{"id":23619,"date":"2016-02-05T16:06:20","date_gmt":"2016-02-05T21:06:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/bibliotecas\/"},"modified":"2016-02-05T16:06:20","modified_gmt":"2016-02-05T21:06:20","slug":"bibliotecas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/bibliotecas\/","title":{"rendered":"BIBLIOTECAS"},"content":{"rendered":"<p><p style=\"text-align: justify;\">Las bibliotecas, esto es, colecciones de libros reunidas y disponibles para uso p\u00fablico o privado, ya eran conocidas entre los pueblos antiguos antes de la llegada de Cristo. Probablemente, la biblioteca m\u00e1s antigua de la que se tiene un conocimiento preciso es la de Tello, en Mesopotamia, descubiertas gracias a las excavaciones de M. de Sarzec, y que ha sido trasladada, en gran parte, al Louvre. Al parecer, contaba con m\u00e1s de 20.000 tabletas grabadas en escritura cuneiforme pertenecientes a la \u00e9poca de Gudea, soberano de Lagash, hacia el 2500 a.C. A\u00fan m\u00e1s grande era la biblioteca real de N\u00ednive, formada por Sargon, rey de Asiria durante los a\u00f1os 722-705 a.C., y por su bisnieto Asurbanipal (668-628 a.C.). Este \u00faltimo monarca envi\u00f3 escribas a las antiguas ciudades de Babilonia y Asiria, que contaban con bibliotecas, para que realizaran copias de las obras extraordinarias e importantes; parece seguro que la colecci\u00f3n consist\u00eda en textos impresos en tablillas de arcilla, que cubr\u00edan todas las \u00e1reas del conocimiento y la ciencia conocidos por los hombres sabios de la \u00e9poca. M\u00e1s de veinte mil de estas tabletas fueron trasladadas a Europa, y se conservan ahora en el Museo Brit\u00e1nico. Todos los textos importantes est\u00e1n marcados con una frase que atestigua su pertenencia al palacio de Asurbanipal; estas frases conclu\u00edan con una imprecaci\u00f3n interesante de comparar con las que a menudo se encuentran en los manuscritos de las bibliotecas medievales: \u201cQuienquiera que se lleve esta tableta, o inscriba su nombre en ella junto al m\u00edo, que Ashur y Belit lo abatan con c\u00f3lera y furia, y que ellos destruyan su nombre y su posteridad en la tierra\u201d (Wallis, Budge, y King, \u201cGuide to Babilonian and Assyrian Antiquities\u201d, 1908, p. 41). En Egipto, sin duda se deben haber formado colecciones de rollos de papiro, aunque la naturaleza m\u00e1s perecedera de este material no ha permitido que se preserven restos considerables de las \u00e9pocas m\u00e1s antiguas de la historia egipcia. De colecciones de libros entre los jud\u00edos es poco lo que se sabe, aunque ciertos pasajes de los libros hist\u00f3ricos del Antiguo Testamento (por ejemplo, II Reyes, 1,18; I Reyes 11, 41; 14, 19; 15, 23; etc.) sugieren la existencia de dep\u00f3sitos en los que se pod\u00edan consultar libros. M\u00e1s a\u00fan, en 2 Macabeos, 2, 13, se encuentra una frase muy precisa acerca de que Nehem\u00edas habr\u00eda fundado una biblioteca y \u201cpuesto en ella los libros de los reyes, los de los profetas y los de David, y las cartas de los reyes sobre las ofrendas\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobre la Roma y la Grecia paganas existen evidencias m\u00e1s precisas. Se dice que Pisistrato habr\u00eda formado una biblioteca, la que fue llevada a Persia por Jerjes, y posteriormente devuelta. Arist\u00f3teles, el fil\u00f3sofo, como muestran sus escritos, seguramente tuvo alg\u00fan tipo de biblioteca a su disposici\u00f3n; se cree que esta colecci\u00f3n, despu\u00e9s de su llegada a Atenas, fue trasladada a Roma por Sula. Pero, sin duda, las bibliotecas m\u00e1s famosas del mundo griego fueron las de P\u00e9rgamo y Alejandr\u00eda. Esta \u00faltima, formada por los reyes de la familia de Attalus a partir de una fecha estimada en el 200 a. de C., debe haber sido una colecci\u00f3n importante. Exploraciones arqueol\u00f3gicas modernas han identificado el sitio de esta biblioteca, que ten\u00eda algunas habitaciones en el recinto del templo de Atenas (v\u00e9ase Conze, en el \u201cSitzungsberichte\u201d de la Academia de Berl\u00edn, 1884, 1259-70). Con relaci\u00f3n a los libros mismos, sabemos por Plutarco que Marco Antonio llev\u00f3 doscientos mil vol\u00famenes, o mejor dicho rollos, a Alejandr\u00eda para regalarlos a Cleop\u00e1tra, con el fin de reemplazar la biblioteca que hab\u00eda sido accidentalmente destruida por el fuego durante la campa\u00f1a egipcia de Julio C\u00e9sar. La biblioteca destruida, conocida como biblioteca del Musaeum, fue formada por Ptolomeo Philadelphus alrededor del 260 a. C. Esta biblioteca est\u00e1 unida, por la leyenda, al origen del Septuagint (N. del T.: traducci\u00f3n griega del Pentateuco, elaborada en Alejandr\u00eda alrededor de 250 a.C.), como se registra en la ap\u00f3crifa, y muy antigua, \u201cCarta de Aristeas\u201d. Seg\u00fan esta leyenda, Demetrio Phalereus, custodio de la biblioteca, solicit\u00f3 a su amo, el Rey Ptolomeo, realizar los esfuerzos necesarios a fin de obtener, para la biblioteca, una traducci\u00f3n de la Ley de los Jud\u00edos. Se enviaron emisarios al Sumo Sacerdote Eleazar de Jerusal\u00e9n, qui\u00e9n envi\u00f3 setenta (mejor dicho, setenta y dos) eruditos a Alejandr\u00eda, para confeccionar la versi\u00f3n griega solicitada. El trabajo se complet\u00f3 en setenta d\u00edas, la traducci\u00f3n fue le\u00edda en voz alta por Demetrio, y aprobada como definitiva.