u00edcola a la experta labranza de los hijos de San Benito. Las horas establecidas por la Regla para dedicarse diariamente a la lectura sistem\u00e1tica y al estudio, han proporcionado al mundo muchos de los primeros eruditos y escritores, de tal forma que la expresi\u00f3n \u00aberudici\u00f3n Benedictina\u00bb ha sido durante siglos un dicho que expresa el estudio e investigaci\u00f3n laboriosa estimulada desde los claustros benedictinos. Las normas respecto a la recepci\u00f3n y educaci\u00f3n de ni\u00f1os, constituyeron, por otra parte, el germen a partir del cual surgieron un gran n\u00famero de escuelas mon\u00e1sticas y universidades que florecieron en la Edad Media.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es cierto que como las comunidades llegaron a enriquecerse y por consiguiente, menos dependientes de su propio trabajo para su mantenimiento, disminuy\u00f3 el fervor primitivo por la Regla, y por esta causa han sido hechas cargos de corrupci\u00f3n y absoluto alejamiento contra los monjes de los ideales mon\u00e1sticos. A pesar de que es imposible negar que las numerosas reformas que se iniciaron parecen dar la raz\u00f3n a este punto de vista, no se puede negar que la Instituci\u00f3n benedictina, en conjunto, nunca lleg\u00f3 a estar realmente degenerada o decay\u00f3 profundamente del ideal establecido por su legislador. Ciertamente hubo fallos individuales tanto como de relajaci\u00f3n de la regla de tiempo en tiempo, pero la p\u00e9rdida de fervor de un monasterio particular no compromete m\u00e1s a todos los monasterios del mismo pa\u00eds que las faltas de un monje desacreditan necesariamente al resto de la comunidad a la que pertenece. As\u00ed mientras que admitiendo que el rigor de la Regla ha variado en diferentes \u00e9pocas y en distintos pa\u00edses, debemos, por otra parte, recordar que investigaciones hist\u00f3ricas actuales han absuelto del todo al cuerpo mon\u00e1stico en conjunto del cargo de una desviaci\u00f3n de los principios de la Regla y de una amplia corrupci\u00f3n del ideal o la pr\u00e1ctica. A menudo, las circunstancias han concedido atenuaciones necesarias pero siempre han sido introducidas como tales y no como mejores o nuevas interpretaciones de la propia Regla. El hecho de que los benedictinos todav\u00eda se glor\u00eden de su Regla, la guarden celosamente y la se\u00f1alen como el modelo seg\u00fan el cual se esfuerzan en modelar sus propias vidas, es en s\u00ed mismo, la prueba m\u00e1s profunda de que todav\u00eda est\u00e1n imbuidos de su esp\u00edritu a pesar de reconocer su laxitud de aplicaci\u00f3n y su adaptabilidad a situaciones variadas.\n<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\">MONTALAMBERT, Monks of the West (Tr., London, 1896), IV; TOSTI, St. Benedict , tr. Woods (London, 1896); DOYLE, The Teaching of St. Benedict (London,1887); DUDDEN , Gregory the Great (London, 1905); BUTLER Lausiac History of Palladius , Introd., XIX in Cambridge Texts and Studies (Cambridge, 1898); IDEM, The Text of St. Benedict&#8217;s Rule , in Downside Review , XVII, 223; and in Journal of Theol. Studies , III, 458; BESSE, Le Moine B\u00e9n\u00e9dictine (Ligu\u00e9], 1898); HAEFTEN, Disquisitiones Monasticae (Antwerp, 1644); SCHMIDT, Regula Scti. Benedicit (Rtatisbon, 1880, 1892); WOELFFLIN, Benedicti Regula Monachorum (Leipzig, 1895); TRAUBE, Textgeschicte der Regula S. Benedicti (Munich 1898).<br \/>\nCOMENTARIOS: WARNEFRID (Monte Cassino, 1880); M\u00c8GE (Paris, 1687); MART\u00c8NE (Paris, 1690); tambi\u00e9n en P.L. LXVI; CALMET (Paris, 1734); MABILLON, Prefaces to Acta Sanctorum O.S.B. (Venice, 1733).<br \/>\nTRADUCCIONES INGLESAS DE LA REGLA: ANONYMOUS (Ramsgate, 1872; Rome, 1895); DOYLE, ed. (London, 1875); VERHEYEN (Atchison, Kansas, 1906); HUNTER-BLAIR (Fort Augustus, Scotland, 1906).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">TRADUCCION ESPA\u00d1OLA DE LA REGLA: Garcia M. Colombas, L. Sansegundo y O. Cunill, San Benito, su vida y su Regla (BAC, Madrid, 1968) Garcia M. Colombas e I. Aranguren, La Regla de San Benito ( BAC, Madrid, 1979).