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El Musaeum, es decir, el edificio consagrado a las Musas, que conten\u00eda la m\u00e1s antigua de las dos bibliotecas, estaba localizado, aparentemente, dentro del recinto del palacio; pero la otra biblioteca, de fecha anterior, se form\u00f3 en conjunto con el Templo de Serapis, de ah\u00ed que se la llamara el serapeum. Mucho da\u00f1o sufri\u00f3 sus tesoros cuando el Obispo Te\u00f3filo efectu\u00f3 su ataque contra el culto pagano en Alejandr\u00eda en el a\u00f1o 390 d.C., y lo que qued\u00f3 de la biblioteca debe haber desaparecido despu\u00e9s de la incursi\u00f3n de los \u00e1rabes en el 641. Aunque Polybius, escritor del siglo II antes de Cristo, se expresa (xii, 27) como si las bibliotecas se encontraran en cualquier gran ciudad, es s\u00f3lo durante los \u00faltimos a\u00f1os de la Rep\u00fablica de Roma que sabemos de bibliotecas en la misma Roma. Al principio, estas colecciones estaban en manos privadas (Cicer\u00f3n, por ejemplo, aparentemente se esforz\u00f3 mucho para obtener libros) pero, luego de un proyecto de Julio C\u00e9sar de formar una biblioteca de uso p\u00fablico, proyecto no concretado, es C. Asinius Pollio qui\u00e9n lleva poco despu\u00e9s esta idea a la pr\u00e1ctica, gracias a lo que obtuvo de los saqueos durante su campa\u00f1a en Iliria el 39 a.C. El emperador Augusto sigui\u00f3 este ejemplo, y sabemos de las colecciones de libros griegos y latinos que form\u00f3, primero en el P\u00f3rtico de Octaviano (el que restaur\u00f3 cerca del a\u00f1o 33 a.C.), y luego en el recinto del Templo de Apolo en el Palatino, dedicado en el 28 a.C. A partir de este momento, las bibliotecas p\u00fablicas se multiplican en Roma, bajo el auspicio imperial de Tiberio y sus sucesores, llegando, seg\u00fan se dice, a un total de veintis\u00e9is. Seg\u00fan las referencias encontradas en escritores como Ovidio, Horacio y Aulus Gellius, es probable que estas bibliotecas, como por ejemplo la de Apolo Palatino, estuvieran provistas con copias de libros de todos los temas y que tan pronto como un nuevo libro, de cualquier escritor conocido, viera la luz del d\u00eda, las bibliotecas romanas lo obtendr\u00edan como algo obvio. Tambi\u00e9n sabemos que las bibliotecas eran administradas por un encargado responsable y que serv\u00edan de lugar de esparcimiento a los hombres ilustrados, y que una o varias de ellas (en especial la Biblioteca Ulpia en el foro de Trajano) eran utilizadas como dep\u00f3sitos para los archivos p\u00fablicos.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la \u00e9poca en que la Cristiandad hace su aparici\u00f3n en escena en Roma, es interesante aprender, por medio de S\u00e9neca, la importancia que hab\u00eda tomado la moda de mantener bibliotecas, p\u00fablicas o privadas, en la sociedad romana. \u201c\u00bfCu\u00e1l\u201d, pregunta S\u00e9neca, \u201ces la utilidad de tener innumerables libros y bibliotecas, si durante el transcurso de su vida el hombre escasamente lee los t\u00edtulos? &#8230; Cuarenta mil libros se quemaron en Alejandr\u00eda. Dejo a otros alabar este espl\u00e9ndido monumento de opulencia real &#8230; Obtenga tantos documentos como sea necesario utilizar, pero no obtenga ninguno s\u00f3lo para exhibirlo &#8230; \u00bfPorqu\u00e9 habr\u00eda que disculpar a un hombre que desea poseer estanter\u00edas para libros incrustadas en cedro o marfil, que re\u00fane a gran cantidad de autores desconocidos o desacreditados, y que basa su deleite principal en sus bordes y sus marbetes? Se encontrar\u00e1n, entonces, en las bibliotecas de los m\u00e1s consumados ociosos todo lo que han escrito los oradores o los historiadores \u2013 estanter\u00edas tal altas como el techo. Actualmente, una biblioteca tiene el mismo valor que una sala de ba\u00f1o como ornamento en una casa. Podr\u00eda perdonar esas ideas, si se debieran a un extravagante deseo de conocimiento. Sin embargo, estas obras de hombres cuya inteligencia reverenciamos, por las que se ha pagado un alto precio, cuyos retratos se alinean encima de los mismos, se compran juntos para adornar y embellecer una muralla\u201d (De Tranquil. Animi, xi).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta era la moda que prevalec\u00eda en los c\u00edrculos m\u00e1s cultos del Imperio Romano cuando la Cristiandad comenz\u00f3 su lucha de vida o muerte con el paganismo. El uso de los libros, a\u00fan cuando se los tomara con cierta afectaci\u00f3n superficial, era un arma que la Iglesia no pod\u00eda darse el lujo de desperdiciar. De hecho, las ense\u00f1anzas acumuladas durante \u00e9pocas anteriores eran una buena influencia, y los profesores de la nueva fe no tardaron en hacer los esfuerzos necesarios para ponerla de su lado. En todo caso, se necesitaba una peque\u00f1a colecci\u00f3n de libros para los servicios religiosos, los que, aparentemente desde sus inicios, consist\u00edan (tal como el Oficio Divino en la actualidad) en lecturas del Antiguo y Nuevo Testamento y de obras de educaci\u00f3n y formaci\u00f3n Cristianas. As\u00ed, cada iglesia que se fundaba era el n\u00facleo de una biblioteca, por lo que no nos debe sorprender encontrar a San Jer\u00f3nimo aconsejando a Pammachius (Ep. xlix, 3) hacer uso de estas colecciones (ecclesiarum bibliothecis fruere) y, aparentemente, asumiendo que donde hubiere una congregaci\u00f3n de la fe habr\u00eda libros \u00fatiles disponibles. Sin embargo, deben haber existido algunos centros donde, por su posici\u00f3n, antig\u00fcedad o generosidad excepcional de sus benefactores, se encontraran grandes cantidades de libros. De estos, el m\u00e1s antiguo que conocemos, es la biblioteca formada en Jerusal\u00e9n principalmente por el Obispo Alejandro, cerca del a\u00f1o 250, la que conten\u00eda, como atestigua Eusebio, un conjunto de cartas y documentos hist\u00f3ricos (Hist. Eccles., VI, xx). M\u00e1s importante a\u00fan era la biblioteca de Ces\u00e1rea en Palestina. Sus documentos fueron recopilados por el m\u00e1rtir P\u00e1nfilo, muerto el a\u00f1o 308, y conten\u00eda un conjunto de manuscritos que hab\u00edan sido usados por Origin (Jer\u00f3nimo, In Titum, III, ix). De la misma \u00e9poca tenemos noticias acerca de que en la persecuci\u00f3n que devast\u00f3 Africa (303-304) \u201clos oficiales fueron a la iglesia de Cirta, donde se reun\u00edan los Cristianos, y la despojaron de c\u00e1lices, l\u00e1mparas, etc., pero cuando llegaron a la biblioteca [bibliothecam] los estantes [armaria] se encontraban vac\u00edos\u201d (v\u00e9ase ap\u00e9ndice a Optatus).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Juli\u00e1n el Ap\u00f3stata, en el a\u00f1o 362, solicit\u00f3 que se le enviaran los libros que originalmente pertenec\u00edan a Jorge, el Obispo Arrio de Alejandr\u00eda, que inclu\u00edan \u201cmuchas obras filos\u00f3ficas y ret\u00f3ricas, y muchas de las doctrinas de los galileos imp\u00edos\u201d, para una biblioteca anteriormente creada por Constantino en el palacio imperial (Julian, Epist. ix). Por su parte San Agust\u00edn, cuando estaba muriendo, \u201cmand\u00f3 que la biblioteca de la iglesia y todos los libros fueran cuidadosamente mantenidos para toda la posteridad\u201d y \u201chered\u00f3 a la iglesia bibliotecas que conten\u00edan libros y tratados escritos por \u00e9l mismo o por otras personas santas\u201d (Possidius, \u201cVita Aug.\u201d, n. 31). En Roma, aparentemente, el Papa D\u00e1maso (366-384) construy\u00f3 un archivo administrativo (archivium) que, adem\u00e1s de ser el dep\u00f3sito de los documentos oficiales, serv\u00eda tambi\u00e9n como biblioteca y tribunal. Estaba conectado con la Bas\u00edlica de San Lorenzo, en cuya fachada hab\u00eda una inscripci\u00f3n que terminaba con las siguientes tres l\u00edneas:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Archivis faetor volui nova condere tecta.<br \/>\nAddere praeterea dextra laevaque columnas.<br \/>\nQuae Damasi teneant proprium per saecula nomen.<br \/>\n(\u201cConfieso que me hubiera gustado construir una nueva morada para los archivos, y a\u00f1adir columnas a la derecha y a la izquierda para preservar el nombre de D\u00e1maso por siempre\u201d).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin duda, este es el edificio al que San Jer\u00f3nimo se refiere como \u201cchartarium ecclesiae Romanae\u201d. De Rossi y Lanciani conjeturan que D\u00e1maso, siguiendo el modelo de una de las grandes bibliotecas de Roma, que a su vez imitaba la distribuci\u00f3n de la famosa biblioteca de P\u00e9rgamo, habr\u00eda primero construido una bas\u00edlica dedicada a San Lorenzo y, luego, habr\u00eda a\u00f1adido en el lado sur y en el lado norte un peristilo, a partir del cual ser\u00edan f\u00e1cilmente accesibles las habitaciones que conten\u00edan los registros (Lanciani, Ancient Rome, pp. 187-190). Respecto de si este edificio merece o no estrictamente el nombre de biblioteca, tenemos evidencias de que el Papa Agapito (535-36) inici\u00f3 la construcci\u00f3n de otro edificio en la Colina Coelian, destinado a guardar los libros, edificio que posteriormente fuera conocido como biblioteca de San Gregorio. En todo caso, un registro del siglo IX habla del gran conjunto de retratos que adornaban sus paredes y, entre ellos, el del Papa Agapito:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hos inter residens Agapetus jure sacerdos<br \/>\nCodicibus pulchrum condidit arte locum.<br \/>\n(\u201cEl centro pertenece por derecho a Agapito quien, para guardar sus libros, construy\u00f3 esta inmaculada residencia\u201d).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El c\u00e9lebre Casiodoro, que era amigo de Agapito, se retir\u00f3 del mundo en sus \u00faltimos a\u00f1os y reuni\u00f3 a su alrededor una comunidad religiosa en Vivarium, en el sur de Italia. All\u00ed form\u00f3 una biblioteca, como un aditamento de primera necesidad para esa instituci\u00f3n. Adem\u00e1s, impuso a los miembros de la cofrad\u00eda que, si encontraban alg\u00fan libro que \u00e9l deseara, deb\u00edan efectuar una copia del mismo, \u201cas\u00ed, con la ayuda de Dios y su trabajo, la biblioteca del monasterio se beneficiar\u00eda\u201d (De Inst. Div. Lit., viii). Casiodoro tambi\u00e9n nos cuenta bastante sobre sus planes para la biblioteca.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, con la fragmentaci\u00f3n de la civilizaci\u00f3n del Imperio Romano, el gran ascendiente que contribuy\u00f3, m\u00e1s que cualquier otra cosa, a preservar en Occidente algunos restos dispersos de las ense\u00f1anzas del periodo cl\u00e1sico fue, sin duda, el monaquismo y, especialmente, la forma de monacato que se identific\u00f3 con la Regla de San Benedicto. Incluso en Africa, como lo muestran claramente la Regla de Pachomio y los escritos de Cassion, el mantenimiento del ideal de vida cenob\u00edtica depend\u00eda, en cierta medida, del uso de los libros. San Pachomio, por ejemplo, orden\u00f3 que los libros del hogar se guardaran en un armario empotrado en la pared. Cualquier hermano que quisiera un libro, pod\u00eda tenerlo por una semana, al t\u00e9rmino de la cual deb\u00eda devolverlo. Ning\u00fan hermano podr\u00eda dejar un libro abierto al ir a misa o a las comidas. En las v\u00edsperas, en responsable denominado \u201csegundo\u201d (esto es, el segundo de la orden) deb\u00eda encargarse de los libros, contarlos y guardarlos bajo llave (v\u00e9ase P.L. XXIII, 68, y cf. Butler, \u201cPalladius\u201d, I, 236). Sabemos, por una carta de San Agust\u00edn, que en Hippo incluso las religiosas contaban con una biblioteca, y que una de las hermanas ten\u00eda la tarea de distribuir y recolectar los libros durante las horas destinadas a la lectura. El papel que jugaba el estudio (particularmente el estudio de las escrituras) en la vida de la mujer asceta a fines del siglo IV, no podr\u00eda estar mejor ejemplificado que en la historia de Santa Melania la Joven, amiga de San Agust\u00edn y de San Jer\u00f3nimo, quien se impuso por norma dedicar diariamente un tiempo fijo a la lectura, y cuya labor como escriba era ampliamente conocida. Pero de todos los documentos escritos que influenciaron la preservaci\u00f3n de los libros, el m\u00e1s importante es el texto de la Regla de San Benedicto. En esta se basa, mayormente, el amor al estudio que es distintivo de las grandes \u00f3rdenes mon\u00e1sticas:\u201d La ociosidad\u201d, dice la Regla, \u201ces un enemigo del alma; es por esto que los hermanos deben ocuparse en labores manuales en algunos momentos, y en otros ocuparse de la lectura sagrada &#8230;\u201d. Y, despu\u00e9s de especificar las horas que deben dedicarse a la lectura en diversas \u00e9pocas del a\u00f1o, la Regla nuevamente dicta:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abDurante la Cuaresma dejemos que se dediquen a la lectura desde la ma\u00f1ana hasta el fin de la hora tercia &#8230; En estos d\u00edas de Cuaresma permitamos que cada uno reciba un libro de la biblioteca, y lo lea de principio a fin, en orden. Estos libros deben repartirse al comienzo de la Cuaresma. Sobre todo, permita que uno o dos hermanos de rango superior sean designados para recorrer el monasterio durante las horas que los hermanos dedican a la lectura, para ver que no haya hermanos perezosos entregados al ocio o a conversaciones tontas en vez de dedicarse a la lectura, siendo no s\u00f3lo in\u00fatiles para s\u00ed mismos, sino tambi\u00e9n una distracci\u00f3n para los dem\u00e1s. Si encuentran a uno de ellos (Dios no lo quiera) perm\u00edtanle corregirse una vez y una segunda vez\u201d, y al Regla a\u00f1ade que si todo esto no es efectivo, el transgresor debe ser castigado de tal forma que infunda terror en los dem\u00e1s.