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOGRAF\u00cdA ACTUALIZADA: G. M\u00aa. Colombas, El monacato primitivo (BAC, Madrid, 1975); Hanslik, R.: Benedicto Regula (CSEL, Viena, 1960); Schuster, L. Saint Benoit et son temps (Par\u00eds, 1950); Vog\u00fc\u00e9, A de: La communaut\u00e9 et l abb\u00e9 dans la R\u00e9gle de Saint Beno\u00eet (Par\u00eds, 1961); Vog\u00fc\u00e9, A. de: La R\u00e9gle de Saint Beno\u00eet (SC, Par\u00eds, 1972); Vog\u00fc\u00e9, A de: La R\u00e9gle du Ma\u00eetre (SC, Par\u00eds, 1964);\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Escrito por G. CYPRIAN ALSTON<br \/>\nTrascrito por Robert Gordon<br \/>\nTraducido por Daniel Guti\u00e9rrez Carreras\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Enlaces relacionados\n<\/p>\n<h2>San Benito en la Biblioteca Mundial Digital<\/h2>\n<ul>\n<li> La Regla de San Benito, de la abad\u00eda de Metten [1] Biblioteca Mundial Digital.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Espejo y ejemplo para los adoradores de Cristo: la vida del Santo Padre Benito, gran patriarca de los monjes [2] Biblioteca Digital Mundial.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Retratos de los santos de la Orden de San Benito, impresos con planchas de cobre, con las alabanzas de sus vidas [3] Biblioteca Mundial Digital.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Regla de nuestro sagrado Padre Benito [4]<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<b>Selecci\u00f3n de im\u00e1genes y enlaces<\/b>: Jos\u00e9 G\u00e1lvez Kr\u00fcger\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>La Regla de San Benito Multimedios<\/h2>\n<ul>\n<li> Regla de San Benito [5]<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<h2>San Benito en Google books<\/h2>\n<ul>\n<li> Chronica de la Orden de S. Benito, patriarca de religiosos [6] Contiene un grabado.<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Vidas de santos bienaventurados y personas venerables de la sagrada religion de N. San Benito [7]<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Historia del ilustrissimo Monasterio de N.S. de Sopetran de la Orden de N.P.S. Benito, de su santuario y sagrada imagen [8]<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Regla Del Patriarca San Benito [9]<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Vida y milagros del glorioso patriarca de los monges San Benito [10]<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> La Soledad laureada por San Benito y sus hijos en las iglesias de Espa\u00f1a y &#8230;[11]<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Aprobaci\u00f3n de la regla y orden del gloriosissimo padre San Benito, maestro &#8230; [12]<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Corona en honra del padre San Benito que pueden rezarla todos los d\u00edas sus &#8230; [13]<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Las obras de Ludovico Blosio abad Leciense, monge de San Benito [14]<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> Primera parte de las fundaciones de los monesterios[sic] del glorioso Padre &#8230; [15]<\/li>\n<\/ul>\n<ul>\n<li> La Santa Regla de N.Gran Padre y Patriarca San Benito [16]<\/li>\n<\/ul>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta obra ocupa el primer puesto entre los c\u00f3digos legislativos mon\u00e1sticos, y fue con mucho el factor fundamental en la organizaci\u00f3n y difusi\u00f3n del monacato en Occidente. En este art\u00edculo se tratar\u00e1 los siguientes apartados: Contenido 1 El texto de la Regla 2 An\u00e1lisis de la Regla 3 Caracter\u00edsticas de la Regla 4 Labor pr\u00e1ctica &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/regla-de-san-benito\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abREGLA DE SAN BENITO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23575","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23575","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23575"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23575\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23575"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23575"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23575"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}