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Que estos principios se cumpl\u00edan a cabalidad, y que daban fruto en lo que se refiere al respeto mostrado a los libros y en el fervor desplegado para conseguirlos, se demuestra, m\u00e1s que en ninguna otra parte, en Inglaterra. Toda la vida del Venerable Beda puede servir para ilustrar este tema. Pero es Beda quien nos cuenta de primera mano acerca de Benedict Biscop, Abad de Wearmouth quien, habiendo visitado Roma en el 671, \u201ctrajo a casa no pocos libros de toda la erudici\u00f3n teol\u00f3gica, tanto comprados a precio fijo como obsequiados por la bondad de los amigos; y cuando, durante su regreso, lleg\u00f3 a Viena, recibi\u00f3 aquellos que hab\u00eda comprado y se los entreg\u00f3 a sus amigos del lugar\u201d (Hist. Abbat. iv). En el 678 visit\u00f3 nuevamente Roma y \u201cy trajo a casa una multitud [innumerabilem copiam] de libros de todo tipo\u201d. Durante su \u00faltima enfermedad Benedict Biscop dio instrucciones de que la muy noble y completa biblioteca que hab\u00eda tra\u00eddo desde Roma, porque era necesaria para la educaci\u00f3n de la Iglesia, deb\u00eda ser escrupulosamente preservada en su totalidad, no sufrir da\u00f1os por falta de cuidados, ni ser dispersada (Hist. Abb., xi). Esta colecci\u00f3n se duplic\u00f3 gracias a la energ\u00eda de Ceolfrid, su sucesor (Hist. Abb., xv). Fue de esta colecci\u00f3n, que Ceolfrid enriqueci\u00f3 con tres nuevas copias de la Vulgata y con una de la Itala, que se obtuvo el famoso Codex Amiatinus (q.v.), el que Ceolfrid llev\u00f3 m\u00e1s tarde a Italia como un regalo al Papa. Este manuscrito, actualmente en la Biblioteca Laurenciana en Florencia, ha sido descrito como \u201cquiz\u00e1s el libro m\u00e1s admirable en el mundo\u201d (White en \u201cStudia Biblica\u201d, II, 273), pero no parece el trabajo de copistas nativos, sino m\u00e1s bien de italianos tra\u00eddos a Inglaterra.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00fan cuando Jarrow (N. del T. monasterio en Nortumbria, norte de Inglaterra) no contaba con un gran scriptorium con un equipo de copistas preparados (como los que, por ejemplo, pertenec\u00edan a Lindisfarne, que segu\u00edan las tradiciones irlandesas; y a Canterbury, donde la influencia dominante era italiana) gracias al Arzobispo Egbert, a quien Beda quer\u00eda y visitaba en York, la biblioteca de Ceolfrid debe haber ejercido una gran influencia sobre Alcuin (q.v.) y, a trav\u00e9s de \u00e9l, sobre la erudici\u00f3n de toda la Cristiandad Occidental. Alcuin fue el bibliotecario de la excelente colecci\u00f3n de libros que Egbert form\u00f3 en el monasterio de York, y en uno de sus poemas entrega una florida descripci\u00f3n de sus contenidos (Migne, P.L., CI, 843), el que ha sido descrito como el cat\u00e1logo m\u00e1s antiguo de una biblioteca inglesa. Si podemos confiar en esta lista, la colecci\u00f3n era realmente de una extensi\u00f3n extraordinaria que inclu\u00eda no s\u00f3lo lo m\u00e1s conocido de los Padres Latinos, sino tambi\u00e9n a Atanasio, Basil y Cris\u00f3stomo entre los griegos, as\u00ed como a un grupo de historiadores, con fil\u00f3sofos como Arist\u00f3teles y Boecio, con lo m\u00e1s representativo de los cl\u00e1sicos latinos y algunos gram\u00e1ticos. Cuando Alcuin se convirti\u00f3 en el consejero de confianza de Carlomagno, la influencia de este gran monarca ya estaba en todas partes, esforz\u00e1ndose por fomentar la difusi\u00f3n de la educaci\u00f3n y la acumulaci\u00f3n de libros. En una ordenanza del a\u00f1o 879 Carlomagno provey\u00f3 la fundaci\u00f3n de colegios para ni\u00f1os, indicando que \u201cen cada monasterio y catedral [episcopium]\u201d deb\u00edan estudiar \u201clos salmos y c\u00e1nticos, canto llano, el computus [o regulaci\u00f3n del calendario] y gram\u00e1tica\u201d. Y a\u00f1ade, \u201cDejemos que tengan tambi\u00e9n libros cat\u00f3licos bien corregidos\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo esto, directa o indirectamente, debe haber constituido un gran est\u00edmulo en lo que respecta a la formaci\u00f3n de bibliotecas en Europa Occidental. Tampoco podemos dejar de mencionar la gran influencia ejercida, en una \u00e9poca m\u00e1s temprana, por San Columbano y los misioneros irlandeses que se asentaron en Luxeuil (Francia), en St. Gall (Suiza), en Bobbio (Italia), en Wurzburg (Alemania), y en muchos otros lugares. En algunos, en St. Gall por ejemplo, la Regla Benedictina a menudo suplant\u00f3 a la Columbana, y fue durante su periodo benedictino que la Abad\u00eda suiza logr\u00f3 su mayor renombre como centro del saber, y se form\u00f3 la biblioteca que a\u00fan existe. Sin embargo, muchos de sus vol\u00famenes m\u00e1s preciados fueron trasladados en otro momento a Reichenau, como medida de seguridad; y aparentemente no todos fueron devueltos a sus due\u00f1os una vez que regres\u00f3 la calma. Al mismo tiempo, hay abundante evidencia sobre la existencia de un sistema de pr\u00e9stamo de manuscritos de un lugar a otro entre monasterios amigos, con fines de transcripci\u00f3n y cotejo. Este \u00faltimo proceso a menudo puede rastrearse en las copias que a\u00fan permanecen: por ejemplo, dos de nuestros m\u00e1s antiguos manuscritos de la \u201cHistoria Eclesi\u00e1stica\u201d de Beda fueron cotejados entre s\u00ed, y las interpretaciones de uno trasladadas al otro.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las bibliotecas m\u00e1s famosas del periodo carolingio fueron las de Fulda, Reichenau, Corvey y Sponheim en Alemania, y las de Fleury, St. Riquier, Cluny y Corbie en Francia. La biblioteca de Fulda, bajo el gran erudito Rabano Mauro estaba considerada como la mejor equipada en Christendom, y un contempor\u00e1neo habla de los libros que all\u00ed hab\u00eda como \u201ccasi incontables\u201d. Incluso a principios del siglo XVI el monasterio a\u00fan contaba con 900 vol\u00famenes de manuscritos, muchos de los cuales, al parecer, fueron destruidos o dispersados durante la guerra de los 30 a\u00f1os. En el caso de Riechenau, a\u00fan contamos con el cat\u00e1logo realizado por el bibliotecario Reginbert antes del a\u00f1o 831, donde se enumeran cerca de 500 obras repartidas en 256 vol\u00famenes. Todas las bibliotecas que se mencionaron deben mucho, directa o indirectamente, al apoyo de Carlomagno. En el sur de Italia, la abad\u00eda de Monte Cassino, cuna del monaquismo benedictino, ilustra bien los peligros a los que estaban expuestos los libros, debido a la brutalidad de la \u00e9poca. Despu\u00e9s de ser demolido por los lombardos en el siglo VI, el monasterio fue reconstruido, y con mucho trabajo se reuni\u00f3 una nueva biblioteca. Pero en el siglo IX llegaron los sarracenos, y cuando el monasterio fue saqueado la biblioteca se consumi\u00f3 entre las llamas. No obstante, nuevamente los monjes se dieron al trabajo de conseguir libros y de hacer nuevas copias, y esta colecci\u00f3n ce manuscritos (que a\u00fan sobrevive) se encuentra entre las m\u00e1s destacadas de Italia.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En Espa\u00f1a, de una \u00e9poca m\u00e1s temprana, comprendemos mejor la ornamentaci\u00f3n de una bien conocida biblioteca gracias a algunos versos escritos por San Isidoro de Sevilla (6000-636) para inscribirlos en los retratos que se colgaban sobre las estanter\u00edas. En la puerta de la habitaci\u00f3n se encontraba otro conjunto de versos, como una advertencia para los intrusos parlanchines, cuya \u00faltima copla dice:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Non patitur quenquam coram se scriba loquentem;<br \/>\nNon est quod agas, garrule, perge foras.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Que podr\u00eda traducirse como:<br \/>\nUn escritor y un hablador no pueden estar de acuerdo;<br \/>\nPor lo tanto, ocioso parlanch\u00edn, este no es lugar para ti.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tomando la Europa Occidental como conjunto, podemos considerar como un principio irrefutable durante toda la Edad Media, que una biblioteca de cualquier tipo era parte esencial de todo establecimiento monacal. \u201cClaustrum sine armario, castrum sine ornamentario\u201d, dice el adagio; es decir, un monasterio sin biblioteca es como un fuerte sin armer\u00eda. En todo el desarrollo de la Regla benedictina, se han dispuesto algunas normas relativas al uso de los libros. Podemos citar, por ejemplo, las instrucciones dadas por Lanfranco para la devoluci\u00f3n de los libros de la biblioteca en el primer Domingo de Cuaresma. Se ordenaba a los monjes llevar todos los libros de vuelta a la sala capitular para \u201cdejar al bibliotecario leer un documento [breve] indicando los nombres de los hermanos que han tenido libros durante el pasado a\u00f1o; y permitir que cada hermano, cuando escuche pronunciar su nombre, devuelva el libro que se le confi\u00f3 para leer, y permitir que aquel que est\u00e1 consciente de que no ley\u00f3 el libro que se le entreg\u00f3, postrarse sobre su rostro, confesar su falta, y suplicar perd\u00f3n. Y dejar que el dicho bibliotecario entregue a cada hermano otro libro para leer; y cuando se hayan distribuido los libros, permitir al susodicho bibliotecario, en ese momento, registrar los nombres de los libros y el de quien lo recibe\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">J.W. Clark entrega un resumen de las disposiciones propias de las diferentes \u00f3rdenes. Tanto los Tanto los de Cluny como los Benedictinos, dice, encargaban los libros al capiscol, y a menudo ten\u00edan encargados de los armarius; tambi\u00e9n ten\u00edan una auditor\u00eda anual y un registro similar al descrito. Entre los benedictinos posteriores, tambi\u00e9n encontramos una normativa indicando que el capiscol deb\u00eda mantener todo en buen estado, y supervisar personalmente el uso diario de los manuscritos, colocando cada uno en su correspondiente lugar cuando terminan de usarlos. Entre estas normas benedictinas posteriores, como por ejemplo las de Abingdon a fines del siglo XII, aparece por primera vez el importante permiso de prestar libros a otros ajenos al monasterio, contra recibo de un adecuado donativo. Los Cartujos tambi\u00e9n manten\u00edan el principio del pr\u00e9stamo. Con respecto a los monjes mismos, cada hermano pod\u00eda tener dos libros, y deb\u00eda tener especial cuidado de mantenerlos limpios. Entre los cistercianos, el responsable de los libros deb\u00eda encargarse cuidadosamente de su seguridad y, en ciertos momentos del d\u00eda, deb\u00eda cerrar con llave el armario. Esta \u00faltima norma tambi\u00e9n era observada por los Premonstratenses quienes, m\u00e1s adelante, solicitaron a su bibliotecario tomar nota tanto de los libros solicitados en pr\u00e9stamo como de los prestados. Finalmente, los agustinos, que eran muy detallados en sus normas sobre el uso de la biblioteca, tambi\u00e9n permit\u00edan el pr\u00e9stamo de los libros al exterior. Pero insist\u00edan mucho en la necesidad de una apropiada seguridad (v\u00e9ase Clark, \u201cCare of books\u201d, 58-73).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La importancia del permiso de pr\u00e9stamo consiste, por supuesto, en esto: que los monasterios deb\u00edan convertirse en las bibliotecas p\u00fablicas del distrito circundante y difundir m\u00e1s ampliamente el beneficio proporcionado por su manejo de los libros. Esta pr\u00e1ctica involucraba, sin duda, un alto riesgo de p\u00e9rdida y exist\u00eda una disposici\u00f3n, algunas veces manifiesta, de prohibir el pr\u00e9stamo de libros. Por otra parte, ciertamente exist\u00edan algunos que consideraban esta forma de ayudar al pr\u00f3jimo como un deber prescrito por la ley de la caridad. As\u00ed, en el 1212 un s\u00ednodo realizado en Par\u00eds dict\u00f3 el siguiente decreto:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cProhibimos a aquellos pertenecientes a una orden religiosa formular cualquier voto contra el pr\u00e9stamo de sus libros a aquellos que los necesitan, por cuanto el pr\u00e9stamo est\u00e1 considerado entre las principales obras de misericordia. Despu\u00e9s de las debidas consideraciones, dejen que algunos libros permanezcan en la casa para el uso de los hermanos; pero permitan que otros, de acuerdo a las decisiones del abad, sean prestados a quienes est\u00e1n en necesidad de ellos, salvaguardando los derechos de la casa. En el futuro, no habr\u00e1 pena de anatema para qui\u00e9n se lleve un libro, y anulamos y otorgamos absoluci\u00f3n para todos los anatemas de este tipo\u201d (Delisle en \u201cBib. de l\u2019Ecole des Chartes\u201d, ser. 3, I, 225).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Es notable tambi\u00e9n que durante este mismo siglo XIII muchos vol\u00famenes fueran legados en testamento a la casa de los Agustinos de San V\u00edctor en Par\u00eds, con la expresa condici\u00f3n de que fueran prestados. Sin duda, muchos de los pr\u00e9stamos eran para beneficio de otros monasterios, ya fuera para leerlos o, a\u00fan m\u00e1s a menudo, con el prop\u00f3sito de copiarlos. Contra los que esto supon\u00eda, posiblemente se esperaba cierta protecci\u00f3n mediante la invocaci\u00f3n de anatemas sobre la cabeza del imp\u00edo prestatario. En qu\u00e9 medida las excomuniones se promulgaban de manera seria y v\u00e1lida en contra de quienes reten\u00edan ilegalmente estos vol\u00famenes es algo incierto pero, como en el caso de las tabletas cuneiformes de Asurbanipal, los manuscritos de los monasterios medievales frecuentemente conten\u00edan en la guarda del libro alguna breve forma de maldici\u00f3n contra los poseedores injustos o morosos. Por ejemplo, en un libro (N. del T: de la abad\u00eda de) Jumieges encontramos:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cSi alguno, mediante astucia u otro m\u00e9todo cualquiera, sustrae este libro de este lugar [Jumieges] ojal\u00e1 su alma sufra, como una retribuci\u00f3n por lo que ha hecho, y ojal\u00e1 su nombre sea borrado de entre los vivos y no sea registrado entre los benditos\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, generalmente, tales f\u00f3rmulas eran m\u00e1s breves, como por ejemplo la siguiente, encontrada en muchos libros de St. Alban: \u201ceste libro pertenece a St. Alban. Ojal\u00e1 que qui\u00e9n lo robe de aqu\u00ed o borre su inscripci\u00f3n de propiedad [titulum deleverit] sufra anatema. Am\u00e9n\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El gran valor que se otorga a los libros est\u00e1 enfatizado tambi\u00e9n en los muchos decretos que recomendaban cuidados durante su uso. \u201cCuando los religiosos se encuentran dedicados a la lectura\u201d, indica una norma del Cap\u00edtulo General Benedictino, \u201cdeben, si es posible, sostener los libros con su mano izquierda, subir la manga de su t\u00fanica y, arrodillados, con su mano derecha descubierta, utilizar esta para sostener y voltear las p\u00e1ginas de dicho libro\u201d (Gasquet, \u201cOld English Biblie\u201d, 29). A partir de fuentes medievales, se pueden citar much\u00edsimas otras demandas recomendando cuidado, delicadeza, e incluso reverencia, en el trato con los libros. En el \u201cPhilobiblon\u201d, del Obispo Ricardo de Bury, se encuentra todo un tratado sobre el tema, escrito con un entusiasmo dif\u00edcilmente superado por un bibli\u00f3filo del siglo XIX. Dice, por ejemplo (cap. xvii): \u201c Y, ciertamente, junto a las vestimentas y vasijas consagradas al Cuerpo de Nuestro Se\u00f1or, los libros sagrados merecen ser tratados respetuosamente por el clero, porque a estos se les confieren grandes injurias toda vez que son tocados por manos no aseadas\u201d. Este cuidado se extend\u00eda, por supuesto, a los armarios en que se guardaban permanentemente los libros. Los Agustinos, en concreto, ten\u00edan una norma formal respecto a que \u201clos armarios en los que se guarden los libros deben estar forrados en su interior con madera, para que la humedad de las paredes no humedezca o manche los libros\u201d, y se suger\u00edan a continuaci\u00f3n m\u00e9todos para prevenir que los libros fueran \u201calmacenados tan juntos que pudieran da\u00f1arse unos a otros, o retrasar a quienes desean consultarlos\u201d (Clark, \u201cCare of Books\u201d, 71).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00fan as\u00ed, el sistema mon\u00e1stico no provey\u00f3, sino hasta mucho m\u00e1s tarde, una habitaci\u00f3n propia que fuera utilizada como biblioteca. Fue en los claustros donde se adecuaron peque\u00f1as alcobas, denominadas \u201ccub\u00edculos\u201d, que otorgaban cierta privacidad a los estudiantes y donde se realizaba mayoritariamente la labor literaria de la comunidad, ya fuera de lectura o de transcripci\u00f3n. Como consecuencia de este sistema, los libros no se manten\u00edan todos juntos, sino que se guardaban en armarios que se encontraban en diferentes partes del edificio. En Durham, por ejemplo, \u201calgunos se guardaban en la iglesia, otros en el \u201cspendiment\u201d o erario, otros en el refrectorio, y en m\u00e1s de un lugar en el claustro\u201d (Gasquet, \u201cOld Eng. Bible\u201d, 10). Esta dispersi\u00f3n de los libros era algo com\u00fan ya que, dadas las condiciones del caso, una colecci\u00f3n de vol\u00famenes escritos a mano y mantenidos con los limitados recursos mon\u00e1sticos, no pod\u00eda ser muy amplia. Hasta que el arte de la impresi\u00f3n no prest\u00f3 su ayuda para multiplicar y abaratar los libros, un n\u00famero comparativamente peque\u00f1o de armarios era suficiente para contener los tesoros literarios del m\u00e1s grande monasterio. En Christ Church, Canterbury, el cat\u00e1logo de Henry de Estria, de los alrededores del a\u00f1o 1300, enumeraba 300 t\u00edtulos en 1850 vol\u00famenes. En Glastonbury, en el 1247, ten\u00edan 500 obras en 340 vol\u00famenes. Los Benedictinos de Dover, en el 1389 pose\u00edan 449, mientras que la mayor biblioteca mon\u00e1stica inglesa conocida por nosotros, la de Bury St. Edmunds, a inicios del siglo XV conten\u00eda 2000 vol\u00famenes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La pr\u00e1ctica a la que nos hemos referido, de diseminar los libros en diferentes armarios y colecciones, seguramente estaba muy influenciada por la costumbre de prestar los libros, o permitir que personas ajenas los consultaran, tema sobre el que ya hemos hablado. Naturalmente, siempre han existido vol\u00famenes que cada comunidad, mon\u00e1stica o colegiada, reserva para uso exclusivo de sus miembros. Los libros lit\u00fargicos y algunos tratados asc\u00e9ticos, copias predilectas de las escrituras, etc., estar\u00edan en esta categor\u00eda; deben haber existido divisiones incluso entre los libros a los que ten\u00edan acceso las personas del mundo exterior. El siguiente texto, por ejemplo, es muy sugerente. Thomas Gascoigne dice de los Franciscanos de Oxford, en los alrededores del a\u00f1o 1445: \u201cTen\u00edan dos bibliotecas en la misma casa; una denominada la biblioteca conventual, y la otra la biblioteca para la instrucci\u00f3n; la primera estaba disponible s\u00f3lo para los graduados; la otra para los estudiantes denominados seculares, quienes viv\u00edan entre dichos frailes por razones de aprendizaje\u201d. Esto debe haber sido muy inc\u00f3modo, y no es extra\u00f1o que durante el siglo XV, a las autoridades de muchas instituciones mon\u00e1sticas o universitarias se les haya ocurrido la conveniencia de reunir los tesoros de su biblioteca en una gran sala donde se pudiera llevar a cabo el estudio. Durante todo este periodo, por tanto, se comenzaron a comenzaron a construir bibliotecas con ciertas pretensiones. As\u00ed, para mencionar algunos ejemplos, en Christ Church, Canterbury, el Arzobispo Chichele construy\u00f3 entre 1414 y 1443 una biblioteca de 60 pies de largo por 22 de ancho (N. del T: para convertir pies en metros multiplicar por 0,30), sobre la Capilla del Prior. La biblioteca de Durham la construy\u00f3 entre el 1416 y el 1446 el prior Wessyngton, sobre la antigua sacrist\u00eda; la de Citeaux, en 1480, formando parte del claustro, sobre el scriptorium, o habitaci\u00f3n para escribir; la de Clairvaux, entre el 1495 y el 1503, en la misma ubicaci\u00f3n; la del monasterio Agustino de St. V\u00edctor en Par\u00eds, entre 1501 y 1508; y la de St. Germain des Pres, en la misma ciudad, cerca del a\u00f1o 1513, sobre el claustro del sur.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La transformaci\u00f3n de Clairvaux es f\u00e1cil de comprender gracias a dos descripciones de fecha posterior. Un visitante, en el 1517, nos dice: \u201cEn el mismo lado que el claustro, hay catorce estudios [los cub\u00edculos] donde los monjes escriben y estudian; y sobre los estudios est\u00e1 la nueva biblioteca, a la que se accede por una ancha y elevada escalera en espiral, desde el mencionado claustro\u201d. La descripci\u00f3n contin\u00faa elogiando la belleza de esta nueva construcci\u00f3n la que, adapt\u00e1ndose a la forma del claustro que se encuentra bajo de ella, era de 198 pies de largo por 17 de ancho. En ella, se nos cuenta, \u201chab\u00edan 48 asientos [bancs] y en cada asiento cuatro estantes [poulpitres] provistos con libros de todos los temas\u201d. Estos libros, aunque el autor no lo dice, probablemente estaban encadenados a las repisas, como era la costumbre de la \u00e9poca. De todas formas, esto es lo que los autores de \u201cVoyage litteraire\u201d, doscientos a\u00f1os m\u00e1s tarde, dicen de la misma biblioteca:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cdesde el claustro principal se ingresa al claustro de conversaci\u00f3n, as\u00ed llamado porque los hermanos est\u00e1n autorizados a conversar en \u00e9l. En este claustro hay doce o quince peque\u00f1as celdas [los cub\u00edculos], toda una hilera, usados antiguamente por los hermanos para escribir libros; por esta raz\u00f3n, a\u00fan en estos d\u00edas, se les llama escritorios. Sobre estas celdas est\u00e1 la biblioteca, construcci\u00f3n que es amplia, abovedada, bien iluminada, y dotada de un gran n\u00famero de manuscritos unidos por cadenas a las mesas, pero no hay muchos libros impresos\u201d.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta es, entonces, el tipo de transformaci\u00f3n que se estaba produciendo en el \u00faltimo siglo de la Edad Media; un proceso grandemente acelerado, sin duda, por la multiplicaci\u00f3n de los libros producto de la invenci\u00f3n de la imprenta. Las nuevas bibliotecas construidas, ya sean asociadas a universidades, catedrales, o casas religiosas, eran habitaciones de tama\u00f1o considerable, generalmente divididas en compartimentos, como los que a\u00fan se pueden ver en la secci\u00f3n Duque de Humphrey en la biblioteca Bodliana en Oxford. Aqu\u00ed los libros estaban encadenados a los estantes, pero pod\u00edan sacarse y colocarse en la mesa frente a la que se sentaba el estudiante, y en la que pod\u00eda tambi\u00e9n utilizar sus materiales de escritura. A\u00fan existen algunos pocos sobrevivientes de esta modalidad, por ejemplo en la Catedral de Hereford, y el Zutphen (donde los libros encadenados, sin embargo, s\u00f3lo pod\u00edan consultarse de pie). Pero este sistema no dur\u00f3 por muchos a\u00f1os, salvo como perpetuaci\u00f3n de una antigua tradici\u00f3n.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">BIBLIOTECAS MODERNAS\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Uno de los lugares m\u00e1s destacados entre las instituciones que han contribuido a la recolecci\u00f3n y preservaci\u00f3n de los libros en los \u00faltimos tiempos, lo ocupa el papado. Los papas, como generosos patrocinadores del conocimiento, han fundado varias bibliotecas, y las han enriquecido con manuscritos y documentos del m\u00e1s alto valor. El m\u00e1s importante de estos establecimientos papales es la biblioteca Vaticana, que se describir\u00e1 en otro art\u00edculo (v\u00e9ase BIBLIOTECA VATICANA). Indirectamente, los papas tambi\u00e9n han promovido la creaci\u00f3n de bibliotecas al fundar y fomentar universidades. Cada una de estas, naturalmente, inclu\u00eda una biblioteca y los medios necesarios para la investigaci\u00f3n; especialmente en los tiempos modernos estas colecciones universitarias se han enriquecido con el volumen siempre creciente de literatura cient\u00edfica. Es interesante notar que el n\u00facleo de la biblioteca a menudo se obten\u00eda haci\u00e9ndose cargo de los libros y manuscritos preservados en los monasterios y en otros establecimientos eclesi\u00e1sticos. Una mirada a la historia de las universidades demuestra cu\u00e1nto le deben estas al cuidado y laboriosidad de los monjes (v\u00e9ase, por ejemplo, los breves relatos en \u201cMinerve\u201d, II, Strasburg, 1893). De la misma fuente provienen, en muchos casos, los libros que formaron los cimientos de las bibliotecas fundadas por reyes, pr\u00edncipes, sacerdotes, gobiernos nacionales, municipios, y personas individuales. En los tiempos actuales, adem\u00e1s, se han realizado numerosos y exitosos intentos por entregar a la gente en general los medios que alguna vez fueron privilegio de los estudiantes. Entre las formas eficientes de difusi\u00f3n del conocimiento debe reconocerse a las bibliotecas p\u00fablicas, que se encuentran en casi cualquier ciudad de importancia. Si bien esta multiplicaci\u00f3n de las bibliotecas se debe, principalmente, al avance en la educaci\u00f3n p\u00fablica, estas han conducido a lo que se podr\u00eda denominar un arte o ciencia propia. Ahora se otorga gran atenci\u00f3n al adecuado almacenamiento y cuidado de los libros, y se entrega formaci\u00f3n sistem\u00e1tica a quienes est\u00e1n comprometidos con el trabajo de las bibliotecas. No es sorprendente, entonces, que junto con la reciente comprensi\u00f3n del valor e importancia de las bibliotecas, se haya llegado a una m\u00e1s justa apreciaci\u00f3n de lo que la Iglesia ha realizado en pro de la conservaci\u00f3n de los libros.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La lista siguiente indica los fundadores y fechas de algunas bibliotecas famosas:\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2022 Ambrosiana (q.v.), Mil\u00e1n; Cardenal Federico Borromeo, 1603-09.<br \/>\n\u2022 Angelica, Roma; Angelo Rocca, O.S.A., 1614.<br \/>\n\u2022 Bodleian, Oxford; Sir Thomas Bodley, c. 1611.<br \/>\n\u2022 Museo Brit\u00e1nico, Londres; Jorge III and Jorge IV (en gran parte con manuscritos sacados de monasterios por Enrique VIII), c. 1795.<br \/>\n\u2022 Casanatense, Roma; Cardenal Girolamo Casanata (q.v.), 1698.<br \/>\n\u2022 Del Congreso, Washington; Gobierno de Estados Unidos, 1800.<br \/>\n\u2022 Mazarine, Par\u00eds; Cardenal Mazarino, 1643; publica 1688.<br \/>\n\u2022 Mediceo-Laurenziana, Florencia; Clemente VII, 1571.<br \/>\n\u2022 Nacional, Par\u00eds; Carlos V de Francia, 1367.<br \/>\n\u2022 Real, Berl\u00edn; Elector Fred. William, c. 1650.<br \/>\n\u2022 Real, Munich; Duque Alberto V, c. 1560.<br \/>\n\u2022 Valiceliana, Roma; Achile Stazio, 1581.<br \/>\n\u2022 Vaticano, Roma (V\u00e9ase BIBLITOECA VATICANA).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">CLARK, The Care of Books (Cambridge, 1902), una obra del m\u00e1s alto valor e indispensable para cualquier estudioso del tema; POHLE AND STAHL in Kirchenlex. s. v. Bibliotheken; SCUDAMORE in Dict. of Christ. Antiq.; GASQUET, Mediaeval Monastic Libraries in the Old English Bible and other Essays (London, 1897), 1-61; EHRLE, JAMES, and others in Fasciculus; Joanni Willis Clark Dicatus (Cambridge, 1909); GOTTLEIB, Ueber mittelalterliche Bibliotheken (Leipzig, 1890); EDWARDS, Memoirs of Libraries, 2 vols., (London, 1895); PAULY-WINOWA, Realencyklopadie der klassischen Altertumswissenschaft (1893-); BECKER, Catalogi Bibliothecarum antiqui (Bonn, 1885); JAMES, The Ancient Libraries of Canterbury and Dover (Cembridge, 1903); MACRAY, Annals of the Bodleian Library (Oxford, 1890); ROBINSON AND JAMES, The Manuscripts of Westminster Abbey Monastery (Cambridge, 1898); BASS-MULLINGER in The Cambridge Hist. of English Literature, IV (Cambridge, 1909), 415-34; DELISLE, in Bib. de l&#8217;Ecole des Chartes (1849), 216-31; ID., Cabinet des MSS. de la Bib. Nationale (3 vols., Paris, 1874-76); THOMAS, The Philobiblon of Richard of Bury (London, 1888).\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">HERBERT THURSTON<br \/>\nTranscrito por Anna M. Donnelly<br \/>\nTraducido por Sara Ward S.\n<\/p>\n<\/p>\n<p><b>Fuente: Enciclopedia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las bibliotecas, esto es, colecciones de libros reunidas y disponibles para uso p\u00fablico o privado, ya eran conocidas entre los pueblos antiguos antes de la llegada de Cristo. Probablemente, la biblioteca m\u00e1s antigua de la que se tiene un conocimiento preciso es la de Tello, en Mesopotamia, descubiertas gracias a las excavaciones de M. de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/bibliotecas\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abBIBLIOTECAS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-23619","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23619","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=23619"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/23619\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=23619"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=23619"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=23619"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}